Desarrollan cuatro líneas de arroz mediante la edición de ADN mitocondrial en plantas

Investigadores de Japón logran por primera vez la modificación, aporte para la diversidad de cultivos

 

 Investigadores de la Universidad de Tokio editaron por primera vez ADN mitocondrial de plantas, herramienta para asegurar la diversidad genética de los cultivos y el suministro de alimentos.

 

El ADN nuclear se editó por primera vez a principios de la década de 1970; el material genético de cloroplasto, en 1988, y el mitocondrial animal en 2008. Sin embargo, en ningún caso se había logrado con éxito el de la planta.

 

Los investigadores utilizaron una técnica para crear cuatro nuevas líneas de arroz y tres nuevas líneas de canola.

 

"Supimos que hubo éxito cuando vimos que la planta de arroz era más educada, tenía una profunda reverencia", señaló Shin-ichi Arimura, bromeando sobre cómo una planta de ese cereal fértil se dobla por el peso de las semillas.

 

Arimura es un experto en genética molecular de plantas en la Universidad de Tokio y dirigió el equipo de investigación, en colaboración con las universidades de Tohoku y Tamagawa, y cuyos resultados se publicaron en Nature Plants.

 

Punto débil

 

Los investigadores esperan usar la técnica para abordar la actual falta de diversidad genética mitocondrial en los cultivos, un punto débil potencialmente devastador en el suministro de alimentos.

 

En 1970, una infección por hongos llegó a las granjas de maíz de Texas y fue exacerbada por un gen en las mitocondrias de la semilla. Todo el producto en las granjas tenía el mismo gen, por lo que ninguno era resistente a la infección. Ese año se perdió 16 por ciento de toda la cosecha de Estados Unidos. El cereal con ese gen mitocondrial específico no se ha plantado desde entonces.

 

"Todavía tenemos un gran reto porque hay muy pocos genomas mitocondriales de plantas utilizados en el mundo. Me gustaría usar nuestra capacidad para manipular el ADN mitocondrial de las plantas para agregar diversidad", sostuvo Arimura.

 

La mayoría de los agricultores no guardan semillas de su cosecha para replantarlas el siguiente año. Las plantas híbridas, la descendencia de primera generación de dos subespecies parentales genéticamente diferentes, suelen ser más resistentes y productivas.

 

Para garantizar que los agricultores tengan semillas híbridas de primera generación cada temporada, las empresas de suministro que las producen mediante un proceso de reproducción independiente, utilizando dos subespecies principales, una de las cuales no puede producir polen.

 

Infertilidad masculina

 

Los investigadores se refieren a un tipo común de infertilidad masculina en las plantas como la esterilidad masculina citoplasmática (CMS), fenómeno raro, pero natural, que se produce principalmente por los genes que no se encuentran en el núcleo de las células, sino en las mitocondrias.

 

Las judías verdes, betabel, zanahorias, maíz, cebollas, petunia, canola, arroz, centeno, sorgo y girasoles pueden cultivarse comercialmente utilizando subespecies parentales con infertilidad masculina de tipo CMS.

 

Las plantas utilizan la luz solar para producir la mayor parte de su energía, a través de la fotosíntesis en cloroplastos de pigmento verde. Sin embargo, la fama de los cloroplastos está sobrevalorada, según Arimura. "La mayoría de las plantas no son verdes, sólo las hojas sobre el suelo. Muchas no tienen hojas durante la mitad del año", recordó.

 

Las plantas obtienen una porción significativa de su energía a través de la misma "central eléctrica" de la célula que produce energía en las mitocondrias. "Sin ellas no hay vida", aclaró Arimura.

 

Las mitocondrias contienen ADN completamente separado del material genético principal de la célula, que se almacena en el núcleo. Es largo de doble hélice, heredado de ambos padres. El genoma mitocondrial es circular, contiene muchos menos genes y se hereda principalmente de madres.

 

El genoma mitocondrial animal es una molécula relativamente pequeña contenida en una única estructura circular con una notable conservación entre especies. "Incluso el genoma mitocondrial de un pez es similar al de un humano", ejemplificó Arimura.

Sábado, 10 Noviembre 2018 08:01

Sí podemos erradicar la malnutrición

Sí podemos erradicar la malnutrición

Casi la mitad de la población de América Latina y el Caribe sufre una o más formas de malnutrición: 39 millones de personas viven con hambre, 5 millones de niños con retraso de crecimiento, 38 millones de mujeres en edad fértil padecen anemia, 151 millones tienen sobrepeso y 105 millones obesidad.


En casi todos los países de la región no hay ninguna razón material que permita justificar esta lamentable situación. Nuestros 294 millones de malnutridos son víctimas de un sistema alimentario que está roto y que incumple su misión elemental de brindar una alimentación que nos permita desarrollarnos y vivir plenamente, y que afecta especialmente a los sectores más pobres, a las mujeres, a los indígenas, a los afrodescendientes y a la población rural. Lo podemos arreglar si creamos políticas e instituciones para re-gobernar los sistemas alimentarios.


Para lograrlo, desde la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), proponemos un conjunto de ocho medidas claves.


Debemos aumentar la disponibilidad de alimentos saludables: tenemos 19 naciones en la región que son deficitarias en frutas y verduras, y el consumo de pescado regional es la mitad del promedio mundial.
También debemos reducir el contenido de sal, azúcar y grasas de los alimentos procesados. ¿Por qué podemos prohibir el plomo en las gasolinas y en los juguetes de los niños, pero no podemos hacer lo mismo con las cantidades de sal, azúcar y grasas que superan estándares que hoy la ciencia ha determinado que causan diabetes, hipertensión, cánceres y muertes?


Desincentivar el comercio de alimentos que contengan nutrientes dañinos a la salud también es una medida fundamental. La Organización Mundial de Comercio ha reconocido que, bajo los acuerdos adoptados por sus países miembros, estos pueden adoptar medidas para proteger la salud pública.


Promover la alimentación saludable en los niños es urgente, ya que cada año aumenta la malnutrición infantil. Actualmente, 5 millones de niños y niñas sufren desnutrición crónica y 4 millones viven con sobrepeso y obesidad. El rediseño de los programas de alimentación escolar y prescolar, la prohibición de comida chatarra en las instituciones educativas y la regulación de la publicidad infantil en alimentos no saludables son tres vehículos para detener esta tendencia.


Hacer efectivo el derecho del consumidor a estar informado sobre el contenido de los alimentos requiere la adopción de etiquetados sencillos y claros, que no necesiten ningún cálculo matemático y que sean comprensibles por todos los grupos de consumidores.


Otra forma de combatir la malnutrición es fortaleciendo y orientando los sistemas de protección social para que la población en condición de pobreza o vulnerabilidad pueda acceder al consumo de alimentos saludables, los que son –paradójicamente– bastante más caros que la comida chatarra. No puede ser que una gran parte de la población no tenga capacidad económica para hacer efectivo su derecho a una alimentación nutritiva y que comer bien sea el privilegio de unos pocos.


Para financiar estas transformaciones del sistema alimentario (cuyo costo no es trivial), es necesario movilizar la inversión privada y los capitales disponibles en los mercados financieros, porque los presupuestos públicos no serán suficientes.


Por último, requerimos una nueva gobernanza de los sistemas alimentarios ya que, sin la decisión política traducida en leyes, regulaciones, programas y presupuestos, no hay posibilidad alguna de transformarlos. Esa voluntad política se construirá de forma más rápida y sólida si la sociedad civil organizada presiona en esa dirección.


Hay que asegurar un relacionamiento virtuoso con el sector privado, pues son –en buena medida– quienes van a producir, comerciar, procesar, transportar, distribuir y vender los alimentos.


Para ello se requiere gestionar los conflictos de interés y códigos de conductas que ayuden a construir confianzas y espacios transparentes en la consolidación de políticas públicas.


Implementando estas medidas, empezaremos a avanzar de forma decidida hacia un futuro sin malnutrición, un futuro donde todos podamos acceder a alimentos sanos, producidos por un sistema alimentario que no sólo nos llene el estómago, sino que nos nutra.

Por JULIO A. BERDEGUÉ, Representante regional de la FAO

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El arroz y el trigo, menos nutritivos debido a los crecientes niveles de CO2, revela estudio

Científicos de Harvard descubrieron que los crecientes niveles de dióxido de carbono (CO2) producto de la actividad humana han vuelto al arroz y al trigo menos nutritivos, lo cual puede provocar a 175 millones de personas deficiencia de zinc y a 122 millones de carencia de proteínas para 2050.

Un estudio publicado este lunes en la revista Nature Climate Changemostró que más de mil millones de mujeres y niños podrían perder gran cantidad de su ingesta dietética de hierro, lo que los colocaría en un creciente riesgo de anemia y de otras enfermedades.


“Nuestra investigación deja claro que las decisiones que tomamos cada día, cómo calentamos nuestras viviendas, qué comemos, cómo nos trasladamos, qué elegimos comprar, están haciendo menos nutritiva la comida y poniendo en peligro la salud de otras poblaciones y de futuras generaciones”, expresó Sam Myers, autor principal del estudio y científico de la Escuela Chan de Harvard.

Hierro, zinc y proteínas

El estudio indica que los elevados niveles atmosféricos de CO2 provocan cultivos menos nutritivos. Las concentraciones de proteínas, hierro y zinc son entre 3 y 17 por ciento menores cuando son producidos en ambientes donde las cantidades de dióxido de carbono son de 550 partes por millón (ppm).


En las actuales condiciones atmosféricas, los niveles están apenas por encima de 400 ppm.


El estudio demostró que para mediados de este siglo, cuando se prevé que las condiciones atmosféricas de dióxido de carbono lleguen a alrededor 550 ppm, 1.9 por ciento de la población global, equivalente a unos 175 millones de personas, podrían tener deficiencias de zinc, mientras 1.3 por ciento o 122 millones de personas padecerán disminución de proteínas.


Además, mil 400 millones de mujeres en edad reproductiva y de menores de cinco años que están en alto riesgo de sufrir deficiencias de hierro podrían ver reducida su ingesta dietética de ese elemento en 4 por ciento o más.


Los expertos subrayaron que miles de millones de personas con deficiencias nutricionales podrían experimentar deterioro de la salud.

Miércoles, 20 Junio 2018 06:06

Los niños pobres de la OCDE

Los niños pobres de la OCDE

El mejoramiento de las condiciones de vida de los estratos sociales con menor poder adquisitivo en los países más desarrollado y cuyo grupo está representado por los 24 países que forman parte de la OCDE, parecen poco promisorios. Países con diferentes niveles de desarrollo y con economías macro neoliberales, muestran ser incapaces de resolver la situación socio-económica de los sectores sociales con menores ingresos.


Así se desprende de un nuevo reporte dado a conocer por la OCDE (15.06.18), en los que se destaca que hacen falta en promedio alrededor de cinco generaciones, para que una persona considerada pobre, suba a un nivel medio dentro de la escala social. Lo que refleja una vez más lo injusto que ha sido la aplicación de medidas económicas de corte capitalista, perversa y anti humana, que no contribuyen a mejorar las condiciones de vida de forma equitativa y justa.
El informe destaca además que existe un estancamiento en el ascenso dentro de la escala social en los países de este conglomerado, en donde se manifiesta que los ingresos, el oficio o la profesión, junto al nivel de educación, se van heredando generación tras generación.


Al respecto el documento de la OCDE en algunos de sus párrafos más importante expresa: “En promedio, en los países de la OCDE, tomará al menos cinco generaciones para que un niño de una familia de la parte inferior de la escala de ingresos suba a la mitad de ésta”, se expresa en el estudio. Lo que refleja que el sistema capitalista imperante en estas naciones castiga de forma inhumana a los niños procedentes de los sectores sociales más pobre de cada uno de los países de la OCDE, en donde los derechos del niño, según la UNICEF no cuentan para nada.


Ahora los países latinoamericanos que mayormente destacan en castigo y flagelo hacia los más pobres se mencionan a Brasil, en donde tomarían 9 generaciones para salir de la pobreza, en Colombia se tomarían 11 generaciones para dejar atrás sus pésimas condiciones de vida. Países además en los cuales ha imperado políticas económicas capitalistas promovidas por las oligarquías y sus representantes políticos de centro derecha. En el caso de Brasil solo bajo el gobierno de Lula y Dilma Rousseff , se promovieron e impulsaron reformas que mejoraban gradualmente la situación de los más pobres.


Ahora en países como Chile, la aplicación del modelo económico neoliberal heredado de la dictadura, aún imperante, tampoco ha contribuido a mejorar la situación de los sectores sociales más pobres. En un país que junto a Colombia son considerados además como los mayores con grandes desigualdades sociales existente a escala global. En donde la brecha entre unos pocos ricos y la gran mayoría que vive con salarios de sobrevivencia y altamente endeudados, es muy alta y como dice el informe, no tiene nada de “gloriosa”.


La investigación al referirse a Chile, Francia o Alemania, destaca que en estos países tomaría alrededor de seis generaciones para que puedan superar el flagelo de la pobreza, que afecta a niños, mujeres y ancianos. Lo que refleja que la situación de los llamados países del “bienestar social” europeo, tampoco es tan bullante o ejemplar. De allí que el sector social que percibe menores ingresos (15%), tiene pocas posibilidades de mejorar su situación socio-económica.


Ahora está claro que el mejoramiento en las condiciones de vida en cada uno de los países de la OCDE, suele tener matices diferentes, por ejemplo el informe destaca que en naciones como Dinamarca, Finlandia, Suecia y Noruega, solo toma tres generaciones para mejorar la tendencia, en donde los sectores sociales más desfavorecidos suelen ser los de origen extranjeros, que independientemente de sus actividad laboral y de ingresos, suelen ser considerados los estratos sociales más bajo o pobres dentro de cada uno de estos países.


En el caso de España se destaca por ser un país con altos y bajos entre los diversos grupos sociales y sus respectivos ingresos ya que se necesitan cuatro generaciones para que los estratos sociales de menor poder adquisitivo puedan subir en la escala social y en donde también la infancia ha sido muy golpeada. Además hay que tener en cuenta que a partir de la crisis económica premeditada creada por el capitalismo global en el 2008, España fue duramente golpeada disparándose los índices de desempleo y castigando a miles de españoles a la pobreza y el exilio económico. Hoy el país ibérico aún no se recupera del todo y su crecimiento económico pasa por una inestabilidad que aún genera incertidumbre en la población.


Ahora cual niños obedientes, los gobiernos encabezados por los socialistas y los herederos del franquismo (partido popular), no trepidaron en aplicar las directrices económicas de las mafias del Banco Central Europeo y el FMI, aplicando la reducción del gasto público y afectando las políticas sociales, en donde la situación de pobreza de los niños, no es una excepción. De la aplicación de las políticas económica de corte capitalistas en España se pueden decir muchas cosas, pero lo claro, es que no han sido beneficiosas para la gran mayoría de los españoles.


El informe de la OCDE destaca además que los estratos sociales más altos, no suelen ser afectados por este péndulo macro económico neoliberal, pues están en condiciones de defenderse mucho mejor ante las adversidades que impone el sistema capitalista en cada país.


La OCDE expresa en otro de los párrafos de su documento que “en promedio, en 16 de los 24 países de este conglomerado, apenas 17% de los niños de origen pobre logran subir hasta lo más alto en la escala social en términos de ingresos cuando llegan a la edad adulta, mientras que 42% de los niños de familias ricas se mantienen estables ”.


Lo que no dice por cierto la OCDE, es que la situación de pobreza de los niños en los países desarrollados y subdesarrollados como Chile y Colombia, obedece a las nefastas políticas económicasneoliberales y que solo benefician al 5% más rico de cada país y que en términos políticos son aplicadas por agrupaciones política de centro derecha, que están al servicio del poder del dinero. Ahora y según informaciones aparecida en la página W/DW de Alemania, alrededor de 2 millones de niños viven en el umbral de la pobreza. En EE.UU. viven 16 millones de niños en la pobreza de acuerdo a informaciones publicadas por Children International.


Ahora cuando se trata de “resolver” la situación de pobreza de los sectores sociales más golpeados por el capitalismo, su situación no pasa más haya de cambios cosmético o políticas de parche y no soluciones efectivas y reales.


De allí que cabe mencionar que en los países más desarrollados del planeta crece gradualmente la desigualdad social, la brecha entre unos pocos ricos y el crecimiento gradual de la pobreza a escala global, afectando a niños, mujeres y ancianos pobres de cada país.


Lo que está claro, es que con todo la pobreza también afecta a los niños de los países considerados más ricos. Hoy en día, en la Unión Europea hay 26 millones de niños en riesgo de pobreza o exclusión social. Desde la crisis económica del 2008 ha sumido a un número creciente de niños en la pobreza relativa en los países más desarrollados del mundo, incluido los de la OCDE lo que revela que la pobreza infantil es un reto que se afronta en todo el mundo y que exigen soluciones efectivas a nivel mundial.


Los niños representan casi la mitad de la población mundial que vive en situación de pobreza extrema. Aun así, más de 900 millones de personas (o una de cada siete) todavía viven en esa situación.


Los últimos datos publicados revelan que el 47% de quienes viven en extrema pobreza tienen 18 años o menos. Si queremos erradicar la pobreza algún día, se necesitan cambios de fondo y erradicando los sistema económico de corte neoliberal y distribuyendo de forma equitativa y justa la riqueza nacional de cada país.
Finalmente cabe destacar que la pobreza infantil y su ascenso en la escala social, abarca múltiples dimensiones que van más allá del dinero únicamente. Para los niños, la pobreza significa carecer de acceso a aspectos esenciales de la vida, tales como la nutrición, la salud, el agua, la educación, la recreación o un lugar digno donde vivir.


Ahora las medidas de protección social en países como los de la OCDE y donde se aplican políticas económicas impopulares, dichos planes son meros paliativos y suelen tener un carácter temporal, postergando por generaciones las soluciones reales a la pobreza y su carácter hereditario.


Los datos y estudios que entregan diversos organismos internacionales al respecto, constituyen la base para erradicar la pobreza infantil. Los estudios demuestran sin embargo que solo la mitad de los países del mundo manejan datos sobre pobreza infantil, pero los gobiernos con política económicas neoliberales muestran muy poco interés en que los antecedentes sean publicados con mayor frecuencia, pues acusan las carencia de un sistema injusto y degradante que finalmente se encuentra al servicio del 5% más rico de cada país y nada más.


Eduardo Andrade Bone, comunicador social, analista político y corresponsal de prensa

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Kufu o el intento de Postobón por ocultar la desnutrición sufrida por miles de niños en La Guajira

El hambre de los niños indígenas del departamento de La Guajira, que ha llevado a cientos de estos a la tumba, ahora es retomado como motivo de filantropía por grandes empresas privadas en Colombia.
El caso más reciente de esta “bondad capitalista”, informado por la Liga Contra el Silencio –una organización de distintos medios de comunicación nacionales que están en contra de la censura– denuncia el experimento realizado por la empresa de gaseosas Postobón S.A., y su bebida azucarada Kufu, pensada para controlar la desnutrición en los menores.


El filantrópico expeirmento lo llevaron a cabo con 3.125 niños de los municipios de Manaure, Nazareth y Ríohacha; a quienes durante los últimos seis meses de 2017 esta empresa les “regaló” dos bebidas: la primera era un agua gasificada con sabor artificial de mora azul y la segunda una bebida de mango y avena; ambas con una tabla nutricional que resalta sus componentes de vitaminas A, B, C, E, Magnesio y Zinc. La empresa manifestó rechazo ante las acusaciones, sin embargo, aún no sale bien librada de lo que es una evidente violación a los derechos de los niños.
Los antecedentes


A inicios del mes de julio de 2017, de acuerdo con el periódico La República, Miguel Escobar, presidente de Postobón, aseguró “Con el lanzamiento de este producto estamos contribuyendo a la construcción de un mejor futuro para los niños y niñas de Colombia afectados por la inseguridad alimentaria”, su meta era la entrega de 10.000 bebidas en La Guajira con proyección a otros departamentos de Colombia. Según el presidente de la empresa, la bebida Kufu es de carácter social, y permite cambiar los hábitos alimenticios de los niños. La iniciativa fue apoyada por la Diócesis de Ríoacha, Chevron, Fupad y Ecósfera.
Ante la decisión, la delegada de la dirección de Primera Infancia del Icbf, Angélica Martínez, expresó “estamos muy contentos de que entidades de diferentes partes del país le estén apostando a los niños y las niñas. Sabemos que en estas regiones necesitamos del acompañamiento, no solo de las entidades estatales, sino también de otras entidades que han acompañado procesos importantes”.


Kufu, la bebida que prometió ser un complemento nutricional


Mauricio Ramírez, director del Departamento administrativo de planeación de La Guajira, en entrevista con desdeabajo contextualizó la situación del experimento “Cuando se presentó la iniciativa el año pasado, varias organizaciones se preocuparon frente a lo que iba hacer Postobón y sí realmente iba ayudar a solucionar el tema de desnutrición severa y crónica dentro de la población indígena, especialmente de los niños de La Guajira. La Asociación Nacional de Pediatría y algunos pediatras independientes, generaron alertas porque consideraron que realmente no era una ayuda para reducir la desnutrición y que por el contrario iba a ser un distractor, es decir, como le estaban dando esa bebida a esas comunidades, entonces el Estado podía lavarse las manos diciendo que ya había una intervención en el territorio en esa materia y efectivamente eso ocurrió, en esas comunidades donde se dio esas bebidas, se bajó la guardia en materia de atención, porque se supone que Postobón lo está haciendo, pero lo que estaba dando Postobón no era un complemento nutricional ni un medicamento sino, simplemente, una bebida azucarada con unos cuantos componentes reforzados pero que en nada soluciona el problema de desnutrición”.


Según todo indica, el tema quedó sepultado por el silencio, hasta conocerse la denuncia de marras. Ahora los hilos de la acción complaciente de un Estado que no cumple con su población, que no le garantiza sus derechos humanos fundamentales, y la acción interesada de la empresa privada, quedan al denudo. Por ello nos interezó conocer la opinión de Mauricio Ramírez frente a la reacción de las autoridades encargadas de velar por los derechos de los niños en Colombia, a propósito de lo cual manifestó: “Es extraño que el Icbf, que tiene la competencia de velar por los derechos de los niños, diga que no podían hacer nada, cuando era su obligación hacerlo, cuando yo veo que como institución tengo la responsabilidad de salvaguardar la vida de los niños, y veo que hay una intervención de este tipo, es necesario tomar una acción inmediatamente, es decir, ellos no son policías administrativos ni judiciales, pero sí pueden interponer las denunciar pertinentes para revisar todo lo que pudiera pasar, porque es una bebida nueva en estado experimental con niños”.


Ante las acusaciones, Postobón sacó un comunicado donde rechaza “enfática y categóricamente los cuestionamientos hechos por el colectivo denominado La Liga contra el Silencio, al proyecto social KUFU, que se desarrolla en La Guajira, pues tergiversan los propósitos que éste tiene de contribuir al progreso de la región”. Agregando que en ningún momento su bebida Kufu sería un suplemento nutricional o un medicamento, y de manera contradictoria enfatiza: “KUFU se entregó gratuitamente a 3.125 niños como acompañamiento de sus planes alimenticios”.


Lo más grave del asunto es que a la par de las bebidas la empresa adelanto exámenes de sangre con los niños, sacando análisis antropométricos, de glicemia y cuadro hemático, con la intención de analizar posibles impactos de la bebida. Tal como lo expresó Mauricio Ramírez, aunque no pueden decir que la bebida es mala, tampoco pueden asegurar lo contrario, y hacer estas pruebas con niños que tienen problemas de salud a raíz de la desnutrición y la contaminación generada por la expansión minera en el departamento, es un riesgo mucho mayor e incluso una irresponsabilidad.


El problema de la desnutrición más allá de una gaseosa


Los niveles de desnutrición presentan en la población indígena guajira, no se resuelven con la buena voluntad de empresas privadas y multinacionales. El problema que viven los niños wayúu ante la escasez del agua y de alimentos, y ante la precaria atención médica que reciben, es fruto del modelo extractivo que por más de 30 años ha desarrollado Cerrejón Limited en este territorio, por tanto, la solución efectiva sería frenar la minería a gran escala; es evidente que el desarrollo de “programas sociales” como Kufu, no aportan soluciones concretas a una realidad tan violenta como la desnutrición, sino que más bien ayudan a que las empresas privadas lleguen a ciertas conclusiones con sus investigaciones, además de evitar el pago de impuestos por supuesta inversión social.


En La Guajira sus indígenas esperan justicia social, también con este caso de manipulación y utilización de sus niños.

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Sábado, 20 Enero 2018 10:55

El derrumbe*

El derrumbe*

Mi amigo José Vicente está preocupado. En su casa son cinco. Todos tienen el carné de la patria, que sirve para acceder a la asistencia del gobierno. Y también para votar. Cuatro votaron por la oposición y uno, su sobrino, por el chavismo, en las últimas elecciones de gobernadores, en las que hubo que validar el carné de la patria. El bono navideño que repartió el gobierno, de 500 mil bolívares, sólo había sido recibido por el sobrino. “¿Será que el carné de la patria les permite saber por quién votamos?”

 

Los venezolanos de “15 y último”, como les dicen a los asalariados que cobran el 15 y el último día del mes, precisan de la ayuda del gobierno para comer y de ese bono para suavizar en algo la dureza de las fiestas de fin de año. El gobierno anunció en noviembre que los que tuvieran el carné recibirían un bono navideño de 500 mil bolívares, y a los inscriptos en la ayuda alimentaria se les añadiría un jamón, el ingrediente tradicional de las comidas navideñas.

 

José Vicente tiene 45 años, es negro, divorciado, y tiene dos hijas. Lo conozco de la época en que yo era corresponsal en Caracas, entre 2005 y 2008, el año en que el precio del barril de petróleo llegó a los 100 dólares por primera vez. Trabaja en una oficina haciendo trámites y gana 630 mil bolívares mensuales (350 mil de salario y 280 mil de tiques de cesta básica). Exactamente 8,63 dólares, al cambio paralelo.

 

Nueve años después de mudarme de Caracas, volví a visitar a mis amigos. Cuando llegué, el 11 de noviembre, el dólar paralelo valía 53 mil bolívares; cuando me fui, el 19, costaba 73 mil.

 

El salario mínimo es de 456.507 bolívares (tiques de cesta básica incluidos), o 6,26 dólares al cambio paralelo. Una Big Mac costaba 48.900 bolívares cuando llegué y 53 mil una semana después. El cartón de 30 huevos, 60 mil bolívares cuando llegué, 75 mil cuando me fui. (Venezuela cerró 2017 con 2.735 por ciento de inflación, según datos preliminares de Ecoanalítica, y con un dólar paralelo a 111.413 bolívares. Los jamones no llegaron para Navidad y hubo disturbios en los barrios populares).

 

El carné de la patria es una tarjeta plastificada con los colores de Venezuela, la foto y los datos personales del ciudadano y un sello informático que intriga a la gente sobre qué información almacena. Lo gestiona el Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) y sirve para votar. Según Maduro, sus funciones se irán ampliando progresivamente.

 

Otro instrumento de control con que cuenta el gobierno son las cajas que reparten una vez por mes los comités locales de Abastecimiento y Producción (Clap), a un precio de 15.600 bolívares. Los vecinos deben inscribirse para recibir la caja que, dependiendo de las importaciones controladas por empresas manejadas por militares, pueden contener arroz, pastas, salsa de tomate, sardinas, harina... Esas empresas obtienen el dólar al cambio oficial, de diez bolívares por dólar. Venezuela sólo produce 30 por ciento de los alimentos que consume su población.

 

***

 

Luz Mely Reyes, periodista que se hizo famosa en los años del presidente Hugo Chávez por sus investigaciones publicadas en el diario popular Últimas Noticias, el de mayor tiraje, me contó que en su edificio, en el centro de Caracas, miembros del Concejo Comunal pasaron por su apartamento para que se registrara para el Clap. Ella dijo que no lo precisaba. Entonces le pidieron que diera explicaciones.

 

El Concejo Comunal utiliza la caja para disciplinar a los vecinos. Cuando José Vicente se opuso en una reunión del Concejo de su cuadra, en el barrio popular de Antimano, a que los vecinos pagaran camiones cisterna para aliviar los cortes diarios de agua, le suspendieron la caja del Clap durante tres meses.

 

El agua por cañería les llega entre las 5 y las 9 de la mañana. Luego la cortan hasta las 6 de la tarde, cuando es conectada nuevamente hasta las 11 de la noche.

 

José Vicente, que hace nueve años era un muchacho fuerte, está flaco y demacrado por la “dieta Maduro”, como llaman los venezolanos al adelgazamiento que les ha provocado el desabastecimiento y la carestía. Igual, está decidido a meterse en otro lío. No está de acuerdo con que sean los vecinos quienes paguen los camiones para sacar las montañas de basura que se acumulan en su barrio. Delante de su casa el olor es nauseabundo. Hace un mes que no se recoge la basura.

 

El tema cotidiano de sus vecinos gira en torno a qué alimentos pueden encontrar y dónde. Hace dos meses que no hay carne bovina ni de pollo. En los supermercados han reaparecido varios productos, pero a un precio prohibitivo. Siguen faltando pasta de dientes, jabón para lavar la ropa, azúcar...

 

Y no hay billetes, bolívares. No se puede retirar más de 10 mil bolívares (13 centavos de dólar, al cambio paralelo) de un cajero. Hay que peregrinar de uno a otro y comerse colas larguísimas. El gobierno imprimió un nuevo billete de 100 mil bolívares, pero como no hay cambio, casi nadie lo acepta.

 

Por lo tanto, las tarjetas de débito y los “puntos” (Pos) para utilizarlas se han generalizado. En el centro de Caracas las vendedoras callejeras de hallacas, tamales típicos de la temporada navideña, que cuestan 20 mil bolívares, tienen puntos para las tarjetas. El problema es que no siempre funcionan. Hay tiendas con carteles que dicen: “Hoy el punto funciona”. Como es tan aleatorio, en los mercados populares las colas para pagar son larguísimas. Muchos vecinos abandonan las bolsas de sus compras hartos de esperar. Y los que no tienen tarjeta, los más pobres de las ciudades y el campo, son los que más sufren.

 

La encuestadora Datanálisis indicó, según un estudio publicado durante mi estadía, que 70 por ciento de los consumidores sufren carencias alimenticias y sanitarias, porque son asalariados, no tienen acceso a dólares, y dependen de la asistencia del gobierno. La mitad de estos reciben la caja Clap.

 

El otro 30 es el que mueve la economía, el que tiene acceso a dólares o al dinero que emite el gobierno, la elite cívico militar, los contratistas del gobierno, los funcionarios corruptos, los especuladores grandes y pequeños, los que tienen patrimonio en el extranjero, profesionales que hacen trabajos en el exterior, o los que reciben remesas de su familia. Los grandes beneficiarios de la crisis han aumentado su consumo de productos premium, en particular automóviles y teléfonos de alta gama, whiskies.

 

La desnutrición ha aumentado, sobre todo entre los niños. Cáritas Internacional indica que 8 por ciento de los menores de 5 años tienen desnutrición aguda moderada, 3 por ciento desnutrición aguda severa. La mortalidad posnatal se ha triplicado.

 

Cáritas señala también que en Venezuela se encuentran sólo 38 por ciento de los medicamentos esenciales de la lista de la Oms, y en los hospitales públicos apenas el 30 por ciento de los necesarios para combatir enfermedades infecciosas básicas; 114 mil personas portadoras de Vih no tienen acceso a medicamentos esenciales. La diabetes aumentó 95 por ciento y la hipertensión 92 por ciento.

 

Conseguir medicamentos desespera a los venezolanos. Traen sus maletas repletas de ellos cuando viajan, o sus familiares y amigos en el extranjero se encargan de conseguirlos y enviarlos. La gente muere de enfermedades curables.

 

***

 

Johann Starchevich, periodista de El Estímulo, tiene un hijo de 6 años. La epidemia de disentería está llegando a Caracas y el pediatra le mandó vacunarlo con la triple. Los médicos le cobran 120 dólares por la vacuna. Estaba planificando ir con su esposa y el niño a Cúcuta, ciudad fronteriza colombiana a 850 quilómetros al oeste de Caracas, para vacunarlo a un bajo costo, enfrentando los riesgos del viaje de 14 horas en ómnibus y la inseguridad de la frontera.

 

La debacle ha incrementado aun más la violencia. En el campo provoca desde hace varios años un catastrófico éxodo rural.


“La gente que no puede pagar una seguridad privada abandona los campos para salvar la vida”, me cuenta una fuente que me pidió que no la identificara, por miedo a represalias.

 

Relata que un vecino suyo y sus dos hijos fueron atacados por delincuentes en su finca del estado de Guárico, al sur de Caracas, y arrojados por un barranco dentro de su vehículo. Salvaron sus vidas gracias a que el automóvil chocó contra un tronco y no cayó al vacío. Huyendo de la violencia, otra vecina vendió en 4 mil dólares una granja de 120 hectáreas con todas las instalaciones para criar cerdos. Me dicen que en el campo la policía ya no captura a los delincuentes, los mata y entierra en el lugar.

 

Según el Observatorio de Violencia, en 2017 la tasa de homicidios fue de 89 cada 100 mil habitantes, con un total de 26.616 asesinados, lo que la coloca en segundo lugar en el mundo, detrás de El Salvador.

 

De secuestros no hay cifras. Pero en el centro de la capital hay pancartas que dicen “No pagues, denuncia secuestro”, y un número de teléfono con la imagen de un policía detrás.
El vía crucis de los venezolanos se completa con el déficit en el transporte. Setenta por ciento del parque vehicular, ómnibus y taxis incluidos, está fuera de servicio por falta de repuestos. Hay una aplicación que permite pagar los taxis por transferencia bancaria.
El metro de Caracas, que hace nueve años no tenía nada que envidiarle a los de las capitales europeas, está deteriorado y siempre repleto. Los caraqueños, antes tan bien vestidos, rozagantes y acicalados, ahora lucen delgados, mal vestidos y sobre todo con zapatos estropeados. Un tenis trucho de calidad promedio cuesta más de un millón de bolívares, es decir los salarios de dos meses de una secretaria o de un médico de un hospital público.

 

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Para mis amigos periodistas el peor golpe es haberse visto cortados de su público.

 

Después del cierre en 2007 de Radio Caracas Televisión (Rctv), la televisora con mayor audiencia del país y que daba un gran espacio a la oposición, el gobierno fue poniendo a los medios independientes contra las cuerdas, extenuándolos.

 

Tras la muerte de Hugo Chávez, entre 2013 y 2015, el gobierno impulsó la compra de los más importantes, uno tras otro.

 

Todos cayeron, el venerable El Universal, el popular y de mayor tiraje Últimas Noticias, el económico El Mundo, la cadena opositora Globovision. Sólo queda El Nacional, desprestigiado por la megalomanía de su dueño, obsesionado con la presidencia y las conspiraciones, según un amigo escritor.

 

Los periodistas independientes se refugiaron en los medios digitales, a los que no accede el venezolano de a pie. Omar Lugo dirige El Estímulo, Luz Mely Reyes Efecto Cocuyo, otros trabajan en arcominero.com, armando.info, Prodavinci, Runrunes, Tal Cual... La mayor preocupación de Luz Mely es la autocensura: “Se está metiendo en la cabeza de los periodistas”.

 

Venevisión, de Gustavo Cisneros, el poderoso empresario de Direct TV, convive cómodamente con el régimen y evita molestarlo.

 

En las pantallas de los canales oficiales Venezuela es un paraíso. Los venezolanos cantan, bailan, producen, a lo largo del día y de la noche. El presidente cerró a mediados de noviembre el Congreso Nacional de los Consejos Productivos de los Trabajadores ensayando pasos de baile delante de un grupo de porristas. Conmemoró el aniversario del lanzamiento del satélite Miranda. “Un paso más hacia la Venezuela potencia”, dijo sin rastro de ironía. Exclamó él mismo la consigna en boga: “¡Nicolás Maduro, conductor de victorias!”, y reiteró “Yo soy el protector del pueblo venezolano”. Culpa de la crisis a las sanciones adoptadas por Donald Trump al inicio de este año, a una supuesta “guerra económica”. Habla como Chávez, se mueve como Chávez, pero los chavistas lo siguen abandonando.

 

La encuesta de Datanálisis de noviembre sitúa la popularidad de Maduro en un 21 por ciento, un aumento de diez puntos desde las elecciones de gobernadores y el fin de las protestas. La figura más popular sigue siendo Chávez, con 55 por ciento, a más de cuatro años de su muerte. La oposición se sitúa en 46 por ciento y la globalidad del chavismo en 16.

 

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Muchos periodistas, al igual que cientos de miles de venezolanos, emigraron. Otros aún resisten. Ganan el equivalente a 30 dólares un reportero y 90 dólares un director, al cambio paralelo.

 

Mi amigo Juan Sara, al que despedí el día que partió de Caracas, trabajaba en un periódico local de Carúpano, y su esposa, Tamara, había montado una radio comunitaria en Río Caribe, dos ciudades del oriente. Emigraron al sudeste asiático con un proyecto gastronómico; los dos son excelentes cocineros. La radio pasó a manos del chavismo. Tienen un hijo en Australia, otro en España, y su hija se prepara para emigrar a Chile. Juan debía viajar a Caracas desde Cumana en un vuelo de Estelar, una de las nuevas compañías fundadas para mantener la conectividad del país, después del cese de actividades de la mayoría de las líneas aéreas extranjeras. Lo alojaron dos noches en un hotel porque los aviones no aparecían. Finalmente, pusieron a todos los pasajeros en una caravana de taxis y los condujeron a Caracas.

 

Lo mismo les ocurre regularmente a los pasajeros de esa compañía que van a Santiago de Chile y Buenos Aires. Tienen que pernoctar una o varias noches en hoteles de la capital o de La Guaira a la espera de aviones. Las otras compañías venezolanas tienen problemas similares.

 

Venezolanos de todas las clases sociales se están yendo, en masa. La hija de José Vicente, ingeniera recién recibida, de 23 años, emigró a Chile.

 

Cada vez más, los venezolanos se van en ómnibus hasta Perú –el país que mejor los recibe–, Chile –uno de los destinos predilectos de los jóvenes–, y a toda América Latina. Balseros sobre ruedas. La hemorragia apuntala al régimen.

 

Juan me cuenta que desde enero no tiene agua por tubería en su casa de Río Caribe. Debe comprar dos cisternas por semana a 40 mil bolívares cada una. Una cisterna de 30 mil litros de gasolina cuesta 30 mil bolívares. Los cortes de luz son frecuentes y duran varios días, como en las otras ciudades del interior venezolano. Allí quedó una hermana discapacitada de Tamara y las señoras que la cuidan.

 

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Una fuente que trabajó en Miraflores en la época de Chávez me asegura que el oficialismo ganó las elecciones de gobernadores no sólo debido a la abstención de una parte de la oposición –una colcha de retazos de rivales enfrentados– sino también gracias a manipulaciones, irregularidades y en algunos casos fraude. Sostiene que hubo fraude en estados donde la oposición no tuvo testigos en todas las mesas. Sin embargo, la oposición no ha presentado pruebas de fraude, salvo en el estado de Bolívar. El candidato opositor e histórico líder sindical Andrés Velázquez impugnó la elección de su contrincante y denunció fraude en varias mesas, actas en mano. Bolívar tiene un valor estratégico por el Arco Minero del Orinoco, de 111 mil quilómetros cuadrados. Es rico en oro, cobre, diamantes, coltán, hierro, bauxita y otros minerales. Maduro quiere abrirlo a la explotación para compensar la caída en la extracción petrolera.

 

Esta fuente sostiene que el poder en Venezuela lo comparten tres fuerzas. Antiguos militantes de izquierda, como el presidente Nicolás Maduro y su ministro de Educación, Elías Jaua, y los actuales ideólogos, el psiquiatra Jorge Rodríguez, ministro de Comunicación, y su hermana Delcy, presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente. Los militares en actividad o retirados liderados por el ex capitán golpista Diosdado Cabello y el ministro de Defensa, general Vladimiro Padrino. Y los cubanos, que serían fundamentales en el esquema de poder.

 

La fuente dirige sus baterías contra los cubanos y los militares. A estos últimos les han repartido la administración de empresas clave, sobre todo de importación de alimentos y medicinas. De todas maneras, la policía política, el Sebin, los tiene muy vigilados. Si se reúnen tres oficiales o más, los detienen, sostiene.

 

La presencia cubana en el aparato del Estado venezolano está envuelta en el mayor secreto desde los años de Chávez. Éste decía que 46 mil cubanos trabajaban en Venezuela, pero se refería sobre todo a los cooperantes, médicos, entrenadores deportivos... La prensa independiente casi no escribe de este tema.

 

“No hay datos”, se justifica Luz Mely. No hay fuentes.

 

El caso del vicealmirante Pedro Miguel Pérez Rodríguez ilustra lo que les sucede a quienes se atreven a hablar. En una entrevista publicada por El Estímulo el 6 de julio de 2016 el vicealmirante reconoció que “hay un margen de injerencia cubana en nuestra fuerza armada. Se ha tratado de hacer una copia a lo que son las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, lo que es concepto de regionalización de la fuerza armada. (...) Hay asesores en el Comando Estratégico Operacional”. Al ser interrogado sobre cuántos son, respondió: “ese sí es un tema más delicado del cual, oportunamente, ante la instancia correspondiente, pudiese aclarar más sobre eso”.

 

El vicealmirante pidió su pase a retiro y en abril pasado fue detenido, acusado de liderar un complot contra Maduro. Pérez Rodríguez, que comandó la infantería de marina, había denunciado también la participación de los colectivos chavistas armados, en coordinación con la Guardia Nacional, en la represión del movimiento estudiantil.

 

El director de El Estímulo, Omar Lugo, se interroga sobre si valió la pena publicar esa entrevista que le costó la libertad a un hombre y destruyó a su familia.

 

Cuba depende del petróleo venezolano. El ex analista del Ministerio del Interior cubano y ahora profesor en Estados Unidos Antonio López Levy sostiene que si cayera Maduro el Pbi cubano se contraería entre un 20 y un 25 por ciento.

 

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“Están montando un Estado policial –dice mi fuente–. Detienen a la gente por cualquier cosa. Chávez era mucho más cuidadoso.” Pero Chávez no se andaba con vueltas cuando percibía a alguien con prestigio que pudiera amenazar su poder. Como el general Raúl Isaías Baduel, el mismo que lo salvó del golpe de Estado de 2002, encarcelado durante años por oponerse a su proyecto. Chávez, que nunca reconoció legitimidad alguna a la oposición ni creía en la alternancia, fue un aplicado alumno de Fidel Castro. Cuando salió de la cárcel amnistiado, en 1994, tras su fracasado golpe militar de 1992, andaba desnorteado, asesorado por el nacionalista de derecha argentino Norberto Ceresole, y visitando a los carapintada. El genio político de Fidel olfateó su potencial y lo invitó a Cuba, cuando ningún otro líder latinoamericano lo recibía. Le desplegó la alfombra roja y lo adoptó. Chávez buscaba un mentor, un padre a su altura; Fidel, el petróleo venezolano.

 

Siempre fue su obsesión. A principios de los sesenta fue uno de los motivos de su ruptura con Rómulo Betancourt, y luego mandó armas y cuadros a apoyar a la guerrilla de Douglas Bravo.

 

Fidel le vendió su modelo a Chávez a precio de oro negro. El socialismo dependiente (en este caso del petróleo), no sustentable, pero con un poder autoritario y vertical casi indestructible.

 

Venezuela llenó en Cuba el vacío dejado en la década del 90 por la Unión Soviética, enviándole más de 100 mil barriles diarios de petróleo. Y sigue mandándole, aunque se calcula que un 40 por ciento menos. Cuba vende parte del petróleo que Venezuela le da. Maduro enfrenta el dilema de incrementar su asistencialismo antes de las elecciones presidenciales de 2018, en las que es candidato a la reelección, o pagar a sus acreedores para evitar el default.

 

La producción de petróleo de Venezuela (97 por ciento de las exportaciones) había caído en setiembre pasado a 1.890.000 barriles diarios, según fuentes secundarias de la Opep. Antes de la huelga petrolera de 2002-2003 y de la administración chavista de Pdvsa, llegaba a 3,4 millones barriles diarios.

 

Pero las divisas provienen sobre todo de las exportaciones a Estados Unidos, que se sitúan en un poco menos de 800 mil barriles diarios. Según un análisis publicado en El Universal, más de 600 mil barriles diarios de la producción venezolana van a convenios energéticos con China –que se cobra la deuda en petróleo–, con Cuba y Petrocaribe, que tienen condiciones preferenciales. El resto es consumido por los venezolanos y contrabandeado a Colombia.

 

La deuda externa asciende a 140.000 millones de dólares. Hasta fines de 2018 debe pagar 10.000 millones de dólares en capital e intereses. Las reservas no alcanzan los 10.000 millones de dólares.

 

Un default desordenado “podría llevar a la pérdida de activos vitales y al desplome de los ingresos petroleros venezolanos, causando una profundización de la contracción económica y una reducción aun mayor a la sostenida hasta ahora en las importaciones del país”, afirma Francisco Rodríguez, el economista de Torino Capitales.

 

Esta empresa, que me han dicho detenta una abultada cartera de deuda venezolana, pertenece a Diego Salazar, socio y pariente del ex todopoderoso presidente de Pdvsa caído en desgracia Rafael Ramírez, actualmente prófugo de la justicia venezolana. Salazar fue detenido después de mi partida de Venezuela, acusado de corrupción.

 

Mis amigos piensan que las elecciones presidenciales serán adelantadas para marzo, y hasta entonces se incrementará la importación de alimentos y medicamentos, y se atrasarán los pagos a los acreedores en el marco del default parcial vigente.

 

El chavismo realizó la hazaña de fundir a Venezuela, el país con las mayores reservas de petróleo de la Opep. La caída del precio del barril de petróleo en 2015 agudizó la crisis. Cayó de un promedio de 100 dólares en 2014 a la mitad y menos. El Pbi se contrajo 36 por ciento en los últimos cuatro años. Por falta de inversión, la producción de petróleo se desplomó desde 2015. Mis amigos se dividen entre los que creen que habrá una nueva explosión social, esta vez bajando de los cerros como en el Caracazo, y los que piensan que la gente depende tanto del gobierno para comer que no puede rebelarse y desafiar a la Guardia Nacional y a los colectivos que tiran a matar.

 

* Publicado con la autorización de Brecha. https://brecha.com.uy/
** Veterano periodista uruguayo, ex jefe de redacción para América Latina de la agencia France Presse. Noboa viajó en noviembre pasado a Venezuela, años después de haber ejercido allí como corresponsal. En esta nota da cuenta de lo que vio y lo que le relataron.

Publicado enEdición Nº242
Hambre en América Latina creció 6 por ciento en 2016: FAO

 

El hambre entre la población latinoamericana creció 6 por ciento durante 2016, lo que representa “el primer retroceso en una década” ante la desaceleración de las economías regionales, señaló la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en el informe “Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina y el Caribe”.

Ese 6 por ciento significan 2.4 millones de personas que dejaron de contar con la cantidad necesaria de alimentos para cubrir sus necesidades calóricas básicas, explicó la FAO. En total, suman 42.5 millones de personas en situación de hambre en América Latina, lo que equivale al 6.6 por ciento de la población total.

“Vamos por mal camino. La región ha dado un paso atrás importante en una lucha que venía ganando”, expresó Julio Berdegué, representante regional de la FAO.

El Caribe, a pesar de que no registró un aumento de hambruna, continúa como la región con mayor prevalencia de América Latina, con 17.7 por ciento de su población en esa situación. Por otro lado, Sudamérica registró el mayor incremento de la malnutrición, con un aumento de 5 a 5.6 por ciento en 2016.

El país con la peor situación es Haití, donde 47 por ciento de la población sufre de inanición, resaltó la FAO. Por otra parte, Venezuela es la nación que registró el mayor crecimiento de hambre entre sus habitantes, de 2.8 millones de personas en 2015 a 4.1 millones, con una prevalencia del 13 por ciento de su población.

Por el contrario, la obesidad en la región latinoamericana también está “desbocada”, pues es un problema de salud pública en todos los países de América Latina y se ubicó por sobre el 20 por ciento de su población en 24 de los 33 países sudamericanos.

 

 

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Una mujer arrastra un saco de comida lanzado desde el aire por el Programa Mundial de Alimentos en Ganyiel (Sudán del Sur).

 

Los conflictos y los impactos climáticos invierten las tímidas bajadas registradas desde 2003 en el número de personas que no comen lo suficiente: ya son 11 de cada 100, más de 815 millones

 

Más de 815 millones de personas. Unas 17 veces la población de España. Casi tantos como los habitantes de la Unión Europea y Estados Unidos juntos. Toda esa gente se va a dormir cada día sin haber comido las calorías mínimas para su actividad diaria. Pero lo abultado de la cifra, calculada por Naciones Unidas y publicada este viernes, no es una novedad: el número de hambrientos oficiales lleva entre los novecientos-y-pico y los setecientos-y-muchos desde comienzos de este siglo. La noticia es que, por primera vez desde 2003, el hambre repunta.

Esta subida respecto a los casi 777 millones de subalimentados que se imputan a 2015 no ha sido una sorpresa absoluta: había señales de sobra para preverla. La hambruna ha reaparecido este año en Sudán del Sur y hay otros tres países (Yemen, Somalia y el norte de Nigeria) cerca de caer en sus garras. En los últimos años han estallado guerras y enfrentamientos que se alargan y se agravan (de hecho, 6 de cada 10 hambrientos viven en países en conflicto). Y también hay regiones muy dependientes de la agricultura que llevan tres o más temporadas sufriendo sequías, inundaciones y otros impactos climáticos. Estos son, precisamente, los factores que explican la subida, según el informe presentado por la FAO (organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura) y otras cuatro agencias de la ONU en Roma.

Si hace un año el 10,6% de la humanidad pasaba hambre, hoy es el 11%. "Son muy malas noticias", lamenta Kostas Stamulis, director general adjunto de la FAO, la agencia que hace los cálculos anuales del número de personas "subalimentadas", o que no consumen el número de calorías mínimo para sus necesidades vitales. "Por eso esperamos que al menos sirvan para hacer saltar la alarma y que los países escuchen", reflexiona Stamulis.

La agencia insiste machaconamente: acabar con el hambre es una cuestión de voluntad política. Porque se producen alimentos más que de sobra para que los casi 7.500 millones de habitantes del planeta coman lo que necesitan para una vida plena. El problema es casi siempre de distribución: hay regiones a las que no llega comida suficiente, hay personas (o comunidades enteras) a quienes no les llega para comprarla...

Detrás de esa compleja realidad llamada hambre subyacen, obviamente, problemas de pobreza y vulnerabilidad. Porque una sequía puede provocar grandes pérdidas económicas en California; pero si las lluvias faltan en Etiopía, cientos de miles de pastores etíopes que sobreviven gracias a sus animales los perderán. Y con ellos, su fuente de comida. La ofensiva militar contra Boko Haram que se vive en el norte de Nigeria puede provocar desplazados (casi dos millones) y destrucción; pero si una mayoría de la población comía de lo que cultivaba, cuando se ve obligada a abandonar sus campos o estos quedan arrasados, se queda sin la única forma de encontrar alimento por sí misma. Y una subida o una bajada de los precios globales del maíz pueden alterar el precio de las mazorcas en un supermercado español. Pero también arruinar o exponer al hambre (o ambas a la vez) a miles de pequeños productores .

Por eso, la respuesta que los autores del informe ofrecen pasa, sí, por atender con rapidez las situaciones de emergencia alimentaria provocadas por la violencia o el clima (o de la explosiva combinación de ambos). Y por fomentar y proteger la paz. Pero también, y sobre todo —y ahí es donde entra en juego la voluntad política— por invertir y apoyar el desarrollo y la capacidad de los más vulnerables para resistir estos contratiempos, como marcan los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible aprobados en 2015 por los 193 países miembros de Naciones Unidas.

Por crear además oportunidades laborales y sociales que hagan desaparecer también a los hambrientos urbanos, un colectivo en peligro de expansión con el crecimiento de las ciudades. Y por establecer mecanismos comerciales que no dejen la alimentación de países enteros expuesta a los vaivenes del mercado.

Este repunte del hambre es, desde luego, un fuerte correctivo a los ODS, ese programa global concebido entre promesas de cambio y buenas intenciones. La segunda de esas metas que Naciones Unidas y sus países miembros se han marcado para el año 2030 es acabar con el hambre y la malnutrición. Pero precisamente cuando echan a andar, no solo no hay progresos, sino que se rompe la serie de casi tres lustros de descensos.

 

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Más de dos años de guerra han expuesto al hambre a gran parte de la población de Yemen, en especial a mujeres y niñas, que suelen ser las últimas en comer. ©FAO/LIANNE GUTCHER

 

Aún es pronto para saber si se trata de una nueva tendencia o es algo puntual debido a las crisis abiertas", previene el alto cargo de la FAO. Los autores del informe, en el que también participan el Programa Mundial de Alimentos, el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola, Unicef o la Organización Mundial de la Salud, advierten sobre la necesidad de seguir mejorando "la fiabilidad de las estimaciones", que están sujetas a continuas actualizaciones. Distintas voces han criticado esos cambios a posteriori, preguntándose incluso si no se maquillan los números para aparentar que se cumplen objetivos.

"Nosotros somos absolutamente transparentes con los datos", asegura Stamulis. "Son números que nos aportan los países y que nosotros después analizamos y comprobamos". Esa información remitida por los Estados incluye la producción, suministro y comercio de alimentos y la demografía (edad, sexo, ocupaciones de la población...) para calcular el consumo de calorías y relacionarlo con la energía que necesita cada persona. Pero hay países que meses o años después corrigen las estadísticas enviadas. Aunque la metodología no cambia, esas variaciones hacen que cada nuevo informe deje desfasado el anterior. "Ahora mismo son los mejores datos que podemos tener", mantiene el griego.

Esa diversidad de fuentes (este año se han incluido números estimados por Unicef o la OMS) admite el directivo de la FAO, puede estar detrás de una de las buenas noticias que recoge el texto: los retrasos en el crecimiento por desnutrición en menores de cinco años apuntan una tendencia mucho más positiva: aunque aún los sufren 155 millones de niños, la reducción desde 2005 ha sido de 6,6 puntos (del 29,5% al 22,9%).

Los distintos tipos de desnutrición, sobrepeso infantil, anemia femenina u obesidad entre adultos se incluyen por primera vez en un informe que ha cambiado de nombre: ya no habla del estado de la inseguridad alimentaria, sino de la seguridad alimentaria y la nutrición. La idea, apunta el documento, es entender mejor la relación entre la seguridad alimentaria (la garantía de ingerir calorías suficientes) y una buena nutrición (que estas provengan de alimentos sanos y con la aportación de los nutrientes adecuados).

Aunque el informe de este año es negativo, la serie histórica arroja progresos. En 2000, los obligados a dedicar su día a día a buscar algo de comer, los condenados a no desarrollar todo su potencial físico y humano, eran el 14,7% de la población mundial. Hoy son el 11%. Pero, como se pregunta el escritor argentino Martín Caparrós en su enciclopédico El hambre: “¿Y si en lugar de ser cientos millones de hambrientos fueran 100? ¿Y si fueran 24? ¿Entonces diríamos 'ah, bueno, no es tan grave'? ¿A partir de cuántos empieza a ser grave?”.

 

 

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20 millones de personas en riesgo de inanición necesitan alimentos, no bombas

El mundo se enfrenta a la catástrofe humanitaria más grave desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Veinte millones de personas corren riesgo de morir de hambre en Yemen, Somalia, Nigeria y Sudán del Sur. La respuesta del presidente Donald Trump ante esta situación ha sido cerrarles la puerta en la cara a los refugiados y recortar los fondos de asistencia humanitaria, al tiempo que propone una importante ampliación de fondos para el ejército estadounidense.

António Guterres, nuevo secretario general de Naciones Unidas, dijo recientemente: “Millones de personas apenas logran sobrevivir entre la desnutrición y la muerte, vulnerables a enfermedades y epidemias, obligados a matar a sus animales para comer y consumir los granos almacenados para la siembre del año que viene”. Guterres continuó: “Estas cuatro crisis son muy diferentes, pero tienen una cosa en común. Todas son evitables. Todas provienen de diferentes conflictos, para los cuales se necesita que hagamos mucho más en cuanto a prevención y resolución”.


Mientras Naciones Unidas se apresura a recaudar los 5.600 millones de dólares necesarios para evitar el peor impacto de estas crisis, el gobierno de Trump recorta los fondos del Departamento de Estado de Estados Unidos y, según el borrador de una orden ejecutiva obtenido por el periódico The New York Times, también los de Naciones Unidas. La orden, tal como está redactada (aunque todavía no fue firmada ni emitida oficialmente) indica “al menos un 40% de reducción general” de las contribuciones voluntarias de Estados Unidos a programas de la ONU como el Programa Mundial de Alimentos, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados y Unicef. “Francamente, esta es una actitud infantil que no es digna de la única superpotencia del mundo”, escribió Stewart M. Patrick, un ex funcionario del Departamento de Estado durante el gobierno de George W. Bush, que ahora integra el Consejo de Relaciones Exteriores.


Esta actitud, que podría calificarse de infantil, tiene un impacto letal en la población infantil real. Siete millones de personas en Yemen corren peligro de inanición, de las cuales 2,2 millones son niños. Cerca de medio millón de esos niños están “grave y agudamente desnutridos”, lo que implica que ya han sufrido daños de desarrollo, posiblemente de por vida, debido al hambre.


El director de la sede estadounidense del Consejo Noruego para Refugiados, Joel Charny, dijo en una entrevista para Democracy Now!: “Si la guerra continúa, mucha gente morirá de hambre. No creo que haya ninguna duda al respecto. Tenemos que hallar la forma de que la guerra termine”.


Para ello habría que empezar por ponerle fin a la entrega de armamento a Arabia Saudí, que bombardea Yemen sin piedad. En su lugar, el presidente Trump se reunió el martes en la Casa Blanca con el príncipe heredero de Arabia Saudí y ministro de Defensa, Mohammed bin Salman, donde presuntamente habrían hablado de reanudar la venta de proyectiles guiados de precisión a la dictadura saudí. Amnistía Internacional instó a Trump a bloquear las nuevas ventas de armas. La organización emitió una declaración, en la que escribió: “Armar a los gobiernos de Arabia Saudí y Bahréin representa el riesgo de ser cómplice de crímenes de guerra, y hacerlo mientras simultáneamente se prohíbe a las personas viajar a Estados Unidos desde Yemen sería aun más inadmisible”.


La guerra en Yemen es considerada mayormente como un conflicto de poder entre Arabia Saudí e Irán, donde Estados Unidos, bajo el gobierno de Obama y ahora con mayor intensidad bajo el de Trump, brinda armamento a los saudíes y apoya logísticamente su bombardeo a Yemen. “Cabe destacar que esto no comenzó el 20 de enero. Esta es una política llevada a cabo por Estados Unidos desde hace cierto tiempo", dijo el funcionario humanitario Joel Charny en referencia a la asunción de mando de Trump y las políticas de Obama. A lo largo de sus dos mandatos, el presidente Obama le vendió armas a Arabia Saudí por un récord de 115.000 millones de dólares. Solo suspendió las ventas después de que un avión saudí atacara un funeral yemení con una serie de bombardeos sucesivos, que dejaron un saldo de 140 muertos y 500 heridos.


Millones de personas más se enfrentan al hambre y a una dolorosa muerte por inanición en Somalia, Sudán del Sur y Nigeria. Según Charny, en Sudán del Sur, pese a las ganancias por el petróleo y su tierra fértil, “los conflictos políticos no resueltos al interior de la clase gobernante de Sudán del Sur, que se remontan a la década de 1990 y quedaron disimulados durante la lucha por la independencia, ahora comenzaron a resurgir” y han conducido al país a la hambruna. En el noreste de Nigeria, el conflicto armado entre el grupo Boko Haram y el gobierno hace que la entrega de ayuda humanitaria sea muy peligrosa. Respecto a Somalia, donde la hambruna amenaza a poblaciones que pueden ser alcanzables por el debilitado gobierno central y las agencias de ayuda humanitaria, Charny expresó comentarios más optimistas: “Si podemos movilizar rápidamente alimentos y dinero en efectivo, podremos superar la situación en Somalia... si nos ponemos en marcha”.


Evitar la situación de hambruna en estos cuatro países es posible. El presidente Trump debería financiar totalmente los envíos de alimentos –no los envíos de armas– y liderar la tan necesaria diplomacia para evitar la inmensa catástrofe de 20 millones de muertes terribles a causa del hambre. Eso es lo que haría grande a Estados Unidos.

 

© 2017 Amy Goodman
Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Foto: Agencias.

 

Será difícil acabar con el hambre para 2030 porque está en peligro la capacidad de la humanidad para alimentarse debido a las crecientes presiones sobre los recursos naturales, la mayor desigualdad y las consecuencias del cambio climático, alerta el último informe de la FAO.

En los últimos 30 años, se lograron grandes avances significativos en la reducción del hambre, aunque la “expansión de la producción alimentaria y del crecimiento económico vino con un costo muy alto para el ambiente”, señala la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) en el documento divulgado este miércoles 22.

“Casi la mitad de los bosques que antaño cubrían el planeta han desaparecido y las aguas subterráneas se agotan con rapidez”, señala el documento “El futuro de la Alimentación y la Agricultura: Tendencias y desafíos”. “Las fuentes de agua subterránea se agotan rápidamente. La biodiversidad se ha visto gravemente erosionada”, precisa.

Eso hace que “de continuar las tendencias actuales, podrían superarse los límites planetarios”, alerta el director general de la FAO, José Graziano da Silva, en la introducción al informe.

En 2050, se estima que el planeta tendrá 10.000 millones de habitantes. En un contexto de moderado crecimiento económico, el aumento de población elevará la demanda mundial de productos agrícolas en 50 por ciento respecto de la actual, lo que incrementará la presión sobre los recursos naturales ya muy exigidos.

Asimismo, un mayor número de personas comerán menos cereales y más carne, frutas, verduras y alimentos procesados, como resultado de la actual transición que experimenta la dieta global y que se suma a las presiones ya existentes, generando más deforestación, mayor degradación del suelo y un aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero.

A eso se suman las dificultades derivadas del cambio climático, lo que “afectará cada aspecto de la producción alimentaria”, señala el informe, como una mayor variabilidad en las precipitaciones, mayor frecuencia de sequías e inundaciones.

 

¿Hambre cero?

 

La cuestión central que plantea la FAO en su informe es si los sistemas alimentarios y agrícolas serán capaces de cubrir de forma sostenible las necesidades futuras de la creciente población mundial.

Según la la agencia, sí podrán hacer frente a esas necesidades crecientes y de forma sostenible, pero para lograrlo y asegurarse de que los beneficios lleguen a toda la humanidad, se necesitarán “grandes transformaciones”.

Pero sin un impulso a las inversiones y un reequipamiento de los sistemas alimentarios, muchas personas todavía seguirán hambrientas en 2030, cuando vence el plazo para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, en especial el de erradicar la inseguridad alimentaria crónica y la malnutrición, alerta el documento.

“Sin un esfuerzo adicional para promover un desarrollo que tenga en cuenta a los más pobres, reduzca las desigualdades y proteja a los más vulnerables, más de 600 millones de personas estarán subalimentadas en 2030”, precisa. “De hecho, los avances actuales no serán suficientes para erradicar el hambre para 2050”, acota.

 

¿De dónde vendrá nuestra comida?

 

Dada las pocas posibilidades de aumentar las tierras dedicadas a la agricultura y el agua empleada, el aumento de la producción para cubrir la mayor demanda tendrá que lograrse principalmente mejorando la productividad y la eficiencia en el uso de los recursos, recomienda la FAO.

Pero es preocupante la tendencia a la estabilización del crecimiento de la producción de cultivos importantes. Desde la década de los años 90, las cosechas de maíz, arroz y trigo aumentaron en promedio uno por ciento al año, advierte el informe.

Para hacer frente a los desafíos señalados en el documento, entre otros, no es posible seguir haciendo lo mismo como hasta ahora.

“Se necesitarán grandes transformaciones en los sistemas agrícolas, en las economías rurales y en la gestión de los recursos naturales si queremos hacer frente a los múltiples desafíos que tenemos por delante, así como si queremos explotar todo el potencial de la alimentación y la agricultura para garantizar un futuro saludable para todas las personas y todo el planeta”, subraya.

“Los sistemas agrícolas intensivos que utilizan muchos insumos, causantes de la masiva deforestación, de la escasez de agua, del agotamiento del suelo y de las grandes emisiones de gases invernadero, no pueden ofrecer una producción agrícola y alimentaria sostenible”, asegura la FAO.

 

Más con menos

 

El mayor desafío es producir más con menos, al tiempo que se protegen y se mejoran las distintas formas de sustento de los pequeños agricultores familiares y se garantiza la alimentación de las personas más vulnerables.

“Para ello se precisa un enfoque de doble vía que combine las inversiones en protección social con inversiones en actividades favorables a los pobres. De esta manera, se abordará la subalimentación al mismo tiempo que se incrementarán las oportunidades para la generación de ingresos de las personas pobres”, recomienda la FAO.

Según esa agencia de la ONU, el mundo debe cambiar a sistemas de alimentación más sostenibles, que logren un uso más eficiente del suelo, del agua y de otros insumos y reduzcan de forma sensible el uso de combustibles fósiles, para reducir drásticamente las emisiones contaminantes, lograr una mayor conservación de la biodiversidad y reducir el volumen de los desperdicios.

Para se necesita una mayor inversión en los sistemas agrícolas y agroalimentarios, así como más fondos para la investigación y el desarrollo, recomienda el informe, así se podrá promover la innovación, impulsar la producción sostenible y encontrar mejores formas de hacer frente a los problemas de escasez de agua y de cambio climático, precisa.

Además de impulsar la producción y la resiliencia, es también fundamental crear cadenas para el suministro de alimentos que mejoren la relación entre productores y mercados en las ciudades de los países de bajos y medianos ingresos, además de medidas para mejorar el acceso de los consumidores a alimentos seguros y nutritivos y a un precio accesible, como políticas de precios y programas de protección social, añade el informe.

El director adjunto de la FAO para economía y desarrollo social, Kostas Stamoulis, subrayó que el mayor desafío para la agricultura y la alimentación en el futuro será el recalentamiento planetario. “Requiere cambios en las prácticas agrícolas y en el desarrollo de una agricultura que se adapte mejor al cambio climático”, subrayó.

Stamoulis, y los otros dos autores del informe, Rob Vos, director de la División de Desarrollo de Economía Agrícola, y Lorenzo Bellu, jefe del equipo de Estudios de Perspectiva Mundial, organizaron el martes 21 una conferencia de prensa para profundizar sobre los asuntos más importante de este nuevo informe de la FAO.

 

Fuente: http://www.ipsnoticias.net/2017/02/peligra-el-futuro-de-la-alimentacion-humana/

 

 

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