Sábado, 26 Diciembre 2020 08:56

La trampa de la deuda

La trampa de la deuda

Los obstáculos a una recuperación económica mundial

La aprobación y distribución en varios países de las primeras vacunas contra el covid-19 han provocado el entusiasmo de diversos economistas y el júbilo de las principales bolsas de valores. Sin embargo, la recesión pandémica está lejos de haberse superado y podría llevar a un peligro desenlace en los mercados financieros.

 

La recesión mundial pandémica de este año es diferente de las recesiones anteriores del capitalismo. El ciclo de auge y caída en la producción y la inversión capitalistas a menudo es desencadenado por un colapso financiero, ya sea en el sistema bancario, como sucedió en la Gran Recesión de 2008-2009, o en el mundo del «capital ficticio», de las acciones y bonos, como ocurrió en 1929 o 2001. Por supuesto, la causa subyacente de las caídas regulares y recurrentes radica en los cambios en la rentabilidad del capital. Esta es la causa última. Pero las causas inmediatas pueden diferir. Y no siempre tienen un origen de tipo financiero. La primera recesión mundial simultánea de la posguerra, la de 1974-1975, fue provocada por un fuerte aumento de los precios del petróleo tras la guerra árabe-israelí. La recesión de doble caída de 1980-1982 tuvo orígenes similares, mientras que la de 1991-1992 siguió a la primera guerra del Golfo.

La recesión pandémica tiene también una causa inmediata particular. Esta caída sin precedentes de la economía, que afecta al 97 por ciento de las naciones del mundo, se inició con un evento que podríamos llamar exógeno: la propagación de un virus mortal. Aunque es cierto que, como han argumentado muchos ecologistas, fue el afán de lucro de las empresas capitalistas –la exploración a toda costa de combustibles fósiles, la tala indiscriminada de bosques, la fiebre minera y la expansión urbana sin límites– el que creó las condiciones para el surgimiento de patógenos para los que el cuerpo humano carece de inmunidad.

 Pero lo cierto es que la caída de la producción, el comercio, la inversión y el empleo mundiales que vino a continuación no fue provocada por un colapso financiero o bursátil. Lo que hubo fue un colapso en la producción y el comercio, forzado o impuesto por las cuarentenas, que luego condujo a una enorme caída de los ingresos, el gasto y el comercio. La depresión comenzó con un shock exógeno, luego las cuarentenas llevaron a un shock de oferta y, a continuación, a un shock de demanda.

LA FIESTA DE LAS AYUDAS ESTATALES

Lo que no ha habido hasta ahora es un shock financiero. Por el contrario, los mercados de bonos y acciones de los grandes países se encuentran en niveles de alza récord. La razón está clara: la respuesta de los principales Estados fue inyectar billones en crédito en sus economías, para reforzar así los bancos y las grandes y medianas empresas, y realizar transferencias a millones de trabajadores desempleados o enviados al paro. Semejante liberalidad en el gasto como la vista en los últimos meses, financiada por la impresión de dinero de los bancos centrales, no tiene precedentes en la historia del capitalismo moderno.

Esto ha significado, contrariamente a lo que sucedió al comienzo de la Gran Recesión, que los bancos y las grandes instituciones financieras no estén ni cerca del colapso. Los balances bancarios son más sólidos hoy que antes de la pandemia. Las ganancias financieras van en aumento. Los depósitos bancarios se han disparado a medida que los bancos centrales aumentan las reservas de los bancos comerciales y que las empresas y los hogares acumulan efectivo, ya que la inversión se ha detenido y los hogares gastan menos.

De acuerdo con las estimaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publicadas a comienzos de mes, en las principales economías las tasas de ahorro de los hogares han aumentado entre un 10 y un 20 por ciento. Buena parte de esos ahorros ha ido a los bancos. De manera similar, ha aumentado el efectivo en manos de corporaciones no financieras a medida que las compañías obtienen préstamos baratos o sin intereses garantizados por el Estado, o que las compañías más grandes emiten aún más bonos, todo ello alentado y financiado por programas estatales. El pago de impuestos ha sido diferido a medida que las empresas han ido a la cuarentena, lo que ha generado aún más liquidez. Según la OCDE, el aplazamiento de impuestos equivale en Italia al 13 por ciento del PBI y en Japón al 5 por ciento del PBI.

De hecho, en Estados Unidos las últimas cifras de ganancias corporativas, correspondientes al tercer trimestre, mostraron un fuerte aumento en las ganancias, casi en su totalidad debido a préstamos y subvenciones del Estado que han impulsado la liquidez, combinados con una reducción de los impuestos sobre las ventas y la producción, experimentada a medida que las empresas paralizaron sus operaciones. Las ganancias corporativas aumentaron 495 mil millones de dólares estadounidenses en el tercer trimestre, en contraste con una caída de 209 mil millones en el segundo trimestre.

 La Oficina de Análisis Económico de Estados Unidos explicó, a fines de noviembre, que «las ganancias corporativas y los ingresos de los propietarios se han visto reforzados en parte por lo dispuesto en los programas de respuesta a la pandemia del gobierno federal, como el Programa de Protección de Cheques de Pago, los créditos fiscales para la retención de empleados y la licencia por enfermedad, que brindaron apoyo financiero a las empresas afectadas en el segundo y tercer trimestre». Durante la pandemia, alrededor de 1,5 billones de dólares en subvenciones y préstamos del Estado se destinaron a subsidiar empresas estadounidenses. Por lo tanto, las ganancias corporativas han sido sostenidas por la intervención estatal a costa de niveles sin precedentes de déficit fiscal y de aumentos en la deuda pública.

UNA CRISIS CREDITICIA Y FINANCIERA

Existe la esperanza de que, en 2021, a medida que las vacunas se distribuyan y se terminen las cuarentenas, la economía mundial reverdecerá y lo acumulado en materia de ahorro de los hogares y ganancias corporativas saldrá al mercado una vez que la demanda reprimida vuelva a su curso normal. Volverá el gasto de los consumidores, se reanudarán los viajes y el turismo internacional, retornarán los eventos masivos y las empresas celebrarán un festival de inversiones.

Sin embargo, la OCDE es menos optimista. Le preocupa que gran parte del aumento en los ahorros personales se esté dando entre los ricos, que tienden a gastar un menor porcentaje de sus ingresos (¡es que tienen demasiado!). En las principales economías –y también en las otras–, el hogar promedio no ha acumulado ahorros. Muy por el contrario, ha elevado sus niveles de deuda. Además, con el eventual fin de las ayudas estatales en 2021, su situación bien podría deteriorarse. Esta desigualdad también se da en el sector empresarial. La OCDE estima que el grueso del apoyo estatal en préstamos y subvenciones ha ido a las empresas más grandes, particularmente del sector de la tecnología, uno de los sectores menos afectados por la recesión.

Aquí es donde podremos encontrar la tercera etapa de la recesión pandémica: una crisis crediticia y financiera. Algo así ocurrirá si las pequeñas y medianas empresas van a la quiebra a medida que se evapora el apoyo estatal, se mantienen bajos los ingresos por ventas, y aumentan la deuda y los costos salariales. El Instituto de Finanzas Internacionales informó recientemente que la relación entre la deuda y el PBI mundial pasará de 320 por ciento, en 2019, a una cifra récord de 365 por ciento, en 2020. La asociación empresarial de instituciones financieras concluye su último informe con crudeza: «Más deuda, más problemas». De acuerdo con el periodista económico Martin Wolf, «los mercados financieros han ignorado estas advertencias. La renta variable global ha alcanzado nuevos máximos y los diferenciales crediticios se han reducido, casi como si una deuda extrema fuera un buen desarrollo económico» (Financial Times, 29-XI-20). Como se ha informado anteriormente (véase «¿Hacia una depresión global?», Brecha, 20-III-20), incluso antes de la pandemia la deuda corporativa estaba en niveles récord, ya sea medida con relación al PBI anual o respecto del valor neto de los activos empresariales.

La OCDE reconoce que, si las ganancias corporativas cayeran de forma drástica en 2021, cuando los gobiernos retiren el apoyo financiero, muchas empresas «podrían sufrir situaciones de estrés». Ya ha aumentado significativamente el número de las llamadas empresas zombis: aquellas que no obtienen suficientes ganancias para cubrir los intereses de sus terribles deudas. La OCDE señala que una quinta parte de las compañías que operan en Bélgica, por ejemplo, no podrían cumplir con sus pasivos financieros durante más de tres meses sin contraer más deuda o recibir una inyección de capital. La proporción es mucho mayor en sectores como alojamiento, eventos y ocio.

El organismo concluye que «es probable que resurjan las preocupaciones sobre la estabilidad financiera», ya que la rápida acumulación de deuda en el sector público y en el empresarial pronto podría generar «problemas de solvencia en un gran número de compañías». Los defaults corporativos de las empresas más débiles podrían duplicarse en 2021, dice la OCDE, particularmente en «sectores muy afectados, como las aerolíneas, los hoteles y la industria automotriz». Es muy probable que se produzcan quiebras en pequeñas y medianas empresas del sector minorista, del ocio y del mercado inmobiliario comercial. El escenario es aún más sombrío en las llamadas economías emergentes.

De hecho, incluso en China, donde la economía experimenta la recuperación más rápida a nivel mundial, una serie de empresas con fuertes deudas ha comenzado a incumplir sus pagos de bonos, lo que pone al gobierno frente a un dilema. ¿Debería salvar a estas empresas –algunas de ellas propiedad de gobiernos locales– o debería dejar que quiebren para así reducir la carga general de la deuda? Esto no conduciría a un colapso financiero importante ni a un colapso en la recuperación de China porque el gobierno de ese país tiene reservas masivas y puede aprovechar los enormes ahorros de sus hogares, depositados principalmente en bancos estatales, a diferencia de lo que ocurre en otras economías importantes. Pero los problemas de estas empresas chinas sobreendeudadas son un presagio de lo que en 2021 podría ser un entuerto mucho mayor en otras economías.

CICATRICES DE LARGA DURACIÓN

Mucho dependerá de si, en 2021, cuando desaparezcan los subsidios estatales, el sector empresarial logra valerse por sí mismo. Aunque el costo de los intereses de la deuda actual se mantenga bajo, si las ganancias corporativas no aumentan el año que viene y, por el contrario, se desploman, la OCDE estima que a nivel mundial más del 30 por ciento de las empresas podrían atravesar «situaciones de estrés» y enfrentar una eventual bancarrota. Como mínimo, las compañías no aumentarán sus inversiones, sino que se quedarán de brazos cruzados. Existe, afirma la OCDE, el riesgo de un sobreendeudamiento que reduciría el crecimiento de la inversión empresarial en un 2 por ciento en comparación con el promedio a largo plazo anterior a la pandemia.

Así las cosas, incluso si se evita un tsunami de deudas y un colapso financiero causado por una ola de bancarrotas corporativas, es probable que la recuperación en la mayoría de las economías capitalistas sea muy débil. En su último pronóstico para la economía mundial, la OCDE habla de un «futuro más luminoso» para el próximo año, a medida que se distribuyen las vacunas contra el covid-19. Pero, de todas formas, considera que la mayoría de los países no recuperará las pérdidas de producción sufridas en 2020. Para fines de 2021, sólo unas pocas economías habrán experimentado cierto crecimiento del PBI real durante los dos años transcurridos desde fines de 2019.

La economía líder a ese respecto será China, con casi un 10 por ciento de crecimiento, seguida de Corea del Sur e Indonesia. Para finales de 2021 y por sí sola, China contribuirá con un tercio del crecimiento real del PBI mundial. Las economías capitalistas avanzadas del G7 o bien no habrán tenido ningún crecimiento real, como es el caso de Estados Unidos, o bien se habrán contraído entre un 3 y un 5 por ciento, como sucederá en los casos de Europa y Japón. El Reino Unido tendrá el peor desempeño de este grupo, con una contracción del 6,4 por ciento. Grandes economías del G20, como India y Brasil, habrán sufrido descensos significativos en su crecimiento.

La OCDE espera una «recuperación gradual pero desigual». Y eso, con base en los mejores desenlaces posibles en materia de impacto de las vacunas contra el covid-19. Incluso con ese escenario en mente, el organismo cree que el PBI de la economía mundial volverá a su nivel anterior a la pandemia para fines de 2021, pero quedará lejos –a una distancia de, al menos, 6 por ciento– de alcanzar el nivel que habría logrado sin la recesión pandémica.

 

Por Michael Roberts, economista marxista británico. Trabajó durante 30 años en la city londinense como analista económico.
23 diciembre, 2020

 

(Tomado de TheNextRecession, blog del autor. Traducción al español y titulación de Brecha.)

Publicado enEconomía
La propiedad intelectual farmacéutica y su amenaza para la salud pública

Industria farmacéutica: rentabilidad por encima de la salud pública

 

La gran pandemia de nuestro siglo ha provocado una crisis de salud pública sin precedentes, evidenciando radicalmente problemas estructurales inherentes a la sociedad capitalista.[1]

Una de sus muchas consecuencias es que discursos y reivindicaciones hasta el momento minoritarias hayan llegado con fuerza al debate público. Defensores del ecosocialismo como Rob Wallace, Andreas Malm o Mike Davis,  han ganado visibilidad a través de publicaciones o actualizaciones de sus escritos, reafirmando la relación entre las pandemias que acosan a la humanidad en los últimos años y el sistema de producción global capitalista.[2]

Otra de estas luchas, a la que antaño apenas dábamos espacio en la agenda pública, es la lucha por el acceso justo a la innovación farmacéutica, especialmente a medicamentos y vacunas. Actualmente nos encontramos en un momento crucial, en el que varias vacunas están a punto de empezar a utilizarse. El Reino Unido se convirtió en el primer país en autorizar la vacuna de Pfizer / BioNTech, y también el primero en empezar a vacunar. A pesar de ello, aún queda mucho trabajo por hacer antes del previsible control de la pandemia mediante la vacunación.

Mascarillas, respiradores, pruebas de detección, fármacos como Remdesivir o vacunas que aún se hallan en fase III se han convertido en mercancías de especulación rápida, y cabe esperar que así siga, como mínimo, hasta alcanzar la preciada inmunidad colectiva. El afán por asegurar el suministro de vacunas ha empujado a los países ricos a acaparar más del 50% de las compras anticipadas de las vacunas no autorizadas, y según la organización británica Global Justice Now, el 80% de las vacunas que podrá elaborar Pfizer para el año 2021 están comprometidas para países ricos, cuando estos estados solo representan el 14% de la población mundial. Recientemente la OPS ha denunciado que, para los países latinoamericanos, la vacunación del 20% de su población supondría cuadruplicar el presupuesto actual en vacunas, mientras que vacunar al 100% de la población conllevaría un gasto 12 veces mayor. El egoísmo y la competitividad que caracterizan el sistema han quedado al descubierto.

Por su parte, la Unión Europea ha pasado de un “nacionalismo de un solo país” en la primera ola, a un “nacionalismo europeo”, comprando millones de dosis de vacunas a través de contratos opacos, condenando a los países empobrecidos a listas de espera y problemas de desabastecimiento graves.

Salud pública y acceso a medicamentos en la era de las patentes

David Harvey acuñó el concepto ‘acumulación por desposesión’ para denominar el proceso de mercantilización de bienes comunes que los adeptos a la teoría neoliberal promocionan desde finales del siglo XX. Por supuesto, el conocimiento científico médico, que por definición es un recurso que por su naturaleza indivisible e inmaterial, y cuya replicación y distribución forma parte claramente del interés público, sufrió su propio proceso de privatización en los años 1980. Coincidiendo con el auge del neoliberalismo, se multiplicaron a lo largo del mundo las leyes relacionadas con los derechos de propiedad intelectual. Daniel Bensaïd, recuperando a James Boyle, llamó a este proceso “los nuevos cercamientos”, comparándolo con las expropiaciones de los bienes comunales durante la acumulación originaria del capital.[3]

Quizá la más famosa, y la que más impacto tuvo para la industria farmacéutica, sea la ley Bayh-Dole (1980), que autorizó a instituciones financiadas con fondos públicos a patentar sus investigaciones, algo prohibido previamente, con lo que el contribuyente se movilizaba económicamente dos veces: como contribuyente y como inversor.[4]

Este proceso de privatización de la propiedad intelectual cristaliza a nivel internacional con las sucesivas rondas del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), que terminan con el Acuerdo de Marrakech de 1994. Este acuerdo significó la conversión del GATT, fundado en 1947, en la Organización Mundial de Comercio (OMC), nacida el 1 de enero de 1995. Supuso una reforma radical del sistema global de intercambio, con una consecuente liberalización enmarcada en el proceso de  globalización. La creación de la OMC supuso también una profundización de la desigualdad Norte-Sur global, ya que leyes que beneficiaban a los países ricos tuvieron que ser aceptadas por los países más desfavorecidos como requisito para poder participar en la OMC.

En este mismo acuerdo se incluye el anexo 1C, o Acuerdo sobre los aspectos de los derechos de propiedad intelectual relacionados con el comercio (ADPIC), que desarrolla los pilares fundamentales de la propiedad intelectual, incluidas las patentes farmacéuticas. En este anexo se especifica qué se puede patentar y qué no, los derechos que confiere una patente a su titular, la duración de la exclusividad de producción, comercialización y distribución de la innovación patentada (el plazo de vigencia de la patente), y también las normas jurídicas que regulan el incumplimiento de patente.

Es importante recordar que este anexo fue una imposición de EE UU, Japón y algunos países europeos, que presionaron para incluir todas las propuestas del Comité de Propiedad Industrial de los EE UU, integrado entre otras por las empresas Dupont, General Motors, IBM, Merck, Monsanto, Pfizer, y Johnson & Johnson.[5] Las normas del derecho internacional en materia de propiedad intelectual fueron redactadas según los intereses de estas grandes multinacionales, provocando una redistribución de riqueza y poder hacia ellas. En cuanto a medicamentos y vacunas se refiere, supone una derrota histórica de la salud pública en detrimento del derecho al acceso a medicamentos.

Recientemente conocíamos como los mismos países que crearon este sistema se han puesto una vez más del lado de las farmacéuticas, negándose a liberar los derechos de propiedad de las vacunas y medicamentos contra el virus.[6] La historia se repite y pierden las de siempre.

La propiedad intelectual como herramienta de acumulación de capital

Gracias a los cambios en el sistema de patentes, la industria farmacéutica prospera significativamente, siendo en la actualidad una de las industrias más rentables,[7] con márgenes de beneficio que superan el 30%. La evolución de las leyes internacionales de propiedad intelectual, especialmente las relacionadas con las patentes, son responsables de la progresiva pérdida de las salvaguardas que antaño garantizaban una alianza mutuamente beneficiosa entre la industria farmacéutica y la sociedad. Vamos a analizar una por una las fallas más graves del sistema:

Financiación pública y beneficio privado

La ley Bayh-Dole abrió el camino a la privatización de los beneficios del conocimiento científico, un proceso que no ha dejado de crecer desde entonces. A pesar de que una gran parte de la inversión necesaria para crear nuevos medicamentos o vacunas proviene del sector público, ya sea en Universidades o Centros de Investigación, éstas suelen salir al mercado a precios muy altos, debido a la falta de competencia que provoca la exclusividad del derecho de patente.

Esta situación se ha repetido durante la pandemia. Se han producido enormes esfuerzos e inyecciones de dinero público en investigación y desarrollo (más de 4000 millones de euros), y aún así las vacunas no saldrán al mercado a precio de coste, ni siquiera las desarrolladas con 100% de financiación pública como la vacuna de Moderna. Sólo AstraZeneca se ha comprometido a comercializar su vacuna a 3 o 4 euros la dosis, afirmando que ese es el coste de fabricación. Como explicaremos más adelante, el coste real de fabricación es secreto, por lo que no sabemos si este es un precio justo.

Mercado oligopólico: grandes beneficios y escasez de innovación

El derecho de patente otorga la exclusividad de desarrollo, producción y comercialización del invento durante al menos 20 años. La mayoría de medicamentos, vacunas, o principios activos, están protegidos por lo que se conoce como arquitectura de patentes: no se patenta solamente el producto final, sino todos los procesos y modificaciones moleculares que utilizan para su desarrollo, por lo que al final un medicamento está protegido por decenas o cientos de patentes. Esto impide el desarrollo de genéricos a precios reducidos durante muchos más años. Un ejemplo claro de oligopolio es el mercado de las vacunas, en el que el 80% se concentra en tan sólo 4 empresas: Sanofi, Merck, Pfizer y GlaxoSmithKline (GSK).

La gran rentabilidad que esta exclusividad supone, no se ha traducido en un mayor gasto en innovación por parte de la industria farmacéutica. De hecho, apenas han dedicado parte de sus ganancias al desarrollo de moléculas innovadoras. En los últimos años se han especializado en desarrollar y vender medicamentos muy parecidos a moléculas antiguas, los llamados fármacos yo-también.[8] Estos medicamentos no suponen un beneficio terapéutico, pero son patentables, por lo que se utilizan para darle más vida a los oligopolios. Esto provoca una inflación constante de los precios de los nuevos fármacos, sean o no mejores que sus predecesores. Según un estudio alemán, publicado en la prestigiosa British Medical Journal, más del 50% de los fármacos y moléculas comercializados en Alemania entre el 2011 y el 2017 eran copias que no aportan ningún beneficio clínico.[9] La industria farmacéutica de hoy en día dedica gran parte de su facturación a campañas publicitarias para promocionar el uso de los fármacos yo-también.

En países como la India, con leyes de patentes más avanzadas, este tipo de moléculas no son patentables, ya que existe la obligación de demostrar un beneficio cuantificable de la innovación.

Lanzamiento secuencial, falta de transparencia y desabastecimientos

Las cadenas de producción globalizadas, basadas en procesos de deslocalización, y utilizadas como mecanismo de aumento de la explotación, provocan desabastecimientos en países vulnerabilizados, ya que la industria farmacéutica tiene una política de ventas conocida como lanzamiento secuencial: sus productos llegan primero a los mercados más dispuestos a pagar por ellos. Esto hace que las existencias puedan acabarse antes de llegar a los países más empobrecidos. Los precios son negociados primero en países con gran capacidad de gasto, como Estados Unidos, garantizando un precio de partida muy alto, para después negociar secuencialmente país por país. La pandemia no ha sido una excepción, y el ejemplo más claro son las declaraciones de Paul Hudson, CEO de Sanofi, que en mayo afirmaba que, si conseguían la vacuna, su primer receptor sería EEUU gracias al dinero invertido por Trump en investigación.

Además, los Estados firman con las empresas acuerdos de confidencialidad muy estrictos, por lo que resulta muy difícil saber cuánto están pagando realmente competidores estatales cercanos por los mismos productos. Esta situación provoca un desequilibrio a favor de la industria farmacéutica, que gana mucho poder de negociación, y conlleva una especulación al alza de los precios. Esta falta de transparencia, amparada en el secreto comercial y tolerada por los Estados, no sólo causa un aumento de los precios, sino que hace más difícil la tarea de obtener evidencia científica sólida sobre los nuevos fármacos. Esto reduce la capacidad de las Administraciones y organismos públicos de tomar decisiones informadas y provoca que la industria se beneficie de grandes operaciones que podríamos llamar directamente estafas, como fue el caso del Tamiflu (Oseltamivir) en 2009-2010, un fármaco contra la gripe A. El Estado español gastó 333 millones de euros y posteriormente se demostró completamente ineficaz.

Rentabilidad por encima de la salud pública

La actual agenda de investigación de la Big Pharma responde únicamente al beneficio privado. Esto provoca situaciones nefastas, como que la inversión en medicamentos para la disfunción eréctil supere con creces a la inversión en nuevos antibióticos o antivirales.

Además, la financiación pública se ha rendido a los intereses de las empresas, por lo que áreas de investigación que no resultan rentables simplemente no se financian. A pesar de los ejemplos recientes de epidemias y pandemias como el SARS, el MERS, el H1N1, el Ébola o el Zika, la investigación en enfermedades víricas y bacterianas no era considerada, hasta la pandemia actual, un área rentable para la industria, por lo que inmediatamente superados esos brotes de enfermedades emergentes se detuvo en seco su investigación.

Es particularmente sangrante el caso del Ébola, cuya vacuna se descubrió en 1999, pero al no ser rentable nunca fue desarrollada. Cuando la pandemia asoló el continente africano, era demasiado tarde.[10] Otro ejemplo es FAV-Afrique de Sanofi, retirado del mercado en 2010. Era el antídoto más potente contra las mordeduras de serpiente, un problema de salud pública en muchos países africanos. La pobreza de estos países hizo que no fuese rentable su comercialización, a pesar de afectar gravemente a más de medio millón de personas al año.

La consecuencia más evidente: precios abusivos

No sólo la falta de rentabilidad condiciona la investigación y el desarrollo, sino que la fijación de precios en las fases de comercialización está profundamente afectada por el sistema de patentes. A partir de la fundación de la OMC en 1995 y la aplicación mundial de las leyes de propiedad intelectual, los precios que los Estados pagan por los fármacos no han dejado de crecer, y han provocado crisis de salud pública en varias partes del mundo. Ejemplos claros son el VIH/SIDA en África, la hepatitis C en Brasil (caso que también afectó directamente al Estado Español), o la Insulina en EEUU.

Lejos de lo que podría parecer, estos precios abusivos también afectan de forma directa a los países más favorecidos por el sistema. En el Estado Español, la llegada de medicamentos muy caros, como los anti-cancerígenos de nueva generación, han provocado que se dispare en los últimos años el gasto en productos farmacéuticos y sanitarios del Sistema Nacional de Salud. El gasto ha aumentado de 2014 a 2019 un total de 4727 millones de euros, un 25% más (de 18.888 millones a 23.615 millones).[11]

Este fenómeno de fijación de precios basado en los oligopolios farmacéuticos provoca escasez y desabastecimientos en el Sur global, y supone una amenaza para los sistemas públicos de salud en los países del Norte, que podrían estar invirtiendo este dinero en reforzar la atención primaria o las estructuras de salud pública.

 

Conclusiones: acabar con un sistema nefasto

La carrera por la vacuna para la Covid-19 ha puesto de manifiesto que necesitamos una industria farmacéutica que vele por el interés público. Las patentes se idearon para proteger a los inventores y evitar la competencia desleal a través de estrategias de ingeniería inversa, pero en los últimos años hemos presenciado un viraje hacia un uso fraudulento de las mismas en medicina. Como hemos visto, nuestra estructura legal permite patentar casi cualquier cosa, condenando a las arcas públicas a invertir indefinidamente una parte cuantiosa del presupuesto público en medicamentos que apenas aportan innovaciones significativas respecto a sus predecesores. Los gobiernos deben ser una herramienta que evite los abusos de la industria farmacéutica, velando siempre por los intereses del pueblo y por garantizar su derecho a la salud. Para ello, es fundamental cambiar las reglas del juego.

En primer lugar, acabar con los secretos comerciales y la falta de transparencia, obligando a la industria a hacer públicos todos los datos de los ensayos clínicos, y no sólo presentarlos a las agencias reguladoras o a los altos cargos estatales. También debe existir transparencia en los costes de la investigación, y en los precios que pagan los Estados por los medicamentos y vacunas, además de los criterios de coste-efectividad tenidos en cuenta para aceptar la financiación y la compra.

Debemos caminar hacia un escenario de eliminación del sistema de patentes, sustituyéndolo por fórmulas de colaboración y de creación colectiva de valor público, que aseguren el acceso a la innovación con precios justos a todas las capas de la población.

La innovación debe seguir criterios de salud pública por encima de criterios de rentabilidad. Para asegurarse de que esto ocurra, necesitamos herramientas estatales de desarrollo de esta innovación, por lo que será fundamental una gran inversión pública en investigación, y la creación de una industria farmacéutica nacional, además de explorar fórmulas de gobernanza europeas y mundiales.

Así como la desafección por la política tiene sus causas en que el poder está cada vez más alejado de las instituciones públicas, y más cercano a las multinacionales y al capital, la reticencia vacunal y el movimiento antivacunas beben de la constatación de que el sistema que las produce es un sistema podrido, y que la ciencia y la tecnología han sido profundamente privatizadas y mercantilizadas.

En definitiva, la única forma de asegurarnos que tenemos un sistema de innovación y desarrollo justo y equitativo, que consiga que los logros de la ciencia pasen a beneficiar a todas y todos, es aumentar el control estatal frente a las lógicas empresariales, y democratizar todos los eslabones de la cadena. Esto sólo será posible desmantelando completamente el sistema actual.

Jorge Luis Díaz es MIR de salud pública y máster en salud pública. Álvaro Arador es sociólogo y máster en salud pública.

 

Por Jorge Luis Díaz | Álvaro Arador

22 diciembre 2020

Referencias:

[1]https://www.anticapitalistas.org/textos-de-combate/la-crisis-sanitaria-de-la-covid-19-una-perspectiva-anticapitalista/

[2]https://www.elsaltodiario.com/coronavirus/entrevista-rob-wallace-grandes-granjas-grandes-gripes

[3]  El dominio público contra la privatización del mundo. Daniel Bensaïd. Viento Sur. http://danielbensaid.org/El-dominio-publico-contra-la-privatizacion-del-mundo?lang=fr

[4] Salvaguardas, deriva institucional e industrias farmacéuticas. Abel Jaime Novoa Jurado; Juan Gérvas Camacho; Carlos Ponte Mittelbrunn. (2014).

[5] El dominio público contra la privatización del mundo. Daniel Bensaïd. Viento Sur. http://danielbensaid.org/El-dominio-publico-contra-la-privatizacion-del-mundo?lang=fr

[6] Begel S, Bertomeu MJ. Medicamentos esenciales, patentes y licencias obligatorias: Doha no es la respuesta. Enrahonar. An International Journal of Theoretical and Practical Reason. 2020.

[7]https://www.elsaltodiario.com/coronavirus/espana-paises-ricos-patentes-covid-farmaceuticas-compra-vacunas

[8] Ibid.

[9]https://www.diariofarma.com/2020/04/14/el-gasto-en-productos-farmaceuticos-y-sanitarios-del-sns-en-2019-alcanzo-los-23-616-millones-un-45-mas#:~:text=El%20gasto%20p%C3%BAblico%20en%20medicamentos,5%25%20con%20respecto%20a%202018.

[10] Reconsidering the Bayh-Dole Act and the Current University Invention Ownership Model: https://kenney.faculty.ucdavis.edu/wp-content/uploads/sites/332/2018/03/reconsidering-the-Bayh-Dole-Act-and-the.pdf

[11]https://www.elconfidencial.com/tecnologia/ciencia/2017-06-18/rino-rappuoli-vacunas-antivacunas-tosferina_1399987/

Publicado enSociedad
Sábado, 19 Diciembre 2020 05:45

Bitcoin: Son una burbuja o son el futuro

Bitcoin: Son una burbuja o son el futuro

El bitcoin subió hasta 23 mil dólares, más del 200 por ciento en el año. ¿Es una maniobra especulativa o anticipa lo que viene?

 

El precio de las criptomonedas volvió a dispararse la semana pasada. El bitcoin se ubicó en un nuevo pico de cotización: superó los 23 mil dólares. Se trata de un incremento de más del 200 por ciento en el año. Otros activos digitales como ethereum también acompañaron este boom de inversiones y triplicaron su valor en lo que va de 2020.

Las subas de las criptomonedas generaron un nuevo debate en el mundo de las finanzas. Por un lado los fanáticos de estas tecnologías consideran que el salto de las cotizaciones es una muestra de los cambios estructurales que enfrenta el mundo.

El argumento es que la pandemia alteró patrones de comportamiento de la población para generar una adopción acelerada en el uso de las plataformas digitales. Esto explica el aumento de las ganancias de las plataformas de comercio electrónico como Amazon pero al mismo tiempo una creciente expectativa sobre la masificación de los criptoactivos.

Los principales defensores de las monedas digitales plantean que son el dinero de internet y que en un mundo cada vez más interconectado su crecimiento es natural. La confianza en la tecnología es tan grande que algunos inversores vaticinan que bitcoin es el reemplazo del oro.

La gran transformación que proponen las criptomonedas es una ruptura con los intermediarios. Los individuos no necesitan un banco ni grandes sistemas de pago montados por bancos centrales para asegurar que no serán estafados enviando una transferencia.

Las empresas no necesitan contratar servicios costosos para recibir los pagos de sus clientes ni acceder a la información de sus cobros. Las transacciones en las redes de bitcoin y otras criptomonedas pueden monitorearse sin perder la seguridad.

Al igual que todo proceso de transformación acelerado las nuevas monedas digitales despiertan el fanatismo pero también el rechazo de distintos sectores de las finanzas. Los inversores escépticos comparan el salto de precios de las criptomonedas con las grandes burbujas financieras como la de los tulipanes holandeses.

Los argumentos en contra del bitcoin y de su tecnología no son sólo vinculados a la especulación. Muchos critican el gasto de energía desproporcionado que requiere la red de esta moneda digital para poder asegurar las transacciones entre cuentas.

Otros plantean que los desarrollos de la física en nuevos campos como la cuántica transformarán en inservibles los protocolos de criptografía usados por las monedas digitales y por último algunos críticos aseguran que la blockchain no aporta una innovación poderosa porque las regulaciones de los Estados impedirán el desarrollo de monedas privadas.

Este último punto es posiblemente uno de los más sensibles. Las criptomonedas –a pesar de ser un foco de innovación y plantear cambios de paradigma para la arquitectura financiera internacional- son uno de los principales instrumentos para mover el dinero no declarado a nivel mundial y suelen utilizarse en actividades que bordean lo legal.

Por el momento los marcos regulatorios no son claros y los negocios vinculados a esta tecnología están atados a la incertidumbre de cambios normativos. Desde los países desarrollados no obstante existe cada vez más interés en establecer regulaciones homogéneas.

La tendencia de los países no es sólo a aplicar regulaciones sino a experimentar con la tecnología para reemplazar gradualmente los esquemas de emisión de billetes tradicionales. En el último año la palabra CBDC (monedas digitales de los bancos centrales) se ha puesto de moda y en algunos de los principales países del mundo comienza a ser una realidad. Es el caso de China que para el 2022 planea lanzar masivamente su modelo de Yuan Digital.

Publicado enEconomía
Jueves, 17 Diciembre 2020 08:57

Aberraciones del capital

Aberraciones del capital

Street líquido y sociedades sedientas

 

 “El acceso al agua potable es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos”. (Papa Francisco, Encíclica Laudato Si).

“Todo lo que facilita el negocio facilita la especulación, los dos en muchos casos están tan interrelacionados que es difícil decir dónde termina el negocio y empieza la especulación”. (Karl Marx, El Capital, tomo III, citando a un banquero inglés).

 

Un Wall Street líquido

Al inicio de la pandemia del coronavirus se llegó a pensar –hasta ingenuamente– que la cruel pedagogía del Covid-19 dejaría enseñanzas a la Humanidad que motivarían al surgimiento de cambios significativos, sobre todo en las lógicas de la economía mundial (responsables de transformar la pandemia en una sindemia [1]). Incluso se dijo en algún momento que, con la pandemia, la Naturaleza podría tomarse “un respiro”. Pero no. Con o sin pandemia, la reproducción del capital continúa ampliando la mercantilización de toda dimensión de la vida. Uno de los ejemplos más explícitos al respecto es el inicio de la cotización del agua en los mercados de futuros de Wall Street, tal como ocurre con el petróleo, los minerales, el trigo u otros productos primarios.

Desde octubre de 2018, Nasdaq junto con empresas financieras y consultoras especializadas en la valoración del agua (Veles Water y WestWater Research) lanzaron el índice Nasdaq Veles California Water Index (NQH20). En su formulación original, el NQH20 se enfocaba en brindar un índice que estime semanalmente el precio spot (precio por pago inmediato) de los derechos (de uso) de agua [2] negociados en los cinco principales mercados del estado de California (siendo los mercados de agua más grandes de la costa oeste de Estados Unidos). Dichos derechos de agua permiten a sus propietarios desviar o bombear el líquido vital de ríos, arroyos y cuencas de aguas subterráneas. Entre los principales participantes de dichos mercados de agua están las municipalidades, las empresas con fines agrícolas e industriales y compradores ambientales [3]. Cabe indicar que en California existe un problema de escasez de agua por varias sequías desde 2016 [4].

La novedad se hizo noticia mundial el 7 de diciembre de 2020 cuando en la bolsa de valores de Nueva York oficialmente se empezaron a cotizar contratos futuros de agua basados en el índice NQH20 [5], arrancando con una cotización en bolsa de 486,53 dólares por 1.233 metros cúbicos (alrededor de 1,4 millones de litros) (cuando el índice se presentó en octubre de 2018, tuvo una cotización de 371,11 dólares; es decir, el precio sufrió un aumento de 131% [6]). Si bien en estricto rigor las cotizaciones de los futuros de agua rigen sobre todo en las transacciones agrícolas, industriales y de municipalidades en el estado de California, el índice NQH20 puede convertirse en un referente para la estimación del precio del agua en varios rincones del mundo, de forma similar a los indicadores empleados en otras materias primas [7].

Varias son las lecturas posibles sobre esta nueva “innovación financiera” propia de un Wall Street líquido. Empecemos por destacar que hasta en Wall Street, es decir en el mundo de las grandes finanzas globales, se constata los problemas existentes con la escasez de agua. Se habla abiertamente de un problema de iliquidez que debe abordarse con urgencia, e incluso han surgido análisis para los cuales la cotización del líquido vital en bolsa puede llevar a un uso “más eficiente” [8](además que supuestamente se transparentarían los precios del agua, permitiendo que los participantes de estos mercados puedan cubrir mejor sus riesgos [9]).

Sin embargo, tales lecturas optimistas dejan de lado cuán grave puede llegar a ser la dinámica especulativa del capitalismo contemporáneo aplicada al caso del líquido vital. En particular, no se puede olvidar que varias de las más grandes crisis de la economía mundial nacieron justamente de procesos especulativos (el ejemplo más claro es la crisis financiera internacional de 2007-2009). Dichas dinámicas probablemente empujarán a que, en el futuro, se extiendan los mercados de futuros de agua, aumente su volatilidad, surjan múltiples agentes económicos que busquen ganancias especulativas (incluyendo quienes junten los futuros de agua con otros contratos de futuros creando complejos derivados financieros) y hasta emerjan burbujas financieras asociadas a un recurso vital y estratégico (como sucede en varias ocasiones con el petróleo, por ejemplo). Y que, por supuesto, cuando suban los precios, como es lo normal en los mercados capitalistas, muchas personas se queden marginadas del acceso al líquido vital… Por cierto, algunas de estas tendencias, en especial sobre burbujas especulativas alrededor del agua, han sido denunciadas incluso desde Naciones Unidas, a través de Pedro Arrojo, relator especial de este organismo internacional [10].

La situación del acceso al liquido vital es dramática en varias partes del planeta. Según la FAO, el agua dulce disponible por persona ha caído en más del 20% en las últimas dos décadas; más de 3.000 millones de personas viven en áreas agrícolas con severas limitaciones de agua; en América Latina, el agua por persona ha disminuido un 22%, en el sur de Asia un 27% y en África Subsahariana un 41%; el 41% del riego mundial se produce afectando los ecosistemas; los biocombustibles para alimentar automóviles requieren de 70 a 400 veces más agua que los combustibles fósiles que reemplazan. Según Naciones Unidas, “en el mundo, una de cada tres personas no tiene acceso a agua potable salubre, dos de cada cinco personas no disponen de una instalación básica para lavarse las manos con agua y jabón, y más de 673 millones de personas aún defecan al aire libre”. En medio de la pandemia del coronavirus es cada vez más destacada la importancia del saneamiento, la higiene y el acceso a agua limpia para salvar vidas [11].

Definitivamente es un despropósito dejar a merced de la vorágine especulativa un bien tan sensible para la vida en el planeta y, alrededor del cual, han surgido hasta graves conflictos socioambientales (incluyendo las llamadas “guerras por el agua” [12] que, a futuro, pueden devenir en auténticos conflictos bélicos [13]). Asimismo, recordemos que la especulación puede generar problemas serios en la provisión de productos esenciales para los pueblos, como es el caso tan conocido de las crisis alimentarias estrechamente vinculadas con la especulación financiera de alimentos [14].

A más de la especulación, la cotización del agua en un mercado financiero como Wall Street puede exacerbar aún más su privatización alrededor del mundo. El simple hecho de asignar un precio al agua en la principal bolsa de valores del planeta puede debilitar las múltiples luchas que buscan el reconocimiento del acceso al agua como derecho humano fundamental [15]. Hasta podrían surgir dinámicas perversas donde los Estados otorguen gratuitamente a capitales privados los derechos de uso del agua y luego esos derechos puedan venderse en los mercados financieros. Por cierto, un punto de indudable gravedad que puede emerger por normalizar al líquido vital como una mercancía cualquiera es la afectación de las funciones ecosistémicas al menospreciar el papel del agua en la Naturaleza; es decir podrían afectarse las funciones que son vitales para la vida, los cuales no propiamente representan derechos de las personas, sino Derechos de la Naturaleza.

Pese a los múltiples riesgos, en diversas partes del planeta el agua ya es manejada bajo la óptica de la oferta y la demanda. Aún en países donde el agua es asumida como un bien común o bien público, hay mecanismos que posibilitan su manejo privado vía concesiones, por ejemplo. Allí, los derechos de uso se otorgan a cambio de compensaciones que, de una u otra forma, permiten el enriquecimiento privado a partir del aprovechamiento del uso del agua. Un caso extremo y perverso se da en Chile que, a través de la Constitución de 1980 (la Constitución de Pinochet), abiertamente privatizó el agua transformándola en mercancía. En otros países, como Ecuador, pese a existir una legislación que recupera al agua como Derecho Humano fundamental, la ausencia de voluntad política y la sumisión a los intereses de grandes capitales transnacionales (en particular mineros),ponen en riesgo la garantía de ese derecho. Sobre ambos casos deseamos reflexionar un poco más a detalle.

Chile, el fracaso de la especulación con el agua

Chile es un ejemplo paradigmático del manejo privatizador del agua. Aunque el agua se considera un bien nacional de uso público, en la práctica se asume como mercancía. En el artículo 24 de la Constitución chilena se dice que “los derechos de los particulares sobre las aguas, reconocidos o constitucios en conformidad a la ley, otorgarán a sus titulares la propiedad sobre ellos”. Y esta disposición se complementó en el Código de Aguas.[16]

Así, se separó al agua de la propiedad de la tierra y se le transformó en mera mercancía, sujeta a la oferta y la demanda; en realidad funciona una lógica que favorece a pequeños grupos de poder con sobreprecios de hasta 600%. [17] Al margen quedaron especialmente los derechos de las comunidades víctimas del despojo del agua en sus territorios. Es más, el propietario de los derechos sobre el agua no paga costos por su mantenimiento, tenencia o uso y no se le exige proteger el cauce ni compensaciones por potenciales efectos negativos sobre la cantidad y calidad del agua, que podría afectar a otros usuarios. En la reforma al Código de Aguasen 2005 se estableció una suerte de multa por el “no uso” de los derechos de agua, para intentar desincentivar la acumulación ociosa de derechos concedidos; todo esto generó una multiplicación de proyectos y una aceleración de transacciones en el mercado del agua [18]. Esta lógica mercantilista ha llegado a aberraciones extremas cuando, por ejemplo, en el valle de Copiapó en el norte de Chile se negociaron más derechos de uso que el agua efectivamente disponible en la cuenca.

La demanda por agua creció en un 400% los últimos 30 años yla demanda por derechos de agua subterránea (por agotamiento de agua superficial) en un 60%. [19]De 101 cuencas hidrográficas que tiene el país, la mayoría están agotadas con los derechos de agua severamente sobre-otorgados. Sin embargo, el tema no es solo de cambio climático o de sequía, Chile, un país rico en recursos hídricos, se encuentra en pleno proceso de desertificación con casi todas sus aguas privatizadas; una situación que se agrava cuando ya no hay aguas superficiales disponibles y se rematan las aguas subterráneas. Cabe destacar que los extractivismos son los principales responsables de esta situación. Afectadas están las zonas del Norte y de “la zona central” dónde se concentra la mayor parte de la población. Más de las tres cuartas partes del agua dulce se ocupan en la agroindustria, es decir, se exportan. En “la segunda región”, muy seca, la megaminería es la que ocupa más agua.

Además, de conformidad con la información otorgada por Ingrid Wehr, quien fuera directora de la Fundación Heinrich Böll por muchos años en Chile, sabemos que las leyes chilenas no limitan estos derechos de aprovechamiento del agua en el tiempo ni establecen prioridades de uso. Es decir, no se prioriza el uso humano del agua. Una vez que el Estado entregó gratuitamente los derechos de agua y perpetua su propiedad en personas individuales, estos derechos se pueden vender y comprar en un mercado según dictaminen demanda y oferta. Así surgen problemas graves en medio de un contexto de creciente escasez, sin prioridades de uso y con nula regulación del Estado.

Como saldo de esta realidad, hay más de un millón de personas a lo largo de Chile sin acceso a agua potable. Cerca de un millón de personas en el sector rural aún no cuentan con infraestructura que les permita abastecerse de este elemento en forma estable, lo que equivale a casi un 50% de este sector. Y de esta manera, el costo del acceso al agua vía tanqueros representa un egreso muy oneroso para muchos sectores populares y también los presupuestos de los municipios que se hacen cargo de los costos, aunque legalmente los gobiernos provinciales son los responsables de proveer el agua.

No hay duda, como demuestra la experiencia chilena (o en Australia, apenas para mencionar otro ejemplo), que reducir el agua a nivel de una mercancía puede generar consecuencias nefastas. Es más, semejante manejo privatizador del agua, junto con otros legados del neoliberalismo chileno, han exacerbado la disconformidad y la protesta de una sociedad movilizada que está sacudiendo las estructuras del país.

Ecuador, el país del agua… maltratada

Ecuador es el país del agua: cuenta con cuatro veces más agua superficial que el promedio per cápita mundial. Aquí existen comunidades que han luchado por el acceso a la tierra desde hace décadas y han comprendido la importancia del agua. Por eso son cada vez más conscientes de la importancia del líquido vital. Eso explica que se haya elaborado una Constitución que explícitamente se preocupe de la protección y manejo del agua y, en términos más amplios, hasta reconozca a la Naturaleza como sujeto de derechos. Pero, aún con toda esa fuerza social y esa normativa vigente, hay graves problemas.

Empecemos por recordar que en la Asamblea Constituyente de Montecristi (2007-2008) la cuestión del agua fue un punto fundamental, pero difícil de tratar, pues varios actores – dentro y fuera de Montecristi – defendían claros beneficios particulares [20]. Esos intereses fueron sostenidos en la Asamblea Constituyente incluso por un par de asambleístas oficialistas y algún alto funcionario del gobierno del entonces presidente Rafael Correa (de supuesta corriente “progresista”). Para vencer las posiciones privatizadoras se contó con gran participación y movilización de la sociedad y de varias organizaciones sociales. A la postre, la Constitución estableció que el derecho humano al agua es fundamental e irrenunciable, además que el agua es un bien nacional estratégico de uso público, un patrimonio de la sociedad y un componente fundamental de la Naturaleza, la misma que tiene derechos propios a existir y mantener sus ciclos vitales.

Sin embargo, pese a que la mayoría del pueblo ecuatoriano aprobó en las urnas la Constitución, el gobierno de Correa no ejecutó los mandatos constitucionales. Incluso se legalizó el uso privatizado del agua que se venía haciendo de conformidad con leyes anteriores. Para mencionar de los tantos incumplimientos, Interagua, la empresa que privatizó el servicio de agua en Guayaquil en tiempos neoliberales, mantuvo inalterada la concesión en contra del mandato constitucional (gracias a sus padrinos en la cúpula gubernamental del correismo, que ya actuaron en la Asamblea Constituyente). Y luego, la largamente esperada ley de recursos hídricos no cumplió el mandato constituyente de desprivatización y redistribución del agua.

De todas formas, cabe destacar que los mandatos constituyentes ecuatorianos, alineados con otros procesos internacionales, alentaron que incluso en la Asamblea General de las Naciones Unidas en julio de 2010 se haya declarado el acceso al agua potable como un derecho humano.

Así, pese a que en Ecuador existe un mandato constitucional que prohíbe acaparar y privatizar el agua, el líquido vital sigue privatizado y muy mal distribuido. La contaminación del agua crece. Las fuentes de agua se destruyen cada vez más.

El consumo de agua en el país – y su contaminación – ha crecido por el aumento de la población en las últimas décadas y también por el incremento de actividades productivas excesivamente demandantes del líquido vital. En el ámbito agropecuario se concentra el uso del agua cada vez más en monocultivos orientados al mercado externo; así, crecientes volúmenes de agua convergen en unidades productivas sobre todo agroexportadoras, mientras que la producción de alimentos para consumo nacional se ha debilitado. La población campesina, indígena y no indígena, muchas veces con sistemas comunales de riego, tienen un acceso limitado al agua. A lo anterior se suma la concentración de la tierra, que también debía revertirse por mandato constitucional. Y el problema es aún mayor si constatamos que los extractivismos minero y petrolero cobran cada vez más fuerza.

Sobre la contaminación del agua, más de 70 cuencas hidrográficas del país se encuentran afectadas. Para nada se han resuelto los graves problemas decontaminación del agua provocados no solo por los mencionados extractivismos sino también por la urbanización desbocada, por diversas actividades industriales contaminantes y descontroladas, entre muchas otras razones, de las que cabe incluir también la desaparición de las “nieves eternas” por efecto del calentamiento climático global. Asimismo, la pérdida de los páramos y la deforestación creciente explican esta compleja realidad. Igualmente, preocupa el azolvamiento de los ríos en la Costa sobre todo por la erosión permanente en la Sierra y sus estribaciones; aquí tenemos otra explicación de las reiteradas inundaciones en el litoral ecuatoriano. 

Y con la expansión de la megaminería en el país, impuesta literalmente “a sangre y fuero” desde el gobierno de Rafael Correa, se incrementará con creces la presión contaminante sobre el agua, pues toda minería existente (formal o informal, artesanal y de subsistencia), provoca severas afectaciones sobre el agua y el ambiente [21]. Apenas por plantear un ejemplo, el proyecto minero Mirador (El Pangui, provincia de Zamora Chinchipe), ya en explotación y con un período de operación de 30 años, extraería 60 mil toneladas de material al día con un consumo de 21 millones de litros de agua diarios o 250 litros por segundo, es decir el volumen de 8 piscinas olímpicas. Con semejante ritmo de consumo diario de agua, en 30 años el proyecto minero emplearía gratuitamente alrededor de 230 mil millones de litros de agua, una gran cantidad de líquido vital sin tomar en cuenta la afectación ya causada a los ríos amazónicos Quimi, Tundayme y Wawayme[22].

Este es precisamente el efecto esperado para el resto de los proyectos megamineros del país: las empresas mineras no pagan por el agua que consumen para sus actividades, agua que en gran medida queda altamente contaminada y cuyo tratamiento tampoco será realizado por las mineras (recordemos que las tareas redediación a la postre se las deja a cargo del Estado bajo un sinfín de estrategias, incluyendo la declaratoria de quiebra de dichas empresas mineras poco antes de concluir el plazo de su concesión).

La bolsa o la vida

Las lógicas del capital se extienden hacia cada vez más dimensiones de la vida. Como resultado de esa dinámica, se consolida la transformación del agua en una mercancía, sometida al mundo del negocio y la especulación como cualquier otro commoditie (más allá de que se usen etiquetas de marketing como la “economía verde” o similares, para suavizar y maquillar el proceso de acumulación del capital). Si bien esta tendencia es indignante, francamente no debería sorprendernos: en el capitalismo, tarde o temprano, prácticamente todo termina por volverse una mercancía…

Para colmo, también vivimos una crisis global del agua que emerge de problemas de sustentabilidad, de accesibilidad y de equidad en su uso y disfrute. Los ecosistemas acuáticos son arrasados por grandes obras hidráulicas, la minería, la actividad petrolera, la agroexportación, la deforestación y la contaminación de ríos, lagos y acuíferos, así como la urbanización descontrolada.

En síntesis, el agua en el mundo está amenazada por procesos violentos de expropiación y privatización, en función de las demandas del capital transnacional, con la complicidad de casi todos los gobiernos del planeta. Son estas demandas del capital las que provocan endiablados ritmos de explotación económica y las que explican la creciente contaminación y hasta la destrucción de las fuentes de agua. Bajo semejantes circunstancias, el surgimiento de un Wall Street líquido donde se le pone precio a los contratos futuros de agua no otorga ningún buen augurio.

Pensando en términos más amplios, incluso los tiempos de pandemia nos recuerdan que en el capitalismo solo tiene valor aquello que puede convertirse en mercancía, mientras que todo aquello que no se compra ni se vende simplemente no vale nada… en los mercados. Por ello, para el capital (más aún, para los grandes grupos de capitales transnacionales), no tienen valor ni siquiera los más elementales principios éticos, no tiene importancia frenar la degradación ecológica, ni es relevante reducir las brechas de riqueza ni garantizar a los más pobres derechos fundamentales (como el propio acceso al agua), si tales acciones no generan alguna rentabilidad.

Es evidente que las respuestas basadas en privatizar los servicios básicos de agua y saneamiento agudizan los problemas en vez de resolverlos. Y las soluciones estatizantes son insuficientes y hasta contraproducentes pues los Estados – a veces hasta en coalición con las manos visibles e invisibles de los mercados – terminan profundizando las tendencias depredadoras y esquilmadoras del capital. Por lo tanto es fundamental dar paso al control y manejo del agua por parte las comunidades de regantes y de las juntas de agua potable, es decir de las propias comunidades rurales y urbanas.

Si queremos romper esas lógicas que priorizan el negocio a la vida y transitar hacia otras formas de organizar la economía, la superación del capitalismo es crucial. Tal superación requiere diferenciar claramente entre sociedad y comunidad, resaltando las tensiones existentes entre estos dos conceptos, tal como lo anotó en su momento el propio Karl Marx [23]. Esto implica reconocer que lo societario – en tanto simple sumatoria de individuos – junto con los esfuerzos de homogenización por parte del Estado y del mercado pueden impedir construir las bases comunitarias que posibiliten procesos autonómicos y autosuficientes, indispensables para asegurar el manejo y preservación del agua. De hecho, hay casos en donde el manejo del agua a nivel comunitario ha tenido resultados notables, como lo que se vive en muchísimas comunidades indígenas y campesinas en todo el planeta.

Mientras se piensa y se construyen las estrategias para la superación del capitalismo, también es necesario responder a las luchas en muchos otros niveles de acción, desde lo local a lo global. Aun reconociendo que no se puede esperar mucho del Estado, hay que intentar incidir incluso en ellos, aunque sea para arrebatarle al Estado algunas conquistas que permitan mejorar la vida actual de los pueblos. Sin embargo, el campo principal de acción recae en propiciar la organización que lleve a construir vidas mancomunadas, en espacios comunes cohabitados por lo plural y la diversidad, con igualdad y justicia, con horizontes colectivos y creciente interdependencia comunitaria, y en donde todas las alternativas al capitalismo se empiecen a volver posibles.

En consecuencia, a la par que se expande la mercantilización de la vida, aumentan también las protestas populares para recuperar el agua como un Derecho Humano y asegurar el ciclo vital del agua como un Derecho de la Naturaleza. Esta lucha por evitar la total mercantilización de la Naturaleza es un frente más en la gran tarea de nuestros tiempos: rescatar a la vida de las garras del capital [24].

Por Alberto AcostaJohn Cajas-Guijarro | 17/12/2020

 

 

[1] Una sindemia sería la suma de dos o más enfermedades concurrentes o secuenciales en, que complican el diagnóstico. Ver Laura Plitt (9.12.2020); «El covid-19 no es una pandemia” : los científicos que creen que el coronavirus es una sindemia” (y qué significa esto para su tratamiento) Disponible en https://www.bbc.com/mundo/noticias-54386816

 [2] Para una descripción más detallada de los derechos de agua que se otorgan en el estado de California, ver: https://www.waterboards.ca.gov/waterrights/board_info/faqs.html#toc178761079

[3] Ver https://www.nasdaq.com/solutions/nasdaq-veles-water-index

[4] Ver Viridiana Mendoza Escanillo (9.12.2020); “Cinco claves para entender la cotización del agua en Wall Street”. Disponible en https://www.forbes.com.mx/mercados-claves-cotizacion-agua-wall-street/

[5] Algunos detalles de estos contratos pueden revisarse en: https://www.cmegroup.com/trading/equity-index/us-index/nasdaq-veles-california-water-futures.html#subscribe

[6] Ver Juan Felipe Vélez (9.12.2020); “Great News for the Environment: Water Starts Trading on Wall Street”. Disponible en https://elamerican.com/great-news-water-starts-trading-wall-street/?lang=en

[7] Como, por ejemplo, el West Texas Intermediate – WTI – para el caso del petróleo, aunque el NQH20 presentaría mucha menor volatilidad dado que este último es calculado el miércoles de cada semana (lo cual no quita la posibilidad el surgimiento de nuevos índices mucho más volátiles).

[8] Ver https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2020-12-08/que-significa-que-el-agua-empiece-a-cotizar-en-el-mercado-de-futuros-de-wall-street.html

[9]Ver Clemente Álvarez (9.12.2020); “¿Qué significa que el agua empiece a cotizar en el mercado de futuros de Wall Street? Algunos expertos defienden que estos mecanismos financieros pueden contribuir a una gestión más eficiente, pero también se considera un sinsentido permitir que se especule con este recurso”. Disponible en https://www.marketwatch.com/story/why-we-need-water-futures-11600977377

[10] Ver Megan Durisin Albery (11.12.2020); “Cotización del agua en Wall Street podría generar burbujas especulativas, advierte la ONU”. Disponible en https://www.elfinanciero.com.mx/mercados/cotizacion-del-agua-en-wall-street-podria-generar-burbujas-advierte-la-onu

[11] Ver Luis Flores (14.12.2020); Futuros sobre el agua: la Bolsa o la vida (una vez más). Disponible en https://ctxt.es/es/20201201/Firmas/34437/agua-mercado-de-futuros-california-luis-flores.htm

[12] Ver Raúl Prada (8.06.2018 ); La intermitente guerra del agua. Disponible en https://pradaraul.wordpress.com/2018/06/08/la-intermitente-guerra-del-agua/

[13] Ver Muy Interesante (25.09.2019) “¿Las próximas guerras serán por el agua?”. Disponible en https://www.muyinteresante.com.mx/junior/las-proximas-guerras-seran-por-el-agua/

[14] VerAyuda en Acción, Cáritas Española, Ongawa y Prosalus (2011); “Especulación financiera y crisis alimentaria”. Disponible en https://blogs.elpais.com/files/especulaci%C3%B3n-financiera-y-crisis-alimentaria-1.pdf

[15] Ver Enrique Viale (10.12.2020); Por qué el agua no puede ser tomada como una mercancía. Disponible en https://www.perfil.com/noticias/ecologia/el-agua-no-puede-ser-tomada-como-una-mercancia.phtml

[16] Cuando se privatizó el agua, fue de conocimiento de un pequeño grupo de familias de élite, amigas del régimen. Y esos primeros derechos en la práctica se regalaron.

[17] Consultar en https://cl.boell.org/sites/default/files/uploads/2018/07/357831149-informe-final-254-17-gobernacion-provincial-de-petorca-sobre-auditoria-a-las-adquisiciones-de-servicios-de-transporte-y-distribucion-de-agua-potable-1.pdf

[18] Para el 2019, según Chile Sostenible, se registraron 5.232 derechos de agua los que deberán pagar una patente y  que equivalían a un caudal de 22.946 metros cúbicos por segundo. Esto se traduce en un monto a pagar de $72.154 millones.

[19] Información tomada de la Fundación Terram,concretamente del trabajo de Fernanda Miranda (2018; Erosión de Suelos y Crisis Hídrica: Las sombras del modelo agroexportador del Palto. Disponible en https://cl.boell.org/es/2018/09/03/erosion-de-suelos-y-crisis-hidrica-las-sombras-del-modelo-agroexportador-del-palto

[20] La discusión constituyente fue muy intensa y permitió abrir aún más el debate. Ver varios autores  (2010); Agua, un derecho humano fundamental, Serie Debate Constituyente, (Editores Alberto Acosta, Esperanza Martínez), Abya–Yala, Quito. Disponible en https://www.rosalux.org.ec/producto/agua-un-derecho-humano-fundamental/

[21] VerAlberto Acosta, john Cajas-Guijarro (12.12.2020); “¿Minería legal o minería ilegal? Una falsa disyuntiva”. Disponible enhttps://rebelion.org/mineria-legal-o-mineria-ilegal-una-falsa-disyuntiva/

[22] Para más detalles al respecto, ver el libro de Alberto Acosta, John Cajas-Guijarro, Francisco Hurtado y William Sacher (2020); El festín minero del siglo XXI – ¿Del ocaso petrolero a la pandemia megaminera?, Serie Debate Constituyente, Abya-Yala, Quito.

[23] Ver Mónica Iglesias Vázquez (2015); Volver a la “comunidad” con Karl Marx. Una revisión crítica de la dicotomía comunidad-sociedad. Disponible en https://revistascientificas.us.es/index.php/araucaria/article/view/1413

[24] Así como el agua debe ser desmercantilizada, el clima no puede ser objeto de control mercantil como sucede con los mercados de carbono, entre otras herramientas de la “economía verde”, una de las tantas falsas soluciones en marcha. Ver Larry Lohman (2012); Mercados de carbono – La neoliberalización del clima, Serie Debate Constituyente (Editores Alberto Acosta, Esperanza Martínez), Abya–Yala, Quito. Disponible en https://www.researchgate.net/publication/266673110_MERCADOS_DE_CARBONO_La_neoliberalizacion_del_clima/link/5436ac670cf2dc341db42966/download

Alberto Acosta. Economista ecuatoriano. Profesor universitario. Ministro de Energía y Minas (2007). Presidente de la Asamblea Constituyente de Montecristi (2007-2008). Candidato a la Presidencia de la República del Ecuador (2012-2013). Autor de varios libros. Compañero de luchas de los movimientos sociales.

John Cajas-Guijarro. Economista ecuatoriano. Profesor, Facultad de Ciencias Económicas, Universidad Central del Ecuador. Candidato a doctor en economía del desarrollo, Departamento de Desarrollo, Ambiente y Territorio, FLACSO-Ecuador.

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Consecuencias de que el agua cotice en el mercado de futuros

El uso del agua en California ha pasado a cotizar desde el lunes en el mercado de futuros. Una vuelta de tuerca más en la financiarización y privatización del agua.

 

Se rumoreaba desde hace un par de meses y, esta semana, el momento llegó. Desde el lunes, el agua ya es un producto que cotiza y se comercia en los mercados de futuros. Los incendios desatados en California, uno de los estados norteamericanos con una mayor industria agrícola, y la escasez de agua que están provocando han servido de excusa perfecta para llevar este bien tan básico al mercado de futuros de materias primas y convertirlo en un producto especulativo.

Su valor, que en California se ha duplicado en el último año, se marcará en el índice Nasdaq Veles California Water (NQH2O), que se basa en el precio de los derechos del agua en el mercado de futuros de varias zonas de California y que funciona desde 2018. La cotización actual del bien es de 486 dólares por acre pie, lo que equivale a unos 1,4 millones de litros. El mercado de futuros consiste en poder negociar el valor de un bien en una fecha futura, lo que, según los defensores de este tipo de mercados, ayuda a asegurar precios futuros, hacer más eficiente el mercado del agua y a que los agricultores o municipios no tengan problemas en el futuro para abastecerse de agua, protegiéndose así de los vaivenes de los mercados. 

Pero esa defensa del mercado de futuros hace aguas por todas partes si vemos lo que ha ocurrido en otras ocasiones con los productos básicos que se han postrado a los pies de los especuladores. Uno de los ejemplos más recientes y devastadores fue el incremento de los precios de alimentos básicos durante la crisis financiera de 2008. Cuando las bolsas se hundieron en los años posteriores a la caída de Lehman Brothers, los inversores que huían de los circuitos financieros e inmobiliarios buscaron productos seguros donde invertir sus capitales. El mercado de futuros de alimentos básicos, como el trigo o el maíz, atrajo enormes cantidades de dinero que compraban estos productos básicos en forma de futuros, lo que provocó que los precios pactados fueran cada vez más altos debida a la enorme demanda, lo cual a su vez provocó una subida generalizada de los precios de los alimentos en todo el planeta, causando hambrunas y millones de muertes en los países del sur global.

Uno de los ejemplos más claros es el del aceite de palma, según explica la periodista e investigadora Laura Villadiego, del proyecto Carro de Combate. “Se calcula que en la Bolsa de Malasia se intercambia cada tonelada de aceite de palma producida unas cinco veces antes de llegar a su comprador final y, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el 98% de los contratos de futuros nunca llegan a materializarse, son puras herramientas de especulación”, lamenta Villadiego. Esos movimientos puramente especulativos tienen un impacto sobre los precios, “que se traslada después a los agricultores que producen aceite de palma”. Cuando los precios suben, explica, “se abren más plantaciones, unas veces a costa de bosque primario y, otras veces, a costa de otras materias primas, muchas veces cultivos para la alimentación básica de la población”, y cuando los precios caen, “todos arruinados”.

¿Qué supone la entrada del agua en el mercado de futuros?

Que el agua esté a la merced de los mercados, que se financiarice su valor y su comercio, lo convierte “en una inversión financiera potencial y se analice desde el punto de vista de rentabilidad-riesgo”, explica a El Salto Luís Flores, especialista en mercados bursátiles e integrante de Ecologistas en Acción. Además, al ser un bien cada vez más escaso, “su precio en el medio-largo plazo solo puede subir”, lamenta, ya que desde el punto de vista del inversor es una apuesta clara y segura, como ya ocurrió con las tierras cultivables y otros alimentos básicos anteriormente. El impacto de que coticen ahora solo afectará a las zonas de California y a los derechos de aprovechamiento del agua a los que se refieren estos nuevos futuros pero, alerta Flores, “se marca una tendencia muy preocupante”. 

La especulación sobre el agua no en nueva esta semana, “solo hay que ver las fluctuaciones del precio del índice sobre el que se lanzan ahora estos futuros”, argumenta Flores. El NQH2O subió un 227% durante el primer semestre del año y caído un 31% en lo que llevamos del segundo semestre. “Probablemente, los futuros contribuyan a incrementar esa volatilidad”.

Coincidiendo con Villadiego, Flores defiende que la teoría de que los futuros pueden servir para mitigar los riesgos de los productos a los que están vinculados es muy distinta de lo que acaba ocurriendo en la mayoría de los casos. “La realidad demuestra exactamente todo lo contrario, los futuros se convierten en una herramienta especulativa donde el ‘músculo’ para hacer la apuesta más grande es capaz de mover el precio de los futuros en un sentido u otro. Y los futuros son precisamente los esteroides para ese músculo, ya que permiten hacer apuestas disponiendo de solo un porcentaje mínimo de los fondos que se quieren apostar”.

Mercados en busca de inversiones seguras

Al igual que ocurrió tras 2008 con los mercados ávidos de encontrar inversiones seguras, en esta nueva crisis los bancos centrales han inundado de dinero a los mercados con la intención de mantener y reflotar la economía ante la crisis del covid-19. Este exceso de capital y unos mercados bursátiles han llevado a los “valores refugio”, como el caso del oro, a máximos históricos. Los inversores desconfían de las bolsas pero tienen mucho capital que han conseguido a un interés muy bajo por parte de esos bancos centrales y necesitan encontrar un lugar seguro y que reporte beneficios.

La tendencia sobre el derecho del agua de California, en caso de extenderse a otros países, convertiría al agua en uno de esos lugares seguros a los que redirigir capitales y a la especulación con el bien básico

En ese contexto, la tendencia que marca la noticia sobre el derecho del agua en California, en caso de extenderse a otros países, convertiría al agua en uno de esos lugares seguros a los que redirigir esos capitales, que deberían servir para reconstruir la economía y salir de la crisis, a la especulación con el bien básico. “A partir de ahora, los futuros sobre agua son para estos grandes inversores una alternativa más en la que invertir y solo por ello, el precio de los futuros, del índice al que se ligan y por tanto del agua, debería subir”, argumenta Flores.

Un paso más para privatizar el agua

El caso California no arranca esta semana. La sequía que sufrió el estado entre 2012 y 2016 fue acompañado de cambios legislativos para privatizar el uso del agua. “Esto es solo una nueva vuelta de tuerca a ese proceso”, dice Liliana Pineda, miembro de Attac y la Plataforma Contra la Privatización del Agua. “Cuando se habla de derechos del agua, se habla de derechos privados, ya que el agua pública no es un bien titularizable”, argumenta Pineda, “y no debería serlo”, matiza. Según ella, lo que se intenta es que los municipios intercambien concesiones sobre agua por dinero en lo que tacha de un “chantaje a los ayuntamientos que necesitan ese dinero para meterlo en ladrillo o pagar deudas a que titularicen, y por lo tanto privaticen, el uso del agua”.

Esa nueva vuelta de tuerca a la que se refiere Pineda es la privatización de bienes y servicios públicos básicos que llevamos sufriendo las últimas décadas. “Es una vuelta de tuerca al proceso de financiarización de todo lo común”, dice la activista, “una tendencia a la privatización que, en caso de avanzar y extenderse a otros países, podría hacer el agua más susceptible por parte de las administraciones públicas”. Además, estos procesos de titularización y comercialización “afianzan los modelos de gestión privada y son un espaldarazo a la gestión pública del agua”.

“La ONU considera el agua un derecho humano, España todavía no ha traspuesto ese mandato”, lamenta Pineda, por lo que se debería paralizar todo proceso de convertirlo en un bien bursátil especulativo. Desde la Red de Agua Pública o la Plataforma contra la Privatización del Agua piden exactamente lo contrario a lo que ha sucedido esta semana en California: “Tiene que haber una mayor inversión pública y no por los cauces bursátiles”. “Cuando entra en el mercado de futuros no sabemos en manos de quién está el agua, puede estar en manos de un fondo buitre en un paraísos fiscal que no tiene ningún interés más que ganar dinero”, lamenta Pineda.

Por Eduardo Luzzatti / Yago Álvarez Barba

@EconoCabreado

10 dic 2020 06:00


 El agua ya cotiza en Wall Street, un paso más para que un derecho humano se convierta en mercancía

El agua de California se ha convertido en un elemento más para invertir dentro de los mercados a futuros bursátiles. La financiarización de este recurso hace saltar las alarmas a expertos, que ponen las crisis agroalimentarias de 2007 y 2008 como referencia de lo que pueda pasar en el futuro. 

madrid

09/12/2020 22:52

alejandro tena

En 1995, el exvicepresidente del Banco Mundial, Ismail Serageldin, afirmaba que las guerras que marcarán el futuro del siglo XXI girarán en torno a la disponibilidad del agua. Quizá la humanidad no se encuentre aún en ese escenario, pero los pasos hacia la mercantilización de este bien –considerado un derecho humano desde 2010 por la ONU– son cada vez mas grandes. Tanto, que esta semana el agua comenzó a cotizar en los mercados a futuro de Wall Street. Un hecho histórico que pone a esta materia prima, fundamental para la vida, al mismo nivel que el oro o el petróleo. 

Este tipo de inversiones a futuro no suponen la necesidad de suministro de agua, sino que son contratos financieros que vendrán determinados por el precio medio semanal de las principales cuencas de California. De esta forma, el índice NQH20 marcará el precio de esta nueva mercancía y servirá, según los expertos, de referencia mundial. Si bien, desde sectores económicos como Bloomberg o la compañía de mercados CME Group han vinculado esta decisión con una supuesta protección y flexibilidad del agua de cara al escenario de escasez y sequía –condicionada por la crisis climática–, otros sectores alertan de las posibles repercusiones que puede tener la entrada de este líquido en Wall Street.

Pedro Arrojo, relator de las Naciones Unidas para el Derecho al Agua y al Saneamiento, explica a Público que esta "mercantilización de las excedencias de los derechos concesionales del agua nos lleva al sanctasanctórum de los mercados especulativos". Se trata de los mismos mercados, dice el economista de la ONU, que "han trabajado con la alimentación y han producido hambrunas internacionales, quebrando economías nacionales por especulaciones a futuro con cuestiones básicas de la vida que afectan a los derechos humanos".

Sin embargo, la llegada de este recurso a los mercados no es una sorpresa, sino el resultado de una gestión hidrológica que se remonta a los inicios de la década de los años ochenta del siglo XX, que vino condicionada por las sequías intensas de 1976 y 1977 en California. En estos momentos se implementaron los mercados de agua en el estado norteamericano del oeste. La escasez de recursos hídricos propició que los derechos de agua a corto plazo fueran traspasados a manos privadas. Incluso durante la segunda mitad de los años noventa, que estuvieron marcados por lluvias abundantes, estas prácticas fueron comunes. Fue a comienzos del siglo XXI cuando empezaron a crecer los acuerdos de derechos de agua a largo plazo, lo que podría ser el germen de los mercados a futuro que esta semana han irrumpido en Wall Street. En este momento, la Imperial Irrigation Distrit compró una gran cantidad de derechos de agua a las empresas concesionarias de Los Ángeles y San Diego, teniendo que llegar estas ciudades a pagar a esta compañía en momentos de sequía, para poder abastecer los mínimos requeridos para el consumo urbano. Es decir, en tres décadas los derechos de agua pasaron paulatinamente de lo público a lo privado.

"Esta clase de acuerdos puede convertir a las ciudades en cautivas de los proveedores privados, al mismo tiempo que los únicos beneficiarios son los aguatenientes que destrozan la industria auxiliar agrícola y a sus trabajadores. Por no hablar de los efectos negativos en los ecosistemas por los que dejan de pasar esas aguas", expone Luis Babiano, gerente de la Asociación Española de Operadores Públicos de Abastecimiento y Saneamiento (Aeopas). "El sudeste de la península ibérica guarda muchas semejanzas con California y esto ha hecho que siempre se la observe como un referente. En este sentido hemos seguido algunas pautas mercantiles en nuestra legislación inspirados en este modelo", alerta, señalando que, por el momento, España se ubica en un sistema público con cierta participación privada.

Pero, ¿qué ocurrirá si el agua llega a los mercados financieros a nivel mundial? "Si se globaliza la especulación del agua como se ha hecho con el sistema agroalimentario, pasaremos de tener un bien común a tener una commodity (mercancía). Ahora, con la entrada en bolsa de California, se da un paso más en esa lógica que ya se venía gestando. Primero se pasa de estar en un ámbito público a un ámbito público-privado y, después, se da el salto a la especulación absoluta", opina Mirene Begiristain, profesora de Economía de la Universidad del País Vasco.

La cotización del agua en los mercados de futuro por el momento afecta sólo a las cuencas californianas, pero abre una vía de mercantilización nunca antes vista. Desde determinados sectores económicos favorables a esta iniciativa señalan que, al ser únicamente los excedentes de agua los que cotizarán en Wall Street, se fomentará un consumo eficiente y se hará frente a supuestos despilfarros. Sin embargo, se abre el riesgo de que la gran parte de los contratos a futuro sean comprados por inversores ajenos a sectores agrícolas, lo que fomentará que haya un juego de compraventa. Según el experto en transición ecológica, Luis González Reyes, sólo el 2% de los futuros que son bienes básicos terminan siendo entregados, el 98% se venden y revenden como activos financieros especulativos. En el caso del agua, las escasas infraestructuras para el transporte complican aún más que la compra de futuros se haga con la intención de poder hacer uso de ellos, tal y como advierte Babiano.

Las crisis alimentarias ya mostraron los efectos de la financiarización global de recursos básicos para la vida. Tanto es así que la especulación en los mercados a futuros tuvo un papel importante en la subida de precios de las crisis agroalimentarias de los años 2007 y 2008. Todo ello, se vio agravado por la coyuntura de cambio climático y su incidencia en determinados cultivos, así como la apuesta firme por los agrocombustibles que desplazaron la producción de alimentos hacia otras zonas, tal y como se recoge en una publicación de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura)

Arrojo, como relator de la ONU, muestra su preocupación por el paso adelante que ha dado el estado californiano y, de hacerse global, asemeja los riesgos a los experimentados con la financiarización de los recursos alimentarios. "No es el debate que teníamos instalado", dice, en relación a la situación que se vive en zonas de Europa como España, donde las disputas giran todavía entre unos derechos del agua puramente públicos frente a los mixtos con concesiones privadas. "Si esto continúa, se acaba todo. No existirá el interés general, sino el interés del mercado, donde el león se come al cordero", reflexiona.

Babiano, por su parte, explica que la mercantilización de este derecho humano podría abrir la puerta a una "triple variable" que transforme el agua tal y como se conoce. Por un lado, la accesibilidad estará marcada por la rentabilidad económica. En segundo lugar, la asequibilidad quedará condicionada a las fluctuaciones de los mercados, lo que generaría, según el experto, un descontrol de precios a largo plazo. El tercer factor es la "concentración de poder" en los mercados y el desplazamiento de lo público y la idea de bien común como principio básico de toda gestión hídrica.

"Estas son las semillas de la mercantilización de los bienes esenciales. Ahora se anuncia en California, pero esto irá evolucionando poco a poco. En un principio se nos presenta la participación privada como un mecanismo de flexibilidad, luego se empieza a cuestionar la esencia de lo público, como ocurre ahora [en España], y se termina entrando en los mercados, que es lo máximo", detalla el gerente de Aeopas, quien reclama que España deje de mirar hacia el modelo californiano para reconvertir nuestro sistema: impulsar la gobernanza en la gestión del agua, eliminar cánones concesionales, considerar el agua un derecho humano y "volver al espíritu público de la ley aguas de 1985".

Un derecho humano que no se cumple

A pesar de que el acceso al agua es un derecho humano desde 2010, en el mundo hay alrededor de 700 millones de personas de 43 países que sufren escasez de este recurso. Los efectos de la emergencia climática son cruciales para entender este fenómeno que, según la ONU, aumentará en los próximos años. Se estima que dentro de cinco años habrá 1.800 personas viviendo en zonas del mundo afectadas por estrés hídrico, es decir, en lugares donde la demanda de agua sea superior a su disponibilidad. Esto podría desembocar en una crisis migratoria sin precedentes que afecte a cerca de 250 millones de personas residentes en países africanos.

Publicado enMedio Ambiente
El agua cotiza en la Bolsa: Preguntas y respuestas sobre este suceso inédito

El inicio de cotizaciones con futuros de agua en la bolsa de materias primas de Chicago marca un antes y un después para el bien más preciado de la naturaleza.

 

El lunes 7 de diciembre marcó un nuevo hito en los mercados financieros, la fecha será recordada como el inicio de la bursatilización de la vida misma, y no es exagerado. Como sabemos, el agua es vida, explica por sí sola al mundo como lo conocemos en nuestros días.

Iniciaron las cotizaciones de los futuros del agua en el Chicago Mercantile Exchange (CME), la bolsa de futuros de materias primas más grande del mundo, la bolsa de futuros de Chicago.

¿Qué significa?, ¿tiene alguna relevancia para el ciudadano común?, ¿afectará en algo la vida cotidiana y sobre todo los bolsillos de los ciudadanos? Estas y otras preguntas se derivan de un hecho histórico, veamos.

¿Venderán agua “física” en las bolsas de valores?

No. Como sabemos, el mercado de futuros de Chicago no necesariamente cotiza bienes “físicos”, sino que lo hace mediante contratos a futuro. Se espera que en un inicio los contratos a futuro lleguen al año 2022, se cotizarán en acre-pie, que según nuestro sistema métrico decimal equivale a 1,233 metros cúbicos o lo que es lo mismo 1,233,000 litros de agua. Imagina que en un recipiente tienes esta cantidad de litros de agua, algo más de un millón, y los cotizas en el mercado de futuros.

Pero no se entregará agua al término del contrato. En realidad, estos contratos sobre futuros del agua servirán para fijar precios en muchas partes del mundo, pese a que su precio se basará en los precios del agua en el estado de California. No habrá un mercado físico de agua, pero sí un indicador financiero que determinará el precio del bien más preciado para el ser humano porque es la vida misma.

¿Por qué el precio del agua en California puede influir en el resto del mundo?

Porque Estados Unidos, junto con China, es el mayor consumidor de agua en la tierra. La pujanza de estas economías tiene muchas explicaciones, y una de ellas es la infraestructura que tienen para llevar agua a sitios en los que se detona la actividad productiva primaria, secundaria y de todo tipo.Los futuros del agua en el CME se convierten en el primer indicador del mundo al respecto y por tratarse de un país tan importante, seguramente determinarán lo que suceda en otras partes del planeta.

¿Cómo impactará en el ciudadano común?

Por supuesto que el mercado tiene que madurar, eso le llevará algunos años, en el mejor de los casos dos o tres años. En esta primera etapa, los ciudadanos del mundo no percibirán prácticamente nada de lo que pasa en el CME sobre los futuros del agua. Una vez con un mercado maduro, es posible que las cotizaciones empiecen a influir más determinantemente en los precios al público, porque dichos precios servirán como “guías” que incorporarán factores como oferta, demanda, sequías, huracanes, infraestructura, etc. Es entonces cuando la bursatilización del agua poco a poco sería determinante para el ciudadano común, hablamos todavía de que esto sucederá en algunos años, pero si decimos que sería en una década, quizás nos quedemos cortos, o posiblemente no.

Lo que será inevitable es que las cotizaciones de futuros de agua impacten con el paso de los años, para bien o para mal, en el bolsillo de los ciudadanos del mundo. No es poca cosa la “bursatilización” del agua, es el líquido indispensable para la vida y para prácticamente todo tipo de actividades del ser humano.

¿Quiénes podrán participar en el mercado de futuros del agua del CME?

Supuestamente inversionistas institucionales, así como gobiernos, posiblemente organizaciones que requieran grandes cantidades de agua para sus actividades como industriales, agricultores, empresas del sector energético, etc.

¿Hay riesgo de especulación con los futuros del agua?

Sí, por supuesto. Ese será uno de los grandes retos del mercado para los siguientes años: la lucha contra la especulación. Como todas las materias primas (aunque en estricto sentido, el agua no es una materia prima, porque al ser humano no le pasa nada si no consume cobre, pero muere si no tiene agua), esta estará sometida a fuertes vaivenes conforme el mercado vaya madurando y la combinación de múltiples factores determinen su cotización. Los precios y posiciones especulativas serán sin duda un elemento adicional en el mercado y desde luego que cosas estarán en juego.

¿Surgirán otros mercados de futuros del agua?

Seguramente, el de Chicago marca un hito por ser el primero, pero es altamente probable que en un futuro inmediato haya más mercados como este en otras importantes plazas financieras del planeta.

El futuro nos alcanzó, o posiblemente ya nos rebasó. El inicio de cotizaciones con futuros de agua en la bolsa de materias primas de Chicago marca un antes y un después para el bien más preciado de la naturaleza, indispensable para la vida en la tierra.

8 diciembre 2020 0

Publicado originalmente en Alto Nivel

Publicado enMedio Ambiente
Nick Buxton: “Hay una industria de la vigilancia que ve la pandemia como una oportunidad para vender y probar nuevas tecnologías”

El activista y experto en comunicación del Transnational Institute, Nick Buxton, dibuja una batalla abierta por esta nueva crisis donde se necesitan soluciones, respuestas y políticas que muestren que un mundo alternativo es posible.

 

Aprovechar las crisis para imponer nuevas políticas que antes despertarían recelo en la población. Impulsar medidas neoliberales como soluciones a los problemas que esas mismas políticas han creado. Fingir que cambian cosas para que nada cambie. La crisis del covid-19 es nueva, pero los movimientos geoplíticos y corporativos son muy parecidos a los de siempre. Así ve Nick Buxton gran parte de los acontecimientos políticos y económicos que rodean la pandemia, así como unas elecciones entre Trump y Biden en las que, según él, “las élites y los poderes militares estadounidenses están felices con cualquiera de los dos candidatos”.

Buxton es experto en comuncación y activista en temas de política fronteriza, cambio climático, militarismo y justicia económica. Es editor del informe anual Estado del poder publicado por el Transnational Institute (TNI) y ha participado recientemente en un informe en el que detallan diez propuestas para financiar la salida de la crisis. Aunque nació en el Reino Unido y vivido en Bolivia, Pakistan y la India, responde a El Salto desde su actual residencia en California.

Pasamos de un negacionista de la crisis climática como Trump a un perfil continuista del Partido Democrática como Joe Biden. ¿Qué futuro tiene la política medioambiental estadounidense? ¿Crees que veremos un cambio de rumbo?
En términos de debate político y de conciencia pública, ha habido un cambio profundo. En todos los debates presidenciales de 2016, solo cinco minutos y 27 segundos fueron empleados en hablar del cambio climático y los compromisos en la Plataforma Demócrata fueron difusos y limitados. En cambio, a pesar del negacionismo de Trump, el tema este año fue mucho más central en todos los debates presidenciales y el programa del Partido Demócrata es más detallado y ambicioso. Hay solamente una razón que ha promovido ese cambio, los esfuerzos de los activistas -los jóvenes, estudiantes, movimientos como el Sunrise movement- que han exigido acción concreta sobre la crisis climática y han avanzado la demanda por un Green New Deal. Muchos de los movimientos apoyaron la candidatura de Bernie Sanders en las primarias presidenciales y cuando perdió, empujo un proceso donde había comités formado por funcionarios de Biden y Sanders que forzaron a Biden a aceptar un plan mucho más ambicioso sobre el cambio climático.

Sin embargo, una cosa es la postura y las promesas y otra es la realidad y lo que podemos esperar en términos de legislación y decretos. El poder de la industria petrolera sigue siendo muy fuerte dentro del Partido Demócrata y será muy difícil de superar. Siguen donando a campañas de muchos congresistas y senadores demócratas, están siempre en los pasillos de poder haciendo lobby y gastando millones de dólares en campañas para lavar su imagen y atacar cualquier propuesta que realmente amenace su poder. Van a hacer todo lo posible para promover propuestas falsas y débiles en los próximos años. Durante la transición, ya se ven señales de que están imponiendo su poder. Esta semana pasada, por ejemplo, Biden nombró al congresista Cedric Richmond para ser el intermediario con empresas y activistas en referencia a la agenda de cambio climático. Richmond tiene una larga y pésima historia como oposición a varias iniciativas legislativas sobre el medio ambiente. De hecho, él mismo también ha recibido 341.000 dólares de donaciones en los últimos diez años de la industria petrolera.

La realidad es que la candidatura de Biden es un intento de volver a un mítico pasado neoliberal donde ambos partidos colaboraban, donde había más en común que separación y donde había un consenso a favor de los intereses de las corporaciones. La esperanza, en esta ocasión, es que los movimientos ambientalistas son mucho más fuertes y mucho más  determinados a poner justicia social y racial en el centro de sus demandas. Estos movimientos no van a aceptar medidas diluidas o neoliberales y van a empujar una agenda radical y ambiciosa.

La era Trump también ha constituido un repliegue de la globalización con algunas medidas proteccionistas que han favorecido a las grandes empresas estadounidenses y atacado directamente al país que compite por ser el poder hegemónico, China. ¿Crees que cambiará algo al respecto con este nuevo presidente?
La verdad es que no creo que mucho cambie con Biden en este sentido, salvo la retórica. Biden habla de cooperación y no va a empezar batallas en Twitter, pero seguirá con una política para avanzar en los intereses económicos y políticos de los Estados Unidos. En términos de comercio, Biden ya ha dicho que no quiere lanzar nuevos acuerdos de libre comercio en el futuro cercano y quiere priorizar la industria doméstica, una política muy próxima a la de Trump.

Y en referencia a China, Biden habla del país como un competidor estratégico y no un enemigo como lo pinta Trump, pero ambos están muy preocupados por su crecimiento, que es una preocupación del Pentágono desde hace unos años. Fue durante la presidencia de Obama, donde EE UU empezó 'el pivote hacia Asia', cuando las fuerzas armadas empezaron a desviar recursos y atención del Medio Oriente hacia Asia. Sabemos que, al final, las élites y los poderes militares estadounidenses están felices con cualquiera de los dos candidatos. Hay una cierta antipatía hacia Trump por su retórica belicosa y sus instintos unilaterales, pero al mismo tiempo están muy satisfechos porque detrás de su retórica, Trump subió los presupuestos militares a su más alto nivel y bajo los impuestos para las transnacionales al más bajo. Y con Biden, tienen un líder centrista que quiere volver a un orden neoliberal e imperialista detrás de una retórica más bella, por lo que no tienen nada que perder.

Medios de comunicación sacan noticias alarmistas sobre “inmigrantes con covid”... ¿Será la pandemia una nueva excusa para reforzar la militarización de las fronteras de los países del norte?
Por supuesto que sí. Los poderes militarizados siempre buscan amenazas y riesgos para generar el miedo y avanzar en los procesos de militarización. Ya hemos visto la clausura de fronteras por razones de la pandemia. Casi 40% de los países cerraron sus fronteras completamente por un periodo de tiempo. Aunque haya una razón de salud, el problema es que se normaliza y que algunos países están aprovechando para rechazar y repudiar refugiados que están buscando asilo. Italia, por ejemplo, aprovechó la pandemia para mantener en sus puertos varias embarcaciones de rescate humanitario para migrantes que cruzan el Mediterráneo. En los Estados Unidos, Trump aprovechó la pandemia para impedir la entrada y deportar a cualquier persona sin documentos que llegaban a las fronteras y han desplegado más fuerzas armadas en su frontera. En Malasia, el Gobierno realizó redadas en Kuala Lumpur para detener refugiados.

¿Qué papel juega el poder corporativo aquí?
Más allá de los impactos inmediatos, hay toda una industria de monitoreo y vigilancia que ve la pandemia como una oportunidad para vender y probar nuevas tecnologías que quieren desplegar en las fronteras. La Agencia de Aduana y Protección de las Fronteras de los Estados Unidos, por ejemplo, está aprovechando para impulsar sus sistemas biométricos y sus escáneres de caras con la excusa de que es más higiénico que los antiguos sistemas dactilares. La industria digital está desdibujando, cada vez más, las categorías de seguridad entre los usos militares y civiles, y entre los usos medicinales y de vigilancia policial. Es muy importante estar alerta y no permitir cambios temporales justificados por la salud que podrían volverse permanentes, con consecuencias graves para nuestros derechos humanos.

Y en cuanto al control de la población por parte de los gobiernos en los países del norte, ¿qué crees que puede cambiar con esta nueva crisis?
Esto dependerá mucho de nosotros. Tras el 11 de septiembre, el aumento de vigilancia, la militarización de la sociedad, la persecución y la limitación de la movilización de los movimientos sociales se volvieron permanente con consecuencias que sufrimos todavía hoy, que no hemos recuperado. Estamos en un mundo de securitización mucho más fuerte que antes del 11 de septiembre. La única victoria, tal vez, fue el movimiento contra la guerra, que por lo menos disminuyó e impidió más guerras lanzadas por los Estados Unidos, pero perdimos mucho espacio doméstico y permitimos un aumento de las restricciones y la persecución de minorías, como sufre la comunidad musulmana en muchos países. En el caso de la crisis económica de 2008, tardamos un poco en responder pero hubo fuertes reacciones y levantamientos populares, especialmente en España con los indignados, y por lo menos pudimos cambiar el debate para que esta vez no sea tan fácil para las elites volver a imponer una política de austeridad. Por lo que hay que aprender de estas experiencias, aprender de los errores y, en esta ocasión, aprovechar para que nuestras ideas, soluciones y propuestas avancen, además de no permitir que la crisis lleve a una normalización de las políticas de control. En vez de eso, debemos demandar una sociedad digna, justa, solidaria y en equilibrio con nuestros ecosistemas.

En la anterior crisis podíamos señalar a culpables, al sector financiero. En esta nueva crisis, parece que el virus está sirviendo de excusa para que no se señale a nadie como culpable. ¿Está fallando la izquierda a la hora de comunicar y señalar las causas de la crisis? ¿y la prensa?
Es cierto que las causas son más complejas, pero al mismo tiempo las soluciones son más obvias y no son soluciones militarizadas y neoliberales. Todo el presupuesto militar no sirve para nada contra un virus fatal que hasta hoy ha matado a 1.358.411 personas, mucho más que cualquier ataque terrorista en los que, para combatirlos, gastamos miles de millones de dólares. Y la política neoliberal y el libre mercado no sirve para abastecer las necesidades de salud, como los medicamentos, los hospitales, el equipamiento médico, el apoyo financiero en casos de desempleo, etc. Necesitan respuestas y políticas públicas y comunitarias, basadas en la idea de proteger a los más vulnerables. Y sabiendo que estamos frente a múltiples crisis, especialmente la crisis climática que nos plantea riesgos peores que la pandemia actual, tenemos que exigir lo mismo: respuestas públicas y solidarias. La autora Arundhati Roy ha hablado de la pandemia como un portal en cual podemos elegir cómo queremos cruzar: con nuestros prejuicios, odio, avaricia e ideas muertas o sin equipaje, ligeros, listos para imaginar otro mundo y luchar para alcanzarlo. Podemos también pensar en ello como un portal que no va a estar abierto por mucho tiempo. Tenemos que aprovechar la crisis para normalizar las políticas que salieron de la emergencia y que queremos mantener. También debemos aprovechar este periodo antes de que finalice la pandemia para movilizar y rechazar los intentos de volver a las antiguas políticas, exigiendo que queremos salir de esta crisis global con políticas diferentes, emancipatorias y justas.

En un mundo de evasión y libre movimiento de capitales, de paraísos fiscales y de una economía cada vez más financiarizada y menos real, ¿cómo podemos financiar la salida de esta nueva crisis?
Sabemos que hay dinero, solamente que está en las manos equivocadas. Hicimos una investigación recientemente en el Transnational Institute (TNI) que mostró que solamente diez propuestas podrían recaudar 9,4 billones de dólares al año en todo el mundo. Lo suficiente para pagar los costes de la pandemia, los Objetivos de Desarrollo Sostenible, una transición climática justa y reparaciones por la esclavitud a los países del Sur. Esto es en lo que la izquierda tiene que avanzar ahora mismo. Son las soluciones, las respuestas, las políticas que muestran que un mundo alternativo es posible y solamente necesitas voluntad política para implementarlo. Como ya ocurrió en otras ocasiones, este camino necesitará una nueva oleada de protestas callejeras para hacer presión política para que se conviertan en realidad.

Por Yago Álvarez Barba

@EconoCabreado

26 nov 2020 07:00

Publicado enSociedad
La pandemia dispara una carrera entre grandes potencias y farmacéuticas para aprovechar el nuevo mercado de vacunas

El acaparamiento de sueros como los de Pfizer o Moderna por parte de los países ricos, que en algunos casos se han garantizado el suministro de hasta cinco dosis por habitante, abre el camino para la expansión de los proyectos de China y Rusia en los estados en desarrollo

 

La pandemia de COVID-19 ha creado un nuevo tablero mundial: el mercado de vacunas contra la infección. Estos medicamentos son, de momento, la herramienta más prometedora para superar una crisis sanitaria y económica total. Grandes actores como EEUU, China, Rusia o Gran Bretaña buscan un lugar preferente en ese escenario como revela la batería de anuncios sobre proyectos de vacuna que se han sucedido.

El 9 de noviembre, la farmacéutica estadounidense Pfizer declaraba que su vacuna contra el SARS-CoV-2 mostraba una eficacia, preliminar, del 90%. Acaparó titulares en todo el mundo. Solo dos días después, los desarrolladores del suero ruso Sputnik V contraatacaban: su producto apunta a un 92%. Este lunes, la empresa Moderna ha asegurado que su vacuna llega, de momento, al 94,5%. Ha pasado solo una semana.

Los anuncios sirven para, por un lado, afianzar las posiciones de las compañías en el mercado de las vacunas contra la COVID-19, que incluye a toda la población mundial. Todos los países necesitan vacunas. Millones de dosis. Y, previsiblemente, las necesitarán durante años mientras se produzcan rebrotes estacionales de COVID-19. Por otro lado, suponen un empujón en la cotización bursátil de las empresas. Moderna saltó un 11% este lunes. Pfizer subió un 8% hace siete días.

"Vamos a ir viendo una cascada de anuncios. A partir de ahora, esto va a ser un no parar", avisa la coordinadora de campaña en la Fundación Salud por Derecho, Irene Bernal. El hecho, como se ha observado en la última semana, es que las cotizaciones del sector farmacéutico están muy condicionadas por los resultados de sus investigaciones y los tiempos en los que se comunican. Las buenas noticias calientan el valor en bolsa de las compañías, las malas lo hunden.

Bernal explica que "es el momento de estas empresas porque están apareciendo sus datos de fase III que arrojan algo de luz y tienen un gran impacto en sus cotización y previsiones financieras. Ahora destaca porque estamos muy pendientes, pero es el comportamiento estándar de las farmacéuticas. Todas las grandes compañías de vacunas están metidas en esto y todas quieren comunicar buenos resultados porque eso redunda en sus acciones". El director de mercado de capitales de la Caja de Ingenieros, Bas Fransen, coincide en que esta dinámica es común. "Lo espectacular", matiza, "es la situación que vivimos y cómo, a medida que se acerca la recuperación económica, los inversores saltan de unos valores a otros".

Información muy limitada

Unos anuncios que se basan en lo que las farmacéuticas quieren comunicar. Pfizer informó de que 94 sujetos habían resultado infectados en su ensayo de 40.000 voluntarios. La rusa Gamaleya aseguró que fueron 20 infectados en su trabajo con otras 40.000 personas. Moderna ha dicho que lleva 95 infecciones, 90 de ellas en el grupo que recibe placebo de su ensayo con 30.000 voluntarios. No hay nada más. El presidente de la Asociación Española de Vacunología, Amos García Rojas, reflexiona que "conviene que se presenten esos resultados preliminares en publicaciones de impacto, más que en notas de prensa".

García Rojas, que se confiesa "tremendamente optimista", añade: "No dudo de la veracidad de esos resultados, pero me gustaría analizarlos con precisión y para eso deben ser publicados". Una de las vacunas prometedoras de la compañía china Sinopharm, en unión con el Instituto Virológico de Wuhan, publicó sus "resultados intermedios" de fases 1 y 2 en The Lancet el 15 de octubre pasado. "Una vacuna prometedora", la definió. Una semana después comenzó su fase III.

El vacunólogo español, advierte de que "fruto de estas comunicaciones a través de notas de prensa, se puede hacer pensar a la ciudadanía que estamos ante una carrera a ver quién llega antes y mejor posicionado. Lo importante es que seamos conscientes de que la única carrera válida es la de conseguir modular la pandemia, con prudencia, con calma y con evidencias".

Pero la carrera existe. Porque, a medida que la investigación avanza con buenas perspectivas, más estados deciden asegurar suministro. "En los países de ingresos altos va a darse una competencia entre las farmacéuticas que primero se certifiquen como seguras y efectivas", cuenta Miriam Alía, coordinadora médica de emergencias en Médicos Sin Fronteras. "Entre los de ingresos bajos, entendemos que habrá ayuda con el mecanismo solidario COVAX y un precio más bajo, aunque el acceso siga siendo más difícil. Pero luego hay un montón de países de ingresos medios que no están en ese mecanismo de ayuda, ni pueden firmar contratos a riesgo", analiza Alía. "Los acuerdos de compra o precompra y las reservas exigen tener dinero ¿y quién tiene dinero? Los países de rentas altas. Parece cada vez más difícil que las vacunas lleguen sin problemas a los países más empobrecidos y de rentas medias", abunda Irene Bernal.

Geopolítica y diplomacia vacunal

En estas circunstancias, lo que se está produciendo hasta el momento es cierto acaparamiento de la producción por parte de los países más desarrollados. Intermon Oxfam ha denunciado que el 50% de las dosis ya estaba comprometida para países ricos. Solo para la vacuna de Pfizer-Biontech, el Observatorio Justicia Global ha recopilado los anuncios de los diferentes estados sobre acuerdos de compra y ha concluido que sus pedidos suponen el 37% de la capacidad teórica de producción. Si se añaden las pre-órdenes, llegarían a 1.100 millones de dosis sobre una capacidad anunciada de 1.350 millones (el 82%). Esas operaciones cubren una población de 1.045 millones de personas, el 14% del total mundial.

Según recopiló la revista científica Nature, si se mira el proyecto de vacuna de Johnson & Johnson –que solo exige una dosis, es decir, reduce el esfuerzo a la mitad–, entre EEUU, la Unión Europea y el Reino Unido ya suman un 30% de la fabricación estimada. Antes del anuncio de este lunes de Moderna, EEUU tenía reservada casi toda la producción prevista para 2020. EEUU tiene acuerdos de suministro que suponen dos dosis por cada ciudadano (con posible expansión a más de 4) y Reino Unido ya ha acordado el suministro equivalente a 5 dosis por habitante. La Unión Europea ha firmado contratos equivalentes a casi dos dosis por europeo, con posible ampliación a casi tres.

En ese panorama y con los sueros de Moderna y Pfizer a un precio inicial de más de 30 y 20 dólares por unidad respectivamente, se ha abierto un campo gigante para otras opciones más baratas y sencillas de distribuir.

El Centro Nacional Ruso Gamaleya ha ido sumando partidarios para su Sputnik V, una vacuna basada en adenovirus. Y el fondo soberano ruso FIDR ha ido cerrando acuerdos al mismo tiempo. Suministrará, al menos, 50 millones de dosis al estado brasileño de Bahía. México se ha reservado de entrada 32 millones de dosis. Perú también ha firmado contratos con FIDR. La secretaria de Acceso a la Salud argentina, Carla Viizzotti, viajó en secreto a Rusia el 17 de octubre para después encargar 25 millones de dosis. El laboratorio indio Reddy tiene un acuerdo para estudiar y fabricar 100 millones de dosis de Sputnik V.

En una línea parecida, China aprovecha estas circunstancias para desplegar lo que se está llamando "diplomacia vacunal" y extender sus relaciones con países en vías de desarrollo. Sus biotecnológicas tienen tres sueros en la última fase de ensayo. Y los acuerdos para distribuirlas crecen. Van desde Emiratos Árabes Unidos a Perú, Pakistán, Serbia, Turquía, Bangladesh, Thailandia, Laos, Vietnam, Birmania, Camboya, Filipinas o Marruecos. Sinovac, una de las empresas chinas con un suero en fase III, asegura tener acordada la distribución de 60 millones de dosis en el estado de Sao Paulo (Brasil) y otros 40 millones en Indonesia.

El presidente chino, Xi Jinping, comenzó a desplegar esta estrategia en mayo pasado cuando aseguró que la vacuna sería "un bien de interés público". Sin embargo, y aunque el Ejecutivo chino ha dicho que podrá fabricar 600 millones de dosis en 2020 y mil millones el año que viene, la población china por vacunar asciende a 1.400 millones de personas. El margen para la exportación se estrecha. Irene Bernal admite que "no hay acceso al seguimiento de los contratos de las vacunas chinas y rusas".

Algunas opciones occidentales como la vacuna de la Universidad de Oxford y Astrazeneca aseguran que distribuirán su producto sin buscar lucro. El precio supera por poco los tres euros. Esto la ha convertido en una candidata prioritaria para llegar a gran cantidad de países con escasos recursos mediante el fondo de financiación COVAX –que incluye otras farmacéuticas–. Moderna avisó de que, aunque sí impondrá un margen de beneficio, no piensa exigir los derechos de sus patentes para que sus hallazgos puedan aplicarse sin coste. En ambos casos, las compañías han añadido que esas disposiciones durarán hasta que se supere la pandemia. ¿Quién decide eso? Ellas mismas.

Moderna y Pfizer desatan la euforia inversora en los países más afectados

Las noticias de Pfizer y Moderna han desatado la euforia inversora. El Ibex35 cerró este lunes cerca de los 8.000 puntos, animado no solo por las novedades sanitarias sino por la venta de la filial de BBVA en Estados Unidos y su posterior anuncio de negociación para fusionarse con Sabadell. Ha subido un 15% desde finales de octubre. Otros índices europeos —como el Dax alemán, el Cac francés, el FTSE inglés o Mib italiano— se han anotado subidas similares. Los mercados están viendo el principio del fin y vuelven a los valores más castigados por la pandemia, ante la expectativa de un pronto regreso a la normalidad.

"Al ver estas noticias, los inversores dejan de lado otros índices y saltan de nuevo a países afectados por el confinamiento, como España, Francia, Italia, ante la expectativa de la vuelta del turismo y los viajes", continúa Fransen, de la Caja de Ingenieros. Meliá, por ejemplo, subió este lunes un 10% en bolsa tras conocerse la noticia de Moderna. IAG, un 9,8%. Aena, un 3%. "Si parece que la vacuna se agiliza, cambia la perspectiva en todo el tema de aerolíneas, restauración y hoteles. La rotación es espectacular".

Por contra, los valores tecnológicos que tanto han subido durante los meses de confinamiento han vivido el efecto contrario. El valor de la acción de Zoom, la popular aplicación de videoconferencias, ha pasado de 539 dólares a 390 en un mes (-38%). Algo similar ha sucedido con Netflix (-10%) y Peloton (una tecnológica dedicada al deporte en casa, que cae un 30%). Son valores a los que se ha denominado stay-at-home (quédate en casa) y sobre los que los inversores perciben que el crecimiento ya no será tan glorioso. "Los gestores de fondos y pensiones que los tienen en su cartera ven mejores perspectivas en bancos, materias primas y energía. Cambia su perspectiva. Es un poco lo que está pasando", dice Fransen.

Pero el optimismo financiero no es sinónimo de recuperación en la vida real. La segunda ola de la pandemia mantiene el consumo hundido en España. El gasto en restaurantes, que llegó a niveles pre-COVID en los meses de verano, está al -36% según los datos en tiempo real que ofrece BBVA. El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, avisó este lunes de que los efectos de la vacuna sobre la actividad tardarán en percibirse, además de alertar del riesgo de que el problema de liquidez de las empresas se convierta en un problema de solvencia

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Por Raúl Rejón / Analía Plaza

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16 de noviembre de 2020 21:50h

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Nicaragua: Las fabulosas ganancias de la oligarquía financiera

Las masacres del año 2018, contra los estudiantes y los tranques, le permitió a la dictadura sostenerse en el poder, y cambiar la correlación de fuerzas a su favor. La represión sistemática y la desarticulación de los liderazgos que surgieron después del estallido de abril del 2018, le permiten a la dictadura sostenerse de manera muy precaria.

Se acabó la bonanza económica

La dictadura chorrea sangre por la economía. Tiene tres años de crecimiento negativo, algo que los economistas llaman depresión económica, y esta tiende a prolongarse en el tiempo, sobre todo porque el año 2021 será de mucha incertidumbre por ser un año electoral.

Atrás han quedado los años de crecimiento de la economía, que fue producto de la inyección de dólares del convenio petrolero con Venezuela. Este dinero que fluía a borbollones se redujo drásticamente en 2016. La crisis de abril hizo explotar lo que ya se venía gestando.

Los dos años del gobierno de Daniel Ortega (2006-2018) fueron de crecimiento de los negocios de todas las fracciones de la burguesía. Estaban contentos, todo marchaba bien. La dictadura invento la formula del “dialogo y consensos”, incluso incorporando este corporativismo a la Constitución en el año 2014.

El monopolio de los hidrocarburos y electricidad

El manejo discrecional de los miles de millones de dólares del convenio petrolero con Venezuela, le permitió a Daniel Ortega, consolidar su dictadura a través de una seria de etapas. Primero, hizo una alianza con la oligarquía financiera, permitiendo la no regulación de las ganancias, y bajo el acuerdo que ninguna de las partes invadiría el negocio del otro. En segundo lugar, con ese flujo de dinero, tuvo los recursos necesarios para crear programas sociales que aumentaron la clientela política, es decir, gente que estaba dispuesta a votar por el FSLN, por el otorgamiento de un título de propiedad de un terreno, o por una docena de láminas de zinc,  o un préstamo con bajos intereses a treves de CARUNA, etc.

La bonanza económica beneficio a decenas de miles de pequeños productores, ganaderos, que vendían sus productos agrícolas o pecuarios a un precio mayor que el mercado internacional.

Mientras muchos estaban embelesados con ese bienestar económico, la familia Ortega-Murillo aprovecho la relativa paz social, para desalojar a sectores marginales de la burguesía del negocio energético. Presionaron a la ESSO Estándar Oíl para negociar su salida del mercado de hidrocarburos, mientras se montaba una red propia. De esta manera, en poco tiempo se estableció un monopolio sobre un área de la económica, hidrocarburos, que estaba en manos de una transnacional y que abandono rápidamente un mercado pequeño como el nicaragüense. De igual manera, concentraron sus inversiones en comprar plantas obsoletas e invertir en energía eólica. Y así se creó el imperio energético de la familia Ortega-Murillo.

Las grandes ganancias de los bancos

Después de 1990, la burguesía que fue confiscada durante la revolución, no solo recupero una parte de sus propiedades, sino que centro su actividad en la creación de bancos privados. Recordemos que toda la banca había sido nacionalizada en 1979. Al incursionar en esta nueva área de la economía, comenzó a acumular progresivamente mucho poder, al grado tal que podemos afirmar que los nuevos oligarcas de Nicaragua no son las rancias familias aristocráticas, sino esa reducida elite de banqueros.

En los últimos 30 años han surgido dos nuevos grupos financieros: El Banco de la Producción (BANPRO) y LAFISE. El primero grupo es presidido por Ramiro Ortiz Gurdián, y el segundo por Roberto Zamora. Ambos son grupos financieros emergentes, pero los dos tienen cobertura regional. El tradicional grupo Pellas, que manejaba el grupo Banco de América Central (BAC), venido la mayor parte de sus acciones, primero a General Electric y después al grupo AVAL de Colombia.

Esta extraordinaria y veloz acumulación capitalista fue posible por el periodo neoliberal que se inició en 1990, y que todavía no ha terminado, porque en el 2007 Daniel Ortega continuo con esa misma política de privilegiar la relación con la nueva oligarquía financiera.

Según la información del Secretaría Ejecutiva del Consejo Monetario Centroamericano (SECMCA), los banqueros nicaragüenses tienen altas tasas de ganancias, cinco veces superior al promedio centroamericano. Esto ha sido posible porque todos los gobiernos (Chamorro, Alemán, Bolaños y Ortega) se han negado a regular las ganancias de los banqueros.

Además, todo el flujo de dólares del convenio petrolero con Venezuela, a pesar que lo manejó discrecionalmente la familia Ortega-Murillo, ingreso por estos bancos, los cuales manejaron los depósitos, y tuvieron la suficiente liquidez para incrementar sus negocios de préstamos con altos intereses para los usuarios.

Las fricciones entre la oligarquía financiera

Dentro de la oligarquía financiera hay competencia, roces, golpes bajos, etc, por los negocios. En 2014 la familia Ortega-Murillo decidió crear su propio banco, llamado Banco Corporativo (BANCORP). Esto provocó recelos entre los banqueros porque hasta ese momento, ellos tenían el monopolio de la banca privada, y parte de los acuerdos con la dictadura es que nunca entrarían a competir con ellos en el negocio bancario.

Con solo los depósitos del flujo de dólares de Venezuela, había un capital inicial de por lo menos unos 2500 millones dólares, que pondría a temblar a cualquier banco.

Ortega-Murillo calmaron a sus socios del momento, diciéndoles que BANCORP sería una banca de segundo piso, es decir, prestaría solo a empresas y corporaciones, y no captaría dinero del público, ni entraría a competir a nivel de créditos. Aunque Ortega mantuvo su palabra, un nuevo banco había nacido y en cualquier momento se desataría una feroz competencia entre ellos, el inicio de la guerra bancaria era cuestión de tiempo. Sin embargo, el estallido social del año 2018 aceleró las contradicciones entre la oligarquía financiera.

Existen dos fracciones claramente delimitadas. Por un lado, están los bancos más fuertes, el grupo Pellas y BANPRO, más proclives a recuperar su lugar hegemónico en la economía y las finanzas, y por el otro esta LAFISE, asociado con el grupo Baltodano, quienes tiene el monopolio de la exportación de café, que son más inclinados a renegociar el statu quo, para regresar a la situación anterior de 2018, redefiniendo la institucionalidad.

La quiebra masiva de los pequeños negocios

Mientras se producía ese reacomodo entre nuevos y viejos sectores de la burguesía, lo mas afectados eran los pequeños y medianos negocios. Los trabajadores, por su parte, siempre estaban ganando los peores salarios de la región centroamericana.

Al estallar la crisis en 2018 y reducirse la actividad económica, además del descenso natural que se apreciaba desde el 2016, se produjo un fenómeno de endeudamiento progresivo de los pequeños y medianos negocios, hasta el cierre masivo, especialmente con la pandemia.

La mayor parte de las fuentes de empleo en Nicaragua provienen de los pequeños y medianos negocios. El cierre masivo de empresas y negocios a partir de la crisis del 2018, y que se ha acentuado en estos dos últimos años, agravada por la pandemia, es lo que ha producido un mayor desempleo.

La dictadura no hizo nada para rescatar y salvar estos pequeños negocios. Los empresarios del gran capital, especialmente los banqueros, tampoco han movido un solo dedo. Esta masa de pequeños propietarios y quienes dependían de estas fuentes de empleo, han sido duramente castigados.

Como era de esperarse, este cierre masivo de empleos no se tradujo en una radicalización de la clase media, sino en todo lo contrario. La dictadura ha aprovechado el aplastamiento de la insurrección desarmada en 2018, para aplicar duros planes de ajuste, pero sin tocar un pelo a los banqueros.

Es necesario controlar las ganancias de los banqueros

Con la quiebra de BANCORP, la burguesía sandinista tuvo que abandonar la idea de ocupar una parte del espacio del mercado financiero, pero tampoco ha decidido regular las grandes ganancias de estos grupos financieros.

El resultado fatal ha sido que mientras la crisis golpe a una amplia masa de pequeños propietarios, enviando al desempleo a los trabajadores, los bancos nicaragüenses son los que siguen teniendo la más alta tasa de ganancia en la región centroamericana.

Mientras Nicaragua se hunde en la pobreza, la represión y la barbarie, estos banqueros continúan enriqueciéndose, y la dictadura, deseosa de reconciliarse con ellos, no emite ni una sola directriz para regular sus fabulosas ganancias.

Los trabajadores y el pueblo nicaragüense tenemos dos caminos para controlar esas ganancias desmedidas: El primero, el más importante, seria nacionalizar la banca privada, para que el Estado pueda tener los recursos financieros necesarios para apoyar a esa enorme masa de pequeños productores endeudados y en proceso de quiebra.

La experiencia negativa con la nacionalización de la banca, en el periodo de la revolución (1979-1990) ha provocado una actitud negativa ante este planteamiento, que muchos han abandonado. La nacionalización debería ser bajo control de los trabajadores bancarios., para evitar la corrupción y el tráfico de influencias.

La segunda opción, es la regulación de las tasas de interés, que la SIBOIF obligue a los bancos a cobrar tasa de interés razonables, acordes a la difícil situación económica del país. Muchos bancos nicaragüenses consiguen prestamos en Estados Unidos, a intereses bajísimos, pero cuando otorgan los préstamos a los productores o pequeños negocios cobran tasas de interés que en promedio pueden andar por el 30% anual. ¡Usura completa!

Cualquiera de estas dos opciones conduce inevitablemente a luchar por el derrocamiento de la actual dictadura, la principal consentidora de la oligarquía financiera.

 

15/11/2020

Por Victoriano Sánchez

Corresponsal en Nicaragua de "El Socialista Centroamericano".

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Vacuna de Pfizer da impulso de 40 mil mdd a farmacéuticas

En menos de una semana las principales empresas farmacéuticas han incrementado en aproximadamente 40 mil millones de dólares (860 mil millones de pesos al tipo de cambio actual) su valor de mercado, como resultado de la expectativa generada por los avances que ha mostrado la vacuna contra el Covid-19 de Pfizer y BioNTech.

Para efectos comparativos, el incremento en el valor de las principales empresas farmacéuticas supera en 30 por ciento el presupuesto anual de salud de México, una de las 15 mayores economías del mundo, que este año es de 653 mil 400 millones de pesos, según datos oficiales.

Los 860 mil millones de pesos en que aumentó el valor bursátil de las farmacéuticas equivale a 3.4 puntos del producto interno bruto de México.

El lunes pasado Pfizer dio a conocer que la cura que trabaja en conjunto con BioNTech tiene 90 por ciento de efectividad contra el nuevo coronavirus, lo que superó las expectativas, pues se esperaba que su eficacia fuera de entre 70 y 80 por ciento.

Los anterior disparó inmediatamente las acciones de ambas farmacéuticas, siendo Pfizer la más beneficiada, pues su valor bursátil pasó de 202 mil 195 millones de dólares a finales de la semana pasada a 217 mil 749 millones actualmente, es decir, con el anuncio la farmacéutica estadunidense ganó 15 mil 500 millones de dólares

Lo anterior fue aprovechado por el presidente ejecutivo de Pfizer, Albert Bourla, quien ante el alza de las acciones vendió 62 por ciento de sus títulos, lo que le generó una ganancia de aproximadamente 5.6 millones de dólares.

La alemana BioNTech, también se vio beneficiada por los mercados luego del anuncio de la vacuna, pues hasta el viernes pasado su valor de capitalización bursátil era de 20 mil 816 millones de dólares, y ahora es de 23 mil 712 millones, lo que significa que un aumento de casi 3 mil millones de dólares.

El valor de Pfizer y BioNTech subió debido a que han establecido acuerdos con distintos países para surtir grandes volúmenes de la vacuna para combatir una pandemia que ha cobrado la vida de más de un millón de personas en el mundo. Por ejemplo, con Estados Unidos tienen un trato de 100 millones de dosis con opción a 500 millones.

La noticia que dieron ambas compañías animaron a otras emisoras del mismo ramo, la gigante Johnson & Johnson vio un aumento de 15 mil millones de dólares en su valor de mercado, esto al pasar de 374 mil 519 millones a 389 mil 894 millones de dólares.

Otra farmacéutica beneficiada, que también está en la carrera por encontrar una vacuna, es Moderna, cuyo valor de mercado pasó de 28 mil 89 millones a 33 mil 400 millones, es decir, un aumento de aproximadamente 5 mil millones de dólares. Mientras que Astra Zeneca vio un alza de poco más de 2 mil millones, al avanzar de 72 mil 800 a 75 mil millones.

Hasta antes del anuncio de Pfizer, la industria farmacéutica ya había visto grandes ganancias en su valor de mercado, pues desde el inicio de la pandemia, hasta mediados de octubre, las empresas mencionadas acumulaban un incremento de aproximadamente 100 mil millones de dólares en su capitalización bursátil.

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