Sudamérica: el triunfo del post extractivismo en el 2015

Mientras algunos dirigentes políticos sudamericanos, tanto neoliberales como nacionalistas populares, se empecinan en fomentar las exportaciones primarias e incluso aseguran que para salir del extractivismo hace falta más extractivismo (en opinión del presidente Rafael Correa), se acumulan datos que indican un fracaso económico.


Comprobamos que Brasil registró en 2014 un déficit de 3 mil 930 millones de dólares en su balanza comercial, el primer saldo rojo en 14 años. Mientras las exportaciones alcanzaron 225 mil 101 millones de dólares (7 por ciento menos que el año anterior), el monto de las importaciones fue de 229 mil 31 millones. La causa: el menor precio del mineral de hierro y de la soya. Brasil sigue exportando muchísimas más toneladas que las que importa, pero vende barato, a precio de banana, como se dice en portugués. La reacción irracional de algunos ministros es fomentar más las exportaciones primarias.


En Colombia, entre enero y noviembre de 2014 el déficit comercial alcanzó 4 mil 807 millones de dólares, y eso no va a mejorar, pues los precios del carbón y del petróleo siguen bajos, ya que existe sobreoferta mundial. El valor de las importaciones subió 7.5 por ciento en los 11 meses analizados de 2014, a 55 mil 868 millones de dólares, en comparación con el mismo periodo del año previo. En contraste, las exportaciones colombianas totalizaron 51 mil 60 millones de dólares, lo que equivale a una caída de 4.7 por ciento.


Hace pocos años se hablaba en América del Sur de la enfermedad holandesa: crecía la entrada de divisas por el buen precio de las exportaciones. Eso hacía subir el valor de la moneda nacional y perjudicaba la industria frente a importaciones baratas (como había ocurrido en Holanda en su momento, hace décadas, mucho antes del euro, cuando el florín se apreció por la exportación de gas). Ahora no hay enfermedad holandesa, sino depreciación del peso o del real. Hay un contagio chino. La economía china estornuda y va a estornudar más, y Sudamérica agarra una gripe y hasta una pulmonía.


Perú registró en 2014 el mayor déficit comercial de su historia, debido a la caída de los precios internacionales de los metales, los cuales representan 60 por ciento de sus exportaciones. El déficit comercial de Perú el año pasado (2014) se ubicó en 2 mil 555 millones de dólares, mientras en 2013 la cifra era de solamente 40 millones de dólares. Las exportaciones peruanas en 2014 cayeron 9.3 por ciento, para ubicarse en 38 mil 252 millones de dólares, mientras sus importaciones sumaron 40 mil 807 millones de dólares, una caída de 3.3 por ciento. En Colombia las importaciones aumentaron, pero en Perú ya cayeron.


Sin embargo, Perú, Brasil y Colombia exportan, en toneladas, mucho más de que lo importan, y no consiguen ni pagar sus importaciones. Lo mismo ocurre en Ecuador, que registró en 2014 un déficit en la balanza comercial de 727 millones de dólares por la caída en los ingresos por la venta de petróleo, según ha informado en febrero el banco central. Aquí, en Ecuador, el contagio chino se nota de manera particular: un menor ritmo de la economía china disminuye en general la demanda de materias primas y en Ecuador (y otros países sudamericanos) aumentan al mismo tiempo las deudas financieras con los chinos, encubiertas a veces de ventas anticipadas de materias primas.


Muchos daños ambientales y sociales en los lugares de la extracción y transporte de materias primas, mucha contaminación de agua, muchos agrotóxicos que afectan la salud y, sin embargo, esos países no alcanzan ni a pagar las importaciones. Se ha llamado post extractivistas a los autores, activistas y algunos ex ministros que, en pleno boom de los precios de las materias primas, alejados de los gobiernos neo-libs o nac-pops, gente como Eduardo Gydynas, Maristella Svampa, Alberto Acosta, Carlos Monge, Edgardo Lander, Raúl Prada Alcoreza, ha advertido de los males sociales, ambientales y económicos de las políticas extractivistas, incluso si han ido unidas a una mayor captura de rentas y a su reparto entre la población. Señalaron que los términos de intercambio eran estructuralmente negativos (en promedio, una tonelada importada ha sido siempre más cara que una tonelada exportada, incluso en pleno boom de precios de materias primas) y que además podía llegar un ciclo de baja de las materias primas. Apoyaron los cientos de protestas sociales del ecologismo popular. Se llamaron post extractivistas. Su hora está llegando.


Joan Martínez Alier ICTA-Universitat Autònoma de Barcelona

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Viernes, 13 Febrero 2015 07:03

Señales de alerta para América latina

Señales de alerta para América latina

El panorama laboral de América latina en 2015 estará fuertemente influenciado por la desaceleración del crecimiento económico, lo cual podría reflejarse en mayor desempleo e informalidad. Este escenario surge después de una década de logros importantes en la región. Uno de los avances más destacables fue la reducción de la tasa de desempleo en las zonas urbanas. A comienzos de este siglo ese indicador estaba en 11 por ciento y bajó hasta un mínimo histórico de 6,1 por ciento a fines del año pasado. También se registraron un moderado descenso de la informalidad y mejoras salariales.
Pero esta tendencia positiva se ha detenido. Al finalizar 2014 habían dejado de crearse un millón de puestos de trabajo. No es que se haya despedido gente a la calle, sino que se ha moderado la velocidad de creación de nuevos puestos de trabajo para atender las demandas de la población activa. La única vez que se había dejado de generar empleo en la última década fue en 2009, el año de la crisis financiera internacional, y la región se recuperó rápidamente de este episodio. Ahora la situación es diferente porque los pronósticos de la economía indican que el crecimiento lento podría durar algunos años.


Por otra parte, la evidencia recopilada revela que, a diferencia de lo ocurrido en años anteriores, en 2014 creció más el empleo por cuenta propia que el empleo asalariado, lo cual indica que la informalidad puede volver a subir.


Después de años de dinamismo en el mercado de trabajo ahora predominan la incertidumbre y el temor de que se reviertan algunos logros alcanzados. No hay que olvidar que el empleo es clave para la reducción de la pobreza y la de-sigualdad.


Pese a esta baja en la generación de empleos, el desempleo se mantuvo bajo en 2014 porque también se redujo la participación en la fuerza laboral. Un importante número de personas dejó de trabajar, en su mayoría mujeres y jóvenes, a veces por motivos positivos, como ir a la escuela, pero en otros casos por desaliento y frustración.
Este año muchos de aquellos que salieron temporalmente del mercado de trabajo en 2014 intentarán volver pues necesitan esos ingresos para mantener a sus familias, sumándose a los jóvenes que recién entran a la vida laboral. La región necesitará crear casi 50 millones de plazas en los próximos 10 años solamente para compensar el crecimiento demográfico vegetativo.


En un mercado laboral afectado por la desaceleración también será difícil avanzar en el cierre de las brechas de empleo. Aunque las mujeres se han incorporado al trabajo, su tasa de participación es 30 por ciento inferior a la de los hombres y cuando buscan colocarse enfrentan una desocupación más alta. Los jóvenes también están en desventaja, ya que 40 por ciento de los desempleados tiene entre 15 y 24 años y tasas de desocupación de 2 a 4 veces mayores que los adultos.


Asimismo hay problemas de calidad del empleo que podrían agudizarse. Existen 130 millones de ocupados informales, habitualmente en malas condiciones laborales, desprotección, inestabilidad y falta de derechos.
Las estimaciones de crecimiento económico en 2015 son de apenas por encima del 2 por ciento para la región, lo que no resulta suficiente para evitar que el desempleo urbano aumente.


En estas condiciones la tasa de de-sempleo urbano subirá de 6,1 a 6,3 por ciento con crecientes dificultades para avanzar en la formalización de la informalidad. En un contexto de desaceleración económica prolongada, será urgente que América latina se enfoque en el objetivo de producir más empleos y de mejor calidad. Esta situación coloca a los países frente al desafío de repensar las estrategias para impulsar el crecimiento económico y la transformación productiva. Esta es una tarea de grandes dimensiones.

 

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"América Latina está hipotecando el futuro en sus relaciones con China"

Mientras la presidenta Cristina Fernández firma acuerdos en Pekín, la economía argentina y latinoamericana sigue primarizándose al ritmo de las necesidades del gigante de Oriente, dice este economista argentino Ariel Slipak especializado en las relaciones entre América Latina y China.

 

"Las relaciones con China son una política de Estado", dijo la presidenta Cristina Fernández ante un grupo de empresarios reunidos en el hotel donde se hospeda la comitiva argentina de visita en Beijing. Las relaciones comerciales entre Argentina y China se profundizaron hace diez años, cuando Néstor Kirchner llegó al gobierno.


—¿China es o no una potencia mundial?


—En 2014 China ya se constituyó en el primer productor mundial de manufacturas y el segundo en presupuesto militar, que aunque sea básicamente destinado a salarios, por la cantidad de soldados que tiene, resulta significativo. Con todo eso, además de por sus dimensiones territoriales y población, está presente de manera permanente en el Consejo de Seguridad de la Onu, lo cual le otorga un poder fenomenal en su disputa con las potencias lideradas por Estados Unidos.


—Pero suele presentárselo como país emergente...


—Uno de los argumentos que resultan útiles a la política exterior china es calificarse como país subdesarrollado cuando asiste a algunos foros internacionales, o como una gran economía en expansión cuando lo hace en otros junto a grandes potencias. Sin embargo, como ya es primer productor mundial de manufacturas, es al mismo tiempo una potencia industrial y por ende el principal emisor de gases de efecto invernadero, es decir, sus emisiones de anhídrido carbónico complican la supervivencia del planeta. Por eso mismo, en la última reunión mundial sobre cambio climático se dio el lujo de votar en contra de una moción para reducir esa emisión de gases y reclamó que lo hagan las potencias desarrolladas, porque China se considera un país subdesarrollado. Esas picardías le resultan útiles.


—¿Cuál es la postura china cuando se habla de multilateralismo, teniendo en cuenta su cercanía con América Latina y sus disputas con Washington?


—Cuando se hizo la reunión del G 77 más China en Bolivia, el año pasado, el gobierno de Pekín no envió a ningún representante de primer nivel sino a secretarios y subsecretarios de Estado. Allí, el presidente boliviano, Evo Morales, insistió en que en el documento final del encuentro fuera incluida explícitamente la mención a una nueva construcción del sistema de gobernanza mundial basado en el multilateralismo. China no aceptó esa propuesta y el documento quedó algo más suavizado, con retoques diplomáticos. En realidad a China no le interesa reformular el sistema de relaciones internacionales sino que pretende una reforma del actual esquema para tener mayor participación junto a sus aliados circunstanciales, desplazando a Estados Unidos.


—¿Cuál es el modelo de organización que China propone para un nuevo orden mundial?


—China habla de los cinco principios de cohabitación, que la diferencian, por ejemplo, del imperialismo estadounidense: coexistencia pacífica, respeto por la soberanía y la integridad territorial, no interferencia en asuntos internos de otros países, no agresión e igualdad y beneficio mutuo en la convivencia internacional. Y con ese esquema se mueve en América Latina. Pero cuando en 2008 publicó el Libro blanco sobre sus relaciones con América Latina dejó todo claro en un párrafo. "China y la región son complementarias", dice el documento. La fuerza económica que representa China obliga a los países con los que comercia a reorientar sus factores de producción y ponerlos al servicio de lo que reclama el mercado chino.


—Las balanzas comerciales de los últimos cinco años, por lo menos, indican que las economías latinoamericanas se reprimarizaron en su comercio con China.


—Sí. Esa complementariedad en las intenciones apunta al comercio. Y ahí se solidifican las asimetrías entre China y los países latinoamericanos, especialmente porque todos los países deciden habilitar tratados bilaterales y no regionales, con lo cual pierden fuerza a la hora de negociar frente a un gigante. Es cierto que la relación entre el Mercosur, como bloque económico y comercial, y China es compleja, especialmente porque Paraguay reconoce a Taiwán como país y China mantiene a su vez el reclamo de su soberanía. Esto no sólo va en contra de uno de los cinco principios chinos sino que complica también la relación con los socios locales de Asunción. Esa forma de ejercer el comercio lleva a generar flujos de inversión desde China hacia nuestros países que apuntan a la producción primaria, por un lado, y desde hace poco también a las inversiones financieras, que van a empezar a influir también en esas relaciones bilaterales en breve.


—¿Eso no distorsiona la relación entre las economías latinoamericanas?


—Efectivamente, esa reprimarización de las economías nacionales latinoamericanas y la intervención bilateral de acuerdos con China también traen problemas de comercio interregionales. Por ejemplo, Argentina y Brasil perdieron mercado en Uruguay, Paraguay y Chile con el ingreso de China en la región, porque no hay forma de competir con los precios de los productos chinos. No hay que olvidarse de que la base de la asimetría que generan los chinos está en la capacidad de influir en las balanzas comerciales de nuestros países.


—¿Cuál es la situación de América Latina hoy frente a Europa, Estados Unidos y China?


—China desplazó a Estados Unidos y a Europa de la relación con el Cono Sur en materia comercial. Uno podría decir claramente que estamos pasando del Consenso de Washington al de Pekín. En especial por esa cuestión de los cinco principios chinos que mencionamos antes. Con esa idea de cooperación y horizontalidad declamada por China, la relación se vuelve más fuerte y teñida de una igualdad que no existe en lo fáctico.


—¿Se puede hablar de nuevo imperialismo chino a partir de este avance comercial fulminante en la región?


—No se puede hablar de un imperialismo en el sentido tradicional y moderno del término, incluyendo la cuestión militar, porque no está entre los cinco principios chinos, y porque todavía no es una potencia como Estados Unidos. Washington tiene 12 o 13 portaviones y Pekín uno solo, para que se entienda el concepto. Pero indudablemente la penetración comercial en todo el mundo, especialmente en nuestra región, la hace portadora de una nueva forma de imperialismo con la conquista de mercados internacionales y generando dependencias de diferentes economías. Pensemos que mientras Argentina dice que la relación con China es una política de Estado, las ventas chinas a nuestro país representan el 0,5 por ciento de su comercio, es decir nada. No hay, claramente, relaciones de beneficio mutuo sino de nueva dependencia.


—¿Por qué cree que los gobiernos progresistas ponen tanta expectativa en las relaciones con China?


—No se entiende por qué nuestros gobernantes presuntamente de centroizquierda o nacionales y populares asignan tanta importancia al comercio con China, porque realmente están hipotecando el futuro de la riqueza regional. Por ejemplo, el gobierno de Cristina Fernández logró una inversión desde China para rehabilitar el ferrocarril de carga Belgrano, pero fue hecha con tecnología china por empresas chinas y probablemente para usufructo de nuevas inversiones chinas. No hubo transferencia de conocimiento. Recién ahora, cuando se está negociando la construcción de dos represas hidroeléctricas, la Jorge Cepernic y la Néstor Kirchner, el gobierno está tratando de que sea con un porcentaje de técnicos argentinos y el ingreso de un porcentaje de empresas argentinas a la construcción. Ni siquiera estas obras de infraestructura aportan fuentes de trabajo significativas para el país.

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Miércoles, 04 Febrero 2015 07:14

Venezuela: imaginario económico vencido

Venezuela: imaginario económico vencido

La crisis que enfrenta Venezuela es resultado de la pobreza del imaginario económico del mal llamado socialismo del siglo XXI, que en realidad no ha sido sino una versión delirante del desarrollismo del siglo XX. El bolívar fuerte, que se estrenó con fanfarrias en 2007 para recuperar una moneda dura, hoy se cambia a 6.30 por dólar el oficial, cierto, pero a casi 30 veces esa cifra en el mercado negro (187 por dólar). Tras la bonanza petrolera mayor de su historia, Venezuela –que es un país de apenas 30 millones de habitantes– está al borde del abismo.


El presidente Nicolás Maduro le echa la culpa a una guerra económica que habrían declarado los enemigos del proyecto bolivariano. Por eso, tras aprobar una ley que autoriza al ejército a disparar sobre manifestantes, Maduro acusó a Estados Unidos de estar tramando un golpe de Estado, metió a la cárcel a los directivos de una empresa de farmacias supuestamente por saboteadores, y movilizó al ejército para asegurar la distribución de azúcar en una cadena de supermercados.


Pero, por más que los especuladores existan –de hecho, es imposible que no existan, dada la diferencia tan pronunciada entre el valor oficial y el valor extraoficial de la moneda–, no se le puede endilgar la debacle económica a los enemigos de la patria cuando se ha estado en el poder sin interrupciones desde 1999. Tras 16 años de ser gobierno, alguna responsabilidad tendría que asumir la política oficial en el desastre económico. Hoy se impone una crítica realista del modelo económico seguido. Las deficiencias no se podrán ocultar metiendo a la cárcel a cinco o seis especuladores, o acusando a Estados Unidos de estar manipulando los precios del petróleo.


En vez de ello, habrá que comenzar por reconocer que durante los gobiernos de Hugo Chávez y de Maduro la dependencia en el petróleo, en lugar de reducirse, llegó a 96 por ciento del valor de las exportaciones. Al mismo tiempo, el desbarajuste interno de Pdvsa, que es la contraparte venezolana de Pemex, llevó a que Venezuela no consiguiera aumentar su producción petrolera en estos 16 años, pese a que el petróleo había alcanzado su precio máximo histórico (recordemos que el barril de petróleo se cotizaba por los 30 dólares en 1999, y que sobrepasó los 100 dólares en 2007 para mantenerse por ahí hasta la caída de 2014).


Ahora bien, de los 2.5 millones de barriles diarios que produce, Venezuela le entrega 500 mil a China en pago por los empréstitos recibidos. El paradero del dinero chino, y su impacto en la economía venezolana, es bastante debatido, y difícil de medir, por falta de transparencia; ha habido escándalos de corrupción, y sospechas de que parte de los fondos chinos fueron a parar al gasto social inflado de los años de campañas electorales. Como sea, el reflejo de ese empréstito en la producción interna parece ser insuficiente. Luego, Venezuela entrega 100 mil barriles diarios a Cuba, y otros 200 mil a Petrocaribe. Hay otros 600 mil barriles que se consumen dentro de Venezuela a precio de regalo (un dólar negro compra mil 135 litros de gasolina). Resultado: Venezuela recibe dinero contante y sonante sólo por alrededor de 1.2 millones de barriles diarios, y su cliente principal es, irónicamente, el siempre vilipendiado imperio.


A precios actuales, estos 1.2 millones de barriles corresponden casi exactamente al valor total de las importaciones venezolanas, ya reducidas a casi una tercera parte de lo que se importaba hace dos años, y dejan poco margen para que el país sirva sus deudas. Venezuela debe dos pagos de deuda este año, y los mercados especulan ya sobre una posible moratoria, con consecuencias impredecibles. Por lo pronto, el Fondo Monetario Internacional predice que la economía venezolana se contraerá en 7 por ciento en 2015.


Para responder a la falta de dinero, el gobierno de Maduro consideró vender Citgo, la refinería venezolana en Estados Unidos, considerada por Hugo Chávez como la perla de la corona de la industria nacional. Al final, el gobierno decidió no hacerlo, quizá por temor de que el pago sería incautado por alguna demanda judicial de las empresas trasnacionales cuya indemnización esté en litigio. Para evitar aquello, Citgo acaba de lanzar una emisión de bonos, o sea de deuda, por 2 mil 500 millones de dólares.


Pero aun si se venden bien los bonos de Citgo, todo indica que la economía venezolana enfrentará problemas graves. Venezuela importa casi todo, y cualquier importación que no se haga con dólares preferenciales tiene precios prohibitivos. Por eso Venezuela tiene una de las tasas de inflación más altas del mundo –70 por ciento, según datos oficiales, y más del doble, según datos extraoficiales–. Por eso también enfrenta una escasez crónica de productos básicos. Al gobierno no le alcanzan los dólares para subsidiar tanta importación, y la escasez genera un mercado especulativo. Más que un oscuro complot, o una guerra económica, la escasez y la inflación son efectos predecibles de la política cambiaria, y no se resolverán metiendo a la cárcel a un puñado de empresarios.


Es hora de que los economistas progresistas ofrezcan un análisis serio de las ideas económicas del chavismo. La mejor y más duradera de ellas fue simple: entregar una proporción mayor de la riqueza petrolera a las clases populares. Pero hasta donde entiendo, lo demás se parece a las ideas que en su momento tuvieron un Luis Echeverría o un José López Portillo, sólo que sobredimensionadas por una bonanza petrolera sin par, por un caudillismo desbordado y por niveles de corrupción superiores incluso a los de México. Transparencia Internacional cataloga a Venezuela como el 162 país más corrupto, de un total de 179.


Por último, la adopción de parte de Nicolás Maduro de una visión de la política como una lucha sin tregua entre patriotas y traidores hace que su gobierno vea cualquier oposición como enemiga, aunque la protesta venga de amas de casa clamando para comprar productos básicos. El gobierno ya aclaró que cualquier disturbio será recibido a balazos.

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Petróleo barato, la pesadilla latinoamericana

El impacto de la caída del precio del petróleo, que a mediados de enero se situaba por debajo de los 48 dólares el barril, está teniendo un efecto devastador para las economías de los países productores en América Latina, donde se proyectan importantes déficit presupuestarios. Brasil cerró el ejercicio 2014 con un crecimiento de apenas un 0,2% del PIB, mientras Argentina y Venezuela entraron en recesión con resultados de -0.2% y -3.1% respectivamente.


Ya en 2014 América Latina había registrado una tasa de crecimiento apenas superior al 1%, la más baja de los últimos 12 años, con excepción de 2009, cuando el subcontinente sufrió los efectos de la crisis financiera internacional. Unos resultados motivados por el ajuste a la baja del precio internacional de las materias primas, también para 2015.


Para el analista y periodista uruguayo Raúl Zibechi, el país más beneficiado de esta situación es China, quien se ve obligado a importar el 60% de la energía que consume, mientras que Venezuela, Ecuador, Brasil y Argentina forman parte del club de los "grandes perdedores". Para Zibechi, "la región quedó a nivel de planificación, a la deriva, sin planes de futuro y sin propuestas serias". Desde una perspectiva más positiva, Germán Alarco, de la Escuela de Postgrado de la Universidad del Pacífico de Lima, considera que esta situación genera "una llamada de atención para que estos países vayan ajustando sus modelos económicos y procuren una mayor diversificación productiva".


En todo caso, sobre lo que no cabe discusión es que el escenario actual plantea una prueba de estrés para las economías más importantes del subcontinente, declarándose el final de la era de la abundancia, periodo en el que se aplicaron políticas sociales que posibilitaron reducir la pobreza, mejorar la desigualdad e incorporar un sinnúmero de personas a las crecientes clases medias.


Venezuela, el más perjudicado


Venezuela, donde el petróleo supone el 96% de las exportaciones totales y algo más del 60% de los ingresos del Estado, es la nación más afectada de la región. Una situación aliviada en parte por los recientes acuerdos alcanzados con China, a través de los cuales recibirá más de 20.000 millones de dólares en inversiones para proyectos de carácter económico, energético y social.

Más allá del "balón de oxígeno" chino, Maduro se ha visto obligado a anunciar un Plan de Recu¬peración Económica para los seis primeros meses de 2015 que incluye una optimización del sistema de administración de divisas con el objetivo de influir en el crecimiento integral del país, controlar la inflación –que alcanzó en noviembre el 63,6%– y mejorar la inversión social.


La caída del precio del petróleo ha sembrado dudas sobre la rentabilidad de tres grandes proyectos energéticos en la región por sus altos costos: la explotación de las reservas de crudo extra pesado de la Faja del Orinoco en Venezuela; la explotación de las reservas en aguas profundas –presal– en Bra¬sil; y la explotación mediante fracking de las reservas no convencionales de Vaca Muerta en la Pata¬gonia argentina.


Esta misma situación se repite en Ecuador, en los bloques ITT, también de crudo extra pesado, del Parque Yasuní. El Gobierno de Rafael Correa pretendía en 2016 extraer entre 523.000 y 586.000 ¬barriles diarios, pero se ha visto obligado a recortar el presupuesto estatal para este año 2015, incrementando a su vez su deuda externa mediante amplias líneas de crédito con bancos chinos.


México es otro de los países más afecta¬dos. Según José Luis Con¬treras, vicepresidente del Colegio Nacional de Economistas, los impactos graves en la economía se verán en el segundo trimestre, lo que afectará también a la ya muy deteriorada popularidad del presidente Enrique Peña Nieto y podría aca¬rrear nuevos flujos migratorios ¬hacia los EE UU.
En Colombia, el 20º productor mundial de petróleo, la caída del precio del oro negro está generando millonarias pérdidas y el incremento también de su deuda externa.


En medio de este panorama, Bo¬livia es uno de los pocos países de la región al que esta situación no está afectando de momento. Según Car¬los Villegas, presidente de la petrolera estatal YPFB, dicha situación tendrá consecuencias para el país en ¬caso de prolongarse, dado que el sistema para calcular el coste del gas natural que exporta hacia Argentina (15,8 millones de metros cúbicos diarios de gas natural) y Brasil (33 millones diarios) es revisado semestralmente en función de las variaciones del precio del crudo. De momento, Bolivia prevé ahorrar entre 150 y 200 millones de dólares por la importación de derivados del petróleo.


Fruto de esta crisis, son varias las economías latinoamericanas que se están preparando para promulgar nuevas reformas, impuestos estatales e incrementos del IVA, así como otros tributos para inicios de 2016, con su consiguiente coste político.

Por su parte, Cuba y varios de los países pequeños de la zona dependen del crudo de Petrocaribe, un mecanismo específico de venta de petróleo a precios preferenciales de Venezuela ligado al ALBA. Según Eduardo Bueno, de la Universidad Iberoamericana de México, "el ALBA va a mantenerse, aunque con menos recursos para sus programas", lo que implica que las ayudas a estos países pasen a una situación de riesgo, mermando la capacidad de influencia del ALBA en la zona.


Causas de la caída


Existe una amplia coincidencia entre analistas y expertos del mercado de materias primas o commodities en que la baja del petróleo es consecuencia de una sobreoferta a nivel mundial y una desa¬celeración de las economías de Europa y China.


Una de las razones de este aumento en la oferta se debe al boom del shale oil o petróleo de esquistos bituminosos, que en EE UU generó un incremento exponencial de su producción: en 2005, EE UU importaba 12,5 millones de barriles de crudo; en 2013, tan sólo seis millones. Otro factor es que la Organización de Países Ex¬por¬tadores de Petróleo (OPEP) incrementó su producción después de que Libia haya recuperado los niveles de producción previos a la caída de Gadafi, junto al aumento productivo de Iraq y Nigeria. En su reunión semestral de noviembre pasado, a pesar de las tensiones internas, la OPEP decidió mantener los niveles de producción para 2015.


En todo caso, aparecen entremezcladas otras situaciones complejas y contradictorias de carácter geopolítico que se transversalizan respecto al precio del "oro negro".


Por un lado, en la disputa existente entre la OPEP y EE UU, el petróleo barato perjudica a la larga a EE UU, pues mientras su producción de shale oil –que alcanza el 49% de la producción estadounidense y es superior a la que diariamente se realiza en Iraq o Irán– ¬deja de ser rentable, la OPEP mantiene su cuota de mercado. Según el ministro de petróleo de Arabia Saudí, Ali al-Naimi, "ellos resultarán heridos mucho antes de que nosotros sintamos algún dolor".


Sin embargo, más allá de retóricas declaraciones, la decisión de la OPEP significa el triunfo de Arabia Saudí y Kuwait –aliados de EE UU– frente a Venezuela, Ecuador, Irán o Nigeria, quienes defienden la necesidad de bajar la producción para incrementar el precio del crudo.


Esta estrategia vinculada a intereses estadounidenses explica por qué el pasado marzo –seis meses antes del comienzo de la crisis– Barak Obama solicitó al Con¬greso un aumento del presupuesto para 2015 destinado a incrementar las reservas estratégicas de EE UU. De ¬esta manera estarían cubriendo el déficit en sus mercados internos en caso de una disminución de la producción de shale oil mientras dura la crisis sin incrementar su demanda mundial, pues sus reservas estratégicas están cuantificadas por encima de los tres meses y medio de sus necesidades de importación neta.



Efectos de la caída sobre Rusia


La caída de los precios del crudo ha tenido un considerable impacto en la economía rusa. A pesar de que Rusia se encuentra en una mejor situación para gestionar una caída de los precios del petróleo que la que tuvo la vieja URSS, el propio exministro de economía, Alexander Kudrin, reconocía recientemente la generación de una "crisis económica de grandes proporciones". Esta situación complica las posibilidades rusas de superar con facilidad las sanciones aplicadas por los países occidentales como consecuencia del conflicto ucraniano, dado que los ingresos por exportación de energía representan más de la mitad del presupuesto del Estado. Sin embargo, la devaluación del rublo, el cual perdió casi un 50% respecto al valor del dólar, generando un desplome del parqué moscovita y su índice RTS, además de un incremento de la inflación y perspectiva económicas negativas, ha permitido que a través de la ingeniería financiera Putin recuperase el 30% de los activos rusos de petróleo y gas que estaban en manos occidentales.


El fracking ya no es rentable


El colapso de los precios del petróleo ha hundido la valoración de mercado de las principales compañías transnacionales de petróleo y gas natural en el índice bursátil S&P 500 –la capitalización de ExxonMobil ha caído más de 50.000 millones de dólares y Chevron y ConocoPhillips tienen disminuciones todavía mayores en su base porcentual–. Sin embargo, éstas son conscientes de que la actual situación les permite borrar del mapa del fracking a las petroleras pequeñas y medianas que operan en los yacimientos de Dakota del Norte y Texas, las cuales ya acumulan una deuda de 200.000 millones de dólares debido a la caída por debajo de los 50 dólares del barril de petróleo. Se estima que estos precios deben estar en un mínimo de 80 dólares para que la explotación por fracking sea rentable. En espera de que a mitad del 2015 el precio del crudo comience a subir moderadamente, ya hay empresas como WBH Energy, una de las primeras exitosas del "boom del shale", que a primeros de este año se declaró en quiebra.


El desplome de los precios sobre Irán


El desplome de los precios del crudo ha afectado duramente a las finanzas públicas iraníes, cuya economía depende en gran medida de las exportaciones de combustible. Según el líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, "la extraña caída de los precios del petróleo en tan corto tiempo es un complot y no está relacionada con el mercado", en clara alusión a las operaciones estadounidenses en el sector. El golpe ha sido tan duro para las arcas de esta república islámica, que el régimen ha llegado a ofrecer a los jóvenes iraníes la opción de contribuir con un tributo económico a cambio de ser liberados de los dos años de servicio militar obligatorio que rige en el país. Impactado por las sanciones globales por su supuesto programa nuclear, Irán está en peores condiciones que Rusia u otros países latinoamericanos para hacerle frente a la crisis actual, lo que llevó a Khamenei a llegar a un acuerdo con Nicolás Maduro que tiene como fin realizar una campaña coordinada contra el descenso de los precios del petróleo.


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6,3% Es la reducción del déficit energético (diferencia entre importaciones y exportaciones de energía) en España. Todo gracias a la reducción del precio del crudo.


115$ era el precio que tenía el barril de petróleo en junio. 48 dólares era el precio a mediados de este enero. Europa y China son los más favorecidos por esta nueva situación.


80$ El precio mínimo del barril de crudo a partir del cual se considera que el fracking o fractura hidráulica es un proceso rentable para la extracción de hidrocarburos.

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Jueves, 29 Enero 2015 07:01

La región a ritmo más lento

La región a ritmo más lento

La economía regional creció al 1,1 por ciento en 2014, mientras que anotaría una expansión del 2,2 por ciento en 2015, según lo estimó la Cepal en su informe Panorama Económico y Social de la Comunidad de Estados Latinoamericanos. El organismo mencionó que estas tasas de crecimiento son las más bajas desde 2009, cuando estalló la crisis financiera internacional. Destacó que, pese al menor movimiento económico, la desocupación no anotó un incremento, al tiempo que el gasto público se mantuvo estable en relación con las tasas de la última década. La merma del comercio a nivel mundial, la dificultad de países desarrollados de la Zona Euro para salir del estancamiento, la caída de los precios internacionales de materias primas, entre otros, fueron algunos de los elementos centrales para explicar el menor dinamismo de América latina. Las tensiones del frente externo, con dificultades cambiarias, potenciaron la situación en Argentina, donde se anotó una caída de la actividad del 0,2 por ciento en 2014.


Desde la Cepal apuntaron que la tasa de desocupación regional se ubicó en 6 por ciento en 2014, cuando había sido del 6,2 por ciento el año anterior. "El bajo crecimiento económico redundó en una débil generación de puestos de trabajo. Sin embargo, pese a la debilidad de la generación de empleo, la tasa de desocupación abierta urbana no aumentó, sino que registró nuevas caídas", mencionó la Cepal. Aseguró que este comportamiento de la región se explicó a partir del desempeño de Argentina, México y Brasil. El organismo dependiente de Naciones Unidas también señaló que "la desocupación históricamente baja" no fue el único dato positivo en materia de mercado laboral. Resaltó que el año pasado hubo una baja de la tasa de subempleo horario, mientras que el salario en términos reales avanzó 1,3 por ciento.


El gasto del sector público en los distintos países de América latina fue otra de las variables macroeconómicas analizadas en el documento de la Cepal. "Pese a los diversos vaivenes que ha sufrido el ciclo económico, la tendencia regional ha consistido en un aumento real de los recursos disponibles para el financiamiento de servicios sociales y de transferencias monetarias a los hogares", mencionó. El informe destacó que el gasto social representaba el 13,8 por ciento del Producto a comienzo de los noventa, al tiempo que en 2013 se alcanzó una cifra del 19,1 por ciento.


La desaceleración del crecimiento regional, según el organismo, plantea un fuerte desafío para continuar avanzando en el bienestar social de la población. "Para una población de 623 millones de habitantes (en América latina) todavía hay 167 millones de personas en situación de pobreza, de los cuales 71 millones se encuentran en condición de indigencia. Todo lo anterior medido en términos de ingresos monetarios que es una medida poco exigente", señaló la directora de la Cepal, Alicia Bárcena. Aseguró que restan muchas cosas para hacer en materia de ampliación de derechos. "Los desafíos siguen latentes, la región requiere todavía de profundos cambios estructurales para avanzar en un camino de igualdad y prosperidad para todos", cerró.

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El Banco Mundial alerta del frenazo económico en América Latina

Divergencias es la palabra más utilizada por las instituciones financieras para representar la coyuntura. Esa tensión que va en los dos sentidos la ve también el Banco Mundial al analizar América Latina. La brusca moderación sufrida en 2014 le llevó a rebajar de nuevo sus proyecciones. Ahora habla de un crecimiento medio del 2,6% entre 2015 y 2017, que se apoyará en la solidez de Estados Unidos, el único motor de la economía global, pero que estará a la vez a expensas del rendimiento de China.


El año que se acaba terminar fue "decepcionante", con una tasa de crecimiento estimado del 2,6% para el conjunto de la economía mundial. Son dos décimas menos de lo anticipado en junio y los riesgos en las perspectivas siguen tirando a la baja pese al abaratamiento del petróleo, el fortalecimiento de EE UU y los bajos tipos de interés. Para este año proyecta que repunte al 3% -cuatro décimas menos de lo esperado- y al 3,3% en 2016 -dos menos-, para quedarse más o menos a ese nivel el siguiente.


En los países en desarrollo, la progresión ascendente iría desde el 4,4% en 2014, al 4,8% en 2015 y que suba medio punto más en 2016 y otra décima en 2017. Los economistas del Banco Mundial se esfuerzan por ser positivos al decir que, pese a la incertidumbre, "se ve la luz al final del túnel". Lo mismo se aplica para el caso de América Latina. La proyección del organismo es que el pobre 0,8% que ahora da para el año pasado repunte al 1,7% este 2015 y de ahí vuelva a subir al 2,9% en 2016 y al 3,3% en 2017.


Pero la rebaja es considerable cuando lo que se toma es como referencia la proyección que hizo hace seis meses. América Latina creció en 2014 a la mitad de lo que se predijo en junio. Entonces anticipó que la expansión para el ejercicio que acaba de comenzar sería del 2,9% y de ahí subiría al 3,5% en 2016. Explica que la robusta expansión de Bolivia, Colombia, Ecuador y Paraguay contrasta con el frenazo en Argentina, Brasil y Venezuela.

 

El crecimiento medio que el Banco Mundial espera ahora para la región durante los próximos tres años está, además, a mitad de camino del registrado entre 2004 y 2008. Antes de la crisis, el alza de las materias primas y la alta demanda externa hacían de viento de cola. El temor, como se dijo en la cumbre de otoño en Washington, es que esta tasa de crecimiento de entre el 2% y el 3% se convierta "en el nuevo normal" para la región a largo plazo.
Jim Yong Kim, presidente del Banco Mundial, pide a los países en desarrollo que aprovechen la transferencia de la renta derivada del abaratamiento del petróleo de los países productores a los importadores para avanzar en las reformas estructurales e invertir los ahorros en programas sociales. Además, insiste en la importancia de que se retiren los obstáculos a la inversión privada, "que puede sacar a cientos de millones de personas de la pobreza".
Riesgo de volatilidad

Hablando de divergencias, uno de los riesgos para los países en desarrollo en general está en la manera en la que las principales economías gestionen sus estrategias monetarias, porque eso puede generar volatilidad en los mercados financieros. EE UU podría subir tipos de interés ya este verano, tras estar estancados cerca del 0% desde diciembre de 2008. La zona euro y Japón, sin embargo, siguen aumentando los estímulos para salir del estancamiento.

 

La debilidad del comercio internacional, las tensiones por los bajos precios del petróleo y el riesgo de deflación en la zona euro y Japón también hacen de lastre. "Lo más preocupante es que el estancamiento en algunos países de ingreso alto e incluso de ingreso medio puede ser síntoma de males estructurales más profundos", comenta Kaushik Basu, economista jefe del Banco Mundial, que cita en este punto la presión demográfica en la productividad.


La notable desaceleración de las economías latinoamericanas se explica así por factores internos que se vieron agravados por la moderación de sus socios comerciales, la depreciación de las divisas y la caída en el precio de las materias primas, "que causaron estragos en algunas de las economías más grandes de la región". Chile y Colombia, precisa el organismo, tendrá por ello dificultades para mantener el ritmo de crecimiento visto tras la crisis. La economía chilena crecerá un 2,9% este año y un 4,4% la colombiana.


Venezuela y Argentina son los más expuestos al abaratamiento de las materias primas y, además, juega en contra los desequilibrios internos. La actividad económica venezolana se contraerá un 2% este año, tras un 3% estimado en 2014, para tener un ligero positivo en 2016. La argentina sufrirá una contracción del 0,5% este año, un punto porcentual menos severo que la que estima hubo en 2014, aunque en su caso crecería al 1,6% en 2016.


México y Brasil


México, por el contrario, está en mejor posición que otros países para hacer frente un escenario de volatilidad en los mercados gracias a las reformas. También le ayudará enormemente el hecho de que su economía esté tan vinculada a la de EE UU. Su crecimiento será del 3,3% este año y del 3,8% en 2016, frente al 2,1% en 2014. Para Brasil proyecta un repunte del estancamiento en 2014 a un crecimiento del 1% en 2015 y un 2,5% en 2016, aunque la falta de reformas y la débil confianza externa lo lastran.


La esperanza es que el fuerte crecimiento en Estados Unidos de sustento al subcontinente a lo largo de 2015, 2016 y 2017. Aunque a renglón seguido advierte de que una desaceleración más fuerte de lo esperada en China y una caída más pronunciada de los precios de las materias primas "representan riesgos importantes a la baja". La proyección es que la economía china crezca un 7,1% este año y un 7% en 2016, aunque podría perder ese nivel en 2017.


Una tasa similar de crecimiento la da para India. En el caso de las economías de renta alta, el crecimiento será del 2,2% este año, cuatro décimas más que en 2014, para repuntar una décima el que viene. En este grupo, la proyección es de un 3,2% para EE UU este ejercicio y del 3% en 2016, para en 2017 moderarse al 2,4% que se vio el año pasado. La zona euro crecerá un 1,1% en 2015 y un 1,6% en 2016 y 2017, una progresión similar a la de Japón.
Kaushik Bau admite que la economía global atraviesa por un momento complejo, que planeta numerosos retos. El bajo precio del petróleo empezará este año a dar sustento al crecimiento. Pero señala que se necesitan más motores para lograr que la economía global vuelva a beneficiarse de tasas más robustas de expansión. Da así por descontado que el crecimiento a largo plazo vaya a estar al nivel previo a la última crisis financiera.

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Domingo, 11 Enero 2015 06:19

El aterrizaje de las materias primas

El aterrizaje de las materias primas

Una noche de mayo de 2011, unos ladrones entraron en el estudio del escultor Juan Ripollés en Burriana (Castellón). Su objetivo, tres manos y un brazo de la estatua en homenaje al entonces presidente de la diputación provincial, Carlos Fabra; en concreto, las 2,5 toneladas de cobre con la que estaban hechas. En enero de ese mismo año, un tren de alta velocidad que hacía la ruta entre Amsterdam y Düsseldorf descarriló tras golpear con un mercancías; la causa, un fallo de señales tras el robo de 300 metros de cable. Por todo el mundo desarrollado se desató una fiebre por el cobre; y el motivo era un mercado hambriento por el metal como nunca antes.


Y el hambre no era solo de cobre. Entre 2000 y 2012, el mercado de las materias primas vivió una expansión sin precedentes. Al contrario que en otros ciclos alcistas, este boom de las mercancías básicas (commodities, en inglés) se extendió por prácticamente todos los productos y todas las categorías. De la bauxita al caucho, del azúcar al zinc, el índice de precios de las materias primas no energéticas del Banco Mundial creció un 64% entre 1997 y 2011. La cotización de los fertilizantes se multiplicó por 2,9; la energía, por 3,7, y el índice de metales preciosos se cuadruplicó. La tonelada de cobre pasó de 2.061 dólares en 2001 a 8.103 en 2011.

El boom se ha terminado. Desde 2011, el precio del cobre ha caído más de un 28%. Y no es el único: el mineral de hierro desembarcado en el puerto chino de Qingdao se vende a un 63% menos que hace cuatro años; el carbón para metalurgia, a un precio 78% menor; la potasa —utilizada en fertilizantes— ha pasado de 483 dólares la tonelada en 2012 a menos de 290 hoy.


Y aún queda. "Puede que el precio de las materias primas se mantenga débil durante todo 2015", señala el último Panorama de los Mercados de Materias Primas, una publicación trimestral del Banco Mundial. "Hemos vivido un superciclo", apunta Daniel Briesemann, analista de materias primas de Commerzbank, "y estamos en un momento de corrección".
El informe es de octubre, antes de que la Organización de Productores y Exportadores de Petróleo (OPEP) decidiese mantener los niveles de extracción, lo que desencadenó una caída precipitada de los precios del petróleo crudo, ya bajo presión por el enorme crecimiento de la oferta gracias a las explotaciones por fracturación hidráulica y el aumento de la eficiencia energética.

Para Ole Hansen, jefe de estrategias de materias primas en el danés Saxo Bank, la caída de más del 40% de la cotización del barril Brent desde octubre no hace más que poner al petróleo en línea con el resto de materias primas. "Las guerras en Oriente Próximo y las primaveras árabes generaron una inestabilidad en el suministro que se ha mantenido prácticamente hasta ahora", considera. "Recordemos que el año pasado tuvimos la mayor interrupción de suministro desde la primera Guerra del Golfo".


¿De dónde salió el boom? Fundamentalmente, por una combinación de, por un lado, la expansión económica de los países emergentes, y por el otro, la combinación entre el alza del precio del petróleo y la caída de la cotización del dólar, en ambos casos por factores geopolíticos.

"Toda la revolución industrial en China ha desatado un apetito sin precedentes por materias primas", apunta Hansen. El extraordinario crecimiento económico del país asiático, cuyo PIB ha aumentado a una media del 10% anual desde 1979, fue gracias al crecimiento de una industria básica alimentada por las commodities. De pronto, China necesitaba de todo, y el mercado le tomó la palabra. "Ha habido mucha euforia", indica John Baffes, economista senior del grupo de Perspectivas de Desarrollo del Banco Mundial. Y los países productores de mercancías básicas se dispusieron a aprovechar ese filón.

Pero la persistente parálisis en la economía de la eurozona, uno de los principales clientes de los nuevos países industrializados, ha hecho caer la demanda global de productos elaborados y las materias primas que los componen. Ni siquiera la recuperación de EE UU ha sido suficiente para llenar ese vacío en la demanda.

Además, ahora China quiere cambiar el paso. El régimen de Pekín sabe que su modelo de crecimiento basado en la industrialización a toda costa —y sus consecuencias en el medio ambiente y en la calidad de vida de los ciudadanos— cada vez despierta más recelos en la misma clase media que ese modelo ha contribuido a crear. La "nueva normalidad", en palabras del presidente chino Xi Jinping, se basa un crecimiento "más moderado" y "basado no en las materias primas y la inversión sino en la innovación".

¿Hubo quizás exceso de confianza en que el modelo económico chino iba a durar para siempre? "Creo que los datos de China se convirtieron en algo parecido a un somnífero para el mercado", considera Hansen. "La caída de los precios se ha convertido en un toque de atención". El tirón de la locomotora china es tan potente que, sin él, el resto de la economía global no ha podido sostener el megaciclo.


Para Baffes, el alza del petróleo explica la subida de las materias primas agrícolas. "Por un lado, la agricultura es un sector muy intensivo desde un punto de vista energético", apunta. "El coste de producción de los fertilizantes está muy ligado al precio del gas natural. Por otro, el alza del petróleo hizo que muchas commodities alimentarias fueran desviadas a la producción de biocarburantes". Stefan Vogel, jefe de investigación de materias primas agrícolas de Rabobank International, matiza: la evolución del crudo no ha sido un factor tan importante. "El gasóleo de uso agrícola no responde a mucho más que al 2 o 3% de los costes de producción", señala. La pregunta es qué efecto puede tener la caída del precio del crudo en la demanda de las materias primas agrícolas, especialmente en la de oleaginosas como la colza o el ricino.

El ajuste está cayendo sobre el mercado, y, para quien no esté preparado, se avecina doloroso. "El verdadero problema es el frenazo en el precio del petróleo", comenta Baffes. "Hay muchos países sin una buena posición fiscal. La caída de las cotizaciones puede ahogar a los países productores hasta dejarles bastante al descubierto", confirma Hansen. "Sobre todo si no han diversificado sus economías y no han hecho reformas estructurales. Además, su deuda suele estar denominada en dólares, lo que puede agravar el problema si la moneda estadounidense se fortalece".

Aunque los efectos se prevén más dramáticos en países como Rusia o Venezuela, no son exclusivos de los países emergentes. Australia ha tenido que ajustar sus presupuestos para los próximos años a la caída de las cotizaciones del hierro y del carbón de uso metalúrgico.

No solo serán los Estados los que van a sufrir. "Las industrias extractivas son las que, en principio, deben llevarse la peor parte", comenta Briesemann. "Hay que tener en cuenta que una mina tarda entre cinco y diez años en ponerse en marcha". La pregunta es qué va a suceder cuando explotaciones abiertas al calor de la fiebre empiecen a sacar su producción al mercado.


"Las acciones mineras han sufrido un impacto muy fuerte", comenta Hansen. "Lo que vamos a ver es una consolidación del sector; se sacará del mapa a las explotaciones menos productivas y a las empresas más pequeñas. Las grandes corporaciones mineras tienen un colchón financiero más mullido".

Otro tema problemático son los efectos del boom en el entorno. Las consecuencias medioambientales de la expansión de la minería en China o la deforestación en la Amazonía brasileña para ampliar los cultivos de soja aún están por ver.
Pese a la contundencia de los datos, los expertos consideran que la caída de los precios es un ajuste, no una debacle. En un documento de junio de 2014, Otaviano Canuto, exvicepresidente del Banco Mundial, sostiene que los precios de las materias primas siguen históricamente por encima del inicio del ciclo expansivo, y, lo que es más importante: el proceso de urbanización y reducción de la pobreza en los países emergentes no tiene visos de dar marcha atrás. En consecuencia, "el que actualmente muchos mercados emergentes vivan un momento de menor crecimiento no da señales de que vaya a significar un cambio de sentido de la demanda".

John Baffes está de acuerdo. "Pongamos el caso del petróleo. Independientemente de lo que baje, al final del día vamos a tener menos crudo del que teníamos antes", apunta el experto del Banco Mundial. "Eso significa que no volveremos a ver un petróleo a 10 dólares, porque ya no se puede producir a ese precio". Ahora bien, la tecnología seguirá avanzando, por lo que, más que probablemente, tampoco lo vamos a ver a 200 [dólares]". Hansen indica otro factor: "Un menor coste de la energía puede abaratar los costes de extraer materias primas".

El efecto será aún menos visible en las commodities alimentarias. "El agrícola es un mercado muy intervenido, especialmente en la Unión Europea, y los granjeros reaccionan rápido ante los cambios", afirma Stefan Vogel. "Es la población es que mueve la demanda de productos alimenticios. Y no solo es que cada vez hay más gente; es que estamos hablando de comida. Al final del día, a la hora de hacer las cuentas, es lo último que se deja de comprar, y los productos agrícolas cotizados son, precisamente, los alimentos más básicos de todos", recuerda el analista de Rabobank.
También están los cambios en la dieta de los países emergentes. Al calor de los mayores ingresos familiares, alimentos como los cereales y, sobre todo, la carne, han ganado peso en la cesta de la compra de las clases medias de los nuevos países industrializados. "Una vez se encuentra el gusto a una alimentación mejor, es muy difícil dar marcha atrás", considera Ole Hansen, de Saxo Bank.

Para Vogel, ni siquiera el mercado de los biocarburantes va a sufrir en exceso. "Hay que tener en cuenta que en muchos países hay una obligación legal de incorporar un porcentaje de productos de origen agrícola a los carburantes, así que el efecto será menor".

Pero el principal factor que sostendrá la cotización de los productos agrícolas son las incertidumbres de un mundo políticamente convulso y dependiente de una meteorología cambiante. El intermitente conflicto en Ucrania, una de las mayores regiones trigueras del mundo, ha tenido un efecto sobre el precio del cereal.

Y, sobre todo, está la incertidumbre provocada por los potenciales efectos del cambio climático. Según el Instituto de Investigación de Políticas Alimentarias (IFPRI, en sus siglas en inglés) en 2050 el efecto del cambio climático hará subir el precio de la soja hasta un 14,2% con respecto a un escenario en el que el clima se mantenga como está; mientras que la cotización del trigo se duplicará.

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El progresismo retrocede en clima global adverso

Hace poco más de una década, en los albores de los gobiernos progresistas del Cono Sur, medios de izquierda, analistas y dirigentes comenzaron a nombrarlos como gobiernos en disputa. Con dicho aserto pretendían dar cuenta de la heterogénea composición de gabinetes que contenían una doble orientación: progresistas y conservadores amalgamados en un mismo Ejecutivo. Era el modo, se dijo, de asegurar mayorías parlamentarias para asentar la gobernabilidad, sobre todo en el caso de Brasil, donde el Partido de los Trabajadores no alcanzaba siquiera un quinto de la representación parlamentaria.

Han pasado más de 10 años y ya no es posible seguir hablando de gobiernos en disputa. Más que el desgastante paso del tiempo, pesan en la nueva situación las consecuencias de la crisis de 2008 y, de modo muy particular, la ofensiva de Estados Unidos contra el BRICS, centrada por ahora en Rusia con la caída estrepitosa de los precios del petróleo como arma arrojadiza.


Atravesamos un cambio de ciclo, un nuevo clima económico y geopolítico. Si es cierto que 2015 registrará el colapso completo del mundo occidental como lo hemos conocido desde 1945, como pronostica el Laboratorio Europeo de Anticipación Política, vendrá de la mano de un enorme huracán que agitará y hará temblar el planeta entero ( Geab No. 90, 15/12/14). La descomposición del sistema de gobernanza mundial de los precios del petróleo es apenas una de las más desastrosas consecuencias de dicho huracán.

De ello se derivan un par de consecuencias. La primera es que la guerra es una posibilidad real. No ya la guerra de agresión de una gran potencia contra pequeños estados periféricos, como viene sucediendo desde hace largo tiempo (Cuba, Vietnam y Nicaragua durante la guerra fría; Afganistán, Irak y Siria ahora), sino una guerra entre potencias, guerra mundial o guerra nuclear.


La segunda es que la potencia dominante no cederá su lugar sin pelear, y Occidente no dejará que Asia ocupe el lugar que le corresponde sin intentar antes hundir el Titánic, con la vana esperanza de que los pasajeros de primera clase se precipiten al mar después que los de tercera. Las clases dominantes también tienen sus utopías y en los momentos más difíciles suelen reflotarlas.

El mundo camina hacia el caos sistémico, de modo inexorable, y de ese caos puede salir un mundo mejor que el actual. En varias ocasiones hemos mencionado el papel que le cabe a los movimientos, a los pueblos organizados, en este periodo. Es evidente que aún no estamos preparados para enfrentar semejante perspectiva.

Este periodo también es un parteaguas para los gobiernos que han dado en llamarse progresistas, aunque también lo será para los conservadores. La nueva coyuntura está afectando a las economías más importantes. Brasil registra estancamiento general y fuerte retroceso industrial, agravado por el hundimiento del valor de mercado de Petrobras, la empresa más importante del país, cuyo desgobierno estratégico amenaza con arrastrar los proyectos de largo plazo del país. Es cierto que no todo lo que sucede con la empresa es responsabilidad del gobierno, pero la gestión de Dilma Rousseff no atina a resolver la situación.

En Argentina el contexto global lleva a una caída de 3 por ciento de la actividad económica, la destrucción de puestos de trabajo y un deterioro del poder adquisitivo de los salarios del orden de 10 por ciento, según el economista y diputado Claudio Lozano ( Sinpermiso, 4/1/15). Según Lozano, pese a los esfuerzos del gobierno el año pasado se cerró con un millón y medio más de pobres y medio millón más de indigentes.

Es evidente que las cosas no van a mejorar en lo inmediato. Estamos ante un momento crucial, de virajes, en el que se imponen cambios estructurales, un golpe de timón contra el capital financiero que es responsable de las dificultades mencionadas. Por eso llama la atención el nuevo gabinete que Rousseff estrenó el primero de enero. Dos de los cargos claves son una pesadilla. Joaquim Levy en Hacienda y Katia Abreu en Agricultura.


Levy es un economista neoliberal con larga experiencia en instituciones financieras internacionales y privadas, fue director del Bradesco Asset Management, de 1992 a 1999 trabajó en el Fondo Monetario Internacional y de 1999 a 2000 fue economista visitante del Banco Central Europeo. Su prioridad es un ajuste fiscal y la reducción de la inflación.


La ministra Abreu es la principal defensora del agronegocio en Brasil. Dirigió la Confederación Nacional de Agricultura, que agrupa a un millón de productores rurales. Para el Movimiento Sin Tierra, su nominación es una señal clara y explícita de que en este nuevo mandato los pueblos indígenas, comunidades afros y los sin tierra continuarán siendo tratados como trabas para el desarrollo que deben ser superadas para retomar el crecimiento (MST, 29/12/14).

El ministro de Deporte, pastor George Hilton, fue detenido con 11 maletas con dinero en un taxi aéreo, y ya cosechó el rechazo de buena parte de los deportistas. Gilberto Kassab, ministro de Ciudades, finalizó su mandato en São Paulo con la peor evaluación en décadas. Cid Gomes, ministro de Educación, del Partido Republicano del Orden Social (PROS), saltó a la fama cuando era gobernador de Pará, al declarar a los profesores en huelga que el que quiera mejor salario se vaya a la educación privada ( IG, 28/8/11).


Hay más. Eliseu Padilha, ministro de Aviación Civil, fue acusado por desvío de dinero de la merienda escolar; Edinho Araújo, de Puertos, tuvo sus derechos políticos suspendidos por inmoralidad administrativa durante su gestión en un municipio de São Paulo.

Se dice que son opciones forzadas por la correlación de fuerzas. Un argumento que vale para todo, menos para la ética y la coherencia. Habrá conflictos en Brasil en los próximos años. Los que siguen hablando de gobierno en disputa dirán que los manifestantes le hacen el juego a la derecha. ¿Qué derecha?

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Miércoles, 17 Diciembre 2014 05:14

Tensión en Rusia por la caída del rublo

Tensión en Rusia por la caída del rublo

El Banco Central aumentó drásticamente los tipos de interés pero la decisión no surtió efecto, mientras el gobierno prometió un nuevo paquete de medidas para estabilizar el mercado. En tanto, Estados Unidos anuncia nuevas sanciones contra Moscú.

Después de que el Banco Central anunciara el lunes por la noche que los tipos de interés se ubicarían en 17,5 por ciento, aumentando un 6,5 sólo ese día y en más de 10 puntos desde principio de año, la respuesta del mercado no fue justamente la esperada. A media tarde del martes, el rublo se devaluó un 20 por ciento y alcanzó nuevamente records históricos. Frente al euro superó los 100 rublos, en tanto que frente a la moneda estadounidense trepó hasta los 80.
Al caer la jornada logró recuperarse, descendiendo a 72 para el primero y 58 para el segundo; sin embargo, el pánico ya había hecho mella. Para entender el colapso de la moneda, vale retrotraerse a principio de año, cuando el rublo cotizaba a 32 frente al billete verde, y a 45 contra la divisa europea. En ese entonces, la crisis en Ucrania y el derrumbe del precio del petróleo eran sólo un fantasma para la economía rusa.

En medio de la zozobra, el gobierno se reunió de urgencia y después de analizar la situación, el ministro de Desarrollo Económico, Alexei Ulyukayeb, buscó llevar algo de calma afirmando que "la situación del rublo no refleja la macroeconomía del país" y anunció que "se proporcionará mayor equilibrio entre la oferta y la demanda en el mercado nacional por el aumento de la provisión de liquidez en moneda extranjera a los bancos en Rusia". Una decisión que refleja el daño que están causando las sanciones aplicadas por Occidente al sector bancario ruso, que desde mitad de año no puede acceder a los mercados financieros occidentales. La medida, sin embargo, no aclara el panorama respecto de si el Banco Central actuará con fuerza en el mercado o seguirá adelante con la idea de librar la cotización del rublo al humor de la plaza financiera. En la mañana, la directora del organismo, Elvira Nabiullina, defendió la decisión de dejar flotar la moneda y aseguró que de esa manera se les había quitado atractivo a quienes especulaban con la cotización frente a la banca central rusa. Además, aseguró que la subida de los tipos de interés tendría su impacto positivo, aunque no en el corto plazo.
En tanto, sorprendió el mensaje del ministro de Desarrollo Económico, al afirmar que "es importante que el Banco Central y el gobierno actúen de forma conjunta", después de que los medios locales hablaran de un posible cambio ejecutivo en el organismo y que legisladores de la Duma estatal lo acusaran de boicotear la economía nacional.

Mientras el rublo se derrumbaba, el precio del crudo continuaba su lento pero seguro descenso, y se ubicaba por debajo de los 60 dólares el barril. La marca amenaza seriamente el desempeño de la economía rusa, en tanto que la directora del Central ruso, Elvira Nabiullina, afirmó que si durante el 2015 la cotización se mantenía en torno de los 60 dólares, entonces la economía nacional podría contraerse más de un 4 por ciento.

Ajeno al sombrío panorama, el ministro de Energía ruso, Alexander Novak, aseguró que para el año que comienza, el valor oscilará entre los 85 y los 90 dólares. Sin embargo, destacó que, con el precio actual, las empresas del país podría recortar el desarrollo de sus proyectos, lo que traería automáticamente una disminución de la producción. Eso explica que después de prometer que se produciría la misma cantidad de 525 millones de toneladas del 2014 durante el 2015, dijera, según Reuters, que las empresas rusas del rubro tendrán la última palabra.

La jornada, negra desde lo financiero, se ensombreció aún más al llegar la noche rusa, cuando el portavoz de Barack Obama anunció que el presidente estadounidense tenía la intención de aprobar un nuevo paquete de sanciones contra Rusia por su actuación en Ucrania: más restricciones a las compañías armamentísticas y a las inversiones en proyectos petrolíferos de alta tecnología (ver aparte).


Consultado sobre el escenario financiero, el catedrático de la Universidad Plejanov de Moscú Andrés Landabaso sostiene que lo que se está viviendo es "una psicosis financiera", promovida por las proyecciones de los expertos en economía que presuponen ese escenario. Esto en parte a que "en algunos casos, y por el precio de las acciones de las principales empresas rusas, equivalente al que tenían en la crisis del 2008, podrían caer en default". Más profundo en el análisis, sostiene que detrás de las sanciones impulsadas por Estados Unidos y seguidamente la Unión Europea, podría estar gestándose un "golpe económico" contra el Estado ruso.

Este jueves, el presidente Putin tendrá su habitual conferencia de prensa anual con periodistas locales y extranjeros. Un evento de dimensiones que la última vez rondó las cuatro horas, con el que el líder ruso, además de repasar la agenda nacional y la internacional, puede permitirse realizar anuncios de gran impacto. El año pasado sorprendió con la noticia de que aceptaría el pedido de indulto de Mijail Jodorkovsky, uno de sus mayores enemigos, encarcelado por la imputación del cargo de delitos económicos por su actividad al frente de la expropiada petrolera Yukos. Hoy, entonces, quizá el mercado se tome un respiro para llegar con fuerzas a escuchar cuáles serán las novedades del mandatario ruso.


En las calles de la capital rusa se sintió el pulso de la jornada. Muchas casas de cambio no ofrecieron dólares ni euros y se formaron largas colas de ciudadanos que querían cambiar sus rublos. Marika, una ciudadana georgiana que debía cambiar 6 millones de rublos antes de viajar, ante la negativa y el miedo a perder el valor de su dinero tomó la decisión de comprar un auto de alta gama. Svetalana, profesora de yoga, me comentó que estaba aterrorizada porque su casa estaba en obra y no se imaginaba el salto que podrían dar los precios de los materiales.

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