Colombia: Destituyen al jefe de Inteligencia Militar por las fotos falsas de Venezuela presentadas por Duque en la ONU

El general Oswaldo Peña Bermeo, jefe de Inteligencia y Contrainteligencia Militar Conjunta de Colombia, será retirado de su cargo, luego de que el presidente de ese país, Iván Duque, presentara ante la Organización de Naciones Unidas (ONU) un informe sobre la supuesta presencia de grupos irregulares en Venezuela donde había por lo menos cuatro fotos falsas.

Esta información la dio a conocer el periodista colombiano Luis Carlos Vélez en su cuenta de Twitter, quien afirmó que será despedido por los “errores” en el documento que llevó el mandatario colombiano al organismo internacional.

Según reseñan los medios locales, Peña Bermeo fue llamado a “calificar servicios”, lo que significa que debe abandonar el cargo que venía ocupando.

¿A qué se debe la decisión?

El pasado jueves, el presidente colombiano presentó ante la ONU un informe sobre la supuesta protección del Gobierno de su par venezolano, Nicolás Maduro, a guerrilleros del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en ese país.

Sin embargo, al menos cuatro de las fotos usadas como “evidencia” de esa acusación fueron tomadas en territorio colombiano, según señalaron distintos medios de comunicación que reconocieron haber publicado previamente las imágenes.

La primera fotografía correspondía a un supuesto campamento guerrillero donde un grupo de niños jugaban con miembros del ELN en una escuela rural del estado de Táchira, estado fronterizo con Colombia. No obstante, la gráfica fue tomada tres años antes de la fecha estipulada (abril de 2018) en el departamento del Cauca, en el suroeste de Colombia, según lo aclaró posteriormente el diario El Colombiano.

A este primer desmentido se le agregó otro del fotógrafo de la Agence France-Presse (AFP) Luis Robayo, quien negó que una de las capturas presentadas por Duque hubiera sido hecha en el país bolivariano: “Esta foto la tomé el 20 de septiembre de 2018 en un viaje que hice a la región del Catatumbo (Colombia) para hacer un reportaje”, afirmó.

Posteriormente, la AFP confirmó a El Colombiano que el Ministerio de Defensa se había comunicado con ellos para pedir excusas y confirmar que usaron tres fotos erradas, tomadas por la agencia en Colombia y no en Venezuela.

Florence Panoussian, la directora de AFP para Ecuador y Colombia, explicó que las gráficas habían sido hechas en los departamentos Catatumbo, Chocó y Guaviare, pertenecientes al territorio colombiano.

“El rey de los falsos positivos”

El presidente venezolano, al conocer la información sobre el despido de Peña Bermeo este lunes, afirmó que “la oligarquía usa a las fuerzas militares para cometer desmanes y luego los abandona”.

“Es la primera vez que sucede con un presidente de un país tan importante como Colombia que se presente en la ONU a mentir descaradamente”, agregó.

Días atrás dijo que su homólogo colombiano “da pena” (vergüenza) y aseveró que podría hacerse un documental sobre él para la plataforma Netflix con el nombre de “El rey de los falsos positivos: Iván Duque en la ONU”.

El mandatario venezolano también calificó a Duque de “imbécil de Porky” por haber presentado documentos y fotos falsas.

En respuesta a los señalamientos por haber usado imágenes erróneas, el mandatario colombiano aseguró en una entrevista hecha por el periodista Andrés Oppeheimer que el documento de 129 páginas que le había entregado a Antonio Guterres tenía “fotografías de contexto y otras propias de la Inteligencia colombiana”.

Aumento de las tensiones

Las tensiones entre Caracas y Bogotá se han incrementado tras la autoproclamación como “presidente encargado” del diputado opositor Juan Guaidó, quien cuenta con el apoyo del Gobierno de Duque.

El mandatario colombiano, que considera a Maduro como “ilegítimo”, ha afirmado que su homólogo ampara en su territorio a disidentes de las extintas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y del ELN con la finalidad de desarrollar planes conspirativos contra el país vecino.

Venezuela, por su parte, acusa a Colombia de albergar y entrenar a grupos paramilitares con la finalidad de llevar a cabo acciones desestabilizadoras y atentados contra figuras políticas y el propio presidente venezolano.

Recientemente, la Justicia del país suramericano abrió una investigación en contra de Guaidó luego de que se difundieran imágenes junto a varios miembros de “Los Rastrojos”, uno de los grupos más peligrosos de Colombia, sobre el que pesan delitos como el homicidio, secuestro, extorsión, narcotráfico, contrabando entre otros.

30 septiembre 2019

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Miércoles, 10 Julio 2019 06:16

El títere y la política

El títere y la política

Sebastián Russo retrata la figura del títere en el escenario político comunicacional, donde el mercado es la abstracción titiritesca por excelencia porque del mercado, dicen, depende la vida de todos.

 

 El títere es divertido. Un juguete ancestral que no pierde vigencia. Una reminiscencia animista, levemente perturbadora, habita en su atracción ¿En dónde reside lo gracioso de ese humanoide de madera o trapo? Sobre todo en sus movimientos torpes. En la espontánea hilaridad que produce una caída, un golpe o un movimiento desajustado a la norma, quebrado. Incluso no es graciosa per se su falta de autonomía, sino el gesto grotesco de simular tenerla. Parecerse a un sujeto autónomo pero no serlo.

Títere se usa también como metáfora. Lo mismo que monigote, marioneta. Indican que alguien no sólo no es genuino sino que es manejado por alguna otra persona, desde arriba. La “inautenticidad” del títere (metafórico o no) refiere a tener las manos, la cabeza, los pies atados. Incluso, contemporáneamente, de forma explícita. Los hilos están expuestos. Lo que se entronca con la progresía titiritera, donde el que maneja al muñeco está visible. Configurando una puesta en donde ambos entes (títere/titiritero) salen a escena. Sin aparentes ocultamientos. En el mundo-títere neoliberal la mediación esta demodé, tal el universo de transparencia (también) progresista en el que hoy vive.

¿Hay acaso formas de resistencias del títere? O por el contrario, solo resta sentirse a gusto, y pugnar por ser el mejor títere no autónomo que se haya visto, evidenciando hilos, ataduras, sumisiones y replicaciones miméticas. Anhelando solo que se los deje formar parte de un juego en el que se los requiere para ese rol: el hazme reír. El títere, por otro lado, en su universo/títere ve títeres por todos lados. Cree que todos, como él, son títeres. No le es concebible un otro tipo de vínculo. 

Confundir titiritero con conductor/a es propio del titiretazgo neoliberal. El pensamiento liberal de raíz crítica (el sujeto está sujetado) devino apotegma pro individualista (sujeción infinita, autoinflingida). Sólo, en la más sola de las soledades, puedo liberarme de las ataduras siempre opresivas de la sociedad. Y de paso ser feliz. Y como esto no es posible, no quedará más que seguir al que me habla a mí/de mí (Big data mediante), de mis deseos (matar al otro), y por allí ir: titiretazgo hipervisible/ autocelebrado. El mercado es la abstracción titiritezca por excelencia: el mercado está triste, el mercado está desconfiado, hay que cuidarlo, alimentarlo, de él (de)pende mi vida, lo de todos.

Un ideario eurocéntrico (del sujeto liberado del títere malo, al sujeto indolente a una titireidad transparente) que poco tiene que ver con las formas de sujeción/liberación “periféricas”. Donde el vínculo conductor/conducido, de raigambre caudillesca, expresa las formas de lo heterogéneo, plagado de intercambios de mutua constitución. Basándose en el tándem a su vez lábil, enchastrado de la lealtad/traición como configuración de su universo político. Donde nada prefijado lo sella. Donde todo es herencia e invención.

Pero los títeres post-soberanos qué saben de esto. Leales a sus estereotipos, a su idea fija/objetualizada del otro, para ellos, títere y titiritero no tienen nada que inventar en su vínculo: está todo dicho, siempre fue así, es la palabra de dios/mercado/patrón.+

Celebrar ser títere, que se vean demasiado los hilos, mostrarlos alegremente, como mínimo, saca la gracia a tan noble juguete. Así como la abjuración de toda trama escenográfica (yo no soy títere de nadie, grita el impoluto). En la potencial resistencia del títere al movimiento al que se lo obliga, no solo está lo intrínsecamente atractivo, sino que habita otra metáfora: la de imaginar una rebelión de los títeres, entreverada y vital,  dándose al designio libertador de un circunstancial Super Hijitus o un Patoruzú, poderosos, solo en, y alentados por, la gesta titiritera.

por Sebastián Russo, sociólogo. Profesor de Comunicación e Imagen (Unpaz) y Sociología de la Imagen y del Arte (UBA).

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Lunes, 01 Mayo 2017 07:18

La lógica pentavalente

La lógica pentavalente

La lógica pentavalente corresponde a un momento de la humanidad que empieza a abandonar los reduccionismos y los determinismos, y ganar, por tanto, numerosos grados de libertad, y entonces de complejidad.



La lógica polivalente constituye uno de los casos más importantes de las lógicas no–clásicas (LNC), que permiten comprender y explicar mejor la complejidad del mundo y la realidad. Algunos de los nombres más importantes en el surgimiento de la lógica polivalente son autores desconocidos para la gran mayoría de la población, incluidos académicos e intelectuales. Se trata de nombres como Bochvar, Lukasiewicz, o Vasiliev, que son conocidos para quienes han profundizado en la historia de la lógica en general.


Ahora bien, la lógica polivalente no se desarrolla o se construye de forma acumulativa, como si sobre la base de la lógica trivalente aritmética o composicionalmente se construyera la lógica de cuatro valores, y acaso sobre ésta, de la misma manera la lógica sobre cinco valores. Cada capítulo en la lógica polivalente posee una dimensión propia y no puede ser explicada de forma simplemente analítica.


Los valores de la lógica pentavalente son:


• Verdad
• Falsedad
• Suspendido
• Indefinido
• Sobredefinido


Manifiestamente, se trata del trabajo con un sistema de pensamiento no–lineal, en el que hay que trabajar, simultáneamente, con los cinco valores, sin que quepa, en manera alguna, priorizar, elegir o maximizar algunos de los valores disponibles. En este caso, cinco.


“Verdad”, tanto como “falsedad”, son valores que no plantean dificultad alguna y que se corresponden con la lógica bivalente de origen aristotélico; y más radicalmente, digamos, occidental. (Nunca huelga recordar que Aristóteles corresponde al período helenístico de la Grecia antigua, cuando ya se anunciaba la decadencia y el ocaso del mundo griego y el ascenso de Roma).


Los otros tres valores exigen una consideración más cuidadosa.


El tercero de los valores de la lógica pentavalente puede asimilarse a la indeterminación, o a la suspensión del juicio. Hay cosas que ni son verdaderas ni tampoco falsas y que tampoco cabe sostener que sean ambas cosas, o al revés, o no. La epojé (suspensión del juicio) —planteada originariamente por el escepticismo y más tarde recuperada por la filosofía fenomenológica de E. Husserl— es el reconocimiento de que hay situaciones en las que no cabe manifestarse con respecto a la verdad o falsedad de una circunstancia o de un enunciado o conjunto de enunciados; pero tampoco cabe plantearse ante esa situación en términos de la lógica tetravalente. Lo mejor que cabe es suspender el juicio; abstenerse de juzgar; y ese es ya un valor constitutivo de la lógica pentavalente.


El cuarto valor no se asimila en modo alguno al tercero y afirma que hay indeterminación, si se quiere, opacidad; si cabe, ambigüedad o ambivalencia con respecto a una situación o un modelo teórico, por ejemplo. Esta indefinición no puede ser asimilada a uno de los valores de la lógica trivalente: la incertidumbre. La razón es que aquí no hay incertidumbre, sino la incapacidad de expresarse manifiestamente por una determinación cualquiera del mundo o la naturaleza. En verdad, las indefiniciones forman parte de la vida y el conocimiento, y son incorporadas en la lógica pentavalente.


Como se aprecia sin dificultad, en lógica, como en buena ciencia, análogamente a como acontece en la buena literatura y en la poesía, por ejemplo, los sinónimos no existen y corresponden más bien a pereza o facilidad del pensamiento. Cada palabra designa una realidad propia, y así, la complejidad resulta inescapable.


Por su parte, el quinto valor de la lógica pentavalente corresponde a todo aquello que está sobredeterminado, o mucho mejor, sobredefinido. Un enunciado o una situación sobredefinida son aquellos a los que les cabe numerosas acepciones, usos, interpretaciones o comprensiones sin que quepa precisar cuál de ellos es el más adecuado. De esta suerte, la sobredefinición o sobredeterminación es el valor que no termina de inclinarse más de un lado que de otro, en un plano que otro, en un contexto que en otro, por ejemplo. Y, en consecuencia, debe ser asumido exactamente al mismo nivel que los otro cuatro valores definitorios de la lógica pentavalente.


Ante una tradición, ante unos valores y principios, ante una cultura y estructura de pensamiento que son eminentemente reduccionistas, la lógica pentavalente introduce, manifiestamente, grados de libertad y, por tanto, de indeterminación. En verdad, en toda la tradición de Occidente siempre hubo el llamado o la constricción a reducir el mundo, la vida y la naturaleza a un valor determinado. Expresado en términos originariamente teológicos, se extendió a la política, por ejemplo, y entonces se habló del “mal menor”, como si un mal menor fuera una alternativa plausible o razonable. Como si hubiera que decidirse, ulteriormente, entre dos valores, o incluso uno solo, así fuera con matices.


Esa historia corresponde, sin forzar las cosas, a una historia de violencia y exclusión. Por ejemplo, a la idea de que había “guerras justas”, y entonces se llamaron y se llaman “guerras santas”, por ejemplo.


La lógica pentavalente corresponde a un momento de la humanidad que empieza a abandonar los reduccionismos y los determinismos, y ganar, por tanto, numerosos grados de libertad, y entonces de complejidad. La dificultad es que a nivel del sector privado y del público, conocimientos como la lógica pentavalente permanecen muy al margen de la información, la educación e incluso la ciencia. Existen intereses creados para que ello siga siendo así.


Consiguientemente, la información, educación y la investigación con nuevas herramientas, como la lógica pentavalente, constituye, a todas luces, una revolución científica. Gracias a la cual la complejidad de la vida salta a los ojos, a plena luz del día. Y entonces podemos y debemos empezar a pensar. Pensar: un verbo que no admite imperativo.

 

Publicado: 30 Abril 2017

Martes, 11 Abril 2017 15:38

La lógica trivalente

La lógica trivalente

La incertidumbre entra en el ámbito de la ciencia gracias a las ciencias de la complejidad. Y en el ámbito de la lógica, gracias a la lógica trivalente, el nivel más básico de las lógicas polivalentes.

 

Es conocido que una de las lógicas no clásicas, son las lógicas polivalentes. Es decir, en contraste con la lógica formal clásica, sistemas lógicos de muchos valores. Mientras que la lógica formal clásica —que predominó sin más durante veinticinco siglos— es una lógica bivalente —pues solo sabe de dos valores: verdad y falsedad, 1 o 0—, han emergido lógicas que, sin adjetivar, no son maniqueas (“o lo uno o lo otro”), binarias o dualistas. Un caso conspicuo es la lógica trivalente.

¿Cuántos valores existen en la lógica trivalente? Tres, estos son: verdad, falsedad e incertidumbre.

En efecto, en ciencia como en la vida, en muchas ocasiones hay problemas que no se pueden dirimir enteramente en términos de verdad o falsedad. En muchas ocasiones, sencillamente, no tenemos la información suficiente o el tiempo necesario para una toma de decisión, o sucede también un bloqueo —temporal acaso— para definir si una cosa o la otra. Pues bien, la lógica trivalente reconoce estas situaciones y afirma que, consiguientemente, existe también la incertidumbre. En la notación (técnica) se tiene entonces: 1, ½ y 0. Pues bien, ½ designa la incertidumbre; esto es, aquellos valores que no son verdaderos, pero tampoco falsos.

De esta suerte, mientras que toda la historia de la civilización occidental constreñía a que todas las situaciones, afirmaciones y experiencias del mundo pudieran ser definidas como “una cosa o la otra” —siendo imposible, por definición, cualquier otra alternativa—, el siglo XX hace el aprendizaje de la incertidumbre.

Originariamente, sucede a través de la física cuántica gracias a W. Heisenberg. Si conocemos el lugar de una particular, no sabemos entonces a dónde se dirige, y al revés; si sabemos a dónde se dirige, no sabemos entonces dónde está. La historia de la ciencia cuenta que Heisenberg hizo este descubrimiento a raíz de los debates de Copenhaguen, mientras caminaba, en una noche, por un camino semiluminado. A la luz del farol (o del poste con luz, diríamos hoy), el cuerpo de una persona aparecía y desaparecía, y así llega Heisenberg a su intuición fundamental.

Cultural y epistemológicamente, cabe decir que las verdades y certezas que alguna vez se tuvieron y se conquistaron, no se pierden ni se erosionan para nada. No hemos perdido las verdades. Por el contrario, adicionalmente, hemos ganado la incertidumbre. De esta suerte, la incertidumbre no tiene, en absoluto, un valor negativo —acaso cognitivamente—, sino, por el contrario, un valor positivo. Debemos poder contar con la incertidumbre, no descartarla.

La dificultad estriba en que, para la base de la sociedad, “incertidumbre” aparece como un obstáculo o una dificultad que, consiguientemente, hay que eliminar. La incertidumbre ocupa, así, el mismo rango que el azar o la aleatoriedad; hay que reducirlas e idealmente eliminarlas. El mundo debe poder consistir de verdades y necesidades. Esta es la forma normal de pensamiento y de vida. Las cosas no pueden librarse al azar; tiene que haber necesidades, esto es, razones de por qué ocurren las cosas, puesto que “todo sucede por alguna razón”; así no la sepamos.

Pues bien, la ganancia de la incertidumbre exige el reconocimiento explícito de que ésta no tiene, en absoluto, ningún valor emocional, psicológico o cognitivo. Más exactamente, la incertidumbre, en este contexto, no es un fenómeno que dependa del sujeto y de sus habilidades y fortalezas. Por el contrario, la incertidumbre forma parte de la realidad misma, del mundo tal y como acontece.

La incertidumbre entra en el ámbito de la ciencia gracias a las ciencias de la complejidad. Y en el ámbito de la lógica, gracias a la lógica trivalente, el nivel más básico de las lógicas polivalentes.

La incertidumbre, por tanto, tiene exactamente el mismo peso que verdad o que falsedad, y las tres se encuentran exactamente en el mismo nivel; ni más arriba ni más abajo. Podemos contar la incertidumbre y, en lugar de descartarla, tratar de interpretar muy bien su significado. Pues bien, el más radical de sus significados es que hay fenómenos, sistemas y comportamientos que no pueden ser reducidos a verdad o falsedad. El mundo se llena así de un matiz adicional, de una luz nueva y diferente de cara a toda la historia del pasado.

No es, por tanto, necesario ni inevitable que todas las cosas sean verdaderas o falsas sin más y que deban ser irremisiblemente una cosa o la otra. El mundo y la realidad conocen de la incertidumbre, definitiva o parcial. Pues bien, la primera forma de lógica que hace este reconocimiento y que sostiene que “verdad” puede ser, ulteriormente, reduccionista, es la lógica trivalente.

En el mundo actual, la lógica trivalente resulta particularmente sensible y revolucionaria. Particularmente en tiempos y lugares cuando y donde se habla de “hechos alternativos”, “posverdad” e incluso de “comisiones de verdad”. Como si verdad existiera sin más. Lo cierto es que, en la mayoría de las circunstancias, verdad no existe sin o al margen de incertidumbre (o de falsedad).

¿Es posible la vida en la incertidumbre? Nada permite afirmar algo semejante en el marco de la lógica trivalente. Lo que sí se dice, sin ambigüedad, es que paralela, concomitante, simultánea con “verdad” (o falsedad) existe, con la misma legitimidad, la incertidumbre.

Este panorama se torna magníficamente más problemático y sugestivo a la vez, cuando se piensa el mundo y la ciencia con otros matices y gradientes, con otras finezas y problemas. Tal es lo que acontece, por ejemplo, cuando se reconoce que no existen simple y llanamente tres valores, sino, por ejemplo, cuatro. Esto nos conduce a la lógica tetravalente. Pero este es el objeto de otro texto aparte.

Publicado: 11 Abril 2017

Juan Manuel Santos: Política, falsedad y manipulación

Lo han dicho una y otra vez pensadores y guerreros: “La política es el arte de engañar” (1), o de otra manera, cuando la política asume otras formas: “El arte de la guerra se basa en el engaño” (2). Y esta verdad de apuño gana evidencia cuando ante la pregunta: ¿Qué pasa si gana el no (en el plebiscito)?, se escucha a Juan Manuel Santos decir que: “Muy sencillo: se devuelve la guerrilla a la selva y continúa el conflicto armado” (3)

Aunque es una respuesta de cajón, una respuesta que acude al miedo como recurso para presionar la opinión de propios y ajenos, lo que resalta acá es que los políticos no tienen reparos para acudir a la mentira cuando las circunstancias lo obligan. Así la mentira sea evidente o fácilmente detectable.

Y en la respuesta de Santos el “desliz” es evidente. Ante un posible voto por el No en el plebiscito la verdad es que la guerra con las Farc no retornaría por doquier; pero lo que sí devendría de tal suceso es una crisis de legitimidad del régimen político, del gobierno de turno y de las negociaciones adelantadas en la capital cubana. Y la guerra no ascendería a sus extremos por queni uno ni otro actor anda en ese plan, aunque sus dispositivos para un posible Plan B así lo consideren.

De alguna manera, el escenario de un triunfo del No en el plebiscito, totalmente perjudicial para la Farc, pues inmovilizaría sus tropas en un letargo que las podría llevar a la desmoralización, le sirve al Gobierno que sometería a su enemigo a un desgaste prolongado a través del cual presionaría la mente de sus mandos, obligándolos a ceder más en el escritorio. Sobre esto también aconsejó Sun Tzu: “Es mejor conservar a un enemigo intacto que destruirlo” (4).

 

Persisten, ¿hasta cuándo?

 

Esta capacidad de mentir vuelve y gana luz cuando en la misma entrevista interrogan al presidente Santos por la posibilidad del triunfo del No, y sacándole el cuerpo a lo preguntado por el periodista contesta que “...si se vive pendiente de ellas (las encuestas) no se toman decisiones”.

El arte del engaño, y de la simulación, esa es la política: en muchas ocasiones cuando se dice una cosa realmente se pretende decir otra. En la guerra, aconsejan amagar por el norte y atacar por el sur. En política, se alaba al enemigo cuando en verdad se le odia y pretende someter. Y con esta respuesta el Presidente niega algo real y central de la política moderna, de la política de esta época de las comunicaciones en tiempo real: todos los políticos, mucho más las cabezas de los gobiernos, viven pendiente de las encuestas; y no solo esto, antes de tomar ciertas decisiones las mandan a hacer. En la época del reinado de la opinión pública, hay que moldearla, pero ella también obliga a ciertos procederes desde el alto gobierno.

La mentira, la simulación, el engaño, en la política y en la guerra, nos recuerdan que vivimos en una época de apariencias donde lo que parece no es, así los medios de comunicación oficiosos, la escuela y los grandes relatos nos hayan habituado a ver lo falso como lo verdadero.

Ante esta realidad, y con la necesidad de transformar las sociedades para alcanzar un buen vivir, los movimientos sociales y políticos alternativos están ante el reto de invertir el espejo que les extienden los gobiernos de turno para no errar a la hora de tomar sus decisiones.

 

1 Maquiavelo, Nicolas, El Principe
2 Tzu, Sun, El arte de la guerra
3 http://internacional.elpais.com/internacional/2016/09/03/colombia/1472916991_531673.html
4 Tzu, Sun, op. cit.

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Domingo, 16 Septiembre 2012 08:25

Revuelo en Perú por una muerte precoz

Las dudas sobre quién mató a la niña se suman al anuncio del supuesto rescate de tres niños que en teoría, habían sido secuestrados por la guerrilla, lo cual se demostró que era falso. Las contradicciones de los responsables.

Un operativo combinado de fuerzas militares y policiales contra el grupo armado Sendero Luminoso, que concluyó con la muerte de una niña de ocho años y el anuncio del rescate de tres niños supuestamente secuestrados por Sendero, lo que terminó siendo falso, ha puesto en difícil situación al gobierno de Humala. Los cuestionamientos apuntan a los ministros de Defensa, Pedro Cateriano, e Interior, Wilfredo Pedraza. Sus explicaciones sobre lo ocurrido han dejado vacíos, dudas y más de una contradicción. Ante las críticas, el presidente Humala ha asegurado que “el gobierno no oculta nada” y, aunque ha respaldado a sus dos cuestionados ministros, ha dicho que “la lamentable pérdida de una niña debe investigarse y aclararse”.

Hace una semana, el gobierno anunciaba triunfante que en un operativo conjunto de las fuerzas armadas y la policía se había intervenido un “campamento terrorista” de Sendero Luminoso, capturado a dos mujeres senderistas y “rescatado” a tres niños –de 8 años, 4 años y 10 meses– que permanecían “secuestrados” por el grupo armado para “adoctrinarlos” e integrarlos a sus filas. De la niña muerta en ese operativo militar, que se llevó a cabo en el poblado de Ranrapata, una alejada y empobrecida zona rural en la selva alta de la región de Junín, no se dijo nada.
Las dos mujeres capturadas y los tres niños, hijos de una de las dos detenidas, fueron trasladados a Lima. En la puerta del avión esperaban la primera dama, Nadine Heredia, quien tiene un rol protagónico en el gobierno de su esposo, y la ministra de la Mujer, Ana Jara, quienes aparecieron ante las cámaras de la televisión cargando, con gesto maternal, a los niños supuestamente “rescatados”. Hasta ese momento todo iba bien para el gobierno, pero en pocos días las cosas cambiaron.

La muerte de la niña, Soraida Caso, que las autoridades habían ocultado, se conoció cuando fue denunciada por su padre, el campesino César Caso, quien acusó a las fuerzas de seguridad de haberla matado. Pero las complicaciones para el gobierno no terminaron ahí. Cuando crecía el escándalo por la muerte de la niña, se desmoronó la versión oficial de que los tres niños detenidos por los militares en Ranrapata –que son hermanos por parte de padre de la niña fallecida– habían estado secuestrados por Sendero, como había anunciado el gobierno en tono triunfante. César Caso reclamó públicamente por su hija muerta y exigió el regreso de sus tres hijos detenidos en el operativo militar. El gobierno ha respondido a los reclamos del padre de los niños acusándolo de senderista. Caso niega cualquier vínculo con Sendero, pero el gobierno ha mostrado una antigua orden de captura por terrorismo en su contra.

El ministro Cateriano intentó justificar el ocultamiento de la muerte de la niña asegurando que nadie se dio cuenta de su fallecimiento. El argumento resultó poco convincente. En un comunicado las fuerzas armadas aseguraron, como para darle cobertura legal a lo ocurrido en el cuestionado operativo militar, que en el mismo había participado un fiscal, pero la fiscalía desmintió eso y el gobierno tuvo que aceptar que no hubo un fiscal.
El ministro de Defensa dijo que el objetivo del operativo militar era un campamento de Sendero, pero que por culpa de un perro, que ladró alertando a los senderistas, el operativo falló. Se produjo, entonces, según el ministro, un enfrentamiento armado cuando un hombre, que las autoridades identifican como el senderista llamado camarada “Oscar”, disparó contra las fuerzas de seguridad desde la casa de la familia Caso. La versión oficial es que en medio de ese enfrentamiento murió la niña Soraida. El gobierno culpa a Sendero por la muerte de la niña, pero el padre de ésta y testigos de lo ocurrido aseguran que murió por los disparos de las fuerzas de seguridad.

Aquilina Paucarcaja, de 28 años, esposa de César Caso, quien fue detenida junto a sus tres hijos, declaró ante la fiscalía, antes de ser liberada, que el día del operativo, muy temprano en la mañana, llegó a su casa un “hombre desconocido”, quien sería el camarada “Oscar”, y que poco después comenzaron los disparos. Asegura que “Oscar” logró huir mientras los militares disparaban. Aquilina dice que ella se escondió en su casa con sus tres hijos y que su esposo, que estaba en la puerta al momento que se inició el tiroteo, corrió hacia su chacra, seguido por su hija Soraida. Relata que los militares entraron violentamente en su casa, la detuvieron a ella y a sus tres hijos, los subieron a un avión y los llevaron a Lima. Aquilina fue acusada por el gobierno de ser militante de Sendero, pero la fiscalía determinó que la mujer no tiene ninguna relación con el senderismo y fue liberada. La otra mujer detenida en el operativo militar, identificada como la camarada “Amalia”, de 20 años, permanece detenida por la policía antiterrorista.

La suerte de los ministros de Defensa y del Interior es incierta. Parlamentarios de diversas bancadas han exigido la salida de ambos ministros y en el Congreso gana fuerza la posibilidad de pedir su censura. Por su parte, la Fiscalía de la Nación ha abierto una investigación para determinar la “responsabilidad funcional” de los ministros. 
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Las palabras fluyen a través de una selva peligrosa. Durante más de seis años, Noël Saez fue un hombre casi invisible, con una misión de una magnitud intrincada: conseguir que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) liberaran a los rehenes en su poder, entre ellos a la franco-colombiana Ingrid Betancourt. Dos obstáculos ahogaron la misión del emisario francés: las mismas FARC y el Ejecutivo del presidente colombiano Alvaro Uribe. Los pormenores de lo que a lo largo de seis años fue una obsesión están expuestos en el libro El emisario: entre selvas, ríos, reuniones secretas, traiciones, manipulaciones y operaciones encubiertas, las 245 páginas del libro de Saez narran las vicisitudes de un agente secreto y su íntima convicción: 1, las FARC estaban dispuestas a liberar a los rehenes; 2, la operación Jaque, que en julio de 2008 desembocó en la liberación de Ingrid Betancourt, de los tres rehenes norteamericanos y de once personas más, fue posible porque dos comandantes de las FARC traicionaron a la guerrilla.
 
El emisario francés era el lazo entre París y la selva. Noël Saez, a quien sus detractores llaman “008”, fue primero cónsul general en Bogotá entre 2000 y 2004 y luego enviado especial de Francia y del actual presidente Nicolas Sarkozy a Colombia. Las memorias de este agente secreto abarcan muchas misiones en el extranjero, pero su papel en la negociación con las FARC hace de este capítulo un tema central. En las primeras páginas de la obra, Saez admite que quiere restaurar la verdad sobre una cuestión que se apoderó de su vida. El ex emisario escribe: “Ingrid vivió seis años encerrada en la jungla y, durante seis años, no es excesivo decir que yo y mi familia vivimos en su huella, en su burbuja, al ritmo de las noticias que nos llegaban, de los llamados desesperados de su madre, de sus hijos, de los rumores enloquecedores, de las esperanzas, de las dudas, de las decepciones”.
 
Hoy bajo el fuego de las críticas de la prensa francesa, que le achaca su fracaso en liberar a Ingrid Betancourt, y de acusaciones de dudosa procedencia por parte del gobierno colombiano, que lo acusa poco menos de connivencia con las FARC, conviene leer el libro de Noël Saez como lo que es: las peripecias de un emisario bajo mandato de un gobierno, Francia, autorizado por otro, Colombia, a entrar en contacto con un grupo insurgente, las FARC, para liberar a una serie de rehenes que eran objeto de un inmundo chantaje. Misión compleja, por encima de toda lectura moral. El relato de Saez es precisamente eso: un cara a cara con la violencia, la traición, las manipulaciones y los intereses a la vez contradictorios y cambiantes de los actores, sea los armados, Bogotá y las FARC, o los diplomáticos, Francia y Venezuela. Saez cuenta que un día el ex número dos de las FARC, Raúl Reyes, le dijo: “Nunca hubiésemos secuestrado a Ingrid Betancourt si ella no nos hubiese provocado”. Lo esencial del libro está en la crónica de estos seis años de negociaciones y en la convicción que Saez transmite sobre la decisión de las FARC de liberar a los rehenes.
 
Entre las páginas 144 y 145 del libro El emisario hay una serie de fotos tomadas por el autor durante sus viajes a Colombia para encontrarse con las FARC, concretamente con Raúl Reyes. Una de ellas muestra, sentados en torno a una mesa, a Raúl Reyes, al mismo Saez y a Jean-Pierre Gontard, el emisario suizo. Reyes está escribiendo en una computadora y, según Saez, en esa reunión, organizada el 15 de junio de 2007, se acordaron las modalidades de liberación de los rehenes y se adoptó “el principio de darles la prioridad a las mujeres y a los enfermos”. Las fechas son importantes, ya que entre mediados y finales de 2007 la boca de la selva empezó a abrirse para los rehenes a lo largo de un proceso que condujo, en enero de 2008, a la liberación unilateral de los primeros rehenes canjeables. Noël Saez sostiene entonces que las FARC estaban convencidas de la necesidad de liberar a los secuestrados. En el último capítulo del libro, “Autopsia de una operación ‘perfecta’”, Saez describe lo que ocurrió unos días antes de que, mediante un operativo de inteligencia bautizado Operación Jaque, el ejército colombiano liberara a los rehenes más preciados, es decir, Ingrid Betancourt y los norteamericanos.
 
Sin disparar un sólo tiro. ¿Proeza de inteligencia militar o astuta manipulación? Para el emisario francés, la Operación Jaque fue un montaje fraudulento, una puesta en escena orquestada gracias a la colaboración de los hombres de las FARC que tenían a su cargo la vigilancia de los rehenes. Así, según cuenta Saez, en junio de 2008 se produjo el primer contacto con las FARC luego de la muerte de Raúl Reyes, ocurrida en Ecuador cuatro meses antes. El y el emisario suizo fueron convocados por las FARC a una reunión con Alfonso Cano, el hombre que reemplazó a la cabeza de las FARC a Manuel Marulanda. Saez informó al comisionado de Paz colombiano, Luís Carlos Restrepo, quien desautorizó la misión debido a que el ejército estaba llevando a cabo operaciones en la zona del encuentro. Las FARC cambiaron el lugar y el presidente colombiano, Alvaro Uribe, autorizó el viaje de los emisarios. El 26 de junio, los dos hombres salieron rumbo a la selva. Cano no vino, pero su representante se encargó de la negociación. Saez escribe: “Si el enviado especial de Alfonso Cano nos dice que la liberación de los rehenes es el único medio para que las FARC salgan airosas, eso quiere decir que su jefe piensa que ya no hay más obstáculos para esa liberación”.
 
Saez y Gontard regresaron a Bogotá el 30 de junio con la noticia de una pronta liberación: “Por primera vez en seis años dejamos a las FARC con el sentimiento de que estamos llegando a la meta”. El 1º de julio, los hombres se reúnen con Restrepo en la Embajada de Suiza para informarle sobre la nueva situación: “El principio de la liberación de los rehenes está ganado”. Para sorpresa de Saez, el comisionado de Paz les dijo a los emisarios que la negociación era una cosa del pasado, que el “gobierno va a cambiar de actitud frente a las FARC y que su nueva política consistirá en corromper a los mandos medios”. Al día siguiente, 2 de julio, Uribe lanzó la Operación Jaque que condujo a la liberación de Ingrid Betancourt y sus compañeros de infortunio. “Fin de la secuencia. Carlos Restrepo me engañó”, escribe Noël Saez.
 
A partir de ese punto, la narración del mediador francés se vuelve más densa, amarga. Saez se muestra convencido de que el gobierno colombiano lo utilizó para encubrir la Operación Jaque. Más aún, Saez cuenta cómo, según él, el gobierno pudo obtener la liberación de los rehenes sin violencia, apenas utilizando unos helicópteros maquillados con los emblemas del CICR, el Comité Internacional de la Cruz Roja, previa negociación secreta con Gerardo Aguilar Ramírez, alias César, que era el jefe del frente 1 que operaba en la zona del Guaviare donde estaban los rehenes. Para Saez, es así como fueron liberados Ingrid Betancourt, los tres rehenes norteamericanos y los once restantes. Quince de golpe, sin un cañonazo, con todo el mundo sonriendo y saludando los helicópteros. “¿Cómo creer que los guerrilleros dejaron que Ingrid, su rehén más emblemático, se vaya así?” La explicación, según Saez, es la siguiente: César –el comandante de las FARC– fue comprado. “Para mí, el presidente Uribe quiso hacer pasar por una proeza militar la traición de un comandante de las FARC.”
 
Volviendo hacia atrás en el tiempo, Noël Saez encuentra la explicación en una conversación que él y el canciller francés, Bernard Kouchner, mantuvieron en febrero de 2008 con el presidente Uribe y éste les informó que el ejército acababa de capturar a Luz Dary Conde, alias “Doris Adriana”, que era “la esposa de César, responsable de la logística para todo el bloque oriental de las FARC”. La conclusión de Saez es inmediata: cuando el helicóptero vino a buscar a los rehenes, “César y Gafas –el otro comandante– jugaron el papel para el cual habían aceptado ser generosamente pagados. Así permitieron que los tiraran al piso, que les vendaran los ojos y que les dieran algunos golpes para tornar más verosímil la versión oficial.” Jaque mate.
 
Por Eduardo Febbro
Desde París
Publicado enColombia
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