Localización geográfica de las 159 poblaciones estudiadas.

 

Nuevas evidencias de que los antiguos cruces entre las tres especies tuvieron consecuencias evolutivas

 

Estamos tan acostumbrados a ser los únicos humanos sobre la Tierra que casi no podemos imaginar un pasado en que, viajando desde África hacia un mundo desconocido, lo más fácil era encontrar por ahí a otros de los nuestros, otras especies del género Homo que compartían con nosotros un pasado olvidado, y con las que, según sabemos ahora, no nos importaba compartir el sueño de una noche de verano. Sin considerarlo animalismo, y sin que nuestra lógica más profunda, la genética, lo viera inconveniente tampoco, puesto que de aquellos polvos han venido estos lodos que la ciencia revela ahora en nuestro genoma.

 

Según la última investigación de 1.523 genomas de personas de todo el mundo, incluidos por primera vez los de 35 melanesios, los neandertales se cruzaron no una, sino tres veces (en tres épocas distintas), con diversas poblaciones de humanos modernos. Solo se libraron los africanos, por la sencilla razón de que los neandertales no estaban allí. Los melanesios actuales llevan ADN de otra especie arcaica, los misteriosos denisovanos que vivían en Siberia hace 50.000 años, pero ni por esas se libraron de la promiscuidad neandertal: sus genomas actuales llevan las marcas inconfundibles tanto de neandertales como de denisovanos.

 

Y un premio de consolación: los genes de la evolución del córtex, la sede de la mente humana, son enteramente nuestros, de los Homo sapiens. Lo demás parecen ser adaptaciones al clima local. Son los resultados que 17 científicos de la Universidad de Washington en Seattle, la Universidad de Ferrara, el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig y el Instituto de Investigación Médica de Goroka, en Papúa Nueva Guinea, entre otros, han presentado en Science.

 

Los genomas se suelen medir en megabases, o millones de bases (las letrasdel ADN, gatacca...). El genoma humano tiene 3.235 megabases. De ellas, 51 megabases son arcaicas en los europeos, 55 en los surasiáticos y 65 en los asiáticos orientales. Casi todas esas secuencias arcaicas son de origen neandertal en estas poblaciones. En contraste, los melanesios presentan un promedio de 104 megabases arcaicas, de las que 49 son neandertales, y 43 son denisovanas (las 12 restantes son ambiguas de momento). Son solo números, aunque dan una idea del grado de precisión que ha alcanzado la genómica humana.

 

Pero el diablo mora en los detalles. Las secuencias arcaicas no están distribuidas de manera homogénea por el genoma, ni mucho menos. Hay zonas donde están muy poco representadas, es decir, donde hay tramos de 8 megabases o más sin una sola letra neandertal o denisovana. Estos tramos de puro ADN moderno, o sapiens, son ricas en genes implicados en el desarrollo del córtex cerebral –la sede de la mente humana— y el cuerpo estriado (o núcleo estriado), una región interior del cerebro responsable de los mecanismos de recompensa, y por tanto implicada a fondo en planear acciones y tomar decisiones.

 

Que los genes implicados en estas altas funciones mentales estén limpios de secuencias neandertales o denisovanas no puede ser casual, según los análisis estadísticos de los autores. El hecho implica, probablemente, que la presencia de ADN arcaico allí ha resultado desventajosa durante los últimos 50 milenios, y por tanto ha resultado barrida por la selección natural.

 

Entre los genes modernos se encuentra el famoso gen del lenguaje, FOXP2, lo que vuelve a plantear dudas sobre la capacidad de lenguaje de los neandertales. Que la secuencia de este gen sea idéntica en neandertales y sapiens se ha considerado una evidencia de que los neandertales hablaban, pero los genes son más que su secuencia de código (la que se traduce a proteínas): hay además zonas reguladoras esenciales, las que le dicen al gen dónde, cuándo y cuánto activarse. Otros genes puramente modernos son los implicados, cuando mutan, en el autismo.

 

También son interesantes las regiones genómicas contrarias, es decir, las que están particularmente enriquecidas en genes neandertales o denisovanos. Los genomas melanesios han revelado 21 regiones de este tipo que muestran evidencias de haber sido favorecidas por la selección natural. Muchas de ellas contienen genes implicados en el metabolismo (la cocina de la célula), como el de la hormona GCG, que incrementa los niveles de glucosa en sangre, o el de la proteína PLPP1, encargada de procesar las grasas; también hay cinco genes implicados en la respuesta inmune innata, la primera línea de defensa contra las infecciones.

 

Todo ello refuerza los indicios anteriores de que los cruces de nuestros ancestros sapiens con las especies arcaicas que encontraron durante sus migraciones fuera de África tuvieron importancia para adaptarse a las condiciones locales: clima, dieta e infecciones frecuentes en la zona. Tiene sentido, desde luego.

 

Fueron sueños de una noche de verano, pero vuelven ahora a nuestro encuentro, como en una buena obra de teatro clásico.

 

 

Logran extraer ADN nuclear de fósiles de Atapuerca y demuestran que son los primeros neandertales

El ADN de 400.000 años de fósiles de Atapuerca tiene firma neandertal, lo que los genetistas califican como una "hazaña" y un logro de "ciencia ficción".


MADRID.- Los genetistas del Instituto Max Planck Matthias Meyer y Svante Pääbo han conseguido extraer parte del ADN nuclear de varios homínidos de la Sima de los Huesos de Atapuerca (Burgos). Estos datos les han permitido determinar que los pobladores de la zona, hace más de 400.000 años, eran parientes de los neandertales.

Tras más de dos años de trabajo, los científicos han logrado obtener varios fósiles de este yacimiento en condiciones de máxima asepsia y han podido secuenciar el ADN de dos dientes, un fémur y un fragmento de escápula, según se explica en el artículo publicado en Nature.


Meyer ha precisado que el ADN recogido tiene 430.000 años de edad, por lo que su recuperación ha sido una "hazaña". "Realmente estamos llegando a los límites de lo que es posible", ha apuntado a la publicación Ludovic Orlando, investigador del Museo de Historia Natural de Copengage. Por su parte, la paleontóloga de la Universidad de Londres María Martinón-Torres, ha descrito el logro como un hecho de "ciencia ficción".


El proceso de investigación comenzó en 2013 con la secuenciación del genoma mitocondrial del fémur. Fue entonces cuando se sugirió que, al menos una persona identificada a partir de los restos, estaba más estrechamente relacionada con el grupo llamado Denisovanos, a pesar de la distancia a la que sencuentra el sur de Europa y Siberia, en donde se descubrió esta especie.

Los cráneos de homínidos de la Sima muestran los comienzos de un prominente arco superciliar, así como otros rasgos típicos de los neandertales. Pero otras características, y las incertidumbres en torno a su edad --algunos estudios las sitúan en 600.000 años y otros más cercanos a 400.000-- convenció a muchos investigadores que en su lugar podrían pertenecer a una especie más antigua conocida como Homo heidelbergensis.

Esta confusión alcanzó su punto máximo cuando Meyer y su colega Pääbo revelaron la conexión mitocondrial de los homínidos de Denisova. Pero esperaban que la recuperación de ADN nuclear de los esqueletos, que permite conocer muchas más líneas de ascendencia que el ADN mitocondrial porque se hereda exclusivamente de la línea materna, podría aclarar las cosas.


La recuperación nuclear


Ahora, los científicos han logrado recoger ADN nuclear y mitocondrial de cinco muestras de la Sima, que probablemente representa a diferentes individuos. Un factor clave del éxito de esta investigación, según ha apuntado Meyer, es que en el año 2006 los arqueólogos refrigeraran cuidadosamente los dientes y el tejido de un omoplato de la fosa para preservar el ADN antiguo, a la espera de que las técnicas de análisis molecular avanzaran.

De este modo, se ha podido confirmar que los homínidos de la Sima son, de hecho, los primeros neandertales. Su edad sugiere que los primeros antecesores de los humanos divergieron de los neandertales hace entre 550.000 y 765.000 años, unas cifras demasiado altas para haber sido Homo heidelbergensis, como algunos habían planteado.

Miércoles, 17 Febrero 2016 06:16

El zika ya tiene su radiografía genética

El zika ya tiene su radiografía genética

El equipo de científicos brasileños de la Universidad Federal de Río de Janeiro, que sostienen la hipótesis de la vinculación entre el zika y la microcefalia durante el embarazo, aseguraron haber obtenido el genoma del virus, lo que permitirá generar vacunas.

 

Científicos brasileños anunciaron el descubrimiento del genoma del virus zika hallado en pacientes de la región nordeste del país que contribuirá al desarrollo de una vacuna. El hallazgo, que se publicará en la revista científica británica Lancet, es el resultado del trabajo del mismo equipo de especialistas que señaló la posible relación entre el aumento de los casos de microcefalia y el virus, que trabajará junto a especialistas para desarrollar la sustancia que previene el contagio de la enfermedad. Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), si se confirma este vínculo entre la enfermedad transmitida por el Aedes aegypti y el desorden neurológico conocido como síndrome Guillain-Barré, las consecuencias humanas y sociales para la treintena de países afectados serán “impactantes”. El organismo destacó la capacidad de adaptación del mosquito vector, por lo que se evalúan distintas técnicas de control, entre las que se encuentra un prototipo de mosquito genéticamente modificado.


Investigadores de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) comunicaron que fue determinada la “secuencia completa del genoma” del virus detectado en el líquido amniótico extraído a mujeres embarazadas del estado de Río Grande do Norte, en la región nordeste, la más afectada por la enfermedad. El equipo de la UFRJ trabaja en coordinación con otros grupos de investigadores y con la doctora Adriana Melo, del Instituto Elpidio de Almeida, quien fue la primera en señalar el aumento de casos de bebés con microcefalia en el nordeste.


A partir de la información obtenida en el genoma del zika se “abre el camino” para la elaboración de una vacuna, declaró el doctor Amílcar Tarnuri, integrante del equipo que reconstruyó la secuencia. “Lo que causó más sorpresa fue la permanencia del virus por un largo tiempo en el organismo del bebé, durante toda la gestación”, agregó el especialista. Para continuar esta investigación y desarrollar la sustancia, el gobierno de Brasil aportará unos 2 millones de dólares por parte del Instituto Fiocruz y la Universidad de Texas, en Estados Unidos. La cooperación entre brasileños y estadounidenses fue acordada hace tres semanas por los presidentes de ambos países, Dilma Roussef y Barack Obama.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que si se confirma la probable relación entre el zika con la microcefalia o el desorden neurológico conocido como síndrome Guillain-Barré, las consecuencias humanas y sociales para la treintena de países afectados serán “impactantes”. En una evaluación sobre la posibilidad de detener la transmisión del zika mediante el control del mosquito que es su vector, la OMS describe a este, el Aedes aegypti, como “oportunista” y destaca su gran habilidad para adaptarse a entornos variados, incluidos los creados por los cambios en los modos de vida del ser humano. El mismo mosquito transmite el zika, el dengue, el chikungunya y la fiebre amarilla y está presente en áreas donde vive más de la mitad de la población mundial, por lo que su control es una tarea compleja y costosa.


La OMS señala que, ante la gravedad de la propagación del dengue en los últimos años y ahora del virus del zika, se consideró de vital importancia contar con más técnicas de control del mosquito, entre las cuales se evaluó un prototipo de mosquito genéticamente modificado. El grupo asesor de la OMS recomendó realizar más ensayos en el terreno del mosquito modificado, destinado a reducir la población del mismo.


Otra técnica que se examina es la liberación masiva de insectos machos esterilizados con bajas dosis de radiación, con lo que los huevos de las hembras no serían viables y la población de estos insectos sucumbiría. Esta técnica ha sido probada en el control de pestes de insectos con graves efectos sobre la agricultura.


Al momento, se sabe que de la especie Aedes aegypti, sólo la hembra pica al humano porque requiere de la proteína contenida en la sangre para que sus huevos se desarrollen, mientras que el macho adulto prefiere los néctares y frutas. Otra característica de la hembra es que en lugar de chupar suficiente sangre para alimentarse en una picadura, prefiere picar varias veces y a varios individuos distintos hasta saciarse. Esto aumenta el número de personas a las que un único mosquito puede infectar.


La hembra de este insecto, en tanto, también es conocida por utilizar el método de las serpientes para atacar, es decir, que se aproxima a su víctima por detrás y la pica en los tobillos y codos, lo que las protege de ser detectadas y aplastadas con la mano. Con los años, las preferencias de la hembra evolucionaron de la sangre de otros mamíferos a la sangre humana. También prefiere ahora lugares oscuros para descansar, las aguas estancadas y los recipientes artificiales pequeños y oscuros como los mejores lugares para poner sus huevos.


Por otra parte, la OMS precisó que hasta el momento se reportó una asociación entre la circulación del zika y el aumento de la incidencia del síndrome Guillain-Barré en la Polinesia Francesa, Brasil, El Salvador, Martinica, Colombia, Surinam, Venezuela y Honduras. “En algunos de estos países, el hecho de que el zika sea el único flavivirus que circula añade peso a esta presumida asociación”, puntualizó. El zika circuló con frecuencia de manera simultánea al dengue y al chikungunya, enfermedades que reaccionan “en cruzado” en las pruebas de diagnóstico y hacen que éstas sean poco confiables. Por este motivo, la organización sanitaria considera que nuevos y mejores test están entre las herramientas más urgentes que se requieren ante el brote de zika en América latina y el Caribe.

Reino Unido autoriza por primera vez manipular embriones humanos

El Reino Unido concedió este lunes su primera autorización para modificar genéticamente embriones humanos con fines de investigación, proyecto que da esperanzas a las parejas con problemas reproductivos pero que genera inquietudes éticas.


La autoridad británica de Fertilización Humana y Embriología (HFEA, por sus siglas en inglés) anunció el lunes que permitirá la utilización del método Crispr-Cas9, que permite centrarse en los genes defectuosos para neutralizarlos de manera más precisa. Se trata de una de las primeras autorizaciones en el mundo para la manipulación de embriones humanos. Es como un tratamiento de textos que permite editar o corregir la tipografía de un documento, explicó la bióloga francesa Emmanuelle Charpentier, quien desarrolló la técnica junto a la estadunidense Jennifer Doudna.


La técnica ya ha sido utilizada por numerosos científicos que intentan encontrar tratamientos contra el cáncer y otras enfermedades. Pero al mismo tiempo suscita preocupación en su aplicación a células reproductoras y a embriones humanos.


Nuestro comité ha aprobado la solicitud de la doctora Kathy Niakan, del Francis Crick Institute (de Londres), para renovar su licencia de investigación en laboratorio, añadiendo la posibilidad de edición (manipulación) genética de embriones, indicó la HFEA en un comunicado.


La solicitud fue presentada en septiembre para estudiar los genes que intervienen en el desarrollo de células que van a formar la placenta. El propósito es intentar determinar por qué ciertas mujeres sufren abortos espontáneos.


Ello no solamente permitirá a Kathy Niakan proseguir sus investigaciones sobre el desarrollo precoz del embrión, sino también analizar el papel de genes específicos mediante la utilización del método Crispr-Cas9, comentó el profesor Robin Lovell-Badge, del Instituto Francis Crick.


Comprender el desarrollo del embrión podría ayudarnos a comprender las causas de la infertilidad, de los abortos espontáneos y de ciertas enfermedades genéticas, aseguró Alastair Kent, director de Genetic Alliance UK.


Antecedentes


La modificación genética de embriones para tratamiento está prohibida en Reino Unido. En cambio, fue autorizada desde 2009 para la investigación, bajo condición –entre otras– de que los embriones sean destruidos al cabo de dos semanas como máximo.


Pero es la primera vez que una autorización formal para manipular genéticamente embriones ha sido dada de forma oficial, al menos en un país occidental. Sin embargo, en algunas naciones esta práctica no está formalmente prohibida y no requiere necesariamente de una solicitud de autorización.


Por otro lado la HFEA confirmó ayer que se prohibirá utilizar los embriones para trasplantarlos a mujeres.


Es una decisión alentadora que muestra que el buen uso de la ciencia y una vigilancia ética eficaz pueden ir de par, reaccionó Sarah Chan, doctora de la Universidad de Edimburgo.


En abril pasado, investigadores chinos anunciaron que consiguieron modificar un gen defectuoso de varios embriones, responsable de una enfermedad de la sangre potencialmente letal. Ello generó una controversia sobre las consecuencias éticas de este tipo de prácticas.


Los propios científicos chinos indicaron haber tenido grandes dificultades y afirmaron que sus investigaciones demostraban la urgente necesidad de mejorar esta técnica para aplicaciones médicas.


El Reino Unido se convirtió el año pasado en el primer país en autorizar la concepción de bebés a partir de tres ADN diferentes, para evitar la transmisión de enfermedades graves.


Quienes se opusieron a esta decisión alegaron que iba demasiado lejos en materia de modificación genética, y que abría la caja de Pandora de la selección de bebés.

Martes, 15 Diciembre 2015 06:43

La Drosophila melanogaster

La Drosophila melanogaster

Pensar la naturaleza comporta vivir en escalas inter y transgeneracionales. Bastante más y bastante diferente del presente. En un tiempo y una cultura que hace de la eficiencia y la eficacia, y con ellas de la productividad y el crecimiento, el mantra de su existencia.



La humanidad y la ciencia tienen una enorme deuda con la Drosophila melanogaster, comúnmente conocida como la mosca de la fruta, o también, la mosca del vinagre. Su corta vida, su rápida reproducción y los parecidos genéticos con los seres humanos la hacen propicia para comprender varias cosas: la evolución, la genética, las mutaciones y varias enfermedades.
En efecto, la secuenciación completa del genoma fue posible primero en 1998 y de manera definitiva en el año 2000, y permitió arrojar grandiosas luces sobre el mapa del genoma, conjuntamente con la Escherichia coli (bacteria intestinal), Saccharomyces cerevisiae (levadgenéticaura), Arabidopsis thaliana (planta), Caenorhabditis elegans (gusano), Mus musculus (el ratón casero), y el Sus scrofa (el cerdo salvaje).


El ciclo de vida de la Drosophila melanogaster dura aproximadamente dos semanas en temperaturas promedio de 22 oC. Gracias a que se pueden cultivar fácilmente en laboratorio, su ciclo de generación es breve, y tienen una muy alta productividad (las hembras pueden poner hasta 500 huevos en diez días). Las larvas maduras poseen grandes cromosomas en sus glándulas salivares, tan sólo poseen 4 pares de cromosomas (3 autosómicos y 1 sexual), y los machos no llevan a cabo ninguna recombinación, lo cual facilita sus estudios genéticos. En fin, las hembras ya pueden acoplarse a los machos entre las 8 y las 12 horas después de haber nacido. Cerca del 61% de las enfermedades mas comunes de los seres humanos poseen rasgos que genéticamente se emparentan con los genes de la mosca de la fruta y alrededor del 50% de las proteínas de esta mosca tienen rasgos análogos entre los mamíferos.


Hay que decir, por lo demás, que la longevidad de los seres humanos constituye, como un logro de la cultura, combinado con la propia evolución natural, una ventaja manifiesta —y, por consiguiente, una responsabilidad moral con respecto al espectro de la vida en el planeta—. En efecto, las proporciones entre el tamaño del cuerpo, el de su cabeza, los ritmos cardíacos y las expectativas de vida hacen del ser humano una de las especies más longevas sobre el planeta. Pero si ello es así, la carga de la demostración recae entonces sobre la cultura y la educación.


Existen diversas especies de vida corta, pero los ciclos de vida de la mosca de la fruta han sido propicios para comprender numerosos fenómenos de los procesos vitales, entre ellos la sexualidad, la reproducción, la genética e incluso la metabolómica.
La verdad es que la naturaleza se articula en un tejido amplio de numerosos tiempos vitales, muchos disyuntos de los de los seres humano y el tiempo humano es tan sólo uno referente adicional en la complejidad misma de la vida. Al fin y al cabo, tomando como base los ritmos circadianos, los tiempos de la naturaleza son al mismo tiempo de ciclos breves, medianos y largos, con muchos niveles intermedios; pero vista como un todo, la naturaleza existe con una escala temporal de largo alcance y de un muy grande calibre.


Ser contemporáneos —esto es, seres del siglo XXI—, comporta definir la existencia a partir de un dilema central: las relaciones entre genética y cultura, análogamente a como ser medievales significaba existir en el seno del dilema entre el pecado y la salvación. Pues bien, es posible parafrasear la primera idea diciendo que todo el dilema parece resolverse, hoy por hoy, en las relaciones entre los tiempos de la naturaleza y los tiempos de la cultura, o de la civilización, para el caso da igual.


"Vive rápido y muere joven", ha sido siempre una idea que hace que la existencia se hunda en el presente y descuente el futuro, y con él los sueños, los proyectos, las esperanzas y las ilusiones; incluso, hay que decirlo, las responsabilidades. Ese dictum nunca ha sido mejor acogido que en el mundo contemporáneo, cuando Europa, la más desarrollada de todas las civilizaciones, materialmente hablando, enfrenta desde hace muchos años tasas de natalidad por debajo de cero, y en los Estados Unidos las tasas de natalidad mantienen niveles de optimismo debido principalmente a la fuerza de los latinos, y cada vez menos, también de la población afrodescendiente.


En contraste, numerosas civilizaciones antiguas y hoy en día también numerosos pueblos mal llamados "primitivos o atrasados", definen su vida en función de los ritmos de la naturaleza y de los tiempos y ciclos naturales. Con ello, aprenden a pensar a largo plazo y a actuar también con una ventana inmensamente más amplia que la predominante en la civilización occidental.


Hagamos un pequeño experimento mental. Suponiendo que hablamos la lengua de la Drosophila melanogaster, si le planteamos: ¿Cómo piensas que podrías vivir en, digamos, 100 o 120 años? O bien, ¿no podrías actuar de otra forma, supuestas tus dos semanas de vida, de manera que avizores lo que pueda acontecer en 200 años? Con seguridad la mosca de la fruta nos miraría como si fuéramos locos.


Pues bien, pensar la naturaleza comporta vivir en escalas inter y transgeneracionales. Bastante más y bastante diferente del presente. En un tiempo y una cultura que hace de la eficiencia y la eficacia, y con ellas de la productividad y el crecimiento, el mantra de su existencia.


Si le planteamos a un tomador de decisiones (horribile dictum) —por ejemplo, un militar, un CEO, un político o un banquero— que piense en lo que puede acontecer en 500 años o en mil o dos mil años, sin duda, nos mirará igual que la Drosophila melanogaster: no entenderá nuestras palabras y nos considerará como locos. Se comportan como insectos que creen que todo el tiempo que existe es el suyo propio; y nada más.


Lo cierto es que el tejido de retos, desafíos y problemas de la crisis sistémicas y sistemáticas actuales exigen, absolutamente, otra estructura mental (mindset) perfectamente distinta a la habida hasta la fecha. Pero para un ser cuyas expectativas de vida son inmediatistas y efectistas, pensar en tiempos naturales es cosa de dementes. Según parece, impera la locura: esa, la malsana y patológica. "Disfruta el momento y vive el presente mientras dura": esa parece ser la lógica de la mosca de la fruta. Con una salvedad: en su caso la biología impera, mientras que, supuestamente, en el caso de los tomadores de decisiones pareciera ser importante la educación, la cultura, la filosofía y la ciencia. Palabras.


Cuando una especie no entiende a la naturaleza, esta lo comprende, le da su tiempo de espera, y si es necesario, pasa por encima suyo. Al fin y al cabo, la evolución es una idea que simple y llanamente significa el cambio de la vida. Y sí: a mediano y largo plazo las cosas cambian. La marca de calidad de la naturaleza es esa: el cambio y las variaciones. Pero la Drosophila melanogaster no parece/puede verlo de esta manera.

Alarma a científicos posible uso terrorista de transgénicos

Una técnica nueva y poderosa para generar organismos genéticamente modificados "supercargados", que pueden extenderse con rapidez en la naturaleza, ha causado alarma entre científicos que temen que se le pueda dar mal uso, en forma accidental o deliberada, y causar un desastre de salud o ambiental.

El desarrollo de la llamada tecnología de "conducción de genes" promete revolucionar la medicina y la agricultura porque en teoría puede detener la propagación de enfermedades transmitidas por mosquitos, como la malaria y la fiebre amarilla, así como eliminar plagas de cultivos y especies invasivas como ratas y sapos de caña.


Sin embargo, los científicos que están en la vanguardia de este avance creen que esta tecnología, en manos criminales, podría plantear una seria amenaza al ambiente y a la salud humana si de manera accidental o intencional es liberada de un laboratorio sin salvaguardas adecuadas. Algunos creen que incluso podría usarse como arma bioterrorista dirigida contra pobladores o ganado porque los conductores de genes –los cuales permiten que los genes modificados genéticamente se expandan con rapidez, como una infección viral en una población– serán a la larga fáciles y baratos de generar.


"Así como los conductores de genes pueden volver inhóspitos a los mosquitos para albergar y propagar el parásito de la malaria, también se les podría diseñar para llevar una carga que deposite toxinas bacterianas letales en humanos", advirtió David Gurwitz, genetista de la Universidad de Tel Aviv, en Israel.


Demandan salvaguardas


Un grupo de genetistas ha demandado aplicar salvaguardas internacionales a investigadores que deseen desarrollar conductores de genes, adoptando estrictas medidas de seguridad en laboratorios para evitar el escape accidental de transgénicos "supercargados", capaces de extenderse con rapidez y sin control.


La semana pasada, la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos emprendió una revisión de amplio espectro de la tecnología de conductores de genes en "organismos no humanos", y en el número más reciente de la revista Science un grupo de 27 destacados genetistas llamó a la comunidad científica a ser abierta y transparente tanto sobre los riesgos como sobre los beneficios de esta técnica.


"Tienen un tremendo potencial para atender problemas globales de salud, agrícolas y de conservación, pero su capacidad de alterar poblaciones silvestres fuera del laboratorio exige precaución", puntualizaron.


Los investigadores han trazado un conjunto mínimo de reglas de seguridad para la protección contra escapes de laboratorio y han convocado a un debate público sobre los beneficios potenciales y los riesgos de una tecnología que permite a los genetistas acelerar la transmisión hereditaria de rasgos genéticamente modificados en una población animal en el curso de unas cuantas generaciones.


Los investigadores han comparado la tecnología de conducción de genes a una reacción nuclear en cadena porque permite que los genes modificados se amplifiquen dentro de una población de insectos u otros animales sin mayor intervención una vez que el nuevo rasgo se ha introducido. Así ocurre incluso si el rasgo no es benéfico para el organismo.


Experimentos de laboratorio en moscas de la fruta han mostrado que un gen modificado introducido en una mosca individual puede en unas cuantas generaciones "infectar" prácticamente a todas las otras moscas de la población, en desafío de las reglas normales de la genética, que dictan una diseminación más lenta.


Kevin Esfeldt, experto en dirección genética del Instituto Wiss de la Escuela de Medicina de Harvard, en Boston, señaló que la tecnología se desarrolló en teoría hace unos 10 años, pero sólo en los dos años pasados fue posible en el laboratorio, con el descubrimiento del mecanismo de edición de genes llamado Crispr-Cas9.


El doctor Esfeldt explicó que los directores de genes se basan en un "caset" de elementos genéticos que permiten que un gen modificado salte de un cromosoma a otro dentro del mismo individuo, de modo que con el tiempo todo el esperma o los óvulos del animal llevan el rasgo modificado, y no la mitad. Esto significa que virtualmente ninguno de los descendientes está libre del rasgo modificado introducido. Los directores de genes benefician la salud humana alterando las poblaciones de insectos que diseminan enfermedades, como los mosquitos transmisores de la malaria, el dengue, el chikungunya y la enfermedad de Lyme, de modo que dejan de representar amenazas.


Llaman a la prudencia


También se pueden emplear para revertir las mutaciones que dan a las plagas de cultivos resistencia a los pesticidas agrícolas, o para extender rasgos genéticos dentro de una población de especies invasivas para ayudar a exterminarla, como hacer que la piel de las ranas de caña introducidas en Australia deje de ser tóxica para los depredadores nativos.


"Si tenemos razón en esto, es un avance poderoso que puede hacer del mundo un lugar mucho mejor, pero sólo si lo usamos con prudencia", comentó el doctor Esfeldt.


Sin embargo, algunos científicos temen que la facilidad con que se pueden producir directores de genes los hará blanco de cualquier grupo o individuo maligno con acceso a equipo moderno de laboratorio.


El doctor Gurwitz advirtió que las instrucciones precisas para construir directores de genes deben clasificarse, como se hace con la tecnología para fabricar armas nucleares. Sin embargo, el doctor Esfeldt y los otros 26 científicos que escribieron en Science disienten de ello, pues aducen que la apertura y transparencia completas son la mejor defensa contra el uso de los dierctores de genes como arma biológica, pues clasificar esta información sería técnicamente ineficaz y políticamente contraproducente.


"Hablamos mucho con expertos en bioseguridad y señalaron que no clasifican la información porque eso aseguraría que se usaran como arma", observó Esfeldt.


Traducción: Jorge Anaya

Por qué algunas personas envejecen antes que otras

Un conjunto de factores, como el nivel de colesterol, el índice de masa corporal o la presión sanguínea permiten medir las diferencias entre edad biológica y edad cronológica


El tiempo no pasa igual para todos. Cuando se acercan los cuarenta, unos pocos siguen pasando por veinteañeros mientras otros parecen cerca de la edad de jubilación. Más allá del aspecto estético, en una sociedad cada vez más envejecida, medir la edad real y la velocidad de envejecimiento individual puede ser muy útil para contrarrestar los efectos del paso del tiempo cuando aún no ha comenzado a causar enfermedades. Hasta ahora, sin embargo, no existen buenos métodos para medir el proceso de envejecimiento en adultos jóvenes. Eso es lo que trata de cambiar un equipo internacional de científicos liderado desde la Universidad Duke (EE UU).


Los investigadores emplearon información obtenida en el estudio Dunedin, que ha recopilado información sobre la salud de más de mil personas de la ciudad neozelandesa desde su nacimiento, entre 1972 y 1973, hasta la actualidad. Por un lado, tomando un algoritmo que incluye 10 biomarcadores, como el índice cintura-cadera, la salud de las encías, el nivel de colesterol y triglicéridos o la presión arterial, calcularon la edad biológica de los individuos que querían estudiar. Pese a que todos tenían 38 años, a algunos de ellos les correspondía una edad biológica de hasta 28 años mientras otros llegaban a los 61.


Además, los científicos midieron el ritmo de envejecimiento de los voluntarios tomando como referencia la variación de 18 biomarcadores entre los 26 y los 38 años. Así observaron que mientras la mayor parte de la gente envejece un año biológico por año cronológico, algunos envejecían hasta tres años biológicos por año cronológico. En el otro extremo, tres de los participantes en el estudio Dunedin tenían un ritmo de envejecimiento biológico inferior a cero, recuperando juventud fisiológica durante la treintena.


Los autores del trabajo, que se publica hoy en la revista PNAS, también observaron que quienes envejecían más rápido y tenían una edad biológica mayor, sufrían un descenso más rápido del cociente intelectual, mayor riesgo de demencia o peor equilibrio. Además, los propios voluntarios que acumulaban años biológicos a mayor velocidad tenían una percepción peor sobre su salud y parecían más viejos a ojos de observadores independientes.


Aunque los investigadores reconocen que aún deberán afinar sus mediciones para saber, por ejemplo, si algunos factores relacionados con el envejecimiento tienen más influencia en la acumulación de años biológicos que otros, estos resultados muestran que es posible cuantificar las diferencias en la velocidad a la que envejecen personas jóvenes, poniendo la base para poder medir la efectividad de tratamientos antiedad aplicables antes de que el deterioro físico se vea en forma de enfermedades.


"Nuestra investigación puede impulsar los esfuerzos para prevenir enfermedades y la discapacidad relacionada con la edad de dos maneras. En primer lugar, hace posibles otros estudios que prueben de qué manera diferentes factores de riesgo pueden acelerar el envejecimiento. Esos estudios pueden identificar objetivos para trabajar en la prevención", explica Dan Belskey, investigador de la Universidad Duke y autor principal del estudio. "En segundo lugar, hace posible la evaluación de terapias antienvejecimiento en personas jóvenes", añade. "Antes, los estudios se tenían que centrar en tratar adultos más mayores porque los efectos de la edad se suelen medir evaluando patologías cognitivas o físicas", continúa. "Tratar de ralentizar el envejecimiento en individuos que ya han desarrollado enfermedades crónicas es una batalla cuesta arriba. Las terapias para ralentizar el envejecimiento en personas jóvenes pueden ser más efectivas porque los procesos relacionados con la enfermedad aún no se han puesto en marcha", concluye.


Para completar sus resultados, en el futuro, los investigadores quieren medir qué parte del ritmo al que envejecemos está relacionado con la genética y qué parte con el estilo de vida. Además, tratarán de comprender por qué algunos de los individuos estudiados mostraban rasgos fisiológicos que indicaban que, al menos durante un cierto periodo, con el paso del tiempo se volvían más jóvenes.

Escalada conservadora contra la edición genética

El pasado 18 de abril, un grupo científico chino dio a conocer los primeros resultados a escala mundial sobre el empleo de las novedosas técnicas de edición genética en embriones humanos. Los investigadores de la Universidad Sun Yat-sen, en Guangzhou, emplearon embriones no viables (que no pueden dar lugar a un nacimiento) obtenidos de las clínicas de fertilización, para ensayar la modificación del gen causante de una enfermedad llamada beta talasemia, en la cual se reduce la producción de hemoglobina (proteína presente en los glóbulos rojos que transporta el oxígeno a todas las células del organismo) y puede provocar la muerte. Para los autores del trabajo, publicado en la revista Protein & Cell, sus resultados ilustran que aún hay grandes problemas por resolver y una enorme distancia para pensar en las aplicaciones clínicas de la técnica; sin embargo, el reporte ha levantado una ola de preocupaciones éticas en el mundo, entre las que se revela sin ambigüedades la añeja guerra que libra la Iglesia contra el avance del conocimiento científico.


El dilema ético consiste en que, por una parte, la técnica denominada CRISPR/Cas9, que emula un mecanismo de defensa bacteriana y permite eliminar o reparar genes defectuosos, aparece como una de las mayores promesas hacia el futuro para corregir defectos genéticos devastadores antes del nacimiento. Pero, por otra parte, la modificación genética implica la introducción de cambios en el genoma humano que podrían propagarse en generaciones sucesivas, sin que aún se conozcan a cabalidad todos sus efectos en el organismo. Como puede entenderse, en los dos casos se trata de escenarios inexistentes, aunque potencialmente factibles. No obstante, para algunos estas dudas son suficientes para detener la investigación en este campo.


Pese a ser ahora tan criticado en occidente, el trabajo liderado por Junjiu Huang, al que hago referencia, ilustra claramente estas dos posibilidades, pues, por un lado, muestra cierto porcentaje de éxito al lograr en su modelo la edición del gen HBB, que codifica la proteína beta-globulina humana (cuya mutación es la causa de la beta talasemia). No obstante, está más que presente la otra cara de la moneda, pues la eficiencia es muy baja: de un total de 86 embriones sólo fueron empalmados con éxito 28 y, lo más importante, se encontraron mutaciones genéticas no deseadas en otras regiones del genoma, lo que desde luego habla de un problema enorme de seguridad. De acuerdo con Sara Reardon, quien ha seguido de cerca este debate en la sección de noticias de la revista inglesa Nature, el propio Huang ha reconocido que si se quiere explorar lo anterior en embriones normales se requeriría antes estar cerca del ciento por ciento de eficiencia.


El tsunami provocado por el estudio citado ha obligado a las principales organizaciones científicas en Estados Unidos, como las academias Nacionales de Ciencias y de Medicina, a programar reuniones para este mismo año, de las que surgirán recomendaciones para normar estas investigaciones, entre las que se puede anticipar la limitación de llevar estos proyectos a un nivel de estudios clínicos, sobre lo cual existe consenso entre las comunidades científicas del mundo, incluso, como hemos visto, el grupo chino. Pero lo anterior no implica una prohibición (aunque las leyes de los diferentes estados del país del norte no la prohíben, existe desde los antiguos debates sobre la clonación la prohibición de emplear financiamiento público para la investigación en embriones humanos).


Pero ahora se han incorporado en este debate las agrupaciones religiosas utilizando a la Cámara de Representantes de Estados Unidos, en la que los sectores republicanos más conservadores han realizado una modificación en el proyecto de presupuesto para la Administración de Alimentos y Fármacos (FDA, por sus siglas en inglés) para 2016. El proyecto de esa cámara pretende hacer más difícil la edición genética en embriones para los ensayos clínicos. Se trata de una disposición que impediría a la FDA el uso de fondos federales para evaluar o permitir la investigación que involucre tanto a embriones viables o células sexuales (espermatozoides u óvulos) que pudieran ser utilizados para crear un embrión.


La Cámara de Representantes pretende que la FDA incorpore en estos casos a un panel de expertos que incluya representantes de las organizaciones religiosas con conocimientos en bioética y de asociaciones médicas basadas en la fe. Se trata de algo completamente inusual, pues la FDA se encarga de evaluar la seguridad y eficacia e los medicamentos y otros productos médicos, no de las implicaciones éticas y sociales de la investigación. Este proyecto aún no es aprobado, pero muestra cómo, al igual que en nuestro país, la Iglesia trata de ocupar todos los resquicios posibles de manera abierta o disfrazada para oponerse al avance del conocimiento.

De mosquitos a bebés transgénicos, ¿qué CRISPR sabes?

Si no sabe lo que es CRISPR, no se preocupe, 99.9 por ciento de la humanidad tampoco. Mejor dicho, preocúpese: es una nueva tecnología de biología sintética de alto poder que está siendo usada para modificar genéticamente desde plantas y mosquitos a cerdos y primates, incluidos embriones humanos, lo cual podría cambiar en forma permanente las características genéticas de nuestra especie.


El 18 de abril 2015, un grupo de científicos chinos, de la Universidad Sun Yat-sen en Guangzhou, China, reportó haber modificado genéticamente embriones humanos con esa técnica, en la revista científica Protein & Cell (Liang et al). Semanas antes, las revistas científicas Nature y Science habían publicado los llamados de varios científicos de alto nivel –incluido dos premios Nobel– a establecer una moratoria sobre la ingeniería genética en embriones humanos, en particular sobre la modificación de líneas germinales. Ese tipo de intervención cambia la información genética no sólo del individuo al que se aplica, sino de toda su descendencia, o sea, de la especie.


Los científicos que trabajan en ello alegan que la modificación genética de línea germinal se necesita por razones médicas (en el caso del equipo en China, para eliminar un gen responsable de la talasemia, un tipo de anemia hereditaria). Pero si la tecnología demuestra ser viable, se abrirá la caja de Pandora de producir bebés de diseño, por preferencias estéticas, para ser supuestamente más inteligentes u otras razones mucho más allá que la salud. En el contexto de las industrias biotecnológicas y farmacéuticas, esto será el principal negocio.


El trasfondo tecnológico de la polémica es la aplicación de una nueva técnica de biología sintética, anunciada en 2012, llamada CRISPR/Cas9 (clustered regularly interspaced short palindromic repeat (CRISPR)-associated system), o repetidos palindrómicos cortos aglomerados regularmente e inter-espaciados, que ha mostrado un nivel mucho más alto de precisión para modificar genéticamente organismos vivos, microorganismos, plantas y animales, ya que permite cortar y silenciar, eliminar o remplazar secuencias genéticas, con mucha más exactitud que las tecnologías usadas anteriormente.


Permite además cambiar las funciones genómicas, sin necesariamente introducir nuevo material genético permanente en el ADN, por lo que junto a otras técnicas recientes de biología sintética, como TALEN y ZFN, se las agrupa en lo que llaman edición del genoma. Pese a ser tecnologías incipientes, el entusiasmo científico y económico de la edición genómica en animales, plantas y humanos es enorme y generalmente acrítico, exceptuando el uso en embriones humanos.


Para la industria biotecnológica, la edición genómica no sólo es más rápida y eficaz, es también una forma de evitar regulaciones, alegando que no se introduce nuevo material genético. Esperan convencer al público de que no son transgénicos para que sus productos no encuentren tanta resistencia social.


Que sea posible editar genomas con estas y otras tecnologías no supera los muchos vacíos e incertidumbres que persisten sobre las funciones de los genes, las interacciones con el resto del genoma y con muchos otros componentes epigenéticos e incluso ambientales y ecosistémicos, ni tampoco las incertidumbres sobre los potenciales efectos secundarios adversos, en muchos casos imprevisibles.


Varios estudios sobre usos de CRISPR/Cas9 –y ahora el del equipo chino sobre embriones humanos– han mostrado que aunque el corte es preciso y el remplazo con otra secuencia puede ser eficaz, el proceso no acaba allí, ya que el uso de esta tecnología provoca también la mutación de secuencias que no eran el objetivo. Al actuar como una reacción mutagénica en cadena, puede atacar los genes causantes de ciertas enfermedades hereditarias, pero al mismo tiempo silenciar o eliminar defensas naturales del genoma ante otras dolencias.


En el caso de la modificación de insectos con CRISPR/Cas9 para combatir la malaria, una de las preocupaciones manifestadas por científicos de la Universidad de California en San Diego es que la tecnología demostró tener una eficacia tan alta en propagarse (97 por ciento contra una tercera parte de otras técnicas) que, de aplicarse, en una o dos generaciones ya se habría modificado genéticamente toda una población de mosquitos en un área, sin tener claro los efectos secundarios no deseados de esta transformación, ni en los mosquitos, ni en el ambiente o incluso los cambios en otros agentes de la propia enfermedad que trasmiten.


Este tipo de riesgos no son aceptables en ningún caso, pero más claramente en el caso de liberaciones al ambiente –como plantas, mosquitos, etcétera– y por supuesto, en la modificación de líneas germinales humanas, que llevarán a cambios en el genoma humano que afectan a toda la especie, con efectos dinámicos y sinérgicos impredecibles para nuestros hijos.


Según el Dr. David King, de la organización Human Genetics Alert del Reino Unido, que trabaja hace años en este tema, el llamado a una moratoria y directrices voluntarias sobre la modificación genética humana que están haciendo ahora algunos científicos es totalmente insuficiente, ya que hay más de 40 países que ya la prohíben. La medida urgente ahora, ante estas nuevas tecnologías, es establecer una prohibición internacional y permanente contra la modificación genética de líneas germinales humanas.


Además, necesitamos una moratoria real, no voluntaria de los que desarrollan las tecnologías, para abrir un debate social amplio e informado, mucho más que científico, sobre estas nuevas tecnologías y sus implicaciones sociales, ambientales, económicas, de salud y bioseguridad.



Lunes, 16 Marzo 2015 16:59

Matando en nombre de la ilustración

Matando en nombre de la ilustración

Como no podía ser de otra manera, los medios masivos de comunicación del mundo entero enterraron rápidamente la noticia del asesinato de tres jóvenes musulmanes en el municipio de Chapel Hill, Carolina del Norte, en el sureste de Estados Unidos. La reacción a los hechos, acaecidos el martes 10 de febrero de éste año, no fue acompañada de carteles con letreros como "todos somos Deah", Yusor o Razan Mohammad, que son los nombres a los que respondían los jóvenes asesinados. En los medios, la noticia fue marginalmente difundida, y además se presentó enfatizando la duda de la relación que pudiera existir entre la condición de musulmanes de las víctimas y su asesinato, a pesar de las declaraciones del victimario en las redes sociales sobre su postura radical anti-religiosa.


Y es precisamente éste último aspecto el más soslayado, pues parece contrario a las lógicas que sobre la intolerancia se han hecho dominantes en los últimos tiempos. Craig Stephen Hicks, autor del crimen, se declara ateo, es decir, sin creencias religiosas, y esgrime frases que cualquier laico suscribiría, como: "No soy ateo porque ignore la realidad de las escrituras religiosas. Soy ateo porque las escrituras religiosas ignoran la realidad". Ahora bien, parecía imposible que alguien estuviera dispuesto a matar en nombre de la realidad objetiva en abstracto.

 

No hay duda que al repasar la historia nos encontramos con violencias de origen religioso de todo tipo, y que su legitimación siempre ha estado basada en la supuesta existencia de una verdad única y el derecho que le surge a su poseedor de conducir a los demás hacía tal verdad, así la vida quede liquidada en ello. Sin embargo, en la historia más reciente también han sido cometidos genocidios en nombre de la "democracia" y de los "valores universales", que tienden a minimizarse. La lógica del Wasp (la sigla en inglés de blanco, anglosajón y protestante) la han impuesto hasta el momento no en poca medida por la violencia, de una forma más o menos institucionalizada desde los inicios mismos de la modernidad, si bien en los casos del coloniaje español y portugués, con la sustitución de protestante por católico.


Lo que, sin embargo, parece novedoso en el caso que nos ocupa, es que la violencia de la irracionalidad de la verdad única de la religión, propia de "edades oscuras" y prolongada hasta los tiempos actuales por los fundamentalismos, es sustituida por una violencia ejercida en nombre de "la racionalidad" surgida en la creencia de la irreductibilidad de lo "real" y lo inmediato. Matar en nombre de la "no creencia" parece el extremo de los sinsentidos, aunque deja de serlo tanto si observamos que recientemente se ha extendido un movimiento que en nombre del positivismo escéptico, expone ciertas tesis que bordean peligrosamente con el racismo, y por tanto abren espacio a la eugenesia.


Richard Nicholas Wade, un conocido divulgador británico de la ciencia, en su último libro Una herencia incómoda: genes, razas e historia humana (cuya versión en español apareció en enero de éste año), sostiene la existencia de razas humanas producto de la evolución reciente, y que la estructuración genética que las define influencia el comportamiento humano individual que, a su vez, se traduce en diferenciaciones institucionales que explican las disparidades sociales entre grupos y entre continentes. La reacción al libro, incluida una carta enviada al New York Times por 139 genetistas descalificando esas afirmaciones, ha propiciado un debate intenso, en el que Wade acusa a la "izquierda académica" de estar detrás de las reacciones negativas a su texto. Los elogios y la defensa más fuerte de la posición de Wade provienen de personajes como Edward Wilson, fundador de la sociobiología, y Steven Pinker, sicólogo evolucionista, para los que los comportamientos no pueden tener explicaciones diferentes a las de las características físicas, pues no puede haber nada más allá de los genes. De hecho, Wade habla de eugenesia positiva, refiriéndose a prácticas como propiciar matrimonios entre las personas con los mayores coeficientes mentales, o a la promesa de la ingeniería genética, en el mismo sentido, de volvernos más "inteligentes", cualquier cosa que eso signifique.


Ni hoja en blanco ni texto escrito


El debate de sociobiólogos y sicólogos evolucionistas en contra de quienes consideran reduccionista explicar los fenómenos del comportamiento humano como dependientes exclusivamente de estructuraciones físicas, que en últimas terminan restringiéndose a las genéticas y las sinápticas, ha terminado por simplificarse como el debate contra los defensores de la tabula rasa (hoja en blanco), es decir, quienes supuestamente defienden que los seres humanos nacen sin ninguna característica y que todo es adquirido del medio, más exactamente, de la cultura. Esa simplificación tiene su contrario en la afirmación de que nada se aprende de los demás y que todo comportamiento está pre-programado por lo genes.


La secuenciación completa del genoma humano, alcanzada en 2003 (tres años después del "borrador" anunciado por el presidente de EU Bill Clinton en 2000), dio lugar a una explosión de estudios sobre las relaciones causa-efecto entre la presencia de determinados genes y el desarrollo de cierto tipo de enfermedades. El éxito alcanzado al identificar seis mil enfermedades monogénicas, influyó sin duda en la creencia de que las patologías se reducían a un problema de mutación o ausencia de un gen determinado. Sin embargo, el hecho de que en la mayoría de los desórdenes fuera necesario asociar más de un gen (poligenia), ha desdibujado la esperanza de relacionar de forma directa la presencia de un conjunto de genes con el desarrollo de una determinada patología, pues la variabilidad de las asociaciones impide la identificación de patrones fiables.


El profesor de genética epidemiológica Tim Spector, director del registro británico de gemelos e investigador del King´s College de Londres, quien había suscrito hasta hace poco estudios en los que asociaba la estructura genética con hechos tan disimiles como la capacidad para el orgasmo o la predisposición a la infidelidad, además de ser el descubridor del gen que supuestamente explica la calvicie, se retracta en su último libro de divulgación Post Darwin: no estamos predestinados por nuestros genes, y concluye que los estudios de los gemelos llevan a inferir que las diferencias parecen más importantes que las coincidencias y que los genes no parecen tener la importancia que les atribuyen.


Marcus Pembry, genetista británico, descubrió que los síndromes de Anglemans y de Prader-Willi, dos alteraciones distintas, eran causadas por un mismo defecto genético, una degeneración de un fragmento del cromosoma 15. Lo curioso del caso es que sí ese fragmento es heredado del padre provoca el síndrome de Prader-Willi, mientras que si es heredado de la madre da lugar al síndrome de Anglemans. Con lo que quedó en evidencia que una determinada estructura genética no es, por lo menos, suficiente para explicar ciertas características individuales. El trabajo de Pembrey, en compañía de Olov Bygren, en la localidad sueca de Övercalix, acerca de la influencia del ambiente en la estructura genética deja sentado que los mecanismos de la herencia son más complejos de lo pensado hasta ahora, pues en su investigación pudieron comprobar que sin que se altere la secuencia del ADN, los efectos cambian según los genes se hereden "encendidos" o "apagados". Su activación o silenciamiento es lo que denominan epigenética, siendo los factores de tal activación o silenciamiento mecanismos aún desconocidos para la ciencia. Así que, además de una herencia genética, debe contarse con una herencia epigenética.


Que existen características heredadas nadie lo discute, por lo que afirmar que los anti-deterministas son defensores de la tabula rasa, no es más que una forma de adjetivar a quienes se muestran críticos con la defensa de la predeterminación del comportamiento. El determinismo comportamental tuvo en el siglo XIX un importante antecedente en la frenología, aunque por las limitaciones de la época restringió las causas explicativas a la forma del cráneo y a ciertas facciones como los factores que denunciaban al criminal innato, o al incompetente, en un esfuerzo racista de justificación de la superioridad de la "raza blanca" y de la "cultura occidental". Cambiar esas causas por las de la estructura genética no altera el efecto ni los fines de los reduccionistas.


El renacimiento de la sociobiología, la emergencia de un institucionalismo biologista y la reducción de los fenómenos sociológicos a un campo de la etología, no parecen hechos aislados ni independientes de la crisis civilizatoria que vivimos. El problema no es de la genética, como disciplina científica, claro está, que casos como loss de Tim Spector muestran el poder de la autocrítica, y en el del bioestadístico Peter Kraft, que ha probado las debilidades de los estudios de asociaciones genéticas como causa de predisposición a ciertas características, la crítica multidisciplinaria propia de la ciencia moderna. El problema reside en el uso de ciertos resultados por divulgadores o cultores de otras disciplinas que, como en el caso de la sicología evolucionista, pretenden probar que nos encontramos en el mejor de los mundos posibles, y que buscar alterar el curso de los acontecimientos humanos es antinatural.


Ciencia, anti-ciencia y política


La defensa de la ciencia, como método del conocer, a veces es confundida con la defensa de la institucionalidad científica, y no son la misma cosa. La institucionalidad científica no es neutra y está cruzada por los intereses de los diferentes grupos sociales tanto como cualquier otra organización. Las falsificaciones, los engaños y el ocultamiento no son cosas excepcionales, como sucede a menudo en la experimentación en los laboratorios farmacéuticos. Los casos más recientes en las pruebas de sustancias para la anestesia han sido particularmente escandalosos: Scott Reuben, especialista en tratamiento del dolor agudo, y patrocinado por la Pfizer, Joachim Boldt, y también Yoshitaka Fujii, todos de la misma especialidad, fueron descubiertos en la falsificación de resultados y su publicación en las revistas más reputadas del área correspondiente.


La reacción, ante estos casos en particular, y en general ante las deficiencias de la farmacología y los límites de la medicina convencional, para remitirnos tan sólo a un campo específico de la institucionalidad científica, es tildar a los críticos de favorecedores de la charlatanería. Quizá por eso el válido y altruista objetivo de luchar contra las engañifas ha estado derivando en un movimiento fundamentalista que frente a cualquier interrogante sobre las explicaciones convencionales acerca de la compleja realidad, responde con excesos verbales y propuestas que dejan dudas sobre el espíritu que los anima. El biólogo Richard Dawkins, por ejemplo, divide a los científicos en "Chamberlainitas" –que piensan como Neville Chamberlain, quien al principio de la Segunda guerra Mundial consideró posible negociar con Hitler para evitar la guerra– y churchilianos –por Winston Churchil, primer ministro inglés que declaró la guerra a la Alemania hitleriana– y califica entre los primeros a Stephen Jay Gould, quien consideraba que la fe y el conocimiento son esferas separadas y que el desarrollo de la ciencia no tiene por qué depender de si existen creyentes o no. Dawkins, por lo contrario, considera que los científicos tienen que ser militantes contra cualquier tipo de fe y que viene una batalla definitiva entre sobrenaturalistas y racionalistas.


Ahora bien, ¿es creíble que el edificio de la ciencia está amenazado por las supersticiones? ¿Es perceptible en las universidades que gana espacio la anti-ciencia? Es muy difícil creer que la matemática, la física o la química estén realmente amenazadas por el esoterismo. Entonces, ¿de dónde surge tanto celo racionalista? Dawkins, en una entrevista para el diario El País de España (22-9-2014), dice: "No puedo evitar preguntarme si una dieta de cuentos de hadas repletos de encantamientos y milagros, hombres invisibles incluidos, es dañina desde un punto de vista educativo"; de donde surge inmediatamente la pregunta, ¿eso no debería llevar, entonces, a la prohibición no sólo de la literatura de los hermanos Grimm, sino también la de Herbert Wells (por su "El hombre invisible" y "La máquina del tiempo") y de producción artística como los dibujos animados y la ciencia ficción, o el realismo mágico?

En el libro de Carl Sagan El mundo y sus demonios: la ciencia como una luz en la oscuridad, escrito contra la charlatanería y en defensa de la ciencia, Sagan señala que en el mundo actual el analfabetismo científico es más nocivo que en el pasado y que "Es peligroso y temerario que el ciudadano medio mantenga su ignorancia sobre el calentamiento global, la reducción del ozono, la contaminación del aire, los residuos tóxicos y radiactivos, la lluvia ácida, la erosión del suelo, la deforestación tropical, el crecimiento exponencial de la población", pero, ¿acaso no es la misma institucionalidad científica, la que durante mucho tiempo ha velado esos problemas? ¿Los cultores de la sicología evolucionista no los sesgan cuando afirman que la humanidad nunca estuvo más segura y mejor que ahora?


En el libro citado de Sagan, éste utiliza como epígrafe una frase de Einstein que nos señala con justeza que nuestro saber cómo especie debe lo más significativo a la disciplina científica, pero que pese a sus avances ese saber es aún incipiente frente a la complejidad de la naturaleza: "Toda nuestra ciencia, comparada con la realidad, es primitiva e infantil [...] y sin embargo es lo más preciado que tenemos". Rechacemos, entonces, las pseudociencias, pero también los mecanicismos elementales que nos quieren regresar al determinismo de los siglos XVIII y XIX, y que pretenden hacernos creer que ya tenemos en nuestras manos los secretos del divino y lo humano.


Steve Pinker cuando es preguntado en Cartagena, en el marco del Hay festival, por la posición del biólogo Richard Lewontin contra el reduccionismo genético responde que: "Su rechazo a la sicología evolutiva [el de Lewontin] es apenas comprensible, viniendo de alguien formado en el seno de la ideología marxista, pues el marxismo es posible mientras no exista nada semejante a una naturaleza humana [...]", (El Espectador, 10-02-2015), descalificando la posición del científico norteamericano por su defensa de la relación bidireccional organismo-medio y por una supuesta negación del marxismo de algo semejante a "una naturaleza humana", que quizá debe entenderse como negación de la materialidad física de los seres pensantes, algo totalmente alejado del marxismo, salvo que a tal materialidad se quieran reducir la totalidad de los fenómenos humanos.


Parece claro que en el reclamo de los reduccionistas genéticos por una militancia a ultranza de los científicos en una sedicente campaña contra la anti-ciencia, se esconde el llamamiento a colocar el conocimiento como instrumento del statu quo, y si bien Craig Stephen Hicks, cuando sacrificó a los cuatro jóvenes musulmanes, seguramente no se inspiró en Wade, Pinker, Wilson o Dawkins, es bueno llamar la atención sobre la beligerancia de una nueva cruzada que parece tener como telón de fondo la defensa, a cualquier precio, de los "principios de la Ilustración".