Martes, 31 Diciembre 2019 06:34

2020, 10+1 desafíos

2020, 10+1 desafíos

El inicio de un nuevo año, y más el de una década, es siempre un buen momento para poner sobre la mesa tareas pendiente y desafíos. Me atrevo a contribuir a esa tarea señalando los mayores problemas que yo creo que tiene nuestro mundo y el horizonte al que en mi opinión debería apuntar su solución para poder evitar que sigan produciendo las fracturas tan dramáticas que hasta ahora vienen generando.

  1. Conservar la vida en el planeta.

Acabamos de vivir una cumbre mundial sobre esta cuestión y no creo que sea necesario abundar en las consecuencias terribles que puede tener la emergencia climática en la que nos encontramos. Yo no puedo añadir mucho más a lo mucho que ya se ha dicho al respecto, pero sí quisiera subrayar algo que me parece esencial. No habrá forma de dar respuesta a los problemas medioambientales que amenazan la vida en nuestro planeta si no se parte de un convencimiento común y efectivo: ni la naturaleza en su conjunto ni los recursos que nos provee son mercancías. No han sido creados como tales y eso significa que no pueden utilizarse con el único propósito de hacerlos rentables en los mercados. No hay solución sostenible ni verdadera para el planeta que no pase por asumir un principio básico: lo que por su intrínseca naturaleza es común y perteneciente no sólo a la generación presente sino también a las futuras no puede ser apropiado privadamente por nadie, ni destruirse.

  1. Garantizar el sustento de todos los seres humanos.

Según la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación) 11 de cada 100 seres humanos pasan hambre actualmente en el mundo y cada día mueren unas 25.000 personas por esa causa. No hay otro fenómeno que provoque más muertes injustificadas y evitables porque, según esa misma organización y otras muchas, en nuestro planeta hay recursos materiales de sobra para poder alimentar suficientemente a toda la población mundial.

Y no se trata sólo evitar que tantas personas mueran de hambre, sino también de proporcionarles recursos que les garanticen una vida mínimamente decente. Algo que está perfectamente a nuestro alcance.

Según el Banco Internacional de Pagos, el volumen total de transacciones financieras que se realizan en el mundo es de unos 11.000 billones de dólares (millones de millones). Eso quiere decir que con una simple tasa de 20 céntimos por cada 100 dólares de transacción se podría financiar todo el gasto público mundial ELIMINANDO TODOS Y CADA UNO DE LOS DEMÁS IMPUESTOS QUE HAY EN EL PLANETA. Y que con otra de más o menos la misma insignificante proporción se podría conceder una renta básica decente a toda la población mundial.

Eso no sería todo lo que se necesita, pero es la demostración palpable de que estamos ante un desafío perfectamente alcanzable que no se logra porque no se asume como imperativo ético esencial el derecho a la vida que tememos todos los seres humanos.

  1. Ejercicio efectivo de los derechos humanos.

El último informe anual de Human Rights Watch dice que «estos son tiempos oscuros para los derechos humanos», que «a pesar de la creciente resistencia, las fuerzas de la autocracia han experimentado un auge» y que «varios gobiernos importantes (de Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Alemania, …) flaquearon» en la defensa de los derechos humanos.

Hace 72 años que se suscribió masivamente la Declaración Universal de los Derechos Humanos y es cierto que se han dado avances importantísimos, pero de ninguna manera suficientes o completos. Un desafío fundamental es el establecimiento definitivo de un sistema de justicia universal que combata los crímenes que lesionan o incluso acaban con esos derechos, y reconocer y perseguir específicamente los crímenes económicos contra la humanidad.

  1. Libertad real de acceso a la información.

Gracias a internet y a las redes sociales, nunca en la historia de la humanidad ha habido mejores y más asequibles formas de acceso a la información. Pero cada día es más claro que eso no es suficiente porque el uso de las nuevas tecnologías y de las organizaciones que son necesarias para elaborarla, empaquetarla y difundirla está cada más concentrado. Siete empresas controlan casi el 70% de toda la red de comunicación mundial y en españa cuatro consejos de administración hacen lo mismo con el 80% de las audiencias de televisión y radio, por no hablar del poder inmenso de las nuevas megacorporaciones como google o facebook.

Esa concentración tan extraordinaria y la falta de controles efectivos está en la base de la mentira y la manipulación, cuya expansión tampoco tiene precedentes. Sin información libre y plural no hay posibilidad real de ejercer la ciudadanía y de condicionar y presionar al poder. Garantizar la transparencia, perseguir y condenar la mentira, hacer posible el acceso libre y efectivo a la información y a los medios de comunicación y democratizar el acceso a la tecnología y a su uso, son los grandes desafíos en nuestra época del biga data y de las redes.

  1. Gobernanza global.

La mundialización de prácticamente todas nuestras relaciones sociales e incluso personales es ya un proceso que no tiene vuelta atrás, pero que se ha dado sin que al mismo tiempo se diseñen y desarrollen mecanismos e instituciones de regulación y control a la misma escala o nivel. Y sin ellos es prácticamente imposible impedir que sólo quienes disponen de más dinero, información o acceso al poder puedan decidir a su antojo lo que se puede hacer o no en el planeta. Las consecuencias del unilateralismo y de la falta de espacios y foros de debate y decisión cooperativa y plural a escala global están a la vista, y cada día resulta más urgente hacer frente a esta carencia que puede terminar destruyendo la ya de por sí escasa democracia que hay en el planeta.

  1. Reestructuración y jubileo de la deuda.

La deuda se ha convertido en la losa más grande que pesa sobre las familias, las empresas, los gobiernos y la sociedad en general.

Según el Fondo Monetario Internacional, el total de la pública y privada ha crecido un 60% desde 2007 en todo el mundo, unos 70 billones de dólares en la última década, y actualmente representa más de tres veces del producto bruto mundial.

La economía actual tiene la deuda como motor y eso significa que es imposible impedir que se produzcan colapsos periódicos y quizá uno global de magnitud incalculable si no se le pone freno. Y al respecto hay que saber que es mentira que ese incremento de la deuda sea consecuencia de una mala praxis de familias, empresa o gobiernos. No, lo que realmente sucede es que el sector económico más poderoso del planeta, el bancario, tiene el privilegio de crear dinero y, por tanto, beneficio y poder, creando deuda. Y usa su evidente influencia en todo el mundo para imponer políticas económicas que limitan los ingresos para promover su negocio, el crecimiento de la deuda. Prácticamente el 100% de la deuda acumulada en la Unión Europea desde 1995 (más del 60% en España) se debe a intereses, y una gran parte de esa carga es incluso inmoral e injusta.

Hacer frente a este volumen de deuda es materialmente imposible y todas las crisis de deuda que ha habida a lo largo de la historia, sin excepción, se han resuelto con decisiones políticas. Ya es hora de hacer frente al bárbaro endeudamiento que ha provocado el poder inmenso y la avaricia bancaria abriendo negociaciones que lleven a su reestructuración, a quitas ordenadas e incluso a un jubileo global. Sin ello, será imposible garantizar una mínima estabilidad en el mundo a medio y largo plazo.

  1. Justicia fiscal.

Gracias a la enorme influencia política y mediática que han acumulado, los grandes poderes económicos y financieros han conseguido hacer creer que la mejor política para todos es rebajar impuestos. Pero eso sólo se ha traducido en que solamente sean ellos quienes dejen de contribuir a la financiación de los gastos comunes, produciendo así los déficits y el incremento de la deuda que, como acabo de decir, les interesa porque ese es su negocio y lo que esclaviza a los que tienen abajo.

Según los economistas Emmanuel Saez y Gabriel Zucman, de la Universidad de Berkeley, las 400 familias más ricas de Estados Unidos pagaron en impuestos en 2018 el 23% de sus ingresos y las clases trabajadoras el 24%. Y los paraísos fiscales y las distintas formas de elusión y fraude fiscal contempladas en las propias leyes fiscales permiten que las multinacionales y grandes fortunas apenas contribuyan a los gastos comunes. Las grandes empresas se llevan alrededor del 40% de sus beneficios (unos 600.000 millones de dólares anuales) a esos territorios opacos. Y eso, a pesar de que son quienes en mayor medida se benefician del gasto público, porque no hay que olvidar que un euro gastado por el Estado se convierte prácticamente de forma instantánea en un ingreso del capital privado (porque va directamente a él o porque se traduce en gasto en consumo que va a las empresas, o en ahorro que rentabiliza el sistema financiero).

El desafío es doble. Por un lado, asumir en la práctica el imperativo ético de que todos hemos de contribuir a la financiación del gasto que es común en proporción a nuestra capacidad. Y, por otro, que si el proceso de mundialización es ineludible hay que hacer que la fiscalidad que responda a ese anterior principio se establezca también a escala internacional.

  1. Socialización del dinero y el crédito.

El crédito que sirve para poder realizar gastos a lo largo del tiempo y el dinero que es lo que utilizamos para saldar las deudas que genera nuestra diferente participación en los procesos productivos, son para las economías como la savia de las plantas o la sangre de los demás seres vivos. Sin ellos, es prácticamente imposible satisfacer las necesidades humanas cuando se ha alcanzado un cierto nivel de desarrollo. Pero en el capitalismo se ha permitido que el dinero se convierta en una mercancía más que, para colmo y tal y como he dicho, pueden crear de la nada unos agentes especialmente privilegiados. Eso es lo que constantemente produce los cuellos de botella que generan crisis que traen destrucción de empresas, de empleo y de riqueza.

La alternativa no es la broma de hacer creer que todo el mundo debiera tener acceso libre al dinero y al crédito sin más. No, el desafío consiste en establecer sistemas financieros que proporcionen los medios de pago y el crédito necesarios para garantizar la actividad productiva con eficiencia, responsabilidad, solvencia, suficiencia y equilibrio y no sólo buscando el beneficio de quien lo crea, como he dicho, de la nada. Y en particular, consiste en poner un freno radical al uso especulativo de los medios de pago que provoca las burbujas y las innumerables crisis financieras que se vienen dando en las últimas décadas, justamente desde que se liberalizó el sistema financiero, exacerbando la mercantilización del dinero y el crédito.

  1. Justicia y simetría en el comercio internacional.

Seguramente, no hay una organización o proceso más farisaico e injusto en nuestro mundo que el del comercio internacional. Sus reglas permiten que los poderosos se protejan y tengan plena libertad de acción mientras que obligan a los países más pobres (en realidad, empobrecidos) a desarmarse plenamente y a someterse a las normas que les imponen los ricos. Con una apariencia de igualdad y una retórica que dice defender el liberalismo, lo que en realidad se ha establecido es un régimen de doble moral y de trato discriminatorio en favor de los poderosos. No se trata de reclamar para todos el proteccionismo reaccionario que practican los ricos. El desafío es combinar la apertura con la cooperación y la libertad de actuación con el justo derecho a la protección que tienen todos los países y no sólo los ricos, para poder promover un nuevo tipo de economías que satisfaga las necesidades desde la proximidad, la eficiencia y el respeto a la naturaleza. El régimen actual del comercio internacional genera conflictos políticos, raciona artificialmente la producción que sería necesaria para acabar con el hambre y la insatisfacción, la ubica de forma muy ineficiente y ecológicamente insostenible, crea pobreza y destruye las economías y los lazos sociales. Hay que acabar con este régimen de injusticia comercial impuesto por las grandes compañías multinacionales con el apoyo de los gobiernos de las grandes potencias.

  1. Desmercantilización del trabajo.

Un grupo de relatores independientes elaboró el año pasado un informe para Naciones Unidas en el que señalaban que «hoy vivimos en un mundo más rico, pero también más desigual que nunca». Y que algunos informes sugieren que el 82% de toda la riqueza creada en 2017 fue al 1% de la población más privilegiada económicamente, mientras que el 50% de los estratos sociales más bajos no vio ningún aumento en absoluto.

Esta desigualdad creciente en las últimas décadas tiene diversas causas bien conocidas: la apropiación privilegiada de los beneficios del aumento de la productividad por el capital, las reformas legales que han acabado con derechos laborales básicos, la discriminación de género, la globalización asimétrica, la inequidad fiscal, la deuda… Pero una de ellas es la que está detrás de todas las demás: la utilización del trabajo humano como si fuera una simple mercancía. Eso lleva a que la inmensa mayoría de las personas sólo puedan disponer de ingresos para vivir si venden su tiempo de trabajo en los mercados. En unos mercados, en donde cada vez tienen menos derechos y poder de negociación.

Por eso, el desafío más básico y necesario de nuestra época es acabar con esa mercantilización del trabajo para hacer posible que las personas puedan disponer de recursos suficientes para tener una vida digna con independencia de lo que ocurra en los mercados laborales. Y eso implica fortalecer las políticas sociales, los servicios de bienestar y, en general, las instituciones que garantizan que todos los seres humanos tengan recursos mínimos para vivir dignamente por el simple hecho de serlo. Y también reducir notablemente la jornada de trabajo para evitar que la revolución digital que se avecina provoque desempleo de masas.

Puede parece un desafío radical, inalcanzable, propio de extremistas… pero lo cierto es que la idea de que «el trabajo no es una mercancía» es el primer principio fundamental de los cuatro establecidos en la Declaración de Filadelfia de 10 de mayo de 1944 que han firmado, entre otros muchos países, todos los socios de la Unión Europea. El desafío consiste simplemente en cumplir con el compromiso adquirido.

10+1. Una nueva forma de pensar y de contemplar el mundo y a nuestros semejantes.

Los anteriores desafíos se refieren a objetivos, a tareas que habría que emprender pero quizá ninguno de ellos pueda hacerse realmente efectivo y alcanzarse si no se cambia nuestra forma de pensar, asumiendo un conocimiento complejo, omnicomprensivo, cósmico, ecologizante, humanista y crítico. Si no cambiamos nuestra forma de medir y de fijar los objetivos que perseguimos, si no anteponemos la mejora de nuestra vida a la multiplicación del dinero, y la felicidad o la satisfacción auténtica y la responsabilidad a la consecución del lucro privado sin límites. Si nuestra acción personal y colectiva no se vincula a compromisos o incluso a imperativos éticos que condiciones nuestra toma de decisiones. Si no aceptamos someternos a la rendición de cuentas que debe ser parte ineludible de una acción individual y colectiva honesta y respetuosa con nuestros semejantes. Y si no entendemos que la paz y el diálogo no son el fin sino el camino.

Fuente: http://www.juantorreslopez.com/2020-101-desafios/

Publicado enSociedad
Escenas para después de una batalla. A propósito de las elecciones españolas, Vox y el preacuerdo Psoe UP.

Para Álvaro García Linera

en los momentos difíciles.

La historia cuenta, y mucho. Cuando los cambios democráticos se frustran, las sociedades reaccionan de diversos modos y formas. Aparece lo que un genial italiano llamó “los fenómenos morbosos de la política”. Para que el orden reine, se ha tenido que doblegar voluntades, forzar abandonos y propiciar todo tipo de oportunismos. Sí, repito, la frustración de un cambio largamente esperado y justiciero está en el origen de lo que nos pasa. Vox no es una casualidad. Muchos sabíamos que se estaban creando las condiciones para un populismo de derechas puro y duro en España. Quizás nos sorprendió su rapidez y que la forma en que aparece sea una fuerza, hoy por hoy, neofranquista y neoliberal.

No voy a volver a argumentar sobre la irresponsabilidad de Pedro Sánchez y el Psoe. Ha sido parte de una estrategia que tenía dos objetivos fundamentales: volver a situar al Psoe en el eje de recomposición del régimen, y limitar, reducir y romper Unidas Podemos. Esta ha sido la política de Pedro Sánchez desde el principio: aparecer como garante de un sistema político en crisis y asegurar una hegemonía en los viejos raíles del bipartidismo político. La operación no ha tenido el éxito esperado; de lo que no cabe duda es que esta estrategia, de una u otra forma, va a seguir siendo el fundamento del Psoe en los próximos años.

Es el mapa político español el que ha cambiado de nuevo. En muchos sentidos nos parecemos al resto de Europa. Hay que decirlo desde el principio para no dejarse engañar: el “todos contra Vox” favorecerá al partido de Santiago Abascal. Como otras experiencias europeas muestran una y otra vez, los frentes antifascistas añaden confusión, inauguran una táctica equivocada y terminan por fortalecer lo que quieren combatir. Se trata de responder con mucha precisión por qué un partido como Vox duplica sus resultados y se convierte en la tercera fuerza política del país. A mi juicio, tiene que ver con tres elementos interrelacionados: la crisis de la globalización y las demandas crecientes de protección, seguridad y orden; la llamada “cuestión territorial” y la violencia utilizada, que ha escandalizado a una gran parte de la población que siente que su Estado, su identidad y su futuro está en peligro, y la rabia y la indignación crecientes que una parte sustancial de la ciudadanía siente por una clase política aislada, dependiente de los grandes poderes y sin un proyecto real, capaz de resolver los grandes problemas que la gente normal y corriente sufre, cada vez más, con temor a un futuro peor que el presente.

Derechas cada vez más duras, extremas derechas populistas e izquierdas sin nervio político, débiles organizativamente y sin capacidad propositiva. La coalición Unidas Podemos no ha hecho demasiado por revertir una tendencia que la sitúa más en el viejo espacio de Izquierda Unida. Lo grave no es sólo la disminución de votos y escaños, sino también la pérdida real de influencia en la sociedad, la carencia de vínculos sociales fuertes y la progresiva disolución de lo poco que quedaba ya de la militancia activa concretada en los círculos.

CORRELACIÓN EN DEBILIDADES. 

Para sorpresa de todos, 24 horas después de las elecciones, se anunció un preacuerdo entre el Psoe y UP, y la formación de un gobierno de coalición. Asombra la rapidez y la vaguedad de lo firmado. Apenas una declaración de principios. Pablo Iglesias suele emplear una frase de Manolo Vázquez Montalbán para explicar la transición: una “correlación de debilidades”. Creo que estamos ante eso. El Psoe no ha conseguido lo que buscaba desesperadamente: incrementar votos y diputados, y seguir arruinando a UP, que repite los malos resultados y llega al gobierno en condiciones nada favorables. Correlación, pues, de debilidades. Hay un dato que explica muy bien lo que pasa y lo que nos pasa: la falta de entusiasmo en la sociedad y en lo que podríamos llamar los hombres y las mujeres de izquierdas de nuestro país. El dato no es menor, porque se trata de un gobierno que incorpora una gran novedad en la historia reciente de España y en los últimos tiempos de una Europa que gira y gira hacia la derecha. Otro dato debería hacernos reflexionar: el papel que va a jugar en el nuevo mapa político una fuerza como Vox. En esto tampoco deberíamos engañarnos: cada fracaso, cada frustración de expectativas y cada paso en falso serán recogidos por una fuerza política que tiene vocación de mayoría e intentará hegemonizar un bloque social alternativo.

No es fácil suscitar entusiasmo después de dos campañas electorales que han sido percibidas por la población como innecesarias y, lo que es peor, como jugadas de estrategia entre políticos y para políticos. El Psoe y UP van a tener que olvidarse de una parte sustancial de su discurso en estos últimos meses y tienen que ganarse obligatoriamente la credibilidad en la gestión del gobierno. Será complicado. Por lo pronto, hay dos plataformas políticas claramente diferenciadas: de un lado, una propuesta socioliberal y, del otro, una propuesta socialdemócrata. Ambas aceptan el marco de los tratados europeos y la disciplina financiera impuesta por la Comisión y supervisada por el Banco Central Europeo. El gobierno de coalición Psoe‑UP parte del supuesto de que en este marco hay margen suficiente para aplicar políticas sociales fuertes e incrementar la capacidad contractual de las clases trabajadoras, redefiniendo un nuevo papel de los sindicatos y mitigando los aspectos más duros de la precariedad laboral que hoy desestabiliza el mercado de trabajo. La presencia adelantada de Nadia Calviño como vicepresidenta económica es un mensaje claro para la Unión Europea y los grupos de poder económico en España. Es decir, el cambio tiene límites claros y líneas rojas que este gobierno no va a transgredir. El otro asunto no menor es la llamada cuestión territorial, específicamente la cuestión catalana. Pedro Sánchez lo ha repetido una y otra vez, antes, durante y después de las campañas electorales: Cataluña se deja bajo la dirección del jefe del gobierno y, por si fuera poco, es de las pocas cosas que quedan claras en la declaración de principios firmada.

Hay otra cuestión que va a marcar mucho el futuro de este gobierno: la transición geopolítica que vive la economía‑mundo y la grave crisis de la Unión Europea. Parecería que la estrategia que ha definido Pablo Iglesias tiene como objetivo fundamental concentrarse en los temas sociales y laborales, evitando otras contradicciones con la política general del Psoe, para hacer notar en este campo las diferencias. Esto puede ser posible o no: los conflictos militares retornan; aunque Macron diga que la Otan está en “muerte cerebral”, España cumple un papel decisivo en la estrategia militar estadounidense y Oriente Próximo sigue siendo algo más que un quebradero de cabeza para las grandes potencias. La definición de una nueva Unión Europea, cuando llegan señales de crisis, exigirá del nuevo gobierno posiciones precisas, sabiendo, como sabemos, que nuestra “larga marcha” hacia la periferia corre el peligro de acelerarse dramáticamente. Asociar políticas de austeridad con pérdida de soberanía y subalternidad de la Unión Europea puede ser una plataforma ideal para las derechas soberanistas.

LO QUE ESTÁ EN JUEGO. 

La coalición Unidas Podemos llega casi exhausta a este gobierno. Sus bases de política, organización e ideales se han degradado mucho en estos últimos tiempos, y el peligro más grave que corre es pretender sustituir con la gestión gubernamental sus carencias como mero frente parlamentario‑electoral. “Gobernar o no” nunca ha sido una cuestión de principios, depende –siempre dependió– de la correlación real de fuerza o de la correlación real de debilidad. Se ha optado por el acto de gobernar como elemento fundamental de una estrategia política. El dilema es complejo: gobernar en minoría con un partido político que es su principal adversario electoral y que, hasta el presente, ha estado dedicado a reducir a UP a su menor expresión electoral y política. No basta con gritar: “Sí se puede”: gobernar es gestionar el conflicto por otros medios, y hay que prepararse para ello. Dicho de otra forma: a mayor unidad con el Psoe, mayor necesidad de autonomía para UP, en las instituciones y –sobre todo– en la sociedad civil. Gobernar implicaría no sólo gestionar bien (cosa nada fácil), sino también organizar el partido, profundizar en su unidad y movilizar a una sociedad desconfiada, desilusionada y harta de la política.

La decisión está tomada: guste más o guste menos, lo que haga este gobierno de coalición va a marcar duraderamente la política española. Las derechas no tardarán en disputar la calle y tenderán a aprovechar cada contradicción y cada debilidad para acorralar a un gobierno que ya nace con dificultades. Se asumen muchos riesgos; me gustaría creer que estamos preparados para ellos y que hay un plan B. Lo nuevo es que, en muchos sentidos, nos jugamos no solamente el futuro de una fuerza política, sino también el papel en nuestra sociedad de las clases trabajadoras y de unas mayorías sociales que necesitan creer y esperan algo más que palabras y abrazos. Es el momento de la política… de la política en grande.

Por Manolo Monereo

21 noviembre, 2019

*    Politólogo, ex diputado de Unidas Podemos (2016‑2019)

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El gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló no resistió al embate ciudadano y renuncia a su cargo

Ricardo Rosselló, que llevaba dos años y medio en el poder, es el primer gobernador de la isla que dimite a mitad de mandato.

 

 

El gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, anunció este miércoles su dimisión a partir del 2 de agosto, a consecuencia del escándalo desatado por su participación y algunos de sus asesores, en un chat en el que insultan y se burlan de periodistas, artistas y políticos, y el colectivo LGTBI.

Rosselló, que llevaba dos años y medio en el poder, es el primer gobernador de la isla que dimite a mitad de mandato. Tras el anuncio, ofrecido más de seis horas después de la hora prevista, miles de personas que se han aglutinado al inicio de la calle Fortaleza, que conduce hasta la sede del ejecutivo, estallaron de júbilo.

"Ricky (Rosselló) te botamos", gritaban al unísono tras conocer la decisión. En varias partes de la ciudad los ciudadanos salieron a las ventanas y llevaron a cabo un cacerolazo. En su mensaje grabado, el gobernador indicó que la persona que le sustituirá al frente de la gobernación será la secretaria de Justicia, Wanda Vázquez.

La isla se encontraba inmersa desde hace once días en la peor crisis política de su historia a consecuencia de la participación de Rosselló, junto a varios asesores, en un chat en que insultan y se burlan de periodistas, artistas y políticos, y el colectivo LGTBI. "Luego de escuchar el reclamo, hablar con mi familia, pensar en mis hijos y en oración, hoy les anuncio que estaré renunciando al puesto del gobernador efectivo 2 de agosto", dijo el gobernador.

A su vez, indicó que espera que esta decisión "sea un llamado de reconciliación ciudadana" y se mostró convencido de que culmina su mandato deseando la paz y el progreso del país". Para este jueves se mantiene la convocatoria realizada este martes por el cantante Residente de una manifestación masiva en el distrito financiero de San Juan a la que también asistirán otros interpretes

san juan

25/07/2019 07:47 Actualizado: 25/07/2019 07:47

efe


 Qué decían los mensajes de Telegram que derribaron al gobernador

 

 

El gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, bajo presión tras el arresto de dos exfuncionarios y acusaciones de impropiedad, renunció este jueves a su cargo después de la filtración de chats llenos de blasfemia entre el gobernador y sus principales asesores.

Los mensajes que constituyen el denominado "ChatGate" surgieron lentamente hace unos veinte días y luego el Centro de Periodismo Investigativo publicó casi 899 páginas de las conversaciones en su sitio web.

 

Los problemas de Rosselló se profundizaron luego de la publicación de los chats, tomados del servicio de mensajería Telegram, que presentan al gobernador y su equipo como profanos, vengativos y crueles. Se burlan de sus opositores políticos con insultos a menudo misóginos y homofóbicos, fantasean abiertamente sobre el asesinato de la alcaldesa de San Juan, Carmen Carmen Yulín Cruz, y se burlan de los puertorriqueños comunes con los que el gobierno entró en contacto.

 

La filtración del chat del gobierno incluía dos meses de mensajes con expresiones machistas y homófobas, insultos, burlas y otras expresiones despectivas, incluso sobre el manejo de cadáveres de víctimas del huracán María -que dejó cerca de 3.000 muertos en Puerto Rico en 2017-, lo que llevó al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, a decir que Rosselló era "un gobernador terrible".

 

La divulgación de los mensajes, de alto contenido machistas y homófobas, de Rosselló y su grupo de colaboradores y allegados más cercanos, provocando la inmediata renuncia del secretario de Estado, Luis G. Rivera, y del director ejecutivo de la Autoridad de Asesoría Financiera y Agencia Fiscal de Puerto Rico y representante del gobierno ante la Junta de Supervisión Fiscal (JSF), Christian Sobrino, que se burlaba de la orientación sexual del cantante Ricky Martin.

 

El "ChatGate" llevó al jefe de la cámara de Representantes de Puerto Rico en el Congreso, Carlos Johnny Méndez, miembro del Partido Nuevo Progresista de Rosselló, a decir que había perdido confianza y pidió al gobernador que "revaluara" su posición. mientras el opositor Partido Popular Democrático se unió al PNP para denunciar a Rosselló, y la exgobernadora del PPD, Sila María Calderón, comentó que el gobernador no tenía "la fuerza moral para gobernar".

 

Los escándalos socavaron a Rosselló mientras luchaba por su presupuesto y la asignación de la ayuda estadounidense para la reconstrucción tras el huracán María. Puerto Rico está en negociaciones con titulares de aproximadamente US$18.000 millones de la deuda del gobierno, la última gran parte que busca reducir en la bancarrota. Como respuesta, miles de manifestantes marcharon durante trece días por las calles del Viejo San Juan, cerca de la mansión del gobernador, exigiendo a "Ricky", como se le conoce, su renuncia. Golpearon tambores, cantaron y se unieron a los feligreses que salían de una iglesia.

 

Los espeluznantes textos fueron publicaron días después de que el Departamento de Justicia de EE.UU. anunció las acusaciones del exsecretario de Educación de Rosselló y del director de la administración de seguros de salud por adjudicaciones de contratos gubernamentales. Después de la acusación, Rosselló dijo que estaba "avergonzado" e "indignado", pero prometió permanecer en el puesto que ganó en 2016. "Reconozco que he cometido errores y mi compromiso número uno ha sido buscar la reflexión y la sabiduría del Todopoderoso", dijo.

 

De qué hablaban Rosselló y sus colaboradores

 

Sobre Melissa Mark-Viverito, expresidenta del Consejo de la Ciudad de Nueva York, el gobernador dijo que era una "P***" porque había criticado al presidente del Comité Nacional Demócrata: “Nuestra gente debería salir... y golpear a esa p***", escribió Rosselló. “Una persona que usa ese lenguaje en contra de una mujer, sea o no una figura pública, no debe gobernar a Puerto Rico… este tipo de comportamiento es completamente inaceptable”, replicó Mark-Riverito en Twitter.

 

Sobre alcaldesa de San Juan Carmen Yulín Cruz, gran crítica del exgobernador, el director fiscal de Puerto Rico y representante de Roselló en la junta federal responsable de manejar la crisis financiera de Puerto Rico dijo: "Estoy salivando para dispararle”, escribió. “Me estarías haciendo un gran favor”, respondió el gobernador.

 

En otro momento de la conversación, el gobernador escribió que la alcaldesa debió "dejar de tomar sus medicamentos" cuando decidió aspirar en las elecciones contra él, que se iban a celebrar en 2020. "O eso, o ella es una tremenda hijuep***", dijo.

 

Sobre el cantante puertorriqueño Ricky Martin, el mismo colaborador dijo: "Nada dice opresión patriarcal como Ricky Martin. Es un machista tan machista que se c*** a los hombres porque las mujeres no están a la altura. Es un patriarcado puro". Refiriéndose a la junta de supervisión federal, Rosselló escribió en inglés, "go f — yourself", seguido de una serie de emojis del dedo medio.

 

En otro momento de las extensas conversaciones, uno de los funcionarios de Roselló hizo una broma sobre las crecientes pilas de cadáveres en la morgue después del huracán María en septiembre de 2017: "Ahora que estamos en el tema, ¿no tenemos algunos cadáveres para alimentar a nuestros cuervos?

 Fuente: Rebelión

Perfil

 

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Miércoles, 26 Junio 2019 08:29

Una nueva cartografía global

Una nueva cartografía global

En los momentos extremos, cuando las crisis parecen traspasar las líneas habituales y alcanzar puntos de no retorno, es cuando podemos percibir con mayor claridad los cambios que se han producido en el escenario global.

En las últimas semanas emergieron algunas de las características de la nueva geopolítica que está en proceso de cristalización. La crisis en las relaciones entre EEUU e Irán mostró los realineamientos que se han producido, digamos, desde la crisis financiera de 2008, así como los límites de las principales potencias y las capacidades mostradas por las alianzas que se han ido tejiendo a raíz de aquella crisis.

El primer hecho que llama la atención es la determinación de un país como Irán para no dejarse intimidar, incluso por una gran potencia que tiene la capacidad de borrarla del mapa si se empeñara en ello.

No es cuestión solo de la determinación de los iraníes, sino también de la percepción creciente de que EEUU ya no tiene ni la voluntad ni la capacidad para empeñarse a fondo en una agresión de larga duración. Esto vale tanto para Irán como para Venezuela.

El punto de inflexión pudo haber sido Siria. El fracaso de EEUU y sus aliados, incluyendo a Israel y Arabia Saudí, en su empeño por derrocar al presidente Bashar Asad e imponer un cambio en el mando del país, mostró los límites de las alianzas tradicionales; pero también la capacidad de pequeñas organizaciones para influir en el tablero regional. En este caso, Hizbulá, que ha sido capaz de influir en el escenario sirio y, por lo tanto, en el regional.

Este último es un aspecto fundamental, ya que enseña que en una situación de gran fluidez, en la cual los equilibrios son necesariamente inestables, la presencia de actores de pequeña o mediana envergadura pueden, incluso, superar a los más potentes y tradicionales ejércitos.

La segunda cuestión que muestra la coyuntura actual es que la resolución de los conflictos puede estar fuera del control de las grandes potencias, y que la propia inercia de los acontecimientos puede desembocar en situaciones caóticas en las cuales una escalada no deseada conduzca, por ejemplo, a la utilización de armas nucleares.

Nos guste o no, y ciertamente nadie sensato apostaría a la guerra, el conflicto armado entre grandes naciones es parte del repertorio posible en situaciones extremas como las actuales. El problema radica en que el propio devenir de la crisis sistémica ha neutralizado las capacidades de negociación e intermediación vigentes en períodos anteriores. La incapacidad de las Naciones Unidas, y de otras instituciones, para moderar los ímpetus, es quizá la mayor muestra de la crisis de este tipo de mediaciones.

Por lo tanto, saldrán adelante quienes tengan mayor capacidad para afrontar las situaciones más difíciles, con mayor serenidad de ánimo y un abanico más amplio de opciones a la hora de tomar decisiones. En las guerras, las armas son importantes pero no decisivas. Las guerras del siglo XX así lo demuestran. Las potencias que llevaron la iniciativa militar en los momentos iniciales del conflicto, salieron perdedoras.

En este punto, el aspecto decisivo es la cohesión de la población y la determinación para afrontar las penurias que depara la guerra. En esta coyuntura, la potencia peor parada es la mejor armada, EEUU, mientras China parece contar con una población bastante decidida a defender lo conseguido desde 1949 a la fecha. Dicho esto, nadie puede tener la certeza de lo que sucederá, tratándose apenas de hipótesis de trabajo.

La tercera cuestión gira en torno a las alianzas que se han tejido en los últimos años, así como la incapacidad de buena parte de los Estados para ponerse a tono con la evolución global.

En efecto, la alianza entre China y Rusia es, en estos momentos, más sólida que nunca desde —por lo menos— el último medio siglo. No debemos olvidar que el triunfo de EEUU ante la Unión Soviética se debió en gran medida a que fue hábil para interponer una cuña entre las dos naciones que habían protagonizado sendas revoluciones socialistas.

En paralelo, destacan alianzas regionales nuevas, como la que tienen ambos países con Irán y Venezuela. Sin embargo, las alianzas más pujantes son la Ruta de la Seda y la Organización para la Cooperación de Shanghái. Ninguna de las dos incluye a las potencias occidentales, pero la segunda consiguió atraer a un importante país del G7, como Italia, a su esfera de influencia.

Debe anotarse, de forma muy especial, la enorme dispersión de intereses de los principales países que integran la Unión Europea que, tiempo atrás, era una aliado incondicional del EEUU. La principal característica de la UE actual consiste en la falta de norte, de proyecto propio autónomo en un escenario global que exige cohesión y unidad de mando para afrontar las dificultades con éxito.

En cuarto lugar, están las grandes tendencias históricas, de las que nadie puede escapar, aunque actúan en el largo plazo. La primera de estas tendencias es el declive de Occidente y el ascenso de la región de Asia Pacífico como relevo hegemónico. Un proceso que puede durar todo lo que resta del siglo XXI.

En paralelo, y como consecuencia de este declive, se registra una crisis de las democracias occidentales, que habían sido uno de los principales atractivos de las naciones capitalistas más desarrolladas y que jugó a su favor en la competencia con la URSS. La Administración Trump es una muestra del vaciamiento de las democracias, pero se trata de un viraje de larga duración y no una coyuntura que habrá de superarse con un cambio de Gobierno.

No sabemos aún qué tipo de régimen habrá de suceder a las democracias. La hegemonía asiática en construcción enseña, como señala el analista brasileño José Luis Fiori, que para representar los intereses de los pueblos no es imprescindible que exista un sistema electoral de competencia de partidos. La legitimidad de los gobernantes puede conseguirse de otros modos, en tanto los sistemas electorales se han convertido en el dominio de una oligarquía de ricos y poderosos.

 

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Modernizar la economía y conjurar la guerra, desafíos del Congreso del Partido Comunista chino

La dirección del Partido Comunista de China (PCCh) puede estar satisfecha con los logros obtenidos desde el 18º Congreso celebrado en 2012, que eligió la nueva dirección encabezada por Xi Jinping. Tanto en el plano interno como en el internacional, los logros han sido impresionantes.


En este período China se erigió como la segunda economía del mundo y la primera si se mide por la paridad de poder adquisitivo, y siguió creciendo pese a las consecuencias de la crisis mundial de 2008. Entre 2013 y 2016 el PIB creció un promedio del 7,2% anual, casi el triple del crecimiento promedio del mundo (de 2,6%). Representa el 15% de la economía mundial, tres puntos más que en 2012.


Los gastos en investigación y desarrollo crecieron desde 2012 un 52,2% y las solicitudes de patentes lo hicieron un 69%. Datos que indican que la economía basada en la innovación se convirtió en uno de los motores del crecimiento desde el 18º Congreso. La renta per cápita tuvo un incremento anual superior al 7% y la pobreza se redujo a menos de la mitad.


En el terreno internacional la presencia de China se ha afianzado en todo el mundo. La propuesta de Un Cinturón Una Ruta que incluye grandes obras de infraestructura en 60 países para conectar China con Europa atravesando Eurasia, está cosechando éxitos destacados pese a las dificultades que aún debe superar. La internacionalización del yuan avanza, mientras China ha establecido alianzas estratégicas con destacados países, siendo la más importante la que alcanzó con Rusia.


La modernización de sus fuerzas armadas, uno de los empeños de la actual dirección, se materializa a un ritmo sorprendente en tiempos de paz. China ya ha botado dos portaviones, está construyendo el tercero y tiene planificados hasta diez cuando se cumplan los cien años del triunfo de la revolución encabezada por Mao Tse Tung en 2049.
En los últimos años se están produciendo cambios de orientación. China ya no es sólo la fábrica del mundo, un modelo de producción masiva de mercancías a precios bajos, que se agotó con la crisis de 2008. Comenzó a promover el crecimiento basado en la innovación, con amplio destaque de la inteligencia artificial, atención a servicios de calidad y al mercado interno, con el objetivo de construir una sociedad moderna, desarrollada y acomodada, como señala Xulio Ríos, director del Observatorio de la Política China.


El 19º Congreso que comienza el 18 de octubre contará con la participación de 2.300 delegados que representan a los más de 88 millones de miembros del Partido. No será uno más. Según la agencia estatal Xinhua, el Congreso "se celebrará en un momento en el que China se está esforzando por lograr una sociedad modestamente acomodada en todos los ámbitos y que constituye un momento crítico en el desarrollo del socialismo con características chinas".


La dirección señala que China está ante "cambios históricos" y se ha fijado el año 2020 para completar "la erradicación de la pobreza" que aún afecta a millones de personas. Para eso es necesario sacar a más de 10 millones de personas de la pobreza cada año, en particular en las zonas rurales.


Desde el anterior Congreso, China se ha empeñado en combatir la corrupción, como parte de los esfuerzos por la modernización y la eficiencia. En este empeño se ha destacado especialmente la gestión de Xi, que dirigió la campaña anticorrupción que ha castigado a dos millones de miembros del Partido, incluyendo cuadros superiores, lo que ha elevado el prestigio de la actual dirección.


Pero la cuestión clave es la profesionalización de los cuadros dirigentes y la renovación generacional. Según un informe de Global Times, para este Congreso la edad promedio de los delegados ha bajado, pero aún se mantiene por encima de los 50 años. El 53,7% de los delegados tienen una maestría y el 31% poseen una licenciatura. En todo caso, se considera que los miembros jóvenes del partido son la "clave de la innovación".


Un reciente editorial de Global Times destaca que China ha logrado, simultáneamente, "equilibrar la creación de fuerza nacional y la mejora de los medios de vida y la protección ambiental de la población". De ese modo, concluye el diario oficialista, "las diversas teorías del 'colapso de China' se han desmoronado".


Encaminada la situación con el viraje de la economía hacia la innovación y el mercado interno, una gestión más transparente y una ostensible mejora de los indicadores sociales, un aspecto central de la política de China está focalizada en el área internacional. En este punto aparecen dos cuestiones decisivas: la renovación de los mandos de las fuerzas armadas, que va de la mano de su modernización, y las relaciones con Estados Unidos.


Los cambios en el Ejército Popular de Liberación (EPL) no pueden restringirse al armamento. La reestructuración supone el ascenso de oficiales más jóvenes y el establecimiento de un "mando conjunto" y colegiado que pasa por una fuerte renovación de la cúpula militar. Al parecer, el 90% de los 300 delegados militares al Congreso asistirán por primera vez al evento, mientras sólo el 17% de los que fueron elegidos en el anterior van a retener sus cargos.


Es evidente que la dirección china apuesta a un ascenso pacífico pero, en simultáneo, se prepara para la guerra. La próxima etapa del desarrollo de las fuerzas armadas consiste en "fortalecer la informatización y la sistematización, y continuar desarrollando armas de ataque", según destacados mandos del EPL. En suma, profundizar lo que ha venido haciendo desde que Xi Jinping está al frente del Estado y del partido.

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Viernes, 08 Septiembre 2017 15:51

Que el árbol no impida ver el bosque

Que el árbol no impida ver el bosque

Una crisis de gobernabilidad sin igual tiene dividida a la sociedad venezolana en tres: las fuerzas oficialistas, la oposición y los sectores de izquierda que no comparten los proyectos de los dos anteriores y, por el contrario, aspiran a un giro hacia la izquierda de lo realizado en su momento por Chávez y lo ejecutado por quienes dicen ser sus continuadores. Razones de esta encrucijada y caminos por seguir.

 

¿Quién iba a pensar que de la mano de la bonanza económica también llegaría la miseria? Así se interroga Javier Ibarra Aury* cuando narra las dificultades soportadas en su país durante estos últimos años de crisis, las que lo obligaron, junto con su familia, a buscar mejor fortuna fuera de su territorio natal.

 

Javier cuenta que con la llegada de Hugo Chávez en 1999 al gobierno todo era esperanza. No era para menos –enfatiza–, pues venían de padecer años de gobiernos ineptos tanto del Copei (Comité de Organización Política Electoral Independiente) como de Acción Democrática (AD). El cúmulo de dólares que de repente volvió a llegar al país, fruto de una nueva bonanza petrolera, ayudó fuertemente a mejorar la confianza sobre el futuro que vendría con el nuevo mandatario.

 

No era para menos. Apoyado en el flujo de las crecientes divisas Chávez dio cuerpo a las Misiones Sociales, una nueva forma de redistribuir la renta petrolera y buscar con ello cerrar la brecha entre ricos y pobres, con lo cual se propagandeaba que estábamos entrando en un periodo revolucionario. Fíjese, dice Javier, lograr esto sin tocar las estructuras económicas ni las relaciones sociales heredadas. Redistribución a la cual toda la sociedad venezolana estaba acostumbrada, claro, a través de un clientelismo abierto o disfrazado que terminó por darle piso a una sociedad adicta al consumo desaforado y a una menguada disposición para el trabajo. El discurso nacionalista chavista ayudaba a impregnarlo de un brillo izquierdista y de honradez a toda prueba.

 

Con las Misiones llegaron los médicos a los barrios, pero también se abrieron miles de cupos en las universidades, de las cuales fueron creadas no menos de ocho: las campañas de alfabetización, la educación obligatoria, la redistribución de la tierra, la construcción de viviendas para los más empobrecidos, entre otras acciones gubernamentales, hacían sentir a muchos excluidos que ahora sí los tomaban en cuenta, incrementándose así el prestigio del nuevo Presidente y manteniendo en alto el espíritu de quienes habitábamos en los barrios populares.

 

Petróleo y prestigio político

 

Todo esto sucedía en medio de una constante conspiración de los ricos de siempre por tumbar al Presidente. Varios de cuyos intentos fueron públicos, el más conocido el del 2002, pero se sucedieron otros que incluyeron la parálisis de Pdvsa (Petróleos de Venezuela), el referendo revocatorio de 2004, y otros más, en los cuales los instigadores principales eran los dueños de los medios de comunicación y la Iglesia. Intentos de los que salió ileso Chávez, tanto por el apoyo y movilización popular, como por su astucia y liderazgo político.

 

Javier mira al piso, como buscando respuesta a lo sucedido y prosigue. Hugo Chávez puso de moda las elecciones de todo tipo, y en casi todas venció. Sin embargo, desde el 2009, con el Referendo constitucional que perdió, comenzó a descender su gran peso electoral, hasta que la debilidad en las regiones comenzó a sentirse y el poder regional/territorial empezó a ser disputado palmo a palmo con quienes buscaban derrotarlo.

 

Era increíble que esto sucediera, pues el país estaba inundado de dólares y el gobierno tenía todas las herramientas políticas, económicas, jurídicas, además de la legitimidad y apoyo popular, para hacer sentir su liderazgo y su proyecto de inclusión y de unidad nacional popular. Pero, hay que recordar esto, desde los primeros años de su acción gubernamental, empezaron a sentirse palabras fuertes, de exclusión, como escuálidos, con la que trataban de manera despectiva a la clase media, asociándola de manera errada con los más ricos del país1, alejándola erróneamente de un proyecto de cambio que solo puede lograrse a través de la persuasión, de poner en marcha acciones políticas, sociales, económicas, culturales, deportivas, etcétera, que la hagan sentir parte del proyecto de cambio.

 

Palabras fuertes que también cubrieron a los partidos o líderes políticos de izquierda críticos2 que llamaban la atención sobre las políticas al mando del país. Parecía ser que el proyecto del presidente Chávez no resistía crítica alguna, a tal punto que a su alrededor solo fueron quedando los incondicionales, bien por identidad real o bien por conveniencia política y económica. Y al final, el país fue cubierto por un halo de partido único, partido, por demás, simplemente electoral, una máquina para hacer votos, sin sustento de base, sin debate ideológico, político y económico a su interior, un partido sometido a los ires y venires de su líder.

 

Hay que recordar, recalca Ibarra, que a la hora de llegar Chávez al gobierno el país venía de una crisis económica de varios años, auspiciada por los bajos precios del petróleo, la que empieza a ser superada en el 2004 con la recuperación de los mismos, recuperación potenciada, además, por el crecimiento de las exportaciones que para ese año ya anotaban un salto positivo del 39 por ciento. Cambio sucedido, entre otros aspectos, por el liderazgo de este gobierno ante los países integrantes de la Opep (Organización de países exportadores de petróleo), lo cual lo llevó a encabezar con Alí Rodríguez la presidencia de tan importante organismo. La renegociación de las condiciones para la explotación petrolera llevada a cabo por las multinacionales con presencia en el país también aportó de manera notable a incrementar los ingresos nacionales.

 

Entonces, producto de todo esto, miles de millones de dólares fueron inundando al país, mucho más desde el año 2007 cuando los precios del barril superaron los 70 dólares, llegando a 100 y más cuatro años después. Imagínese cómo sería este flujo de dinero, si el barril se vendía, pocos años antes, hasta por menos de 20 dólares

 

Pero el descomunal ingreso de divisas no se tradujo en la construcción de un nuevo aparato productivo, ni en la formación política integral de los trabajadores y de los sectores populares en general para que lo asumieran y defendieran. No, contrario a ello el país siguió la senda ya conocida con el Copei y Acción Democrática: el campo siguió prácticamente inculto, la poca industria de alimentos continuaba en manos de la burguesía local, lo que obligaba a importar de todo, pues la baja productividad de esta industria no permitía que el país se adentrara en una senda de autosuficiencia.

 

Javier nos mira como esperando que lo contradigamos y ante nuestro silencio retoma su relato. Recuerda con toda nitidez, dice, que era tal la cantidad de dólares que llovían que para el año 2008 la burguesía importó 45 mil millones de dólares, cuando solo habían entrado al país, fruto de lo que ella producía, algo así como 5 mil millones de dólares; ventas que dos años después ya había dejado caer a 1.800 millones de dólares, lo que permite pensar que muy pronto comprendió que la mejor forma de hacer fortuna, de manera rápida por demás, era dedicándose a comprar barato en el extranjero y vender caro en su país. La dependencia nacional se ahondaba y el discurso antiimperialista no daba paso a la verdadera soberanía nacional. Los dólares derrochados en baratijas se volvían improductivos.

 

Es por ello incomprensible la palabrería que mantenía Chávez –y ahora Maduro– contra esta burguesía, amenazándola con expropiarle sus empresas por la especulación que desde entonces ya se sentía en el país, pues mientras esto decía le entregaba de manera muy favorable y sin dilación alguna, las divisas que producto de la venta del petróleo ingresaban al país. Además, el Estado como máximo empleador, seguía creciendo y la moneda local se sobrevaluaba. El gasto público seguía en creciente pero sin crear capital fijo, el cual venía en franco deterioro desde finales de los años 80 del anterior siglo. Para colmo, los responsables de la economía nacional aprobaron otra serie de medidas que, de manera contradictoria, terminaron por acelerar el motor de la crisis económica nacional, medidas, entre ellas, poner a toda marcha la máquina de hacer plata. Mire, entre los años 1999-2016 se puso en práctica una política monetaria expansiva que llevó a incrementar en el 41 mil por ciento la base monetaria, una impresión desbocada de papel dinero sin respaldo alguno, el cual fue gastado en las formas más distantes de la inversión industrial y agrícola posible. Todo lo contrario de lo que debía hacerse para darle paso a otro modelo económico.

 

La conclusión era evidente: la matriz productiva de Venezuela no cambiaba, y el poder popular no podía ser más que un discurso propagandístico. Todo un contrasentido, pero aún el descontento social no tomaba forma pública pues todos sentíamos que algo recibíamos del Estado y entonces estábamos conformes; pero el proyecto de nuevo país seguía en deuda de tomar forma. Lo que sí tomaba cuerpo lo que ya se llamaba como boliburguesía, una nueva clase, emergente, roja rojita, crecida a la sombra del liderazgo de Chávez.

 

Una nueva clase que buscaba y lograba beneficiarse de la masa de dinero que circulaba, de tal tamaño que, por ejemplo, el alto gobierno tomó la decisión de gastar todo billete que pasara de los 30 mil millones de dólares en las reservas internacionales, y para manejar tal dinero creó el Fonden, a través del cual el Ejecutivo procedía con el gasto de manera discrecional e inauditable, gastando en 8 años 137.403 millones de dólares en proyectos que no trascendieron. Una cifra de dinero descomunal, con la cual se pudo cancelar en su totalidad la deuda externa que teníamos para entonces, pues ahora la deuda total consolidada del país asciende a 181.038 millones de dólares.

 

Javier se rasca la cabeza y luego se frota los ojos, como preguntándose ¿qué pasó? ¿por qué no lo vi?, para de inmediato continuar con su relato: fíjese, era tal el derroche y la incapacidad para darle un giro radical al aparato estatal heredado, que entre los años 2003-2012 las importaciones estatales crecieron en un 894 por ciento. El país se transformó en un gran centro comercial que importaba de todo: leche, carne, granos, carros, computadoras, ropa, café, medicamentos, etcétera.

 

En este último caso, mire bien, entre los años 2008-2012, las importaciones crecieron en 1.358 por ciento, y sin embargo había escasez, ¿qué explica esto?, pues que estábamos ante una descomunal fuga de divisas3, ante un robo sin mano armada y con la complacencia de la burocracia del alto gobierno. Un robo encabezado en este caso por empresas “imperialistas” como Pfizer, Merck, P&G; empresas que para el 2014 habían multiplicado por 11 el costo de su importación total pero disminuido en 87 por ciento la cantidad de mercancías traídas al país. Un robo de un impacto tal que en lo corrido entre los años 2000-2010, en escasos 10 años, sumó lo equivalente al 43 por ciento del PIB de este último año. No es extraño, por tanto, la escasez y la especulación.

 

Para que no quede duda, y para poder comprender lo que hoy está sucediendo en mi país, para poder entender por qué de la mano de la riqueza llegó la pobreza, debe conocerse que entre los años 2003-2012 esa burguesía especuladora, no industrial ni industriosa, recibió de manera preferencial (es decir, a precio oficial) por parte del gobierno, la bobadita de 317 mil millones de dólares para importar mercancías. Dólar preferencial, mucho del cual luego revendía, con un beneficio para el año 2013 del 500 por ciento, según el precio que tenía la divisa gringa en la calle, ganancia que cuatro años después se multiplica por miles pues mientras el dólar oficial se cambia a 1 x 10 Bs., para el 30 de abril de 2017 el dólar paralelo ascendía a 4.283.

 

Burguesía beneficiaria de la transferencia de renta petrolera, recibiendo divisas para importar lo requerido por diversos sectores sociales y sin embargo la escasez de lo que decía traer al país se palpaba cada día de manera más cruda en las calles y en los hogares. Entonces, ¿por qué les seguían entregando las divisas nacionales? Entrega a rienda suelta que llevó a que nuestras reservas internacionales, medidas para el 2013, cayeran a escasos 3 mil millones de dólares.

 

Beneficios económicos de los enemigos que decía enfrentar el chavismo, que le permitieron a esos mismos especuladores acumular en no más de diez años, en cuentas que tenían en el extranjero, más de 145 mil millones de dólares. ¡Como nos hace falta ese dinero hoy!, exclama con rabia y con claro pesar Javier. ¿Por qué el gobierno de Maduro no coloca una demanda internacional por ese robo y obliga a congelar esas cuentas y a repatriar tales dineros al país?

 

Ibarra Aury toma aire, nos mira como buscando explicación, y suelta esta perla: recuerden lo que decía el Banco Mundial por entonces: para alcanzar las Metas del Milenio ‘solo’ se requerían entre 40 y 60 mil millones de dólares por año, y en Venezuela, que ya había cumplido con ellas, sacando de la pobreza a muchas familias, había entregado mucho más de tal cantidad de dinero a sus supuestos enemigos. ¡Qué paradoja!

 

La evidencia del robo padecido por el país no ocurre en este solo ítem, también ocurre con la carne y con otros productos. Por ejemplo, la carne vivió un aumento del 21.693 por ciento en sus importaciones entre los años 2008-2013, y de 2.200 para los animales vivos, y sin embargo había escasez en la calle. Inaudito, ¿no? Fíjese, según las cifras oficiales para el periodo 2012-2014 el índice de escasez de este producto alcanzó el 144 por ciento!?! La consecuencia de esta realidad no es solo la caída del consumo de este vital alimento en los hogares, sino el incremento de su precio producto de su escasez, la misma que estimula la especulación. El desencanto que esto va despertando por doquier no es casual, así quedaría evidenciado en las elecciones para la Asamblea Nacional celebradas en el año 2015.

 

Claro, usted está en lo cierto, le responde Javier a uno de los entrevistadores del equipo desdeabajo que ante el dato que acaba de escuchar, estupefacto, le dice que eso es un simple robo. Valga recordar, enfatiza Ibarra, que hasta el año 2003 Venezuela fue prácticamente autosuficiente en este rubro. Es decir, a lo largo del gobierno chavista, no solo no se logró romper con la dinámica heredada sino que tampoco se construyó industria propia, no se alcanzó soberanía alimentaria, pero además, producto de su dadivosa entrega de divisas, terminó por desestimular en todos sus órdenes a la industria nacional. Desestimulo evidente en este caso, donde el descenso de las exportaciones de animales vivos llegó hasta el 99,78 por ciento, “hasta registrar la microscópica cifra de 4.300 dólares”4.

 

Es por esta vía que los enemigos del chavismo continuaron acumulado riqueza en el exterior, vía privatización de la bonanza petrolera, para registrar en el 2013 una fortuna de 164 mil millones de dólares, 19 mil millones más que un año atrás, dinero acumulado con aprobación oficial pues estaba en ejercicio su control de cambios, es decir, el dinero salió ante sus ojos, bajo su firma y con su aval.

 

Pese a esta evidencia, el gobierno descarga la culpa de la escasez en una supuesta guerra económica liderada por poderes extranjeros y sus aliados criollos. Nada más ilógico, pues los hechos que les he contado son contundentes, es decir, para ponerle cerradura a la escasez, a la especulación, al hambre que ahora se siente en los barrios populares, hay que tomar bajo el mando oficial todo el comercio nacional, sus importaciones, regular de manera efectiva el acceso a las divisas, hacer seguimiento a lo que entra al país, encarcelar a los que se roban las divisas que les son otorgadas, fijarse en la calidad de lo importado, regular los precios, y dejarse de poner en marcha proyectos inocuos como pretender suplir la hambruna con agricultura urbana. “Hay que ir a la raíz de la crisis y no distraerse en pendejadas! Por ejemplo, ¿cómo pudo suceder que dejaran perder más de ciento veinte mil toneladas de alimentos importados, como ocurrió en junio de 2010, productos suficientes para alimentar 17 millones de personas a lo largo de todo un mes?

 

Javier, con su respiración acelerada, solicita un poco de agua, bebe con pausa del recipiente que le extienden, toma aire, recupera su postura y prosigue.

 

Mientras esto sucedía, en los barrios se sentía el desgaste del proyecto que escasos 17 años atrás nos llenó de esperanzas. Poco a poco, se fue desgranando la fidelidad con aquellas ideas y, poco a poco, un mayor número de familias comenzaron a buscar solución a sus problemas por cuenta propia. Lo colectivo ya no tenía base ni apoyo ni posibilidades. No fueron pocas las familias en las que todos, o algunos de sus miembros pasaron la frontera, bien para quedarse en Colombia, bien para llegar a Ecuador, bien para dirigirse a Brasil, bien para buscar solución en Estados Unidos, un desgrane que con el paso de los años, y el incremento del ambiente de tensión producto de la ofensiva opositora que creaba un ambiente de guerra, se tradujo en un chorro de inmigrantes.

 

¿Cómo pensar que esto nos sucedería? Cuando empezaron a salir los ricos, los caídos en desgracia por figurar en las conspiraciones, hacia principios del 2003, nos pareció obvio, pues esa es su lógica: si no tienen el poder buscan otros territorios para vivir. Pero el turno también nos llegó a nosotros pues ahora el gobierno no tiene con que sostener una masa de gente cada vez más numerosa sin trabajo y sin ingresos, los subsidios ya no alcanzan para tantos o, simplemente, los entrega a quienes figuran como incondicionales, cayendo en el más crudo clientelismo. Y en mi familia, aclara Ibarra, queremos y soñamos con un proyecto de nuevo país, pero no somos incondicionales, no, para nosotros es necesario el debate, la participación, la experimentación, la creación con imaginación propia, la autogestión, la libertad de pensamiento...

 

La muerte de Chávez

 

El país ya venía mal pero llegó a peor con la muerte del Comandante, pues era éste quien levantaba los ánimos, su liderazgo era indiscutido. Vea cómo cayó el ánimo social con su muerte: ustedes deben recordar que antes de su fallecimiento ocurren las elecciones de octubre de 2012 para presidencia, en las cuales vuelve a vencer con 7.444.082 votos, seguido por Enrique Capriles con 6.151.544 sufragios. Seis meses después, en la elección para saber quién sucedería a Hugo Chávez, si bien Maduro con 7.505.308 votos mantuvo el registro de su antecesor, Capriles logra reunir 7.270.403 votos, es decir, un millón más de sufragios que los logrados pocos meses antes. Con un agravante, la diferencia entre ambos quedó reducida a menos de 300 mil votos.


Aquí ya había un mensaje claro de descontento; pero el golpe llegó en el 2015, en las elecciones para la Asamblea Nacional, cuando la llamada oposición con 7.587.579 votos, contra 5.599.025 del oficialismo –es decir, dos millones menos que en la elección anterior– logró retomar la mayoría de este poder, con 112 de los 167 diputados que la integran. Su mayoría era indiscutible, lo que da paso a la agudización de la crisis que hoy tenemos.

 

Sin duda. Para Maduro y su equipo de gobierno era inaceptable esta nueva realidad; una realidad de claro desgaste del poder, el cual evidenciaría en su totalidad su crisis con las elecciones territoriales por realizarse en diciembre de 2016. Previendo tal desenlace las dilataron, al tiempo que buscaron todas las claves legales, y no tanto, para dinamitar el poder legislativo.

 

Ese proceder creó el ambiente para que la contradicción así expresada llegara a las calles, a través de reiteradas movilizaciones y protestas de todo calibre, cuya más persistente confrontación se ha tomado casi todo lo corrido del 2017. Claro, tras las protestas y el ánimo de sacar al chavismo del poder también están los Estados Unidos y su agenda golpista, la cual ha estado presente desde el 2002, pero no puede descargarse toda la explicación de lo que ahora sucede en tal proceder, ni en las continuas maniobras de la OEA para aislar del campo internacional a nuestro país, ni en las declaraciones y apoyos públicos o soterrados para la Mesa de Unidad Nacional (MUD). No, el núcleo del descontento popular radica en la crisis que golpea al país, que si bien puede ser explicada por la caída de los precios del petróleo, no se reduce a ella, pues como ya les comenté, la mano larga, dadivosa, por parte del gobierno para con la burguesía, no tiene límites; como no la tiene su incapacidad para haber quebrado la estructura económica heredada, así como las relaciones sociales dominantes, por lo cual el poder popular, quedó como una deuda por concretarse.

 

El descontento que hoy se extiende por todo el país, tiene explicación en los salarios sin poder adquisitivo, en la inflación galopante (700 y más por ciento), en la reducción de la inversión social producto de la caída del PIB en menos 9,4 por ciento5 al cierre del 2016, en la continuada fuga de divisas, en la especulación con infinidad de productos, en las colas que deben hacerse cada día para conseguir muchos de los alimentos, necesarios para una buena dieta, en el hambre cotidiana que embarga a miles de familias, pero también en la represión sufrida por salir a protestar, así como en las amenazas que se sienten en nuestros territorios para que no nos sumemos a nuevas manifestaciones.

 

No falta quien agregue a esto el descontento por el creciente endeudamiento externo e interno de un país que tiene las mayores reservas del petróleo pesado del mundo, un país que recibió durante casi 8 años miles de miles de millones de dólares y que ahora, para buscar que ingresen más divisas, aprueba el plan conocido como el Arco Minero, ahondando de esta manera la continuidad con el modelo económico heredado en 1999, lo que llevará al país a una crisis ambiental y, muy posiblemente, a un etnocidio de nuestros pueblos originarios. En esta senda, el endeudamiento y la dependencia respecto de China es inocultable. No teníamos porque llegar a este punto, y mucho menos estar cancelando de manera puntual la deuda externa que para el 2017 ya suma pagos por 1.533 millones de dólares, en un momento donde ese dinero se necesitaba para cubrir las necesidades populares.

 

La Asamblea Constituyente

 

Pareciera que el relato de Ibarra, con su prodigiosa memoria no pararía de describir asuntos graves, cuestionamientos a un proceder gubernamental despreocupado por la transparencia política y el debate público, una vía ideal, como se sabe, para la politización social y para que todos sintieran que la dirección política del Estado dejaba de ser un asunto de especialistas. En efecto, luego de beber otro recipiente con agua, reconfirmó nuestro temor:

 

Es sabido, nos dice, que ninguna clase en el poder lo entrega a sus contradictores –o enemigos– sin resistencia alguna; eso no sucede, mucho menos cuando lo que está en juego no es simplemente el gobierno sino el poder, el proyecto de país, y lo que está ocurriendo en Venezuela confirma el axioma.

 

Es por ello que, una vez perdido el poder legislativo se pone en marcha desde el Ejecutivo todo un plan –reacción– para neutralizar sus funciones, dificultar su operatividad, sabotear su proceder, todo ello a través de un accionar legal pero ilegítimo, así lo siente gran parte de la sociedad.

 

Toda acción, recuerda Javier, desprende una reacción. Por ello, ante las acciones descritas la llamada oposición no optó por la pasividad y, por el contrario, despliega su iniciativa, tanto como un mecanismo de disputa como uno de atacar en pleno al Gobierno y buscar su caída; respuesta defensiva/activa que enciende buena parte del país durante un buen trecho del 2017, sumiéndolo en el desgaste. Su objetivo en marcha: darle cuerpo a una dualidad de poderes que una vez así constituida encuentre reconocimiento internacional. Si así sucediera, ese momento sería el caos total, el preámbulo de una guerra civil. ¿A quién le interesa y a quién le sirve semejante escenario? A nosotros, como simples ciudadanos, el solo considerar tal posibilidad nos hace correr frío por todo el cuerpo.

 

Bien, es en medio de esta intensa disputa, sin duda del por qué gobiernos extranjeros apoyan a la MUD que Maduro se idea la salida de la constituyente, una inteligente forma de recuperar la iniciativa perdida meses atrás y de bloquear en su totalidad a la MUD y demás sectores opuestos e inconformes con la manera como llevan el país.

 

Lo desprendido de esta iniciativa es reciente y ustedes deben recordarlo con total nitidez, enfatiza Ibarra Aury, quien ya da muestras de cansancio: buscando exteriorizar apoyo social, cual más, tanto oficialismo como oposición llaman a la acción electoral cuyo resultado, por una y otra parte, deja amplias dudas. Tratando de sabotear el llamado electoral del Gobierno la MUD se juega toda su fuerza en la calle, sin obtener lo propuesto. Me parece que su proceder deja su quehacer inmediato y futuro en manos de gobiernos extranjeros, Estados Unidos como el principal y de su mano Colombia, México, Argentina, Chile, Perú. Lo de Europa no tiene tanto peso inmediato.

 

Triunfa entonces, en este round el gobierno, y sigue a la iniciativa, las primeras medidas tomadas por la Asamblea Constituyente, unanimista, así lo confirman: la destitución de la Fiscal General de la Nación, entre ellas.

 

Me parece, dice Javier, que lo abierto en esta última parte del intenso conflicto que sacude a mi país, es un debate sobre el sentido, el carácter y las posibilidades de la democracia, debate que no puede ser liderado por gobierno extraterritorial alguno pues ¿qué autoridad ética y moral tienen gobiernos –en cabeza de sus jefes de Estado– como Estados Unidos, Colombia, México, Argentina, cuando al interior de sus territorios, en unos casos, y en otros –o a la vez– a su exterior, irrespetan aquello que pretenden reclamar acá?

 

Del lado de los sectores críticos de izquierda, se denuncia el proceder oficial como una concentración de poder6 y un accionar autoritario que nada bueno anuncia sobre lo que debiera ser un liderazgo apegado a los deseos y necesidades de las mayorías. El problema de estos sectores, aclara Ibarra, es que no tienen peso de ninguna clase y desde su marginalidad no alcanzan a presentarle a su sociedad, así como al mundo, una alternativa de izquierda de verdad transformadora; sin embargo, su existencia y persistencia es muy importante para mantener la esperanza, el sueño, con que despertamos en 1999, y el cual anhelamos que se haga realidad aquí y ahora. Un sueño de poder popular real, sustentado en la transformación de nuestras relaciones sociales, de nuestra cotidianidad, que rompa el modelo rentista ahora en su crisis terminal, sueño soportado en una democracia directa y radical que tuerza el destino capitalista que nos quieren imponer unos y otros.

 

Pese a su fatiga, Javier nos mira con resolución y nos dice: amigos y amigas, díganle al mundo que Venezuela no está divida en dos, que este país está dividido en tres, y que a los más críticos y soñadores, los medios de comunicación internacionales –adscritos a una agenda golpista– ni siquiera nos registran, hasta ahí llega la supuesta agenda democrática que dicen defender, hasta desconocernos, hasta ayudar con todas sus fuerzas a silenciarnos.

 

* Nombre y personaje ficticio.
1 A propósito de esta palabra, Fidel Castro le cuestionó diciendo: “Chávez, en Venezuela no puede haber cuatro millones de oligarcas”.
2 Entre los tratamientos despectivos con que Hugo Chávez despreciaba a quienes se atrevían a cuestionarlo, se recuerdan aquellas palabras con que se refirió en el 2006, al Partido Patria Para Todos, opuesto a la constitución de un partido único en Venezuela: “Les regalo un Volkswagen escarabajo pues ahí caben todos sus militantes”.
3 Sutherland, Manuel, “Crítica a la política económica del “socialismo del siglo XXI”: apropiación privada de la renta petrolera, política de importaciones y fuga de capitales”, en: Estudios latinoamericanos, Nueva época Nº38, julio-diciembre de 2016, pp. 39-63.
4 https://colombiadesdeafuera.wordpress.com/2014/08/21/venezuela-aumento-del-21-69321-en-la-importacion-de-carne-caida-del-consumo-y-su-escasez-por-manuel-sutherland/
5 Cepal, Estudio Económico de América Latina y el Caribe, 2017. http://www.cepal.org/es/publicaciones/42001-estudio-economico-america-latina-caribe-2017-la-dinamica-ciclo-economico-actual
6 Uzcátegui, Rafael, “Venezuela: aikido y derechos humanos”, abril de 2017, http://nuso.org/articulo/venezuela-aikido-y-derechos-humanos/

Para la escritura de este artículo fueron consultados los siguientes artículos:

Sutherland, Manuel, “Aumento del 894% en importación estatal, caída en las reservas y estatización del Comercio Exterior”, 01/10/2013. https://www.aporrea.org/actualidad/a174465.html
“Venezuela” Crisis, importación, dólares, inflación-escasez y el default inevitable”, 01/09/2015. https://www.aporrea.org/trabajadores/a213256.html
“2016: la peor de las crisis económicas en Venezuela; causas, medidas y crónica de una ruina anunciada”, 18/02/2016. https://alemcifo.wordpress.com/2016/02/17/2016-la-peor-de-las-crisis-economicas-causas-medidas-y-cronica-de-una-ruina-anunciada/
“Crisis económica del 2016: causas, derroche, ciclos, ajuste económico y perspectivas”, 30/08/2016. https://www.aporrea.org/economia/a233278.html
Lander, Edgardo, Arconada, Rodríguez, Santiago “Venezuela: un barril de pólvora”, junio 2017, http://nuso.org/articulo/venezuela-un-barril-de-polvora/

Publicado enInternacional
Sábado, 02 Septiembre 2017 10:47

Que el árbol no impida ver el bosque

Que el árbol no impida ver el bosque

Una crisis de gobernabilidad sin igual tiene dividida a la sociedad venezolana en tres: las fuerzas oficialistas, la oposición y los sectores de izquierda que no comparten los proyectos de los dos anteriores y, por el contrario, aspiran a un giro hacia la izquierda de lo realizado en su momento por Chávez y lo ejecutado por quienes dicen ser sus continuadores. Razones de esta encrucijada y caminos por seguir.

 

¿Quién iba a pensar que de la mano de la bonanza económica también llegaría la miseria? Así se interroga Javier Ibarra Aury* cuando narra las dificultades soportadas en su país durante estos últimos años de crisis, las que lo obligaron, junto con su familia, a buscar mejor fortuna fuera de su territorio natal.

 

Javier cuenta que con la llegada de Hugo Chávez en 1999 al gobierno todo era esperanza. No era para menos –enfatiza–, pues venían de padecer años de gobiernos ineptos tanto del Copei (Comité de Organización Política Electoral Independiente) como de Acción Democrática (AD). El cúmulo de dólares que de repente volvió a llegar al país, fruto de una nueva bonanza petrolera, ayudó fuertemente a mejorar la confianza sobre el futuro que vendría con el nuevo mandatario.

 

No era para menos. Apoyado en el flujo de las crecientes divisas Chávez dio cuerpo a las Misiones Sociales, una nueva forma de redistribuir la renta petrolera y buscar con ello cerrar la brecha entre ricos y pobres, con lo cual se propagandeaba que estábamos entrando en un periodo revolucionario. Fíjese, dice Javier, lograr esto sin tocar las estructuras económicas ni las relaciones sociales heredadas. Redistribución a la cual toda la sociedad venezolana estaba acostumbrada, claro, a través de un clientelismo abierto o disfrazado que terminó por darle piso a una sociedad adicta al consumo desaforado y a una menguada disposición para el trabajo. El discurso nacionalista chavista ayudaba a impregnarlo de un brillo izquierdista y de honradez a toda prueba.

 

Con las Misiones llegaron los médicos a los barrios, pero también se abrieron miles de cupos en las universidades, de las cuales fueron creadas no menos de ocho: las campañas de alfabetización, la educación obligatoria, la redistribución de la tierra, la construcción de viviendas para los más empobrecidos, entre otras acciones gubernamentales, hacían sentir a muchos excluidos que ahora sí los tomaban en cuenta, incrementándose así el prestigio del nuevo Presidente y manteniendo en alto el espíritu de quienes habitábamos en los barrios populares.

 

Petróleo y prestigio político

 

Todo esto sucedía en medio de una constante conspiración de los ricos de siempre por tumbar al Presidente. Varios de cuyos intentos fueron públicos, el más conocido el del 2002, pero se sucedieron otros que incluyeron la parálisis de Pdvsa (Petróleos de Venezuela), el referendo revocatorio de 2004, y otros más, en los cuales los instigadores principales eran los dueños de los medios de comunicación y la Iglesia. Intentos de los que salió ileso Chávez, tanto por el apoyo y movilización popular, como por su astucia y liderazgo político.

 

Javier mira al piso, como buscando respuesta a lo sucedido y prosigue. Hugo Chávez puso de moda las elecciones de todo tipo, y en casi todas venció. Sin embargo, desde el 2009, con el Referendo constitucional que perdió, comenzó a descender su gran peso electoral, hasta que la debilidad en las regiones comenzó a sentirse y el poder regional/territorial empezó a ser disputado palmo a palmo con quienes buscaban derrotarlo.

 

Era increíble que esto sucediera, pues el país estaba inundado de dólares y el gobierno tenía todas las herramientas políticas, económicas, jurídicas, además de la legitimidad y apoyo popular, para hacer sentir su liderazgo y su proyecto de inclusión y de unidad nacional popular. Pero, hay que recordar esto, desde los primeros años de su acción gubernamental, empezaron a sentirse palabras fuertes, de exclusión, como escuálidos, con la que trataban de manera despectiva a la clase media, asociándola de manera errada con los más ricos del país1, alejándola erróneamente de un proyecto de cambio que solo puede lograrse a través de la persuasión, de poner en marcha acciones políticas, sociales, económicas, culturales, deportivas, etcétera, que la hagan sentir parte del proyecto de cambio.

 

Palabras fuertes que también cubrieron a los partidos o líderes políticos de izquierda críticos2 que llamaban la atención sobre las políticas al mando del país. Parecía ser que el proyecto del presidente Chávez no resistía crítica alguna, a tal punto que a su alrededor solo fueron quedando los incondicionales, bien por identidad real o bien por conveniencia política y económica. Y al final, el país fue cubierto por un halo de partido único, partido, por demás, simplemente electoral, una máquina para hacer votos, sin sustento de base, sin debate ideológico, político y económico a su interior, un partido sometido a los ires y venires de su líder.

 

Hay que recordar, recalca Ibarra, que a la hora de llegar Chávez al gobierno el país venía de una crisis económica de varios años, auspiciada por los bajos precios del petróleo, la que empieza a ser superada en el 2004 con la recuperación de los mismos, recuperación potenciada, además, por el crecimiento de las exportaciones que para ese año ya anotaban un salto positivo del 39 por ciento. Cambio sucedido, entre otros aspectos, por el liderazgo de este gobierno ante los países integrantes de la Opep (Organización de países exportadores de petróleo), lo cual lo llevó a encabezar con Alí Rodríguez la presidencia de tan importante organismo. La renegociación de las condiciones para la explotación petrolera llevada a cabo por las multinacionales con presencia en el país también aportó de manera notable a incrementar los ingresos nacionales.

 

Entonces, producto de todo esto, miles de millones de dólares fueron inundando al país, mucho más desde el año 2007 cuando los precios del barril superaron los 70 dólares, llegando a 100 y más cuatro años después. Imagínese cómo sería este flujo de dinero, si el barril se vendía, pocos años antes, hasta por menos de 20 dólares

 

Pero el descomunal ingreso de divisas no se tradujo en la construcción de un nuevo aparato productivo, ni en la formación política integral de los trabajadores y de los sectores populares en general para que lo asumieran y defendieran. No, contrario a ello el país siguió la senda ya conocida con el Copei y Acción Democrática: el campo siguió prácticamente inculto, la poca industria de alimentos continuaba en manos de la burguesía local, lo que obligaba a importar de todo, pues la baja productividad de esta industria no permitía que el país se adentrara en una senda de autosuficiencia.

 

Javier nos mira como esperando que lo contradigamos y ante nuestro silencio retoma su relato. Recuerda con toda nitidez, dice, que era tal la cantidad de dólares que llovían que para el año 2008 la burguesía importó 45 mil millones de dólares, cuando solo habían entrado al país, fruto de lo que ella producía, algo así como 5 mil millones de dólares; ventas que dos años después ya había dejado caer a 1.800 millones de dólares, lo que permite pensar que muy pronto comprendió que la mejor forma de hacer fortuna, de manera rápida por demás, era dedicándose a comprar barato en el extranjero y vender caro en su país. La dependencia nacional se ahondaba y el discurso antiimperialista no daba paso a la verdadera soberanía nacional. Los dólares derrochados en baratijas se volvían improductivos.

 

Es por ello incomprensible la palabrería que mantenía Chávez –y ahora Maduro– contra esta burguesía, amenazándola con expropiarle sus empresas por la especulación que desde entonces ya se sentía en el país, pues mientras esto decía le entregaba de manera muy favorable y sin dilación alguna, las divisas que producto de la venta del petróleo ingresaban al país. Además, el Estado como máximo empleador, seguía creciendo y la moneda local se sobrevaluaba. El gasto público seguía en creciente pero sin crear capital fijo, el cual venía en franco deterioro desde finales de los años 80 del anterior siglo. Para colmo, los responsables de la economía nacional aprobaron otra serie de medidas que, de manera contradictoria, terminaron por acelerar el motor de la crisis económica nacional, medidas, entre ellas, poner a toda marcha la máquina de hacer plata. Mire, entre los años 1999-2016 se puso en práctica una política monetaria expansiva que llevó a incrementar en el 41 mil por ciento la base monetaria, una impresión desbocada de papel dinero sin respaldo alguno, el cual fue gastado en las formas más distantes de la inversión industrial y agrícola posible. Todo lo contrario de lo que debía hacerse para darle paso a otro modelo económico.

 

La conclusión era evidente: la matriz productiva de Venezuela no cambiaba, y el poder popular no podía ser más que un discurso propagandístico. Todo un contrasentido, pero aún el descontento social no tomaba forma pública pues todos sentíamos que algo recibíamos del Estado y entonces estábamos conformes; pero el proyecto de nuevo país seguía en deuda de tomar forma. Lo que sí tomaba cuerpo lo que ya se llamaba como boliburguesía, una nueva clase, emergente, roja rojita, crecida a la sombra del liderazgo de Chávez.

 

Una nueva clase que buscaba y lograba beneficiarse de la masa de dinero que circulaba, de tal tamaño que, por ejemplo, el alto gobierno tomó la decisión de gastar todo billete que pasara de los 30 mil millones de dólares en las reservas internacionales, y para manejar tal dinero creó el Fonden, a través del cual el Ejecutivo procedía con el gasto de manera discrecional e inauditable, gastando en 8 años 137.403 millones de dólares en proyectos que no trascendieron. Una cifra de dinero descomunal, con la cual se pudo cancelar en su totalidad la deuda externa que teníamos para entonces, pues ahora la deuda total consolidada del país asciende a 181.038 millones de dólares.

 

Javier se rasca la cabeza y luego se frota los ojos, como preguntándose ¿qué pasó? ¿por qué no lo vi?, para de inmediato continuar con su relato: fíjese, era tal el derroche y la incapacidad para darle un giro radical al aparato estatal heredado, que entre los años 2003-2012 las importaciones estatales crecieron en un 894 por ciento. El país se transformó en un gran centro comercial que importaba de todo: leche, carne, granos, carros, computadoras, ropa, café, medicamentos, etcétera.

 

En este último caso, mire bien, entre los años 2008-2012, las importaciones crecieron en 1.358 por ciento, y sin embargo había escasez, ¿qué explica esto?, pues que estábamos ante una descomunal fuga de divisas3, ante un robo sin mano armada y con la complacencia de la burocracia del alto gobierno. Un robo encabezado en este caso por empresas “imperialistas” como Pfizer, Merck, P&G; empresas que para el 2014 habían multiplicado por 11 el costo de su importación total pero disminuido en 87 por ciento la cantidad de mercancías traídas al país. Un robo de un impacto tal que en lo corrido entre los años 2000-2010, en escasos 10 años, sumó lo equivalente al 43 por ciento del PIB de este último año. No es extraño, por tanto, la escasez y la especulación.

 

Para que no quede duda, y para poder comprender lo que hoy está sucediendo en mi país, para poder entender por qué de la mano de la riqueza llegó la pobreza, debe conocerse que entre los años 2003-2012 esa burguesía especuladora, no industrial ni industriosa, recibió de manera preferencial (es decir, a precio oficial) por parte del gobierno, la bobadita de 317 mil millones de dólares para importar mercancías. Dólar preferencial, mucho del cual luego revendía, con un beneficio para el año 2013 del 500 por ciento, según el precio que tenía la divisa gringa en la calle, ganancia que cuatro años después se multiplica por miles pues mientras el dólar oficial se cambia a 1 x 10 Bs., para el 30 de abril de 2017 el dólar paralelo ascendía a 4.283.

 

Burguesía beneficiaria de la transferencia de renta petrolera, recibiendo divisas para importar lo requerido por diversos sectores sociales y sin embargo la escasez de lo que decía traer al país se palpaba cada día de manera más cruda en las calles y en los hogares. Entonces, ¿por qué les seguían entregando las divisas nacionales? Entrega a rienda suelta que llevó a que nuestras reservas internacionales, medidas para el 2013, cayeran a escasos 3 mil millones de dólares.

 

Beneficios económicos de los enemigos que decía enfrentar el chavismo, que le permitieron a esos mismos especuladores acumular en no más de diez años, en cuentas que tenían en el extranjero, más de 145 mil millones de dólares. ¡Como nos hace falta ese dinero hoy!, exclama con rabia y con claro pesar Javier. ¿Por qué el gobierno de Maduro no coloca una demanda internacional por ese robo y obliga a congelar esas cuentas y a repatriar tales dineros al país?

 

Ibarra Aury toma aire, nos mira como buscando explicación, y suelta esta perla: recuerden lo que decía el Banco Mundial por entonces: para alcanzar las Metas del Milenio ‘solo’ se requerían entre 40 y 60 mil millones de dólares por año, y en Venezuela, que ya había cumplido con ellas, sacando de la pobreza a muchas familias, había entregado mucho más de tal cantidad de dinero a sus supuestos enemigos. ¡Qué paradoja!

 

La evidencia del robo padecido por el país no ocurre en este solo ítem, también ocurre con la carne y con otros productos. Por ejemplo, la carne vivió un aumento del 21.693 por ciento en sus importaciones entre los años 2008-2013, y de 2.200 para los animales vivos, y sin embargo había escasez en la calle. Inaudito, ¿no? Fíjese, según las cifras oficiales para el periodo 2012-2014 el índice de escasez de este producto alcanzó el 144 por ciento!?! La consecuencia de esta realidad no es solo la caída del consumo de este vital alimento en los hogares, sino el incremento de su precio producto de su escasez, la misma que estimula la especulación. El desencanto que esto va despertando por doquier no es casual, así quedaría evidenciado en las elecciones para la Asamblea Nacional celebradas en el año 2015.

 

Claro, usted está en lo cierto, le responde Javier a uno de los entrevistadores del equipo desdeabajo que ante el dato que acaba de escuchar, estupefacto, le dice que eso es un simple robo. Valga recordar, enfatiza Ibarra, que hasta el año 2003 Venezuela fue prácticamente autosuficiente en este rubro. Es decir, a lo largo del gobierno chavista, no solo no se logró romper con la dinámica heredada sino que tampoco se construyó industria propia, no se alcanzó soberanía alimentaria, pero además, producto de su dadivosa entrega de divisas, terminó por desestimular en todos sus órdenes a la industria nacional. Desestimulo evidente en este caso, donde el descenso de las exportaciones de animales vivos llegó hasta el 99,78 por ciento, “hasta registrar la microscópica cifra de 4.300 dólares”4.

 

Es por esta vía que los enemigos del chavismo continuaron acumulado riqueza en el exterior, vía privatización de la bonanza petrolera, para registrar en el 2013 una fortuna de 164 mil millones de dólares, 19 mil millones más que un año atrás, dinero acumulado con aprobación oficial pues estaba en ejercicio su control de cambios, es decir, el dinero salió ante sus ojos, bajo su firma y con su aval.

 

Pese a esta evidencia, el gobierno descarga la culpa de la escasez en una supuesta guerra económica liderada por poderes extranjeros y sus aliados criollos. Nada más ilógico, pues los hechos que les he contado son contundentes, es decir, para ponerle cerradura a la escasez, a la especulación, al hambre que ahora se siente en los barrios populares, hay que tomar bajo el mando oficial todo el comercio nacional, sus importaciones, regular de manera efectiva el acceso a las divisas, hacer seguimiento a lo que entra al país, encarcelar a los que se roban las divisas que les son otorgadas, fijarse en la calidad de lo importado, regular los precios, y dejarse de poner en marcha proyectos inocuos como pretender suplir la hambruna con agricultura urbana. “Hay que ir a la raíz de la crisis y no distraerse en pendejadas! Por ejemplo, ¿cómo pudo suceder que dejaran perder más de ciento veinte mil toneladas de alimentos importados, como ocurrió en junio de 2010, productos suficientes para alimentar 17 millones de personas a lo largo de todo un mes?

 

Javier, con su respiración acelerada, solicita un poco de agua, bebe con pausa del recipiente que le extienden, toma aire, recupera su postura y prosigue.

 

Mientras esto sucedía, en los barrios se sentía el desgaste del proyecto que escasos 17 años atrás nos llenó de esperanzas. Poco a poco, se fue desgranando la fidelidad con aquellas ideas y, poco a poco, un mayor número de familias comenzaron a buscar solución a sus problemas por cuenta propia. Lo colectivo ya no tenía base ni apoyo ni posibilidades. No fueron pocas las familias en las que todos, o algunos de sus miembros pasaron la frontera, bien para quedarse en Colombia, bien para llegar a Ecuador, bien para dirigirse a Brasil, bien para buscar solución en Estados Unidos, un desgrane que con el paso de los años, y el incremento del ambiente de tensión producto de la ofensiva opositora que creaba un ambiente de guerra, se tradujo en un chorro de inmigrantes.

 

¿Cómo pensar que esto nos sucedería? Cuando empezaron a salir los ricos, los caídos en desgracia por figurar en las conspiraciones, hacia principios del 2003, nos pareció obvio, pues esa es su lógica: si no tienen el poder buscan otros territorios para vivir. Pero el turno también nos llegó a nosotros pues ahora el gobierno no tiene con que sostener una masa de gente cada vez más numerosa sin trabajo y sin ingresos, los subsidios ya no alcanzan para tantos o, simplemente, los entrega a quienes figuran como incondicionales, cayendo en el más crudo clientelismo. Y en mi familia, aclara Ibarra, queremos y soñamos con un proyecto de nuevo país, pero no somos incondicionales, no, para nosotros es necesario el debate, la participación, la experimentación, la creación con imaginación propia, la autogestión, la libertad de pensamiento...

 

La muerte de Chávez

 

El país ya venía mal pero llegó a peor con la muerte del Comandante, pues era éste quien levantaba los ánimos, su liderazgo era indiscutido. Vea cómo cayó el ánimo social con su muerte: ustedes deben recordar que antes de su fallecimiento ocurren las elecciones de octubre de 2012 para presidencia, en las cuales vuelve a vencer con 7.444.082 votos, seguido por Enrique Capriles con 6.151.544 sufragios. Seis meses después, en la elección para saber quién sucedería a Hugo Chávez, si bien Maduro con 7.505.308 votos mantuvo el registro de su antecesor, Capriles logra reunir 7.270.403 votos, es decir, un millón más de sufragios que los logrados pocos meses antes. Con un agravante, la diferencia entre ambos quedó reducida a menos de 300 mil votos.


Aquí ya había un mensaje claro de descontento; pero el golpe llegó en el 2015, en las elecciones para la Asamblea Nacional, cuando la llamada oposición con 7.587.579 votos, contra 5.599.025 del oficialismo –es decir, dos millones menos que en la elección anterior– logró retomar la mayoría de este poder, con 112 de los 167 diputados que la integran. Su mayoría era indiscutible, lo que da paso a la agudización de la crisis que hoy tenemos.

 

Sin duda. Para Maduro y su equipo de gobierno era inaceptable esta nueva realidad; una realidad de claro desgaste del poder, el cual evidenciaría en su totalidad su crisis con las elecciones territoriales por realizarse en diciembre de 2016. Previendo tal desenlace las dilataron, al tiempo que buscaron todas las claves legales, y no tanto, para dinamitar el poder legislativo.

 

Ese proceder creó el ambiente para que la contradicción así expresada llegara a las calles, a través de reiteradas movilizaciones y protestas de todo calibre, cuya más persistente confrontación se ha tomado casi todo lo corrido del 2017. Claro, tras las protestas y el ánimo de sacar al chavismo del poder también están los Estados Unidos y su agenda golpista, la cual ha estado presente desde el 2002, pero no puede descargarse toda la explicación de lo que ahora sucede en tal proceder, ni en las continuas maniobras de la OEA para aislar del campo internacional a nuestro país, ni en las declaraciones y apoyos públicos o soterrados para la Mesa de Unidad Nacional (MUD). No, el núcleo del descontento popular radica en la crisis que golpea al país, que si bien puede ser explicada por la caída de los precios del petróleo, no se reduce a ella, pues como ya les comenté, la mano larga, dadivosa, por parte del gobierno para con la burguesía, no tiene límites; como no la tiene su incapacidad para haber quebrado la estructura económica heredada, así como las relaciones sociales dominantes, por lo cual el poder popular, quedó como una deuda por concretarse.

 

El descontento que hoy se extiende por todo el país, tiene explicación en los salarios sin poder adquisitivo, en la inflación galopante (700 y más por ciento), en la reducción de la inversión social producto de la caída del PIB en menos 9,4 por ciento5 al cierre del 2016, en la continuada fuga de divisas, en la especulación con infinidad de productos, en las colas que deben hacerse cada día para conseguir muchos de los alimentos, necesarios para una buena dieta, en el hambre cotidiana que embarga a miles de familias, pero también en la represión sufrida por salir a protestar, así como en las amenazas que se sienten en nuestros territorios para que no nos sumemos a nuevas manifestaciones.

 

No falta quien agregue a esto el descontento por el creciente endeudamiento externo e interno de un país que tiene las mayores reservas del petróleo pesado del mundo, un país que recibió durante casi 8 años miles de miles de millones de dólares y que ahora, para buscar que ingresen más divisas, aprueba el plan conocido como el Arco Minero, ahondando de esta manera la continuidad con el modelo económico heredado en 1999, lo que llevará al país a una crisis ambiental y, muy posiblemente, a un etnocidio de nuestros pueblos originarios. En esta senda, el endeudamiento y la dependencia respecto de China es inocultable. No teníamos porque llegar a este punto, y mucho menos estar cancelando de manera puntual la deuda externa que para el 2017 ya suma pagos por 1.533 millones de dólares, en un momento donde ese dinero se necesitaba para cubrir las necesidades populares.

 

La Asamblea Constituyente

 

Pareciera que el relato de Ibarra, con su prodigiosa memoria no pararía de describir asuntos graves, cuestionamientos a un proceder gubernamental despreocupado por la transparencia política y el debate público, una vía ideal, como se sabe, para la politización social y para que todos sintieran que la dirección política del Estado dejaba de ser un asunto de especialistas. En efecto, luego de beber otro recipiente con agua, reconfirmó nuestro temor:

 

Es sabido, nos dice, que ninguna clase en el poder lo entrega a sus contradictores –o enemigos– sin resistencia alguna; eso no sucede, mucho menos cuando lo que está en juego no es simplemente el gobierno sino el poder, el proyecto de país, y lo que está ocurriendo en Venezuela confirma el axioma.

 

Es por ello que, una vez perdido el poder legislativo se pone en marcha desde el Ejecutivo todo un plan –reacción– para neutralizar sus funciones, dificultar su operatividad, sabotear su proceder, todo ello a través de un accionar legal pero ilegítimo, así lo siente gran parte de la sociedad.

 

Toda acción, recuerda Javier, desprende una reacción. Por ello, ante las acciones descritas la llamada oposición no optó por la pasividad y, por el contrario, despliega su iniciativa, tanto como un mecanismo de disputa como uno de atacar en pleno al Gobierno y buscar su caída; respuesta defensiva/activa que enciende buena parte del país durante un buen trecho del 2017, sumiéndolo en el desgaste. Su objetivo en marcha: darle cuerpo a una dualidad de poderes que una vez así constituida encuentre reconocimiento internacional. Si así sucediera, ese momento sería el caos total, el preámbulo de una guerra civil. ¿A quién le interesa y a quién le sirve semejante escenario? A nosotros, como simples ciudadanos, el solo considerar tal posibilidad nos hace correr frío por todo el cuerpo.

 

Bien, es en medio de esta intensa disputa, sin duda del por qué gobiernos extranjeros apoyan a la MUD que Maduro se idea la salida de la constituyente, una inteligente forma de recuperar la iniciativa perdida meses atrás y de bloquear en su totalidad a la MUD y demás sectores opuestos e inconformes con la manera como llevan el país.

 

Lo desprendido de esta iniciativa es reciente y ustedes deben recordarlo con total nitidez, enfatiza Ibarra Aury, quien ya da muestras de cansancio: buscando exteriorizar apoyo social, cual más, tanto oficialismo como oposición llaman a la acción electoral cuyo resultado, por una y otra parte, deja amplias dudas. Tratando de sabotear el llamado electoral del Gobierno la MUD se juega toda su fuerza en la calle, sin obtener lo propuesto. Me parece que su proceder deja su quehacer inmediato y futuro en manos de gobiernos extranjeros, Estados Unidos como el principal y de su mano Colombia, México, Argentina, Chile, Perú. Lo de Europa no tiene tanto peso inmediato.

 

Triunfa entonces, en este round el gobierno, y sigue a la iniciativa, las primeras medidas tomadas por la Asamblea Constituyente, unanimista, así lo confirman: la destitución de la Fiscal General de la Nación, entre ellas.

 

Me parece, dice Javier, que lo abierto en esta última parte del intenso conflicto que sacude a mi país, es un debate sobre el sentido, el carácter y las posibilidades de la democracia, debate que no puede ser liderado por gobierno extraterritorial alguno pues ¿qué autoridad ética y moral tienen gobiernos –en cabeza de sus jefes de Estado– como Estados Unidos, Colombia, México, Argentina, cuando al interior de sus territorios, en unos casos, y en otros –o a la vez– a su exterior, irrespetan aquello que pretenden reclamar acá?

 

Del lado de los sectores críticos de izquierda, se denuncia el proceder oficial como una concentración de poder6 y un accionar autoritario que nada bueno anuncia sobre lo que debiera ser un liderazgo apegado a los deseos y necesidades de las mayorías. El problema de estos sectores, aclara Ibarra, es que no tienen peso de ninguna clase y desde su marginalidad no alcanzan a presentarle a su sociedad, así como al mundo, una alternativa de izquierda de verdad transformadora; sin embargo, su existencia y persistencia es muy importante para mantener la esperanza, el sueño, con que despertamos en 1999, y el cual anhelamos que se haga realidad aquí y ahora. Un sueño de poder popular real, sustentado en la transformación de nuestras relaciones sociales, de nuestra cotidianidad, que rompa el modelo rentista ahora en su crisis terminal, sueño soportado en una democracia directa y radical que tuerza el destino capitalista que nos quieren imponer unos y otros.

 

Pese a su fatiga, Javier nos mira con resolución y nos dice: amigos y amigas, díganle al mundo que Venezuela no está divida en dos, que este país está dividido en tres, y que a los más críticos y soñadores, los medios de comunicación internacionales –adscritos a una agenda golpista– ni siquiera nos registran, hasta ahí llega la supuesta agenda democrática que dicen defender, hasta desconocernos, hasta ayudar con todas sus fuerzas a silenciarnos.

 

* Nombre y personaje ficticio.
1 A propósito de esta palabra, Fidel Castro le cuestionó diciendo: “Chávez, en Venezuela no puede haber cuatro millones de oligarcas”.
2 Entre los tratamientos despectivos con que Hugo Chávez despreciaba a quienes se atrevían a cuestionarlo, se recuerdan aquellas palabras con que se refirió en el 2006, al Partido Patria Para Todos, opuesto a la constitución de un partido único en Venezuela: “Les regalo un Volkswagen escarabajo pues ahí caben todos sus militantes”.
3 Sutherland, Manuel, “Crítica a la política económica del “socialismo del siglo XXI”: apropiación privada de la renta petrolera, política de importaciones y fuga de capitales”, en: Estudios latinoamericanos, Nueva época Nº38, julio-diciembre de 2016, pp. 39-63.
4 https://colombiadesdeafuera.wordpress.com/2014/08/21/venezuela-aumento-del-21-69321-en-la-importacion-de-carne-caida-del-consumo-y-su-escasez-por-manuel-sutherland/
5 Cepal, Estudio Económico de América Latina y el Caribe, 2017. http://www.cepal.org/es/publicaciones/42001-estudio-economico-america-latina-caribe-2017-la-dinamica-ciclo-economico-actual
6 Uzcátegui, Rafael, “Venezuela: aikido y derechos humanos”, abril de 2017, http://nuso.org/articulo/venezuela-aikido-y-derechos-humanos/

Para la escritura de este artículo fueron consultados los siguientes artículos:

Sutherland, Manuel, “Aumento del 894% en importación estatal, caída en las reservas y estatización del Comercio Exterior”, 01/10/2013. https://www.aporrea.org/actualidad/a174465.html
“Venezuela” Crisis, importación, dólares, inflación-escasez y el default inevitable”, 01/09/2015. https://www.aporrea.org/trabajadores/a213256.html
“2016: la peor de las crisis económicas en Venezuela; causas, medidas y crónica de una ruina anunciada”, 18/02/2016. https://alemcifo.wordpress.com/2016/02/17/2016-la-peor-de-las-crisis-economicas-causas-medidas-y-cronica-de-una-ruina-anunciada/
“Crisis económica del 2016: causas, derroche, ciclos, ajuste económico y perspectivas”, 30/08/2016. https://www.aporrea.org/economia/a233278.html
Lander, Edgardo, Arconada, Rodríguez, Santiago “Venezuela: un barril de pólvora”, junio 2017, http://nuso.org/articulo/venezuela-un-barril-de-polvora/

Publicado enEdición Nº238
Sábado, 19 Agosto 2017 16:46

La nueva disputa por el poder en Ecuador

La nueva disputa por el poder en Ecuador

Lleva apenas 90 días en el gobierno, pero ya desató la furia de su antecesor y correligionario. Desde que Lenín Moreno asumió la presidencia, su apoyo popular ha aumentado al mismo ritmo que los roces dentro del partido oficialista, Alianza País, que está a punto de estallar. Su ruptura con la política y la gestión de Rafael Correa le ha valido el epíteto de “traidor” desde sectores correístas y una disputa abierta con el ex presidente.

 


Si algo ha caracterizado los primeros tres meses de gobierno del presidente ecuatoriano, Lenín Moreno, sin duda ha sido la conflictividad que su gestión ha despertado dentro de su formación política, Alianza País.

La explicación de esto se encuentra en el desgaste que ha sufrido el correísmo durante los últimos años, los conflictos internos que conllevaron la elección del sucesor de Rafael Correa al frente del oficialismo, así como los planes políticos de futuro del ex mandatario ecuatoriano.

Si bien Rafael Correa ganó con holgura las elecciones presidenciales del año 2013, sumando en primera vuelta casi 5 millones de votos frente a los 2 millones de su principal contrincante, cierto es también que los graves impactos en la economía nacional derivados de la caída de los precios del crudo comenzaron a sentirse apenas un año después de su reelección. Lo anterior llevó a que el último período presidencial de Rafael Correa se caracterizara por la pérdida de la fuerte hegemonía mantenida durante sus seis primeros años de gestión.

FIN DE LA “DÉCADA DORADA”.

Entre 2006 y 2014 Ecuador experimentó un crecimiento promedio de 4,3 por ciento del Pbi, impulsado por los altos precios del petróleo e importantes flujos de financiamiento externo al sector público. Esto permitió un mayor gasto público, incluyendo la expansión del gasto social e inversiones emblemáticas en los sectores de energía y transporte. En ese período la pobreza disminuyó del 37,6 por ciento al 22,5 por ciento y el coeficiente de desigualdad de Gini se redujo de 0,54 a 0,47 debido a que los ingresos de los segmentos más pobres de la población crecieron más rápido que el ingreso promedio. La coincidencia entre el período de bonanza económica en la región, la llamada “década dorada”, y el momento de mayor hegemonía política de Alianza País, con la figura de Rafael Correa a la cabeza, fue evidente.

El primer síntoma cuantificable de cansancio que experimentó el régimen se percibió en las elecciones seccionales del año 2014, en las que Alianza País perdió en todos los principales centros urbanos de la nación –incluida su capital– y en todos los territorios amazónicos sometidos a la fuerte presión extractivista. Por aquel entonces el presidente Correa, buscando un eufemismo para evitar hablar de retroceso político, utilizó el término “remezón” para calificar los resultados electorales de su formación política.

Consciente de que su figura aún estaba a salvo del desgaste político que mostraba ya su partido, y viendo que la economía nacional comenzaba a marcar sus primeros signos de debilidad, Correa lanzó ese mismo año la idea de presentarse nuevamente como candidato presidencial a las elecciones de 2017. Para ello, inevitablemente, era necesario cambiar la redacción de la Constitución de Montecristi –carta magna auspiciada por su propio movimiento político unos años antes–, pues el texto constitucional, en aras de impedir que cualquier autoridad política se perpetuara en el poder, dejaba claro que las personas en cargos de elección popular en Ecuador tan sólo podían ser reelectos una vez.

La mediocridad existente en el sistema tradicional de partidos ecuatorianos –lógica de la que no se salvan los grupos ubicados a la izquierda del correísmo– hizo que la agenda política desde mediados de 2014 hasta finales de 2015 estuviera marcada por el debate sobre la legitimidad de una eventual reforma constitucional.

En paralelo continuaba el deterioro económico del país, que fue agudizándose paulatinamente. En 2015, con una economía estancada por la falta de liquidez estatal, el crecimiento del Pbi apenas llegó al 0,2 por ciento, agravándose la situación en 2016, cuando el país ya en plena crisis económica cerró el año con una contracción de –1,5 por ciento (el peor desempeño de la región tras Venezuela y Brasil).

FIN DE CICLO.

Fue en ese contexto que se produjo el levantamiento indígena de agosto de 2015, al cual respondió el Estado con el mayor nivel de represión contra organizaciones sociales en la última década.

Los años 2015 y 2016 significarían el fin de ciclo en Ecuador, determinado en este caso por el cambio de las políticas públicas del correísmo, más allá de su continuidad en el gobierno.

Así, mientras las misiones de observación y vigilancia económica del Fmi volvían al país, un gobierno que había impulsado una auditoría ciudadana de la deuda externa –y calificado una parte de ésta como ilegítima– pasó a impulsar una nueva política de agresivo endeudamiento que posicionó los niveles de deuda actual porcentualmente por encima de aquellos de 2006, cuando llegó al poder. De igual manera, y tras haber saneado las finanzas públicas, la década correísta se cerró con el dramatismo derivado de que las reservas existentes en el Banco Central del Ecuador eran notablemente insuficientes para afrontar los pasivos a corto plazo contraídos por el gobierno. Siguiendo con esa línea de cambios políticos, el gobierno del presidente Correa firmó un Tlc con la Unión Europea mientras anunció su predisposición a extender este tipo de acuerdos con otros países, incluso con Estados Unidos.

En materia fiscal, y tras 22 reformas en diez años, el Servicio de Rentas Internas terminó situando el pago de impuestos a la renta para los sectores más privilegiados de la sociedad por debajo del 3 por ciento, unos 13 puntos menos que la tasa de presión fiscal que enfrenta el ciudadano ecuatoriano medio.

El colofón de todo lo anterior se dio en los últimos meses de gobierno de Correa, cuando anunció la puesta en venta de parte de las empresas públicas, múltiples bienes patrimoniales del Estado, y algunos proyectos emblemáticos en materia energética, como la hidroeléctrica Sopladora (recientemente inaugurada, financiada con créditos chinos y cuyo costo alcanzó los 755 millones de dólares).

UN RETORNO MEDITADO. El devenir de una economía nacional ya inmersa en un período de vacas flacas implicó que el entonces mandatario ecuatoriano cambiara su estrategia política personal. Las enmiendas a la Constitución aprobadas en diciembre de 2015 por parte de la mayoritaria bancada oficialista en el Legislativo incluyeron un ajuste de última hora en su redacción. Se eliminaron todas las restricciones para la reelección de cargos sometidos al voto popular, incluido el de presidente, pero se aprobó una caprichosa disposición transitoria hecha a la medida de las necesidades de Correa: estas enmiendas no se aplicarán en las elecciones de 2017, sino a partir de las siguientes.

Si bien Rafael Correa tenía intenciones de ser reelecto como presidente de la república, no sería él quien afrontaría la difícil situación económica en la que quedaba el país. Su estrategia era clara: situar un delfín en su gobierno que enfrentara los ajustes presupuestarios a los que la economía nacional se veía abocada, volviendo él en 2021 para salvar una vez más al país de los tenebrosos designios de la “larga noche neoliberal” y sus políticas de austeridad.

A mediados de 2016 comenzó el debate dentro del oficialismo sobre la sucesión correísta. Como en toda disputa por el poder, fueron muchos los nombres inicialmente propuestos para el delfinazgo, si bien la preferencia del líder indiscutible de la revolución ciudadana fue su vicepresidente, Jorge Glas, un hombre sin trayectoria política, formado en la burocracia oficialista y cuya imagen llegaba severamente castigada por sus supuestas conexiones con distintos escándalos de corrupción vinculados a la contratación pública.

UN LENÍN OPOSITOR.

La mala imagen de Glas, sumada a su falta de carisma, hicieron que el oficialismo tuviera que optar por la figura de Lenín Moreno como candidato presidencial, pese al poco entusiasmo que esto despertó en Correa. Moreno había sido el vicepresidente durante los primeros años del correísmo. Su personalidad afable y fuerte sentido del humor, sumados a una exitosa gestión de programas sociales focalizados en sectores vulnerables, le permitieron adquirir amplia simpatía por parte de la ciudadanía ecuatoriana. Su estancia en Ginebra como enviado especial de la Onu para asuntos de discapacidades hizo que, pese a su filiación política a Alianza País, estuviera lejos del partido y de la figura de Correa durante los últimos años. A principios de 2017 Lenín Moreno gozaba de un nivel de apoyo popular ostensiblemente superior al de Rafael Correa.

Fue de esta manera que el binomio oficialista para las elecciones de febrero de 2017 se conformó con Lenín Moreno y Jorge Glas, siendo el segundo una imposición muy poco inteligente del presidente saliente. La imagen de Glas fue una rémora durante toda la campaña electoral, y los estrategas de su partido se vieron obligados a limitar sus apariciones públicas a actos internos.

En esa ocasión Alianza País tuvo que recurrir a una segunda vuelta –balotaje– para ganar la presidencia de la república. El pasado 2 de abril Moreno se impuso a una suerte de alianza opositora que incluyó a los partidos de izquierda, que apoyaron la candidatura conservadora de Guillermo Lasso. El oficialismo, con un deterioro político cada vez mayor pese a la imagen positiva de Lenín Moreno, conseguía mantenerse en el poder con apenas 200 mil votos más que su rival, y acusado de un supuesto fraude electoral nunca demostrado.

PROBANDO EL DIÁLOGO. A partir del mismo 24 de mayo, cuando fue investido Lenín Moreno, comenzaron los problemas con un sector del correísmo al que no le gustó el nuevo discurso presidencial. Incluso desde el público se oyeron algunas voces que alentaban: “¡Sólo es un pequeño descanso, compañero Rafael!”, en alusión a la futura vuelta del ex mandatario al palacio presidencial.

En realidad los problemas habían empezado días antes, cuando en el proceso de transición presidencial –trasvase de información del gobierno saliente al entrante– el equipo de colaboradores más cercano a Moreno comenzó a detectar que, más allá de la propaganda oficialista, el estado en que el gobierno anterior entregaba el país tenía tintes altamente preocupantes.

El equipo de gobierno de Lenín Moreno es un mix de altos jerarcas públicos del gobierno anterior, algunos ministros reciclados del oficialismo que fueron quedando apartados del anillo de poder correísta y que hoy han sido rescatados, y algunas caras nuevas vinculadas principalmente a sectores empresariales con entrada en el nuevo gobierno.

Frente a la dinámica de conflicto implementada como característica principal del modelo de gestión correísta (esa construcción de un “ellos” y un “nosotros” auspiciada desde la teoría laclauniana y que ha sido la dialéctica esencial del neopopulismo), el primer mensaje político emitido por el nuevo presidente del Ecuador fue hacer un llamamiento al diálogo nacional. La estrategia fue clara: si hay que proceder con ajustes económicos en un país en crisis, necesariamente hay que establecer un marco de consenso previo que amortigüe la reacción que socialmente pudiera ocasionar este tipo de medidas.

Fue así que se establecieron las mesas de diálogo nacional por sectores, donde los ministros y altos funcionarios públicos se están viendo obligados a articular un debate con distintos sectores sociales. Tras diez años sin autocrítica, en que los mensajes del gobierno se han sostenido de forma sistemática con la retórica de lo bien que lo ha hecho el presidente Correa y su gobierno, hoy estos funcionarios muestran sus notables carencias y falta de cultura democrática a la hora de asumir las críticas desde los diferentes frentes de la sociedad civil.

Aunque esto molestó al hard correísmo, no fue nada con respecto a lo que vino inmediatamente después.

EL “TRAIDOR”.

Mientras Rafael Correa se afincaba en Bruselas, sus incondicionales ponían en marcha la Fundación de Pensamiento Político Eloy Alfaro. La estrategia consiste en articular un pretendido think tank diseñado para mantener viva la presencia del pensamiento político-económico correísta durante los próximos cuatro años, con la idea de que su líder tenga una plataforma sobre la cual seguir posicionando su figura tanto dentro como fuera del país.

La sorpresa llegó cuando el presidente Moreno apareció en una cadena nacional para explicar el nivel de endeudamiento y la preocupante situación económica en la que se le entregó el país. En pocas palabras, Lenín Moreno torpedeó la nave principal con la que Rafael Correa pretendía navegar durante los próximos cuatro años. El gobierno sucesor del economista Correa le venía a decir al pueblo ecuatoriano y a quien quisiera oír que su antecesor tenía una fuerte corresponsabilidad en lo que estaba por venir, trastocando posibles futuras agendas con Stiglitz, Piketty, Krugman, Varoufakis o cualquier otro economista socialdemócrata a la moda.

Y fue a partir de ese momento, cuando descubrieron que la estrategia trazada por el ex mandatario ya no sería viable ante un sucesor díscolo que no estaba dispuesto a acarrear sobre sus hombros las culpas de una gestión precedente, que Rafael Correa y sus acólitos comenzaron a llamar seriamente a conformar un nuevo partido político que mantenga vigente lo que denominan “fundamentos de la revolución ciudadana”. Lo anterior, ¿cómo no?, viene acompañado por calificativos del tipo de “traidor”, “desleal”, “mediocre” o “vende patria” para un mandatario que ni siquiera ha cumplido sus cien primeros días de gobierno.

Según declara Rafael Correa desde Bruselas a través de sus cuentas en las redes sociales, el país “retornó al pasado”, se estaría “repartiendo la patria” y “permitiendo el regreso de la corrupción institucionalizada y del viejo país”. Ante esta arremetida hay quienes se preguntan ¿de qué nivel de transformación profunda y revolucionaria habló el aparato de propaganda correísta durante una década si en apenas 90 días de gobierno, según esas mismas fuentes, de eso ya no queda nada?

Con respecto a la lucha anticorrupción, el gobierno de Lenín Moreno puso en marcha una política de transparencia que ha permitido que se reabrieran indagaciones sobre el vicepresidente, Jorge Glas. Esto llevó a que Glas fuera relevado transitoriamente de todas sus funciones como vicepresidente –pese a los pataleos de Rafael Correa–; a la inhabilitación del ex contralor general del Estado, Carlos Polit, quien en la actualidad se encuentra prófugo en Miami; y a la retención en el aeropuerto de Quito del ex fiscal general del Estado, Galo Chiriboga, tío de Rafael Correa y quien fue llevado a declarar bajo escolta policial a la fiscalía. Todos son cercanos al ex presidente Correa y todos, de una forma u otra, están vinculados a las investigaciones sobre corrupción en la estatal Petroecuador y también en el marco de la operación Lava Jato, en Brasil, sobre el caso Odebrecht.

SILENCIO DE LA SOCIEDAD CIVIL.

Cómo terminará este culebrón está por verse, en todo caso parece difícil que Alianza País no se desgaje en los próximos meses si el nivel de tensión interna se mantiene in crescendo. Es una interrogante cuánta gente dentro del oficialismo permanecerá al lado de Lenín Moreno y cuánta seguirá a Rafael Correa en una nueva aventura política.

Paralelamente a la disputa abierta entre Correa y Moreno, las organizaciones sociales se han quedado sin voz y sin capacidad de movilización ante un escenario donde poco o nada se discute sobre las demandas históricas articuladas desde la sociedad civil. A su vez, estas demandas están prácticamente ausentes de la retórica de los diferentes actores en conflicto.

El problema de fondo, más allá de las estrategias de comunicación y tácticas políticas, sigue siendo la lucha por el poder. El historiador anarquista francés Daniel Guerin, reflexionando sobre la revolución de 1789 –que junto con la de 1917 fueron las dos revoluciones por antonomasia de la historia de la humanidad–, indicó en su momento que la burguesía nunca se equivocó con respecto a quién era su verdadero enemigo, y que éste realmente no era el régimen anterior, sino lo que escapaba al control de ese sistema. Según Guerin, en la revolución francesa la burguesía asumió como su tarea llegar a dominar. ¿Es acaso esencialmente distinto lo que está sucediendo con esto que eufemísticamente se ha dado en llamar “revolución ciudadana”?

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Viernes, 30 Junio 2017 06:24

A no callar los actos de terrorismo

A no callar los actos de terrorismo

Nunca escarmentamos en cabeza ajena. Quizá por eso los ricos cada vez son más ricos y los pobres cada vez más pobres. Ya en el siglo XVI se preguntó un joven francés por qué los pobres escogen a sus verdugos. Le echó la culpa a la rutina. En Venezuela rompe la rutina un helicóptero robado y piloteado por un golpista que dispara contra el Tribunal Supremo de Justicia, unos opositores que prenden fuego vivo a un chavista, gente que odia tanto a Maduro que disparan desde las ventanas de los barrios caros y matan a los suyos.


Cuando Ulises y su tripulación llegaron a la isla de la hechicera Calipso, el problema no fue la hermosura del paisaje o la suculencia de los manjares, sino que la búsqueda de la patria había sido derrotada por la desmemoria. La maldición del olvido detiene el viaje. Sin memoria no hay proyecto y sin historia la nave se queda parada en un lugar sin gloria. En Venezuela llevan más de diez años repitiendo un manual de guerra escrito en las cancillerías imperiales.


Ocurrió en España en julio de 1936, cuando las potencias occidentales decidieron abandonar a la II República argumentando que se había escorado a la izquierda. Ocurrió en septiembre de 1973, cuando las democracias occidentales decidieron abandonar al Chile de Allende y el Frente Popular porque la Guerra Fría dictaba sus claves. Lleva pasando en Venezuela desde diciembre de 1998 cuando Hugo Chávez rompió la maldición que condenaba a la soledad a Venezuela y a América Latina y el “mundo libre” entendió que la libertad no se comparte con las mayorías.


El modelo neoliberal no aguanta. Por eso cada vez está más violento. Y por eso las victorias cada vez son más luminosas.


Ahí está Lenín Moreno en Ecuador y Evo Morales en Bolivia. Ahí está Jeremy Corbyn en Gran Bretaña, Bernie Sanders en Estados Unidos, Podemos en España, como señales que avanzan frente a la decadencia de Theresa May, la insania de Donald Trump o la corrupción de Mariano Rajoy. Ahí están igualmente los pueblos alzados de América Latina enfrentados al corrupto Temer en Brasil, al envilecido Macri en Argentina, al peluche Peña Nieto en México o al mentiroso de Santos en Colombia. Y también están en las calles de Santiago defendiendo el Frente Amplio o en las calles de Caracas sosteniendo el gobierno de Nicolás Maduro porque saben que los corsarios de la oposición vienen con el cuchillo en la boca y pasaporte norteamericano.


En Caracas hay un choque de legitimidades: el Legislativo no reconoce al Ejecutivo, y el Ejecutivo busca salidas que todavía tiene que explicar mejor. También en España hay un choque de legitimidades. El gobierno catalán no reconoce la Constitución española ni las órdenes emanadas del gobierno. El gobierno de Rajoy apela a la ley en España. Calla sin embargo cuando la oposición comete actos de terrorismo en Venezuela. La oposición venezolana está buscando un golpe de Estado como en España en el 36, en Chile en el 75, en Venezuela en 2002. ¿Por qué calla la OEA? ¿Por qué calla Estados Unidos? ¿Por qué calla España? Solo hay una explicación: tienen una comunidad de intereses con los terroristas venezolanos. Es impensable que en España alguien contrario al gobierno robara un helicóptero y lanzara granadas y disparara contra instituciones del Estado. Sería señalado como un intento de golpe de Estado y como un acto de terrorismo. La Unión Europea se pronunciaría. Las policías se pondrían en alerta para detener a los terroristas. Pero Almagro calla, Rajoy calla, Trump calla. ¿Qué comparten con los golpistas?


Primero se llevaron a los judíos, pero como yo no era judío no dije nada... Así explicó el clérigo Martin Niemöller el nazismo. Cuando se dieron cuenta era demasiado tarde. Cualquier demócrata que calle ante lo que está sucediendo en Venezuela está comportándose como aquellos temerosos alemanes.


Sólo hay una solución en Venezuela: paz, diálogo y respeto a la ley. Y los opositores que están anegando una salida, que no son todos los que se sienten contrarios al gobierno de Maduro, debieran saber que en ningún lugar del mundo pueden tener favor ni apoyo. Cada vez que un gobierno recibe a golpistas, cada vez que un gobierno silencia actos terroristas, cada vez que una democracia mira para otro lado ante actos contrarios a la democracia, cada vez que toleramos en Venezuela la quema de instituciones, la violencia callejera, los asesinatos, el asaltos a instalaciones militares, el desconocimiento de las leyes, nos estamos haciendo un enorme daño a nosotros mismos. Es legítima y necesaria la oposición a cualquier gobierno. Pero cuesta demasiado levantar una democracia para no darnos cuenta de que hay en marcha un intento claro de tumbarla en Venezuela. Y si cae Venezuela, los autoritarios de siempre en América Latina creerán que les ha llegado la hora de la venganza.


Ha pasado en muchos otros lugares en muchos momentos de la historia. Hay gente en Venezuela que quiere salir del gobierno de Maduro con un golpe de estado, con una guerra civil como en Libia o en Siria, con una golpe parlamentario como en Brasil. Es momento de que cada demócrata del mundo deje claro que eso no puede ocurrir con su silencio.
* Politólogo. Miembro de Podemos, España

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Viernes, 28 Abril 2017 07:11

La era de la ingobernabilidad en AL

La era de la ingobernabilidad en AL

La desarticulación geopolítica global se traduce en nuestro continente latinoamericano en una creciente ingobernabilidad que afecta a los gobiernos de todas las corrientes políticas. No existen fuerzas capaces de poner orden en cada país, ni a escala regional ni global, algo que afecta desde las Naciones Unidas hasta los gobiernos de los países más estables.

Uno de los problemas que se observan sobre todo en los medios, es que cuando fallan los análisis al uso se apela a simplificaciones del estilo: "Trump está loco", o conjeturas similares, o se lo tacha de "fascista" (que no es una simple conjetura). Apenas adjetivos que eluden análisis de fondo. Bien sabemos que la "locura" de Hitler nunca existió y que representaba los intereses de las grandes corporaciones alemanas, ultra racionales en su afán de dominar los mercados globales.

Del lado del pensamiento crítico sucede algo similar. Todos los problemas que afrontan los gobiernos progresistas son culpa del imperialismo, las derechas, la OEA y los medios. No hay voluntad para asumir los problemas creados por ellos mismos, ni la menor mención a la corrupción que ha alcanzado niveles escandalosos.

Pero el dato central del periodo es la ingobernabilidad. Lo que viene sucediendo en Argentina (la resistencia tozuda de los sectores populares a las políticas de robo y despojo del gobierno de Mauricio Macri) es una muestra de que las derechas no consiguen paz social, ni la tendrán por lo menos en el corto/mediano plazos.

Los trabajadores argentinos tienen una larga y rica experiencia de más de un siglo de resistencia a los poderosos, de modo que saben cómo desgastarlos, hasta derribarlos por las más diversas vías: desde insurrecciones como la del 17 de octubre de 1945 y la del 19 y 20 de diciembre de 2001, hasta levantamientos armados como el Cordobazo y varias decenas de motines populares.

En Brasil la derecha pilotada por Michel Temer tiene enormes dificultades para imponer las reformas del sistema de pensiones y laboral, no sólo por la resistencia sindical y popular sino por el quiebre interno que sufre el sistema político. La deslegitimación de las instituciones es quizá la más alta que se recuerda en la historia.

El economista Carlos Lessa, presidente del BNDES con el primer gobierno de Lula, señala que Brasil ya no puede mirarse al espejo y reconocerse como lo que es, perdido el horizonte en el marasmo de la globalización (goo.gl/owd24y). El aserto de este destacado pensador brasileño puede aplicarse a los demás países de le región, que no pueden sino naufragar cuando las tormentas sistémicas acechan. En los hechos, Brasil atraviesa una fase de descomposición de la clase política tradicional, algo que pocos parecen estar comprendiendo. Lava Jato es un tsunami que no dejará nada en su sitio.

El panorama que ofrece Venezuela es idéntico, aunque los actores ensayen discursos opuestos. De paso, decir que atender a los discursos en plena descomposición sistémica tiene escasa utilidad, ya que sólo buscan eludir responsabilidades.

Decir que la ingobernabilidad venezolana se debe sólo a la desestabilización de la derecha y el imperio, es olvidarse que en la prolongada erosión del proceso bolivariano participan también los sectores populares, mediante prácticas a escala micro que desorganizan la producción y la vida cotidiana. ¿O acaso alguien puede ignorar que el bachaqueo (contrabando hormiga) es una práctica extendida entre los sectores populares, incluso entre los que se dicen chavistas?

El sociólogo Emiliano Terán Mantovani lo dice sin vueltas: caos, corrupción, desgarro del tejido social y fragmentación del pueblo, potenciados por la crisis terminal del rentismo petrolero (goo.gl/DW8wkQ). Cuando predomina la cultura política del individualismo más feroz, es imposible conducir ningún proceso de cambios hacia algún destino medianamente positivo.

En suma, el panorama que presenta la región –aunque menciono tres países el análisis puede, con matices, extenderse al resto– es de creciente ingobernabilidad, más allá del signo de los gobiernos, con fuertes tendencias hacia el caos, expansión de la corrupción y dificultades extremas para encontrar salidas.

Tres razones de fondo están en la base de esta situación crítica.

La primera es la creciente potencia, organización y movilización de los de abajo, de los pueblos indios y negros, de los sectores populares urbanos y los campesinos, de los jóvenes y las mujeres. Ni el genocidio mexicano contra los de abajo ha conseguido paralizar al campo popular, aunque es innegable que afronta serias dificultades para seguir organizando y creando mundos nuevos.

La segunda es la aceleración de la crisis sistémica global y la desarticulación geopolítica, que pegó un salto adelante con el Brexit, la elección de Donald Trump, la persistencia de la alianza Rusia-China para frenar a Estados Unidos y la evaporación de la Unión Europea que deambula sin rumbo. Los conflictos se expanden sin cesar hasta bordear la guerra nuclear, sin que nadie pueda imponer cierto orden (aún injusto como el orden de posguerra desde 1945).

La tercera consiste en la incapacidad de las élites regionales de encontrar alguna salida de largo aliento, como fue el proceso de sustitución de importaciones, la edificación de un mínimo estado del bienestar capaz de integrar a algunos sectores de los trabajadores y cierta soberanía nacional. Sobre este trípode se estableció la alianza entre empresarios, trabajadores y Estado que pudo proyectar, durante algunas décadas, un proyecto nacional creíble aunque poco consistente.

La combinación de estos tres aspectos representa la "tormenta perfecta" en el sistema-mundo y en cada rincón de nuestro continente. Los de arriba, como dijo días atrás el subcomandante insurgente Moisés, quieren convertir el mundo en "una finca amurallada". Probablemente, porque nos hemos vuelto ingobernables. Tenemos que organizarnos en esas difíciles condiciones. No para cambiar de finquero, por cierto.

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