La humanidad aniquilada por robots, riesgo muy cercano

 


La inteligencia artificial podría en cuestión de "milisegundos" tomar la decisión de aniquilar a una persona, indicó el experto en robótica, Alekséi Turchin, al hablar sobre la posibilidad de que la humanidad sea destruida por robots. "El riesgo está más cerca de lo que puede parecer a cualquiera (...) Ya existen redes neuronales artificiales y automóviles autónomos", indicó en declaraciones a la agencia rusa Sputnik, Turchin estaba acompañado por su colega Gor Najapetián.

 

De acuerdo con el experto, un vehículo no tripulado puede enfrentarse a una situación en la que a causa de un obstáculo tenga que girar el vehículo hacia donde se encuentran cinco personas adultas o a donde está una persona mayor con un bebé.

 

La inteligencia artificial, a la que Turchin consideró como una posible amenaza para el hombre, “puede, en cuestión de milisegundos, tomar la decisión de aniquilar a alguien o de ‘favorecer incorrectamente’ a tal o cual individuo”.

 

 

Posibilidades bélicas

 

Otra de las posibles amenazas para la humanidad es la capacidad de reproducirse de los nanorobots, que definió como híbridos entre un mecanismo robótico y una célula.

 

En un hipotético escenario, Turchin advierte sobre el uso de nanorobots en la guerra, que luego de ser lanzados contra el enemigo seguirían reproduciéndose sin control hasta acabar con el mundo.

 

Gor Najapetián, consejero del centro de innovación Skólkovo, explicó que en la actualidad cientos de profesiones han sido robotizadas, para permitirle al hombre realizar tareas más creativas.

 

"Los robots pueden aprender prácticamente cualquier trabajo monótono, que no necesite un alto nivel profesional, sino que pida precisión y ahínco", aseveró Skólkovo.

 

Sin embargo, para Turchin aún no es tiempo de preocuparse por los nanorobots o la inteligencia artificial, ya que las armas nucleares y biológicas representan un riesgo mayor y más real.

 

 

Científicos declaran "una emergencia climática global"

 

Señalan daños a la oferta de alimentos y la posibilidad de una tremenda perturbación geopolítica

 

Científicos ambientales han declarado una "emergencia climática global", después de descubrirse que la corriente de chorro atmosférica del hemisferio norte ha cruzado el ecuador, lo que conlleva cambios "sin precedente" en las pautas climáticas globales.

 

Robert Scribbler y el investigador de la Universidad de Ottawa Paul Beckwith advirtieron sobre las consecuencias "desestabilizadoras del clima y creadoras de condiciones extremas" de este cambio en la corriente. Los científicos consideraron muy probable que las anomalías fueran precipitadas por el cambio climático provocado por los humanos, el cual ha causado que la corriente de chorro disminuya su velocidad y cree olas más grandes.

 

Scribbler escribió en su blog ambiental: "es la imagen exacta de un enrarecimiento atmosférico debido al cambio climático. Algo que en definitiva no ocurriría en un mundo normal y que, de continuar, amenaza en lo fundamental la integridad estacional".

 

El bloguero explicó que la barrera entre las dos corrientes de chorro genera la fuerte división entre verano e invierno, y que podría comenzar la "muerte del invierno" si es erosionada a medida que la temperatura cálida se infiltra en la "zona invernal" del año. Agregó: "Conforme los polos se han calentado debido al cambio climático inducido por la humanidad, las corrientes de chorro hemisféricas han salido cada vez más de las latitudes medias. El resultado es esta mezcla de estaciones que desestabiliza el clima y genera condiciones extremas".

 

Entre tanto, Beckwith confirmó que los cambios darán lugar a un periodo sostenido de "desbarajuste del sistema climático" que puede resultar difícil de resolver.

 

Señaló: "Nuestro sistema climático continúa comportándose en formas nuevas y alarmantes que nunca se habían vislumbrado. Bienvenidos al caos climático. Debemos declarar una emergencia climática global. La conducta de la corriente de chorro sugiere daños enormes a la oferta mundial de alimentos y tiene el potencial de crear una tremenda perturbación geopolítica. Ocurren cosas muy extrañas en el planeta en este momento".

 

Existen dos formas de corrientes de chorro –polar y subtropical– y los hemisferios norte y sur tienen una de cada una. Son producto del calentamiento de la atmósfera por la radiación solar, y la fuerza de la inercia las mantiene en su lugar.

 

Traducción: Jorge Anaya

 

 

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Jueves, 23 Junio 2016 07:09

Ciudadano Saramago

Ciudadano Saramago

 

Comprometido, optimista, informado y memorioso

 
Hace seis años, el dieciocho de junio de dos mil diez, nos dejaba una de las personas que más y mejor entendió el papel de la ciudadanía en la construcción de la democracia. En fechas repletas de movimientos estratégicos por detentar el poder, uno, el que sea, porque en el fondo a la mayoría lo que les importa es tenerlo, conviene no perder de vista algunas de sus palabras:


“Ésta es una sociedad falsa. Quiero decir... inexistente. Pienso que para que una sociedad exista, debe darse una cierta unión entre sus miembros, no un continuo estado de competencia. Lo que hoy vivimos es la tiranía de un sistema que ha conseguido que el hombre que se mueve dentro de él sea fácilmente desechable.”


Era un gran escritor y un buen periodista que analizaba la realidad con optimismo, a pesar de las muchas desgracias que azotaban y azotan el panorama mundial, pero con aguda mirada y sin perder de vista la memoria


“¿Qué es eso de una sociedad mejor? ¿Qué significa eso? Hay que relacionar la sociedad concreta con sus medios. Hace dos siglos no se podían resolver problemas para los cuales tenemos ahora remedio. La cuestión es saber si los medios de que disponemos los usamos para responder los problemas de ahora, de hoy, de nuestro tiempo. No tiene sentido que la gente se siga muriendo de hambre. No me interesa si la sociedad de ahora es mejor o peor. Lo que verifico es que no es mejor de lo que podría ser.”


José de Sousa Saramago nació en Azinhaga (Portugal) el 16 de noviembre de 1922 y murió en Tías (Tenerife, España) el 18 de junio de 2010. Le concedieron el premio Nobel de Literatura en 1998 “por permitirnos, a través de parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía, aprehender una realidad esquiva”.

 


De la lucidez a la ceguera


Sus reflexiones sobre la lucidez y la ceguera son profundas muestras sobre el conocimiento de una política hueca en una sociedad huera, al menos esa mitad mal llamada desarrollada que parece no tener más afán que consumir y morir enriquecida por el empobrecimiento de la otra mitad.


Las enfermedades mentales transmutan en físicas para narrar lo débil y falso de un sistema que ha convertido en incompetentes las relaciones humanas y sus instituciones. Tal como él decía: “Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven.”


En estos años desde que se fue, su memoria, sus ideas y sus acciones siguen tan vivas y actuales como cuando estaba entre nosotros. Y si no, revisen, por ejemplo, sus Cuadernos de Lanzarote (1993-1995) cuando nos decía:


“Si el centro no va a la periferia, irá la periferia al centro. Con otras palabras: Europa está hoy “cercada” por aquellos a quienes abandonó después de haberlos explotado hasta las propias raíces de la vida.”


Que tan acertada visión de lo que por estos días se han encargado de publicitar y vender, pretendiendo crear conciencia, estados varios y ciertos organismos internacionales con motivo del día de la persona refugiada (insistiendo además en el masculino “día del refugiado”, cuando la mayoría son mujeres y niñas).


El año de su muerte le dediqué un tardío y póstumo homenaje en la página 25 del número 12 del renovado Tribuna, órgano de expresión de la Federación de Servicios al a la Ciudadanía del sindicato español Comisiones Obreras, curiosamente esa ciudadanía a la que él tan bien leyó y a la que tanto sirvió.


Su literatura nos enriqueció, “era capaz de poner el universo en movimiento apenas con dos palabras”. Sus discursos nos motivaron, como el que ofreció hace diez años, el 17 de junio de 2005, en la Casa de las Américas en La Habana (Cuba). Tras explicar cómo en España, unos años antes, le habían reunido junto a un grupo de personas para que presentaran propuestas para el milenio, que se convirtieron en puro delirio, Saramago nombró la décima suya: “regresar a la filosofía”. Todo eso para invitar a los asistentes a pensar: “Regreso a la filosofía no en el sentido absurdo de que ahora nos vamos a convertir todos en filósofos. Filosofía aquí podría significar exactamente todo lo que esperamos encontrar en la filosofía, es decir, la reflexión, el análisis, el espíritu crítico, libre. Es decir, circular dentro del universo humano donde conceptos de otro tipo se enfrentan, se encuentran, se juntan, se separan, es lo que pasa todos los días, pero apuntar la idea de que si el hombre es un ser pensante, pues entonces que piense.”

 


Un político comprometido


Fue un comunista de pura cepa, un ateo militante, un defensor de la justicia social y de las causas justas, aunque pudieran parecer utópicas, que no significa que estuvieran perdidas.


Fue una simiente que dio muchos frutos, sus más de cuarenta obras publicadas, que nos han llevado a tierras de pecado; al cerco de Lisboa; a la caverna; a releer la existencia de Jesucristo o la vida errante de Caín; a la isla desconocida; a viajar con un elefante o en una balsa de piedra; a levantarnos del suelo; al memorial de un convento; a pensar en el hombre duplicado; a no vernos en la lucidez, o a dejarnos deslumbrar por la ceguera. Todas ellas ocupan, por mérito propio, las más destacadas bibliotecas contemporáneas.


Un revolucionario pacífico que era lo que Edward Said, otro de los grandes pensadores éticos, llamaba un intelectual comprometido, que tienen que usar su lugar destacado en la sociedad para luchar contra el statu quo, para criticar a los poderes y a los medios que intentan moldear a la ciudadanía a través de conformar la mal llamada opinión pública.


Como miembro del Parlamento Internacional de Escritores se atrevió a comparar la situación de la población palestina en los territorios ocupados con el campo de concentración nazi en Auschwitz, declarando tras una visita a Ramala que “Un sentimiento de impunidad caracteriza hoy al pueblo israelí y a su ejército. Se han convertido en rentistas del holocausto. Con todo el respeto por la gente asesinada, torturada y gaseada.”


Y un enemigo de las guerras que defendía que no se manipulara la paz para justificar aquéllas, como dejo claro en el manifiesto de 2003 contra la guerra de Irak.


“Sin paz, sin una paz auténtica, justa y respetuosa, no habrá derechos humanos. Y sin derechos humanos – todos ellos, uno por uno – la democracia nunca será más que un sarcasmo, una ofensa a la razón, una tomadura de pelo. Los que estamos aquí somos una parte de la nueva gran potencia mundial. Asumimos nuestras responsabilidades. Vamos a luchar con el corazón y el cerebro, con la voluntad y la ilusión. Sabemos que los seres humanos somos capaces de lo mejor y de lo peor. Ellos (no necesito ahora decir sus nombres) han elegido lo peor. Nosotros hemos elegido lo mejor.”

 


Sus pequeñas cosas


Podemos conocerle más y mejor visitando la exposición permanente en la Fundación José Saramago (Casa dos Bicos en Lisboa), la Biblioteca Saramago en Tías (Lanzarote) o la delegación en su Azinhaga natal.


Yo les recomiendo, al margen de esos grandes ensayos que son sus novelas, esa pequeña metáfora, obra maestra sobre el derecho de soñar y de buscar la libertad, que es El cuento de la isla desconocida y también el texto que sirvió de guión a un hermoso cortometraje de animación, que yo utilizo en clase para hablar de educación, comunicación y ciudadanía, La flor más grande del mundo, “¿Y si las historias para niños fueran de lectura obligatoria para los adultos? ¿Seríamos realmente capaces de aprender lo que, desde tanto tiempo venimos enseñando?”


A este mundo insolidario, materialista, grosero y jodón le hacen falta personas como Saramago, gente ética, comprometida y con criterio que piense, que nos haga pensar y que nos invite a la acción tras la reflexión.


Afirmaba: “Escribo para comprender, y desearía que el lector hiciera lo mismo, es decir, que leyera para comprender.”


Le podemos buscar en sus poemas


Ergo uma rosa, e tudo se ilumina
Como a lua nao faz nem o sol pode:
Cobra de luz ardente e enroscada
Ou vento de cabelos que sacode.
Ergo uma rosa, e grito a quantas aves
O céu pontuam de ninhos e de cantos,
Bato no chao a ordem que decide
A uniao dos demos e dos santos.
Ergo uma rosa, um corpo e um destino
Contra o frio da noite que se atreve,
E da seiva da rosa e do meu sangue
Construo perenidade em vida breve.
Ergo uma rosa, e deixo, e abandono
Quanto me doi de magoas e assombros.
Ergo uma rosa, sim, e ouco a vida
Neste cantar das aves nos meus ombros.

 


Y “escucharle” en la voz de Luis Pastor para seguirle pensando.

 

Ergo Uma Rosa (Saramago, Luis Pastor, María Pagés) 

 

O verle y oírle en esos fragmentos inéditos que ha montado el director Miguel Gonçalves Mendes en “José e Pilar”

 

 

José e Pilar- Fragmentos 

 

 

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La cultura de la paz y los derechos de los pueblos

Muchos han sido en la historia de la humanidad los atentados a la vida humana y de allí surgieron también herramientas normativas, pactos de convivencia, como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, creada después de la Segunda Guerra Mundial. La bomba lanzada sobre Hiroshima, que dejó profundas huellas en el pueblo japonés, el Holocausto y otras tantas matanzas, son expresiones de lo peor de la condición humana. Con la caída del Muro de Berlín y el fin de la llamada guerra fría, una potencia vino a monopolizar la hegemonía del poder: Estados Unidos de Norteamérica. Otras guerras presentes e inacabables se extienden en Medio Oriente, Libia, Siria, Irak y Afganistán. Guerras provocadas por esta potencia en defensa y tutela de grandes intereses del complejo industrial-militar. Miles y miles de personas mueren asesinadas, y otras miles, tratando de salvar sus vidas, fallecen y se pierden en el mar. El mar no deja huellas, pero estas huellas quedan en la conciencia de la gente.

Entonces, cuando hablamos de democracia y de paz, tenemos que interpelar esos conceptos. ¿De qué democracia y de qué paz estamos hablando? La democracia se construye. ¿Al mundo le importan las lágrimas de los oprimidos? Albert Camus afirmaba que la vida humana comienza del otro lado de la desesperación. Por eso debemos tener la utopía como horizonte y si no existe, debemos tener la capacidad de inventarla. De ahí el concepto de resistencia. Otro mundo es posible. Aunque no se pueda cambiar todo, lo peor que podemos hacer es ser indiferentes. El otro tiene los mismos valores y los mismos derechos que cada uno de nosotros, y si perdemos de vista al ser humano nos perdemos a nosotros mismos.


Hay un proverbio que reza: Si no sabes a dónde vas, regresa para saber de dónde vienes. Nosotros venimos del continente de la tierra profunda. Y nos duele lo que pasa en el continente, y nos duele lo que pasa en México. Y nos duele Ayotzinapa que, en la crudeza de los hechos, puso nuevamente sobre el tapete la dimensión y el alcance de la desaparición en este país.


Este continente sufrió en muchos países la militarización impuesta por Estados Unidos por conducto de dictaduras instaladas por la violencia, mediante un plan perfectamente estructurado, que dejó miles de muertos, torturados, exiliados, secuestrados e instauró la desaparición. De ahí surge la figura de la desaparición forzada de personas como crimen de lesa humanidad.


Lo que ocurre hoy en México son delitos de lesa humanidad. La CIDH está investigando estos delitos y debe continuar haciéndolo.

Hay que superar la impunidad jurídica, porque mientras exista la impunidad, continuarán cometiéndose estos crímenes aberrantes.

La época de las dictaduras está presente hoy en la vida de nuestros pueblos y nuevas estrategias de dominación se expanden y consolidan.


Hoy se pretende afianzar en estas sociedades la cultura de la violencia. Hay que desarmar la razón armada a través de la cultura de la paz, respetando la diversidad que es la riqueza de los pueblos, privilegiando al ser humano sin distinción, sin preguntar su ideología. Hay que hacer caminar la palabra, cuidar la palabra. La palabra es vida.


Los pueblos tienen que ser protagonistas de su propia historia. No pueden ser pasivos. La pasividad no es la paz.


Tenemos muchas expresiones de resistencia: la de los pueblos originarios; la de las mujeres, las Madres de Plaza de Mayo son un ejemplo de resistencia; la lucha por los derechos humanos; en México la resistencia en Chiapas y otras expresiones de lucha.


Los pueblos indígenas sostienen su cosmovisión del mundo y hablan del buen vivir cuando las necesidades del ser humano están satisfechas.


El mundo ha cambiado, hay que pensar en un nuevo contrato social para la humanidad, necesidad frente a la cual es muy importante el rol que juegan los gobiernos, las sociedades, las organizaciones, las instituciones, la universidad.


La educación es muy importante para los pueblos y la conciencia de las nuevas generaciones.


La memoria no es pasado, la memoria ilumina el presente. Los pueblos sin memoria, los pueblos que olvidan, son pueblos que desaparecen. Por eso se trata de responder con una resistencia organizada para enfrentar mediante una lucha no violenta al sistema dominante. Nosotros, los pueblos del mundo, somos los que tenemos la capacidad de este cambio.


* Premio Nobel de la Paz

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Miércoles, 06 Abril 2016 10:22

En fotos, los peligros de la humanidad

Un agricultor de un sencillo rebano no puede soportar el hedor del rio Amarillo en Mongolia.

La humanidad ha creado sus peligros más perjudiciales. Peor que cualquier fuerza de la naturaleza, los daños de la civilización al planeta se hacen cada vez más notorios e irreversibles. Estas imágenes muestran impactantes escenas del nuestro Planeta Tierra.

La persona que practica surf de Indonesia Dede Surinaya cabalga una ola de suciedad y basura (Java, Indonesia).

Este oso polar murió de hambre en Svalvard, Noruega. La desaparición de las capas de hielo estan robando a los osos polares de tanto en su espacio de vida y la alimentación.


La vista sobre la metropoli superdesarrollado de la Ciudad de México (con mas de 20 millones de habitantes).

Rutas de tráfico aéreo excesivo sobre Londres.

La selva en llamas cabras que pastan aquí.

Toneladas (literalmente) de la electrónica rotas terminan en los países en desarrollo y son despojados de metales preciosos mediante el uso de sustancias letales.

Una cascada masiva del paquete de fusión del hielo. Estas masas son la única agua de deshielo y la innegable prueba de lo rápido avanza el cambio climático.

Un espectáculo nocturno en el centro de Los Ángeles la demanda de energía es incalculable.

Hasta la última gota un campo petrolero en California y la sobreexplotación despiadada de los seres humanos.

Las cicatrices dejadas por la minería de las arenas bituminosas de la provincia canadiense de Alberta.

Una planta de energía de lignito contamina el aire con sus descargas.

El comienzo del Viernes Negro en una tienda de electronica en Boise, Idaho.

La mina Mir en Rusia, la mina de diamantes más grandes del mundo.

Los cazadores furtivos representan con orgullo con el escudo de un tigre siberiano.

Un camión masiso ofrece una carga de arenas bituminosas para su procesamiento. Arena de aceite se considera la fuente de energía del futuro.

Una planta de incineración de residuos y su entorno en Bangladesh.

En Oregon, este bosque milenario fueron víctimas de la motosierra para una nueva presa.

Un elefante muerto a manos de los cazadores furtivos lo dejaron hasta pudrirse.

El área alrededor de Almeria en España esta llena de invernaderos en la medida que el ojo puede ver simplemente para tener una mesa ricamente llena.

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Lunes, 08 Febrero 2016 06:20

Globalización histérica

Globalización histérica

Al principio pareció divertido. Excitante. Estimulante. La globalidad, su simultaneidad hiperconectada, la sensación de ser ultramodernos nos convencieron de que vivíamos un progreso único en la escala humana. Tal vez fuera verdad, mas no para nosotros, la humanidad presente. Con perdón de Hegel, la Historia siempre termina. Cada vez estamos en el fin de la Historia; sólo a los ideólogos oportunistas proclaman la perogrullada de que hemos llegado (y venturosamente) a ese fin por primera y definitiva ocasión. ¿Para iniciar algo mejor, más humano que lo humano, por el incesante progreso de la especie? Sentimos nadar la felicidad de la facilidad. Abundan no obstante indicios de que ya alcanzamos ciertos límites.

Como dice Rüdiger Safranski, nos movemos en un universo hecho por nosotros, donde el humano tiene que vérselas cada vez más y en todo momento consigo mismo. Un mundo artificial (donde el interés urbano y extractivo, por ejemplo, se antepone a cualquier otro) que a la larga, intuye Safranski, devendrá mortalmente aburrido. Y eso si se mantiene viable. El actual catastrofismo ambiental, económico, demográfico, y el inspirado en religiosidades delirantes, podrían dar al traste con todo antes que nos alcance el tedio.


Los pobladores originarios de Australia, horriblemente diezmados en pleno siglo XX por una sociedad civilizada, o sea brutal, son quizá los más humillados de la Tierra. También son la población humana más antigua: 10 mil años ininterrumpidos. Solos en su continente, solían caminar grandísimas distancias. Cuando llegaban a su destino, se sentaban en silencio un cierto tiempo, para esperar a que los alcanzara su alma. ¿No estaremos así? Hemos logrado todo esto pero como especie no estamos preparados. El espíritu humano sigue sin alcanzarse, por eso vivimos tiempos tan peligrosos. Domina la irresponsabilidad de políticos, científicos, magnates y ejércitos que manipulan técnicas humanas superiores a ellos mismos y reducen a la humanidad a una minoría de edad de nuevo tipo, modelada por el consumismo al que prácticamente nadie escapa.


Safranski apela a las historias, lo único real posible dentro de la Historia (¿un eco de John Berger?): hormiguero de historias ya que no podemos verla en su conjunto. Alumno de Adorno y colega de Sloterdijk (con quien condujo en Alemania el programa televisivo El cuarteto filosófico, 2002-2012), su amigo José María Pérez Gay destacaba su doble calidad de filósofo y escritor. Sin exhibicionismo, Safranski ha formulado algunas de las preguntas más pertinentes del tiempo actual. Lúcido y conciso, propone hacer un claro en el bosque ante la histeria globalista que nos condena a la rapidez, fascinados por ella. Si no nos hacemos sitio estaremos perdidos. Habrá que adoptar conductas y pensamientos que signifiquen menos rapidez, como cultivar el sentido de lo local, la capacidad para desconectar, para no estar accesible (¿Cuanta globalización podemos soportar?, Tusquets, 2004).


No olvidemos que en la red comunicativa no hay ninguna no comunicación, pues también ésta es un acto comunicativo. Lo sabe bien todo el que tiene un teléfono móvil. Potencialmente está siempre accesible, y por ello es tarea suya dar las razones cuando no lo está, advierte Safranski. "Estar siempre accesible, el ideal de la sociedad de la comunicación, se tiene por un progreso, y se ha olvidado que antes sólo tenía que estar accesible el ámbito de lo 'personal'. Hoy en cambio presionamos para que nos empleen como mensajeros de la red de comunicación".


Estas constante disposición y disponibilidad olvidan que no sólo nuestro cuerpo requiere una protección inmunológica, sino también nuestro espíritu. No podemos permitir que todo entre en nosotros; ha de entrar sólo en la medida en que podamos apropiarnos de ello. Pero la lógica del mundo enlazado comunicativamente está dirigida contra la protección inmunológica de la cultura. Perdidos en un sistema sin filtros, quien no se doblegue a la coacción de la comunicación renunciará al orgullo de estar siempre a la altura de la época y en la cúspide del movimiento.


Esto lleva a pensar en espejismos cuyo efecto a largo plazo aún desconocemos, como las amistades intangibles y esencialmente falsas de las redes sociales (independientemente de la eficacia informativa que éstas puedan proporcionar). Nos encontramos ante una dudosa abolición de la distancia. Interroga Safranski: "Nuestra civilización, en la que crece la participación de los 'singulares', ¿no se está transformando en una sociedad de consumidores finales que, desligados de la cadena de generaciones, sólo se cuidan de sí mismos?" Ya nadie se deja enredar con el sentido de responsabilidad. Sólo consumimos ofertas.


¿Cuánto más seguiremos transformando el mundo sin obliterar la existencia de una humanidad que pierde el sentido de la responsabilidad? Luego nos extrañamos de cómo votan los pueblos en lo que hoy se da por "democracia".

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Mujica en Palacio: "El homo sapiens es el único bicho que se puede hacer cargo de su destino"

Esta tarde el ex mandatario uruguayo Pepe Mujica ofreció una conferencia en el Palacio de las Convenciones en el marco del II Encuentro Internacional Con todos y para el bien de todos, dedicado al Héroe Nacional de Cuba, José Martí.
En el encuentro Mujica resaltó la importancia de que la izquierda y los movimientos progresistas sean capaces de construir una cultura que no sea esclavizante y sometedora.


Comentó que a pesar de que la civilización parece haber llegado a un punto de no retorno en cuanto a las atrocidades que comete a diario, está en manos de la misma humanidad cambiar ese orden de cosas: "El homo sapiens es el único bicho que se puede programar en partes, que se puede hacer cargo de su propio destino".


El consumismo como arma de destrucción masiva


El actual senador de Uruguay sostuvo que la falta de consumo es el terror de los economistas contemporáneos. "Nos tienden la mesa de la mercadería, como diciendo: Subite, que hay pa' vos también", añadió.


La migración es un fenómeno, según él, muy vinculado a las ansias por tener. Sostuvo que el sueño de los pobres es emigrar, pero no a un lugar tranquilo, sino a la Meca de la sociedad de consumo, y que eso se ve a diario en los refugiados que huyen de sus países en conflicto. Todos quieren ir a Alemania o a Suecia.


Y lo mismo ocurre con los emigrantes centroamericanos, que no van a países como Uruguay, "donde hay tres millones de cristianos y 30 de vacas", sino que llegan en México en un intento por pasar a Estados Unidos.

 

Lo importante es estar vivo

 

El político uruguayo sentenció que si bien la economía es importante, nada lo es más —ante la magnitud del universo— que estar vivo. Y que resulta alarmante el hecho de que "este mundo tiene cada vez más cantidad de gente que vive con infelicidad sin ser pobres".


Opina que en ese contexto es necesario un cambio de ética. "Esto no es una moralina, es una invitación a luchar por la felicidad humana por encima del criterio de que sos feliz según lo que tengas", concluyó.


El hombre moderno, comentó el ex guerrillero, se cree que inventó la rueda, padece de petulancia. Por eso el cambio, además de estructural, debe ser ético, sino no será visceral, ni suficiente.


"Nuestra pelea de fondo —añadió— es con la muerte, y se puede resolver dejando algo conscientemente mejor a los que vienen después de nosotros". A su criterio, eso es la civilización: una solidaridad intergeneracional.


Considera que para eso es necesario enfrentar problemas que no puede solucionar ningún país por poderoso que sea: "los pobres de Centroamérica y de África subsahariana son causa de la humanidad, viva donde viva, es necesaria una visión de especie".

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Lunes, 11 Enero 2016 06:49

Explosión de cine

Explosión de cine

La octava maravilla de Quentin Tarantino parece colocarse a la altura de las expectativas de los cultores, y no son pocos los que aseguran que se trata de la mejor película que el director ha filmado hasta el momento. Tampoco faltan los detractores que la señalan como un entretenimiento pueril, vacío, o como un exabrupto de violencia gratuita.

 

Ignoro si en el largo plazo será algo favorable o desfavorable para la industria y para el mismo cineasta, pero lo que sucedió es que esta película se filtró a la web casi simultáneamente a su estreno internacional en una calidad aceptable, por lo que estuvo siendo compartida por una enorme cantidad de internautas. Lo que las compañías reparten como screeners –copias previas al estreno, generalmente distribuidas para jurados, miembros de la academia y prensa– tuvieron la gracia de dar con un solidario pirata que decidió expropiar y socializar el material, obteniendo inmediatamente centenares de miles de interesados.

La película ya había ganado dos premios de la Asociación de Críticos Norteamericanos, por lo que varios de sus screeners habían pasado por unas cuantas manos. Por lo pronto, los hermanos Weinstein, productores de la compañía Miramax, pusieron el grito en el cielo, y existe una investigación en curso para dar con el corsario responsable, llevada adelante por el mismo Fbi.

Lo cierto es que por ahora la taquilla no le viene siendo demasiado favorable a la película. Si bien recaudó 16,2 millones de dólares en su primer fin de semana, y se trata de una cifra nada desdeñable, desde 1997 (año del estreno de Jackie Brown) no sucedía que una película de Tarantino obtuviese una recaudación tan baja. Falta esperar y ver cómo funciona el boca a boca y si las cifras se remontan en estas semanas venideras.

Pero las cosas hace rato venían mal para Tarantino; ya a comienzos de 2014 se había filtrado a la web una primera versión de su guión, lo que le provocó un enojo mayúsculo que lo llevó a renunciar públicamente al proyecto, y al que sólo volvió convencido gracias a la insistencia de varios de sus colegas, incluido el actor Samuel L Jackson. Luego, su decisión de estrenar la película en 70 milímetros (formato de mayor resolución, pero que la gran mayoría de las salas no tiene los proyectores para pasarlo) acotó sustancialmente sus posibilidades de estreno, pero además tuvo la mala idea de pretender proyectar su película con pocos días de diferencia respecto de la última Star Wars. Con su inmenso poderío, Disney presionó a una de las más importantes salas de cine en la que pensaba estrenarse Los ocho más odiados, y le impuso mantener Star Wars e incumplir sus contratos previos para exhibir la película de Tarantino, bajo amenaza de retirar su película de todas las salas de la cadena de cines. En consecuencia, el estreno de Los ocho más odiados debió postergarse en esa prestigiosa y determinante sala. Furioso, el director denunció la situación mediáticamente, dando a entender que la magia y el encanto con los que se identifica a Disney mal encubren la competencia desleal y el desacato recaudatorio. A fin de cuentas parece ser que uno de los peces más grandes de la industria nada más a sus anchas que los demás en ese "libre" mercado.

Todo esto venía sumado a la amenaza de boicot por parte de la policía neoyorquina a las películas del director. Tarantino había participado en una marcha en Nueva York contra la violencia racial policial, como consecuencia de los múltiples asesinatos perpetrados por agentes policiales sobre la población negra. Consultado sobre su presencia allí, afirmó en plena manifestación: "Soy un ser humano con conciencia. Estoy aquí para decir que estoy del lado de todas las víctimas", "si se estuviera abordando este problema, los policías asesinos estarían en la cárcel o por lo menos enfrentándose a cargos", agregó.

Fue a partir de este gesto que los cuerpos de policía de ciudades como Nueva York, Chicago, Filadelfia y Los Ángeles hicieron un llamado a boicotear Los ocho más odiados, e incluso un oficial amenazó con estar preparando una "sorpresa" para Tarantino el día mismo del estreno de su película. Pero finalmente los estrenos en las ciudades de Los Ángeles y Nueva York ocurrieron sin incidentes y, lejos de recular, Tarantino redobló su crítica, comentando en una entrevista con la revista Entertainment Weekly: "¿Si me sentí mal porque no quisieran besarme por haber ido? Sí, un poco. Pero no tan mal como si me hubiera quedado sentado en mi sofá viendo gente siendo bajada literalmente a tiros, y luego a los responsables enfrentando un tribunal policial de pacotilla, que los acabó reubicando en trabajos de oficina". También señaló que situaciones como la muerte del chico de 17 años Laquan McDonald no se explican con el argumento de que hay unas pocas "manzanas podridas" en el departamento, sino que se trata de un "racismo institucional" y de "encubrimientos institucionales que protegen a la fuerza policial por encima de los ciudadanos".

Pero polémicas a un lado, lo importante es que Los ocho más odiados es una película inmensamente rica que se transforma en algo nuevo a cada paso, que se presta para los análisis más contradictorios y que reúne en su interior una buena cantidad de temas, compilando asimismo una infinidad de recursos cinematográficos. En definitiva, podría verse como una extensa y pormenorizada clase sobre el lenguaje cinematográfico y sus inagotables posibilidades. A continuación analizaremos algunos de sus elementos más llamativos, pisando una buena cantidad de spoilers en el camino. Por esta razón es bueno alertar que el que no haya visto la película y quiera disfrutar de las innumerables sorpresas de su visionado, debería dejar de leer por aquí.


A LO QUE VINIMOS.


Un director de cine nunca es simplemente un talento aislado que pare a capricho las películas que imaginó, sino que es, precisamente, un director; un individuo que, rodeado de gente, la mueve y coloca en determinada senda instruyéndola sobre cierto procedimiento a seguir. Es por eso que un gran cineasta es el que sabe con quién trabajar; una eficaz selección de talentos contribuirá a un trabajo que fluya y juegue a favor de sus intereses. Una de las más importantes figuras que sorprenden en el equipo de esta película es el legendario Ennio Morricone, de 87 años, autor de bandas sonoras inolvidables, como las de El bueno, el malo y el feo, La misión, Novecento, La batalla de Argelia y una infinidad más. Tarantino ya había echado mano a algunos temas del compositor para películas previas, e incluso en alguna ocasión Morricone se había manifestado en desacuerdo con cómo las había utilizado. Pero esta vez escribió directamente las partituras pensando en la película, e incluso dio aportes generales que quedaron en el resultado final, como la idea de una secuencia de caballos tirando de una carreta, en su lucha contra un camino nevado.

Soberbia, su música emerge ya desde el comienzo como el perfecto presagio de algo maléfico que se avecina; así como una tormenta de nieve pisa los talones de los personajes y se cierne sobre ellos, un aura insidiosa se augura desde esta composición trepidante, creciente, con tambores apagados que palpitan y resuenan en los páramos helados. Una escultura de Cristo crucificado, cargada de nieve, olvidada y sepultada, refuerza la idea de la ausencia de valores imperante en estas gélidas tierras de nadie.

Pero el compositor es uno de los tantos elementos que dan forma a este milagro cinematográfico; las grandes figuras están a la orden del día y no podría hacerse una reseña completa de esta película sin nombrar al insuperable cúmulo de talentos actorales que contiene. Lo cierto es que Los ocho más odiados se sustenta fundamentalmente en un gran guión y en diálogos constantes, y por tanto el elenco es su pilar fundamental. Tarantino es también un actor y alguien que sin dudas sabe proponer desafíos a sus pares: al estar dotado el libreto de elementos de comedia y hacerse uso de un humor negro constante, su elenco juega en el arduo doble terreno de cumplir como vehículos de tensión y como comic reliefs al mismo tiempo. En primer lugar está Kurt Russell (John Ruth, alias "The Hangman"), un palurdo cazarrecompensas poco interesado en otra cosa que no sea el dinero, que divierte al mismo tiempo que horroriza en su brutalidad constante. Otro fetiche de Tarantino, el gran Samuel L Jackson es el mayor Marquis Warren, un negro veterano de la Unión, ahora devenido cazarrecompensas y funcionario de la corte, asesino sin miramientos, y preferentemente de blancos racistas. La verdadera revelación del cuadro y un talento que de ahora en adelante no perderemos de vista es Walton Goggins (Chris Ma¬nnix, sureño rebelde y perfecta antítesis de Warren), quien ofrece tantos cambios de registro y dobleces como son posibles en una sola película. A un nivel más secundario, Tim Roth, Michael Madsen y Demián Bichir cumplen, ya sea para dar un toque de excentricidad (Roth, sin dudas), como presencia intimidante (Madsen), o como simple enigma (Bichir). Pero quien es una verdadera fuerza de la naturaleza y se desenvuelve como nadie es Jennifer Jason Leigh en el rol inolvidable de la sentenciada Daisy Domergue, una mujer que se impone desde su primer segundo en pantalla, y quien en su contención a medias y en su silenciosa malicia va creciendo hasta delinear un personaje único en su especie.

Es curiosa la forma en que, en este cuadro de parias realmente odiosos, la empatía del espectador va migrando continuamente hacia uno u otro, sin nunca poder detenerse en ninguno en particular. Esta economía de elementos profundamente cuestionables, dispersos en todos y cada uno de los personajes centrales, y la precisión en los matices que de algún modo los vuelven igualmente cercanos supone una apuesta sobresaliente.


LICUADORA DE GÉNEROS.


Los ocho más odiados es, a primera vista, un western. La acción se ubica a pocos años de terminada la Guerra de Secesión y presenta a un puñado de hombres armados, con sus típicos sombreros tejanos, caballos y carretas. Pero si los parajes desérticos que son la constante del género se convierten en bosques helados, si se propicia una tormenta de nieve y se coloca a todos los personajes a cubierto en un espacio reducido, ese western pasa a tener muchos elementos en común con The Thing, la obra maestra de John Carpenter. Y si a esto se le agrega un montón de parias, forajidos, delincuentes de diversa calaña (algunos de ellos devenidos representantes de la ley), se aterriza entonces la película en el mundo antiheroico propio del film noir –que ya había tenido sus ecos en los polvorientos spaghetti westerns y en los pistoleros lúmpenes de los años setenta, bajo la dirección de Sergio Leone, Sam Peckinpah y Sergio Corbucci, entre otros.

Hasta aquí todo era ciertamente previsible, considerando los precedentes de Tarantino y sus gustos particulares. Pero los géneros siguen agolpándose y superponiéndose, dándole a esta obra una singularidad única: una trama de mentiras, sospechas, acusaciones entrecruzadas y enigmas a resolver provee las reglas del whodunit, subgénero prácticamente olvidado que supo dar infinidad de obras a partir de los años treinta para acabar muriendo casi definitivamente en los setenta. La investigación policial que presenta un crimen y un grupo de sospechosos fue revisitada hasta el hartazgo y es de allí que viene la frase común de que "el asesino es el mayordomo". Increíblemente, uno de los referentes ineludibles para esta película es Agatha Christie, y los ecos de Eran diez indiecitos, Asesinato en el Expreso Oriente y Tres ratones ciegos son palpables. Pero Tarantino no echa mano precisamente a los lugares comunes del subgénero, sino a sus principales trampas.1 Esto remite necesariamente a Alfred Hitchcock, quien supo filmar whodunits en los inicios de su carrera y que deja sus huellas aquí en ciertos tiempos muertos y en la información que, por momentos, el espectador tiene y los involucrados no (una cafetera al fondo del cuadro se convierte durante un breve lapso en un magistral elemento de tensión). La muerte repentina de personajes fundamentales en los que depositábamos alternativamente cierta empatía, provocándonos un desconcierto mayor y un vacío importante podrían recordar a Psicosis... bajo los efectos de un cóctel de barbitúricos y elevada a su enésima potencia.

Por supuesto que en esta licuadora se ha volcado también mucho gore: la sangre, inesperada, embarrará prontamente la contención inicial del cuadro. Es una sangre poética, desmesurada como suele serlo, en la que resuenan los ecos de despropósitos del giallo italiano y del sla-sher. Es por eso que se pasa en pocos minutos de bellos planos abiertos tipo La diligencia a los peores asfixiantes exabruptos de Suspiria y Alta tensión, sin perder nunca las formas ni la coherencia estilística.

Pero la influencia decisiva, y seguramente lo que le dé un verdadero vuelo a la obra, está algo más solapada: uno de los filmes favoritos de todos los tiempos de Tarantino es Río Bravo, de Howard Hawks. Allí un grupo de personajes se recluía en un pequeño espacio y se contaban anécdotas, tocaban la guitarra, enfrentaban una amenaza con una naturalidad y un aire de familia que convertían a la película en una experiencia única. Es en detalles de este tipo que Los ocho más odiados crece hasta convertirse en la categoría de obra maestra, y en donde más se sienten los ecos de los westerns de Hawks, George Stevens y Michael Mann: así como John Ruth (Kurt Russell) y Daisy Domergue (Jennifer Jason Leigh) se odian a muerte, Ruth también cuida en un principio que ella no quede manchada con estofado, o juntos colaboran con ciertas tareas (como clavar tablones en una puerta floja, por ejemplo), estos elementos contribuyen a construir un aspecto invisible pero insoslayable: la inigualable química existente entre ambos personajes.

Y así como existen rencores enquistados, racismo, individualismo, desconsideración y una imperiosa necesidad de perforar a balazos al prójimo, también hay sutiles momentos de humanidad que nos permiten acercarnos a los personajes y creer realmente en ellos: están en las infantiles carcajadas de Chris Mannix, en la ingenuidad y en la visible emoción de John Ruth al leer una carta, en el abrazo fraterno que se dan Bob (Demián Bichir), Oswaldo Mobray (Tim Roth) y Joe Gage (Michael Madsen) durante los preparativos de un momento crucial, en la cautela y los intentos de conciliación de Mobray para evitar tempranos baños de sangre o en la parsimonia reflexiva de Marquis Warren, en definitiva el Hércules Poirot del grupo.


MISOGINIA.


Por supuesto no han faltado ni faltarán los que desestimen la película por ser deliberada e impiadosamente violenta (lo es), y muy especialmente los que la acusen de ser una obra directamente misógina –el personaje de Jennifer Jason Leigh es baleado, vapuleado, insultado, bañado en sangre y algunas cosas más a lo largo del metraje–. Algunos críticos, como A O Scott en The New York Times, hicieron hincapié en este supuesto "odio" a la mujer, reflejado en la violencia explícita hacia ella. Es comprensible el impacto que varias de estas escenas tienen sobre la audiencia, y especialmente una de las finales, un despliegue de sadismo indisimulado por parte de dos de los personajes hombres. Pero esta mirada superficial por la cual se toma a la parte por el todo, que se queda en aquello que se ve y no en lo que hay por detrás, debería ser desestimada: prácticamente es lo mismo que pensar que Gustave Flaubert era misógino por haberle hecho pasar tan mal a madame Bovary.

El personaje de Domergue es, en definitiva, el mejor trabajado a lo largo de la película, esconde muchos secretos que sabemos actuarán como una bomba de tiempo y, como decíamos, se trata de una de las actuaciones más soberbias del cuadro (comparable solamente con las de Goggins y Jackson). La crítica de cine estadounidense Stephanie Zacharek reflexionaba en la revista Time sobre la indomable insubordinación del personaje: "Cuanto más es golpeada, más sonríe a carcajadas, como si el abuso incrementara la fuerza de su alma en pena. La idea puede parecer misógina, pero es de hecho su opuesto triunfante". Hay en ese último despliegue de sadismo un subtexto realista y por ello terriblemente aterrador: respectivamente, el sureño más racista del cuadro (Mannix) y su natural antagonista (Warren) disuelven sus desavenencias y se alían para ajusticiar a la única mujer del cuadro: la misoginia es más fuerte que el racismo, y se encuentra profundamente enquistada más allá de fronteras y de épocas. Ambos personajes, sheriff y mayor, respectivamente, justo los representantes de la ley en este contexto de energúmenos, acaban contradiciendo en los hechos la idea enarbolada anteriormente por el personaje de Mobray acerca de la pena capital, quien la señalaba como una ejecución limpia, exenta de sadismo. Los dos hombres recostados en una cama, en jadeos post orgásmicos luego del ahorcamiento de la dama, trascienden simbólicamente a mucho más que lo que algunos quisieran ver. La lectura subsiguiente de la carta de Lincoln nos remite a un paraíso idealizado, a una tolerancia heroica y a palabras grandilocuentes que suenan muy bien, pero que no dejan de ser una farsa irrisoria, de la cual el crudo cuadro presentado por Tarantino es su perfecto reverso. El irreverente revisionismo histórico del director dispara a quemarropa contra las bases mismas del "sueño americano".


1. Al respecto, es muy recomendable un análisis a fondo publicado en la revista Variety, que traza las similitudes entre esta película y la obra de Agatha Christie. Se titula "The Hateful Eight: How Agatha Christie Is It? (An Investigation)".

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Pablo González Casanova. Cuba y el futuro de la humanidad

Creo que es hora de pensar para luchar y de pensar cómo triunfar en las actuales circunstancias por difíciles y complejas que sean.

Lo que voy a decir, antes que nada, busca las implicaciones que tiene la crisis de las teorías hegemónicas que se basan en la idea de civilización, progreso, modernidad, o desarrollo.


Lo que voy a decir busca también aclarar la crisis en que nos hallamos quienes pensábamos en términos más o menos lineales en una historia que llevaría del feudalismo al capitalismo, al socialismo parlamentario o estatal y de éste al socialismo post-capitalista o comunista, tesis que en los países coloniales o semi–coloniales enarboló una descolonización en que tomarían el poder las clases oprimidas y colonizadas para seguir sus propios caminos de liberación y construcción del socialismo, objetivo que sólo fue alcanzado por la Revolución Cubana y el Movimiento "26 de Julio", en una victoria que amerita una reflexión mucho más profunda que nos aclare problemas y soluciones que no son sólo para Cuba sino para el mundo.


Por más que nos cueste reconocer hoy los fracasos de las tesis lineales conservadoras y revolucionarias, nos será imposible resolver cualquier problema actual si no llevamos al terreno de la conciencia, de la dialéctica y el diálogo, lo que realmente hacía y hace imposible el logro de la liberación humana en el caso del capitalismo, y lo que nos faltó o sobró a quienes teniendo la posibilidad de la liberación en los estados-nación del llamado "campo socialista" no logramos nuestras metas en una inmensa región del mundo en que asistimos hoy a la restauración del capitalismo. Esa reflexión necesaria será lamentablemente incompleta si no prestamos igual o mayor atención a las razones del triunfo de Cuba.


Una reflexión colectiva realmente profunda tendrá que orientar nuestras actuales luchas para rechazar lo que nos sobró y para incluir lo que nos faltó en una amplia región del mundo. En esa reflexión, Cuba como victoria ejemplar, hoy asediada y cercada por el imperio más poderoso y agresivo del mundo, nos lleva a recordar y parafrasear un hecho sorprendente que hoy planteamos preguntándonos ¿"Qué tiene Cuba que el imperialismo no pudo con ella" a pesar del prolongado bloqueo y de los incontables asedios de que se hizo objeto a la Isla y sus habitantes?


No sólo será importante destacar lo que Cuba hizo y hace en su lucha por el socialismo y la liberación, ni sólo aclamar lo que se propone hacer para consolidar su proyecto emancipador. También será importante destacar las medidas que el movimiento revolucionario cubano forjó y que no sólo son aplicables en Cuba, que enseñan y señalan un camino universal, parecido en medio de la diversidad.


Como cabe imaginar, lo primero es reiterar algo que hemos afirmado una y otra vez, y es que la libertad, la justicia y la democracia sólo podrán alcanzarse en el socialismo, y que sólo las organizaciones y movimientos que practiquen en su seno las medidas que fortalezcan los objetivos del socialismo podrán lograr y consolidar la justicia social, la democracia y la libertad.


Sólo cuando el poder de decisión sea de los trabajadores, de las comunidades y de los pueblos, y éstos luchen armados de ideas, armados de moral de cooperación y acción colectiva, y adiestrados en el uso de armas defensivas de su soberanía y de su vida; sólo cuando implanten las organizaciones más idóneas –horizontales y verticales– en la economía, el gobierno y los servicios podrán consolidar y defender los proyectos emancipadores.


Y precisamente por eso muchos somos quienes queremos que se haga un mundo en gran parte parecido a lo que se hace en Cuba, por supuesto, sin que los procesos emancipadores de otros pueblos y naciones sean "calca y copia" sino "creación heroica", creación original y universal. Que cada pueblo, cada nación, "a su modo" –como dirían los zapatistas–, construya con el socialismo la democracia, y con ambos la justicia y la libertad.


Pero antes de concretar esos objetivos y las medidas que en Cuba se tomaron y toman para alcanzarlos, para preservarlos, para impulsarlos, querría traer a cuentas la situación de crisis que padece la Humanidad en la organización del trabajo y de la vida, bajo el dominio de un capitalismo global que volvió a regir en todos los países del antiguo campo socialista, con excepción de Cuba, y no porque fuera Cuba una gran potencia, ni porque estuviera lejos de Estados Unidos, ni porque contara, hasta hace más de una década, con el apoyo del extinto campo socialista, que desde entonces faltó.


Ambos problemas me gustaría esbozar: ¿En qué situación se encuentra la organización del trabajo y la vida en el capitalismo?, y ¿qué le permitió a Cuba construir un sólido camino al socialismo que, entre variantes, muestra tener mucho de aplicable en la emancipación humana?


Al considerar la organización del trabajo y de la vida en el capitalismo destacan los siguientes hechos que no podemos olvidar en ningún razonamiento que se refiera al colapso de ese sistema y al comportamiento cada vez más irracional de las políticas que aplica, y cuya racionalidad tecnológica no logra ocultar ni la barbarie con que actúa ni los peligros que implica:


1º. Siendo el principal valor, o "atractor" del sistema capitalista la maximización de utilidades, de riquezas, y de poder, cualquier objetivo que frene la codicia estructural del sistema es patológicamente "negado" en su totalidad, en su causa, en sus efectos redentores, o acallado mediante políticas ilusorias de quienes pretenden e incluso creen que van a resolver los problemas dentro del sistema.


2º. El capitalismo ha sufrido varias crisis de sobreproducción y subconsumo cuyo inicio se expresó claramente a finales del siglo XIX con el desarrollo creciente del capital corporativo, de las innovaciones tecnológicas y del imperialismo, en que la "renta" de las colonias y países dependientes subsidió a las socialdemocracias reformistas o a las bases de apoyo de las dictaduras fascistas y populistas de los países metropolitanos que así frenaron el movimiento revolucionario.


La actual crisis es significativamente distinta de las anteriores: es una crisis terminal en que hasta las soluciones del "estado benefactor o social" han entrado también en crisis, y en que los "sistemas inteligentes autorregulados, adaptables y creadores" así como la robotización creciente de la producción y de los servicios, hacen imposible abandonar el neoliberalismo triunfante y regresar a Keynes, o regresar a la socialdemocracia, o regresar al populismo de izquierda o de derecha y con ellos superar los problemas sin estrechar cada vez más los vínculos con los trabajadores formales e informales y con las comunidades asediadas y crecientemente despojadas de sus tierras y territorios.


Es más, el capitalismo actual no tiene por qué regresar al nazi–fascismo metropolitano y sus campos de concentración, cuando ha demostrado ya que puede eliminar con "guerras a modo", "Estados virtuales" y otros recursos, como las pandemias y el hambre, a una inmensa población "sobrante", y cuando sin necesidad de ir a raptar esclavos en la periferia mundial, éstos van por su cuenta y –entre muertos y desaparecidos– tocan a sus puertas para ser recibidos con gotero y a regañadientes con esas políticas que los funcionarios neoliberales llaman "humanitarias". Keynesianismo y populismo de izquierda con creciente predominio de la burguesía no tienen ni la menor posibilidad de regresar y consolidarse, tras la gran derrota que sus partidarios sufrieron en las últimas décadas del siglo XX.


3º. Es cierto que al mismo tiempo la organización del trabajo y la vida muestran hoy más que nunca inmensas injusticias y crecientes desigualdades, pero éstas son consecuencia del éxito que han alcanzado quienes dominan el sistema.


Es un hecho: la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción se ha vuelto a la vez mucho más eficaz y efectiva que nunca con el enorme impulso que le han dado las ciencias de la complejidad y las tecnociencias, y "paradójicamente", al mismo tiempo, ha colocado al capitalismo en una situación crítica, sin precedente en la historia.


La notable eficacia con que logran enriquecerse "más y más" "menos y menos" accionistas de las corporaciones y los complejos empresariales–militares–políticos–y– mediáticos, ha incluso derivado en una nueva contradicción de la historia, en que el hombre está al borde de acabar con la vida en la Tierra, afirmación que es rotundamente negada por las fuerzas dominantes y por buena parte de sus ideólogos y apologistas, mientras numerosos científicos rigurosos y honestos, que incluso forman parte de las comisiones intergubernamentales, descubren y publican datos sobre un creciente y variado peligro de ecocidio o de eliminación de la biósfera....Y esta es otra tragedia...el conocimiento científico que comprueba la crisis es descalificado e incluso perseguido por los más distintos medios sicológicos, sociales y políticos. En realidad el conocimiento científico puso en crisis a "la sociedad del conocimiento" y entró en crisis con remedios que de aplicarse darían al traste con los jugosos negocios de las corporaciones y complejos...y con sus codiciosos y coléricos beneficiarios y malogradas estirpes.


De los hechos señalados muchos estamos más o menos conscientes, pero a la gravedad y variedad de las amenazas a la vida en la tierra no le prestamos suficiente atención y otro tanto ocurre con tres hechos más que se añaden a los anteriores y que son fundamentales para comprender y actuar en el mundo realmente existente. Nos referimos a:


4º. La existencia de dos bloques en creciente enfrentamiento, destinados a competir por los recursos y mercados de la Tierra: el Bloque Oriental en formación, encabezado por Rusia y China, y el Bloque Occidental, en que Estados Unidos no sólo ha logrado sumar bajo su liderazgo a la Unión Europea, sino fortalecer el Proyecto de un Dominio Unipolar que considera posible imponer con su gran experiencia neo-colonial y contrainsurgente, perfeccionada con sus modelos de "sistemas inteligentes, autorregulados, adaptables y creadores". Se trata de un proyecto en que el complejo empresarial-militar-político y mediático de Estados Unidos está empleando todo género de recursos pacíficos y violentos, financieros, sicológicos, militares y para-militares, con escenarios de guerras reales y virtuales, cuya guía es el neoliberalismo global destinado a la estructuración de su poderío también global, un poderío que ya asoma como inmensamente destructivo y autodestructivo.


5º. La proliferación de guerras en que nadie lucha por un proyecto emancipador sino en que las ideologías y los programas político-sociales han sido suplantados por feroces carnicerías contra "el terrorismo", el "narcotráfico" y el "crimen organizado", en que estados simulados y actores disfrazados son instrumento de gobiernos y corporaciones que al mismo tiempo que por su intermedio imponen el terror y la destrucción de ciudades y pueblos, de campos, mares y montañas, así como de sitios sagrados logran que los supuestos fieles destruyan y desprestigien a pueblos enteros, a los que simulan representar en sus clásicas versiones sobre "los bárbaros" cuando en realidad muchos de los supuestos fingidos islamistas, fanáticos y "combatientes por la libertad" son reclutas, entrenados, armados, aprovisionados y respaldados como "fuerzas especiales" de la globalización.


Y en ese mundo estamos, en un mundo que trata de imponer el imperio global del gran capital corporativo, en combinación de fuerzas entre los complejos empresariales, militares, políticos y mediáticos. Un mundo que ya ni siquiera se propone un proyecto de civilización, progreso, desarrollo, ni el de socialdemocracia, socialismo, o comunismo. Un mundo que practica el culto de la eficiencia, y la eficacia para el apoyo a las inversiones de las empresas corporativas, y que al mismo tiempo renueva "la cultura de la caridad" y de los llamados "actos humanitarios", mientras estimula por todos los medios la cultura del egoísmo, del consumismo y del individualismo, y esconde en todo lo que puede el imperio de la colusión, la cooptación y la corrupción combinados con la represión.


6º. A la gigantesca tragedia se añade, tanto en Oriente como en Occidente, la prohibición de señalar su gravedad moral y material, y la prohibición de investigar y documentar lo que en verdad ocurre de injusticia, dolor y destrucción que afecta a la inmensa mayoría de la humanidad, y a toda la tierra y a toda la vida, y a ésta como un hecho novedoso científicamente comprobado.


El "conocimiento incómodo" como se le llama, o conocimiento "negado", descalificado, florece bajo una orden de callar dictada por los neoliberales globalizadores, y también por los nuevos ideólogos que racionalizan la restauración del capitalismo.


Es así como se acrecienta el gran problema de la humanidad, sobre el que se prohíbe pensar, o al que se descalifica y persigue por todos los medios, en una batalla contra el conocimiento que se inicio desde que en la Universidad de East Anglia se descubrió que el calentamiento global y todas sus consecuencias son de origen antropogénico. Esa amenaza a la vida, lejos de ser la única, posee entre otros muchos recursos ecocidas una cantidad inmensa de bombas nucleares y de armas sofisticadas que hoy manejan gobiernos incendiados en una cultura de la venganza y la cólera, a los que gustosos proveen la grandes potencias para las que el sector armamentista es uno de los que más contribuyen a la marcha del capitalismo y de los macro-negocios. Bombas nucleares con drones que las guían y sistemas perfeccionados de lanzamiento; calentamiento global, incremento del Hoyo de Ozono, destrucción y sobreexplotación de llanos y selvas, de mares y recursos subterráneos, polución creciente del aire en los conglomerados urbanos... son fenómenos de lamentar y también de denunciar. En cuanto a las políticas para detenerlos corresponden a compromisos cuyos responsables sólo ofrecen corregir parte de los males y de las causas que los provocan, sin que cumplan lo que prometen ni en la magnitud ni en los tiempos en que dicen que van a cumplir.


A tan siniestro panorama, entre lamentos y críticas inconsecuentes y a los que la humanidad se ha acostumbrado, se añaden muchos hechos más que revelan la crisis intelectual, económica, cultural, política y moral del capitalismo, dominante en el mundo entero, y en que la única esperanza de solución como Estado–Nación, asoma en Cuba, y en nuevos y notables movimientos sociales en el mundo, como los de los indios mayas del sureste mexicano conocidos como zapatistas, a quienes se añaden muchos otros que aportan elementos emancipadores capaces de reanimar la esperanza. Precedidos por Cuba ven en esa pequeña Isla un punto de apoyo para defender la vida y la libertad, y para construir otro mundo posible y viable, un "mundo Moral" en que el egoísmo ceda a las virtudes humanas acalladas en esta lucha de clases y de imperios, que gobiernan con la fusión de las corporaciones, los complejos empresariales–militares–políticos y mediáticos y el crimen organizado.


De Cuba y de quienes sigan caminos parecidos de emancipación humana dependerá el triunfo de una revolución armada de ideas, de moral y de fuerzas de cooperación y lucha, así como del valor, la entereza, la disciplina y la dignidad...


7º. Es en este contexto en el que pensar en Cuba y su papel en el futuro del mundo resulta de la mayor importancia para conocer la gravedad de los problemas y también en la posibilidad mundial de analizar la solución de los mismos a partir de la experiencia de Cuba y el Mundo. El futuro será muy distinto si se lucha y hace lo que Cuba ha hecho y por lo que ha luchado al romper en los hechos la falsa contradicción entre la democracia y el socialismo, entendida la democracia como la toma de decisiones por el pueblo organizado y sus comisiones especializadas, y entendido el socialismo como un sistema en que el principal objetivo o atractor, lejos de ser la acumulación de utilidades y riquezas sea la alimentación, la vivienda, la salud y la educación con la participación de los trabajadores en la toma de decisiones, en la producción y los servicios y en la política no sólo económica sino social, cultural, así como en la de los órganos del poder popular y ciudadano, y en las comisiones que apliquen y cumplan con los programas aprobados.


Advertir las posibilidades concretas que el proyecto cubano tiene, y reconocer en él la realización universal de un anhelo histórico que respete la diversidad de creencias, de ideologías, de razas, sexos, inclinaciones sexuales y edades y que con la Justicia social e individual hermane la Libertad, y haga de ambas sus principal valor y meta, será reconocer lo nuevo en la dialéctica de la historia o la nueva dialéctica de la historia.


Cuba es un país que ha mostrado una inmensa capacidad de lucha y negociación, sin que en ningún momento de la lucha o la negociación haya renunciado a sus valores y objetivos centrales. La nueva dialéctica parece indicar que en el futuro se darán fenómenos de lucha y negociación y que en ellos, lo no negociable será el socialismo democrático y la justicia social e individual y lo que habrá de negociarse serán las alternativas y la transición a un mundo capaz de preservar la vida, la justicia, la libertad y la soberanía de pueblos, trabajadores y ciudadanos.


Sobre el camino de la resistencia y lucha de Cuba por mantener su proyecto emancipador nada pude ser más acertado que recordar aquellos discursos pedagógicos y revolucionarios de Fidel cuando en los inicios de la Revolución Cubana, durante horas y horas, en la Plaza de la Revolución hablaba a los guajiros y a su pueblo para que acrecentaran su voluntad, su conciencia y su conocimiento de los valores y metas de la Revolución. Hoy, cuando el analfabetismo ha desaparecido y la escolaridad es universal y alcanza los más altos niveles, cuando los contingentes del pueblo cubano están organizados a lo largo y ancho del país, y compenetrados en su inmensa mayoría de los valores de la revolución, y cuando a sus conocimientos, su conciencia y su voluntad añaden su capacidad para tomar decisiones cruciales en el gobierno de la Isla, como ha ocurrido en numerosas ocasiones en que Cuba mostró claramente la imposibilidad de que una guerra internacional o civil lograra destruirla, nada mejor para ganar la nueva lucha que plantean las relaciones diplomáticas con Estados Unidos, que hacer efectivas las palabras del reciente discurso que Fidel ya no pronunció ante los campesinos y los guajiros sino ante los hijos de los mismos que lo escucharon en la Universidad de la Habana, al lado de jóvenes provenientes de esos sectores medios que se perfilan en la sociedad cubana según Fernando Martínez Heredia.


De las palabras de Fidel se deducen, con la mayor claridad, tanto la estrategia a seguir por la juventud y el pueblo de Cuba en el mundo actual, como la que seguirán los representantes del complejo–militar–empresarial–mediático y político de Estados Unidos y otros gobiernos y corporaciones del mundo capitalista, si se atreven a conocer la verdad y optan por una política que asegure la vida en el Planeta. Semejante camino, lejos de ser increíble, corresponde a una realidad que se expresa aquí y allá en el largo discurso, con expresiones y palabras como las siguientes sobre nuestra propia fuerza actual y potencial:

"poseemos armas nucleares en virtud del poder invencible de las armas morales". Esas palabras son exactas: la estrategia de la resistencia del pueblo cubano y otros pueblos está en el poder de sus armas morales y en la demostración que hagan de ellas contra la política de colusión, de cooptación, de corrupción, de intimidación que llevó a la restauración del capitalismo en el llamado campo socialista; "los jóvenes de hoy deben luchar –dijo Fidel– con las armas morales por encima de las ideas de su clase", como han luchado a lo largo de la historia de Cuba y del Mundo, y como empezó a luchar Fidel, "hijo de terrateniente". Y agregó: Todos los "hombres de pensamiento" leen y leerán a Martí, el que hizo de la moral un concepto revolucionario invaluable.


Y ya pensando en la Tierra, en el Planeta, Fidel exaltó "la brevísima historia de la especie humana buscando una sociedad justa... frente a un repugnante sistema" como el actual, e hizo ver que "estamos frente a una gran batalla, que debemos librar, que vamos a librar y vamos a ganar, que es lo importante". En la lucha incluyó una y otra vez a los parásitos y sinvergüenzas que comercian en los mercados escondidos y que se encuentran entre los enemigos principales de una sociedad justa. "Estamos envueltos en una batalla —dijo textualmente—contra vicios, contra desvío de recursos, contra robos, y allí está esa fuerza con la que no contábamos antes de la batalla de las ideas, diseñada para librar esa batalla".


"En esa batalla no debe haber tregua con nadie" –añadió–. "Cada cosa se llamará por su nombre" y "se apelará al honor de cada sector", sin que la autocrítica se quede en autocrítica, sino se sancione el inmenso daño que hacen "los sinvergüenzas". Son las palabras que empleó. Y a ellas Fidel añadió ese tipo de resistencia en lucha frente a lo que el imperialismo usa como un arma poderosísima: el individualismo, la traición al proyecto emancipador por interés personal o familiar, o de grupo y clientela, y que atendiendo a ese interés limitado hace un daño inmenso al interés general de la liberación, de la emancipación, de la revolución. Y también recordó una experiencia personal muy importante para la acción ecuménica de Cuba, en que habiendo pasado del comunismo utópico al marxismo, cuando había ido a Chile en l971 había confirmado que a su respeto de las ideas religiosas, era necesario añadir, con la Teología de la Liberación, "la idea de unir fuerzas y luchas" y a ese respecto trajo nuevamente a cuentas la moral como fuerza. Dijo: "los valores éticos son esenciales, sin valores éticos no hay valores revolucionarios".


Muchas otras líneas de conducta para la estrategia de la resistencia y la lucha por la justicia, la libertad y la vida se deducen del texto; pero quiero limitarme a los problemas que Fidel plantea a todo el mundo con la siguiente pregunta: ¿"Pueden o no impedir los hombres... puede o no impedir la sociedad que las revoluciones se derrumben"? Y él hace ver que si se lucha con honestidad, con seriedad, con disciplina, con trabajo incansable, y si se reconoce que no se sabe cómo va a ser todo el proceso histórico que viene, ni todo lo que vamos a ir descubriendo, y si se reconoce que estamos decididos a enseñar y aprender, y se recuerda que no puede uno confiar en el imperialismo y que hay "millones de cubanos preparados para la guerra de todo el pueblo", y si se logra "la ausencia total del miedo".... no sólo se preservarán los logros de la revolución sino "se podrá decir en la voz de millones o de cientos de miles de millones: "¡Vale la pena haber nacido! ¡Vale la pena haber vivido!".


Y con esas palabras termino las mías seguro de que Cuba y la Humanidad alcanzarán la justicia y la vida en la tierra.

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La tóxica distancia entre humanidades y ciencias naturales

El círculo vicioso de los censores


Hace poco menos de cinco siglos, por el hecho de hacer ciencia, Galileo Galilei —precursor, como Bacon y Descartes, del pensamiento mecanicista que cimentó a la ciencia moderna— fue censurado y luego condenado a prisión perpetua por los represivos y sectarios inquisidores. En aquella época imperaba la palabra sagrada emanada de textos bíblicos (la cual sólo era válida si la emitían las más sabiondas autoridades del clero), y cualquier tentativa de experimentación y duda eran consideradas poco menos que satánicas tendencias.


Apenas comenzando el siglo XXI surgen censores de nuevo cuño. Uno de las más extremadas censuras es el cierre de los programas de ciencias sociales y humanidades en 60 universidades, por orden del Ministro de Educación japonés (ElEspectador 2015). En Colombia, las preferencias reveladas de Colciencias en materia de indicadores y evaluación de las convocatorias están sesgadas para favorecer las ciencias naturales. Y una tecnócrata aduce criterios de rentabilidad, productividad y crecimiento para mostrar que, aún en la más recóndita vereda, sobran las discusiones sociológicas y políticas, y lo que falta es llevar físicos, químicos e ingenieros que ayuden a descubrir nuevas y limpias fuentes energéticas (Correa, Pablo y Navarrete, Steven 2015).


La moderna teoría económica, la única disciplina social calificada como dura y cuyos mejores exponentes son los únicos científicos sociales que ostentan alguna mención Nobel, se ha erigido sobre el edificio de la física mecanicista, ha privilegiado los métodos cuantitativos, y ha marginado cualquier asomo de ética y literatura. Uno de los más famosos hallazgos científicos de la economía del siglo XX es el teorema de la imposibilidad de Arrow (Arrow 1951), consistente en un restringido y simplista modelo de escogencia democrática que erradica del mapa cualquier subjetivo y anticientífico juicio de valor. La tendencia infortunada es el expansionismo de tan controvertidos modelos economicistas al resto de las disciplinas sociales.


Dudosas virtudes de la división social de trabajo y del conocimiento


El trabajo lento, autónomo, improvisado y creativo del artesano; y el pensamiento totalizante y universalista de los grandes sabios e inventores, resultaron poco rentables y lujos en demasía costosos para las modernas sociedades (incluyendo capitalismo y socialismo).


El mayor crecimiento de la riqueza y la incesante expansión de las llamadas fuerzas productivas se erigieron a partir de la simplista correlación, sugerida por Adam Smith (Smith 2003), entre aguda y creciente división social del trabajo (oferta) y colosal expansión geográfica y social del mercado (demanda). Su famoso modelo de una fábrica productora de alfileres, cuya productividad se multiplica astronómicamente en virtud del trabajador parcial (dedicado a operaciones mecánicas, rutinarias y fragmentarias), se expandió para legitimar y promover la división social del trabajo en la industria, la nación, el mercado mundial y el conocimiento mismo.


La paradójica Universidad moderna se consolidó como una arquitectura profundamente fragmentada entre nuevos feudos (disciplinas). En aras de contribuir al mayor crecimiento económico, el científico más productivo (y rentable) es aquel que se especializa ad nauseam en conocer al detalle la más ínfima minucia de su dominio cada vez más particular e ínfimo, e ignorar descaradamente (o pragmáticamente) el resto de saberes y conocimientos.


El problema de la banalidad del mal, explicado por la filósofa (Arendt 1977) puede, evidentemente, obedecer a la viciada ultra-especialización de los científicos, y a su cínica indiferencia ante los temas de las humanidades, la ética y la literatura misma.


Esbozo de una propuesta de integración del conocimiento


La filósofa y profesora Martha Nussbaum (Nussbaum 2003) ha ofrecido unas claves para promover una reforma educativa liberal y una mayor relevancia de las humanidades, sus pautas son: i) auto examinación crítica (dudas permanentes acerca del sentido de la vida, y de las metas que impone la sociedad y la academia); ii) cosmopolitismo (pensar como ciudadanos del mundo, incluyendo no sólo a la humanidad con sus diversas culturas y religiones, sino también a la naturaleza); y iii) imaginación narrativa (sensibilidad artística y literaria que ayuda a ponernos en lugar del prójimo).

A los argumentos de Nussbaum se les puede adicionar una idea para promover la integración de saberes, en lugar de la permanente y creciente división y separatismo que se ha fraguado durante los últimos siglos en las Universidades. Integrar significa derribar los muros disciplinarios que, a manera de compartimentos estancos, han empobrecido el conocimiento al punto de empujar a universidades y al mundo entero al abismo de múltiples crisis (económicas, éticas y ecológicas, entre otras). Integrar equivale a reunir en trabajos comunes de docencia e investigación a científicos y pensadores de disímiles disciplinas y saberes formales e informales, para resolver problemas complejos que, por lo mismo, requieren el concurso de múltiples puntos de vista y enfoques.


Existen tres clases de enfoques cognitivos que pueden ser integrados, a saber: los metafísicos, los éticos, y los conocimientos científicos de los fenómenos puros y sociales.


Las religiones nos ayudan a tener una fe para asumir pavorosos interrogantes sobre el final de los tiempos históricos, los distantes orígenes cósmicos, y el más allá de la vida. No obstante, sus mandamientos (como aquel mandato católico llamado al irrestricto crecimiento poblacional), deben ser confrontados con los argumentos de biólogos, demógrafos y economistas.


Las teorías económicas subjetivas del valor (la llamada catalaxia) resultan en truculentas y anticientíficas historietas. Los conceptos de producción y consumo de la teoría económica deben cimentarse, respectivamente, en el estudio de la física y la termodinámica, y de la biología y la nutrición.


Las investigaciones de los científicos naturales acerca de la ingeniería genética, los biocombustibles, los abonos químicos, las llamadas energías limpias, etc., deberían ser confrontadas con los dilemas morales, y las problemáticas como las de la acción colectiva, que plantean diversos investigadores y literatos desde las humanidades. Incluso debería atenderse las luces que poetas, literatos y diversos artistas ofrecen acerca de la absurdidad y fealdad de un mundo abocado a la productividad y rentabilidad.


Bibliografía:
Arendt, Hannah. Heichmann in Jerusalem: A Report on the Banality of Evil . New York : Penguin Books, 1977.
Arrow, Kenneth. Social Choice and Individual Values . New York : Willey , 1951.

Correa, Pablo y Navarrete, Steven. «El Espectador.» ElEspectador.com. 10 de Octubre de 2015. http://www.elespectador.com/noticias/educacion/el-fin-de-humanidades-articulo-591959 (último acceso: 19 de Octubre de 2015).
ElEspectador. «El Espectador.» El Espectador.com. 13 de Octubre de 2015. http://www.elespectador.com/opinion/editorial/mala-hora-de-humanidades-articulo-592433  (último acceso: 19 de Octubre de 2015).
Nussbaum, Martha. Cultivating Humanity: a Classical Defense of Reform in Liberal Education. London: Harvard University Press, 2003.
Smith, Adam. Wealth of Nations. New York : Oxford University Press, 2003.