Tailandia estudia reconocer un tercer sexo en la Constitución

Tailandia está dando un paso hacia adelante para incluir la protección de los derechos de género: la nueva Constitución plantea reconocer a las personas transexuales como otro género diferente al femenino y al masculino. El Comité encargado de redactar el borrador, un grupo seleccionado por el Gobierno militar que se hizo con el poder tras un golpe de Estado el pasado mes de mayo, ha comenzado a trabajar en este nuevo proyecto que podría aprobarse en agosto. "Si se nos reconoce quizás la gente como nosotras pueda vivir como una persona normal y tener un trabajo normal, sea cual sea nuestro aspecto. Me gustaría ser azafata de vuelo, médico u otro trabajo que las mujeres puedan hacer", expone Ni, transexual de 28 años.

Tailandia es conocida como la industria internacional del cambio de sexo , pero la sociedad, predominantemente budista, continúa siendo muy conservadora; existe la creencia de que los transexuales tienen mal karma por el adulterio de sus vidas pasadas. Hasta el 2011, el Ministerio de Defensa los consideró como personas con problemas psicológicos crónicos. Los Kathoey, que es como se les llama en Tailandia a los hombres con apariencia de mujer, además, son frecuentemente ridiculizados o rechazados por sus familias, y lo tienen mucho más difícil para acceder al mundo laboral independientemente de su nivel educativo, según Onusida.


Las transexuales no podrán inscribirse como mujeres


El principal problema al que se enfrenta este colectivo, de acuerdo a transexuales y activistas, es que el Gobierno tailandés no permite cambiar la designación de género en sus documentos de identidad. Esto les abre la puerta a la discriminación y al abuso. Por ejemplo, muchos empleadores no quieren tener complicaciones si otra persona calificada como "normal" puede ser contratada. "La discriminación hace que los transexuales sobrevivan con el trabajo sexual porque hay hombres que están fascinados con su cuerpo y no deben validar su identidad como femenina para realizar este trabajo", asegura Jamuson Green, presidente de la Asociación Profesional Mundial de Sanidad para Transexuales. Otros transgénero encuentran trabas para viajar al extranjero porque aparecen como un hombre en su pasaporte, pero tienen apariencia de mujer en el mostrador de inmigración. "Soy una mujer, pero mi documento de identidad dice que soy un hombre. Si alguna vez me detienen, iré a una cárcel de hombres. Si voy al hospital, debo dormir con los hombres", explica Nitsa Katrahong, ganadora de Miss Tiffany's Universe 2014, un concurso anual de belleza para transexuales que se celebra en la ciudad tailandesa de Pattaya.


En el borrador de la nueva Constitución, sin embargo, no se contempla el posible cambio de género en los documentos oficiales. "Podemos añadir un nuevo género, pero no cambiar su sexo de nacimiento", dice Kamnoon Sidhisamarn, portavoz del Comité encargado de su redacción. El citado borrador, además, olvida mencionar la orientación sexual dejando a los colectivos gais y lesbianas sin ningún tipo de protección. "Cuando se habla de 'tercer género' parece que se reconoce explícitamente a los LGBT - las siglas que designan colectivamente a lesbianas, gais, bisexuales y transexuales- , pero en el borrador sólo se habla de género. Eso es como tener sólo la mitad del pastel, tanto género y orientación sexual necesitan ser protegidos. Si quieren defender los derechos humanos y poner fin a la discriminación, el Comité debe incluir este tipo de lenguaje en el proyecto", explica Robertson desde Human Rights Watch. "Queremos ser tratados como iguales, todos tenemos los mismos derechos humanos y no somos invisibles", reivindica Chayanit Itthipongmaetee, estudiante homosexual de 21 años.


Si el borrador de la Constitución es legalizado en agosto, supondrá un gran avance legal: Tailandia aceptaría un nuevo género por primera vez como han hecho recientemente otros países asiáticos como India, Pakistán y Nepal.

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Lunes, 26 Enero 2015 07:32

¿América o Colombia?

¿América o Colombia?

Puede parecer un pequeño lujo intelectual ocuparse de los nombres de los países; o de los continentes. Los nombres, algo a la vez tan artificial y permanente. Sin embargo, hay ocasiones en las que una reflexión al respecto arroja luces insospechadas y nuevas para una mirada desprevenida.


El problema: "América o Colombia" hace referencia al nombre, significado, implicaciones, filosofías y consecuencias que, en un caso, hacen referencia a Américo Vespucio; y en el otro a Cristóbal Colón. Pero hay mucha letra menuda debajo del título. Hay que leerla con atención.


Tres nombres estaban al inicio en el partidor: Las Indias, que era el nombre que se le asignaban en España a las nuevas tierras; América, el nombre que muy pronto, a comienzos del siglo XVI, se le asigna al nuevo continente, en particular, en los países del centro de Europa; y Colombia —junto con otras variaciones— que significa literalmente "la tierra de Colón", en homenaje al viajero y descubridor genovés.


De acuerdo con la historia —o la leyenda—, Américo Vespucio puso el nombre de "América" sobre los mapas elaborados a raíz de los nuevos viajes y descubrimientos de 1492 y los años siguientes (1497, etc.). La Academia de Saint Dié, en la Lorena, publicará sendos mapamundis en los que aparece el nombre de América al lado de "Europa", "África", "Asia" y demás. Y el debate que perdura por parte de numerosos autores de diversas nacionalidades desde el siglo XVI hasta el XIX, y que incluyen nombres como: La Colonea, Colonia, Coloneo, Columbaia, Colombina.


Lo que pudiera parecer una cuestión de chovinismo, o acaso de impronta intelectual, e incluso de reconocimiento u homenaje a un personaje u otro, esconde, en realidad, en este caso, un debate de ideas.


Muy específicamente, Francisco de Miranda es, en la historia del debate, una voz importante y el principal defensor para que a las nuevas tierras —y a sus habitantes, por consiguiente— se las llame "El Continente Colombiano". En su gesta por la independencia, sostenía: "Nuestro principal objeto es la independencia del Continente Colombiano, para alivio de todos sus habitantes, y para refugio del género humano".


Bolívar, por su parte, pensaba en el público liberal europeo y, muy particularmente, francés, y confiere el nombre de "Colombia" para lo que originariamente eran Venezuela y el Nuevo Reino de Granada, aun cuando tuviera en mente la independencia de toda América. Su misiva en el Congreso de Angostura (1819) es ilustrativa al respecto. Y, sin embargo, Bolívar piensa en el continente como en América.


Miranda se enfoca, pues, en "Colombia", y Bolívar termina adoptando el de "América" —con todo y su preocupación por el destino del Continente—, algo que deja escuchar con fuerza desde Haití y en otras oportunidades. Digamos, de pasada, que el debate Miranda–y–Bolívar trata de dos vertientes de la masonería.


Las guerras de independencia, en un caso, estaban orientadas a recuperar lo propio, el continente de la libertad, el refugio del género humano. A los habitantes primeros del Continente les han sido usurpados todos los derechos, y les deben ser restituidos, contra las fuerzas extranjeras que se las arrebataron. De esta suerte, Colombia hace referencia a la creación o recuperación de un Nuevo Mundo inocente. En Bolívar no se encontrará, para nada, el llamado a una continuidad de las viejas civilizaciones indígenas; algo que sí estaba en el ideario de Miranda.


Olga Cook Hincapié escribió en 1998 un excelente libro: Historia del nombre de Colombia, Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1998. Una joya y una rareza en donde el problema de base considerado aquí está estudiado con todo detalle.
En este escenario, al azar, brotan remembranzas, unas más cercanas o lejanas a nosotros. "La raza cósmica" de José de Vasconcelos; la doctrina Monroe: "América para los Americanos" (1823), en fin, el debate entre América Latina (o Latinoamérica) e Iberoamérica; ésta, perdida por los españoles; aquella, ganada por los franceses. Y no en última instancia, los giros, temas y debates en torno a postcolonialismo (W. Mignolo), y otros temas próximo y semejantes.


Ello, para no mencionar el hecho —delicado para una cierta tradición— de que Miranda era partidario de que con el Continente Colombiano "se convocara a una vida histórica propia" por parte de los habitantes de las nuevas tierras. Más allá de las herencias, deudas y favores hacia otras potencias. Algo que, al parecer, no alcanzó a vislumbrar enteramente Bolívar.


El trabajo de y sobre las palabras es un tema delicado. En la historia del pensamiento, el análisis del lenguaje es el patrimonio del empirismo lógico. Una tradición filosófica y científica, constituida y alimentada principalmente por lógicos y matemáticos. El análisis del lenguaje se traduce rápidamente en el reconocimiento explícito de que, efectivamente, hacemos cosas con palabras (Austin).


Pues bien, el drama de la existencia radica en que en numerosas ocasiones los problemas reales terminan resolviéndose en términos de palabras, y confundimos así las palabras con las cosas. Frente a este estado de cosas, la distinción de las palabras, la crítica de los nombres y los conceptos, el análisis del uso del lenguaje se revelan como altamente críticos y radicales.


Para todos los efectos prácticos, digamos: América Latina: el último refugio del catolicismo (por eso la elección del papa Francisco). El último reservorio de recursos naturales. Acaso, incluso, la última frontera de desarrollo y crecimiento económico —una vez que los llamados "Tigres Asiáticos" hicieron lo suyo—. América Latina: la fuente para el estudio de la felicidad, las alternativas al desarrollo y el aprendizaje del buen vivir (suma qamaña y sumak kawsay). Muchos son los intereses y las mirada sobre Latinoamérica, y muchas también las esperanzas y los aprendizajes.


¿Colombia o América? (Incluso con ese apellido: América Latina). En ocasiones, las palabras terminan siendo lo último que modificamos.

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Lunes, 12 Enero 2015 06:50

El género en la comunicación

El género en la comunicación

Sandra López es la coordinadora regional del MMM. Impulsa la concreción del quinto monitoreo mundial, que analiza cómo los medios tratan a las mujeres en más de cien países de todo el mundo. Sostiene que hay que educar en la lectura crítica de medios.

"La gran política tiene que ser la educación en lectura crítica de medios." De esta forma sintetizó Sandra López, experta en medios y género, la estrategia básica a implementar por los Estados para lograr medios más igualitarios y por ende más democráticos. En el marco del Seminario Regional "El derecho a la comunicación con enfoque de género en la agenda de desarrollo post-2015", llevado adelante por una organización internacional en Lima, Perú, López habló con Página/12 sobre medios, género y políticas comunicacionales.


Sandra López es profesora en Lengua y literatura con maestría en Antropología y en ambiente de Ecuador. Trabaja en la organización Gamma (Grupo de Apoyo al Movimiento de Mujeres del Azuay, provincia de Ecuador) por una vida libre de violencias, y desde hace 20 años lucha por cambiar los imaginarios sociales que sostienen la discriminación. O mejor dicho, las discriminaciones.


López es la coordinadora regional del Monitoreo Mundial de Medios. Desde ese rol está organizando ya las estrategias para concretar este año el Monitoreo Global de Medios que lleva adelante la Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana (WACC), una ONG que viene trabajando hace 50 años en esta línea. Y que cada cinco años, y siguiendo con las pautas trazadas en la Conferencia de la Mujer de Beijing (1995), registra y analiza cómo los medios de comunicación tratan a las mujeres en más de cien países de todo el mundo.

López explica el origen de los monitoreos. Surgen, dice, "con la pregunta de conocer qué está pasando en las bases del machismo, en las bases que sostienen la discriminación contra las mujeres. Se vio que los medios de comunicación son una de las grandes instituciones sociales, así como la familia, la religión, la educación. Pero los medios de comunicación con una gran capacidad de llegada, y por el tiempo que permanecen en relación con las personas, son como el espacio social privilegiado donde se reproducen los estereotipos de género".

"Un grupo de feministas pensó en analizar qué está pasando, porque una cosa es ver por intuición o saber percibir una frase o una imagen sexista en un medio, pero otra cosa es tener datos más objetivos, que se puedan manejar para difundir, para hacer capacitaciones y también para presentar evidencia, para que no sea solamente una opinión sin fundamento", relata.


Así surgió el monitoreo como una investigación transversal, en un día y un momento determinados (este año tendrá lugar entre marzo y abril), que invita a participar a cuantos países quieran sumarse.


En el primer monitoreo observaron que "los resultados eran alarmantes. Si la intuición nos decía que había sexismo en los medios, el primer monitoreo mundial demostró que es más que sexismo, que la invisibilización de las mujeres era altísima, que casi no había presencia de mujeres reporteras, de editorialistas –dijo López–. Que cuando se hablaba de las mujeres estábamos en la farándula o en los concursos de belleza, estábamos sufriendo por la pobreza o por la violencia, que nunca estábamos haciendo análisis económico, político. Entonces con esos datos se vio que era necesario hacer seguimientos. Y se hacen cada cinco años para hacer seguimiento y también para hacer incidencia".


–¿Qué cambió en estos 20 años?

–Ha cambiado ligeramente la representación de las mujeres en los medios, ha aumentado. A partir de la cumbre de Beijing del '95 que implicaba también algunos compromisos de los gobiernos, por ejemplo, cambió la participación política de las mujeres, con lo que hay una mayor visibilidad también. Entonces hay mayor participación política, hay mayor cantidad de mujeres en cargos, presidentas, en asambleas; eso hace que suba un poco el número de mujeres en la representación.

Sin embargo, temas como análisis políticos siguen con casi nula participación de las mujeres. Hay que decir que se hace en más de cien países y que no importa el sistema político, si el sistema es de derecha o de izquierda: la representación en los medios es baja; no importa si es religión islámica o católica: en la mayor parte de los países la representación de las mujeres no cambia; no importa si es un país industrializado o no. Entonces eso nos da pautas para hacer ya un quinto Monitoreo Mundial de Medios en 2015, primero para analizar los cambios que se están dando. Y después para trazar estrategias de mayor incidencia que permitan lograr cambios más rápidamente, porque en 20 años son muy lentos los cambios.


–¿Cuáles son los retos para este monitoreo?

–Queremos integrar a más países. Además queremos integrar medios digitales y redes sociales; monitorear Twitter, por ejemplo.


–¿Cuántos países participan de la región?

–De Sudamérica prácticamente están todos y de Centroamérica sólo falta contacto en Honduras. En el Caribe hay poca organización, así que aprovechamos a invitar a organizaciones de esos países para que se contacten.


–El monitoreo coincide con la Conferencia Beijing+20. ¿Cómo puede incidir este trabajo en lo que suceda allí, dónde se van a revisar las recomendaciones de 1995 en materia de comunicación?

Desde el monitoreo anterior, la WACC logró posicionarse como una de las voces privilegiadas frente a Naciones Unidas en temas de comunicación y género. Ya Naciones Unidas adopta el monitoreo mundial para la estrategia de incidencia. Entonces ahora hacia Beijing+20 los datos van a servir para sustentar sobre todo la esfera número 10, que es la relacionada con medios de comunicación, imaginarios sociales, estereotipos de género, derecho a la comunicación. Pero además está la Cumbre Post-15 por los Objetivos del Desarrollo del Milenio, que también viene el año próximo. Entonces yo pienso que es un tiempo de incidencia fuerte. Después de 20 años se ha logrado entrar en espacios más estratégicos y creo que ya hay una voluntad de los Estados que, ya sea porque se ven obligados o porque reciben demasiadas críticas, no les queda más remedio que meterse a ver qué hacen con este tipo de problemática y qué van a hacer frente a esos objetivos.


Así que yo creo que el escenario mundial es interesante. Los datos van a llegar a donde deben llegar y van a enriquecer la elaboración, la redefinición, la nueva elaboración de objetivos en ambas cumbres.


–¿Qué hace falta cambiar para lograr una comunicación y unos medios más igualitarios?

–Si queremos cambiar imaginarios, tenemos que recordar que somos parte de una especie privilegiada, que no por ello puede explotar a otras especies y peor: explotarse entre la propia especie.

–¿Y pensando en políticas para los medios?

–Yo creo que la gran política tiene que ser la educación en lectura crítica de medios. No creo que podamos seguir esperando mucho de los marcos regulatorios. Yo creo que hay que trabajar mucho en la autorregulación, y la autorregulación sólo puede venir de una conciencia crítica.

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Domingo, 11 Enero 2015 06:13

Occidente y las imágenes

Occidente y las imágenes

No es necesario decir cuán abarcadora y a la vez fugitiva es la idea de Occidente. Fácil es reprobarla como sede cultural de la construcción moderna del capitalismo, con sus tecnócratas del espíritu, sus industrias culturales, su corte de explotados, sus dolientes legiones de inmigrantes repelidos. Pero es mucho menos fácil definirlo ahora, donde hay que lamentar, inconmensurablemente, las modernas víctimas de la lucha por las imágenes (la representación icónica de Mahoma, en términos caricaturesco, satírico o meramente austero). Es una lucha que tiene muchos siglos, pero en la que luego de los atentados a las Torres Gemelas se envolvió la prensa europea, casi en su conjunto. No sólo Charlie Hebdo, sino diarios dinamarqueses, noruegos, Liberation, France Soir, Le Canard Enchainé. Asimismo, dibujantes norteamericanos, hace una década, habían lanzado la campaña "Dibujar a Mahoma".


Todos saben que el Corán no se pronuncia definidamente sobre las imágenes sacras, pero esa inhibición existe en numerosos textos auxiliares, y ha sido seguida de distintas maneras por diferentes corrientes del islamismo, según los ámbitos territoriales e históricos en que se hubo expandido. Quizás una de las notas cruciales de la enunciación islámica es los distintos grados de prescindencia de la representación sagrada por medio de iconos. La oración, tema crucial del ser religioso –en todas las religiones mundiales–, involucra a la memoria, la lectura colectiva, y el modo objetivo o subjetivo en que las imágenes interrogan a la conciencia íntima.

Pero no es exclusiva de los musulmanes la preferencia por la prohibición de imágenes figurativas en los lugares sacros, sino que fue practicada por el cristianismo bizantino, retomada por el genérico recelo cristiano hacia las idolatrías, y por ciertas tendencias protestantes que se inspiran literalmente en el capítulo del Exodo, que reza "no te harás icono ni imagen alguna...". El islamismo, gran creación del espíritu humano, nos pone frente a la encrucijada de las imágenes.

¿Qué parte del lenguaje o del pensamiento estamos invocando cuando decimos "imagen"? Una conocida broma de Borges –que toma del historiador inglés Gibbon– afirma que "en el Corán no hay camellos" para patrocinar identidades que expulsen de sí toda autoafirmación. Sólo sería válido y asumiría realmente su ser, lo que no insistiese especialmente en su propio ser. En verdad, el Corán menciona los camellos, pero se entiende hacia dónde quiere ir Borges. En "La busca de Averroes", Borges ve al notable filósofo árabe-español, empeñado en traducir a Aristóteles (como efectivamente hizo), pero tropezando con las dificultosas nociones "occidentales" de comedia y tragedia. Profunda visión de cómo se enlazan, se tensan, se reconocen o se resisten las percepciones entre Occidente y Oriente, correspondiendo acaso a la arabeidad y al islamismo la asombrosa tarea de ser un estricto mediador entre ambos polos civilizatorios –escisión quizás heredada de las grandes intuiciones cartográficas de Ptolomeo–, que tanto desvelaron luego a historiadores, poetas y pensadores como Goethe, Max Weber, Antonio Gramsci y Edward Said.


Nunca en "Occidente" se dejó de tomar la imagen como un tema, y en plena mitad del siglo XX, resulta turbadora (y crítica) la afirmación de Heidegger respecto de que "el fenómeno fundamental de la Edad Moderna es la conquista del mundo como imagen. La palabra imagen significa ahora la configuración de la producción representadora". Al trasluz de este aserto que pone en juego toda la tradición humanista y a las éticas antropológicas, puede juzgarse toda la obra de Foucault, lo que Derrida llamó "Espectros", las hoy notorias consideraciones de Aby Warburg sobre la memoria de imágenes de Occidente –y todos los trabajos que de él descienden–, tanto como la gran obra de Lezama Lima, y un poco más acá, el post-cine de Godard (Adiós al lenguaje). A este propósito, tanto este film, como la película paraguaya Siete cajas, son grandes manifestaciones de la reflexión sobre el peso esencial de las imágenes y las telecomunicaciones (y por lo tanto del lenguaje) como problema de la existencia. Obras de arte como éstas son los verdaderos "relatos salvajes" que nos llevan a pensar los más profundos dilemas del sujeto mundano y de un nuevo humanismo práctico.


El comando asesino que distribuyó sangre y fuego en la redacción de la revista humorística francesa, no sólo producía un crimen horripilante, no justificable por ninguna acción semejante de la contraparte que sea, sino que ponía en el corazón del planeta otra perspectiva estremecedora para la "época de la imagen del mundo". No es réplica a nada, sino un ensimismamiento en la producción de imágenes de guerra a través de recortes arquetípicos de imágenes planetarias. Las que se produjeron en escala catastrófica con las Torres Gemelas, y en el simbolismo del degollado universal y del "asesinato en la catedral", encarnada en los nuevos clérigos sacrificiales –los caricaturistas– y en la otra escena, esta sí imagen del teatro planetario, del policía tirado en la vereda y que mira, quizás en un gesto de clemencia, al agresor que culmina su tarea con la ilustración póstuma de una cruel facilidad: los dos disparos que salen de la Kalashnikov. El desafío simbólico de los dibujantes (generador de obvias incomodidades, de subido escozor) era respondido por una materialidad de muerte que generaba otro tipo de imagen. Llamémoslo el simbolismo del asesinato real, con lo cual el símbolo y lo real adquirían otras dimensiones universales, absolutamente pavorosas. No es mejor la otra opción: hay que recordar, en la absurda bifurcación que poseen las formas de violencia, que los ejércitos occidentales que atacaron Irak, Libia o Malí, no permitieron que se difundieran imágenes de las acciones de guerra y su inevitable cortejo de atropellos contra la vida humana.

Repensar estos temas a partir de teorías democráticas de la imagen –a eso hay que llegar–, es ya casi lo mismo que ahondar en los mejores argumentos para evitar la derechización definitiva de Europa, la conversión de las religiones mundiales en "teologías-políticas" justificatorias de instituciones que se constituyen a través de cualquier tipo de poder artillado, los cercamientos territoriales que impiden –medievalizando la historia contemporánea– toda circulación de personas, tanto en aeropuertos como en cualquier suerte de frontera, y el tributo nocturnal que todos pagamos al surgimiento hegemónico de las tesis sobre la seguridad como fortuna final de todo razonamiento político.

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Martes, 09 Diciembre 2014 06:20

Una Tercera Guerra Mundial no declarada

Una Tercera Guerra Mundial no declarada

Quizá como adelanto de la próxima etapa de su vida, prefirió presentarse como profesor emérito. Raúl Zaffaroni, juez de la Corte Suprema a punto de dejar de serlo, dio una conferencia el viernes último con el título de "Los derechos humanos como programa y realidad". A continuación, un extracto de su clase magistral.

A quienes en razón del multiculturalismo de nuestra región niegan la existencia del concepto de América latina, reduciéndolo a una denominación despectiva atribuida a los franceses, cabe responderles que América latina es mucho más que un concepto: es una realidad unitaria y perfectamente reconocible, como producto complejo de casi todas las atrocidades cometidas por el colonialismo en el planeta.


Desde el siglo XV los europeos ocuparon policialmente nuestro continente con parte de su población marginada, que trajo las infecciones que en pocos años mataron a la mayor parte de los habitantes originarios. A los sobrevivientes los redujeron a servidumbre.

A poco de andar, para reemplazar a la población eliminada, cometieron el atroz crimen de desplazamiento masivo de africanos esclavizados. En lo sucesivo, el mestizaje de colonizadores con originarios y africanos fue objeto de desprecio. Cuando se prohibió el tráfico negrero, algunos asiáticos fueron también esclavizados por el Pacífico.

Desde las últimas décadas del siglo XIX se produjo un masivo desplazamiento de población desde los países europeos atrasados en el proceso de acumulación originaria hacia el sur de nuestra región. Los perseguidos y hambrientos de las dos guerras mundiales llegaron con posterioridad. (...). No hay un hombre cósmico en nuestra Patria Grande, pero hay un ser humano latinoamericano cuya dignidad de persona ha sido negada planetariamente por el colonialismo y que se abre paso lentamente contra éste. (...).


Desde los años setenta del siglo pasado, con la crisis del petróleo, la política colonialista cambió en los propios centros de poder, con inevitables consecuencias periféricas. Se abandonaron las ideas de sociedades incluyentes, de Estado de Bienestar y de economía keynesiana, pasando al fundamentalismo de mercado, o sea, a una ideología que otorga amplia libertad de acción al capital financiero e impone necesarios modelos de sociedades excluyentes. (...).


En esta fase superior del colonialismo no se ocupan territorios policialmente, como en el colonialismo originario, derrotado por los libertadores; tampoco se acude a oligarquías vernáculas que mantengan a la población en servidumbre, como las que los pueblos desplazaron hace un siglo; tampoco se psicotiza a las fuerzas armadas para que ocupen los territorios por cuya soberanía debían velar, porque ya no son confiables y provocan alta resistencia popular. (...).

En la periferia, en esta fase superior del colonialismo, se opera tratando de imponer gobernantes que cuiden los intereses del capital financiero transnacional o procurando destituir a quienes le opongan resistencia o descalificar a los políticos que los denuncian.


Para eso se vale de la opinión pública, convenientemente configurada por los medios masivos de comunicación monopolizados (en particular la televisión, en manos de conglomerados que forman parte del mismo capital transnacionalizado), de los políticos inescrupulosos o tontos útiles, de sus lobbistas (o corruptores especializados), como también de los técnicos políticamente asépticos, esterilizados en los autoclaves de sus think tanks centrales.


Deber ser

Los derechos humanos plasmados en tratados, convenciones y constituciones son un programa, un deber ser que debe llegar a ser, pero que no es o, al menos, no es del todo. Por tal razón, no faltan quienes minimicen su importancia, incurriendo en el error de desconocer su naturaleza. Estos instrumentos normativos no hacen –ni pueden hacer– más que señalar el objetivo que debe alcanzarse en el plano del ser. Su función es claramente heurística.

Quien los desprecia cae en una trampa ideológica: la repetida frase de Marx acerca del derecho, cuando se la toma como una inevitable realidad, sólo deja a los excluidos el camino de la violencia, donde siempre pierden, aunque triunfen. Lo que es verdad es que el actual poder financiero –como todo el hegemónico en todos los tiempos– quiere reducir el derecho a una herramienta de dominación a su servicio. Sin embargo, estos instrumentos son un obstáculo, porque de ellos pueden valerse –y de hecho se valen– los pueblos y los propios disidentes de las clases incluidas para hacer del derecho un instrumento de los excluidos. La lucha en el campo jurídico actual se entabla entre el poder hegemónico, que quiere hacer realidad la frase de Marx e impedir cualquier redistribución de la renta, y quienes pretendemos usar al derecho como herramienta de redistribución de renta.

Pero estos instrumentos no fueron graciosas concesiones ni producto de una maduración reflexiva y racional de pueblos y gobiernos, sino que los impulsó el miedo. Ante las atrocidades de estados asesinos, que cometieron homicidios alevosos masivos, el espanto hizo que se sancionaran estas leyes nacionales e internacionales. La racionalidad que propugnan esos objetivos, digamos la verdad sin avergonzarnos como humanos, no fue impulsada por la razón, sino por el espanto.
Y tampoco los impulsó el miedo ante cualquier homicidio alevoso masivo: no lo produjeron las víctimas armenias, los hereros extinguidos por los alemanes, los haitianos masacrados por Trujillo en la frontera ni los congoleños esclavizados y diezmados por Leopoldo II de Bélgica, sino que fue el pánico provocado en el propio territorio hegemónico el que decidió a los poderosos a señalar el objetivo humano a alcanzar. El colonialismo entró en pánico sólo cuando vio que las víctimas de esas atrocidades eran otros humanos con pareja deficiencia de melanina.

Pero ni siquiera así los nuevos poderes hegemónicos mundiales suscribieron por completo todos esos objetivos y se resisten hasta el día de hoy a hacerlo. A regañadientes definieron mezquinamente el genocidio, cuidando de que su recortada definición no abarcase sus propios genocidios, y firmaron una Declaración Universal que en su origen sólo tuvo el valor de una manifestación de buena voluntad internacional.

Estos objetivos están lejos de alcanzarse en nuestra Patria Grande, donde sigue jugando la pugna entre el modelo de Estado que pretende configurar una sociedad que incluya, frente a otro que quiere solidificar la exclusión. La polarización que vivimos tiene lugar entre un modelo de sociedad incluyente y otro excluyente y, en otro plano, entre independencia y dependencia.


En su fase superior el colonialismo sigue del lado de la dependencia, cuya condición necesaria es la sociedad excluyente, que implica el desconocimiento de la condición de persona del ser humano latinoamericano. (...) No le importó al colonialismo la casi extinción de los originarios, la esclavización de los africanos transportados y de sus descendientes, la marginación de los criollos y mestizos, la reducción a servidumbre de pueblos enteros; no ahorró violencia, vilezas ni genocidios con tal de contener las pulsiones incorporativas; en su haber cuenta nuestra Patria Grande con muchos millones de víctimas de violencia, enfermedad, hambre, miseria y toda clase de carencias elementales. (...). Hasta hoy el ser humano latinoamericano se debate dificultosamente en pos del reconocimiento de su dignidad de persona. Buena parte de la población de nuestra Patria Grande se halla lejos de haber alcanzado ese objetivo. Favelas, pueblos jóvenes, villas miseria o como quiera llamarse a nuestros slums, alojan a millones de personas que no son jurídicamente reconocidas como tales. (...)

No es hoy la acción directa del poder represivo estatal la que comete la mayor parte de los homicidios masivos, pese a su muy considerable grado de letalidad (escuadrones de la muerte, desapariciones forzadas, ejecuciones sin proceso, gatillo fácil, colusión con grupos criminales violentos, torturas), todo lo cual hace que en ocasiones se identifique y confunda la acción estatal con la criminal.


La modalidad del control colonial actual varía en la región según las diferentes circunstancias geopolíticas, pero en toda la Patria Grande tiene como objetivo común el montaje de un violentísimo aparato estatal represivo de control punitivo masivo de la población excluida.

El poder financiero transnacional no se equivoca en sus objetivos:

a) En el centro norteamericano, desde fines de los años setenta del siglo pasado, se abandonó el New Deal y el Welfare State y se montó un aparato represivo monstruoso, que tiene por objeto controlar a su población de negros y latinos y frenar la inmigración del sur que intenta desplazarse impulsada por la necesidad. En esta línea, el Estado norteamericano se ha convertido en el campeón mundial de la prisionización, pasando a la tradicional Rusia. Desde 1989 más de la mitad de su enorme población penal está compuesta por afroamericanos.

b) En Europa, los parientes pobres incorporados a la Unión sufren medidas económicas de ajuste que produjeron el desempleo de la faja etaria menor de veinticinco años. Su aparato represivo crece lentamente, pero aún centrando su atención sobre los inmigrantes, que están sobrerrepresentados en sus poblaciones penales. El Papa ha señalado el riesgo de convertir al Mediterráneo en un cementerio. Esas palabras tienen un sentido profundo: el Mediterráneo es la cuna de la civilización europea, vergonzosamente convertido hoy en la tumba de muchos miles de prófugos del hambre y de la violencia colonialista. Quizá rememora el genocidio de Cartago. Tal vez sea el desierto de Arizona europeo, o quizás el nuevo muro. Aún el aparato represivo europeo no ha desplazado su acción contra los jóvenes desocupados, pero lo hará en cuanto su protesta deje de ser pintoresca y comience a ser disfuncional para el poder financiero.

c) En Sudamérica el poder transnacional procura contener y desbaratar cualquier tendencia hacia una mejor redistribución de la renta, para lo cual le es funcional la alta violencia homicida en nuestras zonas de vivienda precaria, como también la letalidad del accionar policial, que tiene lugar con clara tendencia selectiva clasista y racista. No son extraños a esta funcionalidad los esfuerzos por desbaratar cualquier tentativa más o menos seria de pacificación, como la que se intenta en estos días en Colombia.

d) La situación geopolítica –en particular respecto de la producción y distribución de cocaína– hace que el Cono Sur de Sudamérica (Uruguay, Argentina, Chile) de momento registre niveles relativamente bajos de violencia. No obstante, el poder financiero trata de crear mediáticamente una realidad mucho más violenta que la letalidad registrada, con el mismo objetivo que en el resto de la región: montar un aparato represivo violento y gigante para controlar a sus excluidos. Para eso se vale del monopolio televisivo, de sus comunicadores, personeros, traidores y mercenarios.

Letargo televisivo

Es cada vez más urgente despertar del letargo televisivo. El panorama de letalidad violenta de nuestra región representa un verdadero genocidio por goteo. De los 23 países que en el mundo superan el índice anual de homicidios de 20 por cada 100.000 habitantes, 18 se hallan en América latina y el Caribe y 5 en Africa.

Son varias las investigaciones locales que muestran que esas tasas se concentran en nuestros barrios y asentamientos precarios, como también que los homicidios allí cometidos son los que presentan los porcentajes más altos de no esclarecimiento e impunidad.

Esto corresponde a la modalidad de control de la exclusión propia de esta fase avanzada del colonialismo. Es el efecto que sobre nuestra región tiene la Tercera Guerra Mundial no declarada.


Lejos de cierto pensamiento progresista que teme a métodos de control violento de siglos pasados, la verdad es que nuestros barrios precarios ya no son predominantemente controlados con tanques y policías y menos aún con los cosacos del Zar. Por el contrario, hoy se fomentan las contradicciones entre los propios excluidos y entre éstos y las fajas recién incorporadas. Las cifras disponibles muestran que los criminalizados, los victimizados y los policizados se seleccionan de las mismas capas sociales carenciadas o de las más bajas incorporadas.

El fomento de la conflictividad entre los más pobres potencia una violencia letal que ahorra la mayor parte de la tarea genocida a las agencias estatales, al tiempo que obstaculiza la concientización, la coalición y el protagonismo político coherente y organizado de los excluidos.

La altísima violencia que permite este genocidio por goteo, al igual que la diferencia con el Cono Sur, no podrían explicarse sin la incidencia de la economía creada por la prohibición de la cocaína. La demanda de este tóxico no sólo es rígida, sino que se fomenta mediante una publicidad paradojal, que asocia su uso a la transgresión, siempre atractiva a las capas jóvenes. Ante esta demanda incentivada, la prohibición reduce la oferta y provoca una formidable plusvalía del servicio de distribución, que se controla mediante las agencias que persiguen el tráfico y que, por ende, se convierten en entes reguladores del precio. (...)

El tóxico se produce en nuestra región y en ella queda alrededor del 40 por ciento de la renta total, en tanto que la mayor parte la produce la plusvalía del servicio de distribución interno de los Estados Unidos. La competencia por alcanzar el mercado mayor de consumo, o sea, por la exportación a los Estados Unidos, se produce en América latina, con altísimo nivel de violencia competitiva, que se incentiva con armas importadas desde el país demandante, donde además se retiene el monopolio del servicio de reciclaje del dinero de la totalidad de la renta. (...) La guerra a la droga que, como era previsible, estaba perdida desde el comienzo, se ha convertido en la mayor fuente de letalidad violenta de la región. Ha causado cientos de miles de muertes de jóvenes en pocos años, cuando se hubiesen necesitado siglos para provocar un número cercano por efecto del abuso del tóxico.

La cocaína no mata tanto por sobredosis, sino que lo hace su prohibición por concentración de plomo. Esta política suicida y absurda desde el punto de vista penal y de salud sólo es coherente como instrumento colonialista para corromper a las instituciones policiales, infiltrarse en la política y en algunos países para desprestigiar a las fuerzas armadas y debilitar la defensa nacional. (...)

Ocultar la realidad

En nuestra región, los medios de comunicación masivos, en especial la televisión, se hallan concentrados en grandes monopolios que están inextricablemente vinculados en red con los intereses del poder transnacional. Lógicamente, sus mensajes son perfectamente funcionales al modelo de sociedad excluyente que éstos fomentan. En consecuencia, juegan un papel central en el genocidio por goteo que se está cometiendo en la región.


En los países de alta violencia real, donde el aparato represivo mortífero es funcional a la letalidad entre excluidos, la televisión concentrada cumple la función de ocultarla, disimularla, minimizarla o naturalizarla. Por el contrario, en el Cono Sur, donde es mucho menor la violencia letal, la televisión concentrada crea una realidad violenta que le permita exigir –mediante reiterados mensajes vindicativos– el montaje de ese aparato mortífero. (...)

Los recursos de esta publicidad populachera son ampliamente conocidos, aunque no por ello menos eficaces: la invención de víctimas-héroes, la reiteración de la noticia roja sensacionalista, la exhibición de unas víctimas y el meticuloso ocultamiento de otras, los comunicadores indignados, el desprecio a las más elementales garantías ciudadanas, el reclamo de un retroceso a la premodernidad penal y policial, etcétera. En definitiva, se trata de mostrar a las víctimas como victimarios. (...)

Lo cierto es que la imagen de la violencia que tiene nuestra sociedad es la que proyecta la televisión concentrada, sea ocultando o disfrazando la existente o inventando la que no existe, siempre con el objetivo claro de montar un poder represivo mortífero y brutal. Pero al mismo tiempo también es cierto que es muy poco o casi nada lo que se invierte en investigación de campo acerca de la violencia. Lamentablemente, dado que no es posible prevenir eficazmente lo desconocido, cabe llegar a la penosa conclusión de que, más allá de las declamaciones, no hay poder interesado en prevenir seriamente las lesiones masivas al derecho a la vida en nuestra región.

En Latinoamérica –como en todo el mundo– los políticos quieren ganar votos y elecciones. Por ende, les resulta muy difícil enfrentarse con la televisión monopolizada. El poder financiero transnacional lo sabe y lo explota, pues se trata de una cuestión clave para sus objetivos hegemónicos. Basta verificar cómo en toda nuestra región la televisión concentrada emite una constante publicidad destituyente y descalificante de cualquier movimiento popular que pretenda redistribuir mínimamente la renta. Cualquier caso de corrupción pasa a ser vital, pero oculta cuidadosamente la administración fraudulenta de quienes contraen deudas imposibles de pagar, entregan soberanía sometiendo al país a jurisdicciones extranjeras, llevan a cabo políticas de ajuste que terminan en crisis, desbaratan el potencial industrial o malvenden la propiedad estatal.

Los políticos le temen a la televisión concentrada, y entre los asustados y los inescrupulosos sólo parecen ponerse de acuerdo para sancionar leyes penales disparatadas, que destruyen códigos y legislación razonable, para reemplazarlos por una colección de respuestas a mensajes televisivos que, en buena medida, promueven una antipolítica –por cierto que también funcional al poder transnacional–, dado que cada día es más evidente que responde a una actitud de subestimación de la inteligencia del pueblo.


Incluso los políticos que postulan modelos incluyentes de sociedad no pueden sustraerse del todo al reclamo de un aparato punitivo letal. Les embarga el miedo a la televisión, se sienten amenazados incluso en lo interno de sus propios partidos o movimientos, creen que deben dar muestras de orden y, de este modo, entran en contradicciones inexplicables. (...)


Policías

La función estructuralmente colonialista originaria de nuestras policías, es decir, la de ocupación territorial, se ha mantenido invariable a lo largo de los siglos.

La colonización originaria consistió en la ocupación policial de un territorio extranjero, creando inmensos campos de concentración. Si bien esta modalidad primitiva se dejó de lado en las fases posteriores del colonialismo, el modelo de policía de ocupación territorial se mantiene hasta el presente.


En el siglo XIX copiamos la Constitución de los Estados Unidos (único modelo republicano a la sazón disponible), pero no hicimos lo propio con la policía comunitaria norteamericana y, hasta el presente, nuestras policías conservan sus estructuras de ocupación territorial militarizada. Las oligarquías neocolonialistas les concedieron cierta autonomía y luego cundió la modalidad política de intercambiar con ellas gobernabilidad por concesión de ámbitos de recaudación autónoma.
Ese camino sucio, con un Estado rufián, que no pagaba lo justo a sus policías, pero que los habilitaba a recaudar de lo ilícito, dio algún resultado, hasta que el estallido de la prohibición de cocaína y los otros tráficos ilícitos favorecidos por la revolución comunicacional terminaron por poner en crisis a las instituciones policiales, deteriorar su función y degradar la imagen misma del Estado y el respeto a la legalidad. (...)

El deterioro que en el siglo pasado sufrieron nuestras fuerzas armadas, como consecuencia de la alucinante Doctrina de la Seguridad Nacional, se transfirió a nuestras instituciones policiales, cuando el poder transnacional decidió pasar del Estado de seguridad nacional al de seguridad urbana o ciudadana. Pero no contento con ello, el poder transnacional impulsó a algunos países de la región a que degradasen a sus fuerzas armadas a funciones policiales internas, con las consecuencias lamentables que para éstas y para la defensa nacional hoy verificamos. (...)

Desigualdad


Un dato altamente significativo es que nuestra región presenta simultáneamente los más altos índices de homicidios del mundo, pero también los de más alta desigualdad en la distribución de la renta, medida con el coeficiente de Gini.
Según los datos comparativos de la ONU, los índices de homicidio tienden a guardar una relación inversa con el ingreso per cápita, pero también una marcada relación directa con el coeficiente de Gini, o sea, que la experiencia mundial indica que a menor ingreso per cápita y a peor distribución, corresponden más homicidios.

De este modo resulta que el derecho al desarrollo que, como vimos, desde la perspectiva central es de tercera generación, en el plano de la realidad se conecta íntimamente con el primero de los derechos humanos, que desde la misma perspectiva sería de primera generación. El respeto a la vida depende, por ende, de la inclusión social, de la movilidad vertical, de la distribución mínimamente equitativa de la renta. Con razón los teóricos más modernos de los derechos humanos parecen haber archivado su clasificación en generaciones, para sostener hoy la conglobación de todos ellos. (...) No es la simple pobreza la que se refleja automáticamente en la violencia letal, sino la falta de proyecto, es decir, la frustración existencial que provoca la sociedad excluyente. (...)

Más allá del ocultamiento televisivo de la violencia letal o de su exageración mediática, de la confusión que esto siembra en el público y en las clases políticas, de la constante instigación a la venganza y al montaje de un aparato represivo mortífero, del oportunismo o del amedrentamiento o ignorancia de políticos y jueces, el ser humano latinoamericano sigue batiéndose y abriéndose paso por su derecho a ser considerado y tratado como persona.

El jurista latinoamericano se halla ante el ineludible deber jurídico y ético de repensar teóricamente el derecho en nuestra región, teniendo como objetivo primario una tutela real y eficaz del primero de todos los derechos: el derecho a la vida, lesionado en forma permanente por el genocidio por goteo que provoca la actual fase superior del colonialismo en nuestra Patria Grande.

Si bien abundan las Malinches de ambos géneros, nuestro ser humano latinoamericano no deja de reclamar el reconocimiento de su dignidad de persona, aunque sigue sufriendo en sus pies el dolor de Cuauhtémoc.


Por Raúl Zaffaroni, profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires

 

Publicado enPolítica
"El mayor aliado de los falsos quijotes es la ignorancia de los sanchos"

El narrador y académico Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951), que ha adaptado el Quijote en una edición especial de la Academia (editado por Santillana) para jóvenes de todo el mundo de habla española, cree que la lectura del clásico de Cervantes es una bandera legítima para luchar en medio del fuego que vive hoy esta parte de la humanidad. Y considera que el mayor aliado de los falsos quijotes es la ignorancia de los sanchos


Pregunta. Al contrario de lo que dice de España, de Europa, estos días ha afirmado que América Latina sí tiene visos de futuro.


Respuesta. No digo que tenga visos de futuro. Digo que es el futuro. Europa es un continente que envejece muy mal, en manos de un grupo de representantes en Bruselas medio demagogos y medio analfabetos que están desmantelando 30 siglos de cultura. Añádele a eso un continente que no crece, que no tiene juventud, hecho de jubilados. En América hay cantidad de jóvenes intentando abrirse camino con el vigor de la juventud y de la esperanza. El eje se está desplazando a la América hispana, y estoy convencido de que lo mejor que podamos esperar, vendrá de América.

P. ¿Cómo es su relación con esta tierra?


R. Larga, empecé muy joven, en las guerras de los años setenta, y he visto muchas causas perdidas y muchas grandes palabras que luego han terminado en números de circo como la revolución nicaragüense. Pero hay una cosa que me queda siempre de América, y es el profundísimo respeto que todos, hasta los analfabetos, tienen por la cultura. En América la gente aún cree que ser culto ayuda a cambiar para mejor. El padre confía en que su hijo sea lo que él no ha podido ser. Se trata de esos jóvenes que se levantan a las cuatro de la mañana en un suburbio de México, Distrito Federal, para ir a estudiar una carrera que luego no podrán ejercer. Y también está la lengua. Le dan importancia, para ellos es un factor de cultura. He visto a muchos campesinos usando un vocabulario tan rico y tan decente que ya quisieran muchos, no ya los jóvenes sino los políticos e incluso los académicos españoles. Y ese respeto, esa veneración por la lengua como elemento clave, unido a la incultura, les da una osadía lingüística, una creatividad extraordinaria. El otro día, en el DF, en un sitio de manicura descubrí que a la que hace las uñas de las manos y de los pies le llaman la todera. Tenemos que olvidarnos del hispanocentrismo y comprender que los españoles somos solo una parte de la lengua. El caudal vivo, el español de futuro, el que van a hablar en todo el mundo, y desde luego los cabrones de los gringos, es el español. Somos una patria sin fronteras ni ideologías. Somos 500 millones de compatriotas con una bandera legítima, el Quijote. Nuestra patria es la lengua española.


P. ¿Tiene sentido mantener en el diccionario la categoría de americanismos?

R. Hace un año, en uno de los plenos de la RAE, propuse eliminarlo. Es un error. Creo que hace una división del español inapropiada e injusta. Yo tengo todo el derecho a decir chingar, o todera, porque es mi lengua. El nuevo diccionario debería suprimir esa marca y mantener la etimología. Todo es español. La Reina del Sur lo escribí en México, no ya en mexicano sino en culichi, que es como hablan en Culiacán, Sinaloa. El caso es que debemos transitar sin complejos por la lengua que compartimos. Ninguna lengua tiene una habitación como la nuestra, con tantos compartimentos por los que entrar y salir. España y América Latina son pueblos que han sido masacrados históricamente, pero tenemos una cosa buena: una comunidad en común, la lengua. Como esos monjes medievales que andaban por ahí y sabían que serían bien recibidos en cualquier convento donde se hablase el latín.


P. ¿Puede dar un par de ejemplos de lengua culichi?


R. Chaca es jefe. Morra es chica. Una cosa que me interesó mucho de Sinaloa es el lenguaje de los corridos. Es como oír un soneto de Quevedo, una jerga osada, con palabras del béisbol mezcladas. Dicen, por ejemplo, saltarse la barda. Eso es el colmo para ellos. Con esa morra me salté la barda. O dicen estuve guachando a mi carnal, vigilando a mi amigo [del inglés to watch]. Y el escritor que está fijando esa lengua con su escritura es mi hermano Élmer Mendoza, como un Cervantes mexicano.

P. ¿Ve relación entre el populismo en América Latina y la idea de quijotismo?

R. Surgen quijotes y surgen también falsos quijotes. A veces hay figuras que están entre la luz y la sombra, y para iluminarlos del todo solo hay una forma que es la educación, la cultura. Un joven educado con buenos maestros puede identificar si en ese Quijote hay verdad o mentira. Por eso es tan importante la formación, para no nos seduzcan los falsos quijotes. El mayor aliado de los falsos quijotes es la ignorancia de los sanchos.

P. Pero si la educación es la base, por qué al comparar con América a un país como España, con más nivel educativo...

R. ¿Y quién te ha dicho que España es un país más educado? Habla con un universitario mexicano y con un español y compara ideas, formación y lucidez.

P. ¿Concluye que en México son más lúcidos, formados y con mejores ideas?

R. No tanto. Lo que creo es que disponen de un material básico, y ese material es el profundo respeto que tienen por la cultura y por la educación, un respeto que en España y en Europa hemos perdido. Allá, la educación es como una obligación impuesta por el sistema a la que se accede incluso con desgana. En América, y sobre todo en lugares como México, es un anhelo que mueve a las personas a pelear por sí mismas y por su futuro. Mi Mientras que en Europa y en España casi, digo casi, se está perdiendo la capacidad de pelear –quizá porque el concepto de pelear nos resulta políticamente incorrecto–, en México se pelea todos los días. Y, ojo, lo que se va a pelear.

P. Por la situación que ha creado la matanza de seis personas y la desaparición de 43 estudiantes en Iguala (Guerrero, sur de México).


R. Sí. No sé lo bastante de política mexicana, pero sé de seres humanos. Y hay una cosa clara: la impunidad se está terminando. Las redes sociales han creado un estado de alerta permanente que antes no existía. Ahora ya no es fácil escudarse tras la demagogia, o tras la policía o tras unas instituciones apolilladas. Eso ya no se lo tragan.

P. ¿Qué puede enseñar El Quijote en este contexto?

R. Yo he visto muchos incendios por la vida que llevé, y sé qué sin una base cultural que enmarque esos incendios, el incendio se vuelve estéril. Libros como El Quijote, en manos de buenos profesores, permiten educar a los que llevan las antorchas en palabras como compasión, solidaridad, coraje, honradez, y eso cambia el cariz de los incendios. Los incendios hechos por gente que sabe lo que incendia y por qué, sean incendios reales o metafóricos, esos sí pueden iluminar futuros. Por eso El Quijote es tan importante. Yo creo que no hay combinación más eficaz para hacer mejor el mundo que un maestro de escuela honrado e inteligente con un Quijote en las manos. En México sería El Quijote contra el Kalashnikov, o El Quijote contra el cuerno de chivo, como le llaman en Sinaloa.

P. ¿Qué puede aprender América Latina de España y de Europa?

R. América no puede olvidar que todo nació ahí, que lo mejor que tiene se llama Sócrates, Aristóteles, Virgilio, Homero, Erasmo, Quevedo, Voltaire, Tolstoi, Dostoievski, y todo eso, o casi todo, ha venido a través de España. América debe andar su propio camino, pero sin renegar nunca de aquello que la hizo en lo mejor. Los agravios fueron muchos, pero también fue mucho lo bueno que el mestizaje dejó. El mejor símbolo es ese mural del Hospicio Juan Cruz Ruiz de Cabañas y Crespo de Guadalajara, donde están abrazados el caballero-águila y el español todo forrado de hierro, apuñalándose el uno al otro, pero abrazados.

Publicado enCultura
Viernes, 28 Noviembre 2014 10:29

La cultura que lleva organización

La cultura que lleva organización

Al sur de Bogotá, en lo alto de los Cerros Orientales, existe un barrio que limita entre lo rural y lo forestal, el barrio San Rafael. Al llegar a él, por calles empinadas, quien asciende avanza por granulada lluvia que da la sensación de inicio del páramo. Como cualquier otro suburbio urbano, sus pobladores viven en condiciones económicas y sociales desfavorables. Sus casas, autoconstruidas, toman forma sobre calles a medio construir.

En este barrio, bello mirador bogotano, un grupo de jóvenes realizan arto arte. Los integrantes son residentes cercanos del sector, pero para ellos no importa si toca pintar en Usme, en el Humedal de Tibabuyes o en pleno centro de la ciudad. Su objetivo es descentralizar el arte.

Arto Arte surge en 2007 entramado en las relaciones de confianza y amistad con personas y colectivos vinculados a la historia de la organización local. Son un grupo de amigos que un día decidieron abordar temas y problemáticas buscando soluciones distintas. Así lo expresa "El negro" como le dicen a Jesús David Suárez: "Arto Arte es una excusa de un grupo de amigos para sacar adelante proyectos de diversa índole, donde desarrollan sus potencialidades. Pero por el camino se encuentran razones y desarrollan una filosofía que pesa. Deja de ser una sencilla mochila para convertirse en una maleta grande que camina entre signos y palabras para transmitir cosas".

Frente al conjunto de organizaciones políticas y espacios de articulación expresan: "No queremos seguir en mesas y espacios. Hay otras herramientas para intervenir estos lugares. No somos muralistas, somos un colectivo que utiliza el arte para desarrollar diferentes lenguajes".

El parche también lo integran Fabio Ramírez –´el periodista´–, Freddy Triana Vargas –que también explora las artes gastronómicas–, Jhony Pinzón –realizador de animaciones–, los más jóvenes como Jhon Lara y Ángel Serrano –con el registro visual–, y los apasionados del ruido chatarrero del punk como Jordan Rodríguez y Humberto Urquijo. Con la intervención artística y las prácticas culturales buscan integrar la comunidad revindicando la identidad local y memoria histórica. Su innovadora intervención gráfica de andenes y espacios públicos con murales alusivos a lo ancestral, a la flora y fauna, junto a la utilización del baldosín y vidrios para crear mosaicos en fachadas de casas, no sólo generan agradables estéticas sino que animan a la comunidad a cuidar y mejorar su entorno.

Quieren trascender lo territorial, de ahí el uso continuo del blog. "Nosotros no queremos quedarnos sólo en lo local. Es clave pero también es primordial abrirnos a otros espacios, queremos mostrarlo más allá de las fronteras locales. De esa manera buscamos escapar del aislamiento territorial de organizaciones que de manera cerrada cuentan sus propias historias entre sí".

Nosotros no queremos que este espacio se institucionalice; chévere aprovechar las ayudas institucionales para desarrollar el trabajo, siempre y cuando conservemos nuestra autonomía. Es verdad que esto se ha vuelto más grande, pero preferimos la ambigüedad, y de algún modo la informalidad, porque de allí surge cierta libertad que permite generar preguntas interesantes que la misma gente debe contestarse y no responder nosotros". La apuesta es llevar esta filosofía, y para ello hay que tener Arto Arte.

Publicado enEdición 208
La transexualidad como una "anormalidad-patológica"

Es cierto que hay una manera de resolver el problema, concluían los responsables hospitalarios, aunque esta quizá ofenda de pasada al juramento hipocrático, la decisión en caso de ser tomada, no podrá ser ni médica ni administrativa, sino política.

Saramago, 2005

 

¿Qué es la transexualidad? ¿Qué o quién lo determina? Las identidades sexo-genéricas se han construido en un sistema de género que clasifica a los cuerpos en femenino-masculino/hombre-mujer. La vulva y el pene son órganos sexuales que han determinado el orden social, pues cuando un nuevo ser nace, se adhiere a un género, a un rol, a una preferencia sexual, y por ende a un lugar en las relaciones de poder. De esta forma, ser mujer u hombre significa cumplir con una serie de comportamientos y características físicas que den cuenta de la feminidad y masculinidad de cada [email protected]


Pero ¿qué sucede cuando alguien no se adhiere a la norma, cuando no se describen a partir de las identidades sexo-genéricas establecidas por el sistema de género? [email protected] [email protected] llaman anormales, [email protected] [email protected] catalogan como [email protected] y [email protected] excluyen de las relaciones sociales. La incongruencia sexo-genérica y la disforia de género son formas en la que se define comúnmente la transexualidad, "sentirse en el cuerpo equivocado" es una frase que describe a las personas que han nacido con un sexo específico, pero que su comportamiento corresponde a otro género.


Tomar hormonas y someterse a operaciones son métodos recurrentes para corregir la disforia. La testosterona y progesterona son utilizadas para modificar las formas: la voz se vuelve grave o aguda, el volumen de los pechos aumenta o disminuye, la menstruación se interrumpe, la vellosidad se altera. Mientras que la clitoroplastia, los implantes de prótesis eréctil o de mamas, las correcciones corporales, entre otros buscan reconstruir los órganos sexuales. En México los procesos son complicados y costosos, pues al realizar una reasignación sexo-genérica las personas tiene que seguir un protocolo médico, para después cambiar su identidad legal. Todo ello [email protected] lleva a consultar psicólogos, médicos, abogados, pero al mismo tiempo a confrontar una sociedad que [email protected] violenta.


Muchas personas han transformado su cuerpo con la intensión de construir una identidad, sin embargo los problemas que giran alrededor de ello son muchos: por una parte se encuentra un deseo personal, y por otra las presiones sociales, la violencia, la discriminación, la necesidad económica y una vida en riesgo. Ante esto, en distintos colectivos, organizaciones civiles, instituciones públicas y en la academia ha surgido un debate en el que se pregunta ¿cómo se está construyendo la transexualidad? ¿a caso es necesaria una intervención biomédica? ¿por qué la genitalidad es tan importante para una identidad? ¿qué implicaciones sociales, políticas y económicas tienen las operaciones y los cuerpos hormonados?


Algunas personas mencionan que es necesario un cambio corporal, mientras que [email protected] hacen una crítica, argumentado que las hormonas crean una dependencia de por vida, lo cual se traduce en grandes cantidades de dinero; que las operaciones disminuyen su sensibilidad genital, y con ello la posibilidad de tener orgasmos. También hablan sobre la re-producen de los estereotipos de género, que surge al someterse a una lógica sexo-genérica que el sistema de género sostiene.


Al respecto, Gloria Hazel, una mujer transexual de 54 años de edad, residente en la ciudad de México, menciona que es necesario cuestionar la manera en que se ha construido la identidad transexual, pues solo así podrán hacer frente a la sobrevaloración genital, a la repetición de estereotipos de género y a la clasificación que han hecho de la transexualidad al señalan como una incongruencia sexo-genérica.


La congruencia corporal es una falacia [... ] para hablar de una congruencia corporal tendríamos que hablar de adhesión a determinados modelos, que es lo que nos lleva al concepto fascista del cisgenero, que te habla de que tiene que haber una congruencia entre un cuerpo y un genero, si lo condicionamos entonces establecemos una visión de lo que puede ser normal y anormal. El cuerpo XX tendría que coincidir con el concepto de mujer y el cuerpo XY tendría que coincidir con el concepto de hombre, pero qué es un hombre y una mujer, son construcciones socioculturales [...] la incongruencia no está en el cuerpo frente al género sino como interpretar el cuerpo, adjudicarlo y encerrarlo en una caja genérica (Gloria Hazel, D.F., 1 de Junio de 2014).


Por su parte Daniel Santiago Suñiga, un chico transexual de 25 años de edad, originario de la misma ciudad, también se mantiene crítico ante el discurso de la disforia, y señala que sus cuerpos les han sido negados antes de reconocerlos:


Yo no me veo como una mujer que transiciono a ser un hombre, yo me veo como un hombre que nació con una vulva o una vagina, y que con base a su genitalidad fue educado socialmente para funcionar en el mundo como una mujer, sin embargo esa no era mi identidad [...] para mi ser una persona transexual no es estar en el cuerpo equivocado [...] si este cuerpo que habito fuera el equivocado entonces ¿quién se quedó con mi cuerpo o dónde está el correcto? ¿Por qué no me lo devuelven? No sé a quién se le ocurrió la frase de naci en el cuerpo equivocado, yo no conozco otro cuerpo más que el mío [...] para mi es importante reescribir la definición de transexualidad, no desde el punto medico, legal, sociológico, sino desde el punto de vista de las personas transexuales [...] (Daniel Zuñiga, D.F., 13 de Junio de 2014).


El problema tiene distintas aristas: los valores culturales sobre la dualidad de los cuerpos y los géneros en sociedades patriarcales, la intervención de las instituciones estáteles y biomédicas, la lucha por un reconocimiento negado, el conflicto de cada [email protected], el debate en las comunidades de diversidad sexual y las luchas feminista, la construcción de identidades; cada una de estas entra a la discusión sobre las formas de vivir como seres sociales sexuados.


Un problema biopolítico


El 13 de junio de 2014 me reuní con Daniel Santiago Zúñiga Flores, un chico transexual de 25 años, originario del Distrito Federal. Durante la entrevista pregunte, ¿Por qué la sociedad los rechaza? Él mencionó:


Creo que el miedo a lo desconocido está detrás de toda esa violencia y rechazo social, sobre todo porque ese miedo ha tenido un gran aliado que es toda la estructura moralista y sexista, creo que a un sistema patriarcal y falocentrico le conviene mantener ese miedo, porque no concibe la idea de que existan hombres con vagina, o mujeres con pene, o que exista una gama que vaya más allá de los hombres y las mujeres, porque ya no estaría polarizado el asunto y no tendrían tanto control [...] cuando aparecemos estructuras físicas que no se adhieren a la norma pues salta el miedo a lo desconocido, es el terror a lo desconocido [...]


¿Qué es lo desconocido? ¿Por qué causa tanto miedo? El orden social está constituido por cuerpos sexuados, géneros, roles, preferencias sexuales, estereotipos, formas de vida. Cada característica tiene una lógica social, que funciona por estar dentro de las relaciones permitidas. Pero cuando algo no cuadra aparece el conflicto, pues eso que surge es otra cosa, no es un hombre ni una mujer, o al menos no son como los entendemos.


Lo desconocido emerge y se postra frente a [email protected], confrontando nuestros prejuicios y llevando al límite nuestra identidad. Y entonces surgen interrogantes: ¿qué es eso?, ¿cómo [email protected]? En los hospitales se preguntan, ¿por qué no actúa normal? [email protected] se cuestionan, ¿qué hacer con esa diferencia? Desde el biopoder se nombra, se conceptualiza, se jerarquiza, se controla y se somete a los límites del lenguaje. Así aparece la transexualidad, lo anormal, lo patológico, lo enfermo.

La diferencia es controlada, antes de que corrompa las normas. Retomando el concepto de biopolítica que han desarrollado autores como Foucault, podemos decir que estamos en un contexto histórico donde la vida está en juego. El Estado otorga derechos para hablar de libertad y marca el límite de la humanidad, es decir establece quién está dentro del marco jurídico y quién no, quién tiene una vida más valiosa que la otra; y todo esto lo hace bajo un poder legítimo, creado con la ilusión del ciudadano racional que es capaz de auto gobernarse. La transexualidad ha sido clasificada fuera de lo humano, donde no hay derechos. La anormalidad devela al transexual como un [email protected] sin posibilidad de reconocimiento, pues para el Estado no tiene nombre ni identidad, e incluso no existe aunque esté presente.

En México la identidad legal de las personas transexuales queda envuelta por una serie de requisitos que deben cumplirse, pues antes de otorgarles derechos [email protected], es decir una identificación oficial que se traduce en salud pública, servicios y reconocimiento social, entre otras, deben transformar sus cuerpos para poder ser tratadas como hombres o mujeres. Pero, ¿por qué los derechos se condicionan? ¿Por qué para tener acceso a la salud pública tendría que haber una "corrección" de los cuerpos? ¿Por qué una persona no puede ser [email protected] por el simple hecho de ser persona, sin importar su identidad sexo-genérica? ¿A caso esto no es una exclusión?


Por otra parte, las investigaciones de la medicina y la biología han estudiado a la transexualidad como un fenómeno patológico que debe ser comprendido y medido, con el fin de curarlo. La dualidad de salud-enfermedad ha determinado el valor de las vidas y las ha definido. Las personas son objeto de análisis desde que son un feto. Los aparatos tecnológicos son utilizados para observan las células y el cerebro, todo con el fin de encontrar el error.


Y mientras esto sucede, los múltiples discursos crean imaginarios colectivos que miran la transexualidad como algo aberrante que debe ser normalizado, es decir si [email protected] [email protected] se "sienten" hombres o mujeres hay que transformarlos en eso. El capitalismo aparece, y con ello se hace presente el sistema que ha configurando las relaciones humanas bajo la fantasía más perversa del capital, las farmacéuticas crean un mercado y las hormonas se hacen necesarias y urgentes para los cuerpos enfermos y anormales.


Sobre este punto, Gloria Hazel menciona los intereses económicos que han permeado la transexualidad:


Se genera una industria, el neoliberalismo también busca sus anclajes, si los derechos humanos avanzan para acá yo voy a sacar provecho de esto, entonces qué pasa, se genera, desde Estados Unidos principalmente, una industria de lo que viene siendo la transformación transexual, eso lo tenemos en este momento aquí. Sería interesante ver un discurso bioético del médico, qué tanto en un momento dado está comprometido con una nueva re interpretación del juramento Hipócrates y ver hacia el bienestar de la persona, y qué tanto está comprometido con un juramento con el banco mundial [...] ver que tanta lana le voy a sacar a esta persona para que salga de su miseria y es una miseria que ellos mismos construyen y reafirman con el DSM 5 que incluye todavía la disforia de género [...] ( Gloria Hazel. Ciudad de México, 1 de Junio de 2014).

 

El intento por nombrar la diferencia se crea de una manera compleja donde se cruzan aspectos políticos, ideológicos, económicos y culturales. El orden social no permite que se atente contra él, antes de eso ya ha creado cárceles, hospitales, tecnologías sexopolíticas, vigilancia, miedo. Cuando un [email protected] se percibe diferente los valores comienzan a perturbar, a limitar y a mostrar que sólo hay hombres y mujeres con una corporalidad que cumple ciertas funciones; al mismo tiempo el discurso de la normalidad se encuentra en las instituciones como el Estado, la iglesia, la familia, los medios de comunicación, la escuela y la ciencia.


En una sociedad mestiza mexicana las personas transexuales son lo anormal, lo que no es un hombre ni una mujer, son lo enfermo y por ende deben ser [email protected] Pero, ¿qué valores sociales son los que fundamentan esto? ¿Quiénes lo deciden? ¿Cómo lo deciden? ¿Por qué ser anormal es un problema? La decisión política sobre la identidad y las características sexuales ya fue tomada, hubo una serie de elementos que posibilitaron esa determinación, como el sistema de género, la reproducción de la población, los marcos legales, los intereses económicos, entre otros. Así, lo transexual es algo patológico que intentan corregir, los cuerpos se volvieron cede de un conflicto social y una lucha por el control y la libertad. "Lo personal se volvió político", tal como lo mencionó Kate Millet.


Ante esto, Daniel Zuñiga y Gloria Hazel hablan sobre la importancia de los cuerpos en la discusión sobre la transexualidad:


Yo creo que la represión o la auto represión hacia el cuerpo se crea por el discurso aprendido del cuerpo cisgenero [...] biopolíticamente no les conviene que una persona trans se sienta a gusto con su cuerpo, ¿por qué?, porque ya no venderían hormonas, ni serian rentables las operaciones [...] yo creo que el odio al cuerpo tiene un sentido económico, más que una cuestión personal, en la que te sientas realmente desarraigado del cuerpo [...] (Daniel Zuñiga, D.F., 13 de junio de 2014).


La sobrevaloración genital, es lo que ha llevado también a que la persona transexual esté encarcelada en conceptos de estar en un cuerpo equivocado, cuando en realidad no se está en cuerpos equivocados, se está en valoraciones anatómicas equivocadas [...] la experiencia social e individual de tu identidad no la puedes atar a tejidos que están entre las piernas, eso es algo aberrante, y es desgraciadamente donde se han fundamentado la experiencia binaria del género del ser humano (Gloria Hazel, D.F., 1 de junio de 2014).

 

Michael Foucautl (1976) sostiene que la disciplina crea cuerpos dóciles con el fin de que funcionen como lo demanda el sistema. En una sociedad heteronormativa se han construido cuerpos femeninos-masculinos, cada uno es moldeado por distintos discursos, que no emanan de un solo lugar, ni tampoco de una forma coherente, al contrario hay un cruce de instituciones, saberes y prácticas que le dan sentido a la norma, sin embargo tienen el mismo fin, pues ya han determinado cómo debe vivirse y de qué manera deben ser los cuerpos.


La transexualidad es una diferencia que desestabiliza el orden social: al no haber una [email protected] que se asuman hombres y mujeres heterosexuales, no habría una reproducción obligatoria, se modificaría la idea de familia y las relaciones sociales cambiarían. Por ello, es necesario integrarla. La regulación del comportamiento será una estrategia política para continuar con las normas.

El sometimiento ya no se hará tomando los cuerpos, sino nombrándolos, señalándolos, ridiculizándolos. Uno de los discursos disciplinarios proviene de la biología y la medicina: presentan cuerpos enfermos que deben ser curados, como el de [email protected] transexuales. Esta idea establece parámetros de normalidad y configura imaginarios colectivos sobre las identidades sexuales. Aparecen cuerpos XX y XY que a su vez tienen una congruencia con el género asignado. Ambas características, sexo-género son presentadas como "naturales". Ser hombre y mujer no sólo es lo normal-natural, sino también es lo sano, y un modelo a seguir. Parece que no hay puntos intermedios o matices, los dos polos definen a las excepciones, así la transexualidad se convierte en la diferencia, descrita por la ciencia como incongruencia sexo-genérica que debe ser corregida mediante operaciones y tratamientos hormonales.


La discusión hegemónica sobre la transexualidad la han centrado en la disforia de género, los psicólogos, médicos, biólogos, sociólogos, etc. se preguntan por qué hay mujeres atrapadas en cuerpos de hombres, o viceversa. La medicina y la biología han dado soluciones justificándose con la "verdad", la "objetividad" y la "certeza" que caracterizan a la ciencia. Estos planteamientos se han sometido a debate, ya que la disforia señala a las personas como enfermas, lo que provoca que haya una necesidad de transformar los cuerpos para alcanzar una normalidad.

La transexualidad va más allá de algo corporal, pues aunque el cuerpo es lo que está en discusión, tanto en la definición como en la lucha biopolítica, lo cierto es que hay un contexto que ha determinado los valores y significados de esos cuerpos, así como la manera en que tiene que comportarse.

 

Una anormalidad-patológica: un discurso médico y biológico

 

El problema es que somos enfermas, ante la sociedad, ante el gobierno y ante los médicos, gracias a esa postura que han tenido, es decir que medicamente tenemos que hormonizarnos para construirnos. Si nuestra imagen corpórea no va con nuestra identidad estamos fuera de una sociedad, entonces te están obligando, te están patologizando, te están criminalizando y aparte están judicializando la identidad [...]

(Lola Dajà-vú Delgadillo Vagas, D.F., 12 de Junio de 2014).


El discurso medico no hace posible la transexualidad [...] no da una libertad ni siquiera a nivel legal, el sentirme obligado a pasar un proceso legal-judicial no me hace sentirme libre [...] no quiero hormonas para toda la vida, porque me siento condicionado a una sustancia externa a mi cuerpo y eso no me gusta y eso no me hace un hombre libre, y no viene condicionado por mí, sino por el sistema médico, científico, endocrinólogo, etcétera.

(Daniel Zuñiga, D.F., 13 de Junio de 2014).


La decisión política sobre la anormalidad-patológica de la transexualidad ha sido avalada-producida por los discurso de la medicina y la biología, si bien el orden social está conformado bajo una lógica binaria de complementariedad, creada por instituciones como la iglesia o la familia, la ciencia ha sido parte de las determinaciones que configuran la identidad sexo-genérica. Por un lado, sus planteamientos son fundamentales para definir a los cuerpos biológicos como cuerpos sexuados (femenino-masculino), y por otro han presentado la transformación corporal como una solución a la alteración.

El primer punto ha producido un imaginario social sobre la "naturalidad" de los cuerpos, se plantea que cada sexo tiene funciones que cumplir, sin embargo esas funciones no quedan a nivel orgánico, es decir lo femenino y masculino sólo tienen sentido por lo que significan en las relaciones sociales. Pensar que las categorías sexuales son neutras, nos hace olvidar que detrás de dicha clasificación hay [email protected] sociales, cientí[email protected], que nos dicen cómo llamarlos, para qué funcionan y cómo deberían ser; en general hay valores sociales que los determinan. El segundo punto es la confirmación del orden sexual. La cura corregirá los cuerpos que no coinciden con los ya definidos por un sistema de género.


Así, aparecen ciertos protocolos y cuadros que categorizan y jerarquizan lo "enfermo". Lo anormal se vuelve blanco del control, de la disciplina y la regulación. Los médicos y psicólogos trazan el camino que se tiene que seguir para poder llegar a ser lo que se considera sano: femenino-masculino. La intervención del experto se hace necesaria, pues es quien prescribe el uso de hormonas y otorga el permiso para la trasformación corporal. La libertad para construir otras identidades sexuales puede quedar bajo las presiones médicas, institucionales y sociales, que a su vez están sustentadas por prejuicios, intereses económicos y fines políticos.


Aunado a ello, cuando la medicina habla de la identidad transexual la describe como una condición verdadera. Los protocolos que se llevan a cabo tienen el objetivo de confirmar que esa persona es "verdaderamente" transexual ¿Cómo lo confirman? ¿Quién o qué lo determina? ¿Por qué alguien o algo tienen que confirmar lo que eres? ¿Qué es lo verdaderamente transexual? Lo que puede leerse en los protocolos es que debe haber un comportamiento específico que se caracteriza por sentirse en el cuerpo equivocado. Para detectarlo, pasan por una serie de pruebas que muestren con "precisión" el estado de la persona. La base de esas pruebas son los modelos que ha establecido el sistema de género como femenino-masculino/mujer-hombre. En una de las primeras etapas, conocida como "prueba de realidad" hay un intento de adaptación, donde la ropa, los roles y las actitudes buscan alcanzar una imagen social; posteriormente los cuerpos hormonados y operados confirman el estereotipo, pues la transformación crea cuerpos-objetos-máquinas que demanda las sociedades misóginas y patriarcales. Ante esto, Gloria Hazel se pregunta, ¿qué es lo verdaderamente transexual?


[...] ¿La verdad a que se refiere, al resultado de cruce autosomas y heterocromosomas para generar XX y XY? La XX y XY solo vendrían a formar cuerpos sexuados no genero, y gran parte de la experiencia transgénero se basa también en inserción de modelos socioculturales que no pueden ser medibles [...] no estamos hablando, al menos en la cuestión de la transexualidad, de tablas que nos puedan medir con cifras exactamente o con valores cuantitativos cual es el sexo de la persona, si quisiéramos acercarnos quizá deberíamos de hacerlo con una perspectiva cualitativa, ver las costumbres y los comportamientos, pero esos ¿cómo los mides? ¿Cómo mides que tan mujer es una mujer y que tan hombre es un hombre? [...] mientras esté esa jerarquía normalízate, el médico se convierte en el normalizador de la sociedad [...] yo creo que no puede hablardr de un varadero transexual, como tampoco puede hablarse de un varadera mujer u hombre [...] hay escalas y hay matices, y también hay voluntades que deben ser respetadas (Gloria Hazel, D.F., 1 de junio de 2014).


Así mismo, Lola menciona que los protocolos tienen un problema que no beneficia a las personas transexuales:

 

El problema de esos protocolos, es que fueron creados por psicólogos, psiquiatras y sexólogos, que vienen con la misma idea que en 1950 [...] Ellos ven una cuestión binaria, aseguran que todas las personas deben de hacer lo mismo. Desde la postura de la población, eso es completamente falso [...] Yo no necesito hormonizarme, a lo mejor lo ideal sería hacerlo, pero por cuestiones de salud no puedo y he aceptado el no poder hormonizarme, pero si lo hago también seria reforzar los estereotipos y los roles de género... porque por ejemplo hay compañeras que si no están completamente hormonizadas no son consideradas mujeres...la construcción que hacemos de nuestras personas es muy hetero normada, hay fallas grandes que estamos cometiendo [...] (Lola Dajà-vú Delgadillo Vagas. Ciudad de México, 12 de Junio de 2014).


Los valores sociales se reafirman, obligando al transexual a adherirse a los modelos que tenemos como mujer y hombre, o acepte su condición de exclusión, de no [email protected], de no persona, de no [email protected] Esto alimenta los prejuicios, pone en duda el valor de esas vidas y justifica la transfobia; así cuando aparece una noticia amarillistas sobre la muerte de una persona transexual, no pasa nada, pues [email protected] aceptan que esa persona está en el límite, en la frontera de la moral, donde no hay derechos.

 El castigo a la diferencia condiciona y disciplina los cuerpos, es decir ser un prototipo de mujer u hombre se vuelve una obligación, marcada por las instituciones, los marcos legarles, los discursos del Estado, las estructuraras patriarcales, el sistema de género. Salirse de la norma pone en juego el nombre, la identidad, los derechos, la vida.

El cruce de discursos puede ocultar los motivos sobre los que descansa el problema de la transexualidad, pero al hacer un rastreo sobre todo el contexto que permea su definición, podemos notar que existen distintos factores que lo determinan. El papel de la medicina y la biología dentro de la discusión es importante, ya que en sus planteamientos está en juego la vida, es decir no sólo están determinando el protocolo "adecuado" para la reasignación sexo genérica, sino que define quién es o quién puede ser considerado un ser humano, pues una vez que se habla de enfermedad se configuran un imaginario colectivo donde las personas transexuales se asumen como la diferencia que tiene que ser corregida.

Sin embargo, cabe aclarar que no es sencillo hacerlo pues existe una legitimidad de ambas disciplinas que habría que desmontar, mostrando cuál ha sido su historia, su rol, cómo se han creado y qué están determinando. La confianza depositada en los médicos y biólogos se ha creado por la imagen que tenemos de la ciencia, pues al considerarla "objetiva" creemos que no puede equivocarse, y sobre todo que está libre de cualquier prejuicio social o contexto político-ideológico. Pero, ¿la ciencia es neutra, objetiva y certera? La ilustración nos ha hecho creer que sí, y para ello nos hablan de una verdad universal. Esta idea logró imponerse, creando una legitimidad social que evita cualquier cuestionamiento a los planteamientos científicos, como el de la patología sexual o la dualidad de los sexos.

Cuando la biología habla de los cuerpos sexuados "normales-anormal/sano-enfermo" como algo natural, las sociedades lo aceptan pues no sólo están confirmando lo que ya se cree, sino también porque se tiene una confianza ciega a la objetividad y certeza de la ciencia; pero cabe mencionar que dicha ciencia es social, está creada por personas con prejuicios. Feyerabend, Kuhn y Eulalia Pérez ya lo han enunciando, diciendo que hay valores que condicionan a [email protected] [email protected], que hay contextos que determinan las investigaciones, y que dichos [email protected] tienen una corporalidad que influye en sus estudios.

Deconstruir el velo que cubre la legitimidad de la ciencia y cuestionar la forma en que han construido la identidad transexual nos da la posibilidad de confrontarnos, y ser conscientes de que la diferencia es parte de la vida, por lo que aceptarla o no es una decisión política que excluye, que limita las relaciones humanas, que define la vida y hace de la transexualidad un problema colectivo, donde definir a [email protected] [email protected] es definirnos.


Ante esto, es necesario reconocer los contextos que moldean las identidades sexo-genéricas, para después hablar de voluntades; es decir, tenemos que darnos cuenta que el valor de ser mujer u hombre no sólo se encuentra en la experiencia que vivimos con nuestros cuerpos, sino también en un reconocimiento social misógino que exige corporalidades particulares y, a su vez, demanda comportamientos que otorgan un lugar en las relaciones de poder. Crear estas reflexiones es complicado, sobre todo cuando estamos en una sociedad mestiza mexicana moralista, sexista, misógina y racista, con problemas económicos, políticos y sociales.

 

Textos consultados
Ávalo, T. (coord.) et al. , (2011), Exclusiones: reflexiones críticas sobre subalternidad, hegemonía y biopolítica. Barecelona: Anthropos; México: UAM, Unidad Cuajimalpa.
Barrios, D. y M. García (2008), La transexualidad: la paradoja del cambio, Madrid, Editorial Alfil.
Becerra, F. (2003) (comp.) Transexualidad. La búsqueda de la identidad, Madrid, Diaz de Santos.
Deleuze, G. y F. Rodríguez (comp.) (2007) Ensayos sobre biopolítica: excesos de vida. Buenos Aires, Paidós.
Feyerabend, P. (1986) El tratado contra el método. Esquema de una teoría anarquista del conocimiento, 5º edición, Mdrid, Tecnos.
Foucault, M. (1970) El orden del discurso, Tusquets Editores.
__________ (1977) Historia de la sexualidad, 1 la voluntad del saber, 13º edición, Siglo XXI.
__________ (2005) Vigilar y castigar: nacimiento de la prisión, 34ª ed., Siglo XXI
Goore, L. (2003) "El transexualismo, una forma de intersexo" en Becerra, F. (comp.) Transexualidad. La búsqueda de la identidad, Madrid, Díaz de Santos.
Negri, A. (2008) La fábrica de porcelana: una nueva gramática de la política. Barcelona, Paidós.
Kuhun, T. (1962) Las estructuras de las revoluciones científicas, 3º edición, México, Fondo de Cultura Económica.
Letra S (La Jornada, Distrito Federal) http://www.jornada.unam.mx/2009/01/08/l_s150/ls-central.html (Fecha de consulta el 2 de Marzo del 2014).
Pérez Sedeño, E. (2008) La perdida de la inocencia, En las fronteras de la ciencia, Anthopos, Barcelona.
Publicado enCultura
Domingo, 14 Septiembre 2014 06:40

Escocia: hay vida después de la independencia

Escocia: hay vida después de la independencia

Setenta por ciento de los ciudadanos británicos votaron por el sí a la independencia antes de salir del Reino Unido, obtuvieron un negocio propio, y funcionarios locales transfirieron su lealtad al nuevo Estado. Pero uno puede todavía tomar un tren expreso y cruzar la frontera del Reino Unido hacia la capital de la nación independiente sin necesidad de pasaporte.


Muchos años después –incluso hoy–, los acrónimos de la reina Victoria, Eduardo VII y Jorge V están adheridos a los buzones postales. La palabra real adorna aún uno de los mejores hoteles, y el lema Honi soit qui mal y pensé (de la Orden de la Jarretera) permanece en lo alto de muchos edificios y espacios públicos.


Así pues, no suden por la votación de independencia de Escocia. Todo ha ocurrido antes: en 1919 y en los tres años siguientes. Cierto, ahora los buzones son verdes. Sus ciudadanos llevan un pasaporte de la Unión Europea con un arpa dorada en el frente y usan el euro, pero las ciudades y pueblos de Irlanda se parecen un poco a Gran Bretaña en la década de 1930. Librada del programa de renovación urbana de la Luftwaffe por su neutralidad en la Segunda Guerra Mundial, la república de Irlanda –que sólo se zafó de la Comunidad Británica en 1949– posee miles de casas georgianas inglesas, con todo y faroles del siglo XVIII y calles nombradas en honor de Palmerston, Wellington, Victoria y uno que otro bribón como Wolfe Tone, Padraig Pearse y James Connolly.


En otras palabras, hay vida después de la independencia. El día que los británicos se fueron, en 1922, se arrió la bandera de la Unión y se izó el lábaro tricolor irlandés sobre el castillo de Dublín –asiento de los monarcas británicos durante cientos de años–, un gobernador general del Reino Unido (que por supuesto era irlandés) asumió el cargo, y todo el que tuviera la fortuna de contar con electricidad pudo encender el apagador del comedor y las luces se encendieron como siempre.

Durante más de 100 años Dublín había sido la segunda ciudad del Reino Unido, la joya de la corona de la nación que dominaba un imperio, y muchos visitantes ingleses se sorprendían al descubrir que los irlandeses hablaban inglés. De hecho, igual que los escoceses, a menudo lo hablan mejor que los ingleses.


Después de la independencia hubo muchos apuros económicos. Las pensiones de los ancianos se redujeron. Pero el punt irlandés estaba pareado a la libra, y se mantuvo así hasta que en 1979 un atrevido Taoiseach –literalmente, jefe tribal, título de primer ministro adoptado, recordemos, en la era del fascismo– rompió la paridad y la libra se elevó unos cuantos peniques por encima de él.


Aunque los cuatro grandes regimientos irlandeses que combatieron con tanta lealtad en uniforme británico en la Gran Guerra fueron desbandados, sus colores fueron devueltos al rey en caso de que Irlanda regresara a la madre patria. ¡Qué esperanzas! Los tres grandes puertos del Tratado de la Marina Real en la recién independizada Irlanda permanecieron en manos británicas otros 16 años, pero los entregamos a los irlandeses en 1938, con lo cual los perdimos cuando más los necesitábamos: en la batalla del Atlántico.


Desde luego, existen ciertas tenues diferencias entre aquella Irlanda y la Escocia actual. Los irlandeses habían combatido por su independencia en 1916 y fueron poderosa y brutalmente aplastados por el ejército británico. Luego volvieron a combatir con bravura a los británicos. La historia de 800 años de ocupación inglesa en Irlanda pone en la sombra la miseria de Escocia. No mencionaremos el conflicto de Irlanda del Norte.


Pero en Irlanda hubo un lugar aparte para ese 30 por ciento de los que votaron por el no, o que lo hubieran hecho de no haber sido instruidos a combatir tanto a los católicos como al ejército británico. Los protestantes pudieron conservar seis de los nueve condados del norte y la provincia nororiental del Ulster; Belfast se volvió su capital y corazón industrial, y proclamaron su ciudadanía británica aún con más entusiasmo que los ingleses.

En otras palabras, los nacionalistas católicos obtuvieron Dublín, los protestantes Belfast. En términos escoceses, fue como si los votantes por el sí recibieran Edimburgo como capital y los del no obtuvieran Glasgow como precio de consolación, con unas cuantas llanuras aún en territorio británico para mantenerlos felices. Astilleros, valor y desolación significan que Glasgow y Belfast tienen mucho en común. Pero allí se detienen los paralelismos.

La lucha entre protestantes y católicos que dividió a Irlanda (aunque no tanto como los británicos creen) tiene poca o ninguna influencia en el debate sobre la independencia de Escocia, salvo quizá por la memoria histórica de que los plantadores protestantes escoceses desplazaron a los católicos en la Irlanda del siglo XVII. Los irlandeses que votaron por el sí –ese 70 por ciento que eligió al Sinn Fein al parlamento en 1919 y constituyó el inicialmente ilegal Dail Eireann (parlamento irlandés– se escindieron en una guerra civil antes incluso de que los británicos dejaran el país.


Pero una advertencia a los escoceses: los nacionalistas irlandeses combatieron entre sí no tanto por la frontera, que los privó de seis de los 32 condados de Irlanda, sino por el juramento de lealtad al monarca británico. Los irlandeses que firmaron el tratado original (Michael Collins, Arthur Griffith y demás) insistieron en que conduciría a la independencia soberana, en tanto los republicanos que lo consideraron una traición pensaban que dejaba el país en manos británicas. De Valera encabezó esta oposición –que perdió la guerra civil–, boicoteó los primeros años del parlamento y luego entró a él como primer ministro tras una elección democrática, pero sin firmar el juramento. Por tanto, los irlandeses afirmaron que eran independientes cuando no lo eran, en tanto los británicos podían insistir en que los irlandeses seguían siendo británicos de corazón.


Otra señal de peligro para los escoceses. En 1932, De Valera decidió que Irlanda ya no pagaría al gobierno británico deudas por préstamos otorgados a aparceros agrícolas cuando el país era parte del Reino Unido. Los británicos impusieron restricciones comerciales que arruinaron a granjeros y empresarios en Irlanda.

De Valera sobrevivió. Al igual que Collins, había combatido en el levantamiento de 1916, recibió una sentencia de muerte –que luego se le conmutó–, arriesgó la vida en el bando perdedor de la guerra civil, declinó combatir con los aliados en la Segunda Guerra Mundial y sin embargo presenció el ingreso triunfal, aunque tardío, de su país en la ONU. De Valera, como escribió el gran historiador y novelista irlandés Constantine Fitzgibbon, es uno de los grandes sobrevivientes del siglo XX. Y Alex Salmond no es De Valera.


Pero si en Escocia triunfa el sí, la vida seguirá. Siete veces al día hay un tren de primera clase de la estación central de Belfast a la estación Connelly de Dublín, así que el escocés volador irá a toda prisa desde la estación Waverley de Escocia a King's Cross en Londres sin que lo detengan en la frontera. En estos días, en el frente de los pasaportes dice Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte. Nótese la y, porque nadie ha decidido si Irlanda del Norte está en verdad en el Reino Unido; es un país protegido por el Reino Unido o una provincia. Pero es británica. Eso creemos.

Así pues, si los votantes por el sí ganan, mi apuesta es que insistirán en que son independientes sabiendo que no lo son. Y los británicos sostendrán que los escoceses siguen siendo británicos de corazón. Y continuarán haciendo lo de siempre: publicarán la obra de poetas irlandeses y escoceses en antologías de poesía inglesa.

Traducción: Jorge Anaya

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Viernes, 12 Septiembre 2014 06:18

La V de votar marcó a Barcelona

La V de votar marcó a Barcelona

Una V corta gigante y humana atravesó Barcelona al grito de ¡independencia! Una V corta que le quiere decir al mundo "volem votar" ("queremos votar", en catalán). Ese es el mensaje que 1,8 millón de personas –según datos de la policía– y las 500 mil –de acuerdo a la Delegación de Gobierno– dibujaron, ayer por la tarde, en una macrofigura roja y amarilla, como la bandera catalana, por las dos principales avenidas de la ciudad. "Hoy es la ve de voluntad y de votar; el 9 de noviembre será la de la victoria", manifestaba Carme Forcadell, presidenta de una de las entidades organizadoras de la movilización, la Assemblea Nacional Catalana (ANC).


Por tercer año consecutivo, el 11 de septiembre sacude a Cataluña. La fecha en la que se recuerda la ocupación de Barcelona por las tropas castellanas en la Guerra de Sucesión de 1714 siempre fue un momento de reivindicaciones nacionalistas, pero nunca tanto como desde que en 2012 cientos de miles de personas salieran a la calle para reclamar un Estado propio. A esa manifestación masiva le siguió en 2013 otra aún mayor, en la que la región fue atravesada de norte a sur por una enorme cadena humana. Ahora, teniendo encima una cuenta regresiva de 60 días para que teóricamente se celebre el referéndum, la apuesta soberanista se duplicó y desplegó todos sus recursos en una movilización que quiso mostrarse como definitiva.


"Trescientos años después del 1714, hemos dejado de celebrar derrotas militares para ser un país que construye una victoria pacífica", proclamó Muriel Casals, presidenta de otra de las asociaciones organizadoras, Omnium Cultural, a la vez que le dirigió una clara advertencia a la clase política: "La voz del pueblo está por encima de lo que opine un tribunal partidista de Madrid". Casals se refiere al más que probable veto por parte del tribunal Constitucional a la convocatoria a las urnas que el gobierno catalán prevé para el 9 de noviembre.

Ante la posible suspensión de la consulta soberanista, la gente salió a la calle para reivindicar que votará de todos modos. A lo largo de 11 kilómetros, y ocupando una superficie de unos 200.000 metros cuadrados, personas de todas las edades, clases sociales, e incluso procedencias, literalmente se puede decir que se pusieron la camiseta. Vistiendo unos de rojo y otros de amarillo para formar así la senyera –bandera nacionalista catalana– entonaron todos los cantitos propios de la causa independentista poniendo énfasis, eso sí, en el lema de la Diada de este año: "volem votar".

"Cualquier pueblo tiene que poder decidir sobre su destino", explicaba Eric con su hijo a caballito en uno de los enclaves principales de la gigante V corta. "Tanto si se vota por sí como por no, queremos expresar nuestra opinión y, personalmente, yo votaré por sí a la independencia, porque ya son muchos años con España y las cosas no funcionan bien, Cataluña ha aportado mucho más que otras regiones y ese dinero nunca vuelve", añadía Gemma, su mujer.

Otro elemento que llamaba la atención en la peculiar manifestación de ayer en Barcelona fue la presencia de mucha gente de otros pueblos y nacionalidades que apoyan la causa catalana por sentirse identificados con el reclamo de soberanía. Es el caso, por ejemplo, de los vascos o los gallegos, dentro de España, y fuera, por supuesto, de los escoceses, que, a escasos días de celebrarse su referéndum por la independencia, viven muy de cerca el proceso en Cataluña. "Mi DNI dice que soy español, pero yo no me siento español. Yo ya tengo mi propio país y mi propio idioma y no se me respeta si desde un gobierno central se impone una uniformidad que es falsa", afirma Gotzon, ciudadano euskaldún que reside en Barcelona.


Si bien el momento álgido de la Diada fue, precisamente, el de las 17.14 (hora que representa simbólicamente el año en que Cataluña fue vencida por los Borbones y anexada al Reino de Castilla), ya desde la mañana se sucedieron los actos institucionales y folclóricos por el centro antiguo de la ciudad. Tras el concierto de trescientos violines en el emblemático Mercado del Borne (número también simbólico, porque hace referencia a la cantidad de años que lleva Cataluña "sometida" a España), el presidente de la comunidad, Artur Mas, comentó ante los medios que ve al ejecutivo central "sin iniciativa política en el tema catalán", precisamente en el que a su juicio es "el gran tema de Estado ahora mismo". Para Mas, el gobierno de Mariano Rajoy mantiene un "enrocamiento muy grande" y se quejó de que "estamos ante la inmovilidad y el no a todo". También aprovechó para hablar en favor de la necesidad de permitir la consulta y de que los catalanes se puedan expresar en las urnas, porque a su juicio "es un error intentar resolver un problema político a través de la arquitectura legal", ya que "los problemas políticos se resuelven haciendo política, no amenazando con las leyes".
El presidente eludió responder a las voces de la oposición que le exigen elecciones anticipadas en caso de que la consulta no se pueda llevar a cabo, y reiteró que no hablará de otro marco que no sea el 9-N. "Los esfuerzos están en el 9-N y el objetivo es éste", confirmó, de manera que "se está haciendo todo para poder votar, cumpliendo los objetivos y las resoluciones del Parlamento, y de aquí no nos moveremos". De hecho, Mas aseguró ante los medios internacionales que "todo está a punto" para celebrar la consulta y volvió a insistir en que "firmaremos un decreto de convocatoria y se aprobará la ley de consultas".


Mientras buena parte de Cataluña explotaba de sentimiento patrio y gritaba a los cuatro vientos su deseo de separación de España, Rajoy visitaba las instalaciones de la Organización Nacional de Trasplantes y, sin hacer referencia explícita a la Diada, declaraba que "entre todos" se consigue un país más justo y de más oportunidades. Según el jefe del Ejecutivo La Solidaridad "es la mejor manifestación de nuestra generosidad como españoles, y esta generosidad hace que los órganos de los españoles lleguen a otras sin importar de donde venga". "La unidad es un activo –reivindicó Rajoy–, de manera que ninguna autonomía podría conseguir sola un activo mayor que remando unida (...) esta realidad es lo que hace posible que un andaluz viva con un corazón catalán".

Romanticismos aparte, el pulso entre el gobierno central y el de Cataluña en torno de la posible reestructuración del Estado entra en una etapa decisiva, marcada por el referéndum escocés del miércoles próximo y 60 días de leyes y contraleyes para lograr finalmente convocar o prohibir la consulta independentista propuesta para el 9 de noviembre. Lo que ayer quedó claro es que, más allá de los tejes y manejes del poder, millones de catalanes "volem (quieren) votar".

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