Lunes, 30 Junio 2014 06:34

Orgullo

Orgullo

"Hace 45 años nació el movimiento de defensa de los derechos gays. El acta de nacimiento se firmó con sangre y golpes de policías contra homosexuales en una cantina de Greenwich Village llamada Stonewall Inn, la cual sigue ahí.


Este domingo millones marcharon bajo la bandera arcoíris en celebraciones de orgullo gay, y se festejaron los logros de una lucha que continúa todos los días en todas partes. El Desfile de Orgullo Gay en Nueva York ahora es uno de los actos públicos más masivos, donde casi todo político y figura pública está obligado a participar y no sólo porque es políticamente vital hacerlo, sino porque esta lucha ha transformado a esta ciudad y a este país. Hasta el Empire State Buidling –el icónico rascacielos neoyorquino– bañó su pico con colores arcoíris. En San Francisco, cerca de dos millones participaron en los actos del fin de semana y este año designaron a Chelsea Manning (antes Bradley), el ex soldado que filtró millones de documentos oficiales diplomáticos y militares a Wikileaks, como el gran personaje del evento.

Los logros recientes del movimiento Lésbico, Gay, Bisexual y Transgénero (LGBT) en Estados Unidos han sido sorprendentes hasta para la comunidad gay. El caso del matrimonio homosexual es el más notable, donde se registra un cambio dramático en la opinión pública en los últimos años y ahora, por primera vez en la historia, una mayoría de los estadunidenses apoyan el matrimonio gay, según el Centro de Investigación Pew.

Hace 10 años, Massachusetts se convirtió en el primer estado en emitir licencias de matrimonio a parejas del mismo sexo (en 2000, Vermont fue el primer estado en promulgar leyes que reconocieron las uniones civiles entre parejas gays). Hoy día 19 estados y el distrito de Columbia emiten actas de matrimonio gay, y apenas la semana pasada un tribunal federal de apelaciones anuló la ley de prohibición del matrimonio gay de Utah, con lo cual se afirma a nivel nacional que los gobiernos estatales deben permitir matrimonios de ese tipo. Hace un año, la Suprema Corte de Estados Unidos anuló la Ley de Defensa del Matrimonio, normativa federal que impuso una definición del matrimonio como un contrato sólo entre un hombre y una mujer.


La lucha de ayer es el legado de hoy, fue la consigna oficial de los festejos del orgullo gay en Nueva York.


Esa lucha se ha librado en las calles, en los pasillos del poder, en solidaridad con otros movimientos de derechos civiles, algunos de los cuales han tenido que superar su homofobia. Pero también en todos los rubros de la vida social. En el de salud, con la tragedia del sida que estalló a principios de los 80 que, mientras cobraba su efectos terribles entre las víctimas, fue utilizado por derechistas y otros para atacar a la comunidad gay; como en el de educación, cultura, religión y hasta el derecho de participar abiertamente en puestos públicos, incluso en el Congreso (donde Barney Frank fue el primer legislador en declararse gay).


Uno de los primeros triunfos del movimiento fue en 1973, cuando se logró que la Asociación Estadunidense de Siquiatría eliminara la homosexualidad como padecimiento sicológico (estaba en la misma categoría que la pederastia). En 1979, en el décimo aniversario de Stonewall y poco después del asesinato de Harvey Milk, el líder y político gay local en San Francisco, se realizó la primera gran manifestación nacional: la Marcha Nacional sobre Washington por los Derechos Lésbico y Gay.


Con cada año, el movimiento gay ha continuado batallando por sus derechos civiles ante una cada vez más feroz y hasta histérica reacción de la derecha y particularmente de su sector cristiano fundamentalista. Pero aun entre las filas conservadoras hay cada vez más fisuras (no se ayudan cuando algunos políticos o pastores que se la pasan condenando la homosexualidad de repente se encuentran en escándalos por sus relaciones homosexuales).

Una de las divisiones públicas de alto perfil en tiempos recientes fue el caso de las hijas de ese ídolo conservador, el ex vicepresidente Dick Cheney. Mary Cheney hace tiempo se declaró gay, mientras su hermana Liz, que buscaba ser senadora por su estado de Wyoming, subrayó a finales del año pasado su oposición al matrimonio gay al afirmar que sólo cree en la definición tradicional. Mary respondió que su hermana estaba del lado equivocado de la historia.


Según los sondeos de opinión pública, Mary tiene razón. Hoy día, no sólo 51 por ciento de los estadunidenses apoyan el matrimonio gay, un incremento de 15 puntos desde 2001 (aunque sólo 21 por ciento de los republicanos tienen esta posición, pero aun eso representa un incremento de ocho puntos), sino que 72 por ciento de los estadunidenses (tanto en los que lo apoyan como opositores) consideran que el reconocimiento legal del matrimonio gay es inevitable, según los sondeos del Centro Pew. Más aún, según el mismo sondeo, casi la mitad (49 por ciento) de los estadunidenses dicen que tienen un familiar o un amigo cercano que es homosexual o lesbiana. Un 87 por ciento dicen que conocen a alguien gay (hace 20 años sólo 61 por ciento decían que tenían un conocido de ese tipo).


Una de las interrogantes ahora, con los grandes avances de este movimiento aquí, donde incluso la defensa de los derechos gay ya es parte de la política exterior oficial de este país, y donde se ha ganado el derecho de los homosexuales a participar abiertamente en las filas militares, es si más allá de defender sus derechos logra sumarse –como movimiento– a la lucha por la defensa de los derechos y la dignidad de todos, la que se está librando por trabajadores, los inmigrantes, otras minorías, como otras luchas progresistas.


La confrontación en el Stonewall Inn entre policías y los clientes gays –ya hartos de las redadas comunes–, la madrugada del 28 de junio de 1969, detonó una ola de protestas en Nueva York y otras ciudades, en lo que fue el inicio de un ya basta que llevó a la consolidación de un movimiento gay cuya lucha por sus derechos civiles continúa transformando a este país.

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Fanático Escarlata, gráfica popular y amor por la mechita

Advertencia

Lo primero que hizo el ser humano cuando quiso expresar su sentimiento de pertenencia a la tribu fue erigir un lugar de culto. Lo construyó en el centro de la aldea. Un lugar mágico. Un universo interior. Ese lugar hoy es el estadio de fútbol. Un recinto cerrado, sagrado, visible desde lejos, rodeado de postes totémicos y con un campo que parece dedicado a un primitivo dios agrario y guerrero, en torno del cual ruge una multitud en éxtasis. El estadio es el lugar de encuentro favorito de nuestra civilización y los hinchas, actores de la más grande representación teatral de nuestro tiempo. El estadio ofrece un espacio para la manifestación pública y para el placer individual. El estadio es el único sitio que reúne a todas las clases sociales: la casta política, los empresarios y los trabajadores. Y también los parias: el desempleado, el joven sin futuro, el barra brava, el fanático, aquel personaje que el escritor uruguayo, Eduardo Galeano describe como una persona que "En estado de epilepsia mira el partido, pero no lo ve. Lo suyo es la tribuna. Ahí está su campo de batalla".


Sinopsis

El proyecto editorial Fanático Escarlata, es una propuesta estética de gráfica popular y literatura fantástica futbolera, editado por el Colectivo Diaboló, que de forma autogéstiva y autónoma visibiliza en 6 publicaciones impresas (formato fanzine-magazìn-revista-libro arte popular barrista) como la hinchada escarlata manifiesta desde su cotidianidad festiva y ritualizada, una avalancha de contenidos y capitales simbólicos, que evidencian los imaginarios de una cultura urbana, inmersa y entregada a un caótico ritual de masas, como el futbol, en momentos previos que América Latina se dispone a abrazar el retorno de la Copa del Mundo, y Brasil 2014 convierte al planeta en una pantalla global para una cita impostergable con los gladiadores de la posmodernidad, héroes numerados que ingresan a la cancha, pues como afirma el escritor mexicano Juan Villoro: "Lo que está en juego ya no es un deporte. Alineados en el círculo central, los elegidos saludan a su gente. Sólo entonces se comprende la fascinación atávica del fútbol. Son los nuestros. Son los once de la tribu".


Plano general


El fútbol es, sin duda alguna, el deporte más popular del mundo. Esta popularidad obedece al hecho de escenificar la experiencia y los valores que gobiernan la vida de los individuos y de los grupos de las sociedades modernas, es decir, de las sociedades imbuidas de los valores de igualdad, justicia y libertad y caracterizadas por la tensión entre el individualismo y la nostalgia de colectivos tribales.


Esta realidad es uno de los principales motivos de inspiración para que el colectivo Diaboló siga dialogando con la ciudad de Cali, con un trabajo investigativo de 3 años, materializado en su último trabajo: Fanático Escarlata, edición fetiche, donde invitamos a pensar tanto la ciudad material, la urbe, como también aquellas otras ciudades que cotidianamente construyen sus habitantes, entre ellos los jóvenes de las culturas urbanas ligadas al apasionamiento futbolero. Ciudades imaginadas, sentidas, recreadas en la combinación de diversas sensibilidades y expresiones estéticas, que guardan una estrecha cercanía con el arte, relatos, narraciones y hábitos que interrogan continuamente por sus identidades y cosmovisiones urbanas.


Voz en off/ fuera de campo


Somos parcerxs que nos conocimos en la calicalentura, con birra en mano, y con el olor de la greda escondido en los vientos del litoral pacífico, mientras pillábamos a la mechita trazar utopías en el lienzo sanfernandino, en la hinchada de los cantos: Barón Rojo Sur.


Nos conocimos cuando no existía Facebook, tampoco twitter, y el Blanco y Negro te podía llevar en $500 a Pance; la Gruta no había muerto, y la mechita estaba en primera. Perdidos en sus arterias psikotropicas, y esquinas punketas que electrocutan los sentidos, desde la rebel music de bandas como Attaque 77, Dos minutos, Mano negra y el poder comunicativo del fanzine.


Memoria. Empezamos a pensar hace más de una década una publicación escrita desde las vísceras, con sonidos, gráfica y acciones callejeras, enarbolando la bandera de la autogestión y el emprendimiento callejero, tácticas siempre vigentes por quienes resisten localmente con los medios a su alcance y se unen a otrxs en otro lugar del mundo que de igual manera resisten, autogestionan y actúan para crear vías alternas al pensamiento único gobernante y a su ejército de orcos asesinos, del neoliberalismo depredador y sus políticas autoritarias que secuestran a la Pacha Mama.


Zoom in/Primer plano


El proyecto editorial Fanàtico Escarlata, es una iniciativa de comunicación alternativa con el lenguaje experimental de un fanzine, conspirado entre profesionales del diseño gráfico y la comunicación social, que ha recorrido distintos espacios de exhibición y circulación, como Ferias del libro en Cali, Bogotá, y espacios independientes en Barcelona, México y Buenos Aires, convirtiéndose en un referente de proyectos editoriales impresos sobre hinchas del fútbol, que cuenta una historia del deporte, ligado a la cotidianidad, a la realidad social y cultural de Cali, desde las nuevas tribalidades y formas de juntarse en la ciudad.


La publicación de la edición No. 6 del Fanático Escarlata, cuyo dossier editorial y grafico es la temática del fetiche en la cultura futbolera escarlata, socializa una propuesta comunicativa plural y múltiple, propia de la hinchada americana, una propuesta gráfica que difunde los códigos estéticos de una cultura popular, urbana, permitiendo la expresión escrita e iconográfica de los hinchas americanos mediante textos e imágenes relacionadas siempre con la pasión desatada por el equipo América de Cali, expresadas de distintas forma, lo que permite la construcción de un relato colectivo en clave de memoria popular.


Para producir y editar esta publicación de colección, el colectivo realizó convocatoria por su blog (www.fanaticoescarlata.blogspot.com) desde el año 2010, en el marco de la Feria del Libro del Pacifico, cuando hicimos el lanzamiento de la edición retro No. 5. También hicimos talleres personalizados con personas interesadas en escribir e ilustrar, pintar murales y una vasta etnografía por las calles de Cali, que nos permitió plasmar un trabajo editorial de 160 páginas que visibiliza lo que hay de arte popular en el fútbol, describiendo la fuerte relación identitaria que se construye con el equipo, para promover procesos pedagógicos de lectura y escritura en las bibliotecas públicas y comunitarias del Valle del Cauca, donde el público ligado a las barras populares de fútbol se encontrará con un repertorio de textos, fotografías, documentos y objetos que documentan los símbolos y signos producidos popularmente, que constituyen ese imaginario que encarna los sentimientos del aficionado, hincha y fanático escarlata.

Corte final

Estos objetos e imágenes de culto, componen una iconografía con la que los individuos se identifican y distinguen socialmente alrededor del América, objetos e imágenes convertidos en patrimonio cultural de la ciudad, la región y el país; historia escrita con el alma y con la piel de sus protagonistas, que desde un lenguaje gráfico y una narrativa literaria puede incentivar procesos colectivos de recuperación de la memoria popular y la consolidación de redes de economía creativa entre los distintos procesos tejidos alrededor de esta manifestación cultural del planeta fútbol. 

 

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Domingo, 20 Abril 2014 10:24

García Márquez: El hallazgo de nación

García Márquez: El hallazgo de nación

Posiblemente la muerte de Gabriel García Márquez incentive entre nosotros la búsqueda de lo que José Arcadio Buendía representó con sus lupas y sus imanes comprados a los gitanos: el hallazgo de la nación. En mi caso y en el de otros generacionales, leer "Cien años de soledad" en una edición del Círculo de Lectores, por allá en una mañana soleada de la Cali de los años setenta, significó el hallazgo de la nación del olvido, de los recuerdos disecados, de las búsquedas imposibles. A partir de allí todos nuestros esfuerzos por imaginar algún tipo de carrera literaria tuvieron de referente la imagen de quien en su juventud universalizó las letras colombianas y quien con su éxito fue el modelo de los que sueñan abrazar el destino de escritor en Colombia.

 

El esfuerzo y la cristalización de su carrera se produjo en el año de 1982, en los inicios de una tormentosa década donde la búsqueda de la paz tuvo instantes pico como la desmovilización del M-19, la Toma del Palacio de Justicia, las conversaciones con las FARC en Casa Verde. Fue en el año de 1982 que nuestra generación tuvo un momento pletórico de universalidad cuando se anunció que García Márquez era el primer literato colombiano que recibiría un premio nobel de literatura. En ese instante verificamos que todo el esfuerzo de las elites colombianas de la segunda mitad del siglo XIX, -los regeneracionistas- y las posteriores estrategias de sus continuadores: centralistas, clasistas, racistas y otros istas como la señora María Fernanda Cabal y sus despreciables mensajes enviando al infierno a García Márquez resaltaban polvo deleznable, pues"Cien años de soledad" es el ejemplo de lo que se escapa a la lógica de quienes han aceitado y mantenido al país en la intolerancia y la violencia.

 

Por treinta y siete años luego de serle entregado aquel legendario premio nobel, García Márquez nos regaló sus artículos en El Espectador, sus relatos periodísticos como "Noticias de un secuestro" o una novela neo-romántica como "El amor en tiempos del cólera". Lo hizo mientras el país se continuaba deshaciendo en medio de diálogos y de amnistías rotas. Sus lectores pasamos de adolescentes a convertirnos en padres de familia con la sensación de hacer parte de una nación peligrosa, inviable, de la cual había que escapar como emigrante, cambiar de nacionalidad o hacerse rico en ella para merecer algún derecho humano.

 

Mientras la gloria de García Márquez se fortalecía como un verdadero monumento que enterraba sus raíces en la tierra de Aracataca, la idea de nación colombiana se hizo más difícil de sostener, en medio de la globalización mundial, de las presiones económicas, de la neo liberalización, del estallido de una cultura masiva global productora de ídolos de barro, glorias de un día en la televisión. Por su parte la literatura fue reducida en la era de la técnica a ser un producto refinado y distante, hijo de una modernidad ilustrada, sobreviviente solo en las universidades o entre quienes pudieran dedicarse al oficio de la lectura.

 

Por esoa las generaciones nacidas al borde de los años noventa, es bueno recordarles que en un rincón de la costa Caribe, nació este colombiano que no sembró odio ni venganza, sino por el contrario literatura, gran literatura, y que con eso nos donó desde el lenguaje los mejores cimientos en aquello que no hemos terminado de construir: la idea de nación.

 

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Viernes, 18 Abril 2014 06:20

LA MALA HORA

LA MALA HORA

Los lectores del mundo andan con una tristeza infinita. Gabriel García Márquez, el patriarca de la literatura latinoamericana y maestro de generaciones de periodistas, murió ayer a los 87 años en su casa de México. Quizá cayó una llovizna imaginaria de minúsculas flores amarillas, las mismas que cayeron cuando murió José Arcadio Buendía en Cien años de soledad, su obra maestra y mítica. Una muerte esperada –anunciada de un tiempo a esta parte por la "fragilidad" de su salud– no conjura el dolor de esta pérdida. Un conglomerado de textos pide pista en la memoria. Uno se impone, un artículo que publicó en 1948 en el diario colombiano El Universal. "No sé qué tiene el acordeón de comunicativo que cuando lo oímos se nos arruga el sentimiento. Perdone usted, señor lector, este principio de greguería. No me era posible comenzar en otra forma una nota que podría llevar el manoseado título de 'Vida y pasión de un instrumento musical'. Yo personalmente le haría levantar una estatua a ese fuelle nostálgico, amargamente humano, que tiene tanto de animal triste." La muerte de Gabo arruga el corazón. Queda la chispa de su lenguaje, la creación de un mundo que sobrevivirá, con toda su riqueza y complejidad, a su demiurgo mortal.
La vivacidad del lenguaje


Eran las nueve de la mañana en Aracataca. Llovía el 6 de marzo de 1927 cuando nació el primogénito de Luisa Santiaga Márquez Iguarán y el telegrafista Gabriel Eligio García. La tía Francisca, abriéndose paso por el corredor de begonias, propagaba la buena nueva: "¡Varón! ¡Varón! ¡Ron, que se ahoga!". Gabo, el mayor de siete varones y cuatro mujeres, pasó los primeros años de su infancia con sus abuelos maternos, el coronel Nicolás Márquez Mejía –su ídolo de toda la vida– y Tranquilina Iguarán Cotes, quienes le contaban relatos, fábulas e historias. A la muerte de su abuelo fue enviado a estudiar a Barranquilla y en 1940 viajó a Zipaquirá, donde fue becado para estudiar el bachillerato. Los recuerdos de su familia y de su infancia –el abuelo como prototipo del patriarca familiar, la vivacidad del lenguaje campesino y la natural convivencia con lo mágico– emergerán años más tarde, transfigurados por la ficción, en obras como La hojarasca (1955), su primera novela escrita entre julio de 1950 y agosto de 1951, donde asimila la influencia de William Faulkner. La historia se despliega a través de tres monólogos –abuelo, madre y niño– que recrean las vidas alrededor del cadáver de un médico francés que se ha ahorcado en la madrugada. El pueblo en el que transcurren estas vidas se llama Macondo. No fue su abuela Tranquilina la que le permitió imaginar que podría ser escritor. "Fue Kafka que, en alemán, contaba las cosas de la misma manera que mi abuela. Cuando yo leí a los 17 años La metamorfosis, descubrí que iba a ser escritor.

Al ver que Gregorio Samsa podía despertarse una mañana convertido en un gigantesco escarabajo, me dije: 'Yo no sabía que esto era posible hacerlo. Pero si es así, escribir me interesa'", afirmó el escritor colombiano a su viejo amigo Plinio Apuleyo Mendoza en el libro de conversaciones El olor de la guayaba.


Aunque estudió Derecho, dejó la carrera para dedicarse al periodismo y a la literatura. Un tímido muchacho de 20 años se quedó petrificado frente a unas letras de molde con su nombre y apellido, en el diario colombiano El Espectador, de Bogotá. El 13 de septiembre de 1947 las palabras de su primer cuento, "La tercera resignación", flameaban en su campo visual: "Allí estaba otra vez ese ruido. Aquel ruido frío, cortante, vertical, que ya tanto conocía, pero que ahora se le presentaba agudo y doloroso, como si de un día para otro se hubiera desacostumbrado a él". Allí estaba el principio de su galaxia literaria. Quizá Gabo permaneció callado durante unos segundos, inescrutable, pero seguro de sí mismo y del porvenir. Pero hace casi 60 años, la primera reacción de ese joven fue "la certidumbre arrasadora de que no tenía los cinco centavos para comprar el periódico". En 1948 se trasladó a Cartagena, donde inició su carrera periodística en El Universal en el marco histórico del Bogotazo, la reacción popular por el asesinato del líder liberal y populista Jorge Eliécer Gaitán. Posteriormente continuó en El Heraldo de Barranquilla, donde publicó las columnas de "La jirafa" con el nombre Septimus –su doble periodístico– desde 1950. Como otros escritores fogueados por el periodismo –Ernest Hemingway, por ejemplo–, aprovechaba ese territorio para despuntar la experimentación estilística. El periodismo nunca obturó las cualidades del escritor. Sin duda sería el gran laboratorio que fue potenciando y acompañando el campo de la ficción. Las semillas de lo que se ha llamado "realismo mágico", las concepciones laberínticas del tiempo en sus novelas, se encuentran ya en muchas de sus crónicas. En el prólogo al primer volumen de los Textos costeños –su obra periodística inicial de 1948 a 1952, editada en dos tomos–, Jacques Gilard observa que en los primeros cuentos y notas periodísticas hay un motivo que se repite con alguna insistencia: "Es el muerto sobre el que crece un árbol cuya savia, sacada del cadáver, sube hasta las frutas que servirán de alimento a los vivos". Para Gilard, "que a la muerte haya de sucederle una renovación no es ningún consuelo para quien sabe que tiene una sola vida: sólo importa la conciencia de que el tiempo pasa y, al pasar, mata".


Mientras trabajaba en El Espectador, de Bogotá, escribió Relato de un náufrago (publicado en formato libro en 1970), en el que narró la aventura de un marinero colombiano que sobrevivió varios días en el mar, luego de que su barco naufragara. Las revelaciones del marinero le provocaron problemas con el gobierno del presidente Gustavo Rojas Pinilla, por lo que el periodista fue enviado como corresponsal a París de 1955 a 1957. En el exterior, el escritor se replanteó el enfoque de sus crónicas hacia detalles marginales o secundarios. Muchas veces optó por narrar lo que le sucedía a él, es decir la historia de la historia, como lo hizo en sus crónicas sobre Viena, las noches de Budapest o la Unión Soviética en 1957: "22.400.000 kilómetros cuadrados sin un aviso de Coca-Cola". Después se casaría con su novia de juventud, Mercedes Barcha, en 1958; trabajaría en Prensa Latina, la agencia cubana de noticias creada tras el triunfo de la Revolución Cubana; y en 1961 se establecería en México, donde nacieron sus dos hijos: Rodrigo y Gonzalo. Además de su primera novela, entonces había publicado dos novelas más: El coronel no tiene quien le escriba (1957) y La mala hora (1961).


El periodismo, "el mejor oficio del mundo", perdió a su maestro más notable. Gabo nunca quiso separar ni escindir la experiencia del novelista y el periodista. Detestaba los grabadores, "un invento luciferino" que eclipsa la atención del cronista al creer que ese aparato lo oye todo. "No oye los latidos del corazón, que es lo que más vale en una entrevista", decía el escritor que en 1994 creó la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) con el apoyo de La Jornada en México, El País en España y Página/12 en Argentina, para mejorar la formación y prácticas de los periodistas iberoamericanos. "El reportaje necesita un narrador esclavizado a la realidad. Y ahí entra la ética. En el oficio de reportero se puede decir lo que se quiera con dos condiciones: que se haga de forma creíble y que el periodista sepa en su conciencia que lo que escribe es verdad. Quien cede a la tentación y miente, aunque sea sobre el color de los ojos, pierde."


La fundación de la Utopía


Macondo y los Buendía –ese rosario de historias de la humanidad narradas desde el umbral del sueño y la vigilia– llegaron al universo digital hace poco más de dos años cuando Cien años de soledad se empezó a vender por primera vez en formato electrónico, con la portada original de la primera edición impresa: el emblemático galeón en la selva colombiana. La liberación de los espacios de lo real a través de la imaginación es el hecho central que subrayaba Carlos Fuentes. "¿Quién no ha reencontrado, en la genealogía de Macondo, a su abuelita, a su novia, a su hermano, a su nana?", se preguntaba el escritor mexicano. "La fundación de Macondo es la fundación de la Utopía. José Arcadio Buendía y su familia han peregrinado en la selva, dando vueltas en redondo, hasta encontrar, precisamente, el lugar donde fundar la nueva Arcadia, la tierra prometida del origen: 'Los hombres de la expedición se sintieron abrumados por sus recuerdos más antiguos en aquel paraíso de humedad y silencio, anterior al pecado original'." Francisco "Paco" Porrúa, ex director de Sudamericana, no necesitó leer toda la novela del entonces desconocido periodista y escritor colombiano. Las primeras líneas alcanzaron. En aquellos años, a mediados de los '60, estaba a la caza de novelas latinoamericanas "originales". El 30 de mayo de 1967 se publicó en Argentina la primera edición, una tirada de 8000 ejemplares que se agotó como pan caliente. El escritor y periodista Tomás Eloy Martínez, primero en publicar la crítica a esta novela en Primera Plana, sintetizó con precisión el camino del anonimato a la consagración que transitó el colombiano. "Llegó a Ezeiza en un avión demorado, a las tres de la madrugada, y sólo dos personas lo estábamos esperando: su editor y yo. Al marcharse, diez días más tarde, la multitud que lo acompañaba era tan caudalosa que Porrúa y yo lo perdimos de vista." Su obra maestra es un long seller de largo aliento, traducido a 35 idiomas, desde el ruso hasta el esperanto, pasando por el húngaro y el chino, y se calcula que las ventas han superado ampliamente los 30 millones de ejemplares en todo el mundo. "Lo peor que le puede suceder a un hombre que no tiene vocación para el éxito literario, o en un continente que no está acostumbrado a tener escritores de éxito, es publicar una novela que se venda como salchichas", confesó García Márquez. Más allá de la molestia por el impacto, lo cierto es que la novela hispanoamericana no salió al mundo, no estuvo en el foco de los lectores de otras lenguas, hasta el triunfo de Cien años de soledad.


A pesar de que se conocieron en 1959, la amistad comenzó a mediados de la década del '70. "Fidel Castro es un lector voraz, amante y conocedor muy serio de la buena literatura de todos los tiempos y, aun en las circunstancias más difíciles, tiene un libro interesante a mano para llenar cualquier vacío", dijo Gabo en 1976, después de un encuentro con el líder cubano, quien ha tenido el privilegio de leer los borradores de varios libros de García Márquez. Ni las primeras críticas de los intelectuales al régimen cubano por la censura y el tratamiento que recibían los artistas considerados opositores –como sucedió con el famoso "caso Padilla", a principios de los '70– ni la encarcelación de 78 disidentes en 2003 –que fueron condenados a penas entre doce y veintisiete años– pudieron debilitar las convicciones y la fidelidad de Gabo a la Revolución Cubana. Esta certeza –dicen– fue una de las razones de la enemistad con Mario Vargas Llosa. Después de una pelea que terminó a las trompadas en el estreno de una película en México, en 1976, el peruano calificó a su par colombiano de "lacayo" de Castro.


Gabo siempre se ha defendido de quienes lo acusaban de "amar el poder", alegando que su amistad está por encima de otras cuestiones y que su posición le ha permitido salvar en silencio a varios disidentes cubanos. Como muchos de los autores de su generación, el narrador colombiano siempre ha tenido una posición política pública y cuenta con "la novela sobre el dictador", El otoño del patriarca (1975). Y sin embargo, nunca aceptó cargos públicos. En diciembre de 1986 fundó en San Antonio de los Baños una academia de cine: la Fundación para el Nuevo Cine Latinoamericano. La nueva institución –presidida por García Márquez– es importante para Cuba porque en Latinoamérica la cultura es una fuente decisiva de legitimidad. "Nuestro objetivo final es nada menos que lograr la integración del cine latinoamericano. Así de simple, y así de desmesurado", se lee en la página web de esta Fundación por la que han pasado, entre otros, Robert Redford, Steven Spielberg y Francis Ford Coppola. Gabo, que también fue amigo del ex presidente norteamericano Bill Clinton –quien confesó ser un gran lector de sus libros y lo calificó como su "escritor favorito"–, se definía como socialista. En una entrevista en 1983 aseguró que no era comunista. "No lo soy ni lo he sido nunca, ni tampoco he formado parte de ningún partido político", advirtió. Y aclaró que el modelo de gobierno que prefería era el socialismo: "Quiero que el mundo sea socialista y creo que tarde o temprano lo será".


La soledad de América latina


García Márquez fue el primer escritor colombiano en obtener el Premio Nobel de Literatura en 1982. Durante el memorable discurso de aceptación, el 10 de diciembre de ese año, el escritor colombiano recordó que los desaparecidos latinoamericanos por motivos de la represión eran casi 120 mil en 1982, "que es como si hoy no se supiera dónde están todos los habitantes de la ciudad de Upsala". "Numerosas mujeres arrestadas encintas dieron a luz en cárceles argentinas, pero aún se ignora el paradero y la identidad de sus hijos, que fueron dados en adopción clandestina o internados en orfanatos por las autoridades militares (...) Me atrevo a pensar que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de las Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual este colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte.

Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad", explicó el Premio Nobel. "Un día como el de hoy, mi maestro William Faulkner dijo en este lugar: 'Me niego a admitir el fin del hombre'. No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que por primera vez desde los orígenes de la humanidad el desastre colosal que él se negaba a admitir hace 32 años es ahora nada más que una simple posibilidad científica", alertó García Márquez en otro tramo de su discurso en Suecia. "Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la Tierra."


¿Por qué comienza por el final? Eso se podrán preguntar los lectores de Crónica de una muerte anunciada (1981). Se sabe el nombre de la víctima, Santiago Nasar. Que los asesinos son los gemelos Pedro y Pablo Vicario. Que el móvil del crimen fue vengar el honor de su hermana ultrajada. Y sin embargo, la eficacia de la novela reside en su rigurosa arquitectura coral. El cronista reconstruye y "acerca" –a través de las voces de los protagonistas y testigos, de cartas, informes y el sumario judicial– los recuerdos de aquel lunes ingrato, las omisiones y las ambigüedades de una tragedia moderna tan anunciada. No eran "vainas de borrachos"; se sabía que lo iban a matar, y los mensajeros no llegaron a tiempo ni pudieron impedir el crimen. Y los lectores, que desean que alguien lo salve, o que la puerta de su casa se abra y pueda escapar, se derrumban de bruces en la cocina, junto a Santiago. Gabo disloca el tiempo –el orden cronológico de los hechos y el de la narración–, y disuelve las fronteras de la crónica y de la literatura. Quizás este modo de descomponer los bordes sea una de las características más persistentes de su obra. Para recomponer las astillas dispersas del espejo roto de la memoria, en un pueblo olvidado de la costa caribeña, había que empezar por el final.

 

Jubilar la ortografía

 


Qué polémica descomunal estalló cuando sugirió simplificar la gramática "antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros" en el Primer Congreso Internacional de la Lengua Española que se realizó en Zacatecas (México), en 1997. Era previsible que los gramáticos, lingüistas y académicos reaccionaran, con el malentendido de que donde el escritor dispuso el verbo "simplificar" algunos medios de comunicación utilizaron "suprimir". "Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los ques endémicos, el dequeísmo parasitario, y devolvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armonioso muéramos en vez del siniestro muramos", comparó el autor de El amor en los tiempos de cólera (1985), Del amor y otros demonios (1994) y Noticia de un secuestro (1996). "Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revolver con revólver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?"


Entre los ejemplos que entonces propuso señaló que la palabra "condoliente" no existe. Que sí existen el verbo condoler y el sustantivo doliente, que es el que recibe las condolencias. Pero los que la dan no tienen nombre. Gabo resolvió inventar condolientes en El general en su laberinto (1989) y comentó que le habían reprochado que en tres libros aparezca la palabra átimo, que es italiana derivada del latín, pero que no pasó al castellano. En sus últimos seis libros de entonces no incluyó un sólo adverbio de modo terminado en "mente" porque "me parecen feos, largos y fáciles, y casi siempre que se eluden se encuentran formas bellas y originales". Estas cuestiones eran para él "pruebas al canto de la inteligencia de una lengua que desde hace tiempo no cabe en su pellejo". La contribución que pueden hacer los escritores respecto de la lengua "no debería ser la de meterla en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros normativos para que entre en el siglo veintiuno como Pedro por su casa". El tópico ameritaría más reflexiones. No conviene desestimar asuntos que fueron, son y serán peliagudos. En este tema, más que el afán de provocar, Gabo se animó a expresar justamente lo que muchos no querían oír. "El deber de los escritores no es conservar el lenguaje, sino abrirle camino en la historia", planteó el escritor. "Los gramáticos revientan de ira con nuestros desatinos, pero los del siglo siguiente los recogen como genialidades de la lengua. De modo que tranquilos todos: no hay pleito. Nos vemos en el tercer milenio."

 

El goce visual


La sexualidad en la vejez está cubierta por un velo de pudor que la consagra al silencio. De eso no se habla. Pero Gabo se atrevió a descorrer ese velo pudoroso, glorificando la senectud y burlándose, a su manera, de los riesgos de estar vivo. Quizá tenga razón el nonagenario protagonista de Memoria de mis putas tristes, la última novela que publicó en 2004, luego del primer y único volumen de sus memorias Vivir para contarla (2002): "El primer síntoma de la vejez es que uno empieza a parecerse a su padre". Consciente de que a su edad cada hora es un año, el anciano solterón, que durante 40 años trabajó como "inflador de cables" en El diario de La Paz y como profesor de gramática, decide celebrar sus noventa con una adolescente virgen. Nada más que una noche libertina. Acaso el último placer carnal frente a la inminencia de la muerte.

 

 

Mientras espera que la dueña de un burdel le consiga "una novedad disponible" –una chica analfabeta–, el anciano, que trata de apaciguar su ansiedad escuchando a Bach, Wagner o Debussy, efectúa una suerte de ajuste de cuentas con su pasado. "No debía hacer nada de mal gusto, advirtió al anciano Eguchi la mujer de la posada. No debía poner el dedo en la boca de la mujer dormida ni intentar nada parecido." En este epígrafe de la última novela de García Márquez hay un homenaje al autor de La casa de las bellas durmientes (1961), Yasunari Kawabata, primer Premio Nobel de Literatura de origen japonés. Eguchi, el viejo japonés de 67 años que acude a una posada en las afueras de Tokio, frecuentada por ancianos que buscan pasar la noche con jóvenes narcotizadas, se parece al personaje del escritor colombiano. Los dos viejos descubren el placer de contemplar el cuerpo desnudo de una mujer dormida, sin ir más allá del goce visual. Ese nonagenario que se asume como "feo, tímido y anacrónico", que nunca se preocupó por su edad sexual ("porque mis poderes no dependían tanto de mí como de ellas"), después de su fallida noche de amor, descubre el placer inverosímil de contemplar el cuerpo de una joven morena, a quien llama Delgadina, "sin los apremios del deseo y los estorbos del pudor". Aunque ese "fracaso" le hiere su orgullo masculino –la dueña del prostíbulo, Rosa Cabarcas, una sagaz celestina moderna, le reprocha: "Una mujer no perdona jamás que un hombre le desprecie el estreno"–, lo que asoma como la historia de una derrota irreversible o el epílogo sexual de un hombre, pronto se transforma en la crónica de un anciano enamorado. Y el amor modifica las rutinas de este viejo solitario que empieza a descifrar el lenguaje del cuerpo de su bella durmiente, y que percibe los estados de ánimo de Delgadina por el modo de dormir o por su manera de respirar. Este goce ante la contemplación nocturna es una obsesión literaria del colombiano. En el cuento "Muerte constante más allá del amor" del libro La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada (1972), el senador Onésimo Sánchez duerme abrazado a Laura Farina, la joven más bella del mundo, sin amenazar la virginidad de la chica.


Hace muchos años Gabo tuvo una revelación. Fue en Zurich, cuando una tormenta de nieve lo empujó a refugiarse en un bar. "Todo estaba en penumbra, un hombre tocaba el piano en la sombra, y los pocos clientes que había eran parejas de enamorados. Esa tarde supe que si no fuera escritor, hubiera querido ser el hombre que tocaba el piano sin que nadie le viera la cara, sólo para que los enamorados se quisieran más."

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El músico que prefirió ser salvaje antes que intelectual

La muerte nunca es recibida de buen grado. Y siempre es un poco sorpresiva. Pero, a veces, mucho más. Paco de Lucía había estado en Buenos Aires en noviembre pasado, después de dieciséis años de ausencia. Sus conciertos en esta ciudad fueron magistrales. Paco de Lucía, apenas este martes, estaba jugando con sus nietos en la playa de Tulum, donde vivía la mayor parte del año. Un fuerte dolor en el pecho hizo que lo llevaran al hospital Hospitem, en la ciudad de Playa del Carmen. Y falleció allí, en la sala de urgencias. Un infarto acabó, a los 66 años, con el músico que les había dado un nuevo estatuto a la guitarra y al flamenco. Con el que se había animado a releer la tradición y con el que fue capaz de juntarse con guitarristas de jazz para inventar otras músicas. O, en realidad, a flamenquizarlos. A llevar a John McLaughlin y Al Di Meola a su propio terreno para, desde allí, buscar algo nuevo. A aquel que, siendo infiel al flamenco, volvió a crearlo.


Rechazado por los fundamentalistas –que mucho más tarde aprendieron a reconocerlo como uno de los suyos–, Paco de Lucía conoció como nadie los mandatos del género, pero no se ciñó ni a las costumbres ni a los moldes más rígidos de eso que se enseñaba de padres a hijos. Usó el lenguaje en lugar de ser usado por él. Fue, más que un filologista, un creador. Revolucionó una música caracterizada por su lealtad a viejos arcanos. Y esa libertad fue la que, paradójicamente, le dio nueva vida al flamenco. Y es que, más allá de las críticas de los puristas más cerriles, no hubo música en la que ese género pudiera sentirse más a gusto –y más soberano– que en la suya. Tanto cuando se movía en los formatos más asimilables a la tradición –dos guitarras, una percusión– como cuando integró grupos como su ejemplar sexteto, con el flautista y saxofonista Jorge Pardo, Paco de Lucía siempre fue renovador y, al mismo tiempo, flamenco en el lado más esencial y profundo de esa música. En sus frenos repentinos y sus arranques furibundos. En el juego entre la inmovilidad –y la tensión extrema– y la sensualidad.


Hace casi treinta años, en 1986, en una entrevista realizada por Diego Caballero y publicada por el periódico Puerta de Sevilla, el guitarrista hablaba sobre la opinión que tenía Sabicas, uno de sus grandes maestros, acerca de sus experiencias junto a músicos de otros géneros. "Tú no los necesitas para ser grande", había dicho su mentor. "Es una opinión que respeto como si viniera de mi mismo padre, porque ante Sabicas hay que quitarse el sombrero, pero no deja de ser una opinión", decía De Lucía. "Los flamencos no sabemos de acordes, ni hemos dispuesto de la capacidad de ir a la escuela para aprender música. Y es que el flamenco está en un momento especial, que necesita aportaciones de todos lados para que aprendamos también de lo que no es usual en nuestra música. A mí sí me han servido estas uniones. La guitarra está cambiando y yo tengo una obligación con la gente que me sigue, de abrir nuevos campos."


Allí también decía que "en cualquier sitio es más fácil tocar que en Sevilla. Hay mucha gente que sabe de verdad y oyen de otra manera. Aquí se fijan en si tienes aire o no, si eres flamenco en definitiva, pero por otras partes no, allí te oyen tocar como músico, que es precisamente donde me siento más relajado y con menos miedo. En Sevilla estás pensando en tocar cosas más sencillitas y flamencas, por ahí tienes más libertad. Y también pasa, hay que decirlo, que en Sevilla hay críticos de flamenco que no tienen ni puta idea de lo que es el flamenco. Los que saben de flamenco son los gitanos, pero los gitanos no escriben en los diarios. El tema de la renovación musical implica, por una parte, ceder algo de lo de uno. Pero, también, reivindicar a un pueblo. Cuando he tocado con músicos de jazz, tuve que olvidarme un poco del flamenco, por lo menos del más purista, por eso lo pasaba a veces bastante mal, pero por otro lado mereció la pena por lo que tuvo de aprendizaje. Y además, allí se escuchaba la música de una raza que son los flamencos, marginados durante siglos hasta que llegaron Manuel de Falla y Federico García Lorca, que iniciaron su dignificación. Antes era una deshonra ser flamenco. Tenemos que agradecer mucho a Manuel de Falla y a todos los músicos que nos traigan savia nueva. Nosotros somos músicos y flamencos, es nuestro lugar. No me iré de las raíces y trataré de hacer cosas nuevas sin que se pierda el olor y el sabor del flamenco. En mis actuaciones hay mucho de rabia reivindicativa a cuenta de esta marginación, que todavía queda, pero en menor medida, porque afortunadamente las cosas van cambiando".


El flamenco es, tal vez, una de las músicas más antiguas y, a la vez, más cargadas de la posibilidad de modernidad. Es posible que allí se centre parte del misterio y de la fascinación que Chick Corea o John McLaughlin sintieron por el flamenco. O, más precisamente, por uno de sus músicos más virtuosos, por alguien que fue discutido por los fundamentalistas del género y que logró la doble hazaña de convertirse en el máximo renovador que el lenguaje había tenido en mucho tiempo y, a la vez, en el mejor guardián de su tradición. Paco de Lucía, llamado en realidad Francisco Sánchez Gómez, hijo de Lucía y nacido en Algeciras, Cádiz, en 1947, apocado hasta el improbable paroxismo de la timidez y parco hasta el propio límite del silencio, bromeó alguna vez con Página/12 asegurando que "lo de la modernidad y la tradición tendrá que ver con que soy mitad payo y mitad gitano". En realidad, esa herencia casi dolorosa que habita el flamenco, aparece, más bien, en la conciencia acerca de la naturaleza conflictiva de la creación. "No es fácil", decía hace quince años el guitarrista, en una entrevista con este diario. "Yo sufro cuando tengo que hacer un disco, aunque ese sufrimiento tenga que ver, también, con el placer de hacer la música que amo."

Parte de esa especie de incomodidad tiene que ver con sus propias inseguridades. "Cuando tocaba con McLaughlin y Di Meola, por ejemplo, sentía que no sabía improvisar y que ellos se reían de mí. Siempre que subía al escenario pensaba que iba a hacer un verdadero papelón", explicaba, refiriéndose al famoso trío de guitarristas que se convirtió en un impensado fenómeno de ventas. "Un músico de éxito está obligado a hacer un disco cada año, y uno no tiene esa capacidad, sobre todo si es compositor de su obra. Otra cosa sucede si uno es cantante y quiere hacer un disco. Le mandan 40 compositores con otras tantas canciones para que elija y luego un arreglista para que haga la orquestación. Pero para el creador cada disco es un parto y la demanda discográfica no le da tiempo a sentir y vivir lo suficiente para renovarse y hacer una obra nueva. La composición es neurótica y la actuación en vivo es extrovertida y comunicativa. Uno se cura tocando en vivo. En cambio los que viven sólo de la composición dan miedo: miran con cara de locos."


Cantaor frustrado y reacio a escuchar su propios discos ("nunca los escucho, son puntos dolorosos; cuando intenté hacerlo no lo disfruté"), Paco de Lucía vivía además la contradicción del intérprete de una tradición popular que las formas de circulación de la cultura del siglo XX convirtieron en otra cosa. Por un lado, decía reivindicar el sentimiento sobre la razón ("es mejor ser un salvaje que un intelectual") pero, por otro, se sentía disminuido por no haber realizado un aprendizaje de música sistemático y académico: "A medida que pasa el tiempo siento cada vez más la necesidad de eso de lo que carezco. Con la edad se tiene menos energía, menos estímulos, menos ganas de encerrarse ocho horas para descubrir una melodía. En esas ocasiones se echa de menos poder manipular la música sin tener que buscar con tanto trabajo cosas que luego resulta que ya estaban descubiertas". No obstante, Paco de Lucía jamás paró de estudiar. Otros cuentan que de niño jamás dejaba de tocar. El decía: "Es cierto, sobre todo en la primera época, entre los 8 y los 12 o los 15 años. Nací en una familia con problemas económicos. Mi padre lo pasaba muy mal tratando de encontrar dinero para comer cada día y yo de chiquitito tenía la idea de que debía aprender rápido a tocar la guitarra para ganar plata y ayudar cuanto antes en mi casa. Efectivamente, a los doce años ya estaba ganando dinero. Me fui a Estados Unidos y me pagaban cien dólares a la semana. Yo era muy feliz entonces. En vez de ir a la escuela, con doce años estaba viajando y ganando dinero. A esa edad uno no sufre; uno sufre cuando se va haciendo viejo". Su primer disco, Los chiquitos de Algeciras, grabado en 1963, a los 18 años y junto a su hermano Pepe, da cuenta de esa osadía y del virtuosismo todavía tan cercanos a la alegría infantil.


Galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, discípulo de Niño Ricardo además de Sabicas, ganador del Grammy al mejor álbum flamenco en 2004, del Premio Nacional de Guitarra de Arte Flamenco, de la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes en 1992, del Premio Pastora Pavón La Niña de los Peines 2002, y del Gran Premio de Honor en los Premios de la Música 2002, De Lucía había comenzado su carrera profesional en 1960, contratado por el bailarín José Greco en 1960 como tercer guitarrista de la Compañía del Ballet Clásico Español. A los 17 años, patrocinado por los productores alemanes Horst Lippmann y Fritz Rau, se integró al Festival Flamenco Gitano, con el que recorrió Europa junto a Camarón, El Lebrijano, El Farruco y Juan Moya. Acompañado en el cante, con frecuencia, por sus hermanos Ramón de Algeciras y Pepe de Lucía, sus discos consagratorios como solista llegaron al final de esa década: La Fabulosa Guitarra de Paco de Lucía, de 1967, y Fantasía Flamenca, de 1969. Junto a Camarón grabó más de diez discos de estudio, entre ellos El Duende Flamenco (1972) y Fuente y Caudal (1973). Y en 1976 ganó un disco de oro por el single con la notable rumba "Entre dos aguas". Zyryab, Siroco y Lucía, o el más reciente Cositas buenas, donde participa quien tal vez sea su principal heredero, Tomatito, son como parte de su legado. El ayuntamiento de Algeciras, su ciudad natal, decretó tres días de luto por la pérdida del "más grande guitarrista de todos los tiempos". Tomatito, en Twitter, decía "hoy no hay palabras". Y es cierto. Queda, nada menos, su música.

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La mentira en la historia de Estados Unidos

Utilizar la historia o el mito para justificar las peores barbaridades, inventar esencias o necesidades y construir ideas de raza o nación, ha sido práctica común desde que existe la organización social basada en la opresión. Los imperios que se consolidaron en la época moderna, cuyas élites siguen dominando la economía mundial, no hicieron otra cosa para legitimar sus conquistas y genocidios. Un ejemplo muy claro de la manipulación de la historia lo presenta la construcción ideológica de Estados Unidos y su excepcionalidad.

Según esa idea, Estados Unidos tiene el derecho, sea por sanción divina o por obligación moral, de brindar civilización, democracia o libertad al resto del mundo, mediante la violencia si es necesario. Complementa esa idea otra, según la cual Estados Unidos tiene el destino manifiesto de expandirse por todo el continente y, posteriormente, llevar al mundo nuestro gran cometido de libertad y autogobierno (Howard Zinn, La Jornada, 27 y 28/7/05).


Esas ideas, que en sí no son muy distintas de las justificaciones divinas, raciales o ideológicas que otros imperios o estados totalitarios han usado para legitimarse, están en la base de un gigantesco proceso de falsificación de la historia.


La derecha estadunidense combate a quien cuestione esos mitos convertidos en dogmas: En los años treinta, los libros de texto que no fuesen de un patrioterismo conservador eran denunciados, prohibidos o quemados. Durante la guerra fría la persecución ideológica arreció. En las universidades se combinó la represión selectiva con la corrupción generalizada, es decir, la investigación a sueldo para justificar las políticas de guerra, agresión y contrainsurgencia:


Así se construyó una visión del pasado de los Estados Unidos como una historia de consenso, basada en las doctrinas del excepcionalismo norteamericano y del Destino Manifiesto, y en el mito de la conquista triunfante del oeste, que omitía cualquier mención sobre la raza, esclavitud, conquista de los pueblos nativos y restricciones opresoras sobre muchos grupos marginalizados incluyendo las mujeres (Josep Fontana, Historia: análisis del pasado y proyecto social [edición de 1999], pp. 264-266).


Al mismo tiempo, la teoría de la modernización sostenía que el milagro estadunidense, donde los planteamientos del marxismo no es que fueran equivocados, sino totalmente irrelevantes, podía repetirse en los países subdesarrollados, si seguían las mismas reglas que habían observado los norteamericanos.


Dichas reglas, impuestas por la combinación del poder económico y militar, se resumen en dos: libre mercado y sujeción a la economía estadunidense. Hannah Arendt lo explica con claridad prístina:


"Cuando se nos decía que la libertad era para nosotros la libre empresa, fue muy poco lo que hicimos para destruir tan enorme falsedad [...] Hemos afirmado que en los Estados Unidos la riqueza y el bienestar económico son los frutos de la libertad, pese a que debiéramos haber sido los primeros en saber que ese tipo de felicidad constituía la bendición de América con anterioridad a la Revolución y que su razón de ser era la abundancia natural bajo un gobierno moderado y no la libertad política ni la iniciativa privada, libre y sin freno, del capitalismo, el cual ha conducido en todos los países donde no existían riquezas naturales a la infelicidad y a la pobreza de las masas. En otras palabras, la libre empresa sólo ha sido una bendición para Estados Unidos" (Arendt, Sobre la revolución, p. 357).


La historia oficial en Estados Unidos tiene ese sentido. Dice Howard Zinn: Se puede mentir como un bellaco sobre el pasado. O se pueden omitir datos que pudieran llevar a conclusiones inaceptables.


Los manuales escolares omiten las diferencias de clases, la esclavitud, las guerras de conquista; omiten también las razones económicas, geográficas y demográficas que permitieron que Estados Unidos se convirtiera en imperio. Es una historia que, reduce el pasado a los encuentros y desencuentros, heroísmos e infamias de un grupo de elegidos, que por regla general son blancos, machos, militares y ricos, dice Eduardo Galeano sobre el libro de Zinn ( La otra historia de los Estados Unidos, p. 17. La cita de Galeano en cuarta de forros).
Frente a esto, las historias oficiales de los totalitarismos parecen burdas e ineficaces. El nazismo se apoyó en una de las mayo

res mentiras ideológicas de la modernidad: la diferencia de raza; y apoyado en ella, perpetró uno de los más atroces crímenes colectivos de la historia. Pero su mentira duró 12 años como política de Estado. El estalinismo falseó la historia de manera sistemática. Pero su dictadura historiográfica se derrumbó al cabo de un cuarto de siglo.


La mentira sistemática con la que Estados Unidos justifica sus guerras de agresión y la imposición de sus modelos económicos al mundo, lleva

más de dos siglos vigente.
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Miércoles, 22 Enero 2014 06:36

El solista sin orquesta

El solista sin orquesta

La celebración del nacimiento de Rubén Darío cada enero sigue siendo un fasto en Nicaragua. Se corona en los teatros municipales a la Musa dariana que desfila en carroza en forma de cisne, acompañada de un cortejo de canéforas, y en veladas líricas se representan sus poemas, con lo que los disfraces vienen a ser de la princesa que espera al feliz caballero que la adora sin verla, y un bufón escarlata y un dragón colosal. Si pudiera ser, las autoridades edilicias desenterrarían al poeta cada año para volverlo a enterrar con las mismas fastuosas solemnidades de la primera vez, unos funerales como nunca se han vuelto a ver, pues durante los siete días de velatorio el cadáver era cambiado de traje cada noche: pelo griego, frac de etiqueta, uniforme entorchado de embajador.

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Es imposible que la prosopopeya provinciana y la devoción cariñosa no acompañen el mito nacional. Se trata del más célebre y querido de los nicaragüenses, que congrega la unanimidad, lejos de distingos políticos o sociales, pero sin que eso quite la cursilería. Y eso, desde que nació. Desde la más remota antigüedad, cuando un profeta o un prócer vienen al mundo, se ha asignado a su nacimiento un cataclismo, o la aparición de una nueva estrella o de un ave heráldica que acompañe la suerte gloriosa de su vida.


En La Gaceta del 23 de febrero de 1867, unos días después del nacimiento de Rubén, se lee que un águila real fue hallada en alguna agreste cumbre de las montañas nicaragüenses: "bastantemente fornida, las uñas tienen pulgada y media de largo, su cabeza pequeña, viva, inteligente, está adornada por un círculo de plumas negras en su extremidad, formándole una corona. De rato en rato sus ojos se cubren de un velo blanco que da a su fisionomía un cierto aspecto de bondad... hasta hoy no se creía que en Nicaragua hubiese águilas, y mucho menos águilas reales". Yo, por mi parte, agregaría que en aquel año muere el príncipe de los poetas malditos, Charles Baudelaire, porque también los relevos son parte sustancial del mito.


El águila fue presentada como obsequio al general Tomás Martínez, quien terminaba su segundo periodo presidencial en ese 1867, pues es un vicio nacional ese de querer retoñar en la silla del mando; y da la casualidad que el mismo año el presidente mandó levantar un censo, igual que Augusto en Palestina cuando el nacimiento de Cristo.

 


De este censo resultó que la población de Nicaragua llegaba apenas a los 150 mil habitantes. El general Martínez, avergonzado de que los nicaragüenses fueran tan pocos, ordenó aumentar 100 mil más. Alterar los censos, las cifras económicas, y los resultados electorales, ha sido siempre otro alegre vicio nacional.


La más grande ciudad de Nicaragua, que era León, la ciudad de Darío, concentraba una alta proporción de esos habitantes, con 30 mil almas, la mayor parte mulatos, indios y mestizos pobres, habitantes de los barrios marginales, mientras los criollos, dueños de las haciendas aledañas, ocupaban las casonas del cuadro central que rodeaban la catedral. La gallera hacía las veces del club social.


Esto lo cuenta Ephraim Squier, quien llegó a Nicaragua en 1850 como primer embajador de Estados Unidos, en su libro Nicaragua, sus gentes y paisajes; y cita el informe que le presentó un amigo leonés anónimo sobre el estado de la educación: rara era la población donde hubiera maestros, y en las pocas escuelas que existían se enseñaba nada más los fundamentos de la doctrina cristiana, y a leer y a escribir; los niños repetían en coro la lección que dictaba a grandes voces el maestro, armado de una férula para reprimir a los díscolos. Los libros de texto obligados eran el silabario Catón, el catecismo, del padre Jerónimo Ripalda, y El ramillete, que contenía definiciones teológicas, selecciones de encíclicas papales, credos, leyendas fabulosas y oraciones piadosas a la Virgen, a los santos y a los ángeles, textos que, además del sombrío carácter de su contenido, eran suficientes para amilanar al más avispado muchacho. Los bachilleres sobraban en el seno de las familias acaudaladas y el birrete doctoral pasaba en herencia entre ellas.

 


Para aquel mismo año de 1867 había 92 escuelas de primaria para varones en todo el país, y nueve escuelas para niñas: yo diré que el estado actual de la instrucción pública humilla la delicadeza de nuestro patriotismo..., escribe en 1871 en un informe el ministro de Educación. Diarios, ninguno. Ya podemos imaginar las cifras del analfabetismo. Había dos semanarios, uno de ellos La Gaceta, el diario oficial donde se informó sobre la providencial aparición del águila real, pero ninguno de ellos salía a tiempo.


En el registro de aduanas de ese 1867 no aparece ninguna importación de papel, o de tinta de imprenta, y más que libros se imprimían volantes y folletos en las únicas tres tipografías del país. La importación de libros, españoles y franceses, aparece en esos registros como marginal.


Squier encontró también en León a un personaje de nota, el padre Pedro Crispín, pintor, pues en una pared de su casa había unos frescos de su mano, figuras de animales que comenzando en la A de armadillo, terminaban en la Z de zopilote, todos de gran tamaño y colores chillones. De la pobreza cultural del ambiente sirve de prueba el mismo Squier, quien gozó de impunidad suficiente para llevarse a Estados Unidos valiosas piezas arqueológicas que hoy se conservan en la Smithsonian Institution de Washington.


Este país despoblado y tan rural, oscuro en su suerte política y empobrecido, desangrado por las guerras y plagado de analfabetos, es el país que vio nacer a Rubén en 1867, el país de "licenciados confianzudos, o ceremoniosos, y suficientes, los buenos coroneles negros e indios, las viejas comadres de antaño...", según él mismo evocaría.


Un país de vientre pequeño, de esos que pueden parir un solista, pero nunca una orquesta completa.

 

 

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CELAC: Visión humanista ante desafíos de Nuestra América

Dos años de fundada cumplió la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), y a menos de tres semanas de su II Cumbre de Jefes de Estado y Gobierno, que tendrá por sede a La Habana, Cuba, los días 28 y 29 de enero de 2014.

 

Pese a su juventud, el foro se consolida como instrumento de concertación y defensa de la identidad, las aspiraciones y la cultura regionales, con una visión humanista.

 

La Celac agrupa a los 33 países independientes de América Latina y el Caribe, y tuvo su reunión fundacional en Venezuela los días 2 y 3 de diciembre de 2011, cita en la cual se adoptó una veintena de documentos, entre los que sobresalen la Declaración de Caracas y el Plan de Acción, así como los estatutos para su funcionamiento.

 

Con esas herramientas, el bloque comenzó a fomentar la concertación política, económica, social y científico técnica; y la integración, inspirada en convertirse en el interlocutor de América Latina y el Caribe con otras regiones del mundo.

 

En el plano económico, la vista del foro ha estado puesta en los caminos para enfrentar la crisis financiera internacional y construir una nueva arquitectura, mientras que en el orden social la brújula se orientó a fomentar la equidad, la inclusión, y la erradicación de la pobreza y el hambre.

 

Si bien la Celac nació oficialmente en diciembre de 2011 en Caracas, teniendo como anfitrión a uno de sus máximos inspiradores, el presidente Hugo Chávez, los orígenes están en el compromiso de la cumbre de Costa do Sauípe, en 2008 en Brasil, cuando por primera vez se reunieron las 33 naciones de América Latina y el Caribe, en la casa de otro de los promotores de la unidad latinoamericana y caribeña, el entonces presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

 

Pasajes importantes de la cita brasileña fueron la convocatoria del entonces presidente de México, Felipe Calderón, a una cumbre extraordinaria del Grupo de Río, para que ese foro le diera la bienvenida a Cuba, ingreso dado incluso sin cumplirse uno de los tradicionales requisitos del desaparecido bloque, el cual establecía que el país que ingresaba debía hacer una solicitud formal.

 

Lo cierto es que Cuba se sumó al Grupo de Río porque la invitaron.

 

Otro momento importante de la reunión de Costa do Sauípe fue la conferencia de prensa final, cuando se informó que los países trabajarían en la creación de una organización propia de América Latina y el Caribe, lo cual sería luego la Celac.

 

En febrero de 2010 los 33 países de la región volverían a verse las caras en lo que sería la Cumbre de la Unidad, que tuvo por sede a Playa del Carmen, en la Riviera Maya, balneario mexicano de Cancún.

 

Los jefes de Estado y de Gobierno reunidos en Cancún hicieron coincidir la II Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo (Calc) y la XXI Cumbre del Grupo de Río, de las cuales emergió una declaración que permitió establecer el cronograma para la fundación de la Celac.

 

En el documento final de la cita en México, los mandatarios definieron su decisión de "construir un espacio común con el propósito de profundizar la integración política, económica, social y cultural de nuestra región y establecer compromisos efectivos de acción conjunta para la promoción del desarrollo sostenible de América Latina y el Caribe".

 

Todo ello en un marco de unidad, democracia, respeto irrestricto a los derechos humanos, solidaridad, cooperación, complementariedad y concertación política.

 

Y es en correspondencia con sus postulados fundacionales, que la II cumbre de la Celac, la cual tendrá por sede a La Habana en enero próximo, sustentará como eje central la lucha contra la desigualdad.

 

"Nuestra región, llena de bondades, es la más desigual del planeta. Tiene las condiciones para dejar de serlo", comentó recientemente en una visita a México el canciller cubano, Bruno Rodríguez.

 

Al cierre de la I cumbre de jefes de Estado y Gobierno de las naciones integrantes de la Celac, celebrada en Santiago de Chile en diciembre de 2012, Cuba recibió de manos de los anfitriones la presidencia pro témpore del mecanismo integrador.

 

"Asumimos el compromiso de trabajar por la paz, la justicia, el desarrollo, la cooperación, el entendimiento, y la solidaridad entre los latinoamericanos y caribeños", afirmó el presidente Raúl Castro, al recibir la dirección del organismo de su homólogo chileno, Sebastián Piñera.

 

Bajo el mandato de la isla caribeña, han tenido lugar varias reuniones sectoriales a nivel ministerial con agendas centradas en las prioridades de la región.

 

Entre ellas figuran un encuentro de los ministros de Cultura, realizado en Paramaribo, Surinam, en marzo último, y el primer foro de ministros de Educación, que tuvo por sede a La Habana en abril.

 

La lucha contra el analfabetismo, la formación de personal docente, la calidad de la educación básica, la atención a la primera infancia, los indígenas y los afrodescendientes ocuparon importantes espacios en el orden del día de la cita habanera.

 

La capital ecuatoriana, Quito, también fue ese mes escenario de un encuentro sobre medio ambiente y desarrollo sostenible, y la víspera acogió a los ministros de Finanzas, quienes conciliaron las propuestas que en esa materia presentarán en enero los mandatarios de las naciones de la Celac en la cita de La Habana.

 

Los titulares dejaron listos los insumos que en asuntos económicos debe incluir la Declaración que se adoptará en la capital cubana, con medidas orientadas a prevenir los efectos de la crisis económica y financiera internacional sobre las economías de la región, e ideas sobre una arquitectura regional acorde a las particularidades y necesidades de América Latina y el Caribe.

 

El documento central a firmar en La Habana sucederá al de 73 puntos suscrito en Santiago de Chile en enero pasado, el cual fijó el rumbo para la integración política, económica, social y cultural de la región, acorde con su tiempo. En la cita santiaguina también se emitieron comunicados especiales con las proyecciones e intereses del bloque.

 

Reconociendo la diversidad de posiciones políticas e ideológicas, los países coincidieron en promover una reforma integral del sistema de Naciones Unidas, con la vista puesta en la democratización del Consejo de Seguridad.

 

Las naciones de la Celac mostraron su oposición a las medidas unilaterales y extraterritoriales, como el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por Estados Unidos a Cuba, y a las evaluaciones y certificaciones que emiten algunos países desarrollados.

 

En Santiago de Chile también primó el consenso sobre la necesidad de respetar el pluralismo, a partir del derecho de cada nación a escoger su forma de organización política y económica, expresión de la diversidad que caracteriza a la Celac, cuyo nacimiento fuera calificado por el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, como el suceso institucional más importante de la región en un siglo.

 

Se trata de una organización distintiva de la gran patria que se extiende al sur del Rio Bravo, ésa que José Martí llamó Nuestra América, y a la cual no pertenecen Estados Unidos y Canadá por tener una historia, cultura, y proyecciones socio-económica y política diferentes.

 

(Con información de la página oficial de Celac Cuba y PL.)

Publicado enInternacional
Socialismo raizal y el ordenamiento territorial

 

Edición 2013. Formato: 17 x 24 cm, 308 páginas.
P.V.P:$28.000 ISBN:978-958-8454-81-8

 

 

Reseña. 

El presente libro contiene dos temas íntimamente relacionados en la obra de Orlando Fals Borda: el ordenamiento territorial y el socialismo raizal.

Para el pensador colombiano, mundialmente conocido por sus aportes a la sociología, el ordenamiento del territorio, acudiendo a la historia, la geografía humana y los recursos de los pueblos, se constituye en el pilar sobre el cual puede construirse las glocalizaciones como respuesta del socialismo raizal como un quinto orden social alternativo al capitalismo, posdesarrollista y posmoderno, contiene como fundamento la construcción desde abajo de un orden democrático, participativo y pluralista.

En el estudio que introduce el presente libro, además, el socialismo raizal y el ordenamiento territorial son colocados en contexto con el resto de la obra de Fals Borda. Así, el lector tiene un panorama completo de la obra sociolófica del profesor Orlando Fals, del puesto que ocupa en ella su "utopía política".

 

 

 

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Bernard Cassen: Los medios públicos no pueden abandonar el campo de batalla cultural

Palabras de Bernard Cassen, profesor emérito de la Universidad de Paris 8, ex director general de Le Monde Diplomatique y secretario general de la ONG Mémoire des luttes (Memoria de las luchas), París. Cassen participó en el panel "Integración, Cultura e Identidad", del Primer Festival Internacional de Radio y Televisión, celebrado en La Habana, el 9 de septiembre 2013.

 

En lo que llamamos en Francia el "paisaje audiovisual", los canales públicos de radio y televisión son sólo una fracción de importancia muy variable según el país y el momento. En unos pocos países – digamos por ejemplo Corea del Norte – el sector público puede ocupar la totalidad del espacio. En otros, por ejemplo los Estados Unidos, este sector tiene una presencia muy limitada, aunque su influencia en el debate de las ideas, la educación y la cultura va más allá de su alcance. Entre estos dos extremos, se puede hablar de un " modelo europeo " que combina un sector público fuerte y dispositivos de regulación que se aplican a todos los servicios de comunicación audiovisual, ya sean públicos o privados.


En primer lugar, tenemos que hacer algunos recordatorios para saber de que realmente estamos hablando:


- Hay que hacer la diferencia entre medios públicos y medios de comunicación del Estado o del gobierno. Además del Estado nacional y del gobierno, hay otras entidades de carácter público que tienen derecho a expresarse de forma independiente : los parlamentos; los partidos políticos; los sindicatos; los poderes locales (regiones, municipios, comunas); los grupos y organizaciones culturales, étnicas, religiosas y lingüísticas; las universidades y los centros de investigación, etc.


- Incluso en los sistemas nacionales sujetos a una regulación pública de todos los medios audiovisuales, el sector privado tiene como objetivo principal hacer dinero. Esto había sido formulado cínicamente por Patrick Lelay, entonces presidente del mayor canal de televisión privado francés, TFI, en un libro publicado en 2004. Según él, su trabajo era vender a los anunciantes "tiempo de cerebro humano disponible".
- Sin embargo, con la creciente concentración del sector de la comunicación – del cual las emisoras privadas de radio y televisión son sólo un componente – el sistema mediático no obedece únicamente a una lógica de rentabilidad. También es un poderoso vector mundial de la ideología neoliberal que califica todas las medidas de regulación pública en favor del pluralismo y de los bienes comunes de la sociedad de "ataque a la libertad de información", "a los derechos humanos", etc.


En América Latina, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) es una caricatura de esta postura ideológica. Más que en otros continentes, el sistema mediático se ha convertido en un actor político de choque contra los gobiernos progresistas. En Venezuela, participó abiertamente en el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 contra el presidente Hugo Chávez. En otros países, como Argentina, Bolivia y Ecuador, está llevando campañas de desestabilización contra los respectivos gobiernos en un intento de impedir toda democratización de la legislación del sector de la comunicación. En estos países, en su gran mayoría, los medios privados se comportan como fuerzas de oposición y, en ocasiones, como fuerzas golpistas.


Los Estados Unidos es otro ejemplo del papel anti-democrático del sistema mediático. La vida política está secuestrada por las grandes corporaciones que gastan miles de millones de dólares para comprar espacio o tiempo de publicidad en los medios a fin de derrotar a los candidatos al Congreso hostiles a sus intereses, y elegir otros que serán entonces meras marionetas en sus manos. La sentencia de la Corte Suprema del 21 de enero de 2010 permite a las empresas de financiar sin limitaciones las campañas electorales. Le da carácter oficial al concepto " un dólar, un voto".


Hasta el punto de que Barack Obama, sin embargo beneficiario de este sistema – había recogido mas aportaciones financieras que su competidor – calificó la sentencia de la Corte de " gran victoria para las multinacionales petroleras, los bancos de Wall Street, las compañías de seguros y otros grupos de interés quienes, cada día, movilizan fuerzas en Washington para ahogar la voz del pueblo estadounidense".
A cambio de un diluvio de dólares, ciertos medios de comunicación se abstienen de toda crítica de los candidatos beneficiarios de esta compra de votos. En cada elección, estamos frente a un golpe de Estado electoral organizado por lo que podría llamarse el complejo mediatico-financiero financiero, no ajeno al complejo militaro-industrial denunciado par Eisenhower en 1952 al abandonar la Casa Blanca. La ausencia de regulación de la financiación de las campañas electorales y la debilidad de los medios públicos impiden cualquier contrapeso al poder del dinero.


La situación es mas sofisticada en Europa. Por un lado, la financiación de las campañas electorales es generalmente enmarcada por la ley; por otro lado, no existe el concepto de canal de radio o televisión "opositor". Debido a los dispositivos de regulacion, partidos políticos de la oposición, cualquiera que sea el gobierno, tienen cierto acceso a los canales públicos y privados. Pero sería un gran error centrarse sólo en este derecho de acceso. El formateo de las mentes se hace de manera mucho menos visible a través de la estructura y del contenido de los noticieros: sensacionalismo (crímenes, accidentes, catástrofes); reducción de la política a polémicas superficiales; cobertura de los problemas económicos y de las luchas sociales a travès del prisma neoliberal.


El tratamiento de los movimientos sociales obedece a cinco objetivos que el colectivo de comunicación de la CLOC (Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo) de La Vía Campesina, ha identificado. Se publicó en la edición de enero de 2013 dedicada a la comunicación de la revista América Latina en Movimiento, producida por ALADI (Agencia Latinoamericana de Información) que recomiendo encarecidamente la lectura . Estos son los objetivos:


-Cooptar mediante el personalismo. Personalizar las luchas destacando los dirigentes escogidos no por los trabajadores, sino por los medios de comunicación
-Dividir
-Criminalizar las luchas sociales
-Imponer agendas
- Invisibilizar las luchas


Estos métodos no son exclusivos de América Latina, también se aplican al resto del mundo, especialmente en Europa.


Las cuestiones de control o la falta de control de la información en la radio y la televisión, y el contenido de los programas de noticias son sólo parte del problema. Para evaluar el impacto político e ideológico global de las empresas de medios audiovisuales, es también, y quizás lo más importante, tener en cuenta los programas de entretenimiento, por el número de horas que representan.


En Francia, las personas mayores de 4 años pasan un promedio de 3.50 hrs por día delante de las pantallas de televisión. Las personas mayores de 13 años escuchan la radio una media de 2.58 hrs por día. Y eso sin contar el tiempo que pasan ahora, gracias a Internet, delante las pantallas del ordenador, tabletas y teléfonos inteligentes (smartphones), fenómeno al que regresaré en un momento. Una pequeña fracción del tiempo es la que se dedica a la información política en el sentido estricto del término. Todo lo demás es entretenimiento, donde hay que incluir a los deportes.


Este es uno de los principales retos a los radiodifusores públicos para cumplir con su misión de difusión de la cultura, de promoción de la identidad, de integración y de defensa de las lenguas nacionales.


Las situaciones varían mucho de un país a otro. Dejaré a mis colegas de América Latina el tratamiento de su propio continente, y en particular el analisis del contenido y de los resultados de las iniciativas constitucionales y legislativas en materia de derecho a la comunicación en Venezuela, Uruguay, Ecuador, Bolivia, Brasil y Argentina. Permítanme mencionar algunas tendencias importantes en Europa, principalmente en Francia. Vamos a ver cómo convergen o no con los existentes en otras partes del mundo.


De antemano, recuerdo lo que dije al principio de esta presentación sobre la necesaria distinción entre canal público de radio y televisión y canal de radio o televisión de Estado o de Gobierno. Nadie en Europa defiende un monopolio estatal abolido en Francia en 1982. Nadie en Europa tampoco defiende la idea de que una cadena pública debe estar al servicio del gobierno. Dicho esto, se entiende que cuando los medios privados se tornan hostiles violentamente, es grande la tentación de convertir los medios de comunicación públicos en herramientas de promoción exclusivamente para el gobierno.


En última instancia, sin embargo, esta opción puede ser contraproductiva, porque si hay un cambio en el poder después, por ejemplo, de una derrota electoral, la oposición controlaría tanto los medios de comunicación públicos como los privados... La batalla a librar es la democratización de los sectores tanto público como privado, y por lo tanto el pluralismo interno en ambos.


Esta batalla se da también en Europa, aunque con formas menos espectaculares que en América Latina. Sin lugar a dudas, en sus estatutos, el sector público no es la correa de transmisión del poder político, pero está sometido a las presiones y a las intervenciones gubernamentales. Podríamos citar muchos ejemplos, especialmente en Italia y Francia. En nuestros dos continentes, por no hablar de los demás, el deseo por la democracia y la libre expresión de las diferencias es un componente de toda identidad nacional. Por eso no debemos temer que esta aspiración se convierta en un requisito para el sector público.


En cualquier caso, con la explosión del número de canales y la convergencia de las comunicaciones audiovisuales y de las comunicaciones electrónicas, el sector público tiene que competir con la proliferación del sector privado y no tiene a priori una audiencia garantizada. Él debe conquistar y retener a esta audiencia. Es inútil producir programas que nadie o muy pocas personas ven o escuchan.


La situación se complica aún más con la nueva tendencia de los jóvenes que se apartan de la televisión en favor del Internet. Un estudio realizado en Francia en enero de 2013 mostró que semanalmente los jóvenes de 13 a 19 años gastan de 13.00 hrs Web contra 11.15 hrs viendo la televisión, y esta brecha es cada vez mayor. En su ordenador, componen sus propios menús a partir de los sitios de replay, de los canales de televisión, y sobre todo de las plataformas de intercambio de videos como YouTube o su equivalente francés Daily Motion.


Esta migración de los jóvenes de la televisión al ordenador (y también tabletas y teléfonos inteligentes), y por lo tanto la migración de programas sin ningún tipo de limitaciones físicas o de tiempo, no puede ser ignorada. Los canales de televisión tendran que adaptarse. No saben todavía cómo, ni los privados ni los públicos. Pero éstos ultimos tienen una responsabilidad especial para anticipar este fenómeno si no quieren que los paquetes de programas que cada uno puede componer de forma individual.


La cuestión del control político de la información producida por el sector audiovisual público tiende con demasiada frecuencia a eclipsar el contenido de sus programas. Sin embargo, son ellos, mucho más que los noticieros, los que contribuyen al formateo de las mentes. Desde este punto de vista, no vemos diferencias fundamentales entre los canales públicos y los canales privados. Se nota en particular que las series estadounidenses son omnipresentes en los canales privados de máxima audiencia, y tienen también un espacio importante en las cadenas públicas, en detrimento de la producción nacional.


Esto también es cierto en otros países de Europa continental. Romano Prodi, ex Primer Ministro de Italia y ex presidente de la Comisión Europea dijo lo siguiente ante el Parlamento Europeo el 13 de abril de 1999 : "La fuerza de la cultura estadounidense en un sentido amplio, tal como se expresa simbólicamente por los medios de comunicación, es vista por algunos como si pudiera constituir una referencia unitaria para una Europa en busca de su alma. Esta suposición no es escandalosa". La consecuencia lógica de esta rendición incondicional de un alto funcionario europeo es la promoción del inglés como lengua común de Europa y por supuesto, del resto del mundo.


El gran desafío a los canales públicos, europeos y de América Latina, es la producción de programas que, respetando la letra y el espíritu de su misión, sean a la vez popular y de alta calidad con el fin de atraer a una gran audiencia. Esto es a la vez una cuestión de creatividad y de libertad de expresión cultural y una cuestión de financiación para deshacerse de la dictadura de la publicidad.


Hay que resistir a la tentación de limitar las producciones del sector público a unas audiencias minoritarias. Sería abandonar el campo de batalla cultural. No debemos encontrarnos en el dilema que el sociólogo francés Henri Maler formuló de este modo: "Para que los espectadores no tengan que elegir entre los programas demagógicos sujetos al mercado y los programas educativos presentados por el Estado ; entre el entretenimiento comerciante (y privado), por un lado, y la formación ascética (pero pública) del otro".

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