En esta nueva entrega de nuestra colección Bicentenario, con el primer articulo que contiene, ofrecemos a nuestros lectores una perspectiva poco conocida sobre la intervención de las diferentes comunidades indígenas del país en el proceso de Independencia. El segundo artículo de esta separata desarrolla un estudio sobre el exterminio de un pueblo indígena desde el siglo XIX y durante la República. Finalmente, el cierre está dado por un texto que matiza la idealización del pueblo indígena como protector de la naturaleza. Una lectura desde la amazonia peruana

 

Desde Santander, Jairo Gutiérrez abre la separata con su artículo: Los indígenas de la Nueva Granada y la independencia, ofreciéndonos una mirada histórica sobre los indígenas realistas y los patriotas, quienes desde la Región Caribe y la provincia de Pasto alcanzaron un papel protagónico en las batallas, disputas territoriales, surgimiento y caída de gobiernos provisionales; en un panorama inestable que restauraba el poder al rey de España, para ser perdido luego por las armas en enfrentamientos con el ejército patrióta y ser derrotado a su vez por levantamientos indígenas. Esta dinámica causaba en sus comunidades: destierros, alzas en los tributos y muerte. De la misma manera, nos cuenta el historiador, existieron comunidades que fueron beligerantes en defender su autonomía frente al llamado proceso de Independencia, para de esa amanera no estar sujetos al parecer de reyes y republicanos, lo que evidencia que esa lucha, no era otra cosa que una pugna por su propia independencia, la cual de hecho era vista –como aún lo es– como una amenaza.

 

Desde Barrancabermeja, Rafael Velásquez centra su atención en un estudio de caso sobre una de las comunidades que luchó por "no estar subordinados a los españoles y posteriormente a los republicanos". Los Yareguíes: resistencia y exterminio (el cual hace parte de un estudio más amplio publicado en el 2012 junto al historiador bumangués Víctor Julio Castillo León) es la historia del proceso de aniquilación de un pueblo que luchó por su independencia, lo que los llevó a ser considerados como "salteadores, salvajes, bárbaros y belicosos" en el territorio que hoy conocemos como el Magdalena Medio, hasta su exterminio definitivo en la primera mitad del siglo XX. "Los indígenas de esta región sobrevivieron efectivamente durante mucho tiempo. Resistieron a los españoles y a la Colonia, pero no sobrevivieron a la República".

 

Desde el Amazonas, Carlos Suárez Álvarez nos estrega el texto: El embrujo de las tradiciones, en el cual nos ofrece un relato entre la crónica y el ensayo en donde cuestiona la idea dominante de la armonía que el indígena guarda con la naturaleza. En su escrito el autor apela a recuerdos, vivencias y estudios sobre las comunidades indígenas para romper cierta idea común que los ve exclusivamente como "buenos salvajes". Es necesario decir que no debemos caer en "la tendencia a generalizar las costumbres de todas las etnias", como nos advertía el autor del artículo anterior, profesor de Ciencias Sociales por lo demás. Es decir, frente a las enseñanzas de las comunidades indígenas, así como frente a sus desaciertos: ni idealización, ni generalización.

 

Esperamos que este nuevo suplemento de nuestra colección, sirva tanto a quienes desde las aulas insisten en construir y difundir una historia crítica, como para quienes buscan que la historia de Colombia no sea "letra muerta" y logren encontrar allí los argumentos que hacen necesario que un nuevo país emerja, integrando su experiencia como pueblo.

Lunes, 01 Abril 2013 17:28

El embrujo de las tradiciones rotas

Los indígenas de la Amazonia libran una batalla sin tregua con los pobladores animales, vegetales y espirituales de la selva, que sustentan la existencia humana al tiempo que la amenazan. Aunque se les tiene por "guardianes de la selva", y se presume que viven "en armonía con la naturaleza", la experiencia de la cotidianidad amazónica apunta, dramáticamente, a algo muy diferente.

 

Por el centro de la única calle del pueblo shipibo de Vencedor, en la Amazonia peruana, se arrastra parsimonioso un inofensivo y enternecedor perezoso. Ha ingresado en el espacio humano desde la masa boscosa que rodea el pueblo; una algarabía de niños y muchachos se concita alrededor del animal. "Pelejo bonito", sonríe Osvaldo, el único adulto en el grupo que, con una vara, trata de levantarle la cabeza para descubrir su rostro. Los pequeños espectadores ríen divertidos y se empujan contra el desorientado animal, como si supusiera una amenaza. El animal está panza abajo, hecho ovillo, con la cabeza contra el suelo; cuando Osvaldo, con su palo, le hace volar unos centímetros por el aire, en sus deditos de largas uñas negras se queda con una manotada de tierra a la que se ha agarrado. Todos ríen. El animal, ahora sobre sus cuartos traseros, trata en vano de mostrarse amenazador, alzando una mano, emitiendo un débil bufido. "¿Muerde?", pregunto intrigado por las precauciones. Osvaldo niega mientras alza la vara para darle un duro golpe en el costado. Los niños celebran con volteretas. Montando la única bicicleta del pueblo aparece Omar, de 14 años, que traza círculos alrededor del grupo hasta que decide pasar por encima de las piernas del animal. La algazara arrecia cuando pasa por encima del lomo. Osvaldo va empujando al perezoso, haciéndole volar por los aires, en dirección al puerto. Una columna de pequeños les siguen mientras celebran cada vuelo del animal. Al borde del río, varios niños le lanzan bolas de barro duro y se regocijan cuando aciertan plenamente. Omar empuja al animal al agua, que trata de nadar río arriba; Omar se acerca a la orilla y lo hunde hasta el fondo con la vara. Unas burbujas se elevan hasta la superficie. Carcajadas. Tras intentar ahogarle infructuosamente, Omar le asesta un palazo en el lomo. El animal queda separado de la orilla dos metros y la corriente se lo lleva río abajo; al poco se pierde entre unas canoas pero reaparece aún vivo. Omar le asesta dos durísimos golpes en la cabeza y el cuerpo queda inánime, con la cabeza sumergida, a merced de la corriente. Los niños le siguen unos metros río abajo hasta que se cercioran de que ha muerto.

 

Contra la naturaleza

 

La idea de que los indígenas de la Amazonia viven en dichosa armonía con la naturaleza, como en un jardín edénico, es un cliché infundado. Entre los humanos amazónicos y sus vecinos del bosque existe una incompatibilidad esencial. En el idioma shipibo (el de los niños que acabaron con el perezoso), la palabra que designa pueblo no remite a una reunión de personas (como en castellano), ni a algo común (comunidad es un término legal impuesto por los estados); jéma significa literalmente espacio desmontado, es decir, aquel que ha sido arrebatado a la selva mediante la eliminación de toda forma vegetal.

 

Un pueblo shipibo es una isla de humanidad en un océano de vida acechante. De este reducto transformado por el humano se excluye sistemáticamente cualquier forma viva no sometida: las especiespermitidas (los frutales de los patios traseros, las gallinas y otros animales domésticos) responden a la voluntad del humano. En la calle central de Vencedor, de unos treinta metros de anchura y más de doscientos de largo, sólo existe un árbol, y todas las mañanas, las mujeres se afanan en arrancar (en cuclillas, con el machete) hasta la última brizna de pasto del suelo circundante a su casa. Sus poderosas razones las comprendí días antes de que comenzara el curso escolar: los hombres del pueblo desyerbaban frente a la escuela, invadida por hierbas de medio metro en el período vacacional; el jefe, mientras blandía el machete a ras de suelo rajó el vientre de una boa de metro y medio. La boa no es venenosa, pero podía haber sido el temible jergón o la diminuta víbora, y no un machete el que diera con ella sino el pie de un niño. También entendí, tras un accidente sin consecuencias, que el destino inexorable de los grandes árboles es siempre la caída, ya por viejos, ya empujados por vendavales ocasionales; por eso no pueden erguirse cerca de las casas y deben ser tumbados.

 

Pero una explicación materialista resulta pobre para comprender las motivaciones de un comportamiento que traspasa los límites de la lógica de los cinco sentidos: la tradición indígena concibe una realidad dual y lo que sucede en la esfera espiritual afecta a la material.

 

En su etnografía La Gente del Centro del Mundo, el antropólogo colombiano Juan Álvaro Echeverri da cuenta de cómo el curandero ocaina Kinerai estableció su propia maloca (la gran casa ritual indígena) en una zona boscosa del río Igaraparaná, en la Amazonia colombiana. "Los viejos tenían el dicho: 'Limpia donde van a dormir tus hijos'", contaba Kinerai a Echeverri. "La suciedad está ahí fuera, en el bosque; ahí fuera hay fuego [rabia], hay fatiga, hay enfermedad". Y Kinerai limpió material y espiritualmente: durante el día ponía trampas en el bosque, y por la noche se sentaba a meditar, armado de coca y tabaco, aquietando su corazón para identificar los malos sentimientos. Inspirado por las plantas soñaba: la primera noche su padre le visitó enfadado porque la trampa le había bloqueado el camino, pero el padre era un impostor y cuando al día siguiente fue a comprobar la trampa, encontró a un jaguar, al que tuvo que matar; una metáfora de la difícil relación paterno filial, que debía resolver. En noches sucesivas le visitaron una vieja triste (que se presentó como dueña del lugar), una mujer seductora, un presunto compadre... Personificaciones espirituales de traumas diversos que amanecían en la trampa en forma de animales. Para establecerse de manera independiente en su propia maloca mató cuatro jaguares (uno por cada columna de la maloca), un armadillo, un oso hormiguero y un etcétera de seres que simbolizaban cada uno de los materiales empleados en la construcción y remitían espiritualmente a problemas por resolver. "Tuvo que cazar los animales que eran los dueños del lugar porque si no traerían problemas y enfermedades a su familia", explica Echeverri. A partir de ésta y otras observaciones, el antropólogo colombiano concluye que el indígena vive "contra la naturaleza".

 

Los seres del monte

 

Los humanos no pueden permanecer indefinidamente en su anti-oasis doméstico; el bosque provee alimento, medicina, materiales de construcción; es preciso adentrarse en él cada día. El ayahuasquero shipibo Roger López, de 44 años, experimentó en su adolescencia los peligros espirituales del monte. A sus trece años disfrutaba surcando caños y lagunas acompañado por sus primos. En una ocasión se aventuró en la Cocha Suavi, casa del gran lagarto negro y la boa, vedada por los viejos a las andanzas juveniles. "¡¡Qué vacilón!!", gritaba ruidoso, despreocupado hasta que sintió un ardor de fuego en el costado. Por la tarde, se revolvía con fiebre. "¿Qué ha pasado?", preguntó el abuelo. "Me ha embrujado...". "¡Ajá! ¿Adónde te has ido?" Roger contó la verdad; el abuelo se enfureció. "¡Tú no sabes porque no has tomado ayahuasca! ¡No sabes!". El abuelo agarró su pipa de tabaco y su agua de florida. Icaró la pipa, fumó el tabaco, sopló el humo, chupó sobre la zona dolorida y escupió. El dolor se mitigaba mientras Roger escuchaba la reprimenda. "Eso es brujería que envían los dioses de la anaconda, porque ellos están tranquilos y tú les molestas. Si tú estás durmiendo y uno que venga a gritar: '¡¡Ahh!! ¡¡Carajo!!' ¿Qué harías? Le metes un correazo o le mandas a tu perro. Igualito, ellos también están tranquilos y nosotros les molestamos". Al poco Roger se sintió aliviado. "Nunca andes en un lugar así", continuó el abuelo, ya más calmado. "Ahí hay personas, humanos como nosotros, y ustedes están molestando sus pollos".

 

El abuelo, José López, era un respetado ayahuasquero del Bajo Ucayali, un sabio de otro tiempo que también sabía comportarse como el presente exigía; aunque recomendaba a su nieto respeto por los seres de la naturaleza, era paradójicamente capaz de todo lo contrario. Cerca de la misma Cocha Suavi en la que Roger había sido embrujado, el abuelo se establecía todos los veranos con la familia para buscar y tumbar cedros y caobas. Roger se subía a la canoa después del desayuno y buscaba ejemplares que estuvieran cerca de los cursos de agua para que, con la creciente del invierno, pudieran ser fácilmente transportados a la laguna, donde formaban grandes balsas para el patrón de la ciudad.

 

Estos recuerdos de Roger, de su participación en la industria maderera, no me sorprendieron porque unos años antes conocí con él, el puerto de Manantay, a las afueras de la ciudad de Pucallpa. El calor, el polvo de la carretera, los grandes remolques cargados de enormes troncos que nos cruzábamos, fugaces vistazos de aserrío a un lado y otro, fueron preparándome para el síncope posterior, cuando el motocarro nos dejó en una explanada que descendía hasta la orilla del río, repleta de gente, puestos de comida, movimiento, sol de mediodía, motos y motocarros, polvo, animación, tecnocumbia y, sobre todo, madera. Madera flotando en el río; madera que grandes grúas descargaban de barcazas repletas; madera entrando en una sucesión infinita de aserríos sobre la orilla; hombres como hormigas cargando tablas, bloques y tablillas; troncos gruesos suspendidos en el aire que emprendían el camino hacia cualquier rincón del mundo. Exclamé impresionado, sin palabras, y miré a Roger boquiabierto, esperando su complicidad. Mi sorpresa fue mayúscula cuando en vez de airado, se mostró orgulloso: "Es una industria muy potente, muy fuerte".

 

Virus contagioso

 

Los pueblos indígenas han participado en procesos extractivos en toda la Amazonia desde que el blanco introdujo en la región su sistema comercial global e insaciable: un virus altamente contagioso. Durante el siglo XIX contribuyeron a esquilmar manatíes y tortugas (cuya grasa servía como combustible para alumbrar), zarzaparrilla, paiche (pescado de preciada carne que se comercializaba salado)... A partir del siglo XX, con el establecimiento de carreteras y la mejora en las comunicaciones fluviales, el caucho de horrible recuerdo, las maderas, las pieles de animales y, en resumidas cuentas, cualquier producto que el sistema globalizado precisara, fue extraído sistemáticamente por la población indígena. El cazador ocaina Arsecio Pijachi recuerda que en su adolescencia, allá por los setenta en el río Igaraparaná, se internaba con su tío en la selva en busca de "pieles finas" como las de jaguares, nutrias y pecaríes, de los que mataban varias decenas en cada campaña; la población de esas especies se redujo en aquella década a niveles críticos. A cambio obtenían ropas, herramientas, motores, y una serie de artículos que se hacían cada vez más imprescindibles a medida que la economía de mercado se asentaba en este antaño rincón remoto del planeta, produciendo cambios drásticos en la relación del nativo con la selva.

 

Esta dinámica de sobreexplotación es irreconciliable con los discursos rituales, los mitos o los cuentos infantiles recogidos por los antropólogos en las últimas décadas, que prescriben un comportamiento cuidadoso en la explotación de los recursos naturales. Thomas Griffiths, en un exhaustivo estudio sobre la economía de los huitoto en el río Caquetá, Colombia, reproduce un cuento del viejo sabedor José Suárez, en el que el Padre Creador advierte al Dueño del Agua que los humanos podrán pescar siempre y cuando pidan permiso. "Pero cuando uno de mis hijos [humano] sea malo, cuando no pida permiso, cuando tome sin necesidad tus hijos [los del Dueño del Agua: los peces] sin necesidad, entonces te toca a ti tratar con ellos. En este caso, tienes el derecho a defenderte y reclamar tus hijos". Y el viejo Suárez culmina: "Ahí es cuando el Dueño del Agua se molesta y hay problemas. Ahí es cuando nuestros hijos se ahogan y no reaparecen porque la Gente del Agua se los ha llevado".

 

En la misma línea, el antropólogo suizo Jürg Gasché analiza los azares de la cacería entre los bora de la cuenca del río Ampiyacu, en Perú. Cuando el cazador ingresa en el bosque, explica Gasché, se halla en el territorio del Señor de los Animales quien, todopoderoso en sus dominios, decide el destino del cazador, su éxito o fracaso. Para asegurarse una buena partida, la tarde de la víspera, inspirado por el tabaco y la coca, el cazador se comunica con el Señor de los Animales para pedirle permiso mediante un discurso ritual del que se elimina cualquier referencia a la violencia: la petición se elabora en términos de cosechar los frutos cultivados por el Señor de los Animales. El cazador le recuerda que así como él permite que de sus hojas de coca se alimenten ciertos gusanos, que no causan daño a la mata, así el Señor de los Animales debe permitirle cosechar sus frutos, que destinará exclusivamente a alimentar a su familia. El cazador es consciente de que si sobrepasa la cantidad necesaria deberá asumir las consecuencias. "Se sabe en la región de varios cazadores que se dedican a matar animales para la venta", escribe Gasché. "Varios de ellos han enfermado o la enfermedad ha afectado a un familiar cercano de ellos y fueron curados por el tratamiento apropiado después de habérseles diagnosticado su origen en la matanza excesiva de animales".

 

Antes de que en la Amazonia se estableciera el Monstruo Hambriento, las sociedades nativas respetaban a la naturaleza porque la temían, no porque la amaran; pero el dinero hizo olvidar el temor. El estereotipo del indígena ecologista fue forjado, según el antropólogo Andreu Viola Recassens, "a partir de la creciente sensibilidad ambiental de los años setenta", de acuerdo a "viejos prejuicios etnocéntricos", y es desde entonces asumido por los líderes indígenas gracias a lo que Jürg Gasché, con cuarenta años de experiencia en la región, considera un proceso de "sumisión y alienación" ante los intelectuales urbanos que les asesoran (y financian, añadiría yo). Para Viola mediante la alianza entre los movimientos ambientalistas mundiales y los indígenas por la protección de los bosques tropicales, los primeros conseguían "capital simbólico" y "aureola de legitimidad", y los segundos "un poder sin precedentes en sus negociaciones gracias a la presión de la opinión pública internacional". Viola ilustra el desencuentro subyacente entre unos y otros recordando el caso de los kayapó, cuyos líderes, haciendo gala de plumas y pinturas faciales, viajaron por el mundo entero, acompañados por Sting. Qué decepción para la opinión pública y muchos ambientalistas cuando trascendió que los kayapó habían vendido madera de sus territorios ancestrales. "No fueron los indígenas los que los habían llevado al engaño, sino las falsas expectativas sobre las necesidades reales y las aspiraciones del buen salvaje que ellos mismos se habían creado", argumenta Viola. "Para los Kayapó lo que verdaderamente estaba en juego era la autodeterminación de su pueblo y la soberanía de su territorio".

 

El Devorador Polimorfo se arrastra por todos los territorios: ni los kayapó, ni los ocaina, ni los bora, ni los shipibo pueden resistirse. Los cuentos de los viejos quedaron viejos; las sociedades indígenas de antaño, sencillas y autónomas, de abundancia material, están ahora bajo el poderoso hechizo de los colores de la Pantalla, las herramientas muy eficaces, la urbe exótica, los escalones sucesivos a ninguna parte, el ritmo desenfrenado, la música electrónica, mil posibilidades que aturden, mil comidas ignotas, azúcar, pornografía, gente bien vestida en la oficina, el siempre más, siempre más. En fin: el dinero (lo que compra y lo que requiere) emite un reclamo ensordecedor que impide escuchar las voces de los ancestros. 

Viernes, 22 Marzo 2013 06:49

Un ocho de marzo inolvidable

Salí a dar un paseo para despejar mi mente, pues había estado todo el día corrigiendo unos textos, caminé un rato y de pronto me di cuenta que en casi todas las esquinas por las que había pasado había alguien vendiendo flores, luego noté también algunos escolares con hermosos ramos de rosas y un inusual movimiento en los almacenes, entonces me pregunté: ¿qué celebran hoy? La asocié con una fecha familiar (un cumpleaños) y de pronto, una sonrisa irónica se dibujó en mi cara: mañana es ocho de marzo, “día de la mujer”, y recordé que, poco a poco, los últimos años esta fecha se me fue desdibujando y ya no me importó que la celebraran o no.

 

Todo tiene que ver con el hecho de que el mercado se la apropió. Una fecha que en su momento fue reivindicativa para las mujeres, pues nos recordaba que éramos una fuerza de trabajo inmensa y fundamental para el desarrollo de los países y que, por lo tanto, teníamos derecho a ser tenidas en cuenta en este mundo patriarcal, exigir ser bien remuneradas y tener posibilidades de prepararnos y ocupar cargos de dirigencia.

 

Este era el sentido profundo de este día. Pero el capital no podía perdonar tamaño atrevimiento, así que ayudado por los medios de comunicación a su servicio convirtió esta fecha en otro carnaval para su beneficio y la mayoría de lugares cotidianos fueron inundados por esta fiebre del consumo, tanto, que ya casi nadie recuerda hoy por qué se celebra el día de la mujer en esta fecha, ocho de marzo, y volvimos a asociar a la mujer con la delicadeza, la sumisión, la ternura y la obediencia. Así se logró banalizar el único día que merecía ser recordado y conmemorado en el largo camino de la mujer en pos de su reconocimiento como alguien fundamental en el desarrollo humano.

 

Es una maniobra que consolidaron con el paso de los años. En un país en donde la guerra tomó un lugar privilegiado, las mujeres también pasamos a dolernos más de la cuenta, pues nuestros hijos, nuestros compañeros y nosotras mismas fuimos siendo presas de su acechanza, las mujeres de las clases populares llevaron y llevan la peor parte, pues son ellas las que regularmente ponen los muertos.

 

Para ellas y para todas las que aún recuerdan el 8 de marzo como la conmemoración de la valentía y el arrojo femeninos y porque este recuerdo no debe perderse, quiero contar una historia que sin ser ficción lo parece y con ella pretendo renovar el compromiso de la mujer luchadora, de la que sin dejar atrás su ternura, su delicadeza se muestra fuerte ante las adversidades y se organiza y organiza a los suyos para defenderse.


 

Vaca muerta*

 

 

Es la historia de una maestra, me la contó ella misma en uno de esos paseos que hacía en vacaciones, éste fue a las maravillosas tierras del Chocó y allí estaba ella, una Paisita muy alegre y habladora, Alba, ese era su nombre. Cuando le conté que escribía, quien sabe qué esperanza cruzó por su mente y ahora yo estoy cumpliendo con la promesa que desde mi corazón selló el final de su relato:

 

Alba nació por allá en los años 70 en un pueblo de Antioquia, era la quinta de diez hermanos, estudió en la normal y se graduó de maestra a los 17 años. El día del grado su papá le dijo: “Bueno Albita hasta aquí te acompaño yo, ahora te toca seguir por tu cuenta, yo aún tengo otros cinco hijos por educar”. La nombraron maestra de primaria, en otro pueblo, lejos del suyo. En esa zona arreciaba la violencia pues empezaban a aparecer los primeros grupos de autodefensas combatiendo a la guerrilla y por supuesto también estaba el ejército. Era maestra de escuela rural. Pronto tuvo que empezar a convivir con la zozobra. Al principio llegaron grupos de hombres armados que ella poco a poco fue identificando como de un bando u otro, bien porque ellos lo decían o bien por su comportamiento. Hacían reuniones y luego se marchaban. A veces, a unas pocas horas llegaba el siguiente grupo y ella tenía que recibirlos, como los “únicos”. Después de tres meses ella los bautizó a todos como “los hombres de la guerra”, pues eran una amenaza vinieran de donde vinieran. Tuvo que restringir las correrías con los niños, ella, que amaba tanto la naturaleza; luego ni siquiera podía salir del salón. Enviaba a un pequeño, “al más listo”, un chico de vivaces ojos, delgado, que había aprendido a no ser percibido, que parecía un pequeño fantasma, para que le avisara si podía ir al baño. Cuando la jornada terminaba corría cuanto podía escoltada por algunos de sus estudiantes para salvar los dos mil metros que la separaban de la casa de Mercedes la campesina que la alojaba y que la había prevenido suficientemente sobre “lo peligroso que era encontrarse con esos hombres, mi niña, y sobretodo siendo tan bonita como tú”. Mercedes tenía una tienda, era una ventaja, mucha de la información pasaba por allí. De ahí al pueblo cercano eran cuarenta minutos a buen paso. Alba los recorría todos los viernes al principio, luego acordaría el día anterior con los niños, que se convirtieron en sus cómplices, cuándo faltaría a la escuela para bajar al pueblo y mantener informados a sus padres sobre la situación “para que no se afanen”. Así despistó una y otra vez las columnas de hombres. Pero también decidió entrenarse para enfrentar la guerra. En vacaciones de mitad de año compró ropa de hombre de un color gris indefinible, unas pesas, para los pies y unas botas de número grande, (así la pisada sobre la tierra del camino se hacía profunda y parecía la de un hombre). Todas las mañanas de esas vacaciones se enfundó las botas y las pesas y caminó largas distancias con ellas con cronómetro en mano, pues la idea era reducir a veinticinco los minutos que gastaba de donde Mercedes al pueblo, hasta que lo logró. También entrenó su vista para ver hombres, animales u objetos en movimiento entre los árboles a una distancia suficiente. En casa de Mercedes continuó su entrenamiento, su olfato se afinó en las semanas subsiguientes y, según ella afirmó, podía oler el sudor de los hombres cuando se avecinaban.

 

En agosto, escuchó el rumor que se iba a trasladar un batallón a tan solo tres kilómetros de la escuela. Sintió ganas de abandonarlo todo, pero la suerte de sus niños que sufrían también el acoso de la guerra se lo impedía.

 

Un día que los niños pidieron salir a “echar cometa”, y ante la insistencia de que el encierro los aburría ella accedió a ir a un potrero en frente de la escuela. Cuando tomaron un descanso para comer, ocurrió lo inesperado, todos sintieron un movimiento inusual entre los árboles, los niños como movidos por un resorte rodearon a Alba y ella recogió como pudo sus pequeños y corrió de regreso al a escuela, no bien habían traspasado la puerta cuando se oyeron los primeros disparos. Muchos disparos, mientras ella y sus pequeños se tendían en el piso y procuraban no moverse. Fue larga la confrontación. Cuando ya no se oyó más el tiroteo, Alba pidió a su vigía (¿recuerdan? su alumno más listo) para que le avisara si no había peligro para salir. Está muy oscuro, informó el pequeño, no se ve nada y entonces se quedaron a dormir apretujados unos contra otros para darse calor. Al día siguiente, la joven maestra decidió enviar a su niños a casa, “tomando muchas precauciones” y voló donde Mercedes. Mercedes la abrazó y le dijo: tienes que correr mi niña, corre todo cuanto puedas; anoche escuché a esos hombres que te iban a apostar, que te iban a dar de regalo al primero que te alcanzara. Alba corrió a su cuarto tomó la bolsa de viaje siempre lista, se colocó la ropa de hombre color gris indefinible y las pesas y sus botas, luego pidió a Mercedes dos gaseosas que vació en el inodoro dejando un poco de líquido en una de ellas, colocó las botellas con sus tapas sobre una de las mesas de la tienda, abrazó a Mercedes y se marchó. Tomó un atajo, por un viejo cementerio que quedaba en lo alto de una loma, que la misma Mercedes le había revelado, cuando llegó allí volteó a mirar hacia la casa de la campesina y vio una columna de siete hombres que arribaban, miró su reloj, marcaba el minuto 12, sudaba copiosamente y sentía un leve dolor en el costado, apretó el paso y solo lo pausó cuando tocó la pared de la primera casa del pueblo. Veinte, marcaba su reloj.

 

Del pueblo a su pueblo, un abrazo infinito de sus padres y luego a Medellín a solicitar traslado por amenaza contra su vida, y a pasar una carta a la gobernación pidiendo protección para la gente de la vereda, sobre todo para “sus niños”. Un mes después regresaría donde Mercedes por el resto de sus cosas, escoltada por su padre, “a un viejo no creo que se atrevan a hacerle nada” había dicho y terco como era la acompañó.

 

Mercedes le contó lo que había sucedió el día de su huida: “Como a las quince minutos que te fuiste llegaron y preguntaron por la maestra y yo les dije que hacía “poquitico” que se había ido, ellos miraron a la mesa y vieron las dos gaseosas, tenía sed dijo uno de ellos y se rió, yo dije que por ahí unos cinco minutos y luego les dije que se comieran una gallinita, me tocó sacrificar la “cumba”, y unos plátanos asados, “para entretenerlos mi niña”, y así había logrado que nunca la alcanzaran. Las dos mujeres se abrazaron y lloraron. Alba regresó con su padre y luego se fue para Medellín y ahora trabaja en una comuna. Desde hace algunos años trabaja con una organización que ayuda a los desplazados que llegan desde los campos y pueblos, tiene un club de pequeños lectores en homenaje a sus niños que tuvo que abandonar.

 

* Esta historia hace parte de un libro inédito que lleva por nombre: Una semana de cuentos de mi autoría.

Publicado enEdición 189
Encuentro nacional de experiencias de carnaval y educación

El 6 y 7 de febrero, la Universidad del Atlántico y la Fundación Cultural Espacio Caribe, con motivo del Carnaval de Barranquilla, invitaron a los investigadores, docentes y hacedores de cultura, a pensar en una educación orientada desde la cultura y todos los saberes que en ella se comprenden. Aquí las impresiones de esta semana de fiesta y reflexión.

 

La reflexión sobre educación y cultura festiva, y el intercambio de las experiencias que adelantan en sus centros educativos, fueron los ejes que motivaron el encuentro de docentes en vísperas del Carnaval de Barranquilla; motivo de aprendizaje y goce. Aquí unas impresiones de esta experiencia.

 

En las instalaciones de Combarranquilla (Unidad Bostón), los pasados 6 y 7 de febrero, la Fundación Cultural Espacio Caribe y la Universidad del Atlántico extendieron una invitación a todos los investigadores, docentes y hacedores de cultura en el país, a reunirse alrededor de la educación y la cultura festiva en el Encuentro Nacional de Experiencias de Carnaval y Educación.

 

Esa relación entre educación y cultura festiva, eje del encuentro, se configura como una alternativa innovadora y favorable a lo largo de todo el territorio colombiano, gracias a sus aportes en aspectos propios de nuestra realidad nacional como la convivencia y la construcción de ciudadanía. Esto dado que, en un país de gran riqueza, las manifestaciones culturales (muchas de ellas declaradas Patrimonio Intangible de la Humanidad, como el Carnaval de Blancos y Negros, San Basilio de Palenque, la música de marimba del Pacifico, las fiestas de San Pacho y el Carnaval de Barranquilla -entre las mil y más fiestas que se realizan año tras año por toda nuestra geografía nacional-), se constituyen en un material que abarca todos los campos del saber y permiten orientar el rumbo de la educación de calidad de nuestras instituciones.

 

Así pues, partiendo de esta relación, a dos días de que el "Carnaval del Bicentenario" llene de alegría todos los rincones de la ciudad, y participando de los diálogos suscitados por los más de veinte ponentes que concurrieron al evento, el Encuentro Nacional de Experiencias de Carnaval y Educación se constituyó en un ejercicio previo y enriquecedor al dimensionar la responsabilidad que todos los colombianos tenemos de preservar el Carnaval de Barranquilla como aglutinador de las más diversas expresiones de la cultura Caribe, la misma que nos identifica en cualquier rincón del mundo.

 

A propósito de los ponentes, con gusto brindaría como mínimo un párrafo a cada uno de ellos y a la descripción de sus trabajos, a los que le han dedicado la mayor parte de su vida. Respetuosamente quisiera hacer mención de algunos de ellos que, de manera concreta, le aportan a la educación y a la salvaguarda de la cultura a partir de los niños y los jóvenes universitarios. Debo mencionar entonces, a los profesores Manuel Antonio Pérez Herrera, que este año fue "Congo de Oro" con su trabajo Son de Negro; Álvaro Bustillo, candidato a Rey Momo con su trabajo en la danza de tradición El Garabato, y Julio Adán Hernández M, quien de manera puntual ha dado una respuesta a la preservación del Carnaval de Barranquilla con la realización del "Carnaval de los Niños". De igual manera, menciono a las investigadoras Verónica Ahumada, Rocío Varela, Esther Hernández y Átala Ochoa Torrenegra, cuyos trabajos se pueden consultar en http://espaciocaribe.blogspot.com, incluyendo la ponencia que presentó el Colegio Marco Tulio Fernández en representación de Bogotá.

 

Ahora bien, siguiendo con el desarrollo del encuentro, mientras este se daba, la rigurosidad académica se complementaba con el ambiente próximo a la festividad: la ciudad se alistaba para la Batalla de las Flores, el evento inaugural que se realiza en el cumbiódromo y que se da paralelamente al desfile de la 44 y el desfile de la 17 (ese solo aspecto evidencia el número de participantes, su organización interna en la realización de comparsas y lo que conlleva en la producción material, carrozas, danzas, disfraces, vestuario, música y demás accesorios que se fortalecen de generación en generación). Entre tanto, en el interior de los auditorios del evento, y afuera de estos, en conversaciones espontáneas con los ciudadanos que nos atendían en cualquier lugar, se expresaba la inquietud por los riesgos que ellos reconocen se corren en la realización del carnaval de su ciudad.

 

Los primeros dejaron ver su preocupación frente al Carnaval como espectáculo, su comercialización y administración del mismo (de ahí la creación de los carnavales inaugurales paralelos). No ocultaron su preocupación por la presencia de elementos culturales extranjeros y por la participación de distintas iglesias, a pesar del reconocimiento que este Carnaval es la fiesta más auténtica que se rige por el calendario católico desde siglos atrás, para empatar con el inicio de la cuaresma, por eso se le llamaba carnestolendas.

 

Los segundos, por su parte, se manifestaron sobre el Carnaval según las circunstancias. En sus declaraciones destacaron repetitivos aspectos en materia de seguridad, violencia, pobreza, desplazamiento, exclusión. Temas que son precisamente los mismos que tenemos que abordar a diario en nuestras instituciones escolares a lo largo y ancho de todo el país. Sus angustias, especialmente en lo concerniente al derecho a la vida y a vivirla con calidad, también son las nuestras como educadores. Sólo como ejemplo cito el esfuerzo que se realiza en cualquier institución escolar por compartir una expresión cultural como la cumbia, invitar a unos jóvenes a interpretarla con sus instrumentos autóctonos o narrarles las historias del mestizaje que le dio origen; para que en un abrir y cerrar de ojos, las telenovelas sobre el narcotráfico, las canciones norteñas los desplazamientos y la guerra, nos obliguen a todos a pensar nuevamente ¿por dónde es que empezamos?

 

Lo cierto es que la frase que se ha acuñado a lo largo de la historia "Quien lo vive es quien lo goza" va más allá de la rumba. El legado cultural, su comprensión, la tradición de su ciudad, la microempresa, la producción artesanal, el trabajo individual y colectivo de recolección, la riqueza en la oralidad, danza, música y muchas más, obligan a diversos sectores, incluyendo al educativo, a potenciar el Carnaval como un espacio en la construcción de ciudad, ciudadanía y cultura. Precisamente, este fue el propósito del director de Espacio Caribe, profesor Jairo Soto Hernández al convocarnos al Carnaval del Bicentenario.

 

ARMANDO CALDERÓN R.*

* El profesor Armando Calderón Rodríguez, se desempeña como Rector del Colegio Marco Tulio Fernández de Bogotá.

Galería fotográfica de apoyo: www.flickr.com/photos/armandocalderon

Publicado enEdición 189
Carnavaliar: una característica de la colombianidad

Comer, beber, bailar, amar, festejar, no importa la época del año, si llueve o relampaguea, si hay sequia o el sol quema, si murió, nació o se casó, por estas situaciones, y otras más, siempre hay un motivo para celebrar. Sucede en Colombia, donde se celebran al año más de 3.000 carnavales, festivales, ferias y fiestas.

 

Como lo vivimos todos en nuestros pueblos o barrio, siempre hay tiempo para armar una parranda, fiesta, baile, rumba, corraleja de novillos, festejo, desfile, corrida de toros, comparsa, carnaval, cabalgata, etcétera.

 

Hace pocas semanas se celebró el Festival de Negros y Blancos en la ciudad de Pasto, Nariño –2 al 6 de enero–, uno de los más importantes en el país, declarado en 2009 por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad; y a los pocos días se festejó el Carnaval de Barranquilla –8 al 12 de febrero–, también Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

 

Estos dos carnavales están dentro de los más famosos del mundo, junto a los celebrados en: Oruro (Bolivia), Rio Janeiro (Brasil), Venecia (Italia), Tenerife y Galicia (España), Veracruz (México), New Orleans (EE.UU.), Notting Hill, (Inglaterra), Niza (Francia), Encarnación (Paraguay), Berlín (Alemania), Suiza, y los carnavales de República Dominicana.

 

Carnavales en Colombia, además de los ya relacionados: Río Sucio (Caldas) o Carnavales del Diablo; Carnaval de Supia (Caldas) también llamada Feria de las Colaciones; Carnaval de Baranoa (Atlántico), Carnaval del Limón (Puerto Triunfo, Antioquia); y las ferias de: las Flores en Medellín, la de Manizales y la de Cali.

 

Las fiestas las realizan los pueblos de diferentes partes del mundo por dos razones: una para sustentar, así como recordar los valores culturales y morales identitarios y, otra, para subvertir por un momento las condiciones establecidas, es decir, lo carnavalesco es lo subversivo. Esa es la contradicción de la celebración que se resuelve en el mismo ritual. Así, "a la vez que en carnavales como los de Pasto o Barranquilla sustento la tradición, al mismo tiempo, la subvierto con mi actuación".

 

En las fiestas se sucede un tiempo distinto al cotidiano, un espacio también diferente: la calle, el salsodromo, cumbiodromo, joropodromo, teatro, bar, parque. Y con un sistema distinto al vigente o cotidiano, todo se suspende por la fiesta y el carnaval: el tiempo cotidiano o real se para y aparece el tiempo del carnaval. Todo por la fiesta. Entonces, ésta es alegría, amor, turismo, comercio, transgresión y permanencia.

 

Otras voces, otras imágenes

 

La fiesta está muy relacionada con el momento político. Todo indica que, a pesar de proceder de Europa, luego mezclada con las tradiciones africanas, indígenas y mestizas, sus raíces se hicieron más profundas con la República, es decir, la fiesta es democrática, como se puede ver en los carnavales de Barranquilla y Pasto. Inclusive las transgresiones son visibles en las carrozas y comparsas, donde se expresan puntos de vista políticos no convencionales o aceptados, como sucedió en el Carnaval de Barranquilla en 1921, cuando se hicieron comparsas alusivas a la recién constituida República Bolchevique Rusa. Alusiones a temáticas de coyuntura, polémicas y transgresoras, son comunes, año tras año, en este Carnaval.

 

Se tiene memoria de fiestas y carnavales desde el siglo XVII en Cartagena, Bogotá y Popayán, pero fueron prohibidos por "inmorales" y terminaron celebrados en pueblos y veredas, invisibilizados por la cultura dominante. Con el tiempo se extendieron por todo el país, hasta el punto que hoy hay tantos como municipios y ciudades intermedias.

 

Dada nuestra diversidad cultural estas fiestas son mestizas, eclécticas y sincréticas, clasificadas en carnavales, fiestas, festivales y ferias. La fiesta busca celebrar algo conocido, un hecho sucedido, y son tradicionales y patrióticas. Dentro de las primeras están las fiestas religiosas, los carnavales y ceremonias rituales; las segundas son conmemoraciones sobre hechos históricos referentes a héroes, batallas y demás. Los festivales pueden ser artísticos o folklóricos y tienen como objetivo la difusión, mientras que las ferias tienen como objetivo la promoción, como ocurre con las ferias de ganado, artesanía, o similares.

 

Los carnavales se pueden definir como una parodia de las normas reconocidas y respetadas por la comunidad o colectividad, donde se presenta la relativización del estatus racial-social, donde la gente realiza en esos días lo que no hace los demás días del año. Tal vez por ello se celebran (según el calendario católico) entre la epifanía y el miércoles de ceniza, donde los rigores morales subsumen la sensualidad.

 

Con el paso del tiempo y las vivencias y sufrimientos de una población dada, los carnavales toman otras formas y contenidos, llegando también a reflejar la migración campo-ciudad, el crecimiento urbano, las danzas de origen africano, animal, indígena, mestizo local.

 

Al final, entre tanta fiesta y motivo para potenciarlas, toca gozarlas, soltando al vuelo nuestros sueños y dolores, para compartir con propios y extraños, para gozar, para romper barreras sociales, para hacer realidad, aunque sea por pocos días, el hermanamiento social, siempre propósito celebratorio pero también motivo de acción y organización social.

 

Notas

"Colombia y su música", Volumen I, José Portaccio Fontalvo, 2009, Bogotá, ediciones bicentenario,

"Así es Colombia", El Espectador, 1985, Bogotá.

Organizacióncarnavalnacionaldecarnavales.org

Publicado enEdición N°188
Julio Jaramillo y la música como identidad

Julio Jaramillo es la confirmación de una amplia tendencia en América Latina: el surgimiento de personalidades que simbolizan lo nacional a partir de historias personales transcurridas en el mundo del espectáculo. Es así que la farándula termina proveyendo iconos identitarios. Como siempre, todo depende de la memoria que se elabore sobre el personaje.

 

Julio Jaramillo Laurido nació en Guayaquil el 1º. de Octubre de 1935 en un hogar de padre y madre trabajadores. Desempeñó oficios manuales y se encaminó al canto junto con su hermano José, dentro del ambiente de los músicos populares llamados despectivamente "lagarteros". El pudo pasar de ese círculo a otro de las radios y presentaciones públicas. Sus primeras grabaciones fueron en dúo con Fresia Saavedra, una reconocida cantante de música nacional.

 

A mediados del siglo XX se afianza una cultura de masas moderna en el Ecuador con un fuerte núcleo en la música popular. Esta se hallaba estructurada por la industria fonográfica, la radio, las rocolas y un sistema de espectáculos públicos. Las emisoras radiales tenían auditorios para la presentación de espectáculos musicales y los cines ofrecían música en vivo combinada con la proyección de películas.

 

La introducción y propagación de las rocolas en la década de 1950, masificaron – junto al disco de 45 revoluciones- la música, no solo nacional, ya que correspondió también a una internacionalización de la música popular latinoamericana. Hacia los años sesenta, las rocolas eran artefactos diseminados en restaurantes, prostíbulos, heladerías y cantinas. Su repertorio incluía música local e internacional. Pero no existía lo que años más tarde se denominó  música rocolera.

 

Todo esto tenía un marcado carácter local y urbano. Los músicos y cantantes eran reconocidos en sus localidades. El bolero antillano y mexicano, más una antigua recepción del vals peruano influían en los repertorios y estilos de los músicos nacionales. De modo que la música ecuatoriana, representada principalmente por el pasillo, se alimentó  de una interacción con otras vertientes musicales nacionales. En este clima se incubó Julio Jaramillo, quien tuvo la capacidad de moverse en un repertorio que incluía pasillos, yaravíes y pasacalles, junto a valses y boleros. La difusión de su música ocurría fundamentalmente con las rocolas y la radio. Las canciones más escuchadas de JJ, son de contenido amoroso y otras que aluden a la identidad guayaquileña.

 

Su trayectoria exitosa fue la de su internacionalización. Largos años de permanencia en Venezuela y México le permitieron crear un público más amplio y una inserción en los mercados fonográficos de esos países, interpretando preferentemente boleros. Además tuvo una gran aceptación en América Central y el Caribe e incluso en el cono Sur. Ese fue su mayor logro que lo convirtió en ídolo de vastos sectores populares en América Latina.  Realizó grabaciones en dúo con Olimpo Cárdenas,  Alci Acosta y Daniel Santos. Con éste último le unió una especial amistad, y  con el grabó en  1974 "En la cantina", un LP que recrea una jornada cantinera.

 

Su vigencia  en el Ecuador se mantuvo con sus periódicos retornos, y su temprana  muerte cuando tenía 42 años (Guayaquil, 9 de febrero 1978), lo convirtió en una referencia de la identidad nacional. Cuando falleció, se identificaron 27 hijos y probablemente más de 300 LPs. grabados. Había vuelto al Ecuador en 1976, pero su presencia no era tan requerida en los espectáculos como en el pasado. En la década de 1970 había un ambiente nacionalista que se encontraba carente de raíces populares, en tanto que los héroes criollos y las conmemoraciones cívicas perdían capacidad de convocatoria. En esta decadencia de símbolos patrióticos, el nacionalismo ecuatoriano encontró en JJ un icono de origen popular que  permitía cristalizar un sentido de pertenencia. Se le adjudicó la representación del cantante nacional que opacó a otras figuras de la época. En 1981 se exhibía la película "Nuestro Juramento", una coproducción mexicano-ecuatoriana que es una versión de la vida del cantante. Una traslación de este film en formato DVD  se titula  "El señor de las cantinas". Ya en los años noventa, una teleserie ecuatoriana está dedicada a contar su vida. Son puestas en escena que proponen una idea borrosa de la trayectoria del ídolo, centradas en acontecimientos que lucen triviales. Sobre todo, la ambientación y los actores que interpretan al cantante no son convincentes.

 

Se debe aclarar que la música rocolera, surgida a fines de los años setenta, después del fallecimiento de JJ, es un conjunto  de ritmos musicales (pasillos, valses y boleros) que a través de los espacios públicos y utilizando la comunicación radial, confluyeron en una manera de privilegiar la relación de pareja como un eje central de la vida popular. Los cantantes rocoleros, interpretaban canciones diferentes a las del tiempo de Julio Jaramillo, además de que  utilizaban un lenguaje predominantemente coloquial. Lo específico de la canción rocolera, que se diseminaba cuando más bien estaban desapareciendo las rocolas, es que ha tenido una amplia acogida en los sectores populares urbanos y los migrantes indígenas forjando un nuevo ciclo de desarrollo de la música popular.

 

Cuando literatos y músicos de las clases medias ilustradas reivindicaron a JJ,  a su manera, interpretaron un acercamiento a lo popular. De este modo, resolvieron  imaginariamente una identidad social con la vinculación a un símbolo. Entonces, un cantante de rasgos populares se convirtió en una fuerte imagen alimentadora de la nación mestiza. En 1993, el gobierno ecuatoriano instauró la conmemoración del "Día del Pasillo" el 1º de Octubre eligiendo el día del nacimiento de JJ como fecha simbólica. Después de 1990 y en el nuevo siglo ocurre un deterioro creciente de los símbolos identitarios nacionales con la irrupción de las demandas  étnicas y regionales. Como remate, el cierre del problema territorial con el Perú en 1998,  elimina uno de los factores dominantes del nacionalismo ecuatoriano.

 

Es difícil afirmar que JJ siga teniendo una imagen predominante de representación del espíritu de la música nacional. Nuevos cantantes populares y de clase media configuran espacios y sentidos de la música. Ya la música nacional dejó de ser lo que era. La globalización aleja a amplios públicos de las vertientes vernáculas de la canción. Es un momento de públicos diferenciados y de múltiples identificaciones. Sin embargo, los grupos populares se identifican con la música rocolera y la tecnocumbia.

 

Esto no quiere decir que JJ se ausente de los imaginarios. Las crónicas biográficas hasta ahora disponibles están centradas en su agitada vida amorosa, su afición a la bebida, su generosidad derrochadora y anécdotas del medio artístico. Son relatos en los que hay escasas fechas y una ausencia de contextos sociales y culturales.[†] Se conoce poco sobre el ambiente social y cultural de su tiempo y sus largas estadías en el extranjero.

 

Por lo menos dos estatuas, una en el suburbio oeste de Guayaquil y otra en Santo Domingo de los Colorados  perpetúan su memoria. Sin embargo, más importantes que los monumentos, son las recordaciones anuales del día de su muerte y los programas radiales que difunden su música cotidianamente. Claro que Julio Jaramillo continuará  alimentando recuerdos, nostalgias y orgullos nacionales. De haber sido un cantante ecuatoriano que se internacionalizó, logrando una presencia que no han alcanzado otras expresiones de la cultura ecuatoriana.

 

NOTAS

[*]Publicado en Revista del Archivo Histórico del Guayas, No. 2, Segunda Época, 2006, pp. 99-103.

[†] Algunas biografías y crónicas sobre Julio Jaramillo, son las de Carlos Díaz, Siempre Julio. La otra cara de un ídolo, Dino Producciones, Quito, 1998; Fernando Artieda, Julio Jaramillo. Romance de su destino, Editores Nacionales, Guayaquil, 2004, 2ª. ed. La colección de cinco fascículos publicados por el diario El Universo en 1998 y titulados Julio Jaramillo el ídolo del siglo, proporciona un acercamiento que cuida más el contexto social de la época. Ver también la entrada "Julio Jaramillo Laurido", en Rodolfo Pérez Pimentel, Diccionario Biográfico del Ecuador, T. 11, U. de Guayaquil, 1995, pp. 185-192.

 Hernán Ibarra

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Miércoles, 30 Enero 2013 06:46

Martí y la Revolución Cubana

ALAI AMLATINA, 29/01/2013.- La última semana de enero se conmemorará en La Habana, patrocinado por la Unesco, el 160 aniversario del nacimiento de José Martí, sobre el equilibrio del mundo.

 

La historia de América Latina es rica en líderes sociales que encarnaron, en sus ideas y actitudes, utopías libertarias. Sin embargo son raros los que, si por milagro resucitaran del sepulcro, verían aplicados efectivamente sus sueños y proyectos. Uno de ellos es José Martí, que vería en la Revolución Cubana, que su sacrificio no fue en vano. José Martí murió con las armas en las manos, en 1895, defendiendo la emancipación de Cuba del dominio español.

 

Su lucha echó raíces que florecieron en el proyecto de soberanía y liberación nacionales, con una expresiva resonancia internacionalista, llevado a cabo por el pueblo cubano en las seis últimas décadas, bajo el liderazgo de los hermanos Fidel y Raúl Castro.

 

Gracias a Martí la Revolución Cubana preservó su cubanidad, su originalidad, sin dejarse encorsetar por conceptos dogmáticos, que en otros países socialistas produjeron tan nefastas consecuencias. Martí tenía el don de ser un hombre de acción sin dejar de ser un intelectual refinado, un pragmático y un espiritualista. Nunca perdió el sentido crítico e incluso autocrítico.

 

Martí vivió quince años en los Estados Unidos, en Nueva York, entre 1880 y 1895, cuando allí se estaba gestando una transformación que imprimiría al capitalismo su carácter agresivo. Al mismo tiempo le posibilitó el contacto con lo que había de más avanzado en los pensamientos filosóficos, científicos y espirituales. En la sociedad norteamericana Martí constató lo que significa desarrollo económico centrado en la apropiación privada de la riqueza, indiferente a las reales necesidades humanas, y cómo esa concepción egocéntrica limitaba la vida espiritual

.

El papel de Cuba en el equilibrio de América Latina y el Caribe tiene sus raíces en el siglo 18, cuando, gracias a la influencia del enciclopedismo, la cultura cubana adquirió identidad y expresión. En ese proceso destacaron hombres de profundo sentido espiritual, como el obispo Espada, Félix Varela, Luz y Caballero, para culminar en Martí y en los que él formó, como Enrique José Varona, mentor de los jóvenes universitarios en los comienzos del siglo 20.

 

Lo que marcó la generación de Varela, Luz y a continuación la de Martí fue la capacidad de asimilar las nuevas ideas iluministas sin sacar los pies del suelo latinoamericano y caribeño. Hay un principio de educación popular que se aplica muy bien a esas figuras históricas, y que también explica la originalidad de sus pensamientos: la cabeza piensa donde pisan los pies.

 

En las motivaciones del ideario que los movía estaba el sufrimiento de los pueblos indígenas y de los esclavos, la saña colonialista, la lucha pionera de mi hermano de hábito fray Bartolomé de las Casas, los principios cristianos de la sacralidad radical de cada ser humano, considerado como hijo amado de Dios, independientemente de su clase, etnia o actividad social.

 

La lucha por la libertad y la justicia fue iniciada, en nuestro continente, por los pueblos indígenas. Millones de ellos fueron encarcelados, ahorcados, quemados vivos, decapitados y descuartizados. Tupac Amaru clamó contra la opresión colonialista. Hatuey, líder indígena de Cuba, fue quemado en una hoguera; consta que cuando le preguntaron si quería aceptar la religión de sus verdugos españoles, para de ese modo asegurarse un lugar en el cielo, preguntó si ellos también irían al cielo al morir, y al responderle que sí, Hatuey dijo que entonces no quería estar con ellos en el paraíso… También las mujeres indígenas, como Bartolina Sisa y Micaela Bastidas, lucharon y murieron en defensa de los derechos de sus pueblos.

 

Todos estos antecedentes explican la Revolución Cubana y el por qué ella destaca como factor de resistencia en América Latina. Antes de la victoria en Sierra Maestra nuestro continente era zona de ocupación y extorsión, de explotación y sumisión a los países más poderosos de Occidente. La Revolución Cubana puso un ‘basta ya’ al imperialismo, recató el espíritu de soberanía de los pueblos caribeños y latinoamericanos, despertó la conciencia crítica de nuestra gente, fomentó movimientos libertarios, comprobó que la utopía puede transformarse en topía y que la esperanza nunca es en vano.

 

Cuba venció al colonialismo español eliminando la esclavitud y asegurando su independencia como nación. Con la victoria de la Revolución le impuso límites a la expansión imperialista de los Estados Unidos.

 

Y se dio luego un movimiento de liberación nacional que abrazó el proyecto socialista. Pero el equilibrio se mantiene. Martí no fue remplazado por Marx; la fe religiosa de los cubanos no fue eliminada por el materialismo histórico y dialéctico; el arte no se dejó desvirtuar por los estrechos límites del realismo socialista. Lo que en el pensamiento europeo sonaba como antagónico, acá, en América Latina y el Caribe, se reveló paradójico. Lo que parecía irreconciliable del otro lado del océano acá representa convergencia, como el marxismo privado de dogmas o el cristianismo desprovisto de arrogancia elitista, pero sensible al clamor de los pobres, lo que desembocó en la Teología de la Liberación. (Traducción de J.L.Burguet)

 

Por Frei Betto, escritor, autor de “Conversación sobre la fe y la ciencia”, junto con Marcelo Gleiser, entre otros libros.

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En la decadencia de los pueblos
o naciones se muestra que la ayuda que las superestructuras pueden
prestar a los esfuerzos del individuo particular por proseguir la vida
es tanta como ninguna. Entonces es

cuando se hace mucho más reconoci

ble que en cuanto el opus commune se

desintegra en el nivel superior,
los hombres sólo se pueden regenerar en unidades pequeñas.


Peter Sloterdijk

 

Hace algún tiempo ya, mis ojos no se detenían a mirar los muros de las calles. Los grafitis de mi generación, lenguaje poético en frases ingeniosas y simples, se esfumaron, y los nuevos, especie de pinturas cifradas en muchas ocasiones eran incomprensibles para mí y de una monotonía de arabescos que me hacía ignorarlos. Por lo demás, los carteles nunca evolucionaron de los hechos en screen y pegados con engrudo.

 

Pero si no ves el muro, es seguro que te estrelles. Me ocurrió días atrás, sin poder evitarlo. Di con unos cartelitos tamaño oficio pegados unos tras otros en un mural de un metro por tres, entremezclados con unos que anuncian feria de licencias de construcción en las curadurías urbanas de la ciudad, que a mi entender preludiaban la entrada a un nuevo nicho de mercado. Se invitaba a los jóvenes a utilizar (pagado por sus padres) la hidroterapia para contrarrestar “adicciones y ludopatías”.

 

Es innegable que los chicos, hoy más que nunca, pasan mucho tiempo de su vida frente a aparatos de juego –maquinitas o juegos, como se les llama en el argot popular– a los cuales acceden en locales que aparentan estar legalizados (supongo que “legalizados” quiere decir que están aceptados por la sociedad, aunque a ella no se le haya preguntado claramente) y otros que, por sus componentes, son más amenazadores, pues son sitios donde la mayoría de las veces se mezcla el juego con el consumo de drogas. Pero también, con el avance tecnológico y el sentimiento de culpa de los padres por tener que dejar solos a sus hijos la mayor parte del tiempo, ha aparecido un grupo cada vez más en ascenso de niños y jóvenes que pasan sus horas libres en casa frente a un aparato de juego o el computador conectado a internet sin fronteras (en todo el sentido de la palabra) o juegos para instalar.

 

 

No es tan simple la mirada que se le puede dar a esta situación. Habrá que verla desde varios frentes:

 

En primer lugar, desde la perversidad del sistema económico, que cada vez exige mayor tiempo de trabajo de los padres para poder obtener ‘producción’, por un lado –el de la empresa–, y mayor capacidad de pago, por el otro –el del trabajador.

 

En segundo lugar, el consumismo, que ha llevado a las familias a exigirse cada vez más para obtener no ya comodidades sino lujos que artificialmente les brindan, o creen que les brindan, un mejor posicionamiento en la sociedad: un televisor última generación, el carro (en estratos 3 y 4) y los elementos de entretenimiento de sus hijos, ya que no solamente los padres no están con ellos sino que, además, cuando están en casa, “están cansados” u ocupados de los quehaceres necesarios del hogar.

 

Finalmente, la hipocresía de la sociedad que, por un lado, pretende tener individuos sanos y por el otro promueve, con el uso de los mass media, el consumo de sustancias y elementos de ‘entretenimiento’ peligrosos para la salud.

 

 

La perversidad del sistema


En el primer aspecto, el capitalismo no ha dejado resquicios. Se empeña en generar ganancia a cualquier precio, y la familia, unidad importante de soporte social, se ha visto considerablemente afectada, ya que los niños deben ir al ‘jardín’, muchas veces desde los tres meses de edad, es decir, una vez que la madre cumple su licencia de maternidad. A partir de ese momento, los padres deben redoblar esfuerzos si realmente quieren participar del crecimiento de su hijo sin dejar de percibir lo necesario para su subsistencia. Los resultados de tal condición se manifiestan en los comportamientos de los infantes, que crecen prácticamente bajo la tutela del televisor (para nadie es un secreto que los programas que se emiten no tienen casi nada como aporte al crecimiento personal del individuo), que reproduce e impulsa la práctica del consumismo. Y es ahí, en esta segunda cara, donde el individuo en formación termina por perderse, ya que la publicidad y los programas anodinos les imponen un pensamiento empobrecido en el cual la moda, el individualismo, la violencia y las prácticas nocivas para la sociedad (como la acumulación de cosas que cubren necesidades creadas) se promueven como paradigmas, y la dependencia de estos mundos artificiales se asienta.

 

Consumismo desaforado

 

En las últimas décadas del siglo XX y la primera del XXI, el desarrollo tecnológico diversificó esa dependencia con la llegada de los juegos electrónicos –mayoritariamente, apología a la guerra y la competencia–, que llevan a niños y jóvenes a pensar en evadir o dejar la escuela. El reto de ganar, una de las estrategias más recurrentes en el juego, se fue convirtiendo en una serie de noveladas etapas que de los episodios fueron haciendo vagones de un tren sin fin en que niños y jóvenes entierran su tiempo. Los padres, que trabajan duro para lograr que la maquinita entre a casa –en la cual cree que sus hijos están “más seguros”–, se desentienden de lo que sucede frente a ella, y cuando reaccionan es ya tarde. El chico ha sido ganado desde la publicidad o desde la estrategia consumista por el juego o la máquina.

 

La hipocresía


En este punto es necesario hacer visible la tercera cara: la hipocresía de la sociedad capitalista, que por un lado veta y por el otro promueve prácticas dañinas para el individuo. Esto no es nuevo; es tan viejo como la figura de la ganancia. Una de las mayores rentas del capital la producen las empresas que fabrican alcohol para consumo humano. La venta de cigarrillos se hace en sitios en los cuales se expenden productos de primera necesidad, y con una mínima restricción de consumo hacia los menores de edad. Igualmente, la venta de aparatos electrónicos de juego y software de entretenimiento es libre y ampliamente publicitado. Cuando más, se advierte a los padres sobre su responsabilidad en el control de su uso, pero ya sabemos dónde están los padres.

 

Asimismo, el fútbol, deporte que se masificó con la radio y la televisión, es usado por la publicidad para promover consumismo y alcohol. En lo micro es utilizado por grupos permeados por el narcotráfico para expandir el consumo de drogas y promover la delincuencia. La hipocresía de la sociedad ha llegado hasta el extremo de asociar el deporte y el entretenimiento con productos adictivos, ya que esos productos patrocinan jugadores, equipos y justas deportivas. Sin embargo, la mayor máscara de hipocresía y de uso de los seres humanos por sus propios semejantes está por evidenciarse. Como lo dijimos en el primer párrafo de este artículo, ahora la sociedad empieza a ver en estas conductas adictivas una fuente de lucro nada despreciable.

 

Tanto el consumismo como la adicción tienen ahora en la medicina mercantilizada un camino para seguir siendo lucrativos, y no hablo únicamente de tratamientos paliativos que fungen de curativos: hablo de la medicina institucionalizada que, permeada por el capital, encuentra una fuente de ingresos in crescendo en la formulación de medicamentos y costosos tratamientos para las recién declaradas enfermedades.

 

La sociedad crea los males, y la familia, en vía de extinción, tiene que sufragar los gastos de recuperación, haciendo que nunca termine el círculo infernal de trabajar más para ganar más, porque necesitamos más. Sumado a esto, igual que en la medicina tradicional, solamente se ataca el mal cuando su peligro es inminente, en vez de construir canales de prevención. Fortalecer la familia como núcleo social, dando espacios para la socialización entre sus miembros y brindándole a la escuela los necesarios espacios para repensarse, serían dos caminos indispensables para el re-encuentro de la sociedad con sus jóvenes y sus niños.

 

Pero en la realidad, por el contrario, las nuevas generaciones están siendo moldeadas por los medios de comunicación y el mercado. Sin competidores, la publicidad, reina de los mass media, construye una sociedad dependiente que camina a la luz de las necesidades del mercado y alejada de toda ética humana.

Publicado enEdición N°186
Martes, 23 Octubre 2012 20:05

El día de Colón en el país de Colón

El 12 de octubre es la fecha para que Europa festeje y América llore. Ellos dicen que nos descubrieron, como si nosotros fuésemos un fenómeno de la naturaleza, como si nosotros no fuéramos conscientes de nuestra existencia hasta que ellos nos la hicieron notar. Aquí nunca hemos necesitado espejos para reconocer que existimos. Que ellos lo piensen no es lo más terrible; el desastre está en que los americanos también lo creamos. Los americanos nos vemos a través de la mirada del invasor.

Seamos piadosos con los saqueadores. Con un esfuerzo de nuestra amplia imaginación, adoptemos por un momento su posición. Con nuestros pies descalzos puestos en sus botas pudiéramos hablar de ciertos descubrimientos. Y lo que ellos realmente descubrieron fueron tesoros, tierras fértiles, mercancía, riquezas incontables que solventaron el afianzamiento del capitalismo. Su mirada estrecha sólo encontró objetos y recursos. Allí donde había gente, cultura, religión, Europa veía artículos de uso. Ojos invasores encandilados ante la abundancia, como si esta no tuviera dueño. Un continente compitiendo entre sí para tomar la porción más grande del botín.

Qué destino el nuestro

Nos bautizamos con sus nombres lejanos, nombres judíos, latinos y anglos. Practicamos las religiones que ellos nos impusieron con su aburrida catequesis. Adoramos a sus dioses moribundos y sus santos indolentes. Sujetaron nuestra lengua con su gramática y la aprendimos bien para que entiendan nuestros insultos –aunque preferimos usar la lengua para besar y cantar. Nos envolvemos con sus vestidos, nos organizaron a su medida y nos empequeñecimos al tamaño de su moral.

No soy nasa ni wayúu ni mapuche ni tupí; no soy un nativo americano mas soy americano. Desde aquel amargo 12 de octubre, este continente es cosa diferente de lo que era: es la nueva casa para todos los pueblos del mundo. Mi bella madre América fue violada por mi canalla padre español; somos los criollos, los hijos bastardos; tal es mi linaje de vástagos abusados, herederos de la infamia hasta que de ella nos libraron nuestros rebeldes cuando cometieron el justo crimen del parricidio.

Nuestra verdadera historia, la que verdaderamente podemos llamar nuestra y es la que narra el destino en nuestras propias manos, comenzó hace 200 años, cuando de nuestro pueblo esclavo surgieron hombres y mujeres libres. Sólo a partir de allí podemos iniciar el relato de la historia americana –antes de esto hay otra historia que debe ser recuperada y tejida a la nuestra. Lo que esos viejos rebeldes lograron con la independencia política de nuestras comarcas fue la fundación de una nueva América. Si bien nuestras independencias son una libertad parcial hecha a la medida del pensamiento europeo –como ha sido siempre, ellos piensan y nosotros hacemos–; si bien la independencia no es aún libertad, sus luchas abrieron el camino a ella. Para completar aquella proeza, nosotros, las gentes de hoy, debemos persistir en nuestra lucha y nuestro trabajo en el campo político, económico, cultural e incluso religioso.

América debe pensarse a sí misma. De este suelo nutritivo a todas las semillas también brotaran vigorosas filosofías. Debemos romper con las taras y los paradigmas que el colonizador implantó en nosotros. Cuando nos emancipemos de ellas como sociedades y como individuos, ganaremos mayor carácter en nuestras identidades. Es posible que en esa búsqueda encontremos nuestra medida del tiempo, o decidamos nuestro propio nombre y nuestra propia forma de organización. ¿Por qué vivir en un calendario defectuoso que inventó Roma en lugar de la lectura exacta de las estrellas que hicieron los pueblos precolombinos? ¿Por qué seguir llamándonos con el nombre de un navegante florentino? ¿Por qué continuar dividiendo nuestros pueblos en Estados? ¿Por qué concentrarnos en ciudades con moldes extranjeros?

Aquellas y otras aceptaciones nos acarrearon la historia escrita por mano ajena; sin embargo, llevaremos nuestro nombre de América y contaremos los años y las eras como se lleva una cicatriz sobre la piel. Nuestras fronteras –quizá ni haga falta borrarlas– se desdibujan finalmente como polvo bajo los pies de quienes las cruzan cotidianamente como si no estuvieran ahí. Ellas existen para remarcar nuestras similitudes, como juego didáctico de la imaginación, a lo sumo como ejercicio protocolario. Nuestros límites son débiles –y deben serlo aún más– para mantener a raya nuestros abrazos. Y acerca de nuestro urbanismo, yo me lo tomo con mayor seriedad y replico la queja del uruguayo Pedro Figari: “Las urbes se han hibridizado. Hay parises, madrides, romas, vienas y hasta berlines por estas comarcas, en tanto que la ciudad americana, de pura cepa, y aun de media cepa, está por verse; y hasta parece ser de realización utópica”1.

Es tiempo de que América sea descubierta por los americanos; y en cuanto suceda, esta será la tierra donde se cumplan las utopías. Unirnos los pueblos americanos, romper con los meridianos de poder colonizadores, romper con el lazo que tantas veces ha sido nudo en nuestro cuello ¡Cambiar nuestro centro, crear muchos centros en nuestra América! Nuestras letras deben ser libres, nuestro arte debe ser libre, nuestra filosofía debe ser libre; nuestra política, nuestra economía, y aprender nuestra historia primero.

Nuestra independencia no puede ser una simple administración política manipulada por algunas familias de buen nombre que trafican mafiosamente con el seudopoder robado al pueblo. Nos negamos a una independencia con soberanía de cartón para pose ante las cámaras y vitrinas, para la presunción de la oligarquía criolla; una independencia endeble cuando el poder se sustenta ahora sobre la economía. América debe enseñarle al mundo el orden estricto: es la política lo que debe gobernar la economía; es la filosofía el punto de partida de toda política verdadera y debe ser el amor el empuje de nuestra filosofía.

Basta de conocer a la Amazonas por Nat Geo, al Caribe por agencias de turismo, a la Patagonia por postales y revistas, a México por telenovelas tediosas, a las Antillas por los informes meteorológicos ¿Por qué sabemos más de Miami que de Quito, por qué sabemos más de París que de Rio, por qué sabemos más de Londres que de Santiago? América debe ampliar su diálogo; nuestras naciones, nuestros pueblos, deben conocerse todavía más, intercambiar todavía más, problematizar nuestra realidad común.

Homenaje a lo nuestro

Si queremos celebrar a nuestros rebeldes, olvidemos el patriotismo anual con sus perezosas fechas festivas y las fachadas tricolores. Por su memoria, por sus vidas, por nuestro futuro, continuemos la lucha por la libertad. Creer que somos libres es el peor error de nuestro tiempo, error que nos encadena de vuelta al servicio de nuevas coronas y bandas de poder ¡El mayor homenaje a nuestros héroes esta en superarlos!

El invasor moderno ya no necesita cruzar el océano para llegar a nosotros; el invasor de hoy está en nuestra propia tierra, presionando sobre nuestras fronteras; intenta despojarnos incluso de nuestro nombre común, apropiárselo para el solo. Pero hoy también ese invasor, que se mantuvo puro y se cuidó de conservar sus rasgos étnicos intactos, está padeciendo de lo que hace más extraordinaria a América: el mestizaje. Ni siquiera el avance arrasador de las 13 colonias fue incapaz de mantenerse intacto. En el seno de las metrópolis yanquis continúan creciendo sus minorías; en sus propias tierras se amalgaman cientos de pueblos del mundo; los castizos se resisten a ver contaminada su gran nación pero ignoran que este mundo no está hecho para purezas. El mestizaje salvará a Estados Unidos.

Hasta tal día somos lo que acordamos en llamar América Latina, término de eurocentrismo desfachatado e impreciso ¿Se entenderá un ciudadano afrancesado de Quebec con un francés isleño de Martinico, tanto o más que como lo haría un hispanohablante cubano? En el lenguaje aún hacen falta mil batallas de emancipación, nuestro nombre nace de la ambición hegemónica de los países subdesarrollantes. Debemos incluir a los otros pueblos también colonizados y de habla anglosajona; debemos nombrar a los pueblos originales dueños eternos de estas tierras y esta agua; debemos hallar un nombre que nos describa más allá de los referencias lingüísticas y de la falsa genética de una raza desaparecida; debemos encontrar un nombre que no reseñe las lenguas romances sino el espíritu de nuestras palabras, alzar la vista hasta lo más lejano del horizonte cultural de nuestra patria grande; tenemos el desafío de hallar un nombre que describa al conjunto multicolor de naciones cuyo pasado no viene únicamente de Europa porque viene también de África, del Medio e incluso del Lejano Oriente, y, cómo no, una voz enterrada y silenciada aquí mismo en nuestro suelo que no espera ser exhumada, pues ella sube por las raíces de los árboles y se despliega con la agitación del viento cuando mece sus copas.

Parece ilógico que este llamado a la unión latinoamericana surja desde el país de Colón, el país que está sumido en el peor conflicto interno de la región, conflicto que a la vez nos ha atrasado y nos ha truncado parcialmente la participación en importantes dinámicas de Latinoamérica; un conflicto que tiene como mayor mal propiciar la intervención del Tío Sam. O quizás es precisamente esta realidad lo que le exige a este desprestigiado país que replique los deseos americanistas de grandes figuras y pueblos ejemplares del pasado y el presente continental.

¿Y qué será América para el mundo? Como el autor de la raza cósmica, “creemos en nuestra América no tanto por lo que es sino porque los otros han traicionado el propósito universal, humano. Y nuestra América, especialmente ante el fracaso yankee, es la única esperanza del hombre. ¡Ay de las gentes, todas, si también fracasamos nosotros!”2.

No deseamos la derrota ajena; nuestro triunfo es el triunfo humano. No seremos una sola voz americana sino la sinfonía donde armonizarán todas las notas, todos los instrumentos. No queremos ser un continente monocromo; queremos el contraste de todas las pieles; ser puerto libre para todos los mitos, todos los cuentos, todas las danzas, todas las comidas. Somos el continente que le enseñará al mundo que el ser humano se enriquece cuando lo comparte todo.

Recordar no es resucitar el pasado. No buscamos revancha ni justicia porque sabemos que no les alcanza para pagar el daño. Queremos ser arquitectos del mundo y robar su admiración. Ante el viejo y el nuevo colonizador, América continuará resistiendo a su extinción, y luchando por su libertad y su autonomía. Ante un mundo occidentalizado y dividido, América propone un mundo sensible y fraterno. Quien rompa este contrato será deglutido. “Sólo la antropofagia nos une”3. ¡Abrir nuestras fronteras para que bailen nuestros pueblos en la fiesta de la revolución!

1 Pedro Figari. “El gaucho”, publicado en la revista Pegaso 10, abril de 1919.
2 José Vasconcelos. “Palabras iniciales”, publicado en la revista La Antorcha 1, abril de 1931.
3 Oswald de Andrade. “Manifiesto antropófago”, publicado en Revista de Antropofagia 1, mayo de 1928.

Publicado enEdición 185
"Hay otras formas de pensar modernas que no son occidentales y que vienen de pensamientos ancestrales"
Boaventura de Sousa Santos es un activista y científico social portugués. Su trabajo en las chabolas y su cercanía al Foro Social Mundial han marcado su pensamiento. Las investigaciones de Santos van desde la epistemología, pasando por la teoría social, la sociología del derecho, la poesía hasta la música. Es también Coordinador de la obra colectiva de investigación “Reinventar la Emancipación Social: Para nuevos Manifiestos”. En esta entrevista, realizada en el CIDECI San Cristóbal de las Casas, Boaventura habla de los procesos Emancipatorios en América Latina, la Epistemología del Sur, Los fascismos sociales y el narcotráfico y su recién iniciación como cantante de Rap, entre otras cosas más.

Christian Javier Castro: Se habla de una crisis de racionalidad, ¿Cómo pensar desde el Sur?

Boaventura de Sousa Santos: No es fácil, porque el Sur fue colonizado por el Norte y por eso mucha de la racionalidad y de los instrumentos de la racionalidad a través de los cuales la modernidad occidental se impuso, y que fueron básicamente dos, el Capitalismo y el Colonialismo, penetraron profundamente en todo el Sur global, pero esta imposición no fue una imposición sin lucha, fue una imposición con resistencias, hubo espacios que se mantuvieron libres y que resistieron, culturas ancestrales muy fuertes, algunas se adaptaron, otras que lograron defenderse de una manera más fuerte, otras de manera más débil y en este momento esto se nota con los Movimientos Sociales que hay en el Sur global; que para mi no es un Sur geográfico, es un Sur metafórico o retorico, en la medida que es una metáfora del conjunto de los pueblos que han sufrido sistemáticamente con el Colonialismo y el Capitalismo, o sea, hay un Sur en el Norte, como el vídeo que acabamos de ver de la Otra Campaña en Nueva York, que es un Sur en Nueva York.

Entonces, las campañas de los Movimientos de resistencias de estos pueblos, que durante mucho tiempo, sobre todo los Movimientos de Liberación Nacional, fueron muy dependientes de la cultura y de la modernidad occidental, específicamente el caso del Marxismo por ejemplo. Más tarde vemos asistir a muchos otros movimientos que van a rescatar otras formas de pensar, otras formas de imaginar el mundo, otras cosmogonías, otras cosmovisiones que estaban suprimidas, que estaban silenciadas y que en mi Epistemología se pueden simplemente rescatar a través de lo que llamo una Sociología de las Ausencias porque se han quedado invisibles.

Por eso hay un proceso de rescate, que es un proceso difícil y que pasa, por un lado, de perder la idea de que la Modernidad Occidental es la única forma de racionalidad; En segundo lugar, que la racionalidad occidental es homogénea. La racionalidad occidental, por el Capitalismo y el Colonialismo, sacrificó mucho de su diversidad de la gran riqueza de autores que nunca podrían ser útiles para la Conquista, que nunca podrían ser útiles para la miseración evangélica de la iglesia católica porque eran hombres y mujeres que dudaban de todas las certezas de la modernidad occidental, entonces hubo ahí un desperdicio de experiencia de la modernidad occidental por servir al Colonialismo y al Capitalismo.

Por lo que, en primer lugar, debemos perder la confianza en el monopolio de rigor y de racionalidad, que es la modernidad occidental; en un segundo momento ver que hay otras modernidades occidentales reprimidas y finalmente saber que hay otras formas de pensar modernas que no son occidentales y que vienen de pensamientos ancestrales, que son hoy contemporáneas y por eso son modernas en ese sentido; pero son contemporáneas de una manera distinta, tiene otras palabras, tiene otros conceptos, tiene otras maneras de afirmar la dignidad de las personas, de aspirar a una sociedad mejor. Acabamos de ver, lo que es muy normal en mi trabajo de campo, cuando alguien dice “vamos a refundar el socialismo”, y el traductor en Tzotzil pregunta “¿cómo traducimos socialismo en nuestra lengua?, o sea, no existe”, pero no significa que los indígenas no tienen palabras para significar su lucha por una sociedad mejor, claro que tienen, tiene otras palabras, pero no la palabra socialismo.

Entonces esta es la diversidad ecológica y epistemológica del mundo, es lo que ha demostrado que la comprensión del mundo es mucho más amplia que la comprensión occidental del mundo y esto se encuentra siempre en todos estos encuentros, en toda esta realidad y por eso no es fácil porque el Sur fue Colonizado.

El primer movimiento para afirmar el Sur, fue para afirmar el Norte, fue para, de alguna manera, sufrir el contagio del Norte y decir “estas son las mismas ideas del capitalismo, de la competencia, del individualismo pero ahora son nuestras y las adoptamos”, y se reproduce un poco la cultura occidental. Yo pienso que, a lo mejor, hay otro momento, otro nivel , digamos, de afirmación de las epistemologías del Sur que es exactamente donde están otras maneras de entender el mundo, de entender la gente, lo que es la ontología, lo que es el ser humano, cómo se conforma, cómo vive, cuál es la importancia de la vida cotidiana, cómo se reduce al concreto de la vida, todo eso es un proyecto epistemológico que estamos impulsando de varias formas y que sigue adelante, claro, pero no puede seguir adelante como una idea de un epistemólogo o un científico social, ella sigue porque hay movimientos sociales que cada vez son más, los movimientos indígenas aquí son muy importantes y reclaman esa otra epistemología.

CJC: Habla de ampliar el presente y contraer el futuro, ¿cómo hacer el papel de la traducción?

BSS: Mira, la traducción de esto y de que hay diferentes lenguajes y diferentes semánticas para definir quién es un agente colectivo, cuál es una palabra emancipatoria, cuál es una estrategia de luchar por una sociedad mejor, los diferentes movimientos y los diferentes grupos sociales tiene diferentes lenguas hasta ahora en cuanto dominó totalmente, y quizás sigue dominando, la modernidad occidental, la idea es que toda esta diversidad no cuenta, estas maneras distintas de ver, de imaginar y de traducir son maneras locales son vernáculas, por eso se invento la palabra vernacular. Hay una teoría general que de alguna manera engloba todo y por eso estas particulares no cuentan, son accidentadas.

Nosotros pensamos así porque sostenemos que esta homogenización destruye la diversidad, asimila y absorbe, fue toda la política del indigenismo, por ejemplo, en México y en otros países en donde las especificidades de los indígenas no cuentan, ni sus culturas y ni su cosmovisiones. En contra de esta teoría general de asimilación, nosotros proponemos una traducción interpolítica e intercultural. No es una traducción lingüística en la que hay un referente, una lengua base y otra lengua en el que los flujos son siempre unilaterales de la lengua digamos referente a una lengua que se llama lengua blanca y que queremos traducir en la nuestra; es una forma de absorción, una traducción reciproca que los diferentes movimientos, y siempre dentro de los movimientos sociales, se traducen a sí mismo, el porqué considero que esto es más importante que esto, por qué yo considero que una lucha gay no tiene la misma importancia que una lucha indígena o por qué esto… vamos a discutir, traducir importancias, traducir prioridades y este traducir es un dialogo entre diferentes términos, por ejemplo, puedo traducir socialismo e indignidad y viceversa, ahí está un caso en el que no necesitas buscar e inventar lo igual literal de socialismo en otra lengua, si la lengua tiene su manera propia de afirmar dignidad, ¿por qué no?

CJC: Desde su crítica de la razón indolente, ¿cómo articular una nueva cultura política emancipatoria?


BSS: Esta nueva cultura realmente tiene que destruir y, de alguna manera, sobrepasar esta cultura indolente que es muy fuerte porque es la que está institucionalizada en las escuelas, en la educación, en las universidades, en los tratados y en la historia que, de hecho, fue una historia escrita por los vencedores y no escrita por los vencidos, entonces esa razón indolente es una razón que no deja que florezca la Sociología de las Ausencias ni tampoco la Sociología de las Emergencias. Valorar, por ejemplo, esta Universidad, se puede decir “no tiene valor ninguno, es una pequeña cosa, que va a morir rápido, que no tiene importancia” y esto es negar la emergencia y la Sociología de la Emergencia, al contrario, es dar el valor a esto. Ampliar el valor simbólico de estas experiencias y esta lucha en contra de la razón indolente es lo que puede ser uno de los elementos de una lucha emancipatoria nueva.

CJC: Usted propone una Democracia radical o de alta intensidad, ¿cómo observa las comunidades autónomas y sus experiencias con respecto a esto?

BSS: Mira, las comunidades autónomas tiene sus formas democráticas de organización que no se parecen de ninguna manera a las de las Democracias Liberales, por ejemplo en este momento la constitución de Bolivia establece que hay tres formas de Democracia: la Democracia representativa, la participativa y la comunitaria, las dos primeras son eurocéntricas, la tercera es la indígena y por eso hay formas de producción por consenso, asamblearia, por rotación, mandando obedeciendo y que son formas democráticas de las comunidades, esto no quiere decir que sea todo un paraíso y que todo ocurra bien, que no haya caciquismo, corrupción, discriminación hacia las mujeres, hay un movimiento de mujeres indígenas que lucha por su complementariedad y que en quechua es Chacha-Warmi, la idea de que hay una complementariedad, no necesariamente una igualdad eurocéntrica, entonces hay aquí todo un esfuerzo para democratizar la democracia indígena; y que también se necesita porque hay muchos procesos que, a través de intervenciones externas de luchas por la tierra y de mineras, dividen los pueblos y al dividirlos destruyen sus estructuras democráticas. Nosotros que trabajamos con los Movimientos indígenas no tenemos una visión romántica, no la podemos tener porque los indígenas no la tienen y luchan internamente por más Democracia.

CJC: ¿Cómo vislumbra los procesos emancipatorios en América Latina?


BSS: Son muy diversos, yo pienso que América Latina es el continente del mundo donde podemos hablar de procesos emancipatorios ya que fue muy importante lo que paso con el zapatismo en 1994 y después con el Foro Social Mundial, y todo eso decantó un proceso de emancipación y de lucha de resistencia contra el ALCA, un elemento muy importante que, después de la elección de presidentes progresistas desde Lula, que lo considero a pesar de todos los límites, Evo Morales, Rafael Correa, Chaves, Lugo en Paraguay, José Mujica en Uruguay y Ollanta Humala que lamentablemente se está desviando de lo que propuso, pero hubo realmente un cambio en el sentido de intentar democratizar el Estado y la sociedad civil sobretodo en las propuestas de Ecuador y Bolivia donde las constituciones afirman que los Estados son plurinacionales. Entonces hay una lucha ahí que está en crisis en este momento porque el capitalismo de despojo, el capitalismo neoliberal, de la minería y del extractivismo están de una manera más salvaje que antes y están impactando los Movimientos Indígenas y los territorios, está destruyendo mucho por lo que luchamos en la primera década del milenio.

CJC: En el sentido del capitalismo salvaje, ¿cómo observa los Fascismos Sociales en América Latina?

BSS: Mira, los fascismos sociales se están reproduciendo en todas las formas. Lo que llamamos la acumulación primitiva originaría, que para Marx era una fase del Capitalismo, es para nosotros, después de Rosa Luxemburgo, Ernest Mandel, David Harvey y otros, un componente permanente o acumulación por despojo que opera aquí como opera en Europa. Por ejemplo, cuando se reducen los salarios que fueron contratados a través de un Contrato Social y se retiran para rescatar bancos, esto es despojo; cuando a un señor jubilado se le retira parte de su pensión, eso es un despojo. Estas formas de despojo están surgiendo por la violencia, la lucha contra el narcotráfico, por ejemplo, es una forma de acumulación de destrucción que pasa por una acumulación por despojo, acumulación por la violencia, destruyendo y desplazando a las personas, etc. Por eso hay mucho paramilitarismo en el continente; si hay luchas emancipatorias fuertes hay, por otro lado, mucho palamitarismo y hay, por supuesto, criminalización de la protesta que es lo que esta pasando con las leyes antiterroristas, con la lucha contra el narcotráfico y con centenares de líderes indígenas que están enjuiciados como terroristas.

CJC: Están las luchas estudiantiles en Latinoamérica y los indignados tanto en Europa como en los países de Medio Oriente, ¿cuál es el papel de las Universidades y de las juventudes actualmente?


BSS: Son dos cosas, la juventud tiene un papel muy importante, todos los periodos históricos dicen que la juventud no va a volver a movilizarse y después se moviliza, fue así en 1968 y en 1970 y es así ahora. También, durante mucho tiempo se pensaba que eso no era posible. Los jóvenes son los que están en una situación que llamo de pre-contractualismo, son gente que hizo todo bien, fueron estudiantes, trabajaron, lucharon por sus cursos, algunos se endeudaron y tienen sus créditos ahora, sus maestrías, sus doctorados, hicieron todo lo que la sociedad les pedía para ingresar en el Contrato Social y cuando terminan no hay contrato social, no hay empleo, no hay perspectiva, no hay futuro, entonces estos jóvenes son bloqueados socialmente y están en una fase de pre-contractualismo, no entran en el Contrato Social y por eso no son verdaderamente ciudadanos, son súbditos, digamos, y por ello se movilizan en contra de eso.

Las Universidades han sido siempre una organización y una institución muy contradictoria y por eso muchos de los movimientos sociales nacieron de Universidades. Los movimientos estudiantiles nacieron de muchas Universidades y de formas de luchas aquí en este continente desde 1917, con la reforma de Córdoba hubo una gran renovación de la Universidad, pienso que eso sigue siendo pero es más difícil todavía hoy porque el neoliberalismo entró en las Universidades y también intentó transformarlas en empresas, en oficinas de fabricas, los estudiantes pasaron de ciudadanos a consumidores y eso creó una idea de atomismo que perjudica la posibilidad de movilización en las Universidades. Por otro lado, todo el conocimiento que se promueve hoy en las Universidades es conocimiento con valor de mercado, hay conocimiento precioso: las humanidades, las artes, las ciencias sociales y que se quedan en la peor de las marginalizaciones, entonces lo que esta pasando, a pesar de esto, es que los estudiantes se revelan y el mejor ejemplo es Chile, porque Chile fue donde el proceso de neoliberalización de la Universidad llegó más lejos, es donde intentaron realmente transformar definitivamente la Universidad en una empresa y ahí sí los estudiantes están echados.

CJC: Usted hace poesía, háblenos un poco sobre esa arista en su vida.


BSS: ¿De qué? ¿De la poesía? (Risas) Mira, yo he sido desde siempre poeta y he escrito bastantes libros que están publicados en portugués y algunos están en español y te digo, te doy así de primera mano una sorpresa, es que además soy rapper, yo escribo música deRap y acabo de escribir un libro que está siendo musicalizado por los artistas rappers de las favelas, de las chabolas de Ribera del Sur y va a salir ahora, ya oí dos minutos de la grabación. Este movimiento va a hacer un show con mi Rap que se llama Rape Global y va a ser el 25 de Enero en Porto Alegre, pero no esta todavía en español porque no hay nadie que me lo traduzca y, como soy un apreciado científico social, nadie imagina que también puedo escribir rap (risas) y por eso es siempre más difícil esa otra identidad sobre mí, por eso, lo que digo es que, con el rap y la poesía, y sobretodo ahora con el rap, digo en contra de la modernidad occidental cosas que no puedo decir en mis textos de Ciencias Sociales, que no puedo escribir en las Epistemologías del Sur, son otras dimensiones.
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