Lunes, 09 Noviembre 2020 05:40

Los periodistas deben combatir la mentira

Detalle de un mural que conmemora el 'Domingo sangriento', Derry, Estados Unidos

Luego de la muerte de Robert Fisk el pasado viernes 30 de octubre, el 1 de noviembre de 2020 'The Independent' reprodujo algunos de sus mejores envíos en treinta años de labor informativa.

Publicado originalmente el 17 de enero de 2000, en este artículo Robert Fisk cuestiona por qué tantos corresponsales terminan a menudo como voceros de la propaganda militar cuando cubren guerras.

 

¿Quién podría sentirse sorprendido por los informes de que a Mark Laity, el corresponsal de defensa de la bbc, se le ha ofrecido el puesto de segundo al mando del vocero de la otan, James Shea? “No sentí que Jamie Shea me mintiera en absoluto”, anunció Laity. Esto lo dice después de una guerra en la que la otan contó mentirijillas acerca de sus ataques a convoyes de refugiados, del bombardeo en el centro de Prístina, de atacar un hospital de Surdulica, sobre el número de tanques serbios destruidos, y de que –asombrosamente– rehusó contestar las preguntas de una comisión de la onu sobre el uso de municiones de uranio deprimido en el bombardeo a Kosovo.

Pero, ¿qué pasa con los corresponsales de defensa que tan a menudo terminan en voceros de la más cruda propaganda militar? Sin duda no es nada nuevo. En la primera guerra mundial, los corresponsales informaban obedientemente sobre niños crucificados por los alemanes en las puertas de las iglesias y de cómo los alegres soldados británicos tomaron la sangrienta batalla del Somme como si fuera cosa de todos los días.

De hecho, Jamie Shea escribió su tesis de doctorado acerca de la propaganda británica en la primera guerra mundial. Se deja ver. La otan realizó su campaña de propaganda desde Bruselas como una tirada populista en la que Shea citó a Shakespeare –“incómoda descansa la cabeza que lleva una corona”– para ilustrar los problemas del líder serbio Slobodan Milosevic, a quien luego llamó Al Capone. Mientras se montaba este teatro encantador, los corresponsales de defensa que se reunían para las conferencias cotidianas eran arcilla en sus manos. Los serbios cometían crímenes de guerra, atrocidades –y de hecho lo eran–, así que, ¿quién osaría criticar a la otan?

En realidad, Laity es un tipo simpático, y sus constantes y confiadas apariciones en Bruselas eran un bálsamo para los espectadores de la bbc que, al leer periódicos más críticos, se preguntaban si podría haber algo indebido en una campaña de bombardeos de la otan que comenzó contra cuarteles militares y luego se extendió con promiscuidad hacia puentes, un tren, vías férreas, fábricas, convoyes de refugiados, hospitales y a veces hasta un tanque serbio. Así pues, cuando la otan masacró a docenas de refugiados albaneses en el primero de sus “errores” masivos, Laity sabía de qué lado estaba su juicio.

Shea apremió a los periodistas a parar el fuego, a no acusar a la otan de asesinar a los refugiados hasta que no presentara una explicación. No tuvo problemas con Laity. “Entendí desde el principio que aquí había una guerra de propaganda”, reconoció Laity más tarde. “Y mi juicio era que los serbios eran muy capaces de crear confusión deliberadamente; sabíamos –y con el tiempo los sucesos lo demostraron sin lugar a dudas– que los serbios mataban un montón de albaneses. Deliberadamente. Así que, si mataban albaneses deliberadamente y podían culpar a la otan a la vez, pues era una especie de doble golpe. Así pues, yo lo que quería era que la gente tomara las cosas con calma.”

Sólo después de que algunos periodistas fueron llevados a Kosovo por los serbios, y la evidencia que encontraron –The Independent recogió de la escena las claves de computadora de pedazos de bombas– demostró que la otan era responsable, fue cuando Shea presentó al comandante de los jets estadunidenses que bombardearon el convoy. En su mayoría, nuestros colegas en Bruselas recibieron la línea de la otan y la repitieron al aire como loros. “La otan tiene plena confianza en que atacó un convoy militar”, informó Laity en un principio. Nótese la redacción. No informó que la otan “dijo” tener confianza. Su confianza fue tomada como un hecho, exactamente como Shea quería.

Podemos entender los problemas de los corresponsales de defensa, en especial si trabajan para la bbc. No quieren perder sus contactos. “Yo hablaba con buenas personas, no con propagandistas”, diría Laity más tarde acerca de sus fuentes. Si los periodistas se volvían indebidamente escépticos, podrían ser considerados fuera de lugar, cínicos, incluso antipatrióticos. Nada nuevo en eso. Todavía recuerdo cómo un montón de corresponsales intentaron justificar la matanza del Domingo Sangriento en Derry en 1972 repitiendo las mentiras del ejército británico. Lo mismo ocurrió en la Guerra del Golfo de 1992.

El Servicio Mundial de la bbc eliminó poco a poco cualquier comentario crítico de su cobertura en el Golfo. Recuerdo haber encontrado un convoy médico del ejército británico, enviado a la frontera de Kuwait sin mapas, a punto de cruzar hacia territorio iraquí ocupado. Un montón de fuerzas especiales estadunidenses, un fotógrafo francés y yo los encontramos cuando intentaban negociar para que los dejaran cruzar la estación fronteriza saudita en Khafji, mientras su comandante –proveniente de Armagh, en Irlanda del Norte– me rogaba usar mi mapa porque no traía uno.

Cuando di cuenta de esto, la bbc optó por no entrevistarme. En cambio, dos reporteros fueron al aire para desacreditar mi reporte. “Anecdótico”, dijeron. Uno de ellos era Mark Laity.

Tal vez ese es el trabajo de un corresponsal de defensa: presentar el punto de vista del ejército. Por eso –con crueldad, pero, me temo, con veracidad– me referí en este diario al desempeño de Laity como el de “una oveja con piel de oveja”.
No he cambiado de opinión. Los corresponsales
de defensa fallaron en confrontar a Shea sobre el uso de cartuchos de uranio deprimido, sobre los civiles muertos en el hospital de Surdulica donde se escondían soldados serbios, sobre los informes de testigos de que el piloto de la otan que lanzó cohetes al tren yugoslavo en Gurdulice regresó para un segundo ataque, y sobre la crítica demanda de la otan de que los serbios permitieran que las tropas aliadas cruzaran por Yugoslavia, nación que fue simplemente abandonada al final de la guerra de Kosovo. Ningún reportero en Bruselas preguntó qué protección planeaba dar la otan a la minoría serbia en Kosovo después de la guerra. En su momento, la mayoría fueron “limpiados” por los albaneses a plena vista de la otan.

Los reporteros de la cadena británica itv tuvieron muchas más agallas. Quien haya observado la soberbia transmisión de Jonathan Dimbleby en la televisora lwt de esa cadena –desde dentro de Kosovo– puede ver de qué debe tratarse la información televisiva. Su cobertura de las expulsiones de serbios, de la intimidación del Ejército de Liberación de Kosovo a sus propios ciudadanos, y de la incapacidad de la otan de imponer orden, fue todo un modelo.

Dimbleby, junto con Keith Graves, de Sky, y otros, tal vez sean lobos en piel de lobo, pero hacen su trabajo, a diferencia de otros entre nuestros colegas durante la guerra. Veamos, por ejemplo, ese tren al que se ve acercarse a velocidad a la vista del bombardero en Gurdulice, demasiado tarde para poder evitar el ataque. ¿Parece que va demasiado rápido para ser un tren eléctrico que corre por un viaducto sobre el desfiladero de un río? En el video que Shea mostró a los chicos de la defensa, parecía moverse a la velocidad del Eurostar. Ahora resulta que la otan aumentó tres veces la velocidad del filme. Los reporteros en Bruselas no se dieron cuenta. Confiaron en la otan. Creían que la otan nunca mentía.

El 30 de agosto del año pasado, escasos dos meses después del fin de la guerra de Kosovo, los periodistas de la televisión se reunieron en Edimburgo para debatir su cobertura. Hubo algunos mea culpa y un montón de palmadas en la espalda –los chicos de la tele no se distinguen por su modestia– y, cuando sugerí que la cobertura de la otan había estado en el nivel de una revista militar para hombres, muchos menearon la cabeza. Laity calificó de “diatriba” mis críticas –yo había repetido la descripción de la “oveja”– y trató de justificar la guerra de la otan comparando el número de “errores” con el de ataques “exitosos”, proporción que, según recuerdo, supuestamente ascendía a uno por mil. En algún momento Laity reveló que, en las últimas etapas de la guerra, la otan tomó la decisión táctica de dejar de disculparse por la muerte de civiles en Yugoslavia. Era la primera vez que yo sabía de eso. ¿Por qué no nos lo dijeron en su momento?

Pero yo no estoy en contra de Laity. Estoy en contra de la cultura de la profesión de los corresponsales de guerra, como si su razón de ser fuera ofrecer el lado militar del argumento en vez de desafiar a los poderosos generales sobre un tema en el que se supone que los corresponsales son expertos. Los corresponsales de defensa trabajan duro. Recuerdo que Laity dijo que había hecho más de ochocientas transmisiones desde el cuartel de la otan durante el bombardeo; probablemente hizo muchas más en Bruselas, y a bajo costo, desde luego, para sus patrones. Pero luego, con una gran sonrisa, añadió en broma: “Yo era fácil, salía barato.”

Informes sobre la propuesta de empleo de la otan a Laity indican que todavía negocia una cifra más alta que las 100 mil libras que se piensa que le han ofrecido. Fácil, tal vez. Pero, sin duda, nada barato l

-08 Nov 2020 07:04


The Independent
Traducción de Jorge Anaya

Publicado enSociedad
Jueves, 05 Noviembre 2020 05:51

Lo público es del pueblo

Lo público es del pueblo

Límites de la libertad de prensa

La comunicación de la comunidad no puede reducirse al rédito económico y el negocio de los medios tiene que tener un límite y una orientación, porque el espectro radioeléctrico es un bien de dominio público y debe ser regulado en bien de la democracia.

 

Las declamaciones en defensa de la exorbitada referencia a la “libertad de prensa” de muchos medios podrían resumirse a “los negocios no se tocan”. A pesar de este repiqueteo descalificador no lograron impedir que muchas otras voces comenzaran  a  hacerse oír. Lejos se está de negar el acentuado carácter comercial de buena parte de los emprendimientos de medios. Pero hay dos cosas que no se pueden obviar. Una, que la comunicación de la comunidad no puede reducirse a un negocio, porque el reduccionismo mercantilista de la comunicación es una forma de atribuirle un poder totalitario. Dos, la posibilidad del negocio de los medios tiene que tener un límite y una orientación. El espectro radioeléctrico es un bien de dominio público y debe ser regulado. Este es el camino para una verdadera democracia. El filósofo J.Habermas se preguntaba cómo ejercer la libre representación de lo público en un espacio que tiene dominio privado cuyo objetivo no es político, sino económico.

La uniforme voz de los medios más importantes ha dejado de ser para muchos la voz de la verdad única. El halo de infalibilidad y autoridad que muchos medios y periodistas ejercieron por muchos años se ha ido desmoronando. Hace tiempo que no puede ya sostenerse que todo lo que ocurre en la sociedad es verdad porque así lo dicen la televisión, los diarios o la radio.

La destronada arrogancia de los medios

¿De dónde ha venido esa arrogancia de los medios para considerarse dueños indiscutibles de la verdad? Se podría pensar si algo de esto no lo han heredado o tomado de lo religioso. La actitud todopoderosa de los religiosos, en muchos momentos de la historia, definía los límites entre el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, lo justo de lo injusto. El poder que provee tener información pone una distancia y un grado de superioridad en una relación que parece inhibir toda crítica. Pero los tiempos de la autoridad religiosa impositiva como la de los medios han terminado, la verdad no les pertenece. La verdad se va creando en la verdadera comunicación sin ataduras de la comunidad toda. La comunicación democrática se abre paso.

Nuestro país ha vivido muchos períodos de oscuridad y opresión que han costado muchas vidas, impedido mucha creatividad, producido mucho dolor. No se pueden plegar las banderas de la ciudadanía responsable por el atropello de unos pocos que solo tienen el argumento de su fuerza y su poder económico. Esta es una hora para sacar a la luz a su propios fundamentos y hermanarse con el pueblo todo en la búsqueda de la comunidad solidaria.

En la era del control y el desprecio por la verdad

Mucho se ha hablado sobre el control de los medios y el control de las mentes como una relación inevitable. Lo cierto es que las intenciones de dominación no siempre logran los resultados buscados. Del control de medios al control de mentes hay una gran distancia. Decía Ignacio Ramonet, destacado investigador de la comunicación, que el problema no está en decir que la televisión nos manipula. Para él, el problema está en saber cómo manipula y esto no es tan evidente. La propuesta de un monitoreo de toda información tiene que ser una herramienta útil para valorar y mostrar buenas y malas intenciones de los medios.

Una enérgica acción es ineludible respuesta. Muchos comunicadores, entre los que se encuentran jóvenes bien capacitados, son incansables trabajadores por la democratización de la comunicación, y repetidamente insisten en que se necesitan políticas públicas activas. La salud de la comunidad toda lo necesita.

* Comunicador social. Ex presidente de la Asociación Mundial para las Comunicaciones Cristianas.

Publicado enCultura
Sábado, 24 Octubre 2020 05:36

La puñalada

La puñalada

Los medios globales y su abandono de Julian Assange

 

Mientras se lo juzga para ser extraditado a Estados Unidos, donde podría ser condenado a 175 años de prisión, la suerte del periodista australiano brilla por su ausencia en las portadas de los principales periódicos de alcance mundial. Detrás de ese silencio asoma una política de complicidades que hiere de muerte la noción misma de periodismo.

El 4 de enero se sabrá la suerte de Julian Assange. Ese día, en Londres, la Justicia británica decidirá finalmente si concede o no la extradición del fundador de Wikileaks a Estados Unidos, que lo quiere juzgar por espionaje. Si así fuera, si los jueces de Su Majestad consideraran que la demanda es pertinente y la condena a la que podría ser sometido al otro lado del Atlántico no es «desproporcionada» o incompatible con el «respeto a los derechos humanos», el casi quincuagenario australiano podría pasar el resto de su vida en la cárcel: los cargos que se le imputan en Estados Unidos le valdrían una condena de 175 años.

Julian Assange está detenido en una cárcel de alta seguridad inglesa desde abril de 2019, en condiciones denunciadas por relatores de la Organización de las Naciones Unidas como análogas a la tortura. Los siete años anteriores los pasó en la embajada ecuatoriana en Londres, donde se refugió en 2012, cuando en Quito gobernaba Rafael Correa. Assange era reclamado entonces por la Justicia sueca debido a acusaciones de violación que terminaron siendo abandonadas por su endeblez (véase «Operaciónmasacre», Brecha, 7-II-20). Él ya temía que la demanda sueca fuera parte de un plan para entregarlo –tras una breve escala judicial en Estocolmo– a Estados Unidos. La llegada al gobierno de Ecuador, en 2017, de Lenín Moreno, que acabó alineado con Washington, supuso el descenso del australiano a los infiernos: primero le hicieron la vida imposible en la embajada, luego le sacaron la protección. La Policía inglesa lo detuvo apenas pudo traspasar la puerta del local diplomático. En Washington, el gobierno de Donald Trump se refregó las manos (lo mismo habría hecho Hillary Clinton de haber ganado las elecciones de 2016): por fin podría darle su merecido a este «espía», acusado fundamentalmente de haber revelado, desde 2010, cientos de miles de documentos clasificados relacionados con las guerras de Irak y Afganistán; entre ellos, pruebas de asesinatos cometidos por las fuerzas estadounidenses en el marco de conflictos en los que los aliados de la superpotencia también están implicados. Desde Wikileaks, Assange había hecho eso y mucho más: denunció tramas de corrupción y enjuagues múltiples de multinacionales y fue de los primeros en advertir sobre la magnitud a la que llegaría el ahora llamado capitalismo de vigilancia.

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A pocos parece interesarles hoy la suerte del australiano. Como otros célebres «lanzadores de alertas» (whistleblowers), del tipo de Edward Snowden y Chelsea Manning, Assange se ha quedado solo. Medios de prensa que gran lucro obtuvieron en su momento, cuando el fundador de Wikileaks los eligió a ellos para difundir sus filtraciones (The Guardian, El País de Madrid, The New York Times, The Washington Post, Der Spiegel, entre otros), le han soltado la mano. Poco y nada se puede leer en esos diarios o semanarios –que, en su mayoría, pasan por progresistas– sobre las condiciones de detención de Assange en la prisión de alta seguridad de Belsmarch o sobre el propio proceso de extradición, cuyas irregularidades y los peligros que estas representan para el derecho a la información han denunciado abogados, organizaciones de defensa de los derechos humanos y medios independientes. Abundan, en cambio, en esas publicaciones progres, los relatos sobre el «vedetismo» y el «narcisismo» del australiano, sus aventuras sexuales, sus «excesos», su «afán de poder», su «decadencia».

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En una nota publicada originalmente en Counter Punch (rebelión.org difundió su versión española en dos partes, el 2 y el 3 de octubre, bajo el título «¿Por qué The Guardian guarda silencio?»), el periodista británico Jonathan Cook sostiene que, cuando Assange concedió a esos medios la exclusiva de sus filtraciones, ya era consciente de que en algún momento podría ser víctima de una puñalada trapera. Si había habido un acuerdo entre Wikileaks y esas publicaciones era porque circunstancialmente ambos ganaban. Pero, en verdad, poco los unía. Cook recuerda que cuando Barack Obama lanzó, en 2011, su ofensiva contra Assange, al que denunció en función de una draconiana ley de espionaje que data de 1917, la estrategia estadounidense estaba basada en crear una brecha entre el fundador de Wikileaks y los medios liberales que habían colaborado con él. Nada tenían que temer esos medios ni sus periodistas: habían obrado de buena fe, decían por entonces los abogados de la Casa Blanca. Assange, en cambio, no era un periodista, apenas un espía que pretendía dañar a Estados Unidos.

Los defensores de Assange optaron entonces por la contraria: Assange no sólo era periodista, sino que practicaba el periodismo del bueno, ese que deja al desnudo las manipulaciones y el accionar ilegal de los poderosos del mundo. El propio fundador de Wikileaks afirmaba en una entrevista que concedió a su compatriota Mark Davis en 2011: «Si he conspirado para cometer espionaje, todos los otros medios de comunicación y sus principales periodistas también han conspirado para cometer espionaje». «Lo que hace falta es tener un frente unido en este asunto», agregaba, invitando a quienes habían sido sus socios a seguir con la colaboración. Pero no hubo tal frente: convocado por el Ministerio de Justicia estadounidense, el editor de The New York TimesBill Keller dijo que su diario se había limitado a obrar como receptor pasivo de la documentación enviada por Wikileaks. Era una falsedad (todos los medios que recibieron las filtraciones las ordenaron y «trabajaron»), pero marcaba lo que sería, de ahí en más, la actitud de las publicaciones liberales en este asunto. Aun así, destaca Cook, el gobierno de Obama no encontró la manera de imputar a Assange sin, al mismo tiempo, perjudicar a medios tradicionalmente aliados del Partido Demócrata, como el propio Times y The Washington Post, y a sus principales plumas. Debió, entonces, abandonar esa línea.

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La estrategia desplegada actualmente por los abogados estadounidenses es la opuesta: reconocen explícitamente la condición de periodista de Assange y, tal como lo advertía él mismo años atrás, al hacerlo lanzan una advertencia contra todos los periodistas que intenten, de lejos o de cerca, seguir el camino de los wikileakeros: corren el riesgo de ser imputados por espionaje allí donde se encuentren. De este cambio de línea, que se produjo durante el juicio de extradición que se sigue en Londres y que supone una amenaza para la profesión periodística como tal, ni una línea se publicó en aquellos grandes medios que buen partido sacaron de su colaboración de antaño con Wikileaks, denuncia Cook. En Gran Bretaña, The Guardian ha obrado, de hecho, como punta de lanza de las acusaciones contra Assange.

Durante el proceso, investigadores independientes han denunciado «prácticas desleales» de los editores del venerado matutino británico, así como de otros medios asociados. Entre las principales acusaciones estadounidenses contra Assange, se afirma que en la documentación que filtró aparecían los nombres de agentes secretos que por su culpa corrieron el riesgo de ser asesinados y que el australiano era muy poco cuidadoso en su forma de operar. David Leigh, editor de The Guardian que trabajó con Assange en 2011, hizo esa misma afirmación en un libro que publicó aquel año junto con otro periodista del mismo diario, Luke Harding: Wikileaks: Inside Assange’s War on Secrecy. Christian Grothoff, experto en informática de la Universidad de Berna; John Goetz, periodista de Der Spiegel; Nicky Hager, periodista de investigación neozelandés, y John Sloboda, profesor y miembro del Iraq Body Count (un proyecto que contabiliza los muertos de la guerra de Irak),relataron, en cambio, que fueron «sus socios mediáticos» –en especial Leigh– quienes presionaron a Assange para que les brindara las sumamente engorrosas contraseñas que utilizaba para encriptar la documentación.

Grothoff, Goetz, Hager y Sloboda colaboraron con el australiano en eliminar nombres en los cables a filtrar. «Assange podía llegar a ser exasperante en su minuciosidad […]. En esa época me irritaba mucho su obsesión por recordarnos constantemente que debíamos asegurarnos, que necesitábamos encriptarlo todo, que teníamos que usar chats encriptados. Yo creía que era un insensato y que estaba paranoico, pero luego el procedimiento se convirtió en la práctica periodística normalizada», dijo, por ejemplo, Goetz en una de las recientes audiencias de extradición. En su libro, Leigh reveló una de las contraseñas generadas con esa metodología y «ese escandaloso error de The Guardian abrió la puerta para que cualquier servicio de seguridad del mundo penetrara en los documentos una vez que pudieron crackear la sofisticada fórmula de Assange para idear claves», indica Cook. «Gran parte del furor provocado por la supuesta incapacidad de Assange de proteger los nombres en los documentos filtrados por él publicados –lo que ahora es el núcleo del caso de extradición– viene del papel que jugó Leigh en el sabotaje del trabajo de Wikileaks. Assange debió realizar una operación de control de daños debido a la incompetencia de Leigh, la que lo obligó a publicar los documentos a toda prisa, para que cualquiera que estuviera preocupado por si era nombrado en los documentos pudiera saberlo antes de que servicios de seguridad hostiles lo identificaran», añade.

En cuanto a Harding, el coautor del libro de Leigh, fue quien hace un par de años difundió, en el propio The Guardian, una serie de «revelaciones» –que luego se comprobaron falsas– sobre supuestas reuniones de Assange con enviados del gobierno de Trump y agentes rusos, que habrían tenido lugar mientras el australiano estuvo refugiado en la embajada de Ecuador en Londres. La tesis de The Guardian, así como de The New York Times y The Washington Post, es que fue para apuntalar la elección de Trump que Wikileaks filtró en 2016 el contenido de reuniones de la dirección demócrata en las que se perjudicaba al socialista Bernie Sanders y se favorecía a Hillary Clinton. Cook recuerda que, de la misma forma que los dos diarios estadounidenses operaron abiertamente en favor de Clinton en aquella interna partidaria (la misma Clinton que, según se reveló en 2016, llegó a barajar la posibilidad de eliminar a Assange con un dron), The Guardian hizo todo lo que estuvo a su alcance para sabotear al socialista Jeremy Corbyn, a quien asoció con el antisemitismo y tildó de «populista de izquierdas» cuando este dirigía el laborismo británico.

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En la entrevista de 2011 con Mark Davis, Assange se refería a sus «socios mediáticos» en estos términos: «Lo que mueve a un diario como The Guardian y The New York Times no son sus valores éticos, sino su mercado. En Reino Unido ese mercado es el de los “liberales educados”. […] El periódico no es un reflejo de los valores de la gente que forma esa institución, sino un reflejo de la demanda del mercado». Cook aporta, en su nota de CounterPunch, su propia reflexión: La indiferencia de los grandes medios de comunicación ante el juicio a Assange «pone de manifiesto que practican muy poco el tipo de periodismo que supone una amenaza para los intereses empresariales y del Estado y que desafía al poder real. No sufrirán la suerte de Assange porque no pretenden hacer el periodismo en el que se especializaron Assange y Wikileaks». En Estados Unidos, medios como The New York Times y The Washington Post «reflejan los mismos defectos que los partidos Demócrata y Republicano», piensa el británico: «Celebran el capitalismo globalizado basado en el consumo, favorecen una política insostenible de crecimiento infinito en un planeta finito e invariablemente respaldan las guerras coloniales, motivadas por el beneficio y esquilmadoras de recursos, aunque en la actualidad se disfracen de intervenciones humanitarias. Los medios de comunicación y los partidos políticos alineados con las grandes corporaciones sirven a los intereses de la misma clase dirigente, porque están integrados en la misma estructura de poder». Wikileaks, en cambio, «nos ha permitido contemplar al poder en bruto, desnudo, antes de que se vista de traje y corbata, se engomine el cabello y esconda el cuchillo».

Por Daniel Gatti
23 octubre, 2020

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Estados Unidos demandó a Google por prácticas monopólicas

La compañía controla cerca del 80% de las búsquedas en internet en ese país

La presentación del Departamento de Justicia estadounidense es por infringir la ley de competencia. Exigen cambios "estructurales" en la compañía.

 

El Gobierno de Estados Unidos presentó este martes una demanda judicial contra Google por infracción de la ley de competencia y exigió cambios "estructurales" en la compañía, a la que acusa de abusar de su posición para mantener un monopolio ilegal sobre búsquedas y publicidad en Internet.

 “Hace dos décadas, Google se convirtió en el niño mimado de Silicon Valley como una empresa incipiente con una forma innovadora de buscar en Internet emergente. Ese Google se fue hace tiempo ”, alega la demanda.

En la actualidad, dice el Departamento de Justicia de Estados Unidos en sus fundamentos, Google se ha convertido en un "guardián del monopolio de Internet" que utiliza tácticas anticompetitivas "perniciosas" para mantener y ampliar sus monopolios.

Google y el monopolio de las búsquedas online

En concreto, el Departamento de Justicia estadounidense acusa a Google, subsidiara de Alphabet, de emplear miles de millones de dólares recolectados de anuncios en su plataforma para pagar a compañías de teléfonos y otros buscadores para que la mantengan como su motor de búsqueda básico.

El gigante tecnológico, con sede en Mountain View (California), controla cerca del 80% de las búsquedas en internet en EE.UU.

Los funcionarios de justicia también han impugnado un acuerdo en el que la aplicación de búsqueda de Google está precargada y no se puede eliminar en los teléfonos móviles que ejecutan su sistema operativo Android. 

La compañía paga miles de millones cada año para "asegurar el estado predeterminado de su motor de búsqueda general y, en muchos casos, para prohibir específicamente que las contrapartes de Google traten con los competidores", afirma la demanda, en una medida que ha "excluido la competencia para la búsqueda en Internet". 

Las supuestas prácticas anticompetitivas de Google son "especialmente perniciosas porque niegan la escala de los rivales para competir de manera efectiva" y frustran la innovación potencial, alega la demanda.

La reacción de Google

En un comunicado, Google calificó la acción judicial en su contra como "profundamente defectuosa". "La gente usa Google porque así lo desea, no porque se vea obligada a hacerlo o porque no pueda encontrar alternativas", dijo la compañía.

Desafío antimonopolio

La demanda antimonopolio es el desafío legal más importante para una empresa de tecnología en décadas y se produce cuando las autoridades estadounidenses son cada vez más críticas con las prácticas comerciales de este tipo de compañías.  

Con la transformación de Google en uno de los gigantes de la tecnología, la empresa ha sido vigilada de cerca por las autoridades de EE.UU. La Comisión Federal de Comercio del país, que también tiene autoridad para investigar casos de monopolio, ya ha llevado a cabo pesquisas en torno a Google, aunque las finalizó en 2013 sin pruebas suficientes.

Debido a la gran cantidad de poder que acumulan, los desorbitados beneficios que obtienen y los bajos impuestos que tributan, la vigilancia sobre los monopolios tecnológicos ha ido creciendo a lo largo de todo el mundo. 

Hace dos años, los reguladores europeos han multado a Google por prácticas anticompetitivas. En ese momento, Donald Trump atacó las decisiones de la Unión Europea (UE). "¡Te lo dije! La UE acaba de imponer una multa de cinco mil millones de dólares a una de nuestras grandes empresas, Google ”, tuiteó Trump. "Realmente se han aprovechado de Estados Unidos, ¡pero no por mucho tiempo!"

Desde entonces, el estado de ánimo de Trump y otros conservadores, que se unieron a los liberales para atacar el dominio de empresas tecnológicas como Amazon, Google, Facebook, ha cambiado.

"Demasiado poder"

La demanda de Estados Unidos contra Google se produce después de que un informe del subcomité de la Cámara de Representantes concluyera que las empresas Big Tech ejercían "demasiado poder" y censuraban el discurso político, difundían noticias falsas y "mataban" los motores de la economía estadounidense.

Desde la famosa demanda contra Microsoft en 1998, esta es la primera vez que el gobierno de Estados Unidos ha acusado a una empresa de operar un monopolio bajo la Ley Sherman, una norma que data de 1890 y fomenta la competencia entre empresas.

Google tiene $120 mil millones de dólares en efectivo y profundos vínculos políticos en Washington, por lo que el caso podrá demorarse varios años y desencadenar una cascada de acciones legales. 

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Domingo, 11 Octubre 2020 05:43

Las dos Internet

Las dos Internet

Estados Unidos y China se disputan la red global

 

ofensiva de Trump contra el gobierno chino, dirigida a las empresas Huawei, Tiktok y Wechat como objetivos inmediatos, se da en uno de los frentes claves de la guerra fría de nuestro tiempo. El resultado será la polarización del mundo digital.

La orden de la Casa Blanca de prohibir el suministro de semiconductores a partir del mes pasado es un poderoso golpe contra Huawei. La empresa china, que domina el 5G, depende de la compra de chips y puede quedarse sin acceso a sus proveedores. El efecto es mundial: una empresa de Taiwán, Mediatek, ha pedido permiso a las autoridades estadounidenses para seguir vendiéndole, pero el Departamento de Comercio, que dirige la operación bajo las órdenes del presidente, Donald Trump, se apresta a rechazar la licencia. Incluso el principal proveedor chino, SMIC, puede tener que cerrar sus negocios con Huawei, ya que depende de equipos importados de Estados Unidos y no puede arriesgarse a perderlos.

Varios aliados de Trump –como el premier británico, Boris Johnson, y el gobierno australiano– ya obedecieron la orden de cancelar los contratos con Huawei. Portugal se encuentra en una posición curiosa, dado que está bajo la presión de la Casa Blanca para cortar los lazos con la compañía, aunque desde 2011 su mayor empresa energética está en manos de capitales oficiales de Beijing. En cualquier caso, dada su ventaja en el 5G, Huawei sigue aumentando su participación de mercado, por lo que Washington ha decidido atacar su cadena de suministro. Por ahora, este bombardeo es efectivo, puesto que la industria estadounidense aún domina en segmentos de máquinas sofisticadas y tiene una ventaja en los semiconductores. Pero esto tiene un revés: China procurará avanzar rápidamente en la producción de esos equipos y en la investigación de chips o en sistemas operativos. Y se puede poner al día en unos años. Si es así, las empresas chinas podrán volverse autosuficientes en tecnología de punta.

REDES BIPOLARES

Sabiendo que el conflicto no tiene solución en la batalla contra Huawei y que se trata, en realidad, de una disputa por el mercado global, Trump, que todavía controla los circuitos financieros y algo de los de alta tecnología, también ataca las redes de difusión y fidelización de usuarios. Por eso apuntó contra Tiktok –que tiene 100 millones de usuarios en Estados Unidos– y Wechat, dos de las empresas chinas con mayor penetración en el mercado estadounidense. El argumento de la sospecha desplegado contra esas empresas es débil. Hay muchas más evidencias de abuso de posición dominante y falta de respeto de los derechos de los usuarios por parte de Facebook y Twitter que por parte de Tiktok, sobre la que sólo pende la denuncia de la nacionalidad de la empresa propietaria y un deseo de venganza personal por el flagrante fracaso –organizado por algunos de sus usuarios– de un mitin electoral del presidente estadounidense. Hasta donde sabemos, Cambridge Analytica se basó en los datos disponibilizados por Facebook y no por una empresa china. En cualquier caso, estamos ante otra serie de medidas tendientes a dividir el mundo en dos Internet: Facebook y Google están prohibidos en China, y, si Trump se impone, las empresas chinas serán prohibidas en Occidente.

Y, ADEMÁS, LOS JUEGOS

La tecnología de producción y los sistemas de acceso son, por tanto, los dos primeros frentes de este conflicto. Y hay un tercero: los juegos. La empresa china Tencent, propietaria de Wechat y poseedora de un margen operativo mayor que el de Facebook, apuesta a la transmisión de juegos en streaming fusionando las plataformas Huya y Douyu. Tendría, así, 300 millones de usuarios sólo en China, a lo que hay que sumar su posición dominante en otros mercados: cuando Tencent compró, en Estados Unidos, la empresa Riot Games, adquirió League of Legends, cuya final de campeonato fue vista online por 44 millones de personas, más del doble de quienes vieron la final de béisbol de ese país. En este dominio, la pugna todavía es entre empresas: Apple y Google contra Epic Games, que produce Fortnite (y tiene un 40 por ciento de sus acciones en manos chinas), y todas las empresas estadounidenses contra Tencent. Pronto será entre gobiernos. Las dos Internet luchan por la atención y los datos, las armas más poderosas de nuestro tiempo. La guerra ya comenzó.

Por Francisco Louçã
9 octubre, 2020

(Nota publicada originalmente en portugés en Expresso. Brecha la publica con la autorización del autor.)

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Acusan a Google, Facebook, Amazon y Apple y piden que sean divididas

Una comisión del Congreso de Estados Unidos advirtió sobre sus abusos

 

Tras 16 meses de investigación el Subcomité de Competencia de la Cámara de Representantes concluyó que esas empresas aprovechan su predominio para erradicar la competencia y reprimir la innovación. Los republicanos no refrendaron el informe.

Google, Amazon, Facebook y Apple siguen en la mira por el abuso que hacen de su posición dominante. Una comisión de la Cámara de Representantes de Estados Unidos se sumó a quienes reprueban las prácticas de esas empresas de tecnología y advirtió que aprovechan su predominio para erradicar la competencia y reprimir la innovación. Por ello pidió al Congreso estadounidense que obligue a estas compañías a separar sus plataformas de internet de otras líneas de negocio.

La solicitud la realizó el Subcomité de Competencia de la Cámara de Representantes, tras una investigación de 16 meses sobre el poder que ostentan esas empresas en el mercado. Los republicanos no apoyaron el pedido.

Qué dice el informe sobre Google, Amazon, Facebook y Apple.

El informe dice que estas cuatro empresas han exprimido su poder "incluso para ser más dominantes" y que la situación recuerda a la que ya se vio con los barones del petróleo o los magnates del ferrocarril.

Durante el curso de la investigación fueron analizados 1,3 millones de documentos y se realizaron también más de 300 entrevistas. Ante el comité comparecieron también el pasado mes de julio Mark Zuckerberg (Facebook), Jeff Bezos (Amazon), Sundar Pichai (Google) y Tim Cook (Apple).

Los legisladores alertaron que "controlando el acceso a los mercados, estos gigantes pueden elegir a los vencedores y a los vencidos" en la economía. Y explicaron que lo hacen cargando tarifas exhorbitantes, imponiendo duros contratos y extrayendo datos personales y de negocios de tremenda importancia.

Señalaron también que su posición dominante les sirve para "mantener su poder de mercado", controlando la infraestructura en la era digital, así como otros negocios, lo que les permite identificar posibles rivales y, en último término, comprarlos y terminar con posibles amenazas a la competencia.

En resumen, dice el informe, estas empresas han explotado su poder para incluso ser más dominantes: "Simplemente se han convertido en monopolios que ya vimos en la era de los barones del petróleo o de los magnates del ferrocarril".

En el estudio se indica que Facebook y Google tienen poder monopólico. De Apple y Amazon se explica que tienen un "importante y duradero poder de mercado".

Los legisladores cuestionaron, además, a las agencias estadounidenses de defensa de la competencia. Sobre esos organismos apuntaron que no han logrado limitar el predominio de estas empresas.

El informe, de 449 páginas, recomendó al Congreso que considere una serie de medidas, como una legislación que obligue a estas compañías a separar sus populares plataformas de internet de otras líneas de negocio, además de cambios en las leyes de defensa de la competencia para revitalizar la aparente ausencia de un firme cumplimiento.

El informe no tiene consecuencias legales en sí mismo, pero los legisladores confían en que sus conclusiones animen a los responsables políticos a tomar medidas. Los republicanos no firmaron el informe y si bien se mostraron preocupados por el accionar de las empresas de tecnología, explicaron que no están de acuerdo con algunas de las recomendaciones que hacen los demócratas.

Gates dijo que los avances en vacunas y tratamientos permitirían el regreso a “una vida más o menos normal” para el año que viene. 

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Terminó la fase de alegatos en el juicio contra Julian Assange

La justicia inglesa decidirá el 4 de enero si otorga su extradición a EE.UU.

Durante esta última jornada hubo nueva movilización en las afueras del tribunal. Allí Stella Moris, la esposa del activista australiano, dijo que la lucha es por Assange pero también por la libertad de prensa. 

 

Terminó la fase de alegatos en el juicio de extradición contra el creador de WikiLeaks Julian Assange. Sólo resta esperar la resolución de la jueza Vanessa Baraitser que dará su veredicto el 4 de enero. Durante esta última jornada hubo nueva movilización en las afueras del tribunal. Allí Stella Moris, la esposa del activista australiano, dijo que la lucha es por Assange pero también por la libertad de prensa. Cualquier de las partes podrá apelar la resolución de la magistrada en instancias superiores. Durante todo ese proceso, que puede llevar años, el periodista seguirá en prisión preventiva. De ser extraditado el activista podría recibir una condena de 175 años de cárcel. En las cuatro semanas que duró el proceso la defensa sostuvo que se trata de un juicio político.

Tal como se esperaba la magistrada rechazó el pedido de los abogados de Assange para que se le otorgarle la libertad condicional. Asimismo Baraitser rehusó aplazar el proceso a fin de dar más tiempo a la defensa a presentar pruebas adicionales, como ya hizo al inicio de esta segunda fase del juicio, que había sido puesto en mayo por la pandemia. La magistrada fijó la fecha de su dictamen al término de un juicio de cuatro semanas en el tribunal londinense de Old Bailey.

La fiscalía estadounidense había presentado 18 cargos contra Assange, de los cuales 17 son por violar la Ley de espionaje de 1917. En concreto lo acusa por conspirar, revelar documentos de defensa nacional, obtener y recibir información de manera ilegal, en muchos casos actuando en connivencia con la exsoldado Chelsea Manning. El cargo restante es por violar la Ley de abuso y fraude informático. WikiLeaks publicó documentos secretos sobre las guerras de Irak y Afganistán, cables del Departamento de Estado, e informes sobre sobre detenidos en la cárcel de Guantánamo. Los mismos revelaron crímenes de guerra y violaciones a los Derechos Humanos cometidas por EEUU, así como la injerencia de la Casa Blanca en las políticas internas de decenas de países.

Tal como viene ocurriendo desde el inicio del juicio decenas de personas se reunieron a las puertas del tribunal londinense para reclamar la libertad de Assange. Allí la esposa del periodista remarcó la gravedad de este proceso legal. “EEUU dice que puede llevar a cualquier periodista de cualquier parte del mundo a juicio en su territorio si no le gusta lo que están publicando”, señaló Moris. A su vez indicó que el gobierno norteamericano no pudo probar que algún informante de la Casa Blanca haya sido agredido tras las publicaciones de WikiLeaks. “Se cometieron crímenes terribles en Irak y Afganistán. Se cometieron crímenes terribles en la Bahía de Guantánamo. Los autores de esos delitos no están en la cárcel. Julian sí", indicó Moris.

Por su parte el actual director de WikiLeaks Kristinn Hrafnsson sostuvo que este juicio marcará un antes y después en nuestra civilización. “Estas cuatro semanas oímos decenas de testigos, periodistas, académicos, intelectuales, que dejaron expuestas las mentiras que se presentaron contra Julian Assange. (…) Detrás de esas mentiras quedó la verdad: este es un juicio contra el periodismo. Es sobre el futuro del periodismo de lo que estamos hablando”, sostuvo Hrafnsson. Respecto a los crímenes revelados por WikiLeaks, el director del sitio sostuvo que eran indispensables para llegar a la verdad. "No podemos cambiar el pasado, pero necesitamos saber la verdad sobre lo que ocurrió. Si Assange es extraditado seguiremos en la oscuridad. No podemos permitir que eso pase", indicó el periodista.

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Viernes, 18 Septiembre 2020 06:15

Si no pagas por el producto, eres el producto

Si no pagas por el producto, eres el producto

Cuentan que Silicon Valley es la Alejandría digital donde mentes privilegiadas deciden la conducta de 2.000 millones de internautas. Sus ideólogos son ingenieros reconvertidos en humanistas de la conducta.

 

Según Cathy O’neil, los algoritmos son "opiniones incrustadas en un código". En el docudrama El dilema de las redes sociales, su director Jeff Orlowski aborda los métodos del gran mercado para generar adicción a los megusta, y las consecuencias sobre el combustible más vulnerable de este juego: las jóvenes y las niñas. En el documental aparecen chamanes de la industria como Tristan Harris (ética de diseño, Google), Chamath Palihatipiya (ex de Facebook), Jeff Seibert (Twitter), Tim Kendall, Joe Toscano, Sandy Parakyllas (Facebook, Uber), Sean Parker (Facebook) y otros jóvenes dotados con el don de la profecía de la conducta y la predicción. A todos les une la necesidad de desenmascarar al monstruo de las redes emancipado de sus creadores, como un mito en crecimiento constante que se alimenta de las vulnerabilidades. Por eso, la socióloga Shoshana Zuboff considera que "se trafica con humanos a gran escala".

Son mercados que construyen modelos predictivos de crecimiento constante "entre dos usuarios solo es necesario un tercero". "Hemos creado una sociedad donde el significado de comunicar es la manipulación", dice Jaron Lanier, autor de Diez razones para dejar las redes sociales. Los sentimientos y anhelos generan una gran cantidad de información. Una vez iniciado este proceso, se entra en un bucle de necesidades insatisfechas.

Solo en EE. UU. y desde el 2010, las autolesiones han aumentado entre las adolescentes un 62% y un 70% los suicidios. Pero donde se ceban estos patrones auto destructivos es entre las niñas preadolescentes (182% autolesiones y 150% más suicidios respecto al 2010). Hasta las relaciones amorosas y el número de carnés de conducir han descendido. Tal vez nadie esperaba esto, pero la pestaña Me Gusta es un Punto G nunca satisfecho.

La redención de este elenco de personajes tiene un punto de patetismo. Son prestidigitadores fascinados por sus propias magias algorítmicas.

Facebook, Google, Pinterest, Twitter, Instagram, Snapchat; muestran la pretensión de la democracia: transparente, del pueblo libre para opinar. Sin embargo, esta alegoría tecnológica sucumbe al exhibicionismo, la violencia, la pornografía y el control de masas. Porque tal vez la red está en manos de un lumpen mafioso al que no le importa la salud mental de los niños, sometidos a todo tipo de estímulos bestiales. El poder político ni tan siquiera opina, se limita a apuntar las transacciones como los administradores de la propiedad.

Las llaves de la democracia están en los mercados, y sus herramientas preferidas son las redes. Además, son capaces de polarizar para modificar los resultados electorales. La verdad es un difícil consenso entre las partes enfrentadas. ¿Qué sucede cuando ese compromiso entre sectas no se logra?: "Wikipedia ofrece una definición para cada término. Imagina que la wiki diera un significado diferente en función de la región de residencia: eso sucede con Google o Facebook", señala Jaron Lanier. ¿Cómo ofrecer una versión unificada de un acontecimiento? Teclear "cambio climático" en Google llevaría a un resultado diferente en función del país o continente. Google es un espejo de los deseos y prejuicios. Lo único que hace es confirmarlos. De lo contrario, no sería el buscador que es.

El cortocircuito de la conciencia conlleva a la predicción de estándares de comportamiento. La opinión no es consecuencia de un ejercicio de meditación donde se toma de diferentes fuentes hasta alcanzar una síntesis. La opinión es idéntica a los deseos

Señala el empresario e inversor en tecnología Roger Mcnamee, que al comienzo se vendía software y hardware. Luego el producto fueron las personas, o más bien su privacidad. La metáfora es una supercomputadora, y los usuarios neuronas movidas por una gran Inteligencia Artificial.

Hay que reconocer cierta puerilidad en ese pensamiento, porque para que una manipulación se produzca es necesario algún tipo de complementariedad con el usuario afectado.

Las llaves de la democracia la tienen las plataformas. Ayudan a materializar los deseos alimentados por el capitalismo de los datos personales. Los sentimientos son una fuente inagotable de energía renovable donde se exponen las vulnerabilidades.

Buscar la riqueza en las profundidades de una mina es una cosa de siglos pasados. El valor de las cosas está en la cantidad de información capaz de generar a lo largo de una vida útil. Dicen los sabios de Silicon Valley que el deseo de llamar la atención mantiene vivas las redes sociales, lo que es muy difícil de evitar en la conducta humana.

Parece que es imposible cambiar un modelo apodado capitalismo de vigilancia. En todo caso es consentido por los usuarios. Este modelo de poder es pura coacción: la reputación de los individuos, su prosperidad, están controlados por las tecnológicas. Es difícil imaginar una tiranía mayor. Los posicionamientos políticos, sociales y opiniones son vigilados por una gran inteligencia orgánica que también es humana. Esta situación supera cualquier profecía.

Señala Shoshana Zuboff que, si los mercados de esclavos se prohibieron, ¿por qué no este modo de explotar la vulnerabilidad de la gente?

Otra opción es gravar el uso de datos a las tecnológicas para limitar su voracidad. Que coticen por una actividad que no es ética. Hasta para esto es ya tarde.

Por Javier López Astilleros

Documentalista

18/09/2020

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Daniel Ellsberg

Continúa el juicio de extradición contra el creador de Wikileaks

Durante la presidencia de Richard Nixon, Ellsberg filtró 7.000 páginas de documentos clasificados sobre la guerra de Vietnam al New York Times y al Washington Post. "Las publicaciones de WikiLeaks tienen una importancia comparable”, sostuvo el exmilitar.

 

Daniel Ellsberg, exanalista de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos que filtró en 1971 los “Papeles del Pentágono”, declaró en el juicio de extradición contra Julian Assange. Durante la presidencia de Richard Nixon, Ellsberg envió 7.000 páginas de documentos clasificados sobre la guerra de Vietnam al New York Times y luego al Washington Post. Los documentos mostraron que el gobierno norteamericano había decidido continuar la guerra aun sabiendo que no la ganarían y que causaría miles de muertes en sus filas. Ahora, el fiscal James Lewis que representa a la Justicia estadounidense intentó mostrar que a diferencia de las filtraciones hechas por Ellsberg, Wikileaks puso en riesgo la vida de informantes secretos. Sin embargo el exmiembro de las FFAA rechazó ese contrapunto. “Estoy totalmente en desacuerdo con la teoría del 'buen Ellsberg / mal Assange'”, sostuvo el analista informático.

"No es un juicio justo"

El miércoles fue el día siete de esta segunda parte del juicio que había empezado en febrero pero fue suspendido tras la llegada de la pandemia. El jueves pasado la jueza Vanessa Baraitser había decido detener otra vez el proceso ya que algunos de los asistentes tuvieron síntomas de la covid-19. La justicia inglesa deberá decidir si acepta la extradición del creador de Wikileaks a Estados Unidos. El gobierno norteamericano lo acusa de espionaje y piratería informática tras haber publicado en 2010 más de 700.000 documentos clasificados. De avalarse su extradición, podría ser condenado a 175 años de cárcel. Assange se encuentra detenido en una cárcel de máxima seguridad de Inglaterra desde abril de 2019. Antes había pasado siete años encerrado en la embajada de Ecuador en Londres.

Las revelaciones que hizo Wikileaks habían mostrado los crímenes de guerra cometidos por Estados Unidos en Iraq y Afganistán. A su vez el sitio también había publicado miles de cables diplomáticos del gobierno norteamericano, que dejaron al descubierto la influencia directa de la Casa Blanca sobre buena parte del mundo. Por ese motivo la Justicia estadounidense pidió la extradición del periodista australiano con la finalidad de juzgarlo puertas adentro.

Durante la audiencia del miércoles la defensa de Assange presentó a Ellsberg como uno de sus testigos. El analista de inteligencia de 89 años reconoció la importancia de las revelaciones hechas por Wikileaks. “A lo largo del tiempo reconocieron que mis acciones en relación con los ´Papeles del Pentágono´y las consecuencias de su publicación generaron un cambio de interpretación radical. Considero que las publicaciones de WikiLeaks de 2010 y 2011 tienen una importancia comparable”, sostuvo el exmilitar. A su vez también destacó la valentía de su colega Chelsea Manning quién filtró los archivos clasificados. “Me impresionó mucho que la fuente de estos documentos, Chelsea Manning, estuviera dispuesta a arriesgar su libertad e incluso su vida para hacer pública esta información. Fue la primera vez en 40 años que vi a otra persona haciendo eso, y sentí afinidad con ella ", dijo el analista.

Tras la publicación de los “Papeles del Pentágono” Ellsberg y su colaborador Anthony Russo fueron acusados por el gobierno norteamericano de robo, conspiración y violación a la Ley de Espionaje. El exmilitar criticó esta norma ya que imposibilita un proceso legal justo. “La Ley de espionaje no permite filtraciones. Así que no yo tuve un juicio justo, nadie desde que mi caso tuvo un juicio justo por estos cargos, y Julian Assange no puede ni remotamente obtener un juicio justo por esos cargos si fuera juzgado”, sostuvo el analista informático. Tras un largo proceso judicial Ellsberg y su colaborador fueron sobreseídos. El juicio había sido anulado al constatarse que la administración Nixon y la Fiscalía habían cometido toda clase de atropellos como prevaricación, supresión de pruebas, ocultación de testigos, obstrucción a la justicia, e incluso robo de información.

El efecto de las filtraciones

A la hora de interpelar a Ellsberg el fiscal Lewis intentó establecer una comparación entre su caso y el de Assange. Según el fiscal en 1971 el exmilitar no había publicado cuatro volúmenes de documentos para resguardar al gobierno norteamericano. Pero sí había entregado todos los archivos al Senado. Sin embargo, el analista aclaró que al momento de dar con los documentos secretos Estados Unidos y Vietnam estaban en negociaciones de paz. Ellsberg no quería que la publicación de los mismos se usara como pretexto para romper el diálogo, por lo que demoró su entrega a los medios. Respecto al argumento del fiscal de que Assange puso en riesgo la vida de informantes, el exmilitar dijo que él también había dado información sobre un agente clandestino de la CIA. Justificó esa decisión argumentando que no quería que el público pensara que los archivos habían sido editados o interferidos. Para demostrar que el gobierno estaba cometiendo atrocidades en Vietnam Ellsberg necesitó que esos documentos se mantuvieran impolutos y que nadie pudiera decir que con su intervención estaba encubriendo algo, sostuvo el exmilitar

Lewis también intentó que Ellsberg admitiera que los archivos de WikiLeaks eran más dañinos. Sin embargo el analista dijo que ya durante el juicio a Manning el Departamento de Defensa no había podido mostrar una sola muerte como resultado de esas filtraciones. El fiscal mencionó que algunos informantes habían tenido que huir de sus países. El exmilitar pidió comparar esos casos y el del periodista australiano. “Las personas que tienen que abandonar el país deben ubicarse en el contexto de Assange tratando de poner fin a una guerra que causó 37 millones de refugiados y más de un millón de muertes”, sostuvo Ellsberg.

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Martes, 15 Septiembre 2020 05:59

Un inmenso archipiélago inconexo

Un inmenso archipiélago inconexo

Sin unidad de las fuerzas comunicacionales no hay clamor emancipador

 

   Somos un archipiélago inmenso de iniciativas comunicacionales inconexas. Tanto daño ha hecho el individualismo, el sectarismo y el aislacionismo… en todas sus metástasis, que incluso cuando se trabaja en equipo, algunos piensan que los otros son parte de un decorado que sólo está para servir al que se cree “jefe” y “obra de sí mismo”. Estamos bajo peligro si permanecemos como un archipiélago inmenso de semiósferas inconexas, archipiélago inmenso cargado con “buenas ideas”, pero incomunicado. Un conjunto de islas sólo unidas paradójicamente por lo que las separa. Para nuestra especie es imposible vivir aislados, aunque nos pensemos autosuficientes, auto-creados. Nuestra hipotética “personalidad singular”, no es más que el producto de las relaciones sociales y vivir como archipiélago es algo más que un aislamiento… en una patología.

            Algunos piensan que es todo lo contrario, que vivimos una “proliferación” de comunicación híper saturada con mensajes vacíos. Que hay sobredosis de medios tele-producidos y redes sociales “participativas” y “democratizadas”. Que no sufrimos insuficiencia de comunicación sino saturación de interactividad mediática. Pero tal descripción en nada coincide con el mapa real de la propiedad de las herramientas para la comunicación, de los motores semánticos mercantilizados y mucho menos en el modelo de acumulación monopólica dominante en el que la inmensa mayoría de los seres humanos vive silenciada y reducida a reproducir, objetiva y subjetivamente, los dispositivos de su enajenación rentable para colmo.

            Pero la asimetría no ha cancelado la necesidad de expresarse. Comunicar es una necesidad social, una cualidad y un derecho humano de primer orden y, por eso, proliferan las iniciativas bajo la dinámica de las tensiones históricas de clase y las urgencias de todo tipo con que nos agobia el capitalismo. Desembozadamente, o clandestinas, las comunicaciones se dejan sentir de manera desigual y combinada. Aunque no siempre, por el aislamiento, nos enteremos.

            Unirnos no implica uniformarnos. Implica, sí en primer lugar, informarnos con todo rigor, de tiempo y forma, qué pensamos y cómo nos proponemos intervenir en la transformación del mundo hacia otro de condiciones objetivas. El qué y el cómo por consenso meticuloso y dinámico. El qué y el cómo resolviendo los problemas más añejos y de abajo hacia arriba. Desde los más postergados y los más urgentes hasta los específicos de algunos sectores estratégicos. Sin derroches, sin emboscadas, sin oportunismos ni reformismos. Para empezar. Solo así podremos construir puentes pertinentes a las necesidades y convertir el “archipiélago” en una “red”. No faltan herramientas para conectar, falta democratizarlas para la unidad política y falta voluntad política para la unidad desde las bases. Los “poderes” le temen mucho a eso.

            La Unidad debe ser expresión concreta de vínculos organizativos nuevos, creadores de soluciones prácticas, hacia condiciones de existencia en sintonía con las luchas y sus programas emancipadores. En primer lugar, el internacionalismo que nos expresa como una fuerza social planetaria, creada por el capitalismo, que busca emanciparse con una lucha mundial, económica y cultural, contra el sistema que depreda al planeta y a las personas. “Estar de acuerdo” debe definir el cómo.

            Se trata de tender puentes en el archipiélago para romper el aislamiento y los antagonismos inducidos entre los pueblos. Luchar juntos contra las divisiones de clase en el comercio y el mercado mundial y en la producción industrial secuestrada por la dictadura de la usura. El internacionalismo de los oprimidos convertido en red de puentes contra los monopolios de la comunicación y la información. Nosotros debemos recordar siempre que las “alianzas” internacionales entre la clase dominante son sólo acuerdos temporales de negocios que financiamos nosotros en perjuicio nuestro siempre. Cada puente sobre el archipiélago debe ser fraternidad organizada para la lucha. No tiroteo de vanidades.

            Tales puentes sobre el archipiélago no son una meta exclusivamente nuestra, ha sido anhelados durante mucho tiempo. Lo que se actualiza en estos puentes es lucha que descubre la urgencia de una sociedad sin clases ni divisiones como posibilidad deseable, posible y realizable (Adolfo Sánchez Vázquez). Y eso se debe al desarrollo de la consciencia porque, tal como está el mundo, aislados oprimidos dentro de la sociedad, sólo tenemos como salidas necrófilas. Todas las clases que en el pasado lograron hacerse dominantes trataron de consolidar la situación adquirida sometiendo a toda la sociedad a las condiciones de su modo de apropiación. Nosotros hoy no podremos conquistar las fuerzas productivas sino aboliendo el modo hegemónico de apropiación, y con él, todo modo de apropiación ilegítimo. Nosotros sólo salvaremos lo salvable y deberemos modificar todo lo que ha garantizado la ingeniería del despojo. Nuestra unidad de redes y puentes debe ser una transición hacia un “Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación” o sea, nuevos medios y modos para informarnos y comunicarnos en un contexto de nuevas relaciones de producción.

Pero la forma específica de tal unidad de nuestras fuerzas debe ser motor de los trabajadores desarrollado durante sus propias luchas. Se trata de lograr que la humanidad deje de ser una mercancía más, atomizada, para reproducir mansamente su propia subordinación. La materia prima de los “puentes” es, precisamente, esa consciencia de clase dispuesta a emanciparse construyendo convergencias de forma y fondo. Priorizar los principios sin desatender a las personas. Es una praxis que se va transformando minuciosamente en instrumento de precisión para desactivar el sometimiento de todos nosotros bajo la economía dominante. La unidad se hará esencial sólo si se garantiza su evolución permanente basada en la supremacía de la humanidad sobre el capital. 

Prioridad de acción es construir la unidad. Puentes y redes que, a su vez, se desarrollen continuamente hasta cambiar la correlación de las fuerzas y los paradigmas. Las piedras angulares de nuestros puentes o interconexiones, en todos los sentidos, no pueden ser arbitrarias, sino expresiones concretas del ser social que planifica emanciparse. El de la comunicación es un asunto tan importante y duradero que no puede dejarse (sólo) en manos de los gobiernos efímeros. En última instancia, si los gobiernos deben definir sus políticas de comunicación, deberán hacerlo en colaboración orgánica con la calidad democrática que los medios emancipados y emancipadores sepan exigir e imponer como fuerza social real. Pero eso, ni con mucho, resuelve la necesidad de la tarea comunicacional más sólida que es la comunicación nueva transformada y transformadora que no depende de la agenda semántica de los gobiernos ni las burocracias pero que debe asumir sus responsabilidades y derechos para su desarrollo económico, tecnológico y estratégico. Ese es el reto. 


Por Fernando Buen Abad Domínguez
, Director del Instituto de Cultura y Comunicacióny Centro Sean MacBride, Universidad Nacional de Lanús, Miembro de la Red en Defensa de la Humanidad, Miembro de la Internacional Progresista, Miembro de REDS (Red de Estudios para el Desarrollo Social)

15/09/2020

Publicado enSociedad
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