Se llama "Gota a gota" el violento método de los usureros colombianos en Argentina

La modalidad de usura "gota a gota" , que selecciona a sus víctimas entre los más vulnerables, aquellos que no puede acceder a un crédito bancario porque no califican por los requisitos usualmente solicitados como un recibo de sueldo formal crece cada vez más en la Argentina, operada por prestamistas oriundos de Colombia.

Pero, ocasionalmente, algunas de estas redes mafiosas cae.

El lunes pasado, once integrantes de una de esas organizaciones fueron detenidos por Gendarmería Nacional. La fuerza federal actuó bajo la instrucción del juez en lo penal económico Pablo Yadarola y el apoyo y coordinación de la Dirección Nacional de Investigaciones, que pertenece al Ministerio de Seguridad.

Diez de los apresados son de nacionalidad colombiana, el resto argentinos. La banda era básicamente un negocio familiar. Su presunto líder es David Fernando Salazar Herrera, de 30 años de edad, colombiano, con DNI argentino, número 95 millones, su hermano Carlos Alberto junto a los hermanos José y Jhon Kenedy Quincena , también con direcciones en Hurlingham.

La mayoría de los extranjeros ingresaron de manera irregular al país, con documentación falsa, bajo otra identidad o por pasos fronterizos clandestinos y luego obtuvieron sus documentos. En su país varios de ellos tienen antecedentes penales. Según pudo saber Infobae, la Dirección de Migraciones, y a instancias del juez, solicitará en los próximos días la expulsión de los delincuentes.

La banda operaba en la Ciudad de Buenos Aires, pero había extendido su telaraña en los partidos bonaerenses de Zárate y San Miguel. En los allanamientos se secuestraron 215.955 pesos, 3000 pesos colombianos, 5000 guaraníes y 107 dólares. Pero lo más importantes está en otros papeles.

Por primera vez la Justicia incautó miles de documentos sobre supuestas transacciones y comprobante s –algunos de ellos que datan desde el año 2012- utilizados por la banda para cobrar los préstamos usurarios. En la parte superior de los rústicos talonarios donde asentaban los importes abonados por los clientes, y con un sello de color rojo se destacaba la fecha del pago. Se pueden leer rubros insólitos, por ejemplo "artesanías colombianas".

El esquema cambiaba rápidamente: los cobros se volvían semanales con sicarios que amenazaban a deudores.

Los préstamos siempre eran en efectivo, rápidos, se otorgaban en menos de dos horas, sin requisitos. Se aclaraba la tasa de interés a abonar, que comenzaba de forma mensual, para convertirse rápidamente en pagos hechos cada semana. Había varias formas de encontrar a los usureros: se promocionaban a través de volanteros en la calle, en el mercado de Pompeya, en Barracas, Constitución , en la estación de San Miguel o la de Liniers, atendían en pequeños locales que no duraban mucho, tiendas transitorias, como una mueblería en San Miguel a tres cuadras de la plaza principal del municipio. Detrás de la carnada de las mesas y sillas de pino, aparecerá el ofrecimiento de los supuestos préstamos acomodados a las necesidades de cada cliente.

Así, comenzaba un espiral descendente, de la usura a la golpiza, de la violencia económica al puño en la cara.

Ante el apuro y la necesidad, las víctimas no advertían que terminarían devolviendo a los prestamistas hasta quinientas veces más que el dinero solicitado. Cuando no podían seguir pagando, ya ahogados económicamente, los "rompehuesos", sicarios y golpeadores contratados por las redes corruptas, los visitaban en sus hogares o en los pequeños comercios que armaron con los préstamos. Las visitas no eran precisamente para tomar café. Los mafiosos amenazaban, incluso con asesinar a sus hijos o padres.

Si la coacción no resultaba, la segunda tertulia era menos amena aún. En este caso, eran dos los amedrentadores. Uno, el que conduce la moto, se queda en la vereda; el cómplice ahorra palabras, golpea a la víctima. Se registraron casos en que el agredido perdió dientes, sufrió la fractura de costillas o la quebradura de un brazo.

En algunos casos no llegan a cruzar palabras. Las fachadas de las casas o los comercios de las víctimas eran baleadas desde motos.

El salvajismo era tal que en Tartagal, en la provincia de Salta, Dalma, una joven de apenas 20 años, se ahorcó en su domicilio porque estaba amenazada por los prestamistas: su muerte dejó huérfanos a dos niños.

Catalina, su madre, denunció públicamente el 29 de mayo pasado que usureros colombianos le habían prestado 15 mil pesos bajo condiciones que Dalma podía afrontar. Sin embargo, de repente, los prestamistas cambiaron las condiciones, el interés de la tasa se quintuplicó y los pagos ya no serían cada treinta días, sino cada siete.

La abuela de los dos niños le dijo al diario El Tribuno , que Dalma tomó la dramática decisión porque "estaba desesperada por las constantes amenazas de los colombianos que amenazaron con matar a sus hijos si no pagaba".

"Gota a gota" en Latinoamérica

Después de la desarticulación de la banda de usureros, la ministra Bullrich rememoró en diálogo con Infobae la razón por el Ministerio de Seguridad, con funcionarios como Martín Laborde, coordinador de Investigaciones de Delitos Económicos, hizo foco en este modus operandi que se expandió desde Colombia a países como México, Venezuela, Uruguay, Panamá y Brasil.

Bullrich precisó que al año de asumir su cargo, un grupo de investigadores de la Policía Nacional de Colombia llego a nuestro país para entrevistarse con ella y su equipo. Sin rodeos, los detectives detallaron con gráficos y fotos que el narcotráfico y el lavado de activos había cambiado en su país y que los grandes carteles, que habían dejado de funcionar en la década de los 90, dejaron una fuerza laboral vacante.

Los criminales, claro está, no buscaron trabajo formal a través de los clasificados de los diarios, sino que habían tomado rumbo hacia un sistema nuevo, que trabajaba con el micro lavado y el micro tráfico de dinero negro a partir de una modalidad, hasta ese momento desconocida, o no investigada en el país, llamada "gota a gota" , una forma feroz de estafa.

"En conjunto con Colombia, Argentina se ha puesto a la vanguardia en la lucha contra el gota a gota , que tiene como objetivo atacar a personas vulnerables y blanquea el dinero para el narcotráfico", interpreta la ministra y agrega: "Después de entender el modus operandi, llegamos a la desarticulación total de la banda criminal integrada por estos diez colombianos".

Según pudo saber Infobae , a través de Eugenio Burzaco, el Secretario de Seguridad de la Nación, estos préstamos de altísimas tasas generan un sistema de lavado de activos que se envía hacia Colombia mediante correos privados en la zona de frontera. El dinero no solo circula: también vuelve.

Así funciona el negocio

Los trabajos de inteligencia tanto en Argentina, como en México y Colombia establecieron que el "negocio", que muy posiblemente termina en el tributo a alguna banda narco, comienza con los 'volanteros', que se encargan de repartir las tarjetas, ofreciendo los créditos sin garantías. De la red también forma parte el denominado "administrador", que se encarga de recibir las llamadas y por lo general atiende personalmente al cliente. Los sicarios que recolectan el dinero adeudado más intereses se desplazan en moto.

Los "jefes de seguridad", por su parte, están a cargo del sistema de cobranzas bajo presión cuando alguna de las víctimas no puede pagar la deuda contraída. Su especialidad, las amenazas y la violencia armada.

En los últimos allanamientos, en la Ciudad de Buenos Aires, pero también en Sam Miguel u Zárate, Gendarmería también secuestró municiones para armas .9mm y marihuana y siete motos similares a las que las víctimas describieron como las utilizadas por los "rompehuesos" para trasladarse y amedrentarlos.

Por: Agencias | Sábado, 13/04/2019 02:54 PM |

Publicado enSociedad
Viernes, 07 Julio 2017 07:06

Brujas, perras y narcoparamilitares

Brujas, perras y narcoparamilitares

"Muerte a las perras", se titula el panfleto distribuido por las Águilas Negras en el correo electrónico de una organización social de Bogotá. En este caso, la banda paramilitar amenaza a defensoras de derechos humanos (todas mujeres) y muestra un lenguaje y estilo que desnuda el carácter violento y machista del grupo armado.

"Malditas perras sapas del gobierno gonorreas las bamos a matar por sapas y por andar de metidas donde no deben sapas hp luchando por los derechos de la mujer que mierda son si lo unico que son es sirvientas de nosotros aver si se van a hacer oficio de la casa malparidas", reza textualmente el volante reproducido parcialmente por la página pacifista.co (goo.gl/hoL4Hy).

La amenaza va dirigida a las integrantes de la Mesa Nacional de Víctimas: "Van a caer con sus familias y a estos hp malparidos por estar apoyandolas los bamos a matar por metiches y no ser fieles a la causa".

Una de las amenazadas dijo a los medios: "El gobierno no ha hecho nada para protegerme. Todos los días matan a líderes sociales en el país y a ellos parece no importarles porque no hacen nada. Hago responsable al Estado por lo que me pase a mí, a mi familia y a mis compañeras". Este es el punto central.

Águilas Negras proviene de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), supuestamente desmovilizadas, y su accionar se ha destacado en departamentos conflictivos como el Cauca, donde ha amenazado y asesinado a dirigentes indígenas. También en las regiones de población negra y en Ciudad Bolívar, la periferia sur de Bogotá.

En 2016 fueron asesinados 94 defensores de derechos humanos y líderes sociales, la cifra más alta desde que comenzó el proceso de paz. Las víctimas son en su inmensa mayoría militantes ligados a Marcha Patriótica, al Congreso de los Pueblos y a diversos movimientos populares.

Este tipo de violencia es bien diferente de la que afectó en la década de 1980 a la Unión Patriótica. En aquellos años fueron asesinados más de 2 mil militantes, incluyendo alcaldes, concejales, diputados, senadores y candidatos a la presidencia, por una alianza de paramilitares y narcotraficantes que arrasaron con la izquierda electoral vinculada al Partido Comunista y las FARC.

Parece necesario detenerse en las principales características de esta violencia sistemática contra los sectores populares organizados, ya que no se registra sólo en Colombia sino que se ha convertido en un modo de regular las relaciones sociales en todo el continente, con especial desarrollo en México y Guatemala. En este punto, debemos recordar el papel del general Óscar Naranjo, actual vicepresidente de Colombia, en la "exportación" de la "narcodemocracia" a México, como ha consignado Carlos Fazio (goo.gl/vT7Xt).

La primera cuestión es que se trata de una violencia difusa, sin centro dirigente aparente, lo que hace difícil identificar a sus autores al punto que las autoridades niegan la existencia de las Águilas Negras. La dirección de Inteligencia de la Policía de Colombia asegura que la organización ya no existe, lo que puede ser cierto si pensamos en un aparato estructurado con mando centrales.

Un informe de la BBC sobre las Águilas Negras, sostiene que es "una razón social que utilizan varios grupos" y pone un ejemplo: "En el Cauca, a raíz de un conflicto interno en una universidad, un grupo de gente decidió sacar un panfleto firmado Águilas Negras contra unos profesores" (goo.gl/0gGOQw). Este es el punto: una maquinaria narcoparamilitar desterritorializada, convertida en cultura política de control de las relaciones sociales a cielo abierto.

La segunda es que estamos ante una forma brutal de regular las relaciones entre personas y, de modo muy particular, de enfrentar a los movimientos sociales. El excelente informe "Mujeres y guerra: víctimas y resistentes en el Caribe colombiano", del Centro Nacional de Memoria Histórica (2014), destaca que las masacres son el límite más brutal de la violencia paramilitar. A partir de ellas, consiguieron imponer un nuevo orden social.

“A través del uso del lenguaje, la regulación del cuerpo, el espacio y las prácticas sociales, estos actores lograron imponer sus ideas de orden, ‘buen’ comportamiento y disciplina” (p. 37). De ese modo, establecieron un orden patriarcal, racista, capaz de regular los mínimos intersticios de la vida cotidiana. Las mujeres relegadas a sus casas, los negros y homosexuales sistemáticamente humillados, y "los hombres debían comportarse de forma viril y ceñirse a un modelo de hombre guerrero y militar" (p. 38).

La tercera se relaciona con la continuidad de este modelo de control una vez finalizada la guerra. En las regiones dominadas por los paramilitares, la guerra continúa pero con otros actores, como las pandillas que actúan sobre el legado de miedo dejado por la violencia, usando métodos muy similares.

Por eso debemos hablar de una maquinaria, un nuevo modo de control de la población como lo fue el panóptico, que con el tiempo se ha convertido en el sentido común para organizar los espacios de encierro y funciona "naturalmente", sin que un mando central deba promoverlo o planificarlo.

Por último, debe entenderse que estamos ante una violencia sistémica, no coyuntural. Los feminicidios y el narco son los modos de control de los de abajo en la zona del no-ser; el modo de tener controlados a indios, negros y mestizos. No depende, por tanto, de la actitud "progresista" de las autoridades o de la "benevolencia" de los varones. Es como la plusvalía: funciona aunque el patrón pague salarios "justos", porque la explotación del trabajo asalariado es inherente al capitalismo.

Por brutal que sea, la violencia nunca es el objetivo final, sino el medio para construir un orden social jerárquico, patriarcal, capitalista. Es el genocidio que el sistema necesita para imponer la "cuarta guerra mundial" contra los pueblos y la vida. Esto es lo que no podemos perder de vista en la imprescindible denuncia sobre las violaciones de los derechos humanos.

Publicado enColombia
“Porque los de sociología son revoltosos y terroristas”

“Esto es pan de cada día”. Así respondió el médico de turno en Medicina Legal de Bogotá cuando Angélica Bolívar y Cristian Cartagena, dos estudiantes de sociología de la Universidad Nacional, se acercaron en horas matutinas del 6 de marzo a esta institución para radicar demanda contra policías que en clara violación de sus derechos humanos, y en nítida manifestación de la concepción militarista que los embriaga, los golpearon, encerraron e inculparon por hechos o infracciones inexistentes al avanzar la noche del sábado 4 de marzo.

La expresión del galeno no es gratuita. Ante él, y como constancia diaria, estaban otras personas radicando demandas similares: por un lado estaba Cristian, habitante del barrio El Codito de la localidad de Usaquén, joven de clase popular que contó que el día anterior se encontraba con su familia en medio de una celebración y que por no acatar las ordenes de la “autoridad” fue víctima de abusos, agresión extendida a su mamá, de más de 50 años –a quien la arrastraron por el suelo–, y su hermanito de 10 años –también golpeado varios veces en su rostro.


Por el otro estaba Jhon Javier, hombre de un poco más de 30 años, mecánico en un taller de reparación de carros, quien llegó con ojo morado e hinchado.


Algunos de éstos casos fueron llevados con cargos contra sus agresores, pero debieron ir a Medicina Legal porque en custodia fueron maltratados, como otra clara muestra de abuso de autoridad, impunidad y complicidad por parte de la “autoridad”.


Dichos acontecimientos recuerdan la denuncia que el equipo de desdeabajo y otro medios realizaron el 26 de diciembre del 2016 a partir de lo sucedido a Christian Mantilla, otro ciudadano golpeado, en esta ocasión por defender a un hombre que algunos agentes de Policía estaban ahorcando en plena vía pública, frente a su familia, un mujer embarazada y su bebé en coche. Hay que recordar, que el caso de Christian fue manipulado mediáticamente por noticias Caracol, sin importarles afectar el buen nombre de este ciudadano.

Angélica y Cristian


Estos dos jóvenes estudiantes de sociología de la Universidad Nacional de Colombia, narran de manera escueta lo sucedido con ellos:
“Entre las 11:30 y las 12 pm. de la noche del 4 de marzo de 2017, dos patrulleros adscritos al CAI de San Diego (frente al Planetario Distrital, Bogotá) los abordan en el Parque La Independencia por donde transitaban, luego de venir de un bar localizado en el centro de la ciudad.


Los oficiales exigieron requisar a Cristian ante lo cual él accedió presentando sus documentos de identidad. Uno de los policías, al ver el carnet de la Universidad preguntó por la carrera que estudiaba. Al enterarse que era estudiante de sociología, le preguntó si él también ‘ponía bombas como Mateo’. Cristian respondió que no, que sabía que Mateo Gutiérrez era inculpado por un hecho sucedido en un momento en que él se encontraba junto a otros estudiantes en una actividad cultural, por lo cual Mateo era inocente. El oficial tomó el celular de Cristian y empezó a revisarlo, Cristian se lo quitó diciéndole que no tenía razones para revisarlo. Ante tal respuesta, el oficial lo golpeó en la cara reventándole la nariz.


Al ver el accionar de los policías, Angélica tomó parte golpeando al policía para que soltara a Cristian. Uno de los policías golpeó a Angélica en la cara, la encuelló y la esposó a una silla del parque. La ahorcaron y golpearon repetidamente mientras estuvo esposada. Entre tanto a Cristian le seguían golpeando y ahorcando. Los estudiantes fueron insultados constantemente, calificándolos de “terroristas”, “perra”, “zorra” y “pone bombas”.


Los uniformados revisaron ambos celulares y los retuvieron cuando los agredidos intentaron llamar en procura de ayuda. En seguida fueron retenidos al interior del CAI, con el pretexto de encontrarlos consumiendo marihuana en el parque, cosa que nunca ocurrió.


Además de la agresión, los oficiales les asociaron a los hechos de asesinato a un policía en los alrededores de la Plaza de Toros La Santa María, hecho conocido por la opinión pública.


Vale resaltar, que cuando los estudiantes gritaron en procura de auxilio, los transeúntes siguieron y evitaron tomar parte en estos hechos. ¿Temor ante la recurrente, y por todos conocida, violencia policial?


Hasta aquí la denuncia de los agredidos.

 

Es importante también resaltar dos aspectos evidentes: 1) Esta agresión evidencia el perfil de persecución asociada a los estudiantes de sociología; 2) una ciudadanía intimidada e indiferente es funcional al abuso policial. Igualmente, una comunidad académica silente, se torna cómplice del estigma y del abuso de autoridad.


Actitud pasiva de estudiante, docentes y directivas, que torna necesario mirar hacia el hilo contextual que está detrás de este tipo de imputaciones: los últimos atentados en Bogotá, los cuales han colocado en el centro de la opinión pública al departamento de Sociología de la Universidad Nacional.
Como podrá recordarse, Mateo, uno de sus estudiantes, cual falso positivo judicial, le adjudican, sin pruebas consistentes, la colocación de bombas en distintas partes de la ciudad capital, El irresponsable manejo mediático en contra de la presunción de inocencia, y en contra de la integridad del estudiante, se ha expandido hacia toda la comunidad académica a la cual pertenece.

 


Recuadro

Miedo, poder y estigmatización


El recurso a la violencia está ligado al ejercicio del poder de muchas maneras. Según Max Weber (sociólogo alemán) el Estado es el organismo que monopoliza el ejercicio legitimo de la violencia y la policía, predominantemente coercitiva es su mayor protagonista. La violencia aparece cuando la autoridad se ve deslegitimada y ante la impotencia del poder en concretar la dominación ideológica. Se ejerce contra todo aquel desviado, y está justificada en mantener el orden social a toda costa, nunca se detiene a cuestionar la desigualdad y la exclusión que le son inherentes, ¿por qué defender sin más una estabilidad mediocre y decadente?


Usando falsos positivos judiciales y violencia arbitraria para mostrar resultados, se busca disimular la corrupción y degradación interna de nuestras instituciones, ante el engaño, compulsivamente buscan culpables para mantener la falacia de que son las verdaderas protectoras de los derechos y libertades de las personas. Con tal de que la atención no se vuelva sobre ellas, incentivan toda clase de miedos y estigmas sobre las grandes mayorías excluidas, las clases populares, que no tienen el nivel de privilegio y resonancia de los estudiantes ultrajados estas ultimas semanas, pues son ellas quienes invisibles sufren día a día la brutalidad del sistema.


El miedo que es correlato ideológico del mantenimiento del orden público, es una sustancia brumosa que toma muchas formas y en la que reside gran poder. La manía anti terrorista posa de barrera entre nosotros e inexplicables eventos, fortaleciendo un modelo de seguridad tan exitoso hasta nuestros días, en que grandes masas de individuos (entre ellos los mismos policías) huyen abrazando una autoridad cada vez más controladora, ante el horror de estar a su suerte y de lo indefinible. Los gobiernos han entendido la eficacia que tiene infundir el horror para fines políticos, toda violencia que cuestione el orden social es perseguida, pero todo el aparato paramilitar, toda la una racionalidad técnica de la violencia que ejerce en todo el país no encuentra más que silencio en los grandes medios de comunicación. El otro (el pobre, e campesino, el guerrillero, el estudiante de sociología, etc) como chivo expiatorio siempre es un mundo aparte, la vida de aquellos extraños que ponen en peligro la integridad del status quo no tiene el mismo valor. Apelando a estos como expresión de un enemigo interno e invisible, se vive en un miedo existencial a lo inmensurable, a lo que no tiene forma, y dicho miedo lleva a todo de tipo de arbitrariedades, abusos y comportamientos desquiciados, he allí la capacidad de control.


Los insultos e injurias que expresan los policías en este acontecimiento son la muestra de que ellos son las más pobres víctimas de éste fenómeno, años acumulados de miedo y de odio, de superstición e ignorancia en las clases populares constituyen efectos negativos en la integridad humana de quien ingresa con la ilusión de servir a sus sociedad como agente de policía. Se le adoctrina en que él o ella, es el salvador de su país, el protector de su nación, pero lo que la doctrina le reserva es una vida servil de sumisión, vicio y perversión ante el sufrimiento ajeno y de peligro, amenaza y muerte durante la guerra.


No defiendo la violencia, la brutalidad o la arbitrariedad de un determinado actor en detrimento de otro, ni de determinada causa en detrimento de otra, solo digo que su trasfondo es mucho más complejo. Los últimos acontecimientos son expresión de un fenómeno estructural, nada ganamos con llenarnos de miedo o de odio, quienes vivimos en sus meridianos debemos buscar elementos de análisis que se conviertan en herramientas de transformación. Los poderosos también le temen al poder con el que juegan, pues son tan mortales como nosotros.

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