Mauricio Macri, saluda a sus seguidores en Buenos Aires

 

Los ciclos políticos no son caprichosos. Vivimos un periodo de crecimiento de las derechas, en particular en Sudamérica. El ciclo progresista terminó aunque sigan existiendo gobiernos de ese color, pero ya no podrán desarrollar las políticas que caracterizaron sus primeros años porque se impone una inflexión conservadora, aunque los discursos puedan decir algo diferente.

Un buen ejemplo de esa ironía puede ser Ecuador: un gobierno de Alianza País que realiza un ajuste conservador. Salvo que se opte por la peregrina tesis de la traición, Lenin Moreno muestra que aún los progresistas deben dar un giro a la derecha para poder seguir gobernando.

Digamos que los ciclos son estructurales y los gobiernos coyunturales. El ciclo progresista se caracterizó por elevados precios de las exportaciones de commodities en un clima general de crecimiento económico, un fuerte protagonismo popular y presiones por mayor justicia social. Los tres aspectos se debilitaron desde la crisis de 2008. Ahora sufrimos una fuerte ofensiva derechista en todos los terrenos.

A pesar de los malos resultados económicos y de una elevada conflictividad social, en la que destaca la desaparición forzada de Santiago Maldonado, el gobierno de Mauricio Macri consiguió una contundente victoria en las recientes elecciones argentinas. El macrismo no es un paréntesis, consiguió una cierta hegemonía que se asienta en los cambios económicos de la última década, en el desgaste del progresismo y la debilidad creciente de los movimientos.

La primera cuestión a tener en cuenta es que el modelo extractivo (sojero-minero) ha transformado las sociedades. La edición argentina de Le Monde Diplomatique de septiembre contiene dos interesantes análisis de José Natanson y Claudio Scaletta, que desbrozan los cambios productivos del complejo de la soya y sus repercusiones sociales.

El primero sostiene que el mapa de la soya coincide casi matemáticamente con los territorios en que gana Macri. Destaca que el campo se articula cada vez más con las finanzas, la industria y los grandes medios, y que los terratenientes y los peones, que fueron los protagonistas del periodo oligárquico, conviven ahora con técnicos, arrendatarios, agrónomos, veterinarios, mecánicos de maquinaria agrícola y pilotos fumigadores, entre otros.

La tecnología es incluso más importante que la propiedad de la tierra que los “ pools de siembra” alquilan, mientras los cultivadores conectados al mundo globalizado están pendientes de los precios de la bolsa de Chicago, donde se cotizan los cereales.

El segundo sostiene que estamos ante una complejización de las clases medias rurales y la emergencia de nuevas clases medias ruro-urbanas. En consecuencia, el conflicto con el campo que sostuvo el gobierno kirchnerista en 2008 no fue la clásica contradicción oligarquía-pueblo.

A partir de ese momento, se hizo visible un conglomerado de actores más complejo y con una base social mucho más extensa, que rechaza las políticas sociales porque sienten la pobreza urbana como una realidad muy lejana. Ese bloque social es el que llevó a Macri al gobierno y el que lo sostiene.

La sociedad extractiva genera valores y relaciones sociales conservadoras, así como la sociedad industrial generaba una potente clase obrera y valores de comunidad y solidaridad. En las grandes fábricas, miles de obreros se convirtieron en clase al organizarse para resistir a los patrones.

Por el contrario, el extractivismo no genera sujetos internos, o sea dentro del entramado productivo, porque es un modelo financiero especulativo. Las resistencias son siempre externas, en general las protagonizan los afectados.

La segunda cuestión es el desgaste del progresismo luego de una década larga de gobierno. Aquí aparecen dos elementos. Uno, el desgaste interno natural o por la corrupción y la mala gestión, y combinaciones de ambos. Dos, porque el propio modelo despolitiza y desorganiza a la sociedad que sólo se articula por medio del consumo. Ahí es donde muerden las derechas.

El consumismo es la otra cara de la sociedad extractiva. Una sociedad que no genera sujetos, ni identidades fuertes, con valores vinculados al trabajo digno, o sea productivo, sino apenas valores mercantiles e individualistas, no está en condiciones de potenciar proyectos de largo aliento para la transformación social.

La tercera cuestión que explica el auge de las derechas es la debilidad del campo popular, que afecta desde los movimientos hasta la cultura del trabajo y de las izquierdas. La sociedad extractiva crean las condiciones materiales y espirituales de esta anemia de organización y luchas. Pero hay más.

Las políticas sociales del progresismo, sobre todo la inclusión mediante el consumo, multiplicaron los efectos depredadores del modelo en cuanto a desorganización y despolitización. En el shopping desaparecen las contradicciones de clase, incluso las étnicas y de género, porque en esos no lugares (Marc Augé) el entorno desaparece a la humanidad de las personas.

Pero los movimientos también son responsables por las opciones que tomaron. En vez de construir mirando el largo plazo, preparándose para el inevitable colapso sistémico, tomaron el atajo electoral que los llevó a construir alianzas imposibles con resultados patéticos. Algunos movimientos argentinos, que optaron por aliarse con la derecha justicialista, podrían hacer balance sobre los resultados desastrosos que obtuvieron, y no me refiero a la magra cosecha de votos.

Por último, debemos pensar las enseñanzas que nos deja el ascenso de las derechas y la crisis de los movimientos. La sociedad extractiva de cuarta guerra mundial, no puede ser resistida con la misma lógica de la lucha obrera en la sociedad industrial. No existe una clase para ser dirigida. Los sujetos colectivos deben ser construidos y sostenidos todos los días. Las organizaciones deben ser sólidas, cinceladas para el largo plazo y resistentes a los atajos institucionales.

 

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Martes, 24 Octubre 2017 07:04

AL y el pensamiento ambiental del Sur

AL y el pensamiento ambiental del Sur

 

El otoño de 2014 marcó una etapa de gran ebullición para la ecología política latinoamericana, pues en el breve lapso de seis semanas se efectuaron seis eventos internacionales entre los que destacaron un Congreso Latinoamericano de Ecología Política, en Santiago de Chile; un Seminario Internacional de Ecología Política Latinoamericana, que tuvo lugar en Río de Janeiro (12-14 de noviembre), y un Congreso Latinoamericano de Conflictos Ambientales, organizado por la Universidad Nacional de General Sarmiento, en el área metropolitana de Buenos Aires, dentro del cual tuvo lugar el Simposio Internacional sobre Pensamiento Ambiental Latinoamericano. De ese simposio se acaba de publicar el libro que recoge las intervenciones del acto con el título de El pensamiento ambiental del Sur, el cual reúne magistralmente las reflexiones críticas de una decena de intelectuales (ver). Nunca podrá saberse qué tanto un conjunto de ideas inducen la acción colectiva y viceversa, pero las tres décadas de pensamiento ambiental latinoamericano que en ese libro se documentan y discuten han crecido en paralelo o al unísono con procesos culturales, productivos, educativos y sociales de enorme trascendencia para la región.

Quizás como en ninguna otra parte del mundo, en América Latina ha habido un verdadero florecimiento de los enfoques interdisciplinarios en muchos centros universitarios y de investigación científica y tecnológica. Esto implica la convergencia de los campos ecológico-biológicos con los de las ciencias sociales, todo lo cual se expresa en el establecimiento, práctica, multiplicación y expansión de las llamadas disciplinas híbridas. Es este el caso, en orden de aparición e importancia, de la agroecología, la economía ecológica, la economía social y solidaria, la educación ambiental, la historia ambiental, la ecología política, las ecotecnologías y la etnoecología. Estas nuevas contra-corrientes no solamente irrumpen como expresiones del pensamiento complejo, sino del pensamiento crítico y de una ciencia con compromisos ambiental y social. Se trata de formas alternativas de educación e investigación que proliferan por las universidades de la región, y que cristalizan en seminarios, congresos, proyectos, posgrados, publicaciones y sociedades científicas.

Todo esto se ha traducido, por ejemplo, en los proyectos y experiencias agroecológicas que hoy existen por miles especialmente en Brasil, Cuba, México, Centroamérica y los países andinos. De forma paralela en América Latina ha evolucionado un conjunto de movimientos en torno a la economía social y solidaria. Este proceso se centra en las cooperativas, el comercio justo, los bancos comunitarios, el trueque, los fondos solidarios, el consumo responsable, las redes de organizaciones, y ha sido impulsado desde diferentes ángulos ideológicos, sociales y culturales, tales como el altermundismo, las organizaciones populares o las comunidades eclesiales de base.

A mi juicio, tres grandes cambios han ocurrido en el pensamiento ambiental de la región en las recientes décadas: 1) se ha cuestionado y desechado el concepto de desarrollo, y en consecuencia los de ecodesarrollo y desarrollo sustentable o sostenible (ver el número de la revista América Latina en Movimiento de junio de 2009), y se ha abierto a otras propuestas civilizatorias como el buen vivir o la comunalidad. Esto significa que la imaginación teórica irrumpe más allá de los cánones del pensamiento dominante para visualizar nuevas rutas civilizatorias; 2) se ha desplazado el centro de las posibles soluciones y alternativas de los organismos regionales e internacionales y de los gobiernos nacionales a los movimientos sociales y sus acciones y proyectos en los territorios rurales (hoy fuertemente ambicionados por las grandes corporaciones) y en los espacios urbanos, y 3) se ha empatado (e integrado) la crisis ecológica o ambiental de la región con la crisis global, que como hemos sostenido es una crisis de la civilización moderna. Esto último conecta las batallas y resistencias socioambientales de cada país con las luchas globales por la defensa del planeta y de la vida.

Por lo anterior América latina, el Caribe incluido, es hoy la región más esperanzadora del mundo, porque en ella ocurren experimentos socioambientales totalmente iné­ditos que apuntan hacia la construcción de nuevas utopías realizables. Por una u otra razón los mayores conflictos de la región son ya conflictividades sociales y ambientales, y existe un poderoso movimiento social de resistencia que, sin hacerlo explícito, adopta principios, tesis y prácticas de ecología política. Pienso que el marco ambiental de la región hace esto posible. Estamos ante la porción bioculturalmente más rica del orbe, pues contiene las áreas más húmedas del planeta, intrincadas orografías, con formidables redes hidrológicas (por ejemplo, los complejos del Amazonas, del Orinoco y del río de la Plata), y la mayor extensión de selvas tropicales. Todo ello la sitúa como el área que contiene la máxima biodiversidad del planeta. A ello deben agregarse sus extraordinarios recursos geológicos como minerales metálicos y múltiples fuentes de energía. La dimensión cultural no se queda atrás. En la región, los enclaves tradicionales están representados por unos 65 millones de campesinos, de los cuales entre 40 y 55 millones pertenecen a alguna cultura indígena, hablantes de más de mil lenguas, y a lo anterior se suma la población afrodescendiente que hoy domina extensos territorios en Brasil, Colombia, Ecuador, Panamá y otros países.

Todo ello convierte a América Latina en un enjambre de mosaicos bioculturales que rodean, pero también penetran e influencian a los gigantescos enclaves urbanos e industriales que hoy concentran a las mayorías modernas. Ello conjugado con cinco siglos de intrincados procesos de hibridación cultural, de juegos de espejos entre las metrópolis europeas y los diversos núcleos de nuevo pensamiento autóctono. Y estas mezclas y combinaciones culturales generan a escala microrregional otros mundos posibles. Tremenda paradoja, América Latina es quizás la porción del otrora tercer mundo donde se han arraigado más las visiones de la modernidad eurocéntrica, pero por lo mismo donde se están gestando las principales contraculturas. El pensamiento ambiental del Sur es un ejemplo notable de ello.

 

 

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Más tropas de EEUU en Latinoamérica: Señales de una invasión anunciada

 

Un nuevo ejercicio militar en la amazonia da luz sobre el resurgimiento de la presencia estadounidense en Latinoamérica.

El ejército estadounidense acentuará su presencia militar en la Amazonia latinoamericana. Bajo la iniciativa Amazon Log 2017 del gobierno golpista de Michel Temer en Brasil, la Operación ‘América Unida’ juntará a los ejércitos de Estados Unidos, Brasil, Perú y Colombia del 6 al 13 de noviembre del 2017 en la ciudad tri-fronteriza de Tabatinga. Este ejercicio es una señal de un sustancial incremento de militarización extranjera en la región.

La iniciativa es liderada por el Comando de Logística del Ejército Brasileño y está inspirada en el ejercicio logístico militar realizado por la Organización del Tratado Atlántico del Norte (OTAN) en Hungría en 2015, que tuvo un despliegue de aproximadamente 1700 militares. Para esta versión latinoamericana, los objetivos, según la página oficial del Ejército Brasileño, son crear una base logística multinacional temporal para realizar operaciones de control de migración ilegal, asistencia humanitaria, operaciones de paz, acciones contra narcotráfico y cuidados ambientales.

Sin embargo, como lo señaló el diario brasileño Gauchazh, enseñar a un ejército extranjero a combatir en territorio nacional debería ser considerado “alta traición”. Aunque para el Ministerio de Defensa brasileño esto no es traición sino una oportunidad que permitirá unir a los ejércitos de ambos países.

El problema de este ejercicio es la magnitud y apertura que se ha dado a los Estados Unidos en ingresar a la selva latinoamericana. Por lo que uno de los riesgos es que la base ‘temporal’ se convierta en permanente como sucedió en Hungría, tras los ejercicios de la OTAN. Aunque las autoridades brasileñas lo niegan.

Este interés de los Estados Unidos en la región debe ser medido con la historia del imperio del norte. El altruismo, cuidado a la naturaleza o lucha contra el narcotráfico estandartes para su presencia en la región hacen eco a inserciones en otras partes del mundo, especialmente Medio Oriente, y la realidad es que ahí estos no son ni fueron sus objetivos. Detrás de toda acción militar norteamericana siempre se encuentra el fin de apoderarse de recursos para lograr sus intereses nacionales.

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Bases militares de EE.UU. y la OTAN en Latinoamérica y el Caribe.

 

En el caso de América Latina, la abundancia de recursos naturales da razón a la presencia norteamericana. Según el Banco Mundial, la región cumple un rol global en la problemática del cambio climático ya que posee “las reservas de agua dulce más grandes del mundo”.

Una noticia ‘agridulce’ para los latinoamericanos ya que para varios analistas, inclusive el ex candidato presidencial demócrata Bernie Sanders, “las guerras del futuro serán por el agua”. Entre los diez países con mayores reservas se encuentran Brasil (1ro), Colombia (6to) y Perú (8vo), coincidentemente los tres involucrados en la Operación ‘América Unida’.

En la Oficina de Evaluación Neta (Office of Net Assesment) del Departamento de Defensa cuyo objetivo es analizar el futuro del ejército y sus amenazas. Andrew Marshall, ex director (1973-20015) comisionó en 2004 un reporte confidencial a Peter Schwartz, consejero de la CIA y ex Director de Planificación del grupo Royal Dutch/Shell; y Doug Randall, del Global Business Network.

En las conclusiones finales, los autores argumentan que el cambio climático y la escasez de agua son una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos y razones para futuras conflictos militares. Trece años más tarde de dicho reporte, Estados Unidos se prepara para asentar una base más en orilla del Amazonas.

Pero el agua no es el único interés de este país en la región. Telma Luzzani, periodista argentina, explica en su libro ‘Territorios Vigilados’, que “en el Amazonas se encuentra el 95% de las reservas de niobio, fundamental para el acero de las naves espaciales y de los misiles intercontinentales, y el 96% de las reservas de titanio y tungsteno, utilizados en la industria aeronáutica espacial y militar, además de ser rica en petróleo, gas, uranio, oro y diamantes”.

Es por esto que el próximo ejercicio militar es solo una pieza más dentro de un patrón creciente de militarización y amenazas regionales. Solo en lo que va del 2017 se han realizado otros dos ejercicios militares en el Pacífico y el Caribe: Teamwork South con Chile y Tradewinds frente a las costas de Venezuela con 18 países y más de 2500 militares.

La libertad de estas acciones militares demuestra un resurgimiento de la presencia estadounidense en la región, la cual se había reducido durante los distintos mandados de gobernantes progresistas neodesarrollistas en la América Latina. Aunque el asentamiento de bases en América Latina y el Caribe ha pasado por diferentes etapas desde la posguerra es a finales del siglo XX que toma su rumbo actual.

En 1999, como parte del acuerdo Torrijos-Carter, la base militar Howard en Panamá que albergaba al Comando del Sur, rama del ejército encargada en operaciones para la región, se desmanteló. Esto llevó al que Departamento de Defensa de Estados Unidos replantee su estrategia de defensa y política exterior. Bajo el estandarte del Plan Colombia, la ‘Guerra contra la Droga’ y operaciones humanitarias, se aplicó dos modelos de bases militares en Latinoamérica.

La primera, Main Operating Base (MOB), una base militar con infraestructura y acuerdos aprobados por los gobiernos: Guantamo en Cuba, Soto Cano en Honduras y varias en Puerto Rico. A pesar de que estas siguen activas, el modelo fue desechado por que genera rechazo por parte de los habitantes nacionales y un costo elevado en infraestructura y logística.

Es por esto que se aplicó un segundo modelo llamado Foward Operating Locations (FOL) o Bases de Operaciones de Avanzada, que se caracterizan por mantener poco personal militar pero la capacidad de “escalar” su presencia si fuera necesario. Las cuatro reconocidas y oficiales en la región, iniciaron sus actividades en 1999 y son: Aruba, Curazao, El Salvador, y Manta (que no renovó el contrato en 2009).

Como lo explica Robert Kaplan, ex asesor del Pentágono (2009-2011), “a menudo, el papel clave en la gestión de un FOL es desempeñado por un contratista privado. Él alquila las instalaciones en la base del ejército del país anfitrión, y luego cobra una tarifa a los pilotos de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos que transitan por la base. Oficialmente es un negocio privado, lo que le gusta al país anfitrión porque puede afirmar que no está realmente trabajando con el ejército estadounidense. Por supuesto, nadie, incluidos los medios locales, cree esto. Pero el mismo hecho de que una relación con las fuerzas armadas de los Estados Unidos sea indirecta en lugar de directa facilita las tensiones”.

Pero el nombre nuevo tampoco convenció a los locales, quienes comenzaron a sospechar y rechazar estas intervenciones en territorio. Por lo que la denominación FOL cambió a Cooperative Security Location (CLS), Puesto de Seguridad Cooperativa. Sin embargo, son lo mismo y en la región las bases siguen aumentando.

En la actualidad y ante la falta de cifras oficiales se conocen 75 bases aproximadamente, algunas son MOBs, FOL/CLS, y otras llevan nombres como Centro de Operaciones de Emergencia Regional (COER) en el caso peruano. Los países que encabezan la lista Panamá (12), Puerto Rico (12), Colombia (9) y Perú (8).

 

(Tomado de HispanTV)

 

 

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Amenaza el cambio climático los cultivos de café en América Latina

 

El aumento de la temperatura y nuevo régimen de lluvias afectará hasta 88% de las tierras

Colombia, Guatemala, Costa Rica y México, con más probabilidades de adaptarse a las modificaciones porque tienen zonas altas, señala la autora de la investigación

 

Los cultivos de café en América Latina, uno de los productos más apreciados de la región, podrían convertirse en víctimas del cambio climático.

Un estudio de científicos latinoamericanos proyectó que el aumento de la temperatura y cambios en el régimen de lluvias afectaría entre 73 y 88 por ciento de las tierras aptas para la producción del grano en la región.

Lo que va a haber es una reducción de áreas aptas para café por condiciones climáticas, por disminución de precipitación y aumento de temperatura, explicó Emily Fung, autora del estudio e investigadora del Centro Agronómico Tropical de Investigación y Enseñanza (Catie), en Costa Rica.

La experta agregó que esas zonas no van a desaparecer del todo, pero serán menos aptas para la producción de café.

En el reporte participó el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT) de Colombia y contó con financiamiento de la organización ambientalista Conservación Internacional.

El estudio utiliza los escenarios futuros de cambio climático para modelar cómo se comportarían las zonas adecuadas para el cultivo del café arábiga, el más fino de las variedades del grano y que requiere zonas de altura y clima templado.

Los resultados apuntan a que países productores como Colombia, México, Guatemala y Costa Rica tienen más posibilidades de adaptarse a los cambios de temperatura porque tienen zonas más altas que pueden ser incorporadas para el cultivo de café.

Por el contrario, la investigación prevé perdidas de áreas cultivables en Honduras y Nicaragua, que tienen menos altura.

Para la siembra del café se necesitan condiciones climáticas ideales, y ésas van a cambiar, probablemente se va a tener que sembrar café en otras áreas con temperaturas más bajas y más precipitaciones. Se buscaría áreas más altas, indicó Fung.

Los cambios podrían tener impacto social significativo en tanto 80 por ciento del café en América Latina proviene de pequeños productores, con terrenos inferiores a cuatro hectáreas, según la versión del estudio publicado en la revista estadunidense Proceedings, de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

América Latina es la principal región productora de café, con cerca de 5 mil millones de kilos anuales. Brasil es el líder mundial en el cultivo del grano, y tiene otros grandes productores como Colombia, Honduras, Guatemala, México y Perú, según la Organización Internacional del Café, con sede en Londres.

La producción latinoamericana duplica a la de Asia, el segundo lugar mundial.

En tanto, áreas actualmente utilizadas para el café podrían pasar a servir para otros cultivos de clima cálido, con la tendencia de calentamiento.

Fung dijo que en el cantón costarricense de Turrialba, donde está la sede del Catie, se ha comenzado a cultivar caña de azúcar donde hace poco tiempo había café.

 

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Hambre en América Latina creció 6 por ciento en 2016: FAO

 

El hambre entre la población latinoamericana creció 6 por ciento durante 2016, lo que representa “el primer retroceso en una década” ante la desaceleración de las economías regionales, señaló la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en el informe “Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina y el Caribe”.

Ese 6 por ciento significan 2.4 millones de personas que dejaron de contar con la cantidad necesaria de alimentos para cubrir sus necesidades calóricas básicas, explicó la FAO. En total, suman 42.5 millones de personas en situación de hambre en América Latina, lo que equivale al 6.6 por ciento de la población total.

“Vamos por mal camino. La región ha dado un paso atrás importante en una lucha que venía ganando”, expresó Julio Berdegué, representante regional de la FAO.

El Caribe, a pesar de que no registró un aumento de hambruna, continúa como la región con mayor prevalencia de América Latina, con 17.7 por ciento de su población en esa situación. Por otro lado, Sudamérica registró el mayor incremento de la malnutrición, con un aumento de 5 a 5.6 por ciento en 2016.

El país con la peor situación es Haití, donde 47 por ciento de la población sufre de inanición, resaltó la FAO. Por otra parte, Venezuela es la nación que registró el mayor crecimiento de hambre entre sus habitantes, de 2.8 millones de personas en 2015 a 4.1 millones, con una prevalencia del 13 por ciento de su población.

Por el contrario, la obesidad en la región latinoamericana también está “desbocada”, pues es un problema de salud pública en todos los países de América Latina y se ubicó por sobre el 20 por ciento de su población en 24 de los 33 países sudamericanos.

 

 

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Martes, 10 Octubre 2017 09:03

Cuba y su diplomacia verde olivo

El investigador, periodista y diplomático cubano Santiago Rony Feliú, en entrevista con La Jornada

 

Cuando la influencia de Henry Kissinger se empezaba a hacer sentir en los círculos de poder en Washington –inicios de los años 60– y la Cuba revolucionaria daba sus primeros pasos de diplomacia encubierta, con la intención de incidir en una nueva configuración mundial, el político estadunidense describió a la isla como un pequeño país subdesarrollado con pretensiones de política exterior de primer mundo. Y en ese momento no le faltó razón a quien llegó a ser uno de los grandes enemigos de las fuerzas progresistas en América Latina y artífice de muchos intentos para derrocar a Fidel Castro.

El investigador, periodista y diplomático cubano Santiago Rony Feliú trae a colación esta expresión de cuando los barbudos de Fidel Castro no tenían más de dos años de haber conquistado el poder mediante la lucha armada, para ilustrar hasta qué grado impactó en el mundo de entonces lo que llama la diplomacia verde olivo, impulsada por Ernesto Che Guevara: una vía alterna a la política exterior formal, que se proponía extender la lucha en contra del neocolonialismo y el imperialismo mucho más allá de la isla.

Guevara fue el emisario de esa política de relaciones exteriores que no emanaba de un ministerio o cancillería, sino de un aparato que actuaba a la sombra, bajo la instrucción directa de Fidel Castro, operado por uno de sus hombres más cercanos: Manuel Piñeiro, el comandante Barbarroja. Era un instrumento del Partido Comunista Cubano, y no fue hasta 1975 que se formalizó con el nombre de Departamento América. En 1993 el propio Castro hizo pública su disolución oficial.

Feliú, actualmente director de la revista Tricontinental y directivo de la Organización de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina, instituciones que datan de esa convulsa década, es uno de los muchos cubanos que se formaron en ese semillero de diplomacia revolucionaria.

 

Práctica vigente

 

A la distancia, sostiene en entrevista con este diario, los frutos de esa práctica, lejos de haber caducado, siguen presentes en algunos rasgos de la relación de Cuba con el mundo. Está basada en los principios de la solidaridad y el internacionalismo. Hoy la podemos ver en el despliegue de 68 mil médicos cubanos para apoyar labores de salud pública en 60 países, contando el más reciente envío de 42 galenos, que en estos días trabajan con los damnificados en el Istmo oaxaqueño. Y también los 28 mil maestros desplegados en otros 49 países del tercer mundo.

Asegura que los reflejos de aquellos ideales políticos del guevarismo y de la diplomacia de nuevo tipo también pueden encontrarse, recicladas y actualizadas, claro, en el pensamiento político del fallecido Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales.

Hace un poco de historia: Guevara emprendió la primera gira internacional como representante del gobierno revolucionario apenas cinco meses después del triunfo. Fue un viaje de tres meses de aprendizaje sobre el perfil que iba adquiriendo el mundo por 18 países recién descolonizados en Asia y África. La segunda gira fue a países europeos y China. La tercera, a los países del bloque socialista. La décima y última gira que realizó en su calidad de diplomático, con la misión de reforzar la descolonización y la unidad de los países que no se inscribían en ninguno de los dos bloques dominantes (Organización del Tratado del Atlántico Norte y Pacto de Varsovia), fue a Naciones Unidas, y después de otro recorrido culminó en Argelia, donde regaló su avión al líder revolucionario (Ahmed) Ben Bella, para regresar a La Habana en un vuelo comercial.

 

Los frutos

 

Hablando de los frutos que dejó ese trabajo diplomático, sostiene Feliú, hay que mencionar la formación del Movimiento de Países No Alineados en 1961, en Belgrado. “Cuba está ahí presente, también resultado de esa diplomacia. Luego viene 1965. Es el peor momento, el más agresivo, del imperialismo en la guerra fría. Estados Unidos invade por todos lados: Congo, República Dominicana, Vietnam... Entonces Cuba decide convocar la primera Conferencia Tricontinental, en enero de 1966. Sigue siendo el acto internacional más grande de la contemporaneidad. A La Habana fueron 582 líderes políticos de todo el mundo. Ojo: en ese momento sólo había 111 países. Y las comunicaciones y transportes no eran lo que son hoy. El Che no estuvo físicamente, porque se había producido el fracaso de nuestra incursión en el Congo y él estaba en Tanzania. Pero todos los que vinieron, en algún momento anterior, se habían reunido con él. Los había convocado, había conversado con ellos, los había tocado, de alguna manera”.

Para Feliú, esos acontecimientos de los años 60 son “ejemplo concretísimo de la diplomacia verde olivo que tiene consecuencias inmediatas en la década posterior, la de los golpes de Estado y las luchas en contra de las dictaduras. Cuba es solidaria y cercana a aquellos que resisten las dictaduras y da asilo a sus principales líderes”.

Recuerda también la forma en que Cuba transitó por la etapa en que fue desconocida por todos los países de América Latina, menos por México. “Qué hacía entre tanto Cuba? No se quedaba ni aislada ni callada. Se reunía con los partidos, los líderes políticos, los actores sociales, periodistas e intelectuales amigos. ¿Cómo sobrevivimos ese vacío de relaciones diplomáticas con los gobiernos de nuestra región? Con la información y el contacto que nos daba esa diplomacia.

“Y no sólo en América Latina. Muerto el Che, es Fidel quien viaja: largas giras por África, la Europa socialista y también la capitalista. A pesar de la ausencia de relaciones diplomáticas formales, en 1974 lo invita Michael Manley a Jamaica, y después de eso, José López Portillo, no a Ciudad de México, sino a Cancún, nótese. Durante 17 años no puede viajar a ningún país de América Latina, ninguna invitación para el jefe de Estado cubano. A partir de 1988 ya todo mundo se fue relajando y a Fidel lo invitan por todos lados, desde Carlos Salinas, que lo trae a su toma de posesión. ¿Por qué se produce ese relajamiento? Porque todos esos años siempre hubo una diplomacia silenciosa, bajo cuerda. Ya a partir de 1988 se puede establecer un amplio abanico de relaciones con la diplomacia formal, sin abandonar la otra. Porque en la diplomacia formal suele haber vaivenes, como demostró Vicente Fox. Y no sólo él, sino también algunas izquierdas.”

–Esa diplomacia verde olivo no sólo fue de relaciones políticas. También se vinculó con las luchas armadas de la región...

–Sí, en una etapa. Parte de esa diplomacia fue de promoción de la lucha guerrillera. Se buscaba la plena independencia recurriendo a todas las formas de lucha, incluso la armada. Eso se acabó hace rato; se acabaron las condiciones para continuar por esa vía. Y no fue Raúl Castro (presidente actualmente) quien le puso fin, sino mucho antes fue Fidel. La caída del bloque socialista nos obliga a un cambio de cosmovisión; hubo que repensar muchas cosas en la geopolítica. Esa, entre ellas.

Santiago Feliú, quien fue ministro consejero de las embajadas cubanas en Bolivia y Guatemala en décadas pasadas como parte del Departamento América, hoy formalmente extinto, está convencido de que la confluencia en un momento histórico (la década pasada) de siete gobiernos progresistas en América Latina –solamente con México y Colombia haciendo contrapeso desde la derecha– fue también uno de los frutos de esa política exterior cubana de doble vía, la formal y la verde olivo, que no son separadas, sino complementarias.

Ambas son responsables de que hoy día, a pesar de décadas de políticas que intentaron aislar a Cuba, su país tenga relaciones con 139 países y abiertas y activas 127 embajadas.

 

 

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¿Qué viene a hacer Obama a América latina?

 

En su viaje anterior, cuando todavía era presidente de Estados Unidos, Barack Obama vino a bendecir la restauración conservadora en Argentina y no tuvo el coraje de pasar con su silencio complaciente por Brasil, donde ya estaba instalado un gobierno golpista. Ahora viene como ex-presidente, en representación de su Fundación, financiada por grandes conglomerados económicos.

En el último mes, Obama ha tenido conversaciones con el Banco Northern Trust, con el banco Cantor Fitzgerald y con el grupo de compra en la privatizacion de empresas, Carlyle Group. Su Fundacion está financiada especialmente por donaciones de Microsoft y del gigante del sector eléctrico, Exelon, ambas con contribuciones de más de un millón de dólares. Obama ya ha hecho reiteradas presentaciones en Wall Street, por las que cobra alrededor de 400 mil dólares por cada una.

En San Pablo, Obama partipará del evento organizado en el periódico económico Valor, del grupo O Globo, patrocinado por el banco español Santander. Cínicamente dice que viene a “oír a los líderes jóvenes”. No va a encontrar a ningun líder joven ahí. Para ello, tendría que llegar sin el patrocinio de bancos y tendría que ir a la periferia de San Pablo y de Buenos Aires. Pero con los patrocinios de las empresas que financian su Fundación, viene más bien a buscar nuevas oportunidades de negocios para esas empresas, en especial en los procesos de privatización que los gobiernos de Macri y de Temer ponen en práctica.

En Argentina, Obama tendrá reuniones con empresarios y se anuncia un encuentro con Mauricio Macri. En Brasil, al parecer, no se atreverá a un encuentro con Temer, que tiene el 3 por ciento de apoyo entre los brasileños. Tiene programado un encuentro en Córdoba sobre “economía verde”, organizado por la Fundación Advanced Leadership, organización que tiene su sede en Washington, con el apoyo del BID, de la OEA, de la Fundacion Mediterránea y la Boston Seguros.

El Obama que viene ya no tiene nada que ver con aquel que fue elegido como primer presidente negro de Estados Unidos. Si fuera aquel, visitaría las comunidades negras de Brasil y se interesaría por el destino de Milagro Sala y de Santiago Maldonado. Hablaría con los líderes populares y no con los ejecutivos de los bancos.

Ya es tradicional en Estados Unidos que los ex-presidentes organicen una fundación y circulen por el mundo, con los viajes financiados con el apoyo de las donaciones de grandes empresas privadas de ese país, con la esperanza de mantener espacios políticos propios. El único de los ex-presidentes norteamericanos que ha puesto su fundación al servicio de las causas democráticas en el mundo ha sido Jimmy Carter.

Obama no esconde que se apoya en las grandes corporaciones norteamericanas y no en entidades civiles, de derechos humanos, de defensa de la democracia, de promoción de las políticas sociales.

Llega a Brasil invitado por el grupo O Globo, que ha estado siempre del lado de las peores causas. Llega apoyado en los bancos y trayendo la representación de una Fundación que tampoco esconde quiénes la financian. A Argentina, llega invitado por una organización norteamericana.

Si Obama quisiera inaugurar la presencia de su Fundación en la región apoyando las buenas causas continentales, tendría que venir a denunciar los inmensos retrocesos sociales que se dan en Argentina y en Brasil, cuando partidos que promueven los intereses del mercado y de los bancos se han adueñado del gobierno. Tendría que preocuparse con lo que pasa en México, en Puerto Rico, en Guatemala, entre tantos otros países con graves problemas.

Pero no es ese el programa de Obama en esta visita. Obama vivió el periodo de más grande aislamiento de EE.UU. en América latina. Obama tuvo que elogiar a Lula y convivir con gobiernos sumamente hostiles. Obama apostó a presidentes como Peña Nieto o Sebastián Piñera, pero no pudo tener éxito con ninguno de ellos. Obama tuvo que confesar el fracaso de 50 años de bloqueo a Cuba, visitó la isla pero no pudo tener la foto que pidió con Fidel. Terminó su gobierno derrotado, no consiguió que su sucesora fuera electa y vio a su gobierno reemplazado por un bufón que desmoraliza la presidencia de Estados Unidos.

Obama ahora quiere salvar su imagen, pero viene patrocinado e invitado por lo peor que tienen nuestros países.

 

 

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La posizquierda latinoamericana: gaznápiros de derecha

 

Son muchas las izquierdas, o al menos quienes se definen de ella, marxista, radical, socialista, antimperialista, anticapitalista. Tan heterogénea definición, hace ambiguo el concepto. El origen político del término lo encontramos en la Revolución Francesa; aludía a una distribución cardinal entre jacobinos y girondinos en la sala de sesiones de la asamblea. Los primeros, a la izquierda, contaban con el apoyo de las clases populares, defensores del voto universal y la república, los segundos, lo hacían a la derecha, fieles aliados de la nobleza, monárquicos y partidarios del voto censitario.

A medida que el desarrollo del capitalismo dio lugar a nuevas clases sociales, el concepto se adscribió al programa político de los partidos obreros y la clase trabajadora. Por contra, la derecha fue adjudicada a la burguesía, aglutinada en sus partidos de clase, empresarios y banqueros. Los límites eran explícitos. Podían surgir muchas izquierdas, pero con un común denominador: la lucha contra la explotación capitalista. En esta definición cabían anarquistas, anarcosindicalistas, socialistas, comunistas y los primeros socialdemócratas.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la refundación de la socialdemocracia, declaradamente anticomunista, dejó sin efecto la línea divisoria entre capitalismo y socialismo. La caída de la URSS y el fin la guerra fría produjo una hecatombe. El edificio se derrumbó y el concepto de izquierda, vetusto, sometido a múltiples tensiones, se hizo añicos. Sin embargo, las discrepancias se hicieron notorias durante el estalinismo, y posteriormente con las invasiones a Hungría y Checoslovaquia. La emergencia de los países no alineados y los movimientos de liberación nacional habían fracturado el movimiento comunista internacional y la izquierda. El resultado fue la emergencia de una primera nueva izquierda. Respuesta al llamado imperialismo soviético. La polémica chino-soviética añadió más leña al fuego. Los movimientos populares se distanciaron del bloque soviético, volvieron más compleja la definición y problematizaron el significado del concepto. Aun así, ser de izquierdas suponía una concepción del mundo alternativa al capitalismo en todas sus formas. Un movimiento heterogéneo con distintas sensibilidades, muchas veces enfrentadas y, por qué no decirlo, contradictorias. Maoístas, trotskistas, leninistas, partidarios de la lucha armada, insurreccionales, foquistas, terceristas, coexistían en su seno.

¿Pero tenían algo en común la vieja y la nueva izquierda? En primer lugar, definían estrategias para la toma del poder político, y en segundo lugar mantenían el eje de lucha anticapitalista. Las distancias venían de la política de alianzas, la caracterización de las formaciones sociales, los análisis de coyuntura. Baste recordar la polémica subdesarrollo-revolución, la caracterización de las dictaduras militares o el debate sobre los modos de producción. Pero también estos acuerdos y desencuentros se fueron diluyendo con la caída del muro de Berlín. El sentimiento de derrota y la sensación de orfandad, pasó factura en los años 90 del siglo pasado. Así, apareció por segunda vez, otra nueva izquierda, esta vez condescendiente con el capitalismo, centrándose las críticas, en un rechazo al neoliberalismo. La crítica se centró en contraponer Hayek a Keynes. Esta retórica caló profundamente, hasta identificar izquierda con la adopción de políticas progresistas y en defensa del estado keynesiano. La explotación capitalista se diluyó, desapareciendo del horizonte ideológico-político hasta perderse en el limbo y con ello se introdujo un nuevo debate, el fin de la contradicción derecha-izquierda. La novísima, nueva izquierda, levó anclas, hasta romper con su apelativo de izquierda, considerándolo un lastre para ganar elecciones y disputar el poder a la sí, nueva derecha. La dualidad izquierda-derecha se trasformó en progresistas y neoliberales y la tercera vía emergió como una defensa del capitalismo con rostro humano.

Las doctrinas neoliberales y la ideología de la globalización propusieron otro escenario, modificaron la agenda, al tiempo que se difuminan las relaciones de explotación capitalista. La frustración ante el embate del neoliberalismo modificó el centro de gravedad del debate. Lentamente, el eje derecha-izquierda fue cuestionado, al tiempo que la contradicción capitalismo-socialismo se resolvía, para el bloque occidental, en un triunfo aplastante del primero. Ya no había alternativa, sólo alternancia en la gestión de lo público y las políticas sociales complementarias a la globalización. Se habló del advenimiento de la economía de mercado, no de capitalismo. El tsunami neoliberal parecía llevarse consigo la izquierda, la derecha, la explotación y sus representantes políticos. Frente al pasado, el futuro. El discurso poniendo en cuestión la existencia de las clases sociales, derivó en una renuncia a ser identificado como izquierda. Ni de derechas ni de izquierdas. Ni dominado, ni explotado, ni dominador, ni explotador, ni burgués, ni trabajador, ni campesino, ni latifundista, ni pobre ni rico, nada de nada. Eso sí, emprendedores y empoderados. El sí se puede y la idea de vivir un mundo donde la alternativa a la pobreza, el hambre y la explotación y la justicia social se traduce en convertirse en empresario de sí mismo, posibilita la emergencia de los nuevos partidos de la posizquierda, los cuales renuncian a ser izquierda, al considerar que la lucha anticapitalista ya no tiene sentido. Gaznápiros, que bien reza el diccionario, sujetos palurdos, torpes, que se quedan embobados con cualquier cosa. Es decir, con la economía de mercado y su retórica. El resto es irrelevante.

 

 

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China en América Latina: ¿Un nuevo imperialismo?

 

China realiza inversiones gigantescas en el mundo, habiéndose convertido en el segundo inversor global detrás de EEUU. En América Latina, algunos políticos de la derecha aseguran que China actúa como un nuevo imperialismo, aunque está lejos de comportarse de ese modo.

 

Según el último informe de la CEPAL ('La inversión extranjera directa en América Latina y el Caribe'), en 2016 las inversiones de China en el exterior alcanzaron un nuevo máximo histórico: 183.100 millones de dólares, que representaron un incremento del 43,5% respecto al año anterior.

En Estados Unidos, en 2016, las firmas chinas realizaron importantes adquisiciones en los sectores de hardware y electrónica de consumo, bienes raíces y la industria del espectáculo.

En Europa las inversiones de China se orientaron mayoritariamente hacia las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), el transporte, la energía, la infraestructura y la maquinaria industrial.

El Centro de Documentación e Información de Bolivia (CEDIB) sostiene que China "ha logrado desplazar silenciosamente muchos de los roles que eran asumidos por el grande del norte y ha conseguido establecerse e incidir en las nuevas condiciones geopolíticas regionales, logrando asumir un rol importante en la economía de varios países latinoamericanos".

Las relaciones entre América Latina y China tienen dos ejes: por un lado la exportación de 'commodities', desde soja hasta hidrocarburos y minerales sin procesar; por otro, importantes préstamos a cambio de petróleo, sobre todo en los casos de Ecuador y Venezuela. Como señala el CEDIB, los préstamos "han superado a cualquier otra agencia de cooperación o relación bilateral entre países", en concreto el FMI y el Banco Mundial.

Sin embargo, China ha prestado a países que no tenían acceso al mercado financiero global ya que estaban restringidos o vetados por razones estrictamente políticas, con es el caso de Argentina (durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner) y Venezuela.

Se trata de indagar si las características de las relaciones de China con América Latina reproducen alguno de los patrones "imperialistas" que han caracterizado los vínculos de Estados Unidos y de la Unión Europea con la región.

En varios países, los medios promueven la impresión de que China se comporta de modo imperialista, desde Venezuela hasta Argentina, donde el periodista Rolando Hanglin sostiene que los latinoamericanos, "cuando lloren bajo la bota de los chinos", recordarán lo beneficioso que fue "el imperialismo yanqui".

Las características básicas del imperialismo fueron fijadas por un conjunto de pensadores a principios del siglo XX. Todos coinciden en que es consecuencia del dominio del capital financiero sobre el capital productivo, como consecuencia de la concentración y de la formación de grandes monopolios.

La segunda característica es que la exportación de capital sustituye la preeminencia de la exportación de mercancías. O sea, se asiste al fin de la libre competencia y de la hegemonía de la producción por el predominio de la especulación.

Este proceso desembocó, a comienzos del siglo XX, en el reparto del mundo entre las grandes potencias a través de las posesiones coloniales, primero, y de la intervención diplomática o directamente militar sobre otras naciones. Porque el imperialismo no es sólo un fenómeno económico.

Desde 1823, cuando la Doctrina Monroe proclama que América Latina se considera "esfera de influencia" de Estados Unidos, se han producido unas 50 intervenciones militares en la región, la mitad de ellas en la primera parte del siglo XX. El objetivo era derrocar gobiernos que Washington consideraba "enemigos" e impedir que personalidades o partidos contrarios a sus intereses llegaran al poder.

En base a estas consideraciones, podemos asegurar que China no practica una política imperialista, por lo menos en América Latina.

En primer lugar, en China no se registra una hegemonía del capital financiero sino del capital productivo. El Dragón se ha convertido en el taller del mundo, la primera economía industrial, pero su sistema financiero no ocupa el timón de mando del país.

La segunda cuestión es que en China hay, efectivamente, monopolios y grandes empresas de carácter capitalista. Pero las firmas que operan en el extranjero suelen ser estatales, como los grandes bancos, y aún las empresas privadas tienen fuertes vínculos con el Estado. No existe en China, como en los países imperialistas, una oligarquía financiera que ocupa lugares destacados en la dirección política de esas naciones.

La tercera es la más importante. China no tiene una política de intervención e injerencia en los asuntos de otros países, ni ha desplegado una política de anexiones, ni que promueva derribar gobiernos para instalar gobernantes afines, como han hecho Inglaterra y Francia durante siglos y los Estados Unidos desde hace 150 años en América Latina.

Mientras Estados Unidos tiene 850 bases militares en el mundo, China acaba de abrir su primera base militar en Yibuti, para asegurar el flujo de petróleo a través del mar Rojo, ya que depende de la importación de hidrocarburos para que su economía funcione. En sus relaciones con los países latinoamericanos, ha sido respetuosa de los gobiernos y no practica injerencia.

Pero hay un elemento quizá más relevante. Quienes acusan a China de imperialismo suelen olvidar que esa es una tradición de los países occidentales. En la historia reciente China fue invadida tres veces (las dos guerras del opio en el siglo XIX y la invasión japonesa en el siglo XX), de modo que se sitúa entre los países que fueron víctimas del colonialismo y del imperialismo.

Aún es pronto para saber si las inversiones chinas en América Latina instalan relaciones asimétricas que perjudican a los países exportadores de materias primas. Al igual que otros países que han sufrido invasiones y dominación, China se empeña en rediseñar el mundo unipolar para transitar hacia otro multipolar, con lo que todos los países del Tercer Mundo saldrán beneficiados. En realidad, quienes apuntan a China como imperialista prefieren que el verdadero imperialismo, el yanqui, siga dominando nuestros países.

 

 

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Martes, 19 Septiembre 2017 06:59

Reunión de amigos contra Venezuela

Reunión de amigos contra Venezuela

 

El presidente estadounidense mantuvo una cena en Nueva York con los presidentes de Brasil, Colombia y Panamá y la vicepresidenta argentina. Allí dijo que considera que Venezuela “está colapsado” y adelantó que su país está "preparado" para tomar nuevas medidas contra el gobierno de Nicolás Maduro.
 
 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, encabezó una reunión en un hotel de Nueva York para tratar la situación en Venezuela y reiterar sus amenazas sobre las “medidas” que piensa tomar contra el gobierno de Nicolás Maduro. Del encuentro participaron el presidente brasileño, Michel Temer; el colombiano, Juan Manuel Santos; el panameño, Juan Carlos Varela, y la vicepresidenta argentina, Gabriela Michetti. Estaba previsto que asistiera también el mandatario peruano Pedro Pablo Kuczynski, quien finalmente se quedó en su país ante la crisis de su gobierno.

Durante la cena, Trump urgió a la "restauración plena" de la democracia y las libertades políticas en Venezuela, donde dijo que hay una “dictadura”. Sostuvo que Maduro "ha desafiado a su propio país" y es culpable de "un gobierno desastroso", por lo que anticipó que prepara nuevas sanciones contra Caracas.

Tras subrayar que los países presentes en la reunión son "algunos de los mayores aliados" de EE.UU. en el continente, Trump denunció la "dictadura" de Maduro y agradeció a los mandatarios por condenar al gobierno venezolano. Rechazó responder a una pregunta sobre si sigue evaluando una solución militar para Venezuela, algo que expresó el mes pasado y causó el rechazo incluso de sus aliados más cercanos.

 

 

 

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