“En este round ganó el sistema, hay que estar preparados para el próximo”

Uno de los principales protagonistas de la región en la última década analiza el retroceso de las fuerzas populares en Brasil y la Argentina, el desafío que implica la crisis venezolana y las alternativas de futuro.

 

La revista estadounidense Foreign Policy definió, en el año 2009, a Celso Amorim como el mejor Ministro de Relaciones Exteriores en el mundo por su trabajo en el posicionamiento de Brasil como actor global. Comprender el momento de auge que transitaba Brasil podía entenderse en tres figuras, mencionaba el artículo, el liderazgo y carisma del presidente Lula da Silva y sus principales espadas ministeriales, Dilma Rousseff y Celso Amorim. Esta charla –que podrá verse completa en Latinoamérica Piensa esta noche, a las 22.00 horas, por el Canal A24– se hizo en el Instituto Lula, en San Pablo, en un Brasil golpeado, con su democracia jaqueada y en pleno auge de las políticas neoliberales que afectan a los sectores más humildes. Pero también en un Brasil que resiste el ajuste y la tradicional concentración de riqueza desde sus movimientos sociales, organizaciones sindicales y partidos populares. La anomalía que significó Lula y el Partido de los Trabajadores es una luz de esperanza para la mayoría popular del Brasil.

–¿Cómo analiza el presente de Latinoamérica frente al golpe parlamentario en Brasil y el avance de las fuerzas conservadoras?

-Es un momento especialmente difícil. Lo que pasó en Brasil es muy grave. Cuando tengo que explicar a mis amigos argentinos digo que es como un cambio de Kirchner a Macri sin una elección de por medio. Es mucho más grave por la falta de legitimidad del gobierno. Es un momento difícil para toda Sudamérica que tiene que ver con la crisis de la economía mundial. Existe mucha interferencia externa que hace que todo eso sea muy complicado.

–La amenaza de agresión de Trump a Venezuela sintetiza la agenda de los EEUU, la prepotencia reafirmada, inclusive a partir de una oratoria que no tiene velo alguno. Muchas veces la influencia de los EE.UU. en nuestros países era subterránea, era ocultada, y hoy tenemos la mirada de un Presidente que no tiene ningún problema en hablar de intervención militar.

–Eso demuestra nuestro debilitamiento como región, eso no hubiera pasado hace cinco o seis años con Kirchner, Lula, Evo. Inmediatamente hubieran llamado a una reunión de Unasur para considerar esta amenaza, independientemente de los méritos de la situación de Venezuela, esa es otra cuestión que se puede mirar, pero no hay reacción o declaración del Mercosur que hable de todos los problemas de Venezuela. Una amenaza de agresión no solamente es violatoria, digamos así, de nuestra vecindad, sino que es violatoria de la propia carta de las Naciones Unidas.

–El debilitamiento que se produce en el proceso de integración de nuestros países y en la propia agenda regional tiene un correlato en el cambio de gobiernos pero también desnuda la incapacidad de consolidar los procesos de integración durante los gobiernos progresistas.

–Yo estoy muy a favor de la autocrítica pero no creo que este debe ser el caso. El tiempo ha sido corto, empieza con Duhalde incluso antes de Kirchner, hasta el final de Cristina, se inicia con Lula hasta el final de Dilma. Son 12 o 13 años, no es mucho tiempo en términos de historia para consolidar un proceso. Yo creo que es casi un milagro lo que logramos hacer en términos de creación, primero de la Comunidad Sudamericana de Naciones, después Unasur, el fortalecimiento del Mercosur, los países que entran como asociados, los que quieren ser miembros plenos. Todo eso ha sido muy fuerte en poco tiempo, pero para consolidarse necesitas 30 años. Claro, quizás podríamos haber hecho algo más pero creo que el resultado no hubiera sido otro, lo que necesitamos es prepararnos para el futuro.

–¿Y era posible imaginar que se podía retroceder una década en un año como uno tiene la sensación que ocurre en nuestros países?

–Yo soy un ingenuo profesional. Siempre dije, ser pesimista suena más inteligente pero el gran desafío es ser optimista y también ser realista y a largo plazo sigo siendo optimista. Pero no era posible pensar que todo fuera de la manera que ocurrió en Argentina o en Brasil, unos con elección, otros sin elección, la propia crisis de Venezuela. Quizás se podía ganar o perder la elección, como hay una gran influencia del poder económico en nuestro país, pero una cosa ilegítima como tenemos, no creía que fuera posible. Es el peor momento desde el gobierno militar de los setenta.

–Del Brasil que impulsaba la institucionalización de los Brics, que fue un actor central en impedir el ALCA en Mar del Plata en 2005, al Brasil que vuelve a sufrir mucha injerencia de los EE.UU., ¿cómo imagina el corto plazo del Brasil como actor regional?

–A muy corto plazo con este gobierno lo veo muy mal. Afortunadamente hicieron menos cosas malas que lo que anunciaron, por ejemplo no fueron capaces de cerrar las embajadas en Africa. Pero en América latina es un desastre y, digamos, la política de condena en relación a Venezuela hizo que Brasil no sea en realidad un actor en ese proceso.

–Venezuela es un caso muy complejo. ¿Cuál sería el camino que deberían asumir nuestros gobiernos para intentar fortalecer el diálogo y lograr que disminuya el conflicto en ese país?

– Lograr ayudar no es sencillo. Lo primero es intentar comprender que Venezuela, como el resto de Latinoamérica –pero ahí de manera muy marcada– es una sociedad muy desigual. Por un lado, aquellos que se beneficiaban directamente del petróleo, que vivían como si estuviesen en EE.UU., como ocurría en el pasado, la parte de la clase media alta, y por el otro la mayoría, al mismo tiempo, viviendo en la pobreza y la exclusión.

Surge Chávez e impulsa un gobierno que está destinado a los pobres y eso creó un problema enorme además del problema internacional. Hay que entender esa complejidad y que la raíz de los problemas venezolanos está en esa profunda desigualdad, en una élite que siempre fue golpista. Eran democráticos porque había dos partidos que tenían la misma visión, que eran dos ramas de la oligarquía que se cambiaban el poder. Incluso yo estuve una vez cuando fui canciller en el gobierno de Caldera y en un almuerzo en la embajada de Brasil con los empresarios, lo que se hace normalmente, en un determinado momento empezaron a discutir esencialmente entre ellos como si yo no estuviera ahí, como si el embajador no estuviera ahí, sobre posibilidades de golpe. Golpe contra Caldera, ¡no era Chávez! era Caldera, ni se puede decir que era de centroizquierda, era un hombre de centro pero liberal. El pueblo no contaba para nada, entonces es necesario comprender la raíces profundas de la crisis, no para decir que Maduro está correcto en todo, pero si uno no comprende eso, si uno toma solamente, digamos, un hecho, la Constituyente, que aunque le guste o no le guste, no va a comprender, no va a ayudar, y para comprender y ayudar, uno tiene que promover el diálogo, pero con esa comprensión profunda de que, más allá de que quizá cometió errores, los cambios del chavismo en favor de las poblaciones más pobres en materia de salud, en materia de educación han sido sustantivos. Todo eso tiene que ser tomado en cuenta, ¿Cómo hacerlo? Muy complejo, pero países como Argentina, Brasil y Colombia, tienen que estar involucrados.

–¿Cómo evalúa el rol de la OEA en la crisis venezolana?

–Siento mucho hablar de mi amigo Almagro (Secretario General de la OEA) que es una persona con quien tengo personalmente una buena relación, incluso me llamó para ser, en un cierto momento, observador en Haití. Las declaraciones de Almagro son lamentables y solamente hacen aumentar la resistencia. Cuando creamos el grupo de amigos de Venezuela, por la crisis, que empezó en 2002 por el golpe y se prolongó en 2003 y 2004, cuando Brasil formó ese grupo de amigos puso a EE.UU. (Argentina aún no quería), Chile, México y dos países europeos, para no parecer muy Doctrina Monroe, y logramos tener el referendum revocatorio y también la participación de la OEA en la época. La única exigencia que hizo Chávez fue que el jefe de la delegación fuera brasileño, bueno, era nuestro embajador, lo fue de (Fernando Henrique) Cardoso, no era ningún bolivariano ni mucho menos. Ahí se hizo un referéndum que ganó Chávez y fueron cosas que se pasaron con normalidad, con todas las tensiones que existen siempre en Venezuela. Hoy eso es impensable, la OEA creo que no tiene ningún rol.

–¿Cuál piensa que ha sido la injerencia de los EE.UU. en el golpe parlamentario a Dilma Rousseff?

–Lancé mi último libro en los EE.UU., Acting Globally, con apoyo de Noam Chomsky, y en varias partes decía, un poco en broma, que “hoy solamente creo en teorías conspirativas”. No es posible tanta coincidencia. El espionaje que hubo con la presidenta Dilma, en Petrobras, en el Ministerio de Minería y Energía. No estoy diciendo que lo malo no debe ser analizado, pero todo ha sido muy coordinado. Hay que preguntarse cómo ha sido posible todo junto, ese no soy yo, es Snowden, después Wikileaks. Todo es muy curioso en el caso de Brasil, Petrobras es obvio, petróleo, pero también energía nuclear. Brasil no tiene armas nucleares e íbamos a tener un submarino de propulsión nuclear basado en un sistema de enriquecimiento de uranio, todo desarrollado en Brasil; y ahora, el Almirante que era el padre de todo el sistema está en prisión. No sé si hizo alguna cosa rara, probablemente puede ser que haya hecho alguna cosa rara, pero es todo mucha coincidencia.

Con el liderazgo de Brasil, si lograba consolidarse un bloque sólido sudamericano, se podría haber cambiado la fotografía de poder de la posguerra.

– Hacer de América del Sur un actor global, que no era. América del Sur era el patio trasero. La revista The Economist colocó en su tapa el mapa de las Américas en la posición contraria, el sur al norte, y el título era “Nobody’s backyard” (El patio trasero de nadie). O sea que era verdad que América del Sur empezaba a tener una personalidad, que tenía una posibilidad de influencia en las acciones globales, eso era la gran cosa. Mujica lo percibió cuando Lula vino de Irán, le dijo que eso era un motivo de gran importancia para todos nosotros porque América del Sur iba a tener más influencia y creo que eso, cuando se percibió, inicialmente se enfrió un poco en relación al propio acuerdo con Irán, que quien lo pidió fue EE.UU. Lo que logramos hacer con Turquía era exactamente lo que EE.UU. había pedido y ahí volvimos para atrás, y ahí, con Dilma también intentaron en el inicio pero después dijeron que tenían que cambiar, en Argentina lo mismo. Es difícil. Había una canción que les gustaba a mis hijos, un rock and roll que dice “I fought the law and the law won” (Peleé contra la ley y ganó la ley), me gusta decir que “We fought the system” (Peleamos al sistema). En este round ganó el sistema, pero va a haber muchos rounds. Tenemos que estar preparados para el próximo.

 

* Rector de UMET - @trottanico

 

 

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Jueves, 14 Septiembre 2017 06:42

Topolansky y Mujica

La nueva vicepresidenta de Uruguay y presidenta del a Asamblea General del Parlamento, Lucia Topolansky (derecha), junto a su marido, el expresidente y senador José Mújica

 

Lucia Topolansky, histórica compañera de José Pepe Mujica, se convirtió en la primera vicepresidenta de la historia de la República Oriental del Uruguay. Una noticia significativa en medio del cimbronazo de Raúl Fernando Sendic: de los laberintos se sale por arriba, dice el dicho, y el frenteamplismo parece dispuesto a aprovechar la repentina crisis para volver a hacerse fuerte de cara a las próximas presidenciales.

Topolansky, primero militante del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) y luego fundadora del Movimiento de Participación Popular (MPP), uno de los espacios más representativos del Frente Amplio (FAS), tendrá la tarea de oxigenar la gestión de gobierno frenteamplista en medio de una embestida continental contra los gobiernos nacional-populares, progresistas y de la izquierda, enmarcada en un intento de restauración conservadora.

La Constitución la puso en ese lugar: fue la segunda senadora más votada de la lista más elegida, tras el propio Mujica, que no puede asumir el cargo por restricciones constitucionales. La idea parece clara. Sanar las heridas. Pasar la página. Gobernar, ni más ni menos, en medio de una América Latina con crisis presidenciales a lo largo y ancho del continente. Lo que le voy a proponer al presidente Vázquez se resume en una palabra: trabajo dijo Topolansky sobre su nueva tarea, dejando en claro a qué se suma.

La ahora vicepresidenta uruguaya tuvo múltiples desafíos a lo largo de su carrera política. Estuvo presa 13 años, como miles de latinoamericanos que lucharon contras las dictaduras cívico-militares en el Cono Sur. Fue torturada, pero milagrosamente salvó su vida. Y al salir siguió militando por la democracia, junto a su compañero. En 1989 fundó el MPP. Fue diputada y luego senadora, además de primera dama. Se reinventó, y el pueblo uruguayo la votó una y otra vez.

Los medios concentrados del continente ya han comenzado un embate veloz en su contra, con los clichés de siempre: ex guerrillera, pro-aborto, pro-marihuana. Lo mismo que hicieron contra Dilma Rousseff, misoginia mediante, antes que fuera depuesta por un golpe institucional que acaba de aprobar una reforma laboral seriamente regresiva en materia de derechos laborales, y que busca inhabilitar al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva de la mano de una condena de Moro.

La élite uruguaya –y también la latinoamericana– sabe bien que en esta mujer que vive como una más en las afueras de Montevideo está la posibilidad de reforzar una gestión de gobierno que muestra 15 años de crecimiento ininterrumpido en materia económica, pero que se ha visto impactada mediáticamente durante los últimos dos años. Por eso ahora, cumplida la tarea sucia sobre Sendic, probablemente busquen acorralar a como dé lugar a Topolansky, con ríos de tinta de dudosa veracidad pero posible fuerte impacto en centros urbanos.

Mientras tanto, el Frente Amplio deberá comenzar a resolver el dilema electoral de 2019. Mujica dice que por ahora no será el candidato. Si Sendic fue una apuesta a futuro fallida por este desenlace, el FA deberá replantearse el horizonte eleccionario. La renovación suele ser buena consejera para pensar a mediano y largo plazo, es cierto, pero también hay momentos bisagra donde los fundadores de los proyectos políticos deben asumir responsabilidades históricas, y entender su propio peso personal en el destino de las naciones. Posiblemente sea el momento para que el experimentado Mujica replantee su no. Hay mucho en juego, tanto para Uruguay como para la región en su conjunto.

 

* Politólogo Universidad de Buenos Aires / analista internacional

 

 

 

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Guillermo del Toro, en Venecia.

 

"La forma del agua", dirigida por el mexicano Guillermo del Toro, ganó hoy el León de Oro del 74 Festival de cine de Venecia, tercer cineasta hispano en lograrlo tras Luis Buñuel y Lorenzo Vigas.

"Tengo 52 años, peso 300 libras y he hecho 10 películas. Hay un momento en la vida de un narrador, de un contador de historias, en el que lo arriesgas todo para hacer algo distinto", dijo Del Toro tras recoger el premio de manos del presidente de la Biennale, Paolo Barata.

Con voz temblorosa y visiblemente emocionado, Del Toro destacó que es el primer León de Oro "para un mexicano", por lo que quiso dedicárselo y dárselo a "cada joven director de cine latinoamericano que sueña con hacer algo en el género fantástico, como un cuento de hadas".

Les aconsejo que aunque les digan que no pueden hacerlo, que insistan porque "se puede". Solo, agregó, hay que tener pureza, fe e insistir en lo que se crea, "en mi caso son los monstruos".

"Voy a llamar a este premio Sergio Leone", dijo bromeando el director, que agregó: "Creo en la vida, en el amor y en el cine y dejo este escenario lleno de vida, amor y cine".

Del Toro ganó este León de Oro en su primera participación en Venecia con una preciosa historia de amor entre una mujer muda y una criatura marina en Estados Unidos en el año 1962.

Protagonizada por Sally Hawkins, Michael Shannon, Richard Jenkins y Octavia Spencer, la estética de cuento y el estilo fantástico de Del Toro están envueltos por una perfecta ambientación en la que está cuidada hasta el más mínimo detalle.

Es la tercera vez que un hispano se lleva el León de Oro. La primera vez fue el español Luis Buñuel por "Belle de jour", en 1967, y la segunda el venezolano Lorenzo Vigás, por "Desde allá", en 2015.

Del Toro ha dirigido películas como "Cronos" (1993), "El espinazo del diablo" (2001) "Hellboy" (2004) o "El laberinto del fauno" (2006).

Con un particular universo lleno de fantasía y criaturas extrañas, Del Toro (Guanajuato, 1964) es uno de los realizadores más respetados y como guionista ha participado en la creación de películas como la trilogía del Hobbit, dirigida por Peter Jackson, que en principio iba a dirigir el mexicano.

Pese a su éxito, Del Toro cuenta con una única nominación al Óscar, por el guion de "El laberinto del fauno", una película que se hizo con tres estatuillas al mejor maquillaje, dirección artística y fotografía.

 

 

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Sendic, “militante de la transformación social”, se despide de la vicepresidencia.

 

Al frente de la petrolera uruguaya habría rendido gastos de la tarjeta corporativa sin presentar recibos. Por eso un comité de ética partidario lo criticó y entonces sus enemigos internos y externos le saltaron a la yugular.

 

El vicepresidente de Uruguay, Raúl Sendic, presentó ayer una renuncia indeclinable a su cargo, luego de denunciar una persecución política de la oposición y de miembros conservadores de su partido, el Frente Amplio (FA).

“Presenté ante el Plenario del FA mi renuncia indeclinable a la vicepresidencia (de Uruguay). Se lo comuniqué también al presidente Tabaré Vázquez”, anunció Sendic, quien también preside el Senado, en la red social Twitter. “Hace dos años que vengo sufriendo un fuerte hostigamiento”, dijo Sendic en un discurso ante el Plenario Nacional de la coalición de izquierdas que gobierna el país, el FA, en defensa ante las acusaciones de uso de dinero público para su beneficio personal cuando estuvo al frente de la mayor empresa estatal del país, la petrolera ANCAP.

La información, que tomó estado público a partir de un recurso de acceso a datos de la petrolera iniciado por periodistas locales, mostró gastos de Sendic en tiendas deportivas, de electrónica o joyerías en Uruguay y otros países, realizados con su tarjeta corporativa por 538.973 pesos uruguayos (unos 18.911 dólares) y 38.325 dólares. El ex presidente José Mujica comparó la situación de Sendic con la de Brasil: “Mientras en Brasil aparecen bolsones de plata nosotros estamos discutiendo unos calzoncillos, por favor”, se quejó.

En ANCAP y otras empresas públicas hay una reglamentación para la utilización de estas tarjetas que indica, entre otros puntos, que los beneficiarios deben presentar comprobantes de pagos de las compras que realicen. Ni Sendic ni sus compañeros del directorio cumplieron con esta obligación, que hubiese permitido discernir antes si los gastos estaban siendo acordes con lo que indica el protocolo de uso. Pero el fallo y la investigación solamente se ocupó de la responsabilidad de Sendic, ignorando a al resto del directorio. Por más que el renunciante vicemandatario hizo declaraciones ante el tribunal explicando la razón de algunas adquisiciones, éste consideró que no tienen sustento al no contar con pruebas fehacientes que las corroboren.

El vicepresidente arremetió contra el presidente del Frente Amplio, Javier Miranda, quien conocía el fallo del tribunal. “Yo no responsabilizo a los compañeros de la Mesa Política que votaron para se publicara el informe porque no lo conocían, pero sí lo conocía el presidente del Frente Amplio, como también lo conocía yo, y por eso había solicitado que el informe fuera considerado directamente por este tribunal (Plenario), que es el verdadero tribunal, porque es desproporcionado, infundado, porque no hay prueba de lo que dice el informe”, aseguró Sendic.

El tribunal consideró que el cuadro general que presentan los actos reseñados de Sendic constituye de un modo de proceder inaceptable en la utilización de dineros públicos. “Frente a esa situación, frente a este conjunto de maniobras, de deslealtades vengo a poner a disposición de ustedes la Vicepresidencia. No se los mando a decir por la prensa”, remató Sendic visiblemente ofuscado. Según contaron al diario local El Observador participantes del Plenario, Sendic presentó sus estados de cuenta y dijo que desde hace más de un año está siendo objeto de una campaña. Se fue aplaudido por la gran mayoría del Plenario.

Según medios locales, Vázquez aceptó la renuncia y canceló el viaje que tenía previsto hacer a Nueva York la próxima semana para asistir a la Asamblea General de la ONU. Por su parte, el presidente del FA, Javier Miranda, dijo en una rueda de prensa, al término del pleno, que la agrupación tomaba nota de la renuncia de Sendic e instó a velar por la unidad y la honestidad de los frentamplistas. A la salida del plenario Miranda y los integrantes del tribunal fueron abucheados por militantes del FA.

Los problemas con Sendic comenzaron en febrero del 2016 para el Frente Amplio, una coalición de izquierda que gobierna Uruguay desde el 2005, sucesivamente con Vázquez, José Mujica, y nuevamente Vázquez al frente del gobierno. El año pasado, Sendic reconoció en una conversación con El Observador que no era Licenciado en Genética Humana graduado en Cuba como lo había sostenido hasta ese momento. “Lo que hice fue una preparación para la docencia genética, que era un curso rápido”, le dijo al diario. Su vida política entró en una espiral descendente que lo puso en el centro de las disputas y el Frente Amplio comenzó a mostrar fisuras internas.

Algunos sectores como el Partido Comunista, de gran arraigo en la estructura del oficialismo, se alinearon en la defensa del compañero de fórmula de Vázquez. El propio mandatario dijo que Sendic era víctima de bullying. “Es el bullying más fantástico que he visto en mi vida y me causa asombro el ensañamiento”, señaló el presidente a comienzos del mes pasado. Pero progresivamente, los pedidos de renuncia comenzaron a hacerse escuchar desde filas del partido de gobierno a través de trascendidos de prensa.

En cambio Sendic dijo que no anunció su renuncia en ningún medio, sino que fue directamente al plenario de la FA. “Vengo aquí a renunciar a la Vicepresidencia de la República y lo vengo a hacer en este organismo y no se lo mando a decir por la prensa, como me lo han mandado a decir muchos compañeros, queridos compañeros, apreciadísimos compañeros, no les mandé el mensaje por la prensa”, dijo.

En su cuenta de Facebook, la ministra de Educación y Cultura, María Julia Muñoz, destacó esa actitud de Sendic. “Fue muy digna y valiente su actitud y demostrará que su militancia en el proyecto de transformación social que lo llevó a este gesto sigue siendo válido y contará con él”, señaló la ministra. “Hoy fue un día de pérdida de un compañero, que como todos, con aciertos y errores dio lo mejor de si al FA”, agregó.

Ante una renuncia, la Constitución uruguaya establece que la vicepresidencia debe ser ocupada por el segundo senador más votado, que en este caso sería Lucía Topolansky, de 72 años, esposa del ex mandatario (2010-2015) y actual senador Mujica.

 

 

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Sábado, 13 Mayo 2017 07:53

“Las elites no tienen pudor”

“El PT es un factor de extrema estabilidad en Brasil. Con nosotros disminuyeron los conflictos”, explica Dilma Rousseff.

 

No acepta que la llamen “ex presidenta”. Elegida por segunda vez en 2014, un golpe la expulsó del poder en 2016. En esta entrevista, la única realizada en su breve paso por la Argentina para recibir el Premio Rodolfo Walsh otorgado por la Universidad de La Plata, describe cómo opera y gobierna en Brasil el partido bicéfalo de los grandes medios y los sectores financieros, que se expresa en toda América latina.

 

Dilma Rousseff luce movediza y suelta en la tarde porteña. Delgada dentro de su conjunto de saco y pantalón negros y blusa roja, sin ostentación en el collar sencillo y el reloj, la presidenta electa de Brasil en 2014 y derrocada en 2016 recibió a PáginaI12 en una escala de su breve maratón argentina. El jueves el rector de la UMET Nicolás Trotta y el secretario de Clacso Pablo Gentili la escoltaron a La Plata, donde como informó este diario recibió el Premio Rodolfo Walsh de manos de la decana de Periodismo, Florencia Saintout. Al momento de este reportaje Rousseff tenía fresco su último recuerdo. Había formado parte de los miles de brasileños que acompañaron a Luiz Inácio Lula da Silva hasta Curitiba para que brindara testimonio ante el juez Sergio Moro.

 

–¿Cómo salió Lula del juzgado? ¿Más fortalecido o más débil?

–Como Lula habló verdades con pasión, dignidad y honor, salió magníficamente bien. Denunció algo que pasa en Brasil y podría estar pasando en otros países. Dijo que una de las instancias de juzgamiento no está prevista en el Estado democrático de Derecho: los grandes medios. Los grandes medios producen un juzgamiento previo. No hay un juicio explícito, no hay derecho de defensa y no hay debate. Se produce una condena civil, un desmantelamiento de la moral de la persona. La destrucción física acaba con el enemigo. La destrucción a través del lawfare, la guerra jurídica, quiere aplastar la ciudadanía del individuo, destruye el derecho civil de manifestarse.

 

–Lula está primero en las encuestas de intención de voto tanto para una primera vuelta como para el ballottage. ¿Quiere decir que gradualmente el lawfare está perdiendo la batalla?

–Hay dos cosas. Una es la creencia absurda en este programa de pérdida de derechos de la población y pérdida de las expectativas populares. Pero al mismo tiempo no consiguieron separar a Lula del PT. El ataque barrió todos los partidos. Al nuestro no. Ni siquiera con sus argumentos absurdos.

 

–¿Cuáles son?

–Te acusan de que sabías. ¿Y cómo hace uno para probar que no sabía? Sería la prueba por el absurdo. Es un costado terrible de la violencia institucional de los últimos tiempos. Incluso más allá del lawfare, el concepto es que la persona tiene que probar que no sabía nada de los hechos ilícitos por los que es acusada. Todo está alterado. Hoy, en Brasil, la Constitución no es la Constitución. La Constitución es aquello que los ministros del Supremo Tribunal de Justicia dicen que es. Otro elemento más a tener en cuenta es que el STJ sostiene que quien tuvo una responsabilidad importante y una jerarquía superior seguro que consiguió esconder las pruebas de que cometió un delito. O sea que a ciento por ciento de responsabilidad, ciento por ciento de delito. También, para completar el absurdo, les sirve la teoría del dominio del hecho, utilizada por el procurador fiscal.

 

–En la Argentina también existe ese debate sobre esa noción de que quien detenta la máxima jerarquía no puede ignorar lo que ocurre debajo, y si es el jefe es el máximo culpable. Pero juristas importantes dicen que la teoría puede aplicarse a estructuras verticales militares y a sus comandantes, no a Estados democráticos o a organizaciones políticas.

–Todavía peor: uno de los funcionarios judiciales llegó a decir que no tenía pruebas sino convicciones. La frase sintetiza la gravísima situación judicial que acompaña al resto del panorama brasileño. Lo que está haciendo el gobierno ilegítimo no es un ajuste al modelo que construimos. Es un cambio profundo llevado a cabo por un gobierno que no surgió de los votos. No tiene cómo justificar una modificación tan drástica. Por ejemplo, quieren reemplazar la jubilación pública, que es un sistema fuerte en el que los brasileños confían, por una jubilación privada como objetivo a largo plazo. El nuevo modelo se propuso poner durante 20 años un techo a los gastos del Estado. Eso impediría que crezca la salud y que crezca la educación. Es más: puede caer. Y lo mismo con cloacas, vivienda, tecnología, cultura, defensa... El ministro de Hacienda dijo que hay que reducir a la mitad el tamaño actual del Estado brasileño. Ése es un cambio integral de la relación entre el Estado y la sociedad y entre el Estado y la economía. Un cambio así afecta sobre todo a los sectores más pobres de la población. A casi la mitad: unos 100 millones de brasileños. Pero también quedará afectada la clase media.

 

–El Partido de los Trabajadores ganó sus primeras elecciones presidenciales en 2002 y Lula asumió la Presidencia el 1° de enero de 2003. Gobernó dos veces. Usted completó un turno y fue derrocada antes de terminar el segundo. ¿El PT quiere volver?

–Todo partido que tenga un proyecto político tiene la obligación de querer volver a gobernar o de querer gobernar por primera vez. Partidos que no tengan esa pretensión no son partidos políticos sino otro tipo de agrupación. En Brasil el PT tal vez sea el único partido rigurosamente estructurado como tal. Tiene programa y capacidad de resistencia tanto en sus errores como en sus aciertos. A tal punto que viene consiguiendo superar las inmensas dificultades que enfrenta Brasil. El país está enredado en dos temas importantes. Por un lado una crisis económica enorme. Los sectores del poder intentan solucionar esa crisis cambiando el proyecto político que gobernó en los últimos años. Por otro lado Brasil experimenta una crisis política que tiene un enorme componente de desequilibro institucional. Incluso en ese desequilibrio hay una innovación: la primacía de una parte del Poder Judicial sobre los poderes Legislativo y Ejecutivo. Se sobrepone. Son segmentos del Poder Judicial que instalan en Brasil una verdadera situación de “lawfare”, tal como hablábamos antes.

 

–El uso de mecanismos judiciales como arma de guerra.

–Sí, la utilización de la ley como arma fuera de las reglas del Estado de Derecho. En Harvard los cientistas John y Jean Comaroff estudiaron muy bien el tema. Conversé con ellos y hay lawfare en toda América Latina. Otros teóricos hablan de un avance del estado de excepción con centro en el Poder Judicial. En el país hay un verdadero impasse. El gobierno actual quiere entregarles al mercado y a los grandes medios un proyecto completamente neoliberal de liquidación de derechos que comenzaron a construirse en la década del 40 del siglo pasado. Derechos de los trabajadores, sobre todo. La supresión de derechos cambia la concepción de la relación entre empresarios y trabajadores. La legislación laboral brasileña concibe al trabajador como el lado más frágil. Por lo tanto el Estado entraba en juego, hasta ahora, para regular esta relación. Impedía la barbarie en la relación de trabajo. Hoy estamos volviendo a la barbarie. Quieren prolongar la jornada de trabajo o dejarla a discreción del empresario. Buscan permitir que las mujeres embarazadas trabajen en condiciones insalubres. Pero no termina ahí. La barbarie quiere destruir los sindicatos y reducir el papel del Ministerio de Trabajo para amortiguar la relación asimétrica entre patrones y empleados. La situación es difícil. O el gobierno produce la reforma y entrega todas las conquistas históricas al mercado...

 

–¿Cuando usted habla de mercado se refiere al sector financiero y la banca internacional?

–Hoy es difícil encontrar en Brasil una política y una visión del mercado que no tengan una preponderancia financiera. Lo financiero es hegemónico. Lo mismo en los Estados Unidos, en la Unión Europea o en la Argentina. Bien: el mercado se junta con los grandes medios oligopólicos. Entonces, como les decía, o el gobierno actual produce las reformas que pide el mercado y le entrega las conquistas sociales, y pierde el apoyo total de la población, o se aleja de ese acuerdo y entonces pierde la legitimidad ante el mercado. Es una encrucijada. Y tenderá a agravarse de aquí a las elecciones presidenciales del 2018.

 

–Usted dijo que el PT es el único partido en un sentido clásico. ¿Hay también un partido de los grandes medios y un partido judicial?

–Sí, sin duda.

 

–¿Son dos partidos o es uno?

–Uno. Con dos cabezas. De hecho en Brasil no hay partidos tradicionales y al mismo tiempo de masas como el PT. Sí hay partidos clásicos, con programas, como el Partido Comunista de Brasil o el Partido Democrático Trabalhista. Pero por ejemplo la extrema derecha tiene dificultades para estructurar partidos. Hay personajes de extrema derecha y movimientos, pero no partidos. Existe, por supuesto, una fuerza emergente de extrema derecha. ¿Qué fracasó? Fracasaron los partidos conservadores liberales del tipo del Partido de la Socialdemocracia Brasileña, el PSDB, y también el Partido del Movimiento Democrático Brasileño, el PMDB. Los grandes medios, entonces, sustituyeron a los partidos que no terminaban de consolidarse. En términos estratégicos se mueven con una premisa: lo que es correcto para Brasil es lo que está previsto en el recetario del mercado financiero. No interesa si no funciona. Debe aplicarse. América Latina tiene que mirar con mucho interés y mucha preocupación lo que sucede en Brasil. Me parece que algunas cosas que pasan en Brasil ocurrirán en mayor o menor medida en otros países.

 

–¿De qué habría que preocuparse, en especial?

–Del programa, que en la Argentina fue adoptado con mucha fuerza en el pasado pero pudo ser revertido en los años de gobiernos populares, para destruir la fuerza de los trabajadores, empezando por los sindicatos. Tal vez en la Argentina sea más difícil llevarlo a la práctica, pero igual hay que estar atentos: la idea de ellos es reducir a casi nada el poder de los trabajadores en relación con el capital. El plan es considerar esa relación como una relación entre iguales. Entonces el contrato de trabajo pasa a ser algo que no protege a nadie de nada. Otro objetivo del mercado es privatizar en Brasil con la misma intensidad utilizada antes en otros países de América latina. El tercer punto es la utilización del lawfare, la guerra jurídica. Como no pueden destruir físicamente a su enemigo, quieren destruirlo civilmente. Y lo hacen desde la ilegitimidad más palmaria. En una democracia hay una forma de llegar al gobierno: por los votos. Michel Temer no solo no tiene votos. En el pasado, cada vez que aparecía perdíamos votos. En su momento nosotros no hicimos una alianza con él para ganar sino para garantizar la gobernabilidad. Son cosas distintas.

 

–¿Es posible que el golpe del 17 de abril de 2016, cuando los diputados votaron a favor del juicio político, haya sido comprado por algún sector?

–Hoy no estoy en condiciones de afirmar si fue comprado o no fue comprado. El diputado (Eduardo Cunha, promotor del impeachment) que era presidente de la cámara en ese momento, está siendo acusado de vender su apoyo para lograr iniciativas parlamentarias. Todavía no hay pruebas.

 

–La compra del juicio político, o la venta, sería un tema de investigación.

–Sin duda. Y todos los aspectos por los que una cúpula que no tenía votos, ni los hubiera tenido ni los tendría hoy, pudo llegar al nivel máximo del Estado. Fueron capaces de ir contra un mandato legítimo que surgió de las urnas. Entonces son capaces de todo. Pero no puedo acusar sin pruebas.

 

–Presidenta, ¿cuál es la misión que se autoimpone hoy? ¿Cuál es su principal objetivo diario?

–Comencé a participar de la política a los 16 años. Desde los 16 hasta los 63 no tuve ningún cargo parlamentario. Ni fui senadora ni diputada a ningún nivel. Tampoco concejal ni intendenta. Pero participé intensamente de la política. Para eso no hace falta un cargo público. Tuve el honor de ser electa para la Presidencia de Brasil. Para hablar de candidaturas hay que analizar cada circunstancia concreta.

 

–Perfecto. ¿Cuál sería la misión más allá de toda candidatura, por ejemplo al Senado?

–En esta coyuntura, ayudar a que podamos ampliar lo máximo posible el espacio democrático. Discutir, debatir, hacer denuncias serias. El punto débil del actual proceso es que es eminentemente antidemocrático. Ese carácter antidemocrático permite que hagan todas las barbaridades contra el país. Hay un enorme desequilibrio institucional, una pérdida económica, una pérdida de la autoestima social, un error profundo en la política exterior. Todo eso solo puede ser reconstruido a través de un proceso democrático que pacte las condiciones. Nosotros no perdimos en un contexto democrático. Fue un golpe. Por eso no lo aceptamos. El golpe construyó una derrota. En el mundo de lo arbitrario la derrota es real. Pero es una derrota ficticia desde el punto de vista democrático. Debemos revertir la arbitrariedad.

 

–¿Cómo?

–Por un llamado a elecciones directas. Por la realización de una reforma política. Por la discusión de una ley de democratización de los oligopolios mediáticos brasileños.

 

–¿Fue un error haber cohabitado con la Red Globo?

–En Brasil no hay chance de no cohabitar. Pero sí puede crear legislaciones. Brasil no es un país simple, no es un país de solo dos sectores y, al contrario de lo que piensa mucha gente, no es un mero productor de commodities. Tiene una sociedad compleja con complejas estructura de poder. Nos equivocamos al no haber percibido el grado de sectarismo, intolerancia, radicalidad y antidemocratismo de la elite brasileña. Pensamos que era posible convivir democráticamente con ella. La libertad de expresión, en la que creemos y a la que respetamos, no es la libertad de formar oligopolios. Al contrario. La libre competencia, que les produce alergia a los grandes medios de Brasil, es algo que debe ser debatido. Cuando comenzamos a discutir cómo realizar una regulación que impidiera los oligopolios como ocurre con cualquier otro sector, los grandes medios nos acusaban de combatir la libertad de prensa. Pero tenemos que reflexionar más sobre este punto. La Argentina, por ejemplo, tuvo su ley de comunicación audiovisual. Pero además de legislar bien, ¿qué más hay que hacer para revertir el oligopolio? Discutamos cómo en este proceso la sociedad crea muchos competidores, muchas empresas, comunitarias, cooperativas o no, para ampliar el espacio democrático. No es fácil. Parte del poder se localiza y se concentra en los grandes medios. Y parte en los bancos. Los dos sectores son el escenario de la mayor concentración.

 

–¿Esos grupos permitirán que Lula sea presidente?

–¿Permitirá el pueblo brasileño que la situación continúe de esta forma? Que quede claro: el PT es un factor de extrema estabilidad en Brasil. Con nosotros disminuyeron los conflictos. Con nosotros nadie mataba indios como hoy.

 

–¿El régimen actual es más autoritario de lo que usted pensaba?

–Mucho más. Las elites brasileñas no tienen pudor.

 

 

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Una manifestante sostiene una foto de la activista por los derechos ambientales Berta Cáceres durante una marcha para conmemorar el primer aniversario de su asesinato, en Tegucigalpa, Honduras, el 1 de marzo de 2017.

 

Brasil es el país donde se producen más asesinatos de activistas y Honduras se considera el lugar más peligroso para ejercer el activismo, según recoge el informe 'El precio del activismo'. Las mujeres son las principales víctimas de estos crímenes.

 

Los activistas ambientales están indefensos. Así lo asegura la organización Greenpeace, que, en un informe titulado el Precio del activismo, destaca que los últimos años han asesinado a más de 340 activistas medioambientales y de derechos humanos, lo que supone una muerte cada poco más de dos días. La ONG subraya que estas cifras revelan la indefensión global a la que se enfrentan aquellos que luchan por defender sus tierras.

América Latina es la región donde más asesinatos se producen: en 2015 fueron asesinados 185 activistas, y 122 fueron en América Latina, de acuerdo con el informe de Global Witness En terreno peligroso, que Greenpeace recoge en su estudio.

La mayoría de asesinatos se producen en la industria minera y extractiva, con 42 asesinatos, seguidos de la agroindustria, la tala de madera , las presas hidroeléctricas y la caza furtiva.

"Los datos son escalofriantes, y para 2016 esperamos una tendencia al alza, lo cual es terrible. América Latina es el país donde la situación es más grave" denuncia Laura Furones, portavoz de Global Witness.

La corrupción política que sacude los pueblos es el principal motor de estas muertes. Según las ONG's los gobiernos tienen una gran responsabilidad. "Los asesinatos suceden porque estamos conviviendo con proyectos que son impuestos y las comunidades se ven abocadas a protestar por la invasión de tierras" afirma Laura Furones.

Además, las organizaciones señalan que la falta de consulta por parte de las instituciones a los pueblos sobre que quieren hacer con sus tierras son otro de los problemas. Las empresas imponen acuerdos y negociaciones con grandes empresas que explotan los territorios a los pueblos, sin tener en cuenta a quienes viven de esas tierras y de esta forma se desatan numerosos conflictos.

Asimismo, desde las ONG's señalan a la impunidad de los gobiernos y las autoridades judiciales como la base de esta problemática. "Hoy en día seguimos viviendo la impunidad del crimen, vemos como los autores tanto intelectuales como materiales del crimen siguen impunes y esto abre la puerta a que se siga atentando contra luchadores y activistas" señala Laura Zúñiga hija de Berta Cáceres, activista hondureña asesinada el año pasado.

Honduras es el país que tiene el riesgo más alto del mundo, está considerado el país menos desarrollado y más pobre de Latinoamérica. La situación de empobrecimiento afecta especialmente a la población rural, mientras que,según ha denuncia Global Witness, las élites políticas, empresariales y militares del país participan activamente en megaproyectos nocivos para el medioambiente.

 

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Selva amazónica en el estado de Amazonas. REUTERS / Bruno Kelly

 

"En Honduras desde 2009 se han otorgado una serie de concesiones a empresas privadas que atacan los territorios las comunidades indígenas, la militarización de la sociedad es fuerte y tenemos que habitar enfrentándonos a un estado frágil, con empresas cargadas de poder", denuncia Laura Zúñiga.

En este país trabaja el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas (COPINH) para detener la construcción de la presa de Agua Zarca, infraestructura que podría causar la destrucción de bosques nativos y territorios indígenas de Honduras. Esta campaña se ha cobrado en el último año la vida de tres activistas: Berta Cáceres, Nelsón García y Lesbia Yanet Urquía.

Además, Brasil es el país más peligroso para el activismo ambiental con 50 personas asesinadas. El conflicto en este país tiene que ver con el precio de la madera, las comunidades agrícolas están siendo invadidas por plantaciones agrícolas o campamentos madereros ilegales. Según el informe El precio del activismo, presentado por Greenpeace, la tala ilegal está arrasando la selva tropical y se calcula que el 80% de la madera de Brasil es ilegal y representa un 25% de la madera ilegal de los mercados mundiales.

Greenpeace denuncia en su informe que en España se está asistiendo en los últimos años a un retroceso imparable tanto de normativas ambientales como de la restricción del derecho a la libertad de expresión. En los últimos años se están llevando a cabo numerosos proyectos de infraestructuras, construcciones y modificaciones que dan cabida a agresiones medioambientales.

 

El riesgo de ser mujer y activista

 

En los últimos años muchos de estos atentados contra la vida de los activistas se tuvieron su objetivo en mujeres activistas, Ser mujer supone una amenaza constante sobre sus cuerpos, y muchas de las mujeres que luchan por defender sus tierras son estigmatizadas y perseguidas "el poder siempre ataca con más fuerza a las mujeres y a las diversidades" añade Laura Zúñiga.

"En una sociedad militarizada hay una masculinización de la población, el poder sobre los cuerpos de las mujeres se ha incrementado y esto se agrava cuando son luchadoras, porque se intenta criminalizar a las mujeres por el mero hecho de serlo", denuncia la hija de Berta Cáceres.

En estos países muchas son las mujeres encargadas de defender sus tierras y cuidar de sus casas y familias, "los feminicidios van aumentado de una forma escandalosa y esto se ve agravado por la privatización de las tierras" comenta Gustavo Castro, activista mexicano miembro de Amigos de la Tierra

En los últimos años se han asesinado a decenas de mujeres activistas,además de las ya citadas, Berta Cáceres, Nelsón García y Lesbia Yanet Urquía, Mia Manuelita o Wangari Maathai son algunas de las víctimas del terrorismo contra el activismo ambiental.

 

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Una mujer sujeta un cartel en Honduras en protesta por el asesinato de Berta Cáceres. INTI OCON (AFP)

 

El 3 de marzo de 2016 se acabó con la vida de Berta Cáceres, ésta fue asesinada como resultado de su campaña para paralizar la construcción de la presa hidroeléctrica de Agua Zarca. Unos hombres armados entraron en su casa y la asesinaron, en el momento del asesinato estaba con ella Gustavo Zarca, activista mexicano, que resultó herido, quien denuncia la irregularidad y falta de transparencia con el que se está investigando el tema.

"Las investigaciones estuvieron llenas de irregularidades e inconsistencia, lo que generó que el gobierna decretase secreto en la investigación, dejándonos fuera de la investigación. En octubre del año pasado le robaron el expediente a la magistrada y tras eso pedimos más transparencia, y participación de la familia y en la investigación. Este asesinato no puede quedar impune" relata Gustavo Zarca.

Este asesinato recibió gran atención mediática y se demandó una investigación internacional independiente del asesinato. "Mi madre se tuvo que enfrentar a la criminilzación que la llevó a la cárcel, a las amenazas durante su vida y al asesinato. Pensar en Berta Cáceres es un símbolo colectivo que representaba un fuerte liderazgo en Honduras, con su asesinato se buscaba acabar con ese símbolo y se atentaba contra nuestra vida y la de planeta" denuncia Laura Zúñiga, hija de la activista.

 

 

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Un minero trabaja en una reserva de litio en Bolivia.

 

Latinoamérica tiene las mayores reservas de litio del mundo, entre el 58 y el 96 % del total conocido. Allí está el futuro del ‘petróleo blanco’.

 

Hace un par de décadas era un metal casi irrelevante. Hoy es indispensable para el mercado tecnológico. Lo llaman el ‘oro blanco’. Alimenta las baterías de nuestros ordenadores, ‘smartphones’ y aires acondicionados. No sólo eso. Ahora incluso hace moverse a nuestros automóviles. El litio es considerado por Goldman Sachs como la ‘nueva gasolina’.

Tres países latinoamericanos están de enhorabuena: Chile, Bolivia y Argentina aglutinan el 58 % de las reservas de este mineral, según el Servicio Geológico de Estados Unidos. Conforman el llamado ‘triángulo’ del litio. Se debaten entre las expectativas de quienes ya se ven convertidos en la nueva Arabia Saudí y quienes piden calma ante un mercado con interrogantes.

La perspectiva de que el litio suponga un ‘boom’ financiero para las tres economías se basa en la evolución de su precio. Una tonelada de litio se cotizaba a 1.670 euros en 1998. El pasado año ya alcanzaba los 7.200 euros. Estos días ha subido hasta los 8.600 euros la tonelada, informó el miércoles de la semana pasada el diario El Confidencial.

“En el marco de un incremento exorbitante de la demanda de litio, resulta claro que estamos frente a la aparición y posible consolidación en los próximos 20 años del nuevo centro energético del planeta”, reflexiona Juan Carlos Zuleta, experto boliviano en el mercado del mineral, quien también cree que la demanda se va a triplicar debido a la aparición de los vehículos eléctricos, incluidos autobuses, que hacen uso de baterías alimentada por litio.

El mayor espaldarazo al mineral lo dio en abril de 2015 el empresario sudafricano Elon Musk, líder de Tesla Motors, el mayor fabricante de coches eléctricos del mundo: “Para producir 500.000 vehículos al año, básicamente necesitamos absorber toda la producción de litio del mundo”, dijo entonces. Su proyecto de baterías para almacenar la energía solar podría hacer aumentar aún más la demanda.

La oferta está creciendo espectacularmente. Los consorcios extractores intentan igualar las exigencias del mercado. En 2008 se producían 27.400 toneladas de litio en el mundo. En 2020 serían 60.000 toneladas, según las proyecciones de las compañías del sector. La empresa de análisis Allied Market Research calcula que el mercado de las baterías de litio alcanzará los 46.000 millones de euros en 2022, teniendo en cuenta todos los factores.

 

mjs/ncl/nal

 

 

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“El papa Bergoglio ha comenzado muy bien una reforma del gobierno de la Iglesia”, dice Accattoli.

 

Jorge Bergoglio cumple hoy cuatro intensos años de pontificado, durante los cuales ha defendido la causa de los refugiados, reformado la estructura económica de la Iglesia y luchado contra abusos sexuales, explica Luigi Accattoli.

 

Desde Roma

 

Cuatro años pueden parecer pocos en el contexto de la larguísima historia de la Iglesia. Pero los cuatro años de pontificado cumplidos hoy por un papa venido “del fin del mundo”, que defiende a los pobres, a los inmigrantes, a los refugiados, que ha emprendido reformas dentro del Vaticano y de la Iglesia que a su vez han desencadenado agresivas campañas contra él – la reforma del IOR o banco vaticano y de la Orden de Malta, las batallas contra los abusos sexuales, el respeto de los homosexuales y de los divorciados, entre otras cosas– hablan de un Papa diferente. Luigi Accattoli, periodista italiano y vaticanista que desde hace 42 años escribe sobre los eventos de la Santa Sede para prestigiosos diarios italianos como La Repubblica e Il Corriere della Sera, que ha hecho decenas de viajes al exterior acompañando a distintos papas en sus giras por el mundo, incluida América Latina, tiene una visión particular de estos cuatro años de Francisco.

“La novedad más importante de estos cuatro años ha sido el lenguaje –dijo Accatoli en una entrevista con PáginaI12–. El papa Bergoglio ha cambiado el lenguaje de los papas mucho más que sus predecesores del último siglo. Los últimos papas, después del Concilio Vaticano II, han hecho cambios, han dado entrevistas, han actualizado el lenguaje, pero la novedad radical es que el papa Bergoglio habla como si fuera un párroco en vez de un pontífice, sin ciertas presunciones, sin esa seguridad en la elección de las palabras. No quiere rever las entrevistas que concede porque se confía en los que lo entrevistan, improvisa, expresa sus opiniones diciendo ‘yo pienso así’. Y esto ha redimensionado la figura del Papa y es la novedad más grande de la cual no se podrá volver atrás”.

-No se podrá volver atrás... ¿pero esto significa que la curia romana, la Iglesia en general y la gente aceptan que hable de este modo...? Ha tenido muchas críticas por esto. No ha faltado quien lo llama “populista” por las palabras que usa y el modo en el que habla.

–Digo que no se volverá atrás en el sentido de que el próximo papa no podrá no tener en cuenta estos cambios. Cuando Juan XXIII empezó a salir del Vaticano –el Papa precedente, Pío XII, no salía– no se pudo volver atrás. Los papas siguientes debieron seguir ese camino. Pablo VI empezó a viajar y los papas que lo siguieron viajaron por todo el mundo. Yo considero que esta novedad del lenguaje, un lenguaje de dimensión humana, es decir de un papa que ya no es un pontífice que habla desde trono, es un cambio que los sucesores deberán aceptar. Porque es un cambio que cuenta con el sentimiento y el favor popular.

–¿Esto quiere decir que lo que él está tratando de hacer por ejemplo en el banco vaticano o a nivel de los abusos sexuales o de la familia, sólo por dar algunos ejemplos, no es tan importantes en comparación con el nuevo lenguaje?

–Pienso que no son tan importantes porque la reforma de la curia, de lo IOR, de la disciplina del clero, son cosas que han hecho también otro papas. Cuando él fue elegido era un momento de conocida crisis en el gobierno del Vaticano y estaba claro que el papa que fuera elegido debería hacer una serie de reformas. Fue elegido Bergoglio, un latinoamericano corajudo como es él, precisamente porque el colegio cardenalicio quería las reformas. Benedicto XVI había empezado algunas de ellas como la del IOR o de como reaccionar ante la pedofilia. En consecuencia creo que lo específico de papa Bergoglio es el cambio en la figura papal. El hecho de bajar al nivel de la gente , de ponerse en directo contacto con ella, de hablar de modo libre, de ponerse en juego con espontaneidad y esto no habría sucedido fácilmente con otro papa.

–En estos últimos meses se ha desencadenado una batalla pública bastante agresiva de parte de sectores conservadores contra el papa Francisco. ¿Usted cree que se puede hablar de una Iglesia dividida?

–En mi opinión no se deben dejar de lado estas críticas. No se debe descuidar esta oposición pero tampoco se la debe agrandar. Hay que ver un poco la historia. Todos los papas han tenido opositores, sobre todo los papas reformadores. Un ejemplo es Pablo VI que fue muy criticado cuando hizo la reforma de la liturgia. Este Papa tiene más opositores porque está intentando llevar adelante más reformas que otros pontífices. Pero también porque él no trata de atenuar los contrastes. Y parece que hasta le gusta responder a las acusaciones y lo hace de manera sincera y muy libre e invita sus interlocutores a tener libertad de palabra. Y él mismo la practica. Los que se oponen a las reformas son testarudos, dice, y los que quieren volver atrás se equivocan. En mi opinión los contrastes son similares a los que han tenido otros papas solo que un poco más vivos.

–¿Cuál es su balance de estos cuatro años del papa Francisco al frente de la Iglesia?

–El papa Bergoglio ha comenzado muy bien una reforma del gobierno de la Iglesia constituyendo un grupo de cardenales de todo el mundo (conocido como el Grupo de los 8 o G8 Vaticano aunque ahora son nueve) para ayudarlo en el gobierno de la Iglesia. Y parece que lo están ayudando verdaderamente. Este es el primer resultado de estos cuatro años. Además ha reformado las instituciones para la nulidad del matrimonio y la pastoral matrimonial con su Exhortación Apostólica Amoris Laetitita (donde entre otras cosas se propone dar la comunión a los divorciados, cosa que desató muchas críticas de parte de algunos cardenales). Y esta es la segunda empresa que ha llevado adelante de manera eficaz. La tercera creo que es su capacidad, como ha demostrado repetidamente, de concretar actos nuevos en relación a la tradición papal como los distintos encuentros ecuménicos con el Patriarca ortodoxo ruso, con los luteranos, con el Patriarca ortodoxo griego, entre otros. Ha dado pasos importantes en el camino ecuménico que se creían todavía lejanos y difíciles de realizar. Estos tres puntos han sido, en mi opinión, los más importantes de estos cuatro años.

 

 

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Foto: Andrés Cuenca

 

A menos de una semana antes del Día Internacional de la Mujer hace un año, militares hondureños entrenados por el Pentágono irrumpieron en su casa y asesinaron a Berta Cáceres. Feminista, ecologista y antiimperialista, organizadora carismática y opositora firme de los megaproyectos que robaron y envenenaron la tierra de los pueblos indígenas, Berta fue el epítome de todo lo que los secuaces del capitalismo detestaron y temieron.

Berta Cáceres fue pionera en una nueva generación de mujeres líderes en América Latina. Éstas nuevas líderes viven la “interseccionalidad” entre clase, raza y género no como líneas que se entrecruzan, sino en cada respiración que toman. El liderazgo de Berta fue reconocido en todo el mundo por cómo enfatizó las luchas unificadoras. Transmitió a sus hijas e hijo y a los miembros de su organización COPINH su cosmovisión indígena Lenca y la convicción de que la Madre Tierra debe ser protegida, su análisis anticapitalista y antiimperialista que proporciona un marco para entender los ataques a su tierra y su pueblo vinculándolos al contexto nacional y global, y su firme creencia en la necesidad de la solidaridad internacional para enfrentar un sistema global. Insistió en que el activismo medioambiental significa enfrentar las fuerzas patriarcales que destruyen el planeta, y que la defensa del territorio es la defensa de los derechos de las mujeres porque el patriarcado reclama los cuerpos de la mujer como su territorio.

Esta manera de ver al feminismo como una parte integral de la batalla por la supervivencia –como persona, como especie, como mujer- ha dado nueva vida al feminismo en un momento en que la segunda ola del feminismo—mayoritariamente mujeres blancas, de clase media-alta– parece haberse estrellado contra los bajíos del neoliberalismo. Estas batallas lideradas por mujeres, no sólo en América Latina, sino en todo el sur global, proporcionan la vitalidad, diversidad y relevancia que el feminismo necesita para tomar un lugar permanente y prominente en cada movimiento por la libertad en la tierra.

Lolita Chávez Ixcaquic, líder Maya K’iche’ en Guatemala, se refiere a “otros feminismos que surgen de las mujeres de los pueblos indígenas”. “Hemos hablado de la autonomía de nuestros pueblos”, dice, “y también de la autonomía dentro de la autonomía. Porque en mi comunidad hay un patriarcado, y a veces es peor que otras barreras porque es muy íntimo”.

Estar en primera línea en las batallas anticapitalistas para defender la tierra y los derechos, catapulta a las mujeres de toda la región hacia el liderazgo y forja nuevas definiciones. Esta transformación en las propias mujeres y en el papel y la práctica del feminismo es clave para el futuro y es conscientemente ignorada por el feminismo liberal.

 

Las mujeres y sus movimientos

 

No hay una sola manera de caracterizar a los nuevos feminismos en América Latina, pero la mayoría empieza con dos elementos básicos: las víctimas que se niegan a ser víctimas, y la defensa del valor de la vida. Eso suena simple, pero es el desafío más fundamental y radical al sistema hoy en día, y es tan peligroso que ha llevado a asesinatos y ataques constantes a mujeres líderes. Las mujeres indígenas están en el centro porque sufren la triple discriminación de ser pobres, indígenas y mujeres, pero también porque los profundos valores indígenas de conexión confrontan al individualismo y a la cultura de consumo que han absorbido gran parte del feminismo estadounidense y europeo.

Esas conexiones alimentan la organización de las mujeres mayas. “Tenemos la fuerza de muchos principios, entre ellos la reciprocidad -tú eres yo y yo soy tú. Eso nos fortalece como mujeres y la conexión con la vida y la red de la que todos somos parte”, dijo Lolita en una entrevista con Just Associates. “Como parte de esa red, tenemos que tener territorios libres de corporaciones y libres de violencia contra las mujeres, para que podamos avanzar hacia el pleno significado de la vida”.

La lideresa garífuna Miriam Miranda señala que el énfasis en la comunidad significa que ningún aspecto puede ser temporalmente archivado o ignorado. “Todos los movimientos organizados – campesinos, trabajadores, pueblos indígenas, LGTB – tienen que incorporar elementos que tienen que ver con la reivindicación de la comunidad, la comunalidad. Especialmente la lucha anti-patriarcal, pero también la organización antirracista, porque es inútil luchar por un sistema anti-patriarcal si todavía tenemos actos racistas y discriminatorios contra personas que no son como nosotros”. Como feminista indígena negra, ella y su organización en la costa atlántica de Honduras colectivamente asume todo a la vez, todos los días.

Por defender la vida en un sistema que mata, se han generado nuevos movimientos dirigidos por mujeres nunca imaginados hace apenas una década. En México, miles de mujeres se organizan para buscar a sus hijas e hijos y otros seres queridos desaparecidos en la desastrosa “guerra contra las drogas”. En grupos locales en todo el país, las mujeres, y en menor grado los hombres, se reunen; comenzaron pasando innumerables horas en oficinas gubernamentales para presionar a los funcionarios para que realizaran investigaciones serias, enjuiciamientos y proporcionaran información sobre sus casos, usualmente sin resultados. Ahora las demandas al gobierno continúan, pero muchas personas han salido de las oficinas para ir a los campos con palos y palas para hacer la búsqueda ellas mismas. Están construyendo alianzas como base para la acción autónoma. Del dolor de perder a un hijo, han aprendido a defender los derechos, presentar quejas formales, hablar en público y dirigir movimientos. Muchas podrían no llamarse a sí mismas feministas, pero reconocen cambios reales en sus roles.

“Después de considerarme una ama de casa, porque eso es lo que era anteriormente, puedo decir que a partir del 28 de agosto de 2008 me desubicaron totalmente porque fue un cambio de vida drástico”, dijo María Herrera, líder de la organización nacional de familiares desaparecidos en una entrevista reciente y refiriendo a la fecha en que desaparecieron dos de sus hijos.

“Te cambia la vida totalmente y no sabemos ni qué hacer ni cómo hacerlo. Afortunadamente, estos cambios que han surgido intempestivamente también nos han dado a entender que como personas, como mujeres, no nos debemos dejar vencer... el dolor que estoy sufriendo, y no nada más yo, sino las miles de mujeres, madres de familia, esposas, hijas, estamos sufriendo una tragedia, no sé ya ni cómo llamarla, y esto, muy lejos de asustarnos, nos da valor, fuerzas, para luchar y salir adelante”. María Herrera se ha convertido en una crítica internacionalmente conocida de la guerra contra las drogas y del gobierno mexicano, incorporando a miles de personas a un movimiento de profundo cambio social. Las mujeres han asumido todos los casos de los desaparecidos como propios y han arriesgado sus vidas contra el crimen organizado y los funcionarios corruptos del gobierno.

Las madres centroamericanas que cada año viajan por México en busca de sus hijos migrantes desaparecidos pasan por la misma transformación–de la esfera privada a la esfera pública, de la pena individual a la indignación y la acción compartidas. Cuando pregunté por qué las mujeres son más propensas que los hombres a organizarse, una fundadora de uno de los grupos respondió que una madre arriesgará su propia vida para encontrar un hijo o una hija y nunca renunciará a la esperanza. Los padres sienten que han fallado en su papel de proteger y tienden a retirarse de la lucha para proteger a los que aún permanecen con ellos. Así, los papeles patriarcales tradicionales empujan a las mujeres a salir de esos mismos papeles -no es la primera vez en la historia del feminismo que hemos visto esa paradoja-.

En toda la región, millones de mujeres de todo el mundo participaron en la huelga de mujeres del 8 de marzo de 2017 contra la violencia machista, ya sea negándose a trabajar, a comprar, a tener relaciones sexuales, o a asistir a la escuela, o asistiendo a manifestaciones. La idea de la movilización global comenzó en Argentina con la movilización “Ni Una Menos” tras la brutal violación y asesinato de una joven, y con las manifestaciones “Ni Una Más” en contra de los feminicidios en México. Las mujeres jóvenes indignadas por la falta de seguridad y la agresión sexista en sus sociedades se manifestaron en eventos que pasaron por alto las organizaciones feministas tradicionales y marcaron una nueva generación de activismo feminista.

Las argentinas marcharon este 8 de marzo bajo el eslogan de “No Estamos Todas”. El comunicado dice: “Nos faltan las presas políticas, las perseguidas, las asesinadas en territorio latinoamericano por defender la tierra y sus recursos. Nos faltan las mujeres encarceladas por delitos menores que criminalizan formas de supervivencia, mientras los crímenes de las corporaciones y el narcotráfico quedan impunes porque benefician al capital. Nos faltan las muertas y las presas por abortos inseguros. Nos faltan las desaparecidas”.

Esto no es sólo una mera lista de víctimas; es la nueva constelación de temas feministas.

 
Feminismo perdido, feminismo ganado

 

Poco después de la elección de Trump, el New York Times publicó un editorial titulado: “El feminismo perdió: ¿ahora qué?”. El artículo argumentaba que cuando la campaña de Hillary Clinton cayó en llamas significó una gran derrota para el feminismo -la destrucción del sueño de inaugurar a la primera presidenta de la nación y romper el techo de cristal. No sólo eso, el antifeminismo en su expresión más grosera y descarada en décadas había ganado, ayudado en gran medida por el voto de mujeres blancas.

Ha habido una serie de reflexiones, más allá de los post-mortem post-electorales, sobre lo que salió mal, pero la verdadera pregunta es: ¿de qué feminismo están hablando?

Hillary Clinton popularizó la frase “Los derechos de la mujer son derechos humanos”, introduciendo un cambio de paradigma que buscó insertar a los asuntos de las mujeres en la agenda del establishment. Allí está el problema. Los feminismos latinoamericanos están muy claros de que nunca llegarán a donde quieren ir, al simplemente dar al sistema actual una patina de género.

Clinton promovía el militarismo patriarcal, la intervención estafounidense y el privilegio corporativo que sostienen el mismo sistema que otros feminismos están decididos a derrotar. En su autobiografía, escribió abiertamente sobre las maniobras con la secretaria de Relaciones Exteriores de México, Patricia Espinosa, para mantener al régimen golpista hondureño. Mientras trabajaba tras bambalinas para institucionalizar el golpe de Estado sin restituir al presidente electo, Mel Zelaya, las “Feministas de Resistencia” hondureñas marchaban diariamente en las calles como un pilar del movimiento pro-democracia. Cáceres citó la declaración de Clinton a menudo para mostrar el papel central del gobierno de Estados Unidos en perpetuar el golpe de Estado en Honduras. Más tarde ella misma se convirtió en una víctima del legado del golpe.

El editorial del New York Times concluye: “El desafío para el movimiento de mujeres es persuadir a más del electorado de que el feminismo no es un mero lujo para los y las privilegiados o la provincia sólo de los liberales”. Hasta el fraseo es condescendiente. No se trata de persuadir a la gente a votar feminista. Ya es hora de examinar los conceptos implícitos sobre quién hace la persuasión y quién es el potencial persuadido.

Para que el feminismo se convierta en el movimiento de emancipación que pretendía ser, los roles tienen que ser revertidos. Ya no se trata de consciousness-raising (hacer conciencia) nada más, como si el velo debiera ser despojado de los ojos de aquellos que no ven las cosas tal como las vemos nosotras. Se trata de crear espacios de diálogo sin imposiciones, que reconozcan diferencias de clase y de otro tipo y permitan que surjan nuevos entendimientos y nuevos modelos. Eso no significa acomodar o justificar el virulento sexismo y el racismo que se hicieron aceptables en el discurso político de Estados Unidos con esta elección, sino que significa forjar nuevos caminos que provean una salida que no esté basada en el odio y la división o el privilegio y la represión.

Se trata de dar la delantera a los nuevos feminismos que se están desarrollando a partir de la oposición directa al sistema global de las mujeres cuyas vidas mismas son un testimonio de cómo las opresiones encajan y la resistencia es la emancipación. El mal golpe del feminismo estadounidense existe porque un feminismo falso se ha instalado cómodamente dentro del sistema y busca detener los nuevos feminismos que desafían sus privilegios.

El feminismo nunca derrotará el triunfo del avivamiento patriarcal en los Estados Unidos o el resurgimiento en el resto del mundo a menos que abrace su naturaleza como profundamente anti-sistémica. A medida que el sistema se vuelve más letal y alienante, la defensa de la vida y la oposición a la impunidad de las mujeres representan un reto radical. Si los nuevos feminismos se llaman “feministas” o no, sus acciones anti-sistémicas confrontan directamente a la violencia patriarcal institucionalizada en el Estado y expresada en la sociedad en todos los niveles, desde los hogares, hasta las calles y las legislaturas. Las feministas de todas partes deberíamos unirnos a estos desafíos.

 

 

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Los movimientos populares debemos retomar nuestra autonomía: Joao Pedro Stédile del MST de Brasil

 

La reconfiguración del escenario político en América Latina también es eje de los debates en los movimientos populares. Sobre todo para aquellos que alimentan su construcción con una impronta marcadamente latinoamericanista como el Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil, la organización más grande de la región. En esta entrevista, su referente João Pedro Stedile analiza el complejo vínculo con los gobiernos progresistas y enumera los desafíos para esta etapa. También destaca la relación que mantienen con el papa Francisco, a quien caracteriza como “un personaje revolucionario”

 

La relación de los movimientos populares con el Estado fue sometida a fuertes debates en las últimas décadas. ¿Qué balance arrojan los vínculos que se han dado con los gobiernos protagonistas de este “ciclo progresista”?

En cada país hay distintas circunstancias de correlación de fuerzas y subjetivas de las fuerzas populares, por lo que no me atrevo a hacer un balance general del continente. Nosotros procuramos, como MST, actuar siempre bajo el principio de autonomía, pero, lastimosamente, esa no fue la práctica de todos los movimientos.

Hemos vivido un período en el que las masas, satisfechas con algunas mejoras, no se propusieron movilizar, y entonces nos faltó la presión de masas. En el campo lo intentamos, con millares de familias que hicieron tomas de tierras, pero aun eso fue insuficiente para romper la alianza del gobierno con el agronegocio y acelerar la reforma agraria. También podemos hacer un balance crítico del hecho de que muchos dirigentes populares, ilusionados por el espacio institucional, se fueron de los movimientos y ocuparon espacios en el Parlamento y en el gobierno. Eso quitó experiencia acumulada a los movimientos, que no tenían cuadros suficientes para conducir la lucha de clases.

En esa relación gobierno-Estado-movimientos populares, el error principal fue de los movimientos. El Estado siguió siendo burgués, y los gobiernos atados en sus programas sociales y de redistribución de renta. Los movimientos populares debemos retomar nuestra autonomía, nuestra independencia de clase, entender que solo la lucha de masas altera la correlación de fuerzas en la sociedad y en la gestión del Estado, sea quien fuera que lo ocupe, y que solo la lucha eleva el nivel de consciencia de las masas. Al interior de los movimientos, debemos dedicarnos a la formación de cuadros y de militantes, que son la columna vertebral de cualquier proceso organizativo de la clase.

 

En este momento complejo de América Latina, ¿por dónde pasan las principales tareas de los movimientos?

Tenemos muchos retos y desafíos. El más importante es que necesitamos hacer luchas de masas, contra las empresas transnacionales. Tenemos enemigos comunes de los movimientos populares en todo continente, relacionados con las semillas y los agrotóxicos (Monsanto, Bayer, Basf, ADM, etc.); tenemos enemigos comunes como las petroleras y mineras gringas y canadienses que nos explotan en el continente. Enemigos que vienen a explotar el agua potable. Enemigos que nos imponen gobiernos de mierda.

Y también tenemos el reto de impulsar más formas comunes comunicacionales, potenciar más el uso de radios, de TeleSUR, de periódicos y otras formas culturales de comunicación y formación. Tenemos el reto de tener, en cada país, nuestras escuelas de formación política para elevar el nivel ideológico de nuestra militancia.

 

¿Hay fuerza suficiente en el movimiento popular para alcanzar esos retos?

Esperamos que, en los próximos años, fruto de la crisis profunda del sistema capitalista, en términos económicos, políticos, y de la propia naturaleza del Estado burgués, se genere en nuestro continente un proceso de reascenso del movimiento de masas. Y con él, surgirán nuevas formas de lucha, nuevos liderazgos, nuevos gobiernos, y una nueva etapa histórica para el pueblo latinoamericano. Estoy muy optimista y confiado porque, más allá de nuestras debilidades, de la correlación de fuerzas adversa, tenemos un sistema económico moribundo, que es cierto no se va morir por sí solo, pero que ya no representa esperanza o posibilidad de progreso social como fue en el siglo pasado.

 

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El papa Francisco se abrió al diálogo con los movimientos populares de América Latina y del mundo. Usted lo calificó como un “Papa revolucionario”...

El papa Francisco es un personaje revolucionario, por la postura revolucionaria que viene tomando a partir de los cambios que propone en la Iglesia Católica y su relación con la sociedad en general.

Desde que asumió, buscó a los movimientos populares, a partir de su confianza y vivencia con movimientos populares argentinos. Montamos entonces encuentros anuales de movimientos populares de todo el mundo con él. Siempre nos afirmó que quería hablar con los trabajadores, los que estaban organizados para hacer cambios en sus vidas, sin esquemas burocráticos, sin esas personas a quienes les gusta siempre hacer viajes internacionales. No quería movimientos de carácter pastoral, no impuso ningún condicionante de religión, fe, etnia, opción sexual... y así se conformó un espacio con participación básicamente de movimientos que actúan en el mundo del trabajo, de la lucha por la vivienda y en el campo.

Esos espacios son muy, muy importantes porque, además de la práctica de diálogo -nunca había ocurrido que un Papa convocara a dirigentes de movimientos populares de todos continentes, ¡y eso también es una señal revolucionaria!-, son espacios de reflexión sobre los dilemas de la humanidad, en los marcos de una grave crisis capitalista, política, ética y ambiental.

 

¿Qué es lo que dialogan con él, en concreto?

En el último encuentro en Roma, en noviembre pasado, los temas principales fueron el tema del Estado burgués y de la democracia representativa, que está fallida; y por otro lado el tema de los refugiados. Estábamos más de 200 dirigentes de los cinco continentes. Invitamos a pensadores para debatir los temas, allí estuvieron [el expresidente uruguayo José] Mujica, Vandana Shiva, entre otros.

Consolidamos diversas propuestas y visiones. Vimos cómo el Estado burgués no funciona; la democracia burguesa, representativa, oriunda de la Revolución Francesa, se acabó. Debemos pensar nuevas formas de ejercicio de la democracia participativa, popular, en que el pueblo organizado pueda ejercer su poder político y hacer que el Estado funcione a su favor, no en su contra, como sucede ahora.

En su locución final, el Papa nos sorprendió a todos y todas cuando expresó conceptos radicales; dijo que los verdaderos terroristas en estos tiempos modernos son los Estados, porque ellos promueven la venta de armas, promueven la discordia entre los pueblos, en disputa de los bienes de la naturaleza y de los mercados. También hizo duras críticas a la posición de los gobiernos europeos, que gastan billones de euros para salvar bancos pero se esconden con centavos para socorrer a los millones de refugiados que llegan a Europa, expulsados por las armas que los ellos mismos venden en África y Oriente Medio.

 

¿Cree que Francisco puede ocupar el lugar que dejó vacante Hugo Chávez para los pueblos de Nuestra América, ser un líder ético y político para quienes impulsan las luchas anticapitalistas en el mundo?

No se debe comparar a Francisco con Chávez, Fidel, Maduro o Lula; él actúa en un espacio distinto, es un líder religioso. Pero es revolucionario, porque desde un espacio religioso, eclesial, asumió radicalmente la causa del pueblo. Así que, en la correlación de fuerzas internacional, él es nuestro aliado, y nos va ayudar a concientizar a la gente, sobre quiénes son los culpables por la desgracia de la humanidad, que son las empresas transnacionales, el capital financiero y sus gobiernos.

 

Usted siempre ha tenido un rol protagónico en la Articulación Continental ALBA Movimientos. ¿Desde cuándo existe ese espacio y cuáles son las fortalezas de los movimientos populares hoy en la región?

En Latinoamérica hemos construido en los últimos años una unidad muy importante entre todos los movimientos populares (en el sentido genérico, que agrupa múltiples formas de organizarse). Esa unidad la construimos en la lucha concreta, continental, desde los tiempos del neoliberalismo. Enfrentamos al neoliberalismo y a las ceremonias colonialistas de los 500 años. Nos organizamos contra el ALCA [Acuerdo de Libre Comercio para las Américas, impulsado por EEUU], y lo vencimos. Luego, en muchos países hubo luchas masivas contra las privatizaciones del agua, contra las bases militares, etc.

A partir del gobierno de Hugo Chávez establecimos con él un dialogo sobre cómo ir concretando y organizando esa articulación. Al principio pensábamos que podría ser junto con los gobiernos progresistas, en el marco del ALBA [Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América]. Pero luego, de común acuerdo, mantuvimos la autonomía de los movimientos y nos conformamos como una articulación independiente.

Articulamos a movimientos populares desde Canadá hasta la Patagonia. Somos más de mil movimientos populares en el continente. Ya realizamos dos asambleas continentales, una en Brasil y otra reciente, en diciembre de 2016, en Bogotá, donde se consolidó una visión política común, una plataforma de luchas comunes, y diversas iniciativas colectivas continentales en términos de comunicación, de formación de cuadros, con diversos esfuerzos de construir escuelas nacionales que a la vez cumplen programas hacia otros países.

Tenemos articulación de los movimientos con TeleSUR y la Radio del Sur; tenemos brigadas internacionalistas comunes que actúan en Centroamérica, Venezuela, Haití; tenemos la voluntad política de impulsar los programas de alfabetización de adultos con el método cubano Yo sí puedo... En fin, estamos avanzando.

 

*Entrevista realizada conjuntamente para Marcha y Lanzas y Letras

 

 

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