En Japón, crean la súper computadora más rápida del mundo

Los superordenadores son cruciales para avanzar en investigación científica o analizar conjuntos masivos de datos en la industria, detectar patrones y generar predicciones mediante la Inteligencia Artificial.

“También ayudan a buscar fármacos para la COVID-19, secuencian genomas enteros de tumores, establecen modelos más fiables sobre el cambio climático, estudian el organismo humano, cartografían el Universo o diseñan nuevos materiales”.

Con estas potencialidades cuenta el nuevo superordenador más rápido del mundo, la máquina japonesa Fugaku, que ha logrado completar más de 415 billones de cálculos por segundo, aproximadamente 2,8 veces más ágil que el sistema Summit desarrollado por Estados Unidos, del Laboratorio Nacional Oat Ridge, que anteriormente reclamó el título en noviembre de 2019, informó Ticbeat.

Por primera vez en nueve años -afirma el reporte—, una supercomputadora nipona ocupa el primer lugar, según una clasificación semestral anunciada este lunes por el proyecto TOP500 estadounidense-europeo.

Desarrollada por el Instituto de Investigación Riken (de forma conjunta con Fujitsu en las instalaciones del Instituto en Dobe), Fugaku, la nueva supercomputadora de Japón,“no solo se destaca por suvelocidad, sino que también ocupó los primeros puestos en tres categorías adicionales que miden el rendimiento en métodos computacionales basados ​​en la industria, análisis de big data y aplicaciones de Inteligencia Artificial". Así, Fugakuha batido un nuevo récord.

“Es la primera ocasión en la que una máquina de esta índole encabeza el ranking mundial en las cuatro categorías mencionadas”, según la Agencia Kyodo News.

Por otra parte, la supercomputadora constituye una base clave para poderosas simulaciones utilizadas no solo en la investigación científica, sino también para tecnologías militares e industriales.

“Esperamos que ayude a resolver problemas sociales difíciles como la lucha contra el nuevo coronavirus”, dijo Satoshi Matsuoka, director del Centro de Ciencias Computacionales del Instituto.

El Presidente de Fujitsu IT Products Ltd., Shinichi Kato también celebró los méritos del aparato y se consideró “extremadamente feliz y honrado de haber estado involucrado en la creación de Fugaku”.

Otra supercomputadora de fabricación estadounidense ocupó el tercer lugar, mientras que una China se aseguró el cuarto y quinto lugar. Por el momento Fugakuopera en formato de pruebas investigando posibles medicamentos para combatir el nuevo coronavirus. Se espera que alcance parámetros completamente operativos al comienzo del año comercial 2021.

27 junio 2020 

(Tomado de Resumen Latinoamericano)

Pablo Bustinduy: “Vamos hacia un nuevo equilibrio entre EEUU y China, con más polarización y conflicto”

Pablo Bustinduy es profesor adjunto en el City College de Nueva York y profesor invitado en la Universidad de Columbia. Fue coordinador de la Secretaría Internacional de Podemos y candidato a las elecciones europeas hasta su dimisión, en marzo de 2019.

 

¿Estamos ante un nuevo orden mundial? ¿Corre riesgo la hegemonía americana frente al auge de China?

De momento estamos ante un momento de gran desorden mundial: una gran interrupción del sistema económico y una profunda crisis del orden multilateral. A la vez se anuncia una fase, quizá transitoria, de desglobalización. Trump había prefigurado ese movimiento rompiendo con los Acuerdos de París o Irán, replegándose en el “America First”, boicoteando el orden multilateral. La nueva derecha populista ya trabajaba con una idea de soberanía cerrada sobre sí misma. Pero deberíamos desconfiar del diagnóstico de una rápida transición hegemónica hacia China. Este país está en posición de fuerte dependencia respecto al orden económico de la globalización y el libre comercio. Una crisis de ese orden le afectaría. Y la primacía financiera, tecnológica y militar de los EEUU no está en cuestión, puede salir de esta crisis incluso reforzada. Así que no habrá una transición repentina. Sí, probablemente, un nuevo equilibrio entre las dos superpotencias, más polarización y conflicto, y una rearticulación de alianzas, coaliciones y esferas de influencia entre ellas.

¿Cuál cree que serán los escenarios de los conflictos que se puedan ir en este caminar hacia un nuevo orden?

La hegemonía norteamericana de la globalización se apoyaba en tres pilares fundamentales: la apertura económica, concretada en la integración de las cadenas globales de producción y el libre comercio; una primacía militar y tecnológica incuestionada, y un orden de gobernanza multilateral con vocación de extenderse al planeta entero. El pilar económico afronta un futuro incierto en aspectos esenciales como la reordenación de las cadenas de valor, el modelo energético o el comercio. La reconstrucción también plantea una disputa por el control de zonas geopolíticas de influencia, algo que China lleva tiempo prefigurando con su presencia económica en África o América Latina, y a lo que Rusia ha jugado también en Siria o Ucrania.

Con la crisis del orden multilateral se pierde capacidad institucional para gestionar conflictos, y de hecho las exportaciones de armas se han multiplicado en la última década. De salir reelegido, Trump afrontará esta fase de reordenación confiando tan solo en su fuerza financiera y militar y con una sociedad rota. Pero los demás actores también sufrirán.

¿Qué papel espera a Europa en este “desorden”?

Dependerá de sí misma. Si el proyecto de integración europea aprovechara esta crisis para reconstruir su estructura económica y su contrato social, podría pesar decisivamente en ese tablero. Europa debería hacer el trayecto inverso al de la crisis del 73. Entonces se reformuló el proyecto de la posguerra en clave neoliberal. Esa lógica, que lleva a Maastricht, a Lisboa y al pacto fiscal de la austeridad, demostró en 2008 sus contradicciones, en 2012 nos llevó al borde de la implosión total, y hoy ya no es capaz de avanzar. No es ya cuestión de “solidaridad” entre norte y sur, sino de economía política.

Hay que rehacer la eurozona desde los cimientos, dotarla de coherencia política y legitimidad democrática, basarla en un modelo social de bienestar para el siglo XXI. Sin esa reconstrucción, el proceso de conflicto, bloqueo y desagregación que concretó el brexit se acelerará. Solo hay dos alternativas a esa larga decadencia del orden europeo: la deriva autoritaria de Visegrado, que encabeza Hungría con Viktor Orban, y la propuesta democrática del sur.

Los estados-nación han vuelto a cobrar protagonismo. ¿Están en crisis instituciones globales como la ONU?

Es una realidad que el sistema multilateral salido de la posguerra mundial cada vez menos capaz de solucionar conflictos, y que hay una crisis general de los proyectos de integración. Pero el proyecto darwinista que defienden Trump, Bolsonaro y Netanyahu es una amenaza existencial. Ante realidades como el cambio climático, la regulación de los paraísos fiscales o la gestión de las crisis y los conflictos, necesitamos defender los foros multilaterales y el derecho internacional. Quizá la gran reconstrucción, que es el momento en que cristalizan los nuevos órdenes políticos, sea también una oportunidad para imaginar su reforma.

Por Alejandro Torrús

23 junio 2020

 

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Imagen de archivo del ex asesor de seguridad nacional John Bolton, cuyo libro The Room Where it Happened estará a la venta desde mañana.Foto Ap

Nueva York., John Bolton, ex asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, sigue furioso porque fracasaron sus objetivos de resucitar la Doctrina Monroe, derrocar al gobierno de Venezuela y dañar a Cuba, y culpa de ello a su ex jefe Donald Trump en su libro que está por salir a la venta el martes, del cual La Jornada obtuvo una copia adelantada.

El “régimen ilegítimo de Venezuela… ofreció una oportunidad al gobierno de Trump. Pero requería una determinación persistente de nuestra parte, y presión consistente, total e implacable. Fracasamos en cumplir con esa norma. El presidente vaciló y tambaleó, exacerbando desacuerdos internos del gobierno… y repetidamente impidió nuestros esfuerzos para llevar a cabo una política”, escribe Bolton en un capítulo titulado "Venezuela libre", el único dedicado a un país latinoamericano en el libro, The Room Where it Happened.

El libro, cuya publicación Trump fracasó en frenar, trata de los 17 meses de Bolton en la Casa Blanca (hasta septiembre de 2019) y califica a su ex jefe de "errático y desinformado" al revelar la política exterior de este gobierno. Algunos de las novedades del libro ya se habían filtrado recientemente [https://www.jornada.com.mx/2020/06/ 18/mundo/023n1mun], pero el volumen ofrece más detalles sobre el manejo de la política exterior hacia América Latina.

Venezuela era pieza clave en el objetivo de resucitar la Doctrina Monroe y Bolton calificaba al régimen de Maduro como "una amenaza por su vínculo con Cuba y las aperturas que ofreció a Rusia, China e Irán". Explica, con nostalgia, que "America se había opuesto a amenazas externas en el hemisferio occidental desde la Doctrina Monroe, y era hora de resucitarla después de los esfuerzos de Obama-Kerry para enterrarla".

Bolton cuenta cómo poco después del atentado con drones contra Maduro, Trump le dijo: "hazlo", en referencia a derrocar al mandatario venezolano, y que se quejó: "Es la quinta vez que lo pido". El mandatario estadunidense insistió en que deseaba "opciones militares" para Venezuela y que ese país "en verdad es parte de Estados Unidos". Bolton señala que él y otros explicaron por qué la opción militar no era la mejor y que "podríamos lograr el mismo objetivo trabajando con los opositores de Maduro". Poco después, en noviembre de 2018, Bolton bautiza a Venezuela, Cuba y Nicaragua como “la troika de la tiranía” y anuncia nuevas sanciones contra los tres países.

El libro relata que Trump ordenó que el petróleo de Venezuela tenía que estar bajo control estadunidense y, mientras el presidente insistía sobre opciones militares, de repente planteaba reunirse con Maduro para resolver "todos los problemas", a lo cual se oponían Bolton y el secretario de Estado Mike Pompeo. Por cierto, en una entrevista con Axios publicada este domingo, Trump de nuevo dice que tal vez contemplaría una reunión con Maduro e indicó que ha perdido confianza en Juan Guaidó.

Cuando Guaidó se declaró presidente interino, Bolton pensó: "Esta es la revolución", e impulsó la declaración de apoyo de su gobierno.

El asesor de Seguridad Nacional cuenta cómo la delegación de legisladores de Florida, sobre todo los cubanoestadunidenses, fueron claves en convencer a Trump sobre apoyar a Guaidó, pero el mandatario exigió: "Quiero que él [Guaidó] diga que será extremadamente leal a Estados Unidos y a nadie más".

Bolton y sus aliados apostaban todo por la oposición venezolana encabezada por Guaidó y planeaban una sublevación militar para lograr su objetivo. Señala que fue un error sacar al personal estadunidense de la embajada en Caracas, ya que "la ausencia de asesores estadunidenses" en el terreno cambió el resultado de los intentos para derrocar al régimen.

Cuba, un superpoder

En el libro Cuba es caracterizada como un superpoder y le atribuye haber mantenido intacto el régimen venezolano y elogia el logro de revertir la política de apertura de Barack Obama y la aplicación de todas las medidas de la Ley Helms-Burton, como "un embargo pleno y completo" sobre la isla.

Revela que Trump solicitó opciones de uso de fuerza, incluyendo la interdicción, para interrumpir los cargamentos de petróleo entre Venezuela y Cuba.

El libro condena la apertura aplicada por Obama, la cual permitió que Cuba no fuera percibido como "adversario", y critica que durante ese tiempo "la creciente influencia rusa, china, iraní y cubana en el hemisferio no fue prioridad". Cuenta de los esfuerzos para "apretar" a La Habana, incluyendo la decisión de revertir una licencia que permitía a las Grandes Ligas "traficar con jugadores cubanos" y acusa a los dueños de los equipos de estar "durmiendo con el enemigo".

Bolton describe varias ocasiones en que los legisladores y organizaciones anticastristas de Florida, sobre todo los de Miami, lo ayudaron a fijar la política hacia Cuba y Venezuela. Se vanagloria de cómo el senador Marco Rubio lo presentó ante cientos de cubanoestadunidenses y venezolanoestadunidenses en Miami diciendo que su nombramiento "es un mal día para Maduro y Cuba, y un gran día para la causa de la libertad".

El autor señala que trabajó mucho tiempo sobre estos temas, y el público lo sabía. Bolton no oculta el narcisismo en su libro y destaca los elogios que recibe de fuerzas conservadoras, sobre todo en Miami, por ejemplo, en su presentación ante la Asociación de Veteranos de Bahía de Cochinos, y se enorgullece cuando sus enemigos lo mencionan. "Cuba ahora también me ataca por mi nombre; entonces, estoy de buen humor", cuenta.

México es frontera

Sobre México hay sólo unas cuantas referencias en el libro –no hay mención del presidente López Obrador– y casi todo gira en torno a la obsesión de su jefe con la migración y el muro fronterizo. Bolton cuenta de las explosivas disputas internas del gabinete sobre cómo cumplir con la orden de Trump de "frenar las caravanas".

Trump insiste en declarar que la frontera con México está "cerrada", y se irrita cuando se le explican las complicaciones; en una reunión gritó: “Díganles que el país está cerrado… es como una sala de cine cuando está llena”, además de recordar a sus ministros y asesores: los ciudadanos “me eligieron por este tema…”

En un polémico episodio, el entonces jefe de gabinete John Kelly estaba en la Oficina Oval con Trump cuando llegó un mensaje de que el yerno del presidente, Jared Kushner, deseaba reportar al mandatario su conversación con el canciller mexicano Luis Videgaray. Kelly, irritado, preguntó por qué Kushner estaba hablando con los mexicanos, y Trump respondió: "porque se lo pedí. ¿De qué otra manera vamos a frenar las caravanas?", y agregó: "Ninguno de ustedes, genios, ha logrado frenar las caravanas".

Kelly, como otros han hecho, contempló renunciar por este tipo de intercambio con el jefe, comentando a Bolton: "He comandado hombres en combate y nunca he tenido que aguantar mierda como ésta".

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Pugna global por la vacuna del coronavirus 

Compiten intereses de los Estados y los grupos farmacéuticos

Estados Unidos, China, la Unión Europea y la industria farmacéutica se lanzaron a la búsqueda improvisada del antídoto contra la covid-19. 

 

¿Quién se quedará con el tesoro de la patente de la vacuna contra la covid-19 ?. Una auténtica batalla científica, diplomática y financiera entre Estados y grupos farmacéuticos se está desplegando en el telón de la búsqueda de la vacuna que pondrá termino a la pandemia que infectó a millones de personas en el mundo y mato a otros miles y miles de seres humanos. Cuatro actores mundiales ocupan el primer plano: Estados Unidos y su estrategia ultranacionalista, China, para quien la vacuna sería una sólida victoria diplomática, la Unión Europea -- un jugador que ingresó con mucho atraso en esta batalla global-- y la industria farmacéutica. 

El presidente norteamericano, Donald Trump, eligió la famosa doctrina llamada “Frank Sinatra” que se refiere a la canción My Way interpretada por el cantante en los años 60 para marcar sin ambigüedad su conducta: la haremos en casa, rápido y nosotros solos. Trump se ha fijado un plazo que la comunidad científica mundial juzga imposible, es decir, noviembre de 2020, una fecha que coincide con las elecciones en los Estados Unidos. Cuando presentó el proyecto, Trump lo bautizó « Operation Warp Speed » en alusión directa a la serie Star Trek y la velocidad de las naves espaciales que vuelan más rápido que la velocidad de la luz.

Actualmente, hay 183 equipos internacionales trabajando en un proyecto de vacuna. Frente a ellos están los grupos farmacéuticos, casi todos captados y subsidiados por la administración norteamericana y Europa. Se destacan varios, entre ellos tres muy avanzados: GlaxoSmithKline (GSK), Merck & Co (MSD), Pfizer, Janssen-Johnson & Johnson, Sanofi Pasteur. También aparece la china CanSino que trabaja asociada con el Beijing Institute of Technology. Los más adelantados son: Moderna Therapeutics (Estados Unidos, 500 millones de euros en subsidios), AstraZenec (británico sueco, mil millones de euros de subsidios) y Sanofi (multinacional francesa que recibió 226 millones de euros de las cajas la Biomedical Advanced Research and Development Authority, Barda, la agencia federal de investigación médica de Estados Unidos). 

En mayo de este año, el presidente de Sanofi, Paul Hudson, le dijo a Bloomberg que Sanofi, en caso de que descubriera la vacuna, la distribuiría primero en los Estados Unidos porque Washington “comparte los riesgos” de la investigación. Frente a la polémica que suscitaron estas declaraciones, los portavoces del grupo salieron a calmar las inquietudes y prometieron “servir a los franceses”. El presidente francés, Emmanuel Macron, ya dijo en mayo que le vacuna debería ser “un bien público mundial”. En el mismo sentido se expresó el Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, para quien la vacuna “debe ser vista como un bien público mundial, como una vacuna de los pueblos”. La Unión Europea “anhela” un “acceso universal rápido y equitativo” mientras que el presidente chino, Xi Jinping, prometió que si sus investigadores tenían éxito Pekín pondría su descubrimiento en acceso libre. Los industriales llaman a todas las puertas para conseguir financiación. La de los Estados y la de los fondos como la Coalición Internacional CEPI (Coalition for Epidemic Preparedness Innovations), cuya sede está en Noruega y cuenta con un “colchón” de 680 millones de euros consagrados a la selección y financiación de proyectos.

Es casi un sueño pensar en una posibilidad gratuita cuando está en juego un mercado de 65 mil millones de euros. La noción de bien público mundial apareció en los años 90, sobre todo a partir de las teorías de Charles Kindleberger, quien definió al bien público mundial como “un conjunto de bienes accesibles a todos los Estados que carecen de un interés individual por la producción”. No parece ser el caso, tanto más cuanto que la noción de “bien público mundial” reposa sobre una estructura ya desaparecida: la cooperación entre los Estados. Trump se quiere salvar a si mismo, China su prestigio y Europa pedalea detrás de las dos potencias mundiales. Los Estados financian sus propios laboratorios y centros de investigaciones al mismo tiempo que se “garantizan” la disponibilidad de la vacuna ante los grupos farmacéuticos. 

La Unión Europea reveló hace unos días que invertiría 4 mil millones de euros en las cajas de los grupos farmacéuticos. Sin adelantar el precio, Francia, Alemania, Italia y los Países Bajos consiguieron que el laboratorio AstraZeneca entregue 400 millones de dosis si descubre la vacuna, y ello sin sacar beneficio alguno. El mismo laboratorio se comprometió a distribuir dos mil millones de dosis en el mundo a un precio equivalente al costo de producción. La fundación internacional GAVI (fundada hace 20 años por Bill Gates) bloqueó anticipadamente 300 millones de dosis del laboratorio AstraZeneca para repartirlas en los países pobres. En cada caso, el poder lo tienen los grupos farmacéuticos y no los Estados o la investigación pública. El sector público no hace más que negociar y pagar a los laboratorios en las mejores condiciones posibles un descubrimiento en gestación, pero no real. Es una lotería hacia el futuro. Muchos anuncios y poca transparencia. La doctora Nathalie Ernoult, miembro de Médicos del Mundo y del Instituto de Relaciones Internacionales estratégicas, recuerda que “para asegurarse de que las promesas van a cumplirse, habría que conocer el contenido de los contratos, lo que no es el caso hoy”.

La búsqueda de la vacuna se parece en mucho a la forma en que la pandemia fue combatida: a tientas, improvisando, corriendo detrás de la propagación del virus, con potencias enfrentadas, científicos populistas o charlatanes que promocionan sus milagros en las redes sociales sin la más lejana certeza científica. 

Los Estados apuestan por los laboratorios más avanzados en las investigaciones, pero, de hecho, la vacuna aún no existe. Hay unos cien proyectos sobre la mesa, pero sólo diez están siendo probados en los seres humanos, de los cuales 5 en China. Se han invertido miles de millones de euros en la elaboración de una vacuna contra el SIDA y la Malaria y ambos tratamientos tampoco existen pese a que matan, respectivamente, 770 mil y un millón de personas cada ano. La covid-19 es objeto de una pugna global entre intereses políticos, públicos, financieros, diplomáticos y tecnológicos. La carrera hacia el descubrimiento de una vacuna es un espejo perfecto de lo que ocurrió y sigue ocurriendo con esta pandemia. Una improvisación globalizada.

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Guerra Fría contra China: cerco militar, comercial y tecnológico

Con sospechosa simultaneidad, se han activado o reactivado los conflictos en el entorno de las fronteras entre China y varios de los más importantes países de la región.

 

El más reciente es el enfrentamiento entre India y China por la construcción por Nueva Delhi de una carretera en el valle del río Galwan, en Ladakh, en la disputada región de Cachemira.

Aunque se iniciaron negociaciones entre ambas naciones, India sigue enviando unidades militares hacia la frontera norte, incluidos los vehículos de combate T-90 y T-72 y un gran número de aviones de combate. China respondió con maniobras militares para "expresar su apoyo a Pakistán, ya que la actual amenaza de la India a Pakistán es cada vez más evidente", según el experto de la Universidad Popular de China, Zhou Rong.

En los mismos días, Estados Unidos envió nada menos que tres portaviones, el USS Theodore Roosevelt, el USS Nimitz y el USS Ronald Reagan, para patrullar las aguas del Indo-Pacífico, en un acto analizado como una "advertencia" a China y un mensaje a sus aliados. El despliegue incluye decenas de buques y submarinos que conforman los grupos de ataque que acompañan a los portaaviones.

Para el diario oficialista Global Times, el objetivo de esta presencia consiste en "mostrar a otros países que su capacidad de combate no se vio obstaculizada por la nueva pandemia de coronavirus". La crisis que sufrieron algunas unidades de portaaviones cuando las tripulaciones se infectaron de coronavirus, parece haber abierto dudas en la región sobre la capacidad de combate de su flota.

Al respecto, el diario recuerda que la pandemia de coronavirus en la Marina de EEUU estalló en el Theodore Roosevelt en marzo pasado y asegura que la actual movilización puede provocar una nueva oleada de infecciones entre los marineros. Por eso Global Times concluye que la fuerte presencia de la Navy en el Pacífico Occidental, "no es más que un ejercicio de flexión muscular destinado a crear tensiones".

También a principios de junio se agudizó el conflicto entre China y Australia. Para Beijing, Australia actúa de modo irracional, al punto que se ha convertido en peón de Estados Unidos. Global Timesasegura que Australia "carece de independencia y autonomía diplomática, está en gran medida manipulada por los Estados Unidos en asuntos exteriores y "ya se ha convertido en un estado vasallo".

Ante el conflicto, Beijing llamó a sus jóvenes a reflexionar sobre la conveniencia de estudiar en Australia, ya que algunos chinos habrían sufrido actos de racismo, mientras amenaza con dejar de comprar mineral de hierro y hacerlo en Brasil o África, como represalia ante la creciente tensión entre ambas naciones. De hecho, China es el principal cliente de Canberra, pero la amenaza no puede producir resultados positivos.

En medio de estos conflictos, India y Australia suscribieron el 4 de junio una "Asociación Estratégica Integral", una "Visión compartida para la cooperación marítima en el Indo-Pacífico" y un "Acuerdo de apoyo logístico mutuo" para aumentar su "interoperabilidad militar".

Según la declaración conjunta, ambos países defenderán sus intereses comunes en la región Indo-Pacífico para "mantener rutas marítimas abiertas, seguras y eficientes para el transporte y la comunicación".

Las malas noticias para China no paran ahí. El 8 de junio Vietnam firmó un Acuerdo de Libre Comercio con la Unión Europea y trabaja para dar un similar con el Reino Unido. En paralelo, Filipinas apoyó a Vietnam en sus entredichos con China sobre la soberanía en el Mar del Sur de China y "las compañías japonesas y coreanas han estado trabajando juntas para desarrollar soluciones 5G" capaces de competir con Huawei, segúnAsia Times.

La iniciativa anti china en la región Indo Pacífico corresponde en gran medida a la India, potenciada ahora por su alianza con Australia. Ambas tratan a China como rival estratégico, en idéntica postura que EEUU. India se ha visto "perturbada por la creciente presencia naval de China en el Océano Índico", lo que la ha llevado a cooperar ampliamente tanto con EEUU como con Japón, Australia, Vietnam, Indonesia y Filipinas, participando incluso en ejercicios navales en la región.

16:19 GMT 16.06.2020URL corto

Por Raúl Zibechi

La dirigencia china no se engaña respecto al futuro inmediato. Un editorial de Global Times se pregunta: "¿Puede Estados Unidos realmente dejar de ser el policía del mundo? No hay evidencia suficiente en la historia o en la actualidad para indicar que Estados Unidos podría dejar de vigilar al mundo".

En el análisis de la política imperialista de EEUU, el órgano del Partido Comunista sostiene que dicha actitud "está determinada por la naturaleza hegemónica del país. Para mantener su hegemonía, Estados Unidos debe expandir su influencia en el extranjero". Y concluye que "es poco probable que EEUU abandone el estatus de policía de su mundo".

Una prueba de esa actitud la brinda Steve Bannon, ex jefe de estrategia de Donald Trump, en una extensa entrevista con David Goldman, de Asia Times. "El gobierno de China es un grupo de mafiosos. Pienso que el Partido Comunista Chino es completamente ilegítimo. Pienso que son un grupo de gángsters. Creo que lo que le han hecho al pueblo chino es horrible".

Sin duda el lenguaje de Bannon es brutal, pero refleja lo que piensan los dirigentes de Washington, tanto republicanos como demócratas, que buscan destruir a China para impedir que con su ascenso profundice el deterioro de la hegemonía estadounidense. En su reflexión, los horrores que sufre el pueblo chino comenzaron en 1949 con el triunfo del Partido Comunista, desestimando un siglo de agresiones e invasiones de Occidente y Japón.

Cuando se le pregunta a Bannon qué debe hacer EEUU frente a China, la respuesta es exactamente la que estamos viendo en Asia: "Deben ser confrontados en todos los niveles por todos los gobiernos: de Taiwán, Japón, Corea del Sur, India y Singapur hasta Vietnam".

Bannon, como Trump y el deep State de EEUU, creen que China "es el trabajo inacabado del siglo XX", que "Trump es el único presidente en la historia de Estados Unidos que se ha enfrentado al Partido Comunista Chino” y que este es el momento para "subir un poco" ese enfrentamiento. Peor aún, considera que "Hong Kong es Austria en 1938", cuando la invasión nazi convenció a Occidente de frenar a Alemania a cualquier precio.

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La pandemia y el orden mundial: China se expande por el tablero de EEUU, el arquitecto en retirada

Lo que ha ocurrido con el conflicto en la OMS entre China y EEUU es el ejemplo del modelo de liderazgo internacional elegido por las dos superpotencias

 

El mismo día que Donald Trump enviaba una carta al director general de la Organización Mundial de la Sauld (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, criticando duramente su gestión y amenazando con retirar su financiación y salirse del organismo de la ONU, el presidente chino fue uno de los pocos jefes de Estado que participó en la apertura de la asamblea anual de la organización. En su intervención, Xi Jinping agradeció y alabó la gestión de la OMS y subrayó la importancia del multilateralismo.

El modelo de liderazgo elegido por las dos superpotencias durante la pandemia es un reflejo de lo que viene ocurriendo en el sistema internacional en los últimos años. Mientras EEUU se retira paulatinamente del tablero –especialmente desde la llegada de Trump a la Casa Blanca–, China gana poder jugando principalmente dentro del marco de normas diseñado en gran parte por EEUU como gran arquitecto del orden mundial tras la Segunda Guerra Mundial.

"Bajo el liderazgo del doctor Tedros, la OMS ha contribuido de manera importante a dirigir y promover la respuesta mundial a la COVID-19", señalaba Xi en su discurso. "Su buena labor es aplaudida por la comunidad internacional. Apoyar a la OMS es apoyar la cooperación internacional y la batalla por salvar vidas. China pide a la comunidad internacional que aumente el apoyo político y financiero".

En el otro extremo, la carta de Trump: "Está claro que los tropiezos repetidos que han cometido usted y su organización han sido extremadamente caros para el mundo". "No puedo permitir que el dinero del contribuyente estadounidense siga financiando una organización que claramente no sirve a los intereses de EEUU", concluye la misiva tras el ultimátum. Poco después, ya relajado ante los medios, acusó a la OMS de ser una "marioneta" de China.

"La gran paradoja es que China ha tenido éxito porque ha jugado respetando las leyes de EEUU", sostiene Kishore Mahbubani, autor del libro Has China won? The Chinese challenge to American primacy. "Un ejemplo concreto: el hombre que salvó a China fue Den Xiaoping en 1979. Se adaptó al sistema de libre mercado y este sistema es un regalo de EEUU al mundo. China fue un paso más allá y se unió a la OMC aceptando las estrictas condiciones impuestas por EEUU", añade Mahbubani, que llegó a ejercer como presidente del Consejo de Seguridad de la ONU durante su larga carrera como diplomático de Singapur.

Fue el presidente estadounidense Richard Nixon el que metió a China en el sistema tras un gran esfuerzo entre 1967 y 1972. "Simplemente no nos podemos permitir dejar a China para siempre fuera de la familia de las naciones", afirmó. Varios viajes secretos, comunicaciones indirectas a través de mediadores y una exhibición de ping pong después, la ONU reconoce la República Popular de China en octubre de 1971 y en febrero de 1972 Nixon visita el país dando comienzo a las relaciones bilaterales. Aunque China era miembro fundador de la ONU, hasta entonces el organismo reconocía al Gobierno de Chiang Kai-shek, replegado en la isla de Taiwán desde la victoria de Mao Zedong en 1949.

 

Papel de China en la ONU

 

La China de Mao pasó de ser un paria internacional a consolidar y reforzar el sistema hasta convertirse en superpotencia. Según recordaba Fareed Zakaria, autor de ‘The post-american World’, en la revista Foreign Affairs, Pekín no ha ido a la guerra desde 1979; no ha utilizado fuerza militar letal en el extranjero desde 1988; y no ha financiado o apoyado a insurgentes armados desde principios de los 80.

En el año 2000, la contribución de China al presupuesto general de la ONU era de 12 millones de dólares, equivalente al 1% del total. 20 años después, su aportación es de 367,9 millones (12%), lo que le convierte en el segundo mayor contribuyente. Estados Unidos sigue siendo el principal, aportando un 22%. El porcentaje de Alemania es del 6,1% y el de Reino Unido, 4,6%.

Su papel activo en el sistema internacional también se puede observar en el número de vetos registrados en resoluciones del Consejo de Seguridad. Entre 1971 y 2019 se han vetado 122 resoluciones. De los cinco países con capacidad de veto, China y Francia son los países que menos resoluciones han bloqueado: 14 (11,5% del total). Estados Unidos lidera la lista con 80 (65,5%), seguido de Rusia, con 38 (38,1%) –como hay resoluciones que han sido vetadas por más de un Estado, la suma de los porcentajes es superior al 100%–.

China también es el miembro del Consejo de Seguridad que más soldados aporta a las misiones de paz de la ONU. En 1990 tenía cinco soldados desplegados y en diciembre de 2019, 2.545 (Francia es el segundo país del Consejo de Seguridad con más soldados: 730). En 2017, el Ministerio de Defensa creó una fuerza de 8.000 soldados para servir en las misiones de paz de la ONU. En cuanto a financiación de estas operaciones, Pekín es el segundo donante por detrás de EEUU, que en 2018 se negó a aportar más del 25% del presupuesto de estas misiones, lo que representa una bajada del 28,5% que había aportado ese mismo año.

"China realmente cree en el multilateralismo. Tras 100 años de humillación entre 1814 y 1914, ahora su principal deseo es volver a recuperar su grandeza. Los chinos creen que fueron humillados porque se aislaron del resto del mundo. Ahora se han abierto y les va muy bien. Es normal que China diga ‘me encantan estas reglas’", sostiene Mahbubani.

El Fondo Monetario Internacional es uno de los organismos económicos más importantes del sistema económico mundial. En esta organización, el poder de cada Estado miembro a la hora de votar va estrictamente ligado a sus contribuciones económicas. EEUU es el principal contribuyente y controla el 16,5% de los votos, lo que en la práctica le otorga capacidad de veto. China, a pesar de tener el segundo mayor PIB del mundo, ocupa la tercera posición y tiene un 6,08% de voto. Pekín lleva años intentando aumentar sus contribuciones y, en consecuencia, su poder de decisión, pero no se le ha permitido. El gigante asiático también ha fundado el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, que rivaliza directamente con el Banco Mundial y que ha sido criticado por EEUU.

 

America First: "Un tiro en el pie"

 

Mientras China intenta aumentar su papel en el mundo, EEUU se retira de todas aquellas instituciones que dice no sirven a sus intereses o que no cumplen con las órdenes de Trump. Entre ellas: la UNESCO, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, diversos tratados de no proliferación de armas y la retirada de la financiación a la agencia de la ONU para los refugiados palestinos. La OMS está ahora en el punto de mira de Trump. EEUU también se retirará en 2020 del Acuerdo de París por el clima, convirtiéndose en el único país del mundo fuera del mismo.

"No diría que China se ha aprovechado del 'America First' [América Primero], sino que el Gobierno se ha pegado un tiro en el pie. La ventaja natural de poder blando que ha tenido EEUU durante tantos años, ahora la ha perdido bajo el Gobierno de Trump", afirma Mahbubani.

En 2018, Henry Kissinger, exsecretario de Estado y exconsejero de Seguridad Nacional de Nixon, le dijo a Mahbubani durante una comida en su club de Nueva York que el gran error de EEUU había sido lanzar un conflicto geostratégico con China sin una estrategia completa a largo plazo.

"China no tiene ningún deseo de pisarle los zapatos a EEUU. No cree que su sistema sea mejor que el resto, simplemente que es bueno para ellos igual que el de EEUU es bueno para EEUU. Washington tiene la visión contraria: cree que su sistema es el mejor y quiere que todos le copien", sostiene el escritor. "EEUU se ha enterrado a sí mismo. se ha centrado en frenar a China. Va a fallar, pero está decidido a intentarlo". Esta explicación sobre el sistema hace referencia a su papel en el escenario internacional y no a la situación interna de ambos países, como puede ser la violación de derechos humanos en el país asiático.

"Yo esperaba que el coronavirus demostrarse que mi tesis era errónea. Si la COVID-19 es el enemigo común de ambos, EEUU y China deberían unirse para luchar contra ella, pero ha pasado lo contrario. Se puede ver lo profundo que es este conflicto. A pesar de que está en el interés racional y nacional de EEUU parar la confrontación, esta continúa", concluye

Javier Biosca Azcoiti

24/05/2020 - 21:45h

Mahbubani.

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El mundo está cambiando y es posible que estemos ante el nacimiento de un "siglo asiático", dice el artículo. Foto: Reuters

EEUU, que está tratando de poner a todo el mundo en contra de China, corre el riesgo de perder a Europa, advierte el diario Foreign Policy. El autor señala que el mundo está cambiando y es posible que estemos ante el nacimiento de un "siglo asiático".

Los medios estadounidenses no paran de declarar que la pandemia del coronavirus "abrió los ojos del mundo a la verdadera naturaleza del régimen chino". Pero las estadísticas muestran que los europeos están mucho más preocupados ahora por el comportamiento de Estados Unidos durante la crisis que por las políticas de Pekín, escribe Foreign Policy.

El diario hace referencia a un estudio realizado por la Fundación Korber que muestra que los alemanes están casi igualmente divididos en cuanto a la cuestión sobre el socio más importante: el 37% de los encuestados eligieron a Estados Unidos y el 36% a China. Los datos son sorprendentes y muestran un cambio significativo con respecto a la encuesta de septiembre de 2019, destaca el artículo. En ese momento, EEUU tenía una ventaja impresionante sobre China del 26% de los votos.

Esto no significa que los alemanes estén dispuestos a apoyar a Pekín en todo, explica el autor de la publicación, Noah Barkin. En particular, el 71% de los alemanes encuestados cree que un comportamiento más abierto por parte de las autoridades chinas podría haber limitado el impacto del coronavirus o incluso detenido la propagación de la pandemia. Sin embargo, solo el 36% de los encuestados dijo que su opinión sobre China ha empeorado en medio de la crisis, mientras que el 73% lo dijo en cuanto a EEUU. Y eso debería servir de advertencia para Washington, según el columnista.

El mundo está cambiando y es posible que estemos ante el nacimiento de un "siglo asiático", dice el artículo.

Los políticos de Alemania y otros países europeos ven "un cambio en las líneas geopolíticas" que afectan sus cálculos, escribe Foreign Policy.

Cuando los europeos miran a EEUU, ven un "caos", subraya el autor. "En este país, donde más de 91.000 estadounidenses murieron por la pandemia del coronavirus, los políticos son incapaces de dejar de lado sus divergencias y actuar juntos. Ven una administración que evita contactar con la ciencia y cooperar con el mundo, cuando es lo que más se necesita. Y ven a un presidente que parece dispuesto a aplicar la táctica de la tierra quemada a las relaciones entre EEUU y China si eso es lo que se necesita para rescatar sus decaídas esperanzas de ser reelegido".

Mientras tanto, Donald Trump no se percibe en Europa como la causa de la disfunción de Estados Unidos, sino más bien un síntoma o catalizador, observa el autor. Si Joe Biden llega al poder, la paralizante división partidaria continuará, al igual que la devastación económica, que las autoridades son cada vez menos capaces de afrontar.

Alemania no es el único país europeo cuya población está cambiando su opinión sobre EEUU.

Según una encuesta del British Foreign Policy Group, solo el 28% de los británicos opinan que Estados Unidos actúa responsablemente en el mundo, es una caída de 13 puntos porcentuales respecto a los datos de enero.

La empresa Ifop preguntó a los franceses qué países están mejor preparados para hacer frente a los desafíos de las próximas décadas. Solo el 3% eligió a EEUU.

Un triángulo de países sustituiría la hegemonía de EEUU tras la pandemia
Una encuesta realizada en abril por el instituto de investigación SWG mostró que el 36 por ciento de los italianos encuestados creían que su país debía centrarse en el desarrollo de vínculos estrechos con China, frente al 30 por ciento que eligió a Estados Unidos.

Esto no significa que Europa se dirija hacia una política de equidistancia entre Estados Unidos y China. Pero Europa está tratando de asegurarse.

Actualmente está negociando con Pekín un acuerdo global de inversiones y medidas conjuntas para combatir el cambio climático. Si se concreta justo cuando se están celebrando las elecciones en Estados Unidos, será otra señal de que Estados Unidos está perdiendo a Europa, cediendo su prioridad en la política exterior a China, concluye el autor.

24 mayo 2020

(Tomado de Sputnik)

 

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¿Por qué los militares brasileños se pliegan a Bolsonaro?

El nacionalismo y el desarrollo industrial fueron las señas de identidad de las Fuerzas Armadas de Brasil desde la dictadura militar hasta los Gobiernos de Luiz Inacio Lula. Pero el sueño de convertirse en potencia global relativamente independiente se fue evaporando luego de la crisis de 2008 y terminó sepultado bajo el Gobierno de Jair Bolsonaro.

 

El nacionalismo y el desarrollo industrial del país para cimentar su progreso fueron las señas de identidad de las Fuerzas Armadas de Brasil desde la dictadura militar (1964-1985) hasta los Gobiernos de Luiz Inacio Lula (2003-2010). Pero el sueño de convertirse en potencia global relativamente independiente se fue evaporando luego de la crisis de 2008 y terminó sepultado bajo el actual Gobierno de Jair Bolsonaro.

Aunque el presidente es un obstáculo para garantizar la gobernabilidad del país, no todos los problemas se reducen a su polémica figura. El viraje de Brasil hacia su subordinación a Washington y al Pentágono hay que buscarlo en la deriva pragmática de las Fuerzas Armadas y en su falta de proyección estratégica.

Mucho se ha hablado sobre un supuesto malestar entre los militares con las declaraciones y actitudes abiertamente golpistas de Bolsonaro. El 19 de abril, el presidente convocó a sus partidarios a manifestarse frente al Cuartel General del Ejército, en contra del Congreso y del Supremo Tribunal Federal, llamando a una intervención para clausurarlos.

Sin embargo, nada indica que la cúpula de las Fuerzas Armadas haya cambiado su fidelidad por el presidente, al que contribuyeron a elegir y en cuyo Gobierno hay nada menos que 2.897 uniformados, un número superior al que hubo durante toda la dictadura militar.

La crisis del coronavirus y la crisis de Bolsonaro: ¿Quién manda en Brasil?

Una prueba de que los militares son profundamente bolsonaristas es lo sucedido entre el ahora exministro de Salud, Luiz Henrique Mandetta, y el presidente por la posición de Bolsonaro contra la cuarentena para no perjudicar la economía. Aunque la sociedad, los medios, los médicos, gobernadores y políticos apoyaban masivamente al entonces ministro, los militares se inclinaron por el presidente.

El vicepresidente, general Hamilton Mourao, se pronunció en contra de Mandetta, afirmando que "cruzó la línea roja", que quien toma las decisiones es Bolsonaro, que "no está tutelado por los militares" y, por el contrario, "tiene extrema preocupación con la población más desasistida".

La pregunta es cómo se llegó a esta situación, en la cual las Fuerzas Armadas subordinan su prestigio y su integridad a un presidente errático, aislado y enfrentado a todas las instituciones del país, desde la Justicia hasta la Orden de Abogados.

Los problemas no comenzaron ahora. En 2018 ya se podía constatar el retroceso brasileño, de la mano de la venta de la empresa de aviación Embraer, creada por los propios militares, a la estadounidense Boeing. En marzo de 2019, tras la primera visita de Bolsonaro a la Casa Blanca, Brasil recibió el estatus de "aliado privilegiado" fuera de la OTAN.

Este año, Trump y Bolsonaro firmaron el acuerdo RDT&E —la sigla en inglés de investigación, desarrollo, tests y evaluación— que ayudará a abrir la industria brasileña al mayor mercado de defensa del mundo.

Entre tanto, el Parlamento dio luz verde a la utilización de EEUU de la base de cohetes espaciales de Alcántara, en el estado de Maranhao, cerca de la línea ecuatorial. En octubre de 2019 se aprobó el Acuerdo de Salvaguardas Tecnológicas, la base legal que permite el lanzamiento de cohetes y satélites con tecnología estadounidense, pese a que la oposición considera que viola la soberanía nacional.

Según José Luis Fiori y William Nozaki, investigador y director del Instituto de Estudios Estratégicos de Petróleo, Gas y Biocombustibles, respectivamente, el viraje más importante fue la definición de Francia como enemigo estratégico de Brasil en el escenario de la defensa hacia 2040.

Según Nozaki y Fiori, la elección de Francia es "coherente con el objetivo central e inmediato de las Fuerzas Armadas brasileñas, que es Venezuela y ahora también Guyana, debido al descubrimiento reciente de inmensas reservas de petróleo 'offshore'". 

Según los analistas, Francia como enemigo estratégico podría cumplir tres objetivos. En primer lugar, permitiría "la denuncia del acuerdo de cooperación militar de Brasil con Francia en torno a la construcción del primer submarino nuclear brasileño, que probablemente sea sustituido por un nuevo proyecto con EEUU".

Arreaza critica que Bolsonaro apoye a EEUU mientras Brasil afronta COVID-19

El segundo aspecto es la conversión de Brasil en un "protectorado militar de EEUU", como lo anticipa la venta de Embraer a Boeing, la liberación del uso de la base de Alcántara y la conversión del gigante sudamericano en aliado preferencial de Washington.

La tercera cuestión es la "ofensiva final" contra Venezuela, apoyada por Brasil. En este sentido debe entenderse "el nombramiento del general Mourao para el Comando Unificado de la Amazonía, del cual fueron excluidos todos los gobernadores de la región, apartándolos de informaciones y decisiones, incluso en el caso de que Brasil sea convocado para formar un cerco fronterizo" contra Venezuela. 

Aún resta responder cómo fue posible que Brasil pasara de contar con una Estrategia Nacional de Defensa, delineada en 2008 —que establece la prioridad de proteger las reservas de petróleo offshore y de la Amazonía de cualquier potencia extracontinental, de promover un complejo militar-industrial independiente y una alianza con países como Suecia y Francia para el desarrollo de naves y submarinos—, a convertirse en un protectorado militar de EEUU.

A mi modo de ver, hay tres razones básicas:

  1. Las elites brasileñas (el empresariado, las cúpulas militares y los altos cuadros administrativos del Estado) tienen mucho más temor, y rechazo, a la izquierda, a Venezuela y a los sectores populares que a cualquier otra eventualidad. Este rechazo se debe a una profunda integración con el mundo de las empresas multinacionales, de la gran banca y de los lobbies empresariales y militares afines al Pentágono.
  2. Dejaron de creer en Brasil como país llamado a jugar un papel destacado en el mundo, de la mano de los BRICS y de los demás países emergentes. No tienen, por lo tanto, un proyecto de país capaz de integrar a los 210 millones de brasileños en un impulso nacional que, tarde o temprano los llevaría a chocar con EEUU. También dejaron de interesarse en la integración regional.
  3. La sociedad brasileña está desorientada ya que durante los 13 años de Gobiernos del Partido de los Trabajadores le dijeron, una y otra vez, que "Brasil no tiene enemigos". Era la frase predilecta de Lula y mostró que en un mundo como el actual, el ascenso de cualquier país al rango, incluso de potencia regional, choca inevitablemente con los defensores de la estrategia del "patio trasero" de los EEUU.
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Una trabajadora informal descansa con su hijo en las vías del ferrocarril, cerca de Lima, después de varios días de no poder abandonar la capital peruana debido a la cuarentena para evitar la propagación del coronavirus.Foto Ap

Conforme se acercan el lanzamiento de la vacuna china (https://washex.am/2ytPSL0)–susceptible de trastocar la geoestrategia– y la competida elección presidencial de Estados Unidos (https://bit.ly/34VcDUj), la "guerra pandémica del coronavirus" entre EU y China alcanzará alturas insospechadas cuando ambas superpotencias se acusan, sin evidencias contrastables (al menos, para el público), del origen del Covid-19.

El muy tóxico ex embajador de EU en Rusia, Michael McFaul, en la fase de hostigamiento de Obama, comentó el inicio de “un enfrentamiento bastante serio con China y creo que EU no se beneficiará de ello (https://bit.ly/3bE94V7)”.

A Trump le conviene una confrontación de corte "retórico" con China debido a las transacciones mafiosas del hijo del candidato Joe Biden en China (https://nyti.ms/3eCT5Z3).

Sea lo que fuere, el antidemocrático Partido Demócrata y el supremacista Partido Republicano convergen en el electoral Chinagate.

Foreign Affairs apuesta a la caída de China (https://fam.ag/2wXSCzR), mientras la revista globalista The Economist –portavoz de los banqueros esclavistas Rothschild– pregunta si “está ganando China (https://econ.st/2VM7TMp)”, y vaticina las "consecuencias geopolíticas (sic) del Covid-19 que serán sutiles (sic), pero desafortunadas".

Comenta que el brote viral en Wuhan no fue el Chernobil de China que precipitó el colapso de la URSS. Todo lo contrario: "las medidas tomadas por el Partido Comunista Chino fueron efectivas" y ahora "sus fábricas están reabriendo".

Exhibe que la propaganda oficial de China y su "partido único" se jacta de su "triunfo" frente a los países occidentales y sus "democracias", mientras concede su "benevolencia" al abastecer al mundo con su panoplia médica.

Cita que "algunos, incluyendo observadores nerviosos (sic) de la política exterior en Occidente, han concluido que China será el vencedor de la catástrofe del Covid-19", la cual constituirá "un punto de inflexión geopolítico lejos de EU".

"China tiene una oportunidad de mejorar su influencia", mientras Trump "parece no tener interés alguno en encabezar la respuesta global al virus", mucho más después de desfondar a la OMS, de la aportación anual de EU por 400 millones de dólares.

La revista globalista, nostálgica del imperio colonial británico, se molesta de "la propaganda china estúpida (sic) y desagradable" y arremete contra los "portavoces de China" que "se regodean de la disfunción de EU o promueven salvajes teorías de la conspiración de que el virus es un arma biológica de EU".

La revista globalista, que no se muerde la lengua al perorar sobre la propaganda ajena, cita los vaticinios de la OMC de una contracción de 13 a 32 por ciento del comercio en el "corto plazo", que si persiste en el "largo plazo" significaría una "retirada de la globalización que dañará a China como a cualquier otro".

A la defensiva, la revista neoliberal globalista pone en relieve la postura de la danesa Margrethe Vestager, comisaria europea de Competencia, que "urge a los gobiernos (¡sic!) a comprar acciones en las firmas estratégicas para frenar a China de tomar ventaja de comprarlas muy baratas". The Economist está a un punto de exigir el boicot a los bienes y servicios de China: desde los ventiladores hasta las redes 5G.

La revista neoliberal globalista asevera que “China no intenta ahora reproducir las fortalezas de EU: una amplia red de alianzas y legiones (sic) de actores privados con ‘poder blando’ global, desde Google y Netflix hasta Harvard y la Fundación Gates”.

A su juicio, la clave de las "ambiciones" de China radica en su conducta en la carrera para producir la tan cantada vacuna, amén de su disposición a financiar a los países necesitados: su objetivo final es acabar con la hegemonía del dólar como reserva de divisas (https://bit.ly/2VPpJ0S).

Conjetura que la conducta de China como superpotencia carente de "magnanimidad (sic) de largo alcance" no sería un "triunfo, sino una tragedia".

Mata de risa que The Economist perore sobre "magnanimidad de largo alcance" después de tres siglos de caníbal hegemonía anglosajona.

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El Príncipe Heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman / REUTERS

A punto de expirar las dos semanas del alto el fuego unilateral en Yemen decretado por el príncipe Mohammad bin Salman (MBS), los hutíes han calificado de tregua "falsa y engañosa". Ante la manifiesta debilidad de Riad, los hutíes exigen medidas concretas, como el levantamiento del cerco y el pago de compensaciones por el daño causado durante cinco años de guerra.

El 8 de abril Arabia Saudí anunció un alto el fuego de dos semanas en la guerra de Yemen, un conflicto que dura más de cinco años y se ha cobrado más de 100.000 vidas además de causar una terrible situación para los 28 millones de habitantes, que también han soportado un desastre humanitario tras otro. Se trata de una tregua temporal que en principio podría conducir a otra más prolongada o incluso al final de la guerra.

Arabia Saudí se ha metido en un montón de problemas dentro y fuera del país en los últimos años. El príncipe Mohammed bin Salman ha conducido una política exterior desastrosa, y en cuanto a la política interior, sus maneras han encontrado resistencia en sectores de la familia real, obligando a MBS a actuar con rigor y energía contra los disidentes.

Su iniciativa de parar la guerra unos días se interpreta en numerosos medios como un intento de enmendar una de sus mayores equivocaciones. Existen dos puntos que explican esta medida: por un lado, en los próximos meses Riad acogerá la cumbre del G-20, y MBS está obligado a evitar un desastre monumental que lo dejaría completamente desnudo.

En segundo lugar, se le atribuye cierto pánico comprensible si se tiene en cuenta que a día de hoy no se puede descartar que el demócrata Joe Biden derrote a Donald Trump en las elecciones de noviembre. Si esto ocurriera, el panorama del príncipe, cuyo poder emana de Washington y Tel Aviv, sería desolador, de manera que posiblemente en los próximos meses tendrá que tragar más aceite de ricino, además de intentar poner fin al fiasco de Yemen.

Naturalmente, algunos aliados de Arabia Saudí, como Martin Griffiths, el enviado de la ONU para ese conflicto, se han apresurado a bendecir el anuncio de MBS. Griffiths ha dicho que "ha surgido una oportunidad para llevar la paz a Yemen" y, después de agradecer a MBS el anuncio, ha añadido que "es un claro signo para una solución pacífica y política del conflicto". En términos similares se expresa el secretario general António Guterres.

Sin embargo, no está nada claro que los hutíes estén por la labor de una paz impuesta cuyo alcance y profundidad se desconoce. Apoyados por Irán, los hutíes huelen cierta debilidad en la posición saudí y seguramente intentarán sacar provecho de ella en la medida de lo posible. De entrada, están pidiendo que los saudíes levanten el bloqueo aéreo y marítimo, paguen compensaciones por el daño causado durante la guerra y reconozcan como legítimo su Gobierno.

El pasado jueves, en su intervención ante el Consejo de Seguridad, Griffiths no mencionó a Irán, aunque la pasada semana Guterres habló en dos ocasiones por teléfono con el ministro de Exteriores de Teherán, Mohammad Javad Zarif, tanto sobre Yemen como sobre Afganistán. También ha trascendido que Zarif habló con el ministro de Exteriores ruso, Sergey Lavrov, sobre Yemen.

Estas conversaciones muestran que existe un movimiento no desdeñable entre los principales agentes de la guerra de Yemen. Por supuesto, este movimiento podría traducirse en resultados concretos, pero solo si se recalibran las posiciones hegemónicas que Riad y Teherán se disputan en la región.

La falta de experiencia, un lastre para Bin Salman

Quizás por falta de experiencia, MBS se ha visto envuelto en tanto desatino. Debería ser un interés primordial de Arabia Saudí mantener con Irán las relaciones bilaterales más amistosas posibles, algo que no ha podido ser porque a la osadía del príncipe hay que añadir los empujones que ha recibido de Israel y de Estados Unidos, cuyos intereses son muy distintos y distantes.

Es difícil que la conjunción de estrellas que ahora se da dé resultados inmediatos. Más bien parece que las negociaciones se demorarán puesto que los hutíes no quieren precipitarse. Por otro lado, el acuerdo unilateral de alto el fuego no se está respetando y en los últimos días ha habido cierto número de violaciones.

Sobre el terreno los saudíes han fracasado. A pesar de contar con recursos ilimitados y con las modernas armas que han recibido principalmente de Estados Unidos, el Reino Unido y Francia, han sido incapaces de reducir la resistencia de los hutíes en la capital yemení. Y no solo eso, también han tenido que hacer frente a los cohetes e incursiones enemigas dentro de su propio territorio, creando una situación que se ha ido agravando con el transcurso del tiempo.

En el contexto actual da la impresión que MBS no tiene más alternativa que salir cuanto antes de Yemen. Su ejército ha sido incapaz de acabar con la presencia de los hutíes en la mayoría de las localidades de Yemen donde se encuentran, incluida la capital Sanaa. Su principal aliado, los Emiratos Árabes Unidos, con un ejército muy capaz e igualmente armado, empezó a retirarse de Yemen el año pasado, e incluso hay informes que indican que está negociando en secreto con los hutíes.

El apuro en que se encuentra MBS es grande, máxime cuando los hutíes han calificado su alto el fuego de "falso y engañoso". Si las tres condiciones básicas impuestas a Riad por los hutíes, citadas más arriba, no se cumplen, éstos están dispuestos a incrementar sus ataques dentro de Arabia Saudí, lo que a medio plazo podría desestabilizar la posición del príncipe.

jerusalén

21/04/2020 07:26

Por eugenio garcía gascón

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