Temer rechaza acusaciones del empresario Joesley Batista

El presidente de Brasil, Michel Temer, rechazó este sábado las acusaciones del empresario Joesley Batista, quien en entrevista con la revista Época señaló al mandatario como "el jefe de la organización criminal más peligrosa del mundo", por haber encabezado una trama de corrupción en la que políticos y legisladores pedían sobornos a altos ejecutivos.

En una nota del palacio de gobierno de Planalto, Temer afirmó que tomará "todas las acciones apropiadas" contra Batista, quien en la entrevista, publicada el viernes, aseguró que el presidente "ha liderado la trama de sobornos a cambio de favores en el gobierno desde 2010".

"Conocí a Temer (en 2009 o 2010) y ese negocio del dinero para la campaña se dio desde el comienzo", aseguró el magnate de la empresa agroalimentaria JBS.

El pedido de dinero “siempre estaba ligado a algún favor. Raras veces no era así. Una ocasión fue cuando pidió 300 mil reales (unos 91 mil dólares) para hacer campaña en Internet antes del impeachment, preocupado por su imagen”, agregó el empresario respecto de los meses previos a la destitución de Dilma Rousseff, en agosto de 2016.

"Siempre tuve relación directa", añadió Batista sobre sus vínculos con el mandatario, al que acusó de liderar un grupo de políticos en el seno del conservador Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que se dedicaba sistemáticamente al cobro de sobornos, desde la Cámara de Diputados, a cambio de favores.

Entre los involucrados mencionó a ex presidentes de la Cámara de Diputados –Eduardo Cunha y Henrique Eduardo Alves–, así como el actual jefe de gabinete de Temer, Eliseu Padilha, y el ministro de la Secretaría General de la Presidencia, Wellington Moreira Franco, de acuerdo con Reuters.

El escándalo en torno a Temer, quien asumió la presidencia hace un año, comenzó el pasado 17 de mayo, cuando se dio a conocer una denuncia de Batista contra el presidente en la que parece dar su aval al pago de un soborno, en el contexto de la operación Lavado Rápido, que investiga la corrupción en la estatal Petrobras.

El empresario aceptó colaborar con las autoridades a medida que las indagatorias comenzaban a cerrar sus redes con la vista puesta en sus negocios. Batista llegó a un acuerdo con la justicia ("delación premiada") para evitar ir a juicio, y entre las pruebas presentó la grabación de audio en la cual Temer parece dar su aval para pagar por el silencio de Cunha, en prisión por el caso de la red de sobornos para obtener contratos en Petrobras.

El comunicado de la presidencia subrayó que los abogados de Temer presentarán demandas civiles y criminales contra Batista a partir del lunes y se "buscará la debida reparación financiera por los daños causados".

El despacho del mandatario calificó a Batista de ser "el bandido más exitoso en la historia de Brasil", y lo acusó de haber "mentido seriamente" en la entrevista. "Se dice que el presidente siempre le pedía algo (...) pero el presidente jamás tuvo ese comportamiento de mendigo. Al contrario, era él quien intentaba resolver sus problemas con el gobierno", destacó.

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Increíble inclusión de India y Pakistán al "Grupo de Shanghai" que encabezan China y Rusia

Mientras Washington se desgarra con las poco convincentes suputaciones de James Comey, ex director de la FBI –vulgar "soplón" y marioneta del Deep State violentamente defenestrado por el cada vez más atribulado Trump–, el mundo se desordena y se reordena en forma simultánea a pasos acelerados para ocupar los espacios que deja vacios Estados Unidos: la otrora superpotencia unipolar hoy en franca decadencia y en plena "guerra civil" que no se atreve a pronunciar su nombre.

Totalmente boicoteado por los desinformativos multimedia "occidentales", el Grupo de Shanghai (Organización de Cooperación de Shanghai: OCS) celebró su trascendental cumbre 17 en Astana, capital de Kazajistán, país convertido en la bisagra euroasiática entre China y Rusia. El boicot multimediático "occidental" colinda con lo pueril, cuando en dicha cumbre fue avalado el espectacular ingreso de India y Pakistán: su mayor evento después de 16 años de existencia teórica.

No es menor la incrustación de India y Pakistán –a mi juicio, la primera apadrinada por Rusia y la segunda por China–, dos potencias medianas nucleares que se han enfrascado en tres guerras convencionales. De sus seis miembros primigenios –China, Kazajistán, Kirguistán, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán–, la OCS pasa ahora a ocho: cuatro de ellos conspicuas potencias nucleares (Rusia, China, India y Pakistán).

¿Se nucleariza el Grupo de Shanghai mientras se resquebraja la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en la fase trumpiana? El Grupo de Shanghai ostenta como "observadores" a Afganistán, Bielorrusia, Irán y Mongolia y, como "socios de diálogo", a Armenia, Azerbaiyán, Camboya, Nepal, Turquía y Sri Lanka. En total, 10 países adicionales se encuentran en la lista de espera que deberán dosificar China y Rusia (https://goo.gl/KKuM0b).

¿Se saldrá Turquía de la OTAN para adherirse al Grupo de Shanghai más afín a su cultura y etnia, y así olvidarse de la hoy desgajada Unión Europea (UE) que despreció su inclusión contra natura? El núcleo del Grupo de Shanghai fue eminentemente "centroasiático" durante 16 años, pero hoy lanza relevantes vectores geopolíticos y geoeconómicos al subcontinente indio (vía India y Pakistán, por extensión a Sri Lanka y Nepal), también al Cáucaso (Armenia y Azerbaiyán)y hasta Indochina (Camboya).

El flujograma y el cronograma de la OCS se ha ajustado en los recientes 16 años conforme han declinado tanto la salvaje unipolaridad estadunidense como su corolario globalista israelí/anglosajón, lo cual se expresa nítidamente con la aplicación de Irán para convertirse en miembro a carta cabal en momentos tan cruciales para la edificación del nuevo orden multipolar (https://goo.gl/7T8lZu).

Alexander Dugin, uno de los máximos ideólogos rusos muy cercano al zar Vlady Putin, contrasta el irredentismo prácticamente unipolar de la OTAN con la pluralidad multipolar de la OCS: en la OTAN "domina un solo país, una sola ideología, mientras la OCS se compone de los países y las fuerzas que representan diversas civilizaciones con diferentes ideologías y sistemas políticos".

Es cierto, la OTAN es unipolar, donde EU domina al restante pusilánime e inánime, mientras el relativamente naciente Grupo de Shanghai es plural bipolar (sin menospreciar la invaluable adquisición de India).

Para Dugin, ideólogo ruso del euroasianismo, “La OCS se crea no como la ‘OTAN asiática’, sino como una estructura euroasiática que se opone a la globalización. La unión de grandes estados asiáticos que poseen una enorme capacidad económica y grandes fuerzas estratégicas es un serio paso hacia la institucionalización del mundo multipolar”.

Dugin lo expresa sin tapujos: "La OCS es un bloque multipolar, y ello equilibra la hegemonía estadunidense y occidental, convierte un modelo de mundo que se impone a todos sin alternativas, en una libertad. Ello atribuye nuevas posibilidades a los jugadores regionales de cualquier escala".

Dugin diseca la intimidad geopolítica de la OCS, a la que coloca como fuerza de equilibrio frente al irredentismo de EU: “eso será un desafío que ninguna estructura o coalición occidental ni ningún bloque podrá vencer. Si la OCS elabora una postura consolidada sobre la lucha antiterrorista (...) significará un ambiente absolutamente diferente para resolver el conflicto sirio. Si la OCS dice ‘no’ a algunas acciones de occidente, habrá que tenerlo en cuenta”.

Detecto una contradicción conceptual y operativa entre la apología de la "globalización económica" (en contrapunto a la "globalización financierista" de las plazas globalistas de Wall Street y la City) que pregonó el mandarín Xi en su reciente aparicion en el foro moribundo de Davos, con la oposición contundente de Dugin a la "globalización" tout court. Ya habrá tiempo de discutirlo en detalle.

A mi juicio, de lo más relevante de la cumbre 17 de la OCS en Astana fue la enésima reunión bilateral del mandarín Xi con el zar Vlady Putin para afinar detalles de su cada vez más profunda "alianza estratégica" (https://goo.gl/vON8mW).

Ni al zar Putin ni al mandarín Xi se les escapa que la agenda desestabilizadora de los yihadistas del Daesh está programada en los algoritmos geopolíticos de los instrumentos de EU en el Cáucaso/Sur y Asia Central, en sus fronteras respectivas de Rusia y China con la provincia islámica de los uigures en Xinjiang (https://goo.gl/ZD7258).

Los mandatarios de Rusia y China enfocaron sus baterías en la delicada situación de Norcorea y en el papel destinado a jugar por la OCS en la reconciliación y reconstrucción de Afganistán, cuando tampoco podía faltar el realineamiento de la "nueva ruta de la seda" (proyecto chino) con la Unión Económica Euroasiática (proyecto ruso).

El zar Putin acusó a EU de estar detrás de los atentados terroristas yihadistas, lo cual sólo es ignorado por los multimedia desinformativos de "Occidente" (https://goo.gl/P2yhA8).

El geopolitólogo Rostislav Ischenko fustigó la "incapacidad" de EU y la UE de lidiar con la amenaza terrorista proveniente de Medio Oriente y Asia Central, que afecta los intereses de los miembros de la OCS cuando los yihadistas del Daesh se aprestan a trasladar y mutar sus operaciones en las fronteras y entrañas del RIC (Rusia, India y China): "Ni Rusia ni China pueden permitir que las bandas terroristas expulsadas de Medio Oriente depreden sus fronteras", lo cual descarrilaría la "nueva ruta de la seda" y la Unión Económica Euroasiática (https://goo.gl/DbvYjO).

El Grupo de Shanghai provee el formato idóneo para que India y Pakistán, no se diga India con China, asciendan y trasciendan a un nuevo plano más creativo su nuevo tipo de interacción, que dejen atrás sus aldeanas contradicciones y confrontaciones que benefician el caduco orden unipolar anglosajón. Desde su eclosión de muy bajo perfil hace 16 años, ahora sí que el Grupo de Shanghai ha tomado una dinámica más acelerada y consolidada en su cumbre en Astana.

Después de haber estado en franca defensiva, desde el montaje hollywoodense del 11/9 (con sus guerras fabricadas en Afganistán e Irak), al unísono de la reactivación de la agenda yihadista y sus "células dormidas" de la eterna CIA, ahora el Grupo de Shanghai pasa a una notable contraofensiva en la cartografía de los "Balcanes Euroasiáticos" del hoy fallecido Brzezinski, y que es inversamente proporcional a la decadencia unipolar de EU.

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¿Cuál es la profundidad de la alianza estratégica de Rusia y China?

Los multimedia de Rusia y China suelen abundar sobre la "alianza estratégica" de Moscú y Pekín, que suena a metáfora, ya que se ignora el grado de su profundidad, que puede ser de carácter secreto.

La exitosa primera cumbre de la Nueva Ruta de la Seda en Pekín (B&R) refrendó la intimidad que han tejido el mandarín Xi y el zar Vlady Putin (https://goo.gl/3yyFH7).

Ya antes de la trascendental cumbre B&R de 29 mandatarios en Pekín (https://goo.gl/7icacL), Lyle J. Goldstein, profesor asociado en el Instituto de Estudios Marítimos de China en la Escuela de Guerra Naval de EU, explayó en The National In­terest que el “escenario que debe preocupar a los planificadores de defensa de EU por encima de otros (https://goo.gl/2hWHTb)” es la "sombría, aunque todavía raramente discutida posibilidad de que China y Rusia pudieran de cierta manera estar comprometidos en un conflicto armado simultáneo con EU".

Han sido los dos axiomas geoestratégicos sustentados por Bajo la Lupa de que el máximo error de Obama fue haber arrojado a Rusia a los brazos de China y/o viceversa (https://goo.gl/7R36H6) y que uno de los objetivos de Trump consiste en resquebrajar la "alianza estratégica" de Moscú y Pekín, de la cual se ignora su verdadera profundidad (https://goo.gl/zMZ6Kz).

Goldstein aduce que "ni Moscú ni China son suficientemente fuertes (sic) por ellos mismos para competir con Washington en una guerra de alta (sic) intensidad y de larga (sic) duración" pero que un "buen esfuerzo coordinado en conjunto pudiera sin duda causar mayores problemas a la superpotencia estadunidense a el largo plazo".

Goldstein comenta que en el "nuevo mundo" Moscú y Pekín se acercan cada vez más como sucedió con su convergencia geoestratégica: desde la participación de la "magna delegación china" de 70 personas a la reciente conferencia sobre el Ártico patrocinada por Rusia, pasando por el "apoyo vocal (sic)" de China a la intervención rusa en Siria, hasta la oposición de ambos al despliegue misilístico balístico de EU en Sudcorea (Thaad, por sus siglas en inglés).

Cita un artículo de un think tank chino, "Hacer una Alianza con China: los Intereses Nacionales de Rusia y la Probabilidad de una Alianza de China y Rusia", lo cual constituiría una "estrategia transformativa".

Cita a "significativos estrategas chinos, como Zhang Wenmu", quienes pregonan que "la contención de EU invita a una contracontención de China y Rusia" cuando su alianza puede representar "un instrumento efectivo" para lidiar con la "presión de EU", donde la "base de los inmensos recursos naturales de Rusia" es considerada por China.

Zhang Wenmu, considerado el primer “estratega marítimo ( navalist)” de China, "dejó su marca en la estrategia con la construcción de un portaviones".

En su libro de 2009 Sobre el poder naval de China, Zhang aduce que su poder comercial global le obliga a detentar una poderosa armada, al estilo del estadunidense Alfred Thayer Mahan (https://goo.gl/my9AyL).

En 2014, Zhang publicó un ensayo de mucho impacto – El significado de los eventos de Ucrania para el mundo y su advertencia a China– cuando Rusia obtuvo una mayor victoria frente a Occidente debido a la "maestría de Putin como gran estratega".

A juicio de Zhang, el triunfo de Rusia se debió a que "Crimea es un asunto de vida o muerte", mientras que para Europa es uno más de sus varios temas importantes: "por Crimea, Rusia colocaría todos sus recursos, mientras Occidente no lo haría". Juzga que la base del éxito de Putin yace en que "frenó la expansión de la OTAN al Oriente".

Para Zhang el ex presidente George W. Bush o la ex secretaria de Estado Hillary Clinton "sólo conocen una retórica hueca y carecen de sentido estratégico".

El "pivote de Asia" de EU para contener a China representa "un ensayo de regresar al EU de 1950 para crear un anillo que cerque a China", por lo que la "crisis de Ucrania" proveyó un momento de claridad en la política mundial, donde Rusia con resolución usó su mayor recurso: su poder militar y no su softpower, por lo que China debe adoptar la misma resolución que Rusia ante EU.

La diplomacia china debe ser "más muscular", ya que el comercio se encuentra profundamente impactado por la política en todos lados, por lo que China requiere ahora de "un espacio de seguridad", sin el cual no podía estar seguro, y que protegería su "cinturón dorado" a lo largo de su costa oriental, donde Taiwán es el principal cuello de botella que impide el pleno desarrollo del poder marítimo chino, como "Putin fue capaz de extender su zona de seguridad durante la crisis de Ucrania hasta el sur de Crimea cuando la OTAN no tuvo otro recurso porque Crimea se encontraba lejos del alcance de su poder".

Para el geoestratega marítimo Zhang, “el mayor error en la política exterior de EU en el nuevo siglo ha sido empujar a China en la dirección de Rusia (https://goo.gl/yrNnb4)”. ¡La misma tesis de Bajo la Lupa!

A juicio de Zhang la primera prioridad de Rusia es mejorar su economía, lo cual depende de la mejoría de sus relaciones con Europa y EU. Y "predice" que, debido a la fuerte "presión de EU y sus aliados, China necesita un país con el que pueda tener una cooperación cercana que forme un flanco estratégico en la retaguardia" que es Rusia y que "será el objetivo más fundamental para la conformación de una alianza de China", que no necesariamente tiene que ser formalizada.

¿Existirá un pacto secreto entre Xi y Putin para confrontar la caduca hegemonía unipolar de EU?

Un punto clave radica en la percepción de Zhang, quien concluye que "la asfixia estrategia de EU y su contención no han todavía alcanzado un nivel que sea imperativo para que China y Rusia estén listos a formar una alianza" formal.

El aumento del transporte de petróleo y gas de Rusia mejorará la seguridad energética de China cuando destaca la coordinación de "China y Rusia en asuntos diplomáticos delicados, como los temas de Irán y Norcorea", según Zhang, quien "vaticina" que el "poder ascendente de Rusia le permitirá aumentar su posición dentro de una alianza", por lo que "de aquí a 10 años, el potencial de una alianza de China y Rusia aumentará".

Reconoce que "Rusia difícilmente requiere la ayuda de las fuerzas militares chinas", mientras que la "conversión del poder económico de China en uno militar constituye un proceso lento relativamente que resulta en un retraso", cuando "su ascendencia económica es más obvia".

Lyle J. Goldstein interpreta que Zhang "implica que la persistente debilidad militar de China es un obstáculo (sic) para su alianza con Rusia, quizá debido a que China no se ha visto como un socio suficientemente capaz".

Russia Insider invita a la lectura del especialista Goldstein sobre la factibilidad de una alianza de China y Rusia y enfatiza cómo el "pensamiento chino" es sorprendentemente similar a la postura de Rusia.

Por ahora "los chinos sienten que no existe necesidad ahora para una imbricada alianza formal", salvo que China y Rusia sufran mayor presión de EU (https://goo.gl/dZ9gOr).

¿Existirá una "alianza estratégica" secreta de Rusia y China para frenar el irredentismo de EU?

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Jueves, 08 Junio 2017 06:26

India: la gran potencia de en medio

India: la gran potencia de en medio

Tengo la impresión de que, de todas las "grandes potencias" del sistema-mundo contemporáneo, sea cual sea la forma en que definamos "gran potencia", India es la que recibe menor atención. Admito que esto ha sido cierto de mi parte, pero es cierto también de la mayoría de los analistas geopolíticos.

¿Por qué ha de ocurrir esto? Después de todo India se está acercando rápidamente al punto donde tendrá la población más grande del mundo. Es respetablemente alta en casi todas las medidas de fortaleza económica y mejora todo el tiempo. Es una potencia nuclear y tiene una de las fuerzas armadas más grandes del mundo.

Es un miembro del G-20, lo que le confiere un certificado de ser una gran potencia. No obstante, no es miembro del G-7, que es un grupo mucho más restringido y mucho más importante. Es uno de los cinco países conocidos como BRICS –Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.

Pero el BRICS, la fuerza creciente de las economías "emergentes" a principios del nuevo siglo, ha resbalado en su significación geopolítica, puesto que sus economías, con excepción de China, se debilitaron repentina y radicalmente desde la decadencia de la economía-mundo posterior a 2008. Es miembro oficial, con China y Rusia, pero también con Pakistán, de la Organización de Cooperación de Shanghai, pero su estructura no parece convertirse en una fuerza importante en la política mundial.

Los gobiernos de India, sin importar qué partidos hayan estado en el poder, han invertido mucha energía en buscar un papel más importante en el sistema-mundo. En particular, han buscado obtener el respaldo de otras potencias en relación con la añeja disputa con Pakistán sobre Cachemira. No parece que hayan logrado nunca este objetivo.

En los días de la guerra fría, India fue oficialmente neutral y de facto más cercana a Rusia. Desde el colapso de la Unión Soviética, India ha intentado mejorar sus relaciones con Estados Unidos. Pero lo que logró en términos de respaldo estadunidense, lo perdió en términos de política con China.

China ha tenido serios conflictos armados con India por territorio, y está enojada por la hospitalidad del país asiático hacia el Dalai Lama.

India ha sido el país raro en Asia, pues cuenta con un sistema parlamentario en funciones, con virajes en la fuerza electoral entre el Partido del Congreso (heredero del movimiento de independencia) y el Partido Bharatiya Janata (un movimiento nacionalista hindú de derecha). Este hecho recibe aplausos de los analistas y los líderes políticos de los países paneuropeos, pero no parece haber significado que respalden las demandas de India en pos de mayor reconocimiento en ningún grado importante.

Una pregunta que podríamos hacernos es: ¿quién necesita realmente a India?

Estados Unidos (EU), especialmente desde que Donald Trump asumió el poder, quiere que India compre más de su país sin invertir, sin embargo, demasiado a cambio. De hecho, en este momento, el regreso del personal de tecnología de Internet a India desde Estados Unidos (y de otros países occidentales) está amenazando a EU con una pérdida significativa de empleos en uno de los pocos sectores donde el país estadunidense lo ha estado haciendo bien hasta ahora.

¿Acaso China necesita de India? Por supuesto, China quiere el respaldo de India en cualquiera de sus querellas con Estados Unidos, pero la nación asiática es un rival por el respaldo de los países del sureste de ese continente, no un socio en su desarrollo.

Rusia e Irán podrían utilizar el apoyo de India en asuntos relacionados con Medio Oriente, pero el país asiático duda en otorgar demasiado respaldo, aún cuando están de acuerdo básicamente en cuestiones como, digamos, Afganistán, por temor a ofender a Estados Unidos. Las naciones del sureste asiático creen que llegar a arreglos con China resulta mucho mejor que llegar a arreglos con India.

Claramente, el problema, es que India es un país "de en medio". Es lo suficientemente fuerte como para ser tomado en cuenta por otros, pero no es lo suficiente fuerte como para jugar un papel decisivo. Así, conforme las demás potencias barajan constantemente sus prioridades, India parece destinada a ser una que reaccione a sus iniciativas, más que una que haga que los otros reaccionen a las iniciativas de India.

¿Cambiará esto en la próxima década? En la caótica geopolítica del estado actual del sistema-mundo, todo es posible. Pero no parece demasiado probable.

Traducción: Ramón Vera Herrera

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Sábado, 03 Junio 2017 16:14

Chavismo y Venezuela hoy

Chavismo y Venezuela hoy

De todas las instituciones estadounidenses que reflexionan sobre la política exterior, sin duda la más influyente es el Council on Foreign Relations, fundado en 1921, editor de la revista de mayor impacto mundial en materia de asuntos exteriores: Foreign Affairs (1). Su sede principal se encuentra en el corazón de Manhattan, en Nueva York, en una esquina de la muy elegante Park Avenue, y por ella han pasado, a lo largo de casi un siglo, algunas de las principales personalidades políticas que han marcado la historia contemporánea.


Con ocasión de la edición en inglés de mi libro Hugo Chávez: Mi primera vida (2), el Council on Foreign Relations decidió organizar una mesa redonda de reflexión y debate en torno al tema “Chavismo y Venezuela hoy”. Obviamente, esa decisión se tomó hace diez meses, en septiembre pasado, cuando nadie imaginaba que las cosas tomarían el cariz que tienen en estos momentos en Caracas. O sea que, cuando llegó el día del evento, el pasado 17 de mayo, en plena ola de manifestaciones y violencias en Venezuela, la atmósfera estaba bastante cargada de electricidad hasta en pleno Nueva York.


Me acompañaban en la mesa: Jennifer McCoy, profesora de Ciencia Política en la Universidad de Georgia y, sobre todo, exdirectora del Centro Carter (fundado por el expresidente de Estados Unidos Jimmy Carter), que ha seguido muy de cerca todos los procesos electorales en Venezuela (3). Y Lisa Viscidi, especialista en temas de energía y petróleo, y autora habitual de la revista Foreign Affairs (4). El debate fue introducido por Romuald Sciora, ensayista, especialista del sistema de Naciones Unidas. Y estuvo moderado por Jonathan Tepperman, redactor jefe de Foreign Affairs.


El sentimiento que los demás ponentes, e incluso el moderador, trataron de instalar de inmediato fue que el “sistema chavista” se estaba derrumbando, que eso era una cuestión de días, a lo sumo de semanas, y que el debate, según ellos, debía centrarse sobre el tema “¿por qué se desmoronó el chavismo?”. Expresé mi desacuerdo. El chavismo, dije, no es sólo una corriente política, sino que es sobre todo una realidad sociológica mayoritaria en Venezuela. Pase lo que pase, el chavismo está, por largos decenios, instalado en el sentimiento de la población venezolana más humilde. Igual que el peronismo en Argentina.
Es lo que deseo explicar.


Como todas las revoluciones, la Revolución Bolivariana es una arquitectura en la que se conjugan una serie de fuerzas diversas importantes que, reunidas y fusionadas, conforman una dinámica política radicalmente innovadora. Como dice el presidente Nicolás Maduro: “El chavismo es el encuentro de varios caminos abiertos por los Libertadores y el encuentro de varias búsquedas iniciadas por muchos soñadores sociales que convergen en un punto nodal: el pensamiento de Hugo Chávez”.


Cuando el Comandante Chávez llega al poder –en 1999– no posee un gran partido; llega a la cabeza de un movimiento popular extremadamente diverso que incluye a militares, a exguerrilleros y a unas izquierdas muy variopintas. Y consigue ganar el apoyo popular con un discurso de refundación: la refundación de Venezuela, que es la base misma del chavismo. Porque en el núcleo duro de la filosofía chavista nos encontramos con la recuperación del concepto de nación, y la restauración y la defensa de la identidad nacional.


Hugo Chávez inventa para Venezuela y América Latina lo que podríamos llamar una “política de la liberación”, como decimos que existe una “teología de la liberación”. Con una opción preferencial por el pueblo, los pobres y los humildes. Con su capacidad de pedagogía política, Chávez impulsa una politización popular masiva, y conceptualiza una política de la liberación del pueblo en la que el pueblo, dotado de conciencia política, es autor de su propio destino.


Chávez intuye que la época permite estrenar nuevos caminos nunca antes surcados. Y logra elaborar de ese modo y transmitir al pueblo venezolano desmoralizado un nuevo relato de esperanza. En ese sentido, el chavismo es una narrativa que explica a los venezolanos quiénes son, a qué pueden aspirar y cuáles son sus derechos. Es una explicación nueva que da respuesta a viejas preguntas: ¿qué es la sociedad venezolana?, ¿cuáles son sus problemas?, ¿quiénes son las víctimas?, ¿quiénes los culpables?, ¿qué soluciones? Y ese nuevo relato es narrado, día tras día, discurso tras discurso, con enorme eficacia comunicacional, por Hugo Chávez, que se convierte en referente intelectual y carismático.


De tal modo que el chavismo constituye una vía política latinoamericana innovadora que se libera y se emancipa de la eterna tutela conceptual europea y anglosajona. Una política que, por primera vez, es original, fuente, manantial, y no espejo o copia de lo que se ha hecho en otras partes.


En ese sentido también, el chavismo es una opción revolucionaria. Es el proyecto más innovador y más atrevido que ha tenido Venezuela desde Bolívar. Es el único proyecto de paz, desarrollo, justicia y prosperidad para el pueblo venezolano desde 1810.


Luego, ¿qué es ser chavista? Ser chavista es acercarse al pensamiento político de los fundadores de Venezuela. El “Árbol de las Tres Raíces” es un concepto capital del chavismo. Que Chávez definía de la siguiente manera: “Primero está la raíz bolivariana por el planteamiento que hace Simón Bolívar de igualdad y libertad, y por su visión geopolítica de la integración de América Latina; luego la raíz zamorana, por Ezequiel Zamora, el general del pueblo soberano y de la unidad cívico-militar; y finalmente la raíz robinsoniana, por Simón Rodríguez, el maestro de Bolívar, el ‘Robinson’, el sabio de la educación popular, y de nuevo la libertad y la igualdad”. Aunque a esas tres raíces, Chávez le va añadiendo otras: por ejemplo, Miranda y Sucre. Y más tarde otras más como José Martí, Che Guevara y Fidel Castro...


Pero ser chavista es también ser profundamente cristiano. El Comandante Chávez consideró siempre el cristianismo verdadero como parte de su vida, de su esencia y de sus valores.


Hugo Chávez fue un líder pragmático que supo adaptar las modalidades de su acción a las circunstancias históricas, que nunca olvidó los objetivos por alcanzar y que siempre mantuvo intangibles sus principios. Él estaba convencido de que si Venezuela pudo hacer gloriosas hazañas en el pasado, llegando a ser una las principales naciones de América Latina, fue porque estaba movilizada por un alto ideal hacia un destino común. Inversamente, Chávez sabía que los venezolanos tienen en permanencia la tentación de replegarse sobre sus querellas y divisiones internas (políticas, sociales, intelectuales), lo cual (según la visión chavista) les hace constantemente correr el riesgo de caer y deslizarse por el tobogán de la decadencia.


En consecuencia, para poder dar lo mejor de ella misma y ponerse al frente de las naciones latinoamericanas, Venezuela debe estar unificada por un líder histórico y un proyecto grandioso, y articulada (en un eficaz equilibrio de los poderes) por instituciones políticas, militares, económicas y sociales decididas a evitar las luchas intestinas.


Hay que insistir en el hecho de que, en el seno del chavismo, existe una filosofía patriótica del humanismo, heredera del cristianismo y de la teología de la liberación. El humanismo chavista es, a la vez, una finalidad de la grandeza de Venezuela, porque el mensaje que Venezuela dirige al mundo es profundamente humanista, y una consecuencia de la política de justicia social cuyo primer objetivo es cohesionar a la nación.
El chavismo posee, pues, diversas dimensiones: histórica, filosófica y política. Desde el punto de vista ideológico, el chavismo recoge y sintetiza, como ya se dijo, la acción política de Hugo Chávez y también sus pensamientos políticos, o sea la doctrina que se deduce de sus discursos y de sus escritos.


Como acción política, el chavismo se caracteriza por los siguientes grandes lineamientos:


— soberanía e independencia nacional; rechazo de la dominación de cualquier superpotencia imperial, en particular Estados Unidos. Chávez decía: “No puede entender la Patria ni defenderla quien no sabe que su principal enemigo es el imperialismo norteamericano”;
— rechazo de cualquier pretendido superpoder económico y financiero (FMI, Banco Mundial, OMC). La independencia se defiende, no sólo en el campo político, sino también en los sectores económicos, geopolíticos, culturales, diplomáticos e incluso militares;
— instituciones estatales sólidas, como las de la V República instituidas por la Constitución de 1999;
— un Ejecutivo fuerte y cierta personalización de la política para oponerse a la impotencia del régimen de los partidos;
— un poder ejecutivo fuerte y estable que confiere al presidente de la República un papel primordial;
— una relación directa entre el líder y el pueblo que pasa por encima de los cuerpos intermediarios, gracias a una concepción “participativa” de la democracia, con recurso frecuente al referendo y a las elecciones, y al diálogo interactivo líder-pueblo mediante un uso singular de los medios de comunicación de masas;
— una articulación cívico-militar cuyo engranaje lo constituye el propio presidente, que coordina lo mejor de los movimientos progresistas civiles y la inteligencia patriótica de los aparatos militares; las Fuerzas Armadas están íntimamente asociadas al proyecto de desarrollo nacional en el marco de la unidad cívico-militar;
— la independencia nacional y la grandeza de Venezuela;
— la unión nacional de todos los venezolanos –más allá de las diferencias políticas o regionales tradicionales que fueron antaño causa de división y de decadencia–, en una relación directa entre el líder y el pueblo, cohesionada por las políticas sociales de inclusión y de justicia social;
— la prioridad de la política sobre otras consideraciones (económicas, administrativas, técnicas, burocráticas, etc.);
— respeto de la autoridad del Estado;
— voluntad profunda de justicia social;
— intervención del Estado en la economía;
— la reactivación de la OPEP y una coordinación de las políticas petroleras de los países productores y exportadores;
— la integración latinoamericana como horizonte constante e imperativo ideológico dictado por el propio Simón Bolívar; y creación de entidades concretas para la integración (ALBA, Unasur, Banco del Sur, Celac, Petrocaribe, TeleSUR);
— la concepción de un mundo multipolar sin hegemonías; lo cual exige derrotar el proyecto de hegemonía imperial unipolar para garantizar la paz planetaria y el “equilibrio del universo”. Impulsar un mundo multicéntrico y pluripolar. Chávez lo señaló como el cuarto gran objetivo histórico del “Plan de la Patria”, su programa de gobierno para el periodo 2013-2019;
— una diplomacia Sur-Sur con multiplicación de los lazos con los países del Sur a través del Movimiento de los no-alineados y de alianzas horizontales: América del Sur / África (ASA) y América del Sur / Países Árabes (ASPA). Chávez apoyó también al grupo BRICS (Brasil, Rusia, la India, China y Sudáfrica) y se planteó una alianza de Venezuela con ese grupo para consolidar un mundo multipolar;
— la solidaridad nacional entre los ciudadanos y los territorios; y la solidaridad latinoamericana;
— respeto de las naciones, que son entidades culturales esculpidas por la historia y baluartes de los pueblos contra los imperialismos;
— el rechazo de la doctrina del neoliberalismo económico, y la preferencia por una economía orientada por el Estado con vistas a un desarrollo voluntarista y estructurante (con ambiciosos proyectos públicos, nacionalización de los sectores estratégicos, soberanía alimentaria, etc.);
— construir un “Estado de las misiones” para responder más directamente a las diversas demandas sociales del pueblo;

— avanzar hacia la definición de un socialismo bolivariano y humanista, en democracia y en libertad, que además de otorgar a los trabajadores una protección social avanzada, los empodere dándoles acceso tanto a las decisiones de la empresa como a los beneficios de la misma.


Uno de los objetivos primordiales del chavismo es reconciliar a los venezolanos con la patria, hermanarlos y conseguir edificar un Estado con mayor soberanía, mayor eficacia administrativa, mayor justicia y mayor igualdad.


El chavismo aspira a reunir a hombres y mujeres de todos los orígenes políticos en torno a un gran proyecto de “país potencia” y a la acción voluntarista de un líder. Para alcanzar esos objetivos, el método del chavismo es el pragmatismo y el rechazo de los corsés ideológicos. Sus dos principales ejes: unidad interna al servicio de un ambicioso proyecto patriótico y social; e independencia y proyección de una “Venezuela potencia” en Latinoamérica y en el mundo.


El chavismo es, por consiguiente, un sistema “de pensamiento, de voluntad y de acción”. Parte de los hechos y de las circunstancias; no actúa predeterminado por una doctrina o una ideología. Voluntarismo contra fatalismo; acción contra la pasividad, contra el abandono y la renuncia.


Para Chávez, lo primero es Venezuela. Su actuar político consiste en crear las condiciones para que la patria pueda dar lo mejor de sí misma. Y esto sólo se consigue si el pueblo venezolano está unido en torno a un proyecto de progreso social definido por un líder carismático que lo propulsa hacia su gran ideal histórico.


El pensamiento chavista tiene como bases ideológicas varias raíces que se entremezclan entre sí para formar una nueva ideología progresista venezolana. La cual se caracteriza por la ausencia de dogmatismos, para diferenciarse de los experimentos socialistas fracasados en la Europa del siglo XX. Por eso, para distinguirlo del que fue rechazado por las clases populares en Polonia en 1980, o del que se derrumbó con el muro de Berlín en 1989, o del que implosionó en 1991 con la caída de la Unión Soviética, Chávez hablaba de “socialismo del siglo XXI”. Se trata de un socialismo surgido en América Latina, que debe ajustarse a nuestro tiempo, y por eso Chávez le añadió fundamentalmente tres dimensiones: la democracia participativa, el feminismo y el sentimiento ecologista.


Ese “socialismo del siglo XXI” se considera compatible con la propiedad privada, aunque alienta otras formas socialistas y solidarias de propiedad como la cooperativa y la cogestión. También se declara compatible con el nacionalismo económico. Chávez no dudó en nacionalizar las grandes empresas de sectores estratégicos en manos de capitales extranjeros.


El “socialismo del siglo XXI” es asimismo compatible, insisto en ello, con el cristianismo social. Chávez hace suya la vieja consigna de los sandinistas: “Cristianismo y revolución, no hay contradicción”. Partiendo del postulado según el cual la verdadera identidad del cristianismo es la que le confiere la teología de la liberación. No en vano, Chávez afirmaba que Jesucristo fue el primer socialista de la era moderna y que el “reino de Dios” había que construirlo aquí, en la Tierra.


Porque el chavismo es, esencialmente, un proyecto de democratización de la felicidad.


De todo esto se deduce que tiene vocación de ejercer naturalmente, en Venezuela, una hegemonía. Por su capacidad para llevar la dirección intelectual y moral de la sociedad. Y porque ha permitido la recuperación política de una democracia en la que deben participar Gobierno, Fuerzas Armadas y pueblo, unidos en la expansión de los derechos sociales y en la redistribución justa de las riquezas del país.
En la sala del Council on Foreign Relations, no todos los oyentes estuvieron de acuerdo con estas tesis. Normal. En el coloquio que siguió de intercambio entre público y ponentes, varias intervenciones defendieron, con pasión a veces acalorada, los argumentos de la oposición venezolana (5).


En la calle, un grupito de manifestantes partidarios de esa oposición denunciaba el principio mismo de este evento académico. Muy mala señal. La ética elemental de la democracia se fundamenta en una regla básica: escuchar al otro.
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NOTAS
(1) https://www.foreignaffairs.com/
(2) Ignacio Ramonet, Hugo Chavez: My First Life, Verso, Londres, 2016.
(3) Léase, por ejemplo, Jennifer McCoy (con Francisco Díez), International Mediation in Venezuela, United States Inst of Peace Edit., Washington DC, 2011.
(4) Léase, por ejemplo, Lisa Viscidi, “Venezuela on the Brink. How the State Wrecked the Oil Sector and How to Save it”, Foreign Affairs, Nueva York, septiembre-octubre de 2016.
(5) https://www.foreignaffairs.com/events/2017-05-17/chavismo-and-venezuela-today

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Atropellos y empujones de Trump en la OTAN y el G-7

Tras sembrar vientos bélicos en el "Gran Medio Oriente" (https://goo.gl/T3MgSR), Trump fue a perorar sobre la religiosa concordia ecuménica al Vaticano, donde recibió un árbol de olivo en señal de paz por el papa Francisco, quien –como exhibió su "lenguaje corporal"– se mostró muy incómodo con su apabullante huésped.

Si Ivanka Trump de Kushner, convertida al judaísmo ultraortodoxo, opacó a la tercera esposa de su padre en la gira apoteósica a Arabia Saudita e Israel, Melania eclipsó a la hija predilecta en el periplo a Europa –el Vaticano, Bruselas, Sicilia– donde brilló intensamente la primera dama católica que ocupa la Casa Blanca desde Jackie Kennedy.

Trump descolgó un suculento contrato de venta de armas a Riad por 110 mil millones de dólares –que puede alcanzar 450 mil millones de dólares en los próximos 10 años–, mientras era recibido en forma triunfal en Israel al haber adoptado la iranofobia de su "amigo" el primer ministro Netanyahu (https://goo.gl/JO6Ama).

Suena divertido que en esta precisa coyuntura Estados Unidos (EU) haya "extraviado" mil millones de dólares en armas enviadas a Irak (https://goo.gl/1uCAzj), lo cual apunta a que parte sustancial del trumponomics provendrá de la masiva venta y "extravío" de armas a sus aliados del "Gran Medio Oriente".

La reunión de Trump con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la Unión Europea y el G-7 fue atropellada, donde abundaron los empujones, como el que le propinó al recién ingresado y despistado premier de Montenegro a la OTAN.

Trump refrendó la política de su antecesor Obama para que la OTAN aporte 2 por ciento de su PIB al gasto militar. Su variante fue la forma brusca en la que profirió su exigencia que dejó atónitos a los mandatarios de la OTAN.

Un cambio radical fue que Trump dejó en el aire el famoso "artículo 5" de la Carta de la OTAN, que obliga a la solidaridad de los 28 miembros ante cualquier agresión exógena. Otro punto sobresaliente que ya empezó a tener repercusiones notables fue la filípica contra los alemanes catalogados de “muy malos (https://goo.gl/Ggcuxj)” –debido al déficit comercial y a la masiva exportación de los vehículos germanos–, lo cual ha tensado las relaciones con Angela Merkel y, de paso, con su flamante aliado galo Emmanuel Macron, quien reanudó el eje de París con Berlín.

BMW, Mercedes Benz y Volkswagen produjeron 809 mil vehículos en sus fábricas estadunidenses cuando el valor de las importaciones en EU de los vehículos alemanes fue de 22 mil millones de dólares en 2016.

Mientras Obama era ovacionado en Berlín, Trump vituperaba a los alemanes.

El editorial de Le Monde, cercano a la cancillería gala, fulminó que Trump "puso el acento en lo que divide en lugar de lo que une" y fustigó la filípica trumpiana de "desplazada, torpe y contraproducente", en medio de "divergencias transatlánticas persistentes y del caos político en Washington" (https://goo.gl/GKj47w).

En la desangelada cumbre del G-7 en Sicilia, Le Monde afirma que las divergencias fueron notables en los temas de Rusia, comercio y cambio climático. En lo poco que coincidieron fue en el contraterrorismo y las medidas inespecíficas para purgar a las redes sociales de los mensajes "antioccidentales" (https://goo.gl/2JTzJS).

Trump ya había puesto en la picota a la OTAN, que catalogó de "obsoleta" –lo cual es correcto–, y a Alemania por su hegemonía geoeconómica en Europa y su déficit comercial con EU.

Es muy ilustrativo el editorial del rotativo chino Global Times: "El discurso de Trump en la OTAN rompe el corazón (sic) europeo" (https://goo.gl/bHSHQj), y deduce que "ahora Trump parece desear convertir a la OTAN en una corporación (sic)" con una "perspectiva de empresario" cuando “la situación política y militar en Europa hoy son diferentes del periodo de la guerra fría” y "la amenaza (sic) de Moscú es menos real y Rusia no es más un rival global de EU", por lo que el "valor de la OTAN para EU ha declinado y la organización se ha vuelto más un instrumento para mantener el orden europeo".

Viene una frase relevante: “Ahora que la ventaja económica de EU se ha vuelto menos prominente, lo que Trump desea es ‘vender’ algunos de sus activos geopolíticos a cambio de dólares” y, de paso, "diluye la participación financiera de EU en la OTAN", por lo que "muestra un interés limitado en la geopolítica tradicional", cuando "comprende probablemente que mezclar la política con las reglas de los negocios requiere habilidades".

Así, Trump "ha incrementado en forma significativa el presupuesto de defensa de EU y ha bombardeado las fuerzas gubernamentales sirias, teniendo una calculadora en una mano y un misil en la otra".

Global Times concluye que "otra cosa es que Trump gane la partida", ya que "muchas fuerzas no reconocen su juego de cartas y en su conjunto poseen el capital y la posibilidad de aplacarlo (sic)".

A mi juicio, desde su casino mental Trump se ha vuelto una máquina succionadora del dinero ajeno, en especial con los "aliados": desde el “México neoliberal itamita” hasta Alemania.

Fuentes internas del G-7 en Sicilia filtraron que el choque, primordialmente de Angela Merkel con Trump, fue constante en tres temas cruciales: Rusia, cambio climático y comercio.

Sobre Rusia, el israelí-estadunidense Gary Cohn, consejero económico de la Casa Blanca y anterior director de Goldman Sachs, confesó que Trump estaba sopesando la opción de "levantar (¡supersic!) las sanciones a Rusia", lo cual colisiona con la postura europea más radical (https://goo.gl/4r10L5).

Sobre las invectivas contra Alemania, el mismo Gary Cohn intentó diluir sus alcances al indicar que el padre de Trump era "alemán".

En referencia al polémico cambio climático y el acuerdo de París firmado por Obama, Trump se rehusó a tomar una decisión, lo cual optaría en una semana, mientras alardeaba en sus tuits que "muchos países de la OTAN se han puesto de acuerdo en incrementar sus pagos" (https://goo.gl/5v9YVM).

El atribulado Trump tiene también la presión interna de 22 senadores republicanos –grupo considerable del total de 100: invaluables en un escenario de impeachment– quienes exigieron olvidarse del acuerdo climático de París con el fin de desregular la industria extractiva petrolera (https://goo.gl/DFF3qZ).

A Andrew Hammond, asociado de la London School of Economics, no se le escapó la reunión en Moscú entre el canciller ruso, Sergey Lavrov, y su homólogo chino, Wang Li –muy preocupado de un "ataque preventivo contra las instalaciones nucleares de Norcorea" de EU, al estilo israelí–, "que coincide con las cumbres de la OTAN y el G-7" (https://goo.gl/YWOzbF).

Por su parte, Rusia "instó a la OTAN a abandonar su confrontación antes de que sea demasiado tarde" (https://goo.gl/KjZEXR).

Dos días después del fin de la gira atropellada de Trump, el zar Vlady Putin se reunirá en forma muy significativa y simbólica con su homólogo galo, en una visita no programada, para inaugurar una exposición del Museo de L’Hermitage en Versalles con motivo del año 300 de la visita del zar Pedro el Grande (https://goo.gl/AOto0o).

En Europa todavía hay vida después de Trump, lo cual aprovecha en forma estupenda el zar Vlady Putin.

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Domingo, 28 Mayo 2017 06:28

El Medio Ambiente puede esperar

El Medio Ambiente puede esperar

La brecha con la postura norteamericana quedó de manifiesto en el comunicado final, donde le dan más tiempo a Trump para decidir si se retira o no del Acuerdo de París.


Los países que integran el G7, reunidos en Sicilia, Italia, coincidieron una vez más en darle prioridad a la lucha antiterrorista atento a que el encuentro estuvo marcado por los sangrientos hechos de Manchester y Egipto. Sin embargo, las diferencias se expresaron en el tratamiento del cambio climático porque el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, decidió postergar su adhesión o no a este conflictivo punto.


La cumbre se realizó en la ciudad siciliana de Taormina donde quedó evidenciada la existencia de dos bloques en el tema climático. Estados Unidos de un lado y el resto de los países del otro.


El comunicado final señala que los gobiernos de Italia, Canadá, Japón, Reino Unido, Francia y Alemania apoyan sin medias tintas el Acuerdo de París, firmado en 2015, que establece medidas para reducir la emisión de gases. Este fue el punto que los diferenció de los Estados Unidos. El bloque mayoritario decidió otorgarle más tiempo a Trump para decidir la postura de Washington. El magnate ya anunció, vía Twitter, que la próxima semana dará a conocer si acompaña o no a las demás naciones.


Vale recordar que durante su campaña electoral, Trump se había mostrado crítico del Acuerdo de París e incluso había anunciado que revisaría la conveniencia de seguir siendo parte o no de un acuerdo que entrará en vigor en 2020, cuando termine la vigencia del Protocolo de Kyoto, que Estados Unidos firmó pero nunca ratificó.
"Hay que trabajar más en este asunto y afrontar las causas profundas del problema migratorio, una de las cuales es precisamente el cambio climático", había advertido en su discurso final el anfitrión de la cumbre, el premier italiano Paolo Gentiloni. Si bien los líderes del G7 apuntan al desarrollo de África para reducir el tema migratorio, y para ello habían invitado a la Unión Africana al encuentro para debatir el tema, la cumbre finalizó con un documento donde apenas se menciona el caso.

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Lunes, 15 Mayo 2017 06:33

Jaula de locos

Jaula de locos

Vieja broma: en un manicomio un paciente anuncia a todo volumen: "soy Napoleón". Desde otra esquina, otro pregunta "¿Quién te dijo eso?" Responde el primero: "Dios". Desde el otro lado se escucha otro paciente: "Nunca te dije tal cosa".

Estamos en una jaula de locos/as. Es casi imposible resumir lo ocurrido esta semana con el Napoleón y todo su entorno en la Casa Blanca. Los periodistas, comentaristas, veteranos de la política y cualquier observador más o menos cuerdo y consciente está mareado y agotado ante el torbellino que sacude Washington, a veces con terror, a veces con carcajadas (más bien una combinación de ambas).

Han sido siete días en que los términos "obstrucción de la justicia", "Watergate", "encubrimiento", "Nixon", "crisis constitucional" y hasta "impeachment" han imperado como resultado de, quizá, la semana más asombrosa de los cuatro meses que lleva esta espeluznante presidencia.

Un resumen de algunos de los sucesos en el manicomio de Washington la semana pasada tendría que incluir lo siguiente:

Trump despidió al director de la FBI, James Comey, quien encabezaba una investigación sobre una posible colusión entre Rusia y la campaña electoral de Trump en 2016. Es sólo la segunda vez en la historia en que un presidente despide a un funcionario encargado de una investigación sobre el presidente; la primera fue Richard Nixon en 1973, cuando ordenó el despido del fiscal independiente que estaba investigando lo que se conoce como el escándalo Watergate.

La justificación inicial que ofreció Trump, repetida por tres de los voceros presidenciales y el vicepresidente, Mike Pence, ante la opinión pública y el Congreso, fue de que se actuó sólo por la recomendación del Departamento de Justicia de cesar a Comey por su manejo "atroz" de la investigación sobre los correos electrónicos de Hillary Clinton el año pasado.

El subprocurador general, Rod Rosenstein, enfureció ante tal afirmación, y hasta consideró renunciar, ya que sólo cumplió con la orden de Trump de preparar un informe sobre Comey, pero nunca recomendó su despido.

Mientras tanto, Trump y la Casa Blanca resaltaban que las filas de la FBI no confiaban en Comey. El subdirector de la agencia, invitado a presentarse ante un comité del Congreso refutó esa acusación, subrayando que Comey contaba con pleno y amplio apoyo dentro de la corporación. La Casa Blanca había contemplado una visita de Trump a la sede de la FBI, pero después de esto aparentemente se rajaron.

Aunque casi nadie aceptó la versión oficial de que Comey fue despedido por su manejo de la investigación sobre Clinton (que en principio fue elogiado por Trump durante la campaña), la Casa Blanca aseguró que ese fue el único motivo, y descartó tajantemente que tuviera algo que ver con la investigación sobre los vínculos del equipo de Trump con el gobierno ruso.

El jueves en una entrevista con NBC News, Trump contradijo toda la narrativa oficial de la Casa Blanca al revelar que ya había decidido correr a Comey antes de cualquier recomendación y que lo de los correos de Clinton no era el motivo: “cuando lo decidí me dije a mí mismo: ‘sabes, esta cosa de Rusia con Trump es un cuento fabricado’”.

Trump contó que cenó con Comey en enero y ahí le preguntó si estaba bajo investigación, y éste le aseguró que no; algo que nadie cree, ya que la FBI no suele revelar nada sobre sus investigaciones en curso. Otra versión, de gente cercana a Comey, fue que Trump en esa cena le pidió "lealtad" y que el director le respondió que podía contar sólo con su "honestidad", al parecer eso no fue suficiente (la FBI goza, formalmente, de cierta autonomía justo para no ser sujeta a presiones políticas, por ello, el plazo de un director es de 10 años; Comey había cumplido cuatro).

Estos sucesos de la semana fueron acompañados de escenas que ni el mejor maestro de sátira política podría superar. Un día después de despedir a Comey, lo que provocó críticas en el sentido de que estaba tratando de frenar la investigación sobre los rusos y su campaña, Trump recibe en la Casa Blanca nada menos que al canciller ruso y al embajador de Moscú en Washington (el embajador es una de las figuras clave en las supuestas relaciones sospechosas con varios socios y asesores de Trump). La reunión es a puerta cerrada y no se permite ni una fotografía, y la Casa Blanca no emitió una foto oficial, pero una foto apareció, regalo de la agencia oficial rusa Tass.

Ese mismo día, a fotógrafos y reporteros de repente se les permitió ingresar para ver a Trump sentado al lado de un personaje de renombre: Henry Kissinger. Así, en un día en que se escuchaban los ecos de Watergate por el despido de Comey, apareció en el escenario una de las figuras más prominentes del gobierno de Nixon (su secretario de Estado y estratega).

La semana concluyó con una amenaza del presidente: en torno a la famosa cena con el ahora ex director de la FBI, Trump declaró en un tuit que Comey “debería esperar que no haya ‘cintas’ de nuestras conversaciones antes de que empiece a filtrar a la prensa”. Esto no sólo generó preguntas sobre si existen o no grabaciones secretas, sino que de inmediato recordó las famosas grabaciones y los 18 minutos borrados de reuniones de Nixon con sus asesores, evidencia que fue clave para hundir su presidencia. Algunos legisladores ya han solicitado las "cintas", si es que existen.

Por todo esto, la pregunta en el aire ahora es si esto marca el principio del fin de Trump. Ya se multiplican las demandas para que se nombre un fiscal independiente no sólo para investigar el vínculo de trumpistas con el Kremlin, sino para evaluar si hubo un encubrimiento e incluso una obstrucción de la justicia del presidente y sus colegas.

Mientras tanto, después de su ataque directo a la FBI para, aparentemente, frenar una investigación de su gobierno (y anteriormente insultar a la CIA, a jueces federales, y los medios nacionales) algunos recuerdan que la fuente clave conocida como garganta profunda de los periodistas del Washington Post en su investigación periodística del Watergate –que llevó al fin del gobierno de Nixon– fue nada menos que el entonces subdirector de la FBI.

Tal vez más internos de ese manicomio ahora se atreverán a cuestionar si ese Napoleón debe permanecer como emperador en esa jaula de locos.

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Anuncia China 124 mil mdd para su nueva Ruta de la seda

El presidente chino, Xi Jinping, prometió 124 mil millones de dólares para su nuevo y ambicioso plan Ruta de la seda, con el que quiere crear un camino de paz, inclusividad y libre comercio, mientras pidió abandonar "modelos antiguos que se basan en juegos de rivalidad y poder diplomático".

China ha promocionado su iniciativa Belt and road como nueva forma de impulsar el desarrollo, con el objetivo de ampliar los vínculos entre Asia, África, Europa y América, y se ha apoyado con miles de millones de dólares para inversión en infraestructuras, como la que ya permitió el primer tren de mercancías con Gran Bretaña. El mandatario chino recalcó que la propuesta es "el proyecto del siglo", que beneficiará a todo el mundo.

Pekín prometió 60 mil millones de yuanes (unos 8 mil 700 millones de dólares) en ayudas a países en desarrollo y organismos internacionales. Xi Jinping aclaró que su gobierno "no tiene ningún deseo de imponer" su voluntad a los demás, pero convocó a otros gobiernos a una "integración económica" y a la cooperación en los campos de la regulación financiera, el antiterrorismo y la seguridad, en un mundo en el que su nación busca convertirse en actor cada vez más dominante.

Inaugura conferencia

Xi Jinping dijo lo anterior en Pekín, durante su discurso inaugural de la conferencia Cinturón y Ruta de la seda, que durará dos días y a la que asisten gobernantes de 29 naciones, entre ellos Vladimir Putin, de Rusia, y los del G-7, así como los directivos de Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial (BM). Asimismo, representantes de Brasil, Rusia, India y Sudáfrica, además de los de economías emergentes, incluidos los de México y Turquía.

La iniciativa del cinturón y la ruta, propuesta en 2013 por China, busca construir una red de comercio e infraestructura que conecte a Asia con Europa, África y América, que no están situadas en la Ruta de la seda tradicional. El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Antonio Guterres, dijo que la ambiciosa iniciativa intercontinental está "enraizada en una visión compartida de desarrollo mundial".

Xi utilizó la cumbre para difundir la propuesta y reforzar las ambiciones mundiales de liderazgo de China, mientras el presidente estadunidense, Donald Trump, promueve America first y cuestiona los acuerdos mundiales de libre comercio. "Debemos construir una plataforma abierta de cooperación y defender y hacer crecer una economía mundial abierta", subrayó Xi durante la apertura de dicha reunión.

El mandatario declaró que el planeta debe crear condiciones que promuevan el desarrollo abierto y fomenten la construcción de sistemas de "reglas de comercio e inversión globales justas, razonables y transparentes. El comercio es el motor del desarrollo económico". Añadió que el mundo debe promover el sistema multilateral de comercio, el establecimiento de regiones de libre mercado y la facilitación de éste.

Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial, expresó que la iniciativa del cinturón y la ruta "es un marco internacional pionero basado en un concepto de plataforma abierta". Para el presidente del BM, Jim Yong Kim, la propuesta puede cumplir las aspiraciones de todos los pueblos que todavía necesitan apoyo para el desarrollo, y elogió los esfuerzos de China para reformar su sistema de salud, lo que brindará una experiencia útil para otras naciones.

Para la gente común y corriente, la iniciativa también puede representar algo sencillo, "como una fragante taza de té", según la directora gerente del FMI, Chritine Lagarde, bebida que durante siglos ha "reunido culturas, comunidades y personas. La propuesta está lista para añadir nuevos sabores económicos". Confió en que ve con agrado que el sistema financiero chino mantiene bases sólidas con una regulación prudente, adecuada y eficaz.

El ministro de Finanzas de Gran Bretaña indicó en la cumbre que su país era un "socio natural" en la nueva Ruta de la seda, mientras el primer ministro de Pakistán, Nawaz Sharif, aliado cercano, elogió la "visión e ingenio de China".

India se negó a enviar una delegación oficial a Pekín, lo que refleja el descontento con China por desarrollar un corredor comercial de 57 mil millones de dólares a través de Pakistán, que también cruza el disputado territorio de Cachemira.

China planea importar 2 billones de dólares de productos de países que participan en su iniciativa Belt and road en los próximos cinco años, informó el ministro de Comercio, Zhong Shan.

Pero algunos diplomáticos occidentales han expresado inquietud por la cumbre y el plan en su conjunto, viéndolo como un intento de promover la influencia china en todo el planeta. También les preocupa la transparencia y el acceso de las empresas extranjeras al régimen.

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Domingo, 07 Mayo 2017 07:51

El lulismo-realismo

El lulismo-realismo

Emir Sader es lo que se puede llamar un “intelectual orgánico” de los gobiernos de la “ola progresista” que se extendió por América Latina en la década pasada. Si no de todos esos gobiernos, cada vez menos numerosos, al menos de los del PT de Brasil, su país, encabezados por Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Rousseff. Así lo dejó en claro en una entrevista con Brecha.

 

Coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad del Estado de Rio de Janeiro, sociólogo y politólogo, Sader considera que bajo las gestiones progresistas “las clases populares han conocido enormes progresos en ingresos, condiciones de vida y existencia e incidencia en la vida política”. En Brasil, dijo a Brecha en un alto de su último pasaje por Montevideo,1 “hubo extraordinarias transformaciones sociales, como el hecho de que salieran de la miseria y la pobreza decenas de millones de personas, y que pudieran acceder a bienes que antes les eran inalcanzables, y a la educación y a un puesto de trabajo. Lo logró Lula en sus dos períodos y Dilma fundamentalmente en el primero. Y lo logró la mayoría de los gobiernos progresistas de la región”. Hoy, piensa Sader, todas esas“conquistas” están “en peligro”. Sobre todo en Argentina y, particularmente, en Brasil, “el eslabón más débil de la cadena neoliberal”.“El gobierno de Michel Temer apunta a lo mismo que el de Mauricio Macri en Argentina, restaurar el orden anterior, pero Macri puede por lo menos argumentar una legitimidad para hacerlo. Temer no. La suya es una administración absolutamente aislada, corrupta, cuestionada por fuertes movilizaciones populares. Y la oposición, además, tiene un liderazgo fuerte, el de Lula.”

El autor de Diez años de gobiernos posneoliberales en Brasil (Bontempo, 2013) es, al parecer, más lulista que petista. O en todo caso cree que el PT sin el antiguo dirigente metalúrgico poco o nada puede. En caso de que se presentara a las elecciones del año próximo, “si la derecha no logra impedírselo con su campaña de judicialización de la política”, Lula tiene todas las posibilidades de ganar, apunta. “Nadie le hace sombra. Las encuestas le dan un mínimo de 60 por ciento de apoyo, y la mayoría de los brasileños reconoce que su vida cambió desde que Lula comenzó a gobernar, allá por 2003. Tienen experiencia propia y saudadede aquella época. Eso no los lleva a votar a la izquierda, sí a Lula. El PT es el partido de Lula y su futuro depende del futuro de Lula, no se lo puede analizar solo.”


¿Y cómo volvería a gobernar Lula? ¿Con qué apoyos, sobre qué bases, qué alianzas? ¿No se desgastó acaso en sus gestiones anteriores? Y si no se desgastó, ¿para qué gobernaría? ¿Para quién? ¿Son tan infundadas las acusaciones de corrupción? ¿No cayó el PT, bajo su batuta, en los mismos vicios, las mismas prácticas, que reprochaba antes a la derecha? ¿Y no llegó incluso a aplicar sus mismas políticas?


A varias de estas preguntas Sader las barre de un plumazo. Admite, sí, que dirigentes del PT estuvieron involucrados en casos de corrupción probados, pero piensa que sigue siendo el partido brasileño que menos tiene las manos sucias, y que buena parte de las acusaciones en su contra fueron “montajes de los grandes medios de comunicación” (“el llamadomensalão fue una operación mediática espectacular, sobre todo en su primera fase”, dice). El financiamiento de grandes empresas (la constructora Odebrecht, la cárnica Jbs y muchas otras) a las campañas del PT (y de los demás partidos, claro) no tuvo consecuencias sobre las políticas económicas de los gobiernos de Da Silva y Rousseff, cree Sader.“No los condicionaron”, dice. Y las financiaciones públicas bajo los gobiernos petistas, a través del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bndes), a esas mismas grandes empresas, acusadas además dedumping social, ¿cómo explicarlas? Opciones estratégicas. Sader no justifica, de todas maneras, que el PT “haya incurrido en prácticas clientelares” ni que se haya financiado con “cajas paralelas”. “Esos fueron errores graves, y en el partido hay una conciencia clara de que así fue.”

ESOS AMIGOS.


No fue un error, cree en cambio el sociólogo, la política de alianzas. Si no se hubiera coaligado con sectores de la derecha, no habría podido gobernar, dice. “Lula ganó con cien parlamentarios sobre un total de 540. El tema de las alianzas es quién tiene la hegemonía. El PT era un partido minoritario y Lula logró que el Pmdb, el más grande del país, votara en favor de políticas sociales, de alianzas internacionales progresistas en la región, que respaldara a los Brics, y que se dotara de mayor poder al Estado. Ahora se le critica al PT haber realizado una política de conciliación de clases, pero para gobernar hay que hacer alianzas sociales. El Pmdb luego cambió y se pasó a la derecha. Se puede criticar, sí, al PT por haber permitido que el agronegocio adquiriera un peso importante en el gobierno, y que no haya fortalecido a otros sectores, como la agricultura familiar, pero en el parlamento brasileño los representantes del agronegocio tienen un peso muy importante. Todo no se puede.”


¿No hay algún punto en común entre la experiencia petista en Brasil –muy claramente el segundo y trunco mandato de Dilma Rousseff, que se resignó a aplicar políticas que desmentían sus anteriores postulados con tal de salvar el pellejo– y la experiencia griega en Europa, con un gobierno de izquierda acorralado que aceptó someterse a las recetas del Fmi y otros gendarmes? Sader lo niega. No ve un punto común entre los dos casos. “Son contextos distintos, en Sudamérica no hay algo similar a la UE, que impone reglas muy estrictas”, dice. Y tras una pausa agrega:“Puede que un punto común sea la impaciencia de los intelectuales y de grupos minoritarios de la izquierda, allá y acá. Critican todo. Son incapaces de construir hegemonía porque no pueden gobernar. En Brasil, el Partido Socialismo y Libertad (animado en buena parte por ex militantes del PT) no gobierna ni siquiera municipios. No tiene ninguna alcaldía que le sirva de referencia para mostrar lo que quiere hacer. Cuenta con parlamentarios con visión crítica, pero divorciada de la realidad. No ubican siquiera al PT en el campo de la izquierda y no ven posible que el PT realice un gobierno de defensa de los intereses populares”.

NIÑOS Y ADULTOS.


Sader no comparte ni un poquito las posturas de quienes en la izquierda optan por incentivar la autonomía de los movimientos sociales frente al Estado y los partidos políticos. “Al contrario del fracaso de las tesis de la autonomía de los movimientos sociales, que han renunciado a la disputa por la hegemonía alternativa a nivel nacional y a la lucha por la construcción concreta de alternativas al neoliberalismo, bajo la dirección de Evo Morales y de Rafael Correa, Bolivia y Ecuador han demostrado cómo solamente con la articulación entre la lucha social y la lucha política, entre los movimientos sociales y los partidos políticos es posible construir bloques de fuerza capaces de avanzar decisivamente en la superación del neoliberalismo”, escribió en una reciente columna.2 En Brasil, según sostiene, movimientos como los Sin Tierra, que en un tiempo estuvieron tentados de volcarse hacia ese “ultrismo” que achaca, por ejemplo, a su colega Boaventura de Sousa Santos y a “varias Ong”, ahora serían más petistas –o más lulistas– que nunca antes. Se habrían dado cuenta de que el infantilismo no paga. (El zapatismo mexicano estaría también en la lista de antiguos infantes finalmente madurados.) Ese pasaje a la adultez de los Sin Tierra, ¿se habría dado a pesar de que la reforma agraria tan prometida por los gobiernos petistas brilló por su ausencia y está siendo hoy muy fácilmente revertida por el gobierno de Michel Temer, a pesar de que los asesinatos de dirigentes campesinos continuaron bajo Lula y Rousseff? Sí, cree Sader. “No hay alternativa real a la izquierda del PT, como sucede en todos los países latinoamericanos de la ola progresista”, apunta. Y si no la hay, ¿no habría que construirla?


El PT tiene una conciencia clara de que algo mal habría hecho. Si prendió en la gente que el Partido de los Trabajadores es parte de las tramas corruptas del país, es preocupante, dice Sader. “Y es cierto que se ha aislado de las nuevas capas populares.” De ahí su “necesidad de renovación”, que concretaría en su próximo congreso, en junio, donde surgirían nuevos liderazgos, liderazgos jóvenes que apuntarían a“reanudar lazos con los movimientos sociales”. Pero con límites. Los de la frontera insuperable que le impondría el venerado ex presidente. “El único factor de ruptura del aislamiento, para el PT, es la popularidad de Lula”, insiste Sader. Un Lula que si volviera a la presidencia no encontraría ni ahí “las condiciones externas favorables que encontró 15 años atrás”, cuando –a pesar de ese contexto– ya había moderado al extremo su prédica rupturista de tiempos anteriores. Esos tiempos en que el PT era un partido adolescente, o infantil tal vez, vaya uno a saber.


1. A fines de marzo, con motivo de actividades desarrolladas por la Fenapes.
2. “Movimientos sociales en la lucha antineoliberal”, en La Jornada, México, 16-II-17.

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