Un investigador maneja la vacuna desarrollada por EE UU en el primer día de su ensayo clínico, en Seattle (EE UU). En vídeo, la carrera por conseguir una vacuna para el coronavirus. TED S. WARREN (AP) / REUTERS

Los expertos advierten de que se necesita al menos un año para tener una solución que frene la epidemia

 

Al menos una veintena de grupos de investigación y farmacéuticas en todo el mundo buscan la manera de desarrollar nuevas vacunas o antivirales que alivien la enfermedad que provoca el nuevo coronavirus. Los ingentes esfuerzos dedicados a su desarrollo permiten pensar que se acortarán los tiempos habituales, pero los expertos tienen serias dudas de que una vacuna viable llegue antes de 2021. Conseguirlo para entonces ya sería un pequeño milagro. Después, también hará falta tiempo y capacidad de producción para que esa vacuna útil llegue a los millones de personas de todo el mundo que pueden necesitarla.

“Las vacunas que hay en marcha están en sus primeras fases, algunas son prometedoras, pero tienen que ser eficaces y seguras, y tener capacidad de producción suficiente para las necesidades globales, así que será un periodo largo”, ha advertido hoy Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias sanitarias. “Que existan no quiere decir que estén disponibles”, ha añadido, en rueda de prensa.

Las dos vacunas que están más avanzadas son las que están desarrollando China y Estados Unidos. El país asiático anunció ayer que ha acelerado en la carrera por ser el primer país en encontrar un remedio para la Covid-19. El Ministerio de Defensa ha confirmado por medio de un comunicado emitido en la noche del martes que su primer prototipo de vacuna contra el coronavirus ya está listo para realizar ensayos clínicos. Este proyecto ha sido desarrollado por una empresa privada, CanSino Biologics, localizada en Tianjin –ciudad portuaria cercana a la capital–, en colaboración con la Academia Militar de Ciencias Médicas. Desde ayer, los responsables del proyecto buscan voluntarios para llevar a cabo las primeras pruebas en seres humanos: los candidatos deben ser sujetos sanos, con edades comprendidas entre los 18 y los 60 años y no haber padecido la dolencia en el pasado. No obstante, aun en caso de que los ensayos fueran exitosos, la vacuna no estaría lista para su comercialización hasta dentro de un mínimo de 12 meses.

El equipo de investigación está liderado por la bioingeniera y comandante Chen Wei, quien comenzó a trabajar en el proyecto cuando ella y su equipo llegaron a Wuhan, epicentro de la pandemia, a finales de enero. El resultado es una vacuna de subunidad, una fórmula de nueva generación que solo contiene ciertos antígenos específicos sin patógenos, por lo que es contemplada como más segura que las técnicas tradicionales. “La vacuna no tiene sustancias infecciosas, es muy segura y estable y requiere una sola inoculación”, explicaba el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Hubei en su reclamo en busca de voluntarios.

Este anuncio llega apenas un día después de que Estados Unidos comenzara la primera fase de los ensayos clínicos de su propia vacuna experimental. Se trata de un proyecto financiado por el Instituto Nacional de Salud y desarrollado por la biotecnológica Moderna. Este, a diferencia de la alternativa china, emplea una tecnología conocida como ARN mensajero (ARNm), la cual copia el código genético del virus en lugar de transmitir una versión atenuada del propio virus. Hasta la fecha, ninguna vacuna que emplee la fórmula ARNm ha sido aprobada para su uso en seres humanos. La vacuna consiste en dos pinchazos en el brazo, uno ahora y otro dentro de 28 días. El objetivo es observar la seguridad de diferentes dosis. Se espera que el ensayo haya terminado en unas seis semanas.

La proximidad de ambas fechas subraya el cariz competitivo que ha adoptado la búsqueda de una solución a la pandemia que ha paralizado al mundo. Así lo hacía explícito el Global Times, tabloide oficial chino, en las primeras líneas del artículo en el que informaba del avance. “Alrededor de 19 horas después de que EE UU anunciara que comenzaba las pruebas en humanos para la primera vacuna contra el coronavirus, China ha revelado sus propias pruebas (...), mostrando que las dos primeras economías van a la par en la carrera por solucionar esta crisis de salud pública”.

Esta cuestión reviste una gran importancia para el Partido Comunista Chino (PCCh), que busca aprovechar la positiva evolución de las infecciones en su territorio para cimentar su imagen de potencia global responsable y sacudirse cualquier responsabilidad en lo sucedido. El primer objetivo de esta ofensiva propagandística ha sido levantar una nueva narrativa que empieza por poner en duda el origen de la pandemia. Tanto es así que la semana pasada un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores llegó a lanzar la hipótesis de que el ejército norteamericano hubiera plantado el virus en Wuhan.

Este es uno de los motivos que explican el ímpetu por tomar la delantera en la búsqueda de un tratamiento contra la Covid-19. Hace dos semanas, el presidente chino, Xi Jinping, apremió a acelerar la producción de vacunas y medicamentos durante su inspección de la Academia Militar de Ciencias Médicas. Hasta 1.000 científicos chinos están participando en esta campaña nacional, con nueve proyectos en marcha recurriendo a cinco técnicas diferentes, como vacunas inactivadas, de vector viral o genéticas, las cuales se encuentran en diferentes fases de desarrollo. De esas nueve alternativas, el proyecto de CanSino y la Academia Militar de Ciencias Médicas es la más avanzada.

China también cuenta con un prototipo de vacuna ARNm, al estilo estadounidense, en la cual investigan un equipo conjunto del Centro Chino para el Control y Prevención de Enfermedades, la Universidad Tongji de Shanghái y la empresa Stermina. Esta alternativa está siendo testada en animales y se espera que alcance la fase clínica a mediados de abril. “La capacidad de investigación y desarrollo de vacunas en China es, en términos generales, una de las más avanzadas del mundo”, afirmaba ayer en rueda de prensa Wang Junzhi, experto en control de calidad de productos biológicos e investigador en la Academia China de Ciencias Sociales. “No seremos más lentos que otros países”, sentenció.

Una cuestión de tiempo

El problema de la velocidad es fundamental. Donald Trump, reunido con los ejecutivos de las principales farmacéuticas de EE UU, pidió tener una vacuna lista para las elecciones presidenciales que se celebrarán en noviembre. Pero eso es imposible. Según apuntó Anthony Fauci, director del Instituto Nacional para las Alergias y las Enfermedades Infecciosas, al menos sería necesario un año y medio para tener lista una vacuna.

En condiciones normales, el desarrollo de una nueva vacuna puede tomar una década. En el caso de los esfuerzos para frenar el coronavirus, hay parte del camino hecho por la investigación sobre virus como el MERS o el SARS, que son de la misma familia, pero hay cuestiones como las pruebas de seguridad que requieren tiempo para ver los efectos del nuevo fármaco. Algunas vacunas prometedoras se quedan por el camino porque agravan la enfermedad que tratan de prevenir.

Por otro lado, hay que tener en cuenta factores económicos del desarrollo de las vacunas. La Coalición para las Innovaciones y Preparación para Epidemias (CEPI), una organización sin ánimo de lucro con sede en Oslo (Noruega), ha incrementado en más de 90 millones de dólares sus ayudas para impulsar el desarrollo de vacunas. Uno de los receptores de financiación de la CEPI es Moderna. El segundo, un laboratorio de la Universidad de Queensland (Australia), también tiene una posible vacuna que comenzará a probarse en humanos en los próximos meses. El propio Gobierno español ha dedicado 30 millones de euros a estas tareas. En total, se estima que llevar hasta el final de los ensayos clínicos de las tres vacunas más prometedoras para la CEPI requerirá una inversión de 1.800 millones de euros.

En España

España, por su parte, también está luchando por tener su propia vacuna. El Gobierno anunció ayer una inversión de 29,65 millones de euros para investigaciones sobre el nuevo coronavirus como una de las medidas económicas de urgencia contra la Covid 19. Uno de los equipos más avanzados en el desarrollo de vacunas contra coronavirus es el de Isabel Sola y José Luis Enjuanes en el Centro Nacional de Biotecnología de Madrid (CNB-CSIC), que recibirá 4,5 millones de euros, según lo anunciado ayer. Este equipo lleva más de 25 años estudiando los coronavirus y ha desarrollado su propia técnica para crear versiones sintéticas en el laboratorio por transcripción inversa. El coronavirus es un virus de ARN, una molécula intermediaria que lee el código genético escrito en el ADN e inicia la transcripción de proteínas virales. Cuando el coronavirus entra en nuestras células estas consideran que el ARN del virus es el suyo propio y comienzan a utilizarlo para producir proteínas virales. Cada vez que una partícula viral entra en una célula y la infecta se pueden producir hasta 100.000 copias del virus que se lanzarán después a secuestrar otras células, informa Nuño Domínguez.

El equipo de Sola le ha dado la vuelta a este proceso para traducir a ADN el ARN del virus y poder así crear una réplica exacta en el laboratorio haciendo una transcripción inversa de este proceso biológico. El equipo ha usado este sistema para desarrollar vacunas contra coronavirus que infectan a humanos como el SARS de 2003 y el MERS.

El real decreto también da permiso expreso al equipo del CNB para obtener la réplica atenuada del coronavirus SARS-CoV-2, que se encontraba en el periodo de consulta pública, y también la agilización de la investigación con otros organismos modificados genéticamente en el ámbito de la lucha contra la epidemia de coronavirus.

Una vacuna alemana para 2021

La empresa CureVac, con sede en Tubinga, participa en Alemania en la carrera por dar con la vacuna del coronavirus. CureVac trabaja junto con el instituto Paul Ehrlich de vacunas y biomedicina y calcula que a principios de verano tendrán lista una vacuna experimental, que podrían empezar a probar en humanos. De salir adelante, CureVac aseguró esta semana en una conferencia telefónica con medios internaciones, incluido este diario, que una vez determinada la dosis necesaria, estarían preparados para producir 10 millones de dosis. Tras recibir el compromiso de financiación europea –80 millones de euros–, CureVac construirá una nueva planta, en la que se podrían producir hasta mil millones de dosis. “Se trata de producir grandes cantidades para llegar más allá de Alemania y de Europa”, indicó un responsable de la empresa, informa Ana Carbajosa.

Dietmar Hoop, copropietario de la empresa consideró que para el otoño podría estar lista una vacuna. Algo parecido ha estimado esta semana la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. El instituto Robert Koch alemán sin embargo calcula que habrá que esperar hasta el año que viene para poder contar con la vacuna. “Yo personalmente considero realista que será en primavera de 2021”, ha estimado este miércoles Lothar Wieler, presidente del instituto, quien pidió acelerar los trámites burocráticos, pero a la vez recordó que no es posible acortar los ensayos clínicos. “Las vacunas pueden tener efectos secundarios”, indicó.

CureVac fue invitada junto a otras empresas del mundo a la Casa Blanca a principios de mes “para discutir estrategias y oportunidades para el desarrollo rápido y la producción de una vacuna contra el coronavirus”, según un comunicado publicado por CureVac. Ante la publicación de informaciones asegurando que Trump aspiraba a hacerse con la vacuna alemana en exclusividad, la empresa lo negó el martes. En Berlín sin embargo, varias fuentes oficiales confirmaron la pugna y los esfuerzos del Ejecutivo por “que las vacunas contra el nuevo virus se desarrollen también en Alemania y en Europa”, según confirmó a este diario el ministerio de Sanidad alemán.

Pekín / Madrid - 19 mar 2020 - 03:29COT

 Multitudinaria marcha en Santigo de Chile por el 8 de marzo. Foto: ATON

La Coordinadora 8M de Chile hizo un positivo balance de las multitudinarias marchas que se realizaron en Santiago y en otras ciudades del país por la conmemoración del Día Internacional de la Mujer.

De acuerdo a la organización, alrededor de 3,5 millones de mujeres marcharon en todo el país, dos millones de las cuales lo hicieron en Santiago, expresó la vocera Alondra Carrillo.

"Calculamos que dos millones de mujeres marcharon por la Alameda el día de hoy, llegaron desde distintos puntos de Santiago a movilizarse en este espacio y durante toda la jornada se han desarrollado movilizaciones en otras regiones que nos hacen estimar la cifra en aproximadamente en tres millones y medio de mujeres que han estado en la calle en esta jornada en todo Chile", dijo la vocera.

Además, cuestionó los datos de Carabineros que cifró en apenas 150 mil las personas que participaron de la protesta y dijo que, a su juicio, no se trata de un error.

"Es absurdo y todo el mundo lo ha hecho notar, pero no es un error, Carabineros no lo dice a modo de equivocación, lo dice para intentar negar lo que está ocurriendo y lo que está ocurriendo es que la revuelta popular sigue su curso y sigue su curso con la potencia del movimiento feminista. Este 8 de marzo lo que hace es reabrir la revuelta popular que se inauguró el 18 de octubre y que ha puesto en tela de juicio la forma en que se organiza Chile, la vida cotidiana", planteó Carrillo.

Críticas por la represión de Carabineros

La dirigenta además cuestionó el actuar de la Policía, acusando que hubo represión en diversos puntos de la marcha que se desarrolló por Alameda durante la jornada.

"Hubo represión en la Plaza de la Dignidad, hubo represión en Universidad Católica, donde se gaseó con gas pimienta a las manifestantes. El INDH declaró que estaban gravemente afectadas por el uso de este mecanismo disuasivo", aseveró.

"Además, se intentó cortar la marcha a la altura de U. de Chile y de La Moneda y en Los Héroes, o sea, Carabineros intervino en múltiples puntos con gas lacrimógeno, con gas pimienta, con agua del 'guanaco'. La represión fue tan brutal como lo ha sido todos estos meses", agregó.

Asimismo la Coordinadora reiteró el llamado a la huelga general feminista para este lunes 9 de marzo.

"Hemos compartido más de 100 formas de adherir a la huelga, la idea es que todas podamos mostrar nuestra adhesión de la forma que podamos con toda la radicalidad que sea posible. Si es posible para, paramos; si es posible organizarnos en los territorios para socializar este trabajo no remunerado que hacemos en la casa, la idea es que lo hagamos", aseveró.

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Seguidoras de Bernie Sanders en Arizona.Caitlin O'Hara / AFP

A pesar de sus intentos de indentificarse con Obama, Sanders ha adoptado una estrategia maximalista, sin concesiones

Pocos movimientos políticos han sufrido un batacazo tan rápido y drástico como el que ha experimentado la campaña de Bernie Sanders entre los caucus de Nevada y el Supermartes. En el transcurso de 10 días, este aspirante ha pasado de ser el probable candidato demócrata a estar muy lejos de conseguirlo.

De hecho, las cosas se le han puesto tan mal que Sanders ha presentado un anuncio que intenta retratarlo como gran amigo del expresidente Barack Obama.

Los verificadores de datos han señalado que el anuncio es muy engañoso. Embarulla cosas que Obama ha dicho a lo largo de una década y deja fuera un contexto esencial. Pero el análisis fotograma a fotograma subestima de hecho lo hipócrita que es que Sanders intente identificarse con Obama. Porque el sandersismo, como filosofía, consiste precisamente en rechazar el obamaísmo. Es decir, se basa en negarse a aceptar la idea de una política gradual, de que medio pan es mejor que nada, y exige el maximalismo del todo o nada.

Lo cierto es que existen razones fundadas para las críticas de Sanders a Obama. Pero Sanders debería asumir esas críticas en lugar de pretender que nunca las ha hecho. Entonces, ¿de qué trata el debate? De valores, no, aunque Sanders y su círculo tienen la mala costumbre de insinuar que cualquiera que cuestione su estrategia política es un instrumento corrupto de la oligarquía. Obama estaba, y Joe Biden está, claramente a favor de objetivos progresistas como la cobertura sanitaria universal y la reducción de la desigualdad de rentas.

Pero Obama perseguía esos objetivos mediante cambios graduales. El Obamacare estaba diseñado para ampliar la cobertura sanitaria y al mismo tiempo trastornar lo menos posible la vida de quienes ya tenían un seguro médico. Obama subió los impuestos a los ricos más de lo que la mayoría de la gente imagina —en 2016, el tipo impositivo medio aplicado por el Gobierno federal al 1% era casi tan alto como antes de Reagan—, pero lo hizo con discreción, sin mucha retórica populista.

Desde el punto de vista de Sanders, este método gradual y discreto reflejaba falta de osadía (o quizá corrupción por parte de la “clase dominante”). Obama debería haber ido a por todas y (de alguna manera) haber implantado la sanidad pública para todos. Debería haber atacado frontalmente la desigualdad, con subidas de impuestos mucho mayores para “millonarios y multimillonarios”.

Y para ser justos, yo coincido de hecho en que Obama fue demasiado precavido en algunos frentes. En 2009 me tiré de los pelos públicamente por la clara parvedad del estimulo económico aplicado por Obama, y predije (correctamente) que sería un desastre político, porque la incapacidad de alcanzar resultados llamativos favorecería a los republicanos. Y creo que Obama podría haber conseguido mucho más si hubiera estado dispuesto a usar el proceso de conciliación —que permite utilizar la mayoría simple— para esquivar las tácticas obstruccionistas, como hicieron los republicanos para aprobar las rebajas fiscales de 2017.

También me disgustó mucho, en tiempo real, que Obama empezara a hacerse eco de los argumentos republicanos a favor de la austeridad presupuestaria, a pesar de que seguía habiendo un elevado desempleo. Y todavía creo que Obama podía y debería haber sometido un par de grandes bancos a la administración judicial temporal como precio por haberlos rescatado. Sin duda, Obama mostró demasiado respeto por los banqueros que habían sido los que en un principio nos llevaron a la crisis financiera.

Pero Sanders no está presentando un argumento selectivo y sosteniendo que Obama debería haber sido más decidido en algunos frentes. Defiende una agenda maximalista en todos ellos: eliminación total de los seguros de salud privados y una ampliación enorme de programas públicos que exigirían grandes subidas de impuestos tanto a la clase media como a los ricos.

La teoría política que respalda este maximalismo es la afirmación de que un programa populista audaz transformaría el paisaje electoral, atrayendo a más votantes blancos de clase obrera y aumentando el número de votantes, todo ello a una escala suficiente como para obtener una victoria aplastante en noviembre e intimidar a los miembros centristas del Congreso para que acepten propuestas radicales.

Por desgracia, no hay pruebas que respalden esta teoría política; en concreto, el prometido aumento de votantes jóvenes no se materializó el Supermartes. Por consiguiente, el sandersismo se parece bastante al linternismo verde, por su fe en que los milagros políticos pueden alcanzarse por pura fuerza de voluntad.

Como es natural, muchos seguidores de Sanders dirán que esto solo lo digo porque estoy a sueldo de los multimillonarios, o algo por el estilo.

En todo caso, necesitamos tener clara la naturaleza del debate en lo que queda de contienda demócrata. Insisto, no se trata de valores: los demócratas como grupo se han vuelto mucho más progresistas de lo que eran, y hasta un “centrista” como Biden defiende políticas —como una gran ampliación del Obamacare— que no hace mucho se habrían considerado demasiado izquierdistas.

Dicho esto, me preocupa que si Biden llega a ser presidente ceda con demasiada facilidad; los progresistas tendrán que presionarle al máximo y asegurarse de que el gradualismo no se convierte en rendición preventiva.

Sin embargo, Sanders, a pesar de sus intentos de última hora para identificarse con Obama, ha adoptado una estrategia maximalista, sin concesiones. Entiendo el atractivo emocional de dicha estrategia, sobre todo para sus seguidores jóvenes. Pero todo lo que sabemos da a entender que un progresista que insista en jugársela al todo o nada, acabará, pues eso, en nada.

 

06 Mar 2020 - 18:30COT

Por Paul Krugman, premio Nobel de Economía. © The New York Times, 2020. Traducción de News Clips

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El "pañuelazo" en Argentina vibra al reclamar la legalización del aborto

Una gran movilización llegó hasta las puertas del Congreso en Buenos Aires y se extendió por un centenar de ciudades en el interior del país para exigir la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE).

Una marea colorida inundó el centro de Buenos Aires este miércoles cuando miles de mujeres se acercaron con su pañuelo verde en alto hasta el Congreso de la capital argentina para reclamar la sanción de una ley que garantice el aborto legal, seguro y gratuito.

A dos años del primer "pañuelazo" que abrió el camino de la discusión legislativa sobre la interrupción voluntaria del embarazo, organizaciones feministas, sociales, políticas, sindicales y de derechos humanos apoyaron esta convocatoria con la consigna "¡Nuestro proyecto está en las calles!".

La legalización del aborto "es una cuestión de libertad que ya han conseguido en otros lugares, así que es una injusticia que aquí eso no esté", razonó en diálogo con Público una de las asistentes a la manifestación, Claudia Laudano. "Hace 32 años que peleo por el aborto legal por convencimiento, soy una activista desde hace tiempo y creo que este año va a salir".

Esta argentina comenzó a interiorizarse sobre los derechos de la mujer en 1988, "cuando comencé a ser feminista a raíz de mi participación en un encuentro nacional de mujeres en la que se impartían talleres sobre aborto", reflexionó. "Ahí entendí que lo que había hecho era algo que muchas compartíamos, y entonces nos comprometimos y empezamos a militar por el aborto legal".

A la espera de que se sancione la ley, en los últimos años "se ha extendido el uso del misoprostol para poder abortar y las mujeres cuentan con más acompañamiento y con alguna información. Pero también han fallecido muchas compañeras sin que haya una conciencia sobre esas muertes, como sí la empieza haber con el caso de los feminicidios", sostuvo.

Laudano atribuyó al poder de la Iglesia católica y de los grupos evangélicos el hecho de que no se haya podido hasta el momento legalizar el aborto, a lo que se suma la "hipocresía de la clase política". "Al haber una predominancia de hombres en este ámbito, los legisladores no sienten ningún costo ni desde lo personal ni desde lo político para promover este tipo de leyes", afirmó.

Congreso opresor

Mientras pasacalles de diversos colectivos trataban de abrirse paso en la manifestación, un desfilar continuo de mujeres con pelucas o con el rostro salpicado de brillantina daba movimiento a la marea verde que participaba en las proyecciones, en las presentaciones de libros, y en los talleres que se programaron durante la jornada.

Caía el atardecer cuando el colectivo feminista chileno Las Tesis, creadoras de la representación "Un violador en tu camino", se subieron al escenario situado frente al parlamento. En un momento de la coreografía, las jóvenes giraron sobre sí para señalar el edificio del palacio legislativo, "donde votan el aborto clandestino", y acusar al "Congreso opresor" de ser "un macho violador" ante el grito emocionado de las asistentes.

Conmovidas entre la multitud, integrantes del colectivo Poetas Por el Derecho al Aborto Legal se mostraron convencidas de que la ley por la interrupción voluntaria del embarazo se sancionará este año. "Venimos acompañando este proceso de movilización desde 2018, cuando se presentó el proyecto por séptima vez, y ahora volvemos a estar aquí porque creemos posible que este año sea ley", explicó Valeria Cervero.

La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, convocante de esta marcha masiva que se extendió por un centenar de ciudades de Argentina y que tuvo su réplica en otros países, entre ellos España, presentó en 2019 por octava ocasión ante el parlamento un proyecto de ley elaborado con el apoyo de más de 700 organizaciones. El texto, que todavía tiene estado parlamentario, reconoce en su artículo primero el derecho de toda mujer a interrumpir su embarazo hasta las catorce semanas de gestación.

Si hasta ahora no fue aprobado el proyecto se debe "a los legisladores que tenemos, que son permeables a las presiones y que nada tienen que ver con lo que las mujeres decimos en las calles", retomó Cervero. "Hay un sector de la sociedad que todavía no transita este debate por una serie de razones que tienen que ver con lo religioso y la no separación de la Iglesia y el Estado, pero hay una conciencia y se ve en esta realidad de que las que venían luchando desde los años 80 están acompañadas por el resto de mujeres de menor edad".

En el país sudamericano medio millón de mujeres recurren cada año al aborto clandestino, "mostrando cómo la penalización no impide su práctica, sino que la hace peligrosa por la falta de recursos económicos de muchas mujeres", recuerda la Campaña, cuyo lema es "educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir". Desde el regreso de la democracia en 1983, más de 3.000 mujeres han fallecido como consecuencia de esta práctica.

La única ocasión en que el debate por la legalización del aborto llegó al Congreso argentino fue en 2018, año del primer "pañuelazo". Consciente de aquella movilización, el entonces presidente, Mauricio Macri (2015-2019), accedió a que el proyecto fuera discutido por los legisladores pese a que él estaba en contra. Tras más de cuatro meses de debate, el texto fue rechazado en el Senado, pese a que había recibido media sanción en la Cámara de Diputados.

Aunque el aborto es un delito en Argentina, el artículo 86 del Código Penal autoriza la interrupción de un embarazo cuando está en riesgo la vida o la salud de la mujer o cuando la gestación se produjo a raíz de una violación.

Tras su llegada al poder en diciembre de 2019, el nuevo Gobierno de Alberto Fernández reglamentó un protocolo nacional al que se han adherido once de las 24 jurisdicciones del país para asegurar que los servicios de salud no denieguen la interrupción del embarazo a las mujeres que requieren un aborto bajo estas causales.

 

20/02/2020 08:24

Por ANA DELICADO

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Domingo, 16 Febrero 2020 06:10

Occidente en el diván

Policías alemanes vigilan las inmediaciones del Bayerischer Hof, el hotel donde se celebra la Conferencia de Seguridad de Múnich. Jens Meyer AP

Líderes mundiales advierten en la Conferencia de Seguridad de Múnich de la erosión del orden occidental, amenazado desde dentro y desde fuera

Un mundo más peligroso, con un Occidente ensimismado en su propia crisis de identidad y desgarrado por las tensiones internas y las amenazas externas. “El mundo se ha vuelto menos occidental”. Las palabras elegidas por el embajador Wolfgang Ischinger para inaugurar la Conferencia de Seguridad de Múnich marcaron el tono de un ejercicio de introspección política colectiva poco esperanzador. Decenas de mandatarios de todo el mundo se dieron cita en la capital bávara en busca de respuestas al retraimiento occidental y a la cesión en el escenario global a otros actores. El tono de la conferencia ha sido este año irremediablemente sombrío.

“El futuro de Oriente Próximo ya no se decide en Ginebra o en Nueva York. Se decide en Sochi o en Astana”, constató el ministro de Exteriores alemán, Heiko Maas. Apenas un síntoma, un ejemplo de los males que se enumeraron una y otra vez el viernes en Múnich: el repliegue nacionalista, el unilateralismo, las libertades cercenadas y la democracia amenazada. Son procesos, dijeron los participantes, que avanzan fuera y dentro de una Europa crecientemente dividida.

El primer ministro canadiense, Justin Trudeau, contribuyó al desaliento colectivo al considerar que “la gente está perdiendo la fe en sus mandatarios”, que “el proteccionismo crece y el comercio se ha convertido en un arma de guerra” y que “las ansiedades políticas se convierten en turbulencias”. Una comunidad internacional menos cohesionada debe hacer frente a la proliferación de amenazas globales, con la crisis climática y transfronteriza a la cabeza, en un contexto en el que gana terreno la idea fuerza de la Administración estadounidense del interés nacional en su acepción más raquítica como motor único.

La conferencia inaugural corrió a cargo del presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, quien habló de la propagación del discurso del odio en Alemania, pero también en el resto del mundo, y de una erosión del orden internacional en los últimos dos años. “Tenemos que pelear por nuestras sociedades abiertas […] las grandes potencias ya no actúan como garantes de la ley y el orden”. Steinmeier advirtió de que “la comunidad internacional no se puede dar por sentada".

La debilidad de las relaciones trasatlánticas, con un aliado estadounidense que abdica de su rol tradicional, según los participantes en Múnich es la gran fractura que debilita a Occidente. “El cambio real no es el auge chino, sino que Estados Unidos ha dejado de ser el policía global”, interpretó Maas, quien puso de ejemplo los conflictos en Siria, Afganistán o África. Ese vacío, continuó, lo ocupan ahora “Rusia, Turquía e Irán con principios y valores diferentes”, añadió.

La presidenta de la Cámara de Representantes de EE UU, la demócrata Nancy Pelosi, pidió desde el escenario “ser beligerante con las fuerzas autocráticas”. Hizo causa común con el presidente Donald Trump, al acusar a China de “exportar su autocracia digital a través de Huawei”. “Tener un 5G dominado por una autocracia es la forma más insidiosa de agresión”, consideró Pelosi.

Dependencia tecnológica

El gigante tecnológico chino, al que EE UU acusa de robar secretos comerciales, y su participación en las redes de comunicación extranjeras fue uno de los protagonistas, cuando arrecia en las capitales europeas, y sobre todo en Alemania, el debate sobre cómo proteger las infraestructuras estratégicas. “¿Está la competencia ideológica siendo reemplazada por la competencia por la dependencia tecnológica?”, se preguntó Ivan Krastev, el brillante politólogo búlgaro, autor de La luz que se apaga.

“Hay una guerra fría entre China y Estados Unidos y los europeos tenemos que decidir dónde queremos estar”, sostuvo en el bar del Bayerischer Hof, el hotel donde se celebra la conferencia, el historiador Timothy Garton Ash. “Es una cuestión de soberanía digital”, indicó a este diario Norbert Röttgen, presidente de la comisión de Exteriores del Bundestag. Röttgen cree que el desarrollo de infraestructuras digitales podría convertirse en una oportunidad para desarrollar proyectos transatlánticos conjuntos y demostrar que la cooperación es posible.

China fue el gran elefante en la habitación, pero a la vez, ejerció de constatación y ejemplo máximo del cambio de los tiempos y de que ahí fuera hay una modernidad alternativa. Lo dijo Sebastian Kurz, el canciller austriaco conservador. “Lo que ha cambiado es que vemos que hay otros sistemas que pueden ser exitosos económicamente. China ha construido un hospital en diez días”, recordó.

Por eso, Wolfgang Schäuble, el presidente del Bundestag alemán, advirtió de que la erosión de los valores occidentales es solo una de las caras de la moneda. La otra tiene que ver con “la competencia económica”. Las libertades, dijo, deben ir acompañadas de “mercados eficientes y con crecimiento”. La ministra española de Exteriores, Arancha González Laya, participó en un debate sobre el futuro del comercio internacional, donde defendió la cooperación para gestionar la interdependencia.

En Múnich hubo autocrítica, declaraciones de intenciones y promesas, pero por momentos la cita sonaba a una cámara de eco. Los participantes hablaban de tender puentes a los que piensan diferente, de un Occidente más diverso, de la necesidad de un diálogo profundo con los otros. El problema es que esas otras voces apenas se escucharon el viernes en Múnich, donde el mensaje monocorde corría el riesgo de ejercer de profecía autocumplida.

Ante tanto pesisismo, Krastev fue el encargado de arrojar algo de luz al final del túnel. Habló de la resiliencia de los sistemas democráticos, que se resisten a morir –“miren a Hong, Hong”, dijo–. Y habló también de cómo en el Este de Europa hay cada vez más líderes liberales, como reacción a las corrientes nacionalistas. “El nacionalismo es una vacuna”, se consoló. “Ahora hablamos y nos tomamos más en serio la democracia que hace cinco años”.

Por Ana Carbajosa

Múnich 14 FEB 2020 - 15:50 COT

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Evo Morales podría ser candidato a diputado o senador de Bolivia

El expresidente aceptó la propuesta del MAS de Cochabamba

El mandatario depuesto entregó un poder a su abogado para poder registrarse como candidato. Ahora, la postulación será debatida por su partido. Sobre  Morales recae una orden de detención por sedición y terrorismo. 

 

El depuesto presidente de Bolivia, Evo Morales, aceptó la propuesta del Movimiento Al Socialismo (MAS) de Cochabamba para ser candidato a diputado o senador de Bolivia. La candidatura se someterá ahora al debate interno del partido. La posible postulación de Morales generó revuelo en Bolivia, y constitucionalistas debaten en torno a dos aspectos: si cumple con la permanencia en el país durante los dos años anteriores al acto eleccionario, y si se verá afectado debido a la causa por sedición y terrorismo que recae sobre sus espaldas.

Morales "aceptó el pedido de la Dirección Departamental de Cochabamba del MAS de firmar un poder ante la posibilidad de ser designado como candidato a la Asamblea Legislativa", establece un comunicado difundido por el partido. El poder que entregó a su abogado autoriza al expresidente a ejecutar los trámites ante el órgano electoral si decide finalmente la inscripción de su candidatura.

"Estamos valorando jurídicamente si vuelvo o no vuelvo", aseguró Morales en una entrevista con El Destape Radio. "En mi departamento me han pedido ser candidato a diputado nacional o senador. Hace tiempo pensé dejar la política, porque nosotros ganamos la elecciones y lamentablemente nos robaron. Ahora me han provocado y tendré que responder con la política", sostuvo.

El plazo para presentar candidaturas está abierto hasta el próximo tres de febrero, aunque en Bolivia se cuestiona si Morales cumple con uno de los requisitos que establece la Constitución: "Haber residido de forma permanente al menos los dos años inmediatamente anteriores a la elección en la circunscripción correspondiente".

Morales se vio obligado a presentar la renuncia el pasado diez de noviembre debido a una fuerte presión de las fuerzas armadas, la policía y sectores reaccionarios, y un día después salió del país. Ya hace más de dos meses que no se encuentra en territorio nacional. "Con seguridad van a plantear una demanda de inhabilitación, y es una prueba de fuego para el Tribunal Supremo Electoral", aseguró el analista político y exparlamentario, Carlos Börth.

El expresidente deberá sortear otro obstáculo si finalmente decide ser candidato. Tiene una orden de detención de la Fiscalía si regresa a Bolivia, por cargos de terrorismo y sedición. Se lo acusa de haber organizado bloqueos en La Paz, cuando ya había salido de Bolivia y se encontraba asilado en México.

Pero el equipo jurídico de Morales, al que se incorporó el exjuez español Baltasar Garzón, considera nula la orden de detención, por ser anterior al 21 de enero, fecha en la que el Parlamento boliviano aceptó su renuncia como presidente. 

Otro argumento esgrimido por la oposición al masismo consiste en que buscaría los fueros parlamentarios con esta candidatura. La jurista Silvia Salame, exmagistrada del Tribunal Electoral, dijo al respecto que un escaño "no le concederá inmunidad en los procesos en su contra por sedición y terrorismo". La figura de inmunidad parlamentaria fue eliminada en la Constitución de 2009 que el propio Morales promulgó.

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Lunes, 27 Enero 2020 07:02

El aislacionismo de EU

El aislacionismo de EU

En el momento en que Donald Trump condenaba a los ambientalistas en Davos por ser "los perennes profetas de la fatalidad", su juicio de destitución empezaba en Washington. Por pura casualidad, en ese mismo instante yo leía la nueva edición de un libro escrito por un niño sobreviviente al holocausto armenio de 1915, el cual, de manera conmovedora y poética, decía más acerca de Estados Unidos que cualquier cosa que Trump –o el Congreso de su país– pudiera jamás expresar.

Leon Surmelian perdió a sus dos padres en 1915 y, poco después de la Segunda Guerra Mundial, publicó Yo les pregunto, señoras y señores, pleno de horrorosos detalles como los que únicamente los relatos del Holocausto judío, un cuarto de siglo después, llegarían a incluir. Recordaba el cuerpo desnudo y mutilado de una joven en un río de Turquía –"sus largos cabellos flotaban río abajo"– y "un brazo humano atrapado en las raíces de un árbol", así como "una larga, larga franja de sangre espumosa pegada a las riberas".

No es raro que los judíos hablen actualmente de la shoah armenia –el holocausto, en hebreo–, que primero golpeó a los cristianos del imperio otomano. Pero fue la salvación de Surmelian, cuando más tarde viajó a Constantinopla y visitó el Robert College, operado por Estados Unidos sobre una colina, cerca del Castillo de Roma, en Estambul, lo que me llamó la atención en su libro. El colegio, hoy de 154 años de antigüedad y aún situado entre los dos puentes del Bósforo, coeducacional e independiente, causó una honda impresión en el joven armenio, cuyo sueño era emigrar a Estados Unidos.

Esto es lo que escribió:

“El campus del Robert College… con sus modernos edificios, laboratorios, gimnasio, canchas de tenis y pista de atletismo, era un impresionante ejemplo de la educación estadunidense. En ninguna parte de la ciudad había edificios tan magníficos, semejante despliegue de riqueza y educación para los jóvenes. Pero para mí lo más notable era esto: allí muchachos armenios y griegos se sentaban en la misma clase con alumnos turcos, estaban… en contacto cotidiano como miembros de una sociedad civilizada, sin peleas, sin disputas raciales. También había estudiantes búlgaros, rusos, judíos, ingleses, persas, todos viviendo en armonía. Como Estados Unidos no tenía ambiciones territoriales en nuestra parte del mundo, disfrutaba de una autoridad moral única. Y, más que las maravillas mecánicas, el progreso industrial y el poder, era esta autoridad moral lo que ninguna otra nación sobre la Tierra poseía. En mi mente, el concepto de Estados Unidos se basaba en eso…”

Allí lo tienen. Todo lo que Estados Unidos era es lo que Trump no es. Y todo lo que Estados Unidos es hoy no existía en Medio Oriente al final de la Primera Guerra Mundial. Como la Universidad Americana de Beirut, que era un faro de educación e ilustración estadunidense. Piensen en Trump, y luego reflexionen en estudiantes étnicamente mezclados y diversos –muchos de cuyos padres habían sido enemigos apenas unos meses antes–, sentados lado a lado como miembros de la "sociedad civilizada" que Surmelian identificaba rápidamente como estadunidense. La prohibición de inmigrantes musulmanes y los muros en la frontera con México hubieran sido impensables en el Robert College.

¿Y qué queda de la "autoridad moral única" cuando el presidente actual hace pedazos tratados nucleares con Irán, acuerdos sobre cambio climático y alianzas militares, traiciona a los kurdos, destruye las esperanzas de un Estado palestino y exige dinero por todo lo que sus soldados hacen en Medio Oriente… pagar por su presencia o pagar si los árabes quieren que se vayan?

Surmelian habría entendido la obsesión de Trump con las "maravillas mecánicas", con el "progreso industrial" y el poder. Al mismo joven armenio le fascinaban estos aspectos de Estados Unidos. Sin embargo, pese a tener aún pocos estudios, entendía lo que significaba la moral –y la "autoridad moral"–: la existencia de una nación poderosa que quería guiar al mundo por el ejemplo más que por la fuerza bruta, que prefería ofrecer educación a los pobres y no miles de millones de dólares en armas a quienes los oprimían, que quería guiar por el ejemplo y no por el amedrentamiento. Trump pretende "capturar audazmente el día"; el viejo Estados Unidos quería llevar la luz del día a otros.

¿O de veras eso quería? Porque, detrás de cada mito edificante en Medio Oriente, por lo regular asoma un negro futuro. A ese mismo Estados Unidos que Surmelian tanto admiraba se le ofreció después de la Primera Guerra Mundial, en 1919, el mandato de la devastada Armenia y de los kurdos carentes de un Estado nacional; un mandato similar al cáliz envenenado que se dio a los británicos en Palestina e Irak y a los franceses en Siria. Todo era parte del principio de Woodrow Wilson del "derecho de los pueblos a la autodeterminación". Incluso se envió a las ruinas de Armenia una misión militar estadunidense, encabezada por el general James Harbord de la Primera Guerra Mundial. Uno de sus hallazgos concluyó que, en muchas zonas de lo que había sido el oeste de Armenia, los turcos ya sobrepasaban en número a los armenios, lo que no era sorprendente, puesto que los turcos habían masacrado a millón y medio de armenios, entre ellos los padres de Surmelian, en 1915.

Había demasiado odio en el ambiente, pensaba Harbord, como para que Estados Unidos asumiera el mandato en Armenia, el cual habría dado a lo que queda del Estado armenio algo del territorio interior turco-otomano alrededor de Van y Trabzon, incluso con un acceso al Mar Negro. Los estadunidenses también decidieron que no querían administrar el Kurdistán. Así fue como los armenios –y los kurdos– fueron en verdad traicionados por Estados Unidos. Y esto, recuerden, fue cien años antes de que Turquía asustara tanto a la presidencia estadunidense (desde Carter, Clinton, los Bush y Obama hasta Trump) que Estados Unidos jamás reconocería formalmente que la matanza de armenios en 1915 fue un genocidio. Y un siglo antes de que Trump entregara a los kurdos de Siria a la ocupación turca.

Tal vez el aislacionismo alcance su capítulo final en el narcisismo, la codicia, la deshonestidad y la locura del trumpismo. Puede que Trump se presente ahora como el mayor amigo de Israel y traslade a Jerusalén la embajada de su país, pero sus predecesores les cerraron las puertas a los refugiados judíos europeos que huían de los nazis. O tal vez el entusiasmo de un Estados Unidos más joven –fermentado con un celo misionero cristiano– no iba a producir jamás la "autoridad moral" que Surmelian vio en ese país. Debemos recordar que Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial para combatir a los nazis y a los japoneses, pero no hasta que éstos atacaron Pearl Harbor en 1941 y hasta que Hitler le declaró la guerra (y no al revés).

Aún quedan almas valientes en Medio Oriente que creen que la educación universal, la sustancia, calidad y esencia de lo que Surmelian reconoció en Constantinopla, sigue siendo el único futuro viable de la región… y de nosotros, en nuestra ignorancia de sus pueblos. Pero es agua en el desierto si continuamos traicionando a los palestinos, los kurdos y las millones de personas que sufrirán bajo nuestros bien armados dictadores locales, ya sea el "dictador favorito" de Trump, el presidente Al Sisi de Egipto –a quien me pareció ver en Davos, ¿cierto?–, o el aún más siniestro Mohammed bin Salmán, o Assad (armado por los rusos, desde luego) o las milicias de Libia, Yemen o Irak. Si Trump es capaz de mezclar a Al Qaeda con los kurdos –como hizo alguna vez– y destacar que éstos (por alguna extraña razón) no participaron en el Día D, y luego exigir que los palestinos acepten dinero a cambio de renunciar al derecho a tener un Estado… bueno, entonces los estadunidenses están acabados en Medio Oriente. Sabemos, claro, quién no está acabado en la región.

Pero, repito, cuando se tiene un presidente estadunidense que cree que su país debe recibir una paga por intervenir militarmente en Medio Oriente, y luego otra por retirarse –de ahí la amenaza de sanciones contra Irak (cuyo presidente fue descrito de paso esta semana como "presidente de Irán" en un video de la Casa Blanca) entonces el dinero y más dinero ha remplazado la largamente olvidada autoridad moral.

Después de todo, Moscú parece tener ahora más "ambiciones territoriales" (de nuevo en palabras de Surmelian) en Medio Oriente que Washington.

Y ustedes deberían leer lo que Surmelian pensaba de la revolución rusa y del bolchevismo. Pero esa es otra historia.

© The IndependentTraducción: Jorge Anaya

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Lunes, 27 Enero 2020 06:32

Contrastes

Analistas consideran que el aspirante "socialista democrático" Bernie Sanders tiene posibilidades de ganar la candidatura demócrata para enfrentar a Donald Trump en los comicios presidenciales de este año. La imagen, ayer en Iowa.Foto Ap

El socialista democrÁtico Bernie Sanders, precandidato presidencial demócrata, está ganando –ocupa el primer lugar en las encuestas en los dos primeros estados en realizar elecciones internas del Partido Demócrata, así como en algunas encuestas nacionales, cuenta con más fondos que todos sus contrincantes (de contribuciones individuales de más de 5 millones de donantes, sin un millonario), y de repente todo el elenco de analistas, comentaristas y periodistas del llamado mainstream que lo habían descartado durante meses ahora afirman que, pues fíjense que el candidato más progresista podría ganar la nominación presidencial demócrata.

Al mismo tiempo, el populista derechista Donald Trump está ganando. Todo indica que será exonerado en el juicio político, lo cual proclamará como un triunfo contra los diabólicos izquierdistas del Partido Demócrata que deseaban anular los resultados de la pasada elección, así como su relección este año. A pesar de pruebas abrumadoras del uso corrupto y abusivo de su puesto para intereses propios, y la obstrucción de las investigaciones sobre su comportamiento ilegal, Trump ha mantenido fieles a sus filas y de manera sorpresiva sigue con la misma aprobación pública desde que llego a la Casa Blanca, alrededor de 40 por ciento, que aunque es históricamente baja para un presidente, es suficiente para mantener el poder, por ahora.

Trump intenta imponer su marca sobre el mundo, al anunciar en Davos que en su mando, Estados Unidos está ganando de nuevo como nunca antes y que por eso sus aliados en el mundo están mejor. Su secretario de Estado, Mike Pompeo, afirmó hace unos días que “a pesar de lo que algunos leen en otras partes de que a la gente no le gusta America, donde yo vaya veo un profundo amor por nuestro país… El mundo sabe lo que representamos… la libertad… y lo quieren también”.

Pero resulta que no –un sondeo reciente del Centro de Investigación Pew entre personas de 32 países registra que una amplia mayoría, 64 por ciento, no tienen confianza en que Trump haga lo correcto en política exterior–; en México, 89 por ciento no le tiene confianza ( https://www.pewresearch.org/global/2020/ 01/08/trump-ratings-remain-low-around- globe-while-views-of-u-s-stay-mostly-favorable/ ).

Y aquí, mientras todos repiten que el país está polarizado, integrantes destacados de la cúpula de ambos partidos y sus patrocinadores cenan juntos. Jeff Bezos, jefe de Amazon y del Washington Post –frecuentemente atacado como medio enemigo– y el hombre más rico del país, hizo una gran fiesta en su nueva mansión de 23 millones de dólares en Washington a la cual asistieron varios ejecutivos, incluido el segundo hombre más rico del país, Bill Gates, la hija de Trump, Ivanka, y su marido Jared Kushner, la consejera presidencial Kellyanne Conway, los secretarios de Transporte y Comercio, la conductora del noticiero nacional de CBS News, el ex secretario de Defensa de Trump, Jim Mattis, los ejecutivos en jefe de Goldman Sachs y JP Morgan Chase, un ex secretario de prensa de Obama, y así.

Mientras se habla de la grave polarización en este país, parece que hay suficiente consenso entre la élite como para poder impulsar políticas rechazadas por las mayorías, como el libre comercio, anulación de regulaciones ambientales, reducción de impuestos sobre empresas y multimillonarios, y el negocio de guerras interminables.

Hace recordar esa famosa frase del escritor y crítico Gore Vidal: “hay un solo partido en Estados Unidos, el Partido de la Propiedad… y tiene dos alas derechas: republicanos y demócratas”.

Tal vez lo más importante es quién no asistió a la fiesta, por ejemplo, no invitaron a Sanders ni a sus aliados.

Los contrastes sirven para saber lo mas importante: de qué lado estás.

https://www.youtube.com/watch?v=9X EnTxlBuGo"https://www.youtube.com/watch?v=9XEnTxlBuGo

https://www.youtube.com/ watch?v=Sx-ATtinIj4

https://open.spotify.com/track/ 4rzhyomGxgWvvXQSdcZbCA?si=23M-GrHLS0OwCDqowja7Ng

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Jueves, 23 Enero 2020 07:50

China y el destino del mundo

China y el destino del mundo

De creer lo que se escribe a derecha e izquierda sobre China, ¡no habría nada más que hablar! Se dice que el país ha capitulado y se ha vuelto capitalista, al margen de lo que pueda pretender el propio régimen chino. Es precisamente contra esta opinión casi unánime contra lo que luchan enérgicamente los economistas Rémy Herrera y Zhiming Long en su libro La Chine est-elle capitaliste?* [¿Es capitalista China?].

 

Intereses

Es una cuestión fundamental para la izquierda. En primer lugar porque se trata de casi una cuarta parte de la población mundial y de uno de los raros y últimos países surgidos de una revolución socialista, de modo que la dirección que adopte China será determinante para el futuro del planeta.

Más aún, es un reto importante para la batalla de las ideas en nuestros países. El desarrollo económico de China es un éxito impresionante. En el momento en el que el capitalismo ofrece signos evidentes de declive hay un interés extraordinario en reivindicar como "capitalista" el éxito de China. De este modo sigue siendo posible atribuirse cierto crédito ideológico e incluso desanimar un poco a las fuerzas adversas. Por medio del pensamiento único neoliberal se hace lo imposible para convencer a la gente de que el socialismo no tienen futuro. Una China socialista rompería los esquemas.

Todo es cuestión de punto de vista

Por supuesto, hay una serie de fenómenos evidentes que abogan a favor de reconocer a China como un ejemplo de capitalismo: la cantidad cada vez más importante de personas multimillonarias, el consumismo de amplios sectores de la población, la introducción de muchos mecanismos de mercado después de 1978, la implantación de casi todas las grandes empresas occidentales que por medio de salarios muy bajos tratan de convertir al país en una gran plataforma capitalista, la presencia de los mayores bancos capitalistas en suelo chino y la omnipresencia de empresas privadas en los mercados internacionales.

Pero, según argumentan Herrera y Long, si Francia o cualquier otro país occidental colectivizara toda la propiedad de la tierra y del subsuelo, nacionalizara las infraestructuras del país, pusiera en manos del gobierno la responsabilidad de las industrias clave, estableciera una rigurosa planificación central; si el gobierno ejerciera un control estricto sobre la moneda, sobre todos los grandes bancos e instituciones financieras; si el gobierno vigilara de cerca el comportamiento de todas las empresas nacionales e internacionales; y, por si aún no fuera suficiente, si en la cima de la pirámide política estuviera un partido comunista que supervisara el conjunto... ¿se podría entonces seguir hablando de un país "capitalista" sin caer en el ridículo? A todas luces, no. Evidentemente lo calificaríamos de socialista e incluso de comunista. Sin embargo, curiosamente hay una obstinada reticencia a calificar así al sistema político-económico vigente en China.

En opinión de los autores, para entender bien el sistema chino y no enredarse en observaciones superficiales hay que tener en cuenta varios factores excepcionales que caracterizan al país, empezando por la cantidad enorme de personas que compone su población así como la extensión y diversidad de su territorio.

También es indispensable mantener en perspectiva los diferentes periodos, cada uno de ellos de siglos de duración, a lo largo de los cuales fueron tomando forma la nación y la cultura.

Así, durante dos mil años el Estado se apropió de la plusvalía de las personas campesinas y también reprimió duramente toda iniciativa privada y transformó las grandes unidades de producción en monopolios del Estado. A lo largo de esos siglos nunca se habló de capitalismo.

Finalmente conviene tener en cuenta la humillaciones coloniales de la segunda parte del siglo XIX y de una primera mitad del siglo XX particularmente convulsa, con tres revoluciones y otras tantas guerras civiles. Así, durante una guerra civil que duró treinta años el Partido Comunista llevó a cabo en los "territorios liberados" muchas experiencias en las que el sector privado se dejó en gran medida intacto con el fin de que compitiera con las nuevas formas de producción colectiva.

Más allá de los clichés

Antes de analizar las especificidades del sistema Herrera y Long saldan cuentas con dos clichés arraigados sobre el éxito de China. El primero, muy extendido, mantiene que el crecimiento económico rápido llega después de las reformas de Deng Xiaoping de 1978 y gracias a ellas, lo cual es totalmente falso. En los diez años anteriores a este periodo la economía ya había conocido un crecimiento del 6,8 %, es decir, el doble del que tuvo Estados Unidos en el mismo periodo. Teniendo en cuenta las inversiones en medios de producción (capital fijo) y en conocimientos y experiencia (recursos educativos), se aprecia un crecimiento casi equivalente para los mismos periodos e incluso un crecimiento más importante investigación y desarrollo en el caso del primer periodo.

La política agrícola es un elemento esencial para explicar el éxito de China, que es uno de los pocos países del mundo que garantizó a sus poblaciones campesinas un acceso a las tierras agrícolas. Después de la revolución la gestión de las tierras agrícolas dependía del gobierno, que asignaba a cada campesino una porción de tierras agrícolas. Esta regla continúa vigente hoy en día. La cuestión agrícola es fundamental en una China que debe alimentar a casi el 20 % de la población mundial con solo un 7 % de tierras agrícolas fértiles. Hay que tener en cuenta que en China se habla de un cuarto de hectárea de tierra agrícola por habitante, en India del doble y en Estados Unidos de cien veces más.

A pesar de los errores del Gran Salto Adelante China iba a lograr alimentar a su población bastante rápidamente, tanto más cuanto que las plusvalías generadas por la agricultura se invirtieron en la industria, con lo que se establecieron las condiciones de un desarrollo industrial rápido. El crecimiento espectacular del 9,9 % en el periodo que siguió a las reformas solo fue posible gracias a los esfuerzos y a los logros de los treinta primeros años posteriores a la revolución. Bien mirado, bajo Mao el país ya había conocido un crecimiento impresionante. Bajo su dirección se triplicaron los ingreso por habitante mientras que la población se duplicaba. Y los autores destacan también que en su fase inicial la economía china ni era una "autarquía" ni tenía voluntad de replegarse sobre sí misma sino que el país sufría un embargo de Occidente.

Según un segundo cliché muy extendido este crecimiento espectacular es el resultado natural y lógico de la apertura de la economía y de la integración en el mercado mundial capitalista y, más particularmente, de la entrada en la Organización Mundial de Comercio (OMC) en 2001. Pero esto tampoco se sostiene. Mucho antes de dicha entrada China conocía ya un fuerte crecimiento económico: entre 1961 y 2001 se habla de un crecimiento anual del 8 %. Es indudable que esta apertura fue un éxito, pero el aumento del crecimiento no fue en absoluto espectacular. En los cinco primeros años después de la entrada [en la OMC] el crecimiento económico apenas aumentó poco más del 2 %.

La apertura económica a países extranjeros (comercio, inversiones y flujo de capitales financieros) tuvo unas consecuencias desastrosas para muchos países del tercer mundo. En China esta apertura fue un éxito porque se sometió a las necesidades y objetivos del país, y porque estaba totalmente integrada en una sólida estrategia de desarrollo. Según Herrera y Long, la coherencia de la estrategia de desarrollo en China no tiene equivalentes entre los países del Sur.

Ni comunismo ni capitalismo

Por consiguiente, ¿qué se oculta detrás del "socialismo con características chinas"? Para los autores, sin lugar a dudas no se trata de comunismo en el sentido clásico del término. Marx y Engels entendía por comunismo la abolición del trabajo asalariado, la desaparición del Estado y la autogestión de la producción. No es el caso de la China actual, como tampoco fue nunca el caso en los países del "socialismo real". En China no fue tanto la consecuencia de una opción ideológica como de las extremadamente difíciles circunstancias en las que nació y se tuvo que realizar la revolución. En 1949, tras una guerra civil interminable, se instala un Estado que se denomina "comunista" y que a medida que avanzaba se fue distanciando del modelo soviético.

Después de la apertura y las reformas bajo Deng Xiaoping "el socialismo retrocedió enormemente en China. Hoy estamos lejos del ideal igualitario comunista". Los autores señalan en este sentido una serie de parámetros como el individualismo, el consumismo, el afán por los negocios lucrativos, el arribismo, el gusto por el lujo y la apariencia, la corrupción, etc. Es indudable que estos aspectos son preocupantes, aunque el gobierno chino hace todo para restablecer la "moral socialista".

Aunque es indudable que no es comunismo, tampoco es capitalismo. Para Marx el capitalismo supone "una separación muy fuerte entre el trabajo y la propiedad de los principales medios de producción". Los propietarios del capital tienen tendencia a formar colectivos (accionistas) que ya no gestionan directamente el proceso de producción sino que lo dejan en manos de los gestores. A menudo el beneficio adopta la forma de dividendos sobre las acciones.

La mayor parte de las muchas empresas (en general pequeñas empresas familiares artesanales) no responde a este criterio, ni tampoco las muchas empresas "colectivas" en las que las personas obreras son propietarias del aparato de producción y tienen derecho a voto en el nivel directivo, y menos aún en el caso de las cooperativas.

Ni siquiera en las empresas estatales está tan clara la separación entre trabajo y propiedad porque incluso ahí existe una forma de cogestión por parte de las personas obreras y empleadas, aunque sea limitada. En resumen, a menudo es muy relativa la separación entre trabajo y propiedad.

Otro criterio para definir el capitalismo es "la maximización del beneficio individual". Esto no es en absoluto relevante en las grandes empresas estatales donde se concentran los medios de producción más importantes.

Por consiguiente, no se trata de capitalismo pero, entonces, ¿quizá es "capitalismo de Estado" (1)?. Según los autores del libro, el término se acerca más aunque sigue siendo demasiado difuso, demasiado vago al tiempo que encierra demasiados sobreentendidos.

Entonces, ¿de qué se trata?

Los principales dirigentes chinos no niegan la presencia de elementos capitalistas en su economía, pero los consideran uno de los componentes de su sistema híbrido cuyos sectores claves están en manos del gobierno. Para ellos China navega todavía por "la primera fase del socialismo, esto es, una etapa que se considera imprescindible para desarrollar las fuerzas productivas". El objetivo histórico es y sigue siendo un socialismo avanzado. Como Marx y Lenin, se niegan a considerar el comunismo "un reparto de la miseria" y, por consiguiente, afirman "su voluntad de proseguir una transición socialista durante la cual una muy amplia mayoría de la población podrá acceder a la prosperidad. ¿No se demostraría a la vez que el socialismo puede y debe superar al capitalismo?", se preguntan los autores.

Describen el sistema político-económico de China como "socialismo de mercado o con mercado". Dicho sistema se basa en diez pilares, muy ajenos al capitalismo:

 

- La perennidad de una planificación fuerte y modernizada, que ya no es el sistema rígido y extremadamente centralizado de los primeros tiempos.

- Una forma de democracia política, claramente perfeccionable, pero que hace posible las opciones colectivas que están en la base de dicha planificación.

- La existencia de unos servicios públicos muy amplios que en su mayor parte siguen estando al margen del mercado.

- Una propiedad de la tierra y de los recursos naturales que siguen siendo de dominio público.

- Unas formas diversificadas de propiedad, adecuadas a la socialización de las fuerzas productivas: empresas públicas, pequeña propiedad privada individual o propiedad socializada. Durante una larga transición socialista se mantiene, incluso se fomenta, la propiedad capitalista a fin de dinamizar el conjunto de la actividad económica y de incitar a las demás formas de propiedades a ser eficaces.

- Una política general que consiste en aumentar relativamente más rápidamente las remuneraciones del trabajo respecto a otras fuentes de ingresos.

- La voluntad declarada de justicia social promovida por los poderes públicos, según una perspectiva igualitaria frente a una tendencia de varias décadas al empeoramiento de las desigualdades sociales.

- Se da prioridad a preservar el medioambiente.

- Una concepción de las relaciones económicas entre los Estados basadas en el principio de que todos ganan.

- Unas relaciones políticas entre Estados basadas en la búsqueda sistemática de la paz y de unas relaciones más equilibradas entre los pueblos.

 

Algunos de estos pilares se abordan con más detalle. Aquí distinguiremos dos de ellos: el papel clave de las empresas estatales y de la planificación modernizada. El libro también trata un asunto importante: la relación entre el poder político y el económico.

Las empresas estatales desempeñan un papel estratégico en el conjunto de la economía. Operan de un modo que no va en detrimento de las muchas pequeñas empresas privadas ni del tejido industrial nacional. Sus objetivos se orientan a las inversiones productivas y pueden proporcionar fácilmente servicios baratos tanto a otras empresas como a proyectos colectivos. Dentro de estas empresas el propio Estado puede determinar qué gestión sería la más adecuada. En todo caso, el papel que desempeñan las empresas estatales es una de las explicaciones esenciales de los buenos resultados de la economía china. Y también desempeñan su papel en ámbito social. Las empresas estatales pueden remunerar mejor a sus empleados y ofrecerles una cobertura de seguridad social mejor. En este sector es más posible salvar la brecha entre ricos y pobres.

El proyecto de una economía es "el verdadero espacio donde una nación elige un destino común y el medio para que un pueblo soberano se convierta en su dueño". Según Herrera y Long, en el caso de China se trata de una "planificación" fuerte cuyas técnicas se han suavizado, modernizado y adaptado a las exigencias del presente. En la antigua "planificación excesivamente centralizada" una empresa debía aceptar los productos a pesar del coste real al que se habían fabricado.

Este mecanismo limitaba enormemente las posibilidades de iniciativa de las empresas así como la propia eficacia del sector productivo en su conjunto. La calidad y el costo se consideraban problemas "administrativos" o "tecnocráticos" y perdían su posibilidad de estimular la economía. Los imperativos y limitaciones de la producción se manifestaron en una recurrencia de las crisis de disponibilidad de los recursos materiales.

Por consiguiente, desde finales de la década de 1990 interviene una planificación más flexible, monetarizada y descentralizada. Esta nueva planificación seguía estando bajo la dirección de una autoridad central macroeconómica. Se dio a las empresas más autonomía para gestionar las divisas y comprar mercancías. Esta flexibilización llenó varias lagunas de la antigua planificación y llevó a un desarrollo económico más intensivo (2) y respetuoso con el medio ambiente.

¿Para una transición al socialismo es necesario que coincidan perfectamente los poderes económico y político? Los autores creen que no. En cambio, es necesario que quienes poseen el poder económico (los capitalistas) estén bajo la tutela estrecha del poder político. A este respecto los autores remiten a una discusión que tuvo lugar en 1958 entre Mao Zedong y el gobierno soviético de entonces. Según Mao Zedong, la revolución china podía seguir caminando sin problemas aunque China todavía contara con capitalistas. Su argumento era que la clase capitalista ya no controlaba al Estado sino que este control lo ejercía entonces el Partido Comunista (3). Según los autores, actualmente la alta proporción de propiedad pública en los sectores estratégicos limita eficazmente las ambiciones de los propietarios del capital nacional privado. Además, el Partido Comunista sigue estando en posición de impedir que la burguesía se vuelva a convertir en una clase dominante.

El futuro

Permanece en suspense la opinión de los autores respecto la posible trayectoria de China. Sigue siendo posible una progresión en la dirección del socialismo, aunque no se pueda excluir una restauración del capitalismo. La lucha de clases será quien determine la cuestión. En la China actual los equilibrios de clase son complejos. Por una parte está el Partido Comunista que se apoya sobre todo en las clases medias y en los empresarios privados, dos grupos a los que en las últimas décadas les ha interesado fomentar una economía con un alto crecimiento. Por otra parte están las masas obreras y campesinas "que siguen creyendo en la posibilidad de constituirse como sujetos de su historia y que siguen proyectando sus esperanzas en un futuro socialista".

Ahora la cuestión es saber si el partido logrará perpetuar sus éxitos sin desequilibrar la relación de fuerzas a beneficio de las personas trabajadoras y campesinas. Si el partido toma el camino del capitalismo corre peligro de trastornar este frágil equilibrio. Eso podría provocar grandes confrontaciones políticas e incluso provocar a una pérdida de control de las oposiciones sobre las que reposa el sistema, lo que supondría un fracaso en lo que concierne a las estrategias de desarrollo a largo plazo.

El desenlace es incierto, pero para los autores se pueden observar muchos aspectos que marcan claramente la diferencia con el capitalismo.

Más allá de esto, también están los objetivos a largo plazo del socialismo y hay potencial para reactivar el proyecto.

Otro factor de incertidumbre que es determinante para el futuro es el capitalismo de los monopolios financieros sostenidos por la hegemonía de Estados Unidos, que cada vez busca más la confrontación con China a pesar del denso tejido económico que existe entre ambos países. Herrera y Long advierten de que en Occidente debemos ser conscientes de que el capitalismo mundial está en un callejón sin salida y "que la agonía de este sistema solo aportará a los pueblos del mundo devastaciones sociales en el Norte y guerras militares contra el Sur".

Hay que añadir que sólo podemos esperar que la lógica capitalista se pueda mantener bajo control en China. De lo contrario, nos encontraríamos en una situación comparable a la que caracterizó la víspera de la Primera Guerra Mundial, cuando los bloques imperialistas emprendieron un pulso a fin de ampliar su zona de influencia o mantenerla.

Los autores no esbozan una historia triunfante. El "socialismo con características chinas" no constituye en modo alguno un "ideal logrado del proyecto comunista. Sus desequilibrios son demasiado patentes". En este sentido señalan que China sigue siendo un país en vías de desarrollo y que precisamente por ello "este proceso será largo, difícil, lleno de contradicciones y de riesgos", lo que no debería sorprendernos porque "¿acaso el capitalismo no necesitó siglos para imponerse?". Los muchos desequilibrios y contradicciones deberían frenar a las personas simpatizantes o al menos impedirles caer en la tentación de exportar demasiado rápido la receta china.

Algunas notas al margen…

Aunque Herrera y Long son profesores universitarios saben cómo exponer sus argumentos de forma ligera, legible y convincente. El libro contiene información sólida, con cifras y muchos gráficos útiles. En el anexo se incluye una cronología muy interesante que traza la historia de China desde el comienzo de la humanidad. Un punto débil del libro es que no todos los argumentos son tan exhaustivos, además de ser demasiado conciso para ello.

El punto de vista elegido es económico, lo que tiene la ventaja de ser más materialista que "fluctuante" y la desventaja de subestimar a veces el papel de la lucha ideológica. Herrera y Long señalan algunos aspectos negativos en este sentido, pero subestiman el hecho de que toda la sociedad está literalmente impregnada de la propaganda capitalista, incluso dentro del propio Partido Comunista. En este sentido son esclarecedores los acontecimientos de Tiananmen ya que, en efecto, faltó muy poco para que China tomara el mismo camino que la Unión Soviética. Si se quiere mantener el rumbo en dirección del socialismo será crucial frenar la ideología capitalista.

En su argumentación sobre si el sistema es capitalista o no se centran en la cuestión de las relaciones de propiedad, lo cual es correcto, pero sólo en parte porque las relaciones de propiedad no dicen todo respecto al control que ejerce el gobierno sobre la economía. Al dar o no acceso a los contratos de adjudicación, a los beneficios fiscales, al acceso a los fondos de inversión del gobierno, a las instituciones financieras y a los subsidios, etc., el gobierno central dirige de hecho grandes sectores, incluidas empresas privadas, sin tener un control directo sobre estas empresas como tales ni poseer acciones en ellas (4).

Por múltiples razones China es uno de los países peor comprendidos del mundo, por lo que el libro de Herrera y Long es más que bienvenido. De forma valiente va a contracorriente de los prejuicios y señala algunos clichés arraigados. A la luz del relativo descenso a los infiernos del capitalismo, tanto económica como políticamente, los autores provocan la discusión ideológica. Esta es la segunda razón por la que es un libro muy recomendable

* Rémy Herrera y Zhiming Long, La Chine est-elle capitaliste ?, París, Éditions Critiques, 2019, 199 p.

Notas:

(1) El término "capitalismo de Estado" está lejos de referirse a la univocidad de un concepto sobre el que existe consenso. Ofrecemos a continuación algunos sistemas que podrían corresponder a este término:

- El Estado lleva a cabo actividades comerciales y remuneradoras, unas empresas estatales ejercen una gestión de tipo capitalista (aunque el Estado se considere socialista).

- Presencia fuerte o dominante de empresas de Estado en una economía capitalista.

- Los medios de producción están en manos del sector privado, pero se somete la economía a un plan económico o supervisión (cf. la obra de Lenin, Nueva política Económica).

- Una variante de lo anterior es que el Estado dispone de un fuerte control en materia de asignación de créditos e inversiones.

- Otra variante: el Estado interviene para proteger sus monopolios (capitalismo monopolista de Estado).

- Otra variante más: la economía está mayoritariamente subvencionada por el Estado, que se encarga de las cuestiones estratégicas de investigación y desarrollo.

- El gobierno gestiona la economía y se comporta como una gran empresa que utiliza la plusvalía generada por el trabajo para reinvertirla.

Fuentes: Ralph Miliband, Politieke theorie van het marxisme, Amsterdam, 1981, p. 91-100; http://en.wikipedia.org/wiki/State_capitalism .

(2) Un desarrollo extensivo equivale a un crecimiento cuantitativo, más de lo mismo por medio de la inversión de más personas y máquinas o haciéndolas trabajar de manera más intensiva. Desarrollo intensivo = crecimiento cuantitativo basado en una mayor productividad.

(3) "There are still capitalists in China, but the state is under the leadership of the Communist Party", Mao Zedong, On Diplomacy, Beijing 1998, p. 251.

(4) Véase por ejemplo Roselyn Hsueh, China’s Regulatory StateA New Strategy for Globalization, Ithaca 2011; Zhao Zhikui, ‘Introduction to Socialism with Chinese Characteristics’, Bejing 2016, Cap. 3; Arthur Kroeber, ‘China’s Economy. What Everyone Needs to Know’, Oxford 2016; Robin Porter, ‘From Mao to Market. China Reconfigured’, Londres 2011, p. 177-184; Barry Naughton, ‘Is China Socialist?’, The Journal of Economic Perspectives, Vol. 31, No. 1 (invierno de 2017), pp. 3-24, https://www.jstor.org/stable/44133948?seq=5#metadata_info_tab_contents .

Por Marc Vandepitte

Investig’Action
Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos
 

Fuente: https://www.investigaction.net/fr/la-chine-et-la-destinee-du-monde/

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Carlos Mesa y Luis Fernando Camacho competirán en las elecciones de mayo.

Si hay una palabra en que todas las fuerzas contrarias al Movimiento al Socialismo coinciden esta es Unidad. El problema es cómo se entiende esto. Porque todos los candidatos señalan Unidad pero detrás de mí.

Así es muy posible que la derecha vaya atomizada en cuando menos 5 fórmulas. Todas ellas buscando salir segundos con la esperanza de que haya ballottage y reciban el apoyo de los otros contra ese fantasma que recorre Bolivia y que se llama proceso de cambio.

El primero en anunciar su candidatura fue Luis Fernando Camacho, abogado cruceño hijo de cochabambino que fue formado en la ultraderechista Unión Juvenil Cruceñista y llegó a ser su vicepresidente. Entre 2008 y 2009 la Unión Juvenil fue acusada de organización paramilitar por la Federación Internacional de Derechos Humanos.

Meses antes de la caída de Gonzalo Sánchez de Lozada, Camacho juró al Movimiento Nacionalista Revolucionario cuyo mandato concluyó con la renuncia de Goni el 2003.

El 2019 fue elegido presidente del Comité Por Santa Cruz. Irá acompañado de otro cívico. El potosino Marco Pumari quien coqueteó con el troskismo y posteriormente fue jefe de juventudes del MAS en su región organización de la que fue expulsado por un manejo “irregular” de dineros.

Agrupaciones como las del alcalde cruceño Percy Fernández han manifestado su apoyo al grupo cívico.

Tutito busca carguito

El segundo en lanzarse al ruedo fue Jorge Tuto Quiroga, un cochabambino que fuera ministro de gobiernos neoliberales, vicepresidente de Banzer y que finalmente asumió cuando el exdictador ya estaba desahuciado por el cáncer.

Fue candidato perdedor en otras dos contiendas electorales.

Recientemente Quiroga renunció a ser vocero internacional de Jeanine Añez para convencer al mundo que en Bolivia no hubo golpe de Estado.

Él siempre proclamó su admiración por el partido Republicano en Estados Unidos y estudio en Texas. Dice que Bolivia es demasiado pobre para ser de derecha. Bueno …

Verde que te quiero verde

La otra derecha cruceña es la comandada por el también excívico Rubén Costa cuyo nombre es Demócratas pero son conocidos como los verdes (uno de los dos colores de la región junto al blanco)

Ellos son los que actualmente se encuentran en el poder ya que Jeanine Añez es su militante.

En las elecciones del 2019 obtuvieron el 4.5 % de los votos pero ahora corren el peligro de desaparecer.

Camacho y Quiroga les disputan el electorado de ultraderecha. Pero de todos los verdes, la mejor posesionada es la actual presidenta Añez a quien un importante sector de su militancia quiere llevarla a las elecciones.

Ya la mandataria de facto ha abierto las compuertas a la posibilidad. Hay sillas que tienen la maldición del que se sienta no quiere irse más. La presidencial en Bolivia parece ser una de ellas.

El problema en los Demócratas (sólo tienen algún peso electoral en Santa Cruz y el Beni) es que Rubén Costa quiere apoyar a Camacho (para salvarse él mismo de las acusaciones de traición al movimiento autonomista cruceño) pero eso significaría subsumirse en un grupo inestable y aceptar las imposiciones de excívico que ha dicho: con todo gusto pero sin que éste obligado a nada y sin varios de sus cuadros a los que no quiero ni ver. En esta lista estaría incluso Oscar Ortiz.

Y por si fuera poco un sector del Partido Demócrata Cristiano anuncia la candidatura de Jasmine Barrientos, nieta del ex dictador René Barrientos y furibunda crítica de Morales.

El expresidente Carlos Mesa pretende desprenderse de izquierda y derecha y por ello ha señalado que su propuesta será respetuosa de los Derechos Humanos. No tiene el arrastre del 2019 donde primó el voto útil pero sí de sectores sobre todo de clase media que temen la violencia de cualquiera de los dos extremos. Al miedo a los indios se suma que más de uno considera que el actual gobierno está cometiendo arbitrariedades y abusos peores a los que le endilgan al partido de Evo Morales.

Mesa es sobre todo un intelectual de centro y sueña con terciar en la segunda vuelta y retornar al voto útil que lo llevó al 35 %.

Junto a él podría presentarse Samuel Doria Medina, un empresario y político que aún desoja margaritas para ver con quién irá a las elecciones.

Los milagros de Evo

Morales logró nuclear alrededor suyo a militantes de todas las izquierdas. Trotskystas, guevaristas, maoístas, kataristas, militantes del viejo PC. Los mejores cuadros de 40 años de lucha de esa histórica izquierda que había combatido a las dictaduras y al neoliberalismo se sumaban al llamado de eses indígena dirigente de los muy combativos cocaleros.

La derecha parece no tener el hombre, o la mujer, que posea ese imán.

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