Sábado, 07 Abril 2018 06:51

En el país de lo imprevisible

En el país de lo imprevisible

La impunidad olímpica con la que actuó el juez Moro, conduciendo un juicio de manera totalmente arbitraria y atropellando reglas básicas, abrió espacios amplios y peligrosos para que por todo el país se repitiesen tribunales de excepción.

 

Llegó el horario determinado por el juez Sergio Moro para que el ex presidente Lula da Silva se presentase en la sede de la Policía Federal en Curitiba –cinco de la tarde de ayer–, y nada.

La opción natural sería que entonces lo buscasen en la sede del Sindicato de Metalúrgicos en San Bernardo do Campo, en el cinturón industrial de San Pablo, donde Lula está desde las siete de la noche del jueves, luego que de manera absolutamente sorpresiva el juez Sergio Moro, en otra ruptura legal, determinase su prisión inmediata.

Pero, al final, nada de lo previsto ocurrió: ni Lula se presentó ni la Policía Federal lo buscó. Con miles de personas alrededor del edificio, una acción de los policiales podría tener consecuencias catastróficas.

Lo ocurrido ayer es bastante simbólico del ambiente en que Brasil ingresó desde la extemporánea decisión del juez Sergio Moro: todo pasa a ser absolutamente imprevisible.
Esa imprevisibilidad será, a partir de ahora, la tónica dominante en el país. Más allá de lo que efectivamente ocurra con Lula da Silva, quedó clara la inconstancia jurídica que alcanza, o mejor dicho, tiene su epicentro en la corte suprema de la nación, cuya presidenta, Carmen Lúcia Antunes, no tiene la menor preocupación en siquiera intentar disfrazar sus maniobras claramente destinadas a perjudicar al ex presidente.


También queda evidente que el ambiente político está definitivamente contaminado, en un año electoral muy conturbado. Sin Lula, aumenta de manera exponencial la posibilidad de que entre abstenciones, votos nulos y votos en blanco, se supere el total del eventual ganador, haciendo con que su gobierno pierda legitimidad antes aún de empezar.
La impunidad olímpica con que actuó al menos desde 2015 el juez de primera instancia Sergio Moro, conduciendo un juicio de manera totalmente arbitraria y atropellando reglas básicas de cualquier conducta mínimamente íntegra, todo eso frente a la omisión cobarde de las instancias superiores, abrió espacios amplios y peligrosos para que por todo el país se repitiesen tribunales de excepción. Lo mismo con relación a las acciones de la Policía Federal, que a nombre de una supuesta autonomía pasó a actuar de manera absolutamente indiscriminada, sin límites ni reglas.


A todo eso deben sumarse dos fuertes fuentes de imprevisibilidad: una, la actuación descontrolada y muchas veces inmoral de los grandes conglomerados de comunicación, que manipulan mientras incomunican, creando de esa manera una clase media cada vez más idiotizada –y, como reflejo, exacerbando ánimos al extremo– ha sido pieza fundamental para que sean imprevisibles sus próximos pasos.


La otra es lo que ocurre en la economía, o más precisamente lo que quedará de la alta velocidad con que el gobierno ilegítimo de Michel Temer destroza el patrimonio nacional.
Para completar un cuadro abrumador, los militares vuelven a marcar posición. Y los antecedentes, como conocemos todos los que vivimos en las comarcas de esta nuestra pobre América, indican que cuándo los cuarteles empiezan a hablar por encima del tono recomendado, nos llevan, o deberían llevar, a niveles elevados de preocupación y temor.
El gobierno corrupto y plagado de bucaneros, encabezado por un pigmeo ético llamado Michel Temer, no es exactamente débil: es anémico. No tiene ni una gota de respeto popular, ni vestigio de legitimidad, ni pimienta de poder efectivo. Es un balcón de compra y venta, actuando junto al Congreso de peor nivel ético, intelectual, político y moral de las últimas muchísimas décadas.


Hay un vacío de poder, hay desvaríos judiciales, el más popular líder político tiene su futuro inmediato nebuloso, luego de un juicio arbitrario en que no surgió ni una miserable prueba en su contra. Los medios hegemónicos de comunicación siguen ennegreciendo su imagen con manipulaciones indecentes, lo que no hace más que fortalecer a los crecientes contingentes de simpatizantes que, pese a todo, Lula mantiene.


La economía, que apenas empezaba a dar muestras de respirar sin aparatos, puede estancar o volver a caminar hacia atrás.


El desempleo, que alcanza a poco más de trece millones de brasileños –cuatro veces la población de Uruguay, poco más que una Cuba entera, cuatro veces Grecia, cuatro veces Portugal–, no cede, pese al discurso tan optimista como mentiroso de un gobierno que miente como quien respira, es otra fuente de tensión permanente.
Tan, pero tan imprevisible se transformó mi país, que ya no se trata de intentar prever cómo será mañana.


La pregunta ahora es otra: ¿habrá mañana?

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Moro, con entrenamiento en Estados Unidos

Según documentos del Departamento de Estado, Moro se destacó en un encuentro llamado Projeto Pontes (Proyecto Puentes), que buscó “consolidar el entrenamiento bilateral en la aplicación de leyes y habilidades prácticas de contraterrorismo”.

 

El juez Sergio Moro, quien lleva adelante la Operación Lava Jato y que el jueves pidió la detención del ex presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, participó en un curso con una delegación estadounidense en 2009. Según el documento que fue revelado por el medio de filtraciones WikiLeaks, el encuentro llamado Projeto Pontes (Proyecto Puentes) buscó “consolidar el entrenamiento bilateral de la aplicación de leyes y habilidades prácticas de contraterrorismo.”


Jueces federales y fiscales de los 26 estados brasileños y del distrito federal, y más de 50 agentes de la policía federal de todo el país participaron de la conferencia que duró una semana y que tuvo lugar en la ciudad de Río de Janeiro. También se hicieron presentes en el seminario representantes de Argentina, México, Costa Rica, Panamá, Uruguay y Paraguay.

 


El nombre de Sergio Moro fue uno de los pocos que se mencionaron en el documento, hecho que habla de la importancia que tuvo el juez en el encuentro. “El juez federal especializado en lavado de dinero, Sergio Moro, mencionó los 15 problemas más comunes que él ve en los casos de lavado de dinero en las cortes brasileñas”, explica el informe. Luego, detalla que los presentadores estadounidenses comentaron, a partir de la presentación de Moro, varios aspectos respecto a la investigación y enjuiciamiento de casos de financiamiento ilícito y lavado de dinero, incluyendo cooperación internacional formal e informal, confiscación de activos y acuerdos de culpabilidad. Además, mencionaron el uso de interrogación directa como herramienta y sugerencias de cómo tratar con ONG sospechosas de ser usadas para financiamiento ilícito.


Por otro lado, los redactores del documento se jactaron de haber tenido un pequeño triunfo, puesto que los miembros del sector judicial brasileño adoptaron sin problemas el término terrorismo –impuesto por los estadounidenses– para hablar de problemas en su territorio, en lugar de utilizar “crímen trasnacional”, que era tradicionalmente usado por el Ejecutivo. Así, se explica que al comienzo de la conferencia, la coordinadora para el contra-terrorismo, Shari Villarosa, habló en sus declaraciones iniciales directamente sobre terrorismo y el financiamiento ilícito del terrorismo, enfatizando que dicho financiamiento es un problema global que debe ser discutido de manera global. A continuación, se lee en el informe: “En lugar de discutir estas afirmaciones como usualmente pasa al tratar con el ministerio de relaciones exteriores de Brasil o con miembros del Poder Ejecutivo, los representantes del sector judicial en la conferencia encontraron que el tema era extremadamente interesante e importante”. Más aún, continúa, se mostraron verdaderamente entusiasmados al pedir entrenamiento de seguimiento relacionado al tema. “Claramente los jueces federales, fiscales y profesionales de las fuerzas del orden estaban menos preocupados por el campo de minas político en torno al tema y más genuinamente interesados en aprender como encarar mejor el proceso judicial en la lucha contra el terrorismo”, sentencia el documento en clara crítica al gobierno de Brasil.


Los delegados estadounidenses destacaron así que el sector judicial del país sudamericano estaba muy interesado en abordar, según sus palabras, más proactivamente la lucha contra el terrorismo, pero que necesitaba de las herramientas y el entrenamiento para hacerlo efectivamente. Entonces, proponían que el entrenamiento debería ser a largo plazo y coincidir con la formación de equipos de trabajo para dicho entrenamiento. Además, y esto resulta llamativo, sugerían que San Pablo, Campo Grande o Curitiba fuesen las locaciones. El juez Sergio Moro es Juez Federal de la 13.ª Sala Criminal Federal de la ciudad Curitiba, estado de Paraná. No obstante, se desconoce si el mencionado entrenamiento fue efectivamente llevado a cabo.


Otro de los ejes que se destacaron en el informe entregado al Departamento de Estado de Estados Unidos y filtrado por WikiLeaks, fue el ansia por parte de los miembros del poder judicial y de las fuerzas de tratar con los estadounidenses temas internos, en torno al sistema legal brasileño: “Los participantes brasileños buscaron a los representantes estadounidenses a lo largo de toda la conferencia para discutir cómo mejorar el sistema legal de Brasil, especialmente en el área de investigaciones y enjuiciamientos financieros complejos”. Como puede leerse en el documento, los miembros de la delegación de Estados Unidos no ocultaron su satisfacción al ser consultados sobre estos asuntos.
El informe cierra exclamando el rotundo éxito que supuso la conferencia, no sólo por la concurrencia sino también, según dijeron, por reconocer que el término “terrorismo” no es un tabú para los profesionales que tienen que prepararse para lo peor.

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En torno a la construcción del sujeto antagonista

¿Cómo construir el sujeto antagonista? Esta es una de las preguntas fundamentales de la política contemporánea. Frente a los esencialismos que funcionaron y siguen funcionando en la tradición antagonista, proponemos un visión del sujeto fundamentada en las prácticas y los procesos de lucha, en consonancia con ciertos planteamientos de Marx.

Ahora que conmemoramos el doscientos aniversario del nacimiento de Karl Marx, resulta muy interesante retornar a sus textos para intentar precisar sus reflexiones en torno al sujeto revolucionario y observar si fuera posible extraer enseñanzas para nuestra tarea política actual. Porque, en este tema, quizá nos encontremos con alguna sorpresa dado que esta cuestión en Marx está muy lejos del simplismo con el que ha solido interpretarlo la tradición dominante del marxismo.


MARX Y LA CUESTIÓN DEL SUJETO


Marx puede ser, sin duda, interpretado en diversas direcciones. Su obra da para interpretaciones mecanicistas, economicistas y esencialistas, pero también para todo lo contrario. Se trata de leer con atención y escuchar al propio Marx, por ejemplo, reprochar a sus seguidores rusos por haber deducido de El Capital cuál debiera ser el proceso político a seguir en Rusia. El enfado de Marx, en forma de carta a una revista rusa, Apuntes de la patria (Otechesvennie zapiski) es monumental. Marx se siente tremendamente disgustado por el hecho de que sus seguidores rusos deduzcan de sus análisis "una teoría histórico-filosófica de la marcha general que el destino le impone a todo pueblo, cualesquiera que sean las circunstancias históricas en que se encuentre”. Una crítica en toda regla al determinismo y al etapismo que tanto ha gustado a cierto marxismo.


Pero vayamos a la cuestión del sujeto, que es la que aquí nos interesa. Si algo puede extraerse de los textos de Marx es su alejamiento de cualquier posición esencialista, tanto en lo que respecta al sujeto individual como al colectivo. El individual, como apunta en su Tesis sexta sobre Feuerbach, está constituido por “el conjunto de sus relaciones sociales”, en absoluto por su exclusiva posición de clase, que, como reprochaba Sartre al marxismo ortodoxo de los años 60, acaba por no explicar nada. El sujeto individual, denominado como “individuo social”, es múltiple, plural, sujeto a numerosas determinaciones, entre las que su posición productiva desempeña, sin duda, un importante papel.


Para hablar del sujeto colectivo deberemos comenzar recordando algo que no ha sido suficientemente subrayado por la hermenéutica marxista. Para Marx, y Engels, el único criterio de verdad es la práctica. Y esa práctica, además, es el origen de la producción de la conciencia. Es decir, Marx nos indica que la conciencia no es previa a los procesos, sino paralela o posterior a los mismos. Así lo argumentan en La ideología alemana: “…tanto para engendrar en masa esta conciencia comunista como para llevar adelante la cosa misma, es necesaria una transformación en masa de los hombres, que solo podrá conseguirse mediante un movimiento práctico, mediante una revolución”. La conciencia comunista se produce tras la revolución, no antes de la misma.


Este planteamiento de la construcción de la conciencia en el proceso práctico, y no antes, encaja perfectamente con otra cuestión poco resaltada respecto del sujeto político colectivo en Marx. Aquella según la cual la clase social tampoco preexiste al proceso de lucha, sino que es, más bien, consecuencia del mismo. En Miseria de la filosofíapodemos encontrar de forma nítida este planteamiento: “Las condiciones económicas habían transformado primero la masa del país en trabajadores. La dominación del capital ha creado a esta masa una situación común, intereses comunes. Así, esta masa es ya una clase enfrente del capital, pero no lo es aún para ella misma [cursiva JMA]. En la lucha, algunas de cuyas fases hemos señalado, esta masa se reúne, se constituye en clase para sí misma. Los intereses que defiende se convierten en intereses de clase. Y la lucha de clase a clase es una lucha política”. Es la célebre distinción entre clase en-sí y clase para-sí, pero en la que la constitución en clase para-sí no procede de un proceso de concienciación teórica,sino de práctica social. Es decir, la conciencia no puede ser imbuida teóricamente desde fuera al sujeto proletario, sino que es efecto de una autoconstitución práctica. En La ideología alemana, de nuevo, aunque refiriéndose al periodo feudal, Marx y Engels habían escrito algo muy semejante: “Los diferentes individuos solo forman una clase en cuanto se ven obligados a sostener una lucha común contra otra clase”. La concepción sociológica de la clase, la clase en-sí, carece, por tanto, de efectividad política.

EL SUJETO ANTAGONISTA


Marx nos sitúa ante una perspectiva práctica de constitución del sujeto. Una perspectiva que sintoniza a la perfección con lo que en la actualidad plantea el Comité invisible. En A nuestros amigos puede leerse: “No es ‘el pueblo’ el que produce el levantamiento, es el levantamiento el que produce su pueblo, al suscitar la experiencia y la inteligencia comunes, el tejido humano y el lenguaje de la vida real que habían desaparecido”. Llámesele pueblo, llámesele multitud, llámesele clase, para el Comité Invisible, lo mismo que para Marx en su momento, el sujeto es el producto del acontecimiento desencadenado, de las experiencias e inteligencias que le acompañan, es el resultado de ciertas prácticas. Prácticas que pasan, entre otras cosas, por la apertura a la proliferación de los vínculos. El sujeto que se constituye en los procesos, resulta, por tanto, de la superación de los obstáculos que se levantan en la vida cotidiana, de las inercias de aislamiento que caracterizan a nuestras sociedades neoliberales.


Clase, proletariado, es el nombre de una práctica. Multitud, pueblo, son el reflejo de un proceso. Con Marx nos alejamos de las esencias, el ser es sustituido por el devenir y la relación. No hay un sujeto, reconocible por unos rasgos predefinidos que nos permitirían determinarle. Pues toda determinación, como recuerda el aforismo spinoziano tantas veces recogido por Marx, es negación, y en la cuestión del sujeto no hay determinación a priori. El sujeto deviene en el proceso de la lucha y se configura mediante la multiplicación de los vínculos. Burguesía es quien explota y quien teoriza esa explotación como natural o necesaria. Proletariado es el nombre de quien se rebela. Así como el sujeto individual es entendido como el efecto del conjunto de las relaciones sociales que lo constituyen y es, por tanto, plural, el sujeto colectivo viene definido por una sola relación, la que lo convierte en antagonista práctico del poder constituido. Plural en su constitución, unitario en su expresión. Proletariado es el nombre de todo aquel, aquella, que se enfrenta al capital, que encarna en una práctica la vergüenza, el dolor, la explotación, la humillación del mundo. Y cuya práctica se enfoca al beneficio de la mayoría social.


El sujeto antagonista es un devenir, el efecto de la precaria consolidación de vínculos fluidos. No tiene rostro reconocible, no tiene nombre, aunque nos empeñemos en nombrarle. Es un nombre, como diría Deleuze, “para entendernos”, una exigencia comunicativa. Pero hay que evitar el peligro de, al nombrarlo, designarle una esencia. Ni el proletariado, ni las mujeres, ni los empobrecidos, ni las marginadas, ni los estudiantes son el sujeto.


El marxismo, contra la evidencia misma de su propia práctica, en la que dirigentes de extracción burguesa desempeñan un papel fundamental, desarrolló una teoría esencialista del sujeto político, al que nombró como proletariado. En la actualidad es preciso prevenir cualquier gesto esencialista, ser conscientes de que el sujeto es plural, los sujetos son plurales. Clase es todo aquel, aquella, que se une en la lucha contra el capital, independientemente de que sea estudiante, autónoma o trabajadora de fábrica; mujer es toda aquella, aquel, que se enfrenta al patriarcado, independientemente de su sexo; minoría étnica, todos aquellos que luchan contra el racismo. Multitud, o pueblo, es el nombre que podemos otorgar a la coordinación de esas diversas luchas.

 

Por JUAN MANUEL ARAGÜÉS ESTRAGUÉS
PROFESOR DE FILOSOFÍA, UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA

PUBLICADO
2018-03-20 10:00:00

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China inaugura el cónclave que extenderá el poder de Xi Jinping

Por una vez, los números eran casi lo que menos importaba. Estaban allí: un objetivo de crecimiento del PIB en torno al 6,5% para este año y un aumento del presupuesto de Defensa superior al de 2017 y que ahora subirá un 8,1%, el mayor incremento en tres años. Pero en la inauguración este lunes de la sesión legislativa de la Asamblea Nacional Popular, la gran reunión anual de la jerarquía china, en el Gran Palacio del Pueblo, las protagonistas no eran las cifras que pronunciaba el primer ministro chino, Li Keqiang, al presentar los objetivos económicos del año. La atención se concentraba en el presidente Xi Jinping, para quien esta semana desaparecerán oficialmente los límites temporales a su mandato.


Sobre el inmenso podio en el escenario del Gran Salón, decorado con pancartas y banderas rojas, la importancia del líder más poderoso en China desde los tiempos de Mao podía apreciarse en todo tipo de detalles. Desde el estruendoso aplauso con el que fue recibido por los 2.980 diputados al cuidadoso recambio de su taza usada cada vez que se acababa su té (al resto de los líderes solo se les rellenaba con más agua caliente la taza que ya tenían).


Al menos catorce veces Li Keqiang invocó el nombre de Xi, su “pensamiento para una nueva era socialista con características chinas” o su título honorífico de “núcleo” del Partido. Un Li que a simple vista parece haber perdido peso, tanto física como figurativamente en el Ejecutivo, a medida que el que fuera su compañero de dupla gubernamental hace cinco años lo ha ido ganando.


Aunque normalmente el trabajo de la ANP se limita a aprobar sin especial debate y con abrumadoras mayorías las leyes que se les ponen delante, este año sus diputados tienen una misión especialmente importante: aprobar, en una votación el día 11, la reforma de la Constitución que eliminará el límite de dos mandatos de cinco años para el presidente. Un cambio al que el portavoz de la Asamblea Nacional, Zhang Yesui, restaba importancia este domingo en una rueda de prensa para afirmar que, simplemente, pretende armonizar el tiempo de permanencia en los tres cargos principales del máximo líder chino: jefe de Estado, presidente de la Comisión Militar Central y secretario general del Partido


Esa medida abre el camino para que Xi Jinping -tan seguro en el cargo, o tan aburrido, que a diferencia del resto de diputados no iba leyendo palabra por palabra el texto del discurso de su primer ministro- pueda quedarse en el poder más allá de 2023, cuando expirará su segundo mandato.


La reforma constitucional también incluye una serie de cláusulas que permitirán la creación de una nueva Comisión Nacional de Supervisión que, con el argumento de luchar contra la corrupción, tendrá amplios poderes de vigilancia sobre los ciudadanos. Este nuevo organismo, que tendrá competencias superiores a las de los propios fiscales, se desarrollará a partir de un proyecto de ley que se aprobará el martes 13.


Además de los cambios en la Constitución, los parlamentarios dedicarán también la segunda parte de la sesión, antes de que concluya el día 20, a aprobar una serie de nombramientos y reorganización en los cargos del gobierno.


Entre ellos se espera que se nombre como vicepresidente a Wang Qishan, el hombre que ha sido la mano derecha de Xi durante los últimos cinco años y que ha conducido con mano de hierro la Comisión Central para la Disciplina, el organismo que ha cesado o encarcelado a más de un millón y medio de funcionarios por cargos de corrupción.


Otro hombre de confianza de Xi, Liu He, podría quedar nombrado como viceprimer ministro con responsabilidad sobre la marcha de la economía, o presidente del Banco Central. Liu ha viajado a Washington la semana pasada para reunirse con las autoridades económicas de la Administración Trump y tratar de evitar un choque de trenes que pueda llevar a una guerra comercial, después de que la Casa Blanca haya anunciado nuevos aranceles al aluminio y al acero. Este domingo Zhang Yesui, advertía que “China no quiere una guerra comercial, pero si nuestros intereses se ven perjudicados, China no se quedará de brazos cruzados”.


En su discurso, Li no hizo ninguna referencia a ninguna de estas cuestiones, ni el inminente cambio constitucional ni la reorganización en el Gobierno. Tampoco hubo alusiones a la situación internacional, ni a sus roces con Estados Unidos en lo comercial, sobre Corea del Norte o sobre Taiwán. En su lugar, repitió los temas principales, sobre todo los económicos, que ya había expuesto Xi Jinping en su discurso de renovación de mandato durante el XIX Congreso del Partido Comunista de China el pasado octubre.


Además de aludir en varias ocasiones al “pensamiento de Xi Jinping para una Nueva Era de Socialismo con Características Chinas”, el primer ministro aludió a las “tres batallas críticas” de su Gobierno contra “los riesgos potenciales, la pobreza y la contaminación”.


En un sistema donde la importancia del Partido se encuentra por encima del Estado, y donde la estabilidad es el gran objetivo del gobierno, Li aseguró que Pekín continuará aplicando “el principio general de lograr el progreso mientras se garantiza la estabilidad, y considerar la estabilidad y el progreso como algo indivisible”. La lucha contra la pobreza, que el Gobierno se ha prometido eliminar en las áreas rurales para 2020, conseguirá sacar este año al menos a diez millones de personas de esta lacra.


En cuanto a la Defensa, el presupuesto de este año alcanzará 1.11 billones de yuanes, o 175.000 millones de dólares. Esto representa un aumento del 8,1% con respecto al año anterior, y un nuevo crecimiento del ritmo de gasto después de que el año pasado el alza se redujera al 7% . Este año se ha reducido el personal militar en 300.000 personas, parte de la reforma emprendida durante el mandato de Xi y que prevé reducir estas fuerzas para modernizarlas.

Por Macarena Vidal Liy
Pekín 5 MAR 2018 - 15:58 COT

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Miércoles, 27 Diciembre 2017 07:12

Sin Líder no hay Salvación

Sin Líder no hay Salvación

A Mirna, Toro, Enrique y Chico


1. La Dictadura: La Nueva Normalidad


La ofensiva oligárquica imperial contra la centroizquierda latinoamericana --la socialdemocracia progresista-- está entrando a su segunda fase. Primero destruyo la Década de Oro del desarrollismo democrático de Chávez, Lula, Kirchner, Correa, Zelaya y Lugo. Ahora, pretende eternizar su triunfo, instalando la dictadura de clase abierta: fraudes electorales, matanzas militares, coup d´états parlamentarios y judiciales, opresión social sangrienta, cínico desconocimiento del "espíritu de las leyes" (Montesquieu) y la perversión manipuladora de la verdad pública, son las armas usadas por las tiranías burguesas subdesarrolladas.


Actualmente no hay fuerzas de resistencia organizadas en la Patria Grande, que podrían enfrentarse ofensivamente a las oligarquías criollas. Emulando el ejemplo global del proto fascista Trump, éstas no ven impedimento para imponer sus regímenes de facto sobre la sociedad civil; pese a que la destrucción de la socialdemocracia criolla aniquila uno de los dos pilares políticos orgánicos del sistema de dominación capitalista --el otro es el neoliberal-- generando un sistema asimétrico inestable. La oscilación entre la ilusión política de un mundo basado en el contrato social, por una parte, y el campo de guerra del bellator y del mercado, por otra, le parece a la burguesía actual un lujo, del cual puede prescindir, sin perder el control social.


Para las fuerzas populares y clases medias de América Latina, sin embargo, la Nueva Normalidad cambia cualitativamente el teatro de operaciones (campo de batalla). Obliga a actuar desde una perspectiva de "defensiva estratégica" y de concertar coaliciones de salvación nacional lo más amplias posibles, para enfrentar el nuevo orden dictatorial. En este escenario de lucha, el papel del líder --independientemente del género, por supuesto-- se vuelve fundamental para el triunfo.


2. Sin tetas no hay paraíso


Para transformar una sociedad, es necesario construir tres subsistemas de poder: 1. un liderazgo individual (carismático) o colectivo de vanguardia; 2. un programa realista-incluyente de transformación; 3. una organización nacional eficiente con sustento en la realidad socio-económica, política, cultural y militar.


Mientras las necesidades del programa y de la organización son reconocidas en todo el espectro político, el tema de la indispensabilidad del líder para el éxito --conditio sine qua non (condición esencial) del triunfo en la lucha por el poder-- es negada por la izquierda global. Discutirlo significa cuestionar un tabú de la conducción democrática de los macro sistemas sociales. Un tabú, cuyas profundas raíces se nutren de experiencias históricas, ilusiones anarcoides y de memes propagandísticos liberales, socialdemócratas y post-modernistas de la burguesía.


El efecto de este anatema sobre "la izquierda" es semejante al que sufre la joven Catalina Santana en la novela de Gustavo Bolívar, Sin Tetas no hay Paraíso. Cuando la hermosa joven decide ofrecer sus servicios de sexoservidora a los narcos del barrio --única vía para salir de la pobreza-- la rechazan por el tamaño de sus senos. Carece de un requisito vital para triunfar en el mercado del poder y, por lo tanto, está condenada al fracaso. Sufre la inmisericordia de la ley fundamental de la vida clasista, que predestina los triunfos y fracasos del homo sapiens en lo individual y lo colectivo.


3. Stalin, Hitler, Bakunin


La experiencia del terror de Estado stalinista es, sin duda, el trauma castrante más fuerte de la izquierda, que determina su síndrome anti-líder; o, si se prefiere, su síndrome pro-manada.
La amalgamación liberal del terror stalinista con el hitleriano, en el concepto del "totalitarismo" de Mussolini (Hannah Ahrendt); la mezcolanza de estos memes con la utopía anarquista de Bakunin y con determinadas idioteces de la trendy inteligencia de enjambre (swarm intelligence), así como la interpretación reduccionista de los procesos de autoorganización y auto-catálisis de la materia y de la seguridad en números (safety in numbers), generaron la noción precientífica (esterotipia), de que todo líder es sinónimo de peligro para la democracia.


4. Sicofantes de la manada


Hoy día, esta sopa química-ideológica prevalece en la lucha global de las ideas, promovida por los mercaderes e "idiotas útiles" (Lenin) del sistema, mediante múltiples canales de dominación: desde el abuso de la legítima lucha de los pueblos indígenas (actualmente por autodefinidos "trotskistas"), hasta el abuso de los legítimos intereses democráticos de los movimientos populares. Bajo la obscena fachada del purismo democrático, aferrados a su noción abstracta-dogmática de libertad y racionalidad, catalizando estrategias de voluntarismo demagógico y fundamentalismo, escamotean la verdad científica, de que los grados de libertad posibles en los sistemas empíricos son esencialmente funciones de las condiciones objetivas, no de la libre voluntad de las personas.


5. Lula y Alencar


Por lo tanto, en ciertas fases de la lucha de transición política y social, las alianzas tácticas con sectores de las clases dominantes y medias son imprescindibles: ya sea para sobrevivir en la fase de la defensiva estratégica (fascismo europeo) o para dar el primer paso en el derrocamiento de una dictadura (Pinochet); ya sea, para llegar al poder con fines reformistas, como la luna de miel entre Lula y Alencar, el jogo bonito electoral brasileño, en 2002, que se repite actualmente a pie de la letra en el segundo país más importante de América Latina.


6. Seis funciones del Líder


En manadas de animales, la función del animal Alpha consiste en asegurar la sobrevivencia del colectivo dentro del hábitat que utiliza. En sistemas más complejos, como la sociedad clasista humana, el animal Alpha o líder, tiene que cumplir satisfactoriamente con seis funciones.


1. Discernir las zonas hostiles, benéficas, neutrales y antagónicas del entorno.
2. Entender la naturaleza determinística, probabilística o caótica (no-previsibles) de los procesos relevantes para su praxis.
3. Sobre este análisis diseñar la estrategia de sobrevivencia.
4. Imponer en la manada la estrategia escogida, para lograr una mínima auto-similaridad funcional a toda escala de la organización.
5. Mantener la cohesión del colectivo, pese a que toda organización social humana (Estado, partidos, sindicatos, etc.) genera disidencia y se estructura en tres vectores de poder, clasificables políticamente como: centro, derecha e izquierda.
6. Masificar el apoyo a la estrategia escogida para la manada, más allá de su organización interna. Es decir, hacerla hegemónica, en el sentido de Gramsci, en la sociedad civil y política. Todo esto resume, como es obvio, la función de vanguardia de una organización o de un líder político en un macro-sistema social humano.


7. Líder y masas


La sociedad capitalista moderna es un macro-sistema de dominación, que opera vía la interacción de cuatro variables claves: a) las circunstancias objetivas del status quo (momento); b) la intervención de las masas; c) la interfase entre el poder estructural (de las facciones) de la clase dominante y el poder operativo del Estado, que llamamos "partidos políticos"; d) el perfil de los líderes. Marx consideraba a los líderes, dentro de la dinámica objetiva, como parte de los "eventos aleatorios" o de la casualidad ("der ´Zufall´ des Charakters der Leute, die zuerst an der Spitze der Bewegung stehn"), que aceleran o desaceleran los procesos objetivos. El efecto catalizador o paralizante de los líderes en los procesos históricos depende, como ya resumimos, en su capacidad de comprender tempranamente las tendencias de evolución de la realidad y, en respuesta, crear un modelo de dominación/conducción social, que convence a las clases sociales de "la bondad" de su proyecto histórico (visión del futuro).


8. Fidel y Chávez: modelos diferentes


Líderes estructuralmente semejantes, como Fidel y Hugo Chávez --ambos carismáticos, con gran inteligencia, oratoria y vitalidad-- pueden generar modelos de conducción cualitativamente diferentes, según las condiciones objetivas. El sistema político de la Revolución Bolivariana de Chávez era carismático y bonapartista, mientras que el de la Revolución Cubana era y es, básicamente, burocrático y tradicional (Max Weber). Actualmente, ambos modelos están estructuralmente agotados, debido a su inadecuada cibernética (dialéctica) frente a la complejidad de los procesos y nuevas estructuras de clase del siglo XXI. La genialidad del líder Fidel impidió el colapso del modelo cubano, aunque no pudo evitar su deterioro ante la criminal agresión estadounidense de seis décadas; el derrumbe del modelo de Chávez es responsabilidad del Comandante, que lo entregó a los bufones de la manada socialdemócrata tropical.


9. El peligro del líder


Al igual que el liderazgo de la manada, la conducción del líder implica peligros para el colectivo, que le delega poder. ¿Qué su visión puede ser cierta o errada? Por supuesto. No hay praxis humana que se escape a la dialéctica de verdad mental y objetiva, producida por el sujeto. ¿Qué el líder cambie o abuse del poder otorgado por las mayorías? Por supuesto. Sólo la formación científica-ética, una institucionalidad adecuada, la conciencia ciudadana y la superación de la sociedad de clase, pueden conjurar este peligro, que es herencia de nuestra materialidad animal.


10. El Placebo divino


Quiénes no aguantan las antinomias (contradicciones) del Ser --débiles e ignorantes, decía Wilhem Reich-- pueden refugiarse en los placebos totalitarios de la nomenclatura católica. Extra Ecclesiam nulla salus, reza su dogma para el rebaño de fieles, la grex esclavizada: "Fuera de la Iglesia no hay salvación". Entusiasta, el renacentista Principe de Maquiavelo y los Netanyahus del mundo aplauden la deificación del Estado clasista bíblico y la ley de la manada.


Mientras, Jesús de Nazareth, el magno líder palestino, llora el fracaso de su grandioso proyecto de salvación nacional y global. Su consummatum est --todo está acabado-- es su última equivocación de líder: quedó inconclusa la tarea de la humanidad.


Martes, 26/12/2017 04:14 PM

Publicado enPolítica
Viernes, 01 Diciembre 2017 17:36

La metáfora Pascua

La metáfora Pascua
La decisión de la administración Trump de abandonar el Acuerdo de París sobre cambio climático resulta más alarmante en un año en el que se agravaron sus consecuencias. Por su parte, en noviembre, la Cumbre de Naciones Unidas dedicada al tema (COP23) no fue capaz de responder a las amenazas urgentes que se presentan.

 

La Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP23) se llevó a cabo en Bonn (Alemania), del 6 al 17 de noviembre pasado. Recibió a más de 25.000 participantes, incluidos delegaciones nacionales, representantes de unas quinientas ONG y más de mil periodistas.


Dos temas influyeron de modo determinante en el desarrollo de la COP23: la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París (COP21) y una mayor incidencia de fenómenos potencialmente asociados al cambio climático en muchos lugares del planeta. Que Fiyi –Estado archipiélago amenazado de desaparición por la subida del nivel del mar– haya presidido la COP23, siendo un conjunto de islas supervulnerable que acaba de enfrentarse, hace solo unos meses, al ciclón más potente registrado y con un programa muy ambicioso de despliegue de energías renovables, pone en el centro del debate los impactos, la adaptación y la mitigación desde el mundo en desarrollo. A la vez, deja en evidencia a la administración Trump, que ha convertido a su país en el único miembro que no formará parte del Acuerdo de París a partir de 2020. Un sentido de urgencia y la equidad como aspectos centrales del debate marcaron el entorno en que se movió esta COP23.


La cumbre concluyó con un balance paupérrimo, casi sin progresos, y con el único consuelo de que la comunidad internacional sigue unida en la lucha contra el calentamiento global pese a la deserción de la administración estadounidense por decisión del presidente Donald Trump. Además, en agosto pasado, Washington anunció que retiraría todos los fondos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (Ipcc, por su sigla en inglés), el órgano de la Organización de las Naciones Unidas encargado de investigar el cambio climático.


Las casi doscientas delegaciones presentes en la antigua capital de la República Federal Alemana no lograron ni siquiera ponerse de acuerdo sobre los mecanismos técnicos que permitirán poner en marcha el acuerdo suscrito hace dos años en París en la COP21. Fue una cumbre decepcionante. Ahora, el peso recae sobre la próxima cumbre, que se celebrará en diciembre de 2018 en la ciudad polaca de Katowice, situada en el epicentro de una gran cuenca carbonífera...


Los desafíos pendientes


La cumbre de Bonn fue decepcionante también porque la mayoría de los asuntos ha sido, sencillamente, aplazada. Y esto a pesar de que un número creciente de sucesos catastróficos nos recuerda cada día la gravedad del problema que, en el último año, se agravó al haber crecido un 2 por ciento las emisiones de CO2 a la atmósfera, tras dos años de esperanzador estancamiento. Las inundaciones en India y Nigeria, las sequías en amplios territorios del planeta, los ciclones del Caribe y los incendios que se desataron en Estados Unidos y Europa en este 2017 sirvieron de telón de fondo. “El mar se traga aldeas, devora la costa y arruina los cultivos –declaró Timoci Naulusala, de 12 años, procedente de las islas Fiyi, en un apasionado discurso–. Las muertes por hambre y sed, el realojamiento de personas, los llantos por los seres queridos perdidos... Quizá crean que eso sólo afectará a los países pequeños. Se equivocan”.


El gran objetivo de esta cumbre fallida era empezar a redactar el reglamento del Acuerdo de París (2015), pero los actores reconocieron que será preciso un empuje mucho mayor para que el documento esté concluido antes de finales de 2018. La ausencia de Washington en los debates decisivos de la cumbre, suplida en parte por numerosos representantes de la sociedad civil estadounidense, no se dejó sentir demasiado, pero muchos participantes acusaron el golpe, conscientes de que esa deserción hiere gravemente el acuerdo.


“La acción a nivel nacional está muy lejos de lo que se necesita –sintetizó Manuel Pulgar-Vidal, de la asociación WWF–. El abismo entre lo que estamos haciendo y lo que debemos hacer es gigantesco.” En el mismo sentido se pronunció Wolfgang Jamann, de Care International: “Los acuerdos políticos no han abordado suficientemente la dura realidad climática a la que ya se enfrentan millones de personas”. “Nunca había visto una COP con una tasa de adrenalina tan baja”, expresó un diplomático europeo en declaraciones a la Agencia France Presse. Y también muy sintomático fue el comunicado emitido por la delegación española: “En Bonn, se ha continuado trabajando para construir el Acuerdo de París y no ha habido retroceso en ninguno de los temas tratados...”.


Los principales escollos en las negociaciones, que se prolongarán el año que viene en Katowice (Polonia), se refieren a dos asuntos clave. El primero, conocido como “Diálogo de Talanoa” (1), es la revisión de los compromisos de reducción de emisiones de CO2 que se anunciaron en París. Es decir: qué criterios se aplicarán para que los países ofrezcan propuestas más ambiciosas con vistas al 2020, cuando se pondrá en marcha el nuevo tratado, puesto que las que se encuentran ahora sobre la mesa no garantizan la estabilización de las temperaturas globales, sino que las impulsan más de tres grados por encima de los valores preindustriales. En Katowice, con nuevos datos del Ipcc, se realizará una nueva evaluación colectiva de cómo están evolucionando el calentamiento global y las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero.


El segundo escollo fue nuevamente la financiación que los países industrializados destinarán para que los países en desarrollo puedan adaptarse al calentamiento global, ahora con el agravante de la ausencia de Estados Unidos, lo que podría obligar a las restantes potencias a aumentar su contribución (la administración Trump ya ha anunciado que no abonará su participación al llamado Fondo Verde de la ONU). En la COP15 de Copenhague (2009), se acordó que los países industrializados aportarían 100.000 millones de dólares anuales a partir del año 2020, pero los detalles de la implementación no se han precisado. Y la urgencia es enorme: “Este año, tres ciclones excepcionalmente violentos devastaron el Caribe, las inundaciones destruyeron miles de hogares y escuelas en el sur de Asia y la sequía devastó a millones de personas en el este de África –declaró Tracy Carty, jefa de la delegación de Oxfam–. Ya no estamos hablando del futuro. Los países y comunidades más pobres del mundo ya están luchando por sus vidas contra los desastres intensificados por el cambio climático”. Por su parte, Jens Mattias Clausen, jefe de la delegación de Greenpeace, añadió: “Hablar no es suficiente. Nos falta la acción. Llamamos a Francia, Alemania, China y otras grandes potencias a intensificar y mostrar el liderazgo que dicen tener. Aferrarse al carbón o a la energía nuclear y desfilar como campeones del clima mientras no se puede acelerar la transición hacia la energía limpia no es más que mala fe”.


Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), las centrales de carbón siguen produciendo casi el 40 por ciento de la electricidad mundial y son uno de los principales factores causantes del cambio climático. Además, la contaminación del aire por la quema de carbón causa enfermedades respiratorias severas y otros muchos efectos nocivos para la salud.


La canciller de Ecuador, María Fernanda Espinosa, destacó en su intervención, en nombre del Grupo negociador G77+China (que agrupa 134 países), que se necesita avanzar prioritariamente en el financiamiento del Fondo Verde para el Clima (FVC), que permite captar recursos financieros de los países desarrollados para que las naciones en desarrollo más vulnerables puedan afrontar las consecuencias del cambio climático. El FVC espera contar con unos 100.000 millones de dólares anuales a partir de 2020. Sin duda, uno de los grandes retos de los próximos años será avanzar en ese tema.


María Fernanda Espinosa recordó también que el planeta ya afronta las consecuencias desastrosas del cambio del clima a través de graves inundaciones, derretimiento de glaciares, sequías, que además son amenazas para la seguridad alimentaria. Asimismo hizo un llamamiento para proteger a las mujeres, niños, niñas, migrantes y refugiados, quienes son los más afectados por el cambio climático, que calificó de “mayor amenaza global de este siglo”.


Evidencias del cambio climático


Aunque Donald Trump lo niegue, el calentamiento del sistema climático es una realidad inequívoca. Unos 2.500 científicos internacionales, miembros del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, lo han confirmado de modo indiscutible. Su causa principal es la actividad humana que produce un aumento descontrolado de las emisiones de gases, sobre todo dióxido de carbono (CO2), producto del consumo de combustibles fósiles: carbón, petróleo, gas natural. La deforestación acrecienta el problema porque los árboles, las plantas y las algas de los océanos absorben y neutralizan el CO2 y producen oxígeno; de ese modo ayudan a combatir el efecto invernadero.


Desde la Convención del Clima y la Cumbre de Río de Janeiro en 1992, y la firma del Protocolo de Kioto en 1997, las emisiones de CO2 han progresado más que durante los decenios precedentes. Si no se toman medidas urgentes, la temperatura media del planeta aumentará por lo menos en cuatro grados, lo cual transformará la faz de la Tierra. Los polos y los glaciares se derretirán, el nivel de los océanos se elevará, las aguas inundarán los deltas y las ciudades costeras, archipiélagos enteros serán borrados del mapa, las sequías se intensificarán, la desertificación se extenderá, los huracanes, los ciclones y los tifones se multiplicarán, centenares de especies animales desaparecerán...


Las principales víctimas de esa tragedia climática serán las poblaciones ya vulnerables del África Subsahariana, de Asia del Sur y del Sudeste, de América Latina y de los países insulares ecuatoriales. En algunas regiones, las cosechas podrían reducirse en más de la mitad y el déficit de agua potable agravarse, lo que empujará a cientos de millones de “refugiados climáticos” a buscar a toda costa asilo en las zonas menos afectadas. Las “guerras climáticas” proliferarán.


Para evitar esa nefasta cascada de calamidades, la colectividad científica internacional recomienda una reducción urgente del 50 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero. Único modo de evitar que la situación se vuelva incontrolable.


Por otra parte, debemos cambiar nuestro modelo económico despilfarrador que agota los recursos del planeta. Actualmente, la Tierra ya es incapaz de regenerar un 30 por ciento de lo que cada año consumen sus habitantes. Y, demográficamente, estos no cesan de crecer. Somos ya 7.500 millones, y en 2050 seremos más de 9.000 millones, lo cual complica el problema. Porque no hay recursos para todos. Si cada habitante consumiese como un estadounidense se necesitarían los recursos de tres planetas. Si consumiese como un europeo, los de dos planetas... y no disponemos más que de una única Tierra. Una diminuta isla en la inmensidad de las galaxias.


A este respecto se recordó en Bonn, en reiteradas ocasiones, la “metáfora Pascua”, en alusión al desastre que conoció la isla de Pascua o Rapa Nui (Chile). A esa tierra, una de las más alejadas del planeta, llegó entre los años 800 y 1200 una expedición polinesia que quedó aislada del resto del mundo. Pequeña (unos 160 km2), la isla estaba recubierta con una suntuosa vegetación, rodeada de aguas muy ricas en peces, con costas llenas de moluscos y millones de aves migratorias que allí anidaban. En unos cuantos decenios, los rapanuis se multiplicaron y desarrollaron una brillante civilización (la de los moai), que aún hoy asombra al mundo. Pero lo hicieron a base de explotar con exceso y sin precaución las riquezas de la isla. Resultado: en poco tiempo no quedaba un árbol en la isla, ni un pez en sus mares, ni un molusco en sus costas, ni un ave en sus nidos. Cuando el escritor francés Pierre Loti visitó la isla en 1872 solo quedaban unos cientos de habitantes, “un pueblo de fantasmas, desnudos, esqueléticos y hambrientos; últimos escombros de una raza misteriosa” (2).


Con la excepción de Donald Trump, cada día quedan menos escépticos frente a las evidencias del cambio climático. Cada habitante de nuestro planeta puede constatar, en particular, estas siete realidades: 1) la temperatura global sigue aumentando (2017 ha sido uno de los tres años más cálidos de la historia desde que existen estadísticas); 2) la frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos sigue en aumento; 3) la concentración de CO2 sigue acumulándose; 4) sigue subiendo el nivel de los mares; 5) la acidificación de los océanos no disminuye; 6) las capas de hielo de la Antártida siguen reduciéndose; 7) sigue disminuyendo el hielo marino en el Ártico.


La tarea de los países ricos


En Bonn, los países más desfavorecidos exigían a los más industrializados que indicasen, con dos años de antelación, cuánto dinero iban a aportar y en qué plazos, con el objetivo de que pudieran saber con qué fondos podrían contar. Fuentes de la delegación de la Unión Europea (UE) aseguraron que con los márgenes presupuestarios que manejan los países europeos no es factible decir, aquí y ahora –como les estaban exigiendo–, cuánto dinero van a aportar en un horizonte de diez años, si bien no fue la UE quien se opuso a avanzar en este exhaustivo reporte, sino Estados Unidos, Australia y Japón. Por su parte, Angela Merkel se comprometió a duplicar los fondos para el clima y ayudar a los países en desarrollo para 2020, y explicitó su compromiso de ayudar a las naciones en desarrollo en iniciativas como sistemas de información climática y gestión de riesgos de desastres.


Pero los participantes se decepcionaron cuando Merkel anunció su plan para reducir la dependencia del carbón de Alemania. Alrededor del 40 por ciento del sector energético de ese país depende del carbón y, de seguir así, Alemania no cumplirá sus objetivos en materia de reducción de emisiones contaminantes para 2020. De hecho, la Unión Europea no podrá lograr su objetivo de reducir los gases de efecto invernadero en por lo menos un 40 por ciento para 2030, respecto de los niveles de 1990, a menos que cambien las políticas y redoblen sus compromisos. España, por su parte, es uno de los países de Europa Occidental –junto con Polonia y Alemania– que no ha firmado el compromiso gradual para poner fin a la producción de carbón con el año 2030 como horizonte.


En este sentido, desde el inicio, la cruzada de las negociaciones ha tenido como punto central definir cómo pueden los países más ricos ayudar a los menos desarrollados en la adaptación y en la compensación. Bajo el primer concepto entran las distintas formas de cambiar las economías para depender menos del petróleo, gas y carbón.


La tarea, ya de por sí titánica, se complicó este año cuando Donald Trump anunció que sacaba a su país del Acuerdo Climático. Desde su campaña electoral en 2016, el republicano prometió esta medida. Y es que, entre otras razones, el presidente Trump considera que el cambio climático es una “mentira” fabricada por los chinos para minar la economía estadounidense...


Sin embargo, el proceso de renuncia lleva tres años, lo que convierte a Estados Unidos en un signatario hasta entonces. Por eso vino a Bonn una pequeña delegación oficial con el secretario de Estado, Rex Tillerson, al frente. Y es que un grupo rival de gobernadores, alcaldes y líderes empresarios también estuvo presente en Bonn: la desafiante coalición norteamericana “We Are Still In”, liderada por el ex alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, en nombre del Centro de Acción Climática de Estados Unidos. Así pues, hubo dos delegaciones estadounidenses en la cumbre, lo que llevó a los expertos a preguntarse cuál era la que realmente hablaba en nombre del país y a los asistentes a preguntarse con cuál hablar.


En este contexto, los expertos coinciden en que Estados Unidos dejó un vacío en el liderazgo climático. Más allá del compromiso que muestra la Unión Europea, la lupa se puso en los dos mayores responsables junto a Estados Unidos de las emisiones: India y China. El primero ya asumió el desafío al hacer de la energía solar un proyecto a gran escala. Por su parte, Pekín también da indicios de no querer echarse para atrás. Con su plan para un nuevo mercado nacional de carbono, China propone poner un precio a las emisiones corporativas.


Visto el fracaso de la COP23 y la inacción gubernamental, y visto que no podemos “bajarnos del mundo” como decía Mafalda, nuestras principales esperanzas residen actualmente en las 7.500 ciudades y entidades de todo tipo, en particular centenares de asociaciones de ciudadanos, que se han propuesto avanzar por su cuenta hacia una sociedad baja o nula en carbono. Está en juego el destino de la humanidad. 

 

1. El “Diálogo de Talanoa” es importante para suplir el vacío entre el Protocolo de Kioto (vigente hasta el 31 de diciembre de 2012 y extendido por ocho años más hasta el 31 de diciembre de 2020) y el Acuerdo de París, que entrará en vigor en 2020.
2. Pierre Loti, L’île de Pâques. Journal d’un aspirant de “La Flore”, Éditions La Simarre, Joué-les-Tours, 2016.

 

*Director de Le Monde diplomatique, edición española.
© Le Monde diplomatique, edición española

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Miércoles, 01 Noviembre 2017 06:48

China: ¿evolución, revolución o involución?

China: ¿evolución, revolución o involución?

Ochenta y nueve millones de afiliados tendría el Partido Comunista de China (PCCh), según datos ventilados durante el 19 Congreso Nacional de esta organización política, celebrado el 18 de octubre pasado en el Gran Palacio del Pueblo, de Pekín.

Perdonará usted, pero uno nació en la época en que las buenas conciencias racistas nos advertían del "peligro amarillo", que por lo visto acabó en otra suerte de peligro ídem. Me explico: ¿las siglas PCCh valen tanto para un partido comunista y capitalista a la vez? Posiblemente, el gran timonel Mao Tse Tung llevaba la razón al confesar al escritor André Malraux en 1965: la revolución es dura de llevar toda la vida.

Fue en el siglo XVII cuando los filósofos occidentales (John Locke, en particular) se alejaron de las metáforas y abrazaron el lenguaje literal, saliendo de los sueños para investigar el mundo real. Andaban bien encaminados, pues los mercaderes capitalistas de la época exigían describir el mundo físico sin error y sin imaginación.

Imperaban, entonces, los tres principios fundamentales de la lógica clásica; el principio de identidad (A es A), el de contradicción (una afirmación no puede ser a la vez verdadera y falsa) y el del tercio exclusivo (una afirmación debe ser en cada momento verdadera o falsa). En pocas palabras, no hay contradicción cuando lo que se enuncia es la imposibilidad de contradecir el pensamiento. Hasta que llegó Leibnitz (quien no era chino), para decir que todo objeto debe tener la razón suficiente y toda causa para explicar en forma suficiente su existencia.

Registremos, nuevamente, la cifra de marras, pero en números: 89 millones de comunistas (¿o capitalistas?), organizados. Ahora bien, fuera de tonalidades racistas: ¿hay, organizados o no, 89 millones de comunistas en el mundo? Imaginemos lo siguiente: si para explicar su realidad (con fines de cooperación, claro), China enviase a uno por ciento de sus militantes a los 196 estados reconocidos por la ONU (incluyendo el Vaticano), cada contingente estaría integrado por poco más de 45 mil camaradas... o empresarios.

A la hora de auscultar cualquier cosa en lo relativo a China, todo, siempre, será excesivo o algo más que mucho. Hace 750 años, Marco Polo lo descubrió sobre el terreno. Y Napoleón (quien nunca estuvo en la gran nación asiática), estimó que allí dormía un gigante que había que dejar dormir “...porque cuando despierte se moverá el mundo entero”.

Bueno, creo que China viene desperezándose desde 1978, año en que el PCCh empezó a adoptar formas de libre mercado y normas liberales para atraer al capital extranjero. Y hasta 2005, de acuerdo con el World Factbook de la CIA, alcanzó un crecimiento medio de 9.4 por ciento de su PIB, la tasa más alta y sostenida del mundo (Datos de "Explorador", consignados por Carlos Alfieri, en edición especial de Le Monde Diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 2015).

Según la fuente, China logró en 2011 un PIB de 11.44 billones de dólares (bd), el segundo más grande del mundo, sólo detrás de Estados Unidos (15.29 bd). Asimismo, el PIB chino pasó de 420 mil millones de dólares (mmd) a 5.6 bd. Nada menos que 13 veces más, en 22 años (1980-2002). Lapso en que el ingreso per cápita se multiplicó por siete, disminuyendo en 200 millones el número de "pobres absolutos".

Entre 1970 y 2002, el comercio mundial se multiplicó 20 veces y las transacciones internacionales chinas 140 veces, cosa que le permitió convertirse en primer exportador del mundo: en 2011 las ventas chinas al exterior sumaron mil 900 bd, seguida por Estados Unidos (mil 500 bd), Alemania (mil 400 bd) y Japón (800 mmd).

El superávit comercial (sólo en 2012, el excedente de la balanza comercial fue de 231 mmd) permitió que en las tres décadas anteriores China pudiera financiar su desarrollo y poseer las mayores reservas de divisas del mundo: 3.2 bd en 2011, mientras en 1978 apenas contaba con 167 millones de dólares. China es, además, el mayor tenedor extranjero de deuda de Estados Unidos, con mil 164 bd.

No todos los números hablan en favor de los tecnócratas. En 2011 hubo en China 200 mil conflictos y protestas sociales por expropiación de tierras, inestabilidad laboral, desarrollo acelerado de las reformas, bajísimos costos de mano de obra, disciplina forzada de los trabajadores, prohibición legal de las huelgas y de la organización de sindicatos. Es decir, todo lo que las nuevas derechas de América Latina proponen para ser "competitivos", como en la Argentina de Macri o en el Brasil de Temer.

Hace pocos días, en Quito, caí en cuenta de algo que sabía de oídas. En la céntrica avenida 10 de Agosto, frente al histórico parque El Ejido, cinco cuadras de negocios en línea: almacenes de baratijas "todo por un dólar", tiendas de ropa barata, comederos, salones de belleza, supermercados, farmacias, vendedores de cigarrillos marca patito...

Todos, atendidos por chinos sonrientes o malencarados. Me pregunté si serían inmigrantes de Taiwán, o de la China comunista y capitalista de verdad. Y esperando mi vuelo en el aeropuerto, me puse a platicar con un empresario venezolano. “¿De México? ¡Conozco y quiero mucho a los mexicanos! Pero dígales que el aire que respiran en la capital es puro y transparente... ¡Acabo de regresar de Shanghai y de Pekín!

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'Xi, el nuevo Mao': China da un golpe de Estado incruento

La inclusión de las ideas de Xi Jinping en la carta del Partido Comunista le pone prácticamente al mismo nivel de influencia política que Mao Zedong.

 

Los delegados del XIX Congreso Nacional del Partido Comunista de China aprobaron una serie de modificaciones en su Carta. La más importante de ellas fue la introducción del nombre y las principales ideas de Xi Jinping en el texto del principal documento del partido. Los delegados aprobaron por unanimidad la enmienda que menciona "la idea de Xi sobre un socialismo con características chinas para una nueva era".


Xi Jinping se convierte así en el segundo líder chino —después del primer presidente de la República Popular China, Mao Zedong— cuyo nombre se inscribe en la carta oficial de la formación antes de que expire su mandato. En el documento también figura el nombre del exlíder e importante reformador Deng Xiaoping.


Algunos medios aseguran que los acontecimientos que tuvieron lugar en el Congreso del Partido Comunista de China son incluso "equivalentes a un golpe de Estado incruento", después del cual el actual líder del país es oficialmente "intocable".


"Este es un paso simbólico e importante para fortalecer la posición de Xi dentro del partido", dijo a RIA Novosti Alexandr Gabúyev, jefe del programa 'Rusia en la región Asia-Pacífico', del centro Carnegie en Moscú. Según sus palabras, es la siguiente etapa de su transformación en un líder tan poderoso como Mao Zedong.
Lucha contra la corrupción y la nueva Ruta de la Seda


En los estatutos del Partido Comunista también se registraron las iniciativas de Xi sobre la lucha contra la corrupción. Según el presidente del país asiático, "el partido debe aplicar con firmeza el autocontrol y seguir de cerca sus actividades en todos los aspectos".


En la inauguración del Congreso, Xi Jinping calificó la corrupción como la mayor amenaza que enfrenta el partido. En los últimos cinco años, en China se iniciaron investigaciones de la "violación de la disciplina del partido" con respecto a 440 funcionarios regionales y nacionales, algunos de ellos miembros del partido.


La iniciativa global 'Un cinturón, un camino' para la creación de tres corredores económicos también fue incluida en la Carta. El documento también consolidó la postura de Xi que aboga por "un control absoluto" del Partido Comunista sobre las Fuerzas Armadas del país.


"Camino al culto a la personalidad"


La directora de Estudios Asiáticos en el Consejo de Relaciones Exteriores, con sede en Nueva York, Elizabeth Economy, explicó a Bloomberg que la consolidación de la ideología de Xi Jinping en el documento significa que ahora el político es percibido como uno de los principales transformadores del país, junto con Mao y Deng. Se trata de "la consolidación del poder en torno a Xi", algo que le permitirá influir en las políticas de China durante décadas.


"Consolidó su poder ya antes del XIX Congreso. Tomó en sus manos prácticamente todos los ámbitos de la política. Por eso puede decirse que se está dirigiendo hacia el culto a la personalidad. Pero la verdad es que no ha introducido nada ideológico", señaló el vicerrector de la Academia Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, Alexandr Lukín.


De acuerdo con la Constitución china, el jefe de Estado puede estar en el cargo durante dos mandatos, es decir, 10 años, pero Lukín cree que hasta el momento todo indica que Xi podría permanecer en el poder durante más tiempo.

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China va al Ciber-Comunismo, Occidente al neofascismo y América Latina al Carajo

1. Megacapitalistas chinos y capitalismo


Los "high tech" megacapitalistas chinos le dieron un empujón al debate del futuro comunismo, que ni se atrevía a dar el Partido Comunista de China (PCC). Liu Qiangdong, fundador y Ejecutivo en Jefe (CEO) del gigante de comercio electrónico JD.com, con 40 mil millones de dólares en ventas, sugirió en una entrevista con un medio de negocios, que con los recientes avances tecnológicos, China podías llegar a ser una sociedad comunista, sin ricos ni pobres, con todas las compañías nacionalizadas. En el pasado, dijo el magnate, mucha gente pensaba que el comunismo es una idea idealista, "pero con las tecnologías que hemos desarrollado en los últimos dos o tres años, llegué a la conclusión que el comunismo puede ser alcanzado efectivamente en nuestra generación." Robots pueden manejar todo el trabajo y el gobierno puede distribuir la riqueza igualitariamente a toda la gente, de tal manera que no habrá más ricos y pobres y todas las corporaciones serán nacionalizadas."


El e-commerce genio Jack Ma, fundador y CEO del Grupo Alibaba --la más grande compañía del mundo en su área, con un valor de mercado de 473 mil millones de dólares-- opina, que la economía planeada crecerá y que "con el acceso a todo tipo de datos, posiblemente podríamos encontrar la mano invisible del mercado".


2. Vanguardia y Nueva Era del Socialismo


El espectacular avance del país se lo debe al Partido Comunista de China (PCC), una vanguardia nacional, que desde hace setenta años planea y dirige su futuro. El PCC fue capaz de ganar la guerra revolucionaria a la corrupta burguesía nacional (Kuo Mintang) y a los colonialistas japoneses, bajo el liderazgo de Mao Zedong. Mao desarrolló el paradigma fundacional del Socialismo chino del Siglo 20, la "Nueva Democracia", basada en la autonomía y autarquía (fuerzas propias) del país. En los años setenta, el modelo estaba estructuralmente agotado y el Partido decidió adoptar la "Nueva Política Económica" (NEP) de Lenin, llamado por Deng Hsiao Ping de "apertura y reforma". De esta manera, la transición del Socialismo del Siglo 20 al Socialismo del Siglo 21, que se había malogrado en la Unión Soviética, fue exitosa en China. Pero, los grandes logros económicos de la NEP china produjeron corolarios negativos, como la corrupción y los privilegios de los funcionarios. Ante la necesidad de corregir esas deficiencias del segundo modelo, que amenazaron a convertir el Partido de vanguardia en un Partido de élites, el PCC le encargó a Xi Jinping la tarea de realizar las rectificaciones necesarias. De tal manera, que la tercera fase de la evolución planeada de la Revolución, bautizada como el Sueño Chino, The Chinese Dream, entró en vigor en el año 2013. La culminación de los tres modelos dentro de la Revolución, es el 19 Congreso Nacional del Partido, inaugurado anteayer, bajo la doctrina de la Nueva Era del Socialismo chino ("Thought on Socialism with Chinese Characteristics for a New Era"). Guiado por "el socialismo científico que está lleno de vitalidad en la China del Siglo 21" (Xi), el PCC proyecta la "modernización socialista" del país del 2020 al 2035. Para el 2050, China será "un gran país socialista".


3. La clase dirigente china


El secreto del éxito del PCC es el principio de la meritocracia, que ha evitado que el originario Partido de Vanguardia Revolucionaria se convirtiera en una elite parasitaria y plutocrática, como sucedió con la mayoría de los partidos políticos en América Latina, Estados Unidos y Europa. Las clases políticas de la zona monroeista (Estados Unidos, América Latina) y de Europa son clases plutocráticas dominantes, no dirigentes. O, ¿alguien con juicio crítico podría detectar huellas de liderazgo creativo, democrático y eficiente en sus máximas figuras políticas, como el vulgar sociópata nuclear Trump, dominado por sus impulsos narcisistas herostráticos y considerado el "más poderoso idiota de la historia" (most powerful moron in history, Larry Flynt); Emmanuel Macrón, el señorito títere francés de Angela Merkel; el represor neo-franquista Rajoy; Her Majesty´s clon trumpista, Boris Johnson; el delincuente político brasileño Michel Temer o el criminal de guerra Netanyahu?


4. La cacocracia burguesa y América Latina


La democracia burguesa liberal ha sustituído el principio de gobernación de los mejores por el principio plutocrático clasista de la "billionaire class" (Bernie Sanders), y el resultado es un sistema de gobierno cacocrático (de los peores). El precio que paga la burguesía como instancia civilizadora por esa involución, es una creciente entropía sistémica y el bloqueo evolutivo de su sistema de gobernanza. La aparición del monstruo fascista del Siglo 21 en el horizonte, con su capo Trump a la cabeza, no es un fenómeno aleatorio. Es la respuesta causal de una civilización que ya no tiene capacidad adaptiva para solucionar los grandes problemas de la humanidad. Condenada por Darwin a la desaparición, amenaza a la especie con el holocausto nuclear. América Latina, conducida por figuras patéticas como Macri, Kuczynski, Maduro, Santos, Temer et al, sin clase dirigente, sin proyecto histórico y sin pueblos organizados, no es más que polvo cósmico en esa dinámica de gigantes galácticos.


5. Narrativa occidental pierde monopolio global


Si se diera la excepcional situación en nuestras universidades castradas, de que, hoy día, un estudiante de ciencias sociales encontrara un profesor honesto y con cerebro, y que le preguntara: ¿cómo debe entenderse el extraño concepto de la democracia burguesa?, el profesor responsable y con cerebro le contestaría: los dos mejores modelos heurísticos para entender ese fenómeno, son el mercado y el burdel. Escoge cuál te gusta más, porque el resultado de tu análisis será esencialmente el mismo.
La deslegitimación de la democracia burguesa, y la cada vez más dramática desigualdad económica global –en la cual 16.5 millones de High Net Worth Individuals (HNWI) tienen prácticamente una riqueza equivalente a todo el PIB anual del mundo, es decir, a toda la riqueza económica creada anualmente por la humanidad (Investment Consultancy Firm Capgemini)-- indican una línea de evolución del proyecto civilizatorio burgués, que revela su creciente entropía y su posible colapso o desenlace totalitaria final (fascismo). La batalla global por los corazones y cabezas ("hearts and minds") de la especie trasciende, en consecuencia, el monopolio ideológico dogmático (Fukuyama, Huntington) de la narrativa occidental, en busca de un nuevo proyecto civilizatorio global. Sólo gente trasnochada, como los líderes de Corea del Norte y de Venezuela, pueden pensar que en esta coyuntura global su demagógico discurso del Socialismo del Siglo 20, pueda tener alguna capacidad de movilización y validez política.


6. China y el "soft power global"


En este punto de bifurcación de la especie, la democratización del sistema político estatal y partidista chino; el avance en la construcción del Estado de Derecho universal; el exitoso combate a la pobreza, one of the greatest stories in human history, según el Presidente del Banco Mundial, Jim Yong Kim, recordando que China ha salvado "alrededor de 800 millones de personas de la pobreza" y que su desarrollo es responsable de que la proporción de la gente que vive en pobreza extrema en el mundo, se haya reducido del 40% a 10%; el continuo mejoramiento de la economía y de las condiciones de vida, junto con la campaña contra la corrupción, han salvado al PCC del "inevitable" colapso, que la propaganda occidental había pronosticado infinidad de veces, aduciendo el carácter "antidemocrático incestuoso" del sistema de Partido único de Estado.
Hoy día ha aparecido, paralelamente al déficit del "soft power global" del histórico Socialismo del Siglo 20, el déficit del soft power global del capitalismo y su sistema burgués. En el vacío de la orientación estratégica de la especie, la gran misión contemporánea del Partido Comunista de China consiste en evolucionar hacia el ciber-comunismo de Ma y Liu. En otras palabras, de convertir la narrativa nacional del "Chinese Dream" en una narrativa civilizatoria global.


7. Xi, Putin y el Progreso


El 19 Congreso Nacional del Partido Comunista de China no sólo inaugura, como dice modestamente el Presidente Xi Jinping, la Nueva Era del Socialismo en China, sino que reactiva el Socialismo científico del Siglo 21 como alternativa para la especie. Xi Jinping y Putin son, hoy día, indudablemente los mejores líderes y estadistas del mundo. Son los únicos que pueden impedir un fin nuclear destructivo de la humanidad, ante la agresividad hitleriana del neo-fascismo estadounidense. Pero, también son los únicos, que tienen el dominio para poder fomentar y proteger la hazaña de la democracia real post-capitalista.


8. Xi y el Salto de Tigre


A diferencia de la Revolución Francesa, la revolución socialista de Marx y Engels tenía que ser "El salto de tigre bajo el cielo libre de la historia", decía Walter Benjamin, en su trascendental reflexión dialéctica sobre la historia. Albergamos la esperanza de que el Salto de Tigre de la humanidad, el Socialismo del Siglo 21, se inició ayer en el Reino del Medio (中国), con la inauguración del 19 Congreso del PCC por el legítimo heredero de Mao Zedong.

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XIX Congreso del PCCh: el tercer tiempo chino

El próximo 18 de octubre el Partido Comunista Chino se reune para decidir la configuración de sus máximos órganos de dirección: el Comité Central, el Buró Político y el Comité Permanente.

Una cierta y en gran medida inevitable expectación rodea el XIX Congreso del Partido Comunista de China que iniciará sus debates el próximo 18 de Octubre en Beijing. Como es habitual, muchas miradas se dirigen hacia la configuración de sus máximos órganos de dirección, es decir, el Comité Central, el Buró Político y, sobre todo, su Comité Permanente, un proceso que transcurre en medio de la no menos habitual opacidad.


A estas alturas, la única certeza es la continuidad del secretario general Xi Jinping y del primer ministro Li Keqiang, aunque en este caso, algunas especulaciones sugieren que podría pasar a desempeñar otro cargo (presidente de la Asamblea Popular Nacional). Es improbable. Como también lo es la continuidad de Wang Qishang, el jefe de la lucha anticorrupción, a jubilarse, como los otro cinco miembros del actual Comité Permanente, por razones de edad. Por otra parte, la defenestración de Sun Zhengcai, ex jefe del Partido en Chongqing y uno de los llamados a dirigir el PCCh a partir de 2022, deja abierta más de una incógnita con respecto a la composición del nuevo Comité Permanente e incluso sobre la posibilidad de que Xi opte a un inusual tercer mandato.


Entre los que se dan como prácticamente seguros en el nuevo Comité Permanente suele citarse a Hu Chunhua, jefe del Partido en Guangdong, y al viceprimer ministro Wang Yang, quien podría presidir la Asamblea Popular Nacional. Los dos son afines a Hu Jintao, secretario general entre 2002 y 2012. Entre los próximos a Xi, podría entrar Li Zhanshu, que asumiría la lucha contra la corrupción, y la gran revelación, Chen Min´er, actual jefe del Partido en Chongqing. El jefe del Partido en Shanghai, Han Zheng, podría presidir la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino.


La hora del xiísmo


Pero más allá de los nombres y las especulaciones, la importancia del XIX Congreso se deriva del afán por solemnizar un tercer tiempo en la trayectoria de la República Popular China, que en 2049 celebrará su primer centenario. Así, se trataría ahora de seguir profundizando en la reforma iniciada por Deng Xiaoping pero auspiciando un nuevo modelo de desarrollo que pase página de la “fábrica del mundo” para instaurar una economía moderna y sostenible, basada en la innovación y el conocimiento. Esa voluntad, plasmada ya en los últimos años de Hu Jintao, ha estado en la agenda del PCCh en el último lustro, promoviendo la reducción de los excesos de capacidad, la reforma del sector público, el salto tecnológico, el aumento de los salarios, la ampliación de los servicios, el fomento del consumo o un nuevo enfoque de los problemas ambientales.
Dicha reforma económica tendría su complemento en lo político en dos frentes principales. Primero, un ajuste interno en el PCCh resucitando la “línea de masas”, la disciplina, la lealtad y otros atributos del modus operandi habitual en la era maoísta con vistas a tensar el compromiso de los casi 90 millones de militantes del Partido que deben afrontar una etapa crucial en la que está en juego la culminación de la modernización balbuceada a finales del siglo XIX y gestionada por el PCCh desde mediados del siglo XX. Segundo, la actualización del sistema institucional introduciendo conceptos, políticas y procedimientos que aporten nuevos esquemas que mejoren el funcionamiento general del aparato estatal con la máxima prioridad de garantizar la condición hegemónica del PCCh.


El xiísmo, que será incorporado de forma extraordinaria a los Estatutos del PCCh en este congreso, concretará la voluntad del PCCh de propiciar una mejor gobernanza de cuño propio y por lo tanto sin concesiones al liberalismo occidental, con una economía que una vez ajustada podría dar un salto definitivo a la cima mundial, con una sociedad con más acceso a ciertos derechos de orden social y con un papel internacional diseñado para ocupar una posición central en el sistema global.
La China y el PCCh de Xi Jinping acarician el sueño de haber encontrado la fórmula para establecer una síntesis dinámica y en equilibrio entre lo tradicional y lo moderno, entre la planificación y el mercado, entre el autoritarismo y la democracia, que debe servir para asegurar que el XXI será su siglo.


Cierto que las quiebras de dicha prescripción no son menores y que arrojan poderosas sombras sobre la estabilidad pero la envergadura histórica del radiante momento, con la modernización al alcance de la mano en contraste con aquella China postrada y humillada por Occidente de hace dos siglos, obnubila cualquier matiz que pudiera hacerse al optimismo oficial y, en buena medida, también cívico.

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