Sábado, 03 Diciembre 2016 06:24

Timonel de dos revoluciones

Timonel de dos revoluciones

Como las anteriores, la revolución cubana tuvo en sus iniciales momentos de euforia una fuerte vocación utópica, para aterrizar en un crudo realismo cuando se amontonaron las dificultades. Pero el espíritu rebelde renació cuando el colapso económico provocado por la caída de la Urss amenazó derrumbarla. En ambos momentos, Fidel estuvo al frente.

 

La revolución cubana fue la que mayor impronta dejó en América Latina, un continente habituado a las revoluciones. Ni la primera revolución negra triunfante en el mundo, la haitiana de 1804, ni las descabezadas revueltas indias lideradas por Túpac Amaru y Túpac Katari, antecesoras de las independencias, lograron impactar tan profundamente en la región. Ni siquiera la revolución sandinista de 1979, ni la mexicana de Villa y Zapata o la boliviana de 1952, la menos conocida pero una de las más importantes que vivió este continente.


Una cuidadosa revisión de los ejemplares de Marcha desde 1959 permite comprobar que lo sucedido en Cuba electrizó a los lectores uruguayos, que inmediatamente tomaron partido en su inmensa mayoría por la joven generación que derrotó a Fulgencio Batista, un dictador con pésima reputación. Las páginas que acunaban las cartas de los lectores fueron escenario privilegiado de la polarización generada por las intervenciones de Fidel y el Che, los dos personajes que fueron referencia ineludible en los debates de la época.

FRACASO DE LA PRIMERA REVOLUCIÓN.


Las características de los líderes de la revolución cubana son similares a las de todas las dirigencias revolucionarias del siglo XX: sus cuadros fueron varones ilustrados, pertenecientes a las clases medias altas. Es posible que en aquella época no hubiera otra opción, cuando el patriarcado gozaba aún de buena salud. En muchos sentidos, la cubana fue una revolución hija de su tiempo. Emparentada, tanto en las luces como en las sombras, con la rusa y la china, entre las más relevantes del siglo XX.


Antes incluso de optar por los modos de la Unión Soviética, tomando distancias de la revolución cultural china que se propuso “continuar la lucha de clases bajo la dictadura del proletariado”, según el propio Mao, los dirigentes cubanos apostaron por un proceso de cambios donde el sujeto era el aparato estatal. Aunque su versión era bastante más radical de la que imperó después del fracaso de la cosecha de los 10 millones de toneladas de caña en 1970, el Che no dudaba de la centralidad del Estado en el tránsito al socialismo.


En los primeros años hubo decisiones simpáticas y ejemplares, pero que estaban condenadas al fracaso. La prioridad otorgada al trabajo voluntario como motor de la economía, el rechazo a los estímulos materiales y al dinero, llevaron al Che a suprimir los alquileres y las horas extra, y a decretar la gratuidad de servicios como el teléfono. Fueron años en los que la dirección cubana debatía sobre la vigencia de la ley del valor en el socialismo con intelectuales de la talla de Paul Sweezy, Charles Bettelheim y Ernest Mandel, entre otros.


Hubo, además de errores, algunos horrores. La condena a los homosexuales (una “desviación”, según Fidel) pertenece a los segundos, aunque fue corregida en los años noventa. Hubo fusilamientos, como mínimo, apresurados y escasamente justificados, como el del comandante Arnaldo Ochoa en 1989, “héroe de la República de Cuba” por su brillante hoja de servicios. Ochoa fue fusilado junto a otros tres militares en un juicio en el que nunca reconoció los cargos de narcotráfico que le imputaba el tribunal.


La revolución cubana pretendió extenderse a todo el continente. Del 3 al 14 de enero de 1966 se reunió la Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina en La Habana, conocida como la Tricontinental, que albergó fuerzas revolucionarias de 82 países. Defendía la lucha armada como el principal método para derrotar al imperialismo.


En 1967 se fundó la Organización Latinoamericana de Solidaridad (Olas) en un amplio encuentro en La Habana, que albergó a casi toda la izquierda de la región. En su discurso de clausura del 10 de agosto, Fidel criticó a los partidos comunistas: “Nadie se haga ilusiones de que conquistará el poder pacíficamente en ningún país de este continente, nadie se haga ilusiones; y el que pretenda decirles a las masas semejante cosa, las estará engañando miserablemente”.


En los meses y años siguientes se produjo un viraje profundo, tanto en la isla como en la región. En octubre de ese año cayó en combate el Che en Bolivia, y se palpaban los límites de la lucha armada. El fracaso de la cosecha de los 10 millones de toneladas llevó a la dirección cubana a acercarse a las posiciones “realistas” de la Unión Soviética. En 1970 Salvador Allende ganó las elecciones y se convirtió en el primer presidente marxista en llegar al gobierno por la vía electoral. Fidel fue el primer presidente extranjero en visitar a Allende en Chile, donde recorrió el país de norte a sur durante 24 días, en 1971.


LA SEGUNDA REVOLUCIÓN.


En la revolución cubana hubo un “algo” que marcó diferencias. En la década de 1990, luego de la caída de la Unión Soviética y la apertura del llamado “período especial”, Cuba estuvo al borde de abismo. El Pib cayó un 34 por ciento entre 1989 y 1992. La vida cotidiana naufragaba en la penuria, conseguir comida era un problema mayor y el futuro lucía oscuro. Cuba perdió el 80 por ciento de sus mercados, las fábricas y autobuses dejaron de funcionar por falta de petróleo (las importaciones cayeron al 25 por ciento), hubo apagones diarios de hasta 14 horas. Un verdadero colapso económico.


El bloqueo yanqui se hizo más duro y estrechó el cerco contra la isla. Cuba no tuvo acceso a financiación y tuvo restricciones para importar comida. El racionamiento fue muy estricto, pero igualitario; se estima que los cubanos perdieron nueve quilos de peso en promedio.


Pero el régimen se mantuvo y no lo hizo en base a la represión. En otros países de América Latina, crisis menos profundas barrieron una decena larga de gobiernos en la misma década. La prensa internacional anunciaba todos los días la “inminente caída del régimen cubano”. Lo que ocurrió fue una revolución agrícola o agroecológica sin precedentes en la región. Fue una segunda revolución, en un sentido muy distinto al soviético, de hondo contenido guevarista.


El pueblo cubano comenzó a cultivar alimentos donde pudo, sobre todo en terrenos baldíos en las ciudades, apelando a la iniciativa popular más que a directrices del poder. En poco tiempo Cuba dejó de lado la revolución verde que sobreutiliza combustibles fósiles, con miles de tractores e insumos importados desde la Urss, y se volcó a una agricultura de subsistencia, orgánica, en pequeña escala.


Fue la cooperación y la ayuda mutua lo que salvó la revolución. Médicos, ingenieros, músicos, se hicieron agricultores en las ciudades. La mitad de la provisión de frutas y verduras de La Habana provino de huertas urbanas, una cifra que trepó hasta el 80 por ciento en pequeñas ciudades y pueblos. Con el tiempo, la espontaneidad se convirtió en sistema productivo apoyado desde el Estado, que hoy ocupa a 140 mil personas.


Crearon biopesticidas y biofertilizantes que hoy se están exportando. El 40 por ciento de las granjas estatales fueron divididas en parcelas que son usufructuadas por particulares que obtienen la tierra en usufructo pero no en propiedad. Las que más producen son las granjas familiares, luego las cooperativas y por último las granjas estatales que siguen el modelo soviético. Granjas más pequeñas y cooperativas más autónomas mostraron niveles de productividad mayores que las estatales.


La descentralización no sólo alcanzó a la producción de alimentos, que sigue siendo insuficiente, sino a muchas otras porciones de la vida cubana, incluyendo las universidades y la salud. La producción de azúcar nunca volvió a los niveles de los años ochenta, pero las exportaciones se diversificaron, ocupando la industria farmacéutica un lugar destacado. Cuba es el primer país latinoamericano que está dando pasos para dejar atrás el extractivismo.


Fue una decisión política del pueblo cubano, de sobrevivir, de seguir adelante, de no rendirse. Fidel y la dirección tuvieron la virtud de captar las iniciativas espontáneas de su pueblo, de apoyarlas y sistematizarlas. Siguiendo los pasos de Lenin y de Mao, quienes no inventaron ni los soviets ni las comunas sino que las popularizaron, Fidel supo estar –en los momentos difíciles– a la altura de su pueblo.

Publicado enInternacional
A cambio de un subsidio de 7 mdd Trump salva mil empleos en Indiana

El presidente electo Donald Trump arrancó este jueves una "vuelta de la victoria" para agradecer a votantes en varios estados por su triunfo y empezó con un acto en Indiana, donde se autoelogió por "salvar" mil empleos que estaban por ser trasladados a México, mientras se inicia un recuento del voto promovido por opositores del republicano en algunos estados claves.

Trump y Mike Pence, el vicepresidente electo y aún gobernador de Indiana, se presentaron en Indianápolis para anunciar que mil empleos en la empresa industrial Carrier se quedarán en ese estado en lugar de ser trasladados a una planta de la empresa en Monterrey y expresaron que esto es sólo el inicio del cuplimiento de su promesa de campaña.

La planta se volvió símbolo de lo que Trump prometía frenar durante su campaña electoral, el traslado de empleos de la rama manufacturera a otros países (nunca detalló cómo), resultado de acuerdos de libre comercio como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Dijo que lo lograría con una sola llamada desde la Casa Blanca a cada ejecutivo, indicando en particular que empezaría con United Technologies, dueña de Carrier.

Trump declaró en la planta: “vamos a hacer muchas llamadas telefónicas a empresas que estén pensando en dejar este país, porque no dejarán este país... No van a abandonar este país y los trabajadores van a mantener sus empleos”. Repitió que hará "muy, muy difícil" que una empresa traslade empleos a otras naciones, y advirtió que habrá "consecuencias" para las que se atrevan a hacerlo.

Lo que no comentó es que la negociación para convencer a Carrier, que produce aparatos de aire acondicionado y de calefacción, para mantener abierta esta planta, fue a cambio de un subsidio público por 7 millones de dólares (gran parte en reducción de impuestos y otros incentivos) ofrecido por el gobierno de Indiana a United Technologies.

Aunque mil empleos fueron "rescatados", Carrier trasladará otros 600 de esa planta más otros 700 de otra en la misma zona a México, algo que no se comentó en las declaraciones de este jueves.

De hecho, desde que se anunció el acuerdo, el martes pasado, los críticos han señalado que en lugar de un entrenamiento prometido con empresarios para obligarlos a mantener empleos en Estados Unidos, la empresa fue premiada con concesiones que había buscado.

Bernie Sanders, senador y ex candidato presidencial, criticó este jueves la maniobra en un artículo publicado en el Washington Post, afirmando que Trump acaba de enviar un mensaje "a todas las empresas estadunidenses de que pueden amenazar con trasladar empleos a cambio de beneficios e incentivos de impuestos". Agregó que, "en esencia, United Technologies tomó en rehenes a Trump, y ganó. Eso debería enviar una ola de temor a trabajadores en todo el país".

Pero, como símbolo, el acto fue potente en un país cuyo sector manufacturero ha sido devastado y con ello han desaparecido miles de los empleos mejor remunerados, sobre todo para trabajadores sin educación superior, en gran medida porque eran sindicalizados. El mensaje populista de Trump tuvo enorme eco entre estos sectores, incluso entre trabajadores sindicalizados que anteriormente eran fieles al Partido Demócrata.

Entre 2000 y 2016 se han perdido más de 5 millones de empleos en ese sector (de 17.3 millones a 12.3 millones hoy día), reportó el New York Times. En Indiana se han perdido unos 147 mil en ese periodo. Aunque se ha generado más empleo en el sector de servicios, éstos pagan en promedio 20 mil dólares menos al año que los industriales, según cifras oficiales. Esa diferencia, afirman expertos, implica el fin de lo que se llamaba el sueño americano para millones de trabajadores.

Estas condiciones son parte de lo que impulsó la candidatura insurgente de Trump (como también la de Sanders) en estas regiones ahora llamadas el "cinturón oxidado", que fueron la columna vertebral del sector industrial de Estados Unidos.

Economistas dudan que Trump pueda ofrecer acuerdos como el de Carrier por todas partes para frenar la hemorragia en el sector industrial, y muchas empresas comentan a medios que no tienen más alternativa que trasladar empleos a países con menores costos. Sin embargo, el voto para Trump, y el acto de este jueves, parte de la esperanza que repetirá el milagro por todas partes, aun si a fin de cuentas los que pagan son los ciudadanos.

Después del acto con los trabajadores, Trump y Pence viajaron a Cincinnati, Ohio, para un mitin de celebración (Trump ganó Ohio), en lo que será una inusitada serie de visitas en una gira triunfal en los próximos días a estados donde ganaron.

Mientras el populista de derecha se ofrecía como campeón de los trabajadores, cuatro de los integrantes de su gabinete en formación tienen fortunas personales combinadas de por lo menos 8 mil 100 millones de dólares, reportó el Wall Street Journal. Ellos son: el secretario de Comercio, Wilbur Ross; el subsecretario de Comercio, Todd Tickets; el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, y la secretaria de Educación, Betsy DeVos.

Por otro lado, este jueves comenzó el proceso de recuento del voto presidencial en Wisconsin, impulsado por la ex candidata presidencial del Partido Verde Jill Stein –uno de por ahora tres estados claves donde se sospechan posibles irregularidades–, sobre todo votos descartados o anulados indebidamente. Aunque expertos y analistas descartan que esto logre revertir el triunfo de Trump, Stein insiste en que es necesario para asegurar a los ciudadanos de "la integridad" del sistema electoral. Los otros dos estados donde se solicitan recuentos son Pensilvania y Michigan. Hillary Clinton tendría que ganar esos tres para obtener la mayoría en el Colegio Electoral.

Mientras este proceso ofrece por ahora una mínima esperanza para opositores de Trump, otros sueñan con una rebelión –ya impulsada por unos pocos– dentro del llamado Colegio Electoral que emitirá sus 538 votos el 19 de diciembre.

Publicado enInternacional
Viernes, 02 Diciembre 2016 06:39

Papá, ¿y cuándo llega Fidel?

Papá, ¿y cuándo llega Fidel?

La caravana rumbo a Santiago de Cuba, donde el domingo quedarán depositados los restos de Fidel Castro, salió de Santa Clara y siguió recorriendo la isla entre gritos de “Yo soy Fidel”, banderas, lágrimas de los grandes y preguntas de los chicos.


Desde Santa Clara


Son las cinco de la mañana en la calle Marta Abreu, la heroína de la independencia. Las veredas ya están llenas. Algunos cuentan que durmieron normalmente, y sobre todo hicieron dormir a los chicos más pequeños para que estuvieran frescos. Y otros se tiraron un par de horas o nada. Se quedaron hasta tarde viendo la pantalla con escenas de la historia y voces de Fidel Castro en la plaza seca que rodea al mausoleo del Che donde llegaron las cenizas del líder muerto el viernes 25 de noviembre. Por unas horas los restos del Che y los de Fidel pasaron la noche juntos.


Todos esperan el ruido del helicóptero que sobrevuela la caravana con el cofre de cedro envuelto en la bandera cubana.
Hay una ansiedad sin angustia.


Cada tanto uno o una gritan y esperan respuesta, al estilo de toda América Latina menos el Río de la Plata. En Uruguay y la Argentina valen más los cantitos, el candombe, lo que viene del Carnaval, las melodías de Gilda o Víctor Heredia convertidas en himno de cancha o de acto político. En Uruguay hay tambores y en la Argentina bombos. Aquí en Cuba la percusión es permanente y no hay nadie que se prive de usar los dedos como palitos y la mesa del bar como tambor. Ta-ta-ta/ta-ta. Pero no hay tambores en la política.


“Hasta la victoria”, grita hasta la afonía una cubana con la bandera en la mano. “¡Siempre!”, responde la multitud. Otra vez. Y otra vez más. Tres. “Viva Fidel”, y viene la respuesta: “¡Viva!”. “Patria o muerte”, cierra la cubana. “¡Venceremos!”.
Don Isidro


Anoche fue igual. Pero por momentos con otro tono. La espera fue larga en el mausoleo del Che, a un kilómetro de la plaza Parque Vidal en el centro histórico, y mostró a miles de cubanos que parecían haber salido a la noche a tomar fresco. Muchos, en familia. O en pareja. Algunos viejos, pocos. Una mayoría apabullante de estudiantes secundarios en los últimos años (después siguen la universidad en La Habana) y matrimonios jóvenes o algo más veteranos. Por supuesto no faltaron adolescentes de 15 o 16 con el pelo igual que en cualquier lugar del mundo, rapado y con alguna variante de cresta, pantalones chupín y el ensayo repetido de quién es capaz de fabricar y lanzar el escupitajo más potente. La Costanera Sur un domingo a tardecita.


Anoche y ahora la pregunta de los más pequeños es la misma. Puede ser a babucha de un gordo grandote de remera amarilla o de la mano de una madre que observa en silencio. “Papá, ¿y cuándo llega Fidel?” O: “Mamá, ¿es verdad que Fidel va a venir?”.


Esta mañana no se lo ve por aquí, en Marta Abreu, a Isidro Pérez, el tullido que anda con su carrito con loneta verde y espejo porque cojea con su pierda izquierda rígida y solo puede hablar con un aparato metálico sobre la nuez. Obviamente este negro alto de ropa oscura, sombrero beige y sonrisa fácil no anda con una tarjeta con su nombre, pero todos lo presentan al forastero que pregunta de dónde viene la fama.


–Isidro Pérez es de cuando aquí había pelota –dice alguien que asegura conocerlo desde siempre.


–¿Pelota?


–Sí, cuando se jugaba béisbol de verdad –explica con la severidad de todos los hinchas del mundo, aunque en realidad pronuncia “veldad”, sin la erre.


Leonardo Padura, el escritor de El hombre que amaba a los perros, siempre cuenta que su mayor sueño era ser jugador de pelota y que el béisbol es el asunto que más conoce. Se moriría de envidia con estos personajes.


Don Isidro saca su aparato de una carterita de colectivero y se lo pone sobre la garganta. Emite un sonido de metal robótico como la voz de ET.


“Estuve en México ganando plata porque jugué en Guadalajara”, suena lo que sale de algún lugar del cuerpo de Isidro Pérez.


“Estuve cuando trajeron los restos del Che acá mismo”, sigue.


Una nena mira fascinada el sistema de comunicación del jugador. No hace preguntas sobre cómo funciona. Solo mira. De noche frente al mausoleo del Che y de mañana en Marta Abreu las únicas preguntas son sobre la caravana.


Misterios


La señal de celular es débil y no hay transmisión de datos. Por suerte en el último año el gobierno instaló antenas de wifi (pronunciar uifi, por favor) en algunas esquinas de las principales ciudades. La espera, entonces, es una espera incomunicada. Anoche solo una señora había sido precavida y tenía su portátil. Y también un señor. Pero ya nadie anda con la radio en la mano. Sin radio y sin la tele la ausencia de datos por el celu obliga al murmullo y permite toda especulación. La única diferencia es que de noche no se sabía cuándo llegaría el cortejo y ahora, en las primeras horas de la mañana, se supone que la caravana cumplirá con el horario de salida porque no hay ninguna vuelta previa.


La llegada de noche a Santa Clara después de haber salido en la mañana del miércoles del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias repitió una ceremonia a la que los cubanos ya se están acostumbrando porque la televisión muestra el paso pueblo por pueblo del recorrido de la capital hasta Santiago de Cuba, en el Oriente de la isla y con mil kilómetros de distancia entre una ciudad y otra. Primero se escucha el motor de un helicóptero. Después viene un jeep ruso. Después un mastodóntico camión militar. Detrás otro vehículo verde oliva que arrastra la cureña donde se ve el cofre envuelto en la bandera depositado dentro de una caja transparente de vidrio a prueba de todo. Flores blancas cubren la cureña, que remata en una van blanca, vehículos policiales y una ambulancia. Luego, a distancia, va otro equipo similar.
La caravana no se detiene y el misterio para los cubanos es elemental.


“Oye, esos van en vehículos militares, que son duros”, dice un tipo joven con ojos vivaces. “Está bien, son militares y aguantan todo, pero dime tú cómo hacen para orinar.” Otro escucha y aporta su hipótesis: “Hermano, entre pueblo y pueblo, cuando nadie ve la caravana”.


El duelo suspendió la música y los gritos en toda Cuba pero no la curiosidad. El humor sigue, aunque su expresión es tímida, como autocontrolada. La relación con Fidel es familiar, no distante.


Hace un rato, en la plaza de Santa Clara donde ya de madrugada empezaron a cantar las totis, unos pajaritos que ensordecen como cotorras, todavía trabajaba a pleno una cuadrilla de pintores dando los últimos toques de celeste en la esquina de Cuba y Marta Abreu.


Un grupo de turistas los miraba. Hablaban ruso.


Dos cubanos los miraron mirando.


“Hermano, éstos me hacen acordar a un cuento”, dijo uno.


El otro no tuvo ni que preguntarle qué cuento.


Resulta que un señor viajaba en la guagua (traducción: colectivo) y tenía al lado suyo a una cubana con un vestido muy escotado. El señor cada tanto desviaba la mirada.


“¿Oye, que no tienes otra cosa que hacer que mirar?”, dijo harta en un momento la observada.


“Es que lo mío es hacer, no mirar, pero soy respetuoso y si no estás de acuerdo solo puedo mirar.”


El cubano echó el cuento y sacó su conclusión inmediata. “Esos que están mirando como él pinta encima de la escalera no quieren hacer, quieren mirar.”


Deberes


La calle Marta Abreu, esta mañana todavía sin el sol duro, está limpia porque la dejó así anoche la cuadrilla de Miguelito, el jefe del camión tanque que regó y ordenó el fregado centímetro por centímetro.


La caravana se entrecruza con la vida de todos los días que a su vez se cruzó con la muerte del líder. Es una tristeza tranquila. Una curiosidad apacible. La noción de que algo raro pasa. ¿Algo único? Quizás, pero el ser humano es menos racionalista y primero deja que los sentimientos lo invadan. Por eso las preguntas no arrancan análisis sesudos. Porque no es natural el análisis sesudo para quien vive la cercanía de una muerte impactante.


Los vehículos militares recorren en sentido contrario la marcha que emprendieron las columnas del Ejército Rebelde el 1° de enero de 1959, cuando ya el dictador Fulgencio Batista había huido y el único mando con poder en Cuba era el de los revolucionarios que habían desembarcado en el yate Granma en diciembre de 1956 (hace exactamente 60 años) y se habían transformado en miles de combatientes en la Sierra Maestro y otros miles encargados del sabotaje o la organización de huelgas en las ciudades. Justamente el 30 de noviembre de 1956 Santiago de Cuba protagonizó un levantamiento para distraer a las fuerzas de Batista y quitar toda posible atención en el desembarco del Granma. Lo organizó el Movimiento 26 de julio, la fecha de 1953 en que los revolucionarios intentaron tomar, y fracasaron aunque luego persistirían, el cuartel Guillermón Moncada de Santiago. Hay banderas rojas y negras que dicen “26 de Julio” en la calle Marta Abreu. Las habrá a todo el paso de la caravana en su camino a Santiago de Cuba. En Sancti Spiritu. En Camagüey. Y en cada ciudad donde se detenga o simplemente pase junto a miles de cubanos estacionados a un lado y otro de la carretera central que a medida que va hacia Oriente se convierte en una ruta modesta y poblada de bicicletas y carros a caballo.


En 1898 cuando tres años después de la muerte en batalla de José Martí terminó la guerra de la independencia contra Cuba, las tropas cubanas, los mambises, no pudieron entrar en Santiago de Cuba. Solo lo hicieron los efectivos del ejército norteamericano que había estimulado la independencia y se preparaba, sin interrupción alguna, para inaugurar la etapa neocolonial.


El 1° de enero, en su última advertencia exigiendo la rendición de las tropas de Batista y en medio de un paro general, Fidel dijo en un discurso: “Se quiere prohibir la entrada en Santiago de Cuba a los que han liberado a la Patria; la historia del 95 no se repetirá, esta vez los mambises entrarán hoy en Santiago de Cuba”.


Entraron y después Fidel ordenó a Ernesto Guevara y a Camilo Cienfuegos, sus principales comandantes antes de Raúl Castro, que en menos de una semana afirmaran la revolución para evitar un golpe preventivo o una maniobra que quitara el poder al Ejército Rebelde.


El 6 de enero él mismo llegó a Santa Clara. En una casa recibió a Carlos Lechuga, un periodista que había apoyado la Revolución. En lugar de escuchar preguntas las hizo él. Quería saber cómo estaba el pueblo en La Habana. Después del intercambio sacó una conclusión.


Dijo Lechuga: “Es necesario que el pueblo no tan sólo te escuche, sino te vea. La gente está ávida de ti. Hemos hecho preparativos para transmitir por televisión el acto del parque, digo, si estás de acuerdo”.


Acordó Fidel: “¡Cómo no! Oye, eso es un palo periodístico que te vas a apuntar. Seguro que te aumentan el sueldo. Este discurso es importante. ¿Cuáles tú crees Lechuga, que son los problemas principales? No debe ser un discurso para elogiar al pueblo. En estos momentos, en que todavía hay alguna incertidumbre, hay que decirle al pueblo también cuáles son sus deberes. Hay que decirle que la Revolución tiene que ser la obra de todos, sólo así tendremos el triunfo definitivo”.


Un rato después salió al parque Leoncio Vidal, unos cientos de metros hacia arriba de Marta Abreu, cerca de la esquina que hace unas horas pintaban los cubanos y miraban los rusos.


Dijo Fidel el 6 de enero de 1959: “Desde que el pueblo manda hay que introducir un nuevo estilo: ya no venimos nosotros a hablarle al pueblo, sino venimos a que el pueblo nos hable a nosotros. El que tiene que hablar de ahora en adelante, el que tiene que mandar de ahora en adelante, el que tiene que legislar de ahora en adelante, es el pueblo. Si el pueblo supo ganar la guerra, que era difícil, ¿por qué no va a saber gobernar ahora?”.


Cuando terminó de hablar siguió camino a La Habana. Hoy el camino final es el contrario. Los restos vienen de La Habana.
Se escuchan los primeros gritos a cientos de metros. “Yo soy Fidel”, “Yo soy Fidel”, “Yo soy Fidel”. Se van reproduciendo a medida que avanza la caravana con las cenizas. Los cubanos miran. Serios. Concentrados. Agitan banderas. Lloran. Es un instante. El cortejo verde oliva seguirá hacia el parque Vidal, le dará la vuelta y, después de la noche compartida entre el Che y Fidel, completará su camino a Santiago.

Publicado enInternacional
Miércoles, 30 Noviembre 2016 06:31

Homenaje sin ron a Fidel, el Martí del siglo XX

Homenaje sin ron a Fidel, el Martí del siglo XX

El sitio donde los cubanos se congregaban para escuchar a Fidel desde 1959 fue el escenario de la despedida. El “Hasta siempre comandante” pasa de Guevara a Castro. El asombro popular ante la muerte. Retrato de un país en voz baja y sin son.


A las siete en punto de la tarde empezó el homenaje. Unos acordes del himno cubano que rompieron miles de conversaciones en voz baja y sorprendieron a estos chicos del colegio secundario que están aquí, en la Plaza de la Revolución, a estos trabajadores del Ministerio de Transporte, a esos agricultores de una cooperativa de Camagüey. Una voz se mete en la historia y pregunta varias veces: “¿Y se llama?”. Y cada vez la respuesta: “¡Fidel!”.


¿Cuántos caben en la Plaza de la Revolución? ¿Cuántos cientos de miles de cubanos escucharon tantas veces tantas horas a Fidel Castro desde el 1° de enero de 1959, al comienzo de la Revolución Cubana? El locutor dice que otra vez la convocatoria enorme fue por el comandante Fidel Castro Ruz y la multitud grita sin delirio ni desgarro, acostumbrada a tantas manifestaciones y al mismo tiempo sin haberse preparado del todo para este momento.


Aunque una caravana partirá para recorrer el camino hasta el cementerio de Santiago de Cuba en sentido inverso al que protagonizó el Ejército Rebelde, la ceremonia en la capital es el escenario de la gran despedida.


Es una noche hermosa en La Habana cuando el presidente ecuatoriano Rafael Correa habla de una Cuba con la esperanza de vida más alta y sin ningún niño viviendo en la calle, cuando recuerda “el bloqueo criminal de más de 50 años”.
De un lado está el Che. Del otro Camilo. Las dos siluetas iluminadas y la pregunta famosa: “¿Voy bien, Camilo?”. Fue durante un discurso a comienzos de la Revolución, cuando en medio de un discurso Castro se dirigió a Camilo Cienfuegos, el comandante que moriría poco después, con un toque de humor. El humor de los gallegos cuando se cargan a sí mismos como los italianos y los judíos. Humor cubano. ¿Humor argentino?


Raros


Estuvo rara La Habana durante todo el día del gran acto popular de homenaje a Fidel. Cuando comenzó, a las nueve de la noche hora argentina, por segundo día consecutivo miles de cubanos habían alcanzado antes a pasar por segundo día delante de un enorme retrato del líder muerto.


Muchos lloraban. Incluso los chicos de las escuelas, que en Cuba siempre asombran por sus uniformes prolijitos y coloridos, con pantalones y polleras de azul o rojo y, en el caso de las nenas, por trenzas que delatan madres jugando a las muñecas todas las mañanas.


A la tarde, cuando las nubes empezaban a esconder el sol en la Plaza de la Revolución desde donde Fidel habló tantas veces y ya no, columnas de trabajadores, campesinos y estudiantes ya llenaban desde el mediodía cada metro cuadrado de una de las plazas de cemento y sin árboles más famosas del mundo.


Están serios. Incómodos. ¿Raros?


Una parte de lo raro es lo que falta de La Habana. Faltan, o están callados, los que cantan con su guitarrita en el malecón de día y de noche. Pero más bien de noche. Faltan, o están sobrios, los que darían su vida por un ron. Los que ya la dieron. Las distintas etapas de la fraternidad etílica que, como dicen los chilenos, terminan con declaraciones de amor eterno entre hombres hétero. Los chistes. Y la música.


“Oye, extraño la cervecita”, le dice un moreno a otro en la Avenida Italia y San Rafael. Hay un remolino de cubanos porque es uno de los puntos en los que funciona el wifi público. Pronunciar uifi, por favor, como los cubanos.
“Yo también, pero no se puede”, responde el moreno dos.


–¿Disposición del gobierno? –pregunta el caucásico enviado especial de PáginaI12.


–Nooo –alarga el moreno uno–. Es que no se puede.


Es decir, quiso decir, no se debe.


“Aquí falta la música”, comenta una señora de unos cincuenta y tantos frente al Hotel Inglaterra, casi al comienzo de La Habana vieja.


“Estamos de luto”, agrega. Después de unas horas en La Habana es tonto preguntarle si es una queja. Ya se sabe que no. El sentimiento dominante es la tristeza. “Teníamos la certeza ilusoria de que Fidel nunca se iba a morir”, dice Yola con un oxímoron de síntesis impecable. Y después de la tristeza, mucho después, viene cierto asombro. Es el asombro de los cubanos consigo mismos. No se adaptaron todavía a que ese señor que intentó tomar un cuartel en Santiago de Cuba (el Moncada, en 1953) y que después estuvo siempre presente en sus vidas, incluso en las vidas de quienes festejaron su muerte en Miami, ese señor esté comenzando ahora mismo a convertirse en un recuerdo.


Las menciones a José Martí, muerto en batalla durante la lucha por la independencia de España en 1895, fue corriente en Fidel. Martí es un nombre permanente.


“Crear es la palabra de pase de esta generación”, se lee en un monumento del hall en la planta baja de la empresa pública de teléfonos. Palabra de pase suena a clave, a contraseña. A organización. Pero la frase de Martí fue pública.
Una madre muestra a su niño de 6 o 7 años la credencial del enviado de PáginaI12.
“¿Sabes a qué se dedica este señor?”, le pregunta. Pero la respuesta del chico después de leer las palabras “prensa extranjera” no se remite al oficio sino a un extraño parecido del nombre.


“¡Claro, es un patriota cubano, un héroe!”, contesta feliz el chiquito.


La madre, una mulata de treintaypico, se ríe y ni siquiera puede explicarle la diferencia entre Martín y Martí.
En la Plaza de la Revolución hay banderitas cubanas y retratos de Fidel. Más banderitas que fotos. Empieza a haber más retratos ahora, con Fidel muerto. También hay carteles con frases. Una: “La revolución es tener sentido del momento histórico”. Otra: “Revolución es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos”.


Castro estimuló el recuerdo de Martí porque ya era un héroe para los cubanos en 1959 y porque la historia cubana tiene tiempos que pueden resultar extraños para el resto de América latina. Martí murió luchando contra los españoles mientras ya había comenzado a advertir sobre el riesgo que significaban los Estados Unidos para la región ya a finales del siglo XIX. Había vivido en Nueva York, donde preparó la independencia de España, y tenía un fino conocimiento sobre el destino manifiesto que la elite estadounidense venía cultivando acerca del papel norteamericano sobre toda América y en especial sobre América Central, México y el Caribe.


Cuando, después de la muerte de José Martí, Cuba alcanzó la independencia buscada, ya en 1899 era dominio militar norteamericano. Y un instrumento formal, la Enmienda Platt que Raúl Castro suele recordar en sus discursos como un nudo que permite comprender los hilos de la historia, consolidó el derecho de los Estados Unidos a la intervención en Cuba.


Martí murió a los 42 años. El Che a los 39. Fidel a los 90 y hasta los 80 conservó el poder y las responsabilidades en plenitud. A diferencia de Martí y Guevara no lo mató una bala y pudo orientar políticas o dejar símbolos hasta el final. Incluso su última foto con un visitante extranjero es significativa. Se dejó retratar junto al presidente de Vietnam. Hay, como mínimo, dos paralelos. Uno es histórico: dos países pequeños resistieron a los Estados Unidos con éxito. En el caso de Vietnam ya lo había hecho antes con Francia. Otro es de modelo: en lo que se llama la actualización que vive hoy Cuba, es decir el proyecto de desestatalizar sin perder las conquistas sociales y políticas, los dirigentes cubanos acostumbran señalar que su sueño sería Vietnam por la experiencia de introducción de economía de mercado sin alterar la sustancia de los mecanismos del Estado. De todos modos las preguntas de este diario en distintos sitios de La Habana durante el día, y entre los congregados en la Plaza de la Revolución esta noche, no recogieron especulaciones políticas. Sin pretensiones científicas, la impresión a primera vista es que los cubanos están sintiendo la muerte de Fidel y no se apuran en racionalizarla. Internet avanzó en el último año y reúne cubanos en los puntos de wifi público pero las dificultades aún son considerables. En una sociedad menos neurótica por la hiperconectividad los ritmos son distintos, la charla cara a cara más habitual y la velocidad menos acuciante porque igual es difícil o inútil ser más y más veloces. No es un endiosamiento de la penuria informática sino, simplemente, una descripción. Hasta ahora, al menos, la mayor habilidad de los cubanos no es conectarse sino resolver. Resolver el día a día, el cambio económico, la adaptación a millones de turistas por año, a los mercados en pesos cubanos, pesos convertibles y divisas en negro, a una economía que tiene dificultades en reconvertirse porque alguna vez confundió mercado con capitalismo y ahora faltan empresas y sobra todavía poder a los ministerios. Los cubanos, como los uruguayos antes, son hábiles torneros. Necesitan inventar la pieza que les falta a los Chevrolet de los ‘50 y a menudo la máquina para fabricar esa pieza. Por cierto no moldearon sin éxito la convivencia con la peligrosidad activa de los Estados Unidos a 144 kilómetros de distancia y ahora la muerte de Fidel remacha un futuro en el que hay una decisión tomada: el presidente Raúl Castro ya dijo que no será reelecto en 2018. Cuando llegue ese momento, por primera vez en 59 años de revolución la cabeza del Estado dejará de llevar un Castro como apellido de su máximo dirigente.


Imágenes


En los costados de la Plaza unos vendedores –no hay muchos en proporción al momento histórico– ofrecen fotos de los líderes de la revolución y de los Cinco, los agentes de inteligencia que se infiltraron entre los grupos terroristas de Miami y terminaron arrestados en los Estados Unidos. Los cinco agentes no negociaron su culpabilidad según la costumbre judicial norteamericana. ¿Cómo hacerlo si no habían cometido un crimen, cómo afirmar que eran agentes de inteligencia si por definición y por misión no podían decirlo? Pasaron muchos años presos y en el deshielo relativo de los últimos dos años acabaron siendo liberados.


En la Plaza, Fidel muerto parece estar tomando una frase que hasta ahora quedaba reservada para Ernesto Guevara tras su asesinato el 8 de octubre de 1967. “Hasta siempre, comandante”, dicen varios carteles pequeños que portan cubanos silenciosos y con los ojos agrandados. La voz de Carlos Puebla, el más famoso de los cantantes cubanos de la Revolución, es la misma que entonaba “Te canto/ porque estás vivo, Camilo/ y no porque te hayas muerto”. Y al final terminaba con la pregunta célebre: “¿Voy bien, Camilo?”. También resuena en la memoria, en las memorias, porque no la pasan por ningún parlante y porque nadie la canta hoy, el “aquí se queda la clara” dedicada al Che y su querida presencia. Justamente terminaba así: “Y con Fidel te decimos/ hasta siempre, comandante”.


Momentos


Pero hoy, nada de canciones. No las hay ahora, en la Plaza de la Revolución mientras hablan los presidentes extranjeros, traducidos por un locutor de tono solemne si hablan en inglés como el presidente de la República Sudafricana. Tampoco hubo música durante el día en Centrohabana, el centro viejo no colonial, ni en las calles estilo años ‘30 del Vedado, ni en la Habana Vieja donde los cubanos reciclan todos los días las construcciones heredadas de la Cuba española del siglo XVI y el barroco que llegó en el XVII.


El luto propio asombra a los cubanos. Es como que no se hallan sin música, sin ron, sin cerveza, sin bailar en la calle, sin los músicos de son. Esos músicos que normalmente desempolvan con parsimonia una trompeta o sus instrumentos de percusión son una de las claves de una vejez con sonrisas. Si no pregúntenle a Compay Segundo. Ahora está enterrado en el cementerio de Santa Ifigenia, donde llegarán las cenizas de Fidel el sábado. Pero tocó y cantó hasta el último día de su vida.


Los cubanos pasaron por la dictadura de Fulgencio Batista, por la revolución de 1959, por la hostilidad de los Estados Unidos, por los ‘60 iniciáticos y los ‘70 más inflexibles, por los ‘80 estables, por los ‘90 insufribles gracias a la caída soviética y las dificultades de la vida cotidiana. Pasaron por la agresión militar de Playa Girón y por el embargo. Por la isla cerrada y por el turismo. Por Miami presente ahí cerca, pasando los cayos, y por el Miami invisible de los tiempos de migraciones cortadas. Pero en los últimos 63 años hay algo estos días pasó por primera vez. En 63 años Fidel, el Martí del siglo XX, nunca se murió.


Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enInternacional
El adiós comenzó en la Plaza de la Revolución

Multitudes de cubanos con rostros de tristeza, emoción contenida y lágrimas comenzaron a desfilar en el corazón político de La Habana para rendir homenaje al Comandante. “Fidel nos enseñó a luchar y a ayudar a ancianos, niños, pobres y humildes”, dijo uno de los presentes.

 

Una cola interminable rodeaba desde el amanecer el memorial José Martí en la Plaza de la Revolución de La Habana, donde miles de cubanos con rostros de tristeza, emoción contenida y lágrimas acudieron ayer, los primeros a rendir tributo al Comandante, cuyo legado es “eterno” e “inmortal”. La peregrinación al corazón político de La Habana donde Castro sedujo a multitudes con sus maratónicos discursos –casi siempre cargados contra el imperio–, abrió una semana de tributo al padre de la Revolución cubana, que falleció el viernes a los 90 años.


Puntual, a las 9.00 de la mañana el memorial José Martí donde se levanta un sobrio altar de flores blancas con la imagen de un Fidel de barba negra, erguido, con morral de guerrillero, abrió sus puertas y los primeros fieles al Comandante, muchos entre llantos y otros con la mano en el pecho, comenzaron a desfilar frente a uno de los tres puntos de homenaje instalados, casi idénticos, con flores blancas, imágenes de Fidel, y sus condecoraciones militares.


No estaba la urna con las cenizas del Comandante, como muchos en la fila esperaban, aunque los restos cremados de Fidel sí viajarán a partir de mañana por la isla, hasta Santiago de Cuba, cuna de la Revolución, donde se celebrará su funeral el 4 de diciembre.


“He venido a cumplir con mi deber patriota y revolucionario, en honor a nuestro Comandante en jefe, que murió como Comandante invicto”, afirmó Jesús, un hombre de 85 años que colaboró con la lucha clandestina antes de la Revolución en Ciego de Avila. Recuerda con cariño esos años en los que conoció a Fidel, antes de convertirse en Comandante en jefe de la Revolución, a quien describe como un hombre “humilde, alegre y campechano” que se convirtió luego en un líder mundial cuyo legado “estará vivo por los siglos de los siglos”.


Su compañera de lucha, Mercedes Cabrera, fue quien le avisó la noche del viernes de la muerte de Fidel y ayer lo acompañaba a homenajearlo al memorial José Martí: “Nuestro Comandante vive, no ha muerto. Sigue y seguirá en todas las generaciones futuras”.


“Fidel nos enseñó a luchar y a ayudar a ancianos, niños, pobres y humildes. El dijo desde el principio que esta Revolución era de los humildes y para los humildes y así ha sido”, afirmó Cabrera, que integró el Ejército Rebelde en los años de la lucha guerrillera en la Sierra Maestra.


Tampoco quisieron dejar de despedirse de Fidel estudiantes de secundaria como Idoliris, de 16 años, quien, mientras esperaba en la larga cola para entrar al memorial, sentía un “tremendo orgullo” de poder despedirse del Comandante y una “tremenda pena” por haber perdido a un líder de su magnitud, aunque “su recuerdo estará siempre presente”.


“Es un privilegio estar aquí”, señalaba su compañero de clase Carlos Alejandro, que se enteró de la muerte de Fidel en el momento en que se interrumpió la programación televisiva la noche del viernes para transmitir la alocución del presidente Raúl Castro.


“Fue una sorpresa. En mi casa todo el mundo se puso a llorar. Y en la calle hay tristeza”, contaba sobre la muerte del líder histórico de la Revolución cubana, a los 90 años, el 25 de noviembre a las 10.29 horas.


Bárbara Guerra, maestra jubilada de 78 años, “orgullosa y eternamente agradecida” a Fidel, se desplazó hasta la Plaza de la Revolución para decirle adiós consciente de que sin los logros de la Revolución, ella como mujer negra no hubiera disfrutado de los “derechos y oportunidades” que ha tenido. “Siento una gran tristeza, pero tremenda fortaleza porque sí que los que siguen, mis nietos y bisnietos, los jóvenes en general, van a seguir ese camino porque Fidel es un ejemplo. Nos ha dado una lección de vida, no sólo a los cubanos, si no a cualquier ser humano en el mundo”, relataba entre lágrimas.


“Mi Comandante inmortal”, así tituló un poema que escribió a Fidel la misma noche de su muerte, “trágica” noticia que la dejó paralizada, sin poder moverse del sillón hasta el amanecer.


“Aquí se siente mucho dolor. Todos estamos muy consternados por la muerte de nuestro Comandante porque todos lo queríamos de corazón, sin hipocresía”, aseguraba Félix Jardines, un abogado de 58 años, mientras esperaba en la cola para entrar al homenaje.


Para él, que no había podido pegar ojo desde la noche del viernes, Cuba sin Fidel va a seguir igual: “Revolución, socialismo, tratar de hacer las cosas mejor cada día, desarrollarnos más para lograr más bienestar para el pueblo, que fue por lo que él luchó”.


Eso mismo opinaba Genoveva Lovaina, enfermera de 54 años, para quien era “inconcebible no acudir a la despedida del Comandante, quien “seguir vivo en el recuerdo y el corazón de todos los cubanos”.


Los cubanos en La Habana tendrán hasta hoy para homenajear a Fidel en esa plaza, donde a las 19.00 se celebrará un multitudinario acto de despedida al que acudirán mandatarios y personalidades.


Al mismo tiempo desde Estados Unidos, el mandatario electo Donald Trump amenazó con poner fin al acercamiento entre Washington y La Habana si no obtenía concesiones de la isla en materia económica y en derechos humanos (ver página 21).


“El pueblo cubano nunca va a dar un paso atrás. La guía de Fidel es histórica. Trump es un estúpido!, con declarar esas cosas en estos momentos que el pueblo está de luto’’, dijo furioso Mauricio Paz, un exguerrillero de 76 años.
El malestar con Trump se coló en las largas filas que pacientemente hacían los cubanos de todas las edades, para entrar al memorial José‚ Martí. “Vengo con toda mi familia al mismo lugar que vine de niño a escucharlo muchas veces y traigo a mis hijos que algún día comprenderán y sabrán que estuvieron aquí a rendirle homenaje a su Comandante’’, dijo Amílcar Ramos, de 33 años.


Mañana se iniciará una procesión que recorrerá 13 de las 15 provincias, y que concluirá el domingo en Santiago de Cuba, donde se espera sean depositadas las cenizas en el cementerio Santa Ifigenia tras un recorrido de unos 1000 kilómetros.

Publicado enInternacional
Presidencia sitiada de Trump: ambiente de guerra civil

 

El choque tectónico del triunfo de Trump ha sacudido las entrañas del epicentro de EU y provocado reverberaciones telúricas a sus dos fronteras, México y Canadá, y a los cuatro rincones del planeta donde, en medio del caos doméstico/global que lega la sectaria presidencia de Obama, permanecen como "fractales" dos superpotencias, Rusia (a escala geoestratégico nuclear) y China (a escala geoeconómica); mientras, en Medio Oriente se consolida como el gran vencedor Israel, en la etapa de Estado Apartheid/racista/paria del primer Netanyahu y, en cierta medida, con las victorias relativas de Turquía y Egipto, que gozan de óptimas relaciones con Trump.

Ya había advertido los prolegómenos de “guerra civil larvada (https://goo.gl/2JHxaK)” y el “fracking doméstico” de la revuelta del "trumpismo, con o sin Trump": supremacismo/populismo/nacionalismo blanco (https://goo.gl/i86rDg).

Los multimedia rusos culpan a George Soros de organizar una guerra civil: una revolución de "color púrpura" para el "cambio de régimen" en EU.

Dos manifestaciones multitudinarias anti Trump de los grupos que maneja Soros serán celebradas, una el 20 de enero, día de la toma de posesión, y otra el 21 con la "marcha del millón de mujeres" pro Hillary, las cuales en forma ominosa colisionarán con la avalancha de 2 millones de supremacistas/populistas/nacionalistas WASP que viven fervientemente, a mi juicio, el "cuarto despertar" de los fundadores nativistas/puritanos de EU (https://goo.gl/RMSQvT).

Pese a que dejen mucho que desear (https://goo.gl/y687jO), una reciente encuesta Gallup expone que 77 por ciento de los estadunidenses perciben a su "país" "muy dividido en los valores más importantes".

Siguen las manifestaciones en las universidades, calles y en varias ciudades, a favor y en contra de Trump.

A mi juicio, similares manifestaciones multitudinarias de los WASP hubieran sucedido en caso del triunfo de Hillary, quien también hubiera tenido su "presidencia sitiada".

Soros, supremo perdedor que financió a Hillary con Goldman Sachs y los Rothschild, versó ahora 10 millones de dólares para combatir las "fuerzas oscuras" de Trump (https://goo.gl/eNaJ4Z).

El grupo global de Soros maneja en forma incontinente el término "odio", de acuerdo con la "técnica Hasbara", que significa "odio ajeno" cuando no provenga de Israel.

Es irónico que Soros, desde su malignidad, que encubre de "filantropía", evoque una inmanente y demente "superioridad moral" de la que carece cuando ha sembrado el caos por doquier, con el fin de obtener exorbitantes ganancias bursátiles (https://goo.gl/8M7b0s).

Entre los escollos centrífugas que enfrenta Trump, antes de su toma de posesión, que desestabilizarán aún más a EU, se encuentra la súbita cuan extraña resurrección de Jill Stein, del Partido Verde, con uno por ciento del voto popular (https://goo.gl/KwpStz), que pagó 5 millones de dólares por un recuento de votos en Wisconsin (10 votos electorales; diferencial de 27 mil 257 sufragios entre Trump y Hillary), dejando bajo la espada de Damocles a Michigan (16 votos electorales; diferencial de 11 mil 612 votos) y Pensilvania (20 sufragios electorales; diferencial de 68 mil 236 votos) que en teoría podrían revertir el resultado y poner en tela de juicio la legitimidad del Colegio Electoral que emitirá su sufragio el 19 de diciembre (https://goo.gl/FQHBkT).

Detrás del insólito recuento desestabilizador en Wisconsin se encuentra Soros (https://goo.gl/jXRvTG).

En plena transición suena inverosímil que Obama coadyuve una permuta presidencial.

Lawrence Lessig, jurista de Harvard (pro Hillary), incita al Colegio Electoral a pronunciarse por Clinton, mientras no faltan quienes alegan que existió ciberfraude (https://goo.gl/g7XP6s). ¿Un INE mexicano en EU?

California busca(ba) su secesión antes de Trump –"Calexit": plebiscito para su independencia en 2019–, y hoy menos que nunca querrá ser gobernada por un presidente que abomina.

Muchos estados de la "Unión" buscan la secesión: desde Oregon hasta Texas.

Los alcaldes "demócratas" de Chicago, el israelí-estadunidense Rahm Emanuel (ex jefe de gabinete de Obama), y de Nueva York, Bill de Blasio, han declarado a ambas ciudades "santuarios" ante la inminente deportación masiva de 3 millones de ilegales.

No es para menos la sicosis colectiva que ha provocado el choque tectónico de Trump: desde México –donde un accionista de Televisa exigió en forma sicótica el magnicidio de Trump en un twitt que luego borró (https://goo.gl/BBwhKP)– hasta Fred Hiatt, editor del Washington Post, rotativo del establishment , quien aboga "la lucha para defender la democracia", como si, guste o disguste, los 306 votos electorales de Trump –36 más del mínimo de 270 y 74 más que Hillary– fueran anti-democráticos (https://goo.gl/sFTKST). ¡No, bueno!

El grave problema, aún para mentes brillantes, en esta fase de descomposición de EU –y quizá de su balcanización– es que sucumben a sus soliloquios onanistas que niegan la nueva realidad nacionalista/populista que no asimilan en su gueto mental.

El incendiario Pat Buchanan, ultraconservador católico y ex jefe de prensa de Nixon/Ford/Reagan, marginado por los multimedia controlados por Wall Street, diagnostica que EU se encuentra "dividido sin esperanza (sic) en temas culturales, morales y políticos, y cada vez más en los ámbitos raciales y étnicos", por lo que la presidencia de Trump “estará sitiada (https://goo.gl/iluT41)”.

A mí nunca me preocupó tanto Trump como el trumpismo per se, cuyas tendencias detecté con bastante antelación e, incluso, 12 horas antes de la elección, como consta en mi ponencia auspiciada por Casa Lamm/ La Jornada (https://goo.gl/9ZlC9h).

EU sufre poderosas fuerzas centrífugas que carcomen su "Unión", en sincronía de fuerzas centrípetas nacionalistas anti EU en el mundo, mientras que, en forma paradójica como reflejo del caos global, el dólar escala los niveles más altos de los pasados 13 años y sus bolsas superan récords históricos.

Hace ocho años señalé que el decano diplomático ruso y especialista en ciberguerras, Igor Panarin (IP), había vaticinado 10 años atrás, la protobalcanización de EU en seis pedazos y su debacle económica (https://goo.gl/IWwY6n): 1. La "República de California"; 2. La "República de Texas"; 3. La "República Centro/Norte"; 4. "EU del Atlántico", que a mi juicio se uniría al Brexit; 5. Alaska, y 6. Hawaii (https://goo.gl/9x7SjN).

En forma impactante, tres de los seis pedazos balcanizados de EU por IP (https://goo.gl/Vjgcs9) prevalecieron: el voto costero occidental del eje California/Oregón/Washington se volcó por Hillary, frente al voto pro Trump en el cinturón industrial (rust belt), dominado por el eje Pensilvania/Michigan/Ohio, y el cinturón bíblico (bible belt), encabezado por la "República de Texas".

Sea el escenario que fuere en EU, lo real es que su destino etno-teo-geopolítico alcanzó también a sus dos vecinos: Canadá y México, que no disponen de muchos anticuerpos geopolíticos ni geofinancieros.

Lo peor que puede suceder, como en forma insensata operó el frívolo Senado del "México neoliberal itamita", es tomar partido en una guerra civil ajena porque se corre el grave riesgo de sufrir las consecuencias colaterales. México debe serenarse.

 

 

www.alfredojalife.com

Twitter: @AlfredoJalifeR_

Facebook: AlfredoJalife

Vk: id254048037

 

 

Publicado enInternacional
Sábado, 26 Noviembre 2016 09:59

El Fidel que conocí

El Fidel que conocí

Fidel ha muerto, pero es immortal. Pocos hombres conocieron la gloria de entrar vivos en la leyenda y en la historia. Fidel es uno de ellos. Perteneció a esa generación de insurgentes míticos –Nelson Mandela, Patrice Lumumba, Amilcar Cabral, Che Guevara, Camilo Torres, Turcios Lima, Ahmed Ben Barka– que, persiguiendo un ideal de justicia, se lanzaron, en los años 1950, a la acción política con la ambición y la esperanza de cambiar un mundo de desigualdades y de discriminaciones, marcado por el comienzo de la Guerra Fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos.

En aquella época, en más de la mitad del planeta, en Vietnam, en Argelia, en Guinea-Bissau, los pueblos oprimidos se sublevaban. La humanidad aún estaba entonces, en gran parte, sometida a la infamia de la colonización. Casi toda África y buena porción de Asia se encontraban todavía dominadas, avasalladas por los viejos imperios occidentales. Mientras las naciones de América latina, independientes en teoría desde hacia siglo y medio, seguían explotadas por privilegiadas minorías, sometidas a la discriminación social y étnica, y a menudo marcadas por dictaduras cruentas, amparadas por Washington.

Fidel soportó la embestida de nada menos que diez presidentes estadounidenses (Eisenhower, Kennedy, Johnson, Nixon, Ford, Carter, Reagan, Bush padre, Clinton y Bush hijo). Tuvo relaciones con los principales líderes que marcaron el mundo después de la Segunda Guerra Mundial (Nehru, Nasser, Tito, Jrushov, Olaf Palme, Ben Bella, Boumedienne, Arafat, Indira Gandhi, Salvador Allende, Brezhnev, Gorbachov, François Mitterrand, Juan Pablo II, el rey Juan Carlos, etc.). Y conoció a algunos de los principales intelectuales y artistas de su tiempo (Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Arthur Miller, Pablo Neruda, Jorge Amado, Rafael Alberti, Guayasamin, Cartier-Bresson, José Saramago, Gabriel García Márquez, Eduardo Galeano, Noam Chomsky, etc.).

Bajo su dirección, su pequeño país (100.000 km2, 11 millones de habitantes) pudo conducir una política de gran potencia a escala mundial, echando hasta un pulso con Estados Unidos cuyos dirigentes no consiguieron derribarlo, ni eliminarlo, ni siquiera modificar el rumbo de la Revolución cubana. Y finalmente, en diciembre de 2014, tuvieron que admitir el fracaso de sus políticas anticubanas, su derrota diplomática e iniciar un proceso de normalización que implicaba el respeto del sistema político cubano.

En octubre de 1962, la Tercera Guerra Mundial estuvo a punto de estallar a causa de la actitud del gobierno de Estados Unidos que protestaba contra la instalación de misiles nucleares soviéticos en Cuba. Cuya función era, sobre todo, impedir otro desembarco militar como el de Playa Girón (bahía de Cochinos) u otro directamente realizado por las fuerzas armadas estadounidenses para derrocar a la revolución cubana.

Desde hace mas de 50 años, Washington (a pesar del restablecimiento de relaciones diplomáticas) le impone a Cuba un devastador embargo comercial -reforzado en los años 1990 por las leyes Helms-Burton y Torricelli- que obstaculiza su desarrollo económico normal. Con consecuencias trágicas para sus habitantes. Washington sigue conduciendo además una guerra ideológica y mediática permanente contra La Habana a través de las potentes Radio “Martí” y TV “Martí”, instaladas en La Florida para inundar a Cuba de propaganda como en los peores tiempos de la Guerra Fría.

Por otra parte, varias organizaciones terroristas –Alpha 66 y Omega 7– hostiles al régimen cubano, tienen su sede en La Florida donde poseen campos de entrenamiento, y desde donde enviaron regularmente, con la complicidad pasiva de las autoridades estadounidenses, comandos armados para cometer atentados. Cuba es uno de los países que más víctimas ha tenido (unos 3.500 muertos) y que más ha sufrido del terrorismo en los últimos 60 años.

Ante tanto y tan permanente ataque, las autoridades cubanas han preconizado, en el ámbito interior, la unión a ultranza. Y han aplicado a su manera el viejo lema de San Ignacio de Loyola : “En una fortaleza asediada, toda disidencia es traición”. Pero nunca hubo, hasta la muerte de Fidel, ningún culto de la personalidad. Ni retrato oficial, ni estatua, ni sello, ni moneda, ni calle, ni edificio, ni monumento con el nombre o la figura de Fidel, ni de ninguno de los lideres vivos de la Revolución.

Cuba, pequeño país apegado a su soberanía, obtuvo bajo la dirección de Fidel Castro, a pesar del hostigamiento exterior permanente, resultados excepcionales en materia de desarrollo humano: abolición del racismo, emancipación de la mujer, erradicación del analfabetismo, reducción drástica de la mortalidad infantil, elevación del nivel cultural general... En cuestión de educación, de salud, de investigación médica y de deporte, Cuba ha obtenido niveles que la sitúan en el grupo de naciones más eficientes.

Su diplomacia sigue siendo una de las más activas del mundo. La Habana, en los años 1960 y 1970, apoyó el combate de las guerrillas en muchos países de América Central (El Salvador, Guatemala, Nicaragua) y del Sur (Colombia, Venezuela, Bolivia, Argentina). Las fuerzas armadas cubanas han participado en campañas militares de gran envergadura, en particular en las guerras de Etiopia y de Angola. Su intervención en este último país se tradujo por la derrota de las divisiones de élite de la Republica de África del Sur, lo cual aceleró de manera indiscutible la caída del régimen racista del apartheid.

La Revolución cubana, de la cual Fidel Castro era el inspirador, el teórico y el líder, sigue siendo hoy, gracias a sus éxitos y a pesar de sus carencias, una referencia importante para millones de desheredados del planeta. Aquí o allá, en América latina y en otras partes del mundo, mujeres y hombres protestan, luchan y a veces mueren para intentar establecer regímenes inspirados por el modelo cubano.

La caída del muro de Berlín en 1989, la desaparición de la Unión Soviética en 1991 y el fracaso histórico del socialismo de Estado no modificaron el sueño de Fidel Castro de instaurar en Cuba una sociedad de nuevo tipo, más justa, más sana, mejor educada, sin privatizaciones ni discriminaciones de ningún tipo, y con una cultura global total.

Hasta la víspera de su fallecimiento a los 90 años, seguía movilizado en defensa de la ecología y del medio ambiente, y contra la globalización neoliberal, seguía en la trinchera, en primera línea, conduciendo la batalla por las ideas en las que creía y a las cuales nada ni nadie le hizo renunciar.

En el panteón mundial consagrado a aquellos que con más empeño lucharon por la justica social y que más solidaridad derrocharon en favor de los oprimidos de la Tierra, Fidel Castro –le guste o no a sus detractores– tiene un lugar reservado.

Lo conocí en 1975 y conversé con él en múltiples ocasiones, pero, durante mucho tiempo, en circunstancias siempre muy profesionales y muy precisas, con ocasión de reportajes en la isla o la participación en algún congreso o algún evento. Cuando decidimos hacer el libro “Fidel Castro. Biografía a dos voces” (o “Cien horas con Fidel”), me invitó a acompañarlo durante días en diversos recorridos. Tanto por Cuba (Santiago, Holguín, La Habana) como por el extranjero (Ecuador). En coche, en avión, caminando, almorzando o cenando, conversamos largo. Sin grabadora. De todos los temas posibles, de las noticias del día, de sus experiencias pasadas y de sus preocupaciones presentes. Que yo reconstruía luego, de memoria, en mis cuadernos. Luego, durante tres años, nos vimos muy frecuentemente, al menos varios días, una vez por trimestre.

Descubrí así un Fidel intimo. Casi tímido. Muy educado. Escuchando con atención a cada interlocutor. Siempre atento a los demás, y en particular a sus colaboradores. Nunca le oí una palabra más alta que la otra. Nunca una orden. Con modales y gestos de una cortesía de antaño. Todo un caballero. Con un alto sentido del pundonor. Que vive, por lo que pude apreciar, de manera espartana. Mobiliario austero, comida sana y frugal. Modo de vida de monje-soldado.

Su jornada de trabajo se solía terminar a las seis o las siete de la madrugada, cuando despuntaba el dia. Más de una vez interrumpió nuestra conversación a las dos o las tres de la madrugada porque aún debía participar en unas “reuniones importantes”. Dormía sólo cuatro horas, más, de vez en cuando, una o dos horas en cualquier momento del día.

Pero era también un gran madrugador. E incansable. Viajes, desplazamientos, reuniones se encadenaban sin tregua. A un ritmo insólito. Sus asistentes –todos jóvenes y brillantes de unos 30 años– estaban, al final del día, exhaustos. Se dormían de pie. Agotados. Incapaces de seguir el ritmo de ese infatigable gigante.

Fidel reclamaba notas, informes, cables, noticias, estadísticas, resúmenes de emisiones de televisión o de radio, llamadas telefónicas... No paraba de pensar, de cavilar. Siempre alerta, siempre en acción, siempre a la cabeza de un pequeño Estado mayor –el que constituían sus asistentes y ayudantes – librando una batalla nueva. Siempre con ideas. Pensando lo impensable. Imaginando lo inimaginable. Con un atrevimiento mental espectacular.

Una vez definido un proyecto, ningún obstáculo lo detenía. Su realización iba de si. “La intendencia seguirá” decía Napoleón. Fidel igual. Su entusiasmo arrastraba la adhesión. Levantaba las voluntades. Como un fenómeno casi de magia, se veían las ideas materializarse, hacerse hechos palpables, cosas, acontecimientos.

Su capacidad retorica, tantas veces descrita, era prodigiosa. Fenomenal. No hablo de sus discursos públicos, bien conocidos. Sino de una simple conversación de sobremesa. Fidel era un torrente de palabras. Una avalancha. Que acompañaba la prodigiosa gestualidad de sus finas manos.

La gustaba la precisión, la exactitud, la puntualidad. Con él, nada de aproximaciones. Una memoria portentosa, de una precisión insólita. Apabullante. Tan rica que hasta parecía a veces impedirle pensar de manera sintética. Su pensamiento era arborescente. Todo se encadenaba. Todo tenía que ver con todo. Digresiones constantes. Paréntesis permanentes. El desarrollo de un tema le conducía, por asociación, por recuerdo de tal detalle, de tal situación o de tal personaje, a evocar un tema paralelo, y otro, y otro, y otro. Alejándose así del tema central. A tal punto que el interlocutor temía, un instante, que hubiese perdido el hilo. Pero desandaba luego lo andado, y volvía a retomar, con sorprendente soltura, la idea principal.

En ningún momento, a lo largo de más de cien horas de conversaciones, Fidel puso un límite cualquiera a las cuestiones a abordar. Como intelectual que era, y de un calibre considerable, no le temía al debate. Al contrario, lo requería, lo estimulaba. Siempre dispuesto a litigar con quien sea. Con mucho respeto hacia el otro. Con mucho cuidado. Y era un discutidor y un polemista temible. Con argumentos a espuertas. A quien solo repugnaban la mala fe y el odio.

IGNACIO RAMONET
Director de "*Le Monde diplomatique en español*"
Calle Aparisi i Guijarro, 5, 2º - 46003 VALENCIA (España)
www.monde-diplomatique.es

Publicado enInternacional
Martes, 15 Noviembre 2016 06:32

Para defenderse, Lula se lanza al ataque

Para defenderse, Lula se lanza al ataque

La campaña contra Lula da Silva, que pese a todo sigue siendo la figura política más relevante de Brasil, a cada día deja más claro que no tiene ni pretende tener límites. El golpe institucional que destituyó a Dilma Rousseff e instaló en su lugar un gobierno corrupto e ilegítimo tiene un objetivo claro: impedir que Lula vuelva a ocupar un sitio central en el escenario político brasileño. La presidencia, por ejemplo.


Para alcanzar ese objetivo, toda y cualquier iniciativa es válida y propicia. Un juez de primera instancia, Sergio Moro, usa y abusa de cualquier método sin que las instancias superiores muevan un músculo. Comete irregularidades y viola preceptos básicos de la Justicia sin que nada ni nadie se atreva a frenarlo. Los grandes medios de comunicación, hartamente beneficiados por altos presupuestos de publicidad estatal desde que Michel Temer asumió la presidencia, son un escarnio. Funcionarios menores del Poder Judicial disparan informaciones basadas en meras suposiciones, sin noción del ridículo. Temer y sus acólitos, a su vez, dejan claro que existe una distancia infinita entre lo que efectivamente ocurre en el país y lo que pasa por sus mentes claramente opacas.


El cuadro es de desastre. En los últimos meses, desde que los golpistas se hicieron con el poder, todos, todos los índices económicos y sociales se desplomaron. Los cambios en el escenario externo, a raíz de la victoria de Donald Trump, auguran tiempos sombríos. A cada día que pasa crece la sensación que de Temer no seguirá por mucho tiempo en el sillón presidencial que usurpó.


Y lo que no cesa ni afloja es el cerco a Lula da Silva. Lo fundamental, para el PSDB del ex presidente Fernando Henrique Cardoso y del senador Aécio Neves, partido que fue el artífice y pretende ser el principal beneficiado del golpe victorioso, es eliminar Lula del escenario.


Pero Lula decidió reaccionar. Acosado, se lanzó al ataque.


Hace como quince días, hubo una reunión en San Pablo, en el departamento del escritor Fernando Morais, hartamente conocido en Brasil. Del encuentro participaron algunos de los abogados más luminosos del país, además de senadores, ex ministros, intelectuales reconocidos. El embajador Paulo Sergio Pinheiro, que fue secretario de Derechos Humanos de la presidencia de Fernando Henrique Cardoso y luego presidió la Comisión de la Verdad, que investigó el terrorismo de Estado durante la última dictadura militar (1964-1985), se encargó de anunciar la formación de un Comité de Defensa de la Democracia, cuya tarea es denunciar cada atropello contra Lula cometido por la conspiración judicial-mediático-parlamentaria.


En esa reunión, sin la presencia de la prensa, Lula habló. Y por primera vez detalló lo que considera los pasos básicos del golpe que instaló en el poder la camarilla que destroza cada conquista alcanzada en los trece años de gobierno del Partido de los Trabajadores.


Mencionando las acusaciones y sus acusadores, Lula dijo que “no puedo permitir que una manga de jovencitos (en referencia a los fiscales y funcionarios de tercera línea del Ministerio Público), que siquiera saben qué es la vida, se atrevan a acusarme sin ninguna base. Me rehúso a ser usado para que destrocen todo lo que se conquistó en mi país”.
Luego hizo el listado de razones que, según él, justifican lo que ocurrió y ocurre en Brasil. Mencionó claramente los intereses de grupos globales y de los Estados Unidos.


“El protagonismo que alcanzamos en el escenario mundial molestó”, dijo Lula. “Brasil tuvo un protagonismo claro en la derrota del ALCA (Area de Libre Comercio de las Américas, propuesta por el entonces presidente Bill Clinton), en el fortalecimiento del Mercosur, la creación de la Unasur, del Brics (grupo que reúne a Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Tuvimos protagonismo en Africa, en el Oriente Medio. Hemos probado que Brasil tiene capacidad de actuar en el escenario global, que América Latina alcanzó un peso específico, y eso molestó a los dueños del mundo.


Y entonces Lula mencionó el petróleo. Una de las primeras medidas del gobierno de Temer fue cambiar toda la legislación de protección de los campos en aguas ultraprofundas, el llamado “pre sal”, para favorecer a las petroleras extranjeras en detrimento de la Petrobras.


A todo eso se debe, dice Lula, el golpe que destituyó la primera mujer en ser electa y reelecta presidenta de Brasil. “Hay un sinfín de razones para que se haya construido ese golpe, sin armas, sin tropas en las calles. Inventaron mentiras tras mentiras. Pero todo eso no ha sido suficiente. ¿Y si Lula vuelve en 2018?”, preguntó el ex presidente. “Una semana antes, Michel Temer me dijo que no habría deposición de Dilma porque eso sería un golpe, sin ninguna base legal. Así es la vida...”, dijo.


“A esta altura, todo me parece muy claro. No basta con destituir la presidenta, es necesario liquidarme. Pero les pido que estén seguros de que no lograrán. No cometí ningún crimen. Si hay algo que me gusta es la pelea. No debo nada, no temo nada. No lograrán callarme.”


Y desde entonces pasó a recorrer el país. Mientras, sus abogados denuncian cada irregularidad cometida por los acusadores de Lula, a empezar por el mesiánico juez Sergio Moro. Claro que la prensa brasileña no dedica más que dos líneas y media a los argumentos en defensa de Lula y dedica espacios olímpicos a cualquier acusación descabellada. Pero así es la vida...

Publicado enInternacional
Miércoles, 09 Noviembre 2016 07:18

Nicaragua: no aclarar porque oscurece

Nicaragua: no aclarar porque oscurece

Río San Juan, Nicaragua, mayo de 1972. "Tenga: acá está Nicaragua". En su finca de Las Brisas, José Coronel Urtecho acaba de regalarme Poemas de un joven, la breve y monumental obra de Joaquín Pasos (1914-42), con prólogo de Ernesto Cardenal (FCE, colección Tezontle, México, 1962, 153 páginas). Antes, durante y después de cenar, el poeta habló sin parar. “Escribir es fácil. Sólo hay que conocer las ‘carajadas’ de las palabras”.

Me voy a la cama con los versos de Joaquín en Canto de guerra de las cosas ("Cuando lleguéis a viejos/ respetaréis la piedra/ si es que llegáis a viejos/ si es que entonces quedó alguna piedra"), y empiezo a cabecear con el cantar de ranas y bichos felices que viven en una floresta similar a la de Campeche, y que sólo Juan de la Cabada podría imitar y nombrar.

Al día siguiente, en el muelle de San Carlos, a orillas del Gran Lago de Nicaragua, abordo un frágil y oxidado ferry con bullangueros pescadores, campesinos y soldados de la Guardia Nacional. Sólo falta Lord Jim.

En el viaje, me acerco a tres jóvenes que discuten a gritos. ¿De beisbol, de futbol, de política, de mujeres? No. Discuten de poesía. ¡Estudiantes de letras!, me digo. Tampoco. Dos cursan ingeniería, y el otro vende mariguana. Cae el sol... ¡Granada a la vista!

Noviembre de 1974. Se forma en México el primer Comité de Solidaridad con el pueblo de Nicaragua. Lo integran Carlos Pellicer, Efraín Huerta, Thelma Nava, Juan Bañuelos, Adalberto Santana, Jaime Labastida, Óscar Oliva, Sergio Mondragón, Juan de la Cabada, Andrés García Salgado y el que suscribe.

En uno de los actos para difundir la causa, alguien lee un editorial de Joaquín Pasos, publicado en 1934 en Ópera Bufa, revista literaria, política y satírica que circuló en Nicaragua: “Se comercian las ideas, se comercia el honor, se comercia el gobierno, el amor, la mujer, el hombre, el periódico, el voto, el sentido común (...) Se comercia la razón, la tierra, el canal. Se comercia el sandinismo, el conservatismo y el agua. Se comercia el liberalismo, la luz, el pensamiento y la caricatura (...) Se comercia la ley. Se vende la ley. Se compra la ley. Se vende la Presidencia. Se compra la Presidencia. Están en baratillo: la belleza, la virginidad, los candidatos, los cándidos, los ideales, los abogados, los médicos, los dentistas (...) y los territorios nacionales”.

Managua, diciembre de 1979. Escribo un poema a la revolución: “Son las nueve de la noche ya/ y los abanicos cumplen silenciosamente su función/aireando el aire/ Ayer, en la plaza/ un grupo de jefes guerrilleros explicaban la revolución al pueblo/ Un chavalito de 11 años se acercó a uno de ellos, que apenas superaba los 20: ¡idiay! ¿te acordás de mí?/ Indiferentes al sol, conversaron algunos minutos/ como viejos camaradas de la guerra...”, etcétera.

"Está buenísimo, ¿no?" El poeta Octavio Robleto (1935-2009) suspira: "Es una mierda. Pero Pablo Antonio lo va a publicar para que no te deprimas".

Managua, 19 de julio de 1989. En el parque Carlos Fonseca Amador, millares de personas asisten a los festejos por el décimo aniversario de la victoria del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). Impulsándose en sillas de ruedas, un centenar de lisiados de guerra ingresan al parque exclamando: "¡Patria libre o morir!". La gente aplaude, y el presidente Daniel Ortega cierra su discurso: "¡La revolución sandinista es irreversible!".

El diario Barricada (vocero del FSLN) titula en primera plana: "Diez años de cambios y victorias, y vienen días mejores". Siete meses después, el FSLN pierde las elecciones.

Managua, 25 de febrero de 1990. La coalición de partidos derechistas, tutelada por Estados Unidos, gana con 54 por ciento de los votos. En 12 años de guerra contra Somoza y los mercenarios de Washington han muerto 75 mil nicaragüenses, casi dos por ciento de la población total del país. En su mayoría, jóvenes. A escala, de haber Estados Unidos librado una guerra similar, hubiera llorado a seis millones de muertos... Pero no esperemos que el imperio financie algún "Museo del Holocausto" en Nicaragua.

Managua, 15 de julio de 2009. El comandante Tomás Borge (1930-2012), fundador del FSLN junto con Carlos Fonseca Amador (1936-76), dice en entrevista para Nuevo Diario: “Habíamos llegado al poder cubiertos con un aura de santidad. Éramos ‘los muchachos’, héroes del pueblo que habíamos liberado. Pero luego vino la guerra, las presiones, la crisis económica y los errores, y los héroes que éramos nos convertimos en reyes”.

Managua, 6 de noviembre de 2016. En un contexto donde la democracia se ha degradado al moralismo de las ideas sin ideología y las ideologías del oportunismo sin ideas, Daniel Ortega vuelve a ganar la presidencia. Y el espíritu bufo de Joaquín depone su alegría: "He aquí la ausencia del hombre, fuga de carne, de miedo, días, cosas, almas, fuego/ Todo se quedó en el tiempo. Todo se quemó allá lejos".

Publicado enInternacional
Lunes, 07 Noviembre 2016 06:41

Lula quiere encender a la militancia

Lula quiere encender a la militancia

Gilberto Carvalho, uno de los referentes del frente, articulador del diálogo con los movimientos sociales y religiosos, dijo que el nuevo espacio apela a salir de la parálisis de la izquierda. También aclaró que no es el lanzamiento de la campaña presidencial.

 

Luiz Inácio Lula da Silva lanzará una organización política con el objetivo de recuperar terreno entre las bases populares. La iniciativa, anunciada por el ex presidente de Brasil, será presentada esta semana e incluirá movimientos sociales, sindicatos, intelectuales y partidos políticos aliados, y apuntará a la “contrainformación” como estrategia comunicacional frente a los procesos judiciales que existen contra el ex jefe de Estado. En un acto organizado en solidaridad con el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST) por la represión policial del viernes contra una escuela de esa fuerza social, Lula llamó al armado de un frente de izquierda y acusó al gobierno de Michel Temer de “destruir lo que construimos”.


Se espera que el movimiento anunciado por Lula tenga una pata intelectual que estará comandada por el académico Paulo Sergio Pinheiro, ex secretario de Derechos Humanos del gobierno de Fernando Henrique Cardoso, ex titular de la Comisión de la Verdad creada por Rousseff para investigar a la dictadura y presidente de la Comisión Internacional Independiente de la ONU sobre la Guerra en Siria.


El ex secretario general de la presidencia, Gilberto Carvalho, dijo que el nuevo espacio apela a salir de la parálisis de la izquierda, en general. “En lugar de gastar tiempo en discusiones internas, queremos recuperar el diálogo con la sociedad y defender a Lula de los ataques que ha sufrido”, sostuvo el articulador del diálogo con los movimientos sociales y religiosos. El movimiento será lanzado en San Pablo el próximo jueves, se llama “Por un Brasil Justo para Todos y Para Lula”, y la razón de su emergencia, según Carvalho, es montar en todo el país comités de agitación y propaganda “para encender la militancia y el diálogo con el pueblo”.


Carvalho, quien además se desempeñó como secretario de la presidencia de Lula y de la sucesora de éste, Dilma Rousseff, dijo que el movimiento no es el lanzamiento de la campaña presidencial sino que fue pensado en el marco de un objetivo mucho más amplio. “De un lado, debemos hacer una autocrítica pero hacer también una crítica durísima al momento actual, al golpe parlamentario, denunciar las persecuciones, se están rechazando en las instancias judiciales los pedidos de hábeas corpus para personas investigadas, detenciones a cualquier precio”, enumeró Carvalho. Los abogados de Lula sostienen que en Brasil existe un “estado de excepción” contra el ex presidente, procesado en tres causas vinculadas a la investigación en Petrobras, una de ellas por el juez Sérgio Moro, quien aceptó una denuncia de la fiscalía que vincula al ex jefe de Estado a la compra de un apartamento en Guarujá, estado San Pablo.


En los próximos meses, el gobierno de Temer deberá explicar a la comisión de derechos humanos de Naciones Unidas la situación de ese estado de excepción. A esa comisión acudió el ex presidente para denunciar a Moro y a los fiscales que lo acusan de haber montado una asociación ilícita desde el Poder Ejecutivo entre 2003 y 2010.


Por otra parte, la caída del PT en las recientes elecciones municipales, donde retrocedió 60 por ciento en cantidad de alcaldías, también hizo que el propio Lula, pese a ir adelante en las encuestas para 2018, se pronunciara a favor de construir un frente o una coalición que incluyera una mayor participación de las otras fuerzas. Sobre todo, porque el castigo en el voto contra el PT fue interpretado como una reacción a la corrupción por la cual están condenados en el caso de Petrobras dos ex tesoreros y los poderosos ministros José Dirceu y Antonio Palocci.


Asimismo, Lula estuvo anteayer en un acto organizado para respaldar al Movimiento Sin Tierra, blanco de un operativo policial realizado en su escuela rural del estado San Pablo, en la localidad de Guararema. “Tenemos que preocuparnos más por la criminalización de los movimientos sociales. Este proceso se da en un país en el que las instituciones están totalmente desmoralizadas, el país perdió autoridad”, dijo el ex presidente. Para referirse al proceso Lava Jato, donde fue acusado en tres causas diferentes, Lula manifestó: “Eso es lo de menos. Ya tengo 71 años y un caparazón de tortuga”.


En su alocución, llamó a la formación de un frente de izquierda, lo que configuraría un enorme cambio en el mapa electoral brasileño de cara a las elecciones presidenciales de 2018 en las que él mismo es el favorito en todas las encuestas previas. Por lo pronto, dentro de ese mapa, el Partido Democrático Laborista (PDT), heredero del varguismo y que apoyó a Lula y a Rousseff, ha dicho que insistirá en tener un candidato propio para 2018, el ex ministro y ex gobernador de Ceará Ciro Gomes.

 

 

Publicado enInternacional