Así echó raíces el islam en una de las ciudades más peligrosas de Colombia

La ciudad porturaira de Buenaventura es el hogar de una pequeña comunidad musulmana que abrazó con éxito la Nación del Islam.
El islam llegó a finales de los años 60 de la mano de Esteban Mustafa Meléndez, un marinero afroamericano originario de Panamá
Los musulmanes de Buenaventura, asentados entre la jungla y el Océano Pacífico, son negros, pobres y poco conocedores de las creencias y tradiciones del islam.


Los ritmos de salsa a todo volumen que llegan desde un bar cercano no perturban al Sheik Munir Valencia mientras se inclina durante la oración en una casa familiar convertida en mezquita en la pobre y violenta ciudad colombiana de Buenaventura. Sus rezos terminan, Valencia se quita la túnica marrón, se sienta en una mesa de plástico y relata cómo es ser el líder espiritual de una atípica comunidad islámica.


La pequeña comunidad musulmana afrocolombiana en la principal ciudad portuaria del Pácifico en Colombia ha adoptado en los últimos años las enseñanzas de la Nación del Islam, del islam suní y también de la interpretación chií.


Al principio atraídos por la fe de las promesas del poder negro, los musulmanes de Buenaventura aseguran que han encontrado en el islam un refugio de la pobreza y la violencia que carcome la ciudad. Buenaventura tiene una de las tasas de asesinatos más elevadas de Colombia.


El islam llegó aquí a finales de los años 60 de la mano de Esteban Mustafa Meléndez, un marinero afroamericano originario de Panamá, que difundió las enseñanzas de la Nación del Islam –un grupo nacido en EEUU que mezcla elementos del islam con nacionalismo negro– entre los trabajadores del puerto.


"Habló de la autoestima de los negros y esto causó un gran impacto. Esas enseñanzas llegaron a las cabezas y a los corazones de mucha gente", cuenta Valencia, añadiendo que el mensaje llegó durante un periodo de profundo cambio social. La visita de Meléndez se produjo en un momento en el que muchos campesinos colombianos estaban migrando a las ciudades. Así lo explica Diego Castellanos, un sociólogo que ha estudiado diferentes religiones en Colombia, un país eminentemente católico.


Una ola de conversiones políticas


La primera ola de conversiones fue más política que espiritual. En sus oraciones (en inglés o español) leían más panfletos políticos que el Corán, y tenían un precario conocimiento de los postulados centrales del islam, comenta Valencia.


La atracción de la Nación del Islam fue disminuyendo gradualmente a medida que los viajes de Meléndez se hicieron menos frecuentes y el mensaje de supremacía negra comenzó a sonar hueco en una comunidad que –aunque sí que ha sido víctima de una importante discriminación estructural basada en su raza– nunca ha sufrido el mismo odio racial y las leyes segregacionistas que habían existido en EEUU.


Siguiendo el ejemplo de Malcolm X –que rompió con la Nación del Islam y abrazó el sunismo antes de su muerte en 1965– un miembro de la comunidad de Buenaventura viajó a Arabia Saudí a estudiar el islam y regresó para convencer al grupo de que abrazase una fe más ortodoxa.


"Fue así como nos hicimos suníes", narra Valencia, que fue criado en el catolicismo y planeaba convertirse en sacerdote antes de convertirse al islam. "Aprendimos a leer árabe; ahora leemos el Corán y dejamos de fijarnos en EEUU para mirar hacia Arabia Saudí".


La comunidad musulmana de Buenaventura se dirigió a grupos suníes en el país para conseguir apoyo, pero estos dos mundos no podrían ser más diferentes.


Los musulmanes de Buenaventura, asentados entre las vastas extensiones de jungla y el Océano Pacífico en el suroeste de Colombia, son negros, pobres y relativamente poco conocedores de las creencias y tradiciones del islam. La comunidad suní colombiana establecida era de herencia árabe, formada por prósperos comerciantes y se ubicaba en su mayoría en Maicao, una bulliciosa ciudad comercial situada en el desierto del noreste, en la frontera con Venezuela.


Becas para estudiar el Corán en Argentina e Irán


Aparte de algunas donaciones de alimentos de la comunidad árabe, las relaciones eran distantes. La revolución islámica de 1979 en Irán dio un soplo de aire fresco a la comunidad de Buenaventura. Las misiones chiíes contactaron con el grupo y ofrecieron becas y apoyo financiero. Valencia consiguió una beca para estudiar en la mezquita de At-Tauhid en Buenos Aires y después continuó sus estudios en la universidad de Qom en Irán.


A mitad del relato, suena el teléfono del Sheik. Su tono de llamada es un cántico árabe. Valencia responde: "Salaam alekum", e inmediatamente después entabla una conversación en el trepidante español de la costa pacífica de Colombia.


Retratos de Malcolm X y del ayatolá Alí Jamenei adornan las paredes de los muros de la habitación trasera de la casa, la que sirve como centro comunitario y mezquita para aproximadamente 300 personas. Un mural colorido cubre otra pared, en el que se puede ver un frondoso árbol genealógico titulado "Genealogía islámica de los profetas". Cualquier viernes se presentan entre 40 y 50 personas para la oración.


Valencia cuenta también que los vínculos con Irán han sido objeto de investigaciones secretas y no tan secretas por parte de los servicios de inteligencia tanto de Colombia como de EEUU. "No tengo nada que esconder", asegura. "Los iraníes nos apoyan, pero no somos yihadistas".


Valencia también dirige dos escuelas privadas subvencionadas donde 180 niños procedentes de los vecindarios más pobres de la ciudad no solo aprenden el ABC sino también el alfabeto árabe. Alojada en la planta baja de un edificio de tres plantas mal cuidado, la escuela de Silvia Zaynab se encuentra en uno de los vecindarios más violentos de Buenaventura, donde las bandas criminales luchan por control del territorio y los vecinos, a menudo, se ven atrapados en el fuego cruzado.


La escuela ofrece un pequeño refugio de esta realidad. Los estudiantes dan la bienvenida a los visitantes con canciones en árabe sobre la grandeza de Alá. En español cantan sobre los "cinco profetas de la creación": Noé, Abraham, Moisés, Jesús y Mahoma. Un estudiante de segundo grado corre a la pizarra para escribir con orgullo un número de tres dígitos en árabe.


Solo cinco de los niños que asisten a estas escuelas son miembros de la comunidad musulmana. "No tratamos de convertir a nadie; solo les enseñamos a los niños a respetar otras religiones y otras tradiciones", defiende.

 

Sibylla Brodzinsky - Buenaventura
28/01/2017 - 19:34h

theguardian
Traducido por Cristina Armunia Berges

Publicado enColombia
Lunes, 23 Enero 2017 07:06

Putin gana la última partida

Putin gana la última partida

El presidente ruso ha sabido adaptarse a un mundo cambiante. Controla con autoritarismo el país más extenso del mundo y lo ha situado al frente de la escena internacional

¿Quién es Vladímir Putin? ¿Es Hitler, como decía Hillary Clinton? ¿El hombre de hierro, quizá en referencia a Stalin? ¿El hombre de acero? ¿O, como se está diciendo ya de él, el hombre del año en 2017?


De lo que no cabe duda es de que Putin es un dirigente autoritario para quien Rusia debe ser un Estado fuerte en el interior, poderoso en el exterior y con un sistema político que tenga en cuenta su singularidad geográfica, histórica y humana. Durante más de 20 años, trabajó para el KGB, primero en Rusia y luego en la RDA. La conclusión general es que desde la presidencia de Rusia está perpetuando el espíritu y los métodos del KGB. En realidad, es un producto de la URSS, que era un imperio muy poderoso, una superpotencia con la pretensión de ser el único rival de Estados Unidos y representar el futuro de la humanidad.


En 1990, Putin presenció el hundimiento de ese imperio, la desaparición de la potencia y, sobre todo, cómo quedaban al desnudo el mito comunista, el ideal de progreso y la promesa de un nuevo mundo; una inmensa mentira que llevó al estancamiento político y el atraso económico. Hace años dijo al respecto: “La desaparición de la URSS es la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX”, lo cual no significa que echara de menos la Unión Soviética ni que quisiera resucitarla, sino que la caída del imperio había supuesto una conmoción espantosa para quienes la vivieron, y de consecuencias infinitas. De ahí su voluntad de reconstruir el país —un auténtico territorio en ruinas en el año 2000— a partir de la realidad y negándose a utilizar un modelo prefabricado, el de la democracia occidental.


Putin está convencido de que Rusia no es un país como los demás. Es el Estado más extenso del mundo, habitado por numerosos pueblos con historias, culturas y religiones muy distintas. Un Estado situado en la encrucijada entre tres mundos —Europa, el Oriente musulmán y el Extremo Oriente— que se refleja en la diversidad de sus ciudadanos. ¿Cómo gobernar ese espacio interminable, esos nueve husos horarios y esa variedad humana, si no es con autoridad? Por eso tiene la certeza de que la democracia debe incorporar todos esos elementos, las enseñanzas de una historia difícil y, sobre todo, los tres mundos, las tres civilizaciones que rodean Rusia y se integran en ella.


¿Cómo va a escoger este extraño país un solo modelo? El modelo, en opinión de Putin, debe ser el ruso, el que propuso Pedro el Grande antes que nadie. Pero también los pensadores rusos posteriores, que han hecho hincapié, casi todos, en la especificidad política y espiritual del país, ya fuera para construir sobre ella la vida política (los eslavófilos), ya fuera para superarla y optar por una imitación servil de Occidente (los occidentalistas). Fue un debate del siglo XIX que volvió a surgir después del fin de la URSS. Para Putin, la solución de lo que Solzhenitsyn llamaba “el problema ruso” está en la cohesión interna, es decir, un poder fuerte, capaz de encarnarla e imponerla. La democracia rusa debe ser específica o, mejor dicho, hacer sitio a las especificidades rusas. Es la vertical del poder, que según Putin es lo que permite mantener la unidad de este complejo inmenso y variado e impedir que estalle, como estuvo a punto de ocurrir en 1917 y 1991.


La vertical del poder implica una centralización y una autoridad reales y un Gobierno autoritario, aunque al mismo tiempo haya margen para cierta autonomía de las organizaciones territoriales y nacionales y el reconocimiento del pluralismo espiritual. Rusia también es un Estado musulmán, según proclama Putin.


Pero la característica fundamental del pensamiento de Putin es el objetivo de reconstituir el poderío internacional de Rusia. El espacio —y la conciencia de las limitaciones que impone— es la base de su reflexión. Rusia tiene unas fronteras interminables y pocas fronteras naturales. Ha vivido constantemente invadida o en peligro de serlo, y los invasores, a excepción de los mongoles, han llegado siempre de Occidente. Por eso los rusos tienen el sentimiento de que viven acosados y deben prevenir esa amenaza. La reacción de la Unión Soviética a esa posibilidad fue disputar el poder en el mundo, pero, desde 1990, el único poder mundial que queda es el del mundo occidental, encabezado por Estados Unidos y la OTAN.


Si Borís Yeltsin confió durante un tiempo en que la adhesión de Rusia al modelo político occidental le permitiría hacerse un hueco como potencia en la vida internacional, Putin ha tenido claro desde 1999 que la voz de Rusia —miembro permanente del Consejo de Seguridad— es objeto de desprecio, que, en el concierto internacional, no se la considera una potencia. Además, ve que los países vecinos se aproximan a la órbita de la OTAN, cuando ya el mero hecho de que siga existiendo la Alianza Atlántica, concebida en tiempos de la guerra fría para hacer frente al poder soviético, le inquieta y le indigna.

Tanto Yeltsin como Putin se encontraron con este problema, y los dos intentaron responder creando en el espacio postsoviético unos sistemas de seguridad y cooperación y una zona de influencia. En 1992, Rusia tenía la mirada puesta en los modelos postimperiales de Reino Unido y Francia y en la política de vecindad de Estados Unidos. Entonces nació la Confederación de Estados Independientes (CEI), que resultó una cáscara vacía. Después, Putin lo sustituyó por el tratado de seguridad colectiva, la unión aduanera y el espacio euroasiático. Georgia y Ucrania se resistieron, en ocasiones hasta el punto de provocar una crisis internacional —Crimea— que pareció indicar, erróneamente, el comienzo de una nueva guerra fría. Para Putin, el hecho de que la OTAN haya sobrevivido hace necesario garantizar un entorno seguro alrededor de Rusia.


Pero el elemento esencial de su visión sigue siendo el restablecer el equilibrio de poder con Estados Unidos. Para ello, en primer lugar, recurre a la concepción rusa tradicional de poder, que es el poder militar. Se ha dedicado a reconstruir el Ejército, modernizar el material y llevar a cabo un esfuerzo multidimensional y, como consecuencia, en 2017, el poderío militar ruso es indiscutible. El precio de ese esfuerzo es en parte económico, y no ha habido la correspondiente modernización de la economía.


La restauración del poder ruso implica también su regreso al escenario internacional. Al involucrarse en Siria en unos momentos en los que el presidente de Estados Unidos se mostraba vacilante, Putin ha hecho que Rusia sea el árbitro, no solo de la guerra que se libra allí, sino de la lucha contra el islamismo, al que ha calificado de enemigo número uno de la paz en el mundo. Con esta decisión, y dado que el mundo occidental no tiene claro a cuál de los dos —Rusia o el islamismo radical— considera más enemigo, Putin ha logrado establecer allí, es decir, en un Oriente Próximo destrozado por la política de Bush —Irak en 2003— y Francia —Libia en 2011—, un auténtico liderazgo.


En muy pocos años, la Rusia ausente del escenario internacional ha regresado de forma decisiva en Siria e Irak y también en Extremo Oriente, donde la política euroasiática de Putin y las alianzas de las que Rusia forma parte —en especial el grupo de Shanghái— lo convierten en un país asiático, ahora que el centro de gravedad internacional está deslizándose cada vez más hacia allá.


¿No es todo esto razón suficiente para que Putin merezca el título de hombre del año? ¿Y no demuestra que, además de hombre de hierro, es un hombre flexible y capaz de adaptarse a un mundo cambiante?

Publicado enInternacional
Lunes, 23 Enero 2017 06:39

Once años de Evo

Once años de Evo

El presidente boliviano cumplió once años en el poder y destacó “el empoderamiento de mujeres, pueblos originarios y jóvenes”. Morales buscará otra vez ser candidato en 2019 para gobernar hasta el 2025.

 

Evo Morales celebró hoy once años en la presidencia de Bolivia con un discurso de más de cuatro horas en la sede del Palacio Legislativo en el precisó las transformaciones que experimentó el país en diversas áreas tras la nacionalización de los recursos naturales y la implementación de un nuevo modelo económico y social. Adelantó además algunos los cambios en su gabinete de ministros que prevé anunciar mañana. Uno de ellos será la creación de un nuevo ministerio, el de Energía.


Destacó también la reducción de la pobreza extrema al 16,8 por ciento, 21 puntos menos que en 2005. La construcción en once años de más de mil establecimientos de salud nuevos. Mencionó que "la desnutrición crónica se redujo de 32 por ciento a 18 por ciento". Otro de los elementos que hizo notar es cómo ha mejorado la distribución del ingreso en el país: antes de su llegada al poder, el 10 por ciento más rico tenía 128 veces más ingresos que el 10% más pobre, cifra que bajó a 37 veces ahora.


Señaló que hoy existe en Bolivia una recuperación de “una voz propia” en materia de relaciones exteriores. Dijo que en relación a la política exterior, antes de 2006, cuando asumió su primer mandato, la nación andina “carecía de identidad”, mientras que a partir de ese año “mediante la diplomacia de los pueblos por la vida, las relaciones diplomáticas se ampliaron con identidad, dignidad, soberanía, voz propia y el liderazgo". Remarcó “el empoderamiento de mujeres, pueblos originarios y jóvenes” durante su administración. Bolivia es “en el mundo el segundo país con mayor representación de mujeres en el Congreso, después de Ruanda", logro que fue posible después de la reforma de la Constitución de 2009.


"En la República, los más marginados, excluidos, han sido el movimiento indígena y las mujeres de las distintas clases sociales; durante el período de la República hasta el 2005 no existía representación de jóvenes de entre 18 y 25 años". Sin embargo, hoy “más del 50 por ciento de las plazas de la Asamblea está ocupado por mujeres, 41 bancas están ocupadas por indígenas y 29 por jóvenes”, remarcó Morales, que atraviesa su tercer mandato, de 2015 a 2020, después del triunfo en las urnas en octubre de 2014, con un 61,3 por ciento de los votos.

Publicado enInternacional
Roland Denis: “Maduro no es ningún dictador, sino un juguete de las mafias”

"Maduro podrá tener la mejor voluntad pero se ha impuesto un lobby muy fuerte de mafias internas del Gobierno que impide cualquier política monetaria coherente", reflexiona Roland Denis, filósofo y exviceministro de Planificación y Desarrollo (2002-2003), en entrevista con "La Razón", en análisis sobre la situación económica del país.


Asegura que varias de estas mafias son banqueras y otras que vienen de viejos grupos de "chuparenta petrolera" instalados desde hace muchos años. "Estos grupos tienen una sistemática estrategia para devaluar el valor de la moneda y el trabajo, y la misma se lleva a cabo desde el primer año del Gobierno de Maduro", sostiene.


Medidas tales como el control de cambio y la protección de la moneda, lejos de salvaguardar a la economía venezolana, solo ha permitido proteger a los grandes capitales, mafias, contrabandistas y al capital importador y otros sectores a los cuales califica como parasitarios, agrega.


La actualización del cono monetario —en su opinión— no había sido realizada por razones demagógicas y para mantener apariencias en la economía. "Esto trajo como consecuencia la multiplicación del billete de 100 bolívares hasta convertirse en una denominación que ya resultaba inmanejable", asegura.


POLÍTICA FALLIDA


Afirma, asimismo, que las medidas tomadas para la circulación del nuevo cono son lógicas pero resultan insuficientes para enfrentar la devaluación de la moneda y los salarios. "Los nuevos billetes duplicarán una masa monetaria que no tiene respaldo productivo, que es inorgánica. Esta sobrecarga solo va a contribuir a un proceso inflacionario que puede llegar a ser mucho peor", dice.


"También han salido del país grandes cantidades de dinero, por ejemplo, para la compra de alimentos, medicinas y ropa en la frontera con Colombia. Se calcula que 12 millones de personas han cruzado y cada una, en promedio, ha gastado al menos 100 mil bolívares. Por ende, Colombia se ha llenado de billetes venezolanos", indica.


¿Es necesario el control de cambio?, ¿a quiénes ha beneficiado este mecanismo?


Durante el paro petrolero de 2002 era necesario el control de cambio, porque los niveles de reservas internacionales eran mínimos y el contexto lo ameritaba. Sin embargo, lo continuaron aplicando por razones de dogmatismo ideológico y por pensar que el Estado podía impedir los mercados paralelos. Funcionó mientras los ingresos petroleros eran altos pero luego generó una inmensa corrupción. Hoy vivimos la tragedia de una política totalmente fallida que pasó de una moneda sobrevaluada a una hiperdevaluada. Debe haber una política de unificación cambiaria porque se necesita un mercado unificado en monedas y precios.


Una gran parte de la población piensa que las medidas económicas responden a un dogma político de izquierda, de comunismo, ¿eso es así?


No tiene nada que ver con orientaciones políticas. Hay que observar lo que sucede, por ejemplo, en Bolivia, un país con un gobierno de izquierda, que tiene un plan no neoliberal y que en estos momentos es la economía más próspera de Sudamérica.


BASURERO DEL SOCIALISMO


Denis señala, de igual manera, que hay un sector intelectual al cual califica como alcahueta, que dice ser de izquierda pero no lo es y que trata de justificar el desfalco contra la nación. "Con un lenguaje de izquierda justifican una política que solo ha favorecido a banqueros, grandes importadores, cadenas monopólicas y transnacionales. A su vez, es una política que mediante la imposición de precios y corporaciones ha destruido al pequeño productor de azúcar y café para beneficiar a los importadores. Mientras tanto, los paquetes de Café Venezuela que vienen en las bolsas de los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP) solo sirven para confundir a incautos", afirma.


"Por su parte, grandes corruptos o jeques de la corrupción tales como Elías Jaua, Carlos Osorio, Haiman El Troudi, Jesse Chacón, así como un grueso de la burocracia ligada a los capitales vampiros, han realizado un bloqueo sistemático y planificado en contra de los proyectos de desarrollo tecnológico, productivo y agrícola", añade.


"Intelectuales con un lenguaje de izquierda justifican una política que solo ha favorecido a banqueros, grandes importadores, cadenas monopólicas y transnacionales", asegura Denis en entrevista con "La Razón"


En este sentido, sostiene que "el Gobierno se ha convertido en el basurero final de la historia del socialismo en donde todas las aberraciones de la estupidez y la cabronería con el gran capital empiezan a acumularse", acota.


"Y esto pasa en medio del incremento de un cuadro autoritario y una situación más represiva sobre la sociedad. Las bases populares, por su parte, se sienten muy confundidas y temerosas de volver al pasado con la derecha. Las bases piensan que con Maduro, o quien sea, todavía se tiene una esperanza revolucionaria, por tanto, se quedan firmes y sin ir contra el Gobierno porque se favorecería una alternativa peor con un gobierno de la MUD. Personalmente, no estoy de acuerdo con este argumento".


¿Estábamos mejor con Chávez que con Maduro?, ¿hay diferencias entre ambos gobiernos?


Ese corte entre Maduro y Chávez es totalmente falso porque Chávez tiene una inmensa responsabilidad sobre todo este desastre que está sucediendo. Y también tiene mucha responsabilidad el propio movimiento popular al no tomar distancia ni parar esa neurótica tendencia que tuvo Chávez como caudillo —y toda la neurosis que se genera alrededor de todo caudillo de controlarlo todo y mantener el poder.


¿Maduro se está convirtiendo en otro caudillo?


Sí, poco a poco, claro, se está convirtiendo en un caudillito que no le llega a Chávez ni al 10 %, y es por eso que nunca logrará ser el caudillo querido. Pero, también puede ser el caudillo impuesto, como en el caso de Diosdado, por ejemplo. Chávez, por su parte, era un caudillo muy querido porque sedujo a una gran parte de la población a través de la elocuencia.


Aseguran que Maduro es dictador, ¿usted está de acuerdo?


Qué dictador nada, él solo es juguete de todas estas mafias. Además, lo que ha hecho es cambiar toda la geopolítica nacional y llegar al extremo de elogiar a Erdogan (presidente de Turquía), y eso lo que da es asco porque ese sí es un dictador, un genocida, que solo este año ha asesinado a 3 mil kurdos al sur de Turquía, que promueve golpes de Estado y el grupo ISIS para eternizarse como un nuevo sultán en esa región.


"Maduro no es dictador sino juguete de las mafias"


"Una de las cosas por las cuales me sentía orgulloso del gobierno de Chávez fue su posición de defensa de la dignidad de los pueblos de Palestina e Irán. Sin embargo, Maduro está haciendo totalmente lo contrario al colocarse de lado de lado de Arabia Saudita, Catar, precisamente los países que han favorecido la masacre contra Medio Oriente y, en particular, en Siria", agrega.


¿Cómo observó el desarrollo de la mesa de diálogo entre el Gobierno y la oposición?


Fue una mesa de rendición de la oposición, donde se repartieron las gobernaciones, es decir, la típica mesa adeca, la mesa de Ramos Allup. Los adecos tienen experiencia en eso y no hay que negárselo.


¿El referendo revocatorio también se negoció?


No sé, nunca me interesó ese proceso de la derecha. Sí hubiese sido interesante que la movilización popular hubiese obligado a Nicolás a rectificar de manera radical o salir del Gobierno. Pero, no para poner a Ramos Allup en la Presidencia, porque ya el venezolano no quiere volver al pasado y menos con las máquinas mediáticas de Primero Justicia y AD.
¿Se conjugan las condiciones para que haya un giro inesperado de la historia actual?


No creo que suceda un estallido social. Claro, siempre las situaciones tienen un límite y en este caso no sé cuál sean los niveles de pobreza, de encarecimiento, de desabastecimiento a los cuales podemos llegar para que ocurra un estallido. Además, la gente se ha fragmentado, ha perdido solidaridad debido a la desesperación que ha traído no saber qué se va a comer. En todo caso, este no es el mismo pueblo del 27 de Febrero. Apostar a los estallidos es una inmensa irresponsabilidad, y si sucede allí estaremos porque por este país morimos.


"Traicionaron proyecto obrero del Arco Minero"


¿Qué opina de los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP)?, ¿las bolsas le llegan a toda la población?


Menos mal que no llegan a toda la población porque son bolsas de carbohidratos y glicerina, es decir, una bolsa cancerígena. Son, verdaderamente, una humillación al pueblo. Yo estuve en Cuba durante el período especial y observé como a todo el mundo le llegaba a su casa una bolsa que tenía carne de soya y yogurt, alimentos que sirven para sobrevivir y tener lúcida la cabeza en medio de una situación muy difícil. Además, las bolsas de CLAP son manejadas con corruptelas internas y los bachaqueros que se forman allí para revender los productos.


¿Está de acuerdo con las concesiones otorgadas por el Gobierno a transnacionales para desarrollar el Arco Minero?


La propuesta del Arco Minero surgió del movimiento de pequeños mineros y su objetivo era que el 70 % de los trabajadores en esas zonas, aproximadamente 4 mil, y que estaban en las peores condiciones laborales y comiendo mercurio todos los días, comenzaran a trabajar con tecnologías más limpias y con un plan alternativo de producción que no solo sea minero sino también agrícola. Ese plan preveía incluso las inversiones extranjeras no con transnacionales sino con pequeñas o medianas empresas internacionales para garantizar tecnología que favorezca también la reconstrucción de medio ambiente. Por su parte, Crystallex, Barrick y las demás son unos criminales del medio ambiente. Sin embargo, el movimiento minero militante que había hasta hace diez años ya se encuentra invisibilizado, fragmentado y prácticamente desaparecido; además, está el avance de todas estas bandas criminales que tienen el auspicio de la Guardia Nacional y el CICPC. Es una situación muy difícil porque allí están metidos grandes chivos de gobierno como el gobernador de Bolívar. Por tanto, terminó siendo una política criminal de concesiones a quienes paguen mejor a los ministros y en donde participan grandes familias que eran enemigas de socialismo, como en el caso de los Cisneros. Estamos en presencia de una gran traición en contra de un proyecto que viene de la clase trabajadora.

Por: Carlos Díaz/La Razón | Miércoles, 11/01/2017 11:25 PM |

Publicado enInternacional
La dimisión del embajador británico en la UE demuestra que Reino Unido busca un Brexit radical

El embajador saliente representaba la esperanza de un compromiso negociado con los Estados miembros sobre las condiciones de salida de la UE

Rogers fue acusado de dejar caer a David Cameron al no presionar más duro para obtener más concesiones de la UE en las vísperas del referéndum

Tim Barrow, diplomático de carrera, ocupará el cargo de Rogers

La dimisión del embajador de Reino Unido en la Unión Europea es vista en ambos lados del cada vez más ancho Canal de la Mancha como un recordatorio de que Reino Unido se dirige a un Brexit radical.


Empujado o decidido a saltar, Sir Ivan Rogers era algo más que un mero representante del Gobierno británico en Bruselas. Era la mejor esperanza de Reino Unido para lograr un acuerdo negociado con los otros Estados miembro sobre los términos de la salida de la UE.


Para los más radicales en Westminster, la renuncia será recibida como un regalo de Navidad de última hora. La derecha ha acusado desde hace tiempo a Rogers de ofrecer "poco más que muerte y pesimismo" al centrarse en las diferencias entre lo que ellos creen que se podría lograr con una resuelta negociación británica y lo que los otros 27 quieren.


Theresa May ha nombrado este miércoles a Tim Barrow, diplomático de carrera, como el nuevo embajador británico para la Unión Europea en sustitución de Rogers. La decisión significa que ha ignorado las solicitudes desde dentro del partido para que nombrase a una figura que apoyase completamente el Brexit.


Barrow fue embajador de Reino Unido en Moscú hasta 2015 y en el mes de marzo del año siguiente sucedió a Sir Simon Gass como director político en el Ministerio de Exteriores.


Rogers, antiguo secretario particular del tory proeuropeo Kenneth Clarke, fue acusado de abandonar a David Cameron al no presionar más duro para obtener concesiones de la UE en vísperas del referéndum. Un nuevo libro sobre esta etapa afirma que Rogers amenazó con dimitir en varias ocasiones durante el difícil proceso.


Las informaciones de que el hombre británico en Bruselas había advertido recientemente de que las negociaciones de salida de la UE podrían alargarse durante una década pueden haber sido la gota que haya colmado el vaso, tanto para los exasperados ministros como para los presionados altos funcionarios, q ue no creen que saldrán ganando si el tiempo les da la razón.


Pero que los euroescépticos no se hayan sorprendido por su dimisión no significa que no tenga consecuencias. La noticia se recibió con consternación por muchos expertos en asuntos europeos, que ven la dimisión de Rogers como una señal de que Reino Unido ya no está interesado en escuchar las malas noticias, a pesar de sus consecuencias.


"Los euroescépticos radicales le criticaron por informar a Cameron de los límites de lo que podía pedir en su renegociación, pero dijo la verdad: que los 27 no estaban dispuestos a dar más de lo que ofrecían", explica Charles Grant, director del Centre for European Reform.


"Aquellos que dicen la verdad no siempre son bien vistos y, por ello, Ivan se convirtió en una figura impopular en amplios sectores del partido tory (conservador). Es lógico preguntarse si Rogers habría dimitido si no hubiese sentido que había perdido la confianza del Gobierno", añade el experto.


El establishment proeuropeo es desdeñado por los partidarios del Brexit como otro grupo de expertos incapaz de imaginar los beneficios de la independencia. Sin embargo, Rogers era visto en Bruselas como uno de los representantes británicos más euroescépticos en las últimas décadas. Un equipo de negociación británico más seguro debería, en teoría, haber estado contento de contar en sus filas con un experto que fuese capaz de ver dónde estaba el margen de maniobra.


"Ningún otro cargo, asesor o representante cercano al Gobierno británico se acerca a la experiencia de Ivan en la UE", señala Grant. "Fue uno de los pocos en el Gobierno que entendió cómo trabaja la Unión Europea y qué piensan otros líderes europeos. Theresa May y sus ministros echarán mucho de menos su experiencia", añade.


"En términos de conocimiento y experiencia en la UE, Sir Ivan Rogers no tiene igual", dice el excomisario de Comercio de la UE, el británico Peter Mandelson. "Su dimisión es una seria pérdida para nosotros en Bruselas". "Nuestra negociación no irá a ninguna parte si nuestros representantes se engañan a sí mismos sobre la inmensa dificultad y los retos a los que se enfrenta Reino Unido en la implementación de la decisión del referéndum".
Parece como si Rogers hubiese sido perseguido no por el crimen de deslealtad, sino por ser demasiado negativo y no ver las oportunidades que, según May, están a la vuelta de la esquina. Abundan los indicios de que los euroescépticos británicos seguirán viviendo en un planeta completamente diferente que el resto del mundo en 2017, no digamos ya en Europa continental.


El martes, el think tank de Michael Gove, Change Britain, afirmó que lejos de destruir comercio, abandonar la unión aduanera europea crearía 400.000 empleos al abrir oportunidades no reconocidas hasta ahora en el resto del mundo. Esta es una afirmación calificada de "fantasiosa" por la organización con la que compite, Open Europe.


En este contexto, Rogers representaba una tendencia peligrosa al intentar superar la división. Para políticos de ambos lados, ahora será un poco más fácil gritar al otro en lugar de buscar intereses comunes.


Grant concluye: "Los socios de Reino Unido lo tomarán como un signo de que el gobierno de May se dirige hacia un Brexit duro que pone la soberanía por encima de la integración económica con la Unión Europea".

theguardian
Traducido por Javier Biosca Azcoiti

 

Publicado enInternacional
¿Qué tan realista es la autosuficiencia china?

Hoy los países tienen sentimientos encontrados acerca del futuro, pero claro, algunos están más seguros de sí mismos que otros. En la actualidad, son muy pocos los países en los que gane la auto-confianza. Me parece que esto le ocurre a Estados Unidos, a Europa Occidental y Oriental, Australia, Oriente Medio, y a la mayor parte de África y América Latina. La gran excepción al pesimismo reinante es China.

China se dice a sí misma que está llevando a cabo la mejor economía-mundo para la gente. China muestra seguridad porque creen que su modelo económico está funcionando mejor hoy en día que hace algunos años y, que lo están haciendo mejor que los demás.

China también se dice a sí misma que crece más fuerte y rápido que su entorno geopolítico; en el Este y Sudeste de Asia y en gran parte del resto del mundo.

China observa despectivamente la prioridad que Estados Unidos le está dando a su posición en Asia. Al parecer están seguros del grado de auto-control del gigante estadounidense. Y, ahora que el impredecible Donald Trump llega al poder, China piensan que puede manejar la arrogancia imperial de los Estados Unidos.

La pregunta es, ¿qué tan realista es esta auto-evaluación de China? Hay dos premisas implícitas en la auto-confianza de China, cuya validez deben ser investigadas.

La primera es,¿los países, o más bien los gobiernos de los estados, pueden controlar lo que está sucediendo con la economía-mundo?

La segunda, ¿podrán los países contener eficazmente el descontento popular, ya sea por la represión o por concesiones a las demandas populares?

Si esto último fue parcialmente cierto, alguna vez, en el sistema-mundo moderno, estas afirmaciones se han vuelto cada vez más inciertas con la crisis estructural del sistema capitalista en la que el mundo se encuentra hoy en día.

Cuando nos fijamos en la primera premisa, comprobamos que los países no tienen capacidad para controlar lo que les sucede con el sistema-mundo moderno. La mayor evidencia es lo que ha venido sucediendo, en los últimos años, a la propia China.

Sin duda, ningún estado ha trabajado tan duro como China para garantizar la continuidad de su alto rendimiento. China no ha dejado sus actividades al funcionamiento del "mercado". El gobierno de China ha intervenido constantemente en la actividad económica.

De hecho, han dictado prácticamente lo que se va a hacer y cómo se va a hacer. Sin embargo, a pesar de todo lo que ha hecho el gobierno, China se ha encontrando con preocupantes retrocesos este último tiempo.

El gobierno ha enfrentado estos contratiempos lo mejor que ha podido, pero solo ha logrado moderar la crisis, no prevenirla. No niego las acciones del gobierno chino. Simplemente insisto en que hay que darse cuenta de los límites de su eficacia.

Si nos fijamos en la arena geopolítica, China ha logrado que otros estados reconozcan su política de "una sola China". Teniendo en cuenta lo que era su situación hace cincuenta años, China lo ha hecho excepcionalmente bien en este campo. No obstante, recientemente Taiwan parece haber recuperando algo de terreno en su lucha por la autonomía. Tal vez esto sea una ilusión momentánea o, tal vez no.

La segunda premisa es aún más dudosa. Aunque los levantamientos populares contra regímenes autoritarios o corruptos no son nada nuevo, últimamente estos levantamientos son más frecuentes, más repentinos, e incluso tienen más éxito que en el pasado.

El ejemplo está justo al lado de China, en Corea del Sur. La presidente Park Geun-hye ha caído violentamente, de un día para otro, en las preferencias de la población. En estos momentos está siendo sometida a juicio político a pesar de su impresionante victoria electoral y del control que tiene sobre el aparato administrativo del estado.

Un vistazo a estos levantamientos muestran que, mientras que a menudo tienen éxito derrocando el régimen que está en el poder, ningún movilización popular ha sido capaz de crear un nuevo régimen perdurable.

No es que el gobierno chino, y el Partido Comunista de China, no sean conscientes de estas realidades. ¡Todo lo contrario! Sin embargo están convencidos que van a superar los obstáculos y lograran en los próximos diez a veinte años ubicarse como la estructura económica dominante en el mundo. Y, teniendo en cuenta esto, esperan prevalecer geopolíticamente sobre los demás, y en particular sobre los Estados Unidos.

Nadie puede estar seguro lo que pasara con esta rivalidad geopolítica. He hecho de abogado del diablo al cuestionar las dos premisas de la auto-confianza de China.

Como siempre digo yo, visualizo la situación actual del mundo como una rivalidad entre dos grupos que están combatiendo no acerca de cómo administrar el actual sistema mundial, sino más bien sobre la sociedad que debe sustituir a un sistema capitalista que ya no es viable tanto para sus super-élites, como para las clases sociales y pueblos oprimidos.

Publicado enInternacional
Viernes, 30 Diciembre 2016 07:48

Hacete el loco

Hacete el loco

En tres semanas el mundo entrará de pleno en el universo trumpiano. El quid de la política de Donald Trump, tal como él mismo lo ha dicho, es la imprevisibilidad. Hacete el loco y los demás no sabrán si sos peligroso o payaso.

 

En realidad poco importa si uno votó por Donald Trump, contra él, o se abstuvo en la elección presidencial de noviembre pasado. Porque sólo Trump, un malabarista de inversiones entreveradas, sabe qué cree y qué se propone hacer, suponiendo que lo sepa.


Es larga la lista de “políticas fundamentales” que Trump, de 70 años de edad, prometió a sus partidarios y que ha desechado después de las elecciones. La única conclusión que arroja un poco de luz sobre el carácter de quien será el 45 presidente de Estados Unidos es que dice lo que le venga bien, sin que se proponga cumplirlo, y se desdice cuando le da la gana si ello le conviene.


Juró que enjuiciaría y mandaría a la cárcel a su rival demócrata Hillary Clinton. Semanas después de la elección dijo a sus simpatizantes que todo había sido puro verso de campaña y que Hillary, al igual que su marido el ex presidente Bill Clinton, son gente encantadora.


Denunció a Hillary Clinton por sus cónclaves con los ejecutivos principales de Goldman Sachs y otros antros de la piratería financiera global, pero para su embrión de gabinete ha traído gente de Goldman Sachs y otros capitanes de la misma filibustería.


Prometió que deportaría a 11 millones o 12 millones de inmigrantes indocumentados y construiría un muro “increíble, bello, impenetrable” a lo largo de la frontera con México. Ahora coquetea con la idea de deportar sólo a los indocumentados que cometen crímenes –que ha sido exactamente la política aplicada por el presidente Barack Obama–, y señala que la “gran muralla” quizá termine siendo una cerca en algunos segmentos de la frontera.
Aseguró que desde el primer día de su mandato, que comenzará el 20 de enero, anularía totalmente la reforma del sistema de salud promulgada por Obama en 2010, pero ahora dice que algunos aspectos de esa legislación son positivos y todo será cuestión de acomodar las cosas.


Juró que “limpiaría el pantano” de acomodos en Washington, donde los políticos pasan a ser funcionarios, los funcionarios de gobierno pasan a ser gestores, y los gestores compran políticos, pero para el gobierno que está formando ha traído ex políticos, ex gestores y ex funcionarios.


Después de que el gobierno de Obama se abstuvo de votar en las Naciones Unidas una resolución que condena la extensión de asentamientos israelíes en predios palestinos, Trump prometió que “todo será diferente en la Onu a partir del 20 de enero”. Propondrá como embajador de Estados Unidos en Israel a David Friedman, un abogado de bancarrotas que ha recolectado millones de dólares para un asentamiento israelí, y también prometió que trasladará de Tel Aviv a Jerusalén la embajada estadounidense.


Y esto proviene de un candidato que ha criticado las intervenciones estadounidenses en el resto del planeta como un despilfarro de dinero y una distracción respecto de las necesidades domésticas, y que ha sostenido que Estados Unidos no puede seguir siendo “policía del mundo” ni debe embrollarse en las peleas de otros.


Todos estos son ejemplos de cuánto puede tomarse en serio la palabra de Trump en materia de políticas domésticas, y son por ahora los únicos indicios que el resto del planeta tiene acerca de las amenazas, jactancias, promesas y volteretas de Trump en política internacional.


EL ARTE DE LA NEGOCIACIÓN.


La adjudicación a Trump de alguna ideología es una cacería sin presa. Los gobernantes del resto del mundo aprovecharán mejor las próximas tres semanas en una lectura, con apuntes, de El arte de la negociación, publicado en 1987 y que Trump considera el libro más importante después de la Biblia. (El periodista Tony Schwartz, que aparece como coautor, dijo en 2016 que Trump nada tuvo que ver con la escritura).


Para Trump todo es a deal: el acuerdo al que se llega después de una negociación. En el comienzo de toda negociación las dos partes presentan sus demandas mayores, hacen un gran pamento, demostración de fuerzas y, si conviene al caso, intercambian amenazas. Luego se sientan y negocian. Es la transacción en la cual una parte cede un poquito a cambio de ganarle una tajadita a la otra. No se trata de ideales, principios morales, patriotismo, justicia, democracia y otras entelequias. Se trata de salir ganando lo más que se pueda.


Un ejemplo, hipotético por ahora, es cuál será la política de Trump, digamos, hacia Cuba. Durante la campaña electoral, y especialmente cuando fue claro que los votos en Florida resultarían cruciales, el candidato republicano reiteró las denuncias contra la tiranía de los Castro y los lamentos por la opresión del pueblo cubano. También denunció la apertura diplomática iniciada por el presidente Obama en 2014.


Pero Trump también ha garganteado mucho acerca de cómo otros países aprovechan la ingenuidad de Washington y le sacan ventajas comerciales. Un ejemplo: debido al embargo que, desde 1960, impide que las empresas estadounidenses hagan negocios en Cuba, el mercado cubano se ha poblado de empresas de Europa, Canadá, China y América Latina.


Quizá, tal vez, vaya uno a saber, si el gobierno de Raúl Castro, ahora que ya el hermano mayor se fue al cielo en el que no creía, invitará a la Corporación Trump para la construcción y operación de un hotel y casino en Varadero... el presidente Trump, como también lo ha dicho, no necesita más los votos en Florida al menos hasta 2020. Cuba está allí, fruta madura y jugosa para el turismo estadounidense.


La “gran muralla” prometida para la frontera sur, si llegara a concretarse, no sólo impediría el cruce de los migrantes indocumentados. Sería una barrera al otro gran negocio del cual Trump poco habla: el tráfico de drogas hacia Estados Unidos y de armas hacia México y América Central. Será interesante ver qué tipo de deal tendría Trump para ofrecerles a esos negociantes.


En lugar de la diplomacia, entramos en la era de la “deal-cracia”.


NOSTALGIAS DE LA GUERRA FRÍA.


Por lo que puede deducirse de sus discursos, entrevistas, exabruptos y twits, la visión que Trump tiene del panorama global está arraigada en una nostalgia de la década de 1950 –cuando Estados Unidos era la superpotencia number one– y se ramifica en un disgusto visceral ante un mundo multipolar, de comercio globalizado, con organizaciones criminales y terroristas que cruzan fronteras, decenas de millones de migrantes desde tierras subdesarrolladas y un caos que demanda el control de “los grandes”.


En esa visión hay grandes de segunda –Rusia– y otro de primera que puede convertirse en reto mayor para Estados Unidos: China. Y, como haría cualquiera que tuviera dos adversarios, lo astuto sería aliarse con el menos fuerte para superar al más fuerte.


De ahí el coqueteo de Trump con el dictador ruso de turno, Vladimir Putin, quien ya envió una cartita de Navidad toda cariñosa al futuro presidente de Estados Unidos.


Durante la campaña electoral hubo denuncias sobre la intromisión cibernética de Moscú en la divulgación de documentos internos del Partido Demócrata –con la ayuda de Wikileaks–, y Trump se burló de las acusaciones. Después de las elecciones, todas las agencias de inteligencia de Estados Unidos han concluido que la intromisión fue dirigida desde Moscú con conocimiento del mismo Putin.


Pero Trump sigue desechando los argumentos casi como un eco de la propaganda desde Moscú, y como secretario de Estado ha postulado al presidente de Exxon Mobil, Rex Tillerson, condecorado por Putin en 2013 con la Orden de la Amistad por sus buenos negocios petroleros en Rusia.
En el punto actual de fricción de Estados Unidos con Rusia –el conflicto armado entre clientes de ambos en Siria–, Trump a la vez ha proclamado su preferencia por mantener en el poder al dictador Bashar al Asad, el patrocinado de Putin en esta pelea, y ha dicho que él apoyará el establecimiento y defensa de “zonas de seguridad” donde puedan refugiarse los civiles castigados por la guerra. Moscú se opone a tales santuarios, que podrían albergar fuerzas rebeldes.


Trump ha dicho que el presidente Obama ha sido tímido, si no cobarde, en sus tratos con Rusia, lo cual sugeriría que él se plantaría de frente a Putin. Pero Trump también ha indicado que la anexión de Crimea a costa de Ucrania, en definitiva, es resultado lógico de las áreas de influencia.
Al mismo tiempo que sostiene que “todo iría mucho mejor” si Estados Unidos y Rusia pudieran entenderse mejor, Trump ha dicho que con gusto se sumaría a una carrera de armamentos nucleares porque está seguro de que Estados Unidos es y será el number one y le ganará a quien quiera competirle.


En la opacidad de las verdaderas políticas que Trump llevará adelante, el único perfil que parece emerger acerca de la política exterior es un dealcon Putin que vuelva a dividir el mundo en áreas de influencia. Una geopolítica en la cual las dos superpotencias blancas y cristianas (en el caso de Putin, desde que encontró la utilidad de la Iglesia Ortodoxa) le pongan bretes a la pujanza de China, y utilicen como lo hicieron durante la Guerra Fría las peleas en otras partes del mundo para su propia competencia. y jactancia antes de que, como presidente, se siente a negociar deals reales.

Publicado enInternacional
Frei Betto: Los errores de la izquierda son no organizar ni politizar al pueblo

 

Carlos Alberto Libânio Christo, más conocido como Frei Betto, teólogo, filósofo y antropólogo, es uno de las grandes y escasas personalidades con mucha influencia en Latinoamérica. Sus más de cincuenta libros, el compromiso con los movimientos libertarios de Latinoamérica, su amistad con el líder de Cuba Fidel Castro y otras grandes personalidades como el recién canonizado Monseñor Óscar Arnulfo Romero de El Salvador, le convierten en un referente de la historia contemporánea latinoamericana.


En esta oportunidad, tras ser galardonado por la Universidad Nacional de Costa Rica, en el marco del VII Encuentro de la Red Internacional de Escritores por la Tierra, por su trayectoria intelectual y humanística, Frei Betto, nos ofrece sus puntos de vista sobre la reciente actividad política de Latinoamérica que está estremeciendo a gobiernos democrático-populares de izquierda.

 


– ¿Qué te parece cómo se está configurando Latinoamérica? Sube la izquierda y ahora parece que va para abajo.


Bueno, en los últimos cincuenta años tuvimos tres grandes ciclos en Latinoamérica: primero el ciclo de las dictaduras militares, allí fracasaron; después vinieron los gobiernos neoliberales, mesiánicos neoliberales, Collor en Brasil, Fujimori en Perú, Menem en Argentina, García Meza en Bolivia, Caldera en Venezuela [1], y por ahí va. También fracasaron y fueron rechazados por el pueblo en elecciones. Entonces llegaron los gobiernos democráticos-populares, y ahora hay una amenaza: que esos gobiernos van a ser rechazados por, de nuevo, gobiernos neoliberales como Macri en Argentina [2], entonces tenemos que analizar por qué pasa eso.


Desde mi punto de vista, todos esos gobiernos han representado grandes avances sociales, también en la política exterior, soberanía, independencia antiimperialista, pero han cometido dos grandes errores: no han tratado de organizar y politizar al pueblo, un gobierno progresista no se mantiene por consignas, por promesas. Los pueblos pueden soportar la dificultad, como pasa en Cuba, si tiene formación ideológica para comprender esa dificultad y estar dispuestos al sacrificio.

 

– ¿No se ha luchado por la conciencia social del pueblo?


No se ha hecho un trabajo de base, en el sentido de organizar políticamente al pueblo, y ese pueblo está sujeto y por tanto vulnerable, a toda la propaganda de la prensa burguesa que sigue dominando a estos países.


– El ascenso de la burguesía, incluso queriendo derribar gobiernos por la vía democrática que ellos mismos proponen, ¿esto va a significar un serio retroceso para Latinoamérica?


¡Sí! Tenemos que pensar ¿y nosotros qué culpa tenemos de ese proceso? O sea, no basta decir que viene el enemigo, que va a pasar eso. Estamos analizando dos factores: primero, no tratamos de organizar y politizar a la gente, por ejemplo, cuando Lula [3] llegó al gobierno mucha gente pensó que ahora el gobierno era una gran vaca que tiene que tener una teta para cada boca, y muchos movimientos sociales ya no actuaron con decisión, con coraje, ‘estamos esperando que el gobierno va a hacer esto, que el gobierno va a apoyarnos’, y el gobierno no apoyó. El gobierno ha sido muy bueno en muchos aspectos, pero ha sido bastante padre de los pobres y madre de los ricos.

 

– ¿Mucho asistencialismo?


Mucho asistencialismo, es el segundo factor. Han tratado de facilitar o que el pueblo se haga de bienes personales: computadora, nevera, teléfonos celulares, y no los bienes sociales: educación, salud, vivienda, saneamiento, transporte colectivo, etcétera. Entonces creó mucho más una nación de consumistas que una nación de ciudadanos, y la gente ahora tiene rabia porque ya no puede viajar en avión como pasaba en Brasil en los tiempos de Lula, los pobres podían montar en el vuelo ahora ya no pueden. Entonces tenemos que hacer autocrítica, por qué ahora la gente va a la calle, hace crítica dura a los gobiernos progresistas, por ejemplo en el caso de Venezuela, el desabastecimiento es un problema grave, es muy difícil decir a una persona que no tiene el acceso al mercado de bienes esenciales que apoye al gobierno, pero si esa persona fuera formada políticamente podría entender las dificultades. Un militante guerrillero que está en las selvas pasa por muchas dificultades, pero le mantiene seguro la ideología, eso no se trabajó, en esa formación política.

 

– La oligarquía, el neoliberalismo, están llevando de nuevo el caos a Latinoamérica, ¿tiene esto que ver también con la estrategia de Estados Unidos de “recuperar su patio trasero”?


Sí porque Estados Unidos, un poco entrecomillas, se ha olvidado de América Latina por todas las guerras en oriente, el narcoterrorismo y todo, y ahora se da cuenta que es hora, de nuevo, apropiarse de América Latina, entonces se trata de que Obama va a visitar a Macri, que Obama diga que el pueblo tiene ahora que decidir en la calle las cosas, y por allí va, o sea no hay que subestimar al enemigo, ellos están muy atentos de nuevo en América Latina, sabe la importancia de lo que hay en el continente, entonces nosotros tenemos, claro, que luchar para evitar esa catástrofe, pero estamos bajo la seria amenaza a nuestros gobiernos, de llegar al gobierno, al poder o poder seguir en las mismas manos, ahora ese poder trata de rechazar esos gobiernos.

 

– ¿Nos estamos enfrentando de nuevo a las dictaduras o al ascenso de posibles dictaduras?


No dictaduras en el sentido de lo que pasó en Brasil, no veo ninguna señal de que, por ejemplo, los militares en Brasil tengan ningún interés en gobernar porque salieron muy desmoralizados...

 

–... me refiero a una dictadura económica...


...Si, a una dictadura de mercado. Una dictadura de mercado está denunciada por el papa Francisco en un documento reciente. Eso sí, la dictadura de mercado es una dictadura muy inteligente, muy sutil, una dictadura que se hace por los medios de comunicación, eso va a seguir mientras vivamos en el capitalismo, no hay otra manera, o sea tenemos que tratar ahora, lo que muchos gobiernos progresistas han tratado, la cuestión de Evo Morales de cómo vamos a salir del capitalismo, cómo vamos a crear las condiciones dentro de las contradicciones actuales para una sociedad pos capitalista, ese es un trabajo que tenemos que hacer ahora.


– Dentro de este contexto, bajo tu óptica, cómo analizas la nueva relación de Estados Unidos y Cuba, pero Estados Unidos no deja las amenazas sobre Cuba.


Dos cosas, primero es necesario para Cuba tener relaciones con Estados Unidos y poner fin al bloqueo, es muy costoso para la vida interna del pueblo de Cuba el mantener el bloqueo, Estados Unidos siempre ha sido mercado importante para los productos cubanos y hay muchos cubanos que viven en los Estados Unidos que mantienen relaciones con sus familiares en Cuba, en fin, Cuba quiere, siempre quiso, tener buenas relaciones con Estados Unidos, esa es una cosa; la segunda cosa, lo que Fidel [4] me dijo el año pasado en un conversatorio, de que Obama cambia los métodos, pero él tiene que cambiar los objetivos, y los objetivos de Obama son claros: la anexación simbólica ideológica de Cuba al sistema capitalista llamado eufemísticamente democracia, entonces no hay ninguna duda, no hay que tener ninguna ingenuidad, que quiere que Cuba vuelva a ser un país predominantemente bajo la dictadura del mercado.


– ¿Está preparada Cuba?


Primero Cuba ve con buenos ojos el acercamiento con Estados Unidos en el sentido diplomático y comercial; segundo sabe que va a haber un choque entre el tsunami consumista con la austeridad revolucionaria, los cubanos están muy seguros que eso va a pasar, entonces ahora tratan de tomar una serie de medidas como por ejemplo se va a evitar inversiones individuales como, por ejemplo, tener un McDonald en cada esquina, esas cosas no van a pasar, todas las asociaciones corporativas tienen un cincuenta y un por ciento de capital y dirección cubana. Ahora se va a discutir en el congreso del partido en el mes de abril para tener profundidad en estos temas.


– Conociendo al capitalismo y sus agentes en todo el mundo, conociendo lo que está sucediendo en Latinoamérica, ¿es posible que Cuba empiece a corromperse, en cierta manera, por los espejitos que le ofrecen?


El peligro de Cuba de transformarse en una mini China, o sea en un país de políticas socialistas con economía capitalista es muy serio, muy serio, entonces hay que llamar la atención sobre ese punto, mas yo creo que los cubanos tienen una conciencia política-ideológica mucho más avanzada que los chinos. Los chinos siempre han tenido gobiernos que vienen de la tradición imperial, muy patriarcal, muy de arriba para abajo, no, en Cuba hay una población participativa en el proceso revolucionario que en su mayoría no quiere un gobierno capitalista, entonces yo tengo mucho más confianza en que ese proceso va a ayudar a priorizar el socialismo cubano no que va a amenazar al socialismo cubano.


– Estaba leyendo en la página de Cubadebate algunos artículos que me parecen bastante temerosos. Los escritores cubanos también se preguntan si la sociedad va a aguantar ese embate. Por cierto, una cerveza publicó un anuncio que causó mucho revuelo en Cuba por ir contra los valores morales establecidos. Hay indicios de que algunos eventos están fuera del control del gobierno.


Riesgos siempre hay, hubo cuando Cuba se acercó a la Unión Soviética, tuvo que pagar un precio que no era propio de la identidad cubana, por ejemplo, o sea, un precio que, para que tu tengás una idea, cuando vino el periodo especial después de la caída del muro de Berlín, era más barato importar papas desde Alemania Oriental que cultivarlas en Cuba, o sea, no pasó por ninguna cabeza, mucho menos las de los cubanos, que un día la Unión Soviética iba a desaparecer. O sea, riesgos en todas relaciones siempre hay, no hay otra manera, ahora, creo que Cuba está preparada y tiene que prepararse más todavía para enfrentar ese acercamiento, para que David al enfrentar a Goliat sea consciente que puede vencerlo, eso es muy importante.


– Desde hace cincuenta años que triunfó la revolución, Cuba es un referente muy importante para Latinoamérica, influyente en cómo se mueve Latinoamérica. Esta nueva relación que tiene con Estados Unidos ¿de qué manera va a influir en Latinoamérica?


Para América Latina va a ser positivo. Primero porque fue un voto del conjunto de países de América Latina la integración de Cuba en la Organización de Estados Americanos, todavía no se llevó por completo ese proceso, pero en Panamá ya se abrieron las puertas, no tiene sentido seguir a esta Organización si Cuba no está dentro de nuevo, son avances importantes, y después los organismos que se crearon como la CELAC [5], son iniciativas que demuestran que América Latina tiene derecho a su independencia y soberanía sin la participación de los Estados Unidos. Hay que tener relaciones de autoridad con los Estados Unidos no de sumisión, entonces eso tiene su reflejo porque los cubanos tienen mucho sentido de cubaneidad, un sano orgullo de su identidad nacional que se reflejó muy bien en la entrevista, en la rueda de prensa que Obama y Raúl dieron durante la visita de Obama a Cuba, cuando preguntaron sobre los derechos humanos la respuesta de Cuba fue mucho más consistente que la de Obama. Qué país, preguntó Raúl garantiza a todos los tres derechos fundamentales de alimentación, salud y educación. Qué hay de salud para la gente en los Estados Unidos, muchos estadounidenses van La Habana para tratarse.


– Dentro de este panorama hay un tema que está pasando muy desapercibido: el tema ambiental.


Sobre el tema ambiental, lo más importante que pasó en estos últimos tiempos fue la Encíclica de Francisco “Laudato Si”, tanto el creyente como el no creyente han dicho que no hay ningún documento en la historia de la Ecología más importante que este, porque todos hablan de los efectos de la degradación ambiental, pero no apuntan a los responsables, las causas, y ese documento del papa apunta a ellos. Tenemos que explotar mucho ese documento, no es un documento solo para católicos, es un documento para la Humanidad. Todavía la izquierda no ha tomado en serio el problema ambiental, la izquierda tiene sus prejuicios. Yo me recuerdo cuando Chico Méndez en Brasil, hablaba de los pueblos, de la selva, de los métodos que ellos utilizaban para defender la selva, había mucha gente de izquierda que decía ‘no, eso no tiene importancia política, y yo estoy convencido, incluso, que hoy el tema de la Ecología puede ser un tema para agregar mucho más gente a nuestra causa de liberación.


– ¿Podría la Ecología, igual que el pensamiento latinoamericano, rejuvenecer el pensamiento de la izquierda?


Sí, podría y debe, porque en Europa no hay más izquierda, en Estados Unidos tampoco, entonces queda un poco en América Latina, asimismo mucha gente de izquierda no tiene todavía un proyecto de sociedad nueva. La izquierda en muchos países, además de Brasil, se dejó cooptar un poco por el neoliberalismo de allí viene la corrupción y todo esto.

 


Notas:


[1] Se refiere a los expresidentes: De Brasil, Fernando Collor de Melo; de Perú, Alberto Fujimori; de Argentina, Carlos Menem; de Bolivia, Luis García Meza y de Venezuela Rafael Caldera.
[2] Actual presidente de Argentina Mauricio Macri.
[3] Luiz Inázio Lula da Silva, expresidente de Brasil.
[4] Fidel Castro, líder de la revolución cubana.
[5] Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, organismo que no incluye a los Estados Unidos ni a Canadá.
Por Néstor Martínez, periodista y escritor. Red Internacional de Escritores por la Tierra.

 

 

Publicado enPolítica
“Él nos enseñó que sí se podía hacer la revolución”

El líder cubano muerto será inhumado hoy a las siete de la mañana. Antes recibió el último homenaje de masas, en la Plaza de la Revolución de la ciudad oriental de Cuba. Fue el fin de la caravana de la libertad.


Raúl Castro acaba de cambiar el rito. No cerró su discurso con “Hasta la victoria siempre”. Ni con el “Patria o muerte” seguido del “Venceremos” del pueblo en la Plaza de la Revolución. Terminó su discurso de despedida a Fidel Castro en La Habana con solo tres palabras: “Hasta la victoria”. A las ocho y cuarto de la noche, hora de Cuba, ondean miles de banderas cubanas. Los que portan las banderas repiten “Hasta la victoria” o simplemente se quedan callados. Es el último acto. Ahora empieza la vigilia de las cenizas y a las siete de la mañana la inhumación del líder muerto.


El discurso que acaba de pronunciar el presidente de Cuba y primer secretario del Partido Comunista delante de presidentes y ex presidentes como Evo Morales, Luiz Inacio Lula da Silva y Dilma Rousseff tuvo dos ejes.


Uno, el homenaje a los caídos desde el principio del proceso rebelde que arrancó el 26 de julio de 1953 con el intento de toma del cuartel Moncada en Santiago de Cuba y con otro intento, también fallido, de copar el cuartel más importante de Bayamo, a 125 kilómetros de aquí.


Otro eje, los ejemplos históricos de superación de dificultades. Sobre todo uno, el llamado período especial que se abatió sobre los cubanos durante el proceso de ocaso e implosión de la Unión Soviética y los dejó sin petróleo, insumos, recursos y energía.


“Quien intente apropiarse de Cuba recogerá el polvo de la derrota anegado en sangre”, fue su frase más fuerte.
Cuando habló de la inhumación de las cenizas de su hermano, Raúl mencionó entre otros a Frank País, el dirigente del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, nombre elegido por la fecha del intento de asalto al Moncada, asesinado en una escalinata en pleno centro de esta ciudad oriental.


No hubo información oficial sobre el sitio que habrá para Fidel en el cementerio de Santa Ifigenia donde están enterrados, entre otros, José Martín y Carlos Manuel de Céspedes, pero también los caídos de la lucha clandestina anterior a la revolución del 1° de enero de 1959 (ver páginas 4 y 5).


La versión se develará en unas horas. ¿Será una piedra? ¿La piedra es de Sierra Maestra, en la cercana provincia de Granma? ¿Es verdad que la lona sobre parte de las tumbas de homenaje a los caídos del MR-26 tapa el sitio donde terminará Fidel esta caravana de la libertad que arrancó el miércoles a las 7 de la mañana en La Habana y cruzó la isla entera?


Los cubanos que ocupan todavía la Plaza de la Revolución y se quedarán despiertos, o los que después del homenaje que cerró Raúl tras los discursos de organizaciones sociales y sindicales desconcentran caminando hacia sus casas, no se concentran en ese tipo de especulaciones. Sencillamente callan salvo para interpelarse con alguna consigna y algún canto
Menos de 25


Uno grita: “¿Dónde está Fidel?”. Dos señalan hacia el cielo, el lugar común de los muertos. El que pregunta lo hace de nuevo. No es que se trate de un ritual sino que evidentemente busca otra respuesta. Vuelve a preguntar y se repiten las señas. Pero cuando lo hace de nuevo el grupo se ilumina y dice la frase que repite toda Cuba estos días: “Yo soy Fidel”. Entonces: “¿Dónde está Fidel?”. Y la respuesta: “Yo soy Fidel”.


Hay algunos de la cuarta edad, muchos de la tercera, más de la segunda, si es que existe. Pero son más numerosos, mucho más numerosos, los sub-25.


La Plaza de la Revolución está a diez cuadras del cuartel Moncada, donde hoy funciona una escuela. El edificio de color lacre tiene las luces apagadas. Más temprano fue uno de los puntos en los que se detuvo el cortejo con las cenizas de Fidel. Las palmeras del jardín no están iluminadas y la gente baja hacia la plaza del acto con Raúl Castro y pasa al lado de uno de los edificios icónicos de la rebelión a escala mundial como si lo hiciera todos los días. Y es así: lo hace todos los días, solo que hoy será único.


Un grupo de adolescentes vestidas de negro con rayas amarillas corea la famosa frase de Fidel sobre qué es la revolución. “Revolución es tener sentido de la historia”, comienza el párrafo del discurso, hasta que rematan en “el patriotismo, el socialismo y el internacionalismo”. Dos adultos los escoltan, sonrientes porque los chicos se acuerdan del texto completo.


El patriotismo se relaciona habitualmente en los discursos con el siglo XIX. La Plaza de la Revolución se llama Antonio Maceo. No es que antes de la Revolución Cubana la obra y la lucha de Martí quedaran fuera de la escuela. Es que faltaba el énfasis que le puso el Estado después de 1959.


Por supuesto, antes no había un hilván entre un momento y otro de la historia construido o reconstruido mediante una tarea política, pedagógica o historiográfica.


El dictador Fulgencio Batista nunca se presentó a sí mismo como un nuevo Martí o un Carlos Manuel de Céspedes resucitado. Tampoco lo hizo Fidel. Pero los revolucionarios de Sierra Maestra invocaron a los del siglo XIX como protagonistas de una misma línea histórica. En la Historia de Cuba, escrita para los últimos años de la secundaria por un equipo de investigadores como Susana Callejas Opisso, el prólogo dirigido al alumno afirma que el libro tiene “la misión de propiciar que estés en condiciones de demostrar”, entre otras cosas, “que la Revolución Cubana es una sola como proceso histórico desde 1868 hasta nuestros días”.


Más allá de una intención no disimulada –hablar de “misión” suena fuerte– lo cierto es que todos los movimientos del siglo XIX y las luchas del siglo XX tienen fuertes componentes de redención social.


La esclavitud y el carácter subalterno de los negros estuvieron en la agenda de Céspedes en 1868 y de Martí en las últimas décadas del siglo XIX.


Para que pudiera funcionar la comandancia de la guerrilla un campesino de Sierra Maestra cedió su propia casa.
Campesinas


Hay una historia poco contada. Al año siguiente de la Revolución Cubana, la del 59, Fidel Castro eligió 18 instructoras por provincia. Nueve debían enseñar corte y costura, y nueve a leer y escribir. Durante ese 1960 convocó a mil campesinas de toda Cuba y las alojó nada menos que en el Hotel Nacional. Era el más tradicional de La Habana y el hotel donde se albergaba, entre otros, el mafioso Lucky Luciano cuando cruzaba a la isla para controlar los negocios en medio de sol y bellezas. La enorme mayoría de las campesinas era analfabeta.


“Son las chicas de Fidel”, decía la contrapropaganda.


El Parque Céspedes, en el centro histórico de Santiago, fue uno de los sitios donde paró la caravana de la libertad con las cenizas de Fidel en su último día antes de la inhumación. Dulce, de 79 años, que fue hasta ahí, una señora que habla suavecito como su nombre, cuenta que ella fue una de las 18 elegidas por esta provincia de Santiago de Cuba. “Nos enseñaron para instruir y después instruimos nosotras”, relata. Antes del triunfo Dulce participó de la lucha clandestina en la red del Movimiento 26 de Julio. No trató a Fidel entonces pero sí después.


“Siempre fue un hombre sencillo que hablaba contigo y te preguntaba cosas, o qué hacía falta para educar, o para la salud, o cómo se podía resolver algún problema, y también jaraneaba”, dice Dulce. “Jaraneaba mucho.”


Entrecierra los ojos cuando dice lo que siente ahora: “Me siento igual que cuando perdí a mi papá, a mi mamá y después a mi esposo”.


Blas Guillén, nacido en Santa Clara, la ciudad donde están los restos del Che, tiene 53 y es árbitro de béisbol. “Soy pelotero”, dice como quien dice en la Argentina que fue jugador de fútbol y está todo dicho. Blas jugó en primera, aunque no era muy destacado, después fue entrenador y ahora trabaja de árbitro. Su hijo de 19 años también juega en primera.

“Él sí es destacado”, cuenta Blas. “Mira, no sé qué decías tú a los 10 años que ibas a ser de grande, pero yo decía que pelotero. Y fui pelotero. Después, como árbitro, volvía a mi casa con gorras, con camisetas, con bates. Nunca le dije a mi hijo que fuera pelotero pero también es pelotero. Oye, una de mis grandes satisfacciones en la vida es que nos invitaron juntos a Monterrey, él a jugar y yo a arbitrar. Son acuerdos entre clubes extranjeros y el Estado cubano. Ellos te pagan a ti y le pagan a Cuba. Ya estuve en Guayaquil. Y ahora nosotros vamos y volvemos. Este es nuestro país, coño, aquí mi hijo se hizo pelotero y mi hija médico. ¿Te vas a quedar en otro país por un I Phone 7?”. Blas muestra su celular. Es un modelo todavía más antiguo que la BlackBerry Q10 de su interlocutor. “Médico” está bien escrito. Hay miles de médicas en Cuba, y los padres siempre lucen felices al nombrar la profesión de la nena y contar que por supuesto de inmediato trabajó en un hospital, pero el nombre del oficio aún no se feminizó.


Rafael es ingeniero. Tiene 55. Activo, de gorra de béisbol azul y remera blanca, dos de los colores de la bandera cubana, ahora vive en la capital pero durante 20 años fue enviado varias veces a la zona oriental de la isla para organizar empresas. Se siente en confianza a los tres minutos de conversación y le da un golpecito a la panza del interlocutor antes de decir cada frase.


Un toque a la panza: “Mira, Fidel nos dio patria. Cuba es pequeña y es importante en todo el mundo. ¿Quién no sabe lo que es Cuba? ¿Quién no sabe quién es Fidel? Dar patria no es una abstracción, porque patria es dignidad para ti mismo y para los demás”.


Otro toque a la panza: “Combatimos en Angola porque éramos parte de un proyecto, aunque después Mijail Gorbachov entregó todo sin pelear. África también era un gran ejercicio militar para que los yanquis se dieran cuenta de que incluso sin la Unión Soviética no podrían con nosotros. Podrían bombardear y bombardear, pero el día que un soldado entrara a Cuba no podría salir”.


El martes a la noche, en la Plaza de la Revolución de La Habana, habló el presidente de Namibia. Los cubanos también habían enviado tropas a pelear contra Sudáfrica y en un momento amenazaron con llegar hasta Johannesburgo. El presidente recordó que Cuba alfabetizó a tres mil huérfanos de bombardeos sudafricanos, los cuidó y cuando fue necesario los curó.


Golpe en la panza: “Oye, si casi terminamos con el apartheid. Y no sé si no fuimos los cubanos los que de hecho terminamos convenciendo a los racistas de que con apartheid no podrían seguir viviendo. Amenazaron con usar armamento nuclear contra nosotros. Políticamente no pudieron”.


Como Dulce, Rafael también lagrimea. “Mi madre vive y de muy niña fue correo del Ejército Rebelde en la provincia de Granma”, cuenta sin golpe ni toque. “Mira, estamos todos como si se nos hubiera muerto un familiar muy querido: tú lo esperas, pero cuando se muere se muere y te pones triste.”


Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.


Homenaje multigeneracional, tras el acto político, al comandante Fidel Castro

Arturo Cano

Santiago de Cuba.

Ydalis Coerau tiene 45 años, piernas de gacela y uñas muy bien pintadas. Mira a la distancia un debate que ha armado una colega española, quien graba en la calle una pregunta que sugiere incertidumbre: ¿Resistirá Cuba sin Fidel?

Y nada, chico, que se arma la gorda. Comienza la gritería y los más encendidos discursos reciben aplausos. Sorprende, aunque no debería ser así, la calidad de los argumentos. No hay condescendencia y los eufemismos matan el reconocimiento de los problemas propios, mucho más allá del bloqueo.

Santiago entera, la ciudad que vio crecer a Fidel Castro, ha salido a despedirlo. Ydalis está a una calle del lugar donde en el primer día de 1959 el entonces joven barbudo proclamó el triunfo de la revolución cubana.

"Me da coraje lo que dicen en Estados Unidos. ¿Tú crees que nos pinchamos los ojos para llorar?" Y no, las lágrimas son auténticas, el fervor también, aunque la fachada sea consignas que de tan repetidas suenan a sonsonete.

Habla Ydalis de las cualidades de los miembros del Consejo de Estado, quienes están tomando, dice, "las mejores decisiones para abrirnos al mundo y lograr el desarrollo". Y se remite, como todo cubano que se respete, a la historia patria: ya Martí y el Che habían hablado de "tomar lo mejor del capitalismo", y Cuba, piensa esta maestra de educación física, está en esa ruta.

Pero lo suyo, como lo de casi todos los cubanos con quienes se habla, es un asunto personal. Ella abandonó los estudios y pudo retomarlos gracias "a un programa del comandante". Es una cadenita. Gracias a que ella, una mujer negra y pobre, pudo estudiar, su hija de 21 años está ahora en la escuela de medicina.

Pero lo mismo dice, a 300 kilómetros de aquí, en Camagüey, Norberto Alemán, propietario de una finca donde tiene vacas, cerdos, gallinas y árboles frutales variados. Todo lo que produce, en ese rancho que fue de su abuelo y de su padre, se lo vende al Estado, por obligación. Pero aún así asegura: "A la revolución se lo debo todo".

"Lo mismo con los mismos"

Todo el aparato del Estado ha sido echado a andar para despedir a Fidel Castro. En la televisión y la radio se repiten una y otra vez lemas y loas al comandante. "Es lo mismo con los mismos", ríe un cubano, pero él le sube al volumen y se sienta a ver las imágenes que repiten sin cesar escenas parecidas.

Los bordes de las carreteras están llenos de gente con banderas, letreros, flores, que gritan al paso de la caravana "Fidel" o "Yo soy Fidel", la consigna del momento.

En Ciego de Ávila, Magdalia Mora guarda como tesoro el video que hizo en su modesto celular. "No pude gritar más que una vez. Ahora te digo cuál es mi voz", dice, con las palabras quebradas. "Le debo todo. Es mi padre", jura, y le escurren las lágrimas sin pincharse los ojos.

La despedida de "nuestro padre"

Fidel eligió Santiago como tumba porque, evidentemente, aquí están los restos de José Martí y los de sus compañeros de armas del frustrado ataque al Cuartel Moncada. Pero también porque aquí creció y porque todas las gestas independentistas y revolucionarias tuvieron su arranque en estas tierras, puerta de la Sierra Maestra.

"Todas las revoluciones partieron de aquí", dice un hombre que se presenta como restaurador y que, muy a lo cubano, lamenta que uno no haya llegado 10 minutos antes, porque "aquí estaba el escultor que hizo la obra para el mausoleo de Fidel."

–¿Qué es? ¿Una escultura?

–Es una sorpresa para el pueblo cubano.

La muerte de Fidel Castro no fue sorpresa, pero como si lo hubiera sido. Margarita Escara y su vecina Zaida Ortiz cuentan que lo supieron cuando vieron la cara de Raúl Castro en la televisión.

"Todo el mundo salió a la calle para hablar de la partida de él, de nuestro padre, el guía, el faro de todo el pueblo cubano; incluso ha sido ejemplo para los demás países del mundo", agrega Agustina, trabajadora de un hospital militar.

¿Cambios? Sí, pero siempre siguiendo la doctrina de Fidel Castro, porque "nosotros somos revolucionarios y lo seremos hasta el final", remata Mercedes, jubilada.

Las "caravana de la libertad" a la inversa sale de Bayamo, lugar donde se entonara por primera vez el himno nacional. Llega pasado el mediodía y recorre 17 kilómetros. No hay espacios libres en las vallas que se forman en las calles. Acuden organizados los gremios, las escuelas y los comités de barrio, pero también mucha gente que se acerca por propio pie.

Muchos portan los brazaletes rojinegros del Movimiento 26 de Julio. Algunos los han obtenido en las escuelas o en los comités de Defensa de la Revolución, pero otros los han confeccionado en sus casas.

Rafael, arrendador de cuartos para turistas, registra meticulosamente números de pasaportes y entrega recibos de todas sus operaciones ("en estos días nos están revisando mucho, para que todo sea correcto"). Él sí recuerda otros momentos en que Santiago estuvo, como este día, patas arriba: "Cuando han venido los papas" (tres visitas, tres pontífices).

En la calle lo refutan: "No, no se compara, este es Fidel", dice un motociclista que trata de llegar a su destino.

"Lo raro es que haya muerto a los 90"

El homenaje es multigeneracional. Incluso lo rinden los niños del "periodo especial", la tragedia que siguió a la caída del bloque soviético. José Ángel, profesor de música ahora treintañero, no recuerda nada malo de esa etapa. "Fidel significa casi todo", cierra la charla.

Lázaro Verdecia, "doctor en farmacia", jubilado, se sienta en la sombrita frente al Cuartel Moncada, al lado de su hijo, ingeniero químico. Antes de la revolución, dice, era empleado de una farmacia, "con un sueldo mísero". Todo lo que es se lo debe a la revolución, dice, como muchos otros.

En un tris explica cómo fue el ataque al cuartel, que ahora es escuela. Habla de Antonio del Conde, El Cuate (el mexicoamericano que compró el Granma), de cómo Donald Trump ha tratado a los mexicanos "como basura" y de la opresiva vida bajo la dictadura de Batista.

Para don Jorge, Fidel Castro fue un "hombre afortunado", porque “murió con todos los ideales cumplidos, en su cama, al cabo de 90 años. Lenin murió temprano, Chávez. El Che no se diga”.

Con todas sus batallas y "todos los atentados que sufrió por parte de la CIA, lo raro es que haya muerto a los 90 años".

Tras el acto político, como ha ocurrido toda la semana, los santiagueros rendirán tributo a Fidel Castro durante toda la noche, con una vigilia, un maratón de canciones y poemas.

Esta mañana de domingo, muy temprano, las cenizas de Fidel serán depositadas en el cementerio de Santa Ifigenia, donde reposan los restos del poeta y héroe nacional José Martí, los del "padre de la patria".

Ahí, desde hace mucho, hay una guardia permanente, que cambia cada media hora, de las ocho de la mañana a las cinco de la tarde, y que, solemnidad aparte, se ha convertido también en atracción turística. Ahora esa guardia de honor será también para Fidel Castro Ruz.

Publicado enInternacional
Sábado, 03 Diciembre 2016 06:24

Timonel de dos revoluciones

Timonel de dos revoluciones

Como las anteriores, la revolución cubana tuvo en sus iniciales momentos de euforia una fuerte vocación utópica, para aterrizar en un crudo realismo cuando se amontonaron las dificultades. Pero el espíritu rebelde renació cuando el colapso económico provocado por la caída de la Urss amenazó derrumbarla. En ambos momentos, Fidel estuvo al frente.

 

La revolución cubana fue la que mayor impronta dejó en América Latina, un continente habituado a las revoluciones. Ni la primera revolución negra triunfante en el mundo, la haitiana de 1804, ni las descabezadas revueltas indias lideradas por Túpac Amaru y Túpac Katari, antecesoras de las independencias, lograron impactar tan profundamente en la región. Ni siquiera la revolución sandinista de 1979, ni la mexicana de Villa y Zapata o la boliviana de 1952, la menos conocida pero una de las más importantes que vivió este continente.


Una cuidadosa revisión de los ejemplares de Marcha desde 1959 permite comprobar que lo sucedido en Cuba electrizó a los lectores uruguayos, que inmediatamente tomaron partido en su inmensa mayoría por la joven generación que derrotó a Fulgencio Batista, un dictador con pésima reputación. Las páginas que acunaban las cartas de los lectores fueron escenario privilegiado de la polarización generada por las intervenciones de Fidel y el Che, los dos personajes que fueron referencia ineludible en los debates de la época.

FRACASO DE LA PRIMERA REVOLUCIÓN.


Las características de los líderes de la revolución cubana son similares a las de todas las dirigencias revolucionarias del siglo XX: sus cuadros fueron varones ilustrados, pertenecientes a las clases medias altas. Es posible que en aquella época no hubiera otra opción, cuando el patriarcado gozaba aún de buena salud. En muchos sentidos, la cubana fue una revolución hija de su tiempo. Emparentada, tanto en las luces como en las sombras, con la rusa y la china, entre las más relevantes del siglo XX.


Antes incluso de optar por los modos de la Unión Soviética, tomando distancias de la revolución cultural china que se propuso “continuar la lucha de clases bajo la dictadura del proletariado”, según el propio Mao, los dirigentes cubanos apostaron por un proceso de cambios donde el sujeto era el aparato estatal. Aunque su versión era bastante más radical de la que imperó después del fracaso de la cosecha de los 10 millones de toneladas de caña en 1970, el Che no dudaba de la centralidad del Estado en el tránsito al socialismo.


En los primeros años hubo decisiones simpáticas y ejemplares, pero que estaban condenadas al fracaso. La prioridad otorgada al trabajo voluntario como motor de la economía, el rechazo a los estímulos materiales y al dinero, llevaron al Che a suprimir los alquileres y las horas extra, y a decretar la gratuidad de servicios como el teléfono. Fueron años en los que la dirección cubana debatía sobre la vigencia de la ley del valor en el socialismo con intelectuales de la talla de Paul Sweezy, Charles Bettelheim y Ernest Mandel, entre otros.


Hubo, además de errores, algunos horrores. La condena a los homosexuales (una “desviación”, según Fidel) pertenece a los segundos, aunque fue corregida en los años noventa. Hubo fusilamientos, como mínimo, apresurados y escasamente justificados, como el del comandante Arnaldo Ochoa en 1989, “héroe de la República de Cuba” por su brillante hoja de servicios. Ochoa fue fusilado junto a otros tres militares en un juicio en el que nunca reconoció los cargos de narcotráfico que le imputaba el tribunal.


La revolución cubana pretendió extenderse a todo el continente. Del 3 al 14 de enero de 1966 se reunió la Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina en La Habana, conocida como la Tricontinental, que albergó fuerzas revolucionarias de 82 países. Defendía la lucha armada como el principal método para derrotar al imperialismo.


En 1967 se fundó la Organización Latinoamericana de Solidaridad (Olas) en un amplio encuentro en La Habana, que albergó a casi toda la izquierda de la región. En su discurso de clausura del 10 de agosto, Fidel criticó a los partidos comunistas: “Nadie se haga ilusiones de que conquistará el poder pacíficamente en ningún país de este continente, nadie se haga ilusiones; y el que pretenda decirles a las masas semejante cosa, las estará engañando miserablemente”.


En los meses y años siguientes se produjo un viraje profundo, tanto en la isla como en la región. En octubre de ese año cayó en combate el Che en Bolivia, y se palpaban los límites de la lucha armada. El fracaso de la cosecha de los 10 millones de toneladas llevó a la dirección cubana a acercarse a las posiciones “realistas” de la Unión Soviética. En 1970 Salvador Allende ganó las elecciones y se convirtió en el primer presidente marxista en llegar al gobierno por la vía electoral. Fidel fue el primer presidente extranjero en visitar a Allende en Chile, donde recorrió el país de norte a sur durante 24 días, en 1971.


LA SEGUNDA REVOLUCIÓN.


En la revolución cubana hubo un “algo” que marcó diferencias. En la década de 1990, luego de la caída de la Unión Soviética y la apertura del llamado “período especial”, Cuba estuvo al borde de abismo. El Pib cayó un 34 por ciento entre 1989 y 1992. La vida cotidiana naufragaba en la penuria, conseguir comida era un problema mayor y el futuro lucía oscuro. Cuba perdió el 80 por ciento de sus mercados, las fábricas y autobuses dejaron de funcionar por falta de petróleo (las importaciones cayeron al 25 por ciento), hubo apagones diarios de hasta 14 horas. Un verdadero colapso económico.


El bloqueo yanqui se hizo más duro y estrechó el cerco contra la isla. Cuba no tuvo acceso a financiación y tuvo restricciones para importar comida. El racionamiento fue muy estricto, pero igualitario; se estima que los cubanos perdieron nueve quilos de peso en promedio.


Pero el régimen se mantuvo y no lo hizo en base a la represión. En otros países de América Latina, crisis menos profundas barrieron una decena larga de gobiernos en la misma década. La prensa internacional anunciaba todos los días la “inminente caída del régimen cubano”. Lo que ocurrió fue una revolución agrícola o agroecológica sin precedentes en la región. Fue una segunda revolución, en un sentido muy distinto al soviético, de hondo contenido guevarista.


El pueblo cubano comenzó a cultivar alimentos donde pudo, sobre todo en terrenos baldíos en las ciudades, apelando a la iniciativa popular más que a directrices del poder. En poco tiempo Cuba dejó de lado la revolución verde que sobreutiliza combustibles fósiles, con miles de tractores e insumos importados desde la Urss, y se volcó a una agricultura de subsistencia, orgánica, en pequeña escala.


Fue la cooperación y la ayuda mutua lo que salvó la revolución. Médicos, ingenieros, músicos, se hicieron agricultores en las ciudades. La mitad de la provisión de frutas y verduras de La Habana provino de huertas urbanas, una cifra que trepó hasta el 80 por ciento en pequeñas ciudades y pueblos. Con el tiempo, la espontaneidad se convirtió en sistema productivo apoyado desde el Estado, que hoy ocupa a 140 mil personas.


Crearon biopesticidas y biofertilizantes que hoy se están exportando. El 40 por ciento de las granjas estatales fueron divididas en parcelas que son usufructuadas por particulares que obtienen la tierra en usufructo pero no en propiedad. Las que más producen son las granjas familiares, luego las cooperativas y por último las granjas estatales que siguen el modelo soviético. Granjas más pequeñas y cooperativas más autónomas mostraron niveles de productividad mayores que las estatales.


La descentralización no sólo alcanzó a la producción de alimentos, que sigue siendo insuficiente, sino a muchas otras porciones de la vida cubana, incluyendo las universidades y la salud. La producción de azúcar nunca volvió a los niveles de los años ochenta, pero las exportaciones se diversificaron, ocupando la industria farmacéutica un lugar destacado. Cuba es el primer país latinoamericano que está dando pasos para dejar atrás el extractivismo.


Fue una decisión política del pueblo cubano, de sobrevivir, de seguir adelante, de no rendirse. Fidel y la dirección tuvieron la virtud de captar las iniciativas espontáneas de su pueblo, de apoyarlas y sistematizarlas. Siguiendo los pasos de Lenin y de Mao, quienes no inventaron ni los soviets ni las comunas sino que las popularizaron, Fidel supo estar –en los momentos difíciles– a la altura de su pueblo.

Publicado enInternacional