En su último informe, Obama elogia sus siete años de gobierno

En su último informe presidencial, que marca el principio del fin de su presidencia, que ocurrirá justo en un año, Barack Obama ofreció un elogio de sus logros durante sus siete años y, con su gran talento retórico, llamó a un futuro más seguro y la necesidad esencial del liderazgo estadunidense para enfrentar los desafíos económicos, políticos y de seguridad internos e internacionales.


Pero el mensaje, sobre todo, tenía la intención explícita de expresar optimismo frente a la retórica política pesimista de los republicanos.


En el informe anual –el llamado discurso sobre el estado de la Unión, presentado ante el Congreso y con la presencia de la Suprema Corte y el estado mayor–, Obama recordó que durante su presidencia se logró rescatar al país de la peor crisis económica desde la gran depresión, poner fin a dos guerras, evitar otra con Irán, se reinventó el sector energético, se promulgó la reforma de salud, se promovieron los derechos de las mujeres y la comunidad gay y se impulsó una nueva diplomacia internacional.


Reconoció que este año electoral y con un Congreso dominado por el Partido Republicano, que se ha destacado por frenar casi todas sus propuestas durante la mayoría de su estancia en la Casa Blanca, no anunció nuevas iniciativas de ley ni programas a impulsar con la gran excepción del Acuerdo Transpacífico (ATP) que goza de apoyo republicano y la cúpula empresarial, pero genera feroces divisiones dentro de su propio partido y amplia oposición entre algunos de los sectores claves en sus elecciones.


Afirmó que seguirá trabajando para promover cambios en varios rubros, entre ellos mejorar un sistema migratorio descompuesto (no mencionó las redadas que le han ganado el repudio de un amplio sector de sus aliados), instó al Congreso a levantar el embargo a Cuba, y reiteró su intención de continuar el cierre del campo de detención en Guantánamo.


Hay, dijo, cuatro grandes preguntas para el futuro: dar a cada persona la oportunidad y seguridad en una nueva economía, cómo hacer que la tecnología funcione para nosotros, incluso para resolver el cambio climático, cómo mantener seguro a Estados Unidos y ser líder del mundo sin volvernos su policía, y cuarto, cómo hacer que el ámbito político refleje lo mejor y no lo peor del país.


Obama rechazó que el país se esté debilitando en términos económicos y en su liderazgo internacional, como repiten los republicanos (sin mencionarlos por nombre). Estados Unidos es el país más poderoso de la Tierra, Punto, afirmó, y señaló que los peligros no son resultado de una disminución del poder estadunidense, sino de una serie de cambios en varias regiones que requieren de un nuevo sistema internacional.


Las prioridades para ese sistema incluyen la lucha antiterrorista, pero advirtió contra exagerar la amenaza de un Estado Islámico, ya que no amenazan nuestra existencia nacional. Pero esa amenaza, argumentó, no es la única, ya que se espera que continúe la inestabilidad en varias partes del mundo durante décadas. Advirtió: no podemos tomar el control y reconstruir cada país que cae en crisis. Eso no es liderazgo; esa es una receta para el atolladero, derramar sangre y tesoro estadunidenses, que finalmente nos debilita. Es la lección de Vietnam, de Irak, y ya la deberíamos haber aprendido.


Por lo tanto, reiteró la importancia de los esfuerzos multilaterales para abordar estos desafíos mundiales, y enumeró como triunfos en este sentido el caso de Irán, la negociación exitosa del ATP, y los acuerdos alcanzados en París sobre el cambio climático.


Como ejemplo de una nueva era diplomática, señaló que los 50 años de aislar a Cuba no lograron promover la democracia y por eso restauramos relaciones diplomáticas, abrimos la puerta a viajes y comercio y nos posicionamos para mejorar las vidas del pueblo cubano. Instó al Congreso: "reconozcan que la guerra fría se acabó. Levanten el embargo".
Esta fue la única mención de América Latina esta noche.


En otro frente, reprobó todo ataque político por motivos de raza o religión, en clara referencia a políticos como Donald Trump y otros republicanos. "Cuando políticos insultan a musulmanes.... No nos hace más seguros...traiciona lo que somos como país".


Declaró que lo más importante es recuperar la vida cívica y política del país, buscando consensos y respetando diferencias. Más que nada, nuestra democracia se desmorona cuando la persona promedio siente que su voz no importa; que el sistema está amañado a favor de los ricos, o los poderosos, o algún interés reducido. Insistió en mayor participación, reducir la influencia del dinero en nuestra política y facilitar –no entorpecer– el proceso del voto.


Sin cambios como estos, aquellos con dinero y poder captarán más control sobre las decisiones que podrían enviar a un joven soldado a la guerra, o permitir otro desastre económico, y reducir los derechos de igualdad y de voto por los cuales generaciones de estadunidenses lucharon hasta la muerte.


Concluyó –con gran efecto retórico– que son los ciudadanos comunes y su trabajo constante, su esfuerzo, manifestantes en protestas, policías honestos, trabajadores, inmigrantes, enfermeras, maestros y más, todos los que se mantienen activos en la vida pública, quienes lo hacen confiar en el futuro del país.


Como siempre, los invitados por la Casa Blanca para sentarse junto a Michelle Obama simbolizaban algunos de los temas principales del informe. Entre ellos estaba el mexicano Óscar Vázquez, un dreamer (hijos de inmigrantes indocumentados que llegaron de niños y que han encabezado algunas de las luchas por la legalización) que a pesar de ser un estudiante estelar en ciencias no podía ir a la universidad por ser indocumentado y que se regresó a México para solicitar una visa y con el apoyo de políticos estadunidenses pudo regresar, se enlistó en el ejército y fue enviado a Afganistán, y ahora es empleado en una empresa ferrocarrilera.


Entre los invitados también estaban un refugiado de Siria, la primera mujer en convertirse en un ranger del ejército, los soldados de élite, varios veteranos de guerras, y se dejó un asiento vacío en honor a los muertos por la violencia de armas de fuego en este país.


De lo que no se habló de manera directa –aunque hubo referencias implícitas– fue de la guerra contra las drogas (ni aparecieron El Chapo o Sean Penn), ni de las redadas de inmigrantes, ni el gran movimiento nacional detonado por la violencia policiaca contra afroestadunidenses, ni la venta récord de armas estadunidenses al mundo, entre otros asuntos.
Y aunque habló de la desigualdad económica como algo que se tenía que abordar para un futuro próspero y más democrático, no mencionó que la concentración de la riqueza aumentó durante su presidencia.


Tampoco hubo lágrimas.

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"Los gobiernos progresistas han generado sociedades más demandantes"

Enclavado en medio de dos gigantes, Uruguay es percibido como un territorio atado a la suerte de Argentina y Brasil. En estas líneas, Caetano subraya los retos estratégicos de Uruguay a largo plazo, el presente de su sistema político y las difíciles relaciones con sus socios del Mercosur.


–¿Qué diferencias hay entre José Mujica y Tabaré Vázquez?


–En primer lugar, son dos figuras que manejan el centro presidencial de manera antagónica. Vázquez es un planificador, Mujica entiende la política como un ensayo y error. Vázquez es más cauteloso, Mujica mucho más audaz. Vázquez tiene un perfil de mayor moderación. Mujica también es un pragmático neto, pero Vázquez tiene una mayor capacidad de ejecución. A Mujica no le gusta ejecutar, no le gusta mandar. Vázquez tiene una vocación presidencial y Mujica, en realidad, llenó el lugar presidencial de política, porque le gusta hacer política. A Vázquez no. Pero lo que marca la diferencia es que el país, el mundo y el Frente Amplio son muy distintos en relación a 2005, cuando Vázquez asumió su primer gobierno. El Frente Amplio gobernó diez años con bonanza, como casi toda Sudamérica. Estamos en el decimotercer año de crecimiento económico ininterrumpido, pero hasta 2014 con un promedio cercano al seis por ciento. Ahora empieza una desaceleración que tiene que ver con el contexto internacional, y las previsiones son de entre un 2,5 y un 2,8, de acuerdo a la Cepal. Entonces el Frente Amplio debe demostrar que tiene el libreto para épocas que no son de abundancia. Este segundo gobierno de Vázquez comienza a desplegarse. Pero las señales que ha dado son contradictorias. Las pautas salariales para el sector privado fueron muy rechazadas por el movimiento sindical, que le ha hecho un paro muy importante. Las pautas salariales para el sector público han sido mucho más aceptables. Uno advierte que este gobierno no se ha instalado, que conviven dos enfoques. Uno cauteloso, liderado por el equipo económico, que busca una adaptación al nuevo contexto de desaceleración, y otro más neodesarrollista, que intenta responder a esa desaceleración con la profundización de algunas reformas. Pero Vázquez cuenta con un libreto, que estuvo presente durante la campaña y que es exigente. El incremento del presupuesto educativo de un 4,5 a un 6 por ciento es un salto importante, aun cuando la transformación educativa va más allá de la inversión. Se ha anunciado un mega plan de inversiones públicas con fuerte orientación a la infraestructura superior a los 12 mil millones de dólares, que representa un quinto del PBI del Uruguay. Hay un planteo de aumentar la inversión en ciencia y tecnología al uno por ciento del producto, con el objetivo de cambiar la matriz productiva. Hay libreto, el tema es ver cómo se financia y cómo se orienta la perspectiva.

–Uruguay viene sosteniendo que se ve perjudicado dentro del Mercosur. Incluso Tabaré Vázquez coqueteó con la idea de un tratado de libre comercio con Estados Unidos. ¿Por qué piensa que el Mercosur está fallando para Uruguay?


–El Mercosur tuvo una etapa comercialista en donde creció en comercio e inversiones en los 90. Pero con la crisis de la convertibilidad no tenía muchas posibilidades de dar respuestas a esa crisis. Parecía atisbarse otro Mercosur, más integral, que discutiera otros temas además del comercio, como el financiamiento intrazona, políticas públicas regionales, complementación productiva. Esto está en los grandes planes de 2013, en el Acta de Copacabana y en el Acta de Buenos Aires. En el Plan 2004-2006 de la Cumbre de Asunción de 2003. Lo cierto es que los gobiernos progresistas no consolidaron ese otro Mercosur. Y más aún, profundizaron su nivel de incumplimiento. Para el Uruguay eso es particularmente perjudicial, porque necesita ampliar mercados. No tiene estrategia mercado internista. Uruguay necesita que el Mercosur sea un bloque que pelee espacios en un contexto internacional complejo.


–¿Qué debería cambiar entonces?


–La agenda del Mercosur es paupérrima. Ha sabido decir que no cuando era necesario. Le dijo no al ALCA y fue muy importante. Pero no pudo construir una alternativa en términos de expansión comercial. En un mundo de mega concertaciones comerciales, donde Estados Unidos impulsa un acuerdo transpacífico y transatlántico, y China hace lo suyo en el sudeste asiático, tiene el peligro de quedar aislado. En ese sentido, Uruguay y Paraguay necesitan un Mercosur mucho más dinámico. El problema es que Argentina y Brasil tienen políticas muy proteccionistas, y han mantenido una dinámica del mercado interno y del mercado regional con preferencias arancelarias que Uruguay no puede tener. Entonces reclama más vigor. Ahora Brasil se suma a ese reclamo, porque la era de las commodities se ha acabado. La iniciativa norteamericana de un TLC con Uruguay en 2006 tenía como único objetivo poner una cuña en el Mercosur. En términos comerciales, Uruguay no es nada para Estados Unidos. Sin embargo, aquello parecía la tormenta perfecta, porque Uruguay tenía el contencioso con Argentina, que no eran solamente las pasteras. Eran los puertos, las políticas cambiarias, el turismo, el dragado de los ríos.


–¿Cómo ve la relación entre Argentina y Uruguay, que se muestra muchas veces como de amor-odio?

–Durante el período de Mujica se dio una situación rara. Mujica ha sido el presidente más filoargentino de la historia del país. Entre otras cosas porque la filosofía histórica que genuinamente tiene construye una historia rioplatense. Esa idea de una nación y dos estados. Cuando Mujica dice que Argentina y Uruguay no son hermanos, sino gemelos que nacieron de la misma placenta, dice de manera muy gráfica su visión de la historia del Río de la Plata. Esa visión no es mayoritaria en el Uruguay. Argentina, y sobre todo Buenos Aires, es el Otro del Uruguay. Eso no le daba votos a Mujica, y sin embargo apostó todos los boletos a construir una relación privilegiada con Argentina. La verdad es que no encontró el eco que esperaba. Cuesta no ver una responsabilidad importante en el gobierno argentino, cuando del otro lado tuvo un interlocutor como Mujica, obsesionado por reconstruir el vínculo entre los dos países. Ahora es más difícil, porque Vázquez tiene otra visión. Perdimos una gran oportunidad. Pero insisto en que más allá de los vínculos de amorodio, Argentina y Uruguay tienen muchos vínculos virtuosos como para estar condenados al enfrentamiento. Uruguay y Argentina son mucho más que sus gobiernos.


–¿Y cómo evalúa la relación entre Uruguay y su otro gran socio, Brasil?


–Lo de Brasil es lo más preocupante en estos momentos en América latina. Aunque suene descabellado, hay una hipótesis golpista. La democracia está en peligro. No creo que prospere, pero el hecho de que estemos hablado de un movimiento pro impeachment contra Dilma Rousseff, de una corrupción generalizada que afecta al gobierno y al PT, es muy grave. Porque la región ya tiene focos de crisis política que erosionan la solidez de las democracias. Pero Brasil es el país más importante de América latina. Allí una desestabilización, más allá de la caída del PT, sería un golpe mortal para los gobiernos progresistas de la región. La corrupción no es de derecha ni de izquierda. Pero el impacto de un hecho de corrupción en un gobierno de derecha es una cosa, y en un gobierno de izquierda es otra. Para la izquierda es algo devastador, porque pierde toda legitimidad. A esto se suma una crisis económica importante. En el corto plazo implica una recesión muy fuerte para este año. Los gobiernos progresistas han generado sociedades más demandantes. Ahí está su éxito, pero también representa un compromiso.


–Usted ha escrito sobre la partidocracia y su papel en la construcción del Estado uruguayo. ¿Cree que luego de diez años de gobiernos del Frente Amplio los partidos tradicionales están algo desorientados?


–A nivel internacional, el concepto de partidocracia no tiene buena prensa, aunque en realidad es la idea de un sistema político en el que los partidos serían los actores centrales. Creo que ese ha sido y sigue siendo, en buena medida, una de las virtudes de la democracia uruguaya. Esto es, que los partidos sean fuertes, que no se fragmenten y que tengan solidez. De todas maneras, no cabe duda alguna de que hay uno de esos partidos tradicionales que hoy está siendo muy desafiado, que es el Partido Colorado, históricamente un partido de gobierno en el Uruguay. Después de la crisis de 2002 ha caído en un pozo político y electoral muy hondo del cual no está pudiendo salir. En la elección del 2004 sacó un diez por ciento, en la de 2009 un 17 por ciento y en la del año pasado un 13 por ciento. Para un partido cuya peor performance histórica había sido del 30 por ciento, y que tenía vocación de gobierno, es una situación muy grave. El Partido Nacional (Blanco) ha estado entre guarismos muy bajos de 22 por ciento, pero por lo general está en un 30 o más, mientras que el Frente Amplio está entre un 48 y un 50. El desafío de supervivencia lo tiene el Partido Colorado.

–Hace unos años, usted afirmó que el Frente Amplio había hecho una "renovación política sin renovación ideológica". ¿A qué se refería?

–Esto tiene que ver en buena medida con el desafío de las izquierdas y de los progresismos en América latina. Las izquierdas no han tenido renovación ideológica. Aquello que decía Marco Aurélio Garcia: antes teníamos muchas ideas y pocos votos y ahora tenemos muchos votos y pocas ideas. El pragmatismo es una parte de la renovación ideológica, pero no es todo. Por ejemplo, Uruguay se encuentra ante desafíos importantes, como la revolución en el sector agropecuario, con un incremento muy vigoroso en la tasa de inversión. Pero la tasa de inversión ha crecido básicamente por la inversión extranjera directa. Y la revolución productiva en el sector agropecuario requiere de una diversificación de la matriz productiva. Si se quiere dar un salto en el desarrollo, la intensificación productiva sustentable no basta. Para esa cuestión el Frente Amplio todavía no avizora grandes cosas. Y lo que necesita es financiar la continuidad de la era progresista. Pero por otro lado se ha autocercenado la posibilidad de discutir impuestos. Hay un reforma fiscal importante que ha dejado al gran capital por fuera, entre otras cosas porque el país necesita inversión extranjera. Pero eso supone demandas importantes.


–También podría pensarse que las demandas de la sociedad son más fuertes.


–Hay una sociedad que se ha vuelto mucho más demandante, y ese es uno de los éxitos del Frente Amplio. Cuando llegó al gobierno en 2005, el movimiento sindical tenía 100 mil trabajadores afiliados. Hoy tiene 400 mil. Hay una vieja dialéctica en el Uruguay, que es impulso y freno. Y un movimiento transformador que se detiene a mitad de la jornada termina anquilosándose. Esta falta de renovación ideológica tiene que ver también con debates como el del nuevo modelo de inserción internacional, sobre todo con la participación de Uruguay en el TISA, que es la negociación plurilateral impulsada por Estados Unidos y la Unión Europea para definir reglas en términos de servicios. Ahí hay un debate muy fuerte, sobre todo dentro del Frente Amplio. Hay además un debate respecto a temas cruciales como la intensificación de la producción con cuidado medioambiental. El tema de la megaminería durante el gobierno de Mujica fue crucial y este gobierno dejó afuera ese proyecto. Pero a la demanda de renovación ideológica se le suma una demanda ineludible: la tríada de liderazgo que orientó al Frente Amplio para este crecimiento electoral y para el ejercicio del gobierno está viviendo su último partido. Mujica tiene 80 años y Vázquez y Danilo Astori tienen 75.


–Pero hay toda una nueva generación de dirigentes dentro del Frente, como Constanza Moreira, Mónica Xavier, Sendic hijo y Daniel Martínez, muchos de los cuales ocupan cargos importantes.


–Liderar el Frente Amplio no es una tarea fácil. Son nombres que están lejos de concitar los apoyos necesarios como para liderar una fuerza política que es tan extraña. Nació como una coalición y un movimiento en el 71, se ha convertido en un partido de coalición, tiene tensiones importantes y hasta ahora las ha administrado bastante bien. Pero las ha administrado con liderazgos fuertes. ¿Quién sustituye a Mujica en términos de la construcción política permanente, en la captación electoral? ¿Quién sustituye a Vázquez en el ejercicio del gobierno, en esa capacidad de decisión? ¿Quién sustituye a Astori en ese rol complicado y poco amable de marcar los equilibrios en términos de una política macroeconómica sólida? No es sencillo y falta poco tiempo. Las próximas elecciones son en 2019, y hay por delante un gobierno en donde el Frente tiene que demostrar que puede gobernar en un ciclo económico no tan favorable.


–En su último libro, La provocación del futuro. Retos del desarrollo en el Uruguay de hoy, habla de "reforma permanente" y del espíritu de transformación. ¿Cuáles son los cambios estructurales que debe atender Uruguay en el presente?


–El Uruguay ha tenido una década muy buena. El último informe del Banco Mundial pone al Uruguay entre los países de renta alta. Ha bajado la pobreza de un 40 por ciento en 2004 a un 9,7 por ciento el año pasado. Sin embargo, tiene retos estructurales que si no son enfrentados con éxito hará perder al país la capacidad de seguir avanzando desde la perspectiva del desarrollo. El primer reto es la transformación educativa con sentido igualitario. Es un país de escala pequeña, con 3,4 millones de habitantes, que siempre se quiso hijo de la educación. Pero la educación ya no es el instrumento de integración social que era, sino que por el contrario se ha vuelto un instrumento de desintegración. Los hijos de los ricos tienen rutas de incremento del conocimiento y de la formación muy buenas, y los hijos de los pobres tienen rutas contrarias. Ni los gobiernos anteriores a la izquierda ni la izquierda lo han logrado revertir. El segundo desafío es cambiar la matriz productiva. Uruguay sigue dependiendo de sus exportaciones del sector agropecuario en un porcentaje gigantesco. Tiene poca agregación de valor en términos de industrialización y complejos productivos y en términos de incorporación de ciencia y tecnología. Si eso no se consolida, Uruguay va a seguir dependiendo de las oscilaciones de los precios. Hace diez años no se plantaba prácticamente soja. Hoy hay océanos de soja en el territorio uruguayo. Hace diez años no teníamos un rodeo con trazabilidad. Hoy lo hay. Si no hay transformación en ese plano, es difícil imaginar que el Uruguay vaya a soportar ciclos económicos adversos sin generar impacto. Tercero: el modelo productivo rural ha estallado y existe una situación de infraestructura y de logística muy deteriorada. En cuarto lugar hay un reto en lo que tiene que ver con políticas sociales de nuevo tipo para profundizar la cohesión social. Ha bajado la pobreza pero tenemos todavía un sector importante de la población con vulnerabilidad importante.


–¿Dónde más observa esos problemas de inequidad?


–Uruguay es un país con perfil igualitario, pero tiene una injusticia de género terrible, que se ve en unos indicadores de violencia doméstica impresionantes. La participación política de la mujer en lugares clave de poder es muy baja. En el Congreso y en los sindicatos es bajísimo.

–El primer reto que enumera es la educación pública, un tema sobre el que usted tiene una postura muy crítica. ¿Piensa que la educación en Uruguay está en crisis?


–Es una crisis de largo aliento y multicausal ante la cual todos los partidos fracasaron. La educación en el Uruguay tiene una gran relevancia. Es un país pequeño que siempre ha apostado por desarrollar sus recursos humanos. Uruguay tiene los niveles de igualdad en la inclusión digital más altos de toda América latina. Sin embargo, la traducción de esa inclusión digital en términos de transformación educativa de los jóvenes no ha sido lograda. Y esto particularmente en la educación pública, porque si bien no hay grandes diferencias entre los desempeños en enseñanza privada y pública, a la privada van los hijos de los ricos y a la pública los hijos de los trabajadores en un porcentaje muy grande. Los barrios con niveles socioeconómicos más bajos tienen los desempeños educativos más bajos. Si se mejoran las condiciones económicas, se lleva a cabo una política redistributiva y se desarrollan nuevas oportunidades en base a una economía más sólida, pero no se transforman las capacidades de los ciudadanos, uno encuentra las dos rutas: los hijos de los ricos que ingresan tardíamente al mercado laboral, pero con mejores condiciones y mayor formación, y también tardíamente a los roles de la adultez, mientras los hijos de los pobres ingresan muy tempranamente, aunque en condiciones de extrema debilidad, en el mercado laboral y desertan rápido del sistema educativo. Esto genera reproducción de marginalidad y de pobreza. Políticas educativas de nuevo tipo y mayor presencia del Estado son los ejes de la transformación.


–¿Cuáles son los pros y los contras de ser un país pequeño?


–La escala siempre es relativa. En términos geográficos, no es tan claro que el Uruguay sea un país pequeño. Si estuviera en Europa no sería visto como un país pequeño. Pero está entre Argentina y Brasil, dos países gigantescos. Entonces, geográficamente, se autopercibe como un país pequeño. Pero sobre todo, el tema de la escala tiene que ver con la población. Uruguay tiene la misma población desde los años 60. Tiene, por lo menos, 600 mil uruguayos fuera de fronteras, una diáspora importante, con la cual tiene niveles de conectividad diversos, algunos virtuosos y otros no tanto. Ser un país pequeño da muchas posibilidades. Por ejemplo, permite ser lo que Uruguay ha sabido ser: una república experimental. En un país pequeño se pueden experimentar políticas públicas audaces, cosas que en países gigantescos cuestan todavía más. Se puede construir una cultura política que puede dar a funcionar por la escala. Hay muchas ventajas.

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Martes, 22 Septiembre 2015 06:27

Espontaneidad sí, improvisación nunca

Espontaneidad sí, improvisación nunca

El papa Francisco transmite imagen de espontaneidad en cada uno de sus gestos. También se ufana de ello, como lo hizo ahora en Cuba especialmente durante el encuentro con los religiosos y religiosas y con los jóvenes. En las reuniones con las autoridades se lo ve distendido y alegre. Pero sería un error confundir todo lo anterior con improvisación. Bergoglio es un hombre sumamente inteligente que piensa cada movimiento como un hábil ajedrecista. Nada está librado al azar.

Tampoco los gestos, las palabras y hasta los silencios. A lo anterior le agrega, como parte fundamental de la estrategia, la discreción acerca de cada movimiento. Tal como lo admitió el cardenal cubano Jaime Ortega en una entrevista ofrecida a la televisión cubana, éste también es un ingrediente "que le permite alcanzar los objetivos" que se propone.


La visita que está realizando a Cuba tiene, tal como el propio Bergoglio lo señaló, un objetivo inocultablemente "pastoral". Es decir, terminar de reinstalar a la Iglesia Católica en la vida de los cubanos, tarea iniciada por sus predecesores Juan Pablo II y Benedicto XVI después de años de ostracismo durante la etapa más ortodoxa de la revolución. Pero las condiciones hoy son otras. Porque cambió el momento histórico para los cubanos y porque este papa cuenta con el prestigio y la legitimidad de haber colaborado efectivamente en el restablecimiento de las relaciones entre la isla caribeña y Estados Unidos. Este es un enorme saldo a favor que aumenta su crédito tanto ante el pueblo como frente a las autoridades cubanas. Así lo admiten todos los actores y hasta las críticas de los disidentes –que objetan que el Papa no los escuche– pierden significación en este contexto. Ayer en Holguín el Papa reconoció "el esfuerzo" de la Iglesia Católica cubana. Francisco quiere dejar como saldo de su visita una Iglesia fortalecida tanto en lo institucional como en cuanto a su feligresía.


Pero lo "pastoral" no excluye lo político. No todo lo que ocurre es lo que se ve y se transmite. Junto a las concentraciones multitudinarias hay también diálogos reservados que están ocurriendo en forma simultánea durante la visita y que apuntan a facilitar el fin del bloqueo. Y lo que resulta más curioso es que tanto las autoridades norteamericanas como las cubanas confían en que el Papa "convenza" a la otra parte de acceder a ciertas condiciones o facilitar determinadas cuestiones que harán más posible ir derribando todas las barreras existentes. En otras palabras: unos y otros aspiran a que Bergoglio se convierta en vocero y embajador de sus puntos de vista. Pero no menos cierto es que unos y otros también consideran que Francisco es el garante e impulsor del acercamiento y nadie se atrevería a imponerle una condición. Tampoco el Papa lo permitiría. Mientras tanto Francisco espera llegar en los próximos días a Estados Unidos con una carpeta llena de sus diálogos con los cubanos en la que se incluyen pedidos y también propuestas y concesiones. Con esos argumentos intentará, ante Obama y los suyos, dar un nuevo paso significativo hacia la total normalización de las relaciones entre los dos países.


Pero este propósito tampoco es una jugada aislada de su estrategia respecto de la búsqueda de paz en el mundo. En La Habana dijo que el proceso de acercamiento entre Cuba y Estados Unidos es un "ejemplo de reconciliación para el mundo entero", en medio de la actual atmósfera "de tercera guerra mundial por etapas que estamos viviendo". Esta es la idea que el Papa tiene acerca de lo que está sucediendo en el mundo. Y está convencido de que la Iglesia Católica, en general, y él, de forma particular, tienen un aporte que hacer en ese sentido.


Por eso también insiste en que lo logrado entre Cuba y Estados Unidos después de tantos años de enfrentamientos es un ejemplo que puede servir para otros. "Es un signo de la victoria de la cultura del encuentro, del diálogo... por sobre el sistema, muerto para siempre, de dinastía y de grupos", dijo el Papa. Por ese mismo motivo también hizo una pedido en favor de los diálogos de paz entre el gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), intercambios que se vienen realizando precisamente en La Habana. "No podemos permitirnos otro fracaso", dijo el Papa al respecto. El presidente colombiano Juan Manuel Santos se apresuró en agradecer las palabras de Francisco.
También dijo Francisco que "nunca el servicio es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a las personas".

Ese es el lugar donde quiere pararse. En una perspectiva humanista y al margen de las disputas políticas. No porque no las reconozca o porque no valore la política. Sí porque entiende que es el compromiso con el hombre el lugar desde el cual la Iglesia Católica y, en general, las religiones, pueden hacer sus mejores aportes al mundo. El cardenal Jaime Ortega, en la mencionada entrevista concedida a la televisión cubana poco antes del viaje de Francisco, sostuvo que "la Iglesia no está en el mundo para cambiar gobiernos. La Iglesia está en el mundo para penetrar con el Evangelio el corazón de los hombres. Y los hombres cambiarán el mundo". La frase fue adjudicada por el propio Ortega al papa emérito Benedicto XVI pero, según relató, fue la idea que él transmitió a Bergoglio el mismo día en que fue proclamado como papa Francisco. Ortega asegura que Francisco hace suya esa perspectiva: una Iglesia que incide, que alienta, que ayuda pero, al mismo tiempo, deja las soluciones finales en manos de los dirigentes. Ese es el sentido de la estrategia político-institucional de Bergoglio.


El Papa que se da espacio para la espontaneidad, que se presenta como el hombre que no escatima franqueza y jovialidad, no deja nada librado a la improvisación. Cada paso está previsto, calculado y meditado. Tiene conciencia de que todos los ojos están puestos en él y que eso acrecienta las posibilidades de éxito en lo que se proponga. No está dispuesto a perder la oportunidad.

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Cuando el tiempo escurre como arena entre los dedos

A cada semana que pasa aumenta en Brasil la sensación de que el gobierno está a la deriva. A cada semana que pasa aparecen más ingredientes para la severa crisis política que sacude al país, con énfasis en las denuncias de corrupción que se multiplican.


A cada semana que pasa surgen nuevas noticias negativas. A cada semana que pasa se agudiza el desgaste del PT. A cada semana que pasa se detecta una nueva distancia en el ya creciente alejamiento entre el principal partido aliado, el PMDB, y el gobierno.


A cada semana que pasa se consolida la imagen de que Dilma Rousseff es una presidenta sin rumbo al frente de un gobierno sin norte. A cada semana que pasa se ofrecen nuevas muestras de torpeza política por parte de ese gobierno sin brújula. A cada semana que pasa se fortalece el malestar generalizado entre los brasileños.


A cada semana que pasa se sigue preguntando la misma pregunta: ¿hasta cuándo una desgastada Dilma Rousseff logrará mantenerse aferrada al sillón presidencial para el cual fue reconducida por las urnas hace menos de 10 meses? ¿Cuánto tiempo logra sobrevivir una mandataria que cuenta con ínfimo 7 por ciento de aprobación popular? Y si no sobrevive, ¿hasta cuándo se mantendrán las importantes conquistas sociales logradas por el PT?


La última semana ha sido pródiga en noticias negativas. En el Congreso aumentó el número de diputados dispuestos a dar inicio a un proceso de juicio político que, supuestamente, podrá resultar en la destitución de la presidenta. Supuestamente porque no hay ninguna razón jurídica y legal para tanto, y también porque uno se anima a suponer que todavía les queda, a la mayoría de los diputados y senadores, un mínimo de sentido de responsabilidad.


El gobierno, por su parte, siguió dando muestras estruendosas de su increíble capacidad de producir desastres. Quizá el mejor ejemplo de eso haya sido el decreto del Ministerio de Defensa quitando a los comandantes de las tres armas (ejército, marina y fuerza aérea) la autonomía para tomar decisiones de ámbito puramente burocrático. La repercusión entre los militares ha sido inmediata, y bastante negativa. Como si todo el resto no bastara, una decisión idiota, tomada por una subalterna a espaldas del ministro, que se encontraba en el exterior, logró algo hasta ahora inexistente: un fuerte malestar castrense con el gobierno encabezado por una ex guerrillera.


La noticia de que la agencia calificadora Standard & Poor's le quitó a Brasil el sello de buen pagador, situándolo como destino especulativo para inversionistas, explotó como una bomba. No por la sorpresa, ya que todos esperaban eso, sino por el momento. El equipo económico de Dilma creía que el rebajamiento ocurriría a principios de 2016 y trataba de correr contra reloj para lograr imponer algunas medidas que lograrían convencer a la S & P de no adoptar la decisión.


De plan, no hubo consecuencias mayores en el escenario económico. Es que ya había tantos nubarrones en el cielo –la estampida del dólar frente al real, que en lo que va del año ya se devaluó poco más de 40 por ciento, las estratosféricas tasas de interés, la recesión proyectada para 3 por ciento del PIB en 2015– que faltó espacio, al menos en ese primer momento, para más tormenta.


Las consecuencias políticas, eso sí, fueron más visibles. ¿La reacción del gobierno? En términos prácticos y concretos, ninguna. Anunció que estudia medidas de corrección. ¿Cuáles? No se sabe.


Por donde se mire, lo que se ve no es nada animador. Y si se mira hacia adelante, menos aún.


Es verdad que el gobierno enfrenta una durísima campaña llevada a cabo por grupos que van de las élites que jamás se conformaron con los cambios sociales surgidos de los gobiernos del PT a lo largo de los últimos 12 años a los cínicos dueños del capital, que se beneficiaron a lo bestia pero siguen criticando sin tregua y especulando con euforia.


Es verdad que los medios hegemónicos de comunicación, dando renovadas muestras de carecer de vestigios elementales de ética, siguen machacando noticias negativas o directamente inventándolas sin pudor alguno.


Es verdad que la oposición no hace más que dar muestras exuberantes de un oportunismo voraz: como no tiene ningún proyecto alternativo, trata de lograr destituir a quien no logró derrotar en las urnas.


Nadie parece, en la oposición oportunista y en los aliados traidores, realmente preocupado con lo que pasará si logran tumbar al gobierno por la vía de un golpe en el Congreso.


Pero lo más alarmante es que igualmente nadie parece, en el gobierno o en el PT, lograr encontrar un camino viable y firme para superar esa crisis que engorda sin parar. Se nota, y eso es un nuevo y explosivo ingrediente, un alejamiento paulatino del PT y, peor, del mismo Lula da Silva en relación con el gobierno. El ex presidente no oculta sus críticas a la política de ajuste neoliberal que Dilma pretende imponer al país, negando todo lo que defendió en la campaña electoral del año pasado y a lo largo de toda su vida.


Nadie lo admite públicamente, pero hasta las mismas relaciones personales entre Lula y Dilma Rousseff viven días de turbulencia.


Y el gobierno sigue inerme. Y el gobierno sigue sin rumbo. Y a cada semana que pasa uno se pregunta, atónito y asustado, qué pasará la semana que viene.

 

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Viernes, 14 Agosto 2015 06:54

Churchill dixit

Churchill dixit

Winston Churchill (1874-1965), el ícono del conservadurismo, el dos veces primer ministro de Gran Bretaña que lleva a su país por el mar de guerra, era un gran orador, polemista y un prolífico escritor, incluso laureado con el Premio Nobel de Literatura (1953).


A la historia pasa también como autor de varios famosos dichos y bon mots.


Este ya lo escuchamos todos (sobre todo de la boca otros políticos liberales-conservadores): la democracia es la peor forma del gobierno, salvo todas las demás; o este otro: el mejor argumento en contra de la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio.


O uno sobre el papel de los aviadores en la Batalla de Inglaterra (nunca antes tantos debieron tanto a...) y otro sobre la Cortina de Hierro (desde Szczecin en el Báltico hasta Trieste en el Adriático...).


Allí está también la clásica puntada al rival político: se acercó un carro vacío y bajó el mayor Attlee (Clement Attlee, el laborista que sorpresivamente derrota a Churchill en las elecciones de 1945).


¿Pero quién conoce este?: los judíos-bolcheviques son enemigos del género humano, representantes de una barbarie animal (François Bédarida, Churchill, 1999, p. 177).


O más perlas de su (in)famoso artículo –Zionism vs communism: a struggle for the soul of the Jewish people (Illustrated Daily Herald, 8/2/20)– donde, aludiendo a... Protocolos de los sabios de Sion subraya que el elemento judío está detrás de cada movimiento subversivo en el siglo XIX y acusa a judíos internacionales –desde Marx hasta Trotsky, Luxemburgo, Kun y Goldman– de conspirar para abolir la civilización.


El judeo-bolchevismo (la teoría conspiratoria que explica la revolución rusa con un complot judío) bajo su pluma va en ambos sentidos: no duda en atribuirle los rasgos judíos a Lenin, recurriendo al peor imaginario antisemita.


Los bienpensantes dicen: ... Uyy, ¡¿seguro habla usted de Churchill y no de Goebbels?!


Para el 50 aniversario de su muerte, un diario liberal israelí recuerda sus 13 citas inolvidables (Haaretz, 24/1/15), entre otras esta tomada del... mismo texto: a algunos les gustan los judíos, a algunos no; pero nadie puede negar que son la más extraordinaria raza (¡sic!) del mundo, sin citar otras de sus joyas

.
Éstas, al parecer, sí son olvidables.


¿Meros lapsus o productos de un justificado anti-bolchevismo (dicen sus defensores)? Para nada: el antisemitismo y sus clichés (judíos+dinero, judíos+comunismo) hasta que el Holocausto poncha el absceso, son parte integral de la ideología dominante.


John M. Keynes en sus memorias de la Conferencia de Versalles (1919), recuerda cómo miembros de la delegación británica denigran unánimemente al ministro de finanzas francés Louis-Lucien Klotz por su origen judío.


Lloyd George mata dos pájaros de un tiro: imitando el gesto de judío abyecto agarrando un saco de dinero, lo acusa –por insistir en las reparaciones alemanas– de ayudar a propagar el bolchevismo en Europa (Enzo Traverso, El final de modernidad judía, 2013, p. 10).


Klotz al final de su vida hace unas malas inversiones, pierde su fortuna y acaba en la cárcel. Georges Clemenceau, en un perfecto tono de la época, espeta: mi ministro de Finanzas era el único judío de Europa que no sabía nada del dinero.
La pequeña tormenta que estalla en 2007, por un supuesto texto no publicado de Churchill (1937) –en realidad escrito por su ghost-writer– donde se acusa a judíos de ser responsables por sus persecuciones (Ynetnews, 15/3/07), resulta ilustrativa para la controversia lo que dijo o no dijo sobre los judíos.


Sus devotos, con un apócrifo en la mano, tratan de descartar en bloque todos los dichos antisemitas y alejar definitivamente cualquier acusación.


Aunque hay una buena fórmula absolutoria, rehúsan usarla; la fórmula reza: Churchill no era un antisemita (puro y duro), sólo era un racista (común).


Abrazarla lo pone bajo una mala luz (recuerda sus teorías de razas inferiores o las racialmente inducidas hambrunas en India en los 40), lo acerca a Hitler (que admira su orgullo supremacista, asegura que el este europeo es para los alemanes lo que la India para los británicos y acaba inscribiendo el Holocausto en la larga tradición de masacres coloniales), pero a la vez permite clarificar su posición (si bien con los nazis lo une la narrativa de judeo-bolchevismo, su enfoque no es biológico, sino político).


De hecho es una extraña mezcla de anti y filo-semitismo reflejada en el texto de 1920 donde contrasta los judíos malos (cosmopolitas-comunistas) con los buenos (nacionales y sionistas-nacionalistas).


La creación del Estado judío en Palestina es para él un modo de salvar a los judíos de las ideas revoltosas (¡sic!) y debilitar al comunismo internacional, ya que el sionismo está en un contraste radical con él.


Aquí entra el clásico argumento –sostenido por Martin Gilbert, su biógrafo oficial, también historiador de Israel (no se sabe si oficial...) que tiene un libro aparte sobre el tema (Churchill and the jews: a lifelong friendship, 2008)– que va así: Churchill no era antisemita, porque era un gran amigo del sionismo.


Pasemos de la obviedad de que su amistad no era ideológica (sionista tal cual), sino instrumental (acorde a los intereses imperiales británicos); el problema está en aparentar que uno excluye al otro: a menudo las dos cosas van juntas.


El mismo Theodor Herzl, promoviendo su proyecto, está consciente de esto: sabe que los mejores amigos del sionismo pueden ser los... antisemitas (o sea, casi todo el establishment europeo de la época, que podría ver en él una solución a la cuestión judía); enfatiza un punto político: si lo apoyan, él les quita de encima también a los judíos revolucionarios (¡análisis de Churchill!).


La misma amistad es expresada hoy por la ultraderecha europea antisemita que fustiga a los judíos malos (izquierdistas y/o los que se quedaron), pero ama a Israel y sus judíos buenos, que además les dan duro a los musulmanes (la principal amenaza a la civilización).


Allí está también el secreto de la rencarnación de Churchill en Benjamin Netanyahu, que se compara sin cesar con él y repite hasta el hastío sus dichos. Desde luego, sólo aquellos inolvidables.

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Viernes, 17 Julio 2015 06:42

Stalin (el monumento)

Stalin (el monumento)

El giro ideológico de la URSS tras el 20 congreso del PCUS (1956) y el rechazo del culto a la personalidad (Jrushchov dixit) fue marcado entre otros por las desapariciones de monumentos a Stalin (y la aparición de los de Lenin).


En Simferopol, la capital de Crimea, Ucrania –digo, Rusia–... de donde en 1944 Stalin deportó a 200 mil tártaros a Asia central por haber colaborado con Hitler (la mitad murió en el traslado), la ciudad que se hizo famosa a principios de 2014 por los misteriosos hombres de verde (las fuerzas invasoras rusas de incógnito), frente a la estación de trenes había una estatua de Lenin y Stalin juntos, sentados en una banca; después de 1956 Stalin desapareció de manera subrepticia de muchas otras ciudades soviéticas (y países satélites) y Lenin se quedó solo.


Uno de los insospechados resultados de la anexión de Crimea es haber puesto a salvo este monumento de la epidemia de las caídas de Lenin en Ucrania post Euromaidan, y juzgando por el clima político-histórico en Moscú no extrañaría el pronto regreso de su viejo camarada: Stalin está otra vez en el centro de la narrativa nacionalista gran rusa; su rehabilitación y la glorificación de su estatismo y grandeza militar, e incluso la aparición de... nuevos monumentos a él (¡sic!), ya desde hace unos años marcan el giro ideológico de Rusia hacia el neoimperialismo.


Mientras de Lenin aún hay algo que aprender, ¿qué hacer con Stalin?


Desde luego: fue un tirano asesino. Pero su demonización y la tesis liberal de dos totalitarismos (Hitler=Stalin) tapan más que explican; igual el culto oficial en Rusia, que lo trata como un siguiente zar. Ni siquiera la izquierda tuvo una buena y sistematizada crítica de él ni del estalinismo (pensando en las expectativas, el vacío más grande lo dejaron aquí Theodor Adorno y la Escuela de Fráncfort).


¿No hay de otra que volver a Stalin para poder dejarlo? Aquí hay unos intentos que pueden servir de guía (y antiguía):


• Stalin... la contra-historia. Domenico Losurdo en su Stalin, historia y crítica de una leyenda negra (2011), proporciona una fresca mirada a su figura y los mitos en torno a él, desarmando magistralmente las diferentes narrativas desde el " reductio ad Hitlerum" –su máximo exponente es Timothy Snyder, para quien incluso el principal culpable es Stalin, y Hitler sólo lo copiaba (¡super-sic!): "Hitler vs. Stalin: who was worse?", en The New York Review of Books, 27/1/11– hasta las mismas denuncias/distorsiones jruschevianas, aunque hay al menos dos puntos donde parece ir demasiado lejos: cuando trata de exculparlo del antisemitismo (jmm...) o justificar el pacto Ribbentrop-Molotov (uff...).


• Stalin... la aproximación. En el reverso del proyecto de Slavoj Zizek de repetir a Lenin hay elementos para entender a Stalin. Contrariamente a lo que quiere el mainstream liberal, no era un cínico que sabía la verdad y tenía el pleno poder, ni sabía (creía en sus propias mentiras), ni tenía (durante las purgas reinaba el caos y aleatoriedad). Y al estalinismo: una contrarrevolución y vuelta a la normalidad/narrativa de las etapas después de los experimentos de Lenin, una degeneración que ya estuvo inscrita en la Revolución, aunque ésta haya sido un verdadero acto emancipatorio ( In defense of the lost causes, 2008).


• Stalin... play it again, Sam! Stephen Kotkin, a pesar de tantas biografías de él en el mainstream, se propuso retratarlo otra vez en un ambicioso proyecto en tres tomos; si bien aun la lectura por encima del primero – Stalin: paradoxes of power 1878-1928 (2014)– revela un magro entendimiento del marxismo o comunismo, hay cosas para rescatar.


• ... y finalmente Stalin ¡Error 404!, o sea cómo no hacerlo: aunque el blog de Roland Boer (www.stalinsmoustache.org), laureado con el prestigioso Deutscher Prize (sic), al parecer iba a ser un chiste, su contenido (la colectivización ha sido un enorme éxito, etcétera) y tono (serio y reivindicativo) no dan para reír. No extraña que una editorial rusa le haya encargado una biografía para mostrar a Stalin bajo una luz favorable (uff...).


¿Isaac Deutscher –autor de un bastante benévolo pero nada apologético clásico: Stalin, a political biography, 1949– se divertiría, o se revolvería en la tumba?


Sea como fuere, hay un punto que Deutscher y Boer sí tienen en común: es subrayar hasta el exceso las cualidades y habilidades de Stalin que le permitieron ganar la guerra y abatir al fascismo (algo que igual condensa bien la ambigüedad de su figura).


Sin embargo, la narrativa de su gran dominio militar, que huele al mito del líder infalible creado por la burocracia, parece no tomar en cuenta que la realidad es mucho más abierta y aleatoria, como lo fueron por ejemplo los sucesos de los 30.
El gran Vasili Grossman, cuya fe en el comunismo se vio quebrada por... el antisemitismo de Stalin (¿ve, don Domenico?), en su Vida y destino (1959) captó bien la complejidad de la Rusia soviética después del ataque de Hitler (1941), que paradójicamente trajo... un respiro y sentimiento de libertad tras las purgas y persecuciones delirantes. El momento crucial fue la batalla de – nomen omen– Stalingrado (1942-1943): frente al control de NKVD (y las órdenes de Stalin de no retirarse y de fusilar a cualquiera que lo hiciera), desde abajo surgió una suerte de autogestión soldadesca que empezó a ser tolerada –un papel jugó aquí Jruschov, comisario político de la ciudad–, porque de otra manera no se hubiera podido con los nazis. Los soviéticos empezaban a ganar, pero no por su gran líder, sino a pesar de él.


Entre tantos monumentos a Stalin que se fueron en silencio, hubo uno que se fue con un bum, y no era cualquiera: era la más grande estatua de Stalin en el mundo. Construida en Praga, pensada para su 70 cumpleaños (1949), tardó seis años en ser acabada, llegando después de su muerte y justo antes del 20 congreso, cuando Stalin ya se volvió incómodo. Demasiado grande para ser tirada abajo, acabó dinamitada con casi una tonelada de explosivos (Mariusz Szczygiel, Gottland, 2006).
Hoy las caídas de monumentos a Lenin en Ucrania son igualmente preocupantes que las apariciones de los de Stalin en Rusia; ambos sucesos marcan el vacío dejado por la izquierda.



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Una verdad incómoda. A propósito de las negociaciones de paz

Hoy por hoy, los estadistas como tales son bogotanos, lo cual constituye una verdad incómoda. En un país con una fuerte asimetría entre la capital y la provincia, con un centralismo cuyas raíces se remontan y se nutren de Bolívar mismo.

 

Colombia, se ha dicho mil y una veces, es un país de regiones. Un país en el que la geografía ha arcado a la historia. Literalmente, como en aquella desafortunada frase de Hegel con respecto a Estados Unidos, Colombia es un país con más geografía que historia. La geografía, ese factor que en política se traduce como el cacicazgo, un eufemismo para un sistema eminentemente feudal. Y siempre la tierra: un problema sin resolver en toda la historia de la nación colombiana. Ese que no es un ideal socialista o comunista, sino eminentemente liberal: la reforma agraria. La que casi le cuesta la cabeza a López Pumarejo y a Lleras Retrepo en los dos únicos momentos en que se intentó llevarla a cabo.


En términos regionales, la idea de un gobierno propio surgió, ancló y se hizo realidad hace ya mucho tiempo en Antioquia, con su epicentro Medellín. Con nombre propio, Proantioquia elaboró hace lustros lo que puede llamarse una política de estado local y regional y sitúa al área metropolitana de Medellín como la segunda más importante del país, con el segundo PIB más significativo, y acaso el primer centro de innovación tecnológica.


Una Universidad local ha logrado situarse como la segunda del país en varios de los rankings internacionales, y la pujanza paisa es una realidad cotidiana, con todo, claro, y las imperfecciones e inequidades.


En otras ciudades del país se ha empezado ha estudiar, hace ya algún tiempo la experiencia antioqueña, el crisol de sector privado y política, de academia y emprendimiento, de ciencia y tecnología para beneficio de los antioqueños. Todo ello después de la larga noche que significó Pablo Escobar y la Oficina de Envigado.


En Bucaramanga y Santander, en Barranquilla y el Atlántico, en Cali y el Valle del Cauca se pusieron a la tarea, si cabe decirlo así, de emular la experiencia paisa, mientras, al mismo tiempo, se negociaba con Bogotá. La sempiterna capital del país. De ese país eternamente centralista, y en el que algún cantante vallenato ha elevado su voz: "Desde la provincia". En las otras capitales departamentales la situación es aún más incipiente, quizás con la excepción de la zona cafetera, especialmente en Pereira.


Más recientemente, en Bogotá, esa ciudad de todos y de nadie, se ha lanzado la iniciativa Probogotá —hasta el nombre emula literalmente al de Antioquia con su cabeza el Grupo Empresarial Antioqueño—. Probogotá quiere ser una iniciativa privada de carácter estratégico que impulse a la región como con pivote propio.


Y en paralelo, entre tanto, en La Habana se adelanta el más importante proyecto país en la historia de los últimos cincuenta años de esta nación, por lo menos. Las negociaciones con la guerrilla más vieja del mundo y la más poderosa del hemisferio occidental constituyen, manifiestamente, una negociación país, o si se quiere, la implementación de una política nacional de carácter estatal.


Hay una verdad incómoda: los únicos políticos claramente estadistas se encuentran en Bogotá, o son bogotanos. En contraste, se habla del bloque de congresistas de la Costa; o del bloque de congresistas de la Zona Cafetera, y así sucesivamente.


Existen los barones regionales, fruto de la asimetría entre el centro y la periferia. Existen todavía los barones electorales. Y buena parte de la clase empresarial del país tiene dos ideales: su región y la exportación de productos, bienes y servicios. Ello en marcado contraste con las burguesías nacionales europeas, norteamericanas incluso de una parte de América Latina, cuya primera misión histórica fue desarrollar y cuidar a su propia población y sólo, después, entonces exportar.


Desde luego que ha habido presidentes y gobernantes de otras regiones del país. Pero, en el mejor de los casos, han manejado al país como a su propia finca, como lo muestra un caso reciente.


Estadistas, propiamente hablando solo hay bogotanos, o parecen ser solo bogotanos. (Habitualmente, cuando terminan sus períodos en el Congreso o en alguna de las altas Cortes, regresan como plan A, a su región y a su finca a bien vivir de los dineros y fama recogidos en Bogotá).


Una política de carácter país es aquella que logra poner los intereses nacionales por encima de los partidistas y regionales. Algo que ni es plano ni lineal, y que se dice fácilmente. Una política de Estado, en contextos de globalización creciente e irreversible, de multilateralismo e internacionalización, en la que, adicionalmente, y no en última instancia, se debe poder manejar situaciones internacionales en lenguaje internacional, y no a la manera del feudo y la región únicamente.


Lo glocalizado, como ha llegado a decirse, existe en numerosos niveles, pero en el manejo del Estado, las situaciones parecen cambiar de manera fuerte. En materia de negociaciones país y de políticas y manejos de Estado, la ecuación desplaza lo regional a segundos lugares como variables secundarias y en primer plano se sitúan las relaciones entre lo nacional y lo mundial.


En el futuro inmediato, según parece, las políticas locales y regionales seguirán siendo importantes. Pero serán insuficientes. Hoy por hoy, los estadistas como tales son bogotanos, lo cual constituye una verdad incómoda. En un país con una fuerte asimetría entre la capital y la provincia, con un centralismo cuyas raíces se remontan y se nutren de Bolívar mismo, en fin, de un fuerte abandono de las regiones, lo que produce atraso, miseria, violencia y desarraigo.


La formación y la educación en política se sitúa, hoy por hoy, en este punto de inflexión. Y el resultado no deja de ser contradictorio: la fuente de todas las asimetrías en la historia del país nace de Bogotá, pero allí también se encuentran los factores más sólidos y robustos de lo que es y puede ser un proyecto país, una política nacional, en fin, la existencia de políticos estadistas. Este es el presente.


El futuro tiene la palabra.

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Lunes, 22 Diciembre 2014 17:30

Que participe y decida la gente

Que participe y decida la gente

Colombia va entrando en una fase de relativo y tibio auge democrático. Varios síntomas así lo señalan. El proceso de Paz abre expectativas a un ambiente de reconciliación que favorece la participación de la población en la acción política, aunque en sí mismo el proceso no es garantía de avance democrático. El cansancio con la politiquería y la corrupción es generalizado. Hay un rechazo cada vez más creciente a la situación privilegiada de congresistas, magistrados y altos funcionarios del Estado. La crisis del sistema de salud es otro motivo de protesta permanente y la necesidad de generar empleo formal y bien pagado es una demanda reiterada.


Pero además, surge una coyuntura que parece inesperada pero que se veía venir. Han confluidos dos fenómenos económicos en el mundo que afectan la situación fiscal del gobierno y la economía colombiana. El incremento de la producción de petróleo basada en el "fracking" por parte de EE.UU. y la caída del crecimiento de la economía china, además del mantenimiento de la recesión en Europa, han provocado el desplome de los precios internacionales del crudo lo que para el gobierno colombiano representa un faltante en el presupuesto nacional aproximado a 19 billones de pesos y disparará el monto de la Deuda Pública de forma exponencial (se calcula que ese costo será del 1% del PIB).


Ese hecho va a obligar de inmediato al gobierno a diseñar y aprobar una reforma tributaria con todas las consecuencias que trae para la población. También intentarán seguir privatizando y vendiendo a Ecopetrol. Van a tratar de presentar dicha situación como efecto exclusivo de factores internacionales tratando de ocultar su responsabilidad política. El aumento y extensión del IVA a nuevos productos, la re-estratificación de la población en las ciudades y otras medidas similares estarán en sus planes. Además los recursos destinados para la fase de "post-acuerdos" – que ya eran limitados – se verán fuertemente afectados. Esa situación golpea además el modelo de re-primarización de la economía que con la locomotora minero-energética la burguesía trans-nacionalizada pretendía obtener grandes ganancias en sociedad con grandes conglomerados capitalistas transnacionales.
Sin embargo para aprovechar plenamente ese relativo auge democrático y la coyuntura de "crisis fiscal y económica", se requiere un diseño estratégico de nuevo tipo. Los actuales partidos y movimientos independientes, alternativos, liberales, progresistas y de izquierda que hacen parte del "movimiento democrático" no han logrado interpretarlo plenamente, y por eso, no están en capacidad de liderar una propuesta que en verdad entusiasme a las mayorías ciudadanas.


Uno de los problemas que tenemos es que los procesos políticos que se reclaman de avanzada y promotores del cambio, continúan reproduciendo las costumbres políticas de los partidos oligárquicos tradicionales. El caudillismo y el gamonalismo hacen carrera en todas las agrupaciones, no hay un serio trabajo de construcción de equipos y niveles de decisión colectivos, las principales determinaciones están monopolizadas por cúpulas burocráticas que cierran los espacios y, el seguidismo al líder o dirigente es la práctica permanente.


Por ello, a pesar de los aciertos en algunos aspectos de la política progresista y de izquierda que no se pueden negar, esas agrupaciones políticas no desarrollan un accionar verdaderamente democrático, no dan ejemplo a la sociedad y como herramienta de transformación dejan mucho que desear.
Por lo tanto – insistimos –, se requiere una iniciativa de nuevo tipo, que sirva de dinamizador, contrapeso, catalizador, "empujador", desencadenador de nuevas dinámicas, impulsador de una nueva "ola democrática multicolor y poderosa", que sirva para barrer definitivamente con el clientelismo y politiquería propia de una sociedad "colonial" que se niega a entrar en la modernidad.


Se necesitan dos características fundamentales para que ese nuevo esfuerzo sea exitoso:


1. Desarrollar una práctica efectivamente democrática hacia adentro y hacia afuera.


2. Levantar e impulsar un programa táctico que logre movilizar a las mayorías de la población.


Práctica democrática integral


Necesitamos un movimiento que practique, hacia su interior y en su relacionamiento con la sociedad, un verdadero espíritu y práctica democrática. No es posible construir democracia si no somos capaces de contar con una herramienta cualificada que sirva de modelo y motivación para el conjunto de la población. La democracia se construye con ejemplo.


En Colombia no tenemos una verdadera tradición democrática. Incluso, en las organizaciones sociales el espíritu burocrático y el individualismo se imponen en los procesos de organización y decisión. En algunos casos se promueve la "democracia asamblearia" como la gran solución, pero si no existen instancias organizativas insertadas en la población que "desde abajo" canalicen la participación de las bases sociales, las grandes asambleas son sólo pantomimas y apariencia de democracia.


Un movimiento cualitativamente superior a lo que hemos tenido debe impulsar y construir por lo menos las siguientes prácticas:


- Organizar niveles de decisión "internos" democráticos, basados en el debate fraterno y franco, el estudio y análisis concienzudo de la realidad y en la consulta permanente a la población a través de medios como las redes sociales y los medios de comunicación.


- Impulsar procesos de organización de la población o interlocutar permanentemente con las existentes a fin de promover una actitud política que relacione lo sectorial (barrial, laboral, agrario, campesino, indígena, de género, etc.) con los problemas locales, regionales, nacionales e internacionales, a fin de combatir el espíritu estrecho que impide que las organizaciones sociales aporten de forma integral en la formulación de políticas públicas.

- Combinar creativa y flexiblemente el papel de los individuos y los equipos de trabajo colectivos con el fin de estimular la iniciativa, con base en lineamientos generales de política, con políticas gruesas que orienten a la militancia y simpatizantes en su accionar permanente con la población.


El programa coyuntural

 

Ese nuevo proyecto político debe levantar un programa político y de acción para que el "movimiento democrático" sea gobierno en 2018. Están dadas las condiciones para que esa meta sea conseguible. Sin embargo, si no se evalúa la experiencia de 2013 en donde la construcción de la "tercería" fue el fracaso de las prácticas que basaron su accionar – no en la construcción de un programa unificador – sino en los acuerdos entre cúpulas burocráticas de los dirigentes, llegaremos a 2018 divididos y dispersos como ocurrió en las elecciones pasadas. Y entonces, nos veremos obligados – para supuestamente derrotar al "uribismo" – a escoger entre lo malo y lo peor como acaba de ocurrir en 2014.

Se trata de elaborar un programa táctico para ganar la voluntad de las mayorías y derrotar a los políticos corruptos. El programa que empezamos a tener en mente debe contar – entre otras – con las siguientes características:


- Recoger aspectos de la vida de la población muy concretos y movilizadores.


- Temas como la corrupción y la ineficiencia, los privilegios de los políticos, congresistas, magistrados y altos funcionarios del Estado, la defensa de lo público y el medio ambiente, el empleo y la precariedad del trabajo, deben estar entre los principales.


Inicialmente no se debe pretender un programa para resolver totalmente problemas estructurales. Es un programa para acceder al gobierno central (nacional). Ya en el gobierno el "movimiento democrático" deberá impulsar un "proceso constituyente" – de acuerdo a la correlación de fuerzas – para avanzar en la solución de problemas estructurales con base en la combinación creativa entre transformación de la democracia representativa y la construcción y consolidación de democracia directa.


En lo que se debe insistir es en que no podemos pretender superar el capitalismo de un día para otro. Nuestras economías – dependientes, permeadas y dominadas casi totalmente por el gran capital financiero internacional –, sólo podrán ser verdaderamente autónomas en un proceso largo y dispendioso que debe pasar por el fortalecimiento de nuestra base productiva, la industrialización de nuestras materias primas, la apropiación de la comercialización internacional de nuestros productos por medio de grandes empresas "trans-latinoamericanas", ojalá de tipo comunitario y cooperativo, para disputar la ganancia que se realiza en el mundo desarrollado, y en fin, se requiere un proceso paulatino de acumulación de poder material real, nuevas tecnologías de punta, construcción de seguridad y soberanía alimentaria, recuperación de los medios de información y comunicación, y un proceso de construcción de condiciones materiales, culturales y sociales para poder dar más adelante saltos cualitativos hacia modelos y relaciones de producción post-capitalistas viables y sostenibles.


Lo contrario es pensar con el deseo. Los socialistas deben ser parte del "movimiento democrático", ser un sector paciente pero visionario, adecuado a la realidad del mundo globalizado, crítico del "socialismo estatista" del siglo XX que basó su accionar en el aparato estatal y no en la iniciativa de los trabajadores y de la población en general. Si así se comportan, podrán influir en el movimiento democrático, entendiéndose con otras corrientes de pensamiento liberal, socialdemócrata, humanista, y otros, sin afanes ni pretensiones hegemonistas que convertirían este experimento en un nuevo fracaso, quitándole su esencia plural y amplia para reducirlo a una nueva secta "esclarecida" pero aislada y sola.


Existen las condiciones para avanzar con ésta nueva experiencia. Cientos de dirigentes jóvenes que participaron del Polo, en la Ola Verde, que empiezan a cuestionarse los límites caudillistas y burocráticos del Progresismo, que están frustrados y escépticos, están a la expectativa y dispuestos a construir colectivamente esta nueva experiencia. ¡Intentémoslo!

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La creatividad de las mujeres, un hecho que incorpora las trabas y da cauce a las fantasías

esas mujeres guerreras

como un solo hilo
surgieron de más allá del río
hacen trabajo ordinario
por ser tus devotas
sus manos lastiman con fuego purificador


Enjeduana, 2354 a.C.

 

Para iniciar repetiré lo que las artistas visuales han comenzado a decir en la década de 1970: el arte de las mujeres en la historia es un hecho que ha necesitado de una historia del arte feminista para ser percibido.


La invisibilidad de aquello hacia lo cual no enfocamos nuestra mirada es absoluta. Lo que no aprendemos a ver no lo vemos, a menos que colectivamente no aprendamos a enfocar lo que está en la sombra. La visión de águila de una, si no encuentra eco en la voluntad de mirar de otras, se convierte en una excentricidad. La humanidad de los enemigos durante una guerra, la historia moderna de los pueblos indígenas de América, la espiritualidad de las religiones ajenas, tanto como la escultura de las mujeres, el ritmo de la puntada, el contacto de la alfarera con la cerámica y el mensaje del color en el bordado, la autorepresentación en la confección de muñecas, la poética del canto de nana y el hecho histórico que en 2354 antes de la era occidental una mujer, Enjeduana, hija de Sargón de Agada y sacerdotisa de la diosa Inana, escribió los primeros versos que nos han llegado, los primeros versos escritos de la humanidad, son hechos sobre los que se nos ha enseñado a no dirigir la mirada.


La oftalmología contemporánea asume que la visión se desarrolla desde el nacimiento, para ello la vista debe ejercitarse. Si las niñas y los niños no tienen oportunidad de jugar en espacios abiertos, sus ojos no aprenderán a ver de lejos; la miopía es por lo tanto fomentada por los espacios cerrados como las aulas, los departamentos de interés social, los confinamientos. Estoy convencida de que existen pocos espacios que la educación haya cerrado más que aquellos relativos al quehacer de las mujeres en los campos donde el examen enfoca los artefactos, ideas y emociones de una actividad que la sociedad heteropatriarcal ha ofrecido/impuestos a los hombres como obligación y responsabilidad propia de su sexo-género.


El arte occidental, aún más que la investigación científica, al apelar a una supuesta emotividad que conmueve y suscita respuestas en todos los seres humanos, excluye a las mujeres y sus quehaceres porque no son representativos de la totalidad humana. Por supuesto, descarta de su historia y de su mercado también las artes de los hombres de pueblos que no acepta que integren la sociedad evolucionada que se supone el arte representa. Quien está educado a dominar no puede tolerar la plena igualdad de quien no reconoce igual. El arte occidental se revela en sus preferencias y en sus supresiones como un instrumento de abuso y sojuzgamiento, más que como emanación de una conciencia suprasensible.


Como lo viene estudiando desde hace década Eli Bartra, conocer el papel de las mujeres dentro del arte visual, y yo diría de cualquier arte, implica enfocar la vista a través de ampliar el conocimiento. La creatividad femenina, dice la filósofa mexicana, debe ser identificada como tal para convertirse en un elemento de la cultura de la inclusión y la no discriminación, pues es un modelo estimulante. Bartra, además, estudia como arte de las mujeres el arte que los discursos feministas actuales no toman en consideración, porque es arte popular que no prescinde de la reflexión acerca de la economía de las mujeres en el núcleo de convivencia y en la cultura de un pueblo. Confronta por ello el saber neutro y busca enfocar el arte desde fuera de la ciencia androcéntrica. Y subraya la importancia del enfoque para que la visión se abra: "... el solo hecho de tomar en consideración el género de las personas involucradas a lo largo de todo el proceso de conocimiento no significa per se que sea una investigación feminista si no implica transformación". Abrirse a la mirada del arte de las mujeres, es por lo tanto asumir la crítica de la realidad social estudiada desde los lugares de poder, es una revolución epistémica.


El arte androcéntrico y culto no tolera la plena igualdad cuando se define como una producción que da trascendencia a un grupo de autores especializados supuestamente neutros en términos de género, de pertenencia étnica y clase social, los "artistas".


Visualizar la creatividad de las mujeres en su lugar social y genérico, en la tensión entre aceptación y socavamiento de los valores estéticos y morales de género, en la persistencia de su acción a pesar de la invisibilidad a la cual la relegó la academia, puede dar por resultado el descubrimiento de la creatividad de aquellas que se disponen a realizar un anhelo. Perfeccionando la puntada, la bordadora expresa sus emociones; aprendiendo a cantar, la madre toma distancia de las normas que la obligan al silencio y entona una elegía a la vida diminuta de su recién nacida; la imaginación de la cocinera independiza la necesidad de alimentarse del gusto; la originalidad de la tejedora ofrece un lenguaje propio a la tela que recubre a las personas. De ser que el arte fuera realmente, como rezan los manuales de historia del arte, una actividad humana con reglas propias que se aprende y perfecciona, que toma distancia de las normas y que se abre a la subjetividad, la imaginación y la inspiración para lograr originalidad, gusto, emociones y lenguajes propios en un continuo fluir e intercambio de tradiciones, tejedoras, bordadoras, madres, cocineras serían artistas cuya creatividad nadie pondría en duda.


Pero no. El vínculo entre creatividad y arte es innegable, pero el arte de las mujeres por el contrario es negado y la propia creatividad de las mujeres es puesta en entredicho. Decenas de tesis de estudiantes de diversos cursos de estudios de género o de estudios de las mujeres, en instituciones de toda América latina, repiten un discurso emanado de las universidades estadounidenses: que no es lo mismo el arte de las mujeres que el arte feminista, que las mujeres pueden ser brutales con lo que le sucede al cuerpo de otra, que son insensibles a las violaciones, los abusos, la doble moral social. Si bien es cierto que las mujeres que no cuestionan el sistema de género tienden a ser repetidoras de la androfilia social dominante, en el arte de las mujeres he encontrado siempre, consciente o no, una mirada hacia la humanidad específica que las mujeres representan y que es una humanidad mayoritaria e invisibilizada, es decir no exaltada por los medios de construcción y reconocimiento de los conocimientos: la educación, la representación simbólica, la religión y el mercado.


Es sabido que en su tesis de maestría titulada Sobre cultura femenina (1950), la escritora mexicana Rosario Castellanos se preguntaba acerca de la existencia de una cultura de las mujeres y sostenía que las mujeres hacen cultura cuando no son madres, como si las dos actividades fueran incompatibles. Generar ideas es incompatible con generar las condiciones de sobrevivencia de una persona recién nacida.


La historia desmiente el hecho. Teresa Margareda da Silva e Orta, quien en 1752 escribió la primera novela de Brasil, era madre de 8 hijos. Françoise de Graffigny, seguramente la escritora más famosa del siglo XVIII, autora de Lettres d'une péruvienne, tuvo tres hijos, logró la separación de un marido que la golpeaba y mantuvo relaciones de amistad y de amor con varios hombres. Mary Pix, la autora de The Inhumane Cardinal (1696), tuvo dos hijos. La princesa de Cleves, que fue la primera novela histórica en francés, y una de las primeras novelas modernas en la historia de la literatura, fue escrita en 1678 por la madre de dos hijos, Marie Madeleine de Lafayette. La mayoría de las mujeres que han escrito a lo largo de la historia occidental, asiática, africana y americana son o han sido madres. Es cierto que las escritoras siempre tuvieron más visibilidad que las pintoras y las compositoras, eclipsadas por el taller paterno o del marido, interpretando la música del hermano, del padre o del marido; no obstante, la maternidad no parece haber sido un impedimento para la inventiva, el pensamiento original y la imaginación de ninguna mujer. Las alfareras y las tejedoras de todo el mundo lo prueban.

 

Ahora bien, el derecho a construir la propia subjetividad sin la obligación moral de aceptar o confrontar la maternidad, aceptarla o negarla, es uno de los puntos clave de la reivindicación de ponerle fin a un sistema de género que nos encasilla en una lectura fija de lo que es propio de cada persona nacida con un tipo particular de genitales. Ser mujer no es ser madre y ser madre puede no resultar del ser femenina, entendiendo este adjetivo como propio de la persona construida para el servicio a otras personas. Los productos de la creatividad de las mujeres, sea en las artes visuales que en la literatura y la música, así como en otras actividades que implican autonomía de pensamiento y expresión como la filosofía, la cocina, la didáctica, la exploración geográfica y los viajes, demuestran tanto la ruptura como la continuidad de la reflexión sobre qué es el sujeto femenino, rechazando las miradas convencionales sobre el cuerpo de las mujeres y el deber ser de su sexualidad.


Desde que a finales de la década de 1960, en Francia las feministas empezaron a repensar el trabajo de las mujeres, las artistas de diversos países revisaron las narrativas sobre el cuerpo, los roles, la sexualidad, la moral, la violencia y los compromisos de las mujeres, produciendo conocimientos críticos a través del arte. Tres décadas después, la grafitera colombiana que se hace llamar Bastardilla afirma que la lucha social por los derechos de las mujeres se expresa en los sentimientos de miedo, identidad, libertad, angustia y conocimiento interno. A la par, la artista urbana Deeedee Cheriel, de Chile, declara que su expresión está en los muros y es ilegal, sin permiso y vandálica como la fuerza que defiende su igualdad de quien la quiere dominar.


La recuperación de todo el espacio como propio de las mujeres nos devuelve a la cuestión de la creación. ¿Qué hay del uso del ganchillo y los hierros de tejer para crear espacios más habitables en lugares públicos, recuperados sin solicitar permiso, como lo hace el colectivo Teje La Araña? ¿O de las acciones de Luz Interruptus cuando utiliza la electricidad como elemento de instalaciones de denuncia de la opresión y discriminación que sufren las mujeres?


Como escritora sé que no me escapo de mi esquema corporal, es decir no me salvo de la representación mental de mi cuerpo y su capacidad para interactuar con las personas y el entorno. En mi construcción histórica como mujer, y en particular como mujer bisexual que empezó a rebelarse contra los roles de género, de clase y de racialización al alcanzar la mayoría de edad, fue en una incipiente adultez que imaginé modificar mi cuerpo al ritmo de una utopía. Una figuración poética me permitió intervenir en los cambios corporales que me han llevado a deshilar la construcción de género.


Cuando dejé de usar tacones, aproximadamente a los 25 años, me sentí más chaparra y necesité descubrir que caminaba con mayor comodidad. Por un periodo perdí la confianza en mi elegancia sin percibir el enorme beneficio que lograba con ello. Entonces me predispuse a imaginar una manera diferente de caminar. Así mi arte tuvo que transitar por la creación del abandono de la masculinidad: deshacerme de los papeles nocturnos, los enfrentamientos, la agresividad de los héroes y los amantes, el poder de la palabra que avasalla y la necesidad de reconocimiento. Nada fácil si además le suman que cambié de lengua de expresión y empecé a escribir literatura en el castellano de México cuando ya había terminado mis estudios universitarios de licenciatura.


Fui torpe como las púberes cuando cambian de cuerpo y se le caen las cosas de las manos o se tropiezan. En mis primeros cuentos, me llevaba por delante la escuela donde nunca me hablaban ni de feminismo ni de mujeres creadoras. Buscaba, inventaba, redefinía mi grupo social de mujeres en un área de la que me apropiaba para concretar historias, construyendo un nuevo imaginario del ser humano con tetas, molestias en el bus, extensión del horizonte, libertades improvisas, búsqueda de trabajo, presión para ejercer la maternidad, enamoramientos.


La creatividad de las mujeres no puede evitar la representación del lugar que las mujeres ocupamos en la historia y en la cotidianidad, nuestras historias personales de aceptación, tolerancia o rechazo. No es lo mismo sentirse parte del mundo que no estar integradas a él. Para interactuar con el mundo sin representar la esfera en la que nos recluyen la falta de aceptación o el rechazo, las mujeres creamos decantando la serie de situaciones e historias personales, enfermedades, países, familias, embarazos, sexualidades, violencias que nos han construido y nos la arreglamos para disolver los hábitos que producen el control de nuestros cuerpos.


La estructura de la violencia patriarcal está en el arte de los hombres, el arte de las mujeres refleja entonces una aproximación a otro campo del aprendizaje y el perfeccionamiento. Se inventa una confianza en sí misma y afianza con ella su percepción de la justicia, la educación y la seguridad. Ser mujer deja de ser así una discapacidad o un valor de mercado, se convierte en una realidad abordada desde la propia percepción de la realidad y la construcción no solo de la subjetividad de la propia comunidad sino también de cada una de nosotras. La palabra que circula y el escucha/lectura de otras nos reconocen otras formas de ser miembro de la sociedad. Las escritoras fijamos en palabras un imaginario que construimos a contracorriente con la economía del mercado de las editoriales. Las pintoras, antes de las grafiteras y las performanceras, han roto dogmas al reproducir una realidad que los espacios públicos no solicitaban mostrar. Desde un momento histórico y una capacidad de empatía con el sentir de otras, no solo con el reconocido sentir y expresarse de otros, las mujeres creamos. Con las palabras exigimos el fin de la discriminación, con las imágenes nos hacemos integrantes de una sociedad, con los giros verbales y los actos de todos los días resignificamos los que tocamos. Describimos la molestia de estar en el mundo con un cuerpo que la androfilia dominante permite que sea agredido; para ello debemos crear, necesariamente inventar, usos de todo lo que hasta ahora ha estado en boca, manos y mercado de la sociedad que nos convertía en un incómodo trámite para acceder a su reproducción.


La epistemología feminista refleja la aproximación de las mujeres al campo de saber que le permite cuestionar los patrones científicos de su exclusión. De ahí que cuestione la lectura de toda la experiencia del mundo, si no hay un desenfoque de la mirada sobre la importancia de lo masculino. Tener nombre, dar nombre, pintar las imágenes de la vida de colores propios (las mujeres tenemos una mayor percepción del color, no sólo somos infinitamente menos las daltónicas que los daltónicos, 0.05% de las mujeres contra el 20% de hombres) es adquirir presencia y hacerse visibles. Por ello, en un primer momento las mujeres nos expresamos casi desde lo más primitivo de la expresión: historias sencillas, recuentos de hechos, reconocimientos de trabajos invisibilizados y de deseos de belleza y de la dificultad de realizarlos, han hecho efectivos los derechos de las mujeres a su propia creatividad.


Por supuesto somos sumamente vulnerables a la crítica. El arte androfílico reconocido no se interesa por la condición de ser de las mujeres, que es la de un ser expuesto al riesgo. Al hablar estamos trazándonos como sujetos, al actuar examinamos los datos que nos conciernen, al pintar nos diferenciamos para definir la humanidad. Puesto que la condición de riesgo de la violencia de género es ser mujer, la violencia con que nuestras obras son recibida es brutal: o te amoldas o te inscribes en uno de los discursos feministas de reivindicación estructurada. La libertad de expresión de las mujeres es tan frágil como el fenómeno mismo de la creatividad en tiempos de exceso de intelectualización y cientificismo.


Como amantes de la pintura, siempre quedo sorprendida (y ofendida) por la ignorancia de la historia del arte realizado por las pintoras mexicanas durante el siglo XX. Muchas artistas que se inscriben en ciertas corrientes del arte feminista, y que creen que están descubriendo el hilo negro al transformar fotografías de prensa en dibujos animados, no conocen la obra de una Andrea Gómez, la grabadora que denunció al mundo que la primera víctima de una guerra es siempre la población civil que una madre y sus hijas encarnan.


No la conocen porque desprecian lo que han obedecido desconocer y no visibilizar. En el feminismo mirar hacia otra mujer y su estar en el mundo es la base de la ruptura del paradigma androcéntrico, es el primer acto para el reconocimiento de otra manera de crear. Por ello no me parece extraño que una de las expresiones de la creatividad de las mujeres es la de mapear su presencia. Desde lo maravilloso a lo terrible, desde el ingreso a los museos y a los parlamentos hasta la movilización social por sus derechos y la muerte por feminicidio. Mapeamos en la literatura que nos concierne, en la radio, el cine y sobre todo en el video para el internet. Nos trazamos presentes en las plazas, nos tejemos la presencia en las escuelas, nos describimos en las cocinas y en los quirófanos. Entrevistamos a madres, a pacifistas, a ingenieras en crisis, a ministras que renuncian, a mineras extraviadas, a activistas del ambientalismo que descubren que su tradicionalidad es revolucionaria. Los cuerpos de las mujeres en la historia no son ya mensajes que se transmiten los grupos de hombres con poder, son exposiciones de la realidad en sí, una manera de dejar de solicitar permiso de ser.


Alba Carosio, la filósofa feminista venezolana, afirma contundentemente que "el arte de las mujeres es otra forma de hacer feminismo". Es una idea que coincide con las prácticas artísticas feministas de la mexicana Mónica Mayer, performancera, dibujante, crítica de arte, creadora de un archivo del arte feminista mexicano de nombre extraordinario, Pinto mi Raya, que trabaja reivindicando dos nombres que según ella están siendo considerados como pasados de moda o cargados de significados negativos, los de Feminista y de Artista.

Artista y feminista, Mónica Mayer participa desde sus quehaceres en los movimientos sociales mexicanos, a la vez que revitaliza desde lo visual las demandas del movimiento feminista. "La maternidad secuestrada", por ejemplo, fue un acto de performance que en 2012 se desplazó del internet a las calles, impulsando a las personas que hacen arte o que lo siguen (el 80% de las personas que se inscriben a cursos de arte o de sensibilización artística en México son mujeres) a expresar visualmente con su presencia en la plaza central, el Zócalo, cuál es su idea de que la maternidad es a la vez impuesta y secuestrada por el control que se ejerce sobre las mujeres desde la cultura. Cada una dijo en un cartel, una máscara, un refrán grabado, una indumentaria, qué es para ella la maternidad secuestrada, lo cual en un país donde el secuestro es un delito común y casi impune, se reveló como un acto de resignificación de la palabra, a la vez que incidió en la denuncia del delito.


Según Mónica, la creatividad feminista es difícil de concretar porque las mujeres somos producto de una historia y estamos en el tiempo de esa historia. A la vez, la artista asume que entre creatividad y sociedad a transformar el lazo es el de la cotidianidad de la transformación crítica: ".... para mí, la lucha feminista más canija ha sido la que libro contra mi propia educación todos los días. A pesar de haber leído miles de páginas sobre feminismo, de haber participado en marchas, trabajado en grupos, organizado exposiciones y escrito cientos de artículos, no puedo dejar de reconocer que mi corazoncito se formó dentro del más recalcitrante machismo. Cambiar esos patrones de comportamiento para que mis hijos puedan crecer de otra manera, o para que mis propias expectativas como mujer y como artista sean diferentes ha sido bastante grueso. Estando el enemigo adentro de una misma es difícil de vencer, por lo que las contradicciones siempre están a la orden del día. Por lo mismo, cuando pienso en lo ambicioso de un proyecto feminista (o cientos de diversos proyectos feministas) que pretenden cambiar ni más ni menos que la esencia misma de la sociedad me digo...tenemos chamba pa rato".


El artivismo, o las expresiones gráficas creativas de las mujeres que se apropian de espacios considerados propios de la manifestación política de características masculina como la protesta y la denuncia, está siendo muy activo en América latina. El racismo, el clasismo, el sexismo son visualizados en exposiciones en espacios públicos sin solicitar permisos, descontrolando los espacios vedados a las mujeres. Los grafitis y la pintura mural, en este sentido, son el giro más evidentes al anonimato de la creadora, que es reivindicada desde el acto de subvertir la invisibilidad exponiéndola, criticando con ello el egocentrismo del artista masculino sacralizado.


El 7 de octubre recién pasado, Pinto mi Raya y el Museo de Arte de las Mujeres MUMA, organizaron en el Museo Carrillo Gil una jornada sobre el arte feminista y la participación de las artivistas en la sociedad. El cambio inmediatamente perceptible de actitud frente a lo que es el arte fue la calidad dialógica de las mesas. Sentadas una frente a otra, las artistas jamás se arrebataron la palabra. No debatían, dialogaban; es decir, se escuchaban para entenderse, para hacer crecer la idea sobre su acción, para que ya no haya una definición fija, comprable y transmisible como saber codificado, de lo que es la creatividad. En lugar de escuchar a la otra para contradecir o cuestionar su palabra, se entendían mutuamente, aunque no dijeran lo mismo. En particular, durante la primera mesa "Arte, activismo y feminismo", donde participaron Natalia Eguiluz, Edith López Ovalle, Laura Valencia y Minerva Valenzuela, las artistas moderada por Mónica Mayer dijeron que el arte de las mujeres tiene que ver con la sociedad en general. Cuando se cae el telón de la representación de lo ordenado, la creatividad de quien ha sido impedida a articularse hace posible lo imaginado desde los márgenes. El arte de las mujeres es, por lo tanto un gesto creativo que se origina al interior de las circunstancias en la que están los cuerpos sexuados por la tradición heterosexual, y que mediante la creación resignifica la memoria de la disidencia que la cultura oficial intenta con todos sus medios invisibilizar.


Comparto con ellas, desde la escritura que hurga en las ciencias y las relaciones interpersonales, que las acciones de arte nos juntan, dan pretexto para la fantasía (que se expande fantaseando).


Estoy convencida de que a las artistas nos fortalecen las miradas feministas sobre nuestro quehacer, porque nos evitan estar expuestas a la fragilidad que provoca la invisibilidad. Que nos vean otras mujeres, que nos lean, que nos comenten y con nuestras fantasías alimenten las suyas, es empezar a reconocer que lo que unas hacen crea ideas sobre ese hacer. La creación, como gesto, como momento de posibilidad de lo que antes no era, a las mujeres nos permite expresar lo que deseamos que acontezca. Nuestro interior, como dice la pintora poblana Rosa Borrás, revela la inexistencia de la seguridad de ser; con la fotografía, el grafito, el carbón se le registra como ausencia en los gestos y se construye como actividad nutricia. Mientras tanto, en lo exterior, desanda el laberinto y se improvisa literatura, danza, gesto, gráfica, teatro. El arte está ahí, como dice Mónica Mayer, para que lo vayamos definiendo, no para que limite qué estamos haciendo.

 

Ciudad de México, UAM-Xochimilco, 27 de octubre de 2014

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Calle 13: "Hoy en día es difícil decir que eres de izquierdas"

El grupo puertorriqueño Calle 13 saca álbum tras cuatro años en silencio. Vuelven alejados del estilo más reguetoniano para acercase a una gran variedad de estilos, pero con un denominador común: la denuncia social y la crítica al mundo en el que vivimos.
Hace menos de un mes salió a la venta Multi viral. René Pérez, cantante y letrista de Calle 13, atiende a Público para hacer un repaso a la actualidad.


¿En qué ha cambiado Calle 13 en los cuatro años que separan el álbum Entren los que quieran y Multi Viral?

El cambio que hemos tenido es el normal en el paso de cuatro años para cualquier persona. Tuvimos tiempo de reflexionar. Madurez. La diferencia con el anterior a la hora de grabarlo y hacerlo ha sido que hemos tenido el tiempo. Nos detuvimos y dejamos de hacer giras, que no pasó con el anterior que lo hacíamos entre medias de giras

¿Hubiera sido igual de crítico si no hubiéramos estado en crisis?


No. Los discos de Calle 13 son como documentales que reflejan lo que está pasando. Lo social hubiera estado envuelto de otras formas.
Hace unos días dijo que ya era hora de "quitar ese cliché de que si eres de izquierdas tienes que vivir en la selva, porque tienes que estar igual de armado". ¿Para usted qué es ser de izquierdas?


Hermano, ¡ahora está tan distorsionado qué es ser de izquierdas!. Las personas le han cambiado mil veces el significado. Es complicado decir 'soy de izquierdas', es algo que la gente ha distorsionado y no saben qué significa. No te puedo dar un significado hoy en día de qué es ser izquierdas. La gente lo asocia con un tipo de preocupación social, con preocuparte con los demás. Nosotros siempre hemos abogado por el cambio social. En vez de luchar por cosas utópicas como la lucha social, prefiero luchar por la igualdad de oportunidades, que me parece más reales. Ojalá todo el mundo tenga las mismas oportunidades para comer, estudiar o para sanarse.


¿Cómo surgió la idea de hacer una canción con la colaboración de Julian Assange?


Cada tema de Calle 13 lo veo como una película diferente en el disco. El concepto sobre los medios de comunicación que manipulan era la idea inicial. De ahí salen iconos mediáticos de hoy en día, como Julian Assange. Yo le propuse la idea y él me contestó que le parecía muy bien.
En la canción Multiviral del nuevo disco canta: "Y la gente sigue desinformada / Una noticia mal contada / Es un asalto a mano armada". ¿Cómo definiría el periodismo actual?


Hay de todo, no quiero generalizar. Hay periodistas muy buenos que hacen un gran trabajo. Pero hay periódicos malos que ponen titulares que no son, que cambian las noticias. Cosas que son noticia no lo dan como noticia; y aquello que no es noticia, lo dan como noticia. Dan información incompleta, y se inventan la información que no tienen. Proyectan historias distorsionadas, que no son la realidad.
Ha apoyado movimientos sociales como el 15-M. ¿Cómo piensa que pueden influir estos movimientos en las políticas de los gobiernos, en el futuro de las sociedades?


Los cambios introducidos por estos movimientos sociales ya se están sintiendo en la juventud. Los jóvenes de ahora son más maduros que cuando yo tenía su edad. Estos movimientos van a afectar a la próxima generación. Ojalá no caiga y siga subiendo con fuerza.


¿Cómo ve España?


En la sociedad se siente un despertar del pueblo español. Creo que está pasando un momento complejo económicamente pero que va a enriquecerlo en un futuro a todos los niveles. En América Latina, en los momentos de crisis, siempre se desarrollaron grandes cosas.

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