Lunes, 07 Noviembre 2016 06:41

Lula quiere encender a la militancia

Lula quiere encender a la militancia

Gilberto Carvalho, uno de los referentes del frente, articulador del diálogo con los movimientos sociales y religiosos, dijo que el nuevo espacio apela a salir de la parálisis de la izquierda. También aclaró que no es el lanzamiento de la campaña presidencial.

 

Luiz Inácio Lula da Silva lanzará una organización política con el objetivo de recuperar terreno entre las bases populares. La iniciativa, anunciada por el ex presidente de Brasil, será presentada esta semana e incluirá movimientos sociales, sindicatos, intelectuales y partidos políticos aliados, y apuntará a la “contrainformación” como estrategia comunicacional frente a los procesos judiciales que existen contra el ex jefe de Estado. En un acto organizado en solidaridad con el Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST) por la represión policial del viernes contra una escuela de esa fuerza social, Lula llamó al armado de un frente de izquierda y acusó al gobierno de Michel Temer de “destruir lo que construimos”.


Se espera que el movimiento anunciado por Lula tenga una pata intelectual que estará comandada por el académico Paulo Sergio Pinheiro, ex secretario de Derechos Humanos del gobierno de Fernando Henrique Cardoso, ex titular de la Comisión de la Verdad creada por Rousseff para investigar a la dictadura y presidente de la Comisión Internacional Independiente de la ONU sobre la Guerra en Siria.


El ex secretario general de la presidencia, Gilberto Carvalho, dijo que el nuevo espacio apela a salir de la parálisis de la izquierda, en general. “En lugar de gastar tiempo en discusiones internas, queremos recuperar el diálogo con la sociedad y defender a Lula de los ataques que ha sufrido”, sostuvo el articulador del diálogo con los movimientos sociales y religiosos. El movimiento será lanzado en San Pablo el próximo jueves, se llama “Por un Brasil Justo para Todos y Para Lula”, y la razón de su emergencia, según Carvalho, es montar en todo el país comités de agitación y propaganda “para encender la militancia y el diálogo con el pueblo”.


Carvalho, quien además se desempeñó como secretario de la presidencia de Lula y de la sucesora de éste, Dilma Rousseff, dijo que el movimiento no es el lanzamiento de la campaña presidencial sino que fue pensado en el marco de un objetivo mucho más amplio. “De un lado, debemos hacer una autocrítica pero hacer también una crítica durísima al momento actual, al golpe parlamentario, denunciar las persecuciones, se están rechazando en las instancias judiciales los pedidos de hábeas corpus para personas investigadas, detenciones a cualquier precio”, enumeró Carvalho. Los abogados de Lula sostienen que en Brasil existe un “estado de excepción” contra el ex presidente, procesado en tres causas vinculadas a la investigación en Petrobras, una de ellas por el juez Sérgio Moro, quien aceptó una denuncia de la fiscalía que vincula al ex jefe de Estado a la compra de un apartamento en Guarujá, estado San Pablo.


En los próximos meses, el gobierno de Temer deberá explicar a la comisión de derechos humanos de Naciones Unidas la situación de ese estado de excepción. A esa comisión acudió el ex presidente para denunciar a Moro y a los fiscales que lo acusan de haber montado una asociación ilícita desde el Poder Ejecutivo entre 2003 y 2010.


Por otra parte, la caída del PT en las recientes elecciones municipales, donde retrocedió 60 por ciento en cantidad de alcaldías, también hizo que el propio Lula, pese a ir adelante en las encuestas para 2018, se pronunciara a favor de construir un frente o una coalición que incluyera una mayor participación de las otras fuerzas. Sobre todo, porque el castigo en el voto contra el PT fue interpretado como una reacción a la corrupción por la cual están condenados en el caso de Petrobras dos ex tesoreros y los poderosos ministros José Dirceu y Antonio Palocci.


Asimismo, Lula estuvo anteayer en un acto organizado para respaldar al Movimiento Sin Tierra, blanco de un operativo policial realizado en su escuela rural del estado San Pablo, en la localidad de Guararema. “Tenemos que preocuparnos más por la criminalización de los movimientos sociales. Este proceso se da en un país en el que las instituciones están totalmente desmoralizadas, el país perdió autoridad”, dijo el ex presidente. Para referirse al proceso Lava Jato, donde fue acusado en tres causas diferentes, Lula manifestó: “Eso es lo de menos. Ya tengo 71 años y un caparazón de tortuga”.


En su alocución, llamó a la formación de un frente de izquierda, lo que configuraría un enorme cambio en el mapa electoral brasileño de cara a las elecciones presidenciales de 2018 en las que él mismo es el favorito en todas las encuestas previas. Por lo pronto, dentro de ese mapa, el Partido Democrático Laborista (PDT), heredero del varguismo y que apoyó a Lula y a Rousseff, ha dicho que insistirá en tener un candidato propio para 2018, el ex ministro y ex gobernador de Ceará Ciro Gomes.

 

 

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A Xi Jinping refuerza su poder en una reunión clave del Partido Comunista

El 6 Pleno del Comité Central le concede el título de "núcleo", que le equipara con Mao o Deng



El poderoso presidente chino, Xi Jinping, ha logrado una victoria crucial para consolidarse como el líder indiscutible de su país y arrinconar a sus rivales, al comienzo de un año de transición dentro del régimen. El 6 Pleno, la reunión anual de los principales dirigentes del régimen, le ha declarado “núcleo” (“hexin”) del Partido Comunista. Es un título honorífico, pero con importantes connotaciones en la política de China y que le pone a la altura de líderes históricos como Mao Zedong y Deng Xiaoping.


El nuevo estatus confirma oficialmente que Xi “es el líder más importante del partido. Nadie debe tocarlo”, explica Willy Lam, profesor en la Universidad China de Hong Kong. "Sus enemigos este año van a mantenerse muy callados".


La designación se ha divulgado en un comunicado al término del Pleno, una cita que ha reunido durante cuatro días a casi 400 dirigentes a puerta cerrada y dentro de un estricto cordón de seguridad en un hotel militar del oeste de Pekín. El documento, distribuido por la agencia oficial, Xinhua, insta a los 89 millones de militantes del Partido Comunista de China a “unirse firmemente en torno al Comité Central, con el camarada Xi Jinping como núcleo”.


Xi ya es el líder más poderoso de su país en décadas. Además de su calidad de secretario general del Partido, presidente de la Comisión Militar Central y jefe de Estado, encabeza toda una serie de comisiones cuyas competencias abarcan desde la seguridad del estado a la reforma económica.


“Núcleo” es una palabra que Deng utilizó para referirse a él mismo, a Mao Zedong, y a Jiang Zemin, su sucesor, para describir a los grandes líderes del Partido y señalar que sus órdenes no debían discutirse. Pero durante el mandato de Hu Jintao (2002-2012), el término cayó en desuso. Hu nunca fue declarado “núcleo” y su etapa se caracterizó por un mando colegiado, en el que las principales decisiones se tomaban por consenso más o menos estricto de los miembros del Comité Permanente, el órgano de poder más alto del partido.


A comienzos de este año varios dirigentes regionales empezaron a recuperar el término y aplicarlo a Xi, en medio de una campaña del entorno del presidente para reclamar “lealtad” a los mandos del partido. Pero su uso desapareció al cabo de unos meses, al parecer debido a la resistencia de otros cuadros a reconocerle ese estatus especial.


El propio comunicado de este jueves parece querer matizar el alcance de la designación. El documento insiste en la importancia de una dirección colegiada, la regla interna que el partido aprobó en pleno post-maoísmo, después del trauma de la Revolución Cultural, para evitar que una sola persona pudiera acumular tanto mando como el Gran Timonel. La dirección colegiada es un sistema que “al que siempre hay que adherirse, y que ninguna organización o individuo debe violar bajo ninguna razón o circunstancia”, insiste.


La clausura del Pleno da el pistoletazo de salida a un año de transición que culminará el próximo otoño con la celebración del nuevo Congreso del Partido, una reunión que solo se celebra cada 5 años y en la que cerca de 2.000 delegados nombrarán a los nuevos integrantes de los tres principales órganos de poder: el Comité Permanente, de siete miembros; el Politburó, de 25, y el Comité Central, de casi 400 miembros, permanentes o alternos.
En el Comité Permanente solo continuarán Xi y su primer ministro, Li Keqiang; el resto debe jubilarse, al haber superado los 68 años, la edad que establecen las normas internas. En el Politburó se abren seis huecos.


A lo largo de este año, las diversas facciones del Partido debatirán entre bambalinas cómo repartirse las vacantes y quién debe ocupar qué cargo. Será una lucha feroz: Xi quiere rodearse en lo más alto de sus partidarios, mientras que otras facciones, como el Grupo de Shanghai o la Liga de Jóvenes Comunistas, no quieren perder el poder de que gozaban hasta ahora. Algunos analistas han anticipado la posibilidad de que el presidente chino quiera prorrogar su mandato más allá de los diez años previstos y continuar cinco años más, hasta 2027.


Y ahí es donde, advierte Lam, es especialmente relevante el nuevo estatus de Xi. Los dirigentes “núcleo”, subraya, “no tienen límite de tiempo, ni de edad, para su mandato. Pueden continuar en el cargo todo el tiempo que quieran. Como los emperadores”.


Aunque no todo será más fácil para el nuevo “hexin”. Acumular más poder implica también acumular más responsabilidad directa sobre la marcha del país, advertía el analista Zhang Lifan, en una entrevista previa. Y China es un país cuya economía ha visto aminorar su crecimiento, en el que las empresas estatales mantienen aún un enorme poder y cuyo ascenso genera una enorme desconfianza entre sus países vecinos. “El manejo de un poder muy centralizado no es muy fácil. Cuando el poder se acumula demasiado, gestionarlo todo al mismo tiempo es complicado”.


Concederle el título de “núcleo” no es la única medida favorable a Xi que ha adoptado el Pleno. Los miembros del Comité Central han aprobado también dos documentos que intensifican la lucha contra la corrupción, uno de los pilares del mandato del líder chino, y la vigilancia de la disciplina interna.

 

Pekín 27 OCT 2016 - 17:40 COT

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Tendencia global: nuevo orden mundial "tripolar" con la desglobalización y regionalismos

Nunca será suficiente enfatizar la prospectiva sobre el nuevo orden mundial en los próximos 10 años del mandarín Xi, durante el 95 aniversario de la fundación del Partido Comunista Chino: "el mundo se encuentra al borde de cambios radicales, contemplamos cómo la Unión Europea (UE) se está desmoronando (sic) y la economía de Estados Unidos se está colapsando (sic). Esto concluirá en un nuevo orden mundial que a lo sumo durará 10 años", cuando “Rusia y China puedan formar una alianza ante la cual la OTAN será impotente (https://goo.gl/1Frhkx)”.

Del lado anglosajón, es más resonante el clamor sobre el "fin de la globalización", de lo que no se enteran, o no les conviene, sus aldeanos turiferarios en Latinoamérica.

Martin Jacques (MJ) –autor del visionario libro Cuando China gobierne el mundo: el fin del mundo occidental y el nacimiento de un nuevo orden mundial (https://goo.gl/mkukW3)”– explaya "la muerte (sic) del neoliberalismo" global y “la crisis de la política occidental (https://goo.gl/AkGkZE)”. A su juicio, "la economía occidental se ha estancado y ahora se acerca a su década perdida sin fin a la vista". Aduce que "el periodo más dinámico del crecimiento occidental de la posguerra fue en el fin de la guerra y al inicio de la década de los 70, la era del capitalismo de bienestar social y keynesianismo, cuando la tasa de crecimiento era el doble del periodo neoliberal (Nota: del thatcherismo/reaganomics) desde 1980 hasta el presente".

Para MJ, "la característica más desastrosa, de lejos, del periodo neoliberal ha sido el inmenso crecimiento de la desigualdad", lo cual coincide con las conclusiones del economista galo Thomas Piketty. Enuncia que "amplios sectores de la población, tanto en EU como en Gran Bretaña, se encuentran ahora en rebelión", que "ha paralizado a la élite gobernante" cuando los "neoliberales y monetaristas están en retirada". Hoy la "desigualdad se encuentra en el pináculo de la agenda política", en sincronía con el "nacionalismo económico".

El laureado Nobel de Economía 2001, Joseph Stiglitz, acaba de sentenciar la “muerte de la globalización (...), escuela dominante del pensamiento (sic) económico en occidente, del FMI y el Banco Mundial (BM) en los pasados 30 años (https://goo.gl/PvBsfu)”.

Fue cuando inquirí: “más allá del ultrarreduccionismo economicista y/o financierista, carente de visión geoestratégica, ¿qué sigue, cuando se despliega la desglobalización en pleno caos global geopolítico debido a la decadencia de EU y su fallido orden unipolar? ¿"Economía mixta" de libre mercado con control estatal (sumado hoy del "control ciudadano cibernético")? ¿Preponderancia de la economía real sobre el pernicioso financierismo de las burbujas especulativas de las plazas de Wall Street y la City? ¿Neokeynesianismo con re-regulación?

¿Proteccionismo regionalizado en los diferentes bloques económicos bajo la férula geopolítica de las esferas de influencia del nuevo (des)orden tripolar EU/Rusia/China? ¿Regionalismos de libre comercio y proteccionismos regionalizados en los diferentes bloques económicos, si es que no se balcanizan en el camino, bajo la férula geopolítica de las respectivas esferas de influencia tripolar?

Queda pendiente el devenir de la hegemonía unipolar del dólar (http://goo.gl/wvCU55), paradójicamente omnipotente en la fase del caos global, que no refleja el imperante híbrido mundo multipolar ni el nuevo (des)orden tripolar de EU/Rusia/China, cuando estas dos últimas superpotencias apuestan a la desdolarización global y al resurgimiento del oro, acompasados de la internacionalización de la divisa china en ascenso”.

En un reciente seminario, el Center for China and Globalization (CCG), con sede en Pekín, y el Centro Estratégico de Estudios Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés), con sede en Washington, Long Yongtu (LY), anterior negociador del ingreso de China a la OMC, abogó en forma implícita por un "G-2" meramente geoeconómico de China/EU para la “gobernanza económica global (https://goo.gl/1cjG7Z)”. Nada que ver con el tramposo “G-2 geoestratégico (https://goo.gl/NOEMFf)” de Zbigniew Brzezinski (ZB), ex asesor de Seguridad Nacional de Carter e íntimo de Obama (que rechazó China), con el fin de repartirse el pastel global sin Rusia ni la UE. Ya ZB había retrocedido cuando pregonó hace poco un asombroso "realineamiento", con el coralario implícito de una "tripolaridad" de EU/Rusia/China (https://goo.gl/dgNb6n).

Según LY, China y EU, "con diferentes fases de desarrollo, tienen la habilidad para ayudar a forjar las guías económicas internacionales", cuando "el comercio internacional, el cambio climático y el comercio electrónico han emergido en las décadas recientes sin claros precedentes o reglas". Reconoce que "China se ha beneficiado mucho de haber entrado a la OMC y no tiene intención de cambiarla", por lo que "el resto del mundo debe estar tranquilo".

Diserta que la "nueva ruta de la seda (one belt; one road: OBOR, por sus siglas en inglés)" y el AIIB (Asian Infraestructura Investment Bank) fueron "iniciados por China y, más que un desafío, son complementarios al existente sistema financiero global", ya que "las presentes instituciones financieras internacionales, que incluyen el BM y el ADB (Asia Development Bank) no pueden suplir las demandas en infraestructura".

Scott Kennedy, vicedirector de la cátedra Freeman en estudios chinos en el CSIS, arguye que China no tiene objetivos de empezar desde cero, sino que más bien jerarquiza el concepto de "inclusión armónica".

He Yafei, anterior viceministro de Relaciones Exteriores de China, juzga que con "el TPP (Trans Pacific Parthnership), dominado por EU, Washington desea instalar su propio círculo" y "evitar tener a China para que influya en sus reglas".

En un seminario anterior en Pekín, su think tank CCG abordó los “desafíos de la desglobalización (https://goo.gl/LgkMFu)” y sus tendencias en el mundo: el Brexit; el trumpismo en EU, con el "americanismo" para sustituir la globalización, y el retorno del proteccionismo comercial y la exclusividad del TTIP y el TPP.

Según LY, "la OMC no puede más en forma efectiva colocar las reglas del comercio internacional, por lo que los acuerdos comerciales regionales (sic), como el RCEP (Regional Comprehensive Economic Partnership) son benéficos para empujar adelante la globalización", que deberá ser más "económica" que "financierista", como abordó la cumbre del G-20 en Hangzhou.

Para Huo Jianguo, alto funcionario del Ministerio de Comercio, "desde el punto de vista económico, los países desarrollados empujados por la globalización elevaron el nivel de su estructura industrial de una manufactura-céntrica a un enfoque de servicios". Pero hoy "la gobernanza global se ha retrasado detrás del rápido desarrollo del comercio y las inversiones globales, lo cual puede ser paliado por el multilateralismo".

Admite que "un problema de los acuerdos comerciales regionales, con el beneficio de innovación de sus reglas, es que pueden llevar a alianzas políticas y militares con consecuencias negativas".

La desglobalización y los regionalismos son reflejo del nuevo orden tripolar global.

www.alfredojalife.com

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“La mayoría de universidades del mundo van a desaparecer”

El experto en innovación y miembro de Singularity University, la universidad de Silicon Valley, cree que la certificación ya no es útil



Cuando David Roberts era pequeño, su padre le contó que Thomas Edison había hecho mucho más por la humanidad con el descubrimiento de la bombilla que cualquier político en la historia. Esa idea marcó su camino. Roberts es uno de los mayores expertos en tecnología disruptiva del mundo y también uno de los rostros más conocidos de Singularity University, la universidad de Silicon Valley creada en 2009 con el apoyo de la NASA y de Google.


Roberts considera que el negocio de las universidades tiene los días contados y que solo sobrevivirán aquellas que tengan una gran marca detrás. Singularity University ha roto con el modelo de certificación; no expide títulos ni existen los créditos. Su único objetivo es formar líderes capaces de innovar y atreverse a romper las normas para alcanzar el ambicioso reto que se ha marcado la universidad desde su creación. Sus alumnos están llamados a utilizar la tecnología para resolver los 12 grandes desafíos del planeta: alimentar a toda la población, garantizar el acceso al agua potable, la educación para todos, la energía sostenible o cuidar el Medio Ambiente, entre otros. Todo en menos de 20 años.


Roberts atiende a EL PAÍS en la Oslo Innovation Week, un encuentro organizado por el gobierno noruego estos días para detectar las nuevas tendencias en innovación que están transformando la economía.


Pregunta. En Singularity University (SU) los cursos no están acreditados. Eso quiere decir que están rompiendo con los títulos oficiales. Las universidades y los gobiernos hacen negocio con ello. ¿Creen que están dispuestos a cambiar el modelo?


Respuesta. No, no creo que estén abiertas a transformarse. Estos años estamos viendo la mayor disrupción de la historia en la educación y la mentalidad habitual ante estas transformaciones tan radicales suele ser la de pensar que lo anterior es mejor. Sucedió en el mercado estadounidense cuando llegaron los coches japoneses; eran más baratos y todos pensaban que de peor calidad, hasta que se demostró que eran mejores. Con la educación va a pasar lo mismo; las grandes universidades no quieren ofrecer sus contenidos online porque creen que la experiencia de los alumnos será peor, que no hay nada que pueda igualar el cara a cara con el profesor en el aula. Mientras ignoran la revolución que está sucediendo fuera, la experiencia de aprendizaje online irá mejorando.


Los programas académicos cerrados y la acreditación ya no tienen sentido porque en los cinco años que suele durar los grados los conocimientos se quedan obsoletos. Nosotros no ofrecemos grados ni créditos porque el contenido que enseñamos cambia cada año.


P. ¿Hay alguna plataforma de aprendizaje online que esté destacando sobre las demás?


R. Udacity. En 2011 el profesor de la Universidad de Stanford Sebastian Thrun, el mejor experto en Inteligencia Artificial de los Estados Unidos, se planteó impartir uno de sus cursos en Internet, gratis y para todo el mundo. Casi 160.000 estudiantes de más de 190 países se apuntaron y el porcentaje de alumnos que obtuvo una A (un sobresaliente) fue superior al de las clases presenciales. Thrun dejó Stanford y montó Udacity, donde ha desarrollado una metodología de enseñanza totalmente nueva. Además, ha creado un nuevo modelo de negocio: si terminas el curso a tiempo te devuelven tu dinero y si no consigues un trabajo tres meses después, también. ¿Te imaginas esto en una universidad tradicional? Las únicas universidades que van a sobrevivir son las que tienen una gran marca detrás, como Harvard o Stanford, o en el caso de España las mejores escuelas de negocios. Las marcas dan caché y eso significa algo para el mundo. El resto, van a desaparecer.


P. Uno de los programas que ofrece SU, el Executive Program, cuesta 14.000 dólares (unos 12.800 euros) y tiene una duración de seis días. Ese precio se aleja bastante de uno de sus retos: la educación accesible para todos.


R. La nuestra es una universidad excepcional. No se trata solo de adquirir información o aprender algo muy específico online, como sucede, por ejemplo, con Khan Academy. Nosotros vamos más allá. Ofrecemos una experiencia que cambia tu mentalidad, que transforma a la gente y cuando se marchan no vuelven a ser los mismos. A mí me sucedió. Unos años después del 11-S me puse a disposición del Gobierno y me incorporé como oficial de las fuerzas aéreas. Cuando escuché que querían crear una universidad para resolver los grandes problemas del mundo, tuve claro que participaría. Y lo hice; primero como alumno y después como vicepresidente y director del Global Solutions Program. Allí te das cuenta de que la vida es corta y de que puedes hacer cosas ordinarias o extraordinarias. Cuando estás en clase con otras personas, empiezas a darte cuenta del potencial que tienes, tu visión de ti mismo y de futuro cambia. No llegas a ese punto con el método habitual de recibir información únicamente.


Reconocido como uno de los mejores expertos en innovación disruptiva del mundo, David Roberts fue vicepresidente de Singularity University y director de su programa Global Solutions Program. Graduado en Ingeniería Informática por el Massachusetts Institute of Technology (MIT), más tarde se especializó en Inteligencia Artificial e Ingeniería Bio-Computacional y cursó un MBA en Harvard Business School. Es presidente de la compañía de drones HaloDrop, de la primera empresa de software para ordenadores quantum 1Qbit y asesor de Made-In-Space, responsable de la creación del primer objeto fabricado con una impresora 3D para la Estación Espacial.


P. ¿Cuál es hoy es principal problema de la educación?


R. La educación se ha roto. Hemos enseñado a la gente de la misma forma durante los últimos 100 años y, como hemos crecido en ese sistema, creemos que es normal, pero es una locura. Enseñamos en las escuelas lo que los colonialistas ingleses querían que aprendiese la gente: matemáticas básicas para poder hacer cálculo, literatura inglesa... Hoy no tiene sentido. Tenemos que enseñar herramientas que ayuden a las personas a tener una vida gratificante, agradable y que les llene. Algunos son afortunados de tener unos padres que les ofrecen eso, pero la mayoría no. Los programas académicos están muy controlados porque los gobiernos quieren un modelo estándar y creen que los exámenes son una buena forma de conseguirlo. Otro de los grandes dramas es la falta de personalización en las aulas. Cuando un profesor habla, para algunos alumnos irá demasiado rápido, para otros muy despacio y para cuatro a la velocidad idónea. Luego les evalúan y su curva de aprendizaje no importa, les aceleran al siguiente curso. Hoy sabemos que si nos adaptamos a los diferentes tipos de inteligencias, el 98% de los alumnos obtendrán el mejor resultado.


P. ¿Qué materias deberían ser imprescindibles?


R. La idea de aprender mucho, solo por si algún día hace falta, es absurda. Quizás deberíamos sustituir la idea de educación por la de aprendizaje y permitir que la gente aprenda en tiempo real, según sus necesidades. El verdadero propósito de la escuela debería ser crear curiosidad, gente hambrienta de aprender, ahí es donde los profesores tienen que ser buenos. Las habilidades emocionales van a jugar un papel muy importante en la nueva economía. Pongo un ejemplo. Los conductores de Uber en Estados Unidos son puntuados por los clientes de uno a cinco. Si alguno de los conductores tiene menos de 4,6 o más de tres opiniones negativas, directamente se le saca de la plataforma. Lo mismo sucede con los usuarios, si tienen menos de 4,6, ningún conductor les recogerá. ¿Quién me enseña hoy a ser honesto, íntegro y a tener compasión?


P. Se ha hablado mucho de que en menos de 50 años los robots terminarán con la mayoría de trabajos. ¿Cómo será el nuevo mercado laboral?


R. Hace 50 años éramos granjeros. Todos estaban preocupados porque las máquinas nos quietarían el trabajo, era la única manera de ganar dinero: tener una granja y vender comida. Hoy las cosas cambian 50 veces más rápido; hace 20 años nadie sabía lo que era un desarrollador web y ahora hay miles, es muy fácil y cualquiera puede hacerlo. Todo el mundo se pregunta en qué trabajo seremos mejores que los ordenadores. En ninguno. Esa no es la pregunta correcta. Hay que plantearse qué tareas no queremos que hagan, aunque lo puedan hacer mejor. No los queremos como militares, ni como alcaldes, tampoco que decidan qué presos pueden abandonar la cárcel. Eso es lo que tenemos que enseñar a la gente a decidir.


P. ¿Cómo podemos estar seguros de que habrá trabajo para todos?


R. La cuestión que me preguntas es si el dinero va a ser más o menor importante en el futuro. Yo solía pensar que la evolución de la tecnología hace que los costes bajen y que la gente pague menos por los mismos servicios. Siguiendo esa predicción, se podría pensar que vamos a trabajar menos porque no necesitaremos tanto dinero y vamos a tener más ocio. Es incorrecto. El ser humano va a seguir creando productos excepcionales, como el iPhone; todo el mundo querrá uno. Tendremos que ser capaces de crear valor para generar dinero y poder comprar esas cosas. La realidad virtual, la impresión 3D, o la salud van a ser algunos de los campos que nos van a sorprender. El mundo seguirá girando alrededor del dinero, que es la energía para hacer cosas o cambiarlas. Esos nuevos inventos te inspirarán a trabajar para poder comprar.


P. La clave del éxito, ¿está en la confianza en uno mismo? ¿Se aprende eso en SU?


R. Como alumno, yo aprendí que una sola persona puede impactar positivamente a todo el planeta. Ese don no está reservado a personas especiales, sino a gente normal, como tú y yo. La gente se convierte en lo que piensa. ¿Qué potencial tiene un bebé? La mayoría de la gente responde que es ilimitado, pero si les preguntas sobre su potencial, no responderán lo mismo. Mi misión ahora es viajar por el mundo bajo la marca de Singularity University para mostrar a los gobiernos, empresas e instituciones que el poder para innovar está ahí, solo tienen que dar el primer paso: cambiar su mentalidad.


P. ¿Cree que los universitarios deben cambiar también su mentalidad?


R. Sí. La aspiración no debe ser que una empresa te contrate. Eso significa que te van a pagar menos de lo que mereces. No tenemos que enseñar cómo conseguir un trabajo, sino cómo crearlo.

 

Oslo 24 OCT 2016 - 20:17 COT

“Jamás me encontrarán un acto de deshonestidad”

“Sé lo que hice antes, durante y después de ser presidente. Nunca hice nada ilegal, nada que pudiese manchar mi historia. En vísperas de cumplir 71 años, veo mi nombre en el centro de una verdadera caza judicial”, aseguró el ex mandatario.

 

El ex presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva se refirió ayer a las acusaciones de corrupción que lo incriminan y que lo pueden mandar a juicio y advirtió: “Jamás encontrarán un acto deshonesto de mi parte”.


En una columna publicada por el diario Folha de Sao Paulo y titulada “Por qué me quieren condenar”, Lula, líder del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), afirmó: “Sé lo que hice antes, durante y después de ser presidente. Nunca hice nada ilegal, nada que pudiese manchar mi historia. En vísperas de cumplir 71 años, veo mi nombre en el centro de una verdadera caza judicial”, aseguró el ex mandatario.


“Se entrometieron en mis cuentas personales, las de mi esposa y mis hijos. Intervinieron mis llamadas teléfonicas y divulgaron el contenido, invadieron mi casa y me llevaron a deponer, sin motivo razonable y sin base legal. Están buscando un crimen para acusarme, pero no lo encontraron ni lo van a encontrar”, continuó.


Además, escribió: “Jamás practiqué, autoricé o me beneficié de actos ilícitos en Petrobras o en otro sector de gobierno. Desde la campaña del 2014 se trabaja en la narrativa de que el PT no es más un partido y sí una ‘organización criminal’, conmigo como jefe. Esa idea fue martillada, sin descanso, por titulares, tapas de revista, radio y televisión. No puedo callarme, sin embargo, frente a los abusos cometidos por agentes del Estado que usan la ley como instrumento de persecución política”, manifestó Lula, en una extensa columna que tiene 21 párrafos.


A su vez, expresó: “Tengo la conciencia tranquila y el reconocimiento del pueblo. Confío en que la Justicia, tarde o temprano, prevalecerá, mas no sea en los libros de historia. Lo que me preocupa, y a todos los demócratas, son las continuas excepciones al Estado de derecho. Es la sombra del estado de excepción que se está irguiendo sobre el país”.


Lula fue jefe de Estado entre 2003 y 2010 y se convirtió entonces en uno de los políticos más influyentes de la región como líder del PT. A la gestión del ex obrero metalúrgico y líder sindical se le atribuye el impulso que convirtió a Brasil en unas de las primeras economías mundiales en la década pasada, aunque recientemente surgieron varias acusaciones en su contra, todas relacionadas con hechos de corrupción.


El 10 de octubre, las autoridades brasileñas lo acusaron de haber favorecido irregularmente a la constructora Odebrecht en negocios con Angola. Antes, el ex presidente ya tuvo que responder ante la Justicia por “ventajas indebidas” en la reforma de un departamento que quiso comprar con un préstamo de una cooperativa gremial en el balneario popular de Guarujá, cerca de San Pablo, compra de la que finalmente desistió. Las acusaciones a Lula se enmarcan todas dentro de la operación “Lava Jato”, considerada la mayor investigación anticorrupción en la historia de Brasil.


Los investigadores de una trama corrupta en torno a la petrolera semiestatal Petrobras lo señalan, incluso, como “el comandante máximo” de la red. Por “Lava Jato” están siendo investigados más de 50 políticos en relación con el presunto pago de sobornos por parte de terceras empresas para obtener un trato de favor en sus negocios con Petrobras, una de las compañías energéticas más grandes de América Latina.


En relación a esto Lula escribió: “La ausencia de seriedad, la desproporción y la falta de base de legal de las denuncias sorprenden y causan indignación, así como la avidez con la que son procesadas en el juicio. Ya no les importan los hechos, pruebas o normas procesales. Denuncian y procesan por mera convicción y es grave que las instancias superiores y los organismos de control funcional no tomen medidas contra los abusos. Me acusan por ejemplo de haber ganado ilicitamente un apartamento que nunca me perteneció y no perteneció por la simple razón de que no quise comprarlo cuando me fue ofrecida la oportunidad, incluso después de unas reformas que se le realizaron que, obviamente, serían incluidas en el precio. Como es imposible demostrar que la propiedad sea mía, porque nunca lo fue, me acusan de ocultarla, en una trama surrealista”.


Luego, aseguró que sus acusadores sabían que no robó, que no fue corrompido y que no intentó obstruir a la justicia, pero dijo que no lo podían admitir. “No pueden retroceder después de la masacre que promovieron en los medios. Se convirtieron en prisioneros de las mentiras que crearon, la mayor parte de las veces a partir de notas periodísticas facciosas y sin rigor. Están condenados a condenar y deben evaluar que, si no me detienen, serán ellos los desmoralizados ante la opinión pública”, agregó el ex presidente.


De acuerdo con las encuestas, Lula lidera la intención de voto de cara a las elecciones presidenciales de Brasil en 2018. Su partido, el PT, gobernó Brasil desde 2003 hasta el 31 de agosto del 2016, cuando su sucesora Dilma Rousseff fue destituida por el Parlamento y Michel Temer, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), asumió la presidencia del país.


“Renuevo mi fe en el pueblo brasileño y en el futuro del país. Constato que está viva en la memoria de nuestra gente cada conquista alcanzada por los gobiernos del PT: los programas Bolsa Familia, Luz Para Todos, Mi Casa Mi Vida, el programa de fortalecimiento de la agricultura familiar y la valorización de los salarios, en conjunto, proporcionaron el mayor ascenso social de todos los tiempos”, dijo Lula y agregó que la gente no olvidará los millones de jóvenes pobres y negros que tuvieron acceso a la educación superior. “Va a resistir a los retrocesos porque Brasil quiere más, y no menos, derechos”, escribió.

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Lunes, 17 Octubre 2016 07:11

Un guerrero triste y cansado

Un guerrero triste y cansado

 

El jueves 27 de octubre el ciudadano brasileño Luiz Inácio da Silva cumplirá 71 años de vida. Cinco menos que Pelé, que habrá cumplido 76 cuatro días antes. Uno menos que Chico Buarque, que cumplió 72 el pasado 19 de junio. Veintisiete más que su más cruel verdugo y perseguidor, el juez provinciano de primera instancia Sergio Moro, que anda por sus verdes 44 años sintiéndose una especie de dios vengador designado para impartir el castigo divino a su presa favorita.


Pero la verdad es que Luiz Inácio da Silva, Lula da Silva, ex presidente, fundador y creador del Partido de los Trabajadores, el PT, principal líder político del país más habitado y más rico de América latina, no anda con espíritu de celebrar nada.


Hace un tiempito le pregunté, en un almuerzo con otros dos amigos, si él no se cansaba nunca. Quise saber de dónde sacaba semejante energía. “A veces sí, me siento cansado, pero no puedo regalarme siquiera ese lujo, el cansancio”, me dijo.


Hablábamos de lo que pasa en Brasil, y él quiso saber cómo me sentía. “Indignado, irritado, impotente y triste”, contesté. Y Lula comentó: “Yo también me siento triste. Al fin y al cabo, hice lo que hice, empecé lo que empecé, y ahora me pasa lo que pasa...”.


¿Y qué es lo que le pasa? Pues le toca asistir a la demolición implacable de su PT, un partido nacido para reformular la política y airear un ambiente históricamente plagado de vicios e inmoralidades, y que terminó por aliarse a los enemigos y se dejó salpicar por el lodo.


Un ataque implacable de los mismos medios hegemónicos de comunicación que él creyó haber seducido, pero que a la hora de la verdad, se pusieron, con una sola y única voz, en su contra.


Por estos días, Lula da Silva trata de buscar una salida para el PT. Las elecciones municipales del domingo 2 de octubre masacraron su partido. Era algo esperado, pero no en tales dimensiones. Ha sido el peor desempeño del Partido de los Trabajadores en los últimos veinte años o más.


“Era algo esperado”, admite Lula. “Pero volveremos a ser lo que fuimos y seremos”, agrega, con la mirada fulminante puesta en algún espacio vacío y perdido.


Cuando conocí a Lula, hace como treinta y pico de años, era un hombre con mirada inquieta y feroz. Su voz ronca anunciaba cambios radicales. Ese Lula furioso ha sido drásticamente cambiado en la campaña electoral del 2002, cuando un publicista de mucho talento y escaso carácter –eligió, vendiendo personas como se fuesen jabón, a tipos de extrema derecha igual que de izquierda– creó la imagen de “Luliña paz y amor”.


Aquel Lula, el de 2002, se comprometió en una “Carta a los brasileños” a preservar puntos cruciales de la política económica de su antecesor, el neoliberal Fernando Henrique Cardoso, y lo hizo. Pero a la vez promovió cambios radicales en el panorama socioeconómico brasileño.


Los números no permiten dudas: el obrero que cometía errores básicos de gramática, que eliminaba el plural en sus frases, que tenía un discurso tosco y directo, montó un gobierno que eliminó a Brasil del mapa del hambre de las Naciones Unidas. En su gobierno, 42 millones 800 mil brasileños abrieron, por primera vez en sus vidas, una cuenta corriente en los bancos.


La libreta de ahorro, único instrumento de que disponían, quedó en la memoria. Se vendieron, como nunca, heladeras, cocinas, motos, coches. Ha sido como si una Argentina entera entrase en el mercado de consumo: 42 millones 800 mil tipos por siempre ninguneados.


Pasados los años, Lula sigue creyendo que hizo lo que tenía que hacer. “El presupuesto del Estado tiene que contemplar a los pobres, no se debe hablar de gasto, en el presupuesto para educación y salud públicas: es inversión. Inversión en el futuro de la gente”, dice.


El problema es que, en el sistema político brasileño, existen 35 partidos políticos activos y en el Congreso hay como 28. Así que ningún presidente se elige contando con mayoría en diputados y senadores. Como consecuencia, es imperioso armar alianzas políticas. Y las alianzas que armó el PT fueron con lo que de más sucio existe en la vida política brasileña. A tiempo: exactamente la misma alianza que ahora sostiene a Michel Temer, que no fue elegido, que llegó a la presidencia a raíz de un golpe institucional.


¿Qué dice Lula de esa experiencia? “Lo importante era tener una base para gobernar.” Su partido, otrora una especie de vestal contra la corrupción dominante en el escenario político brasileño, se mezcló en el lodo.


¿Y ahora? Bueno, ahora hay que empezar todo otra vez.


El mismo Lula es convocado para volver a presidir su partido, el PT. Pero se resiste. Sus interlocutores más cercanos, sus amigos, dicen que más urgente es preparar su defensa contra el acoso irremediable de una Justicia Injusta, que entre otras cosas es capaz de mantener en prisión a su ex ministro de Hacienda, Antonio Palocci, “mientras se buscan pruebas en su contra”. Esa historia de presunción de inocencia, y que les toca a los fiscales probar la culpa, quedó definitivamente eliminada del escenario judicial brasileño. Aquí en Brasil, primero se acusa, luego se detiene al sospechoso, y luego a ver cómo probar sus crímenes.


Lula da Silva anda un tanto tristón. Su mirada pasea por un horizonte invisible. Está cansado. El hombre que dice no cansarse nunca está cansado. Está visiblemente cansado. Mastica despacio y con cuidado cada parte del asado de cordero que eligió. Es un almuerzo entre amigos. De repente, le pregunto: “¿Es que no te cansás nunca?” Y él me mira, una mirada de mil fuegos, y dispara: “Es que no tengo tiempo para cansarme”. Miente. Es evidente que miente. La mentira está estampada en sus pelos, cada vez más ralos; en la mirada, cada vez más opaca; en la voz, cada vez más ronca.


Mañana o pasado o en unos días más lo detendrán. La imagen de Lula preso es, será, la gloria máxima del golpe de Estado, golpe institucional que se dio en mi país, el país de Lula. ¿Ha sido el suyo un gobierno corrupto? No. ¿Hubo corrupción en su gobierno? Claro que sí. ¿Ha sido complaciente con esa corrupción? Quizá. Muy probablemente, sí. En países como el mío, es o eso o la nada.


Me doy cuenta de que Lula tiene una coronita de perlas, de lágrimas, en la frente. De sudor, pues.


Terminamos de almorzar, nos despedimos, nos abrazamos. Nunca fui y jamás seré del PT. Mis críticas al partido creado por Lula da Silva desbordarían el espacio que me concede este diario. Pero salgo de este almuerzo largo y tardío con las palabras que dijo Lula cuando, de manera absolutamente ilegal, lo llevaron a prestar testimonio en la Policía Federal, hace como cinco, quizá seis meses.


Dijo Lula da Silva: “Si me matan, seré mártir. Si me detienen, seré héroe. Si me dejan libre, seré presidente otra vez”.
Si me permiten una participación personal, estoy seguro de que lo detendrán. Mañana o el miércoles o la semana que viene. ¿El crimen? No importa. Por ser obrero, apenas alfabetizado, y haber saneado lo mismo que hirieron sus antecesores.


Lo detendrán y condenarán por haber sido el primer obrero en alcanzar el poder, y que por intuición –mucho más que por ideología– cambió el mapa social de mi país. Es decir: que no robó nada.


Y por eso...

 

 

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¿Qué se juega en la partida geopolítica de la guerra en Yemen?

El conflicto yemení revela una competición entre los Estados de la región para alcanzar la posición hegemónica.

 

Una batalla entre distintos Estados regionales por lograr la posición hegemónica. Es una de las realidades del conflicto bélico que se libra en Yemen, explica el columnista Serguéi Serebrov en el portal Lenta.


Mientras Arabia Saudita invierte colosales cantidades de dinero en la coalición militar que lidera contra la insurgencia hutí, Riad también se enfrenta al descontento existente en el seno de su propio país y de la propia alianza militar por los malos resultados de la campaña desde el principio y las bajas sufridas.


"Riad se juega el papel de superpotencia regional en un conflicto que le enfrenta a los Emiratos Árabes Unidos", apunta Serebrov. "Abu Dabi ha puesto varias veces en entredicho la estrategia y tácticas de la coalición en Yemen, hasta tal punto que ha lanzado operaciones militares independientes en el sur del país", añade. Asimismo, EE.UU. y Reino Unido forman parte del juego del control geopolítico regional en apoyo a la coalición saudita. Washington y Londres buscan, además de comerciar en la región con un gran volumen de armamento, reforzar su propia presencia militar en la zona del estrecho de Mandeb, aclara el columnista ruso.


Además, en la ecuación se encuentra Irán, que no forma parte de la coalición de Arabia Saudí y no desempeña ningún rol directo en la guerra civil yemení, aunque sí tiene influencia en el conflicto. Según Serebrov, Saná no ha criticado al Gobierno de Teherán por obstaculizar un acuerdo de paz y la posibilidad de poner fin a la guerra. Esto puede deberse a que Irán está fomentando el conflicto en aras de proporcionar armamento a los rebeldes hutíes. Asimismo, en respuesta a los ataques de un buque estadounidense contra las zonas costeras controladas por los rebeldes hutíes en Yemen, Irán también ha decidido hacerse notar en la región y ha enviado sus buques militares.


Desde 2014, Yemen vive un conflicto armado entre los chiitas hutíes y las fuerzas leales al presidente Abd Rabbuh Mansur al Hadi, quien se vio obligado a abandonar el país. Desde marzo de 2015, la coalición de países árabes liderada por Arabia Saudita interviene militarmente contra los rebeldes de Yemen.

 

 

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Lunes, 03 Octubre 2016 07:03

El terreno de juego

El terreno de juego

Desde los palacios del futbol americano, del fut de verdad, beisbol, basquetbol y tenis, a campos deportivos de grandes universidades y preparatorias públicas, millones han visto y escuchado un mensaje a favor de la justicia, los derechos humanos y la paz.

Vale recordar que los coliseos deportivos tanto profesionales como de instituciones académicas suelen ser monumentos patrióticos, o por lo menos, donde se intenta promover el patriotismo y festejar el militarismo. Al inicio de cada partido profesional y muchos de los amateurs se entona el himno nacional, a veces hay ceremonias para "dar gracias" a las fuerzas armadas y siempre hay muchas, pero muchas, banderas nacionales (en este país parece que tienen que estar porque aparentemente a mucha gente se le olvida en que país está, o quién sabe por qué).

Pero desde algunos de estos terrenos de juego están brotando expresiones de otro tipo de amor por este país y su pueblo, expresiones de solidaridad con movimientos en las calles. Son actos atrevidos e inesperados justo por realizarse dentro del terreno de juego en coliseos patrioteros, casi siempre en contra de los deseos y posiciones de los dueños o autoridades académicas y hasta de los compañeros de equipo, y ante los ojos de miles y a veces millones (cuando el evento es transmitido por televisión).

Colin Kaepernick, mariscal del equipo de futbol americano de San Francisco, empezó a mediados de agosto a hincarse al inicio de cada partido ante el tradicional toque del himno nacional, como expresión de protesta. Explicó: "no me voy a poner de pie y mostrar orgullo por la bandera de un país que oprime a personas negras y personas de color". Su acto, sin declararlo explícitamente, es en solidaridad con el nuevo movimiento nacional de derechos civiles Black Lives Matter, que nació con las protestas por la muerte a balazos de un joven afroestadunidense en Ferguson, Misuri, hace un par de años. Pero Kaepernick, quien sigue expresando su acto de protesta en cada partido, ya no está solo.

Poco a poco, algunos de sus colegas se han sumado a su acto de desafío, tanto en su equipo como en otros de la liga profesional del país. Algunos jugadores de los equipos de Seattle, Miami, Denver, San Luis, entre otros, se hincan, se sientan o levantan el puño o las manos (en símbolo de protesta) durante la interpretación del himno. De repente estos actos se repitieron en partidos entre equipos en universidades y después en los campos de juego de preparatorias en Nueva Jersey, Illinois, Virginia, Nebraska, Ohio y más. Como ya se reportó en estas páginas, hasta integrantes de la banda musical del equipo de la Universidad Howard –institución afroestadunidense– se hincaron mientras tocaban el himno.

Fue notable el impacto cuando la rubia Megan Rapinoe, estrella del futbol soccer femenil de Estados Unidos, se empezó a hincar en solidaridad, afirmando que los blancos necesitan "apoyar a la gente de color" en estos momentos.

Estos actos detonaron denuncias por las autoridades, gremios de policía, agrupaciones de veteranos militares, algunos dueños y empresarios del deporte y todo un coro de políticos que acusaron que era una falta de respeto a la bandera o incluso que era casi traición.

Pero los atletas –entre ellos algunos de los más famosos hoy día– han continuado. Hace meses, superestrellas de basquetbol profesional, incluido el que es considerado el mejor en ese deporte, LeBron James, de los Cavaliers de Cleveland, y Dwayne Wade, del Heat de Miami, entre otros, habían declarado que no podían mantener el silencio ante la violencia e impunidad policiaca contra la comunidad afroestadunidense.

Esta semana pasada la superestrella del tenis, Serena Williams, transmitió un mensaje en el cual citó a Martin Luther King: “llega un momento en que el silencio se convierte en traición... no me quedaré en silencio más”, y expresó su preocupación por su sobrino de 18 años y otros jóvenes ante la brutalidad policiaca contra los afroestadunidenses.

Cuando el equipo olímpico estadunidense que participó en los juegos en Río este verano fue invitado a la Casa Blanca, la semana pasada, entre ellos también estaban dos atletas viejos: John Carlos y Tommie Smith. Fueron reconocidos por el presidente Barack Obama, quien declaró que "su poderosa protesta silenciosa en los juegos de 1968 fue controvertida, pero despertó a la gente y creó mayor oportunidad para aquellos que siguieron". En los Juegos Olímpicos de 1968 en México, ambos, al ser galardonados con las medallas de oro y bronce, y al entonarse el himno nacional de su país, levantaron el puño en lo que definieron como "un saludo de derechos humanos" durante una de las coyunturas mas difíciles del movimiento de derechos civiles. Fueron expulsados del equipo nacional en otras Olimpiadas. Smith expresó apoyo a las protestas de los atletas hoy día, e indicó que son actos valientes, pero "cuando uno hace algo en que realmente cree, uno verdaderamente no piensa en el costo, nada más lo hace".

La semana pasada Joakim Noah, el centro del equipo de basquetbol profesional Knicks de Nueva York, decidió no aceptar una invitación al equipo a la academia militar West Point, por su oposición a las guerra. “Es difícil para mí entender por qué tenemos que ir a las guerras, por qué los jóvenes tienen que matar a otros jóvenes por el mundo... Estoy muy orgulloso de este país, amo a Estados Unidos, pero sencillamente no entiendo que jóvenes maten a jóvenes por todo el mundo” declaró, de acuerdo con The Guardian. Agregó que apoya lo que hacen Kaepernick y otros atletas al usar sus perfiles públicos para enfocar su atención sobre asuntos graves. “Pero tiene que ser más que eso: este país está fuera de control, los jóvenes matan jóvenes... el himno no es el punto; hay cosas que se necesitan componer”.

Algunos atletas y equipos llegan a ser heroicos en el imaginario popular en todas partes del mundo. Aquí, ante la carencia de héroes en el ámbito político, ofrecen una referencia moral en un momento en que está en juego el futuro de este país.

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Domingo, 11 Septiembre 2016 06:33

Nairo, el embajador de la raza bulldog

Nairo, el embajador de la raza bulldog

Así se define el hombre que va a ganar la Vuelta. Un ciclista que no se queja de lo que cobra y que no tolera que la gente piense que "en Colombia vivimos en chozas de paja y nos vestimos con taparrabos"


MADRID.- Su primera heroicidad es la de ser un hombre discreto. Un edificio de una sola planta que descarta esa retorcida vanidad de viejos campeones. Él es el jefe de un equipo tan potente como el Movistar, donde uno de sus ayudantes, Alejandro Valverde, cobra más que él. Su sueldo también está a años luz del de Froome o Contador. Pero nada de eso impide que Nairo Quintana pierda humanidad o nos espante por su mal humor. El pequeñín, como se le conoce, gasta fama de ser un buen tipo, coherente y rápido de reflejos. El periodista Juanma Trueba nunca olvidará su respuesta en aquella sala en la que vio como un compañero le preguntaba a Quintana de qué raza era. "Bulldog", se defendió él ante una pregunta que no le pareció la más oportuna, cansado de que en Europa traten a Colombia como si fuese un país del tercer mundo.

Pudo ser la primera o la última palabra que se le ocurrió entonces a Nairo Quintana, el nuevo ganador de la Vuelta a España. Un hombre que no sólo defiende un maillot. También a un país y a una manera de ser o de evolucionar. A menudo, se enfrenta a preguntas acerca de Colombia -"como si la gente se creyese que ahí vivimos con taparrabos o en chozas de paja", dice-, que le molestan, no por él, sino por sus gentes. "Porque en un ciclismo en el que ya corren eritreos, japoneses... hay periodistas que podrían documentarse más acerca de Colombia". De ahí aquella respuesta suya, "bulldog", capaz de compararse a una raza de perros con una rapidez mental que, en una entrevista de trabajo, impactaría al departamento de Recursos Humanos de Movistar al completo. El test psicotécnico ya ni sería necesario.


Hay, efectivamente, un mundo paralelo a Nairo Quintana, que siempre aterriza en Colombia y en su Tunja natal. Allí tuvo su primera bicicleta de hierro con la que, a los 15 años, ganó a Juan Pistolas una carrera de 50 kilómetros como si aquellos dos adolescentes fuesen personajes de una novela de García Marquez. Luego, le adjudicaron fama de superdotado, capaz de mover siete vatios por kilo en la bicicleta cuando la media es de cinco. Hoy, a los 26 años, ya posee una biografía de valor, con posibilidades reales de convertirse en el mejor ciclista del mundo. Todo eso le ha otorgado el título de héroe nacional en Colombia. Un país que adora el ciclismo desde los tiempos de Lucho Herrera o Fabio Parra y que se enorgullece de escribir ahora de Nairo.

Una comunión de valores como puede ser Nadal en España. Una declaración constructiva en período de transición siempre hasta la victoria, porque una de las cosas por las que corre es "para regalar alegrías a la gente" y sin engañar a nadie. Del mismo modo que todavía es capaz de vociferar en contra de aquella primera crónica que leyó acerca suya: "El periodista se inventó que no teníamos para comer en mi infancia para compadecerse de mí cuando jamás fue así". Nairo asume que él, como ciclista, tiene límites. "No me gusta decir que se puede cuando no se puede. No soy una máquina programada para ganarlo todo".

Lleva Nairo tres podios en el Tour de Francia. El primero fue a los 24 años lo que, en cualquier caso, siempre llevó a pedirle más. El mundo le pedía atacar a Froome a pie de las montañas y le reprochaban que no hiciese caso. Una ecuación que, sin embargo, Nairo desbloqueaba: "Hay rivales, no somos únicos, tampoco llevamos cuatro ruedas para evitar caídas, somos mortales". De ahí el valor de esta Vuelta a España que fue el territorio de Nairo desde que atacó sin rencor en los Lagos de Covadonga. Luego, necesitó de la fortuna en aquella revolución que montó Contador y que pilló despistado a Froome. Fue, en cualquier caso, el premio de los valientes para Nairo, ajeno esta vez a esos días tan conservadores que deforman su identidad en el Tour de Francia.

Ha sido, en definitiva, ese espíritu Bulldog que él mismo anunció contra pronóstico en aquella sala de periodistas en la que estaba Juanma Trueba, el periodista que ama el ciclismo, que se quedó con aquel detalle anónimo y que en la despedida lo comprendió sin esfuerzo: "Es la combinación de sus facultades físicas con sus facultades mentales (liderazgo, inteligencia en carrera, sentido del deber) lo que convierte a Nairo Quintana en un prototipo de campeón sin techo conocido".

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G-20 en Hangzhou: doble crisis de la economía global y de China con Obama

Los multimedia "occidentales", con sus justas excepciones de Gran Bretaña –como The Financial Times y Reuters–, han eludido abordar la cumbre del G-20 de Hangzhou, a diferencia de sus homólogos más generosos de Rusia y China (el magnificente anfitrión).

En particular, la prensa de Estados Unidos (EU), clavada en su fratricida campaña presidencial, optó por reportar solamente las dos transcendentales cumbres de un lúgubre presidente Obama al margen de la transcendental cumbre: tanto con el sonriente mandarín Xi Jinping, sobre los avances del cambio climático, como con el circunspecto zar Vlady Putin sobre los contenciosos de Siria y Ucrania.

A Obama no le interesa el G-20 –agrupación de corte economicista que concentra 85 por ciento del PIB global– como tal, al que usó para su rescate financiero de 2008, en contraste con Xi, quien exhibió el poderío cada vez más ascendente de China, apuntalada discretamente por Putin.

Fue la última cumbre del G-20 de Obama, cuando EU está más consagrado a la fractura geopolítica ajena, a balcanizar a sus rivales y a preservar como sea la hegemonía anómala del omnipotente dolarcentrismo –a mi juicio, su verdadera carta disuasiva–, mientras China aprovecha su liderazgo geoeconómico global, lo cual se reflejó en forma prístina en la cumbre de Hangzhou: desfavorable en forma y fondo para Obama, y resplandeciente para Xi.

Hoy existe una "guerra geoeconómica" entre EU y China que no se atreve a pronunciar su nombre y que se refleja en sus dos proyectos mercantiles antagónicos, cuando Obama intenta resucitar de los escombros la inviable y caduca "globalización financierista" de alquimia bursátil y lanza sus polémicos tres tratados mercantilistas que ofenden al mundo: el Acuerdo de Asociación Transpacífico (ATP) contra China –sumado del "pivote geoestratégico" de EU para "contener" el ascenso irresistible de Pekín–; la moribunda Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés) contra Rusia y el ominoso cuan ultrasecreto Acuerdo sobre Comercio de Servicios (TISA, por sus siglas en inglés) con su robotización financierista para beneficio unilateral de Wall Street en detrimento del género humano ( http://goo.gl/V9TnnO ).

Una foto quizá resuma mejor que nada por dónde soplan los vientos geopolíticos y geoeconómicos del siglo XXI: Xi y Putin caminando juntos con paso firme al recinto de conferencias y flanqueados por los mandatarios de Alemania y Francia, ¡sin Obama! ( http://goo.gl/s3Wfos )

Dejo de lado los simbólicos desaires a la comitiva de Obama a su arribo a Hangzhou, así como las impensables invectivas personales del singular mandatario Rodrigo Duterte ( http://goo.gl/kbHv7A ) de Filipinas, supuesto excelso aliado militar de EU en su confrontación marítima con China, contra el presidente saliente de la otrora superpotencia unipolar, a quien acusó de injerencista, mientras Putin se daba el lujo de orquestar nuevos acercamientos geopolíticos con los otrora intocables aliados de EU, como Arabia Saudita, Sudcorea, Japón y Turquía, cuando Norcorea recordaba su existencia mediante el lanzamiento de tres misiles provocativos.

Fue interesante apreciar la convergencia del abordaje geoeconómico de Xi y la francesa Christine Lagarde, al mando del FMI, sobre sus "prescripciones" clínicas para resucitar la aletargada economía global mediante recetas "incluyentes" con un "desarrollo interconectado" y digitalizado que agregue la "industrialización colectiva" de los países africanos y los países menos desarrollados: léase, frente al moribundo cuan inconexo modelo "excluyente" neoliberal anglosajón, de corte fiscalista/monetarista y de control financierista.

Ahora China encabeza y exhorta a un nuevo camino ( http://goo.gl/dO2vVd ), una "segunda globalización", más consensuada y de visión de mediano y largo plazos, que sustituya a la añeja globalización anglosajona, de corte unilateral e inmediatista/cortoplacista, que ha provocado la revuelta nacionalista de los ciudadanos desempleados en Gran Bretaña y EU mediante la protesta electoral del Brexit y el trumpismo, que implican un mayor "proteccionismo" mercantil con freno a las inversiones transfronterizas, que, por el contrario, busca reactivar el nuevo proyecto de "globalización china" mediante sus dos pilares: el banco AIIB ( http://goo.gl/vK8UZ2 ) y la "ruta de la seda" ( http://goo.gl/LKw150 ).

China busca "civilizar" el salvaje capitalismo cuando uno de sus métodos será combatir la "corrupción", lo cual habrá indispuesto a muchos mandatarios allí presentes ( http://goo.gl/rI2Smp ).

China exulta las “ganancias concretas ( http://goo.gl/A7jcFC )” de la cumbre de Hangzhou –que Marco Polo bautizó a finales de siglo XIII como "la más hermosa y espléndida ciudad del mundo" cuando Europa yacía en su medievalismo y EU aún no existía–, mientras Reuters diluye sus alcances: "muchas promesas; pocos planes concretos".

Reuters fustiga que “China produce la mitad de la producción anual de mil 600 millones de toneladas de acero y lucha para disminuir su sobrecapacidad estimada de 300 millones de toneladas ( http://goo.gl/vThM0M )”. Justamente el “G-20 apeló a la formación de un "foro global" para paliar la sobrecapacidad de acero.

Tom Mitchell, George Parker y Gabriel Wildau, del Financial Times, aseveran que la tónica de la cumbre del lado "occidental" era aplacar la furia de los ciudadanos en sus respectivos feudos "contra de la globalización y el libre comercio", a grado tal que, en forma inédita, el anterior banquero de Goldman Sachs y hoy primer ministro Malcolm Turnbull, de Australia, una de las joyas de la corona de la anglósfera, advirtió a los mandatarios de EU y Gran Bretaña la necesidad de "civilizar (¡supersic!) el capitalismo" cuando el "crecimiento ha sido muy bajo por mucho tiempo para muy pocos". Citan a una fuente anónima de la reunión anglosajona a puerta cerrada de que se trató de una "cumbre donde los líderes hablaron mucho más sobre la gente y mucho menos sobre economía", lo cual fue el acento de Xi en su diálogo con los empresarios: "el desarrollo es para la gente, debe ser seguido por la gente y sus resultados deben ser compartidos por la gente", ya que "no es solamente una responsabilidad moral de la comunidad internacional", sino "también ayuda a liberar la inconmensurable demanda efectiva" ( http://goo.gl/gkTM9I ).

A los rusos no les pasó desapercibida la estridente amenaza de Obama, con el fin de "sabotear la cumbre", sobre las "consecuencias contra China mientras se encontraba en el país como invitado", tema que deseaba evitar Xi ( http://goo.gl/A6EtAO ).

Obama anduvo desatado: también "amenazó", fuera de la agenda, “librar una ciberguerra contra Rusia ( http://goo.gl/sWhQfY )”.

El mundo se encuentra ante una bifurcación que marcará el destino del siglo XXI, si es que no ocurre una guerra declarada en el camino, entre la fracasada "globalización anglosajona" y el proyecto de la "globalización china".

El comercio mundial se decidirá por lo que suceda en el Mar del Sur de China en la batalla por su control geopolítico entre China y EU.

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