¿Qué tan realista es la autosuficiencia china?

Hoy los países tienen sentimientos encontrados acerca del futuro, pero claro, algunos están más seguros de sí mismos que otros. En la actualidad, son muy pocos los países en los que gane la auto-confianza. Me parece que esto le ocurre a Estados Unidos, a Europa Occidental y Oriental, Australia, Oriente Medio, y a la mayor parte de África y América Latina. La gran excepción al pesimismo reinante es China.

China se dice a sí misma que está llevando a cabo la mejor economía-mundo para la gente. China muestra seguridad porque creen que su modelo económico está funcionando mejor hoy en día que hace algunos años y, que lo están haciendo mejor que los demás.

China también se dice a sí misma que crece más fuerte y rápido que su entorno geopolítico; en el Este y Sudeste de Asia y en gran parte del resto del mundo.

China observa despectivamente la prioridad que Estados Unidos le está dando a su posición en Asia. Al parecer están seguros del grado de auto-control del gigante estadounidense. Y, ahora que el impredecible Donald Trump llega al poder, China piensan que puede manejar la arrogancia imperial de los Estados Unidos.

La pregunta es, ¿qué tan realista es esta auto-evaluación de China? Hay dos premisas implícitas en la auto-confianza de China, cuya validez deben ser investigadas.

La primera es,¿los países, o más bien los gobiernos de los estados, pueden controlar lo que está sucediendo con la economía-mundo?

La segunda, ¿podrán los países contener eficazmente el descontento popular, ya sea por la represión o por concesiones a las demandas populares?

Si esto último fue parcialmente cierto, alguna vez, en el sistema-mundo moderno, estas afirmaciones se han vuelto cada vez más inciertas con la crisis estructural del sistema capitalista en la que el mundo se encuentra hoy en día.

Cuando nos fijamos en la primera premisa, comprobamos que los países no tienen capacidad para controlar lo que les sucede con el sistema-mundo moderno. La mayor evidencia es lo que ha venido sucediendo, en los últimos años, a la propia China.

Sin duda, ningún estado ha trabajado tan duro como China para garantizar la continuidad de su alto rendimiento. China no ha dejado sus actividades al funcionamiento del "mercado". El gobierno de China ha intervenido constantemente en la actividad económica.

De hecho, han dictado prácticamente lo que se va a hacer y cómo se va a hacer. Sin embargo, a pesar de todo lo que ha hecho el gobierno, China se ha encontrando con preocupantes retrocesos este último tiempo.

El gobierno ha enfrentado estos contratiempos lo mejor que ha podido, pero solo ha logrado moderar la crisis, no prevenirla. No niego las acciones del gobierno chino. Simplemente insisto en que hay que darse cuenta de los límites de su eficacia.

Si nos fijamos en la arena geopolítica, China ha logrado que otros estados reconozcan su política de "una sola China". Teniendo en cuenta lo que era su situación hace cincuenta años, China lo ha hecho excepcionalmente bien en este campo. No obstante, recientemente Taiwan parece haber recuperando algo de terreno en su lucha por la autonomía. Tal vez esto sea una ilusión momentánea o, tal vez no.

La segunda premisa es aún más dudosa. Aunque los levantamientos populares contra regímenes autoritarios o corruptos no son nada nuevo, últimamente estos levantamientos son más frecuentes, más repentinos, e incluso tienen más éxito que en el pasado.

El ejemplo está justo al lado de China, en Corea del Sur. La presidente Park Geun-hye ha caído violentamente, de un día para otro, en las preferencias de la población. En estos momentos está siendo sometida a juicio político a pesar de su impresionante victoria electoral y del control que tiene sobre el aparato administrativo del estado.

Un vistazo a estos levantamientos muestran que, mientras que a menudo tienen éxito derrocando el régimen que está en el poder, ningún movilización popular ha sido capaz de crear un nuevo régimen perdurable.

No es que el gobierno chino, y el Partido Comunista de China, no sean conscientes de estas realidades. ¡Todo lo contrario! Sin embargo están convencidos que van a superar los obstáculos y lograran en los próximos diez a veinte años ubicarse como la estructura económica dominante en el mundo. Y, teniendo en cuenta esto, esperan prevalecer geopolíticamente sobre los demás, y en particular sobre los Estados Unidos.

Nadie puede estar seguro lo que pasara con esta rivalidad geopolítica. He hecho de abogado del diablo al cuestionar las dos premisas de la auto-confianza de China.

Como siempre digo yo, visualizo la situación actual del mundo como una rivalidad entre dos grupos que están combatiendo no acerca de cómo administrar el actual sistema mundial, sino más bien sobre la sociedad que debe sustituir a un sistema capitalista que ya no es viable tanto para sus super-élites, como para las clases sociales y pueblos oprimidos.

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Viernes, 30 Diciembre 2016 07:48

Hacete el loco

Hacete el loco

En tres semanas el mundo entrará de pleno en el universo trumpiano. El quid de la política de Donald Trump, tal como él mismo lo ha dicho, es la imprevisibilidad. Hacete el loco y los demás no sabrán si sos peligroso o payaso.

 

En realidad poco importa si uno votó por Donald Trump, contra él, o se abstuvo en la elección presidencial de noviembre pasado. Porque sólo Trump, un malabarista de inversiones entreveradas, sabe qué cree y qué se propone hacer, suponiendo que lo sepa.


Es larga la lista de “políticas fundamentales” que Trump, de 70 años de edad, prometió a sus partidarios y que ha desechado después de las elecciones. La única conclusión que arroja un poco de luz sobre el carácter de quien será el 45 presidente de Estados Unidos es que dice lo que le venga bien, sin que se proponga cumplirlo, y se desdice cuando le da la gana si ello le conviene.


Juró que enjuiciaría y mandaría a la cárcel a su rival demócrata Hillary Clinton. Semanas después de la elección dijo a sus simpatizantes que todo había sido puro verso de campaña y que Hillary, al igual que su marido el ex presidente Bill Clinton, son gente encantadora.


Denunció a Hillary Clinton por sus cónclaves con los ejecutivos principales de Goldman Sachs y otros antros de la piratería financiera global, pero para su embrión de gabinete ha traído gente de Goldman Sachs y otros capitanes de la misma filibustería.


Prometió que deportaría a 11 millones o 12 millones de inmigrantes indocumentados y construiría un muro “increíble, bello, impenetrable” a lo largo de la frontera con México. Ahora coquetea con la idea de deportar sólo a los indocumentados que cometen crímenes –que ha sido exactamente la política aplicada por el presidente Barack Obama–, y señala que la “gran muralla” quizá termine siendo una cerca en algunos segmentos de la frontera.
Aseguró que desde el primer día de su mandato, que comenzará el 20 de enero, anularía totalmente la reforma del sistema de salud promulgada por Obama en 2010, pero ahora dice que algunos aspectos de esa legislación son positivos y todo será cuestión de acomodar las cosas.


Juró que “limpiaría el pantano” de acomodos en Washington, donde los políticos pasan a ser funcionarios, los funcionarios de gobierno pasan a ser gestores, y los gestores compran políticos, pero para el gobierno que está formando ha traído ex políticos, ex gestores y ex funcionarios.


Después de que el gobierno de Obama se abstuvo de votar en las Naciones Unidas una resolución que condena la extensión de asentamientos israelíes en predios palestinos, Trump prometió que “todo será diferente en la Onu a partir del 20 de enero”. Propondrá como embajador de Estados Unidos en Israel a David Friedman, un abogado de bancarrotas que ha recolectado millones de dólares para un asentamiento israelí, y también prometió que trasladará de Tel Aviv a Jerusalén la embajada estadounidense.


Y esto proviene de un candidato que ha criticado las intervenciones estadounidenses en el resto del planeta como un despilfarro de dinero y una distracción respecto de las necesidades domésticas, y que ha sostenido que Estados Unidos no puede seguir siendo “policía del mundo” ni debe embrollarse en las peleas de otros.


Todos estos son ejemplos de cuánto puede tomarse en serio la palabra de Trump en materia de políticas domésticas, y son por ahora los únicos indicios que el resto del planeta tiene acerca de las amenazas, jactancias, promesas y volteretas de Trump en política internacional.


EL ARTE DE LA NEGOCIACIÓN.


La adjudicación a Trump de alguna ideología es una cacería sin presa. Los gobernantes del resto del mundo aprovecharán mejor las próximas tres semanas en una lectura, con apuntes, de El arte de la negociación, publicado en 1987 y que Trump considera el libro más importante después de la Biblia. (El periodista Tony Schwartz, que aparece como coautor, dijo en 2016 que Trump nada tuvo que ver con la escritura).


Para Trump todo es a deal: el acuerdo al que se llega después de una negociación. En el comienzo de toda negociación las dos partes presentan sus demandas mayores, hacen un gran pamento, demostración de fuerzas y, si conviene al caso, intercambian amenazas. Luego se sientan y negocian. Es la transacción en la cual una parte cede un poquito a cambio de ganarle una tajadita a la otra. No se trata de ideales, principios morales, patriotismo, justicia, democracia y otras entelequias. Se trata de salir ganando lo más que se pueda.


Un ejemplo, hipotético por ahora, es cuál será la política de Trump, digamos, hacia Cuba. Durante la campaña electoral, y especialmente cuando fue claro que los votos en Florida resultarían cruciales, el candidato republicano reiteró las denuncias contra la tiranía de los Castro y los lamentos por la opresión del pueblo cubano. También denunció la apertura diplomática iniciada por el presidente Obama en 2014.


Pero Trump también ha garganteado mucho acerca de cómo otros países aprovechan la ingenuidad de Washington y le sacan ventajas comerciales. Un ejemplo: debido al embargo que, desde 1960, impide que las empresas estadounidenses hagan negocios en Cuba, el mercado cubano se ha poblado de empresas de Europa, Canadá, China y América Latina.


Quizá, tal vez, vaya uno a saber, si el gobierno de Raúl Castro, ahora que ya el hermano mayor se fue al cielo en el que no creía, invitará a la Corporación Trump para la construcción y operación de un hotel y casino en Varadero... el presidente Trump, como también lo ha dicho, no necesita más los votos en Florida al menos hasta 2020. Cuba está allí, fruta madura y jugosa para el turismo estadounidense.


La “gran muralla” prometida para la frontera sur, si llegara a concretarse, no sólo impediría el cruce de los migrantes indocumentados. Sería una barrera al otro gran negocio del cual Trump poco habla: el tráfico de drogas hacia Estados Unidos y de armas hacia México y América Central. Será interesante ver qué tipo de deal tendría Trump para ofrecerles a esos negociantes.


En lugar de la diplomacia, entramos en la era de la “deal-cracia”.


NOSTALGIAS DE LA GUERRA FRÍA.


Por lo que puede deducirse de sus discursos, entrevistas, exabruptos y twits, la visión que Trump tiene del panorama global está arraigada en una nostalgia de la década de 1950 –cuando Estados Unidos era la superpotencia number one– y se ramifica en un disgusto visceral ante un mundo multipolar, de comercio globalizado, con organizaciones criminales y terroristas que cruzan fronteras, decenas de millones de migrantes desde tierras subdesarrolladas y un caos que demanda el control de “los grandes”.


En esa visión hay grandes de segunda –Rusia– y otro de primera que puede convertirse en reto mayor para Estados Unidos: China. Y, como haría cualquiera que tuviera dos adversarios, lo astuto sería aliarse con el menos fuerte para superar al más fuerte.


De ahí el coqueteo de Trump con el dictador ruso de turno, Vladimir Putin, quien ya envió una cartita de Navidad toda cariñosa al futuro presidente de Estados Unidos.


Durante la campaña electoral hubo denuncias sobre la intromisión cibernética de Moscú en la divulgación de documentos internos del Partido Demócrata –con la ayuda de Wikileaks–, y Trump se burló de las acusaciones. Después de las elecciones, todas las agencias de inteligencia de Estados Unidos han concluido que la intromisión fue dirigida desde Moscú con conocimiento del mismo Putin.


Pero Trump sigue desechando los argumentos casi como un eco de la propaganda desde Moscú, y como secretario de Estado ha postulado al presidente de Exxon Mobil, Rex Tillerson, condecorado por Putin en 2013 con la Orden de la Amistad por sus buenos negocios petroleros en Rusia.
En el punto actual de fricción de Estados Unidos con Rusia –el conflicto armado entre clientes de ambos en Siria–, Trump a la vez ha proclamado su preferencia por mantener en el poder al dictador Bashar al Asad, el patrocinado de Putin en esta pelea, y ha dicho que él apoyará el establecimiento y defensa de “zonas de seguridad” donde puedan refugiarse los civiles castigados por la guerra. Moscú se opone a tales santuarios, que podrían albergar fuerzas rebeldes.


Trump ha dicho que el presidente Obama ha sido tímido, si no cobarde, en sus tratos con Rusia, lo cual sugeriría que él se plantaría de frente a Putin. Pero Trump también ha indicado que la anexión de Crimea a costa de Ucrania, en definitiva, es resultado lógico de las áreas de influencia.
Al mismo tiempo que sostiene que “todo iría mucho mejor” si Estados Unidos y Rusia pudieran entenderse mejor, Trump ha dicho que con gusto se sumaría a una carrera de armamentos nucleares porque está seguro de que Estados Unidos es y será el number one y le ganará a quien quiera competirle.


En la opacidad de las verdaderas políticas que Trump llevará adelante, el único perfil que parece emerger acerca de la política exterior es un dealcon Putin que vuelva a dividir el mundo en áreas de influencia. Una geopolítica en la cual las dos superpotencias blancas y cristianas (en el caso de Putin, desde que encontró la utilidad de la Iglesia Ortodoxa) le pongan bretes a la pujanza de China, y utilicen como lo hicieron durante la Guerra Fría las peleas en otras partes del mundo para su propia competencia. y jactancia antes de que, como presidente, se siente a negociar deals reales.

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Frei Betto: Los errores de la izquierda son no organizar ni politizar al pueblo

 

Carlos Alberto Libânio Christo, más conocido como Frei Betto, teólogo, filósofo y antropólogo, es uno de las grandes y escasas personalidades con mucha influencia en Latinoamérica. Sus más de cincuenta libros, el compromiso con los movimientos libertarios de Latinoamérica, su amistad con el líder de Cuba Fidel Castro y otras grandes personalidades como el recién canonizado Monseñor Óscar Arnulfo Romero de El Salvador, le convierten en un referente de la historia contemporánea latinoamericana.


En esta oportunidad, tras ser galardonado por la Universidad Nacional de Costa Rica, en el marco del VII Encuentro de la Red Internacional de Escritores por la Tierra, por su trayectoria intelectual y humanística, Frei Betto, nos ofrece sus puntos de vista sobre la reciente actividad política de Latinoamérica que está estremeciendo a gobiernos democrático-populares de izquierda.

 


– ¿Qué te parece cómo se está configurando Latinoamérica? Sube la izquierda y ahora parece que va para abajo.


Bueno, en los últimos cincuenta años tuvimos tres grandes ciclos en Latinoamérica: primero el ciclo de las dictaduras militares, allí fracasaron; después vinieron los gobiernos neoliberales, mesiánicos neoliberales, Collor en Brasil, Fujimori en Perú, Menem en Argentina, García Meza en Bolivia, Caldera en Venezuela [1], y por ahí va. También fracasaron y fueron rechazados por el pueblo en elecciones. Entonces llegaron los gobiernos democráticos-populares, y ahora hay una amenaza: que esos gobiernos van a ser rechazados por, de nuevo, gobiernos neoliberales como Macri en Argentina [2], entonces tenemos que analizar por qué pasa eso.


Desde mi punto de vista, todos esos gobiernos han representado grandes avances sociales, también en la política exterior, soberanía, independencia antiimperialista, pero han cometido dos grandes errores: no han tratado de organizar y politizar al pueblo, un gobierno progresista no se mantiene por consignas, por promesas. Los pueblos pueden soportar la dificultad, como pasa en Cuba, si tiene formación ideológica para comprender esa dificultad y estar dispuestos al sacrificio.

 

– ¿No se ha luchado por la conciencia social del pueblo?


No se ha hecho un trabajo de base, en el sentido de organizar políticamente al pueblo, y ese pueblo está sujeto y por tanto vulnerable, a toda la propaganda de la prensa burguesa que sigue dominando a estos países.


– El ascenso de la burguesía, incluso queriendo derribar gobiernos por la vía democrática que ellos mismos proponen, ¿esto va a significar un serio retroceso para Latinoamérica?


¡Sí! Tenemos que pensar ¿y nosotros qué culpa tenemos de ese proceso? O sea, no basta decir que viene el enemigo, que va a pasar eso. Estamos analizando dos factores: primero, no tratamos de organizar y politizar a la gente, por ejemplo, cuando Lula [3] llegó al gobierno mucha gente pensó que ahora el gobierno era una gran vaca que tiene que tener una teta para cada boca, y muchos movimientos sociales ya no actuaron con decisión, con coraje, ‘estamos esperando que el gobierno va a hacer esto, que el gobierno va a apoyarnos’, y el gobierno no apoyó. El gobierno ha sido muy bueno en muchos aspectos, pero ha sido bastante padre de los pobres y madre de los ricos.

 

– ¿Mucho asistencialismo?


Mucho asistencialismo, es el segundo factor. Han tratado de facilitar o que el pueblo se haga de bienes personales: computadora, nevera, teléfonos celulares, y no los bienes sociales: educación, salud, vivienda, saneamiento, transporte colectivo, etcétera. Entonces creó mucho más una nación de consumistas que una nación de ciudadanos, y la gente ahora tiene rabia porque ya no puede viajar en avión como pasaba en Brasil en los tiempos de Lula, los pobres podían montar en el vuelo ahora ya no pueden. Entonces tenemos que hacer autocrítica, por qué ahora la gente va a la calle, hace crítica dura a los gobiernos progresistas, por ejemplo en el caso de Venezuela, el desabastecimiento es un problema grave, es muy difícil decir a una persona que no tiene el acceso al mercado de bienes esenciales que apoye al gobierno, pero si esa persona fuera formada políticamente podría entender las dificultades. Un militante guerrillero que está en las selvas pasa por muchas dificultades, pero le mantiene seguro la ideología, eso no se trabajó, en esa formación política.

 

– La oligarquía, el neoliberalismo, están llevando de nuevo el caos a Latinoamérica, ¿tiene esto que ver también con la estrategia de Estados Unidos de “recuperar su patio trasero”?


Sí porque Estados Unidos, un poco entrecomillas, se ha olvidado de América Latina por todas las guerras en oriente, el narcoterrorismo y todo, y ahora se da cuenta que es hora, de nuevo, apropiarse de América Latina, entonces se trata de que Obama va a visitar a Macri, que Obama diga que el pueblo tiene ahora que decidir en la calle las cosas, y por allí va, o sea no hay que subestimar al enemigo, ellos están muy atentos de nuevo en América Latina, sabe la importancia de lo que hay en el continente, entonces nosotros tenemos, claro, que luchar para evitar esa catástrofe, pero estamos bajo la seria amenaza a nuestros gobiernos, de llegar al gobierno, al poder o poder seguir en las mismas manos, ahora ese poder trata de rechazar esos gobiernos.

 

– ¿Nos estamos enfrentando de nuevo a las dictaduras o al ascenso de posibles dictaduras?


No dictaduras en el sentido de lo que pasó en Brasil, no veo ninguna señal de que, por ejemplo, los militares en Brasil tengan ningún interés en gobernar porque salieron muy desmoralizados...

 

–... me refiero a una dictadura económica...


...Si, a una dictadura de mercado. Una dictadura de mercado está denunciada por el papa Francisco en un documento reciente. Eso sí, la dictadura de mercado es una dictadura muy inteligente, muy sutil, una dictadura que se hace por los medios de comunicación, eso va a seguir mientras vivamos en el capitalismo, no hay otra manera, o sea tenemos que tratar ahora, lo que muchos gobiernos progresistas han tratado, la cuestión de Evo Morales de cómo vamos a salir del capitalismo, cómo vamos a crear las condiciones dentro de las contradicciones actuales para una sociedad pos capitalista, ese es un trabajo que tenemos que hacer ahora.


– Dentro de este contexto, bajo tu óptica, cómo analizas la nueva relación de Estados Unidos y Cuba, pero Estados Unidos no deja las amenazas sobre Cuba.


Dos cosas, primero es necesario para Cuba tener relaciones con Estados Unidos y poner fin al bloqueo, es muy costoso para la vida interna del pueblo de Cuba el mantener el bloqueo, Estados Unidos siempre ha sido mercado importante para los productos cubanos y hay muchos cubanos que viven en los Estados Unidos que mantienen relaciones con sus familiares en Cuba, en fin, Cuba quiere, siempre quiso, tener buenas relaciones con Estados Unidos, esa es una cosa; la segunda cosa, lo que Fidel [4] me dijo el año pasado en un conversatorio, de que Obama cambia los métodos, pero él tiene que cambiar los objetivos, y los objetivos de Obama son claros: la anexación simbólica ideológica de Cuba al sistema capitalista llamado eufemísticamente democracia, entonces no hay ninguna duda, no hay que tener ninguna ingenuidad, que quiere que Cuba vuelva a ser un país predominantemente bajo la dictadura del mercado.


– ¿Está preparada Cuba?


Primero Cuba ve con buenos ojos el acercamiento con Estados Unidos en el sentido diplomático y comercial; segundo sabe que va a haber un choque entre el tsunami consumista con la austeridad revolucionaria, los cubanos están muy seguros que eso va a pasar, entonces ahora tratan de tomar una serie de medidas como por ejemplo se va a evitar inversiones individuales como, por ejemplo, tener un McDonald en cada esquina, esas cosas no van a pasar, todas las asociaciones corporativas tienen un cincuenta y un por ciento de capital y dirección cubana. Ahora se va a discutir en el congreso del partido en el mes de abril para tener profundidad en estos temas.


– Conociendo al capitalismo y sus agentes en todo el mundo, conociendo lo que está sucediendo en Latinoamérica, ¿es posible que Cuba empiece a corromperse, en cierta manera, por los espejitos que le ofrecen?


El peligro de Cuba de transformarse en una mini China, o sea en un país de políticas socialistas con economía capitalista es muy serio, muy serio, entonces hay que llamar la atención sobre ese punto, mas yo creo que los cubanos tienen una conciencia política-ideológica mucho más avanzada que los chinos. Los chinos siempre han tenido gobiernos que vienen de la tradición imperial, muy patriarcal, muy de arriba para abajo, no, en Cuba hay una población participativa en el proceso revolucionario que en su mayoría no quiere un gobierno capitalista, entonces yo tengo mucho más confianza en que ese proceso va a ayudar a priorizar el socialismo cubano no que va a amenazar al socialismo cubano.


– Estaba leyendo en la página de Cubadebate algunos artículos que me parecen bastante temerosos. Los escritores cubanos también se preguntan si la sociedad va a aguantar ese embate. Por cierto, una cerveza publicó un anuncio que causó mucho revuelo en Cuba por ir contra los valores morales establecidos. Hay indicios de que algunos eventos están fuera del control del gobierno.


Riesgos siempre hay, hubo cuando Cuba se acercó a la Unión Soviética, tuvo que pagar un precio que no era propio de la identidad cubana, por ejemplo, o sea, un precio que, para que tu tengás una idea, cuando vino el periodo especial después de la caída del muro de Berlín, era más barato importar papas desde Alemania Oriental que cultivarlas en Cuba, o sea, no pasó por ninguna cabeza, mucho menos las de los cubanos, que un día la Unión Soviética iba a desaparecer. O sea, riesgos en todas relaciones siempre hay, no hay otra manera, ahora, creo que Cuba está preparada y tiene que prepararse más todavía para enfrentar ese acercamiento, para que David al enfrentar a Goliat sea consciente que puede vencerlo, eso es muy importante.


– Desde hace cincuenta años que triunfó la revolución, Cuba es un referente muy importante para Latinoamérica, influyente en cómo se mueve Latinoamérica. Esta nueva relación que tiene con Estados Unidos ¿de qué manera va a influir en Latinoamérica?


Para América Latina va a ser positivo. Primero porque fue un voto del conjunto de países de América Latina la integración de Cuba en la Organización de Estados Americanos, todavía no se llevó por completo ese proceso, pero en Panamá ya se abrieron las puertas, no tiene sentido seguir a esta Organización si Cuba no está dentro de nuevo, son avances importantes, y después los organismos que se crearon como la CELAC [5], son iniciativas que demuestran que América Latina tiene derecho a su independencia y soberanía sin la participación de los Estados Unidos. Hay que tener relaciones de autoridad con los Estados Unidos no de sumisión, entonces eso tiene su reflejo porque los cubanos tienen mucho sentido de cubaneidad, un sano orgullo de su identidad nacional que se reflejó muy bien en la entrevista, en la rueda de prensa que Obama y Raúl dieron durante la visita de Obama a Cuba, cuando preguntaron sobre los derechos humanos la respuesta de Cuba fue mucho más consistente que la de Obama. Qué país, preguntó Raúl garantiza a todos los tres derechos fundamentales de alimentación, salud y educación. Qué hay de salud para la gente en los Estados Unidos, muchos estadounidenses van La Habana para tratarse.


– Dentro de este panorama hay un tema que está pasando muy desapercibido: el tema ambiental.


Sobre el tema ambiental, lo más importante que pasó en estos últimos tiempos fue la Encíclica de Francisco “Laudato Si”, tanto el creyente como el no creyente han dicho que no hay ningún documento en la historia de la Ecología más importante que este, porque todos hablan de los efectos de la degradación ambiental, pero no apuntan a los responsables, las causas, y ese documento del papa apunta a ellos. Tenemos que explotar mucho ese documento, no es un documento solo para católicos, es un documento para la Humanidad. Todavía la izquierda no ha tomado en serio el problema ambiental, la izquierda tiene sus prejuicios. Yo me recuerdo cuando Chico Méndez en Brasil, hablaba de los pueblos, de la selva, de los métodos que ellos utilizaban para defender la selva, había mucha gente de izquierda que decía ‘no, eso no tiene importancia política, y yo estoy convencido, incluso, que hoy el tema de la Ecología puede ser un tema para agregar mucho más gente a nuestra causa de liberación.


– ¿Podría la Ecología, igual que el pensamiento latinoamericano, rejuvenecer el pensamiento de la izquierda?


Sí, podría y debe, porque en Europa no hay más izquierda, en Estados Unidos tampoco, entonces queda un poco en América Latina, asimismo mucha gente de izquierda no tiene todavía un proyecto de sociedad nueva. La izquierda en muchos países, además de Brasil, se dejó cooptar un poco por el neoliberalismo de allí viene la corrupción y todo esto.

 


Notas:


[1] Se refiere a los expresidentes: De Brasil, Fernando Collor de Melo; de Perú, Alberto Fujimori; de Argentina, Carlos Menem; de Bolivia, Luis García Meza y de Venezuela Rafael Caldera.
[2] Actual presidente de Argentina Mauricio Macri.
[3] Luiz Inázio Lula da Silva, expresidente de Brasil.
[4] Fidel Castro, líder de la revolución cubana.
[5] Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, organismo que no incluye a los Estados Unidos ni a Canadá.
Por Néstor Martínez, periodista y escritor. Red Internacional de Escritores por la Tierra.

 

 

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“Él nos enseñó que sí se podía hacer la revolución”

El líder cubano muerto será inhumado hoy a las siete de la mañana. Antes recibió el último homenaje de masas, en la Plaza de la Revolución de la ciudad oriental de Cuba. Fue el fin de la caravana de la libertad.


Raúl Castro acaba de cambiar el rito. No cerró su discurso con “Hasta la victoria siempre”. Ni con el “Patria o muerte” seguido del “Venceremos” del pueblo en la Plaza de la Revolución. Terminó su discurso de despedida a Fidel Castro en La Habana con solo tres palabras: “Hasta la victoria”. A las ocho y cuarto de la noche, hora de Cuba, ondean miles de banderas cubanas. Los que portan las banderas repiten “Hasta la victoria” o simplemente se quedan callados. Es el último acto. Ahora empieza la vigilia de las cenizas y a las siete de la mañana la inhumación del líder muerto.


El discurso que acaba de pronunciar el presidente de Cuba y primer secretario del Partido Comunista delante de presidentes y ex presidentes como Evo Morales, Luiz Inacio Lula da Silva y Dilma Rousseff tuvo dos ejes.


Uno, el homenaje a los caídos desde el principio del proceso rebelde que arrancó el 26 de julio de 1953 con el intento de toma del cuartel Moncada en Santiago de Cuba y con otro intento, también fallido, de copar el cuartel más importante de Bayamo, a 125 kilómetros de aquí.


Otro eje, los ejemplos históricos de superación de dificultades. Sobre todo uno, el llamado período especial que se abatió sobre los cubanos durante el proceso de ocaso e implosión de la Unión Soviética y los dejó sin petróleo, insumos, recursos y energía.


“Quien intente apropiarse de Cuba recogerá el polvo de la derrota anegado en sangre”, fue su frase más fuerte.
Cuando habló de la inhumación de las cenizas de su hermano, Raúl mencionó entre otros a Frank País, el dirigente del Movimiento Revolucionario 26 de Julio, nombre elegido por la fecha del intento de asalto al Moncada, asesinado en una escalinata en pleno centro de esta ciudad oriental.


No hubo información oficial sobre el sitio que habrá para Fidel en el cementerio de Santa Ifigenia donde están enterrados, entre otros, José Martín y Carlos Manuel de Céspedes, pero también los caídos de la lucha clandestina anterior a la revolución del 1° de enero de 1959 (ver páginas 4 y 5).


La versión se develará en unas horas. ¿Será una piedra? ¿La piedra es de Sierra Maestra, en la cercana provincia de Granma? ¿Es verdad que la lona sobre parte de las tumbas de homenaje a los caídos del MR-26 tapa el sitio donde terminará Fidel esta caravana de la libertad que arrancó el miércoles a las 7 de la mañana en La Habana y cruzó la isla entera?


Los cubanos que ocupan todavía la Plaza de la Revolución y se quedarán despiertos, o los que después del homenaje que cerró Raúl tras los discursos de organizaciones sociales y sindicales desconcentran caminando hacia sus casas, no se concentran en ese tipo de especulaciones. Sencillamente callan salvo para interpelarse con alguna consigna y algún canto
Menos de 25


Uno grita: “¿Dónde está Fidel?”. Dos señalan hacia el cielo, el lugar común de los muertos. El que pregunta lo hace de nuevo. No es que se trate de un ritual sino que evidentemente busca otra respuesta. Vuelve a preguntar y se repiten las señas. Pero cuando lo hace de nuevo el grupo se ilumina y dice la frase que repite toda Cuba estos días: “Yo soy Fidel”. Entonces: “¿Dónde está Fidel?”. Y la respuesta: “Yo soy Fidel”.


Hay algunos de la cuarta edad, muchos de la tercera, más de la segunda, si es que existe. Pero son más numerosos, mucho más numerosos, los sub-25.


La Plaza de la Revolución está a diez cuadras del cuartel Moncada, donde hoy funciona una escuela. El edificio de color lacre tiene las luces apagadas. Más temprano fue uno de los puntos en los que se detuvo el cortejo con las cenizas de Fidel. Las palmeras del jardín no están iluminadas y la gente baja hacia la plaza del acto con Raúl Castro y pasa al lado de uno de los edificios icónicos de la rebelión a escala mundial como si lo hiciera todos los días. Y es así: lo hace todos los días, solo que hoy será único.


Un grupo de adolescentes vestidas de negro con rayas amarillas corea la famosa frase de Fidel sobre qué es la revolución. “Revolución es tener sentido de la historia”, comienza el párrafo del discurso, hasta que rematan en “el patriotismo, el socialismo y el internacionalismo”. Dos adultos los escoltan, sonrientes porque los chicos se acuerdan del texto completo.


El patriotismo se relaciona habitualmente en los discursos con el siglo XIX. La Plaza de la Revolución se llama Antonio Maceo. No es que antes de la Revolución Cubana la obra y la lucha de Martí quedaran fuera de la escuela. Es que faltaba el énfasis que le puso el Estado después de 1959.


Por supuesto, antes no había un hilván entre un momento y otro de la historia construido o reconstruido mediante una tarea política, pedagógica o historiográfica.


El dictador Fulgencio Batista nunca se presentó a sí mismo como un nuevo Martí o un Carlos Manuel de Céspedes resucitado. Tampoco lo hizo Fidel. Pero los revolucionarios de Sierra Maestra invocaron a los del siglo XIX como protagonistas de una misma línea histórica. En la Historia de Cuba, escrita para los últimos años de la secundaria por un equipo de investigadores como Susana Callejas Opisso, el prólogo dirigido al alumno afirma que el libro tiene “la misión de propiciar que estés en condiciones de demostrar”, entre otras cosas, “que la Revolución Cubana es una sola como proceso histórico desde 1868 hasta nuestros días”.


Más allá de una intención no disimulada –hablar de “misión” suena fuerte– lo cierto es que todos los movimientos del siglo XIX y las luchas del siglo XX tienen fuertes componentes de redención social.


La esclavitud y el carácter subalterno de los negros estuvieron en la agenda de Céspedes en 1868 y de Martí en las últimas décadas del siglo XIX.


Para que pudiera funcionar la comandancia de la guerrilla un campesino de Sierra Maestra cedió su propia casa.
Campesinas


Hay una historia poco contada. Al año siguiente de la Revolución Cubana, la del 59, Fidel Castro eligió 18 instructoras por provincia. Nueve debían enseñar corte y costura, y nueve a leer y escribir. Durante ese 1960 convocó a mil campesinas de toda Cuba y las alojó nada menos que en el Hotel Nacional. Era el más tradicional de La Habana y el hotel donde se albergaba, entre otros, el mafioso Lucky Luciano cuando cruzaba a la isla para controlar los negocios en medio de sol y bellezas. La enorme mayoría de las campesinas era analfabeta.


“Son las chicas de Fidel”, decía la contrapropaganda.


El Parque Céspedes, en el centro histórico de Santiago, fue uno de los sitios donde paró la caravana de la libertad con las cenizas de Fidel en su último día antes de la inhumación. Dulce, de 79 años, que fue hasta ahí, una señora que habla suavecito como su nombre, cuenta que ella fue una de las 18 elegidas por esta provincia de Santiago de Cuba. “Nos enseñaron para instruir y después instruimos nosotras”, relata. Antes del triunfo Dulce participó de la lucha clandestina en la red del Movimiento 26 de Julio. No trató a Fidel entonces pero sí después.


“Siempre fue un hombre sencillo que hablaba contigo y te preguntaba cosas, o qué hacía falta para educar, o para la salud, o cómo se podía resolver algún problema, y también jaraneaba”, dice Dulce. “Jaraneaba mucho.”


Entrecierra los ojos cuando dice lo que siente ahora: “Me siento igual que cuando perdí a mi papá, a mi mamá y después a mi esposo”.


Blas Guillén, nacido en Santa Clara, la ciudad donde están los restos del Che, tiene 53 y es árbitro de béisbol. “Soy pelotero”, dice como quien dice en la Argentina que fue jugador de fútbol y está todo dicho. Blas jugó en primera, aunque no era muy destacado, después fue entrenador y ahora trabaja de árbitro. Su hijo de 19 años también juega en primera.

“Él sí es destacado”, cuenta Blas. “Mira, no sé qué decías tú a los 10 años que ibas a ser de grande, pero yo decía que pelotero. Y fui pelotero. Después, como árbitro, volvía a mi casa con gorras, con camisetas, con bates. Nunca le dije a mi hijo que fuera pelotero pero también es pelotero. Oye, una de mis grandes satisfacciones en la vida es que nos invitaron juntos a Monterrey, él a jugar y yo a arbitrar. Son acuerdos entre clubes extranjeros y el Estado cubano. Ellos te pagan a ti y le pagan a Cuba. Ya estuve en Guayaquil. Y ahora nosotros vamos y volvemos. Este es nuestro país, coño, aquí mi hijo se hizo pelotero y mi hija médico. ¿Te vas a quedar en otro país por un I Phone 7?”. Blas muestra su celular. Es un modelo todavía más antiguo que la BlackBerry Q10 de su interlocutor. “Médico” está bien escrito. Hay miles de médicas en Cuba, y los padres siempre lucen felices al nombrar la profesión de la nena y contar que por supuesto de inmediato trabajó en un hospital, pero el nombre del oficio aún no se feminizó.


Rafael es ingeniero. Tiene 55. Activo, de gorra de béisbol azul y remera blanca, dos de los colores de la bandera cubana, ahora vive en la capital pero durante 20 años fue enviado varias veces a la zona oriental de la isla para organizar empresas. Se siente en confianza a los tres minutos de conversación y le da un golpecito a la panza del interlocutor antes de decir cada frase.


Un toque a la panza: “Mira, Fidel nos dio patria. Cuba es pequeña y es importante en todo el mundo. ¿Quién no sabe lo que es Cuba? ¿Quién no sabe quién es Fidel? Dar patria no es una abstracción, porque patria es dignidad para ti mismo y para los demás”.


Otro toque a la panza: “Combatimos en Angola porque éramos parte de un proyecto, aunque después Mijail Gorbachov entregó todo sin pelear. África también era un gran ejercicio militar para que los yanquis se dieran cuenta de que incluso sin la Unión Soviética no podrían con nosotros. Podrían bombardear y bombardear, pero el día que un soldado entrara a Cuba no podría salir”.


El martes a la noche, en la Plaza de la Revolución de La Habana, habló el presidente de Namibia. Los cubanos también habían enviado tropas a pelear contra Sudáfrica y en un momento amenazaron con llegar hasta Johannesburgo. El presidente recordó que Cuba alfabetizó a tres mil huérfanos de bombardeos sudafricanos, los cuidó y cuando fue necesario los curó.


Golpe en la panza: “Oye, si casi terminamos con el apartheid. Y no sé si no fuimos los cubanos los que de hecho terminamos convenciendo a los racistas de que con apartheid no podrían seguir viviendo. Amenazaron con usar armamento nuclear contra nosotros. Políticamente no pudieron”.


Como Dulce, Rafael también lagrimea. “Mi madre vive y de muy niña fue correo del Ejército Rebelde en la provincia de Granma”, cuenta sin golpe ni toque. “Mira, estamos todos como si se nos hubiera muerto un familiar muy querido: tú lo esperas, pero cuando se muere se muere y te pones triste.”


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Homenaje multigeneracional, tras el acto político, al comandante Fidel Castro

Arturo Cano

Santiago de Cuba.

Ydalis Coerau tiene 45 años, piernas de gacela y uñas muy bien pintadas. Mira a la distancia un debate que ha armado una colega española, quien graba en la calle una pregunta que sugiere incertidumbre: ¿Resistirá Cuba sin Fidel?

Y nada, chico, que se arma la gorda. Comienza la gritería y los más encendidos discursos reciben aplausos. Sorprende, aunque no debería ser así, la calidad de los argumentos. No hay condescendencia y los eufemismos matan el reconocimiento de los problemas propios, mucho más allá del bloqueo.

Santiago entera, la ciudad que vio crecer a Fidel Castro, ha salido a despedirlo. Ydalis está a una calle del lugar donde en el primer día de 1959 el entonces joven barbudo proclamó el triunfo de la revolución cubana.

"Me da coraje lo que dicen en Estados Unidos. ¿Tú crees que nos pinchamos los ojos para llorar?" Y no, las lágrimas son auténticas, el fervor también, aunque la fachada sea consignas que de tan repetidas suenan a sonsonete.

Habla Ydalis de las cualidades de los miembros del Consejo de Estado, quienes están tomando, dice, "las mejores decisiones para abrirnos al mundo y lograr el desarrollo". Y se remite, como todo cubano que se respete, a la historia patria: ya Martí y el Che habían hablado de "tomar lo mejor del capitalismo", y Cuba, piensa esta maestra de educación física, está en esa ruta.

Pero lo suyo, como lo de casi todos los cubanos con quienes se habla, es un asunto personal. Ella abandonó los estudios y pudo retomarlos gracias "a un programa del comandante". Es una cadenita. Gracias a que ella, una mujer negra y pobre, pudo estudiar, su hija de 21 años está ahora en la escuela de medicina.

Pero lo mismo dice, a 300 kilómetros de aquí, en Camagüey, Norberto Alemán, propietario de una finca donde tiene vacas, cerdos, gallinas y árboles frutales variados. Todo lo que produce, en ese rancho que fue de su abuelo y de su padre, se lo vende al Estado, por obligación. Pero aún así asegura: "A la revolución se lo debo todo".

"Lo mismo con los mismos"

Todo el aparato del Estado ha sido echado a andar para despedir a Fidel Castro. En la televisión y la radio se repiten una y otra vez lemas y loas al comandante. "Es lo mismo con los mismos", ríe un cubano, pero él le sube al volumen y se sienta a ver las imágenes que repiten sin cesar escenas parecidas.

Los bordes de las carreteras están llenos de gente con banderas, letreros, flores, que gritan al paso de la caravana "Fidel" o "Yo soy Fidel", la consigna del momento.

En Ciego de Ávila, Magdalia Mora guarda como tesoro el video que hizo en su modesto celular. "No pude gritar más que una vez. Ahora te digo cuál es mi voz", dice, con las palabras quebradas. "Le debo todo. Es mi padre", jura, y le escurren las lágrimas sin pincharse los ojos.

La despedida de "nuestro padre"

Fidel eligió Santiago como tumba porque, evidentemente, aquí están los restos de José Martí y los de sus compañeros de armas del frustrado ataque al Cuartel Moncada. Pero también porque aquí creció y porque todas las gestas independentistas y revolucionarias tuvieron su arranque en estas tierras, puerta de la Sierra Maestra.

"Todas las revoluciones partieron de aquí", dice un hombre que se presenta como restaurador y que, muy a lo cubano, lamenta que uno no haya llegado 10 minutos antes, porque "aquí estaba el escultor que hizo la obra para el mausoleo de Fidel."

–¿Qué es? ¿Una escultura?

–Es una sorpresa para el pueblo cubano.

La muerte de Fidel Castro no fue sorpresa, pero como si lo hubiera sido. Margarita Escara y su vecina Zaida Ortiz cuentan que lo supieron cuando vieron la cara de Raúl Castro en la televisión.

"Todo el mundo salió a la calle para hablar de la partida de él, de nuestro padre, el guía, el faro de todo el pueblo cubano; incluso ha sido ejemplo para los demás países del mundo", agrega Agustina, trabajadora de un hospital militar.

¿Cambios? Sí, pero siempre siguiendo la doctrina de Fidel Castro, porque "nosotros somos revolucionarios y lo seremos hasta el final", remata Mercedes, jubilada.

Las "caravana de la libertad" a la inversa sale de Bayamo, lugar donde se entonara por primera vez el himno nacional. Llega pasado el mediodía y recorre 17 kilómetros. No hay espacios libres en las vallas que se forman en las calles. Acuden organizados los gremios, las escuelas y los comités de barrio, pero también mucha gente que se acerca por propio pie.

Muchos portan los brazaletes rojinegros del Movimiento 26 de Julio. Algunos los han obtenido en las escuelas o en los comités de Defensa de la Revolución, pero otros los han confeccionado en sus casas.

Rafael, arrendador de cuartos para turistas, registra meticulosamente números de pasaportes y entrega recibos de todas sus operaciones ("en estos días nos están revisando mucho, para que todo sea correcto"). Él sí recuerda otros momentos en que Santiago estuvo, como este día, patas arriba: "Cuando han venido los papas" (tres visitas, tres pontífices).

En la calle lo refutan: "No, no se compara, este es Fidel", dice un motociclista que trata de llegar a su destino.

"Lo raro es que haya muerto a los 90"

El homenaje es multigeneracional. Incluso lo rinden los niños del "periodo especial", la tragedia que siguió a la caída del bloque soviético. José Ángel, profesor de música ahora treintañero, no recuerda nada malo de esa etapa. "Fidel significa casi todo", cierra la charla.

Lázaro Verdecia, "doctor en farmacia", jubilado, se sienta en la sombrita frente al Cuartel Moncada, al lado de su hijo, ingeniero químico. Antes de la revolución, dice, era empleado de una farmacia, "con un sueldo mísero". Todo lo que es se lo debe a la revolución, dice, como muchos otros.

En un tris explica cómo fue el ataque al cuartel, que ahora es escuela. Habla de Antonio del Conde, El Cuate (el mexicoamericano que compró el Granma), de cómo Donald Trump ha tratado a los mexicanos "como basura" y de la opresiva vida bajo la dictadura de Batista.

Para don Jorge, Fidel Castro fue un "hombre afortunado", porque “murió con todos los ideales cumplidos, en su cama, al cabo de 90 años. Lenin murió temprano, Chávez. El Che no se diga”.

Con todas sus batallas y "todos los atentados que sufrió por parte de la CIA, lo raro es que haya muerto a los 90 años".

Tras el acto político, como ha ocurrido toda la semana, los santiagueros rendirán tributo a Fidel Castro durante toda la noche, con una vigilia, un maratón de canciones y poemas.

Esta mañana de domingo, muy temprano, las cenizas de Fidel serán depositadas en el cementerio de Santa Ifigenia, donde reposan los restos del poeta y héroe nacional José Martí, los del "padre de la patria".

Ahí, desde hace mucho, hay una guardia permanente, que cambia cada media hora, de las ocho de la mañana a las cinco de la tarde, y que, solemnidad aparte, se ha convertido también en atracción turística. Ahora esa guardia de honor será también para Fidel Castro Ruz.

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Sábado, 03 Diciembre 2016 06:24

Timonel de dos revoluciones

Timonel de dos revoluciones

Como las anteriores, la revolución cubana tuvo en sus iniciales momentos de euforia una fuerte vocación utópica, para aterrizar en un crudo realismo cuando se amontonaron las dificultades. Pero el espíritu rebelde renació cuando el colapso económico provocado por la caída de la Urss amenazó derrumbarla. En ambos momentos, Fidel estuvo al frente.

 

La revolución cubana fue la que mayor impronta dejó en América Latina, un continente habituado a las revoluciones. Ni la primera revolución negra triunfante en el mundo, la haitiana de 1804, ni las descabezadas revueltas indias lideradas por Túpac Amaru y Túpac Katari, antecesoras de las independencias, lograron impactar tan profundamente en la región. Ni siquiera la revolución sandinista de 1979, ni la mexicana de Villa y Zapata o la boliviana de 1952, la menos conocida pero una de las más importantes que vivió este continente.


Una cuidadosa revisión de los ejemplares de Marcha desde 1959 permite comprobar que lo sucedido en Cuba electrizó a los lectores uruguayos, que inmediatamente tomaron partido en su inmensa mayoría por la joven generación que derrotó a Fulgencio Batista, un dictador con pésima reputación. Las páginas que acunaban las cartas de los lectores fueron escenario privilegiado de la polarización generada por las intervenciones de Fidel y el Che, los dos personajes que fueron referencia ineludible en los debates de la época.

FRACASO DE LA PRIMERA REVOLUCIÓN.


Las características de los líderes de la revolución cubana son similares a las de todas las dirigencias revolucionarias del siglo XX: sus cuadros fueron varones ilustrados, pertenecientes a las clases medias altas. Es posible que en aquella época no hubiera otra opción, cuando el patriarcado gozaba aún de buena salud. En muchos sentidos, la cubana fue una revolución hija de su tiempo. Emparentada, tanto en las luces como en las sombras, con la rusa y la china, entre las más relevantes del siglo XX.


Antes incluso de optar por los modos de la Unión Soviética, tomando distancias de la revolución cultural china que se propuso “continuar la lucha de clases bajo la dictadura del proletariado”, según el propio Mao, los dirigentes cubanos apostaron por un proceso de cambios donde el sujeto era el aparato estatal. Aunque su versión era bastante más radical de la que imperó después del fracaso de la cosecha de los 10 millones de toneladas de caña en 1970, el Che no dudaba de la centralidad del Estado en el tránsito al socialismo.


En los primeros años hubo decisiones simpáticas y ejemplares, pero que estaban condenadas al fracaso. La prioridad otorgada al trabajo voluntario como motor de la economía, el rechazo a los estímulos materiales y al dinero, llevaron al Che a suprimir los alquileres y las horas extra, y a decretar la gratuidad de servicios como el teléfono. Fueron años en los que la dirección cubana debatía sobre la vigencia de la ley del valor en el socialismo con intelectuales de la talla de Paul Sweezy, Charles Bettelheim y Ernest Mandel, entre otros.


Hubo, además de errores, algunos horrores. La condena a los homosexuales (una “desviación”, según Fidel) pertenece a los segundos, aunque fue corregida en los años noventa. Hubo fusilamientos, como mínimo, apresurados y escasamente justificados, como el del comandante Arnaldo Ochoa en 1989, “héroe de la República de Cuba” por su brillante hoja de servicios. Ochoa fue fusilado junto a otros tres militares en un juicio en el que nunca reconoció los cargos de narcotráfico que le imputaba el tribunal.


La revolución cubana pretendió extenderse a todo el continente. Del 3 al 14 de enero de 1966 se reunió la Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina en La Habana, conocida como la Tricontinental, que albergó fuerzas revolucionarias de 82 países. Defendía la lucha armada como el principal método para derrotar al imperialismo.


En 1967 se fundó la Organización Latinoamericana de Solidaridad (Olas) en un amplio encuentro en La Habana, que albergó a casi toda la izquierda de la región. En su discurso de clausura del 10 de agosto, Fidel criticó a los partidos comunistas: “Nadie se haga ilusiones de que conquistará el poder pacíficamente en ningún país de este continente, nadie se haga ilusiones; y el que pretenda decirles a las masas semejante cosa, las estará engañando miserablemente”.


En los meses y años siguientes se produjo un viraje profundo, tanto en la isla como en la región. En octubre de ese año cayó en combate el Che en Bolivia, y se palpaban los límites de la lucha armada. El fracaso de la cosecha de los 10 millones de toneladas llevó a la dirección cubana a acercarse a las posiciones “realistas” de la Unión Soviética. En 1970 Salvador Allende ganó las elecciones y se convirtió en el primer presidente marxista en llegar al gobierno por la vía electoral. Fidel fue el primer presidente extranjero en visitar a Allende en Chile, donde recorrió el país de norte a sur durante 24 días, en 1971.


LA SEGUNDA REVOLUCIÓN.


En la revolución cubana hubo un “algo” que marcó diferencias. En la década de 1990, luego de la caída de la Unión Soviética y la apertura del llamado “período especial”, Cuba estuvo al borde de abismo. El Pib cayó un 34 por ciento entre 1989 y 1992. La vida cotidiana naufragaba en la penuria, conseguir comida era un problema mayor y el futuro lucía oscuro. Cuba perdió el 80 por ciento de sus mercados, las fábricas y autobuses dejaron de funcionar por falta de petróleo (las importaciones cayeron al 25 por ciento), hubo apagones diarios de hasta 14 horas. Un verdadero colapso económico.


El bloqueo yanqui se hizo más duro y estrechó el cerco contra la isla. Cuba no tuvo acceso a financiación y tuvo restricciones para importar comida. El racionamiento fue muy estricto, pero igualitario; se estima que los cubanos perdieron nueve quilos de peso en promedio.


Pero el régimen se mantuvo y no lo hizo en base a la represión. En otros países de América Latina, crisis menos profundas barrieron una decena larga de gobiernos en la misma década. La prensa internacional anunciaba todos los días la “inminente caída del régimen cubano”. Lo que ocurrió fue una revolución agrícola o agroecológica sin precedentes en la región. Fue una segunda revolución, en un sentido muy distinto al soviético, de hondo contenido guevarista.


El pueblo cubano comenzó a cultivar alimentos donde pudo, sobre todo en terrenos baldíos en las ciudades, apelando a la iniciativa popular más que a directrices del poder. En poco tiempo Cuba dejó de lado la revolución verde que sobreutiliza combustibles fósiles, con miles de tractores e insumos importados desde la Urss, y se volcó a una agricultura de subsistencia, orgánica, en pequeña escala.


Fue la cooperación y la ayuda mutua lo que salvó la revolución. Médicos, ingenieros, músicos, se hicieron agricultores en las ciudades. La mitad de la provisión de frutas y verduras de La Habana provino de huertas urbanas, una cifra que trepó hasta el 80 por ciento en pequeñas ciudades y pueblos. Con el tiempo, la espontaneidad se convirtió en sistema productivo apoyado desde el Estado, que hoy ocupa a 140 mil personas.


Crearon biopesticidas y biofertilizantes que hoy se están exportando. El 40 por ciento de las granjas estatales fueron divididas en parcelas que son usufructuadas por particulares que obtienen la tierra en usufructo pero no en propiedad. Las que más producen son las granjas familiares, luego las cooperativas y por último las granjas estatales que siguen el modelo soviético. Granjas más pequeñas y cooperativas más autónomas mostraron niveles de productividad mayores que las estatales.


La descentralización no sólo alcanzó a la producción de alimentos, que sigue siendo insuficiente, sino a muchas otras porciones de la vida cubana, incluyendo las universidades y la salud. La producción de azúcar nunca volvió a los niveles de los años ochenta, pero las exportaciones se diversificaron, ocupando la industria farmacéutica un lugar destacado. Cuba es el primer país latinoamericano que está dando pasos para dejar atrás el extractivismo.


Fue una decisión política del pueblo cubano, de sobrevivir, de seguir adelante, de no rendirse. Fidel y la dirección tuvieron la virtud de captar las iniciativas espontáneas de su pueblo, de apoyarlas y sistematizarlas. Siguiendo los pasos de Lenin y de Mao, quienes no inventaron ni los soviets ni las comunas sino que las popularizaron, Fidel supo estar –en los momentos difíciles– a la altura de su pueblo.

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A cambio de un subsidio de 7 mdd Trump salva mil empleos en Indiana

El presidente electo Donald Trump arrancó este jueves una "vuelta de la victoria" para agradecer a votantes en varios estados por su triunfo y empezó con un acto en Indiana, donde se autoelogió por "salvar" mil empleos que estaban por ser trasladados a México, mientras se inicia un recuento del voto promovido por opositores del republicano en algunos estados claves.

Trump y Mike Pence, el vicepresidente electo y aún gobernador de Indiana, se presentaron en Indianápolis para anunciar que mil empleos en la empresa industrial Carrier se quedarán en ese estado en lugar de ser trasladados a una planta de la empresa en Monterrey y expresaron que esto es sólo el inicio del cuplimiento de su promesa de campaña.

La planta se volvió símbolo de lo que Trump prometía frenar durante su campaña electoral, el traslado de empleos de la rama manufacturera a otros países (nunca detalló cómo), resultado de acuerdos de libre comercio como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Dijo que lo lograría con una sola llamada desde la Casa Blanca a cada ejecutivo, indicando en particular que empezaría con United Technologies, dueña de Carrier.

Trump declaró en la planta: “vamos a hacer muchas llamadas telefónicas a empresas que estén pensando en dejar este país, porque no dejarán este país... No van a abandonar este país y los trabajadores van a mantener sus empleos”. Repitió que hará "muy, muy difícil" que una empresa traslade empleos a otras naciones, y advirtió que habrá "consecuencias" para las que se atrevan a hacerlo.

Lo que no comentó es que la negociación para convencer a Carrier, que produce aparatos de aire acondicionado y de calefacción, para mantener abierta esta planta, fue a cambio de un subsidio público por 7 millones de dólares (gran parte en reducción de impuestos y otros incentivos) ofrecido por el gobierno de Indiana a United Technologies.

Aunque mil empleos fueron "rescatados", Carrier trasladará otros 600 de esa planta más otros 700 de otra en la misma zona a México, algo que no se comentó en las declaraciones de este jueves.

De hecho, desde que se anunció el acuerdo, el martes pasado, los críticos han señalado que en lugar de un entrenamiento prometido con empresarios para obligarlos a mantener empleos en Estados Unidos, la empresa fue premiada con concesiones que había buscado.

Bernie Sanders, senador y ex candidato presidencial, criticó este jueves la maniobra en un artículo publicado en el Washington Post, afirmando que Trump acaba de enviar un mensaje "a todas las empresas estadunidenses de que pueden amenazar con trasladar empleos a cambio de beneficios e incentivos de impuestos". Agregó que, "en esencia, United Technologies tomó en rehenes a Trump, y ganó. Eso debería enviar una ola de temor a trabajadores en todo el país".

Pero, como símbolo, el acto fue potente en un país cuyo sector manufacturero ha sido devastado y con ello han desaparecido miles de los empleos mejor remunerados, sobre todo para trabajadores sin educación superior, en gran medida porque eran sindicalizados. El mensaje populista de Trump tuvo enorme eco entre estos sectores, incluso entre trabajadores sindicalizados que anteriormente eran fieles al Partido Demócrata.

Entre 2000 y 2016 se han perdido más de 5 millones de empleos en ese sector (de 17.3 millones a 12.3 millones hoy día), reportó el New York Times. En Indiana se han perdido unos 147 mil en ese periodo. Aunque se ha generado más empleo en el sector de servicios, éstos pagan en promedio 20 mil dólares menos al año que los industriales, según cifras oficiales. Esa diferencia, afirman expertos, implica el fin de lo que se llamaba el sueño americano para millones de trabajadores.

Estas condiciones son parte de lo que impulsó la candidatura insurgente de Trump (como también la de Sanders) en estas regiones ahora llamadas el "cinturón oxidado", que fueron la columna vertebral del sector industrial de Estados Unidos.

Economistas dudan que Trump pueda ofrecer acuerdos como el de Carrier por todas partes para frenar la hemorragia en el sector industrial, y muchas empresas comentan a medios que no tienen más alternativa que trasladar empleos a países con menores costos. Sin embargo, el voto para Trump, y el acto de este jueves, parte de la esperanza que repetirá el milagro por todas partes, aun si a fin de cuentas los que pagan son los ciudadanos.

Después del acto con los trabajadores, Trump y Pence viajaron a Cincinnati, Ohio, para un mitin de celebración (Trump ganó Ohio), en lo que será una inusitada serie de visitas en una gira triunfal en los próximos días a estados donde ganaron.

Mientras el populista de derecha se ofrecía como campeón de los trabajadores, cuatro de los integrantes de su gabinete en formación tienen fortunas personales combinadas de por lo menos 8 mil 100 millones de dólares, reportó el Wall Street Journal. Ellos son: el secretario de Comercio, Wilbur Ross; el subsecretario de Comercio, Todd Tickets; el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, y la secretaria de Educación, Betsy DeVos.

Por otro lado, este jueves comenzó el proceso de recuento del voto presidencial en Wisconsin, impulsado por la ex candidata presidencial del Partido Verde Jill Stein –uno de por ahora tres estados claves donde se sospechan posibles irregularidades–, sobre todo votos descartados o anulados indebidamente. Aunque expertos y analistas descartan que esto logre revertir el triunfo de Trump, Stein insiste en que es necesario para asegurar a los ciudadanos de "la integridad" del sistema electoral. Los otros dos estados donde se solicitan recuentos son Pensilvania y Michigan. Hillary Clinton tendría que ganar esos tres para obtener la mayoría en el Colegio Electoral.

Mientras este proceso ofrece por ahora una mínima esperanza para opositores de Trump, otros sueñan con una rebelión –ya impulsada por unos pocos– dentro del llamado Colegio Electoral que emitirá sus 538 votos el 19 de diciembre.

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Viernes, 02 Diciembre 2016 06:39

Papá, ¿y cuándo llega Fidel?

Papá, ¿y cuándo llega Fidel?

La caravana rumbo a Santiago de Cuba, donde el domingo quedarán depositados los restos de Fidel Castro, salió de Santa Clara y siguió recorriendo la isla entre gritos de “Yo soy Fidel”, banderas, lágrimas de los grandes y preguntas de los chicos.


Desde Santa Clara


Son las cinco de la mañana en la calle Marta Abreu, la heroína de la independencia. Las veredas ya están llenas. Algunos cuentan que durmieron normalmente, y sobre todo hicieron dormir a los chicos más pequeños para que estuvieran frescos. Y otros se tiraron un par de horas o nada. Se quedaron hasta tarde viendo la pantalla con escenas de la historia y voces de Fidel Castro en la plaza seca que rodea al mausoleo del Che donde llegaron las cenizas del líder muerto el viernes 25 de noviembre. Por unas horas los restos del Che y los de Fidel pasaron la noche juntos.


Todos esperan el ruido del helicóptero que sobrevuela la caravana con el cofre de cedro envuelto en la bandera cubana.
Hay una ansiedad sin angustia.


Cada tanto uno o una gritan y esperan respuesta, al estilo de toda América Latina menos el Río de la Plata. En Uruguay y la Argentina valen más los cantitos, el candombe, lo que viene del Carnaval, las melodías de Gilda o Víctor Heredia convertidas en himno de cancha o de acto político. En Uruguay hay tambores y en la Argentina bombos. Aquí en Cuba la percusión es permanente y no hay nadie que se prive de usar los dedos como palitos y la mesa del bar como tambor. Ta-ta-ta/ta-ta. Pero no hay tambores en la política.


“Hasta la victoria”, grita hasta la afonía una cubana con la bandera en la mano. “¡Siempre!”, responde la multitud. Otra vez. Y otra vez más. Tres. “Viva Fidel”, y viene la respuesta: “¡Viva!”. “Patria o muerte”, cierra la cubana. “¡Venceremos!”.
Don Isidro


Anoche fue igual. Pero por momentos con otro tono. La espera fue larga en el mausoleo del Che, a un kilómetro de la plaza Parque Vidal en el centro histórico, y mostró a miles de cubanos que parecían haber salido a la noche a tomar fresco. Muchos, en familia. O en pareja. Algunos viejos, pocos. Una mayoría apabullante de estudiantes secundarios en los últimos años (después siguen la universidad en La Habana) y matrimonios jóvenes o algo más veteranos. Por supuesto no faltaron adolescentes de 15 o 16 con el pelo igual que en cualquier lugar del mundo, rapado y con alguna variante de cresta, pantalones chupín y el ensayo repetido de quién es capaz de fabricar y lanzar el escupitajo más potente. La Costanera Sur un domingo a tardecita.


Anoche y ahora la pregunta de los más pequeños es la misma. Puede ser a babucha de un gordo grandote de remera amarilla o de la mano de una madre que observa en silencio. “Papá, ¿y cuándo llega Fidel?” O: “Mamá, ¿es verdad que Fidel va a venir?”.


Esta mañana no se lo ve por aquí, en Marta Abreu, a Isidro Pérez, el tullido que anda con su carrito con loneta verde y espejo porque cojea con su pierda izquierda rígida y solo puede hablar con un aparato metálico sobre la nuez. Obviamente este negro alto de ropa oscura, sombrero beige y sonrisa fácil no anda con una tarjeta con su nombre, pero todos lo presentan al forastero que pregunta de dónde viene la fama.


–Isidro Pérez es de cuando aquí había pelota –dice alguien que asegura conocerlo desde siempre.


–¿Pelota?


–Sí, cuando se jugaba béisbol de verdad –explica con la severidad de todos los hinchas del mundo, aunque en realidad pronuncia “veldad”, sin la erre.


Leonardo Padura, el escritor de El hombre que amaba a los perros, siempre cuenta que su mayor sueño era ser jugador de pelota y que el béisbol es el asunto que más conoce. Se moriría de envidia con estos personajes.


Don Isidro saca su aparato de una carterita de colectivero y se lo pone sobre la garganta. Emite un sonido de metal robótico como la voz de ET.


“Estuve en México ganando plata porque jugué en Guadalajara”, suena lo que sale de algún lugar del cuerpo de Isidro Pérez.


“Estuve cuando trajeron los restos del Che acá mismo”, sigue.


Una nena mira fascinada el sistema de comunicación del jugador. No hace preguntas sobre cómo funciona. Solo mira. De noche frente al mausoleo del Che y de mañana en Marta Abreu las únicas preguntas son sobre la caravana.


Misterios


La señal de celular es débil y no hay transmisión de datos. Por suerte en el último año el gobierno instaló antenas de wifi (pronunciar uifi, por favor) en algunas esquinas de las principales ciudades. La espera, entonces, es una espera incomunicada. Anoche solo una señora había sido precavida y tenía su portátil. Y también un señor. Pero ya nadie anda con la radio en la mano. Sin radio y sin la tele la ausencia de datos por el celu obliga al murmullo y permite toda especulación. La única diferencia es que de noche no se sabía cuándo llegaría el cortejo y ahora, en las primeras horas de la mañana, se supone que la caravana cumplirá con el horario de salida porque no hay ninguna vuelta previa.


La llegada de noche a Santa Clara después de haber salido en la mañana del miércoles del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias repitió una ceremonia a la que los cubanos ya se están acostumbrando porque la televisión muestra el paso pueblo por pueblo del recorrido de la capital hasta Santiago de Cuba, en el Oriente de la isla y con mil kilómetros de distancia entre una ciudad y otra. Primero se escucha el motor de un helicóptero. Después viene un jeep ruso. Después un mastodóntico camión militar. Detrás otro vehículo verde oliva que arrastra la cureña donde se ve el cofre envuelto en la bandera depositado dentro de una caja transparente de vidrio a prueba de todo. Flores blancas cubren la cureña, que remata en una van blanca, vehículos policiales y una ambulancia. Luego, a distancia, va otro equipo similar.
La caravana no se detiene y el misterio para los cubanos es elemental.


“Oye, esos van en vehículos militares, que son duros”, dice un tipo joven con ojos vivaces. “Está bien, son militares y aguantan todo, pero dime tú cómo hacen para orinar.” Otro escucha y aporta su hipótesis: “Hermano, entre pueblo y pueblo, cuando nadie ve la caravana”.


El duelo suspendió la música y los gritos en toda Cuba pero no la curiosidad. El humor sigue, aunque su expresión es tímida, como autocontrolada. La relación con Fidel es familiar, no distante.


Hace un rato, en la plaza de Santa Clara donde ya de madrugada empezaron a cantar las totis, unos pajaritos que ensordecen como cotorras, todavía trabajaba a pleno una cuadrilla de pintores dando los últimos toques de celeste en la esquina de Cuba y Marta Abreu.


Un grupo de turistas los miraba. Hablaban ruso.


Dos cubanos los miraron mirando.


“Hermano, éstos me hacen acordar a un cuento”, dijo uno.


El otro no tuvo ni que preguntarle qué cuento.


Resulta que un señor viajaba en la guagua (traducción: colectivo) y tenía al lado suyo a una cubana con un vestido muy escotado. El señor cada tanto desviaba la mirada.


“¿Oye, que no tienes otra cosa que hacer que mirar?”, dijo harta en un momento la observada.


“Es que lo mío es hacer, no mirar, pero soy respetuoso y si no estás de acuerdo solo puedo mirar.”


El cubano echó el cuento y sacó su conclusión inmediata. “Esos que están mirando como él pinta encima de la escalera no quieren hacer, quieren mirar.”


Deberes


La calle Marta Abreu, esta mañana todavía sin el sol duro, está limpia porque la dejó así anoche la cuadrilla de Miguelito, el jefe del camión tanque que regó y ordenó el fregado centímetro por centímetro.


La caravana se entrecruza con la vida de todos los días que a su vez se cruzó con la muerte del líder. Es una tristeza tranquila. Una curiosidad apacible. La noción de que algo raro pasa. ¿Algo único? Quizás, pero el ser humano es menos racionalista y primero deja que los sentimientos lo invadan. Por eso las preguntas no arrancan análisis sesudos. Porque no es natural el análisis sesudo para quien vive la cercanía de una muerte impactante.


Los vehículos militares recorren en sentido contrario la marcha que emprendieron las columnas del Ejército Rebelde el 1° de enero de 1959, cuando ya el dictador Fulgencio Batista había huido y el único mando con poder en Cuba era el de los revolucionarios que habían desembarcado en el yate Granma en diciembre de 1956 (hace exactamente 60 años) y se habían transformado en miles de combatientes en la Sierra Maestro y otros miles encargados del sabotaje o la organización de huelgas en las ciudades. Justamente el 30 de noviembre de 1956 Santiago de Cuba protagonizó un levantamiento para distraer a las fuerzas de Batista y quitar toda posible atención en el desembarco del Granma. Lo organizó el Movimiento 26 de julio, la fecha de 1953 en que los revolucionarios intentaron tomar, y fracasaron aunque luego persistirían, el cuartel Guillermón Moncada de Santiago. Hay banderas rojas y negras que dicen “26 de Julio” en la calle Marta Abreu. Las habrá a todo el paso de la caravana en su camino a Santiago de Cuba. En Sancti Spiritu. En Camagüey. Y en cada ciudad donde se detenga o simplemente pase junto a miles de cubanos estacionados a un lado y otro de la carretera central que a medida que va hacia Oriente se convierte en una ruta modesta y poblada de bicicletas y carros a caballo.


En 1898 cuando tres años después de la muerte en batalla de José Martí terminó la guerra de la independencia contra Cuba, las tropas cubanas, los mambises, no pudieron entrar en Santiago de Cuba. Solo lo hicieron los efectivos del ejército norteamericano que había estimulado la independencia y se preparaba, sin interrupción alguna, para inaugurar la etapa neocolonial.


El 1° de enero, en su última advertencia exigiendo la rendición de las tropas de Batista y en medio de un paro general, Fidel dijo en un discurso: “Se quiere prohibir la entrada en Santiago de Cuba a los que han liberado a la Patria; la historia del 95 no se repetirá, esta vez los mambises entrarán hoy en Santiago de Cuba”.


Entraron y después Fidel ordenó a Ernesto Guevara y a Camilo Cienfuegos, sus principales comandantes antes de Raúl Castro, que en menos de una semana afirmaran la revolución para evitar un golpe preventivo o una maniobra que quitara el poder al Ejército Rebelde.


El 6 de enero él mismo llegó a Santa Clara. En una casa recibió a Carlos Lechuga, un periodista que había apoyado la Revolución. En lugar de escuchar preguntas las hizo él. Quería saber cómo estaba el pueblo en La Habana. Después del intercambio sacó una conclusión.


Dijo Lechuga: “Es necesario que el pueblo no tan sólo te escuche, sino te vea. La gente está ávida de ti. Hemos hecho preparativos para transmitir por televisión el acto del parque, digo, si estás de acuerdo”.


Acordó Fidel: “¡Cómo no! Oye, eso es un palo periodístico que te vas a apuntar. Seguro que te aumentan el sueldo. Este discurso es importante. ¿Cuáles tú crees Lechuga, que son los problemas principales? No debe ser un discurso para elogiar al pueblo. En estos momentos, en que todavía hay alguna incertidumbre, hay que decirle al pueblo también cuáles son sus deberes. Hay que decirle que la Revolución tiene que ser la obra de todos, sólo así tendremos el triunfo definitivo”.


Un rato después salió al parque Leoncio Vidal, unos cientos de metros hacia arriba de Marta Abreu, cerca de la esquina que hace unas horas pintaban los cubanos y miraban los rusos.


Dijo Fidel el 6 de enero de 1959: “Desde que el pueblo manda hay que introducir un nuevo estilo: ya no venimos nosotros a hablarle al pueblo, sino venimos a que el pueblo nos hable a nosotros. El que tiene que hablar de ahora en adelante, el que tiene que mandar de ahora en adelante, el que tiene que legislar de ahora en adelante, es el pueblo. Si el pueblo supo ganar la guerra, que era difícil, ¿por qué no va a saber gobernar ahora?”.


Cuando terminó de hablar siguió camino a La Habana. Hoy el camino final es el contrario. Los restos vienen de La Habana.
Se escuchan los primeros gritos a cientos de metros. “Yo soy Fidel”, “Yo soy Fidel”, “Yo soy Fidel”. Se van reproduciendo a medida que avanza la caravana con las cenizas. Los cubanos miran. Serios. Concentrados. Agitan banderas. Lloran. Es un instante. El cortejo verde oliva seguirá hacia el parque Vidal, le dará la vuelta y, después de la noche compartida entre el Che y Fidel, completará su camino a Santiago.

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Miércoles, 30 Noviembre 2016 06:31

Homenaje sin ron a Fidel, el Martí del siglo XX

Homenaje sin ron a Fidel, el Martí del siglo XX

El sitio donde los cubanos se congregaban para escuchar a Fidel desde 1959 fue el escenario de la despedida. El “Hasta siempre comandante” pasa de Guevara a Castro. El asombro popular ante la muerte. Retrato de un país en voz baja y sin son.


A las siete en punto de la tarde empezó el homenaje. Unos acordes del himno cubano que rompieron miles de conversaciones en voz baja y sorprendieron a estos chicos del colegio secundario que están aquí, en la Plaza de la Revolución, a estos trabajadores del Ministerio de Transporte, a esos agricultores de una cooperativa de Camagüey. Una voz se mete en la historia y pregunta varias veces: “¿Y se llama?”. Y cada vez la respuesta: “¡Fidel!”.


¿Cuántos caben en la Plaza de la Revolución? ¿Cuántos cientos de miles de cubanos escucharon tantas veces tantas horas a Fidel Castro desde el 1° de enero de 1959, al comienzo de la Revolución Cubana? El locutor dice que otra vez la convocatoria enorme fue por el comandante Fidel Castro Ruz y la multitud grita sin delirio ni desgarro, acostumbrada a tantas manifestaciones y al mismo tiempo sin haberse preparado del todo para este momento.


Aunque una caravana partirá para recorrer el camino hasta el cementerio de Santiago de Cuba en sentido inverso al que protagonizó el Ejército Rebelde, la ceremonia en la capital es el escenario de la gran despedida.


Es una noche hermosa en La Habana cuando el presidente ecuatoriano Rafael Correa habla de una Cuba con la esperanza de vida más alta y sin ningún niño viviendo en la calle, cuando recuerda “el bloqueo criminal de más de 50 años”.
De un lado está el Che. Del otro Camilo. Las dos siluetas iluminadas y la pregunta famosa: “¿Voy bien, Camilo?”. Fue durante un discurso a comienzos de la Revolución, cuando en medio de un discurso Castro se dirigió a Camilo Cienfuegos, el comandante que moriría poco después, con un toque de humor. El humor de los gallegos cuando se cargan a sí mismos como los italianos y los judíos. Humor cubano. ¿Humor argentino?


Raros


Estuvo rara La Habana durante todo el día del gran acto popular de homenaje a Fidel. Cuando comenzó, a las nueve de la noche hora argentina, por segundo día consecutivo miles de cubanos habían alcanzado antes a pasar por segundo día delante de un enorme retrato del líder muerto.


Muchos lloraban. Incluso los chicos de las escuelas, que en Cuba siempre asombran por sus uniformes prolijitos y coloridos, con pantalones y polleras de azul o rojo y, en el caso de las nenas, por trenzas que delatan madres jugando a las muñecas todas las mañanas.


A la tarde, cuando las nubes empezaban a esconder el sol en la Plaza de la Revolución desde donde Fidel habló tantas veces y ya no, columnas de trabajadores, campesinos y estudiantes ya llenaban desde el mediodía cada metro cuadrado de una de las plazas de cemento y sin árboles más famosas del mundo.


Están serios. Incómodos. ¿Raros?


Una parte de lo raro es lo que falta de La Habana. Faltan, o están callados, los que cantan con su guitarrita en el malecón de día y de noche. Pero más bien de noche. Faltan, o están sobrios, los que darían su vida por un ron. Los que ya la dieron. Las distintas etapas de la fraternidad etílica que, como dicen los chilenos, terminan con declaraciones de amor eterno entre hombres hétero. Los chistes. Y la música.


“Oye, extraño la cervecita”, le dice un moreno a otro en la Avenida Italia y San Rafael. Hay un remolino de cubanos porque es uno de los puntos en los que funciona el wifi público. Pronunciar uifi, por favor, como los cubanos.
“Yo también, pero no se puede”, responde el moreno dos.


–¿Disposición del gobierno? –pregunta el caucásico enviado especial de PáginaI12.


–Nooo –alarga el moreno uno–. Es que no se puede.


Es decir, quiso decir, no se debe.


“Aquí falta la música”, comenta una señora de unos cincuenta y tantos frente al Hotel Inglaterra, casi al comienzo de La Habana vieja.


“Estamos de luto”, agrega. Después de unas horas en La Habana es tonto preguntarle si es una queja. Ya se sabe que no. El sentimiento dominante es la tristeza. “Teníamos la certeza ilusoria de que Fidel nunca se iba a morir”, dice Yola con un oxímoron de síntesis impecable. Y después de la tristeza, mucho después, viene cierto asombro. Es el asombro de los cubanos consigo mismos. No se adaptaron todavía a que ese señor que intentó tomar un cuartel en Santiago de Cuba (el Moncada, en 1953) y que después estuvo siempre presente en sus vidas, incluso en las vidas de quienes festejaron su muerte en Miami, ese señor esté comenzando ahora mismo a convertirse en un recuerdo.


Las menciones a José Martí, muerto en batalla durante la lucha por la independencia de España en 1895, fue corriente en Fidel. Martí es un nombre permanente.


“Crear es la palabra de pase de esta generación”, se lee en un monumento del hall en la planta baja de la empresa pública de teléfonos. Palabra de pase suena a clave, a contraseña. A organización. Pero la frase de Martí fue pública.
Una madre muestra a su niño de 6 o 7 años la credencial del enviado de PáginaI12.
“¿Sabes a qué se dedica este señor?”, le pregunta. Pero la respuesta del chico después de leer las palabras “prensa extranjera” no se remite al oficio sino a un extraño parecido del nombre.


“¡Claro, es un patriota cubano, un héroe!”, contesta feliz el chiquito.


La madre, una mulata de treintaypico, se ríe y ni siquiera puede explicarle la diferencia entre Martín y Martí.
En la Plaza de la Revolución hay banderitas cubanas y retratos de Fidel. Más banderitas que fotos. Empieza a haber más retratos ahora, con Fidel muerto. También hay carteles con frases. Una: “La revolución es tener sentido del momento histórico”. Otra: “Revolución es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos”.


Castro estimuló el recuerdo de Martí porque ya era un héroe para los cubanos en 1959 y porque la historia cubana tiene tiempos que pueden resultar extraños para el resto de América latina. Martí murió luchando contra los españoles mientras ya había comenzado a advertir sobre el riesgo que significaban los Estados Unidos para la región ya a finales del siglo XIX. Había vivido en Nueva York, donde preparó la independencia de España, y tenía un fino conocimiento sobre el destino manifiesto que la elite estadounidense venía cultivando acerca del papel norteamericano sobre toda América y en especial sobre América Central, México y el Caribe.


Cuando, después de la muerte de José Martí, Cuba alcanzó la independencia buscada, ya en 1899 era dominio militar norteamericano. Y un instrumento formal, la Enmienda Platt que Raúl Castro suele recordar en sus discursos como un nudo que permite comprender los hilos de la historia, consolidó el derecho de los Estados Unidos a la intervención en Cuba.


Martí murió a los 42 años. El Che a los 39. Fidel a los 90 y hasta los 80 conservó el poder y las responsabilidades en plenitud. A diferencia de Martí y Guevara no lo mató una bala y pudo orientar políticas o dejar símbolos hasta el final. Incluso su última foto con un visitante extranjero es significativa. Se dejó retratar junto al presidente de Vietnam. Hay, como mínimo, dos paralelos. Uno es histórico: dos países pequeños resistieron a los Estados Unidos con éxito. En el caso de Vietnam ya lo había hecho antes con Francia. Otro es de modelo: en lo que se llama la actualización que vive hoy Cuba, es decir el proyecto de desestatalizar sin perder las conquistas sociales y políticas, los dirigentes cubanos acostumbran señalar que su sueño sería Vietnam por la experiencia de introducción de economía de mercado sin alterar la sustancia de los mecanismos del Estado. De todos modos las preguntas de este diario en distintos sitios de La Habana durante el día, y entre los congregados en la Plaza de la Revolución esta noche, no recogieron especulaciones políticas. Sin pretensiones científicas, la impresión a primera vista es que los cubanos están sintiendo la muerte de Fidel y no se apuran en racionalizarla. Internet avanzó en el último año y reúne cubanos en los puntos de wifi público pero las dificultades aún son considerables. En una sociedad menos neurótica por la hiperconectividad los ritmos son distintos, la charla cara a cara más habitual y la velocidad menos acuciante porque igual es difícil o inútil ser más y más veloces. No es un endiosamiento de la penuria informática sino, simplemente, una descripción. Hasta ahora, al menos, la mayor habilidad de los cubanos no es conectarse sino resolver. Resolver el día a día, el cambio económico, la adaptación a millones de turistas por año, a los mercados en pesos cubanos, pesos convertibles y divisas en negro, a una economía que tiene dificultades en reconvertirse porque alguna vez confundió mercado con capitalismo y ahora faltan empresas y sobra todavía poder a los ministerios. Los cubanos, como los uruguayos antes, son hábiles torneros. Necesitan inventar la pieza que les falta a los Chevrolet de los ‘50 y a menudo la máquina para fabricar esa pieza. Por cierto no moldearon sin éxito la convivencia con la peligrosidad activa de los Estados Unidos a 144 kilómetros de distancia y ahora la muerte de Fidel remacha un futuro en el que hay una decisión tomada: el presidente Raúl Castro ya dijo que no será reelecto en 2018. Cuando llegue ese momento, por primera vez en 59 años de revolución la cabeza del Estado dejará de llevar un Castro como apellido de su máximo dirigente.


Imágenes


En los costados de la Plaza unos vendedores –no hay muchos en proporción al momento histórico– ofrecen fotos de los líderes de la revolución y de los Cinco, los agentes de inteligencia que se infiltraron entre los grupos terroristas de Miami y terminaron arrestados en los Estados Unidos. Los cinco agentes no negociaron su culpabilidad según la costumbre judicial norteamericana. ¿Cómo hacerlo si no habían cometido un crimen, cómo afirmar que eran agentes de inteligencia si por definición y por misión no podían decirlo? Pasaron muchos años presos y en el deshielo relativo de los últimos dos años acabaron siendo liberados.


En la Plaza, Fidel muerto parece estar tomando una frase que hasta ahora quedaba reservada para Ernesto Guevara tras su asesinato el 8 de octubre de 1967. “Hasta siempre, comandante”, dicen varios carteles pequeños que portan cubanos silenciosos y con los ojos agrandados. La voz de Carlos Puebla, el más famoso de los cantantes cubanos de la Revolución, es la misma que entonaba “Te canto/ porque estás vivo, Camilo/ y no porque te hayas muerto”. Y al final terminaba con la pregunta célebre: “¿Voy bien, Camilo?”. También resuena en la memoria, en las memorias, porque no la pasan por ningún parlante y porque nadie la canta hoy, el “aquí se queda la clara” dedicada al Che y su querida presencia. Justamente terminaba así: “Y con Fidel te decimos/ hasta siempre, comandante”.


Momentos


Pero hoy, nada de canciones. No las hay ahora, en la Plaza de la Revolución mientras hablan los presidentes extranjeros, traducidos por un locutor de tono solemne si hablan en inglés como el presidente de la República Sudafricana. Tampoco hubo música durante el día en Centrohabana, el centro viejo no colonial, ni en las calles estilo años ‘30 del Vedado, ni en la Habana Vieja donde los cubanos reciclan todos los días las construcciones heredadas de la Cuba española del siglo XVI y el barroco que llegó en el XVII.


El luto propio asombra a los cubanos. Es como que no se hallan sin música, sin ron, sin cerveza, sin bailar en la calle, sin los músicos de son. Esos músicos que normalmente desempolvan con parsimonia una trompeta o sus instrumentos de percusión son una de las claves de una vejez con sonrisas. Si no pregúntenle a Compay Segundo. Ahora está enterrado en el cementerio de Santa Ifigenia, donde llegarán las cenizas de Fidel el sábado. Pero tocó y cantó hasta el último día de su vida.


Los cubanos pasaron por la dictadura de Fulgencio Batista, por la revolución de 1959, por la hostilidad de los Estados Unidos, por los ‘60 iniciáticos y los ‘70 más inflexibles, por los ‘80 estables, por los ‘90 insufribles gracias a la caída soviética y las dificultades de la vida cotidiana. Pasaron por la agresión militar de Playa Girón y por el embargo. Por la isla cerrada y por el turismo. Por Miami presente ahí cerca, pasando los cayos, y por el Miami invisible de los tiempos de migraciones cortadas. Pero en los últimos 63 años hay algo estos días pasó por primera vez. En 63 años Fidel, el Martí del siglo XX, nunca se murió.


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El adiós comenzó en la Plaza de la Revolución

Multitudes de cubanos con rostros de tristeza, emoción contenida y lágrimas comenzaron a desfilar en el corazón político de La Habana para rendir homenaje al Comandante. “Fidel nos enseñó a luchar y a ayudar a ancianos, niños, pobres y humildes”, dijo uno de los presentes.

 

Una cola interminable rodeaba desde el amanecer el memorial José Martí en la Plaza de la Revolución de La Habana, donde miles de cubanos con rostros de tristeza, emoción contenida y lágrimas acudieron ayer, los primeros a rendir tributo al Comandante, cuyo legado es “eterno” e “inmortal”. La peregrinación al corazón político de La Habana donde Castro sedujo a multitudes con sus maratónicos discursos –casi siempre cargados contra el imperio–, abrió una semana de tributo al padre de la Revolución cubana, que falleció el viernes a los 90 años.


Puntual, a las 9.00 de la mañana el memorial José Martí donde se levanta un sobrio altar de flores blancas con la imagen de un Fidel de barba negra, erguido, con morral de guerrillero, abrió sus puertas y los primeros fieles al Comandante, muchos entre llantos y otros con la mano en el pecho, comenzaron a desfilar frente a uno de los tres puntos de homenaje instalados, casi idénticos, con flores blancas, imágenes de Fidel, y sus condecoraciones militares.


No estaba la urna con las cenizas del Comandante, como muchos en la fila esperaban, aunque los restos cremados de Fidel sí viajarán a partir de mañana por la isla, hasta Santiago de Cuba, cuna de la Revolución, donde se celebrará su funeral el 4 de diciembre.


“He venido a cumplir con mi deber patriota y revolucionario, en honor a nuestro Comandante en jefe, que murió como Comandante invicto”, afirmó Jesús, un hombre de 85 años que colaboró con la lucha clandestina antes de la Revolución en Ciego de Avila. Recuerda con cariño esos años en los que conoció a Fidel, antes de convertirse en Comandante en jefe de la Revolución, a quien describe como un hombre “humilde, alegre y campechano” que se convirtió luego en un líder mundial cuyo legado “estará vivo por los siglos de los siglos”.


Su compañera de lucha, Mercedes Cabrera, fue quien le avisó la noche del viernes de la muerte de Fidel y ayer lo acompañaba a homenajearlo al memorial José Martí: “Nuestro Comandante vive, no ha muerto. Sigue y seguirá en todas las generaciones futuras”.


“Fidel nos enseñó a luchar y a ayudar a ancianos, niños, pobres y humildes. El dijo desde el principio que esta Revolución era de los humildes y para los humildes y así ha sido”, afirmó Cabrera, que integró el Ejército Rebelde en los años de la lucha guerrillera en la Sierra Maestra.


Tampoco quisieron dejar de despedirse de Fidel estudiantes de secundaria como Idoliris, de 16 años, quien, mientras esperaba en la larga cola para entrar al memorial, sentía un “tremendo orgullo” de poder despedirse del Comandante y una “tremenda pena” por haber perdido a un líder de su magnitud, aunque “su recuerdo estará siempre presente”.


“Es un privilegio estar aquí”, señalaba su compañero de clase Carlos Alejandro, que se enteró de la muerte de Fidel en el momento en que se interrumpió la programación televisiva la noche del viernes para transmitir la alocución del presidente Raúl Castro.


“Fue una sorpresa. En mi casa todo el mundo se puso a llorar. Y en la calle hay tristeza”, contaba sobre la muerte del líder histórico de la Revolución cubana, a los 90 años, el 25 de noviembre a las 10.29 horas.


Bárbara Guerra, maestra jubilada de 78 años, “orgullosa y eternamente agradecida” a Fidel, se desplazó hasta la Plaza de la Revolución para decirle adiós consciente de que sin los logros de la Revolución, ella como mujer negra no hubiera disfrutado de los “derechos y oportunidades” que ha tenido. “Siento una gran tristeza, pero tremenda fortaleza porque sí que los que siguen, mis nietos y bisnietos, los jóvenes en general, van a seguir ese camino porque Fidel es un ejemplo. Nos ha dado una lección de vida, no sólo a los cubanos, si no a cualquier ser humano en el mundo”, relataba entre lágrimas.


“Mi Comandante inmortal”, así tituló un poema que escribió a Fidel la misma noche de su muerte, “trágica” noticia que la dejó paralizada, sin poder moverse del sillón hasta el amanecer.


“Aquí se siente mucho dolor. Todos estamos muy consternados por la muerte de nuestro Comandante porque todos lo queríamos de corazón, sin hipocresía”, aseguraba Félix Jardines, un abogado de 58 años, mientras esperaba en la cola para entrar al homenaje.


Para él, que no había podido pegar ojo desde la noche del viernes, Cuba sin Fidel va a seguir igual: “Revolución, socialismo, tratar de hacer las cosas mejor cada día, desarrollarnos más para lograr más bienestar para el pueblo, que fue por lo que él luchó”.


Eso mismo opinaba Genoveva Lovaina, enfermera de 54 años, para quien era “inconcebible no acudir a la despedida del Comandante, quien “seguir vivo en el recuerdo y el corazón de todos los cubanos”.


Los cubanos en La Habana tendrán hasta hoy para homenajear a Fidel en esa plaza, donde a las 19.00 se celebrará un multitudinario acto de despedida al que acudirán mandatarios y personalidades.


Al mismo tiempo desde Estados Unidos, el mandatario electo Donald Trump amenazó con poner fin al acercamiento entre Washington y La Habana si no obtenía concesiones de la isla en materia económica y en derechos humanos (ver página 21).


“El pueblo cubano nunca va a dar un paso atrás. La guía de Fidel es histórica. Trump es un estúpido!, con declarar esas cosas en estos momentos que el pueblo está de luto’’, dijo furioso Mauricio Paz, un exguerrillero de 76 años.
El malestar con Trump se coló en las largas filas que pacientemente hacían los cubanos de todas las edades, para entrar al memorial José‚ Martí. “Vengo con toda mi familia al mismo lugar que vine de niño a escucharlo muchas veces y traigo a mis hijos que algún día comprenderán y sabrán que estuvieron aquí a rendirle homenaje a su Comandante’’, dijo Amílcar Ramos, de 33 años.


Mañana se iniciará una procesión que recorrerá 13 de las 15 provincias, y que concluirá el domingo en Santiago de Cuba, donde se espera sean depositadas las cenizas en el cementerio Santa Ifigenia tras un recorrido de unos 1000 kilómetros.

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Presidencia sitiada de Trump: ambiente de guerra civil

 

El choque tectónico del triunfo de Trump ha sacudido las entrañas del epicentro de EU y provocado reverberaciones telúricas a sus dos fronteras, México y Canadá, y a los cuatro rincones del planeta donde, en medio del caos doméstico/global que lega la sectaria presidencia de Obama, permanecen como "fractales" dos superpotencias, Rusia (a escala geoestratégico nuclear) y China (a escala geoeconómica); mientras, en Medio Oriente se consolida como el gran vencedor Israel, en la etapa de Estado Apartheid/racista/paria del primer Netanyahu y, en cierta medida, con las victorias relativas de Turquía y Egipto, que gozan de óptimas relaciones con Trump.

Ya había advertido los prolegómenos de “guerra civil larvada (https://goo.gl/2JHxaK)” y el “fracking doméstico” de la revuelta del "trumpismo, con o sin Trump": supremacismo/populismo/nacionalismo blanco (https://goo.gl/i86rDg).

Los multimedia rusos culpan a George Soros de organizar una guerra civil: una revolución de "color púrpura" para el "cambio de régimen" en EU.

Dos manifestaciones multitudinarias anti Trump de los grupos que maneja Soros serán celebradas, una el 20 de enero, día de la toma de posesión, y otra el 21 con la "marcha del millón de mujeres" pro Hillary, las cuales en forma ominosa colisionarán con la avalancha de 2 millones de supremacistas/populistas/nacionalistas WASP que viven fervientemente, a mi juicio, el "cuarto despertar" de los fundadores nativistas/puritanos de EU (https://goo.gl/RMSQvT).

Pese a que dejen mucho que desear (https://goo.gl/y687jO), una reciente encuesta Gallup expone que 77 por ciento de los estadunidenses perciben a su "país" "muy dividido en los valores más importantes".

Siguen las manifestaciones en las universidades, calles y en varias ciudades, a favor y en contra de Trump.

A mi juicio, similares manifestaciones multitudinarias de los WASP hubieran sucedido en caso del triunfo de Hillary, quien también hubiera tenido su "presidencia sitiada".

Soros, supremo perdedor que financió a Hillary con Goldman Sachs y los Rothschild, versó ahora 10 millones de dólares para combatir las "fuerzas oscuras" de Trump (https://goo.gl/eNaJ4Z).

El grupo global de Soros maneja en forma incontinente el término "odio", de acuerdo con la "técnica Hasbara", que significa "odio ajeno" cuando no provenga de Israel.

Es irónico que Soros, desde su malignidad, que encubre de "filantropía", evoque una inmanente y demente "superioridad moral" de la que carece cuando ha sembrado el caos por doquier, con el fin de obtener exorbitantes ganancias bursátiles (https://goo.gl/8M7b0s).

Entre los escollos centrífugas que enfrenta Trump, antes de su toma de posesión, que desestabilizarán aún más a EU, se encuentra la súbita cuan extraña resurrección de Jill Stein, del Partido Verde, con uno por ciento del voto popular (https://goo.gl/KwpStz), que pagó 5 millones de dólares por un recuento de votos en Wisconsin (10 votos electorales; diferencial de 27 mil 257 sufragios entre Trump y Hillary), dejando bajo la espada de Damocles a Michigan (16 votos electorales; diferencial de 11 mil 612 votos) y Pensilvania (20 sufragios electorales; diferencial de 68 mil 236 votos) que en teoría podrían revertir el resultado y poner en tela de juicio la legitimidad del Colegio Electoral que emitirá su sufragio el 19 de diciembre (https://goo.gl/FQHBkT).

Detrás del insólito recuento desestabilizador en Wisconsin se encuentra Soros (https://goo.gl/jXRvTG).

En plena transición suena inverosímil que Obama coadyuve una permuta presidencial.

Lawrence Lessig, jurista de Harvard (pro Hillary), incita al Colegio Electoral a pronunciarse por Clinton, mientras no faltan quienes alegan que existió ciberfraude (https://goo.gl/g7XP6s). ¿Un INE mexicano en EU?

California busca(ba) su secesión antes de Trump –"Calexit": plebiscito para su independencia en 2019–, y hoy menos que nunca querrá ser gobernada por un presidente que abomina.

Muchos estados de la "Unión" buscan la secesión: desde Oregon hasta Texas.

Los alcaldes "demócratas" de Chicago, el israelí-estadunidense Rahm Emanuel (ex jefe de gabinete de Obama), y de Nueva York, Bill de Blasio, han declarado a ambas ciudades "santuarios" ante la inminente deportación masiva de 3 millones de ilegales.

No es para menos la sicosis colectiva que ha provocado el choque tectónico de Trump: desde México –donde un accionista de Televisa exigió en forma sicótica el magnicidio de Trump en un twitt que luego borró (https://goo.gl/BBwhKP)– hasta Fred Hiatt, editor del Washington Post, rotativo del establishment , quien aboga "la lucha para defender la democracia", como si, guste o disguste, los 306 votos electorales de Trump –36 más del mínimo de 270 y 74 más que Hillary– fueran anti-democráticos (https://goo.gl/sFTKST). ¡No, bueno!

El grave problema, aún para mentes brillantes, en esta fase de descomposición de EU –y quizá de su balcanización– es que sucumben a sus soliloquios onanistas que niegan la nueva realidad nacionalista/populista que no asimilan en su gueto mental.

El incendiario Pat Buchanan, ultraconservador católico y ex jefe de prensa de Nixon/Ford/Reagan, marginado por los multimedia controlados por Wall Street, diagnostica que EU se encuentra "dividido sin esperanza (sic) en temas culturales, morales y políticos, y cada vez más en los ámbitos raciales y étnicos", por lo que la presidencia de Trump “estará sitiada (https://goo.gl/iluT41)”.

A mí nunca me preocupó tanto Trump como el trumpismo per se, cuyas tendencias detecté con bastante antelación e, incluso, 12 horas antes de la elección, como consta en mi ponencia auspiciada por Casa Lamm/ La Jornada (https://goo.gl/9ZlC9h).

EU sufre poderosas fuerzas centrífugas que carcomen su "Unión", en sincronía de fuerzas centrípetas nacionalistas anti EU en el mundo, mientras que, en forma paradójica como reflejo del caos global, el dólar escala los niveles más altos de los pasados 13 años y sus bolsas superan récords históricos.

Hace ocho años señalé que el decano diplomático ruso y especialista en ciberguerras, Igor Panarin (IP), había vaticinado 10 años atrás, la protobalcanización de EU en seis pedazos y su debacle económica (https://goo.gl/IWwY6n): 1. La "República de California"; 2. La "República de Texas"; 3. La "República Centro/Norte"; 4. "EU del Atlántico", que a mi juicio se uniría al Brexit; 5. Alaska, y 6. Hawaii (https://goo.gl/9x7SjN).

En forma impactante, tres de los seis pedazos balcanizados de EU por IP (https://goo.gl/Vjgcs9) prevalecieron: el voto costero occidental del eje California/Oregón/Washington se volcó por Hillary, frente al voto pro Trump en el cinturón industrial (rust belt), dominado por el eje Pensilvania/Michigan/Ohio, y el cinturón bíblico (bible belt), encabezado por la "República de Texas".

Sea el escenario que fuere en EU, lo real es que su destino etno-teo-geopolítico alcanzó también a sus dos vecinos: Canadá y México, que no disponen de muchos anticuerpos geopolíticos ni geofinancieros.

Lo peor que puede suceder, como en forma insensata operó el frívolo Senado del "México neoliberal itamita", es tomar partido en una guerra civil ajena porque se corre el grave riesgo de sufrir las consecuencias colaterales. México debe serenarse.

 

 

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