Lunes, 18 Junio 2018 06:34

La foto

La foto

Un acertado compendio de lo que fue la reunión de hace una semana del Grupo de los Siete (G-7) en Quebec, Canadá, es la fotografía de los líderes de los países miembros enfrentando al presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Se trata de cómo se plantan, respectivamente, sus semblantes y la posición de sus cuerpos. Todo el conjunto manifiesta el tenso estado de las relaciones entre esas naciones con una alta cuota de poder político y económico en el mundo.

Trump es el único sentado, contra una pared, los demás pendientes de él. Tiene los brazos cruzados desafiante, con expresión de desdén por los que contrarían su visión del poder de Estados Unidos; le importa poco lo que le dicen. Va a restablecer ese poder que, asegura, ha sido debilitado por los gobiernos de su país, especialmente por Barack Obama y los políticos del partido demócrata.

Si la postura trumpiana quedó muy clara desde la campaña para la presidencia en 2016, la ha ido conformando como nueva política, tanto interna como exterior. Aquí lo sabemos.

Frente a él hay una mesa sobre la que Angela Merkel recarga los brazos y se inclina enfrentándolo atónita, como si el guión al que estaba acostumbrada se hubiera borrado y fuese incapaz siquiera de entablar un diálogo.

En la foto junto a Merkel se advierten las figuras de la británica Theresa May y el francés Macron; pero resalta la imagen de Shinzo Abe, de Japón, con la cara desencajada, los brazos también cruzados y, en su caso, abatidos. A su lado el muy duro John Bolton, consejero de Seguridad Nacional, siempre desafiante.

La presencia de Bolton es un señalamiento preciso de cómo Trump va recreando la política exterior. Es considerado como un "halcón guerrero" de corte nacionalista y si de etiquetas se trata: neoconservador, que aboga por las posiciones más radicales e intervencionistas donde ve la oportunidad.

Para la Unión Europea se abre un conflicto ubicado entre dos extremos: subordinarse ante Trump o generar un espacio propio de acción. Esto ocurre en el marco de una Unión muy debilitada internamente, más aún con un nuevo gobierno italiano que va a contracorriente. En el otro confín está el férreo control de Putin en Rusia y su cada vez mayor influencia en esa zona del continente. Las relaciones de poder cambian de forma rápida y decisiva con otros actores relevantes que quieren una cuota más grande, como China e India.

Hoy, Trump cuenta con el regreso de la gestión monetaria del dólar, luego de casi una década de expansión de la liquidez y de mínimas tasas de interés. Impone tarifas en el comercio internacional con América del Norte, Europa y ahora China. En éste último caso Trump arguye que se ha aprovechado por más de dos decenios de la apropiación de patentes y tecnologías, además de manipular el valor de yuan y que debe pagar.

Trump va implantando el escenario que prometió dentro y fuera, un nuevo tipo de hegemonía, muy distinta a la que ejerció Estados Unidos desde mediados del siglo pasado.

Aquel orden ya no puede sostenerse aunque Trump fracasara en su plan de dominio económico, político y militar. Es como la famosa rima de Humpty Dompty que se cayó de la barda y ya nadie puede devolverlo a como era antes.

Un factor que puede ser determinante para el modelo que quiere imponer Trump es la distribución de las pérdidas y ganancias entre las grandes empresas productivas y financieras de su país. En el caso de los votantes, depende de si hay un efecto adverso en su nivel de bienestar.

En otra toma de la misma escena se ve a Trudeau junto a Trump, consternado y recargado en la pared. Lo dice todo.

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Sábado, 16 Junio 2018 06:38

Se recalienta la guerra de los aranceles

Se recalienta la guerra de los aranceles

“Los acuerdos económicos y comerciales alcanzados anteriormente por las dos partes serán invalidados”, apuntó el Ministerio de Comercio chino tras el anuncio de Trump de aranceles a productos chinos por un valor de 50.000 millones de dólares.

 

Donald Trump da un paso más en su batalla comercial, esta vez contra China: el presidente estadounidense anunció ayer aranceles a productos chinos por un valor de 50.000 millones de dólares. China respondió al instante y anunció que introducirá “inmediatamente medidas arancelarias del mismo nivel y potencia” que las estadounidenses. “Al mismo tiempo, todos los acuerdos económicos y comerciales alcanzados anteriormente por las dos partes serán invalidados”, apuntó el Ministerio de Comercio chino.
Los nuevos aranceles de Trump serán del 25 por ciento y afectarán a productos que incluyen “tecnologías importantes para la industria”, según el comunicado de la Casa Blanca. El comercio entre Estados Unidos y China fue “muy injusto durante mucho tiempo” y la situación “ya no es sostenible”, señaló. Los impuestos entrarán en vigor el 6 de julio, informó la oficina del representante de Comercio de Trump, Robert Lighthizer.


“Lamentamos profundamente que Estados Unidos haya ignorado el consenso alcanzado y haya provocado una guerra comercial”, señaló el ministerio chino. “Este paso no solo daña los intereses bilaterales, también socava el orden comercial mundial”. El gobierno chino llamó además a todos los países a adoptar medidas conjuntas contra el “comportamiento desfasado y retrógrado” de Estados Unidos. Trump rechazó ayer, sin embargo, que haya una guerra comercial. “La guerra comercial la iniciaron ellos hace muchos años y Estados Unidos la perdió”, dijo en una entrevista con la cadena de televisión Fox. Según el presidente, los impuestos a China servirán para proteger los “secretos” de Estados Unidos, en referencia a la propiedad intelectual norteamericana. “Tenemos un gran potencial intelectual en Silicon Valley y China -y otros- roban esos secretos”, dijo. “Vamos a proteger esos secretos, son joyas de la corona para este país”.


Estos aranceles afectarán a 1.102 productos chinos, a los que se aplicará un arancel adicional del 25 por ciento, informó la oficina de Lighthizer. Se tratará sobre todo de productos de la iniciativa china “Made in China 2025” e incluirá la construcción de aviones, robots y maquinaria, automóviles y tecnología de la información y la comunicación. “La lista no incluye productos que compran los consumidores estadounidenses, como teléfonos celulares y aparatos de televisión”, señala el representante de Comercio.


China recordó ayer que “no está dispuesta a tener una guerra comercial”, pero el país “no tiene otra opción que oponerse firmemente a esto debido al comportamiento miope de Estados Unidos, que dañará a ambas partes”. Trump tomó la decisión en una reunión en la Casa Blanca con sus secretarios de Comercio, Wilbur Ross; del Tesoro, Steven Mnuchin, y de Comercio Exterior, Robert Lighthizer. Precisamente el pasado día 3, el secretario Ross visitó Beijing en la tercera fase de una ronda de negociaciones que las dos naciones estaban llevando a cabo para evitar el estallido definitivo de la crisis. En un encuentro previo en Estados Unidos a comienzos de mayo, los dos gobiernos acordaron poner “en suspenso” la guerra comercial después de que Estados Unidos suspendiera la posible imposición de aranceles por valor de 150.000 millones de dólares a cientos de productos chinos por temas de propiedad intelectual. Por su parte, China, que es el segundo socio comercial de Estados Unidos, se comprometió a aumentar “significativamente” sus compras de bienes y servicios de Estados Unidos para equilibrar la balanza comercial, una de las principales reclamaciones del gobierno norteamericano. Sin embargo, el presidente Trump aseguró entonces no estar satisfecho con el acuerdo alcanzado y ayer anunció nuevas medidas contra lo que considera robo de propiedad intelectual y tecnológica y otras prácticas comerciales injustas llevadas a cabo por China.


China no dio detalles sobre los productos estadounidenses a los que aplicará impuestos, pero ya había elaborado una lista con 106 posibles candidatos, entre ellos la soja y la carne de vacuno. De ser así, afectaría sobre todo a zonas agrícolas de Estados Unidos, con gran número de votantes de Trump. La soja es uno de los principales bienes que Estados Unidos exporta a China. Los aranceles a productos chinos se suman a los que ya impuso Trump al aluminio y acero de la Unión Europea, México y Canadá, que respondieron con medidas similares. Las diferencias sobre esta cuestión quedaron patentes en la última cumbre del G7: Trump retiró su apoyo al comunicado final tras las críticas al respecto del primer ministro canadiense, Justin Trudeau. El mandatario norteamericano reclama una reducción del déficit comercial de Estados Unidos con China. El año pasado, las exportaciones chinas a Estados Unidos superaron en 375.000 millones de dólares a las estadounidenses a China.


Los gobiernos de Estados Unidos y China habían mantenido conversaciones sobre comercio en las que se registraron ciertos avances. Pero a finales de mayo, la Casa Blanca anunció por sorpresa que el 15 de junio publicaría una lista con productos chinos a los que aplicaría tasas a la importación.

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Jueves, 14 Junio 2018 06:34

Europa se une contra Trump

Europa se une contra Trump

El ministro de Relaciones Exteriores alemán, Heiko Maas, requirió ayer a los países de la Unión Europea a reajustar su relación con Estados Unidos e impulsar una postura exterior del bloque que ponga freno a lo que llamó la política egoísta del presidente Donald Trump y sus consecuencias sobre el eje transatlántico. “Con el presidente Trump el Atlántico se ha agrandado”, afirmó Maas, en un discurso destinado a marcar las líneas de la política europea, pronunciado ante estudiantes y representantes del movimiento “Pulse of Europe”. El jefe de la diplomacia germana, que integra el Partido Socialdemócrata y ocupa el cargo desde el pasado marzo, plasmó así lo que calificó como la profunda decepción que causó en su Gobierno y, personalmente, en él mismo, la línea del presidente de Estados Unidos.


“Nunca hubiera imaginado que un ministro de Relaciones Exteriores alemán se vería confrontado a la situación actual”, dijo Maas evidenciando el contraste actual con los fuertes vínculos que tradicionalmente mantuvo su país con Washington, uno de los ejes incontestables de la política exterior alemana.


El ministro de exteriores también lamentó que la alianza transatlántica, que durante décadas unió a Estados Unidos con Europa, esté en cuestión, según dijo, a golpe de Twitter, en relación a la costumbre del magnate republicano por dar a conocer sus decisiones en esa red social.


La respuesta de Europa ante lo que denominó egoísmo político que representa la máxima de Trump –Estados Unidos Primero– debe ser la unidad y la cohesión, así como el reacomodamien

 

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Martes, 12 Junio 2018 06:03

El fin de Daniel Ortega

El fin de Daniel Ortega

La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.

Rubén Darío, Sonatina

 

1. Sonatina en la República Bananera


Cuando se preside un país que los gringos llaman Banana Republic; cuando los purpurados y capitalistas toman distancia del palacio presidencial; cuando el neofascismo mayamero declara el RIP (Q.E.P.D.); cuando mueren alrededor de cien protestantes en la calle; cuando la dinastía tropical de los Chamorro puede hablar impunemente vía su panfleto oligárquico "La Prensa" de la "dictadura orteguista"; cuando el heroico Ejército de Sandino declara que es "el pueblo uniformado" y que no tiene porque disparar "al pueblo" --es decir, que no matará por el New Deal orteguista-- y, cuando la poesía del gran Rubén Darío se vuelve apodigma (verdad) de la realidad nacional, entonces se sabe, que la batalla de Daniel Ortega está perdida. La arrogancia del poder de los gobiernos de centro-izquierda, que sólo escucha a sus lambiscones cortesanos; el alejamiento de la población; la fe en la alianza con los jerarcas católicos y los empresarios; debilidades nepotistas típicas de Centroamérica; la incapacidad de prever el fracaso del madurismo y la entrega del legendario olfato político pragmático de Daniel Ortega a un matriarcado tropical sui generis, contribuyeron a la catástrofe actual, que día a día se asemeja más al desastre del madurismo venezolano.


2. Destrucción anunciada de Ortega, 2016


El 29 de septiembre del 2016, publiqué el análisis "Washington inicia la 2da Guerra de Destrucción contra la Nicaragua Sandinista", donde advertí sobre la nueva campaña de destrucción económica y contrarrevolución cromática, que Washington llevaba a cabo para lograr el regime change (cambio de gobierno) en Nicaragua. Cité a la paladina de la mafia monroeista de Miami, la congresista republicana Ros‐Lehtinen, que con motivo de la agresión del Nica-Act (Ley de condicionamiento a la inversión nicaragüense), declaró desvergonzadamente: ʺhasta que Nicaragua tenga elecciones libres, justas, transparentes y supervisadas por observadores electorales nacionales e internacionales creíbles...Estados Unidos va a...prevenir el acceso a los fondos internacionalesʺ. Siendo objeto de una declaración fáctica de guerra por parte de Washington, estaba claro que el gobierno Ortega-Murillo iba a ser insostenible. ¿Qué estrategia, por lo tanto, podía salvar al desarrollismo sandinista del retorno de la banana republic somocista?


3. Defensa estratégica, 2016


A inicios de octubre 2016 envié una propuesta confidencial de defensa estratégica a un comandante sandinista, amigo mío, solicitándole que se la hiciera llegar al Presidente. Lográrlo no sería fácil, porque el comandante Ortega ya había entregado todo el poder de facto a su esposa Rosario Murillo, sin cuya autorización previa ningún ministro podía ver al Presidente, ni hacer declaraciones públicas (sic). Una acumulación de poder notable, sin duda, dentro de un matriarcado centroamericano sui generis, no carente de aires extravagantes del Mayo de Paris, 1968 y, por supuesto, la sumisión total al Cardenal Ovando y Bravo, ex enemigo mortal de la Revolución Sandinista.


4. Modelo y personajes de Ortega, agotados


La misiva que envié al amigo comandante, decía lo siguiente: "El actual modelo de Daniel y Rosario está agotado. De hecho, el Nica Act te lo indica con claridad. Y, no sólo el modelo está agotado, sino también ambos personajes. Ninguno de los dos, por múltiples razones, podrá gobernar más allá de unos 4/5 años. La crítica respectiva del hermano de Daniel, el ex General y ministro de defensa, Humberto Ortega, en el canal de televisión sandinista del domingo pasado, fue solidaria, pero absolutamente clara y acertada."


"El problema es doble: económico y político. Hay que diseñar una estrategia económica que permita resistir esos 4/5 años de estrangulamiento financiero y económico de Washington, y encontrar un político progresista con una agenda centrista, que sea aceptable para el sandinismo y el centro político del país. El único que puede cumplir con este papel es Humberto Ortega. Y creo que tiene ganas de hacerlo, porque ve el desgaste del modelo y de los personajes. Lo digo sin preferencias o lealtades personales. Creo que Humberto se equivocó en la estrategia militar contra los contras –que debía haber sido como la de Fidel contra los subversivos del Escambray-- al igual, como creo que el entonces Comandante Bayardo (Arce Castaño) se equivocó totalmente en entender el proyecto subversivo de Reagan y, en consecuencia, no supo manejar adecuadamente la contrainteligencia militar. Pero, mi comentario actual abstrae de esas cosas del pasado y se centra en lo que pienso es el perfil político objetivamente necesario ahora para salvar al sandinismo como proyecto histórico, en los próximos 4/5 años.


5. Estrategia económica de salvación, 2016


El elemento esencial de una estrategia de sobrevivencia económica para los próximos 4-5 años de la agresión, consistía en mantener la dinámica macroeconómica. Ante el previsible colapso de la economía venezolana --cuyas importaciones agropecuarias y generosos subsidios energéticos sostenían la coyuntura económica nicaragüense--, bajo el inepto régimen de Maduro, el único megaproyecto económico-financiero disponible y con el volumen suficiente para ser autosustentable, era el Canal transoceánico, con China.


6. China apoya Canal transoceánico


Daniel había autorizado a uno de sus hijos empresariales, contactar capitalistas privados e instancias oficiales chinas para realizar el proyecto. Ambos receptores chinos reaccionaron positivamente a la gestión. Llegaron también los emisarios gringos a Managua. Algunos de ellos, antiguos constructores de escuadrones de la muerte en Centroamérica y ahora, trajeados lobbyistas del imperio, es decir, dignos representantes de la corrupción institucionalizada del imperio. Su mensaje era, que Washington no iba a bloquear la construcción, siempre y cuando se respetaran sus intereses en la administración final del Canal. En pocas palabras, un modus vivendisemejante a la modalidad del Canal de Panamá y del Canal de Suez. Era, por supuesto, sólo la mitad de la verdad. Clandestinamente, la CIA ya estaba organizando a campesinos, ecologistas, estudiantes y sectores ex sandinistas en un amplio frente anti-Orteguista que, llegado el momento, podría movilizarse para una "primavera árabe" contra el gobierno.
Con todo, era una oportunidad histórica, para consolidar el Sandinismo como fuerza hegemónica en el país, mediante una operación de audacia napoleónica. Se tenía que romper relaciones diplomáticas con Taiwan y establecerlas con la República Popular de China, ofertándole como premio a Beijing los yacimientos energéticos encontrados en las costas de Nicaragua. Ortega tenía su oportunidad de oro para consolidarse. Pero, la dejó pasar. Su caída y la de su pareja es el precio que ahora paga.


7. La puerta de la Historia se cierra


Es una coyuntura histórica única para realizar el proyecto, le escribí al comandante sandinista, por los siguientes contextos favorables. 1. René Nuñez, el influyente presidente de la Asamblea Nacional desde el año 2008, falleció el 10 de septiembre de 2016. Nuñez había sido el principal operador de los intereses de Taiwan en Nicaragua que bloqueaba el acercamiento a Beijing. 2. El Nica Act, promovido por la mafia monroeista y anti-cubana de Miami, era un acto de agresión violatorio del derecho internacional, contra Nicaragua. 3. La nueva presidenta de Taiwan, Tsai Ing Wen, operadora neocon de la mafia monroeista de Miami y Washington, había cancelado públicamente en septiembre el "One China Consensus" de 1992, dándole un casus belli (razón de guerra) a Beijing. Last but not least, la apología pragmática global para los medios sería, que no se podía emplear miles de extranjeros asiáticos y arriesgar una inversión gigantesca, sin garantías inter-estatales, es decir, sin relaciones oficiales con China. Un buen momento para cambiar las relaciones diplomáticas, sería el inicio de las obras en Brito Rivas. Ayudaba también, el ejemplo de Costa Rica. Cuando un emisario chino preguntó al Presidente Oscar Arias --alcahuete de los gringos en la guerra criminal contra los sandinistas, premiado con el Premio Nobel de la Paz-- qué quería para cambiar sus relaciones diplomáticas con Taiwan hacia la República Popular de China, Arias pidió un estadio de futbol. Se lo dieron (2007) y Costa Rica se volvió aliado de China.


8. La profecía


Finalmente, "el tiempo es clave", terminé mi misiva. "Si tu logras convencer a Daniel, directamente, que acepte el escenario y se mueva rápidamente con los amigos poderosos globales (no los latinoamericanos), creo que se puede salvar la cosa. Si no lo logras, habrá un déjâ vu de la trágica experiencia de los 80 (sin armas, probablemente)." Este es el déjâ vu que vivimos ahora.


9. La arrogancia del poder


Una noche, en una cena en la capital mexicana, un amigo, Ministro de Relaciones Exteriores, me dijo: "Heinz, el problema que tienes con los presidentes latinoamericanos es que dicen, que tú quieres que hagan lo que tú dices."


Creo modestamente, que es al revés. Cuando se hacen presidentes, ya no quieren escuchar voces críticas, aunque sean amigas. Sólo tienen oídos para los lambiscones cortesanos que los rodean. Esto es lo que el senador Fulbright llamaba the arrogance of power -- la arrogancia del poder. Maduro, Ortega, Correa y demás representantes del "progresismo" criollo sufren de esa hybris(desmesura). La caída es el precio que pagan.

 

Por: Heinz Dieterich | Lunes, 11/06/2018 01:39 PM |

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El 2 de diciembre de 2010 se anunció que Rusia había ganado la sede del Mundial 2018. En ese entonces Joseph Blatter aún era presidente de la FIFA y Vladimir Putin (derecha) fungía como primer ministro.

Directivos de la FIFA realizaron visitas casi clandestinas al país antes de dar su voto a Rusia

Ya va a empezar la fiesta y todavía hay muchas personas que, aquí y en el resto del mundo, se preguntan cómo le hizo Rusia para obtener el derecho a ser sede del primer Mundial de futbol en Europa del este, el mismo día que los honorables miembros del Comité Ejecutivo de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA) también otorgaron la gracia de otro Mundial al emir de Catar, quien prometió poner aire acondicionado al desierto de la península arábiga, así como cerrar los ojos cuando por las tribunas de sus estadios, construidos por migrantes convertidos en casi esclavos, fluyan torrentes de cerveza de la compañía gringa con derechos exclusivos como patrocinador oficial.

Lástima que el desenlace –con escena de éxtasis incluida: serios funcionarios gubernamentales trajeados brincando de gusto y apretando los puños como si hubieran anotado el golazo de su vida– se produjo el 2 de diciembre de 2010, en la ciudad suiza de Zurich y no en alguna zona arqueológica del sureste mexicano, cuna ancestral de los mayas, en lo que hubiera sido un merecido homenaje a los inventores de otro juego de pelota, cuando se competía no por un dineral como ahora, sino por el honor de ser sacrificado para contentar a los dioses.

Con una intensa agenda de encuentros y como principal promotor de las bondades de la propuesta rusa, el entonces primer ministro con facultades de verdadero jefe de Estado, Vladimir Putin, puso todo su empeño para inclinar la balanza en favor de la candidatura de su país.

Quienes están convencidos de que el lema fair play (juego limpio), adoptado en 1993 como campaña permanente por la FIFA, se refiere también a las votaciones, sostienen que la candidatura rusa era simplemente la mejor. Y punto.

Argumentan, en defensa de su versión, que ejercieron un efecto decisivo en la mente de los votantes las iniciativas rusas de dejar entrar al país sin necesidad de visa a toda persona que haya comprado un boleto para un partido del Mundial y que se haya registrado para obtener, mediante sencillo trámite, un llamado pasaporte del aficionado, mejor conocido como tarjeta Fan-ID, además del ofrecimiento de transportar gratis entre las sedes mundialistas al ejército desarmado de adeptos de cada selección que juegue ahí.

En el plano de la infraestructura, Rusia ofreció construir nueve estadios y renovar tres más, modernizar sus aeropuertos, tender nuevas líneas para trenes de alta velocidad, tapar los baches en las calles y garantizar la seguridad durante la justa, derribando con sus misiles no nucleares, si fuera indispensable, cualquier dron que sea avistado cerca de cualquier objetivo mundialista.

Cuartel general de la cloaca

Los que sostienen que es un despropósito afirmar que resolvió la votación el juego limpio, que no existe ni dentro de las canchas –y recomiendan ver en cámara lenta la llave de lucha grecorromana que aplicó el defensa madridista Sergio Ramos al mejor jugador scouser (seña de identidad que prefieren los aficionados del Liverpool), Mohamed Salah, en la más reciente final de la Liga de Campeones, en Kiev– defienden su propia explicación de lo que pasó en Zurich, donde tiene su cuartel general la FIFA, pero es más conocido como cloaca universal de las finanzas que utilizan los corruptos de todas partes para esconder sus fortunas mal habidas.

Sugieren que tal vez también contribuyó que, en los meses precedentes al gran día, Putin se esmeró en atender en territorio ruso, a cuerpo de rey, a casi todos los votantes. Más de la mitad, seguro, según se atrevió a reconocer el que era máximo responsable del deporte en este país, Vitali Mutko, viejo conocido del presidente desde los tiempos de la alcaldía de San Petersburgo y ahora viceprimer ministro a cargo de la construcción, otro formidable negocio.

Cuando se supo que hubo un extraño y sigiloso desfile por la capital rusa, y también, en ocasiones, por el balneario de Sochi, en la costa del mar Negro, de quienes tenían la prerrogativa de decidir las próximas sedes mundialistas –por cierto algunos de ellos personajes de muy dudosa reputación, como se pudo comprobar al estallar más tarde el escándalo que tumbó del pedestal a Joseph Blatter, el mandamás de la FIFA–, los reporteros más concienzudos trataron de encontrar las fotos de rigor o las menciones en la agenda del dueño del balón en Rusia en funciones de jefe de gobierno. Vano esfuerzo. Se trató de visitas privadas, casi clandestinas.

Todo fue legal

En medio de la zozobra, no tardó en saltar al ruedo de las explicaciones un encargado de aclarar que, a diferencia de los miembros del Comité Olímpico Internacional que tienen prohibido este tipo de viajes a países que compiten por ser sedes, los integrantes del Comité Ejecutivo de la FIFA no tienen impedimento alguno.

El único requisito es avisar oportunamente a la oficina del presidente del organismo, lo cual –afirman como si juraran sobre una imaginaria biblia ortodoxa– se hizo en todos los casos sin excepción.

Al poner al tanto de esos periplos al aún no defenestrado Blatter, amigo personal de Putin, se observaron todas las apariencias de legalidad. Ni quien lo dude, igual que el éxito catarí está por encima de toda sospecha, o eso quieren hacer creer desde Doha, la capital del antiguo protectorado de Gran Bretaña.

Acertijo

En sentido estricto, a estas alturas da igual cómo consiguieron Rusia y Catar el derecho a organizar un campeonato mundial de futbol, mientras quedó sin respuesta la pregunta que, como acertijo sin solución, muchos se hicieron entonces en Zurich: ¿Ahora siempre habrá qué comprar los mundiales?

En cuanto a Rusia no hay pruebas para confirmar que así haya sido, y tampoco la certeza de que no recurrió a métodos cuestionables para conseguir su objetivo.

Para entender cómo apareció la candidatura rusa hay que remontarse 10 años, al día que, en semifinales de la Eurocopa de 2008, España se impuso tres goles a cero al combinado del mago holandés Guus Hidding, puesto al frente de la selección rusa por el magnate Román Abramovich, dueño del londinense Chelsea y el mismo que años después también pagó de su bolsillo el salario de otro director técnico foráneo de la Sbornaya (selección rusa), el italiano Fabio Capello.

Después de un largo periodo de penuria futbolera, con Hidding, Rusia volvió a adquirir protagonismo en las canchas, habiendo sido en la época soviética medalla de oro en dos Juegos Olímpicos (Melbourne, Australia, 1956, y Seúl, Corea del Sur, 1988,), así como vencedor de la primera edición de la Eurocopa (Francia, 1966) entonces llamada Copa de las Naciones de Europa.

Tal vez por este motivo, y la coyuntura internacional favorable para el lucimiento del anfitrión, Putin dio luz verde para presentar la candidatura de Rusia como sede del Mundial en 2018.

Mina de oro

Los impulsores de la idea de traer el Mundial a Rusia difícilmente podrían pensar en que esto se traduciría en éxitos deportivos para su selección. En cambio se veía como una auténtica mina de oro sin explotar para el selecto grupo de allegados del entorno presidencial, amigos reconvertidos en grandes empresarios por azares del destino.

Una década más tarde, sobre todo desde la anexión de Crimea en 2014 y los siguientes motivos de distanciamiento con Estados Unidos y sus aliados europeos, se vino abajo el plan del anfitrión de ser aclamado urbi et orbi, con permiso del inquilino del Vaticano por usar, sin pagar derechos de autor, el nombre de su bendición más famosa, durante la ceremonia de inauguración el 14 de junio.

En la tribuna de honor del estadio Luzhniki, entre los invitados especiales, no estarán junto a Putin sus homólogos del G-7, los gobernantes más poderosos del mundo, que no vendrán a Rusia salvo que su equipo llegue a la final, y en algunos casos ni así.

 

Por Juan Pablo Duch
Corresponsal / II

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Lunes, 11 Junio 2018 07:35

No sólo es la economía

No sólo es la economía

El descontento político crece como un fenómeno global. Toma distintas formas, pero apunta a un escenario cada vez más inestable y peligroso. Se debilitan las formas conocidas de hacer política en unas sociedades que expresan de modo más abierto su irritación.

Las interpretaciones de los expertos se refieren a los signos más evidentes de este cambio. No por ello son irrelevantes, pero pueden no ser suficientes.

Que la globalización haya generado tensiones en distintas áreas del mundo es un argumento que finalmente se ha establecido en las discusiones.

Ese proceso, especialmente en su expresión financiera no sólo significó un rompimiento del andamio social al acrecentar la desigualdad económica, sino que desde un principio mostró que no podía abarcar todo el espacio del mercado capitalista.

Al mismo tiempo que operaban grandes fuerzas de atracción hacia los mercados mundiales y sus centros, se creaban otras igualmente potentes de desplazamiento al nivel de actividades económicas, territorios y, por supuesto, de la población (la "deslocalización"). El cambio tecnológico ha sido un componente también relevante en este escenario.

En las pasadas dos décadas la globalización ha operado entre fuertes crisis con repercusiones extendidas; son notables: en 2001 las empresas tecnológicas (crisis de las dot com) y en 2008 la caída de Wall Street, cuyos efectos aun reverberan de manera estructural. No debe olvidarse un verdadero cúmulo de dificultades en diversos países durante ese mismo periodo.

La ampliación de la desigualdad es un aspecto cada vez más controvertido de la globalización. Se advierte a escala de las naciones, por el mismo efecto de la manera en que se genera riqueza y se acumula. Las ganancias derivadas de la actividad financiera se reproducen de modo más extenso que las obtenidas de otros usos del capital y, sobre todo, las del trabajo.

Pero la desigualdad crece también entre áreas del mundo. Puede señalarse como ejemplo la inmigración desde África a Europa, que responde en buena medida a la incapacidad de generar ingresos suficientes para la gente aunado a la violencia y hasta barbarie que ahí ocurre. En otras regiones ese conflicto se expresa de maneras distintas.

Políticamente se registran cambios bastante profundos como reacción a las tensiones económicas. Un caso notable es la elección de Donald Trump por una base de seguidores descontentos con la situación económica, con las minorías no blancas y los migrantes.

El presidente estadunidense juega esta carta todo el tiempo, como ocurre con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte o hace un par de días con el G-7 en Toronto. En Europa surgió el Brexit, la deriva populista y xenófoba de Hungría y Polonia, y ahora de Italia.

La interpretación de todo este asunto no puede, sin embargo, ceñirse sólo a la economía. Alemania, dos décadas después de la reunificación, es la potencia más grande de Europa, entre 2005 y 2016 el desempleo cayó de 13 a 6.1 por ciento, da cuenta de 8 por ciento de las exportaciones globales y tiene un ingreso por habitante de 45 mil 500 dólares al año, el tercero de esa área.

No obstante, el partido Alternativa para Alemania consiguió en septiembre pasado ser el primer partido de extrema derecha en entrar al Bundestag desde la Segunda Guerra Mundial y es parte ya de las más grande fuerza de oposición.

El nacionalismo extremo, el populismo y el racismo exigen una atención más grande que sólo el impacto de las crisis y recuperaciones económicas cíclicas. El partido nazi ganó las elecciones en 1932 en medio de una gran crisis; fuerzas de ese tipo llegan hoy en un entorno muy distinto. La historia y la sicología han de tener un lugar y de privilegio.

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Trump apoya retorno de Rusia al G-8, mientras el zar Vlady y el mandarín Xi sellan su amistad

Con los fractales –zonas mínimas de orden dentro del caos generalizado– del incipiente nuevo orden mundial que parece tender a la tripolaridad de EU con Rusia y China.

Con todo y sus inconmensurables defectos locales/regionales/globales, a escala geoestratégica, Trump entiende la decadencia de EU –aunque alardea lo contrario– cuando no pierde de vista que las deletéreas guerras de Clinton, los Bush y Obama arruinaron a su país con el aterrador dispendio militar de 7 millones de millones de dólares (trillones en anglosajón).

No se puede soslayar que el vacío global de EU está siendo ocupado en forma gradual por Rusia, a nivel militar, y por China, a nivel geoeconómico.

En forma paradójica, Europa –protegida por el paraguas nuclear de EU y la OTAN que encabeza– se volvió el competidor comercial, geopolítico y geofinanciero (euro vs dólar) de EU.

La mejor prueba es que Trump desprecia y sojuzga a Europa (incluyendo a Gran Bretaña) –no se diga, humilla a sus dos valetudinarios vecinos Canadá y México: otrora aliados en el caduco previo (des)orden mundial unipolar– mientras negocia con China en forma más equilibrada y equitativa su déficit comercial y coquetea con el retorno de Rusia al G-8.

Tales serían los tres fractales del caos global: EU/Rusia/China que configuran la nueva tripolaridad del siglo 21.

No faltan quienes agreguen a India –que desplazó a Japón con un PIB de casi el doble, medido por el Poder Adquisitivo (http://hyperurl.co/ga9dp8)– sin contar su arsenal nuclear de 130 ojivas (http://bit.ly/2Jseggu) del que carece el país nipón. India aún no exhibe su vocación geoestratégica que quizá procure más adelante.

Era previsible la fractura del G-7 hoy convertido en un G-6+1: El G-7 implosiona en Canadá, mientras el grupo de Shanghái asciende en China (http://bit.ly/2LCoQlO).

Antes de llegar con medio día de retardo a la disfuncional cumbre del G-7 en Malbaie (Quebec), Trump sacudió sus entrañas cuando formuló la imperativa presencia de Rusia para regresar al G-8: Rusia debería estar en esta reunión, ¿Por qué tenemos una reunión sin Rusia?. Trump agregó en forma desafiante e impertinente: Les guste o no, y puede ser políticamente incorrecto, pero tenemos un mundo que administrar (https://nyti.ms/2sKi5HD).

De facto, Trump sepulta la añeja unipolaridad, a la que se habían subido en forma confortable los restantes miembros del G-7, y adopta quizá la tripolaridad con Rusia y China, lo cual dejó estupefactos a sus aliados occidentales, con excepción del flamante primer ministro italiano Giuseppe Conte quien en un tuit avaló la sugerencia de Trump: Rusia debe regresar al G-8. Es en el interés de cada uno (https://reut.rs/2HAfVyO).

No se recupera de su estupor el rusófobo New York Times vinculado a los intereses de George Soros, del Partido Demócrata de los Clinton, Obama y el israelí-estadunidense Chuck Schumer, líder de la minoría demócrata en el Senado.

The Washington Post expone que con Trump, varios temen el fin del orden mundial (https://wapo.st/2sM4QWM). ¿Cuál orden?

Trump llegó medio día tarde a la cumbre, arribó retrasado 17 minutos al desayuno del día siguiente y se fue medio día antes de su conclusión cuando volvió a la carga con el reingreso de Rusia: el G-8 es un grupo más significativo que el G-7. Culpó a Obama de haber permitido la anexión de Crimea por Rusia y de haber encabezado luego las sanciones y la expulsión de Rusia del G-8 (https://nyti.ms/2sKjgGR).

Si ahora el G-7 se quedó en lo que el ministro de Finanzas francés, Bruno Le Maire, bautizó como el G-6+1, con el apoyo de Italia al reingreso de Rusia pues más bien se trataría de un G-5+2 (http://bit.ly/2LDAEUK), si es que no se sale también Japón que mantiene excelentes relaciones con Rusia, lo cual acabaría en un grotesco G-4+3.

Lo más divertido es que Rusia no desea regresar al G-8, según expresó el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov (http://bit.ly/2MdTxPu).

El G-8 nunca existió: fue un engaño de Clinton que le propinó a Yeltsin que deglutió todos los cuentos texanos, ya que Rusia nunca fue admitida a sus reuniones financieras, por lo que en su momento la bauticé de G-7.5.

Se pulveriza el G-6+1, mientras su contrincante silencioso, pero efectivo, el Grupo de Shanghái –encabezado por China y Rusia con otros cuaro países centroasiáticos y la reciente incrustación de dos potencias nucleares India y Pakistán (con 140 ojivas nucleares) se consolida en Eurasia con su cumbre número 18 en Qingdao (China), donde el mandarín Xi y el zar Vlady Putin fortalecieron su asociación estratégica.

El mandarín otorgó al zar la primera Medalla de la Amistad de China (http://bit.ly/2sKTylD), lo que denota la relevancia de sus estratégicos lazos bilaterales.

Ya el año pasado, el zar había galardonado al mandarín con la máxima Orden de San Andrés. Hasta donde alcancé a consultar, no vi ninguna mención en la prensa occidental del galardón del mandarín al zar ni de la transcendental cumbre del Grupo de Shanghái en Qingdao. ¿Censura o envidia?

El portal Sputnik expone los puntos de vista de una pléyade de expertos de China y Rusia quienes comentan los acuerdos del mandarín y el zar desde el Ártico (¡súper-sic!) al espacio profundo (sic) frente a una compleja situación internacional (http://bit.ly/2JDGhVF) cuando Rusia y China se oponen al despliegue de armas en el espacio, lo cual fomenta EU y socava la estabilidad estratégica.

Se acabó el pensamiento lineal maniqueo y ahora impera la era de la hipercomplejidad no-lineal.

De hecho, el galardón del zar de parte del mandarín, al unísono de la consolidación de la relación bilateral, fue la nota relevante de la Cumbre de Shanghái.

La cumbre del Grupo de Shanghái fue como de costumbre escamoteada por Occidente.Pero en la mitad poblacional del planeta su celebración fue seguida con sumo interés.

La sede de la cumbre fue en la provincia de Shandong, lugar de nacimiento del confucianismo, e impulsó el espíritu de Shanghái de confianza mutua, beneficio mutuo, igualdad, consulta, respeto a la diversidad cultural (http://bit.ly/2sJSWgl).

Se trata de un neoconfucianismo geopolítico/geoeconómico: una cosmogonía más optimista frente a la decadencia de Occidente que exhibió sus fracturas y su egoísmo durante la disfuncional cumbre del agónico G-7 en Quebec, en contraste con la exitosa cumbre del Grupo de Shanghái donde el primer ministro indio, Narendra Modi, invitó al presidente vitalicio Xi a visitar India el año entrante (http://bit.ly/2sKiNob).

Llamó poderosamente la atención un articulo de Dmitry Shlapentokh, en el portal oficioso chino Global Times, en el que aduce en forma persuasiva que la cumbre Trump/Kim exhibe el desvanecimiento del poder de EU (http://bit.ly/2xUoW6s).

A mi juicio, es probable que la cumbre entre Trump y Kim Jong-un en Singapur no hubiera sido factible sin la facilitación tras bambalinas del mandarín Xi y del zar Vlady Putin, con la notable ausencia de Europa que se aferra nostálgicamente al caduco orden occidental y no asimila la nueva tripolaridad de EU/Rusia/China del siglo 21 que se ejerce en su detrimento.

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Trump quedó aislado en la cumbre de Canadá

Son pocos los que creen que el mundo es un lugar más seguro luego de que el magnate rompiera el convenio con Teherán de 2015, que limita actividades nucleares iraníes que podrían servir para el desarrollo de una bomba atómica.

 

En la cumbre del G7, Occidente se mostró tomando distancia del presidente estadounidense, Donald Trump, a causa de las decisiones que el mandatario ha adoptado en materia de políticas internacionales, como el hecho de haber retirado a Estados Unidos del Acuerdo Climático de París y del pacto nuclear con Irán.


La distancia con Trump quedó reflejada durante la cumbre del Grupo de los siete países más industrializados (G7) en Canadá, donde varios líderes protestaron por la decisión del magnate de imponer aranceles al acero (25%) y al aluminio (10%). Además, son pocos los que creen que el mundo es un lugar más seguro luego de que el magnate rompiera el convenio con Teherán de 2015, que limita actividades nucleares iraníes que podrían servir para el desarrollo de una bomba atómica.


Durante el encuentro del G7 –formado por Alemania, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Italia, Japón y Canadá–, el presidente francés, Emmanuel Macron manifestó sus diferencias con su par estadounidense. Trump, sin embargo, trató de desviar la atención de sus medidas proteccionistas proponiendo la inclusión de Rusia en la mesa de negociaciones, lo que fue rechazado por sus aliados, menos por el flamante primer ministro italiano, Giuseppe Conte. Rusia, que se sumó al G7 (y pasó a llamarse G8) en 1988, fue expulsada de dicho grupo luego de anexarse en 2014 la península ucraniana de Crimea.


A causa de las abismales diferencias entre las visiones sobre temas tan importantes, como la cuestión de los aranceles y el Pacto con Irán, los líderes del G7, en la práctica, parecen inclinarse a conformar un “G6+1” contra Estados Unidos y sus medidas proteccionistas, como dijo el ministro de Economía y Finanzas francés, Bruno Le Maire. Sin embargo, el G7 en conjunto aprobó en la declaración final del encuentro trabajar juntos para reducir aranceles y modernizar la Organización Mundial de Comercio. “Nos comprometemos a modernizar la OMC para hacerla más justa lo antes posible. Nos esforzamos por reducir barreras arancelarias y no arancelarias y subsidios”, asentó el texto.

Antes que se emitiera dicha declaración final en La Malbaie, Canadá, Trump se retiró rápidamente de la reunión, puesto que su objetivo primordial es asistir en Singapur a una histórica cumbre con el líder norcoreano, Kim Jong-un, con el quien analizará el desarme nuclear de Corea del Norte, el próximo 12 de junio. “En el tope de la lista estuvo la cuestión comercial”, había dicho Trump, sobre los temas conversados, justo antes de tomar su vuelo. “Nosotros queremos y esperamos que otras naciones den un acceso justo al mercado a las exportaciones estadounidenses”, añadió.


Al haber partido cinco horas antes de que finalizara la cumbre, el mandatario estadounidense no participó en las reuniones sobre clima y océanos. Estados Unidos y Japón decidieron no sumarse –como ya sucedió el año pasado– al compromiso de trabajar para reducir con metas concretas la contaminación de los océanos con basura plástica, que sí apoyaron en cambio los europeos y Canadá.


Para Norberto Consani, director del Instituto de Relaciones Internacionales, dependiente de la Universidad Nacional de La Plata, la cumbre jugó al borde de la ruptura de la Alianza Atlántica, por primera vez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, a raíz de las provocaciones de Trump.


“Nunca hubo una tensión tan grande entre Estados Unidos y el resto de la Alianza Atlántica -que tiene en la Organización del Tratado del Atlántico Norte la vía militar- como con la crisis que se vive en estos días luego de que Washington rompiera el pacto nuclear con Irán”, opinó el analista.


Para Consani, Alemania y Francia son los países que más fuertemente se manifiestan en contra de algunas posiciones internacionales de la Casa Blanca. “Angela Merkel (la jefa del gobierno de Alemania), sobre todo, es muy dura, mientras que Macron está condicionado por ese componente gaullista que tiene la sociedad francesa, debido a lo cual Estados Unidos va a quedar aislado del resto de Occidente”, estimó el académico.


Ambos mandatarios se han pronunciado individualmente en contra de Trump. El mes pasado, Merkel dijo que Europa debe aprender a tomar su destino con sus propias manos, pues ya no puede confiar en la política exterior de Washington. Esta semana, el presidente francés recibió en París al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quien lo presionó para que Francia se retire también del acuerdo, que había levantado sanciones a Irán y desbloqueado miles de millones de dólares iraníes congelados alrededor del mundo en virtud de las penalidades. “Ya me explicarán cómo se contribuye a la estabilidad regional haciendo salir a todo el mundo de un marco que ha permitido a la Organización Internacional de la Energía Atómica vigilar actividades que antes no se veía”, dijo Macron.


Disgustada por la actitud de Trump de retirarse del convenio nuclear, Irán anunció que se propone aumentar el número de sus centrifugadoras de uranio en la central atómica de Natanz, dentro de los límites del acuerdo firmado con Occidente.

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Viernes, 08 Junio 2018 06:41

Medio siglo de educación popular

Medio siglo de educación popular

Entre las múltiples creaciones que alumbró la "revolución mundial de 1968" (concepto acuñado por Immanuel Wallerstein), la educación popular es una de las más trascendentes, ya que ha cambiado en profundidad los modos como concebimos y practicamos el acto educativo, en particular en el seno de los movimientos anti-sistémicos.

En 1967 Paulo Freire publicó su primer libro, La educación como práctica de la libertad, y en 1968 redacta el manuscrito de Pedagogía del oprimido, que se publica en 1970. Este libro influyó sobre varias generaciones y llegó a vender la astronómica cifra de 750 mil ejemplares, algo extraordinario para un texto teórico. Desde la década de los años setenta los trabajos de Freire fueron debatidos en los movimientos, que adoptaron sus propuestas pedagógicas como forma de profundizar el trabajo político de los militantes con los pueblos oprimidos.

Una de las principales preocupaciones de Freire consistía en superar el vanguardismo imperante en esos años. Defendía la idea de que para transformar la realidad hay que trabajar con el pueblo y no para el pueblo, y que es imposible superar la deshumanización y la internalización de la opresión sólo con propaganda y discursos generales y abstractos.

De ese modo sintonizaba con los principales problemas legados por la experiencia de la Unión Soviética, pero también abordaba críticamente los métodos de trabajo de las guerrillas nacidas al influjo de la revolución cubana. Casi la totalidad de la generación de militantes de las décadas de 1960 y 1970 estábamos firmemente convencidos de representar los intereses de los sectores populares (incluyendo pueblos originarios y descendientes de esclavos arrancados de África), pero no se nos ocurría consultarlos acerca de sus intereses y menos aún sobre sus estrategias como pueblos.

Creo que la educación popular es una de las principales corrientes de pensamiento y acción emancipatoria nacidas en el entorno de la revolución de 1968. Buena parte de los movimientos tienen alguna relación con la educación popular, no sólo en sus prácticas educativas y las pedagogías que asumen, sino sobre todo en los métodos de trabajo en el seno de las organizaciones.

Freire se mostraba preocupado por transformar las relaciones de poder entre los revolucionarios y entre éstos y los pueblos (el vocablo revolución es uno de los más usados en Pedagogía del oprimido), probablemente porque estaba intentando superar los límites del proceso soviético. Sus propuestas metodológicas buscaban potenciar la autoestima de los oprimidos, jerarquizando sus saberes, que no los consideraba inferiores a los saberes académicos. Se propuso acortar las distancias y jerarquías entre los educadores-sujetos y los alumnos-objetos, con métodos de trabajo que mostraron enorme utilidad para potenciar la organización de los sectores populares.

Gracias a las formas de trabajo de la educación popular, los oprimidos pudieron identificar el lugar estructural de subordinación que los atenazaba, lo que contribuyó a la creación de las más diversas organizaciones de base en todo el continente.

En la década neoliberal de 1990, la educación popular fue tomando otros caminos. Un excelente trabajo de la socióloga brasileña Maria da Gloria Gohn (goo.gl/zBZVks), destaca que se produjo un profundo viraje que llevó a la "profesionalización" de los educadores populares, se debilita la horizontalidad y se consolidan relaciones de poder entre los que enseñan y los que aprenden. Los educadores populares van dejando de la lado la relación militante con sus alumnos para vincularse con la población como "grupos de beneficiarios".

La mayoría de los educadores populares trabajan para ONG (antes eran militantes organizados que, por supuesto, no recibían paga) y se difunde la idea de que "los gobiernos ya no son el enemigo sino fomentadores de iniciativas sociales para incluir a los excluidos". En adelante, la educación popular se dirige a individuos y ya no a sujetos colectivos, las metodologías ocupan un lugar central desplazando los debates político-ideológicos y el concepto de "ciudadano" sustituye al de "clase".

Los educadores populares tienden a convertirse en auxiliares rentados de las políticas estatales cuando, señala Gohn, dejan de luchar por la igualdad y el cambio social y trabajan para "incluir, precaria y marginalmente, a los excluidos". Los posgrados ocupan el lugar que antes tenían los educadores-militantes, mientras predomina un estilo que deja de lado la organización para la lucha, para adoptar la agenda de las financiadoras internacionales interesadas en proyectos para "aprender a insertarse en una economía desregulada y en un mercado de trabajo sin derechos sociales".

Es evidente que no todos los educadores populares tomaron este camino. Aunque un sector mayoritario se ha incorporado a los ministerios de Desarrollo Social durante los gobiernos progresistas, aún con críticas e insatisfacciones, el sector más activo y rebelde trabaja junto a los nuevos movimientos, a las fábricas recuperadas y los campesinos sin tierra, y dedican tiempo y esfuerzos para la formación con sectores populares rurales y urbanos.

Una porción considerable de la nueva generación de educadores populares (sin título y sin nombre) se dedica a aprender los saberes populares en sus territorios, no para codificarlos ni usarlos con fines propios sino para potenciar la organización de los de abajo. El historiador chileno Gabriel Salazar sostiene que los sectores populares se educan a sí mismos, en sus espacios y en base a sus cosmovisiones. "El objetivo de la autoeducación popular es crear poder", sostiene.

Los caminos se bifurcaron, como suele suceder en todos los procesos emancipatorios. Lo importante es que la educación popular está viva, que viene mutando desde que emergen nuevos sujetos colectivos y que tiene la capacidad de incorporar saberes de los pueblos. Una parte de los educadores decidió que la pedagogía crítica consiste en bajar y no subir.

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Miércoles, 06 Junio 2018 06:21

Una ecuatoriana para la ONU

Una ecuatoriana para la ONU

Se convertirá en la primera latinoamericana que ocupe el cargo. Geógrafa, ecologista y poeta, María Fernanda Espinosa será la cuarta mujer que dirija la Asamblea General –el órgano principal de la ONU– en 73 años de historia.

 

La canciller de Ecuador, María Fernanda Espinosa, fue elegida ayer como la próxima presidenta de la Asamblea General de la ONU y se convertirá en la primera latinoamericana que ocupe el cargo.


“Quiero dedicar esta elección a todas las mujeres del mundo que hoy participan en política, que se enfrentan a ataques políticos y mediáticos marcados por el machismo y la discriminación”, afirmó Espinosa, de 53 años, ante la Asamblea. Además, rindió un especial homenaje a las mujeres que luchan por acceder a trabajos en igualdad de condiciones, a las víctimas de la violencia y a las mujeres y niñas que demandan acceso a información y educación de calidad. “Mi compromiso estará siempre con ellas”, dijo y subrayó su apuesta por que la ONU avance hacia la paridad.


El Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, cuya elección, en 2017, fue criticada porque muchos querían que su cargo fuese ocupado por una mujer, celebró la experiencia de Espinosa como diplomática, pero sobre todo, celebró que sea una mujer quien ocupe la presidencia del órgano. “Que la decisión de hoy allane el camino para acelerar el progreso hacia la igualdad de género, dentro y fuera de las Naciones Unidas”, afirmó el máximo representante de la ONU. La última mujer en presidir el cuerpo fue Sheikha Haya Rashed Al-Khalifa de Bahréin, en 2006. Décadas antes lo ocuparon diplomáticas de India y Liberia.


Geógrafa, ecologista y poeta, Espinosa será la cuarta mujer que dirija la Asamblea General –el órgano principal de la ONU– en 73 años de historia. La ecuatoriana se impuso con claridad a la otra aspirante, la embajadora de Honduras ante Naciones Unidas, Mary Elizabeth Flores. La ministra de Ecuador obtuvo el respaldo de 128 de los 193 Estados miembros, mientras que Flores recibió el apoyo de 62.


Espinosa ocupará el puesto durante un año a partir del próximo septiembre, cuando reemplazará al actual presidente, el eslovaco Miroslav Lajcak. “Agradezco profundamente el voto de confianza que hoy han depositado en el Ecuador para presidir esta Asamblea”, dijo Espinosa en su discurso tras la votación.


La presidencia de la Asamblea General corresponde cada año a un grupo regional y la práctica habitual es que los países pacten una candidatura única, por lo que el órgano simplemente ratifica la decisión en una votación secreta.


En esta ocasión, sin embargo, el grupo de Latinoamérica y el Caribe no fue capaz de llegar a un acuerdo y las dos candidatas tuvieron que apurar hasta el último momento sus campañas. La elección se produjo en medio de una clara división en Latinoamérica y generó un choque diplomático entre los dos países aspirantes, después de que Ecuador presentara el pasado febrero la opción de Espinosa. Honduras llevaba años trabajando en su candidatura y defendía que Ecuador se había comprometido en 2015 a respaldar sus aspiraciones, algo que siempre negó el Gobierno ecuatoriano.


Ecuador propuso el pasado febrero a Espinosa como candidata, una decisión que llevó a Honduras a expresar oficialmente su malestar y sorpresa, así como a pedir que se retirara la postulación de la canciller ecuatoriana.


Aunque el voto en la Asamblea es secreto, algunos países latinoamericanos como Colombia o Brasil se posicionaron públicamente con Flores, mientras que otros como Venezuela respaldaron a Espinosa.


Como es habitual en la ONU, en las elecciones entraban en juego numerosos factores como alianzas políticas, intereses nacionales y cuestiones específicas de la agenda. En este caso, una de las que pudo pesar en beneficio de Ecuador fue el conflicto palestino-israelí, pues Quito mantiene una posición más cercana a los palestinos que es la mayoritaria dentro de la Asamblea General.


Honduras, mientras tanto, se ha mostrado más próximo a Israel y fue uno de los pocos países que mostró su respaldo al polémico reconocimiento de Jerusalén como capital israelí por parte de Estados Unidos.


Espinosa fue ministra de Defensa del gobierno izquierdista de Rafael Correa entre 2012 y 2014 y es canciller de Ecuador bajo el actual gobierno de Lenín Moreno. Fue también ministra de Patrimonio Cultural y Natural y embajadora ante la ONU en Nueva York y en Ginebra.


“¡Felicitaciones María Fernanda Espinosa! Un honor y un orgullo para Ecuador. La primera mujer ecuatoriana, y de la región de América Latina y el Caribe, en ocupar la presidencia de la Asamblea General de la ONU”, tuiteó el presidente Lenín Moreno tras la votación.


Espinosa se comprometió ante los Estados miembros actuar como una facilitadora imparcial, objetiva y abierta, que, según aseguró, escuchará las posturas de todos los países, pero que también tratará de liderarlos para que tomen decisiones en los ámbitos más importantes de la agenda. Además, defendió el multilateralismo: “Esta elección ha sido un acto del fortalecimiento del multilateralismo. Todos los Estados hemos ganado”, sostuvo la diplomática tras su triunfo. “Tenemos el reto de construir una organización más fuerte y más eficiente”, afirmó. “El fortalecimiento del multilateralismo no es una opción, es una obligación”.
Entre otras cuestiones, señaló entre sus prioridades las políticas de migración, de desarrollo y de clima y defendió la necesidad de que Naciones Unidas siga avanzando en su proceso de modernización y reforma.

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