¿Está en problemas Trump?: la pregunta de todos

Esta es la cuestión que todos los individuos y los grupos anti-Trump se preguntan hoy, con regularidad y en voz alta. Confían por supuesto en que la respuesta sea positiva, pero no tienen la seguridad de que obtengan tal respuesta.


Ésta es la pregunta que los simpatizantes de Trump y los políticos republicanos se hacen en privado, buscando reafirmación, y que la respuesta sea negativa.


Esta cuestión es debatida también por los políticos demócratas, confiando en obtener una respuesta positiva. No obstante, ellos lo discuten más públicamente que sus contrapartes del Partido Tepublicano.
Ésta es la pregunta que a la mayor parte de los analistas que busca una respuesta (que no esté influida por las preferencias políticas) les parece imposible ofrecer sin las evasivas que señalan múltiples incertidumbres.


Pero es también una cuestión ante la que los individuos, los grupos y los políticos de todas las franjas y todos los niveles de actividad tendrán que sacar una conclusión bastante pronto si quieren lograr sus objetivos en el relativo corto plazo. En particular porque se aproximan las elecciones de noviembre de 2018 en Estados Unidos, y es más y más difícil evadir una respuesta firme.


Finalmente es la pregunta que, quienes deciden en otros países, tienen que responder para poder elegir so pena de que la elección la hagan otros, y como tal el resultado no sea de su agrado.


En suma, es una cuestión imposible, pero también ineludible. De hecho, el mes de julio de 2018 ha sido un mes muy malo para Donald Trump, lo que me conduce a sugerir las vías por las que su futuro es mucho menos rosa de lo que él esperaría y desearía. La persona que probablemente más concuerda con esta afirmación, pero muy en lo privado, es el propio Donald Trump.


Un asunto público que lleva algún tiempo es si el gobierno ruso intervino de algún modo en las elecciones estadunidenses de 2016, actuando para ayudarlo a convertirse en presidente. Y, si lo hizo, ¿sabía Trump de esto y se coludió con sus acciones?


Varias cosas en julio hicieron la situación mucho peor para Trump. Hubo una reacción muy negativa por el hecho de que ocurriera una reunión personal, uno a uno; por el simple hecho de que ocurrió la reunión; por la descripción que hizo Trump del presidente Putin, de Rusia, que fue tan afable, y porque Trump parecía creer más en Putin de lo que e creyó a su propio personal de inteligencia.


La reacción fue tan fuerte y tan pronta que Trump se retractó de lo que dijo y de cómo lo dijo. Luego se desdijo de lo que se había retractado e invitó a Putin a visitar Estados Unidos. De nuevo la fuerte reacción popular fue muy fuerte pues parecía estar reafirmando su confianza en Putin.


Luego se retractó de la invitación, remitiendo la discusión en torno a ésta a un momento electoral posterior a 2018. La confusión causada por estas afirmaciones de aquí para allá incrementó el número de personas, dentro de varios de sus electorados, que antes le habían dado el beneficio de la duda y que ahora cesaron de hacerlo.


Peor aun, el reiterado alegato de Trump de que era falsa la noticia de una colusión con los rusos fue confrontado de repente con datos duros. Michael Cohen, hasta hace poco el ultra leal abogado de Trump, grabó en secreto sus conversaciones con Trump. Éstas parecen mostrar que Trump estaba consciente de pagos a prostitutas que aseveran que él durmió con ellas por un largo periodo. Cohen ya no está dispuesto a pagar el precio de una lealtad que no sea recíproca.


En el mismo mes, Trump asistió a una reunión de la OTAN de cabezas de Estado y gobierno. Ahí atacó abiertamente a casi todos los aliados tradicionales de Estados Unidos. Amenazó retirarse de la OTAN si no se conformaban a sus demandas.


Una vez más, abundó la incertidumbre acerca de qué es lo que haría. La Unión Europea (UE) respondió aceptando un gran cuerdo de mercado común con Japón, antes uno de los aliados más seguros de Estados Unidos. De modo semejante, Canadá respondió a los aranceles de Trump con unos contra-aranceles, como lo hicieron varios países de Europa occidental. Esto exacerbó las tensiones al interior de la UE entre los viejos miembros y los nuevos y muy nacionalistas miembros de Europa Oriental. Pero los europeos del este no estaban seguros de si podían confiar en que Trump los defendiera de lo que perciben como amenazas por parte de Rusia.


Los aranceles también molestaron a dos grupos estadunidenses de importancia. Uno es el de los agricultores cuyos productos se vieron directamente afectados por los contra-aranceles y por el incremento en el precio de sus productos donde todavía les permitieron venderlos sin aranceles.


Trump se vio forzado a asignarle fondos de asistencia a los agricultores. Los agricultores vieron esto como una medida de corto plazo que no se sostendrá en el plazo más largo. Y los pagos de corto plazo molestan a las facciones ultra-derechistas del partido republicano. Trump se halló entonces sitiado en varios frentes a la vez. Y estos varios grupos están menos seguros que nunca de que puedan contar con que Trump enfatice sus preocupaciones primordiales.


En ese momento, de manera muy inesperada, Trump se reunió con Jean-Claude Juncker —que hablaba por la UE. Acordaron posponer todos y cada uno de los nuevos aranceles hasta después de las elecciones de 2018.


En efecto, Trump abandonó, por el momento, la acción más seria que intentaba. A cambio, recibió una concesión menor de parte de la UE en lo relativo a la soya. Trump lo proclamó como una victoria. Para mí se lee como una derrota, una que Trump tuvo que pintar de otro color.


Si esto no fuera lo suficientemente preocupante, un juez federal permitió que continuara en la corte una peligrosa demanda para Trump. La demanda argumenta que la así llamada cláusula de emolumentos de la Constitución, diseñada para contrarrestar la corrupción, estaba siendo violada por las ganancias y ventajas que Trump recibía a través de sus propiedades, cuando estas propiedades las utilizaron gobiernos extranjeros.


La demanda seguirá por muchos años. Pero el efecto de esto será forzar a Donald Trump a revelar muchas de sus entradas personales, como parte de su defensa, así como las de su familia. De la misma manera podría forzarlo a publicar sus declaraciones fiscales.


Entretanto, Trump mantiene que la desnuclearización de Corea del Norte procede bien. Sin embargo, todo lo que tiene para mostrar es el retorno de los restos de cuerpos que se perdieron en la guerra.


En Irán, Trump sigue amenazando con guerra, y dice que intenta renunciar al acuerdo firmado por Estados Unidos, pese al hecho de que los términos del acuerdo son menos porosos que cualquier cosa que busque hacerle firmar a Corea del Norte. ¿Se involucrará realmente Trump en acciones militares? Incluso los israelíes están dudosos, pues intentan crear una situación que lo fuerce a dejar de parlotear. Alardear en política exterior no es la propuesta de alguien que va ganando. Revela debilidad, algo que Trump aborrece.


El resultado más positivo para Trump puede ser algo negativo. Decidió entrar a las primarias republicanas y respaldar candidatos, que luego tendrían que competir a favor de Trump. Su respaldo ha hecho posible que los candidatos de la ultra-derecha ganen. Muchos analistas, incluidas figuras del establishmentrepublicano, se preocupan de que la consecuencia sea que gane algún candidato demócrata a senador, representante o gobernador.


El fondo del asunto es que las acciones reales de todos los actores estarán basadas en cómo aprecian la fuerza de Trump y no en su retórica. En julio de 2018, Trump vociferó con su retórica y fue dudoso en la acción. En un mes o dos más, si esto continúa (y hay todas las probabilidades de que así sea), lo negativo avasallará las pretensiones.


La pregunta final será entonces: si Trump realmente está en aprietos, ¿quién se beneficia?


Traducción: Ramón Vera-Herrera

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Un hombre puede –y debe– ser feminista

Sí. Un hombre puede –y debe– ser feminista. Por supuesto, debemos serlo en el marco que entiende al feminismo como una lucha por la igualdad para mujeres y hombres, erradicando la opresión, la explotación y el sexismo que ellas llevan sufriendo histórica, social y culturalmente a lo largo de los siglos. Pero debemos hacerlo desde la posición que nos corresponde: un papel secundario en una lucha que jamás debemos liderar ni pretender comprender del todo –porque no hemos vivido en nuestras carnes lo que significa ser mujer–, en la que debemos trabajar de forma activa no para ser vistos ni aplaudidos por nuestra descubierta sensibilidad, sino para reconstruirnos a nosotros mismos desde el feminismo, entendiendo que es un proceso que jamás estará completo, porque estaremos constantemente aprendiendo.

De ahí que el hecho de ser feministas no nos convierte ni de cerca en líderes de opinión ni en cabecillas del feminismo. Sería lo mismo que una persona heterosexual pretendiese liderar las reivindicaciones del colectivo LGTBIQ… ¡Imposible! Primero, porque a pesar de su magnífica sensibilidad y empatía, jamás sabrá lo que es sentir miedo de decir “te quiero” o “me gusta esa persona”, o de ir de la mano por la calle con la persona que quiere sin preocuparse por el sitio, la hora o si hay más gente o no; segundo, porque jamás ha sentido ni vivido dentro de su cuerpo las sensaciones, pensamientos o emociones de una persona del colectivo, que no es que sean distintas, pero muchas se viven de forma diferente; tercero, porque no ha sentido la presión de ocultarse o de esconder sus sentimientos… Y podría seguir, pero creo que queda claro el concepto: podemos ser feministas, pero como aliados de la causa; con la idea certera y convencida de que somos apoyo en una lucha que, si bien nos interesa y nos beneficia como personas y como sociedad, no es nuestra y nunca lo será. Al menos no en exclusiva.

Los hombres tenemos algunas ventajas adquiridas simplemente por el hecho de ser leídos socialmente como hombres, por mucho trabajo de equidad que se esté haciendo desde distintos ámbitos de la sociedad. Todavía recuerdo el impacto que me provocó el testimonio de un hombre trans que, desde que comenzó a hormonarse con testosterona, ya no sentía miedo al ir por la calle de noche, porque el temor a una violación se desvanecía simplemente por el hecho de ser hombre. Eso nos demuestra la inmensa labor que tenemos por delante.

Esos privilegios de los que hablábamos podemos constatarlos en muchas experiencias: más libertades para chicos que para chicas, que ellas deben cuidarse más y ser más delicadas, no porque necesariamente lo sean, sino porque es lo que se supone que deben ser; más peligros para ellas en un sistema que permite sin pudor la cosificación de las mujeres, su explotación sexual, donde la prostitución está instaurada como una institución y que, además, es incapaz de erradicar la mutilación, la violencia, el asesinato sistemático, el acoso sexual, entre otras. Pero también se ve en el entorno laboral, en el universitario, en las salidas profesionales, en las carreras escogidas, en el cine, la televisión, los museos, la literatura… Y también lo palpamos en la sociedad y en esos arraigados estereotipos que persisten pese a todos los esfuerzos.

Sobre todo quedan en evidencia en la negación del machismo vigente, en la simulada ignorancia de quien dice no comprender la importancia del lenguaje, de los comportamientos sociales, de la publicidad y de los medios de comunicación en todo esto. Y más visibles son esos privilegios cuando hay personas que hablan de feminazismo como una corriente real, o de la imposición de la ideología –o últimamente también llamada dictadura– de género, una idea aberrante que no hay cómo cogerla, difundida con la única intención de minar, despreciar y desdibujar el motivo por el que estamos aquí: el fin de la opresión machista y del heteropatriarcado.

¿Suena apocalíptico? Seguro que más de alguien ha sentido correr un sudor frío por la espalda. Pero, si quitamos el populismo barato y la visión terrorífica de este motivo que nos ocupa, nos quedamos con algo que realmente no debería tener ningún tipo de contestación: la igualdad y el respeto a los demás sin importar su origen, su expresión, su ser. Es decir, una sociedad en la que los seres humanos tengamos las mismas oportunidades y derechos. Es así de sencillo.

El primer paso para ser un hombre feminista, entonces, es aprender que la lucha no es nuestra y apoyarla. Después, vendría el largo y eterno proceso de desaprender los estereotipos, deshacerse de los privilegios y de enfrentarse a todo lo que se supone y se espera de nosotros por el simple hecho de ser hombres. Y el camino para conseguirlo está precisamente al lado de las mujeres, aprendiendo de ellas y, a través del cuestionamiento interno y compartido, replantearnos todo el sistema vigente para construir uno más equilibrado e igualitario.

 

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Las potencias industrializadas también lideran la economía digital

La tecnología ‘on-line’ está transformando a pasos agigantados los estilos de vida y reseteando los negocios. Los países nórdicos, EEUU, Japón, Alemania, Reino Unido y economías de altos niveles de renta, como Suiza o Singapur cobran ventaja. Mientras China avanza a velocidad de crucero. España figura entre las naciones con potencial, pero sin billete de primera en el tren de la digitalización.

 

La Cuarta Revolución Industrial, el Internet de las Cosas (IoT), descubre un suculento pastel. De nada menos de 42.000 millones de dólares, según Morgan Stanley, cuyos expertos auguran alzas anuales de entre el 15% y el 18% hasta 2020. Sólo en el estadio inicial del cambio de paradigma industrial, el del proceso de robotización y la inserción de las capacidades de innovación técnica de transmisión de datos, en el que las firmas que han dado ese salto han elevado del 8% al 18% sus gastos de capital en el último lustro. Pero, ¿en qué situación se encuentra esta reconversión hacia la industria on line? Varios rankings internacionales arrojan luz sobre esta cuestión.


Quizás uno de los estudios de mayor prestigio en este terreno sea el Digital Planet, elaborado por la Fletcher School -Tufts University- y Mastercard y cuyo Índice de Evolución Digital (DEI) de 2017, publicado en la prestigiosa Harvard Business Review, ofrece una panorámica de precisión sobre su calado transformador, veinte años después de que Sergey Brin y Larry Page registraran el dominio google.com y once desde que Steve Jobs presentara en sociedad, en San Francisco, el iPhone.

El top ten de su DEI lo integra Noruega, Suecia, Suiza, Dinamarca, Finlandia, Singapur, Corea del Sur, Reino Unido, Hong-Kong y EEUU. Con las cuatro grandes economías del euro algo más relegadas: Alemania en el puesto 17; Francia, en el 20, España, en el 25 e Italia, en el 34.


Las fintech españolas están en disposición de emular a Nora, la aplicación de Nordea -el mayor banco escandinavo por volumen de activos-, que orienta desde el año pasado las carteras de inversiones de cada cliente en función de su asunción de riesgos, su patrimonio y su capacidad de ahorro, gracias a sus sofisticados procesos de Inteligencia Artifical, algoritmos, economics analytic y automatización de datos.
De igual modo que la industria aeroespacial hispana podría abordar la fabricación de micro-drones para usos civiles con herramientas de computerización innovadoras que satisfagan las demandas de conglomerados logísticos y de distribución como Amazon. O firmas de servicios con experiencia en gestión de autovías, ferrocarriles y estaciones o aeropuertos ser pioneras en controles de pasajeros y mercancías plenamente automatizados.


Al fin y al cabo, la transmisión y análisis de datos corren como la espuma por el universo digital. En 2016, se mandaron 81 billones de e-mails por segundo, el servicio de mensajería WhatsApp superó los 50.000 millones de envíos diarios y el gigante chino Alibaba de comercio electrónico gestionó más de 175.000 transacciones al día. Son ejemplos del itinerario por el que transita la Industria 4.0; un tren que transita a alta velocidad. Con el flujo de datos por bandera. En varios de sus segmentos productivos más ilustrativos. Pero los botones de muestra surgen por doquier.


Pero la gestión de la digitalización en la industria española, en tiempos recientes, no ha tenido un respaldo activo desde la Administración. Sumida como ha estado, en una legislatura y media con recortes en I+D+i que han ensanchado, todavía más, la brecha digital con los países de su entorno. Desde la Secretaría general de Industria y de la PyME, que dirigió hasta el cambio de gabinete Begoña Cristeto. Su última convocatoria de ayudas, para 2017, a firmas industriales apenas ascendió a 70 millones de euros; en forma de préstamos a 10 años a tipo de interés fijo referenciado al Euribor.


Gran parte de ellas enfocadas a proyectos para soluciones de negocio o al desarrollo de plataformas colaborativas, a robótica avanzada, tratamiento masivo de datos, sistemas embebidos o fabricación aditiva. Fondos adscritos al programa Industria Conectada 4.0. Pero, además, la iniciativa de asesoramiento Activa, a la que se acogieron casi 200 empresas, ha movilizado 2 millones de euros: la mayor parte, 721.685 euros, a cargo del ministerio. Casi los mismos recursos (700.705 euros) que aportaron los gobiernos regionales.


Pero, según expertos en digitalización, España “adolece aún de cualquier conato de multinacional digital, si tenemos en cuenta que Telefónica, líder del sector privado en inversiones en innovación, es operadora de servicios, no una auténtica tecnológica”. El cambio de estructura gubernamental, que ahora entrega la Ciencia y las universidades al ministro Pedro Duque, “es una señal hacia la senda más adecuada, aunque sólo si se corrobora que se multiplicarán los recursos a la investigación y se pone en marcha algún tipo de instrumento con ventajas fiscales y laborales para atraer el talento que emigró del país con la crisis”, dice una fuente del sector innovación.


Otro de los barómetros de mayor reconocimiento global es el de Acatech. Su última versión, de 2017, certifica la condición de Alemania, cuna de la Industria 4.0, como abanderado innovador europeo, si bien constata una cierta parsimonia en su reciente evolución hacia la digitalización. La Academia Nacional Alemana de Ciencia e Ingeniería advierte que la locomotora alemana se codea con los líderes en innovación (mantiene el cuarto puesto de años precedentes), aunque no logra las cotas de digitalización industrial, científica, educativa y en inversiones de I+D+i del entramado público-institucional; en especial -dice Acatech- en las infraestructuras digitales, que han experimentado un retroceso respecto a los grandes rivales internacionales.


Alemania se ha dejado rebasar en la escala de valor industrial de su sector privado por Reino Unido, con Japón en investigación y con China en estrategia de innovación y, en general, ha ralentizado su avance en la búsqueda y uso de nuevos modelos de negocios digitalizados. El del World Economic Forum (WEF) también tiene su particular ranking de innovación. El último, del bienio 2016-17, sitúa a Suiza como el más fértil ecosistema de innovación, gracias a la mezcla de políticas e infrestructuras con climas propicios para la digitalización, un sistema académico excelente con capacidad selectiva para atraer talento y unas multinacionales que abanderan sus sectores productivos.


A ello, une una red de pequeñas y medianas empresas con reputación por sus elevados grados de calidad en innovación. Singapur es el segundo clasificado. Esencialmente, por el fuerte desarrollo tecnológico, la solvencia de sus cursos formativos, la alta eficacia de sus mercados y sus infraestructuras. En tercero en discordia es EEUU. El WEF destaca su renovada competitividad, la sofisticación tecnológica de su sector privado, la fortaleza y la dimensión de sus mercados y la habilidad para encauzar la oferta educativa a las demandas empresariales. España surge en el puesto trigésimo segundo; es decir, gana un peldaño respecto al diagnóstico precedente del WEF.


Sin embargo, otro ranking de la fundación que creó y gestiona el foro de Davos -más específico sobre la Cuarta Revolución y las innovaciones en ingeniería, el Networked Readiness Index (NRI), deja el siguiente ranking de liderazgo industrial, con las pertinentes valoraciones en una escala entre el 0 y el 7: Singapur (6,04); Finalndia (5,96); Suecia (5,85); Noruega (5,83); EEUU (5,82); Holanda (5,81); Suiza (5,75); Reino Unido (5,75); Luxemburgo (5,67) y Japón (5,65).


El WEF confirma el retroceso de Alemania, que queda relegada al puesto decimoquinto, y el gran salto de China, que escala hacia las potencias digitales. Por delante de la totalidad de sus rivales emergentes y de los países en desarrollo, que pierden irremediablemente terreno en los últimos ejercicios económicos. La sociedad y las empresas chinas están cada vez más enchufadas a la Red y al e-commerce.


Alemania: germen de la Industria 4.0


El término Industria 4.0 se achaca a Henning Kagermann, responsable de Acatech, que lo acuñó en 2011 para describir el inicio de una iniciativa gubernamental de renovación de la política de innovación industrial.
Desde el nacimiento del concepto Industria 4.0, emporios como BASF, Bosch, Daimler, Klöckner & Co, Trumpf o Deutsche Telekom iniciaron un camino de no retorno. Al que se unieron, algo más tarde Siemens o, fuera de Alemania, General Electric y, casi sin excepción, las principales marcas de automoción.


Hasta contabilizar alrededor de 2.000 compañías de 26 naciones, que fueron catalogadas por centros de investigación como líderes en economía digital, en los albores de 2016. EEUU, Japón, China, Reino Unido y los países nórdicos acompañan a la locomotora de la UE en la carrera digital, que ha dejado atrás la tercera revolución, la era de la informática, más propia de la segunda mitad del siglo pasado, que siguió a la primera, la mecánica, del Siglo XVIII, y a la segunda, de la proliferación de la energía eléctrica, fechada entre finales del XIX y principios del XX.


Aunque otros poderosos mercados emergentes como India, o tradicionales potencias industrializadas como Holanda y economías con férreos lazos entre su industria y sus bancos -Suiza-, también se han incorporado a esta carrera competitiva. Klaus Schwab, fundador del (WEF) explica que, “contrariamente a otras revoluciones industriales, la 4.0 involucra cambios exponenciales, no lineales, que afectan no sólo al qué o el cómo hacer las cosas, sino también a quiénes somos”. En su opinión, “estamos ante un hito histórico sin precedentes, por la velocidad, el alcance y el impacto de esta fusión tecnológica que está superando las barreras entre las esferas física, digital y biológica”.


No hay parangón en cuanto a la promoción de la prosperidad global de esta Cuarta Revolución Industrial en relación a las tres anteriores, proclama el impulsor de la cumbre de Davos. Trumpf es un buen botón de muestra del salto industrial made in Germany. La metalúrgica, que factura 3.200 millones de dólares en ventas anuales y emplea a más de 10.000 trabajadores en todo el mundo, activó en 2015 Axoom, su aplicación corporativa para fijar, entre otras tareas, fechas de entrega de pedidos y de trabajos de instalación de sus operarios, o para predecir en qué momento sus maquinarias precisan recambios concretos.
Fue una de las primeras firmas en entender que el IoT establece ganadores o perdedores en función de si controla o no sus propias plataformas digitales, el estrato informático sobre el que se combinan toda clase de dispositivos, datos y servicios para diseñar ofertas que fidelicen clientes o sirvan de gancho a nuevos usuarios.


Es como si el juego de las máquinas y equipamientos se hubiera transformado: la construcción ya no es lo más importante. Tiene su coste y su esfuerzo, obviamente, pero resulta incomparable con el valor de factores intangibles como la información combinada de datos que facilita nuevos negocios, para más compradores y con sello de servicios de alta calidad digital.


Alemania, pues, parece haber jugado un buen primer tiempo en la contienda industrial 4.0, el del viaje hacia la digitalización. O, dicho de otra forma, la gran potencia europea ya dispone de un gran censo de fábricas automatizadas -robotizadas- que producen bienes y servicios inteligentes. Sin embargo, ciertos temores culturales a la pérdida de privacidad de datos personales y a la propia e incierta dinámica de la economía on line -cuyo caso más visible es el escándalo de emisiones de CO2 del grupo automovilístico Wolkswagen-, ha ocasionado un cierto retardo en el reto de construir plataformas de negocios inteligentes, según el último informe de situación de Acatech.


Duda que aprovechan Apple y Google y otros gigantes americanos con presiones a la industria de automoción, por ejemplo, para que instalen sus sistemas operativos. “Nos piden cederles la soberanía sobre nuestros datos”, alerta Wilko Stark, estratega jefe de Daimler. Algo similar a lo que le ocurre a Samsung, cuyas ventas de smartphones están limitados por su dependencia de Android, el sistema operativo para móviles de Google.


“Quien controle las plataformas, será el dueño del futuro”. Palabra de Kagermann, el inspirador del concepto Industria 4.0. Este es el desafío que traslada Sillicon Valley a las blue chip, estables, pero chapadas a la vieja economía. Y no todas las firmas de la poderosa industria alemana han tomado nota de ello. Bosch, Trumpf o Siemens disponen ya de sistemas operativos dominantes que ofrecen a otras empresas para ayudarles a crear nuevos servicios. Incluso Deutsche Telekom ha puesto en el mercado Qivicon, su plataforma inteligente que rivaliza con Apple y Google. Pero en la industria automovilística, BMW, Daimler, Audi o el conglomerado Volkswagen aún usan la tecnología de lectura de mapas que adquirieron hace un decenio a Nokia, mientras Tesla acapara patentes de cada movimiento de desarrollo de sus vehículos eléctricos inteligentes.


China: el competidor emergente


Si Alemania representa el nacimiento de la Industria 4.0, EEUU el mercado de las grandes firmas tecnológicas y la marca-país de las plataformas de negocios y Japón, el liderazgo de la robótica, China es, sin duda, el mercado con mayor potencial y dinamismo a la hora de adoptar el recetario digital.La planificación del régimen de Pekín ya ha emprendido políticas de modernización en nueve áreas industriales; entre otras, la siderometalúrgica, la naviera o la petroquímica.


Con motivo de los cambios de modelo productivo que precipitó la crisis de 2008. Fue al inicio de la década actual. A esa incipiente estrategia oficial se unieron de inmediato otros siete sectores, desde la biotecnología a las energías alternativas y, desde 2015, cuando se anunció el ambicioso proyecto Made in China 2025, segmentos de más alta tecnología y de mayor sensibilidad para la seguridad nacional como el aeroespacial o la de nuevos materiales. Esta evolución deja datos sorprendentes. Como que la tercera parte de los 262 startups globales que han alcanzado la consideración de unicornios son chinas y acaparan el 43% del valor de estas firmas. O que sus gigantes tecnológicos tuteen en beneficios e ingresos a sus contrincantes estadounidenses, europeos o japoneses. Alibabá, Baidu, Tencent o BAT operan con sus propios ecosistemas digitales.

Al calor de la laxitud regulatoria y de las inyecciones financieras de Pekín. Aunque también del boom del consumo ciudadano, que roza los 800.000 millones de dólares en Internet, -once veces el gasto de e-commerce estadounidense- y la inversión empresarial: el capital riesgo tecno-digital se ha encaramado al top-three mundial, con más de 77.000 millones de dólares en el trienio 2014-16, el 19% del total. Un compendio de iniciativas que han dejado a sus actores un superávit de servicios digitales de 15.000 millones de dólares en los últimos cinco años y que ha reducido la brecha 4.0 respecto a las potencias industrializadas con incrementos de productividad, gracias a la adopción masiva de tecnología y negocios on line (China ha pasado de estar 4,9 veces menos digitalizada que EEUU en 2013 a 3,7 en 2016) que le ha reportado una demanda digital superior a la de Brasil y Corea del Sur.


El trampolín hacia los mercados digitales


La Cuarta Revolución Industrial ya está en marcha. Sectores como el metalúrgico, el aeroespacial o el automovilístico rezuman innovación 4.0. Pero también se vislumbra este cambio de paradigma en la fulgurante robotización en Japón; en las plataformas de negocios de las tecnológicas americanas o en el espectacular salto digital de China. Muestras de que las escalas de valor de las empresas, la productividad o la naturaleza laboral cambian a velocidad de vértigo.


Cualquier usuario del aeropuerto de Oslo supera desde hace meses los controles de pasaportes, los arcos metálicos de seguridad, el embarque y la recepción de equipaje o la identificación de cada viajero en el punto de acceso definitivo a la aeronave con sistemas táctiles y oculares, sin vestigio de contacto directo con ningún empleado. La gestión de las instalaciones del aeródromo con mayor tráfico aéreo de Noruega está completamente computerizadas.


Así es la economía digital y, dentro de sus múltiples variantes, la llamada Industria 4.0, el nuevo paradigma de los sectores vinculados a las manufacturas, la automoción o el sector aéreo. Las compañías que han adoptado sus procedimientos empresariales y métodos de innovación han transformado de manera diametral, durante los años de la post-crisis económica, sus cadenas de valor. Mediante la integración de una extensa variedad de utensilios, aplicaciones y recursos tecnológicos. Desde impresoras 3D hasta la robótica. Pero, sobre todo, a través de una persistente automatización de los fulgurantes avances informáticos (en especial, en software) y la integración de procesos de tratamiento de datos (Big Data), fórmulas algorítmicas y cálculos de economic analytics. Un esfuerzo imprescindible para abordar con éxito los mercados digitales de bienes y servicios manufacturados.


En definitiva, estos actores industriales -muchos unicornios, firmas que han rebasado los 1.000 millones de dólares de valor, pero también consorcios de larga tradición-, se han adentrado en la Inteligencia Artificial. Usan plataformas on-line y ecosistemas empresariales propicios para el desafío de adecuarse, primero, y satisfacer, después, la demanda de sus clientes. Casi en tiempo real. Porque no tienen reparo -sino todo lo contrario- en asumir nuevos modelos de negocio, en transformar sus estructuras corporativas y en movilizar constantemente a su capital humano y tecnológico.


De igual forma que se afanan en encontrar nuevos protocolos de gestión o perfilar una reorganización de su logística o de sus transacciones financieras para agilizar envíos. Incluso buscan fórmulas imaginativas para atraer talento o formar habilidades técnicas. Siempre en aras de ganar eficacia y celeridad y con la meta de acomodar su producción a la alta competitividad de la era digital.


Tampoco sus equipos directivos están exentos de responsabilidad, porque sus decisiones se someten al escrutinio de la productividad y de la cuenta de resultados.Crece rápido o muere lento es uno de sus lemas más elocuentes. Tesla responde a esta máxima. El fabricante de coches inteligentes por excelencia, una de las enseñas empresariales de Elon Musk, superó el pasado ejercicio a Ford o General Motors en capitalización bursátil. Adaptarse a los cambios o desaparecer. Esa es la cuestión. Porque, como alerta John Chambers, presidente de Cisco Systems, “al menos el 40% de los negocios actuales perecerá en los próximos diez años si sus directivos no son capaces de averiguar cómo realizar una conversión de arriba a abajo en sus compañías para adecuarlas a la innovación tecnológica”.


El ‘road map’ hacia la estrategia digital


El reto de la industria digital es, pues, mayúsculo. Pero la recompensa es demasiado suculenta como para ignorarla. El negocio 4.0 añadirá 12 billones de dólares más al PIB global en 2025; el equivalente a las economías conjuntas de Japón, Alemania y Reino Unido. Aunque ya un lustro antes el Internet de las Cosas (IoT) será capaz de generar 3,7 billones de dólares de riqueza, la mayoría de la industria manufacturera, que ya dispone de tecnología y procedimientos 4.0, pero todavía no están preparada para una integración completa. Un paso clave e ineludible si se busca la conexión entre la dimensión de productos y servicios inteligentes y los procesos productivos.


Este road map requiere tres escenarios básicos de actuación: el primero, inversiones en áreas esenciales para absorber una mayor demanda en la cadena de suministros -avances digitales o sistemas de comunicación M2M (machine to machine), que implican adquisiciones en disciplinas como la robótica, el Big Data, la ciberseguridad o la tecnología IoT-, y que exige la superación de la cadena de valor clásica, insuficiente para gestionar más clientes y pedidos; el segundo tiene que ver la alineación entre las innovaciones digitales y las estrategias corporativas de gestión, atención al cliente y traslado de beneficios al accionista.


El escalafón final obliga a aplicar tareas de monitorización; es decir, de constatación, con información precisa -Big Data y analítica- de la influencia que los cambios provocan en la oferta de bienes y servicios; es decir, en el ciclo vital del producto, en la cadena de valor, en el capital humano y tecnológico y en la competitividad y en la rentabilidad final. Porque, más incluso que tecnología, la Industria 4.0 es Big Data. O desarrollo analítico. No por casualidad Facebook, que realiza el soporte de un amplio universo de negocios on line del sector privado, gestiona más de 300 millones de gigabytes de datos de usuarios, lo que equivale a que cada uno de ellos tenga archivados 126 e-books en sus cuentas.

Viernes, 03 Agosto 2018 07:32

El próximo imperialismo

El próximo imperialismo

Hacia finales de este siglo China será el nuevo hegemón, sustituyendo a Estados Unidos como líder del mundo, siendo la única duda si habrá guerra nuclear durante el proceso. Resulta curioso que buena parte de las izquierdas del mundo observen con simpatía o neutralidad este ascenso que tiende a convertir a China en una nueva forma de imperialismo.

Los modos como viene ascendiendo China en el escenario global son diferentes a los que mantuvo Estados Unidos en una etapa similar, en particular en los primeros años del siglo XX, cuando intervino militarmente en sus zonas aledañas o patio trasero, en particular en el Caribe, México y Centroamérica. Por el contrario, China se está convirtiendo en superpotencia sin violencia ni guerras, lo que marca una diferencia notable; según las reiteradas declaraciones de sus dirigentes, seguirá por el camino de la paz.


En segundo lugar, la historia de China es bien diferente a la de las potencias hegemónicas anteriores, Estados Unidos, Inglaterra, Países Bajos y Venecia. El país del dragón sufrió invasiones de las potencias coloniales durante el siglo XIX y de Japón en el siglo XX, lo que nos habla de una sociedad que sufrió los embates del colonialismo y el imperialismo.


En contraste, desde 1823 cuando la Doctrina Monroe proclamó que América Latina era la “esfera de influencia” de Estados Unidos, la potencia ascendente realizó 50 intervenciones militares en la región, la mitad de ellas en la primera parte del siglo XX. El objetivo era derrocar gobiernos que Washington consideraba enemigos e impedir que personalidades o partidos contrarios a sus intereses llegaran al poder.


La tercera cuestión es que en su historia China nunca fue una potencia imperialista y se limitó a defenderse más que a conquistar territorios. Fue un imperio relativamente frágil y con graves problemas de orden interno, que debió abocarse a resolverlos sin la capacidad de proyectarse hacia el exterior.


Sin embargo, debemos atender otras razones que apuntan en sentido contrario.


La primera es que China se ha convertido en una gran potencia presente en todos los rincones del planeta, en una gran exportadora de capital con poderosos monopolios estatales y privados, orientados por el Estado. Aunque en China no existe aún una oligarquía financiera, como en los países occidentales, que representa el dominio del capital financiero sobre el productivo, se registra una fuerte tendencia en esa dirección, toda vez que el capitalismo chino se orienta por la misma lógica que el capitalismo global.


Sin embargo, la tendencia al predominio del capital financiero y a proteger las cuantiosas inversiones en el exterior mediante formas por ahora diplomáticas de intervención, se registran más allá de la voluntad declarada de sus gobernantes. El ascenso pacífico de China mediante iniciativas como la Ruta de la Seda y el plan Made in China 2025 para convertirse en líder tecnológico mundial, están chocando con la respuesta de Washington que ha declarado una guerra comercial.


El país asiático está forzado a meterse en esa guerra, del mismo modo que debe insertarse en el sector financiero global para internacionalizar su moneda, ya que debe jugar con las reglas vigentes. A lo largo de este largo proceso de ascenso, China va modificando su perfil, construyendo unas fuerzas armadas cada vez más poderosas con capacidad de intervenir en todo el mundo, como lo demuestra la rápida construcción de una flota de portaviones y cazas de quinta generación.


La segunda es que la cultura china es profundamente conservadora, con un sesgo patriarcal muy potente. Sobre esta base está construyendo un gran Estado para el control de su población, que llegará a instalar hasta 600 millones de cámaras de vigilancia en su propósito de formar parte de lo que William I. Robinson denomina como “Estado policiaco global”.


El capitalismo digitalizado chino necesita sobrepasar a Estados Unidos en la revolución industrial en curso, “basada en la robótica, la impresión en 3D, el Internet de los objetos, la inteligencia artificial, el aprendizaje automático, la bio y nanotecnología, la computación cuántica y en nube, nuevas formas de almacenamiento de energía y los vehículos autónomos”. China ya es la principal fuerza pro-globalización, que agudiza las tendencias hacia el Estado policial global.


Por último, creo que resulta imprescindible analizar la relación de la cultura política china con los movimientos antisistémicos del mundo. Las tres fechas que los movimientos celebramos en todo el mundo (8 de marzo, 1º de mayo y 28 de junio), nacieron por las luchas populares en Estados Unidos y en países europeos, lo que debe hacernos reflexionar.


No pretendo insinuar que en China no existan tradiciones revolucionarias. La revolución cultural orientada por Mao Tse Tung es un buen ejemplo. Pero esas tradiciones no están jugando un papel hegemónico en los movimientos. Estamos ante un recodo de la historia que nos impone buscar referencias, profundizando las luchas.

 

 

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Viernes, 06 Julio 2018 08:14

Guerras por la superioridad tecnológica

Guerras por la superioridad tecnológica

Uno de los errores másfrecuentes entre quienes deseamos superar el capitalismo es el confundir nuestros deseos con la realidad. En cada recodo de la historia creemos ver el fin del sistema y el triunfo inexorable de sus sepultureros. Sin embargo, se trata de un “error”muy frecuente, incluso entre gobiernos y estados poderosos, que suelen sobrestimar sus capacidades y subestimar las de sus adversarios.

Por eso resulta interesante el editorial del diario oficialista chino Global Times del 24 de junio, titulado “Mantener la calma ante la brecha tecnológica entre China y Occidente” (goo.gl/ZQMrBd). El artículo toma como punto de partida una conferencia de Liu Yadong, editor jefe del Science and Technology Daily (periódico del Ministerio de Ciencia y Tecnología) que causó sorpresa al afirmar que “la brecha tecnológica entre China y los países desarrollados es cada vez mayor”.


El editor del periódico criticó la “inclinación por la jactancia y la exageración en el campo tecnológico de China” y afirmó que los logros del dragón siempre fueron precedidos por los de otros países.
Lo interesante es que el editorial de un diario de la importancia del Global Times elogie el discurso de Liu marcando la necesidad de una “introspección interna” y destacando que “la crítica a la exageración de los logros tecnológicos de China llega en el momento justo”.


Ese momento es la guerra comercial desatada por Donald Trump contra China, que tiene su punto álgido en una guerra por la superioridad tecnológica que se plasma, entre otras, en las sanciones impuestas al gigante chino de las telecomunicaciones ZTE y la multinacional Huawei, suavizadas luego pero con severas condiciones que limitan la compra de componentes a empresas estadunidenses.
Global Times llama a los chinos a permanecer modestos, ya que esa actitud “es beneficiosa para el ascenso de China y ayudará a la sociedad china a ser realista”. En paralelo, hace un llamado a la objetividad y la autocrítica, destaca que China ha realizado enormes avances en todos los sectores, pero sentencia: “Existe una gran brecha entre China y EU, que requiere generaciones de arduos esfuerzos para superar”.


El editorial también convoca a no alarmar a las élites occidentales con alusiones a que China superará a Occidente en pocos años, porque genera temores y resentimientos, sobre todo en Estados Unidos, agravados en este periodo de crisis y desconfianzas mutuas.


El mencionado editorial coincidió con la difusión del Top500, uno de los índices más valorados por los medios chinos, que es el ranking de las 500 supercomputadoras más eficientes del mundo, elaborado de forma independiente de los gobiernos por varias universidades de Estados Unidos. Desde 2012 el tope de la lista correspondió a dos superordenadores chinos, con la peculiaridad de que el Sunway TaihuLight (que lideraba desde 2016) fue creado por el Centro de Investigación Nacional de China con componentes enteramente fabricados en el país.


En la lista de junio de Top500, los ordenadores chinos fueron desplazados por sendos aparatos estadunidenses de la IBM, que ocupan el primero y el tercer lugares. Sin embargo, China amplía su ventaja entre los 500 ordenares más potentes con 206 unidades frente a 124 de Estados Unidos, lo que muestra que la competencia entre ambas potencias sigue siendo muy cerrada (goo.gl/XDE6df ).
Uno de los caminos que ha encontrado China para reducir la brecha tecnológica consiste en la compra de empresas occidentales de alta tecnología y en fuertes inversiones en investigación y desarrollo. Sin embargo, un informe de Global Timesde agosto de 2017 destaca que en las tecnologías de vanguardia las inversiones estadunidenses son muy superiores a las del dragón. En 2016 Estados Unidos invirtió en inteligencia artificial cuatro veces más que China, diferencia similar a la que mantiene en robótica, drones e impresiones 3D, entre otras (goo.gl/Yrgd2z ).


La segunda manera de reducir la brecha viene siendo el robo de propiedad intelectual que hace China, de los más diversos modos, algunos de ellos ilegales pero legítimos. Algo que no debe sorprender, toda vez que las potencias ascendentes en la historia, como Inglaterra y Francia, llegaron al privilegio usando y abusando de la piratería. Los corsarios británicos fueron bendecidos con las patentes de corso que emitían los reyes, de modo que nadie debe sorprenderse de la piratería china.


El sector tecnológico está resultando clave para la seguridad nacional, según creen los gobernantes de las principales potencias. Algunos especialistas estiman que China ganará la batalla por la inteligencia artificial para 2025, cinco años antes que el plazo fijado por el gobierno de Xi Jinping ( goo.gl/N43pTA).


Para quienes pensamos que la historia la mueven los conflictos colectivos, la propuesta de que todo lo deciden las tecnologías nos parece una concesión elitista a las tecnocracias. Los grandes cambios los promueven los pueblos, ayudados en diversos grados por las tecnologías.

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La República Bananera de Venezuela bajo Maduro y la lección de AMLO

1. La democracia bananera


Maduro y su camarilla han convertido a Venezuela en una República Bananera que cumple a cabalidad con la definición del término en Wikipedia: un país "políticamente inestable, empobrecido y atrasado, cuya economía depende de unos pocos productos de escaso valor agregado (simbolizados por las bananas), gobernado por un dictador o una junta militar, muchas veces formando gobiernos forzosos o fraudulentamente legitimados". Bastaron cinco años para transformar una utopía de democracia participativa en una distopía de pendejadas quijotescas. Destruyeron el sistema del Estado, el sistema político y, por supuesto, el sistema económico. En ningún área se muestra más su ineptitud que en la economía, donde actúan sobre puras entelequias (imaginaciones, fantasmas), como el "precio justo", que no existe en crematísticas de mercado; las falsas negociaciones del Plan 50 para "sincerar los costos y precios", en un contexto hiperinflacionario, que no permite ningún cálculo económico serio y donde, de todas formas, imponen sus precios administrativos que confunden con precios justos; y el seudo-estándar de oro "Petro", que es simplemente otro government bond (obligación) –es decir, papel dinero-- porque no está avalado por materiales preciosos existentes, sino por simples promesas de la camarilla. Un régimen bananero, que constituye un fraude de Alpha a Zeta a la democracia real y popular del siglo 21.


2. Gabinete de Horror


Cuando se escucha los discursos de Maduro, Delcy Rodríguez, Padrino López, Pascualina Curcio o Toby Valderrama, es imposible no pensar en la terrorífica Familia "Los Munsters" o "Los locos Addams". Uno no sabe, si prevalece lo obsceno o lo histriónico, lo trágico o lo cómico, cuando el Presidente habla del salario mínimo; la Vicepresidenta del "diálogo con Washington"; el Ministro de Defensa del "pueblo en armas que nació para ser libre"; la Directora del Banco Central de la inflación cual resultado de la "manipulación arbitraria y desproporcionada" de "portales web"; o el camaleón estalinista Valderrama de Diosdado Cabello, como alguien "siempre fiel al comandante" y "la última esperanza del chavismo". Cada frase de esos bufones es un comic strip (tira cómica) sin sentido, y una burla del pueblo de Bolívar, que ha de aguantar la dictadura pequeña burguesa y sus delusiones (delirios).


3. Milagro bíblico del "Presidente Obrero"


El 20 de junio, Nicolás Maduro anunció que va "a decretar el aumento del salario mínimo a tres millones de Bolívares, (…) el aumento del cesta ticket a dos millones ciento noventa y seis mil, quiere decir que a partir de hoy los trabajadores van a recibir como ingreso mínimo cinco millones ciento noventa y seis mil bolívares". ¡Vaya, Vaya Presidente! No es poca cosa, convertir en plena "guerra económica imperialista" a la clase obrera en millonarios. Lenin, Fidel y Xi no lo lograron. Pero, usted sí. Y qué tino en la selección del espiritus loci (espíritu del lugar) para revelar la Buena Nueva en una Gran Asamblea Carismática: el "Congreso Ideológico de la Clase Obrera", organizado por los sindicalistas charros del régimen. Ahora, gracias al socialismo madurista, los trabajadores venezolanos pueden deleitarse todo un mes con una lata de atún ---si es que la encuentran--- porque esta es la capacidad adquisitiva del grandioso salario mínimo millonario que el "Presidente Obrero" les ha decretado. Hablar de conciencia obrera, del deber de la clase trabajadora y de la construcción del socialismo en esa farsa era una tarea que toda persona ética hubiera rechazado. Pero, no el Comediante en Jefe, en cuyo lexicón no existe tal palabra.


4. La Vicepresidenta no tiene quién le escriba


En entrevista televisiva, la flamante Vicepresidenta --nunca muy lejos de las delusiones del newspeak de Miraflores-- afirmó que la "Revolución Bolivariana" está encaminada hacia una renovación política, empeñada en la estabilidad económica. Estamos dispuestos al diálogo con Washington…y que "se puedan establecer mecanismos de cooperación multilaterales y al diálogo diplomático con Estados Unidos", dijo la funcionaria por enésima vez, emulando a su jefe. ¿Cree Doña Delcy en milagros tipo Corea del Norte? ¿No entiende, que el milagro de Kim Yong-un es real y se llama "armas nucleares"? Donde ella y Maduro encuentran una razón para pensar, que Trump le podría hacer caso a un gobierno con cero poder geopolítico, carente de moneda, de apoyo de masas, de armas estratégicas y del aval bélico ruso-sino que tiene Kim? Pero, la postración ante el imperialismo y el autoritarismo hacia adentro son, obviamente, inseparables en los operadores de esa camarilla.


5. "Decir Carabobo es decir patria"


Decir "Carabobo es decir patria, es decir pueblo en armas que nació para ser libre", exaltó el ministro de Defensa Vladimir Padrino López, el 24 de junio la Batalla de Carabobo. Es una icónica efeméride que "sirve de hermosa referencia para exaltar al glorioso ejército bolivariano; huracán de hombres y mujeres que vencedores en cientos de batallas, dieron libertad a pueblos oprimidos…La máxima gloria, el supremo objetivo, el horizonte de una magna gesta que vería coronar con laureles de furor y valentía, de sangre y fuego, el sublime sueño de tantas almas valerosas: la independencia de Venezuela… Que el Dios de los ejércitos celestiales y la santísima Virgen Del Carmen les bendiga por siempre y les colme de poderío, nobleza, generosidad y magnanimidad; para que permanezcan invencibles en el decoroso sendero de servir a la patria y al noble pueblo venezolano. "Perdiéndose en su rimbombante retórica feudal, el faccioso General es obviamente incapaz de percibir la profunda cual involuntaria ironía, de servir a una dictadura bananera donde el "noble pueblo" sobrevive con migajas, debido a que sus bayonetas sostienen una banda de usurpadores ineptos.


6. El camaleón stalinista


El síndrome de disociación clínica de la realidad y de la ética, que es la huella (signature) dominante del gabinete de Maduro, se encuentra también en otros protagonistas del sistema. El "comandante socialista" Toby Valderrama, en permanente búsqueda de un hueso, agrega otra perla a las entelequias de Maduro, Rodríguez, Curcio y Padrino López. Al teniente anti-comunista Diosdado Cabello, recién nombrado Presidente del osario llamado Asamblea Nacional Constituyente (ANC) le dedicó la siguiente oda: "Cuando pensábamos que el Chavismo estaba enterrado por el silencio de sus mejores hijos…en medio de la oscuridad y la desesperanza, aparece Diosdado, y una luz se enciende en el horizonte…Hoy es el Presidente de la Asamblea Nacional Constituyente, un poder que está por encima de todos los poderes… Él es la última esperanza del Chavismo." Ante tal disparate, los pragmáticos romanos hubieran regresado Valderrama a la realidad con un célebre aforismo: Quos deus perdere vult, dementat prius: a quién los dioses quieren destruir, primero lo hacen pendejo.


7. La lección de AMLO


El gran triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador en México ha sacudido todo el debate político en América Latina. Interpretado adecuadamente rompe el sectarismo y la esterilidad del debate de "izquierda" y "derecha", que domina la teoría política criolla desde los gobiernos progresistas socialdemócratas (Lula, Chávez, Kirchner, Correa et al.) de los años noventa. Y lo mismo vale para la nueva moda intelectual introducida desde Washington que --para América Latina-- consiste en la falsa antítesis de "nacionalistas" y "globalistas". Interpretar adecuadamente el evento electoral de México significa entender que el proyecto de AMLO es un proyecto de Centro con Compromiso para las Mayorías (CCM), no de Izquierda, como se usa el término a la ligera en América Latina. Un CCM no tiene nada de malo en América Latina, porque en la actualidad es imposible que un proyecto de transformación sistémica (izquierda) llegue al poder. La exitosa campaña de AMLO es el resultado de un doble condicionamiento: respetó las circunstancias objetivas post-progresistas latinoamericanas y se adecuó dialécticamente a las condiciones idiosincráticas de México. Cualquier extrapolación del éxito de esa campaña, que no tome en cuenta esa génesis particular, única, está condenada al fracaso.


8. Osario de la teoría política


El segundo punto clave en la comprensión del evento mexicano radica en entender que, en la ausencia de una izquierda mundial –con la posible excepción de la tendencia de Xi Jinping-- tampoco existe una teoría científica de la transformación de la sociedad actual. En este sentido, el analfabetismo distópico político-económico que exhiben Maduro, Rodríguez, Cabello y su camarilla --agravado por discursos pro-indigenistas controlados por el Imperio y sectarismos de dizque "trotskistas", es evidencia forense del cadáver del "espíritu mundial político". Tratar de comprender la realidad actual en términos de izquierda-derecha, sin proceder desde una rigorosa determinación de esos conceptos al estilo de las ciencias naturales, sólo genera engaños y escenarios de praxis equivocados. Pedir a AMLO un proyecto antisistémico para los obreros, indígenas y campesinos, por ejemplo, es tan fuera de la realidad como creer, que la dictadura de Maduro es progresista o tenga futuro. La lección comparativa de ambas experiencias es clara y nos remite a la esencia del quehacer político, tal como lo definió Bismarck: "La política es el arte de lo posible"; no de lo deseable o soñado.
Es en este espíritu, que hay que reconceptualizar la ciencia política de la transformación en América Latina, si se quiere salir de la actual miseria.

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Gilberto Gil: “Los músicos nos vendimos en parte al mercado”

Hubo un tiempo en que Gilberto Gil (Salvador de Bahia, 1942) fue optimista. Incluso en los años en que compartió cárcel en Brasil con Caetano Veloso, aquellos sesenta en los que ambos fraguaban el tropicalismo jugándose el pellejo frente a la dictadura que vino tras el golpe militar de 1964. Incluso durante el exilio al que se vio forzado después en Londres, Gil sonreía con esperanza al futuro mientras protagonizaba la revolución social de las costumbres, acordeón y guitarra en mano, junto a miembros de grupos como Pink Floyd o Yes. Entonces logró colarse en los ambientes del pop hippie británico y participaba con sus rulos y su sonrisa sambera en festivales como los de la isla de Wight o recibía invitaciones para el cartel de Montreaux, en Suiza.


En aquellos setenta era feliz. Contagiaba y almacenaba una experiencia global que le llevaría a ser ministro de cultura en el Gobierno de Lula entre 2003 y 2008. También entonces, Gilberto Gil creía que se podían transformar directamente las cosas. Ahora no. Ahora lo duda. Ahora, con 55 años de carrera a las espaldas y una larga trayectoria política dentro de la izquierda y el ecologismo, se confiesa pesimista. “Vivimos un retroceso, en estos momentos es cuando necesitamos más que nunca salir a cantar”, asegura.


Lo dice por teléfono desde Rusia, donde se desplazó a ver algunos partidos de su selección con en el Mundial antes de viajar a Madrid (Sala Riviera), Barcelona (Festival Cruilla) y al Pirineos Sur, los días 3, 13 y 21 de julio, para rememorar uno de sus discos fundamentales 40 años después de su aparición: Refavela. “Aquel disco pertenece a un momento en que probábamos fusiones y establecíamos relaciones hasta entonces desconocidas entre Brasil, África, Jamaica, el Caribe... Eso que hora es natural, pero entonces no”. Entonces nacía aquello. La búsqueda, el mestizaje teñido de mensaje político que conformó el movimiento creado por Gil, Veloso, Maria Bethânia, Gal Costa, Gilberto Gil, Tom Zé… Aquello que luego marcó la senda a músicos de todo el mundo entre raíces de samba y hermanamientos africanos y americanos, sin renunciar al rock y al pop. La leyenda del tropicalismo.


Fue una revolución nada silenciosa. Pero con un tempo musical y socio-cultural asumible, a escala humana. No como el presente: “Todo cambia muy rápidamente. Un país como Brasil está acelerado, metido en una dinámica permanente”. Pero no hacia el lugar correcto, según Gil. “Hacia atrás. Con mucha fuerza. En diferentes aspectos. No precisamente buenos. Todo lo que creíamos que crecería después de la mitad del siglo XX, la pluralidad, la tolerancia, retroceden”.


La tecnología no ayuda: “La revolución cibernética, internet, las redes sociales resultan un fenómeno nuevo y abrasador que caldea el ambiente, no siempre para bien”. Algo ideal hubiera sido que un impulso como el suyo en connivencia con herramientas como las presentes confluyeran en algo digno. Así todo, cree que la potencia creativa de los más jóvenes se abrirá camino: “En una rica multiculturalidad y diferencia de visiones. Hoy existe una potencia creativa nueva muy variada y con muchas inquietudes en muchos campos”.


Pero gran parte de los aspectos del cambio radical que ellos persiguieron quedan aún pendientes: “Ideas no cumplidas, transformaciones éticas y estéticas. Mucho no pasó. Llegamos a aceptar un capitalismo auspiciado por la democracia que en multitud de casos falló. Lo que temo es que vayamos hace una debacle de la civilización por culpa de la tecnología, la inteligencia artificial, que todo eso produzca un vacío general”.


Por ello siente quizás ahora más que nunca la necesidad de cantar, de llevar su música por las esquinas. “Tenemos enfrente enormes desafíos. La adaptación al medio ambiente, un crecimiento desbordante de la población mundial, demandas vertiginosas de recursos naturales. Ante esto, la música es un bálsamo, un ungüento contra esa debacle. Tenemos más responsabilidad que nunca, contagiar esa alegría y esa conciencia en la gente, esa ilusión por los asuntos importantes, no por lo superficial”.


Volver a un espíritu reivindicativo. “Lograr que penetre en el sistema político, económico, que sea una respuesta a lo que nos rodea”. Se siente responsable, quizás por haber bajado en algún momento la guardia: “En cierto punto, los músicos vendimos nuestro espíritu a lo material, al capital, al negocio que nos rodeaba y contribuimos a esa paradoja de la posmodernidad”.


Todo eso le empuja a salir, escoltado por las siguientes generaciones: “Hacer esta gira ha sido idea de mi hijo Bem y amigos suyos y míos. Ellos han comprendido esa función de desarrollo natural que tiene nuestro legado, cómo puede contribuir al equilibrio del sistema si ayudamos a la gente a comprender qué está pasando”.

Por Jesús Ruiz Mantilla
Madrid 26 JUN 2018 - 10:28 COT

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Jueves, 21 Junio 2018 06:14

G-7: una muerte que celebrar

G-7: una muerte que celebrar

La lucha por el poder entre Estados Unidos y los otros era básicamente una lucha por la primacía en la opresión del resto de naciones del mundo. ¿Estarían mejor estas fuerzas más pequeñas si se impusiera el modo europeo de hacerlo? ¿Le importa a un animal pequeño qué elefante le aplasta? Creo que no.

 

Una institución llamada G-7 celebró su reunión anual el 12-13 de junio en Charlevoix (Quebec, Canadá). El presidente Trump asistió al principio pero se marchó pronto. Debido a que los puntos de vista de ambos lados eran tan incompatibles, el grupo de seis miembros negoció con Trump la emisión de una declaración bastante anodina para la declaración conjunta habitual.


Trump cambió de idea y se negó a firmar ninguna declaración. Los Seis redactaron entonces una declaración que reflejaba sus puntos de vista. Trump se enfadó e insultó a los protagonistas de la firma de la declaración.


Esto fue interpretado por la prensa mundial como un desaire político recíproco por parte de Trump y de los otros seis jefes de Estado y gobierno que asistieron. La mayoría de los comentaristas defendieron también que esta batalla política señalaba el final del G-7 como actor significativo en la política mundial.


Pero ¿qué es el G-7? ¿Quién inventó la idea? ¿Y con qué propósito? No hay nada menos claro. El nombre mismo de la institución ha cambiado constantemente, igual que el número de miembros. Y muchos afirman que han surgido reuniones más importantes, tales como la del G-20 o el G-2. También está la Organización para la Cooperación de Shanghái, que se fundó en oposición al G-7, y que excluye tanto a los Estados Unidos como a los países occidentales europeos.


La primera clave de los orígenes del G-7 como concepto es la fecha del nacimiento de la idea del G-7. Fue a principios de la década de los 70. Antes de ese momento, no había ninguna institución en la que Estados Unidos jugara un papel como participante igual a otras naciones.


Recuerden que tras el final de la Segunda Guerra Mundial y hasta los años 60 los Estados Unidos habían sido el poder hegemónico del sistema-mundo moderno. Invitaba a encuentros internacionales a quien deseaba por motivos propios. El propósito de tales encuentros era principalmente para implementar políticas que los Estados Unidos consideraban inteligentes o útiles —para sí mismos.


Para los 60 los Estados Unidos ya no podían actuar de esa manera tan arbitraria. Había empezado a haber resistencia a los acuerdos unilaterales. Esta resistencia era la evidencia de que el declive de los Estados Unidos como poder hegemónico había empezado.


Para mantener su rol central, en consecuencia, los Estados Unidos cambiaron su estrategia. Buscó vías con las que por lo menos pudiera frenar este declive. Una de las vías fue ofrecer a determinadas grandes potencias industrializadas el estatus de “socio” en la toma de decisiones mundial. Esto iba a ser un intercambio. A cambio de la promoción al estatus de socios, los socios accederían a limitar el grado en el que se apartarían de las políticas que los Estados Unidos preferían.


Uno podría, por lo tanto, argumentar que la idea del G-7 fue algo inventado por los Estados Unidos como parte de este nuevo acuerdo de asociación. Por otro lado, un momento clave en el desarrollo histórico de la idea del G-7 fue el momento de la primera cumbre anual de los altos dirigentes, frente a las reuniones de figuras de rango inferior como los ministros de finanzas. La iniciativa para esto no vino de Estados Unidos sino de Francia.


Fue Valéry Giscard d’Estaing, entonces presidente de Francia, quien convocó el primer encuentro anual de los altos dirigentes en Rambouillet (Francia) en 1975. ¿Por qué pensó que era tan importante que hubiera un encuentro de los altos mandatarios? Una posible explicación era que él lo veía como una forma de limitar más el poder estadounidense. Enfrentados a negociar con el conjunto de los demás líderes, cada uno de los cuales con prioridades diferentes, Estados Unidos estaría obligado a negociar. Y ya que eran los altos mandatarios quienes cerraban el trato, sería más difícil para cualquiera de ellos repudiarlo posteriormente.


Rambouillet comenzó una lucha entre Estados Unidos y diversas potencias europeas (pero especialmente Francia) respecto a los principales temas mundiales. Fue una lucha en la que a Estados Unidos cada vez le fue menos bien. Fue seriamente rechazado en 2003, cuando se vio incapaz, por primera vez en la historia, de ganar siquiera una mayoría de votos en el Consejo de Seguridad de la ONU cuando iban a votar sobre la invasión de Iraq por Estados Unidos. Y este año, en Charlevoix, se vio incapaz de acordar siquiera una declaración conjunta banal con los otros seis miembros del G-7.


A todos los efectos, el G-7 está acabado. Pero ¿deberíamos lamentarnos por ello? La lucha por el poder entre Estados Unidos y los otros era básicamente una lucha por la primacía en la opresión del resto de naciones del mundo. ¿Estarían mejor estas fuerzas más pequeñas si se impusiera el modo europeo de hacerlo? ¿Le importa a un animal pequeño qué elefante le aplasta? Creo que no.


¡Salve Charlevoix! Trump puede habernos hecho a todos el favor de destruir este vestigio de la era de la dominación occidental del sistema-mundo. Por supuesto, la muerte del G-7 no significa que la lucha por un mundo mejor haya acabado. En absoluto. Aquellos que respaldan un sistema de explotación y jerarquía simplemente buscarán otras formas de hacerlo.


Esto me recuerda lo que ahora es mi tema central. Estamos en una crisis estructural del sistema-mundo moderno. Se está dando una batalla respecto a qué versión de un sistema heredero veremos. Todo es muy volátil en este momento. Cada bando está arriba un día, abajo el siguiente. En cierto sentido tenemos suerte de que Donald Trump sea tan necio como para herir a su propio bando con un enorme golpe. Pero no caigamos en animar a Pierre Trudeau [Justin Trudeau, primer ministro canadiense] o Emmanuel Macron, cuya versión más inteligente de opresión está peleando con Trump.

Por Immanuel Wallerstein
Znet

 

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EEUU se retira del Consejo de Derechos Humanos de la ONU

La embajadora de Estados Unidos ante Naciones Unidas, Nikki Haley, ha denunciado la "hostilidad interminable" contra Israel


Estados Unidos anunció hoy su salida del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, un órgano internacional al que el Gobierno del presidente Donald Trump ha criticado duramente por lo que considera un sesgo en lo relativo a Israel y por creer que sirve de plataforma a países como China, Venezuela y Cuba.


La embajadora de Estados Unidos ante Naciones Unidas, Nikki Haley, ha anunciado este martes la retirada del y ha denunciado la "hostilidad interminable" contra Israel. "Este año, al igual que en años previos, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU ha aprobado cinco resoluciones contra Israel, más que las aprobadas contra Corea del Norte, Irán y Siria en conjunto", ha lamentado.


Así, ha recalcado que "este foco desproporcionado y esta hostilidad interminable hacia Israel es una prueba clara de que el consejo está motivado por un sesgo político y no por los Derechos Humanos", según ha informado el diario The New York Times.


Haley ha defendido que, pese a la decisión de Estados Unidos de abandonar el organismo -convirtiéndose en el primer país que lo hace de forma voluntaria-, "este paso no es una retirada de los compromisos con los Derechos Humanos" por parte del país norteamericano.


"No dudamos que su creación fue con buena fe, pero tenemos que ser honestos: el Consejo de Derechos Humanos de la ONU es un pobre defensor de los derechos humanos", dijo, por su parte, en conferencia de prensa el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo.


Mientras, el secretario general de la ONU, António Guterres, "habría preferido que Estados Unidos permaneciese en el Consejo de Derechos Humanos" de la organización, según dijo hoy su portavoz.


"La arquitectura del Consejo de Derechos Humanos de la ONU desempeña un papel muy importante en la promoción y protección de los derechos humanos en todo el mundo", agregó el portavoz, Stéphane Dujarric, en un breve comunicado tras el anuncio de la salida de Washington de ese organismo.

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La guerra sigue para las defensoras de la naturaleza en Colombia

Colombia está en los noticiarios internacionales por las elecciones. Cambios en la presidencia, instituciones, buenas palabras. En Europa, la gente de la calle casi no conoce los nombres del saliente Santos, o del nuevo presidente uribista, Iván Duque y su opositor en la segunda vuelta, Petro. Y eso que estos días, al calor electoral, algo sale en la prensa.

 

Pero hay muchos otros nombres en Colombia que merecen ser recordados. Hace dos meses, se otorgaba el premio Goldman a la defensora de derechos humanos Francia Elena Márquez. Estos premios, conocidos como “Los Nobel del medio ambiente”, se otorgan cada año, coincidiendo con el Día de la Tierra, a personas que destacan por su labor de defensa de la naturaleza. La afrocolombiana Francia E. Márquez se lo ha ganado por la labor que ha venido desempeñando a lo largo de varios años, por poner su vida en juego para preservar el territorio y frenar la desmedida actividad minera. Denuncia que la minería se caracteriza por el uso de mercurio y cianuro, que contaminan los ríos y sus afluentes, afectando gravemente el ecosistema de la región colombiana de Cauca, al suroeste del país. Es este uno de los departamentos y municipios más afectados por el conflicto armado, a pesar de haber firmado los acuerdos de negociación para la construcción de paz estable y duradera, entre el Estado Colombiano y las Farc.

Las transnacionales mineras amenazan la vida


En casi todos los departamentos de Colombia, cientos, quizás miles de familias viven en zonas rurales y su único medio de supervivencia es la pesca artesanal y el cultivo de alimentos de pan coger (de subsistencia:maíz, plátano y yuca). Sin embargo, esta actividad que se ha realizado de generación en generación, se ha visto afectada por los intereses y la disputa histórica por el territorio. La llegada de las transnacionales, especialmente de las extractivistas de recursos mineros y energéticos, ha incrementado los riesgos no solo para las familias, si no para los líderes sociales y los defensores de derechos humanos. Francia Elena Márquez, por ejemplo, tuvo que abandonar su pueblo de origen en el año 2014, debido a su denuncia de la minería. ¿Cómo va a enfrentar el nuevo gobierno el poder de las transnacionales?


La llegada de las transnacionales se vincula, en los últimos dos años, a un aumento sustancial de los homicidios selectivos y sistemáticos de las lideresas y los líderes sociales y de defensores de los derechos humanos en Colombia. Estos líderes y defensores han venido realizando procesos de resistencia por permanecer en el territorio en que nacieron o en el que han cimentado sus historias de vida en torno a sus familias y la comunidad.


Los violentos le apuestan a condenar al país a la guerra, y sumen Colombia en el miedo, en el odio y la falta de oportunidades. Son quienes han cometido una serie de actos atroces, con el único objetivo de sabotear la respectiva implementación y los pertinentes avances de los acuerdos de paz. A la fecha no se tiene precisión del número de homicidios ocurridos en este primer semestre del 2018. Algunos informes hablan de más de cincuenta y siete; otros, de sesenta y tres. ¿Cuál es la cifra exacta de homicidios perpetrados? No se tiene la respuesta concreta, pero son demasiados. Lo cierto es que sus nombres, Hector Janen Latin, María Magdalena Cruz, Belisario Benavides Ortiz, María del Carmen Moreno, Luis Alberto Torres Montoya, Hugo Albeiro George, Iber Angulo Zamora, que sigue “desaparecido” … casi nadie los conoce, y mucho menos fuera de Colombia. Se caracterizaron por ser personas que trabajaban por preservar el medio ambiente en sus comunidades, oponiéndose a los macroproyectos. Sus rostros valientes y su incansable labor en pro de la defensa de los derechos humanos, nos han sido arrebatados. Los rostros que deberían conocerse también en Europa.

Un Estado cómplice: la impunidad


Las autoridades competentes, especialmente la Fiscalía, no realizan de manera eficaz y ágil las investigaciones que conlleven a la captura de los responsables de estos deplorables hechos, con lo cual se puede afirmar que más de un ochenta por ciento de los casos actualmente se encuentran en total impunidad. Mientras se escriben estas líneas, mientras se leen, un líder o lideresa, un defensor o defensora de derechos humanos está siendo asesinado o está en alto riesgo en Colombia. El Estado se mantiene incapaz de efectuar una política pública contundente y eficaz, que permita preservar la vida e integridad física de esta vulnerable franja de la población. La reforma judicial, para acabar con la impunidad, es una tarea pendiente para la nueva presidencia.


Se necesitan con urgencia verdaderas garantías estatales de que no volverán a ocurrir amenazas, asesinatos. Para no privar a la sociedad en general de compartir, reír y aprender de las personas que dan verdadero ejemplo: Erlendy Cuero Bravo, defensora que por culpa de las balas ha perdido a tres seres queridos (su padres y dos hermanos) en los últimos dos años y, sin embargo, actualmente ella lidera el trabajo que segó la vida de sus familiares, y quien ha sido revictimizada en diferentes oportunidades y por diferentes sectores armados.


Se busca realmente la capacidad de tejer los lazos de una verdadera convivencia y reconciliación. Queremos caminar por calles y senderos donde se pueda respirar un aire limpio, cálido y liviano, que inunde de manera tan profunda la esencia del ser, que no permita lastimar al otro o la otra. Pretendemos tener la capacidad de reconocer en los ojos y en la sonrisa del similar la belleza de la vida, que la tibieza de la piel no tenga que soportar los horrores de la guerra. Que se permita disfrutar el susurro de los ríos y la montaña.


Se necesitan con urgencia más reconocimientos y menos señalamientos, Por ello, la gran sonrisa de Francia al recibir tan honorable reconocimiento a tan sublime labor nos reconfortaba, y es esa misma sonrisa la que se capta frente a los gigantes defensores y defensoras de derechos humanos que han hecho aportes , contagiando de alegría y esperanza de pensarse en un país y en un mundo diferente. Aportaciones mucho más grandes que ganar una presidencia. Esto son los retos para el próximo gobierno de Iván Duque: una paz basada en la justicia y la defensa de la vida y el territorio. Reconocer la defensa de los derechos humanos. Ponerse a la altura de estos hombres y mujeres de corazones gigantes.

 

Por Erika Gómez Ardila
Defensora de DDHH del CPDH
2018-06-18 07:00:00

 

Dedicado a los más de trescientos cinco líderes y lideresas, defensores y defensoras de derechos humanos vilmente silenciados, asesinados, pero no olvidados, a los gigantes que nos han sido arrebatados. De igual manera, a aquellos hombres y mujeres que decidieron dejar las armas por construir un nuevo país y quienes también les cegaron su existencia en pleno proceso de reincorporación a nuevos caminos.

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