Boris Hagelin, hacia 1970 con un aparato para encriptar mensajes. Tony Evans/Timelapse Library Ltd Getty Images

Una investigación de ‘The Washington Post’ y las cadenas ZDF y SRF destapa el espionaje de EE UU y Alemania a otros Gobiernos durante décadas

Es uno de los mayores casos de espionaje, material de novela de John Le Carré o de un guion cinematográfico. Durante más de cinco décadas, la CIA y los servicios de espionaje de la entonces Alemania Occidental (BND, en sus siglas germanas) controlaron en secreto una empresa suiza que fabricaba y vendía dispositivos de encriptación y líneas de comunicación seguras a más de 120 países. Pero el caso es que ni las líneas ni los mensajes encriptados eran seguros, ya que la CIA y los alemanes tenían acceso a la información a través de los dispositivos, según desveló este martes una investigación periodística de The Washington Post, junto a las cadenas de televisión ZDF(Alemania) y SRF (Suiza).

Fue El golpe de inteligencia del siglo, titulaba este martes el periódico estadounidense. Fueron clientes de la empresa Crypto AG y sus máquinas trucadas países como Irán, juntas militares de América Latina, naciones rivales como India y Pakistán, Estados miembros de la OTAN como España, la ONU e incluso el Vaticano, según la extensa investigación, que asegura que “estas agencias de espionaje manipularon los dispositivos de la compañía para poder romper fácilmente los códigos que los países usaban para enviar mensajes cifrados”. Hasta ahora, ese peculiar partenariado era uno de los secretos mejor guardados de la Guerra Fría.

Todo empezó en plena Segunda Guerra Mundial, cuando la firma Crypto fue creada por Boris Hagelin, un empresario e inventor nacido en Rusia pero que huyó a Suecia cuando los bolcheviques tomaron el poder. Cuando los nazis ocupaban la vecina Noruega en 1940, Hagelin decidió emigrar de nuevo, en esta ocasión a Estados Unidos.

El inventor llevaba consigo la famosa máquina encriptadora, bautizada como M-209. Según la historia interna de la CIA, citada en la investigación del Post, se hacía necesario controlar a Hagelin para que limitara la venta del codificador solo a países aprobados por Washington. En definitiva, Crypto no debía caer en manos de los soviéticos, los chinos o los norcoreanos. Esos países, sin embargo, nunca fueron clientes de la compañía, por lo que, en teoría, quedaron fuera de los límites directos del espionaje montado por EE UU y Alemania.

No obstante, los agentes de la CIA obtuvieron mucha información valiosa de Pekín y Moscú a través de las interacciones de estos países con servicios secretos o diplomáticos de naciones que sí tenían los aparatos de encriptado. La conocida como Operación Thesaurus se firmó en un elitista club de Washington, el Cosmos, cuando Hagelin selló en 1951 con un apretón de manos durante una cena el primer acuerdo secreto con la inteligencia estadounidense, que trajo consigo a William Friedman, el padre de la criptología americana.

El acuerdo consistía en que Hagelin trasladaba la compañía a Suiza y restringía las ventas de sus modelos más sofisticados a países aprobados por Langley (donde tiene la sede la CIA). Las naciones que no estaban en esa lista obtenían de Crypto AG sistemas anticuados y sin apenas efectividad. A Hagelin se le compensaba económicamente por la pérdida de ventas.

El siglo XX avanzaba y prácticamente nadie en Crypto, excepto Hagelin, sabía de la implicación de la CIA en la compañía. Los beneficios eran abundantes. Cada año, según los registros de la inteligencia alemana, el BND entregaba su parte de las ganancias en efectivo a la CIA en un oscuro garaje de Washington.

En la década de los ochenta, la operación pasó a denominarse Rubicón. Para entonces, ya existían algunas tensiones entre Washington y Bonn a cuenta de los objetivos y del reparto de la información conseguida. Ambas partes, según la investigación, también usaron para su espionaje a otras empresas, a Siemens en Alemania y Motorola en EE UU.

Crypto, además, daba buenos beneficios. Según la CIA, en 1975 la compañía ganó más de 51 millones de francos suizos (unos 47,8 millones de euros). Mientras, Rubicón permitió décadas de acceso sin precedentes a las comunicaciones de otros Gobiernos. Por ejemplo, en 1978, cuando los líderes de Egipto, Israel y EE UU se reunían en Camp David para negociar un acuerdo de paz, la Agencia Nacional de Seguridad estadounidense (NSA, en sus siglas en inglés) escuchaba de forma secreta las comunicaciones del presidente egipcio Anwar el-Sadat con El Cairo.

A través de un sistema de Crypto se supo también que el hermano del presidente de EE UU Jimmy Carter estaba supuestamente en nómina del líder libio Muamar el Gadafi. La tecnología también propició que la Administración de Ronald Reagan pasase información a Londres sobre la breve guerra del Reino Unido con Argentina por las Malvinas. En 1989, el uso del Vaticano de un aparato de Crypto fue determinante en la captura el general panameño Manuel Antonio Noriega cuando el dictador buscó refugio en la Nunciatura de Panamá.

Los alemanes abandonaron el programa hacia finales de los noventa; la CIA continuó. Pero Crypto se fue disolviendo y dejó de existir en 2017. Ahora existen Crypto International y CyOne; la primera asegura que nunca supo nada de la trama de Crypto, y la segunda se acoge al socorrido “sin comentarios”.

Por Yolanda Monge

Washington 12 FEB 2020 - 04:26 COT

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Lunes, 10 Febrero 2020 06:29

Peligro

Peligro

Dos frases autobiográficas resumen el peligro político que enfrenta Estados Unidos y el mundo en este año electoral. "Podría pararme en medio de la Quinta Avenida y disparar a alguien y no perdería ningún votante. Es increíble", declaró en Iowa el entonces candidato presidencial Trump hace casi exactamente cuatro años. En julio del año pasado declaró que, de acuerdo con la Constitución, "tengo el derecho de hacer lo que quiera como presidente".

Ambas frases indican que el jefe del régimen estadunidense tiene una idea profundamente cínica, pero a la vez precisa, hasta ahora, de sus seguidores; y, segundo, que considera que él es el Estado, algo que comparte con todos los tiranos de la historia.

Veamos: después de meses de investigaciones y un juicio político que comprobó que el presidente repetidamente violó la Constitución y, según sus acusadores, traicionó al país y después encubrió todo eso, no sólo fue exonerado, sino que su nivel de aprobación popular llegó a su punto más alto desde que llegó a la Casa Blanca hace tres años. No sólo no perdió ningún votante, parece que después de "disparar" contra la Constitución, ahora tiene más.

Y sus bases están de acuerdo en que tiene todo el derecho de hacer lo que quiera. Recuerda la frase célebre de Nixon en la era Watergate, cuando afirmó: "cuando el presidente hace algo, no es ilegal". Pero Nixon fue obligado a renunciar. Trump está en camino a su relección.

Noam Chomsky comentó que se puede argumentar que Trump "es el criminal más peligroso en la historia de la humanidad". Señala que Hitler era el principal candidato para ese "honor", pero que ese "no estaba dedicado con fervor a destruir las posibilidades de la vida humana organizada en la Tierra en un futuro no tan distante... Trump sí. Y aquellos que piensan que él no sabe lo que está haciendo, no se han fijado muy de cerca", afirmó en entrevista con Truthout.

¿Cómo se ha llegado a este punto? Una de las razones principales –entre varias– es que el bufón peligroso y su equipo están logrando, por ahora, anular la verdad.

El uso de redes sociales por el equipo de Trump ilustra cómo el manejo del universo digital por cualquiera en el poder representa uno de los grandes peligros para una sociedad democrática. Apenas al comenzar el ciclo electoral, su campaña de relección ya ha gastado casi el doble que el total combinado de todo el elenco de los nueve principales aspirantes demócratas en Facebook y Google; un nivel sin precedente, reporta Axios.

Un reportaje en The Atlantic sobre lo que llama "la campaña de desinformación de mil millones de dólares" para la relección de Trump, describe una estrategia parecida a la desplegada por líderes derechistas en el mundo, quienes usan las redes sociales para confundir el debate, y en lugar de silenciar a los disidentes los suprimen a través de volumen, o sea, "censura mediante ruido". Junto a ello continúa la ofensiva contra los medios de comunicación con el objetivo de debilitarlos, tal como se ha hecho desde el inicio de esta presidencia que los ha calificado de "enemigos del pueblo" (https://www.theatlantic.com/ magazine/archive/2020/03/ the-2020-disinformation-war/605530/).

El objetivo final, al parecer, es desorientar con mentira y engaño perfectamente diseñados para que toda verdad se vuelva dudosa. O sea, como Hannah Arendt lo resumió en 1953 analizando el surgimiento del fascismo europeo, donde “el sujeto ideal de un Estado totalitario… son gente para la cual la distinción entre hecho y ficción (eso es, la realidad de experiencia) y la distinción entre la verdadero y lo falso (eso es, las normas de pensamiento) ya no existen”.

Frente a esto, todo depende de la intolerancia necesaria –tanto dentro como fuera del país– a este peligro, y del creciente movimiento de resistencia estadunidense para rescatar el futuro inmediato, el cual necesita más que nunca (y aunque no se le ocurra solicitarlo) la solidaridad internacional.

https://open.spotify.com/track/ 2K8xtU4cnUgZS9apymp5tk?si= FFv9htGgTbS0JUF5mgHg-A; https://youtu.be/FKCmyiljKo0

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«Greenwashing», las empresas nos hacen creer que son ecológicas

El “greenwashing” es el lavado de cerebro que nos quieren hacer las grandes empresas para aliviar nuestra conciencia ecológica mientras ellas mantienen su situación de poder, sus ganancias y siguen con el deterioro del medio ambiente.

“Me decían que puedo salvar al mundo, a los orangutanes, los delfines, los océanos, las selvas, incluso a los hombres, y todo lo que tenía que hacer era comprar productos sostenibles”.

Así empieza el documental La mentira verde (2018), del director Werner Boote, una crítica del fenómeno “greenwashing” que, por desgracia, nos resulta familiar, y aún más después del bochorno de la cumbre climática COP25 y del Foro Económico Mundial.

Protagonizado por el propio Werner Boote y Kathrin Hartmann, experta en “greenwashing”, el documental juega a enfrentar la posición de un posible consumidor con cierta preocupación ecológica, pero que no se cuestiona lo que las grandes empresas le dicen y la realidad de las supuestas prácticas verdes de las grandes industrias.

Con este esquema y ciertos toques de humor, plantean al espectador la realidad de algunos sectores que se venden como responsables y ecológicamente sostenibles, pero que distan mucho de serlo, para llegar a la conclusión del porqué de estas prácticas y los peligros que entrañan para el planeta y la supervivencia.

Laura Agea, política italiana y miembro del Parlamento Europeo de Italia, ejemplifica que a través de la Mesa redonda del aceite de palma sostenible “nos hace creer que su producción es sostenible mientras siguen ardiendo miles de hectáreas, muriendo miles de animales y violando derechos de los campesinos”.

Menciona además a compañías petroleras, cuyos logos y palabras son cada vez más verdes mientras siguen contaminando y buscando nuevos mercados y prácticas para mantenerse ante el cambio que ven acercarse; compañías automovilísticas que presentan el coche eléctrico como la solución a todos los problemas, ocultando la inviabilidad energética y de recursos, entre otros factores.

También hay compañías energéticas que dicen ser ecológicas mientras siguen extrayendo carbón, gas, etc.; compañías de alimentación, que roban tierras, queman selvas y matan a indígenas en Suramérica para que el “primer mundo” tenga alimentos baratos.

Con intervenciones en el documental de Raj Patel, Sonia Guajajara y Noam Chomsky, entre otros, la realidad es clara: el “greenwashing” es la herramienta para evitar que nos planteemos que el problema es el propio sistema y que es el que tiene que cambiar.

El “greenwashing”, dice, es la resistencia del sistema; “las empresas manipulan, confunden y desinforman con supuestos cambios sostenibles para que los consumidores sigamos comprando y el sistema siga funcionando. Esconden y alejan los daños medioambientales para que sea más difícil ser conscientes de ellos”.

El “greenwashing” se basa en hacernos creer que las empresas se han vuelto sostenibles y que los responsables somos los consumidores, y no es casual: en una sociedad desorganizada, donde cada individuo solo se preocupa por él, es mucho más difícil que se genere una resistencia, una respuesta contra el sistema.

“Según ellos, nuestra obligación como consumidores preocupados ha de ser comprar sus productos verdes”.

Pero no es así. “Cualquier empresa que nos quiera hacer creer que podremos vivir como hasta ahora y solucionar la crisis climática, nos está engañando: no podremos movernos, ni tendremos la energía ni podremos comer como hasta ahora”.

Agea considera que “todo el sistema tiene que cambiar” y que no lo hará solo. “Tenemos que hacer lo que más teme el sistema: organizarnos, trabajar en colectivo para pedir cambios estructurales y legislativos para evitar que las empresas nos engañen con prácticas sostenibles falsas, mientras el planeta se muere”.

Finalmente advierte que no será fácil ni rápido, pero las soluciones pasan por consumir menos y mejor (proximidad, ecológico, de calidad, de segunda mano, etc); por huir de las grandes empresas, por desenmascarar sus mentiras y por cuestionarlo todo.

28 enero 2020

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Caetano Veloso, en 2012. Getty Images

Bolsonaro logra revertir su caída de popularidad gracias a la mejora de la economía y el descenso de los asesinatos pese a los indicios de deterioro democrático

El músico Caetano Veloso ha alzado su voz este fin de semana para alertar de que “el fascismo está mostrando sus garras” en Brasil. 51 años después de ser encarcelado por la dictadura militar, el cantante explica en un vídeo en inglés difundido en redes sociales este fin de semana que “el Gobierno brasileño no solo ha emprendido una guerra contra las artes y los creadores, sino contra la Amazonia y los derechos humanos en general”. Los artistas, los indígenas, otras minorías y la prensa se han convertido en el último año en blanco de la furia y el desprecio del presidente Bolsonaro y sus seguidores. Los representantes de 45 grupos indígenas reunidos en una reciente cumbre lo acusaron de haber “puesto en marcha un proyecto político de genocidio, etnocidio y ecocidio”. Sin embargo, la economía mejora, los asesinatos caen y la popularidad de Bolsonaro ha empezado a subir en un cambio de tendencia.

La democracia brasileña, cuya erosión comenzó en el proceso de impeachment a la expresidenta de izquierdas, Dilma Rouseff, en 2016, se deteriora más rápido desde que Bolsonaro, de extrema derecha, ganó las elecciones. Cualquier crítica es considerada casi una traición. Y los indicios alarmantes se suceden. Pero esto no impide que, a lomos de la mejora de la economía y el descenso de los asesinatos, la popularidad del presidente haya dejado de empeorar.

El porcentaje de brasileños que considera que el Gobierno lo está haciendo bien o muy bien ha aumentado cinco puntos, hasta el 34%, desde agosto. Los que lo califican de malo o muy malo han caído ocho puntos, según una encuesta difundida la semana pasada antes de que se conociera que durante el primer año de Bolsonaro en la presidencia se han creado 644.000 empleos formales, la mayor cifra desde 2013, en vísperas de la recesión.

La denuncia de la Fiscalía contra el periodista Glenn Greenwald, contra el criterio de la policía, por supuesta implicación en el pirateo de teléfonos de autoridades que sirvieron de base a las revelaciones sobre el entonces juez Sergio Moro han sido duramente criticadas por diversas asociaciones defensoras de la libertad de prensa y otras libertades de Brasil y el extranjero. El aluvión de críticas a las autoridades judiciales brasileñas ha sido tal que este lunes la Fiscalía General del Estadosse ha desvinculado de la decisión, que el fiscal del caso tomó en ejercicio de su autonomía, según explica la oficina del fiscal general una nota. La ciudad de São Paulo celebra hasta fin de mes un festival que reúne casi medio centenar de obras artísticas censuradas en el año que Bolsonaro lleva en el poder.

Ese es el ambiente sobre el que alerta el músico, que en el corto vídeo confiesa: “Nunca creí que vería semejante retroceso mientras estuviera vivo”. En su mensaje también menciona su lucha contra la dictadura y la censura. Veloso y Gilberto Gil, entonces representantes el movimiento musical Tropicalia, fueron encarcelados durante un mes en 1968 acusados de ofender a la bandera y el himno nacional. Ambos tuvieron que exiliarse al ser excarcelados.

El músico usa el escaso minuto de su declaración para recomendar el documental La democracia en peligro, de su compatriota Petra Costa, nominada a los Oscars. La cinta es una retrospectiva desde la mirada personal de su directora sobre los vertiginosos últimos años, desde el proceso que llevó a la destitución de Rousseff hasta la elección de Bolsonaro.

Por Naiara Galarraga Gortázar

São Paulo 27 ENE 2020 - 13:20 COT

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Iglesias brasileñas adquieren tecnología de reconocimiento facial para controlar la asistencia y emociones de sus fieles

- Varias empresas tecnológicas ofrecen programas de reconocimiento facial especializados para iglesias

- Además de para conocer la frecuencia de los fieles y sus emociones, las iglesias pueden usar esta tecnología para controlar los diezmos y las ofrendas

- "Conseguimos definir en nuestras métricas hasta incluso si alguien necesita una visita pastoral", señala el CEO de una de las empresas tecnológicas


Entre los días 17 y 20 de octubre de 2019, São Paulo alojó la decimoquinta ExpoCristiana, el mayor evento dirigido al público cristiano de América Latina. Entre shows de música góspel, simulaciones virtuales de episodios bíblicos y puestos de editoriales evangélicas, dos empresas destacaron con productos tecnológicos.

Con el eslogan "cambie la manera de gestionar su iglesia", Kuzzma, empresa extranjera de inteligencia artificial, lanzó su servicio de reconocimiento facial dirigido a las iglesias de Brasil, que imita al de la empresa Face-Six, con sede en Israel y  EEUU, que en 2015 creó un software especializado para las iglesias: ChurchIX, implementado en más de 200 iglesias de todo el mundo. En un stand lujoso, distribuidores asociados a Kuzzma presentaron la tecnología para los pastores interesados. El CEO de la empresa, Marcelo Scharan, incluso realizó una conferencia titulada Personalización, datos e iglesias durante el primer día del evento.

La compañía brasileña Igreja Mobile también estaba vendiendo el servicio de reconocimiento facial en la feria. "¿Hoy en día quién no desea tener control de su entorno?  ¿Quién no quiere saber quienes entran y salen? Constatamos que las iglesias querían tenerlo y por eso trajimos esta tecnología", explica Luís Henrique Sabatine, director de desarrollo de la empresa, que ofrece incluso el servicio de transmisión en vivo de cultos y eventos religiosos.

Vigilancia en nombre de Dios

Según la web de Kuzzma, el reconocimiento facial funciona a partir de una cámara panorámica de alta resolución instalada en las iglesias que identifica tanto datos personales como la asiduidad de los fieles al culto. A partir de eso, se generan informes para cada persona, que incluyen estadísticas sobre su comportamiento e incluso avisan en casos de actividad considerada anormal.

"Datos como sexo, edad, frecuencia, horario de llegada, motivos probables de retraso y muchos otros son analizados y presentados en informes. Conseguimos definir en nuestras métricas hasta incluso si alguien necesita una visita pastoral", afirmó el CEO de la empresa en una entrevista en la ExpoCristiana.

Representantes de la compañía, sin embargo, no quisieron dar entrevistas a Agência Pública a fin de esclarecer las dudas sobre el servicio, "por tratarse de un tema delicado", según afirmaron por correo electrónico. La empresa comenzó a ofrecer el reconocimiento facial en Brasil en octubre y no ha dado información de sus clientes o alianzas. Según la web en inglés, el precio del servicio varía conforme el número de eventos en los que será utilizado y el número de cámaras, comenzando con una mensualidad de 200 dólares para un evento por semana con una cámara instalada.

En Brasil, la empresa está dirigida por Marcelo Scharan Augusto. No es posible encontrar la dirección extranjera de Kuzzma, y su web no está registrada en el dominio de ningún país. La dirección https://54.85.50.60 lleva al usuario a la página de la empresa, sin informaciones de contacto.

De manera parecida, su competidor directo ofrece el servicio de reconocimiento facial dirigido a eventos cristianos desde hace cerca de un año. Igreja Mobile utiliza software de TecVoz, empresa de seguridad electrónica, pero con especificidades dirigidas a las necesidades de las iglesias.

Una cámara común captura las imágenes y las envía a un ordenador capaz de reconocer rostros y más datos de esas personas. "Conseguimos determinar para el cliente el recuento de personas, la frecuencia del usuario, humor del usuario, si está feliz, si está triste, si está angustiado, con miedo. Conseguimos determinar todo eso", explica el director de desarrollo, Luís Henrique Sabatine.

Igreja Mobile ofrece informes de la cantidad de personas presentes, género, media de edad de los fieles, frecuencia y análisis de sentimientos, según difunde en su propia web. Los precios de los paquetes varían y no son publicitados por la empresa.

Según Sabatine, cerca de 40% de los clientes de Igreja Mobile –160 iglesias– utilizan el servicio de reconocimiento facial. El resto utiliza solo el servicio de transmisión en vivo de los cultos ofrecido por la empresa, que no ha querido dar nombres de los clientes. La compañía fue fundada a finales de 2018 con el servicio de transmisión en vivo para iglesias. Al inicio de 2019 comenzaron a ofrecer el de reconocimiento facial. Según el director de desarrollo de la empresa, "el punto diferencial realmente es el nicho cristiano".

Iglesias vigilantes

La Iglesia Evangélica Proyecto Recomenzar, en Río de Janeiro, es uno de los clientes de Igreja Mobile. El pastor responsable, Cláudio Duarte, hizo un vídeo promoviendo la empresa en las redes sociales. "Igreja Mobile es un producto que permitirá a su mensaje llegar a lugares que usted nunca imaginaría", decía.

Según Sabatine, fue el propio pastor quien sugirió el uso de la tecnología de reconocimiento facial. "En las conversaciones e intercambios de ideas, el pastor Cláudio Duarte tocó ese asunto y a nosotros nos gustó bastante y lo implementamos", cuenta.

El Proyecto Recomenzar utiliza la tecnología desde el inicio de 2019, siendo uno de los primeros clientes, y evalúa el servicio positivamente. "Nosotros utilizamos el reconocimiento facial para dar una mayor asistencia a los miembros que no están viniendo a los cultos", cuenta Caio Duarte, responsable del área de TIC de la iglesia.

En São Paulo, la Iglesia de la Restauración comenzó recientemente a utilizar tecnología para el control del público. "Sabemos el promedio de cuántas personas vienen a cada misa semanal. Es muy importante que la gente regrese", relata Sabrina Marciano, del área de comunicación de la iglesia.

Otros clientes de Igreja Mobile dicen no utilizar el reconocimiento facial, pero tienen interés en implementarlo en breve. Es el caso de la comunidad evangélica Estrella de la Mañana, que por ahora solo realiza las transmisiones en directo.

"La tecnología que nos presentaron ayuda bastante porque tenemos que saber cuántos miembros hay en el culto, cuántas veces vienen a la iglesia, cuántas no vienen. Eso, para el mensaje de la iglesia, ayuda mucho. Y también la posibilidad de conseguir que la persona dé ofrendas, que la persona dé diezmo", cuenta Lilian Letto, representante de Estrella de la Mañana.

Recolecta sin consentimiento

Según el director de desarrollo de la Igreja Mobile, la tecnología de reconocimiento facial ofrecida necesita ser alimentada con datos de fieles, como nombre y foto, para poder generar los informes individuales para cada uno. En ese momento de registro, los fieles firman un contrato que consiente el uso de sus datos por parte de la iglesia. "Nosotros llevamos a los miembros, ellos registran el rostro en nuestro software y firman el contrato diciendo que la iglesia utilizará su imagen para el reconocimiento facial, porque Igreja Mobile no se queda con el banco de datos. Con eso se queda el cliente", aclara.

Sin embargo, ni la Iglesia de la Restauración ni el Proyecto Recomenzar han firmado contratos de consentimiento de datos con los fieles. "Nosotros lo anunciábamos en las misas, pero nada de firma", admite Sabrina Marciano, justificando que la iglesia se encuentra en reformas y que posteriormente será implementado.

Agência Pública ha solicitado acceso al contacto citado, pero Igreja Mobile no ha querido compartirlo. Para el responsable de TIC del Proyecto Recomenzar, el consentimiento de los fieles queda expreso en el momento en que el que hacen el registro con foto en el software de Igreja Mobile. "Creo que eso ya es señal de que aceptan", dice.

La especialista en uso de datos personales, Joana Varon, directora de la organización Coding Rights, explica que ese tipo de consentimiento no es suficiente. Para ella, el fiel que ya frecuenta la iglesia puede ser coaccionado a aceptar los términos en caso de que desee seguir frecuentando el culto. "¿Las personas van a dejar de ir a misa? ¿Tienen esa opción si ya son parte de la iglesia? Es necesario estar en una posición en la que dar el consentimiento o no darlo no limite su acceso", defiende.

Más allá de eso, Joana recuerda que las informaciones biométricas, como el reconocimiento facial, son consideradas "sensibles" por la ley brasileña de protección de datos. La ley determina que datos personales sensibles solo podrán ser utilizados "cuando el titular o su responsable legal lo consienta, de forma específica y destacada, para finalidades específicas", o en hipótesis extremas como el cumplimiento de obligaciones legales.

Por tanto, el consentimiento no formal, como el de los casos citados por las iglesias, no es suficiente. "Las personas tienen que saber claramente para qué fines se recolectan todos esos datos", explica Joana.

 

Por Agência Pública   - Ethel Rudnitzki

25/01/2020 - 20:37h

Traducido por Diajanida Hernández 

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Viernes, 24 Enero 2020 06:38

Israel y la represión en Chile

Israel y la represión en Chile

Para Sebastián Piñera los videos de la represión son “ fake news” y "montajes filmados en el extranjero". Una campaña de desinformación "originada en Rusia y otros países de la Europa oriental" (sic) para "crear sensación de desorden y crisis total" (bit.ly/2Ft9GhS). Igual que en Bolivia dónde protestas tras el golpe eran fruto de "una conspiración narco-venezolana" (reut.rs/2QFN2YC), también en Chile, según Piñera, "está la mano de Maduro" (bit.ly/37bmndq). No importa que los que trajeron "desorden" hayan sido las propias "fuerzas del orden": a tres meses del estallido en demanda de mejores bienes sociales ya hay tres mil heridos (bit.ly/2RgQSc9). No importa que lo que llevó a "una crisis total" han sido 30 años del modelo chileno neoliberal que creó un puñado de millonarios (¡Piñera!) y millones de pobres. Y sí hay un factor foráneo que resalta sobre todo a la luz de la desenfrenada violencia estatal –más allá de la fantasía del eje "eslavo-madurista"− es, como han subrayado varios observadores (bit.ly/2tYavg8), el apoyo táctico y material de Israel. En 2018 los dos países firmaron acuerdo de "cooperación militar en educación, entrenamiento y adoctrinamiento" y ya se ve que la táctica israelí de mutilación como método de "control público" –la Gran Marcha del Retorno en Gaza donde los francotiradores israelíes apuntan a las piernas viene en mente− fue llevada al otro nivel por el régimen de Piñera que rompió el récord mundial en heridas deliberadas en los ojos (bit.ly/2R3vNBM): ya hay 400 personas que han perdido un ojo o la vista.

El estado de emergencia, el ejército en las calles, allanamientos, detenciones ilegales, tortura y abuso sexual por parte de agentes del Estado no sólo evocaron los oscuros tiempos de Pinochet. Recordaron también que igual en aquel entonces el principal sostén de la dictadura ha sido Israel que entrenó a los agentes de la DINA que asesinaron y "desparecieron" a miles de opositores (bit.ly/2FTbQr2) y le vendió –a pesar de su histórica "huella alemana" ("prusianización") y su latente pro-nazismo− armas al ejército chileno (bit.ly/38dXGgt) y equipo para el control de masas: "guanacos", etcétera. (bit.ly/39CHFSI).

Si bien tras el 9/11 y el auge del "securocratismo" Israel se posicionó como el "experto en la lucha contra el terror" −y atractivo proveedor de tecnologías militares a gobiernos represivos ( bit.ly/2RJU53b ) que usan esta excusa para luchar con la disidencia como hoy los golpistas bolivianos ( bit.ly/2Ga5bcb )−, él mismo es el mejor ejemplo del "terrorismo de Estado" en acción –los territorios ocupados, Gaza, etcétera−, armó los escuadrones de la muerte en El Salvador y los contras en Nicaragua −tal cual organizaciones terroristas (bit.ly/369XIVg)−, e incluso orquestó sus propias campañas de terror (bit.ly/2Rc6NbS). Así la cooperación militar con Piñera que defiende el neoliberalismo pinochetista del mismo modo que fue instaurado –con terror y violencia− es un simple "intercambio de terrorismos del Estado". No extraña que Chile –con su propia Ley Antiterrorista heredada de la dictadura y usada sobre todo para criminalizar a su población indígena−, trata hoy a los manifestantes, igual que Israel a los palestinos que avientan piedras a las fuerzas de ocupación, como "peligrosos y violentos terroristas" y "enemigos internos" –una reactualización de la Doctrina de Seguridad Nacional− con quienes el Estado "está en guerra" (bit.ly/3azvbvx).

Incluso antes de la revuelta actual, el equipo israelí −"testeado" en contra de los palestinos− estaba siendo usado para reprimir a los mapuches y militarizar a su territorio (bit.ly/2ugocqH). Dada la "experiencia" de Israel en colonización, despojo y usurpación de tierras autóctonas, el gobierno chileno −que pretende suprimir la resistencia de los comuneros mapuches y su proceso de recuperación territorial "abriendo" la Araucanía a las forestales y otras trasnacionales−, no podía escoger mejor (bit.ly/2QJ3E1F).

Después de ayudarle a Pinochet, Israel apoyó también a la sangrienta junta militar en Argentina y su terrorismo del Estado que "desapareció" a unas 30 mil personas. Le vendió armas y tecnologías para espiar, reprimir y asesinar a sus "enemigos internos" (guerrilleros, activistas de izquierda, sindicalistas) sin que las simpatías fascistas, antisemitas y ataques a miembros de la comunidad judía por parte de los generales argentinos –junto con el hecho que el país era un histórico refugio de los criminales nazis− le causaran un problema (bit.ly/2QkTPYQ). La conflación de Israel con el régimen post-pinochetista de Piñera es sólo el siguiente capítulo de la histórica conflación del sionismo con las extremas derechas que hoy por su parte lo ven −entre otros− como modelo de dominación y control poblacional, sean manifestantes, indígenas, migrantes o refugiados (bit.ly/2Tyll7e). Si bien Chile −que tiene la mayor población palestina fuera del Medio Oriente− a diferencia de otros gobiernos derechistas de la región se abstiene a reconocer a Jerusalén (Al Quds) como la capital de Israel (bit.ly/30flvlj) –el precio que este últimamente cobra por sostener estos regímenes−, la cooperación militar entre los dos países avanza sin importar, nuevamente, por ejemplo que los Carabineros, la policía militarizada detrás de la brutal represión con una clara matriz israelí, fuesen en su tiempo, tal cual, el núcleo de simpatías a Hitler en Chile y formados con instructores y según las doctrinas nazis (bit.ly/2u2Whur).

Por Maciek Wisniewski, periodista polaco

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¿Qué es la educación y esa cosa llamada ciencia?

Dentro de las aulas donde se imparte el método científico, el análisis crítico es bienvenido, siempre y cuando no supere los límites establecidos por los departamentos de investigación, la financiación privada y los intereses del mercado.

Un día una persona reflexionó sobre el papel de la enseñanza en la sociedad moderna. Llegó a esta conclusión: “La adultez no es un estado natural de los seres humanos. No nacemos adultas y adultos, aprendemos a representar ese papel a fuerza de imitar de mejor o peor grado a los adultos que nos rodean”. Desde los primeros pasos, los más pequeños son insertados en aulas, donde van aprendiendo cómo obedecer y memorizar, hasta que dan el primer empujón a las puertas mercantilizadas de la universidad, en ese camino sufrimos el deterioro hacia “la adultez”. Este proceso destructivo es implementado en gran medida por el sistema educativo, y es el mecanismo más potente que ha desarrollado nuestra cultura para reproducir seres humanos que encarnen los modelos impuestos sin apenas rechistar.

En las aulas la enseñanza dista mucho de ser un terreno neutral. Los sistemas educativos no son entes aislados y autónomos, sino que ejercen un rol en la sociedad: el transmitir una serie de conocimientos, los cuales producen en nosotros (y reproducen mediante nosotros) los valores y esquemas de esta sociedad. Esto se percibe desde la arquitectura de los colegios y universidades a los contenidos de las materias y las herramientas pedagógicas para asegurar el conocimiento. Así cada primavera la escuela fabrica adultos para reemplazar en las universidades a las generaciones anteriores pasando por una serie de cribas. Cribas que empiezan ya con las condiciones domésticas, familiares, etc de cada uno (condiciones que son personales, pero a la vez sociales).

En la idealizada universidad se repite este mismo patrón; somos de nuevo víctimas de una educación alienante donde las expectativas de desarrollo personal se transforman en una amarga frustración… ¡sorpresa! La universidad es en gran medida un reflejo de la sociedad, y cada vez menos un microcosmos de educación colectiva y crítica como muchas esperábamos. Descubrimos que también ha sido absorbida y se encuentra inserta en los intereses y necesidades de una sociedad al servicio de las élites políticas y económicas. Así el alumnado es sometido día tras día a un sistema (educativo) de control y adoctrinamiento, algo que conoce y reproduce muy bien la todopoderosa Ciencia.

En la universidad, los aprendices de científicos son víctimas de una falsa impresión de libertad y pensamiento crítico. Pronto interiorizan que la ciencia es un cuerpo de conocimiento sistemático que da cuenta de problemas que pueden ser resueltos por el ejercicio de la razón, sin subjetividades de por medio, suprimiendo así la poca capacidad de auto-crítica que permanecía latente en nosotras mismas. Dentro de las aulas donde se imparte el método científico, el análisis crítico es bienvenido, siempre y cuando no supere los límites establecidos por los departamentos de investigación, la financiación privada y los intereses del mercado. Nos penalizan cuando pensamos por nosotras mismas, y acabamos convirtiéndonos en “sujetos vacíos” que se suman a la campana de cristal.

Una vez con el título bajo el brazo y con la sensación de no haber aprendido más que a ejercitar la memoria, tenemos la obligación de adaptar el currículum a las necesidades productivas, nuestras aspiraciones se ajustan paulatinamente a las de tipo empresarial, se prioriza lo tecnócrata y la llamada “eficiencia y calidad” sobre la democracia y la deliberación colectiva. En cuanto a las salidas profesionales, la gran mayoría de estudiantes nos vemos precarizados, sin oportunidades laborales y una minoría consigue becas y se ve empujada a competir, y pasa a ser esclava de un mundo donde eres alguien a partir de aspectos hegemónicos. Aspectos tales como el prestigio de la revista donde publicas, la capacidad de conseguir financiación para proyectos de investigación, la posibilidad de adquirir equipos, las carreras profesionales, la autoridad y el reconocimiento científico, la capacidad de influir en decisiones de política a nivel científico, etc.

En mis propias carnes he vivido todo este aparato burocrático lleno de intereses a los que se somete el mundo científico. Me gradué en Ciencias del Mar y, no satisfecha con la decepción, me volví a tropezar con una piedra todavía más grande al especializarme en el maravilloso campo de la Oceanografía, que de nuevo hundió mis expectativas en el campo de la investigación preestablecida. Ahora, inmersa en un doctorado con unas condiciones precarias, donde mi capacidad de actuación de nuevo debe ser revisada por los peces gordos, a los que pago con mi matrícula la cuantía de trescientos euros anuales por el mero hecho de “dirigirme” en un desierto en el que nadie escucha mis interrogantes. Y esto si tienes la suerte de tener un buen director/a (en la mayoría de los casos la figura del director/a es un ente fantasmagórico).

Cada mañana repito la misma operación: Me siento frente a la lupa a observar y estudiar el interior del océano, leo artículos científicos, escribo, analizo…todo bajo unas directrices ya marcadas. Y así hasta que nos permitimos descansar a la hora del almuerzo. Cuando llego a casa tengo que hacer sobreesfuerzos para no seguir modelizando como sacar adelante el trabajo, cómo publicar de manera constante –quiera o no quiera- para poder sobrevivir y optar a unas ridículas becas. Todo esto desencadena una constante competitividad entre compañeras, entre grupos de investigación y, finalmente, desemboca en un colapso personal del que cuesta sobreponerse. No obstante, nos hacen creer que todo esto es justificable, que todo merece la pena, porque nuestro trabajo es vocacional, porque nos apasiona lo que hacemos…aunque tengas que vivir del aire. Porque parece que los investigadores sufren lobotomías con cada sexenio y olvidan rápidamente sus orígenes. En otro paralelismo, se bajaron de las ramas para echar andar y no supieron volver a ellas.

En definitiva, parece que estamos dispuestas a seguir aceptando y apoyando estas prácticas, que generalmente consideramos necesarias. Sin embargo, alguien podría preguntarse por qué a unas criaturas supuestamente inteligentes y sensibles, unas monedas, una explotación humana y medioambiental en nombre de la vocación, les pueden empujar a esta forma de pensamiento auto-destructivo. ¿Cuánto estamos dispuestas a sacrificar en nombre de una educación/domesticación? y de una ciencia degradante, monótona y destructiva con la vida y el medio ambiente? La educación debe enseñar a sus pasajeros a no obviar la naturaleza de la investigación científica; los conceptos de complejidad, incertidumbre, caos y entropía, efectos a varios niveles... así como la intervención de la subjetividad, las representaciones, los imaginarios o la afectividad en ese proceso que llamamos “producción de conocimiento”.

Termino con una propuesta: preguntémonos.

Por El Sacapuntas


publicado

2020-01-22 04:29

Una doliente coloca flores junto a fotos de víctimas del avión derribado de Ukraine Airlines.Foto Afp

“En tiempos de guerra” le dijo célebremente Churchill a Stalin, “la verdad es tan preciosa que la debería cuidar en todo momento un guardaespaldas de mentiras”. Dijo esto en noviembre de 1943 –que casualmente era su cumpleaños 69– en un esfuerzo por transmitir al líder soviético la importancia de los engaños que hubo en la planeación del Día D. De hecho, los aliados sí engañaron a los alemanes, cuyos comandantes de la Wehrmacht pensaron que los desembarcos serían en el norte de Francia en vez de en las playas de Normandía.

Pero el significado de la verdad y las mentiras –e incluso el de la expresión “tiempos de guerra”– han cambiado tanto en sentido y utilidad en la historia reciente de Medio Oriente, que es casi imposible aplicar hoy en día la cita de Churchill.

Después de que uno de sus misiles antiaéreos destruyó el vuelo 752 de Ukranian Airways este mes, la mentira inicial de Irán –que la caída se debió a problemas con el motor– se pronunció no para “atentar” contra la verdad sino para proteger al régimen iraní de las acusaciones en caso de que su pueblo descubriera la verdad... que fue lo que, desde luego, ocurrió muy pronto.

Hubo un tiempo en que podía uno salir limpio de este tipo de mentira gigantesca. En la era pretecnológica, casi cualquier catástrofe podía ocultarse: aún hablamos de desastres “envueltos en misterio”. Pero con las cámaras de los teléfonos, los rastreadores de misiles, los radares de alto alcance y los satélites, las mentiras quedan al descubierto rápidamente. La pérdida del vuelo MH370 de Malaysia Airlines de hace casi seis años es la única excepción que se me ocurre ahora.

Cierto, Mubarak rodeó las instalaciones de la televisión de El Cairo con tanques en 2011, en un intento antidiluviano de detener la revolución impulsada por mensajes de teléfonos móviles. Pero la Guardia Revolucionaria y el ejército iraníes son tan avezados en cuestiones de computación que es improbable que no hayan entendido lo que le hicieron al avión ucranio. La idea, que aún repite el régimen, de que hubo problemas de “comunicación” (sí, durante tres días, por amor de Dios) es absurda.

Lo que en realidad pasó, sospecho, es que tanto el presidente Hassan Rouhani como el ayatolá Alí Jamenei supieron la verdad una hora después de lo ocurrido, pero estaban tan impactados de lo que había hecho su país que no supieron cómo responder. Su nación, en cuyo nombre se define como “islámic”a y cuya supuestamente venerada (pero en realidad corrupta) Guardia Revolucionaria se ha vendido como impecable y temerosa de Dios. No supieron qué decir, y dijeron una mentira. De esta forma la imagen de la inmaculada teología que supuestamente sostiene la imagen de Irán fue destrozada por un error… y por su deshonestidad.

No es de extrañar que los iraníes volvieran a las calles.

Irán cometió un error, pero el conjugar un yerro trágico con una falsedad descarada que después admitió está muy cerca del pecado original. El pueblo no está a punto de derrocar al régimen, como sugieren los acólitos de Trump y los “expertos” estadunidenses de siempre. Pero Irán ha cambiado para siempre.

Sus líderes ya no pueden adjudicarse una infalibilidad papal. Si mienten sobre haber matado a inocentes pasajeros de un avión ucranio –la mayoría de ellos iraníes– seguramente su jurisprudencia es igualmente mentirosa. Quienes exigen obediencia de sus leales seguidores no pueden esperar que su audiencia acepte sus futuros pronunciamientos –acerca de Trump o de Dios– con la misma confianza sagrada.

Durante un tiempo, la Guardia Revolucionaria que solía presentar a sus integrantes como potenciales mártires del islam ahora serán conocidos como “Los tipos que dispararon el misil”.

Recordemos que en Occidente nos hemos acostumbrado tanto a nuestra deshonestidad y a que nos descubran, que apenas y chistamos ante la palabra “mentira”. Permítanme hacer una pregunta franca: salvo por las moscas que revolotean alrededor de Trump ¿alguien de verdad cree que hay información de” inteligencia” sobre los planes de Qasem Soleimani para atacar o hacer estallar cuatro embajadas estadunidenses (o cinco, o seis o las que sean)?

Tal vez es cierto. Tal vez no. Pero a juzgar por las burdas respuestas de Mark Esper, secretario de Defensa, y sus amigos, yo me atrevería a apostar que eso no es más que una novela barata de Trump; mezcla de Hollywood, confusión mental y un tuit matutino. ¿A quién le importa si es verdad o no? Soleimani era un mal tipo. Levante la mano alguien en Occidente a quien le moleste que haya sido asesinado (al menos usemos esa palabra una vez por hoy)? Hasta Boris Johnson dijo que no iba a lamentar la muerte de Soleimani, pese a que nadie le pidió su opinión. Seguramente hubiera dicho lo mismo –y probablemente lohará– si Estados Unidos, Israel, o ambos, asesinaran al líder libanés de Hezbolá, Sayyed Hassan Nasrallah.

El problema es que nos hemos acostumbrado tanto a las mentiras –sobre el Brexit, sobre Medio Oriente, sobre lo que ustedes digan– que ya ni nos importan.

Podemos ir a la guerra por armas de destrucción masiva, por advertencias de 45 minutos y promesas de democracia para Irak y lo que resulta es medio millón de muertos, un millón o un cuarto de millón. ¿Ven cómo se puede jugar con las almas de los muertos en esta parte del mundo? No protegemos la verdad con guardaespaldas ¿No está mejor el mundo sin Qasem Soleimani? ¿No está mejor el mundo sin Saddam?

Pero esto sólo funciona hasta cierto punto. ¿O alguien realmente piensa que la mezcolanza de Boris Johnson sobre un nuevo tratado nuclear con Irán es algo más que una concesión a Trump? Había un acuerdo y, en teoría, como nos lo recuerdan los iraníes constantemente, sigue habiéndolo. Los iraníes están listos para retomarlo… o al menos eso dicen.

Claramente, los estadunidenses sufrirán en días, semanas o meses próximos. Esas bases en el desierto iraquí se ven cada vez menos como los “lirios acuáticos” con los que los comparó alguna vez Donald Rumsfeld, y parecen cada vez más potenciales trampas de muerte.

Lo extraño es que cuando los estadunidenses originalmen-te acusaron a los iraníes de es-tar detrás de los ataques de guerrilla contra sus tropasde ocupación durante la invasión de 2003, los iraquíes sabían que esto no era cierto. Irak tenía suficientes armas y expertos muy bien entrenados; todos ellos provenientes del viejo y abandonado ejército de Saddam, y no necesitaban a Soleimani para enseñarles lo que ya sabían. Nadie debe dudar de su apoyo, pero sugerir que el general encabezaba la resistencia iraquí –otra de las razones que dan para asesinarlo– es ridículo.

Lo irónico es que cuando Estados Unidos afirmó que los iraníes estaban detrás de los ataques contra sus soldados en Irak, probablemente no lo estaban.

Y ahora los estadunidenses han matado al comandante de las fuerzas Al Qods de la Guardia Revolucionaria, los iraníes están, de hecho, detrás de los ataques a las bases estadunidenses. Así lo admitieron, como una notable verdad dicha incluso cuando mentían sobre la destrucción del avión ucranio.

Es evidente el por qué Trump está tan confundido. Hasta ahora, los estadunidenses tuvieron el monopolio del engaño. Su plan para Medio Oriente destruye cualquier posibilidad de dar a los palestinos una nación y Estado propios; es la antítesis del Acuerdo de Oslo, suponiendo que éste tuviera realmente la intención de dar a los palestinos un país propio. Las políticas de Trump (si es que se les puede llamar así) llevarán inevitablemente a una ocupación israelí permanente de Cisjordania y al despojo de los palestinos. Aún así, se supone que debemos creer –lo mismo que los árabes e incluso los mismos palestinos– que la continua colonización en Cisjordania, sin mencionar la existencia de una nueva embajada estadunidense en Jerusalén, tienen la intención de pacificar la región. Simplemente al discutir este absurdo escenario, estamos ayudando a propagar la mentira.

Lo raro es que en un mundo en que el asesinato de un comandante militar no es considerado un acto de guerra, comenzamos a aceptar estas mentiras. Se han vuelto normales, incluso se han convertido en una especie de rutina. Occidente, por supuesto, espera que su mentiroso en jefe termine su presidencia el próximo año. Yo no estoy tan seguro. Pero ¿qué hay de la otra nación que se regodea en mentiras? Me refiero al Estado que nunca jamás ha enviado a sus fuerzas especiales a Ucrania, que nunca tuvo nada que ver, ni de la forma más remota, en derribar a ese otro avión, el vuelo MH17 de Malaysia Airlines.

En comparación con todo esto, los iraníes parecen rechinar de limpios. Después de todo, su régimen sagrado confesó al final. Pero antes de hacerlo descubrieron el pecado original. Eso es toda una experiencia.

Traducción: Gabriela Fonseca

Publicado enInternacional
Sábado, 21 Diciembre 2019 06:26

Google, multado por discriminar 

Google, multado por discriminar 

Francia penalizó la política comercial del motor de búsqueda

 

El gobierno de Francia penalizó a Google con una multa de 150 millones de euros por considerar que las reglas que impone a los anunciantes de su motor de búsqueda son opacas y discriminatorias, y la empresa adelantó que apelará la decisión.

La Autoridad de Competencia del país europeo consideró en su fallo que "la opacidad y la ausencia de objetividad de esas reglas hacen difícil su aplicación por los anunciantes, mientras Google puede modificarlas de forma difícilmente previsible y decidir en consecuencia si las respetan o no". Esta política, según el organismo, perjudica a los clientes anunciantes del motor de búsqueda, pero también a los usuarios.

La Autoridad de Competencia intervino tras recibir una denuncia de la empresa Gibmedia, cuya publicidad fue suspendida por el motor de búsqueda sin aviso previo y, según sus alegaciones, sin motivos objetivos y transparentes.

El gigante de Internet adelantó que apelará la sanción. "Gibmedia estuvo publicando anuncios de sitios web que engañaban a las personas para que pagaran por determinados servicios aplicando términos de facturación poco claros para los usuarios", aseguró Google en la nota. "En Google no queremos este tipo de anuncios en nuestras plataformas y por eso no solo hemos suspendido a Gibmedia sino que también renunciamos a los ingresos por publicidad que se generaron a partir de este proceso con el fin de proteger a los consumidores de cualquier daño", subrayó.

Además de la multa, la Autoridad le obligó a la empresa estadounidense a publicar la sentencia en el buscador durante una semana. Se trata de la tercera mayor multa impuesta por este organismo regulatorio y la primera contra Google, que ya había sido sancionada en Francia por la Comisión Nacional de Informática y Libertades y por los tribunales por cláusulas abusivas.

El fallo hace referencia a las páginas patrocinadas que Google muestra cuando un usuario efectúa una búsqueda, y que el gigante de Internet vende a través de subastas entre anunciantes. "Google está obligado a definir reglas de funcionamiento de su plataforma de anunciantes de manera objetiva, transparente y no discriminatoria", destacó el fallo. Sin embargo, en la actualidad "no se basan en ninguna definición precisa y estable, lo que deja libertad a Google para interpretarlas según las situaciones", agregó.

El gigante de Internet -que representa el 90 % de las búsquedas en Francia y que detenta más del 80 % del mercado publicitario asociado-, además "ha modificado su interpretación de las reglas" lo que genera "inseguridad jurídica y económica" a los anunciantes, que han comprobado que, incluso en el seno de Google, no todos los equipos tienen la misma visión. Esas modificaciones normativas no son comunicadas a los clientes anunciantes, sostuvo el organismo regulatorio.

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La historia secreta de la guerra de Afganistán

- Responsables políticos y militares de los gobiernos de EEUU sabían que no podían ganar la guerra de Afganistán, mientras en público se afirmaba que la victoria era posible

- The Washington Post publica los resultados de un estudio con testimonios que revelan que eran muy conscientes del fracaso de la ocupación

 

Casi 50 años después de la difusión de los Papeles del Pentágono sobre la guerra de Vietnam, The Washington Post ofrece ahora una serie de documentos que dejan patente el fracaso de la ocupación militar de Afganistán y la dramática diferencia entre la realidad y las declaraciones públicas de los responsables políticos y militares de las Administraciones de George Bush y Barack Obama.

Lo que se ha escrito en muchos artículos periodísticos desde hace 18 años aparece ahora confirmado por quienes tenían como misión ganar esa guerra, aunque ni siquiera tenían claro qué significaba la idea de ganar ni contaban con una estrategia viable. 

Mientras políticos y generales afirmaban que se estaban haciendo "progresos constantes" en la guerra, en ocasiones con la intención de justificar el envío de más tropas, los que sabían qué estaba sucediendo en ese país sabían que sólo estaban ocultando fracaso tras fracaso.

Se trata de 2.000 páginas con transcripciones y notas de las entrevistas con más de 600 personas con conocimiento de lo ocurrido. Revelan que "se ha mentido de forma constante al pueblo norteamericano", en palabras de John Sopko, la persona que dirigió el proyecto de revisión de la guerra a través de un organismo llamado Oficina del Inspector General para la Reconstrucción de Afganistán, conocido por las siglas SIGAR. El proyecto se llamó 'Lecciones aprendidas' y su principal objetivo era descubrir qué había fracasado. Esa oficina ha publicado varios informes, pero sin incluir los comentarios más críticos ni la mayoría de los nombres de los entrevistados. El periódico ha conseguido tener acceso a esos documentos, no a todos, gracias a la Ley de Libertad de Información.

Algunas frases son tan gráficas como sarcásticas, el tipo de comentarios que no aparecen en los informes oficiales. "Después de la muerte de Osama bin Laden, dije que Osama estaba probablemente riéndose en su tumba submarina al ver cuánto dinero nos estábamos gastando en Afganistán", dijo Jeffrey Eggers, exmilitar con experiencia en los SEAL y asesor en la Casa Blanca con Bush y Obama.

Más grave es la confirmación de las mentiras ofrecidas a la opinión pública para dar una imagen falsa y benévola de la ocupación. En definitiva, para sostener que se estaba ganando la guerra y que los actos violentos de los talibanes sólo reflejaban su nivel de "desesperación". En un reflejo casi idéntico a lo que ocurrió en Vietnam, las estadísticas se distorsionaban por razones políticas. "Cada dato era alterado para presentar la mejor imagen posible", dijo Bob Crowley, teniente coronel del Ejército y asesor de operaciones de contrainsurgencia.

"Era imposible crear buenas métricas. Intentamos usar el número de tropas (afganas) entrenadas, niveles de violencia, control del territorio, y ninguna ofrecía una imagen precisa", dijo en 2016 un alto cargo del Consejo de Seguridad Nacional no identificado. "Los datos fueron siempre manipulados durante toda la duración de la guerra".

La prioridad era justificar la presencia –a veces, aumento– de las tropas en Afganistán y que ese despliegue estaba dando los resultados deseados. Eso era especialmente acuciante en los años de Obama cuando el presidente fue convencido de aumentar el número de soldados a pesar de que se mostraba al principio reticente sobre la utilidad de la medida y había prometido sacar a todas las tropas antes del final de su presidencia. Una vez adoptada esa política, la Administración no podía reconocer en público que los resultados eran ínfimos o contraproducentes.

La ausencia de una estrategia

Ni siquiera con una total superioridad de medios, es posible ganar una guerra que se prolonga con la ocupación posterior sin una estrategia definida. Los testimonios recogidos en el estudio inciden en la falta de un conocimiento real de la realidad política de Afganistán, por no hablar de su historia, así como del objetivo general de la misión y de las consecuencias de las acciones propias.

"Carecíamos de una comprensión básica sobre lo que es Afganistán. No sabíamos lo que estábamos haciendo", dijo en 2015 el general Douglas Lute, que dirigió el programa antidrogas en ese país en las dos administraciones. "¿Qué estamos intentando hacer aquí? No teníamos ni la más ligera idea de lo que nos estábamos proponiendo hacer".

"Los extranjeros leen en el avión 'Cometas en el cielo' (la novela de Khaled Hosseini que ha vendido millones de ejemplares en todo el mundo) y creen que son expertos en Afganistán. Nunca escuchan. Lo único en que son expertos es en burocracia", dijo el exministro Mohamed Essan Zia, uno de los pocos afganos interrogados para este estudio. 

"Estamos intentando hacer lo imposible en vez de conseguir lo posible", opinó Richard Boucher, responsable del Sur de Asia en el Departamento de Estado entre 2006 y 2009.

Ni siquiera había una idea clara sobre quién era el enemigo –cómo había surgido y cuáles eran sus puntos vulnerables– sin la cual era imposible derrotarle. "¿Por qué convertimos a los talibanes en el enemigo cuando habíamos sido atacados por Al Qaeda?", se preguntaba Eggers.

Después de que Al Qaeda fuera eliminada en ese país, EEUU, con el apoyo de la OTAN, tuvo como prioridad la formación de un Gobierno estable, la celebración de elecciones y la protección de los derechos de las minorías, entre otros asuntos. Se vendió la ocupación como un intento de impedir que en el futuro otro grupo yihadista volviera a utilizar el país como base para lanzar atentados terroristas contra EEUU y Europa. El primer ministro británico, Gordon Brown, llegó a decir que se estaba combatiendo contra los terroristas en Afganistán para no tener que hacerlo en las calles de las ciudades europeas.

Sin embargo, los talibanes afganos nunca tuvieron una idea de yihad global, a diferencia por ejemplo de algunos grupos talibanes paquistaníes, y enfocaron su lucha de la misma forma que lo habían hecho las tribus afganas contra los británicos en el siglo XIX y los muyahidines contra los soviéticos en el siglo XX: expulsar a las tropas extranjeras que querían imponer ideas ajenas a las tradiciones locales.

Si bien su Gobierno había sido dictatorial, cruel y caótico, los talibanes se habían convertido en la principal fuerza política y militar de los pastunes afganos, el grupo étnico más numeroso del país. Representaban a una parte de la sociedad afgana de la que no se podría prescindir si se pretendía diseñar desde fuera su futuro.

"Un gran error que cometimos fue tratar a los talibanes igual que a Al Qaeda", dijo Barnett Rubin, quizá el único auténtico experto en Afganistán que trabajó en el Departamento de Estado. "Los principales líderes talibanes estaban interesados en dar una oportunidad al nuevo sistema, pero nosotros no les dimos esa oportunidad". 

El periódico recuerda que Zalmay Khalilzad, que fue embajador de EEUU en Afganistán, está dirigiendo las negociaciones con los talibanes, hasta ahora sin éxito. En el estudio, aparece su opinión en 2016 sobre el error en no reconocer a sus dirigentes como interlocutores. "Quizá no fuimos lo bastante ágiles o inteligentes en contactar con los talibanes al principio, al pensar que estaban derrotados y que debían ser llevados ante la justicia, en vez de alcanzar algún acuerdo o reconciliación con ellos". 

Entre 2002 y 2004, la actividad militar de los talibanes fue relativamente escasa por haber sido arrollados por el poder del Ejército norteamericano y la mayoría de sus líderes, obligados a huir a Pakistán o a zonas aisladas del país. Después, todo cambió, Washington pasó a centrarse en la ocupación de Irak y los talibanes recuperaron su fuerza. Su objetivo era hacer imposible la reconstrucción del país y lo consiguieron. Los norteamericanos comprobaron demasiado tarde que sus enemigos no podían ser derrotados militarmente. 

Como ejemplo de la falta de interés de Bush en Afganistán, el Post ofrece un breve texto no conocido de su secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, sobre el día en que propuso al presidente que se reuniera con el jefe de las Fuerzas Armadas y con el general Dan McNeill, jefe de las tropas en Afganistán. "Él (Bush) dijo: '¿Quién es el general McNeill?'. Le dije que era el general al mando en Afganistán. Dijo: 'Bueno, no necesito reunirme con él'", escribió Rumsfeld. 

El periódico recuerda que el mismo día del discurso de Bush en un barco de guerra con la gran pancarta "Misión cumplida" en Irak –1 de mayo de 2003–, Rumsfeld anunció en Kabul "el fin de las principales operaciones de combate" en Afganistán.

Cuando en 2009 Al Qaeda ya no era una amenaza en el país, los responsables de la Casa Blanca obligaron a incluir el nombre del grupo terrorista en los planes estratégicos, porque era la única forma de vender a los norteamericanos la necesidad de mantener allí a miles de soldados. En uno de esos documentos, se dijo que "no se trataba de una guerra en el sentido convencional" con el fin de obviar las dudas legales sobre la ocupación que existían dentro del propio Gobierno estadounidense.

Un Estado corrupto desde su cúpula

Todos los soldados del mundo no iban a conseguir levantar un Estado sobre las cenizas de una guerra que había acabado con un régimen que en realidad tampoco estaba al frente de un Estado moderno. Los norteamericanos optaron por inundarlo de dinero con proyectos muy alejados de la realidad económica del país y que sólo contribuyeron a extender la corrupción a todos los niveles. 

"Afganistán no es un país volcado en la agricultura", explicó Rubin. "La mayor industria es la guerra. Luego, la droga. Luego, los servicios. La agricultura está abajo, en el cuarto o quinto puesto".

El cultivo de opio era la principal fuente de ingresos de amplias zonas del país. Pagar a los agricultores para que quemaran esas cosechas sólo servía para que al año siguiente aumentaran su producción. Destruirlas sin darles los recursos para cultivar otros productos que tuvieran una salida comercial hacía que los habitantes de esas zonas se entregaran a los talibanes, que permitían esos cultivos a cambio de un impuesto.

EEUU se ha gastado 9.000 millones de dólares en solucionar ese problema desde 2001. Afganistán fue el origen en 2018 del 82% de la producción global de opio, según datos de la ONU. La extensión cultivada es cuatro veces superior a la de 2002.

Washington puso en el poder a Hamid Karzai, un dirigente pastún que había tenido un cargo menor durante un tiempo en el gobierno de los talibanes y al que trajeron del exilio. Vendido como un moderado, sus modales suaves y declaraciones pragmáticas hicieron que la mayoría de los medios de comunicación occidentales lo considerara la gran esperanza.

"Nuestra política consistía en crear un fuerte Gobierno central, lo que era idiota porque Afganistán no se caracteriza por tener una historia de gobiernos centrales fuertes", dijo en 2015 una fuente no identificada del Departamento de Estado. 

El resultado terminó siendo la creación de una estructura central corrupta, cuyo poder se basaba fuera de la capital en el apoyo a señores de la guerra, algunos elegidos en elecciones amañadas, que también reclamaban para ellos y sus partidarios una parte del botín. 

Según el testimonio del coronel Christopher Kolenda, destinado en Afganistán en varias ocasiones, Karzai acabó formando una cleptocracia pocos años después de llegar al poder. "Me gusta usar una analogía con el cáncer. La pequeña corrupción es como el cáncer de piel. Hay formas de tratarlo y puedes acabar bien. La corrupción dentro de los ministerios, al más alto nivel, es como el cáncer de colon. Es peor, pero si lo pillas a tiempo, quizá salgas bien. La cleptocracia, sin embargo, es como un tumor cerebral. Es fatal". 

Al permitir ese escandaloso nivel de corrupción, los norteamericanos destruyeron la legitimidad que pudiera tener el Gobierno. Todos los puestos importantes en la Administración –incluidos el Ejército y la Policía– podían comprarse con dinero. Y más tarde, los beneficiados necesitaban compensar con los sobornos los fondos invertidos. 

Una de las consecuencias fue la existencia de miles de "soldados fantasma", un hecho conocido, y que también se produjo en Irak. Los mandos militares recibían fondos para mantener un regimiento o una división. Una buena parte de sus soldados sólo existían sobre el papel. Eran números por los que recibían dinero que coroneles y generales se embolsaban para pagar a tropas imaginarias. 

La lectura de los testimonios sorprende a veces por lo mucho que recuerdan a experiencias históricas anteriores en las que otros imperios pensaron que un país tan atrasado como Afganistán sería fácil de someter.

En 2009, el periodista Steve Coll trazó las similitudes entre la invasión soviética de Afganistán en 1979 y la norteamericana en 2001. Los soviéticos fueron incapaces de convertir sus logros tácticos gracias a su inmensa superioridad militar en una estrategia exitosa a largo plazo porque no pudieron detener la ayuda que los muyahidines recibían desde Pakistán, y a través de ese país de Estados Unidos. Nunca pudieron imponer su ideología en un país marcado por el peso de la religión y las instituciones tribales. No lograron establecer la unidad política del país. Les fue imposible poner en práctica una estrategia de reconciliación nacional que terminara provocando la división entre las fuerzas de sus enemigos. 

Es un resumen que se ajusta bastante bien a los problemas de EEUU en ese país décadas después.

 

Por Iñigo Sáenz de Ugarte 

09/12/2019 - 21:38h

Actualmente, 13.000 soldados norteamericanos permanecen en Afganistán.

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