Foto: Catalina Sántiz mete leña en el horno antes de empezar a cocinar. Yocwitz, Chiapas (México) (Martiza Lavin / Oxfam Intermón)

Si nadie hiciese el trabajo que garantiza la vida, todo el sistema económico mundial colapsaría. Y, sin embargo, el 75% de esas labores lo hacen las mujeres y niñas sin recibir ninguna remuneración a cambio. Y un 16%, a cambio de salarios indignos: las trabajadoras domésticas son el colectivo laboral más pobre del mundo. 

La filosofía consiste en repreguntarnos qué son realmente aquellas cuestiones que damos por sentado. Por eso, Tiempo para el cuidado, el último informe de Oxfam Intermón, dedicado al trabajo de cuidados remunerado y no remunerado, tiene mucho de filosófico: cuestiona y desmonta la forma en la que se ha concebido hasta ahora el sistema económico dominante, que ha desembocado en la sociedad más desigual de la historia de la humanidad: nunca la diferencia entre una minoría ínfima de milmillonarios ha sido tan grande con la de la inmensa mayoría de la población mundial.

Pero también hay mucho de aproximación filosófica en el informe de esta ONG porque más allá de realizar un diagnóstico de la situación actual, propone un modelo radicalmente distinto que configuraría otra forma de convivencia: una en la que los cuidados de los niños, niñas y ancianos, de las personas enfermas o con alguna discapacidad, en la que cocinar, lavar, buscar leña y agua –las labores que permiten que no muramos, que sobrevivamos– estén en el centro de las políticas públicas, sean remuneradas dignamente, garantizando así que todas las personas vean respetado su derecho a ser cuidados; y aquellas que cuidan a gozar de derechos políticos, sociales y económicos iguales que el resto de los trabajos.

Una propuesta de una lógica aplastante y que, sin embargo, subvertiría un sistema económico sexista basado en la explotación del trabajo de las mujeres y niñas y que, como estamos viendo con las numerosas protestas que se suceden por todo el globo, se ha demostrado fallido e insostenible. Un sistema diseñado dirigido mayoritariamente por hombres que explicaría igualmente que sean estos, en términos globales, los que gozan de un 50% más de riqueza que las mujeres. 

Solo en España, la ONG estima que en 2018 se destinaron más de 130 millones de horas diarias al trabajo de cuidados no remunerado, una cifra que equivaldría a 16 millones de personas trabajando una jornada laboral diaria sin percibir ninguna remuneración y el 14,9% del PIB, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

La crisis global de la desigualdad

“La desigualdad está fuera de control”. Así comienza el informe Tiempo para el cuidado, de Oxfam Intermón. A partir de aquí, una sucesión de datos aplastantes. En 2019, los 2.153 milmillonarios que hay contabilizados a nivel mundial poseían más riqueza que 4.600 millones de personas. Los 22 hombres más ricos del mundo gozan de más dinero que todas las mujeres de África. El 1% más rico de la población ostenta más del doble de riqueza que 6.900 millones de personas. Y, atención: la entidad calcula que el trabajo de cuidados no remunerado que llevan a cabo las mujeres de más de 15 años en todo el mundo superaría los 10,8 billones de dólares anuales, el triple que el tamaño de la industria tecnológica mundial. 

Pero hay una receta para acabar con tanta desigualdad: “sólo con una subida de un 0,5% en el tipo de impuesto que grava el patrimonio del 1% más rico del mundo, se podría recaudar fondos para crear más de 117 millones de puestos de trabajo en sectores como la educación, la salud y la asistencia a las personas mayores, acabando así con los déficits de cuidados en estos ámbitos”, expone la ONG en su informe. 

En este sentido, el reconocido economista Thomas Piketty propone en su último libro un impuesto del 90% sobre el patrimonio de los milmillonarios que haga circular la propiedad para volver a los niveles de concentración de la riqueza de los años 70. Así, los más ricos seguirían teniendo más de 100 millones de dólares, lo que les permitiría seguir gozando de un estatus privilegiado. Con lo recaudado, como contamos en el último dossier de la revista de La Marea, plantea una herencia de 125.000 euros a todas las personas cuando cumplan 25 años para que puedan desarrollar su proyecto vital y profesional. 

El equipo de Piketty, como subraya Oxfam Intermón, ha demostrado la aceleración de la concentración de la riqueza desde 1980, periodo en el que el 1% de la población más rica del mundo ha recibido 27 centavos por cada dólar de crecimiento de los ingresos a nivel mundial, mientras el 50% más pobre, solo 12 centavos. Más datos: solo el 4% de la recaudación fiscal mundial procede de los impuestos sobre la riqueza y, según estudios recogidos por el informe, las grandes fortunas eluden hasta el 30% de sus obligaciones fiscales. Una dinámica que hace inviable la reducción de la pobreza, que se ha estancado desde 2013 a la mitad tras dos décadas de importantes avances. La mitad de las personas que habitan el planeta trata de sobrevivir con 5,5 dólares al día o menos.    

El trabajo doméstico en España 

El informe estima que hay unos 67 millones de trabajadores del hogar en el mundo, el 80% mujeres, y que de estos sólo uno de cada diez está protegido por legislaciones laborales asimilables al resto de empleos. Tampoco en España donde una reforma de 2011 les reconoció algunos derechos, pero las mantuvo en un régimen especial por el que no tienen derecho a la prestación por desempleo, vacaciones ni a un finiquito, entre otros derechos básicos.  

En el acuerdo suscrito por el PSOE y Unidas Podemos para la conformación del gobierno de coalición se recoge “la plena integración en el Régimen General de la Seguridad Social de las empleadas del hogar a lo largo de la legislatura. Firmaremos y ratificaremos el Convenio número 189, de 2011, de la Organización Internacional del Trabajo sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos”. 

En este sentido, Lara Contreras, economista y responsable de relaciones institucionales de Oxfam Intermón, da la bienvenida al anuncio en declaraciones para lamarea.com, pero teme que no suponga la igualación total de derechos. “Esta equiparación podría suponer un incremento del gasto en cuidados, que deben asumir las empresas y el Estado, responsable de garantizar el derecho de ser cuidado de cualquier persona y que las que cuidan lo hagan con los mismos derechos que el resto”. En este sentido, reivindica la recuperación de la Ley de Dependencia, pero completa, no solo subiendo los mínimos a recibir por las personas dependientes. «Debe destinarse la financiación suficiente para que todas las personas reciban la atención que necesitan».

Y de nuevo, el quid de la cuestión está en la reforma del sistema fiscal: “Esperamos que se cumpla el compromiso de que las grandes empresas paguen el 15% del tipo efectivo, que se grave más el capital y la riqueza y que la lucha contra la evasión fiscal sea una de las primeras medidas adoptadas”, resume Contreras. Según su ONG, con un incremento de solo el 0,5% del impuesto sobre el patrimonio del 1% más rico se podrían crear 117 millones de puestos de trabajo de cuidados en sectores como la educación, la salud y la asistencia a personas mayores. 

Esta misma semana, Rafaela Pimentel, de Territorio Doméstico -una asociación madrileña de trabajadoras del hogar migrantes- ha relanzado su recogida de firmas en change.org para que el gobierno de Sánchez suscriba el convenio 189 de la OIT, y acabe con el limbo en el que se encuentra más de 1,5 millones de mujeres que trabajan en el sector de cuidados en España sin estar dadas de alta en la Seguridad Social. 

“Hemos enviado cartas al Gobierno, pero no se trata solo de aprobar el convenio, sino de que se aprueben medidas que acaben con la precariedad en el sector”, subraya Pimentel. “El encarecimiento de la vivienda está provocando que muchas mujeres vuelvan a trabajar como internas porque no se pueden permitir un alquiler o una habitación en un piso compartido, que no hay suficientes además. También debe derogarse la Ley de Extranjería, que condena a las mujeres que son expulsadas de sus países a ser invisibles durante tres años”. Pimentel enumera algunas de las últimas ofertas de trabajo de las que han tenido constancia: “En Barcelona pedían una chica que no tenga hijos y que libraría dos veces al mes por 300 euros mensuales. A otra le ofrecían trabajar los fines de semana cuidando a una señora enferma por 200 euros…”.

Pimentel coincide con Contreras en la corresponsabilidad del Estado: “Hay familias que no se pueden permitir pagar un salario digno con la Seguridad Social porque ellas mismas son precarias, por eso tiene que apoyar el Estado. El mismo Estado que tiene que proteger a esas mujeres que ahora tienen más de 50 años, que no encuentran trabajo, que no han cotizado por ellas y que se encuentran en una situación muy dura después de una vida de trabajo”. 

La crisis global de los cuidados 

Oxfam advierte de la crisis de los cuidados que va a provocar el envejecimiento demográfico, los recortes en los servicios públicos y sistemas de protección social y la crisis climática. Se estima que en 2025 se calcula que 2.400 millones de personas vivirán en zonas sin suficiente agua, por lo que mujeres y niñas tendrán que recorrer mayores distancias para recogerla. Recuerda también que el calentamiento global reducirá la producción de alimentos y aumentará la afectación de enfermedades, lo que aumentará el tiempo exigido a mujeres y niñas para hacer frente a esta situación

Para construir una sociedad más justa e igualitaria, Oxfam recuerda la propuesta de las 4R que economistas feministas, trabajadoras de cuidados y la sociedad civil llevan años proponiendo: reconocer los cuidados como un trabajo que aporta un valor real, reducir el número dedicadas a estas labores de manera no remunerado, redistribuir estas tareas de manera equitativa en las familias y trasladar su responsabilidad al Estado y al sector privado, y que las proveedoras de cuidados más excluidas tengan representación en el diseño y ejecución de las políticas que afectan a sus vidas.

Pero sobre todo, la investigación de Oxfam insta a los gobiernos a invertir en sistemas nacionales de atención y cuidados que “permitan abordar la desproporcionada responsabilidad de trabajo de cuidados que recae sobre las mujeres y niñas”, acabar con la riqueza extrema para erradicar la pobreza extrema, legislar para proteger a las personas que se ocupan del trabajo de cuidados y garantizar salarios dignos a sus trabajadoras y que tengan influencia en la toma de decisiones, combatir las normas sociales y las creencias sexistas, así como promover políticas y prácticas empresariales que pongan en valor el trabajo de cuidados. 

Reivindicaciones que ya están liderando las trabajadoras etíopes en Líbano a través de Engna Legna Besdet, haciéndose oír en Sudáfrica a través de la campaña Domestic Workers Rising y convirtiéndose en políticas públicas en Uruguay o Nueva Zelanda. 

El gobierno de coalición “no tiene un programa feminista”

“El pacto de gobierno tiene apartados que hablan de derechos de las mujeres que están bien, como en el ámbito de la lucha contra la precariedad laboral, que impactará especialmente entre las mujeres, las más precarizadas. Pero no es un programa feminista porque no pone en el centro de la economía y las políticas, que es lo que define ser feminista, los cuidados y la lucha contra la desigualdad y la pobreza ”, sostiene Lara Contreras.

22 enero 2020 

Publicado originalmenten lamarea

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Jueves, 01 Noviembre 2018 06:02

La segregación y la oscuridad del alma

La segregación y la oscuridad del alma

La repetición de prácticas segregativas a lo largo de la historia cobra una vigencia cuya muestra más cercana son las elecciones en Brasil y la escalada antiinmigratoria tras las detenciones en Congreso. La autora propone interpelar esta realidad contemporánea atendiendo la producción de subjetividad y lo estructural en la constitución subjetiva.

... A fuerza de desventuras /
Tu alma es profunda y oscura...
Joan Manuel Serrat,
Mediterráneo, 1971


Desde hace un tiempo, circula un video por las llamadas “redes sociales”, en el cual, un grupo de jóvenes músicos comienza a ejecutar la versión instrumental de una canción. “Pedimos a una orquesta que diera un concierto sorpresa en un parque. Poco a poco muchos se vieron atraídos por una melodía por todos conocida...”, describen los subtítulos. La cámara va enfocando de manera alternada a los jóvenes músicos y al creciente grupo de personas –hombres y mujeres, familias con niños–, que se aglutina para acompañar al compás de su cuerpo esa apacible música. De pronto, las expresiones de placer van dando lugar al asombro, a la incomodidad, al malestar. Unos cuadros dispuestos en unos atriles delante de la orquesta empiezan a ser destapados por los músicos. El horror se devela allí transformando ese lenguaje cifrado en la imagen del semejante –hombres, mujeres, niños–, espejo de ese otro retratado “frente a mí”, que es arrojado a la muerte. “El Mediterráneo que inspiró esta canción queda muy lejos de éste donde hoy las gentes dejan la vida tratando de ponerla a salvo de la guerra”, concluye el cantautor Joan Manuel Serrat, autor del tema musical en cuestión, y cuya silueta se recorta sobre el mar que nombra.


El acto solidario pone al aire un contenido: “En los últimos 6 años han muerto más de 15 mil personas tratando de llegar a Europa. Queremos que el Mediterráneo deje de ser una gigantesca fosa común y vuelva a ser un lugar donde vivir historias maravillosas (...)”, reza la frase final del audiovisual que denuncia el desprecio por la vida de miles de personas que se convierten en un resto sin valor, un deshecho. Un recorte de una situación de la realidad contemporánea, que puede ser aplicada, que es y ha sido replicada, en distintos espacios y tiempos históricos (CEAR, 2016).


El agua devorando la vida de hombres y mujeres, como también sucedió en la Argentina del autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional” –a través de los llamados “vuelos de la muerte”, mediante los cuales los desaparecedores se deshacían de los cuerpos de sus víctimas indefensas arrojándolas con vida al mar–. Vidas desechadas de quienes, por distintas razones en diversos contextos epocales, no encajan en la lógica del sistema dominante.


Un sistema que, en su génesis, en la integración y consolidación territorial de la Argentina, entre mediados del siglo XIX e inicios del XX, implicó la conquista de los territorios indígenas y el exterminio de las comunidades originarias hacia la conformación de la Nación, expresión de un genocidio que también significó la eliminación del otro diferente. Pero la elite dirigente de la llamada generación del 80, que aspiraba a poblar el país de ingleses y alemanes, asistió a la llegada de otros inmigrantes en su mayoría italianos y españoles pobres que emigraban de sus tierras también en el intento de salvar sus vidas (Martínez Sarasola, 2011).


II


En un riguroso análisis del proceso de colonización de Argelia se plantea como una de las características esenciales de la situación colonial que a la sociedad dominada le eran impuestas las normas jurídicas y administrativas “con desprecio de la realidad y a despecho de las resistencias”, lo que implica una intervención cultural, una “cirugía social” que vulnera la historia y las tradiciones culturales por parte de quienes detentan el poder, generando un profundo desarraigo (Bourdieu & Sayad, 2017). Los autores sostienen que el desplazamiento forzoso afecta toda la vida social al transformar la organización del espacio habitado. Al romper el lazo familiar del ser humano con su entorno, el sujeto “se ve afectado en el fondo mismo de su ser y tan profundamente que ni siquiera puede formular su desarraigo”. Los efectos del desarraigo implican algo más que la pérdida de la tierra, alcanzan a su cultura. Pasan al mismo tiempo de “ciudadanos sin ciudad”, a perder su misma condición de ciudadanos sujetos a derechos.


En su libro Un acto vergonzoso, Taner Akçam explora y analiza las razones del genocidio armenio perpetrado por Turquía en los inicios del siglo XX. En la descripción y análisis de una verdadera masacre anunciada, se registra todo un recorrido planificado en el que “la intención detrás de la deportación era el exterminio” (Akçam, 2010), y “la eliminación de los armenios planeada con anticipación”. La obra destaca cómo los perpetradores relataban los crímenes que cometían con gran placer. Encolumnadas para su deportación, las víctimas eran sacadas de las ciudades para luego ser ejecutadas en los caminos, en los que los asesinos les robaban también sus pertenencias. El genocidio se implementó a través de “un mecanismo dual”: había órdenes oficiales de deportación y luego “órdenes separadas, no oficiales, para la aniquilación de los deportados”. Mediante la “Orden Secreta de Eliminación y Exterminio”, emisarios especiales eran los encargados de que ésta se cumpliera, y las bandas armadas llevaban luego a cabo su vil tarea. La disposición establecía “no dejar un solo armenio vivo, y que cualquiera que se interpusiera en el camino de esta orden debía ser ejecutado” para cumplir así “el propósito de destruir y aniquilar a los armenios”, que eran asesinados “porque eran alimañas”. Y repitiendo métodos que se reactualizan una y otra vez, el autor relata que “en la región del Mar Negro los armenios fueron cargados en barco y arrojados por la borda”. Hombres, mujeres y niños lanzados como deshechos fuera del mundo. Los campos de concentración en los que esperaban su destino final fueron llamados “campos de la muerte” y los que sobrevivían eran deportados al desierto: “la gente simplemente era llevada allí para dejarla morir”.


III


Corría la primera treintena de los años mil novecientos, un Freud ya débil y enfermo en su estado físico, se resistía a dejar su tierra, la Viena victoriana que, atravesada antes por la primera guerra mundial (1914-1918), iba empezando a ser conmovida ahora por las prácticas violentas del nazismo cuyo alcance habría de resonar poco tiempo después en el mundo entero. Conminado por amigos y allegados a preservar su vida, luego de la invasión nazi en Austria, ocurrida el 11 de marzo de 1938, este ruego se volvió perentorio. Que “su vida era muy cara a mucha gente”, le decían quienes pensaban que debía refugiarse inmediatamente. En su negativa, antes de recalar finalmente en Londres, Freud argüía que ningún país le daría entrada. Efectivamente, la mayoría de los países se negaba a recibir inmigrantes y la desocupación asolaba la región. El único país que admitía extranjeros era Francia, pero con la condición de que no trabajaran allí, es decir, se les permitía ingresar a Francia supuestamente para salvar la vida, pero “para morir allí de hambre” (Jones, 1998).


Contemporáneo en su vida biológica a ambas guerras, Freud se va a interrogar una y otra vez acerca de la condición humana, para sostener que, si fue necesario instituir mandamientos que instaran al hombre a abstenerse de cometer delitos, de matar, robar, etc., era porque esto no era natural en él, y por eso la cultura debía inhibir esas pulsiones de muerte. En diversas experiencias mortíferas se pone de manifiesto la repetición de lo peor en juego del hombre como lobo del hombre, tal como sitúa Freud citando a Hobbes, en un “eterno retorno” de lo igual del que habla Nietzsche.


Así, en El malestar en la cultura, va a afirmar que bajo determinadas circunstancias el hombre puede revelarse como “bestia salvaje” que ni siquiera es capaz de respetar a los miembros de su propia especie (Freud, 2011). Y esa inclinación agresiva que perturba los vínculos con el prójimo, esa hostilidad en juego es la que se pone de manifiesto en la segregación y una amenaza permanente que acecha a la cultura. Y por eso “la cultura tiene que movilizarlo todo para poner límites a las pulsiones agresivas de los seres humanos”. Freud va a plantear respecto de la civilización que ésta conlleva el gobierno que el hombre tuvo que hacer de la naturaleza al tiempo que la regulación de los vínculos a través de la institución de normas para la distribución de los bienes. Las sociedades más injustas e inequitativas, que propician profundas desigualdades, acentúan ese malestar.


También va a sostener en El porvenir de una ilusión, que el desarrollo de la ciencia y de la técnica puede ser usado para su aniquilamiento (Freud: 2011). La profundización de la desigualdad en la distribución de los bienes entre los hombres y la capacidad del ser humano de tomar a un semejante como objeto, y someterlo a tratos crueles inhumanos y degradantes, son y han sido acciones que ponen en juego la segregación, la discriminación, el racismo.


IV


La exclusión de miles de hombres y mujeres, en diferentes espacios físicos y temporales, que adquiere de ese modo diversas expresiones, da cuenta del odio a lo diferente, a lo extranjero, la hostilidad al semejante.


Se construye la figura del otro como extraño y en consecuencia depositario de la hostilidad y el odio, símbolo de peligro. De ahí el aumento de la xenofobia y el racismo en coincidencia con la inmigración; y la proliferación y éxitos electorales de expresiones de derecha apoyadas por muchos de los sectores más vulnerados de la población.
Zigmund Bauman, en su libro Extraños llamando a la puerta, analiza los efectos que se producen en las sociedades que ven en peligro la desaparición del modo de vida conocido, y de cómo este modo de vida moderno comporta en sí mismo la producción de “personas superfluas y vidas desperdiciadas”.


Mientras, los gobernantes –que representan los intereses de los verdaderos sectores de poder a quienes las migraciones favorecen para abaratar la mano de obra y propiciar así la maximización de la ganancia–, se debaten en responder a los intereses que tutelan y sosegar el rechazo de la gente “azuzada” por “la eterna batalla que los creadores de opinión libran sin descanso en pos de la conquista y el sometimiento de las mentes y los sentimientos humanos”, la afluencia de los migrantes es vivida por las sociedades –sometidas a una “elevada precariedad existencial” y a “la endeblez de su posición social y de sus perspectivas de futuro”–, como “más competencia en el mercado laboral” y “mayor incertidumbre” (Bauman, 2016).


Los refugiados, esos “nómadas”, “por veredicto dictado por un destino cruel”, nos recuerdan “de manera irritante, exasperante y hasta horripilante la (¿incurable?)” –se pregunta el autor–, “vulnerabilidad de nuestra propia posición y la fragilidad endémica” de ese bienestar. Es decir, nuestra propia precariedad en el mundo.


Tomando el concepto de Foucault de la “sociedad disciplinaria” hasta el actual que sitúa Byung- Chul Han de la “sociedad de rendimiento”, sostiene que este imperativo deviene el nuevo mandato de la sociedad. Esta sociedad de rendimiento es individual, “dominada por la cultura del individualismo” y en la cual hasta “se privatizan las incertidumbres de la existencia humana”. El individuo es así abandonado a su suerte, dependiendo de sus propios recursos particulares, respecto de los cuales pronto descubrirá que son insuficientes. El individuo abandonado por el Estado queda desamparado ante “una nueva precariedad de la condición existencial”. Así, el sujeto queda expuesto en el seno de “una sociedad pulverizada hasta quedar convertida en una suma de rendidores individuales”, pretendidamente independientes, “becarios no remunerados, inseguros y sin protección”, viviendo una vida fragmentada en una sociedad cuya fragmentación reproduce. El ser humano es así exigido a ser “autónomo, potente, tenaz” y conminado a “mejorar sin cesar”.


De este modo la combinación entre los movimientos internacionales de población y las transformaciones socioeconómicas ultrarrápidas tienen una estrecha relación con los fenómenos de segregación contemporánea. La desarticulación de los lazos sociales solidarios viene al lugar de la “construcción de muros en vez de puentes”, en desmedro de la restitución del lazo al otro.


V


En el marco de la etapa neoliberal más descarnada del capitalismo, se trata del empuje al goce del consumo, donde el sujeto es reducido a la lógica del mercado colocando en el lugar del ideal aquello que deja pegado el ser al tener, el concepto “del empresario de sí” de Foucault, que reduce al sujeto a mercancía sometido a la voracidad del capital en la lógica individualista del “sálvese quien pueda”, cuando en realidad la “salvación” de cada quien importa el hundimiento del semejante en una vorágine en que finalmente todos naufragan en las aguas del neoliberalismo más impiadoso. Y en ese imperativo de goce superyoico que instala al sujeto, devenido él mismo en pura mercancía, en una lucha a muerte desigual, ser y tener se funden, empujándolo a ser un “desterrado de sí”.


El ser humano, que habla anudado a un discurso social, hegemónico, que lo envuelve en un lenguaje uniforme en el que su deseo se diluye con su propia anuencia, en la ilusión de pertenecer, en el afán permanente de no ser el excluido que se cae del mapa, que queda fuera del sistema, el segregado, el diferente, el discriminado es arrojado así al desamparo de origen. Se pone de este modo en juego la hostilidad a lo diferente, al otro semejante, lo más ajeno y lo más íntimo. Lo hostil como rechazo a lo diferente, a lo diverso, tal como conceptualiza Freud en la constitución del ser humano, mediante la cual se arroja de sí todo lo malo que constituye un peligro para su existencia.


Osvaldo Delgado, situando la diferencia entre fenómenos segregativos y la segregación como estructura, toma la lógica de lo ominoso –unheimlich– como fundamento freudiano del concepto de extimidad de Lacan. La segregación es lo que aparece como respuesta a lo radicalmente otro. Se segrega lo más íntimo y retorna como unheimlich.


El capitalismo somete al ser humano a las condiciones del mercado y a la lógica del capital, el empuje al goce del consumo de objetos, que en cuanto son alcanzados ya caducan porque uno nuevo está ya lanzado al mercado en una producción incesante en donde la eficacia y el éxito son siempre efímeros y en donde la producción de bienes se excluye radicalmente de la lógica del deseo. Se es lo que se tiene y lo que se exhibe, y en ese empuje a la ilusión de alcanzar la completud, el neoliberalismo no hace más que poner en juego, todo el tiempo, la mortificación de la existencia misma, sometiendo a las personas a la esclavitud de las redes sociales en un modo de interacción que sumerge al sujeto a la soledad.
La propia constitución subjetiva del hombre, alienado al otro, hablado por el otro, la condición misma de ser hablante, de estar habitado por el lenguaje, la división subjetiva es lo que introduce la singularidad, e instaura un margen de libertad del sujeto. Hay algo que se preserva de ese sujeto de lalengua, en donde la afectación del cuerpo por el lenguaje se produce de un modo único, singular. El modo en el que cada uno fue inserto en la cultura, la adscripción del cuerpo a esas marcas del Otro.


En su lectura del ser del sujeto, Lacan va a afirmar que “hay un lenguaje antes de que al sujeto le sea supuesto saber cualquier cosa”, una anterioridad, una lógica del estatuto de la verdad, que va a alojar luego un sujeto allí. “Es en el lugar del Otro que el lenguaje encuentra su lugar”. Si el deseo es en esencia falta, sostiene citando a Sócrates, entonces no hay objeto en que el deseo se satisfaga, sí objeto causa del deseo. Esto es lo que coloca al sujeto en una posición ventajosa, un no todo como respuesta al empuje al goce del sistema.


VI


Los derechos humanos como precepto universal para-todos, como avances en la normativa internacional para la preservación de la vida de las personas, surgen en relación a lo peor de la condición humana puesta de manifiesto en los crímenes de la guerra. Los derechos humanos prohíben, condenan el goce de exterminar al otro, ponen límite al goce asesino. En este punto, “Derechos Humanos es un nombre para ese lazo social que se funda en el límite al poder del Otro”, el psicoanálisis propicia el poder alojar también allí esa singularidad propia del sujeto. Si la segregación es lo que queda por fuera del orden simbólico, aquello rechazado por el discurso de la época, lo que “no tiene reconocimiento en el orden simbólico del Otro”, el compromiso de nuestra práctica con la realidad de nuestro tiempo no es sin atender la posición del analista en relación al malestar en la cultura (Aramburu, 2000).
Lacan, en su Proposición del 9 de octubre de 1967 sostiene: “Nuestro porvenir de mercados comunes será balanceado por la extensión cada vez más dura de los procesos de segregación”.


En El porvenir de una ilusión Freud va a decir que “el presente tiene que devenir pasado (…) para formular juicios sobre las cosas venideras”. La repetición, en diversas expresiones a lo largo de la historia de la humanidad, de prácticas segregativas, cobra una actualidad y vigencia en el presente que nos convocan a interpelar esta realidad contemporánea, atendiendo la producción de subjetividad, sin dejar de lado lo estructural en la constitución subjetiva.


La desintegración del Estado de derecho, la entrega obscena de la soberanía, la persecución a los líderes regionales, el contubernio político-jurídico-mediático al servicio del poder económico, la vulneración de los derechos más elementales de las personas, la exclusión de miles de compatriotas al hambre y la miseria, la persecución actual a los inmigrantes senegaleses y a quienes se solidarizan con ellos, la construcción del otro como amenaza y fuente del mal, como símbolo de peligro para habilitar así su eliminación material, se repite en el presente, también cuando se convoca para esa persecución a quienes ya han hecho “el trabajo sucio”, delineando “el enemigo interno”, de cara a la defensa de sus intereses.
Los recientes resultados de la elección en Brasil con el alarmante crecimiento del referente de un discurso racista, homofóbico, que reivindica la tortura y las prácticas más oscuras de la dictadura, encarna ese segregacionismo explícito, el odio, la posición contraria a los Derechos Humanos. Fascismo social, dice Boaventura de Souza Santos, mientras diversas voces del campo progresista apuestan a iniciativas de unidad.


El presente se torna pasado que nos alerta en relación a lo venidero. Así podremos echar tal vez más luz en la oscuridad de estos procesos y estar más prevenidos frente al porvenir.
Ana María Careaga: Psicoanalista. El presente texto es una adaptación del artículo publicado en el libro Indagaciones psicoanalíticas sobre la segregación, compilado por O. Delgado y P. Fridman, ediciones Grama, 2017.

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Miércoles, 04 Abril 2018 06:26

Martin Luther King Jr, legado que resurge

Martin Luther King Jr, legado que resurge

El reverendo Martin Luther King Jr., al morir el 4 de abril de 1968, se había convertido en un hombre mucho más peligroso del que dio su histórico discurso Tengo un sueño, en 1963: se había atrevido a cuestionar los fundamentos del sistema político y económico del país y llamó a una revolución moral contra los trillizos gigantescos del racismo, el materialismo extremo y el militarismo.

En su último año de vida, King Jr. declaró que el movimiento de derechos civiles que había encabezado necesitaba transformarse en un movimiento de derechos humanos y condenó no sólo la violencia y explotación dentro del país, sino también la política imperial. Se proclamó contra la guerra en Vietnam y la explotación del tercer mundo, afirmando que, como campeón de la no violencia –expresada en el histórico (y casi nunca citado por las élites) discurso en la iglesia Riverside, de Nueva York, que ofreció justo un año antes de su asesinato–, sabía que nunca más podría elevar mi voz contra la violencia de los oprimidos en los guetos sin antes haber hablado claramente sobre el más grande proveedor de la violencia en el mundo actual: mi propio gobierno.

Fue repudiado no sólo por opositores, sino por muchos de sus colegas que le aconsejaban no salirse del guion de los derechos civiles, y enfrentó la reprobación de la opinión pública, con dos tercios expresando desacuerdo con sus nuevas posiciones y una mayoría de los afroestadunidenses. Medios que lo habían elogiado, como el New York Times, el Washington Post o la revista Time, criticaron su nueva posición. La Oficina Federal de Investigaciones (FBI), que lo había espiado por considerarlo un peligro para la nación, ahora buscaba cómo destruirlo políticamente por órdenes personales de su director, J. Edgar Hoover. El presidente Lyndon Johnson jamás lo perdonó. A la vez, se intensificaron las amenazas de muerte ya comunes durante muchos años y varios políticos y hasta colegas de lucha que lo habían elogiado cuando su mensaje se había limitado sólo al tema del racismo lo abandonaron.

Él había anunciado una nueva Campaña de los Pobres (Poor people’s campaign) enfocada en la desigualdad económica y la explotación de los trabajadores. Viajó a Memphis, Tenesí, para brindar su apoyo a una huelga de trabajadores municipales de limpieza, y mientras se preparaba para ir a cenar, al salir al balcón del motel Lorraine una bala segó su vida.

La noticia sacudió al país, y estallaron furiosos disturbios en decenas de ciudades alrededor del país, y en la capital –donde había ofrecido un discurso cinco días antes– se contaron más de 800 incendios y 13 muertes en los cuatro días de explosiones de ira.

Su imagen oficial post mortem fue cuidadosamente maquillada para que se quedara en 1963, con el sueño de igualdad racial, y hasta la fecha, en todo festejo oficial en escuelas o en los pasillos del poder en Washington, está congelado ahí, y casi nunca hay referencia al King del último año, uno que convocaba una transformación radical de su país.

“Lo amaban como un mártir después de que fue asesinado, pero lo rechazaron como manifestante cuando estaba vivo”, comentó recientemente a The Guardian Jesse Jackson, quien estaba con él ese día trágico.

Su último discurso –en un acto en Memphis donde no estaba programado– pareció pronosticar su muerte, declarando que Dios “me permitió subir la montaña. Y vi al otro lado, y he visto la tierra prometida. Yo podría no llegar ahí con ustedes, pero quiero que sepan esta noche que nosotros, como un pueblo, llegaremos a la tierra prometida”.

Los ecos de sus mensajes, entregados con esa inconfundible voz sonora, retumban por este país medio siglo después. Sus críticas y condenas al sistema estadunidense al enlazar el tema del racismo con el de la injusticia económica y el militarismo se podrían aplicar a la coyuntura actual. A la vez, sus ecos están en las movilizaciones por un salario digno en estos momentos expresado por decenas de miles de maestros de educación pública en West Virginia, Kentucky, Oklahoma y Arizona; están en el nuevo movimiento estudiantil contra la violencia de las armas, donde en la masiva Marcha por nuestras vidas, hace unos días, apareció entre los cientos de miles de jóvenes Yolanda Renee, de nueve años de edad, nieta de King; está en el movimiento de Black Lives Matter, y también con el de los jóvenes inmigrantes dreamers, está en luchas en los campos y en los centros urbanos.

Esta primavera, King estará presente en el renacimiento de su último proyecto, La campaña de los pobres: un llamado nacional por la renovación moral, convocada por el reverendo William Barber (quien algunos consideran potencialmente como un nuevo King) organizado desde abajo con la idea de detonar seis semanas de desobediencia civil no violenta con el objetivo de “salvar el alma de Estados Unidos” [https://poorpeoplescampaign.org].

Barber, como también Jesse Jackson y el representante John Lewis, entre otros veteranos del movimiento encabezado por King, estará en Memphis junto con otros en una serie de actos ahí, como otros en Atlanta donde está el monumento y centro de King (dirigido por su hija, Bernice King), para marcar los 50 años de su muerte –y habrá todo tipo de eventos en todo el país para conmemorar al gran líder moral. Pero la disputa sigue sobre a cuál King se recuerda, si sólo el del mensaje de amor y reconciliación, festejado por políticos, iglesias, empresarios y funcionarios, o el hombre de las palabras peligrosas que permanecen más vigentes que nunca en este país.

“Cuando nuestros días se vuelven grises con las nubes bajas de la desesperanza, y cuando nuestra noches se vuelven más oscuras que mil medianoches, recordemos que hay una fuerza creativa en este universo trabajando para bajar las gigantescas montañas del mal, un poder que es capaz de hacer un camino donde no existe camino y transformar los ayeres oscuros en brillantes mañanas. Que nos demos cuenta de que el arco del universo moral es largo, pero que se inclina hacia la justicia”, declaró Martin Luther King Jr. en 1967 al animar a sus seguidores a confrontar la injusticia fundamental del sistema estadunidense.

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¿Ha valido alguna vez la vida de los negros?: Mumia Abu Jamal

Después de los horribles asesinatos de Alton Sterling, en Baton Rouge, Louisiana, y de Philando Castille, a las afueras de Saint Paul, Minnesota, por policías, uno después del otro, en julio de 2016, el escritor y activista político Mumía Abú-Jamal respondió con una frase que parecía como si el escritor se hubiera quedado sin palabras al terminar su corto lamento titulado, “Asesinados por Policías que Estaban ‘Simplemente Haciendo su Trabajo’ “, con la línea: “Y un muerto más... y otro... y otro más”.


Poco después, en el artículo, “¿Qué Pasa con un Sueño Postergado?,” sobre las muertes de Sterling, de Castile y de la masacre en Dallas, Texas, donde cinco policias y varios otros fueron heridos, Mumia invoca un poema de Langston Hughes:


Se ha llegado a una nueva etapa en la guerra más larga que los Estados Unidos de Norteamérica desata contra sí mismo.


Resumiendo la historia de las patrullas de los Blancos contra los esclavos Negros, su parecido a los actuales departamentos de policía y al sistema de justicia que da inmunidad a policías que matan, Abú-Jamal medita sobre como y porque hemos llegado a tan horible momento en la historia norteamericana:


La opresión puede volver loca a la gente. Puede convertir cerebros sensatos en mentes consumidas por cólera, furia y resentimiento.


Un año después, a consecuencia de los recientes actos terroristas alrededor del mundo, de los asesinatos en masa de costa a costa en los Estados Unidos, y del fallo totalmente no inesperado de no culpable a favor de Jerónimo Yáñez, el policía que mató a Castile, vale decir que la tiranía de nuestro estilo de libertad nos ha llevado a un nuevo período en la larga guerra contra nosotos mismos. En su espacio radial, Abú-Jamal cita a Alexis de Tocqueville y a Mao Tse-tung al hablar de la guerra civil que actualmente vive los Estados Unidos. En otro artículo titulado, La Segunda Muerte de Philando, Abú-Jamal concluye, “El jurado creyó otra vez que la vida de un Negro no tiene valor intrínsico y que se puede tratar al Negro como basura, quemarlo, y tirarlo como desperdicio, como se botan viejos pares de zapatos.”


En su última colección de ensayos, ¿Ha Valido Alguna Vez la Vida de los Negros? (Have Black Lives Ever Mattered?), publicado por, City Lights, Abú-Jamal no ofrece respuestas fáciles, excepto para aquello que no se puede negar: “Bueno, éstas parecen lo suficiente importantes como para suprimirlas y robarlas.” A lo largo del libro, Mumía irradia su luz sobre el grupo de vidas Negras sacificadas desde 1998– los casos que llegaron a la vista del pueblo– mientras subraya este hecho: Vivir como Negro en los Estados Unidos es en sí una experiencia traumática.


Entre siguiendo con su lucha diaria para mantener su salud a pesar de que en la prisión le niegan asistencia médica, y trabajando continuamente para anular la errónea convicción por el supuesto crimen de haber matado a un policía en 1981, Abú-Jamal escribe, escribe y escribe: nueve libros incluyendo la colección de ensayos ya publicada por City Lights, Graves Profesías (Writing on the Wall), numerosos ensayos y programas de radio, todo creado desde la prisión a lo largo de 30 años, (la mayor parte de esos años encerrado en una celda del Corredor de la Muerte), Abú-Jamal ha hecho sonar campanas de alarma, ha izado y hecho flamear banderas de libertad; y sus palabras hicieron sonar sirenas de alarma en su esfuerzo por detener la presente emergencia que vive Estados Unidos. Decir en términos simples lo que parece ser evidente es un arte, es obra de voces proféticas, y Mumía Abú-Jamal posée éso. La posibilidad de ver desde dentro de la prisión, le permite la precisión de una concentración certera para observar y decir verdades que no podemos ver ni decir quienes viajamos libremente por el mundo y usamos la Internet. Sin embargo, su posición, o falta de ella por estar preso, ha hecho que su obra sea puesta de lado y ha veces hasta rechazada por la sociedad en general. Quizás el volúmen de su obra en este momento es lo que intimida a gente indudablemente inteligente, y lo evita, o quizás es la anticuada “supremacía de los Blancos” lo que hace otra vez lo único que sabe hacer, esta vez tratando de no dar importancia a Mumía Abú-Jamal...


Existe una inexplicable resistencia en la llamada izquierda progresista de considerar a Mumía poeta y escritor de mérito, mucho menos de verlo como un profeta o como una valiosa voz de los sin voz. Aquellos que veneran los célebres escritos de prisión de Jean Genet, George Jackson, Martin Luther King, Jr. y Nelson Mandela, no han tenido tiempo de discutir vigorosamente el vasto catálogo de escritos de Mumía Abú-Jamal. Pero los que lo apoyan pueden estar tranquilos en la seguridad que cuando ya no estemos aquí, los escritos de Mumía van a permanecer como testimonios de un tiempo raro en la historia de los Estados Unidos; y los estudiosos del futuro probablemente no van a creer porqué no se puso más atención a su sabiduría profética y porqué no se consideraron seriamente sus palabras. En sus ensayos hay respuestas y herramientas valiosas para recobrar el alma que ha perdido Estados Unidos.


En el artículo de 2002 titulado, “Las Otras Violaciones de Central Park,” sobre los cinco jóvenes erróneamente acusados y presos por crímenes que no cometieron en 1989, Abú-Jamal denuncia a Donald J. Trump y a sus crueles avisos periodísticos a toda página en los que Trump proclamó que los cinco jóvenes debieron haber recibido la pena de muerte. (Los jóvenes fueron posteriormente declarados inocentes después de haber estado presos de 6-13 años de sus sentencias de 5-15 años). De ese error judicial, Abú-Jamal afirma que no es un incidente aislado: Que cinco jóvenes Negros sean victimizados por los sistemas de justicia y de prisiones, heridos para toda su vida por la mentalidad de esos sistemas de tratar todos los casos como de costumbre, es simplemente más evidencia que la vida de los Negros es desechada. En ese mismo artículo Mumía afirma que para este sistema los Negros, los cobrizos y los Latinos “no valen nada.”


El ensayo de 1998, “Somos Ciegos a Todo Menos al Color,” considera como las Cortes de Justicia tratan al pueblo: “...como la gente es acusada y sentenciada son reflejos directos de la raza y el grupo étnico a los que los acusados pertenecen y como esos rasgos son vistos por norteamericanos Blancos.” Mumía propuso un ejercicio experimental entre estudiantes de leyes en el que Blancos imaginaron volverse Negros y dijeron que éso era “una desventaja,” que valía millones de dólares en daños. “¿Porqué daños, a menos que el color sea importante?”, se pregunta Mumía.


De los 41 tiros que mataron a Amadou Diallo, en 1999, Abú-Jamal notó la “previsible absolución de sus asesinos, cuatro policías Blancos,” en 2002 y pidió la creación de un movimiento para parar la violencia. Unos 12 años después, siguiendo los asesinatos de Eric Garner y Michael Brown, se lanzó el movimiento, La Vida de los Negros Vale, aún cuando ese movimieno no reconoce ser inspirado por Abú-Jamal y tampoco busca su apoyo, pero cualquiera con ojos y oídos puede reconocer que él fue el primero en resisistir el terror policiaco y en nombrar a la supremacía de los blancos como la causa principal de los males en la aplicación de la ley.


Leídos uno por uno, como lectura diaria, los ensayos de Mumía, como sus comentarios por radio, son lo suficientemente fuertes como para pensarlos por horas. Leyendolos todos de una sola vez, la evidencia de los abusos mostrados por Abú-Jamal podrían potencialmente penetrar una mentalidad racista y cambiarla; sin embargo, liberales sensitivos se podrían enfermar de pena leyendo el innegable catálogo de sufrimientos que presenta Mumía, muchos de esos sufrimientos causados por los mismos liberales (que ésto sirva de advertencia). Sus críticas de los políticos no están reservadas solo para los derechistas: Mumía escribe sobre el papel de los Clintons en lo que él llama “la explosión de encarcelamientos en masa”, así como el legado de Obama en las vigilancias masivas y en el sistema de represión que creó y enforzó: “Obama dejó fundamentamente intactos los horrores de los encarcelamientos masivos y los puso en manos de un populista de la ultra derecha, que fue muy bién recibido por un conocido grupo terrorista Norteamericano, el Ku Klux Klán.”


Al prepararnos para el gran verano caliente de contradicciones y para el dia de fiesta más importante de Estados Unidos, el Cuatro de Julio, Mumía nos pide pensar en lo que el abolicionista Frederick Douglass y él se preguntan: ¿Qué significa esa fecha para un esclavo? Mientras seamos la nación con la más alta población de presos en el mundo, con más de dos millones de seres humanos en la cárcel, no solo somos un país-cárcel, si no también ningún norteamricao es libre. Una y otra vez, equivocadamente se encarcelan a seres inocentes; mientras los verdaderos asesinos de las libertades norteamericanas aún tienen que ser juzgados, convictos y encarcelados. “Hasta que llegue ese momento,” Mumía escribe,”El Cuatro de Julio es simplemente otro día.”


El Estado de Pensilvania se mantiene firme en tener preso a Abú-Jamal, a pesar del gran número de evidencias en favor de su inocencia. Ésto hace perfecto sentido en los ojos de un Estados Unidos racista y tímido; pero en un sistemas más perfecto, con más apego a la verdad y donde en realidad existe éso de Justicia para Todos, sería un crímen mantener prisionero por toda su vida a Mumía Abú-Jamal. Entre tanto, sus escritos son compañía en las tristes horas de la historia de Estados Unidos que continuamente afirma, una y otra vez, (aún cuando éso es mentira), que algunas vidas pueden ser sacrificadas

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“Colombia sigue siendo un país difícil para ser negro”

Este año, la Fiscalía ha recibido más de cien denuncias por actos discriminatorios


En septiembre de 1954 Gabriel García Márquez escribía sobre el Chocó, en el Pacífico colombiano. Describía sus polvorientas casas de madera y techos de zinc. Hablaba de sus retorcidas calles empedradas, hacía una radiografía de un pueblo que se manifestaba pacíficamente para reclamar atención estatal. Han pasado 63 años y el retrato es el mismo. Chocó es la región más pobre de Colombia y sus necesidades siguen siendo básicas. “Las zonas con población negra tienen las peores condiciones de vida. ¿Estamos condenados a la pobreza y el abandono solo por el color de nuestra piel?”, reflexiona Juan Carabalí, politólogo y una de las voces de la Conferencia Nacional de Organizaciones Afrocolombianas (CNOA).


Carabalí dice que basta con mirar el mapa del país para darse cuenta de la exclusión. Los diez municipios más pobres están poblados mayoritariamente por negros. Hay lugares como Río Quito (Chocó) donde la miseria alcanza el 98%. “Hay pocas oportunidades y la participación en política es escasa”, reclama. Según el último censo oficial (2005), la población negra llega al 10,6% (más de cuatro millones de personas), pero su visibilidad en cargos públicos apenas roza el 1%. Solo dos ministros en Colombia han pertenecido a esta población. Paula Moreno en el despacho de cultura de 2007 a 2010 y Luis Alberto Murillo, el actual ministro de ambiente. Dos nombramientos empujados por las organizaciones negras del país con el apoyo de la bancada de congresistas afro de Estados Unidos, que en los últimos años, de forma discreta, ha ayudado a impulsar la inclusión de algunos temas étnicos en Colombia. “Gracias a la articulación que hemos tenido con ellos se han dado avances, pero no ha sido suficiente. Colombia sigue siendo un país difícil para ser negro”. Menciona la Ley Antidiscriminación que establece sanciones penales y multas para quienes promuevan cualquier acto de segregación (por raza, nacionalidad, orientación sexual, religión), pero asegura que se trata de una medida poco efectiva si lo que se quiere es reconocer a la población negra.


En la última semana, Vanessa Mendoza, aspirante a ocupar un lugar en el Congreso, denunció racismo. Aseguró que es víctima de discriminación porque a pesar de que existe una orden del ente electoral para que se posesione, desde el parlamento se lo han negado. Dice que la situación es una muestra de exclusión.


A la Fiscalía han llegado en menos de dos años 460 denuncias por actos discriminatorios. No se sabe cuántas correspondían a racismo y en cuántos casos ha habido condena. El Consejo Superior de la Judicatura, la instancia que debería tener la cifra, asegura que no hay un registro. Solo se ha conocido una sentencia contra un Concejal que llamó a las negritudes “el cáncer del gobierno nacional y mundial”. Aunque estuvo a punto de pagar penalmente por lo que dijo, un tribunal lo absolvió bajo el argumento de que sus palabras habían sido sacadas de contexto. La justicia se queda muchas veces en el papel.


“Vemos con escándalo lo que está pasando en Estados Unidos con el racismo, pero no nos miramos a nosotros mismos. En Colombia pocas veces te insultan en la cara, pero la cotidianidad de alguien negro en este país es dura”, asegura Carabalí. Cuenta que le han negado la entrada a un bar por su color de piel y confiesa que jamás ve un partido de fútbol en un lugar público. “En todos los insultos a los jugadores incluyen la palabra ‘negro’. Sufrimos racismo estructural, que se naturaliza en la cotidianidad”, dice.


Paola Osorio Colorado, de 31 años, habla de lo difícil de ser mujer y negra en Bogotá. “Sigue pareciendo extraña nuestra presencia acá. Nos miran, nos acosan. Existen muchos estereotipos sexuales sobre la mujer negra y es difícil cargar con eso”, cuenta. Es abogada y publicista y tuvo que salir de su pueblo en el Valle porque no encontró trabajo. La falta de oportunidades y la violencia en las regiones empuja a cientos de afros al centro del país. De los miles de desplazados que hay en Colombia, al menos 500.000 están en Bogotá y un importante porcentaje es comunidad negra. La guerra en regiones como el Chocó no se fue con el proceso de paz con las FARC. Otros grupos armados se pasean y mandan por la zona. Tanto que la misión de apoyo al proceso de paz de la OEA tuvo que pedir como medida de urgencia el cese las acciones violentas.


El selvático departamento ha tenido que cargar con la pobreza y el olvido, pero además es una de las zonas donde más se ha recrudecido el conflicto armado tras el desarme de las FARC. Allí continúan operando el Ejército de Liberación (ELN), así como las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), la mayor banda criminal de origen paramilitar.
Con el calendario de las elecciones electorales encima, la población afro sabe que los van a utilizar como bandera electoral. “No tendremos una representación política real hasta que nos convirtamos en un movimiento fuerte, mientras tanto las dos curules que por ley nos pertenecen estarán en manos de partidos tradicionales con otros intereses”, dice el politólogo Carabalí. En Colombia hay más de 250 organizaciones de negritudes trabajando para que los reconozcan. “El racismo tiene a millones de colombianos en la miseria”, concluye.


El lamento chocoano, una canción de la que hablaba Gabriel García Márquez en sus textos sobre esta región, suena todavía. El Nobel decía que esos hombres negros que veía haciendo resistencia en 1954 parecían capaces de cantar ese himno hasta el fin de los tiempos. Han pasado más de 60 años y lo siguen haciendo frente a un país que parece no escucharlos.

 

Bogotá 23 AGO 2017 - 12:06 COT

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Angela Davis: “Cuando la mujer negra se mueve, toda la estructura de la sociedad se mueve con ella”

La filósofa estadounidense anima al feminismo negro a defender penas alternativas a la cárcel. La profesora defiende que el movimiento en Brasil, incluido el de las trabajadoras domésticas, puede ser una referencia para EE UU

 

"La gente me pregunta: '¿Ya has estado en Río?' No. ¿Ya has estado en São Paulo?' No. Pero he estado en Salvador una vez más y una vez más", se derritió Angela Davis, encandilando a todo el auditorio de la Universidad Federal da Bahía (UFBA), el pasado martes.Las personas que abarrotaban asientos y galerías, muchas de ellas luciendo voluminosas melenas afro a juego con la de Davis —del color betún de las fotos históricas, su pelo ha pasado a ser casi todo blanco—, escucharon a la filósofa e icono de la lucha por losderechos civiles de los EE. UU. bramar contra los que considera verdugos, desde el Gobierno de Trump al sistema penitenciario mundial "depósito de los humanos considerados basura": "Con la fuerza y el poder de las mujeres negras de esta región, resistiremos".


Davis celebró que su sexta visita al Brasil desde los años 90 —la cuarta contando solo Salvador, una de las ciudades más negras de Brasil— coincidiese con el Día Internacional de la Mujer Afrolatinoamericana y Afrocaribeña: el 25 de julio. En su discurso de casi una hora, la profesora emérita del departamento de estudios feministas de la Universidad de California criticó el encarcelamiento como medio de luchar contra la violencia de género: "¿Cuánto de transformador hay en mandar a alguien que ha cometido violencia contra una mujer a una institución que produce y reproduce la violencia? Las personas salen aún más violentas de la cárcel. Adoptar el encarcelamiento para solucionar problemas como la violencia doméstica reproduce la violencia que tratamos de erradicar", afirmó en la mesa de conferencias imponente formada por mujeres negras
La activista argumentó que es necesario relacionar la violencia de género con las "violencias institucionales" para buscar otras maneras de combatir el sexismo: "No son las personas individualmente quienes deciden que la violencia es la respuesta; son las instituciones que nos rodean las que están saturadas de violencia. Si el Estado utiliza la violencia policial para solucionar problemas, se transmite el mensaje de que la violencia también puede utilizarse para resolver problemas en otros ámbitos como en el de las relaciones de pareja.No podemos excluir la violencia de género de otras violencias institucionales", apostilló la filósofa.


La activista e investigadora sobre el sistema penitenciario, que fue detenida en 1970 acusada de conspiración y homicidio tras participar en el movimiento de los Panteras Negras en EE. UU., estableció las relaciones entre el sistema esclavista y el sistema penitenciario."En el pasado hubo quien defendía el mantenimiento de la esclavitud de forma más humanizada'. Ese argumento no tiene sentido para nosotros, pero hay quienes defienden la reforma del sistema carcelario en la actualidad. La esclavitud y la cárcel son instituciones de represión estructuradas en el racismo. Abolir el sistema penitenciario nos hace pensar en la sociedad en la que emerge ese sistema de castigo y buscar nuevas formas de justicia", defendió.


Davis recordó la trayectoria de las mujeres negras brasileñas y enfatizó su importancia para la construcción de nuevos liderazgos y de nuevos formatos de liderazgo. Cuestionó su lugar como difusora privilegiada de las ideas del feminismo negro por el hecho de ser estadounidense. "Las mujeres de EE. UU. tienen mucho que aprender con la dilatada historia de lucha del feminismo negro en Brasil." "Mãe Stella de Oxóssi me habló de la importancia de las mujeres negras en la preservación de las tradiciones del candomblé. Vi la importancia de Dona Dalva para mantener la tradición del samba de roda en el Recôncavo Baiano", contó. También elogió el organizado y exitoso movimiento de las empleadas del hogar negras. "En EE. UU. no hemos conseguido estructurar esa categoría con éxito. El liderazgo de esas mujeres no se estructura en ese individualismo carismático masculino que vimos en el pasado. Es un tipo de liderazgo que enfatiza lo colectivo y las comunidades donde viven", sostuvo


.La profesora no quiso dejar de citar a Carolina Maria de Jesus, autora de Quarto de despejo, un diario de una mujer que vivía en una favela de São Paulo en los años 60, para decir que la escritora “nos recordó que el hambre tendría que hacernos reflexionar sobre los niños y el futuro”. También dijo que la antropóloga y activista bahiana Lélia Gonzalez fue pionera en las conexiones entre raza, clase y género cuando apenas se hablaba de ello. "Ya hablaba sobre los vínculos entre negros e indígenas en la lucha por sus derechos. Esa es una de las lecciones que EE. UU. puede aprender con el feminismo negro de aquí".


Davis fue ovacionada al decir que considera el movimiento de las mujeres negras como el más importante de Brasil en la actualidad "en la búsqueda de la libertad". Antes de Salvador, en un encuentro internacional sobre feminismo negro y decolonial en Cachoeira, ya había defendido el poder de transformación de la movilización: "Cuando la mujer negra se mueve, toda la estructura de la sociedad se mueve con ella, porque todo se desestabiliza a partir de la base de la pirámide social en la que se encuentran las mujeres negras, se cambia la base del capitalismo"


.La conferencia en la UFBA finalizó con la insistencia de Davis en la necesidad de nuevos enfoques feministas con respecto al sistema penitenciario. "No reivindicamos ser incluidas en una sociedad profundamente racista y misógina, que prioriza la ganancia en detrimento de las personas. Reivindicar la reforma del sistema policial y penitenciario es mantener el racismo que estructuró la esclavitud. Adoptar el encarcelamiento como estrategia es abstenernos de pensar en otras formas de responsabilización. Por eso, hago hoy un llamamiento feminista negro para que abolamos el encarcelamiento como forma dominante de castigo y pensemos en nuevas formas de justicia."

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Viernes, 17 Marzo 2017 06:34

Tres despachos sobre György Lukács

Tres despachos sobre György Lukács

El acontecimiento. A sus treinta y tantos años, György Lukács (1885-1971) –ya un establecido historiador de literatura– llega al marxismo y comunismo no vía la Segunda Internacional ["la encarnación del positivismo determinista y oportunismo político"], sino mediante el idealismo y sindicalismo, y no tanto mediante la lectura de sus teóricos (apenas conoce El capital), sino por la revolución misma ["una ventana hacia el futuro"] (My road to Marx, 1933). Esto hace toda la diferencia del mundo. Su heterodoxia temprana y la mezcla del entusiasmo por la revolución rusa (1917) y del sabor de la derrota a raíz de la caída de la efímera República Soviética Húngara (marzo-agosto/1919) –en la que es comisario político en el frente y luego comisario popular de la educación– dan a luz una obra singular: Historia y conciencia de clase [HyCC] (1923). Su aparición es “uno de los pocos auténticos ‘acontecimientos’ en la historia del marxismo” (S. Zizek dixit). Igual que Karl Korsch, pero con más erudición, el "joven Lukács" se propone salvar a Marx de la bastardización socialdemócrata que permea hasta las filas bolcheviques: recupera su dialéctica y [re]introduce el concepto de la reificación. Pero su timing es fatal. La revolución está en retirada y en vías de osificación. Atacada desde el Comintern (Zinoviev, Kun, Deborin, Rudas) por su "revisionismo teórico", HyCC acaba en el índex estalinista (y con fama del "texto fundacional" del marxismo occidental, que separa la organización política del análisis social). Si bien se cree que pronto y sin una palabra Lukács se distancia de lo que es su opus magnum y acaba rechazándolo hasta sus últimos días (¡sic!) –véase el prólogo a la ed. francesa (1960) y el epílogo a la ed. de 1967–, "perdiendo más de lo que gana en cambio", a finales de los 90 en Moscú aparece un largo y nunca mencionado por él ensayo Seguidismo y dialéctica [SyD] (¿1925-6?), en el que defiende apasionadamente sus ideas. Este "eslabón perdido" (M. Löwy dixit, goo.gl/MWudFb) precisa algunos puntos en HyCC (J. Rees, en: Tailism and the dialectic, 2000, p. 27-30) salva al texto de las malas lecturas) –estalinismo/marxismo occidental– y resalta su singularidad.

 

De Lenin a Stalin. Uno de los objetivos de HyCC es desarrollar la base filosófica para el partido leninista. Lukács logra incluso lo que no logra Lenin: salir del atolladero teórico y vincular la estrategia revolucionaria y organizativa del partido con el corazón del pensamiento de Marx (la alienación). Este vínculo –por años desapercibido, pero innegable a la luz de SyD– con la lucha política y su perspectiva leninista es la “histórica incomprensión de HyCC desde el marxismo” (F. Jameson dixit). Lukács prolonga este análisis en Lenin: la coherencia de un pensamiento (1924), enfatizando las principales lecciones del revolucionario ruso: su insistencia en "abrazar el momento" (Augenblick) y rechazo a la noción de "fases objetivas" (el tema de subjetividad/objetividad y la inclinación por el primero le resultan cruciales para explicar el fracaso de la revolución húngara, que cae por los golpes de la Entente y la contrarrevolución del almirante Horthy (1920-1944), pero sobre todo por sus propios errores (goo.gl/zZgVSl). Tal vez de haberlo leído Lenin habría rechazado a HyCC por su "ultra-izquierdismo/infantilismo" (aunque según Löwy los ensayos que la componen fueron rescritos justo para borrar sus vestigios, G. L.: from romanticism to bolchevism, 1979, p. 11-25). Esa es la suerte del único texto lukacsiano que sí alcanza a leer, uno sobre el parlamentarismo (Lukács, Tactics and ethics: 1919-1929, 2013, p. 53-63), lo que no quita el hecho que "el joven Lukács" sea el "máximo filosofo del leninismo" (S. Zizek, Tailism..., p. 179). Pero con Lenin muerto (1924) y la ventana de la revolución cerrándose, Lukács entra en su "fase termidoriana". Se abraza con los que pisotean a HyCC e incluso defiende la tesis del "socialismo en un solo país": "igual que la ola alta lo lleva a la revolución de Lenin, el reflujo lo arrastra a la contrarrevolución de Stalin" (J. Rees..., p. 32).

 

La extinción. Después de la caída de la revolución, Lukács se queda en Budapest para reorganizar el partido comunista. Es una tarea fútil (R. L. Tökés, Béla Kun and the Hungarian Soviet Republic, 1967, p. 45). En Hungría reina el "terror blanco": unas 5 mil personas quedan ejecutadas (comunistas y judíos sin importar sus preferencias políticas). Decenas de miles acaban en el exilio. Lukács por poco huye a Viena (allí luego escribe HyCC). Hoy las fuerzas de la reacción están otra vez detrás de él: ordenan el cierre del Archivo Lukács localizado en su vieja casa en las orillas del Danubio, que se ocupa de sus escritos (RS 21, 14/3/16) y la remoción de una sobria estatua de él (1985) de uno de los parques (Look Left, 7/2/17). Fidesz, el derechista partido gobernante, está obsesionado con "Lukács-el comunista". Jobbik, su aliado, el partido neonazi, está obsesionado con "Lukács-el judío", la encarnación de la fantasía del "judeobolchevismo". En principio, los que ya poblaron el país con los monumentos de Horthy, el posterior aliado de Hitler, quieren sustituir la estatua de Lukács por la de B. Hóman (1885-1951), historiador e "intelectual orgánico" del fascismo húngaro [las Flechas Cruzadas] uno de los arquitectos de las leyes antijudías de los años 30/40. Al final se conforman con la de Esteban I (975-1038), el rey y el santo.

 

Coda. Desde luego que en el centenario de la revolución (1917-2017) hay que estar "atentos a sus lecciones", sólo que mirando desde la ventana de Mitteleuropa –donde ésta fue parada y condenada a su degeneración– todo se parece no a 1917, sino a 1919 (o a los 20), con:

 

i) la omnipresente glorificación de las más oscuras fuerzas del periodo de entreguerras (su ultranacionalismo y racismo abierto).

ii) un largo –de casi 100 años– y triunfal abrazo entre el protofascismo (los "Blancos") y el posfascismo (Jobbik, et al.), mientras la izquierda aún no se recupera después de lo de 1989.

iii) Y la hegemonía intelectual del anticomunismo (véase a Kolakowski, que lee HyCC sólo para buscar las "semillas de totalitarismo", Las principales corrientes del marxismo, 1974, t. III, p. 249-299).

Y no es por ser un aguafiestas. Es por captar bien el Zeitgeist.

 

Por Maciek Wisniewski *Periodista polaco

Twitter: @MaciekWizz

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“La muerte de mujeres en las maquilas recuerda a la fase del periodo de acumulación originaria”

El análisis feminista de la etapa de la transición del feudalismo al capitalismo y del trabajo reproductivo no asalariado como sostén del sistema capitalista han convertido a Silvia Federici, escritora, activista y profesora de la Universidad de Hofstra de Nueva York, en un referente para comprender la interconexión entre la crisis sistémica del capital y el incremento de las diferentes formas de violencias hacia las mujeres. Su paso por Ecuador para participar en diferentes encuentros con la academia y movimientos feministas durante el pasado mes de mayo, permitió una conversación en la que de manera crítica analiza la actualización directa e indirecta de la caza de brujas y las consecuencias de las políticas extractivistas sobre las vidas y los cuerpos de las mujeres en América Latina.


La crisis del sistema ha tenido un grave impacto para las mujeres en diversos aspectos, pero también de manera diferenciada según territorios. ¿Cuáles son las consecuencias que se pueden identificar a nivel global tanto en el ámbito del trabajo como en el reproductivo?


La crisis capitalista ha significado cosas muy diferentes para las mujeres, según los lugares del mundo, pero igualmente existen elementos comunes. Las mujeres hoy se enfrentan de una forma muy diferente, pero contundente, con una crisis muy fuerte de la reproducción a todos los niveles como consecuencia del fracaso del estado de bienestar, el fracaso del salario masculino, el de la política del pleno empleo, que ha obligado a muchas mujeres a salir de la casa, tomar un segundo trabajo que se ha añadido al trabajo doméstico no pagado, así que ahora la jornada laboral de las mujeres es una jornada sin fin. Las mujeres hoy deben trabajar fuera y dentro de la casa para recuperar todos los cortes de los servicios sociales que el estado ya no realiza. En Estados Unidos, las mujeres se encuentran en una crisis existencial, personal y colectiva, muy fuerte, y se han convertido en las mayores consumidoras de antidepresivos. El número de suicidios de mujeres se ha elevado y se calcula que la esperanza de vida de una mujer proletaria sin recursos es cinco años menor que la de su madre. A nivel más internacional, las mujeres de las áreas rurales de América Latina y de África se encuentran con un ataque muy grave al territorio, lo que implica un impacto específico hacia ellas. Se trata de una agresión a las formas de cultivo de subsistencia, que para muchas mujeres son una manera de tener autonomía del mercado y sustentar a su familia en un contexto social donde la comunidades han sido desmonetarizadas como consecuencia del ajuste estructural, con el desempleo, y muchas veces con el despojo de la tierra que poseían.


Y en este contexto, también se da un ataque hacia el cuerpo de las mujeres y su autonomía...


Sí, también existe un nuevo ataque directamente contra el cuerpo de la mujer, contra su capacidad reproductiva, contra su capacidad de controlar la procreación, un ataque que es diferente según los lugares. En otros casos, las mujeres se enfrentan, por ejemplo, a la esterilización. Durante los años noventa hubo una campaña de esterilización brutal es muchas partes de África, de India, de Indonesia. En estos países se realizan los safaris de la esterilización, donde se juntaban mujeres dándole a cambio pequeñas cosas, como arroz, para convencerlas de que debían ligar o cortar las trompas. Había miedo a que estas mujeres fueran a procrear una generación de jóvenes más combativa. Yo creo que estos programas de esterilización están conectados como una respuesta a las luchas de las nuevas generaciones de los territorios colonizados, generaciones que se proponían, como proyecto político, recuperar la riqueza robada.


En otros lugares, se prohíbe el aborto, como en Ecuador, que no solamente significa prohibir a la mujer el control sobre su cuerpo, es parte de toda una política para controlar el trabajo de las mujeres, para poner una vez más su sumisión a los hombres de la casa y a su sexualidad, y su capacidad reproductiva al control de los hombres y del estado. Esto es un proceso que se puede documentar a nivel internacional. En Estados Unidos, muchos estados han aprobado leyes que intentan controlar la vida y el comportamiento de las mujeres cuando están embarazadas. Se establecen penalizaciones por comportamientos que no son aceptados, así, en muchos hospitales donde van las mujeres que no tienen recursos, se realiza un test de sangre después del parto, y en caso de identificar alguna anormalidad, se les envían a prisión acusadas de sabotear la vida del futuro nacido. Mujeres embarazas que han sufrido accidentes de coche han sido arrestadas por irresponsables.


Se trata de un nuevo ataque como el que se produjo en el periodo de la acumulación originaria, y que pasa por el trabajo, por el acceso de las mujeres a la tierra y a su cuerpo. Es una súper explotación. Ahora las mujeres deben trabajar fuera del hogar, dentro del hogar y trabajar también en industrias que son formas de esclavización, como la maquila, las mujeres han sido la carne de cañón de la desestructuración industrial del mundo con la maquilización del trabajo. Las mujeres jóvenes han sido destinadas a consumir su cuerpo, consumir su vida, en estas nuevas plantaciones industriales, donde se dan formas de trabajo verdaderamente esclavizantes.


Las mujeres son expulsadas de la tierra, marginalizadas, se penaliza el cultivo de subsistencia y el cuerpo también. Por eso, muchas mujeres en América Latina hablan de cuerpo y territorio, por la continuidad que hay en él.


¿Cómo relaciona la crisis del sistema y la explotación de los territorios con la violencia hacia las mujeres y la caza de brujas?


Una imagen muy fuerte de lo que está ocurriendo a nivel internacional es el gran aumento de la violencia contra las mujeres, un incremento del número de atentados y de abusos de forma cuantitativa, pero también cualitativa, por la intensidad de la brutalidad: hoy las mujeres se matan, se desmiembran, se queman vivas, se entierran... En esta caza de brujas de África, las entierran vivas, las desmiembran con machetes. Y son formas de violencia que también se documentan en países como España y e Italia. Este fenómeno tiene muchas caras: la violencia que se usa para aterrorizar poblaciones, para vaciar territorios que son destinados a la comercialización, destinados a la empresa minera, es otro tipo de violencia, es la violencia de la que habla Rita Segato, y que tiene como finalidad dar un mensaje a la población sobre la falta de compasión y de consideración, de manera que se les obliga a abandonar el territorio. Se destruyen a las mujeres para destruir a la comunidad, para obligarlas a salir. Esta es una violencia conectada al trabajo, como el asesinato de mujeres en Ciudad Juárez, muchas de ellas trabajadoras de la maquila, que ha servido para paralizar su forma de organización, es un fenómeno también de la frontera y a estas formas de súper explotación, que al principio habían provocado protestas de las trabajadoras de la maquila, que se habían sofocado, paralizado, contra esta gran violencia. Y también está la violencia de los narcotraficantes, de paramilitares... Está la violencia de los hombres, de la familia, porque los hombres descargan sobre las mujeres las frustraciones que llegan de su pérdida de poder social, y hombres que intentan recuperar a través del cuerpo de las mujeres lo que han perdido perdiendo el salario. Yo decía que en el periodo de acumulación originaria el capitalismo dio las mujeres a los hombres como compensación por la tierra que habían perdido.

Hoy, el cuerpo de las mujeres es sustituto del salario y el empleo que han perdido. Hay hombres que venden a su pareja para el trabajo sexual, que es otro tipo de violencia, pero todas ellas están conectadas porque tienen sus raíces en la desestructuración del trabajo impulsado por el neoliberalismo, por la relación capitalista. Me interesa subrayar también la interacción entre violencia familiar, más no privada, porque es tolerada y mandatada por el estado, y la violencia pública e institucional. Y me interesa subrayar también la continuidad entre la violencia física del desmembramiento, de la quemadura, y de la política social, porque el empobrecimiento, la expropiación, el corte de los servicios sociales, deben ser considerados formas de violencia. Es importante no reducir la violencia a solamente la violencia directamente física, que es una medida central para imponer todo esto, pero que es parte integrante de otras violencias, que es integrada, configurada, en toda la organización capitalista del trabajo y de las relaciones sociales.


En diferentes países de África y Asia se han documentado asesinatos y torturas hacia mujeres acusadas de ser brujas. ¿Cómo se presenta en esta época la caza de brujas y con qué objetivos se ha producido esta actualización?


La caza de brujas que se conoce ahora empieza a actualizarse en los años ochenta, mano a mano con los programas de ajuste estructural y las políticas extractivistas que actúan de manera conjunta con el apoyo e intervención masiva en muchas partes del mundo, con un ejército de misioneros pentecostales financiados por las matrices más conservadoras de los partidos de derecha de los Estados Unidos, coincidiendo con la desestructuralización de la economía del tercer mundo, pero también de los países del primer mundo.


Estos misioneros llegaron pretendiendo hacer milagros, con propaganda e introduciendo la presencia de un diablo que conspira y que se esconde detrás de todos los males. Estos grupos tienen estrictos manuales de cómo reconocer a una bruja. En la televisión se difunden programas que enseñan a identificarlas, mientras que en los mercados populares también hablan de la brujería. Esto ha sido muy importante porque hay un conjunto de fenómenos de empobrecimiento, de migración, de desfragmentación y desmantelamiento del tejido social, como consecuencia de la intervención extranjera, principalmente de compañías mineras y petroleras que en muchos lugares conspiran con los jefes locales y con la organización pentecostal. Mujeres que viven solas, que se sustentan cultivando un trozo de tierra, empiezan a ser acusadas de brujas y de ser responsables de todo lo malo que ocurre en la comunidad, como la muerte de un niño, de un animal o de un accidente de coche. Ahora, familiares de mujeres que tienen tierra, sobre todo jóvenes que quieren apropiarse de esa tierra, se convierten en mercenarios de esos otros personajes.


En muchos lugares, la ausencia de asistencia médica ha sido sustituida por la figura del curandero. El curandero moderno es una figura que se presenta como alguien capaz de reconocer a las brujas. A veces, los jefes locales traen curanderos, o a personajes que se dicen capaces de reconocer a las brujas, mujeres que terminan siendo golpeadas, torturadas, despojadas de sus propiedades, y asesinadas. En Tanzania, en 2014, casi mil mujeres han sido asesinadas o brutalmente abusadas, acusadas de ser brujas, y es algo que también ocurre en otras partes de África, y en otras zonas como India.

En África, hay hombres ancianos acusados de ser brujos, con el claro objetivo de confiscar su pensión. Los jóvenes acusaban a personas mayores de ser brujos, en el momento justo en el que estas personas regresaban de la ciudad con dinero, con el objetivo de confiscar su ganancia. Vemos de esta manera la conexión y complicidad entre estos fenómenos y las políticas de despojo, la relación entre el contexto del despojo, del empobrecimiento y de la fragmentación de la solidaridad social. Y a esto se añade una comunalidad de intereses entre los grandes actores, los gobiernos, con los planes de desarrollo, con su complicidad con las compañías mineras, petroleras, que están interesadas en desplazar aldeas y comunidades enteras, o a realizar formas muy contaminantes de extracción. Y, en esta situación, una juventud sobre todo masculina local que no tiene futuro, que no ve capacidad de algún empleo o estudio, y que no sabe cómo salir del empobrecimiento, es fácilmente reclutada por los jefes locales y por la compañía minera para formar parte de su ejército privado. Es decir, terminan siendo utilizados para enfrentarse a las comunidades, sobre todo a las mujeres. Esperando apropiarse de un trozo de tierra y de los pocos recursos que puede haber, son los que acusan directamente a las mujeres de ser brujas.


En África y en India se produce una caza de brujas bajo acusación directa, pero en otras regiones del mundo, como América Latina, ha identificado una criminalización de las prácticas y saberes tradicionales.


Las diferentes versiones de la caza de bruja están conectadas. Está la caza de brujas que pasa por la acusación directa en la que te dicen: “tú eres bruja”; pero también existe una caza indirecta en la que se lleva a cabo la criminalización de las prácticas y saberes que no gustan al estado porque dan autonomía a las mujeres y no puede ejercer su control. Junto a la criminalización de estos espacios de autonomía se da un conflicto intergeneracional, que es un conflicto de valores. Los jóvenes, también las mujeres, vinculan la felicidad con el desarrollo del consumo, en el marco del sistema capitalista monetario, y ven con desprecio y con rechazo a sus mayores, sobre todo a las mujeres, porque tienen valores que consideran atrasados, como amar a la naturaleza y negarse a vender la tierra.


En mi investigación, he encontrado testimonios de hombres mayores que afirman tener miedo de que un hijo los mate para vender su tierra y con el dinero comprar un taxi. Literalmente, es el pensamiento del Banco Mundial, que ha adoptado la teoría del economista peruano Hernando de Soto, quien afirma que la tierra no es verdaderamente fértil y que, si hoy hay pobreza en el mundo, se debe a que millones de personas usan la tierra para sustentarse. Según este pensamiento, la tierra es fértil solo cuando se usa de manera colateral, cuando se intercambia con el banco por un préstamo monetario con el que se va a impulsar un negocio. Y este es el pensamiento de los jóvenes, ven que el futuro está en el dinero, no está en los árboles, ni en la tierra, ni en los animales.


Este desprecio y desvalorización es parte de un proceso histórico de desvalorización de las mujeres, de la tierra, del proceso de reproducción y de desvalorización de la vida, cuando la vida solo sirve como medida de la ganancia individual por la acumulación de la riqueza individual.


Las políticas extractivistas y la explotación de los territorios se justifican en algunos países de América Latina como un “mal necesario” que permite obtener financiamiento dirigido al desarrollo social. ¿Qué han supuesto estas políticas de manera específica para las mujeres?


Es mentira que estas acciones extractivistas sobre el territorio permitan un desarrollo social, y es una visión que he elaborado a partir de muchos encuentros con mujeres en América Latina sobre lo que está sucediendo. En algunos países se ofrecen a cambio del despojo bolsas familiares, que no pueden compensar de ninguna manera la gran catástrofe, el desplazamiento y la contaminación de la tierra en la vida de los pueblos, en general, y de las mujeres, en particular. La contaminación de la tierra, implica la pérdida de la vida, la cultura y los saberes, no se deja nada a las siguientes generaciones, de manera que es un ataque a la vida misma. Esas pequeñas bolsas familiares que se dan en algunos países nunca fueron pensadas para el bienestar de las mujeres, si no para dar la impresión de que se ofrecía algo a cambio y, sobre todo, para desmovilizar la protesta que surgía del despojo. Se pretende eliminar la forma más horrenda de empobrecimiento, pero estas bolsas familiares nunca fueron dirigidas a cambiar el modo de producción, a crear una sociedad más justa. Y me parece, hablando con muchas mujeres de Bolivia, pero también de Sudáfrica, que las políticas de las bolsas familiares es un estándar de estos gobiernos que se dicen progresistas. Además, los requisitos exigidos para recibir las bolsas son complicados y aquellas mujeres de zonas rurales que no están familiarizadas con las instituciones pierden estas bolsas que no cambian las condiciones de vida ni tampoco el sistema de producción. Más bien, piensan que es una forma de control gubernamental por integrarlas en la economía monetaria y controlar a unas mujeres que estaban fuera del sistema. Además, con la caída de los ingresos como consecuencia de la bajada del precio del petróleo, es probable que esta medida vaya a desaparecer.


Precisamente, usted observa una relación entre la expropiación de la tierra y la nueva organización de la producción industrial, con la maquila como único medio de subsistencia para las mujeres que han sufrido el despojo.


La desestructuración de la producción industrial a nivel global fue la respuesta a la enorme lucha de las décadas de los años sesenta y setenta contra la gran concentración industrial. El desmantelamiento de empresas, como Fiat, ha dejado ciudades fantasmas, como Detroit, que ha perdido más de la mitad de su población, después de que se convirtiera en un centro de lucha obrera. Es muy interesante ver cómo desde finales de la década de los años ochenta se ha reconstruido la organización del trabajo a nivel mundial, han cerrado y desmantelado la gran concentración industrial y la reorganizaron la producción industrial a nivel internacional con la maquila, que es alimentada por la expropiación de la tierra. En América Latina, la expropiación de la tierra es la raíz de la maquila, ya que las mujeres jóvenes no pueden sustentarse con una actividad del campo que dejó de existir, y ante la falta de oportunidades se ven obligadas a trabajar en la maquila. Son trabajadoras cuyos padres perdieron la tierra o se han endeudado con la política de Monsanto para comprar las semillas. El despojo de la tierra, el endeudamiento de los campesinos, que ha provocado tantos suicidios, ha sido la base y el fundamento sobre el cual se ha construido la maquila, que ha sido el reemplazo de las grandes concentraciones industriales. La maquila es una institución militar, no solamente económica, y en ella se puede poner cualquier condición de trabajo: no se permite la organización ni la sindicalización, no existen horarios ni protección de los derechos. La maquila es un ataque contra la salud de las mujeres y un ataque contra los derechos humanos en general. Hay que recordar cuántas mujeres han muerto por no poder salir de un incendio, a causa del cierre de puertas de la fábrica, es algo que recuerda a la fase del periodo de acumulación originaria. En Foxconn, la empresa que fabrica los productos para Apple, trabajan sesenta mil mujeres con unas condiciones de trabajo tan brutales, que han adoptado el suicidio desde los techos de la fábrica como estrategia de lucha, y ahora hasta les hacen firmar un compromiso de que no van a suicidarse en el trabajo.

 

Mª Cruz Tornay*
Revista Pueblos


*Mari Cruz Tornay Márquez forma parte del consejo de redacción de Pueblos – Revista de Información y Debate.

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De tragedia en tragedia Guatemala se hunde

Uno se pregunta que si otros países logran levantarse y florecer, qué sucede con Guatemala que cada día se hunde en la miseria y la tragedia. No hay que pensarlo mucho, la respuesta está ahí en el reflejo del espejo: somos nosotros. Nosotros como sociedad somos los causantes de su decadencia. Todos y cada uno de nosotros, aquí nadie se salva.

Y un ejemplo claro y reciente es el de la tragedia de El Cambray. Gracias al oportunismo, a la eterna corrupción, a nuestra insensibilidad y a la irresponsabilidad de autoridades incompetentes existen lugares como El Cambray que son inevitables y ahí sobreviven miles de familias marginadas.

¿Cuántas familias viven en los vertederos? Sí, hablo de los basureros guatemaltecos, ¿cuántas familias comen y se visten de la basura? ¿Cuántas familias duermen entre basura? ¿Cuántos niños crecen entre toneladas de basura? ¿A cuántas niñas violan y las hacen parir dentro de un basurero? ¿Y nosotros como sociedad? Bien, gracias. Por qué a ellos somos incapaces de verlos. Tenemos la ineptitud y la desidia de no percibirlos y de ignorarlos. Y por si fuera poco la saña y el clasismo para segregarlos, para castigarlos doblemente con nuestra doble moral. Porque hay algo propio del pueblo guatemalteco y no es la solidaridad, es la doble moral y el alardear.

Si de por sí con un sueldo básico es tan difícil la sobrevivencia, lo que será para las familias que como toda oportunidad de desarrollo tienen que pasarse el día entero de sol a sol buscando sustento entre toneladas de basura. Hay que imaginar el hedor, la contaminación, el desaliento y la frustración de miles de guatemaltecos que nacen, crecen y mueren ahí a la vera de nuestra hipocresía e ingratitud. ¿Cuánto de responsabilidad tiene el gobierno, la impunidad del sistema y nuestra dejadez como sociedad para que Guatemala no florezca? Todos ponemos nuestra cuota para hundirla.

¿Hemos imaginado cómo están de destrozadas las vértebras de un cargador de bultos, las pupilas de los jornaleros que cortan caña, sus pulmones? ¿Cómo están las venas de las personas que trabajan en maquilas, todo el día de pie? ¿Cómo están las manos de los niños que pican piedra? ¿La garganta de los ayudantes de camioneta? ¿La espalda de los albañiles? Esa otra Guatemala que fingimos no ver. ¿Hemos imaginado a una niña, adolescente o mujer siendo violada por 40 hombres al día en un bar que cuenta con los permisos del clérigo, del gobierno y de nuestra doble moral? Imaginemos un solo día en su lugar. Nosotras que somos mujeres que sabemos lo que es la menstruación, imaginemos a una niña a la que le hacen bajar la sangre que se revuelve con otra sangre cuando la violan. Un niño cuando es sodomizado. Y sucede todos los días a todas horas y lo sabemos, y lo ocultamos y lo dejamos pasar: oramos.

Imaginemos vivir en una colonia sin agua potable y sin electricidad. Sin servicio de drenajes. Pues así viven miles de familias guatemaltecas en las periferias de la capital, ¿y qué es lo que hacemos? Estigmatizarlas, cerrarles las puertas, discriminarlas y mancillarlas con apelativos que muy bien corresponden a nuestra indolencia y falsedad.

Imaginemos el dolor del hambre, el frío, el dormir bajo la lluvia. Imaginemos la hambruna crónica. Caminar sin zapatos entre astillas. Esa otra Guatemala existe, respira, se agobia, llora, es ultrajada frente a nuestro descaro. El alud no debería llevarse a los inocentes, debería llevarnos a nosotros por tibios.

¿Nos hemos puesto a pensar por qué hay muchos que tuercen el camino y terminan en cárceles? No, no es por haraganes, es por el escarnio, la falta de oportunidades, la miseria, el hostigamiento; los aislamos. Los obligamos a migrar y emprenden el peregrinaje hacia la muerte en la frontera.

Guatemala es tan bella en flores de crisantemos, en cogollos de izotes, en flor de chipilín, en ocasos color flor de fuego, en las sonrisas de las crías de aldea, en el olor a pino fresco y a ocote, en sus multiculturas, Guatemala es un poema; la desgracia somos nosotros que la hundimos cada día más.

A Guatemala le debemos una Revolución, un cambio de raíz. A Guatemala le debemos respeto, amor, reverencia y entrega. Y no cartelitos de colores, ni bronceadas de fin de semana y mucho menos fotografías de alardeos en redes sociales. Guatemala necesita que la fe salga de la iglesia y del diezmo y se vuelva río, viento, hoguera: rebeldía, libertad.

A Guatemala se le tiene que amar con el alma, con la vena y con lealtad. Para sacar adelante a Guatemala tenemos que encarar nuestros males: el clasismo, la arrogancia, la homofobia, el apocamiento. Pero qué va, "En mi país, qué tristeza/ la pobreza y el rencor. Dice mi padre que ya llegará/desde el fondo del tiempo otro tiempo/ y me dice que el sol brillará/sobre un pueblo que él sueña/labrando su verde solar. En mi país, que tristeza/la pobreza y el rencor".

Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Octubre 07 de 2015.

Estados Unidos.

Publicado enInternacional
Domingo, 05 Diciembre 2010 08:12

Brasil. El Ejército ocupa las favelas

El Ejército brasileño encabezará una misión de paz en las favelas de Río de Janeiro ocupadas por la policía y que eran bastiones del narcotráfico, informaron ayer el ministro de Defensa, Nelson Jobim, y el gobernador del Estado, Sergio Cabral, en conferencia de prensa.

Jobim, con la aprobación del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, anunció el apoyo solicitado por el “gobierno del Estado (de Río) para mantener el orden y la paz hasta el final de la instalación de la Unidad de Policía Pacificadora”, en los complejos de favelas Alemao y Penha (norte), que incluye a la ocupada Vila Cruzeiro, destacó Cabral tras la reunión que mantuvieron.

El Ejército, que apoya a las policías locales en la operación de ocupación de las favelas, tenía hasta este momento una función logística y de preservación de los perímetros de las zonas ocupadas. Sin embargo, ahora con esta “fuerza de paz que estará comandada por un comandante militar”, los militares estarán encargados del “patrullaje, revista y prisión en flagrante” de los barrios, mientras que la policía de Río se hará cargo de las operaciones de búsqueda y aprehensión, explicó Jobim.

Las autoridades precisaron que la nueva etapa de ocupación comenzará una vez se haga una evaluación de la situación, y afirmaron que su duración va a depender de la evolución de los trabajos. En principio las autoridades de Río de Janeiro habían pedido la permanencia del Ejército durante siete meses.

Brasil comanda la fuerza militar de paz de la ONU en Haití desde 2004, donde ganó gran experiencia en el patrullaje urbano, en los barrios de Puerto Príncipe a menudo también copados por la violencia. Pero ésta será la primera vez que el Ejército brasileño instale una fuerza de paz en su propio país.

Por su parte, una figura clave del futuro gobierno de la presidenta electa de Brasil, Dilma Rousseff, anunció que la presidenta reforzará el control de las fronteras para impedir el ingreso de drogas y armas que abastecen al narcotráfico, como en Río de Janeiro, afirmó ayer el que será su futuro ministro de Justicia, José Eduardo Cardozo, autor de un nuevo plan de seguridad. “El Estado federal tiene un papel importante en la articulación de las provincias” para combatir el tráfico de armas y drogas y en la “fiscalización de las fronteras”, declaró Cardozo.

En el ataque policial-militar de las favelas de Río de Janeiro realizado en esta semana, que dejaron un saldo de más de 30 muertos, también fueron incautadas cerca de 40 toneladas de marihuana, cocaína y decenas de armas de guerra, posiblemente ingresadas a través de los 15.000 kilómetros de fronteras brasileñas, según la policía.

Rousseff consideró positivo el operativo contra las bandas afincadas en las favelas del Complexo do Alemao y prometió continuar apoyando el combate contra el narcotráfico en su gobierno. El próximo ministro de Justicia, Cardozo, recordó que según la Constitución brasileña la seguridad es competencia de los estados provinciales, pero la Unión va a colaborar con ellas a través de la Policía Federal, los servicios de inteligencia, la Fuerza Nacional de Seguridad y las Fuerzas Armadas.

Consideradas “bunker” de los traficantes, las favelas Vila Cruzeiro y Complexo do Alemao fueron ocupadas el fin de semana pasado por la policía y el Ejército, en un operativo inédito en respuesta a una serie de ataques en la ciudad de Río de Janeiro que dejaron más de 100 vehículos incendiados.

Los operativos, que comenzaron el 21 de noviembre, se saldaron con 37 muertos, la mayoría de ellos supuestos traficantes. Durante las operaciones, la policía civil de Río informó que detuvo a 118 personas y confiscó 518 armas de varios calibres.

Cardozo elaboró un programa de seguridad denominado “El Estado más fuerte que el crimen”, que dispondrá de más de 1000 millones de dólares para financiar en 2011 la instalación de unidades policiales y la implementación de planes sociales en las favelas de Río de Janeiro y otras capitales.
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