El programa mundial de Bill Gates y cómo podemos resistir a su guerra contra la vida

En marzo de 2015 Bill Gates enseñó la imagen de una muestra del virus de la influenza en una charla TED y dijo a la audiencia que era la imagen del mayor desastre de nuestro tiempo. La verdadera amenaza para la vida, dijo, no son los «misiles, sino los microbios». Cuando cinco años después la “pandemia” del coronavirus barrió la tierra como un tsunami volvió a utilizar el lenguaje bélico, al calificar a la “pandemia” de “guerra mundial”.

“La ‘pandemia’ del coronavirus alza contra el virus a toda la humanidad”, dijo.

En realidad, la «pandemia» no es una guerra. La «pandemia» es una consecuencia de la guerra. Una guerra contra la vida. La mentalidad mecánica relacionada con la máquina de dinero de la extracción ha creado la ilusión de un hombre separado de la naturaleza y la naturaleza como materia prima muerta e inerte para ser explotada. Pero, de hecho, somos parte del bioma. Y somos parte del viroma. Somos el bioma y el viroma. Cuando hacemos la guerra contra la biodiversidad de nuestros bosques, nuestras granjas y nuestras entrañas, nos hacemos la guerra.

La emergencia sanitaria del coronavirus es inseparable de la emergencia sanitaria que constituye la extinción, la emergencia sanitaria que constituye la destrucción de la biodiversidad y la emergencia sanitaria que constituye la crisis climática. Todas estas emergencias están vinculadas a una visión del mundo mecanicista, militarista y antropocéntrica que considera a los humanos seres separados de los demás seres y superiores a ello. Unos seres que podemos poseer, manipular y controlar. Todas estas emergencias tienen sus raíces en un modelo económico basado en la ilusión de un crecimiento ilimitado y de una codicia ilimitada, que violan los límites planetarios y destruyen la integridad de los ecosistemas y de las especies individuales.

Se producen nuevas enfermedades porque la agricultura globalizada, industrializada e ineficiente invade los hábitats, destruye los ecosistemas y manipula a los animales, a las plantas y a otros organismos sin respetar ni su integridad ni su salud. En todo el mundo nos estamos uniendo para hacer frente a la propagación de una enfermedad como el coronavirus, que hemos causado al invadir los hábitats de otras especies, manipular plantas y animales con fines comerciales y codiciosos, y practicar el monocultivo. Cuando arrasamos bosques, convertimos las granjas en monocultivos industriales cuya producción es tóxica y nutricionalmente nula, cuando nuestros alimentos se degradan debido a la transformación industrial con unos químicos sintéticos y genéticamente manipulados, cuando nos aferramos a la ilusión de que la tierra y la vida son materias primas destinadas a ser explotadas con fines de lucro, estamos, en efecto, todos unidos. Pero en lugar de unirnos con el propósito de preservar nuestra salud protegiendo la biodiversidad, la integridad y la autoorganización de todos los seres vivos, incluidos los humanos, nos hemos unido para hacer frente a una enfermedad.

Según la Organización Internacional del Trabajo, “1.600 millones de un total mundial de 2.000 millones de trabajadores de la economía informal (los más vulnerables del mercado laboral) y una mano de obra mundial de 3.300 millones de personas se enfrentan a unas considerables dificultades para ganarse la vida, debido a las medidas de confinamiento y / o porque trabajan en los sectores más afectados». Según el Programa Mundial de Alimentos, 250 millones más de personas pasarán hambre y 300.000 podrían morir diariamente. Esto también son pandemias que matan a la gente. No se pueden salvar vidas matando a la gente.

La salud concierne a la vida y a los sistemas vivos. Sin embargo, la «vida» no existe en el modelo de salud que Bill Gates y los de su calaña están promoviendo e imponiendo en el mundo. Junto con sus aliados en todo el mundo define desde arriba tanto los problemas relacionados con la salud como los medios para resolverlos. Paga para formular los problemas y después usa su influencia y su dinero para imponer sus soluciones. Y en ese proceso se enriquece aún más. El resultado de su «financiación» es la eliminación de la democracia y de la biodiversidad, de la naturaleza y de la cultura. Su “filantropía” no es solo “filantrocapitalismo”, sino “filantroimperialismo”.

La pandemia de coronavirus y el confinamiento han demostrado aún más claramente cómo se nos reduce a objetos que deben ser controlados, y nuestros cuerpos y nuestras mentes se convierten en una especie de nuevas colonias que hay que invadir. Los imperios crean colonias, las colonias reúnen los bienes comunes de las comunidades autóctonas y los transforman en fuentes de materias primas que se es traen con fines de lucro. Esta lógica lineal y extractiva es incapaz de percibir las relaciones íntimas que permiten la vida en la naturaleza. Es ciega a la diversidad, a los ciclos de renovación, a los valores de dar y compartir, así como al poder y al potencial de la autoorganización y de la ayuda mutua. Es ciega al desorden que crea y a la violencia que provoca. El confinamiento prolongado del coronavirus ha sido una experiencia de laboratorio para un futuro sin humanidad.

El 26 de marzo de 2020, en el apogeo de la pandemia del coronavirus y en medio del confinamiento, la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) concedió a Microsoft una patente. La patente WO 060606 establece que «la actividad del cuerpo humano asociada a una tarea encomendada a un usuario se puede utilizar en un proceso de minería de criptomoneda …».

La «actividad corporal» que Microsoft aspira a «extraer» comprende las radiaciones emitidas por el cuerpo humano, la actividad cerebral, la circulación de los fluidos corporales, la circulación sanguínea, la actividad de órganos, los movimientos corporales (como los movimientos oculares, los movimientos faciales y los movimientos musculares), así como todas las demás actividades que se puedan detectar y representar por imágenes, ondas, señales, textos, números, grados o cualquier otra información o dato.

La patente es una exigencia de propiedad intelectual sobre nuestro cuerpo y nuestra mente. En el colonialismo los colonizadores se arrogan el derecho de tomar las tierras y los recursos de los pueblos autóctonos, de eliminar su cultura y su soberanía y, en casos extremos, de exterminarlos. La patente WO 060606 es una declaración de Microsoft según la cual nuestro cuerpo y nuestra mente son sus nuevas colonias. Somos minas de «materias primas», los datos extraídos de nuestro cuerpo. En lugar de seres soberanos, espirituales, conscientes e inteligentes que toman decisiones eligiendo con sabiduría y que poseen unos valores éticos con respecto al impacto que tienen nuestras acciones en el mundo natural y social del que formamos parte y al que estamos indisolublemente vinculados, somos “usuarios «. Un «usuario» es un consumidor sin elección en el imperio digital.

Pero la visión de Gates no se limita a eso. De hecho, es todavía más siniestra: se trata de colonizar el cerebro, el cuerpo y la mente de nuestros hijos antes incluso de que hayan tenido la oportunidad de comprender cómo es la libertad y la soberanía, empezando por los más vulnerables.

En mayo de 2020 el gobernador Andrew Cuomo de Nueva York anunció que había establecido una asociación con la Fundación Gates con el objeto de «reinventar la educación». Cuomo calificó a Gates de visionario y argumentó que la «pandemia» ha creado «un momento en la historia en el que verdaderamente podemos integrar y hacer avanzar estas ideas (de Gates) […] ¿qué sentido tienen todos estos edificios, todas estas aulas físicas, con la tecnología de la que disponemos?”.

De hecho, desde hace dos décadas Gates trata de desmantelar el sistema de educación pública de los Estados Unidos. Para él, los alumnos son minas de datos. Por eso los indicadores que él promueve son la asistencia, la matrícula universitaria y los resultados de las pruebas de matemáticas y lectura, ya que se pueden cuantificar y explotar fácilmente. En esta reinvención de la educación se controlará a los niños por medio de sistemas de vigilancia para ver si prestan atención mientras se les obliga a asistir a clases de forma remota, solos en casa. Es una distopía en la que los niños nunca vuelven a la escuela, no tienen la oportunidad de jugar, no tienen amigos. Es un mundo sin sociedad, sin relaciones, sin amor ni amistad.

Cuando miro hacia el futuro en el mundo de Gates y de los barones de la tecnología veo una humanidad aún más polarizada, con grandes cantidades de personas “desechables” para las que no hay sitio en el Nuevo Imperio. Y los que fueren incluidos en el nuevo Imperio serán poco más que esclavos digitales.

Pero podemos resistir. Podemos sembrar otro futuro, mejorar nuestras democracias, reivindicar nuestros bienes comunes, regenerar la tierra como miembros vivos de la Familia de Una Tierra, rica en nuestra diversidad y libertad, una en nuestra unidad e interconectividad. Es un futuro más saludable, uno por el que debemos luchar, uno que debemos reivindicar.

Estamos al borde de un precipicio de la extinción. ¿Dejaremos que una máquina de codicia que no conoce límites y es incapaz de detener su colonización y su destrucción extinga nuestra humanidad conformada por seres vivos, conscientes, inteligentes y autónomos? ¿O detendremos la máquina y defenderemos nuestra humanidad, nuestra libertad y nuestra autonomía para proteger la vida en la tierra?

Este artículo es el epílogo del último libro de Vandana Shiva Oneness vs. the 1%: Shattering Illusions, Seeding Freedom(Chelsea Green Publishing, agosto de 2020) y se reproduce con permiso del editor. Editorial Popular ha publicado en castellano este libro (El planeta es de todos, Madrid, Editorial Popular, 2019, traducción de Rodolfo Lastra Muela), aunque sin este epílogo.

Por Vandana Shiva | 21/10/2020 |

Traducción de Susana Merino para Rebelión

Fuente: https://www.mondialisation.ca/leprogrammemondialdebillgatesetcommentnouspouvonsresisterasaguerrecontrelavie/5649999

Jueves, 11 Junio 2020 06:06

Retrato de relatos

Retrato de relatos

El teléfono y el psicoanálisis

Esa tarde tenía que entrevistar a tres pacientes. El primero a las 16, el segundo a las 17 y el tercero a las 18.30. Los había llamado a cada uno y, finalmente, tenía frente a mí la imagen, en la pantalla del teléfono celular, del tercero de ellos.

El primero era un abogado que ocupaba el escritorio de una empresa de construcción. El segundo era un deportista que cumplía la función de director técnico de un equipo de fútbol. El tercero, un economista que controlaba los gastos de un ferrocarril. Estos gastos aparecían, en estos momentos, sin control --en palabras de mi paciente--. Si los gastos seguían mucho tiempo sin control --decía el paciente-- se corría el riesgo de destrucción de los vagones y de descarrilamientos.

La imagen de mi teléfono celular, si bien retrataba a mi paciente y me permitía observarlo, pese a no encontrarse personalmente frente a mí, no me permitía definir con claridad sus sentimientos.

La posibilidad de acceder a la imagen de mi paciente, que mi teléfono ofrecía, no era de una manera tal que salvara la distancia física. Por eso, la sesión que posibilitaba la utilización de la videocámara de mi teléfono, con respecto al “cara a cara” en el consultorio, parecía disminuida.

Cabía, entonces, preguntarse si eso que sucedía a través de la pantalla del celular sería psicoanálisis o no lo sería.

El psicoanálisis trabaja con el lenguaje y con los sentimientos. El lenguaje aporta frases, relatos, palabras; los sentimientos registran alegrías y dolores, recuerdos gratos e ingratos.

En alguna medida, el teléfono permitía percibir lenguaje y sentimientos de mis pacientes. Desde esta perspectiva, el teléfono permitiría retener los valores que el psicoanálisis aporta.

Pero, también dijimos, la percepción de sentimientos no tenía claridad en la imagen retratada en la pantalla. De este modo, la pregunta permanecía abierta para el debate: ¿el teléfono permitía retener los valores que el psicoanálisis aporta?

Juan Carlos Nocetti es psicoanalista.

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Luis Rojas Marcos, psiquiatra

El psiquiatra asegura que la COVID-19 va a dejar secuelas psicológicas en la población para las que receta "compartir experiencias" en terapias de grupo

 

El psiquiatra Luis Rojas Marcos (Sevilla 1943) compagina desde hace años su labor médica y docente con trabajos de gestión y de coordinación en el sistema sanitario. Como ya le ocurrió en el 11S, la pandemia de la COVID-19 no le ha dejado ni un día de descanso. En la actualidad dirige una organización sin ánimo de lucro (PAGNY), integrada por 4.000 médicos y profesionales de la salud que prestan sus servicios en seis hospitales públicos de Nueva York y en el complejo penitenciario de Rikers Island, que tiene un total de diez cárceles y 10.000 presos.

Hablamos con él por Skype un domingo por la tarde (hora de Nueva York). Durante la entrevista, señala que gran parte de la población "va a sufrir estrés post traumático y las terapias de grupo, en el caso de la pandemia de coronavirus, pueden ser más beneficiosas que la terapia individual". 

¿Cómo ha reaccionado Nueva York a la pandemia?

Estados Unidos no estaba preparado y Nueva York tampoco. En un inicio, no teníamos suficientes mascarillas, ni suficientes respiradores, ni suficientes pruebas. En lugar de adaptar los recursos a las necesidades y a los consejos de los profesionales de la salud, se adaptó el discurso a los recursos. Se escucharon mensajes como "no hace falta que te pongas mascarilla", "no hace falta que te hagas la prueba". Ahora el mensaje es otro y se ha demostrado que el discurso inicial respondía a una falta de recursos. Eso ha desorientado a la población y ha alimentado la ansiedad y la sensación de vulnerabilidad y de incertidumbre. 

Como responsable del Sistema de Salud y Hospitales Públicos de Nueva York, jugó un papel fundamental en las atenciones médicas y psicológicas a las víctimas y a sus familiares del 11-S. ¿Le ha servido ahora esa experiencia?  

Los atentados del 11-S fueron una gran tragedia pero el enemigo era visible. Sabíamos que detrás de esas muertes había una organización terrorista. Murieron 3.000 personas, muchas otras se salvaron y en los hospitales prácticamente no atendimos heridos. En este caso, los hospitales de Nueva York se han llenado de enfermos de COVID-19. Esta pandemia nos plantea nuevos retos. Son muchas las incógnitas, y la cifra de muertos y de enfermos es enorme. Las personas que pierden a un familiar no pueden despedirse de él. Sí creo que en ambos casos es clave proteger la salud mental de la población. 

También vivió la epidemia de VIH que azotó a Nueva York. 

Sí, y en ambos casos el contexto es de epidemia y de infección. En el caso de la epidemia de VIH sin lugar a dudas un factor fue la estigmatización de ciertos grupos. De hecho, aunque el coronavirus no discrimina, en el caso de Nueva York la enfermedad ha afectado de forma desproporcionada a las minorías ya que han tenido que seguir trabajando para comer.

En el caso de la epidemia del VIH, sabíamos cómo se transmitía y sabíamos que la mejor manera de evitar el contagio era tener relaciones sexuales con protección. En el caso de la pandemia actual, las formas de protección son más variables y tienen un impacto significativo sobre toda la sociedad. No podemos abrazarnos, ver a nuestros nietos o reunirnos con familiares o amigos. 

¿Cómo podemos gestionar mejor esta situación?

Las personas que sienten que controlan una situación tienden a llevar mejor este tipo de adversidades. Por el contrario, las que se sienten impotentes y creen que todo depende de la suerte, la casualidad o de terceros, lo llevan peor. También es importante que programemos nuestro día a día, tengamos rutinas y la fuerza de voluntad para hacer lo que nos habíamos propuesto. El ejercicio físico es fundamental. Asimismo, es importante no culparnos, entender que si perdemos el trabajo o nuestro negocio va mal es porque, como humanidad, estamos pasando por un momento muy complicado. Y viajar en el tiempo.

¿En qué consiste?

Imaginar el futuro y recordar el pasado. Nos ayuda proyectar y decirnos a nosotros mismos que esta situación es temporal y que la superaremos. El sentido de futuro es muy importante en los seres humanos. Siempre estamos pensando y hablando de lo que haremos en un futuro y forma parte de nuestra rutina diaria: qué haremos por la tarde, qué haremos el fin de semana, dónde iremos este verano. Cuando no podemos proyectar, podemos sentir ansiedad y, con el paso del tiempo, depresión. También nos ayuda recordar situaciones pasadas en las que conseguimos superar momentos difíciles y esto nos hizo más resilientes. Siempre digo a mis pacientes que la resiliencia es una mezcla de resistencia y de flexibilidad. Encajas el golpe y con el tiempo consigues sobreponerte e incluso ser más fuerte y positivo. 

En Wuhan, muchos han afirmado que ayudar a los demás les hizo sentir mejor.

Ayudar también es una fuente de satisfacción y un método de supervivencia. Muchos estudios han demostrado que las personas que ayudan a los demás tienen más posibilidades de salir indemnes de una calamidad. Sabemos por ejemplo que en los accidentes de aviación, los que ayudan a otros pasajeros tienen más posibilidades de sobrevivir. El hecho de no estar tan pendiente de ti mismo y estar pensando en la persona que tienes al lado hace que no suban tus niveles de ansiedad, no te bloquees, puedas pensar con más claridad y actúes correctamente. Es decir, tienen menos ataques de pánico y reaccionan más rápido. 

Los expertos en salud mental afirman que gran parte de la población sufrirá estrés postraumático. ¿Cómo prevenirlo o tratarlo? 

El estrés postraumático se da cuando sufrimos un hecho que nos produce un nivel de estrés alto o cuando el estrés no es tan alto pero sí continuado en el tiempo. Algunas personas han perdido a familiares, otras el trabajo y les preocupa no poder dar de comer a sus hijos, otras, se sienten atrapadas en sus casas. Los estados de ansiedad no tratados pueden dar lugar a una depresión, que es la perdida de esperanza. El sistema de salud mental debe organizar grupos de apoyo de entre 8 y 12 personas. Hemos podido comprobar que son extremadamente beneficiosos para la población.

¿Cuándo debemos pedir ayuda?

Cuando la ansiedad nos causa insomnio o pérdida de apetito, falta de concentración o irritabilidad. El paso siguiente es la depresión y por eso es importante detectar lo antes posible estos cuadros de ansiedad y pedir ayuda. En mi opinión, son tantas las experiencias que podemos compartir que las terapias de grupo son muy beneficiosas.

Mientras no sea posible hacerlas de forma presencial, se pueden hacer por vídeo. Sí es cierto que la parte visual es fundamental cuando los miembros de un grupo se están conociendo. Más adelante algunos de los miembros podrían participar por teléfono. También es fundamental que los miembros del grupo no cambien y se formen unos lazos de solidaridad y de confianza entre ellos. En PAGNY ya estamos ofreciendo terapia de grupo a nuestros médicos y profesionales de la salud. Lo anunciamos y ha tenido una buena acogida. Es importante dar difusión a estos grupos para que todo aquel que crea que necesita ayuda pueda llamar.

¿Cómo afecta esta situación a los niños?

Su rutina ha cambiado y se les tiene que explicar por qué. En el caso de los niños más pequeños que todavía tienen dificultades para verbalizar una emoción es importante ayudarlos a expresar cómo se sienten a través de juegos. También lo es explicarles por qué ya no van a la escuela y por qué sus rutinas han cambiado. La explicación tiene que terminar de forma positiva, transmitirles que nos estamos protegiendo de una enfermedad y que todo va a ir bien. Los niños más mayores hacen muchas preguntas y es importante darles respuestas claras y, como en el caso de los más pequeños, terminar con un mensaje positivo. 

Muchos profesionales de la salud tienen miedo o están muy afectados por las experiencias que están viviendo.

En especial, hemos visto este miedo en los profesionales de la salud que son grupo de riesgo. Como responsable de una red de 4.000 profesionales de la salud he tenido que gestionar esta situación ya que 120 médicos que ven pacientes a diario tienen más de 70 años. Ahora tenemos un sistema de videoconferencias que está funcionando muy bien y los médicos en edad de riesgo ven a los pacientes por vídeo desde sus casas y coordinan a sus equipos de la misma forma. Yo tengo 76 años pero mi caso es distinto porque trabajo en un despacho. Trabajo desde casa y voy a la oficina dos días por semana.

A usted le ayuda pasear.

En el caso de Nueva York nunca se han limitado los paseos y podemos hacer ejercicio en el parque. Es una ciudad donde muchas personas viven solas, en estudios muy pequeños. Otras tienen compañeros de piso y no se llevan bien. Vemos que los conflictos familiares han aumentado y el consumo de sustancias, también. La ciudad está irreconocible ya que no estamos acostumbrados a que todo esté cerrado. 

Usted es una persona optimista. Denos un mensaje optimista para terminar.

La humanidad ha superado epidemias de todo tipo. Hemos resistido porque tenemos un instinto que nos hace unir fuerzas los unos con los otros para buscar soluciones y perseguir la estabilidad. Estamos poniendo todos los medios que tenemos a nuestro alcance para encontrar una vacuna, y sin lugar a dudas la encontraremos. Aunque lo superaremos como humanidad, habrá muertos. Las personas que pierdan a sus seres queridos tendrán más dificultad para superarlo. Y es por este motivo q

Por Emma Reverter

22/05/2020 - 21:32h

ue tenemos que tejer redes de apoyo y ayudarnos los unos a los otros. Tenemos que estar conectados. Y las tecnologías actuales son una potente herramienta de conexión.

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Personal sanitario en Bingzhou (China) se abraza durante un turno en un hospital con pacientes de coronavirus TPG via ZUMA Press/dpa

Naciones Unidas solicita a los países aumentar su inversión en salud mental puesto que las consecuencias del coronavirus en este sentido serán "a largo plazo"

 

La pérdida de seres queridos por la enfermedad, las consecuencias del aislamiento físico, el miedo a contagiarse, el efecto de semanas sin ver a la familia y los amigos, la angustia por los problemas económicos, la preocupación debido a la incertidumbre y la desinformación. Naciones Unidas ha alertado este jueves de que, si no se toman medidas, los países pueden asistir a una crisis de salud mental a causa de la pandemia de coronavirus. "La salud mental debe estar al frente y en el centro de la respuesta y la recuperación de todos los países. El bienestar de sociedades enteras se ha visto severamente impactado por esta crisis y son una prioridad que tiene que abordarse con urgencia", insiste la ONU.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha pedido a los Gobiernos que incrementen "urgentemente la inversión en servicios de salud mental" o de lo contrario, aseguran, pueden arriesgarse a un "aumento masivo de las condiciones de salud mental en los próximos meses". "El impacto de la pandemia en la salud mental de las personas ya es extremadamente preocupante", ha dicho Tedros Adhanom Ghebreyesus, su director general. "El aislamiento social, el miedo al contagio y la pérdida de miembros de la familia se agrava por la angustia que causa la pérdida de ingresos y, a menudo, del empleo", afirma en un comunicado.

Como recuerda el organismo, ya hay informes que apuntan a un aumento de los síntomas de depresión y ansiedad en varios países. Un estudio elaborado en Etiopía el pasado abril concluyó que la prevalencia de los síntomas de depresión se había triplicado en comparación con las estimaciones antes de la epidemia, cita la OMS. Pero no todos corren el mismo riesgo: los trabajadores sanitarios se están enfrentando a una gran carga de trabajo, al riesgo de contagio y a decisiones de vida o muerte. En Canadá y China ya se ha informado del impacto psicológico de la crisis del coronavirus en el personal sanitario. Un 47% de los sanitarios canadienses han solicitado ayuda psicológica y la mitad de los trabajadores de la sanidad en China padecen depresión y ansiedad.

Además, la ONU apunta a un riesgo específico para el desarrollo cognitivo de niños y adolescentes. "Los efectos del confinamiento y de guardar las distancias de seguridad preocupan" entre estos sectores de la población. Un estudio realizado en Reino Unido concluye que un 32% de los adolescentes británicos consideran que su salud mental ha empeorado durante esta crisis. Entre los factores que han contribuido estas también el cierre de centros educativos, la preocupación por la salud familiar, la pérdida de una rutina o la falta de contacto social. La incertidumbre sobre su futuro y cuánto tiempo van a permanecer estas circunstancias extraordinarias provocan también cuadros de ansiedad y estrés en los jóvenes

En España e Italia, un 77% de los padres asegura que a sus hijos han perdido capacidad de concentración y más de un 30% dice que sus hijos tienen un sentimiento de soledad debido a las medidas de confinamiento.

Asimismo, los expertos se muestran preocupados por el aumento del consumo de alcohol. En Canadá, un estudio ha cuantificado que un 20% de las personas de entre 15 y 49 años han incrementado su consumo de alcohol durante la epidemia. 

Naciones Unidas explica en su informe que las mujeres sufren también un especial impacto en su salud mental. En India, un 66% de las mujeres dice estar estresada, frente al 34% de los hombres, principalmente por un incremento en las tareas domésticas y de responsabilidad familiar. Según estimaciones del propio organismo, 31 millones de mujeres en todo el mundo pueden sufrir violencia machista si las medidas restrictivas continúan seis meses más. 

 

El miedo a contagiarse reduce las visitas al médico

 

La ONU detalla también que las personas mayores, que son el grupo poblacional más vulnerable frente al coronavirus, "están extremadamente preocupadas por infectarse y no poder acceder a unos cuidados apropiados". Algunos de ellos, especialmente aquellos con problemas cognitivos podrían presentar también problemas de acceso a medidas de prevención y tienen un mayor riesgo de quedar aislados socialmente, lo que supone un "gran riesgo" de mortalidad entre los mayores. 

Otro de los problemas del coronavirus es la atención médica a personas con enfermedades mentales. El cierre de algunos centros de salud mental para reconvertirlos en centros de atención a pacientes de COVID-19 y la reducción de las consultas presenciales a pacientes con este tipo de patologías han generado un impacto en la salud de la población. Uno de los ejemplos que pone el organismo es la ciudad de Madrid, donde "más del 60% de las camas para pacientes con enfermedades mentales se utilizan para pacientes con coronavirus" lo que ha provocado una caída de las personas que acuden a los de los servicios de salud mental de emergencia "del 75%", y tuvieron que ser trasladados a centros privados.

Además explica Naciones Unidas, se crean desigualdades entre la población: la reconversión de terapias a consultas online imposibilita que las personas que no tienen conocimientos tecnológicos, carezcan de conexión a internet y, especialmente, las personas mayores, tengan que renunciar a esos servicios.

 

Salud mental incluida en la respuesta a la COVID-19

 

La ONU ha elaborado una serie de recomendaciones para minimizar las consecuencias que la pandemia pueda tener en la salud mental de la población. Entre ellas se encuentran la inclusión de la salud mental dentro de los programas nacionales de respuesta al coronavirus. En la aplicación medidas de confinamiento y desescalada se debe tener en cuenta el bienestar mental de la ciudadanía para reducir los efectos negativos que puedan tener, así como medidas de protección económica y social que puedan acarrear desigualdades que posteriormente ocasionen este tipo de problemas.

Asimismo, ha pedido que los gobiernos implanten medidas para proteger la violencia machista, así como la violencia hacia niños y la estigmatización a los mayores, y se evite por todos los medios la discriminación a los sanitarios por tratar a pacientes con coronavirus.

"La salud mental requiere una mayor inversión", explican en su informe, por ello, han solicitado que se aumenten las partidas presupuestarias dirigidas a estos fines –actualmente se invierte de media un 2%– porque la pandemia provocará "necesidades a largo plazo". "Es hora de abordar las desigualdades y organizar unos servicios comunitarios básicos efectivos y que protejan los derechos humanos como parte de la respuesta al coronavirus", concluye la ONU.

Por Álvaro García Hernández

14/05/2020 - 23:12h

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Martes, 07 Abril 2020 06:31

Confinamiento: efectos colaterales

Confinamiento: efectos colaterales

Nada nos hace pensar que saldremos de ésta fortalecidos y solidarios. Más bien será el aturdimiento el que se imponga, y los impulsos más oscuros del “sálvese quien pueda”. Por supuesto que habrá excepciones: las redes comunitarias se reforzarán como una necesidad vital, la amistad se habrá puesto a prueba y, para algunos, saldrá fortalecida.

Álvaro Minguito

Juan Gorostidi

7 abr 2020 06:38

Tras tres semanas de confinamiento —en Italia cinco, en Wuhan once—, comienza a cristalizar en muchos la impresión de que esta experiencia compartida —pero no común; cada uno la vive en condiciones y desde bagajes bien diferentes—– marcará época. Quiero decir que, al haberla vivido en pandemia —todos afectados— y haber sido la primera experiencia socialmente traumática para los que ahora tienen entre 20 y 40 años —una franja de edad demasiado amplia, comparada con lo que eran las generaciones en el siglo XX—, en adelante se referirán a ella como un antes y un después; una prueba impuesta —no elegida, este es el dato determinante— que cambió las implícitas reglas de juego, que desbarató alianzas y “contratos sociales”, complicidades aparentemente sólidas; que deslindó territorios que quedarán como surcos indelebles; arrugas y muecas que costará interpretar a los que vengan después.

Cada generación ha vivido pasajes así: las verdaderas pruebas de realidad para ideales e ilusiones que se llevan por delante a muchos. Y los sobrevivientes no pueden evitar cierta sensación de supervivientes de naufragio con pérdidas irreparables. Para nuestros padres fue la guerra; para nosotros los años del fin del franquismo y la “transición”; para los que tenían cinco o seis años menos, la pandemia de la heroína… Después vino la caída del muro —¿qué fue aquello para los habitantes de Berlín Oriental, para los chechenos, para los habitantes de la antigua Yugoslavia…?—, la entrada en el nuevo siglo con el 11S y el 11M, etc. Algunos de los que ahora tienen alrededor de 40 pretenden que el 15M del 2011 fue su experiencia iniciática, pero esa insistencia me ha parecido a menudo sospechosa, forzada por quienes querían reivindicar su propio ‘mayo francés, checo, mexicano…’. No, me temo que éste es su verdadero mayo… y no tiene nada de glorioso —tampoco aquellos lo fueron tanto como muchos han pretendido a posteriori—.

En el confinamiento se produce un parón: “La economía entra en hibernación”, dicen los titulares. Pero, en realidad, es el espacio el que realmente se achica, como para los que tienen la experiencia del presidio, quienes vivieron impuestos confinamientos cuarteleros: experiencias que marcan un antes y un después, y que permiten cierto reconocimiento para los que las compartieron. Nadie las eligió —insisto en que esta característica es fundamental—. Dicen que el tiempo se detiene pero, en realidad, es el espacio el que se restringe y, por su efecto, el tiempo se dilata. He ahí la clave: esa vivencia del tiempo extenso que nos saca de la corriente de la vida cotidiana. Es una experiencia fundamental para los monjes, o para los que realizan retiros intensivos de meditación, por ejemplo: las actividades —los estímulos— se reducen ahí de forma drástica (no se habla, se renuncia a las conexiones audiovisuales o digitales, se sigue una rígida disciplina en horarios y “aburrimiento” de interminables sentadas sin hacer nada más que cultivar una atención que choca contra el muro de una mente-cuerpo indignados, sublevados ante semejante atropello…). Claro que uno puede adaptarse a ese ritmo hasta convertirlo en la nueva rutina —la rutina de la cárcel, la rutina del convento, más alienante aún que la de la calle— neutralizando así los potenciales de distorsión o de transformación de dichas disciplinas… pero ése es otro asunto.

Si no nos es posible vivir el confinamiento como “el tigre que cabalgamos”, puede resultar una experiencia muy amarga. Comentamos ya entre nosotros de los ataque de ansiedad, de las depresiones explícitas o latentes, de la caída de algunas máscaras en una convivencia demasiado intensa… asuntos que dejarán heridas indelebles. Las consultas psiquiátricas se colapsarán, los psicólogos no darán abasto, el consumo de drogas legales e ilegales se disparará… Aunque dicen que la violencia machista ha disminuido en datos de agresiones —hay una presión para la contención a cualquier precio—, todos contenemos la respiración ante la subida de la presión y el peligro de explosión. Y esto en los países ricos. ¿Qué rastro dejará en lugares donde los cadáveres se abandonan en las calles, donde la policía o el ejército intervendrán para tratar de evitar saqueos de una población acosada por el hambre, donde la guerra social será explícita con declaraciones de “estado de sitio” —“¡disparad contra los que no acaten las órdenes!, brama Durerte”—?

En el mejor de los casos, una sensación de irrealidad se irá apoderando de la gente y, cuando las autoridades permitan aflojar el confinamiento, una impresión de tierra quemada nos atravesará. Saldremos a la calle como zombis, obligados quizá a usar guantes y mascarillas, mirándonos como de vuelta de experiencias inconfesables, quizá porque no hubo ninguna experiencia, solo un aturdimiento tan vacío como amargo.

Una de las noticias para mí más significativas e inquietantes de estas semanas se produjo cuando los medios de comunicación de Euskadi hicieron públicos los datos de su encuesta focus, realizada en medio de la primera semana de confinamiento. En ella, como es habitual, se preguntaba a la gente sobre cómo vivían su presente y como preveían el futuro; sobre sus temores y expectativas. Y he ahí el dato: la franja de edad que más temía el contagio por el virus era la de los jóvenes: hasta un 93% estaba muy asustada, más que la de cualquier otro grupo de edad, aunque ellos fueran los menos vulnerables. No estaban tan asustados por el futuro, por la economía, etc. sino por la posible infección vírica —por supuesto, esta encuesta no se hizo a franjas sociales invisibles: emigrantes sin papeles o en situación precaria, etc.—. La gente que, por primera vez en su vida, se sentía abocada a un encierro no deseado frente a un “enemigo invisible” comenzaba a entrar en pánico —y era la primera semana de confinamiento—. La pregunta me resultó inevitable: “¿Estaría esta población —no solamente los jóvenes— dispuesta a renunciar a diversos grados de libertad si ése fuera el precio a pagar para conjurar la amenaza vírica —control estatal de variables vitales; de movimientos, de contactos, etc.—, siguiendo los modelos asiáticos como en parte el chino o el coreano del sur?”. La respuesta no me deja lugar a dudas, y por eso las autoridades ya hacen ajustes legales —aquí, a diferencia de los países asiáticos, hay leyes de privacidad de datos— para que cada vez más medidas de control social se impongan en nombre de la seguridad. “Los datos son el nuevo capital”, escuchábamos, y los gigantes de la recopilación y control de datos —Google, Facebook, Microsoft…— hace mucho que cotizaban al alza. La paradoja macabra es que hoy se reivindica a Bill Gates como al profeta que ya hace cinco años predijo la pandemia y denunció la falta de previsión de los gobiernos para predecirla; y creó la mayor fundación privada para la investigación sobre la vacuna. Huelga decir que las principales farmacéuticas se han apresurado a hacer donaciones a las “fundaciones altruistas” de Gates. Los siguientes capítulos de esta historia no son difíciles de predecir.

Estamos aturdidos por este golpe de realidad pandémica. A pesar de las declaraciones piadosas de intelectuales, clérigos o políticos bajo sospecha, nada nos hace pensar que saldremos de ésta fortalecidos y solidarios. Más bien será el aturdimiento el que se imponga, y los impulsos más oscuros del “sálvese quien pueda”. Por supuesto que habrá excepciones. Las pequeñas redes comunitarias se reforzarán como una necesidad vital; la amistad se habrá puesto a prueba y, para algunos, saldrá fortalecida. Caerán antiguos frentes y surgirán nuevas vinculaciones. El pasaje a la madurez de muchos jóvenes resultará ya insoslayable.

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Nuevos implantes cerebrales podrían dar poderes telepáticos

La Real Sociedad de Londres para el Avance de la Ciencia Natural también advierte que esta tecnología podría dar a los gobiernos y las empresas el poder de leer el pensamiento y por lo tanto debe ser regulada.

A raíz de los nuevos avances tecnológicos que ahora incurren en el desarrollo de sofisticadas interfaces neuronales que conectan el cerebro humano con una computadora, la Real Sociedad de Londres para el Avance de la Ciencia Natural discute el potencial de estas tecnologías para la sociedad y pone sobre la mesa las preocupaciones éticas sobre el manejo de estas innovaciones.

En un nuevo informe titulado 'iHuman: Blurred lines between mind and machine' (iHuman: líneas borrosas entre la mente y la máquina), la asociación científica británica describe las interfaces neuronales como dispositivos implantados en el cuerpo o usados externamente, que pueden registrar o estimular la actividad en el cerebro y en el sistema nervioso.

Como señalan, actualmente existen diversas aplicaciones de esta tecnología en dispositivos que ayudan a tratar los temblores de la enfermedad de Parkinson, estimuladores para la recuperación de pacientes que han sufrido un accidente cerebrovascular e implantes cocleares que transmiten sonidos a personas con pérdida auditiva, entre otros. Además, en un futuro no tan lejano se podrían aplicar para la comunicación directa de cerebro a cerebro, es decir, el intercambio de pensamientos, y para el tratamiento de enfermedades más complejas como el alzhéimer.

A pesar de los beneficios de estos avances que son y serán múltiples, con este informe los especialistas establecen recomendaciones para garantizar que se extiendan marcos éticos para la aplicación y desarrollo de estos dispositivos y plantean cuestiones sobre cómo estas interfaces desafían la esencia de un ser humano. Además, resaltan que, aparte de los peligros de la comercialización de estos productos, también podría caber la posibilidad de que las grandes compañías tecnológicas tuvieran acceso a los pensamientos e ideas de las personas.

Asimismo, las empresas podrían pedir a sus empleados que usen estas interfaces para revelar sus sentimientos. Si se pudiera acceder a los pensamientos, entonces podrían ser utilizados por corporaciones en sus esfuerzos por comercializar bienes y servicios o por políticos o activistas que buscan reclutas para sus causas, subraya el informe.

Interfaces cerebrales en marcha

En julio pasado, Elon Musk anunció que la compañía Neuralink desarrolla 'hilos' flexibles para ser implantados en el cerebro humano que permiten la transferencia de grandes cantidades de datos para permitir que las personas con síndrome o parálisis controlen una computadora o un teléfono.

Del mismo modo, Facebook financia un proyecto para crear un sistema capaz de traducir señales cerebrales a textos, que permitiría ayudar a pacientes que hayan perdido parcial o totalmente su capacidad de hablar debido a parálisis faciales a raíz de derrames cerebrales, lesiones de la médula espinal o enfermedades neurodegenerativas.

Publicado: 12 sep 2019 10:41 GMT

Martes, 19 Marzo 2019 06:37

La nueva teología neoliberal

La nueva teología neoliberal

Un anuncio de la marca de tés Hornimans hace gala de anunciar un “nuevo movimiento: el yoismo”. Un movimiento sobre una supuesta fórmula de la felicidad que consistiría en “dejar de pensar tanto en todo, para pensar más en ti”. Es la reedición del también denominado “yoismo” de finales del XIX, antepasado de los actuales manuales de autoayuda, tan de moda en la época contemporánea, que procuran recetas para aprender a superar la crisis “cambiándote a ti mismo” y no las condiciones de explotación y alienación del entorno económico y social.

Este anuncio, como el de la conocida marca Ikea, “La República independiente de tu casa”, exalta los valores esenciales del neoliberalismo, la nueva fe en el que nos están educando: “quiérete a ti mismo”, “practica el yoismo”, “cree en ti”, “no necesitas a nadie”, “estar solo es cool”, “vuela libre”. El contacto permanente y diario con slogans producidos por esta industria cultural neoliberal para justificar el actual capitalismo salvaje genera en el inconsciente colectivo el material suficiente que sirve de base y anclaje para la servidumbre voluntaria.
Se está produciendo así una suerte de revolución individualista que “normaliza”, naturaliza e incluso exalta las posiciones ideológicas del “egoísmo” como una virtud incluso. Entroniza el interés propio, la competitividad y el triunfo, como pasaporte al bienestar y la felicidad individual, en un contexto que define las relaciones humanas como jungla de lucha constante y selección darwinista. Toda posibilidad de proyecto comunitario, basado en los derechos humanos, la equidad y la justicia, queda desplazado o arrinconado en el imaginario de lo utópico o hipotético.


Está claro que no solo vivimos una guerra económica, donde el saqueo de los recursos colectivos se perpetra desde los cómodos despachos de Wall Street y el Ibex 35. Asistimos simultáneamente a una guerra ideológica, que impone imaginarios colectivos afines al pensamiento dominante. Y el papel de los sistemas educativos en la construcción de esta narrativa es determinante para el lobby neoliberal.


Han tardado años, han gastado miles de millones en promover su doctrina, pero cada céntimo ha valido la pena. Porque aplicaron la propuesta de Gramsci: si eran capaces de controlar la mente de la gente, su corazón y sus manos también serían suyos. De esta forma, el discurso neoliberal del egoísmo es visto actualmente como la condición natural y normal de la humanidad.


El neoliberalismo es, en esencia, un capitalismo sin contemplaciones. La expresión más reciente para describir la eterna lucha de clases de esa minoría que se ha enriquecido a costa de quienes mantienen constantemente sumidos en la pobreza hasta límites genocidas, con el agravante del “pillaje planetario” de las riquezas y los recursos de la naturaleza, del conocimiento compartido y del esfuerzo colectivo que son los “bienes comunes” de la humanidad.


Esta ideología se ha extendido como un virus por todos los rincones del planeta, imponiendo la adoración unánime de los valores de la sociedad neoliberal. Una monocultura que maneja las mismas informaciones y noticias en todas partes. Donde se ven las mismas películas, se conducen los mismos automóviles, se imponen las mismas modas, se escuchan las mismas canciones y se soportan los mismos anuncios publicitarios. En ellos se reflejan nuestros sueños y anhelos. Sus imágenes dominan los sueños, y los sueños determinan las acciones.
Pasado el tiempo de la conquista por la fuerza, llega la hora del control de las mentes y las esperanzas a través de la persuasión. La ‘McDonalización’ es más profunda y duradera en la medida en que el dominado es inconsciente de serlo. Razón por la cual, a largo plazo, para todo imperio que quiera perdurar, el gran desafío consiste en domesticar las almas.


La clase trabajadora nunca se hubiera “convertido” voluntariamente o espontáneamente al modelo neoliberal mediante la sola propaganda del modelo. Ha sido preciso pensar e instalar, “mediante una estrategia sin estrategias”, los mecanismos de educación del “espíritu”, de control del cuerpo, de organización del trabajo, de reposo y de ocio, basados en un nuevo ideal del ser humano.


El paso inicial consistió en inventar el “ser humano del cálculo” individualista, que busca el máximo interés individual, en un marco de relaciones interesadas y competitivas entre individuos, como base y normal esencial del modelo. Se asienta mediante un discurso que alega que la búsqueda del interés propio es la mejor forma mediante la que un individuo puede servir a la sociedad, donde el egoísmo es visto casi como una “norma y deber social” y las relaciones de competencia y mercado se naturalizan. La finalidad del ser humano se convierte en la voluntad de realizarse uno mismo frente a los demás. El efecto buscado en este nuevo sujeto es conseguir que cada persona considere que autorealizarse es intensificar su esfuerzo por ser lo más eficaz posible, como si ese afán fuera ordenado por el mandamiento imperioso de su propio deseo interior.


La empresa se convierte así, no sólo en un modelo general a imitar, sino que define una nueva ética neoliberal, cierto ethos emocional, que es preciso encarnar mediante un trabajo de vigilancia que se ejerce sobre uno mismo y que los procedimientos de evaluación se encargan de reforzar y verificar. De esta forma cada persona se ve compelida a concebirse a sí misma y a comportarse, en todas las dimensiones de su existencia, como portador de un talento-capital individual que debe saber revalorizar constantemente. El primer mandamiento de la ética del emprendedor es “ayúdate a ti mismo”. Y sus tablas de la ley se rigen por la competencia como el modo de conducta universal de toda persona, que debe buscar superar a los demás en el descubrimiento de nuevas oportunidades de ganancia y adelantarse a ellos. La gran innovación de la tecnología neoliberal consiste, precisamente, en la gubernamentalidad, vincular directamente la manera en que una persona “es gobernada” con la manera en que “se gobierna” a sí misma.


El problema es que es más fácil evadirse de una prisión física que salir de esta racionalidad “libremente elegida”, ya que eso supone liberarse de un sistema de normas instauradas mediante técnicas de control del yo, como analiza el filósofo coreano Byung-Chul Han en sus publicaciones.

 

Por Javier Díez Gutiérrez, profesor de la Universidad de León. Coordinador del Área Federal de Educación de Izquierda Unida. Miembro del Grupo de Pensamiento Laico, integrado por Nazanín Armanian, María José Fariñas Dulce, Pedro López López, Rosa Regás Pagés, Javier Sádaba Garay y Waleed Saleh Alkhalifa.


18/03/2019

 

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Un famoso matemático octogenario propone una solución a un problema valorado en un millón de dólares

Los expertos son escépticos ante la demostración de la hipótesis de Riemann ofrecida por Michael Atiyah

El reconocido matemático británico Michael Atiyah, de 89 años, presentó este lunes durante una conferencia en un congreso en Heidelberg (Alemania) la supuesta solución a uno de los problemas más famosos de la disciplina, la demostración de la hipótesis de Riemann, mediante la que el matemático alemán buscó en 1859 una solución a la distribución de los números primos. El reto que dice haber resuelto es uno de los siete problemas del milenio: enigmas matemáticos cuya solución premia el Clay Mathematics Institute (EE UU) con un millón de dólares. Desde que los problemas se fijaron en el año 2000, solo uno —la conjetura de Poincaré— ha sido desentrañado.

Atiyah ha recibido por trabajos previos la medalla Fields y el premio Abel, galardones que a menudo se consideran equivalentes a los premios Nobel en el campo de las matemáticas. Su charla de este lunes provocó gran expectación porque ya en el programa del congreso se advertía de que presentaría una “demostración simple” de la hipótesis de Riemann a través de una nueva aproximación radical. Sin embargo, los expertos contactados por Materia, tras consultar un documento filtrado de cinco páginas con la firma de Atiyah en el cual expone su demostración, dudan o rechazan que el matemático haya alcanzado una solución.


Ricardo Pérez Marco, uno de los mayores expertos en la hipótesis de Reimann, asegura que es muy fácil pasar por alto errores en este problema y que el manuscrito de Atiyah “no es preciso y no está completo”. “A mi me envían [supuestas] demostraciones de la hipótesis de Riemann todos los meses, pero esta hace más ruido porque Atiyah es conocido. Sinceramente, no creo que tengamos una demostración aquí”, zanja el matemático. Atiyah todavía no ha publicado su demostración en una revista científica ni en el repositorio de manuscritos matemáticos Arxiv.


Antonio Córdoba, director del Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT), se muestra cauto: “Por lo que he podido observar en el vídeo de la presentación de Atiyah, su conferencia estaba dirigida a un público general. No me ha sido posible sacar en claro el nudo de su demostración, quizás porque no era la intención de Atiyah ofrecer los detalles necesarios dada la naturaleza de su audiencia. Espero, por tanto, a que la presentación se haga ante el foro adecuado de expertos que no necesiten tanto de los preámbulos y sí de los argumentos precisos”, dice. Y añade: “En cuanto al escrito de cinco páginas atribuido a Atiyah, tampoco me parece que tenga el nivel que se exige habitualmente en una publicación matemática”.


La hipótesis debe su nombre al alemán Bernhard Riemann (1826-1866) y tiene implicaciones para la comprensión de la distribución de los números primos, lo que, a su vez, puede tener repercusiones para las técnicas de seguridad informática. Para muchos expertos, este problema centenario es el más importante de todos. “Existe un gran número de teoremas que serían ciertos si es que la hipótesis de Riemann lo es”, señala Córdoba. “Es uno de los más importantes objetos del deseo matemático”.


Cuenta la leyenda que a principios del siglo XX, el matemático británico Godfrey Hardy escribió una postal a su amigo Harald Bohr en la que aseguraba haber encontrado la solución. Se embarcaba en un viaje tormentoso por el mar del Norte y Hardy, aunque era ateo, razonó que un dios no permitiría que se ahogase para dejar al mundo dudando si había sido el genio que demostró la hipótesis. Llegó a buen puerto, sin haber solucionado el problema, por supuesto. También el famoso matemático alemán David Hilbert afirmó, en respuesta a una pregunta, que si reviviese en 500 años, lo primero que haría sería preguntar si alguien había demostrado la hipótesis de Riemann.


“Si resuelves la hipótesis de Riemann te vuelves famoso. Si ya eres famoso, te vuelves infame”, dijo Atiyah durante su charla. “Nadie se cree ninguna prueba de la hipótesis de Riemann por su gran dificultad. Nadie la ha demostrado. ¿Por qué iban a demostrarla ahora? A menos que tengas una nueva idea, claro”, añadió. Atiyah propone su demostración de la hipótesis de Riemann haciendo alusión a un concepto sacado de la física, la función de Todd. Esgrime por reducción al absurdo que si hubiera un contraejemplo que refutase la hipótesis de Riemann, entonces habría una contradicción en la función de Todd y a partir de ello concluye que Riemann tenía razón.


En la charla, el matemático dedicó poco tiempo a su demostración. Hizo primero un repaso de la historia de la confrontación de los matemáticos con los números primos y señaló que la hipótesis de Riemann ofrecía la mejor posibilidad de encontrar una estructura en la distribución de los mismos. Al final, alguien del público le preguntó a Atiyah si estaba seguro de que ganaría el millón de dólares. Atiyah afirmó que lo estaba.


“Solo cabe esperar que nos provea con un manuscrito legible que supere la revisión de los expertos. Solo cuando ese proceso se haya completado podremos saber si tenemos, o no tenemos, humo blanco en este asunto”, concluye Córdoba.


¿Qué es la hipótesis de Riemann?

Antonio Córdoba, director ICMAT


A mediados del siglo XIX y en tan solo ocho páginas, el célebre matemático alemán Bernard Riemann trazó la hoja de ruta para entender la distribución de los números primos. En concreto, Riemann quería responder a la pregunta: ¿cuántos primos hay menores que un número entero dado n? Cincuenta años después, y siguiendo el plan de Riemann, los matemáticos franceses Hadamard y De la Valleé-Poussin lograron demostrar que ese número está bien aproximado por el cociente n/(log(n)), ¿pero cuál es el error relativo que estamos cometiendo con esta aproximación? ¿Cuál es su estimación óptima? La hipótesis de Riemann (RH), formulada también en ese maravilloso artículo de ocho páginas, es la respuesta precisa: según (RH) el tamaño del error relativo decrece casi como el inverso de la “raíz cuadrada de n” y esa es su mejor estimación.


Una formulación equivalente se refiere a la llamada función zeta de Riemann, definida sobre los números complejos. Recordemos que un número complejo lo escribimos en la forma z = x+yi (i=raiz cuadrada de -1), donde los números reales x e y son respectivamente su parte real y su parte imaginaria. Según la HR, dentro de la llamada banda crítica, 0<real(z) <="" 1,="" los="" ceros="" de="" la="" función="" zeta="" riemann="" están="" ubicados="" en="" recta="" vertical="" real(z)="½.