Pánico social en momentos de desorden global

Más allá del Covid-19

Nadie puede negar que el pánico imperante en sociedades urbanas ha sido fomentado por la sobreexposición de la epidemia de coronavirus en los grandes medios del planeta.

 

En el continente americano mientras 3 millones de personas se infectaron con dengue en 2019, seis veces más que en 2018, provocando más de 1.500 muertes, toda la información está centrada en el coronavirus.

Este recorte informativo suena a operación mediática, con desastrosas consecuencias sobre nuestras sociedades.

Sin embargo, no todo el pánico y los miedos que se están difundiendo estos días provienen de los medios o de los gobiernos.

Una buena parte son temores que anidan en los sectores populares, entre las y los trabajadores formales e informales, muchas veces entre personas con formación técnica y profesional, bien informadas y razonables.

Creo que estos temores no son irracionales, aunque conduzcan muchas veces a comportamientos erráticos, sino que responden a la experiencia concreta de la población en las últimas décadas.

Intento exponer algunas de esas vivencias colectivas que, creo, pueden ayudarnos a comprender algo que a primera vista resulta chocante.

El primer aspecto es que llevamos tres décadas de neoliberalismo, que se traduce en el desmantelamiento del tipo de sociedad que conocimos y que provoca desconfianza en las instituciones y en los gobernantes, sean del color que sean.

Con ello no pretendo insinuar que todos los gobiernos sean iguales, sino que porciones crecientes de la población sienten que no son capaces de resolver sus problemas.

Si tuviera que graficarlo, diría que la tendencia a la abstención en las convocatorias electorales y a una fuerte volatilidad en las opciones políticas, en la mayoría de los países son señal de esa desconfianza.

En Chile, por ejemplo, más de la mitad no acuden a las urnas, no porque no les importe sino porque han votado derecha y luego izquierda, y nada cambió.

Otro escenario

 

La segunda es que vivimos un período de hondos cambios sistémicos, a escala global y regional, con la decadencia de una superpotencia como Estados Unidos y el ascenso de una nación como China, que era marginal en el escenario global.

Las personas que nacimos después de 1945, o sea la inmensa mayoría de la humanidad, conocimos el predominio incontestable de Estados Unidos, que orientaba al mundo a la vez que lo oprimía.

Los veloces cambios que se acumulan desde 2008, y que marcan el ascenso de China como nuevo hegemón planetario, provocan natural desconcierto e incertidumbre, más allá de las opiniones y sentimientos que cada quien profese hacia ambas potencias.

El tercer punto es el desmontaje de los estados del bienestar, particularmente en Europa y en algunos países de América Latina.

Durante varias décadas esos estados buscaron la integración de los trabajadores, arbitrando los espacios de negociación entre empresarios y sindicatos.

No sólo contribuyeron a mejorar la vida cotidiana de amplias camadas de la población, sino que la protegieron y promovieron un continuado ascenso social.

Con la crisis de los estados del bienestar y el triunfo del capital financiero sobre el capital productivo, asistimos a la deslocalización de las industrias, que aterrizaron en Asia por sus bajos salarios y baja sindicalización.

Fue el camino que encontró el capital para seguir acumulando beneficios, mientras dejaba un reguero de pobreza, desarraigo y frustración.

La salud a remate

 

Los servicios sanitarios se deterioraron, con fuertes recortes de los presupuestos con la excusa de la reducción del déficit fiscal, además de una creciente privatización de los servicios.

Con la excepción de Cuba, todos los países latinoamericanos presentan serios problemas estructurales en el sector sanitario, con creciente precariedad laboral y bajos salarios.

La población emigra hacia la salud privada, quien puede pagarla, o hacia terapias alternativas, ante la acumulación de fracasos del sistema sanitario público.

Cada invierno la gripe común desborda los centros de atención y enseña que el sistema no está en condiciones de atender a toda la población.

Sólo en Estados Unidos, cada año mueren 380.000 pacientes en residencias de ancianos que incumplen los procedimientos básicos de control de infecciones y no son controladas por el Estado (Viento Sur, 13 de marzo de 2020).

La acumulación de desastres ambientales es el cuarto aspecto que genera desasosiego en las poblaciones.

Episodios como la ruptura de la represa de Brumadinho, en Brasil, de la minera Vale, con un saldo de casi 300 muertos y desaparecidos, o el colapso del abastecimiento de agua en barrios de grandes ciudades, van tapizando nuestra geografía de agresiones al medio ambiente y a las personas.

Todo desastre ambiental es a la vez un desastre social, que afecta principalmente a los más pobres que viven en forma cada vez más precaria.

Lo excepcional se va convirtiendo en rutina, con una sucesión ininterrumpida de incendios e inundaciones, de derrumbes por lluvias hasta sequías persistentes.

Crisis cultural y de alternativas

En quinto lugar, el modelo neoliberal ha multiplicado la cultura del individualismo, con su contracara que es el consumismo, con la consiguiente ruptura del vínculo social comunitario.

Sin comunidades que las contengan ni Estados-nación que las protejan, las camadas populares (indígenas, negros, mujeres, niñas, niños y ancianos pobres) buscan alternativas en las religiones que prometen la salvación inmediata de las almas o, en el mejor de los casos, en las organizaciones populares.

La crisis ética de las izquierdas está restando credibilidad y capacidad de acción a muchos movimientos de campesinos y trabajadores. Sólo los movimientos de mujeres y de algunos pueblos originarios se mantienen como referentes de resistencia anticapitalista.

Por último, la globalización y los grandes medios de comunicación nublan la comprensión difundiendo una cultura del inmediatismo, sobrecargando a las poblaciones con informaciones que no aportan ideas ni permiten comprender el contexto global, regional y local.

A pesar de que nos esforzamos por entender lo que está sucediendo, muchos tenemos enormes dificultades para orientarnos en medio de tanta bruma, de tanta confusión. Ya sea la que surge de la realidad del sistema o la que promueven los medios.

De los seis aspectos que he abordado sucintamente, hay dos que me parecen centrales para comprender los pánicos que dominan nuestras sociedades: la velocidad de los cambios y el fin del ancla comunitaria.

Aunque uno apunta a lo macro y el otro a lo micro, la combinación de ambos nos está dejando perplejos y solos, desconcertados y sin referencias en un mundo que amenaza arrastrarnos hacia abismos desconocidos.

Raúl Zibechi17 | 03 | 2020, 16:54

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Escandalosa brecha entre ricos y pobres en el mundo, según Oxfam

Informe global de la ONG Oxfam Internacional en la antesala del Foro económico de Davos

Los 2.153 multimillonarios más ricos del mundo poseen una riqueza equivalente a la de 4.600 millones de personas, es decir, el 60 por ciento de la población mundial. Entre las razones, el auge de un modelo económico sexista e hiperproductivista. 

La brecha entre ricos y pobres, llamada también “desigualdad económica”, que empezó a crecer a pasos agigantados cuando en el mundo se difundió la “globalización”, por el contrario de lo que algunos pensaban parece no tener límites y sigue creciendo cada día más. Según el informe anual “Time to care” (Tiempo de cuidar) elaborado por la organización no gubernamental Oxfam Internacional (comité Oxford contra el hambre) difundido el lunes, los 2.153 multimillonarios más ricos del mundo poseen una riqueza equivalente a la de 4.600 millones de personas, es decir, el 60 por ciento de la población mundial.

Basada en datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), del Banco Mundial, del Credit Suisse Research Institute y la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), entre otras instituciones, el informe fue difundido el lunes porque esta semana precisamente se realiza en Davos (Suiza) el Foro Económico Mundial, la reunión anual de políticos, gobernantes, industriales y empresarios en general, economistas e intelectuales famosos del mundo.

“La desigualdad en el mundo está profundamente arraigada y ha alcanzado un nivel escandaloso”, dijo el informe. Y agregó: “En América Latina y el Caribe, el 20 por ciento de la población concentra el 83 por ciento de la riqueza y el númeo de multimillonarios en la región ha pasado de 27 a 104 desde el año 2000. En 2019, 66 millones de personas, es decir el 10,7 por ciento de la población vivía en extrema pobreza, de acuerdo a datos de la Cepal”.

“A nivel global, la desigualdad aumenta porque estamos viviendo un modelo económico del capitalismo que ya no es el capitalismo como fue concebido originalmente. Es un modelo evolutivo que no pone en el centro de sus preocupaciones las necesidades de las personas y es cada vez más dependiente de una sola cosa: la maximización de las ganancias en breve tiempo”, explicó a PáginaI12 Elisa Bacciotti, Directora de las Campañas de Oxfam Italia. “Esto lleva a comprimir el costo del trabajo y lleva al surgimiento de la llamada Gig Economy, es decir una economía basada en el trabajo temporáneo, free lance, flexible”, agregó.

 “Con la globalización y la apertura de los mercados y mayores inversiones, la posibilidad de tener trabajo aumentó. Pero hay que ver qué tipo de trabajo. Si es un trabajo digno. O por el contrario es un trabajo que no da beneficios a los trabajadores. Si no da los beneficios que se requieren, la desigualdad no disminuye”, subrayó Bacciotti.

“La gran parte de la ganancias van a parar al vértice de la pirámide social. Una estadística que publicó el Informe Oxfam dice que un trabajador, que hoy esta ubicado en el 10 por ciento de los trabajadores más pobres, debería trabajar tres siglos y medio para conseguir el mismo rédito que un trabajador que se ubica en el 10 por ciento de los trabajadores más ricos”, explicó la experta.

El informe subrayó por otro lado que el modelo económico sexista profundiza la desigualdad y que las mujeres son a menudo una suerte de “motor oculto” de la economía. “En América Latina y el Caribe, aun cuando las mujeres logran conseguir y mantener un empleo, es en condiciones precarias: el 49 por ciento de las mujeres empleadas en la región, ganan menos del salario mínimo mensual correspondiente a su país”, dijo el informe, añadiendo que “las mujeres constituyen dos terceras partes de la mano de obra que se ocupa del trabajo de cuidados remunerado. Empleos como el de enfermera, trabajadora del hogar o cuidadora a menudo están mal remunerados, proporcionan escasos beneficios, conllevan un horario irregular y pueden suponer un importante desgaste físico y emocional”.

 “Para que las personas puedan conducir la propia vida, trabajando, y llegar a fin de mes, alguien debe hacer otros trabajos en casa, que no son retribuidos, ni están contabilizados -explicó Bacciotti- . Haciéndolos permite que la familia vaya adelante. Al no ser retribuido no es ni siquiera reconocido y no goza de aportes jubilatorios. Es el caso generalmente de las mujeres, que a veces trabajan menos horas retribuidas para poder hacer los trabajos de casa no retribuidos. Al hacer esta elección se encontrarán con menos dinero en mano al final del mes y menos aportes jubilatorios por lo cual esta elección está más asociada a la pobreza”.

La pregunta clave ante esta situación descripta por Oxfam es saber qué pueden hacer los gobiernos, si es que realmente quieren cambiar esta situación.

El informe habló, entre otros puntos, de la necesidad de que las empresas y las personas ricas paguen su justa parte de impuestos y que con ese dinero el Estado haga inversiones en infraestructuras y servicios públicos.

“Seguramente los gobiernos podrían hacer más y no lo hacen. Una cosa muy eficaz sería una lucha sin cuartel contra la evasión fiscal para que el dinero recuperado pueda ser invertido en beneficios de los sectores menos pudientes”, concluyó Bacciotti.

Por Elena Llorente

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No es una crisis del planeta, es una crisis de la humanidad

Numerosas voces se alzan pidiendo la declaración del estado de excepción climática. Quedan tan sólo 10 o 12 años para cambiar de rumbo a nivel planetario y evitar lo peor de un cambio climático del que empezamos a percibir sus consecuencias. Pero el calentamiento global es solo una manifestación de una crisis más profunda, la de una forma de vida que por primera vez en su historia se enfrenta a los límites que le impone su propia supervivencia.

 

Desde hace décadas la comunidad científica y los grupos ecologistas vienen alertando sobre algunos de los problemas que ahora se están intensificando: contaminación, residuos, cambio climático, pérdida de biodiversidad o sequías. En el año 1972 el Club de Roma publicaba el informe Los Límites del Crecimiento, que había encargado al MIT unos meses antes, con la conclusión evidente de que es imposible incrementar de forma indefinida el consumo de recursos del planeta.


Casi 50 años después todo sigue igual o peor. Somos conscientes de que nuestro modelo de vida no puede mantenerse por mucho más tiempo, pero no solo no lo cambiamos si no que profundizamos aún más en él. Se ha barajado hipótesis sobre la incapacidad del ser humano de actuar a largo plazo y sobre todo de anticiparse a los peligros que no son inminentes, en contraposición con unos ciclos naturales y planetarios que se producen a lo largo de cientos o de miles de años. Quizás la premura nos ayude a tomar decisiones. O quizás todavía vemos el peligro lejos en el tiempo o en el espacio. Quizás algunos mensajes no ayudan, como aquellas imágenes de osos polares en el Ártico, o como esas de un planeta en llamas.
Porque el planeta no va a salir ardiendo. Lo que está en juego no es el planeta, es la propia supervivencia del ser humano, la vida, nuestra vida, tal y como la conocemos. El planeta seguirá aquí, con toda probabilidad, hagamos lo que hagamos, con mayor o menor número de especies animales y vegetales, con ser humano o sin él.


Como tantas otras especies que han aparecido y se han extinguido a lo largo de los últimos dos mil o tres mil millones de años, la humanidad puede desaparecer de la faz de la Tierra en un suspiro como quien dice, y la vida y el planeta seguirán su curso. Habrá sido un episodio efímero, apenas unos minutos o unas horas “humanas” en la vida del planeta, un resfriado leve.
¿Por qué debe importarnos entonces lo que hagamos? Puede incluso que el ser humano siga aquí durante otros 200.000 años o más. Es un ser capaz de adaptarse a situaciones muy variables y adversas, y pueden sobrevivir algunos millones de personas en algunos lugares del planeta, por muy difíciles que se pongan las cosas.


Pero no nos engañemos, esto no sucederá para la mayoría de las personas. Miles de millones morirán o pasarán vidas muy duras. De seguir el rumbo que llevamos, podemos enfrentarnos a procesos catastróficos que reduzcan drásticamente la cantidad de alimento, de energía, y de materiales disponibles. La sociedad humana que hemos desarrollado, especialmente en las últimas décadas, industrial, tecnológica y globalizada, puede ver su fin al faltarle suministros básicos.


Pero sobre todo, lo que puede dar al traste con una sociedad que ha evolucionado de forma razonable en los últimos siglos o milenios, son los conflictos sociales y bélicos que pueden darse en un mundo con escasez de recursos, y que pueden ser los peores que se hayan vivido nunca, dado el enorme poder de destrucción que, en paralelo, hemos desarrollado.
Faltan probablemente algunas décadas para llegar a situaciones especialmente graves, pero las personas jóvenes de hoy vivirán seguramente experiencias duras. Como bien dicen, les estamos robando el futuro. A muchas personas, de hecho, se les roba el presente.


Por otro lado, ante la creciente huida de zonas depauperadas, inhóspitas, del hambre y de la guerra, se abre cada vez con más fuerza el auge del fascismo y la xenofobia, de sistemas autoritarios y cerrados, de la polarización social, los muros y las alambradas, las muertes en las fronteras y en los mares, las tensiones y el sufrimiento de miles o millones de personas. Ya está pasando, está empezando, y puede ir a más.


Ante este panorama solo nos queda la humanidad, en el mejor sentido de la palabra, la capacidad de empatía, de solidaridad y de apoyo mutuo, la generosidad con nuestros congéneres más allá de nuestros intereses personales, la voluntad de trabajar por lo colectivo, por un bien superior, la capacidad de no conformarnos con un destino autoimpuesto.


Los cambios que debemos realizar son enormes; llevamos miles de años en un proceso expansivo y acaparador, peleándonos por ver quién la tiene más grande. Esto incluye el funcionamiento de las empresas y el sistema económico, cortoplacista y depredador, por un sistema económico y social diferente: capaz de satisfacer las necesidades humanas sin poner en riesgo su supervivencia, que posibilite los avances tecnológicos, sociales y culturales en un marco de balance estable con la naturaleza, y de entendimiento entre las personas.
Se hace necesario un cambio cultural, un nuevo marco que genere ilusión, una historia que cambie la historia. Aún estamos a tiempo.

Por Rodrigo Irurzun Martín de Aguilera

publicado
2019-06-05 15:58:00

 

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El fin de Brasil como potencia global emergente

"Del ridículo no se vuelve", acostumbraba decir el general argentino Juan Domingo Perón parafraseando a otro presidente, Domingo Faustino Sarmiento.

La frase se puede aplicar con todo rigor al papelón de Jair Bolsonaro en el Foro de Davos, donde tenía 45 minutos para explicar su programa de gobierno ante la crema de los empresarios del mundo, pero la inspiración se le agotó en apenas seis y medio. Peor aún, dejó plantados a los medios y a los organizadores al suspender la rueda de prensa, que todos los mandatarios ofrecen, junto a tres de sus ministros.

Bolsonaro no tiene mucho para decir pero, sobre todo, no sabe cómo hacerlo. Sigue actuando de la misma manera que lo hacía cuando era un oscuro diputado. O, como lo describela periodista Eliane Brum, "sigue creyendo que está en campaña y que seguirá ganando al grito de las redes sociales". Para la periodista, la más laureada de Brasil, Bolsonaro tiene un "nivel escolar" y su intervención "sonaba como la de un estudiante mediocre presentando un trabajo copiado a un colega, porque no tenía convicción y las frases no se conectaban unas con otras".


"La mediocridad es peligrosa", reflexiona Brum, ya que el presidente se comporta como un hincha de fútbol. "Me dio miedo", dijo el Nobel de Economía Robert Shiller: "Brasil es un gran país que merece algo mejor". Una personalidad como la Bolsonaro al frente de un país de 200 millones de habitantes y la décima economía del mundo, no puede dejar de preocupar incluso a quienes lo apoyaron.


Uno de sus hijos, Flavio, senador electo y diputado de Río de Janeiro durante cuatro mandatos, se enriqueció de forma muy rápida con cantidades muy por encima de sus ingresos, por lo que están siendo observado porque se sospecha corrupción. Peor aún, estaría involucrado con grupos paramilitares como "Escritorio del Crimen", el responsable del asesinato de la concejal Marielle Franco.


Flavio contrató a la madre y la esposa de Adriano da Nóbrega, líder del grupo actualmente fugado, para trabajar en su despacho, y entregó al criminal la medalla Tiradentes, la más alta distinción que ofrece la Asamblea Legislativa de Río, cuando estaba preso por homicidios cometidos como miembro de la Policía Militar.

El vicepresidente, el general Hamilton Mourao, ha desmentido decisiones de Bolsonaro y de su canciller, como la promesa de campaña de que Brasil trasladaría la embajada en Israel a Jerusalén. Algunos países árabes como Arabia Saudí presionan para cortar las importaciones de carne brasileña si se llegara a concretar.

En los medios políticos se suceden las especulaciones que van desde un impeachment a Bolsonaro, hasta un "golpe suave" para apartarlo del poder o dejarle un papel decorativo. El periodista brasileño Pepe Escobar señala que la red Globo tendría un "documental explosivo que muestra que el atentado con cuchillo que sufrió en septiembre pasado, durante la campaña electoral, era en realidad un truco".


Sin embargo, Bolsonaro es un problema menor para Brasil. Los verdaderos, los que están en la base de la neutralización del país como potencia emergente y como líder incluso de la región sudamericana, son mucho más profundos y amenazan con retornar al país al lugar de semicolonia exportadora de materias primas, bajo la sombra de la potencia dominante y sin la menor proyección internacional.

La primera puede sintetizarse en la adquisición de Embraer por Boeing. Bolseando decidió aprobar la venta sin ejercer el derecho de veto que le otorga la posesión de un acción de oro. La nueva sociedad tendrá una estructura en la cual Embraer controlará el 20% y Boeing el 80%, mientras el desarrollo del avión de transporte militar KC-390, realizado enteramente por la brasileña, quedará con 51% para Embraer y 49% para Boeing. Sólo la aviación ejecutiva y de defensa quedarán en manos de Embraer. Por esta operación la brasileña recibirá 3.100 millones de dólares, después de impuestos y gastos de la transacción.

Embraer entregó a Boeing su parcela más lucrativa, siendo la tercera fabricante de aviones comerciales del mundo y vanguardia en los de un solo pasillo. La pregunta que muchos se hacen es si podrá sobrevivir una empresa que fabrica sólo aviones ejecutivos que representan apenas el 26% de la facturación total. El primer problema es la deserción previsible de ingenieros, los cerebros en este tipo de empresas, y nada menos que 4.500 de los 16.000 empleados de Embraer.


Renata Belzunces del Departamento Intersindical de Estadística y Estudios Socioeconómicos, sostiene que la venta de Embraer afecta la soberanía nacional. La empresa estratégica más importante de Brasil se volverá, en su opinión, una mera abastecedora de piezas para EEUU.

Según la economista, es la empresa más innovadora del país y "la principal exportadora de productos de alta intensidad tecnológica capaz de generar desarrollo junto al Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales y al Departamento de Ciencia y Tecnología Aeroespacial". Una empresa de este porte trabaja con decenas de otras, que le suministran productos de alta tecnología conformando un polo tecnológico de avanzada, que ahora quedará muy reducido.

La segunda cuestión es que Brasil queda sometido, por voluntad expresa de sus gobernantes, a ser un mero satélite de EEUU. Según el director del Instituto de Estudios Latino Americanos (IELA), Nildo Ouriques, el sector militar encabezado por Mourao que tiene el verdadero poder en Brasil, "sólo piensa en agradar a Estados Unidos". En su opinión, esta actitud que define como "agringamiento", se relaciona con la dictadura militar (1964-1985) que "pasó a la reserva entre 10 y 12.000 oficiales acusados de nacionalistas o comunistas".

El resultado es que un vicepresidente como Mourao coloca a Brasil en relación de dependencia con la política exterior estadounidense, siendo "incapaz de luchar por la soberanía, observando el mundo con la mirada de los EEUU".

Es evidente que un gran país que pretenda ser potencia emergente y referencia para sus vecinos debe contar con una economía con tecnologías de punta y, sobre todo, debe tener una personalidad propia. La naciones que se someten a una gran potencia, no pueden jugar el papel de líderes o referentes, menos en un período de grandes cambios y sacudones geopolíticos como el actual.

11:49 05.02.2019(actualizada a las 12:22 05.02.2019)URL corto

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EU engañó a Rusia con promesas incumplidas

Eric Zuesse, connotado historiador investigador de EU –abominado por la prensa lubricada del sistema desinformativo–, aborda “Cómo EU engañó a Rusia (https://goo.gl/fxwwtJ)”, que elucida la sicología de desconfianza entre las dos superpotencias nucleares desde hace un cuarto de siglo y explica lo que se encuentra detrás del histérico neomacartismo del presente Rusiagate.

El ensayo geoestratégico de Eric Zuesse desglosa en forma académica su impactante disquisición. Como solían exponer los clásicos latinos: contra facta non sunt argumenta, ya que los datos duros y testimonios de Zuesse son apabullantes.

Eric Zuesse afirma que la condicionalidad del acuerdo de la URSS para permitir que Alemania oriental sea capturada por Alemania occidental, y para el finiquito de la guerra fría, fue que la OTAN no se expandiría ninguna pulgada al Este.

Tal fue el acuerdo entre el entonces presidente de la URSS, el megacándido Mijail Gorbachov, que liquidó a la URSS, abandonó el comunismo y disolvió la alianza militar comunista del Pacto de Varsovia, bajo las promesas verbales, sin ningún documento que lo respalde.

Ello “significaba que EU no intentaría colocar sus misiles nucleares justo en las fronteras de Rusia, cerca de Moscú y quizás para lanzar un fulminante (blitz) ataque nuclear que eliminaría la capacidad misilística de represalias de Rusia mas rápido de lo que Rusia pudiera lanzar sus misiles contra la OTAN/EU en un ataque sorpresa de primer golpe”.

Gorbachov –quien acabó en forma denigrante haciendo la publicidad de Pizza Hut y de las tarjetas American Express– soñaba con que Rusia sería aceptada como una democracia occidental e, incluso, EU le prometió que Rusia sería ungida como miembro de la OTAN, lo cual “ponía fin a la guerra fría de 46 años”.

Rusia cumplió en forma unilateral toda la parte del trato bilateral, lo cual no fue correspondido por EU cuando la OTAN absorbió uno a uno los previos países del Pacto de Varsovia y se dio incluso el lujo de rechazar la membresía de Rusia.

¡Sucedió lo contrario!: la OTAN se expandió al Este, justo en las fronteras de Rusia y, con el vacío soviético, EU profundizó su cooperación con sus aliados fundamentalistas árabes sunnitas para invadir Irak, Libia y Siria.

Los testimonios de Eric Zuesse son demoledores: 1. Yo estaba allí cuando le dijimos a los rusos que los íbamos a hacer miembros de la OTAN: coronel Lawrence Wilkerson (anterior jefe de gabinete del secretario de Estado general Colin Powell), quien ha expuesto que la “política exterior de EU es hecha por la plutocracia (https://goo.gl/bSpWoA)”;

2. “Cuando hablé con Baker, él acordó que le había dicho a Gorbachov que si la URSS permitía la reunificación alemana y la membresía de la OTAN, Occidente (sic) no expandiría a la OTAN ni una pulgada al Este (https://goo.gl/n98JoN)”;

3. El entonces canciller alemán, Helmut Kohl, “prefirió hacer eco a James Baker, no a Daddy Bush” y “aseguró a Gorbachov, como el mismo Baker había hecho, que naturalmente (sic) la OTAN no podría expandir su territorio (sic) a Alemania oriental: Mary Elise Sarotte. Ella misma agrega que después de arrancar esta megaconcesión al ingenuo Gorbachov, Kohl regresó a Alemania “a empezar la unificación de las dos Alemanias bajo una sola divisa y un sistema económico (https://goo.gl/ZhfhjW)”. Aquí fue cuando Alemania despegó como superpotencia geoeconómica gracias a la sepultura de la URSS y a la pusilanimidad de Gorbachov. Cinco años más tarde Mary Elise Sarotte explaya la “promesa rota (https://goo.gl/duhUxt)”;

4. Una frase tremenda del engaño de Daddy Bush fue cuando regañó al canciller Kohl sobre las promesas a Rusia durante la Cumbre en Campo David de febrero de 1990: ¡Al diablo (sic) con ello: Ganamos, ellos no! Ya en ese momento el lastimoso Gorbachov se había vuelto la piñata de Daddy Bush, Kohl y Mitterrand. En forma angelical, en pleno infierno, Gorbachov llegó hasta proponer una seguridad panEuropea entre la OTAN y lo que quedaba de la URSS;

5. Jack Matlock, anterior embajador en la URSS de 1987 a 1991, afirma que su país (EU) “ha tratado a Rusia como perdedor (sic) desde el fin de la guerra fría: la falla de apreciar cómo concluyó la guerra fría ha tenido un profundo impacto en las actitudes de Rusia y Occidente y ayuda a explicar lo que vemos ahora”. ¡Pero cómo Daddy Bush y los Clinton no iban a humillar a Rusia con tal caquistocracia (el gobierno de los peores) de Gorbachov y Yeltsin! Baste contrastarlos con el zar Vlady Putin quien ha resucitado hoy a Rusia de los cementerios geopolíticos;

6. Sir Rodric Braithwaite, anterior embajador británico en la URSS y Rusia, informó sobre las garantías (¡megasúper-sic!) dadas en 1990 por EU (James Baker, secretario de Estado) y Alemania (Helmut Kohl, canciller), y en 1991 (sic) en nombre del Reino Unido (por el entonces premier, John Major) y Francia, por el presidente François Mitterrand. Sir Rodric Braithwaite afirmó que este “récord de hechos no ha sido exitosamente desmentido en Occidente: EU y Rusia Antes y Más Allá de la Crisis de Ucrania (https://goo.gl/FUU16y)”.

Muy riguroso, Eric Zuesse expone el contraargumento de Mark Kramer, director de los Estudios de la Guerra Fría de Harvard: “El mito de la promesa de la no-expansión de la OTAN a Rusia (https://goo.gl/bUarxf)”. Allá quien desee creer a los lubricados académicos oficiosos del Deep State de EU en la fase de la posverdad y sus fake news.

En lo único que le asiste la razón a Kramer es que no existe ningún documento.

Desde mi perspectiva, sin haber perdido una guerra militar propiamente dicho, Gorbachov cedió en todo y no obtuvo nada a cambio, lo cual suena aberrante para cualquier diplomático menor, ya no se diga un estadista de alcurnia.

Eric Zuesse arremete contra Gorbachov por “haber confiado en megaestafadores (los líderes de EU y sus aliados) encabezados por un supergánster Daddy Bush” cuando el mundo entero sufre de estos bandidos (sic) hoy y cada día, lo cual produce creciente caos global y matanzas en Libia, Siria, Ucrania y en otras partes, que ahora ha resultado en una crisis de refugiados en Europa. ¡Qué severo!

Eric Zuesse describe cómo el ingenuo Gorbachov confió en Daddy Bush, por cierto, antiguo director de la CIA e indiciado acusado de haber participado en el asesinato de Kennedy.

La etérea promesa –insisto, sin documentos– fue hecha por el texano secretario de Estado, James Baker III, que superó a Maquiavelo, Talleyrand y Rasputín juntos, cosa que no podría suceder con el abusado y avezado zar Vlady Putin, quien conoce las vulnerabilidades de la élite estadunidense.

Si alguien cree que no pudo haber peor cándido que Gorbachov se quedaría corto con su inmediata sucesión por Boris Yeltsin, quien llevó a Rusia al borde de la balcanización al deglutir todos los cuentos de Bill Clinton asesorado por George Soros: dos personajes que en el mismo infierno causarían pavor.

No es concebible la degradación de la URSS a tales niveles.

Por eso el zar Vlady Putin confesó que la disolución de la URSS había constituido una catástrofe geopolítica, lo cual desea repetir el Deep State estadunidense en la fase presente del Rusiagate.

AlfredoJalife.com

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Davos: los ricos y poderosos en la montaña mágica

 

Esta semana se reúne la crema y nata de la élite mundial en Davos para asistir al Foro Económico Mundial. El lema principal del cónclave este año es revelador: Crear un futuro común en un mundo fracturado. Se ofrece así una perspectiva optimista sobre la construcción de un porvenir incluyente, al tiempo que se reconoce la existencia de las profundas fisuras que hoy desgarran la sociedad humana a escala planetaria.

Sesenta jefes de Estado, cientos de poderosos empresarios y miles de guardias armados se darán cita en Davos. Más de mil 700 jets privados transportarán a estas personalidades a sus hoteles de lujo, en el pequeño poblado inmortalizado por Thomas Mann en La montaña mágica (publicada en 1924).

En esa magistral novela Hans Castorp visita a su primo en el Berghof, sanatorio especializado en el tratamiento de enfermos con tuberculosis. Pero lo que habría de ser una corta visita se transforma en una estancia de siete años, cuando el joven Castorp se ve expuesto a los secretos de la enfermedad y la muerte. Lo que más atrae su atención es que, en su padecimiento, algunos de los pacientes se convierten en personas más sensibles y con mayor profundidad emocional, lo que contrasta con la superficialidad de muchos que gozan de plena salud.

El cónclave, que se inició ayer en Davos, coincide con la publicación del informe de Oxfam sobre desigualdad a escala mundial (oxfam.org). El estudio revela que el año anterior 82 por ciento de la riqueza generada en la economía mundial fue a parar a manos de uno por ciento de la población. En cambio, para la mitad más pobre del planeta (3 mil 700 millones de personas) los ingresos permanecieron sin cambio. Para Oxfam esta concentración de riqueza no es el signo de una economía saludable, sino el síntoma de un modelo que le ha fallado a miles de millones de personas que no pueden salir de la pobreza por medio de su trabajo.

El informe de Oxfam se apoya en datos duros de varias fuentes, incluyendo el Laboratorio sobre desigualdad mundial, de la Escuela de economía en París, creado por Thomas Piketty y Emanuel Sáez (wid.world). Entre sus recomendaciones principales para revertir este proceso de desigualdad creciente se encuentra el control y eliminación de la evasión fiscal y el incremento de los salarios.

Para Oxfam el problema medular es que la economía mundial se comporta como un modelo de crony capitalism, que puede traducirse como capitalismo de compadres o de connivencia. Esto permite a las grandes empresas beneficiarse de la evasión fiscal y los salarios de hambre que pagan. Sin embargo, aunque la crítica es certera, está basada en un diagnóstico muy superficial. Por ejemplo, el capitalismo no es un modelo, como dice Oxfam. Es un modo de producción (y consumo) históricamente determinado. Las grandes corporaciones, que tanto aparecen en el informe de Oxfam, son centros privados de acumulación de capital que se enfrentan en una encarnizada competencia por la rentabilidad. De ahí también la búsqueda sistemática de mecanismos para deprimir salarios.

Las recomendaciones de Oxfam están condenadas a languidecer como débil eco en los participantes de la reunión en Davos, cuando regresen a sus países en sus jets privados. Por ejemplo, Oxfam sugiere que los gobiernos deben funcionar en beneficio de toda la población en lugar de hacerlo para beneficio de las grandes corporaciones. Buena idea, pero eso ignora todo sobre la dinámica del capitalismo contemporáneo y, en especial, sobre la política macroeconómica neoliberal.

Para dar un ejemplo del ámbito de la política monetaria: uno de los temas clave ignorado por Oxfam se relaciona con el funcionamiento del sistema bancario. En ninguna parte de su estudio aparece un apartado que diga algo sobre los bancos comerciales privados y su función en la creación de dinero. Hoy sabemos que 95 por ciento de la oferta monetaria en cualquier país del mundo se compone de títulos de deuda creados por los bancos privados. Típicamente, los bancos centrales tienen funciones de regulación monetaria muy restringida y en última instancia son responsables de crear reservas cuando se las piden los bancos comerciales privados. El resultado final es un feudalismo monetario que tiene sojuzgada a la población mundial. Aquí las recomendaciones tendrían que ir más allá de la fallida regulación bancaria, que ni siquiera ha podido mitigar la rapiña del sistema de bancos sombra. Se necesita nacionalizar la actividad bancaria para recuperar así el control sobre la creación monetaria.

Davos es un buen sitio para una reunión de ricos y poderosos. Son las criaturas consentidas del sistema, como diría Settembrini, uno de los personajes de La montaña mágica que representa el legado intelectual humanista. Esas criaturas están enfermas de arrogancia y soberbia, pero a diferencia de los pacientes del Berghof, en su caso la enfermedad está hermanada con el delirio y la decadencia, no con esa mayor sabiduría que se requiere para resolver los graves problemas que hoy aquejan la sociedad humana.

 

Twitter: @anadaloficial

 

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Martes, 23 Enero 2018 06:54

El foro del miedo

El foro del miedo

 

A partir de mañana, durante cuatro días, tendrá lugar en Davos, el 48 World Economic Forum Annual Meeting. Se reunirán los llamados líderes globales a tomar decisiones sobre el mundo al que dañan, ambiental y socialmente, de modo profundo y permanente. Cada uno pagará 55 mil dólares por su admisión, asunto que, desde luego, no les roba ni un minuto de sueño.

La propaganda dice que asistirá un número récord de jefes de Estado y de gobierno, aunque el apartado en que presume del número de asistentes está ilustrado con las fotografías de Emmanuel Macron, Theresa May, Donald Trump, Narendra Modi (India) y Justin Trudeau. El inefable Donald está ubicado, con todo el reconocimiento que les merece, al centro.

Klaus Schwab, fundador y director ejecutivo del Foro Económico Mundial, ha escrito para esta reunión: Nuestro mundo se ha fracturado debido a la creciente competencia entre las naciones y por profundas divisiones dentro de las sociedades. Y la ­envergadura de los desafíos que enfrenta nuestro mundo hace que sea más esencial que nunca la acción concertada, colaborativa e integrada. Nuestra reunión anual tiene como objetivo vencer estas líneas de fractura al reafirmar los intereses compartidos por las naciones, asegurando el compromiso de múltiples actores en la renovación de contratos sociales por medio del crecimiento inclusivo.

Ya resultan hilarantes o indignantes o hipócritas, según sea su sensibilidad, las que serán las conclusiones del foro 2018: que se pondrán de acuerdo para ¡vencer! los desgarros que presenta un mundo fracturado, debido a la competencia, dicen, entre las naciones y a las profundas divisiones dentro de las sociedades.

Las naciones no están en competencia económica, lo están las empresas multinacionales cuyos dueños viven en los países industrialmente desarrollados, mientras expolian a inmensas poblaciones del mundo subdesarrollado y subordinado. ¿Van a vencer, o al menos morigerar, la competencia económica? Fake news.

Hay, sí, una geopolítica donde las grandes potencias económicas y militares están en ruta de colisión.

La nueva estrategia nacional de Trump se llama competencia estrategia interestatal, y es su principal preocupación y no los ataques yihadistas, reportó el pasado viernes el diario británico The Telegraph. De acuerdo con el mismo periódico, se trata de un punto de inflexión después de casi dos dé­cadas en las que Estados Unidos se ha centrado en la lucha contra el terrorismo tras los atentados del 11 de septiembre. China, Rusia, Corea del Norte e Irán son mencionados ahora como potencias que amenazan el orden internacional.

James Mattis, secretario de Defensa estadunidense, dijo en un discurso el viernes pasado: “Seguiremos procesando la campaña contra los terroristas, que estamos llevando a cabo hoy, pero la competencia de las grandes potencias –no el terrorismo– es ahora el foco principal de la seguridad nacional estadunidense”. Añadió, con el estilo del gorila macho que se golpea el pecho con los puños: Para todos aquellos que amenazan el experimento de un Estados Unidos en democracia: deben saber que, si nos desafían, será su peor y más largo día. China, dijo Mattis, “es un competidor estratégico que utiliza la economía depredadora para intimidar a sus vecinos, mientras militariza partes sustantivas del Mar del Sur de China..., y Rusia ha violado las fronteras de las naciones cercanas y persigue vetar el poder sobre las decisiones económicas, diplomáticas y de seguridad de sus vecinos”.John McCain, senador republicano de Arizona, dio la bienvenida a la nueva estrategia, diciendo: Construye bien [Trump] las grandes decisiones, da prioridad a las amenazas que enfrentamos y ofrece una guía clara para tomar decisiones difíciles.

Donald, primer presidente estadunidense que asiste a Davos desde Clinton, hace 18 años, dará el discurso principal antes del cierre del Foro. Desde luego, son muchos los que esperan que el centro de su diatriba sea: Make America great again; ya el pasado viernes ha anticipado su posición sobre cualquier iniciativa que procure dizque vencer las fracturas y divisiones de las sociedades del mundo. Antes, Trump había designado a Jerusalén como capital de Israel, con lo cual decidió no ser más un interlocutor de Medio Oriente y dejar (él no parece saberlo) el camino abierto a China.

Entre tanto, Rusia derrota militarmente a ISIS en Siria, con lo cual Putin no sólo ha elevado sus votos para volver a relegirse, sino que sube varios escalones como actor de la geopolítica internacional. Acto seguido, Turquía, según informa Reuters, citando a responsables destacados de las YPG (Unidades de Protección Popular) ha disparado desde la noche del jueves alrededor de 70 proyectiles contra posiciones kurdas en Afrin, Siria, región controlada por milicias kurdoárabes apoyadas por EU.

El Foro de Davos será el foro del mie­do. Del miedo de las élites del planeta, cuyos escandalosos desvaríos pueden destruir al mundo mucho mayor de los hambrientos.

El informe principal de Davos, bajo el título general de Fracturas, temores y fracasos, destaca los riesgos globales, e incluye subtítulos como La parca, de cosecha, La muerte del comercio, Las hebillas de la democracia, La extinción de la precisión, Al abismo, Los temores de un Armagedón ecológico y Guerra sin reglas.

Y mientras las élites del mundo no cesan de vanagloriarse de las mil maravillas que tenemos y tendremos con la inteligencia artificial, el propio informe del foro subraya que ésta ha sido la más débil recuperación registrada tras una recesión, y el crecimiento de la productividad permanece extrañamente débil.

 

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Jueves, 04 Enero 2018 08:12

¿Desglobalización?

Trump edifica muros en pro de la soberanía de Estados Unidos / Foto Ap

 

En círculos académicos y en artículos de opinión publicados en los grandes medios de comunicación se ha mencionado con frecuencia que estamos entrando en un periodo de reversión de los procesos de globalización que han dominado la economía, la política, la cultura y las relaciones internacionales en los pasados 50 años. Se entiende por globalización la intensificación de las interacciones trasnacionales más allá de lo que siempre fueron las relaciones entre estados nacionales, las relaciones internacionales o las relaciones en el interior de los imperios, tanto antiguos como modernos. Son interacciones que no están, en general, protagonizadas por los Estados, sino por agentes económicos y sociales en los ámbitos más diversos. Cuando están protagonizadas por los Estados, pretenden cercenar la soberanía del Estado en la regulación social, sean los tratados de libre comercio, la integración regional, de la que la Unión Europea es un buen ejemplo, o la creación de agencias financieras multilaterales, como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Escribiendo hace más de 20 años, dediqué al tema muchas páginas y llamé la atención sobre la complejidad e incluso el carácter contradictorio de la realidad que se aglomeraba bajo el término globalización. En primer lugar, mucho de lo que se consideraba global había sido originalmente local o nacional, desde la hamburguesa tipo McDonald’s, que había nacido en una pequeña localidad del oeste de Estados Unidos, al estrellato cinematográfico, activamente producido al principio por Hollywood para rivalizar con las concepciones del cine francés e italiano que antes dominaban, o incluso la democracia como régimen político globalmente legítimo, ya que el tipo de democracia globalizada fue la democracia liberal de matriz europea y estadunidense en su versión neoliberal, más la segunda que la primera.

En segundo lugar, la globalización, al contrario de lo que el nombre sugería, no eliminaba las desigualdades sociales y las jerarquías entre los diferentes países o regiones del mundo. Más bien, tendía a fortalecerlas.

En tercer lugar, la globalización producía víctimas (normalmente ausentes en los discursos de los promotores de la globalización) que tendrían ahora menor protección del Estado, ya fueran trabajadores industriales, campesinos, culturas nacionales o locales, etcétera.

En cuarto lugar, a causa de la dinámica de la globalización, las víctimas quedaban más sujetas a sus localidades y en la mayoría de casos sólo salían de ellas forzadas (refugiados, desplazados internos y transfronterizos) o falsamente por voluntad propia (emigrantes). Llamé a estos procesos contradictorios globalismos localizados y localismos globalizados.

En quinto lugar, la resistencia de las víctimas se beneficiaba a veces de las nuevas condiciones tecnológicas ofrecidas por la globalización hegemónica (transportes más baratos, facilidades de circulación, Internet, repertorios de narrativas potencialmente emancipadoras, por ejemplo, los derechos humanos) y se organizaba en movimientos y en organizaciones sociales trasnacionales. Llamé a estos procesos globalización contrahegemónica y en ella distinguí el cosmopolitismo subalterno y el patrimonio común de la humanidad o ius humanitatis. La manifestación más visible de este tipo de globalización fue el Foro Social Mundial, que se reunió por primera vez en 2001 en Porto Alegre, Brasil, y del que fui un participante muy activo desde el inicio.

¿Qué hay de nuevo y por qué se diagnostica como desglobalización? Las manifestaciones referidas son dinámicas nacionales y subnacionales. En cuanto a las primeras, se subraya el Brexit, por el que el Reino Unido (¿?) decidió abandonar la Unión Europea (UE), y las políticas proteccionistas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, así como su defensa del principio de soberanía, oponiéndose a los tratados internacionales (sobre el libre comercio o el cambio climático), mandando erigir muros para proteger fronteras, involucrándose en guerras comerciales, entre otras, con Canadá, China y México.

En lo que se refiere a las dinámicas subnacionales, estamos ante el cuestionamiento de las fronteras nacionales que resultaron en tiempos y circunstancias históricas muy distintas: las guerras europeas, desde la Guerra de los Treinta Años y el consecuente Tratado de Westfalia (1648) hasta las del siglo XX que, debido al colonialismo, se transformaron en mundiales (1914-1918 y 1939-1945); el primer (¿quizá segundo?) reparto de África en la Conferencia de Berlín (1884-1885); las guerras de fronteras en los nuevos estados independientes de América Latina a partir de principios del siglo XIX. Se asiste a la emergencia o reactivación de la afirmación de identidades nacionales o religiosas en lucha por la secesión o el autogobierno en el interior de estados, de hecho, plurinacionales. Entre muchos ejemplos: las luchas de Cachemira, de Irlanda del Norte, de varias nacionalidades en el interior del Estado español, de Senegal, de Nigeria, de Somalia, de Eritrea, Etiopía y de los movimientos los indígenas de América Latina. Está también el caso trágico del Estado ocupado de Palestina. Algunos de estos procesos parecen (¿provisionalmente?) terminados, por ejemplo, la fragmentación de los Balcanes o la división de Sudán. Otros se mantienen latentes o fuera del radar de los medios de comunicación (Quebec, Escocia, Cachemira) y otros han explotado de forma dramática en las semanas recientes, sobre todo los referéndums en Cataluña, el Kurdistán iraquí y Camerún.

En mi criterio, estos fenómenos, lejos de configurar procesos de desglobalización, constituyen manifestaciones, como siempre contradictorias, de una nueva fase de la globalización más dramática, excluyente y peligrosa para la convivencia democrática, si es que no implican su fin. Algunos de ellos, contrariamente a las apariencias, son afirmaciones de la lógica hegemónica de la nueva fase, mientras otros constituyen una intensificación de la resistencia a esa lógica. Antes de referirme a unos y otros, es importante contextualizarlos a la luz de las características subyacentes a la nueva fase de globalización. Si analizamos los datos de la globalización de la economía, concluiremos que la liberalización y la privatización de la economía continúan intensificándose con la orgía de tratados de libre comercio en curso. La Unión Europea acaba de acordar con Canadá un vasto tratado de libre comercio, el cual, entre otros temas, expondrá la alimentación de los europeos a productos tóxicos prohibidos en Europa, pero permitidos en Canadá, un tratado cuyo principal objetivo es presionar a Estados Unidos para que forme parte. Fue ya aprobada la Alianza Transpacífica, liderada por Estados Unidos, para enfrentar a su principal rival: China. Y toda una nueva generación de tratados de libre comercio está en curso, negociados fuera de la Organización Mundial del Comercio, sobre la liberalización y la privatización de servicios que en muchos países hoy son públicos, como la salud y la educación. Si analizamos el sistema financiero, verificaremos que estamos ante el sector más globalizado del capital y más inmune a las regulaciones nacionales.

Los datos que son de conocimiento público resultan alarmantes: 28 empresas del sector financiero controlan 50 trillones de dólares, esto es, tres cuartas partes de la riqueza del mundo contabilizada (el PIB mundial es de 80 trillones y además habrá otros 20 trillones en paraísos fiscales). La gran mayoría de esas instituciones está registrada en América del Norte y en Europa. Su poder tiene también otra fuente: la rentabilidad de la inversión productiva (industrial) a escala mundial es, como máximo, de 2,5 por ciento, en 0tanto que la de la inversión financiera puede llegar a 7 porciento. Se trata de un sistema para el cual la soberanía de 200 potenciales reguladores nacionales es irrelevante.

Ante esto, no me parece que estemos en un momento de desglobalización. Estamos más bien delante de nuevas manifestaciones de la globalización, algunas de ellas muy peligrosas y patológicas. La apelación al principio de soberanía por parte del presidente de Estados Unidos es sólo la huella de las desigualdades entre naciones que la globalización neoliberal ha venido a acentuar. Al mismo tiempo que defiende el principio de soberanía, Trump se reserva el derecho de invadir Irán y Corea del Norte. Tras haber destruido la relativa coherencia de la economía mexicana con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y provocado la emigración, Estados Unidos manda construir un muro para frenarla y pide a los mexicanos que paguen su construcción. Ello, además de ordenar deportaciones en masa. En ninguno de estos casos es pensable una política igual, pero de sentido inverso. El principio de la soberanía dominante surgió antes en la Unión Europea con el modo como Alemania puso sus intereses soberanos (esto es, del Deutsche Bank) por encima de los intereses de los países del sur de Europa y de la UE. La soberanía dominante, combinada con la autorregulación global del capital financiero, da lugar a fenómenos tan diversos como el subfinanciamiento de los sistemas públicos de salud y educación, la precarización de las relaciones labores, la llamada crisis de los refugiados, los estados fallidos, el descontrol del calentamiento global, los nacionalismos conservadores. Las resistencias tienen señales políticas diferentes, pero a veces asumen formas semejantes, lo que está en el origen de la llamada crisis de la distinción entre izquierda y derecha. De hecho, esta crisis es el resultado de que alguna izquierda haya aceptado la ortodoxia neoliberal dominada por el capital financiero y hasta se haya autoflagelado con la idea de que la defensa de los servicios públicos era populismo. Esta es una política de derecha, particularmente cuando ésta puede atribuirla con éxito a la izquierda. Residen aquí muchos de los problemas que enfrentan los estados nacionales. Incapaces de garantizar la protección y el mínimo bienestar de los ciudadanos, responden con represión a la legítima resistencia de los habitantes.

Ocurre que la mayoría de esos estados son, de hecho, plurinacionales. Incluyen pueblos de diferentes nacionalidades etnoculturales y lingüísticas. Fueron declarados nacionales por la imposición de una nacionalidad sobre otras, a veces de modo muy violento. Las primeras víctimas de ese nacionalismo interno arrogante, que casi siempre se tradujo en colonialismo interno, fueron el pueblo andaluz después de la llamada Reconquista de Al-Ándalus, los pueblos indígenas de las Américas y los pueblos africanos después del reparto de África. Fueron también ellos los primeros en resistir. Hoy, la resistencia junta a las raíces históricas el aumento de la represión y la corrupción endémica de los estados dominados por fuerzas conservadoras al servicio del neoliberalismo global. A ello se añade el hecho de que la paranoia de la vigilancia y la seguridad interna ha contribuido, bajo pretexto de la lucha contra el terrorismo, al debilitamiento de la globalización contrahegemónica de los movimientos sociales, lo cual dificulta sus movimientos transfronterizos. Por todo esto, la globalización hegemónica se profundiza usando, entre muchas otras máscaras, la de la soberanía dominante, que académicos desprevenidos y medios de comunicación cómplices toman por desglobalización.

Fuente: Cubadebate

 

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La migración de mariposas monarcas. Foto: AP.

 

Aunque las tragedias ocasionadas por huracanes y terremotos acapararon la atención del mundo en 2017, la naturaleza también nos regaló espectáculos asombrosos en disímiles lugares del planeta que vale la pena recordar. Cubadebate te invita a disfrutar de este espectáculo colorido y a seleccionar tu preferida.

 

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Eclipse Total de Sol. Foto: AP.

 

 

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Los cerezos de Washington florecen a pesar de la ola de frío. Foto: AP.

 

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Florece el desierto más árido del mundo. Foto: EFE.

 

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La Playa Roja de Pajín, China. Foto: getty Imagenes.

 

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Apareamientos de luciérnagas en Tennessee.

 

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Las nubes “Morning Glory” en Australia.

 

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Las cascadas de “sangre” de la Antártida: Foto: Popular Mechanics.

 

 

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Migración de Cangrejos Rojos en la Isla de Navidad. Foto: EFE

 

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Como el traje de una princesa de cuentos, las aguas del lago del Westgate, Park en Melbourne se tiñeron de rosado durante el mes de marzo. Foto: AFP.

 

 

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La minga y el trabajo comunal, por todo el mundo

“La unión nos hace fuertes, y el individuo es importante como parte de un todo.” Evaristo Nugkuag Ikanan, aguaruna. 

 

“Debemos trabajar de forma colectiva porque ahí es donde radica nuestro poder y, ademas, actuar así resulta ventajoso”. Tanien Ashini, innu.

 

Para los penan, la peor ofensa social se denomina sihun, que significa no saber compartir. Los yanomami creen que un cazador enfermará si consume su propia caza: el egoísmo es la peor falta. En la vasta estepa de Mongolia, es de mala educación llamar a la puerta y los visitantes simplemente deben entrar y hacer uso de ella de manera libre. Los saharauis erguibat también mantienen siempre la puerta abierta.

Para el pueblo pigmeo bakola de Gabón, el ébola es el “ezanga”. Los ezanga son monstruos o malos espíritus con forma humana que devoran los órganos de las personas que no comparten sus cosas con los demás. Además, los ezanga podían convertir a las personas en simios u otros animales.El ébola se transmite cuando se come carne de un animal infectado, normalmente un mono o un murciélago, en zonas aisladas donde no hay carne fresca para compartir.

En realidad, por todo el mundo abundan creencias de este tipo, y por eso existen antiguos y tradicionales sistemas de trabajo comunitario y redes de apoyo y solidaridad, sin esperar nada a cambio más que el bien de todos. 
“Occidente” no es un caso aparte: está el auzolan en el País Vasco, la prestación asturiana andecha, la tornajeira gallega, el tornallom valenciano, tornajornal en Catalunya, geravuelta en algunas zonas de Salamanca, tornapeón en Extremadura y zonas de Andalucía, ir de vereda o las hacenderas en Castilla, o el coor o meitheal irlandés. En el uso moderno, por ejemplo, un meitheal podría ser un grupo de vecinos y amigos invitados para ayudar a decorar una casa a cambio de comida y bebida.

El pueblo Todmorden en Inglaterra utilizó el trabajo comunitario de toda la comunidad para plantar verduras, frutas y hierbas útiles en cada trozo de terreno disponible. 70 espacios públicos y una red de 280 voluntarios, y todo el mundo (incluidos los turistas) pueden servirse gratis y a placer cuando llega la hora de la cosecha. Incluso el hospital dispone de un jardín de hierbas medicinales. “Vivíamos en un pueblo sin nada especial, como cualquier otro, abatido por la crisis y por el desempleo”, recuerda la cofundadora Pam Warhurst. “Lo que hemos logrado ha sido no sólo reverdecer nuestras calles, y poner a cultivar a la policía y a los bomberos. Lo más importante ha sido si acaso reactivar el poder la comunidad, y demostrar que juntos podemos”.

Andernach, una población de unos 30.000 habitantes al norte del estado alemán de Renania-Palatinado. “Los políticos se oponían: temían que los espacios verdes se echasen a perder o se deterioraran, tenían miedo al vandalismo, y al rechazo de la ciudadanía” recuerda el impulsor de esta idea Lutz Kosack. Hoy, los cultivos cubren ya 8.000 metros cuadrados del centro y unas 13 hectáreas a las afueras. Algunas localidades como las germanas Minden, Kassel o Waldkirch, o la austriaca Kirchberg y Wagram, ya se están volviendo también ciudades comestibles.

Talkoot, de Finlandia, es una expresión para la reunión de amigos y vecinos para realizar una tarea. El mismo término y en aproximadamente el mismo contexto se utiliza en Estonia (talgu), en Letonia (talka o talkot) y en Lituania (talka o talkauti). Es el equivalente cultural del trabajo comunitario en una aldea, aunque adaptado a las condiciones de Finlandia, donde tradicionalmente la mayoría de las familias vivían en granjas aisladas, muchas veces a millas de distancia del pueblo más cercano.

Dugnad es un término noruego para el trabajo voluntario realizado en conjunto con otras personas. La participación en un dugnad suele ir seguida de una comida común, servido por el anfitrión. En las zonas urbanas, se identifica con la limpieza de primavera al aire libre y la jardinería. Ocurren más ampliamente en las zonas remotas y rurales. La palabra noruega Dugnadsånd es traducible como el espíritu de la voluntad de trabajar juntos por una mejor comunidad.

El término Guanxi (relaciones) de China consiste en una red de relaciones y contactos entre personas, que cooperan entre sí e intercambian favores, y que se consolida a través del respeto, la lealtad y la confiabilidad. Un pequeño ejemplo es el hecho de que aunque China sea tan extenso como Estados Unidos, tiene un solo huso horario. Es la importancia de mantenerse sincronizados.

Con esta idea general de la filosofía china se entiende la prosperidad de los negocios chinos. Respeto, autoridad, rectitud, lealtad, piedad filial y el deber de reciprocidad. En el proyecto confuciano, la persona buena es la que siempre intenta ser mejor. “Una barra de hierro, a fuerza de ser afilada, puede convertirse en una aguja”, dice un proverbio chino: nada se consigue sin paciencia, constancia y empeño, incluyendo los negocios. De esta manera se consigue ser alguien con prestigio, alguien con mianzi (rostro). Pero este prestigio se consigue únicamente a través del guanxi, las relaciones sociales. Así, se crean redes de apoyo y solidaridad previas a las relaciones de mercado, basada en el don y en la confianza, no en el contrato. 

Gotong-royong es una concepción de la sociabilidad familiar de Indonesia y Malasia. Clifford Geertz habla de “un enorme inventario de instituciones muy específicas y a menudo muy complejas para efectuar la cooperación en el trabajo, la política y las relaciones personales por igual, [...] rukun (ajuste mutuo), gotong-royong (trabajo conjunto de las cargas), tolong-menolong (asistencia recíproca)”.

En “El parentesco en Bali”, Clifford y Hildred Geertz escriben: “El término genérico para cualquier grupo organizado en Bali es seka, que significa literalmente “ser como uno”. El término se aplica a todos estos grupos que se han descrito: consejo de una aldea a la que generalmente se le llama seka banjar; varios grupos de templos referidos como el seka de ese templo; la sociedad de riego es conocida como seka subak; así de continuo. En un seka, todos los miembros tienen idénticos derechos y deberes, con independencia de su posición de estatus. [...] las decisiones son tomadas unánimamente en una reunión de toda la totalidad, y el líder es nominal e inautorizado, ya que la seka no es parte de una gran organización, sino que existe independientemente, libre de otros vínculos o influencias”.

El antropólogo Robert A. Hahn escribe que “la cultura javanesa está estratificada por la clase social y por el nivel de adhesión al Islam. [...] La cultura javanesa tradicional no hace hincapié en la riqueza material. [...] Es el respeto a aquellos que contribuyen al bienestar del pueblo en general sobre su beneficio personal. Y el espíritu de royong-gotong, o el voluntariado, se promueve como un valor cultural”.

Moyai significa literalmente “amarre de embarcaciones en conjunto”, y naoshi significa reparar algo. Moyai naoshi es el término para hablar de trabajo comunitario en Japón, y viene de la trágica historia de Minamata, un pueblo pesquero japonés que contaba con una gran industria llamada Chisso Corporation. Chisso había estado arrojando, de forma oculta, grandes cantidades de mercurio a una bahía cercana desde 1932. Cada vez más personas sufrían de envenenamiento con metilmercurio al consumir pescados contaminados, sufriendo un mal neurológico muy grave. Aún después de que se supiera la negligencia de esta empresa, los pacientes sufrieron el ostracismo por sus comunidades porque se temía contagio y porque esta corporación era la que mantenía a la mayor parte de la población. Los residentes se dividieron uno contra el otro, hasta que recordaron la importancia de moyai naoshi para la reconstrucción de Minamata.

Bayanihan es un término filipino tomado de la palabra bayan, en referencia a una nación, país, ciudad o comunidad. El bayanihan se refiere a un espíritu de unidad comunal o esfuerzo para lograr un objetivo particular. Es una tradición comunal en la que sus miembros ayudan a una familia que se muda para el transporte de la casa a una ubicación específica. El proceso implica, literalmente, llevar la casa a su nueva ubicación. Esto se hace poniendo palos de bambú para levantar los pilares de la tierra y llevar toda la casa encima a cuestas. La tradición también cuenta con una pequeña fiesta organizada por la familia para expresar gratitud a los voluntarios. Bayanihan también ha sido adoptada para referirse a un esfuerzo civil local para resolver los problemas comunales. El concepto está relacionado con damayan (“para ayudarnos unos a otros”).

Las ar gzhas, son canciones de trabajo realizadas durante la construcción de las casas en el Tibet. El Arka (piedra caliza triturada) es laboriosamente compactada por equipos de trabajadores que sellan el suelo con sus pies y apisonan con un largo palo (bogto). Esto normalmente se realiza en grupos: los trabajadores se alinean en filas y se mueven un paso adelante, un paso atrás, al mismo tiempo, golpeando el suelo rítmicamente con la bogto. Estos movimientos rítmicos se acompañan de canciones.

Shramadama, en Sri Lanka, es hacer partícipe a toda la comunidad en un trabajo, no sólo de manera física sino también espiritual.


En Latinoamérica también entienden que el trabajo duro no está reñido con el buen vivir. La filosofía de la Suma Qamaña de Bolivia, que se podría traducir como “buen (con) vivir”, es la sociedad buena para todos en armonía con los otros y con la naturaleza (la Pacha Mama). Por eso, la manera de expresar regularmente que alguien es ‘pobre’, es waxcha (o waqcha, en quechua), que literalmente significa ‘huérfano, abandonado’.

Los precolombinos ya utilizaban la minka, mingako o minga (del quechua minccacuni “solicitar ayuda prometiendo algo”), que hoy los pueblos indígenas de la cordillera andina usan todavía. El ayni es un sistema de trabajo de reciprocidad familiar entre los miembros del ayllu o aillu (una comunidad que trabaja con propiedad colectiva). Como un banco del tiempo. Lo más común es intercambiar trabajos en labores agrícolas, pastoreo, cocina o en la construcción de casas. El caso más llamativo de minga es el del puente peruano de Q’eswachaka, el último puente colgante hecho exclusivamente de fibras vegetales y que se ha regenerado por más de cinco siglos. Y es que cerca de mil personas de comunidades diferentes (Huinchiri, Chaupibanda, Ccollana Quehue y Pelcaro) se reúnen anualmente en su renovación.

Mutirão es el mismo sistema pero de origen tupí que se usa en Brasil, el trabajo comunitario para la construcción civil de casas populares en la que todos son beneficiarios y se prestan ayuda con un sistema rotativo y sin jerarquía. Se usa mucho para acciones colectivas no remuneradas como limpieza de parques, calles, escuelas… Para esta práctica de acción comunal existen muchos sinónimos: muxirão, muxirã, muxirom, muquirão, putirão, putirom, putirum, pixurum, ponxirão, punxirão o puxirum.

En México, de origen náhuatl, se conoce como tequio a la faena o trabajo colectivo que todo vecino de un pueblo debe a su comunidad. En el Estado de Oaxaca, el tequio está protegido por una ley estatal. Jacobo Tomás Yescas, zapoteco de Oaxaca, explica el sentido del tequio y la gozona: “Acá estamos acostumbrados al tequio para realizar los trabajos del pueblo todos juntos... Antes se hacía tequio también cuando se hacía un edificio público... En los últimos años quieren quitar la costumbre de hacer el tequio; pero la mayoría no quiere que se quite porque ya están acostumbrados a trabajar así...”, y ¿qué es la gozona? A mi vecino le voy a ver y le digo: “ven a trabajar conmigo porque no tengo ayuda”. Hacemos gozona... Él va conmigo dos, tres días; y ya le repongo yo luego los días que trabajó conmigo... De ese modo, no se contrata a ninguna persona... Somos gente de escasos recursos; entonces, ya con la gozona nos evitamos el dinero... Y así funcionamos unos con otros, cooperamos... Aquí no hay gente contratada: ya con la gozona tenemos, pues; resolvemos los trabajos...”.

El pueblo mexicano rarámuri, que vive en las montañas de Chihuahua, usan el término córima para definir un acto de solidaridad con alguien que lo está pasando mal. No ofrecer córima a alguien que necesita ayuda se considera un incumplimiento a una obligación y una ofensa a la vez. No se trata de caridad dictada por la moral católica, porque el que da limosna mantiene su mano encima de la mano que recibe. En estas sociedades, no hay mano encima de la otra. Simplemente, las manos se entrelazan en un “hoy por ti, mañana por mi”.

Esto es parecido a la tradición de guelaguetza del Estado mexicano de Oaxaca, un “intercambio recíproco de regalos y servicios”. Su práctica se teje alrededor de las relaciones recíprocas que unen a la gente. Un ejemplo es el que cuenta el escritor oaxaqueño Abel Santiago Díaz, sobre un profesor extranjero que, “sorprendido, vio llegar al aula de la escuela que le servía de hospedaje, uno por uno, al pueblo entero, que le llevaba todo lo necesario para su fiesta nupcial: pollos, guajolotes, maíz, fríjol, especias, cartones de cerveza, cajas de refresco, aguardiente, loza, etc. El presidente municipal y su esposa se ofrecieron como padrinos de la ceremonia, llevándole una banda de música de viento por veinticuatro horas consecutivas. Los que no pudieron llevar obsequios por carecer de recursos, le ofrecieron su trabajo: los hombres construían gigantescos toldos de zacate y carrizo y todo lo relacionado con el trabajo pesado. Las mujeres, todo lo concerniente a la cocina”. Eso sí, después uno por uno fueron a su casa a pedirle de vuelta los dones dados para su boda, cuando así lo necesitaban.

Para este tipo de sistemas, también se utilizan los términos “la faena”, “la fajina”, “el trabajo de en medio” y “la mano vuelta”. Con el fin de detectar en el vecino un motivo para la guelaguetza, una carencia o un problema que pueda exigir la atención comunitaria, es necesario pararse a saludar de manera interrogatoria, sobre su salud, trabajo, familia...

“¿Cómo está nuestro maíz?” preguntan los tojolabales cuando se encuentran con un vecino. El maíz, aún estando en tierras del vecino, recibe el cuidado de todos y, por lo tanto, dicen “nuestro”. En tojolabal, el trabajo que sirve a la comunidad es el komon, y representa el trabajo político realizado por las autoridades eligidas por la comunidad. Dichas autoridades, en tojolabal, se llaman ‘a’tijum, trabajadores. Para decir “trabajo” en tojolabal, se dice ‘a’tel, son los trabajos en la milpa y otros trabajos en y a favor de las comunidades. Para el “trabajo asalariado”, se emplea el término “ganar”.
Gadugi en Cherokee significa “trabajar juntos” o “trabajo cooperativo” dentro de una comunidad, para proyectos tales como la recolección de las cosechas o cuidado a los jardines y de los miembros ancianos o enfermos. La palabra Gadugi viene de la palabra para “pan”, que es Gadu. En los últimos años, el gobierno tribal Cherokee Nation ha promovido el concepto de Gadugi.

En Uzbekistán, la Makhalla es una comunidad que tiene su mezquita, su administración autónoma local, su tradición y su cultura. Esta forma de organización vecinal, nacida de los antiguos gremios de artesanos, garantiza la participación colectiva en los acontecimientos más importantes de todas las familias uzbekas: celebraciones de carácter religioso, resolución de conflictos, educación de los niños y reducción de las desigualdades entre los vecinos. Para ello, se conserva la antigua ceremonia de ayuda mutua khashar. Con este método ayudan a construir la casa a todas las familias e incluso a urbanizar el barrio, la calle y la ciudad. La importancia de Makhalla es tan elevada que fue reconocida para la autoadministración local del país. Los pueblos musulmanes también siguen una retahíla larga y cuidadosa en el saludo, preguntando por cada miembro de la familia, por su salud y su trabajo.

Entre el pueblo saharaui erguibat, existía una especie de acto de caridad llamada miniha. Un hombre llamado Ismail explicó a la antropóloga Sophie Caratini lo que significaba este sistema: “No hay pobres entre los erguibat. Si alguien no tiene nada, cada uno le da uno o más animales para que de nuevo tenga la posibilidad de salir adelante; no hay otra solución. Esto todavía se hace hoy. ¡Los erguibat son más socialistas que vosotros!, ¿sabes?”. Hoy, los saharauis refugiados todavía realizan la “tuiza” o trabajo comunitario. Jadiyetu Elmohtar explica que no es únicamente solidaridad bienintencionada, en el desierto es requisito para la superviviencia.

Como modo de reciprocidad, está la hospitalidad islámica, la diyâfa. En Uzbekistán hay un dicho “Mehmon otanda ulugh” (“el invitado es más grande que el padre”). De hecho, el Islam significó la primera globalización del mundo: destruyó las fronteras comerciales y garantizó la seguridad de las personas, de modo que pudiesen trasladarse (y trasladar sus conocimientos y sabiduría) de un lugar a otro sin sufrir daños, protegidos hasta sus últimos pasos y siendo invitados de honor en todos los hogares. Así, comerciaban desde Francia, pasando por Antaki, hasta llegar a Bagdad, para bajar por el Tigris hasta Omán, a India y finalmente a China, y todos estos sitios estaban conectados entre sí sin la menor interrupción.

Naffīr (نفير) es una palabra árabe utilizada en algunas partes de Sudán (incluyendo Kordofán, Darfur, partes de las montañas de Nuba y Kassala) para describir determinados tipos de empresas de trabajo comunal. Se trata de un grupo que recluta a través de las redes familiares, parientes políticos y vecinos de un pueblo, para un propósito en particular, que luego se disuelve cuando se cumple ese propósito. Una alternativa, más reciente, lo describe como “traer a alguien juntos desde el barrio o comunidad para llevar a cabo un determinado proyecto, como la construcción de una casa o la prestación de ayuda durante la temporada de cosecha”. La palabra puede estar relacionada con el término nafr del árabe estándar (نفير) que describe una banda, partido, grupo o tropa, típicamente movilizadas para la guerra.

Asar en Kazajstán es la petición de una familia a familiares, amigos y vecinos para obtener ayuda para realizar un trabajo duro. Al final de la obra, los ayudados presentarán una mesa llena de manjares como agradecimiento. Zhylu se refiere a la tradición asociada a la prestación de asistencia material, moral y financiera a las personas afectadas por catástrofes naturales (incendios, inundaciones, etc.). Todos los vecinos, no sólo los familiares, tienen el deber de ayudar a las víctimas con cualquier aportación: ganado, materiales de construcción, ropa, dinero, etcétera.

Imece es un nombre dado a una colaboración tradicional turca en un pueblo. Por ejemplo, para la organización general de una ceremonia, el lugar, la comida, la construcción y el arreglo de la nueva casa de los recién casados. 


Oceanía no está al margen de estos sistemas. En el pequeño archipiélago Tokelau (Nueva Zelanda) y las islas Cook, los archipiélagos más aislados del mundo, el compartir se convirtió en un auténtico sistema de supervivencia. Maopoopo es el principio rector y se traduce como “una unidad de un propósito común que abarca el cuerpo y el espíritu”. Este espíritu colectivo es cultivado a través de actividades comunitarias que incluyen expediciones de pesca, proyectos de construcción, carga y descarga de los buques, competiciones deportivas, y la música y la danza.

Maopoopo se ejemplifica mejor para el día de hoy a través de la práctica de inati. En días especiales, todos los hombres de las aldeas pescan juntos. A su regreso, se dividen de manera sistemática y ritualmente la captura con todos los clanes familiares de la isla. La pesca fresca se coloca cerca de la playa y se reparte según las necesidades de cada cual.

En Hawai, tiene la laulima (trabajar juntos) para proveer comida para todas las familias. La gente del interior llenaba el ‘umeke ‘ai (recipiente de poi), mientras que la gente de la costa llenaba el ipukai (cuenco de carne/pescado). Juntos mantenían y protegían los recursos para asegurarse de que hubiera sostenibilidad. El romper el kapu o las normas sociales que aseguraban esta sostenibilidad era vergonzoso.

Piliriqatigiinniq / Ikajuqtigiinniq, es el trabajo en común por una causa común, en inuktitut (de los inuit). Los inuit es un nombre común para los distintos pueblos que habitan las regiones árticas de América.

Que el bienestar de uno depende del bienestar de todos lo saben bien en algunas zonas de Sudáfrica. Cuando se desea elogiar a alguien, se le dice que tiene ubuntu, que es una persona que se completa a través de otras. Ello significa que también invitan de modo cotidiano a desconocidos a sus hogares y los niños se crían con la ayuda de toda la comunidad. 

En África Oriental, hay un dicho término similar que se manifiesta en la expresión swahili mtuniwatu que significa “una persona se debe a otras personas”. Harambee es una tradición keniana de eventos de autoayuda de la comunidad, por ejemplo, de recaudación de fondos o de desarrollo actividades. Harambee significa literalmente “tirar todos juntos” en swahili, y es también el lema oficial de Kenia, apareciendo en su escudo de armas.

Después de la independencia de Kenia en 1963, el gobierno adoptó el harambee como un concepto para tirar todos juntos del país y construir una nueva nación. Alentó a las comunidades a trabajar juntos para recaudar fondos para todo tipo de proyectos locales, prometiendo que el gobierno proporcionaría sus costos de inicio. Bajo este sistema, los individuos ricos que deseaban entrar en la política podrían donar grandes cantidades de dinero a las unidades harambee locales, ganando con ello la legitimidad.

Algunas zonas de Haití se reconstruyeron gracias al trabajo comunitario llamado kombit. Un terremoto segó la vida a más de 200.000 personas y dejó sin hogar a millón y medio. Para Michaëlle Jean, enviada especial de Haití en la Unesco, “liberar” al país del asistencialismo de las ONGs era condición imprescindible para devolver al Estado el rol de liderazgo que debía asumir tras la catástrofe. Con el kombit, fue la población la que planteaba problemas por resolver (una plaza comunitaria, un centro cultural o el asfaltado de un segmento de calle) y cada semana hacían turnos de trabajo comunitario.

En Ruanda, la palabra umuganda se puede traducir como “la unión en el propósito común de lograr un resultado”. En la cultura ruandesa tradicional, los miembros de la comunidad pedían ayuda a sus familiares, amigos y vecinos para completar una tarea difícil. Como parte de los esfuerzos por reconstruir Ruanda después de la guerra y cultivar una identidad nacional compartida, el Gobierno de Ruanda se basó en esta tradición para enriquecer y adaptar sus programas de desarrollo a las necesidades y el contexto del país. Hoy en día cerca del 80 por ciento de los ruandeses participan en trabajos comunitarios mensuales. Los últimos sábados de cada mes, de ocho a once de la mañana, la población se aplica a la tarea de adecentar los espacios públicos. La ley contempla sanciones de seis euros para quienes se escaqueen, pero la mayoría de los ruandeses parecen participar de buen grado: la responsabilidad de limpiar ha generado una voluntad decidida de no ensuciar. Los proyectos también incluyen la construcción de escuelas, centros médicos y plantas hidroeléctricas, así como la rehabilitación de los humedales y la creación de parcelas agrícolas altamente productivas.

Entre los Masai, la construcción comunitaria de una casa para una nueva pareja recién casada es todo un ritual. Un grupo de mujeres se afanan en la tarea de mezclar adobe y estiércol, ya que son ellas las que construyen las casas oscuras, bajas y sin ventanas, para evitar los mosquitos.

Los Ndebele viven en la región de Transvaal, Sudáfrica y Zimbawe. Tras la pérdida de la guerra contra los Boers, se trasladaron de sus tradicionales cabañas de ramas, destruidas, a otra zona en la que abundaba el barro, y así comienzan a construir casas de adobe y barro. Sus dibujos eran una reafirmación cultural a la vez que un método de comunicación entre tribus. Los dibujos escondían mensajes que sólo los Ndebele comprendían. Las pinturas son realizadas por las mujeres. Batsiranai, que significa ayudando a otros en la lengua shona, es el término en Zimbabwe.

Los gurunsi son auténticos arquitectos. Sus casas sukhala son construcciones de adobe que se revisten de barro y excrementos y posteriormente son adornadas con motivos abstractos, que las mujeres de la tribu pintan sobre fachadas y muros para después pulirla con ramas. Aunque lo mejor de la construcción no es el acabado, sino el método: las mujeres cantan a ritmo del trabajo, golpeando la mezcla. Después la regenerarán cada cierto tiempo, porque cada una de sus casas está poblada por los espíritus de sus antecesores y, por ello, tratan de preservarlas durante el mayor tiempo posible, pasando de una generación a otra.

El edificio de barro más grande y más antiguo del mundo necesita una capa de lodo cada cierto tiempo. Toda la ciudad de Djenné se une para este evento. Desde la Edad Media, Tombuctú fue un punto de encuentro entre el África negra y los nómadas del desierto, tuaregs, árabes o bereberes. Gracias a la riqueza generada por el comercio, atrajo a estudiosos y arquitectos, que modelaron con el barro del desierto una de las ciudades más impactantes del planeta. La famosa mezquita de Djingareyber se mantiene en pie 700 años después pese a la decadencia de la ciudad, y no es casualidad. Toda la ciudad lo regenera año tras año. 

 

*http://unaantropologaenlaluna.blogspot.com.co/2014/02/la-palabra-camina-la-minga-transforma.html

 

Fuentes:

 

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http://www.lahaine.org/est_espanol.php/tequio_gozona_guelaguetza 

http://www.lanacion.com.ar/1672766-huaxi-el-pujante-pueblo-de-china-donde-todos-viven-como-millonarios 

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http://sumakkawsay.files.wordpress.com/2009/06/albo_sumaqamana.pdf 

http://lagenterula.files.wordpress.com/2011/06/la-cultura-del-auzolan.pdf 

http://www.lapatilla.com/site/2012/07/10/comenzo-la-destruccion-de-la-mayor-mezquita-en-mali/ 

http://internacional.elpais.com/internacional/2012/12/24/actualidad/1356352274_604236.html 

http://elpais.com/elpais/2013/10/09/eps/1381323026_969117.html 

Somos uno: un homenaje a los pueblos indígenas. Joanna Eede. 

http://www.elcorreodelsol.com/articulo/el-pueblo-mas-comestible-del-mundo 

http://www.elciudadano.cl/2011/01/05/jorge-moraga-antropologo-%C2%ABlas-redes-de-apoyo-y-solidaridad-explican-el-gran-exito-de-los-chinos-fuera-de-su-pais%C2%BB/ 

http://www.rtve.es/alacarta/audios/carne-cruda/ 

http://blogs.elpais.com/seres-urbanos/2015/01/la-reconstrucci%C3%B3n-de-hait%C3%AD-cinco-a%C3%B1os-despu%C3%A9s-del-terremoto.html 

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http://www.ideal.es/sociedad/201507/01/pasar-limpio-20150629122042.html 

Clifford Geertz. Conocimiento local: ensayo sobre la interpretación de las culturas.https://antroporecursos.files.wordpress.com/2009/03/geertz-c-1983-conocimiento-local.pdf

http://www.lavanguardia.com/internacional/20140806/54412801559/ebola-epidemia-panico.html

 

 

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