'El guardian de turno', ganador del concurso Comedy Wildlife Photography y de la categoría perros. (Elke Vogelsang).
Hace semanas conocíamos las fotografías del Comedy Wildlife Photography Awards, un concurso que premia las fotografías más divertidas del mundo animal y con el que se quiere concienciar sobre la importancia de preservar la vida salvaje y con el objetivo de lograr que la sociedad se comprometa.

Ahora llegan las fotografías más divertidas de los animales que viven dentro de casa: las mascotas. En el Comedy Pet Photograpy Awards destacan fotos de mascotas haciendo muecas, poses muy humanas y travesuras. Paul Joynson-Hicks y Tom Sullam, los creadores de este concurso, también son los impulsores de los premios Comedy Wildlife Photography Awards.

Este año en que la pandemia y el confinamiento nos ha obligado a pasar más tiempo con nuestras mascotas este concurso ha visto como el nivel de participantes crecía de forma sorprendente. Esta segunda edición del concurso, organizado en asociación con el fabricante mundial de alimentos para mascotas Mars Petcare, ha contado con más de 2.000 participantes de 81 países.

“La importancia de las mascotas en nuestras vidas, la relación positiva que afirma la amistad que traen sin siquiera darse cuenta, a menudo se subestima y se da por sentada”, dijo Sullam en un comunicado. “Pero este año realmente les ha dado a estas mascotas la oportunidad de brillar, y creo que sin las mascotas muchas, muchas personas habrían tenido más dificultades para lidiar con el aislamiento. ¡Gracias a las mascotas, a todas, por hacernos sonreír a través de este concurso y por mantener a muchos de nosotros en equilibrio!”, añadió.

Estos son los 16 ganadores del concurso, imágenes que es imposible verlas sin una sonrisa en la boca y sintiendo mucha ternura.


¿Por qué estás boca abajo mamá?', ganador de la categoría gatos del Comedy Pet Photograpy Awards. (Malgorzata (Gosia) Russell).

 
'Chicas chismosas', ganadora de la categoría caballos del Comedy Pet Photograpy Awards. (Magdalena Strakova).
 
 

'Reina del drama', ganadora de la categoría demás criaturas del Comedy Pet Photograpy Awards. (Anne Lindner)

 

'¡Buenos días, Fox Mulder!', ganadora de la categoría junior del Comedy Pet Photograpy Awards. (Ayden Brooks)

 

'Humor mañanero', ganadora de la categoría mascotas que se parecen a sus dueños del Comedy Pet Photograpy Awards . (Hannah Seeger)

 
'¡Agárrate fuerte! Llegamos tarde', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Karen Hoglund)
 

'El gato bailarín', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Iain McConnell)

 

'Ese momento en que te das cuenta de que te has comido medio plato', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Candice Sedighan)


'Los amigos no dejan que los amigos hagan tonterías solos', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Kerstin Ordelt)

 
'Mira mamá, puedo caminar sobre el agua', finalista del Comedy Wildlife Photography. (John Carelli)
 
 

'Ardilaaaa!!!', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Elke Vogelsang)

 
'Gato súper dramático', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Iain McConnell)
 

'El gatito bailando, finalista del Comedy Wildlife Photography. (Iain McConnell)

'Ohhhhhhhhh', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Dimpy Bhalotia)


'Trofeo viviente', finalista del Comedy Wildlife Photography. (Antonio Peregrino)

 

(Tomado de La Vanguardia)

Publicado enFotorreportajes
Imagen ilustrativaVassilis Triandafyllou / Reuters

Estas descargas pueden llegar a ser hasta mil veces más potentes y brillantes que la de un rayo ordinario.

 

Científicos han confirmado en dos estudios separados la existencia de 'superbolts' ('superrayos', en español) que pueden llegar a ser hasta mil veces más potentes y brillantes que los rayos ordinarios. 

Los 'superbolts' se detectaron por primera vez en la década de 1970, cuando se creía que podían alcanzar tan solo 100 veces el brillo estándar de un relámpago convencional. Ahora, el análisis de observaciones satelitales reveló que el impacto de un 'superrayo' puede producir más energía que todos los paneles solares y turbinas eólicas existentes en EE.UU. 

"Cuando se ve un relámpago desde el espacio, se verá mucho más tenue que si lo viera desde el nivel del suelo, porque las nubes bloquean parte de la luz", indicó Michael Peterson, el autor principal de ambas investigaciones. 

El primer estudio analizó dos años de datos obtenidos por el Satélite geoestacionario operacional ambiental (GOES, por sus siglas en inglés), mientras que en el segundo trabajo se analizaron 12 años de observaciones del Satélite de grabación rápida en órbita de eventos transitorios (FORTE).

Uno de cada 300 eventos de rayos

Investigadores del Laboratorio Nacional de los Álamos —perteneciente al Departamento de Energía de EE.UU. y ubicado en el estado de Nuevo México— evaluaron los datos de los satélites meteorológicos del GOES, que cuenta con un dispositivo conocido como 'Mapeador de rayos geoestacionarios', que representa gráficamente los rayos desde arriba y registra los destellos registrados por los satélites meteorológicos orbitales cada dos milisegundos en busca de eventos de rayos que brillen 100 veces más que el promedio. 

En las observaciones se descubrieron aproximadamente dos millones de eventos que se ajustaron a estos criterios. Según estos datos, uno de cada 300 eventos de rayos es un 'superbolt', muchos de los cuales registraron al menos 100 gigavatios de potencia. A modo de comparación, la energía producida por todos los paneles solares y turbinas eólicas en el país norteamericano fue de aproximadamente 163 gigavatios en el 2018según el Departamento de Energía de EE.UU.

Hasta 3 teravatios de potencia

Mientras, el análisis de doce años de datos recopilados por el satélite FORTE detectó la presencia de 'superbolts' que emitían un mínimo de 100 gigavatios de potencia. 

"El impacto de un rayo incluso superó los 3 teravatios de potencia, miles de veces más fuerte que los rayos ordinarios detectados desde el espacio", aseveró Peterson.

Según este segundo estudio, los 'superrayos' se generaron durante eventos raros de 'nube a tierra' con carga positiva, a diferencia de los eventos con carga negativa, que son mucho más comunes y componen la gran mayoría de los relámpagos.

Publicado: 25 nov 2020 02:08 GMT 

La captura de carbono para mejorar la soberanía alimentaria

Investigadores de los institutos de Ciencias Agrícolas y Conservación de Recursos y Biociencias y Geociencias de Alemania acaban de hacer pública una investigación que ahonda en la posibilidad del secuestro de carbono en el suelo. Los argumentos a favor de aprovecha el potencial de los suelos para estabilizar el clima no son nuevos y, de hecho, en los últimos años se han puesto en marcha iniciativas en esa línea como la iniciativa 4p1000, lanzada en la COP21 por la CMNUCC en el marco del Plan de Acción Lima-París (LPAP) en 2015; los talleres de agricultura de Koronivia, que se iniciaron en la COP23 en 2018 y el programa RECSOIL, puesto en marcha el año pasado por la FAO.

Según indican, en la última década, los seres humanos hemos generado cerca de 5 gigatoneladas de emisiones al año, de las que podrían capturarse en el suelo hasta 1,5 gigatoneladas, lo que ayudaría a paliar –que no a resolver- la contaminación que provocamos. Sin embargo, el denominador común de las iniciativas mencionadas se plasma en que el aumento del Carbono Orgánico del Suelo (COS) no sólo puede mitigar parte de las emisiones de carbono sino que, además, resulta indispensable para la adaptación de los sistemas agrícolas al cambio climático. Y es que el COS tiene efectos positivos sobre la estructura del suelo, la retención de agua y el suministro de nutrientes, habiéndose convertido en crucial para mantener los servicios de los ecosistemas y la productividad agrícola, según subraya el nuevo estudio.

l trabajo publicado incide en la necesidad de establecer una estrategia en los más altos niveles políticos y de mercado para motivar a los agricultores a adoptar prácticas agrícolas sostenibles en una escala lo suficientemente grande como para dar como resultado la transformación de los sistemas de producción agrícola. Para que esto se produzca, las acciones deben estar respaldadas por sólidos programas científicos, educativos, políticos y sociales.

Uno de los problemas que está frenando la captura de COS es la financiación, especialmente en los países en desarrollo, pero no es el único puesto que la investigación destaca cómo en Norteamérica, Europa o Australia existen, incluso, instituciones para respaldar las inversiones que se realicen en esta línea y, sin embargo, ninguna de estas regiones han secuestrado cantidades climáticamente significativas de carbono hasta la fecha.

El estudio detalla que el coste del manejo de suelos que aumentan el contenido de carbono puede oscilar entre 3 y 130 dólares por tonelada de CO2, teniendo presente que el rendimiento es variable en función, por ejemplo, de factores como la abundancia de agua. Así pues, uno de los puntos a potenciar, en opinión del estudio, es incentivar fiscalmente a los productores individuales para que no sólo se enfoquen en la producción agrícola –que está subvencionada pese a la guerra de precios con intermediarios- sino que también en la apropiación de COS adicional.

Los investigadores apuestan por potenciar el secuestro de carbono en aquellos suelos que ya están evidenciando una baja tasa de rendimiento, vinculando de este modo esta práctica a la seguridad alimentaria. En la actualidad, alrededor del 33% de los suelos en todo el mundo se ha degradado, habiendo perdido buena parte de su COS como consecuencia de la práctica de la agricultura intensiva y el pastoreo, así como haber convertido ecosistemas nativos en tierras cultivables.

Una degradación de los suelos, además, que va en aumento mientras no se realice un aporte adicional de carbono. Si se realizaran estos aportes, el estudio indica que podría cerrar la actual brecha de rendimiento global del 32% en los cultivos de maíz o del 66% en el de trigo, evitando así la necesidad de seguir extendiendo la superficie cultivable.

Para que la estrategia tenga éxito, lo primero es determinar las condiciones de cada suelo, mapear el punto en el que se encuentra cada región, pues no todos presentan el mismo potencial de captura, que puede variar en función del tipo de suelo, el clima, los sistemas de cultivo y las tecnologías disponibles, así como de la brecha de rendimiento que presente y las pérdidas históricas de carbono. En términos generales, los suelos minerales, que cubren cerca del 90% de la superficie terrestre, apenas cuentan con carbono orgánico, mientras que los suelos orgánicos que almacenan más del 20% de todo el COS apenas supone un 3% de la superficie terrestre.

Las prácticas de gestión que se aplicarán a estas dos categorías son muy diferentes, porque mientras en los primeros la prioridad es secuestrar más COS, en los segundos lo importante es reducir su pérdida. Se requiere, pues, una coordinación regional dentro de una armonización mundial, quizás a través de la FAO y su Alianza Mundial por el Suelo.

El trabajo presentado aboga por vincular el secuestro de carbono en el suelo con los programas sobre seguridad alimentaria y alivio de la pobreza en áreas rurales, salud del suelo y REDD+ (reducción de las emisiones de la deforestación y la degradación de bosques). Este enfoque contribuiría a allanar el camino para todo el trabajo que resta por realizar, desde la misma identificación de las áreas prioritarias a los cambios organizativos necesarios.

Por David Bollero

20 noviembre, 2020

Ríos atmosféricos, las autopistas aéreas que regulan el clima

Si existe un campo de estudio dentro de la dinámica atmosférica cuya notoriedad haya experimentado un crecimiento exponencial en las últimas décadas es, sin duda, el de los ríos atmosféricos (AR, por sus siglas en inglés).

El motivo quizás sea que los ríos atmosféricos juegan un papel destacado en un gran número de factores del clima, como el balance radiativo (energético) del planeta o su ciclo hidrológico. O quizás sea su creciente tendencia a ser nombrado en los boletines meteorológicos cuando, en compañía de una tormenta tropical o una ciclogénesis explosiva, traen en ocasiones más de 70 l/m² de precipitación en unas pocas horas.

¿Qué son los ríos atmosféricos?

Los ríos atmosféricos son regiones de la atmósfera cuyo contenido de humedad es muy superior al de las regiones colindantes. Suelen ser regiones muy alargadas y (relativamente) estrechas –miles de km de largo frente a unos cientos de km de ancho– y acompañan normalmente a los frentes fríos tan característicos de las latitudes medias.

Su naturaleza les permite funcionar como grandes autopistas que distribuyen la humedad –y con ello, energía en forma de calor latente– desde las húmedas y cálidas regiones subtropicales y tropicales hacia el resto del planeta.

Estas formaciones son, por tanto, esenciales para el mantenimiento de la buena salud de nuestro ciclo hidrológico, y un mecanismo indispensable del balance radiativo del planeta. Su forma alargada y la enorme cantidad de agua que transportan (superior al caudal del río Mississippi) han inspirado el característico y atrayente nombre de "ríos atmosféricos".

Su papel en las precipitaciones

Los ríos atmosféricos presentan una enorme variabiliad entre ellos. No hay dos iguales. La mayor parte son eventos de intensidad moderada, y son por tanto considerados como beneficiosos. Entre otras cosas, aportan una cantidad indispensable de humedad a la atmósfera de latitudes medias y continentales, que no podría recibirse de otra manera.

Otros ríos atmosféricos, sin embargo, son fenómenos extremos que pueden llevar asociadas precipitaciones superiores a los 100 l/m² en un solo día, teniendo un impacto económico y social negativo en las regiones que se ven afectadas por ellos.

A nivel global, se trata de fenómenos comunes. Suelen existir unos tres o cuatro simultáneamente por cada hemisferio, situados habitualmente sobre los grandes corredores oceánicos. Su temporada alta es el invierno correspondiente a cada hemisferio, cuando la atmósfera es menos húmeda, pero mucho más dinámica que la de la temporada estival.

Las costas occidentales de los grandes continentes, incluida la costa atlántica ibérica, son las regiones calientes de llegada de ríos atmosféricos. Los que llegan a España transportan un elevado porcentaje de lluvia desde el golfo de México. En invierno la península ibérica acostumbra a recibir 3 o 4 al mes.

Otra región activa del mundo hispanoparlante es la costa de Chile, donde los ríos atmosféricos del Pacífico suelen generar importantes precipitaciones en su interacción con la cordillera de los Andes.

¿Cómo serán los ríos atmosféricos del mañana?

La respuesta a la pregunta de como serán los ríos atmosféricos del mañana depende, como es lógico, de cómo sea la atmósfera en la que residan.

La mayor parte de los análisis prospectivos predicen una atmósfera más cálida, y con una dinámica diferente. En este contexto, se considera que los ríos atmosféricos irán tendiendo a ser más frecuentes, y también más intensos, aunque con grandes diferencias entre las diferentes regiones del planeta.

En un reciente estudio liderado por los profesores Luis Gimeno y Raquel Nieto de la Universidad de Vigo, y realizado en colaboración con la Universidad de Lisboa y la Universidad de Illinois, hemos analizado la variación el contenido de humedad durante las últimas décadas en las regiones estratégicas para el fenómeno. Esto nos sirve para realizar una proyección robusta y determinar como serán el día de mañana en un contexto de calentamiento global.

En el artículo, publicado en Nature Communications, se muestra que el contenido de humedad se ha incrementado –y por tanto, con mucha probabilidad, se incrementará– aproximadamente en un 7 % por cada grado centígrado de humedad que se calienta la parte inferior de la atmósfera.

Esta es una proporción bien conocida para los estudiosos de la termodinámica, pues es predicha por la ecuación de Clausius-Clapeyron, que determina la cantidad máxima de humedad que puede contener una celda de aire antes de llegar a la saturación.

Además, hemos demostrado que, de todas las regiones del planeta, la señal más clara a este respecto se observa precisamente en la región donde se origina la mayor parte de la humedad que llega a Europa en forma de ríos atmosféricos: el golfo de México.

Una atmósfera más cálida será una atmósfera más húmeda, y tenemos ahora motivos de peso para asumir que ese incremento de humedad se trasladará en una proporción similar a los ríos atmosféricos.

La cantidad de humedad que recibiremos en el futuro desde las regiones subtropicales será mayor, y también la probabilidad de precipitaciones extremas, poco convenientes para el correcto aprovechamiento del agua como recurso, y peligrosas.

El esfuerzo de la comunidad científica para procurar entender, predecir y adelantarse al clima del futuro es grande, y no sin motivo, pues del clima dependen una buena parte de los recursos que nos proporciona el planeta.

Entre ese complejo collage de fenómenos que constituirán el clima del mañana, parecen jugar un papel destacado los ríos atmosféricos a los que podemos atribuir, sin miedo a equivocarnos, una buena parte del agua que llega a nuestras casas, cultivos, embalses y ríos.

Por:

Jorge Eiras Barca 

Investigador postdoctoral en Física de la Atmósfera, Universidade de Vigo

Iago Algarra Cajide

Investigador Postdoctoral en Física de la Atmósfera, Universidade de Vigo

Jeff Gibbs: «Nunca habrá energía tecnológica verde»

Con el vídeo del documental El planeta de los humanos, de Michael Moore.

 

El Planeta de los Humanos formula difíciles preguntas sobre el fracaso del movimiento ambientalista para detener el cambio climático y salvar el planeta. Para responderlas, preguntamos a su escritor y director.

Publicado en vísperas del 50º aniversario del Día de la Tierra y en plena pandemia mundial Covid-19, el documental Planeta de los Humanos hace un duro análisis de cómo el movimiento ecologista ha perdido la batalla por sus elecciones bienintencionadas pero desastrosas, incluyendo la creencia de que los paneles solares y los aerogeneradores nos van a salvar, y por haberse sometido a los intereses corporativos de Wall Street.

Por lo que no es sorprendente que la película haya suscitado controversia. Ha sido criticada de ser parcialmente anticuada y engañosa y algunos la acusaron de hacer una exposición sesgada de las energías renovables y de apoyar un «maltusianismo antihumano».

Para disipar cualquier duda decidimos entrevistar al escritor y director de la película, Jeff Gibbs.

Nacido en Flint, Michigan, Jeff colaboró durante mucho tiempo con Michael Moore. La primera película en la que trabajó fue Bowling for Columbine [“Un país en armas”, en Argentina, y “Masacre en Columbine”, en México*], en la que produjo muchas escenas icónicas como «el banco que te da un arma», «el perro dispara al cazador» y la «Milicia de Michigan». Tras el éxito de Bowling for Columbine, Jeff se convirtió en coproductor de Fahrenheit 9/11, el documental más taquillero de todos los tiempos. Jeff también escribió la banda sonora original de ambas películas. Desde Fahrenheit 9/11, aunque se tomó algún descanso ocasional para producir otras películas, incluyendo el documental de Dixie Chicks Shut Up and Sing [“Cállate y canta”], Jeff ha estado singularmente obsesionado por el destino de la Tierra y la humanidad.

Pregunta. Hola, Jeff. Muchas gracias por esta oportunidad. En primer lugar, el documental está basado en datos científicos. ¿Cuánto tiempo te llevó recopilarlos y qué confianza merecen?

El planeta de los humanos no es una mera recopilación de datos, sino una historia de descubrimiento que carece de sentido fuera de contexto. El panorama general que se presenta en nuestra película es que la civilización está llegando a muchos límites, incluyendo el agotamiento de los recursos, el empobrecimiento del suelo, la deforestación, la sobreexplotación de los océanos, el colapso de la biodiversidad y, por supuesto, el cambio climático. Resolver únicamente el cambio climático no nos salvará, especialmente cuando las llamadas soluciones implican el uso de tecnologías punta que están diezmando la biosfera y causando daño a los seres humanos en todo el mundo. Peor aún, estas supuestas «soluciones» verdes implican acostarse con los banqueros, industriales, capitalistas y sus «fundaciones». De hecho, nada puede marcar la diferencia a menos que encontremos una manera de terminar con nuestra fatal adicción al crecimiento económico, si bien tenemos que cuidar de aquellos que más lo necesitan.

Hace más de una década, comencé mi viaje de exploración del desastre creado por los humanos, y de cuál podría ser la salida. Cuando me di cuenta de que las llamadas soluciones «renovables» no eran ni renovables ni soluciones, empecé a documentar lo que estaba descubriendo. Por ello, lo que se ve en «El planeta de los humanos» está tomado en su mayor parte del mundo real y de entrevistas con expertos. Todos los datos, ya sean de tablas o gráficos, son los más actualizados disponibles, por regla general de 2019 y 2020.

En la película nos apoyamos en hechos, y ofrecemos una amplia documentación en nuestro sitio web. Por ejemplo, los críticos dicen que no deberíamos haber mostrado una escena histórica con paneles solares de un 8% de eficiencia porque esta se ha duplicado desde entonces. Esto no es cierto. En aquella época también había paneles más eficientes, al igual que ahora, pero cuestan el doble o no duran tanto. La eficiencia solar no se ha duplicado desde 2008. En la actualidad, las nuevas tejas solares de Tesla tienen menos de un 8% de eficiencia.

Pero la cuestión de mayor relevancia es que lo importante no radica en la EFICIENCIA, sino en la INTERMITENCIA, tal como se destaca en la película. Debido a la intermitencia, las llamadas energías renovables no pueden reemplazar directamente a los combustibles fósiles sin el almacenamiento de una gran cantidad de energía, algo que no existe a tal escala, y que de implementarse sería a costa de incrementar enormemente el impacto medioambiental y el consumo energético de la llamada energía «verde».

Pregunta. Usted critica algunas de las renovables más importantes y populares. ¿Existe actualmente alguna forma de auténtica energía verde? ¿Cree que es posible producirla con independencia del modo de producción?

La energía «verde renovable» no es ni verde ni renovable. La luz solar y la fuerza del viento pueden ser renovables, pero las gigantescas máquinas tecnológicas hechas para recolectar el viento y el sol son precisamente lo opuesto. Que la tecnología pueda llegar a ser alguna vez «verde» o «renovable» es una de las mayores ilusiones de la historia. La tecnología proviene de la excavación, voladura, minería, quema, fundición, refinación y múltiples procesos industriales. La tecnología consume recursos no renovables, y emite toxinas y contaminación. No existen otras opciones. Todo tiene un precio. El cambio de las fuentes de energía basadas en el carbono a las llamadas «renovables», incluso si fuera posible, aumentaría nuestra dependencia y consumo de recursos no renovables, acelerando la desaparición de la civilización industrial. El sol seguirá brillando y el viento soplando mucho después de que nuestro inútil intento de recolectarlos con cientos de miles de millas cuadradas de tecnología «verde» se venga abajo. Nunca habrá energía tecnológica «verde», y fantasear con ella es una contundente manifestación de nuestra desesperación. Y tened en cuenta que la mayoría de lo que se define como energía “verde”, y se subvenciona como tal, son los biocombustibles y la biomasa –y con ellos se quema lo que queda del planeta vivo a fin de seguir alimentando nuestros estilos de vida.

Pregunta. ¿Qué opina de la energía nuclear?

Aunque la energía nuclear proporciona más energía fiable que las tecnologías solar o eólica, sus defensores participan en gran parte de las mismas ilusiones que los llamados defensores de la energía renovable. (Por supuesto, yo mismo fui antaño uno de ellos). Exploraremos más sobre la energía nuclear en nuestro trabajo futuro. Pero incluso la formulación de la pregunta «¿qué pasa con la energía nuclear?» enmascara el erróneo supuesto de que en alguna manera más energía ayudaría a «salvar el planeta». A menos que los humanos tengamos un interruptor de apagado, y comencemos a apagar esta civilización global, la vida en la Tierra acabará “tostada”. Si se nos diera más energía «limpia» mágica y gratuita de cualquier tipo, nuclear, solar, eólica, de mareas, de rayos de luna, lo que sea, los humanos la usaríamos para seguir arando, arrasando, talando, minando, fundiendo, pavimentando, contaminando, plastificando, construyendo, pescando en exceso, cazando en exceso y, en general, consumiendo en exceso, prosiguiendo por este camino hasta liquidar lo que queda de nuestro planeta vivo.

Pregunta. Su documental demuestra cómo las grandes corporaciones se han infiltrado en el movimiento verde. ¿Qué lecciones tienen que aprender los activistas? ¿Qué errores cometieron?

Cuando te acuestas con los capitalistas, banqueros, multimillonarios y sus llamadas fundaciones sin ánimo de lucro, no son ELLOS los que cambian –sino tú. Tu visión se atasca en el tiempo y se entierran las más grandes verdades. La revolución no será financiada por aquellos que se benefician del statu quo. Cuando te comprometes para obtener una «victoria» –pierdes. Todo el mundo pierde. Lenta pero inexorablemente, los capitalistas han dado al movimiento ambientalista un angosto enfoque hacia el cambio climático y la supuesta solución de la energía verde, porque es un centro de ganancias de 50 billones de dólares. Y queda fuera de discusión que, aunque algunos líderes ambientales lo digan de boquilla, nuestra adicción al crecimiento económico perpetuo (verde o no) en un planeta finito se encuentra en fase terminal.

Pregunta. ¿Deberían los activistas más conscientes y radicales participar en movimientos medioambientales para cambiarlos desde adentro o hay mejores lugares y formas de llevar a cabo esta batalla?

Buena pregunta. Creo que lo más importante es estar en posesión de la visión correcta. Esto es de una trascendencia mucho mayor que una emergencia climática, por muy grave que sea lo del clima. Nuestra entera civilización industrial con sus siete mil millones de humanos, en camino hacia los ocho mil, está llegando a su fin. O bien nos adelantamos a la civilización que ahora está emergiendo y al colapso biológico o sufriremos las más extremas consecuencias. Las especies no humanas ya están sufriendo las más graves secuelas en todo el mundo.

Pregunta. ¿Qué piensa del movimiento “Viernes para el futuro” de Greta Thunberg?

Creo que Greta Thunberg tiene unas increíbles percepciones. El hecho de que los jóvenes estén usando la palabra extinción representa un genuino progreso. Comparto el temor de todos los activistas sinceros, motivados y auténticos, jóvenes y viejos. Cuando nos enfocamos en el cambio climático sólo como LA cosa que está destruyendo el planeta, nos vamos acostumbrando a las fuerzas del capitalismo que quieren seguir vendiéndonos la desastrosa ilusión de que con la minería, las fundiciones y la industrialización podemos construir nuestra vía de escape de este evento de extinción. Y otra vez, entre bastidores, mucho de lo que estamos haciendo para «salvar» el planeta es quemar el «bio» del planeta como energía verde.

Pregunta. A pesar de salir en un país occidental supuestamente democrático, el documental sufrió una campaña de censura coordinada. ¿Puede describir el tipo de censura, el papel de YouTube y decirnos qué lecciones ha aprendido?

Hemos aprendido que aquellos que están profundamente inmersos en el statu quo y que se acuestan con los capitalistas harán todo lo posible para intentar detener a aquellos otros que representan una amenaza para su narrativa. Aunque el tiro les salió por la culata, dando como resultado que un mayor número de personas viera «El Planeta de los Humanos», es verdaderamente aterrador percibir hasta que punto en el año 2020 unas pocas grandes corporaciones controlan lo que el público ve. La censura sigue siendo un gran problema: tanto The Guardian como Newsweek rechazaron múltiples intentos de que se editaran respuestas a la censura que habían publicado. Hemos sabido que los escritos de varios periodistas y académicos en apoyo de «El Planeta de los Humanos» han sido rechazados para su publicación.

Pregunta. El documental recibió algunas críticas. ¿Qué aprendiste de ellas?

Pudimos percatarnos de la desvergüenza de nuestros llamados críticos con sus ataques hipócritas, calumniosos, coordinados y, según parece, bien financiados. Intencionadamente ignoran las grandes verdades para confundir a la gente. Después de ver la película, la crítica parece ridícula.

Los críticos dicen que la carga de los vehículos eléctricos ya no se basa en los combustibles fósiles desde 2008. Esto no es cierto. La red eléctrica de Michigan sigue siendo convencional (no solar o eólica) en un 94%, al igual que en la mayor parte del mundo. De hecho, el uso global de combustibles fósiles se ha expandido en los últimos años –en su mayor parte se utilizan para producir los materiales instalados en los vehículos eléctricos, paneles solares y aerogeneradores.

George Monbiot dijo que la película es racista por mostrar la realidad biofísica de que globalmente la población y el consumo están aumentando. Para poder decir cosas que nosotros no dijimos, Monbiot hizo recortes en la película. Luego se inventó ideas altamente perturbadoras sobre cómo lidiar con ello, –ideas producto de su mente, no de la nuestra. No compartimos los aterradores planes de George Monbiot. Se está involucrando en la censura con la intención de asustar a la gente para que no vea la película, pero sus esfuerzos han sido totalmente inútiles.

Para terminar, quiero dejar claro que soy una persona muy esperanzada. Nuestra esperanza proviene de vivir en la realidad, no basándonos en fantasías sobre gigantescas máquinas industriales de recolección solar y eólica, o en “limpios” combustibles nucleares o fósiles que «salvarán el planeta». El planeta no tiene ni el más mínimo interés en un nuevo esquema de dominación y control por parte de los humanos. Ahora, mientras todavía tenemos ballenas azules y secoyas, pájaros cantores y mariposas, es un buen momento para abordar la única esperanza que nos queda: o bien del “más” pasamos al “menos”, o acabaremos en el montón de chatarra de civilizaciones fracasadas arrastrando todo con nosotros.

Por Simone Rossi | 12/11/2020

Traductor: Luis Lluna Reig

Vídeo:Michael Moore. El planeta de los humanos

Fuente:  http://www.wrongkindofgreen.org/2020/08/23/jeff-gibbs-there-will-never-be-green-technological-energy/     

Publicado enMedio Ambiente
Sábado, 07 Noviembre 2020 05:34

Cambiar el modelo es la única esperanza

Cambiar el modelo es la única esperanza

Con todo el mundo en la cima de la segunda ola de la pandemia, la ONU acaba de publicar los resultados de un estudio en el que afirma de manera inequívoca que las pandemias están provocadas por las actividades humanas, y que estas actividades "son las mismas que causan la crisis climática y la extinción masiva de especies".

Se confirman así las sospechas de buena parte de la comunidad científica y de los movimientos ecologistas: la pérdida de biodiversidad a causa del modelo económico imperante, basado en la explotación ilimitada de recursos naturales, no solo agrava el cambio climático, sino también  facilita la interacción de la fauna salvaje con los humanos, aumentando las posibilidades de transmisión de virus y enfermedades infecciosas.

La constatación de esta teoría es todo un bofetón para negacionistas, conspiranoicos y neoliberales diversos, con mando institucional o no. Significa la evidencia de que es un error monumental priorizar la economía (o al menos la ortodoxia económica vigente, en la que el PIB es el rey) a la salud del planeta, y por ende la de la ciudadanía. Poca gente es consciente de que el PIB solo mide producción de bienes y servicios, pero no mide por ejemplo toda la economía de los cuidados (que generalmente recae en las mujeres de forma no remunerada), ni los efectos dañinos sobre el medio ambiente. Como ejemplos perversos: un desastre ecológico en forma de vertido de sustancias tóxicas supone un aumento del PIB debido a la producción generada en las tareas de limpieza, pero el daño causado al entorno y a la gente que vive de él no resta. O la sospecha de que se provocan guerras (Iraq) para generar actividad económica en las tareas de reconstrucción.

Los avisos son constantes.  Si no se revierte de forma radical la dinámica actual las condiciones que permiten la vida en la Tierra se van a degradar a tal velocidad que ni un PIB de 3 dígitos nos salvará del desastre a corto plazo. Y aun así, ciertos gobernantes hacen oídos sordos a estos avisos y siguen apostando por el "business as usual" que tanto daño ha hecho en las últimas cinco décadas. No importa que la UE apueste fuertemente por un cambio de modelo en forma de Green New Deal o que el programa de recuperación de la crisis provocada por la pandemia esté condicionado a transformar radicalmente el modelo productivo con el aviso "sin transformación en esta línea, no hay fondos".

También se obvia que el crecimiento constante de la economía solo favorece al famoso 1%, y que el 99% restante soportamos todas las externalidades de este crecimiento, incluida la colectivización de las pérdidas mediante la cual las grandes compañías e inversoras salen siempre de rositas de los desastres que provocan, recayendo las compensaciones y la recuperación de forma sistemática en fondos públicos. El último ejemplo, el megafiasco del Proyecto Castor.

Pero hay una salida, abandonar el injusto PIB como indicador de desarrollo o progreso y apostar por modelos innovadores y más justos, como la Economia del Donut, un modelo económico que pretende garantizar las necesidades básicas de la ciudadanía dentro de los límites físicos del planeta. Este modelo deriva del Decrecimiento, una corriente de pensamiento que propone una regulación controlada de la producción económica, para conseguir una relación de equilibrio entre ser humano y naturaleza. Sin el estigma que supone la implícita negatividad de la palabra decrecer, y del anatema del concepto "regulación" en un mundo profundamente capitalista, la economía del donut o la rosquilla es un buen punto de partida para salir del atolladero en que nos hemos metido y del que mucha gente cree que no podemos salir. Desde el momento en que la ortodoxia en las facultades de Economía es el capitalismo neoliberal, parece que ya no haya otras posibilidades.

Las hay y es nuestro deber como sociedad explorarlas y ponerlas en práctica si queremos seguir disfrutando de esta maravilla increíblemente resiliente, pero frágil a la vez, llamada Tierra.

Toni Ribas

Eje de Ecología de Barcelona en Comú

07/11/2020

Publicado enSociedad
Analizan sensibilidad del carbono del suelo al cambio climático

El calentamiento global de 2 grados Celsius sobre niveles preindustriales conduciría a la liberación de alrededor de 230 mil millones de toneladas de carbono del suelo del mundo, sugiere una nueva investigación.

Los suelos globales contienen de dos a tres veces más carbono que la atmósfera y las temperaturas más altas aceleran la descomposición, lo que reduce la cantidad de tiempo que el carbono pasa en ese sitio (conocido como "renovación del carbono del suelo").

El nuevo estudio internacional, dirigido por la Universidad de Exeter y publicado en Nature Communications, revela la sensibilidad de la rotación de carbono del suelo al calentamiento global y, posteriormente, reduce a la mitad la incertidumbre sobre esto en las proyecciones futuras.

Las aproximadamente 230 mil millones de toneladas de carbono liberadas con un calentamiento de 2 grados Celsius son más de cuatro veces las emisiones totales de China y más del doble de las de Estados Unidos en los pasados 100 años.

"El estudio descarta las proyecciones más extremas, pero sugiere pérdidas sustanciales de carbono en el suelo debido al cambio climático con un calentamiento de sólo 2 grados Celsius y esto ni siquiera incluye pérdidas de ese elemento del permafrost más profundo", señaló en un comunicado la coautora del estudio Sarah Chadburn, de la Universidad de Exeter.

Este efecto es lo que se denomina "retroalimentación positiva", cuando el cambio climático provoca efectos colaterales que contribuyen a acelerar el proceso.

Los expertos utilizaron una nueva combinación de datos de observación y modelos del sistema terrestre, que simulan el clima y el ciclo del carbono y, luego, hacen predicciones sobre el cambio climático.

"Investigamos cómo el carbono del suelo está relacionado con la temperatura en diferentes lugares de la Tierra para determinar su sensibilidad al calentamiento global", explicó la autora principal Rebecca Varney, de la Universidad de Exeter.

Los modelos más avanzados sugieren una incertidumbre de alrededor de 120 mil millones de toneladas de carbono a 2 grados Celsius de calentamiento global medio. El nuevo estudio reduce esta incertidumbre a alrededor de 50 mil millones de toneladas de carbono.

El coautor del estudio, Peter Cox, del Instituto de Sistemas Globales de Exeter, indicó: "Hemos reducido la incertidumbre en esta respuesta, que es vital para estimar un presupuesto global de carbono preciso y cumplir con éxito los objetivos del Acuerdo de París".

Cómo la ciencia está desentrañando el misterio de los rayos y las tormentas eléctricas

Diferentes grupos de investigadores están estudiando el poder destructivo de truenos y rayos, que cada vez son más frecuentes

 

Imagínese que está tumbado un hermoso día en una verde colina viendo las nubes pasar. Seguramente esté pensando en nubes de tipo cúmulo, esas que parecen suaves bolas de algodón. Su aspecto es de lo más inocente. Sin embargo, pueden convertirse en los más formidables cumulonimbos. De esos monstruos salen los rayos y los truenos. Son poderosos, destructivos, e intensamente misteriosos. También hay indicios de que cada vez son más frecuentes. Por ello, entender su funcionamiento ‒y su efecto en el mundo de los seres humanos, incluido cómo construimos los edificios y los tendidos eléctricos‒ es más importante que nunca.

Muchas nubes se forman cuando el aire caliente asciende a grandes alturas, donde se enfría y se condensa en gotitas de agua. Las tormentas se producen cuando una nube que se está formando por este proceso crece y se agranda muy rápidamente, absorbiendo cada vez más vapor de agua. A ello le suelen seguir precipitaciones y fuertes ráfagas de viento. Y, por supuesto, los rayos. Aunque aparentemente son un fenómeno bastante escaso, ha tenido lugar unas 700 veces ‒en la Tierra caen unos 100 rayos por segundo‒ en algún lugar del planeta en el tiempo que usted ha tardado en leer esta frase.

Al parecer, los rayos y las tormentas son cada vez más habituales, y hay indicios de que la tendencia continuará como consecuencia del calentamiento global. En 2014, David Romps, catedrático de la Universidad de California en Berkeley (Estados Unidos), elaboró un modelo atmosférico que predecía que los rayos aumentarían un 12% por cada grado de aumento de la temperatura de la Tierra. Diversas señales indican que esto podría estar sucediendo ya. En Holanda, varios investigadores han observado el número de incendios en los bosques de Alaska y Canadá originados por un rayo y han descubierto que ha aumentado entre un 2% y un 4% anual a lo largo de los últimos 40 años.

Los rayos son algo que no acabamos de entender. Si, por ejemplo, filmásemos la caída uno de ellos y la proyectásemos a cámara superlenta, veríamos que avanza a saltos. Según Alejandro Luque, del Instituto de Astrofísica de Andalucía en Granada, se detiene un instante a intervalos antes de seguir avanzando. Ignoramos por qué ocurre esto. Luque comenta que hay unos cuantos artículos sobre el tema, pero, en realidad, ninguna teoría aceptada.

Los espectros rojos

No obstante, el investigador cree que puede tener algunas de las claves del problema gracias a sus estudios sobre un fenómeno eléctrico todavía más increíble pero que se conoce mejor: los espectros rojos.

Los espectros rojos son inmensos chorros de luz coloreada que se forman a entre 50 y 90 kilómetros de altura sobre la superficie de la tierra, mucho más arriba que las tormentas. Durante años se dudó de su existencia, ya que son difíciles de ver desde el suelo. Luque los ha estudiado principalmente observando fotografías tomadas por aviones de investigación

Aunque son menos conocidos que los rayos, la física de los espectros rojos es más fácil de estudiar porque a tales alturas hay poco aire, de manera que las descargas eléctricas se producen más lentamente y a temperaturas más bajas. Los rayos originan temperaturas superiores a las de la superficie del Sol. En cambio, los canales de descarga de los espectros rojos tienen “más o menos la misma temperatura que el aire que los rodea”, afirma el investigador.

Los canales de los espectros rojos están formados por filamentos diminutos llamados “serpentinas”. En la propagación de estas, algunos de sus puntos resplandecen con más brillo y persistencia. Luque explica que, en estos fenómenos eléctricos, el intenso resplandor se debe al comportamiento de los electrones. En algunas zonas de la serpentina, los electrones se adhieren a moléculas de aire, lo cual incrementa la fuerza del campo eléctrico produciendo una luz más intensa.

Los saltos

Esta explicación no admite discusión, asegura Luque, pero lo que no sabemos es si un proceso análogo podría explicar ‒como sospecha el astrofísico‒ por qué los rayos avanzan a saltos. En el contexto de estos últimos, a alturas inferiores hay más moléculas de aire, y es posible que la incorporación de los electrones a ellas se produzca de una manera algo diferente, dando como resultado el patrón “a saltos”. Luque quiere verificarlo con su proyecto eLightning.

Luque y su alumno Alejandro Malagón-Romero formularon la hipótesis en 2019. Ahora su equipo trabaja en el desarrollo de un modelo computacional de los rayos para comprobar si el proceso que predicen puede explicar el comportamiento discontinuo.

Saber por qué los rayos avanzan a saltos no va a ayudarnos a conseguir que sean menos peligrosos, pero Luque opina que entender mejor el fenómeno quizá sea útil en muchos otros campos. Por ejemplo, las descargas pueden formarse alrededor de los tendidos eléctricos. En consecuencia, hay que diseñarlos para reducir el riesgo al mínimo. Estas descargas también se utilizan en la industria, por ejemplo, en el tratamiento de los gases residuales e incluso en las fotocopias. Entender mejor cómo funcionan podría tener como resultado una mejora de los diseños.

Puede parecer que los rayos son el arma más peligrosa del arsenal de una tormenta eléctrica, pero estas tempestades también pueden desatar vientos extraordinariamente fuertes.

El tiempo atmosférico de Europa está dominado por sistemas meteorológicos conocidos como ciclones extratropicales. Se trata de corrientes de aire en espiral que traen consigo viento y lluvia cuando atraviesan una zona. En una ciudad europea se producen por término medio entre 70 y 90 al año, y los científicos conocen bien su funcionamiento. Estas tormentas pueden ser fuertes, pero no siempre lo son.

Cada vez que se construye un edifico en Europa, los arquitectos tienen que asegurarse de que es capaz de soportar vientos fuertes, y el modelo que utilizan para ello se basa en los ciclones extratropicales. El problema es que no tienen en cuenta los vientos considerados poco frecuentes, como los que acompañan a las tormentas eléctricas.

Las tormentas eléctricas

Para entender por qué esto es importante hay que conocer la diferencia entre ciclones y tormentas. En primer lugar, las tormentas son más intensas que los ciclones. Mientras que un ciclón puede durar tres días, una tormenta puede haber pasado en 20 minutos. Por eso, en vez de con un viento moderado y continuo, nos encontramos con una tanda de ráfagas muy poderosas. En segundo lugar, más importante aún es que la fuerza del viento varía dependiendo de la altura. Los ciclones son más fuertes cuanto mayor es la altura. Las tormentas, por su parte, suelen originar vientos que arrancan a unos 100 metros de altura y soplan hacia abajo con más fuerza a medida que descienden. “Un viento normal sopla en paralelo a la superficie de la tierra, mientras que una tormenta sopla hacia abajo. Es totalmente distinto”, explica Giovanni Solari, profesor de la Universidad de Génova, en Italia.

Tomando estas consideraciones en conjunto, prosigue Solari, el resultado es que la ingeniería se esfuerza excesivamente en los edificios más altos, principalmente los rascacielos, y demasiado poco en las construcciones y estructuras de menor altura, como las grúas de los astilleros. Los 200 metros superiores de un rascacielos de 300 metros probablemente no reciban el empuje de una tormenta, pero los diseñamos como si fuesen a recibirlo porque nuestro modelo da por sentado que, a más altura, más fuerte es el viento. “Estamos construyendo edificios demasiado seguros”, concluye. Por otro lado, una tormenta puede volcar una grúa, ya que produce el viento más fuerte a nivel del suelo.

El objetivo de Solari con su proyecto THUNDERR es corregir esta tendencia desarrollando un modelo de viento de tormenta que se pueda utilizar para ayudar a diseñar edificios. De este modo, aumentaría la eficacia de las construcciones y se reducirían sus costes. El primer paso fue basarse en una tormenta artificial creada en uno de los túneles de viento más avanzados del mundo en la Universidad de Ontario, en Canadá, y elaborar un modelo de la misma. Según Solari, esa fase ya ha concluido, y su modelo logró reflejar con verosimilitud cómo funcionan las tormentas artificiales. Pero eso era la parte fácil.

Actualmente, el ingeniero ha pasado a modelizar tormentas reales, que varían enormemente entre sí. Como apoyo, él y su equipo han construido una red de 45 torres meteorológicas alrededor de la costa mediterránea, diseñadas para recopilar datos de los vientos producidos por las tormentas.

“Antes se pensaba que las tormentas eléctricas eran poco frecuentes”, observa Solari. “La razón era que no podíamos verlas. La red ha generado una base de datos con 250 registros de tormentas. Ahora el plan es ajustar el modelo inicial para que tenga en cuenta todas esas tormentas diferentes y sea verdaderamente representativo”.

Por Caleb Davies

03 nov 2020 - 2:30 COT

Este artículo ha sido originalmente publicado en inglés en Horizon, la revista de investigación e innovación de la UE. La investigación de este artículo fue financiada por la UE.

Traducción de NewsClips.

Domingo, 01 Noviembre 2020 06:32

Especismo: 50 años después

Especismo: 50 años después

Richard Ryder, psicólogo clínico británico, es conocido por acuñar el concepto de especismo. Según ha relatado él mismo, sus inspiraciones fueron, por un lado, las luchas que durante los años sesenta se libraban contra el sexismo, el clasismo y el racismo, y por otro, su propia experiencia como psicólogo clínico en torno a la experimentación animal. Ryder no entendía por qué las luchas de los años sesenta no habían considerado a los animales no humanos, ni a los prejuicios que recaían sobre ellos, y al tiempo tampoco podía comprender la tolerancia frente al dolor, el miedo y la angustia –sentimientos no menores a los que podría percibir cualquier humano– en el contexto de la experimentación animal. A continuación, presentamos la traducción al español del primer texto en el que aparece el concepto de especismo, seguido de un comentario titulado “Especismo: 50 años después”. Se trata de un folleto escrito por Ryder en 1970 y que circuló inicialmente por la Universidad de Oxford. Lamentablemente el folleto no tuvo ninguna respuesta la primera vez que fue lanzado; sin embargo, la segunda circuló con la imagen de un chimpancé infectado experimentalmente con sífilis, obteniendo respuesta por parte de Peter Singer, quien cinco años más tarde popularizaría el término especismo a través de su famoso libro Liberación Animal.

 

ESPECISMO

(1970)

Por Richard Ryder

Traducción y comentario de Iván Darío Ávila Gaitán

Desde Darwin, los científicos concuerdan en que no hay una diferencia esencial, “mágica”, entre los humanos y otros animales, biológicamente hablando. ¿Por qué marcamos entonces una distinción moral casi total? Si todos los organismos se encuentran en un continuum físico, también deberíamos establecer un mismo continuum moral.

La palabra “especie”, como la palabra “raza”, no es definible con precisión. Los leones y los tigres pueden entrecruzarse. Bajo condiciones especiales de laboratorio pronto podrá ser posible aparear un gorila con un profesor de biología -¿la peluda descendencia será criada en una cuna o en una jaula?-.

Se acostumbra describir al Hombre de Neandertal como una especie separada de nosotros mismos, una especie particularmente equipada para la superviviencia en la Era del Hielo. Ahora la mayoría de arqueólogos creen que esta criatura no humana practicaba rituales de entierro y poseía un cerebro tan grande como el nuestro. Supongan que, una vez capturado, el Abominable Hombre de las Nieves sea el último sobreviviente de la especie Neandertal, ¿le daríamos un asiento en las Naciones Unidas o le implantaríamos electrodos en su cerebro sobre-humano?

Uso estos hipotéticos pero posibles ejemplos para llamar la atención sobre nuestra posición moral actual respecto a los experimentos con animales.

Cerca de cinco millones de animales de laboratorio, cada vez muchos más de ellos primates como nosotros, son asesinados anualmente solo en el Reino Unido, y los números están creciendo y saliéndose de control (solo hay 12 inspectores).

Aparte del derecho a vivir, un claro criterio moral es el sufrimiento, el sufrimiento por ser apresado, por sentir miedo y aburrimiento, así como dolor físico.

Si asumimos que el sufrimiento es una función del sistema nervioso, entonces es ilógico argumentar que los otros animales no sufren como nosotros -es precisamente debido a que los animales poseen sistemas nerviosos similares al nuestro que son ampliamente estudiados-.

Los únicos argumentos a favor de experimentos hechos con animales son: 1) que el avance del conocimiento justifica todos los males -¿los justifica?-; 2) que los posibles beneficios para nuestra propia especie justifican el maltrato de los demás. Este puede ser un argumento poderoso cuando es aplicado a experimentos cuyas posibilidades de contribuir a la medicina aplicada son grandes, pero incluso esto es solo “especismo”, y como tal es un mero argumento egoísta, emocional, antes que uno basado en la razón.

Si creemos que es incorrecto infligir dolor a los animales humanos inocentes, entonces es de lo más lógico, filogenéticamente hablando, extender también a los animales no humanos nuestra preocupación en torno a los derechos fundamentales.


ESPECISMO: 50 AÑOS DESPUÉS

Por Iván Darío Ávila Gaitán

Aunque el folleto elaborado por Richard Ryder no contiene una definición precisa de especismo, de él podemos aprender varias cosas que continúan siendo de marcada actualidad. En primer lugar, que el movimiento abolicionista de liberación animal, y por lo tanto las diversas prácticas veganas y antiespecistas, emergen en un contexto turbulento, es decir, parcialmente inspirados por luchas feministas, antirracistas, obreras y contra el Capital en general, etc. Hoy, cuando ciertos activistas perciben las posturas “interseccionales” como una amenaza para la “pureza” y extensión del movimiento, no podemos olvidar que este ha sido impulsado por una efervescencia social que lo constituye y rebasa, aunque no lo explique completamente ni lo agote. El movimiento abolicionista de liberación animal necesita exponerse al contacto con otras luchas, al tiempo que esas otras luchas deben incorporar una dimensión antiespecista si quieren mantenerse vivas. Así lo reconocía implícitamente el propio Ryder ya en 1970.

Para que las fuerzas no pierdan su vigor es preciso que no se asuman como identidades autorreferentes, sino como heterogéneos entramados de prácticas abiertas a la controversia y a la disputa. Antonio Negri ha apuntado que tal vez sea un vicio de la tradición occidental, de raigambre judeo-cristiana, pensar erradamente que las transformaciones y la fuerza se desprenden de la pureza y la ciega unicidad. Así como el Dios-Uno, en su pureza, es capaz de crear y alterar la realidad, se suele pensar que un movimiento efectivo es el que se encuentra absolutamente alineado ideológicamente (“puro”) y es capaz de purgarse de las amenazas internas y externas. No obstante, el grueso de la historia del siglo XX no solo demuestra la poca eficacia de dicha asunción, sino sus incontrovertibles peligros.

 

En segundo lugar, el folleto de Ryder resalta la especificidad moderna del especismo. Como psicólogo clínico, Ryder se percata del rostro “oculto” del Progreso y la Razón, y por lo tanto de los Otros del Hombre moderno. En la experimentación animal resulta evidente que, como diría Walter Benjamin, el Ángel de la Historia ha dejado estruendosas ruinas tras su paso, ruinas claramente habitadas por mujeres, disidentes sexuales, poblaciones racializadas y pauperizadas, dementes, niños y, por supuesto, por los animales no humanos y la naturaleza en general. No es necesario leer a Foucault o a Adorno y Horkheimer para constatar las vetas destructivas de la modernidad dominante, según la cual el perfeccionamiento y bienestar de unos cuantos requiere el sacrificio continuo de millones, empezando por el sacrificio de todo lo supuestamente animal que habita en los candidatos a seres humanos stricto sensu. Esto lo ilustran, asimismo, la obra de Giorgio Agamben y el Informe para una Academia de Kafka. De este modo, cuestionar las dinámicas especistas hoy pasa por comprender la crítica a las nociones de Razón, Progreso y Humanidad enaltecidas por la modernidad occidental, así como la artificialidad de la especie, artificialidad intuida por el propio Ryder también en su folleto de 1970 cuando apuntaba: “La palabra ‘especie’, como la palabra ‘raza’, no es definible con precisión”.

Lamentablemente, el movimiento abolicionista de liberación animal ha permanecido atado a la episteme moderna, lo cual es comprensible parcialmente en los albores del movimiento, pero no 50 años después. Luego de que Ryder publicara su folleto, el filósofo australiano Peter Singer, quien con seguridad lo leyó, definió el concepto en su Liberación Animal de 1975 como “Discriminación con base en la especie” y “Prejuicio o actitud favorable a los intereses de los miembros de nuestra propia especie y en contra de los de otras”. Asimismo, continuando con la tradición ryderiana de la relación entre luchas, alude a la necesidad de la “liberación animal” en continuidad con los para ese entonces existentes “movimiento de liberación de las mujeres”, “movimiento de liberación homosexual”, etc. Bajo la estela de Singer, sabiéndolo o sin saberlo, muchas y muchos activistas han adoptado la definición sintética de especismo como “discriminación basada en la especie”.

En la actualidad, el filósofo español Oscar Horta suele distinguir entre especismo y especismo antropocéntrico. El especismo antropocéntrico consiste en la discriminación negativa de un individuo por no pertenecer a la especie humana, mientras que el especismo, en general, es discriminación con base en la especie. Por ejemplo, cuando se privilegia a un perro respecto a una gallina por el mero hecho de que el perro es perro y no gallina habría especismo, mas no especismo antropocéntrico. Sin embargo, el mismo Horta puntualiza que las diversas formas de especismo suelen ser especismo antropocéntrico extendido, pues si se privilegia al perro es porque este se halla más cerca del ser humano, por lo que, en última instancia, es al ser humano al que se está privilegiando.

Ahora bien, de la historia que va de Ryder a Horta podemos colegir que el especismo se ha conceptualizado como un prejuicio o actitud (cuestión que ya se hallaba en el folleto elaborado por Ryder), y que su crítica: 1) ha implicado poner en el centro el problema del sufrimiento y por lo tanto se transita de una ética antropocéntrica a una sensocéntrica (elemento también en estado larvario en el folleto de Ryder, lo cual remite a autores clásicos de la filosofía anglosajona como Bentham); 2) se percibe, fundamentalmente, como un asunto moral, aunque basado en la biología (el continuum filogenético del cual habla Ryder en su folleto) y con consecuencias jurídico-políticas (los derechos que reivindica Ryder al final); 4) tiene un marcado énfasis en los individuos, herencia de la tradición liberal (Horta, por ejemplo, distingue entre la especie como criterio de discriminación y el individuo como entidad realmente discriminada); y 5) es una crítica que apela a la racionalidad y a la reflexión moral racional, no a las emociones (los argumentos especistas son meros argumentos emocionales, egoístas, antes que basados en la razón, decía Ryder al casi concluir su folleto).

Hoy, 50 años después del folleto de Ryder, y en sintonía con la crisis de la modernidad dominante tras la rebelión de las y los Otros del Hombre (mujeres, poblaciones racializadas y pauperizadas, niños, animales, etc.), el especismo y su crítica no pueden conservar las características mencionadas. En lugar de comprenderlo como mera actitud discriminatoria o prejuicio es necesario asumirlo como un complejo orden tecnobiofísicosocial, es decir, todo un conjunto de relaciones históricas que re/producen sistemáticamente la dominación animal y que se basan en la dicotomía jerárquica humano/animal. Este orden se compone de dispositivos como los bioterios (los mismos denunciados por Ryder y que producen los llamados “animales de laboratorio”), los zoológicos y museos (que producen los llamados “animales salvajes”) y las granjas tecnificadas junto con los mataderos (que producen y sacrifican los llamados “animales domésticos”). Se trata de un orden complejo de escala global, que privilegia a quienes se acercan al Hombre moderno en tanto ideal normativo y que funciona a través de discursos zootécnicos, biológicos, veterinarios, nutricionales, de marketing, etc. El especismo, así comprendido, es indisociable de otros órdenes como el (hetero)patriarcado, el racismo estructural o la colonialidad, el capitalismo, etc.

Urge entender, como ha venido sucediendo en el campo de los estudios críticos animales, la artificialidad histórica, pero no por ello menos real o eficaz, de nociones como “especie”, “raza”, “sexo”, etc. Solo así es posible advertir los complejos mecanismos a través de los cuales unas vidas son sacrificadas en aras del bienestar y perfeccionamiento de otras. El movimiento abolicionista de liberación animal tiene, pues, un compromiso con todos los desechos vivientes de la modernidad y de la tradición occidental, es decir, con los animales no humanos, pero también con los humanos animalizados y la naturaleza misma, “dejada atrás” en la marcha interminable de la Razón y el Progreso. Por último, el énfasis individualista de la tradición occidental le debe dar paso a la necesidad de construir mundos transespecie: el antiespecismo será ecológico y colectivo o no será. Tampoco podemos refugiarnos en la Razón oponiéndola a la emoción, tenemos el reto, por el contrario, de concebir una razón siempre afectiva y corporizada. Como bien lo puso de manifiesto Nietzsche en el siglo XIX, y la teoría feminista durante los siglos XX y XXI, esos que dicen pensar sin el cuerpo lo hacen, más bien, contra el cuerpo y siempre desde el cuerpo. Hoy, día mundial del veganismo y a 50 años del folleto Especismo, apremia comprender las prácticas veganas como prácticas heterogéneas y multisituadas, orientadas a constituir formas de vida o territorios existenciales compuestos por humanos y no humanos y, ante todo, capaces de abolir el especismo en tanto orden tecnobiofísicosocial de escala global que re/produce sistemáticamente la dominación animal.               

Noviembre 1 de 2020

Publicado enSociedad
Deforestación para plantaciones de palma /Rainforest

La "explotación insostenible" de recursos que lleva a la alteración del clima y las extinciones masivas son el origen del surgimiento de nuevas enfermedades planetarias, concluye el análisis encargado por el Panel Intergubernamental de Biodiversidad de Naciones Unidas

 

“No hay un gran misterio: las pandemias están completamente provocadas por las actividades humanas”. Y esas actividades son las mismas que causan la crisis climática y la extinción masiva de especies: la “explotación insostenible” del planeta, según ha revelado este jueves un análisis del Panel Intergubernamental de la ONU sobre biodiversidad, el IPBES.

Entre las agresiones que conlleva esa explotación ambiental, el IPBES señala el cambio en el uso de los suelos, la expansión de la agricultura intensiva o el comercio con vida salvaje. Pero ¿por qué “el crecimiento exponencial del consumo y el comercio” ha llevado a la aparición de enfermedades infecciosas? “Porque interrumpe las interacciones naturales entre la vida salvaje y los microbios, incrementa el contacto entre esos animales silvestres, el ganado, los humanos y los patógenos lo que ha llevado a casi todas las pandemias”, responde el informe.

De hecho, los investigadores recuerdan que el 70% de estas nuevas enfermedades, y prácticamente el 100% de las que se han expandido planetariamente (desde la gripe al Sida y la COVID-19), son causadas por virus cuyo origen está en los animales y han saltado a los humanos por el contacto entre la vida salvaje, el ganado y las personas.

Al mismo tiempo, todas esas actividades que ha permitido la irrupción de patógenos son responsables además de, al menos, el 23% de las emisiones de gases de efecto invernadero que causan el calentamiento global, según el Panel Internacional de Expertos en Cambio Climático (IPCCC). Para completar el panorama, también han conllevado que hasta un millón de especies estén al borde de la extinción. Una tasa que supera varias veces la media de los últimos 10 millones de años, como alertó el mismo IPBES en mayo del año pasado.

"Reevaluar la relación entre humanos y naturaleza"

Que la destrucción de ecosistemas propicia que los virus de los animales alcancen a los humanos y, en última instancia, se conviertan en pandemias mundiales es un hecho conocido. Lo que pone de manifiesto esta revisión es que la evidencia surgida del conocimiento científico conmina a “reevaluar la relación entre los humanos y la naturaleza y reducir los cambios medioambientales globales causados por un consumo insostenible que llevan al cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la emergencia pandémica”, concluyen los expertos.

“Las mismas actividades humanas que provocan el cambio climático y la pérdida de biodiversidad también son responsables del riesgo de pandemias”, remacha el zoólogo y ecólogo de enfermedades, Peter Daszak, director del grupo de expertos. “Los impactos en el medio ambiente son el camino a las pandemias”.

Porque el cálculo es que hasta 1,7 millones de virus permanecen contenidos en la fauna salvaje. Entre 500.000 y 800.000 tienen potencial para infectar a humanos, recuerdan los científicos. Están, especialmente, en mamíferos como murciélagos, primates o roedores, pero también aves y animales domésticos.

Clima, biodiversidad y patologías se intercontectan

La destrucción de hábitats y el cambio en el uso de los suelos, como la transformación de bosques tropicales en plantaciones de monocultivo como la palma o la soja, interconecta los efectos del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la irrupción de nuevas enfermedades.

El ciclo que pormenorizan los expertos del IPBES incluye la deforestación y ocupación de ecosistemas para abrir campos de cultivo y ganaderos -uno de los grandes emisores de gases de efecto invernadero-, pero también para desarrollos urbanísticos. Este proceso expulsa o extingue multitud de especies silvestres y abren hueco para el asentamiento de humanos y sus animales: “La senda para las pandemias”, lo llama este grupo de expertos.

Además, el cambio climático está favoreciendo el traslado de patógenos porque crea condiciones ambientales favorables para que vectores como, por ejemplo, los mosquitos invasores medren y sirvan para contagiar patologías como el dengue, la malaria o la fiebre del Nilo occidental. En España, el mosquito tigre, transmisor de graves enfermedades como el dengue ha doblado su presencia en cinco años. Y no se queda ahí la sinergia climática-pandémica. El cambio del clima está provocando movimientos masivos de personas. La transformación de ecosistemas ha liberado patógenos hasta ahora contenidos. Las especies animales que mejor se adaptan a nuevos entornos degradados y dominados por la acción humana pueden albergar nuevos virus.

Prevenir las causas: 100 veces más barato

El análisis insiste en que, hasta ahora, se han gestionado las pandemias de manera más reactiva o paliativa que preventiva: confinamientos, tratamientos médicos e incluso un gran esfuerzo humano y económico para hallar vacunas. Sin embargo, este estudio subraya que atacar las enfermedades en su origen, eliminar las condiciones que permiten su aparición sería una fórmula más efectiva y barata. “Todavía confiamos en los intentos para controlar las enfermedades después de que hayan aparecido, pero podemos escapar de la era de las pandemias con mucho más esfuerzo enfocado en la prevención”, asegura Daszak.

El riesgo de pandemias puede reducirse significativamente si disminuyen estas actividades, explica el informe. Entre las líneas de actuación, los expertos piden “promover un consumo responsable para que se reduzca el consumo insostenible de recursos en zonas calientes donde aparecen las nuevas enfermedades. También la reducción en el consumo excesivo de carne y productos ganaderos” que están al final de una reacción en cadena que se inicia al destruir ecosistemas para dar cabida a la producción intensiva.

Aunque el informe apunta a la necesidad de unos cambios que califica como “sísmicos”, también indica que el coste para prevenir la aparición de pandemias como la COVID-19 será “cien veces menos que el que provoca la misma pandemia pro lo que existen incentivos económicos muy fuertes para acometer estos cambios”. 

Por Raúl Rejón

29 de octubre de 2020 15:00h

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Publicado enMedio Ambiente
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