Lunes, 12 Agosto 2019 06:09

Contundente derrota de Macri

Contundente derrota de Macri

Mauricio Macri recibió un contundente rechazo en las urnas este domingo y será muy difícil que logre la reelección como presidente de Argentina. La fórmula de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner alcanzó el 47% de los votos y lo superó por quince puntos, dejando al peronismo a un paso de volver a la Casa Rosada. "Hemos tenido una mala elección", reconoció el actual mandatario que habló antes de que se difundan los datos oficiales. También aseguró que inmediatamente se pondrá a trabajar para revertir estos resultados en Octubre, cuando se realicen las elecciones generales y vinculantes. La tarea será cuesta arriba, su partido también perdió por 17 puntos los comicios para gobernador de la Provincia de Buenos Aires, el distrito más poblado del país, y apenas logró imponerse en Córdoba y la Capital Federal, cuna política de Macri.

"Gracias a todos y a todas las argentinas que confiaron, gracias de corazón, porque estábamos seguros que la Argentina necesitaba terminar con este tiempo y construir otra historia", señaló Alberto Fernández minutos después de conocerse los resultados. "A partir de hoy se acabó el concepto de venganza y de grieta", destacó en seguida anticipándose a un discurso del oficialismo que seguramente busque extremar la polarización antes de los comicios de Octubre para convencer a los votantes que prefirieron otras fuerzas políticas. "No venimos a derrotar un regimen, sino a crear una nueva Argentina", concluyó ante un enfervorizado auditorio de más de cuatro mil personas que colmó la sede del Frente de Todos, el espacio político que logró nuclear a casi todo el amplio espectro peronista.

Un tono muy parecido había usado un rato antes la ex mandataria Cristina Fernández de Kirchner, que habló primero y cuya intervención se transmitió por pantalla gigante, ya que se encontraba en Río Gallegos, capital de la austral provincia de Santa Cruz. Allí tiene residencia y por tanto allí debía votar. "Sabemos que tenemos que llegar a todos y a todas. A los que nos votaron y a los que no", explicó. "Todos debemos escuchar la voz de las urnas para intentar que la Argentina tenga la posibilidad de ser una opción mejor, más feliz", agregó.

Como contó eldiario.es, Cristina fue la gran protagonista del triunfo de ayer. La mujer que hace cuatro años dejó la Casa Rosada nunca cedió el centro de la escena política e incluso fue quien nominó a Alberto Fernández como candidato a presidente. También fue el centro de las críticas de la alianza electoral de Macri durante la campaña. Algo que seguro se profundizará en los próximos días aprovechando las causas judiciales por corrupción que aún tiene abiertas.

Pero las elecciones del domingo no solo avizoran un cambio presidencial y de gobernador en la Provincia de Buenos Aires. También se votaron candidatos para disputar 130 bancas de diputados nacionales y 24 de senadores (Argentina tiene un sistema bicameral como Estados Unidos). Si se repitieran los comicios en Octubre el peronismo podría alcanzar el quórum propio, es decir, el número mínimo de legisladores necesario para debatir y votar los proyectos de ley. Esto podría sacar al Congreso de la parálisis que vivió este año en el que Cambiemos evitó pasar por el recinto medidas que podían afectar su imagen.

El peronismo también pudo cerrar el día festejando un rotundo triunfo en la única elección vinculante de la jornada. Alicia Kirchner, hermana del fallecido ex presidente y cuñada de la actual candidata a vice, reeligió como gobernadora de la provincia de Santa Cruz.

Y mientras el peronismo celebraba, el oficialismo se sumía en la preocupación. Anoche ya improvisaron una reunión de funcionarios jerárquicos en la sede de campaña de Cambiemos y comenzaron a circular versiones de posibles cambios en el gabinete. El gobierno sabe que tiene dos meses todavía, pero la diferencia parece irremontable aún para los más optimistas.

¿Para el gobierno aún hay esperanza?

El único dato alentador para Macri es que para casi todos los cargos en juego los comicios no fueron vinculantes. Se trató de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), un mecanismo creado en el año 2009 para permitir que todos los votantes participen de las internas de los partidos para elegir sus candidatos sin necesidad de que estén afiliados. Sin embargo, como todas las fuerzas políticas presentaron listas únicas para los cargos nacionales, lo que se vio fue la encuesta electoral más representativa posible. De hecho, votó un 75,85% del padrón, una proporción mayor a la que participó de las elecciones generales españolas (71,76%).

Si bien es un número considerable, para la Argentina es inferior al que habitualmente vota en las elecciones generales. En los comicios presidenciales de 2015, por ejemplo, de las PASO participó un 74, 91% del padrón y en las generales la cifra llegó al 81, 07%. Eso significó que se sumaran dos millones de votantes nuevos que en aquel momento fueron muy útiles para la estrategia macrista. Los encuestadores caracterizan a este grupo como "desencantado de los partidos". Una línea permeable a inclinarse por Cambiemos ya que suele apelar a un discurso considerado "apolítico".

En aquella instancia a Macri le funcionó. Había quedado a ocho puntos de Daniel Scioli, el candidato del peronismo, en las PASO (30% vs 38%). Y logró achicar esa diferencia a tres (34% vs 37%). Eso forzó a un desempate entre los dos principales rivales y terminó dándole un triunfo a Macri con el 51% de los votos. El recuerdo ilusiona al entorno del actual presidente, pero la remontada en esta oportunidad deberá duplicar a la anterior. Y lo que más preocupa es que esta vez quedaron a más de 2,3 millones de votos de diferencia. Asi que ni siquiera consiguiendo que todos los que se quedaron en sus casas ahora los voten a ellos les alcanzaría.

Su estrategia, entonces, deberá apuntar a lograr que aquellos que hayan elegido otros partidos cambien su decisión en Octubre y lo acompañen. Por eso apuntará a polarizar la elección apelando al "voto útil" y continuará la campaña de demonización del kirchnerismo. La semana pasada ya había iniciado ese camino con mensajes en su cuenta de Twitter en los que se planteaba un antagonismo entre su propuesta y la de los "mafiosos, corruptos, delincuentes y narcotraficantes". La dificultad con la que se encontrará es que ahora deberá explicarle a quienes no lo votaron en las PASO que no se refería también a ellos.

Una jornada de votación tranquila y las dudas sobre el manejo de la información

La jornada electoral transcurrió sin mayores controversias. El único dato que llamó la atención durante los comicios fueron las denuncias de que las boletas de Cambiemos llegaron a varias escuelas dobladas ocultando el tramo que correspondía al candidato presidencial. Esta estrategia buscó evitar que la imagen de Mauricio Macri afecte el resultado de los demás candidatos de su partido que van pegados a él en la boleta. Pero no resultó efectiva al final.

Lo que dejó más lugar a dudas fue el desempeño del Ministerio del Interior, Obras Públicas y Vivienda en su tarea de llevar a cabo el recuento de votos. La entrega de datos se demoró una hora y media más del tiempo previsto. Incluso los primeros datos oficiales se publicaron quince minutos después de que Macri hubiera reconocido la derrota. La pregunta que quedó en el ambiente es si contaba con información antes que los demás.

El ministro Rogelio Frigerio dijo que no. Que probablemente se había expresado sobre bocas de urna y datos de los fiscales distribuidos por los colegios donde se realizó la votación. Argumentó que la demora en hacer públicos los datos oficiales fue a raíz de que la Justicia Electoral les había pedido que dieran difusión a los resultados provisorios recién cuando contaran al menos con un 10% del padrón procesado de los cuatro distritos principales (Córdoba, Santa Fe, Provincia de Buenos Aires y la Capital Federal). Desde el Ministerio dijeron que la demora fue específicamente porque aguardaban los datos de la Provincia de Buenos Aires. Sin embargo cuando los hicieron públicos ya estaba procesado el 39,36% de esa jurisdicción.

Los funcionarios se negaron a responder al respecto. Apenas felicitaron a la fuerza política ganadora y repitieron lo que había dicho el presidente minutos antes: que les tocaba escuchar a las urnas y trabajar para revertir la situación. Al parecer les queda poco tiempo.

Por Javier Borelli- Periodista en Tiempo Argentino

12/08/2019 - 10:45h

Publicado enInternacional
Kyriakos Mitsotakis, ex banquero graduado en Harvard.

El “voto bronca” contra Syriza que el 39,9 % de la población griega depositó en las urnas el domingo 7 de julio devolvió al poder al partido conservador que, junto a la otra gran fuerza tradicional, Pasok, llevó al país a la severa crisis económica que ya se extiende por más de diez años. Las promesas incumplidas del centro-izquierda Alexis Tsipras en cuanto a las políticas de austeridad que estaba encomendado a eliminar o, al menos, suavizar se tradujeron en una diferencia de más de 8 puntos con el líder de Nueva Democracia (ND), Kyriakos Mitsotakis, en los recientes comicios generales. Este giro de 180 grados en el parlamento heleno- los conservadores tienen ahora la mayoría absoluta con 158 escaños de 300- no solo significa la reorientación del país hacia un rumbo netamente neoliberal sino también la recuperación del mando por parte de una de las dinastías griegas más influyentes. El nuevo primer ministro es hijo del ex mandatario Kostas Mitsotakis, hermano de la ex ministra y alcaldesa de Atenas, y tío del recién electo intendente de la capital, Kostas Bakoyannis. Oriunda de la isla de Creta, esta familia se reparte el poder con otros dos clanes: los Karamanlis, de donde proviene el fundador de ND, y los Papandreu, familia de cuyo origen son tres ex primeros ministros del partido socialista Pasok. Después de que en 2015 una formación independiente como Syriza irrumpiera por primera vez en esta dinámica “hereditaria” del gobierno, el peso de la tradición y quizás el miedo a nuevos “experimentos” volvieron a ubicar al Ejecutivo heleno dentro de su marco archiconocido.

El discurso de un dirigente como Mitsotakis- formado en Harvard, con larga carrera política y experiencia en la banca- al apostar por la estabilidad económica, la atracción de inversiones extranjeras y una drástica reducción de impuestos logró convencer al casi el 40 % de los votantes, que esta vez no creyeron en las promesas de Tsipras ni en sus últimas medidas a contrarreloj para revertir los efectos devastadores de la austeridad pactada con Europa. Si bien durante el mandato de Syriza la economía registró el primer repunte en diez años de profunda y continuada recesión- el PIB creció un promedio anual del 2% y el desempleo pasó del 27,5% en 2013 al 18,5 % según datos de la Oficina Europea de Estadística (Eurostat)- Grecia sigue estando a la cola de Europa en condiciones laborales y salarios. En un país con una deuda del 180% del PIB y tres rescates de la “Troika”- Comisión Europea, Banco Central Europeo y FMI- por la suma total de 290 mil millones de euros a sus espaldas, los pocos beneficios que a nivel macroeconómico pueden vislumbrarse no llegan todavía a la vida cotidiana de la gente. “Se ha creado un mercado negro de trabajadores en el cual la gente cobra 300 o 400 euros por mes por un empleo a jornada completa sin ningún tipo de contrato. Estamos hablando de esclavitud”, exclama el economista Leonidas Vatikiotis, uno de los fundadores de la Comisión por la Auditoría de la Deuda Griega y asesor del reconocido documental Debtocracy (Deudocracia).

“Grecia está bajo control hasta el 2060, no saben cómo admiramos lo que hicieron en Argentina al echar al FMI y cancelar la deuda”, afirma, por su parte, Dionisios Eleutheratos, politólogo, periodista y co-autor de un libro dedicado al análisis de la era “post memorándum”. Los objetivos económicos pactados con Europa por el gobierno de Syriza- un superávit primario del 3,5% hasta 2022 y del 2% hasta 2060- son considerados por derecha e izquierda como algo asumible solo a costa de nuevos recortes en el, ya de por sí exiguo, gasto público. Kyriakos Mitsotakis insistió durante la campaña en que, gracias a su programa económico, reconquistaría la confianza de los mercados y podría renegociar esas duras condiciones con los acreedores. “El lunes hubo reunión del Eurogrupo y su primera reacción ante el cambio de gobierno en Grecia fue recordarle que las cifras de superávit son y seguirán siendo las pautadas. Veo muy difícil que Alemania o Francia aflojen. Habrá que esperar, de todos modos, qué pasa también en el marco internacional porque Europa está ahora en guerra económica con Trump y eso puede derivar en nuevas líneas de acción”, reflexiona Eleutheratos.

Según el politólogo, la senda propuesta por ND se parecerá mucho a la del presidente argentino Mauricio Macri. “Mitsotakis habla de un nuevo programa de privatizaciones, incluso más de las que ya hubo a lo largo de todos estos años debido a los acuerdos con el FMI y otros acreedores internacionales. Anuncia además la reducción de impuestos para las empresas, pero ¿de dónde saldrá ese dinero que ya no va a entrar en el Estado? Muchos tememos que de la salud y la educación pública, como se hizo durante toda esta década de austeridad”, advierte Eleutheratos.

El neoliberalismo no es el único pilar del nuevo Ejecutivo heleno, también lo son el nacionalismo y la religión. En su toma de posesión el lunes 8 de julio, Kyriakos Mitsotakis juró sobre la biblia- y no sobre la Constitución como lo hizo en 2015 Alexis Tsipras- en una ceremonia presidida por las máximas autoridades de la Iglesia ortodoxa griega y a la que los 51 ministros- de los cuales solo 5 son mujeres- asistieron rodeados de sus familias. “Grecia es uno de los pocos países de Europa donde la religión y el Estado no están separados. La Iglesia participa en la política exterior, en la educación, en todo… Y ahora con el nuevo gabinete puede estar tranquila”, asegura el politólogo Eleutheratos, remarcando que tampoco Syriza se atrevió a limitar el dominio eclesiástico.

El fervor patriótico está presente en cada palabra de Mitsotakis, sobre todo, desde que en junio del 2018 Tsipras y el primer ministro de Macedonia del Norte, Zoran Zaev, firmaran el acuerdo que puso fin a una disputa entre los dos estados durante más de 30 años por el nombre de Macedonia. A la cabeza de multitudinarias manifestaciones en Atenas y Salónica- capital de la región griega Macedonia que protagoniza el conflicto por el topónimo- Mitsotakis aseguró que, al llegar al poder, procuraría vetar el acceso de Macedonia del Norte a la Unión Europea “si los intereses nacionales [de Grecia] no se garantizan”. En la misma línea se pronunció el flamante mandatario con respecto a las tensiones con Turquía por sus recientes incursiones en las aguas territoriales de Chipre a causa de posibles yacimientos de hidrocarburos. “Bruselas deberá sancionar a Turquía por su violación de la soberanía chipriota y el pueblo griego, a su vez, tendrá que demostrar unidad nacional y determinación para hacer frente a la amenaza”, proclamó Mitsotakis en su último acto de campaña.

La derecha radical ocupa también un lugar destacado dentro del nuevo gabinete que asumió el martes 9 de julio. El jefe de Gobierno nombró como ministro de Desarrollo a Adonis Georgiadis y ministro de Agricultura a Makis Voridis, dos representantes del partido nacionalista de extrema derecha LAOS que en 2012 se quedó fuera del parlamento y luego fue parcialmente absorbido por la formación de Mitsotakis. Uno de ellos, Georgiadis, está acusado de comentarios antisemitas y propuso en 2013, como ministro de Sanidad del anterior gobierno de ND, someter obligatoriamente a la prueba del sida a prostitutas, indigentes y personas sin papeles. “La extrema derecha siempre estuvo dentro de ND. En 1977 había en Grecia un partido nostálgico de la dictadura- recuerda Dionisios Eleutheratos- que tenía un porcentaje muy parecido al de los neonazis de Aurora Dorada y después desapareció ¿por qué? Porque sus integrantes se fueron a Nueva Democracia”.

Publicado enInternacional
El primer ministro electo, Kyriakos Mitsotakis (derecha), recibe el saludo del presidente de Grecia, Prokopis Pavlopoulos / Foto: Afp, Luisa Gouliamaki

Cuatro años y medio duró lo que en sus inicios prometía ser una experiencia completamente novedosa en Europa: un gobierno dirigido por un partido a la izquierda de la socialdemocracia. Tras su rendición incondicional ante aquello que prometía combatir, acabó en un fiasco de una magnitud equivalente a las esperanzas que levantó.

 

El lunes asumió en Atenas un nuevo gobierno, el primero monocolor en varias décadas. Nueva Democracia, el partido conservador dirigido por Kyriakos Mitsotakis, ganó las elecciones legislativas anticipadas del domingo 7 con casi el 40 por ciento de los votos, y en virtud de un sistema electoral que premia a los vencedores con un plus de 50 diputados consiguió 158 bancas, siete más de las necesarias para la mayoría absoluta y 80 más de las que tenía hasta ahora. La Coalición de Izquierda Radical (Syriza), del jefe del gobierno saliente Alexis Tsipras, llegó a 31,5 por ciento y obtuvo 86 bancas (tenía 144). Luego llegaron los socialdemócratas de Kinal y los comunistas, con 22 y 15 diputados, respectivamente. Las grandes novedades fueron el ingreso al parlamento de Mera25, una escisión por izquierda de Syriza, encabezada por el ex ministro de Finanzas Yanis Varoufakis, y la salida de los ultraderechistas de Amanecer Dorado, que no alcanzaron el mínimo de 3 por ciento para tener representación en el congreso. Habrá, de todas maneras, otro partido de extrema derecha en el parlamento. La participación electoral fue muy baja: 57 por ciento, de las peores de la historia política reciente del país.

Mitsotakis, un economista formado en Harvard, es integrante de una vieja dinastía política griega y dirigente de un partido corresponsable de una de las mayores crisis económicas y sociales del país. Su gobierno estará integrado en su mayoría por tecnócratas e incluirá a políticos surgidos en partidos de extrema derecha. Apenas tendrá mujeres. El nuevo primer ministro prometió convertir a Grecia en “paraíso de los inversores”, limitar el poder de los sindicatos, reducir las cargas de las empresas y de los más ricos y los impuestos de las “clases medias”, retomar el programa de privatizaciones (de empresas públicas, del sistema de pensiones), congelado por Syriza. Un retorno pleno a los años previos a la victoria de la llamada izquierda radical en 2015.

 

***

 

“Ahora sí la izquierda”, fue el principal eslogan de campaña de Syriza en las elecciones de enero de 2015. Grecia tenía entonces índices “tercermundistas”: más de un tercio de la población en situación de pobreza, un desempleo que rondaba el 30 por ciento, niveles astronómicos de endeudamiento externo, un producto bruto interno que se había contraído 25 por ciento en seis años, emigración récord, sobre todo de jóvenes, una corrupción endémica de la dirigencia política tradicional… Los responsables de esa situación eran los partidos que se habían alternado en el poder en las últimas décadas (el Pasok socialdemócrata y Nueva Democracia), siempre en alianza, entre ellos o con partidos menores, incluida la emergente extrema derecha. Syriza aparecía entonces como la única alternativa de ruptura con ese estado de cosas para las clases populares. Máxime cuando contaba con el apoyo, directo o de hecho, de los animadores de movilizaciones sociales como el país no había vivido desde la salida de la dictadura de los coroneles (1967-1974). Como España y sus indignados, Grecia había tenido su “revolución de las plazas”, que incluso había costado muertes.

El obstáculo principal que se le presentaba a la coalición “radical” era el miedo: la derecha y el Pasok agitaban el fantasma de que Grecia quedaría fuera de la Unión Europea (UE) si Syriza llegaba al gobierno y aplicaba su programa, que preveía una auditoría de la deuda externa para renegociar la “parte justa” del endeudamiento y medidas para recuperar el nivel de vida “de las grandes mayorías nacionales” y redistribuir la riqueza. El Pasok agregaba: nosotros querríamos, pero “no existe alternativa”, las cosas son así y punto.

El contexto regional también era hostil: la derecha gobernaba en la gran mayoría de los países de la UE y las instituciones regionales habían advertido, antes de las elecciones griegas, con Alemania y el Banco Europeo a la cabeza, que no tolerarían que ningún país miembro (más aun uno pequeño y superendeudado como Grecia) se saliera de la norma de austeridad presupuestaria y reformas liberalizadoras. Cuando no era la derecha la que gobernaba en la región, lo hacían “socialistas” como el francés François Hollande, que tras un comienzo de gestión teñido de rojillo había virado a un rosa cada vez más difuminado hasta compartir valores, política y horizontes con conservadores y liberales. Syriza no tenía aliados a la vista, e incluso países tanto o más endeudados que Grecia eran más realistas que el rey y aplicaban las recetas “austericidas” de los organismos internacionales con fruición lacayuna.

Pero Syriza se mantuvo en sus trece y desafió a la troika de la UE, el Fmi y el Banco Central Europeo, y a la todopoderosa Alemania. No pagaría la deuda así como estaba sin una reestructura y sí aplicaría su programa de freno a las privatizaciones de empresas públicas, de reforma fiscal y de recuperación de la producción nacional, del poder adquisitivo y de las condiciones de vida de los más desposeídos. El tira y afloja duró seis meses, durante los cuales la situación se fue deteriorando cada vez más para los griegos, privados de recursos y de acceso al crédito en el mercado internacional. Hasta que el primer ministro Alexis Tsipras convocó, en julio, a un referéndum para que los griegos le dijeran si continuaba en ese camino o si cedía ante la troika. Tendría, en cualquier caso, el respaldo “del pueblo”, “esa categoría que los burócratas y tecnócratas de Bruselas ignoran por completo”, según dijo por entonces el primer ministro. Los griegos lo respaldaron masivamente: 61 por ciento votó por seguir plantando cara a los acreedores. Pero no pasaron dos días para que Tsipras capitulara y se decidiera a aceptar un nuevo “rescate” a cambio de un programa de “reformas estructurales” más draconiano que los que habían llevado adelante conservadores y socialdemócratas en años anteriores. Las esperanzas de un cambio de fondo, conducido por un gobierno a la izquierda de la socialdemocracia y en un país pequeño del sur europeo, se esfumaron. Votantes de Syriza recuerdan aún aquella mañana en que Tsipras convirtió su no al neoliberalismo en una rendición con todas las letras como uno de los días más amargos de sus vidas.

 

***

 

La impostura del nuevo primer ministro Mitsotakis es total: las “clases medias” a las que dice defender y a las que les quitaría carga impositiva son las mismas a las que Tsipras se vio obligado a castigar porque no pudo realizar la reforma fiscal que se proponía después de que la troika (respaldada por el mismísimo líder de Nueva Democracia) se lo negó. Pero al líder de Syriza, el millón de electores que abandonó a la coalición entre 2015 y 2019 no le perdonó su propia impostura, dice la doctora en ciencias políticas por la Universidad de Atenas Filippa Chatzistavrou. La gestión de Syriza, su capitulación ante los acreedores y los poderes económicos, el hecho de que aceptara aplicar una política contra la que había luchado tantos años, o incluso que Tsipras no renunciara al ver que no podía ganar su apuesta de derrotar al Goliat, provocaron en Grecia “un desencanto político, ético, social, moral, tremendo”, dijo la politóloga al portal francés Mediapart (5-VII-18).

Tsipras festejó unos meses atrás que tras cuatro años de ajustes permanentes había logrado finalmente salir de la lógica de los rescates y mejorar las cifras macroeconómicas: dijo, por ejemplo, que Grecia retomó el crecimiento, que el desempleo se redujo de 28 a 18 por ciento, que volvieron los inversores, que se crean empresas otra vez. Y que pudo poner en práctica algunas políticas sociales “novedosas”: gratuidad de la salud y del transporte para los más pobres, ayudas para vivienda, bonos de alimentación de entre 100 y 500 euros según los ingresos, extensión del seguro de paro, aumento del salario mínimo a 740 euros mensuales… Pero fueron sólo paliativos, y, aunque permitieron limitar las injusticias, en el fondo las cosas no cambiaron, destacó Chatzistavrou. “Los índices de pobreza se mantienen, crece el empleo, pero es precario y en negro, sigue la fuga de cerebros, el acceso de los pobres a la salud no es aún el mismo que el que se conocía antes de la crisis”, y los capitalistas ganan y ganan, dijo. Christos Giovanopoulos, un ex votante de Syriza y militante social, y uno de los coordinadores de los colectivos solidarios (desde ollas populares hasta redes de distribución de medicamentos, útiles escolares, ropa) que se multiplicaron en Grecia entre 2011 y 2015, apunta que durante la administración de Tsipras se amplió la brecha entre pobres y ricos. “La política social del gobierno griego fue pagada por la gente de bajos ingresos y las capas medias asalariadas”, no por los ricos, dice Giovanopoulos. Petros Linardos, un economista que formó parte del Instituto del Trabajo, equivalente para los sindicatos griegos al Cuesta Duarte uruguayo, advertía en mayo pasado que el gobierno de Syriza carecía de “estrategia a largo plazo y de modelo alternativo al desarrollo de los servicios y del turismo”. “El horizonte de Syriza son los años ochenta del Pasok,un modelo de desarrollo basado en el consumo” (Mediapart, 6-V-19). Un modelo, piensa Linardos, que ya no es sostenible desde ningún punto de vista, empezando por el ambiental, un plano en el que Syriza poco y nada hizo. Al contrario: eliminó la exigencia de un estudio ambiental previo a la instalación de megaproyectos de trasnacionales. Con tal de que vengan, les hacemos un tren, habrán pensado Tsipras y los suyos.

 

***

 

Fabien Escalona es un joven politólogo francés que en Mediapart se ha especializado en el seguimiento a los partidos de la “izquierda radical”. Es también autor del libro La reconversion partisane de la social-démocratie européenne. Du régime social-démocrate keynésien au régime social-démocrate de marché. En un artículo publicado en enero de 2015, apenas confirmado el triunfo de Syriza en las elecciones griegas, Escalona advertía sobre el riesgo principal que corría ese partido y otros a la izquierda de la izquierda europea que se encontraban en ascenso (Podemos, en España, y lo que sería luego Francia Insumisa, al otro lado de los Pirineos): que en su asalto a los cielos de las instituciones de gobierno se olvidaran de los movimientos sociales, que habían sido su catapulta. Con (fuertes) diferencias de época, esos movimientos, situados en un punto intermedio entre la socialdemocracia y la extrema izquierda revolucionaria, decía Escalona, comparten corpus ideológico con la corriente eurocomunista que había prendido en los países de la Europa mediterránea en los setenta y ochenta, ubicándose tan lejos del “ruido a botas” del socialismo cuartelero de los países del este como del “arrastrar de pantuflas” de la socialdemocracia occidental, según resumió en su momento el francés Jean-Pierre Chevènement. “El corazón de la izquierda radical europea heredó del eurocomunismo su rechazo a la marginalidad política y una comprensión del carácter plural de las relaciones de dominación”, escribió el francés por estos días (Mediapart, 8-VII-19).

La “nueva izquierda radical” le agregó a aquella corriente que terminó en la ruina, además de un aire irreverente y un funcionamiento más horizontal, un contacto más íntimo con los movimientos emancipatorios que se fueron desarrollando desde los sesenta (antipatriarcales, antiproductivistas, antirracistas e, incluso, anticapitalistas) y una llegada a sectores sociales amenazados por la precarización. Pero padece de “una estrategia incompleta para hacer frente a instituciones nacionales y europeas capaces de absorber sus críticas. Es grande la tentación de ocupar el espacio dejado vacante por la socialdemocracia, cuando un proyecto keynesiano no está ya a la altura de la crisis estructural actual”, concluía el investigador francés.

En 2015, Syriza no sólo fue a la guerra con la troika con un tenedor, se “olvidó” por el camino de los movimientos sociales y de los sindicatos, a los que adrede desmovilizó. Éric Toussaint, un historiador y politólogo belga que fundó el Comité para la Abolición de las Deudas Ilegítimas, criticó en su momento la manera en que el ministro de Economía Yanis Varoufakis, que pasaba por un “radical” en el equipo de Tsipras (abandonó su cargo tras la capitulación del jefe del gobierno), llevó a cabo las negociaciones con los acreedores. Más allá de su gestualidad confrontativa, señala Toussaint, Varoufakis alimentaba la ilusión de que las elites europeas terminarían siendo razonables y marcó distancia con la base de Syriza, dejada como espectadora de un enfrentamiento que se iba traduciendo en renuncias sucesivas a la plataforma que había llevado a la coalición al gobierno. Fabien Escalona echa mano también a otros intelectuales críticos, el canadiense Leo Panitch y el ruso Sam Gindin, que, en su libro The Socialist Challenge Today: Syriza, Sanders, Corbyn, subrayan “el grave déficit de ‘organización’ de la izquierda radical ante el poder estatal”. “Todo partido que pretenda superar el orden neoliberal, ni que hablar el orden capitalista”, escribe el francés citando a Panitch y a Gindin, “debe abordar los lugares del poder con cuadros formados y competentes, cuidándose de mantener a todo precio un pie en el movimiento social para presionar en favor de políticas alternativas”. Lejos estuvo de ser ese el caso de Grecia.

12 julio, 2019

Publicado enInternacional
Honduras: 10 años de golpes y neoliberalismo

Las movilizaciones populares se suceden en Honduras. En estos días son 60 mil médicos y maestros en pie de guerra contra un sistema político que busca, por imposición del Fondo Monetario Internacional, la privatización de la salud y la educación. Las movilizaciones cuentan con tal grado de apoyo popular que hasta la Policía Nacional se ha sumado al paro, forzando al gobierno de Juan Orlando Hernández (JOH) a desplegar a las fuerzas armadas en tareas de represión de las protestas populares.

Pero esta historia comienza hace 10 años, un 28 de junio de 2018, cuando 200 militares encapuchados entran con nocturnidad y alevosía en la residencia presidencial de Tegucigalpa y sacan en pijama al presidente Mel Zelaya para, tras un breve paso por una base militar, deportarlo a Costa Rica, a pesar de que el artículo 102 de la Constitución prohíbe expresamente que ningún hondureño puede ser expatriado ni entregado a un Estado extranjero.

El argumento para el golpe de Estado era la intención de Mel Zelaya de colocar una urna en la siguiente elección, promoviendo un refrendo que diese paso a reformas constitucionales. Pero eso era la forma. El fondo era que Zelaya, un terrateniente que había ganado las elecciones con el apoyo del Partido Liberal, había dado un giro a la izquierda tras conocer las penurias del pueblo hondureño, sumido en la pobreza y violencia, e incluso, con la autorización del Parlamento, había incorporado a Honduras primero a Petrocaribe, y luego al ALBA.

Ese fue el primer golpe exitoso contra los gobiernos del ciclo progresista, y lo fue contra su eslabón más débil, inaugurando un periodo de restauración conservadora a lo largo y ancho de América Latina, al que le sucedieron los golpes parlamentarios en Paraguay contra Fernando Lugo, o en Brasil contra Dilma Rousseff, al mismo tiempo que se desataba el lawfare, la guerra judicial contra líderes progresistas como Lula da Silva, Cristina Fernández de Kirchner o Rafael Correa.

Pero Honduras vivió dos golpes más, en este caso electorales.

En 2013, y ya con Mel Zelaya de regreso en el país, pero imposibilitado para presentarse, Xiomara Castro fue candidata presidencial del Partido Libertad y Refundación (Libre). La inexperiencia de Libre y su desigual distribución territorial llevó a que las elecciones fueran manipuladas en beneficio de Juan Orlando Hernández. Un solo dato: a la misma hora en que se producía el recuento, los magistrados del Tribunal Supremo Electoral estaban reunidos con la embajadora de Estados Unidos en Honduras.

Pero fue en 2017 cuando el tercer golpe, segundo electoral, este ya no como tragedia, sino como farsa, consuma lo iniciado en 2009. En unas elecciones en las que Libre y el PAC de Salvador Nasralla enfrentaban la reelección de JOH, el comunicado de la nada sospechosa Secretaría General de la OEA sobre el resultado de las elecciones, arroja más claridad que cualquier análisis político que podamos escribir: Intrusiones humanas deliberadas en el sistema informático, eliminación intencional de rastros digitales, imposibilidad de conocer el número de oportunidades en que el sistema fue vulnerado, valijas de votos abiertas o sin actas, improbabilidad estadística extrema respecto a los niveles de participación dentro del mismo departamento, papeletas de voto en estado de reciente impresión e irregularidades adicionales, sumadas a la estrecha diferencia de votos entre los dos candidatos más votados, hacen imposible determinar con la necesaria certeza al ganador.

Tres golpes de Estado en 10 años, uno militar y dos electorales, es el balance de uno de los países más pobres y desiguales de América Latina, y todo con un objetivo muy claro, la imposición del modelo neoliberal mediante la violencia en un país clave, siempre fue su retaguardia estratégica, para las operaciones de Estados Unidos en Centroamérica. La impunidad con la que se asesinó a la defensora ambiental Berta Cáceres en un país que tiene al hermano del presidente JOH acusado de gestionar las rutas y tráfico de cocaína hacia Estados Unidos, es problemente la mejor, y a la vez más terrible metáfora de como se ha instrumentalizado la doctrina del shock para disciplinar a la población civil.

Una doctrina del shock cuya consecuencia más dramática son las caravanas de miles de personas que son desalojadas de sus vidas fruto del despojo social neoliberal y dejan atrás familia y pertenencias para tratar de alcanzar el american way of life, aun a costa de arriesgarse a ser extorsionados, secuestrados o asesinados en el camino.

Es por ello que los hermanos migrantes centroamericanos en general, y los hondureños en particular, deben ser tratados como refugiados políticos de una dictadura, la del modelo neoliberal, y cuando los medios de comunicación masivos nos quieran hablar de derechos humanos o del drama migratorio en otras partes más lejanas, exijamos que vayan a Honduras y nos cuenten no solo lo que les sirve de reality show para ganar más audiencia, sino las causas reales de esta migración masiva.

Y para empezar a solucionar este drama, hagamos nuestro el comunicado de Libre del 20 de junio, firmado por Mel Zelaya el mismo día que las fuerzas armadas asesinaban al taxista Erick Peralta en El Pedregal, y por el que se declaran en lucha permanente contra la dictadura dirigida por Estados Unidos desde 2009, dejando muy claro: JOH debe irse ya.

Politólogo especialista en América Latina

Publicado enInternacional
Brasil: alto acatamiento al primer paro contra Bolsonaro

La primera huelga general contra el presidente brasileño Jair Bolsonaro, envuelto en una crisis política seria, fue acatada en todos los estados del país, con alta adhesión en sectores como educación y bancos, actos muy concurridos en San Pablo y Río de Janeiro, y represión policial. El disparador de la medida masiva fue el proyecto oficial de reformar el sistema previsional del país. San Pablo, la capital económica, cerró la jornada con una concentración en la Avenida Paulista donde Vagner Freitas, presidente de la Central Unica de los Trabajadores (CUT), aseguró que la jornada de lucha  fue un “éxito y demostró que la sociedad no apoya la reforma previsional”. Junto a Freitas se econtraban dirigentes de otras organizaciones gremiales y de la Unión Nacional de Estudiantes (UNE).

“Los trabajadores y trabajadoras dijeron no a la nefasta reforma previsional, nuestro pueblo tiene conciencia”, tuiteó la ex presidenta Dilma Rousseff.

Paralelamente, en las primeras horas de la noche miles de personas comenzaron a marchar de la iglesia de la Candelaria hacia la Avenida Getulio Vargas en el centro de Rio de Janeiro. Por la mañana la Policía Militarizada detuvo a diez estudiantes y trabajadores de la Universidad de San Pablo, en la zona oeste de la ciudad, al mismo tiempo que reprimía con gases  y balas de goma a los manifestantes reunidos en Santo André, en el cordón industrial.

Redactada por el ministro de Economía Paulo Guedes, la reforma enviada al Congreso replica a la impulsada por la dictadura de Augusto Pinochet en Chile hace cuarenta años.

En San Pablo  y su área metropolitana, con unos 18 millones de habitantes, el paro tuvo un alto acatamiento por parte de maestros, bancarios, metalúrgicos y contó con la adhesión parcial de conductores del subterráneo, pero no fue respaldado por los choferes de colectivos y trenes urbanos.

Los colectiveros prometieron parar “pero cambiaron de posición a última hora, lamentablemente, pero esta huelga igual fue muy grande, esto recién empieza, ahora vamos por más luchas y por Lula Libre”, prometió Julio Turra, director de la CUT.

Las movilizaciones, barricadas y piquetes en carreteras  de este viernes heredaron el envión de la multitudinaria marcha en defensa de la educación pública y contra los cortes del presupuesto educativo, especialmente en las universidades, que fueron encabezadas por estudiantes el 15 de mayo, considerada la primer revuelta contra el gobierno del ex capitán del ejército.

“Lideramos las grandes movilizaciones de mayo por la educación pero los jóvenes también queremos jubilarnos, por esto estamos aquí”, tronó Marina Dias, presidenta de la UNE en la Avenida Paulista.

“Queremos decirle a Bolsonaro que no es un rey, que le vamos a demostrar que lo que se impone es la soberanía popular que se está escuchando ahora (...)  que Bolsonaro no duera hoy”, lanzó la jefa de la UNE.

La medida de ayer contó con el  respaldo unitario, y poco frecuente, de todas las organizaciones gremiales , lideradas por las CUT, ligada al PT, hasta Fuerza Sindical, que suele aliarse a partidos conservadores.

“La huelga es fuerte, felizmente los petroleros están adhiriendo  desde el miércoles a la noche en las refinerías”, afirmó David Bacelar de la Federación Única de Petroleros (FUP) en el estado  Bahia, en la región noreste.

Se realizaron paros parciales en refinerías y plantas de Petrobras de 12 estados, indicó un boletín aparecido en el sitio de la FUP donde se repudió la política  de privatización el Sistema Petobras, del cual es responsable el titular de la compañía “Roberto Castello Branco comandado por Jair Bolsonaro”. 

“La clase trabajadora está despertando después de ser engañada el año pasado cuando muchos votaron a Bolsonaro, hoy está revelándose contra el gobierno, la gente está idignada con este escándalo que dio The Intercept”, apuntó el petrolero Bacelar.

El dirgente de la FUP se refería a las revelaciones del sitio The Intercept sobre la complicidad del ex juez Sergio Moro, actual ministro de Justicia, con los fiscales de la causa Lava Jato a fin de condenar sin pruebas a Luiz Inácio Lula da Silva, preso en Curitiba desde abril del año pasado. Carteles con la consigna “Lula Libre” fueron paseados hoy en San Pablo y Río.

El caso Moro desató una nueva crisis en el gobierno de Bolsonaro, cuya popularidad bajó 20 puntos en los primeros cinco meses de gestión. A ese escándalo se sumó, en la noche del jueves, la caida del ministro de Gobierno, general Carlos Alberto dos Santos Cruz. Fue el primer miembro del ala militar que dejó un gobierno atravesado por conflictos internos, surgidos prematuramente, que reflejan la incompetencia de un mandatario cada vez más corrido hacia la ultraderecha. Mientras, la economía está al borde de la recesión y los desocupados suman 13,2 millones, más otros quince millones de precarizados o personas que ya ni buscan trabajo.

Bolsonaro habló con un grupo de periodistas ayer en el palacio del Planalto donde reconoció que la salida del general Santo Cruz fue una medida ingrata y aceptó que la reforma de la Previsión ha enfrentado obstáculos en el Congreso. 

Hubo una fuerte adhesión a la huelga en la capital, Brasilia, que en algunos puntos del centro estaba prácticamente desierta. No circularon los colectivos y solo en parte lo hizo el metro. Además se vio una paralización prácticamente total de los trabajadores de la educación, bancarios y de empleados públicos del Distrito Federal.

Publicado enInternacional
Un paro general recibirá a la Copa América.

Las 12 centrales obreras de Brasil se movilizarán contra la reforma previsional

La Copa América comenzará envuelta por el clima de descontento social y político frente a las políticas económicas del presidente Jair Bolsonaro y la decisión de imponer una reforma previsional. Las doce centrales sindicales brasileñas, con el respaldo de las organizaciones sociales y estudiantiles, convocaron a un paro general y movilizaciones en todo el país el próximo 14 de junio.

"En menos de seis meses de (des)gobierno, Jair Bolsonaro ya puede ser considerado el presidente que más atacó la clase trabajadora y la sociedad en general desde la vuelta a la democracia", apuntaron las centrales sindicales sobre el aliado del presidente Mauricio Macri.

Las movilizaciones contra el flamante presidente de Brasil llegaron a un punto culminante el pasado 15 de mayo, cuando miles de estudiantes salieron a las calles de todo el país para protestar contra los recortes en Educación. Ahora, la CUT, la CTB, la CGTB entre otras entidades gremiales convocan al paro general para repudiar el avance sobre la ley de jubilaciones bajo la consigna: "Vamos a parar un día para evitar el retroceso de toda una vida" .

Los gremios denunciaron que la reforma previsional propuesta por Bolsonaro invisibiliza a los jubilados, pero también a miles de brasileños y brasileñas en situación de vulnerabilidad, por lo cual la calificaron como "una de las propuestas más crueles de los últimos tiempos".

El paro con movilización que protagonizarán, entre otros, los gremios de trabajadores públicos de las áreas de salud, educación y obras sanitarias, los metalúrgicos, judiciales, portuarios, camioneros y petroleros, coincidirá con la inauguración de la Copa América 2019, jornada para la cual ya están vendidas el 65 por ciento de las entradas.

"La seguiremos de cerca y esperamos que transcurra de forma pacífica y sin ningún problema", dijo el director de Competiciones de la Conmebol, Agberto Guimaraes, respecto de las movilizaciones que se realizarán en San Pablo, ciudad donde se encuentra el Estadio Morumbi, en el que Brasil jugará frente a Bolivia en el partido inaugural.

"Todo lo que ocurre fuera, es responsabilidad de las autoridades locales, confiamos en ellos y esperamos no tener ningún tipo de evento grave para organizar esta fiesta", se limitó a señalar Guimaraes.

"Con una política económica ‘anti-pueblo’ y un programa ideológico ultraconservador y prejuicioso, el capitán retirado profundizó los ataques iniciados hace casi tres años y está hundiendo el país en el desempleo, el hambre, la miseria y la falta de salud, educación y seguridad”, recordaron las centrales obreras dos días antes de la jornada de lucha

Publicado enInternacional
Los estudiantes salen a defender la universidad

Cientos de miles de docentes y estudiantes se manifestaron en todo el país, manteniendo la vitalidad mostrada el 15 de mayo o “15M”.

Por segunda vez en quince días los estudiantes se movilizaron en una centena de ciudades para defender la educación pública y contra el recorte presupuestario ordenado por Jair Bolsonaro y su ministro de Educación, el circense Abraham Weintraub. La primer concentración comenzó a las 10 de la mañana en Brasilia donde miles de jóvenes marcharon hacia el Congreso. Fueron movilizadas tropas federales, como si el acto amenazara la seguridad nacional, y hubo represión.

La marcha más esperada ocurrió a la tarde en San Pablo, coincidiendo con la visita del ex presidente Barack Obama, al convite de un grupo de empresas multinacionales. Obama hizo un discurso que tal vez haya sido bien recibido por la Unión Nacional de Estudiantes (UNE) brasileña y seguro resultó indigesto para Bolsonaro. Recomendó que los profesores sean “debidamente valorados” con salarios a la altura de su papel en la sociedad porque “dar una buena educación no es caridad, es algo necesario para el desarrollo económico de un país”.
El panorama observado al cierre de esta crónica, cuando aún no habían concluido las marchas en San Pablo y Río de Janeiro, mostraba que la capacidad de convocatoria de la UNE, la UBES (Unión Brasileña de Estudiantes Secundarios), y de los profesores mantiene la vitalidad mostrada el 15 de mayo o el “15M”, una fecha bisagra en el enfrentamiento al gobierno que mañana cumplirá cinco meses de gestión, en los que perdió alrededor de veinte puntos de aprobación. Es casi seguro que ayer no se movilizaron 1,5 o 2 millones de personas como ocurrió el 15M, pero sí cientos de miles, y esto es un aliciente de cara a la huelga general convocada para el próximo 14 de junio por todas las organizaciones sindicales.


Las protestas de este jueves y la huelga del mes que viene, que tendrá como principal bandera el rechazo a la reforma previsional, están “totalmente ligadas”, aseguró Mayara Souza, presidenta de la Unión Estadual de los Estudiantes de San Pablo. “Este gobierno chantajista y autoritario” quiere condicionar la revisión del recorte del 30 por ciento de gastos de la educación a la aprobación de la reforma jubilatoria, sostuvo. “Los banqueros no pagan impuestos y quieren que la educación y los más pobres paguen el pato de la crisis económica”, arengó la joven a las cuatro y media de la tarde en el Largo da Batata, oeste de la ciudad, cuando las batucadas marcaban el ritmo. De allí iban a partir las columnas hacia la Avenida Paulista. Los organizadores dijeron que a esa hora ya había 50 mil personas. Las imágenes en las redes sociales indicaban que había un considerable número de personas que iba al acto principal previsto para las 20 horas en el Museo de Arte de San Pablo. A las 18 horas la cadena Globo, a la que no se le puede reprochar favoritismo por los estudiantes, informó que había actos en 92 ciudades de 23 de los 27 estados de la Unión. En ese momento miles de personas se encontraban frente a la iglesia de la Candelaria en el centro de Río de Janeiro, aguardando para comenzar la movilización.


En Salvador de Bahía, nordeste del país, la capital con más proporción de habitantes afrodescendientes, la movida arrancó poco antes del mediodía en el Largo de Campo Grande, zona céntrica, donde fue desplegado un pasa calles blanco con letras rojas: “Bolsonaro sacá las manos de la educación pública, porque ella es nuestra”.


Los estudiantes de San Pablo, Río, Brasilia y Salvador de Bahía, en general recibieron el saludo y hasta el aplauso del público. La pelea por la educación ganó contornos de demanda compartida por amplios sectores populares y de las clases medias, incluso con la simpatía de estudiantes de escuelas privadas. De ese sector proviene el público que ayer fue a escuchar a Obama, y lo aplaudió cuando aconsejó más fondos para escuelas y universidades.


El capitán retirado del Ejército Bolsonaro concibió el enfrentamiento como una forma de guerra propia contra los estudiantes, y está descubriendo que su táctica puede haber sido ser un boomerang. El domingo pasado decenas de miles de bolsonaristas salieron en su defensa con consignas apologéticas de la dictadura y en favor del autogolpe a través del cierre del Congreso. Globo y la mayoría de los medios poderosos intentaron disimular a los extremistas. Una faena difícil, dado que las tesis radicales son expresadas por el mandatario y su ministro de Educación Abraham Weintraub, que esta semana volvió a defender el ingreso de la policía en los campus, lo que está prohibido por la Autonomía universitaria. Ayer pidió a los padres de estudiantes secundarios que delaten a los profesores sospechados de izquierdistas.


Weintraub sorprende por vía doble: presenta argumentos del gurú de la extrema derecha Olavo de Carvalho en perfomances que lindan con lo ridículo. Así sucedió ayer cuando grabó un video para denostar lo que él llamó “lluvia de fake news” contra el gobierno, munido de un paraguas y meneándose al ritmo de la canción Danzando bajo la Lluvia.


Mucho más que un recorte


Por Andrés Ferrari Haines

Desde Porto Alegre*


En Brasil, los estudiantes marcharon de nuevo, continuando la gran marcha del 15 de mayo, cuando dos millones se movilizaron en todos los estados del país. En Recife, Porto Alegre, Belo Horizonte, Salvador, San Pablo y Río de Janeiro, las imágenes fueron impactantes. Escenas pocas veces vistas en Brasil.


El domingo los bolsonaristas marcharon en respuesta. Y la concurrencia resultó bastante pobre. Sólo en San Pablo y Rio de Janeiro fueron de consideración, pero bastante inferiores a la de los estudiantes. En el resto, sólo puñado de personas. Grabaciones difundidas por las redes muestran algunas hasta cómicas, con mucho ruido de altavoces y pocas nueces... Había expectativa porque, aunque el presidente viene perdiendo credibilidad y apoyo a alta velocidad, en octubre obtuvo casi 58 millones de votos y porque se comunica a través de las tinieblas de las redes. Hashtags en su favor fueron líderes; algunos, a nivel mundial, difundidos con beneplácito por bolsonaristas. Sólo que aparecían con banderas de Brasil y EE.UU., indicando el origen doble de sus seguidores. En efecto, en el apuro, un hashtag apoyaba a “Boldonaro”... Por eso, los estudiantes se convocaron confiados: los robots no marchan.

La gran movilización de los estudiantes se gestó contra el fuerte recorte educativo del gobierno que deja a las universidades sin recursos para funcionar en septiembre. El rechazo se hizo social, distintos sectores afirmando que la educación es esencial para el país. Incluso estudiantes secundarios participaron entendiendo que se busca desmantelar la educación pública: es decir, cuando tengan edad, no tendrán universidades. No se equivocan. El ministro de Educación Weintraub dejó claro su desinterés en la educación pública. Sin presentar datos, pero en contradicción con ellos, afirmó que las universidades públicas son de bajo nivel y de peor calidad que las privadas. En las listas de mejores universidades elaboradas en Brasil y en otros países, no sólo las públicas dominan los rankings nacionales sino, también, algunas se destacan en los internacionales. Esa actitud del ministro, además, es congruente con otros proyectos de arancelar o desfinanciar las áreas sociales y humanas. Bolsonaro directamente llamó imbéciles e idiotas útiles a los estudiantes que, azuzados, dicen que le respondieron con esta segunda marcha porque “sin educación, alcanza con Bolsonaro”.


Las reacciones bolsonaristas también revelaron, ya sin ningún maquillaje, su lado autoritario. Convocaron su marcha del domingo con agresiones al Congreso y a la Corte, generando un clima de posible autogolpe. Varios sectores se pronunciaron en contra de este tono antidemocrático: el ejército, partidos aliados y miembros de su propio partido, hasta grandes medios de comunicación. La alianza de Bolsonaro se quebró. Bolsonaro, que había avalado el embate a los otros dos poderes, intentó despegarse. Pero hubo el domingo demandas en favor del cierre del Parlamento y de la Corte.


El apoyo inicial del presidente había tenido un fuerte fundamento personal. En el Congreso no avanzan las propuestas neoliberales de su “superministro” Guedes –en particular, la reforma previsional–, mientras muchos parlamentarios coinciden, con parte de la sociedad, en que Bolsonaro no tiene capacidad para gobernar. Impeachment se escucha fuerte –sobre todo en la derecha, que considera que las medidas sólo avanzarán si asume su vice, el General Mourão–. En la justicia, su hijo Flavio está siendo investigando por lavado de dinero y asociación ilícita junto a casi cien personas, incluyendo la esposa del presidente. Sus socios serían los para-policías cariocas vinculados con el asesinato de Marielle Franco. Según el conocido periodista Luis Nassif, de las tres hipótesis sobre el crimen, una está relacionada con el presidente.


La segunda marcha por la educación es parte de la batalla por las calles que se instaló en Brasil. Hecho novedoso en una sociedad, hasta ahora, poca politizada. Curiosamente, fue la autodenominada “nueva derecha” la que inició esta forma de disputa política cuando se movilizó en contra Dilma Rousseff, primero en 2013 y, después, en 2015. Grupos como “Vení a la calle” y “Movimiento Brasil Libre” que estuvieron detrás de ellas y de las del triunfo de Bolsonaro, hoy se alejan del gobierno. Pero la disputa se mantiene. Y la marcha por la educación dejó de ser vista por los estudiantes como meramente contra un recorte para entenderse como una crítica al proyecto de país del actual gobierno. Y la educación pública expresa la diferencia entre ellos: el domingo bolsonaristas arrancaron vivando un cartel en defensa de la educación en la Universidad de Paraná. Conscientes de esto, los estudiantes dicen que ayer las clases fueron en las calles -y que las próximas clases callejeras se dictarán en la huelga general del 14 de junio.


* Profesor UFRGS (Brasil) @Argentreotros.

 

Publicado enInternacional

Estudiantes y profesores hicieron un llamado a una huelga general para el 15 de mayo

El presidente brasileño reivindica las escuelas militares y aplica un ajuste del 30 por ciento a las universidades e institutos federales.

Después de los anuncios de recortes en escuelas y universidades federales, el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, defendió a la educación como medio para mejorar la vida de las personas, al tiempo que reiteró su apoyo a los colegios militares. Además, el mandatario afirmó que la meta del actual gobierno es implantar una de estas instituciones en cada capital del país. Por los recortes en educación, estudiantes y profesores de escuelas y universidades se manifestaron ayer en Río de Janeiro e hicieron un llamado a una huelga general el próximo 15 de mayo.


“Queremos más niños y jóvenes estudiando en los bancos de estas escuelas (militares): respeto, disciplina y amor a la patria son fundamentos de estos colegios”, afirmó el presidente ultraderechista, en un discurso a propósito del 130 aniversario del Colegio Militar de Río de Janeiro, del cual es egresado el vicepresidente, el general Hamilton Mourao. “Los colegios militares son ejemplo de excelencia para la educación brasileña”, agregó.


El ex capitán del Ejército aseguró, además, que está trabajando con sus ministros de Defensa y Educación para ampliar la educación militar. El objetivo de esto, dijo, es “cambiar el destino de Brasil”. Por ello, insistió en su intención de construir un colegio militar en cada capital estadual donde todavía no haya uno. La construcción de una institución de este tipo en Campo de Marte -zona norte de San Pablo- será el primer paso, según prometió.


Durante el evento, Bolsonaro hizo una defensa a la educación como medio para mejorar la vida de las personas. “Lo que saca a un hombre o a una mujer de una situación difícil en la que se encuentre es el conocimiento”, afirmó, a pesar del escenario de recortes en el presupuesto educativo de escuelas y universidades federales.


Educación fue el sector más afectado por el plan de ajuste. La semana pasada, el Ministerio de Educación había dado a conocer el recorte de fondos del 30 por ciento de las universidades e institutos federales, como parte de la serie de medidas de restricción fiscal que ha venido anunciando a cuentagotas desde finales de abril.


Primero, fue la propuesta del ministro de Educación, Abraham Weintraub, de recortar la inversión para las facultades de Filosofía y Sociología, una medida que Bolsonaro apoyó al sustentar que el objetivo era “enfocarse en áreas que generen un retorno inmediato al contribuyente, como: veterinaria, ingeniería y medicina”.


Luego vino el anuncio del bloqueo de recursos para universidades federales con el argumento de que con la medida se dará prioridad a la educación básica. Y por último, fue el anuncio de congelar el presupuesto de colegios e instituciones federales. El bloqueo de presupuestos puede ser, sin embargo, revertido por el gobierno en el transcurso del año, indica el diario brasileño Folha de Sao Paulo. El Ejecutivo sostiene que de aprobarse la reforma previsional la economía puede mejorar y con ello la recaudación, lo que permitiría retornar a los pagos previstos en el presupuesto.


Puertas afuera del evento militar, cientos de estudiantes de escuelas federales y universidades de Río protestaron contra los recortes. Acompañados de padres y profesores, los alumnos protestaron pacíficamente por el bloqueo del presupuesto y pidieron al mandatario brasileño revertir la medida. Las universidades temen que si esto no sucede, no puedan garantizar el funcionamiento mínimo si se llega al punto de no poder pagar las facturas de agua y energía.


La mayoría de los estudiantes se manifestó por medio de mensajes que fueron exhibidos con frases como “La educación no es gasto, es inversión” o “De tanto ahorrar en educación quedaremos ricos en ignorancia”. Buena parte de los alumnos que participaron en la protesta estudian en el colegio federal Pedro II, uno de los más prestigiosos del país y que está ubicado frente al colegio militar que visitó Bolsonaro.


“Estamos aquí para decir no a la censura, no a los recortes y no a este gobierno autoritario”, aseguró Camila una estudiante de maestría en Sociología de la Universidad Federal de Río de Janeiro. “Nosotros queremos estudiar. Nosotros tenemos derecho de estudiar. Nuestras universidades, escuelas e institutos son patrimonio del pueblo brasileño y por encima de cualquier gobierno vamos a luchar para defender eso”, agregó.


El ex secretario de Educación Básica del Ministerio de Educación Cesar Callegari afirmó que los recortes indican la postura del gobierno frente a la educación. “Es coherente con la falta de proyectos en el área educacional. El gobierno da pruebas de que, para él, basta un ministro de Educación que actúe como un vector en una guerra ideológica”, afirmó Callegari, citado por Folha.


El 15 de mayo se llevará a cabo una huelga convocada por estudiantes y profesores universitarios para prostestar contra el ajuste en el campo de la Educación, pero también en el de la Cultura. Además del bloqueo a los presupuestos educativos, el gobierno de Bolsonaro impuso a fines de abril modificaciones clave a la ley de mecenazgo cultural, que permitía a las empresas realizar grandes inversiones en proyectos artísticos (espectáculos, exposiciones, películas) a cambio de que pudiesen deducir un porcentaje de esos fondos de su impuesto a la renta. El ministro de Ciudadanía, Osmar Terra, redujo el techo de 60 millones de reales de incentivo por cada proyecto a apenas un millón. La ley, antes había sido calificada por Bolsonaro como “una desgracia”, ya que según su parecer es una forma de “cooptar” a artistas alineados a la izquierda.

Publicado enInternacional
Congreso de Honduras retira las reformas a los sistemas de educación y salud, pero siguen las protestas

Tegucigalpa. Cerca de 4 mil maestros, estudiantes y empleados de hospitales públicos hondureños retomaron este martes protestas que el lunes causaron destrozos en el centro de Tegucigalpa, pese a que el presidente del Congreso prometió desistir de las reformas que desataron el movimiento.

Los manifestantes marcharon hasta las sedes del Comisionado Nacional de los Derechos Humanos y la Oficina del Alto Comisionado de la Organización de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos coreando "fuera JOH", siglas del nombre del presidente Juan Orlando Hernández.

Dirigentes del movimiento dijeron que buscaban el apoyo de ambos organismos para defender el derecho a los servicios de salud y educación después de que el Congreso aprobó reformas que, según los manifestantes, llevarán a la privatización de esos dos sectores.

El presidente del Congreso, Mauricio Oliva, aseguró en rueda de prensa que tales reformas fueron retiradas "sin posibilidad de volverlas a aprobar".

Sin embargo, la protestas continuaron en diferentes zonas del país con manifestaciones y bloqueos de carreteras.

"No creemos en palabras, las palabras se las lleva el viento", dijo durante la caminata la presidenta del Colegio Médico Hondureño, Suyapa Figueroa.

En la capital, manifestantes bloquearon las salidas hacia el sur y el este del país, mientras la policía reportaba saqueos de negocios en algunos barrios como el Pedregal, en el sur de la ciudad.

Figueroa afirmó que los incendios en cuatro edificios ocurridos el lunes durante violentos enfrentamientos con piedras y bombas lacrimógenas entre manifestantes y policías fueron causados por "infiltrados" de los agentes del orden.

El Ministerio de Seguridad rechazó que agentes policiales hayan herido a un manifestante que fue atendido en un hospital por un balazo en el pecho.

En redes sociales circularon videos de un hombre sin uniforme disparando junto a agentes policiales, tras lo cual aparece el manifestante ensangrentado.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos lamentó los incidentes.

Publicado enInternacional
Enfrentamientos en Honduras durante las protestas contra las reformas de Juan Orlando Hernández

Decenas de heridos, numerosos detenidos y al menos cuatro edificios incendiados durante una masiva manifestación contra los cambios en el sistema educativo y sanitario

La capital de Honduras, Tegucigalpa, vivió este lunes una jornada de fuertes enfrentamientos entre policías y manifestantes durante las protestas contra las reformas educativa y sanitaria promovidas por el presidente Juan Orlando Hernández. Hay decenas de heridos, seis detenidos, numerosos destrozos materiales y al menos cuatro edificios incendiados, uno de ellos la alcaldía municipal.


El centro de la ciudad se convirtió este lunes en una batalla campal. Las fuerzas antidisturbios lanzaron gases lacrimógenos y agua a presión para impedir el avance de la protesta contra las políticas del presidente. Mientras, manifestantes encapuchados han lanzando piedras, palos y cócteles molotov y han incendiado tres edificios públicos y una farmacia cercana. En al menos uno de ellos había personas trabajando y en todos ellos el fuego ya ha sido controlado, según han informado las autoridades.


Entre los lesionados hay uno de gravedad, que tiene una herida en el pecho que podría ser de bala, según ha informado la prensa local. La policía ha reiterado que los agentes únicamente llevan escudos, bastones de madera y bombas lacrimógenas. Además, se han producido numerosos destrozos en comercios de la zona y el suelo de la ciudad ha aparecido repleto de piedras.


Las protestas ocurrieron durante la huelga en escuelas públicas y en los servicios de consulta externa en los hospitales convocadas por los manifestantes desde el pasado viernes. Las movilizaciones tratan de frenar la reforma del sistema educativo y sanitario aprobada la semana pasada en el Parlamento. Este lunes estaba previsto su ratificación por la Cámara, pero los enfrentamientos en el centro de la capital han obligado a su suspensión.


Para los manifestantes, la reforma supone una privatización de los sistemas educativo y de salud. Algo que el Gobierno hondureño niega. Asegura que las protestas son producto de la politización que está haciendo la oposición de los cambios en la ley. "Los que salen a protestar no han entendido o no quieren entender la ley", afirmó el presidente del Congreso hondureño, Mauricio Oliva, tras el caos desatado por las protestas. "No hay nada que diga que habrá despidos", agregó.


Los manifestantes, que gritaban lemas como "la dictadura va a caer", defendían el "derecho de los hondureños a la educación y a la salud pública", aseguró uno de los dirigentes, Daniel Esponda a la Agencia Efe. Por su parte, la presidenta del Colegio Médico Hondureño dijo que están exigiendo derogar todo el decreto, no uno o dos artículos, y que eso "no es negociable".


Además de las protestas en Tegucigalpa, miles de personas marcharon y bloquearon carreteras en otras ciudades del país como San Pedro Sula, La Ceiba, Comayagua, La Paz y Choluteca. En esta última localidad, la policía desalojó con bombas lacrimógenas a los manifestantes que bloquearon el paso fronterizo con Nicaragua en Guasaule.

Por El País
México 30 ABR 2019 - 01:57 COT

Publicado enInternacional
Página 1 de 46