Viernes, 07 Abril 2017 08:42

Los desafíos del feminismo

Los desafíos del feminismo

El sociólogo estadounidense Immanuel Wallerstein nos plantea una necesaria reflexión sobre la orientación práctica actual del movimiento feminista si su fin quiere ser una verdadera transformación social del sistema social que oprime. Es el gran reto que tiene en la actualidad.

 

Las personas feministas y los movimientos por los derechos de las mujeres obtienen su fuerza y sus argumentos ideológicos de una simple reflexión. En todo el mundo y durante un tiempo histórico muy largo, las mujeres han sido oprimidas de múltiples maneras. Existe ahora una formidable literatura con argumentos irrefutables que explica la opresión a las mujeres y debemos hacer al respecto. Aquí, simplemente, me gustaría explorar cuáles son algunas de las principales cuestiones tácticas que no hemos resuelto, ni el movimiento feminismo (y el feminismo como ideología) ni todos aquellos que luchan contra la crisis estructural del sistema mundo capitalista moderno.

Como todos estamos sumergidos en un torbellino de situaciones constantemente cambiantes (que habitualmente llamamos “caos”) tenemos dos horizontes temporales diferentes sobre los cuales debemos tomar decisiones para construir alianzas. Desde hace poco (unos tres años), es imperativo que defendamos los intentos que empeoran nuestra situación inmediata.

Por ejemplo, hay constantes ataques al derecho de la mujer a controlar su propio cuerpo o se pretende impedir el acceso de las mujeres a ocupaciones que antes le daban trabajo . Luchar contra estos ataques a conquistas adquiridas no terminará con el patriarcado ni terminará con las desigualdades. Sin embargo es muy importante hacer todo lo posible para minimizar los dolores que produce este rebrote sexista. En esta lucha cualquier alianza que constituyamos será un progreso que no podemos despreciar.

Sin embargo, estas alianzas de “corto plazo”, probablemente no permitirán ganar en la necesaria lucha para sustituir el sistema capitalista por uno relativamente más democrático y relativamente más igualitario. Y aquí debemos ser muy cuidadosos con las alianzas que estamos construyendo, basadas hoy en objetivos comunes. Para ello necesitamos analizar a fondo cuáles deben ser nuestros objetivos y qué podemos hacer ahora, para avanzar en una dirección que incline la balanza a favor de todos aquellos que desean reemplazar el capitalismo, incluyendo por supuesto, a todas las mujeres.

Las feministas y los grupos proderechos de la mujer se han fragmentado ante una serie de preguntas muy importantes: ¿Cuál debe ser la relación de los movimientos feministas con los movimientos fundados en la raza, la clase, la sexualidad y/o las "minorías"? ¿Cuál debería ser el papel de los hombres (si existe uno) para conquistar la igualdad de género completa? ¿Cómo podemos terminar con la histórica subordinación de las mujeres en todas las principales tradiciones religiosas de todo el mundo? Como respondamos a estas preguntas dependerá en gran medida de nuestros principios; si tenemos una teoría del conocimiento (epistemología) guiada por concepciones universales o sí nuestra ideología esta basada en el “particularismo”.

El mero hecho de apoyar los derechos de la diversidad y sus propios particularismos no da una respuesta integral. El producto final de la escuela histórica denominada “particularismo” sólo puede ser llevarnos a una desintegración total de la vida social. Tenemos que combinar de manera inteligente los valores del “particularismo” con un movimiento global que políticamente es de izquierda. Si no lo hacemos, caeremos presos del secuestro de nuestras fuerzas por aquellos que, según Lampedusa, "hablan de cambiar todo para que nada cambie". Tenemos algunos años para perfeccionar una práctica que resuelva este dilema.

Este es el gran reto para todos nosotros, también para el feminismo. La opresión de las mujeres es probablemente la realidad social más prolongada conocida. Por lo tanto, proporciona una base sólida para la sabiduría política, la reflexión inteligente y el compromiso moral.

(Traducción, Emilio Pizocaro)

Publicado enSociedad
Domingo, 02 Abril 2017 07:32

¿Patada de ahogado?

¿Patada de ahogado?

Donald Trump, cabeza de un gobierno polémico. Sus medidas, retrógradas, no dan para menos. Medidas ¿justas?, ¿injustas?, ¿nuevas? ¿prolongación de otras tomadas por sus predecesores? Cada uno podrá responder a estos interrogantes, pero lo fundamental por desentrañar, cuando colocamos nuestra mira en el futuro de la geopolítica global, es a qué se deben las medidas políticas impulsadas por los sectores del poder por él representados. Aquí un primer acercamiento sobre este particular

 

Desde hace varias décadas, estudiosos de los Estados Unidos, de su poder, devenir y futuro, han resaltado las diversas muestras de su decadencia, a la par que llaman la atención sobre los avances logrados por países como Rusia, India y China, en especial este último, ubicado en el tablero mundial como único país con capacidad –¿y pretensiones?– para disputarle su liderazgo global.

 

Algunos de estos estudiosos se atreven a proyectar para la cuarta década del siglo que vivimos la total caída del imperio que dominó el Sistema Mundo Capitalista durante todo el largo siglo XX. Otros de éstos indican que ahora mismo el unilateralismo vigente desde el momento en que cayó la Cortina de Hierro ha pasado a ser un dominio compartido con Rusia + China; papel facilitado, en el caso de la cabeza de la otrora Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (Urss), por su potencial militar que lo erige en un contendor de peso mayor en caso de una confrontación nuclear.

 

Decadencia y pérdida de la hegemonía mundial por parte de los Estados Unidos, con riesgo de caer totalmente en la sombra. Suceso que no tomará forma de manera impune. Como es conocido, todo aquel que va hacia el fondo, en caída libre, patalea, se resiste, se agarra de lo que encuentre en el camino, y en este particular no será distinto; lo que diferencia este caso de aquello que acontece con las personas como particulares es que el pataleo del imperio será con sangre, con mucha sangre, colocando incluso en riesgo la misma sobrevivencia de la especie humana. Si no es así, entonces ¿para qué el inmenso arsenal nuclear que guarda en sus entrañas, además de tenerlo regado por diversas bases militares ubicadas en países aliados?

 

En la lectura de esta realidad reside la explicación o trasfondo del ascenso de Donald Trump al gobierno del coloso, ahora sí con pies de barro. El nuevo inquilino de la Casa Blanca en verdad es el representante del ala más extremista de los millonarios gringos que colonizaron y por décadas han oprimido a millones de seres humanos a lo largo y ancho de nuestro mundo. Él es su vocero y, tal vez, “la cara más simpática” de unos guerreristas que amasaron inmensas fortunas expoliando a toda la humanidad, todos ellos, banqueros, comerciantes, industriales, especuladores, guerreros, acostumbrados a ganar. Pero también acostumbrados al reino de sus valores y modelo de vida (insostenible), el cual ahora es cuestionado y disputado. Pierden terreno, pero no quieren seguir viendo como su poder se deshace ante sus ojos.

 

El pedazo de pastel

 

Si bien el ascenso del imperio gringo fue inocultable desde finales del siglo XIX, cuando desplazó al imperio inglés, es durante el siglo XX que consolida su potencial como resultado de la que es conocida como Primera Guerra Mundial y con ella del fin del imperio Otomano; realidad que consolida de manera irrebatible como resultado lógico del segundo capítulo de esta misma guerra, de la cual surge como el patrón y árbitro mundial.

 

Luego de 1945, y por primera vez en la historia de la humanidad, un imperio es de verdad global, abarcando al conjunto del planeta, sometiendo por todos los continentes y por distintas vías diversidad de países e imponiendo sobre el conjunto global sus designios, el primero y más importante de ellos, su moneda.

 

Dueño del mercado y comercio mundial, entra a regir sin contraparte alguna –al menos digna de tal nombre– la economía global. Queda al margen de esta realidad el bloque conocido como la Urss, el cual le compite en el plano militar.

 

Poderío que empieza a dar muestras de flaqueza con la derrota sufrida ante Vietnam en la década de los años 70 del siglo XX, y la descolonización acelerada del resto de países asiáticos y africanos. Y que en el plano económico-financiero global es contestada con la eliminación del oro como patrón de las divisas, otorgándose la libertad de emisión para el dólar, única moneda con aceptación global para ese entonces.

 

Su hegemonía tiene sus costos, pues ser policía global demanda inmensas inversiones y, como es obvio, las guerras agotan, como también el ensanchamiento constante del control territorial. La máquina militar exige más y más gastos, también su inmensa burocracia global: además de sus inversiones en tierra, y de sus variadas investigaciones para perfeccionar su armamento y mecanismos de control social, nace y se prolonga el proyecto de colonizar el espacio, buscando (entre otros propósitos) un lugar seguro donde migrar en caso de un bombardeo nuclear. Los gastos que demanda esta investigación son cada vez más colosales.

 

Otros tiempos fueron mejores –los 30 años gloriosos–, pierden vitalidad y la máquina se oxida; a la par otros países alcanzan logros de todo orden, inocultables. El control total da paso a la disputa, bien en el comercio, en tecnología, en valores, modelo de vida, y otros aspectos. Naciones Unidas es claro reflejo de ello, también el manejo de los organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional y similares. Ya su voz no es la única, otros hacen sentir la suya.

 

Antes fue el tiempo de la ganancia total, ahora resaltan las pérdidas, los desequilibrios, las deudas, todo ello soportado porque su desbocada emisión de moneda así lo permite. Pérdidas que rompen la caja y dejan ver el cobre de lo que antes fue oro. Esta es la razón por la cual Trump llega al gobierno con un proyecto profundamente nacionalista, cimentado en la promesa de hacer de los Estados Unidos lo que antes fue, así lo reafirmó al momento de su posesión: “A partir de este día, una nueva visión gobernará nuestra tierra. A partir de este día, va a ser sólo “Estados Unidos lo primero” – Estados Unidos lo primero”.

 

La preocupación suya, y de todos aquellos millonarios a los que representa, no es casual. Veamos: durante el año 2015 Estados Unidos vendió al mundo bienes y servicios por valor de 1 billón 510 mil millones de dólares, y en el mismo año importó mercancías por 2 billones 762 mil millones. Es decir, en 2015 su déficit fue de -763 mil millones de dólares, del cual China acumuló el 48.1% a su favor (17,5% vía exportaciones y el restante en préstamos1.

 

El déficit es claro. El problema es que esta realidad no es de ahora, no es casual, sino que es una constante presente desde hace más de dos décadas (ver cuadro, balanza comercial), déficit resumido en la escandalosa deuda pública que en 2016 ascendió a 19.433 billones de dólares (el 105% de su PIB), gran parte de ella en poder de acreedores extranjeros2.

 

Crisis evidente, insostenible en el largo plazo, a pesar de que aún le queda un espacio donde domina, los servicios. “[...] en 2015 EU fue superavitario en 262 mil millones de dólares en el intercambio de servicios con todo el mundo. De este total, con China fue el 12.6 por ciento, Canadá 10.3, Japón 5.7. Su superávit con la Unión Europea fue de 20.6 por ciento, con América Latina y del Sur 19.1 y con el resto del mundo 27.9 por ciento” (ver gráfico G-5).

 

Para salir de este atolladero, en parte o total, los grupos de poder en los Estados Unidos ensayaron durante las últimas décadas la concreción de Tratados de Libre Comercio con países en particular o con grupos de éstos. Bien, los resultados logrados no fueron los esperados, y contrario a todo lo proyectado tales Tratados propiciaron el desmantelamiento de una importante parte de su industria, tanto la automotriz, como la informática y similares. El desempleo y la precariedad laboral, multiplicando pobres a lo largo de su territorio, es lo cosechado.

 

No es casual, por tanto, lo enfatizado por Trump a la hora de posicionarse como Presidente: “Los políticos prosperaron, pero los trabajos se fueron y las fábricas cerraron. [...]. Recuperaremos nuestros empleos. Recuperaremos nuestras fronteras. Retornaremos nuestra riqueza. Y traeremos de vuelta nuestros sueños. [...]. Construiremos nuevas carreteras, autopistas, puentes, aeropuertos, túneles y ferrocarriles en toda nuestra maravillosa nación”.

 

Como tampoco es casual que ahora procuren recuperar la parte del pastel que tenían en el comercio global, para lo cual el nuevo gobierno promete subir aranceles a todas sus multinacionales que producen por fuera del territorio gringo atraídos por los bajos salarios allende de sus fronteras, importando luego lo producido, a la par que diseña estímulos para que las relocalicen. Al mismo tiempo, aplicar un plan de choque para reactivar la infraestructura nacional, deteriorada a todo nivel. Estatismo, puro sin mencionarlo.

 

Inversión pública para crear empleo, pero también para irrigar la economía nacional de circulante, elevando la capacidad de compra de su ciudadanía, favoreciendo con todo ello a la industria local la cual verá decrecer sus inventarios e incrementar su potencial productivo. El sector financiero no queda en el olvido, así lo reflejan los permanentes y crecientes indicadores de la Bolsa de Nueva York, pero también el levantamiento de las restricciones impuestas al sector desde la crisis de 2008, pudiendo ahora especular de nuevo sin cortapisas, medida aprobada hace poco por el gobernante de turno.

 

Esta es una vía. Y por la otra la potenciación de su arsenal militar, para intimidar, pero también para inyectarle capital a la industria que lo produce. Es decir, los industriales ganan por cabeza y cola. Poder repotenciado con el cual intimidarán mucho más a todos aquellos países que ahora tratan de competirle y arañarle el dominio de sus áreas de influencia y control, potencial militar con el cual queda claro que el imperio pierde en ciertos sectores pero aún conserva en todo el mundo –¿hasta cuándo?– la última palabra. ¿Patada de ahogado?

 


 

1 Los datos económicos aquí relacionados fueron tomados de, http://www.jornada.unam.mx/2017/02/27/opinion/024o1eco
2 Valga aquí anotar que mientras Estados Unidos le exige a todos los países equilibro en su gasto –que sigan al pie de la letra lo que aquí conocemos como la Regla Fiscal– ellos no se atienen a nada de esto. ¿Por qué funciona esto así? Porque necesitan asegurarse que todos aquellos que le deben le paguen, y como el neoliberalismo cerró la máquina de hacer billetes por parte de los bancos centrales de cada país, pues requiere que estos recojan a como de lugar el dinero –de verdad– para cancelarles.

Publicado enColombia
Sábado, 25 Marzo 2017 11:23

¿Patada de ahogado?

¿Patada de ahogado?

Donald Trump, cabeza de un gobierno polémico. Sus medidas, retrógradas, no dan para menos. Medidas ¿justas?, ¿injustas?, ¿nuevas? ¿prolongación de otras tomadas por sus predecesores? Cada uno podrá responder a estos interrogantes, pero lo fundamental por desentrañar, cuando colocamos nuestra mira en el futuro de la geopolítica global, es a qué se deben las medidas políticas impulsadas por los sectores del poder por él representados. Aquí un primer acercamiento sobre este particular

 

Desde hace varias décadas, estudiosos de los Estados Unidos, de su poder, devenir y futuro, han resaltado las diversas muestras de su decadencia, a la par que llaman la atención sobre los avances logrados por países como Rusia, India y China, en especial este último, ubicado en el tablero mundial como único país con capacidad –¿y pretensiones?– para disputarle su liderazgo global.

 

Algunos de estos estudiosos se atreven a proyectar para la cuarta década del siglo que vivimos la total caída del imperio que dominó el Sistema Mundo Capitalista durante todo el largo siglo XX. Otros de éstos indican que ahora mismo el unilateralismo vigente desde el momento en que cayó la Cortina de Hierro ha pasado a ser un dominio compartido con Rusia + China; papel facilitado, en el caso de la cabeza de la otrora Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (Urss), por su potencial militar que lo erige en un contendor de peso mayor en caso de una confrontación nuclear.

 

Decadencia y pérdida de la hegemonía mundial por parte de los Estados Unidos, con riesgo de caer totalmente en la sombra. Suceso que no tomará forma de manera impune. Como es conocido, todo aquel que va hacia el fondo, en caída libre, patalea, se resiste, se agarra de lo que encuentre en el camino, y en este particular no será distinto; lo que diferencia este caso de aquello que acontece con las personas como particulares es que el pataleo del imperio será con sangre, con mucha sangre, colocando incluso en riesgo la misma sobrevivencia de la especie humana. Si no es así, entonces ¿para qué el inmenso arsenal nuclear que guarda en sus entrañas, además de tenerlo regado por diversas bases militares ubicadas en países aliados?

 

En la lectura de esta realidad reside la explicación o trasfondo del ascenso de Donald Trump al gobierno del coloso, ahora sí con pies de barro. El nuevo inquilino de la Casa Blanca en verdad es el representante del ala más extremista de los millonarios gringos que colonizaron y por décadas han oprimido a millones de seres humanos a lo largo y ancho de nuestro mundo. Él es su vocero y, tal vez, “la cara más simpática” de unos guerreristas que amasaron inmensas fortunas expoliando a toda la humanidad, todos ellos, banqueros, comerciantes, industriales, especuladores, guerreros, acostumbrados a ganar. Pero también acostumbrados al reino de sus valores y modelo de vida (insostenible), el cual ahora es cuestionado y disputado. Pierden terreno, pero no quieren seguir viendo como su poder se deshace ante sus ojos.

 

El pedazo de pastel

 

Si bien el ascenso del imperio gringo fue inocultable desde finales del siglo XIX, cuando desplazó al imperio inglés, es durante el siglo XX que consolida su potencial como resultado de la que es conocida como Primera Guerra Mundial y con ella del fin del imperio Otomano; realidad que consolida de manera irrebatible como resultado lógico del segundo capítulo de esta misma guerra, de la cual surge como el patrón y árbitro mundial.

 

Luego de 1945, y por primera vez en la historia de la humanidad, un imperio es de verdad global, abarcando al conjunto del planeta, sometiendo por todos los continentes y por distintas vías diversidad de países e imponiendo sobre el conjunto global sus designios, el primero y más importante de ellos, su moneda.

 

Dueño del mercado y comercio mundial, entra a regir sin contraparte alguna –al menos digna de tal nombre– la economía global. Queda al margen de esta realidad el bloque conocido como la Urss, el cual le compite en el plano militar.

 

Poderío que empieza a dar muestras de flaqueza con la derrota sufrida ante Vietnam en la década de los años 70 del siglo XX, y la descolonización acelerada del resto de países asiáticos y africanos. Y que en el plano económico-financiero global es contestada con la eliminación del oro como patrón de las divisas, otorgándose la libertad de emisión para el dólar, única moneda con aceptación global para ese entonces.

 

Su hegemonía tiene sus costos, pues ser policía global demanda inmensas inversiones y, como es obvio, las guerras agotan, como también el ensanchamiento constante del control territorial. La máquina militar exige más y más gastos, también su inmensa burocracia global: además de sus inversiones en tierra, y de sus variadas investigaciones para perfeccionar su armamento y mecanismos de control social, nace y se prolonga el proyecto de colonizar el espacio, buscando (entre otros propósitos) un lugar seguro donde migrar en caso de un bombardeo nuclear. Los gastos que demanda esta investigación son cada vez más colosales.

 

Otros tiempos fueron mejores –los 30 años gloriosos–, pierden vitalidad y la máquina se oxida; a la par otros países alcanzan logros de todo orden, inocultables. El control total da paso a la disputa, bien en el comercio, en tecnología, en valores, modelo de vida, y otros aspectos. Naciones Unidas es claro reflejo de ello, también el manejo de los organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional y similares. Ya su voz no es la única, otros hacen sentir la suya.

 

Antes fue el tiempo de la ganancia total, ahora resaltan las pérdidas, los desequilibrios, las deudas, todo ello soportado porque su desbocada emisión de moneda así lo permite. Pérdidas que rompen la caja y dejan ver el cobre de lo que antes fue oro. Esta es la razón por la cual Trump llega al gobierno con un proyecto profundamente nacionalista, cimentado en la promesa de hacer de los Estados Unidos lo que antes fue, así lo reafirmó al momento de su posesión: “A partir de este día, una nueva visión gobernará nuestra tierra. A partir de este día, va a ser sólo “Estados Unidos lo primero” – Estados Unidos lo primero”.

 

La preocupación suya, y de todos aquellos millonarios a los que representa, no es casual. Veamos: durante el año 2015 Estados Unidos vendió al mundo bienes y servicios por valor de 1 billón 510 mil millones de dólares, y en el mismo año importó mercancías por 2 billones 762 mil millones. Es decir, en 2015 su déficit fue de -763 mil millones de dólares, del cual China acumuló el 48.1% a su favor (17,5% vía exportaciones y el restante en préstamos1.

 

El déficit es claro. El problema es que esta realidad no es de ahora, no es casual, sino que es una constante presente desde hace más de dos décadas (ver cuadro, balanza comercial), déficit resumido en la escandalosa deuda pública que en 2016 ascendió a 19.433 billones de dólares (el 105% de su PIB), gran parte de ella en poder de acreedores extranjeros2.

 

Crisis evidente, insostenible en el largo plazo, a pesar de que aún le queda un espacio donde domina, los servicios. “[...] en 2015 EU fue superavitario en 262 mil millones de dólares en el intercambio de servicios con todo el mundo. De este total, con China fue el 12.6 por ciento, Canadá 10.3, Japón 5.7. Su superávit con la Unión Europea fue de 20.6 por ciento, con América Latina y del Sur 19.1 y con el resto del mundo 27.9 por ciento” (ver gráfico G-5).

 

Para salir de este atolladero, en parte o total, los grupos de poder en los Estados Unidos ensayaron durante las últimas décadas la concreción de Tratados de Libre Comercio con países en particular o con grupos de éstos. Bien, los resultados logrados no fueron los esperados, y contrario a todo lo proyectado tales Tratados propiciaron el desmantelamiento de una importante parte de su industria, tanto la automotriz, como la informática y similares. El desempleo y la precariedad laboral, multiplicando pobres a lo largo de su territorio, es lo cosechado.

 

No es casual, por tanto, lo enfatizado por Trump a la hora de posicionarse como Presidente: “Los políticos prosperaron, pero los trabajos se fueron y las fábricas cerraron. [...]. Recuperaremos nuestros empleos. Recuperaremos nuestras fronteras. Retornaremos nuestra riqueza. Y traeremos de vuelta nuestros sueños. [...]. Construiremos nuevas carreteras, autopistas, puentes, aeropuertos, túneles y ferrocarriles en toda nuestra maravillosa nación”.

 

Como tampoco es casual que ahora procuren recuperar la parte del pastel que tenían en el comercio global, para lo cual el nuevo gobierno promete subir aranceles a todas sus multinacionales que producen por fuera del territorio gringo atraídos por los bajos salarios allende de sus fronteras, importando luego lo producido, a la par que diseña estímulos para que las relocalicen. Al mismo tiempo, aplicar un plan de choque para reactivar la infraestructura nacional, deteriorada a todo nivel. Estatismo, puro sin mencionarlo.

 

Inversión pública para crear empleo, pero también para irrigar la economía nacional de circulante, elevando la capacidad de compra de su ciudadanía, favoreciendo con todo ello a la industria local la cual verá decrecer sus inventarios e incrementar su potencial productivo. El sector financiero no queda en el olvido, así lo reflejan los permanentes y crecientes indicadores de la Bolsa de Nueva York, pero también el levantamiento de las restricciones impuestas al sector desde la crisis de 2008, pudiendo ahora especular de nuevo sin cortapisas, medida aprobada hace poco por el gobernante de turno.

 

Esta es una vía. Y por la otra la potenciación de su arsenal militar, para intimidar, pero también para inyectarle capital a la industria que lo produce. Es decir, los industriales ganan por cabeza y cola. Poder repotenciado con el cual intimidarán mucho más a todos aquellos países que ahora tratan de competirle y arañarle el dominio de sus áreas de influencia y control, potencial militar con el cual queda claro que el imperio pierde en ciertos sectores pero aún conserva en todo el mundo –¿hasta cuándo?– la última palabra. ¿Patada de ahogado?

 


 

1 Los datos económicos aquí relacionados fueron tomados de, http://www.jornada.unam.mx/2017/02/27/opinion/024o1eco
2 Valga aquí anotar que mientras Estados Unidos le exige a todos los países equilibro en su gasto –que sigan al pie de la letra lo que aquí conocemos como la Regla Fiscal– ellos no se atienen a nada de esto. ¿Por qué funciona esto así? Porque necesitan asegurarse que todos aquellos que le deben le paguen, y como el neoliberalismo cerró la máquina de hacer billetes por parte de los bancos centrales de cada país, pues requiere que estos recojan a como de lugar el dinero –de verdad– para cancelarles.

Publicado enEdición Nº233
¿Por qué perdura el machismo en la juventud?

¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI el machismo y la violencia que genera sigan tan arraigados en la juventud?

En los últimos tiempos los discursos en torno a la violencia machista han comenzado a estar más presentes en la opinión pública, fundamentalmente de las sociedades occidentales, aunque el feminismo comienza a arraigar con fuerza en territorios como América Latina o África. Abordada ésta mejor o peor, desde la realidad o desde los múltiples mitos que la revisten, pero ciertamente ha comenzado a formar parte del discurso social.

Una de las grandes preguntas que se plantean algunas personas es: ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI el machismo y la violencia que genera sigan tan arraigados en la juventud?. Incluso algunas de ellas han llegado a considerar que ha habido un retroceso en las relaciones de pareja. Cuestión que no niego que se haya producido, pero creo que el problema es el de siempre, no es nuevo.

Imagino que muchas de las personas que se hacen esta pregunta parten de la idea de que hemos conquistado la igualdad o que nos acercamos a ello, algo que es erróneo, y sin negar los avances experimentados en las últimas décadas, cabe mencionar que estamos muy lejos de vivir en sociedades plenamente igualitarias. Por tanto, debemos seguir partiendo de un escenario donde las mujeres están en una posición subordinada. Y la violencia machista es la expresión máxima de la desigualdad, por lo que para hallar la respuesta a la pregunta anterior deberemos ir a la raíz misma del problema.
La violencia machista es la expresión máxima de la desigualdad

Las relaciones afectivas son asimétricas en tanto en cuanto se establecen a través de parámetros desiguales y responden a una construcción social de la masculinidad y la feminidad sustentadas en la desigualdad. Dicho de otro modo: en las relaciones afectivas hombres y mujeres no se encuentran en pie de igualdad, y esto es patente también en la juventud. El lema de ONU Mujeres para este nuevo siglo es “Empoderando a las mujeres, empoderando a la Humanidad”.

Sin embargo, algunas escépticas como yo, vemos complicado este proceso de empoderamiento porque toda la información/cultura que les llega a mujeres y hombres es asimétrica y desigual. Una amiga suele decir que la desigualdad comienza cuando al nacer a los niños los visten de azul y a las niñas de rosa. Y, aunque a priori suena algo simplón, no deja de ser cierto que es desde la más tierna infancia que a niños y niñas se les comienza a educar de manera diferente en función de los roles que la sociedad impone a mujeres y hombres. Es falso decir que existe una educación verdaderamente igualitaria, no la hay.

Si incluimos la realidad de los niños y las niñas trans, la situación es mucho más grave todavía. El machismo es estructural y no se puede comprender de otro modo. Las sociedades occidentales imponen cánones de belleza irreales a las mujeres desde pequeñas. En este punto resuena en mi mente aquella vieja reflexión de Kate Millet sobre las dietas, el sedante social de las mujeres.


El machismo es estructural y no se puede comprender de otro modo.


La literatura infantil, con Disney a la cabeza, insufla a las niñas dos grandes lecciones: la belleza y la necesidad de que un hombre te rescate. De algo. No se sabe muy bien de qué, pero que te rescate de algo. Quizás de ti misma. Conforme crecemos, la literatura no mejora en este punto. El libro más vendido en todo el mundo en 2015, y leído fundamentalmente por mujeres, fue “Cincuenta sombras de Grey”, una oda a la violencia contra las mujeres. Una oda a todo lo que no tiene que ser/haber en una relación afectiva. La televisión y la música no contribuyen tampoco en la transmisión de valores igualitarios. “Si te falto el respeto y luego culpo al alcohol. Si levanto tu falda, ¿Me darías el derecho a medir tu sensatez?”, esta frase es de una de las 10 canciones más escuchadas por la juventud en 2014.


El libro más vendido en todo el mundo en 2015, y leído fundamentalmente por mujeres, fue “Cincuenta sombras de Grey”, una oda a la violencia contra las mujeres. Una oda a todo lo que no tiene que ser/haber en una relación afectiva.


Por otra parte, y no menos importante, la escasez de referentes femeninos positivos, fruto de la ausencia de mujeres en el ámbito público, consecuencia a su vez de que en España hay una Ley de Igualdad que establece la creación de espacios con presencia equilibrada de hombres y mujeres que no se cumple, dificulta profundamente el proceso de empoderamiento de las niñas. Las niñas adolecen de mujeres referentes sencillamente porque no las conocen.

Indirectamente les transmitimos dos mensajes: que no hay (tantas) mujeres como hombres en el espacio público, por lo que deben leer entre líneas que ese espacio no les corresponde, y que su trabajo y pensamiento no tienen valor o, al menos, no el mismo que el de los hombres. Por otro lado, la presión social que se ejerce sobre la sexualidad es absolutamente hiriente, sobre todo para las mujeres adolescentes. Experimentamos con estupor el incremento de mujeres jóvenes que han sufrido episodios traumáticos consecuencia del discurso patriarcal y misógino que impera en torno a la sexualidad.

Es necesario que con urgencia entre en las aulas la educación afectivo-sexual, una educación basada en parámetros de igualdad y no de dominación. No puedo evitar tampoco en este punto hacer una reflexión en torno a lo que algunas personas vienen en denominar “la compra de sexo”. Y no puedo evitarlo porque me surgen dos preguntas: ¿cómo le explico a mi prima adolescente que tiene que quererse, empoderarse y valorarse si ve que las mujeres se compran con 20€ en el bolsillo? o ¿cómo se le explica a un joven adolescente que tiene que respetar a las mujeres si con 20€ puede hacer con algunas de ellas lo que le dé la gana? Efectivamente que las mujeres se compren y se vendan en el libre mercado también dificulta notablemente el empoderamiento de las niñas.


¿Cómo le explico a mi prima adolescente que tiene que quererse, empoderarse y valorarse si ve que las mujeres se compran con 20€ en el bolsillo? o ¿cómo se le explica a un joven adolescente que tiene que respetar a las mujeres si con 20€ puede hacer con algunas de ellas lo que le dé la gana?


En este caldo de cultivo de escasa valoración, de construcción de relaciones afectivas asimétricas basadas en parámetros de desigualdad, de ausencia de referentes femeninos, de la imposición de responder a cánones de belleza irreales, de hombres jóvenes que interiorizan la superioridad masculina... en este caldo de cultivo se da el primer desprecio, el primer empujón, el primer insulto y el primer bofetón. Finalmente para que todo lo anterior triunfe, el componente estrella: la impunidad. Impunidad que, revestida de olvido, es el cóctel perfecto.

Todavía no ha acabado enero de 2017 y han sido asesinadas en España 5 mujeres. 5 mujeres asesinadas, 5 asesinos en menos de un mes, y ningún clamor social. Condescendencia en el mejor de los casos. ¿Por qué es difícil erradicar la violencia contra las mujeres? Porque se ha naturalizado y normalizado, porque socialmente se entiende que es algo que ha existido siempre y que siempre existirá. Porque la desigualdad no incomoda al poder, lo perpetúa. Todo ello es falso. Una mentira que posibilita a los agresores que todos los días, a todas las horas y en todos los rincones del mundo haya mujeres y niñas violadas, agredidas o violentadas.


¿Por qué es difícil erradicar la violencia contra las mujeres? Porque se ha naturalizado y normalizado...

No es fácil erradicar la violencia machista pero tampoco imposible. Hablamos de subvertir un sistema patriarcal, de derribar el machismo que lo sustenta y de potenciar la igualdad. De dejar de normalizar que las mujeres se encuentren en una posición de eterna subordinación y dejar de creer que la violencia machista es inherente a nuestras sociedades. Es falso. La violencia machista se sustenta en la desigualdad, y la desigualdad es una construcción social. Hablamos de subvertirla, de construir y apuntalar un orden social más justo e igualitario.

Todo ello es posible.

 

Natalia Salvo Casaus
TribunaFeminista

Publicado enSociedad
Los maestros y el cambio en la conciencia popular

Lo que para un país es política nacional, en el resto del mundo forma parte de la realidad internacional, o sea de relación de fuerzas mundial entre los explotados y oprimidos y sus explotadores y opresores. Las escandalosas agonías del kirchnerismo argentino y del Partido de los Trabajadores brasileño reforzaron en efecto la dominación capitalista en todos los países; por el contrario, las huelgas francesas y en particular la heroica y larga lucha de los maestros agrupados en la CNTE, dan ánimo a los trabajadores y los ayudan a avanzar políticamente y a elevar su nivel de conciencia.

Por eso prefiero analizar las posibles consecuencias de lo que a mi juicio hay que destacar, aunque en estos días se concentraron acontecimientos muy importantes. Quedan, pues, para otra ocasión los posibles efectos del retroceso impuesto por la presión nacional al gobierno francés en su primitiva decisión de prohibir, por primera vez desde la guerra de Argelia, la realización de una manifestación sindical. O del voto de los trabajadores británicos –contra la intelectualidad, las clases medias y el establishment– por la salida de la Unión Europea. O la derrota del gobierno italiano y la altísima abstención electoral y el fin de los combates en Colombia logrado con mediación cubana o, por último, las elecciones en España en las que seguramente la derecha sufrirá un duro golpe.

Los maestros –en particular los rurales– forman la parte peor pagada y menos considerada de la intelectualidad mexicana. Son un puente entre las instituciones de un semi Estado corrompido y reaccionario y el sector más pobre de la población (indígenas, comunidades, pueblitos dispersos, colonias populares). Desde la orilla institucional, el Estado les paga una miseria para que enseñen las cuatro operaciones matemáticas esenciales, a leer y a escribir algo sencillo y para que difundan –tal como los medios de información– la ideología de las clases dominantes para mantener sometidos durante toda la vida a sus alumnos, porque el gobierno teme a los ciudadanos y quiere fabricar súbditos sumisos. Pero, desde sus lazos con la realidad social aprenden a pensar críticamente y se sindicalizan rechazando a los charros, que son agentes del gobierno y del capital. Por eso, en todos los continentes los maestros surgieron siempre líderes sindicales y populares.

Destruir su fuerza sindical, matar o encarcelar a sus dirigentes independientes, ha sido y ahora, en particular, es el objetivo del gobierno, que no puede aceptar la resistencia obrera y popular (como la de los electricistas del SME o de los maestros de la CNTE) y, como no tiene una fuerte oposición en el terreno político, busca eliminar también la social y sindical.

Además, en su periodo de ascenso, el capitalismo necesitaba mano de obra sana y con un mínimo de educación para manejar las máquinas cada vez más complejas. Ahora, en cambio, los gobiernos hablan sobre el "capitalismo de conocimiento", pero pensando en los técnicos e informáticos, pues consideran "excedentes" y carísimos a los trabajadores poco o mal instruidos que antes producían en masa. De ahí las reformas a las leyes de educación en todas partes (Argentina, Brasil, México), los bajos salarios de los maestros y el intento de reprimir a las organizaciones magisteriales.

Mientras esas organizaciones aparecen enfrascadas en luchas sólo sindicales, por legítimas que sean, no faltan los ignorantes, los imbéciles y los envidiosos que critican los supuestos privilegios de los profesores. Pero Ayotzinapa y ahora Nochixtlán y las movilizaciones populares subsiguientes han abierto muchos ojos y destapado muchos oídos. Amplísimos sectores sociales (eclesiásticos, pequeños comerciantes, pequeños empresarios, profesionistas como los médicos y los profesores universitarios, estudiantes que se preparan para dirigir México en el futuro) defienden y apoyan a los heroicos maestros oaxaqueños y chiapanecos de la CNTE. El gobierno debe estar asustado porque entre los asesinados en Nochixtlán, Oaxaca, hay indígenas, pequeños comerciantes y hasta un catequista que curaba los heridos, pero ni un solo profesor de la CNTE.

También gracias al aumento del nivel de conciencia popular frente a estas matanzas, el odio y el repudio a un gobierno asesino subieron un grado más. Ya se ha comprendido que no estamos sólo ante una represión antisindical, sino que el objetivo principal del régimen es acabar con los márgenes democráticos, destruir las bases mismas de la educación nacional de masas, imponer una dictadura militar disfrazada.

El salto en la subjetividad y la comprensión de los oprimidos fue muy grande, sobre todo en el sur: Chiapas, Oaxaca, Guerrero. Ante el repudio nacional organizado y creciente, el gobierno, que había declarado que no aceptaba dialogar terminó aceptando discutir. Ahora bien, con la CNTE no se puede discutir "en general" porque lo que están en juego es la derogación de la llamada reforma, la liberación de los dirigentes secuestrados y tomados como rehenes con acusaciones que nadie cree y el castigo a los asesinos.

Es posible, por tanto, que el gobierno intente bajar algunas marchas en la velocidad de su ataque y haga algunas concesiones menores para tratar de impedir nuevas manifestaciones populares (porque éstas lo obligan a negociar). Intentará superar esta tormenta, pero de aquí a 2018 no tiene ni mucho tiempo ni muchos medios para agravar la represión. A la mexicana, puede agregarle en cambio a ésta intentos de cooptación de dirigentes sindicales y políticos opositores siguiendo la fórmula de Obregón, según la cual ningún general resistía un cañonazo de 50 mil pesos. La garantía contra esa posible maniobra es el aumento de la movilización popular junto a los maestros y el firme reclamo de democracia y de legalidad. Ese será, de paso, el "voto" mexicano contra Trump.

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“La revolución tecnocientífica crea el tecnocapitalismo, diferente al capitalismo industrial”

Los señores del aire, los dueños de la informática, son los nuevos señores feudales en una época tecnocientífica. De las diez mayores empresas del mundo, siete están relacionadas con tecnologías de la información y la comunicación.

 


Javier Echeverría se considera a sí mismo un pionero en el estudio de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Su libro Los señores del aire: Telépolis y el tercer entorno, publicado en 1999, era una suerte de apuesta para el nuevo siglo que comenzaba. Su precisión lo convirtió rápidamente en una obra de lectura obligatoria para los académicos españoles y latinoamericanos. Invitado por la Universidad de Lanús y por el Centro Cultural de España en Buenos Aires, el filósofo, matemático, ensayista y profesor del Instituto de Filosofía del Consejo Superior de Investigaciones Científicas dialogó con Página/12 sobre las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad.

 

Su obra tiene un fuerte impacto en el mundo académico de nuestra región.

 


–¿Usted nació en México?

 

–Mi padre emigró a México a los 19 años huyendo de la guerra de Marruecos. Cuando mi padre se fue a México quedó como desertor hasta que en 1936 la República le amnistió. Volvió a España, se casó con una mujer del pueblo y se la llevó a México. Hoy parece algo asombroso, pero en esos tiempos eran historias muy típicas las de los indianos, que eran aquellos que hacían las Indias por estrictas cuestiones económicas. Mis hermanos nacieron en México, pero mi madre decidió que yo naciera en España porque había perdido dos niños por falta de atención médica.

 

–Los señores del aire: Telépolis y el tercer entorno fue publicado en los umbrales del siglo XXI. ¿Cómo evalúa los cambios producidos por las nuevas tecnologías de la información a casi dos décadas de ese trabajo?

 

– En aquellos momentos los señores del aire eran Microsoft, Nokia y Ericsson. Nokia y Ericsson han desaparecido. Todas las grandes compañías del hardware, el software, las telefonías móviles, los videojuegos y las tarjetas de crédito irían creciendo, y ese sistema de las nuevas tecnologías de la información se extendería por todos los países, como ha sucedido. Quienes controlaran esas tecnologías tendrían un poder creciente. Los señores del aire era una metáfora de los señores de la tierra en el medioevo. Los que tenían el control de la tierra tenía el poder. En el siglo XXI, los que controlaran el aire, internet y las redes telemáticas son los que tendrían el poder. Basta mirar las diez empresas con mayor capitalización en bolsa para saber que siete son del sector de tecnologías de la información y la comunicación. Hace 16 años eran las empresas petroleras, industriales, de automóviles. Amazon, Google, Facebook y Twitter no existían. Los señores del aire han tenido sus batallas, sus conflictos y evoluciones, pero lo fundamental era lo que yo proponía, la metáfora feudal, y lo sigo afirmando radicalmente. Internet o el tercer entorno está en una etapa neofeudal. Hay una especie de dependencia o servidumbre. Cualquier usuario de un software o una red social llega a un momento clave que es el del “acepto”. Uno acepta o no. Si no lo haces no accedes a las redes sociales, y quedas excluido de ese ámbito social, ámbito ciudadano, te quedas sin nada. Y si aceptas, has firmado un contrato donde aceptas todas las condiciones que te impone el señor del aire y que nadie lee. Eso es lo típico de un poder feudal. El origen de sometimiento en la relación es total. Uno pertenece entonces al señor feudal, depende de él, se tiene que atener a sus normas, tiene que actualizar continuamente sus productos. Somos súbditos de estas grandes empresas.

 

–En su momento, usted usó la expresión “neofeudalismo cibernético”. ¿Estamos más cerca de ser una “democracia electrónica” ahora?

 

–Esa era la idea de Telépolis, hacer una ciudad democrática en este mundo digital. En 1994, cuando lo publico, esto era utópico, porque estas tecnologías estaban surgiendo. El tercer entorno no es sólo internet. Aparte están las redes digitales, telemáticas, militares y financieras, presentes desde los años 80. Las redes financieras son las que generaron la crisis del 2009. Ahora mismo los Panamá papers es un ejemplo clarísimo de por dónde circulan los grandes dineros. Circulan por redes financieras, que son telemáticas. De la misma forma se mueven las guerras. Antes de organizar una guerra, los países tecnológicamente desarrollados montan la red telemática correspondiente. En la guerra de Irak esto fue clarísimo. Estados Unidos tardó un mes en llegar hasta Saddam Hussein, porque estaba montando toda la red para saber dónde bombardear. El tercer entorno es una estructura diferente de la tierra y de las ciudades, porque no es territorial. Quien domine las redes, sean militares, financieras, científicas, mantenidas por las comunidades científicas y las grandes industrias, o civiles, como internet, tiene el poder. Esto configura un nuevo espacio, el tercer entorno o mundo digital. Ha habido grandes novedades, como Facebook y las redes sociales, y Apple ha superado a Microsoft. En cualquier caso, no ha habido más que cambios en las relaciones de poder entre los señores del aire. Ahora los llamo los señores de las nubes. La metáfora es casi la misma. Puede haber nubes huracanadas, de cenizas, nucleares. Las nubes pueden generar nubarrones y puede ocurrir un huracán, verdaderamente devastador, como le ha sucedido a las redes militares y financieras. Si en algún momento Google quebrara, porque otro señor del aire le bombardeara, cuando comiencen las tecnoguerras, muchas redes caerían.

 

–¿La masificación creciente en el acceso a internet puede desembocar en una mayor democratización?

 

–Para nada. En el 99 decía taxativamente que ese espacio no era democrático, y ahora lo es menos que antes. Que haya mucha gente en un sitio no significa que sea una democracia. Una condición sine qua non requiere, en el sentido griego de democracia, que haya un espacio público, el ágora, de acceso universal y libre a todos los ciudadanos. Esto no sucede, pues para acceder a internet tengo que usar un navegador, un portal, una conexión wi-fi. Si internet fuera el ágora, habría un montón de filtros, de señores que me cobran o me controlan por acceder. No hay acceso libre en absoluto. El segundo argumento, más convincente todavía, es que no hay democracia sin división de poderes. Si hay sólo un poder ejecutivo, esto es tiranía. ¿Hay un Parlamento en Facebook, en Twitter? Lo que hay es un consejo de administración cuyos miembros ignoramos todos y que no se elige democráticamente. Si se quiere democratizar, ya no el tercer entorno pero uno de los dominios feudales, pido que elijamos al presidente de Google los usuarios. Mark Zuckerberg, que es tan democrático y anarco, que se someta a la elección de sus usuarios. El concepto de democracia se ha devaluado, se lo confunde con mucha gente. Lo que sí sucede, sobre todo en las ciudades, es que la masificación produce un incremento de valor. Cuando hay un trending topic o un bloguero con mucha audiencia, entonces la publicidad le llega, aumenta el valor de su dominio, el valor bursátil de la red correspondiente y el poder económico.

 

–¿Qué piensa de las llamadas “revoluciones 2.0”, este matrimonio entre redes sociales y las calles, como lo sucedido en Egipto, Brasil y España?

 

–En los países árabes todo ha acabado como el rosario de la aurora. Incluso Túnez, que es la única democracia que ha sobrevivido, está completamente controlado y limitado.

 

–Durante las revueltas del 2011 en Londres, David Cameron apuntó a Twitter.

 

–Si lo pide Cameron, Twitter negocia. Lo que no se sabe es qué pudo haber obtenido Twitter de Cameron. En esta misma fase, se produjo la revuelta de Wall Street. De eso ha quedado Trump.

 

–También Bernie Sanders.

 

–Bueno, pero personajes como Trump son típicos del tercer entorno, de esta nueva modalidad de lucha por el poder, donde triunfa la demagogia y la política del espectáculo. Incluso Putin, que va de serio y riguroso. O del dictador de Corea del norte, que organiza espectáculos, hace ensayos nucleares, tira misiles, sólo para tener publicidad en la prensa. Hitler fue un gran líder de masas. El equivalente al ciudadano clásico es el usuario de las nuevas tecnologías. Democratizar una red es dar el voto libre y secreto a los usuarios. Puede ser democracia directa o parlamentaria, que el Parlamento dicte unas leyes, que el presidente del consejo de administración se atenga a las reglas que han impuesto otros y que gestione la red sin poner las normas él o sus hombres de confianza. A mí me resulta alarmante que se piense que porque hay mucha gente en una red social es democracia.

 

–Quizás el problema es que se analiza un escenario relativamente nuevo con viejas categorías, como si se tratara del tema de los medios de comunicación tradicionales.

 

–La tesis de Castells es que los políticos están controlados por los medios de comunicación y éstos están dominados directamente por el sistema financiero. Esa es la estructura del mundo en la actualidad. Pensar hoy en día que los gobernantes mandan es tiempo pasado. Precisamente por eso hay una crisis profunda de las democracias. Estas elecciones entre Hillary Clinton y Trump son un ejemplo de cuánto se ha deteriorado la democracia en un país donde ha habido presidentes como Jefferson o Lincoln. La política se ha convertido en tecnopolítica. Los partidos políticos se han convertido en empresas que compiten en un mercado de los votantes y que capitaliza en las urnas. Un movimiento social importante como el 15M ha acabado en un partido político normal y corriente como cualquier otro que manifiesta su fuerza capitalizando votos. Dudo que eso aumente la calidad de la democracia. Si ha cambiado el concepto de democracia, entonces que se explicite. Si no hacen falta constituciones ni repúblicas, y hay redes privadas como Facebook, que se diga. Google no es una institución pública. Es propiedad privada de unos señores que son muy liberales, tolerantes y sofisticados. No estoy criticando a las personas, sino a la estructura, que es muy alarmante.

 

–La expansión de internet se asocia con globalización. ¿Cómo impactan estas nuevas tecnologías en las identidades?

 

–Surgen nuevas formas de identidad. El sujeto pasa a tener una identidad plural. Frente a la noción clásica de sujeto político, por ejemplo, uno puede tener una nacionalidad o a lo sumo dos. En el segundo entorno uno tiene una patria y punto. En el tercer entorno, en cambio, uno puede tener múltiples identidades, porque se es súbdito de varios señores del aire. El ser súbdito de Facebook no me impide serlo de Google. Al revés. Como esas son tecnoidentidades, o identidades tecnológicas, tengo que adquirir competencias y mi mente tiene que estar troquelada para manejar esas tecnologías. Estoy hablando de identidades mentales. El tercer entorno es básicamente una identidad mental y se puede venir abajo en cualquier momento. Y cuando uno se queda sin conexión insulta y pierde los nervios. Un padre quiere que un señor del aire controle las fotos que su hijo sube a Flickr o Instagram o las locuras que hace en las redes sociales. Es decir, está controlado por una empresa. El anonimato es perfectamente posible desde un punto de vista tecnológico, pero esto no les interesa a los señores del aire. Les interesa conocer al detalle los gustos e intereses de sus usuarios, porque al saber sus usos están haciendo un estudio de mercado gratis, del actual y del futuro, en el caso de los jóvenes. Han descubierto la fórmula de la coca cola. Hacer un estudio de mercado es muy costoso e impreciso, bien lo saben los expertos en econometría. Los jóvenes lo ven desde otra perspectiva. Ya veremos quién tiene la razón.

 

–¿Qué cambios produce este nuevo paradigma en la educación y en el trabajo, dos pilares de los Estados modernos?

 

–En los 90 yo hablaba elogiosamente del teletrabajo, lo consideraba una gran oportunidad para muchos oficios, para gente con mucha movilidad. Ahora el empleo, el trabajo asalariado está menguando en todo el mundo. El valor económico lo generan los propios usuarios en la medida que sean millones de usuarios o telespectadores los que contemplan un partido de fútbol o un atentado como el del 11 de septiembre. Eso genera un valor incalculable, y lo previeron los terroristas, que sabían que dos aviones impactando en las torres impactarían a su vez en las mentes. Yo no olvidaré esas imágenes. Ese es el poder de los señores del aire. El señor feudal antes te marcaba con un hierro caliente. Es mucho más grave que te marquen la mente. El consumo de la información y el uso de las tecnologías son algo productivo si es masivo, si produce riqueza y genera valor económico. Por lo tanto, la producción de riqueza en la economía del conocimiento y de la información está evolucionando de manera distinta a lo que era la generación de valor en las economías industriales, donde lo trabajadores eran los que generaban valor. Ahora lo hacen los usuarios, los consumidores. La consecuencia es que uno se tiene que buscar la vida en la red como sea, de autónomo y de modo precario. Los empleos asalariados en la red son los diseñadores de software, los que controlan la seguridad en las redes, los administradores, pero la gente de base tendrá un dinerito puntual por haber hecho tal trabajo, como creativo o modificando una fotografía. Esto me preocupa mucho porque vamos a sociedades sin empleos. Yendo a la educación, quienes marcaban las mentes en el medioevo europeo eran los sacerdotes, la familia y los vecinos, hasta que la revolución francesa, tremenda, con miles de muertos, instituyó la escolarización obligatoria y un Estado laico. Eliminó el poder religioso del ámbito educativo, arrancó a los hijos de las familias y los vecinos determinadas horas del día y los llevó a la educación pública. Hoy en día los procesos de aprendizaje se hacen a través de la red, la televisión y los videojuegos. Los padres y los maestros ni se enteran. En lo que a los niños les interesa de verdad, saben bastante más ellos que los profesores. Por eso no los respetan. La inversión del conocimiento en el ámbito educativo tiene consecuencias tremendas. En la escuela se mantiene una educación que a los chicos y a las chicas les interesa muy poquito. Encima en España se les prohíben los móviles en las aulas. Es como prohibir el fútbol o el hablar. Instituir la prohibición de cosas que los chicos y las chicas quieren hacer en el tercer entorno no es la vía. Se aprende más en el tercer entorno que en el primero o en el segundo. La inmensa mayoría de los niños empieza a saber lo que son los animales y las plantas a través de la televisión o de internet. Son nativos digitales, su mundo es ese.

 

–¿Cree que la tecnociencia puede superar su funcionalismo al sistema capitalista?

 

–La tecnociencia es una revolución. Pero las revoluciones pueden ir hacia la izquierda o hacia la derecha. La revolución tecnocientífica crea una nueva modalidad de capitalismo, el tecnocapitalismo, muy diferente al capitalismo industrial. Las crisis del capitalismo actual son grandes crisis tecnológicas, casi apocalípticas. Como lo que ocurrió en Japón con la central nuclear de Fukushima y el tsunami. La crisis del corralito fue estrictamente de fuga de capitales por las redes telemáticas. Una tecnosociedad es aquella en donde las personas, para relacionarse, deben hacerlo mediante algún sistema tecnológico. Hay personas que son más tecnopersonas que otras. La revolución tecnocientífica comenzó en física, en matemáticas, en biología con el ADN y la secuenciación del genoma, y ha llegado a las ciencias sociales, a las personas y ha transformado al capitalismo. Las nanotecnologías son decisivas, más que las tecnologías de la información. Con los nanoscopios, los científicos han podido ver la materia orgánica e inorgánica a escala diez elevado a la menos nueve. Este estrato de la naturaleza nunca se había visto. Estamos acostumbrados a ver el medio ambiente con nuestra percepción que es de diez elevado a la menos tres milímetros. A una micra no llegamos. A la escala diez elevado a la menos nueve pasan cosas importantísimas, como la interrelación entre las neuronas o el origen de los virus, que se descubrieron a partir del año 2000. Es la tecnonaturaleza. Todos los países están volcados a las nanotecnologías. A uno lo ametrallarán con nanopartículas y ni se enterará.

 

–Todo esto ligado al imperativo de la innovación.

 

–En su origen, la ciencia estaba para comprender y explicar el mundo. El mayor ejemplo es Galileo. Comprobamos que la tierra no se mueve y todos lo tenemos clarísimo. Cuando llega la tecnociencia, importan más la transformación y la innovación que la cuestión de la explicación. Hoy vale más el conocimiento científico que genera tecnologías, y si produce innovación uno pasa a tener la financiación. La tecnociencia genera innovación, como el grafeno o Twitter. Steve Jobs es el innovador por antonomasia. Todos los señores del aire son grandes innovadores. Cuando se está hablando de innovación no se está hablando de algo bueno. Schumpeter fue el primer gran teórico de la innovación, y dijo que la innovación es destrucción creativa. Si innovas, destruyes. En el siglo XIX la innovación era rechazada totalmente. Ser innovador social era ser un revolucionario. Proudhon, Owen y Marx eran innovadores sociales. Esto ha cambiado completamente en los años 80 cuando surge la tecnociencia en Estados Unidos, en Silicon Valley, con la innovación como el objetivo principal. Si eres innovador, pasas a ser más competitivo como empresa y a obtener mayores beneficios. Schumpeter lo dijo: la innovación es la esencia del capitalismo.

 

–¿Qué políticas se deberían seguir para democratizar la producción científica, para mejorar los vínculos con los ciudadanos?

 

–Un país es tecnocientífico cuando más del 50 por ciento de la inversión en investigación viene del sector privado. Por lo tanto el pensar que son los Estados los líderes en la tecnociencia, ni hablar. La tecnociencia la promueven básicamente Monsanto, por ejemplo. Cualquier gran empresa farmacológica es tecnocientífica y altamente innovadora. Los Estados son sus clientes. Cuando viene el zika se forran de dinero. Todos estarán investigando salvajemente para ver quién consigue la vacuna. Independientemente de eso, es cierto que el sector público todavía produce conocimiento y algunas innovaciones, aunque pocas. La idea clave es que los científicos, los investigadores en concreto, nos hemos convertido en trabajadores del conocimiento. En la economía del conocimiento habrá empresarios y trabajadores. Un investigador es un trabajador del conocimiento. El científico no se ha convertido en una mercancía pero su paper o artículo académico sí. En mi gremio los papers no se leen, sino que se miran el índice de impacto y el número de citas que has tenido. Nadie lee filosofía. Uno se puede pasar dos o tres años leyendo a Hegel. En una sociedad de consumo rápido y fácil, de titulares, pildoritas y tags, uno no se va a poner a leer a Kant. La filosofía mengua entonces su relevancia, justamente porque no se ha hecho tecnofilosofía. En cambio, a los tecnocientíficos les va maravillosamente bien. Lo que valen son las mediciones y las encuestas.

 

–¿Cuál es la relación entre ciencia y política, o ciencia e ideología?

 

–Sectores amplísimos de la sociedad miran con desconfianza, y hasta con rechazo, a múltiples líneas de investigación y a múltiples innovaciones. Los que hacen política científica intentan promover vías de comunicación entre la ciencia y la sociedad, con las revistas de divulgación científica para elevar el nivel de conocimiento científico en la sociedad, intentando además que los ciudadanos participen en la toma de decisiones en la actividad científica. Ojalá sucediera en el campo de la tecnociencia, y los ciudadanos participaran en el diseño de Google. Pero no sucede. Google se diseña en los laboratorios de una empresa privada y ahí no hay quien entre. Es confidencial. Apoyo la decisión de la Unión Europea de dar acceso abierto a todo el conocimiento científico que se genere allí. No es cierto que sea todo el conocimiento pero es un avance muy importante. Si uno tiene una financiación de la Comisión Europea, está obligado a hacer público su conocimiento. Hay muchos investigadores a los que mucho no les gusta esto, porque piensan que todo el mundo les va a copiar. El conocimiento de financiamiento privado es inaccesible por completo. Ahí está el cogollo de la cuestión. Las políticas públicas deberían regular el proceso de producción de conocimiento en las propias empresas privadas, sean de software, farmacológicas o telemáticas.

 

–¿Hacia dónde avanza el tercer entorno?

 

–La utopía de Telépolis la concebía simplemente como un ayuntamiento de redes, no como un Estado. Hace 20 años ya había muchas redes, con su propia administración, su propia autonomía. Son tecnologías que generan poder. Y donde hay poder hay conflicto. El poder tecnocientífico es una nueva modalidad de poder, y no podemos pensar en arcadias ideales. Pero sí podemos palear los conflictos. Sobre todo, evitar que haya súbditos y un sistema de dominación de unos sobre otros. Es una lucha contra la esclavitud. Por eso citaba a Jefferson y a Lincoln. Con que no seamos esclavos de los señores del aire me daría por contento.

 

 

Viernes, 19 Febrero 2016 06:16

Guantánamo en Israel

Guantánamo en Israel

Hay actualmente en Palestina unos 650 presos y presas en “detención administrativa”, sin acusación ni juicio. Cada seis meses tribunales militares van renovando su detención, que puede extenderse indefinidamente. Uno de ellos es Mohammed al-Qiq, que está en huelga de hambre desde noviembre, y está al borde de la muerte.


Mohammed al-Qiq está muriendo en el hospital Haemek de Afula [Galilea]. Qiq, cuya detención administrativa fue suspendida la semana pasada cuando su condición se agravó, está consciente pero no puede comunicarse. Ha perdido el oído y el habla. El sábado su huelga de hambre cumplió 81 días. En la aldea cisjordana de Dura su familia espera noticias, incluyendo su esposa Fayha y sus dos pequeños hijos, Islam y Lur. No han visto a Mohammed desde el 20 de noviembre del año pasado.


Mientras tanto los oficiales anónimos del Shin Bet (servicio de seguridad) que recomendaron arrestar a Qiq sin juicio ni evidencia continúan viviendo y trabajando normalmente en sus hogares y oficinas. Ni ellos ni los políticos se van a ablandar cuando vean las fotos del hospital que recuerdan a un muselmann (un preso de campo de concentración que está muriendo lentamente). En lo que a ellos respecta, que se muera.


La vida en casa y en el trabajo también continúa como siempre para Elyakim Rubinstein (vicepresidente de la Suprema Corte), Zvi Zylbertal y Dafne Barak-Erez, los jueces del máximo órgano judicial que aprobaron su detención sin juicio ni cargos ni derecho a defensa.


El 4 de febrero el órgano dictó la suspensión de la orden de detención, pero sólo debido a su deteriorada salud. Ya no es necesario esposarlo a la cama, dijeron, fallando contra el Estado. Su familia puede visitarlo, decretaron magnánimamente. No obstante, permanecerá en la unidad de cuidados intensivos del hospital de Afula. No será liberado ni imputado, sino que continuará en una detención suspendida. Una nueva invención legal.


Esto es lo que escribieron en su retorcido fallo: “Después de deliberar llegamos a la conclusión de que debido a la condición médica del demandante, como se muestra en el informe detallado y actualizado, y como seres humanos, le deseamos una rápida recuperación, él se ha provocado esto, incluyendo el grave deterioro neurológico y comunicativo; un riesgo que obliga en este momento a imponer una orden de detención designada para prevenir más que castigar. Por lo tanto, hemos decidido suspender la orden de detención administrativa (...) de modo que cuando su condición se estabilice y pida abandonar el hospital, deberá solicitarlo a las autoridades, y se mantiene su derecho de petición. Esto es una suspensión, con la interpretación implícita, y no una expresión de nuestra opinión”.


El viernes dos activistas sociales israelíes, Anat Lev y Anat Rimon-Or, fueron a la residencia prersidencial en Jerusalén. Intentaron reunirse con el presidente, Reuven Rivlin, para pedirle que interviniera y así evitar la muerte de un ser humano por inanición. Cuando el presidente se negó a recibirlas y se acercaba el Shabbat, decidieron quedarse allí e iniciar una huelga de hambre, sentadas en colchones en la acera. Detrás de ellas está el edificio que alguna vez albergó el tribunal militar del Mandato Británico, “en el cual tuvieron lugar juicios contra combatientes judíos clandestinos, que no aceptaron la jurisdicción del tribunal” (según reza una placa junto al portón).


Rimon-Or, que enseña filosofía y educación en el colegio universitario Beit Berl, dijo el viernes: “Yo veo a una persona que está diciendo: ‘No voy a jugar con vuestras reglas’. La opresión existe en tantos niveles, y si no podemos hacer nada y nuestra batalla está perdida, al menos mostremos alguna responsabilidad personal diciendo un enfático no”. Previamente ella había estado parada frente al hospital de Afula durante dos semanas, sosteniendo un cartel que exigía la libertad de Qiq. “Estuve allí porque me sentía impotente frente a todo lo que está pasando”, explicó.


Después de que los jueces suspendieron la orden de detención, la gente empezó a visitar a Qiq, incluyendo activistas palestinas y judías (todos ellos con ciudadanía israelí). Lev entró en la habitación y vio “a un hombre gritando de dolor, sin voz”. El martes 9 una docena de activistas de derecha vino al hospital “a expresar su espanto ante las expresiones de preocupación por un árabe”, según lo explica Rimon-Or, y para manifestar contra las otras activistas. Dos mujeres lanzaron una asombrosa sarta de insultos que a Rimon-Or le costó repetir, incluyendo “putas” y “terroristas”. Un palestino-israelí les respondió en el mismo tono, y las mujeres presentaron una denuncia contra él; ahora está bajo sospecha de acoso sexual.


El miércoles 10 varios activistas consiguieron una ambulancia para trasladar a Qiq a un hospital en Ramala. Asumían que así él aceptaría terminar la huelga de hambre. Rápidamente el hospital de Afula se llenó de personal de seguridad que frustró el traslado. El viernes el Club para los Prisioneros Palestinos presentó otra petición ante la Suprema Corte, pidiendo que ordenara el traslado de Qiq a Ramala. “Es nuestro último recurso”, dijo el abogado Ashraf Abu Sneineh.


Algunas activistas usaron sus teléfonos para mostrarle a Qiq un video en el cual su familia le trasmitía su apoyo. Su esposa, Fayha, dijo al periódico Haaretz: “Nosotros rechazamos el fallo de la Suprema Corte que nos permite visitarlo. No vamos a ser parte de este juego: ‘Por favor, bese a sus hijos y continúe bajo detención suspendida’. Lo queremos libre. No sabemos a qué apuesta el Estado si piensa que puede resistir los resultados de su huelga de hambre. Nosotros, la familia, sabemos que podemos manejar esos resultados”.


“Su estado es muy grave. Los niños saben que su padre está detenido por el ejército y que está enfermo –agregó–. No entienden mucho lo que significa una huelga de hambre. Yo les digo que su padre es un héroe y trato de trasmitirles que si –Dios no lo permita– algo le pasa, estará en el paraíso.”


(Publicado en Haaretz, Israel, el lunes 15. Traducción de María Landi.)

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El Estado puede convertir Internet en arma opresiva, alerta Greenwald


Glenn Greenwald advierte a los ciudadanos del mundo que la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos tiene la capacidad de vigilar a todos y que este hecho atenta contra la esencia de la libertad y el derecho a la privacidad de todo ser humano.


En su libro Ningún lugar para esconderse: Edward Snowden, la NSA y el estado de vigilancia de Estados Unidos que salió a la venta hoy aquí, afirma que, con las revelaciones de Edward Snowden, queda claro que estamos en una encrucijada histórica: ¿la edad digital llevará a cabo la liberación individual y libertades políticas que la capacidad única del Internet puede desencadenar? ¿O llevará a un sistema de vigilancia y control omnipresente, más allá de los sueños hasta de los más grandes tiranos del pasado? Por ahora, cualquiera de los dos caminos es posible. Nuestras acciones determinarán dónde acabaremos.


Greenwald, el entonces periodista de The Guardian a quien Snowden, el ex contratista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), entregó un vasto archivo de documentos secretos en junio de 2013, cuyas revelaciones han detonado un debate mundial sobre la vigilancia masiva a líderes políticos y ciudadanos, escribe que no hay nada nuevo en el intento de gobiernos de vigilar tanto a sus poblaciones como a las de otros países, pero que con la nueva tecnología ha llegado a niveles extraordinarios. Esto, combinado con la veneración estadunidense post-11-9 de la seguridad sobre todo lo demás, ha creado un clima particularmente propicio para los abusos de poder. Gracias a la valentía de Snowden, dice, se ha obtenido un vistazo de primera mano sobre cómo funciona ese sistema de vigilancia.


En un documento secreto, publicado por primera vez en el libro, presentado en una reunión de agencias de inteligencia de cinco países en 2011, la NSA describió su postura así: Recauda todo, procesa todo, explota todo, asocia todo, husmea todo, y finalmente conócelo todo. Esto, durante el mando del recién retirado director de la NSA, Keith Alexander, quien con otros altos funcionarios del gobierno de Barack Obama, ha afirmado repetidamente en público que no vigilaban todo.


En el libro, Greenwald ilustra una capacidad tan enorme de vigilancia de la NSA, que ni la misma agencia puede analizarla ni almacenarla toda. Por ejemplo: en 2012 la NSA procesaba más de 20 mil millones de telecomunicaciones cada día; en un solo mes, el año pasado, una unidad de la NSA recaudó datos sobre más de 97 mil millones de correos electrónicos y 124 mil millones de llamadas telefónicas en el mundo.


Greenwald argumenta que por el hecho de que el Internet se ha vuelto el epicentro de la comunicación humana, este espionaje tiene implicaciones muy diferentes que en el pasado. "Todos los sistemas de espionaje anteriores eran por necesidad más limitados y se tenía la capacidad de evadirlos. Permitir que la vigilancia se establezca en Internet implicaría sujetar al examen total del Estado virtualmente todas las formas de interacción, planeación y hasta el pensamiento humano mismo... (puede) convertir Internet en una herramienta de represión, amenazando con producir el arma más extrema y opresiva de intrusión del Estado que jamás ha visto la historia humana".


Greenwald ha advertido en entrevistas recientes que en las próximas semanas publicarán nueva información que ofrecerá un nuevo giro a lo anteriormente revelado, y sólo ha sugerido que tiene que ver con el uso del sistema de espionaje masivo para fines políticos y vigilancia de disidentes.
De hecho, el título del libro viene de las palabras del senador Frank Church, quien en los 70 encabezó una investigación de las operaciones de vigilancia ilegal de disidentes políticos estadunidenses por la FBI, y describió que la agencia había acumulado una lista de más de medio millón de individuos considerados subversivos potenciales, entre quienes estaban Martin Luther King, John Lennon y líderes del movimiento feminista.


El senador Church advirtió que con la nueva tecnología el abuso de esta vigilancia estatal podía lograr observar todo y que si eso fuera aplicado al pueblo estadunidense no habría ningún lugar donde esconderse.


El libro aborda, entre otras cuestiones, las relaciones de cooperación entre la NSA y empresas de telecomunicaciones, revela un programa en el cual la NSA intercepta equipos de computación (routers, servidores y más) que se exportan al extranjero, instala tecnología para tener acceso secreto al equipo una vez que está en manos de sus usuarios, y empaca todo con sellos de fábrica intactos y describe otro programa, X-KEYSCORE, que permite a la agencia vigilar en tiempo real todo lo que está tecleando un usuario, sea correo electrónico, participación en redes sociales y todo lo que se vea en Internet.


El libro ofrece detalles sobre los primeros encuentros con Snowden, y cómo la información fue transmitida y evaluada por los periodistas y sus editores. También hay críticas a los principales medios sobre el manejo de información sobre seguridad nacional, sobre todo por sus decisiones de consultar con autoridades antes de publicar algunos documentos.


En una de las comunicaciones iniciales de Snowden con Greenwald después de haberle entregado parte del archivo secreto, el ex contratista pronostica que me harán sufrir por mis acciones y que el retorno de esta información al público marca mi fin, y pide que los que deseen ayudar deben luchar para mantener vivo el espíritu de la prensa y el Internet libres. He estado en los rincones más oscuros del gobierno, y lo que temen es la luz.


Greenwald y la documentalista Laura Poitras acaban de ganar el Premio Pulitzer por su trabajo periodístico sobre las revelaciones de Snowden.

Greenwald recientemente dejó el Guardian para fundar, junto con Poitras y otros periodistas de investigación, un nuevo sitio digital llamado The Intercept (https://firstlook.org/theintercept/) donde continúan publicando más sobre las filtraciones de Snowden y temas relacionados.

 


 

 

Glenn Greenwald publica el diario de su encuentro con Edward Snowden

 

CubaDebate

 

Por: Glenn Greenwald

 

El jueves [6 de junio], ya el quinto día en Hong Kong, fui a la habitación de hotel de Snowden, quien enseguida me dijo que tenía noticias "algo alarmantes". Un dispositivo de seguridad conectado a Internet que compartía con su novia de toda la vida había detectado que dos personas de la NSA —alguien de recursos humanos y un "policía" de la agencia— habían acudido a su casa buscándole a él.


Para Snowden eso significaba casi con seguridad que la NSA [Agencia Nacional de Seguridad de EEUU] lo había identificado como la probable fuente de las filtraciones, pero yo me mostré escéptico. "Si creyeran que tú has hecho esto, mandarían hordas de agentes del FBI y seguramente unidades de élite, no un simple agente y una persona de recursos humanos". Supuse que se trataba de una indagación automática y rutinaria, justificada por el hecho de que un empleado de la NSA se ausenta durante varias semanas sin dar explicaciones. Sin embargo, Snowden sugería que habían mandado gente de perfil bajo adrede para no llamar la atención de los medios ni desencadenar la eliminación de pruebas.


Al margen del significado de la noticia, recalqué la necesidad de preparar rápidamente el artículo y el vídeo en el que Snowden se daba a conocer como la fuente de las revelaciones. Estábamos decididos a que el mundo supiera de Snowden, de sus acciones y sus motivaciones, por el propio Snowden, no a través de una campaña de demonización lanzada por el Gobierno norteamericano mientras él estaba escondido o bajo custodia o era incapaz de hablar por sí mismo.


Nuestro plan consistía en publicar dos artículos más, uno el viernes, al día siguiente, y el otro el sábado. El domingo sacaríamos uno largo sobre Snowden acompañado de una entrevista grabada y una sesión de preguntas y respuestas que realizaría Ewen [MacAskill, periodista de The Guardian]. Laura [Poitras, documentalista estadounidense] se había pasado las cuarenta y ocho horas anteriores editando el metraje de mi primera entrevista con Snowden; en su opinión, era demasiado minuciosa, larga y fragmentada. Quería filmar otra enseguida, más concisa y centrada, y confeccionar una lista de unas veinte preguntas directas que yo debía formular.


Mientras Laura montaba la cámara y nos decía dónde sentarnos, añadí unas cuantas de cosecha propia. "Esto, me llamo Ed Snowden", empieza el ahora famoso documental. "Tengo veintinueve años. Trabajo como analista de infraestructuras para Booz Allen Hamilton, contratista de la NSA, en Hawai".


Snowden pasó a dar respuestas escuetas, estoicas y racionales a cada pregunta: ¿Por qué había decidido hacer públicos esos documentos? ¿Por qué era eso para él tan importante hasta el punto de sacrificar su libertad? ¿Cuáles eran las revelaciones más importantes? ¿En los documentos había algo criminal o ilegal? ¿Qué creía que le pasaría a él? A medida que daba ejemplos de vigilancia ilegal e invasiva, iba mostrándose más animado y vehemente. Solo denotó incomodidad cuando le pregunté por las posibles repercusiones, pues temía que el Gobierno tomara represalias contra su familia y su novia. Decía que, para reducir el riesgo, evitaría el contacto con ellos, si bien era consciente de que no podía protegerlos del todo. "Esto es lo que me tiene despierto por la noche, lo que pueda pasarles", dijo con los ojos llenos de lágrimas, la primera y única vez que lo vi así.


A cada día que pasaba, las horas y horas que estábamos juntos creaban un vínculo cada vez más fuerte. La tensión y la incomodidad del primer encuentro se habían transformado en una relación de colaboración, confianza y finalidad compartida. Sabíamos que habíamos emprendido uno de los episodios más significativos de nuestra vida.


El estado de ánimo relativamente más relajado que habíamos conseguido mantener los días anteriores dio paso a una ansiedad palpable: faltaban menos de veinticuatro horas para que se conociera la identidad de Snowden, que a su entender supondría un cambio total, sobre todo para él. Los tres juntos habíamos vivido una experiencia corta, pero extraordinariamente intensa y gratificante. Uno de nosotros, Snowden, pronto dejaría el grupo, tal vez estaría en la cárcel largo tiempo —un hecho que acechó en el ambiente desde el principio, difundiendo desánimo, al menos en lo que a mí respectaba—. Solo Snowden parecía no estar preocupado. Ahora entre nosotros circulaba un humor negro alocado.


"En Guantánamo me pido la litera de abajo", bromeaba Snowden mientras meditaba sobre nuestras perspectivas. Mientras hablábamos de futuros artículos, decía cosas como "esto va a ser una acusación. Lo que no sabemos es si será para vosotros o para mí". Pero casi siempre estaba tranquilísimo. Incluso ahora, con el reloj de su libertad quedándose sin cuerda, Snowden se fue igualmente a acostar a las diez y media, como hizo todas las noches que estuve yo en Hong Kong. Mientras yo apenas podía conciliar el sueño un par de horas, él era sistemático con las suyas. "Bueno, me voy a la piltra", anunciaba tranquilamente cada noche antes de iniciar su periodo de siete horas y media de sueño profundo, para aparecer al día siguiente totalmente fresco.


A las dos de la tarde del domingo 9 de junio, hora oriental, The Guardian publicó el artículo que hacía pública la identidad de Snowden: "Edward Snowden: el soplón de ilegalidades divulgador de las revelaciones sobre vigilancia de la NSA". El artículo contaba la historia de Snowden, transmitía sus motivos y proclamaba que "pasará a la historia como uno de los reveladores de secretos más importante de Norteamérica, junto con Daniel Ellsberg y Bradley Manning". Se citaba un viejo comentario que Snowden nos había hecho a mí y a Laura: "Sé muy bien que pagaré por mis acciones... Me sentiré satisfecho si quedan al descubierto, siquiera por un instante, la federación de la ley secreta, la indulgencia sin igual y los irresistibles poderes ejecutivos que rigen el mundo que amo".


La reacción ante el artículo y el vídeo fue de una intensidad que no había visto yo jamás como escritor. Al día siguiente, en The Guardian, el propio Ellsberg señalaba que "la publicación de material de la NSA por parte de Edward Snowden es la filtración más importante de la historia norteamericana, incluyendo desde luego los papeles del Pentágono de hace cuarenta años".


Solo en los primeros días, centenares de miles de personas incluyeron enlace en su cuenta de Facebook. Casi tres millones de personas vieron la entrevista en YouTube. Muchas más la vieron en The Guardian online. La abrumadora respuesta reflejaba conmoción y fuerza inspiradora ante el coraje de Snowden.


Laura, Snowden y yo seguíamos esas reacciones juntos mientras hablábamos al mismo tiempo con dos estrategas mediáticos de The Guardian sobre qué entrevistas televisivas del lunes por la mañana debía yo aceptar. Nos decidimos por Morning Joe, en la MSNBC, y luego porThe Today show, de la NBC, los dos programas más tempraneros, que determinarían la cobertura del asunto Snowden a lo largo del día.
Sin embargo, antes de que me hicieran las entrevistas, a las cinco de la mañana —solo unas horas después de que se hubiera publicado el artículo de Snowden— nos desvió del tema la llamada de un viejo lector mío que vivía en Hong Kong y con el que había estado periódicamente en contacto durante la semana.


En su llamada, el hombre señalaba que pronto el mundo entero buscaría a Snowden en Hong Kong, e insistía en la urgencia de que Snowden contase en la ciudad con abogados bien relacionados. Decía que dos de los mejores abogados de derechos humanos estaban listos para actuar, dispuestos a representarlo. ¿Podían acudir los tres a mi hotel enseguida?


"Ya estamos aquí", dijo, "en la planta baja de su hotel. Vengo con dos abogados. El vestíbulo está lleno de cámaras y reporteros. Los medios están buscando el hotel de Snowden y lo encontrarán de manera inminente; según los abogados, es fundamental que lleguen ellos hasta él antes que los periodistas".


Apenas despierto, me vestí con lo primero que encontré y me dirigí a la puerta dando traspiés. Tan pronto la abrí, me estallaron en la cara los flases de múltiples cámaras. Sin duda, la horda mediática había pagado a alguien del personal del hotel para averiguar el número de mi habitación. Dos mujeres se identificaron como reporteras del Wall Street Journal con sede en Hong Kong; otros, incluido uno con una cámara enorme, eran de Associated Press.
Me acribillaron a preguntas y formaron un semicírculo móvil a mi alrededor mientras me encaminaba hacia el ascensor. Entraron conmigo a empujones sin dejar de hacerme preguntas, a la mayoría de las cuales contesté con frases cortas, secas e intrascendentes. En el vestíbulo, otra multitud de periodistas y reporteros se sumaron al primer grupo. Intenté buscar a mi lector y a los abogados, pero no podía dar un paso sin que me bloqueasen el camino.


Me preocupaba especialmente que la horda me siguiera e impidiera que los abogados establecieran contacto con Snowden. Por fin decidí celebrar una conferencia de prensa improvisada en el vestíbulo, en la que respondí a las preguntas para que los reporteros se marcharan. Al cabo de unos quince minutos, casi no quedaba ninguno.


Entonces me tranquilicé al tropezarme con Gill Phillips, abogada jefe deThe Guardian, que había hecho escala en Hong Kong en su viaje de Australia a Londres para procurarnos a mí y a Ewen asesoramiento legal. Dijo que quería explorar todas las maneras posibles en que el Guardianpudiera proteger a Snowden. "Alan [Rusbridger, director del diario briánico] se mantiene firme en que le demos todo el respaldo legal que podamos", explicó. Intentamos hablar más, pero como todavía quedaban algunos reporteros al acecho, no disfrutamos de intimidad.


Al final encontré a mi lector junto a los dos abogados de Hong Kong que iban con él. Discutimos dónde podríamos hablar sin ser seguidos, y decidimos ir todos a la habitación de Gill. Perseguidos aún por unos cuantos reporteros, les cerramos la puerta en las narices. Fuimos al grano. Los abogados deseaban hablar con Snowden enseguida para que les autorizara formalmente a representarle, momento a partir del cual podrían empezar a actuar en su nombre.


Gill investigó en Google sobre aquellos abogados —a quienes acabábamos de conocer—, y antes de entregarles a Snowden pudo averiguar que eran realmente muy conocidos y se dedicaban a cuestiones relacionadas con los derechos humanos y el asilo político y que en el mundo político de Hong Kong tenían buenas relaciones. Mientras Gill realizaba su improvisada gestión, yo entré en el programa de chats. Snowden y Laura estaban online.


Laura, que ahora se alojaba en el hotel de Snowden, estaba segura de que era solo cuestión de tiempo que los reporteros los localizaran también a ellos. Snowden estaba ansioso por marcharse. Hablé a Snowden de los abogados, que estaban listos para acudir a su habitación. Me dijo que tenían que ir a recogerle y llevarle a un lugar seguro. Había llegado el momento, dijo, "de iniciar la parte del plan en el que pido al mundo protección y justicia". "Pero he de salir del hotel sin ser reconocido por los reporteros", dijo. "De lo contrario, simplemente me seguirán dondequiera que vaya". Transmití estas preocupaciones a los abogados. "¿Tiene él alguna idea de cómo impedir esto?", dijo uno de ellos.


Le hice la pregunta a Snowden. "Estoy tomando medidas para cambiar mi aspecto", dijo, dando a entender que ya había pensado antes en esto. "Puedo volverme irreconocible".


Llegados a este punto, pensé que los abogados tenían que hablar con él directamente. Antes de ser capaces de hacerlo, necesitaban que Snowden recitara una frase tipo "por la presente les contrato". Mandé la frase a Snowden, y me la tecleó. Entonces los abogados se pusieron frente al ordenador y comenzaron a hablar con él.


Al cabo de diez minutos, los dos abogados anunciaron que se dirigían de inmediato al hotel de Snowden con la idea de salir sin ser vistos. "¿Qué van a hacer con él después?", pregunté. Seguramente lo llevarían a la misión de la ONU en Hong Kong y solicitarían formalmente su protección frente al Gobierno de EE UU, alegando que Snowden era un refugiado en busca de asilo. O bien, dijeron, intentarían encontrar una "casa segura".


En todo caso, el problema era cómo sacar a los abogados del hotel sin que los siguieran. Tuvimos una idea: Gill y yo saldríamos de la habitación, bajaríamos al vestíbulo y atraeríamos la atención de los reporteros, que esperaban fuera, para que nos siguieran.


Al cabo de unos minutos, los abogados abandonarían el hotel sin ser vistos, como cabía esperar. La treta surtió efecto. Tras una conversación de treinta minutos con Gill en un centro comercial anexo al hotel, volví a mi habitación y llamé impaciente al móvil de uno de los abogados.


"Lo hemos sacado justo antes de que los periodistas empezaran a pulular por el vestíbulo", explicó. "Hemos quedado con él en su habitación, frente a la del caimán", la misma en la que nos vimos Laura y yo con él la primera vez, como luego supe. "Luego hemos cruzado un puente que conducía a un centro comercial contiguo, y nos hemos subido al coche que nos esperaba. Ahora está con nosotros". ¿Adónde lo llevaban?

"Mejor no hablar de esto por teléfono", contestó el abogado. "De momento estará a salvo".


Saber que Snowden estaba en buenas manos me dejó la mar de tranquilo, aunque sabíamos que muy probablemente no volveríamos a verle ni a hablar con él, al menos no en calidad de hombre libre. Pensamos que la próxima vez quizá lo veríamos en la televisión, con un mono naranja y esposado, en una sala de juicios norteamericana, acusado de espionaje.


Mientras asimilaba yo la noticia, llamaron a la puerta. Era el director del hotel. Venía a decirme que no paraba de sonar el teléfono preguntando por mi habitación (yo había dejado instrucciones en el mostrador principal de que bloqueasen todas las llamadas). En el vestíbulo también había una multitud de reporteros, fotógrafos y cámaras esperando que yo apareciera.


Lo primero que hice fue entrar en internet con la esperanza de saber de Snowden. Apareció online a los pocos minutos. "Estoy bien", me dijo. "Por el momento, en una casa segura. Pero no sé hasta qué punto es segura ni cuánto tiempo permaneceré aquí. Tendré que moverme de un sitio a otro y mi acceso a Internet es poco fiable, así que no sé cuándo ni con qué frecuencia estaré online".


Se evidenciaba cierta reticencia a darme detalles sobre su emplazamiento y no quise preguntar. Yo sabía que mi capacidad para averiguar cosas de su escondite era muy limitada. Ahora él era el hombre más buscado por el país más poderoso del mundo.


El Gobierno de EEUU ya había pedido a la policía de Hong Kong que lo detuviera y lo entregara a las autoridades norteamericanas. De modo que hablamos breve y vagamente y manifestamos el deseo común de seguir en contacto. Le dije que actuara con prudencia.


Cuando por fin llegué al estudio para las entrevistas con Morning Joe yThe Today show, advertí enseguida que el tenor del interrogatorio había cambiado apreciablemente. En vez de tratarme como periodista, los anfitriones preferían atacar un objetivo nuevo: el Snowden de carne y hueso, no un personaje enigmático de Hong Kong. Muchos periodistas norteamericanos volvían a asumir su acostumbrado papel al servicio del Gobierno.


La historia ya no versaba sobre unos reporteros que habían sacado a la luz graves abusos de la NSA, sino sobre un norteamericano que, mientras trabajaba para el Gobierno, había "incumplido" sus obligaciones, cometido crímenes y "huido a China".


Mis entrevistas con Mika Brzezinski y Savannah Guthrie fueron enconadas y ásperas. Como llevaba más de una semana durmiendo poco y mal, ya no tenía yo paciencia para aguantar las críticas a Snowden implícitas en sus preguntas: me daba la impresión de que los periodistas habrían tenido que estar de enhorabuena en vez de demonizar a quien, más que nadie en años, había puesto de evidencia una doctrina de seguridad nacional harto discutible.


Tras algunos días más de entrevistas, decidí que era el momento de abandonar Hong Kong. Ahora iba a ser sin duda imposible reunirme con Snowden, o por demás ayudarle a salir de la ciudad; había llegado un punto en que me sentía, en un sentido tanto físico como emocional y psicológico, totalmente agotado. Tenía ganas de regresar a Río.


Pensé en hacer escala un día en Nueva York con el fin de conceder entrevistas... solo para dejar claro que podía hacerlo y tenía intención de hacerlo. Pero un abogado me aconsejó que no lo hiciera alegando que era absurdo correr riesgos jurídicos de esa clase antes de saber cómo pensaba reaccionar el Gobierno. "Gracias a ti se ha conocido la mayor filtración sobre la seguridad nacional de la historia de EE UU y has ido a la televisión con el mensaje más desafiante posible", me dijo. "Solo tiene sentido planear un viaje a EE UU una vez sepamos algo de la respuesta del Departamento de Justicia".


Yo no estaba de acuerdo: consideraba sumamente improbable que la Administración de Obama detuviera a un periodista en medio de esos reportajes de tanta notoriedad. No obstante, estaba demasiado cansado para discutir o correr riesgos. Así que pedí a The Guardian que reservara mi vuelo para Río con escala en Dubái, bien lejos de Norteamérica. Por el momento, discurrí, ya había hecho bastante.


(Primer capítulo del libro Snowden. Sin un lugar donde esconderse (Ediciones B) se publica el 21 de mayo en Europa. Publicado originalmente en The Guardian. Versión al castellano, El País.)

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La reclusión en aislamiento no es la respuesta

Se ha prestado mucha atención, y con razón, al extenso uso de la tortura por parte de la CIA, lo cual se supone que ha sido documentado por la Comisión de Inteligencia del Senado en un informe de 6.000 páginas, que continúa siendo confidencial. Sin embargo, la práctica de la tortura no se reduce a la CIA. Es muy común a todo lo largo y ancho de Estados Unidos. La reclusión en aislamiento es tortura, y es una práctica de rutina en las cárceles, prisiones y centros de detención de inmigrantes aquí en Estados Unidos. Los movimientos de base que han luchado para que esto cambie empiezan a lograr importantes resultados. Las coaliciones están conformadas por reclusos, sus familiares, una amplia gama de organizaciones jurídicas y de justicia social, y cada vez más, incluyen también a guardias y funcionarios del Servicio Penitenciario.


Un funcionario que trabajó para la reducción del uso de la reclusión en aislamiento fue Tom Clements, Director Ejecutivo del Departamento de Correccionales de Colorado. Clements estaba en su casa el 19 de marzo de 2013 cuando sonó el timbre. Al abrir la puerta, recibió un disparo. Fue asesinado por Evan Ebel, que hacía menos de dos meses había sido puesto en libertad, pasando directamente del régimen en aislamiento a las calles. El periódico Colorado Independent, un medio pequeño y sin fines de lucro, fue el único medio de comunicación que vinculó el asesinato con el daño psicológico sufrido por Ebel durante su reclusión en aislamiento. Otro ex prisionero, que mantenía contacto con Ebel, reveló mensajes de texto que intercambió con él poco antes de que Ebel matara a Clements. Uno de los mensajes decía: "Me siento raro y la única forma que conozco de remediarlo es mediante el uso de la 'violencia'".


Paradójicamente, Clements estaba intentando, con éxito, reformar las políticas de reclusión en aislamiento de Colorado, a las que allí se refieren como "separación administrativa". Un año antes de su asesinato, Clements dijo a Susan Greene del Colorado Independent: "En los últimos años se ha investigado mucho en torno al confinamiento en solitario y al aislamiento, algunas investigaciones están vinculadas a los prisioneros de guerra y otras a las cárceles comunes... Los largos períodos de aislamiento pueden ser contraproducentes para estabilizar la conducta y alcanzar objetivos de rehabilitación a largo plazo". Clements estaba preocupado por la liberación directa a la comunidad de los reclusos en aislamiento, práctica que probablemente contribuyó a su asesinato. Su sucesor, Rick Raemisch, continúa llevando adelante las reformas iniciadas por Tom Clements. Raemisch se sometió a sí mismo a más de 20 horas de aislamiento y salió aún más comprometido con cambiar el sistema.


Juan Méndez, Relator Especial de Naciones Unidas sobre la Tortura, emitió en 2011 un informe especial sobre la reclusión en aislamiento en el que concluye que: "Segregación, aislamiento, separación, encierro, máxima seguridad, hoyo, Unidad de Alojamiento Especial (SHU), cualquiera que sea el nombre, los Estados deben prohibir la reclusión en solitario por ser un castigo o técnica de extorsión". Su informe completo más reciente sobre la tortura en el mundo incluye varios presuntos excesos cometidos por Estados Unidos, entre ellos, la abusiva práctica de la reclusión en aislamiento, que tiene lugar tanto en las prisiones estadounidenses en Afganistán y Guantánamo, como en las cárceles de Nueva York, Louisiana y California.


En California, los reclusos llevaron a cabo una huelga de hambre durante meses el año pasado en protesta contra la reclusión en aislamiento. La medida obtuvo amplio apoyo de la opinión pública y logró algunas de sus demandas. En Louisiana, Albert Woodfox ha permanecido en reclusión en aislamiento durante más de 42 años, tras haber sido declarado culpable de asesinar a un agente penitenciario, a pesar de la falta de toda evidencia material que lo vincule al crimen y de que testigos oculares hayan afirmado que se encontraba en otro lugar al momento del asesinato. La justicia ha determinado su liberación en tres oportunidades, la más reciente de las cuales fue apelada por el estado de Louisiana. Está previsto que un tribunal federal de apelaciones se expida pronto sobre su caso.


Varios estudios sobre el tema concluyen que quince días de reclusión en aislamiento pueden producir un daño psicológico irreversible. Desde la ONU, Méndez alega que el sistema carcelario del estado de Nueva York es excesivamente severo en su utilización del aislamiento. La Campaña por una alternativa a la reclusión en aislamiento en Nueva York (CAIC, por sus siglas en inglés) impulsa un proyecto de ley de alternativas humanas a la reclusión en aislamiento a largo plazo, llamada HALT Solitary Confinement Act. En virtud de dicho proyecto de ley, se limitaría ese tipo de reclusión a quince días, se crearían instalaciones para brindar tratamiento especial a reclusos que padezcan trastornos mentales y se permitiría más tiempo fuera de las celdas, lo que incluye el contacto con otros.


Incluso los agentes penitenciarios se están inclinando contra la reclusión en aislamiento. En Texas, Lance Lowry, presidente de la sección 3807 del Sindicato de Empleados de Correccionales de Texas, afiliado a la Federación Estadounidense de Empleados Estatales, Municipales y de Condado (AFSCME, por sus siglas en inglés), redactó una carta abierta a las autoridades de las cárceles de Texas en la que los insta a reducir la aplicación de la reclusión en aislamiento, incluso entre los condenados a muerte. Lowry me dijo en el programa de noticias de "Democracy Now!": "Lo que observamos es que el uso generalizado de la reclusión en aislamiento en Texas no estaba cumpliendo con su propósito. En determinado momento, pasamos de unas 200 celdas de aislamiento a más de 8.000". La reincidencia, la violencia y los costos financieros de la encarcelación se ven incrementados por el uso de la reclusión en aislamiento.


Y lo que es más importante, se trata de tortura. Es hora de poner fin a la reclusión en aislamiento.
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Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.


Traducción al español del texto en inglés: Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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El espionaje, con mayor control que en cualquier otro país: EU

El gobierno de Barack Obama intenta tomar el control de lo que ahora llama una distracción pública que ha tensado las relaciones internacionales ante las revelaciones casi diarias del masivo espionaje a comunicaciones electrónicas de gobernantes aliados.

 

El gobierno ofreció hoy una mezcla de disculpa, justificación y autoelogio del espionaje realizado por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) contra líderes políticos y ciudadanos de México, Brasil, Francia, Alemania e Italia.

 

La vocera del Departamento de Estado, Jennifer Psaki, dio lectura al guión en la sesión diaria con periodistas: "No es secreto que a lo largo de los últimos meses estas divulgaciones no autorizadas de información clasificada han llevado a críticas de nuestra actividad de inteligencia por muchos de nuestros amigos y socios. Ha creado retos significativos en nuestras relaciones con algunos socios y ha sido, claro, una distracción pública....".

 

En un mensaje casi idéntico en un artículo, el periódico USA Today, firmado por Lisa Monaco, asistente del presidente en seguridad interna y antiterrorismo, reiteró que nadie disputa la necesidad de recaudar inteligencia para proteger a nuestros ciudadanos, aliados y la patria. Igual (lo hace) todo servicio de inteligencia en el mundo. Monaco aseguró una vez más que no estamos escuchando cada llamada telefónica o leyendo cada correo electrónico. Lejos de eso. Hay límites legales a lo que la NSA puede y no hacer.

 

Monaco y Psaki subrayaron que mientras nuestras capacidades no tienen igual, el gobierno de Estados Unidos no está operando sin restricciones. Las tres ramas del gobierno juegan un papel de supervisión de nuestras actividades de inteligencia, y aunque recaudamos el mismo tipo de inteligencia que todas las naciones nuestra comunidad de inteligencia tiene más restricciones y supervisión que cualquier otro país en la historia.

 

El gobierno repitió que el presidente ha ordenado una evaluación de nuestras capacidades de vigilancia, incluyendo el respeto a nuestros socios extranjeros. Queremos asegurar que estamos recaudando información, porque la necesitamos y no sólo porque podemos. A la vez, se informó que hay otras dos iniciativas para evaluar dichas operaciones, incluyendo una para asegurar que los derechos de privacidad y libertades civiles son adecuadamente protegidos en los esfuerzos antiterroristas.

 

Psaki indicó: Esperamos que surgirán más alegaciones, dada la cantidad de información clasificada filtrada por el señor (Edward) Snowden. Sin embargo, dijo que de ahora en adelante "no vamos a presentar nuestras tácticas o más detalles específicos... no vamos a confirmar o negar cada informe". Reiteró: El mejor lugar para tener estas conversaciones es con nuestros aliados, con nuestros socios diplomáticos.

 

Mientras tanto, por otras vías la comunidad de inteligencia continuó atacando a los mensajeros en lugar de responder.

 

Supuestos beneficios

 

Después de que el director nacional de Inteligencia, James Clapper, intentó cuestionar –y hasta desmintió– parte de la información revelada esta semana sobre el monitoreo de países europeos, el director de la NSA, el general Keith Alexander, acusó a periodistas de lucrar con los documentos de la agencia. "Creo que es malo que reporteros de periódicos tengan todos estos documentos, los 50 mil o lo que tengan, y vendiéndolos y repartiéndolos? No tiene sentido. Deberíamos encontrar una manera para frenarlo... pero es malo permitir que esto siga", declaró en una entrevista con un blog del Departamento de Defensa citado por el periodista Glenn Greenwald en su artículo de hoy publicado en The Guardian.

 

Por otro lado, el ex subdirector de la CIA Michael Morell acusó que la filtración de Snowden de los documentos secretos fue la filtración más seria de información clasificada en la historia de la comunidad de inteligencia estadunidense. En una amplia entrevista con 60 Minutos, de CBS News, que será trasmitida este domingo, Morrel denuncia que Snowden no es un filtrador en el interés público, sino un traidor de lo peor, reportó CBS en un adelanto de la charla. Lo que hizo Snowden ha puesto a estadunidenses en mayor riesgo, porque terroristas aprenden de las filtraciones y ahora serán más cuidadosos, y no obtendremos la inteligencia que hubiéramos obtenido en otro caso.

 

Como ha sido el caso desde el 11 de septiembre de 2001, casi todos los programas secretos del gobierno son justificados por la lucha antiterrorista. Pero aun ningún funcionario ha logrado explicar, y la pregunta la han hecho varios reporteros una y otra vez: cómo la intervención de las comunicaciones de gobernantes supuestamente aliados –de Alemania, Francia, Italia, México y Brasil por el momento– forma parte de esa misión.

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