Bradley Manning: condenado por sus convicciones

"La guerra es una estructura peligrosa, que puede desmoronarse fácilmente y sepultarnos entre sus 
escombros", escribió Carl von Clausewitz, el general y teórico militar prusiano del siglo XIX en su texto "De la guerra", hace casi 200 años. Esta cita fue tomada del capítulo "La información en la guerra", un tema que resuena fuertemente en la actualidad desde lugares tan disímiles como Fort Meade, Maryland, donde un tribunal militar acaba de hallar culpable al soldado Bradley Manning de espionaje; hasta la Embajada de Ecuador en Londres, donde el fundador de WikiLeaks, Julian Assange, vive desde hace más de un año, tras haber recibido asilo político para evitar ser procesado en Estados Unidos; pasando por Rusia, donde el informante de la Agencia de Seguridad Nacional Edward Snowden recibió asilo temporal.

 

La condena de Manning suscitó un interés momentáneo entre los miembros de los medios dominantes de Estados Unidos, que dedicaron muy poca atención al consejo de guerra que se desarrolló a lo largo de dos meses, apenas unos kilómetros al norte de Washington D.C. Los seguidores de Manning expresaron alivio de que fuera absuelto de la acusación más grave presentada en su contra: colaborar con el enemigo, algo que le hubiera significado una condena a cadena perpetua. Sin embargo, fue hallado culpable de 20 de los 22 delitos que se le imputaron, y podría ser condenado a hasta 136 años en prisión. El tribunal se pronunciará acerca de la condena en las próximas semanas.

 

"Bradley Manning es un mártir ahora. Todo el mundo entiende que Bradley Manning le brindó información a los medios acerca de crímenes de guerra y de la política en torno a la guerra, y alguna de esa información se publicó en los medios. No se lo acusa de haber trabajado para intereses extranjeros, ni de haberse beneficiado personalmente con las revelaciones. Han puesto a Bradley Manning en una situación injusta, en la que afronta una pena de hasta 136 años de prisión. Eso desprestigia al Gobierno de Estados Unidos y a la justicia de ese país", afirmó Julian Assange desde la embajada de Ecuador en Londres. "El veredicto es claramente un intento de quebrantar a los informantes, pero no lo lograrán".

 

Cabe resaltar que el ex Secretario de Defensa de Estados Unidos Robert Gates le envío una carta al senador Carl Levin en 2010, en la que escribió acerca de las filtraciones: "Hasta el momento, la investigación no ha revelado que la filtración haya puesto en peligro ninguna fuente ni método de información".

 

Bradley Manning realizó una declaración al inicio del Consejo de Guerra, en la que asumió la responsabilidad de las filtraciones, pero, lo que es más importante, expresó su motivación para hacerlo. Manning habló específicamente del video de la masacre de una docena de civiles en Bagdad el 12 de julio de 2007, registrado por el propio helicóptero Apache que les estaba disparando. Dos de las víctimas mortales trabajaban para la agencia de noticias Reuters: el camarógrafo Namir Noor-Eldeen, de 22 años, y su chofer, Saeed Chmagh, que tenía cuatro hijos.

 

Podemos escuchar las propias palabras de Manning, gracias a una grabación de audio no autorizada de su declaración, que se filtró en forma anónima. Manning afirmó: "Sin embargo, el aspecto más aterrador del video para mí fue la masacre perpetrada aparentemente con placer por el grupo de armas aéreas. Deshumanizaron a las personas a las que disparaban y no parecían valorar para nada la vida humana. Se referían a ellos como 'malditos muertos', y se felicitaban entre ellos por la capacidad de matar a muchas personas a la vez. En un momento del video se puede ver a una persona en el suelo intentando arrastrarse hasta un lugar seguro. Estaba gravemente herida. En lugar de llamar a una ambulancia, un miembro del equipo de armas aéreas solicitó a la persona herida que tomara sus armas para tener motivo para dispararle. ...Para mí, esto se parece mucho a un niño que tortura hormigas con una lupa".

 

Una de las acusaciones de las que Manning fue hallado culpable fue la de "publicación arbitraria". Es una acusación sin precedentes en el derecho militar. El abogado de Manning dijo que se trata de un delito inventado. El verdadero delito, del que nadie fue acusado, es la arbitraria falta de respeto por la vida humana que Manning denunció.

 

La filtración de Bradley Manning les dio a Reuters y al mundo una imagen clara del horror de la guerra moderna y de la muerte violenta de dos trabajadores de los medios en el cumplimiento de su deber.

 

Como afirmó el joven soldado en su elocuente declaración: "Pensaba que si el público en general, en particular el público estadounidense, tenía acceso a la información que contenían [las filtraciones], se podría suscitar un debate nacional sobre el papel de las fuerzas armadas y de nuestra política exterior en general, con relación a Irak y Afganistán".

 

De hecho, Bradley Manning suscitó el debate. La última ola de filtraciones, la de Edward Snowden, ayudó a intensificarlo, y hasta generó una inusual alianza en el Congreso entre legisladores demócratas y republicanos que tiene como objetivo restringir el alcance de lo que muchos consideran un Estado de seguridad nacional exacerbado. Si bien la semana pasada la propuesta de enmienda presentada por el representante republicano Justin Amash y el demócrata John Conyers fue rechazada en la Cámara Baja por una diferencia mínima de votos, ambos redactaron un proyecto de ley aparte denominado H.R. 2399 con el mismo objetivo.

 

Carl von Clausewitz escribió: "La gran incertidumbre que rodea los datos disponibles en la guerra constituye una dificultad característica, porque, hasta cierto punto, la acción debe ser dirigida prácticamente a oscuras". Bradley Manning realizó actos muy valientes para publicar información, atravesar la barrera de ocultamiento de la guerra y hacer públicos los perversos mecanismos del tipo de guerra estadounidense moderna. Edward Snowden ha revelado la sofisticación y el alcance extraordinario del Estado de vigilancia en Estados Unidos, que reprime a quienes se atreven a revelar información importante. Mientras tanto, Julian Assange permanece encerrado entre las cuatro paredes de la embajada, perseguido por el crimen de publicar información. Sin embargo, quienes planificaron las guerras, quienes cometieron los crímenes de guerra y quienes realizan el espionaje ilegal están, por el momento, en libertad.

 

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

 

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

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Los cónsules de la UE en Jerusalén denuncian la anexión ilegal israelí

El informe correspondiente a Jerusalén durante el año 2012 que han elaborado los jefes de misión diplomática de la Unión Europea acreditados en la ciudad santa presenta una situación muy grave y un panorama todavía peor, en su mayor parte debido a la constante expansión colonial israelí en el sector ocupado desde la guerra de 1967, una ocupación militar que cada año que pasa es más irreversible y que atenta contra la solución de los dos Estados aprobada por las Naciones Unidas.

 

El informe, al que ha tenido acceso Público, se encuentra ahora mismo en Bruselas, donde lo están analizando expertos y políticos, si bien esto no garantiza que la UE vaya a adoptar medidas significativas para hacer frente a los sangrientos conflictos que se derivan de la ocupación, como ha ocurrido con los informes anuales precedentes.

 


Los jefes de misión europeos han actualizado este año el informe correspondiente al año anterior llamando la atención sobre la desaforada actividad constructora de Israel, no solamente en Jerusalén, es decir en los límites que ha establecido unilateralmente el Gobierno israelí, sino también en los alrededores de la ciudad, donde la fisonomía está cambiando a diario mientras Bruselas permanece con los brazos cruzados.

 

Países como Alemania, Reino Unido y Holanda frenan cualquier decisión política en Bruselas, donde se ha llegado a una situación en la que Berlín por sí solo es capaz de sacar del orden del día cualquier tema relacionado con Israel, lo que inhabilita a los demás miembros de la UE a suscitar la gravísima situación que padece el pueblo palestino.

 

El informe de 2012 destaca ante todo que la paz entre israelíes y palestinos "no será posible" si no se resuelve satisfactoriamente la ocupación de Jerusalén, dado que si Israel sigue expandiendo su presencia en la zona ocupada con la evidente intención de que Jerusalén pueda ser en el futuro la capital de dos estados, con lo que será inviable la paz.

 

"Israel está perpetuando activamente la anexión ilegal de Jerusalén Este socavando sistemáticamente la presencia palestina a través de planes zonales restrictivos, demoliciones y expulsiones, acceso discriminatorio a lugares sagrados, una política de educación desigual, el difícil acceso a la sanidad, una provisión de recursos inadecuada, el cierre continuado de instituciones palestinas y un sistema de permisos de residencia restrictivo", indican los jefes de misión de la UE.

 


Los cónsules destacan que la voracidad constructora de Israel para beneficio de sus colonos constituye el principal problema. "La construcción de asentamientos sigue siendo la principal amenaza para la solución de los dos Estados. Es sistemática, deliberada y provocadora", señalan los diplomáticos como balance de un año, el pasado, en el que se han aprobado millares de viviendas nuevas tanto en Jerusalén como en sus alrededores sin que la comunidad internacional haya hecho nada para evitarlo.

 

"Lo que entraña más gravedad es sin duda la expansión colonial", explica a Público Hagit Ofran, de Paz Ahora, una organización no gubernamental que sigue de cerca las actividades de Israel en las zonas ocupadas, y particularmente en Jerusalén. "Los nuevos planes para las zonas de Guivat Hamatos (al sur de Jerusalén) y E-1 (al este de la ciudad), representan cambios sustanciales sobre el terreno que en la práctica imposibilitan la paz".

 

"Ciertamente estamos hablando de un informe que no significa el seguimiento de una política pero que es una herramienta útil para suscitar la atención de la comunidad internacional. El cambio está exclusivamente en manos del Gobierno de Israel", explica Ofran, aunque esto es algo que tan sólo ocurrirá si antes se produce una fuerte presión de Occidente.

 


Los jefes de misión de la UE han confeccionado, al final del informe, una lista que comprende 31 recomendaciones a los países europeos. Nueve de ellas tienen que ver con los asentamientos que proliferan por todas partes. Así, se recomienda una "decidida respuesta de la UE que evite la construcción en la zona E-1" que pretende unir Jerusalén con la colonia de Maale Adumim.

 

Los diplomáticos también recomiendan que se aplique estrictamente la normativa que tiene que ver con los productos que se fabrican en los asentamientos y que no deberían beneficiarse de los acuerdos bilaterales puesto que la comunidad internacional no los reconoce como parte del Estado judío.

 

 También se pide que se informe a los operadores turísticos europeos de que no deben contribuir al negocio de las colonias judías o de los centros turísticos y hoteles que se ubican en el sector ocupado (oriental) de Jerusalén.

 

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓNJerusalén27/02/2013 07:23 Actualizado: 27/02/2013 07:23

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Sábado, 22 Septiembre 2012 18:47

Cárceles: liberar las alternativas

Cárcel Distrital de Barranquilla
En Colombia hay más de 333 personas presas por cada 100.000 habitantes, una de las cifras más altas del mundo. Casi la mitad de ellas son jóvenes. El Sistema Penal existente se ensaña contra los más débiles, en lo económico o cultural. En las cárceles hay miles de prisioneros de guerra y prisioneros políticos que son objeto de persecución inclemente por un Estado al que no le basta su reclusión. La violación de los derechos humanos es diaria y persistente. Contra esta realidad, la protesta de los presos no se hace esperar. Se requiere que ‘afuera’ se rompa el silencio.


La crisis carcelaria, sobrepasó desde hace tiempo umbrales inconcebibles de la destrucción metódica de seres humanos. El Sistema Penal ha revelado su incapacidad para reparar los daños causados a las personas que sufren las conductas que sanciona con la prisión, y ha evidenciado la parálisis mental y moral que le impide construir un mecanismo social de verdad eficaz en la prevención y el tratamiento de las conductas sancionables.

De poco o de nada ha servido que en 1998, la Corte Constitucional emitiera la Sentencia T-173, en la que declaraba un estado de cosas inconstitucional en las cárceles del país por un criminal hacinamiento que vulnera en cada instante los derechos más elementales que tiene toda persona por el sólo hecho de existir. Las condiciones socioeconómicas y culturales, junto a la lógica letal del sistema penal, rellenan las cárceles, una y otra vez. El Ministerio de Justicia y el Inpec han evadido el cumplimiento de la sentencia de la Corte y el estado infernal del sistema penitenciario no sólo se mantiene sino que se incrementa.

En Colombia, el sistema carcelario tiene capacidad para 75.676 reclusos y en la actualidad someten a 135.000 personas, la mayor parte de las cuales sobrevive en condiciones dantescas: alejados de las regiones en las que habitan sus familias, entre excrementos, con alimentación mal balanceada y peor servida, sin atención de salud, con la pestilencia y la ferocidad de los cuerpos hacinados, fumándose los ladrillos de la prisión, oprimidos por la amenaza del bolillo y los gases.

Contra este padecimiento, hace más de un mes se desató en las cárceles un movimiento pacífico de protesta, dirigido a modificar las dimensiones más terribles de la máquina de destrucción y muerte sistemática en que fueron convertidos los presidios de Colombia. Tan solo en el año 2012, 81 presos han muerto en estas cárceles, una cifra de espanto que recuerda las cárceles como método de exterminio utilizado por el franquismo para evitar los costos políticos internacionales generados por los fusilamientos.

Los recientes y múltiples casos de cruel agonía y muerte por falta de atención médica y desidia burocrática, los casos de violencia y tortura ejercida por sectores de una guardia enferma de miedo y odio, víctima a su vez de un sistema penal que los utiliza como herramientas de bajo costo para una despiadada forma de control social, el hacinamiento persistente que convierte todo centro carcelario en un dispositivo criminógeno, la necesidad de un exámen público de las finanzas del sistema que permita comprender si los recursos son suficientes para atender los mínimos de dignidad constitucionales, y la manera como se administran los mismos, están concitando la atención del movimiento de derechos humanos y de los organismos responsables de ellos, para que cese el funcionamiento de esta maquinaria de infringir sufrimiento, aniquilar almas, degradar y triturar cuerpos.

Las fundaciones Lazos de Dignidad, y Comité de Solidaridad con los Presos Políticos, periodistas como Azalea Robles (http://azalearobles.blogspot.com/), el Movimiento cárceles al desnudo, la campaña Transpasa los Muros, la Defensoría del Pueblo, e Iván Cepeda Castro, desde el Congreso Nacional, y millares de prisioneros y prisioneras que han ido a la huelga de hambre, impulsan un proceso tendiente a visibilizar el infierno de las cárceles, en pos de variar radicalmente las despiadadas condiciones que hoy imperan a su interior.

Mientras esto sucede, los centros de investigación, la intelectualidad, las universidades, la mayor parte de los medios masivos de comunicación, han guardado silencio con relación a esta afrenta diaria a nuestro sentido básico de humanidad, que nos llena de vergüenza.

La magnitud colosal del horror y la evidente y sostenida incapacidad del sistema penitenciario para cumplir con los fines legales de resocialización que lo justifican, incitan a considerar otra formas, de verdad eficaces, de enfrentar las conductas que atentan contra la comunidad.

En la mayor parte de las cárceles todo vale, todo demanda dinero: un planchón para dormir, una comida, un gramo de bazuco, el comercio sexual, el alquiler de una celda para la relación sexual, un cupo para rebajar pena por estudio o trabajo, la protección frente a las agresiones, el acceso a un celular o un patio menos degradado. Los precios conducen a la necesidad de articularse a organizaciones que delinquen para procurar los cuantiosos recursos exigidos para hacer más llevadera la vida en la prisión, o si no, enloquecer o suicidarse. ¿Cómo se explica esto sino porque este sistema conduce a la corrupción de la guardia y de los altos niveles de dirección?

Una luz

En el pavoroso escenario de las cárceles de Colombia y, la más pavorosa aún actitud indolente de la Ministra de Justicia ante una política criminal reactiva y el populismo puntivo que hacina las cárceles con jóvenes detenidos por la infracción de delitos menores, la magnitud que han alcanzado la corrupción1, la cárcel como ente criminógeno, la muerte y el sufrimiento evitables en el sistema de prisiones, la Cárcel Distrital de Bogotá tiene luz propia por el proceso, hoy fortalecido, de crear condiciones dignas para la reclusión.

Por esta razón entrevistamos en esta sección a Jorge Lemus, su Director, empeñado en humanizar las condiciones materiales, culturales y espirituales en que cumplen sus penas las personas privadas de la libertad.

Junto a su palabra, la de Freddy y de Wendy, dos jóvenes artistas privados de la libertad por un sistema social que niega a millones de jóvenes el estudio y el empleo en condiciones de dignidad, obligándolos a sobrevivir en entornos de drogadicción y prostitución, en medios en los que prevalece la idea de que tomar la propiedad ajena es una vía válida para cubrir necesidades reales o creadas, y, después, cuando incurren en una conducta prefigurada por las condiciones en las que espigan sus vidas, cae el Sistema Penal, con todo el rigor de sus silogismos implacables a ejercer el castigo y la venganza, al mismo tiempo que exonera los robos de miles de millones de pesos ejecutados con bolígrafo y amistades cómplices, desde la tranquilidad de sus oficinas oficiales, por personas estudiadas, que en la mayoría de los casos han contado con envidiables condiciones de vida.

Las ideas de Louk Hulsman, un formidable pensador holandés que defendió la abolición del sistema penal y de las cárceles, y del movimiento abolicionista, cobran extraordinario valor para, en primer lugar, descongestionar y humanizar las prisiones, y no seguir como cómplices de un delito mayor: la destrucción masiva e indolente de miles y miles de seres humanos que salen de las prisiones después de vivenciar el infierno que convierte a los seres humanos en muertos que respiran.

Las ideas del abolicionismo, pueden, además, dar paso a un movimiento de reflexión y obra que permita relegar las cárceles al pasado, evitar la calificación que reduce a un ser humano a la condición de “malo” y construir otra forma de hacer frente a las conductas que causan problemas y daños a la comunidad, que nunca son reparados por el encierro carcelario.

Hulsman consagró su vida a la tarea de “crear conciencia para avanzar hacia la abolición del sistema penal y de esa siniestra institución llamada cárcel”. Libró una batalla por “cambiar el lenguaje de la Universidad, que es donde se ‘fabrican’ las palabras que luego fundamentan la creación de instituciones como la justicia penal y la cárcel, donde los individuos son separados por el incidente que es objeto de condena. Se aísla al victimario de su medio, sus amigos, su familia, del sustrato material de su mundo y también se aísla a las víctimas de una manera similar, aunque estén en libertad”.

Para eso es necesario “fabricar palabras para ir creando conciencia y para hacer ver que ni la cárcel ni el sistema penal sirven para solucionar los conflictos”. Hulsman propugnó por “Un movimiento internacional para cambiar al mundo cambiando las palabras, para abolir palabras como ‘delito’ o ‘delincuente’ y trabajar con los jueces, y con los fiscales, para que empiecen a buscar otras soluciones que no atenten contra el derecho supremo del hombre, que es la libertad”.

Sobre las cárceles señaló: “El invento de la prisión es reciente y también es un invento de países específicos, con una cultura y creencias especificas. Y cuando digo prisión no me refiero a lugares en donde las personas pueden estar privadas de libertad poco tiempo, sino a un lugar para pasar un largo tiempo de castigo”. Para Hulsman, esta cuestión especifica tiene que ver con el desarrollo de la religión católica, “es una imagen que nos remite al Dante de la Divina Comedia (cielo, infierno y en medio un purgatorio). En mi opinión la prisión es una forma del purgatorio.”

1 Ver http://www.kienyke.com/historias/desde-el-infierno-en-la-carcel-modelo-de-bogota/

Recuadro 1

Cifras del horror

Existen cárceles en Colombia que tienen niveles exorbitantes de hacinamiento: Modelo: 225%. Bellavista: 300%. Su capacidad es para 2.400, y encierra 7.300 personas. Esta situación obliga a que los internos duerman en cambuches, pasillos, baños, patios, y lavaderos.

En celdas construidas para albergar 8 personas tienen que encerrarse hasta 40.

El hacinamiento es de tal magnitud, que los días de visita un guardia debe requisar, en promedio, a 1.000 visitantes.

Día a día, para acceder a la alimentación, cada interno debe hacer fila durante 6 horas.

Mientras delitos como hurto, tráfico de armas y de sustancias ilícitas suman 66.906 presos, crímenes contra la humanidad (masacres, desplazamiento forzado, violencia sexual, genocidio) solamente suman 564 recluidos.

Más del 50% de las personas que hoy están en las cárceles y penitenciarías se encuentran allí por delitos menores.

Fuente: Debate de control político promovido por Iván Cepeda Castro el 12 de agosto de 2012, y ponencia del mismo Representante a la Cámara en el debate de control político promovido para visibilizar e impedir la continuidad de la crisis carcelaria. Agosto 15 de 2012.

Recuadro 2

Entrevista a Jorge Lemus, Director de la Cárcel Distrital de Bogotá.

“El problema carcelario no se resuelve construyendo mas cárceles”


Héctor Arenas –HA–: ¿Cómo contempla el escenario de la crisis carcelaria?
Jorge Lemun –JL–: El problema carcelario es estructural, es decir, un problema que no se resuelve construyendo mas cárceles. Lo que se trata es de prevenir la comisión de muchos delitos a través de la creación de condiciones sociales que eviten los circuitos por los cuales alguien llega a delinquir. Por otra parte, es necesario que los delitos que se dan –porque no se pudieron prevenir– puedan ser tratados a través de formas diferentes a la prisión. Por ejemplo: las penas domiciliarias.

–HA–: ¿Por qué los jueces de ejecución de penas aplican poco las penas domiciliarias?
–JL–: Porque por cada pena domiciliaria que otorgan hay una investigación disciplinaria que se ganan por parte del Consejo Superior de la Judicatura. Entonces, en la mayor parte de los casos prefieren negarla, prefieren que los condenados se queden purgando las penas en penitenciarias que están a reventar.

–HA–: La institución carcelaria encuentra su justificación filosófica y legal en la idea de que sirve al proceso de resocialización de los condenados. Nadie ignora ya la condición infernal de la inmensa mayoría de los presidios en el país.
–JL–: En una cárcel hacinada no se puede hacer resocialización. Los talleres son muy pocos para la cantidad de detenidos. La cárcel Modelo tiene capacidad para 2.900 prisioneros y encierra casi 8.000 privados de la libertad. Y tiene talleres para 400 de ellos. Aquí, en la cárcel Distrital el 100% de la población condenada tiene talleres. Esta cárcel tiene capacidad para 1.042 prisioneros y ahora contamos 528 personas privadas de la libertad, 79 mujeres y el resto hombres. Tan sólo un 7% de sindicados, el resto son condenados. Aquí la mayoría de los privados de su libertad tiene condenas de máximo sesenta meses. En estas condiciones es posible ofrecer programas de resocialización.

–HA–: ¿Qué tipo de talleres se ofrecen?
–JL–: Aquí los talleres no se dan tan solo para ocupar la gente, sino para que les sirva para cuando salgan de la cárcel. Hay un taller de panadería que aspiramos convertir en un proyecto productivo con la Secretaría de Integración Social para que compren el pan los comedores comunitarios y para que los privados de la libertad puedan percibir un ingreso, depositado en una cuenta. Lo mismo pretendemos con el taller de scream. Muchas veces los privados de la libertad no tienen ni para pagar las pólizas de libertad.

Hay talleres, con apoyo del Sena, de telares, carpintería, marroquinería y de pintura veneciana. Hay un taller de alimentación con el que doce privados de la libertad trabajan con el contratista que suministra los alimentos en la cárcel y devengan un salario mínimo, además de percibir bonificaciones, en la pena, por su labor. En el ámbito artístico y cultural hay talleres de música, danza y teatro. Este año se han graduado 43 bachilleres y ahora se está finiquitando un convenio con una universidad para que se preparen para el examen de Icfes y puedan cursar carreras tecnológicas y universitarias.

–HA–: Son muchos los casos documentados de personas privadas de la libertad que han agonizado y muerto entre dolores insoportables sin encontrar atención médica, medicamentos. Cifras espantosas, casos reiterados de inhumanidad e indolencia que en otras geografías significaría la renuncia de los ministros del ramo por su incompetencia y ausencia de ética elemental. ¿Cómo se trata la salud en este centro de reclusión?
–JL–: Acá tenemos afiliados a todos los privados de la libertad con Capital Salud. El Hospital San Blas nos ha colaborado mucho en segundo nivel y el Hospital San Cristóbal, en primer nivel. En caso de requerir atención de tercer nivel se remite al hospital Simón Bolívar. Aquí tenemos un espacio de atención inmediata que determina la gravedad de la dolencia y hace la remisión del caso.

–HA–: ¿Y la alimentación y las celdas? ¿La higiene? ¿Hay gente durmiendo en los pasillos?
–JL–: La alimentación está compuesta por las tres comidas diarias, además de medias nuevas y onces. Los privados de la libertad que requieren dietas especiales por razones de salud, cuentan con ellas. Todos los privados de la libertad tienen su celda y planchón. Hay dos o tres privados de la libertad por celda. Las condiciones higiénicas son ejemplares tanto en el reclusorio como en el área de alimentación. La Secretaría de Salud ha emitido este año concepto favorable en sus visitas periódicas.

–HA–: ¿Cuánto le cuesta a la administración distrital, por año, una persona privada de la libertad?
–JL–: A la cárcel Distrital le cuesta 15.000.000 al año, y 10.000.000 de pesos a la Modelo. Sin embargo las diferencias entre las dos atmósferas y las condiciones de dignidad van mucho más allá de las presupuestales.

Tenemos convenios con La Picota y La Modelo, pero no se trata de traer el hacinamiento de allá hacia acá. Vamos a aceptar 300 nuevos privados de la libertad, pero estamos examinando las hojas de vida para no deteriorar la atmósfera de la cárcel.

No se trata de deteriorar el ambiente que hemos construido con la reunión con privados de la libertad por delitos de mayor gravedad. Tenemos, por los convenios existentes, 4 privados de la libertad por homicidio y narcotráfico, que no deberían estar acá.

Wendy y John Freddy: “Estar preso es como estar muerto”

–HA–: ¿Por qué llegaron a la cárcel?
John Freddy: Estábamos hurtando en la calle 85 con carrera décima y tuvimos la mala suerte de que nos capturaran a ambos, a mi me propinaran dos disparos uno en la espalda y otro en la nalga; cuando el señor del Gaula me iba a dar el tercer disparo, Wendy se tiró encima mío y me protegió.

–HA–: ¿Cuánto han cumplido de pena y cuánto les falta?
John Freddy: Llevo más de cuatro años encerrado y todavía me faltan doce meses.
Wendy: A mí me dieron 72 meses y llevo 49 físicos. ¡Demasiados!

–HA–: ¿Han estado en otra prisión?
John Freddy: Seis meses en la Modelo, en el patio cuarto. La gente dormía en los pasillos, para poder dentrar al baño tenía que pisar a las personas. El sistema sanitario era pésimo, en todo el sentido de la palabra. Ninguna cárcel es buena porque la libertad es algo que no tiene precio. Estar preso es como estar muerto. Encierro es encierro. Pero en la Modelo las condiciones eran de sufrimiento a cada instante. El patio era para 700 personas y meten 2.500. Lo único bueno que había era que dejaban entrar las comiditas de la calle. Por muchos licientes que uno tenga el alma se va muriendo, te la van asesinando. La forma de sobrevivir es adaptarse.

Aquí tuvimos la oportunidad de terminar el bachillerato. Había presentado un proyecto musical en dos administraciones pasadas y no me lo habían aprobado, me decían que lo iban a estudiar. El director Lemus nos escuchó, sobre todo nos escuchó, y nos aprobó este proyecto que ahora lo trabajamos con Wendy, a ambos nos gusta la música y queremos expresar lo que nos ha pasado, queremos que los jóvenes que viven circunstancias parecidas a las nuestras piensen antes de hacer una locura, piensen que es más lo que uno pierde que lo que gana cuando se toma una mala decisión.

Wendy: Yo pasé seis meses en el Buen Pastor. Nunca había estado en una cárcel. Llegué al patio dos y había muchísimas prisioneras. Los alimentos no eran de buena calidad. Me tocó dormir en el piso. Aquí se me facilita más que mi mamá pueda venir a visitarme y traiga a mi niña de cinco años. Al principio, como llegamos 100 remitidas, no fue fácil porque el patio es pequeño. Pero aquí he tenido la oportunidad de capacitarme en hartos talleres y acumular tiempo para el descuento. He estado en talleres de peluquería, danza, aquí terminé el bachillerato que había dejado a medias en el Colegio Agustín Nieto Caballero, en el centro, en Santa Fe. El barrio es pesado, mucha droga y prostitución, allí aprendí cosas negativas. Estar presa ha sido duro. Ser tratada como delincuente ha sido duro. Aquí he aprendido que tengo habilidades, que tengo cualidades. He encontrado gente que me colabora, que me apoya. Uno quiere cambiar, mejorar. Quiero trabajar con mis cosas buenas cuando este afuera.

Publicado enEdición 184
Cientos de manifestantes se rebelan en Bengasi contra las milicias armadas
Centenares de habitantes de Bengasi, al este de Libia, se han rebelado este viernes contra las milicias armadas que imponen su ley en la ciudad y han conseguido echar al principal grupo extremista, de su cuartel general situado en el centro. Al menos cuatro personas han muerto y otras 40 han resultado heridas durante los enfrentamientos.

 
Al grito de "la sangre de los mártires no ha sido derramada en vano", los manifestantes han entrado en el cuartel de los salafistas Ansar al-Charia, que ha sido saqueado e incendiado después. A continuación se han dirigido al cuartel general de la brigada Raf Allah al-Sahati, grupo islamista que depende del Ministerio de Defensa, donde han combatido alrededor de dos horas. Durante los enfrentamientos, al menos cuatro personas han fallecido y otras cuarenta han resultado heridas, según el balance facilitado por los tres hospitales de la ciudad.

 
Los asaltantes han entrado entonces en esa instalación militar, situada a 15 kilómetros de Bengasi en la región de Hawari, donde se han apropiado de armas, municiones y material informático, según informa un corresponsal de AFP.

 
Las autoridades libias han advertido entonces contra el "caos" y han llamado a los manifestantes a diferenciar entre las brigadas ilegítimas y las que están bajo la autoridad del Estado. En este sentido, el presidente de la Asamblea Nacional, Mohamed al-Megaryef, felicitó la reacción de la población contra las "brigadas sin legitimidad", pero ha llamado a los manifestantes a retirarse inmediatamente de los lugares ocupados por brigadas del Ministerio de Defensa, citando expresamente a Raf Allah al-Sahati.

 
Durante la jornada, decenas de miles de libios se habían manifestado de forma pacífica en Bengasi contra las milicias armadas, diez días después del ataque al consulado americano que costó la vida al embajador de los EE UU Chris Stevens y a otros tres ciudadanos.
 

Según algunos testigos, la presión de los manifestantes ha provocado que Ansar al-Charia  haya evacuado también el hospital de al-Jala, que estaba bajo su control. La policía militar ha podido tomar posesión del edificio inmediatamente. Al menos otras cuatro instalaciones públicas han sido abandonadas por las milicias con la llegada de los manifestantes.


AFP 22 SEP 2012 - 05:34 CET

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Capitalismo y apartheid mundial: desde Palestina al mundo entero
El matrimonio entre el capitalismo y el proyecto imperial, racista y violento de los poderosos del mundo- el cual se implementa aquí en Palestina por el régimen apartheid israelí-, es el mismo proyecto que está en marcha en diferentes regiones alrededor del mundo. Es un proyecto dirigido y financiado por una sociedad global  de corporaciones, empresas y políticos, quienes se lucran con el sufrimiento y la opresión de los pueblos marginados.

Compañías israelíes de vigilancia, como *Elbeit*, uno de los dos principales proveedores de sistemas electrónicos de detección a lo largo del Muro Apartheid israelí, obtuvo contrato para proveer este tipo de sistemas para el muro entre EEUU y México. La ilegitimidad del Muro Apartheid en EEUU-México- cómplice en la violación del derecho a la vida de los migrantes del Sur quienes huyendo de la mirada represiva de esta construcción monstruosa y violenta arriesgan sus vidas en el desierto, miles de ellos muriendo cada año-, todavía no es aceptada a nivel internacional. Un norteamericano jamás se preguntaría si su vida está en riesgo, pues atraviesa libremente el muro sin mucha inconveniencia.

Elbeit también es responsable por la construcción de aviones teledirigidos, usados por el ejército israelí en Gaza y Cisjordania, aviones también usados para patrullar la frontera México-EEUU. En el 2008 Elbeit ganó un contrato de $22.5 millones con la fuerza aérea mexicana, y un contrato de 44.5 millones de euros  con el ejército británico para suministrar su tecnología de vigilancia en Afganistán. En otras palabras, Elbeit se está enriqueciendo con la criminalización de los pueblos del Sur Global.

*Motorola*, por ejemplo, empresa global de telecomunicaciones y tecnología, provee sistemas de vigilancia en decenas de asentamientos israelíes, que son ilegales bajo el derecho internacional. Culpable del mismo crimen es la compañía de tecnología *HP*, la cual provee los mecanismos de identificación y de control en los retenes militares a lo largo del Muro Apartheid, también proveyendo equipo y servicios a las fuerzas militares israelíes. Increíblemente Motorola y HP continúan capitalizándose con impunidad.

Contratos similares tienen las firmas *ADS* y *Magna BSP*, compañías israelíes, con el gobierno mexicano  y también con empresas militares estadounidenses.  El ejército israelí se entrena en EEUU en detección de túneles fronterizos. Las relaciones con la industria de vigilancia fronteriza de EEUU son bastante estrechas.

La industria militar estadounidense es culpable de armar a los gobiernos militaristas alrededor del mundo, como sucede en Colombia.  El Plan Colombia, una política colombo-estadounidense para combatir la infame ‘guerra contra el terrorismo y el narcotráfico’, causante de 5 millones de desplazados y miles de muertos, es principalmente financiado por EEUU, al igual que en México donde más de 50.000 personas han muerto en estos últimos años por estas políticas que generan violencia contra la ciudadanía. Estas políticas impuestas por el Norte y financiadas por sus señores capitalistas criminalizan y asesinan a los ciudadanos del Sur.

Similar es el convenio corporativo-militar entre Israel y Colombia, pues desde hace 20 años Israel es uno de los países que más suministra a Colombia junto con EEUU.  La empresa de inteligencia militar, *Global CST*, propiedad de un ex-general israelí tiene contratos de $10 millones de dólares en Colombia. No es mera coincidencia la interconectividad entre estos sistemas corporo-militaristas que, a punta de sangre inocente, dibujan sus fronteras, crean sus leyes y extraen sus ganancias.

También están involucradas las empresas de agua, como *Eden Springs*, compañía que hace ganancias del agua extraída de tierras confiscadas palestinas y sirias, agua que se vende en el continente europeo. El *Grupo Mehadrin* es la empresa agrícola israelí más grande que exporta cultivos a Europa, cultivos que usan grandes toneladas de agua para su producción masiva, proveyendo de agua a campesinos israelíes y millones de metros cúbicos de agua potable para el consumo domestico en Israel de los más de 19 pozos que controla.

*Merekot* es otra empresa que ha violado los derechos del agua desde 1950, expropiándose de toda la infraestructura de agua en Palestina. Ésta corta constantemente el suplemento de agua a aldeas palestinas y en cambio abastece de agua a los asentamientos ilegales. Todo esto mientras al pueblo palestino se les niega el derecho al agua, pues la mayoría de palestinos solo consumen 50 de los 100 litros diarios recomendados por la Organización Mundial de Salud. Ciudadanos israelíes, al contrario, consumen 300 litros de agua diarios en promedio.

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Estos son tan solo algunos ejemplos que demuestran la imposibilidad de separar el capitalismo global de los sistemas violentos, imperialistas, y racistas que rigen en muchas regiones del mundo: sistemas que hacen parte de un sistema global apartheid e imperial. Estas empresas llegan a tener más derechos que los ciudadanos comunes pues para ellas las fronteras no existen en este mundo globalizado. Pueden explotar los recursos naturales en cualquier parte del mundo, pueden enriquecerse mientras asesinan a los pueblos del Sur Global sin temor a ser juzgados por la ley, pues todo lo hacen “legítimamente”; las leyes inhumanas del sistema capitalista son fielmente obedecidas por los poderosos.

Este sistema político, económico e ideológico se sostiene no gracias a sus políticas “democráticas y justas”- lema con el que este proyecto se vende al mundo-, sino que es sostenido ilegítimamente mediante la violación de los derechos humanos, la criminalización de los pobres del Sur Global, y la destrucción de la Madre Tierra en cada esquina del globo terráqueo con el único fin del enriquecimiento.



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Diversos movimientos piden transformaciones profundas en las administraciones del país y se muestran muy críticos con Fatah y Hamás, a pesar de su reciente reconciliación. Piden dar voz a todos los ciudadanos, vivan donde vivan, y se inspiran en las revueltas árabes

Quien pase por Al Manara, la plaza más famosa de Ramallah –la capital administrativa de Cisjordania y sede de la Autoridad Nacional Palestina-, se encontrará con algunas tiendas de campaña, llenas de pancartas y fotografías con mensajes políticos dirigidos al pueblo palestino. Cada noche, varios jóvenes duermen en ellas para continuar con una protesta que empezó el pasado 15 de marzo y que, entre otras cosas, reivindicaba el fin de la división entre Fatah y Hamás, que provoca que Cisjordania –controlada por el primer partido- y Gaza –en manos del segundo- tengan dos gobiernos completamente independientes.

El pacto de reconciliación que los principales partidos palestinos sellaron en el Cairo el 4 de mayo, supuso que una parte del movimiento se diera por satisfecho y se puso punto y final a la acción de protesta en la plaza Manger, en Belén. “Tanto Fatah como Hamás intentan apropiarse de nuestro movimiento, hasta el punto de que cuando Mahmud Abbas [el presidente de la ANP] se fue a Egipto para validar el acuerdo habló de nosotros”, explica Mustafa Muhammad, miembro del Movimiento de Jóvenes Independientes. Su principal reivindicación es la reforma del Consejo Nacional Palestino, para que se convierta en un organismo realmente democrático y representativo de los palestinos de todo el mundo, una demanda que hasta el momento no está siendo escuchada.

“Las últimas semanas estamos intentando explicar a la gente que surgimos para estar al lado del pueblo y luchar para mejorar su situación y que, ni mucho menos, estamos ni con Abbas, ni con la Autoridad Palestina ni con Hamás”, añade Muhammad, quién también es investigador de la Universidad Sorbona de París. A pesar de que el pacto entre los dos grandes partidos del país, después de cuatro años de amarga y sangrienta división, ha sido bien recibido por la inmensa mayoría de la sociedad –y muy criticado por el Gobierno israelí-, el investigador considera que sólo se hizo por “miedo” y “debilidad”. “Los dos partidos temían que la revolución árabe llegara a Palestina y les hiciera caer y, a parte, han visto como sus aliados regionales [el egipcio Mubarak en el caso de Fatah y el sirio Al-Assad por parte de Hamas] han caído o están en una situación preocupante”, apunta.

Años de trabajo

El Movimiento de Jóvenes Independientes no surgió de la noche a la mañana, sino que se empezó a labrar hace seis o siete años, después del final de la Segunda Intifada. Básicamente está formado por chicos y chicas de clase media, hartos de la falta de libertades tanto en Gaza como en Cisjordania, que reivindica una serie de cambios importantes, a nivel político y económico, que permitan a los palestinos acabar con la ocupación y alcanzar la libertad. Ahora incluye cinco grupos distintos, el más importante y activo de los cuáles es El Herak Shabibi el Mostakel.

Se inspiran en las revoluciones que se han expandido este año por el mundo árabe, especialmente la que está llevando a cabo el pueblo egipcio. Y en este ámbito también apuestan por la unidad, por hablar con una sola voz, cómo comenta Jawdat Sayeh, uno de los jóvenes acampados en Ramallah: “No puede ser que nos dirijamos a Israel, a los Estados Unidos y a la Unión Europea con un montón de opiniones divergentes. Los árabes tenemos que estar unidos y esto es bueno para todos, pero especialmente para nosotros que no tenemos a un estado detrás”.

El movimiento juvenil ganó fuerza a raíz de una concentración de más de 2.000 personas en la plaza de Al Manara el 15 de marzo, en lo que se llamó día de reconciliación nacional. La movilización tuvo como embrión las marchas en solidaridad con el pueblo egipcio que se dieron en Ramallah, Yenín, Nablus o la ciudad de Gaza en febrero y que fueron duramente reprimidas tanto por la ANP en Cisjordania como por Hamas en la Franja. Después del 15 de marzo, la protesta continuó a través de las tiendas. Y, a pesar de que poca población autóctona se acercaba a ellas para hablar con los jóvenes, su incidencia fue tal que al cabo de unas semanas llegaba el inesperado pacto entre los dos grandes partidos palestinos. “Lo que queremos es cambiar la mentalidad de la gente y sabemos que el nuestro es un proceso lento, a largo plazo. Nuestra mensaje está siendo escuchado y gran parte de la población comparte nuestra reivindicaciones” asegura Sayeh. A pesar de que la ANP tolera el movimiento juvenil desde el 15 de marzo -no ha pasado lo mismo en Gaza-, el activista está convencido de que no gustan a Abbas y Salam Fayyad, el primer ministro, “porque hacemos un llamamiento a trabajar conjuntamente por el bien común y a prescindir de las opciones políticas tradicionales que han dominado el país”.

Dar la voz a todos los palestinos

El acuerdo entre Fatah y Hamás supone la celebración de elecciones legislativas palestinas en el plazo de un año y la liberación de los presos políticos en Cisjordania y Gaza, un hecho que todavía no se ha producido. El Movimiento de Jóvenes Independientes también pide que la administración palestina presione a Israel para que puedan recuperar la libertad los 6.000 presos del país que están en cárceles hebreas. Pero lo que más les interesa a los activistas, y lo que menos gusta a los dos partidos hegemónicos, es dar voz a todos los palestinos, ya vivan en Cisjordania, Gaza, Israel, en los campos de refugiados de los países cercanos o en el resto del mundo.

Conseguir esto pasa por reformar el Consejo Nacional Palestino, que tendría que ser elegido mediante el voto de todos los palestinos, no únicamente los que residen en los territorios gobernados por la ANP, para que se convierta en el organismo que los represente legítimamente. Este consejo se debería encargar de las futuras negociaciones con Israel. Mustafa Muhammad detalla que también se tiene que separar la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) de la ANP, ya que en estos momentos una misma persona (Mahmud Abbas) rige las dos organizaciones.

“Para mí, Abbas es un dictador. Bajo el control de la ANP no existe libertad. Si hablas con la gente de la calle, te dirán que su trabajo y el de Fayyad son muy buenos, pero sólo lo dicen porque tienen miedo de ser detenidos y quedarse sin empleo si son críticos. Vivimos en un régimen policial”, denuncia Muhammad. Lo que está claro es que el movimiento juvenil mantendrá su movilización, ya sea en las tiendas de Ramallah, en las calles de las principales ciudades o, sobretodo, a través de las redes sociales. “No sólo queremos acabar con el conflicto israelí-palestino, aspiramos a cambiar todo el mundo”, concluye Jawdat Sayeh. Primero, pero, tienen que terminar con la ocupación.

Por Marc Font / Jerusalén
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Domingo, 05 Junio 2011 08:58

Demasiada sangre en Damasco

Los sirios han alzado sus voces contra el régimen, uno de los más opresivos de Oriente Próximo. El régimen ha impuesto el bloqueo informativo y tratado de acallar con sangre los disturbios. La periodista Åsne Seierstad ha logrado entrar en Siria y narra cómo es la represión por dentro. La vigilancia, el espionaje, las torturas, las muertes.

Camina descalzo por las calles. El aire tiene el frescor de la noche, el cielo está en su momento más oscuro. Estira las piernas e inhala el olor de la primavera. Circulan algunos coches que iluminan la acera al pasar. Las suelas de sus pies hinchados están cubiertas de arena y grava. Tiene intensos dolores en el estómago. Le molesta el cuello

"Esto no era más que unas vacaciones", le dijeron. "La próxima vez irá en serio".

Llega a una puerta de metal en Yarmouk, a las afueras de Damasco, y llama al timbre. En el ventanuco aparece un rostro confundido, que exclama: "¡Te han cortado el pelo!".

Abid entra en el apartamento de un empujón. Los que estaban durmiendo llegan arrastrando los pies. Las risas no parecen tener fin. Abid ha salido de la cárcel.

El estudiante de ingeniería es uno de los miles de detenidos y encarcelados desde que comenzó la revuelta en Siria, en marzo pasado. Han arrestado a gente en escuelas y mezquitas, calles y plazas públicas. Las autoridades llegan enseguida a los lugares de manifestación. Unos hombres vestidos de civil, a los que llaman "los fantasmas", lo observan todo.

La vigilancia domina todos los aspectos de la vida en Siria. La policía secreta -la Mujabarat- se divide en un complejo sistema de departamentos y subdepartamentos que permite que ningún sector de la sociedad quede sin examinar. Una red de agentes cubre el país. Algunos son funcionarios, otros trabajan contratados. ¿Qué mejor observador que el verdulero de al lado de la mezquita o el vigilante de noche en el hospital? ¿Quién mejor para seguir los pasos a una familia que el maestro de escuela que pregunta al niño qué dice su papá del hombre de los carteles?

El hombre de los carteles tiene unos ojos pálidos, juntos, va arreglado y posee un cuello curiosamente largo. En una versión, lleva gafas de sol y uniforme. En otras, parece un banquero. Oftalmólogo de formación, regresó a la muerte de su padre para sustituirle como dictador de Siria. Se llama Bachar el Asad. El objetivo de la incipiente revolución es derrocarlo.

Un viernes, Abid se armó de valor y se unió a una manifestación después de rezar. Apenas se dio cuenta de que estaban rodeados cuando sintió un agudo dolor en el cuello. Las descargas eléctricas recorrieron su cuerpo. Cayó inconsciente. Al despertarse, vio a otras personas tendidas a su alrededor.

Habían aparecido de la nada los mujabarats, unos agentes vestidos de civil. Le arrastraron, junto con un centenar más, a unas camionetas blancas que aguardaban. Se llevaron a los manifestantes a las afueras de Damasco.

"Nos sentaron en filas en un riad, un patio, rodeado de altos muros. Teníamos las manos atadas a la espalda y nos obligaron a ponernos de rodillas. Yo contaba las llamadas a la oración para conservar la noción del tiempo. Se nos durmieron las piernas. Cuando nos dijeron que nos pusiéramos de pie, después de la última llamada de la mezquita, no pudimos hacerlo. Yo me caí, me golpearon, me obligaron a levantarme y volví a caerme. Por la noche nos metieron en una celda. Estábamos de pie, 12 hombres en unos pocos metros cuadrados. A la mañana siguiente, volvieron a sacarnos al riad. Al cabo de tres días estábamos a punto, como deseaban, y empezaron los interrogatorios".

A algunos los torturaban durante horas y volvían ensangrentados. Quien más sufrió fue un aluí, un hombre perteneciente a la misma minoría chií que los Asad, porque le consideraban un traidor.

Abid tuvo más suerte. "Soy miembro del partido Baaz. Las palizas que recibí no fueron tan terribles".
Abid entró en el partido cuando era niño en Daraa, la ciudad en la que comenzó la revuelta. A veces es necesario ser miembro para entrar en la Universidad, conseguir trabajo o ascender en las estructuras de poder.
Pero Abid está harto. Le queda un solo curso de sus estudios de ingeniería, pero lo ha arriesgado todo para participar en la "primavera siria". "O lo hacemos ahora o no lo haremos nunca. El tren de la libertad está a punto de partir. Podemos subirnos a él o dejar que pase de largo".

Se oye una voz desde el otro extremo del sofá: "¿Oís lo que dice? ¡Dos semanas en la cárcel y ya es Mandela!".

El propósito de las autoridades es evidente: cortar las protestas de raíz. No hacer como en El Cairo, donde esperaron hasta ver las plazas abarrotadas. Mientras que las concentraciones en Túnez y Egipto crecieron rápidamente hasta agrupar a miles de personas, las autoridades sirias golpean sin piedad a grupos de 20, 50 o 100.

"Sacar aquí a mil personas a la calle es como sacar a un millón en El Cairo", dice el anfitrión de Abid.
Su salón es aproximadamente el doble de la celda de Abid. También aquí el aire es escaso. Todo el mundo fuma y enciende el cigarrillo con la colilla del anterior. Es medianoche. Fuera, los niños siguen en la calle. Algunos corretean por su cuenta, y hacen ruido al pisar la basura. Otros están medio dormidos en brazos de sus padres, de camino a la cama. Un par de tiendas siguen abiertas. También sigue abierto un kebab. La vida sigue.

La vida política en Siria gira en torno a Bachar el Asad. Los verdaderamente poderosos son él y su hermano menor, Maher, comandante en jefe de la guardia presidencial, una fuerza de élite en manos de los alauíes, que es el único cuerpo autorizado dentro de la capital. Su padre, Hafez el Asad, el piloto del Ejército que se hizo con el poder en 1970, fue un político astuto. Pese a pertenecer a la minoría alauí, que no constituye más que el 12% de la población, construyó una amplia base de poder. Su hijo no ha sabido conservar esa base, y su poder se reduce a un pequeño clan alauí.

Vuelve a caer la noche. Alia tararea mientras se concentra en su mano y su caligrafía. Cuando se acerque el peligro, cántale. Varias jóvenes se reúnen alrededor de una mesa en un dormitorio de un edificio de apartamentos. Hay unas tijeras, hojas de papel negro, lápices y una caja de tizas. Alia traza una silueta con lápiz y la rellena con tiza.

Las persianas de lamas están echadas. Toda seguridad es poca, incluso en un séptimo piso sin casas enfrente.
Las palabras van cobrando forma bajo las uñas pintadas de morado de Alia. "Basta de matar".
En otro cartel, escrito de derecha a izquierda: "Basta de violencia". Se suscita una discusión sobre el espacio entre palabras en el tercer cartel. No están acostumbradas a las tijeras, pero su mensaje está claro. "Basta de acosar a los niños en Daraa".

Daraa, una ciudad somnolienta en el desierto, en la frontera con Jordania, fue el lugar en el que todo comenzó. Una tarde de marzo, unos muchachos escribieron pintadas contra el Gobierno en un muro. Las fuerzas de seguridad los detuvieron y los llevaron a la comisaría local. Y luego, el silencio.

Sus padres los buscaron, preguntaron a todo el mundo. Nadie sabía nada. Acudieron a las autoridades, que les despacharon con cajas destempladas. El jeque local fue con los padres al despacho del jefe de seguridad de la ciudad.

"Devolvednos a nuestros hijos", dijo el líder religioso. Se quitó el cordón del pañuelo de la cabeza -el ogal- y lo puso en la mesa, un gesto simbólico para indicar la importancia de la petición. Si pides algo, debes estar dispuesto a dar algo a cambio, dice el Corán.

"Olvidaos de vuestros hijos. Conseguid otros", dijo, al parecer, el jefe de seguridad.
El jeque le pidió que tuviera compasión, por Dios.

"Si no podéis hacer más hijos, mandad a vuestras mujeres y nosotros nos encargaremos", dicen que exclamó el jefe de seguridad.

Los niños desaparecidos. Los insultos increíbles. Se fue juntando gente alrededor del edificio. Les decían que se fueran, pero ellos volvían.

Tardaron una semana en dejar en libertad a los menores. Habían sufrido un trato terrible. Les habían despellejado los nudillos. Parece que a algunos les arrancaron las uñas. Se distribuyeron vídeos de los chicos a través de YouTube. Las protestas se extendieron a otras ciudades.

Damasco fue un islote de calma hasta finales de marzo, cuando empezaron a producirse manifestaciones espontáneas también allí. No había coordinación ni una dirección clara. La hora y el lugar de las concentraciones se transmitían a través del boca a boca, entre amigos. Y con la esperanza de que fueran verdaderos amigos.

Las chicas de la séptima planta están preparando la primera manifestación solo de mujeres en el centro de Damasco. El lunes siguiente se reunirán en una de las mejores calles, en el barrio comercial de la capital. Permanecerán en las tiendas hasta las tres, y entonces se reunirán y desplegarán sus pancartas. Correrán cuando llegue la policía. Y se desvanecerán como sombras, si todo sale según lo previsto, por las callejuelas.
Los terroristas, las bandas armadas, Al Qaeda e Israel están detrás de todo, según los medios de comunicación sirios. Algunos han confesado en la televisión estatal.

"Mi misión era hacer vídeos llenos de mentiras", dijo uno. "El dinero venía de Arabia Saudí", dijo otro. "La gente sale a manifestarse obligada", dijo un tercero.

Las chicas menean la cabeza al oír todo eso.

"No quiero más que tener una buena vida", dice Alia. Trabaja en una productora especializada en telenovelas para el mercado palestino, y tiene mucho que perder. Su trabajo. Un novio. Las fiestas en la azotea.

"Una se siente muy pequeña bajo este régimen", dice en un francés vacilante. "Todo se decide en el Gobierno. Hasta ahora, he pedido a mis amigos que se mantuvieran al margen de las protestas. Les dije que esperásemos un poco. Pero las muertes han cambiado a la gente. Demasiada sangre. No podemos permitir que continúen".

Elias, el único varón presente en el apartamento, tiene remordimientos. "Estoy muerto de miedo", dice. "Nunca he participado en ninguna manifestación. No soy un hombre valiente".

Elias y Alia pertenecen a minorías religiosas. Elias es cristiano y Alia es drusa. "Tengo miedo del futuro", dice Elias. "El régimen tiene una buena política respecto a las minorías, mantiene el equilibrio en el país. Me da miedo el islam, que Siria se convierta en un nuevo Irak".

Ese miedo es algo que el régimen aprovecha para sus propios fines. Intenta convencer a los dirigentes cristianos, que representan a la décima parte de la población, de que los islamistas radicales pueden adueñarse del poder. Al otro lado de la frontera, en Irak, la mitad de la población cristiana ha huido de las persecuciones.

La tiza en la pancarta se emborrona, no se entiende bien lo que está escrito. Escritura blanca -inocencia- sobre un fondo negro, que es el poder. Era una buena idea. Alia sopla el polvillo y añade más tiza. Una de las chicas encuentra la solución. "¡Laca! ¡Podemos arreglarlo con laca!". El aerosol esparce su contenido por toda la habitación. La laca nunca ha olido tanto a revolución.

"No aplico mi espada cuando el látigo es suficiente, ni el látigo cuando basta mi lengua", dice el primer califa de la dinastía Omeya en Damasco. Mu'awiyya era un maestro de la hilm -gracia y tolerancia- y no empleaba la fuerza más que cuando era absolutamente necesario. Cuando se proclamó califa en 661 frente a la oposición de Alí, yerno de Mahoma, la división del islam entre suníes y chiíes se hizo realidad.

Este viernes, la mezquita de los Omeyas es el escenario de un drama contemporáneo. Es el único lugar en el que es legal reunirse, y está estrictamente vigilado por las fuerzas de seguridad. Toman nota de cada palabra que sale de la boca del imán.

El bazar está vacío. Los puestos están cerrados. Las persianas de hierro están bajadas para proteger frascos y cestas. El aroma del cardamomo sobrevuela el mercado de especias. El artesano del cuero deja a su paso un débil tufillo a piel, y el fabricante de jabones, a lavanda. Los turistas se han ido, solo quedan los habitantes locales, niños en bicicleta, abuelos sentados en sus sillas. Unas unidades de la policía en motocicleta han cerrado varias calles. Algunos planean manifestarse después de la oración.

El silencio es opresivo. La zona está llena de agentes de la Mujabarat. Todos saben quiénes son, aunque actúen como gente corriente. Se ponen en cuclillas en los bordillos de las aceras, se apoyan en las paredes, se sientan juntos en bancos junto a los portales. Van vestidos con pantalón de traje, como otros hombres, con camisa. Quizá son más anchos de espaldas que el sirio medio y, desde luego, tienen más propensión a llevar chaquetas de cuero. Pero no es la ropa lo que les distingue. Es su mirada.

Tienen una forma de mirar que es inquisitiva, pero no curiosa. Miran en una sola dirección, con la intención de absorber lo que ven, no de entrar en contacto con nadie. Su conversación o, mejor dicho, su falta de conversación es otra pista inequívoca. Casi toda la gente charla por lo menos un poco. Estos hombres apenas hablan y, cuando lo hacen, es sin que su rostro exprese nada, sin un codazo, sin una palmada en el hombro. No hablan como hablan las personas. Están de servicio.

Cuando las oraciones están a punto de terminar, se levanta un frío viento. El cielo sobre la mezquita se oscurece, se abre, y empieza a caer la lluvia. El agua cae sobre unos toldos endebles que ceden bajo su peso. Un hombre intenta evitar que entre agua en su casa con una escoba. De pronto, unas perlas blancas y heladas golpean los tejados y las lonas, hacen que las flores de jazmín se caigan de los árboles, salpican al caer sobre los adoquines y llenan los charcos.

"Dios es grande", dice un hombre que observa la granizada desde su puerta. "Nunca he visto esto en Damasco. Es Dios que nos protege. Los hombres permanecerán quietos. Así hoy no les matarán", suspira.
Es como si la calle desierta, las tiendas cerradas y todo lo que empapa la tormenta diera valor a este hombre. Habla de su hermano, que el viernes pasado eludió por poco a un francotirador del Gobierno. "Le pasó por aquí", dice Tarek, señalándose la parte lateral del cuello. La bala le rozó y le quitó un poco de piel durante una manifestación en la zona de Zamelka. Murieron varias personas.

Los francotiradores tiran a matar. No son muchos, los justos para atemorizar. Hay órdenes de que no haya más de 20 al día, pero muchos viernes las cifras han sido más altas.

Igual que otros sirios, habla del Miedo.

"Nos lo inyectan al nacer", dice en voz baja, mientras gesticula como si estuviera pinchándose con una aguja imaginaria. "Nos hace inclinar la cabeza, mirar hacia otro lado, desconfiar de los otros. Todo el mundo puede denunciar a cualquiera. Si contestas de mala manera a un policía o a él no le gusta tu cara, puedes desaparecer durante años. ¿Sabe cuándo he tenido más miedo? Cada vez que veía a los Asad en televisión. Ordenaba a mis hijos que se sentaran a escuchar con respeto. Había que tener cuidado con los niños. Pero todo cambió en marzo. Les conté lo que estaba sucediendo en nuestro país. El mayor fue conmigo a la manifestación de la semana pasada. En cambio, mi hija de cinco años lloró cuando dije que Bachar tenía que irse. "Quiero a Bachar", gritó, como le han enseñado. "No, tienes que odiarle", expliqué. "Pero yo le quiero", sollozó.

Tarek indica el retrato en la pared y el cartel sobre la puerta. "Vinieron con él hace 10 días. Colgadlo", ordené. "Me dio miedo no hacerlo. Vivo de esto, al fin y al cabo. Otros también han puesto los carteles. No es extraño que mi hija esté confundida".

En el barrio más comercial de Damasco, la atmósfera es sombría. Los maniquíes escasamente vestidos de los elegantes escaparates contemplan a los transeúntes con aire arrogante. Los cajeros también observan, lánguidos y con expresión resignada.

Aquí no hay imágenes del presidente. Tal vez el régimen no quiere pegar carteles en los escaparates recién lavados de la clase alta. Cuanto más pobre es el barrio, más carteles se ven.

Shirin se pasea por su tienda de moda, vestida con un vaquero ajustado y [calzando] unas UGG planas de ante. Tenía previstas unas rebajas de primavera, pero se produjo el baño de sangre en Daraa. "Anunciarme mientras estaban matando a la gente no me pareció bien", dice.

Esta empresaria de éxito simpatiza poco con los manifestantes -"unos jóvenes rebeldes que se dedican a armar jaleo"- y apoya a Bachar el Asad. "Tenemos una política exterior excelente. Somos independientes y producimos todo lo que necesitamos, salvo algunas piezas de recambio de aviones. Las sanciones nos han enseñado a depender de nosotros mismos. No necesitamos una intervención extranjera, como en Libia. ¿Y qué tiene de malo Gadafi? Siempre me pareció que tenía mucho sentido lo que decía".

Sin embargo, es madre de tres hijos, y le preocupan las detenciones de jóvenes en Daraa.

"El presidente debería haber ordenado colgar al jefe de seguridad local", opina. "El trato que dio a los padres fue una declaración de guerra".

"Allí son beduinos, divididos en clanes. Me preocupa que los extremistas exploten la situación y agiten a la gente".

Suspira. "Quiero mucho a mi país. Es donde quiero vivir. Vivir ahora".

En un café del centro, Mouna toma un sorbo de su cerveza Barada. Posee los ojos ardientes de una activista insomne, que pasa cada noche en un lugar distinto. La Mujabarat podría haberla detenido solo por los ojos.
Todo comenzó con su padre, un hombre de izquierdas, que escapó por los pelos a las depuraciones de los años setenta. Mouna recuerda la piel blanca de sus camaradas que habían sobrevivido a las cárceles de Hafez el Asad.

Después de las manifestaciones de Egipto, Mouna fue a casa de sus padres. "Mi padre y yo nos sentamos con nuestro té de menta y hablamos durante horas. Me dijo: '¡Llegará aquí! Está extendiéndose. Ha llegado tu turno".

Mouna respira hondo y mira alrededor.

"Utilicé Internet, el correo electrónico, Facebook, como los egipcios. Pronto empecé a recibir amenazas. 'Vamos a por ti', dicen. Cuando les pregunto quiénes son, contestan: 'Ya sabes quiénes somos".
La siguiente pregunta le irrita.

"Hemos crecido pensando que no había nada que hacer con esta sociedad y usted me pregunta a quién queremos como nuevo líder. Todavía no se ha materializado ningún candidato entre marzo y abril. Lo que quiero es participar en la sociedad", dice en tono firme.

Desenchufa el teléfono móvil del cargador cuando empieza a sonar una llamada. Es un teléfono muy viejo y necesita cargarse tres veces al día. Su cuerpo menudo empieza a temblar. Sostiene el teléfono con una mano y se agarra el cabello con la otra. "¿Cuándo? ¿Dónde?". Lanza la mirada al aire. "Tengo que irme", dice. "Han detenido a mi amigo. La policía secreta ha ido a su casa".

Al día siguiente, hay más chicas de lo habitual en una calle comercial de Damasco. Caminan de dos en dos. Para quienes están al tanto, descubrir quién está ahí con una misión no es difícil. Miran a su alrededor, nerviosas. Hacen movimientos bruscos de cabeza. Llevan zapatos planos. Igual que los hombres junto a la mezquita, hablan sin ninguna expresión facial. Una pareja aquí, otra allí. Tres. Cuatro. Un pequeño grupo. Uno más grande.

De pronto, abren los bolsos y sacan las pancartas. Algunas están escritas sobre tela, otras sobre papel. Cada mujer tiene su eslogan.

Basta de muertes. Basta de violencia.

Empiezan a andar en silencio hacia la plaza con la enorme estatua de bronce de Hafez el Asad. Ningún espectador dice una sola palabra. Todos prestan atención, incrédulos. Las chicas cruzan la glorieta para llegar a la estatua. Pasa un minuto. Dos. Quizá tres. Están rodeadas. Unas camionetas blancas y decenas de hombres vestidos de civil surgen de no se sabe dónde. Les arrancan las pancartas de las manos. Las arrojan al suelo. "¡Putas!", gritan los hombres. "¡Brujas!". Algunas yacen en tierra. Una se niega a que le quiten el cartel y grita de dolor cuando le rompen el dedo.

Pero la mayoría ha huido. Han desaparecido por el otro lado de la plaza, hacia las bocacalles. Cada una por su cuenta. Como habían planeado. Todo se termina en cuestión de minutos. Un furgón blanco se aleja con cuatro chicas dentro. Los demás vehículos abandonan el lugar.

La plaza está como si no hubiera pasado nada. Pero ha pasado algo. Algo ha comenzado. -

En Damasco
las palomas vuelan
tras la valla de seda
de dos ...
en dos ...

Mahmoud Darwish

Por ÅSNE SEIERSTAD 05/06/2011*
Corresponsal de guerra
*Asne Seierstad, nacida en 1970 en Oslo, ha cubierto como corresponsal de guerra los conflictos de Kosovo, Chechenia Afganistán e Irak. Fruto de su experiencia afgana es El librero de Kabul (2002), con más de dos millones de ejemplares vendidos. Más recientemente ha publicado El ángel de Grözni. Ambos libros editados por Maeva.
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Sábado, 12 Febrero 2011 08:57

Ron Paul y el anarquismo de derecha

Escandalizado por la miseria que había encontrado en las clases bajas de la poderosa Francia, Thomas Jefferson le escribió a Madison que ésta era producto de la “unequal division of property” (“división desigual de la propiedad”). La riqueza de Francia, pensaba Jefferson, estaba concentrada en muy pocas manos, lo que provocaba que las masas vivieran desempleadas y mendigando. También reconoció que “la igual distribución de la propiedad es impracticable”, pero las grandes diferencias producen miseria. Si se quería preservar el proyecto utópico de la libertad en América, ya no solo por justicia, era urgente asegurar que las leyes dividiesen las propiedades obtenidas por herencia para ser equitativamente distribuida a los descendientes (Bailyn 2003, 57). Por esta razón, en 1776 Jefferson abolió en su estado las leyes que privilegiaban herederos y estableció que toda persona adulta que no poseyera 50 acres (20 hectáreas) de tierra, las recibiera del Estado, ya que “la tierra pertenece a los vivos, no a los muertos” (58).

Alguna vez Jefferson sostuvo que si tuviese que elegir entre un gobierno sin periódicos y los periódicos sin gobierno, elegía esto último. Como la mayoría de sus pares fundadores, fue famoso por otras ideas libertarias, por su anarquismo moderado y por una colección de otras contradicciones.

Quizás hoy en día Ron Paul sea una especie de encarnación posmoderna de aquel presidente y filósofo ilustrado. Quizás por eso mismo haya sido desplazado por Sarah Palin en la definición de lo que es ser un buen conservador. Además de médico, representante texano y uno de los líderes históricos del movimiento Libertario, probablemente Paul sea el verdadero fundador del inexistente Partido del Té (Tea Party).

Si algo ha diferenciado en las últimas décadas a los republicanos neoconservadores de los demócratas liberales, es su fuerte intervencionismo internacional con reminiscencias mesiánicas o sus tendencias a legislar contra el matrimonio homosexual. Por el contrario, si algo ha caracterizado la fuerte crítica y la práctica legislativa de Ron Paul ha sido su propuesta de eliminar el banco central de EE.UU, su oposición a la intromisión del Estado en la definición de lo que es o debe ser un matrimonio y su oposición a todo tipo de intervencionismo en los asuntos de otros países.

Un momento ilustrativo fue el debate del partido Republicano en Miami, en diciembre de 2007. Mientras el resto de los candidatos se dedicaron a repetir frases prefabricadas que levantaron los aplausos y el entusiasmo del público hispano de Miami, Ron Paul no perdió la oportunidad para repetir sus incómodas convicciones.

Ante la pregunta de María Elena Salinas sobre cómo tratar con el presidente de Venezuela, Ron Paul simplemente contestó a favor de dialogar con Chávez y con Cuba. Obviamente los abucheos resonaron en toda la sala. Sin esperar a que la tribuna se calmara, contraatacó: “Pero déjenme decirles por qué, por qué tenemos problemas en Centro América y en América del Sur: porque hemos estado metidos en sus asuntos internos desde hace mucho tiempo, nos hemos metido en sus negocios. Nosotros creamos a los Chávez de este mundo, hemos creado a los Castro de este mundo, interfiriendo y creando caos en sus países y ellos han respondido sacando a sus líderes constituidos…”.

Los abucheos terminaron con la línea argumentativa del tejano, hasta que le preguntaron de nuevo sobre la guerra en Irak: “no tuvimos razones para meternos ahí, no declaramos la guerra […] Tengo un punto de vista diferente porque respeto la Constitución y escucho a los padres fundadores que nos dicen: quédense afuera de los asuntos internos de otras naciones.”

En política interna, el movimiento Libertario comparte varios puntos con los neoconservadores. Por ejemplo la idea de que las desigualdades son producto de la libertad entre diferentes individuos con habilidades e intereses diferentes. De ahí que la idea de “distribución de la riqueza” sea entendida por los seguidores de Ron Paul como un acto arbitrario, de injusticia social. Para otros neocons, es simplemente un producto del adoctrinamiento ideológico de los socialistas como Obama. Acto seguido, no pierden oportunidad de señalar todos los libros de Karl Marx que Obama estudió, aparentemente con pasión, en Columbia University y todas las reuniones de los “Socialist Scholars Conference” a las que acudió (Radical-in-Chief: Barack Obama and the Untold Story of American Socialism, Stanley Kurtz). No obstante, según la perspectiva de los libertarios, todo esto caería dentro de los derechos de cualquiera, como fumar marihuana, siempre y cuando no intente imponérselo a los demás. Cosa que en un presidente sería por lo menos difícil.

La vaca sagrada de los neoconservadores norteamericanos es la libertad (ya que para ellos el liberalismo es una mala palabra) como si se tratase de una escancia independiente de la realidad. Para lograrla, basta con eliminar o reducir todo lo que se llame Estado y Gobierno. Menos el ejército. De ahí la afición de algunos por las armas en manos de los individuos: para ser usadas contra el poder intruso de los gobiernos, sean propios o ajenos.

Los fanáticos de la libertad absoluta no consideran o le restan importancia al hecho de que para ser libres se necesita una determinada cuota de poder. Para Jefferson y para el Che, el dinero era solo un mal necesario, producto de la corrupción de la civilización y frecuente instrumento robo. Pero en nuestro tiempo (ya lo sabían los griegos de Pericles) el poder radica en el dinero. Basta, entonces, tener más dinero para ser, en términos sociales (no existenciales) más libre que un obrero que no puede disponer del mismo grado de libertad para educar a sus hijos o para tener tiempo libre que estimule su desarrollo humano y su creatividad intelectual.

En el otro extremo, en gran parte de América latina, hoy en día la vaca sagrada es la “distribución de la riqueza”, Estado mediante. Con frecuencia no se considera o se le resta importancia al hecho de que también la producción puede estar mal distribuida. Aquí los parámetros culturales son cruciales: hay individuos y grupos que crean y trabajan por el resto que luego clama por la injusticia de no obtener los beneficios que se merecerían si existiera la justicia social. Lo que es como si un mentiroso se escondiese detrás de una verdad para salvar y perpetuar sus vicios. Para esta posición, cualquier mérito es sólo el resultado de un sistema opresivo que, incluso, no permite a los perezosos salir de su pereza. Así, la pereza y el robo se explican por la estructura económica y la cultura de la opresión que mantiene a grupos enteros en la ignorancia. Lo cual no deja de ser cierto hasta cierto punto pero no es suficiente para demostrar la inexistencia de eternos haraganes y otros escasamente dotados para el trabajo físico o intelectual. En todo caso no debería haber redistribución de la riqueza si primero no hay redistribución de la producción. Lo que en parte sería también una redistribución de las ganas de estudiar, de trabajar y de hacerse responsable de algo.

En la actualidad los Estados son males necesarios para proteger la igual-libertad. Pero al mismo tiempo son el principal instrumento, como creían aquellos revolucionarios americanos, para proteger los privilegios de los más poderosos y alimentar el vicio moral de los más débiles.


Febrero 2011
Jacksonville University

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Domingo, 24 Enero 2010 08:02

Invictus

Al día siguiente de haber conquistado la presidencia del país del apartheid, Nelson Mandela (interpretado sobriamente por Morgan Freeman) contempla los titulares desafiantes de un diario local: Ha ganado, ¿pero puede gobernar? A un colaborador suyo le confía: Es una pregunta sensata. A partir de ese momento Invictus, de Clint Eastwood, plantea la estrategia política y moral del hombre que hizo de la reconciliación nacional la pieza central de su programa de gobierno. Ante el recelo tenaz sus correligionarios de raza y de partido, que veían en toda política de perdón y olvido una traición a los largos años de agravios racistas, el mandatario negro opuso siempre un argumento de talla: en las difíciles condiciones en que se encontraba el país: un ajuste de cuentas con la minoría blanca, dueña absoluta del poder económico, sería un desacierto mayúsculo para una democracia incipiente.
 
El respaldo internacional era enorme y había que aprovecharlo. El descrédito del gobierno de De Klerk era tan grande como el prestigio moral del hombre que durante 27 años había padecido las mazmorras del país, injuriado como terrorista, y que ahora, luego de un intenso activismo político, alcanzaba la estatura de un líder mundialmente reconocido.
 
Sudáfrica había enfrentado múltiples boicots por su política segregacionista, y uno de ellos afectaba directamente a la vida deportiva. El rugby, deporte nacional, tenía en el equipo Springbok todo un emblema de la supremacía blanca y como tal era detestado por la mayoría negra. La jugada maestra de Mandela presidente, misma que describe la película de Eastwood, fue apoyar a ese equipo ahora desmoralizado y perdedor, infundirle ánimos, congraciarlo con la comunidad negra, convencer a esta última de los beneficios de la estrategia, y apoyarlo en todo momento hasta la conquista final de la Copa del Mundo de rugby en 1995 frente al poderoso equipo de Nueva Zelanda, hazaña que el líder negro aprovecharía políticamente.
 
Basada en el libro testimonial del periodista británico John Carlin, El factor humano (Playing the enemy), y con un guión de Anthony Peckham, la nueva cinta de Eastwood combina el relato deportivo convencional (el fogueo y triunfo sorpresivo del equipo por el que ya nadie apuesta) y una parábola sobre los reveses de la mentalidad racista. Concentra la historia en la educación moral del capitán del Springbok, Francois Pienaar (Matt Damon), un atlético afrikaner fascinado por la personalidad de Mandela (Freeman), y luego procede a mostrar un paulatino vuelco de la comunidad blanca hacia insospechados niveles de tolerancia moral y armonía social con sus connacionales oprimidos.
 
Todo el talento del realizador de Los imperdonables no basta para convencer al público de la química providencial que allana los odios ancestrales, e Invictus se transforma en lección bien pensante sobre el voluntarismo personal, el ánimo de superación y la concordia entre discriminados y opresores, con una figura patriarcal que actualiza la resistencia civil de Gandhi, anticipando, a su modo, el cambio de mentalidades que culminará con la victoria moral de Barack Obama.
 
En el momento en que se produce la primera chispa de simpatía de Pienaar por el mandatario negro, se diluye en la cinta toda reflexión consistente sobre la situación política en Sudáfrica, se aterriza en el terreno de los buenos sentimientos, y durante una larga e intensa hora el espectador asiste sólo a los pormenores del partido histórico que sella la reconciliación del pueblo sudafricano.
 
A la eficacia del relato contribuye vigorosamente la actuación de Morgan Freeman, y en menor medida la agradecible contención de Matt Damon, pero difícilmente podrá Invictus tomar un lugar destacado en la filmografía de un director que de Un mundo perfecto a Million dollar baby se ha distinguido por su sobriedad narrativa y su capacidad de mantenerse, con ironía y malicia, al margen de los convencionalismos del cine comercial.
 
En el registro del relato épico, su nueva cinta queda muy por debajo de su reciente díptico histórico, Flags of our fathers y Letters from Iwo Jima.
 
La figura de Nelson Mandela tenía todo para propiciar una obra vigorosa y contundente sobre la intolerancia, pero también los ingredientes para una película sin profundidad ni matices, mera ilustración empeñosa del relato biográfico del antiguo corresponsal en Sudáfrica, John Carlin.
 
Estwood ha elegido la ruta más directa para el reconocimiento de la Academia. Decía Mandela a propósito de sus adversarios políticos: No hay que apelar a su razón, sino a sus corazones. El director de Invictus no hace aquí otra cosa frente al viejo sistema hollywoodense.
 
Por Carlos Bonfil
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"No es que los israelíes quieran exterminar a los palestinos, es que lo hacen abiertamente". El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, reiteró sus denuncias contra Israel este miércoles en una entrevista para el diario francés Le Figaro. Chávez, que no niega el derecho de Israel a existir, reclama el mismo tratamiento para Palestina ante los continuos ataques a los que somete a la población civil el Ejército hebreo. "Israel debe respetar el derecho a la autodeterminación de los palestinos", dijo. Por último, apoya la idea de sancionar a Israel.

Recordando la última invasión de Gaza por parte de Israel, el presidente venezolano, no acepta como excusa para "un ataque salvaje contra gente inocente " el lanzamiento de cohetes por parte de Hamás. "Es difícil de creer. Los israelíes buscaban una excusa para exterminar a los palestinos. Conozco a Jimmy Carter, un hombre honorable, que cuando llegó a Cisjordania hace poco dijo 'dan ganas de llorar'".

Al sacar a colación al ex presidente estadounidense, el periodista de Le Figaro le dijo a Chávez que Carter nunca habló de genocidio. El venezolano contestó: "Jimmy carter es Jimmy Carter, y yo soy Hugo Chávez. Yo creo que hay que condenar esta agresión y sancionar a Israel". Por último, Chávez quiso dejar claro que él "respeta el derecho de Israel a vivir en paz, como el de todos los países del mundo. Tienen los mismos derechos, como los palestinos a crear un futuro Estado. Israel debe respetar este principio de autodeterminación de los palestinos".

Obama y la esperanza

El presidente venezolano también se refirió a su relación con su homólogo norteamericano Barack Obama, del que dijo que había traído consigo mucha esperanza sobre la política exterior de Estados Unidos, pero ha habido "pocos cambios". Chávez puso como ejemplo su posición con el golpe de Estado en Honduras o con las bases en Colombia. Pese a todo, aseguró que sigue tendiendo la mano a "Obama y al pueblo estadounidense".


En la entrevista, Chávez pidió a Obama que reflexione sobre la posibilidad de poner en marcha "un gran plan Marshall en favor de América Latina. Espero que Obama aclarará sus ideas y oirá la voz de la verdad", afirmó.

El jefe del Estado venezolano lamentó que con el golpe de Estado de Honduras "la posición de Obama y Clinton no es clara" y recordó que cuando el presidente destituido, Manuel Zelaya, fue expulsado de su residencia se le transfirió a una base estadounidense. En esa línea, también consideró que "la instalación de los estadounidenses en siete bases militares en Colombia es una señal muy negativa".


Sobre los proyectos de integración latinoamericana, Chávez estimó que "vamos por buen camino" y que las ideas del libertador Simón Bolívar vuelven a estar de actualidad. "Este proyecto de unión que tiene 200 años va a convertirse, teniendo en cuenta las circunstancias actuales, en un gran proyecto del siglo XXI", argumentó.

 Irán y su programa nuclear

Preguntado sobre cuál le parece el precio que debería tener el barril de petróleo, el presidente de Venezuela respondió que una horquilla de "un mínimo de 80 dólares y un máximo de 100 constituiría un precio justo", tras haber señalado que en la actualidad con un nivel de algo más de 60 dólares "se acerca a un precio equitativo". "El petróleo es un recurso natural no renovable" que se habrá agotado "a finales de siglo" y su explotación, debido a que los costos de producción aumentan, "necesita fuertes inversiones", subrayó.

Chávez dijo que está "seguro de que Irán no está produciendo la bomba" atómica, señaló que nadie ha aportado pruebas y explicó las reticencias de las autoridades iraníes a ser sometidas a controles internacionales porque "nunca aceptarán que se les ponga bajo tutela". "Si Europa y Estados Unidos están inquietos -a mi parecer equivocadamente- que sean coherentes y propongan un pacto bajo los auspicios de la ONU para la eliminación total de las armas nucleares", añadió.

Reiteró que es "amigo y aliado" del presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad y, tras evocar su viaje a Teherán la semana pasada, insistió en que "Irán tiene derecho a desarrollar su energía nuclear como lo hacen Francia, numerosos países y, por qué no, Venezuela". No obstante, a continuación añadió que hablando en nombre de Venezuela, le parece que el uso del arma atómica "sería una catástrofe" y por eso quiere "un desarme generalizado".

PÚBLICO.ES/AGENCIAS - París - 09/09/2009 09:08


 

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