Domingo, 27 Junio 2021 06:23

Un ejercicio periodístico impecable

Un ejercicio periodístico impecable

En medio del dolor que nos invade una vez conocida la noticia del atentado sufrido y posterior muerte de nuestra compañera comunicadora Beatriz Cano, integrante del tejido de comunicación de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca –Acin–, locutora de notable vitalidad en la emisora Radio Payumat, como proyecto desdeabajo no podemos dejar pasar por alto el ejercicio de un medio que también está dando todo por la defensa de la vida, al igual que lo hizo Beatriz, nos referimos al equipo de trabajo del Canal 2.

Desde el 28A este equipo informativo, en cabeza del periodista José Alberto Tejada, sobresale por sobre cualquier medio de comunicación a nivel nacional, e imparte una magistral clase de periodismo al conjunto de facultades de comunicación y sus docentes, como también al conjunto de medios alternativos y comunitarios de Colombia. El Canal 2 y su director, se ganaron el cariño del pueblo caleño por su labor informativa seria, veraz, constante y sencilla a la hora de comunicar.

Arriesgando la vida cada día y cada noche, este equipo de trabajo está haciendo un registro histórico de la coyuntura nacional. Entendieron el momento coyuntural y se la jugaron de frente, sin timidez, por informar desde el lado de los jóvenes populares. Su decisión es tan nítida, que, en la editorial del 3 de junio, su director, José Alberto, se atrevió a decir:

“Es en la juventud donde descansa la posibilidad del futuro […] esto que estamos viendo hoy no es solamente una explosión y un estallido social porque queremos que nos den un poquito más o porque queremos que no nos quiten tanto, no, aquí hay una crisis civilizatoria planteada como eje de la discusión, aquí hay un debate al contrato social como eje del debate en discusión, ya no sirve el contrato social que tenemos, hay que replantearlo. Este sistema representativo de la clase política que viene ejerciendo por lo menos desde la Constitución del 91, está haciendo aguas, habrá que encontrar otros mecanismos y los jóvenes están diciendo: “estamos pidiendo que nos abran la puerta”. Y la crisis civilizatoria tiene que ver con algo mucho más profundo y es ¿cuál es la cosmovisión, el proyecto de sociedad, el propósito de la existencia humana en el planeta Tierra? Esta pregunta, que parece una pregunta metafísica, está en el centro de toda esta explosión, de este estallido”.

Un canal del pueblo

En sus transmisiones diarias, las personas denuncian todo el tiempo lo que sucede, pues el medio abre sus micrófonos para escuchar a todo aquel o aquella que quieren decir algo. La situación se va polarizando, hoy la sociedad empieza a entender quiénes son los medios del pueblo y los medios que están en su contra. Así como a RCN quienes se movilizan le arrojan piedras e intentan romper sus instalaciones, en la sede del Canal 2 las personas se reúnen a cantarles arengas, a gritarles que muchas gracias por su labor. De igual manera, mientras que a los medios tradicionales les dibujan pintas con ofensas, en Cali dibujan grafitis homenajeando al medio del pueblo.

Lo que han logrado quienes integran el equipo del Canal 2 es una comunicación informal, cotidiana, en la que no faltan las risas en medio de la tensión de las balaceras. Es asombroso ver cómo en medio de las movilizaciones, mientras se registra el actuar paramilitar y de guerra contra la sociedad civil y la protesta social, se escuchan mensajes de admiración y cariño al medio, todo el tiempo les dicen a estos comunicadores que se cuiden, que los necesitan vivos. “El viejo”, como le dicen con amor a su director, hoy es un referente de quienes luchan y se juegan la vida en las barricadas que bloquean la entrada a muchos barrios; ese “viejo” es hoy el parlante de la voz del pueblo.

Actuar de igual manera, es la tarea y reto que hoy nos colocan los amigos del Canal 2. Un actuar indispensable para develar el estado actual de la supuesta democracia colombiana, un proceder crucial para politizar a la sociedad. Por esto es urgente que la sociedad escuche el llamado de “El viejo” y consulten a los medios alternativos, así como a la prensa nacional e internacional no adscrita al establecimiento.

El ejemplo de este equipo periodístico traza un reto inmenso: los académicos, activistas sociales, líderes políticos, empresarios, defensores de derechos humanos, dirigentes religiosos y ciudadanía en general, deben visitar los territorios, deben caminar el suelo que pisan los jóvenes populares, oler el aire que huelen, ver con los ojos que miran estos jóvenes en resistencia.

Hoy es imprescindible que los medios alternativos del país rodeemos el ejercicio del periodista José Alberto y su equipo de trabajo. Es más urgente que nunca impulsar y crear un escenario de articulación comunicativo, tal y como desde hace años venimos proponiendo relacionando y dando forma a un Sistema Nacional de Comunicación Alternativa. Uniendo los medios, experiencia, disposición y fuerza humana de los pequeños proyectos comunicativos que existimos podremos romper el cerco mediático, disputar la opinión pública y ayudar a construir otra sociedad posible.

Así mismo, es urgente que los movimientos sociales y dirigentes políticos dejen de pensar en los medios de comunicación alternativos como simples instrumentos, cajas de resonancia, medios para la propaganda, y los valoren y potencien, en autonomía, como baluarte fundamental e indispensables en un proyecto cultural renovador de la nación en todos sus tejidos.

Hoy todos y todas deben tomar posición y decidir si continuarán informándose y apoyando con sus lecturas, compras y en no pocas ocasiones escritos a los medios oficiosos, o si optan por apoyar, colaborar, comprar, difundir, multiplicar, a los medios alternativos. Esa toma de posición, los potenciará o aportará para que el establecimiento no mantenga y prolongue una visión e imagen de país ajena a la realidad que viven quienes hoy reclaman en las calles la necesidad de otro país, otro presente, otro futuro.

Un inmenso reto que evidencia que otra democracia sí es posible, y tal factibilidad también transita por el despliegue de un grande, abierto, articulado y dinámico proceso comunicativo, con pies en la tierra y con mente en las vivencias de los menos, de los excluídos, perseguidos, asesinados, negados, desplazados, sin techo ni trabajo.

 

 

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Publicado enColombia
Julian Assange y el colapso del Estado de derecho

 Este artículo reproduce la intervención de Chris Hedges en un acto celebrado el pasado jueves en Nueva York en apoyo de Julian Assange. Dicho acto forma parte de una gira por Estados Unidos que durará un mes y en la que intervienen entre otros el padre y el hermano de Julian y Roger Waters (Pink Floyd).

Una sociedad que prohíbe la posibilidad de decir la verdad anula la posibilidad de vivir en la justicia.

Esa es la razón por la que esta noche estamos aquí. Todos los que conocemos y admiramos a Julian condenamos su prolongado sufrimiento y el de su familia. Exigimos que se ponga fin a los muchos errores e injusticias que se han cometido con su persona. Le respetamos por su valor y su integridad. Pero la batalla por la libertad de Julian nunca ha sido solo por la persecución a la que se sometía a un editor. Es la batalla por la libertad de prensa más importante de nuestra era. Y si perdemos esa batalla las consecuencias serán devastadoras, no solo para Julian y su familia sino para todos nosotros.

Las tiranías invierten el Estado de derecho. Convierten la ley en un instrumento de injusticia. Esconden sus crímenes mediante una falsa legalidad. Utilizan la dignidad de tribunales y juicios para ocultar su criminalidad. Aquellos que, como Julian, exponen ante el público esa criminalidad son personas peligrosas, porque sin el pretexto de la legitimidad la tiranía pierde credibilidad y lo único que le queda es el miedo, la coacción y la violencia.

La prolongada campaña contra Julian y Wikileaks es una ventana hacia la demolición del Estado de derecho, un paso más hacia lo que el filósofo político Sheldon Wolin llama nuestro sistema de totalitarismo invertido, una forma de totalitarismo que mantiene la ficción de la antigua democracia capitalista, incluyendo sus instituciones, iconografía, símbolos patrióticos y retórica, pero que internamente ha entregado todo el control a los dictados de las corporaciones globales.

Yo estaba en la sala del tribunal cuando Julian Assange fue juzgado por la juez Vanessa Baraitser, una versión moderna de la Reina de Corazones de Alicia en el País de las Maravillas, que exigía la sentencia antes de declarar el veredicto. Fue una farsa judicial. No existía base legal alguna para mantenerle en prisión. No había base legal alguna para juzgarle, siendo un ciudadano australiano, según la Ley de Espionaje de EE.UU. La CIA le estuvo espiando en la embajada ecuatoriana a través de una compañía española, UC Global, contratada para proporcionar la seguridad a la embajada. Este espionaje incluyó las conversaciones confidenciales entre Assange y sus abogados cuando discutían los términos de su defensa. Este mero hecho debería haber invalidado el juicio. Julian está prisionero en una cárcel de alta seguridad para que el Estado pueda continuar los abusos degradantes y la tortura que espera provoquen su desintegración psicológica o incluso física, tal y como ha testificado el relator Especial de la ONU para la Tortura, Nils Melzer.

El gobierno de Estados Unidos ha dado instrucciones al fiscal londinense James Lewis, tal y como ha documentado con elocuencia [el exdiplomático, periodista y defensor de derechos humanos británico] Craig Murray. Lewis presentó dichas directrices a la juez Baraitser, que las adoptó como su decisión legal. Todo el show fue una pantomima judicial. Lewis y la juez insistieron en que no estaban intentando criminalizar a los periodistas y amordazar a la prensa, al mismo tiempo que se afanaban en establecer un marco legal para criminalizar a los periodistas y amordazar a la prensa. Y esa es la razón por la que el tribunal se esforzó tanto por ocultar el proceso judicial a la opinión pública, limitando el acceso a la sala del tribunal a un puñado de observadores y poniendo todas las dificultades posibles para imposibilitar su visionado en línea. Fue un oscuro juicio amañado, más típico de la Lubianka que de la jurisprudencia británica.

Yo sé que muchos de los que estamos hoy aquí nos consideramos radicales, puede que hasta revolucionarios. Pero lo que estamos exigiendo tiene de hecho un tinte conservador, dentro del espectro político. Exigimos la restauración del Estado de derecho. Algo tan sencillo y básico que no debería resultar incendiario en una democracia en funcionamiento. Pero vivir en la verdad en un sistema despótico es un acto supremo de desafío. Esa verdad aterroriza a quienes detentan el poder.

Los arquitectos del imperialismo, los señores de la guerra, las ramas legislativa, judicial y ejecutiva del gobierno, controladas por las grandes empresas, y sus serviles cortesanos de los medios de comunicación son ilegítimos. Si pronuncias esta sencilla verdad quedas desterrado, como hemos estado muchos de nosotros, a los márgenes del panorama mediático. Si demuestras esa verdad, como han hecho Julian Assange, Chelsea Manning, Jeremy Hammond y Edward Snowden al permitirnos fisgar en las interioridades del poder, serás perseguido y procesado.

Poco después de que Wikileaks publicara los archivos de la Guerra de Irak en octubre de 2010, que documentaban numerosos crímenes de guerra de Estados Unidos –incluyendo imágenes del ametrallamiento de dos periodistas de Reuters y otros 10 civiles desarmados en el video Asesinato Colateral, la tortura sistemática de prisioneros iraquíes, el ocultamiento de miles de muertes de civiles y el asesinato de cerca de 700 civiles que se habían acercado demasiado a los puestos de control estadounidenses–, los destacados abogados de derechos civiles Len Weinglass y mi buen amigo Michael Ratner (a quien acompañaría posteriormente para reunirse con Julian en la embajada ecuatoriana) se reunieron con Julian en un apartamento de Londres Central. Las tarjetas bancarias personales de Assange habían sido bloqueadas. Tres ordenadores encriptados habían desaparecido de su equipaje durante su viaje a Londres. La policía sueca estaba fabricando un caso en su contra con la intención, le advirtió Ratner, de extraditarle a Estados Unidos.

“Wikileaks y tú personalmente os enfrentáis a una batalla que es tanto legal como política”, le dijo Weinglass a Assange. “Como aprendimos en el caso de los Papeles del Pentágono, al gobierno de Estados Unidos no le gusta que se haga pública la verdad. Y no le gusta que le humillen. No importa que sea Nixon, Bush u Obama, un Republicano o un Demócrata, quien ocupe la Casa Blanca. El gobierno de EE.UU. intentará evitar que publiques sus repugnantes secretos. Y si tienen que destruirte a ti, y destruir al mismo tiempo la Primera Enmienda y los derechos de los editores, están dispuestos a hacerlo. Creemos que van a perseguir a Wikileaks y a ti, Julian, por publicarlos”.

“Que van a perseguirme, ¿por qué razón?”, preguntó Julian.

“Por espionaje”, continuó Weinglass. “Van a acusar a Bradley Manning por traición, acogiéndose a la Ley de Espionaje de 1917. No creemos que se le pueda aplicar porque es un denunciante de conciencia, no un espía. Pero van a intentar obligar a Manning a que te implique a ti como colaborador”.

“Que van a perseguirme, ¿por qué razón?”

Esa es la cuestión.

Han perseguido a Julian por sus virtudes, no por sus defectos.

Han perseguido a Julian porque sacó a la luz más de 15.000 muertes no denunciadas de civiles iraquíes; porque hizo públicas la tortura y los malos tratos a unos 800 hombres y muchachos de entre 14 y 89 años en Guantánamo; porque publicó que Hillary Clinton ordenó en 2009 a los diplomáticos estadounidenses que espiaran al Secretario General de la ONU Ban Ki Moon y a otros representantes de China, Francia, Rusia y Reino Unido, un espionaje que incluía obtener su ADN, el escaneo de su iris, sus huellas dactilares y sus contraseñas personales, continuando métodos habituales de vigilancia ilegal como las escuchas ilegales al Secretario General de la ONU Kofi Annan las semanas previas a la invasión de Irak de 2003 dirigida por Estados Unidos; le han perseguido porque divulgó que Barack Obama, Hillary Clinton y la CIA orquestaron el golpe militar de 2009 en Honduras que derrocó al presidente elegido democráticamente, Manuel Zelaya, y lo reemplazó con un régimen militar corrupto y asesino; porque reveló que George Bush hijo, Barack Obama y el general Davis Petrous llevaron a cabo una guerra en Iraq que, según las leyes posteriores al proceso de Núremberg, se considera una guerra criminal de agresión, un crimen de guerra y porque autorizaron cientos de asesinatos selectivos, incluyendo los de ciudadanos estadounidenses en Yemen, donde también lanzaron secretamente misiles, bombas y ataques con drones que acabaron con la vida de decenas de civiles; porque reveló que Goldman Sachs pagó a Hillary Clinton 657.000 dólares por dar conferencias, una suma tan enorme que solo puede considerarse un soborno, y que Clinton aseguró en privado a los líderes empresariales que cumpliría sus ordenes, mientras prometía a la opinión pública una regulación y una reforma financiera; porque sacó a la luz la campaña interna para desacreditar y destruir a Jeremy Corbyn por parte de miembros de su propio Partido Laborista; porque mostró cómo la CIA y la Agencia Nacional de Seguridad utilizan herramientas de hackeo que permiten al gobierno la vigilancia al por mayor a través de nuestros televisores, ordenadores, smartphones y programas antivirus, lo que permite al gobierno registrar y almacenar nuestras conversaciones, imágenes y mensajes de texto privados, incluso si están encriptados.

Julian sacó a la luz la verdad. La desveló una y otra y otra vez, hasta que no quedó la menor duda de la ilegalidad, corrupción y mendacidad endémicas que definen a la élite gobernante global. Y por descubrir esas verdades es por lo que han perseguido a Assange, como han perseguido a todos aquellos que se atrevieron a rasgar el velo que cubre al poder. “La Rosa Roja ahora también ha desaparecido…”, escribió Bertolt Bretch cuando la socialista alemana Rosa Luxemburgo fue asesinada. “Porque ella a los pobres la verdad ha dicho, los ricos del mundo la han extinguido”.

Hemos experimentado un golpe de Estado empresarial, mediante el cual los pobres y los hombres y mujeres trabajadores se ven reducidos al desempleo y el hambre; la guerra, la especulación financiera y la vigilancia interna son las únicas ocupaciones del Estado; por el cual ya ni siquiera existe el habeas corpus; por el que los ciudadanos no somos más que mercancías que se usan, se despluman y se descartan para los sistemas corporativos del poder. Negarse a contraatacar, a tender lazos y ayudar al débil, al oprimido y al que sufre, a salvar el planeta del ecocidio, a denunciar los crímenes internos e internacionales de la clase dominante, ea xigir justicia, a vivir en la verdad es llevar la marca de Caín. Quienes detentan el poder deben sentir nuestra ira, y eso significa realizar actos constantes de desobediencia civil, significa acciones constantes de protesta social y política, porque este poder organizado desde abajo es el único que nos salvará y el único poder que liberará a Julian. La política es un juego de temor. Es nuestro deber moral y cívico hacer sentir miedo a los que están en el poder, mucho miedo.

La clase dominante criminal nos tiene a todos sujetos por el miedo. No puede reformarse. Ha abolido el Estado de derecho. Oscurece y falsea la verdad. Busca la consolidación de su obsceno poder y su obscena riqueza. Por tanto, citando a la Reina de Corazones, metafóricamente, claro, yo digo: “¡Que les corten la cabeza!”.

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Por Chris Hedges | 16/06/2021

Chris Hedges es un periodista ganador del Premio Pulitzer. Fue durante 15 años corresponsal en el extranjero para The New York Times, ejerciendo como jefe para la oficina de Oriente Próximo y la  de los Balcanes. Anteriormente trabajó para los diarios The Dallas Morning News, The Christian Science Monitor y NPR. Presenta el programa “On Contact”, nominado para un Premio Emmy, de la cadena internacional de televisión rusa RT.

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Lunes, 14 Junio 2021 06:14

Delatores democráticos

Estatuas que representan a Edward Snowden, Julian Assange y Chelsea Manning, durante el lanzamiento de una campaña internacional, hace unos días, que apremia a la liberación inmediata del fundador de Wikileaks. Las figuras representan a personajes que se han atrevido a informar a sus conciudadanos sobre engaños, corrupción, injusticias o abusos gubernamentales.Foto Afp

Se cumplen 50 años este domingo desde que comenzó la publicación de los Papeles del Pentágono entregados al New York Times y después al Washington Post por Daniel Ellsberg, y el 11 de junio fueron ocho años desde que Edward Snowden decidió revelar que él fue quien filtró documentos secretos sobre el espionaje masivo a ciudadanos en Estados Unidos y otras partes del mundo, mientras Julian Assange lleva más de una década perseguido por Washington y otros gobiernos por atreverse a publicar y filtrar documentos sobre crímenes de guerra, engaños de gobernantes y políticos a sus ciudadanos, corrupción y más.

La semana pasada se reveló que el gobierno de Trump secretamente obtuvo información de las llamadas telefónicas de periodistas del New York Times, CNN y el Washington Post que sospechaba estaban recibiendo información filtrada. Y el jueves pasado, mientras Biden declaraba parte de su cruzada internacional contra la corrupción, un juez dio una sentencia de prisión a una funcionaria del Departamento del Tesoro que probablemente hizo más que nadie en tiempos recientes en la lucha contra la corrupción al filtrar documentos que llevaron a la investigación periodística multinacional sobre el dinero sucio en el sistema financiero internacional (https://www.icij.org/investigations/fincen-files/)

Se les llama whistleblowers, sopladores de silbato, los que dan pitazos, filtradores, denunciantes, y son aquellos que se atreven a informar a sus conciudadanos sobre engaños, corrupción, injusticias o abusos gubernamentales que podrían dañar a la sociedad.

Los periodistas que colaboran en estos esfuerzos por la transparencia también son perseguidos por las autoridades. Nixon ordenó a su Departamento de Justicia prohibir la publicación de los Papeles del Pentágono –que revelaban años de mentiras gigantescas sobre la guerra en Vietnam– un caso que llegó hasta la Suprema Corte, la cual, con un fallo de seis a tres, defendió la libertad de expresión y la prensa libre en una gran derrota para el presidente. Ante ello, Nixon ordenó a un grupo de operadores secretos conocidos como "los plomeros", ingresar a las oficinas del siquiatra personal de Ellsberg para buscar material con qué destruir al filtrador públicamente, y ahí empezó lo que después se conoció como Watergate y el fin de Nixon.

A sus 90 años, Ellsberg continúa no sólo defendiendo los actos de filtradores, sino solicitando que se multipliquen, y ahora se dedica a alertar sobre la amenaza creciente de una guerra nuclear, así como del cambio climático. "El acto de delatar es un acto de patriotismo, de defensa de la Constitución", afirmó la semana pasada. "Necesitamos vigilancia pública de todos los que están en el poder".

El padre y hermano de Assange están ahora en una gira por Estados Unidos, apoyados por un elenco de figuras reconocidas como Roger Waters y Chris Hedges, para exigir que el gobierno de Biden que ya abandone la persecución de Julian, quien permanece encarcelado en Inglaterra tratando de evitar ser extraditados a Estados Unidos, donde enfrenta una posible condena de 175 años de cárcel por revelar crímenes de guerra de Estados Unidos. "La batalla por la libertad de Assange es la batalla por la libertad de prensa de nuestros tiempos", afirmó Hedges en un foro de esta gira. (https://assangedefense.org/tour/).

Ellsberg señala que Snowden, Assange, Manning y varios filtradores y periodistas más son perseguidos y amenazados por revelar que las autoridades estaban violando las leyes internacionales y la propia Constitución. "Aquellos que revelan estas violaciones, y no los que cometieron esos crímenes son los que están bajo juicio".

"Un gobierno que exilia a Snowden por revelar espionaje doméstico ilegal y con cárcel a Assange por revelar crímenes de guerra y corrupción de líderes políticos estadunidenses y sus aliados, tienen cero credibilidad para denunciar a otros por abusar a disidentes y derechos humanos", escribe el periodista Glenn Greenwald.

Ms. Lauryn Hill. I’ve got life. https://open.spotify.com/track/4myeNyb8ArMQFvYqeivzp3? si=Ixwa0LkpTJGcXDJYpJJwIA&dl_branch=1

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"Lo que están haciendo con Assange es para avalar la persecución a periodistas"

Entrevista a Joseph Farrell, Embajador de Wikileaks

El creador del sitio de megafiltraciones lleva 3.632 días privado de su libertad. En diálogo con Página|12 su amigo y colega en Wikileaks repasó la importancia de su trabajo y el método de investigación con que revolucionaron el periodismo.

 

En tres semanas se cumplirán diez años desde que Julian Assange entró a la embajada de Ecuador pidiendo asilo político. Son 3.634 días en los que el creador de Wikileaks estuvo privado de su libertad. Hoy permanece detenido en la prisión de Belmarsh, conocida como la Guantánamo del Reino Unido. Página|12 conversó con Joseph Farrell, amigo y colega de Assange. Juntos trabajaron durante más de diez años en Wikileaks. Actualmente Farrell cumple el rol de Embajador del sitio de megafiltraciones. “Lo que están haciendo con Julian es sentar un precedente para los gobiernos de todo el mundo, de que está bien perseguir a periodistas y editores”, señaló el investigador británico.

Esperando Justicia

Desde hace años Farrell recorre el mundo militando por la libertad del periodista australiano. Al verlo en videos hablando sobre Assange queda en claro el cariño y la admiración que siente por él. Farrell tiene una voz cálida y amable que emociona cada vez que levanta el tono para exclamar “¡free Assange!”. “La única forma de que este caso termine, es que EEUU retire todos los cargos”, dijo el Embajador de Wikileaks. En concreto el gobierno norteamericano lo acusa de haber “conspirado” con su fuente, Chelsea Manning, para obtener y publicar millones de documentos secretos. Entre ellos destacan archivos sobre las guerras de Irak y Afganistán, de la cárcel de Guantánamo, y las comunicaciones diplomáticas entre embajadas estadounidenses y Washington.

La administración Trump hizo de su extradición una cuestión de Estado. Sin embargo, a principios de este año, tras un largo juicio, la jueza británica Vanessa Baraitser rechazó el pedido. La magistrada argumentó que el periodista australiano podría suicidarse ante las duras condiciones de detención que enfrentaría en la cárcel estadounidense. Sin embargo, descartó los argumentos presentados por la defensa, respecto a que se trata de una persecución política y que se está violando la libertad de prensa. También le negó la posibilidad de salir en libertad bajo fianza, algo que Farrell considera como desproporcionado e indignante. “El gobierno de los EEUU apeló el fallo y estamos esperando saber si se da lugar o no a la misma. Si la aceptan, tendremos por delante más batallas en los tribunales”, indicó el editor británico. Si se avala su extradición, el creador de Wikileaks podría ser condenado a 175 años de cárcel.

Durante el juicio, la defensa presentó evidencias médicas que demostraron el débil estado de salud física y mental de Assange. Farrell contó que su colega está aislado en una prisión plagada de covid-19. En los dos años que lleva allí, son contadas la veces que lo dejaron ver a su familia y abogados. “¿Por qué quieren extraditarlo? Porque expuso el verdadero costo de la guerra en Irak y Afganistán. Porque expuso lo que realmente sucede en la Bahía de Guantánamo. Porque expuso todos los tratos nefastos que ocurrían a puertas cerradas. Porque evidenció crímenes de guerra y violaciones a los Derechos Humanos”, sostuvo el periodista.

Los Principios de Wikileaks

Farrell conoció a Assange en el 2010, cuando Wikileaks acababa de publicar el famoso video “Collateral Murder”. En él se ve como el Ejército estadounidense asesina a 18 personas en Irak, incluidos dos periodistas de Reuters. “Estaba en Londres. Acaba de ver una entrevista a Julian hablando sobre los cuidados que los periodistas debíamos tomar para proteger a nuestras fuentes, cuando mi jefe en el Centro de Periodismo de Investigación (CIJ) me dijo: ‘Joseph, viene alguien a la ciudad que necesita ayuda con unas entrevistas y otros trabajos. Creo que deberías pasar los próximos tres días con él, ayudándolo. Se va a comunicar con vos en breve’. Le dije que ayudaría, pero en ese momento mi jefe no me dijo quién era la persona, solo que recibiría su llamada”, narró el periodista.

Un par de horas más tarde, recibió un mensaje de texto. "Por favor, llámeme". “En base a lo que acababa de ver en la entrevista, pensé que debería emplear todas esas técnicas de vigilancia y protección de fuentes para responder. Dejé mi celular en la oficina y caminé unas cuadras hasta un teléfono público para hacer la llamada. La persona al otro lado me dijo: "Por favor, ¿puede reunirse conmigo en el Frontline Club ahora?". Fui hasta ahí y al entrar vi a Julian sentado en un rincón frente a su computadora. Se suponía que trabajaríamos tres días, pero 11 años después, todavía estoy ahí”, contó el editor.

La anécdota da una pista sobre la metodología de trabajo en Wikileaks. El sitio cambió la forma de hacer investigación en periodismo al brindar a sus fuentes una base de datos virtual, anónima y totalmente segura donde colocar información. Farrell los llama “buzones anónimos” y subraya “dar seguridad a las fuentes”. La segunda innovación que hicieron fue asociarse a otros medios para trabajar con el inmenso caudal de información que recibían. Página|12 fue uno de los más de cien medios del mundo con los que Wikileaks aunó fuerzas cuando se publicaron los cables diplomáticos secretos de EEUU. Fue el llamado “Cablegate” que en la Argentina mostró, entre otras cosas, cómo el fiscal Alberto Nisman había ido durante años a la Embajada de EEUU a preguntar cómo seguir en la causa AMIA, tal como reveló Santiago O’Donnell en el libro “Politileaks”.

El tercer método con el que innovó el sitio creado por Assange, fue poner a disposición de los lectores el material original con el que trabajan. “Proporcionamos el material fuente para que si alguien no está de acuerdo con lo que dijimos, pueda ir y revisar en qué se basaron nuestras conclusiones. Es lo que llamamos ‘periodismo científico’. Al igual que un artículo de ciencia, la comunidad puede revisar en el material de origen todo lo que el científico declaró”, sostuvo el Embajador del sitio. Además Farrell señaló que esta dinámica viene con bonus: “las personas pueden buscar en la materia prima cosas que pudieron no ser incluidas en los medios internacionales, pero que son relevantes para su entorno”.

Salir de la oscuridad

Uno puede sentir la adrenalina que seguramente vivió Assange ante la posibilidad de golpear de lleno al Estado más poderoso del mundo. Sin embargo Farrell lleva la conversación al costado humano. “Estas publicaciones no fueron para contraatacar a lo más alto del poder. Se trató de hacer justicia y darles un cierre a las familias de tantas personas que fueron torturadas, maltratadas, asesinadas y perdieron la vida, ¿para qué? Para nada”. sostuvo el periodista de investigación. Wikileaks aportó el dato duro para confirmar lo que se sospechaba. “Nuestro trabajo permitió que las personas pudieran buscar en las bases de datos la información para llevarla a tribunales. Esos documentos, once años después, siguen utilizándose”, dijo el editor británico.

Assange sostuvo en más de una ocasión que no podemos decir que vivamos en democracia si nos ocultan información sobre lo que hacen nuestros gobiernos. Para Farrell la avanzada feroz contra el creador de Wikileaks es un paso más en este sentido. Pero no el único. “Ya vimos a Bolsonaro ir tras Glenn Greenwald. En Rusia, los legisladores están redactando leyes que convertirán en ilegales las iinvestigaciones basadas en filtraciones”, enumeró el editor. Por eso, para él es más necesario que nunca seguir haciendo periodismo de investigación. “¿Cómo se supone que participaremos nosotros como individuos si no tenemos información? ¿Cómo podemos detener el flujo de corrupción si no somos capaces de ver a dónde va el dinero? Falta de información significa falta de conocimiento. Y eso es lo que permite prosperar a los regímenes fascistas y autoritarios”, indicó Farrell.

Por Juan Manuel Boccacci

01 de junio de 2021

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Miércoles, 12 Mayo 2021 06:05

Fiesta de la libertad

Fiesta de la libertad

Henchido de alegría, el presidente del Interamerican Institute for Democracy (IID) Tomás Regalado, abrió el foro por la Defensa de la democracia en las Américas que tuvo lugar la semana pasada, en el hotel Biltmore de Miami:

Dijo: “Este es el evento más serio [sic] a nivel hemisférico que se ha realizado […]. Hoy vamos a escuchar a las voces de la verdad [sic], a presidentes y líderes excepcionales [sic] que nos dirán que la democracia es la única opción para alcanzar la libertad. ¡Bienvenidos a esta fiesta de la libertad!”

Como es imposible nombrar a todos los ponentes del foro, aquí van algunos: Alejandro Aguirre, presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP); María Paula Romo (ministra de Gobierno del presidente saliente de Ecuador, Lenín Moreno); Carlos Alberto Montaner, legendario alcahuete cubano de la CIA y terrorista todoterreno; Carlos Sánchez Berzain, mano derecha del ex presidente de Bolivia Gonzalo Sánchez de Lozada, y ambos prófugos de la justicia; Álvaro Uribe Vélez, ex presidente de Colombia, narcoterrorista y padrino político del actual, Iván Duque; Mauricio Macri, ex presidente de Argentina, con docenas de causas abiertas por espionaje, entreguismo y corrupción, y, faltaba más, el secretario general de la OEA, Luis Almagro.

En el panel uno, la ecuatoriana Romo lamentó que en octubre de 2019 (12 días de protestas), "más de 400 policías y militares fueron secuestrados por los manifestantes". Y a su lado, el político peruano Luis González Posada advirtió que el candidato de izquierda Pedro Castillo sería “más transparente y honesto de lo que fueron Fidel Castro y Hugo Chávez porque él ha adelantado que en caso de ganar disolverá el Congreso…”. Mientras Montaner, moderador del panel, iba a lo suyo: “…a Cuba hay que darle un ultimátum. O deja de apoyar al narcorrégimen de Maduro en Venezuela o debe atenerse a las consecuencias”. Cosa que puso a temblar al gobierno de la isla.

El panel dos fue igual de luminoso. El cubano Eduardo Gamarra, de la Universidad Internacional de Florida, aseguró que la detención de la ex presidenta golpista Jeannine Áñez, mostraba que "en Bolivia la política se ha judicializado". Y el orador principal del panel tres, Sánchez Berzain (refugiado en Miami tras ser acusado del asesinato de 67 manifestantes en la ciudad de El Alto en octubre de 2003), aseguró que los gobiernos de Argentina y México son "paradictatoriales que le hacen de soporte a las dictaduras" (sic).

Sin embargo, cuando Macri subió al ­estrado del panel cuatro junto con Almagro y los ex presidentes de Colombia Andrés Pastrana, y de Costa Rica Luis Guillermo Solís, el recinto quedó semivacío. Aunque no por disentir con los ponentes. Horas antes de viajar a Miami, corrió la voz de que el argentino había estado en contacto estrecho con un legislador de su partido que había dado positivo de Covid y en esos momentos luchaba por su vida, intubado.

Impasible, Macri se limitó a recordar que "el coronavirus es menos peligroso que el populismo, pero que ahora existe una combinación más peligrosa: el populismo conduciendo una crisis sanitaria" (sic). “Las democracias –aña­dió– no mueren por golpes de Estado. Ahora, el proceso es gente que gana las elecciones (sic), y desde adentro empieza a socavar las instituciones”. Agregando algo que comparten libertarios de izquierda y derecha: "No hay ninguna crisis sanitaria que justifique que nos arrebaten nuestras libertades".

El foro de Miami fue ampliamente cubierto por Infobae, el tóxico portal mediático que dirige el oscuro empresario Daniel Hadad (otro de los invitados), quien hizo fortuna apoyando al gobierno de Carlos Menem (1989-99). Según algunos entendidos, Infobae contaría con el respaldo financiero de Mario Montoto, titular de la Cámara de Comercio argentino-israelí, y conocido traficante de equipos de seguridad, armas y pertrechos bélicos, durante el gobierno de Macri.

Finalmente, no hay fiesta sin cereza sobre el pastel. Por ende, Lenín Moreno comunicó al foro que "los servicios de inteligencia de Ecuador" (sic), habrían detectado ("y ya se lo he comunicado al presidente Iván Duque"), la "grosera intromisión del dictador Maduro en Colombia" (sic). Revelación que entre los asistentes al foro desencadenó un quejumbroso y sentido "¡ohhhhh!"

Autor de varios libros de humor, Moreno deleitó a los participantes del encuentro contando que en Quito un joven se le acercó para criticar su gestión: “‘Ojalá tuviéramos un mejor presidente’, dijo el muchacho. Y yo respondí: ‘Ojalá tuviera yo un mejor pueblo, también’”.

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La manipulación mediática sobre la pandemia: uno de los capítulos más vergonzosos de la historia del periodismo

Publican datos falsos. Manipulan información. Distorsionan estrategias en aras de sus filias y fobias políticas. Comparan países incomparables. Especulan. Mienten. Hacen campaña contra los gobiernos o los políticos con los que no concuerdan. Publican balances amañados. Las lecturas políticas, basadas en intereses partidarios, desplazan a las científicas. Estimulan la indignacionitis a partir de un doble estándar. Militan contra las cuarentenas, los controles y las restricciones. Y, ahora, contra las vacunas.

El año en el que vivimos en peligro por una emergencia de salud ameritaba que los medios de comunicación asumiéramos la responsabilidad del servicio social que debemos brindar a una sociedad. Prudencia, serenidad, profesionalismo y seriedad tenían que haber sido las premisas de diarios, portales, cadenas de radio y televisión durante estos meses en los que el Covid ha representado la pérdida de millones de vidas en todo el mundo.

Pero la prensa tradicional, mayoritaria y más influyente de Argentina, no cumplió.

El compromiso inicial de: "al virus lo frenamos entre todos" se evaporó. La polarización volvió rápidamente a Argentina luego de unos primeros meses en los que, de manera inédita, el presidente Alberto Fernández logró instalar mensajes (e imágenes) de unidad nacional con el apoyo de la oposición.


Lo más importante para un grupo de medios y periodistas es desacreditar al gobierno, así sea a costa de incrementar los riesgos de una pandemia. Generan climas de escepticismo, de rebeldía, de alarmismo, de obsesión con su villana favorita, con discursos que, muchas veces, abrazan el ridículo.


Bastó que las encuestas demostraran que los altos niveles de popularidad que el presidente tuvo en un breve lapso después de la llegada del coronavirus comenzaban a descender para que gran parte de la prensa retomara su papel opositor con una línea editorial que no se basa en la investigación, la información, los datos, ni la ciencia, sino en antiperonismo puro y duro.

Lo más importante para un grupo de medios y periodistas –por suerte, nunca son todos, hay múltiples excepciones– es desacreditar al gobierno, así sea a costa de incrementar los riesgos de una pandemia. Generan climas de escepticismo (¿la cuarentena sirve o es un fracaso? ¿no es mejor abrir todo para que la economía se recupere?), de rebeldía (instigando las movilizaciones anticuarentena/antigobierno), de alarmismo (todo es un desastre, es el peor país del mundo, hay que huir de aquí), de obsesión con su villana favorita (la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner es la culpable de todos los males), con discursos que, muchas veces, abrazan el ridículo.

 

Campañas


La irresponsabilidad está a pleno ahora con su campaña para hacer dudar a la población sobre la efectividad de las vacunas, en especial la Sputnik V, a la que han rodeado de un aura demoníaca.

Si no fuera tan grave, sería gracioso que hablen de la vacuna "soviética", de la URSS, del comunismo, de todo aquello que dejó de existir hace tres décadas en ese país. Por increíble que parezca, muchos periodistas se quedaron anclados en la Guerra Fría y abonan a la esquemática narrativa occidental en la que los rusos siempre son los malos.

Sostienen ese relato por más que la realidad los desmienta, ya sea con el reciente diálogo entre Angela Merkel y Vladímir Putin para analizar la posibilidad de que Alemania y Rusia produzcan juntos la vacuna, o el acuerdo entre los fabricantes de Oxford y Sputnik V para hacer ensayos con la combinación de ambas vacunas. Con pleno desconocimiento de los valiosos aportes que la ciencia rusa ofreció al mundo a lo largo de su historia.

Desde que el gobierno de Alberto Fernández anunció la compra de la Sputnik V arreció la desconfianza y la descalificación a priori, basadas, por supuesto, en datos falsos: que si no había informes de los estudios, de las pruebas, de los resultados en los voluntarios, que ningún otro país quiere esta vacuna, que es solo un negocio entre "los comunistas" presidentes de Rusia y Argentina que están manipulados por Fernández de Kirchner, que la vacuna no iba a llegar en diciembre y, cuando llegó, que no servía porque era apenas un "ensayo" o que, de plano, era peligrosa.

La semana pasada, con el arribo de las primeras dosis de la vacuna, la campaña se intensificó. Los titulares se regodearon con supuestos efectos negativos que, oh sorpresa, estaban desacreditados en las propias notas. Que el encabezado no coincida con el desarrollo de la información ya es un clásico, pero ¿también en temas de salud pública? De terror.

Gracias a esa estrategia, la pregunta de moda es: "¿te pondrías la vacuna rusa?" La frase cargada de estigmatización y prejuicio y repetida a diario en muchos de los medios masivos más importantes se disemina en las calles, en los hogares, en los lugares de trabajo. El recelo se expande a costa de poner en riesgo a la población.

Maniobras


Los temas de cobertura de la prensa opositora ya pasaron por comparar el "éxito" de Finlandia, Suiza o Uruguay en el manejo de la pandemia, con el "fracaso" de Argentina; rechazar la llegada de médicos cubanos porque son "espías"; denunciar la falsa liberación en masa de asesinos y violadores con el pretexto del coronavirus; alertar sobre la amenaza estatizadora-comunista del oficialismo y magnificar cualquier crítica negativa (jamás las positivas) de la prensa extranjera al gobierno o al país.

También insisten en que hay un gobierno nazi o dictatorial; se quejan de "la cuarentena más larga del mundo" que no es tal; y advierten que "vamos a ser Venezuela", la amenaza estigmatizante y sin sustento que la derecha ha impuesto a escala internacional.

Ojalá respetáramos a la sociedad y a nuestro oficio. Ojalá volviéramos a cuestiones básicas como criticar, preguntar, contrastar, checar datos, consultar a especialistas, investigar, exigir transparencia en la información oficial y ejercer la autocrítica para desterrar el hábito de hablar sin saber.


En medio de todo ello, las y los periodistas científicos han debido nadar contra la corriente, muchas veces casi en soledad, con impotencia ante las desinformaciones diarias que se instalan a través de las redes y que son retomadas por la prensa que se autoconsidera "seria".

No se trata, por supuesto, de defender a ningún gobierno, no es esa nuestra tarea, ni la de justificar el caos en el velorio masivo del futbolista Diego Armando Maradona, las contradicciones del presidente y funcionarios que no usan barbijos ni respetan el distanciamiento social, la falta de respuesta ante los múltiples casos de violencia institucional registrados durante la pandemia o la sobreactuación épica por la llegada de las vacunas, por mencionar sólo algunos cuestionables episodios.

Pero nuestra labor tampoco es la de atacar sin fundamento y mucho menos la de promover la ira social, la polarización y la negatividad permanente, absoluta, que establece que todo lo que hacen las autoridades está mal.

Ojalá respetáramos a la sociedad y a nuestro oficio. Ojalá volviéramos a cuestiones básicas como contrastar, checar datos, consultar a especialistas, investigar, exigir transparencia en la información oficial y ejercer la autocrítica para desterrar el hábito de opinar sin saber. Como dicen los colegas del portal Faro Digital: Preguntar es tarea del periodismo; sembrar dudas, no.

O sea, lo que siempre debemos hacer. Quizás hoy sea demasiado pedirles a los medios y a los periodistas que, tristemente, priorizan sus intereses económicos y partidarios por encima de la información de calidad que merecen las sociedades.

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Lunes, 09 Noviembre 2020 05:40

Los periodistas deben combatir la mentira

Detalle de un mural que conmemora el 'Domingo sangriento', Derry, Estados Unidos

Luego de la muerte de Robert Fisk el pasado viernes 30 de octubre, el 1 de noviembre de 2020 'The Independent' reprodujo algunos de sus mejores envíos en treinta años de labor informativa.

Publicado originalmente el 17 de enero de 2000, en este artículo Robert Fisk cuestiona por qué tantos corresponsales terminan a menudo como voceros de la propaganda militar cuando cubren guerras.

 

¿Quién podría sentirse sorprendido por los informes de que a Mark Laity, el corresponsal de defensa de la bbc, se le ha ofrecido el puesto de segundo al mando del vocero de la otan, James Shea? “No sentí que Jamie Shea me mintiera en absoluto”, anunció Laity. Esto lo dice después de una guerra en la que la otan contó mentirijillas acerca de sus ataques a convoyes de refugiados, del bombardeo en el centro de Prístina, de atacar un hospital de Surdulica, sobre el número de tanques serbios destruidos, y de que –asombrosamente– rehusó contestar las preguntas de una comisión de la onu sobre el uso de municiones de uranio deprimido en el bombardeo a Kosovo.

Pero, ¿qué pasa con los corresponsales de defensa que tan a menudo terminan en voceros de la más cruda propaganda militar? Sin duda no es nada nuevo. En la primera guerra mundial, los corresponsales informaban obedientemente sobre niños crucificados por los alemanes en las puertas de las iglesias y de cómo los alegres soldados británicos tomaron la sangrienta batalla del Somme como si fuera cosa de todos los días.

De hecho, Jamie Shea escribió su tesis de doctorado acerca de la propaganda británica en la primera guerra mundial. Se deja ver. La otan realizó su campaña de propaganda desde Bruselas como una tirada populista en la que Shea citó a Shakespeare –“incómoda descansa la cabeza que lleva una corona”– para ilustrar los problemas del líder serbio Slobodan Milosevic, a quien luego llamó Al Capone. Mientras se montaba este teatro encantador, los corresponsales de defensa que se reunían para las conferencias cotidianas eran arcilla en sus manos. Los serbios cometían crímenes de guerra, atrocidades –y de hecho lo eran–, así que, ¿quién osaría criticar a la otan?

En realidad, Laity es un tipo simpático, y sus constantes y confiadas apariciones en Bruselas eran un bálsamo para los espectadores de la bbc que, al leer periódicos más críticos, se preguntaban si podría haber algo indebido en una campaña de bombardeos de la otan que comenzó contra cuarteles militares y luego se extendió con promiscuidad hacia puentes, un tren, vías férreas, fábricas, convoyes de refugiados, hospitales y a veces hasta un tanque serbio. Así pues, cuando la otan masacró a docenas de refugiados albaneses en el primero de sus “errores” masivos, Laity sabía de qué lado estaba su juicio.

Shea apremió a los periodistas a parar el fuego, a no acusar a la otan de asesinar a los refugiados hasta que no presentara una explicación. No tuvo problemas con Laity. “Entendí desde el principio que aquí había una guerra de propaganda”, reconoció Laity más tarde. “Y mi juicio era que los serbios eran muy capaces de crear confusión deliberadamente; sabíamos –y con el tiempo los sucesos lo demostraron sin lugar a dudas– que los serbios mataban un montón de albaneses. Deliberadamente. Así que, si mataban albaneses deliberadamente y podían culpar a la otan a la vez, pues era una especie de doble golpe. Así pues, yo lo que quería era que la gente tomara las cosas con calma.”

Sólo después de que algunos periodistas fueron llevados a Kosovo por los serbios, y la evidencia que encontraron –The Independent recogió de la escena las claves de computadora de pedazos de bombas– demostró que la otan era responsable, fue cuando Shea presentó al comandante de los jets estadunidenses que bombardearon el convoy. En su mayoría, nuestros colegas en Bruselas recibieron la línea de la otan y la repitieron al aire como loros. “La otan tiene plena confianza en que atacó un convoy militar”, informó Laity en un principio. Nótese la redacción. No informó que la otan “dijo” tener confianza. Su confianza fue tomada como un hecho, exactamente como Shea quería.

Podemos entender los problemas de los corresponsales de defensa, en especial si trabajan para la bbc. No quieren perder sus contactos. “Yo hablaba con buenas personas, no con propagandistas”, diría Laity más tarde acerca de sus fuentes. Si los periodistas se volvían indebidamente escépticos, podrían ser considerados fuera de lugar, cínicos, incluso antipatrióticos. Nada nuevo en eso. Todavía recuerdo cómo un montón de corresponsales intentaron justificar la matanza del Domingo Sangriento en Derry en 1972 repitiendo las mentiras del ejército británico. Lo mismo ocurrió en la Guerra del Golfo de 1992.

El Servicio Mundial de la bbc eliminó poco a poco cualquier comentario crítico de su cobertura en el Golfo. Recuerdo haber encontrado un convoy médico del ejército británico, enviado a la frontera de Kuwait sin mapas, a punto de cruzar hacia territorio iraquí ocupado. Un montón de fuerzas especiales estadunidenses, un fotógrafo francés y yo los encontramos cuando intentaban negociar para que los dejaran cruzar la estación fronteriza saudita en Khafji, mientras su comandante –proveniente de Armagh, en Irlanda del Norte– me rogaba usar mi mapa porque no traía uno.

Cuando di cuenta de esto, la bbc optó por no entrevistarme. En cambio, dos reporteros fueron al aire para desacreditar mi reporte. “Anecdótico”, dijeron. Uno de ellos era Mark Laity.

Tal vez ese es el trabajo de un corresponsal de defensa: presentar el punto de vista del ejército. Por eso –con crueldad, pero, me temo, con veracidad– me referí en este diario al desempeño de Laity como el de “una oveja con piel de oveja”.
No he cambiado de opinión. Los corresponsales
de defensa fallaron en confrontar a Shea sobre el uso de cartuchos de uranio deprimido, sobre los civiles muertos en el hospital de Surdulica donde se escondían soldados serbios, sobre los informes de testigos de que el piloto de la otan que lanzó cohetes al tren yugoslavo en Gurdulice regresó para un segundo ataque, y sobre la crítica demanda de la otan de que los serbios permitieran que las tropas aliadas cruzaran por Yugoslavia, nación que fue simplemente abandonada al final de la guerra de Kosovo. Ningún reportero en Bruselas preguntó qué protección planeaba dar la otan a la minoría serbia en Kosovo después de la guerra. En su momento, la mayoría fueron “limpiados” por los albaneses a plena vista de la otan.

Los reporteros de la cadena británica itv tuvieron muchas más agallas. Quien haya observado la soberbia transmisión de Jonathan Dimbleby en la televisora lwt de esa cadena –desde dentro de Kosovo– puede ver de qué debe tratarse la información televisiva. Su cobertura de las expulsiones de serbios, de la intimidación del Ejército de Liberación de Kosovo a sus propios ciudadanos, y de la incapacidad de la otan de imponer orden, fue todo un modelo.

Dimbleby, junto con Keith Graves, de Sky, y otros, tal vez sean lobos en piel de lobo, pero hacen su trabajo, a diferencia de otros entre nuestros colegas durante la guerra. Veamos, por ejemplo, ese tren al que se ve acercarse a velocidad a la vista del bombardero en Gurdulice, demasiado tarde para poder evitar el ataque. ¿Parece que va demasiado rápido para ser un tren eléctrico que corre por un viaducto sobre el desfiladero de un río? En el video que Shea mostró a los chicos de la defensa, parecía moverse a la velocidad del Eurostar. Ahora resulta que la otan aumentó tres veces la velocidad del filme. Los reporteros en Bruselas no se dieron cuenta. Confiaron en la otan. Creían que la otan nunca mentía.

El 30 de agosto del año pasado, escasos dos meses después del fin de la guerra de Kosovo, los periodistas de la televisión se reunieron en Edimburgo para debatir su cobertura. Hubo algunos mea culpa y un montón de palmadas en la espalda –los chicos de la tele no se distinguen por su modestia– y, cuando sugerí que la cobertura de la otan había estado en el nivel de una revista militar para hombres, muchos menearon la cabeza. Laity calificó de “diatriba” mis críticas –yo había repetido la descripción de la “oveja”– y trató de justificar la guerra de la otan comparando el número de “errores” con el de ataques “exitosos”, proporción que, según recuerdo, supuestamente ascendía a uno por mil. En algún momento Laity reveló que, en las últimas etapas de la guerra, la otan tomó la decisión táctica de dejar de disculparse por la muerte de civiles en Yugoslavia. Era la primera vez que yo sabía de eso. ¿Por qué no nos lo dijeron en su momento?

Pero yo no estoy en contra de Laity. Estoy en contra de la cultura de la profesión de los corresponsales de guerra, como si su razón de ser fuera ofrecer el lado militar del argumento en vez de desafiar a los poderosos generales sobre un tema en el que se supone que los corresponsales son expertos. Los corresponsales de defensa trabajan duro. Recuerdo que Laity dijo que había hecho más de ochocientas transmisiones desde el cuartel de la otan durante el bombardeo; probablemente hizo muchas más en Bruselas, y a bajo costo, desde luego, para sus patrones. Pero luego, con una gran sonrisa, añadió en broma: “Yo era fácil, salía barato.”

Informes sobre la propuesta de empleo de la otan a Laity indican que todavía negocia una cifra más alta que las 100 mil libras que se piensa que le han ofrecido. Fácil, tal vez. Pero, sin duda, nada barato l

-08 Nov 2020 07:04


The Independent
Traducción de Jorge Anaya

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Terminó la fase de alegatos en el juicio contra Julian Assange

La justicia inglesa decidirá el 4 de enero si otorga su extradición a EE.UU.

Durante esta última jornada hubo nueva movilización en las afueras del tribunal. Allí Stella Moris, la esposa del activista australiano, dijo que la lucha es por Assange pero también por la libertad de prensa. 

 

Terminó la fase de alegatos en el juicio de extradición contra el creador de WikiLeaks Julian Assange. Sólo resta esperar la resolución de la jueza Vanessa Baraitser que dará su veredicto el 4 de enero. Durante esta última jornada hubo nueva movilización en las afueras del tribunal. Allí Stella Moris, la esposa del activista australiano, dijo que la lucha es por Assange pero también por la libertad de prensa. Cualquier de las partes podrá apelar la resolución de la magistrada en instancias superiores. Durante todo ese proceso, que puede llevar años, el periodista seguirá en prisión preventiva. De ser extraditado el activista podría recibir una condena de 175 años de cárcel. En las cuatro semanas que duró el proceso la defensa sostuvo que se trata de un juicio político.

Tal como se esperaba la magistrada rechazó el pedido de los abogados de Assange para que se le otorgarle la libertad condicional. Asimismo Baraitser rehusó aplazar el proceso a fin de dar más tiempo a la defensa a presentar pruebas adicionales, como ya hizo al inicio de esta segunda fase del juicio, que había sido puesto en mayo por la pandemia. La magistrada fijó la fecha de su dictamen al término de un juicio de cuatro semanas en el tribunal londinense de Old Bailey.

La fiscalía estadounidense había presentado 18 cargos contra Assange, de los cuales 17 son por violar la Ley de espionaje de 1917. En concreto lo acusa por conspirar, revelar documentos de defensa nacional, obtener y recibir información de manera ilegal, en muchos casos actuando en connivencia con la exsoldado Chelsea Manning. El cargo restante es por violar la Ley de abuso y fraude informático. WikiLeaks publicó documentos secretos sobre las guerras de Irak y Afganistán, cables del Departamento de Estado, e informes sobre sobre detenidos en la cárcel de Guantánamo. Los mismos revelaron crímenes de guerra y violaciones a los Derechos Humanos cometidas por EEUU, así como la injerencia de la Casa Blanca en las políticas internas de decenas de países.

Tal como viene ocurriendo desde el inicio del juicio decenas de personas se reunieron a las puertas del tribunal londinense para reclamar la libertad de Assange. Allí la esposa del periodista remarcó la gravedad de este proceso legal. “EEUU dice que puede llevar a cualquier periodista de cualquier parte del mundo a juicio en su territorio si no le gusta lo que están publicando”, señaló Moris. A su vez indicó que el gobierno norteamericano no pudo probar que algún informante de la Casa Blanca haya sido agredido tras las publicaciones de WikiLeaks. “Se cometieron crímenes terribles en Irak y Afganistán. Se cometieron crímenes terribles en la Bahía de Guantánamo. Los autores de esos delitos no están en la cárcel. Julian sí", indicó Moris.

Por su parte el actual director de WikiLeaks Kristinn Hrafnsson sostuvo que este juicio marcará un antes y después en nuestra civilización. “Estas cuatro semanas oímos decenas de testigos, periodistas, académicos, intelectuales, que dejaron expuestas las mentiras que se presentaron contra Julian Assange. (…) Detrás de esas mentiras quedó la verdad: este es un juicio contra el periodismo. Es sobre el futuro del periodismo de lo que estamos hablando”, sostuvo Hrafnsson. Respecto a los crímenes revelados por WikiLeaks, el director del sitio sostuvo que eran indispensables para llegar a la verdad. "No podemos cambiar el pasado, pero necesitamos saber la verdad sobre lo que ocurrió. Si Assange es extraditado seguiremos en la oscuridad. No podemos permitir que eso pase", indicó el periodista.

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Daniel Ellsberg

Continúa el juicio de extradición contra el creador de Wikileaks

Durante la presidencia de Richard Nixon, Ellsberg filtró 7.000 páginas de documentos clasificados sobre la guerra de Vietnam al New York Times y al Washington Post. "Las publicaciones de WikiLeaks tienen una importancia comparable”, sostuvo el exmilitar.

 

Daniel Ellsberg, exanalista de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos que filtró en 1971 los “Papeles del Pentágono”, declaró en el juicio de extradición contra Julian Assange. Durante la presidencia de Richard Nixon, Ellsberg envió 7.000 páginas de documentos clasificados sobre la guerra de Vietnam al New York Times y luego al Washington Post. Los documentos mostraron que el gobierno norteamericano había decidido continuar la guerra aun sabiendo que no la ganarían y que causaría miles de muertes en sus filas. Ahora, el fiscal James Lewis que representa a la Justicia estadounidense intentó mostrar que a diferencia de las filtraciones hechas por Ellsberg, Wikileaks puso en riesgo la vida de informantes secretos. Sin embargo el exmiembro de las FFAA rechazó ese contrapunto. “Estoy totalmente en desacuerdo con la teoría del 'buen Ellsberg / mal Assange'”, sostuvo el analista informático.

"No es un juicio justo"

El miércoles fue el día siete de esta segunda parte del juicio que había empezado en febrero pero fue suspendido tras la llegada de la pandemia. El jueves pasado la jueza Vanessa Baraitser había decido detener otra vez el proceso ya que algunos de los asistentes tuvieron síntomas de la covid-19. La justicia inglesa deberá decidir si acepta la extradición del creador de Wikileaks a Estados Unidos. El gobierno norteamericano lo acusa de espionaje y piratería informática tras haber publicado en 2010 más de 700.000 documentos clasificados. De avalarse su extradición, podría ser condenado a 175 años de cárcel. Assange se encuentra detenido en una cárcel de máxima seguridad de Inglaterra desde abril de 2019. Antes había pasado siete años encerrado en la embajada de Ecuador en Londres.

Las revelaciones que hizo Wikileaks habían mostrado los crímenes de guerra cometidos por Estados Unidos en Iraq y Afganistán. A su vez el sitio también había publicado miles de cables diplomáticos del gobierno norteamericano, que dejaron al descubierto la influencia directa de la Casa Blanca sobre buena parte del mundo. Por ese motivo la Justicia estadounidense pidió la extradición del periodista australiano con la finalidad de juzgarlo puertas adentro.

Durante la audiencia del miércoles la defensa de Assange presentó a Ellsberg como uno de sus testigos. El analista de inteligencia de 89 años reconoció la importancia de las revelaciones hechas por Wikileaks. “A lo largo del tiempo reconocieron que mis acciones en relación con los ´Papeles del Pentágono´y las consecuencias de su publicación generaron un cambio de interpretación radical. Considero que las publicaciones de WikiLeaks de 2010 y 2011 tienen una importancia comparable”, sostuvo el exmilitar. A su vez también destacó la valentía de su colega Chelsea Manning quién filtró los archivos clasificados. “Me impresionó mucho que la fuente de estos documentos, Chelsea Manning, estuviera dispuesta a arriesgar su libertad e incluso su vida para hacer pública esta información. Fue la primera vez en 40 años que vi a otra persona haciendo eso, y sentí afinidad con ella ", dijo el analista.

Tras la publicación de los “Papeles del Pentágono” Ellsberg y su colaborador Anthony Russo fueron acusados por el gobierno norteamericano de robo, conspiración y violación a la Ley de Espionaje. El exmilitar criticó esta norma ya que imposibilita un proceso legal justo. “La Ley de espionaje no permite filtraciones. Así que no yo tuve un juicio justo, nadie desde que mi caso tuvo un juicio justo por estos cargos, y Julian Assange no puede ni remotamente obtener un juicio justo por esos cargos si fuera juzgado”, sostuvo el analista informático. Tras un largo proceso judicial Ellsberg y su colaborador fueron sobreseídos. El juicio había sido anulado al constatarse que la administración Nixon y la Fiscalía habían cometido toda clase de atropellos como prevaricación, supresión de pruebas, ocultación de testigos, obstrucción a la justicia, e incluso robo de información.

El efecto de las filtraciones

A la hora de interpelar a Ellsberg el fiscal Lewis intentó establecer una comparación entre su caso y el de Assange. Según el fiscal en 1971 el exmilitar no había publicado cuatro volúmenes de documentos para resguardar al gobierno norteamericano. Pero sí había entregado todos los archivos al Senado. Sin embargo, el analista aclaró que al momento de dar con los documentos secretos Estados Unidos y Vietnam estaban en negociaciones de paz. Ellsberg no quería que la publicación de los mismos se usara como pretexto para romper el diálogo, por lo que demoró su entrega a los medios. Respecto al argumento del fiscal de que Assange puso en riesgo la vida de informantes, el exmilitar dijo que él también había dado información sobre un agente clandestino de la CIA. Justificó esa decisión argumentando que no quería que el público pensara que los archivos habían sido editados o interferidos. Para demostrar que el gobierno estaba cometiendo atrocidades en Vietnam Ellsberg necesitó que esos documentos se mantuvieran impolutos y que nadie pudiera decir que con su intervención estaba encubriendo algo, sostuvo el exmilitar

Lewis también intentó que Ellsberg admitiera que los archivos de WikiLeaks eran más dañinos. Sin embargo el analista dijo que ya durante el juicio a Manning el Departamento de Defensa no había podido mostrar una sola muerte como resultado de esas filtraciones. El fiscal mencionó que algunos informantes habían tenido que huir de sus países. El exmilitar pidió comparar esos casos y el del periodista australiano. “Las personas que tienen que abandonar el país deben ubicarse en el contexto de Assange tratando de poner fin a una guerra que causó 37 millones de refugiados y más de un millón de muertes”, sostuvo Ellsberg.

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Sábado, 12 Septiembre 2020 05:57

Fucik, la reivindicación de la militancia

Fucik, la reivindicación de la militancia

Periodista, asesinado por el nazismo, autor de "Reportaje al pie del Patíbulo"

“En el campo de concentración de Ravensbruck, mis compañeros de prisión me comunicaron que mi marido, Julius Fucik, había sido condenado a muerte el 25 de agosto de 1943 por el tribunal nazi de Berlín”, comienza su introducción a Reportaje al pie del patíbulo Gusta Fucikova, su esposa, que sobrevivió y fue liberada. Apenas volvió a Praga, Gusta comenzó a rastrear datos de lo que había sucedido con su marido, con quien había sido detenida en l942, poco después de la ocupación de Checoslovaquia. Ambos eran periodistas, escritores y comunistas. Fueron llevados a la prisión de Pankrac, dependiente de la Gestapo. Durante unos meses, se supieron bajo el mismo techo, pero perdieron contacto. Nunca se volvieron a ver.

Al principio, el hecho de saber que Gusta estaba allí, hacía a Fucik cantar todas las noches. La militancia partisana, habría de narrar ella luego, los había separado muchas veces. Eso los había vuelto “eternos amantes”. “En la celda 267 se canta”, había escrito Fucik en una de las hojas que, luego reunidas, armaron su libro Reportaje al pie del patíbulo. Fucik fue descripto como un hombre icónico del renacimiento checo. Dijo el crítico Ladislav Stoll: “Nunca jugaba el papel de un espíritu encerrado en sí mismo: estaba pletórico de alegría, de vitalidad. Amaba la vida como un niño, despreciaba la muerte como un hombre. Amaba a sus amigos y sus amigos eran todos aquellos que como él amaban al pueblo y a los hombres”.

Poco después del traslado de Gusta al campo polaco, cuando comenzaba a roer la soledad y la tortura a la que era sometido diariamente, Fucik recibió del guardia nazi que todos los días visitaba su celda, una hoja de papel que sacó de adentro de la solapa de su uniforme. Activista entrenado, el escritor sospechó. No hizo preguntas. Temía una trampa. Unos días después el guardia volvió a dejarle otra hoja. “Me dijeron que mañana seré fusilado“, tanteó Fucik. “¿Y está impresionado?”, le preguntó el guardia. “No, contaba con eso”, fue la respuesta. “Es posible que lo hagan. Si no mañana, otro día”, le dijo el guardia.“Por si acaso, por si usted quiere dejar un recado para alquien… No para ahora, ¿me comprende? Para el futuro”. El guardia nazi le extendió otra hoja y un lápiz. Fucik confirmó otra de sus sospechas: podía tratarse de un camarada. Luego llegó a saber también su nombre: era Adolf Kolinsky, un joven comunista checo que se había hecho pasar por alemán para infiltrarse en la cárcel de la Gestapo, recoger información y hacer lo que se pudiera para aliviar a los prisioneros. En el caso de Fucik, el alivio llegó con el papel y el lápiz.

Las hojas iban llegando despacio a lo largo del año en el que Fucik estuvo detenido en Pankrac, antes de ser trasladado a Berlín para un falso juicio. Con letra rápida, en líneas apretadas, Fucik pasó el tiempo reponiéndose de las heridas de la tortura y escribiendo cada noche en cada centímetro disponible (“¿Qué vendrá primero, la muerte del fascismo o mi propia muerte?” “He pensado siempre en lo triste que resulta ser el último soldado herido en el corazón por la última bala y en el último segundo. Pero alguien tiene que ser el último. Si supiera que puedo ser yo, querría serlo, aún ahora”). Stalingrado ya había sido recuperada por los rusos, de modo que era pertinente la pregunta. Pero fue en ese último estertor nazi que se decidió su juicio sumario en Berlín, el 25 de agosto.

Mientras tanto, él no había parado de escribir. Las hojas manuscritas y escritas casi sin luz eran sacadas de la cárcel por Kolinsky y desparramadas por diferentes casas de la resistencia de Praga, “para el futuro”, como habían convenido. Fucik, que esperaba morir en la horca, finalmente fue condenado al hacha y fue decapitado después de haber asumido en el juicio su identidad comunista y de ponerse a cantar La Internacional. Fue hacia su muerte el 8 de septiembre de l943, cantando, y cuando su cabeza rodó, otros prisioneros cantaron por él.

Cuando poco después Gusta fue liberada y comenzó a intentar reconstruir qué había pasado con Julius, rápidamente encontró a Kolinsky y con su ayuda fue recibiendo de decenas de distintas direcciones, las hojas en las que él había dejado una obra, cuyo génesis la hace una obra colectiva. No eran notas aisladas, sino una narrativa vibrante y sangrante que reflejaba su perspectiva, el clima de la cárcel, las reflexiones políticas que le sobrevinieron en el último y terrible año de su vida, que terminó a los 40 años. Gusta las reunió -eran 167 en total – y las editó, y poco después fue conocida la primera versión de Reportaje al pie del patíbulo, traducido luego a más de treinta idiomas y un clásico del siglo XX que Fucik dejó “para el futuro”, que es hoy.

Hace 60 años, en muchos países, es el 8 de septiembre el Día del Periodista, para recordar el ejercicio de testimonio al que Fucik no renunció aún en circunstancias en las que ya no le quedaban fuerzas después del ensañamiento de la tortura. La maquinaria mediática posterior ha suprimido o demonizado la figura del periodista militante, asociándolo con la distorsión de la verdad, cuando no sólo Fucik sino muchos otros, como los periodistas desaparecidos en la Argentina, como Rodolfo Walsh, dijeron la verdad cuando todos los demás callaban.

La página más visitada de su libro es la que resume ese espíritu vital, obstinado en el deber de la lucha, en la entrega y en el ánimo combatiente que requirieron esos tiempos horribles: “Y lo repito una vez más: he vivido por la alegría. Por la alegría he ido al combate y por la alegría muero. Que la tristeza no sea nunca unida a mi nombre”.

En tiempos de vorágines de odio, como aquellos, vale además su final, su manifiesto, su decisión indeclinable: “También mi juego se aproxima a su fin. No puedo describirlo. No lo conozco. Ya no es un juego. Es la vida. Y en la vida no hay espectadores. El telón se levanta. Hombres: yo los amé. ¡Estén alertas!”

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