Crisis humanitaria: Solidaridad abajo, negocios arriba

ALAI AMLATINA, 11/09/2015.-Pasada la conmoción mediática provocada por la oleada de inmigrantes, comienza a cobrar forma lo que hay detrás del fenómeno: desde las guerras e invasiones desatadas por la OTAN en Medio Oriente hasta el interés del gran empresariado alemán para hacerse con mano de obra barata para impulsar sus exportaciones.

LA POBLACIÓN EUROPEA oscila entre dos reacciones extremas: la solidaridad y el rechazo. Fueron muchas las manos tendidas en diversos países hacia los extranjeros que buscan un lugar a la sombra del desarrollo europeo, mostrando un sentimiento internacionalista que se mantiene vivo pese a la criminalización de los medios. Pero los fascistas también mostraron las uñas, dispuestos a saltar a la yugular de los nuevos migrantes, culpables para ellos de todos los males que aquejan al viejo continente.

La principal noticia de esta semana fue el anuncio Ángela Merkel de que su país se compromete a recibir a 500.000 refugiados cada año, lo que en su opinión cambiará profundamente el país. Este año aceptará unos 800.000 extranjeros, cuatro veces más que el anterior. Lejos quedan los demás países europeos. Según el plan del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, todo el continente debería acoger a 120.000 refugiados como "un primer paso".

Por su parte, el presidente de la Unión Europea, Donald Tusk, advirtió que "la ola de migración no es un incidente aislado sino el principio de un éxodo real, lo que significa que tendremos que tratar con este problema en los próximos años" (Pagina 12, 9 de setiembre de 2015).

Sin embargo el país donde la llegada masiva de refugiados amenaza profundizar la crisis es Grecia. El ministro de Migraciones dijo que la isla de Lesbos está "a punto de explotar". Unas 30.000 personas se encuentran en varias islas del mar Egeo, 20.000 de ellas sólo en Lesbos cuya población apenas sobrepasa los 80.000 habitantes.

SOLIDARIDAD ABAJO. La iniciativa del papa Francisco de que cada parroquia reciba un refugiado es, apenas, la expresión de un sentimiento fraterno que atraviesa buena parte del continente. Mientras el gobierno español sigue empeñado en reducir la cantidad de refugiados a recibir, "una ola de rebeldía crece tanto en los ayuntamientos como en las calles y pide la apertura de fronteras y la acogida de las personas refugiadas que tratan de buscar asilo en Europa" (Diagonal, 9 de setiembre de 2015).

Decenas de ciudades españolas se han sumado a la red impulsada por la alcaldesa Ada Colau desde Barcelona, denominada "ciudades refugio", donde se "organizan censos de miles de familias dispuestas a ofrecer su casa para la acogida, listados de profesionales que puedan dar apoyo psicosocial, legal, sanitario, lingüístico o de otro tipo, habilitación de espacios municipales", entre otras.

Más allá de la respuesta institucional, han nacido grupos autoorganizados como la iniciativa alemana Refugees Welcome. "El 3 de septiembre, una reunión organizada por la Asociación de Sin Papeles de Madrid para canalizar la frustración e indignación ciudadana en propuestas de acción, acabó desbordando las expectativas y se convirtió en una asamblea multitudinaria que tuvo que ser trasladada a una plaza de la capital y que ha sembrado el germen de un movimiento organizado desde abajo que busca ir más allá del asistencialismo" (Diagonal, 9 de setiembre de 2015).

SOS Racisme, Stop Mare Mortum, Refugiados Bienvenidos, la Red Asturiana de Familias de Acogida de Refugiados son algunas de las plataformas que reclaman la apertura de fronteras y la libertad de movimientos. El ayuntamiento de Barcelona anunció que no hará distinción entre refugiados de diversos países ni entre éstos y los migrantes, abriendo un debate que minimiza las diferencias entre guerras y crisis económicas como causantes del traslado masivo de personas hacia Europa.

"Ya es hora de empezar a cambiar el concepto de persona refugiada y ampliarlo también a los refugiados por motivos económicos", señala la portavoz de Stop Mare Mortum. En su opinión, la Unión Europea es responsable por la venta de armas a países en conflicto y el impulso de políticas económicas que están en la base de la migración masiva.

Sin embargo, el diario británico Sunday Express alertó que "más de cuatro mil terroristas del Estado Islámico llegaron a Europa haciéndose pasar por refugiados" (Russia Today, 7 de setiembre de 2015). Según el medio, el destino de buena parte de los supuestos terroristas sería Alemania y Suecia, cuestión que al parecer conocen los servicios de seguridad de los países europeos. La ultraderecha encuentra así un punto de apoyo a sus campañas xenófobas que, con toda seguridad, crecerán en los próximos meses.

NEGOCIOS ARRIBA. "Si somos capaces de integrarlos rápidamente en el mercado laboral, no sólo estaremos ayudando a los refugiados, sino también a nosotros mismos", dijo el jefe de la poderosa Federación de la Industria Alemana Ulrich Grillo (Business Insider, 7 de setiembre de 2015). El principal patrón alemán es un fuerte partidario de la inmigración ante el creciente envejecimiento de la población europea.

Según un informe de la Unión Europea, citado por el diario italiano La Repubblica, en Europa hay cuatro personas en edad de trabajar por cada jubilado pero en 2050 habrá sólo dos si las cosas no cambian (Pagina 12, 9 de setiembre de 2015). El continente tendrá necesidad de 42 millones de "nuevos ciudadanos que paguen sus impuestos y contribuciones, para que la población anciana pueda seguir cobrando su jubilación y otros beneficios".

Pero los industriales hacen además otros cálculos. El desempleo en Alemania se encuentra actualmente en su nivel más bajo desde la reunificación, pero se estima que faltan 140.000 ingenieros, programadores y técnicos en la industria, mientas en el sector de la salud el faltante de mano de obra calificada es de unas 40.000 plazas sólo para este año. El think tank Prognos anticipa que "la escasez de trabajadores cualificados se elevará a 1,8 millones en 2020, y hasta 3,9 millones en 2040, si no se hace nada" (Business Insider, 7 de setiembre de 2015).

Antes de contratar y formar a un inmigrante las empresas deben demostrar que no hay candidatos alemanas para ese puesto. Pero una vez tomada la decisión, "quieren una garantía de que un aprendiz que adquieren no será deportado de un día para otro". El Estado, por su parte, financia el aprendizaje del idioma alemán.

"Las personas que llegan aquí como refugiados deben convertirse rápidamente en nuestros vecinos y nuestros colegas", dijo el Ministro de Trabajo y Asuntos Sociales Andrea Nahles, cuyo ministerio flexibilizó las reglas para que los extranjeros puedan trabajar como temporarios en prácticas.

Dos tercios de los refugiados son migrantes económicos y sólo el tercio restante provienen de países en guerra: Siria (20 por ciento), Afganistán (7 por ciento) e Iraq (3 por ciento), aunque otras fuentes aseguran que la mitad de los que cruzan el Mediterráneo son sirios (Russia Today, 10 de setiembre de 2015). La inmensa mayoría no son familias sino hombres solos de 18 a 34 años. En ese tramo de edad y género espera reclutar sus nuevos trabajadoras la gran empresa alemana, la más robusta del continente.

Grillo lo dice sin vueltas: "Me distancio muy claramente de los neonazis y de los racistas que se reúnen en Dresde", dijo a fines del año pasado. "Debido a nuestra evolución demográfica, garantizamos el crecimiento y la prosperidad con la inmigración" (AFP, 23 de diciembre de 2014). Lo que no dice es que los salarios que pagan a los inmigrantes son mucho más bajos que los perciben sus conciudadanos.

Pero la política alemana está despertando recelos en los demás países de la Unión, que no se muestran entusiasmados con las propuestas de abrirse a los migrantes.

La candidata de la ultraderecha francesa, Marine Le Pen, culpó a Alemania por sus políticas que afectarán al conjunto de la Unión Europea. "Alemania está tratando de bajar los salarios y de reclutar esclavos a través de la inmigración masiva", dijo en Marsella (Russia Today, 7 de setiembre de 2015). Agregó que el país de Merkel "busca gobernar nuestra economía y quiere obligarnos a aceptar cientos de miles de solicitantes de asilo", dijo Le Pen, adelantando que Francia no abrirá sus puertas a la "miseria del mundo".

Parece evidente que la cohesión europea será puesta a prueba por la masividad de la inmigración, ya que no todo parecen congeniar con la apuesta alemana y los más siguen temiendo que la fractura social se profundice en la sumatoria de crisis e inmigración.

Publicado enInternacional
Marchan más de 2 millones por el derecho a decidir el futuro de Cataluña

Más de 2 millones de catalanes reclamaron ayer en calles de Barcelona su derecho a decidir nuestro futuro al celebrar, como todos los 11 de septiembre, el día nacional de Cataluña, a sólo tres semanas de las elecciones autonómicas del 27 de septiembre.


Las calles de Barcelona se convirtieron en celebración en favor de la independencia, cuando millones de personas se congregaron en la calle para celebrar la diada (día nacional).


La sociedad catalana, integrada por 7 millones 200 mil personas, está fragmentada en dos grandes bloques: los que están a favor de la independencia y de que se consulta a través de un referendo a la sociedad, que es una amplia mayoría de más de 65 por ciento, y las fuerzas españolistas contrarias a la consulta democrática y que se oponen a la estrategia trazada por el presidente catalán, Artur Mas, encaminada a una declaración unilateral de independencia.


La multitudinaria manifestación iba encabezada por banderas catalanas, tanto las oficiales (senyeras) como las independentistas (estelada), y superó con creces las expectativas de las plataformas convocantes, que fueron, como en años anteriores, la Asamblea Nacional Catalana (ANC), la Plataforma Cultural Omnium y la coalición de partidos Juntos por el Sí, integrada por Convergencia Democrática de Cataluña y Esquerra Republicana de Cataluña.


La Guardia Urbana cifró en más de millón y medio el número de manifestantes, pero los organizadores aumentaron la cifra a más de 2 millones, una vez que las principales arterias de la capital catalana estaban a reventar de centenares de miles de personas.


El presidente de la ANC, Jordi Sánchez, añadió que ya no queremos formar parte del reino de España; hemos decidido que queremos irnos, y lo haremos con la legitimidad de las urnas. Y este nuevo país lo construiremos entre todos sin preguntar de dónde se viene, pero eso sí, el nuevo país debe ser libre de corruptos y corruptores.


A lo largo de la movilización se gritaron consignas en favor de la independencia y se desplegaron miles de banderas y de símbolos independentistas, además de que se lamentó la postura de la nueva alcaldesa de Barcelona, Ada Colau –ex activista en contra de los desahucios y que hasta ahora había sido defensora del derecho a decidir–, quien finalmente se negó a asistir a la marcha alegando que se trataba de un acto electoral.


El presidente Mas señaló en un mensaje previo a la marcha: Cambiamos las elecciones por un referendo ahora mismo, porque preferimos contar votos, pero si todos los intentos para celebrar una consulta han sido bloqueados, la alternativa no es no hacer nada; la única salida legal que nos han dejado es hacer estos comicios.


Desde Madrid respondió la vicepresidenta primera del gobierno, Soraya Sáenz, quien advirtió que una cosa es tener mayoría para gobernar y otra cosa es no contar con la mayoría que decide lo que es España. Lamentó que la fiesta para todos los catalanes se haya convertido en acto reivindicativo de los intereses de sólo parte de algunos políticos catalanes y hoy es un acto electoral, entre otros de Artur Mas"

Publicado enInternacional
Crisis migratoria: brazos abiertos para dar la bienvenida, armas para matar

La avalancha de personas que huyen de la guerra y la miseria aumenta diariamente y alcanza las orillas y fronteras de Europa en un intento desesperado por verse a salvo. La mayoría viene de Siria, donde una guerra civil descarnada ha provocado la muerte a más de 200.000 personas en los últimos cinco años y el desplazamiento dentro y fuera de las fronteras de ese país de doce millones de personas, la mitad de la población siria.


Otros emigrantes vienen de África subsahariana. Huyen de la pobreza y los conflictos armados en sus países. Al igual que muchos sirios, estas personas logran llegar a Libia, país que actualmente se encuentra en un virtual estado de anarquía, y se arriesgan a cruzar el Mediterráneo en embarcaciones tan peligrosas como sobrecargadas de pasajeros. Miles se han ahogado. Paradójicamente, muchos de esos migrantes se dirigen hacia los mismos países que vendieron las armas que se utilizan en las guerras de las que huyen.


Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea, se refirió a la crisis migratoria en su discurso sobre el estado de la Unión Europea, pronunciado esta semana en Estrasburgo, Francia: "No hablo de 40.000 ni de 120.000. Hablo de 160.000. Esa es la cifra de refugiados de la que los europeos debemos hacernos cargo y a los que debemos acoger con los brazos abiertos". Junker utilizó en su discurso la expresión en inglés "take in arms", refiriéndose obviamente a la idea de dar un abrazo protector, pero la palabra "arms", paradójicamente, significa también "armas". Otra europea, que ha visto de cerca el sufrimiento de los refugiados, toma la voz inglesa en ese otro sentido.


"Son nuestras armas las que destruyen esos países y diezman a sus poblaciones", sostuvo Annette Groth en el noticiero "Democracy Now!". Groth integra el Parlamento Alemán y es la portavoz de derechos humanos del partido alemán La Izquierda. Retornó recientemente de un viaje a Hungría, donde fue testigo de los miles de inmigrantes que se encuentran varados en la estación de trenes de Budapest: "Alemania es el tercer mayor exportador de armas, y tenemos muy buenas relaciones, hasta la exageración, con países como Arabia Saudita y Qatar, a pesar de que existe una gran oposición a esto, y mi partido siempre se opone, al igual que el verdadero movimiento pacifista. Nuestro gobierno aún está entregando armas a Arabia Saudita, que a su vez apoya al ISIS, a los yihadistas. ¿De qué estamos hablando?".


El Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés) analiza y brinda información sobre el comercio de armas a nivel mundial. Un informe reciente del SIPRI destaca: "El volumen del comercio internacional de armas de gran envergadura registrado entre 2010 y 2014 fue 16% más alto que el registrado entre 2005 y 2009. Los cinco principales exportadores entre 2010 y 2014 fueron Estados Unidos, Rusia, China, Alemania y Francia". Entre los cinco principales receptores de esos cargamentos de armas de gran envergadura figuran Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, dos aliados de Estados Unidos que, según afirman múltiples informes, estarían apoyando de manera significativa al ISIS, que es el principal antagonista en la guerra civil en Siria y en Irak. A todo ello se suman las últimas noticias respecto a que Rusia ha incrementado su asistencia militar al régimen del presidente sirio, Bashar al-Assad, que el Reino Unido participó directamente en ataques aéreos en Siria y que Francia se prepara para hacer lo mismo.


Si bien muchos países europeos están aceptando refugiados (el primer ministro finlandés incluso puso a disposición su casa de huéspedes), superando así ampliamente cualquier tipo de bienvenida que haya ofrecido el gobierno de Obama, nada de eso resuelve el problema. Lo que hay que resolver son los conflictos en Medio Oriente. Pero, ¿es posible que eso suceda si Estados Unidos (y Rusia, y Alemania, y Francia) continúan vendiendo grandes cantidades de armas a los beligerantes países de la región? El rey King Salman de Arabia Saudita visitó la Casa Blanca la semana pasada y se aseguró una nueva inyección de misiles y de las llamadas bombas inteligentes, además del arsenal que normalmente proporciona Estados Unidos a su país aliado, rico en petróleo.


"En Medio Oriente hay más armas que pan", reflexionó Annette Groth, del Parlamento Alemán. "Recuerdo una conversación que mantuvimos con un embajador de esa región hace unos tres años atrás. Él nos miró, a mí y a otros parlamentarios, y nos dijo: 'Es hora de que occidente pase a buscar las armas que nos llevó'. Un concepto muy, muy cierto y muy simple".
________________________________________
Traducción al español del texto en inglés: Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enInternacional
Los refugiados, el capitalismo y la ideología (Europa)

¿Refugiados, inmigrantes, desplazados, sin papeles, aliens? ¿Cómo llamar a las masas de sirios, afganos o libios, productos de las guerras imperiales que golpean las puertas de la Festung Europa (más su torre alemana), sofocándose en los camiones y ahogándose en el Mediterráneo en la más grande crisis de este tipo ocurrida jamás (con 59 millones de forzados a dejar sus casas en el mundo, según la ONU)? ¿Qué tal, seres humanos? Parece que la opción más obvia es la menos deseada. Nombrar bien las cosas importa (refugiados es aquí más apropiado que migrantes). Pero a veces extraordinarios debates semánticos encubren la deshumanización común.


2) Hannah Arendt, en un corto texto, We refugees (1943), escrito desde su propia posición de refugiada que huyó de la guerra en Europa, veía esta condición como paradigma de la nueva conciencia histórica. Tratando de humanizar a los desplazados y sensibilizar a las poblaciones receptoras los describía como "el avant-garde de sus pueblos". En aquel entonces la encarnación de un refugiado fue un judío (como ella), pero cuya expulsión fue seguida por la de la mayoría de los europeos.


3) Hoy un refugiado es por lo general un musulmán, estigmatizado como antes un judío por su religión e identidad. Más que paradigma de la nueva conciencia es un símbolo de ignorancia y nueva deshumanización en la época en que la historia ya no enseña nada. Las imágenes de Europa de ayer y hoy son intercambiables. Gente con bultos en los hombros y niños en las manos, caminando de un país al otro por las carreteras y al lado de las vías férreas. Por donde quiera alambre de púas y campos de internamiento –que no son Auschwitz, pero nacen de la misma matriz de la modernidad– llenos de personas con números en los brazos... (véase: Rick Lyman: "Treatment of migrants evokes memories of Europe's darkest hour", en The New York Times, 4/9/15).


4) Giorgio Agamben, leyendo al texto de Arendt, escribió uno suyo (We refugees, 1993). Su mirada a los ámbitos de relaciones internacionales y derechos humanos –hijos de los estados-naciones soberanos– ayuda a entender por qué a pesar de los esfuerzos internacionales (ONU, et al.) aún no se ha resuelto la cuestión de los refugiados (que más bien se agravó). Según él, la figura de un refugiado es mortal a la sola existencia del Estado-nación (desnuda la ficción de soberanía y rompe duplas identitarias hombre-ciudadano/origen-nacionalidad).


5) Apuntando al tóxico componente estatal en la Unión Europea, Agamben sugería un paso hacia una entidad aterritorial donde –entre otros– se borraría la oposición ciudadano/no ciudadano y todos serían refugiados... ¿Utopía? La verdad es que fue justo la tensión entre lo nacional y lo metaeuropeo lo que explotó a la hora de la crisis. De allí el sadismo hacia Grecia o hacia los refugiados. Más que una excepción, la tensión es la regla, incluso un modo de gobernar. Así Bruselas puede no hacer nada o jugar a buen policía/mal policía: quisiéramos recibirlos, pero algunos países se oponen (un disenso curiosamente ausente a la hora de rescatar los bancos o empujar más austeridad).


6) Cuando Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia rechazaron recibir las cuotas obligatorias de refugiados, se anunció que allí murió la solidaridad (Corriere della Sera, 5/9/15). Aunque verdadera, la acusación llega 30 años tarde: en Polonia la destrucción del sindicato del mismo nombre, del movimiento social alrededor suyo y del propio valor humano (y sustitución por precariado, atomización y egoísmo) fueron condiciones indispensables para la restauración capitalista en 1989.


7) Mientras algunos condenan la xenofobia hacia los refugiados, esconden que la deshumanización de abajo es la misma que se enseña desde arriba hacia las siempre invisibles víctimas de las intervenciones humanitarias (o sea: la misma gente). Bernard-Henri Levy, como un buen ideólogo, con una mano critica y con la otra exculpa: fustiga bien a Europa por indiferencia o hablar de refugiados como migrantes y quinta columna de la jihad, pero el vínculo con las guerras de la OTAN (de las que es un promotor) es para él... cortina de humo de Rusia (Project Syndicate, 31/8/15).


8) Shlomo Sand, hijo de sobrevivientes polacos-judíos de Shoah nacido en 1946, en un campo de refugiados en Austria (y criado en campos parecidos en Alemania hasta emigrar a Israel), tiene razón: la única ideología que cementa hoy a Europa –que no cesa de subrayar sus raíces judeo-cristianas– es la islamofobia, que cumple el mismo papel unificador que el antisemitismo para los estados-naciones en los siglos XIX-XX (Jewish Quarterly, 2010, no. 215).


9) Un pequeño ejercicio corrobora esta tesis a la luz de hoy: tomamos a Hungría y Eslovaquia; escuchamos al premier Víktor Orbán alertando que la oleada musulmana hace peligrar la identidad cristiana de Europa (Frankfurter Allgemeine Zeitung, 3/9/15) y asegurando defenderla impidiendo que los refugiados tomen trenes a Alemania en la estación Budapest-Keleti y desenvolviendo el alambre de púas en la frontera; escuchamos al gobierno eslovaco aceptando apenas un puñado de refugiados, sólo si son cristianos, excusándose que en el país no hay mezquitas; abordamos el vehícu¬lo del tiempo y vamos a 1944 a Budapest, donde en la misma estación los fascistas de la Cruz Flechada defensores de la civilización europea meten –al revés que hoy– por fuerza a los judíos a los trenes a Auschwitz, y a Bratislava, donde funcionarios del régimen cato-fascista del padre Tiso dan 100 dólares por cada judío denunciado, excusándose tal vez que en el país no hay sinagogas, y ¡voilà!


10) Para Agamben, en la medida en que refugiado es peligroso para el Estado-nación –¿qué tal si de repente otros ciudadanos descubren que hay vida inteligente más allá del Estado?– su figura es revolucionaria. Incluso, ante el ocaso de otros sujetos, es la única capaz de cambiar la sociedad. De allí el afán del poder por rechazarla. O domesticarla. He aquí una fórmula capitalista en píldora: ¡Déjenlos entrar y ganar dinero! (The Economist, 29/8/15). Pues, ¿qué tal si de repente otros ciudadanos descubren que hay vida inteligente más allá de la comodificación del ser humano?


Por Maciek Wisniewski, periodista polaco


Twitter: @periodistapl

Publicado enInternacional
Viernes, 11 Septiembre 2015 06:29

La inexistencia de Noruega

La inexistencia de Noruega

Europa debe aceptar los nuevos refugiados hijos del capitalismo global y herederos del colonialismo, pero a la vez debe fijar reglas claras que privilegien el estilo de vida europeo.


En su clásico estudio La muerte y los moribundos, Elisabeth Kübler-Ross propuso el famoso esquema de las cinco etapas de cómo reaccionamos al enterarnos de que tenemos una enfermedad terminal: la negación (uno simplemente se niega a aceptar el hecho: "Esto no puede estar pasando, no a mí"); ira (que explota cuando ya no podemos negar el hecho: "¿Cómo puede sucederme esto"); negociación (la esperanza de que de alguna manera podemos posponer o disminuir el hecho: "Déjame vivir para ver a mis hijos graduarse.") depresión (desinversión libidinal: "Me voy a morir, así que ¿por qué molestarme con todo esto?"); aceptación ("No puedo luchar contra ella, más vale que me prepare para ella.") Más tarde, KüblerRoss aplicó estas etapas a cualquier forma de pérdida catastrófica personal (falta de trabajo, la muerte de un ser querido, el divorcio, la adicción a las drogas), y también hizo hincapié en que no necesariamente vienen en el mismo orden, ni son experimentadas las cinco etapas por todos los pacientes.


¿No es la reacción de la opinión pública y de las autoridades en Europa occidental al flujo de refugiados de Africa y Medio Oriente una combinación similar de reacciones dispares? Existe (cada vez menos) la negación: "No es tan grave, ignorémoslo". Está la ira: "Los refugiados son una amenaza para nuestra forma de vida, entre ellos se ocultan los fundamentalistas musulmanes. ¡Deben ser detenidos a toda costa!". Hay negociación: "OK, establezcamos cuotas y apoyemos los campos de refugiados en sus propios países!". Existe la depresión: "¡Estamos perdidos, Europa se está convirtiendo en Europastan!". Lo que falta es la aceptación, la cual, en este caso, significaría un plan consistente de toda Europa para tratar con los refugiados.


Entonces, ¿qué hacer con los cientos de miles de personas desesperadas que esperan en el norte de Africa, escapando de la guerra y el hambre, tratando de cruzar el mar para encontrar refugio en Europa? Hay dos respuestas principales. Los liberales de izquierda expresan su indignación por cómo Europa está permitiendo que miles de personas se ahoguen en el Mediterráneo –su idea es que Europa debe mostrar su solidaridad abriendo sus puertas de par en par–. En cambio los populistas antiinmigrantes afirman que debemos proteger nuestra forma de vida y dejar que los africanos resuelvan sus propios problemas. Ambas soluciones son malas, ¿pero qué es peor? Parafraseando a Stalin, los dos son peores. Los mayores hipócritas son los que defienden la apertura de fronteras: en secreto saben muy bien que esto nunca va a pasar, ya que daría lugar a una revuelta populista instantánea en Europa. Actúan el Alma Bella que se siente superior al mundo corrupto mientras secretamente participan en él.


El populista antiinmigrante también sabe muy bien que, abandonados a sí mismos, los africanos lograrán cambiar sus sociedades –¿por qué no?


Porque nosotros, los europeos occidentales, estamos impidiendo que lo hagan. Fue la intervención europea en Libia, la que arrojó al país en el caos. Fue el ataque estadounidense a Irak, el que creó las condiciones para el surgimiento del Estado Islámico (EI). La guerra civil en curso en la República Centroafricana entre el sur cristiano y el norte musulmán no es sólo una explosión de odio étnico, fue provocada por el descubrimiento de petróleo en el norte: Francia (vinculada con los musulmanes) y China (vinculada a los cristianos) luchan por el control de los recursos petroleros a través de sus representantes.


Pero el caso más claro de nuestra culpa es el Congo de hoy que está surgiendo de nuevo como el "corazón de las tinieblas" africano. El artículo de portada de la revista Time el 5 de junio de 2006 se tituló "La guerra más mortal en el mundo" –una investigación detallada sobre cómo como alrededor de cuatro millones de personas murieron en el Congo resultado de la violencia política durante la última década. Ninguno de los habituales alborotos humanitarios le siguió, como si algún tipo de mecanismo de filtración hubiera bloqueado esta noticia para que no alcanzara pleno impacto–. Para decirlo cínicamente. El tiempo había elegido a la víctima equivocada en la lucha por la hegemonía en el sufrimiento –debería haberse mantenido con la lista de sospechosos de siempre–: las mujeres musulmanas y su difícil situación, la opresión en el Tíbet... ¿Por qué esta ignorancia?


En 2001, una investigación de la ONU sobre la explotación ilegal de los recursos naturales en el Congo encontró que el conflicto en el país es principalmente sobre el acceso, el control y el comercio de cinco recursos minerales clave: coltán, diamantes, cobre, cobalto y oro. Bajo la fachada de la guerra étnica, discernimos el funcionamiento del capitalismo global. El Congo ya no existe como un Estado unido; se trata de una multiplicidad de territorios gobernados por los señores de la guerra locales que controlan su pedazo de tierra con un ejército que, por regla general, incluye niños drogados. Cada uno de estos señores de la guerra tiene vínculos comerciales con una empresa extranjera o corporación que explota sobre todo la rica minería en la región. La ironía es que muchos de estos minerales se utilizan en productos de alta tecnología, como laptops y teléfonos celulares.


Así que olvídense de la conducta salvaje de la población local, simplemente quiten las empresas de alta tecnología extranjeras de la ecuación y todo el edificio de la guerra étnica alimentada por viejas pasiones se desmorona. Aquí es donde deberíamos empezar si realmente queremos ayudar a los africanos y detener el flujo de refugiados. Lo primero es recordar que la mayoría de los refugiados proceden de los "estados fallidos", donde la autoridad pública es más o menos inoperante por lo menos en grandes extensiones (Siria, Líbano, Irak, Libia, Somalia, Congo...). Esta desintegración del poder del Estado no es un fenómeno local, sino consecuencia de la economía y la política internacional, y en algunos casos, como Libia e Irak, incluso un resultado directo de la intervención occidental. Está claro que este aumento de "estados fallidos" no es una desgracia no intencionada, sino también una de las formas en que las grandes potencias ejercen su colonialismo económico. Uno también debería notar que las semillas de los "estados fallidos" de Medio Oriente hay que buscarlas en las fronteras arbitrarias dibujadas después de la Primera Guerra Mundial por el Reino Unido y Francia, que crearon una serie de estados "artificiales": el Estado Islámico, al juntar a los sunnitas en Siria e Irak, en última instancia, está uniendo lo que fue desgarrado por los amos coloniales.


No podemos dejar de señalar el hecho de que algunos países no demasiado ricos de Medio Oriente (Turquía, Egipto, Irán, etc.) están mucho más abiertos a los refugiados que los realmente ricos (Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos, Qatar...). Arabia Saudita y Emiratos no reciben refugiados, aunque son vecinos de la crisis, así como ricos y culturalmente mucho más cerca de los refugiados (que son en su mayoría musulmanes) que Europa. Arabia Saudita incluso devolvió algunos refugiados musulmanes de Somalia –todo lo que hizo fue contribuir con 280 millones de dólares como apoyo a la educación de los refugiados–. ¿Es esto porque Arabia Saudita es una teocracia fundamentalista que no puede tolerar ningún intruso extranjero? Sí, pero también hay que tener en cuenta que en lo económico esta misma Arabia Saudita está totalmente integrada a occidente. ¿O no son Arabia Saudita y los Emiratos, desde el punto de vista económico, puestos de avanzada del capital occidental, estados que dependen totalmente de sus ingresos petroleros? La comunidad internacional debería ejercer una fuerte presión sobre Arabia Saudita (y Kuwait y Qatar, y...) para que cumplan con su deber en la aceptación de un gran contingente de los refugiados, sobre todo porque, por la forma en que apoyó a los rebeldes antiAssad, Arabia Saudita es en gran parte responsable de la situación en Siria.


Nueva esclavitud


Otra de las características que comparten estos países ricos es el surgimiento de una nueva esclavitud. El capitalismo se legitima como el sistema económico que implica y promueve la libertad personal (condición necesaria para que funcione el mercado). Pero genera esclavitud, como parte de su propia dinámica: aunque la esclavitud fue casi extinta a fines de la Edad Media, explotó en las colonias desde la temprana modernidad hasta la guerra civil de Estados Unidos. Y uno puede arriesgar la hipótesis de que hoy, con el surgimiento del capitalismo global, una nueva era de la esclavitud está emergiendo.

A pesar de que ya no existe la figura legal del esclavo, la esclavitud adquiere una multitud de nuevas formas: millones de trabajadores inmigrantes en la península de Arabia (los Emiratos, Qatar, etc.) están de facto privados de derechos y libertades civiles elementales; otros millones de trabajadores son explotados en fábricas asiáticas organizadas directamente como campos de concentración; en muchos estados del Africa Central (Congo, etc.) se hace uso masivo del trabajo forzoso para la explotación de recursos naturales. Pero no hace falta mirar tan lejos. El 1º de diciembre de 2013, al menos siete personas murieron cuando una fábrica de ropa de capitales chinos en una zona industrial en la ciudad italiana de Prato, a 10 kilómetros del centro de Florencia. Se incendió un domingo, matando a los trabajadores atrapados en un improvisado dormitorio de cartón construido en el lugar. El accidente se produjo en el distrito industrial Macrolotto de la ciudad, conocido por su gran número de fábricas de ropa. Riberto Pistonina, un sindicalista local comentó: "Nadie puede decir que está sorprendido por esto, porque todo el mundo supo durante años que, en la zona entre Florencia y Prato, cientos sino miles de personas están viviendo y trabajando en condiciones de casi esclavitud". Sólo en Prato hay al menos 15.000 trabajadores registrados legalmente, en una población total de menos de 200.000, con más de 4000 empresas de propiedad china. Se cree que miles de inmigrantes chinos están viviendo en la ciudad de manera ilegal, trabajando hasta 16 horas por día para una red de mayoristas y talleres que producen ropa barata.


Por lo tanto no tenemos que buscar la vida miserable de los nuevos esclavos muy lejos, en los suburbios de Shanghai (o en Dubai y Qatar) e hipócritamente criticar a China –la esclavitud puede estar aquí, en nuestra casa, simplemente no la vemos (o, más bien, fingimos no verla). Este nuevo apartheid de facto, esta explosión sistemática del número de diferentes formas de esclavitud de facto, no es un accidente lamentable, sino una necesidad estructural del capitalismo global de hoy. Esta es quizás la razón por la cual los refugiados no quieren entrar en Arabia Saudita. Pero los refugiados que entran a Europa se ofrecen para convertirse en mano de obra barata, en muchos casos a costa de los trabajadores locales que reaccionan ante esta amenaza uniéndose a los populistas antiinmigrante. Para la mayoría de los refugiados, convertirse en mano de obra barata europea sería sueño hecho realidad.


Los refugiados no son sólo escapan de sus tierras asoladas por la guerra, sino que también están poseídos por un cierto sueño. Podemos ver una y otra vez en nuestras pantallas refugiados en el sur de Italia, que dejaron en claro que no quieren quedarse allí –que en su mayoría quieren vivir en los países escandinavos–. ¿Y qué hay miles que acampan alrededor de Calais que no están satisfechos con Francia, pero están dispuestos a arriesgar sus vidas para entrar en el Reino Unido? Y ¿qué pasa con las decenas de miles de refugiados en los países Balcánicos que desean llegar a Alemania, al menos? Declaran este sueño como su derecho incondicional, y exigen a las autoridades europeas no sólo comida adecuada y atención médica, sino también el transporte hasta el lugar de su elección. Hay algo enigmáticamente utópico en esta demanda imposible: como si el deber de Europa fuera realizar su sueño, un sueño que, por cierto, está fuera del alcance de la mayoría de los europeos (¿cuántos europeos del este y del sur también preferirían vivir en Noruega?). Se puede observar aquí la paradoja de la utopía: precisamente cuando las personas se encuentran en situación de pobreza, angustia y peligro, y uno esperaría que estarían satisfechas con un mínimo de seguridad y bienestar, estalla la utopía absoluta. La dura lección para los refugiados es que "no hay Noruega", incluso en Noruega. Tendrán que aprender a censurar sus sueños: en lugar de perseguirlos, en realidad, deberían centrarse en cambiar la realidad.


Uno debe ser muy claro aquí: la idea de que la protección de una forma específica de vida en sí misma es una categoría protofascista o racista debe ser abandonada. Si no hacemos esto, abrimos el camino para que la ola antiinmigrante que crece en toda Europa y cuya señal más reciente es el hecho de que, en Suecia, el Partido Demócrata antiinmigrante por primera vez superó a los socialdemócratas y se convirtió en el partido más fuerte en el país. La reacción liberal de izquierda estándar para esto es, por supuesto, una explosión de moralismo arrogante: el momento en que demos alguna credibilidad al motivo "protección de nuestro modo de vida", ya comprometemos nuestra posición dado que proponemos una versión más modesta de lo que los populistas antiinmigrante abiertamente defienden. ¿No es esta la historia de las últimas décadas? Partidos centristas rechazan el racismo abierto de los populistas antiinmigrante, pero al mismo tiempo afirman "entender las preocupaciones" de la gente común y promulgar una versión más "racional" de la misma política.


Pero aunque hay un momento de la verdad en esta reacción, se debe rechazar, sin embargo, la actitud humanitaria liberal de la izquierda predominante. Las quejas que moralizan la situación –el mantra de "Europa perdió la empatía, es indiferente hacia el sufrimiento de los demás", etc., no es más que el anverso de la brutalidad contra los inmigrantes. Comparten la presuposición –que no es en modo alguno evidente por sí misma– que una defensa de la propia forma de vida excluye el universalismo ético. Uno por lo tanto debería evitar quedar atrapado en el juego liberal de "cuánta tolerancia podemos darnos el lujo de tener" -deberíamos tolerar si impiden que sus hijos vayan a escuelas públicas, si obligan a sus mujeres a vestirse y comportarse de una determinada manera, si planifican los matrimonios de sus hijos, si se maltratan a los gays en sus filas... En este nivel, por supuesto, nunca somos suficientemente tolerantes, o somos siempre –ya demasiado tolerantes, descuidando los derechos de la mujer, etc–. La única manera de salir de este punto muerto es ir más allá de la simple tolerancia de los demás: no limitarnos a respetar a los demás, ofrecer una lucha común, ya que nuestro problema hoy es común.


Otras formas de apartheid


Por lo tanto uno tiene que ampliar la perspectiva: los refugiados son el precio de la economía global. En nuestro mundo global, los productos circulan libremente, pero no las personas: están surgiendo nuevas formas de apartheid. El tema de las paredes porosas, de la amenaza de estar inundado por extranjeros, es estrictamente inmanente al capitalismo global, es una muestra de la falsedad en el discurso de la globalización capitalista. Es como si los refugiados quisieran extender la libre circulación global de materias primas también a las personas. Mientras que las grandes migraciones son un rasgo constante en la historia de la humanidad, su principal causa en la historia moderna son las expansiones coloniales: antes de la colonización, los países del Tercer Mundo consistían básicamente de comunidades locales autosuficientes y relativamente aisladas –fue la ocupación colonial, la que quitó los rieles a esta forma de vida tradicional y que llevó a renovadas migraciones a gran escala (también a través de la trata de esclavos).


La ola actual de las migraciones en Europa no es una excepción. En Sudáfrica, hay más de un millón de refugiados de Zimbabwe que están expuestos a los ataques de los pobres locales porque les quitan su trabajo. Y habrá más, y no sólo a causa de los conflictos armados, sino por nuevos "estados canallas", las crisis económicas, los desastres naturales, el cambio climático, etc. Ahora se sabe que, después de la catástrofe nuclear de Fukushima, las autoridades japonesas pensaron por un momento en que la totalidad del área de Tokio –20 millones de personas– tendrían que ser evacuadas.

¿En ese caso, a dónde hubieran ido? ¿En qué condiciones? Se les debería dar un pedazo de tierra o simplemente dispersarlos por el mundo? ¿Y qué pasaría si el norte de Siberia se hiciera más habitable y apropiado para la agricultura, mientras que las grandes regiones subsaharianas se volvieran demasiado secas para que viva allí una gran población? ¿Cómo se organizará el intercambio de población? Cuando cosas similares ocurrieron en el pasado, los cambios sociales ocurrieron de manera espontáneamente salvaje, con violencia y destrucción –tal perspectiva es catastrófica en las condiciones actuales, con armas de destrucción masiva disponibles para todas las naciones.


Por lo tanto, la principal lección que hay que aprender es que la humanidad debería estar lista para vivir de una manera más "plástica" y de forma más nómada: cambios locales o globales en el medio ambiente pueden imponer la necesidad de inauditas transformaciones sociales a gran escala. Una cosa está clara: la soberanía nacional tendrá que ser redefinida radicalmente e inventados nuevos niveles de cooperación global. ¿Y qué decir de los inmensos cambios en la economía y el consumo debido a los nuevos patrones climáticos o la escasez de fuentes de agua y de energía? ¿A través de qué procesos de decisión se decidirán y ejecutarán esos cambios? Tendrán que romperse una gran cantidad de tabúes y llevarse a cabo un conjunto de medidas complejas.


En primer lugar, Europa tendrá que reafirmar su pleno compromiso de proporcionar medios para la supervivencia digna de los refugiados. No debe haber ninguna concesión aquí: las grandes migraciones son nuestro futuro, y la única alternativa a este compromiso es una barbarie renovada (lo que algunos llaman "choque de civilizaciones").


En segundo lugar, como consecuencia necesaria de este compromiso, Europa debe organizarse e imponer reglas y regulaciones claras. El control estatal de la corriente de los refugiados debe reforzarse mediante una red administrativa vasta que abarque la totalidad de la Unión Europea (para evitar barbaridades locales como las de las autoridades de Hungría y Eslovaquia). Los refugiados deben ser reasegurados de su seguridad, pero también debe quedar en claro que ellos tienen que aceptar el lugar para vivir adjudicado por las autoridades europeas, además de que tienen que respetar las leyes y normas sociales de los estados europeos: ninguna tolerancia a la violencia religiosa, sexista, o étnica en ningún lado, ningún derecho a imponer a los demás la propia forma de vida o religión, el respeto a la libertad de cada individuo para abandonar sus / sus costumbres comunales, etc. Si una mujer opta por cubrir su rostro, su elección debe ser respetada, pero si no opta por no cubrirlo, su libertad tiene que ser garantizada. Sí, tal conjunto de reglas secretamente privilegia la forma de vida de Europa Occidental, pero es un precio por la hospitalidad europea. Estas reglas deben ser claramente expresadas y aplicadas, por medio de medidas represivas (contra los fundamentalistas extranjeros, así como en contra de nuestros propios racistas antiinmigrantes) si es necesario.


En tercer lugar, tendrá que inventarse un nuevo tipo de intervenciones internacionales: intervenciones militares y económicas que evitarían trampas neocoloniales. ¿Qué pasa con las fuerzas de la ONU garantizando la paz en Libia, Siria o el Congo? Los casos de Irak, Siria y Libia demuestran cómo el tipo incorrecto de la intervención (en Irak y Libia), así como la no intervención (en Siria, donde, bajo la apariencia de la no intervención, los poderes externos de Rusia a Arabia Saudita están totalmente comprometidos) terminan en el mismo punto muerto.


En cuarto lugar, la tarea más difícil e importante es un cambio económico radical que debería abolir las condiciones que generan refugiados. La causa última de la llegada de los refugiados en sí misma es el capitalismo global actual y sus juegos geopolíticos, y si no lo transformamos radicalmente, los inmigrantes procedentes de Grecia y otros países europeos se unirán pronto a los refugiados africanos. Cuando yo era joven, tal intento organizado para regular commons era llamado comunismo. Tal vez, deberíamos reinventarlo. Quizás sea, a largo plazo, nuestra única solución.
¿Es todo esto una utopía? Tal vez, pero si no lo hacemos, entonces estamos perdidos.


Por Slavoj Zizek, filósofo y crítico cultural. Su obra magna Menos que nada. Hegel y la sombra del materialismo dialéctico (Akal) se publicará en español en septiembre de este año. Traducción: Celita Doyhambéhère.

Publicado enInternacional
¿Por qué los refugiados acuden a los infieles?

El pequeño Aylan Kurdi era parte del enjambre de Dave Cameron. Claro, le será un poco difícil a Dave sacudirse eso, porque Aylan no era negro ni café ni manchado por dictadores de la televisión adictos a la tecnología, sino –enfrentémoslo, porque de eso se trata– más bien como nuestros niños de tres años. Podría haber sido un Alan o un John... o un David. De haber sido arrojado a las costas de Hastings o de Bexhill, uno puede imaginar las demandas de los buenos ciudadanos de Sussex por una investigación pública.


Pero Dave Relaciones Públicas nos acababa de decir que Gran Bretaña no puede recibir más refugiados sirios. Lo siento, Aylan.


Sin embargo, a riesgo de contraer el cáncer del Daily Mail, existe una perspectiva un poco más amplia de la que necesitamos estar conscientes. Se supone que Europa y Occidente –lo que alguna vez llamamos la Cristiandad– son los chicos malos en Medio Oriente. Somos nosotros quienes bombardeamos, corrompemos e invadimos a los musulmanes de Medio Oriente. Nosotros, quienes apoyamos a los crueles dictadores de Medio Oriente (a menos que desobedezcan nuestros deseos). Somos nosotros quienes chupamos los tesoros fósiles de Medio Oriente, su petróleo y su gas natural. Somos los infieles, ¿o no?


Y cierto, millones de refugiados sirios se han asentado en miserables campamentos en los bordes de Líbano, Turquía y Jordania. Pero los cientos de miles de desposeídos que hoy se arremolinan deseando huir de sus torturadores no navegan en barcos con abolladuras hacia donde uno esperaría que fuesen: a la ummah, el corazón latente del islam, la tierra donde el profeta vivió y donde recibió la palabra de Dios que es conocida como el Corán. No, los destituidos de Medio Oriente no se dirigen a Arabia Saudita, a los ricos reinos del Golfo, para implorar ayuda de los contructores de las grandes mezquitas, los Guardianes de los Santos Lugares.


Los refugiados no arriban en tumulto a la costa de Jeddah en el Mar Rojo, demandando asilo y libertad en el reino que apoyó al talibán y del que surgió Osama bin Laden. No suplican a los guardias fronterizos sauditas que les permitan tomar el tren de Dhahran a Riad, en busca de solaz y seguridad para sus familias en brazos de un régimen cuya fe wahabita-salafista sunita ha proporcionado reclutas a pasto para el Isil. Y, podríamos añadir, esos sirios que huyen de Assad, más que de sus enemigos, tampoco se arrojan a los pies del califato islámico cuyos videoclips hieden a muerte y castigo, más que a piedad.


Un poco extraño, podríamos decir. Los historiadores necesitarán algún día ponderar la ironía de que, mientras cientos de miles de judíos dejaron Europa para ir a Medio Oriente, hace 70 años, cientos de miles de musulmanes escapan ahora de Medio Oriente hacia Europa. Pero de eso se trata, ¿cierto? ¿Por qué vienen acá?


No es porque crean que somos blandengues. No es porque quieran medrar con nuestra generosidad. Sospecho que es porque conocen lo suficiente de Europa y de nuestra historia, y de nosotros –no de nuestros políticos de hojalata o de Dave Supermercado y los ruidosos carroñeros laboristas que le gruñen a Corbyn, sino de los alemanes, franceses, italianos y suecos y, sí, los griegos e incluso los húngaros, y hasta de los británicos– para saber que somos buenas personas, gente amable. Creo que saben que, muy debajo de nuestro caparazón de cinismo y materialismo y nuestra falta de fe religiosa, la idea del humanismo está viva en Europa y que podemos ser personas decentes, buenas, consideradas y honestas.


Las implicaciones de todo esto son extraordinarias. Significa que, pese a nuestros líderes negligentes y cobardes, nuestros dementes Blairs, nuestros Daves Supermercado, nuestros tontos Milibands y nuestros deschavetados aliados de Europa oriental, somos una sociedad honorable y humana. No sólo hablo del Ángel de Alemania, sino de los voluntarios alemanes, algunos de ellos desempleados, que alimentan y reciben a los refugiados en Berlín. Me refiero a los 20 mil húngaros que marcharon en apoyo a estos afligidos extranjeros que han llegado a nuestras fronteras europeas. A los hombres y mujeres franceses que ayudan a alimentar al enjambre de Dave mientras se pudre en las junglas de Calais. Pienso en los jóvenes trabajadores de Médicos Sin Fronteras con quienes viajé a la frontera greco-macedonia, que distribuyeron agua, comida, ropa y afecto a las familias de Alepo, Idlib y Deraa –sí, y de Kandahar y Peshawar–, para quienes los refugiados eran más bien como Aylan el de tres años en su playa dorada: para esos jóvenes europeos, los refugiados eran iguales a nosotros. De hecho, ellos eran nosotros.


En la cada vez más oscura y profunda división entre la gente –los electores– de Europa y sus servilmente ambiciosos e inmorales líderes (excepto Merkel, claro), existe un desafío mucho más serio para el futuro. ¿Qué ocurre cuando nos damos cuenta de que nuestros representantes no nos representan? ¿Qué ocurre cuando recordamos que Dave Relaciones Públicas inclinó la bandera británica ante el difunto rey de Arabia Saudita? ¿Siquiera –en nuestro nombre– rendirá el mismo homenaje al pequeño Aylan?


Traducción: Jorge Anaya

Publicado enInternacional
Jueves, 03 Septiembre 2015 06:04

Refugiados: ¿perdimos la compasión?

Refugiados: ¿perdimos la compasión?

La Gran Muralla China, las murallas de Roma y de toda ciudad medieval, la Línea Sigfrido, la Línea Maginot, el Muro Atlántico: las naciones –imperios, dictaduras, democracias– han usado toda cadena montañosa, todo río, para rechazar a ejércitos extranjeros. Y ahora los europeos tratamos a las masas de pobres y hacinados, a los verdaderos inocentes de Siria e Irak, de Afganistán y Etiopía, como si fueran invasores extranjeros decididos a saquear y subyugar nuestra soberanía, nuestra identidad, nuestra tierra verde y placentera.


Alambrada de púas en la frontera húngara. Alambrada de púas en Calais. ¿Acaso hemos perdido la única victoria que obtuvimos en la Segunda Guerra Mundial: la compasión?


Puesto que nuestra frase hecha más reciente es decir al mundo que la crisis de refugiados es la más grande desde esa guerra, recordé cómo respondió Winston Churchill ante las columnas de refugiados alemanes que huían a través de las nieves de Europa oriental en 1945, frente al avance del vengador Ejército Rojo. Eran, tomémoslo en cuenta, los civiles del Tercer Reich, los que habían llevado a Hitler al poder y se habían regocijado con los bárbaros genocidios y las victorias militares de la Alemania nazi sobre naciones pacíficas. Eran el pueblo de una nación culpable que avanzaba con ánimo desfallecido hacia un destino incierto.


Habían pasado años desde que leí la carta que Churchill escribió a su esposa, Clementine, en el camino a la conferencia de Yalta, en febrero de 1945. Pero volví a leerla este fin de semana, y he aquí la sección clave: Me siento libre de confesarte que mi corazón se entristece por los relatos sobre las masas de mujeres y niños alemanes que huyen sobre los caminos por todas partes, en columnas de 60 kilómetros de largo hacia Occidente, delante de los ejércitos que avanzan. Estoy del todo convencido de que se lo merecen, pero eso no se lo quita a uno de la vista. La miseria de todo el mundo me abruma y temo cada vez más que puedan surgir nuevas luchas de aquellos a quienes hoy estamos acabando.


Churchill habría llamado magnanimidad a ese sentimiento. Era compasión.


De manera increíble, es Alemania –la nación de la que decenas de miles de refugiados huyeron antes de la Segunda Guerra Mundial, y de cuyos ejércitos escapaban por millones una vez que empezó el conflicto– el destino que hoy eligen los cientos de miles de personas que se arraciman en el viaje a Europa. La generosidad de Alemania refulge como un faro junto a la respuesta de Dave Cameron y sus amigos. ¿Será que nuestro primer ministro nunca leyó a Churchill? ¿O leyó demasiado a Tennyson? Le gusta citar una línea del Ulises de Tennyson –Luchar, buscar, encontrar y no ceder– que se inscribió en un muro de la villa de los atletas en los Juegos Olímpicos de Londres en 2012. ¿Pero tal vez, me pregunto, también disfrutó el soneto favorito de Tennyson, Montenegro, en el que nuestro laureado poeta victoriano se regocija con los guerreros (montenegrinos) que golpean al enjambre/de islamitas turcos? Buena palabra, enjambre. Buena como principio, pero mala como etiqueta, como el propio Churchill advirtió en un mensaje a Hitler anterior a la guerra, con respecto al desprecio que el Fuhrer mostraba hacia otro pueblo inculto.


Hace más de 30 años, en Jerusalén, conocí a ese príncipe de los periodistas, James Cameron. Él había defendido mis notas sobre Irlanda del Norte –y por ello, claro, era mi héroe–, pero él, como Churchill, era un hombre de gran compasión. Pensé en él hace no mucho tiempo, cuando me quejaba de otro grupo de jóvenes refugiados ferales sirios que me habían seguido por una calle de Beirut. Hace casi 40 años Cameron informaba para la BBC sobre otra flota de refugiados que buscaba la salvación en embarcaciones precarias.


"Fue una convención periodística deshonesta llamar 'gente en botes' a los refugiados vietnamitas", escribió en su guión, que tenía un sonido casi confortable, como de personas en un viaje de placer. Los refugiados... son fugitivos, gente que huye, víctimas, los perdidos y abandonados... refugiados judíos, árabes, indios, paquistaníes, rusos, coreanos, de Bangladesh. Cameron evocó a los hugonotes que huyeron de Gran Bretaña en el siglo XVII, y a los perseguidos judíos que escaparon de Europa oriental a Estados Unidos en la década de 1900.


Y entonces Cameron se acercó a un momento como los de nuestro primer ministro. En aquellos días el mundo era un lugar más o menos vacío; había espacio casi en todas partes para el forastero sin hogar. Todos los lugares donde un extraño podría querer refugiarse están ahora sobrepoblados y ya tienen sus propios problemas. Y algunos refugiados son ambiciosos, algunos están salvando el pellejo, otros siguen al rebaño. Pero aún no encuentro a un bebé refugiado que haya salido de su casa por otra razón que porque tenía que hacerlo. No hay un mandato divino, sostenía Cameron, que diga que uno debe permanecer donde nació.


¿Acaso los seguidores de Moisés no fueron refugiados, como siguieron siéndolo durante dos mil años, hasta que remplazaron su éxodo con el de alguien más? Una ironía única de nuestra tragedia actual es que un navío irlandés ha estado salvado la vida a miles de refugiados náufragos a unas cuantas millas de la costa libia. Hace siglo y medio el éxodo irlandés por la hambruna arrojaba a sus refugiados en las costas de Canadá, con barcos atestados de hombres, mujeres y niños que morían o habían muerto de tifus, y fueron recibidos con compasión... pero también con miedo de que la peste contaminara a la población de las Provincias Marítimas canadienses.


Correspondió a Pól Ó Muirí, el editor en lengua inglesa de The Irish Times, cuyo padre fue un trabajador migrante de la construcción en Gran Bretaña, resaltar la semana pasada cuántos irlandeses ayudaron a construir el túnel del Canal de la Mancha, y cómo hoy día los migrantes están del otro lado, intentando pasar.


Sí, algo se tiene que hacer acerca de los refugiados, concedió retóricamente Ó Muirí. Pero entonces –y, puesto que me encanta la gran escritura, tienen que aguantarse conmigo– añadió: "Todo este asunto infunde un poco de temor, toda esa gente que se arroja a las vallas en la boca del túnel que los de Donegal ayudaron a construir... Pero cuando la cámara hizo un paneo hacia atrás para mostrar hombres de pie que observaban, con toda la dignidad de la que podían hacer acopio, de pronto me di cuenta de que veía... a mi padre en Inglaterra... ¿También ustedes vieron a su familia en esos rostros? Miren un poco más de cerca. No tengan miedo".


Como dicen, la necesidad no conoce ley. La compasión tampoco.



Traducción: Jorge Anaya


Estremece a Europa imagen de niño sirio ahogado en Turquía

Afp, The independent, Reuters, Ap y Dpa

.
La foto de un niño sirio de tres años ahogado en una playa de Turquía tras el naufragio de dos embarcaciones de refugiados provocó conmoción en Europa, en momentos en que continúa el caos en la estación de trenes de Budapest, donde las autoridades no permiten abordar a cientos de migrantes sin documentos. Además, el túnel del Canal de la Mancha, que une a Francia con Gran Bretaña, fue bloqueado por por una multitud deseosa de llegar a Inglaterra.


Dos barcos de migrantes salieron este miércoles de la localidad turca de Bodrum hacia la isla griega de Kos. Los guardacostas escucharon gritos de los pasajeros cuando los barcos se hundían; sin embargo, no lograron salvar a 12 personas, entre ellos una mujer y cinco niños, cuyos cuerpos fueron fotografiados en la playa por un periodista turco.
El de menor de edad era Aylan Kurdi. La imagen, que se hizo viral en medios y redes sociales, evidenció el horror de los refugiados que huyen de la guerra civil, iniciada hace tres años, y del avance del Estado Islámico en Siria. También murieron su hermano Galip, de cinco años, y su madre, Rihan.


En su corta vida, Aylan Kurdi sólo conoció el miedo, comentó el diario británico The Independent. Si imágenes tan poderosas como la de un niño muerto arrastrado por las olas no cambian la actitud de Europa frente a los refugiados, nada lo hará, agregó el rotativo.


Cientos de frustrados migrantes que exigían pasajes a Alemania se enfrentaron este miércoles con la policía antimotines a las afueras de la principal estación ferroviaria de Budapest. Hungría, que ha erigido vallas de púas en su frontera con Serbia, intentó por segundo día consecutivo evitar que los solicitantes de asilo llegaran a otros países de la Unión Europa (UE).


En Calais, donde está el ingreso francés al Eurotúnel, cientos de inmigrantes ocuparon las vías ferroviarias que unen París con Londres, dejando a miles de pasajeros del Eurostar varados a oscuras y sin ventilación en los trenes durante horas.
Al continuar el flujo de refugiados en otros puntos del continente europeo, más de 4 mil personas llegaron al puerto de El Pireo, en Atenas, al tiempo que los gobiernos de Italia, Francia y Alenania llamaron a revisar la actual normativa de la UE para garantizar el asilo y una justa distribución de los migrantes en el bloque.

Publicado enInternacional
"Si Venezuela cierra la frontera, Colombia tiene productos venezolanos para nueve meses"

En una entrevista publicada el pasado 10 de julio por noticiasbarquisimeto, reveladora del fenómeno del lavado de dinero que se efectúa en Venezuela a través del contrabando hacia Colombia, como del saqueo que está sufriendo la economía bolivariana producto del accionar de mafias, que incluso llegan a determinar la dinámica cotidiana del Bolívar, Juan Carlos Tanus, representante de colombianos en Venezuela, se anticipa a la crisis que hoy viven estos dos países. Su lectura permite comprender lo que oculta o no quiere reconocer el gobierno colombiano, así como la imperiosa necesidad que tiene Venezuela de solucionar esta situación.

 

El representante de colombianos en Venezuela, Juan Carlos Tanus (JCT) estuvo como invitado en Somos Televisión, y allí converso con el Periodista José Israel González (JIG) sobre los temas del "bachaqueo", el contrabando de productos hacia Colombia y el manejo desde Cúcuta del llamado Dólar Today.

 

JIG. ¿Qué está pasando en Venezuela que se están llevando nuestros productos?
JCT. Bueno, la gran realidad es que hay una población en Colombia que consume los productos que llegan de contrabando del territorio venezolano. Grandes mafias logran tener una infraestructura económica, financiera y criminal en la frontera, y lógicamente articulan. Cerca de 3.500 personas se fortalecen día a día con el escenario del contrabando. Pero estos son trabajadores de 25 grandes mafias que operan en el corredor fronterizo. Hemos demostrado que no solamente los productos subsidiados son apetitosos para los contrabandistas, cualquier producto en Venezuela con la fijación empobrecida del Bolívar en la frontera va a ser llamativo. ¿Por qué? Porque resulta que mientras tenga la facultad un grupo de cambistas en Colombia de darle valor al bolívar, nunca se va acabar la posibilidad de tener los mismos pesos en Colombia

JIG: ¿Cómo funciona esto?
JCT. En Colombia la resolución ocho del año 2000, creó la figura de las casas de cambio, que son doce estructuras fortalecidas consolidadas en Colombia, que operan con una legislación establecida de la resolución ocho, pero además tienen el control de la superintendencia financiera, esta misma resolución creó los profesionales de la compra y venta de las divisas, llamados "cambistas", que se constituyen como empresas a partir de hacer un oficio y una declaración en la cámara de comercio, se inscriben y ya son inmediatos cambistas.

JIG. ¿Cómo hacen la conversión?
JCT. La resolución ocho le dio facultades para quienes intervengan en el proceso de la compra y venta del Bolívar, sean los que fijen el valor. Entonces, hay 5 grupos económicos mafiosos vinculados al paramilitarismo en Cúcuta, que determinan todos los días antes de las 4 de la tarde cuanto va a costar el día siguiente, ¿Cómo lo hacen? Sencillo, ponemos un ejemplo de 10 mil pesos, con 10 mil pesos en Colombia se pueden comprar hoy 2 kilos de arroz, con 10 mil pesos en Venezuela, cambiados con el Bolívar empobrecido, se puede comprar aquí hasta 60 kilos de arroz.

JIG. ¿Dónde lo compro?
JCT. En cualquier parte, compras en San Cristóbal, en Maracaibo.

JIG. ¿Con pesos o con Bolívares?
JCT. No, con bolívares.

JIG. 60 kilos de arroz, ¿Cuántos bolívares doy?

JCT. Seria 10 mil pesos colombianos entre 6.

JIG. ¿Dónde lo convierto?
JCT. En Cúcuta.

JIG.- ¿Quién me da los bolívares?
JCT. Los cambistas, que regularmente no saben de manera legal cuanto es el movimiento en bolívares, porque la legislación no les permite que se declare, no los obliga a declarar cuanto bolívar se mueve a diario.

JIG. ¿Esa persona que cambio 10 mil pesos a bolívares, va a Venezuela y compra el arroz?
JCT. Eso es correcto. Compra arroz, lo lleva a la frontera, luego lo pasa a Colombia, y va a vender 60 kilos de arroz a un promedio de 4.700 pesos. Ahí esta el gran negocio.

JIG. Pero si gaste 10.000 pesos.
JCT. Correcto, el gran secreto esta en tomar el pesos colombiano, convertir en bolívares pero con el cambio empobrecido del Bolívar, que se fija en la frontera, traer los bolívares acá, comprar cualquier producto. Mire los estudios indican que el 62% de los productos son venezolanos.

JIG. ¿Cuándo vendo, cobro en pesos?
JCT. Eso es correcto

JIG.- ¿Qué hago con ese peso?
JCT. Lo vuelvo a convertir.

JIG. Ahora bien ¿Qué tiene que ver eso con el bendito DolarToday?
JCT. Fíjese, hay dos cosas importantes que debemos tener en cuenta como referencia. La primera, DolarToday hizo un acuerdo los cambistas en Cúcuta, y a partir del año 2012 lo toman como referencia para la asignación de DolarToday,

JIG.- ¿DolarToday como hace para ponerse de acuerdo con estas mafias colombianas?
JCT. Simplemente revisan. En Colombia la tasa representativa del mercado, para efecto del dólar, la determina la superentendía financiera, esta semana tuvo un pico de 2.628, luego bajo a 2.550.

JIG. Entonces primero verifican como está el peso?
JCT. Primero ven cuánto vale un dólar en Colombia, que vale 2.500 pesos, esos 2.500 pesos lo dividen en cambio empobrecido del Bolívar que lo asigna una mafia, y ella le va a dar el resultado. Ustedes en sus casas lo pueden hacer, un dólar en Colombia vale 2.500 pesos, y eso lo dividen en 6 y es el valor empobrecido del Bolívar, eso le va a dar una tendencia en Dólar Today. Este acuerdo está enmarcado dentro de una acción de guerra, porque el movimiento del Bolívar hace parte de la dinámica que tiene la guerra económica que se ha sustentado en Colombia, que lógicamente tiene un enorme impacto, y que hoy la fijación de los productos y servicios en gran parte de la frontera y hacia el interior del país, son determinados por DolarToday y el Bolívar en Cúcuta.

JIG.- ¿Cómo paso yo esa mercancía para Colombia y cómo Colombia permite que ingrese?
JCT. Bueno, digamos, de aquí para allá tiene la complacencia de las estructuras que cuidan frontera, eso no se puede desconocer, GNB y algunos otros.

JIG. ¿Eso funciona igual para la gasolina?
JCT. Debe funcionar igual. Donde si estamos públicamente convencidos de la participación de los organismos es en Colombia, porque usted puede revisar en los videos, la policía reconoce que detiene, que los ve pasar, que convive con ellos, pero no los pueden detener, porque es parte de la economía del día a día.

JIG. Si eso llega a Colombia quiere decir que alguien de Venezuela lo dejo pasar...
JCT. Claro. Por una parte hay que tener en cuenta José Israel, que Cúcuta, Maicao y Arauca dejaron de recibir producto de las remesas. Cuando Venezuela corta las remesas con Colombia, Cúcuta dejó de recibir un millón quinientos mil dólares, mensuales. ¿Qué hicieron las estructuras mafiosas? Tomaron ese dinero, lo convirtieron en bolívares y lograron hacer una socialización del bachaqueo.

JIG. ¿Bienvenida clase social bachaquera?
JCT. La cultura en el norte santardeniana, la cultura Guajira, los pobladores de frontera, el tema del contrabando es una cotidianidad, porque es una forma de vida, es una forma de trabajo, siempre e incluso sociológicamente quienes lo realizan reconocen que no son contrabandistas, que ellos no violan ninguna normativa, ellos simplemente son comerciantes que compran barato, que utilizan algunos métodos, buenos, regulares, malos, para llevar el producto y venderlo.

JIG. Los guajiros hemos conocido toda la vida eso, pero no tenia influencia directa en la economía.
JCT. Por eso insistimos en la socialización. El contrabando y el bachaqueo se dan, a partir que se producen ingresos de las mafias, producto de las remesas. Esa acción del contrabando ya genera una estructura de orden social. Usted puede encontrar familias completas dedicadas a este proceso, hacen la cola, sacan el dinero, hacen la cola, luego lo llevan y se vende a un mayorista, hay un centro de acopio que dependiendo del tipo de producto moviliza el transporte para la frontera. Ahora esto es una modalidad de contrabando, pero también hay otra modalidad, que es las grandes transnacionales. Con 10 mil pesos en Colombia compro dos kilos de arroz, y aquí compro 60. Al llevarlo allá, cuanto no se me va a multiplicar, cuando al día siguiente traiga el resto del dinero. Hay que multiplicar 60 unidades con el valor de compra del producto en Colombia, eso va a dar muchísimo dinero, entonces con esos recursos lógicamente el circuito del contrabando va a ser multiplicador, porque genera una cantidad circulante, claro, enorme.

JIG. Por eso, ¿quién va a querer trabajar en una empresa con una economía informal así?
JCT. Por eso en Colombia el desempleo es altísimo.

JIG. ¿El desempleo formal?
JCT. En el departamento de la Guajira, que es cuando nosotros hablamos de la socialización del bachaqueo, el 57% de su población es pobre, muy pobre, y cuando sumamos todo lo que pasa por contrabando por la Guajira, se queda menos del 2% del contrabando porque, además, un kilo de arroz de contrabando si se lo fuesen a vender a la población con el 50% del valor del precio en Colombia, uno diría "puede ser", pero son 100 pesos por debajo del valor que se consigue el producto nacional o el importado legalmente por Colombia, significa que 25 grandes mafias colombianas se llevan los recursos para otros departamentos, o incluso van al exterior para incluirse en otro tipo de negocio.

JIG. ¿Están identificadas estas 25 mafias colombianas?
JCT. Sin señalar algunas aquí, hay proyecciones por departamentos, algunos grupos económicos vinculados, algunos factores políticos vinculados a ellos: en el caso del norte de Santander hay de a dos o tres.

JIG. ¿EL gobierno colombiano no hace nada?
JCT. El gobierno lógicamente no hace nada porque debe parecer ilógico, el Ministro del Interior y Justicia está ligado al desarrollo político del norte de Santander. Su hermano Andrés Cristo es Senador de la República. Parte de su electorado, parte de las finanzas que se recaudan para su actividad política proviene de la economía informal y, dígame, ¿de dónde se surte?, se nutre de la economía cucuteña. ¿Cómo conseguir entonces que los productos que van para una campaña se puedan bloquear con una ley antricontrabado o con una defensa de los grandes negocios?

JIG. Es decir, indirectamente financiamos campañas electorales en Colombia?
JCT. No solo campañas, hemos señalado con documentos en mano, que Venezuela mitiga los efectos que produce la ausencia de petróleo y políticas públicas en Colombia, y Venezuela sigue atendiendo el tema de la salud, de la educación, de la vivienda, de miles de colombianos que viven en este país, que le correspondería al gobierno colombiano. Las grandes mafias financian candidaturas. Ñuna Romero es el candidato del Partido Liberal a la alcaldía de Cúcuta, fue asesor económico y de negocios del embajador colombiano en Venezuela, Y hoy aspira a ser el alcalde de Cúcuta, pero además es el presidente de la Asociación de Cambistas, es el que preside a la estructura que empobrece a Venezuela.

JIG. ¿El poder político en Colombia ampara la mafia?
JCT. El circuito esta dado por una expresión política organizada, el proceso de los cambistas, el proceso de los comerciantes, el paramilitarismo y el narcotráfico, es un círculo.

JIG. ¿Ya desplazo ser bachaquero al tema del narcotráfico?
JCT. Aun no, porque resulta que la fortaleza del narcotráfico no es Venezuela, son los países, en caso concreto, Estados Unidos, y hay un proceso de lavado que llega a la frontera, y lógicamente el contrabando lo que hace es lavar el dinero del narcotráfico, es decir todavía no lo va reemplazar, pudiese hacerlo en ese sector fronterizo, pero el contrabando sigue facilitando el lavado de activos por esa parte.

JIG. ¿El dinero del bachaqueo, del contrabando sirve para lavar el dinero del narcotráfico?
JCT. Sí, claro, porque yo tomo un millón de dólares, lo convierto a Bolívar empobrecido, por la maquinaria de la frontera, ya yo no soy un narcotraficante, yo soy un contrabandista de la colombianidad, que es tener estatus, que en Colombia es ser un tipo inteligente, que burla la justicia, que tiene buenas relaciones políticas, que la vida es capaz de identificar. Todavía la oligarquía no ha dado instrucciones de que tienen activa esa profesión, mientras que el tema del narcotráfico sí. Son enemigos encontrados en el poder, es una realidad que vive hoy la frontera porque los gobiernos no han querido sacar la resolución ocho del año 2000. Pastrana negoció con el Bolívar la aplicación de esta resolución, un gran negocio, primero para mantener el control del Bolívar, porque que ocurriría: si un migrante que ahorra aquí 10 mil bolívares en tres meses, para enviar a Colombia se lo pagarán a como el Banco de la República lo paga hoy, el Banco de la República en Colombia paga 219 pesos por un Bolívar, eso es de manera oficial, y estos señores cambistas en la frontera le dan a ese migrante, óigase bien, 60 mil pesos por 10 mil bolívares, cuando el Banco le da dos millones ciento noventa mil, el valor del Bolívar en el Banco de la República son 219 pesos,

JIG. ¿Las transnacionales participan en el contrabando?
JCT. Claro, las que producen en Venezuela. Si usted revisa lo de aquel gran contrabando, si bien hemos señalado que a partir de la eliminación de las remesas con destino Colombia hay una socialización del bachaqueo que permanece, antes de eso las trasnacionales que producen en Venezuela tienen grandes movimientos al corredor fronterizo, no es el bachaqueo de 100 kilos, 80 kilos 40 kilos, son toneladas o gandolas completas que fue el de 22 toneladas de productos. Ponemos un ejemplo concreto de la Colgate-Palmolive: en Colombia se ha detectado producto de la Colgate-Palmolive que en el interior del producto dice elaborado estado Carabobo y la cajita de cartón dice en Jumbo-Cali departamento Valle del Cauca, dice que es hecha aquí, entonces qué ocurre por las toneladas, por lo que se ve en la frontera, y no sólo la frontera, mire, los cálculos que tenemos es que en Colombia un 60% de la población, óigase bien, consume algún producto de contrabando de origen venezolano; y le vamos a dar la siguiente información: en la costa norte colombiana –desde la Guajira hasta el departamento de Córdoba– está surtida por productos del contrabando, que si se cerrará la frontera hoy los contrabandistas tendrían, por lo menos, nueve meses para sostener el stock en este corredor, por eso nosotros creemos que el tema del bachaquero no es lo que le da la consistencia el contrabando, ya están las trasnacionales que producen en Venezuela detrás de ella.

JIG. ¿Qué tiene esa ley anti contrabando, y el problema que los bachaqueros en Colombia la protestan?
JCT. Bueno, los bachaqueros en Colombia que están en contra de la ley, son las grandes estructuras que han controlado el contrabando históricamente, porque también el presidente Santos y los autores de esta normativa, que es un sector que está enfrentado a Santos en la frontera, también pretenden con ello resolver una situación interna. Con ello aspiran a mejorar el nivel de empleo en la capital, aspiran a bajar dos puntos porcentuales el índice desempleo en Cúcuta, porque resulta que la ley anti contrabando pone, como tope, 12 mil 100 dólares para calificarlo de contrabajo. Si yo tengo una que llega a costar 12 mil ciento 1 dólar, se declara contrabando, pero si muevo unos 12 mil dólares no hay contrabando.

JIG. Es un tema de mayor interés del lado venezolano que del lado colombiano, y sin embargo no han podido?
JCT. No, incluso yo creería que no va a ser posible si no hay intervención del gobierno colombiano, y se llegue a un acuerdo entre Caracas y Bogotá para resolverlo; hay que eliminar la resolución 8 del año 2000; hay que ponerle un mayor control y no se puede determinar un techo de contrabando tan altísimo como el que acaba de aprobar la ley. Yo creo que aquí hay que trabajar un gran acuerdo entre los dos gobiernos para controlar la frontera. Ahora, esto no es fácil por todo lo que significa recibir entre 8 mil y 12 mil millones de dólares al año producto del contrabando en toda la frontera. Eso inhibe a cualquier Presidente.

Entrevista publicada el 10 de Julio de 2015 en www.noticiasbarquisimeto.com

Publicado enColombia
Sábado, 29 Agosto 2015 11:45

Medellín, ¿Un hogar para la vida?

La que alguna vez fue cuna de buenos escritores como Manuel Mejía Vallejo y León de Greiff, es ahora la ciudad del consumo, el narcotráfico y demás facetas de la delincuencia. Esa es la actual capital del departamento de Antioquia, la que en otra época resaltaba su potencial cultural e industrial.

 

Con una población de 2.499.080 habitantes, en un informe de la ONU fue catalogada como la ciudad más inequitativa de Colombia: En 1991 si un habitante pobre ganaba $1, un rico ganaba 21 veces más que él; para el año 2010 un habitante rico ganaba 56 veces más que un habitante pobre, lo que significa que antes de reducir el margen de puntos, este se ha ampliado en 35 puntos.

 

Las grandes industrias y multi-latinas son ahora los nuevos patrimonios privados de la ciudad: Solo el 1.32% del sector empresarial concentra el 94.41% de los activos. Como estrategia comercial y organizativa, alrededor de 125 marcas nacionales e internacionales están integradas en el Grupo Empresarial Antioqueño –antes conocido como Sindicato Antioqueño–; marcas que cubren la banca, alimentos, recreación, construcción, salud y fondos de pensiones. Su poder local y departamental es omnímodo, incrustando en sus redes todo el consumo de quienes habitan esta parte del país, poder que extiende raíces por todo el país. Se ha mejorado mucho la reputación de Medellín como una ciudad para el mercado y la innovación, dejando a un lado la calidad de vida de su población.

 

"En enero de 2013 el sistema financiero reportó utilidades por $6,09 billones, 21,1% más que en enero del 2012. Un 86.3% correspondió a la mayor parte de las ganancias, arrojadas por los ahorros que manejan los fondos de pensiones y cesantías, así como las sociedades fiduciarias, que en conjunto reportaron una utilidad cercana a 5,3 billones de pesos". Según el informe de la superfinanciera "se destacaron los recursos que las personas depositaron en los fondos de pensiones obligatorias, situándose en $129,5 billones". Pese a sus crecientes ganancias, los Fondos dan otra impresión, esgrimiendo ante los usuarios que quieran retirar sus cesantías o sus pensiones, supuestas dificultades económicas. Es el caso de Bancolombia, que según la revista "América Economía" reportó una de las mayores utilidades del 2011.

 

"El Grupo Sura, dueño del principal banco de Colombia –Bancolombia, con activos por US$4.775 millones a septiembre de 2011–, agregó a sus haberes un gigante. Pasó de tener una incipiente participación en su país de origen, en el negocio de fondos de pensiones con AFP Protección, a ser el mayor administrador en América Latina con el 23% de los fondos de pensiones de los países en que participa, y el segundo jugador en seguros, con cerca del 7% de las primas emitidas. Tiene casi 16 millones de clientes y 9.200 empleados. Su patrimonio administrado, sin contar su AFP en Colombia y El Salvador, suma US$84.100 millones. BBVA, su más cercano competidor, tiene cerca de US$80.000 millones y Citigroup, unos US$18.000 millones en pensiones".

 

Con la urgente necesidad de lograr que más empresarios e inversionistas extranjeros se fijen en lo que es ahora Medellín y las nuevas oportunidades para el consumo y los distintos mercados que ofrece, a la mona la visten de seda cada vez que es necesario; pero lo que parecen ignorar el empresariado así como el Gobierno es que "mona se queda", dado que no logran dar solución a las precarias condiciones bajo las cuales vive más de la mitad de la población de esta parte del país. Es "una ciudad que puede cambiar", algunos ya lo han dicho, pero es evidente que lo de ahora no es ningún proceder pensado para la transformación social, sino más bien la creación de un buen disfraz para mostrarle al mundo lo que éste quiere ver. Mientras tanto, sus habitantes padecen el desempleo abierto o disfrazado, la constante violencia, intimidación y control social-territorial, la precariedad en su sistema de salud, el no superado déficit en vivienda, a más de otras dolencias que evidencian el muro que separa a la Medellín opulenta de la pobre y popular, la de los cerros que parecen querer sepultar el llamado Valle de Aburrá.
Medellín, ¿la más violenta?

 

La ciudad de los campesinos, arrieros y "personas de bien", cada día se ve más contaminada por la cultura traqueta de los Urabeños, los Pesebreros, la Oficina y los Rastrojo, herederos y continuadores de un modelo de control social a través del cual dominan y determinan la vida cotidiana en los territorios más empobrecidas de esta parte del país.

 

Más allá de mantener entre ellos un conflicto permanente, tras los territorios que los demás controlan, el tráfico de drogas ya no es suficiente para cumplir sus propósitos y llenar sus arcas, optando ahora por traficar en infinidad de barrios populares con electrodomésticos y alimentos fundamentales para la canasta familiar.

 

Su dominio es creciente. El centro de la ciudad, aunque aparece presa de la delincuencia, está bajo su total control; el miedo que esta situación pueda propiciar no es casual pues cumple con una labor fundamental –atemoriza, divide, expulsa, somete–; mientras tanto las "autoridades" nada hacen por rescatar un espacio público fundamental para el encuentro y la misma reconstrucción de imaginarios y construcción de sueños colectivos.

 

Es así como los vendedores ambulantes, aunque bajo el control de la Secretaría de Espacio Público, están en realidad en manos de lo que cada combo defina hacer con ellos. Los atracos, paseos millonarios y desapariciones son sucesos normales para los paisas que con la expresión "¿para qué da papaya?", asume la problemática como un asunto individual y no como algo colectivo que debe ser solucionado por la comunidad afectada. En el "sálvese quien pueda", cada uno procede por la "libre", permitiendo en no pocas ocasiones que los menores de edad de cada hogar terminen involucrados en el tráfico drogas en las crecientes "fronteras invisibles" que dividen a los barrios y atomizan la resistencia popular.

 

Como lo verifican cada día sus pobladores, la delincuencia no tiene control ni deja de crecer, pese a los informes cotidianos que dan cuenta de la supuesta captura de cabecillas de bandas. Mientras tanto, propios y extraños sueñan con poder regresar a la Medellín donde en los barrios populares podía jugarse al fútbol en cualquier calle de cualquier barrio, o en cualquiera de sus placas deportivas, así como compartir sueños y resistencias, las cuales se materializaban en acciones conjuntas y solidarias a través de marchas y otras expresiones de disposición al cambio.

 

Elecciones y falsas promesas

 

Entramos en año electoral, cuando los gobiernos locales quedan en el centro de la disputa. En la llamada hace décadas "Bella villa", miles de personas esperan que se presente un cambio significativo en el nivel de violencia e inseguridad, así lo prometen unos y otros, pero tal deseo y oferta se difumina cuando verificamos que los candidatos a la alcaldía 2016–2019, hacen sus campañas convocando a los combos como "La 38", "Los Triana", "Los Bananeros", "Los Gomelos" y muchos otros, buscando con ello ganar todos los votos que pueden garantizar en los territorios que controlan. No hay duda, dicen unos y otros, "En Medellín, llegue quien llegue a la alcaldía, todo seguirá igual".

 

Este es un indicador, pero el otro es el de las desapariciones, ahora de moda por el reconocimiento de la existencia de la Escombrera, problemática que no encuentra soluciones efectivas:

 

"Durante los últimos 3 años, son 527 (2014) las personas que continúan sin aparecer, teniendo en cuenta el trabajo conjunto de depuración hecho por el Sistema de Información para la Seguridad y la Convivencia (Sisc) de la Alcaldía, el Instituto Colombiano de Medicina Legal y Ciencias Forenses (Icmlcf) y la Personería de Medellín, durante el 2014, trabajo en el que se reclasificaron las 270 personas del año 2013, y las 388 del 2012. Sin embargo, y pese a la depuración, son miles los familiares que buscan a sus desaparecidos".

 

Y no es erróneo pensar que Medellín sea una ciudad donde también hay creación e innovación, ¡claro que lo es!, pero de manera preponderante es un territorio donde la violencia y la desigualdad se incrementan cada día, a pesar de lo cual la mayoría de sus pobladores ni levantan la voz ni salen a protestar. ¿Conformismo? ¿Temor? ¿Ausencia de alternativas para canalizar el descontento?

 

...Hablemos de empleo

 

Una de las principales razones para justificar el por qué menores de edad y adultos toman la alternativa de vincularse a grupos armados y fleteros, es la falta de oportunidades laborales, la falta de ingresos dignos, para poder gozar una vida con las condiciones mínimas de bienestar.

 

"Según informes de la Policía Nacional, el grueso de los integrantes de los grupos armados ilegales corresponde a hombres jóvenes que se encuentran entre las edades más vulnerables. Esta información se refleja cuando se da cuenta de que de los 653 homicidios ocurridos en Medellín entre enero y diciembre del 2014, 398 de los acaecidos eran hombres entre los 18 a 35 años de edad (Inmlcf, 2014)".

 

Unos y otros, en el mejor de los casos encuentran un empleo informal –según cifras de la CUT Medellín y de la Escuela Nacional Sindical, más del 50 por ciento de la población trabaja en la informalidad y por tercerización– donde ganan de acuerdo a lo que produzcan o vendan, sin contar con prestaciones; con estos ingresos deben, además, pagar impuestos y cumplir con las "vacunas" que les permita trabajar tranquilos.

 

Y ahora, con el acuerdo 300 que toma forma en el Decreto 0883, también entran en zozobra las empresas que constituyen parte del patrimonio público de la ciudad. La idea de Anibal Gaviria es cambiar la razón legal de empresas como Metrosalud –actual prestadora del servicio de salud por medio del Sisben– en riesgo de privatización, empresa que además realiza los procesos de contratación a través de la cooperativa Fedsalud, de la que muchos tienen dudas sobre su legalidad como entidad.

 

De hacerse efectiva esta pretensión del Alcalde, no solo se entregarán en bandeja de plata las mejores empresas sociales de la ciudad, sino que quienes trabajan allí pasarán a condiciones laborales críticas e incluso al desempleo. Lo que supuestamente mejoraría la estructura administrativa del municipio, empeorará la sobrevivencia de todos.

 

Pretensión privatizadora que le da continuidad al Plan de desarrollo "Medellín, un hogar para la vida", excluyente y parco con las minorías:

 

"Según el DANE, aunque la tendencia nacional de la tasa de desempleo es a la baja ubicándose en 9,8% en el trimestre evaluado, menos que el mismo período anterior, en Medellín y el Área Metropolitana el desempleo tuvo un aumento pasando de 11,3% presentado en el informe de enero, a 11,9% en el informe del mes de abril. Es decir que estamos por encima de la tasa nacional, y muy arriba de ciudades como Montería con 7,0%, Barranquilla Área Metropolitana con 7,5%, Cartagena con 8,4% y de Bogotá que está en 8,9% en el mismo período".

 

Juventud, ¿divino tesoro?

 

El caso de los jóvenes no es mejor. Para la mayoría, al terminar el bachillerato, la primera alternativa es buscar un trabajo aunque sea temporal, pues la economía familiar no da para realizar estudios superiores. Incluso quienes logran acceder a una carrera profesional, deben buscar un trabajo de medio tiempo que les ayude para su sostenimiento; en este caso las alternativas más accesibles son los Call Center o Contac Center, donde las jornadas laborales de medio tiempo son de 8 horas diarias y el contrato depende de la cantidad de ventas hechas en la semana, de resto solo queda la total informalidad.

 

Ahí están los semáforos, cada vez más llenos de jóvenes que con actos teatrales y artísticos buscan una moneda que los ayude para pasajes y fotocopias. Los buses hacen más paradas para recoger a jóvenes estudiantes, personas desplazadas y madres de familia que suben a vender sus dulces, que para recoger los mismos pasajeros.

 

"Según el Informe de Calidad de Vida de Medellín Cómo Vamos del 2013, el desempleo juvenil fue de 17,6%, y según últimas cifras de la Secretaría de Desarrollo Económico presentadas al concejo en el mes de marzo, la tasa ya está en 15,4%. Sin embargo sigue siendo superior al de la ciudad presentado por el Dane".

 

Ahora hablemos de la más educada

 

La nueva generación de jóvenes de Medellín ni trabaja ni estudia porque no tienen la oportunidad de desempeñarse en ninguno de los campos, es común escucharles decir, "Si trabajo no tengo tiempo para estudiar, pero si no trabajo no tengo cómo estudiar".

 

Lo que es un derecho, la Universidad, está convertida en un premio más esquivo que el Baloto; por más propaganda que haga el gobierno a la "educación de calidad para todos", la ciudad está en la dinámica de construir Uvas o mega colegios donde lo importante es la infraestructura, mientras que la calidad formativa y las condiciones de vida de los estudiantes parecen ajenas a las administraciones.

 

¿Crisis juvenil y de la educación? Sin duda. Cada vez son menos los jóvenes y niños que aspiran a una carrera universitaria; unos y otros ven con desagrado tener que dedicar 5 años de estudio a una profesión. De otro lado, el Sena gana la batalla vendiendo ilusiones de hacer personas exitosas y emprendedoras, ofreciendo opciones en técnicas y tecnologías en logística y mercados internacionales a los estudiantes de décimo grado de las comunas; mientras tanto, y como clara expresión de la otra cara del espejo, en los colegios de la comuna de El Poblado las ofertas son diferentes: diseño gráfico, medios audiovisuales, gastronomía y contabilidad.

 

Finalmente...

 

¡Esta no es una ciudad para todos! ¡Esta es una ciudad para ellos!, ¡para los de arriba!, que la piensan y moldean de acuerdo a sus intereses, donde la democracia es la vasalla de cada juego de poder que pone en marcha el niño mimado de una de la tantas familias conservadoras dueñas del más del 50 por ciento de la ciudad.

 

Esta ciudad, gran parte de sus pobladores, no olvida el legado de Pablo Escobar y de la oficina de Envigado, y por infinidad de sus calles toma forma el modelo de violencia, aupado por políticas oficiales que se sirven de bandas distinto calibre para evitar que la rabia y rebeldía social tome forma.

 

De esta manera, sometidos a las lógicas del más fuerte, los pobres permanecen en su estadio, divididos entre sí, mientras las distintas empresas del Grupo Empresarial Antioqueño hacen su agosto dominando toda la economía de la ciudad y de la región.

 

Su modelo urbano, político y económico, diseñado por ProAntioquia, con sus agendas y juego de escenarios a varias décadas, les ha permitido, a pesar de ser minorías, controlar y dominar a millones de personas, ¿hasta cuándo seguirá siendo así? ¿Existirá espacio en Medellín para otra democracia?

Publicado enEdición Nº 216
¿Ya no es el imperio el principal enemigo de la "Revolución Bolivariana"?

"La teoría del complot tiene el peligro de velar las causas profundas de los problemas y desdibujar la realidad". François Houtart

 

El presidente Chávez consideraba a Uribe un "peón del imperio". Y estaba en lo cierto. Uribe en ese momento tenía el Poder y el gobierno. EE.UU. lo respaldaba y contaba con una fuerza paramilitar organizada que, a su vez, era apoyada por el ejército oficial. La mayoría de empresarios y terratenientes nacionales y extranjeros habían decidido jugársela con su política guerrerista. Además, aprovechó los graves errores de la guerrilla para construir un fuerte apoyo popular que es lo único que parcialmente le queda en la actualidad.

Ahora, las circunstancias son diferentes. La estrategia imperial no está centrada en una intervención armada inmediata en Venezuela y menos desde el exterior. Eso es cosa del pasado. Las "revoluciones de colores" son su método actual. Para ello están implementando la guerra económica –la de verdad–, que tiene como eje el auto-abastecimiento de petróleo utilizando la tecnología del fracking (gas de esquisto), bajar artificialmente los precios internacionales del combustible y, de contrapeso, debilitar la economía de países productores de hidrocarburos como Venezuela, Ecuador, Irán y otros.

De esa manera, preparan condiciones para generar la inconformidad popular, estimulando sobre todo a las clases medias para derrotar o derrocar a los gobiernos "indóciles" o que muestren cierto grado de independencia y autonomía. Los estrategas del imperio han aprendido de experiencias pasadas (Cuba, Nicaragua, Vietnam) en cuanto a entender que las operaciones armadas imperialistas con fuerzas extranjeras o mercenarias generan fuertes resistencias nacionalistas que no son fáciles de derrotar.

Esa nueva estrategia imperial requiere de los pueblos y gobiernos que desean mantener su independencia y soberanía, unas respuestas internas de carácter integral. No basta la alerta sobre la intervención extranjera. Se necesita coherencia en el manejo económico, construir una base productiva propia, apoyarse realmente en el pueblo para profundizar la revolución democrática en todos los aspectos: sociales, económicos, culturales, políticos e incluso espirituales. Para ello se necesita coherencia ideológica y estrategia política.

La "pequeña" guerra económica interna en Venezuela, que causa escasez y desabastecimiento de algunos productos, es resultado, por un lado, de la incapacidad del gobierno para organizar a la población para construir un nuevo aparato productivo y, simultáneamente, controlar el comercio exterior apoyándose en empresas sociales (cooperativas, mutuales, solidarias) y en monopolios estatales. Pero por otro lado, dicha guerra económica es producto de la resistencia de la burguesía parasitaria que se niega a aceptar su derrota política y económica, y utiliza todos los mecanismos legales e ilegales para mantener un negocio lucrativo y especulativo de importación de mercancías del exterior. La burguesía emergente también quiere heredar ese fabuloso negocio y desde el gobierno ha saboteado la línea que trazó el presidente Chávez.

Estas verdades las conocen y las repiten a diario los principales dirigentes bolivarianos de Venezuela. Lo dejó escrito y grabado en sus discursos el presidente Chávez. Pero no ha sido fácil implementarlas por cuanto la burguesía emergente ha ido copando los espacios de dirección del "proceso de cambio", y ella no está interesada en profundizar la revolución. Sólo le interesa mantenerse en el gobierno, controlar la renta petrolera y reemplazar a la burguesía parasitaria entreguista y pro-imperialista.

Maduro es consciente de esta situación. Sin embargo, debido al deterioro de la situación interna, se ve obligado a recurrir al nacionalismo estrecho, a la demagogia anti-colombianista que todos los gobiernos venezolanos –de derecha o de izquierda– han utilizado en el pasado para ganar apoyo popular y triunfar en las elecciones.

Es por ello que Maduro hizo lo que hizo.

La campaña contra el paramilitarismo y la delincuencia de origen colombiano

Ahora Maduro quiere convertir a Uribe en el enemigo principal. Con la consigna de que la causa de los problemas de Venezuela está en la acción paramilitar que llega desde Colombia, y la utilización por esas fuerzas ilegales del contrabando, el bachaqueo y todo tipo de delitos, se pretende radicalizar a los venezolanos contra el supuesto enemigo externo, que ya no es el imperio sino un debilitado Uribe. Éste lo único que está buscando con su pataleo es negociar su propia impunidad y la de sus cómplices, y aprovecha el momento para generar ruido. Nada más.

Estudios muy serios de académicos venezolanos demuestran que la presencia de diferentes clases de violencias y de diversas expresiones de la delincuencia, no sólo se observa en la frontera con Colombia sino que está presente en todo el territorio nacional venezolano. Y además, identifican como las causas más visibles, primero, el deterioro de la situación económica del país y, segundo, a la corrupción de las mismas fuerzas armadas (Guardia Naciona y Ejército) y de las autoridades civiles (Ver. http://bit.ly/1NYyjPu).

Para enfrentar estos flagelos se requiere una política integral de seguridad que obliga al Estado a apoyarse en el pueblo. Pero esa línea política, que ideó el presidente Chávez, implicaba atacar al burocratismo, la corrupción y los intereses de la burguesía emergente, y ello no ha sido ni va a ser posible en el corto plazo. Es más fácil utilizar un enemigo externo, discriminar y golpear a inermes colombianos de la frontera, hacer apariencia de mano fuerte, mostrar shows mediáticos y paralelamente, engrandecer a Uribe.

Las consecuencias para el gobierno de Santos y el proceso de paz

El actual "incidente" con Venezuela, va a traer consecuencias inmediatas para el proceso de paz en Colombia. Es un hecho que el cierre de la frontera de forma unilateral es un acto inamistoso y grave. Afecta a colombianos y venezolanos de la frontera, lesiona intereses económicos, deteriora la confianza entre los dos gobiernos, y – de la forma como se realizó la expulsión de más de un millar de colombianos – es una violación flagrante de los derechos humanos de esas personas inmigrantes y desplazadas.

Santos, así él no lo quiera ni Maduro tampoco, es el gran damnificado. Su debilidad es manifiesta y trágica. Su cara de susto y la actitud temerosa de sus funcionarios en el discurso del pasado martes 25 de agosto, así lo delata. Le faltó decir que el presidente Maduro no le pasa al teléfono. Lo único que Santos realmente ofreció en esa intervención televisada, fue conseguir camiones y permiso con el gobierno de Venezuela para ayudarles a los colombianos a traer sus "corotos". ¡Qué desgracia y qué indignidad!

El presidente colombiano ha quedado en medio de un emparedado. Está atrapado entre la teoría del complot imperial y paramilitar, que respalda el expresidente Samper desde la UNASUR, las FARC y algunas fuerzas políticas de izquierda colombianas, y los análisis de diversos sectores políticos que identifican los problemas de Venezuela con la corrupción, la mala gestión económica, el derroche, la agudización de la dependencia del petróleo, el fracaso en la generación de nuevas áreas productivas y el paternalismo excesivo, entre otras.

Así, el presidente Santos ha mostrado una enorme indecisión y debilidad. No pudo identificar a tiempo que Maduro va con todo pensando en las elecciones de diciembre. Creía –equivocadamente–, que un tratamiento diplomático prudente y bilateral podría hacer recapacitar al gobierno venezolano para reabrir la frontera y darle un tratamiento legal y humanitario a los inmigrantes colombianos, especialmente a los ilegales e indocumentados. Pero se equivocó de cabo a rabo.

Se argumenta que Santos actuaba de esa manera para proteger el "proceso de paz". Sin embargo, los hechos demuestran que el mayor riesgo para ese proceso es la inmensa debilidad de Santos. Ahora, su posición se ha debilitado más, mucho más cuando las FARC han salido a respaldar al gobierno bolivariano. La tensión entre los dos gobiernos y países va a crecer, y la paz negociada entrará en un enfriador por un buen lapso de tiempo.

Uribe ha recibido un segundo aire de Maduro, una oportunidad de oro, no para sabotear el proceso de paz sino para debilitar a Santos. Así podrá obtener mayores ventajas en el proceso de negociación de su impunidad.

Mientras tanto, la crisis económica y fiscal que avanza a diario en ambos países le pondrá su toque de realismo a un ambiente político cada vez más caldeado y confuso, en donde la polarización juega a favor de quienes acusan a Santos de frágil e incoherente. La tormenta recién arrecia y el grifo que abrió Maduro tal vez se convierta en un río y en una avalancha. Ojalá no sea así.

 

NOTA: Los medios de comunicación colombianos han hecho su fiesta contra el régimen bolivariano. Ahora son solidarios con los colombianos expulsados de Venezuela pero nunca han dicho nada con los expulsados y desplazados de El Quimbo, Ituango, indígenas de Corinto o "invasores" de lotes en muchas ciudades que son desalojados a sangre y fuego.

Bogotá, 28 de agosto de 2015

E-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. / Twitter: @ferdorado

Publicado enInternacional