Europa no sabe qué hacer con los migrantes

Fue desgarrador ver llorar a las mujeres, agarrándose con fuerza al brazo del compañero o al pequeño hijo, cuando la policía trató de sacarlos de las rocas de Ponte San Ludovico, en Ventimiglia, a un paso de la frontera con Francia. Allí se habían instalado hace cinco días a la espera de que los dejaran pasar. Porque la policía de frontera francesa, argumentando los tratados de Schengen y de Dublín que, entre otras cosas, obliga a los migrantes a quedarse en los países donde llegan hasta ser identificados y ver si reúnen las condiciones para pedir asilo, los bloquearon en Italia. Eran lágrimas de desesperación porque no saben dónde irán a parar, si los mandarán a sufrir de nuevo en sus países o los dejarán finalmente partir hacia otras naciones europeas como ellos quieren. Son en su mayoría inmigrantes venidos de Eritrea y de Siria, las mujeres con las cabezas cubiertas, los niños jugando como pueden entre las piernas de las madres y las piedras. Los eritreos, que según la ONU son la mayoría, llegaron, como los más de 36.000 inmigrantes que han anclado en las costas italianas en los últimos seis meses, desafiando todo tipo de peligros.


Primero cruzaron cientos de kilómetros por el desierto del Sahara, cargados como bolsas en camiones semidestruidos que a veces los abandonan en medio de la nada. Pasan a través de Sudán y Egipto para llegar a Libia, donde a menudo tienen que esperar y para pagar el alojamiento, las mujeres muchas veces son obligadas a prostituirse. Desde un puerto libio se embarcan para Italia. Pero para la mayoría de ellos, Italia es sólo un punto de llegada. Su destino final es Alemania, Gran Bretaña, Francia, y otros países del norte de Europa, donde muchos tienen familiares. Los sirios a menudo parten de algún puerto de Turquía, pagando varios miles de dólares a los traficantes.


A las rocas de Ponte San Ludovico la policía llegó por sorpresa. Nadie entendía lo que sucedía. Algunos lloraban, otros gritaban o hacían resistencia pasiva y la policía entonces los arrastraba por la fuerza hasta los micros de la Cruz Roja que los conduciría a la estación de Ventimiglia. Allí deberán ser identificados para ver si pueden gozar de la condición de refugiados. Si se trata de simples inmigrantes que escaparon de sus países por razones económicas, serán deportados. Más de 300 migrantes, a veces familias enteras, estuvieron acampados en las rocas junto al mar de Ventimiglia y en las calles aledañas.


La situación no sólo ha sido dramática en Ventimiglia. En la capital económica de Italia, Milán, la ciudad rica, la ciudad de las finanzas y donde se está realizando la muy internacional Expo 2015, cientos de otros inmigrantes ocuparon la estación de trenes, un magnífico edificio de fines de 1800, transformado ahora en campamento donde la gente duerme por el suelo o acurrucada en algún rincón, a la espera de que organismos de solidaridad, les lleven un plato de comida como ha sucedido, y de poder partir.


Mientras tanto en Luxemburgo se realizó el martes una reunión extraordinaria de los ministros del Interior de la Unión Europea, encabezada por el italiano Angelino Alfano. El ministro italiano había caracterizado la actitud de Francia como una "bofetada a Europa" y, de hecho, no se presentó en la rueda de prensa que hicieron al concluir la reunión, los ministros de Francia y Alemania. "Buscamos soluciones para enfrentar un problema complicado. Y para ello hay que evitar la confusión y apuntar a la cooperación. Tenemos confianza en la amistad entre nuestros países y en nuestra costumbre de cooperar", dijo el ministro alemán Thomas De Maiziere. Al parecer los dos países se habrían manifestado favorables a la propuesta de redistribuir en Europa a aquellos que piden asilo y de crear centros especiales, financiados por la UE, donde los migrantes puedan ser identificados y se decida si tienen derecho al asilo y dónde irán a parar. Pero para eso se requiere tiempo. En Luxemburgo no hubo decisiones y todo ha sido reenviado, una vez más, a la reunión del Consejo Europeo que se hará el 25 y 26 de junio en Bruselas. Según Alfano, hay que tirar abajo "el muro de Dublín". A la no decisión europea, se agregan las protestas y amenazas de parte de algunas regiones y ciudades italianas controladas por la derecha de Forza Italia y la Liga Norte, que dicen que no dejarán entrar más migrantes y amenazan sanciones a los municipios de su área que presten ayuda.


Pero para entender estas fugas masivas de gente que escapa como sea, hay que ver un poco la historia de esos países. No hay que olvidar que los dos principales países de donde vienen estos inmigrantes, tienen una historia relacionada con Europa. Y el Viejo Continente se transforma para muchos de ellos en una especie de meta milagrosa para la propia sobrevivencia. Desde 1890 Eritrea fue una colonia italiana. En torno de 1935-38, la mitad de la población de Eritrea era italiana. En 1941, en cambio, fue ocupada por los ingleses que intentaron anexarla a Sudán o Etiopía. Dependió de Etiopía hasta su independencia en 1993, cuando el Frente de Liberación Eritreo y el Frente de Liberación del Pueblo Eritreo (marxista apoyado por la URSS), mediante una guerra que duró varios años, expulsó a los etíopes de su territorio. Pero ambos bandos se enfrentaron a su vez en otra guerra civil que terminó con un referéndum guiado por la ONU, que transformó a Eritrea en un país independiente.

Desde entonces, está en manos de una misma persona, Isaias Afewerki, una suerte de presidente-patrón como lo han llamado algunos. El país es muy pobre, la corrupción está muy difundida, hay una sola universidad y está cerrada, los jóvenes deben hacer un servicio militar obligatorio desde los 17 años y por tiempo indeterminado. Los que trabajan, tienen sueldos de 10 euros al mes aproximadamente. Según estadísticas de la ONU, los eritreos son la etnia más numerosa entre los inmigrantes que llegan por el Mediterráneo.


Si se trata de Siria, conquistada por el Imperio Otomano (turcos) estuvo bajo su dominio entre 1517 y 1920, momento en el que fue ocupada por Francia hasta 1946. Ese año consiguió su independencia. De ahí en más pasó por varios cambios de gobierno y guerras. La familia Assad está al frente del gobierno desde 1970. Primero el padre, Hafiz, luego el hijo y actual presidente, Bashar al Assad. En 2011 estalló una guerra civil entre las fuerzas gubernamentales y la oposición que los expertos han colocado en el contexto de la llamada "primavera árabe" que derrocó a varios dictadores en los países del norte de Africa.

Son tres grupos principales los que participan de la guerra, los kurdos que son originales del norte de Siria, el ejército regular sirio y los extremistas islámicos, que poco a poco han adquirido más presencia en el territorio. Según la ONU, al menos 200.000 personas han muertos en este conflicto entre 2011 y 2014. Se habla de unos cuatro millones de sirios que han escapado del país.

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Jueves, 23 Abril 2015 15:29

Bogotá y sus inquilinos de la ira

Bogotá y sus inquilinos de la ira

La reciente apertura del Hospital San Juan de Dios (HSJD), y su inclusión en lo que será el proyecto Ciudad Salud, reabre el tema de la planificación urbana en Bogotá. ¿Para quiénes se está planeando la ciudad?

"...He sido expulsado de mi casa
junto con los libros de la nutrida
biblioteca que,
libro a libro, levanté a lo largo de la vida.
Alguien debería consignar ese hecho,
como un punto más del programa,
Bogotá capital mundial del libro.
Espero que en el futuro el horror
sea patrimonio de la ficción
y no de la realidad".

Jairo Aníbal Niño, Allí crecieron los hijos

El centro de Bogotá, sus calles, su arquitectura colonial y variada oferta cultural, es la ventana de presentación de la ciudad a los foráneos, uno de los lugares más importantes del Distrito y también el más apetecido por su gran potencial turístico.

Desde el año 2004, este sector empezó a ser parte del nuevo plan de renovación urbana propuesto por la entidad de planeación del Distrito: El Plan Zonal del Centro –PZCB–. Formulado inicialmente con la intención de fortalecer y posesionar el Centro como nodo internacional, nacional y regional, y valorizar cuatro de sus localidades: La Candelaria, Santa Fe, Los Mártires y Teusaquillo, que comprenden un aproximado de 59 barrios. Todo eso teniendo en cuenta que dentro de los planes de innovación debería estar incluida la protección del patrimonio cultural del sector.

El tema del Plan Centro había estado pausado en la agenda pública hasta que el pasado 11 de febrero se realizó la reapertura simbólica del complejo hospitalario San Juan de Dios, que hace parte del centro ampliado de la ciudad y que es uno de los pilares fundamentales del PZCB, al ser la matriz de uno de sus proyectos: Ciudad Salud.
El Plan Ciudad Salud, planteado con una similitud al Plan Zonal del Centro, promete hacer del sector un clúster de servicios de salud con reconocimiento a nivel nacional e internacional. Éste, tal y como quedó proyectado en el Plan Centro, contará con una inversión tanto pública como privada, que efectivamente traerá una renovación urbana. La pregunta es: ¿a quiénes beneficiará esta renovación?

El centro, ¿para quiénes?

El centro alberga más de 1.707.745 de población flotante y un aproximado de 259.580 de población residente, por lo que ha sido llamado en varias oportunidades como el lugar de nadie, ignorando el apego aún existente de sus residentes al territorio. Entre esos residentes se encuentra Alejandro García Corzo, antropólogo de la Universidad Nacional y habitante del centro de Bogotá desde hace más de diez años, lo que le permite tener una mirada como habitante y académico del sector.

Estar observando diariamente esta zona de gran valor patrimonial para el país ha impulsado a García, desde hace siete años, a estudiar los cambios que vive el sector en materia de planeación y descentralización; tanto así que ha hecho de este tema su tesis de doctorado para la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París.

Para García, el Plan Centro y Ciudad Salud, son planes vitales para la revitalización del centro ampliado de la capital, con grandes retos de financiación por afrontar. "El reto de la administración de ahora y de las futuras es la financiación. Además de los recursos distritales habrá recursos nacionales, sin embargo tal como está planeada Ciudad Salud, al igual que el Plan Centro, la inversión también llegará del capital privado, como sucedió en el proyecto de la Avenida Comuneros que inicialmente buscaba la realización de una avenida, pero luego también aparecieron construcciones inmobiliarias", expone.

El problema para García no es propiamente que exista capital privado, sino que sean las entidades públicas las que encaren proyectos que traerán beneficios particulares. "Siempre se involucran los intereses públicos diciendo que son intereses generales y se aplica de esa forma. Sin embargo no dicen que los intereses privados también operarán allí y son las entidades públicas las que encaran la situación para el beneficio de esos intereses. El caso más claro es Transmilenio", agrega.
Así como el caso del Transmilenio, que aunque es del Distrito funciona a través de concesiones con empresas privadas, está el de la construcción de la Avenida Comuneros o Calle Sexta; la primera intervención hecha para iniciar el plan del renovación urbana en el centro.

Esta construcción tuvo como objetivo inicial, la compra de los predios de la zona para la construcción de la Avenida, pero luego el plan contó con un nuevo proyecto: la construcción de zonas residenciales de estratos 3 y 4, liderado por empresas inmobiliarias. Un proyecto que causaría el desplazamiento de los antiguos residentes de la zona para poder cumplir con el objetivo de una innovación.

Como éste, poco a poco se han ido llevando a cabo diferentes proyectos que encabezan inicialmente un interés público, pero termina siendo apropiado por intereses privados. Este es el caso del plan Fenicia.

El plan Fenicia

Para el 2014, el Distrito da vía libre a un nuevo proyecto de renovación urbana, el Plan Progresa Fenicia, liderado por la Universidad de los Andes, que pretende transformar el barrio Las Aguas del centro histórico de Bogotá y potenciar a su vez el eje turístico de la zona considerada como patrimonial.

En pocas palabras "Progresa Fenicia", pretende convertirse en un parque lineal de piedemonte desde Monserrate hasta el parque de La Independencia. "Una 'Maloka' a cielo abierto donde la ciencia y la tecnología se empoderen del conocimiento", según un artículo realizado por el periódico El Tiempo.

"Maloka" que estaría impactando parte de lo que para el Instituto de Patrimonio del Distrito, es considerado como zona de reserva. Lo que para García resulta preocupante. "Son sectores que deben ser preservados y restaurados, porque originalmente en el Plan Centro están referidos como Zona de Reserva y no se están respetando, principalmente por las universidades", opina.

Entre otras cosas, el plan busca una transformación de toda la población que reside alrededor del campus, que son, en su mayoría, familias de estratos 2 y 3, por lo que para la primera etapa proponen "la construcción de 412 viviendas para reubicar a las familias. Viviendas que tendrán un reemplazo metro a metro. Es decir que si un propietario de un inmueble en el barrio Las Aguas tiene una casa de 200 metros, se le entregará un espacio de 200 metros".

¿Qué sucede entonces con los dueños de los predios? Según la Constitución Política de Colombia el habitante del sector, como propietario del predio deberá ceder su interés personal por el interés general, en este caso la construcción del Plan Fenicia y con ella el posicionamiento de nuevas empresas inmobiliarias, que aunque obedecen a un interés privado se promocionan como general.

El habitante tiene entonces tres opciones: optar por un reasentamiento, participar en el proyecto –en el que deberá pagar la suma restante por la nueva valorización del terreno– o ser indemnizado por su predio cuando inicie su expropiación. De no elegir una de esas tres posibilidades la entidad pública puede recurrir al desalojo.

De esta forma, el habitante del centro, acentúa su condición como poblador flotante, ya adquirida por el hecho de vivir en una zona de alto atractivo turístico y patrimonial, transformándose, en palabras de Alejandro García: en un nómada, "que está a la expectativa de que en cualquier momento sea desplazado".

Los inquilinos de la ira

Así tituló el escritor colombiano Jairo Aníbal Niño uno de sus primeros trabajos de dramaturgia, fruto de la investigación social realizada en Puerto Asís, Putumayo. En esta obra, un grupo de desplazados sufre el desplazamiento y un brutal asesinato debido a que ocupaban unos terrenos baldíos. Lo que no sabía Niño es que tiempo después él también se convertiría en un inquilino más, sometido a los intereses particulares con ropaje público.

Fue el 18 de enero del 2006 cuando un funcionario de la Empresa de Renovación Urbana (ERU) le informó a Niño y a los demás propietarios de los 35 inmuebles ubicados entre las calles 19 y 20, y entre la carrera 3ra y el Eje Ambiental de la Avenida Jiménez de la ciudad de Bogotá, que sus predios serían utilizados para la constricción del Proyecto Manzana 5.

El proyecto de renovación urbana Manzana 5, que prometía apoyar el carácter cultural patrimonial de la zona, proyectó entre sus construcciones la apertura de un Centro Cultural, cuyo dinero sería donado por la Agencia Española de Cooperación Internacional (Aecid), y un complejo de vivienda que incluía una plataforma comercial.

Sin embargo, ninguno de estos proyectos se realizó. Para el 2012 el Primer Ministro de España, Mariano Rajoy, comentó con el alcalde Gustavo Petro la decisión de no liberar recursos para el Centro Cultural, desembolsando un año después 381 millones de pesos a Bogotá por motivo de gastos de licencia de construcción de dicho centro.

Todo al parecer volvia a la normalidad, de no ser por los más de 200 habitantes de la zona que fueron desplazados y obligados a recibir un pago irrisorio por sus predios en nombre de la renovación urbana.

Durante todo el proceso, el escritor colombiano Jairo Anibal Niño defendió a los propietarios. "Él incluso estuvo en un debate en el Concejo y le dijo a Renovación hasta de qué se iban a morir, pero con palabras muy diplomáticas por el robo que nos estaban haciendo", dijo en su momento Amelia Sanabria en el Periódico de Bogotá.

En agosto de 2008 el mismo Niño escribió un documento titulado "Allí crecieron los hijos" donde plasmó la impotencia que sintió al tener que ser desalojado del lugar donde había trascurrido gran parte de su vida.

"Centenares de narraciones y novelas se han escrito sobre el despojo al que han sido sometidos propietarios de casas o de predios que son expropiados con innumerables pretextos pero con la constante de la arbitrariedad y la injusticia. La realidad y la ficción comparten fronteras y como autor de historias, recientemente fui protagonista real de una página más del libro de la infamia", decía Niño en su texto.

Dos años después Jairo Aníbal Niño, autor de La alegría de querer, Historia y Nomeolvides, Zoro, entre otras grandes obras de patrimonio literario de la nación, murió viviendo en la casa de su hijo al ser desplazado de su propia casa y no tener los recursos para adquirir un apartamento de condiciones similares al que le fue expropiado.

El proceso de renovación continúa, ¿hasta dónde lo hará la resistencia social de quienes habitan esta parte de la ciudad?

Publicado enEdición Nº 212
Jueves, 23 Abril 2015 14:31

En tu mierda

Santa Marta, su bahía y alrededores se ahogan en mierda. Lo que antes fue un rincón de belleza, placer y convivencia ahora se nos presenta como territorio hurtado por los comerciantes del turismo que no reparan sino en su bolsillo, sin importarles el destino de la ciudad.

A pesar de que te ahogas en tu mierda, aún te regodeas sin reconocer tu miseria. Hemos condenado nuestro entorno a soportar el detritos de nuestras desmedidas actividades, acciones, omisiones y ambiciones. Tanto nuestros humildes como también ostentosos pobladores se acostumbraron a sumergirse en el estiércol y a soñar con liderazgos impotentes e imposibles, por nuestra incapacidad de asumirnos colectivamente con una esperanza renovada nacida de la memoria no distante.

Sí, hace menos de 35 años, las bahías aún prístinas de Taganga, Santa Marta, Rodadero, Pleno Mar y Bello Horizonte, eran pobladas por caballitos y estrellas de mar, erizos blancos, negros, coloridos, toyos, peces sierra, tiburones inofensivos, medusas, aguamalas, farolitos, babosas que deambulaban entre lecheros, trompetas, cirujanos, sargentos, sardinas, arenques, picúas, carajuelos que poblaban las piedras del litoral y los pastos marinos que en gran extensión eran el sustento de nuestra verdadera y única riqueza.


Fue el carbón según muchos, fue la mierda, fue la draga, fue esto o aquello, bla, bla,... basta, ¡No! Más bien fueron solo nuestras decisiones, nuestras ambiciones, nuestra ignorancia e indolencia, nuestra avaricia y mezquindad, todo aquello que permitió a esta, nuestra generación, acumular riqueza sobre la destrucción de lo que fue bello y nuestro. Fue la costumbre de robar, del ser el "vivo", de ser el "chacho", de ser y hacernos día a día una cultura abyecta, cada vez más proclive a la delincuencia.

Sabemos que la ciencia nos indica que la mierda vertida sin tratar, satura los ríos y el mar... contamina, así como también sabemos que las emisiones de polvo de carbón –en general muchas otras, que fuera de control, además y cercanas a centros poblados– causan problemas de salud pública, pero ¿por qué culpar lo que permitimos?, ¿por qué buscamos fuera lo que nos corroe dentro?, ¿por qué creemos también que con cambiar los separadores de avenidas, cuyo concreto tiene más de 40 y 50 años, transformamos la ciudad?, ¿por qué, mejor, no concentramos los esfuerzos de toda nuestra población en trabajar, en cambiar, las entrañas de ésta?, ¿por qué no repensamos nuestras vidas?, ¿por qué, más bien, no asumimos el reto de elaborar entre todos/as un nuevo convenio social?, ¿por qué no más bien nos decimos, por vez primera y solo una vez, hagamos lo correcto?

¿Es tan difícil hacerlo o solo es necesario para ello pensar? ¿A dónde vierten las infraestructuras hoteleras de Taganga? ¿Será sostenible una hotelería que ofrezca baños de mierda en el litoral? ¿A dónde vierten en el Rodadero Sur, Pleno Mar y Bello Horizonte? ¿Será sostenible el sector de la construcción y la actividad portuaria sin infraestructura básica?

Si la respuesta a estos varios interrogantes es clara, sólo desde las entrañas lograremos cambiar lo que de hecho no hemos hecho más que cagar.

Publicado enEdición Nº 212
Los ninguneados perdieron a su mejor cronista

Quien escucha los latidos de abajo, acoge sus dolores, comparte sus risas y llantos; quien se esfuerza por entenderlos sin interpretarlos, por aceptarlos sin juzgarlos, puede ganarse un lugar en los corazones de abajo. Eduardo Galeano recorrió las más diversas geografías latinoamericanas en trenes, a lomo de mula y a pie, desplazándose en los mismos medios que los abajos. No buscaba mimetizarse sino algo mayor: sentir en su piel los sentires de otros y otras para hacerlos vivir en sus textos, para ayudarlos a salir del anonimato.

Eduardo fue un hombre sencillo, comprometido con la gente común, con los nadies, con los oprimidos. El suyo fue un compromiso con la gente de carne y hueso, con hombres y mujeres vivientes y sufrientes; mucho más profundo que la adhesión a ideologías que siempre pueden ser maleadas según los intereses del momento. Los dolores de abajo, nos enseñó, no pueden ser negociados, ni representados, ni siquiera explicados por el mejor escritor. Lo mismo vale parar sus esperanzas.

Entre sus muchas enseñanzas, es necesario rescatar su puntilloso apego a la verdad. Pero esas verdades las encontraba lejos del mundanal ruido de los medios, en los ojos hambrientos de la niña india, en los pies tajeados de los campesinos, en la sonrisa cándida de las vendedoras, allí donde los ninguneados dicen sus verdades de todos los días, sin testigos.

Nunca tuvo la menor duda en apuntar hacia los responsables de la pobreza y el hambre. Como aquellas crónicas sobre la crisis de la industria uruguaya, cuando con apenas 20 años era el jefe de redacción del semanario Marcha, uno de los primeros y mayores exponentes de la prensa crítica y comprometida. En ellas denunciaba a los poderosos con nombres, apellidos y propiedades. Sin vueltas. Porque, como le gustaba decir, "los medios emputecen las palabras".

Pero fueron sus reportajes sobre las luchas y resistencias de los abajos las que dejaron huella temprana, indeleble. Como aquella que tituló "De la rebeldía en adelante", en marzo de 1964, relatando la segunda marcha "cañera" (trabajadores de la caña de azúcar). Su mirada se detenía en los más de 90 niños que la integraban, en doña Marculina Piñeiro, tan vieja que había olvidado su edad, por la que parecía sentir especial admiración. "Querían ganarnos por hambre. Pero por hambre, qué íbamos a perder. Estamos acostumbrados, nosotros", le dijo la mujer, madre y nieta de cañeros.

Su pluma daba forma a la vida cotidiana de los desheredados, pero no se conformaba con retratar su dolor, se afanaba en pintar –de vivos colores– la dignidad de sus pasos, la rabia capaz de sobreponerse a la represión y las torturas. En primer lugar aparecían, siempre y en cada una de sus notas, las gentes que encarnaban sufrimientos y resistencias. Tal vez porque estaba obsesionado por la indiferencia de los más, a la que consideraba "un estilo de vida" cuyo cascarón debíamos destruir, que para eso escribía sus artículos.

Entre los muchos homenajes que recibió en vida, tuvo el privilegio de que el maestro de la escuelita zapatista José Luis Solís López adoptara Galeano como seudónimo. Es muy probable que el maestro no se referenciara en el escritor. En todo caso, Eduardo y el zapatismo se conocieron y reconocieron enseguida. Como si toda la vida se hubieran estado esperando. No los convocó un programa ni una tabla de demandas, sino la ética de estar-siendo, abajo y a la izquierda.

Eduardo Galeano estuvo en La Realidad en agosto de 1996. Participó en una de las mesas del Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo. Habló poco, fue claro y dijo mucho. En aquellos días, y en muchos más, sembró Galeanos, contagió Galeanos, que ahora caminan Galeanos enarbolando su digna y Galeana rabia. Los ninguneados de siempre lo llevan en sus corazones.

Publicado enEdición Nº 212
El legado de los campesinos, la autonomía

El campesinado ha tenido condiciones para emprender históricamente experiencias autonómicas, y esto en razón de que logra ser autogestionario económicamente, producir fuera de la lógica del capitalismo y estar habilitado para gestionar sin tutelas sus comunidades, creando de ese modo novedades en el registro de la política. Hubo una serie de casos durante el siglo XX por demás interesantes, que rematan, en los comienzos de 1994, con el surgimiento del Movimiento Zapatista en Chiapas. En este último caso, se trata de indígenas campesinos mayas, donde la comuna como organización social, económica, cultural antecede al Chiapas rebelde de 1994.


Existen otros dos casos en la primera mitad del siglo XX que están ligados a procesos revolucionarios de izquierda donde ha circulado cierta ideología anarquista de base, no violenta y "constructivista". Paradójicamente, ambas abortan por voluntad de los partidos comunistas bolcheviques y no por el poder capitalista o fascista. Uno es el movimiento makhnovista, paralelo a la Revolución Rusa en Ucrania, y el otro es la experiencia de una comunidad campesina en Aragón de 1936 a 1939, con elementos muy semejantes a los episodios de Barcelona relatados por George Orwell en Homenaje a Catalunya.


El movimiento makhnovista debe su nombre al campesino ucraniano Néstor Makhnó, oriundo de la región de Guliay Polié, líder en la guerra civil desatada después de octubre y merecedor del control de su región por esta razón. Esta coyuntura es aprovechada por los campesinos organizados, muy minoritariamente de ideología anarquista, para iniciar un proceso de profundas transformaciones desde las poblaciones mismas, sin traspasar el poder inmanente e instituyente a representantes partidarios. Se inicia uno de los procesos de autonomía obrera y campesina más interesante del siglo XX. El poder recayó en las "asambleas" o "soviets", como se los denominara al comienzo del proceso revolucionario ruso.


Durante 1917 y 1918, las asambleas de base campesinas deciden 1) desarmar al sector propietario de grandes terratenientes, 2) la abolición de todos sus privilegios y 3) el reparto de esas tierras; se les otorgan según el tamaño de la familia campesina uno o dos pares de caballos y uno o dos pares de vacas, así como aparejos y herramientas de labranzas. Se forman cuatro comunas cercanas en esa región y otras varias en regiones más alejadas; todas se configuran voluntariamente por grupos de parentesco o afinidad. Las asambleas discuten todo, desde las semillas a utilizar hasta la educación que debía impartirse en las comunidades.


Las vicisitudes políticas de esta experiencia con Néstor Makhnó como referente están ampliamente documentadas por autores que fueron sus detractores o entusiastas. Tanto unos como otros muestran cómo va creciendo el disgusto de las autoridades bolcheviques por la falta de subordinación a las órdenes del poder centralizado y cómo terminan aniquilados en 1921 por el Ejército Rojo. Néstor Makhnó partió al exilio en París y escribió en sus memorias un registro claro y conmovedor de la experiencia. Pero en la memoria colectiva de este pueblo perdura hasta hoy la experiencia libertaria que los habilitó a decir "no tuvimos ni el poder subordinante del patrón ni del partido".


Tanto el movimiento makhnovista como la experiencia campesina de base de Aragón mostraron que poblaciones no indígenas, sin contar con la experiencia cercana de vivir en fuertes comunidades, pudieron autoorganizarse y conformarlas.


Mientras tanto, en América latina, durante todo el siglo XX los campesinos indígenas pudieron sobrevivir al capitalismo moderno/colonial arrasador e individualista justamente por la persistencia de la comunidad y procesos autonómicos de distintos niveles. Chiapas, el "neozapatismo", es una caso particular porque demuestra la voluntad de tomar lo mejor de la tradición comunitarista autonómica y los buenos logros de la modernidad, como la lucha contra el patriarcado, establecer formas de democracias directas e ir construyendo lo que se ha denominado "un mundo otro". Los intentos de las asambleas de Ecuador y Bolivia de "estados plurinacionales" o la consigna del "buen vivir" (que circula hasta por nuestro país) reenvían a estas experiencias campesinas autonómicas, tanto las de origen indígena de América latina como a las ocurridas por otras partes del mundo.

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Lunes, 13 Abril 2015 06:09

Ciudades gigantes, desafíos gigantes

Ciudades gigantes, desafíos gigantes

Crear un plan homogéneo de edificabilidad, mejorar el transporte y luchar contra las desigualdades sociales son los grandes retos que señalan arquitectos y urbanistas para las urbes de América Latina


Megaciudades. Aglomeraciones urbanas de hasta 20 millones de habitantes. "Monstruos ingobernables", como admiten unos arquitectos que tratan de ordenar el caos. Imposible. Las mayores urbes del planeta son complejos organismos que se multiplican sin freno y, en la mayoría de ocasiones, sin un patrón homogéneo. Núcleos hipertrofiados que han germinado con el progreso de las clases medias y el trasvase del campo a la ciudad. São Paulo, México, Bogotá, Lima, Buenos Aires, Río, etcétera. Urbanistas y arquitectos de estas metrópolis de América Latina analizan para EL PAÍS los retos que plantea su gestión. Y coinciden en señalar la falta de un criterio unificador que armonice el desarrollo de las urbes, las dificultades en la movilidad y el aumento de las desigualdades sociales como los principales problemas

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Los retos futuros pasan por convertir estas grandes ciudades en espacios más habitables, con mejores políticas de transporte público y menor contaminación. Y, sobre todo, trazar una dirección para la edificabilidad bajo un plan único, y que las grandes urbes no sean el resultado de un cuadro pintado a brochazos.


En 2014, 450 millones de personas compartían el suelo de 28 áreas metropolitanas en todo el planeta. Difícil detener la autoconstrucción, como si fuera un videojuego. "Hay un aspecto fundamental: la lucha por la ciudad", afirma Abilio Guerra, urbanista y arquitecto brasileño. "Es difícil encontrar fórmulas adecuadas en el Gobierno de las ciudades. La mayor parte de las veces, la iniciativa privada pasa por encima de los intereses de la gente, sin que el poder político tome medidas contra los abusos. Los grandes perjudicados son los espacios públicos de las ciudades. Lo vemos en Río con el caso del Parque do Flamengo, y en São Paulo con el Largo da Batata y el Parque Minhocão. Es preocupante, porque esto sucede en un momento de vulnerabilidad de la sociedad civil brasileña", analiza Guerra.


El patrón se repite en la mayoría de capitales latinoamericanas. En Bogotá se dan codazos sus 7,8 millones de habitantes, producto de la mayor densidad urbana en toda la región: 26.200 ciudadanos por kilómetro cuadrado. El censo crece en 170 personas al día. Y la administración da carta libre a la construcción para aportar cobijo a esa demanda.


Un decreto permite que los constructores puedan desarrollar grandes obras si se abona una cantidad económica adicional por la edificabilidad extra. "Eso significa que pueden aparecer edificios de cualquier tamaño en cualquier manzana, solo porque el constructor busca más metros", explica Mario Noriega, profesor de urbanismo en la Universidad Javeriana. Noriega pide un "marco legal según las necesidades de la gente, que no cambie de alcalde a alcalde". "Creen que eso da una apariencia de modernidad a la ciudad. Pero las calles no están preparadas. La ciudad tenía una estructura de manzanas, con 30 viviendas en cada una. Con la nueva norma, se harán hasta 400. Bogotá es muy densa en los bordes y poco en el centro, pero ahora será densa en todos lados. Su caso de densidad solo puede ser comparable a algunas ciudades chinas y africanas. Están creando una zona de desastre. Se habla de México como la ciudad monstruo, pero tiene metro, y Bogotá es cinco veces más densa", explica el profesor de urbanismo. Solo el 55% de sus habitantes dice estar orgulloso de su ciudad.


Una población similar a la de Bogotá, aunque con una densidad 10 veces menor, tiene Lima. Los arquitectos peruanos Arnold Millet, que ha trabajado en la Municipalidad, y Mario Lara abundan en la reivindicación de su colega colombiano. "Lima no tiene una gobernanza con un hilo único, sino que se suceden gobiernos que rompen con lo anterior y hacen lo contrario", apunta Millet. "El gran reto es ordenarla. Hoy es una ciudad descoyuntada, con más de 40 alcaldías [43 distritos y alcaldes de distrito] que cada una hace lo suyo, atomizada. La solución sería poner a Lima con menos alcaldías y con los mismos decretos", expone Lara.


Pocas ciudades en el mundo han logrado esta unidad metropolitana. Si acaso Londres y París, dicen los urbanistas. "Se parte de un centro y se acumulan municipios adyacentes", dice sobre México el español Miquel Adrià, director de la revista Arquine.
Cómo moverse en el laberinto


Las horas vuelan al volante o en transporte público para los millones de personas que se desplazan en ese ida y vuelta eterno entre la casa y el trabajo. El ciudadano de São Paulo invierte una media de 2 horas 53 minutos diarios en desplazamientos en vehículo propio, y 2 horas 46 minutos en medios públicos (son usados por el 62% de la población). Por la ciudad circulan 5,4 millones de coches, casi uno por cada dos habitantes. Cada mexicano emplea 16 horas a la semana en los trayectos. Bogotá no tiene metro y es el sistema de autobuses el que canaliza la marea humana de viajeros. En Lima, la única línea de metro no da abasto...


"El metro es una necesidad en Bogotá". Lo dice el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, consciente del embudo que supone para la capital la ausencia de este medio de transporte. A cambio, la ciudad presume de la red de ciclorrutas (carril bici) más grande de América Latina, 392 kilómetros de asfalto que los ciudadanos utilizan cada vez más. Piden, eso sí, mayor seguridad vial y que las empresas incentiven las dos ruedas entre sus empleados. Solo el 17% de los bogotanos se declara satisfecho con la red de vías urbanas. Y los problemas de aparcamiento son cada vez mayores para una flota de 1,5 millones de coches. El sistema de autobuses, TransMilenio, moviliza a dos millones de personas al día. "Se enfoca todo en los buses, pero no basta. Bogotá es una ciudad que funciona como una ciudad del siglo XIX y tiene población del siglo XXI", analiza Mario Noriega. Además, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la ciudad multiplica por 2,7 los niveles de contaminación que se consideran perjudiciales para la salud.


Ante la congestión, las ciudades buscan fórmulas como el Día sin Carro y diversos tipos de restricciones. En Lima, otro foco de contaminación (sobre todo en invierno dada la gran nubosidad), el ómnibus no puede circular por algunas avenidas, y en la pasada alcaldía diversas calles del centro pasaron a ser peatonales. Con 150.000 nuevos coches cada año (un total de 1,5 millones), proliferan los taxis, formales e informales. También México ha puesto la señal de Stop. Los coches con más de ocho años tienen prohibido circular un día a la semana y un fin de semana al mes en la ciudad. "Aunque estos mismos coches se venden en los municipios y contaminan. La solución es tener la misma política en los dos sitios, ciudad y área metropolitana", señala Miquel Adrià. Hasta seis millones de vehículos entran y salen de la urbe cada día. Distrito Federal ha puesto en marcha proyectos para mejorar las comunicaciones, como dobles pisos en carreteras, nuevas estaciones de tren, estaciones de metro multimodales, que unen varias líneas (hay 300 kilómetros de vía y cinco millones de usuarios), y un nuevo aeropuerto fuera de la ciudad.


Y junto a la saturación, la inseguridad. Según un estudio de la Fundación Thomson Reuters, seis de cada 10 mujeres aseguran haber sido acosadas físicamente en los transportes públicos de América Latina. Bogotá, Ciudad de México y Lima son los escenarios más inseguros.


Las desigualdades sociales


La polarización social también sacude las megaurbes. El ciudadano es parte del mobiliario. "El gran reto es la inclusión", comenta la arquitecta mexicana Tatiana Bilbao. "La vivienda es un bien social, no debería ser un commodity. Los arquitectos nos hemos desconectado de no querer lidiar con el problema de la falta de vivienda digna para la población. En México es muy fuerte la segregación en todos los sentidos, física y social. Las clases están muy marcadas. Es un México muy disgregado y contrastado. Está todo revuelto. Hace 20 años la gente cambiaba dos veces de casa durante su vida. Hoy son 17. Esto genera desarraigo, desentendimiento de la comunidad y falta de identidad".


Raúl Fernández Wagner, profesor de urbanismo de la Universidad Nacional de General Sarmiento de Buenos Aires, ofrece una visión sobre la capital argentina, con 15 millones de habitantes en toda la metrópoli. "El mayor conflicto es el acceso al suelo por parte de la población. De cada 10 nuevos habitantes de Buenos Aires, seis no buscan la compra de suelo, sino que entran en el mercado informal. Es muy difícil tener propiedad privada porque es muy cara. En 10 años Buenos Aires duplicó el PIB. Eso ha de¬sa¬ta¬do también un fuerte proceso especulativo con el suelo".


Sostenibilidad, movilidad e igualdad social. Son tres de los retos de las grandes ciudades latinoamericanas. Para estas urbes no se trata solo de acumular población, sino de convertirse en mejores sitios para vivir.


AMÉRICA LATINA: LOS DESAFÍOS


Objetivo: reducir el abismo entre ricos y pobres

 


Por Verónica Calderón México Df 11 ABR 2015 - 00:22 CEST


Un breve paseo por la delegación Miguel Hidalgo, una de las 16 demarcaciones legales que dividen al Distrito Federal, refleja la enorme brecha económica en México, la segunda economía de América Latina y el país donde viven el hombre con la segunda mayor fortuna del mundo y 53,3 millones de pobres. Mientras el menú degustación para una persona en un exclusivo restaurante puede ascender hasta más de 150 euros, en la calle se apuesta una señora con dos niños que ofrece chicles y cigarros sueltos a cambio de unas monedas. Reunirán, con suerte, unos cinco euros al terminar el día. La imagen es una de tantas que ilustran la desigualdad en Latinoamérica, la región con la mayor inequidad en el mundo solo superada por el África subsahariana: un 28% de su población vive en la pobreza y uno de cada cinco subsiste con menos de cuatro euros al día. Diez de los 15 países más desiguales del mundo están América Latina.


Pese a que el crecimiento registrado en los primeros años del siglo XXI redujo la cifra de pobres un 30%, también aumentó la riqueza de las clases altas. En 2002, la región tenía 25 multimillonarios; en 2014, esta cifra llegaba a 114.


La desaceleración producida tras la crisis financiera que se inició en 2009 afecta en primera fila a los que menos recursos tienen. La reducción de las previsiones de crecimiento de las mayores economías de la región, en especial de Brasil, el gigante regional, han puesto en riesgo las conquistas sociales de la última década. Por otro lado, las fortunas latinoamericanas mantienen el tirón: aumentan a una velocidad del 23% al año, según un informe de Oxfam. Un 8% más rápido que en el resto del mundo.


El coeficiente Gini analiza la distribución de los ingresos con valores que van del cero (igualdad absoluta) al 1 (total desigualdad). América Latina, un mosaico variopinto de países con profundas diferencias, se ha ganado las esperanzas de buena parte de los economistas mundiales por su riqueza natural y capacidad de crecimiento, pero mantiene como denominador común la desigualdad. Pese a que durante los años de avance sostenido, entre 2000 y 2009, las economías latinoamericanas habían conseguido reducir el índice de un 0,54 en 2000 a un 0,5 en 2010, la marca todavía está muy por debajo de países con mayor equidad. El coeficiente Gini en los países escandinavos es de 0,25.
El 10% de la población mexicana gana 27 veces más que el resto, 15 veces más que Estados Unidos y nueve veces más que el promedio de la OCDE.


Gasto público


A esto se suman los nubarrones en la economía global: la caída en el precio del crudo ha reducido las previsiones del crecimiento de las dos mayores economías de la región, México y Brasil, y ha agravado la crisis en Argentina y Venezuela, que tienen pronósticos negativos de un -1,5% y -2,9%, respectivamente. Después de que la región consiguiera crecer globalmente en 2010, en 2014 llegará solamente a un 1,7%.


Para capear el temporal, los dos punteros de la región, Brasil y México, han respondido con recortes a su gasto público, anunciados por sus respectivos presidentes, Dilma Rousseff y Enrique Peña Nieto. Esto, según un informe del Banco Mundial de 2014, salvará empleos y mantendrá la estabilidad a largo plazo. Pero eso no significa que el camino no vaya a ser doloroso. Marianne Braig, investigadora de la Universidad Libre de Berlín, opinó en un foro organizado en la Universidad Nacional Autónoma de México que las políticas de la región han demostrado que no son efectivas para reducir la inequidad, especialmente, por el inadecuado manejo de ingresos.


Otro informe del Banco Mundial, también de 2014, indica que la movilidad entre clases es lenta y que el acceso a la educación va de la mano con los ingresos de los padres. Los alumnos de escuelas privadas obtienen mejores resultados que los egresados de centros públicos, pese a que se ha aumentado el gasto en educación en los últimos años.


La paradoja latinoamericana reside en que las empresas, que han avanzado en su competitividad, muchas veces no encuentran a los trabajadores que buscan precisamente por los fallos en la educación. La solución continúa siendo el empleo informal, la fuente de ingresos de más del 60% de la población de la región y uno de sus mayores retos a vencer. La desigualdad también se refleja en los servicios. La mitad de los 600 millones de habitantes de América Latina carece de instalaciones para el suministro de agua, esto en una zona que tiene los mayores recursos acuíferos del mundo. El 90% tiene acceso al agua, pero la calidad del servicio es ineficaz e insuficiente en la mayoría de los países.


La inflación, además, se mantiene como un fantasma que afecta con mayor dureza a los sectores más frágiles. "En general, el futuro no es prometedor para las conquistas sociales de América Latina [...], pero la aplicación adecuada de políticas adecuadas como la flexibilidad en el tipo de cambio, mayores esfuerzos en la educación y la facilitación del ahorro para las clases media y baja pueden ayudar al contexto", apunta Augusto de la Torre, jefe regional para América Latina del Banco Mundial en un informe de octubre de 2014. Los retos para una región que alberga ciudades como México, donde en mismo barrio conviven, a solo unos metros, un hombre que limpia cristales por menos de un dólar y la mansión de Carlos Slim, un magnate con una fortuna tan grande que, si gastara un millón de dólares por día, debería vivir 220 años para agotarla.

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Sábado, 11 Abril 2015 17:27

Paz y ciudad

Paz y ciudad

Los estudios y análisis sobre los orígenes y manifestaciones de la violencia en Colombia la asocian con la concentración latifundista de la tierra rural, el despojo de los campesinos, la exclusión política, la falta de libertades políticas, la concentración de la riqueza, el autoritarismo violento del Estado y el paramilitarismo.

Son pocas, casi nulas, las referencias y reflexiones sobre la relación entre ciudad y violencia política. Planteado en otros términos, sobre el papel que cabe a las ciudades y a los centros urbanos en la persistencia de la violencia social y sobre las acciones en materia de desarrollo urbano para hacer realidad la paz y la convivencia entre millones de ciudadanos.

Colombia es hoy una sociedad urbana, en lo fundamental. Cerca del 75% de su población vive en centros urbanos, y se prevé que esta proporción aumentará al 85% en el año 2050. Durante las próximas cuatro décadas cerca de 20 millones de personas llegarán a las ciudades, con las correspondientes demandas de vivienda, transporte, servicios públicos y sociales, entre otros. El número de ciudades mayores de 1 millón de habitantes aumentará de 4 en 2010 a 7 en 2050, y las mayores de 100 mil, de 41 a 69, lo cual implica mayores retos en materia de conectividad y coordinación.

En los últimos años las ciudades colombianas se han convertido en el motor de nuestra economía. Cerca del 85% del PIB nacional lo generan actividades en los centros urbanos, por lo que se encuentra una fuerte relación positiva entre el nivel de urbanización y el ingreso per cápita de las regiones colombianas (http://bit.ly/1Emuv8M).

Las ciudades, que en otro tiempo fueron consideradas el resultado más perfecto de los beneficios del desarrollo económico capitalista, son hoy, sin duda alguna, la expresión más completa y brutal de la crisis aguda y casi insoportable que vive este sistema. Las que en otro tiempo fueron promesa de progreso individual y social, manifestación clara de la modernización, entendida no sólo como incorporación de los avances tecnológicos en la industria, los servicios y otras áreas de la actividad humana, sino también como realización de un futuro anunciado. Las que eran consideradas muestra evidente del desarrollo civilizatorio; utopía materializada a golpe de reorganización del espacio-tiempo de la vida toda, en aras de la maximización de la productividad, de hacer más eficientes la producción, distribución, circulación y consumo de los productos y servicios, nacionales y extranjeros; el lugar por excelencia de la mercantilización plena, dinámica, expansiva, pujante. Las que fueron núcleo de concentración de unas supuestas y reales oportunidades de ascenso social a través del empleo "seguro" y bien remunerado, de la escuela "accesible" y cuasi gratuita, del acceso a los servicios de salud, recreación, cultura, además de otros servicios urbanos que en conjunto mejoraron los niveles de vida de la gente, ampliando su posibilidad de obtener bienes que no llegaban a las zonas rurales y de satisfacer una amplia gama de necesidades (reales o creadas). Esas ciudades viven hoy un deterioro constante y su continuo declive nos expresa lo que parece la crisis irrevocable de lo urbano.

En Colombia, el crecimiento urbano presenta profundas desigualdades económicas, sociales y espaciales, generando de manera enorme y terrible pobreza y exclusión. Su desmedido crecimiento contribuye a la depredación del ambiente y de los recursos naturales, provocando segregación social y urbana, fragmentación, privatización y utilización irracional de los bienes comunes, de los servicios y los espacios públicos.

En los últimos años, se han multiplicado los procesos que favorecen la proliferación de grandes áreas urbanas en condiciones de pobreza, precariedad y vulnerabilidad ante los riesgos naturales y los inducidos por la acción de diferentes sujetos: empresarios, gobiernos y otros colectivos sociales e individuos. En suma, hoy día construimos ciudades sociales injustas, económicamente ineficientes y con baja competitividad y complementariedad, espacialmente desordenadas, poco funcionales y ambientalmente insustentables.

De acuerdo con los análisis e investigaciones de diversos estudiosos de nuestras realidades urbanas, las ciudades colombiana se han transformado aceleradamente por lo menos en los últimos veinte años y, en el momento actual, enfrentan una problemática caracterizada, entre otras cuestiones, por precarias condiciones de vida, la vulnerabilidad de la mayoría de sus pobladores, tanto en el ámbito social como económico, la degradación del entorno natural y construido, y la reorientación de las políticas sociales de combate a la pobreza, así como nuevas tendencias sobre planificación del territorio urbano.

El funcionamiento del sistema de producción capitalista, desde sus inicios, pero especialmente en su etapa neoliberal actual –que comienza entre los años setenta y ochenta del siglo XX–, ha implicado formas específicas de organización y distribución espacial que centraron en las ciudades las dinámicas más intensas del proceso de acumulación, por lo que son precisamente las ciudades las que manifiestan impactos muy negativos acarreados por dicho proceso. En el periodo referido, la dinámica capitalista también ha exigido la instrumentación de las llamadas políticas de ajuste estructural que ampliaron los costos sociales y ambientales, y han supuesto, en general, un creciente deterioro de las dinámicas urbanas.

Estos fenómenos no han sido colocados explícitamente en los diálogos de paz de La Habana. Se trata de un vacío a corregir.

Los acuerdos y consensos alcanzados hasta el momento se refieren al tema agrario, a la participación política y la democracia ampliada, a la erradicación de los cultivos ilícitos y al fin del conflicto, y poco se mencionan, por ahora, los problemas de nuestras ciudades y su desarrollo urbano (en gran parte porque el gobierno de Santos se niega a tocar el modelo neoliberal vigente), que provocan otros fenómenos muy perturbadores de violencia. Es muy probable que al dialogar sobre "los ajustes que se deben hacer al Estado para adecuarlo a la paz" se dispongan cambios en las normas que regulan la planeación urbana, pues las vigentes desde 1997, como la ley 388 (http://bit.ly/1CECVT8), son la base de una verdadera basura neoliberal como los Planes de Ordenamiento Territorial/POT, que con su segunda generación aprobada, el único resultado que presentan en sus más de 15 años de vigencia, es el de una mayor segregación social y fragmentación urbana.

La emergencia de la ciudad colombiana del siglo XXI es explosivamente dialéctica, y en la misma lo bueno y lo malo, integración y marginalidad, cohesión social y desigualdad creciente, desarrollo sostenible y dinámicas insostenibles, productividad competitiva y enclaves excluyentes, democratización de la gestión urbana y crisis de gobernabilidad de las regiones urbanizadas, globalización y localismo, están en conflicto permanente.

Conflicto que es alimentado por las lógicas del neoliberalismo, como la acción de los promotores inmobiliarios y de la planificación urbana (a través de los POT y Planes de Desarrollo), aliados en la empresa de convertir la ciudad, como en efecto lo han logrado, en una mercancía al servicio exclusivo de los intereses de acumulación explotadora.

La urbanización neoliberal impuesta con los POT, ha convertido la ciudad en una mercancía, en un valor de cambio, destruyendo su principal rasgo: ser el espacio de encuentro entre personas, grupos y culturas diferentes y un lugar para el disfrute y la satisfacción de las necesidades humanas.

Esa circunstancia ha hecho que los ciudadanos comunes y corrientes pierdan el control de su vida, y que la misma quede en manos de los agentes del neoliberalismo, especialmente de los propietarios del suelo y los promotores inmobiliarios, quienes transformaron las ciudades para adecuarla a sus intereses mercantiles. En otras palabras, la ciudad dejó de pertenecer a la gente. A ella le fue expropiado su derecho a decidir sobre su propio destino y, en consecuencia, a producir la ciudad y a disfrutarla a su imagen y semejanza.

La verdad es que, la institucionalización del paradigma neoliberal (con los POT y Planes de Desarrollo), apoyado por el capital financiero y bancario, ha fomentado la organización de unas ciudades más fragmentadas y desiguales, donde predomina un uso especulativo del suelo, enfocado en proyectos residenciales cerrados y espacios públicos privatizados.

La urbanización especulativa que caracteriza el actual desarrollo urbano, es mensajera de una amenaza de muerte o degradación de la ciudad democrática, la que genera las condiciones necesarias para el ejercicio de la ciudadanía.

Tenemos, pues, el fenómeno de expropiación de la ciudad por los grupos de poder económico y político que constituyen la oligarquía inmobiliaria.

Las teorías económicas neoliberales que impulsan este proyecto de despojo, han acelerado la concentración de la renta y del poder en unas cuantas manos generando pobreza y desigualdad crecientes, exclusión, abandono masivo del campo, procesos acelerados de urbanización precaria, segregación social en la ocupación del territorio urbano, privatización de la vivienda social y de los espacios y servicios públicos, desalojos, y desplazamientos forzados de población a favor de los inversionistas y negociantes inmobiliarios y muchos otros impactos que inciden en la destrucción del patrimonio común y del tejido social a escalas nunca vistas.

Hoy la ciudad neoliberal colombiana está reducida a paraíso de los negocios inmobiliarios y de la corrupción que los apoya; al lucro derivado del manejo desregulado de las rentas del suelo y de la producción masiva de viviendas, centros comerciales y otros macroproyectos urbanos. Ya no interesa la habitabilidad de la ciudad ni la vida de sus habitantes, mucho menos si estos son pobres y excluidos del mercado.

La ciudad colombiana está inmersa en procesos de urbanización caótica, insostenible e ingobernable, que arrastran un conjunto de problemas como los siguientes:

Las zonas centrales se han densificado muy desigualmente.

El crecimiento ha sido más horizontal que espacial, con el consiguiente despilfarro de suelo, ha predominado la informalidad pero también el crecimiento por productos homogéneos (por ejemplo barrios cerrados, parques empresariales, etc.), es decir la fragmentación y la segregación social y funcional. Las estructuras urbanas de centralidad son escasas o débiles y en general la ciudad como sistema polivalente e integrador esta sólo presente en algunas áreas centrales con historia.

Las periferias continúan creciendo y la presión migratoria en muchos casos continuara si se mantienen los factores de expulsión de la población de las áreas rurales. Este crecimiento urbano conlleva no sólo el desarrollo incontrolado y depredador de importantes zonas de la ciudad que comprometen su futuro sino que también ejerce una presión sobre la ciudad central en la medida que necesita o requiere de sus servicios (ocupación de espacios públicos por la venta ambulante, utilización de equipamientos sociales y educativos, inseguridad urbana, etc.) para que esta población allegada pueda sobrevivir.

Los procesos más recientes, con gran impacto, de fragmentación urbana debido a la intromisión en las estructuras existentes de ghettos para ricos, ya sea en forma de "productos urbanos" – o sea grandes equipamientos "autistas" con respecto al entorno, segregadores y dedicados principalmente al consumo- o de comunidades, barrios, ciudades o pueblos cerrados.

El desarrollo urbano mediante asentamientos informales, el crecimiento horizontal, el despilfarro de suelo, la contaminación de las aguas por ausencia de redes de saneamiento, la captura ilegal de algunos servicios básicos (energía, agua), la proliferación de servicios de naturaleza pública no reglados (transportes, a veces asistencia sanitaria, policías barriales, etc.) y la ocupación de suelos no idóneos.


La degradación de áreas centrales o de barrios de la ciudad formal que no se renovaron en su trama y / o actividades y en los que se produce la dialéctica del deterioro social y funcional, abandono de actividades centrales o dinámicas y de poblaciones de ingresos medios, deterioro del patrimonio físico, incluso del arquitectónico y monumental, pérdida de elementos simbólicos o identitarios de la ciudad, inseguridad ciudadana, etc.

La proliferación en la ciudad de actividades informales como los vendedores ambulantes con efectos depredadores sobre los espacios públicos y los servicios urbanos y que a menudo entran en conflicto con los habitantes residentes o activo formales.

El desarrollo de actividades vinculadas a la economía ilegal y a la delincuencia urbana, y en general aumento objetivo y subjetivo de la pérdida de seguridad y de calidad de vida por parte de la población urbana formal.

La menor eficacia de políticas urbanísticas redistributivas y reactivadoras (por ejemplo mediante la generación de nuevas centralidades, realización de espacios públicos de calidad en los barrios de menores ingresos, etc.), debido al bajo nivel de la demanda solvente y a la menor integración cívica de la población.

El bajo nivel de participación ciudadana y poca capacidad de negociación de importantes sectores de la población marginal.

La dificultad de reconversión de estas áreas (por todas los efectos ya dichos, a los que se añade muchas veces la resistencia de la población al cambio y de las zonas formales a recibirla) o la implementación de soluciones que reproducen la marginalidad desde una teórica formalidad (conjuntos de viviendas públicas de baja calidad y separadas física y culturalmente de la ciudad formal). Eliminar las viviendas marginales del área central, trasladando a la población de barrio es un grave problema para sus habitantes.

Señalemos, además, que cuando casi el 75% de la población vive en el espacio urbano, solo una parte de estos habitantes urbanos vive en la ciudad, en estricto sentido, quizás la mitad o menos, pues el resto vive en zonas urbanizadas pero segregadas, dispersas, fragmentadas. Una urbanización que no genera automáticamente ciudad, que en ciertos casos extremos parecen oasis de civilidad y en otros se han degradado hasta convertirse en zonas de riesgo, en ambos casos rodeados de espacios monofuncionales y monosociales, sin capacidad de autogobierno, exponentes de un desarrollo insostenible, que genera comportamientos anómicos y psicologías sociales marcadas por el individualismo, el miedo a los "otros" y el afán insolidario de distinción.

La informalidad del desarrollo físico, la enormidad de las desigualdades sociales, la persistencia de la pobreza urbana, la percepción social de que se da una creciente y casi incontrolable violencia urbana, la muy objetiva realidad de las dinámicas que conllevan insostenibilidad (despilfarro de suelo, contaminación del agua y de la atmósfera, agotamiento de recursos hidrológicos, graves carencias de redes de saneamiento y de sistemas eliminación de residuos, etc.), el aumento del desempleo y en algunos casos del analfabetismo y de la mortalidad infantil, etc. no solo son fenómenos heredados del pasado sino muy presentes y no parecen tener solución en un futuro inmediato.

En muchos casos podría argumentarse que las políticas urbanas en curso, consignadas en los Planes de Ordenamiento Territorial/POT, no atenúan estos problemas, funcionales y sociales, incluso los agravan enormemente, debido al deterioro institucional de las alcaldías municipales.

Con 15 años de vigencia de tales instrumentos de planificación urbana, los resultados son negativos, pues quien se ha visto favorecido por dichas herramientas son los especuladores inmobiliarios y un pequeño núcleo de constructores que controla la institucionalidad para favorecer sus procesos de acumulación. La verdad es que el papel de tal planificación es traducir el orden social jerarquizado, controlado por unas minorías, en una organización territorial que lo reproduce.

Lo cierto es que la planificación institucional es una secreción de una sociedad dominada por el valor de cambio que, por ende, genera un espacio homogeneizador, represivo y cuantitativo manteniendo a raya la diferencia, la calidad y la creatividad.

Solo una práctica de oposición o antiplanificación puede abrir las puertas a la producción de diferencia. Tal práctica tiene que ser agresiva y contestataria e inscrita en una lucha de clases que abra nuevos espacios de posibilidad y genere nuevas prácticas donde el uso y la apropiación prevalezcan. El futuro no es un resultado mecánico de leyes subyacentes a la realidad ni de una racionalidad objetiva.

El futuro es lo que queremos las mayorías sociales. No se puede predecir o diseñar científicamente en una mesa de dibujar. Si bien podemos actuar guiados por lo que no queremos, sobre la base de aquello de lo que conocemos que nos aliena y de principios humanizantes, no podemos predecir cómo será ese futuro; pero si podemos construirlo a través de la eliminación en la práctica diaria lo que nos aliena.

En última instancia, la planificación urbana es un acto de poder. Entonces, podemos hablar de un poder que impone su agenda desde arriba, una negociación donde cada parte entra con la misma posibilidad de influir el resultado, o un ejercicio de contradicciones donde puede haber formaciones que incluyen varios sectores de clase bajo el control de una de ellas (ej. el clientelismo) o una lucha por imponer los intereses de una a las demás.

De hecho la planificación no ha logrado ni puede imponer un dominio absoluto de clase. La democracia liberal representativa ha propuesto una planificación con participación constreñida (planificación participativa) donde se manipulan los intereses de clase y donde se presentan muchas combinaciones. Para nuestro caso, la globalización neoliberal aparece como un nuevo absolutismo de clase apoyada en una maquinaria apabullante de propaganda e ideología (las virtudes del libre cambio y de la mal llamada democracia), un monopolio cada día más arraigado del poder represivo del Estado y la dictadura del mercado. Esta planificación ha sido devastadora para la ciudad colombiana y ha profundizado el sistema de transferencia de valor hacia fuera. Si Colombia quiere cambiar su destino tiene que desarrollar otra doctrina, otra práctica, y una planificación contestataria o alternativa a la que la globalización neoliberal impone.

En conclusión, señalemos, que la superación del largo conflicto armado colombiano y la construcción de la paz con las nuevas fuerzas sociales y políticas necesita de un vuelco absoluto en la situación de las ciudades y su desarrollo urbano.

Un paso en ese sentido sería la eliminación de las leyes sobre desarrollo urbano expedidas en los años recientes y la planificación del mismo recogida en los Planes de Ordenamiento Territorial/POT, hoy en su segunda generación, verdadera basura neoliberal, causante de la pobreza y segregación de millones de colombianos como lo estamos observando en Medellín, Bucaramanga, Bogotá, Barranquilla, Cali, Popayan, Villavicencio, Pereira, Cúcuta, etcétera.

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La economía mundial, condenada a crecer menos, según el FMI

Las economías avanzadas y emergentes crecerán durante los próximos cinco años a un ritmo muy inferior al registrado antes de la crisis. Es la consecuencia del derrumbe del sistema financiero hace seis años. Pero como señala el Fondo Monetario Internacional (FMI) en un estudio que acompañará al informe de perspectivas globales, también hacen de lastre en el crecimiento el envejecimiento de la población, un menor incremento de la productividad y la débil inversión privada. Todo esto implica que los tipos de interés seguirán bajos durante un tiempo.


A partir de ahí, los técnicos del Fondo hacen cálculos tomando como referencia a 16 países del G20. En los años previos a la Gran Recesión, el crecimiento potencial de las economías avanzadas llegó a estar en el 2,4%. De ahí se redujo hasta el 1,3% de media entre 2008 y 2014. El estudio muestra que hubo un repunte de dos décimas porcentuales en los dos últimos ejercicios, pero la proyección es que ronde solo el 1,6% de aquí a 2020.


Davide Furceri, responsable del informe, explicó después en rueda de prensa que "parte" de este descenso en el potencial de crecimiento en las economías avanzadas era "esperado" por factores demográficos y la caída en la innovación. De hecho, señala que empezó a bajar a mediados de la pasada década, "antes de la crisis financiera". Pero gran parte del problema está en el hecho de que la economía crece menos de lo esperado tras el colapso financiero.


Es lo que los economistas llaman el "nuevo normal". Los países emergentes, los que hicieron de flotador de la economía global durante la crisis, tampoco se escapan de la corrección. Si durante el periodo de expansión entre 2001 y 2007 su crecimiento potencial llegó al 7,4%, ahora se proyecta que siga cayendo, casi dos puntos, hasta el 5,2% de media para el periodo 2015 a 2020.


Las economías más punteras del mundo en desarrollo lograron mantener el crecimiento potencial en el 6,5% durante el periodo posterior a la crisis financiera, en gran medida porque se convirtieron en una alternativa para las inversiones. Pero durante los últimos dos años se observó ya un cambio de tendencia en el perfil de crecimiento de las economías emergentes, como advierte el Banco Mundial.


Envejecimiento de la población


Aunque los dos grupos son diferentes, hay elementos comunes que explican la reducción del crecimiento potencial. El más evidente es el "efecto negativo" vinculado a factores demográficos, y en concreto el envejecimiento de la población. El segundo, las trabas que afectan a la creación de capital y la inversión. Y tercero, un menor crecimiento de la productividad porque los avances tecnológicos y las posibilidades de mejora se acercan cada vez más al límite.


Este menor crecimiento a medio plazo, advierte el FMI, presenta un nuevo reto. Cita, en concreto, las dificultades para preservar la sostenibilidad de las cuentas públicas, es decir, complicará el recorte del déficit y la deuda. También anticipa que este bajo perfil de crecimiento provocará que los tipos de interés estén más bajos de lo normal y eso restará margen de maniobra a los bancos centrales al hacer frente a situaciones adversas.


"Elevar el crecimiento potencial debe ser una prioridad", reiteran los autores. El Fondo Monetario Internacional presentará en una semana sus previsiones de crecimiento, en vísperas de celebrar su cumbre semestral en Washington. El organismo insiste en la necesidad de apuntalar el crecimiento con reformas estructurales, a la vez que se invierte en innovación e infraestructuras.


Para apoyar esta idea, el FMI publica un estudio específico sobre la inversión privada en los países avanzados. La recuperación, señalan los relatores, ha sido "pequeña" tras la contracción del 25% que sufrió durante los años de la crisis financiera -en España se acercó al 40%. Es un síntoma, señala, de la debilidad que sigue sufriendo la economía. La baja demanda es un factor dominante.


También cita restricciones del lado financiero que hacen que las empresas se lo piensen antes de invertir. El Fondo identifica además como factor la incertidumbre política en algunos países del sur de Europa, entre los que cita a España. Por eso insiste en que es necesario un esfuerzo fiscal y monetario para apoyar el crecimiento y así elevar la inversión, aunque admite que será difícil que recupere la tendencia previa a la Gran Recesión.

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Migración indocumentada: El infierno del plan Frontera Sur y el Maya-Chortí

Comienza a salir a flote la burla política a la que muy bien se unió la mediatización oficial en Estados Unidos, México y Centroamérica, me refiero a aquella gran oleada de verano cuando de la nada explotó como bomba, que eran miles de niños, niñas y adolescentes centroamericanos los que viajan solos hacia Estados Unidos.

Y es que algo había bajo de agua porque desde siempre han sido miles los niños que cruzan la frontera sin la compañía de un adulto, ¿entonces por qué anunciarlo como urgencia y alarma nacional? Había algo ahí pero no se dejaba ver con claridad.

No ha pasado un año todavía y ya vemos el resultado de aquellas oratorias de Obama en cadena nacional y de sus reuniones con los presidentes de Guatemala, México, El Salvador y Honduras. De los reportajes exclusivos de las cadenas televisivas en español en Estados Unidos. Todo era parte de un plan que hoy está dejándose ver.

El primer golpe vino en julio del 2014 con la implementación del Plan Frontera Sur, en México, al que pintaron como el que buscaba evitar la trata de personas, los secuestros y las desapariciones de migrantes y darles un trato digno. Hablaron de visas humanitarias y de permisos de traslado. Hablaron de darle un fuerte golpe al narcotráfico.

Todo se quedó en el papel porque lo que hizo México fue recrudecer los asesinatos, criminalizar a los migrantes en tránsito. Con este Plan Frontera Sur que ordenó implementar Obama y que Estados Unidos está financiando, las autoridades mexicanas: policía, agentes de migración y ejército son las principales asesinas de migrantes. Las violaciones sexuales de niñas, adolescentes y mujeres se llevan a cabo en el propio Instituto Nacional de Migración. Son los policías los que asaltan el tren "La Bestia" y ahí mismo violan a cuanta mujer va en los vagones. Ahí mismo los asesinan. ¿Y quién les dice algo? ¿Qué ley los castiga? Ninguna.

Estos mismos después las entregan al crimen organizado para que las destroce en la trata de personas con fines de explotación sexual y en el tráfico de órganos. Son las autoridades mexicanas las que secuestran a los migrantes y piden el rescate a los familiares en Estados Unidos, después los desaparecen.

Lo despreciable de todo es que cuando se denuncian este tipo de fechorías, la impunidad y corrupción no permiten que avancen los procesos y estas mismas terminan atacando a los denunciantes que en la mayoría de casos son defensores de Derechos Humanos asesorando a los migrantes en tránsito. Ir al Ministerio Público y poner una denuncia es atentar contra su propia seguridad.

Los migrantes en tránsito en México son vistos como ladrones y violadores, eso piensa la sociedad civil que es apática al drama humano, eso piensan legisladores que promueven leyes en contra de migrantes. Un ejemplo crudo y doloroso pero real, lo que pasó con los 43 de Ayotzinapa es lo que sucede todos los días en México con los migrantes, son miles de desaparecidos y cientos los cuerpos encontrados en fosas clandestinas, pero como somos invisibles no hay quién diga algo.

El Plan Frontera Sur solo dio luz verde para que el narco-estado mexicano haga lo que se le plazca con los migrantes en tránsito. Esto lo sabe Obama que es el presidente que más ha deportado indocumentados en la historia del país. Y surge la pregunta: ¿es así como él pretende frenar la migración forzada, criminalizando migrantes? Las vidas de las personas en tránsito le importan un comino, por eso la Patrulla Fronteriza hace y deshace con ellas en las fronteras y en los centros de detención. Y aunque se denuncie no hay ley que proteja los Derechos Humanos de un indocumentado en Estados Unidos. Y en México, mucho menos.

Pero Obama no se conformó con las carnicerías que está realizando el narco-estado mexicano y las que hace la Patrulla Fronteriza en el sur de Estados Unidos, ahora pretende erradicar la migración forzada desde la raíz centroamericana, y esto financiando a los gobiernos dictatoriales de Guatemala y Honduras para implementar el plan Maya-Chortí, con el que también se criminaliza a los hermanos centroamericanos en su propia casa. Viene siendo entonces una extensión de lo que es México ahora mismo.

El plan Maya-Chortí tiene el mismo sistema de operación que el plan Frontera Sur, solo que éste abarcará 20 kilómetros del lado guatemalteco y 20 del lado hondureño. También están involucrados: el ejército, la policía, la inteligencia criminal, los ministerios públicos, las aduanas y migración.

Es inmoral e inhumano que estos gobiernos acepten atentar contra sus propios ciudadanos, estigmatizándolos de la misma forma en que lo hace México. Que no nos extrañe que entre Guatemala, El Salvador y Honduras comiencen a aparecer fosas clandestinas y que ahí se encuentren cuerpos de migrantes. Que no nos sorprenda que el tráfico de órganos de migrantes comience desde Centroamérica. Que la trata de personas que pretenden "atacar" sea la fuente de ingresos jugosos para los implicados en el tema justicia y protección de migrantes.

Eran esos planes nefastos los que se avecinaban cuando los gobiernos del país de origen, de tránsito y de llegada, lanzaron la bomba de los niños migrantes que viajan solos. De nuevo un doble juego de Obama y sus labias de orador celestial, no se puede criminalizar a quienes salen huyendo de sus países porque sus gobiernos no les ofrecen oportunidades de desarrollo.

Porque la extrema pobreza, porque la violencia sistematizada e institucional con la que estos mantienen en constante estado de terror a la ciudadanía, para sus exclusivos beneficios de tiranos saqueadores.

La migración centroamericana hacia Estados Unidos es y seguirá siendo forzada. Nadie arriesga su vida así porque sí. Los que nos vamos somos los parias. Si estuviéramos en India con su sistema de castas, diría que los que emigramos sin documentos somos los shudrás: ellos son los miembros de la cuarta y última casta de los peones que trabajan por comida y techo. Los invisibles de todas las causas sociales.

Una vez más Obama demuestra que no tiene la autoridad moral para hablar de Derechos Humanos, cuando deporta miles y aprueba y sufraga la mancilla de migrantes en tránsito en países como México y el triángulo norte de Centroamérica. Seguimos siendo los indocumentados los invisibles y los más golpeamos del drama de la migración forzada. Para otro día el tema de la
falacia de la acción ejecutiva de Obama, y la fallida reforma migratoria.

 

Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado.

Marzo 29 de 2015.

Estados Unidos.

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Turquía y los kurdos: un posible acuerdo

Parece que existe ahora una posibilidad real de llegar a un acuerdo entre el gobierno turco y el Partido de Trabajadores de Kurdistán (PKK, por sus siglas en kurdo), que pondría fin a la fiera lucha que data cuando menos del momento en que se estableciera la República Turca en 1923.


El punto ha sido bastante directo desde un principio. En la ola del colapso del imperio otomano, un grupo de nacionalistas turcos, encabezados por Mustafá Kemal (Ataturk), tomó el poder y estableció una república laica, cuyas fronteras incluían esencialmente las áreas conocidas como Anatolia y Tracia. Como la mayoría de los nacionalistas, al asumir el poder el grupo era jacobino en su ideología. Habían establecido una república de los turcos y básicamente sólo para los turcos.


Los conflictos étnicos con los armenios son bien conocidos y, por supuesto, están sujetos a un debate interminable acerca de lo que en realidad ocurrió. Hoy, casi todos los analistas en el mundo piensan que la versión armenia de esta historia es más cercana a lo ocurrido y consideran que en efecto tuvo lugar un proceso de limpieza étnica.


Las poblaciones hablantes de kurdo se encuentran hoy en cuatro Estados diferentes –Turquía, Siria, Irak e Irán. Los nacionalistas kurdos han buscado conseguir durante mucho tiempo alguna suerte de Estado kurdo combinando los grupos existentes en los cuatro Estados. Hasta ahora, este intento no ha tenido éxito y los nacionalistas kurdos en los cuatro países han reorientado sus objetivos hacia lograr una autonomía significativa al interior de cada uno de los cuatro Estados.


En el caso de Turquía, los hablantes del kurdo se concentraron en la esquina sudeste del Estado turco. En 1976, la bandera del nacionalismo kurdo la asumió el PKK, que se presentaba así mismo como un movimiento marxista-leninista listo a involucrarse en una insurrección contra el gobierno turco, que no estaba dispuesto a otorgar ningún derecho político, cultural o lingüístico a los hablantes del kurdo. De hecho, el gobierno turco se negó a reconocer la mera existencia de los kurdos, nombrándolos turcos de las montañas. Se desató una lucha militar continuada entre el gobierno turco y el PKK.


En 1999, el líder del PKK, Abdallah Ocalan, fue capturado por el gobierno turco con la ayuda de la CIA. Se le sometió a juicio por traición y terrorismo, y se le condenó a muerte. La sentencia se conmutó después a cadena perpetua y aislamiento total en una prisión isleña. Desde entonces, la visión del mundo que tenía Ocalan evolucionó. Dejó de creer que el marxismo-leninismo debería organizar la ideología del PKK. Durante ese mismo tiempo, varios grupos del PKK continuaron la lucha armada.


En 2002, un partido político islamita, hoy conocido como AKP, llegó al poder en Turquía, derrocó a los nacionalistas laicos que habían dominado por largo tiempo el Parlamento y hostigó a los líderes militares que estaban comprometidos con un estricto secularismo. El líder del AKP, Recep Erdogan, ha logrado ganar tres veces consecutivas las elecciones, con lo que el AKP parece ahora seguro en el control político del Estado.


Para sorpresa de todo mundo, en 2012 Erdogan comenzó negociaciones (en un inicio secretas) con el PKK y, por tanto, con Ocalan. Ambos bandos han estado debatiendo lo que podría ser una resolución aceptable del conflicto y de las diferencias mantenidas por largo tiempo en torno a los derechos kurdos y su autonomía. Lo que parece haber impelido este intento por arribar a un arreglo político es la sensación que ambos lados comenzaron a tener de que ninguno era capaz de ganar la lucha armada claramente. Como en otras guerras civiles, el elemento del cansancio comenzó a impulsar a las fuerzas rivales a considerar algún tipo de arreglo.


Los compromisos siempre son dolorosos y siempre hay militantes que los encuentran inaceptables. Las preguntas estándar son qué es lo que cada bando obtendría en el acuerdo en perspectiva y el grado en que podrán contar con el respaldo de su base política.


Con el fin de avanzar, Turquía debe adoptar una nueva Constitución. El AKP está ansioso de expandir considerablemente el poder del presidente, a lo que los otros partidos se oponen.


El PKK está ansioso de incluir en esa nueva Constitución varias cláusulas que reconozcan a los kurdos como un pueblo con derechos iguales a los de los turcos. El PKK quiere alguna formulación en la Constitución que reconozca a los kurdos como pueblo cofundador de la moderna Turquía.


Un punto difícil de resolver en detalle es el cese de las hostilidades. El gobierno turco y el PKK han accedido a la retirada de las fuerzas armadas del PKK hacia la región autónoma kurda en Irak. Esta retirada ya comenzó. Pero no existe aún un desarme, y las unidades del PKK no intentan desarmarse hasta no ver que se logre un progreso más concreto. La posibilidad de que a Ocalan se le permita remitir su custodia actual a su propio hogar en Turquía está en discusión y parece probable.


Lo urgente para el PKK, y un logro significativo, sería el reconocimiento de los derechos kurdos, aunque el término autonomía no quedara incluido. Lo urgente para el AKP es que si adoptar una nueva Constitución tiene que alcanzar el 75 por ciento necesario en el Parlamento y para ello podría requerir los votos del miembros kurdos del Parlamento.


Así que, entre tanta precaución y sospechas mutuas que no han cesado, ambos bandos se acercan significativamente a un arreglo. Con alguna dificultad, Ocalan podría pactar con sus bases los arreglos en perspectiva. Si el arreglo sigue avante, los kurdos lograrán derechos culturales y lingüísticos. Seguirá por verse qué tanto mejora la situación económica de los kurdos ordinarios.


Traducción: Ramón Vera Herrera

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