Trump anuncia el acuerdo entre Israel y Emiratos Arabes Unidos en el Salón Oval de la Casa Blanca.  ________________________________________ Imagen: AFP

El entendimiento calificado de "histórico" fue anunciado por Estados Unidos

El primer ministro Benjamin Netanyahu aseguró sin embargo que Israel no renunció a sus planes de anexión, sino que se trata simplemente de una "suspensión temporal".

 

Israel y Emiratos Árabes Unidos llegaron a un acuerdo de paz que ambas partes calificaron de "histórico" y que conducirá a una total normalización de las relaciones diplomáticas entre ambas naciones. En la negociación fue clave el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Por el acuerdo, las autoridades israelíes se comprometieron a frenar la anexión de territorio palestino ocupado, una de las medidas dispuestas en el polémico "plan de paz"  presentado por el gobierno estadounidense en febrero. Pero el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, aseguró que su país no renunció al plan de anexión, condenado por buena parte de la comunidad internacional, sino que se trata simplemente de una "suspensión temporal". 

El entendimiento se selló en una llamada telefónica mantenida el jueves entre Trump, Netanyahu y el jeque Mohammed Bin Zayed, príncipe heredero de Abu Dhabi. Los palestinos salieron al cruce y le reprocharon a Emiratos Árabes Unidos el acuerdo con Israel. Consideraron que "no ayuda a la causa palestina" y representa un "cheque en blanco" para seguir adelante con la ocupación israelí. Desde su fundación en 1948, el Estado de Israel solo fue reconocido por dos países árabes de Medio Oriente: Egipto y Jordania. 

Luego de meses de creciente tensión en el conflicto con los palestinos por el reconocimiento de Estados Unidos a Jerusalén como la capital de Israel y la discusión sobre una posible anexión de parte de la ocupada Cisjordania, Trump consiguió el primer reconocimiento oficial de Israel en décadas en la región. "¡Enorme logro hoy! Un histórico acuerdo de paz entre dos grandes amigos, Israel y Emiratos Árabes Unidos", celebró el mandatario en Twitter.

"El presidente Donald Trump, el primer ministro Benjamin Netanyahu de Israel y el sheik Mohammed bin Zayed, príncipe de Abu Dhabi y vicecomandante supremo de los Emiratos Árabes Unidos, hablaron hoy y acordaron la normalización total de las relaciones entre Israel y Emiratos Árabes Unidos", refleja el comunicado conjunto difundido por la Casa Blanca. El texto adelanta que delegados de ambos países se reunirán en las próximas semanas para firmar acuerdos bilaterales y también destaca "el establecimiento de embajadas recíprocas".

"Israel dejará de declarar su soberanía sobre las áreas presentadas por la Visión de Paz del presidente (Donald Trump) y enfocará sus esfuerzos en expandir sus vínculos con otros países en el mundo árabe y musulmán", asegura el comunicado. La llamada Visión de Paz no es ni más ni menos que el plan presentado en febrero por el presidente estadounidense, elaborado por su yerno y asesor, Jared Kushner, que da luz verde a Israel para que avance en la anexión de partes de Cisjordania

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Anexión sobre la mesa

 

Pese a la suspensión temporal de la medida que generó un fuerte rechazo a nivel mundial, el primer ministro israelí aseguró que los planes de anexión de parte de la Cisjordania ocupada se mantienen vigentes. "La aplicación de la soberanía sobre la Judea y Samaria (nombre bíblico de Cisjordania) está sobre la mesa", dijo Netanyahu y aclaró que se trata de una decisión "temporal" pero que "no está anulada", en declaraciones oficiales transmitidas por la televisión local.

Por su parte, el titular de Defensa y socio de la coalición de gobierno, Benny Gantz, llamó a otras naciones árabes a "promover las relaciones diplomáticas en acuerdos de paz" adicionales. "Aplaudo este importante y significativo acuerdo, primero y sobre todo, al presidente Donald Trump, un verdadero amigo de Israel", manifestó Gantz a través de un comunicado. El titular de la cartera de Relaciones Exteriores, Gabi Azkhenazi, se expresó en los mismos términos acerca de un acuerdo que, en su opinión, ofrecerá "oportunidades para futuros pactos".

Dsde Emiratos Árabes Unidos, como era de esperar, también celebraron el entendimiento con Israel. El viceministro de Exteriores, Anwar Gargash, afirmó que la "valiente iniciativa" de normalizar las relaciones con Israel busca reconducir el proceso de paz entre palestinos e israelíes y la posibilidad de que se cree un Estado palestino. En su cuenta de Twitter, Gargash dijo que este paso busca "preservar las posibilidades de la solución de los dos Estados", uno palestino que conviva en paz con el estado de Israel.

Emiratos Árabes es el tercer país que establece relaciones diplomáticas con Israel, después de que Egipto firmara un acuerdo de paz con el país vecino en 1979 y Jordania hiciera lo mismo en 1994, lo que abrió la puerta a la normalización de las relaciones tras las guerras árabe-israelíes de 1967 y 1973.

 

"No somos la hoja de parra de nadie"

 

Desde territorio palestino no compartieron el entusiasmo desplegado por estadounidenses, israelíes y emiratíes. La Autoridad Palestina presidida por Mahmud Abbas calificó de "traición" a la causa palestina el acuerdo entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos y pidió una reunión de emergencia de la Liga Árabe. 

"Rechazamos y condenamos este acuerdo. No ayuda a la causa palestina sino que es visto como la continuación de la negación de los derechos del pueblo palestino", aseguró por su parte Hazem Qassem, vocero del movimiento Hamas, que hace más de diez años controla la Franja de Gaza. "Esto alienta a la ocupación israelí a continuar negando los derechos de nuestro pueblo palestino y a aumentar sus agresiones contra nosotros", agregó Qassem desde el enclave costero.

Hanan Ashrawi, miembro del Comité Ejecutivo de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), le reprochó a Emiratos Árabes Unidos el acuerdo diplomático con Israel. "Los Emiratos sacaron a la luz sus tratos secretos con Israel. Por favor, no nos hagan ningún favor. No somos la hoja de parra de nadie", publicó Ashrawi en su cuenta de Twitter.

Ashrawi también se refirió a la larga ocupación israelí sobre territorio palestino que comenzó en 1967. "Que nunca experimente la agonía de que le roben su país; que nunca sienta el dolor de vivir en cautiverio bajo una ocupación; que nunca sea testigo de la demolición de su casa o del asesinato de sus seres queridos", respondió la activista de la OLP al jeque emiratí Mohamed bin Zayed, que celebró el acuerdo en sus redes sociales.

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Miembros de la comisión electoral se preparan en Minsk para la jornada anticipada de las elecciones presidenciales en Bielorrusia. EFE/EPA/TATYANA ZENKOVICH

El régimen está en modo supervivencia y decidido a reprimir las protestas, incluso si tiene que derramar sangre en las calles

 

En el barrio residencial de Minsk donde me encuentro escribiendo este artículo se oye el incesante pitido de los cláxones de los coches. El sonido expresa la protesta popular en la capital de Bielorrusia contra Alexander Lukashenko y su deseo de permanecer en el poder, sumando otro mandato presidencial a un gobierno que cumple ya 26 años.

El domingo, cuando la Comisión Electoral Central anunció los resultados provisionales que indicaban un "elegante triunfo" de Lukashenko, con casi el 80% de los votos, la gente salió a las calles a defender sus votos por la candidata de la oposición, Svetlana Tikhanovskaya, que oficialmente sólo obtuvo alrededor del 10%.

Mientras los números oficiales dan una clara victoria a Lukashenko, sondeos independientes realizados a pie de urna revelaron resultados llamativamente diferentes: le daban casi el 80% de los votos a Tikhanovskaya y menos del 10% al presidente en funciones. La diferencia entre ambos recuentos, sumado a que a los observadores independientes se les prohibió quedarse en los centros de votación, generaron reacciones sin precedentes en el país.

Decenas de miles de personas se reunieron en las calles de Minsk, unidos por una simple consigna: "¡Vete!". En respuesta, los siloviki  –fuerzas de seguridad especiales del Estado– dispersaron las multitudes de forma violenta, arrestando a unas 3.000 personas la primera noche e hiriendo a cientos de manifestantes. Algo especialmente llamativo es que se realizaron protestas a lo largo y ancho de todo el país. Esta no es la reacción de un pequeño grupo de progresistas carente de representación.

Hace dos días que está bloqueado el acceso a internet. Ni siquiera funcionan bien los métodos alternativos, como las VPN (esto ya había sucedido la noche de las elecciones en 2010 y esporádicamente durante la campaña electoral de 2020). El lunes por la tarde los manifestantes ––muchos de ellos confiando en información encriptada por la aplicación Telegram– seguían intentando tomar las calles. Gracias a momentos de conectividad, se pudieron leer informaciones en Telegram que advertían que estaban entrando a la ciudad camiones militares y equipo militar adicional.

El plan de Lukashenko para permanecer en el poder se está desmoronando. En un discurso reciente ha advertido a toda la nación que no piensa "entregar el país". Tanto él como los otros miembros de su Gobierno saben que si dejan el poder ahora, serán perseguidos por las numerosas violaciones a los estándares democráticos y a los derechos humanos que han cometido, como el referéndum inconstitucional que permitió a Lukashenko presentarse como candidato a presidente de forma ilimitada; la desaparición de opositores en los años 90; y el encarcelamiento de todo aquel que se atreviera a cuestionar su autoridad, entre otras. Además, el pueblo se sentiría libre de analizar lo que ha sucedido en los últimos 26 años. El régimen está en modo supervivencia: están decididos a reprimir las protestas, incluso si tienen que derramar sangre en las calles.

Aunque Lukashenko todavía tiene poder sobre el aparato represivo del Estado –como ha demostrado la imagen de los siloviki metiendo manifestantes desarmados en camiones a plena luz del día– y sigue teniendo influencia sobre los empleados del sector público que trabajan en las comisiones electorales, ya hay señales de grietas dentro del sistema.

Varios centros de votación, tanto en Bielorrusia como fuera del país, informaron que sus recuentos de votos daban un triunfo de Tikhanovskaya sobre Lukashenko. La propia Tsikhanouskaya declaró a Associated Press que su equipo tenía pruebas de que hay muchos centros de votación "donde la cantidad de votos a [su] favor multiplicaba los votos a favor del otro candidato".

Algunas informaciones indican que la noche del domingo la policía apareció en algunos centros de votación y obligó a las comisiones a informar los resultados 'correctos'. Además, aunque muchos de los siloviki que estaban ayer en las calles reprimieron a los manifestantes, otros se negaron a participar en la represión. Estos son hechos sin precedentes en el país.

Otro motivo de inspiración para los manifestantes y aquellos que se oponen al régimen desde dentro (en las comisiones electorales y la policía) es la creciente consolidación de la sociedad civil. Los bielorrusos, aquellos que viven en el país y los de la diáspora, ya han metido la mano en el bolsillo para colaborar colectivamente con las personas detenidas y reprimidas.

Estamos en un punto de inflexión. Lukashenko tiene pocas opciones, más allá de aferrarse al poder, lo cual abre la puerta a más violencia estatal contra el pueblo. Al mismo tiempo, nunca antes ha habido este tipo de protestas contra lo insoportable que es la vida bajo el régimen de Lukashenko. Incluso si logra reprimir las protestas de los próximos días, la sociedad bielorrusa ya ha despertado hacia una lucha por la libertad que ha llegado para quedarse.

Por Katsiaryna Shmatsina investigadora del Instituto Bielorruso de Estudios Estratégicos.

11 de agosto de 2020 22:07h

 

Traducido por Lucía Balducci

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Lunes, 10 Agosto 2020 06:12

El nuevo WikiLeaks

El nuevo WikiLeaks

Exclusivo: Lorax Horne, de la organización DDoSecrets

Es periodista y activista trans, de madre argentina. Trabajó con Julian Assange, pero ahora integra un desprendimiento de aquella organización. Ya sacudió a los EE.UU. al publicar documentos del FBI y la Policía. Aquí explica cómo es el nuevo sitio que divulga información secreta.

 

Lorax Horne nació en Canadá hace 34 años. Vive sobre la costa atlántica, en Halifax, Nueva Escocia. Periodista y activista trans, pertenece a la organización DDoSecrets que difundió en junio pasado documentos confidenciales sobre el FBI y distintas policías de los Estados Unidos. Su madre argentina y la etapa colegial que pasó en Ecuador le permitieron dominar el español aun cuando se le note su acento agringado. Trabajó en WikiLeaks, de donde se fue por diferencias en la exposición de papers sobre Rusia y Siria que según dice se pretendían ocultar. Tiempo después se sumó a su nuevo lugar en el mundo virtual. El espacio de divulgación de información secreta y no tanto donde ahora trabaja codo a codo con la estadounidense Emma Best, cofundadora de la plataforma con otro militante global. Todos se hicieron conocer de a poco con informes como los BlueLeaks --las filtraciones policiales en EEUU-- y casi un millón de papeles del Registro Mercantil de las islas Bahamas que les proveyeron a la revista alemana Der Spiegel y a EIC (European Investigative Collaborations) para su publicación. Horne dio un taller para periodistas en la franja de Gaza en 2016 y ha marchado en distintas ciudades bajo la consigna “el periodismo no es un crimen”. El colectivo en el que se desempeña como editor ejecutivo posee archivos sobre distintos países, organismos de Seguridad de esos Estados y diversas corporaciones. Son tantos y con temas tan espinosos que el gobierno alemán les canceló la cuenta de Twitter desde donde difundían las informaciones que obtenían de distintas fuentes como ciberactivistas, hackers y la ya emblemática Anonymus.

--¿Qué es Distributed Denial of Secrets (DDoS)?

--Somos un grupo que publica datos que creemos relevantes, que muchas veces caen dentro de las categorías que son leaks o hacks aunque también publicamos datos que no son ni leaks ni hacks. Nos definimos como una biblioteca de este tipo de datos y lo que nos separa de los periodistas con los que trabajamos es que podemos publicar todo lo que nos llega e intentamos no imponerles nuestros propios criterios. Tratamos de hacer que estén disponibles los datos que nos parecen de interés público. WikiLeaks es un precedente importante y nosotros queremos mejorar el modelo o tratar de ser un poco más adaptados a la realidad o a los problemas que se nos vienen. No tenemos un buzón encriptado en nuestro sitio web que dice “mándanos acá los datos”. Tenemos políticas de comunicación segura y nos adaptamos al panorama como se nos presente. Ahora estamos viviendo esta censura en Twitter y hasta nuestro sitio web ha tenido problemas como la confiscación del servidor en Alemania. Pero tratamos de seguir. Los datos ya están liberados y no nos importa si la gente los encuentra específicamente en nuestro sitio web con tal de que puedan acceder y usar nuestra información.

--¿Nos puede describir un ejemplo?

--De la computadora de Thomas Hofeller, un activista conservador muy influyente en las redes y destacado estratega republicano que armaba mapas electorales con preguntas inducidas para favorecer a su partido en los censos, supimos cómo hacía para influir en las posibilidades electorales. Había montado un operativo ilegal, pero se murió y quedó su computadora llena de datos acerca del rol que él había tenido en construir este mapa electoral favorable al Partido Republicano. Su hija Stephanie heredó sus archivos y resultó que tenía un sentimiento político diferente y entonces soltó estos datos para informar al público y para, digamos, enriquecer el panorama de la información pública. Esto es un ejemplo de las informaciones que nosotros recibimos y que por importantes queremos incluirlas en nuestro archivo.

--¿Cómo nació DDoS? ¿En qué momento y por qué circunstancias?

--Emma Best cofunda DDoSecrets en 2018 y ocurre en un momento en el cual existían preguntas importantes acerca del seguimiento de WikiLeaks. Creo que yo me involucré de hecho, inicié mi involucramiento en la junta como directivo que es un esquema que Emma Best instituyó temprano. Así fue como empecé en la junta, aunque no con un compromiso en el día a día, no veíamos los datos, sino que Emma nos consultaba para que le diéramos consejos. DDoSecrets es un colectivo bastante horizontal y buscamos cómo compartir el trabajo del grupo. Somos pequeños, menos de 20 personas en total y esa es la historia de cómo comenzó todo para mí en la organización.

--¿Pasó de WikiLeaks a DDoSecrets directamente?

--Pasé muchos años tratando de ayudar a WikiLeaks, tratando de involucrarme en la organización, incluso me mudé a Alemania un tiempo cuando mi situación política en Ecuador no fue muy buena. Yo publiqué un reportaje en Newsweek acerca de una matanza de indígenas en la Amazonia, que no le gustó mucho al presidente Rafael Correa y se tornó políticamente peligroso para mí permanecer en el país. Entonces viví en Alemania unos años entre 2014 y 2016. Vi de cerca a WikiLeaks en Berlín y como operador creo que saqué algunas lecciones de ahí, acerca de cómo poder compartir más este trabajo con gente del sur. De hecho ése es un problema que me ha interesado mucho y le agradezco esta entrevista porque es verdad lo que me indicó: en la Argentina no se habla de DDoSecrets o se desconoce la existencia de ella.

--¿Emma Best se peleó con Julian Assange en 2016 como sugiere alguna crónica que hay por internet y por eso ella creó DDoSecrets?

--Tuvo varias diferencias con WikiLeaks sobre cosas que ellos decidieron no publicar y que el argumento para no publicar no nos convencía a nosotros acerca de documentos de Rusia y de Siria que no estábamos de acuerdo en ocultar. Esa es alguna de las diferencias que Emma ha tenido específicamente pero creo que hay otras personas dentro de nuestro grupo que hemos tenido diferencias en experiencias con WikiLeaks y ditintos aprendizajes, porque yo creo que no existiríamos sin WikiLeaks, pero también nuestro afán es hacernos diferentes.

--Edward Snowden como Emma Best han pertenecido al aparato de inteligencia de EE.UU. ¿Que se hayan alejado e incluso hoy sean perseguidos, se trata de dos casos aislados o cree que se va a replicar esta conducta en el futuro, por gente que se decepciona trabajando para las cloacas del Estado en EE.UU.?

--Creo que es lo que estamos viendo, se trata de esta conversación acerca del rol que tienen las fuerzas policiales, algo que es bastante habitual. Admiro mucho a Emma por el hecho de que pudo reconocer que estaba mal lo que estaba haciendo y que quería cambiar su vida radicalmente y salió de los entes gubernamentales para tener esta carrera, que ya venía de antes porque Emma suelta información de dominio público muchísimo antes de DDoSecrets. Emma publica en un sitio web que ayuda a ciudadanos a meter formularios de información pública, se llama Información en Estados Unidos, y lo hace con datos del gobierno cuando los consigue para que cualquiera los pueda usar, cualquiera pueda escribir un libro acerca de esos elementos comprobados. Entonces por supuesto que sí, estamos viendo a personas, jóvenes que estamos cuestionando estas estructuras de poder muy concentradas. De hecho en el 2001 cuando las Torres Gemelas cayeron yo estaba en el colegio americano en Ecuador y WikiLeaks buscaba al hombre fuerte de Rafael Correa para protegerle en la pelea con Estados Unidos.

--¿Quiénes son los proveedores de contenidos de ustedes? ¿Van desde Anonymus hasta la hija de un político republicano como el que mencionó: Thomas Hofeller?

--Sí, cada base de datos que publicamos tiene fuentes diferentes y eso esperamos que nos pueda proteger en el sentido de defender como colectivo periodístico nuestro trabajo.

--Lorax, ¿qué les preocupa más, los gobiernos o las grandes corporaciones?

--Buena pregunta. Yo diría, hablando por mí, que me preocupan las corporaciones, me parece que tienen menos controles, menos estructura de revisión. Los gobiernos también son bastante peligrosos. Estamos viendo ahora el peligro de hacer enemigos en el gobierno de Estados Unidos que es muy poderoso actualmente, pero es una pregunta muy difícil. Lo que me preocupa a mí son las conexiones entre las corporaciones y los gobiernos. En los EE.UU. vemos estas conversaciones entre las grandes compañías de tecnología que se han desplegado por el mundo.

--¿O sea que las grandes corporaciones están menos sometidas al escrutinio público?

--Estamos menos acostumbrados a cuestionarlas, creo que los gobiernos están acostumbrados a que los tengan bajo la lupa y en cambio las empresas por cómo se constituyen son mucho más opacas.

Y a propósito de lo que dice de cómo se constituyen, muchas se constituyen en paraísos fiscales, lugares off shore.

--¿Y qué se puede hacer contra eso? ¿Qué dificultades han encontrado ustedes como colectivo para obtener información de corporaciones en paraísos fiscales?

--Es dificilísima esta labor, hemos hecho investigaciones acerca de paraísos fiscales como las Bahamas, hemos soltado a consulta pública el Registro Mercantil de Bahamas hasta 2016 o 2018. Pero la labor de investigar paraísos fiscales requiere que los periodistas crucen fronteras para que puedan entender de cosas muy pequeñas como la Ley Marítima. Por ejemplo, en Bahamas hay registradas empresas que son de estos cruceros que viajan por el mundo, entonces un periodista que está en un país para investigarlos tiene que trasladarse por todos lados y es muy costoso. Yo creo que los periodistas tenemos tiempo limitado. La necesidad de estar conectados a la realidad y al público y meternos donde nos vamos a demorar un mes en ver qué es lo más importante, no nos llama tanto la atención. Es más fácil si escribo otra nota en vez de investigar los cruceros de las Bahamas. Entonces nosotros luchamos en contra de esto. Buscamos maneras de atacar los temas y estamos siempre abiertos a escuchar las sugerencias de las personas que lo hacen día a día.

--A Estados Unidos se la empezó a llamar la nueva Suiza, porque muchas cuentas de grandes empresarios poderosos que estaban en el país europeo, por ejemplo, comenzaron a trasladarse a Delawere, a Nevada, a Florida. ¿Coincide con que EE.UU. se está convirtiendo en un gran paraíso fiscal, el más importante de todos?

--Es completamente verdad. Estados Unidos está constituyéndose, como menciona en esos estados específicos, en un paraíso fiscal. Tenemos un miembro de nuestro colectivo que también está tratando de traer esta ONG a los EE.UU. para sacar una ley, un registro de que se deba nombrar a los realmente beneficiarios, a los dueños que se benefician de una empresa y tratar de derrotar a estos paraísos fiscales en los Estados Unidos. El problema es que EE.UU. es tan grande y a diferencia de Suiza, para constituirse como sociedad uno tiene que declarar impuestos, ir a la agencia de declaración de renta federal que tiene esta reputación de ser potente e independiente. Yo no sé si esta reputación actual es merecida o bajo Trump todo ha cambiado un poco hacia lo completamente impredecible. Es un momento interesante.

--Hay una versión que menciona por qué habría ocurrido lo de los Panamá Papers. Consiste en que se metieron en las oficinas de Mossack Fonseca en Panamá con la finalidad de desprestigiar a ese país como paraíso fiscal y que los dueños de esos capitales temiendo por su seguridad fueron a parar a Estados Unidos.

--No había oído de eso. Lo que sí hemos visto es que los clientes de Mossack Fonseca una vez que Panamá perdió su privacidad, simplemente se movieron a otro lado. Sí es posible que EE.UU. quiera ser un paraíso fiscal del mundo y que ésa sea la meta de Trump. Yo creo que es de esos industrialistas corruptos por generaciones, y puede ser que tenga mucha gente alrededor que esté preparando eso, pero lo que diría es que la gente tiene que estar atenta a lo que están haciendo estas empresas y al dinero. EE.UU. es uno de los peores países. Brasil no está muy detrás. Tenemos que cuestionar urgentemente a cualquiera que nos diga que la salud se debe vender y que el agua líquida se debe vender, el aire se debe vender; es como que no, hay que detener esa lógica. Yo sí me identifico como anticapitalista y esta es la labor que hace DDoSecrets. Por eso liberamos documentos, somos anticapitalistas en el sentido de que los datos están comercializados y que tenemos empresas constituidas de golpe, que toda su materia prima son datos. No han construido nada y son datos lo que venden y los que les dan ganancias. Soltamos un tuit en febrero diciendo que íbamos a priorizar datos acerca de la policía. Esto es algo que cualquier periodista hubiera hecho. Vemos estos movimientos sociales y vamos a difundir esto. Porque es muy peligroso para nosotros que se nos tilde de vulneradores de sistemas, el hecho de que tengamos la prioridad de publicar datos de relevancia pública y que nuestros métodos para comunicarnos con hackers seguros no significa que estemos hackeando ni que sea nuestra prioridad. Nuestra prioridad es publicar y hacer que los datos estén disponibles y sean públicos.

--Aquí en América Latina siempre hemos sido víctimas de dictaduras genocidas. La CIA tiene mucho que ver con apoyar a esos régimenes políticos. ¿No les resultaría interesante conseguir desclasificar documentos en EE.UU. antes de 30 años para investigar los crímenes de guerra o los crímenes en general de un gobierno?

--Esta experiencia de haber estado adentro y de haber salido creo que es una experiencia imprescindible. A mí cuando me pongo a escribir acerca de los documentos de la seguridad de los EE.UU. tengo que mirar las palabras clave que significan estas siglas, pero Emma ya lo tiene todo presente, qué significan las siglas. Estos datos que soltamos de Blue Leaks vienen de centros de difusión que se crearon después del 2001 para tratar de coordinar inteligencia entre Estados y entre departamentos de policía federales y locales pero de verdad que lo que han estado investigando son grupos políticos y los peligros reales no han sido tan de interés para la policía. Creo que esto nos enseña algo acerca de las prioridades que tienen estas entidades. Nosotros en Latinoamérica hemos visto esa cara de los EE.UU. desde hace muchísimo tiempo, pero ahora lo están viendo en las calles de Estados Unidos y hay que señalarles lo que está pasando porque cuando le pasa a Ecuador o le pasa a Argentina les parece muy lejos, ¿no?

--¿Han sufrido persecución más allá del bloqueo a la cuenta de Twitter en Alemania? ¿Emma Best corre peligro en EEUU?

--Sí, hemos visto algunas cosas. Hay algo que me pasó a mí que no estaba seguro si atribuirlo a esta confiscación de la cuenta en Alemania. Alguien vandalizó mi carro. Era un vandalismo muy específico pero no sé si es exactamente esto. La confiscación del servidor preocupa porque significa que están investigándonos a nosotros porque están tratando de seguir la pista y de sacar fuentes de los periodistas en vez de estar pendientes de los problemas de los crímenes que cometieron los policías. Emma sí está preocupada, esta preparándose para un futuro en el que quizás este separada de la computadora o esté peleando su caso desde la prisión, estamos preparados para eso. Porque no sabemos qué va a pasar en las elecciones. Si Trump ganara otra vez puede ser que el periodismo pierda la protección de la Constitución de los EE.UU. y no sé en la organización si continuaríamos de igual manera o haremos otra cosa. Pero sí, definitivamente estamos preocupados.

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La COVID-19 podría cambiar totalmente la geopolítica

O cambia todo (o no cambia nada)

No confío en Vd.

No se lo tome como algo personal. No me importa que sea amigo o extraño. No me importa su identidad o su ideología política, dónde trabaja ni si trabaja, si usa mascarilla o lleva pistola.

No confío en Vd. porque es, de momento, un posible portador de un virus mortal. ¿No tiene ningún síntoma? Quizás sea un superpropagador asintomático. Aunque me muestre los resultados negativos de su prueba, seguiré teniendo dudas. No tengo ni idea de lo que ha estado haciendo desde que le tomaron la muestra y recibió los resultados. Además, ¿podemos confiar de verdad en que la prueba es precisa?

Francamente, Vd. no debería confiar en mí por las mismas razones. Ni siquiera estoy seguro de poder confiar en mí mismo. ¿Acaso no me toqué la cara en el supermercado después de palpar los aguacates?

Estoy aprendiendo a vivir con esta desconfianza. Me mantengo alejado de otras personas. Estoy usando mascarilla. Me estoy lavando las manos. No estoy acudiendo a los bares.

Sin embargo, no estoy seguro de que la sociedad pueda vivir con este nivel de cosas. Afrontemos la realidad: la confianza hace girar el mundo. Las protestas estallan cuando se viola nuestra fe en las personas o en las instituciones: cuando no podemos confiar en la policía (#BlackLivesMatter), cuando no podemos confiar en los colegas varones (#MeToo), cuando no podemos confiar en que el sistema económico actúe con un mínimo de justicia (#OccupyWallStreet), o cuando no podemos confiar en que nuestro gobierno haga algo correctamente (#notmypresident).

Todo esto arroja ahora un asesino silencioso y oculto en esta mezcla combustible de desconfianza, ira y consternación. Es suficiente para desgarrar un país, para lanzar un vecino contra otro vecino y a un gobernador contra otro gobernador, para precipitar una guerra civil entre enmascarados y desenmascarados.

Esos problemas solo se multiplican a nivel global donde la desconfianza impregna ya el sistema: conflictos militares, guerras comerciales, luchas contra la migración y la corrupción. Por supuesto, también ha habido suficiente confianza para mantener en marcha la economía global, las negociaciones de los diplomáticos, el funcionamiento de las organizaciones internacionales, evitando así que el planeta se salga de control. Pero la pandemia puede sacar de su eje todo ese mundo conocido.

Soy muy consciente del debate en curso entre las facciones del “no mucho” y “todo”. Una vez que una vacuna lo elimine de nuestro sistema, el coronavirus podría no tener un efecto duradero en nuestro mundo. Incluso sin vacuna, las personas no pueden esperar para volver a la vida normal saltando a las piscinas, yendo al cine, asistiendo a fiestas, incluso en Estados Unidos, donde los casos continúan aumentando de forma espectacular. La epidemia de gripe de 1918-1919, que se cree mató al menos a 50 millones de personas, no cambió fundamentalmente la vida cotidiana, aparte de impulsar la medicina alternativa y socializada. Esa gripe salió de nuestra mente hacia la historia y, por supuesto, igual podría ocurrir con la COVID-19.

O bien, al igual que la peste negra en el siglo XIV separó el mundo medieval de todo lo que siguió, esta pandemia podría trazar un antes y un después en nuestra historia. Imaginemos que este nuevo virus sigue circulando y volviendo a circular, que nadie adquiere inmunidad permanente, que se convierte en una nueva y desagradable adición a la estación fría, excepto que solo mata a un par de personas de cada cien que lo contraen. Esta nueva normalidad sería ciertamente mejor que si el virus del Ébola, con una tasa de mortalidad del 50% si no se trata, se convirtiera en un riesgo perenne en todas partes. Pero incluso con una tasa de mortalidad de un dígito bajo, la COVID-19 lo cambiaría necesariamente todo.

Los medios de comunicación están llenos de especulaciones sobre cómo será el futuro con una pandemia periódica. El fin del teatro y de los deportes de espectadores. La institucionalización del aprendizaje a distancia. La muerte de oficinas y locales comerciales.

Pero echemos un vistazo un poco más allá, a un panorama más amplio. Consideremos por un momento el impacto de esta nueva potente desconfianza en las relaciones internacionales.

El futuro del Estado-nación

Digamos que vive en un país donde el gobierno respondió de manera rápida y competente ante la COVID-19. Supongamos que su gobierno estableció un sistema confiable de pruebas, rastreo de contactos y cuarentena. O que cerró la economía por un período doloroso pero corto, o que su sistema de pruebas fue tan bueno que ni siquiera necesitó cerrar del todo. En este momento, su vida estará volviendo a una apariencia de normalidad.

Es afortunado.

El resto de nosotros vivimos en Estados Unidos. O en Brasil. O en Rusia. O e la India. En estos países los gobiernos han demostrado ser incapaces de cumplir la función más importante del Estado: proteger la vida de sus ciudadanos. Si bien la mayor parte de Europa y gran parte de Asia oriental han suprimido la pandemia lo suficiente como para poder poner en marcha sus economías, la COVID-19 continúa fuera de control en aquellas partes del mundo que, miren qué coincidencia, también están dirigidas por electos autócratas de derechas.

En estos países dirigidos por incompetentes, los ciudadanos tienen muy buenas razones para desconfiar de sus gobiernos. En Estados Unidos, por ejemplo, la administración Trump hizo una chapuza en la cuestión de las pruebas, fracasó a la hora de coordinar los cerramientos, eliminó la supervisión de los rescates financieros y presionó para reabrir la economía a pesar de las objeciones de los expertos en salud pública. En la última señal de demencia precoz de la administración Trump, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany, declaró este mes que “la ciencia no debería interponerse” en la reapertura de las escuelas en otoño.

Los votantes, por supuesto, podrían expulsar a Trump en noviembre y, suponiendo que realmente abandone la Casa Blanca, recuperar cierta cordura en los asuntos públicos. Pero la pandemia está contribuyendo a erosionar de forma abrumadora la confianza en las instituciones nacionales. Incluso antes de que el virus atacara, en su Barómetro de Confianza 2018, la firma de relaciones públicas Edelman registró una caída sin precedentes en la confianza pública relacionada con… ¿qué más?… la elección de Trump. “El colapso de la confianza en Estados Unidos se debe a una espectacular falta de fe en el gobierno, que cayó 14 puntos, al 33%, entre la población en general”, señaló el informe. «Las instituciones restantes de negocios, medios de comunicación y ONG también experimentaron caídas de 10 a 20 puntos”.

Y no le sorprenderá saber que la situación no había mostrado signos de mejora para 2020, con los ciudadanos estadounidenses desconfiando aún más en las instituciones de su país que sus homólogos en Brasil, Italia o la India.

Esa pérdida institucional de fe refleja una tendencia a más largo plazo. Según la última encuesta Gallup, solo el 11% de los estadounidenses confía ahora en el Congreso, el 23% en las grandes empresas y los periódicos, el 24% en el sistema de justicia penal, el 29% en el sistema de escuelas públicas, el 36% en el sistema médico y el 38% en la presidencia. La única institución en la que confía una mayoría significativa de los estadounidenses -consideren esto una ironía, dadas las interminables guerras de Estados Unidos en el siglo XXI- es en el ejército (73%). La parte verdaderamente aterradora es que esas cifras se han mantenido constantes, con pequeñas variaciones, con dos administraciones muy diferentes durante la última década.

¿Hasta dónde deba caer el índice de confianza de un país antes de que deje de ser un país? Los comentaristas ya se han pasado diez años discutiendo la polarización del electorado estadounidense. Se ha derramado mucha tinta sobre el impacto de las redes sociales en la creación de cámaras de resonancia política. Han pasado 25 años desde que el politólogo Robert Putnam observó que los estadounidenses estaban “jugando a los bolos en solitario” (es decir, ya no participaban en actividades grupales o asuntos comunitarios como lo hicieron las generaciones anteriores).

El coronavirus ha demostrado, por lo general, ser un importante multiplicador de la fuerza de esas tendencias al hacer que las reuniones espontáneas de personas de mentalidad diferente sean cada vez menos probables. Sospecho que soy alguien típico. Evito a los peatones, ciclistas y otros corredores cuando salgo a correr. No voy a las cafeterías. No me pongo a hablar con personas en la fila del supermercado. Claro, estoy mucho tiempo metido en Zoom, pero casi siempre es con personas que ya conozco y con las que estoy de acuerdo.

En estas circunstancias, ¿cómo superaremos las enormes brechas de percepción ahora evidentes en este país para lograr lo que constituyen los entendimientos básicos más profundos que requiere un Estado-nación? ¿Perderán los estadounidenses la fe por completo en las elecciones, los periódicos, los hospitales y el transporte público, dejando así totalmente de ser ciudadanos?

La confianza es el combustible que hace funcionar esas instituciones. Y parece que perdimos el pico de la confianza hace mucho tiempo y que podríamos estar en un trineo de la COVID-19 yendo cuesta abajo a toda velocidad.

La globalización se desmorona

La economía global también se basa en la confianza: en las transacciones financieras, en la seguridad de las condiciones del lugar de trabajo, en el transporte de mercancías a larga distancia y en las expectativas del consumidor de que el producto comprado cumpla lo que anuncia.

Para causar el colapso en la línea de ensamblaje global, la COVID-19 no tuvo que introducir dudas en cada paso de esta cadena de suministro (aunque, al final, eso fue lo que hizo). Solo tuvo que cortar un eslabón: el lugar de trabajo. Cuando el Gobierno chino cerró las fábricas a principios de 2020 para contener la pandemia, lo que provocó una disminución del 17% en las exportaciones en enero y febrero en comparación con el año anterior, las empresas de todo el mundo se enfrentaron repentinamente a una escasez crítica de recambios de cochecomponentes de teléfonos inteligentes y otros bienes clave.

El lugar de trabajo demostró ser un eslabón débil en la cadena de suministro global por otra razón: el coste. La mano de obra ha sido tradicionalmente el principal gasto en la manufactura, lo cual, desde la década de 1990, llevó a las corporaciones a externalizar el trabajo a lugares más baratos como México, China y Vietnam. Desde entonces, sin embargo, la línea de ensamblaje global ha cambiado y, como explica la consultora McKinsey, “actualmente, más del 80% del comercio mundial de bienes [ya no es] de un país de bajos salarios a un país de altos salarios”.

La centralidad de la mano de obra en la ubicación de la fabricación se había visto erosionada por el crecimiento de la automatización, que, según los economistas, tiende a aumentar durante las recesiones. De hecho, tanto la inteligencia artificial como la robotización iban ya en ascenso incluso antes del impacto de la pandemia. En 2030 hasta 20 millones de puestos de trabajo en todo el mundo serán ocupados por robots. El Banco Mundial estima que, con el tiempo, reemplazarán a un sorprendente 85% de los empleos en Etiopía, 77% en China y 72% en Tailandia.

Luego tenemos los costes ambientales de esa misma línea de ensamblaje global. El transporte de carga contribuye con el 7% al 8% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, siendo el transporte aéreo la vía contaminante más intensa de carbono. (Agreguen a eso, por supuesto, la huella que dejan de carbono las propias fábricas).

Si todo eso no consigue cambiar la opinión de los directores ejecutivos sobre los beneficios de la globalización, entonces quizá las consideraciones de seguridad nacional pudieran hacerlo. La pandemia expuso la vulnerabilidad de los países en términos de productos básicos. Debido a que China es responsable de producir más respiradores, máscaras quirúrgicas y prendas protectoras que el resto del mundo combinado, los países comenzaron a entrar en pánico cuando la COVID-19 golpeó por primera vez, porque ya no tenían suficiente capacidad nacional para producir las herramientas básicas para lidiar ellos mismos con la propagación pandemia. Lo mismo se aplica a las medicinas esenciales. Por ejemplo, Estados Unidos dejó de producir penicilina en 2004.

La amenaza de infección, la propagación de la automatización, el impacto ambiental, el riesgo de un control extranjero: la línea de ensamblaje global ya no parece tener mucho sentido. ¿Por qué no trasladar la fabricación de vuelta a casa, a una “fábrica oscura” que está totalmente automatizada, no necesite luces, calefacción o aire acondicionado y esté prácticamente a prueba de pandemias?

Desde luego que la actual pandemia no implicará el fin de la globalización. Las corporaciones, como señala el informe de McKinsey, seguirán encontrando razones convincentes para reubicar la fabricación y los servicios en el extranjero, incluido el “acceso a mano de obra cualificada o recursos naturales, la proximidad a los consumidores y la calidad de la infraestructura”. Los consumidores seguirán queriendo piñas en invierno y teléfonos inteligentes baratos. Pero los capitalistas que miran el resultado final, en combinación con los nacionalistas al estilo Trump que insisten en que el capital regrese a casa, desmontarán cada vez más lo que todos dábamos por sentado como globalización.

La economía mundial no va sencillamente a desaparecer. Después de todo, la agricultura ha persistido en la era moderna. Solo que emplea un segmento cada vez menor de la fuerza laboral. Es probable que ocurra lo mismo con el comercio mundial en una era de pandemia. En la primera parte del siglo pasado, la mano de obra excedente ya no era necesaria en las granjas y emigraba a las ciudades para trabajar en las fábricas. La pregunta ahora es: ¿qué pasará con todos esos trabajadores que ya no se necesitan en las líneas de ensamblaje global?

Ni la comunidad internacional ni el libre mercado tienen preparada una respuesta, pero los populistas autoritarios sí: impedir que todos esos trabajadores desplazados emigren.

Un mundo amurallado

Desde el momento en que descendió por la escalera mecánica de la Torre Trump hacia la carrera presidencial, el empeño de Donald Trump por precintar la frontera de Estados Unidos con México ha constituido su posición política característica. Ese “muro grande, gordo y hermoso” suyo puede ser simplista, antiinmigrante, xenófobo y desconfiado del mundo -y puede que nunca llegue a completarse-, pero, desafortunadamente, no ha estado solo en su obsesión por los muros.

Israel fue pionero en la construcción moderna de muros a mediados de la década de 1990 para aislar a los palestinos en la Franja de Gaza, que fue seguido por una barrera de 710 kilómetros de largo para aislar a Cisjordania. En 2005, respondiendo a una ola de migrantes que escapaban de las guerras y la pobreza en el norte de África y Oriente Medio, Hungría construyó nuevos baluartes a lo largo de sus fronteras del sur para mantener fuera a los desesperados. Bulgaria, Grecia, Eslovenia y Croacia han hecho lo mismo. India ha cercado la región de Cachemira desde Pakistán. Arabia Saudí ha construido una barrera de mil kilómetros a lo largo de su frontera con Iraq.

En 1989 había alrededor de una docena de muros importantes separando países, incluido el Muro de Berlín, que pronto caería. Hoy, ese número ha crecido hasta llegar a 70.

En este contexto, el nuevo coronavirus resultó ser un regalo caído del cielo para los nacionalistas de todo el mundo que creen que si las buenas cercas hacen buenos vecinos, lo mejor de todo es una gran muralla. Más de 135 países agregaron nuevas restricciones en sus fronteras después del brote. Europa restableció las fronteras internas del espacio Schengen por primera vez en 25 años y también cerró las externas. Algunos países, en particular Japón y Nueva Zelanda, prácticamente se amurallaron.

Aunque la pandemia está atenuándose en ciertas partes del mundo, muchas de esas nuevas restricciones fronterizas siguen vigentes. Si quiere viajar a Europa este verano, solo puede hacerlo si pertenece a uno de la docena de países que figuran en una lista aprobada por la Unión Europea (y eso no incluye a los estadounidenses). Nueva Zelanda ha tenido solo un puñado de casos en los últimos meses (con un máximo de cuatro casos nuevos el 27 de junio), pero sus fronteras permanecen cerradas prácticamente para todos. Incluso está fuera de cualquier posibilidad, por ahora, una “burbuja de viaje” con la cercana Australia. Japón ha prohibido la entrada a personas de 129 países, incluido Estados Unidos, pero existe una exención para los soldados estadounidenses que viajan a bases militares estadounidenses. Un reciente brote de coronavirus en tales guarniciones en la isla de Okinawa bien podría hacer que Tokio endureciera aún más sus ya estrictas reglas.

Y esas restricciones fronterizas son en potencia solo el comienzo. Hasta ahora, la pandemia ha desatado un espíritu de sálvese quien pueda: desde restricciones a la exportación de productos esenciales, hasta una competencia febril para desarrollar primero una vacuna. Las Naciones Unidas han hecho varios llamamientos para una mayor cooperación internacional, su secretario general incluso urgió un “alto el fuego global” entre las partes en conflicto. La Organización Mundial de la Salud (OMS) intentó organizar una respuesta global al virus en su reunión anual. Sin embargo, la administración Trump anunció de inmediato que se retiraría de la OMS, muy pocos combatientes observaron un alto el fuego COVID-19, y no hay una respuesta internacional coordinada a la pandemia fuera de la comunidad de científicos que comparten investigaciones.

Entonces, ¿será este el futuro: cada país transformado en una comunidad cerrada? ¿Cuánto tiempo puede sobrevivir el sentimiento de internacionalismo en un mundo amurallado?

Reconstruir la confianza

Los conservadores solían burlarse de la izquierda por su inclinación al relativismo, por argumentar que todo depende del contexto. “Si me preguntas cuál es el mayor problema en Estados Unidos, no voy a decirte que la deuda, el déficit, las estadísticas, la economía”, dijo el expresidente republicano de la Cámara de Representantes Paul Ryan en 2011, “te diré que es relativismo moral”. Érase una vez que la derecha arremetió contra los deconstruccionistas que hacían hincapié en la interpretación de los hechos.

¿Qué hacer, entonces, con el Partido Republicano hoy? Muchos de sus líderes, incluido el presidente, no creen en la ciencia, ya sea sobre el cambio climático o la COVID-19. Muchos de ellos abrazan las teorías de la conspiración más locas y algunos candidatos actuales al Congreso incluso creen, a través de la teoría de conspiración de extrema derecha QAnon, que una camarilla de abusadores de niños satánicos en Hollywood, el Partido Demócrata y varias organizaciones internacionales controlan el mundo. En julio, Donald Trump logró el dudoso hito de decir más de 20.000 mentiras durante su mandato como presidente. En otras palabras, hablando de relativismo, el Partido Republicano ha depositado su confianza en un hombre desconectado de la realidad.

Y luego apareció esa pandemia como un líquido inflamable sobre un incendio forestal. La conflagración resultante de la desconfianza amenaza con extenderse fuera de control hasta que no quede nada, ni el Estado-nación, ni la economía global, ni la comunidad internacional.

En esta era de pandemia, un incendio en algún lugar es un incendio en todas partes, ya que al virus no le importan las fronteras. Pero la clave para restaurar la confianza debe comenzar donde el déficit de confianza ha crecido más y ese lugar es sin duda Estados Unidos. No solo los estadounidenses han perdido la fe en sus propias instituciones, sino que, al parecer, también todos los demás. Desde 2016 ha habido una caída del 50% en la confianza del mundo en Estados Unidos, la mayor caída jamás registrada en la encuesta de los mejores países de US News and World Report.

Y la razón por la que Estados Unidos tiene el peor historial en la lucha con el coronavirus es bastante simple: Donald Trump. Es el líder de una proporción cada vez menor de público que sigue creyendo que el coronavirus es un engaño o que se niega a cumplir con las precauciones básicas para evitar su propagación. Un presidente malhechor que se niega a exigir el uso de mascarillas (incluso después de colocarse oficialmente una para su feed de Twitter) inspira a una minoría maleante que pone en riesgo a la mayoría.

Para restaurar la confianza en el sistema público de salud y la gobernanza de este país debe comenzarse con un sistema competente de pruebas, rastreo de contactos y cuarentena. Sin embargo, la administración Trump se niega aún a dar este paso necesario. Los republicanos del Senado han presionado para que se dediquen 25.000 millones a ayudar a establecer sistemas de pruebas y rastreo a nivel estatal, pero el presidente quiere ahora eliminar incluso esta modesta cantidad del presupuesto (junto con los fondos adicionales para las agencias gubernamentales encargadas de abordar la pandemia).

Los estadounidenses desconfían cada vez más de sus instituciones porque un número creciente de nosotros creemos que cada vez obtenemos menos beneficios de ellos. Por lo general, la administración Trump ha hecho todo lo posible para empeorar las cosas de manera desastrosa; solo recientemente, en medio de la pandemia y con millones de desempleados, exigió que la Corte Suprema eliminara el seguro médico proporcionado por la Ley de Atención Médica Asequible de la administración Obama. La mayor parte de los fondos de estímulo aprobados por el Congreso se destinó a personas y corporaciones adineradas, y los hombres del presidente ni siquiera ejercieron la debida diligencia para evitar que casi 1.400 millones de dólares en cheques de estímulo se enviaran por correo a personas fallecidas.

La próxima administración (suponiendo que haya una) tendrá que hacer un trabajo de limpieza masiva que restaure una fe de cualquier tipo en un sistema tan desigual y roto. Después de abordar la crisis aguda de la pandemia, tendrá que demostrar que el Estado de derecho está nuevamente funcionando. La prueba más espectacular sería, por supuesto, empurar a Donald Trump y a sus facilitadores más cercanos. Han violado tantas leyes que la confianza en el sistema legal se debilitará aún más a menos que sean juzgados y castigados por sus delitos, incluida su disposición a sacrificar vidas estadounidenses en cantidades asombrosas en pos de la reelección del Donald.

En 1996 Bill Clinton habló de construir un puente hacia el siglo XXI. Dos décadas después de este siglo, Donald Trump ha derribado eficazmente ese puente y lo ha reemplazado con un muro (aún en gran parte sin construir) que recuerda las fortificaciones de la Edad Media. La COVID-19 solo ha reforzado la paranoia insular de este presidente y sus seguidores. El camino de vuelta a la confianza, tanto a nivel nacional como internacional, será difícil. Habrá monstruos que combatir en el camino. Pero al final, es posible que recuperemos este país, creemos una economía global justa y sostenible y reconstruyamos la comunidad internacional.

Vds. y yo podemos hacer esto. Juntos.

Créanme.

 

Por John Feffer* | 10/08/2020

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

*John Feffer, colaborador habitual de TomDispatch, es autor de la novela distópica Splinterlands (publicada por Dispatch Books) y director de Foreign Policy in Focus en el Institute for Policy Studies. Su última novela es Frostlands (Haymarket Books), segundo volumen de su serie Splinterlands.

Fuente:https://www.tomdispatch.com/post/176733/tomgram%3A_john_feffer%2C_the_no-trust_world/#more

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Lunes, 10 Agosto 2020 05:49

Peste y poetas

Pete Hamill

El presidente está preparando anular el ejercicio más básico de la democracia formal en Estados Unidos, y por ahora, nadie lo está frenando. Todos los conscientes (y hasta algunos semiconscientes) lo comentan todos los días. Es nota principal en los medios. Más asombroso que este ataque contra el sagrado ejercicio democrático es qué tan débil es la defensa de lo que este país proclama por todo el mundo durante por lo menos siglo y medio: que este país es el ejemplo de la democracia en el universo y faro de libertad en el planeta. Pero su propio presidente y sus cómplices están declarando que las próximas elecciones serán ilegítimas y tal vez nulas.

El paso más reciente fue imponer a un megadonante de Trump como nuevo director del sistema de correos con la misión explícita de sabotear sus operaciones a través del cual, en este año de pandemia, se realizará en gran parte el voto por correo para reducir la necesidad de acudir a casillas. Sin ninguna evidencia, Trump ha declarado que el voto por correo llevará a la elección "más corrupta y fraudulenta en la historia del país". Esta es sólo una de varias maniobras para suprimir y cuestionar el proceso, incluyendo una serie de disputas legales que podrían postergar los resultados finales por semanas.

A pesar de que nadie puede descartar que Trump descarrile las elecciones y rehuse reconocer los resultados, incluso hasta enviar fuerzas federales a cientos de estados para provocar una crisis electoral, no hay por ahora una convocatoria de fuerzas para defender el voto y la Constitución. El coronel Lawrence Wilkerson, quien fue la mano derecha del ex secretario de Estado de Colin Powell, ha insistido en que hay una muy real probabilidad de que Trump rehuse dejar el poder. Él y un grupo de expertos ya están evaluando los posibles escenarios, y subrayó que por ahora se supone que los militares, sobre todo los altos mandos, se mantendrán en sus cuarteles, o sea, no participarán en la pugna, pero advierte que no sabe qué ocurrirá si Trump se atreve a convocar a sus bases armadas para salir a las calles a defenderlo.

Todo esto mientras bajo la batuta de Trump el país es el más contagiado del mundo por el coronavirus. Estados Unidos superó ahora los 5 millones de casos –una cuarta parte del total mundial – con más de 160 mil muertos; 80 por ciento de los cuales eran evitables si el gobierno federal hubiese actuado de manera adecuada desde el principio. Mientras tanto, los multimillonarios del país siguen multiplicando sus fortunas por decenas de miles de dólares durante una pandemia en donde la gran mayoría está enfrentando desempleo masivo, la pérdida de su vivienda y hambre.

“Al final , la peste nos tocó a todos. No fue confinada al Oran de Camus. No, apareció de nuevo en América, reproduciéndose en el abono de la avaricia y la inutilidad y el asesinato. En aquellos lugares donde los estadistas y los generales depositan los cuerpos de los siempre jóvenes. La peste corrió en la sangre de hombres en trajes finos, quienes se lanzaron para la presidencia prometiendo vida y entregando muerte… El bacilo se movió entre nosotros, matando a esa vieja America donde los inmigrantes prendieron un millón de sueños en la sombras de los puentes… y a través de la neblina de la peste, gran parte del arte se marchitó en periodismo. Los pintores dejaron a sus caballetes para dibujar su inocencia sobre muros y manifiestos… Pobre America… Tierra donde murieron los poetas.

El gran periodista Pete Hamill (https://www.jornada.com.mx/ultimas/ mundo/2020/08/05/muere-pete-hamill-periodista-y-guia- indispensable-en-la-vida-de-nueva-york-9821.html) escribió este texto para acompañar el disco Blood on the Tracks de Bob Dylan hace 45 años y al continuar cuenta que no perecieron todos los poetas señalando que Dylan “nos dio voz… Cuando murió nuestra inocencia para siempre, Bob Dylan convirtió ese momento en arte”.

Hoy día los poetas y sus cómplices están creando el arte con el cual invitan a salvar a este país.

https://open.spotify.com/ track/3y4Uza6K58JXQ7RYya8ZI5?si=GvL8C8_3SGu2w_8Yof0zsQ

https://open.spotify.com/ track/6Vcwr9tb3ZLO63F8DL8cqu?si=37_L-YJhQAGrBAT-pVmEXg

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Bill Gates durante una intervención en Barcelona en el 2010 (Pedro Madueño)

Hace justo 25 años, un día de finales de agosto de 1995, en Redmond, Estados Unidos, la empresa Microsoft de Bill Gates lanza al mercado el sistema operativo Windows 95.

 

Es un producto revolucionario –aunque inspirado en un sistema anterior que funcionaba en los Apple Macintosh de Steve Jobs–, porque introduce un sistema de interfaz gráfico con ventanas mucho más sencillo que el anterior, basado en el MS-DOS y que abrirá las puertas de las oficinas (y de los hogares) a la informática para siempre.

Meses después, saldrá también el navegador Explorer. En 1995 La Vanguardia dedica varias páginas al lanzamiento, que es acompañado con un gira mundial al ritmo de la canción Start me up de los Rolling Stones. En uno de sus artículos –que hoy inspira casi ternura– el diario destaca como, gracias a Windows 95, “un simple clic con el puntero y el ratón en una X situada en la parte superior derecha de la pantalla cierra el programa o documento al instante”.

El programa cuesta 19.900 pesetas y no todos los ordenadores podían soportarlo. Estamos en los albores de internet. Los motores de búsqueda más populares en estos momentos son Altavista y Yahoo! y el módem se activa emitiendo unos pitidos ruidosos, con una conexión muy lenta.

Pocos imaginan entonces el impacto que tendrá, pero Bill Gates tiene olfato y pone la primera piedra de su imperio, que le situará de forma estable entre los hombres más ricos del planeta. Un imperio que hoy, más de dos décadas después, poco tiene que ver con el de aquel entonces.

Microsoft es líder indiscutido de los sistemas operativos de los ordenadores, con una presencia apabullante en el entorno empresarial. Pero ya no solo vende productos físicos, sino actualizaciones en la nube. A lo largo de los años, la empresa ha ido diversificándose y ha llevado a cabo adquisiciones que la han transformado de forma profunda.

“En estos 25 años parece que han innovado poco, pero no es así. Su sistema operativo se ha convertido en un estándar mundial hegemónico, en la base de la ofimática
y nadie puede hacerle sombra. También su paquete de programas Office, del que no se habla tanto, ha sido a la base del aumento de productividad de las empresas”, comenta Enrique San Juan, director de Community Internet- The Social Media Company, empresa de Barcelona centrada en la consultoría digital. “Ahora más que productos vende servicios. Es una empresa que parece algo dormida, pero no. Es muy efectiva”, añade.

Entre los peldaños de su crecimiento, hubo varios momentos significativos. Por ejemplo, la compra de Skype en 2011, cuando era lo único que había en el sector de las videoconferencias le permitió acceder a una herramienta que, no sin dificultades, posteriormente ha conseguido recolocar en el sector empresarial y que le ha permitido sucesivamente el desarrollo de Micorsoft Teams.

Otro movimiento significativo ha sido el de LinkedIn en el 2016, que ha transformado de un contenedor de currículum a una plataforma de datos que se venden a los recursos humanos, con un modelo de suscripción. Hoy es la única red social Business to Business, que reúne la élite productiva con casi 700 millones de usuarios (siendo ausente en mercados claves como Rusia o Japón).

Menos afortunada en cambio fue su incursión en la telefonía móvil. En el 2014 pagó 7.500 millones de dólares por Nokia, que no ha podido resucitar y que costó 7.800 despidos. Mejor le fue con el sector de los videojuegos, con la consola X-Box, que se ha consolidado como una de las opciones de referencia de un mercado en pleno crecimiento después del confinamiento de la pandemia.

La bolsa ha premiado a Microsoft, especialmente desde la llegada Satya Nadella en el 2014: el valor de sus acciones se han casi multiplicado por seis. En su primer correo que escribió a los empleados el directivo afirmaba: “Nuestra industria no respeta la tradición, sólo respeta la innovación”. Y así, casi en sordina, sin anuncios espectaculares, la compañía ha superado 1,6 billones de dólares en capitalización bursátil (cerca del PIB de toda España).

Incluso en tiempos de coronavirus ha consolidado, junto al resto de tecnológicas, su liderazgo en el sector. En lo que va de año, en medio de la peor recesión desde la Gran Depresión sus acciones se han revalorizado un 35%. Hoy los ingresos son muy diversificados, desde Office (25%), el cloud Azure (23%), Windows (17%), se extiende a ventas de PC, juegos y otros servicios. Como curiosidad, la empresa en la actualidad cuenta con 715 millones de suscriptores a Azure, cuatro veces más que los abonados a Netflix.

En los últimos días, está negociando dar el enésimo salto al vacío y vuelta de tuerca, con la adquisición de la red social china Tik- Tok, la preferida de los preadolescentes y de la generación Z. ¿Por qué meterse en un terreno tan ajeno a la filosofía de Microsoft?

“Porque TikTok ha hecho envejecer a Instagram de golpe”, sentencia San Juan. “Es una red social divertida, chispeante. Pero sobre todo tiene un algoritmo sofisticado basado en Inteligencia Artificial que permite detectar las preferencias de los usuarios y ofrecerles un contenido diferente y personalizado”.

Una vez más, los datos. El petróleo del siglo XXI. Conocer los gustos de la próxima generación puede ser una mina de oro, porque potencialmente puede obtenerse una radiografía detallada del mercado. El acceso a un know how representa un valor añadido que la firma de Bill Gates, como ha demostrado en otras ocasiones, sabrá rentabilizar. Como las canciones de los Rolling Stones de hace 25 años, que funcionan siempre.

Visita del secretario de Salud de EEUU a Taiwán: peligroso desafío contra China

La próxima visita del secretario de Salud de EEUU, Alex Azar, a Taiwán ha puesto al rojo vivo la confrontación multidimensional contra China en vísperas de la reunión de los jerarcas del Partido Comunista Chino en la ciudad costera de Beidaihe.

Para Pekín, el tema de Taiwán representa una línea roja existencial trazada desde 1979.

Mucho más que una chispa bélica en el mar del Sur de China —que sería el equivalente estratégico del mar Caribe para EEUU y que le brinda a China su salida al océano Índico—, el sacudimiento del avispero de Taiwán puede orillar ineluctablemente a China a responder al desafío de Trump.

Taiwán constituyó en 1979 la piedra de toque del establecimiento de las relaciones de Pekín y Washington, y que hoy es puesto en alto riesgo.

Según Samson Ellis y Cindy Wang, de Bloomberg, "la visita al más alto nivel de EEUU a Taiwán en décadas es un desafío a China".

Con el pretexto de que EEUU tiene la intención de aprender las enseñanzas del manejo del COVID-19 en Taiwán —que tuvo pocos infectados (476) y pocos muertos (7)—, el secretario de Salud y Servicios Humanos, el libano-estadounidense Alex Azar, encabezará la semana entrante una delegación a la isla renegada de Taiwán con la que, en forma oficial, EEUU había roto sus relaciones diplomáticas hace más de 40 años.

El desafiante anuncio no hizo esperar la increpación de China que, mediante el portavoz de su Ministerio de Relaciones Exteriores Wang Wenbin, denunció su "firme oposición" y calificó a Taiwán —un archipiélago de 35.980 km cuadrados con 23,6 millones de habitantes— como "el tema más importante y sensible de las relaciones de China y EEUU".

Justamente la visita de Nixon en 1973 a China durante la que se reunió con el timonel Mao Zedong y el primer Zhou Enlai —que en realidad desprendió a China de la URSS, desde el punto de vista geoestratégico— plasmó el desde entonces axioma inamovible de una sola China para el establecimiento de relaciones diplomáticas con Pekín en 1979.

Ya en 2014, durante la presidencia del Partido Demócrata con Barack Obama, Gina McCarthy, administradora —que no secretaria— de la Agencia de Protección Ambiental, dio un discurso en Taipéi en 2014 que provocó la ira de los funcionarios chinos en Pekín.

El manejo del COVID-19 por Alex Azar ha sido más que catastrófico, y muy bien podría aducir tras bambalinas lo que queda de la diplomacia estadounidense. Que se trata de una misión de sanidad pedagógica —en la etapa aciaga del pugnaz Mike Pompeo, secretario de Estado, exdirector de la CIA y zelote evangelista sionista que busca ser el sucesor de Trump en caso de su reelección—.

En plena deriva, Mike Pompeo ha llegado hasta el atrevimiento inconcebible para un diplomático de alentar el cambio de régimen del Partido Comunista en China y de haber sancionado en forma circense a 92 millones de chinos. 

Lauren Meier y Ben Wolfgang, del The Washington Times —de los famosos moonies surcoreanos vinculados a la CIA y al nepotismo dinástico de los Bush—, confirman que la visita planeada a Taiwán de Alex Azar "escala las tensiones entre EEUU y China".

Según The Washington Times, esta atrevida jugada  —y una nueva agenda de jugadas de Mike Pompeo diseñadas para limitar el alcance del sector high-tech de China— "muestra el deseo de la Administración Trump de escalar la campaña de presión contra Pekín aún en medio de las elecciones de noviembre". 

The Washington Times da pie a la postura de Joseph Biden, el todavía presunto nominado presidencial por el antidemocrático Partido Demócrata, quien "reveló que tiene planes para revertir muchas de las tarifas recientemente impuestas a Pekín, que forman parte central de la agenda contra China del presidente Trump". Biden ha calificado las medidas de Trump como "contraproducentes" y acusa a la Administración de fracasar en colaborar con los aliados para formular una respuesta más efectiva frente a China.

The Washington Times subraya que "China siempre ha reaccionado con una especial intensidad a las señales de que EEUU estimula la independencia de Taiwán, a quien China considera parte integral de su territorio".

Nada menos que Kevin Rudd, ex primer ministro de Australia y presidente del Asia Society Policy Institute (con sede en Nueva York) redactó un alarmante artículo para la influyente revista Foreign Affairs: Hay que tener cuidado de las armas de agosto en Asia: cómo preservar las tensiones de EEUU y China para que mo detonen una guerra,que resume el deterioro en espiral descendente de la tormentosa relación entre EEUU y China durante medio siglo.

Kevin Rudd consagra un amplio capítulo al tema de Taiwán y comenta el argumento de Pekín de que "Washington se acerca peligrosamente al cruzar las líneas rojas de China sobre el estatuto internacional de Taiwán, y consecuentemente pone en riesgo la base de la entera relación de EEUU y China".

Para Rudd, el mundo se encuentra ante "el prospecto no solamente de una nueva guerra fría, sino de una guerra caliente", cuando los "riesgos serán especialmente elevados en los próximos pocos meses críticos desde ahora hasta la elección presidencial de EEUU" y donde la "lista de puntos de fricción es extensa, desde el ciberespionaje y la militarización del dólar hasta Hong Kong —donde EEUU carece de una base legal internacional para una virtual intervención— y el mar del Sur de China", lo que "hace el manejo de la crisis aún mas difícil".

Rudd llega hasta a recomendar el libro clásico de Christopher Clark Los sonámbulos, que exhuma las fallas de la diplomacia de 1914 y que con "un relativamente menor incidente (el asesinato del archiduque austriaco en Sarajevo) puede escalar en una guerra entre las grandes potencias en solo unas semanas".

El secretario de Defensa de EEUU, Mark Esper, anunció los lineamientos de la relación con China durante su reciente discurso en el Foro de Seguridad de Aspen.

En este tenor llama la atención la petición de Mark Esper de haber dialogado por teléfono, un día después del Foro de Seguridad de Aspen, con su homólogo chino Wei Fenghe. Quizá para atenuar una probable confrontación bélica desde el mar del Sur de China hasta Taiwán cuando Pekín le ganó la partida a EEUU y al Reino Unido con la aplicación de su ley de seguridad a Hong Kong. A Trump solo le quedó el recurso retórico de amenazas y de nuevas sanciones que llevaron al cierre mutuo de dos consulados, el de Houston y el de Chengdu.

Pareciera que los jerarcas chinos, que en estos días de agosto se reúnen en su conclave secreto anual en la ciudad costera de Beidaihe, apuestan a la reelección de Biden, por lo que no valdría la pena de atizar el fuego de aquí a 88 días.

Entretanto queda más claro que la belicosidad multidimensional de Trump y su gabinete sinófobo comporta un carácter notoriamente electoral, del que tampoco habría que desprender los temas trascendentales que irán in crescendo y que denotan la fuerte competencia de EEUU contra China y Rusia, según diversos reportes del Pentágono.

El mayor desafío para China será una reelección nada improbable de Trump.

10:25 GMT 07.08.2020URL corto

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Viernes, 07 Agosto 2020 06:59

Amazon, acusada de prácticas desleales

Amazon, acusada de prácticas desleales

Avanza una investigación contra la empresa en Estados Unidos

Los fiscales generales de Nueva York y California anunciaron que seguirán con el caso presentado en el Congreso y realizarán audiencias con testigos. 

 

La pelea entre Google, Amazon, Facebook, Apple (GAFA) y el gobierno de Estados Unidos avanzó un casillero. Después de las casi seis horas de debate ante la Comisión Federal de Comercio de la semana anterior, en la que las GAFA respondieron a las pruebas producto de una investigación de varios años que las acusa por prácticas desleales, los fiscales generales de Nueva York y California anunciaron que seguirán adelante con el caso de Amazon y realizarán en las próximas semanas entrevistas a testigos a través de conferencias conjuntas. 

En la práctica, la aparición de las fiscalías estatales implica la intención que tiene la justicia estadounidense de penalizar monetariamente a estas empresas, en este caso  a Amazon. Sin embargo, los tiempos legales de estos procesos son extensos: la Unión Europea comenzó esta batalla hace cuatro años, sobre todo contra Apple y Google, y aún no hubo ninguna resolución favorable: las firmas no tuvieron que pagar multas. Sin embargo, "no es lo mismo ser la Unión Europea contra una empresa estadounidense, que el propio Estados Unidos. También es un momento general de discusión en USA muy influído por las elecciones. Trump anunció que si él ganaba, las iba a controlar, pero la realidad es que las empresas tienen también injerencias políticas", reflexiona Cecilia Rikap, investigadora del Conicet y autora del paper "Amazon: una historia de acumulación vía extractivismo de datos y depredación". Desde la visita al Capitolio de Bill Gates, cofundador de Microsoft, en 1998, no se habían hecho audiencias antimonopólicas en el país.

La denuncia

La audiencia de la semana anterior no es más que una discusión de largo plazo. Aunque saquen la conclusión de que las prácticas que ejercen estas empresas son monopólicas y que deberían ser reguladas, el Congreso no tiene injerencia a la hora de decidir sobre los mecanismos de Defensa de la Competencia en Estados Unidos, salvo para realizar un cambio ante la Ley.  

La Ley de Defensa de la Competencia en Estados Unidos entiende que la competencia se encuentra amenazada si atenta contra el bienestar de los consumidores. Entender el carácter monopólico de Amazon es complejo. "No se la podría acusar bajo el concepto de esta ley, porque para ello tendría que estar ofreciendo un precio muy alto para los consumidores -típico análisis de monopolio neoclásico, de vender menos a un precio muy alto-, y Amazon hace todo lo contrario, vende a un precio más bajo", explica Rikap.  

La denuncia que se le realiza a Amazon es por prácticas desleales con otras empresas que operan (o no) en su plataforma. Monetizando los datos que recojen de los usuarios, ofrecen los mismos productos que sus clientes pero a un precio más bajo, deciden en qué puesto aparecen determinados artículos en los resultados de búsquedas, anulan a la competencia mediante la compra de plataformas que perciben exitosas y podrían proyectarse como competidoras. 

Con estas prácticas, Amazon hizo desaparecer al resto de los espacios de venta. En un esquema profundizado por la pandemia, los pequeños productores se ven obligados a vender sus productos en esa plataforma, que cobra comisiones cada vez más altas: "Amazon es quien organiza hoy el mercado y a la vez es oferente del mercado", resume la investigadora. Incluso, utilizan su poder para manejar la información y para bloquear opiniones y los datos. 

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Políticas de las emociones y autoritarismo en Colombia

I

La legitimación del poder y del autoritarismo por mandato y derecho casi divino, ha devenido en unos imaginarios condescendientes de aceptación, sumisión y obedienciaen el pueblo colombiano. Se justifica así su accionar, sus desbandadas de injusticia, de crueldad y asesinatos, hasta sus mediocridades y estupideces. Esto último no solo produce vergüenza y pena ajena en las mentes despiertas y atentas, sino miedo y estupor. Peor aún, se legitima y permea la idiocia del poder, sus peligrosas y banales acciones entre los ciudadanos, quienes asumen, con indiferencia e ignorancia, que dichas actuaciones son justas, equilibradas y hasta necesarias para mantener el orden y la disciplina social. La dictadura de la mediocridad se interioriza en cada uno como una dictadura de la aceptación.

En la Colombia de este siglo XXI, esta retórica casi decimonónica, ha elevado la figura del patriarca, del hacendado, del mafioso, del réprobo millonario, del audaz y astuto, a un ‘‘hacedor de la patria’’, el gran ´´creador benevolente de la nación´´, un pseudo artista que moldea las pasiones y necesidades de su pueblo. Poder y manejo de las emociones y pasiones de los sujetos que las elites dominantes desean crear, igual que lo hacíaJoseph Goebbels. Como tal, dialogan con la propuesta delMinistro para la Ilustración Públicay Propaganda de Hitler, quien el 11 de agosto de 1933 había escrito: ´´nosotros que damos forma a la política alemana moderna, nos sentimos como artistas a los cuales ha sido confiada la alta responsabilidad de formar, a partir de la masa bruta, la imagen sólida y plena del pueblo´´1

Las élites hegemónicas, en  tanto que se creen las gestoras y escultoras de la nación, elegidas por la providencia y los sacramentos, fusionan su accionar con la persecución al oponente, a través de un fundamentalismo religioso-político y un fanatismo persecutorio de todo lo diferente a su dogma. Moldear por mandato divino al pueblo según su ideología y que nadie se oponga a sus deseos, tal es la consigna en las élites colombianas actuales, quienes, más que una democracia participativa popular y un Estado de Derecho, han creado una Emocraciapolítica con base en las pasiones mediáticas y de un Estado de opinión pantallizado.

El concepto Emocraciaque aquí empleamos hace referencia a las sensibilidades políticas globales y nacionales actuales, donde se organizan las ideologías con base en la emoción pasional de los ciudadanos, una pasión ideológica, enajenada y obesa de certidumbres absolutas, lo cual desafía cualquier sensatez, cualquier alteridad, cualquier respeto a la diferencia.  “La pasión ideológica lo colma todo en el neoconservadurismo actual. Contrario al procedimiento razonable y democrático, que llega a la aceptación de acuerdos, De esto al fascismo no hay distancia alguna. Sus resultados son los dogmatismos, el terror, las persecuciones, las acusaciones y, por ende, paranoias y atrocidades. Por lo mismo, la emocracia pasional fomenta el salvajismo de los muchos a favor de los pocos. Ante la ley de la doctrina tiránica emocrática, se inclina una apasionada muchedumbre vehemente…”.2

Bajo estas condiciones, la situación política, cultural, económica en Colombia es desastrosa, con gran parte de su población mutilada ideológicamente y que manifiesta apenas meras opiniones e impresiones gestadas global y localmente, a través de lo cual justifican la actuación de sus victimarios. Estos, a la vez, se sienten justificados como guardianes de la tradición religiosa y moral, del orden, la  nacionalidad, la obediencia y el poder, por lo que, sin vergüenza y con rampante cinismo pronuncian sin descanso a unísono con Hitler: ´´quien quiere hacer la historia debe también poder hacer correr la sangre´´, blindando así, con esta tesis fascista, sus propuestas y apuestas de moldear y crear una Colombia con ´´seguridad democrática´´,          de mano fuerte para los disidentes, pero de corazón blando para los banqueros, terratenientes, militares, mafiosos y amigotes.

Así, volver creíbles y viables entre todos los colombianos sus antidemocráticas y violentas propuestas, son los mayores objetivos del actual gobierno; transformar sus dogmas en creencias, su manipulada historia en verdades, su sangre en aplausos, el aniquilamiento del adversario en costumbre y ejemplo a seguir.

II

De modo que, insistimos, la justificación del autoritarismo, del cinismo descarado y de sus procedimientos por un mandato religioso, que no secular ni cívico, se hace evidente en Colombia. A través de ello pareciera que el espíritu de la providencia se encarnara en el Demiurgo mayor de los dominantes y se procediera a potencializar sus injustas y sangrientas acciones en nombre de la salvación de la patria. Mesianismo visible e invisibilidad  ante los ciudadanos de sus verdaderos propósitos. Estas promesas justifican entonces las prácticas antidemocráticas pensadas y llevadas a cabo, sobre todo, dan vía libre a cualquier discurso en contra de los derechos humanos y a favor de los fanatismos, promovidos eufóricamente en todos los medios. Esto, en un proceso de repetición, ha hecho que gran parte de la ciudadanía no se identifique con la paz, sino con la guerra. Dicha perversa demagogia de repetición de unas mentiras y de un  ´´todo vale´´ sin prejuicio alguno fue la estrategia política que los múltiples fascismos mundiales  han utilizado. Las élites colombianas no cesan de propagar la idea de su necesaria presencia para ´´curar´´ las heridas de la Nación, semejándose a la imagen que se daba Hitler al considerarse el ´´médico del pueblo alemán´´. Para una sociedad paranoica, necrofílica y terapéutica como la nuestra, dicho discurso no puede ser más apropiado y ha permeado muy fácilmente.

La identificación entre este fanatismo político y religioso es patética. Todo su discurso se centra entonces no en un proceso reflexivo sobre el contenido, sino en un choque emotivo e impactante como lo es el odio, la culpa, la venganza, la rabia hacia el otro. Y de nuevo nos topamos con una frase de Hitler: ´´Ante todo, decía, es necesario desembarazarse de la idea de que las concepciones ideológicas podrían satisfacer a la multitud. El conocimiento es para la masa una base tambaleante, lo que es estable es el sentimiento, el odio…´´3.

En vez de reflexionar el drama nacional, con lucidez y conciencia histórica, lo que las élites dominantes proponen es construir enfurecidas pasiones contra el inventado enemigo; incitar a odios, violencias, cizañas, desgarraduras a través de la sugestión y de la mentira. Una ‘’emoteca’’ visceral política de unos muchos contra unos pocos que piensan diferente, descartando toda alteridad. De esta manera, los gendarmes y propietarios del poder dan a pensar que son la encarnación de la verdad y son los llamados a la redención de la patria, formando un corpus político, religioso. Por consiguiente, ellos tienen la potestad de limpiar el ambiente de críticos e indeseados enemigos, sin ningún remordimiento ni arrepentimiento.

Juego de emociones y de sensibilidades que van de lo íntimo a lo colectivo, de lo subjetivo inmediato a la espera de un porvenir, y todo proyectado a los deseos de liquidar a su opositor. ´´Mi pedagogía es dura, escribía Hitler, lo que es débil y carcomido debe ser sacado a martillazos´´.

III

Como generadores de una ´´suprema fe´´, estos promotores de la Emocracia en Colombia inducen a creer que todas sus propuestas son correctas y no merecen tener detractores. A ningún opositor se le obedecerá; se le escuchará tal vez, pero sus palabras caerán en la campana del vacío. Ningún contradictor será digno de diálogo ni de respeto, todos, y ese es su deseo, deberían trabajar a unísono de las ideas de su ideología. No habrá otra elección. De allí a un nepotismo no hay ni un paso. Todos quedarían convertidos en obreros de su ideología, renegando de su libertad, de su autonomía y dignidad. Tal es el país que los emócratasautoritarios aspiran, proyectan, un país sin contradictores, sin contestatarios, sin rebeldías; sólo aceptación, obediencia y olvido.

Es una comunidad del consentimiento y del ‘’aplausímetro’’ la que se desea instaurar entonces. Tanto el Presidente,impuesto y manipulado, como los Ministros y servidores del gobierno cumplen con el propósito de imponer las órdenes de un jefe supremo que se ha creído la encarnación del país y su salvador. La Emocracia lo inspira y la gendarmería mediática oficialista le da siempre la razón. Bajo tales condiciones, neo-regeneracionistas y decimonónicas, y parafraseando a Ernst Bloch, los gobernantes han querido ´´reemplazar a Jesús´´, y que el Estado y los ciudadanos ocupen ´´el lugar de la comunidad de fieles´´.

El culto y la idolatría desde la condición pasional cuasi religiosa se pone así en funcionamiento. Estos son entonces algunos de los actuales dispositivos de poder globalitarios con ideologías disciplinarias, como nuevas formas  redentoras, con nacionalismos autoritarios excluyentes y xenófobos, de machismos homofóbicos ejercidos por gobiernos neoliberales, con golpes de Estado amparados en despotismos bíblicos confesionales. Demasiados simulacros de democracias, pero dictaduras reales, represivas e impositivas de las ordenanzas del imperio.

Proponerse a cultivar la fe en sus acciones, como en su partido, es un prolongado propósito en cualquier Emocracia. Generar la necesidad de la creencia y de la confianza, sea a través del medio que sea, valiéndose, la mayor de las veces en falacias, trampas y audaces mentiras, son sus perversas y cínicas tácticas y estrategias. De allí que la crítica, la duda, la incertidumbre, el escepticismo sean enemigos supremos, aptos para ser suprimidos, puestos incluso en ridículo con ciertos epítetos y eslogans que los rebaja a través de un humor vil, agresivo, sicarial. En Colombia dicha práctica es constante entre las derechas hacia los intelectuales, activistas, líderes sociales, docentes, artistas, poetas, en fin, hacia los que ejercen su derecho a abrir la boca para aclarar o denunciar sus circunstancias. Entonces, la censura, la prohibición, el cierre a medios alternativos independientes se ejerce desde el poder emocrático, todo para que las grietas de lo establecido no se hagan visibles y para que el hedor que expide el sistema, sea percibido como grata fragancia.

IV

Junto a todas estas manipulaciones emocráticasse encuentra también la propagación del miedo en todas sus formas: económicas, políticas, xenófobas, homofóbicas, misóginas, bíblicas, como culpabilización al opositor y, por lo regular,  invención de un enemigo causante de los desastres. Es el miedo unido a la venganza, la ira y la violencia, todo ello alimentando emociones donde la reflexión crítica y la argumentación lúcida no tienen cabida. La estrategia del miedo se propaga para desestabilizar y fragmentar a una comunidad; para recluirla y ensimismarla, de tal manera que los problemas que realmente nos afectan se oculten y se esfumen como por encanto, gracias al velo creado exponencialmente. He aquí la perversidad en su máxima expresión y representación: hacer prosperar un peligro como mentira y proyectar que todos estamos atrapados en él y sin posibles soluciones. Esta ha sido y es un proceso sistémico que el poder inflama para detener nuestras colectivas e individuales aspiraciones. Nos vuelve antisociales, solipsistas extremos, narcisos egoístas, excluyentes, marginales. A través de él, el poder controla, domina, organiza nuestros impulsos, nos refugia y ensimisma.

La viralización del miedo en las redes ayuda a que esta propagación fóbica se agudice y con ella se masifique la ira, el repudio y el odio al que vive y piensa diferente. Con todos estos ingredientes la sociedad, dominada por una emotividad gestada y dirigida, se aproxima más a las tiranías autocráticas que a las democracias autocríticas y realmente participativas.

* Poeta y ensayista colombiano

1Citado por Michaud, Eric. La estética nazi. Un arte de la eternidad. Buenos Aires: Ediciones Adriana Hidalgo, 2009, p.19.

2La emocracia ha permeado toda la cultura formando ciudadanos obedientes que dan un sí a la destrucción de sus adversarios, un sí a su aniquilamiento y, lo peor, votan por la guerra. Éstos, tal como nos lo ilustra Walser, “no son una sangre tranquila, sino que hierve, por eso son exagerados y apasionados, ansiosos  como están por derramar la sangre de sus enemigos (…) Y los peores de ellos son los demagogos que se ponen a su cabeza, a los que no se concibe como cínicos manipuladores o príncipes maquiavélicos, sino como hombres y mujeres que comparten plenamente las pasiones de las personas a las que guían. Eso es lo que se quiere decir con ‘energía apasionada’: los sentimientos son genuinos, y por eso producen tanto miedo”. (Fajardo Fajardo, Carlos, 2017. La Emocracia global y otros ensayos. Bogotá: Ediciones Desde abajo, págs.11-12).

3Op.cit.,64.

 Por CARLOS FAJARDO FAJARDO*

*Poeta y ensayista colombiano

1Citado por Michaud, Eric. La estética nazi. Un arte de la eternidad. Buenos Aires: Ediciones Adriana Hidalgo, 2009, p.19.

2La emocracia ha permeado toda la cultura formando ciudadanos obedientes que dan un sí a la destrucción de sus adversarios, un sí a su aniquilamiento y, lo peor, votan por la guerra. Éstos, tal como nos lo ilustra Walser, “no son una sangre tranquila, sino que hierve, por eso son exagerados y apasionados, ansiosos  como están por derramar la sangre de sus enemigos (…) Y los peores de ellos son los demagogos que se ponen a su cabeza, a los que no se concibe como cínicos manipuladores o príncipes maquiavélicos, sino como hombres y mujeres que comparten plenamente las pasiones de las personas a las que guían. Eso es lo que se quiere decir con ‘energía apasionada’: los sentimientos son genuinos, y por eso producen tanto miedo”. (Fajardo Fajardo, Carlos, 2017. La Emocracia global y otros ensayos. Bogotá: Ediciones Desde abajo, págs.11-12).

3Op.cit.,64.

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Elon Musk

El multimillonario sudafricano justifica los golpes de Estado para controlar recursos naturales como el litio en Bolivia. Y, sin embargo, mantiene su imagen de hombre clave para la transición ecológica

 

Elon Musk, el magnate de Tesla, SpaceX o Paypal, soltó hace unos días una verdadera bomba en Twitter, donde cuenta con más de 37 millones de seguidores: “Daremos un golpe de Estado a quien queramos, asúmelo”, le espetó a un internauta desconocido en un tuit que, cosa muy rara en él, ha borrado. El intercambio de pareceres era referente al derrocamiento de Evo Morales en Bolivia hace menos de un año. El país con mayores reservas de litio del mundo. En ese periodo de tiempo, las acciones de Tesla, una compañía que depende del llamado oro blanco para la producción de baterías, han subido alrededor de un 500%. Musk posee cerca del 20% del capital. Una frase que viene de maravilla para explicar este complejo tema con ramificaciones económicas y geopolíticas, la dijo él mismo, el flamante séptimo hombre más rico del planeta: “Está bien poner todos los huevos en una canasta, siempre y cuando uno controle lo que pasa con esa canasta”. Antes de borrar el tuit, aclaró que Tesla consigue el litio en Australia, aunque allí las reservas son mucho más exiguas. 

Parece una tontería, ¿no? No es para tanto. ¿Quién no ha explotado alguna vez en redes sociales? A él ya le ha pasado varias veces. Como cuando dijo en marzo que temer al coronavirus era una tontería, o cuando desafió al cierre de su planta en California y pidió que si arrestaban a alguien, que fuera sólo a él. El empresario sudafricano tan afincado en Sillicon Valley que casi podría creerse que lo preside tiene serios problemas para contenerse. En septiembre de 2018 tuvo que abandonar la presidencia de Tesla durante tres años y pagar una multa millonaria (35 millones de euros) debido a una investigación abierta por la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) tras unos tuits de principios de agosto en los que anunció que estaba planteándose que la empresa dejará de cotizar en bolsa. El organismo regulador consideró esos mensajes como un fraude para los inversores.

Quizá Musk pretende aparentar fortaleza para disfrazar sus debilidades. Y por eso, es un símbolo tan perfecto de este capitalismo agonizante, es el producto lógico de un sistema diseñado para poner los beneficios económicos en primer lugar y que se basa en la apariencia de éxito. 

El millonario tiene también un carácter explosivo, que le ha hecho formar parte de la cultura pop. Apareció en Big Bang Theory, ha sido dibujado para South Park y los Simpsons, y hasta hizo un cameo en la película Iron Man.

No se puede negar que es un genio. Lo que no está tan claro es de qué tipo. Proveniente de una familia privilegiada en la época del apartheid, el debate sobre si es un superhéroe de nuestros tiempos o, más bien, el malo de la película crece en intensidad a cada tuit polémico que publica y a cada propuesta descabellada que sale de su cabeza. Uno de esos momentos que más le acercan a la posición de villano loco es cuando propuso bombardear nuclearmente los polos de Marte para hacer su clima más habitable. Como para fiarse de un tipo con esas ideas para llevar adelante los proyectos de neurociencia que pretende su empresa Neuralink. ¿Superhéroe o supervillano? Él mismo quizá te pueda ayudar a decidirlo.  

Que uno de los diez hombres más ricos del planeta, modelo para muchos que se llaman emprendedores, y supuesta clave en la transición energética – a acometer sí o sí en un planeta de recursos cada vez más finitos– diga claramente que apoya que se organicen golpes de Estado para apoderarse de recursos de países como Bolivia, no debería ser pasado por alto. ¿Qué es el ecofascismo, Elon Musk? El ecofascismo eres tú. 

Pero no, él es el idolatrado hombre que nos llevará a Marte después de salvar la tierra en coche eléctrico cero emisiones. Seguro que habrá sido una broma, argumentan algunos de sus seguidores. En el caso de que así fuera, algo poco creíble, sería la broma de más mal gusto posible si tenemos en cuenta el historial de golpes de Estado financiados por EE.UU. en su patio trasero, América Latina. Y si además pensamos que el autor del chiste fue incluso asesor de Donald Trump y se codea con los halcones, cuervos, y buitres de la política mundial, poca broma. En su defensa podemos argumentar que al menos dejó de colaborar con el presidente norteamericano cuando Trump abandonó el acuerdo de París en 2017. Pero esa no es defensa suficiente. 

Y no puede olvidarse que, bajo la presidencia ‘interina’ de Jeaninne Áñez –la misma que recomendó rezar y ayunar para vencer a la pandemia–,  Bolivia ha vuelto a abrir la puerta a empresas estadounidenses, vetadas por el gobierno de Evo Morales, quien antes de ser destituido y exiliado, tras una acusación de fraude electoral, que cada vez está más claro que no existió, negociaba con empresas alemanas y chinas la explotación del litio del país para que parte de los beneficios redundaran en el pueblo boliviano.

Además, hay otro factor que daría para un análisis más pormenorizado, el tema ya mencionado de la cotización de las acciones. ¿Es Tesla una de las mayores burbujas de la historia? La compañía no ha conseguido beneficios anuales desde su fundación pero acaba de sobrepasar a Toyota como la empresa con más valor de mercado del sector automovilístico. Aquí tampoco podía faltar un tuit de su dueño: en mayo señaló que le parecía que el precio de sus acciones era muy alto –en ese momento estaban en 780 dólares– y cayeron más de un 10% en un solo día. Dos meses después han estado por encima de los 1.700. Y si hay algo que da valor a la compañía son sus baterías, las mejores del mercado, las que más autonomía dan. Su principal activo, más allá de marketing o expectativas. Y las baterías están hechas con litio.

El tema del oro blanco boliviano es muy complejo. Se parece al caso del poco rentable petróleo extra pesado de Venezuela. Bolivia tiene una gran cantidad de reservas de litio, de momento las mayores conocidas, pero las condiciones atmosféricas de Bolivia –llueve más que en Chile o Argentina–  y la cantidad de magnesio que hay que depurar hacen menos provechoso el recurso que el que hay en otros lugares. No obstante, al litio le llamaron oro blanco por algo. Y como ocurrió con el negro, allí donde encontraron petróleo, u otros recursos clave, como el gas o el uranio, llegaron los problemas, o peor, las “guerras por la paz”. Salvo que seas una de las potencias que las ocasiona, claro. Que Bolivia y Venezuela se parezcan también en los frecuentes intentos por desestabilizar sus gobiernos no es casualidad tampoco. Por muchos defectos que Evo y Maduro tengan. Aunque no es posible explicar el interés en un cambio de gobierno sólo por el litio; en Bolivia hay otros recursos como gas natural o petróleo. En última instancia se trata de controlar bienes y lugares estratégicos para evitar que caigan en manos equivocadas por si la eficiencia de la extracción aumenta o el mercado evoluciona.

El capitalismo está entrando en una fase de cambios que puede ir hacia posiciones ecofascistas como la que abandera el accionista mayoritario de Tesla. Decía Walter Benjamin: “Nada ha corrompido tanto a los obreros alemanes como la opinión de que están nadando con la corriente. El desarrollo técnico era para ellos la pendiente de la corriente a favor de la cual pensaron que nadaban”. El ecofascismo simplemente es la respuesta del capitalismo al problema de la escasez. Su única mutación posible en un mundo de recursos cada vez más escasos si seguimos abrazando el mito del progreso y la religión del eterno crecimiento. Una religión que exigirá también crecientes sacrificios. Progresar en la dirección equivocada –hacia Marte, por ejemplo, cuando tu planeta lo que necesita es que se reduzca la huella ecológica– es mucho peor que quedarse quieto y cuidar del suelo que pisas y te alimenta.  

Por Juan Bordera 4/08/2020

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