Miércoles, 18 Abril 2018 06:33

Facebook en el capitalismo crepuscular

Facebook en el capitalismo crepuscular

En junio de 1999 un estudiante universitario llamado Shawn Fanning puso en operación una plataforma para compartir música. La innovación permitía a los usuarios acceder a la música almacenada en sus computadoras en condiciones de reciprocidad. Fanning bautizó su plataforma como Napster, apodo que usaba para burlarse de los hackers.


Napster no era una red centralizada y permitía a los participantes tener acceso a una vasta discoteca a un costo marginal: en su apogeo llegó a contar con más de 70 millones de usuarios. Y luego, las cosas se pusieron feas.


Fanning fue demandado por las compañías disqueras y en 2001 perdió el juicio por promover la descarga ilegal de material protegido por las leyes de derechos de autor que amparaban a las disqueras. Así se impusieron los esquemas centralizados y de paga. Los nostálgicos de los años en que se pensaba que el capitalismo desaparecería porque las redes sociales hacían obsoletos los viejos esquemas de concentración de poder deben reconsiderar su análisis.


La comparecencia de Mark Zuckerberg ante el Congreso estadunidense hace unos días fue una farsa y un episodio más de la campaña de pido perdón del creador de Facebook. También mostró que la mayoría de los legisladores no sabía nada sobre el funcionamiento de la plataforma. Cada legislador tuvo cinco minutos para hacer preguntas, así que el interrogatorio fue superficial y sólo sirvió como operación de relaciones públicas del jefe de Facebook. También reveló que Zuckerberg no sabe nada de historia, economía ni ética.


No es la primera vez que un escándalo marca las operaciones de Facebook. En 2010, el Wall Street Journal descubrió que esa aplicación estaba vendiendo información privada sin el consentimiento de los usuarios a compañías rastreadoras de Internet y agencias de publicidad. Peor aún: en 2014, Facebook llevó a cabo experimentos sobre las cuentas de 689 mil usuarios (sin su conocimiento) y mostró que era posible hacerlos sentir más optimistas o pesimistas mediante la manipulación de las informaciones que supuestamente les enviaban sus amigos en un proceso denominado contagio emocional. El experimento mostró que la formación de opiniones podía condicionarse por el consumo dirigido de noticias y que esto podía tener graves repercusiones sobre preferencias electorales.


Hay sabemos que entre 2015 y 2016, Facebook vendió más de 100 mil dólares de espacio publicitario a “granjas de trolls” en Rusia y que 126 millones de cuentas de usuarios estadunidenses estuvieron expuestas a noticias enviadas por estos perfiles falsos de supuestos ciudadanos concernidos. No estoy implicando que la elección de Trump se decidió de este modo, eso nunca lo sabremos (las corruptelas y el entreguismo del Partido Demócrata fueron más importantes). Lo que quiero destacar es que hoy que se destapa la cloaca con los tratos con la empresa Cambridge Analytica se abren nuevas perspectivas sobre las relaciones entre la agregación de datos individuales y el modus operandi del capitalismo contemporáneo.


Las palabras big data denotan un acervo gigantesco de información personalizada que sólo un poderoso algoritmo puede procesar para elaborar un perfil preciso de cada usuario con fines comerciales. Lo importante es no sólo el uso comercial de estas bases de datos, sino el hecho de que colosos como Amazon, Google o Facebook pueden ahora incursionar en la manipulación política y hasta en funciones propias de un gobierno. El modelo de capitalismo financiero que hoy domina la economía mundial tolera y parece promover estas nuevas incursiones en el mundo del big data.


Y es que la acumulación y procesamiento de datos personales permite profundizar la apropiación de nuevos espacios de rentabilidad para un capitalismo que sufre una caída crónica en la tasa media de ganancia desde hace cuatro décadas. El neoliberalismo se ha basado en la supresión salarial y la destrucción del poder social y político de la clase trabajadora. Aun así no ha podido contrarrestar su crisis de rentabilidad ni evitar la concentración de la riqueza y tampoco ha podido evitar el semiestancamiento en el que se encuentra la economía mundial. En ese contexto, agregar y cosechar datos es una oportunidad que el capitalismo no quiere desperdiciar. Y para aprovecharla se ha llevado a un nuevo estándar la mercantilización de las relaciones sociales. El gigantismo y la concentración de poder se han intensificado para convertir la esfera de la vida privada en mercancía.


Por cierto, en México el consejero presidente del Instituto Nacional Electoral (INE) anunció hace poco que se había firmado un convenio con Facebook para evitar que las noticias falsas desorientaran a los votantes y afectaran el proceso de las próximas elecciones. El momento escogido para suscribir tal convenio no pudo ser más desafortunado. En medio del peor escándalo en la historia de Facebook, poco faltó para que el INE lo elevara a rango de autoridad electoral. ¿Quién decidirá lo que es noticia falsa? ¿El INE? El atraso e incompetencia de los funcionarios del instituto electoral son ejemplares.


Twitter: @anadaloficia

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Sujetos felizmente manipulados, no gracias

Un punto de partida para comprender el alcance de la masiva fuga de datos de usuarios de Facebook y su uso político es centrarnos en la oscura relación entre las empresas y las agencias de inteligencia.

 

Si hay una figura que se destaca por ser el héroe de nuestro tiempo es Christopher Wylie, un canadiense gay vegano que, a los 24 años, se le ocurrió una idea que llevó a la fundación de Cambridge Analytica, una empresa de análisis de datos que tuvo un rol clave en el referéndum en el que ganó la separación del Reino Unido de la Unión Europea. Más tarde, Wylie se convirtió en una figura clave en las operaciones digitales durante la campaña electoral de Donald Trump, creando la herramienta de guerra psicológica de Steve Bannon. Su plan era irrumpir en Facebook y cosechar los perfiles de millones de usuarios en Estados Unidos y usar su información privada y personal para crear perfiles psicológicos y políticos sofisticados, y luego llenarlos con anuncios políticos destinados a trabajar en su maquillaje psicológico. En cierto punto, Wylie estaba realmente asustado: “Es una locura. La compañía ha creado los perfiles psicológicos de 230 millones de estadounidenses. ¿Y ahora quieren trabajar con el Pentágono? Es como Nixon con anabólicos”.


Lo que hace que esta historia sea tan fascinante es que combina elementos que generalmente percibimos como opuestos. La derecha alt-right se presenta como un movimiento que se dirige a las preocupaciones de la gente común, blanca, profundamente religiosa y muy trabajadora que representa los valores tradicionales simples y odia las excentricidades corruptas como homosexuales y veganos pero también a nerds digitales, y ahora nos enteramos que sus triunfos electorales estaban dirigidos y orquestados precisamente por uno de esos nerds que representa todo a lo que ellos se oponen... Hay más que un valor anecdótico en este hecho: es evidentemente una señal de la vacuidad del populismo de la derecha alternativa que tiene que depender de los últimos avances tecnológicos para mantener su atractivo provinciano. Además, disipa la ilusión de que ser un nerd informático marginal significa automáticamente una posición antisistema “progresiva”. A un nivel más básico, una mirada más cercana al contexto de Cambridge Analytica clarifica cómo la manipulación fría y el cuidado del amor y del bienestar humano son las dos caras de la misma moneda.


En el nuevo complejo militar-industrial de grandes volúmenes de datos Psy-Ops, que apareció en The New York Review of Books, Tamsin Shaw aclara “las empresas privadas desempeñan un papel en el desarrollo y despliegue de tecnologías de conducta financiadas por el gobierno”; el caso ejemplar de estas compañías es, por supuesto, Cambridge Analytica:


“Dos jóvenes psicólogos son fundamentales en la historia de Cambridge Analytica. Uno es Michal Kosinski, que concibió una aplicación con un colega de la Universidad de Cambridge, David Stillwell, que mide los rasgos de personalidad analizando los “me gusta” de Facebook. Luego fue usado en colaboración con el Proyecto de Bienestar Mundial, un grupo del Centro de Psicología Positiva de Pennsylvania que se especializa en el uso de datos para medir la salud y la felicidad para mejorar el bienestar. El otro es Aleksandr Kogan, quien también trabaja en el campo de la psicología positiva y ha escrito ensayos sobre la felicidad, la bondad y el amor (según su currículum, un artículo anterior se tituló ‘Down the Rabbit Hole: A Unified Theory of Love’ ‘Adentro del agujero del Conejo: Una Teoría Unificada del Amor`). Dirigió el Laboratorio de Prosicialidad y bienestar, bajo los auspicios del Instituto de Bienestar de la Universidad de Cambridge”.


Lo que debería atraer nuestra atención aquí es el “cruce bizarro de investigación sobre temas como el amor y la bondad con los intereses de defensa e inteligencia”: ¿por qué esta investigación provoca tanto interés de las agencias de inteligencia británicas y estadounidenses y contratistas de defensa, con la ominosa Darpa (Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa del Gobierno de Estados Unidos) siempre acechando en el fondo? El investigador que personifica este cruce es Martin Seligman: en 1998, “fundó el movimiento de psicología positiva dedicado al estudio de los rasgos y hábitos psicológicos que fomentan la felicidad y el bienestar auténticos, generando una enorme industria de libros populares de autoayuda. Al mismo tiempo, su trabajo atrajo el interés y la financiación del ejército como una parte central de su iniciativa de resiliencia del soldado”.


Por lo tanto, este cruce no está impuesto externamente a las ciencias de conducta por manipuladores políticos “malos”, sino que está implícito en su orientación inmanente: “El objetivo de estos programas no es simplemente analizar nuestros estados de ánimo subjetivos, sino descubrir los medios por los cuales podemos ser “empujados” en el sentido de nuestro verdadero “bienestar” como lo entienden los psicólogos positivos, que incluyen atributos como la resistencia y el optimismo”. El problema es que, por supuesto, este “impulso” no afecte a individuos en el sentido de superar sus “irracionalidades” percibidas por la investigación científica: las ciencias contemporáneas de conducta más bien “intentan explotar nuestras irracionalidades en lugar de superarlas. Una ciencia que está orientada hacia el desarrollo de tecnologías de conducta seguramente nos verá como sujetos manipulables más que como agentes racionales.. Si estas tecnologías se están convirtiendo en el núcleo de las operaciones cibernéticas militares y de inteligencia de Estados Unidos, parece que tendremos que trabajar para evitar que estas tendencias afecten la vida cotidiana de nuestra sociedad democrática”.


Tras el estallido del escándalo Cambridge Analytica, todos estos acontecimientos y tendencias fueron ampliamente cubiertos por los medios de comunicación progresistas, y la imagen general que se desprende de ello, combinado con lo que también sabemos acerca de la relación entre los últimos avances en la biogenética (cableado del cerebro humano , etc.), proporciona una imagen adecuada y aterradora de las nuevas formas de control social que convierten el buen “totalitarismo” del siglo XX en una máquina de control bastante primitiva y torpe. Para comprender todo el alcance de este control, se debe ir más allá de la relación entre las empresas privadas y los partidos políticos (como es el caso de Cambridge Analytica), a la interpenetración de las empresas de procesamiento de datos, como Google o Facebook y las agencias de seguridad del Estado - Assange tenía razón en su libro clave extrañamente ignorado en Google: para entender cómo nuestras vidas están reguladas hoy, y de qué manera esta regulación se experimenta como nuestra libertad, tenemos que centrarnos en las relaciones oscuras entre las empresas privadas que controlan nuestros bienes comunes y las agencias secretas estatales. No deberíamos escandalizarnos ante China sino ante nosotros mismos que aceptamos la misma regulación y creemos que conservamos plena libertad y medios solo para lograr realizar nuestras metas (mientras que en China las personas son plenamente conscientes de que están reguladas).


El mayor logro del nuevo complejo cognitivo-militar es que la opresión directa y obvia ya no es necesaria: los individuos están mucho mejor controlados e “impulsados” en la dirección deseada cuando siguen experimentándose como agentes libres y autónomos de sus propias vidas ... Pero todos estos son hechos bien conocidos, y tenemos que dar un paso más.


La crítica predominante procede en forma de desmitificación: debajo de la investigación que parece inocente sobre la felicidad y el bienestar, se discierne un oscuro y oculto complejo gigantesco de control y manipulación social ejercido por las fuerzas combinadas de corporaciones privadas y agencias estatales. Pero lo que se necesita urgentemente también es la movida opuesta: en lugar de preguntar solamente qué contenido oscuro está oculto debajo de la forma de investigación científica de la felicidad, deberíamos enfocarnos en la forma misma. ¿El tema de la investigación científica sobre bienestar humano y felicidad (por lo menos en la forma en que se practica hoy en día) es realmente inocente, o ya está permeable al control y la manipulación?.¿Qué pasa si las ciencias no están siendo utilizadas incorrectamente, qué pasa si encuentran aquí precisamente su uso adecuado? Deberíamos cuestionar el crecimiento reciente de una nueva disciplina, “estudios de la felicidad” - cómo es que en nuestra era de hedonismo espiritual cuando el objetivo de la vida está directamente definido como la felicidad, la ansiedad y la depresión están explotando? Es el enigma de este autoboicot de la felicidad y el placer lo que hace que el mensaje de Freud sea más actual que nunca.


Como sucede a menudo, Bhután, un país en vías de desarrollo del Tercer Mundo, explicó las absurdas consecuencias sociopolíticas de esta noción de felicidad: hace dos décadas, el reino de Bután decidió centrarse en la Felicidad Nacional Bruta en lugar del Producto Bruto Interno; la idea fue creación del ex rey Jigme Singye Wangchuck, quien buscó dirigir Bhután al mundo moderno, mientras preservaba su identidad única. Ahora con las presiones de la globalización y el materialismo creciendo, y el pequeño país listo para sus primeras elecciones, el inmensamente popular nuevo rey de 27 años educado en Oxford, Jigme Khesar Namgyel Wangchuck, ordenó a una agencia estatal calcular cuántos entre los 670.000 habitantes del reino son felices. Los funcionarios dijeron que ya habían llevado a cabo una encuesta a unos 1000 personas y hecho una lista de parámetros para ser feliz, semejante el índice de desarrollo que lleva a cabo las Naciones Unidas. Las principales preocupaciones fueron identificadas como bienestar psicológico, salud, educación, buen gobierno, niveles de vida, vitalidad comunitaria y diversidad ecológica... esto es imperialismo cultural, si alguna vez lo hubo.


Deberíamos arriesgarnos un paso más y preguntar sobre el lado oculto de la noción de la felicidad misma, ¿cuándo exactamente puede la gente decir que es feliz? En un país como Checoslovaquia a fines de las décadas de 1970 y 1980 la gente efectivamente ERA feliz. Se cumplían tres condiciones fundamentales para la felicidad entonces. (1) Sus necesidades materiales estaban básicamente satisfechas –no demasiado satisfechas, ya que el exceso de consumo puede generar infelicidad en sí mismo–. Es bueno experimentar una breve escasez de algunos bienes del mercado de vez en cuando (sin café durante unos días, luego sin carne, luego sin televisor): estos breves períodos de escasez funcionaron como excepciones que le recordaban a las personas que debería alegrarse de que los productos estuvieran generalmente disponibles; si todo está disponible todo el tiempo, la gente toma esta disponibilidad como un hecho de la vida y no apreciarían su suerte. La vida, por lo tanto, se desarrolló de manera regular y predecible, sin grandes esfuerzos ni sorpresas y uno se retiraba a su propio nicho privado. (2) Una segunda característica muy importante: existía el Otro (el Partido) a quien culpar por todo lo que estaba mal, de manera que uno no se sentía realmente responsable -si había una escasez temporaria de algunos bienes, aún si una tormenta causaba un gran daño, era “su” culpa. (3) Y, por último pero no menos importante, había un Otro Lugar (el Occidente consumista) sobre el que a uno le era permitido soñar, aún visitar a veces –este lugar estaba a una distancia correcta, no demasiado cerca, tampoco demasiado lejos–. El deseo era la fuerza que impulsaba a la gente a ir más lejos y terminar en un sistema en que la gran mayoría es definitivamente menos feliz...


La felicidad es por lo tanto en si misma, (en su mismo concepto, como Hegel lo hubiera dicho) confusa, indeterminada, inconsistente - recuerden la respuesta proverbial de un inmigrante alemán a los Estados Unidos cuando le preguntaron “¿Es usted feliz?”, contestó: “Si, si estoy muy feliz aber gluecklich bin ich nicht…”. Es una categoría pagana: para los paganos, el objetivo de la vida es vivir una vida feliz, (la idea de vivir “felizmente toda la vida” es ya una versión cristianizada del paganismo), y la experiencia religiosa o la actividad política mismo son consideradas la más alta forma de felicidad (ver Aristóteles)- con razón el Dalai Lama tiene tanto éxito recientemente rezando por el mundo su evangelio de felicidad y con razón está encontrando la mayor respuesta precisamente en Estados Unidos, el último imperio de la búsqueda de la felicidad..


La felicidad consiste en la incapacidad o la poca disposición del sujeto para confrontar las consecuencias de su deseo: el precio de la felicidad es que el sujeto permanece atrapado en la inconsistencia de su deseo. En nuestra vida diaria, (pretendemos) desear cosas que realmente no deseamos, de manera que, en última instancia, lo peor que puede pasar es que obtengamos lo que “oficialmente” deseamos. La felicidad es intrínsecamente hipócrita: es la felicidad de soñar con cosas que realmente no queremos.


¿No encontramos un gesto similar en gran parte de la política de izquierda?


Cuando un partido radical izquierdista pierde por poco las elecciones y la toma del poder, uno a menudo detecta un oculto suspiro de alivio: gracias a Dios que perdimos, quién sabe en que problema nos hubiéramos metido si hubiéramos ganado... En el Reino Unido, muchos izquierdistas admiten en privado que la casi victoria del Partido Laborista en las últimas elecciones es lo mejor que les pudo pasar, mucho mejor que la inseguridad que podría ocurrir si el gobierno laborista hubiera tratado de implementar su programa. Lo mismo vale para la perspectiva de una eventual victoria de Bernie Sanders en Estados Unidos: ¿cuáles hubieran sido sus oportunidades contra la arremetida del gran capital? La madre de esos gestos es la intervención soviética en Checoslovaquia que aplastó la Primavera de Praga y su esperanza de un socialismo democrático. Imaginemos la situación en Checoslovaquia sin la intervención soviética: muy pronto el gobierno “reformista” tendría que confrontar el hecho que no había una posibilidad real de un socialismo democrático en ese momento histórico, de manera que tendría que elegir entre reafirmar el control del partido –por ejemplo, estableciendo límites claros a las libertades y permitiéndole a Checoslovaquia convertirse en uno de los países capitalistas liberal– demócratas de Occidente. De alguna manera, la intervención soviética salvó la Primavera de Praga, salvó a la Primavera de Praga como un sueño, como una esperanza que, sin la intervención, una nueva forma de socialismo democrático hubiera emergido.... ¿Y no ocurrió algo similar en Grecia cuando el gobierno de Syriza organizó el referendo contra la presión de Bruselas para que aceptaran las políticas de austeridad? Muchas fuentes internas confirman que el gobierno estaba secretamente esperando perder el referéndum, en cuyo caso debían bajarse y dejar que otros hicieran el trabajo sucio de ajuste. Como ganaron, esta tarea les tocó a ellos y el resultado fue la autodestrucción de la izquierda radical en Grecia.. Sin ninguna duda, Syriza hubiera sido mucho más feliz si hubiera perdido la consulta.
Entonces, volviendo a nuestro punto de partida, no solamente somos gente “feliz” controlada y manipulada que secretamente e hipócritamente exigen ser manipulados por su propio bien. La verdad y la felicidad no van juntas: la verdad duele, trae inestabilidad, arruina el fluir de nuestras vidas diarias. La elección es nuestra: ¿queremos ser felizmente manipulados o exponernos a los riesgos de la creatividad auténtica?

* Filósofo y crítico cultural, es profesor en la European Graduate School, director internacional del Birkbeck Institute for the Humanities (Universidad de Londres) e investigador senior en el Instituto de Sociología de la Universidad de Liubliana. Su última obra es Porque no saben lo que hacen (Akal) y Antígona (Akal). Próximamente Territorios inexplorados. Lenin después de octubre (Akal).
Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Sábado, 14 Abril 2018 09:24

Facebook ya no es amigo de la democracia

Facebook ya no es amigo de la democracia

Facebook, la gigante red social con fines de lucro, recopila grandes cantidades de datos de cada uno de sus 2.000 millones de usuarios en todo el mundo. Este paquete de información le da a Facebook un poder comercial inigualable. También resulta cada vez más evidente que le da la capacidad de influir en importantes acontecimientos, como elecciones presidenciales y otro tipo de elecciones en diferentes partes del mundo. Las revelaciones sobre el papel de Facebook en la explotación de información de usuarios por parte de una empresa llamada Cambridge Analytica, que usó esa información para apoyar la campaña presidencial de Donald Trump, así como en el resultado del “Brexit”, el referéndum que llevó a Reino Unido a abandonar la Unión Europea, ha generado una demanda de leyes más estrictas en torno al resguardo de la privacidad de la información.

El multimillonario Mark Zuckerberg, fundador y director ejecutivo de Facebook, compareció por primera vez ante el Congreso estadounidense esta semana. Entre quienes lo interrogaron el martes en la primera de las dos audiencias programadas se encontraba el senador demócrata de Illinois, Dick Durbin. Así fue el intercambio que tuvieron:


Sen. Durbin: “¿Se sentiría cómodo de compartir con nosotros el nombre del hotel en el que se alojó anoche?”


Mark Zuckerberg: “Ehh… no”.


Durbin: “Si le ha mandado mensajes a alguien esta semana, ¿compartiría con nosotros los nombres de las personas a las que le ha escrito?”


Zuckerberg: “Definitivamente no, senador. Preferiría no hacer pública esa información aquí”.


Durbin: “Creo que de eso se trata todo esto: del derecho a la privacidad, de los límites del derecho a la privacidad y de cuánto cedemos en el Estados Unidos moderno en nombre de, cito, ‘conectar a las personas en todo el mundo’”.


Estas audiencias sin precedentes del Congreso generaron mucha polémica pero poca claridad, tal como lo predijo Zeynep Tufekci, profesora de la Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill. Tufekci es una de las investigadoras más agudas en lo que respecta a Facebook y al desarrollo de nuestro panorama digital. La profesora expresó: “Realmente no necesitamos que Mark Zuckerberg explique los conceptos básicos de Facebook a un grupo de senadores que ni siquiera parecen entender del tema. Necesitamos sentarnos y preguntarnos: ‘¿Cómo nos manejamos con los nuevos recursos de información? ¿Cómo nos manejamos con la nueva esfera pública tal como funciona ahora? Mucha gente piensa erróneamente que Facebook vende los datos de uno. Pero Facebook no vende tus datos; Facebook te vende a ti”.


La empresa Cambridge Analytica, cofundada por el exasesor de Trump, Stephen Bannon, y el multimillonario donante de Trump, Robert Mercer, un ideólogo de extrema derecha, afirmó que podía crear “perfiles psicográficos” de las personas en función de sus datos de Facebook. Un informante de la empresa reveló que habían asesorado a la campaña de Trump en torno a cómo hacer publicidad específica con el fin de favorecer a Trump, así como para desalentar la participación de votantes demócratas.


La explotación masiva de datos personales en todo el planeta tiene consecuencias nefastas. La profesora Tufekci señaló al respecto: “Podríamos entrar en una fase a la que llamo ‘autoritarismo de la vigilancia’, en donde no nos enfrentamos al tipo de modelo orwelliano de la novela ‘1984’, esto es, un totalitarismo abierto, en el que suceden cosas como ser sacado a rastras en medio de la noche y ese tipo de cosas, sino que somos velada y silenciosamente presionados y manipulados, persona por persona, pantalla por pantalla, de acuerdo a nuestras vulnerabilidades individuales”.


Tufekci afirma que la especificidad que brindan los datos de los usuarios de Facebook es escalofriante y da como ejemplo la capacidad de determinar si una persona es bipolar: “Se puede predecir si es probable que una persona entre en una depresión clínica o si es probable que entre en una fase maníaca, si tiene problemas de salud mental, problemas de bipolaridad, antes del inicio de los síntomas clínicos”.
A partir de este seguimiento, se podrían ofrecer vuelos baratos a Las Vegas, por ejemplo, a personas cuya actividad en Facebook indique que están entrando a una fase maníaca. Estas personas podrían ser inducidas a realizar una compra impulsiva con mayor facilidad.


Y también están los niños y las niñas. Esta población se ha convertido en blanco reciente de Facebook con el desarrollo de su aplicación “Facebook Messenger Kids”. Esto permitiría que Facebook reclute usuarios nuevos, más jóvenes que la edad mínima actual de 13 años. Incluso a pequeños de 6 años de edad. La Campaña por una infancia libre de publicidad está tomando medidas para eliminar esta aplicación.


Josh Golin, director ejecutivo de esta campaña, nos dijo en una entrevista para Democracy Now!: “Hay una gran cantidad de investigaciones que demuestran que las redes sociales son perjudiciales para los adolescentes, que el tiempo excesivo en las redes sociales se relaciona con problemas como la depresión y la infelicidad. Las niñas que están en las redes sociales tienen más probabilidades de sentirse disconformes con sus cuerpos. Facebook tiene conocimiento de estas investigaciones y aun así procura deliberadamente que niños cada vez más pequeños usen su plataforma. Y creemos que es un gran error. En un momento en que la mayoría de los padres ya están preocupados por el tiempo que pasan sus hijos frente a la pantalla, en un momento en que niños y niñas no tienen suficiente tiempo cara a cara con sus amigos, lo último que necesitan los niños es normalizar esta idea de que las relaciones se desarrollan en internet, que las relaciones deben tener lugar a través de un producto comercial”.


Facebook, Google, Twitter y otras plataformas de redes sociales se han convertido en ámbitos centrales de nuestras vidas modernas de interconexión digital. Pero cada vez hay más pruebas de que nuestros “amigos” en las redes sociales, lo que “nos gusta” y lo que compartimos, pueden ser utilizados por grupos malintencionados para atacar a sectores enteros de la población con el simple tecleo de un par de letras. Si la democracia ha de sobrevivir en este (nuevo) mundo feliz, los movimientos sociales tendrán que unirse y organizarse para contener a estos gigantes corporativos y proteger nuestros bienes comunes digitales.
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Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

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Jueves, 12 Abril 2018 06:24

“Si los usuarios lo publican...

“Si los usuarios lo publican...

El fundador de Facebook aseguró que los usuarios son responsables del contenido que difunden. Y admitió que la regulación de las redes sociales será “inevitable”, aunque debería estudiarse cuidadosamente.

 

Mark Zuckerberg volvió a defender ayer ante los congresistas estadounidenses el modelo económico de Facebook, a pesar de los casos probados de manipulación y mal uso de los datos personales de sus usuarios, al tiempo que admitió que la regulación de las redes sociales es “inevitable”. “En todo el mundo, la importancia de internet en la vida de las personas está creciendo, y creo que es inevitable que deba haber alguna regulación”, dijo el CEO y fundador de Facebook, aclarando que esto debería ser “estudiado cuidadosamente”.


Antes, había asegurado a los miembros de una comisión de la Cámara de Representantes que los usuarios son responsables del contenido que publican. “Cada vez que alguien decide publicar algo en Facebook elige compartir una imagen o escribir un mensaje. Cada vez, hay un control justo en ese momento”, aseguró.


El empresario de 33 años, que pasó anteayer cinco horas respondiendo las preguntas de los senadores, admitió no haber protegido adecuadamente la privacidad de los usuarios y anunció controles adicionales.


Zuckerberg no deja de pedir disculpas desde la revelación del escándalo de Cambridge Analytica a mediados de marzo, que ha dañado significativamente la imagen del grupo y ha reducido su valor bursátil.


Según Facebook, los datos de unos 87 millones de usuarios –incluidos los de Zuckerberg, admitió él mismo– quedaron en manos de la empresa de análisis de datos antes de que la red social comenzara a introducir restricciones en 2014. La firma británica trabajó para la campaña del candidato presidencial republicano Donald Trump en 2016.


Después de admitir que su compañía había sido “lenta” en identificar compras de publicidad política por parte de Rusia durante la campaña electoral, Zuckerberg aseguró que Facebook estaba haciendo “cada vez mejor” la tarea de eliminar cuentas falsas.


El fiscal especial Robert Mueller, que investiga desde mayo de 2017 una posible alianza entre el equipo de campaña de Trump y funcionarios rusos para influir en las elecciones, cree que internet y en particular Facebook han servido de plataforma para una gran operación de propaganda destinada a promover la victoria del magnate de bienes raíces.


Al comenzar la audiencia, el legislador Frank Pallone calificó la filtración de datos como un “desastre” y exhortó al Congreso a “tomar medidas inmediatas para proteger” la “democracia”. “Las advertencias estaban en todas partes, ¿por qué nadie las veía?”, preguntó.

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Miércoles, 11 Abril 2018 05:58

No quiso decir ni dónde se alojaba

No quiso decir ni dónde se alojaba

El fundador de Facebook dio explicaciones ante el Senado de Estados Unidos sobre la masiva fuga de datos de usuarios. A contramano del uso discrecional de la información, Zuckerberg se negó a decir con quiénes se reunía.

 

El fundador y director ejecutivo de Facebook, Mark Zuckerberg, dijo que había sido su error y que él era responsable del uso ilegal de datos de sus usuarios por parte de la empresa Cambridge Analytica. El joven empresario, de 33 años, se presentó ayer ante el Senado de Estados Unidos para dar testimonio sobre el caso.


En sus primeras palabras en el Congreso, Zuckerberg dijo que Facebook no advirtió el alcance de su responsabilidad. “Eso fue un gran error. Fue mi error”, expresó. Zuckerberg, que cambió el habitual atuendo de remera y jeans por traje y corbata, fue recibido por decenas de fotógrafos en Washington para comparecer como testigo en una sesión conjunta de los comités de Justicia y Comercio del Senado. Los senadores de ambos partidos cuestionaron agresivamente al fundador de Facebook desde privacidad de la información hasta la desinformación llevada a cabo por parte de los rusos. Los legisladores exigieron más detalles acerca de cómo la red social recolecta y usa la información y exigieron garantías de que se implementarían grandes mejoras en la protección de la privacidad de los usuarios, informó The Washington Post.

En uno de los momentos más picantes de la audiencia uno de los senadores le preguntó al CEO de Facebook si estaría dispuesto a compartir el nombre del hotel en que había dirmedo esa noche.


“No,” contestó Zukerberg.


¿Y el nombre de las personas con las que había chateado ese día? Insistió el senador.


“No, tampoco,” volvió a decir el testigo estrella.


“Bueno, de eso se trata esta audiencia,” remató el legislador.


La amenaza de mayores regulaciones –no sólo para Facebook , suno para toda la industria tecnológica– sobrevoló la audiencia.


“Yo inicié Facebook, yo lo conduzco, y soy responsable de lo que pase aquí”, dijo Zuckerberg.


Al comienzo de la audiencia, el titular de la Comisión de Comercio, John Thune, indicó que tal vez sea tiempo de implementar más regulación, en lugar de compromisos unilaterales por parte de las empresas. Y dijo no estar seguro de si los usuarios tienen total comprensión de las consecuencias de entregar sus datos a compañías de internet.


“Facebook está investigando decenas de miles de aplicaciones, y si encontramos cualquier actividad sospechosa, vamos a llevar a cabo una auditoría completa de esas apps para entender cómo están usando los datos y si están haciendo algo inapropiado.”, afirmó Zuckerberg. “Si encontramos que estuviesen haciendo algo inapropiado, vamos a expulsarlos de Facebook y vamos a informar a todos los que hayan sido afectados”, advirtió.


El CEO de Facebook compareció rodeado de sus principales ejecutivos de políticas y asuntos legales y parecía estar bien entrenado, según el diario The New York Times. El empresario respondió a las preguntas de manera directa y sin mostrarse a la defensiva. Señaló que la mayor prioridad de la red social es conectar a las personas, y que eso seguirá siendo siempre más importante que los intereses de los anunciantes. “Al menos mientras dirija Facebook”, enfatizó.


Por su parte, la senadora Dianne Feinstein, la demócrata de más jerarquía dentro del comité judicial, apretó a Zuckerberg en cuanto a la explotación de la plataforma por parte de Rusia durante las elecciones presidenciales de 2016. El empresario admitió que el esfuerzo de la compañía de encontrar y detener las intromisiones rusas fue lento, y calificó a ese error como uno de sus mayores arrepentimientos. “Hay gente en Rusia cuyo trabajo es explotar nuestros sistemas”, dijo Zuckerberg. “Esto es una carrera de armamentos”, añadió. Pero el fundador de Facebook dijo que la compañía desarrolló nuevas herramientas de inteligencia artificial para detectar actividades maliciosas en las elecciones de Francia, Italia y en el Senado de Alabama. Dijo que él creía que la nueva tecnología ayudaría a proteger la integridad de las elecciones alrededor del mundo de la manipulación vía Facebook.


Zuckerberg, antes de la audiencia, hizo uso de su cuenta en la red social más discutida del momento y publicó una foto del edificio del Capitolio rodeado de árboles de cerezo en flor y un mensaje sobre lo que planeaba decir a los legisladores. “Dentro de una hora voy a testificar ante el Senado acerca de cómo Facebook necesita tomar una visión más amplia sobre nuestra responsabildad -no sólo construir herramientas, pero asegurarnos que esas herramientas sean usadas para el bien. Voy a hacer todo lo que pueda para hacer de Facebook un lugar donde todos puedan estar más cerca de sus seres queridos, y para asegurarnos de que es una fuerza positiva en el mundo.”


El empresario se someterá hoy a las preguntas del comité de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes. Según las declaraciones de varios congresistas en los últimos días, el CEO de Facebook se enfrentará a duros interrogatorios.


La compañía venía tambaleándose desde las elecciones de noviembre de 2016 durante las que se propagaron noticias falsas en dicha plataforma y operadores rusos montaron una campaña para dividir a los votantes estadounidenses, dañando a la demócrata Hillary Clinton y aumentando las chances de elección del republicano Donald Trump.


Facebook parecía estar recuperándose de esas controversias cuando el mes pasado se destapó el escándalo de Cambridge Analytica, una empresa de análisis de datos contratada, entre otros, para la campaña de Trump y otros republicanos. Hace más de cuatro años, el desarrollador de una aplicación de encuestas de personalidad envió ilegalmente informaciones de usuarios de Facebook a Cambridge Analytica. Y no se trataba sólo de los datos de los participantes en la encuesta, sino también de sus contactos de la popular red social.
Así, según Facebook, podrían haberse visto afectados los datos de hasta 87 millones de usuarios en todo el mundo, entre ellos 70 millones de estadounidenses.

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El control social de la mente en la era digital

Los dispositivos para el dominio de la mente y el cuerpo, con el fin de garantizar la sumisión al poder, se han reforzado en la era digital. Joseph Goebbels, a la sazón ministro de Ilustración y Propaganda en la Alemania del Tercer Reich, comprendió el significado de la difusión masiva de mensajes.

Goebbels hizo fabricar una radio de bajo costo para que fueran adquiridas por las clases trabajadoras y los sectores medios. Se le denominó "la radio del pueblo". Limitada a la recepción de emisoras alemanas, en 1933 su producción incorporaba una esvástica encima del dial. Fue una revolución. Goebbels convenció a Hitler.

El control de la mente del pueblo alemán se extendió. Las ondas hertzianas fueron el mecanismo utilizado para penetrar en los hogares. Noticias, discursos, partes de guerra, concursos, música, etcétera. Todo estaba diligentemente seleccionado. El nazismo hizo del radiotransmisor un instrumento de control político. Era perfecto. Las familias arremolinadas frente al aparato recibían las instrucciones para acudir a manifestaciones, estar a la moda o participar en actos políticos.

Por primera vez los radioescuchas, en tiempo real, asistían a una transmisión deportiva. Nadie dudó de su eficacia. El pueblo alemán fue agradecido. Se transformó en un devoto nazi pasivo, gracias a este regalo envenenado de Goebbels.

En 1933, sólo 25 por ciento de hogares poseía una radio. En 1941, en plena ofensiva nazi, la proporción se elevó a 67 por ciento. Todos los fabricantes de aparatos de radiodifusión fueron obligados a producir el modelo. Su precio, 76 marcos, era una bicoca frente a los oscilantes 200 a 400 que costaban los convencionales.

Hoy, junto al ordenador personal, en sus diferentes modalidades, tabletas, smartphones, se hace posible dirigir, controlar, manipular y proyectar el mundo acorde con las grandes compañías del big data. Los vínculos existentes entre Microsoft y Apple con el poder y su complicidad se hacen patentes cuando se destapan los escándalos de la dominación informática. Tanto Bill Gates como el desaparecido Steve Jobs siguieron la senda inaugurada por el Tercer Reich.

Bajo una especie de mecenazgo, actos de filantropía, donan y reparten ordenadores a países dependientes, colegios públicos, instituciones públicas, ministerios, etcétera. A la par, crean aulas de informática en universidades de los cinco continentes. Todo bajo el sello de una obra en bien de la comunidad, ocultando la verdadera razón de tales comportamientos. Acceder a información global, antes insospechada y menos aún posible de almacenar, dirigir y manipular. Hoy, estas empresas construyen perfiles específicos para usuarios individualizados. La línea entre el espacio público, lo privado y lo íntimo ha desaparecido. Han penetrado hasta lo más profundo de nuestro ser. No hace falta una orden de registro dictada por un juez para entrar en tu domicilio y realizar un registro. No es necesario abrir cajones, hurgar en el desván de tu casa para descubrir tus gustos de lectura, pasatiempos y amistades. La información se consigue de forma sibilina, menos tosca, sin violencia física. El control del cuerpo y la mente se hace global. De la biopolítica a la sicopolítica. El poder entró vía web. Se rastrean tus correos electrónicos, compras, cuentas bancarias, vacaciones. Con un algoritmo adecuado se construye el perfil que define tu personalidad, comportamiento, aficiones, ideología, si eres sumiso, dócil, conflictivo, etcétera. Gracias al GPS, la localización no es un problema.

Los estándares de la web están controlados. Google, Facebook, Amazon, Youtube y PayPal pertenecen al consorcio W3C, articulado al protocolo Http, sin el cual la World Wide Web no existiría. Los navegadores Chrome, Safari, Mozilla y Firefox tienen dueños: Microsoft y Apple. La informática de la dominación, ensamblada a los servicios de inteligencia, facilita el control de la mente. Por nuestras entradas editan perfiles exactos. No se trata sólo del uso de nuevas formas de identificación, como el reconocimiento facial. Saben los gustos, controlan nuestras emociones, sentimientos. Tienen acceso al conjunto de los ingresos, la ubicación. No es extraño que los dispositivos de hardware tengan como función prioritaria acceder a la web y sus servicios. Los nuevos amos de esta red, a decir del colectivo Ippolita, en su ensayo ¿La red es libre y democrática?, concluyen: "Poseen los códigos del software que usamos, las informaciones que les regalamos, la potencia de cálculo y la mano de obra para mantener todo en constante movimiento (mano de obra gratuita de los usuarios). Los nuevos amos digitales han plasmado una mentalidad, han proporcionado una idea del mundo y cada día van anunciando la buena nueva de la web 2.0. Más de 20 años después de la puesta online del primer sitio www, nos descubrimos adeptos a una nueva religión, de la que desconocemos origen y estructura, pero cuya liturgia aplicamos cada día con meticulosa diligencia".

El capitalismo de la era digital articula un sistema totalitario, en el cual, curiosamente, nos sentimos cada vez más libres, creyendo que nuestras navegaciones en red acaban con el control social del poder analógico ejercido por una clase social o una élite dominante transversal. La gratuidad de los servicios de la web debería hacernos pensar. El capitalismo no regala nada a cambio de nada. Sin dudarlo, el complejo industrial, militar, tecnológico y financiero ha sido capaz de entrar en nuestra mente, minar la capacidad de resistencia, favoreciendo la adoración de nuevos dioses articulados a los dispositivos fetiches de la web.

 

 

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Sábado, 31 Marzo 2018 08:04

Gafas que lo ven todo

Gafas que lo ven todo

En la novela 1984 de G. Orwell (publicada en 1949) el Gran Hermano es una entidad omnipresente que observa a todos los ciudadanos, apoyada en una trama de instituciones de control, que vigilan acciones, pensamientos y lenguaje, instaurando el uso de una neolengua que reduce y elimina contenidos con el fin de vaciar las formas de pensar en libertad. La visión de la realidad está fuertemente distorsionada por los medios de comunicación.

Cualquier parecido con la realidad que vivimos no es coincidencia. Lo que denunciaba Orwell sigue siendo el objetivo de estados y empresas trasnacionales: conocer qué pensamos y qué hacemos para controlar a toda la población, sea para moldearla a consumir lo que vendan, para que voten a alguien, para que acepten condiciones de explotación, para adormecerla en mundos virtuales y distraerla de la realidad brutal que nos rodea, y si eso no alcanza, para reprimir a quien se rebele o no se adapte al statu quo dominante. El escándalo que sigue creciendo sobre el uso de información de millones de usuarios en Facebook y otras fuentes por Cambridge Analytica, es parte de ese contexto.
Orwell muestra una realidad opresiva, en la que los ciudadanos obedecen por miedo y formas de control agobiantes. Pero en realidad, la neolengua se está formando al castrar el lenguaje en mensajes hipersintéticos que eliminan vocales, sustituyen palabras por unas letras que evocan una frase. En el camino desaparecen tildes, eñes, signos que abren interrogación y admiración y quizá, al mismo tiempo, la apertura a interrogarnos y admirar el mundo real. Los sentimientos y el tejido infinito de compartirlos en palabras se sustituye por unas caritas estándar para todos los países, idiomas y culturas.


Orwell nunca imaginó que todo esto no sería impuesto, que usar esa neolengua y poner en público la información e imágenes de qué pensamos y hacemos, dónde estamos, qué comemos, con quién hablamos, lo que nos gusta y lo que opinamos de muchos temas no sería un proceso forzado y obligatorio, sino voluntario al participar en lo que paradójicamente se ha dado en llamar redes sociales. Muchísima gente en el planeta vivimos bajo la vigilancia e influencia de las empresas que manejan esas redes de comunicación indirecta, entre las mayores las llamadas GAFA: Google, Apple, Facebook y Amazon.


La información que reúnen Google y Facebook sobre cada usuario es mucho más de la que imaginamos. Un artículo reciente en The Guardian, enlista la cantidad enorme de datos que ambos cosechan al registrar y conservar históricamente, con indicación de tiempo y lugar, el uso que hacemos de sus sitios y otras aplicaciones, las páginas de Internet que vemos, los lugares donde estuvimos, dónde trabajamos, los mensajes que intercambiamos, el directorio de contactos, fotos, avisos que nos llaman la atención, la información que borramos y un largo etcétera. (https://tinyurl.com/y97q3mg4)


Google y Facebook juntos saben más de nosotros que nuestras parejas, familias y amigos. A esto se suma la información electrónica adicional que dejamos en instituciones, tiendas, bancos, etcétera. Todo lo que cargamos en Facebook va por defecto a la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos. Pero aunque no fuera así, el caso de Cambridge Analytica muestra que toda esa información puede ser vendida, comprada o conseguida para usarla con fines comerciales, políticos, militares o represivos. El manejo de datos masivos y el uso de inteligencia artificial es lo que permite conectar e interpretar tal cantidad de datos.


A esto se suma la omnipresencia de cámaras de seguridad en espacios abiertos, instituciones, lugares de trabajo y educativos, y el hecho de que las propias empresas como GAFA y similares, pueden vernos y escucharnos en nuestras casas mediante micrófonos y cámaras de teléfono, computadoras, pantallas de televisión y hasta drones, que en poco tiempo serán comunes para servicios de entrega a domicilio.


A nivel mundial, el líder de las tecnologías de vigilancia es China, que ha integrado el reconocimiento facial a las cámaras de vigilancia públicas y este sistema a su vez a lentes que usan policías en lugares públicos, que conectan imágenes con el historial de cada persona en archivos policiales y de instituciones públicas. China vendió a Ecuador en 2016 el sistema de cámaras de vigilancia Ecu911, que integra parte de estas herramientas.


El laboratorio de vigilancia extrema y control masivo de la población para China parece ser la provincia de Sinkiang, donde vive la población Uygur, mayoritariamente musulmanes, que han protagonizado protestas contra el gobierno desde 2009. Allí instalaron estrategias y tecnologías de vigilancia de punta. A la recolección de datos por cámaras y redes sociales –las permitidas en China, que no son de GAFA– han integrado la identificación de ADN, a partir de bancos genéticos recolectados y el muestreo obligatorio de los Uygur. Un dato significativo es que han cambiado su política de Internet y redes móviles. Mientras en 2009 silenciaron las redes por meses, ahora la estrategia es la opuesta. Necesitan que exista mayor conectividad para que la red de control pueda extenderse. (https://tinyurl.com/yars2nef)


El ejemplo de Sinkiang parece extremo, pero es el modelo que piensan seguir en el resto de China, además de venderlo a otros países. Estados Unidos, Europa, Rusia tienen ya opciones similares.


Ya conscientes, esta realidad se torna opresiva, como pensó Orwell, y eso es un buen paso. No es un ruta sin salida. Pero tenemos mucho que pensar y actuar para enfrentarla.


Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

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Lunes, 26 Marzo 2018 06:20

2018

2018

La carrera es vertiginosa y desigual. Al tiempo que crece la acción de los gobiernos para proteger la identidad y los datos de las personas, éstos se fugan sin cesar. Nosotros mismos facilitamos gran cantidad de información que se hace pública, en unas ocasiones porque lo exigen múltiples trámites; en otras, porque pensamos que es inocuo hacerlo y de forma tácita damos nuestro consentimiento.

También hay robos. Este es el caso del serio conflicto en el que se ha metido Facebook en relación con los 50 millones de datos sobre usuarios de esa plataforma y que extrajo la empresa Cambridge Analytica para influir en la propaganda política y tratar de orientar el voto en las pasadas elecciones, en este caso, de Estados Unidos.

El poder se ha acumulado en quienes generan, acumulan, controlan y manipulan información. En una aproximación muy simple, Big Data, según la define IBM, es una tecnología para ordenar y describir enormes cantidades de datos, estructurados o no, y que permite un enfoque nuevo en el entendimiento de procesos y para tomar decisiones.

Lo que ha hecho Cambridge Analytica, con Steve Bannon incluido, pues fue vicepresidente de esa consultora, es precisamente reconocer el poder que tienen los datos masivos y la posibilidad que hay de usarlos mediante la minería, el análisis y la comunicación para fines específicos y muy diversos. En particular sirven para enfocarse con bastante precisión en los individuos, no en la masa.

Esto es muy similar a lo que hacen Netflix cuando sugiere a los suscriptores los programas que exhibe; Google cuando dirige la publicidad según las consultas que se hacen en su buscador o Amazon cuando enfoca la atención a ciertos productos según las preferencias de compra de los usuarios.

El robo de Cambridge Analytica fue posible debido al mismo negocio de Facebook que ha usado extensamente a los llamados desarrolladores para ampliar el uso de sus bases de datos. Según explica la misma empresa esos desarrolladores constituyen un programa guiado por las comunidades locales y cuyo objetivo es compartir el conocimiento que resulta de la acumulación de datos de quienes participan de la red.

Facebook, como no podía ser de otra manera, se concentra en el desarrollo de sus negocios y de sus crecientes posibilidades tecnológicas. Como Mark Zuckerberg ha dicho, las nuevas normas sociales con respecto a la privacidad están cambiando y sobre esa base cuando los ingresos de su empresa empezaron a crecer, se centró en el verdadero caudal que representan los datos; business is business.

Bannon ha sido más brutal como acostumbra y sin empacho ha dicho que ese negocio implica tomar gratis los datos de los usuarios y venderlos, luego se formulan los algoritmos para dirigir sus vidas. Debió añadir que también los ha sustraído, ante la pasividad de Facebook. Ante el escándalo, Zuckerberg afirmó que si su plataforma no puede proteger la información entonces no merecemos servirlos. En efecto, así es. ¡En buenas manos estamos!

Aquí destacan varias cuestiones acerca de la salvaguarda de la identidad y los datos personales que no acaban de ser protegidos en las áreas de los negocios y de las campañas políticas. Pero tampoco lo son en el campo más preciso del ejercicio del poder del Estado y de los gobiernos que ejercen una vigilancia de los ciudadanos mediante el espionaje, la intervención de las comunicaciones y hasta la promulgación de leyes que atentan frontalmente en contra del derecho a la privacidad.

Todo esto puede parecerle a muchos algo inocuo, ingenuo o trivial, pero no lo es. El uso de algoritmos cada vez más precisos puede provocarnos una sensación positiva como consumidores o como miembros de una colectividad en las redes sociales. Después de todo, la definición de cada uno se resume en un me gusta o sus derivaciones: me encanta, me entristece, me enfurece y me asombra. Un buen perfil sicológico es el que así se aporta sin contrapartida alguna y para el lucro de otros.

Pero, como nos damos cuenta cada vez más, esto es una invasión de la privacidad; la Real Academia Española la define como el ámbito de la vida privada que se tiene derecho a proteger de cualquier intromisión.

Admitamos pues que cambia la percepción sobre la privacidad en la sociedad. En efecto, eso parece desprenderse del crecimiento acelerado de las redes sociales y su influencia. Mucha gente se siente más identificada como parte de esa red aun a expensas de su individualidad.

Este es un asunto muy relevante y, sin embargo, la privacidad es un derecho que debería salvaguardarse a toda costa y no por otra razón sino porque en esencia cada uno de nosotros es un individuo.

Bienvenido al futuro, brother Orwell. Qué lejos y qué cerca está 1984 de 2018.

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Instagram modifica su algoritmo tras movimiento “Borra Facebook”

El movimiento “Borra Facebook”, que ha afectado en bolsa a Twitter y Snapchat, ha impulsado a Instagram a modificar su algoritmo para mantener a sus usuarios felices. A partir del cambio, las publicaciones más nuevas aparecerán primero en feed, en función de los intereses del usuario que haya detectado el algoritmo.
Actualmente, el timeline no es cronológico y recupera publicaciones antiguas todo el tiempo.


Se trata de un cambio que hizo la app en 2016 y que vuelve locos a los instagramers porque mezcla publicaciones de hace cuatro días, con las de las últimas horas y minutos. Parece ser que Instagram da un paso atrás para recuperar en parte esa versión cronológica, pero no cantemos victoria porque el algoritmo no dejará de decir sobre el orden de relevancia de cada una.


Aunque la fecha del cambio aún no es precesia, de momento solo han dicho que se está probando una opción de “nuevas publicaciones” que permitirá que cada uno elija cuándo desea actualizar, en lugar de que esto suceda automáticamente. De esta forma, la red social sale al paso de las quejas de los instagramers que se estaban perdiendo los post de la gente a la que siguen.


Miles de seguidores se suman al movimiento “Borra Facebook”

Borrar el perfil de Facebook es una acción que no pocos usuarios se ha planteado alguna vez, pero tras conocerse la filtración de datos de la red social a una consultora vinculada a la campaña del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, toma ahora forma de movimiento, con etiqueta incluida: #deletefacebook (#borrarfacebook).
Esta propuesta está sumando seguidores en su rival Twitter, donde miles de usuarios expresan este miércoles preocupación por su privacidad y debaten sobre los retos que supone abandonar una de las redes sociales más utilizadas del mundo, en la que muchos han vertido sus datos desde hace años.


Uno de los mensajes más sonados ha sido el “Ya era hora” de Brian Acton, cofundador de la aplicación de mensajería Whatsapp, que pertenece al abanico de servicios de Facebook desde que el gigante tecnológico la adquirió por 19 mil millones de dólares en 2014, lo que ha llevado a que le acusen de “incoherente”.


“Adiós” a Facebook Muchos usuarios comparten instrucciones, publicadas por los medios, sobre cómo decir “adiós” a su cuenta de la red social y preservar fotografías o textos, y otros consideran que hay que ser “ingenuos” para creer que Facebook respetaba su privacidad desde el principio, como ReiElizabeth29.


“Durante años he dado acceso a Mark Zuckerberg a una gran cantidad de datos sobre mí a cambio de mantener a 342 personas, a muchas de las cuales apenas conozco, al tanto de mi vida. Según los hechos recientes, no me parece un buen trato”, escribió Chrisallday.


Las críticas a Facebook llegan después de las revelaciones hechas el pasado sábado por los diarios The New York Times y The Observer sobre la empresa británica Cambridge Analytica, que obtuvo en 2014 datos de más de 50 millones de usuarios de la plataforma en Estados Unidos a través de la aplicación de un tercero.
Vinculación con el presidente estadounidense Cambridge Analytica, que fue contratada por la campaña electoral de Trump en 2016 por más de 6 millones de dólares, presuntamente utilizó esa información para construir un programa informático destinado a predecir las decisiones de los votantes e influir en ellas.


“Facebook es un servicio de recopilación de datos para aquellos que quieren venderte productos. Es el canal definitivo para tenerte como objetivo según tu edad, sexo, localización, opinión política, intereses y estado civil”, escribió el programador y periodista John Biggs en el portal tecnológico TechCrunch para explicar sus razones.
Una investigación abierta En ese mismo sentido han dirigido su investigación conjunta las fiscalías de Nueva York y Massachusetts, en Estados Unidos, que quieren llegar “al fondo del asunto” porque, afirmaron en un comunicado, “compañías como Facebook tienen una responsabilidad fundamental de proteger la información personal de sus usuarios”.


Entre las demandas de explicaciones por parte de legisladores estadounidenses y británicos y el escrutinio hacia las políticas de Facebook, la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos también ha abierto una investigación, que le podría costar a la plataforma creada por Mark Zuckerberg una multa millonaria.


El castigo a la red social no se limita solo a sus usuarios y a las autoridades: este lunes, los inversores estuvieron vendiendo sus títulos en Wall Street hasta el punto que casi cayó un 7%, borrando sus ganancias del año. Aunque ha repuntado en Bolsa, en lo que va de semana ha perdido casi 50 mil millones de valor y algunos de sus accionistas han acudido a querellarse colectivamente contra la firma en una corte federal de San Francisco por cometer “actos ilegales” que les provocaron pérdidas bursátiles.


A través de su vicepresidente, Paul Grewal, Facebook aseguró estar “escandalizada” por las acusaciones de que podría haber facilitado la información de sus usuarios y argumentó que fue víctima de un engaño por las partes implicadas, a las que investiga.


(Tomado de 20minutos)

 

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Sábado, 24 Marzo 2018 06:51

¿Por qué vendemos nuestros datos?

¿Por qué vendemos nuestros datos?

En la actualidad el 51 por ciento de la población mundial accede a Internet, el 41 lo hace a través de computadoras personales y existen más de 5052 millones de usuarios con dispositivos móviles. A la vez, es más común tener presencia en redes sociales y compartir millones de datos “inocentemente” en la nube. En este escenario, Facebook te pregunta constantemente en qué pensamos y diligentemente respondemos. ¿Nos espían o vendemos nuestros datos?


Al comentar sobre este fenómeno que “hemos asumido como natural”, Gabriel Zurdo, del Grupo San Francisco Internacional, expuso en Informática 2018 que “la nube es el elemento que propició que estemos amenazados constantemente. Muchas veces no pensamos en quién administra esos datos ni qué uso se les da. La conectividad total llegó y es directamente proporcional a la adquisición de conocimientos. Sin embargo el principal problema está en el factor humano”, expresó.
La ciberseguridad es una de las principales obsesiones para las grandes compañías y empresas, y tienen motivos. El coste de los ataques a nivel global ha subido casi un 62% desde 2013, según un estudio realizado.


“Apilar tecnología en este mundo conectado no nos indemniza de tener en cuenta al factor humano. Invertir grandes cantidades de dinero en desarrollar e implementar nuevas tecnologías para detener a los hackers parece ser una medida básica y obvia. A pesar de nuestra predilección por usar tecnología para resolver lo que parecen ser problemas tecnológicos, estamos pasando por alto una de las amenazas más persistentes de la ciberseguridad: el comportamiento humano“.


En el caso argentino, explicó el también CEO de BTR Consulting, el 83 % de la población dedica 8 horas a sus computadoras, mientras que el 70 % de los argentinos están vinculados a redes sociales.


“Dónde está el problema, en el uso que le damos a nuestros datos. Se estima que el 58 % de las personas publica su teléfono en redes sociales. El 30% de la población menciona el lugar y hora de trabajo, el 22 % comparte información de su domicilio y un 20 % comparten fecha y lugar de vacaciones. Eso es información de inteligencia. No hace falta hackeo, la mayoría de los casos de suplantación de identidad y delitos económicos vienen de acá”, advirtió Gabriel Zurdo.


El especialista subrayó la existencia de una falta de conciencia de lo que representan estos datos y muchas veces facilitamos información innecesaria que solo conlleva a que se realice “con nosotros” un estudio de mercado.


Ejemplo de ello es el escándalo que envuelve la violación de datos extensiva que realizó la empresa Cambridge Analytica, la cual se dedicó a recolectar información para procesos electorales, a través de Facebook.


La empresa de Mark Zuckerberg actualmente enfrenta procesos legales en diversos países de la Unión Europea, donde incluso ha recibido multas millonarias por recopilar datos sobre ideologías, sexo, gustos personales, navegación y creencias religiosas.


Al comentar sobre los casos de hackeos masivos acaecidos durante 2017, Gabriel Zurdo dijo que no se trata de una casualidad, sino que parten de las vulnerabilidades presentes en la nube.


“Wannacry fue emblemático. En el caso de España, por ejemplo, algunas compañías telefónicas tuvieron que apagar sus servicios, y en el Reino Unido se paralizó la atención médica en todos los hospitales. Este ataque afectó a 150 países y se registraron unas 450 mil violaciones”, comentó.
Otro de los ciberataques más sonados el año pasado fue el de Equifax, donde 143 millones de registros sufrieron daños y los datos fueron usados para fraudes de identidad.


Números que debe conocer sobre los ataques cibernéticos:


50 % de las compañías son víctimas de ciberataques.
22 % de las compañías perdieron clientes por ciberataques
29 % de las compañías perdieron ingresos
22 % de las compañías perdieron oportunidades de negocios
Durante la conferencia magistral de este viernes, se advirtió que aunque en 2017 aumentó en un 22.7 % el gasto en ciberseguridad también crecieron en un orden del 27.4 % los ataques.


“Los estados y los gobiernos deben crear estrategias nacional para enfrentar los delitos informáticos. Hay falta de regulación, políticas de estado y existen legislaciones débiles. Debemos crear una cultura y una conciencia de ciberseguridad”, enfatizó.


Cuando es sabido por todos que “nuestros datos valen dinero, que nuestros hábitos y nuestras preferencias son algo muy valioso para empresas a la hora de conocer, en última instancia, qué productos promocionarnos, se hace más necesario que nunca concientizar qué datos ofrecemos. No se trata de aislarnos, pero sí de asumir los nuevos retos que implica vivir en una sociedad interconectada”, concluyó.

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