La NSA hizo perfiles de ciudadanos cruzando sus datos personales

 

La Agencia Nacional de Seguridad (NSA) ha elaborado durante los últimos años amplios perfiles sociales y personales de ciudadanos estadounidenses mediante el cruce de información privada obtenida a partir de sus bases de datos y de sus programas de vigilancia. Se trata de la última revelación de las cuestionables prácticas de espionaje de la NSA ejercidas sobre sus compatriotas obtenida gracias a las filtraciones del exanalista de la CIA, Edward Snowden, y que este sábado ha publicado The New York Times.


De acuerdo con la documentación obtenida por el diario, desde 2010, la agencia de espionaje desarrolló un complejo sistema de cruce de información a gran escala mediante la conexión de llamadas telefónicas, correos electrónicos, situación geográfica conseguida a través de GPS, cuentas bancarias, perfiles de redes sociales o registros de votantes, que le permitía obtener un análisis y una predicción de la conducta y el comportamiento de los ciudadanos titulares de esos datos. El único requisito para poder interconectar toda esta información privada era que el sujeto estuviera "relacionado directa o indirectamente con una persona o una organización extranjera y que fuera de interés para los servicios de inteligencia", según The Times.


"Las llamadas telefónicas y los correos electrónicos permiten a los analistas identificar a amigos y otras personas relacionadas con sus titulares, detectar dónde se encuentran en un momento determinado, obtener pistas sobre su afiliación política o religiosa y lograr información de interés a través de sus llamadas a su psiquiatra, los mensajes a un amante o la comunicación con un sospechoso", señala The New York Times.


Aunque este sistema, según el artículo, fue establecido, en principio, para establecer una red de datos amplia que permitiera obtener una extensa información sobre las actividades en EE UU de individuos relacionados con extranjeros sospechosos, en este cruce de datos también se incluyó a ciudadanos estadounidenses, sin importar si estaban involucrados en acciones ilegales o no. De acuerdo con un memorándum de la NSA de 2011, la agencia indicaba a sus analistas que estaban autorizados a rastrear los contactos de estadounidenses "siempre que ofrecieran una justificación relacionada con la inteligencia exterior". "Lo que podía abarcar desde lazos con el terrorismo, la proliferación de armas, el narcotráfico, espionaje o conversaciones con diplomáticos o políticos", explica el diario neoyorquino.


Estas nuevas revelaciones de la laxitud legal con la que la NSA ha estado recopilando información en los últimos años, ahondan en la polémica que las filtraciones de Snowden, que ahora se encuentra en Rusia gracias al asilo temporal concedido por el Gobierno de Vladimir Putin, han encendido sobre el equilibrio entre la seguridad y el derecho a la privacidad de los ciudadanos. Esta misma semana un grupo bipartito de senadores ha introducido en la cámara Baja una propuesta de ley para otorgar más transparencia al polémico programa de rastreo de llamadas telefónicas que filtró Snowden a principios del pasado mes de junio y que fue el detonante del escándalo sobre las prácticas de la NSA.


El propio presidente estadounidense, Barack Obama, anunció en agosto una serie de medidas para garantizar la limpieza y revisar la legalidad de los sistemas de vigilancia de su Administración a las que se refirió durante su intervención esta semana en la Asamblea General de Naciones Unidas, tras ser interpelado –aunque no de manera directa- por su homóloga brasileña, Dilma Rousseff, que condenó enérgicamente el espionaje ejercido por EE UU a otros países, entre ellos el suyo, y que abogó por el desarrollo de mecanismos que permitan un mayor control de Internet para impedir estas prácticas.


Los últimos documentos filtrados por Snowden no establecen cuántos estadounidenses han sido objeto del cruce de datos masivo denunciado por The New York Times, pero sí dejan constancia de la importancia que la NSA otorga a esta técnica, para la que ha desarrollado, según la información, un sofisticado software.

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Lunes, 09 Septiembre 2013 06:45

Nadie escapa al gran fichero del Tío Sam

Nadie escapa al gran fichero del Tío Sam

Antes de acostarse hay que mirar debajo de la cama, apagar la señal wifi y cerrar todos los accesos a Internet de la casa. La última tanda de informaciones sobre el espionaje norteamericano atraviesa una nueva frontera de la violación de la privacidad. El diario The New York Times reveló que Washington trató de corromper toda la tecnología que protege Internet para acentuar el espionaje. A través de la Agencia Nacional de Seguridad norteamericana, NSA, Estados Unidos robó claves de seguridad, alteró programas y computadoras y forzó a ciertas empresas a colaborar con el fin de acceder a comunicaciones privadas, tanto dentro como fuera del territorio norteamericano. La NSA no respetó límite alguno: correos electrónicos, compras en Internet, red VPN, conexiones de alta seguridad (el famoso SSL), acceso a los servicios de telefonía de Microsoft, Facebook, Yahoo y Google, la lista de los nuevos territorios de caza es interminable. Según el diario norteamericano, la NSA gasta más de 250 millones de dólares anuales en un programa llamado Sigint Enabling, cuya meta consiste en modificar la composición de ciertos productos comerciales –computadoras, chips, teléfonos celulares– para tornarlos vulnerables, o sea, accesibles a los oídos de la NSA. A esto se le agregan las informaciones publicadas en Wikileaks acerca de unas 80 empresas privadas que se sirven de las nuevas tecnologías para captar (espiar) en tiempo real los intercambios en Facebook, MSN, Google Talk, etc., etc. Estamos en la más perfecta intemperie tecnológica de manera permanente, sin que la víctima tenga la más lejana conciencia. Un crimen perfecto.

 

En esta entrevista con Página12, el investigador y especialista de las nuevas tecnologías Jacques Henno analiza todos estos abusos y tendencias que se inscriben en una nueva era marcada por el nacimiento de un lobby entre los militares, la informática, los datos y los ficheros. Henno ha publicado varios libros que anticiparon de manera detallada y rigurosa las informaciones suministradas por el ex agente de la CIA y la NSA, Edward Snowden: estamos todos vigilados. Silicon Valley, el valle de los predadores, y Estamos todos fichados exploran con mucha lucidez un mundo de espionaje y violación de los derechos que, hasta hace apenas unas semanas, parecía producto de una imaginación paranoica. Las investigaciones de Henno demostraron que no. Las revelaciones de Snowden probaron que el especialista francés tenía razón.

 

–Estamos descubriendo con una asombrosa pasividad la profundidad del espionaje del que somos objeto por parte de los Estados Unidos.

 

–Hay que recordar que la informática al servicio del totalitarismo existe desde los años ’40. Durante la Segunda Guerra Mundial, si los campos de exterminio nazis fueron tan eficaces fue porque se usaron las máquinas IBM que funcionaban con las tarjetas perforadas para contabilizar a todas las personas. Asimismo, el Plan Cóndor que funcionó entre las dictaduras de América latina para perseguir a los opositores se montó a partir de computadoras vendidas por los norteamericanos a las dictaduras de América del Sur. Estas computadoras servían para fichar a los opositores.

 

–¿Cuándo y cómo nace el espionaje moderno tal y como se revela hoy?

 

–Todo esto nace con un programa llamado TIA, Total Information Awareness. Después de los atentados del 11 de septiembre de 2011 los norteamericanos trataron de encontrar tecnologías capaces de prevenir este tipo de atentados. Rápidamente se dieron cuenta de que tenían entre las manos todas las informaciones necesarias. Por ejemplo, los terroristas que cometieron los atentados del 11 de septiembre habían sido identificados antes, cuando tomaron aviones, o cuando dos de ellos se habían inscripto para aprender a manejar aviones. Hasta tenían fotos de ellos sacando dinero de un cajero automático. De hecho, ya tenían los perfiles a través de los datos de las compañías aéreas y de los cajeros automáticos. Sin embargo, lo que les faltaba era la metodología para unir todos esos ficheros los unos con los otros. En ese proceso intervienen empresas comerciales que fueron a ver a la administración norteamericana para decirle: “Nosotros trabajamos con ficheros y podemos ayudarlos a prevenir atentados”. Así nació el sistema de vigilancia completa, Total Information Awareness, ITA, capaz de crear ficheros sobre cualquier persona en el mundo, sobre todos los habitantes del planeta, a fin de tener un máximo de informaciones sobre cada persona y, así, descubrir signos sobre la preparación de atentados terroristas. Una empresa como Acxiom, por ejemplo, es una de estas empresas. Acxiom es totalmente desconocida por el gran público, pero es una de las empresas que detenta el mayor número de ficheros sobre los consumidores del mundo. Cada año efectúa encuestas sobre la comida que les damos a los gatos, el tipo de papel higiénico que utilizamos o los libros que leemos. En Francia, la Comisión Nacional de Informática y Libertades, CNIL, se opuso varias veces a las encuestas de Acxiom.

 

–Esa tecnología dio lugar al nacimiento de una suerte de megasistema de cálculo matemático que crea perfiles según una serie aparentemente racional de informaciones.

 

–Efectivamente. Por ejemplo, luego de los atentados de Londres se descubrió que los terroristas preparaban los ataques comprando antes congeladores de gran capacidad para almacenar los explosivos. A raíz de esto ahora se piensa que la gente que compra congeladores de gran capacidad es sospechosa y, por consiguiente, está fichada, vigilada. Lo mismo ocurre con los aviones. Si alguien toma un avión con destino a los Estados Unidos y viaja por primera vez en clase ejecutiva o en primera clase también estará fichada, vigilada. Los asientos de primera clase están muy controlados porque están cerca de la cabina de los pilotos. Entonces, si alguien compra un pasaje en esa clase y, según el resumen de los gastos de la tarjeta de crédito, la persona no tiene los medios de pagarse un billete a ese precio, pues bien, automáticamente estará bajo vigilancia. En resumen, los norteamericanos explotan todas las informaciones que obtienen de una persona. Hay que decir también que los norteamericanos son a la vez paranoicos y amantes de la tecnología. Paranoicos porque desde hace mucho viven con un arma. Y amantes de la tecnología porque, cada vez que hay un problema, tratan de encontrar una solución técnica y no forzosamente social u económica.

 

–Lo curioso está en que buena parte de esos datos de los que se sirve la NSA fueron entregados voluntariamente por los usuarios.

 

–Claro. Cuando nos inscribimos en el portal de una empresa norteamericana, Yahoo, Microsoft, Google u otras, nadie lee hasta el final las condiciones de utilización. Sin embargo, si prestamos atención veremos que allí dice textualmente: “Autorizo el almacenamiento de estas informaciones en el territorio norteamericano”. Ahora, si los datos que nosotros confiamos a Yahoo, Microsoft, Amazon, Facebook o Google están almacenados en el territorio norteamericano, estos datos están entonces regidos por el derecho norteamericano. La ley votada luego de los atentados del 11 de septiembre, la ley Patriot Act, le permite a cualquier administración norteamericana requisar los ficheros que estima necesarios. Esos datos van a parar a la NSA.

 

–Hay un cambio fundamental en la regla de la constitución de los lobbies que actúan en los Estados Unidos. El lobby de la defensa ha cambiado de perfil con las tecnologías de la información.

 

–Sí. Antes se hablaba de un lobby militar-industrial. Había, de hecho, una conjunción entre la industria y los militares. Ahora no. El lobby actual se plasma entre los especialistas de los ficheros, los informáticos, y los militares. No somos conscientes de la cantidad de informaciones privadas que suministramos cada día a los operadores privados de Internet. Por ejemplo, en Facebook se publican cada día 350 millones de fotos. Al cabo de diez días hay 3500 millones de fotos, y al cabo de cien días 35.000 millones. Facebook es hoy la base de imágenes más grande del mundo. Google, por ejemplo, es capaz de prevenir la epidemia de gripes en el mundo con sólo calcular la cantidad de personas que, en un lugar determinado, busca información sobre los síntomas de la gripe y cómo curarla. Además, los costos de esta tecnología, almacenamiento, memoria o microprocesadores son cada vez más bajos. La NSA es perfectamente capaz de almacenar todas estas informaciones y luego analizarla con programas especializados, incluidos los correos que enviamos y recibimos.

 

–Como usted lo demuestra en su libro Sillicon Valley, el valle de los predadores, tanto el espionaje como el dinero que Google o Facebook ganan en Internet proviene de nuestra... digamos inocencia.

 

–Sillicon Valley es el valle del Big Data. Las empresas como Google o Facebook viven de los datos que nosotros les facilitamos. Con esos datos tratan de saber cuáles son nuestros centros de interés y, a partir de allí, enviarnos publicidades que correspondan a nuestro perfil. Un portal como Facebook vive de la publicidad y va a hacer todo lo posible para saber más cosas sobre nosotros y nuestros amigos, para incitarnos a publicar más y más cosas sobre nosotros. Una vez que las obtienen, lo que hacen es materializar esas informaciones bajo la forma de publicidades. Facebook es capaz de identificar y fichar a la gente en función de sus preferencias por determinadas prácticas sexuales o por ciertas drogas. Esto es muy peligroso porque, en algunos países, hay prácticas sexuales que están prohibidas. Por consiguiente, a esos regímenes políticos les basta con ir a Facebook, hacer una búsqueda por edad, diplomas, zonas geográficas y prácticas sexuales para encontrar a las personas precisas. Cualquier régimen político tiene acceso a todas esas informaciones. En resumen, asistimos a un fichaje sexual, ideológico, político y religioso.

 

–¿Qué pasó con los europeos que se quedaron dormidos, sin capacidad tecnológica alguna?

 

–El imperio norteamericano utiliza las autorrutas de la información para captar las informaciones a fin de garantizar su seguridad y, también, para el espionaje económico o industrial. Y nosotros, como europeos, estamos en la periferia del imperio norteamericano y, encima, le enviamos informaciones. Cuando Francia lanzó la ofensiva contra los islamistas radicales en Mali, tuvo que pedir el respaldo norteamericano. Estados Unidos le suministró información, aviones radares y drones.

 

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Lunes, 26 Agosto 2013 06:32

¿Fin de la democracia?

¿Fin de la democracia?

Hay cada vez más dudas sobre si aún existe la democracia en este país, con voces destacadas declarando que tal cosa es nula y vacía. Noam Chomsky lo viene diciendo desde hace tiempo. Gore Vidal había concluido que el estadunidense era un sistema de un solo partido, con dos alas derechas”. Algunos han afirmado que la creciente desigualdad económica, la concentración de riqueza, efectivamente, anulan la democracia. Otros advierten que esto ya es una plutocracia, y que tiene elementos de un Estado dictatorial o totalitario

 

Chris Hedges, corresponsal de guerra y Premio Pulitzer, del New York Times, y más recientemente, ya como comentarista/analista independiente, concluye que, con el juicio y condena de Bradley Manning, el juego democrático ya se acabó en este país.

 

“El veredicto rápido y brutal” impuesto a Manning “implica que nos hemos vuelto un país gobernado por gangsters”, afirma Hedges en su columna en Truthdig la semana pasada. “Señala la inversión de nuestro orden moral y legal, la muerte de los medios independientes, y el mal uso abierto y flagrante de la ley para prevenir cualquier supervisión o investigación de los abusos oficiales del poder, incluidos crímenes de guerra. La pasividad de la mayoría de los ciudadanos de la nación –la población más espiada, monitoreada y controlada en la historia humana– ante el linchamiento judicial de Manning implica que ellos son los siguientes. Ya no quedan mecanismos institucionales para detener la trituración de nuestras libertades civiles más fundamentales… o para prevenir la guerra preventiva, el asesinato de ciudadanos estadunidenses por el gobierno y la anulación de la privacidad”, escribió.

 

Subrayó que la sentencia de Manning es uno de los días más importantes de la historia estadunidense: “marca el día en que el Estado formalmente declaró que todos aquellos que nombran y revelan sus crímenes se volverán prisioneros políticos o serán forzados, como Edward Snowden, y tal vez Glenn Greenwald, de quedarse en el exilio el resto de sus vidas. Marca el día cuando el país dejó toda pretensión de democracia… marca el día de remover la máscara de la democracia, ya de por sí una ficción, y sus sustitución por la cara fea y desnuda del totalitarismo corporativo…. Aquellos que no aceptan el poder estatal ilimitado, siempre el camino a la tiranía, serán perseguidos sin tregua. El miércoles nos volvimos vasallos”.

 

Chomsky desde hace tiempo advirtió que, en la práctica, esto hace tiempo no puede considerarse una democracia. Indica que sólo se tiene que observar que la cúpula política casi siempre obra en contra de los intereses de las grandes mayorías, y que logra esto manteniendo el disfraz de una democracia a través de un prensa subordinada y la industria de relaciones públicas. En un discurso la semana pasada, Chomsky relata que algunas de las encuestadoras de mayor prestigio han llegado a la conclusión de que “aproximadamente 70 por ciento de la población –70 por ciento inferior en la escala de riqueza/ingreso– no tiene ninguna influencia sobre las políticas (del país). Están efectivamente privados (de la participación democrática). Al subir la escala de riqueza/ingreso uno tiene cada vez más influencia sobre las políticas. Cuando uno está en la cima, lo que es tal vez una décima parte del uno por ciento, la gente esencialmente obtiene lo que desea, eso es, determinan las políticas. Entonces el término apropiado para eso no es democracia; es plutocracia”.

 


Más aún, y en esto tiene que ver con los denunciantes que revelan secretos oficiales, Chomsky recuerda que el poder tiene que mantenerse fuera de la vista pública y cita a uno de los politólogos más importantes del país, Samuel Huntington, de la Universidad de Harvard, quien indicaba que un principio científico es que “el poder se mantiene fuerte cuando permanece en lo oscuro. Expuesto a la luz del sol, empieza a evaporarse”. Manning y Snowden, subraya Chomsky, están encarcelados o perseguidos por su decisión de no entender este “principio científico”.

 

Pero no son sólo algunos periodistas furiosos e intelectuales públicos de la talla de Chomsky están advirtiendo que la democracia estadunidense esta anulada. El ex presidente Jimmy Carter, al hablar en un foro a puerta cerrada el mes pasado, abordó el tema del espionaje y las violaciones de derechos humanos que implica, y concluyó, según Der Spiegel, que “Estados Unidos no tiene una democracia funcional en este momento en el tiempo”. En entrevista semanas antes de esto, Carter ya había afirmado públicamente que aunque Snowden violó la ley al filtrar información secreta, “yo pienso que la invasión de derechos humanos y la privacidad estadunidense ha llegado a un punto extremo… creo que esta invasión de privacidad ha sido excesiva”.

 

Para el comentarista afroestadunidense influyente Tavis Smiley, escribiendo en el Washington Post, “la pobreza está amenazando a nuestra democracia; es ahora asunto de seguridad nacional. Como dijo (Martin Luther) King, la guerra es el enemigo de los pobres… E igual como King vivió bajo vigilancia constante, nuestro gobierno ahora parece estar espiando a todos nosotros”.

 

Juan Cole, el destacado intelectual público, y profesor de historia en la Universidad de Michigan, ofreció un comentario sencillo sobre “cómo crear una dictadura” en su influyente blog, Informed Comment, haciendo una lista de lo que se requiere, incluyendo “clasificar como secreto todo crimen gubernamental y violaciones de la Constitución”; “espiar al público en violación de la Constitución”; “criminalizar aún más a denuncias (de abusos del gobierno) como ‘terrorismo’” y “criminalizar como espionaje la revelación de crímenes de espionaje del gobierno”.

 

La cúpula política no se cansa de repetir que todo lo que hace tanto en el terreno de seguridad nacional como en sus políticas económicas y sociales es en nombre de “la defensa de la democracia y la libertad” y del sueño americano aquí y en el mundo. ¿Pero se puede “defender la democracia” en secreto y actuando como si el pueblo y los defensores de las libertades civiles y los disidentes fueran el enemigo?

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Lunes, 05 Agosto 2013 06:44

Los disidentes

Los disidentes

Casi todos hablan de cómo creían en la retórica oficial de su país, en la misión de Estados Unidos como guardián mundial de la democracia, como faro de esperanza libertador, como ejemplo para la humanidad.

 

Casi todos recuerdan que por eso se sumaron a las filas de agencias de inteligencia, a las fuerzas armadas, al Departamento de Estado o a la FBI. Y recuerdan cuando, con esa noble dedicación, denunciaron y revelaron algo que parecía abuso, corrupción o violación de los ideales tan repetidos por los representantes y líderes del país, y fueron expulsados de sus mundos y algunos condenados por “traidores”.

 

Siete de ellos han sido o están acusados por el gobierno de Barack Obama según la Ley de Espionaje y otros por divulgar “secretos oficiales” vía los medios de comunicación, más del doble de los casos que todos los presidentes anteriores combinados. El gobierno afirma que todos estos casos son estrictamente asuntos legales y no políticos, y rechaza que los acusados sean “denunciantes” o “disidentes”. Afirma que son simples criminales que violaron no sólo las leyes, sino la “confianza pública”, en efecto, traidores.

 

Dos de ellos están en los titulares mundiales de la noticia: el soldado Bradley Manning, cuyo consejo de guerra está por determinar su condena penal por varios cargos, incluidos cinco según la Ley de Espionaje; el otro, Edward Snowden, a quien se acaba de otorgar asilo político en Rusia, por ahora ha logrado escapar de las autoridades estadunidenses y de cargos por esa misma ley.

 

Entre los otros cinco denunciantes está Thomas Drake, analista de alto rango de la NSA, quien expresó preocupaciones a sus superiores por violaciones a la privacidad de estadunidenses por parte de la agencia, y más tarde platicó con un reportero sobre abusos y prácticas de mala administración en la NSA. A pesar de que el caso criminal en su contra, de acuerdo con la Ley de Espionaje, se desestimó, sigue en la lista negra, como todos los denunciantes que trabajan en inteligencia o defensa, y con ello su carrera. El ex integrante de la fuerza aérea y analista de la CIA ahora trabaja en una tienda de Apple.

 

John Kiriakou, ex agente de la CIA, fue condenado a dos años y medio de cárcel por dar a periodistas, incluido uno del New York Times, los nombres de dos ex colegas que habían empleado tácticas de tortura en interrogatorios. Stephen Jin-Woo Kim, contratista del Departamento de Estado, enfrentó cargos por filtrar información al periodista James Rosen, de Fox News (quien después, se reveló, fue espiado por la FBI). Shamai Leibowitz, ex traductor de la FBI, filtró a un bloguero que promueve la paz entre Israel y Palestina transcripciones de intervenciones telefónicas de la embajada de Israel en Washington sobre esfuerzos para influir en la opinión pública estadunidens. Jeffrey Sterling, ex agente de la CIA, se declaró no culpable de filtrar información sobre planes estadunidenses de sabotaje de planta nucleares de Irán a James Risen, del New York Times. Risen ha rehusado identificar su fuente, y el gobierno de Obama ha logrado que un tribunal le ordene hacerlo o enfrentará la cárcel.

 


Otros denunciantes a lo largo de las últimas décadas han enfrentado graves consecuencias, sobre todo el fin de su carrera, aun en casos donde las acusaciones legales en su contra fueron desestimadas. El más famoso entre ellos, Daniel Ellsberg, quien filtró los Papeles del Pentágono en 1971, afirma que la persecución de quien se atreva a revelar secretos oficiales a la opinión pública es peor con Obama que en tiempos de Richard Nixon.

 

Aunque las autoridades insisten en que sólo están aplicando la ley, los críticos sospechan que más bien se trata de suprimir las libertades de expresión y de prensa, y sobre todo la disidencia dentro de las filas oficiales.

 

Muchos recuerdan que esta Ley de Espionaje fue empleada inicialmente como arma política contra disidentes cuando fue promulgada en 1917, cuando Estados Unidos entró a la Primera Guerra Mundial. Fue usada contra socialistas, anarquistas y pacifistas que se oponían a la guerra, entre ellos el líder y candidato presidencial socialista Eugene Debs (quien pasó cinco años en la cárcel), líderes anarcosindicalistas del gremio IWW, así como para deportar a Emma Goldman y cientos de extranjeros más que criticaban la política bélica en ese tiempo.

 

Tal vez para algunos en el gobierno lo que más preocupa es que se multipliquen expresiones como éstas, resultado de los “secretos” revelados:

 

“He servido en el complejo militar industrial durante 10 años, primero como soldado en Bagdad, y ahora como contratista de defensa. Cuando ingresé, creía en la causa. Era ignorante, ingenuo y estaba engañado. Se ha comprobado que la narrativa profesada por el Estado, de la que hacen eco los medios establecidos, es falsa y criminal. Nos hemos convertido en lo que pensaba que combatíamos. Recientes revelaciones de valientes periodistas sobre crímenes de guerra, incluidas las guerras sucias de contrainsurgencia, terrorismo por drones, la suspensión del proceso debido, tortura, vigilancia masiva… han arrojado luz sobre la verdadera naturaleza del gobierno estadunidense... Algunos dirán que estoy haciendo algo irresponsable, impráctico e irracional. Otros dirán que estoy loco. He llegado a creer que la verdadera locura es no hacer nada. Mientras estemos sentados en la comodidad, ciegos ante las injusticias del mundo, nada cambiará… Yo sólo era un soldado, y ahora soy un administrador de bajo rango. Sin embargo, siempre he creído que si cada soldado arrojara su rifle al suelo, se acabaría la guerra. Por lo tanto, hoy arrojo el mío...” Esta es la carta de renuncia de Brandon Toy, administrador de un proyecto de vehículos de combate artillados de una división de General Dynamics, una de las principales contratistas del Pentágono.

 

“Aquellos que pueden ceder una libertad esencial para obtener un poco de seguridad temporal no merecen ni libertad ni seguridad”: Benjamin Franklin.

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Domingo, 04 Agosto 2013 06:02

No les gusta que los espíen

No les gusta que los espíen

Se asiste a un vuelco inesperado de la opinión pública en EE.UU.: cada vez disgustan más los programas de espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés) que Edward Snowden está dando a conocer por intermedio del periodista Glenn Greenwald en el diario británico The Guardian. Una reciente encuesta del Pew Research Center revela que un 56 por ciento de la población opina que “los tribunales federales han fracasado en poner límites adecuados a la recolección de datos telefónicos y de Internet por parte del gobierno como un elemento de sus esfuerzos antiterroristas” (www.people-press.org, 26-7-13).

 

Otras opiniones apuntan en la misma dirección, pero tal vez convenga antes señalar que Snowden usó una estrategia diferente a la de Assange: brindó la información en exclusiva a un solo periódico importante y no a cinco, como hizo el último; al parecer, sus resultados son más contundentes y no sólo por la diversa densidad de lo que cada uno filtró.

 

La mayoría de los encuestados por el Pew Center, un 70 por ciento, sospecha que el gobierno espía a todos y usa esos datos con otros fines que la lucha antiterrorista y un 63 por ciento piensa que el gobierno acumula información sobre el contenido de las conversaciones telefónicas y de los correos electrónicos y no se limita al acopio de los llamados “metadatos”, como afirman los funcionarios, es decir, sólo de los números de teléfono y de las direcciones de email. Lo cual entraña un fuerte rechazo a las afirmaciones oficiales en defensa de tales programas: que están sujetos a una supervisión adecuada, que no se investiga el contenido de las comunicaciones y que su único propósito consiste en reforzar la seguridad del país.

 

“Es la primera vez en su actividad encuestadora sobre el tema, iniciada en el 2004, que el Pew Center registra que la mayoría expresó más preocupación por las libertades civiles que por el terrorismo.” Apoya esta afirmación en un cuadro-síntesis de sus investigaciones: en el 2004, el 49 por ciento opinaba que el gobierno “no había hecho lo suficiente para proteger al país” contra un 29 por ciento que declaraba exactamente lo contrario. En el 2013, las tendencias se invirtieron: el 47 por ciento considera que el gobierno ha ido muy lejos en materia de restricción de las libertades civiles contra el 35 por ciento en la posición adversa.

 

Se trata, en definitiva, de dirimir si estas medidas de seguridad son más importantes que el derecho civil a la privacidad personal. Hasta la mayoría de los interrogados que pertenecen al ultraconservador republicano Tea Party juzga que al gobierno se le ha ido la mano con los programas de la NSA: 47 por ciento contra el 35. Esta situación repercute en los representantes y senadores nacionales. El miércoles 31 se produjo un acalorado debate en la sesión del Comité de Inteligencia del Senado: dirigentes de los dos partidos cuestionaron la veracidad de las informaciones que la comunidad de espías de EE.UU. proporciona (www.theguardian.com, 31-7-13).

 

La NSA había afirmado que, gracias al programa de acopio de datos telefónicos y al que se ocupa de espiar los hábitos y el uso de las computadoras, se habían desbaratado 54 complots terroristas. En la sesión del miércoles del comité senatorial, sin embargo, el subdirector de la NSA, John Inglis, concedió que a lo sumo una sola conjuración terrorista fue impedida merced al espionaje telefónico. Los senadores demócratas Ron Wyden y Mark Udall, miembros del Comité de Inteligencia, siempre han reiterado que no hay evidencias de que dicho programa haya servido para detectar algún complot. La presidenta del Comité, la demócrata Dianne Feinstein, declaró: “Pondríamos a la nación en peligro si anulamos estos programas”.

 

El prestigioso periodista Dave Kravets documentó la relación entre el apoyo a la NSA de muchos parlamentarios con el dinero que reciben de las industrias del ramo contratadas por la Agencia (www.wired.com, 26-7-13). En particular, señala Greenwald, los que presiden los dos comités de inteligencia –Feinstein en el Senado, el republicano Mike Rogers en la Cámara de Representantes– “son tan absolutamente leales a la NSA... que habitualmente es imposible diferenciar sus conductas, posiciones y comentarios de los que caracterizan a los funcionarios de la NSA” (www.theguardian.com, 29-7-13).

 

Los jóvenes son los más preocupados por la invasión de la privacidad que practica la NSA, según la encuesta del Pew Center: una mayoría del 60 por ciento evalúa que el gobierno se ha excedido en las restricciones a las libertades civiles con sus políticas antiterroristas. No pocos parlamentarios han comenzado a pensar en sus votantes.

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Protestan miles en Alemania contra el espionaje de Estados Unidos

Bajo el lema “Yes, we protest”, impreso sobre la imagen del presidente estadunidense Barack Obama, miles de alemanes se pronunciaron contra el espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos y en favor de quienes revelen estas acciones, en marchas realizadas en distintas ciudades, entre ellas Francfort, Munich y Berlín.

 

Los activistas alemanes sostuvieron que “la lucha contra el terrorismo es sólo una excusa para limitar el derecho a la libertad”. Exigieron que se ponga fin a la vigilancia en Internet y la protección de las personas que saquen a la luz información importante para los ciudadanos, al tiempo que los servicios secretos alemanes insistieron en que no tienen indicios de que “los estadunidenses hayan interceptado datos en Alemania”.

 

“¿Quién nos protege de la NSA?” o “No quiero tener que codificar mis comunicaciones”, fueron algunos mensajes que se pudieron observar durante las protestas, en las cuales se exigió proteger al ex contratista de la NSA Edward Snowden, quien es reclamado por Estados Unidos tras filtrar información sobre programas gubernamentales de vigilancia a comunicaciones telefónicas e Internet, por lo que enfrenta cargos por espionaje y robo de propiedad federal.

 

Snowden reveló que los servicios estadunidenses llegaron a interceptar al menos medio millón de comunicaciones al mes en Alemania.

 

Las marchas congregaron a mil personas en Francfort, 500 en Berlín, Munich y Karlsruhe, y 700 en Hamburgo.

 

Por su parte, Hans-Georg Maassen, presidente de la agencia de inteligencia del Interior, declaró al diario Die Welt que la crítica al organismo que preside por el supuesto espionaje realizado por Estados Unidos es caso concluido.

 


“Ya se ha aclarado todo sobre los supuestos errores de los servicios secretos alemanes”, expresó Maassen. Añadió: “Lo único que aún no sabemos es en qué consiste exactamente el programa PRISM y qué hacen los estadunidenses con ese programa en su territorio”.

 

Maassen declaró que por el momento su institución no tiene indicio alguno de que “los estadunidenses hayan interceptado datos en Alemania.

 

“La mayoría de los servidores se encuentran en Estados Unidos. A través de ellos pasan datos financieros y de tarjetas de crédito, así como comunicaciones de las redes sociales”, explicó.

 

A pesar de que el gobierno alemán sigue declarándose incapaz de esclarecer lo sucedido, Maassen dijo estar sorprendido por “cómo la NSA estuvo dispuesta a explicar el programa estadunidense PRISM”.

 

El presidente de los servicios secretos alemanes del Interior también quiso dejar claro que nadie debería tener ninguna duda de la existencia de tres sistemas diferentes con el mismo nombre, pero “que no tienen nada que ver entre sí”, ya que el jueves salió a la luz la existencia de tres programas PRISM.

 

En tanto, el ministro de Exteriores alemán, Guido Westerwelle, nombró hoy al diplomático Dirk Brengelmann, quien anteriormente se desempeñó como secretario general adjunto de asuntos políticos y política de seguridad en la Organización del Tratado del Atlántico Norte, responsable de política exterior en temas relacionados con la red, publicó hoy el diario Süddeutsche Zeitung.

 

Dpa

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“Está en juego la libertad del individuo”

A finales de la semana, dos ONG con sede en Francia, la Liga de Derechos Humanos (LDH) y la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH), presentaron una querella contra X (desconocidos) ante el fiscal de la República apuntando hacia la NSA norteamericana y varias empresas transnacionales de Internet: Google, Yahoo!, Facebook, Microsoft, Paltalk, Skype, YouTube, AOL y Apple. Las dos ONG consideran que estas empresas están implicadas en el espionaje mundial que Washington organizó a través del sistema Prisma y cuya metodología fue revelada por el ex agente de la CIA y la NSA Edward Snowden. Hasta ahora, esta es la única acción emprendida en Europa contra Estados Unidos o sus empresas. Todo el sistema político del Viejo Continente se escondió como conejos asustados ante la prepotencia tecnológica de la Casa Blanca. Colmo del ridículo y la servidumbre, el gobierno socialista (en fin...) del presidente François Hollande impidió, junto a Italia, España y Portugal el sobrevuelo del territorio francés al avión del presidente boliviano Evo Morales: algún servicio secreto inepto hizo circular la información según la cual Snowden estaba en el avión de Morales. Más vergonzoso es el papel que desempeñó la prensa ante una violación tan colonial del derecho internacional. Burlas, títulos como “los latinos están enojados”, o boicoteo de la información marcaron la cobertura de este escándalo. Sobran los dedos de una mano para contar, en Francia, los diarios que mencionaron la última cumbre del Mercosur y la convocación de los embajadores de los países concernidos por el bloqueo del avión.

 

En esta entrevista con Página/12 realizada en París, el abogado Patrick Baudouin, presidente de honor de la FIDH, explica las bases de la querella judicial en Francia y analiza tanto la prepotencia norteamericana como el perfil de lacayo de Washington que adoptó la Unión Europea.

 

–Este episodio de espionaje planetario, violación del derecho internacional contra un jefe de Estado y perfil bajo de Europa es un caso de escuela. Sin embargo, pese a su amplitud y a sus múltiples conexiones, sólo ustedes recurrieron a la Justicia contra los implicados.

 

–Es asombroso, en efecto, que la nuestra sea la primera querella presentada. El juicio lo iniciamos porque las revelaciones de Snowden permitieron descubrir la existencia de un sistema de vigilancia generalizada a escala planetaria a través de Internet. La NSA, la CIA y el FBI pueden ingresar en los programas de los gigantes de la informática como Google, Yahoo!, Facebook, Microsoft y otros y colectar los datos. Esto les permite conocer el nombre del autor, del destinatario y el contenido de los mensajes. Pero esto no se limita al territorio norteamericano sino que Estados Unidos se adjudica el derecho de poner en práctica ese sistema en todo el mundo, en Europa, en América latina, en Asia. Esto es intolerable porque se opone totalmente a las legislaciones nacionales. Lo que está en juego acá es la libertad del individuo. Nuestro juicio apunta a la Agencia Nacional de Seguridad, la NSA, la CIA y, por complicidad, apunta también a los gigantes de la informática. Estos no pueden ignorar lo que pasa. Google, Facebook y los demás dicen hoy que, tal vez, si el espionaje tuvo lugar, fue sin que ellos se dieran cuenta. ¡ Es una broma! Desde luego, la base legal de la querella está constituida por las revelaciones de Snowden. Lo más increíble está en el hecho de que los mismos responsables de estos abusos no ponen en tela de juicio la información sobre los mismos. Estados Unidos no negó la veracidad de las revelaciones, no. Al contrario. Washington dijo: “Señor Snowden, usted es culpable por haber dicho la verdad. Y nosotros no queremos que esa verdad sea dicha”.

 

–Las cifras sobre el volumen de datos colectados es de ciencia ficción: son miles de millones de informaciones.

 

–Desde que el sistema Prisma se puso en funcionamiento hubo 97 mil millones de comunicaciones controladas en todo el mundo. Entre diciembre de 2012 y enero de 2013 en Francia se controlaron dos millones de comunicaciones. Y lo que nosotros queremos saber con este juicio es cuántas de esas dos millones de comunicaciones fueron utilizadas y con qué fines. Lo escandaloso no reside en activar un sistema de vigilancia en torno de personas ligadas al terrorismo o al crimen organizado, no. Todo Estado democrático debe protegerse y tener sistemas de control. Lo escandaloso está en que, en nombre de esa lucha contra el terrorismo, se violaron todas las reglas. En vez de controlar a las personas que pueden ser peligrosas se controló a todo el mundo, sin medida. La libertad de cada ciudadano ha quedado así en tela de juicio. Podemos imaginar qué pasaría si esos medios llegan a manos de gobiernos dictatoriales. Nada nos garantiza que, mañana, en España o en Francia, no haya un gobierno de extrema derecha, autoritario, dictatorial, el cual va a recurrir a esa información para controlar a todos los individuos. En Libia hemos visto que el coronel Khadafi tenía un sistema así que le permitió detener a los opositores y torturarlos. Nosotros buscamos precisamente limitar la amplitud de esos sistemas. Queremos que se tome conciencia del riesgo que esos dispositivos hacen correr a la libertad individual.

 

-En medio de este escándalo, el diario Le Monde reveló que Francia tenía también un sistema de vigilancia semejante.

 

–En efecto. Los llamados Estados democráticos reaccionaron tímidamente cuando las revelaciones de Snowden salieron a la luz. Podemos preguntarnos si esa reacción tímida no se debe precisamente al hecho de que los responsables de esas democracias no se sienten un poco responsables porque actúan de la misma manera.

 

–América latina fue también objeto del mismo espionaje. Estamos de nuevo frente a un imperio al que nada puede oponerse y que, con su potencia tecnológica, atropella todo el planeta.

 

–El imperialismo norteamericano es una práctica bien conocida en América latina. Y justamente, lo que provocó un shock en Europa Occidental fue que esta historia fue como un descubrimiento. En América latina el imperialismo y sus consecuencias son una constante. En Europa no. Hay algo que puede ser ventajoso en todo esto: que la movilización y la reacción se activen en todas partes contra el imperialismo norteamericano. En contra de lo que se cree, no hay ningún ocaso del imperialismo norteamericano. Creo, al contrario, que la potencia de Estados Unidos nunca fue tan importante como hoy. Desde los atentados del 11 de septiembre Estados Unidos pasó por alto todas las reglas y las leyes. Hay varios artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que han sido violados de manera constante y en toda impunidad. Es eso lo que nosotros queremos denunciar. Y esperamos que en otros países haya otras ONG u otras personas que hagan juicio contra los responsables del espionaje.

 

–Europa, en vez de actuar contra Estados Unidos, terminó por castigar a América latina cuando bloqueó el avión del presidente boliviano. Es una forma de abuso colonial y de servidumbre ante la Casa Blanca.

 

–Sí, absolutamente. Si este episodio fuera una película sería cómica, pero no lo es. Se trata de política internacional. Entre los países que impidieron el sobrevuelo de su territorio Francia se ridiculizó con esta historia. Hubo, de hecho, un miedo inmediato de molestar a Estados Unidos y provocar con ello medidas de retorsión. Para evitar un problema con Estados Unidos por el posible paso de Snowden en un avión se decidió prohibir el sobrevuelo del territorio. Aquí tenemos la prueba evidente de que somos como un remolque de Estados Unidos. Incluso un gobierno socialista, de quien hubiésemos esperado una actitud menos admirativa que la de su predecesor, el conservador Nicolas Sarkozy, repito, incluso un gobierno socialista sigue la misma línea. Lamentablemente, en Francia y en muchos países europeos seguimos siendo los sirvientes de lo que aún hay que continuar llamando el imperialismo norteamericano. Es una ilustración desastrosa.

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¿Por qué Chomsky desconfía de internet?

El telégrafo y las bibliotecas públicas tuvieron un impacto mucho mayor en las comunicaciones y el acceso a la información que internet. Eso le dijo a BBC Mundo Noam Chomsky desde el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), el mismo lugar donde en 1962 el informático John Carl Robnett Licklider concibió por primera vez la idea de una red global.


 
Activista político y ácido crítico del poder, Chomsky cree que las revelaciones del exanalista de inteligencia Edward Snowden sobre el espionaje en Estados Unidos son una prueba de que los gobiernos pueden aliarse con las grandes corporaciones para usar la red contra los ciudadanos.


 
Considera, además, que los lentes de Google son “orwellianos y ridículos” y que internet puede aislar y radicalizar a las personas.


 
El académico que revolucionó la lingüística y ha escrito más de cien libros reconoce que la red puede ser valiosa y él mismo la usa todo el tiempo, pero desde su oficina en Cambridge, Estados Unidos, desmitifica su impacto y se pregunta sobre sus consecuencias.

 


Internet vs. telégrafo


 
“Internet representa un cambio, pero ha habido cambios mayores cuando uno mira el último siglo y medio”.


 
“La transición entre la comunicación que permitía la navegación a vela y la que permitió el telégrafo fue mucho mayor que la que generan las diferencias entre el correo tradicional e internet”.


 
“Hace 150 años si mandabas una carta a Inglaterra, la respuesta podía demorar unos dos meses, porque viajaría en barco, y quizás ni siquiera llegaría a su destino”.


 
“Cuando surgió el telégrafo la comunicación se volvió prácticamente instantánea, y ahora que tenemos internet es sólo un poco más rápida”.


 
Internet vs. bibliotecas


 
“Hace un siglo, cuando se instalaron bibliotecas públicas en la mayoría de las ciudades estadounidenses, la disponibilidad de información y el incremento en la riqueza cultural fue ampliamente mayor que el que genera internet”.


 
“Ahora no tienes que cruzar la calle para ir a la biblioteca, puedes tener acceso a información en tu propio living, pero la información ya estaba allí, cruzando la calle”.


 
“La diferencia entre internet y una biblioteca es más pequeña que la diferencia entre la ausencia de una biblioteca y una biblioteca… En la biblioteca además al menos puedes confiar en que el material tendrá cierto valor porque pasó por cierto proceso de evaluación”.


 
“Internet es una suma de ideas azarosas y es difícil distinguir entre lo que alguien pensó mientras cruzaba la calle y lo que otro estudió en profundidad”.


 
¿Más unidos o más separados?


 
“Caminar hablando por teléfono es una forma de mantenerse en contacto con otros, pero, ¿es un paso adelante o un paso hacia atrás?”


 
“Yo creo que probablemente sea un paso hacia atrás, porque está separando a la gente, construyendo relaciones superficiales”.


 
“En vez de hablar con las personas cara a cara, de conocerlas a través de la interacción, hay una especie de carácter casual de esta cultura en desarrollo”.


 
“Conozco adolescentes que creen que tienen cientos de amigos, cuando en realidad están muy aislados”.


 
“Cuando escriben en Facebook que mañana tienen un examen, alguien les responde ‘espero que te vaya bien’ y conciben eso como amistad”.


 
“Todavía no he visto ningún estudio, pero pienso que la nueva tecnología está aislando a las personas en un grado importante, está separándolas unas de otras”.


 
¿Más o menos abiertos de mente?


 
“Internet entrega acceso instantáneo a todo tipo de ideas, opiniones, perspectivas, información. ¿Eso ha ampliado nuestras perspectivas o las ha hecho más estrechas?”


 
“Yo creo que ambas. Para algunos las ha ampliado. Si sabes lo que estás buscando y tienes un sentido razonable de cómo proceder, internet puede ampliar tus perspectivas”.


 
“Pero si te aproximas a internet de manera desinformada, el efecto puede ser el opuesto”.


 
“La mayoría usa internet como entretenimiento, diversión. Pero de la minoría que la usa para adquirir información, lo que se puede ver es que las personas localizan muy rápidamente sus sitios favoritos y los visitan porque refuerzan sus propias ideas”.


 
“Entonces te vuelves adicto a esos sitios, que te dicen lo que estás pensando y no miras otros”.


 
“Eso tiene un efecto de auto reforzamiento; el sitio se vuelve más extremista, y tú te vuelves más extremista y te separas más de los demás”.


 
Sin secretos


 
“Sólo por propósitos comerciales, Google, Amazon y el resto están coleccionando enormes cantidades de información de las personas; información que yo creo que no deberían tener”.


 
“Rastrean tus hábitos, tus compras, tu comportamiento, lo que haces y están tratando de controlarte dirigiéndote en determinadas direcciones”.


 
“Y creo que lo están haciendo en niveles que exceden a lo que el gobierno hace. Así que el gobierno les está pidiendo ayuda”.


 
“Los más jóvenes, muy a menudo no ven ningún problema en esto. Viven en una sociedad y una cultura exhibicionistas, donde colocas todo en Facebook, donde quieres que todo el mundo sepa todo sobre ti. Así que el gobierno también sabrá todo sobre ti”.


 
¿Una tecnología neutra?


 
“Cuando los medios para hacer algo están disponibles y son fáciles de acceder, son tentadores y la gente, especialmente la más joven, tiende a usarlos”.


 
“Internet es una tecnología que está disponible, hay mucha presión por usarla, todo el mundo quiere decir ‘yo esto, yo lo otro’. Hay un componente de autovaloración”.


 
“Pero también hay toneladas de publicidad… Internet se mercadea a sí misma como un medio para comunicarnos y conectarnos, y hasta cierto nivel, eso es cierto: puedo contactar amigos auténticos en diferentes partes del mundo, en India, en Medio Oriente, en Chile, en cualquier lugar”.


 
“Y puedo interactuar con ellos de una forma que sería muy difícil por correo”.


 
“Pero por otro lado, Internet también tiene el efecto opuesto. Es como cualquier tecnología: es básicamente neutra, puedas usarla en formas constructivas o dañinas. Las formas constructivas son reales, pero muy pocas”.

 

10 julio 2013


 
(Tomado de BBC Mundo)

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Lunes, 17 Junio 2013 06:16

Blues orwelliano

Blues orwelliano

Nos acaban de informar que todos los que usamos teléfonos y cualquiera de los principales servicios de comunicación cibernética –o sea, casi todo correo electrónico, chat, videochat, video, llamada por Internet, documento– está potencialmente expuesto a ser espiado por los servicios de inteligencia de Estados Unidos, particularmente si las comunicaciones son internacionales.

 

Nos acaban de informar que los encargados de supervisar estos programas en nombre del pueblo no estaban enterados de gran parte de este masivo aparato de vigilancia. Nos acaban de informar los gobernantes que nadie se tiene que preocupar, porque se puede confiar en que ellos hacen “lo correcto”.

 

Nos acaban de informar que los derechos a la privacidad y a la libre expresión garantizados por la Constitución y las leyes federales tienen que ser parcialmente anulados para poder defenderlos de los enemigos, aquellos que odian las libertades y los derechos que se tienen aquí.

 

Y eso que apenas nos estamos enterando de todo esto y nadie sabe qué más hay, ya que el gobierno tiene que guardar secreto en defensa de la libertad, dicen. Hasta las reglas de cómo se hace todo esto dentro de la legalidad y con pleno respeto a los derechos de los ciudadanos –lo cual aseguran el gobierno de Barack Obama y la cúpula legislativa de ambos partidos– son secretas.

 

El valiente comentarista Glenn Greenwald, de The Guardian, quien con otros colegas ha divulgado las filtraciones de Edward Snowden, el ex contratista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) que reveló los masivos programas secretos de vigilancia –algo que Daniel Ellsberg, quien filtró los célebres Papeles del Pentágono hace 40 años, consideró la “filtración más importante en la historia estadunidense”–, advirtió este fin de semana que hay mucho más y que el material publicado hasta ahora sólo es “la punta del iceberg”.

 

Las justificaciones de todo esto son las mismas desde el 11 de septiembre de 2001, aunque lo más notable ahora es que un presidente demócrata y un amplio número de legisladores demócratas que antes fueron críticos feroces de esta “intrusión” a la privacidad, cuando George W. Bush era presidente, ahora la defienden con la misma retórica de “proteger” al país del “terrorismo”.

 

El legendario periodista I.F. Stone aconsejaba a todo periodista que cubría política: “si quieres saber sobre gobiernos, todo lo que tienes que saber son tres palabras: los gobiernos mienten”.

 

Aquí, en este caso, los gobiernos, al ser revelados en sus engaños, justifican el no decir la verdad como algo necesario para defender la libertad, la transparencia y la democracia, ante la amenaza del siempre presente “enemigo”. La semana pasada, por ejemplo, el director de Inteligencia Nacional, James Clapper, admitió que en una respuesta evasiva a una pregunta directa de un senador sobre si se espiaban las comunicaciones de millones de estadunidenses, por la delicadeza del tema, ofreció la “respuesta menos no verídica posible”.

 

La opinión pública no está muy sorprendida, y las encuestas muestran reacciones mixtas; algunas revelan que la mayoría están dispuestos a ceder sus libertades a cambio de la seguridad pública y nacional, aunque otros dudan que esto sea necesario. Una encuesta de la revista Time en estos días mostró que 54 por ciento de estadunidenses opinan que Edward Snowden hizo “algo bueno”, por 30 por ciento que opina lo opuesto. Para confundir las cosas, en la misma encuesta, 53 por ciento dicen que debería ser procesado legalmente por la filtración, mientras 28 por ciento dicen que no (aunque 43 por ciento contra 41 por ciento de los jóvenes entre 18 a 34 años consideran que no debería ser penalizado). Hay un empate estadístico sobre los que aprueban los programas de vigilancia y los que no.

 


La más afectada es la credibilidad de la clase política. Pero ya poco queda de ella. En un sondeo de Gallup, la semana pasada, el Congreso estableció un récord histórico con el índice de confiabilidad más bajo: sólo 10 por ciento de estadunidenses confían en sus diputados y senadores, y hoy es la institución estadunidense menos popular en la historia del país. Es inferior al nivel de confianza del gran empresariado (22 por ciento), bancos (26 por ciento), periódicos y noticieros de televisión (23 por ciento) y sindicatos (20 por ciento), entre otros. Los que tienen más alto índice de confiabilidad son los militares, con 76 por ciento.

 

El debate que todo esto ha desatado sin duda es saludable, al demostrarse la falta de transparencia y de rendición de cuentas de un gobierno secreto cada vez más grande y poderoso. Ellsberg escribió en The Guardian la semana pasada: “decir que hay supervisión judicial es tan absurdo como hablar de la supuesta supervisión de los comités de inteligencia en el Congreso. No por primera vez –como con los temas de tortura, secuestro, detención, asesinato por drones y escuadrones de muerte– han demostrado que están completamente cooptados por las agencias a las que supuestamente vigilan”.

 

Ex altos funcionarios y agentes veteranos de inteligencia han dicho lo mismo en días recientes. En tanto, algunos comentaristas destacan la continuidad de las políticas de Bush en estos rubros, que fueron tan denunciadas.

 

Ante todo esto, el debate continúa tanto en Estados Unidos como en otros países. Gobiernos europeos y agrupaciones civiles y políticas asiáticas han pedido aclaraciones al gobierno estadunidense sobre el alcance y la legalidad de su proclamado derecho de escuchar y espiar a cualquiera en el planeta. Sin embargo, por ahora no hay mucha reacción en México o el resto de América Latina, donde todos tendrían que suponer que sus comunicaciones privadas cibernéticas son sujetas a la vigilancia secreta de Washington. ¿Tiene Estados Unidos ese derecho? ¿Tiene permiso, o incluso cooperación de otros gobiernos? ¿Los ciudadanos están enterados?

 

Si esto no es suficiente como para provocar un cambio y recordar que el demos es el que finalmente tiene que vigilar a su gobierno para que éste pueda llamarse democrático, todo lo revelado quedara sólo como la letra de un blues orwelliano.

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Ex empleado de la CIA filtró los programas de espionaje de EU

La fuente responsable de una de las filtraciones más dramáticas en la historia política de Estados Unidos que hoy sacude a Washington, reveló su identidad, y dijo que su acción fue en defensa de los derechos de privacidad y libre expresión ante el abuso de un “estado de vigilancia”. Afirmó: “no quiero vivir en una sociedad que hace este tipo de cosas”, e indicó que considera buscar asilo en un país que defienda la libertad de expresión.

 

Poco menos de 24 horas después de que el director de Inteligencia Nacional, James Clapper, anunció que el Departamento de Justicia había iniciado una investigación sobre quién filtró la información sobre programas secretos de espionaje de comunicaciones telefónicas y cibernéticas, el responsable apareció con nombre y apellido, por decisión propia, en The Guardian y el Washington Post, para asumir responsabilidad y dejar claro sus motivaciones.

 

Edward Snowden, de 29 años, ex asistente técnico de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y actualmente empleado de la contratista militar privada Booz Allen Hamilton, ha estado trabajando en la Agencia de Seguridad Nacional (NSA por sus siglas en inglés) como empleado de varios contratistas privados.

 

Snowden, en entrevista con The Guardian, subrayó que lo que más desea es que su filtración sobre programas de vigilancia de comunicaciones de millones de personas detone un debate “entre ciudadanos de todo el orbe sobre en qué tipo de mundo deseamos vivir”, y agregó que “mi único motivo es informar al público sobre aquello que se hace en su nombre y aquello que se hace en su contra”.

 

En entrevista con el Washington Post, denunció la vigilancia sistemática de ciudadanos inocentes y aseguró que su decisión de filtrar la información fue, en parte, porque “es importante enviar un mensaje al gobierno de que la gente no será intimidada”.

 

La filtración de Snowden a The Guardian y el Washington Post la semana pasada, reveló programas secretos de la NSA enfocados en rastrear los registros de llamadas telefónicas de millones de clientes de la empresa Verizon, y otro, conocido como PRISM, que da acceso al contenido de comunicaciones cibernéticas de los clientes de nueve de las principales empresas de Internet en el mundo (Microsoft, Google, Yahoo, Skype, entre otras).

 

La filtración sacudió la Casa Blanca y ha detonado un debate sobre los alcances del aparato de inteligencia estadunidense y las libertades civiles.

 

En su primera entrega de información de la NSA –una de las agencias de inteligencia más grandes y secretas del mundo– al Guardian, Snowden incluyó una nota escrita que decía: “entiendo que me harán sufrir por mis acciones”, pero “estaré satisfecho si la federación de leyes secretas… y poderes ejecutivos irresistibles que mandan en este mundo que tanto amo, son revelados aun por un instante”, informó el diario británico.

 

Durante la entrevista con el rotativo en un hotel de lujo en Hong Kong, adonde viajó desde hace tres semanas para preparar la filtración, Snowden comentó que nunca pensó en mantenerse anónimo “porque no he hecho nada malo”. Y aunque decidió identificarse, le dijo al Guardian: “no quiero la atención pública porque no quiero que la noticia sea acerca de mí. Quiero que sea sobre lo que está haciendo el gobierno de Estados Unidos”. Sin embargo, reconoció que “a los medios les gusta personalizar los debates políticos, y sé que el gobierno me demonizará”.

 

En la entrevista con el Post, Snowden agregó: “no me voy a esconder. Permitir que el gobierno de Estados Unidos intimide a su pueblo con amenazas de represalias por revelar fechorías es contrario al interés público”.

 


Indicó que ha tenido una vida muy cómoda, con un salario de alrededor de 200 mil dólares anuales, una novia con quien comparte casa en Hawaii, una carrera estable y una familia que ama. “Estoy dispuesto a sacrificar todo eso porque no puedo, en buena conciencia, permitir que el gobierno de Estados Unidos destruya la privacidad, la libertad de Internet y las libertades básicas de la población mundial con esta masiva maquinaria de vigilancia que está construyendo secretamente”, comentó al Guardian.

 

El rotativo británico señala que Snowden conoce muy bien, por su trabajo en el mundo de inteligencia durante casi una década, el poder y las capacidades del gobierno estadunidense. “Todas mis opciones son malas”, comentó al rotativo, al señalar que Estados Unidos podría iniciar un proceso de extradición en su contra, y no descarta que podría ser secuestrado por el gobierno estadunidense, e incluso podría ser una tarea encargada a “terceros”. Comentó que será una preocupación “con la que tendré que vivir el resto de mi vida…”

 

Pronosticó que el gobierno anunciará una investigación y que lo acusarán de violar la Ley de Espionaje y de que “ayudé a nuestros enemigos, pero eso se puede utilizar contra cualquiera que señale qué tan masivo e invasivo se ha vuelto el sistema”.

 

Sin embargo, ante la posibilidad de que el gobierno proceda penalmente contra él, como lo hecho contra un número sin precedente de whistleblowers (filtradores motivados por el bien público y para denunciar abusos o actos ilegales) en la historia del país, afirmó: “no tengo miedo porque fue mi decisión”.

 

En comentarios al Post, Snowden indicó: “tengo la intención de solicitar asilo en países que creen en la libertad de expresión y se oponen a la victimización de la privacidad global”. Su preferencia es Islandia por su reputación como campeón de la libertad de Internet, dijo al Guardian.

 

Snowden describió su carrera, desde su ingreso al ejército estadunidense, en 2003, por creer que la misión de la guerra en Irak era la liberación de un pueblo, y después su ascenso en el mundo de inteligencia, de guardia de seguridad a experto en computación en la CIA y la NSA hoy día. Desilusionado con la manera de operar de estas agencias en la era de George W. Bush, creyó que con la elección de Barack Obama habría reformas, pero sólo ha visto lo opuesto. Dijo que aprendió que “no puedes esperar a que alguien mas actúe. Había estado buscando líderes, pero me di cuenta que el liderazgo tiene que ver con quién es el primero en actuar”.

 

Snowden comentó que admira a Daniel Ellsberg, quien filtró los célebres Papeles del Pentágono durante la guerra de Vietnam, y a Bradley Manning, el soldado que enfrenta una corte marcial (por cierto, en un tribunal militar en el Fuerte Meade, sede también de la NSA) por la mayor filtración de documentos secretos en la historia del país, que arrancó la semana pasada.

 

Pero indicó al Guardian que había una diferencia importante entre él y el soldado, ya que Snowden dijo que evaluó cuidadosamente cada documento para asegurarse de que “cada uno era legítimamente de interés público”, ya que tenía acceso a mucho más que no filtró “porque mi meta es la transparencia, no hacer daño a la gente”.

 

Ahora, dijo al Post, sus acciones ya han tenido impacto, la sociedad ya se enteró de qué “tan mal están las cosas y ahora tiene el poder de decidir por sí misma si está dispuesta a sacrificar su privacidad al estado de vigilancia”.

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