La NSA rastrea cada día cientos de millones de celulares en el mundo

La Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos recauda diariamente más de 5 mil millones de registros de ubicación de cientos de millones de celulares en el mundo que le permiten detectar redes de interrelaciones entre usuarios mediante un programa de espionaje mucho más grande en escala que los antes revelados en los documentos secretos filtrados por Edward Snowden, reporta hoy el diario The Washington Post.

Los registros nutren un banco de datos que almacena información sobre la ubicación de cientos de millones de aparatos, y con nuevos programas esto se convierte en una herramienta de vigilancia masiva, informa el rotativo con base en documentos filtrados por el ex contratista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) y entrevistas con funcionarios estadunidesnses.


Un funcionario de la agencia comentó al Post que están recibiendo vastos volúmenes de datos sobre la ubicación de celulares alrededor del mundo a través de intervenir los cables que vinculan a las redes móviles a escala mundial. Aunque la NSA no tiene el objetivo de espiar los datos de ubicación de estadunidenses, obtiene información de manera incidental. Además, reporta el Post, se reacaudan datos de celulares de las decenas de millones de estadunidenses que viajan al extranjero cada año.


En escala, dimensión e impacto potencial sobre la privacidad, los esfuerzos para recaudar y analizar datos de ubicación podrían ser insuperables entre los programas de vigilancia de la NSA que se han divulgado desde junio. Analistas pueden encontrar teléfonos celulares en cualquier parte del mundo, rastrear sus movimientos y revelar relaciones secretas entre los individuos que los usan, indica el Post.
Funcionarios estadunidenses aseguraron al rotativo que los programas que recaudan y analizan datos de ubicación son legales y tienen la intención exclusiva de desarrollar inteligencia sobre objetivos extranjeros.


El rotativo explica que la NSA no sospecha de la gran mayoría de los usuarios de celulares, sino que obtiene datos en grueso y con sus herramientas de análisis conocidas como CO-TRAVELER le permiten buscan socios desconocidos de objetivos de inteligencia al rastrear la intersección del movimiento de personas.


Con sólo la información sobre ubicación –o sea, sin intervenir las comunicación en sí– la NSA puede aplicar técnicas matemáticas que le permiten mapear las relaciones entre usuarios de celulares al hacer correlaciones sobre sus movimientos durante periodos de tiempo con miles o millones de otros usuarios con que se cruzan. El Post recuerda que los celulares transmiten de manera constante sus ubicaciones, aun cuando no están en uso en una llamada o enviando textos.


Así, la NSA está rastreando a gente en todas sus actividades –reuniones, citas médicas, si usan hoteles o si están en sus casas– a nivel planetario.


Expertos señalan que aunque uno puede usar técnicas para poner en código sus comunicaciones digitales, es imposible ocultar ubicación si uno no se desconecta por completo de los sistemas modernos de comunicación.


El Post señala que la NSA, al no saber qué fracción microscópica de la información podría necesitar en algún momento, recauda y almacena todo lo que puede: 27 terabytes, según un cálculo, o más del doble de todo el contenido de texto en la colección de la Biblioteca del Congreso, la más grande del país.


El rotativo ofrece una gráfica y explicación sobre cómo la NSA rastrea a la gente en este momento.


Las revelaciones nutrirán el gran debate dentro y fuera de Estados Unidos sobre el espionaje masivo de gobiernos y pueblos que se detonó cuando The Guardian y The Washington Post empezaron a publicar reportajes sobre los documentos filtrados por Snowden hace seis meses. Ese debate ya ha llevado a que el gobierno de Barack Obama anuncie una amplia evaluación de los programas para lograr un mejor equilibrio entre libertades civiles y seguridad, y múltiples audiencias, investigaciones y propuestas legislativas para establecer nuevas normas y mayor transparencia.


Mientras tanto, Brasil y Alemania promueven una resolución ante la Organización de Naciones Unidas (ONU) para abordar el asunto del espionaje masivo; otros gobiernos, incluido México, han solicitado explicaciones sobre el alcance de los programas de espionaje estadunidense empleados contra sus líderes políticos.


Sin embargo, continúan las acusaciones contra los mensajeros en Estados Unidos y Gran Bretaña, donde no sólo Snowden, sino periodistas, son acusados de poner en riesgo la seguridad nacional al reportar sobre los programas de espionaje. El director de The Guardian Alan Rusbridger fue interrogado ante el Parlamento el martes, donde se afirmó que las autoridades británicas evalúan si presentan cargos contra él y su periódico, tal como reportó La Jornada. En Estados Unidos las principales organizaciones de defensa de la libertad de expresión han denunciado medidas contra periodistas por el gobierno de Obama.


Ante esto, el relator especial sobre contraterrorismo y derechos humanos de la ONU, Ben Emmerson, anunció esta semana que está lanzando una investigación sobre los programas de espionaje de la NSA y su contraparte británica GCHQ que culminará en recomendaciones a la Asamblea General de la organización. Emmerson, en un artículo publicado en The Guardian, defendió el trabajo de los periodistas y escribió que la sorprendente sugerencia de que este tipo de periodismo responsable puede de alguna manera ser igualado con asistir y apoyar al terrorismo necesita ser detenida de manera decisiva.


Carl Bernstein, el famoso periodista que reveló, junto con Bob Woodward, el escándalo de Watergate para The Washington Post, envío una carta abierta a Rusbridger afirmando que su obligada comparecencia ante el Parlamento es algo peligrosamente pernicioso: un intento por las autoridades más altas de Reino Unido para cambiar el tema de políticas gubernamentales y secretos excesivos del gobierno en Estados Unidos y Gran Bretaña por uno sobre la conducta de la prensa.


Bernstein acusó que los gobiernos en Washington y Londres parecen tener la intención de armar "las barreras más serias (y de servicio para ellos) contra el reportaje legítimo de noticias –sobre todo del sigilo excesivo gubernamental– que hemos visto en décadas".

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Televisores inteligentes "espían" en los hogares

¿En qué otro lugar puede sentirse usted más seguro que en su propia casa? Pero hoy hasta en nuestra cama podemos estar bajo el control del 'ojo omnipresente'. Y el culpable es un dispositivo que se encuentra en casi todos los hogares: el televisor.


Puede sonar más como el argumento de una película de ciencia ficción futurista, pero estas escenas ya suceden todos los días en pueblos y ciudades de todo el mundo y en la mayoría de los casos, las víctimas no tienen ni idea de que alguien puede estar observando qué ropa llevan puesta, qué alimentos han comido, qué programa de TV han visto y cada paso que dan. Estos 'vigilantes' pueden ser delincuentes o trabajar para grandes corporaciones y ahora saben sus secretos más íntimos.


En pocas palabras, nuestros televisores han comenzado a espiarnos y esto es algo que está comprobado.


La semana pasada un consultor de tecnologías de la información, Jason Huntley, residente en un pueblo cerca de la ciudad de Hull, en el condado ceremonial de Yorkshire del Este, Reino Unido, descubrió que su televisión inteligente de pantalla plana, colocado en su sala de estar desde este verano, estaba invadiendo la privacidad de su familia, informa 'The Daily Mail'.


Huntley comenzó a investigar el dispositivo de marca LG que le costó 400 libras esterlinas (unos 649 dólares) después de darse cuenta de que su pantalla de inicio estaba mostrándole anuncios basados en los programas que él había estado viendo.


Fue entonces cuando el británico decidió controlar la información que el televisor inteligente que se conecta a Internet estaba enviando y recibiendo. Lo hizo mediante el uso de una computadora portátil como puente entre su televisor y el receptor de Internet, por lo que el portátil era capaz de mostrar todos los datos que eran obtenidos por el 'dispositivo espía'.


Pronto el informático descubrió que no solo todos los detalles de cada programa que estaba viendo, sino también sobre cada botón que pulsaba en su mando, estaban siendo enviados de nuevo a la sede corporativa de LG en Corea del Sur.Allí, la empresa de electrónica parecía estar utilizando los datos personales de sus clientes para ganar más dinero, enviando videos promocionales de productos que potencialmente podrían parecerles interesantes.


El LG de Huntley había enviado a la sede de la compañía también el contenido de su colección privada de videos digitales que estaba viendo en el televisor, incluyendo filmaciones de celebraciones familiares que contenían imágenes de su esposa y sus dos hijos pequeños.


Pero lo más preocupante de toda la situación fue que el dispositivo continuó el envío de dicha información a Corea, incluso después de que Huntley ajustara la configuración predeterminada para desactivar el intercambio de datos.


El británico escribió acerca de su experiencia en su blog, después de que el caso llamase la atención de los principales medios de prensa del país, lo que obligó al gigante LG a abrir una investigación.


"La privacidad del cliente es una prioridad", afirmaron los representantes de la compañía. "Estamos investigando informes de que cierta información de visualización en televisores inteligentes LG era compartida sin su consentimiento", añadieron.


No obstante, expertos en informática destacan que la investigación de Huntley probablemente es solo la punta del iceberg. Según ellos, los nuevos televisores inteligentes que se conectan a Internet cada día entran en más hogares por todo el mundo y cada uno de ellos puede ser fácilmente 'hackeado', ya que a diferencia de las computadoras, es imposible instalarle un antivirus por la falta del 'software' necesario.
Así, por ejemplo, un delincuente que tiene unos mínimos conocimientos de informática podría obtener los detalles de las tarjetas de crédito que los usuarios suben al televisor para realizar el pago de las películas que descargan o el uso de aplicaciones comerciales.


Otro descubrimiento inquietante que recientemente hicieron los expertos fue que es posible acceder de forma remota a las cámaras de vídeo integradas en miles de televisores inteligentes y recibir las imágenes de cada paso que dan los usuarios en su propia casa, siempre que estén al alcance del objetivo de ese dispositivo.


28 NOVIEMBRE 2013

(Con información de RT)

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Martes, 05 Noviembre 2013 06:33

Snowden, el hereje de nuestros tiempos

Snowden, el hereje de nuestros tiempos


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Las herejías han sido tradicionalmente anatematizadas: prohibidas primero, proscritas después, al cabo, si se puede, eliminadas. El concepto de herejía fue una creación del Concilio de Nicomedia en el año 317 d.e.v., y se define de cara a un dogma de fe, una verdad oficial: la ortodoxia. Esta se traduce en esa forma de vida que es la normalidad y que se concibe como el statu quo.


Frente a la ortodoxia, regularmente han emergido diversas heterodoxias. Las herejías han tenido figuras prominentes en la historia. Y el nombre adecuado para los mismos es el de heresiarca. Pues bien, Snowden es el heresiarca de nuestra época.


En efecto, las revelaciones —parciales hasta la fecha, pues es evidente que aún posee numerosa otra información— acerca del espionaje a gran escala por parte de la NSA han producido diversas reacciones. Y la primera y más evidente de todas es el descrecimiento de los ciudadanos en el gobierno mundial de los EE. UU., y de consuno, la pérdida de confianza y credibilidad en los gobiernos nacionales. Pues en muchas ocasiones: a) estos han contribuido con sus propios organismos de seguridad e inteligencia a los espionajes; b) una vez que se han producido las denuncias permanecen sin hacer absolutamente nada. Literalmente.


Snowden ha desenmascarado la religión de Estado, o lo que es equivalente, el Estado como religión. Pues en la sociedad de la información y del conocimiento, la religión de Estado no es el catolicismo, el protestantismo o el judaísmo —para mencionar los tres casos más conspicuos—. Por el contrario, la religión de Estado es, hoy por hoy, la información: premisa de la democracia, fundamento (presunto) de la legitimidad.


La ortodoxia en cuestión de fe coincide en el plano de la episteme con la ciencia normal, y ambas a su vez en el plano político no son otra cosa que la verdad oficial. Verdad oficial a través de los órganos, los políticos y los intelectuales oficiales.


En verdad, la ciencia normal, cuyo epítome es en ciencia en general la corriente principal de pensamiento, se condensa, según el estudio clásico de T. Kuhn, en el paradigma vigente. Hasta cuando se revelan en el seno de este paradigma anomalías. Las anomalías no son, por tanto, otra cosa que rupturas, quiebres, bifurcaciones con respecto a las creencias oficiales, las verdades oficiales.


Snowden ha desvelado las mentiras de la democracia occidental en su centro mismo: la democracia como fundada en información disponible, y las consecuentes (a)simetrías de información para las tomas de decisión. Cuyo origen primigenio es la idea de: one man, one vote, que es el fundamento del liberalismo, y cuyos fundamentos filosóficos, epistemológicos y metodológicos se encuentran claramente expuestos por autores como Hobbes y Locke. De hecho, toda la epistemología del empirismo y las filosofías de Locke y Hobbes son los fundamentos filosóficos mismos del liberalismo y la modernidad. Con una historia que se nutre hasta nuestros días. Y que también hasta nuestros días se mal–nutre.


Ciencia normal, dogmas de fe y verdades oficiales —tres expresiones distintas para un solo y mismo principio: el realismo político; el principio de realidad como vigencia, trasmisión y reproducción de creencias repetidas y justificadas mil y una veces.
Hasta cuando entran en acción los herejes en la iglesia; los revolucionarios y los nuevos paradigmas en ciencia; y los desertores y críticos del poder, en política, y coinciden todos en el desvelamiento del engaño, la impotencia, la falsedad de los métodos, fundamentos y verdades.


En religión, herejías de la valía de los cátaros; en ciencia, revoluciones como la de Galileo y Newton; y en política —en el sentido más amplio y fuerte de la palabra—, en nuestros días, esa figura eximia que es E. Snowden. "Jamás querría vivir en un país que espía y controla a sus propios ciudadanos", fue una de sus primeras declaraciones cuando recién se supo sobre sus denuncias. Pues, manifiestamente, el espionaje y el control significan la falta de confianza y el esclavismo informacional.


Porque esa información sobre los ciudadanos es información que se procesa y acumula para emplearla cuando y como sea conveniente a los intereses de los poderes.


Razón tiene Obama: han sido sus subalternos los que han llevado a cabo esos espionajes. Son subalternos en el organigrama únicamente, pues es evidente que son el poder mismo. La diferencia primaria entre Estado y gobierno; entre Estado y administración.
Las herejías, sin embargo, no han sido totalmente acalladas. Como tampoco las revoluciones científicas. Por el contrario, las herejías han cumplido el muy destacado papel de servir de focos de luz a las falsedades y debilidades de los poderes establecidos.
Desde al adamismo hasta los Wiclefitas; desde Arriano hasta Lutero, por ejemplo. En un plano. Y en el otro, desde Giordano Bruno y Galileo, hasta las ciencias de la complejidad, en numerosos campos del conocimiento.


Los herejes y las revoluciones científicas despiertan a las sociedades del letargo y las obviedades, de las falsas creencias y los dogmas. Introducen auténticas bifurcaciones en la historia, y quiebran en todos los casos el determinismo. Esto es, la creencia de que es el pasado el que da sentido al presente; o que es el presente vigente sin más el que determina al futuro.


Las verdades oficiales son deterministas, tanto como la ciencia normal. Y ambas se conciben como la imposibilidad de que haya otras verdades, otras interpretaciones, otros criterios que los propios. En otras palabras, el dogma, las verdades oficiales y la ciencia normal son reacios a la idea de pluralidad, a la noción de divergencia. No en vano, el establecimiento trabaja en términos de mayorías y consensos. Que son táctica y estratégicamente diseñados.


Hasta cuando el diseño se revela como una verdadera impostura, por gente valiosa, mil veces valiosa, como E. Snowden. O Julian Assange. O el teniente Bradley Manning. Y Anonymous, desde luego. Pero, la verdad, como miles y millones de otros seres humanos —verdaderamente humanos— que trabajan en la misma dirección y con herramientas diversas que estos tres mencionados. Miles, millones de personas, trabajan en el anonimato o en el más bajo perfil. Y muchos otros, en diversos escenarios, trabajando en la misma dirección.
Todos aquellos que pivotan alrededor de ejes tan diversos y plurales como medios alternativos de información; sistemas alternativos de economía; fuerzas políticas de oposición; metodologías alternativas de enseñanza e investigación; ONG no oficiales ni al servicio de los grandes capitales; incluso, fuerzas militares no oficiales y de fuerte resorte social. Para mencionar tan sólo unos cuantos ejemplos, y unas pocas expresiones.


Lo cual apunta a la idea de la importancia de los grupos pequeños; de las iniciativas personales; de las capacidades de aprendizaje y adaptación; al famoso efecto mariposa de la ciencia del caos: un café en un cafetería de barrio cualquiera puede tumbar un gobierno o una transnacional en otros lugares. Por ejemplo.


Históricamente las iglesias le han temido a las herejías, y las persiguen con ahínco. La educación y la ciencia normal le temen a las revoluciones científicas y a la innovación, y le suelta toda la carga de la demostración a quienes proponen cosas novedosas y distintas. Y los poderes políticos y militares le temen a los individuos y a sus diversas organizaciones y las espían hasta el menor detalle y acumulan y procesan la información.


Pues bien, E. Snowden ha puesto de manifiesto que pequeñas acciones particulares tienen consecuencias imprevistas de largo alcance. Y eso es una herejía, un anatema, una prohibición. Al fin y al cabo, los grandes cambios en la historia de las sociedades casi siempre proceden desde las comisuras y los intersticios; no desde los valles y las llanuras. Pues bien, la enseñanza de la herejía de Snowden radica en poner en evidencia que la inteligencia consiste en el buen trabajo desde los intersticios y los pliegues. El vocabulario de la complejidad.

 

Domingo, 03 Noviembre 2013 21:54

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Todos aliados, a la vez traidores y vasallos

Las bases del concurso están abiertas: ¿quién es más asustadizo o mentiroso o ladrón? Europa y Estados Unidos se desgarran en el inmenso cuadrilátero que se instaló con el espionaje a escala industrial y planetaria realizado por la Agencia de Seguridad Norteamericana, la NSA. Después de las sucesivas revelaciones sobre el espionaje con las que Washington gratificó a sus queridos aliados de Alemania, España y Francia, el imperio se lanzó al contraataque. El jefe de la NSA, el general Keith Alexander, dio vuelta el arma contra los denunciantes y acusó a sus amigos de Europa de ser los responsables tanto del espionaje de que son objeto sus ciudadanos como del envío a Washington de las informaciones recopiladas. Con el cinismo escénico al que ya nos tiene acostumbrados, el general Keith Alexander disparó el primer proyectil cuando aseguró, ante la Comisión de Inteligencia del Congreso estadounidense, que los informes suministrados por los diarios Le Monde y El Mundo, "según los cuales la NSA recabó miles de millones de llamadas telefónicas, son completamente falsos. Ni los periodistas ni la persona que robó esa información clasificada saben lo que tienen delante". Las palabras del general no son ni del todo falsas ni del todo verdaderas. El vespertino Le Monde confirmó que Francia remitió información a la NSA por medio de un acuerdo firmado por los dos países a finales de 2011.

 

Este detalle tal vez explique en parte la trémula reacción de París ante la suculenta masa de informaciones que los servicios secretos de Estados Unidos sustrajeron de Francia. Le Monde había revelado que entre el 10 de diciembre de 2012 y el 8 de enero de 2013 la NSA interceptó más de 70 millones de llamadas y SMS de empresas y particulares de Francia. Keith Alexander precisó ante el Congreso que toda esa información no corresponde a "ciudadanos europeos", sino que "se trata de información que noso-tros y nuestros aliados de la OTAN obtuvimos conjuntamente para la protección de nuestros países y en apoyo de nuestras operaciones militares". Después del espionaje, la zancadilla. En primer lugar, una fuente anónima de los servicios secretos franceses, la DGSE, confirmó al diario francés la existencia de un protocolo de intercambio de informaciones que entró en funcionamiento a principios de 2012. El 28 de octubre, el diario alemán Süddeutsche Zeitung había revelado que la agencia norteamericana y la francesa colaboraban en un programa común llamado Lustre. No obstante, este acuerdo no justifica la elevada cantidad de intercepciones operadas por la NSA en territorio francés. Francia tiene, para los servicios de inteligencia del mundo, un atractivo particular: los cables submarinos por donde transitan la mayoría de los datos oriundos de Africa y Afganistán pasan por las regiones francesas de Marsella y Bretaña. Ambas zonas están así celosamente vigiladas por París. La fuente de inteligencia citada por Le Monde declaró que eso era "un trueque que se instauró entre la dirección de la NSA y la DGSE. Les damos bloques enteros sobre esas zonas, y ellos, en contrapartida, nos dan partes del mundo en donde estamos ausentes".


De este formidable e hipócrita espionaje se desprende que los servicios de inteligencia se reparten el rastreo del mundo. Según el artículo de Le Monde, los datos que París le entrega a Washington corresponden a ciudadanos franceses y extranjeros residentes en las zonas bajo control francés. El trueque entre Francia y Estados Unidos no es el único en vigor. Existe una suerte de círculo de amigos integrado, entre otros, por Israel, Suecia o Italia donde llegan cables submarinos de valor estratégico. Hay entonces una clara geografía submarina de cables pinchados por los servicios de inteligencia de las potencias. Ello quiere decir que las comunicaciones que pasan a través de ellos, las que atañen a personas y a empresas, están al alcance de los países centrales. Por consiguiente, todo el juego comercial y de las relaciones internacionales está trampeado. Asimismo, queda claro entonces que el presidente socialista François Hollande no hizo más que pura mímica cuando interpeló a la administración norteamericana a causa del espionaje del que su país había sido objeto. Todos aliados, a la vez traidores y vasallos. Le Monde afirma en su artículo que estas "nuevas aclaraciones plantean antes que nada la responsabilidad de las autoridades políticas francesas". La portavoz del gobierno francés, Najat Vallaud-Belkacem, juzgó como "poco verosímiles" las alegaciones del general Alexander.


La controversia no disculpa en nada a la NSA. Muy por el contrario. Con los documentos entregados por el ex agente de la CIA y la NSA, Edward Snowden, como prueba, Le Monde mantiene que los objetivos de Washington eran sus mismos aliados. Una fuente jerárquica de la DGSE francesa refuta la idea de que sus servicios hayan podido entregar, en apenas un mes, "70,3 millones de datos a la NSA". El volumen es demasiado alto para ese período. Además, el documento suministrado por Snowden dice claramente "contra ese país en particular". Contra Francia u otro, da lo mismo. Las potencias se enemistan hoy, pero mañana se volverán a dar la mano para seguir expoliando en beneficio propio los datos del planeta. Comercio, desarrollo, negociaciones internacionales, acceso a los mercados, licitaciones internacionales, todo está contaminado por los intrusos que gobiernan el mundo, gobiernan las redes y los cables submarinos. Es una auténtica declaración de guerra contra las naciones que disponen de menos recursos, una metódica y cobarde condena a la desigualdad.
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Domingo, 29 Septiembre 2013 09:39

"El gobierno de EE.UU. trata de asustarnos"

"El gobierno de EE.UU. trata de asustarnos"

Su trayectoria profesional va mucho más allá del caso de las revelaciones del ex agente de la CIA y de la NSA Edward Snowden. Es un actor central en la trama mundial de espionaje.

 

Desde Río de Janeiro

 

Los drones, la lucha contra el terrorismo, la nefasta herencia de la administración del ex presidente norteamericano George Bush, las zonas oscuras de la administración de Barack Obama y el espionaje globalizado montado por Estados Unidos a partir del dispositivo Prisma. Glenn Greenwald conoce esos temas con el rigor y la pasión que le confieren su compromiso y una trayectoria profesional que va mucho más allá del caso de las revelaciones del ex agente de la CIA y de la NSA Edward Snowden. Glenn Greenwald es el segundo actor central de esta trama de espionaje: es este periodista quien, mes tras mes, destila en The Guardian el contenido del enorme dossier que Edward Snowden le entregó en Hong Kong antes de refugiarse en Rusia. Snowden no lo eligió por azar. Greenwald es un reputado autor de investigaciones que sacudieron el sistema político norteamericano y lo convirtieron en uno de los 50 comentaristas más influyentes de Estados Unidos.

 

Quienes conocen su nombre a través de Snowden y el tentacular espionaje de Prisma ignoran la sólida trayectoria que lo respalda. Abogado de profesión, en 2005 Greenwald dejó su carrera de representante de bancos y de grandes empresas y se lanzó en la defensa de los derechos cívicos, las libertades públicas y las investigaciones de alto vuelo. Ese mismo año, un caso de espionaje por parte de la NSA revelado por The New York Times lo propulsó a través de su blog, How Would a Patriot Act, que luego se volvería un libro, How Would a Patriot Act? Defending American Values from a President. Al año siguiente, este activista riguroso publicó un libro feroz sobre la espantosa herencia de la administración Bush, A Tragic Legacy: How a Good vs. Evil Mentality Destroyed the Bush Presidency. En 2008 le siguió otro libro acerca de los mitos e hipocresías de los republicanos, Great American Hypocrites: Toppling the Big Myths of Republican Politic, y en 2012 otra obra cumbre sobre la forma en que la ley es utilizada para destruir la igualdad y proteger al poder: With Liberty and Justice for Some: How the Law Is Used to Destroy Equality and Protect the Powerful.

 

Entre libro y libro, Greenwald llevó a cabo investigaciones explosivas sobre WikiLeaks, Julian Assange, y el soldado Bradley Manning, el militar que le entregó a Assange los cables secretos. Premiado varias veces por su trabajo, Glenn Greenwald define al periodismo de una manera militante: "Para mí, el periodismo es dos cosas: investigar hechos sobre las actividades de la gente que está en el poder, y plantearle límites".

 

Este es el hombre a quien, en mayo de este año y luego de que The Washington Post haya rehusado publicarlos, Edward Snowden le entregó los documentos del abismal espionaje estructurado por la NSA a través del dispositivo Prisma con la colaboración de las empresas privadas como Google, Facebook, Yahoo!, Microsoft y tantas cosas. Glenn Greenwald vive en Brasil dese hace varios años. El doble caso Snowden y Prisma cambió muchas cosas de su vida. Su compañero, David Miranda, fue detenido e interrogado en Londres durante muchas horas en virtud de una ley antiterrorista. Ambos saben que sus conversaciones y sus gestos están celosamente vigilados. Se adaptaron a esa vida sin renunciar por ello a continuar el trabajo de denuncia.

 

En esta entrevista exclusiva realizada en Río de Janeiro por Página/12, Glenn Greenwald revela aspectos inéditos sobre Edward Snowden, cuenta las dificultades de su vida y corre un poco más el telón sobre la nueva industria norteamericana: espiar a cada ciudadano del mundo.

 

–Estados Unidos argumenta que el espionaje planetario apunta a luchar contra el terrorismo. Sin embargo, la lectura de los documentos que Snowden le entregó a usted no aporta esa prueba.

–Si miramos los últimos 30 años, y sobre todo desde los atentados del 11 de septiembre, hay una idea que los norteamericanos quieren aplicar: utilizar el terrorismo mundial para que la gente tenga miedo y actuar con las manos libres. Es una excusa para torturar, secuestrar y arrestar. Ahora están utilizando la misma excusa para espiar. Los documentos sobre la manera en que Estados Unidos espía y sus objetivos poco tienen que ver con el terrorismo. Muchos tienen que ver con la economía, las empresas y los gobiernos, y están destinados a entender cómo funcionan esos gobiernos y esas empresas. La idea central del espionaje es ésa: controlar la información para acrecentar el poder de Estados Unidos alrededor del mundo. En los archivos de la NSA hay documentos sobre el terrorismo, pero no son la mayoría. El gasto de millones de dólares para coleccionar toda esta información contra el terrorismo es una broma. Espiar a Petrobras, a Al Jazeera o a la OEA; esos objetivos nada tienen que ver con el terrorismo. El gobierno está tratando de convencer a la gente de que debe renunciar a su libertad a cambio de estar más segura, trata de asustar y hacer creer que sacrificar la libertad es algo necesario para estar a salvo y protegido de las amenazas que vienen de afuera.

 

–El paso que dio Edward Snowden al haberle suministrado los documentos sobre la manera en que Washington espiaba al planeta entero es sorprendente. ¿Cómo se explica que alguien tan joven, que formaba parte del aparato de inteligencia, optara por ese camino?

–Hay ejemplos en la historia en que la gente sacrifica sus propios intereses para poner término a muchas injusticias. Las razones por las cuales actúan así son complicadas, complejas. En este caso, hay dos cosas importantes: una es que Snowden valora al ser humano y los derechos. Snowden tenía las cosas claras: o continuar con este sistema, perpetuar este mundo destruyendo la privacidad de cientos de millones de personas en el planeta, o, mejor, romper el silencio y actuar contra estos abusos. Creo que Snowden comprobó que si hubiese seguido permitiendo la existencia de este sistema no hubiese podido seguir viviendo con la conciencia tranquila el resto de su vida. El dolor, la vergüenza, el remordimiento y el arrepentimiento como sentimientos para el resto de sus días le daban miedo. Era demasiado grave para guardarlo en su conciencia. Vio que no había muchas opciones y que debía tomar partido. Lo otro importante es que Snowden tiene 30 años, su generación creció con Internet como una parte central de sus vidas. La gente un poco más mayor no se da cuenta de la importancia de Internet para la existencia de las personas. Snowden me dijo que Internet le ofreció a su generación todo tipo de ideas, campos de exploración, contactos con otras personas en el mundo y una capacidad de entendimiento inéditos. Entonces decidió protegerlo. No quería vivir en un mundo en el que todo esto desapareciera, en donde la gente no pudiese utilizar Internet nunca más.

 

–Pero Snowden fue sin embargo un hombre del sistema.

–Sí, pero era muy joven cuando empezó. Tenía 21 años. Con el correr del tiempo fue cambiando sus puntos de vista sobre el gobierno de Estados Unidos, la NSA, la CIA. Snowden cambió de forma gradual, progresiva. Empezó a darse cuenta de que esas instituciones que pretendían hacer el bien no estaban haciendo el bien sino el mal. Snowden me dijo que, a partir de 2008 y 2009, ya pensó en convertirse en un filtrador de documentos. Como muchas otras personas en el mundo, Snowden también pensó que la elección de Barack Obama iba a conducir a que los abusos se atenuasen. Confiaba en eso. Pensó que Obama revertiría el proceso, que sería diferente y mejor, pero se dio cuenta de que no era así. Esa fue una de las razones. Tomó conciencia de que Obama no arreglaba nada, más bien Obama siguió perpetuando el imperio norteamericano.

 

–El poder de Estados Unidos es prácticamente sin límites a partir del control de las tecnologías de la información. Muchos piensan que, de alguna manera, Obama es peor que Bush.

–Es difícil decir que Obama es peor que Bush. No hace falta que Obama diga: "Espiemos más". Desde luego, Obama tiene una parte de responsabilidad en el crecimiento de este sistema de espionaje. Obama continuó con las mismas políticas de antes, pero cambió el simbolismo y la imagen. Creo que el escándalo que provocó la filtración de estos documentos cambió la visión que la gente tenía de Barack Obama. Snowden y yo pasamos mucho tiempo en Hong Kong hablando sobre lo que iba a pasar con las revelaciones. No podíamos calcular las consecuencias. Teníamos conciencia de la importancia, pero pensábamos que podía haber una reacción apática. Pero desde que se publicó la primera historia el interés sigue creciendo. Esto se está convirtiendo en una traba para que los gobiernos sigan abusando de su poder, para continuar actuando en secreto. Pero hay individuos como Snowden, como el soldado Bradley Manning, o entes como WikiLeaks, que sacan a la luz la información. Julian Assange es un héroe por el trabajo que hizo con WikiLeaks. En muchos sentidos, fue él quien hizo que esto fuera posible, fue Assange quien planteó la idea según la cual, en la era digital, para los gobiernos era muy difícil proteger sus secretos sin destruir otra privacidad. Esa es la razón por la cual el gobierno de EE.UU. está en guerra contra las personas que hacen eso: quieren asustar a otros individuos que estén pensando en hacer lo mismo en el futuro. Yo me apoyé en el coraje de Snowden para publicar estos documentos. Edward Snowden es hoy una de las personas más buscadas del mundo, es probable también que pase los próximos 30 años en la cárcel. Lo que llevó a cabo Snowden es una de las cosas más admirables que he visto hacer a alguien en nombre de la justicia.

 

–Los gobiernos de la Argentina, el Brasil, al igual que otros Estados en el mundo, están empujando para romper el cerco del espionaje y el control casi absoluto que Estados Unidos tiene sobre Internet. ¿Cuál es para usted la solución?

–Yo creo que la solución sería crear un lobby entre los países, que los países se unan para ver cómo construir nuevas pasarelas para Internet que no permitan que un país domine completamente las comunicaciones. El problema radica también en que cada país empieza a tener más control sobre Internet, y eso puede hacerlos caer en la tentación de hacer lo mismo que los Estados Unidos: intentar monitorear e utilizar Internet como una forma de control. Hay una conciencia real de que la Argentina y el Brasil están construyendo una Internet propia, lo mismo que la Unión Europea, algo que hasta ahora sólo había hecho China. Pero el riesgo está en que estos gobiernos imiten a Estados Unidos: crear sus propios sistemas no ya para permitir la privacidad de sus ciudadanos, sino para comprometerla. Eso es un peligro. Es importante tener la garantía de que el control que ostenta Estados Unidos sobre las comunicaciones no termine en una transferencia a otros poderes. Leí un documento en el diario The New York Times en el que se mostraba el inmenso poder e influencia que EE.UU. tiene gracias a detentar el control de los servicios de Internet. De hecho, Estados Unidos inventó Internet. Muchos países se dieron cuenta de que no serán capaces de garantizar su confidencialidad si siguen usando sistemas que se apoyen en servidores norteamericanos.

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La NSA hizo perfiles de ciudadanos cruzando sus datos personales

 

La Agencia Nacional de Seguridad (NSA) ha elaborado durante los últimos años amplios perfiles sociales y personales de ciudadanos estadounidenses mediante el cruce de información privada obtenida a partir de sus bases de datos y de sus programas de vigilancia. Se trata de la última revelación de las cuestionables prácticas de espionaje de la NSA ejercidas sobre sus compatriotas obtenida gracias a las filtraciones del exanalista de la CIA, Edward Snowden, y que este sábado ha publicado The New York Times.


De acuerdo con la documentación obtenida por el diario, desde 2010, la agencia de espionaje desarrolló un complejo sistema de cruce de información a gran escala mediante la conexión de llamadas telefónicas, correos electrónicos, situación geográfica conseguida a través de GPS, cuentas bancarias, perfiles de redes sociales o registros de votantes, que le permitía obtener un análisis y una predicción de la conducta y el comportamiento de los ciudadanos titulares de esos datos. El único requisito para poder interconectar toda esta información privada era que el sujeto estuviera "relacionado directa o indirectamente con una persona o una organización extranjera y que fuera de interés para los servicios de inteligencia", según The Times.


"Las llamadas telefónicas y los correos electrónicos permiten a los analistas identificar a amigos y otras personas relacionadas con sus titulares, detectar dónde se encuentran en un momento determinado, obtener pistas sobre su afiliación política o religiosa y lograr información de interés a través de sus llamadas a su psiquiatra, los mensajes a un amante o la comunicación con un sospechoso", señala The New York Times.


Aunque este sistema, según el artículo, fue establecido, en principio, para establecer una red de datos amplia que permitiera obtener una extensa información sobre las actividades en EE UU de individuos relacionados con extranjeros sospechosos, en este cruce de datos también se incluyó a ciudadanos estadounidenses, sin importar si estaban involucrados en acciones ilegales o no. De acuerdo con un memorándum de la NSA de 2011, la agencia indicaba a sus analistas que estaban autorizados a rastrear los contactos de estadounidenses "siempre que ofrecieran una justificación relacionada con la inteligencia exterior". "Lo que podía abarcar desde lazos con el terrorismo, la proliferación de armas, el narcotráfico, espionaje o conversaciones con diplomáticos o políticos", explica el diario neoyorquino.


Estas nuevas revelaciones de la laxitud legal con la que la NSA ha estado recopilando información en los últimos años, ahondan en la polémica que las filtraciones de Snowden, que ahora se encuentra en Rusia gracias al asilo temporal concedido por el Gobierno de Vladimir Putin, han encendido sobre el equilibrio entre la seguridad y el derecho a la privacidad de los ciudadanos. Esta misma semana un grupo bipartito de senadores ha introducido en la cámara Baja una propuesta de ley para otorgar más transparencia al polémico programa de rastreo de llamadas telefónicas que filtró Snowden a principios del pasado mes de junio y que fue el detonante del escándalo sobre las prácticas de la NSA.


El propio presidente estadounidense, Barack Obama, anunció en agosto una serie de medidas para garantizar la limpieza y revisar la legalidad de los sistemas de vigilancia de su Administración a las que se refirió durante su intervención esta semana en la Asamblea General de Naciones Unidas, tras ser interpelado –aunque no de manera directa- por su homóloga brasileña, Dilma Rousseff, que condenó enérgicamente el espionaje ejercido por EE UU a otros países, entre ellos el suyo, y que abogó por el desarrollo de mecanismos que permitan un mayor control de Internet para impedir estas prácticas.


Los últimos documentos filtrados por Snowden no establecen cuántos estadounidenses han sido objeto del cruce de datos masivo denunciado por The New York Times, pero sí dejan constancia de la importancia que la NSA otorga a esta técnica, para la que ha desarrollado, según la información, un sofisticado software.

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Lunes, 09 Septiembre 2013 06:45

Nadie escapa al gran fichero del Tío Sam

Nadie escapa al gran fichero del Tío Sam

Antes de acostarse hay que mirar debajo de la cama, apagar la señal wifi y cerrar todos los accesos a Internet de la casa. La última tanda de informaciones sobre el espionaje norteamericano atraviesa una nueva frontera de la violación de la privacidad. El diario The New York Times reveló que Washington trató de corromper toda la tecnología que protege Internet para acentuar el espionaje. A través de la Agencia Nacional de Seguridad norteamericana, NSA, Estados Unidos robó claves de seguridad, alteró programas y computadoras y forzó a ciertas empresas a colaborar con el fin de acceder a comunicaciones privadas, tanto dentro como fuera del territorio norteamericano. La NSA no respetó límite alguno: correos electrónicos, compras en Internet, red VPN, conexiones de alta seguridad (el famoso SSL), acceso a los servicios de telefonía de Microsoft, Facebook, Yahoo y Google, la lista de los nuevos territorios de caza es interminable. Según el diario norteamericano, la NSA gasta más de 250 millones de dólares anuales en un programa llamado Sigint Enabling, cuya meta consiste en modificar la composición de ciertos productos comerciales –computadoras, chips, teléfonos celulares– para tornarlos vulnerables, o sea, accesibles a los oídos de la NSA. A esto se le agregan las informaciones publicadas en Wikileaks acerca de unas 80 empresas privadas que se sirven de las nuevas tecnologías para captar (espiar) en tiempo real los intercambios en Facebook, MSN, Google Talk, etc., etc. Estamos en la más perfecta intemperie tecnológica de manera permanente, sin que la víctima tenga la más lejana conciencia. Un crimen perfecto.

 

En esta entrevista con Página12, el investigador y especialista de las nuevas tecnologías Jacques Henno analiza todos estos abusos y tendencias que se inscriben en una nueva era marcada por el nacimiento de un lobby entre los militares, la informática, los datos y los ficheros. Henno ha publicado varios libros que anticiparon de manera detallada y rigurosa las informaciones suministradas por el ex agente de la CIA y la NSA, Edward Snowden: estamos todos vigilados. Silicon Valley, el valle de los predadores, y Estamos todos fichados exploran con mucha lucidez un mundo de espionaje y violación de los derechos que, hasta hace apenas unas semanas, parecía producto de una imaginación paranoica. Las investigaciones de Henno demostraron que no. Las revelaciones de Snowden probaron que el especialista francés tenía razón.

 

–Estamos descubriendo con una asombrosa pasividad la profundidad del espionaje del que somos objeto por parte de los Estados Unidos.

 

–Hay que recordar que la informática al servicio del totalitarismo existe desde los años ’40. Durante la Segunda Guerra Mundial, si los campos de exterminio nazis fueron tan eficaces fue porque se usaron las máquinas IBM que funcionaban con las tarjetas perforadas para contabilizar a todas las personas. Asimismo, el Plan Cóndor que funcionó entre las dictaduras de América latina para perseguir a los opositores se montó a partir de computadoras vendidas por los norteamericanos a las dictaduras de América del Sur. Estas computadoras servían para fichar a los opositores.

 

–¿Cuándo y cómo nace el espionaje moderno tal y como se revela hoy?

 

–Todo esto nace con un programa llamado TIA, Total Information Awareness. Después de los atentados del 11 de septiembre de 2011 los norteamericanos trataron de encontrar tecnologías capaces de prevenir este tipo de atentados. Rápidamente se dieron cuenta de que tenían entre las manos todas las informaciones necesarias. Por ejemplo, los terroristas que cometieron los atentados del 11 de septiembre habían sido identificados antes, cuando tomaron aviones, o cuando dos de ellos se habían inscripto para aprender a manejar aviones. Hasta tenían fotos de ellos sacando dinero de un cajero automático. De hecho, ya tenían los perfiles a través de los datos de las compañías aéreas y de los cajeros automáticos. Sin embargo, lo que les faltaba era la metodología para unir todos esos ficheros los unos con los otros. En ese proceso intervienen empresas comerciales que fueron a ver a la administración norteamericana para decirle: “Nosotros trabajamos con ficheros y podemos ayudarlos a prevenir atentados”. Así nació el sistema de vigilancia completa, Total Information Awareness, ITA, capaz de crear ficheros sobre cualquier persona en el mundo, sobre todos los habitantes del planeta, a fin de tener un máximo de informaciones sobre cada persona y, así, descubrir signos sobre la preparación de atentados terroristas. Una empresa como Acxiom, por ejemplo, es una de estas empresas. Acxiom es totalmente desconocida por el gran público, pero es una de las empresas que detenta el mayor número de ficheros sobre los consumidores del mundo. Cada año efectúa encuestas sobre la comida que les damos a los gatos, el tipo de papel higiénico que utilizamos o los libros que leemos. En Francia, la Comisión Nacional de Informática y Libertades, CNIL, se opuso varias veces a las encuestas de Acxiom.

 

–Esa tecnología dio lugar al nacimiento de una suerte de megasistema de cálculo matemático que crea perfiles según una serie aparentemente racional de informaciones.

 

–Efectivamente. Por ejemplo, luego de los atentados de Londres se descubrió que los terroristas preparaban los ataques comprando antes congeladores de gran capacidad para almacenar los explosivos. A raíz de esto ahora se piensa que la gente que compra congeladores de gran capacidad es sospechosa y, por consiguiente, está fichada, vigilada. Lo mismo ocurre con los aviones. Si alguien toma un avión con destino a los Estados Unidos y viaja por primera vez en clase ejecutiva o en primera clase también estará fichada, vigilada. Los asientos de primera clase están muy controlados porque están cerca de la cabina de los pilotos. Entonces, si alguien compra un pasaje en esa clase y, según el resumen de los gastos de la tarjeta de crédito, la persona no tiene los medios de pagarse un billete a ese precio, pues bien, automáticamente estará bajo vigilancia. En resumen, los norteamericanos explotan todas las informaciones que obtienen de una persona. Hay que decir también que los norteamericanos son a la vez paranoicos y amantes de la tecnología. Paranoicos porque desde hace mucho viven con un arma. Y amantes de la tecnología porque, cada vez que hay un problema, tratan de encontrar una solución técnica y no forzosamente social u económica.

 

–Lo curioso está en que buena parte de esos datos de los que se sirve la NSA fueron entregados voluntariamente por los usuarios.

 

–Claro. Cuando nos inscribimos en el portal de una empresa norteamericana, Yahoo, Microsoft, Google u otras, nadie lee hasta el final las condiciones de utilización. Sin embargo, si prestamos atención veremos que allí dice textualmente: “Autorizo el almacenamiento de estas informaciones en el territorio norteamericano”. Ahora, si los datos que nosotros confiamos a Yahoo, Microsoft, Amazon, Facebook o Google están almacenados en el territorio norteamericano, estos datos están entonces regidos por el derecho norteamericano. La ley votada luego de los atentados del 11 de septiembre, la ley Patriot Act, le permite a cualquier administración norteamericana requisar los ficheros que estima necesarios. Esos datos van a parar a la NSA.

 

–Hay un cambio fundamental en la regla de la constitución de los lobbies que actúan en los Estados Unidos. El lobby de la defensa ha cambiado de perfil con las tecnologías de la información.

 

–Sí. Antes se hablaba de un lobby militar-industrial. Había, de hecho, una conjunción entre la industria y los militares. Ahora no. El lobby actual se plasma entre los especialistas de los ficheros, los informáticos, y los militares. No somos conscientes de la cantidad de informaciones privadas que suministramos cada día a los operadores privados de Internet. Por ejemplo, en Facebook se publican cada día 350 millones de fotos. Al cabo de diez días hay 3500 millones de fotos, y al cabo de cien días 35.000 millones. Facebook es hoy la base de imágenes más grande del mundo. Google, por ejemplo, es capaz de prevenir la epidemia de gripes en el mundo con sólo calcular la cantidad de personas que, en un lugar determinado, busca información sobre los síntomas de la gripe y cómo curarla. Además, los costos de esta tecnología, almacenamiento, memoria o microprocesadores son cada vez más bajos. La NSA es perfectamente capaz de almacenar todas estas informaciones y luego analizarla con programas especializados, incluidos los correos que enviamos y recibimos.

 

–Como usted lo demuestra en su libro Sillicon Valley, el valle de los predadores, tanto el espionaje como el dinero que Google o Facebook ganan en Internet proviene de nuestra... digamos inocencia.

 

–Sillicon Valley es el valle del Big Data. Las empresas como Google o Facebook viven de los datos que nosotros les facilitamos. Con esos datos tratan de saber cuáles son nuestros centros de interés y, a partir de allí, enviarnos publicidades que correspondan a nuestro perfil. Un portal como Facebook vive de la publicidad y va a hacer todo lo posible para saber más cosas sobre nosotros y nuestros amigos, para incitarnos a publicar más y más cosas sobre nosotros. Una vez que las obtienen, lo que hacen es materializar esas informaciones bajo la forma de publicidades. Facebook es capaz de identificar y fichar a la gente en función de sus preferencias por determinadas prácticas sexuales o por ciertas drogas. Esto es muy peligroso porque, en algunos países, hay prácticas sexuales que están prohibidas. Por consiguiente, a esos regímenes políticos les basta con ir a Facebook, hacer una búsqueda por edad, diplomas, zonas geográficas y prácticas sexuales para encontrar a las personas precisas. Cualquier régimen político tiene acceso a todas esas informaciones. En resumen, asistimos a un fichaje sexual, ideológico, político y religioso.

 

–¿Qué pasó con los europeos que se quedaron dormidos, sin capacidad tecnológica alguna?

 

–El imperio norteamericano utiliza las autorrutas de la información para captar las informaciones a fin de garantizar su seguridad y, también, para el espionaje económico o industrial. Y nosotros, como europeos, estamos en la periferia del imperio norteamericano y, encima, le enviamos informaciones. Cuando Francia lanzó la ofensiva contra los islamistas radicales en Mali, tuvo que pedir el respaldo norteamericano. Estados Unidos le suministró información, aviones radares y drones.

 

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Lunes, 26 Agosto 2013 06:32

¿Fin de la democracia?

¿Fin de la democracia?

Hay cada vez más dudas sobre si aún existe la democracia en este país, con voces destacadas declarando que tal cosa es nula y vacía. Noam Chomsky lo viene diciendo desde hace tiempo. Gore Vidal había concluido que el estadunidense era un sistema de un solo partido, con dos alas derechas”. Algunos han afirmado que la creciente desigualdad económica, la concentración de riqueza, efectivamente, anulan la democracia. Otros advierten que esto ya es una plutocracia, y que tiene elementos de un Estado dictatorial o totalitario

 

Chris Hedges, corresponsal de guerra y Premio Pulitzer, del New York Times, y más recientemente, ya como comentarista/analista independiente, concluye que, con el juicio y condena de Bradley Manning, el juego democrático ya se acabó en este país.

 

“El veredicto rápido y brutal” impuesto a Manning “implica que nos hemos vuelto un país gobernado por gangsters”, afirma Hedges en su columna en Truthdig la semana pasada. “Señala la inversión de nuestro orden moral y legal, la muerte de los medios independientes, y el mal uso abierto y flagrante de la ley para prevenir cualquier supervisión o investigación de los abusos oficiales del poder, incluidos crímenes de guerra. La pasividad de la mayoría de los ciudadanos de la nación –la población más espiada, monitoreada y controlada en la historia humana– ante el linchamiento judicial de Manning implica que ellos son los siguientes. Ya no quedan mecanismos institucionales para detener la trituración de nuestras libertades civiles más fundamentales… o para prevenir la guerra preventiva, el asesinato de ciudadanos estadunidenses por el gobierno y la anulación de la privacidad”, escribió.

 

Subrayó que la sentencia de Manning es uno de los días más importantes de la historia estadunidense: “marca el día en que el Estado formalmente declaró que todos aquellos que nombran y revelan sus crímenes se volverán prisioneros políticos o serán forzados, como Edward Snowden, y tal vez Glenn Greenwald, de quedarse en el exilio el resto de sus vidas. Marca el día cuando el país dejó toda pretensión de democracia… marca el día de remover la máscara de la democracia, ya de por sí una ficción, y sus sustitución por la cara fea y desnuda del totalitarismo corporativo…. Aquellos que no aceptan el poder estatal ilimitado, siempre el camino a la tiranía, serán perseguidos sin tregua. El miércoles nos volvimos vasallos”.

 

Chomsky desde hace tiempo advirtió que, en la práctica, esto hace tiempo no puede considerarse una democracia. Indica que sólo se tiene que observar que la cúpula política casi siempre obra en contra de los intereses de las grandes mayorías, y que logra esto manteniendo el disfraz de una democracia a través de un prensa subordinada y la industria de relaciones públicas. En un discurso la semana pasada, Chomsky relata que algunas de las encuestadoras de mayor prestigio han llegado a la conclusión de que “aproximadamente 70 por ciento de la población –70 por ciento inferior en la escala de riqueza/ingreso– no tiene ninguna influencia sobre las políticas (del país). Están efectivamente privados (de la participación democrática). Al subir la escala de riqueza/ingreso uno tiene cada vez más influencia sobre las políticas. Cuando uno está en la cima, lo que es tal vez una décima parte del uno por ciento, la gente esencialmente obtiene lo que desea, eso es, determinan las políticas. Entonces el término apropiado para eso no es democracia; es plutocracia”.

 


Más aún, y en esto tiene que ver con los denunciantes que revelan secretos oficiales, Chomsky recuerda que el poder tiene que mantenerse fuera de la vista pública y cita a uno de los politólogos más importantes del país, Samuel Huntington, de la Universidad de Harvard, quien indicaba que un principio científico es que “el poder se mantiene fuerte cuando permanece en lo oscuro. Expuesto a la luz del sol, empieza a evaporarse”. Manning y Snowden, subraya Chomsky, están encarcelados o perseguidos por su decisión de no entender este “principio científico”.

 

Pero no son sólo algunos periodistas furiosos e intelectuales públicos de la talla de Chomsky están advirtiendo que la democracia estadunidense esta anulada. El ex presidente Jimmy Carter, al hablar en un foro a puerta cerrada el mes pasado, abordó el tema del espionaje y las violaciones de derechos humanos que implica, y concluyó, según Der Spiegel, que “Estados Unidos no tiene una democracia funcional en este momento en el tiempo”. En entrevista semanas antes de esto, Carter ya había afirmado públicamente que aunque Snowden violó la ley al filtrar información secreta, “yo pienso que la invasión de derechos humanos y la privacidad estadunidense ha llegado a un punto extremo… creo que esta invasión de privacidad ha sido excesiva”.

 

Para el comentarista afroestadunidense influyente Tavis Smiley, escribiendo en el Washington Post, “la pobreza está amenazando a nuestra democracia; es ahora asunto de seguridad nacional. Como dijo (Martin Luther) King, la guerra es el enemigo de los pobres… E igual como King vivió bajo vigilancia constante, nuestro gobierno ahora parece estar espiando a todos nosotros”.

 

Juan Cole, el destacado intelectual público, y profesor de historia en la Universidad de Michigan, ofreció un comentario sencillo sobre “cómo crear una dictadura” en su influyente blog, Informed Comment, haciendo una lista de lo que se requiere, incluyendo “clasificar como secreto todo crimen gubernamental y violaciones de la Constitución”; “espiar al público en violación de la Constitución”; “criminalizar aún más a denuncias (de abusos del gobierno) como ‘terrorismo’” y “criminalizar como espionaje la revelación de crímenes de espionaje del gobierno”.

 

La cúpula política no se cansa de repetir que todo lo que hace tanto en el terreno de seguridad nacional como en sus políticas económicas y sociales es en nombre de “la defensa de la democracia y la libertad” y del sueño americano aquí y en el mundo. ¿Pero se puede “defender la democracia” en secreto y actuando como si el pueblo y los defensores de las libertades civiles y los disidentes fueran el enemigo?

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Lunes, 05 Agosto 2013 06:44

Los disidentes

Los disidentes

Casi todos hablan de cómo creían en la retórica oficial de su país, en la misión de Estados Unidos como guardián mundial de la democracia, como faro de esperanza libertador, como ejemplo para la humanidad.

 

Casi todos recuerdan que por eso se sumaron a las filas de agencias de inteligencia, a las fuerzas armadas, al Departamento de Estado o a la FBI. Y recuerdan cuando, con esa noble dedicación, denunciaron y revelaron algo que parecía abuso, corrupción o violación de los ideales tan repetidos por los representantes y líderes del país, y fueron expulsados de sus mundos y algunos condenados por “traidores”.

 

Siete de ellos han sido o están acusados por el gobierno de Barack Obama según la Ley de Espionaje y otros por divulgar “secretos oficiales” vía los medios de comunicación, más del doble de los casos que todos los presidentes anteriores combinados. El gobierno afirma que todos estos casos son estrictamente asuntos legales y no políticos, y rechaza que los acusados sean “denunciantes” o “disidentes”. Afirma que son simples criminales que violaron no sólo las leyes, sino la “confianza pública”, en efecto, traidores.

 

Dos de ellos están en los titulares mundiales de la noticia: el soldado Bradley Manning, cuyo consejo de guerra está por determinar su condena penal por varios cargos, incluidos cinco según la Ley de Espionaje; el otro, Edward Snowden, a quien se acaba de otorgar asilo político en Rusia, por ahora ha logrado escapar de las autoridades estadunidenses y de cargos por esa misma ley.

 

Entre los otros cinco denunciantes está Thomas Drake, analista de alto rango de la NSA, quien expresó preocupaciones a sus superiores por violaciones a la privacidad de estadunidenses por parte de la agencia, y más tarde platicó con un reportero sobre abusos y prácticas de mala administración en la NSA. A pesar de que el caso criminal en su contra, de acuerdo con la Ley de Espionaje, se desestimó, sigue en la lista negra, como todos los denunciantes que trabajan en inteligencia o defensa, y con ello su carrera. El ex integrante de la fuerza aérea y analista de la CIA ahora trabaja en una tienda de Apple.

 

John Kiriakou, ex agente de la CIA, fue condenado a dos años y medio de cárcel por dar a periodistas, incluido uno del New York Times, los nombres de dos ex colegas que habían empleado tácticas de tortura en interrogatorios. Stephen Jin-Woo Kim, contratista del Departamento de Estado, enfrentó cargos por filtrar información al periodista James Rosen, de Fox News (quien después, se reveló, fue espiado por la FBI). Shamai Leibowitz, ex traductor de la FBI, filtró a un bloguero que promueve la paz entre Israel y Palestina transcripciones de intervenciones telefónicas de la embajada de Israel en Washington sobre esfuerzos para influir en la opinión pública estadunidens. Jeffrey Sterling, ex agente de la CIA, se declaró no culpable de filtrar información sobre planes estadunidenses de sabotaje de planta nucleares de Irán a James Risen, del New York Times. Risen ha rehusado identificar su fuente, y el gobierno de Obama ha logrado que un tribunal le ordene hacerlo o enfrentará la cárcel.

 


Otros denunciantes a lo largo de las últimas décadas han enfrentado graves consecuencias, sobre todo el fin de su carrera, aun en casos donde las acusaciones legales en su contra fueron desestimadas. El más famoso entre ellos, Daniel Ellsberg, quien filtró los Papeles del Pentágono en 1971, afirma que la persecución de quien se atreva a revelar secretos oficiales a la opinión pública es peor con Obama que en tiempos de Richard Nixon.

 

Aunque las autoridades insisten en que sólo están aplicando la ley, los críticos sospechan que más bien se trata de suprimir las libertades de expresión y de prensa, y sobre todo la disidencia dentro de las filas oficiales.

 

Muchos recuerdan que esta Ley de Espionaje fue empleada inicialmente como arma política contra disidentes cuando fue promulgada en 1917, cuando Estados Unidos entró a la Primera Guerra Mundial. Fue usada contra socialistas, anarquistas y pacifistas que se oponían a la guerra, entre ellos el líder y candidato presidencial socialista Eugene Debs (quien pasó cinco años en la cárcel), líderes anarcosindicalistas del gremio IWW, así como para deportar a Emma Goldman y cientos de extranjeros más que criticaban la política bélica en ese tiempo.

 

Tal vez para algunos en el gobierno lo que más preocupa es que se multipliquen expresiones como éstas, resultado de los “secretos” revelados:

 

“He servido en el complejo militar industrial durante 10 años, primero como soldado en Bagdad, y ahora como contratista de defensa. Cuando ingresé, creía en la causa. Era ignorante, ingenuo y estaba engañado. Se ha comprobado que la narrativa profesada por el Estado, de la que hacen eco los medios establecidos, es falsa y criminal. Nos hemos convertido en lo que pensaba que combatíamos. Recientes revelaciones de valientes periodistas sobre crímenes de guerra, incluidas las guerras sucias de contrainsurgencia, terrorismo por drones, la suspensión del proceso debido, tortura, vigilancia masiva… han arrojado luz sobre la verdadera naturaleza del gobierno estadunidense... Algunos dirán que estoy haciendo algo irresponsable, impráctico e irracional. Otros dirán que estoy loco. He llegado a creer que la verdadera locura es no hacer nada. Mientras estemos sentados en la comodidad, ciegos ante las injusticias del mundo, nada cambiará… Yo sólo era un soldado, y ahora soy un administrador de bajo rango. Sin embargo, siempre he creído que si cada soldado arrojara su rifle al suelo, se acabaría la guerra. Por lo tanto, hoy arrojo el mío...” Esta es la carta de renuncia de Brandon Toy, administrador de un proyecto de vehículos de combate artillados de una división de General Dynamics, una de las principales contratistas del Pentágono.

 

“Aquellos que pueden ceder una libertad esencial para obtener un poco de seguridad temporal no merecen ni libertad ni seguridad”: Benjamin Franklin.

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Domingo, 04 Agosto 2013 06:02

No les gusta que los espíen

No les gusta que los espíen

Se asiste a un vuelco inesperado de la opinión pública en EE.UU.: cada vez disgustan más los programas de espionaje de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés) que Edward Snowden está dando a conocer por intermedio del periodista Glenn Greenwald en el diario británico The Guardian. Una reciente encuesta del Pew Research Center revela que un 56 por ciento de la población opina que “los tribunales federales han fracasado en poner límites adecuados a la recolección de datos telefónicos y de Internet por parte del gobierno como un elemento de sus esfuerzos antiterroristas” (www.people-press.org, 26-7-13).

 

Otras opiniones apuntan en la misma dirección, pero tal vez convenga antes señalar que Snowden usó una estrategia diferente a la de Assange: brindó la información en exclusiva a un solo periódico importante y no a cinco, como hizo el último; al parecer, sus resultados son más contundentes y no sólo por la diversa densidad de lo que cada uno filtró.

 

La mayoría de los encuestados por el Pew Center, un 70 por ciento, sospecha que el gobierno espía a todos y usa esos datos con otros fines que la lucha antiterrorista y un 63 por ciento piensa que el gobierno acumula información sobre el contenido de las conversaciones telefónicas y de los correos electrónicos y no se limita al acopio de los llamados “metadatos”, como afirman los funcionarios, es decir, sólo de los números de teléfono y de las direcciones de email. Lo cual entraña un fuerte rechazo a las afirmaciones oficiales en defensa de tales programas: que están sujetos a una supervisión adecuada, que no se investiga el contenido de las comunicaciones y que su único propósito consiste en reforzar la seguridad del país.

 

“Es la primera vez en su actividad encuestadora sobre el tema, iniciada en el 2004, que el Pew Center registra que la mayoría expresó más preocupación por las libertades civiles que por el terrorismo.” Apoya esta afirmación en un cuadro-síntesis de sus investigaciones: en el 2004, el 49 por ciento opinaba que el gobierno “no había hecho lo suficiente para proteger al país” contra un 29 por ciento que declaraba exactamente lo contrario. En el 2013, las tendencias se invirtieron: el 47 por ciento considera que el gobierno ha ido muy lejos en materia de restricción de las libertades civiles contra el 35 por ciento en la posición adversa.

 

Se trata, en definitiva, de dirimir si estas medidas de seguridad son más importantes que el derecho civil a la privacidad personal. Hasta la mayoría de los interrogados que pertenecen al ultraconservador republicano Tea Party juzga que al gobierno se le ha ido la mano con los programas de la NSA: 47 por ciento contra el 35. Esta situación repercute en los representantes y senadores nacionales. El miércoles 31 se produjo un acalorado debate en la sesión del Comité de Inteligencia del Senado: dirigentes de los dos partidos cuestionaron la veracidad de las informaciones que la comunidad de espías de EE.UU. proporciona (www.theguardian.com, 31-7-13).

 

La NSA había afirmado que, gracias al programa de acopio de datos telefónicos y al que se ocupa de espiar los hábitos y el uso de las computadoras, se habían desbaratado 54 complots terroristas. En la sesión del miércoles del comité senatorial, sin embargo, el subdirector de la NSA, John Inglis, concedió que a lo sumo una sola conjuración terrorista fue impedida merced al espionaje telefónico. Los senadores demócratas Ron Wyden y Mark Udall, miembros del Comité de Inteligencia, siempre han reiterado que no hay evidencias de que dicho programa haya servido para detectar algún complot. La presidenta del Comité, la demócrata Dianne Feinstein, declaró: “Pondríamos a la nación en peligro si anulamos estos programas”.

 

El prestigioso periodista Dave Kravets documentó la relación entre el apoyo a la NSA de muchos parlamentarios con el dinero que reciben de las industrias del ramo contratadas por la Agencia (www.wired.com, 26-7-13). En particular, señala Greenwald, los que presiden los dos comités de inteligencia –Feinstein en el Senado, el republicano Mike Rogers en la Cámara de Representantes– “son tan absolutamente leales a la NSA... que habitualmente es imposible diferenciar sus conductas, posiciones y comentarios de los que caracterizan a los funcionarios de la NSA” (www.theguardian.com, 29-7-13).

 

Los jóvenes son los más preocupados por la invasión de la privacidad que practica la NSA, según la encuesta del Pew Center: una mayoría del 60 por ciento evalúa que el gobierno se ha excedido en las restricciones a las libertades civiles con sus políticas antiterroristas. No pocos parlamentarios han comenzado a pensar en sus votantes.

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