Viernes, 15 Marzo 2019 06:37

Poder evangélico contra el feminismo

Poder evangélico contra el feminismo

En algún momento en los próximos años, la ola evangélica alcanzará todos los países de América Latina, porque está creciendo de forma exponencial, se está convirtiendo en un tsunami social y político capaz de modificar los escenarios a los que estamos acostumbrados. De modo que deberíamos aprender algo de lo que está sucediendo allí donde esa ola se ha impuesto.

Brasil es el caso más sintomático del crecimiento evangélico y pentecostal. Los estudios que van apareciendo muestran que el triunfo de Jair Bolsonaro fue posible gracias al electorado evangélico. (goo.gl/YbPEoW). Entre la población católica hubo un empate entre Bolsonaro y el candidato del PT, Fernando Haddad. Entre las otras religiones, así como entre ateos y quienes no profesan ninguna religión, hubo una leve mayoría en favor del candidato de izquierda.

Pero la diferencia fue abrumadora entre la población evangélica, entre la cual consiguió más del doble de votos y le sacó una diferencia de 11 millones, lo que rubricó su triunfo. Otros análisis estiman que la mayor diferencia la obtuvo entre las mujeres pobres y evangélicas, donde la diferencia en favor de la extrema derecha sería aún mayor.

El cambio en las tendencias religiosas es muy importante en Brasil, aunque en otros países la región parece estarse dando un proceso similar aunque más atenuado. En 1950, los católicos representaban 93.5 por ciento de la población y los evangélicos 3.4 por ciento. En 2010 la población católica había caído a 64 por ciento y la evangélica trepaba a 22 por ciento.

En 2017 una investigación realizada por una fundación vinculada al PT, mostraba que entre los habitantes de las periferias urbanas de las grandes ciudades estaban avanzando valores individualistas que favorecían comportamientos conservadores (goo.gl/3LtZJT).

Uno de los trabajos más interesantes, por su carácter cualitativo, fue realizado en el Morro da Cruz, la mayor periferia pobre de Porto Alegre, que desde 1990 se había destacado por su creciente politización por medio del presupuesto participativo implantado por el PT en esa ciudad. El barrio votaba masivamente por Lula, pero en 2018 se volcó de forma también masiva por Bolsonaro.

La primera conclusión de la antropóloga Rosana Pinheiro, una de las organizadores del estudio, dice que "es imposible separar el bolsonarismo del antifeminismo" (goo.gl/HHVNuF). Observar los cambios en una misma población a lo largo de una década, les permitió comprender con mayor detalle las motivaciones profundas de quienes se volcaron por la ultraderecha. Sus conclusiones son tremendas, aunque contradicen otros estudios.

La crisis económica, desde 2014, afectó de forma dramática a las periferias que se sintieron abandonadas por el sistema político. En paralelo, desde las protestas de junio de 2013 nació una nueva movilización popular de mujeres, negros y LGTB. "Para los adolescentes de la periferia el bolsonarismo era una reacción a la nueva generación de chicas feministas, que era inédita en Brasil", concluye la investigadora.

Muchos maridos apoyaron a Bolsonaro "como una forma de agredir a las mujeres, que ahora están más empoderadas", agrega. Entre otras razones, porque es imposible separar la "crisis del macho" de la crisis económica, ya que ambas se retroalimentan.

La lucha por el reconocimiento de las minorías negras, LGBT y de las mujeres se desplegó en Brasil sólo en los pasados cinco años. Según Pinheiro, gran parte de la población vive tensión e inseguridad con su identidad, "dividida entre el papel de oprimida y el deseo de estar del lado del opresor". Concluye: "Como consecuencia de la colonización, hay también una lucha constante para ser/parecer de la élite. Eso explica porqué tantos pobres, negros, mujeres y LGBT apoyaron a Bolsonaro".

Creo que estos análisis alumbran algunos problemas que tenemos en los movimientos antisistémicos, para enfrentar a la nueva derecha.

El primero es que no hay otro camino que el trabajo territorial con los sectores populares, directo, sin atajos instituciones o políticas sociales. Sólo la presencia militante en el territorio puede permitirnos revertir esta situación. No podemos atribuir nuestros fracasos ni a las redes sociales ni a los medios (que hacen lo suyo), sino a nuestro abandono de los territorios populares.

El segundo es que es urgente abordar el lugar de los varones, en general, y el de los varones jóvenes pobres, en particular. En un trabajo más amplio, Pinheiro y su colega Lucia Mury Scalco, sostienen que uno de los factores decisivos para la formación de una juventud "bolsonarista", fue "la pérdida de protagonismo social y la sensación de desestabilización de la masculinidad hegemónica" (goo.gl/ZkGhYH).

Nos hemos acostumbrado mal, a que políticas macro, inspiradas en el Banco Mundial, pueden resolver los problemas políticos. Las tecnologías sociales de arriba no pueden sustituir la organización y la militancia que, como la educación popular, son las únicas capaces de modificar las realidades de abajo.

Publicado enSociedad
“No hay un gen suicida, pero hay un condicionamiento sociocultural familiar que puede predisponerlo”

Motivado por historias cercanas, Bauzá, doctor en Filosofía e investigador del Conicet, decidió indagar sobre los motivos que llevan a algunas personas a provocarse la muerte. Alfonsina Storni, Leopoldo Lugones, Horacio Quiroga, Stefan Zweig, Sylvia Plath aparecen entre los protagonistas.

 

El prestigioso doctor en Filosofía Hugo Francisco Bauzá recuerda como si fuera hoy algunos episodios que transcurrieron durante su infancia. Cuando tenía seis años se había mudado con sus padres a una casa grande y como había que hacer unas reformas, su padre contrató a un carpintero, un señor mayor de barba larga que “parecía un profeta bíblico y se llamaba Juan”, apunta el escritor. Bauzá recuerda que mientras ese hombre trabajaba con su garlopa, también lloraba. “Yo, azorado, desde un ángulo de la habitación lo miraba en silencio, pero eso le extrañaba”. El padre le dijo a Bauzá que ese hombre lloraba porque se le había muerto un hijo. “Después añadió que era el único hijo y, con el tiempo, supe que se había suicidado”. Esa, reconoce el escritor “fue una pequeña marca” que lo llevó muchos años después a estudiar el suicidio. Pero hubo otra: una tía de su madre murió trágicamente y el tema del suicidio “era tabú, no se podía mencionar, se desfiguraban las causas de la muerte porque daba la sensación que una muerte por suicidio no sólo enlutaba a la familia sino que, en cierto modo, la culpaba: la familia no se había percatado, no había sabido ayudarla, no se había dado cuenta de la resolución que estaba por tomar”, comenta Bauzá sobre cómo se veía el suicidio en aquella época. Cuando estudiaba en la Facultad, se mató una compañera de Bauzá por razones sentimentales mediante la ingestión de barbitúricos. “Cuando de joven leí sobre Werther en la famosa novela, basada en un supuesto epistolario de Goethe, del prerromanticismo alemán, vi que la muerte que se da Werther es una muerte espectacular que para todo joven de catorce, quince años, es un punto, un hito en su conformación espiritual. Recordemos que cuando apareció esta novela provocó una ola de suicidios, a tal punto que en algunas ciudades alemanas fue prohibida. Así que mucha gente que tenía una cuestión amorosa no resuelta e imposible de consumar, como la del joven Werther, en lugar de tratar de encontrar una solución, optaron por el suicido”, sostiene Bauzá. Lo relatado lo llevó a estudiar el tema en Miradas sobre el suicidio (Fondo de Cultura Económica), donde el autor analiza por qué razón hay seres humanos que, en lugar de aguardar la muerte de manera natural, deciden anticiparla provocándosela ellos mismos. Y lo hace desde un riguroso estudio literario, mitológico e histórico presentando casos famosos y no desde la psicología.


–Si se estudia el tema de la muerte, ¿cuánto influyen las cuestiones religiosas?


–Eso varía. Primero que lo vemos en la cultura occidental. Hace muy poco viajé a la India y a Nepal y ahí nuestras estructuras mentales son totalmente distintas. Hay una concepción distinta de la vida y de la muerte. En Occidente da la sensación que la muerte fuera una finitud, salvo los casos religiosos, mientras que en Oriente la muerte es algo así como entrar a otro estado de vida.


–Como si fuera una transición.


–Correcto. Es la muerte para que haya más vida.


–¿Cómo era el caso de los suicidios en el Medioevo? ¿La creencia era que esas almas pagaban por el acto cometido?


–Claro, la Iglesia en el 542, en el Concilio de Arlés, considera anatema a todo aquel que atenta contra su vida porque es atentar contra el don más preciado que es la vida, y no tiene posibilidad de redimirse puesto que ya está muerto. En consecuencia, para la Iglesia (me refiero al cristianismo) el suicidio es una cosa totalmente tabú. Incluso, no se los enterraba en Tierra Santa. No solamente los cristianos. Según la tradición judía, al suicida se lo entierra del lado del muro, no del lado central de lo que puede ser un cementerio israelita.


–¿Los suicidas en la época del Medioevo no podían ser enterrados?


–Podían ser enterrados pero no en zona cristiana, entendiendo como zona cristiana al camposanto, lo que hoy llamaríamos un cementerio.


–Usted menciona en el libro una estadística que indica que una tercera parte de las personas que se quitan la vida lo hacen por depresión ¿Cree que la vida moderna, llena de exigencias, favorece conductas suicidas?


–Probablemente sí. De todos modos, descreo un poco de las estadísticas. Hay algunos países donde hay un índice elevado y que suelen no dar la difusión de esas estadísticas. Es el caso, por ejemplo, de Japón, incluso Suecia y los países nórdico-europeos, donde tal vez por razones climáticas hay una tendencia a la depresión y es como un camino previo a un suicidio. En Japón, el hecho de que alguien esté al margen de una relación laboral, que no encajó en la empresa o donde fuere, hace que esa persona se sienta marginada del campo de lo social y, por lo tanto, el atentar contra la vida es una posibilidad de escape.


–¿Por qué algunas culturas o religiones consideran al suicidio un acto venerable y para otras es una deshonra?


–No sé si para algunas religiones es realmente un acto venerable, sí para algunas corrientes filosóficas. Por ejemplo, para el estoicismo todo aquel que no logra llevar una vida acorde con preceptos morales o con una norma ética, la solución es el suicidio; es decir, que para los estoicos el suicidio desde la antigüedad fue una cosa honorable cuando las condiciones de vida no eran respetables.


–¿Y en el caso de quienes lo consideran una deshonra?


–Justamente es porque tienen una especie de prurito religioso y, en consecuencia, no se puede atentar contra la vida porque para esas corrientes de corte espiritualista el suicidio va contra algo que le es dado al hombre porque uno no es propiamente dueño de su cuerpo. Esta es una línea que, en el caso de Occidente, arranca con el orfismo, después con Pitágoras. Y es una línea que caló hondamente en Platón y deriva después en el cristianismo. Así que habría una línea de corte espiritualista para la cual el suicidio es negativo y, en cambio, en oposición para los epicúreos y los estoicos la cosa es diferente. Para los epicúreos, que tienen una visión materialista del mundo, el alma perece con el cuerpo y, en consecuencia, no habría inconveniente en dejar la vida cuando no es posible llevarla dignamente.


–A diferencia de la época medieval, hoy gracias al psicoanálisis se puede tratar a una persona con ideas suicidas...


–Sí, ciertamente. El psicoanálisis ha aportado un influjo considerable porque posibilita que emerjan una serie de fantasmas que uno, a veces, tiene en el inconsciente y que no sabe dominarlo. No es que uno piensa los fantasmas sino que el psicoanálisis permite una convivencia relativamente armónica con esos fantasmas que nos tienen arrojados.


–¿Cree en eso que figura en el imaginario colectivo de quien dice que quiere matarse no se mata o esto es un mito?


–No sé exactamente qué asidero científico puede tener esa reflexión pero hay casos de las dos formas. Hay quienes hacen intentos de suicidio como un llamado de atención y, en cambio, hay quienes hacen intentos de suicidio hasta que finalmente se suicidan por motu proprio. Pienso el caso de Sylvia Plath, la famosa poeta norteamericana que tuvo tres intentos de suicidio hasta que finalmente terminó ahogándose con gas. Todo eso lo narra, de alguna manera, prefiguradamente en la novela autobiográfica La campana de cristal. Su suicidio –que fue muy famoso por la trascendencia que tuvo y por el papel cultural que representaba su poesía–, habría sido algo extraño porque ella se suicidó con gas y horas después llegó una mucama que se iba a ocupar de los hijos con la idea de ocuparse de la casa y la encontró muerta. El problema es que ella había mandado una carta anunciando ese intento de suicidio y por error de la posta la carta llegó uno o dos días más tarde. Así que nunca terminaremos de saber a ciencia cierta si fue verdaderamente un suicidio provocado o fue un intento más de suicidio como los tres que ya había tenido. Un escritor muy famoso, Al Alvarez, escribió una obra de arte extraordinaria llamada El dios salvaje, que es un estudio muy profundo de Sylvia Plath.


–¿Por qué suele asociarse al artista con la locura y, en consecuencia, con la posibilidad de matarse?


–Es un muy viejo tema en Occidente. Existe una obra, durante muchos siglos atribuida a Aristóteles, que hoy se sabe que no es de Aristóteles pero sí de sus continuadores, los peripatéticos, que se llama Problémata, que en español sería “Los problemas”. Y al comienzo de la obra, el autor se pregunta por qué todos los hombres que han estado presos de melancolía han sido personas que han descollado en el campo de las artes. Después, deriva hacia el tema del suicidio porque se hablaba de los distintos humores: el melancólico, el flemático, el colérico, etcétera. Y el melancólico era el que estaba poseso por lo que los latinos tradujeron como “atrabilis”, es decir, la bilis negra. Se hablaba de que quienes tenían abundancia de la bilis negra, de cuya existencia nadie dudaba aunque nadie la había visto, tenían una propensión a la melancolía. Habría que distinguir: una cosa es el estado melancólico por el que pasamos todos en algún momento de pequeña depresión, por angustias, por un tormento y otra cosa es la melancolía como una patología profunda que, de un modo extremo, llevaría al suicidio.


–En esto de los artistas y la locura, Ernesto Sabato decía que la diferencia entre el artista y el loco es que el artista puede transitar por los caminos de la locura pero puede volver…

–Correcto, vuelve y el otro no. Ya que usted menciona el texto de los artistas que se suicidan, en el campo de la plástica me acuerdo del caso de Rothko y el Greco. Toda la obra de Rothko gira sobre el rojo pero paulatinamente el rojo deviene negro. Es el comienzo, la prefiguración de la muerte. El caso del Greco es muy famoso: un personaje tan anárquico, tan particular y tan brillante en muchos aspectos convocó a una reunión para su suicidio. Sus amigos pensaron que era otra broma sarcástica del Greco y efectivamente se suicidó a la hora y el lugar indicado. En el caso de la literatura me vienen a la mente el caso de Horacio Quiroga que se suicidó porque tenía una crisis depresiva y porque, además, Quiroga procedía de una familia de suicidas. Y también porque tenía una enfermedad terminal. El estaba internado en el antiguo Hospital de Clínicas, su fin era inminente, logró una salida muy transitoria para recorrer la ciudad y uno de sus compañeros le proveyó arsénico o cianuro y terminó su vida. Trascartón se dio la muerte también trágica de Leopoldo Lugones, que se suicidó con whisky con arsénico en el Paseo del Tigre. En Lugones se dieron varias situaciones: un fracaso en el orden de lo político ya que había girado de un anarquismo originario hacia un modelo totalitario; fue uno de los artífices de la revolución del 30 y uno de los que supuestamente habría escrito la famosa proclama. También sufrió un gran desengaño amoroso. El hijo de Lugones, cuando se enteró que el padre tenía una relación sentimental muy profunda con una jovencita advirtió al padre de la chica sobre la historia y le dijo: “Si usted no pone fin a esta historia dramática, mañana esto sale en los diarios”. Hablando en grosero fue una muy mala postura, innoble del hijo y, entonces, cuando Lugones tomó conciencia del desengaño político, del desengaño amoroso parece que optó por el suicidio. También está el caso de Alfonsina Storni, que se suicidó. Ella era amiga de Quiroga. La muerte de Quiroga la sumió en una gran depresión. Y en Alfonsina también se dieron varias causas: madre soltera en un momento en que eso era un pecado, y una enfermedad grave. Ella había estado protegida por Botana, que la había llevado unos días a la estancia Los Granados, pero ella en determinado momento decidió tirarse al mar. No poéticamente como se dice que penetró en las aguas sino que se sabe bien por la pericia judicial que subió hasta la escollera, llegó casi a la punta a unos doscientos metros y desde allí se arrojó. En la punta de la escollera quedó prendido uno de sus zapatos. El cuerpo flotaba y fue descubierto por dos obreros portuarios. Uno fue a dar aviso a la Policía y el otro que nadaba bien se arrojó al agua para traer el cuerpo.

–¿Cree que alguien puede matarse en pos de sus ideales como hacían algunos poetas románticos?


–Sí, por supuesto. Hay muchos que lo han hecho, pero yo creo que siempre hay un estado depresivo previo que lleva a esa especie de enajenación. Recuerdo en el caso de Argentina a la joven Delfina Tiscornia, que creo que tenía treinta años, cuando dejó un poemario extraordinario y en él sobrevuela la idea de la muerte buscada. Es un poemario desgarrador.

–Los dadaístas creían en el acto de la muerte como espectáculo como, por ejemplo, Jacques Rigaut, quien consideraba al suicidio como una vocación.


–Sí, dentro de los surrealistas hay una gama muy variada de ver el suicidio como espectáculo, pero tal vez no se pueda generalizar porque en cada uno de ellos hay opiniones y actitudes diferentes que los han llevado a cometer ese acto.


–¿Dostoievski provocaba el suicidio de algunos personajes de sus novelas porque su religión le impedía matarse?


–Claro, Dostoievski era ortodoxo. Así que él, de algún modo, defendía la vida, pero si uno ve la novelística de Dostoievski, incluso sus cuentos, hay muchos personajes que se suicidan. Se habla del suicidio lógico, en el sentido de que quien no tiene la posibilidad de sobrellevar una vida dignamente no le cabe más remedio que el suicidio. Entre los primeros cuentos de Dostoievski, hay dos muy transitados por los lectores donde los personajes se suicidan.


–¿La muerte en la ficción puede presagiar la muerte en la realidad tal como se menciona el caso de Virginia Woolf?


–Sí, evidentemente hay escritores que en su obra uno advierte que, paulatinamente, hay un camino al suicidio que, a veces llegan a cometerlo y, a veces, no, pero está como prefigurado. Se pueden plantear algunos casos. Por ejemplo, el poeta Heinrich Wilhelm von Kleist que en su obra se advierten datos suicidas y él se suicidó. Además, tuvo un suicidio espectacular porque no lo hizo por su amada sino con su amada. Luego de haber tenido una noche orgiástica de pleno goce ambos se dieron mutuamente la muerte. El le pegó un tiro y luego él se mató, con consentimiento de la pareja. Un pacto suicida. Ocurrió más tarde con el caso del famoso novelista Stefan Zweig: se mató con su mujer, su segunda esposa en la ciudad de Petrópolis. Se dieron varias causas: él tuvo que huir de Europa a causa del nazismo, se había refugiado en Petrópolis, después de una pequeña estancia en Gran Bretaña. Estando en Petrópolis llegó a recibir tristes informes de que la persecución nazi llegaría a Latinoamérica, así que desesperado por esa causa y por la enfermedad de su mujer decidieron darse la muerte.


–¿Cómo surgió el interés de Albert Camus por abordar el tema del suicidio?


–Camus era un vitalista, estaba contra el suicidio. Decía que aun cuando uno no sepa lo que es la vida (porque en el fondo la vida es misterio) tiene la obligación de asumirla y de vivirla perpetuamente. Es por ejemplo lo que se ve en el mito de Sísifo, que acepta el castigo no porque sea una imposición sino porque por su propia voluntad debía asumirlo.

–Otro autor que trabajó el tema del suicidio fue el argentino Antonio di Benedetto…


–Sí, este famoso novelista mendocino cuyo padre se suicidó cuando él tenía alrededor de catorce años, tenía una huella suicida. Es autor de la obra Los suicidas, donde naturalmente elucubra sobre este tema. También sucedió con Quiroga y Lugones. Margaux Hemingway escribió la biografía de su abuela y contó siete suicidios en su familia. Parece ser que fuera como una huella. No digo que haya un gen suicida, pero hay un condicionamiento sociocultural familiar que puede predisponerlo.

Sábado, 22 Diciembre 2018 08:03

Palomas en el basural

Palomas en el basural

Cuando los más pobres emigran de la izquierda y la teología de la liberación hacia la derecha y los cultos evangélicos, el progresismo culpa a los medios masivos. No pueden comprender que siguen una lógica diferente, que no son llevados de las narices, como insinúan no pocos intelectuales. La vida cotidiana en la favela enseña pragmatismo, para adaptarse a los cambios y a los caprichos de los poderes, en el mismo sentido que los académicos se adaptan a las modas del pensamiento. Pero los de abajo, por la simple e imperiosa necesidad.

 

Viernes de noche en el morro de Timbau, en la megafavela Maré, a unos doscientos metros de la populosa avenida Brasil, siempre atestada de autobuses y coches. Un pequeño grupo de seis personas conversa frente a un minúsculo local que ofrece cervezas artesanales. Por la estrecha calle que forma parte del laberinto urbano se afanan motos, coches y transeúntes que suben y bajan casi rozando las sillas y las aceras. La música de los locales que se amontonan en la callejuela es tan potente que hablamos gritando.


“La música fuerte incomoda a las clases medias cuando vienen a la favela”, comenta Timo, con una sonrisa socarrona y una mirada que pretende incluirnos en la provocación. Pero la distinción de clases es más compleja, ya que en los últimos años todos sus amigos favelados están cursando en las universidades federales o del estado. Entre los conductores de coches y de motos despuntan armas, algunas largas, que son portadas con indiferencia, como si el conductor llevara una prenda más. Nadie se inmuta, ni siquiera cuando un chico hace corcovear la moto en una finta imposible por el escaso espacio.


El ambiente es de fiesta, como todos los días en Timbau. Nadie podría decir que existe la menor preocupación por el ascenso de Jair Bolsonaro. Sólo los que compartimos la mesa hablamos de política, los demás se mueven al ritmo lento y cansino de la favela.


Subiendo la cuesta aparece un grupo de personas, varones y mujeres, mestizos y negros en torno a los 30 años, bien vestidos pero no elegantes, que reparten volantes en todos los comercios. Con amabilidad explican que nos están invitando a un “congreso de jóvenes” en el enorme espacio de la Asamblea de Dios, tres cuadras más abajo. El volante es pequeño, pero está muy bien impreso, a todo color, con fotos de las ceremonias religiosas y poco texto.


“Un gran coro de 200 jóvenes y una bella orquesta estarán adorando a Dios con lindos himnos”, puede leerse en el reverso. “Usted es nuestro invitado y será un enorme placer recibir su visita.” Luego viene la dirección y los horarios de las misas diarias, que invariablemente son a las 7 de la tarde, cuando la gente retorna de sus trabajos.


Imposible no quedarse pensando en el silencio y el respeto que infunden. Las iglesias evangélicas y pentecostales están muy arraigadas en la favela, al punto que en el camino hacia la casa de Timo, apenas cien metros cuesta arriba, reparamos en que en el trayecto hay tres iglesias pequeñas, tamaño garaje, donde media docena de vecinos escuchan música y conversan. Contrastan con las grandes iglesias, enormes galpones capaces de cobijar a miles de fieles.


En algún momento alguien acerca otro volante, del doble de tamaño que el de los evangélicos. Una sopa de letras en blanco y negro, con un discurso ideologizado. “Democracia=participación del pueblo.” “Bolsonaro=defiende la dictadura=pueblo no participa=trabajador sin derechos”, reza debajo de un encabezado donde se lee: “La Maré de Trabajadores, que vota en la democracia”. No lo firma ningún partido, pero es evidente que se trata de propaganda del PT.


El complejo de favelas bautizado Maré (por “marea”, ya que está en una zona inundable de la bahía de Guanabara) está formado por 15 barrios o favelas en la zona norte de Rio de Janeiro y cuenta con 150 mil habitantes. Timbau fue el primer barrio en ser poblado, hacia 1940, porque estaba en una zona no inundable y tiene cierta altura desde la que se divisan las demás favelas.


COMPLEXO DO ALEMÃO


El niño de unos 7 años huye corriendo bajo la sombra del edificio abandonado que se yergue imponente como un monumento a la nada. Se escuchan cohetes, o disparos, a poca distancia, y el chico llora desconsolado. Algunos vecinos le dicen que se vaya a su casa, pero sus amigos siguen jugando imperturbables.


Desde el Morro da Baiana hay una vista estupenda de todo el Complexo do Alemão, pero también de las favelas vecinas, como Maré, más poblada y extensa. Baiana es uno de los 16 barrios de este complejo de favelas surcadas por cinco morros unidos por un teleférico que ya no funciona. Con 100 mil habitantes, es el segundo conjunto en importancia de favelas de la región norte de la ciudad. Según datos oficiales del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, el Alemão es la región más pobre de Rio. Y la más violenta.


Nos acompaña Leo, un joven de tez oscura que integra el colectivo Ocupa Alemão, en sintonía con el Occupy Wall Street pero en clave pobre y afro. Explica que la zona es muy tranquila y que sólo se alborota cuando hay guerra entre las bandas de narcotraficantes que se disputan el territorio. Caminando entre cacas de perros y basurales donde picotean las palomas, y en un ambiente de abandono y tristeza gris, comenta la historia del teleférico, que parece un relato extraído del realismo mágico.


El teleférico fue uno de los proyectos estrella de los gobiernos del PT y forma parte del Programa de Aceleración del Crecimiento (Pac) del estado de Rio de Janeiro impulsado por Dilma Rousseff, lo que le valió el apodo de “madre del Pac”. Para construir cada una de las seis estaciones, un edificio de una manzana en lo alto de los morros, hubo que demoler decenas de viviendas en cada lugar, dejando a varios cientos de familias desplazadas.


El teleférico fue inaugurado en julio de 2011. Los Juegos Olímpicos finalizaron en agosto de 2016, y en octubre el teleférico dejó de funcionar. Las instalaciones se están deteriorando y el material de transporte se convierte rápidamente en chatarra: más de 200 millones de reales (unos 80 millones de dólares) tirados a la basura. Cuando Dilma Rousseff lo inauguró en 2011, junto al gobernador Sergio Cabral, del Mdb, hoy preso en el marco de la operación Lava Jato, dijo que el sistema transportaría a 30 mil personas por día. Nunca superó las 10 mil, apenas el 10 por ciento de la población del Alemão.


Fue tan mal planificado que no puede funcionar sin subvenciones. Cada viaje tiene un costo de 6,7 reales (más de dos dólares), el doble que el metro y los autobuses que recorren trayectos mucho más largos que los tres quilómetros del teleférico. Leo se pregunta si no hubiera sido mejor invertir en saneamiento o en obras de urbanización, señalando las montañas de basura donde se alimentan bandadas de palomas.


“Aquí estaba previsto invertir en vivienda, en saneamiento integrado con redes de abastecimiento de agua potable, espacios deportivos, escuelas y guarderías que nunca se hicieron”, dice a Brecha el militante de Ocupa Alemão. Lo que sigue funcionando al lado de la estación Baiana es una Unidad de Policía Pacificadora (Upp), el fracasado proyecto de llevar a los uniformados para dar “seguridad” a los favelados.


Incluso los edificios del teleférico abandonados fueron ocupados por la Policía Militar, para “evitar que los ocupen otros”, dice Leo, en referencia a los miles de vecinos que sobreviven en viviendas muy precarias.


El otro teleférico, el de Morro de Providencia, la primera favela de la ciudad maravillosa formada por ex combatientes de la guerra de Canudos (a fines del siglo XIX), cerró el mismo año, apenas dos meses después que el del Alemão. Lo construyeron para los turistas, para unir el Puerto Maravilla y el Sambódromo con la Estación Central. Dejaron en pie una de las columnas de soporte, que invadió completamente el único espacio público con que contaba el morro.


Las obras como los teleféricos generan desplazados urbanos, al igual que todas las emprendidas para la infraestructura del Mundial de 2014 y las Olimpíadas de 2016, o las faraónicas, como las represas hidroeléctricas concebidas para alimentar el desarrollo. Un estudio del Instituto Igarapé sobre los desplazados a la fuerza entre 2000 y 2017 llega a la alucinante conclusión de que en el Brasil progresista hubo casi 9 millones de pobres que debieron cambiar obligadamente sus sitios de residencia.


El estudio, titulado “Migrantes invisibles. La crisis del desplazamiento forzado en Brasil”, reveló la existencia de por lo menos 8,8 millones de personas que fueron obligadas a cambiar de lugar donde vivir. La enorme mayoría de ellas, cerca de 6,4 millones, debieron dejar sus hogares por desastres naturales provocados por otros seres humanos, incendios o ruptura de represas. Los proyectos de desarrollo, como las carreteras y represas, desplazaron a más de 1,2 millones, y la violencia rural en el marco de la expansión del agronegocio desplazó a 1,1 millones.1 Nadie menciona estas cifras cuando se evalúan los impactos del progresismo. Brasil está a la cabeza en América Latina en cuanto a la cantidad de sus desplazados internos, y supera incluso a Colombia, que sufrió una guerra de seis décadas.


ACELERAR LA CORRUPCIÓN


En realidad, no debe sorprender la construcción de teleféricos inútiles, ya que buena parte de las obras del Pac fueron desastrosas y los empresarios y políticos involucrados en ellas están envueltos en tramas de corrupción.


El informe Modernización fracasada, publicado como libro, señala que las diez mayores obras de ese programa desarrollista adoptado en 2007 fueron un rotundo fracaso. Apenas una está en funcionamiento, dos fueron abandonadas o interrumpidas y las demás funcionan con restricciones o de forma irregular.2


Por ejemplo, la construcción del Complejo Petroquímico de Rio de Janeiro (Comperj), una obra de importancia estratégica para ampliar la capacidad de refinación y procesar lo obtenido en los ricos yacimientos de petróleo y gas de las cuencas de Santos y Campos, fue interrumpida pese a que ya se llevaba invertida la astronómica cifra de 13.000 millones de dólares. Otras obras grandiosas, e innecesarias, como la usina hidroeléctrica Belo Monte, nunca producirán lo estimado, pese al brutal daño ambiental y social que han provocado.


Habría que escuchar a los “refugiados de Belo Monte” –como los denomina la periodista Eliane Brum–, las personas desalojadas de sus casas e instaladas en la periferia de la ciudad de Altamira, en condiciones de precariedad, que le valieron a la usina el nombre de “Belo Monstruo” (El País, edición brasileña, 16-V-18). La cuarta hidroeléctrica del mundo sólo benefició el ego de los gobernantes y los bolsillos de las grandes constructoras (Camargo, Correa, Odebrecht, Andrade Gutiérrez, entre las más conocidas).


“Lo que el gobierno no dice es que en la temporada de seca del río Xingú, la producción de energía baja drásticamente”, señala Brum. En esos momentos producirá menos de la mitad de su capacidad, “lo que la coloca como una de las hidroeléctricas menos productivas en relación con la capacidad instalada”.

 

FAVELA=CRIMEN

 

Un informe de Folha de São Paulo revela que el mismo crimen cometido por un habitante de una favela supone una condena mucho más dura que si fue hecho por alguien que vive en un barrio de clase media. El diario hizo una investigación basada en datos del Banco Nacional de Órdenes de Prisión, creado por el Consejo Nacional de Justicia. En Rio de Janeiro, en el 41 por ciento de las 82 mil órdenes de prisión por tráfico de drogas “el reo fue acusado o fue condenado además por asociación al tráfico”, mientras la media nacional es de 12 por ciento, y en San Pablo de 10 (Folha de São Paulo, 27-IV-18).


De ese modo, cuatro de cada diez personas encontradas con drogas sufrieron una pena mayor por el “delito” de vivir en favelas. El coordinador de la defensa criminal de Rio, Emanuel Queiroz, dijo al diario paulista que “el Ministerio Público pregunta a la policía: ‘¿Esa área está dominada por el narco?’. ‘Sí.’ Con eso ya basta para darle tres años más de pena, por considerarlo asociado al tráfico. Es rutina”.


Según Queiroz, la doble acusación es una estrategia de la Policía Civil y del Ministerio Público para “inviabilizar pedidos de libertad provisional, ya que las penas mayores a ocho años se cumplen en un régimen cerrado”.


Un estudio de la Defensoría Pública de Rio analizó 3.475 procesamientos por tráfico de drogas entre 2014 y 2015 y concluyó que en el 75 por ciento de ellos se aplicó una doble pena, por el lugar donde fue aprehendida la persona. Lo más grave es que para la justicia alcanza con la declaración de un policía para decretar la pena. En varios casos analizados por Folha, los policías escuchados en el proceso dieron “declaraciones idénticas, usando las mismas palabras”. Para algunos abogados defensores, la ley de drogas aprobada en 2006 “creó un salvoconducto para la arbitrariedad en la periferia, empezando por la distinción entre usuarios y traficantes”. Los primeros son de clase media, los segundos son pobres.


Y volviendo a los evangélicos: “Lo que molesta de los gays y lesbianas es la ostentación pública de identidad. No su condición, porque en la favela siempre hubo mucha tolerancia”, explica Leo, intentando descifrar las razones por las cuales sus vecinos se volcaron hacia los pentecostales y evangélicos.


No es tan difícil de entender. Con Folha Universal en la mano, el semanario a todo color de la Iglesia Universal, del que se reparten casi 2 millones de ejemplares, las cosas terminan cerrando. En la portada, niños y niñas sonriendo. En las páginas interiores se suceden los temas: familia, alimentación sana, retraso escolar, deporte infantil, una sección dedicada al mioma uterino y otra a combatir los celos como señal de debilidad.


Más allá de los discursos, ¿quién se ocupa de los más pobres? Los empresarios y los gobiernos hicieron sus negocios, como lo demuestra el desastre del teleférico, dando prioridad al turismo por encima de necesidades tan urgentes como la salud y el saneamiento, que en ninguna favela están satisfechas. Los evangélicos están cerca de la gente. Son parte de la favela. No pude ver ningún local de partidos de izquierda en las favelas que visité, en varias ocasiones, en los últimos años. Las iglesias pentecostales siguen creciendo y lo seguirán haciendo hasta que las izquierdas dejen los discursos y vuelvan a pisar el barro.


1. Los datos pueden encontrarse en “Migrantes invisibles”, del Instituto Igarapé, marzo de 2018.
2. Jacob Binsztok y Jorge Luiz Barbosa, Modernização fracasada, Consequência. Rio de Janeiro, 2018.

 

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El avance evangelista en la política latinoamericana.

En guerra frontal contra los movimientos emancipadores, el evangelismo conservador se fortalece en la escena política regional. Con incidencia en la agenda legislativa y el debate público a lo largo de todo el continente va más allá de la “agenda de derechos” y desafía a una izquierda que no logra interpelar a su base social.


“Hay una nueva imbricación entre lo religioso y lo político que la izquierda en el mundo, y particularmente en América Latina, no está sabiendo captar. El fenómeno del éxito del neopentecostalismo conservador es un ejemplo clarísimo de esa nueva imbricación, que ha tomado una fuerza muy importante sobre todo entre los sectores populares.” Para el antropólogo uruguayo Nicolás Guigou, el auge de estos grupos religiosos que se han convertido en poco tiempo en actores centrales de la vida política de muchos países de esta región es “un fenómeno que debería cuestionar muy a fondo a grupos, organizaciones, movimientos sociales que pretenden llegar a los sectores populares, a los sectores vulnerados, para cambiar las cosas”. También a la academia: “a los politólogos, por ejemplo”. La política está perdiendo sentido para enormes franjas de la población, dijo Guigou a Brecha. “Hay un enorme déficit de lo político, que gente como los pastores y pastoras neopentecostales está llenando de a poco con su discurso.”


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La presencia de las iglesias evangélicas en América Latina no es precisamente nueva, pero sí lo es su crecimiento, fundamentalmente en su versión pentecostal conservadora, apunta entre muchos otros el sociólogo boliviano Julio Córdova Villazón, especialista en el estudio de esta rama del protestantismo. En un artículo publicado en noviembre de 2014 en la revista Nueva Sociedad, Córdova señala que, a diferencia de comienzos del siglo pasado, cuando su “agenda” era esencialmente liberal y estaba centrada en la lucha por la separación de la Iglesia Católica y del Estado –por la razón del artillero: poder emerger–, hoy, en fase de crecimiento y con un catolicismo en crisis y en retirada, los evangélicos apuntan a adquirir cada vez más peso en la escena política a través de partidos propios o de pactos con terceros, una vastísima red de medios de comunicación, la multiplicación de movimientos de defensa de los “valores morales cristianos”. Todo aceitado por jugosos y muy a menudo non sanctos capitales.


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Córdova diferencia cuatro etapas en la expansión evangélica en América Latina: “La lucha por la libertad de conciencia a fines del siglo XIX y comienzos del XX; la polarización ideológica en las décadas de los sesenta y setenta; la emergencia de partidos evangélicos en la redemocratización de los años ochenta y noventa; y la aparición de movimientos profamilia y provida de principios del siglo XXI”.


En la segunda de esas etapas, una parte muy minoritaria de los evangélicos se sumó a los católicos progresistas que impulsaron la teología de la liberación, y un puñado fueron parte de las guerrillas de izquierda. Pero la mayoría, dice el sociólogo, “asumió una postura que, desde la pasividad, resultó legitimadora de las dictaduras militares, aceptándolas como la mejor opción”.


Esa orientación se acentuaría a partir de los ochenta, con el predominio del neopentecostalismo, que ya se había hecho fuerte en Estados Unidos. Allí, una “nueva derecha cristiana” articulada por “telepredicadores, universidades evangélicas, asociaciones civiles y otras instituciones” emergió “como reacción a la ola progresista que vivió el país” en las décadas anteriores, “caracterizada, entre otros aspectos, por la demanda de una mayor autonomía para las mujeres y la igualdad de derechos para personas de la diversidad sexual”.


Desde Estados Unidos, esa nueva derecha cristiana pretendió irradiar hacia América Latina con una pléyade de pastores y un aparataje de medios. Pero fue recién en los noventa que ese discurso, que promovía una guerra frontal a los “predicadores del mal” basada en la defensa de la familia tradicional (papá-mamá-niños) y el rechazo a los movimientos emancipadores (de mujeres, de minorías sexuales, de negros), prendió al sur del Río Bravo, buscando “restaurar la estabilidad familiar”. Hasta entonces, escribe Córdova, las elites evangélicas latinoamericanas “no tenían un discurso político explícito”. “Los nuevos conversos evangélicos se sintieron amenazados por los cambios culturales y normativos relacionados con los derechos sexuales y reproductivos, y apelaron a una orientación política afín a la derecha cristiana estadounidense.” El crecimiento exponencial de estas religiones se dio en un contexto en el que “vastos sectores sociales” necesitaron “nuevos marcos interpretativos que dieran sentido a sus cambiantes condiciones de vida”. Las iglesias evangélicas, coincide William Beltrán, especialista en religión de la Universidad Nacional de Colombia (Afp, 6-X-18), “han logrado responder mejor que la católica a las necesidades de las nuevas generaciones de latinoamericanos excluidas por los procesos de urbanización y globalización”.


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“Dios nos multiplicó por todo el continente”, dijo hace un tiempo Fabricio Alvarado. Predicador casado con una predicadora, cantante de música cristiana, ex diputado, Alvarado fue el segundo candidato más votado en las elecciones presidenciales de este año en Costa Rica, uno de los países de la región en los que más creció el neopentecostalismo en los últimos años. Según informes citados por el sociólogo colombiano Javier Calderón Castillo, del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), hay actualmente en el continente “más de 19 mil iglesias neopentecostales que organizan a más de 100 millones de creyentes, una quinta parte de sus habitantes”. Un estudio sobre las religiones en las sociedades de la región realizado en 2017 por la consultora Latinobarómetro da cuenta a su vez de que en esta región el protestantismo le ha ido cortando el pasto bajo los pies al catolicismo desde hace más de dos décadas. En el que sigue siendo todavía el continente más católico del mundo, los fieles de esa religión se han reducido al 60 por ciento de la población, contra alrededor del 90 hacia mediados del siglo pasado. Los evangélicos, en tanto, treparon hasta un 20 por ciento desde porcentajes cercanos al 5 de pocas décadas antes. Con picos muy altos: 41 por ciento en Guatemala, 39 en Honduras, 32 en Nicaragua, 25 en Costa Rica, 24 en Panamá, 21 en Dominicana. Y 27 por ciento (contra 15 en el año 2000) en Brasil, la niña de los ojos de la Iglesia Católica a nivel mundial. “El crecimiento de los pentecostales en Brasil ha sido tan fuerte que este país tiene hoy la mayor población pentecostal del planeta. Hasta por encima de Estados Unidos”, declaró a Afp Andrew Chesnut, director de Estudios Católicos de la Universidad Virginia Commonwealth de Estados Unidos.

 

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En todos estos años, los avances del evangelismo político en América Latina han sido evidentes. En Brasil más que en ningún otro lado. Además de que Jair Bolsonaro fue electo con el respaldo expreso de las iglesias pentecostales, el Partido Republicano (Prb) –surgido de la principal congregación evangélica latinoamericana, la Iglesia Universal del Reino de Dios– obtuvo 30 diputados federales, y cuenta con alrededor de 40 estatales, más de un centenar de alcaldes, entre ellos el de Rio de Janeiro, Mauricio Crivella, y más de 1.600 concejales municipales. Son muchos, además, los neopentecostales electos como legisladores federales por el partido de Bolsonaro, el Social Liberal. En total, la “bancada de la Biblia”, que reúne a evangélicos con representantes –a cual más “reaccionario”– de otras confesiones, tendrá alrededor de 200 integrantes en el parlamento de Brasil.


En Guatemala, un neopentecostal, el pastor y actor cómico Jimmy Morales, es presidente desde 2016; en Costa Rica, el pastor Alvarado disputó la presidencia hace apenas unos meses, y si bien quedó lejos del ganador, simbolizó el crecimiento de una confesión que hasta hace relativamente pocos años era marginal. Hay pentecostales en los parlamentos de Chile y México, de Colombia, de Venezuela y de Nicaragua, de Paraguay, de Perú y de Ecuador, y por supuesto en el muy laico Uruguay. Pero el poder de los pentecostales ha ido mucho más allá de su peso político específico. “Están marcando la agenda legislativa en no pocos países de la región, haciendo contrapeso al avance de las organizaciones y movimientos de defensa de los derechos de las minorías sexuales. Sus temáticas están cada vez más presentes en el debate público”, dice Gaspard Estrada, del Instituto de Estudios Políticos de París (Afp, 6-X-18). Se han levantado como un muro de contención a “la ideología de género y la agenda gay”, escribe Julio Córdova. En Argentina, apunta a su vez una investigación del diario Página 12 (14-X-18), tanto el presidente Mauricio Macri como la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, “dejaron en manos de los evangélicos la tarea de contener el reclamo social y evitar estallidos” a cambio de “frenar la agenda del aborto y la educación sexual en las escuelas”.


En México, después de la despenalización del aborto en el DF, en 2007, los pentecostales fueron fundamentales para que se bloquearan iniciativas similares en 17 estados del país; en Nicaragua tuvieron la fuerza suficiente como para que la legislación relativa al aborto sea de las más restrictivas y oscurantistas de toda América Latina y que se estableciera un Día del Niño por Nacer; en República Dominicana contribuyeron a que en la propia Constitución se incluyera un artículo que protege “la vida humana desde la concepción”. En Brasil, antes de apoyar abiertamente a Bolsonaro, la Iglesia Universal del Reino de Dios, comandada por el multimillonario pastor Edir Macedo, respaldó a Lula, primero, y a Dilma Rousseff, después, con la condición de que se frenara cualquier intento de despenalizar el aborto o el consumo de marihuana, legalizar el matrimonio entre homosexuales o aprobar alguna ley en favor de la población trans. Lo consiguieron.


No sólo inciden sobre la agenda de derechos. En Colombia, los neopentecostales se embarcaron en la exitosa campaña por el “No” al acuerdo de paz con las Farc en el plebiscito de 2016. En Guatemala, Jimmy Morales decidió en mayo pasado trasladar la embajada en Israel a Jerusalén. Jair Bolsonaro hará lo propio en Brasil apenas asuma, en enero. “Israel es para los evangélicos una especie de reloj del tiempo histórico. Como son también milenaristas, creen que de lo que sucede con Israel depende cuán lejos o cuán cerca estamos del apocalipsis”, explica Nicolás Guigou a Brecha. “Piensan que una alianza con Israel los bendice.”


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Los evangélicos conservadores comparten una matriz, vengan de donde vengan. Comunican de manera directa con la gente, intentan llegarle a través de la emoción, se manejan con una cultura esencialmente oral. “Hablan todo el tiempo de ‘liberación’, de dejar fluir cuerpo y espíritu. Son una religión muy corporal, sensorial. La glosolalia, ese ‘hablar en lenguas’ que tanto los caracteriza, es como una forma de dejar escapar el sufrimiento, de escenificar lo indecible, de liberarse del demonio, de las malas influencias”. El mensaje es tan simple que mete miedo. “Te dicen que si te va bien, es porque Dios está con vos, y si Dios está con vos, es porque te conectaste con él a través de nosotros. Y si te va mal, es porque algo habrás hecho, o no pagaste tu diezmo o te dejaste tentar por Satán o tus oraciones estuvieron mal hechas. Deberás, entonces, esforzarte más. Lo particularmente seductor de su oferta es que al fiel le prometen todo: salud, dinero, prosperidad, y aquí y ahora, en esta vida terrenal.”


A diferencia de los protestantes de principios del siglo pasado, que en su demanda de libertad de conciencia potenciaban un Estado laico y defendían incluso una agenda “progresista”, los neopentecostales del XXI encajan como en un molde con la prédica neoliberal, observa Julio Córdova. O con una “época de autonomía extrema como la actual”, en los términos de Guigou. Su “teología de la prosperidad” apunta a la búsqueda del éxito individual, al hacé la tuya, exalta los valores de los ricos aunque esté dirigida a los pobres o los medio pelo. “Los pastores son como gestores de la movilidad social de esas capas pobres, se mueven con una teología de la economía en la que resaltan además la obediencia y la disciplina, el respeto del orden social, la no confrontación con las autoridades”, abunda Guigou.


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Guigou piensa que el neopentecostalismo sudamericano es de claro cuño brasileño. Las iglesias evangélicas brasileñas fueron pioneras, dice, en eso de la participación en política, y han tenido mucho más presentes que las estadounidenses las características de los pueblos en los que se implantan.“Se manejan con un pragmatismo sorprendente que les permite, cuando cuadra, aliarse al PT y luego considerarlo satánico, respaldar la destitución de Dilma y apoyar a Bolsonaro, con el que conectan obviamente mucho mejor. Lo que les importa es el poder y para conseguirlo medran, chantajean, condicionan, buscan prebendas.” Su manera de confrontar con el catolicismo o las religiones afro, espiritistas o de raigambre indígena, con las que compiten por la influencia entre los sectores populares, ha sido bien propia. “Como tienen una visión integrista, son parasitarios del enemigo y están en guerra permanente con ‘satanes’ diversos, que en Brasil se encarnan hoy sobre todo en los petistas o los curas católicos.”


Han montado unas enormes redes de sociabilidad y construido su poder con base en un poderosísimo imperio mediático que comprende el segundo canal de televisión del país, Rede Record, un canal religioso, un portal de Internet, emisoras de cable locales, un entramado de radios que cubren casi todo el territorio, editoriales, compañías discográficas. En las redes sociales se mueven como pez en el agua y laburan el terreno como pocos. Sus lugares de culto son también agencias de servicios públicos, supliendo a un Estado ausente. “Han conquistado las cabezas de los vulnerados y ganado las batallas por el control espiritual de las favelas, de los espacios de las periferias urbanas, de las cárceles. Sobre este modelo brasileño se han ido armando las iglesias pentecostales del resto de América del Sur, y los pastores brasileños han extendido su prédica a África y a Asia, donde de a poco están entrando.”


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Años atrás, los sacerdotes progresistas latinoamericanos herederos de la teología de la liberación ironizaban con que ellos apostaban por los pobres y los pobres por los pentecostales. “Un buen resumen de la realidad”, sentencia Guigou.


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La izquierda en general, el PT brasileño en particular, asegura el antropólogo uruguayo a Brecha, no supo, no sabe hablarles a las masas que se pasaron a filas evangélicas. “La izquierda se maneja con códigos propios de las capas medias. La agenda de derechos es ajena a los sectores más marginales, que en la familia tradicional, heterosexual y estable encuentran seguridad y sin ella lo poco que tienen se les desmorona.” La periodista Lamia Oualalou sitúa en otro plano esa desconexión entre la izquierda latina y los pobres de toda pobreza que se arrimaron al neopentecostalismo. Para esta franco-marroquí que vivió años en Brasil y es autora del libro Jesús te ama. La ola evangélica (Éditions du Cerf, 2018), “la izquierda interpretó la ‘teología de la prosperidad’ de forma muy básica. La vio únicamente como una adaptación del neoliberalismo. Es cierto que hay una parte de consumismo y dinero, pero también las iglesias funcionan con una lógica de la solidaridad”, dijo en una entrevista publicada en el número de octubre de Nueva Sociedad. Hay además un contrasentido en la actitud de partidos como el PT: ellos mismos no escaparon a la “lógica del consumo capitalista” cuando llegaron al gobierno durante la llamada “ola progresista”. Fue eso lo que les ofrecieron a los pobres: la integración al consumo. Oualalou recuerda una frase de Guido Mantega, ministro de Economía de Lula: “Ahora todos los brasileños pueden ser ciudadanos porque tienen acceso a una tarjeta de crédito”.


Cuando estalló la crisis, patente quedó la debilidad de esa “integración”. El Estado (y los progresistas) dejó a los pobres literalmente de la mano de Dios, y Dios les dijo a estos “vulnerados”, pastores evangélicos mediante, que el Satán petista los había mandado a la ruina, sostiene la periodista. Y piensa: no es hablando de la Biblia, cediendo a los chantajes o posando junto a sus pastores, como ha optado por hacer el PT, que se podrá sacar a estos sectores de los tentáculos del neopentecostalismo. “Lo que habría que hacer es volver a hablar de lo que importa en la vida del brasileño: una educación mínima, un acceso a la salud, volver a tener farmacias populares que den remedios gratuitos, un salario mínimo”. Y “deconstruir la imagen de los pastores, demostrando que la mayoría de ellos son bandidos y que son las principales fortunas del país”. Confrontarlos, no mimetizarse con ellos. Disputarles la hegemonía, sugiere Oualalou.

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Los grupos evangélicos paralizan una ley a favor de la población trans en Uruguay

El oficialista Frente Amplio propone que la sanidad pública financie el cambio de sexo

Un año de tramitación parlamentaria y varios meses de polémica: la ley que protege las personas trans (travestis, transexuales y transgénero) ha generado una resistencia inesperada en Uruguay, con manifestaciones, mensajes en las redes sociales y la recolección de firmas contra el proyecto. El colectivo trans, que no llega a las mil personas, tiene el apoyo de varias decenas de asociaciones que acusan a las iglesias evangélicas de orquestar una campaña con tintes religiosos en el país más laico y con menos creyentes de América Latina.

El proyecto de ley uruguayo, actualmente paralizado, propone medidas de discriminación positiva para las personas trans, como el acceso a becas y puestos de trabajo estatales; también contempla que el cambio de sexo se pueda hacer en la sanidad pública de forma gratuita y facilita el cambio de identidad. Además, otorga una indemnización a las víctimas de la represión durante la dictadura (1973-1985), un grupo de unas 60 personas que recibiría una pensión de unos 350 dólares mensuales. La filosofía global de la normativa es proteger a un colectivo especialmente marginado - los trans tienen una esperanza de vida de 35 años en Uruguay - y abrir espacios laborales para que la principal opción de subsistencia de estas personas no sea la prostitución.

El capítulo más polémico tiene que ver con la autorización del cambio de sexo (tanto hormonal como quirúrgico) para los menores de edad sin el consentimiento de sus padres. La oposición del Partido Nacional (centro derecha) ha exigido que se eliminen estas disposiciones. La coalición de izquierdas en el poder, el Frente Amplio, promueve la normativa, pero ante las protestas, ha decidido suprimir la autorización de las operaciones quirúrgicas de cambio de sexo para los menores que no tengan el apoyo de sus padres. El argumento principal es que en Uruguay tan solo el 1% de la población trans (tanto adulta como adolescente) se somete a este tipo de intervención.


Sin embargo, el Frente Amplio se resiste a eliminar la posibilidad de que los menores reciban tratamientos hormonales sin el apoyo familiar, ya que la legislación internacional avala el concepto de “autonomía progresiva” de los adolescentes, tanto en decisiones como el cambio de sexo como en lo referente al aborto. En realidad, el cambio de sexo hormonal en menores sin autorización de la familia se practica en Uruguay desde hace unos diez años, previa autorización judicial y en el marco de un proceso médico controlado.


Las principales sociedades médicas lo apoyan y desde la política o las organizaciones sociales nunca hubo oposición. Por ello, la llegada de una petición de 40.000 firmas contra estas medidas - una cifra considerable en un país de 3,4 millones de habitantes - ha causado sorpresa y revuelo político, especialmente cuando se supo que personas cercanas a la iglesia evangélica Misión Vida, una de las más grandes del país, presentaron la petición en el Parlamento.


Las organizaciones de apoyo a la ley han contratacado con una lluvia de datos que muestran que, de todos los marginados sociales, los trans son los más vulnerables de Uruguay. Así, aseguran que las personas de este colectivo tienen una esperanza de vida de 35 años, cuando la media nacional es de 77 años. El 25% abandonó su domicilio antes de los 18 años después de ser rechazado por su familia, el 87% no terminó estudios secundarios y sufrió discriminación en el ámbito educativo y el 67% tuvo que prostituirse para generar un ingreso, según cifras de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República. Además, durante la dictadura, los trans sufrieron torturas, violencia sexual y cárcel injustificada.


Por el lado parlamentario, la senadora Verónica Alonso, del Partido Nacional, lidera la oposición a la normativa. Alonso, que tiene como aliados varios legisladores evangélicos, no solo se opone al cambio de sexo en los menores, sino que rechaza las medidas de discriminación positiva y las reparaciones por los abusos de la dictadura. De todos modos, la senadora es partidaria de que una ley proteja a las personas trans y reconoce que es una población estigmatizada y vulnerable. Pero dentro de su propio partido hay senadores que se muestran más flexibles y podrían dar su apoyo a la ley si se producen algunas modificaciones. En realidad, el Frente Amplio dispone de una mayoría suficiente para conseguir una aprobación, aunque actualmente trabaja en cambios para obtener el mayor apoyo parlamentario posible y que la votación tenga lugar a finales de este mes.

Por Magdalena Martínez
Montevideo 3 OCT 2018 - 09:33 COT

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El Papa condenó los abusos de la Iglesia. “Escándalo” en Irlanda

El Papa Francisco viajó a Irlanda y condenó a los curas pederastas. En su primer día de visita por el país, se reunió con el presidente Michael D.

Francisco viajó con motivo de asistir al Encuentro Mundial de las Familias, un evento internacional que se realiza cada tres años, y que reflexiona sobre los vínculos familiares y la Iglesia. Sin embargo en su primer discurso pronunciado en el Castillo de Dublín, el Papa, ante la interpelación del Primer Ministro, se pronunció sobre los casos de pedofilia relevados la semana pasada. “No puedo evitar reconocer el grave escándalo que ha causado en Irlanda el abuso de menores de edad por parte de miembros de la Iglesia que estaban encargados de protegerlos y educarlos”, explicó Francisco conforme a revelaciones de abusos sexuales cometidos en Pensilvania, Estados Unidos.

Varadkar, jefe de gobierno y símbolo de una nueva Irlanda liberal, abogó porque las víctimas y los sobrevivientes obtengan justicia, verdad y curación. “Santo Padre, le pido utilizar su posición y su influencia para que esto se haga aquí en Irlanda y en el mundo entero”, exclamó. “El hecho de que las autoridades eclesiáticas -obispos, superiores religiosos, sacerdotes y otros- no afrontaron adecuadamente estos repugnantes crímenes con justa razón ha dado lugar a indignación y sigue siendo una fuente de dolor y vergüenza para la comunidad católica”, señaló el pontífice, quien agregó que él comparte los dolorosos sentimientos. Francisco reconoció que la Iglesia en Irlanda desempeñó en el pasado y en el presente un papel en la promoción del bienestar de los niños y subrayó que ello no debe quedar tapado por las recientes denuncias. En la bienvenida al Papa, Varadkar enfatizó que Irlanda tiene una herencia amarga y rota de abusos que dejaron un legado de dolor y sufrimiento. Seguidamente lo llamó a que aproveche su influencia para que la justicia y la verdad se impongan y que no se repitan los crímenes indescriptibles perpetrados y encubiertos por personas con el fin de proteger la institución eclesial. El primer ministro insistió en la necesidad de que después de las palabras sigan los hechos. “Le pedimos que escuche a las víctimas y los supervivientes. Sabemos que usted lo va a hacer”, afirmó Varadkar. Luego de su disertación el Papa se reunió con ocho víctimas de abusos eclesiásticos. En un comunicado, la Coalición de los Hogares Madre e Hijos de Irlanda, grupo que participó en el encuentro con Francisco, anunció que el Papa condenó los hechos de corrupción y los encubrimientos.

Varios grupos de víctimas de los abusos cometidos por el clero en Irlanda, protestaron frente al papamovil durante su recorrido por las calles de la capital irlandesa (foto) y mientras transcurrían los actos frente al Castillo de Dublín. La movilización fue organizada por la irlandesa Margaret McGuckin, superviviente de los abusos cometidos en el internado Casa de Nazaret e impulsora de uno de los órganos estatales de investigación de casos históricos de abusos. “El papa tiene que dar la cara y hacer algo por las víctimas. Necesitamos que se concedan compensaciones, necesitamos que la Iglesia se responsabilice”, declaró McGuckin.

 

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Sábado, 04 Agosto 2018 07:01

El dolor es político

El dolor es político

“Pare de sufrir”, decían en los ´90 los pastores de las nuevas iglesias electrónicas o a pedal que surgían como hongos en enormes locales que antes habían sido cines. La convocatoria era sencilla, contundente, más abierta imposible. ¿Quién que sufre no quiere parar de sufrir? Y allí iban, para entrar en el trance de la adoración al pastor los que en ese mismo movimiento de encomendarse a las leyes intrincadas de eso llamado destino, abandonaban en simultáneo la perspectiva política del sufrimiento.


Claro que podemos hablar de angustia existencial, de neurosis, de miedo a la libertad, de fobia a la equidad, de la contingencia de la existencia humana, que es la única especie que tiene conciencia de su propia finitud. Pero quiero especificar a qué tipo de sufrimiento me refiero, porque el capitalismo se ha caracterizado, entre otras cosas, por privatizar también el sufrimiento que provocan sus políticas.


Vivió en mi casa, cuando mi hija era chica y yo volvía muy tarde del diario, una chica boliviana que era pastora evangelista. Su iglesia no era electrónica ni estaba instalada en un ex cine, pero presencié en poco tiempo cómo la lógica de su vida entró de lleno en la lectura religiosa de cada cosa que le pasaba. Jesús no se le había revelado en un momento cualquiera, sino cuando estaba por quitarse la vida en las vías del tren. Fue un impulso de supervivencia. No quiero interpretar algo tan personal. Lo cierto es que siguió viviendo y consagrada a la lectura de la Biblia en cada momento libre.


Pero esto había empezado antes, cuando ella perdió las ganas de vivir. Hacía tres años que había venido de Bolivia porque era la Bolivia de antes de Evo, y necesitaba mandar dinero para una operación que tenía que hacerse su padre. Dejó allá a un novio al que amaba mucho. Cuando la conocí me dijo que estaba de novia, me habló de él, de sus sueños, de sus proyectos, aunque hacía tres años que no se veían, porque él nunca juntaba la plata para venir a verla, y porque ella cambiaba a dólares casi todo su sueldo y lo mandaba a la casa de sus padres.


Alguna vez me pregunté con escepticismo qué pasaría con ese amor expuesto a tanta distancia. Y poco después ella se enteró que él se había casado con otra mujer. Por eso aquella noche estaba caminando por las vías. Porque se le habían roto todos esos sueños y proyectos, y el motor del esfuerzo de trabajar y vivir tan pobremente para poder pagarle esa operación cardíaca al padre, se cayó. Pero cuando estaba a punto de tirarse, me contó que vio a Jesús. No tengo por qué dudar de eso. La salvó esa visión, aunque a partir de entonces fue una especie de fanática obsesiva que hizo la convivencia muy difícil. Todo era leído en clave divina. Que es lo que hacen superlativamente las nuevas iglesias neopentecostales, entre otras, que ya manejan buena parte de la educación pública en Perú, Colombia, Guatemala y otros países de la región.


El nuevo sujeto, la nueva criatura humana que buscan generar destruyendo la educación pública tiene, desde la base inicial hasta los niveles universitarios más altos, esa impronta. A través de ese tipo de religión o del conocimiento como marketing, buscan parir culturalmente a personas que busquen la explicación de su sufrimiento en motivos totalmente separados de la política.


Cada vez que recuerdo la historia de esa chica boliviana con la que conviví varios años, me pregunto cómo era posible que no pasara por su mente que esa separación fue por razones políticas. Fue por pobreza. Fue por falta de salud pública. Fue por vivir en la periferia del mundo. Fue porque sólo separándose ella podía hacerse cargo de la difícil situación familiar. Y sin embargo, cuando se lo insinuaba, eso no podía ser comprendido. Era Dios el que los había puesto a prueba, y él no la había amado tanto como para esperarla.


El discurso del amor romántico empapelaba la faz de la vida íntima, la más profunda y personal, con misterios insondables, con designios y maldiciones, con embrujos, y la volvía reactiva a advertir que su pobreza era una manera de estar, y no una manera de ser. Y que su angustia tan intensa, finalmente, era el resultado de haber nacido en un país que todavía era colonia, y donde alguien como ella, como casi todxs sus compatriotas, debía emigrar a atender niños extranjeros cuyas madres eran jefas de hogar para pagar, a miles de kilómetros de su hogar, la operación de corazón que necesitaba su padre.


“Pare de sufrir”. Una frase sintética y tan voluminosa en el interior de millones de personas vulnerables, un imperativo en momentos como éste que vivimos ahora. Porque el sufrimiento se ha multiplicado, se ha hecho intenso, insoportable. La actriz Mónica Cabrera subió esta semana a su muro una foto suya encapuchada adentro de su casa. Se muere de frío y no puede pagar el gas. Escribió un texto en un tono diferente al de los videos que sube regularmente. Después de contar su situación, terminaba: “Me están arruinando el último tramo de mi vida”.


El sufrimiento argentino no es resultado de ningún designio, ninguna tormenta, ningún defecto de ningún sufriente. Es un sufrimiento de origen político que nadie le puede pedir a un pueblo que lo acepte como su destino. No es el destino. Es Macri.

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La selección natural, la verdad y la impostura

La explicación de la vida en nuestro planeta mediante la evolución por selección natural solamente puede ponerla en duda gente partidaria del obscurantismo (recordemos: la militancia contra la difusión del conocimiento), de la religión o de una combinación de ambas que ya acostumbran a ir históricamente muy de la mano. Nunca la pondría en duda ningún disidente creíble en el seno de la comunidad científica.


Como es conocido la actual teoría de la evolución por selección natural se compone de distintos elementos indivisibles: evolución, gradualismo, ascendencia común, selección natural y mecanismos no selectivos de cambio evolutivo. Las pruebas abrumadoras para cada uno de estos elementos no paran de crecer.
Grandes darwinistas vivos como Jerry A. Coyne o Richard Dawkins aunque no tienen la menor duda de lo que quiere decir “teoría” en ciencia, defienden desde hace años que la evolución por selección natural es ya un “hecho”. Intentan con ello apuntalar la idea siguiente: la evolución por selección natural no es “hipotética”, no es una conjetura. Con “hecho” se refieren a que es tanta la evidencia disponible proveniente de muchas ramas científicas distintas que no puede discutirse seriamente. Solamente es una forma de mostrar su convicción, sostenida con una abrumadora evidencia empírica, en la evolución por selección natural. Si una teoría es una explicación de los fenómenos naturales avalados por toda la evidencia disponible o, más precisamente, como han dejado escrito dos grandes investigadores, “un edificio conceptual formado por una colección organizada de nociones y proposiciones que codifica información acerca de cierto tipo de sistemas, fenómenos o procesos y típicamente sirve para dar explicaciones, hacer predicciones y resolver problemas”[1], la evolución por selección natural tiene todas las credenciales para ser considerada teoría. Que algunos de los grandes darwinistas vivos la consideren un hecho, solamente refuerza, o al menos esto es lo que pretenden, la inmensa evidencia empírica de que goza. Efectivamente, consigue explicar mucho a partir de pocos supuestos. Da muchos réditos cognitivos por cada unidad explicativa.


La selección natural o “la supervivencia no aleatoria de variantes aleatorias”, según la agraciada descripción de Dawkins, siempre ha tenido enemigos porque indudablemente es extremadamente peligrosa al explicar la vida mediante un proceso puramente materialista, sin dioses, sin explicaciones sobrenaturales, sin supersticiones que guíen el proceso. Algo tan maravilloso puso, pone y pondrá las alarmas de los que tienen creencias sobrenaturales. Y a la que pueden, atacan.

Como esta sucediendo una vez más en EEUU. Si bien esta batalla viene de lejos[2] ahora, con los favorables aires propios de una administración imperialista, xenófoba, racista y demofóbica como la que está apuntalando Trump en EEUU, la ofensiva se recrudece. Una de las últimas muestras es el borrador que el departamento de educación de las escuelas públicas en el estado de Arizona ha presentado para enseñar en estas escuelas. La evolución por selección natural es “rebajada” para abrir la puerta a “otro tipo de ideas” como la responsable del mencionado departamento, Diana Douglas comentó: “Si vamos a educar a nuestros hijos en lugar de solo adoctrinarlos a una forma de pensar, tenemos que poder permitirles explorar todo tipo de áreas”. Obsérvese: no “adoctrinarlos” en una sola forma de pensar (referido a la evolución por selección natural) quiere decir que entren en pie de igualdad en la enseñanza “otro tipo de áreas” como el religioso diseño inteligente que tantos apoyos financieros tiene en EEUU.


Sigo desde hace muchos años la encuesta que Gallup viene realizando desde 1982 en EEUU sobre las creencias entre la población acerca de la evolución por selección natural o por creacionismo sobrenatural. Se han realizado trece encuestas sobre la cuestión en estos 36 años. La última es la muy reciente de 2017. A la pregunta de “Dios creó a los seres humanos en una forma muy similar a la actual en algún momento durante los aproximadamente últimos 10.000 años” responden, recuérdese que eso acaba de realizarse en el año 2017, que están de acuerdo el 38% (en 1982, el 44%). A la pregunta “Los seres humanos se han desarrollado a lo largo de millones de años a partir de formas de vida menos avanzadas, pero Dios guió ese proceso” contestaron afirmativamente 38% (en 1982 era el mismo porcentaje de 38%). Y a la pregunta “Los seres humanos se han desarrollado a lo largo de millones de años a partir de formas de vida menos avanzadas, pero Dios no tomó parte en ese proceso” responden que sí el 19% (9% en 1982). Es decir, nada más ni nada menos que el 76% está de acuerdo en explicaciones sobrenaturales y solamente el 19%, una cuarta parte exacta, está de acuerdo con la explicación que dispone de una abrumadora evidencia empírica (un 5% no respondió a la encuesta de 2017). Esta es la “base social” que da cobertura a gente como Diana Douglas. Y actuaciones como la del departamento de educación del estado de Arizona refuerzan que esta “base social” se mantenga y aún se refuerce.


John Milton defendió hace ya casi cuatro siglos que había que dejar lidiar la verdad con la falsedad porque la primera nunca sería vencida por la impostura en liza libre y abierta. Quizás hoy, a la vista de, entre otras realidades poco gratificantes, las encuestas Gallup a las que me he referido, John Milton tendría una opinión no tan esperanzadora sobre el triunfo de la verdad. Poco podía imaginarse que creacionistas, religiosos, posmodernos y relativistas de todo tipo la pusieran constantemente en duda a principios del siglo XXI. Con la impostura campando a sus anchas.
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[1] Jesús Mosterín y Roberto Torretti, Diccionario de lógica y filosofía de la ciencia, Alianza, 2002, p. 556.
[2] Para un resumen en Sin Permiso, véase: http://www.sinpermiso.info/textos/el-diseo-inteligente-dios-y-la-tetera-orbitante

 

31/05/2018

Publicado enSociedad
Jueves, 17 Mayo 2018 05:42

La fracasada obsesión del todo total

La fracasada obsesión del todo total

Managua es una ciudad extraña gracias a las imposturas oficiales, que bien podemos llamar mesiánicas, y que han buscado alterar de manera artificial el paisaje. Pongamos por caso, en primer lugar, los árboles de la vida, o arbolatas como han sido bautizados por el ingenio popular, artefactos de fierro de gran altura y peso sembrados en calles, rotondas y avenidas por docenas.


Precisamente, abro mi novela Ya nadie llora por mí, con la visión de ese bosque hechizo. Mientras el inspector Dolores Morales recorre en su viejo Lada la carretera a Masaya, llegando a la rotonda Jean Paul Genie, él, y el lector, se enfrentan a esos adefesios coloridos y retorcidos:


“Las estructuras metálicas de los árboles de la vida poblaban el camellón central y los espaldones de la carretera formando un bosque inmenso y extraño, los arabescos de sus follajes amarillo huevo, azul cobalto, rojo fucsia, violeta genciana, verde esmeralda, rosa mexicano y rosado persa, alzándose entre la maraña de rótulos comerciales…”


En una nueva novela, en la que tuviera que describir el mismo paraje urbano, ya no contaría con la visión de esos árboles, pues durante las demostraciones populares del mes de abril, encabezadas por jóvenes estudiantes, de los cuales cerca de 50 perdieron la vida bajo las balas de la policía y de fuerzas paramilitares, muchos fueron derribados entre clamores triunfales. Según los videos que registran las escenas, los muchachos sembraban plantitas de árboles verdaderos en el lugar donde habían estado las monstruosas estructuras.


Pero aún quedan bastantes en pie, aunque siguen cayendo. Mucho se ha especulado sobre el significado esotérico de estos árboles sin vida, que provienen aparentemente de una tradición muy antigua, y según lo que puede leerse, siempre tuvieron una sacerdotisa encargada de su culto. Es sabido que protegen a quienes ejercen el poder de las acechanzas malignas de sus enemigos. Un antídoto eficaz, se lee en alguna otra parte, contra el mal de ojo.


La pretensión de controlar la estética urbana, arruinándola, es parte de la obsesión desmesurada de controlar el todo, o controlarlo todo, algo que parece sacado del mundo orwelliano pero más asfixiante aún. De esa agresión contra el paisaje, volviéndolo disparatado y miserable, son parte los árboles, pero también las gigantografías de la pareja presidencial renovadas periódicamente, y que se multiplican también, vigilantes, e ineludibles a la mirada.


Es la misma voluntad que controla los colores que debes ver, una gama caprichosa y arbitraria que empieza con el rosado chicha, colores que se muestran, agresivos, en las múltiples banderolas alrededor de los monumentos, las paredes de los edificios públicos, muros y bordillos de aceras. Y hasta la tipografía. Hay un tipo único de letra que debe usarse para los encabezados de los membretes de gobierno en circulares, comunicados de prensa, cartas y sobres, que se alterna con la caligrafía de la primera dama, su letra inscrita también hasta en los billetes de lotería. Y un distintivo más, obsesivo como pocos, es la @ para marcar de una vez el masculino y el femenino en esos mismos documentos.


No sólo es lo visual total. También machaca sin tregua la música que resuena por los altoparlantes en las plazas en cada celebración de la liturgia oficial, una mezcla de viejo rock de los años sesenta y baladas que van de los Beatles a Janis Joplin y Bob Dylan, una nostalgia malversada, y en lo total entra la coreografía y tramoya de esos actos, puestas en escena entre folclóricas y sicodélicas en las que no faltan montañas de flores. Y, por supuesto, las consignas, creaciones poéticas de notable extravagancia unas veces, y otras fruto del saqueo de las oraciones, letanías y lemas católicos.


La obsesión por apropiarse de las oraciones, como parte de la estrategia del todo total, no dejó por fuera las celebraciones religiosas mismas, empezando por las de la Virgen María del mes de diciembre. Costosos altares, erigidos por decenas a lo largo de la avenida capitalina que hoy se llama De Chávez a Bolívar, a cuenta de las instituciones públicas, entraron a competir con los que cada familia levanta por tradición en sus casas. Recién pasadas las últimas elecciones presidenciales se leía en cada uno de esos lujosos altares una consigna sacada de un novenario a la Virgen: ¡Victoria, victoria, María triunfó!. La que había triunfado era la Virgen, convertida en valedora del partido oficial.


Hoy, quizás en castigo a la infidelidad de los obispos, que han condenado las masacres contra los estudiantes y exigen un nuevo orden democrático, el cambio de sintonía religiosa ha sido hacia la Iglesia neopentecostal, y los empleados públicos son convocados en cada dependencia a cultos de oración y alabanza, que también se realizan en las rotondas de la ciudad. Los policías antimotines, antes de su jornada diaria, deben rezar estas alabanzas de rodillas en el patio de maniobras de sus cuarteles, según puede verse en los videos que circulan profusamente en las redes sociales.


La gente se ha revelado contra esta imposición de controlar el todo, que empieza, por supuesto, con la democracia, la libertad de palabra y demás libertades públicas. Al controlar el todo, lo que se ha pretendido es crear un vacío lleno de silencio y de miedo. Y el silencio y el miedo se han roto. Se ha resquebrajado el todo total, que enseña fracturas irreversibles.


Y como en ese guión del todo total nunca cupieron los colores de la bandera de Nicaragua, ahora se han vuelto subversivos. Corren a borrarlos donde la gente los pinta sólo para que vuelvan a aparecer de nuevo. En las marchas, lo que se ve es una oleada de banderas azul y blanco.


En las redes cuenta un ciudadano que en un alto, mientras conducía, tomó la bandera que un niño le ofrecía, pero como el semáforo cambió a verde tuvo que avanzar. Luego de regreso, lo buscó y quiso pagársela.


–No señor –fue la respuesta del niño–. La bandera no se vende.


Masatepe, marzo 2018
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AL: ascenso electoral del conservadurismo evangélico

Un espíritu recorre América Latina, el del conservadurismo evangélico. No es el único espíritu que peregrina por el continente, pero sí uno que tiene atractivo creciente para considerables porcentajes de la población latinoamericana.

Con distintos ritmos y logros a lo largo de América Latina, en unos países con mayores éxitos que en otros, pero el discurso político-electoral de líderes evangélicos está cautivando las mentes y corazones de los votantes. Y lo está haciendo más allá de sus propios terrenos y población que se identifica como protestante/evangélica, lo que posibilita al evangelicalismo conservador acceder a esferas del poder que hace pocos años eran inimaginables.

Entre la comunidad interesada en comprender por qué crecía el protestantismo en poblaciones que antes no habían mostrado interés por dicha propuesta religiosa, despertó controversia una obra publicada en 1990, la de David Stoll, Is Latin America Turning Protestant?: The Politics of Evangelical Growth (University of California Press). Intensificó la discusión el análisis de David Martin, especialista en cambio religioso y sus efectos sociales, con su libro Tongues of Fire. The Explosion of Protestantism in Latin America (Basil Blackwell Limited, Oxford, United Kingdom, 1990). Los autores concordaban en el rápido crecimiento del protestantismo de corte evangélico, pero cada uno hizo su propia evaluación del fenómeno, con puntos coincidentes y divergentes. Autores latinoamericanos o residentes en algún país del continente hicieron aportes para, desde distintas perspectivas, responder a la pregunta de por qué se estaba extendiendo el protestantismo en América Latina.

Se levantaron varias interrogantes, entre ellas: ¿al cambio religioso le acompaña un cambio cultural y social modernizador?, ¿el protestantismo que se reproduce vertiginosamente consolida valores democráticos?, ¿acaso fortalece la creación de ciudadanía, entendida ésta como defensora de sus derechos en una sociedad diversa y que al mismo tiempo respeta otras identidades y convicciones éticas?, ¿y qué de la laicidad del Estado, lo vigoriza o actuará en su detrimento?

En términos generales, el protestantismo que se asentó en tierras latinoamericanas a partir de la segunda mitad del siglo XIX fue el de tipo iglesias de creyentes. Se trataba de construir comunidades de asociación voluntaria, contrastantes con la religiosidad dominante católica romana. En el proceso de enraizamiento las primeras generaciones de protestantes latinoamericanos hicieron causa común con el liberalismo y su objetivo de romper el control católico del Estado, para que las instituciones públicas y las leyes del país dejaran de favorecer a la confesión que durante siglos había sido la oficial y excluyente de otras. En el caso de México, las disposiciones legales liberales de Benito Juárez reconocieron y visibilizaron núcleos protestantes ya existentes y les dieron condiciones favorables para su fortalecimiento.

En las décadas recientes el evangelicalismo mexicano mayoritario ha olvidado, más bien desconoce, los tiempos en los cuales sus antecesores debieron dar la lid, junto con otros sectores, por el reconocimiento de sus derechos. Aquellas generaciones tuvieron claro que la garantía para su existencia y crecimiento era el Estado laico, nunca se propusieron "confesionalizar" al Estado para desde el aparato gubernamental hacer extensivas las propias convicciones espirituales y éticas al conjunto de la sociedad.

Paulatinamente en los liderazgos evangélicos que más han crecido durante las décadas recientes, particularmente el neopentecostalismo, se fue anidando la "tentación constantiniana", consistente en acceder a espacios de poder político para desde el mismo "cristianizar" a la sociedad. Por toda Latinoamérica la creación de partidos políticos evangélicos, o de inspiración evangélica, como en México es el Partido Encuentro Social, es la instrumentalización del "constantinismo" (que deriva su nombre del emperador Constantino el Grande, en el siglo IV) que anhela transformar las sociedades con base en una agenda conservadora y contraria a la diversificación de la sociedad.

¿Es el éxito político-electoral del evangelicalismo conservador, como el reciente caso en Costa Rica, una potente señal de su alcance no nada más entre correligionarios sino, sobre todo, también entre la población no evangélica? ¿O, más bien, el evangelicalismo conservador le hace eco y coincide con posiciones conservadoras ya existentes en la mayor parte de la población, y en consecuencia esta población canaliza su simpatía y apoyo hacia una corriente que expresa claramente valores con los que se identifica?

Lo cierto es que el discurso teológico-político del consevadurismo neoevangélico, muy rudimentario y simplificador en su lectura de la Biblia, convence a importantes sectores de la población hartos del establishment partidista, de una y otra corriente política, que ha fracasado en construir sociedades más justas y esperanzadoras. Es justamente lo que ofrecen los candidatos evangélicos: esperanza en un contexto desesperanzador, y en esto han acertado en su oferta. Pero puede suceder que, como dice la narración bíblica en la cual Esaú vendió su primogenitura por un plato de lentejas, los desesperanzados estén vendiendo su esperanza por un magro plato de soluciones mágicas.

 

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