Sábado, 10 Febrero 2018 06:43

La homosexualidad y las urnas

La homosexualidad y las urnas

Ambos se llaman Alvarado, son periodistas y cuarentones. En la votación de la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Costa Rica, el pasado domingo, el pueblo puso frente a frente en la segunda vuelta a Fabricio Alvarado, del ultraconservador Partido Restauración Nacional (Prn) –con 24,91 por ciento de los votos–, y a Carlos Alvarado, del Partido Acción Ciudadana (Pac, de centro, oficialista), con 21,66 por ciento. Hace apenas dos meses ambos sumaban menos de un 5 por ciento en las encuestas de intención de voto.


Faltando 25 días para la elección estalló el tema que monopolizaría la campaña electoral y que marcó la decisión final de los votantes (la abstención fue del 34,34 por ciento): el matrimonio igualitario y los derechos de las personas Lgbt. El predicador evangélico Fabricio Alvarado, quien hasta ese momento tenía tan sólo 3 por ciento de intención de voto, desconoció la opinión consultiva emitida el 9 de enero pasado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Cidh), favorable al matrimonio homosexual, y que indicaba que Costa Rica debía asegurar el cumplimiento de los derechos de todas las personas, sin importar su orientación sexual. Fabricio Alvarado instó por televisión a la gente a rechazar la opinión de la Cidh mediante su voto en las elecciones: “Hagamos vinculante nuestra opinión, este será nuestro referéndum, el momento definitivo para demostrar que Costa Rica es pro vida y está a favor del matrimonio entre hombre y mujer”.


Pronto el candidato alcanzó el segundo lugar en las encuestas y su ascenso fue imparable. Según el politólogo Rubén Rojas, el apoyo al predicador indica que la sociedad costarricense sigue siendo “sumamente conservadora”.


El gobernante Pac y el emergente Prn medirán fuerzas en el balotaje del 1 de abril, y ambos buscan aliados políticos. Para Restauración Nacional el panorama es más accesible, puesto que los partidos conservadores, y que impulsan la llamada “defensa de la familia”, fueron los cuatro que le siguieron en popularidad en la votación. Paralelamente, el Alvarado oficialista ofreció un “gabinete multipartidista” para derrotar al actual diputado y ganador de la primera vuelta.


Lo que ya está escrito es que el ala progresista en la Asamblea Legislativa se redujo notablemente, frente al auge conservador. Los cinco partidos conservadores tienen, juntos, mayoría en el parlamento, lo cual les permitirá hacer reformas constitucionales: suman 46 diputados, frente a 11 de los dos partidos progresistas, Acción Ciudadana y Frente Amplio.

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Un predicador evangélico gana la primera vuelta de las elecciones en Costa Rica

Fabricio Alvarado se enfrentará en la segunda vuelta al candidato oficialista Carlos Alvarado


El predicador evangélico Fabricio Alvarado ha sido el ganador de la primera vuelta de las elecciones en Costa Rica. El candidato conservador se enfrentará en la segunda vuelta al oficialista Carlos Alvarado tras unos comicios en los que la abstención ha estado cerca del 34%, la segunda cifra más alta para una primera ronda electoral en 60 años.

Con el 80% de los votos escrutados, el resultado está claro: Alvarado, representante del conservadurismo religioso como candidato de Restauración Nacional (RN), logra el primer lugar con el 24,8% de los votos. Lo sigue el aspirante del Partido Acción Ciudadana (PAC) con el 21,6%, casi tres puntos arriba del empresario del Partido Liberación Nacional (PLN), Antonio Álvarez Desanti. En cuarto lugar quedó el abogado Rodolfo Piza (Partido Unidad Social Cristana, PUSC) y en quinto, Juan Diego Castro, el candidato de discurso incendiario que abogaba por la “mano dura” y por la política sin partidos.


Tanto Fabricio Alvarado Muñoz como Carlos Alvarado son periodistas de profesión, pero representan posiciones muy diferentes en el tema que centró el cierre de la campaña electoral: el conservadurismo religioso.


El predicador, de 43 años, representa a grupos “defensores de los valores cristianos” y su adversario, de 38, fue el único que llevó la bandera progresista en la discusión que se desató con el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en favor del matrimonio entre personas del mismo sexo, tres semanas antes de los comicios.


Aunque el ascenso del predicador fue súbito en los días posteriores a ese fallo, la escalada del oficialista se aceleró después, quizás gracias a los cientos de miles de indecisos que las encuestas registraban aún dos semanas antes de los comicios.


La campaña demostró el peso de la tradición religiosa en Costa Rica. En ella se produjo una alianza entre grupos evangélicos y católicos, además de una reconfiguración profunda del terreno político. Es la tercera vez que el país acude a un balotaje (segunda vuelta), pero el primero de ellos en que quedan excluidos los dos partidos que protagonizaron las décadas bipartidistas finalizadas en 2014 con el triunfo de Luis Guillermo Solís (PAC).


Este domingo también quedó definida la composición de la Asamblea Legislativa, marcada por el notable ascenso de la bancada de Restauración Nacional. Su único diputado actual es su candidato presidencial, pero en el período 2018-2022 podría tener hasta 13 escaños, solo superados por el PLN, con 15, según datos preliminares que proyectaban las cadenas de televisión locales.


La tercera bancada sería el PUSC y la cuarta, el PAC, lo que abre interrogantes sobre las negociaciones políticas, sobre todo para enfrentar la crisis fiscal que enfrentará el nuevo presidente de la República.

San José (Costa Rica) 5 FEB 2018 - 18:13 COT

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Viernes, 29 Diciembre 2017 10:37

“Sueño con despatriarcalizar la Iglesia”

“Sueño con despatriarcalizar la Iglesia”

El teólogo brasileño ostenta una enorme ventaja sobre los demás intelectuales que se reivindican de izquierda: vive de forma sencilla, rechaza los oropeles del poder y se ha mantenido alejado de toda institución, incluso de la eclesiástica desde que renunció a la institucionalidad de la Iglesia Católica. Aún discutibles, sus ideas son tan auténticas como el personaje que las enarbola, desapegado de toda pretensión de verdad y superioridad.


Es uno de los más destacados referentes de la izquierda en el mundo. Fundador de la teología de la liberación, teólogo, filósofo y ex sacerdote franciscano, Leonardo Boff estuvo en Montevideo para recibir una distinción de la Fundación Benedetti. En 1985 fue condenado a un año de “silencio” (suspensión a divinis) y apartado de todas sus funciones en el campo religioso por las ideas expuestas en el libro Iglesia: carisma y poder. Ironías de la vida, tres décadas después fue uno de los principales redactores de la encíclica papal Laudato Si (“alabado seas”, en español) con la cual el papa Francisco realiza una crítica frontal al capitalismo y al consumismo como responsables de la destrucción del planeta.


Con Brecha repasó algunas de sus principales propuestas para rejuvenecer la Iglesia Católica, que se pueden resumir en su polémica frase “despatriarcalizar la Iglesia”, que suena casi tan quimérica como la que pronuncia el gobierno boliviano en el sentido de “descolonizar el Estado”. No ahorró críticas a las izquierdas que se corrompieron durante su paso por los gobiernos, pero se mostró esperanzado en un triunfo electoral de Lula en octubre de 2018.


—En los últimos 30 años una porción de nuestros pueblos ha abrazado las religiones pentecostales. ¿Por qué razón se ha producido esta migración?

—Yo creo que la Iglesia Católica ha dejado un vacío, porque tiene una estructura muy piramidal, muy doctrinaria, por lo que no tiene una inserción directa en el pueblo, se ha hecho muy burocrática. Ese vacío ha sido aprovechado por los pentecostales, en particular entre los pobres que tienen necesidades urgentes. Las iglesias tienen una doble función: una religiosa y otra vinculada a los problemas de las familias, el alcoholismo, la violencia, y los evangélicos han dado respuestas a las familias y cohesión social a las comunidades, ya que han creado un sistema de ayuda mutua entre los pobres.
En Brasil hubo hasta 100 mil comunidades de base y hoy tenemos apenas 17 mil sacerdotes, cuando debíamos tener cinco veces más, por eso digo que los católicos hemos fracasado institucionalmente.


—¿Qué sucedió con las comunidades eclesiales de base en este período?
—Eran muy fuertes durante la dictadura militar porque la Iglesia servía como protección social y política. Pero en democracia aparecieron los partidos y los sindicatos, de modo que las comunidades se han hecho más invisibles, siguen existiendo pero no aparecen de un modo tan directo. Las comunidades habían creado una liturgia popular, una iglesia popular, una teología de la liberación vinculada a los más pobres que ahora aparece dispersa.


—Hoy se observa una presencia fuerte de la teología de la liberación sólo en el Movimiento Sin Tierra (Mst), mientras en el Partido de los Trabajadores (PT) y la Central Única de Trabajadores (Cut) esa presencia es más débil.
—Gran parte de los dirigentes del Mst vienen de las comunidades de base, y conservan una dimensión mística, a través de canciones, celebraciones y representaciones en cada reunión, lo que les da mucha fuerza en su lucha. Muchos de ellos vienen de nuestros seminarios y al ser un movimiento nacional les da mucha visibilidad; son los únicos que realizan grandes encuentros que otros movimientos de base no están en condiciones de realizar.


—El coordinador del Mst, João Pedro Stédile, dice que el impacto de la teología de la liberación pertenece a un período en el cual predominaban las familias nucleares y el empleo fijo en la industria, pero ahora predominan las familias donde sólo está la madre y el empleo precario. En las nuevas condiciones sociales los pentecostales parecen responder mejor a las demandas de la población de las favelas.
—Es así. Los evangélicos se focalizan en un evangelio de la prosperidad basado en el Antiguo Testamento e ignoran la opción por los pobres, hacen énfasis en resolver los problemas de forma inmediata con gran destaque en el éxito material. Cuando la población está dispersa, en el sentido de que hay poca organización social colectiva, este tipo de religiones los reúne de nuevo, les da un sentido de vida. Pero es también un reto para la izquierda, para poder trabajar con los excluidos, con los marginados, con los que es necesaria una nueva pedagogía.


—Usted está muy cerca del papa Francisco, incluso ha redactado partes de la encíclica Laudato Si. ¿Cree que Francisco podrá producir un viraje en la Iglesia, sobre todo entre los cristianos de los sectores populares? ¿Conseguirá revertir la influencia conservadora de los papados de Wojtila y Ratzinger?
—Del total de católicos en el mundo, sólo el 24 por ciento está en Europa. El 62 por ciento está en América Latina y los demás en países de Asia y África. El cristianismo es hoy una religión del Tercer Mundo. Creo que Francisco ha fundado una nueva genealogía de papas que vendrán de las nuevas iglesias que se han encarnado en las distintas culturas. Europa hace una oposición enorme porque está acostumbrada a papas faraones, con ritos y ceremonias fastuosas. Francisco es un pastor, no es un doctor. No habla como alguien que enseña y da lecciones, sino que busca abrazarse a la gente para darle esperanzas.
Francisco es muy crítico del capitalismo, como nunca lo ha sido ningún otro papa. Juan XXIII hizo una crítica teórica al capitalismo, pero Francisco hace una crítica concreta, se apoya en los movimientos sociales y denuncia los efectos dañinos del capitalismo. Ha introducido una primavera en la Iglesia con base en la teología de la liberación y la opción por los pobres. Rechaza el asistencialismo de las políticas sociales y defiende cambios estructurales. Creo que este será el camino de la Iglesia en el futuro.


—¿Hay que descolonizar la Iglesia?
—Creo que hay que despatriarcalizarla, desoccidentalizarla, quitarle la arrogancia de tener la exclusividad de la herencia de Jesús. Lo importante es que las iglesias se reconozcan mutuamente y entre todas sirvan al mundo. Hoy el problema fundamental, según Francisco, no es optar por tal o cual iglesia, sino por el planeta, la casa común de la humanidad. Lo más importante es salvar el planeta, porque si no lo hacemos, no hay futuro para ningún proyecto, sea eclesial o social.


—Pero Francisco es heredero de los sacerdotes del Tercer Mundo en Argentina, la corriente a la que perteneció el padre Carlos Mugica, asesinado por la Triple A, que se continúa ahora a través de los curas villeros, con los que tiene gran afinidad y sintonía. ¿En Brasil sobrevive algún sector de la Iglesia en esa misma orientación?
—Tenemos más o menos un millón de grupos que leen la Biblia y la discuten. Un millón de grupos que se reúnen todos los viernes, debaten y sacan conclusiones sobre la realidad del país, con mucha presencia en los colectivos de derechos humanos. Ahí está la vitalidad de la Iglesia y la verdadera teología de la liberación que no está en las cátedras. En mi generación éramos todos profesores y ahora somos los jurásicos del movimiento. El mes pasado nos reunimos en México y comprobamos la vitalidad de los jóvenes, y fue una sorpresa porque ellos trabajan focalizados en los indígenas, las mujeres, los Lgtb, son chicos que van más allá de la opción por los pobres.
Ese es el futuro del cristianismo, no ya el sindicato, sino nuevas organizaciones de base que pueden referenciarse en el PT pero no forman parte del partido.


—¿Qué medidas habría que tomar para despatriarcalizar la Iglesia Católica?
—La primera es abolir el celibato y hacerlo opcional. Tenemos una petición oficial de la Conferencia de Obispos de Brasil en ese sentido, por lo menos en la región amazónica, donde se propone que los casados puedan ser ordenados. La segunda es superar la arrogancia de tener la razón y la tercera es superar el doctrinarismo, la ortodoxia. El diálogo con otras religiones existe, pero siempre en una situación de superioridad con muy poca humildad. Creo que hay que apostar por pequeñas iglesias locales que se organicen en comunidades que se encarnen en las más diversas culturas. La Iglesia debería ser una red de esas iglesias locales y el papa sólo una referencia que va circulando por el mundo para animar a las comunidades.


— ¿Las mujeres tendrían algún papel?
—Los judíos abrieron la posibilidad de que las mujeres sean sacerdotisas y eso es muy bueno. No se trata de que ellas actúen como los hombres, sino que ejerzan como mujeres, con sus modos. El 70 por ciento de las comunidades de base son dirigidas por mujeres y lo hacen mucho mejor que los hombres porque tienen más sensibilidad y espiritualidad. No sólo hay un dios padre, sino una diosa madre. El papel de María nunca fue valorado en la Iglesia Católica.


—Los pentecostales están en una guerra contra las religiones afro, atacan los terreiros porque los consideran diabólicos. ¿Es posible asumir la cultura negra, no para integrarla sino para “negrizar” la Iglesia?
—Una de las cosas buenas de los últimos años es el reconocimiento de que los cultos afro no son ritos sino verdaderas religiones, que tienen sus propias teologías, con liturgias diferentes a las tradicionales de la Iglesia Católica. Son caminos diversos para llegar a Dios.


—En Brasil es evidente que la derecha está a la ofensiva, que están haciendo reformas muy regresivas, con movimientos como Escuela Sin Partido, que pretende incluso borrar la historia de Paulo Freire, con manifestaciones contra la presencia de (la filósofa posestructuralista) Judith Butler y atacando la idea de diversidad sexual. Sin embargo, desde la izquierda no se reconocen errores, no hay la menor autocrítica, toda la culpa de la derrota es de los otros.
—Cuando Lula aceptó hacer un gobierno de coalición con los demás partidos, entró en un proceso de corrupción al asumir la cultura política hegemónica, a través de negociaciones en las que se compran cargos y se ofrece dinero para proyectos. Lo peor es que dejó de lado una articulación orgánica con los movimientos sociales que lo llevaron al gobierno. Hubo un corte entre el Planalto y la planicie (se ríe). Fue el gran error del PT y de todas las izquierdas, se dejó de lado la formación política, los debates y llevaron a muchos dirigentes populares a cargos en el Estado, con lo que se terminaron de vaciar las organizaciones de base.
No realizaron una autocrítica pública, con el argumento de no darle armas al enemigo, pero es un error porque la verdad tiene mucha fuerza y la gente comprende. Hay que ser verdadero, la verdad tiene que triunfar y deben reconocer la corrupción. Esta falta de autocrítica provoca una gran desconfianza y desarticulación en las izquierdas.


—Cuando las izquierdas llegan al gobierno tienden a asumir la cultura de las clases dominantes, como sucedió en Rusia y en China, donde los dirigentes del partido se hicieron millonarios, pero también en Nicaragua. ¿La ética es suficiente para que no te pique la mosca azul de la corrupción, como dice Frei Betto?
—Yo creo que más importante que la ética es la espiritualidad, pero no en sentido religioso, sino como valores no tangibles que implican un nuevo paradigma de habitar la tierra, una sinergia con la tierra para crear una nueva civilización que no esté basada en la competencia sino en la solidaridad.


—Pero esa relación con la vida y la tierra no se encuentra en Occidente, sino que apenas sobrevive entre algunos pueblos indígenas y algunas comunidades negras. ¿No cree que estamos ante una crisis de la civilización moderna, occidental, capitalista?
—Nuestra civilización llegó a su fin. Consiguió todos sus objetivos, que giraban en torno a la dominación de la naturaleza y la vida, y todo eso lo convirtió en negocio, en mercancías, no para mejorar la vida sino para acumular. Por otro lado, nuestra civilización ya no tiene mecanismos para resolver los problemas que ella misma está creando.


—Es un estado de metástasis...
—Por eso la alternativa es cambiar o morir. Creo que quien va a derrotar al capitalismo no seremos nosotros, sino la tierra que empieza a negar las bases sobre las que se produce la acumulación capitalista.


—Podemos considerar a los movimientos sociales como especies de arcas de Noé, donde la parte de la población que los integra se prepara para el colapso civilizatorio y crea las bases para la reconstrucción de la humanidad sobre nuevas bases.
—Las arcas de Noé pueden ser islas y puertos desde donde crear un nuevo tipo de civilización, porque hay que tener claro que vendrá un calentamiento global abrupto que destruirá gran parte de la humanidad, y gran parte de la naturaleza también va a desaparecer. Los que han cambiado de mentalidad no deben reproducir lo viejo, sino crear lo nuevo, superando el antropocentrismo. La crisis actual no es una tragedia, sino un escenario de purificación y de creación.



Señas


Su verdadero nombre es Genésio Darci Boff. Nació en Concórdia (Brasil), en 1938. En 1970 se doctoró en teología y filosofía en la Universidad de Múnich. Ingresó en la Orden de los Frailes Menores, franciscanos, en 1959. Es doctor honoris causa en política por la Universidad de Turín (Italia) y en teología por la Universidad de Lund (Suecia). Es uno de los fundadores de la teología de la liberación, junto con Gustavo Gutiérrez Merino, y ha escrito más de sesenta libros (entre ellos Evangelio del Cristo Cósmico, El despertar del águila, La dignidad de la Tierra y el referido Iglesia: carisma y poder).

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Lunes, 25 Diciembre 2017 08:46

Guerras de religión

Guerras de religión

Francia acaba de vivir un momento de locura mediática y política. Todos los ingredientes están en su lugar para que experimente pronto otros más: desmesura de los comentarios suscitados por una caricatura de prensa; Twitter como herramienta ideal para reaccionar antes de reflexionar y provocar un incendio; combustible perfecto de temas ligados a la religión para que el fuego se propague; demagogia de un político desacreditado, ex primer ministro por añadidura, que cuenta con que un bosque calcinado va a favorecer su resurrección. Y como frutilla del postre, una regla ya probada: todos los temas, hasta el del acoso sexual de las mujeres estadounidenses, desembocan con mayor o menor rapidez en la cuestión de los musulmanes en la República.


Esta gran perturbación no tiene nada de nuevo. El 4 de octubre de 1989, un mes antes de la caída del Muro de Berlín, el islam se instalaba como tema recurrente de enfrentamiento público con el "caso de los pañuelos de Creil". Incesantes y dopadas por la multiplicación de las emisiones de televisión privadas ávidas de clientes, las polémicas de este tipo, por lo demás, podían ser asociadas a la expansión global, bien real, de un islam político conservador entonces poderosamente asistido por Estados Unidos y Arabia Saudita, a tal punto que, durante todo el período del combate contra los soviéticos en Afganistán (1979-1989), la prensa occidental y sus intelectuales mediáticos celebraron la yihad. Y evocaron la relegación religiosa de los afganos como un exotismo cultural casi encantador (1).


Desmesuras


El pugilato que opone a Edwy Plenel y Riss, dos directores de publicación cuyas posiciones coinciden en muchos temas y que, por ejemplo, favorecieron la elección del actual Presidente de la República, oculta ese contexto general sin reemplazarlo por nada esclarecedor. Aprovechando la impulsividad egocéntrica del primero, a tal punto ofendido por una caricatura (injusta) que dedujo de ésta una "guerra a los musulmanes" y comparó su propia tragedia con la de los resistentes famosos perseguidos por los nazis, el segundo lo acusó de haber perpetrado un "llamado al asesinato" que "absuelve desde ahora a los que nos matarán mañana" (2). Admisible por parte de un periodista del que muchos de sus compañeros fueron asesinados ante sus ojos dos años antes, esa última desmesura –la expresión "guerra a los musulmanes" de Plenel, a todas luces, tenía valor de metáfora– fue justificada y retomada de inmediato por una gran cantidad de editorialistas que, por su parte, no tenían ninguna tragedia personal como excusa. Hasta hubo un presidente de una asociación antirracista que le confió a Le Figaro, a manera de reproche al director de Mediapart: "Cuando no queda ningún niño judío en las escuelas públicas de Seine-Saint-Denis, es consecuencia del izquierdismo islámico"... (3)


En Francia, las guerras de religión no siempre permanecieron en el estado de metáfora. Una prensa ya desacreditada en gran medida ¿no tendría algo mejor que hacer que preparar la próxima? 

1. Véase Denis Souchon, "Quand les djihadistes étaient nos amis", Le Monde diplomatique, París, febrero de 2016.
2. Riss, "Jamais", Charlie Hebdo, París, 15-11-17.
3. Mario Stasi, presidente de la Liga Internacional Contra el Racismo y el Antisemitismo (LICRA), "Edwy Plenel a tort sur toute la ligne", Le Figaro, París, 16-11-17.

*Director de Le Monde diplomatique.
Traducción: Víctor Goldstein

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Viernes, 24 Noviembre 2017 06:43

Brasil, reserva regional de conservadurismo

Brasil, reserva regional de conservadurismo

El miedo provoca reacciones defensivas irracionales. Todos hemos observado que cuando un avión se menea más de la cuenta, o un autobús amenaza salirse del camino, los pasajeros se persignan, aunque no sean creyentes, o se aferran a algún objeto, incluso a personas cercanas con las que nunca tendrían contacto físico. En efecto, el miedo nos lleva hacia actitudes extremas.

Días atrás en la ciudad de Brasilia escuché, en diferentes espacios, un relato que me dejó perplejo. Una madre salía del cine abrazada a su hija, en un shopping lujoso de clase alta. Fueron golpeadas porque las confundieron con lesbianas.

Días después, la feminista Judith Butler fue acosada y violentada en un aeropuerto de Sao Paulo por su "ideología de género". Se realizó una manifestación en su contra, y otra en favor, se juntaron más de 300 mil firmas para impedir su conferencia y se sucedieron varias acciones agresivas.

Cuando se escuchan los argumentos de los detractores, aparece el miedo en primer plano. "El sueño de Judith Butler: destruir la identidad sexual de nuestros hijos", podía leerse en uno de los carteles. "Hombre es hombre, mujer es mujer. No aceptamos que se difunda la idea de que un niño puede ser una niña. Y viceversa. Porque biológicamente es imposible", dice un texto difundido por WhatsApp.

Los conservadores, agrupados en el Movimiento Brasil Libre (MBL) y en la Escuela Sin Partido, consiguieron que se retirara un anuncio de jabón en la televisión, que decía: "Vamos a reflexionar. Jugar a las casitas es cosa de niñas. Montar en patineta es cosa de niños. Esas reglas parecen cosa del pasado, ¿verdad? Deje a su hijo saltar y explorar con libertad" (goo.gl/qqFrSm).

El vocablo "fascista" viene rápidamente a la mente para dar cuenta de semejante intransigencia, sumada a una ignorancia rayana en la estupidez. Sin embargo, tiene escasa utilidad para comprender a esOs señores y esos jóvenes que realmente sienten miedo, y asco, ante la posibilidad de que sus hijas sean lesbianas o sus hijos gays. O que opten por sexualidades que, sencillamente, no comprenden como transgénero, transexual o intersexual, que van más allá del binarismo homo/hetero.

No conozco a nadie que tenga hijos e hijas, que nunca haya sentido preocupación ante la posible opción sexual heterodoxa de sus hijos-hijas, aunque esté predispuesto a apoyarlos. Aceptarlos supone un trabajo interior que muchas personas no están dispuestas a realizar, porque implica desprenderse de valores, juicios y sobre todo prejuicios. Lo que quiero reflexionar es porqué personas comunes adoptan esas actitudes, más allá de las usinas ideológicas que las difunden.

Me parece importante, además, intentar comprender porqué Brasil se ha convertido, aquí y ahora, en un reservorio de conservadurismo que puede ser tan intenso como para influir en toda la región sudamericana, con la misma fuerza que una década atrás influyeron las propuestas de integración regional y el proyecto de convertir a Brasil en potencia global.

Encuentro tres problemas a debatir.

Uno, la enorme desigualdad existente en Brasil, el país más desigual del mundo. El 1 por ciento acumula entre 25 y 30 por ciento de la renta, y eso se ha mantenido sin cambios a lo largo del tiempo, de modo que la desigualdad se ha naturalizado en una sociedad donde, además, el ascenso social históricamente ha estado reservado a los ricos, blancos y varones con formación académica.

Dos, el colonialismo y el racismo, que son el núcleo duro de la desigualdad. Algo más de la mitad de población, 100 millones de personas, se consideran negros y negras. Ocupan los escalones más bajos de la pirámide de ingresos, viven en los barrios más precarios (en general en favelas) y tienen los puestos de trabajo menos cualificados y precarios.

El colonialismo nunca terminó en Brasil. Más aún, se viene reforzando con el modelo económico de acumulación por desposesión/guerra contra los pueblos, ya que excluye a la mitad de la población que no tiene derechos, sólo son beneficiarios de programas sociales.

Tres, el pentecostalismo y el narcotráfico refuerzan las tendencias anteriores y, además, defienden un patriarcado fundamentalista, con la intención de retrotraer las relaciones sociales al siglo XIX.

Narcos y pentecostales atacan la cultura negra para disciplinar a los más pobres, que encuentran en las religiones de origen africano formas de relacionarse sin mediaciones, horizontales y con cierta autonomía en espacios propios, como los terreiros. En apenas cinco años las denuncias por "intolerancia religiosa" crecieron 4 mil 960 por ciento, de 15 en 2011 a 759 en 2016 (goo.gl/5B6xPZ).

La mayoría son ataques a terreiros umbandas y candomblé, siendo la Baixada Fluminense (13 municipios pobres del estado de Río de Janeiro) uno de sus objetivos. Los traficantes y los pentecostales se han convertido en la nueva inquisición. Los evangélicos figuran entre los que participan en mayor porcentaje en las agresiones.

La alianza entre pentecostales y narcos se está fraguando en las prisiones, algo casi invisible para los analistas académicos. La Iglesia Universal del Reino de Dios marcha a la cabeza, ya que firmó acuerdos para reformar o construir templos en 51 prisiones. Según sus datos, ella sola atiende a 80 por ciento de la población carcelaria del país (medio millón de personas, más sus familiares), ofreciendo cursos, "realizando un trabajo de resocialización" para los presos y las familias, en lo que no pocos denominan como "tráfico evangelizado".

Además, la crisis económica, el consumismo y el ascenso de nuevas clases medias (que necesitan diferenciarse de los más pobres/más negros) crearon un coctel devastador en las relaciones sociales.

No alcanza con denunciar que "alguien" está planificando una alianza narco/evangélica/patriarcal para amarrar a los pobres con las cadenas de la dominación. Debemos preguntarnos: ¿Recuerdan cuando los militantes hacíamos trabajo en las cárceles, en las favelas, con los enfermos mentales y los consumidores?

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Miércoles, 08 Noviembre 2017 06:29

El protestantismo global 500 años después

El protestantismo global 500 años después

Los números del protestantismo global muestran peculiaridades y sorpresas. Al cumplirse 500 años del movimiento iniciado por el monje agustino Martín Lutero han tenido lugar distintas conmemoraciones, festividades, análisis críticos y ejercicios de valoración sobre las transformaciones culturales que trajo la consolidación del protestantismo en distintas regiones y países.


La directora asociada de investigación religiosa del Centro de Investigación Pew, Neha Sahgal, dio a conocer en el artículo “500 years after the Reformation, 5 facts about Protestants around the world” (500 años después de la Reforma, cinco hechos sobre los protestantes alrededor del mundo), datos acerca del estado cuantitativo del protestantismo global. Es importante señalar que en otro reporte el Centro Pew definió que usa el concepto protestante: en un sentido amplio para hacer referencia [a integrantes] de las iglesias protestantes históricas (por ejemplo, bautistas, adventistas del séptimo día, metodistas, luteranos o presbiterianos), miembros de iglesias pentecostales (por ejemplo, Asambleas de Dios, Iglesia Pentecostal de Dios o Iglesia Evangélica Cuadrangular) y miembros de otras iglesias protestantes.


El primer hecho es que dentro de lo que llama las mayores tradiciones cristianas alrededor del mundo, el protestantismo representaba a fines de la primera década del siglo XXI, 37 por ciento, mientras el catolicismo aglutinaba 50 por ciento y la cristiandad ortodoxa 12 por ciento. Recuerda que el protestantismo nació en Alemania, y actualmente casi nueve de cada 10 (87 por ciento) de protestantes viven fuera de Europa, particularmente en países que integran el sur global. Hay más protestantes en Nigeria que en Alemania.


El segundo dato apunta hacia que la población adulta protestante en Estados Unidos está declinando. Pasó de 51 por ciento en 2007 a 47 por ciento en 2014. El declive es mayor entre quienes se identifican con las conocidas en inglés como mainline protestant denominations, entre las cuales Neha Sahgal incluye a la Iglesia metodista unida y la Iglesia evangélica luterana de América. De la población adulta en Estados Unidos en 2007 se identificó protestante 18 por ciento, en 2014 lo hizo 15 por ciento. Mientras el protestantismo de la corriente principal pierde adeptos En Estados Unidos, los adultos del país sin afiliación religiosa pasaron de 16 por ciento en 2007 a 23 por ciento en 2014.
El tercer hecho sobre el protestantismo global revela que su crecimiento en América Latina ha sido muy importante. En América Latina vive cerca de 40 por ciento de católicos de todo el mundo. En 2014 el Centro Pew condujo la investigación Religion in Latin America: Widespread Change in a Historically Catholic Region (Religión en Latinoamérica:

extensión del cambio en una región históricamente católica), en la que fueron estudiados 19 países, entre ellos México. Mientras 9 por ciento respondió que fue formado en una familia protestante, 19 por ciento se identificó al momento del estudio como protestantes, es decir, el número de conversos fue más del doble que el de los provenientes de un hogar protestante. En contraste, 84 por ciento respondió haber sido educado como católico, pero el porcentaje bajó a 69 cuando la pregunta fue si al momento se identificaba con el catolicismo. La pérdida fue de 15 puntos porcentuales. Los protestantes latinoamericanos tienen más compromiso con su confesión religiosa que los católicos, también los primeros son más conservadores que los segundos en temas como divorcio, aborto, matrimonios entre personas del mismo sexo y normas de género.
El cuarto dato señala que dentro del abanico protestante la que tiene mayor crecimiento es la expresión pentecostal. Así como hay varios protestantismos (los hubo desde el mismo siglo XVI) que tienen rasgos comunes pero también singularidades, de la misma manera existen variaciones del pentecostalismo. El énfasis que distingue al pentecostalismo es el de los dones del Espíritu Santo, que comprenden sanidad divina, hablar en lenguas y recibir revelaciones directas por parte de Dios. Éstas son prácticas comunes, observa Neha Sahgal, en África subsahariana, América Latina e incluso Asia. El pentecostalismo es con claridad predominante en el protestantismo latinoamericano, ya que en su seno congrega 75-80 por ciento de los protestantes del continente.


En Europa occidental, el hogar de la Reforma protestante, católicos y protestantes son ahora más similares de lo que son diferentes, al menos en algunas cuestiones teológicas, por ejemplo en cuanto a la forma de tener salvación. En el año que corre la investigación del Centro Pew mostró que en 15 países de la región la visión prevaleciente en protestantes y católicos es que para alcanzar la salvación son necesarias buenas obras y fe en Dios. En resumen, “menos gente responde que solamente la fe conduce a la salvación (Sola fide, en latín)”, ésta última convicción fue el centro del enfrentamiento de Martín Lutero con el catolicismo romano en el siglo XVI.
Los datos glosados son útiles para comprender las diversificaciones de los protestantismos quinientos años después del sismo religioso y cultural encabezado por Lutero.

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El Papa Francisco

 

Un centenar de religiosos y académicos de distintos ámbitos han firmado una carta en la que acusan a Bergoglio de "propagar herejías" por abrir la puerta de la Iglesia a los divorciados vueltos a casar

A ellos se ha sumado el que fuera prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Müller, que le ha reprochado "actitudes marxistas"

 

Lo sectores más ultracatólicos redoblan el ataque contra el Papa Francisco. Y esta vez lo han hecho uniéndose. Alrededor de un centenar de religiosos y académicos de distintos ámbitos han publicado una carta en la que acusan a Bergoglio de "propagar herejías" y le piden que se retracte de la exhortación que emitió en abril de 2016 y en la que abría la puerta de la Iglesia a los divorciados vueltos a casar y abogaba por "una mayor misericordia" ante personas homosexuales o parejas no casadas por la Iglesia.

Entre los firmantes de la misiva titulada en latín Correctio filialis de haeresibus propagatis – Una corrección filial ante la propagación de herejías–, destacan intelectuales como el expresidente del Banco Vaticano, el economista Ettore Gotti Tedeschi, o el líder del movimiento ultraconservador de los lefebvrianos. En ella, los firmantes acusan al Papa de propagar siete posturas heréticas sobre el matrimonio, la moral y los sacramentos en Amoris Laetitia, el documento de Francisco contra el que cargan. No es frecuente que sectores de la Iglesia lancen acusaciones públicas de este tipo contra un Papa y se cree que solo pudo pasar algo similar en el año 1300.

La carta, que según sus autores se ha hecho pública después de que fuera enviada al Papa el pasado 11 de agosto y no obtuvieran respuesta alguna, se divide en tres partes. En la primera, los firmantes justifican su "derecho y deber" de corregir al Papa, como se hace "cuando los pastores de la Iglesia están desviando el rebaño". En la segunda incluyen los párrafos de la exhortación que, en opinión de los firmantes, "insinúan o alientan posturas heréticas". Una interpretación que, aseguran, Bergoglio desea que adopten el resto de católicos.

Entre otras lindezas, acusan al Papa de haber "apoyado la creencia de que la obediencia a la Ley de Dios puede ser imposible o indeseable, y que la Iglesia debería, a veces, aceptar el adulterio como un comportamiento compatible con la vida de un católico practicante". Por último, acusa al modernismo y a Lutero de esta crisis. Así, subrayan como el fraile agustino "tenía ideas sobre el matrimonio, el divorcio, el perdón y la ley divina que se corresponden con aquellas que el papa ha promovido". La misiva concluye exigiendo al Papa que "condene estas herejías" que "ha sostenido de manera directa o indirecta".

 

 

El Papa responde

 

Esta vez las acusaciones sí han recibido una respuesta de Francisco, aunque indirecta. La revista de la Compañía de Jesús, La Civiltà Cattolica, ha publicado íntegro el diálogo que mantuvo con un grupo de jesuitas durante su reciente visita a Cartagena de Indias (Colombia). Durante el mismo, Bergoglio se sinceró: "Debo decir una cosa, en justicia y también por caridad, porque escucho muchos comentarios –respetables porque los dicen hijos de Dios, pero equivocados– sobre la Exhortación apostólica postsinodal".

"Para entender Amoris Laetitia hay que leerla de principio a fin", solicita el Papa, quien niega con vehemencia que la moral de este documento no sea "una moral católica o, al menos, que no es una moral segura". Entre la jerarquía, ha sido el secretario de Estado vaticano, Pietro Parolin, el que ha llamado a los críticos a la "sensatez". "Uno debe razonar y encontrar formas de entendernos mutuamente", ha apuntado.

 

 

"Una operación contra Francisco"

 

Más duro ha sido el teólogo y secretario especial del Sínodo de la Familia, Bruno Forte, quien se ha referido al documento "anti Bergolio" como "una operación contra el Papa y contra la Iglesia". En opinión la exhortación "responde a una pregunta pastoral –si los divorciados vueltos a casar pueden comulgar– perfectamente legítima y evangélica, basada en la caridad". Por ello, considera estas acusaciones como un "ataque grave e instrumentalizado". Aún así, el prelado indica que se trata de "la expresión de un grupo absolutamente minoritario que no ha captado el mensaje de fondo".

A la unión de los ultracatólicos se une la pugna que los cardenales pertenecientes a este sector mantienen desde hace un año. Fue entonces cuando enviaron un documento, denominado Dubia, en el que los purpurados pedían una serie de aclaraciones a Bergoglio por la exhortación.

Los cuatro purpurados amenazaban que, en caso de que el Papa no les contestase, harían oficial una 'Corrección filial', una suerte de 'moción de censura' contra el Obispo de Roma, sin precedentes en la historia de la Iglesia. Como se esperaba, Francisco dejó sin responder las preguntas de los ultras. Un año después, dos de estos cardenales –Caffarra y Meisner– han muerto, pero Burke y Brandmuller continúan operando entre los sectores más conservadores para frenar lo que consideran una "herejía" que puede llevar a un "cisma" en la Iglesia católica.

A ellos se les ha sumado recientemente quien fuera prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (heredera de la Inquisición), el cardenal Gerhard Müller, quien esta semana ha acusado al Papa Francisco de "actitudes marxistas" y le ha convocado a un "debate público".

Müller está convencido de que, aunque el Papa merece "un respeto pleno", los críticos "honestos" también "merecen una respuesta convincente". El purpurado cree que el debate formal puede ser una manera de promover lo que la Iglesia realmente necesita en esta coyuntura: es decir, "más diálogo y confianza recíproca", en vez de "polarización y polémica".

 

 

Publicado enInternacional
Isabel Sastoque
 

El 13 de marzo de 2013 fue designado Jorge Mario Bergoglio obispo de Roma, Sumo Pontífice de la Iglesia católica y monarca de la ciudad del Vaticano. Aparentemente es un hombre inescrutable, sus propuestas sorprenden a muchos y les parece imposible creer que un Papa tome ciertas actitudes. Otros colegas tratan de entender su pontificado desde la lógica de su gestión como arzobispo de Buenos Aires. Es lo más equivocado; en la Iglesia católica, y particularmente los jesuitas, no pueden entenderse como personas en particular, sino como hombres que se han dado a la Iglesia y que desarrollan sus estrategias y comportamientos en función de su posición estructural, no en forma vacía y formal, sino en la perspectiva de desarrollar un proyecto institucional que beneficie a la Iglesia y la saque de la encrucijada y la parálisis.

 

Con este propósito la Compañía de Jesús fue fundada en el siglo XVI, y si hoy fue designado el primer Papa originario de ella es porque los cardenales del cónclave estaban convencidos de que la situación era gravísima y que la curia romana estaba llevándola a la descomposición y el fracaso más notables. Era evidente que los cardenales sabían que la mafia de la curia había obligado a Benedicto XVI a renunciar y que esta era la última oportunidad. Lo extraordinario era ver a un jesuita que viene casi del fin del mundo, del Sur, que no fuera europeo y menos italiano. 

 

El diagnóstico

 

Es evidente que Francisco se comporta como un general en operaciones y tiene claro que el problema central es restituir la Iglesia a sus funciones esenciales; si no piensa en su espiritualidad  “se convierte en una ONG”; para eso plantea el regreso a los fines doctrinarios con que fue fundada. Francisco se propone volver a los orígenes y transformar la institución. La mayor prioridad es rescatarla de los oportunistas, incrédulos, mafiosos e incluso apóstatas (incrustados) que se refugian en el formalismo, el sacramentalismo y el clericalismo para sus propios fines personales y de camarillas. En esta perspectiva convocó a las “periferias” de la institución, que han sido marginadas por las estructuras burocráticas que van hacia la obsolescencia y el lucro particular, que no les importa que la Iglesia se hunda y solo están interesadas en sus lujos y prebendas.

Para eso llamó a las mujeres, a los niños, a los jóvenes, a los hombres de buena voluntad, a los marginados, los pobres, los indígenas, los trabajadores, los campesinos y las personas honestas que quieren vivir en un mundo justo, equitativo y en busca de un servicio a los que más sufren. Dentro de la Iglesia convocó a las religiosas, religiosos y a los sectores “sanos” (a los que denomina santos) del clero diocesano (y la propia curia) que están hartos de los comportamientos de las mafias burocráticas. Mirar al pasado, entender el presente para construir el futuro, un nuevo futuro, la concreción de la utopía cristiana, desarrollar y realizar una utopía posible (1).

 

De quiénes toma Francisco sus estrategias

 

En términos generales los analistas han coincidido en que Francisco aplica el concepto de Teología del Pueblo desarrollado por los teólogos Lucio Gera, Rafael Tello, Justino O’Farrel, Juan Carlos Scannone y Carlos María Galli, quienes sustituyen los conceptos de lucha de clases de la Teología de la Liberación de los setenta del siglo pasado por los de pueblo y antipueblo, de alguna manera la opción preferencial por los excluidos y no la opción preferencial por los pobres de la Teología de la Liberación. Este sería el marco teórico; otra pregunta es qué fuentes inspiran a Francisco para sacar adelante sus tácticas y propuestas.

Mis hipótesis de trabajo se remiten a la influencia de las obras de ciertos antropólogos y psicólogos sociales que publicaron en castellano ciertas obras, y que en la década de los setenta del siglo pasado fueron leídas por Bergoglio y le permitieron definir sus tácticas tan novedosas y desconcertantes, tanto para sus oponentes como para sus aliados. Esas tácticas y estrategias le permitieron desarrollar una hoja de ruta que lo llevaría de ser un joven provincial de los jesuitas al anhelo oculto de todo sacerdote: ser Papa. “Cada soldado lleva en su mochila un bastón de mariscal”, decía Napoleón Bonaparte.

En el momento de ser elegido Papa, Bergoglio era el único cardenal jesuita con derecho a voto, los otros ya eran eméritos. Nuestro hombre conocía perfectamente las reglas del juego: “El que viaja a Roma de Papa, regresa Cardenal”. En 2005, ante la muerte de Juan Pablo II, los periodistas argentinos buscaron a Bergoglio afanosamente, no estaba en ninguna parte, horas más tarde llegó a la catedral y les dijo a los periodistas, asombrados, que estaba dando una misa en una villa miseria y que había dado orden a su secretaria de que no lo interrumpieran, que no tenía nada que declarar y que iba a Roma porque lo obligaban, que si era por él no iba. Más adelante se supo que salió en segundo término frente a Ratzinger y que, ante el empate estratégico –aquel no llegaba a los dos tercios y a él no le alcanzaba–, decidió declinar para que quedara quien fue Benedicto XVI. Fue de Cardenal y volvió Cardenal; en 2013 iría de Cardenal y ya no regresaría.

Cabe recordar que Bergoglio, como muchos argentinos, puede leer y hablar en italiano y en piamontés, que se hablaban en su casa, y en la calle el castellano del Río de la Plata. Pero, al igual que muchos argentinos, el inglés no es su fuerte.

En esa década, Bergoglio fue uno de los provinciales más jóvenes de los jesuitas y todavía tenía “tiempo para leer”. No podemos olvidar que los jesuitas están reputados como los intelectuales de la Iglesia, fundados para enfrentar las novedades de la Reforma en la Iglesia católica europea. La primera obra que evidentemente leyó fue un texto que hizo furor en la Argentina entre 1972 (primera edición), 1973 (segunda edición), 1974 (tercera edición) y tengo en mis manos la reimpresión de enero de 1975, Las tácticas de poder de Jesucristo; sería imposible creer que un miembro de la Compañía de Jesús no lo leyera. Allí, el psicoanalista y antropólogo Jay Haley de la Escuela de Palo Alto, Santa Bárbara, California, se propone analizar a Jesús como político. 

La Escuela de Palo Alto trabaja sobre los márgenes, los límites y no sobre los núcleos. En la misma antología incluye otros ensayos, por ejemplo, “El arte de fracasar cómo terapeuta” y “El arte de ser esquizofrénico”. Explica que hay muchos libros sobre cómo ser un buen terapeuta o una persona sana mentalmente; nuestro autor, por el contrario, lo orientará hacia lo opuesto, qué hacer para fracasar, para que entonces pueda proceder en forma madura e informada. Esa propuesta suena también muy bergogliana. Concuerda con el consejo que dio a los matrimonios: “Tírense con los platos, pero no dejen de perdonarse”, propuso el 4 de octubre de 2013.

Volviendo a Jesús como político, Haley lo considera el primero que dos milenios antes de Marx, Mao Tse Tung, Fidel Castro y otros vislumbró el papel histórico y político de los pobres. “Fue un individuo que ideó por sí solo la estrategia de una organización y que conservó un poder absoluto durante muchos siglos, perdiéndolo sólo después de una violenta lucha” (2) . Esto lo logra mediante la “táctica del hombre solo”, “haciéndose conocer como una autoridad que aportaba ideas nuevas, al mismo tiempo que lo presentaba como ortodoxia estricta” (3) . “Atacó a los líderes del establishment en forma hábil y sistemática, centrando su ataque en la doctrina religiosa ya existente. Dijo que se desviaban de la religión verdadera y al mismo tiempo se erigió en autoridad de la misma”. Para legitimarse se creó una reputación como curador, pero además puede posicionarse mediante “audaces ataques personales, si el hecho trasciende ampliamente”, como cuando insultó a los líderes religiosos o expulsó a los mercaderes del templo. Pero el mayor aporte táctico de Jesús es la “táctica del vencido”, procedimiento empleado por los débiles frente a los poderosos. Eso es precisamente lo que aplicó Francisco desde el primer minuto que fue designado Papa; se presentó ante el pueblo romano allí congregado como simplemente el obispo de Roma, sin mayores adornos, con sus viejos zapatos negros gastados por el uso, y pidió humildemente que “recen por él”. 

Luego aclaró que él mismo saca brillo a sus zapatos, inmediatamente salió a relucir que dejó de lado la lujosa residencia arzobispal, que vivía modestamente en unos cuartos de la catedral y que se desplazaba en transporte público. Que salía a la esquina a comprar el periódico todos los días. Para que quede claro que no se le subió el cargo, se presentó personalmente a pagar su alojamiento de antes de entrar al cónclave y acude periódicamente a una óptica para encargar sus anteojos; que además exige que le cobren, paga en efectivo y, eso sí, pide que utilicen los marcos de los anteriores, solo las lentillas son nuevas. Es ahorrativo como buen hijo de piamonteses, que en Italia tienen fama de cuidar meticulosamente el gasto. Él mismo se sirve los alimentos en la residencia de Santa Marta, donde se quedó a vivir, descartando la residencia pontificia. Lo mismo hizo con la residencia veraniega de Castelgandolfo, que piensa transformar en museo. Implantó el modelo senciyito (sencillito, hacemos énfasis en el habla del castellano del Río de la Plata).

Francisco inauguró su pontificado definiendo al enemigo: “La cultura del descarte”, que deja fuera a los jóvenes y a los viejos. Con ese simple movimiento trata de incluir (y rescatar) a la mitad de los que se están yendo de la Iglesia. Simultáneamente, condenó al lobby gay en la Iglesia (6 de junio de 2013), una metáfora misericordiosa para referirse a las bandas de pederastas y sus protectores, aliados con los monseñores involucrados en el lavado de dinero. “No se parece a la beata Imelda”, aclaró refiriéndose a la detención por la policía fiscal italiana (evidentemente avalada por la Santa Sede) de monseñor Nunzio Scarano, acusado de traer en una avioneta desde Suiza 20 millones de euros en efectivo (junio de 2013). Pero trata de no ser homofóbico y, simultáneamente, deslinda, y en la aclaración condena, que ser gay es un pecado y pederasta un delito. Vuelve a deslindarse: “¿Quién soy yo para juzgar a los gays?”, siendo el primer pontífice que pronuncia esta palabra y, a la vez, abriendo amplios espacios para este sector, cuya presencia en la Iglesia es evidente (y numerosa). Este trabajo desde los márgenes mantiene a Francisco siempre en los límites: caminando en el filo de la navaja.

Otra novedad que aplica en su estrategia de renovar la Iglesia es la apertura de numerosos frentes de conflicto con los grupos conservadores que quieren una sola línea institucional; por lo contrario, es consciente de que la Iglesia es plural y multicultural, que es “un modelo de estructura segmentaria, donde los distintos fragmentos de la estructura se mantienen cohesionados por un sistema de equilibrio dinámico inestable” (4) y que debe dar juego a todos los sectores.

Asigna nuevos lugares a las mujeres, crea una comisión para “explorar” el diaconado femenino, los diáconos permanentes casados, el diaconado indígena de la Teología India, reivindica a Gustavo Gutiérrez y la Teología de la Liberación a la vez que hace guiños al Opus Dei y a los lefebvristas, más los integrantes de la Comisión de los 9 para reformar la Iglesia, sin descontar la discusión sobre el sacramento a los divorciados vueltos a casar y un largo etcétera. Dicha estrategia es una aplicación práctica de los libros de un conocido político argentino, Juan Domingo Perón, que adaptó las teorías de la guerra de Carl von Clausewitz, quien ve la guerra como prolongación de la política por otros medios. Invirtiendo el sentido del texto, se puede definir una táctica para la confrontación política. Von Clausewitz planteaba que una batalla que no puede ser ganada no debe iniciarse y que el asunto no consistía necesariamente en tener más tropa que el enemigo, sino que se debía construir una ventaja táctica, como la posibilidad de concentrar fuerzas en un punto que le permitiera romper las líneas defensivas del enemigo. Para eso es necesario obligar al otro a dispersar sus fuerzas para que ofrezcan siempre un punto débil. Eso es lo que hace Francisco, luego va dando los golpes, uno por uno en una situación que su oponente no es capaz de afrontar con éxito en cada caso, creando a su vez una caída de la moral de sus contrincantes que huyen sin confrontarse, ahorrando así las municiones simbólicas, políticas e institucionales.

La otra cuestión es la aplicación de conceptos de la antropología andina y norteamericana de los años setenta. Este quizá sea el aspecto menos entendido de Francisco, porque los actuales sociólogos de las religiones, muy eurocéntricos y que no analizan desde el Sur, están encandilados por los interesantes aportes de Pierre Bordieu y han pasado de un encantamiento del mundo a un desencantamiento del mundo, para luego volver al llamado reencantamiento del mundo, todo eso en veinte años. Las dinámicas culturales y particularmente las religiosas no tienen esa velocidad, y están más ancladas en la larga duración de F. Braudel que en la historia de los acontecimientos (5). Ese error los llevó a predicar la secularización como lo dominante en América Latina, aplicando el modelo europeo de la sociología de la religión, sin darse cuenta de que lo que estaba sucediendo era lo contrario: el desarrollo del pentecostalismo y el evangelismo radical y fundamentalista, sin descontar el crecimiento lento pero significativo de un sector no creyente. Francisco, siendo previsor y consciente de estos cambios, pidió perdón a los valdenses y a los pentecostales italianos por los abusos de los católicos y viajó a Suecia nada menos que para el inicio de los festejos de los quinientos años de la reforma luterana; el hombre de mayor nivel de la Compañía de Jesús, que fue fundada por un militar (san Ignacio de Loyola) para enfrentar precisamente a los luteranos.

Bergoglio parece que hubiera leído otro libro publicado en 1975 en la Argentina, la traducción al castellano de La fe en el siglo XX (6), de la antropóloga norteamericana Margareth Mead. En este texto la autora hace un análisis muy prolijo de las propuestas religiosas de la época; plantea el desfasamiento entre las culturas religiosas de las generaciones mayores y las confronta con las nuevas creencias religiosas o las nuevas formas de fe que practican los jóvenes. Este texto, sorprendentemente contemporáneo, es una respuesta de la antropología de las religiones a las teorías de la secularización europeas. La autora explica con claridad que los jóvenes siguen siendo creyentes a la manera de su propia generación y eso es lo que no entienden sus padres y abuelos. Es evidente que Bergoglio trata de entender estas nuevas formas de creencia y las aplica para revitalizar la Iglesia, en un claro llamado a romper con el anquilosamiento de los tradicionalistas, como incita a la desobediencia constructiva a los jóvenes argentinos en la Jornada Mundial de la Juventud (2013):

“¿Qué es lo que espero como consecuencia de la Jornada de la Juventud? Espero lío. Que acá adentro va a haber lío. Que acá en Río va a haber lío. Pero quiero lío en las diócesis, quiero que se salga afuera… Quiero que la Iglesia salga a la calle, quiero que nos defendamos de todo lo que sea mundanidad, de lo que sea instalación, de lo que sea comodidad, de lo que sea clericalismo, de lo que sea estar encerrados en nosotros mismos.

Las parroquias, los colegios, las instituciones son para salir; si no salen se convierten en una ONG, y la Iglesia no puede ser una ONG. Que me perdonen los obispos y los curas, si algunos después les arman lío a ustedes, pero... es el consejo. Y gracias por lo que puedan hacer.

Miren, yo pienso que, en este momento, esta civilización mundial se pasó de rosca, se pasó de rosca (expresión coloquial argentina, que indica exceso n.a.) porque es tal el culto que ha hecho al dios dinero, que estamos presenciando una filosofía y una praxis de exclusión de los dos polos de la vida que son las promesas de los pueblos. Exclusión de los ancianos, por supuesto, porque uno podría pensar que podría haber una especie de eutanasia escondida; es decir, no se cuida a los ancianos; pero también está la eutanasia cultural: no se los deja hablar, no se los deja actuar. Y exclusión de los jóvenes. El porcentaje que hay de jóvenes sin trabajo, sin empleo, es muy alto, y es una generación que no tiene la experiencia de la dignidad ganada por el trabajo. O sea, esta civilización nos ha llevado a excluir las dos puntas, que son el futuro nuestro. Entonces, los jóvenes tienen que salir, tienen que hacerse valer; los jóvenes tienen que salir a luchar por los valores, a luchar por esos valores; y los viejos abran la boca, los ancianos abran la boca y enséñennos, transmítannos la sabiduría de los pueblos”. 

Un planteo de reconciliación intergeneracional entre jóvenes y viejos, con una estrategia superadora de lo que la misma autora planteaba en Cultura y compromiso. Estudio sobre la ruptura generacional. Publicado también en castellano en la década de los setenta (7). El empleo de este lenguaje coloquial, que definió una gran cercanía con los jóvenes, es criticado implacablemente por la curia y los tradicionalistas, quienes afirman que “parece más párroco que Papa”.

Otros autores muy influyentes son dos jesuitas nacidos en España, uno peruano y el otro boliviano, ambos teóricos de la Teología India y la antropología de las religiones, Manuel M. Marzal, profesor principal de la Pontificia Universidad Católica del Perú (a cargo de los jesuitas), donde dictaba antropología de las religiones, nacido en 1931, cinco años mayor que Bergoglio y que recorrió América Latina como consultor de la Celam y los mismos jesuitas en materia indígena y de religión popular. Compilador de una antología célebre (1994), traducida a varios idiomas, El rostro indio de Dios (8). Marzal había publicado un artículo sugestivo en la revista América Indígena que produjo alarma en la jerarquía: “¿Es posible una iglesia indígena en el Perú?” (1973). Allí proponía un proceso de descolonización de la Iglesia católica que había generado un clero y una iglesia extraños a las culturas locales, planteaba que se hicieran una iglesia autóctona andina y otra para las poblaciones de la Amazonía peruana, pero allí deslizaba otra cuestión, que los sacerdotes de estas iglesias autóctonas, al igual que en los ritos orientales de la Iglesia católica, debían ser casados. “En el mundo andino y la selva del Perú una persona célibe es incompleta y prácticamente todos los curas de la Sierra Andina tienen mujer e hijos”, afirmaba Marzal en forma contundente en sus clases, a las que tuve el privilegio de asistir, y citaba sus datos de campo, como buen antropólogo que era. El otro jesuita y antropólogo es Xabier Albó.

Para entender la parte más conflictiva de Amoris laetitia debemos entender qué es el servinakuy andino, mal llamado matrimonio de prueba. En el mundo andino quechuas y aimaras se unen durante un tiempo para que la pareja se vaya conociendo en términos sociales, económicos y sexuales. Albó, el mismo que acompañó a Francisco en su visita a Bolivia, sostiene que “no es acertado hablar de un matrimonio de prueba. Se trata más bien de un largo proceso matrimonial por etapas que van sellando cada vez más fuertemente el compromiso mutuo de los contrayentes y el reconocimiento de los miembros de una comunidad como una unidad familiar nueva y autónoma” (9) . Un autor norteamericano planteaba que, si se comparase la estabilidad de la estrategia matrimonial por etapas de los quechuas y aimaras con “el promedio de divorcios y separaciones que se tiene en la sociedad norteamericana, se ve uno forzado a preguntarse si son los habitantes de los Andes o nosotros los que practicamos el matrimonio de prueba” (10). Este autor concluyó que “el proceso completo, lejos de dar la oportunidad de probar a una pareja antes de comprometerse, puede verse como un lazo que refuerza la estabilidad tradicional de las uniones en los Andes” (11).

Si leemos con cuidado Amoris laetitia: exhortación apostólica sobre el amor en la familia (19 de marzo de 2016) (12), vemos cómo recoge estos planteos antropológicos y trata de alejarse del sacramentalismo vacío que condenó en su momento el mismo Francisco, señalando que muchos matrimonios celebrados en la Iglesia no eran válidos pues los contrayentes no tenían claras las responsabilidades que implicaba un matrimonio católico (13). Por el contrario, en los parágrafos 78 y 79 se rescata la relación humana en la pareja, basada en el amor: “Cuando la unión alcanza una estabilidad notable mediante un vínculo público –y está connotada de afecto profundo, de responsabilidad por la prole, de capacidad de superar las pruebas– puede ser vista como una oportunidad para acompañar hacia el sacramento del matrimonio, allí donde sea posible”.

 

A modo de conclusión

 

A lo largo de nuestra exposición hemos mostrado un conjunto de coincidencias que aportan a una mejor comprensión de las propuestas desarrolladas durante el pontificado de Francisco. Estamos convencidos de que el Papa intenta ser un “hombre de estos tiempos” en consonancia con el Concilio Vaticano II, y desde una perspectiva modesta pero consistente trata de construir una propuesta de Iglesia desde el Sur, y retomando el carácter histórico del cristianismo se propone comprender las nuevas formas de lo sagrado en el siglo XXI.

En esta perspectiva toma de la teología propuestas muy creativas y asume los resultados de investigaciones de la psicología social, la antropología, la ciencia política y la literatura latinoamericana en la construcción y reconstrucción de la Iglesia católica, apostólica y romana. A esta altura de las realidades plurales y los cambios generacionales no podría ser de otra manera, para eso lo designaron. 


 

De la encíclica Laudato si’

[...] La íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta, la convicción de que en el mundo todo está conectado, la crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología, la invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso, el valor propio de cada criatura, el sentido humano de la ecología, la necesidad de debates sinceros y honestos, la grave responsabilidad de la política internacional y local, la cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida” (párrafo 16).

Muchos de aquellos que tienen más recursos y poder económico o político parecen concentrarse sobre todo en enmascarar los problemas o en ocultar los síntomas, tratando sólo de reducir algunos impactos negativos del cambio climático”. Enmascarar los problemas es, precisamente, la tarea de las grandes empresas de comunicación masiva a nivel global mediante la manipulación mediática; sostener la guerra mediante la prensa: mentir, ocultar los síntomas, volver a mentir... levantar cortinas de humo” (párrafo 26)

Con los movimientos sociales

La distribución justa de los frutos de la tierra y el trabajo humano no es mera filantropía. Es un deber moral. Para los cristianos, la carga es aún más fuerte: es un mandamiento. Se trata de devolverles a los pobres y a los pueblos lo que les pertenece. El destino universal de los bienes no es un adorno discursivo de la Doctrina Social de la Iglesia. Es una realidad anterior a la propiedad privada. La propiedad, muy en especial cuando afecta los recursos naturales, debe estar siempre en función de las necesidades de los pueblos. Y estas necesidades no se limitan al consumo”. 

Ustedes, los más humildes, los explotados, los pobres y excluidos, pueden hacer mucho. Me atrevo a decirles que el futuro de la humanidad está, en gran medida, en sus manos, en su capacidad de organizarse y promover alternativas creativas, en la búsqueda cotidiana del “las tres T” (trabajo, techo y tierra), y también en su participación protagónica en los grandes procesos de cambio. Cambios nacionales, cambios regionales y cambios mundiales. ¡No se achiquen! Ustedes son sembradores de cambio”.

Los movimientos populares expresan la necesidad urgente de revitalizar nuestras democracias, tantas veces secuestradas por innumerables factores. Es imposible imaginar un futuro para la sociedad sin la participación protagónica de las grandes mayorías y ese protagonismo excede los procedimientos lógicos de la democracia formal” […] no se contentan con promesas ilusorias, excusas o coartadas”.

Queridos hermanas y hermanos: sigan con su lucha, nos hace bien a todos”.

 Debemos combatir la cultura del descarte, y aunque sus causas son estructurales, nosotros también debemos promover un cambio desde abajo en los hábitos y conductas de nuestros pueblos priorizando los intercambios al interior de la economía popular y la recuperación de lo que este sistema desecha”.

En Santa Cruz de la Sierra

Empecemos reconociendo que necesitamos un cambio […] hablo de los problemas comunes […] Problemas que tienen una matriz global y que hoy ningún Estado puede resolver por sí mismo […] Si esto es así, insisto, digámoslo sin miedo: queremos un cambio, un cambio real, un cambio de estructuras. Este sistema ya no se aguanta […] Y tampoco lo aguanta la Tierra, la hermana Madre Tierra”. 

la ambición desenfrenada de dinero que gobierna es ‘el estiércol del diablo’. El servicio para el bien común queda relegado. Cuando el capital se convierte en ídolo y dirige las opciones de los seres humanos, cuando la avidez por el dinero tutela todo el sistema socioeconómico, arruina la sociedad, condena al hombre, lo convierte en esclavo, destruye la fraternidad interhumana, enfrenta pueblo contra pueblo y, como vemos, incluso pone en riesgo esta nuestra casa común, la hermana y Madre Tierra”.

Poner la economía al servicio de los pueblos: los seres humanos y la naturaleza no deben estar al servicio del dinero. Digamos no a una economía de exclusión e inequidad donde el dinero reina en lugar de servir. Esa economía mata. Esa economía excluye. Esa economía destruye la Madre Tierra. La economía no debería ser un mecanismo de acumulación sino la adecuada administración de la casa común”.

Y la tercera tarea, tal vez la más importante que debemos asumir hoy, es defender la Madre Tierra. La casa común de todos nosotros está siendo saqueada, devastada, vejada impunemente. La cobardía en su defensa es un pecado grave […] No se puede permitir que ciertos intereses –que son globales pero no universales– se impongan, sometan a los Estados y organismos internacionales, y continúen destruyendo la creación. Los pueblos y sus movimientos están llamados a clamar, a movilizarse, a exigir –pacífica pero tenazmente– la adopción urgente de medidas apropiadas”. 

 

1. Marzal, Manuel, La utopía posible. Indios y jesuitas en la América colonial (1549‑1767), Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, 1992.

2. Haley, Jay, Las tácticas de poder de Jesucristo y otros ensayos, Tiempo contemporáneo, Buenos Aires, 1973 (1974), [Grossman Publishers, Nueva York, 1969], traducción de Diana Machiavello, tercera edición, 1974, reimpresión 1975, p. 29.

3. íbid. pp. 33-34.

4. Masferrer Kan, Elio, ¿Es del César o es de Dios? Un modelo antropológico del campo religioso, Plaza y Valdés-CIICH-UNAM, México D.F., 2004, p. 41.

5. Este trabajo está reproducido en varios documentos anteriores. Braudel, Ferdinand, La historia y las ciencias sociales, Alianza, Madrid, 1980.

6. Mead, Margaret, La fe en el siglo XX, traducción de Alberto Luis Bixio, Emecé Editores, Buenos Aires, 1975.

7. Mead, Margaret, Cultura y compromiso. Estudio sobre la ruptura generacional, Gedisa, México-Barcelona (1970, 1977), 1990.

8. Marzal, Manuel M. (comp.), El rostro indio de Dios, CRT-UIA, México D.F., 1994.

9. Albó, Xavier y Mauricio Mamani, “Esposos, suegros y padrinos entre los aimaras”, en Mayer, Enrique y Ralph Bolton editores, Parentesco y matrimonio en los Andes, P. Universidad Católica del Perú, Lima, 1980, pp. 287.

10. Carter, William E., “Matrimonio de prueba en los Andes”, en Mayer, Enrique y Ralph Bolton editores, Parentesco y matrimonio en los Andes. Universidad Católica del Perú, Lima, 1980, p. 366.

11. íbid. p. 423

12. Francisco, Exhortación apostólica Amoris laetitia. Sobre el amor en la familia, 19/3/16, http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amorislaetitia.html

13. Molina Meliá, Antonio, Los matrimonios que nunca existieron. Causas de nulidad, Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, 5ª edición mexicana, México D.F., 2002.

* Tomado de : “Algunas claves importantes para entender a Francisco”, en: Isabel Rauber (compiladora), Laudato si’. Reflexiones ecunémicas y marxitas para una nueva civilización, Ediciones Desde Abajo, Bogotá, agosto 2017.

** Historiador y antropólogo.

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Fernando Maldonado

No hay duda de que la visita del papa Francisco tendrá, más allá de su misión pastoral, una altísima carga política y social. El hecho de haber postergado su visita al país hasta el momento actual, una vez firmada la paz y entregadas las armas de las Farc, es prueba de que trae un mensaje dirigido a la reconciliación, el perdón y  la generación de una nueva cultura de paz en Colombia.

 

La visita del papa Francisco a Colombia no es su primer paso en este país, pero sí es una buena oportunidad para que el país dé su primer paso en lo que la Iglesia Católica, encabezada por Jorge Mario Bergoglio, ha llamado la justicia social. En sus visitas anteriores, como superior de los Jesuitas argentinos o como obispo de Buenos Aires, el actual Papa pudo, sin duda, verificar, de primera mano, la situación excepcional de Colombia como ‘el país de la guerrilla eterna’ y uno de los campeones mundiales del narcotráfico. En esta visita se encontrará, por un lado, con que uno de los grupos guerrilleros, el más poderoso, ha firmado un acuerdo de paz con el Gobierno y entregado sus armas a las Naciones Unidas, y por el otro, con que los cultivos de coca aumentaron de 145.000 a 150.000 hectáreas durante el año 2016. 

En su dominio específico como cabeza de la cristiandad, el papa Bergoglio encontrará un catolicismo colombiano que habiendo participado, por oposición, en el desarrollo de la Teología de la Liberación, en las conferencias episcopales de Medellín y Aparecida, hoy se halla dividido respecto al significado de hacer la paz, debido al infantilismo de un sector, posiblemente mayoritario, de sus miembros religiosos y laicos, para quienes, el ingenuo argumento para justificar su ‘no’ en el plebiscito del 2 de octubre de 2016 fue la falacia: paz sí, pero no así.

El narcotráfico y la fragmentación política, social y económica son dos de los grandes enemigos del papa Francisco, como consta en sus dos cartas más importantes. En Colombia, la persistencia del narcotráfico traduce dos epidemias sociales: el descuido secular de la población campesina abandonada a su propia suerte y el descuido también secular de la educación, raíz del infantilismo social y político que rechaza un acuerdo histórico porque no produce una paz perfecta.

La indiferencia hacia el campesinado es una vieja marca de agua de la cultura colombiana, heredada de la conquista española, ejecutada por aventureros armados que despreciaban el trabajo manual y supervaloraban la espada. Ese modelo de desarrollo sigue envenenando las relaciones sociales en la Colombia de hoy, porque continúa posponiendo la solución del problema agrario, contradiciendo de manera simultánea a la justicia y a la técnica (Gráfico 1 y 2). Por otro lado, ese modelo que se apoya en la fragmentación social es el caldo de cultivo de gran parte de los odios que justifican la violencia en la política y en la economía. Esos odios que hubieran podido remediarse con una educación adecuada y con una evangelización auténtica han sido más bien exacerbados por un sistema educativo formalista y retrógrado y por una religión miope y sin espiritualidad. Por esa razón el primer punto del acuerdo de paz es “Hacia un Nuevo Campo Colombiano: Reforma Rural Integral”.

Al descuido crónico del campesinado se adiciona, en el desarrollo histórico del país, el racismo práctico que desprecia tanto a la población aborigen como a la negra, con lo cual se completa la explicación de la particularidad del conflicto armado colombiano que continúa desconociendo, como en el siglo XVI, los derechos humanos de agricultores pobres, de indios y de afrodescendientes. Los conquistadores creían, hace 5 siglos, que estos pobladores no tenían alma, los paramilitares y sus impulsores creen hoy que no tienen derecho ni a su tierra, ni a la vida. La consecuencia práctica de esta creencia inhumana es la multitud errante (Gráfico 3), sobreviviente al despojo violento de su territorio, que tiene que refugiarse en los cinturones de miseria de las ciudades y descubrir allí formas angustiadas de sobrevivir. Estas masas errantes de pobres, sumadas a las que produce el desempleo de las ciudades, fruto de un capitalismo salvaje, conforman el “ejército industrial de reserva” cuya característica compartida es su exclusión real del sistema de decisiones que los utiliza como carne de cañón. Al mismo tiempo, esa debilidad social y política ha posibilitado sustituir el clientelismo a la democracia y convertir la política en la piratería del presupuesto nacional. Y todo en completa impunidad. Por esa razón el segundo punto del acuerdo de paz es “Participación política: Apertura democrática para construir la paz”.

La consecuencia más visible a nivel internacional de esta perversión de la política y de la cultura ha sido abrir el país al narcotráfico que se estructura sobre el descuido del campo y sobre la exclusión política. El campesino olvidado ha descubierto que cultivar coca tiene un futuro menos miserable que cultivar maíz. Y el joven arrinconado, sin escuela y sin empleo (Gráfico 4), en la urbanización pirata de la ciudad, encuentra en el narcotráfico el poder del que lo excluyen los dueños del comercio y los bancos del centro de la ciudad. Así se explican los centenares de “mulas” que siguen jugándose la vida y la libertad en las fronteras del mundo, las bandas de niños armados de los tugurios que se aniquilan entre sí y realizan sus incursiones en los barrios ricos, el microtráfico en torno a los colegios y universidades y, sobre todo, las perversas y punibles uniones del negocio de la droga con el sistema financiero, industrial y político en sus más altos niveles. Así se explica también que, a pesar del envenenamiento de sus territorios con la fumigación aérea, o de los programas de erradicación manual, la sustitución de cultivos no funcione en Colombia. Simplemente lo que se escribe con la mano se borra con el codo. El narcotráfico no se terminará mientras sea la empresa privada más libre, fuerte y eficiente del mundo. Por eso el cuarto punto del acuerdo de paz es “Solución al Problema de las Drogas Ilícitas”.

La situación descrita a grandes rasgos en los párrafos precedentes tiene otra verificación: la situación de las víctimas de esa guerra sorda, cruel y campesina. No solamente los muertos. Mucho más los que aún viven y siguen sufriendo el dolor de sus pérdidas y del descuido nacional que los condujo a esa situación, cuyo futuro sigue siendo incierto. El sistema de exclusión se ha consolidado no solamente por la dinámica clasista en su engranaje social, clientelista en su trajín político y esclavista en su desarrollo económico, sino también por la dinámica mundial que premia la concentración de la riqueza y el abandono de una población (Gráfico 5), según sus cánones, excedentaria. El resultado concreto de esa religión del becerro de oro es la pérdida del respeto por la dignidad humana, o sea, el deterioro de los derechos humanos. Y aquí es posible detectar un equívoco, cuando se equipara el proyecto de paz, con el desmonte del sistema que conduce necesariamente a la guerra. La entrega de las armas por parte de las Farc no garantiza la corrección de la exclusión política inherente al sistema ni el freno de su voracidad económica. Por eso el quinto capítulo del acuerdo se refiere a “las Víctimas del Conflicto: “Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición”, incluyendo la Jurisdicción Especial para la Paz; y Compromiso sobre Derechos Humanos. Este compromiso es el verdadero eje de la paz y, de honrarse, es la única garantía de que esa paz llegue para Colombia.

 

La inspiraciones que trae Francisco

 

Los desafíos enumerados encuentran en el Papa Francisco un interlocutor capaz de inspirar los principios para una consideración iluminadora de dichos retos y un guía experto para señalar posibles caminos de solución. Todos esos desafíos están entrelazados, pero todos son el resultado del mismo fenómeno que Francisco señala en sus dos cartas más importantes: la encíclica Laudato si’ sobre el cuidado de la casa común (en adelante LS) y la exhortación apostólica Evangelii Gaudium a los obispos, a los presbíteros y diáconos, a las personas consagradas y a los fieles laicos sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual (en adelante EG). Ese fenómeno común a los distintos desórdenes del país es el descuido de unos por otros que termina en la violencia, porque “la violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes” (LS, n.2)Y el remedio de la violencia no es un arreglo aparente: “la paz social no puede entenderse como un irenismo o como una mera ausencia de violencia lograda por la imposición de un sector sobre los otros. También sería una falsa paz aquella que sirve como excusa para justificar una organización social que silencie o tranquilice a los más pobres, de manera que aquellos que gozan de los mayores beneficios puedan sostener su estilo de vida sin sobresaltos mientras los demás sobreviven como pueden” (EG 218).

La clave de la solución es comprender la naturaleza profunda de las fallas de los sistemas organizativos de la sociedad colombiana contemporánea y tener la voluntad política para descubrir y aplicar los remedios. Arriba se trató de mostrar cómo nuestras disfunciones sociales son el producto del descuido crónico que todos nos hemos infligido y sufrido a lo largo de nuestra historia como país. Ese descuido, es el que Francisco detecta como perjuicio causado a la casa común y cuyo indicador más claro y diciente es el desierto exterior causado por el desierto interior, expresión acuñada por su predecesor Benedicto XVI, que Francisco hace suya para sugerir que el remedio tiene que ver con la organización social: “a problemas sociales se responde con redes comunitarias, no con la suma de bienes individuales” (LS 219). Este principio pone en tela de juicio la respuesta policial consuetudinaria y violenta que ha recibido en Colombia la protesta social pacífica y sugiere el empleo del dialogo comunitario en su lugar. Pero, además, refuta la justificación esgrimida contra esa protesta como desorden público, cuando en realidad no es más que la indignación de las redes comunitarias frente al incumplimiento de las promesas gubernamentales.

El desierto interior es la profundización de la esencia del individualismo típico del capitalista crudo. La invitación del Papa obliga a revisar la defensa a rajatabla de la propiedad privada, apoyada en la fuerza pública, que ha sido la justificación clásica de los abusos de los privilegiados y que está sobre la mesa de la reparación y restitución de las víctimas del despojo de tierras en este momento del país.

El desierto exterior, estudiado detenidamente en la encíclica, resulta del “modo como la humanidad de hecho ha asumida la tecnología y su desarrollo junto con un paradigma homogéneo y unidimensional” (LS 106). Este atinado señalamiento tiene un gran alcance porque toca la raíz de la discusión entre los tecnócratas y los humanistas cuando se trata de la toma de decisiones. Y la sugerencia pontificia es que un aumento de espiritualidad, es decir, una mayor consideración de unos por otros, posibilitaría acuerdos en los que no se impone el poder por la violencia, sino que se emplea la autoridad por medio de la deliberación y decisión democrática. Si la planeación del desarrollo, si el ordenamiento territorial, si el orden público, no se concibieran con el tremendo simplismo que nos lleva a las soluciones de fuerza del hombre unidimensional, no cabe duda que la historia colombiana sería menos violenta. El simplismo es efecto de la educación deficiente y es una muestra clara de infantilismo. 

Otro aporte útil del enfoque franciscano para nuestro país es que “el ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podremos afrontar adecuadamente la degradación ambiental si no prestamos atención a causas que tienen que ver con la degradación humana y social” (LS 28). La estrecha conexión apuntada entre ecología y ética vuelve a colocar sobre la mesa las preguntas sobre educación y cultura que subyacen a los acuerdos de paz y que constituyen el trasfondo de la polarización que ha venido fragmentando a Colombia más hondo que su geografía. Y en este punto parece oportuno referirse al papel que la Iglesia Católica puede desempeñar en la construcción de un país adulto y complejo mediante un trabajo cuidadoso de la ecología de la mente, siguiendo la recomendación de Francisco“La Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio” (EG 114).

El tema de la misericordia es una de las obsesiones del Papa Bergoglio, empeñado en restituir a esta virtud su verdadero significado y su verdadero valor. 

Para Colombia, perdida en el dédalo de la reconciliación, las directrices papales contienen la pista invaluable de la misericordia. El significado propio de la palabra, corazón compasivo, es la apertura a comprender y aceptar la historia ajena, haciéndose consciente de que la verdad no está en los contenidos sino en la intención y la emoción con la que se profieren las palabras que narran los acontecimientos. En el momento en que se busca crear una Comisión para el esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la no Repetición, la sola manera de que esta funcione es que todos los que participen en ella, así como los colombianos en general, tengamos la capacidad de escucha que requiere ponerse en el lugar del otro para poder evaluar su propia historia como él la ve y la siente. 

Para darnos a entender lo que quiere decir, Francisco recurre a una cita que bien merece ser reproducida en su totalidad como cierre de nuestra reflexión: “El anuncio de paz no es el de una paz negociada, sino la convicción de que la unidad del Espíritu armoniza todas las diversidades. Supera cualquier conflicto en una nueva y prometedora síntesis. La diversidad es bella cuando acepta entrar constantemente en un proceso de reconciliación, hasta sellar una especie de pacto cultural que haga emerger una «diversidad reconciliada», como bien enseñaron los Obispos del Congo: «La diversidad de nuestras etnias es una riqueza [...] Sólo con la unidad, con la conversión de los corazones y con la reconciliación podremos hacer avanzar nuestro país” (EG 230).

La llegada del papa Francisco al país no puede ser más oportuna para abrirle los ojos a tantos detractores, escépticos, saboteadores y enemigos que tiene la paz en el país. Con su proverbial prudencia y, a la vez, capacidad para decir las cosas a quien corresponde, en este caso, a los que no creen en esta paz y quisieran restituir las cosas a pretéritas épocas de violencia impía, el papa sabrá. 

* Sacerdote Jesuita.

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Tres palestinos muertos y cerca de 200 heridos en las protestas de Jerusalén

Los enfrentamientos se dieron tras el masivo rezo de protesta musulmana por las medidas de seguridad impuestas por Israel en el acceso a la Explanada de las Mezquitas.


Un palestino muerto y cerca de doscientos heridos durante los enfrentamientos que siguieron hoy al masivo rezo de protesta musulmana por las medidas de seguridad impuestas por Israel en el acceso a la Explanada de las Mezquitas, en Jerusalén Este.


Según informaron la agencia palestina Maan y el diario israelí Haaretz, el joven palestino ha muerto tras recibir un disparo de un colono israelí en el barrio de Ral El Amoud. Los otros dos fallecidos, son un joven de A-Tur, que resultó gravemente herido en los altercados de Ras el-Amud y falleció en el hospital Makased, y otro joven alcanzado por una bala en el pecho en la localidad de Abu Dis, también en Jerusalén Este.


Además, se registraron 193 heridos en los disturbios, que tuvieron lugar tanto en Jerusalén como en Cisjordania, según confirmó el servicio de emergencias Media Luna Roja (equivalente musulmán a la Cruz Roja).


Este servicio cifra en 41 los heridos en el centro de Jerusalén que fueron trasladados a los centros de atención médica localizados en distintos barrios, la mayoría de ellos por golpes, balas recauchutadas y quemaduras, a los que se suman otros 31 que fueron intervenidos en el lugar de los hechos.


En el barrio jerosolimitano de Isariya hubo dos heridos con munición real, diez con balas recubiertas de caucho y cuarenta por inhalación de gas y quemaduras.


En cuanto a Cisjordania, once personas fueron heridas en Ramala, por granadas de estruendo, gases lacrimógenos y munición real, otras 38 en la vecina Belén, la mayoría de ellas (31) por asfixia por gases.


En el norte y el sur de ese territorio también hubo disturbios violentos, con tres heridos en Qalqilia, seis en Tulkarem y otros seis en Hebrón (dos de ellos con munición real).
En las inmediaciones de la Ciudad Vieja, Efe presenció cargas policiales y detenciones de los fieles que, finalizado el rezo en las calles, lanzaron botellas de agua a los agentes que cortaban el acceso a la ciudadela amurallada, donde solo se permitía el paso por los puntos más cercanos a la explanada a los hombres mayores de cincuenta años y las mujeres.


La zona amaneció con un amplísimo dispositivo de la Policía, que expulsó a la prensa de puntos cercanos al complejo, como la Puerta de los Leones.
Miles de musulmanes se congregaron a las afueras del lugar, tercer sitio sagrado para esta religión y primero para los judíos, para rezar y protestar por los detectores de metales instalados por el Gobierno israelí tras un ataque del pasado viernes, en el que fueron asesinados dos policías por tres atacantes que luego fueron abatidos.

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