MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

Lo que dejó el 2020 en América latina: entre la distopía y la esperanza

Es casi una obviedad que cualquier mirada analítica que intente descifrar el 2020 estará marcada por lo que la pandemia nos hizo y por lo que hicimos con la pandemia. Esta renovación del ciclo que impone el calendario gregoriano quedó subsumida en el inédito ciclo en desarrollo que atraviesa la humanidad. Así y todo, la época del año tira para parar la pelota y esbozar balances que vayan más allá de la vorágine informativa o los efímeros posteos. Imaginando un sobrevuelo por el continente, va un repaso -arbitrario y acotado- sobre lo que dejó el año para Latinoamérica y cómo se perfila el 2021.

El punto neurálgico, el tópico excluyente a destacar, es el devastador impacto socioeconómico de la covid-19. En un reciente informe, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) aseguró que "si se comparan diferentes indicadores sanitarios, económicos, sociales y de desigualdad, América Latina es la región más golpeada del mundo emergente". Las frías estadísticas reportan que hasta ahora más de 490 mil personas fallecieron por coronavirus –la región con más muertes per cápita y casi un tercio de las registradas en el mundo- y más de 15 millones se contagiaron. Gran parte de los países ya atraviesan la segunda ola y retomaron las restricciones, mientras va arrancando el tan ansiado proceso de vacunación.

La Cepal indica que Latinoamérica cerró el año con una caída del 7,7%, lo que configura la peor crisis en los últimos 120 años, y que la pobreza alcanzó al 37,3% de la población (231 millones de personas), unos 45 millones más que en 2019. Además, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se destruyeron en el año más de 34 millones de empleos en la región, lo que generó un récord de desocupación del 11.4%. El desempleo afectó más a las mujeres, principales sostenes de las tareas de cuidado: el descenso de la participación femenina en el mercado laboral fue de -10,4% frente al -7,4% de los varones.

Las respuestas estatales fueron dispares y hubo escasas acciones coordinadas. Si bien algunos gobiernos reaccionaron mejor ante la emergencia sanitaria, en general las medidas de asistencia para mitigar el descalabro económico resultaron insuficientes. Fueron contadas las iniciativas que tocaron el bolsillo de las élites (como el impuesto a la riqueza por única vez en Argentina o permanente en Bolivia) y brillaron por su ausencia políticas estructurales que apunten a revertir la concentración de la riqueza.

La pandemia funcionó como una gran lupa que desnudó las pésimas condiciones de vida de las grandes mayorías: si América Latina ya era la región más desigual del mundo, las cicatrices que va dejando no hicieron más que profundizar esa desigualdad. Seguramente transitemos un 2021 de fuerte conflictividad social.

Reimpulso desde abajo

Pero no todo el panorama es desolador: en los últimos meses aparecieron algunos síntomas de esperanza. El hecho político del año fue la recuperación de la democracia en Bolivia y el arrasador triunfo del MAS. Con el 55% de los votos y por más de 26 puntos, Luis Arce llegó a la presidencia para dejar atrás al fatídico gobierno de facto de Jeanine Áñez.

La secuencia se coronó el 9 de noviembre con el épico retorno de Evo Morales, su recorrida por el país y el acto con un millón de personas en el aeropuerto de Chimoré, de donde había partido al exilio justo un año antes tras el golpe de Estado.

Un par de semanas antes, el pueblo chileno protagonizaba otra jornada histórica. Con un aluvión de votos superior al 78%, se aprobó el plebiscito para elaborar una nueva Constitución que reemplace a la de 1980 y desmonte los amarres de la dictadura pinochetista.

Fue la primera gran conquista de las multitudes que irrumpieron en las calles en octubre de 2019 y marcó un hito en esta época transicional signada por la idea fuerza del “Chile despertó”, por la rabia acumulada que detonó el estallido social y que ahora tiene el desafío de plasmarse en el proceso constituyente que, como dato saliente, tendrá paridad de género.

También en Perú se vivieron hechos disruptivos. El 9 de noviembre el Congreso destituyó al presidente Martín Vizcarra en una maniobra muy floja de papeles y desató una nueva crisis que consolidó el descrédito hacia la clase política. Lo novedoso fue la enorme movilización popular, protagonizada principalmente por jóvenes, en un país caracterizado por la apatía. La rebelión logró la rápida renuncia de su sucesor, el empresario ganadero Manuel Merino, y dio lugar a la designación del moderado Francisco Sagasti para gobernar la transición hacia las presidenciales de abril.

Las secuelas del golpe parlamentario debilitaron al régimen moldeado por la Constitución de Fujimori de 1993 y ampliaron las chances para que el descontento pueda ser capitalizado por alguna fuerza progresista, como la que lidera Verónika Mendoza, y que, como en Chile, se masifique el reclamo de una nueva Constitución.

La era pandémica también abrió nuevos desafíos para el creciente y potente movimiento feminista latinoamericano, que debió reinventarse para visibilizar el incremento de la violencia de género aún en contexto de cuarentena. El año cierra con la votación del aborto legal en el Senado argentino que, de aprobarse, será un espaldarazo para toda la región.

Odisea 2021

Los próximos meses estarán marcados por los vaivenes de la pandemia y el proceso de vacunación. A la par, se viene una serie de elecciones que pueden torcer la correlación de fuerzas actual. El calendario arranca en febrero en Ecuador, donde el candidato del correísmo Andrés Arauz tiene buenas chances de ganar, y seguirá en Perú (abril) y Chile (noviembre). Asoma un 2021 con buenas expectativas de que continúe el reflujo de la hegemonía neoliberal y se consolide el reimpulso de un bloque progresista que reconstruya la integración latinoamericana.

 Gerardo Szalkowicz es editor de NODAL. Autor del libro “América Latina. Huellas y retos del ciclo progresista”. Conduce el programa radial “Al sur del Río Bravo”.

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El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus.Christopher Black / OMS

"No será la última": La OMS llama a los países a aprender de los errores cometidos en la pandemia de covid-19

 El director general del organismo llama a los países a invertir en capacidad preventiva para poder detectar y mitigar emergencias de todo tipo.

El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, cree que la humanidad debe prepararse para afrontar otras pandemias en el futuro, por lo que debemos aprender de los errores cometidos durante la actual crisis sanitaria por el coronavirus.

"La historia nos dice que la pandemia actual no será la última y que las epidemias son una realidad vital", ha destacado el director en un videomensaje con motivo del Día Internacional de la Preparación ante las Epidemias. "En los últimos doce meses, nuestro mundo se ha vuelto del revés. Los impactos de la pandemia van mucho más allá de la enfermedad en sí, con consecuencias de gran alcance para las sociedades y las economías", ha comentado Adhanom Ghebreyesus.

Según el funcionario, todos los países deberían invertir en capacidad para prevenir, detectar y mitigar emergencias de todo tipo, así como para desarrollar sistemas de atención primaria de salud.

El director de la OMS reconoce que la humanidad no estaba preparada para el coronavirus, al tiempo que cuestiona el esquema consistente en invertir grandes suma de dinero para combatir los brotes cuando se producen, mientras no se hace nada de antemano para prepararse ante una eventual siguiente pandemia. 

Asimismo, recalcó que para mejorar la salud humana, es importante considerar la relación entre las personas, los animales y el planeta. "Cualquier esfuerzo para mejorar la salud humana está condenado a fracaso a menos que aborden la interfaz crítica entre humanos y animales, y la amenaza existencial del cambio climático que está haciendo que nuestra tierra sea menos habitable", ha añadido Adhanom Ghebreyesus.

 

Publicado: 27 dic 2020 06:01 GMT

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Las aglomeraciones en las playas de Río de Janeiro son habituales en estos días, pese a la pandemia.  ________________________________________ Imagen: AFP

Todavía no se sabe si se transmite más rápido y si es más agresiva

 

Un grupo de investigadores identificó una nueva variante del coronavirus SARS-CoV-2, causante de la covid-19, en el estado de Río de Janeiro, una de las regiones más golpeadas por la pandemia en Brasil, informaron este martes fuentes científicas de ese país.

Según un estudio del Laboratorio Nacional de Computación Científica (LNCC), vinculado al Ministerio de Ciencia y Tecnología y realizado en conjunto con la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), la nueva variante fue detectada por primera vez el pasado octubre en la ciudad de Río de Janeiro, capital del estado homónimo.

Los investigadores destacaron que, por ahora, la nueva variante está "parcialmente restringida" a la ciudad, que concentra el mayor número de casos y muertes por covid-19 en la región, pero alertaron sobre una posible diseminación por todo el estado y, consecuentemente, otras zonas del país.

"El aumento significativo en la frecuencia de ese linaje levanta preocupaciones sobre la gestión de la salud pública y la necesidad de vigilancia genómica durante la segunda ola de infecciones", expresaron los científicos en el estudio.

La mutación del virus fue descubierta a través de la secuenciación genética del linaje B.1.1.28, que ya circula en Brasil desde el inicio del año, y se calcula que la variante haya surgido en julio.

Los investigadores analizaron 180 genomas del SARS-CoV-2 y han descubierto cinco "mutaciones exclusivas", que "han emergido y rápidamente se propagado".

El estudio, sin embargo, no indica si la nueva variante identificada es más transmisible o más agresiva que las que ya son conocidas en Brasil, uno de los países más golpeados por la pandemia junto a Estados Unidos e India.

Asimismo, los científicos señalaron que tampoco hay "indicios" de que la variante puede reducir la eficacia de las vacunas contra la covid-19 que apenas empiezan a ser distribuidas en todo el mundo.

El estado de Río de Janeiro, después de Sao Paulo, es la segunda región de Brasil con el mayor número absoluto de fallecidos a causa de la enfermedad, con casi 25.000 decesos, y la sexta con más casos confirmados (407.575).

En todo el país, que cuenta con una población de unos 210 millones de habitantes, el coronavirus ya deja más de 187.000 muertos y 7,2 millones de infectados.En las últimas semanas, Brasil ha experimentado un nuevo rebrote del patógeno, lo que obligó a varios estados y municipios a endurecer las medidas restrictivas de cara a las fiestas de fin de año, que incluso llegaron a ser canceladas en varias localidades.

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Durante una competencia de mariguana en Portland, Oregon. Foto Afp / Archivo

Oregon se convirtió este martes en el primer estado estadounidense en despenalizar la posesión en pequeñas de drogas pesadas como la cocaína y la heroína, y de legalizar el acceso a hongos alucinógenos para uso terapéutico.

Cuatro estados además aprobaron, según proyecciones de prensa, el uso recreativo de mariguana, siguiendo la línea del resto del país.

También se aprobó una iniciativa de votación a favor de la despenalización de una amplia gama de psicodélicos en la capital de la nación, Washington DC, la cuarta jurisdicción que promulgó la reforma.

Las medidas fueron autorizadas por referendo en las elecciones generales de este martes, cuando también se votó por el presidente de Estados Unidos.

Con la medida 110, la posesión de pequeñas cantidades de drogas pesadas en Oregon se considerará un delito civil -con una multa de USD 100 o tratamiento gratuito de rehabilitación, que será financiado con ingresos fiscales de la industria del cannabis, que es legal en Oregon.

La cantidad de droga permitida también variará según la sustancia: un gramo o menos para la heroína, dos gramos para la cocaína, y así sucesivamente.

Actualmente, la posesión de drogas de Oregon conlleva a multas de hasta 6 mil 250 dólares y un año de prisión.

La producción y venta de estas drogas seguirá siendo ilegal, según la proposición, que recibió el respaldo de de la Asociación de enfermeros de Oregon, el capítulo de Oregon del Colegio estadounidenses de médicos y la Academia de psiquiatría familiar de Oregon, y que busca mantener a los adictos a las drogas fuera del sistema de justicia penal.

"Castigar a las personas por usar drogas y por la adicción es costoso y no ha funcionado. Más tratamiento en vez de castigos es un mejor enfoque", dijeron los grupos en una declaración.

También apoyaron la medida el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, y su esposa, Priscilla Chan, quienes contribuyeron con 500 mil dólares a través de su fundación benéfica.

Sin embargo, sus detractores, incluidos varios grupos locales que trabajan en políticas sobre la adicción, advirtieron que la medida socavará los esfuerzos locales.

Afp | miércoles, 04 nov 2020 10:24

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Miércoles, 04 Noviembre 2020 05:31

Por un New Deal sanitario

Por un New Deal sanitario

Propuestas para la pospandemia

 

La pandemia puede implicar una oportunidad para construir un nuevo sendero de reformas en salud que nos lleve hacia sistemas de cuidados más eficaces y eficientes. Los modelos de escape individual basados en el mercado mostraron sus límites. Por eso es necesario discutir cómo construir nuevos acuerdos que ayuden a conseguir mejores cuidados en salud en América Latina.

 

Hasta que se desató la pandemia de covid-19, los sistemas de salud de América Latina habían venido desempeñado un rol similar al de un bajo en una banda de rock: eran imprescindibles pero ignotos. La salud, de hecho, figuraba entre las últimas preocupaciones en los sondeos de opinión, a tal punto que, en diversos momentos de este siglo, cuatro países de la región consideraron que el área sanitaria ni siquiera merecía el rango de ministerio (y en dos países, México y Honduras, continúa sin tenerlo).

Esto no significa que las personas en América Latina sean insensibles ante al riesgo de enfermar o morir. Cuando son interrogadas respecto al nivel de importancia que otorgan a su propia salud, en general las respuestas registran una alta valoración. Pero hemos dejado de conjugar el verbo «cuidar» en plural para concebirlo solo en singular. De forma similar a lo registrado en otras áreas, en América Latina, las personas, ya sea por adaptación o por preferencia, han buscado garantizar sus cuidados de salud a través de respuestas individuales más que colectivas.

Esa «salida individual», que tan bien identificó Albert O. Hirschman, se operó con la intensidad de un gran movimiento migratorio en el sector salud en América Latina durante los últimos 30 años. En los estratos sociales de mayores recursos la salida individual consistió en contratar seguros prepagos que minimizan las restricciones de acceso a las prestaciones. En los sectores medios, y siempre que el sistema lo permitiera, se buscó complementar los aportes y contribuciones salariales con pagos voluntarios para lograr un upgrade en la cobertura. Y cuando eso no fue posible, se recurrió a duplicar e incluso triplicar la cobertura, combinando el usufructo de diferentes protecciones. En los estratos sociales de menores recursos esas soluciones individuales pasaron por trazar «corredores» sanitarios, generalmente desde la periferia hacia el centro, salteando jurisdicciones en busca de servicios médicos de mayor resolutividad. En ocasiones, también se han buscado contactos informales que faciliten acceso a turnos con especialistas, dado que gran parte de los servicios públicos de salud en la región todavía funcionan sin turnos programados y los pacientes que recurren a consulta deben ir de madrugada y enfrentar largas filas de varias horas para recibir atención.

La aparición del covid-19 demostró, sin embargo, que las soluciones individuales no alcanzan para enfrentar pandemias. Y la situación comenzó a cambiar. Incluso entre los predicadores más fundamentalistas del mercado, empezó a hacerse visible un reclamo sostenido por un «Estado que nos cuide». Maristella Svampa advirtió tempranamente este cambio, señalando la aparición de un «Leviatán sanitario transitorio que tiene dos rostros»: el primero, que aboga por una intervención en el ámbito social, y el segundo, que proclama un estado de excepción.

Durante 2020, las autoridades sanitarias de América Latina tuvieron más minutos de aire televisivo, más centímetros cuadrados en medios gráficos y más posteos en redes sociales que durante todo lo que va del siglo XXI. Antes que la fiebre, la pérdida del olfato y del gusto, se registró un síntoma social que no se advertía desde el higienismo clásico: una omnipresencia sanitaria interviniendo en las instancias más recónditas de la vida cotidiana. Las autoridades de salud pasaron a definir quién y cómo trabaja, estudia y se recrea, quién circula o permanece recluido.

La intención de este escrito no es discutir si esa intervención fue adecuada o sobreactuada. No estamos debatiendo cuál de los dos rostros del «Leviatán sanitario» prevaleció. O, en otras palabras, si se priorizó la vida por sobre el oikos o si hemos caído en «infectaduras». Ya Joan Manuel Serrat nos enseñó que «no hay otro tiempo que el que nos ha tocado». La cuestión que nos preocupa es cómo aprovechar ese cuarto de hora para activar un cambio que permita que, cuando se retire la pandemia (y ojalá alguna vez lo haga), cuidar de la salud se aproxime más a un logro colectivo que a un consumo individual.

Como el brote se registró primero en el hemisferio norte, los países de América Latina tuvieron unos meses de anticipación para organizar sus respuestas sanitarias. A ello se agregó, en algunos casos, un tiempo ganado a la propagación del virus a través de medidas de confinamiento. Ese tiempo se utilizó, en la mayoría de los casos, para expandir la capacidad instalada en camas de internación, en camas de cuidados intensivos y en la disponibilidad de respiradores mecánicos. Sin embargo, a pesar de ese refuerzo de la oferta, también en casi todos los países hubo momentos y jurisdicciones en los que el sistema de salud se encontró saturado o en riesgo de estarlo.

Es interesante destacar que las camas hospitalarias –en particular, las de cuidados intensivos–, solo fueron utilizadas con pacientes covid-19 positivos en una fracción relativamente menor de las internaciones. Esto se debe a que alrededor de 80% de las camas de cuidados intensivos en nuestros países están siendo ocupadas en forma permanente. Podemos afirmar que al menos la mitad de esas internaciones en cuidados intensivos podrían ser evitadas con modelos de cuidados adecuados.

Mirémoslo de otra manera. Si necesitamos atravesar un gran trayecto en una carretera en la que no encontraremos estaciones para cargar combustible durante varios kilómetros, podríamos optar por dos estrategias alternativas. La primera sería usar un vehículo con bastante potencia y ampliar su tanque de combustible o cargar bidones adicionales con combustible para nuestro trayecto. La estrategia alternativa consistiría en reemplazar nuestro vehículo por uno más eficiente, que pueda recorrer más kilómetros con menor consumo.

Las autoridades sanitarias de la región optaron por la primera estrategia para enfrentar la pandemia. Lo que aquí proponemos es aprovechar esta crisis (que nos está dejando cada vez con menos recursos) para optar por la segunda estrategia. Esto significaría incorporar modelos de cuidados proactivos, continuos y en red que permitan captar al paciente antes de que llegue al servicio de salud descompensado y requiriendo cuidados de complejidad y por más tiempo y que lo acompañen hasta después del alta.

Para hacer de la crisis sanitaria actual una oportunidad de mejora sanitaria, proponemos considerar que los cuidados de salud resultan de un pacto o contrato tácito entre las partes. Aprendimos que hay cuatro grandes determinantes de la salud: estilos de vida, biología, ambiente y sistemas sanitarios. Para conseguir resultados hay que intervenir sobre todos ellos, pero fundamentalmente sobre los primeros. Es preciso conciliar los estilos de vida con los sistemas de salud, alineando los incentivos a la ciudadanía, a los prestadores de salud y a las entidades financiadoras o aseguradoras, para que asuman conductas que optimicen los cuidados y sus resultados.

La pandemia agravó la agonía del modelo vigente de producción en salud. El pacto existente privilegió la salud como una responsabilidad individual y planteó a los sistemas del área como un entorno de «respaldo» al que las personas recurren cuando lo necesitan. Mucho más que intervenir en los estilos de vida, los servicios de salud se constituyeron en «proveedores» que respondieron a una «demanda». La organización de los servicios de salud para satisfacer a una «demanda espontánea» se constituyó en un dogma y hasta en un sinónimo de calidad. Cuanto más premium resultaba la cobertura obtenida, mayores eran las libertades del beneficiario para atenderse donde y cuando quisiera. Los sistemas de salud se han venido construyendo, de este modo, a imagen y semejanza del mercado. En ese esquema, un sistema de salud resulta saludable en la medida en que permite la libre circulación de flujos financieros que responden a flujos de prestaciones.

Este modelo de producción de salud se encuentra, sin embargo, en crisis. Demanda cada vez más recursos y más prestaciones sin que ello signifique maximizar los resultados en términos de salud de la población. Que cada uno se atienda cuando quiera, con quien quiera y donde quiera no maximiza la detección precoz, no contribuye a promover conductas y estilos de vida saludables y, lo que es aún peor, diluye las responsabilidades por los resultados. Se duplican prestaciones, se desaprovechan los contactos con el sistema de salud para asumir prácticas preventivas e incluso se promueve iatrogenia. Cada vez son requeridas más prestaciones, más establecimientos, más tecnología, más profesionales y más insumos. Pero esto no redunda en mejores resultados.

La crisis se agravó con la pandemia. En primer lugar, no se alteró el modelo de producción en salud. Frente a un mayor estrés del sistema, se buscó solamente fortalecer la oferta, ampliando las camas hospitalarias, en especial las de cuidados intensivos y, entre ellas, las que tienen respiradores mecánicos. En segundo lugar, la libre demanda por parte de los pacientes se vio alterada, ya sea por restricciones de la oferta (discontinuidad de los servicios) o por una reducción en la demanda producida por el temor al contagio o a dificultades de transporte y movilidad. En tercer lugar, comenzó a producirse una purga de prestadores de salud, ya que aquellos que no brindan servicios directamente relacionados con el covid-19 vieron mermada su actividad y, por supuesto, sus ingresos. En cuarto lugar, aquellos servicios que consigan sobrevivir también enfrentarán dificultades para construir una «nueva normalidad». La prevención primaria (evitar la enfermedad) y la prevención secundaria (detección precoz de las situaciones de enfermedad) están retrocediendo debido a la discontinuidad de los servicios ambulatorios (y también al miedo a consultar por temor a contagios). Lo mismo ocurre con la prevención terciaria, que busca minimizar el agravamiento de los casos ya diagnosticados.

El contrato social sobre el que se construyen los cuidados de salud quedó convaleciente con el desarrollo del covid-19. Como en la obra de Luigi Pirandello, quedamos con los personajes en busca de su autor. Los profesionales de salud están exhaustos, desmotivados, enfermos y en muchos casos, empobrecidos. Los servicios ambulatorios están vaciados, abandonados y desfinanciados. Las clínicas y hospitales privados, quebrados o en riesgo de estarlo. Los aseguradores están al borde del ataque de pánico. Y los pacientes viven con la desconfianza de recurrir al sistema de salud por miedo al contagio.

La pandemia representa también una oportunidad inédita para cambiar nuestra forma de producir salud. Aunque es mucho lo que haría falta cambiar, no se puede (o no se debe) operar todos los órganos al mismo tiempo. Primum non nocere [lo primero es no hacer daño].

Mi propuesta consiste en seleccionar un conjunto de cuidados en función del ciclo de vida, definir responsabilidades para todos los actores (el Estado como rector, los financiadores, los prestadores, pero también los pacientes) e incorporar incentivos que alineen las conductas de todos ellos para completar líneas de cuidados estratégicos. Para cada edad y sexo se priorizaría un conjunto de cuidados que requerirían un abordaje proactivo y que sería definido a través de esquemas de diagnóstico y tratamiento. Todos los ciudadanos deberían tener una historia clínica digital que permita verificar que hayan recibido las prácticas de diagnóstico y tratamiento, pero también verificar su adherencia a los cuidados. Además, todos los ciudadanos (o mejor aún, todos los grupos familiares) tendrían un profesional o un equipo de profesionales designado como responsable del cumplimiento y del seguimiento de esos cuidados.

Esos profesionales y/o equipos serían evaluados y remunerados no en función de las prestaciones que brinden, sino en función del cumplimiento de las líneas de cuidados constatado a través de las historias clínicas. También los financiadores (públicos, sociales o privados) serían evaluados (desde el Estado) por su contribución epidemiológica logrando resultados de salud definidos (trazadores) sobre la población a su cargo. En ese caso, los incentivos serían financieros, en el mejor de los casos, o al menos sería la publicación periódica de un ranking de entidades en función de su desempeño epidemiológico. Por ejemplo, habría incentivos concretos para que los niños tengan su calendario de vacunación al día, para que las embarazadas cumplan con un piso de controles gestacionales, con ecografías trimestrales y con suplementación preventiva de hierro y ácido fólico. También los habría para que todos los ciudadanos tengan un control de glicemia y para que todos los casos diagnosticados de diabetes mellitus estén bajo el esquema de tratamiento correspondiente, utilizando hipoglucemiantes y/o con dieta y ejercicio y con al menos una hemoglobina glicosilada semestral. Algo similar con los pacientes hipertensos, los asmáticos, etc.

Para los ciudadanos también habría incentivos. Las atenciones y la medicación correspondientes a las líneas de cuidados priorizadas deberían ser totalmente gratuitas y podrían programarse, minimizando así las filas y las listas de espera. Además, los ciudadanos que hayan dado cumplimiento a los cuidados priorizados correspondientes a su target serían beneficiados en las primas (en los casos de seguros privados), en los copagos (en los casos en que estos existen) o en las listas de espera y la provisión de medicación (en los casos en que los servicios se entregan libre de costos a la población). El propósito es concretar los derechos en salud, pero también definir y hacer cumplir las obligaciones del paciente.

Aunque lo ideal sería que todos los cuidados de salud funcionaran de esta forma, lograr que un grupo limitado de cuidados se organicen alineando incentivos para todos los actores que intervienen en la producción de salud, ya sería una conquista importante. Nada impide que luego de que se evalúen resultados (al año o a los dos años) se decida expandir las líneas de cuidados. Mientras tanto, el resto de las atenciones podrían continuar funcionando como hasta ahora.

Es posible que se requieran recursos adicionales para incorporar líneas de cuidados con incentivos a todos los actores, para implementar una historia clínica digital para todos los ciudadanos y para desplegar la capacidad rectora del Estado para evaluar el desempeño de prestadores y financiadores en función de los logros sanitarios. Pero cabe destacar que es muy probable que implementar reformas de este tipo demande mínimas inversiones en infraestructura y en equipamiento, lo que permitiría dirigir esos recursos adicionales hacia donde generen mayor impacto sanitario.

Las agencias de financiamiento multilateral, como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, podrían poner a disposición líneas crediticias para los países que se decidan a aprovechar el contexto pospandemia y recorrer ese sendero que proponemos para las reformas en salud. De hecho, replicando el esquema que busca alinear los incentivos, lo ideal sería que la financiación internacional y los intereses de los préstamos también resulten corregidos por el desempeño sanitario de las reformas implementadas.

Los bombardeos que soportó la población británica durante la Segunda Guerra Mundial sirvieron para concretar la primera versión del Estado de Bienestar en salud, el Servicio Nacional de Salud de cobertura universal y prestación gratuita. Siguiendo esa inspiración, tal vez podamos ilusionarnos con que la pandemia de covid-19 que castiga a América Latina más que a otras regiones sirva para que encontremos un nuevo sendero de reformas que nos lleve hacia mejores modelos de protección en salud, o una suerte de New Deal sanitario, apelando a una expresión de moda por estos tiempos.

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Coronavirus: Francia anuncia un nuevo confinamiento 

El presidente Emmanuel Macron anunció que la meta consiste en “volver al confinamiento que detuvo el virus". Cerrarán bares y comercios. Guarderías, primarios y secundarios seguirán abiertos

 

La pandemia de Covid-19 terminó fijando sus tiempos y Francia regresa desde este viernes a una configuración muy cercana a la que había en el país durante los meses de abril y mayo de 2020: el presidente francés, Emmanuel Macron, durante un solemne discurso transmitido por televisión, anunció que la meta consiste en “volver al confinamiento que detuvo el virus a partir del viernes (…) al menos hasta el primero de diciembre”. 

El país regresará así a estar confinado a escala nacional, aunque con algunas diferencias con respeto a la primavera europea. Hoy se habla de un confinamiento light, menos severo que el que imperó entre marzo y mayo de 2020. La situación es, sin embargo, más aguda porque la pandemia se amplificó ahora a todas las regiones, cosa que no ocurrió en marzo. ”La segunda ola será más dura y mortal que la primera”, dijo Macron antes de aclarar que se aplicará “un confinamiento adaptado”. A diferencia de lo que ocurrió antes, los colegios de primaria y secundaria permanecerán abiertos “con protocolos sanitarios reforzados”, lo mismo que las guarderías. 

Como en marzo, para salir de los hogares, ir a trabajar, salir de compras o tomar aire será necesaria una declaración jurada. Sin embargo, aunque el presidente señaló que “la economía no debe detenerse ni hundirse”, los comercios deberán cerrar, así como los bares y restaurantes y los establecimientos que reciben público (menos farmacias y alimentación). El comercio es el sector que se verá más afectado en los próximos 15 días fijados por el presidente para realizar un primer balance de las medidas anunciadas ayer. Las reuniones privadas y las manifestaciones públicas quedan excluidas y no habrá tampoco desplazamientos entre las regiones. Sólo se tolerarán los viajes de retorno previstos para este fin de semana con el fin de las vacaciones de todos los santos. El trabajo proseguirá, pero mediante un recurso masivo al teletrabajo.

Ninguna de las disposiciones anteriores frenó el avance de una pandemia que los responsables sanitarios ya calificaron hace unos días como "fuera de control". Peor aún, el número dos del Ministerio de Salud, Jérôme Salomon, predijo que "la segunda ola podría ser peor que la primera". Ni las restricciones, luego el cierre de los bares y, al final, el toque de queda a partir de las 9 de la noche (46 millones de personas concernidas) levantaron un muro ante la circulación del virus. Los hospitales gestionan desde hace un par de semanas un flujo ascendente de enfermos. Hasta este miércoles, más de la mitad de las 5.800 camas reservadas a la reanimación ya estaban ocupadas, una cifra a la que no se había llegado desde el pasado mes de abril. 

El mandatario francés advirtió que habría “9.000 pacientes en reanimación a mediados de noviembre”. Ello a equivale a que, dentro de menos de 15 días, la cifra de reanimaciones se multiplique por tres. A este respecto, Jérôme Salomon adelantó que la cantidad de enfermos en los servicios de reanimación “va a aumentar mecánicamente, cualquiera sean las medidas que se tomen”. Francia totaliza hoy 35.541 muertos, de los cuales 523 en las últimas 24 horas.

El país se preparó para el confinamiento antes de que el presidente francés lo anunciara oficialmente en la televisión a las 8 de la noche. Al final de la tarde, en París y sus alrededores, había más de 400 kilómetros de embotellamientos, lo que equivale a más del doble de un día normal. Entre la estampida, el toque de queda y el esperado anuncio presidencial la capital francesa volvió a ser un vacío atravesado por sombras desde las 7 de la tarde. A las 8 en punto resonó la Marsellesa en las pantallas de la televisión, apareció Macron y el país se quedó mudo. Si bien la segunda ola estaba en la agenda de lo muy posible, la rapidez con que se extendió y su volumen sorprendió a todos los epidemiólogos. El mandatario reconoció en su discurso que “el virus circula a una velocidad que ni siquiera las previsiones más pesimistas habían previsto”. ”Este virus es una porquería”, dice el profesor Yazdan Yazdanpanah, jefe del servicio de enfermedades infecciosas y tropicales en el hospital Bichat y también miembro del consejo científico que asesora a Emmanuel Macron (diario Libération). 

El profesor agrega:” habíamos previsto que la epidemia se reactivaría fuertemente, pero su extensión, su importancia, su amplitud y su velocidad son bastantes inesperadas”. Esa rapidez está plasmada en las cifras: entre el 23 de septiembre, cuando se aplicaron las primeras medidas de restricción social post confinamiento, y ahora fallecieron 4.100 personas, o sea, dos veces más que en los tres meses anteriores acumulados. Desde que en octubre el Ejecutivo empezó a multiplicar las medidas en las regiones más contaminadas el ritmo de las infecciones no ha dejado de aumentar. Según la Salud Pública francesa ese ritmo creció en un 45% por semana entre el 15 y el 22 de octubre. ” Todas las regiones están en alerta”, advirtió el jefe del Estado, quien también aclaró: “Si no frenamos brutalmente hoy las contaminaciones los médicos deberán elegir entre un paciente Covid y un accidente de la ruta”. El principal objetivo presidencial es “pasar de 40 mil contagios por día a 5.000”. Macron expuso lo que muchos especialistas vienen diciendo desde hace meses y meses. Nadie está verdaderamente a salvo: la “Covid-19 toca de forma grave a todas las generaciones. Contagiarse con el virus nunca es anodino, incluso cuando se tienen 20 años ".

El día sin fin está acá, la pandemia sin fin, el encierro sin fin. Macron dijo que si no se actuaba ahora de aquí a dentro de algunos meses “habrá que deplorar 400 mil muertos suplementarios”. Una lluvia de aplausos dedicados a los mozos de bares y restaurantes cubrió anoche las protestas y las expresiones resignadas de los parisinos que despedían la temprana noche pocos minutos antes de que entrara en vigor el toque de queda. Las persianas caían con los aplausos y las veredas se iban quedando desiertas. Resignación, rabia y también miedo porque, como gritaba un señor que andaba sólo por la Rue de Rivoli, »no se quejen, jodidos, que el virus está entre todos, en cada rincón del planeta ». La covid-19 ha esquivado todos los diques. París regresa a una era muy cercana, pero que todas y todos confiaban en que era sólo pasajera.

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Lunes, 06 Abril 2020 06:18

Pandemia neoliberal

Camiones de refrigeración que se utilizan como depósito temporal de cadáveres quedaron estacionados ayer afuera del hospital Bellevue, en Nueva York.Foto Afp

Ya sabemos que no tenía que ser así, que este desastre no tenía que tener estas dimensiones, que la ciudad de todos en el mundo, Nueva York, no tenía que estar sobre las rodillas gravemente herida, con lágrimas y llanto en sus más de 200 idiomas, que todo Estados Unidos no tenía que estar bajo sitio, con los más pobres y desprotegidos sufriendo las peores consecuencias, como siempre. No tenía que ser así.

Trump "tiene sangre en sus manos", concluyó el Boston Globe en su editorial la semana pasada, argumentando –al igual que un coro cada vez más amplio de expertos, investigadores, doctores y líderes sociales– que gran parte del impacto de la pandemia en este país "era prevenible" y que vale recordar que "el alcance del virus aquí no es atribuible a un acto de Dios o una invasión extranjera, sino un fracaso colosal de liderazgo". (https://www.bostonglobe.com/2020/ 03/30/opinion/president-unfit-pandemic/).

Pero la culpa no es sólo de Trump. Se sabía en lo más alto desde hace años que este y otros países estaban en riesgo de exactamente algo así (las agencias de salud pública desde la previa amenaza de un coronavirus en 2004, el Pentágono había pronosticado precisamente algo así desde 2017, entre otras) y no se hizo lo necesario. El fracaso es bipartidista; no son sólo los Reagan y los Bush, sino los Clinton y los Obama quienes prepararon el camino para llegar a esto hoy día.

Y aunque se contaba desde hace años con el conocimiento y los pronósticos científicos sobre lo que ahora está sucediendo, "la patología del orden socioeconómico contemporáneo" impidió que se hiciera algo, por la sencilla razón de que "no hay ganancias en prevenir una catástrofe en el futuro", comentó Noam Chomsky hace unos días. En entrevista con Truthout subrayó que para superar esta crisis primero se tiene que entender que "Trump llegó al poder en una sociedad enferma, afligida por 40 años de neoliberalismo", el cual incluye un sistema de salud privatizado.

Ahora todos estamos amenazados, con amigos y familiares enfermos o que han fallecido, con colegas en el sector de salud agotados y devastados por lo que están viviendo bajo condiciones injustificables en el país más rico del mundo, resultado del desmantelamiento del sistema de salud y su subordinación al libre mercado. Ni hablar de la clausura de la economía más grande del mundo con millones de desempleados y la anulación de la vida cotidiana, incluyendo escuelas y centros de trabajo, toda la cultura y el deporte. Y no tenía que ser así.

Con las consecuencias del Covid-19 queda claro que lo que existe no es sustentable, casi de la misma manera en que con el cambio climático. Guste o no, como resultado de esta pandemia empezó un cambio, tal vez estructural. Qué tipo de cambio será depende, como siempre, de una lucha entre los que desean "regresar" a otra versión de más de lo mismo y los que argumentan que ya no se debe restablecer lo que antes se definía como "normal", porque ese "normal" era justo el problema.

Es un virus, pero al mismo tiempo es una enfermedad que podría llamarse la pandemia neoliberal. Además de su feroz y temible expresión física de salud, tal vez esta crisis social, económica y política también está produciendo los anticuerpos requeridos para salvarnos de la infección neoliberal.

“Los habitantes, finalmente liberados, nunca olvidarán el periodo difícil que los hizo enfrentar lo absurdo de su existencia y la precariedad de la condición humana… Lo que es verdad de todos los males del mundo es también verdad de la peste. Ayuda a los hombres elevarse sobre sí mismos”, escribió Albert Camus. En su obra La peste, el protagonista, el Dr. Rieux, comenta que "podría parecer una idea ridícula, pero la única manera de luchar contra la peste es con la decencia".

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Familiares cargan un féretro en Guayaquil, donde las funerarias dejaron de trabajar por miedo a l Covid-19.

Colapsó el sistema de salud y hay toque de queda en todo el país

En Guayaquil, la ciudad más afectada por el Covid-19, las personas empezaron a dejar en las calles a sus muertos ante la falta de respuesta del sistema de salud.

Imágenes dantescas empiezan a verse en Ecuador por el avance del coronavirus. En Guayaquil, la ciudad más afectada por el Covid-19, las personas empezaron a dejar en las calles a sus muertos ante la falta de respuesta del sistema de salud. En Guayas, provincia a la que pertenece esta ciudad, hay 1937 infectados, es decir el 70 por ciento del total nacional que llegó a 2748. Los muertos en el país son 93. El gobierno de Lenín Moreno decretó hace tres semanas el Estado de excepción. Días después ordenó el toque de queda en todo el país que rige entre las 2 de la tarde y las 5 de la mañana. A su vez, organismos de Derechos Humanos denuncian golpizas y tratos vejatorios por parte de las fuerzas de seguridad en las barrios populares.

Guayaquil: tierra de nadie

Los videos de los cadáveres abandonados en las calles de Guayaquil son la expresión más clara de un sistema de salud desbordado en la región de Guayas. Allí buena parte de las funerarias dejaron de trabajar por miedo a contraer el Covid-19, según informó el sitio ecuatoriano Portal V. Se estima que muchas de esas muertes no corresponden a casos de coronavirus, pero no hay certezas ya que los médicos no llegan hasta los cadáveres. Como las funerarias no pasan a retirar los cuerpos y el sistema de público no da respuesta, algunos difuntos llegaron a estar más de tres días en sus casas. “Si bien la falta de recursos en los barrios populares lleva a que los velorios se hagan en las casas, nunca antes ocurrió algo como esto”, dijo en diálogo con Página/12 Billy Navarrete, Secretario Ejecutivo del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos de Guayaquil. Las personas no pueden llevar los cuerpos a los cementerios ya que tampoco acceden a los certificados de defunción. “Además, hasta hoy el gobierno obligaba a hacer sólo cremaciones. Sin embargo en la ciudad sólo existen tres crematorios, todos privados, que cobran sumas imposibles para las clases populares. Es increíble pero en esta situación encontraron lugar para el lucro”, denunció el defensor de ddhh. Para sumar más caos a la situación, el vicepresidente de Ecuador, Otto Sonnenholzner, dijo el viernes pasado que los muertos por coronavirus serían enterrados en fosas comunes. Tras una ola de críticas el presidente dio marcha atrás y dijo que habrían “entierros dignos”. 

El estado de Excepción decretado por Moreno volvió a poner a los militares en las calles, como durante las jornadas de protestas de noviembre pasado. Guayaquil además fue declarada Zona de Seguridad Especial. Esa denominación le permite a las Fuerzas Armadas asumir el control del espacio público, entre otras atribuciones. Navarrete informó que recibieron denuncias por el accionar violento de los militares. “Durante los patrullajes en los barrios más pobres apalearon a los jóvenes y hubo cortes de cabello forzados. Se volvió a repetir el relato que estigmatiza a la gente de los barrios populares. Quieren hacerlos ver como los que perjudican la salud del resto, cuando son los que peor la están pasando”, afirmó el defensor público. Guayaquil es una ciudad donde las desigualdades sociales saltan a la vista. Los barrios lujosos tienen como telón de fondo enorme barriadas populares. “En las zonas pudientes la gente sigue haciendo reuniones sociales, se junta a hacer deportes, la vida sigue como si nada”, denunció Navarrete.

El costo de abandonar la salud

La expansión de Covid-19 en la provincia de Guaya y especialmente en Guayaquil se originó ante la llegada masiva de ecuatorianos residentes en España. La comunidad ecuatoriana en ese país es muy numerosa. El gobierno hizo una pobre vigilancia epidemiológica en el país desde que se detectó el primer caso de covid-19, sostuvo Esteban Ortíz, médico salubrista de la Universidad de las Américas de Quito. “Entre los que llegaron de España estuvo la primera gran propagadora de la enfermedad. Ella contagió contagió a 17 familiares, de las cuales dos murieron. En ese momento no hubo una buena política de prevención hacia la personas que llegaban al país”, sostuvo Ortiz. Para el médico otro elemento que permite entender la gravedad de la situación, es la desinversión en salud de los últimos gobiernos, pero especialmente durante la administración de Moreno. “El gobierno disminuyó el gasto público en salud. Se tildó de burócratas a todos los trabajadores públicos, incluidos los de la salud, y echaron a muchos de ellos. Con los cual acotaron el margen de respuesta ante una crisis de este tipo”, denunció Ortiz. Además informó que los hospitales públicos no se fueron equipados para la pandemia. “Al primer caso sospechoso de coronavirus, que fue un paciente chino, no se le pudieron hacer los análisis pertinentes por que no funcionaba el tomógrafo del hospital público Emilio Espejo, el más grande de Quito. En los últimos tres años el sistema hospitalario fue muy debilitado”, sostuvo Ortiz.

Ecuador es el cuarto país en toda América más afectado por coronavirus, con el agravante de que su población -de casi 17 millones- es muy inferior a la de Estados Unidos, Canadá y Brasil, que lo superan en la fatídica lista. Chile, por ejemplo, tiene más contagios pero muchos menos fallecidos. Al día de hoy Guayaquil es la ciudad con la mayor tasa de mortalidad cada cien mil habitantes en todo el continente sudamericano. Sin embargo, Ortiz remarcó que esos números serían mucho peores si se hubiera abordado la pandemia como en Brasil. Y resalta como algo positivo que el gobierno haya ordenado en forma temprana el confinamiento de toda la población.

Ecuador lleva 18 días de parálisis total. El sector informal y los desempleados, que sumados componen el 60 por ciento de la población económicamente activa, son los más golpeados por esta situación. A esto se suma la profunda crisis económica que se venía arrastrando. El gobierno no tomó medidas ni siquiera para defender a los trabajadores formales, informó Pablo Iturralde, economista del Centro de Derechos Económicos y Sociales. “Al contrario, se le permitió al empleador que descuente los días de vacaciones de la actual cuarentena. Y como segunda medida, les permitió suspender los pagos de salarios por tiempo indeterminado. El gobierno está viabilizando que la cuarentena la paguen los trabajadores”, sostuvo Iturralde. Además resaltó que el colapso del sistema de salud se explica en que el gobierno decidió priorizar el pago de la deuda externa. “Las reformas de austeridad recomendadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) nos llevaron a esta situación. Se adoptan esos programas pensando en resultados financieros, pero no en las consecuencias para la población. Y eso es lo que hoy estamos viendo”, enfatizó Iturralde.

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Por el coronavirus se postergan las elecciones en Bolivia

El Tribunal Superior Electoral (TSE) de Bolivia anunció la postergación de las elecciones presidenciales del 3 de mayo a causa del avance del coronavirus, que en ese país registró 19 casos hasta el momento. La nueva fecha no fue anunciada porque, según especificó la resolución, se consensuará con todos los partidos políticos.

La medida fue tomada a solo 24 horas de que comience a regir en ese país la cuarentena obligatoria, dispuesta por el gobierno de facto de Jeanine Áñez, y en momentos en que el Movimiento al Socialismo (MAS), del presidente depuesto Evo Morales, analizaba qué postura adoptar sobre los comicios en un plenario celebrado en La Paz.

El presidente del TSE, Salvador Romero, aseguró que lo que aceleró la resolución fue la cuarentena obligatoria por 14 días para frenar la propagación del COVID-19. En diálogo con agencias internacionales, el funcionario aclaró que la nueva fecha para elegir al sucesor de Evo Morales tras el golpe de Estado en su contra salga de un diálogo con las principales fuerzas políticas en base a criterios de “imparcialidad”, para no beneficiar ni perjudicar a ninguna de ellas.

"Criterios técnicos y científicos sólidos", dijo y anticipó que el Parlamento de ese país deberá hacer formalmente una nueva convocatoria. "Sabremos resistir el embate de la pandemia y también organizaremos un proceso electoral limpio y transparente", remarcó Romero.

Antes de conocerse la decisión del TSE, Evo Morales -quien reside en la Argentina- había anticipado que el MAS llevaría a ese diálogo una propuesta de unidad de la oposición, acompañada de un reclamo de un plan de emergencia enfocado no sólo en la sanidad sino fundamentalmente en la economía, como forma de lograr la unidad para enfrentar esta epidemia global, porque, aseguró, “la pandemia no tiene color ni ideología”.

El candidato presidencial del MAS, Luis Arce, quien lidera las encuestas de intención de voto, encabezaba hoy la reunión partidaria que se celebraba en La Paz.

Morales anticipó la postura de su partido: “Antes que estalle esta pandemia, la derecha golpista estaba buscando ya la suspensión”, aseveró y aseguró que “permanentemente se comenta en la sede del gobierno en La Paz que va a haber autogolpe, que Áñez le va a dejar el gobierno a los militares, porque de acuerdo a las encuestas somos ganadores en la primera vuelta”, de modo que “esta pandemia les llega como anillo al dedo”, agregó Morales.

No obstante, puntualizó que “todos los bolivianos y las bolivianas tenemos la obligación de atender y aplicar las recomendaciones de los expertos, de los científicos nacionales e internacionales, que sienten que es importante el adiestramiento social preventivo y obligatorio, porque menos circulación, menos traslados, menos contacto es menos contagio”.

“Tenemos la obligación primera de salvar la vida, como de defender la vida. Seguramente será esto lo que nuestros compañeros reunidos van a plantear mañana. Pero no solamente poder sumarnos a la cuarentena sin una propuestas de una emergencia alimenticia, económica y social”, anticipó.

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Nutrida conferencia de prensa en la Casa Blanca, en la cual Donald Trump declaró la "emergencia nacional" por el coronavirus.Foto Ap

 Nueva York., Solo después de una creciente ola de críticas por la falta de acción de su régimen y desplomes históricos en las bolsas de valores, el presidente Donald Trump declaró ayer una "emergencia nacional", pero rehusó responsabilizarse de lo que ya es visto como una catástrofe de salud pública prevenible con enormes consecuencias humanas y económicas.

En conferencia de prensa en la Casa Blanca –donde inexplicablemente Trump reunió hombro con hombro a diversos funcionarios y ejecutivos de empresas, a algunos de los cuales saludó de mano, y todos compartieron el mismo micrófono, violando con ello todos los protocolos aconsejados por expertos– el presidente oficialmente declaró una "emergencia nacional".

Aseguró que "esto pasará" y después de autoelogiarse, afirmó que ha creado una nueva alianza con el sector privado para abordar la crisis a la que hace sólo 13 días calificó como "un engaño", y prometió que habrá más que suficientes pruebas diagnósticas disponibles en los siguientes días.

La declaración de emergencia nacional pone hasta 50 mil millones de dólares disponibles para apoyar los esfuerzos de autoridades estatales y locales para enfrentar el coronavirus, además se anunciaron medidas para otorgar "flexibilidad" a los médicos y administradores de salud encargados de responder ante la crisis.

Luego de dos meses sin actuar, dejando al país más rico del mundo sin suficientes pruebas diagnósticas disponibles, herramienta fundamental para controlar la epidemia y armar estrategias de contención y mitigación, provocando una cada vez más furiosa condena, Trump aseguró este viernes que habrá millones de pruebas disponibles en los próximos días, y respondió que "no tomo ninguna responsabilidad" por la carencia de pruebas hasta la fecha, culpando a otros, como suele hacer.

La carencia de pruebas en EU fue denunciada por una amplia gama de políticos y expertos. Desde el inicio de la crisis y hasta la fecha sólo se han aplicado 15 mil, mientras Corea del Sur administra en promedio 10 mil pruebas cada día.

A la pregunta de si asumía la responsabilidad por desmantelar la oficina de pandemias que existía en la Casa Blanca para coordinar la respuesta federal a crisis como esta, Trump primero insultó a la periodista comentando que "esa es una pregunta asquerosa" y luego añadió: "No sé nada sobre eso". Sin embargo, fue su entonces asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, quien cerró esa oficina dentro del Consejo de Seguridad Nacional en 2018, y Trump en esa fecha lo justificó diciendo: "Yo soy un hombre de negocios" y afirmó que se estaban desperdiciando fondos manteniendo algo así.

El magnate comentó por primera vez que se someterá a una prueba después de que tuvo contacto con por lo menos dos visitantes contagiados. Hoy se confirmó que Peter Dutton, miembro del gabinete australiano, está contagiado, días después de reunirse con el procurador general William Barr y la hija del presidente Ivanka Trump.

Horas después de la conferencia de prensa en la Casa Blanca, la presidenta de la cámara baja Nancy Pelosi anunció que se había llegado a un acuerdo con el gobierno de Trump para impulsar un paquete de apoyo masivo para los afectados por el impacto de la crisis, que incluye fondos para pagar a trabajadores que soliciten licencia por enfermedad, seguro de desempleo y asistencia alimentaria para los más pobres, entre otras medidas. Se espera que ambas cámaras del Congreso aprueben el proyecto de ley entre ahora y la próxima semana.

Ante todo esto, las bolsas de valores respondieron positivamente, registrando una alza de casi 10 por ciento –la más alta en una jornada desde 2008– un día después de sufrir la peor caída desde 1987.

El número de casos confirmados se elevó a más de 2 mil, con 45 muertos, pero esas son cifras obtenidas con pocas pruebas, y se supone que habrá un incremento exponencial una vez que se cuente con las herramientas diagnósticas.

Más clausuras

Cada día la vida cotidiana es interrumpida con medidas que cancelan actividades de diversas agencias y entidades, cerrando miles de escuelas y universidades, mientras se alarga la lista de eventos cancelados o postergados como resultado de la pandemia.

Proyecciones alarmantes

Cálculos de las dimensiones potenciales de esta epidemia del Centro de Control de Enfermedades (CDC) y expertos internacionales, elaborados el mes pasado, proyectaron, en el peor de los casos y sin una intervención organizada (que ahora está en curso y por tanto se supondría que podría reducir estas consecuencias), una crisis con entre 160 y 214 millones de personas infectadas en Estados Unidos, de las cuales entre 2.4 y 21 millones podrían requerir hospitalización (en un país que cuenta con menos de un millón de camas disponibles, reportó el New York Times).

Una fuente dentro del gobierno comentó a National Public Radio que en enero Trump bloqueó un esfuerzo para multiplicar las pruebas del coronavirus, porque deseaba evitar registrar números crecientes de casos para no afectar su imagen y su campaña de reelección.

Por todo ello, varios expertos coinciden en que las consecuencias que se acumularán por esta pandemia eran en gran medida prevenibles y su gravedad será resultado del manejo político al inicio de esta crisis.

Una periodista haitiana tuiteó: “mi tío me habló desde Puerto Príncipe esta mañana para saber si necesitaba huir de éste, mi país, hoyo de mierda (empleando la palabra de Trump “shithole”, con la cual se refiere a países pobres de donde provienen migrantes).

Por David Brooks

Sábado 14 de marzo

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