Los 10 artículos científicos más populares de 2019

La inteligencia artificial, el sesgo de la significación estadística, así como la no relación entre las vacunas y el autismo centran los estudios con más impacto del año.

En los 12 últimos meses, Altmetric, una empresa con sede en Londres, ha monitorizado las menciones recibidas por 2,7 millones de investigaciones científicas. Las apariciones en blogs y redes sociales, las reseñas en medios de comunicación o las citaciones en Wikipedia constituyen algunos de los parámetros, más allá de las métricas convencionales como el factor de impacto, que permiten identificar los 100 trabajos más comentados en 2019. Los siguientes 10 artículos encabezan la clasificación.


Crear modelos realistas de cabezas parlantes mediante una sola fotografía


¿Imagina el lector poder realizar un vídeo de la célebre Mona Lisa hablando? El entrenamiento de redes neuronales artificiales permite obtener videoclips, con frecuencia falsos, a partir de múltiples imágenes del rostro humano. Sin embargo, en la práctica, los científicos, a menudo, solo disponen de unas pocas instantáneas de una persona concreta. En este trabajo, investigadores del Centro de Inteligencia Artificial de Samsung describen un método para superar esta limitación. Este nuevo sistema realiza un extensivo meta-aprendizaje con un gran número de vídeos para, con posterioridad, poder generar un modelo de un sujeto desconocido, incluso con una única fotografía. La investigación puede leerse en el repositorio arXiv.


Los científicos se manifiestan contra la significación estadística


En un comentario publicado por la revista Nature, más de 800 firmantes alertan sobre el modo en que el valor estadístico de unos resultados puede conllevar a falsas conclusiones. En concreto, los científicos piden acabar con expresiones como «no existe diferencia alguna» o «no hay ninguna relación» solo porque el valor p, o probabilidad, resulte mayor que un determinado límite (normalmente 0,05). Sin embargo, el objetivo del texto no es prohibir el uso de este parámetro, sino evitar el descarte de resultados relevantes y fomentar que los investigadores discutan los datos más allá de un simple valor. Al fin y al cabo, todo cálculo significativo implica cierto sesgo, por lo que alcanzar una determinada cifra tampoco garantiza que un dato sea cierto al cien por cien.


No, no existe relación entre la vacuna triple vírica y el autismo


El estudio, publicado por la revista Annals of Internal Medicine, desvincula una vez más la inmunización de la vacuna contra el sarampión, la rubeola y la parotiditis, también conocida como triple vírica, del riesgo de desarrollar autismo. Científicos daneses alcanzaron dicha conclusión tras analizar el historial clínico de 657.461 infantes nacidos en Dinamarca entre 1999 y 2010. El seguimiento y comparación entre los niños que recibieron la vacuna y los que no permitió determinar que la triple vírica no incrementa la probabilidad de padecer la enfermedad, ni desencadena el autismo en aquellos pequeños susceptibles de desarrollarlo. Por desgracia, la seguridad de esta vacuna aún genera desconfianza entre determinados sectores de la población, hecho que limita su aceptación.


La comunidad científica avisa: nos enfrentamos a una emergencia climática


Contar la realidad que muestran los datos constituye la obligación moral de todo investigador, aunque la conclusión no resulte de nuestro agrado. Por ello, en noviembre de 2019, 11.000 científicos declararon, tras analizar distintos indicadores, que el planeta Tierra se enfrenta a una grave emergencia climática. El desastre aún puede evitarse, mas para ello, la humanidad debe cambiar su estilo de vida. Entre las recomendaciones más relevantes, los investigadores destacan: la sustitución de los combustibles fósiles por fuentes de energía renovables; la reducción de la emisión de gases contaminantes como el metano o los hidrofluorocarbonos; la protección de los ecosistemas naturales; la disminución del consumo de carne, así como el incremento de la ingesta de productos vegetales; la implementación de un modelo de economía verde y la estabilización del crecimiento de la población mundial. La revista BioScience publica el texto íntegro.


Imágenes falsas generadas por medio de inteligencia artificial


Científicos de NVIDIA, uno de los mayores fabricantes de unidades de procesamiento gráficas a nivel mundial, describen en un manuscrito publicado en el repositorio arXiv el diseño de un nuevo tipo de red neuronal artificial generativa. En el campo de la inteligencia artificial, este tipo de sistemas son los productores de aquello que se quiera crear, como imágenes, textos o sonidos. La novedad del proyecto radica en que este generador mejora de forma notable el proceso de aprendizaje automático de las neuronas artificiales, hecho que facilita la obtención de imágenes falsas de gran calidad. Aplicaciones como FaceApp o Deepfake usan tecnologías parecidas.


Las bases genéticas de la sexualidad humana


En verano, la revista Science publicó este trabajo que dio la vuelta al mundo. En él, científicos de Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Dinamarca, Países Bajos y Suecia concluían, tras analizar el genoma de casi 500.000 individuos que no es posible predecir el comportamiento sexual humano únicamente en base a la genética. Así, aunque la investigación reveló la existencia de cinco regiones del ADN relacionadas con la conducta homosexual, ningún gen ejercería por sí solo un efecto claro sobre la sexualidad. Si lo desea, el lector hallará más información acerca de las conclusiones de este estudio en artículo de actualidad publicado por Investigación y Ciencia.


El número de personas afectadas por el aumento del nivel del mar sería mayor de lo estimado


Un nuevo modelo de inteligencia artificial triplica la población mundial en riesgo por las inundaciones y mareas que ocasionaría el incremento del nivel de los océanos. Según los datos publicados por la revista Nature Communications, en un escenario de bajas emisiones de dióxido de carbono, en el año 2100, 190 millones de personas habitarían zonas costaneras susceptibles de inundarse. La cifra se elevaría hasta los 630 millones en un contexto de altas emisiones. A pesar de que este cálculo también presenta ciertas limitaciones que condicionan su precisión, los autores destacan que los resultados reflejan de forma más precisa la amenaza que las ciudades litorales deberán afrontar en un futuro no tan lejano.
¿El uso del paracaídas previene la muerte en caso de saltar desde un avión?


En este artículo satírico, publicado por la revista British Medical Journal, investigadores de la Universidad de Harvard reclutaron a 23 sujetos dispuestos a lanzarse desde un avión con y sin paracaídas. Los participantes recibieron de forma aleatoria una mochila con el artefacto diseñado para frenar las caídas a gran altura o bien vacía. Tras el salto, de 0.6 metros, los científicos observaron que los sujetos de ambos grupos alcanzaron el suelo sanos y salvos. Por consiguiente, concluyeron que para sobrevivir al salto desde un avión el uso de paracaídas no es un factor determinante. Sin embargo, el auténtico propósito de los autores fue demostrar las limitaciones de extrapolar los resultados de los estudios aleatorios y la importancia de un buen diseño experimental para una correcta aplicación en la práctica clínica.


Plantar árboles como solución a la crisis climática


En concreto, 900 millones de hectáreas. De acuerdo con un trabajo publicado por la revista Science, esta cifra permitiría la absorción de 200 gigatones de dióxido de carbono a lo largo de los 40 años de vida promedio de un árbol. Es decir, el 25 por ciento de la actual reserva de carbono atmosférico. Para calcular estas cifras, los científicos desarrollaron un modelo informático a partir de los datos de zonas boscosas existentes en la actualidad. Ello permitió determinar el espacio que podría destinarse a los nuevos árboles más allá de los bosques actuales, así como las zonas urbanas o dedicadas a la agricultura. Sin embargo, también alertan que de agravarse la emergencia climática, los números presentados serán insuficientes para revertir el desastre.


La honestidad de la población mundial


Imagine el lector que hallara una cartera con dinero en la calle, ¿la devolvería a su dueño? La respuesta, con probabilidad, dependería de la cantidad exacta de billetes. Así concluye una investigación publicada por la revista Science, donde los autores abandonaron 17.000 billeteras en 355 ciudades de 40 países. En la mayoría de los casos, observaron que aquellas con mayor cantidad de dinero retornaban a manos de sus legítimos propietarios. El resultado sorprendió a los investigadores, pues ni expertos economistas acertaron a predecirlo, que señalan al altruismo humano, junto con la vergüenza de sabernos ladrones, como explicación del hallazgo.




Referencia: «Few-Shot Adversarial Learning of Realistic Neural Talking Head Models», de E. Zakharov et al., en arXiv:1905.08233, última versión publicada el 25 de septiembre de 2019.

Referencia: «Scientists rise up against statistical significance», de V. Amrhein et al., en Nature, publicado el 20 de marzo de 2019.

Referencia: «Measles, mumps, rubella vaccination and autism: a nationwide cohort study», de A. Hviid et al., en Annals of Internal Medicine; 170(8): páginas 513-520, publicado el 16 de abril de 2019.

Referencia: «World scientists' warning of a climate emergency», de W. J. Ripple et al., en BioScience; biz088, publicado el 5 de noviembre de 2019.

Referencia: «A style-based generator architecture for generative adversarial networks», de T. Karras et al., en arXiv:1812.04948, última versión publicada el 29 de marzo de 2019.

Referencia: «Large-scale GWAS reveals insights into the genetic architecture of same-sex sexual behavior», de A. Ganna et al., en Science; 365(6456): eaat7693, publicado el 30 de agosto de 2019.

Referencia: «New elevation data triple estimates of global vulnerability to sea-level rise and coastal flooding», de S. A. Kulp et al., en Nature Communications; 10: 4844, publicado el 29 de octubre de 2019.

Referencia: «Parachute use to prevent death and major trauma when jumping from aircraft: randomized controlled trial», de R. W. Yeh et al., en British Medical Jornal; 363:k5094 publicado el 13 de diciembre de 2018.

Referencia: «The global tree restoration potential», de J. F. Bastin et al., en Science; 365 (6448): páginas 76-79, publicado el 5 de julio de 2019.

Referencia: «Civic honesty around the globe», de A. Cohn et al., en Science; 365 (6448): páginas 70-73, publicado el 5 de julio de 2019.

Marta Pulido Salgado

es una investigadora en neurobiología celular
Fuente:
https://www.investigacionyciencia.es/noticias/los-10-artculos-cientficos-ms-populares-de-2019-18174

 

El administrador de la Nasa, Charles Bolden y el diseñador de SpaceX Elon Musk, presentan un proyecto (2012).

Los pinchazos de la carrera espacial de los visionarios de Silicon Valley no restan gravedad al pensamiento detrás de esos proyectos de conquista privada del espacio.

Este año iba a ser clave en la carrera espacial. En el mes de mayo, Jezz Bezos había presentado la maqueta de Blue Moon, la nave con la que planea llevar tripulación a la luna en 2024. La presentación, calentada desde hacía semanas con mensajes crípticos en las redes sociales, se desarrolló con la puesta en escena habitual de las grandes compañías tecnológicas. En un escenario oscuro y con escasa iluminación, Bezos dio paso a un vídeo en el que podía verse una simulación digital de la nave. En el vídeo no aparecía ningún prototipo real ni nada más allá de una mera animación hecha por ordenador, pero funcionó a la perfección como estrategia publicitaria de Blue Origin, la compañía aeroespacial del propietario de Amazon. Al fin y al cabo, esta segunda carrera espacial, como sucedió en gran medida en la primera, no depende solo de los logros técnicos efectivos, sino también del impacto que se consiga generar en la opinión pública.

Consciente de la necesidad de ese impacto, Bezos vendía de nuevo el sueño de la llegada a la luna, íntimamente relacionada en el imaginario estadounidense con el momento de mayor esplendor del país y su victoria en la Guerra Fría. Como forma de dar credibilidad a esa promesa, anunció que para finales de año se producirían los primeros vuelos tripulados al espacio de Blue Origin. Cuatro años antes, a finales de 2015, la compañía había conseguido por primera vez lanzar cohetes que alcanzaron el espacio y aterrizaron de vuelta de forma controlada, lo que abría la posibilidad de que pudieran ser reutilizados y, por tanto, se abaratasen enormemente los costes. Desde entonces, ha realizado once lanzamientos, y se esperaba con expectación el vuelo tripulado para finales de 2019. Sin embargo, el año ha transcurrido sin que se produjese.

El incumplimiento de los plazos anunciados ha sido una constante en esta carrera espacial privada. En marzo de 2018, Elon Musk anunciaba en una conferencia que esperaba que SpaceX, la empresa aeronáutica que posee, comenzase a hacer viajes de ida y vuelta a Marte a principios de 2019. El plazo parecía a todas luces insuficiente, pero tuvo un enorme impacto en las redes sociales y la prensa. SpaceX también llevaba varios años desarrollando cohetes que permitían ser reutilizados, de hecho el primer lanzamiento de la compañía se había producido con solo un mes de diferencia respecto al de Blue Origin, y parecía estar cerca de lograr un viaje a Marte. Sin embargo, el año transcurrió sin que se produjese. De nuevo parecía que la necesidad de generar impacto en la opinión pública estaba muy por delante del desarrollo tecnológico efectivo de la compañía.

El año 2019 también ha supuesto el cierre de otra de las empresas que participaban en la carrera espacial, Stratolaunch Systems. Propiedad de uno de los fundadores de Microsoft, Paul Allen, se había centrado en el desarrollo de una nave capaz de lanzar satélites al espacio que después se adaptaría también al transporte de pasajeros. Sin embargo, la muerte de Allen en octubre de 2018 y los problemas que arrastraba la compañía, que había reducido a un tercio su plantilla original y no parecía capaz de competir con Bezos y Musk, precipitaron la decisión de cerrarla.

Por su parte, la cuarta empresa en participar en la carrera espacial, Virgin Galactic, tampoco parecía atravesar su mejor momento. La compañía, propiedad del magnate Richard Branson y centrada en el turismo espacial, atravesaba dificultades desde 2014, cuando la nave SpaceShipTwo se estrelló en un accidente que supuso la muerte del copiloto. En febrero había realizado el primer vuelo con pasajeros al espacio, aunque muchos expertos discutieron el logro, ya que según ellos no alcanzó la distancia que marca el límite del espacio exterior. Con el objetivo de conseguir financiación y mejorar su posición respecto a Blue Origin y SpaceX, Virgin Galactic salió a bolsa en julio de este año, convirtiéndose en la primera compañía espacial que cotizaba en Wall Street. Sin embargo, los planes de Branson de convertirse en el primer turista espacial tampoco se han cumplido por el momento.

UTOPÍAS PARA UNOS POCOS

En la conferencia en la que anunciaba los planes de SpaceX para el futuro, Musk también respondió a varias preguntas sobre los objetivos de la compañía a largo plazo. Aunque en la actualidad está realizando tareas de abastecimiento de la Estación Espacial Internacional para la Nasa y el siguiente paso es transportar a los propios astronautas, que ahora mismo dependen de la Soyuz rusa, el objetivo de Musk a largo plazo es la colonización de Marte.

Según lo que ha repetido en entrevistas y ruedas de prensa, SpaceX busca construir una base espacial en el planeta rojo que pueda acoger a un millón de personas. Según Musk, se trataría de una especie de plan alternativo ante una posible catástrofe en la Tierra: “Si hay una Tercera Guerra Mundial querremos asegurarnos de que haya suficientes semillas de civilización humana en otro lugar para recuperarla y quizás acortar el tiempo de oscuridad. Creo que por eso es importante disponer de una base autónoma, idealmente en Marte, porque es más probable que sobreviva frente a una base lunar”.

Musk también habló de la forma de organización y funcionamiento de la colonia, que según él debería gobernarse mediante un sistema de democracia directa y regirse por “leyes sencillas”, ya que la legislación compleja esconde “algo sospechoso”. Estas leyes deberían ser además fácilmente revocables, evitando así “que se acumulen las reglas arbitrarias y se restrinjan cada vez más libertades”.

Esta visión no se diferencia mucho de la de Bezos, que ha afirmado en varias ocasiones que el objetivo a largo plazo de Blue Origin es la conquista humana del espacio mediante el establecimiento de colonias permanentes en diferentes planetas, satélites y estaciones espaciales. Su compañía se ha centrado más en la vuelta a la luna que en la llegada a Marte, pero comparte con Musk la idea esencial del proyecto: la creación de lugares habitables fuera del planeta. La vida humana ya no estaría confinada únicamente en la Tierra, sino que podría expandirse y colonizar diferentes lugares del sistema solar.

Los dos magnates coinciden también en la forma de realizar su proyecto de colonización. Aunque ambas compañías han recibido financiación pública a través de la NASA, se trata de empresas privadas que tienen como objetivo la obtención de beneficios económicos y cuyas decisiones y forma de organización dependen de sus dueños y no de cargos políticos. A diferencia de la primera carrera espacial, el capital privado está jugando ahora un papel clave, lo que sin duda está determinando su desarrollo.

No obstante, si nos atenemos a lo sucedido en 2019, no parece que este capital privado esté cosechando tantos éxitos como los proyectos de carácter estatal. Frente a todos los plazos incumplidos de las compañías privadas estadounidenses, China consiguió a principios de año colocar un cohete en la cara oculta de la luna, adelantando así a Estados Unidos en el liderazgo de la carrera espacial.

LA BATALLA POR EL FUTURO

A pesar de que los proyectos privados de colonizar el espacio están consiguiendo menos éxitos de los prometidos, el impacto de las declaraciones de sus dueños en la prensa y las redes sociales está contribuyendo a construir un relato concreto sobre el futuro de la humanidad en los próximos años. Ante la posibilidad de un fuerte deterioro de las condiciones de vida en la Tierra, algunos de los hombres más ricos del planeta apuestan por abandonarlo y vivir en colonias espaciales cuyo acceso depende de que se disponga del dinero suficiente para costear el billete, que en las estimaciones más optimistas de las propias compañías costaría alrededor del medio millón de dólares.

Una buena parte de la comunidad científica ha cuestionado algunas de las previsiones lanzadas por Musk y Bezos. No parece viable que en un plazo de tiempo corto se pueda reducir el tiempo que llevaría un viaje a Marte o desarrollar la tecnología suficiente para vivir allí de forma permanente, pero eso no ha impedido que se establezcan límites de solo unos pocos años para lograrlo. Parece que son conscientes de que no puede hacerse, y de hecho los plazos se van incumpliendo de forma sistemática, pero eso no les impide dar por ciertas sus visiones sobre el futuro.

La repetición de esta visión permite asentar la idea en la opinión pública no solo de que es aceptable la existencia de una carrera espacial guiada por intereses de enriquecimiento privado, sino también de que, en caso de deterioro irreversible de las condiciones de vida en el planeta, es lícito que lo abandonen aquellos que puedan permitírselo. Esto es especialmente grave en un contexto como el actual, marcado por una crisis climática que se agrava por momentos y donde la inacción política y las presiones de las compañías privadas amenazan con llevarnos a un callejón sin salida.

Además, estas visiones de las élites se enmarcan en un contexto cultural dominado por una visión apocalíptica del provenir. Cientos de series, novelas, películas, cómics y videojuegos presentan un futuro distópico en el que la humanidad parece condenada a luchar por su supervivencia en un entorno devastado y dominado por regímenes políticos cercanos al fascismo.

De alguna manera, parece que la opinión pública tiene que aceptar una visión del futuro en la que la mayor parte de la población lucha por su supervivencia en medio de la escasez y la opresión mientras los ricos abandonan el planeta para vivir en democráticas comunidades espaciales. Distopías para las masas y utopías privadas para las élites.

Una encuesta realizada el año pasado arrojó el dato de que el 60% de los estadounidenses cree que la NASA debe centrarse en monitorizar el clima y detectar meteoritos que pudiesen impactar con la Tierra. Solo un 13 y un 18% respectivamente defendían que la prioridad debe ser llevar astronautas a la luna y a Marte. La opinión pública parece tener claro que es más importante salvar la vida en la Tierra que colonizar el espacio. La pregunta es entonces si es aceptable que se destinen una ingente cantidad de recursos a lo contrario y si debemos aceptar que las élites extiendan la idea de que el impacto de las consecuencias de la crisis climática dependan del dinero que se tenga, ya sea dentro o fuera de los límites de planeta.

Por LAYLA MARTÍNEZ


PUBLICADO

2019-12-25 05:12

Publicado enSociedad
Cortar Internet durante grandes protestas se convierte en tendencia internacional: el caso de India es un precedente peligroso

- Cuanto más aumenta la conectividad a Internet, más aumentan también los intentos de algunos gobiernos por cortarla

- India es uno de los países que más corta la red, el año pasado se registraron 134 cortes y en Cachemira llevan sin internet 137 días

- Los gobiernos argumentan que controlando las telecomunicaciones defienden el orden público en sus países


El jueves, los usuarios de internet de Nueva Delhi comenzaron a notar que internet dejaba de funcionar. ¿El motivo? Había protestas. Cada vez más gobiernos autoritarios, entre los que toca incluir el de la democracia más habitada del mundo –India cuenta ya con un largo historial en esta lides– saben que la suspensión de los servicios de datos y llamadas son una buena táctica para desarticular la respuesta social en las calles.

El aumento del acceso a internet durante la última década, sobre todo en los países en vías de desarrollo, ha provocado un aumento paralelo de los intentos por controlar la información que transporta. Access Now, un grupo que promueve la libertad en la red, ha recopilado una lista de 75 cortes del servicio en 2016. En 2018 ese tipo de hechos había aumentando a 196.

Berhan Taye, analista de políticas de Access Now, cree que a medida que las protestas sacuden docenas de países por todo el globo, es muy probable que la cifra aumente "mucho".

Iraq ha cortado el acceso a internet en repetidas ocasiones a medida que las protestas han ido expandiéndose por el país. En Etiopía, esos mismos cortes se han convertido en una realidad tan frecuente que están incluso dañando la economía. Una organización de derechos digitales ha calculado que le cuestan al país 4,5 millones de dólares al día. En Venezuela sucede tan a menudo que ya es imposible contarlos. Taye lo compara con un niño que le da al interruptor de la luz una y otra vez cuando tiene miedo de que suceda algo.

Desde la primera ocasión en que India optó por esta táctica, se ha convertido en líder de su aplicación sin rival alguno. Sólo el año pasado se registraron 134 cortes. El 68% de todos los que suceden en el mundo. Esta semana rompió el récord de cualquier gobierno democráticos. En la región de Cachemira, que vive un convulso proceso político, llevan sin internet 137 días.

El apagón ha causado estragos en empresas, servicios médicos o el sistema educativo. Cuando comenzó, los reporteros volaban hasta Nueva Delhi para entregar su material o se acercaban hasta el aeropuerto de Srinagar, capital de Cachemira, donde pedían a pasajeros que llevaran consigo tarjetas de memoria que contenían las imágenes de lo que estaba sucediendo en el estado.

Los gobiernos justifican ese férreo control de las comunicaciones en defensa del orden público. Está claro que la velocidad acelerada a la que la información, sea cierta o no, viaja por la red, comienza a crear problemas. En 2018, India se esforzó para controlar rumores sobre secuestros de niños que viajaban más rápido de lo que las autoridades podían seguir. El resultado fue que al menos 30 personas fueron linchadas a lo largo del país.

Unos meses antes, el gobierno de Sri Lanka bloqueó las redes sociales para limitar la expansión de publicaciones de odio que alimentaban ataques mortales contra la minoría musulmana. El Ministro de información lo justificó diciendo que "el país podía haber estallado en cuestión de horas".

Pero estas medidas, que han comenzado a ponerse en marcha durante crisis puntuales, comienzan a convertirse en moneda de cambio habitual. La táctica, aceptada por la ciudadanía india, cuando se aplica en estados fronterizos como Jammu, Cachemira o Assam, se vuelve contra ellos y se activa también para desactivar protestas en Nueva Delhi o Bangalore.

Estados autoritarios como Rusia o Irán están planeando ya el siguiente paso: Construir "redes soberanas" que pueden desconectarse del resto del mundo cada vez que el gobierno así lo decida o que vivan desconectadas de lo que sucede fuera de sus fronteras como ya sucede con la "gran muralla de internet" que China ha levantado.

Las protestas del pasado noviembre en Irán fueron la excusa perfecta para que su gobierno probara lo que ha dado en llamar "halal.net": una especie de intranet iraní que sigue funcionando aún cuando se desconecta del internet mundial.

El modelo aún no es perfecto. Algunos iraníes se quejaron de múltiples fallos la red de cajeros automáticos y se cayeron las redes de algunos hospitales. Pero  aplicaciones como Snapp, que permiten compartir coche, funcionaron. El presidente iraní Hassan Rouhani, dijo este mes que el servicio propio del país mejorará hasta que "la gente no necesite conectarse a redes extranjeras para saciar sus necesidades".

Muchos gobiernos están interesados en entender como funcionan esos sistemas de control. Taye explica que "los países aprenden los unos de los otros,como funcionan los cortes de internet y como pueden ponerse en marcha".

La aplicación de este tipo de medidas preocupa allá donde pueda suceder pero el de India es uno de los casos paradigmáticos. En un país que se vanagloria de estar llamado a ser una superpotencia democrática, el modo en que controla y amenaza internet, servirá como ejemplo para países menos comprometidos aún con las libertades civiles.

Un editorial publicado esta misma semana por el periódico del estado chino, People's Daily Online, no dejó escapar la posibilidad de llamar la atención sobre el mensaje que lanzan los líderes indios. "Significa que cortar internet durante un estado de emergencia debería ser una práctica estandarizada para los estados soberanos", se afirmaba.

Por Michael Safi

20/12/2019 - 21:21h

Traducido por Alberto Arce

Publicado enInternacional
¿Es posible correr un maratón en menos de dos horas sin ayuda de la tecnología?

Al atardecer, un día de finales de agosto de 1960, dio comienzo el maratón de los Juegos de Roma. Parte de él transcurrió a oscuras, iluminado parcialmente por antorchas. Sobre adoquines, carretera y calles bacheadas ganó descalzo el etíope Abebe Bikila, estableciendo una nueva marca mundial: 2 h 15 min 16 s.

Cincuenta y nueve años después, el keniata Eliud Kipchoge corre en Viena un maratón diseñado a medida en 1 h 59 min 40 s. Rompe las 2 h por primera vez, pero no se considera una marca oficial. La carrera se planifica al margen de las normas de la Federación Internacional de Atletismo como una campaña de marketing de calzado iniciada unos años antes.

Kipchoge corre con un prototipo de zapatillas deportivas que aún no está a la venta. Se cree que pueden suponer una ayuda tecnológica injusta. Pero ¿qué esconde el calzado de Kipchoge? y ¿dónde está el límite de la ayuda tecnológica justa?

La tecnología presente en el maratón

En el deporte actual la tecnología está en casi todo, aunque no siempre es visible en competición. Uno de los elementos más tecnológicos es la vestimenta y, dentro de ella, muy especialmente, el calzado.

En la época en que Bikila ganó descalzo el maratón, se corría con playeras. El calzado cumplía escasamente su función protectora. Además, era pesado por la suela de caucho.

Una década más tarde, irrumpen los aeróbicos. Con ellos aparecen miles de corredores populares. Las marcas de calzado empiezan a usar materiales espumados, principalmente, de dos tipos:

  • Los EVA (etilvinilacetatos) albergan pequeñas burbujas cerradas.
  • Los PU (poliuretanos) contienen burbujas interconectadas a modo de esponja de baño.

De esta manera, se consigue rebajar hasta seis veces el peso de un mismo volumen de caucho y surgen las entresuelas; material por encima de la suela y debajo de la parte textil. Dentro de ellas, aparecen diferentes sistemas de amortiguación insertados que buscan proteger la pisada del impacto.

Las marcas de calzado de la época hablaban de la posibilidad de combinar la amortiguación con el retorno de energía en la impulsión. Pero no habían evidencias de que lo cumplieran eficazmente.

Con el cambio de siglo empieza a usarse en el calzado, con variados propósitos, la fibra de carbono.

Una década más tarde, irrumpe un nuevo material espumado, más ligero y con capacidades de retorno de una parte de la energía de la pisada. Se trata de los poliuretanos termoplásticos (TPU) encapsulados. Por otro lado, empiezan a registrarse evidencias de que el calzado actual ayuda a correr más rápido.

¿Un maratón en menos de 2 h?

Está claro que no es posible correr un maratón en menos de dos horas sin ayudas tecnológicas. Para eliminarlas totalmente, deberíamos desprendernos no solo del calzado. También, entre otras muchas cosas, de todos los dispositivos que se usan para el entrenamiento y recuperación del esfuerzo.

Paradójicamente se ha visto que aquellos que corren habitualmente descalzos suelen beneficiarse de una pisada mejor amortiguada con el suelo. Ello ha propiciado que muchos corredores calzados adopten su técnica de carrera: mayor frecuencia de pasos, menor amplitud en cada paso y pisar de planta o antepié en vez del talón. No obstante, la escasez de corredores descalzos contribuye a que no se hayan vuelto a ver marcas descalzas como la de Bikila en el maratón.

¿Dónde está el límite?

Los límites del rendimiento del ser humano en el deporte están íntimamente ligados a la tecnología. Los reglamentos velan por que se compita en igualdad de condiciones. Aceptan la tecnología siempre que favorezca el espectáculo sin que desvirtúe la esencia de la competición ni perjudique la salud. El mundo del atletismo no vería con buenos ojos que la antigua carrera de Filípides en la llanura de Maratón se convirtiera en una competición de tecnología de muelles del calzado.

La Federación Internacional de Atletismo no ha adoptado medidas de momento. El prototipo de Kipchoge aún no se ha usado en competición oficial. Tiene mayor altura de entresuela y más placas de fibra de carbono que modelos previos de la misma marca.

El reglamento de atletismo describe claramente los objetivos que debe cumplir el calzado: protección, estabilidad y firme adherencia sobre el suelo. No habla en absoluto de la ayuda en la impulsión para correr más rápido. Además, dice que los deportivos no deben estar fabricados de manera que otorguen ayuda o ventaja injusta. Si hay evidencias de que las zapatillas no se ajustan al reglamento, o al espíritu del mismo, podrán ser sometidas a estudio y prohibidas.

Desde la comunidad científica se ha propuesto limitar la altura de la entresuela como posible estrategia para controlar la ayuda en la impulsión que proporcionan los últimos modelos y prototipos de calzado. Ya se hizo en su día con el salto de altura y longitud. Por otro lado, esa limitación no coartaría totalmente el desarrollo futuro de avances tecnológicos en materiales y arquitecturas de calzado (con una altura de entresuela reducida, eso sí).

Por XAVIER AGUADO JÓDAR

PROFESOR DE BIOMECÁNICA DEPORTIVA. CATEDRÁTICO DE UNIVERSIDAD, UNIVERSIDAD DE CASTILLA-LA MANCHA

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En su defensa contra la llamada de Bernie Sanders a la desaparición de los multimillonarios, los argumentos de Mark Zuckerberg son elitistas e incorrectos

En respuesta a la afirmación del candidato presidencial Bernie Sanders de que los multimillonarios no deberían existir –y su llamada a gravar su riqueza con impuestos mucho más altos– el Director Ejecutivo de Facebook, Mark Zuckerberg, con una fortuna de 70.000 millones de dólares, acudió a Fox News para defender a su clase asediada. Los multimillonarios, argumentó, no deberían existir en un "sentido cósmico", sino que en realidad la mayoría de ellos son simplemente "personas que hacen cosas realmente buenas y que ayudan a muchas otras personas. Y te compensan bien por eso”. Zuckerberg también advirtió sobre los peligros de ceder demasiado control sobre su riqueza al gobierno, presuntamente propenso a sofocar la innovación y la competencia y “privar al mercado” de los fondos de sus compañeros multimillonarios para filantropía e investigación científica.

“Algunas personas piensan que, bueno, la clave o la forma de lidiar con este tipo de acumulación de riqueza es: "Hagamos que el gobierno lo tome todo"”, dijo Zuckerberg. "Y ahora el gobierno básicamente puede decidir, ya sabes, toda la investigación médica que se realiza". Lo que Zuckerberg no mencionó es que el impuesto que Sanders propone le costaría 5.500 millones de dólares en su primer año.

El razonamiento de Zuckerberg no es único entre el 1% más rico, especialmente en Silicon Valley: las personas con una riqueza escandalosa se lo han ganado mediante su propia astucia, creando un servicio esencial para el mundo y que promueve el bien común. Su éxito –nos dice este mito– es un reflejo de su capacidad para adivinar lo que es mejor para la sociedad y llevarlo a cabo; sus fortunas son proporcionales a su genialidad. La filantropía, como tal, no es solo una alternativa a pagar más impuestos, sino que es preferible. Después de todo, ¿qué podría saber mejor una cuadrilla de burócratas sin nombre ni rostro que un hombre –sí, generalmente son hombres– que ha construido una riqueza tan vasta? La innovación más crucial, advierte Zuckerberg, solo sucederá si eres lo suficientemente amable con él y sus amigos ricos.

Pese a lo común que es este argumento, resulta que no es cierto. Fijémonos en los cimientos de la fortuna de Mark Zuckerberg, Internet. Internet se desarrolló a partir de una pequeña red del Pentágono destinada a permitir que los militares intercambiasen información durante la Guerra Fría. En su libro The Entrepreneurial State, la economista Mariana Mazzucato muestra que los iPhones –de los que Facebook roba grandes cantidades de datos para venderlos al mejor postor– son en gran parte un conjunto de tecnologías creadas por varias agencias estatales, juntadas por Apple en un mismo elegante producto.

Por otro lado, en vez de allanar el camino para la mejora de los resultados de salud, el afán de beneficios en el sector de la medicina privada ha llevado a las compañías farmacéuticas a producir fármacos lo suficientemente diferentes de los de sus competidores para patentarlos, permitiendo a estas empresas cobrar una renta a los enfermos. Asimismo, los economistas Fred Block y Matthew Keller han descubierto que, de las 88 principales innovaciones clasificadas por la revista R&D como las más importantes entre 1971 y 2006, 77 fueron beneficiarias de una importante financiación federal para la investigación en su desarrollo inicial. "Si uno busca una edad dorada en la que el sector privado hizo la mayor parte de la innovación por sí solo sin ayuda federal", escriben, "uno tiene que volver a la era anterior a la Segunda Guerra Mundial". Así pues, a medida que la derecha ha ido rebajando la reputación del sector público, éste solo se ha vuelto más fundamental para el progreso por el cual el sector privado se ha llevado todo el reconocimiento.

No olvidemos tampoco los innumerables proyectos fallidos e innecesarios surgidos de Silicon Valley en la última década, desde Theranos hasta el Fyre Festival y Juicero. La reciente implosión de la empresa inmobiliaria WeWork, respaldada por SoftBank y JP Morgan Chase, así como la pérdida de un dólar por cada dólar que gana, debería arrojar algunas dudas sobre la supuesta habilidad del sector privado para superar los desafíos más apremiantes de la sociedad, o incluso para elegir ganadores. Además de la financiación gubernamental, la mayoría de las prodigiosas empresas tecnológicas están respaldadas por ejércitos de trabajadores típicamente mal pagados, ya sea que estén manejando Ubers, extrayendo los minerales de tierras raras necesarios para teléfonos inteligentes en condiciones de trabajo brutales o viendo videos espeluznantes hora tras hora para alejarlos de nuestros timelines de Facebook.

Todo esto no es para decir que el sector privado no ha desempeñado un papel importante en impulsar la innovación; al fin y al cabo, alguien tenía que diseñar el iPhone. Pero las fortunas construidas a partir de cada uno de estos nuevos inventos no podrían existir si no fuera por el hecho de que el gobierno –la mayoría de las veces– dio el primer paso, asumiendo unos riesgos en la financiación de la innovación que los emprendedores capitalistas y los prodigiosos inversores generalmente no asumen. "No solo el gobierno ha financiado la investigación más arriesgada", escribe Mazzucato, "sino que a menudo ha sido la fuente de los tipos de innovación más radicales y novedosos". En otras palabras, los Mark Zuckerbergs del mundo pueden hacer cosas buenas. Pero casi nunca lo hacen solos.

Además, la insultante riqueza de los multimillonarios no se gasta –como sugiere Zuckerberg– en investigación de vanguardia y esfuerzos filantrópicos. Después de haber comprado suficientes yates y jets privados, estos invierten su dinero principalmente en enriquecerse a través de la especulación financiera al estilo de los casinos y en bienes inmuebles de lujo en ciudades muy desiguales como San Francisco, Miami y Nueva York, donde la mayoría de las casas vacías actúan como depósitos de seguridad para proteger su riqueza de los impuestos. Su dinero también podría terminar en paraísos fiscales como las Islas Caimán, donde puede permanecer sin ser molestado por los recaudadores del estado. Por todo ello, muy poca de esa riqueza llega al 99% de la población, para quienes la desigualdad se ha disparado y los salarios se han estancado.

Así pues, la defensa de Zuckerberg de la clase multimillonaria es, por encima de todo, profundamente antidemocrática, puesto que pone en duda la capacidad de las masas para decidir qué es lo mejor para sí mientras repite el mito de que el sector público está condenado al despilfarro y al estancamiento. Quizás el mejor argumento para el tipo de políticas que Sanders ha propuesto sería dejar claro que, si bien podrían desempeñar algún papel en la financiación de la investigación avanzada que surge de lugares como ARPA-E y los National Institutes of Health, los multimillonarios no pueden trascender la democracia y tomar todas las decisiones sobre lo que la sociedad necesita y lo que no. En un mundo verdaderamente democrático –donde el trabajo se valorara de manera justa– los multimillonarios no existirían en absoluto.

28/10/2019

Kate Aronoff

Es periodista en de In This Times, donde cubre elecciones y política relacionada con el cambio climático.

Publicado enSociedad
Agricultura 4.0: cuando se nos atragantan los bits

El avance de la digitalización, robótica y otras nuevas tecnologías en la cadena agroalimentaria conlleva profundas transformaciones. Nuevos actores corporativos se apropian de eslabones de la cadena, empresas que nunca habíamos relacionado con agricultura o alimentación, como Amazon, Microsoft o Huawei, disputan ahora este mercado. Son más que inversiones: se trata de cambios radicales en la estructura y control de la cadena, con impactos en muchos aspectos de la alimentación, la salud y la soberanía alimentaria.

En el nuevo informe La insostenible agricultura 4.0, de Pat Mooney y Grupo ETC, elaborado con apoyo de la Fundación Rosa Luxemburgo, analizamos esta situación y sus impactos desde sus aplicaciones en tres bloques complementarios: hardware (maquinaria agrícola, robots, drones, sistemas de inteligencia artificial y nubes de Big Data), software (datos genómicos, biología sintética, nuevas biotecnologías) y sistema financiero digital ( blockchain, criptomonedas) (http://www.etcgroup.org/node/6341)

Como explico en un artículo anterior (Internet de las vacas, https://tinyurl.com/yy3c9wn5), la idea es que por medio de sistemas instalados en la maquinaria agrícola (GPS y sensores), uso de drones y chips en animales de cría y fincas se obtengan continuamente datos de cada propiedad, que son almacenados en nubes de datos masivos (Big Data), donde sistemas de inteligencia artificial informan después a cada agricultor sobre lo que debe hacer, qué, cuándo y dónde sembrar, aplicar riego, agrotóxicos, fertilizantes, etcétera. Para superar la falta de Internet en medios rurales se prevé el uso teléfonos celulares, pero sobre todo, como plantea Microsoft, usar "espacios blancos" de frecuencias de televisión, conectadas a módems con alcance de algunos kilómetros a instalar en cada propiedad. La enorme cantidad de datos generados hace que sean solamente grandes trasnacionales que venden servicios de nubes electrónicas –como Microsoft y Amazon– las que pueden competir en el sector.

Todas las trasnacionales conocidas que dominan el sector de semillas industriales y agroquímicos (Bayer-Monsanto, Syngenta, Basf, Corteva) han hecho acuerdos con las grandes de maquinaria, como John Deere, Agco (Massey Ferguson) y CNH para acumular datos en nubes compartidas. Datos que viene de las fincas, sobre suelos, agua, biodiversidad, clima, vientos, etcétera, pero que una vez organizados se venden como "paquetes" de servicio a los agricultores y empresas.

Los datos recogidos son muchos más que los que devuelven a los agricultores, por lo que empresas como Microsoft o Bayer-Monsanto acumulan un enorme volumen sobre territorios enteros, que se convierten en mercancías estratégicas a ofrecer a empresas mineras, forestales o gobiernos.

Yara, la segunda mayor compañía de fertilizantes a escala global, lanzó un programa, que presenta como el "Google" de la agricultura, para mapear propiedades agrícolas grandes o pequeñas. Cualquier persona puede buscar un rancho o finca en los mapas globales de la plataforma, marcar el área buscada y que Yara le venda información sobre qué fertilizantes, dónde y cuánto aplicar en esa zona. En México ofrece acceso gratuito por un año. Al igual que con Google o Facebook, el capital principal son los datos aportados por los que usan el sistema, que a Yara le permite planificar su producción y hacer mercadeo directo con agricultores y/o empresas, además de vender los datos a terceros.

Estos son algunos de los eslabones de la cadena de "Agricultura 4.0", como la llama la industria, parafraseando lo que el Foro de Davos bautizó cuarta revolución industrial. Otros eslabones son el uso de datos genómicos de cultivos, plantas, insectos, microbios, para hacer nuevos cultivos con ingeniería genética, y el secuenciamiento y digitalización masiva de los elementos de la biodiversidad y su puesta en venta en línea.

El sistema continúa con transacciones de comercio nacional e internacional, por medio de plataformas de comercio electrónico y criptomonedas, llegando hasta los supermercados o los propios hogares. Paradójicamente la industria afirma que los consumidores conocerán más del origen de los productos, pero en realidad es un sistema que aleja aún más a los agricultores de los consumidores, y hasta de sus propias decisiones en el campo.

En las áreas de agricultura y pecuaria industrial de México, Brasil, Argentina, Uruguay y Costa Rica ya están usando parte de estos sistemas, principalmente maquinaria agrícola con funciones digitales, drones, acumulación de datos en nubes, etcétera. El Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), con sede en Costa Rica, ha sido instrumental en la promoción de ese tipo de agricultura, que responde a los intereses de las trasnacionales de agronegocios y más allá. Víctor Villalobos, actual secretario de Agricultura, fue director general del IICA de 2010 a 2018, y desde ahí estableció para ello convenios con Monsanto, Microsoft y John Deere, entre otros.

Para conocer y discutir los impactos de la agricultura 4.0 presentaremos este informe el martes 29 de octubre, a las 18 horas, en la Casa de las Humanidades de la UNAM. Presidente Carranza 162, Coyoacán. Más información en https://tinyurl.com/yxqpsoc2

Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

Publicado enMedio Ambiente
Snowden: Estado y democracia en tiempos de big data

Ante seguidores y detractores Snowden se presenta con un héroe de la clase trabajadora que se inscribe en una larga tradición de “whistleblowers” o arrepentidos estadounidenses que datan de la guerra de Independencia. 

 

Acaba de salir “Vigilancia Permanente” la autobiografía de Edward Snowden, el espía más famoso del mundo. Y aunque no deja de ser muy interesante lo que dice, tanto o más es lo que elige callar. Porque hay que ponerse en su situación. Está asilado en Rusia y ha sido funcional a Rusia al haber revelado secretos valiosos de su rival geoestratégico, Estados Unidos, el país donde nació y para el cual ejerció de espía.  Por ambas razones es percibido como un colaborador ruso, y por lo tanto un traidor, por una amplia franja de la opinión pública estadounidense.

Pero ante a sus fieles seguidores, sobre todo los activistas en defensa de las libertades civiles, la privacidad, los derechos humanos y la libertad en la web, y especialmente ante sus detractores, empezando por los servicios de inteligencia estadounidenses y los congresistas que integran los comités de inteligencia en el Capitolio, Snowden se presenta con un héroe de la clase trabajadora que se inscribe en una larga tradición de “whistleblowers” o arrepentidos estadounidenses que datan de la guerra de Independencia. Un ciudadano común, miembro de la “comunidad de inteligencia” como la llama él, igual que su papá y su mamá. Típica familia que vive en un suburbio de Washington cerca de alguna base militar, y que puede tener como vecino a un Marine, un contratista de Blackwater o un agente del FBI.  Alguien que un día decidió revelar cómo funcionan los programas secretos de vigilancia masiva al tener una especie de epifanía después de releer la constitución. Ahí se da cuenta que dichos programas violan la Cuarta Enmienda, la que prohíbe realizar registros e incautaciones sin causa previa. “(La NSA) insistía en que el ‘registro’ y la `incautación’ sólo se producían cuando sus analistas, no sus algoritmos, hacían consultas activas en lo que ya se había recopilado de forma automática,” escribe Snowden, para quien “se trata de una interpretación extremista ( y por lo tanto errónea) de la cuarta Enmienda.”  Entonces siente que es su "deber" convertirse en denunciante porque al entrar a los servcios había jurado defender la constitución.

El libro arranca con un par de capítulos sobre su juventud,  donde deja en claro su fascinación por las computadoras y por la sensación de libertad y excitación que sintió al ver a su padre experimentar con la Commodore 64 en los albores de internet. Después cuenta cómo, a pesar de ser un pésimo alumno en la secundaria sus conocimientos de computación la abrieron de par en par las puertas de los organismos de inteligencia más importantes del país. Después, a medida que diseñaba programas para facilitar el intercambio de archivos y evitar duplicaciones, fue ganando acceso a los más preciados secretos del mundo del espionaje internacional. En medio del cuento Snowden entrelaza varias reflexiones sobre los peligros de la vigilancia masiva, las consecuencias negativas que puede acarrear el de dejarse espiar con dicha tecnología, los dilemas éticos, las razones (o más bien los temores) que habrían llevado a sus colegas a no realizar denuncias como la suya.

A continuación llega un capítulo en el que cuenta cómo sacó la información del búnker de la Agencia de Seguridad Nacional en Hawaii engañando a los guardias con chamuyo y microchips. Es la parte más divertida de libro y se lee como una novela de espionaje. Lo mismo que el viaje a Rusia y su encuentro con los espías de ese país. Un mano a mano inolvidable en el que Snowden mira a su rival en la cara y le espeta que se olvide de intentarlo, que él nunca va a colaborar con Rusia.

Verdad y consecuencia

Y después, de repente, casi como que se termina el libro. Nada sobre el criterio para elegir la información que divulgó. Específicamente, por qué, además de los documentos sobre vigilancia masiva, también divulgó documentos sobre espionaje a países aliados como Brasil y Alemania. No lo explica. No dice cuántos ni cuáles documentos filtró. Ni hablar de los documentos sobre cómo Estados Unidos espía celulares chinos que le entregara al South China Morning Post poco antes de salir Hong Kong. De todo eso ni una palabra. Ni vamos a encontrar en el libro las críticas a Trump y Putin que Snowden periódicamente tuitea o menciona en reportajes.

Tampoco hay ni una línea sobre las consecuencias geopolíticas de sus actos. Y no es que no lo pensó. En un momento escribe que eligió Hong Kong para divulgar sus documentos, entre otras razones, porque “en términos geopolíticos era lo más parecido que podía estar de una tierra de nadie.” En realidad, si pensó que desde el punto de vista de cómo sería percibida su delación, el estadounidense medio haría una clara distinción entre Hong Kong y China, entonces sobreestimó a su audiencia. Para el estadounidense medio, Snowden es un tipo que contó secretos estadounidenses en China y después corrió a refugiarse en Rusia. El propio Snowden parece no entenderlo cuando escribe que Estados Unidos, al cancelarle el pasaporte en pleno viaje a Ecuador para obligarlo a asilarse en Rusia, le entregó en bandeja “una victoria propagandística” a ese país. Al revés, la victoria propagandística fue para Estados Unidos, ya que le permitió pintar a Snowden con el mote de villano prorruso que lo persigue hasta hoy, limitando su efectividad como profeta de la privacidad acechada. 

Es interesante que por este clima desfavorable hacia él, que cerca de Snowden atribuyen con demasiado énfasis a la retórica de Trump, el propio Snowden eligió casi no publicitar su autobiografía en ese país, eligiendo casi exclusivamente a periodistas de medios europeos, sobre todo alemanes, para los reportajes promocionales. “Ya no quiero hablar con los medios de comunicación de Estados Unidos porque allí el ambiente está envenenado” le dijo a dos periodistas de Die Welt que lo visitaron en Moscú. Y sin embargo hoy el libro encabeza la lista de lo más vendidos gracias al empujón que le diera el propio gobierno de Trump al anunciar que le embargaría sus regalías porque Snowden habría violado acuerdos de confidencialidad con agencias de inteligencia. 

Snowden escribe que los programas de vigilancia masiva son secretos porque, si se conocieran, los estadounidenses no los tolerarían. Pero eso está por verse. En Estados Unidos, y en todo el mundo, el debate entre seguridad, privacidad y sus límites está lejos de estar saldado, aunque del 9-11 a esta parte la balanza parece inclinarse para e lado de la seguridad.

Se entiende la postura de Snowden de no profundizar ciertos temas espinosos. Está en Rusia. Su permiso de residencia expira en el 2020 y no tiene ofertas para radicarse en ningún otro país. Si quiere ser creíble en Estados Unidos, necesita criticar un poquito a Putin, pero si lo critica demasiado corre el riesgo de que lo entreguen a Estados Unidos, donde casi seguro sería condenado por espionaje. Tampoco puede criticar mucho a Trump desde Rusia porque los patriotas no critican a sus presidentes desde territorio enemigo. Con periodistas europeos puede hablar del poder de Jeff Bezos, de la legislación europea de internet y de cómo la propiedad intelectual se ha convertido en un instrumento de control social. Puede hablar de su situación en el exilio, describiéndose como un ciudadano global virtual que vive online y que no importa en qué país mira su pantalla. Puede describirse como un benefactor que trabaja por el bien de la humanidad en sistemas de seguridad que facilitan la tarea de los periodistas de investigación. En otras palabras, puede hablar como un técnico apolítico, un cruzado romántico contra la vigilancia masiva. En su libro, Snowden dice que uno de los mejores consejos que le dio su mujer Lindsay, es que no comparta sus ideas político-partidarias, porque podrían alienar a un segmento de su audiencia, ya que la vigilancia masiva y la consecuente pérdida de privacidad es un problema tanto para demócratas como republicanos.

En un punto tiene razón, pero la política no se puede evitar y ése es su problema. Para ganar la batalla cultural necesita hablar de política, sobre todo porque sus ideas políticas son las que lo llevaron a hacer lo que hizo. Al revelar secretos sensibles de Estados Unidos causó un terremoto. Sobre todo en esta era de guerras de información, en la que las bases de datos han reemplazado a los recursos naturales como los grandes objetivos en las pujas de poder entre potencias, un tiempo en el que el poder blando y la digitalización de drones y virus han convertido a los ejércitos tradicionales en reliquias inútiles y caras. En este escenario Snowden debilitó la capacidad de espionaje de Estados Unidos en favor de sus rivales Rusia y China. ¿Acaso Rusia y China no hacen uso y abuso de la vigilancia masiva de sus ciudadanos? 

Sin embargo, Snowden dice en su libro que denunció a los servicios estadounidenses porque era su “deber” constitucional.  Agrega que hay “secretos legítimos que no iba a darles a los periodistas” para no perjudicar a su país. De hecho Snowden nunca reveló secretos de Rusia, Ucrania, Afganistán, Irak, Cuba o Pakistán, por sólo nombrar alguno de los países donde actúan los enemigos reales o percibidos de Estados Unidos . Hay una ética en juego, un voto de lealtad hacia un país y un sistema de gobierno que incluye “secretos legítimos” que Snowden asegura no haber violado.  Por el contrario, él siente que su acto de delación se inscribe dentro de las más añejas y respetadas tradiciones estadounidenses: la del justiciero que hace cumplir la ley. Y dice además que le entregó sus secretos a medios tradicionales como The Guardian y The Washington Post (en vez de publicaciones más cuestionadas como WikiLeaks) porque conforman “la cuarta rama de facto del gobierno estadounidense, protegida por la Carta de Derechos”. Toda una definición política. En "Vigilancia Permanente" Snowden defiende no sólo el orden constitucional, sino también a las instituciones y los enunciados de la democracia republicana liberal como la división de poderes, la legitimidad de los servicios de inteligencia y el imperio de la ley. Habla de reformar el sistema, de imponerle controles y medidas de transparencia. Pero no lo cuestiona ni quiere abolirlo.

En contraste, Julian Assange en su libro “Los archivos de WikiLeaks” (2016) describe a Estados Unidos como un “imperio” y a sus servicios de inteligencia como un “culto”. Es por eso que para Snowden, Assange mostraba “una oposición visceral al poder central” y WikiLeaks, “un escepticismo radical ante el poder central.” Snowden no es Assange, eso está claro. Snowden cree en Estados Unidos y sueña con volver a Estados Unidos como hombre libre y respetado, sueña con reintegrarse a la vida cívica de su país. En su libro, Snowden se compara con los veteranos de guerra por el costo que pagó para cumplir con su deber. En cambio Assange cree que el sistema está podrido, que los grandes medios son parte de ese sistema y que solo queda resistir y luchar contra el orden tecnocapitalista resultante de la alianza parida entre el complejo militar industrial y Silicon Valley. Todo está relacionado y todo es político, desafía Assange.

Aislado en Rusia, atrapado entre su reformismo y la revolución que desató, entre su patriotismo y su deber ser, entre su silencio forzado y su necesidad de decir algo, su libro se lee como un intento de darle un sentido al acto que definió su vida y lo marcó, héroe o villano, como el espía más famoso del mundo. Gracias a esa acción y a este libro es que podemos hacernos tantas preguntas que él, por ahora, no puede o no quiere contestar.

Publicado enSociedad
Jueves, 26 Septiembre 2019 16:09

Cancioncita antes de los emoticones

Cancioncita antes de los emoticones

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Siento en tu palpitar tu corazón

En esos caracteres sin sentido

Se que estás ahí

Se que no te has ido

 

Siento palpitar tu corazón

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¡Ay! Pobre de mi corazón

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Tu no me respondes

Estas enfadada

Esos caracteres

No te dicen nada

 

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Marbel y Daniel

Daniel y Marbel

@hotmail

Garcilar

Publicado enEdición Nº261
Drones de guerra: aviones no tripulados para matar sin riesgo por control remoto

Las milicias hutíes de Yemen se han atribuido el ataque con drones de este fin de semana a dos instalaciones petrolíferas de Arabia Saudí

Cada vez más ejércitos en todo el mundo cuentan con el potencial para fabricar aviones de guerra no tripulados y para equiparlos con armas

Los Vehículos No Tripulados de Combate Aéreo son capaces de volar distancias largas, llevar y lanzar misiles. Se manejan por personal militar desde la base.

 

Las milicias hutíes de Yemen, cercanas a Irán, se han atribuido este fin de semana el ataque a dos instalaciones petrolíferas en Arabia Saudí pertenecientes a la empresa estatal Aramco. El destrozo no ha sido solo material sino que ha tenido repercusiones en la economía global, con el precio del barril de Brent disparado a cifras récord. Arabia Saudí ha tenido que recortar su producción de crudo en 5,6 millones de barriles diarios, un 5% de la producción mundial, y ya han avisado de que tardarán semanas en volver a los niveles previos al ataque.

Poco se sabe sobre los dispositivos utilizados para llevar a cabo la ofensiva contra las plantas de Abqaiq (la primera en producción del mundo) y Khurais. Tan solo que han sido 10 drones de combate, según los hutíes, y que en el ataque no se descarta la utilización de misiles de crucero. Como los drones civiles, los militares se clasifican en base a su rango y a la resistencia. Están los de alcance cercano (50 km y seis horas de autonomía), corto alcance (150 km y autonomía de 8 a 12 horas), rango medio (velocidades superiores a 150 km/h y rango de hasta 650 km) y los que pueden operar en altitudes superiores a los 30.000 pies (9,1 km). También pueden ser diferenciados por clases: la I (drones pequeños), la II (drones tácticos) y la III (drones estratégicos).

Lo que popularmente se conoce como drones militares o de combate en realidad son UCAV (Unmanned Combat Air Vehicle, que en castellano significa Vehículos No Tripulados de Combate Aéreo). No hay que confundirlos con los UAV (Unmanned Air Vehicles, Vehículos Aéreos No Tripulados), ya que aunque estos también pueden servir a ejércitos, no tienen capacidad para llevar armas y su tarea se centra más en la vigilancia que en la destrucción de objetivos.

Ambos dispositivos son manejados desde tierra por el personal militar designado para ello. En ocasiones puede haber más de un piloto a los mandos; uno manejando el dron a través de las cámaras que llevan incorporadas y el otro disparando las armas. Al ser más baratos que los aviones y al no entrañar riesgo para la vida del atacante, los UCAV se llevan usando por algunos ejércitos del mundo durante los últimos años, ya sea como apoyo en operaciones especiales o para bombardear objetivos concretos, como en el caso de las instalaciones petrolíferas saudíes o en el de algunos terroristas de Al Qaeda por parte de EEUU. Tan solo un dato: un helicóptero volando durante una hora cuesta unos 2.000 euros; un dron, 20.

¿Quién tiene drones de combate?

En el mundo hay más de 60 países que cuentan con drones de combate listos para su uso. Sin embargo, solo nueve países reconocen equiparlos con armamento. España no es uno de ellos, pero en el verano del año pasado el Ejército ya contaba con 13 modelos distintos entre los que se encuentran los IAI Searcher, los ScanEagle, los RQ-11 Raven y los INTA SIVA. A excepción de estos últimos, de fabricación nacional, el resto están construidos por empresas israelíes o estadounidenses, líderes en este sector y que los distribuyen al resto del mundo. De hecho, el Ejército compró en 2018 cuatro UCAV Predator a EEUU por 158 millones de euros.

Las grandes potencias como China, EEUU, Rusia o Israel ya han exhibido sus flotas de drones de combate en operaciones militares o en demostraciones aéreas. Los últimos han sido los rusos, que a finales de agosto presentaron los nuevos modelos S-70 Okhotnik y Altius-U. Son los dos elegidos que pretenden plantar cara a sus equivalentes norteamericanos, el XB-47 y el RQ-4 Global Hawk, respectivamente. Para hacernos una idea de la capacidad del primero, puede volar en régimen subsónico hasta los 1.000 km/h y tiene una autonomía de 3.500 km. Además, alberga espacio para equipar hasta dos toneladas de armas y es indetectable para los radares. El Altius es más pequeño, puede estar hasta 24 horas volando sin descanso y cargar hasta una tonelada de armas. También es invisible para el radar.

China es otro de los países que recientemente exhibió su potencial en una exhibición coordinada por la empresa gigante estatal de electrónica china CETC y la Universidad Nacional de Tecnología de Defensa del ejército chino. Consiguieron juntar 119 drones de ala fija volando como un solo cuerpo, sobrepasando el récord anterior fijado por el ejército de EEUU en 103 drones. Los chinos cuentan con un nivel de desarrollo superior a los estadounidenses y una fábrica, DJI, que produce el 70% de drones no militares que se venden en el mundo. Pero si hablamos de gasto en Defensa, EEUU gana con creces: destinan tres veces más dinero que China y tienen cerca de 7.000 drones teledirigidos por humanos, muy lejos de los casi 1.500 de los chinos.

Miles de muertos por ataques de drones

El poderoso arsenal de los ejércitos se da de bruces con las cifras. El Buró de Periodismo de Investigación de los EEUU estima que entre 8.459 y 12.105 personas han muerto por culpa de los ataques con drones. Si hablamos de bajas civiles, el número baja bastante (entre 769 y 1.725), y se reduce aún más en el caso de los niños (entre 253 y 397). A pesar de que los aparatos sean más precisos que los aviones y estén dotados de la última tecnología, parece que esos "daños colaterales" de los que una vez habló EEUU en plena guerra de Vietnam no se han conseguido remediar con la aparición de los UCAVs.

Informes como el de Amnistía Internacional acerca de estos dispositivos han conseguido poner de manifiesto su capacidad para matar sin riesgo, deshumanizando la guerra. Una de sus frases más duras es la siguiente: "Lo que sí sabemos es que su uso ha creado una situación en la que el mundo entero puede considerarse un campo de batalla, y prácticamente cualquier persona puede considerarse un daño colateral". Por eso instan a la comunidad internacional a crear unos protocolos que protejan a los civiles y a regular su uso ajustándose al derecho internacional.

En abril del año pasado, más de 3.000 trabajadores de Google firmaron una carta de protesta por el acuerdo entre la multinacional y el Pentágono para desarrollar un programa de reconocimiento de imágenes que mejoraría la puntería de los aparatos. El Proyecto Maven, que venció el pasado marzo, hizo que muchos empleados se fuesen de la compañía. Laura Nolan es una de ellos. Aunque empezó a trabajar en el proyecto, al poco tiempo se dio cuenta de que "cada vez estaba más preocupada éticamente", así que dimitió. Ahora cuenta su experiencia en The Guardian, donde asegura que estas máquinas solo traerán "atrocidades y asesinatos ilegales incluso bajo las leyes de la guerra, especialmente si se despliegan cientos o miles".

Por David Sarabia

16/09/2019 - 22:06h

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Miércoles, 11 Septiembre 2019 06:08

Huawei es apenas refriega de lo que se viene

Huawei es apenas refriega de lo que se viene

La guerra del gobierno Trump contra China (que empezó contra la multinacional Huawei) ha ocupado las portadas de los medios de comunicación en todo el mundo, hecho explicable por implicar a las dos mayores potencias comerciales del mundo y por afectar (como daño colateral) al mayor tótem del siglo XXI, como es la telefonía móvil, sin la cual se multiplicaría el número de desamparados, que encuentran en su teléfono la comprensión y el amor que ya no saben hallar fuera de emoticones y pantallas. Que el conflicto chino-yanqui haga timbrar al mundo no debe hacer olvidar un hecho más importante, que, en estos pagos, recibe nula atención: la feroz carrera armamentista que mantienen EEUU, China y Rusia, respecto de la cual lo comercial y Huawei -por más que inflen su importancia- no es sino un primer ‘round’ de una pelea a muchos rounds.

El común de los mortales vive de espaldas a la historia y a golpe de amarillismo, de manera que rara vez dispone de herramientas básicas para analizar casos como el presente. Uno de ellos se refiere a un hecho que ha ocurrido (y seguirá ocurriendo) en todos los tiempos y civilizaciones: cuando surge una nueva potencia -o resurge una que lo fue- la potencia reclama un sitio en el mundo proporcional a su poder y quiere -también- a sus adversarios fuera de sus áreas estratégicas. Tan viejo como el mundo, como narró Tucídides, hace 2400 años, en su Historia de la guerra del Peloponeso.

Un episodio ilustra esta realidad. Italia y Alemania se constituyeron como Estados unitarios en 1860 y 1871, respectivamente, es decir, tres siglos después del inicio de la era del imperialismo europeo. Llegaron tarde al reparto colonial, pero, como nuevos grandes Estados, reclamaron una parte del botín. En 1885, por iniciativa alemana, se celebró la Conferencia de Berlín para el reparto de África, de la que Alemania obtuvo un relevante número de colonias e Italia su porción, aunque nada comparables con las británicas y francesas. Al final, como es sabido, las contradicciones imperialistas terminaron estallando en la I Gran Guerra Europea moderna (Europa ha vivido en guerra desde los neandertales), mal llamada I Guerra Mundial. Esta guerra recordó otra antigua realidad: ningún imperio cede voluntariamente su poder. Se le arranca por la fuerza. Alejandro lo hizo con Darío. Roma con Cartago. EEUU con España.

Situémonos ahora en 2019. Un antiguo imperio, China, hasta hace ochenta años dominado, expoliado y explotado por potencias extranjeras, ha resurgido como ave fénix y reclama su lugar en el mundo. Otro viejo imperio, Rusia, renacido después del suicidio y desmembramiento de la superpotencia soviética, reclama también un solio macizo en la sociedad internacional. Frente a ellos EEUU, un imperio mundial joven (su poder inicial surgió de la IGM y su poder mundial de la IIGM), pretende que las renacidas nuevas potencias acepten el orden que instituyó sin disparar, prácticamente, un tiro y sin tener que hacer mayores sacrificios. Al contrario, EEUU pudo hacerse imperio merced a que las potencias europeas se mataron entre ellas, dejándole el campo abierto y, además, enriqueciéndolo hasta lo obsceno gracias a las dos guerras (John Kenneth Galbraith afirmó que la IGM había sido una bendición para EEUU).

El panorama actual, para Washington, es un tablero de ajedrez. A diferencia del mundo bipolar, donde cada superpotencia tenía definidas sus áreas de dominación estratégicas, el mundo hoy es multipolar y complejo y, por vez primera en la historia, auténticamente global. No hay colonias obedientes (salvo la UE, paradojas de la historia) y EEUU enfrenta, no sólo a dos potencias equivalentes, sino -esto es lo peor- aliadas, y de una magnitud abrumadora en territorio, población y recursos. La suma de China y Rusia-Rusia y China hace un poder que supera con creces al estadounidense, por más que se afane Washington en hacer creer lo contrario. El territorio de la alianza euro-asiática se extiende del mar de Barents al Mar de la China Meridional; del Báltico al Golfo Pérsico; del mar Mediterráneo y el Negro al Índico. Es decir, abarca la casi totalidad de Eurasia, con diferencia el continente más importante del mundo. Son, además, aliados contiguos, de forma que su interacción es fácil, intensa y… barata. Como recordó hace poco el periodista Michael Hudson, “Los Neocons nombrados por Trump están logrando lo que parecía impensable no hace mucho tiempo: juntar a China y Rusia -la gran pesadilla de Henry Kissinger y Zbigniew Brzezinski” (corrección: la alianza antecede Trump, aunque Donald ha hecho méritos notables para robustecerla).

EEUU, por el contrario, es un país aislado. Un Estado-isla en un continente-isla, separado del resto del mundo por los dos mayores océanos. Sus aliados están lejos y, más grave aún, están dispersos y solos. Japón es otro Estado-isla, separado del continente y sin aliados próximos (excluyo a Corea del Sur, primer candidato a abandonar el barco estadounidense, Taiwán duraría un suspiro). Europa es una península sin acceso directo a la mole euroasiática y sin recursos energéticos suficientes. Arabia Saudita es una península medieval rodeada de pocos amigos y con un ejército archi-armado pero incompetente (en Yemen acumulan sólo crímenes atroces). Mantener unidos todos esos fragmentos obliga, a EEUU, a gastos astronómicos, lo que deja, como daño colateral, un déficit público galáctico y ruinoso.

Esta realidad ha provocado, en EEUU, una proliferación de estudios y análisis sobre cómo enfrentar la alianza sino-rusa, como no se veía desde los años duros de la guerra fría. El último documento apareció en diciembre de 2018 (National Security / Long-Range Emerging Threats Facing the United States As Identified by Federal Agencies, Seguridad Nacional / Amenazas emergentes de largo alcance que enfrenta Estados Unidos según lo identificado por las agencias federales). Este informe expresa: “Estados Unidos enfrenta una compleja serie de amenazas a nuestra seguridad nacional, incluidos nuestro sistema político, económico, militar y social. Estas amenazas continuarán evolucionando a medida que se desarrollen los adversarios políticos y militares, a medida que avanzan los sistemas de armas y la tecnología, y con los cambios demográficos y ambientales”. Esta afirmación se ha convertido en estribillo en esa clase de informes, que repiten que EEUU afronta la mayor amenaza a su hegemonía, algo cierto, pues nunca EEUU había encontrado rivales de tal magnitud. La retirada de EEUU de los acuerdos de control de armas no es una ‘trumpada’, sino respuesta al miedo creciente a China, país no firmante de esos tratados, y su alianza con Rusia. Por ese mismo motivo, EEUU aumentará sus presiones sobre Europa y Latinoamérica, buscando crear un frente euro-americano frente a las potencias euro-asiáticas (otra cosa será que lo consiga o a qué nivel pueda conseguirlo).

El mundo de la guerra fría era un mundo de fronteras definidas, con conflictos en áreas periféricas -Vietnam, Angola, etc.- que no afectaban el equilibrio estratégico esencial entre las superpotencias. En el mundo actual hay pocas fronteras claras y demasiadas en disputa. Disputas geopolíticas, económicas, comerciales, científico-técnicas. Con cada vez más abundantes zonas grises y algunas absolutamente calientes. América del Sur está siendo convertida en una inmensa zona gris, con Rusia y China erosionando cuanto pueden la antigua hegemonía de EEUU, con Venezuela en el epicentro. Ucrania es -tómenlo en serio los europeos- un limes al que Rusia no renunciará (pregunten si EEUU aceptarían misiles rusos y chinos en México o Canadá). Irán, país milenario, quiere su propio espacio y es aliado esencial para China y Rusia (de ahí la obsesión de EEUU por derrocar a la república islámica). Siria, país referencia del de retorno de Rusia a Oriente Próximo, es territorio cardinal para la proyección del poder ruso en el Mediterráneo. India quiere ser potencia regional y, en alianza con Rusia, mantener el equilibrio en el Índico, establecer un status quo con China y, con China, desenredar el laberinto paquistaní. EEUU lleva una década queriendo enredar a India contra China e India le responde que los cipayos son historia y que ellos tienen sus propias aspiraciones. Por si alguna tenía dudas, a inicios de septiembre de este 2019, India firmó contratos por 14.500 millones de dólares para adquirir armamentos rusos, entre ellos sistemas S-400.

Recordemos, ahora, el primer juego de tronos, llamado en el siglo XIX “el gran juego”. Fue la disputa a cara de perro entre los imperios ruso y británico por el dominio de Asia Central. Gran Bretaña, la mayor potencia marítima de entonces, quería forjar un muro en torno a la India -su “joya de la corona”- y Rusia, la mayor potencia terrestre, expandir sus dominios sobre la vastedad centroasiática. “El gran juego” inspiraría a Halford Mackinder, el más importante geopolítico británico, a elaborar su teoría sobre la rivalidad entre la potencia marítima (Gran Bretaña) y la potencia terrestre (Rusia), que, desde hace casi un siglo, inspira a EEUU, potencia marítima heredera de la británica.

Porque EEUU es eso: una potencia marítima, separada del resto de continentes por el Atlántico y el Pacífico. Ser un Estado-isla de un continente-isla permitió a EEUU ser superpotencia y dominar casi todos los mares y océanos, teniendo como modelo a su antecesora británica. No obstante, el poder naval británico pudo ser lo que fue porque no había armas que contrarrestaran el poder de su flota. Sus naos podían aparecer de repente en cualquier sitio, sin dar tiempo a organizar la defensa, de forma que, en días o semanas, la flota británica podía tomar Shanghái, Mallorca o Bengala. Hoy, eso, es, simplemente, imposible. Satélites espías monitorean minuto a minuto cada buque de guerra, cada portaaviones, haciendo un disparate pensar en bloqueos y, menos aún, en ataques sorpresa desde el mar (o desde tierra). El acelerado e imparable desarrollo de misiles -como los hipersónicos rusos, que alcanzan velocidades superiores hasta doce veces la del sonido- convierten a los buques en armatostes fáciles de hundir

Un think tank británico fue el primero en advertir esta realidad, luego confirmada en un informe estadounidense, que reconoce que EEUU carece de medios contra los misiles hipersónicos rusos. China desarrolló, hace años, un sistema para hundir portaaviones por saturación, es decir, si una flota con portaaviones tiene, digamos, 800 misiles, el sistema chino dispararía mil o 1.500 misiles. Se perderían 800, pero el resto haría blanco. Las guerras comerciales, o el Huawei 5G no es el punto G de la economía mundial. Estamos, apenas, ante refriegas de lo que se viene. Y lo que se viene es grueso, muy grueso. Algo así como un nuevo tiempo, una nueva era, dominada por potencias asiáticas. Pudo ser de otra manera, si la UE/OTAN, en vez de pretender destruir Rusia, la hubiera hecho aliada, Ahora es demasiado tarde. La alianza ruso-china -como antes Alejandro, Napoleón o los británicos- marcará las pautas y se hará más fuerte. India está estableciendo su área e Irán la suya. ¿Y la UE? Bien, gracias, alineadita con EEUU, esperando las ostias del cielo, que no serán de pan ácimo ni harina de trigo.

Por Augusto Zamora R.

Autor de ‘Política y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos’ (2016, 3ª edición 2018) y de’ Réquiem polifónico por Occidente’ (2018), Akal.

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