Miércoles, 02 Septiembre 2020 05:55

América Crece: el caballo de Troya de EEUU 

América Crece: el caballo de Troya de EEUU 

La expansión de la influencia de EEUU en Latinoamérica y el Caribe mediante la Iniciativa América Crece permite a ese país evadir controles parlamentarios obligatorios en los países involucrados y avanza hacia un reformateo de la dependencia económica, financiera y política de la región.   

 

La iniciativa América Crece que fue lanzada en 2019 tiene un formato muy trumpiano: es expedita, escueta, y no requiere de negociación alguna entre instancias gubernamentales. Tampoco precisa de consultas a los parlamentos, mucho menos involucra a segmentos de la sociedad civil, porque el formato de Memorando de Entendimiento así lo permite.

Así como le gusta al presidente norteamericano Donald Trump, el mecanismo para afianzar la presencia de empresas norteamericanas en Latinoamérica y el Caribe impone la firma de un Memorando de Entendimiento, MoU por sus siglas en inglés, que sella el compromiso del gobierno en cuestión, para cumplir la hoja de ruta que trazarán los distintos organismos y agencias norteamericanas.

¡Cuidado! Abarcan más que el TLC

Mediante este procedimiento ya no se involucrarán en engorrosas negociaciones de tratados de libre comercio, TLC, para mejorar su balanza comercial, para obtener jugosos contratos estatales, realizar cambios a la legislación y en general adecuar a sus intereses el diseño del esquema de inversiones de los países.

Dicho así, suena aún más grosero que los propios TLC. Esos tratados de libre comercio que a Trump tampoco le gustan. No por nada ya sepultó el TLCAN e impuso sus propias reglas en el T-MEC. 

Además, las distintas administraciones ya aprendieron la historia de resistencia de la sociedad civil latinoamericana que durante años se opuso a esos tratados y que les generó muchos dolores de cabeza no solo a los distintos gobiernos de EEUU, sino también a los gobernantes de los países de Latinoamérica y el Caribe. 

Trump y su administración tampoco quieren enmarcarse en las reglas de la Organización Mundial de Comercio. Por eso ha encontrado el formato, que al parecer puede funcionarle por ahora, pues los gobiernos con los que ha firmado (nótese la palabra: firmado, no negociado) esos MoU permanecen genuflexos ante la voluntad del empresario presidente. 

A través de América Crece, Estados Unidos y los gobiernos de la región (donde por ahora son parte Argentina, Chile, Jamaica, Panamá, Colombia, Ecuador, Brasil, El Salvador y Honduras y hace poco se incorporó Bolivia) hacen un compromiso diplomático de alto nivel de encaminar la agenda que será trazada por los organismos y agencias norteamericanas y sus respectivas entidades empresariales de los países.

El MoU que avala a América Crece es un amplio paraguas que aguanta todo, absolutamente todo lo que el gobierno de turno permita, mientras la población no lo sepa, permanezca en cuarentenas caóticas, con hambre y esté sumida en el miedo por la pandemia.

Es previsible que EEUU y sus agencias no estarán interesados en realizar inversiones de caminos rurales, o mejoras hospitalarias en algún poblado alejado de las capitales, salvo que sea para la foto. Ahora con América Crece avalada por el MoU firmado, tienen el mecanismo para orientar las inversiones de los gobiernos hacia obras de gran infraestructura, útiles a sus intereses, donde se mencionan especialmente los proyectos energéticos, entiéndase gas, litio y proyectos hidroeléctricos de envergadura, por ejemplo.

Hay que subrayar y reiterar dos aspectos fundamentales en este formato que ahora aplica EEUU:

  1. La firma de un MoU permite evadir (por ahora) a los parlamentos, pues no son tratados o acuerdos, que según algunas constituciones deben pasar por el escrutinio de esos entes e incluso someterse a referendos. El mecanismo legal de Memorando de Entendimiento les permite evitar ese dispositivo de control. 
  2. Se trata no solo de una fuerte señal política, sino fundamentalmente de un compromiso de los gobiernos firmantes de priorizar, consultar y coordinar con EEUU y sus agencias los temas importantes de inversión.
    Este segundo punto es una enérgica señal no solo hacia afuera, sino fundamentalmente hacia el interior de sus países, ya que impone la ruta del destino de las inversiones. 

Lo mañoso de estos memorandos es que parecen inocuos, pues no llaman mucho la atención, ya que, a diferencia de tratados o acuerdos, no es el presidente o presidenta quien firma, sino un ministro o ministra quien asume compromisos que atingen a todo el Estado.

Aquí cabe por tanto alertar sobre las dimensiones y las áreas críticas que involucra dicho mecanismo del MoU, y sus posteriores acuerdos a partir del mismo. Los parlamentos pueden y deben hacer las consultas y advertencias necesarias para evitar que las futuras inversiones o diseños de proyectos de los países sean digitados desde el norte. 

No se debe olvidar que cuando EEUU habla de "buenas prácticas" y de "transparencia", en realidad se refiere a la implementación más allá de sus fronteras, de sus propias normas. Asimismo, hay que prestar atención que este Memorando es un paraguas donde están cobijados muchos temas importantes, tales como el apoyo a "mejorar sus marcos normativos y sus estructuras de adquisición para satisfacer las necesidades de financiación de proyectos con recursos limitados".

En los hechos se refiere a un tema no menor para los países: las compras estatales. En cualquier país del mundo, los mayores compradores son los gobiernos, quienes realizan los mayores contratos. Por ese motivo este tema merece especial atención, porque es un mecanismo importante para promover la industria y a las empresas de varios sectores nacionales. Lamentablemente es también un foco de corrupción, por eso debe estar bajo el escrutinio nacional, más aún ahora. 

Asimismo, América Crece promete agilizar el acceso del sector privado a los recursos financieros del gobierno de EEUU y con eso el candidato de EEUU a la presidencia del BID, Mauricio Claver-Carone, quien aún se desempeña como asistente adjunto del presidente y director senior de asuntos del hemisferio occidental, trabaja intensamente para allanar su camino a dicha organización. 

La pandemia prácticamente ha agotado los recursos de los países y sus reservas también. Por tanto, es el momento preciso para que, quienes tienen esos recursos, otorguen préstamos condicionados. 

Por ese motivo suena seductora la promesa de EEUU hacia algunos gobiernos ávidos de dinero. La iniciativa América Crece promete mayor inversión, generar empleos, pero con la ayuda ineludible de las agencias norteamericanas que incluyen los Departamentos de Estado, Tesoro, Comercio y Energía, la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID), la Agencia de Comercio y Desarrollo de los EEUU (USTDA) y la Corporación de Inversiones Privadas en el Extranjero (OPIC).

No cabe duda de que se trata de un caballo de Troya. Trump y sus mecanismos tramposos no serán quienes estén dispuestos a ayudar a resolver los problemas de dependencia y empobrecimiento de Latinoamérica y el Caribe, ¿o acaso alguien cree que sí? 

16:55 GMT 30.08.2020(actualizada a las 18:43 GMT 30.08.2020)URL corto

Por María Luisa Ramos Urzagaste

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Foto de portada: Víctimas de las guerras libradas por EE.UU. en el Medio Oriente. [Arko Datta/Reuters]

Las nuevas guerras de EE.UU.

 

El deterioro de la política doméstica de los Estados Unidos tiene correlato en la degradación de su política exterior. La tradición injerencista de Washington busca impedir su paulatina declinación como referencia de la política mundial y apela a innovadoras conceptualizaciones y prácticas para evitar un mayor deterioro

En un intento por sortear las repetidas derrotas estratégicas sufridas desde la Guerra de Corea hasta la actualidad, el exparacaidista y contratista militar (eufemismo de mercenario), actualmente devenido en académico, Sean McFate, publicó un libro en 2019 que se constituyó en el texto de cabecera de las usinas de información del Departamento de Seguridad Nacional y del Departamento de Estado. El almirante James Stavridis, que fuera responsable del Comando Sur hasta 2009 y luego Jefe  Supremo de la OTAN hasta 2013, catalogó a McFate como el nuevo Sun Tzu, en referencia al general chino del siglo V, autor de El arte de la guerra.

El libro de McFate se titula Las nuevas reglas de la guerra: la victoria en épocas de desorden, y se ha constituido en el texto de consulta obligada para los funcionarios que ejecutan las políticas de intervención en los países que Estados Unidos considera bajo su ámbito de influencia. Desde el prólogo, se anuncia que es una respuesta a los peligros detectados por los oficiales que han participado de las últimas aventuras trágicas del modelo imperial: el ascenso de China, el resurgimiento de  Rusia, la creciente escasez de los recursos naturales  y las conflictividades intraestatales. Las sugerencias planteadas por McFate exhiben con total procacidad las iniciativas de manipulación, vigilancia, simulación y engaño sistémico utilizadas por Washington para intentar conservar su poder devaluado. El desembozado injerencismo planteado en Las Nuevas Reglas reivindica la militarización de la política a partir de la utilización de los medios de comunicación, la gestión del desorden y la generación de conflictos internos.

La hipótesis central del autor es que Estados Unidos ha sido derrotado en todas las confrontaciones militares desde la Segunda Guerra Mundial (Corea, Vietnam, Cuba, Afganistán, Irak y Siria) porque no ha comprendido el cambio de los desafíos bélicos. Según McFate, el centro de las nuevas guerras está en la política y no en el territorio de la acumulación de armas. Las batallas del presente y del futuro se llevan a cabo en un nuevo escenario: la construcción de imaginarios y de sentido común; la búsqueda por imponer formas de realidad; y –sobre todo– el manejo de la información, los datos y la segmentación de que deriva e esos agregados. “La victoria moderna no se obtiene en un campo de batalla sino en la conciencia de una sociedad”.

El enfoque supone que la victoria en el campo de batalla es obsoleta. El autor afirma críticamente que Estados Unidos invierte billones de dólares en aviones de combate y robots asesinos y que, sin embargo, no logra imponerse: “Necesitamos el dominio de (…) la subversión estratégica para evitar que los problemas se conviertan en crisis y las crisis en conflictos”. Para eso se requieren más académicos, más Hollywood, más ONGs, más servicios de inteligencia y menos portaviones. El conflicto actual se desenvuelve en las sombras, en los ejércitos privados (las empresas contratistas de mercenarios), el anonimato, las operaciones de confusión y propaganda. Las fuerzas militares convencionales –profetiza McFate– deben ser reemplazadas por grupos enmascarados ajenos a las regulaciones convencionales de la guerra. Entre sus propuestas, llega a considerar la creación de cuerpos similares a la Legión Extranjera, con agentes reclutados de diferentes países, capaces de defender los intereses estratégicos de las corporaciones dentro de territorios (catalogados) sin Estado.

Sus actores prioritarios estarán en guerra permanente porque las escenas bélicas no comenzarán ni terminarán. Serán una continuidad acorde con el desorden global, los ejércitos privados, la entropía, el terrorismo, las operaciones de inteligencia y la búsqueda permanente por ganar la legitimidad; es decir, la aquiescencia de una población. Lo que McFate propone –y las delegaciones diplomáticas de Washington están ejercitando– es la exaltación de una guerra total en la que se asume la imposibilidad de respetar las regulaciones de los conflictos armados (la Convención de Ginebra, por ejemplo), porque ese tipo de enfrentamiento ya no existe y porque supone un handicap para los antagonistas. La tortura, el asesinato de civiles, la utilización de minas personales, el secuestro extrajudicial, el acatamiento de la soberanía de los aliados, el exterminio de prisioneros de guerra, etc., son cláusulas que ya no pueden ser respetadas porque su acatamiento supone una ventaja sobre los formatos actuales del conflicto.

Entre las sombras 

La nueva biblia bélica pretende ser una caracterización pero termina imponiéndose como un decálogo de ejecución. Los corolarios de su doctrina se observan con claridad en los capítulos tercero y cuarto del Documento de Seguridad Estratégica de diciembre 2017, difundido por Donald Trump, donde se ensayan reconversiones de las fuerzas militares en grupos de operaciones dedicados a tareas especiales, cuyo centro son los contenidos culturales, los memes, la ridiculización de dirigentes políticos enemigos, las operaciones judiciales, el control de los aparatos comunicacionales y el engaño planificado. La política ya no se piensa como una forma diferente de la guerra, sino que es una de sus facetas. “Si los gobiernos pueden hacer que la comunicación estratégica sea rentable –subraya McFate–, el sector privado puede ser creativo para satirizar a Putin montando osos. En esa misma lógica cuestiona que China haya comprado algunos estudios de Hollywood, hecho que hace imposible “presentar al gigante asiático como un villano en las películas”, enfoque que ayudaría más que las armas para enfrentarlos.

Para poder insertarse en el nuevo mundo de la guerra, habrá que derivar parte de inmensos recursos bélicos a la administración de mentiras comunicacionales (fake-news) ajenas a cualquier regulación soberana. Esto supone el retorno a un mundo pre-westfaliano (casi hobbesiano, de guerra de todos contra todos) donde conviven ejércitos privados, guerras sin Estados y organizaciones terroristas de triple bandera, dirigidos por fondos de cobertura financieros. Lejos de rechazar la anarquía y la anomia, McFate –autor también del libro El mercenario moderno– las conceptualiza como un territorio fértil para los nuevos formatos bélicos. Se trata de una conflictividad atemporal, de pugnas duraderas sin bandos totalmente triunfantes. Una administración permanente de la crisis global para sostener el status quo del liderazgo global de Washington. Un reciente ejemplo de este paradigma fue transparentizado por el sincericidio del empresario Elon Musk, quien afirmó por redes sociales: “Derrocaremos a quien haga falta” para poder acceder al recurso natural que se requiere para la producción de sus autos eléctricos (el litio).

Algunos de los apotegmas apuntados en Las Nuevas Reglas indican que “las mejores armas no disparan balas”, sino que son campañas efectivas de propaganda, lobby y relaciones públicas, basadas en la compra de voluntades y en el poder blando que supone la utilización de cócteles diplomáticos, la concesión de ventajas aspiraciones y la invitación a Congresos de Seguridad y lucha antiterrorista: una Green Card –sugiere McFate– puede comprar a muchos políticos, jueces o periodistas. Las batallas sangrientas, afirma, serán cada vez menos eficaces. La nueva guerra debe transformarse en un espectáculos de héroes y villanos, luego de que se demonice al contrincante y se lo caracterice ante el gran público como el enemigo del pueblo, en clara analogía de Henrik Ibsen.

En la misma lógica que el recordado libro de Jean Baudrillard (La guerra del Golfo no ha existido), pero con un tono más cínico, McFate señala que siempre será necesario el camuflaje de las acciones políticamente consideradas incorrectas, con el objetivo de obtener ventajas. No se puede salir derrotado de Vietnam –sugieren Las Nuevas Reglas– porque se autorice la divulgación del uso generalizado del napalm. Su pensamiento, inserto en una lógica imperial (que pretende la supresión de soberanías de terceros países), priva a McFate de  identificar las verdaderas causas estructurales de la conflictividad mundial: la desigualdad, el hambre, el control corporativo de los recursos naturales, la degradación ambiental, la violencia patriarcal sistémica, el neocolonialismo y/o la beligerancia funcional a la comercialización de armas.

En el anexo, el autor brinda 36 recomendaciones para los nuevos comandantes político-militares, responsables de garantizar a futuro la continuidad de la hegemonía de Washington. Las estratagemas devienen de  exégesis arbitrarias y forzadas de las indicaciones realizadas por Sun Tzu hace 15 siglos.

  1. Se deben esconder las verdaderas intenciones. En el caso de Argentina, el discurso de los valores, la república y la corrupciónson claros ejemplos de cómo se enmascara la cruda intención de impedir la integración regional, la soberanía estatal, el empoderamiento de los sectores populares y la democratización de la renta, la propiedad y la riqueza.
  2. Hay que detectar aliados antes de considerar los ataques. Las delegaciones diplomáticas de Washington funcionan habitualmente como un centro de reclutamiento de elites locales dispuestas a impedir el fortalecimiento de las representaciones nacionales y populares. “Dispone alianzas con los enemigos de tus enemigos”.
  3. Es necesario falsificar, tergiversar, confundir y complejizar el discurso y el debate social. Se buscará, sobre todo, que sea imposible comprender con claridad los beneficiarios y víctimas de cada una de las medidas políticas. El autor lo dice más claramente: “Es necesario inventar realidades creíbles”. Para ejemplificar esta máxima, afirma: “Cuando Rusia quiere desestabilizar Europa, no amenaza con una acción militar, como hizo la URSS. En cambio, bombardea Siria. Esta táctica llevó a decenas de miles de refugiados a Europa y exacerbó la crisis migratoria, instigando el Brexit”.
  4. Hay que irritar al enemigo. Se trata de entablar negociaciones sobre problemas aparentes para impedir que se aborden aspectos estructurales. “Marea a tu enemigo, sorpréndelo, discute cosas intrascendentes (…) Vuelve loco a tu enemigo, ponlo nervioso, ritualízalo”. El autor propone el diseño de subversiones a medida, revolución de colores y operaciones psicológicas de prensa como centro estratégico de la doctrina militar.

Por Jorge Elbaum | 31/08/2020 

Fuente: https://www.elcohetealaluna.com/las-nuevas-guerras/

 

 

Fuentes: Algérie Résistance

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Israel llega a la frontera iraní amenazando aún más la estabilidad en Oriente Próximo

La normalización de relaciones entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos ha creado un nuevo frente de batalla entre Israel e Irán, esta vez en el Golfo Pérsico, una zona llena de conflictos donde la superpotencia regional va a movilizarse con el apoyo de EEUU para combatir a la república islámica desde una distancia de apenas unos kilómetros.

 

El reciente acuerdo de normalización de relaciones entre los Emiratos Árabes Unidos (EAU) e Israel pone sobre la mesa una nueva ecuación en lo tocante a la estabilidad en el Golfo Pérsico, una zona en permanente ebullición por donde circula una fracción considerable del petróleo que se consume en el mundo.

La normalización permitirá a Israel llegar hasta la misma frontera marítima iraní, una circunstancia que va a agravar las tensiones dada la actividad que Israel ya tiene dentro de Irán y la belicosidad contra la república islámica de los EAU. Tanto los EAU como Israel buscan desestabilizar al gobierno de Teherán y reemplazarlo por otro más acorde con sus intereses.

Aunque su población autóctona apenas supera el millón de habitantes, los EAU cuentan con una población inmigrante de más de ocho millones. Sin embargo, este pequeño país ha estado muy activo en los últimos años en todos conflictos regionales, como Yemen, Libia, Siria, Qatar y otros, siempre siguiendo las órdenes del príncipe Mohammed bin Zayed (MBZ).

Además, desde hace años Turquía se ha convertido en otro centro de atención de MBZ. Este pasado domingo, The Sunday Times reveló que Israel está coordinando la política contra Turquía con los EAU, Egipto y Arabia Saudí. Esta actividad contra Turquía no está apartando la atención del príncipe emiratí de los demás frentes, y concretamente del iraní, un objetivo que comparte de manera especial con Israel y Arabia Saudí.

Para Israel, la normalización significa entre otras cosas que podrá operar más abiertamente desde los EAU contra Irán. Hay que tener en cuenta que en la zona hay un sinfín de bases militares estadounidenses y que los submarinos atómicos alemanes de que dispone Israel ya pueden estar usándolas.

A partir de ahora también podrá usar las bases en los EAU, y de esta manera aplicará el proceso de reciprocidad con Irán. Los iraníes están presentes en Siria, y también en Líbano a través de Hizbolá, de modo que Israel ve de lo más natural profundizar su actividad militar en el Golfo Pérsico.

Estados Unidos ya utiliza los EAU como una de sus principales bases de espionaje contra Irán, lo mismo que ocurre con Bakú, capital de Azerbayán, y en más de una ocasión estadounidenses e israelíes han comentado que comparten la inteligencia que obtienen sobre la república islámica. Irán es el principal enemigo de Israel, y por lo tanto de Estados Unidos, de modo que no puede extrañar que estos dos países aúnen sus esfuerzos en este asunto.

Varios medios regionales han publicado desde hace años que el Mosad israelí opera ampliamente desde los EAU contra Irán, y que incluso dispone de una estación propia en los EAU. Lo más natural es que a partir de ahora la presencia israelí en ese país se multiplique y que Irán sea el objetivo principal.

La situación geográfica de los EAU no puede ser más interesante para Israel. Aunque el estado judío mantiene excelentes relaciones, todavía no oficiales, con Omán, los EAU se encuentran a muy poca distancia de Irán, una situación más apetecible que la de ningún otro país del Golfo. Algunos medios han indicado que los aliados podrían provocar cualquier incidente para justificar un ataque contra Irán y dotarlo de "legitimidad internacional", una situación que sin duda aprobaría Israel.

No debe olvidarse que los EAU mantienen una disputa territorial con Irán desde los años setenta en torno a tres islas, una circunstancia que sin duda aprovechará Israel para meter cizaña. Todavía es pronto para saberlo, pero no hay que descartar que Israel aproveche ese contexto favorable para establecer bases militares en los EAU, o para usar las ya existentes, a pocos kilómetros de Irán.

La normalización con los EAU, a la que seguirán otras, refuerza la hegemonía de Israel en la región ante la pasividad europea. Los intereses de Europa son bien distintos a los de Israel, pero la ausencia de liderazgo en Oriente Próximo por parte de la canciller Ángela Merkel y el presidente Emmanuel Macron únicamente contribuye a crear conflictos y a agravarlos.

Esta explosiva situación se ha comprendido rápidamente en Teherán, desde donde se ha advertido de que la normalización con Israel puede tener "pésimas consecuencias" para los EAU, sugiriendo que la presencia israelí en aguas del Gofo puede causar incidentes graves. De momento, este escenario es hipotético pero un suceso inesperado o provocado puede convertirlo en un escenario real.

Todo esto ocurre cuando falta menos de tres meses para las elecciones estadounidenses. La situación podría cambiar si el presidente Donald Trump abandona la Casa Blanca en enero, pero es muy difícil que el demócrata Joe Biden sea capaz de imponer su voluntad sobre Israel, máxime si se tiene en cuenta que en los últimos meses sus declaraciones han sido claramente proisraelíes y ha hecho toda clase de guiños al primer ministro Benjamín Netanyahu, por ejemplo declarando que ayudará a la oposición turca contra el presidente Recep Tayyip Erdogan.

26/08/2020 08:22

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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China responde ante "acciones provocativas" de Estados Unidos en la región asiática

22 agosto 2020  Si Estados Unidos “sigue su propio camino”, ejerciendo acciones provocativas y presionando a los países de la región asiática, China se verá obligada a tomar medidas de represalia para salvaguardar sus intereses de seguridad, declaró este viernes en una conferencia de prensa el portavoz de la Cancillería china, Zhao Lijian.

“China se opone firmemente al despliegue estadounidense de misiles terrestres de medio alcance en la región de Asia-Pacífico y expresa su fuerte descontento con la presión frecuente de Estados Unidos sobre los países vecinos de China y las provocaciones abiertas en el hogar de China”, indicó el alto funcionario.

Según el vocero ministerial, la intención de la Casa Blanca “es consistente con su creciente presencia militar en la región y la llamada 'estrategia Indo-Pacífico', una demostración típica de su mentalidad de Guerra Fría”.

Zhao Lijian instó a Washington a “adoptar una actitud responsable” y concentrar sus esfuerzos en el mantenimiento de la paz y la estabilidad mundial y regional, “y no al revés”.

“Si Estados Unidos insiste en seguir su propio camino, China tomará las contramedidas necesarias para salvaguardar firmemente sus propios intereses de seguridad”, advirtió Zhao Lijian.

Los planes de Estados Unidos en la región asiática

El diplomático chino valoró así las palabras del enviado especial estadounidense para el control de armas, Marshall Billingslea, que en una entrevista con el medio japonés Nikkei afirmó que la Casa Blanca planeaba discutir el despliegue de misiles terrestres de mediano alcance con algunos países asiáticos para contrarrestar la “amenaza inmediata” del arsenal nuclear de China.

En particular, se trata de un tipo de misil de crucero de alcance medio no nuclear lanzado desde tierra que Estados Unidos empezó a desarrollar días después de su salida del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Medio y Corto (INF por sus siglas en inglés) con Rusia, que prohibía este tipo de armas, explicó Billingslea.

Según sus palabras, el nuevo misil, con un alcance de 1.000 kilómetros, es “exactamente el tipo de capacidad defensiva que países como Japón querrán y necesitarán en el futuro”.

Este acuerdo para la destrucción de los proyectiles de alcance medio y corto quedó oficialmente cancelado el pasado 2 de agosto de 2019 a iniciativa de la Administración Trump. El Tratado INF fue firmado en 1987 por la Unión Soviética y Estados Unidos con el objetivo de eliminar los misiles balísticos y de crucero con base en tierra con un alcance de entre 500 y 5.500 kilómetros, tanto nucleares como convencionales.

El último de los instrumentos bilaterales en el ámbito del control de armas ofensivas estratégicas que queda vigente entre Moscú y Washington es el Tratado START III, que expira en febrero de 2021.

Zhao Lijian aseguró que China apoya el diálogo sobre la extensión del START, dado que este tratado garantiza “no solo la seguridad estratégica de Estados Unidos y Rusia, sino también la estabilidad estratégica global”. Paralelamente, el portavoz señaló que Pekín “no tiene intención de participar en las llamadas 'negociaciones trilaterales' sobre el control de armas con Moscú y Washington”.

(Con información de RT)

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El Acuerdo Abraham y la peligrosa entrada de Israel en el Golfo Pérsico en 27 notas

Mientras bombardea Siria y Gaza, y pocos días después del misterioso incendio del puerto del Líbano y un mes después de los discretos ataques a varios centros estratégicos de Irán, Israel anuncia a bombo y platillo la firma del Acuerdo Abraham con Emiratos Árabes Unidos (EAU), con el que es reconocido oficialmente por el primer estado situado en el Golfo Pérsico. Será el tercer régimen árabe, – después de Egipto (1977) y Jordania (1994)-, que establece relaciones oficiales con el país que hace 72 años fue establecido en las tierras palestinas.

  1. El hecho considerado "histórico", y vendido como "el triunfo de la diplomacia por haber parado la anexión de Cisjordania a Israel", no fue la decisión tomada en los parlamentos de los firmantes, sino que es un acuerdo opaco entre unos hombres corruptos de extrema derecha: Donald Trump, su yerno Jared Kushner, Benjamín Netanyahu, el príncipe heredero del Reino de Arabia Saudí (RAS) Mohammed bin Salman (MbS), y el mandatario emiratí, Mohammed bin Zayed (MbZ).
¿En qué consiste el acuerdo?
  1. Es falso que EAU se ha sacrificado con este pacto para que Netanyahu abandonase el plan de anexionar gran parte de Cisjordania que anunció en julio, porque:
  2. Israel nunca ha parado de ocupar más tierras palestinas, ni lo hará. De hecho, el propio Netanyahu aseguró que se trata sólo de una suspensión temporal del proyecto, que hace de espada de Damocles colgada encima del cuello de los países "musulmanes" para arrodillarles aun más. El objetivo de Israel ha sido y es imposibilitar un estado palestino, y obligarles a su gente asimilar con una sonrisa su sometimiento a un sistema de Apartheid.
  3. En el momento que todas las potencias mundiales, salvo EEUU, se opusieron a este proyecto, al igual que su socio del gobierno Benny Gantz y los sionistas liberales -que priorizan la resolución del conflicto con palestina con el fin de garantizar la seguridad de Israel-, el viejo político judío se dio cuenta de que llevar a cabo el proyecto sería un grave error estratégico. Por lo que, sacó esta carta de la manga, tapando un escándalo con otro, disfrazándolo de papel rosa, para salir de una embarazosa situación: ¿Quién sino él puede, con una sola amenaza y sin dar nada a cambio (ni siquiera la paralización de nuevos asentamientos), obtener tanto, e incluso pasar de ser "corrupto e incompetente" ante su propio pueblo a ser un "héroe"?
Lo que obtiene Israel

3 . Entrar en el Golfo Pérsico e instalarse a pocos kilómetros de Irán, país que ya está rodeado de las bases militares de EEUU y al OTAN por los cuatro costados. De hecho, todos los contactos oficiales previos al acuerdo que han tendido ambos estados desde 1996 han girado en torno a cómo contener a la República Islámica de Irán (RII). La teocracia chiita, en un gravísimo error, nada más nacer en 1978 declaró una guerra religiosa contra Israel, EEUU y también los regímenes sunnitas tanto las repúblicas (como Iraq de Sadam Husein o Libia de Gadafi) como las monarquías, poniendo a los iraníes y a la integridad territorial de Irán en un serio peligro ante el poder arrasador de EEUU y sus socios, quienes han borrado del mapa a varios estados, sin piedad.

  1. Crear una alianza militar conjunta contra el enemigo iraní, ahora que la prioridad de la política exterior de EEUU – más allá de quien sea su presidente-, es China que no la RII. Desde 2016, las fuerzas aéreas de ambos países participan en las maniobras militares de la OTAN.
  2. Un inmenso mercado de armas. Israel se llevará una buena tajada del presupuesto anual de defensa de los EAU, unos 23.000 millones de dólares. La empresa emiratí Group 42 se ha asociado con la israelí Industrias Aeroespaciales y Rafael Advanced Defense Systems, para la compra de drones, artefactos de reconocimiento facial (AnyVision), vigilancia cibernética, e incluso el sistema antimisiles Cúpula de Hierro, que tras el misterioso ataque contra las instalaciones petrolíferas saudíesde Aramco, ha encontrado mercado en esta zona. Israel, de paso, roba este cliente a EEUU que en 2019 firmó un contrato de armas por 5.5 mil millones de dólares, que incluye el sistema de misiles Patriot. Ahora, aunque EEUU pueda vender armas avanzadas a este país árabe, incluidos los "prohibidos" F35 sacándole miles de millones de dólares, nunca le otorgará sus claves para que pueda usarlas de forma independiente: Israel siempre tendrá la superioridad militar.
  3. La posibilidad de hacerse con el control del Comando Central de EEUU en el Golfo Pérsico, por lo que no sólo Irán, sino ningún estado se salvará del chantaje israelí que ve el mundo solo desde la óptica de sus propios y estrechos intereses.
  4. Poder infiltrarse en los servicios de inteligencia y en la inteligencia militar emiratí, para tomarle como rehén. Los regímenes de Iraq, Siria y Libia, por ejemplo, no podían haberse sido desmontado de esta manera si no fuera, en parte, porque EEUU les obligó a cooperar en la supuesta lucha contra el terror, accediendo a sus servicios de seguridad nacionales.
  5. Cambiar la alineación geopolítica de la zona: los países árabes, como RAS y EAU, han pasado de unirse contra Israel a unirse con él contra Irán. Dijo Mike Pompeo que este acuerdo será una "pesadilla" para Irán.
  6. Aislar aún más a Irán, justo cuando estaba mejorando sus relaciones con las monarquías del Golfo Pérsico. Da igual que la RII haya dejado de lanzar la consigna "muerte de Israel" (y sus mandatarios quieren que este cambio se sepa en Occidente), haya levantado la prohibición a los atletas iraníes de competir con los israelíes, y haya autorizado a Hizbolá tener contacto con Tel Aviv, que es un reconocimiento indirectamente de aquel estado.
  7. Convertir a EAU en un socio y cómplice en sus agresiones militares a otras naciones. Pues, el diminuto país cuenta con ejércitos privados en Siria, Yemen y Libia. Además, es el único país árabe con tácticas y estrategias claras, y el mejor organizado en su política expansionista.
  8. Obtener una fuente segura de petróleo. Israel importa unos 240.000 barriles por día, y EAU posee inmensas reservas el 6% de las reservas mundiales: hasta la década de 1950, vivía del cultivo de dátiles, la pesca y el buceo de perlas.
  9. Enterrar la Iniciativa de Paz Árabe del 2002 que condicionaba la normalización de las relaciones con Israel a la desocupación de las tierras palestinas.
  10. Aleja a otro poderoso y rico país árabe de los palestinos

14 . Recibirá inversiones millonarias de los jeques, sangre inyectada en la economía israelí afatada por la crisis económica. EAU es la segunda economía más grande árabe, después del RAS.

¿Y qué consigue EAU?
  1. Mientras la fiesta por el acuerdo en Israel era pública, en Abu Dabi había silencio, no por estar avergonzados, sino por el miedo a provocar más protestas en los países "musulmanes", a pesar de haberlo vendido como un acuerdo para "salvar a los palestinos de la anexiona". Aun así, el jeque Zayed puede:
  2. Presentarse como el líder de la diplomacia en la región, a pesar de las bombas que sigue lanzando sobre "las naciones musulmanas" de Yemen y Libia. Ya ven que eso de "choque de civilizaciones" no era más que una coartada de la extremaderecha del Occidente y de Orienye, en su asalto a los derechos de los ciudadanos, también en ambos lados.
  3. Presentar su "modelo" de país musulmán, ahora que han fracasado las versiones iraní, turca, y saudí. Vale, las mujeres (extranjeras) pueden ir en bikini a las playas, pero la disidencia se castiga con tortura y desapariciones, igual que en todo Oriente Próximo.
  4. Protegerse de las exigencias de la democratización del país por parte de su propia población, teniendo a un "primo zumosol" como Israel; la familia real piensa que sería una póliza de seguro. Las dictaduras de la región se han dado cuenta de que la amenaza a su poder y privilegio provine más del interior que de fuera (Irán, 2009las verdaderas"primaveras árabes" de 2011). Las consignas contra Israel, lanzadas desde los países árabes, Turquía e Irán, son simple distracción por dichos regímenes de derecha y corruptos, acusando a sus ciudadanos críticos de estar al servicio de un régimen impresentable como Israel.
  5. Meter un gol al RAS en Washington, donde los saudíes, incluso entre los republicanos, han perdido su peso.MBS no puede reconocer a Israel mientras vive su padre el rey Salman, muy anti israelí, y quien llegó a señalar al Mosad como el autor de los atentados del 11S.
  6. Recibirá no solo tecnología, sino muchos turistas israelíes, que podrán disfrutar (no sé cómo) del Burj Khalifa, el edificio más alto del mundo.
  7. Se apoyará en Israel en su afán expansionista. En Siria, ambos patrocinaron al Estado Islámico. ¿Quién hubiera pensado que unos diminutos emiratos consiguieran hacerse con el control de las vías fluviales estratégicas en los mares Árabe y Rojo, ocupando el sur de Yemen?
  8. Sustituir sus frágiles relaciones con EEUU por Israel de forma progresiva, al igual que otros países árabes. Bahréin, Kuwait, Omán e incluso Qatar se van preparando para reconocer el Estado de Israel a precio de mantener el statu quo de la ocupación de las tierras palestinas.
  9. Utilizar su alianza con Israel para resolver las disputas que tiene en la región con países como Omán y Qatar. Es curioso que la Irán también recurrió a Israelpara luchar contra sus enemigos: le compró armas en su guerra contra Iraq en los años ochenta.
Las ganancias de Trump
  1. Tras su fracaso en poner en marcha el Acuerdo del Sigloy perder un Noble de la Paz, Donald Trump puede presumir de su única victoria en la política exterior, tras sus derrotas con Irán, Corea del Norte, Venezuela, Afganistán y China. Pero, este acuerdo no se traducirá en votos para las elecciones presidenciales de noviembre: no solo porque los estadounidenses seguramente ni saben dónde está EAU, sino porque están indignados por la gestión de la pandemia por el presidente y por la situación económica que ha dejado otros 22 millones de parados. Jimmy Carter consiguió la firma de paz entre Israel y Egipto en 1978, pero perdió las elecciones de 1980 -en parte por una alianza entre Teherán y el candidato republicano Ronald Reagan-, y George Bush, el artífice del Nuevo Orden Mundial, que supuestamente expulsó a Iraq de Kuwait, perdió la reelección por ignorar el aumento de la pobreza y desempleo.
  2. La indignación de los ciudadanos es tal que Trump no se ha atrevido a convertir este acuerdo en una gran celebración como la hizo Carter en Camp David.
Palestina tendrá la última palabra
  1. El error clásico de las élites es menospreciar la fuerza de los pueblos en la lucha por sus derechos, y este acuerdo morirá justamente por no haber contado son las sociedades palestina y emiratí. Está por ver 1) si utilizar estrategias como la emisión televisiva del deporte, sobre todo el futbol, por los firmantes de Abraham, normalizará la opresión de los palestinos entre los espectadores, y 2) si la sociedad palestina consigue apartar a la extremaderecha religiosa y a la derecha desfallecida e inmóvil del liderazgo de su batalla y tarazar nuevas estrategias y tácticas para la nueva situación y ser protagonista de su propio destino. Habría que acabar con el error de pedir la solidaridad con la "causa árabe", concepto despojado del enfoque de la lucha y la alianza de clases a nivel nacional, regional y mundial.
  2. El Oriente Próximo, a pesar de estar acostumbrado de resolver sus problemas con violencia, siempre tiene un lugar para el "tit-for-tatism", "La toma y daca" en la teoría de juegos. Cierto, los pueblos de esta región están cansados de tantas guerras, y deben incluir el dialogo y negociación con el enemigo en su política exterior, pero este tipo de "paz" injusta con un régimen como el israelísolo significa más guerras contra otros millones de personas indefensas. No es tarde para organizar un movimiento antimilitarista a nivel mundial y sobre todo en esta región tan azotada del planeta, y poner fin a las guerras contra los palestinos, los kurdos, yemeníes, iraquíes, afganos, sirios, libios y sudaneses, entre otros integrantes de una larga lista de nombres.

20 AGOSTO 2020

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Viernes, 14 Agosto 2020 06:07

Despojo a los mapuches

Despojo a los mapuches

Desde que el pinochetista Víctor Pérez asumió el Ministerio de Interior, la guerra contra el pueblo mapuche ganó en intensidad y brutalidad. Con su nombramiento como jefe de gabinete, el presidente Sebastián Piñera volcó su gobierno hacia la extrema derecha que utiliza el racismo y la violencia para amedrentar a los pueblos.

Uno de los hechos más graves sucedió la noche del primero de agosto, cuando civiles armados apoyados por Carabineros atacaron a los mapuche que ocupaban los municipios de Curacautín, Ercilla, Victoria y Traiguén, con violencia y gritos racistas. Las bandas armadas se activaron horas después de la visita del ministro Pérez a Wallmapu, donde esgrimió el clásico discurso de odio y represión.

La actual ofensiva responde a dos situaciones: por un lado, la crisis del gobierno de Chile, debilitado por la revuelta social activada en noviembre y que nunca se detuvo, pese a la pandemia, los estados de emergencia decretados y la militarización impuesta. La base social y política de Piñera se venía desmoronando, lo cual permitió que el Parlamento votara una medida a contrapelo de la privatización de los fondos previsionales, que permite a los ahorradores retirar 10 por ciento de sus fondos.

Para recomponer sus apoyos, Piñera decidió hacer lo que la publicación El Mostrador califica como "un guiño al sector más duro de la derecha" para enfrentar la doble revuelta chilena y mapuche, y defender la Constitución pinochetista de 1980 (https://bit.ly/3iDdLBz). El nuevo ministro se rodeó de un "círculo de hierro" con personajes que tienen fluidas relaciones con empresarios agrícolas cuyas tierras, usurpadas en la llamada Guerra de la Araucanía (1861-1883), están en disputa con comunidades autónomas en la región de Ercilla.

La segunda y decisiva es la am-plia movilización mapuche en el sur, en apoyo a la huelga de hambre indefinida del machi (autoridadreligiosa) Celestino Córdova, condenado a 18 años de cárcel por la muerte del matrimonio Luchsinger Mackay durante un incendio en su hacienda, en 2013. La huelga de hambre exige que se cumpla con las disposiciones del Convenio 169 de la OIT que permite continuar la pena en su comunidad.

La solidaridad con Celestino está movilizando a decenas de organizaciones y comunidades, desafiando la pandemia y la militarización. Durante los 100 días de huelga de Celestino, a la que se sumaron 27 presos de las cárceles de Temuco, Angol y Lebu, se formó una red de apoyo liderada principalmente por mujeres, que se erigieron en sus voceras y en convocantes de las manifestaciones que sufrieron agresiones y violencia de los Carabineros (https://bit.ly/3fOiiPF).

El Estado, denuncia un editorial del medio digital Mapuexpress, ha actuado con indolencia frente a la pandemia en tierras mapuches y ante a la huelga de hambre. La represión llegó al extremo de impedir, en mayo, que las hortaliceras mapuches vendieran sus productos, pese a vivir momentos de extrema necesidad (https://bit.ly/3ah4LPm).

Mientras reprimía a las vendedoras de hortalizas, con la otra mano el gobierno promovía "el ingreso masivo de proyectos extractivos al Servicio de Evaluación Ambiental", en momentos en que la principal preocupación de las comunidades y organizaciones mapuches está puesta en contener el avance del Covid-19 (https://bit.ly/3gWxDze).

Lo hace, como denunciara Mapuexpress, en momentos en que están suspendidos los procesos de participación ciudadana y cuando las Asociaciones de Funcionarios Públicos de los Servicios Ambientales del Estado habían solicitado la suspensión de los plazos de las evaluaciones ambientales, por la imposibilidad de evaluar los megaproyectos y socializarlos con las comunidades.

En pocas palabras, aprovechan la pandemia para intensificar el despojo, algo que sucede en toda América Latina, como lo atestigua la aceleración de las obras del Tren Maya y del Corredor Interoceánico en México.

Dos consideraciones más: la guerra contra el pueblo mapuche es una guerra colonial de despojo, en línea con la conquista europea y la mal llamada Pacificación de la Araucanía en el siglo XIX, rematada por Pinochet cuando traspasó a privados las seis forestales estatales entre 1976 y 1979. El pueblo mapuche demanda la devolución de 3 millones de hectáreas robadas durante este largo ciclo de despojo, hoy en manos de empresarios y multinacionales. El racismo es un instrumento de la neocolonización.

En años recientes emergió un conjunto de organizaciones con fuerte presencia juvenil y femenina, que retoman y profundizan la importante lucha de la Coordinadora Arauco Malleko en la década de los 90. Se trata de la Alianza Territorial Mapuche, Parlamento de Koz Koz, Identidad Territorial Lafkenche (pueblos costeros), cooperativas, asociaciones de mujeres, hogares estudiantiles, comunidades autónomas y medios de comunicación que se reafirman en el camino de la autonomía y la autodeterminación (https://bit.ly/3kBKSr6).

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Trump anuncia el acuerdo entre Israel y Emiratos Arabes Unidos en el Salón Oval de la Casa Blanca.  ________________________________________ Imagen: AFP

El entendimiento calificado de "histórico" fue anunciado por Estados Unidos

El primer ministro Benjamin Netanyahu aseguró sin embargo que Israel no renunció a sus planes de anexión, sino que se trata simplemente de una "suspensión temporal".

 

Israel y Emiratos Árabes Unidos llegaron a un acuerdo de paz que ambas partes calificaron de "histórico" y que conducirá a una total normalización de las relaciones diplomáticas entre ambas naciones. En la negociación fue clave el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Por el acuerdo, las autoridades israelíes se comprometieron a frenar la anexión de territorio palestino ocupado, una de las medidas dispuestas en el polémico "plan de paz"  presentado por el gobierno estadounidense en febrero. Pero el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, aseguró que su país no renunció al plan de anexión, condenado por buena parte de la comunidad internacional, sino que se trata simplemente de una "suspensión temporal". 

El entendimiento se selló en una llamada telefónica mantenida el jueves entre Trump, Netanyahu y el jeque Mohammed Bin Zayed, príncipe heredero de Abu Dhabi. Los palestinos salieron al cruce y le reprocharon a Emiratos Árabes Unidos el acuerdo con Israel. Consideraron que "no ayuda a la causa palestina" y representa un "cheque en blanco" para seguir adelante con la ocupación israelí. Desde su fundación en 1948, el Estado de Israel solo fue reconocido por dos países árabes de Medio Oriente: Egipto y Jordania. 

Luego de meses de creciente tensión en el conflicto con los palestinos por el reconocimiento de Estados Unidos a Jerusalén como la capital de Israel y la discusión sobre una posible anexión de parte de la ocupada Cisjordania, Trump consiguió el primer reconocimiento oficial de Israel en décadas en la región. "¡Enorme logro hoy! Un histórico acuerdo de paz entre dos grandes amigos, Israel y Emiratos Árabes Unidos", celebró el mandatario en Twitter.

"El presidente Donald Trump, el primer ministro Benjamin Netanyahu de Israel y el sheik Mohammed bin Zayed, príncipe de Abu Dhabi y vicecomandante supremo de los Emiratos Árabes Unidos, hablaron hoy y acordaron la normalización total de las relaciones entre Israel y Emiratos Árabes Unidos", refleja el comunicado conjunto difundido por la Casa Blanca. El texto adelanta que delegados de ambos países se reunirán en las próximas semanas para firmar acuerdos bilaterales y también destaca "el establecimiento de embajadas recíprocas".

"Israel dejará de declarar su soberanía sobre las áreas presentadas por la Visión de Paz del presidente (Donald Trump) y enfocará sus esfuerzos en expandir sus vínculos con otros países en el mundo árabe y musulmán", asegura el comunicado. La llamada Visión de Paz no es ni más ni menos que el plan presentado en febrero por el presidente estadounidense, elaborado por su yerno y asesor, Jared Kushner, que da luz verde a Israel para que avance en la anexión de partes de Cisjordania

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Anexión sobre la mesa

 

Pese a la suspensión temporal de la medida que generó un fuerte rechazo a nivel mundial, el primer ministro israelí aseguró que los planes de anexión de parte de la Cisjordania ocupada se mantienen vigentes. "La aplicación de la soberanía sobre la Judea y Samaria (nombre bíblico de Cisjordania) está sobre la mesa", dijo Netanyahu y aclaró que se trata de una decisión "temporal" pero que "no está anulada", en declaraciones oficiales transmitidas por la televisión local.

Por su parte, el titular de Defensa y socio de la coalición de gobierno, Benny Gantz, llamó a otras naciones árabes a "promover las relaciones diplomáticas en acuerdos de paz" adicionales. "Aplaudo este importante y significativo acuerdo, primero y sobre todo, al presidente Donald Trump, un verdadero amigo de Israel", manifestó Gantz a través de un comunicado. El titular de la cartera de Relaciones Exteriores, Gabi Azkhenazi, se expresó en los mismos términos acerca de un acuerdo que, en su opinión, ofrecerá "oportunidades para futuros pactos".

Dsde Emiratos Árabes Unidos, como era de esperar, también celebraron el entendimiento con Israel. El viceministro de Exteriores, Anwar Gargash, afirmó que la "valiente iniciativa" de normalizar las relaciones con Israel busca reconducir el proceso de paz entre palestinos e israelíes y la posibilidad de que se cree un Estado palestino. En su cuenta de Twitter, Gargash dijo que este paso busca "preservar las posibilidades de la solución de los dos Estados", uno palestino que conviva en paz con el estado de Israel.

Emiratos Árabes es el tercer país que establece relaciones diplomáticas con Israel, después de que Egipto firmara un acuerdo de paz con el país vecino en 1979 y Jordania hiciera lo mismo en 1994, lo que abrió la puerta a la normalización de las relaciones tras las guerras árabe-israelíes de 1967 y 1973.

 

"No somos la hoja de parra de nadie"

 

Desde territorio palestino no compartieron el entusiasmo desplegado por estadounidenses, israelíes y emiratíes. La Autoridad Palestina presidida por Mahmud Abbas calificó de "traición" a la causa palestina el acuerdo entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos y pidió una reunión de emergencia de la Liga Árabe. 

"Rechazamos y condenamos este acuerdo. No ayuda a la causa palestina sino que es visto como la continuación de la negación de los derechos del pueblo palestino", aseguró por su parte Hazem Qassem, vocero del movimiento Hamas, que hace más de diez años controla la Franja de Gaza. "Esto alienta a la ocupación israelí a continuar negando los derechos de nuestro pueblo palestino y a aumentar sus agresiones contra nosotros", agregó Qassem desde el enclave costero.

Hanan Ashrawi, miembro del Comité Ejecutivo de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), le reprochó a Emiratos Árabes Unidos el acuerdo diplomático con Israel. "Los Emiratos sacaron a la luz sus tratos secretos con Israel. Por favor, no nos hagan ningún favor. No somos la hoja de parra de nadie", publicó Ashrawi en su cuenta de Twitter.

Ashrawi también se refirió a la larga ocupación israelí sobre territorio palestino que comenzó en 1967. "Que nunca experimente la agonía de que le roben su país; que nunca sienta el dolor de vivir en cautiverio bajo una ocupación; que nunca sea testigo de la demolición de su casa o del asesinato de sus seres queridos", respondió la activista de la OLP al jeque emiratí Mohamed bin Zayed, que celebró el acuerdo en sus redes sociales.

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Celestino Córdova, machi (líder espiritual mapuche), fue condenado a 18 años de cárcel por participar en 2013 en un incendio provocado en el cual murió un matrimonio.Foto tomada de redes sociales

Santiago. La Corte Suprema de Chile rechazó ayer un recurso de amparo del machi (líder espiritual mapuche) Celestino Córdova, quien cumplió 102 días en huelga de hambre en protesta porque le impiden cumplir en arresto domiciliario una condena a 18 años de prisión por la muerte de un matrimonio durante un incendio intencional.

El fallo no es apelable y Córdova deberá seguir cumpliendo su condena en la cárcel.

El machi fue condenado a 18 años de prisión por participar en un incendio provocado por mapuches en 2013, en el cual murió el matrimonio Luchsinger-Mackay, según estableció el juicio en su contra desarrollado en la región de La Araucanía, 700 kilómetros al sur de Santiago.

Córdova advirtió esta semana en un audio divulgado por sus voceros que "en cualquier momento" iniciará una "huelga seca", es decir, dejará de ingerir líquidos, y por tanto "su desenlace no será lento como lo esperan todos los poderes del Estado".

En la conflictiva zona de La Araucanía los atentados incendiarios contra inmuebles, camiones y maquinaria agrícola se producen desde hace décadas y muchos son reivindicados por grupos radicales de mapuches que exigen la devolución de las tierras que en los inicios de la conquista de Chile pertenecían a sus antepasados.

El presidente Sebastián Piñera aseguró que se hará "todo lo que sea necesario para proteger la vida de las personas que están en huelga de hambre", en el contexto del respeto a la ley.

Piñera habló en una localidad cercana a Santiago durante la firma de un proyecto de ley que endurece las penas de cárcel por atentados incendiarios contra vehículos motorizados. Camioneros de La Araucanía afirman que este año han sido quemados cerca de 500 camiones.

Córdova permanece en un hospital en La Araucanía luego de que su salud se complicó en la cárcel por la huelga de hambre. Seis de otros ocho mapuches encarcelados que se sumaron desde el inicio al ayuno de Córdova también fueron trasladados a un centro de salud hace unos días.

Rodrigo Curipan, vocero de los ocho mapuches, declaró que el fallo del máximo tribunal "es una vía que siempre ha estado resuelta de manera discriminatoria en los tribunales en contra de los mapuches".

Los huelguistas piden la aplicación del artículo 10 del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, ratificado por Chile, que señala que cuando se condene a indígenas "deberán tenerse en cuenta sus características económicas, sociales y culturales" y "deberá darse preferencia a tipos de sanción distintos del encarcelamiento".

El Ministerio de Justicia ha desarrollado algunos diálogos con voceros de los mapuches en ayuno, pero no ha logrado ningún acuerdo.

Los mapuches representan 10 por ciento de los 19 millones de chilenos y la mitad vive en comunidades rurales pobres en La Araucanía.

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Líder mapuche chileno en huelga de hambre publicó un audio de despedida

“Será un orgullo dar la vida por mi pueblo mapuche”, dijo Celestino Córdova

La medida de fuerza del dirigente se produjo en el marco del denominado “conflicto de La Araucanía”. Desde 2016 los pueblos originarios chilenos demandan la devolución de tierras usurpadas.

 

El líder mapuche chileno Celestino Córdova grabó un mensaje de despedida ante las complicaciones de salud que sufre tras cumplir 100 días en huelga de hambre. Córdova exigió reivindicaciones políticas, territoriales y judiciales al gobierno. La medida de fuerza del dirigente se produjo en el marco del denominado “conflicto de La Araucanía”. Desde 2016 los pueblos originarios chilenos entraron en pugna con el gobierno para pedir la devolución de tierras usurpadas por el Estado y empresas. Además reclaman la autonomía del pueblo mapuche y la creación de un ministerio indígena.

Córdova cumple desde 2014 una condena de 18 años de cárcel. Se lo acusó por el homicidio del matrimonio Luchsinger Mackay. Ambos murieron durante un incendio en su casa de Vilcún, 700 kilómetros al sur de Santiago, como consecuencia de un ataque incendiario llevado a cabo en 2013. “Lamento mucho que tenga que entregarles mi último mensaje dentro mis últimos días que me quedan”, señaló el líder mapuche. También aludió a su condición de machi (guía espiritual) para expresar que es su deber realizar este sacrificio. "Para que mi muerte sea más rápido me he colocado a la disposición de retomar huelga seca en cualquier momento y así mi desenlace no será lento como se lo esperan los actores de todos los poderes del Estado", agregó Córdoba. Además destacó que dará la vida por su pueblo y sus creencias. “Sólo espero que al Estado de Chile le sigan exigiendo, de todas las formas, devolver nuestro territorio ancestral mapuche y todas las deudas históricas con todos los pueblos originarios”, sostuvo el machi.

En medio de este histórico conflicto entre los pueblos originarios y el gobierno, el presidente Sebastián Piñera afirmó el pasado domingo que estaba abierto al diálogo. Sin embargo enfatizó que se debía respetar el Estado de Derecho, renunciando a la violencia y colaborando en avanzar en las soluciones. Nada dijo del violento desalojo por parte de Carabineros de las tomas de municipalidades en la Araucanía. Por su parte, el líder mapuche sostiene que desde el 2013 el Estado chileno le arrebató sus tierras, su comunidad y a su familia. 

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La COVID-19 podría cambiar totalmente la geopolítica

O cambia todo (o no cambia nada)

No confío en Vd.

No se lo tome como algo personal. No me importa que sea amigo o extraño. No me importa su identidad o su ideología política, dónde trabaja ni si trabaja, si usa mascarilla o lleva pistola.

No confío en Vd. porque es, de momento, un posible portador de un virus mortal. ¿No tiene ningún síntoma? Quizás sea un superpropagador asintomático. Aunque me muestre los resultados negativos de su prueba, seguiré teniendo dudas. No tengo ni idea de lo que ha estado haciendo desde que le tomaron la muestra y recibió los resultados. Además, ¿podemos confiar de verdad en que la prueba es precisa?

Francamente, Vd. no debería confiar en mí por las mismas razones. Ni siquiera estoy seguro de poder confiar en mí mismo. ¿Acaso no me toqué la cara en el supermercado después de palpar los aguacates?

Estoy aprendiendo a vivir con esta desconfianza. Me mantengo alejado de otras personas. Estoy usando mascarilla. Me estoy lavando las manos. No estoy acudiendo a los bares.

Sin embargo, no estoy seguro de que la sociedad pueda vivir con este nivel de cosas. Afrontemos la realidad: la confianza hace girar el mundo. Las protestas estallan cuando se viola nuestra fe en las personas o en las instituciones: cuando no podemos confiar en la policía (#BlackLivesMatter), cuando no podemos confiar en los colegas varones (#MeToo), cuando no podemos confiar en que el sistema económico actúe con un mínimo de justicia (#OccupyWallStreet), o cuando no podemos confiar en que nuestro gobierno haga algo correctamente (#notmypresident).

Todo esto arroja ahora un asesino silencioso y oculto en esta mezcla combustible de desconfianza, ira y consternación. Es suficiente para desgarrar un país, para lanzar un vecino contra otro vecino y a un gobernador contra otro gobernador, para precipitar una guerra civil entre enmascarados y desenmascarados.

Esos problemas solo se multiplican a nivel global donde la desconfianza impregna ya el sistema: conflictos militares, guerras comerciales, luchas contra la migración y la corrupción. Por supuesto, también ha habido suficiente confianza para mantener en marcha la economía global, las negociaciones de los diplomáticos, el funcionamiento de las organizaciones internacionales, evitando así que el planeta se salga de control. Pero la pandemia puede sacar de su eje todo ese mundo conocido.

Soy muy consciente del debate en curso entre las facciones del “no mucho” y “todo”. Una vez que una vacuna lo elimine de nuestro sistema, el coronavirus podría no tener un efecto duradero en nuestro mundo. Incluso sin vacuna, las personas no pueden esperar para volver a la vida normal saltando a las piscinas, yendo al cine, asistiendo a fiestas, incluso en Estados Unidos, donde los casos continúan aumentando de forma espectacular. La epidemia de gripe de 1918-1919, que se cree mató al menos a 50 millones de personas, no cambió fundamentalmente la vida cotidiana, aparte de impulsar la medicina alternativa y socializada. Esa gripe salió de nuestra mente hacia la historia y, por supuesto, igual podría ocurrir con la COVID-19.

O bien, al igual que la peste negra en el siglo XIV separó el mundo medieval de todo lo que siguió, esta pandemia podría trazar un antes y un después en nuestra historia. Imaginemos que este nuevo virus sigue circulando y volviendo a circular, que nadie adquiere inmunidad permanente, que se convierte en una nueva y desagradable adición a la estación fría, excepto que solo mata a un par de personas de cada cien que lo contraen. Esta nueva normalidad sería ciertamente mejor que si el virus del Ébola, con una tasa de mortalidad del 50% si no se trata, se convirtiera en un riesgo perenne en todas partes. Pero incluso con una tasa de mortalidad de un dígito bajo, la COVID-19 lo cambiaría necesariamente todo.

Los medios de comunicación están llenos de especulaciones sobre cómo será el futuro con una pandemia periódica. El fin del teatro y de los deportes de espectadores. La institucionalización del aprendizaje a distancia. La muerte de oficinas y locales comerciales.

Pero echemos un vistazo un poco más allá, a un panorama más amplio. Consideremos por un momento el impacto de esta nueva potente desconfianza en las relaciones internacionales.

El futuro del Estado-nación

Digamos que vive en un país donde el gobierno respondió de manera rápida y competente ante la COVID-19. Supongamos que su gobierno estableció un sistema confiable de pruebas, rastreo de contactos y cuarentena. O que cerró la economía por un período doloroso pero corto, o que su sistema de pruebas fue tan bueno que ni siquiera necesitó cerrar del todo. En este momento, su vida estará volviendo a una apariencia de normalidad.

Es afortunado.

El resto de nosotros vivimos en Estados Unidos. O en Brasil. O en Rusia. O e la India. En estos países los gobiernos han demostrado ser incapaces de cumplir la función más importante del Estado: proteger la vida de sus ciudadanos. Si bien la mayor parte de Europa y gran parte de Asia oriental han suprimido la pandemia lo suficiente como para poder poner en marcha sus economías, la COVID-19 continúa fuera de control en aquellas partes del mundo que, miren qué coincidencia, también están dirigidas por electos autócratas de derechas.

En estos países dirigidos por incompetentes, los ciudadanos tienen muy buenas razones para desconfiar de sus gobiernos. En Estados Unidos, por ejemplo, la administración Trump hizo una chapuza en la cuestión de las pruebas, fracasó a la hora de coordinar los cerramientos, eliminó la supervisión de los rescates financieros y presionó para reabrir la economía a pesar de las objeciones de los expertos en salud pública. En la última señal de demencia precoz de la administración Trump, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany, declaró este mes que “la ciencia no debería interponerse” en la reapertura de las escuelas en otoño.

Los votantes, por supuesto, podrían expulsar a Trump en noviembre y, suponiendo que realmente abandone la Casa Blanca, recuperar cierta cordura en los asuntos públicos. Pero la pandemia está contribuyendo a erosionar de forma abrumadora la confianza en las instituciones nacionales. Incluso antes de que el virus atacara, en su Barómetro de Confianza 2018, la firma de relaciones públicas Edelman registró una caída sin precedentes en la confianza pública relacionada con… ¿qué más?… la elección de Trump. “El colapso de la confianza en Estados Unidos se debe a una espectacular falta de fe en el gobierno, que cayó 14 puntos, al 33%, entre la población en general”, señaló el informe. «Las instituciones restantes de negocios, medios de comunicación y ONG también experimentaron caídas de 10 a 20 puntos”.

Y no le sorprenderá saber que la situación no había mostrado signos de mejora para 2020, con los ciudadanos estadounidenses desconfiando aún más en las instituciones de su país que sus homólogos en Brasil, Italia o la India.

Esa pérdida institucional de fe refleja una tendencia a más largo plazo. Según la última encuesta Gallup, solo el 11% de los estadounidenses confía ahora en el Congreso, el 23% en las grandes empresas y los periódicos, el 24% en el sistema de justicia penal, el 29% en el sistema de escuelas públicas, el 36% en el sistema médico y el 38% en la presidencia. La única institución en la que confía una mayoría significativa de los estadounidenses -consideren esto una ironía, dadas las interminables guerras de Estados Unidos en el siglo XXI- es en el ejército (73%). La parte verdaderamente aterradora es que esas cifras se han mantenido constantes, con pequeñas variaciones, con dos administraciones muy diferentes durante la última década.

¿Hasta dónde deba caer el índice de confianza de un país antes de que deje de ser un país? Los comentaristas ya se han pasado diez años discutiendo la polarización del electorado estadounidense. Se ha derramado mucha tinta sobre el impacto de las redes sociales en la creación de cámaras de resonancia política. Han pasado 25 años desde que el politólogo Robert Putnam observó que los estadounidenses estaban “jugando a los bolos en solitario” (es decir, ya no participaban en actividades grupales o asuntos comunitarios como lo hicieron las generaciones anteriores).

El coronavirus ha demostrado, por lo general, ser un importante multiplicador de la fuerza de esas tendencias al hacer que las reuniones espontáneas de personas de mentalidad diferente sean cada vez menos probables. Sospecho que soy alguien típico. Evito a los peatones, ciclistas y otros corredores cuando salgo a correr. No voy a las cafeterías. No me pongo a hablar con personas en la fila del supermercado. Claro, estoy mucho tiempo metido en Zoom, pero casi siempre es con personas que ya conozco y con las que estoy de acuerdo.

En estas circunstancias, ¿cómo superaremos las enormes brechas de percepción ahora evidentes en este país para lograr lo que constituyen los entendimientos básicos más profundos que requiere un Estado-nación? ¿Perderán los estadounidenses la fe por completo en las elecciones, los periódicos, los hospitales y el transporte público, dejando así totalmente de ser ciudadanos?

La confianza es el combustible que hace funcionar esas instituciones. Y parece que perdimos el pico de la confianza hace mucho tiempo y que podríamos estar en un trineo de la COVID-19 yendo cuesta abajo a toda velocidad.

La globalización se desmorona

La economía global también se basa en la confianza: en las transacciones financieras, en la seguridad de las condiciones del lugar de trabajo, en el transporte de mercancías a larga distancia y en las expectativas del consumidor de que el producto comprado cumpla lo que anuncia.

Para causar el colapso en la línea de ensamblaje global, la COVID-19 no tuvo que introducir dudas en cada paso de esta cadena de suministro (aunque, al final, eso fue lo que hizo). Solo tuvo que cortar un eslabón: el lugar de trabajo. Cuando el Gobierno chino cerró las fábricas a principios de 2020 para contener la pandemia, lo que provocó una disminución del 17% en las exportaciones en enero y febrero en comparación con el año anterior, las empresas de todo el mundo se enfrentaron repentinamente a una escasez crítica de recambios de cochecomponentes de teléfonos inteligentes y otros bienes clave.

El lugar de trabajo demostró ser un eslabón débil en la cadena de suministro global por otra razón: el coste. La mano de obra ha sido tradicionalmente el principal gasto en la manufactura, lo cual, desde la década de 1990, llevó a las corporaciones a externalizar el trabajo a lugares más baratos como México, China y Vietnam. Desde entonces, sin embargo, la línea de ensamblaje global ha cambiado y, como explica la consultora McKinsey, “actualmente, más del 80% del comercio mundial de bienes [ya no es] de un país de bajos salarios a un país de altos salarios”.

La centralidad de la mano de obra en la ubicación de la fabricación se había visto erosionada por el crecimiento de la automatización, que, según los economistas, tiende a aumentar durante las recesiones. De hecho, tanto la inteligencia artificial como la robotización iban ya en ascenso incluso antes del impacto de la pandemia. En 2030 hasta 20 millones de puestos de trabajo en todo el mundo serán ocupados por robots. El Banco Mundial estima que, con el tiempo, reemplazarán a un sorprendente 85% de los empleos en Etiopía, 77% en China y 72% en Tailandia.

Luego tenemos los costes ambientales de esa misma línea de ensamblaje global. El transporte de carga contribuye con el 7% al 8% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, siendo el transporte aéreo la vía contaminante más intensa de carbono. (Agreguen a eso, por supuesto, la huella que dejan de carbono las propias fábricas).

Si todo eso no consigue cambiar la opinión de los directores ejecutivos sobre los beneficios de la globalización, entonces quizá las consideraciones de seguridad nacional pudieran hacerlo. La pandemia expuso la vulnerabilidad de los países en términos de productos básicos. Debido a que China es responsable de producir más respiradores, máscaras quirúrgicas y prendas protectoras que el resto del mundo combinado, los países comenzaron a entrar en pánico cuando la COVID-19 golpeó por primera vez, porque ya no tenían suficiente capacidad nacional para producir las herramientas básicas para lidiar ellos mismos con la propagación pandemia. Lo mismo se aplica a las medicinas esenciales. Por ejemplo, Estados Unidos dejó de producir penicilina en 2004.

La amenaza de infección, la propagación de la automatización, el impacto ambiental, el riesgo de un control extranjero: la línea de ensamblaje global ya no parece tener mucho sentido. ¿Por qué no trasladar la fabricación de vuelta a casa, a una “fábrica oscura” que está totalmente automatizada, no necesite luces, calefacción o aire acondicionado y esté prácticamente a prueba de pandemias?

Desde luego que la actual pandemia no implicará el fin de la globalización. Las corporaciones, como señala el informe de McKinsey, seguirán encontrando razones convincentes para reubicar la fabricación y los servicios en el extranjero, incluido el “acceso a mano de obra cualificada o recursos naturales, la proximidad a los consumidores y la calidad de la infraestructura”. Los consumidores seguirán queriendo piñas en invierno y teléfonos inteligentes baratos. Pero los capitalistas que miran el resultado final, en combinación con los nacionalistas al estilo Trump que insisten en que el capital regrese a casa, desmontarán cada vez más lo que todos dábamos por sentado como globalización.

La economía mundial no va sencillamente a desaparecer. Después de todo, la agricultura ha persistido en la era moderna. Solo que emplea un segmento cada vez menor de la fuerza laboral. Es probable que ocurra lo mismo con el comercio mundial en una era de pandemia. En la primera parte del siglo pasado, la mano de obra excedente ya no era necesaria en las granjas y emigraba a las ciudades para trabajar en las fábricas. La pregunta ahora es: ¿qué pasará con todos esos trabajadores que ya no se necesitan en las líneas de ensamblaje global?

Ni la comunidad internacional ni el libre mercado tienen preparada una respuesta, pero los populistas autoritarios sí: impedir que todos esos trabajadores desplazados emigren.

Un mundo amurallado

Desde el momento en que descendió por la escalera mecánica de la Torre Trump hacia la carrera presidencial, el empeño de Donald Trump por precintar la frontera de Estados Unidos con México ha constituido su posición política característica. Ese “muro grande, gordo y hermoso” suyo puede ser simplista, antiinmigrante, xenófobo y desconfiado del mundo -y puede que nunca llegue a completarse-, pero, desafortunadamente, no ha estado solo en su obsesión por los muros.

Israel fue pionero en la construcción moderna de muros a mediados de la década de 1990 para aislar a los palestinos en la Franja de Gaza, que fue seguido por una barrera de 710 kilómetros de largo para aislar a Cisjordania. En 2005, respondiendo a una ola de migrantes que escapaban de las guerras y la pobreza en el norte de África y Oriente Medio, Hungría construyó nuevos baluartes a lo largo de sus fronteras del sur para mantener fuera a los desesperados. Bulgaria, Grecia, Eslovenia y Croacia han hecho lo mismo. India ha cercado la región de Cachemira desde Pakistán. Arabia Saudí ha construido una barrera de mil kilómetros a lo largo de su frontera con Iraq.

En 1989 había alrededor de una docena de muros importantes separando países, incluido el Muro de Berlín, que pronto caería. Hoy, ese número ha crecido hasta llegar a 70.

En este contexto, el nuevo coronavirus resultó ser un regalo caído del cielo para los nacionalistas de todo el mundo que creen que si las buenas cercas hacen buenos vecinos, lo mejor de todo es una gran muralla. Más de 135 países agregaron nuevas restricciones en sus fronteras después del brote. Europa restableció las fronteras internas del espacio Schengen por primera vez en 25 años y también cerró las externas. Algunos países, en particular Japón y Nueva Zelanda, prácticamente se amurallaron.

Aunque la pandemia está atenuándose en ciertas partes del mundo, muchas de esas nuevas restricciones fronterizas siguen vigentes. Si quiere viajar a Europa este verano, solo puede hacerlo si pertenece a uno de la docena de países que figuran en una lista aprobada por la Unión Europea (y eso no incluye a los estadounidenses). Nueva Zelanda ha tenido solo un puñado de casos en los últimos meses (con un máximo de cuatro casos nuevos el 27 de junio), pero sus fronteras permanecen cerradas prácticamente para todos. Incluso está fuera de cualquier posibilidad, por ahora, una “burbuja de viaje” con la cercana Australia. Japón ha prohibido la entrada a personas de 129 países, incluido Estados Unidos, pero existe una exención para los soldados estadounidenses que viajan a bases militares estadounidenses. Un reciente brote de coronavirus en tales guarniciones en la isla de Okinawa bien podría hacer que Tokio endureciera aún más sus ya estrictas reglas.

Y esas restricciones fronterizas son en potencia solo el comienzo. Hasta ahora, la pandemia ha desatado un espíritu de sálvese quien pueda: desde restricciones a la exportación de productos esenciales, hasta una competencia febril para desarrollar primero una vacuna. Las Naciones Unidas han hecho varios llamamientos para una mayor cooperación internacional, su secretario general incluso urgió un “alto el fuego global” entre las partes en conflicto. La Organización Mundial de la Salud (OMS) intentó organizar una respuesta global al virus en su reunión anual. Sin embargo, la administración Trump anunció de inmediato que se retiraría de la OMS, muy pocos combatientes observaron un alto el fuego COVID-19, y no hay una respuesta internacional coordinada a la pandemia fuera de la comunidad de científicos que comparten investigaciones.

Entonces, ¿será este el futuro: cada país transformado en una comunidad cerrada? ¿Cuánto tiempo puede sobrevivir el sentimiento de internacionalismo en un mundo amurallado?

Reconstruir la confianza

Los conservadores solían burlarse de la izquierda por su inclinación al relativismo, por argumentar que todo depende del contexto. “Si me preguntas cuál es el mayor problema en Estados Unidos, no voy a decirte que la deuda, el déficit, las estadísticas, la economía”, dijo el expresidente republicano de la Cámara de Representantes Paul Ryan en 2011, “te diré que es relativismo moral”. Érase una vez que la derecha arremetió contra los deconstruccionistas que hacían hincapié en la interpretación de los hechos.

¿Qué hacer, entonces, con el Partido Republicano hoy? Muchos de sus líderes, incluido el presidente, no creen en la ciencia, ya sea sobre el cambio climático o la COVID-19. Muchos de ellos abrazan las teorías de la conspiración más locas y algunos candidatos actuales al Congreso incluso creen, a través de la teoría de conspiración de extrema derecha QAnon, que una camarilla de abusadores de niños satánicos en Hollywood, el Partido Demócrata y varias organizaciones internacionales controlan el mundo. En julio, Donald Trump logró el dudoso hito de decir más de 20.000 mentiras durante su mandato como presidente. En otras palabras, hablando de relativismo, el Partido Republicano ha depositado su confianza en un hombre desconectado de la realidad.

Y luego apareció esa pandemia como un líquido inflamable sobre un incendio forestal. La conflagración resultante de la desconfianza amenaza con extenderse fuera de control hasta que no quede nada, ni el Estado-nación, ni la economía global, ni la comunidad internacional.

En esta era de pandemia, un incendio en algún lugar es un incendio en todas partes, ya que al virus no le importan las fronteras. Pero la clave para restaurar la confianza debe comenzar donde el déficit de confianza ha crecido más y ese lugar es sin duda Estados Unidos. No solo los estadounidenses han perdido la fe en sus propias instituciones, sino que, al parecer, también todos los demás. Desde 2016 ha habido una caída del 50% en la confianza del mundo en Estados Unidos, la mayor caída jamás registrada en la encuesta de los mejores países de US News and World Report.

Y la razón por la que Estados Unidos tiene el peor historial en la lucha con el coronavirus es bastante simple: Donald Trump. Es el líder de una proporción cada vez menor de público que sigue creyendo que el coronavirus es un engaño o que se niega a cumplir con las precauciones básicas para evitar su propagación. Un presidente malhechor que se niega a exigir el uso de mascarillas (incluso después de colocarse oficialmente una para su feed de Twitter) inspira a una minoría maleante que pone en riesgo a la mayoría.

Para restaurar la confianza en el sistema público de salud y la gobernanza de este país debe comenzarse con un sistema competente de pruebas, rastreo de contactos y cuarentena. Sin embargo, la administración Trump se niega aún a dar este paso necesario. Los republicanos del Senado han presionado para que se dediquen 25.000 millones a ayudar a establecer sistemas de pruebas y rastreo a nivel estatal, pero el presidente quiere ahora eliminar incluso esta modesta cantidad del presupuesto (junto con los fondos adicionales para las agencias gubernamentales encargadas de abordar la pandemia).

Los estadounidenses desconfían cada vez más de sus instituciones porque un número creciente de nosotros creemos que cada vez obtenemos menos beneficios de ellos. Por lo general, la administración Trump ha hecho todo lo posible para empeorar las cosas de manera desastrosa; solo recientemente, en medio de la pandemia y con millones de desempleados, exigió que la Corte Suprema eliminara el seguro médico proporcionado por la Ley de Atención Médica Asequible de la administración Obama. La mayor parte de los fondos de estímulo aprobados por el Congreso se destinó a personas y corporaciones adineradas, y los hombres del presidente ni siquiera ejercieron la debida diligencia para evitar que casi 1.400 millones de dólares en cheques de estímulo se enviaran por correo a personas fallecidas.

La próxima administración (suponiendo que haya una) tendrá que hacer un trabajo de limpieza masiva que restaure una fe de cualquier tipo en un sistema tan desigual y roto. Después de abordar la crisis aguda de la pandemia, tendrá que demostrar que el Estado de derecho está nuevamente funcionando. La prueba más espectacular sería, por supuesto, empurar a Donald Trump y a sus facilitadores más cercanos. Han violado tantas leyes que la confianza en el sistema legal se debilitará aún más a menos que sean juzgados y castigados por sus delitos, incluida su disposición a sacrificar vidas estadounidenses en cantidades asombrosas en pos de la reelección del Donald.

En 1996 Bill Clinton habló de construir un puente hacia el siglo XXI. Dos décadas después de este siglo, Donald Trump ha derribado eficazmente ese puente y lo ha reemplazado con un muro (aún en gran parte sin construir) que recuerda las fortificaciones de la Edad Media. La COVID-19 solo ha reforzado la paranoia insular de este presidente y sus seguidores. El camino de vuelta a la confianza, tanto a nivel nacional como internacional, será difícil. Habrá monstruos que combatir en el camino. Pero al final, es posible que recuperemos este país, creemos una economía global justa y sostenible y reconstruyamos la comunidad internacional.

Vds. y yo podemos hacer esto. Juntos.

Créanme.

 

Por John Feffer* | 10/08/2020

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

*John Feffer, colaborador habitual de TomDispatch, es autor de la novela distópica Splinterlands (publicada por Dispatch Books) y director de Foreign Policy in Focus en el Institute for Policy Studies. Su última novela es Frostlands (Haymarket Books), segundo volumen de su serie Splinterlands.

Fuente:https://www.tomdispatch.com/post/176733/tomgram%3A_john_feffer%2C_the_no-trust_world/#more

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