Líbano, en caída libre económica y política

Hasta hace poco, la descomposición de Líbano podía apreciarse de mes a mes, pero el país ha alcanzado ahora una descomposición que se aprecia de hora a hora, con disturbios más violentos protagonizados por una población que observa a una clase política y económica corrupta e incapaz de sacar al país del pozo sin fondo donde continúa en caída libre.

 

Los datos económicos de Líbano se deterioran de un día a otro para sugerir un inminente caos general. Pocos dudan de que el colapso está a la vuelta de la esquina. La libra se ha devaluado hasta un 90% en año y medio, el precio de los alimentos se ha incrementado en un 400% en pocas semanas, y en el mercado negro el dólar costaba el jueves por la noche más de 21.000 libras, frente a un cambio oficial artificialmente fijado en 1.570 libras.

Los salarios están por los suelos y el desempleo supera el 40%. En realidad muy pocos libaneses pueden sobrevivir debido a que sus ingresos son insuficientes. Quien tiene familia en el extranjero, debe depender de ella, y lo más terrible es que el horizonte no es halagüeño. Al contrario, el pequeño país tiene que hacer frente a la presencia de cientos de miles de refugiados sirios que carecen de lo más elemental.

Buena parte de sus seis millones de habitantes debe contentarse con suerte con dos horas diarias o poco más de electricidad, lo que obliga a la población a adquirir generadores que normalmente funcionan con diésel a precios estratosféricos. La mayoría de los servicios públicos o no funcionan o lo hacen sin satisfacer las necesidades de la gente.

¿Quién es responsable de esta situación? Naturalmente todos miran a los políticos, una clase privilegiada que controla el país desde un tiempo inmemorial participando en una gigantesca corrupción que llega hasta los rincones más alejados del Estado, que perjudica a todos y sostiene una amplia red clientelar que obra como una infección gangrenosa que destruye las pocas células sanas que todavía quedan.

Quienes tienen empleo trabajan por salarios miserables, incluidos los militares, a quienes las pocas libras que les dan no les bastan para alimentarse. Muchos oficiales y soldados cuentan con uno o dos empleos adicionales. Los jefes temen que los soldados se enrolen en milicias privadas, una actividad bien conocida en Líbano donde se cobra bastante más que en el Ejército.

El mismo Ejército ha habilitado helicópteros militares para sobrevolar partes del país por 150 dólares a quien tenga dinero y ganas de hacer turismo. El montante que se recauda se destina a productos alimenticios para oficiales y soldados. En este contexto, el que puede, joven o mayor, emigra sin pensárselo dos veces.

Los mayores recuerdan la gloria del país y de Beirut que se prolongó hasta mediados de los años 70, cuando estalló una terrible guerra civil que duró 15 años y de la que Líbano no se recuperó. El endeudamiento, el mayor del mundo, y la pobreza actuales pronostican que se tardará muchos años en enmendar el rumbo, y para ello será preciso dar un vuelco completo para el que el país no está preparado.

Fundamentado en la religión, Líbano cuenta con un reparto de poder que se adscribe a cada una de las confesiones presentes en el país, siendo las más importantes la chií, la suní y la cristiana. Se trata de un sistema disfuncional que no está basado en los votos sino en las distintas confesiones religiosas, una herencia del periodo de colonización francesa.

Para complicar las cosas, el analista Ibrahim Haidar considera que existe una serie de problemas internacionales que repercuten directamente sobre la crisis, empezando por las difíciles relaciones entre Irán y EEUU. Teherán tiene un gran ascendiente sobre Hizbolá, una formación chií clave para la estabilidad de Líbano.

Otra incidencia notable es el conflicto entre israelíes y palestinos. La ocupación israelí incide de una manera u otra en los conflictos de la región, y el de Líbano no es una excepción. Sin embargo, ni franceses ni alemanes ni americanos están por la labor de enfrentarse a la ocupación israelí, una circunstancia que seguirá dificultando la resolución del problema. "Mientras los problemas regionales sigan ahí, será imposible resolver la crisis libanesa", sostiene Haidar.

En las calles de Beirut se observan enormes colas ante las gasolineras, las señales de tráfico no funcionan, el número de comercios cerrados crece a diario, e incluso las estanterías de las farmacias abiertas están semivacías. Muchos comerciantes dicen que no les merece la pena vender el género que tienen porque al día siguiente les costará mucho más caro adquirirlo debido a la inflación.

Varias iglesias y ONG ayudan como pueden distribuyendo alimentos básicos como arroz o aceite. No es extraño ver en esas colas a personas que conducen un mercedes o un BMW, es decir, gente que hasta hace poco pertenecía a la clase media y que ahora no tiene para comer. Naturalmente, quienes ya eran pobres antes ahora lo son mucho más. Según Unicef, el 70% de los libaneses no dispone de suficiente dinero para alimentarse.

Francia y Estados Unidos se están implicando a fondo en Líbano, pero sus intenciones solo serán eficaces de una manera aparente, incluso aunque logren resolver la crisis política. A medio plazo es evidente que solo se podrá avanzar si se resuelven otras crisis regionales, como la de Irán y la de los palestinos, algo que no parece estar al alcance de franceses y americanos.

La situación, que algunos califican de "más que peligrosa", se complicó un poco más el jueves cuando el presidente cristiano Michel Aoun rechazó la distribución de carteras propuesta por el nominado primer ministro suní Saad Hariri. Hariri ha dimitido y ahora otro político deberá intentar formar gobierno, una empresa harto complicada a cuyo frente deberá figurar un suní con amplio apoyo dentro de su rama religiosa.

17/07/2021 08:27

Por Eugenio García Gascón

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Califican como un "éxito abrumador" el mayor experimento del mundo de una semana laboral de cuatro días

El programa piloto, que redujo la semana laboral a entre 35 y 36 horas sin reducción del salario total, involucró a más del 1 % de toda la población activa de Islandia.

El experimento más grande del mundo de una semana laboral de cuatro días, realizado en Islandia, fue un "éxito abrumador" y debería considerarse en otros países, como el Reino Unido, según un análisis conjunto del 'think tank' británico Autonomy y la Asociación para la Sostenibilidad y la Democracia (Alda) islandesa.

El programa piloto, que redujo la semana laboral a entre 35 y 36 horas sin reducción del salario total, involucró a más de 2.500 personas, o más del 1 % de toda la población activa de Islandia.

Aunque el país nórdico tiene una población relativamente baja, el estudio —que se desarrolló entre 2015 y 2019— es el más grande de este tipo jamás realizado.    

Menos estrés sin reducir la productividad

El ensayo descubrió que el bienestar de los trabajadores mejoró dramáticamente en una variedad de indicadores. El estrés y el agotamiento se redujeron, mientras que la salud y el equilibrio entre el trabajo y la vida mejoraron de manera significativa en prácticamente todos los grupos incluidos en el experimento.

Además, como resultado, la productividad y el nivel de la prestación de servicios se mantuvieron iguales o mejoraron en la mayoría de los lugares de trabajo participantes.

Lecciones para otros Gobiernos

El ensayo "nos dice que no solo es posible trabajar menos en los tiempos modernos, sino que el cambio progresivo también es posible", sostiene Gudmundur Haraldsson, investigador de Alda, recogen medios británicos. 

Entretanto, Will Stronge, director de investigación de Autonomy, subrayó que el estudio muestra "que la prueba más grande del mundo de una semana laboral más corta en el sector público fue, en todos los sentidos, un éxito abrumador". Las conclusiones ponen de manifiesto que "el sector público está listo para ser pionero en semanas laborales más cortas, y se pueden aprender lecciones para otros Gobiernos", en particular, para el Reino Unido, enfatizó.

En consecuencia, en Islandia, las federaciones sindicales ya han comenzado a negociar la reducción de las horas de trabajo. Los investigadores estiman que como resultado de los nuevos acuerdos alcanzados entre 2019 y 2021, después de que terminaran los ensayos, el 86 % de toda la población trabajadora de Islandia ahora tiene horas reducidas o flexibilidad dentro de sus contratos para acortar la jornada laboral.

Publicado: 5 jul 2021 08:42 GMT

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La filósofa francesa Claire Marin reflexiona sobre las "rupturas" en el mundo capitalista

"El liberalismo disimula lo doloroso detrás de la idea de adaptabilidad"

Tras superar una larga enfermedad, escribió un libro que fue suceso en Francia y se editó en la Argentina. Allí interroga las experiencias límite que atraviesan siempre nuestras vidas, y que sin embargo el mundo capitalista busca esconder bajo la alfombra. La pandemia abrió una nueva percepción de lo que implica "romper", esta vez a nivel global. 

 

Hermosas, inconfesables, dolorosas, trágicas o salvadoras, las rupturas atraviesan toda nuestra vida. Romper es sufrir y renacer, o, también, perderse para siempre. Algo tan íntimo y común a la condición humana como la ruptura no figura entre las reflexiones filosóficas predilectas. Y, sin embargo, la ruptura es, a su manera demoledora, la batuta de nuestras existencias. Alguien, en ese mundo trastornado por la ruptura global que introdujo la pandemia, se puso a pensar en ello mucho antes del virus. Se trata de la filosofa francesa Claire Marin, cuyo libro Rupturas (publicado en español por Alienta Editorial) interroga esa experiencia límite sin caer en ninguna de las tentaciones más fáciles: no es un tratado para consolar a los que sufren, ni un intento de ver la ruptura bajo la lupa de la incongruente psicología híper positiva tan promocionada por los gringos, ni tampoco un ungüento literario sobre el dolor, la tragedia, la separación o la catástrofe. 

Claire Marin pertenece a la corriente de “los filósofos de lo íntimo” y ello la condujo a pensar la ruptura, el lugar que tiene en nuestras vidas, lo que produce, sus mitos, sus alcances y sus límites, así como su variable ideológica. Porque, a no dudarlo, la ruptura también cuenta con una mirada ideológica. El ultra liberalismo ponzoñoso, por ejemplo, la niega, ni quiere oír hablar de ella, ni de sus consecuencias. El liberalismo necesita que admitamos las rupturas que el sistema propone como si fuera un deber religioso. En este ensayo delicioso y alentador, Claire Marin recorre el amplio catalogo de la ruptura: separación, engaño amoroso, perdida de trabajo, viaje, tragedias, desaparición de seres queridos. En suma, la infinidad de terremotos que cimbran las costas de nuestras vidas, las incertidumbres majestuosas a las que las rupturas dan lugar y nuestra curiosa incapacidad o capacidad para seguir con la melodía, imponernos a las catástrofes, superar las fronteras dolorosas y, de allí, empezar nuevas vidas. 

Publicó antes de la ruptura universal que trajo la pandemia, con el ensayo Rupturas muchos seres humanos encontraron en esas páginas maduras y alegres un reflejo de sus almas. La pensadora francesa sufrió los azotes de una larga enfermedad, que superó. De esas experiencias intimas, de esa soledad, se nutren muchas de sus reflexiones.

--Nuestras vidas están casi reguladas por la ruptura. Sin embargo, nos empeñamos en negarla, las sociedades contemporáneas escoden la ruptura y presentan lo que produce como una debilidad. ¿Por qué cree que es?

--Tenemos una tendencia a cubrir los momentos de ruptura con una especie de continuidad que nos tranquiliza. Pero, en realidad, nuestra vida transcurre al ritmo de las rupturas. También hay una suerte de silencio filosófico en torno a la dimensión física, encarnada, corporal, del sufrimiento. Sabemos que en los momentos de ruptura perdemos el apetito, adelgazamos, tenemos insomnio, perdemos el equilibrio y el cuerpo nos duele. Es como si nuestro cuerpo se volviera un extraño. Nuestro cuerpo es una caja de resonancia y cuando atravesamos momentos difíciles el cuerpo se llena de malestar y perturbaciones. Nunca entendí por qué esta dimensión corporal del sufrimiento se veía silenciada cuando, en realidad, en la vida cotidiana, para contar la gravedad de lo que nos ocurre solemos decir “he perdido diez kilos, hace tres meses que no duermo, pierdo la memoria”. Cada persona hace de su cuerpo un testigo de la violencia de la experiencia. Lo paradójico de esta situación es que, en la mayoría de los análisis académicos, esta dimensión corporal del sufrimiento no es tomada en cuenta.

Un mundo de héroes camaleónicos

--En este mundo ultraliberal donde se valoriza el éxito, la dureza, el caparazón, se prohíbe prácticamente la ruptura, incluso se la niega. ¿El liberalismo no quiere sufrimientos sino héroes siempre dispuestos a adaptarse a todo?

--De una forma muy hipócrita, el liberalismo disimula la ruptura detrás de la idea de elasticidad, flexibilidad, adaptabilidad, las cuales aparecen como las nuevas virtudes de las generaciones más jóvenes. Hay que ser capaz de pasar de un trabajo a otro, de una región a otra, de un país a otro como si, cada vez, no hubiese un profundo esfuerzo de la persona para adaptarse, acomodarse, aceptar e interiorizar las relaciones con los demás, para trabajar con un equipo nuevo, en otro país, en otro idioma, con otras normas. Esto siempre requiere un esfuerzo. Pero la ideología liberal va más lejos: no solo esconde la ruptura en lo que tiene de más brutal, sino que, además, impone rupturas violentas que termina por disimular como una suerte de virtud del trabajador contemporáneo. Nos postulan camaleones cuando, de hecho, cada vez que cambiamos de espacio o de relación perdemos algo de nosotros mismos. Desde luego que, felizmente, podemos cambiar de contexto, de país, de idioma. Eso forma parte de la existencia. Pero una cosa es decidirlo, otra es verse prácticamente obligados a hacerlo de forma explicita, lo cual se niega. Y eso es lo que está latente en esta lógica ultraliberal: hacer aparecer la ruptura como un simple acomodo que, al final, va a beneficiar a la lógica económica. Hay rupturas, cambios, que son felices, excitantes, llenos de aventuras, y en los cuales –y esto es importante–tenemos la posibilidad tomarnos el tiempo necesario para adaptarnos. Eso es precisamente lo que la lógica liberal no nos ofrece. Nos priva del tiempo necesario para que una ruptura sea lo menos violenta y lo menos dolorosa posible.

--Pero usted resalta que la ruptura también puede ser una posibilidad de transformación, porque comporta “un impulso creador”.

--Esa es una de las características que más me interesó, esta ambivalencia de la experiencia de la ruptura. Yo no quería presentarla bajo la mirada de una suerte de psicología ultra positiva y decir que de todas las catástrofes se puede sacar algo formidable. No creo en ello. Pienso que hay catástrofes que nos hieren definitivamente. Hay duelos, heridas y deformaciones corporales o psíquicas que afectan profundamente a las personas y es difícil imaginar que la vida pueda ser mejor después. Ahora bien, inversamente, creo que hay momentos complicados de la existencia, rupturas profesionales o amorosas, accidentes, enfermedades, que vivimos como una catástrofe dolorosa pero que, al cabo del tiempo, resultan decisivas para una nueva inflexión, una nueva orientación. Desde luego, hace falta que el individuo trabaje sobre la representación de esos acontecimientos, los integre psicológicamente y les de un sentido. Cada persona le da un sentido diferente a las catástrofes por las cuales atraviesa. Nuestra ruta en la vida no es directa, lineal. Hay bifurcaciones obligadas, contrariedades, objeciones fuertes a nuestros proyectos iniciales. Esas bifurcaciones pueden hacer aparecer horizontes que no habíamos previsto, que pueden ser felices, aunque no sean los que habíamos concebido. Estamos entonces ante revelaciones inesperadas.

--¿Incluso si es una experiencia vertiginosa que buscamos evitar, la ruptura posee una dosis de renovación?

---Con la ruptura se produce una suerte de reconversión de la mirada. De pronto miro las cosas de otra manera y me miro a mí mismo también de otra forma. Si fuimos capaces de atravesar la mala experiencia descubrimos que disponíamos de más recursos de lo que imaginábamos. Luego, se trata de saber qué hacemos con esos recursos, con esa autonomía, con nuestra capacidad de adaptación para realizar cosas que no contemplábamos. La ruptura también nos libera de ciertas convenciones, de esquemas preestablecidos que corresponden a nuestros orígenes sociales, a nuestra educación familiar. En la perdida hay algo que forma parte del orden de la libración frente situaciones que, tal vez, no eran forzosas, que se inscribían en un proyecto de vida, con las cuales vivíamos bien, pero ante las cuales, luego de la catástrofe, entendemos que no nos eran tan esenciales, sea un trabajo, una relación afectiva o una promoción. La catástrofe tiene un efecto de distanciamiento que puede ser liberador. Ya no me importa tanto estar bien con mi familia o con mis colegas. Somos más libres, el juicio de los demás nos parece secundario. Me he liberado de obligaciones de las cuales no era del todo consciente.

Tornar visible lo invisible

--De alguna manera entonces, la ruptura torna visible lo que era invisible en nosotros.

--Tiene el efecto de dejarnos ver claro cosas que estaban enterradas, negadas, cosas a las que habíamos renunciado porque las considerábamos tal vez como ideales de la juventud. Es como si, de pronto, un montón de cosas que eran periféricas, que estaban latentes, se volviesen centrales, emergieran, se desplazaran del margen hacia el centro. Se produce una visibilidad nueva, que es muy importante en la vida.

No se trata de decir que aquello que no me mata me hace más fuerte. Pero, dentro de cierta temporalidad, es decir, meses o años, tomamos consciencia de capacidades que ignorábamos. Entonces estamos dispuestos a reorganizar nuestra vida profesional o sentimental con otras prioridades. Podemos atravesar rupturas violentas y luego comprometernos con otras iniciativas voluntarias y controladas por el sujeto.

--Usted escribe que, tras la ruptura, se aprende a domesticar la nueva soledad para luego poseerla de forma positiva.

--Este proceso interroga nuestra angustia ante la ruptura porque hacemos lo imposible para evitarla y también interroga nuestra capacidad a vivir solos. La ruptura que engendró la pandemia, o sea, el confinamiento, donde muchísimas personas se encontraron solas, nos mostró cuán poco preparados estamos tanto cultural como psicológicamente a la soledad. El confinamiento nos demostró igualmente a qué punto necesitamos de los demás en una sociedad moderna, capitalista, que, por el contrario, está fundada sobre la lógica de un individuo solo, autónomo. Ahora vemos que vivir solos requiere un trabajo, una reapropiación, una capacidad para vivir frente a frente con uno mismo. Cuando un individuo se queda solo hay un espacio por habitar, un espacio de verdad del sujeto.

--La sociedad moderna quiso hacer de nosotros súper héroes y en realidad somos seres frágiles.

--Esta es una temática muy contemporánea, es decir, la vulnerabilidad de los individuos. En cuanto nos encontramos aislados constatamos inmediatamente hasta qué grado todos los aspectos de nuestra vida, sean los aspectos materiales o los aspectos psicológicos más profundos, están construidos mediante el intercambio con los demás y la presencia del otro. El mito del individuo autónomo y autosuficiente mostró sus límites durante los últimos meses.

--Usted dice: nunca renacemos solos, y nunca somos los mismos después. ¿La ruptura marca también el comienzo de otra relación con la vida?

---Absolutamente. En el caso de una enfermedad, el cuerpo nunca vuelve a ser el mismo después. El cuerpo se transforma, conserva huellas. Podemos utilizar esta imagen en lo que atañe a la ruptura. Por eso no creo que se deban olvidar o considerar las dificultades como paréntesis que cerramos. Las rupturas dicen algo sobre nuestra historia y en vez de cubrirlas con tatuajes es más idóneo reverlas para ver también las dificultades por las que atravesamos. La tendencia más espontánea, de mala fe, consiste en pasarle a los demás la responsabilidad de las dificultades cuyo origen está en nosotros. Se dan insatisfacciones personales porque nuestra vida no coincide con lo que queremos. Buscamos mantener un ideal de nosotros mismos y, como no lo logramos, hacemos responsable de esto al otro, a la situación económica o política. En la ruptura, cuando la decidimos, hay una forma de valentía al decidir que será en otro marco o en otra relación donde podemos expresarnos mejor. A veces no se tiene esa valentía y volcamos en los otros el peso de nuestro malestar.

---Es un tema complejo. Se trata igualmente de evitar el mito de la ruptura. La separación, el alejamiento, no lo arreglan todo.

---Es posible que ese ideal que tenemos de nosotros mismos no se concretice con la ruptura. Si sueño con ser un novelista y tengo la impresión de que mi vida familiar o mi trabajo me lo impiden y dejo a mi compañero o mi trabajo, no es por eso que me convertiré en la novelista que quiero ser. Permanece la posibilidad de que, en el imaginario que origina la ruptura, haya representaciones fantasmagóricas. La ruptura comporta riesgo, nada está ganado. No es porque decido romper con mi vida de antes que la nueva será tal y como la imagino.

---El amor es quizá el sentimiento más amenazado por la ruptura. Siempre está ahí, flotando.

---El riesgo de la ruptura es inherente a la relación amorosa, pero también es el que aporta intensidad. La fragilidad intrínseca del amor reviste de belleza la relación amorosa, esa pasividad consentida que preside el amor. La ruptura es un código que forma parte del amor, es como una catástrofe que se avecina ante todo aquel que se enamora.

La ruptura global de la pandemia

---La ruptura es una experiencia intima, individual. Sin embargo, la pandemia hizo de la ruptura una experiencia colectiva, planetaria, compartida al mismo tiempo por casi toda la humanidad. ¿Hemos pasado a vivir en un estado de duelo globalizado?

--En una sociedad contemporánea diseñada como espacio atomizado, hemos visto hasta qué punto estamos ligados los unos a los otros, y digo ligados y no simplemente conectados. Estamos ligados incluso biológicamente y en esta interdependencia hay un riesgo, como lo vimos con la pandemia. Las fronteras no existen, para bien y para mal. Ojalá que esta conciencia desemboque en transformaciones, modificaciones de nuestras maneras de relacionarnos. La pandemia nos condujo a una emoción universal. Ha sido una experiencia inédita: ingresamos al unísono en la enfermedad, la tristeza, la angustia o la depresión. En la historia de la humanidad no creo que haya existido una emoción colectiva semejante.

--A esa emoción colectiva le sigue también un interrogante global: al cabo de esta gran ruptura, ¿qué perspectiva tenemos para el mundo de después?

--Hubo un primer momento en el que estuvimos aturdidos por ese esfuerzo colectivo que fueron las restricciones impuestas a nuestras libertades. Luego pensamos que esta tragedia nos traería un mundo mejor, pero rápidamente nos dimos cuenta de que esa esperanza era una simple ilusión. Ello no quita que conservemos la esperanza de que se produzcan cambios, sobre todo porque las sociedades ricas estuvieron también bajo la amenaza de la pandemia. La pregunta que me hago consiste es saber qué impacto tendrá en las nuevas generaciones esta experiencia colectiva de la pandemia, de las rupturas que acarreó. ¿Acaso cambiará sus formas de interactuar, sus comportamientos? No es imposible que esa generación cambie porque las representaciones del futuro han sido modificadas por la presencia de la amenaza.

--La pandemia expuso públicamente y a escala universal la fragilidad de la condición humana.

---Sí, totalmente. La pandemia amplificó esa evidencia: los seres vivientes son frágiles. Precisamente, porque estoy vivo soy vulnerable. La ilusión según la cual todo podía ser tratado o curado no funciona más. La pandemia aportó una duda existencial. De pronto, todo lo que parecía seguro, garantizado, trazado, derivó en una duda, en un interrogante sobre lo que nos ocurrirá. La realidad se tornó más compleja porque cuando estamos enfermos la realidad se vuelve más hostil. La enfermedad pone todo en un plano condicional. Nuestra relación con el tiempo, con la vida, se focaliza más en el presente, en el instante. Al inicio de la pandemia era insoportable no poder hacer proyectos, anticipar. Es lo propio de las enfermedades: nada está asegurado, los próximos pasos son inciertos. No somos nosotros quienes decidimos, se produce una experiencia de desposesión de la vida muy característica. Recordemos lo que fue ocurriendo en el transcurso de la pandemia cuando perdimos nuestra capacidad de pensar, de crear, de programar. Todo era demasiado enorme como para pensarlo. La experiencia de la enfermedad tiene ese mismo perfil: es una catástrofe tan enorme en la existencia que hace falta cierto tiempo para comprenderla, para inscribirme en la historia de una vida en un contexto donde todo aparece como absurdo, inimaginable e inaceptable.

---Es no obstante paradójico que algo tan íntimo y a menudo inconfesable como la ruptura se haya convertido en público.

---Sí, totalmente. Hay algo inédito aquí porque nos llevó a poner en el espacio público las fragilidades que, por lo general, se tratan de disimular. La gente confiesa que está cansada, que tiene miedo, que no soporta, que está deprimida, que no aguanta más. Hay como confesiones públicas de nuestras vulnerabilidades que no son comunes en nuestras sociedades competitivas, perfectas, optimistas. La lógica del éxito y la del súper héroe se tambalea y tal vez ello reconfigure las relaciones con perfiles más humanos.

Por Eduardo Febbro

05 de julio de 2021

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El falso mito del esfuerzo en América Latina

¿Cómo le explicamos a una mujer que su salario está acorde a su esfuerzo tras trabajar todos los días de la semana, catorce horas seguidas, limpiando casas ajenas? ¿Cómo se lo justificamos a un joven que cada día se despierta a las 4:30 de la mañana para irse a trabajar a la construcción y regresar a casa por la noche? ¿Quién puede asumir que el salario es un fiel reflejo del esfuerzo?

El mito del esfuerzo en América Latina es una gran mentira, tanto desde un criterio de subjetividad como si lo miramos objetivamente en cifras.

En el imaginario de la ciudadanía latinoamericana existe una gran mayoría que no “se come el cuento” de que los altos ingresos vienen originados por el esfuerzo. Hay un claro sentido común latinoamericano a este respecto. Por ejemplo, en Argentina, según nuestra encuesta CELAG, cuando se pregunta cuál es el origen de la riqueza de las familias más adineradas, sólo el 15,1% considera que se debe al esfuerzo. El resto cree que es un asunto de corrupción o de herencia. En Chile, México, Bolivia, Perú y Colombia, los porcentajes son muy parecidos (13,4 %, 21,7 %, 20,7 %, 19,9 % y 18 %, respectivamente).

Pero no sólo es una cuestión de subjetividad; lo que piensa la gente está en sintonía con lo que objetivamente acontece.

Esta falsa relación entre esfuerzo y riqueza queda absolutamente demostrada en el libro “El capital del siglo XXI”, del economista francés Thomas Piketty. En ese estudio se concluye que la herencia es uno de los principales factores para estudiar la reproducción del modelo económico capitalista. Para él, el control de la riqueza se transmite en grandes proporciones por vía hereditaria. Es lo que Kathleen Geier denominó heiristocracy (gobierno de los herederos). Esta suerte de “capitalismo patrimonial”, de alta concentración, condiciona definitivamente el devenir de la economía real.

Se espera que las 500 personas más ricas del mundo les entreguen a sus herederos la suma de 2,4 billones de dólares en las próximas dos décadas. Y a nivel latinoamericano el fenómeno es idéntico. Más de la mitad de la riqueza pasa de generación en generación sin verse afectada por nada ni por nadie. Por ejemplo, en un informe de la OCDE (“¿Un elevador social descompuesto? Cómo promover la movilidad social”) se destaca que en Colombia se necesitan al menos 11 generaciones para que un niño pobre deje de serlo. Más de dos siglos para salir de una condición heredada desfavorable, por mucho que se esfuercen. En Brasil se necesitan 9; en Chile, 6.

El otro eje es la corrupción, que representa un significativo porcentaje del PIB en la región latinoamericana. Esta es la otra variable observada por la población para explicar la procedencia del dinero de los que verdaderamente tienen dinero. Al hablar de corrupción no sólo nos referimos a un asunto circunscrito exclusivamente a los políticos. Hay tanta o más corrupción en el sector privado. O, mejor dicho, en las grandes empresas, porque el valor de la corrupción a nivel de pequeña y mediana empresa es marginal.

Corrupción y herencia constituyen, definitivamente, el combo explicativo de buena parte de la riqueza latinoamericana. El esfuerzo es mayoritario, pero la riqueza no; está concentrada en muy pocas manos.

A veces, siento que nos pretenden imponer ese veredicto tan bien ilustrado en la viñeta de El Roto: “Prohibido ver lo evidente”.

27 de junio de 2021

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 Imagen: Verónica Bellomo

Karina Batthyány, socióloga uruguaya, especialista en la temática del cuidado

La doctora en Sociología y secretaria ejecutiva de Clacso repasa los conceptos de género y cuidados, la división sexual del trabajo y el rol de las tareas no remuneradas en las sociedades capitalistas. Pandemia y desigualdad.

 

La pandemia de Covid-19 desnudó la importancia de los cuidados y las desigualdades de género en torno a ellos. Puso en evidencia además su valor para el funcionamiento de la sociedad y la economía. En Miradas latinoamericanas a los cuidados (Clacso-Siglo XXI México), Karina Batthyány coordina una serie de aportes fundamentales sobre la temática en América Latina y el Caribe. El texto, una reflexión colectiva sobre el concepto, compila estudios relacionados al cuidado, la división sexual del trabajo, las políticas públicas y las iniciativas nacionales en países como Argentina, Uruguay, Brasil o Colombia en torno al cuidado de niños, adultos mayores y personas con discapacidad.

Destacada socióloga uruguaya, de las más reconocidas especialistas latinoamericanas en cuestiones vinculadas al cuidado, en Miradas... Batthyány subraya que “las características relacionales y afectivas de la tarea de cuidado están, producto de la división sexual del trabajo y de los mandatos de género, asociadas a la identidad femenina, lo que posiciona al cuidado como uno de los temas sustantivos directamente relacionados al real ejercicio de la ciudadanía social de las mujeres y de sus derechos”.

Batthyány es doctora en Sociología por la Université de Versailles Saint Quentin en Yvelines, Francia; secretaria ejecutiva del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso); y profesora titular del Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias de Sociales de la Universidad de la República (UDeLaR), de Uruguay. Es autora, entre otros, de Los tiempos del bienestar social. Género, trabajo no remunerado y cuidados en Uruguay; Las políticas y el cuidado en América Latina. Una mirada a las experiencias regionales; y Políticas del cuidado (CLACSO-UAM-Cuajimalpa).

--Miradas latinoamericanas a los cuidados plantea una reflexión colectiva sobre los cuidados y una investigación regional en torno a ellos. ¿Qué se entiende por cuidados?

--Efectivamente es importante siempre comenzar definiendo qué entendemos por cuidados porque por suerte en los últimos veinte años ha habido mucha investigación y mucho desarrollo teórico en torno a este tema, particularmente en América Latina esa vitalidad se observa de manera muy fuerte. En Miradas latinoamericanas a los cuidados hay un recorrido sobre la evolución teórica de este concepto. Si tuviera que dar una definición breve, entiendo el cuidado como todas las acciones necesarias que se desarrollan para el bienestar diario, el bienestar en la vida cotidiana de una persona, de una persona dependiente, sea dependencia por ciclo vital --los niños obviamente-- o dependencia por distintas circunstancias de la vida: personas mayores dependientes, personas discapacitadas con dependencia. Entonces, entiendo el cuidado como todas aquellas actividades necesarias para el bienestar en la vida diaria y que se realizan para aquellas personas que no pueden realizarlas por sí mismas.

--¿Qué dimensiones involucra esta conceptualización?

--El cuidado involucra por lo menos tres grandes dimensiones. Una primera dimensión material que tiene que ver específicamente con el trabajo de cuidados. Todos y todas quienes hemos cuidado a alguien sabemos de qué hablamos. Si pensamos en los niños: higienizarlos, alimentarlos, apoyarlos, más ahora en plena pandemia, todas actividades necesarias de esa población. Pero no solamente nos referimos a la dimensión material sino que reconocemos también una dimensión económica con el costo que implica cuidar a alguien. El costo en dos sentidos: el costo directo, cuidar a alguien implica una serie de gastos, de insumos necesarios que implican un gasto pero también hay una cuestión económica más asociada a lo que dejamos de hacer por cuidar a alguien. Finalmente, una dimensión más del orden de lo afectivo, que involucra el cuidado más subjetivo, psicológico, que también es importante tener en cuenta. Estas tres dimensiones además pueden ser realizadas de dos maneras: de manera remunerada o no remunerada. Y a su vez en dos ámbitos distintos: dentro o fuera de la familia, dentro o fuera de los hogares. Y la naturaleza de la actividad del cuidado va a variar según todas estas características, es decir, según primen en algunos momentos las dimensiones materiales, económicas, psicológicas; según se haga dentro o fuera de las familias o se haga de manera remunerada o no remunerada. Pero hay una especificidad en la cuestión del cuidado y es que casi por definición involucra una relación que se establece entre quien cuida y quien es cuidado. Por supuesto esa relación también va a tener características distintas en función de si es una relación paga o no paga, familiar o no familiar.

--¿Cuánto se han profundizado las desigualdades en este sentido a partir de la pandemia?

--Hay dos cosas que me gustaría resaltar cuando hablamos de qué pasó con las desigualdades y con los cuidados en el marco de la pandemia. Primero es el contexto. Un contexto en el que a todos y a todas la vida cotidiana nos cambió de un día para el otro. Nos cambió casi hasta retrotraernos a épocas pasadas donde volvió a coexistir en el mismo espacio geográfico lo productivo y lo reproductivo durante las 24 horas, bajo las consignas del confinamiento. De repente nos vimos en una situación en la que, además, las tareas de cuidado se volvieron necesarias. Se pudo haber parado todo, pero el cuidado no paró. Contrariamente, aumentó. Porque si teníamos en nuestros arreglos domésticos alguna forma de externalización de los cuidados, por ejemplo, los centros de cuidado infantil o algunos lugares de apoyo para quienes cuidan a personas mayores dependientes en los domicilios, todo eso se detuvo. Y esa carga de cuidado volvió a los hogares. Volvió a los hogares además en condiciones de confinamiento, en muchos casos de teletrabajo, que implica un montón de desafíos en esta relación entre lo productivo y lo reproductivo.

--¿Qué arrojan los estudios a este respecto?

--Los estudios que hay nos muestran que la carga de cuidados aumentó, pero que no se distribuyó al interior de los hogares. Básicamente, se mantuvo la división sexual del trabajo que conocíamos antes de la pandemia: que somos las mujeres las que asumimos el porcentaje mayor de la carga de cuidados. El 80% de los cuidados los realizan las mujeres en nuestros países y lo mismo ocurrió durante la pandemia. Esta brecha de desigualdad de género, este “nudo crítico” --como me gusta llamarlo a mí-- se amplificó evidentemente durante la pandemia. Aumentó cuantitativamente la carga de cuidados en los hogares porque todo lo que estaba externalizado retornó a los hogares, quedó a cargo exclusivamente de los integrantes de esos hogares y no se modificó la división sexual del trabajo. Son las mujeres las que siguen cumpliendo esa tarea. Además se sumó algo --que depende de cada país-- para el cuidado del bienestar, que es el apoyo en todo lo que es la escolarización, la teleeducación. Esto no hace más que tensionar y es incompatible con el teletrabajo. No le puedo pedir a una mujer que trabaje, cuide y además cumpla tareas escolares en la casa. Todo esto llevó a niveles de tensiones muy importantes. El segundo punto que me gustaría destacar es que si alguien tenía dudas sobre la importancia del cuidado para el bienestar de todos los que integramos las distintas sociedades, para el bienestar individual y social, no le pueden haber quedado dudas. Con la pandemia, el cuidado estalló en la cara de quienes aún no lo querían ver o de quienes no tenían este tema como un tema importante a nivel de la agenda de políticas públicas. La pandemia aceleró la visualización de la temática del cuidado; ojalá no sólo la haya visualizado sino que lleve a preguntarse por soluciones al respecto.

--¿Cuáles debieran ser los ejes centrales de una agenda de políticas públicas de cuidados?

--Lo primero son los principios. Para mí una agenda de políticas públicas de cuidados tiene que tener tres principios de base. El primero es entender el cuidado como un derecho; y todo lo que ello implica, entre otras cosas, la responsabilidad estatal. Y eso tiene que ver no solo con declarar un principio o un derecho, sino de permitir que ese derecho se ejercite. El Estado tiene que ser garante de ese derecho. El segundo elemento es que tiene que ser de carácter universal, es decir, con acceso para toda la población. Dependerá la forma de acceso, no estoy diciendo aquí gratuito, libre e irrestricto para todos y todas en las mismas condiciones --aunque podría ser-- pero sí universal. El tercer elemento es que tiene que ser desde una perspectiva de género. Entender que en este tema está el origen de una profunda desigualdad entre varones y mujeres por la división sexual del trabajo vigente en todos nuestros países por los contratos o las relaciones de género. Esos tres principios son la base. Hay que empezar a pensar el cuidado como un derecho, una cuestión universal y desde una perspectiva de género. Una vez realizado eso, la experiencia internacional nos muestra que hay una serie de políticas a desarrollar.

--¿Cuáles, por ejemplo?

--Diría que hay al menos tres tipos de políticas; a esas tres me gustaría agregar dos que considero necesarias para cumplir con esos tres principios. La primera de las políticas son las que se llaman “políticas de tiempo”, como las licencias para padres y madres para el cuidado, la flexibilización horaria en los lugares de trabajo, entre otras. La segunda, las “políticas de servicios”. Es decir, brindar servicios que pueden ser públicos o privados pero que deben ser regulados sobre determinados estándares de calidad, como centros de cuidado para los niños y hogares para las personas mayores dependientes. En tercer lugar lo que se llaman las “políticas de prestaciones”, quizás menos implementadas en América Latina, que son beneficios monetarios que se otorgan a las familias para que con ese monto puedan solucionar sus problemas o necesidades de cuidado vía mercado o como sea. Y digo que hay que agregar dos más: el primero de ellos tiene que ver con políticas culturales que apunten a modificar la división sexual del trabajo. Las políticas culturales son imprescindibles para lograr ese objetivo. Por último, y en relación con la revalorización económica, siempre que se desarrollan políticas de cuidado en un país surgen nuevas ocupaciones, profesiones, asociadas a esta cuestión del cuidado. Prestemos atención desde el minuto cero a que estas profesiones u ocupaciones que surgen ligadas a la expansión de las políticas de cuidado sean ocupaciones valoradas socialmente, económicamente, con cobertura, con seguridad social, con protección.

--Subraya la importancia de las políticas culturales orientadas a modificar la división sexual del trabajo. ¿Cuál considera que es el aporte de la Educación Sexual (ESI) Integral en ello?

--El aporte tiene que ver con empezar a transmitir en los espacios de educación, en los procesos de escolarización, elementos que permitan una construcción alternativa de lo que son hoy las relaciones sociales de género. Poner en cuestión los modelos predominantes de feminidad, masculinidad, relaciones entre varones y mujeres y estereotipos, sexismos de distinto tipo que observamos en nuestra sociedad. Permitir el ejercicio de construir y reconstruir algunas categorías como la categoría de género, como la división sexual del trabajo, a veces tan internalizadas que las tomamos como naturales. El valor de la ESI es permitir poner en cuestión estos elementos. Hay que empezar a cuestionar y a reconstruir los mandatos sociales asociados al género que se transmiten de manera constante y a veces imperceptible. Allí es importante este tipo de políticas para permitir, desde los procesos educativos, poner en cuestión estos mandatos y contribuir a la modificación de esa división sexual del trabajo y del sistema de géneros que sigue siendo sin excepción en todos los países de América Latina profundamente sexista, profundamente machista, profundamente patriarcal.

--Hace un instante decía que es imprescindible entender el cuidado como un derecho. En Uruguay, el Sistema de Cuidados es un derecho. Argentina, como otros países de América Latina, está dando esa discusión y trabajando fuertemente en esa dirección. ¿Cuánto puede servirse la región de la experiencia uruguaya?

--El modelo de Uruguay es interesante para analizarlo en clave latinoamericana y en clave de países como Argentina, Colombia y México, que están dando fuertemente esta discusión. Pero tiene muchas particularidades que no hay que olvidarlas. Como por ejemplo, la primera bien importante y que quizás sea aplicable al caso de Argentina, es que el sistema de cuidados o la política nacional de cuidados en Uruguay se instala como un proceso de reforma social más amplia. Es decir, en un momento en que Uruguay hace una profunda reforma social que modificó la educación, la salud, la seguridad social, la cuestión fiscal asociado a la llegada al gobierno del Frente Amplio, de un gobierno ideológicamente ubicado a la izquierda que se propone deliberadamente esta reforma social, y esta es una pieza más dentro de esta reforma social. La segunda particularidad del caso uruguayo es que se trabajó desde el minuto uno con una articulación de actores diversos que provenían del sector académico, del sector de la sociedad civil y por supuesto del sector perteneciente a la política pública. Se avanzó con un diagnóstico nacional producto de un diálogo nacional por el cuidado, por una consulta en los distintos territorios para ver cuáles eran las demandas y necesidades de la población en torno a este tema. Luego se da una serie de políticas y hay una serie de enseñanzas en los términos de cómo avanzar en los tres principios que nombré en cuanto al derecho, la universalización y el género para evitar embates cuando llegan al gobierno nacional coaliciones ideológicas que quizás no tienen dentro de sus prioridades ese tema. Y esa es la realidad que estamos viviendo hoy en el Uruguay. Es muy positivo que países como Argentina se planteen este desafío de avanzar hacia una política nacional de cuidados.

--Más allá de los avances, ¿cuáles son las urgencias de la época en la agenda de mujeres?

--En términos de la agenda pendiente, me gusta mucho el marco de las autonomías. En el terreno de las tres autonomías, la autonomía física claramente involucra dos temas importantísimos en nuestros países: los derechos sexuales y reproductivos, aborto incluido por supuesto y violencia de género. En términos de autonomía económica, lo más importante nuevamente son dos elementos: uno vinculado a los cuidados que condiciona fuertemente la autonomía económica de las mujeres y otro en términos de la participación en el mercado de trabajo. En tercer lugar, la autonomía en la toma de decisiones donde América Latina tiene una deuda muy fuerte. A pesar de la ley de cuotas, estamos muy lejos de la paridad en los ámbitos de las tomas de decisión de nuestras sociedades.   

Por Bárbara Schijman

28 de junio de 2021

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“Págales más”: la respuesta de Joe Biden a los planteos de falta de mano de obra

Filosa contestación del presidente de Estados Unidos

"Págales más". Así respondió el presidente estadounidense Joe Biden (foto) ante las preguntas por la falta de mano de obra durante una conferencia de prensa donde el presidente anunció un plan de inversión masiva en infraestructura tras meses de negociaciones entre la Casa Blanca y el Congreso.

“No los estoy criticando, realmente lo digo en serio. Me preguntan, ‘Bueno, ¿sabés qué? Los empleadores no encuentran trabajadores’ ” dijo el mandatario en referencia a las consultas que planteaban la falta de mano de obra. “Yo les dije, ‘Págales más’ ” afirmó Biden simulando un susurro. “Esto ahora es una moneda de cambio para los empleados”, agregó.

El plan se apoya en más de 1,2 billones de dólares de inversiones en ocho años (973.000 millones en los primeros cinco años), precisó la Casa Blanca. Unos 312.000 millones son para transportes, incluyendo rutas y aeropuertos, y 266.000 millones de dólares en otras infraestructuras como el servicio de agua potable o internet de mayor ancho de banda.

Si bien esto representa un gran paso adelante, este acuerdo no marca el final de las discusiones. "No tengo ninguna garantía" de conseguir los votos para aprobar este proyecto en el Senado, reconoció Biden, aunque se mostró optimista. "Ninguno de los dos partidos obtuvo lo que quería", destacó, al asegurar que es el precio de obtener un consenso.

Hacia fines de marzo Biden había propuesto invertir unos 2 billones de dólares en infraestructura durante ocho años, con el fin de crear "millones de puestos de trabajo" en Estados Unidos, para mantenerse al frente como economía mundial por delante de China y también para luchar contra cambio climático.

El principal acuerdo entre republicanos y demócratas se refiere al financiamiento de este amplio proyecto de infraestructura. Los republicanos rechazaban un alza de impuestos corporativos propuesto por Biden, mientras que la Casa Blanca rechazaba nuevos impuestos -como por ejemplo sobre la gasolina- a hogares que reciban menos de 400.000 dólares anuales.

El acuerdo finalmente preveé un plan para reforzar las inspecciones fiscales para reducir la evasión y redireccionar fondos desbloqueados en 2020 para luchar contra la pandemia que no fueron utilizados, entre otras medidas.

26 de junio de 2021

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El Gobierno de Japón propone semana laboral de cuatro días para impulsar la economía y luchar contra el estrés

Propone la reducción de jornada para promover los cuidados, evitar suicidios y reactivar el consumo.

 

El problema del estrés en Japón es una de las principales preocupaciones de su gobierno y se le atribuye una de las tasas de suicidios por la presión laboral más altas del planeta. Incluso tiene un nombre: Karoshi, traducido por “muerte por trabajo”. Además, el país nipón tiene serios problemas en cuanto a los cuidados. Las largas jornadas laborales imposibilitan que muchas personas puedan formar una familia o cuidar de sus mayores. El Gobierno japonés ha encontrado en la jornada laboral de cuatro días un posible remedio para dichos problemas y ha empezado una campaña en la que pretende convencer a las empresas de abordar la reducción de jornada laboral.

En dicha campaña, el Gobierno argumenta que con dicha reducción de jornada las empresas también saldrán ganando al retener el personal que, sujetos a las largas jornadas laborales niponas, deciden dejar sus empleos para formar una familia. La misma campaña también invita a las personas empleadas a utilizar ese día libre para formarse y obtener nuevas aptitudes educativas y laborales.

Más tiempo libre, mejor para la economía. La reducción de jornada no es vista únicamente desde el punto de vista de salud mental. El Gobierno también pretende reactivar la economía con esta medida. Defienden que un día libre a la semana puede reactivar y favorecer el consumo y las actividades de ocio, impulsando una economía estancada y en crisis por la covid-19.

De momento, la gran incógnita sigue sin resolverse: ¿conllevará la reducción de jornada una reducción de salario? El Gobierno no ha entrado en detalles, pero según indica el medio Japan Today, los trabajadores han mostrado su preocupación a que la reducción de horas y días trabajados tenga una bajada proporcional en la nómina.

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Así explota el capitalismo chino Entrevista a ​Jenny Chan

En su libro Morir por un iPhone, Jenny Chan relata la vida y las condiciones laborales de los jóvenes que trabajan en Foxconn, una empresa con sede en Taipéi que fabrica productos para Apple. Allí demuestra que el rápido crecimiento económico chino se basa en un sistema fabril que depende de la superexplotación de cientos de millones de trabajadores y trabajadoras. Frente a la represión, estos han hallado formas creativas de resistencia pero a veces la única opción que encuentran es el suicidio.

El ascenso de China como potencia económica y política dominante es un hecho central de nuestra época. Ese ascenso se basa, en parte, en una implacable represión de los trabajadores. El desarrollo chino se produce en un periodo de globalización, cuyo modelo se plasma en la Organización Mundial del Comercio (OMC), que protege los derechos de propiedad, hace cumplir los contratos y asegura las inversiones, pero no dice nada sobre los derechos laborales.

Jenny Chan, profesora asistente de Sociología en la Universidad Politécnica de Hong Kong, realizó un trabajo pionero al explorar el surgimiento de una nueva clase trabajadora en China. Se trata de una clase trabajadora de jóvenes migrantes procedentes del campo, que trabajan muchas horas en empleos mal pagados y viven en condiciones atroces.

Junto a Mark Selden y Pun Ngai, Chan escribió Morir por un iPhone (Peña Lillo/Continente, 2014), recientemente traducido al inglés, en el que relata las condiciones de explotación laboral que viven las trabajadoras y los trabajadores de una empresa con base en Taipéi que fabrica productos para Apple. Sus investigaciones han avanzado desde entonces y ha logrado mostrar las condiciones de explotación laboral que dan cuenta del crecimiento económico chino.

A pesar de la represión, hay una larga historia de lucha de los trabajadores en China. ¿Podría comenzar con un breve resumen de las últimas décadas de intentos de los trabajadores por hacer que sus vidas sean más vivibles?

Durante un siglo, en la China moderna ha habido luchas por dirimir quién controla los frutos del trabajo industrial y agrícola. Primero fue una lucha contra el Estado; hoy es una lucha contra un régimen mixto o híbrido que incluye al Estado y al capital privado.

En muchos trabajadores y trabajadoras hay una gran frustración y resistencia. ¿Por qué? Porque trabajan 12 horas al día y las largas jornadas laborales no les proporcionan un salario digno. Esta nueva clase trabajadora es enorme: 300 millones de trabajadores migrantes han abandonado el campo, la mayoría son jóvenes con grandes esperanzas de tener una vida mejor en la ciudad. No quieren trabajar la tierra, como hicieron sus padres, sino disfrutar del consumo y la tecnología urbanos. Pero terminan viviendo en dormitorios de fábricas, o en otras residencias baratas donde les resulta difícil siquiera pensar en tener una familia o echar raíces en la ciudad. Las investigaciones hallan que la rotación de personal en las fábricas de productos electrónicos es alta y, sin embargo, los gerentes se preocupan principalmente por la productividad fabril y la calidad del producto. ¿Y el bienestar de los trabajadores?

¿Las luchas de los trabajadores se volvieron más frecuentes después de que China pasara a ser parte de la OMC en 2001?

Sí. A medida que China se integraba más en la producción transnacional y el comercio mundial, las provincias comenzaron a enviar aún más trabajadores rurales para satisfacer la demanda masiva de servicios, construcción y trabajo fabril en las ciudades. Durante las últimas dos décadas ha habido una alta movilidad tanto de capital como de mano de obra. La inversión directa asiática, estadounidense y europea dio una nueva forma al modelo de crecimiento de China y lo expandió, atrayendo a más trabajadores al mercado.

Hablemos de su libro, Morir por un iPhone, que me pareció un relato impactante de la vida y las condiciones laborales de los jóvenes que trabajan en Foxconn, una empresa que fabrica productos para Apple. En primer lugar, ¿qué la llevó a estudiar a los trabajadores de Foxconn?

Foxconn es el mayor fabricante de electrónica por contrato en el mundo. En un momento, Foxconn contaba con un total de 1,3 millones de trabajadores, la gran mayoría en las 40 fábricas que posee en China. Pero su sede central está en Taipéi. También tiene grandes fábricas en Vietnam, la India y República Checa. Foxconn afirmó que estaba planeando abrir una fábrica de LCD de grandes dimensiones en Wisconsin, aunque ahora no está muy claro si eso sucederá. China sigue siendo la principal fuente de rentabilidad de Foxconn. Durante los últimos diez años aproximadamente, Foxconn se ha estado trasladando hacia el centro y el suroeste de China, formando el principal centro industrial que conecta China con Oriente Medio y Europa como parte de la «Nueva Ruta de la Seda».

En Foxconn pueden verse todas las contradicciones de la economía global. Fabrica productos para Apple, la empresa icónica de nuestra época. En el contexto de un régimen comercial neoliberal, estructurado por los gobiernos de Estados Unidos y China, esta empresa ha desarrollado un sistema de producción brutalmente explotador. Mientras el mundo se maravilla con el último dispositivo de Apple, nosotros pensamos que valdría la pena centrar nuestra atención en los trabajadores que fabrican el producto. Y el hecho es que, cuando se suprimen derechos de los trabajadores en un gigante mundial como Foxconn, a los trabajadores de Estados Unidos, México, Brasil o Vietnam les resulta difícil mejorar sus salarios y condiciones laborales. Las luchas de los trabajadores en todo el mundo están más vinculadas de lo que a veces se cree.

¿Qué ha descubierto en Foxconn?

Fue impactante. En 2010, 18 jóvenes trabajadores migrantes intentaron suicidarse, sucesivamente. Cuatro sobrevivieron con heridas incapacitantes. Uno de las sobrevivientes tenía 17 años y había trabajado para Foxconn durante aproximadamente un mes. Debido a algún error administrativo, no recibió su salario. No tenía a nadie allí que pudiera ayudarlo. Recordemos: se trata de jóvenes migrantes que están fuera de sus casas por primera vez. Estos trabajadores y trabajadoras, en la flor de la juventud, llegan a Foxconn muy esperanzados; están aterrizando en una empresa Fortune Global 500 y se han ilusionado con un ambiente de alta tecnología con aire acondicionado, pero la realidad es muy diferente. Arman iPhones en línea durante 12 horas por turno.

Los turnos, de día y de noche, son muy largos debido al alto volumen de producción y los cortos plazos de entrega de estos artículos. ¡Es inconcebible que un consumidor deba esperar un mes para tener un nuevo modelo de iPhone! En el taller, los ingenieros industriales miden la producción, igual que los gerentes «científicos» tayloristas. Los trabajadores, los seres humanos, tienen sus cuerpos y mentes subsumidos por la máquina capitalista. Se sienten terriblemente desesperados.

Los plazos de entrega son cada vez más cortos, porque el tiempo es dinero. Nuestros amados iPhones están diseñados para volverse obsoletos rápidamente. En las fábricas no hay grandes esperanzas de que los operarios de montaje hagan carrera y obtengan un ascenso. Y muchos de estos trabajadores de Foxconn son pasantes provenientes de escuelas de formación profesional donde también sufren una gran explotación.

¿Qué sucedió en respuesta a los suicidios? En el libro hay una imagen de redes colocadas fuera de los dormitorios para que atajaran a las personas que intentaban suicidarse. ¿Fue esa toda la respuesta de Apple y Foxconn?

Esas «redes antisuicidio» o «redes de seguridad» todavía están en funcionamiento en muchas fábricas de Foxconn. Eso nos dice que los problemas, la presión y la desesperación siguen ahí. Si ha habido algún cambio en los últimos diez años, ha sido mínimo. Por lo que sabemos, Apple ha intentado ajustar el sistema de auditoría para enviar más personas a las fábricas y dormitorios a realizar entrevistas a los trabajadores. Pero es simplemente una medida de autoprotección. Fundamentalmente, Apple y otras empresas de tecnología dependen en gran medida de Foxconn y sus proveedores intermedios, así como de otros fabricantes de la red de producción global. La subcontratación de mano de obra tiene como objetivo transferir los riesgos y maximizar las ganancias.

Si los trabajadores de Foxconn, incluidos los pasantes, pudieran organizar su voz colectiva dentro de un sindicato, creo que las cosas serían muy diferentes, porque tendrían el poder de exigir lo que es realmente importante para ellos.

Cuéntenos más sobre cómo Foxconn usa a los pasantes.

Primero, la escala es enorme. Estamos hablando de cientos de miles de estudiantes para quienes trabajar para Foxconn es parte de su educación secundaria. Los gobiernos locales imponen una cuota de estudiantes como respuesta directa a los planes de la empresa; las escuelas de formación profesional bajo su jurisdicción deben proporcionar el número de pasantes que Foxconn y otras empresas necesitan.

Estas pasantías son una enorme fuente de mano de obra para Foxconn. En el verano de 2010, Foxconn tenía 150.000 pasantes, con edades de 16, 17 o 18 años. A estos jóvenes se les paga menos que a otros trabajadores por hacer el mismo trabajo en la línea de montaje. La ley china los considera estudiantes; no se los reconoce como empleados. La distinción legal es muy importante. El objetivo de Foxconn es contar con mano de obra flexible a corto plazo de la que se pueda deshacer fácilmente. Debido a su condición de estudiantes, no son beneficiarios de ningún seguro social, ni atención médica ni pensiones. Si se lesionan, nadie es responsable por ellos.

Es importante señalar que el futuro de los que llamamos «estudiantes trabajadores» es muy incierto. Están en la senda profesional y, debido a la intensa competencia en el mercado educativo, no aspiran a ir a colegios universitarios o universidades de primera clase orientados a la investigación académica. Estos pasantes esperan obtener habilidades profesionales útiles y una ventaja competitiva en el mercado laboral. Pero todos terminan en líneas de montaje durante sus pasantías, que a menudo se amplían para satisfacer las necesidades de producción. Si no trabajan duro, no se graduarán a tiempo. En este sentido, el trabajo estudiantil es trabajo forzoso, una forma moderna de esclavitud.

¿Cuánto tiempo pueden soportar los trabajadores el ritmo, la intensidad y la presión en Foxconn?

Varía. Los trabajadores y pasantes son creativos. Se involucran en diferentes tácticas de resistencia. A veces, simplemente fingen estar enfermos y juegan videojuegos en el dormitorio. Pero, por supuesto, son descubiertos después de uno o dos días; luego son devueltos a la línea de montaje. En otras ocasiones, fabrican deliberadamente productos defectuosos, lo que ralentiza el ritmo de producción.

Apple intenta cultivar una imagen de empresa progresista. ¿Hasta qué punto es cómplice de la situación en China?

Lo más «progresista» de Apple es su trabajo de relaciones públicas. Es muy buena para crear una imagen que cubra la realidad de su cadena de suministro. En 2017, el CEO de Apple, Tim Cook, en su discurso para la ceremonia de graduación en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, dijo: «La misión de Apple es servir a la humanidad. Así de simple: servir a la humanidad». Y en el Informe de avances en la responsabilidad de los proveedores de Apple dice: «Hay una forma correcta de fabricar productos. Empieza por los derechos de las personas que los hacen». Nuestro libro es una exposición de varios cientos de páginas de lo mentirosa que es esa afirmación. La verdad es que Apple crea condiciones de trabajo horribles al enfrentar a los proveedores entre sí. Apple presiona a Foxconn, y Foxconn presiona a los trabajadores.

En 2010, en medio de la avalancha de suicidios de trabajadores, Foxconn fue el ensamblador final exclusivo del iPhone y un contratista importante para una amplia gama de productos electrónicos de Dell, HP y otras marcas globales. Nos enteramos de que alrededor de 60% del precio de mercado del iPhone 4 fue a parar a los bolsillos de Apple. Mientras tanto, los trabajadores de montaje chinos obtuvieron solo 1,8% de la ganancia bruta. Esto nos dice casi todo lo que necesitamos saber sobre la desigual división global del trabajo.

Ha mencionado que los trabajadores de Foxconn necesitan un sindicato. China tiene, en teoría, el sindicato más grande del mundo, la Federación Nacional de Sindicatos (FNS) de China. Pero no es un sindicato independiente; está controlado por el Estado y las empresas. ¿Qué opinión tienen los trabajadores de la FNS?

¡La presidenta del sindicato de Foxconn es la asistente especial del CEO, Terry Gou! ¿Cómo pueden los trabajadores confiar en el sindicato de la empresa? Los trabajadores quieren reclamar por sus derechos sindicales mediante elecciones abiertas y democráticas.

En el libro, usted escribe que la FNS en realidad impide el desarrollo de sindicatos independientes.

Correcto. La FNS es un aparato estatal. Sirve a los objetivos políticos y económicos del Estado. No rinde cuentas a sus miembros. En el mejor de los casos, los funcionarios sindicales locales median en los conflictos entre la gerencia y los trabajadores en tiempos de crisis para restaurar el orden y la estabilidad social, dejando intacta la estructura autoritaria de la administración.

¿Cómo protestan o expresan su descontento los trabajadores de Foxconn?

La mayoría de las veces, pasan por alto los sindicatos y se organizan de forma independiente. Cuando la fecha límite de producción se acerca, paralizan las líneas de montaje. Detienen el flujo de producción. Eso es crucial. Foxconn es el mayor fabricante de productos electrónicos del mundo. Tiene un sistema de producción estrechamente integrado, por lo que cuando una fábrica no está funcionando, los componentes claves no se suministrarán a otra parte de la línea de montaje.

Los trabajadores a veces obtienen algún apoyo de estudiantes universitarios o grupos de defensa de los derechos laborales a escala comunitaria. Pero estos grupos son muy vulnerables a la represión estatal. Hemos visto oleadas de represión gubernamental, desde la clausura de organizaciones de apoyo a los trabajadores hasta la detención de activistas obreros y el arresto de manifestantes.

El descontento laboral ha mostrado resultados ambivalentes. Por un lado, las autoridades han aumentado la vigilancia. Por otro lado, han incrementado los salarios y los beneficios para estimular el gasto doméstico.

Durante nuestro trabajo de campo, hablamos con los trabajadores no solo sobre la elaboración de estrategias para exigir salarios más altos o mejores beneficios –si bien eso es realmente importante– sino también sobre sus demandas políticas. Necesitan más apoyo externo para cambiar las regulaciones sociales, económicas y legales, no solo para empoderarse en término de derechos laborales, sino también para mejorar su educación, vivienda y atención médica, de modo que la vida pueda ser mejor en el largo plazo.

Dadas las recientes medidas enérgicas contra las alianzas entre estudiantes y trabajadores, ¿qué pueden hacer los activistas por los derechos laborales dentro y fuera de China?

Solo tenemos que ser más cautelosos. Tenemos que entender que los costos de organizar y hacer campañas a gran escala pueden ser muy altos. Los principales dirigentes fueron humillados y obligados a admitir que violaron la ley al causar disturbios al orden público y poner en peligro la seguridad nacional. El gobierno amenazó a sus parejas o hijos para silenciarlos. A pesar de eso, lo bueno de China es que los estudiantes universitarios de izquierda, los activistas laborales y las organizaciones comunitarias nunca han sido completamente aplastados. Los grupos de estudio online y offline continúan. También se están desarrollando investigaciones sociales sobre el impacto del covid-19 en los trabajadores fabriles y de servicios. Eso es inspirador.

Hay espacio para la organización de base y la solidaridad transfronteriza, y para la responsabilidad empresarial y las campañas de concientización de los consumidores a escala internacional. Las empresas multinacionales suelen ubicar sus centros de producción en países pobres o en «desarrollo». Sus trabajadores no ganan un salario digno y mueren o se lesionan innecesariamente, trabajan muchas horas y sacrifican la vida familiar, mientras que las ganancias fluyen hacia las empresas. Los activistas de todo el mundo deben insistir en reglas comerciales mundiales que protejan los derechos de los trabajadores, y los consumidores deben comprender que las empresas son responsables de las condiciones en que se fabrican sus productos.

Su libro incluye algunos poemas escritos por trabajadores que resultan realmente conmovedores.

Su arte es una forma de activismo cultural. Los trabajadores recurren a los espacios digitales para hacer circular su poesía, canciones y videos. Sus poemas son punzantes.

Hay varios poemas muy potentes de Xu Lizhi, de 24 años. Falló en múltiples intentos de encontrar otro trabajo que lo sacase de la línea de montaje en Foxconn.

Aquí está uno de sus poemas, «Un tornillo cayó al suelo»:

«Un tornillo cayó al suelo / en esta noche oscura de horas extras, / verticalmente, con un leve tintineo. / No atraerá la atención de nadie. / Igual que la última vez, en una noche como esta, / cuando alguien se arrojó al vacío».

Nueve meses después de escribir este poema, Xu Lizhi se suicidó.

La absoluta desesperación de muchos de los trabajadores que conocimos en Foxconn se expresa mejor en lo que publicó en un blog un trabajador anónimo: «Morir es la única forma de testificar que alguna vez vivimos. / Quizás para los empleados de Foxconn y empleados como nosotros, / el uso de la muerte sea para testificar que alguna vez estuvimos vivos, / y que, mientras vivíamos, solo tuvimos desesperación.

Después de eso, no estoy seguro de poder decir algo más. ¿Desea hacer una última reflexión?

Espero que la gente lea nuestro libro. No solo para entender a Apple y Foxconn, sino para operar un cambio en estas empresas, para solidarizarse con los trabajadores de China y todo el mundo.

Publicamos este artículo como parte de un esfuerzo común entre Nueva Sociedad y Dissent para difundir el pensamiento progresista en América. Puede leerse la versión original en inglés aquí. Traducción: Carlos Díaz Rocca

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Algunos de los estadunidenses más ricos, entre ellos Jeff Bezos (en la imagen), Michael Bloomberg y Elon Musk, pagaron muy poco o nada de impuestos federales de ingresos entre 2014 y 2018, según un análisis de la organización ProPublica.Foto Ap

La clase alta usa su increíble poder para dominar el sistema político y el proceso legislativo: Sanders

Nueva York., Si algo comprueba cómo "el sistema" está hecho para beneficiar a los más ricos, sólo se debe observar lo que todos saben: los acaudalados no pagan impuestos sobre sus fortunas personales, pero aún más escandaloso es que para lograrlo no cometen ningún delito, es perfectamente legal.

Y no es exageración. Algunos de los multimillonarios estadunidenses más ricos del planeta –como Jeff Bezos, de Amazon; Elon Musk, de Tesla; George Soros y Michael Bloomberg– literalmente pagaron cero impuestos federales durante varios de los pasados 15 años, aunque sus fortunas se dispararon.

Algunos de los que sí pagan, lo hacen a una tasa bajísima. Warren Buffett, uno de los hombres más ricos del planeta, declaró en 2013 que la tasa efectiva de impuestos que tenía que pagar era menor a la de su secretaria y llamó, junto con otros millonarios "responsables", a que los políticos incrementaran los impuestos sobre los ricos, o sea, era tan exagerada la fórmula en beneficio a los ricos, que hasta les dio pena (o fue una maniobra de relaciones públicas bien hecha).

La pandemia revela obscena desigualdad

Pero con la crisis vinculada a la pandemia revelando aún más la desigualdad económica como el factor más determinante de la vida estadunidense, hay un creciente debate y el inicio de un giro en la política nacional, incluyendo el tema tributario, para enfrentar el problema estructural que ha llevado a los más ricos a volverse infinitamente más ricos mientras todos los demás se han vuelto más pobres durante este año de emergencia de salud y económica.

Los 719 multimillonarios estadunidenses con fortunas superiores a mil millones de dólares han visto su riqueza colectiva incrementarse más de 1.6 billones de dólares –un aumento de 55 por ciento– desde que se detonó la pandemia en marzo de 2020, mientras millones perdieron sus empleos, sus hogares y sus ahorros (https://inequality.org/great-divide/updates-billionaire-pandemic/ ).

Con ello, se ha detonado un movimiento para exigir que los ricos "paguen su parte", y el gobierno de Joe Biden y sus aliados legislativos están contemplando medidas para cambiar la política fiscal, parte de la fractura del consenso neoliberal de los pasados 40 años.

La semana pasada, una investigación de ProPublica reveló que los 25 multimillonarios más ricos del país pagaron una tasa efectiva de impuestos de 3.4 por ciento sobre sus ganancias entre 2014 y 2018, y algunos pagaron literalmente cero en varios años durante los últimos 15 años a pesar de enormes ganancias (https://www.jornada.com.mx/2021/06/ 10/economia/019n1eco ).

El economista Gabriel Zucman subrayó que lo más importante revelado por ProPublica es que los 25 estadunidenses más ricos pagaron colectivamente 0.17 por ciento de su riqueza en impuestos en 2018, mucho menos que la tasa efectiva sobre ingreso que pagó la clase media.

Desplome de las tasas de impuestos

Nada de esto es nuevo: la tasa efectiva de impuestos sobre ingresos personales llegó a 92 por ciento para los más ricos en los años cincuenta, pero desde entonces se ha desplomado, sobre todo con la inauguración de la era neoliberal con Ronald Reagan, hasta llegar a sólo 23 por ciento en 2018, por debajo de la tasa de 24.2 pagado por esa mitad más pobre del total de los hogares estadunidenses, según reportan los economistas destacados Emmanuel Saez y Gabriel Zucman.

Pero ni esa tasa se paga. Chuck Collins, director del programa sobre desigualdad del Institute for Policy Studies, señala que "la industria de defensa de riqueza" conformada por contadores, abogados especializados en impuestos y administradores de ricos se dedican a buscar cómo escaparse legalmente de una serie de obligaciones tributarías con todo tipo de maniobras, logrando incluso a llegar a cero en algunos casos.

“Los documentos del IRS (el servicio de impuestos internos) demuestran que los más ricos pueden –legalmente– pagar tributos sobre ingresos que son sólo una fracción minúscula de los cientos de millones, si no miles de millones, que crecen sus fortunas cada año”, concluye el reportaje de ProPublica.

Y eso es sin contar las empresas. Críticos señalan que más de 90 de las 500 empresas más grandes del país no pagaron impuestos federales de ingreso en 2018. Algunas como Amazon, Chevron y Delta –todas con miles de millones en ganancias– incluso recibieron cheques de rembolso por miles de millones del gobierno federal.

Además de pagar casi nada en impuestos, también hay una creciente evasión tributaria de los individuos de alto ingreso y empresas. "El gobierno federal está perdiendo por lo menos 600 mil millones de dólares anuales por evasión de impuestos, en su mayoría de los ricos y las corporaciones", afirmó Frank Clemente, director ejecutivo de Americans for Tax Fairness, una de casi 90 organizaciones que han exigido mayor aplicación de las leyes tributarias contra ricos y empresas (https://americansfortaxfairness.org ).

Algunos críticos señalan que en los hechos hay reglas tributarias diferentes para los ricos y para todos los demás. Los impuestos para la mayoría de gente trabajadora se pagan sobre salarios, pero para los ricos funciona de otra manera ya que la mayoría de sus ganancias se logran a través de valores bursátiles, empresas privadas, un mosaico de entidades y bienes raíces, todo lo cual se puede manipular mágicamente para efectos tributarios.

Pero durante los últimos años hay un creciente repudio público y ahora una amplia mayoría de los estadunidenses (59 por ciento) critica el que empresas y ricos no paguen su parte en impuestos, según un sondeo por Pew Research.

En este contexto político, Biden promueve una reforma fiscal que impone un sistema tributario que, como él resume, "recompensa el trabajo, no la riqueza", obligando a los ricos a pagar un tasa de 39.6 por ciento sobre ingresos generados por sus fortunas, incrementar la tasa de impuestos sobre empresas de 21 actual a 28 por ciento, y por separado, cerrar el mecanismo fiscal que permite que los ricos trasladen riqueza a sus herederos sin pagar impuestos por el incremento en su valor.

Líderes legislativos demócratas como los senadores Elizabeth Warren y Ron Wyden también están proponiendo nueva medidas para elevar impuestos sobre fortunas millonarias y herencias.

"Necesitamos un sistema de impuestos que exige que la clase multimillonaria empiece a pagar su parte justa de impuestos para reducir el nivel obsceno de desigualad de riqueza e ingreso en Estados Unidos", afirma el senador Bernie Sanders, presidente del Comité sobre el Presupuesto de la cámara alta. "Esto no sólo es asunto de justicia económica, es un tema que amenaza el tejido mismo de la democracia estadunidense porque la clase multimillonaria usa su increíble poder para dominar nuestro sistema político y el proceso legislativo. El resultado es un código de impuestos tramposo, regresivo y corrupto que ha beneficiado al uno por ciento más rico con billones en exenciones de impuestos", concluyó.

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La pandemia aumenta en 108 millones los trabajadores pobres en el mundo

Los empleos perdidos durante la pandemia no se recuperarán fácilmente, advierte la Organización Mundial del Trabajo.

 

Los resultados del covid-19 a nivel laboral han supuesto la pérdida de cinco años en términos de la lucha por la erradicación de la pobreza. 108 millones de personas más han pasado desde 2019 a ser extremada o moderadamente pobres, es decir, trabajadores pobres que viven junto con sus familias con menos de 3,20 dólares al día en términos de paridad de poder adquisitivo.

Es una de las principales conclusiones del informe Perspectivas Sociales y del Empleo en el Mundo: Tendencias 2021, publicado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) el 2 de junio. El informe calcula que en 2020 se perdió el 8,8% del total de horas de trabajo, el equivalente a 255 millones de trabajadores a tiempo completo, si bien los esquemas de permisos obligatorios —en España, los ERTE— han llevado a que la pérdida neta de empleos en 2020 se estime en 114 millones.

En el nivel monetario, en 2020 se estima que se perdieron ingresos laborales por valor de tres billones de euros. La pérdida es del 8,3% respecto a la estimación de masa salarial mundial de no haberse producido la pandemia.

El coronavirus se ha dejado notar también en lo que llevamos de 2021, en los dos primeros trimestres se han perdido respectivamente 147 y 121 millones de equivalentes en horas a jornadas completas.

Con la vista puesta en la recuperación, la OIT informa de que se crerán 100 millones de puestos de trabajo netos en 2021 y otros 80 millones en 2022. Las cifras indican que, pese a que se confía en la creación de empleo, no se alcanzarán los objetivos marcados antes de la pandemia. “El déficit mundial de puestos de trabajo inducido por la crisis —explica el informe— se situará en 75 millones en 2021 y en 23 millones en 2022”.

El desempleo de personas activas, que en 2019 afectaba a 189 millones de personas, subió a 220 en 2020, se mantendrá en esa misma cifra en 2021 y descenderá hasta 205 en 2022, por lo que el balance final, el año que viene, seguirá arrojando un resultado de 16 millones de puestos menos que antes de la pandemia.

“El crecimiento previsto del empleo será demasiado débil para ofrecer suficientes oportunidades de empleo a quienes perdieron su empleo o abandonaron la fuerza de trabajo durante la pandemia y a las cohortes más jóvenes que se incorporan al mercado laboral y que han sufrido importantes interrupciones en sus estudios y formación”, concluye la OIT.

Redacción El Salto

2 jun 2021 10:53

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