El malestar por la reforma de las pensiones desborda Francia

En torno a un millón de personas se manifiestan en la mayor movilización sindical en el mandato de Emmanuel Macron. Los transportes ferroviarios y de metro quedan prácticamente paralizados.

Vagones y estaciones de tren casi desiertas, mientras que las manifestaciones se llenaban de gente. La huelga del 5 de diciembre desbordó las calles en Francia. Después de años de impotencia ante la ofensiva neoliberal, los sindicatos franceses impulsaron este jueves la movilización social más importante tras el inicio del mandato de Emmanuel Macron. Un año después de la revuelta de los chalecos amarillos, la indignación por la reforma de las pensiones toma ahora el relevo del malestar.

Entre 1,5 millones de personas, según la CGT, uno de los principales sindicatos franceses, y 806.000, según el Ministerio del Interior, se manifestaron este jueves en las más de 250 acciones de protesta en Francia. Estas tuvieron un seguimiento más que notable en grandes ciudades como París, donde se congregaron entre 250.000 manifestantes, según los sindicatos, o 65.000, según la delegación del gobierno. Pero también hubo un seguimiento masivo en localidades medianas y pequeñas, como Perpiñán, Caen o Saint-Nazaire (noroeste), donde protestaron al menos 9.000 personas en cada una de ellas. En varias localidades alcanzaron cifras que no se habían registrado desde 2010 con las protestas contra la reforma de las pensiones de Nicolas Sarkozy.

Además del elevado número de manifestantes, el éxito de la huelga quedó reflejado en que se paralizaron sectores claves de la economía y la sociedad, como los transportes ferroviarios y metropolitanos o las escuelas e institutos. Solo circularon uno de cada diez trenes en el conjunto de Francia. El tráfico en once líneas de metro en París quedó completamente interrumpido. A través de asambleas, los trabajadores de la compañía ferroviaria SNCF o de los transportes metropolitanos decidieron alargar la huelga hasta el lunes.

Agentes ferroviarios, maestras, abogados, artistas, enfermeras, estudiantes, periodistas de Radio France (grupo estatal de radio)... Podríamos dedicar solo un párrafo para enumerar a todos los sectores implicados. En la manifestación de París, destacaban los perfiles diversos de manifestantes, que llevaban chalecos amarillos, chalecos rojos de la CGT, naranjas en el caso de los empleados de la SNCF o batas blancas en el personal sanitario. “Esta huelga expresa un malestar que va más allá de la reforma de las pensiones, se trata básicamente de la lucha de clases”, afirma el politólogo Thomas Guénolé, autor del libro Antisocial. Según este analista, comprometido en la lucha contra la austeridad, “como ya sucedió con los chalecos amarillos, esta movilización se caracteriza por haber sido impulsada desde abajo”.

 “Hace nueve meses que protestamos y no nos han hecho caso”, lamenta la enfermera Yasmina Kettal, del Colectivo inter-urgencias, la punta de lanza de las numerosas movilizaciones que se produjeron en los últimos meses en el sector sanitario francés. “Nos hemos implicado en este huelga porque queremos que coagulen los distintos movimientos”, añade Kettal, sobre la necesidad de que converjan las diversas oposiciones, sobre todo en sectores de la función pública, a las políticas de Macron. Una unión que se ha visto propiciada por la reforma de las pensiones, una medida clave en el proyecto neoliberal del macronismo.

La amenaza de una bajada de las pensiones

El joven dirigente quiere transformar el actual modelo de 42 regímenes de cotización en un único sistema por puntos. Una medida revestida con un barniz de igualdad con la promesa de que “un euro cotizado dará los mismos derechos a todo el mundo”. Sin embargo, con su entrada en vigor, prevista para 2025, los futuros pensionistas percibirán una jubilación entre un 15% y un 23% más baja que la de sus conciudadanos que se jubilen ahora a los 64 años con el mismo perfil profesional, salario y años cotizados, según el colectivo ciudadano RéformedesRetraites (Reforma de las Pensiones).

Si esta medida se ve culminada, las pensiones se calcularán a partir de los puntos obtenidos a lo largo de la carrera profesional. Es decir, dejará de hacerse en función de los seis últimos meses en el caso de los funcionarios o los mejores 25 años en los asalariados del privado. Este proyecto de ley también se ve marcado por la voluntad del gobierno de mantener “el equilibrio presupuestario”. Lo que significa limitar en el 13,8% del PIB el gasto público destinado a las prestaciones de jubilación. Una política, que unida al envejecimiento de la población, favorece una reducción de las pensiones.

Aunque el ejecutivo centrista empezó a negociar esta reforma con los sindicatos en el otoño de 2017, este proyecto de ley aún no ha sido ni presentado oficialmente. Sus directrices son, sin embargo, de sobras conocidas, tras las informaciones transmitidas por el ejecutivo, en concreto el informe publicado en verano por Jean-Paul Delevoye, el ministro encargado de esta medida. El primer ministro Édouard Philippe anunciará “a mediados de la semana que viene la arquitectura general de la reforma”, indicó este jueves la ministra de la Transición Ecológica, Elisabeth Borne. Unos anuncios que reflejarán si Macron se mantiene férreo o hace concesiones, como la posibilidad, comentada en la prensa francesa, de que la reforma solo se aplique para las generaciones nacidas después de 1975.

¿Una repetición de la huelga de 1995?

“Tras esta movilización tan fuerte, me parece que el gobierno tendrá que modificar su borrador”, se felicita Jean-François Pacton, de 74 años. Según este histórico militante sindical de la CGT, “hacía años que no veía tenta gente en una protesta en París. Sin duda, es la manifestación sindical más importante desde el inicio del mandato de Macron”. Como recuerda Pacton, “el actual sistema de pensiones francés por repartición —en el que las cotizaciones de los salarios medios y más altos contribuyen para que los más modestos dispongan de unas pensiones justas y decentes— es una de las conquistas sociales de la postguerra después de 1945”. Un escollo ante el que ha chocado ahora la ofensiva neoliberal de Macron.

“Los chalecos amarillos fueron el motor de la contestación y un año después ha llegado el momento de que el pueblo termine de despertar. Estas protestas representan un buen inicio”, presume Jerôme E., de 51 años, un cerrajero de París, que se presenta como militante sindical y de los chalecos amarillos. En medio de la manifestación en la capital francesa en la que resultaba difícil desplazarse por la abundante cantidad de gente, recordaba que “el año pasado no entendí el motivo por el que las direcciones sindicales se pusieron de perfil ante la revuelta de los chalecos amarillos, pero esta vez se han visto obligados por la fuerte movilización de las bases sindicales a convocar la huelga del 5 de diciembre”.

Según Guénolé, las protestas que empezaron este jueves “mantienen algunas similitudes con la huelga de diciembre de 1995”. Entonces, una sucesión de movilizaciones y bloqueos en sectores estratégicos de la economía forzaron al entonces primer ministro, el conservador Alain Juppé, a que renunciara a modificar el sistema de pensiones. ¿El mismo guión volverá a repetirse veinticuatro años después? “No nos encontramos en la misma situación que en 1995. Entonces, los sindicatos era mucho más fuertes y lograron sacar a dos millones de personas en la calle. Ahora la gente es mucho más individualista y prefiere ir a trabajar en patinete eléctrico”, lamenta Pacton.

Pese a las dos últimas décadas de hegemonía neoliberal, los malestares en Francia han convergido en una importante movilización sindical. Un despertar popular que pone contra las cuerdas la reforma de las pensiones.

 

05/12/2019 22:04 Actualizado: 05/12/2019 22:04

ENRIC BONET

 @EnricQuart

Publicado enInternacional
Jueves, 28 Noviembre 2019 07:09

“A Colombia la está matando la pereza”

“A Colombia la está matando la pereza”

“No son 30 pesos, son 30 años”

Frase emblemática de las protestas
en Chile

 

Los ánimos subieron de tono en el Senado de la República cuando en la pantalla del recinto apareció Álvaro Uribe Vélez que, en una grabación efectuada durante su primer periodo de gobierno, aseguraba: “A Colombia la está matando la pereza, lo que tenemos que hacer, en modificación de la jornada de trabajo ¡es recortar la jornada de sueño, es recortar la jornada de vacaciones, es recortar la jornada de festivos!”

Los rostros de Uribe Vélez y de los integrantes de su bancada cambiaron de color. El país presenció la manera en la que el exmandatario perdió el control emocional y, junto a algunos de los miembros más recalcitrantes de su bancada, lanzaron una lluvia de improperios hacia este Senador.

La furia del Centro Democrático se desató el pasado 16 de octubre en la sesión plenaria del Senado en el Congreso de la República citada para votar el proyecto de Ley Presupuestal del gobierno de Iván Duque. Allí proyecté el video mientras realizaba una intervención rechazando los anuncios de reforma laboral efectuados por el gobierno de Duque y el Centro Democrático, con la que pretenden seguir atentando contra los/as trabajadores/as de Colombia al permitir el trabajo por días y por horas, lo que implicaría flexibilizar aún más las normas para facilitar el despido e incorporar la propuesta de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (Anif) de un salario por debajo del mínimo para jóvenes, que se establecería en un 75 por ciento del mismo.

¿A qué se debe la explosiva ofuscación del actual Senador y su bancada si el video es público y de fácil acceso en la red y, en esencia, no contenía una “novedosa o gran denuncia” en su contra?

 

Octenio de políticas anti obreras

 

La ira, rabia y demás sensaciones desatadas en aquella sesión del Senado, permiten evidenciar que las palabras emitidas por el actual senador en el video, corrieron el velo pro-trabajador por él labrado de manera calculada y cuidadosa a lo largo de varios años, con el claro objetivo de ocultar todo un prontuario antiobrero que caracterizó su octenio como presidente, el ejercicio parlamentario anterior a su ascenso al Ejecutivo Nacional, así como su actual propuesta de reforma laboral presentada hace apenas unas semanas.

Dentro de su reciente estrategia para lavarse las manos y aparentar la “defensa” de los/as trabajadores/as están: el apoyo demagógico a la recuperación de una hora de jornada diurna en la ley de horas extras de Santos, la propuesta de facultades extraordinarias para subir el salario mínimo hecha el año pasado, la promoción de un nuevo “sindicalismo propositivo”, el proyecto de ley aprobado ya en dos debates sobre la media prima para trabajadores/as públicos y privados que devenguen menos de tres salarios mínimos, la prima para la canasta familiar y, ahora, el cuento de la reducción de la jornada laboral para que los/as trabajadores/as le dediquen más tiempo a sus familias y a sus estudios.

 

Las “jugaditas” de Uribe Vélez

 

La reacción del hoy Senador ante el mentado video y su obstinación por mantener la máscara pro-trabajador, obliga a recrear un ejercicio de memoria, así sea sucinto, de toda la ofensiva que en materia legislativa ha desarrollado contra el ingreso, el bienestar y los derechos de los/as trabajadores/as en esta larga noche neoliberal –iniciada desde aquel “bienvenidos al futuro” gavirista– y en la que el expresidente ha jugado un papel principal. Este ejercicio también contribuye a pensar un contexto histórico que fundamenta la necesidad de la lucha por el trabajo decente y digno.

Recordemos que la primera generación de reformas de orden estructural para dar inicio a la implementación del modelo neoliberal, contemplaba, además de las medidas más directamente económicas como la reforma comercial y cambiaria, la reforma laboral, la recordada y por miles padecida Ley 50 de 1990, en la que Uribe Vélez fue ponente destacado, así como promotor, reforma que constituyó la entrada y el posicionamiento de la flexibilización laboral como medida recurrente para, según sus impulsores,“incentivar el empleo”. Con ella se eliminó el pago retroactivo de las cesantías, las mismas que consolidaban un ahorro con el cual gran parte de nuestros/as abuelos/as y padres adquirieron vivienda y un patrimonio estable. Además, esta ley permitió que los contratos a término fijo fueran renovados sin limitaciones en perjuicio de la contratación a término indefinido, e inició la flexibilización de la norma para abaratar los despidos, empezando en aquella época con los trabajadores de más de 10 años de antigüedad. Estas dos medidas, de hecho, se constituyeron en una especie de estímulo perverso que ha provocado su generalización y ampliación respectivamente.

También hay que decir que la Ley 100 de 1993 fue promovida y sustentada por Uribe Vélez como ponente principal, Ley con la cual se iniciaron las reformas paramétricas a las pensiones en detrimento de los/as trabajadores/as: aumento de edad para pensionarse (en dos años más), se incrementó la cotización (a 300 semanas) y redujo la mesada pensional (de un porcentaje del 90 a 80 por ciento). Este retroceso en el tema pensional se agrava con el otro componente de la Ley 100: el Sistema de Seguridad Social en Salud. La precariedad del servicio de salud se ha constituido en una fuente de malestar y tragedia en el mundo del trabajo, cuando debería ser parte integral del bienestar de los/as trabajadores/as.

Pero su compromiso con el gran capital y en contra de las mayorías nacionales no para ahí. La actuación del Senador y expresidente no solo ha sido nefasta para los trabajadores desde el ámbito parlamentario, sino como mandatario. En su primer año de gobierno (2002-2006) aprobaron la reforma laboral conocida como Ley 789 de 2002 con la que se disminuyó la retribución por horas extras laboradas dominicales, de festivos y nocturnas. Para estas últimas, esta ley estiró el diurno hasta las 10 p.m., cuando antes estaban estipuladas, de acuerdo con la naturaleza, desde las 6 p.m., perdiendo así los/as trabajadores/as una retribución diferencial de 4 horas que pasaron de nocturnas a ser consideradas “diurnas”. También en su gobierno se golpeó nuevamente a los pensionados por la vía de eliminar la mesada 14 a través del Acto Legislativo 1 de 2005 1.

Todas estas medidas contra los/as trabajadores/as fueron acompañadas, para legitimarlas ante la sociedad, de un discurso antisindical adoptado por el hoy Senador y replicado irresponsablemente por los medios del establecimiento, en el que las reivindicaciones obreras fueron catalogadas, no como derechos, sino como privilegios. Además, la frecuente asociación de la actividad sindical como aliada del terrorismo y de las guerrillas, justificó e incentivó la violencia contra los líderes y lideresas sindicales, lo que se tradujo en el asesinato de 527 dirigentes sindicales durante su octenio 2.En el marco de este discurso antisindical, el “contrato sindical” reglamentado en función de la tercerización para contratar funciones de las empresas ya no con terceros hacia afuera, sino con los propios sindicatos hacia adentro, se convirtió en el ejemplo que identifica el sindicalismo “propositivo, gerencial”, un sindicalismo no en favor de quienes venden su fuerza de trabajo sino de la patronal.

 

Chile, el “oasis” económico ejemplo para Colombia y la región

 

Desde hace décadas sabemos que Chile es el referente de las reformas sociales (salud, pensional y laboral) de corte neoliberal en América Latina. Colombia no fue la excepción en la avanzada multilateral que llamó a replicar el modelo del país del sur. Las antes referenciadas reformas laborales y la de seguridad social en Colombia fueron inspiradas en ese “exitoso modelo chileno” que convirtió a ese país en un “oasis”, según declaraciones entusiastas de Sebastián Piñera, antes del potente estallido que tiene conmovido al pueblo chileno, pueblo que demanda el fin de aquel “exitoso” modelo neoliberal, el mismo que ha llevado a la privatización de la seguridad social, la educación, la salud, las vías, y todo lo demás.

A propósito de Chile, en el informe Employment Outlook 2014, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde), concluyó que este país es el de mayor porcentaje de empleo temporal a nivel mundial, con 30,5 por ciento de sus trabajadores/as bajo esta modalidad. Asimismo, los países de la Ocde cuyo empleo temporal sobrepasa el 25 por ciento del empleo total, son: Chile, España y Polonia. Esta segmentación del mercado laboral trae como consecuencia riesgos en términos de eficiencia y desigualdad 3. Muy a pesar de las cifras anteriores, que evidencian el “éxito” del modelo chileno para exacerbar la precarización del trabajo, la Ocde, a la cual el expresidente Juan Manuel Santos aludió con desbordante entusiasmo al espetar “¡Ya somos parte de las grandes ligas!” cuando Colombia ingresó a este “club de países ricos”, manifestó recientementeque el salario mínimo colombiano era muy elevado, contribuyendo con ello a ambientar políticamente la reforma laboral anunciada por el gobierno, la misma que pretende precarizar aún más los salarios.

La similitud de la reforma laboral impulsada por Sebastián Piñera y las anunciadas por el expresidente y hoy Senador, no deja duda de la persistencia en ese referente. Frente a la reforma laboral que impulsa Sebastián Piñera y el argumento de favorecer a los/as trabajadores/as con más tiempo para la familia, veamos:

“El gobierno ha puesto al centro como uno de los principales argumentos para su reforma, una supuesta “adaptabilidad” para que los trabajadores puedan compatibilizar los tiempos con sus familias.[…] Instalan esta posibilidad desde el supuesto de que cada trabajador va a poder “pactar” su jornada de trabajo con su empleador.[…] La “adaptabilidad familiar” con la cual se escuda el gobierno para llevar adelante esta reforma laboral (que está hecha a la medida de los empresarios) nunca será realidad mientras las familias de los trabajadores subsistan con el sueldo mínimo, y por consiguiente, deban buscar otro trabajo para contar con algún ingreso extra” 4.

Respecto a la reducción de la jornada laboral, los argumentos del establecimiento chileno:“En el programa de nuestro gobierno está compatibilizar tres grandes tendencias. Primero, esa demanda por tener más tiempo libre; segundo, el poder maximizar el tiempo que los padres compartan con los hijos, y la tercera tendencia es el cambio tecnológico” 5.

La propuesta del líder supremo del Centro Democrático plantea una implementación gradual de la reducción de la jornada laboral, de manera que el empleador pueda establecer una jornada laboral semanal de 47 horas una vez aprobada la Ley; de 46 horas el segundo año, y de 45 horas en el tercer año. Versa la exposición de motivos de su Proyecto de Ley: “Con la presente iniciativa, se busca aumentar la productividad de las empresas motivando a los trabajadores a bien invertir su tiempo, de manera que las mismas funciones que tienen asignadas, sean realizadas en menor tiempo, para de esta manera disfrutar más tiempo con sus familias, acceder a capacitación, educación o recreación, fomentando de esta manera el salario emocional”6. Vaya “coincidencias”.

 

Por el trabajo decente

 

Han trascurrido 29 años desde la promulgación de la Ley 50/90, años durante los cuales las condiciones de vida de quienes no tienen más que su fuerza de trabajo para vivir han sufrido un constante deterioro. La propaganda con la que han respaldado este profundo deterioro, se basa en la justificación de las señaladas reformas: la necesidad de combatir el desempleo disminuyendo los costos laborales para, supuestamente, estimular la creación de puestos de trabajo.

Palabras que la realidad entierra, pues hoy las consecuencias evidencian todo lo contrario. El resultado de estos casi 30 años es que el trabajo decente que dignifica, que permite el desarrollo de las capacidades propias, un ingreso justo y proporcional al esfuerzo realizado, con protección social adecuada, sin discriminación de género o de cualquier otro tipo, y que se realiza en un marco de dialogo social y de respeto a los principios y derechos laborales fundamentales, no es una realidad hoy día en el país. Por el contrario, lo dominante en la actualidad es que la informalidad, la tercerización, el trabajo precario, el empleo basura, son una realidad “in crescendo” que se torna agobiante para la población colombiana.

De continuar así, para el año que viene –2020– podríamos adaptar el epígrafe de este escrito, ante el traslado de la crisis económica a los hombros de las y los trabajadores: “no son solo…, son 30 años”.

 

1 Consulte el Acto Legislativo 01 de 2005 en el siguiente enlace: http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/acto_legislativo_01_2005.html
2 Vanguardia. 2010. Sindicalistas dicen que en gobierno de Uribe fueron asesinados 527 dirigentes. Consultado el 1 de noviembre de 2019. Recuperado de: https://www.vanguardia.com/deportes/mundial-de-futbol/sindicalistas-dicen-que-en-gobierno-de-uribe-fueron-asesinados-527-dirigentes-HYvl60786
3 Segovia, Macarena. 2014. Flexibilización laboral: el legado de la Concertación que enciende las alarmas a nivel internacional. El Mostrador. Consultado el 29 de octubre. Recuperado de: https://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2014/10/10/flexibilizacion-laboral-el-legado-de-la-concertacion-que-enciende-las-alarmas-a-nivel-internacional/
4 Romo, Patricia. 2019. La “flexibilización” laboral de Piñera: ¿verdaderamente podemos contar con más tiempo para nuestras familias?. La Izquierda diario. Consultado el 29 de octubre de 2019. Recuperado de: http://www.laizquierdadiario.cl/La-flexibilizacion-laboral-de-Pinera-verdaderamente-podemos-contar-con-mas-tiempo-para-nuestras
5 Roa, Yerko. 2019. Piñera reúne a figuras opositoras en mesa por jornada laboral, pero excluye al PC y Frente Amplio. Biobio chile. Consultado el 29 de octubre de 2019. Recuperado de:https://www.biobiochile.cl/especial/resumen-de-noticias/2019/10/09/pinera-convoca-a-mesa-tecnica-por-jornada-laboral-excluyendo-al-pc-y-frente-amplio.shtml
6 El Espectador. 2019. Dos proyectos para reducir la jornada laboral aterrizan en el Congreso. Consultado el 29 de octubre de 2019. Recuperado de: https://www.elespectador.com/noticias/politica/dos-proyectos-para-reducir-la-jornada-laboral-aterrizan-en-el-congreso-articulo-883898
* Senador de la República por el partidoPolo Democrático Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Crítica a Thomas Piketty: ¿incremento de desigualdades o de explotación?

El aumento de las desigualdades de renta y de propiedad ha sido tan grande en la mayoría de países del mundo capitalista desarrollado que ha llamado la atención de los mayores fórums y medios de comunicación en tales países, así como en las instituciones internacionales. En realidad, el tema de las “desigualdades” se ha convertido casi en un tema de moda. Desde el Foro de Davos (el Vaticano del pensamiento neoliberal) hasta el Foro Social Mundial, todos hablan del tema de desigualdades.

Pero lo que es interesante (y diría yo también intrigante) es que apenas se habla de otro término (o concepto) que está claramente relacionado con el tema de desigualdades. Y me refiero al término (y concepto) de explotación, raramente citado y todavía menos analizado, por ser considerado demasiado polémico. Los datos, sin embargo, muestran que es casi imposible entender la enorme evolución de las desigualdades hoy en el mundo capitalista desarrollado sin hablar de explotación.

Qué es explotación

En realidad, el concepto explotación es muy fácil de definir: A explota a B cuando A vive mejor a costa de que B viva peor. Y A y B pueden ser clases sociales, géneros, razas, naciones o ambientes. Me explico: cuando a un trabajador se le paga menos de lo que contribuye con su producto o servicio a fin de que su empleador (el empresario) pueda aumentar más sus beneficios, hablamos de explotación de clase. Cuando una pareja (hombre y mujer) que viven juntos y trabajan los dos, llegan a casa al mismo tiempo y la mujer se va directamente a la cocina a preparar la cena para los dos mientras el marido se sienta para ver la televisión, hablamos de explotación de género. Cuando a un ciudadano negro se le paga menos que a un blanco por hacer el mismo trabajo, entonces indicamos que hay explotación de raza. Cuando un Estado–nación impone a otro más pobre las condiciones del comercio internacional que le favorecen, a costa de los intereses de esa nación pobre, hay explotación de nación. Y cuando la compañía Volkswagen era consciente del daño causado por sus automóviles, contaminando más de lo legalmente permitido, beneficiándose a costa de dañar la salud de la población, había un caso de explotación del medioambiente por parte de dicha empresa, a costa de la salud de la población.

El crecimiento de las desigualdades de clase causado por un aumento de la explotación

Pues bien, una de las desigualdades más acentuadas y que han aumentado más sustancialmente desde los años ochenta del pasado siglo han sido las desigualdades por clase social, y ello se debe al aumento de la explotación de clase, que explica en gran medida la evolución de estas desigualdades de clase, las cuales, a su vez, afectan a otros tipos de desigualdades (como las desigualdades de género originadas por otros tipos de explotación, como mostraré más adelante). La explotación de clase centra la dinámica de las sociedades capitalistas hasta tal punto que no se puede entender ni la génesis ni el desarrollo de la Gran Depresión o de la Gran Recesión en el mundo capitalista desarrollado sin analizar la evolución de tal explotación. Incluso un economista keynesiano como Paul Krugman ha reconocido últimamente esta realidad, señalando que el economista que explicó mejor la evolución de los ciclos económicos fue Michal Kalecki (que influenció a Keynes), que puso la explotación de clase y el conflicto generado por tal explotación en el centro de su análisis. Thomas Piketty, en su último libro Capital e ideología así también lo reconoce, aludiendo a la famosa cita de Karl Marx: “La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases.

 

La explotación de clase durante la Gran Recesión

 

Esta observación aplica claramente a España (incluyendo Catalunya), uno de los países de la UE con mayores desigualdades por clase social. Las rentas del trabajo han ido disminuyendo en España (incluyendo Catalunya), mientras que las rentas del capital han ido aumentando, siendo el ascenso de estas últimas a costa del descenso de las primeras. En España (incluyendo Catalunya) el conflicto de banderas (la borbónica por un lado y la estelada independentista por el otro) durante los años de la Gran Recesión ha ocultado esta realidad.  La enorme crisis de legitimidad del Estado se basa precisamente en esta realidad.

Uno de los elementos de estabilidad del sistema capitalista, que era la ideología de la meritocracia (que asumía que el mérito era el motor que definía la jerarquía social), ha perdido toda su credibilidad y capacidad cohesionadora, pues pocos se la creen. Y ahí está el problema para la reproducción del régimen político actual. Esta realidad muestra el poder de las ideologías en la configuración de las desigualdades, como concluye, con razón, Piketty en el libro anteriormente citado, Capital e ideología. Ahora bien, el gran error de Piketty es que concede excesiva autonomía a las ideologías, sin apercibirse de que las que él cita han sido creadas y promovidas para satisfacer los intereses de las clases que las originan. Piketty reconoce que Karl Marx llevaba razón (cuando ponía la lucha de clases en el centro de la explicación), pero añade inmediatamente después que hoy la lucha no es entre clases, sino entre ideologías. Por lo visto, Piketty no se da cuenta de que, como acabo de decir, las ideologías son sostenidas y promovidas como instrumentos del poder de clase. La meritocracia era una ideología promovida por los que estaban en la cúspide del poder, para justificar su derecho a dominar. Y el neoliberalismo ha sido la ideología de la clase capitalista dominante, como bien muestran los datos sobre la evolución de las rentas y su enorme concentración, lo cual ha ocurrido a costa de la clase trabajadora, cuyo nivel de vida ha ido empeorando. La evidencia de ello es clara y contundente (ver mi libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica al pensamiento económico dominante. Anagrama, 2015).

Naturalmente que tales ideologías (de clase) no son las únicas, pues cada tipo de explotación genera diferentes ideologías. La explotación de género se sostiene gracias a la existencia de ideologías que reproducen tal explotación. Pero todas ellas están también influenciadas por las ideologías encaminadas a reproducir el dominio de clase. Hay muchos ejemplos de ello. Como ha escrito Rosalind Gill en su libro Cultura y subjetividad en tiempos neoliberales y posfeministas, el neoliberalismo (la ideología de la clase capitalista) influenció la expansión del erotismo en la moda femenina, a fin de empoderar a la mujer para competir en el mundo dominado por el hombre en términos que reproducían también el dominio del machismo, que veía a la mujer como objeto de deseo del hombre. Lo que la mujer (liberal) creía que era la libre expresión de su voluntad era, en realidad, la reafirmación de su opresión, presentándola como objeto de deseo.

Una situación semejante se da en las ideologías basadas en la explotación de raza (y de clase). El racismo ha jugado un papel clave en desempoderar al mundo del trabajo, dividiéndolo por raza. Es de sobras conocido que el racismo juega un papel clave en la desunión de la clase trabajadora., causa de que sea ampliamente promovido por la clase dominante. Como bien dijo Martin Luther King una semana antes de ser asesinado, “la lucha central en EEUU que afecta a todas las demás es la lucha de clases”. Lo dicho anteriormente no es, como algunos estarán tentados de pensar, reduccionismo de clase, sino intentar recuperar y resaltar la importancia de la clase social como variable de poder en el análisis de la realidad, y no solo a nivel económico, algo que raramente se hace no solo en los medios, sino también en los análisis académicos.

La explotación requiere dominio, hegemonía y represión por parte de los explotadores

Y estas ideologías se sustentan a base también de una enorme represión. Basta ver qué está ocurriendo en varios países de Latinoamérica hoy. De ahí que considere enormemente ingenua la observación que hace Piketty en su crítica a Marx. Dice Piketty: “A diferencia de la lucha de clases, la lucha de ideologías está basada en el conocimiento y las experiencias compartidas, en el respeto al otro, en la deliberación y en la democracia.” Tengo que admitir que tuve que leer este párrafo dos veces. Mis muchos años de experiencia y conocimiento de la realidad en los varios países en los que he vivido y he trabajado muestran que no es así. Piketty idealiza el sistema democrático. La prueba de ello es que el siglo XXI se está caracterizando por las enormes agitaciones sociales frente a las consecuencias de la aplicación de las políticas de clase impuestas por los grupos dominantes.

Hoy, la gran mayoría de países a los dos lados del Atlántico Norte están experimentando una enorme crisis de legitimidad de sus Estados, resultado en gran parte de la aplicación de las políticas públicas neoliberales impuestas por los partidos gobernantes, incluidos los partidos socialdemócratas cuyo compromiso y aplicación de políticas públicas del mismo signo han generado su enorme colapso e incluso desaparición, como ha sido el caso del partido socialista en Francia, país donde reside Thomas Piketty. El surgimiento de la ultraderecha en Europa y el gobierno de ultraderecha que gobierna EEUU son un indicador de tal crisis. Me parece incoherente que a la luz de estas realidades, Piketty concluya que los sistemas políticos actuales responden a la idealizada versión que caracteriza su definición de ellos. Hoy estamos viendo el fin de una etapa en la que el poder de las clases dominantes ha alcanzado un nivel tal que la propia supervivencia de los sistemas democráticos está en juego. La escasa atención que Piketty presta al contexto político del fenómeno económico (que es casi característica de los estudios económicos actuales) empobrece su análisis, pues hace poco creíble que las propuestas que hace puedan considerarse como factibles sin que exista un cambio más sustancial de lo que él considera.

Respecto a sus propuestas, admito reservas en cuanto al hecho de que la solución pase por gravar a las rentas superiores y a la clase de propietarios del capital y que se distribuya la renta a cada uno de los ciudadanos. Ya he expresado mis reservas en cuanto a priorizar una renta universal a costa de un cambio más significativo, que es utilizar los fondos adquiridos mediante la grabación del capital y de las rentas superiores para crear una sociedad en la que cada uno contribuya según sus habilidades y los recursos se distribuyan según sus necesidades. Habiendo dicho esto, no quiero desalentar al lector a que lea el libro de Thomas Piketty, que como siempre tiene información de gran interés.

NOVIEMBRE 28, 2019

Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universitat Pompeu Fabra

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Combate a la violencia de género, el reclamo común en Latinoamérica

No solamente en México sino en casi todos los países latinoamericanos, las mujeres salieron a la calle este 25 de noviembre para protestar los altos niveles de violencia. El feminicidio fue el tema en la mayoría de pancartas vistas en las protestas, aparte del pañuelo verde para un aborto seguro, libre y gratuito. En varios países, las manifestantes también se solidarizaron con las mujeres indígenas reprimidas en Bolivia, ondeando la bandera Wiphala, símbolo del Estado plurinacional.

En varias ciudades de Argentina, las participantes se mostraron preocupadas por las crisis que atraviesan otros países sudamericanos, como Bolivia, Chile, y Colombia. Además, pidieron un presupuesto más alto para combatir la violencia de género, y la legalización de la interrupción del embarazo. “Estamos pidiendo que el presidente electo (Alberto Fernández) cumpla con lo que se ha comprometido: despenalizar y legalizar el aborto”, citó el periódico El País a la feminista Nina Brugo, quien formó parte de las protestas en Buenos Aires. De acuerdo con el “Observatorio de Feminicidios en la Argentina Adriana Marisel Zambrano”, ocurre un feminicidio cada 32 horas en el país.

En Chile, las protestas de mujeres formaron parte de la movilización más grande contra el gobierno del presidente Sebastián Piñera, que ha sacudido el país desde el mes de octubre. Las participantes llamaron la atención a la represión que se está ejerciendo en contra de los sectores en oposición. Las principales agrupaciones de mujeres, como la Coordinadora Feminista 8M, forma parte de Unidad Social, que reúne a cerca de 200 organizaciones sindicales y de la sociedad civil que han llamado a una huelga general este martes.

En redes sociales, se viralizó una intervención del colectivo “Las Tesis”, frente a varios edificios de gobierno en Santiago. “El patriarcado es un juez, que nos juzga por nacer”, cantaron las mujeres, con los ojos vendados, en una coreografía denominada “Un Violador en Tu Camino”. “El violador, eres tú. Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía”, continuaron, señalando a una persona ficticia enfrente, bajo los aplausos del público.

En Perú, las mujeres salieron a las calles el fin de semana, para demandar un presupuesto más alto para el combate de la violencia de género. En Colombia, las protestas fueron inmersas en las acciones alrededor del “paro nacional”, a favor de los acuerdos de paz y en contra del presidente Iván Duque. También denunciaron el asesinato de mujeres defensoras de Derechos Humanos. Según el Observatorio de Feminicidios Colombia, 339 mujeres han sido asesinadas en el país entre enero y julio del 2019.

En Guatemala, se realizó una velada que recordó a las víctimas de feminicidio en este país, que tiene una de las tazas de feminicidio más altas en la región. Las participantes colocaron cruces y fotos y encendieron velas, algunas de ellas formaron la cifra “571”, que según los registros de las organizaciones es el número de mujeres asesinadas en el país en 2019, hasta la fecha. También recordaron las víctimas del incendio en el albergue “Hogar Seguro”, el 8 de marzo 2017, en el cual 41 niñas murieron y 15 resultaron heridas gravemente.

Este centro estatal de protección para niñas, niños y adolescentes víctimas de violencia, abandono y maltrato infantil, había sido señalado antes del incidente, a su vez, por abuso físico y sexual, sin embargo, las autoridades no reaccionaron. Cuando las y los jóvenes se rebelaron, el 7 de marzo 2017, algunas fueron encerradas en una recámara, lo que provocó que no pudieran ser rescatadas a tiempo cuando se produjo el incendio. Se inició un proceso contra cinco acusados en el caso, en febrero 2019, pero hasta ahora no ha pasado más allá de la etapa principal.

En Nicaragua, las manifestantes recordaron a los presos políticos del gobierno de Ortega. Desde el 14 de noviembre, un grupo de madres ha estado en huelga de hambre en una iglesia de Masaya exigiendo la liberación de sus hijos encarcelados desde la ola de represión de 2018. La organización Iniciativa Meosamericana de Defensoras de Derechos Humanos denunció que la policía de Nicaragua rodeaba las oficinas de la organización “Corriente Feminista”, y que no se les permitía a las mujeres llevar su protesta a la calle, hizo un llamado al gobierno de Nicaragua para que deje de “intimidar a las compañeras feministas.” Cientos de mujeres también salieron a las calles en El Salvador y Honduras, para protestar la violencia de género.

Según el Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe (OIG) de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), en 2018 fueron asesinadas al menos 3 mil 529 mujeres por razones de género en 25 países de América Latina y el Caribe.  

Cuatro de las cinco tasas más altas de feminicidio se registraron en El Salvador, Honduras, Guatemala y en República Dominicana. A ellos se sumó Bolivia, cuya tasa de 2,3 feminicidios por cada 100.000 mujeres en 2018 era la tercera más alta de América Latina y la más alta de América del Sur.

Publicado originalmente en CIMAC Noticias

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Miércoles, 27 Noviembre 2019 12:08

“A Colombia la está matando la pereza”

“A Colombia la está matando la pereza”

“No son 30 pesos, son 30 años”

Frase emblemática de las protestas
en Chile

 

Los ánimos subieron de tono en el Senado de la República cuando en la pantalla del recinto apareció Álvaro Uribe Vélez que, en una grabación efectuada durante su primer periodo de gobierno, aseguraba: “A Colombia la está matando la pereza, lo que tenemos que hacer, en modificación de la jornada de trabajo ¡es recortar la jornada de sueño, es recortar la jornada de vacaciones, es recortar la jornada de festivos!”

Los rostros de Uribe Vélez y de los integrantes de su bancada cambiaron de color. El país presenció la manera en la que el exmandatario perdió el control emocional y, junto a algunos de los miembros más recalcitrantes de su bancada, lanzaron una lluvia de improperios hacia este Senador.

La furia del Centro Democrático se desató el pasado 16 de octubre en la sesión plenaria del Senado en el Congreso de la República citada para votar el proyecto de Ley Presupuestal del gobierno de Iván Duque. Allí proyecté el video mientras realizaba una intervención rechazando los anuncios de reforma laboral efectuados por el gobierno de Duque y el Centro Democrático, con la que pretenden seguir atentando contra los/as trabajadores/as de Colombia al permitir el trabajo por días y por horas, lo que implicaría flexibilizar aún más las normas para facilitar el despido e incorporar la propuesta de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (Anif) de un salario por debajo del mínimo para jóvenes, que se establecería en un 75 por ciento del mismo.

¿A qué se debe la explosiva ofuscación del actual Senador y su bancada si el video es público y de fácil acceso en la red y, en esencia, no contenía una “novedosa o gran denuncia” en su contra?

 

Octenio de políticas anti obreras

 

La ira, rabia y demás sensaciones desatadas en aquella sesión del Senado, permiten evidenciar que las palabras emitidas por el actual senador en el video, corrieron el velo pro-trabajador por él labrado de manera calculada y cuidadosa a lo largo de varios años, con el claro objetivo de ocultar todo un prontuario antiobrero que caracterizó su octenio como presidente, el ejercicio parlamentario anterior a su ascenso al Ejecutivo Nacional, así como su actual propuesta de reforma laboral presentada hace apenas unas semanas.

Dentro de su reciente estrategia para lavarse las manos y aparentar la “defensa” de los/as trabajadores/as están: el apoyo demagógico a la recuperación de una hora de jornada diurna en la ley de horas extras de Santos, la propuesta de facultades extraordinarias para subir el salario mínimo hecha el año pasado, la promoción de un nuevo “sindicalismo propositivo”, el proyecto de ley aprobado ya en dos debates sobre la media prima para trabajadores/as públicos y privados que devenguen menos de tres salarios mínimos, la prima para la canasta familiar y, ahora, el cuento de la reducción de la jornada laboral para que los/as trabajadores/as le dediquen más tiempo a sus familias y a sus estudios.

 

Las “jugaditas” de Uribe Vélez

 

La reacción del hoy Senador ante el mentado video y su obstinación por mantener la máscara pro-trabajador, obliga a recrear un ejercicio de memoria, así sea sucinto, de toda la ofensiva que en materia legislativa ha desarrollado contra el ingreso, el bienestar y los derechos de los/as trabajadores/as en esta larga noche neoliberal –iniciada desde aquel “bienvenidos al futuro” gavirista– y en la que el expresidente ha jugado un papel principal. Este ejercicio también contribuye a pensar un contexto histórico que fundamenta la necesidad de la lucha por el trabajo decente y digno.

Recordemos que la primera generación de reformas de orden estructural para dar inicio a la implementación del modelo neoliberal, contemplaba, además de las medidas más directamente económicas como la reforma comercial y cambiaria, la reforma laboral, la recordada y por miles padecida Ley 50 de 1990, en la que Uribe Vélez fue ponente destacado, así como promotor, reforma que constituyó la entrada y el posicionamiento de la flexibilización laboral como medida recurrente para, según sus impulsores,“incentivar el empleo”. Con ella se eliminó el pago retroactivo de las cesantías, las mismas que consolidaban un ahorro con el cual gran parte de nuestros/as abuelos/as y padres adquirieron vivienda y un patrimonio estable. Además, esta ley permitió que los contratos a término fijo fueran renovados sin limitaciones en perjuicio de la contratación a término indefinido, e inició la flexibilización de la norma para abaratar los despidos, empezando en aquella época con los trabajadores de más de 10 años de antigüedad. Estas dos medidas, de hecho, se constituyeron en una especie de estímulo perverso que ha provocado su generalización y ampliación respectivamente.

También hay que decir que la Ley 100 de 1993 fue promovida y sustentada por Uribe Vélez como ponente principal, Ley con la cual se iniciaron las reformas paramétricas a las pensiones en detrimento de los/as trabajadores/as: aumento de edad para pensionarse (en dos años más), se incrementó la cotización (a 300 semanas) y redujo la mesada pensional (de un porcentaje del 90 a 80 por ciento). Este retroceso en el tema pensional se agrava con el otro componente de la Ley 100: el Sistema de Seguridad Social en Salud. La precariedad del servicio de salud se ha constituido en una fuente de malestar y tragedia en el mundo del trabajo, cuando debería ser parte integral del bienestar de los/as trabajadores/as.

Pero su compromiso con el gran capital y en contra de las mayorías nacionales no para ahí. La actuación del Senador y expresidente no solo ha sido nefasta para los trabajadores desde el ámbito parlamentario, sino como mandatario. En su primer año de gobierno (2002-2006) aprobaron la reforma laboral conocida como Ley 789 de 2002 con la que se disminuyó la retribución por horas extras laboradas dominicales, de festivos y nocturnas. Para estas últimas, esta ley estiró el diurno hasta las 10 p.m., cuando antes estaban estipuladas, de acuerdo con la naturaleza, desde las 6 p.m., perdiendo así los/as trabajadores/as una retribución diferencial de 4 horas que pasaron de nocturnas a ser consideradas “diurnas”. También en su gobierno se golpeó nuevamente a los pensionados por la vía de eliminar la mesada 14 a través del Acto Legislativo 1 de 2005 1.

Todas estas medidas contra los/as trabajadores/as fueron acompañadas, para legitimarlas ante la sociedad, de un discurso antisindical adoptado por el hoy Senador y replicado irresponsablemente por los medios del establecimiento, en el que las reivindicaciones obreras fueron catalogadas, no como derechos, sino como privilegios. Además, la frecuente asociación de la actividad sindical como aliada del terrorismo y de las guerrillas, justificó e incentivó la violencia contra los líderes y lideresas sindicales, lo que se tradujo en el asesinato de 527 dirigentes sindicales durante su octenio 2.En el marco de este discurso antisindical, el “contrato sindical” reglamentado en función de la tercerización para contratar funciones de las empresas ya no con terceros hacia afuera, sino con los propios sindicatos hacia adentro, se convirtió en el ejemplo que identifica el sindicalismo “propositivo, gerencial”, un sindicalismo no en favor de quienes venden su fuerza de trabajo sino de la patronal.

 

Chile, el “oasis” económico ejemplo para Colombia y la región

 

Desde hace décadas sabemos que Chile es el referente de las reformas sociales (salud, pensional y laboral) de corte neoliberal en América Latina. Colombia no fue la excepción en la avanzada multilateral que llamó a replicar el modelo del país del sur. Las antes referenciadas reformas laborales y la de seguridad social en Colombia fueron inspiradas en ese “exitoso modelo chileno” que convirtió a ese país en un “oasis”, según declaraciones entusiastas de Sebastián Piñera, antes del potente estallido que tiene conmovido al pueblo chileno, pueblo que demanda el fin de aquel “exitoso” modelo neoliberal, el mismo que ha llevado a la privatización de la seguridad social, la educación, la salud, las vías, y todo lo demás.

A propósito de Chile, en el informe Employment Outlook 2014, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde), concluyó que este país es el de mayor porcentaje de empleo temporal a nivel mundial, con 30,5 por ciento de sus trabajadores/as bajo esta modalidad. Asimismo, los países de la Ocde cuyo empleo temporal sobrepasa el 25 por ciento del empleo total, son: Chile, España y Polonia. Esta segmentación del mercado laboral trae como consecuencia riesgos en términos de eficiencia y desigualdad 3. Muy a pesar de las cifras anteriores, que evidencian el “éxito” del modelo chileno para exacerbar la precarización del trabajo, la Ocde, a la cual el expresidente Juan Manuel Santos aludió con desbordante entusiasmo al espetar “¡Ya somos parte de las grandes ligas!” cuando Colombia ingresó a este “club de países ricos”, manifestó recientementeque el salario mínimo colombiano era muy elevado, contribuyendo con ello a ambientar políticamente la reforma laboral anunciada por el gobierno, la misma que pretende precarizar aún más los salarios.

La similitud de la reforma laboral impulsada por Sebastián Piñera y las anunciadas por el expresidente y hoy Senador, no deja duda de la persistencia en ese referente. Frente a la reforma laboral que impulsa Sebastián Piñera y el argumento de favorecer a los/as trabajadores/as con más tiempo para la familia, veamos:

“El gobierno ha puesto al centro como uno de los principales argumentos para su reforma, una supuesta “adaptabilidad” para que los trabajadores puedan compatibilizar los tiempos con sus familias.[…] Instalan esta posibilidad desde el supuesto de que cada trabajador va a poder “pactar” su jornada de trabajo con su empleador.[…] La “adaptabilidad familiar” con la cual se escuda el gobierno para llevar adelante esta reforma laboral (que está hecha a la medida de los empresarios) nunca será realidad mientras las familias de los trabajadores subsistan con el sueldo mínimo, y por consiguiente, deban buscar otro trabajo para contar con algún ingreso extra” 4.

Respecto a la reducción de la jornada laboral, los argumentos del establecimiento chileno:“En el programa de nuestro gobierno está compatibilizar tres grandes tendencias. Primero, esa demanda por tener más tiempo libre; segundo, el poder maximizar el tiempo que los padres compartan con los hijos, y la tercera tendencia es el cambio tecnológico” 5.

La propuesta del líder supremo del Centro Democrático plantea una implementación gradual de la reducción de la jornada laboral, de manera que el empleador pueda establecer una jornada laboral semanal de 47 horas una vez aprobada la Ley; de 46 horas el segundo año, y de 45 horas en el tercer año. Versa la exposición de motivos de su Proyecto de Ley: “Con la presente iniciativa, se busca aumentar la productividad de las empresas motivando a los trabajadores a bien invertir su tiempo, de manera que las mismas funciones que tienen asignadas, sean realizadas en menor tiempo, para de esta manera disfrutar más tiempo con sus familias, acceder a capacitación, educación o recreación, fomentando de esta manera el salario emocional”6. Vaya “coincidencias”.

 

Por el trabajo decente

 

Han trascurrido 29 años desde la promulgación de la Ley 50/90, años durante los cuales las condiciones de vida de quienes no tienen más que su fuerza de trabajo para vivir han sufrido un constante deterioro. La propaganda con la que han respaldado este profundo deterioro, se basa en la justificación de las señaladas reformas: la necesidad de combatir el desempleo disminuyendo los costos laborales para, supuestamente, estimular la creación de puestos de trabajo.

Palabras que la realidad entierra, pues hoy las consecuencias evidencian todo lo contrario. El resultado de estos casi 30 años es que el trabajo decente que dignifica, que permite el desarrollo de las capacidades propias, un ingreso justo y proporcional al esfuerzo realizado, con protección social adecuada, sin discriminación de género o de cualquier otro tipo, y que se realiza en un marco de dialogo social y de respeto a los principios y derechos laborales fundamentales, no es una realidad hoy día en el país. Por el contrario, lo dominante en la actualidad es que la informalidad, la tercerización, el trabajo precario, el empleo basura, son una realidad “in crescendo” que se torna agobiante para la población colombiana.

De continuar así, para el año que viene –2020– podríamos adaptar el epígrafe de este escrito, ante el traslado de la crisis económica a los hombros de las y los trabajadores: “no son solo…, son 30 años”.

 

1 Consulte el Acto Legislativo 01 de 2005 en el siguiente enlace: http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/acto_legislativo_01_2005.html
2 Vanguardia. 2010. Sindicalistas dicen que en gobierno de Uribe fueron asesinados 527 dirigentes. Consultado el 1 de noviembre de 2019. Recuperado de: https://www.vanguardia.com/deportes/mundial-de-futbol/sindicalistas-dicen-que-en-gobierno-de-uribe-fueron-asesinados-527-dirigentes-HYvl60786
3 Segovia, Macarena. 2014. Flexibilización laboral: el legado de la Concertación que enciende las alarmas a nivel internacional. El Mostrador. Consultado el 29 de octubre. Recuperado de: https://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2014/10/10/flexibilizacion-laboral-el-legado-de-la-concertacion-que-enciende-las-alarmas-a-nivel-internacional/
4 Romo, Patricia. 2019. La “flexibilización” laboral de Piñera: ¿verdaderamente podemos contar con más tiempo para nuestras familias?. La Izquierda diario. Consultado el 29 de octubre de 2019. Recuperado de: http://www.laizquierdadiario.cl/La-flexibilizacion-laboral-de-Pinera-verdaderamente-podemos-contar-con-mas-tiempo-para-nuestras
5 Roa, Yerko. 2019. Piñera reúne a figuras opositoras en mesa por jornada laboral, pero excluye al PC y Frente Amplio. Biobio chile. Consultado el 29 de octubre de 2019. Recuperado de:https://www.biobiochile.cl/especial/resumen-de-noticias/2019/10/09/pinera-convoca-a-mesa-tecnica-por-jornada-laboral-excluyendo-al-pc-y-frente-amplio.shtml
6 El Espectador. 2019. Dos proyectos para reducir la jornada laboral aterrizan en el Congreso. Consultado el 29 de octubre de 2019. Recuperado de: https://www.elespectador.com/noticias/politica/dos-proyectos-para-reducir-la-jornada-laboral-aterrizan-en-el-congreso-articulo-883898
* Senador de la República por el partidoPolo Democrático Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enEdición Nº263
Martes, 12 Noviembre 2019 06:29

La revolución de Silvia Federici

La revolución de Silvia Federici

Sobre los planteamientos de la feminista anticapitalista Silvia Federici

En estos años convulsionados de los feminismos en América Latina, las palabras de Silvia Federici resuenan en talleres y asambleas. Se han hilado con murales y cantos creados en calles desbordadas: “Somos las nietas de todas las brujas que nunca pudieron quemar” se teje con su investigación sobre la caza de brujas. “No es amor, es trabajo no pago” es una de las consignas en los paros internacionales del 8 de marzo.

La revolución feminista inacabada. Mujeres, reproducción social y lucha por lo común, (1) publicado este año en Montevideo, reúne una serie de artículos que Federici escribió en la primera década del siglo XXI. Si su libro Calibán y la bruja nos permite una mirada larga sobre las luchas de las mujeres en la “transición” del feudalismo al capitalismo, ubicando la caza de brujas de los siglos XVI y XVII como suceso fundante y política de guerra contra ellas y las comunidades, esta compilación propone una lectura feminista sobre los problemas y los desafíos actuales para pensar la transformación desde la reproducción social.  

Feminista comunera  

En un artículo sobre la obra de Federici, Raquel Gutiérrez (2) la define como feminista comunera, poniendo de relieve una forma particular de entender las prácticas feministas. Federici comprende el feminismo como la lucha contra la opresión y la explotación desde la reproducción de la vida y los esfuerzos por “producir lo común”, concepto que refiere a las relaciones de cooperación que colocan la vida en el centro y no están plenamente subordinadas a las lógicas dominantes. 

Su pensamiento desordena las formas canónicas de comprender la transformación social, da pistas para recrear nuestros puntos de partida y nuestros anhelos. No se trata de una perspectiva abstracta, deslocalizada y descarnada que se desentiende de los procesos de lucha concretos; por el contrario, piensa desde las luchas.  

Sus indagaciones sobre el trabajo doméstico –históricamente invisibilizado y considerado no trabajo– habilitaron una comprensión más amplia sobre la noción misma de trabajo y los rasgos de la división sexual del trabajo. Asimismo, permitieron comprender que el mundo reproductivo es clave en el sostenimiento de la esfera productiva, ya que allí se (re)produce la fuerza de trabajo. 

Por lo tanto, Federici plantea que “el reconocimiento del trabajo doméstico ha posibilitado la comprensión de que el capitalismo se sustenta en la producción de un tipo determinado de trabajadores –y, en consecuencia, de un determinado modelo de familia, sexualidad y procreación–, lo que ha conducido a redefinir la esfera privada como una esfera de relaciones de producción y como terreno para las luchas anticapitalistas”. 

La reproducción social, tema central de La revolución feminista inacabada, refiere a “los múltiples espacios donde se producen y reproducen los alimentos, donde se cuida, se capta y se usa el agua, donde se genera y gestiona la vida cotidiana, se crían las nuevas generaciones y se dota de sentido a la existencia”.  

El debate sobre el trabajo reproductivo y su invisibilización es una de las críticas feministas centrales al pensamiento de Marx. Esta crítica es retomada en el libro. A partir del mundo reproductivo, la autora hace una lectura de la crisis actual de la reproducción social en la economía global y los desafíos que se abren para la lucha feminista en este escenario. Se plantea, entonces, un importante desplazamiento desde la producción de bienes y mercancías hasta la reproducción de la vida como centro, revolucionando así el modo de entender la transformación. 

No obstante, este desplazamiento no se desentiende de las viejas preguntas acerca de qué cambios sociales precisamos: las reordena a partir de otro punto de partida, en el que la pregunta fundamental es cómo nos reapropiamos y recreamos las condiciones para la reproducción de la vida. Esto conlleva un segundo desplazamiento, que es desbordar el binomio Estado ‑ mercado para visibilizar otro terreno: las relaciones sociales de cooperación o prácticas de producción de común. 

Federici insiste en que no hay común sin comunidad y recuerda que nadie está dispuesto a luchar sin una comunidad que le dé sustento. En su pensamiento lo común no se reduce a los bienes comunes, sino que se piensa como relaciones sociales de cooperación que se heredan o recrean, y nos permiten sostener la vida y desplegar luchas: “Lo que necesitamos es un resurgimiento y un nuevo impulso de las luchas colectivas sobre la reproducción, reclamar el control sobre las condiciones materiales de nuestra reproducción y crear nuevas formas de cooperación que escapen a la lógica del capital y del mercado. Esto no es una utopía, sino que se trata de un proceso ya en marcha en muchas partes del planeta y con posibilidades de expandirse”.  

Una revolución inacabada  

El libro se interesa también por las formas de resistencia de las mujeres y por cómo las luchas feministas hacen frente al despojo producido por la globalización. Federici recuerda que las mujeres protagonizan la resistencia ante el ataque sistemático a las condiciones materiales de la reproducción social. Por eso la globalización es, en esencia, una guerra contra ellas. 

La autora invita a hacer una lectura política de este proceso, como respuesta al ciclo de luchas que en los sesenta y los setenta cuestionó tanto la división internacional como la división sexual del trabajo, lo que causó una crisis histórica para la ganancia del capital y dio lugar a una revolución social y cultural. Las mujeres protagonizaron ese tiempo de revueltas, por lo que “no es accidental que todos los programas relacionados con la globalización hayan hecho de las mujeres su blanco principal”. 

El ajuste estructural ha destruido la subsistencia de las mujeres, que han sido desplazadas de la agricultura, el empleo público, los servicios sociales, al tiempo que han sido empujadas a trabajos esclavizantes y han pagado con su salud la mínima autonomía que logran conseguir al acceder a un salario. De este modo, los planes de ajuste recaen sobre las mismas mujeres que luego las políticas de las agencias internacionales y estatales pretenden salvar, colocándolas previamente en el lugar de víctimas, lo que posibilita la posterior cooptación política a través de programas en clave capitalista.  

A partir de este diagnóstico, Federici hace una lectura crítica de las expresiones del feminismo liberal que optan por la estrategia de la participación política y la incursión en las instituciones. Sostiene que la globalización es especialmente catastrófica para las mujeres, no porque sea dirigida por agencias con predominio masculino, sino por sus propios objetivos. 

Advierte que los intentos de mejorar la condición de las mujeres incorporando en los organismos una “perspectiva de género” tienen además un “efecto mistificador, al permitir a estas agencias cooptar las luchas que realizan las mujeres contra la agenda neoliberal”. Por lo tanto, es necesario luchar contra la globalización capitalista y las agencias y los organismos internacionales que la impulsan. 

Federici no se opone a exigir políticas de resarcimiento en lo inmediato, pero afirma que en el largo plazo las feministas tenemos que reconocer que no podemos esperar ninguna mejora sustantiva de nuestras condiciones de vida proveniente del capitalismo. Recuerda que “si la destrucción de nuestros medios de subsistencia es indispensable para la sobrevivencia de relaciones capitalistas, este debe ser nuestro terreno de lucha”, y agrega que “la liberación de las mujeres requiere de condiciones materiales específicas, empezando con el control sobre los medios básicos de producción y subsistencia”.  

En el libro se abordan desafíos y problemas políticos que dialogan e iluminan nuestras prácticas de hoy. Pensar lo común como alternativa al binomio Estado ‑ mercado abre un horizonte de deseo nuevo, distinto para nuestras luchas. Nos invita a disponer de nuestra energía no sólo en la demanda, sino en la construcción aquí y ahora de esos otros mundos con los que soñamos. Ubicar la reproducción de la vida en el centro nos permite ver que nuestra capacidad de crear y cuidar es lo que sostiene el mundo, y si podemos sostenerlo, podemos transformarlo.

 

Notas

(1) Silvia Federici (2019). La revolución feminista inacabada. Mujeres, reproducción social y lucha por lo común. Montevideo: Minervas Ediciones

(2) Mexicana. Matemática, filósofa y socióloga. Fue parte del levantamiento popular ‑ comunitario conocido como “guerra del agua”, que aconteció en Cochabamba en 2000. 

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Domingo, 10 Noviembre 2019 05:54

Migraciones globales

Migraciones globales

A pesar de las distancias y los diferentes contextos, los procesos migratorios muestran regularidades sorprendentes. Los de carácter explosivo suelen ser detonados en situaciones de guerra o crisis política, como sería el caso de Siria en Medio Oriente y Venezuela en Sudamérica. Millones de personas huyen en periodos muy cortos de tiempo; escapan de una crisis y suelen generar otra en la nación de destino.

En Alemania, por ejemplo, los migrantes sirios y de otros países superaron el millón de personas y pusieron en problemas al gobierno de Angela Merkel. En nuestra región el éxodo hondureño desbarató los controles migratorios de Estados Unidos y puso en peligro la relección de Donald Trump y de rebote en jaque al gobierno de México, que ingenuamente había abierto sus puertas a los migrantes centroamericanos. El año pasado transitaron por el país cerca de un millón de migrantes y 800 mil fueron capturados por la migra. Y lo peor de todo es que los están regresando a México y no a sus naciones de origen, por un mal acuerdo llamado de "protección" a migrantes por supuestas razones humanitarias.

En Colombia también se abrieron las puertas a los venezolanos que huían del caos generado por Maduro. La derecha colombiana, creía que esa medida ayudaría a derrocarlo, pero ha resultado lo contrario, tuvieron que acoger a un millón y medio de migrantes y dar paso a otros 2 millones que se desperdigaron por Ecuador, Perú, Chile, Argentina, Uruguay y Brasil. Para Maduro cada emigrante es un opositor que se va y una boca menos que alimentar. Son varios millones menos de perniles que tendrá que entregar para que su pueblo festeje la Navidad.

Hace cinco años, Colombia tenía 140 mil extranjeros y de ese año para acá la población foránea se ha multiplicado por 10 y no hay visos de que se arregle el asunto en Venezuela y menos aún de que los migrantes quieran regresar.

En Perú, el defenestrado presidente Pedro Pablo Kuczynski convocó a los gobiernos opositores de Maduro y lideró al Grupo de Lima, consecuentemente abrió las puertas a los venezolanos, ofreció refugio y llegaron 800 mil en menos de tres años.

Pobreza, conflictos, violencia, dictadores y gobiernos fracasados hay en todos los rincones del planeta y a estos factores se les ha llamado de expulsión. Pero también hay otros de atracción, ya lo decía Ravensteim en 1889 en su ensayo sobre Leyes de las migraciones, al referirse a las "luces de la ciudad" que atraen a los migrantes. Todos tienen derecho a buscar la luz y salir de la oscuridad, pero no todos pueden acceder a ella.

En Cuba, la mayoría quisiera vivir en la Habana, allí están los dólares de los turistas, pero no todos tienen derecho a residir en la capital del país, porque las viviendas que controla el Estado no alcanzan para todos, y prácticamente no hay mercado inmobiliario.

En China, los campesinos tampoco pueden ir a vivir a las ciudades, la escasez de vivienda y otros controles limitan el acceso. Son casos excepcionales, pero reales; hay derecho de tránsito, pero no de acceso a la vivienda.

Al derecho de tránsito, consagrado por la mayoría de constituciones nacionales, no le corresponde un derecho paralelo de ingreso a otro país. Ese derecho lo otorga la nación de destino a los que cumplen ciertos requisitos. Y las excepciones corresponden al derecho de asilo, por persecución política o refugio porque la preservación de la vida en el país de origen está amenazada o por tener una condición de apátrida. En términos generales, estás convenciones forman parte de un acuerdo social compartido por muchos países.

Al mismo tiempo, el sistema de Estado-nación, en el que estamos inmersos y del cual no podemos escapar, u obviar, limita a los ciudadanos buscar oportunidades o mejores condiciones en otras naciones. Limitaciones que son menores para los ciudadanos de países centrales y son muy grandes en los de la periferia. En otras palabras, las disparidades entre naciones ricas o pobres, países del norte o del sur.

Donde no hay acuerdos formales entre naciones es sobre la migración en tránsito. Por lo general los países dejan pasar a los migrantes y se hacen de la vista gorda porque su ingreso fue irregular. El problema radica en la "última" nación de tránsito, como sería el caso de México, donde la presión se concentra en la frontera norte y en la relación con Estados Unidos que viene a ser el país de destino al que todos quieren llegar. Por eso Washington presiona para que México acepte la condición de tercer país seguro.

En el siglo XXI se puede caracterizar por la presión migratoria contenida a escala global por los controles y limitaciones que imponen los estados-nación. Los migrantes, por su parte, no sólo exigen sus derechos, sino que tienen un potencial disruptivo que pone en cuestión al Estado-nación al que quieren llegar.

Es el caso de los cientos de migrantes africanos y extracontinentales confinados en Tapachula, Chiapas, o los miles que esperan en Pas de Calais, en Francia y otros campamentos. Unos quieren llegar a Estados Unidos y otros al Reino Unido. Pero permanecen en un limbo legal. No quieren quedarse ni en México, ni en Francia, pero no pueden entrar a Estados Unidos o a Inglaterra.

Un problema que no tiene fácil solución.

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Aprueban en Brasil reforma jubilatoria que quería Bolsonaro

Brasilia. La reforma de las jubilaciones en Brasil, la primera de las medidas prometidas por el presidente Jair Bolsonaro a los mercados para sanear la economía, fue aprobada de manera definitiva este martes por el Congreso tras el voto mayoritario en el Senado.

Los senadores discutieron por la noche las últimas enmiendas, tras las cuales la nueva norma estará pronta para su promulgación por el parlamento.

La reforma fue aprobada por 60 votos a favor y 19 en contra en la cámara alta. Para ser validada, se requería el apoyo de 49 de los 81 senadores (tres quintos de los escaños) por tratarse de una reforma constitucional.

La propuesta, aprobada previamente con masivo apoyo en la Cámara de Diputados, prevé un ahorro de unos 800 mil millones de reales (200 mil millones de dólares) en 10 años, para ayudar a sanear las cuentas de una economía letárgica.

La cifra es inferior a los 1.2 billones de reales propuestos inicialmente por el ministro de Economía, Paulo Guedes, debido a recortes realizados en la primera votación de los diputados.

"El Parlamento brasileño muestra hoy madurez política (...). Muestra el compromiso del Congreso Nacional con la agenda del país", dijo el presidente del Senado, Davi Alcolumbre, antes de proclamar el resultado.

El avance de la reforma alentó a la Bolsa de Sao Paulo. El índice Ibovespa marcó este martes un segundo récord consecutivo, cerrando a 107.381 puntos (+1,28%), impulsada, entre otros factores, por la expectativa en torno a la aprobación considerada inminente.

La reforma de jubilaciones era la principal promesa económica del gobierno del ultraderechista Jair Bolsonaro, electo en octubre de 2018 con el beneplácito del mercado.

La aprobación se dio pese a las fuertes tensiones de los últimos días entre Bolsonaro y los miembros de su propio partido.

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El gobierno tiene en agenda otras reformas, como las del sistema tributario, para tratar de alentar a una economía que sufrió dos años de recesión y ya casi tres de endeble crecimiento.

Edad mínima

El texto establece una edad mínima de retiro de 62 años para las mujeres y 65 para los hombres en Brasil, uno de los pocos países que no exigía una edad mínima para jubilarse.

Para los trabajadores rurales, los profesores y algunas categorías de policías, la edad mínima fluctúa entre los 55 y 60 años.

El tiempo mínimo de contribución para recibir una pensión parcial será de 15 y 20 años para trabajadores privados, y de 25 años para los funcionarios públicos, tanto hombres como mujeres. Para recibir el beneficio completo, los hombres deberán trabajar 40 años y las mujeres 35.

Los defensores de la reforma insisten en que el sistema actual es una bomba de tiempo debido a la evolución demográfica del país. En 2018, un 9.2 por ciento de los 208.5 millones de brasileños tenía más de 65 años. En 2060, serán 25.5 por ciento.

Pero sus críticos resaltan que elevar el número de años de contribuciones privará de pensiones completas a millones de personas, en un país donde un cuarto de los trabajadores del sector privado son informales y millones de otros pertenecen al sector de emprendedores que prolifera con la tercerización de los empleos.

Esta reforma de las jubilaciones "aumentará la contribución de los trabajadores y disminuirá, en consecuencia, su renta a largo plazo", afirmó el economista independiente Felipe Queiroz.

Afp | martes, 22 oct 2019 18:58 

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Lunes, 14 Octubre 2019 06:44

Pan, ira y rosas

 Trabajadores de General Motors, que están a punto de cumplir un mes en huelga, se manifestaron ayer cerca de la planta de Flint, Michigan.Foto Afp

Unos 50 mil trabajadores de General Motors (GM) están por cumplir un mes en huelga, la acción laboral del sector privado más grande de la última década (que afecta, por las cadenas de producción integradas, a miles de trabajadores más en México y Canadá) en una disputa que es, en esencia, una confrontación con la ofensiva neoliberal de las ultimas tres décadas que ha creado la mayor concentración de riqueza en casi un siglo y ha atacado a los derechos laborales y sociales de los estadunidenses.

Esta huelga es clave para el futuro del movimiento laboral en este país, y no sólo el sindical, sino en todas sus expresiones organizadas. Es una huelga, afirma un dirigente, para "alzarnos por esos derechos fundamentales de la gente de la clase trabajadora en este país".

Pero no es la primera en tiempos recientes, sino que se nutre de una ola de acciones laborales llevadas a cabo por maestros, trabajadores de hoteles y supermercados, del sector salud, transporte, comunicaciones y más. De hecho, más trabajadores –aproximadamente 485 mil 200, según cifras oficiales– participaron en huelgas y otras acciones que suspendieron jornadas laborales a lo largo de 2018, la cifra más alta desde 1986.

Algunos señalan que la vanguardia de esta ola de rebeliones laborales fue el magisterio, empezando con la gran huelga de maestros de Chicago en 2012 que triunfó al proyectarse como parte de un movimiento social más amplio que sólo el sindical contra las medidas de austeridad neoliberales.

El tsunami de huelgas por cientos de miles de maestros en siete estados durante 2018 sacudió las cúpulas estatales y federales triunfando en varias de sus demandas, incluida la principal: revertir las políticas de austeridad y privatización de las escuelas públicas. Este año, junto con GM, maestros realizaron huelgas en Los Ángeles y Denver, y está por estallar otra huelga masiva en el sector salud.

La resurrección de la acción colectiva laboral reciente fue nutrida por una serie de movimientos sociales –incluyendo Ocupa Wall Street y el Movement for Black Lives– que ofrecieron ejemplos del uso de nuevas herramientas de comunicación y organización, pero también se rescató la memoria histórica de que la acción sindical es parte, y depende, de la organización comunitaria y social.

Pero un canal que alentó este renovado movimiento laboral y su interacción con otros fue la campaña presidencial del socialista democrático Bernie Sanders, en 2016, y de nuevo ahora, en el que diversos organizadores –sobre todo los jóvenes– se encontraron, se capacitaron entre sí y promovieron nuevas alianzas. Sanders estuvo en Detroit hace un par de semanas, donde su sumó a los piquetes frente a una planta de GM en el que no sólo se expresó la solidaridad, sino vinculó esta huelga con la lucha por la justicia social en general.

Jane McAlevey, organizadora sindical, historiadora y estratega, señala que "la gente trabajadora está encabronada" ante las injusticias y los efectos de las políticas neoliberales y que la ola de huelgas tiene que ver con el efecto contagioso de los triunfos logrados, sobre todo al recuperar lo que llama el arma histórica más poderosa de los trabajadores que se había dejado de usar: la huelga.

Al mismo tiempo, trabajadores en los sectores de punta como los de Google, Uber y otros de la "alta tecnología" están elaborando estrategias para organizar su sector, basadas en un modelo de hace más de un siglo impulsado por el gran movimiento anarcosindical del Industrial Workers or the World (IWW) con lo que se llamaba "sindicalismo solidario", encabezado por trabajadores, y no administradores sindicales. Por otro lado, se están explorando alianzas entre el movimiento laboral y el ambiental en torno al tema del cambio climático y, como ha sido a lo largo de la historia de los trabajadores en Estados Unidos, los inmigrantes son la vanguardia en varios sectores.

Tal vez todo esto es un renacimiento de la lucha antigua por la dignidad colectiva ante el robo del futuro por unos cuantos, y un nuevo coro exigiendo, una vez más, no sólo el pan que todos merecen, sino rosas también.

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Los manifestantes se concentran en una carretera de Bagdad para protestar contra la corrupción del Gobierno iraquí. (REUTERS/Alaa al-Marjani)

El martes se iniciaron protestas masivas y violentas en distintas ciudades de Irak contra la corrupción y el desempleo reinantes en el país. Los manifestantes son jóvenes en su mayoría, muchos menores de 20 años, que están condenados a una existencia pobre y gris. Los jóvenes, frustrados, solamente han conocido guerra y sanciones y aspiran vivir una vida mejor, algo que no parece que vaya a ser posible a corto y medio plazo.

 

Las calles de un gran número de ciudades iraquíes han visto esta semana protestas masivas y violentas principalmente de jóvenes, muchos de ellos menores de 20 años, en la incidencia más grave que tiene lugar en el país desde que se acabó con la insurrección del Estado Islámico en 2017. El número de muertos desde el martes se cuenta por decenas y el de heridos por centenas.
Las causas de este levantamiento espontáneo son variadas e incluyen desde la exigencia de que mejoren los servicios públicos de electricidad y agua al malestar creciente de los desempleados que no ven que ningún futuro, jóvenes que no han conocido más que el caos reinante en Irak desde que Estados Unidos invadió el país en 2003 y que en algunos casos dicen que echan de menos a Saddam Hussein y exigen la “caída del régimen”.

Como los jóvenes de todo el mundo, los iraquíes exigen soluciones rápidas para unos problemas estructurales, incluido el de la corrupción masiva, que son endémicos y no pueden resolverse de la noche a la mañana. El primer ministro chií Adel Abdul Mahdi, en el poder desde el año pasado, les ha advertido a través de un mensaje televisado que no existen “soluciones mágicas”. Es evidente que esos problemas continuarán indefinidamente con independencia de lo que suceda con las protestas.

Para disolver las protestas, la policía ha usado agua a presión, gases lacrimógenos, balas de goma y hasta fuego real, lo que explica el elevado número de bajas. Algunos manifestantes también han usado fuego real contra las fuerzas de seguridad. Además, el gobierno ha provocado un bloqueo casi total de las redes sociales como Facebook, Twitter e Instagram, a través de las cuales los jóvenes se coordinan y donde cuelgan imágenes y mensajes que incitan a la población a participar en los caóticos disturbios. En algunos lugares como Bagdad se ha decretado el toque de queda.

La máxima autoridad religiosa chií, el gran ayatolá Ali Sistani, ha instado a las fuerzas de seguridad y a los manifestantes a que no usen la violencia, y ha criticado a los políticos por no haber sido capaces de emprender una lucha eficaz contra la corrupción que invade a casi todas las esferas del gobierno y de las administraciones periféricas. Sistani ha exigido al ejecutivo que adopte medidas de choque contra la corrupción “antes de que sea demasiado tarde”.

 “Los diputados son quienes tienen más responsabilidad en lo que está ocurriendo”, dijo Sistani en un sermón leído el viernes por uno de sus asistentes en una mezquita de Karbala. “El gobierno debe hacer lo posible para mejorar los servicios públicos, encontrar trabajo para los desempleados, acabar con el clientelismo, lidiar con la corrupción y enviar a prisión a los que estén implicados", añadió el gran ayatolá.

Algunos han querido ver en las protestas una variante de las primaveras árabes de 2011 que llega con retraso. Y en parte esta explicación tiene algo de acertado, especialmente en lo tocante a la corrupción y a la ausencia de expectativas, pero los iraquíes acuden regularmente a las urnas para elegir democráticamente a sus representantes. El país está sumido en un caos más grave que el de algunos otros países árabes donde se iniciaron las revueltas de 2011.

La situación de la "democracia" iraquí también puede interpretarse como la quiebra de unas instituciones que pretenden imitar las instituciones liberales occidentales cuando en Irak, como en otros países árabes, no se dan las circunstancias mínimas para que esas instituciones funcionen de una manera eficiente siguiendo el modelo occidental.

María Hurtado, portavoz de la Oficina de Derechos de la ONU, exigió al gobierno y a los manifestantes que se expresen libremente en el marco de protestas pacíficas. "Estamos preocupados por las informaciones en el sentido de que las fuerzas de seguridad han usado munición real y balas de caucho en algunas zonas, y también han disparado gases lacrimógenos directamente contra los manifestantes", dijo Hurtado.

Según la portavoz, las armas de fuego no deberían usarse nunca, "excepto como último recurso de protección ante una amenaza inminente de muerte o de lesiones graves". "Todos los incidentes en los que las acciones de las fuerzas de seguridad han implicado muertes o heridos deberían investigarse rápida, transparente e independientemente".

Un tema relacionado con la corrupción que figura entre los motivos de las protestas es la reciente destitución del general chií Abdulwahab al Saadi, responsable de la unidad antiterrorista, un personaje muy popular en todo Irak, y no solo entre los chiíes, puesto que muchos lo ven como alguien no sectario y que no se ha manchado con la corrupción generalizada.

Las primeras protestas contra la destitución de al Saadi ocurrieron en Mosul, una localidad de mayoría suní. Los suníes aprecian al general porque consideran que fue una figura clave en el aplastamiento del Estado Islámico concluido en 2017. En Mosul también hay un notable resentimiento contra el gobierno de Bagdad porque prácticamente no se ha hecho nada para reconstruir la ciudad devastada por la guerra.

Irak tiene una población de 40 millones de habitantes. Tras décadas de guerras y sanciones ha echado a perder sus infraestructuras, muchas ciudades están arruinadas y las oportunidades de empleo son completamente insuficientes si se las compara con el crecimiento de la población. La producción de petróleo ha aumentado pero no basta para hacer frente a las necesidades del país.

JERUSALÉN

07/10/2019 07:32 Actualizado: 07/10/2019 07:32

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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