Finlandia acaba con el sueño del dinero gratis

El experimento de una renta básica de 560 euros mensuales para 2.000 parados concluye sin mejorar la situación laboral de los beneficiarios, pero sí su salud y bienestar

En diciembre de 2016, Tuomas Mujara sintió que le había tocado la lotería. Este periodista freelance y escritor de 45 años resultó uno de los 2.000 afortunados que estaban a punto de enrolarse en un proyecto que, a primera vista, parecía un sueño: recibir dinero a cambio de nada

La Seguridad Social finlandesa quería comprobar si inyectando 560 euros al mes sin ningún tipo de condición a un grupo de desempleados a lo largo de 2017 y 2018 obtendría pistas sobre cómo debían ser las ayudas sociales en la era de la digitalización, cómo incentivar la búsqueda de empleo entre los beneficiarios de subsidios y cómo reducir la burocracia. Terminado el proyecto, las conclusiones son ambiguas.


Los resultados preliminares muestran que el dinero caído del cielo no tuvo ningún efecto en la empleabilidad de los participantes. Trabajaron prácticamente las mismas horas y ganaron lo mismo —exceptuando los ingresos de la renta básica— que otro colectivo de características similares. En cambio, la renta básica sí sirvió para impulsar la salud, la autoestima y el optimismo hacia el futuro de sus beneficiarios.


Ya antes de que el pasado viernes se presentaran las conclusiones de un experimento inédito en Europa, Mujara se mostraba seguro de cuáles iban a ser. Y su respuesta se parecía bastante a la que más tarde darían los responsables del estudio. “Por supuesto que los participantes hemos seguido buscando empleo. Primero, porque con 560 euros no puedes vivir en Finlandia. Y segundo, porque tener la seguridad de un ingreso mínimo no te hace más vago”, aseguraba el jueves a este periódico. Al preguntarle por lo mejor de su experiencia, Mujara no dudó un instante: “la libertad”. Libertad de no tener que rellenar largos formularios para solicitar ayudas, libertad de saber que, pase lo que pase, a final de mes iba a tener un cheque, aunque fuera por una cantidad pequeña.


Los defensores del proyecto insistían en que una renta básica sin condiciones de ningún tipo evitaría que los receptores de ayudas rechazaran empleos por temor a superar el nivel de ingresos mínimos para recibir subsidios. Y que al no tener que ocuparse de la burocracia con los servicios sociales podrían dedicar ese tiempo a buscar empleo de forma más eficaz. Algunos participantes en el programa —elegidos por sorteo entre 175.000 personas que en 2016 percibieron algún tipo de subsidio por desempleo— cobraban una cantidad muy parecida a la que recibían antes, pero el nivel de estrés por la preocupación de renovar la solicitud descendió considerablemente. “La libertad te hace más creativo. Y ser más creativo te hace más productivo”, resume Mujara.


La renta básica es una idea ya antigua. Y, frente a la imagen muy extendida de que se trata de una iniciativa izquierdista, en ocasiones ha sido defendida por ideólogos liberal-conservadores que la presentaban como la excusa perfecta para eliminar las otras ayudas sociales. El experimento finlandés nació, como admiten sus impulsores, con dos limitaciones: estar dirigida a un grupo concreto, el de los desempleados, y una duración predeterminada de dos años.


Olli Kangas, profesor de la Universidad de Turku que ha liderado la investigación, se muestra satisfecho con los resultados, pese a insistir en que son aún provisionales. El próximo año se conocerán las conclusiones finales. Pero por ahora destaca la importancia de que los participantes en el piloto se hayan sentido más seguros, al mando de sus vidas y con mejor salud mental y física. “Soy consciente de que los detractores de la renta básica no prestarán atención a estas mejoras, y se centrarán en que el proyecto no tuvo efectos en su situación laboral”, continúa Kangas.


Lo cierto es que la posibilidad de que Finlandia introduzca algún tipo de renta básica con carácter generalizado parece alejarse más y más. El proyecto nació con la idea de ser prorrogado y ampliado a otros grupos más allá de los desempleados, pero el Gobierno de centroderecha anunció en abril de 2018 que se quedaría en solo dos años. El ministro de Finanzas, Petteri Orpo, ha dejado claro su desdén por el programa. Y ninguno de los grandes partidos que aspiran a obtener una mayoría en las elecciones parlamentarias del próximo abril muestran muchas simpatías por ampliar el proyecto. “Ni los socialdemócratas ni los conservadores ni los sindicatos defienden la renta básica”, admite el investigador Kangas.

En el mundo académico, las posturas están muy enfrentadas. Miguel Ángel García, investigador de Fedea, no esconde su escepticismo ante una renta básica cuya puesta en práctica no solo sería “cara sino complicadísima”. “No creo que la sociedad fuera a recibir bien una renta generalizada para todos. Y que un jubilado que ha trabajado toda su vida cobrara lo mismo que alguien que se ha esforzado menos. Creo que es prioritario buscar soluciones para colectivos como los trabajadores pobres y los que no acceden al mercado laboral, más que impulsar medidas tan dudosas como la renta básica”, añade.


Enfrente se topa con activistas como Guy Standing, investigador en la Universidad de Londres y autor de La renta básica, Un derecho para todos y para siempre, que cree necesario replantear todo nuestro concepto de trabajo y de tiempo, y buscar recursos donde sea para garantizar unas condiciones de vida dignas a todos los ciudadanos. “La experiencia de Finlandia no es un buen ejemplo, porque los participantes fueron elegidos al azar en todo el país. Y no en una pequeña comunidad, donde los beneficios son más evidentes”, explica por teléfono.


Kangas, el responsable del estudio finlandés, admite algunas deficiencias en su experimento y que quizás la perspectiva de una renta básica en su país es hoy aún menos realista que ayer. Pero, se pregunta, ¿quién sabe qué ocurrirá a medio plazo? “¿Acaso un estadounidense de hace 200 años podría imaginarse que la esclavitud iba a ser abolida?”, lanza al aire.


DISTINTAS PRUEBAS CON DISTINTOS MODELOS


Existen casi tantas rentas básicas como defensores tiene estas. En su forma más pura, se trata de un pago estatal de carácter universal (para todos los miembros de una comunidad), incondicional (al margen de ingresos y riqueza) e ilimitado en el tiempo.


Lo que puede parecer una iniciativa utópica cuenta con un congreso anual donde se presentan estudios científicos. Y países tan dispares como Canadá, India, Kenia, EE UU, Holanda, Alemania o España han llevado a cabo o planean experimentos con distintos tipos de rentas básicas. La muy comentada renta ciudadana del M5S italiano ha quedado finalmente reducida a una forma de completar el subsidio por desempleo hasta un máximo de 780 euros.


Guy Standing, uno de los mayores conocedores —y defensores— de la renta básica, destaca la experiencia de Kenia, donde 21.000 adultos recibirán una renta hasta 12 años, por su larga duración e impacto en una comunidad, en lugar de un colectivo disperso, como en Finlandia.

Por LUIS DONCEL
Madrid 10 FEB 2019 - 15:47 COT

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Domingo, 10 Febrero 2019 06:05

¿Por qué Honduras?

¿Por qué Honduras?

La migración hondureña se hace nuevamente presente con el formato de caravana, tres meses después de la de octubre de 2018 que llamó la atención por su masividad, beligerancia, impacto mediático y solidaridad desplegada.

La de 2019 sigue siendo muy numerosa: 11 mil 366 personas registradas el 27 de enero, y es preponderantemente hondureña (73 por ciento), en menor medida salvadoreña (13 por ciento), guatemalteca (11 por ciento) y de algunos otros países (3 por ciento).

No obstante, ya no se presenta de manera beligerante, en buena parte porque hay una nueva política migratoria de acogida al migrante y de ingreso ordenado y legal. Ya no hubo un asalto a la entrada como la escena del puente en octubre, debido a la política anterior de contención. Tampoco hay banderas hondureñas e himnos nacionales. A su vez, la caravana ha recibido menos impacto mediático que la anterior y también menos solidaridad de la población.

En otros artículos sobre el tema, había mencionado que el saldo de la caravana de octubre pasado no era favorable. Si bien no hay estadísticas precisas, sólo un grupo minoritario logró pasar la frontera, otro grupo espera en Tijuana, uno más regresó a su lugar de origen y otro recibieron condición de refugiados o visas humanitarias en México.

Pero al parecer este balance no ha impactado en la población hondureña que persiste en su afán de llegar a Estados Unidos. Tampoco han impactado las amenazas y exabruptos del inquilino de la Casa Blanca. Y las condiciones en Honduras siguen igual que antes, al presidente en turno tampoco le afectan las denuncias de sus connacionales, ni siquiera que su hermano, apresado en Miami, sea líder de un cártel hondureño. Juan Orlando Hernández cuenta con el apoyo de Estados Unidos, del Congreso y de las fuerzas armadas.

En otros casos, como en México y Colombia, la violencia sistémica suele generar desplazamientos interno más que emigración internacional. Pero en el caso de Honduras, dado el tamaño del país y de la población (nueve millones), no hay dónde ir, por eso se plantea la alternativa internacional. Es también el caso de El Salvador y Guatemala.

Las alternativas de cambio y desarrollo se han cerrado para estos países centroamericanos. La revolución armada fue un baño de sangre, del que escapó Honduras, pero lo vivió de cerca. La democracia, de derecha o de izquierda, no ha podido detener la sangría que huye de la pobreza, la violencia y las carencias institucionales. Los gobiernos corruptos se encadenan y justifican en elecciones democráticas.

La migración hondureña tiene un fuerte componente político, como en el caso de Venezuela. Este se hizo presente a lo largo de todo el trayecto de la caravana de octubre, con las banderas en alto y comunicados a la prensa. El éxodo fue acompañado por líderes políticos y de opinión como el ex diputado Bartolo Fuentes, quien asiste a reuniones de muy alto nivel en México y el comunicador Milton Benítez quien fue el interlocutor designado ante la representación de la ONU, en México, cuando se exigían camiones para el transporte de la caravana. Hay una organización y dirigencia política detrás las caravanas, por más que se afirme que se trata de un éxodo "sin Moisés". Y también hay organizaciones detrás, que "acompañan y asesoran" a los migrantes.

Los últimos datos del Pew Hipanic, para 2015 informan que el contingente de hondureños en Estados Unidos, era de tan sólo 630 mil, mientras que los guatemaltecos sumaban 980 mil y los salvadoreños un millón 420 mil. Los números responden a procesos históricos y de maduración diferente, la migración salvadoreña repunta en 1980, la guatemalteca en 1990 y la hondureña en 1998 con el huracán Mitch. Los hondureños llegaron al final de todos y tienen prisa, por probar las bondades y mezquindades del sueño americano.

Quedan pendientes muchas preguntas. Los tiempos de las caravanas no han podido ser peor escogidos. En las tres ocasiones: abril, octubre y enero le dieron en la yema del gusto a Trump. También han puesto a prueba al gobierno mexicano, el de Peña Nieto libró como pudo y el actual, con un nuevo "paradigma" de visas humanitarias, ha resuelto momentáneamente el tránsito, pero el tiempo dirá si no ha provocado un efecto llamada. A las caravanas siempre se han sumado migrantes de otras nacionalidades: cubanos, haitianos, ecuatorianos, brasileños africanos y rusos.

Por lo pronto la política de contención se da ahora en Estados Unidos, con el muro, pero también con el acuerdo aceptado por México de que EU puede devolver a solicitantes de refugio para que esperen por su proceso legal. El hondureño Carlos Gómez Perdomo de 55 años es el primero de una larga lista que ha sido retornado a México. Esta noticia tampoco parece afectar a la caravana, pero en la práctica es una medida adicional de contención para los migrantes centroamericanos y un problema adicional para México.

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Las hormigas obreras trabajan sin comunicarse para ahorrar energía

Entre las hormigas obreras no hay capataz alguno. Estos insectos construyen sus senderos sin recibir ninguna consigna y sin intercambio de información que valga, según un estudio publicado este miércoles en la revista Proceedings, de la Real Sociedad B.

“Es sorprendente, porque los comportamientos colectivos suelen organizarse a través de la comunicación”, explicó Thomas Bochynek, de la Universidad Northwestern, en Estados Unidos, uno de los autores del estudio.


Las hormigas son insectos sociales y se considera que poseen una verdadera inteligencia colectiva.


La construcción de los caminos que emplea la colonia para llevar alimentos hasta el hormiguero requiere miles de obreros, según el estudio.


Cada colonia puede despejar hasta tres kilómetros de caminos por año, invirtiendo hasta 11 mil horas de trabajo anual.


Tal organización (o, más bien, falta de ella) permite ahorrar energía, pues comunicar, ya sea por contacto o mediante feromonas (que hay que producir, almacenar y segregar), genera un gasto energético, precisa Thomas Bochynek.

OIT: transforman nuevas fuerzas el mundo laboral

Nuevas fuerzas están transformando el mundo laboral, advirtió ayer la Organización Internacional del Trabajo (OIT) al señalar que los avances tecnológicos crearán puestos, pero con riesgo para los menos preparados.

“Los avances tecnológicos –inteligencia artificial, automatización y robótica– crearán puestos de trabajo, pero quienes van a perder sus empleos en esa transición serán los menos preparados para aprovechar las nuevas oportunidades”, señala el informe Trabajar para un futuro más prometedor, elaborado por especialistas que integran la Comisión Mundial sobre el Futuro del Trabajo, de la OIT, el cual fue presentado en Ginebra el mismo día en que el organismo multilateral, dependiente de la Organización de las Naciones Unidas, cumplió 100 años.


La comisión propone un programa centrado en las personas, basado en la inversión para la capacitación de los individuos, las instituciones laborales y el trabajo decente y sostenible.
Emitió recomendaciones para hacer frente a los desafíos generados por los profundos cambios, sin precedente, que tienen lugar en el mundo laboral, entre las cuales destaca la garantía universal del empleo, la protección social desde el nacimiento hasta la vejez y el derecho al aprendizaje permanente.


Los especialistas subrayan la necesidad de una gestión del cambio tecnológico que favorezca el trabajo decente; mayores inversiones en las economías rurales, verdes y del cuidado ambiental; una agenda transformadora y mensurable en favor de la igualdad de género y la restructuración de los incentivos a las empresas, con el fin de estimular las inversiones a largo plazo.


En la presentación del informe, Ciryl Ramaphosa, presidente de Sudáfrica y miembro de la comisión redactora del informe, dijo que se viven tiempos turbulentos en el trabajo, debido a un contexto marcado por la globalización, la tecnología, la demografía e incluso las problemáticas ambientales.


Destacó que cada vez hay mayor desigualdad en el mundo del trabajo, pues existen países que se están alejando del multilateralismo y se están yendo hacia el unilateralismo y el nacionalismo.


Respecto de la era digital, el texto expresa que es necesario aumentar las inversiones para conseguir un crecimiento y desarrollo humano, pues el producto interno bruto no es una medida de calidad suficiente.

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Dos hombres rescatados en las últimas horas; 170 personas desaparecieron en el mar.

Tres sobrevivientes contaron a los intérpretes que preferían “morir en el mar antes que quedarse en Libia”. Pasaron al menos 11 horas en la barcaza hasta que empezó a filtrarse el agua y por lo menos tres horas en el agua helada.


El 2019 comenzó con una nueva tragedia en el Mediterráneo. Unas 170 personas desaparecieron en el mar en los últimos días de la semana pasada, según lo contado por los únicos cuatro sobrevivientes. Hay quien acusa ya al gobierno italiano de “genocidio” por sus medidas anti-inmigrantes y amenaza con hacer un nuevo “juicio de Nuremberg” contra el derechista ministro del Interior, Matteo Salvini, donde los nazis fueron procesados por las matanzas de judíos, comunistas y gitanos, entre otros, en los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial.


Y si en pleno invierno europeo se llegó a este número de muertos en el mar, muchos temen que en los meses venideros y sobre todo cuando se acerque el verano, las cosas puedan agravarse y superar la cifra de 2.262 desaparecidos en el Mediterráneo en 2018, según datos difundidos por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).
De los 170 desaparecidos la semana pasada -las cifras pueden no ser exactas porque las únicas fuentes son los sobrevivientes-, 53 murieron en el Mar de Alborán, entre España y Marruecos, y los otros 117 frente a las costas de Libia desde donde habían partido. El único sobreviviente del primer grupo luchó 24 horas contra el agitado mar del invierno europeo y fue rescatado por un pescador que lo llevó a Marruecos donde está siendo curado. Las naves de socorro marroquíes- y españolas, se informó, realizaron repetidas búsquedas pero no encontraron ningún otro sobreviviente.


Los otros tres sobrevivientes fueron rescatados por una nave de la Marina italiana y llevados a la isla de Lampedusa- la isla más famosa de Italia, no sólo por ser el territorio italiano más cercano a Libia sino por su solidaridad y atención a los naufragados- para ser atendidos. En realidad la barcaza donde estaban los migrantes en un primer momento había sido detectada por un barco de la Guardia Costera de Libia, que teóricamente era la que debía intervenir porque estaba en sus aguas territoriales. Pero, sin hacer el rescate, la autoridad de la nave dijo que tuvo que cambiar ruta y volver al puerto por una avería. Entonces intervino la Marina italiana que con un helicóptero rescató a los tres sobrevivientes. Ellos - uno de Gambia y dos de Ghana- contaron a los intérpretes, según relató la prensa italiana, que preferían “morir en el mar que quedarse en Libia” donde muy posiblemente sufrieron todo tipo de abusos, malos tratos y violaciones como se sabe que ocurre. Contaron que pasaron al menos 11 horas en la barcaza hasta que empezó a filtrarse el agua y al menos tres horas en el agua helada. Muchos de los integrantes del grupo eran de Sudán, un país africano en una difícil situacion política y económica. Viajaban tambien unas 10 mujeres, una de ellas embarazada, y un bebé de unos dos meses. Y la mayoría no llevaba salvavidas, sólo algunos se lo pueden comprar antes de partir porque los traficantes no los dan. “Y fueron muriendo todos ante nuestros ojos a medida que el agua entraba en la barcaza”, dijo uno de sobrevivientes.


Y ayer, otra barcaza con unos 100 migrantes fue avistada cerca de las costas de Libia y estaría en peligro. Pero la Guardia Costera de Libia, que ha recibido millones de euros de ayuda de la Unión Europea para este trabajo y también barcos italianos, y que debería ocuparse, ni siquiera responde al teléfono de la gente que pide ayuda, según denunció ayer la ONG Sea Watch que el sábado, salvó otras 47 personas en el Mediterráneo.


La situación de los miles de migrantes y refugiados que tratan de llegar a Europa, sobre todo de Africa, ya fue grave en 2018. Y no sólo porque el gobierno italiano, controlado por el derechista ministro Salvini, impuso el cierre de los puertos a los barcos con migrantes diciendo que Europa se tenía que hacer cargo, sino además porque varios de los barcos de rescate de las ONG que navegaban hasta hace algunos meses en el Mediterráneo, como el de Médicos Sin Fronteras, decidieron retirarse a causa de los repetidos obstáculos puestos por Salvini que, entre otras cosas, las acusa de ser cómplices de los traficantes.


El ministro se elogia a sí mismo porque el número de migrantes llegados a Italia bajó (de 119.247 en 2017 a 23.371 en 2018), pero nunca habla de los muertos. Con las cifras a la mano, Acnur llegó a la conclusión de que en 2018 murieron en el mar uno de cada 18 migrantes que realmente llegaron a Italia. En Grecia en cambio, el año pasado se produjo un muerto cada 165 llegadas y en España un muerto cada 73 llegadas.


Para Filippo Grandi, Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, “no podemos cerrar los ojos frente al alto número de muertos en el Mediterráneo. Ningún esfuerzo debe ser limitado cuando se trata de salvar vidas que están en peligro en el mar”. La organización de Naciones Unidas hizo además un llamamiento a los estados para que sean revocadas todas las medidas que impiden el accionar en el mar de las ONG y pide a Europa que abra vías legales para los que piden asilo, que escapan de guerras o persecusiones, y así limitar el tráfico de seres humanos.


Curiosamente, la ministra de Defensa italiana, Elisabetta Trenta, manifestó su dolor frente al caso. “El más profundo dolor por el naufragio en el que han perdido la vida más de 100 personas en el Mediterráneo. Europa no puede seguir sólo mirando”, escribió su Twitter. El gobierno italiano, y particularmente Salvini, acusan a Europa precisamente de lavarse las manos frente a los migrantes que llegan principalmente a Italia, Grecia y España. Pero Grecia y sobre todo España, no han cerrado sus puertos como en cambio decidió Salvini.
Mientras en Milán (norte de Italia) el sábado se dieron cita y desfilaron por las calles los militantes de la ultraderechista Forza Nuova que pedía devolver los migrantes a sus países de origen y “casa y trabajo sólo para los italianos”, en Sicilia, el alcalde progresista de Palermo, Leoluca Orlando, habló de un genocidio. “Continúa el genocidio y digo al ministro Salvini: se hará un segundo proceso de Nuremberg y él no podrá decir que no lo sabía”, como argumentaron en aquel momento muchos nazis cuando se los acusaba por los campos de concentración y las matanzas.


Contra Salvini y la política migratoria del gobierno se levantaron en estos días numerosos diputados y senadores progresistas, entre ellos la ex presidenta de la Cámara de Diputados con una larga experiencia precedente en Acnur, diputada Laura Boldrini. “Estamos en una situación de emergencia a nivel de seguridad en varias ciudades italianas, pero el ministro Salvini tiene sólo una cosa en su cabeza: los migrantes. Porque ellos son la ‘gallina de los huevos de oro’ para él. Sin este argumento, Salvini no sería ministro”, dijo.

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Jueves, 03 Enero 2019 07:52

El aumento de los trabajos de mierda

El aumento de los trabajos de mierda

Un trabajo de mierda es un empleo que es tan innecesario que incluso la persona que lo está haciendo cree íntimamente que este empleo no debería existir. Y de estos empleos hay ahora más que nunca.

Suzi Weissman, autora de Victor Serge: A Political Biography, entrevista a David Graeber.

 

En su último libro, David Graeber, autor del libro Debt: The First 5000 Years (Deuda: Los primeros 5.000 años), argumenta que muchos empleos hoy son esencialmente inútiles, o como el título del libro les denomina, trabajos de mierda.

Suzi Weissman de Jacobin Radio se sentó con Graeber para descubrir lo que son trabajos de mierda y por qué han proliferado en los últimos años.

 

Una taxonomía

 

SW

Vayamos directamente a eso. ¿Cuál es la definición de un trabajo de mierda?

 

DG

Un trabajo de mierda es un empleo que es tan innecesario, incluso perjudicial, que hasta la persona que lo está haciendo cree íntimamente que este empleo no debería existir. Naturalmente, tiene que fingir: esa es la parte estúpida, que de algún modo tienes que fingir que hay alguna razón para que este empleo exista. Pero por dentro, crees que si este trabajo no existiera, o bien nada cambiaría en absoluto, o el mundo de hecho sería un lugar un poco mejor.

 

SW

En el libro, comienzas haciendo una distinción entre los trabajos de mierda absurdos de los trabajos basura. Quizás deberíamos comenzar haciendo eso justamente ahora, así que podemos hablar sobre ello. ¿Qué son los trabajos de mierda?

DG

Cierto, la gente a menudo comete este error. Cuando hablas sobre trabajos de mierda, ellos piensan justo en trabajos que son malos, trabajos que son degradantes, trabajos que tienen condiciones terribles, sin seguros, etc. Pero incluso, lo irónico es que esos trabajos de facto no son de mierda. Si tienes un mal empleo, es posible que estés en realidad haciendo algo bueno en el mundo. De hecho, cuanto más beneficioso sea tu trabajo para los demás, probablemente menos te paguen, y posiblemente sea en ese sentido un trabajo malo [en el sentido de explotador]. Así, puede verse casi como una contradicción.

Por un lado, tienes empleos que son trabajos explotadores, pero que son realmente útiles. Si estás limpiando baños o algo así, los baños necesitan ser limpiados, así que al menos tienes la dignidad de saber que estás haciendo algo beneficioso para los demás, incluso si no obtienes mucho más. Y por otro lado, tienes empleos donde eres tratado con dignidad y respeto, te pagan bien, tienes buenas prestaciones, pero sin decirlo, trabajas sabiendo que tu empleo, tu trabajo, es completamente inútil.

 

SW

Divides los capítulos según las diferentes clases de empleos de mierda. Hay los lacayos, los fantoches, los cinta-adhesiva, los cumplimenta-casillas, los manda-faenas, y lo que yo pienso como contadores de frijoles. Tal vez podamos ir contando qué son estas categorías.

DG

Claro. Esto viene de mi propio trabajo, de pedirle a la gente que me envíe sus testimonios. Reuní varios cientos de testimonios de personas que tenían trabajos de mierda. Pregunté a la gente, “¿Cuál es el trabajo más absurdo que has tenido? Cuéntame. Cuéntamelo todo de él; cómo crees que sucede, cuál es la dinámica, ¿lo sabía tu jefe?”. Conseguí ese tipo de información. Hice pequeñas entrevistas con la gente después, material de seguimiento. Y así, de algún modo, ideamos un sistema de categorías juntos. La gente me sugeriría ideas, y gradualmente las junté en cinco categorías.

Tal como dices, tenemos, primero, los “lacayos”. Esa categoría es algo evidente. Un “lacayo” existe solo para hacer que algún otro luzca. O que se sientan bien consigo mismos, en algunos casos. Todos sabemos qué tipo de empleos son, pero un ejemplo obvio sería, digamos, un recepcionista en un lugar que realmente no necesita un recepcionista. Algunos lugares obviamente necesitan recepcionistas, que están ocupados todo el tiempo. En otros lugares el teléfono suena quizá una vez al día. Pero aun así tienen a alguien, a veces dos personas, sentados allí pareciendo importantes. Así que no tengo que llamar a nadie por teléfono, tendré a alguien que dirá “hay un bróker muy importante que quiere hablar con usted.” Eso es un lacayo.

Un fantoche es un poco más sutil. Pero de algún modo tenía que hacer esta categoría porque la gente no dejaba de decirme que sentían que sus empleos eran una mierda, fueran un agente de televenta, fueran abogados corporativos, estuvieran en relaciones públicas, marketing, cosas así. Tenía que aceptar que se sentían de esa manera.

El esquema parecía ser que estos trabajos son realmente útiles en muchas ocasiones para las compañías para las que trabajan, pero ellos sentían que toda esa industria no debería existir. Son básicamente gente que está ahí para molestarte, para presionarte de alguna manera. Dentro de lo que sea necesario, solo es necesario porque otras personas los tienen. Tú no necesitas un abogado corporativo si tu competidor no tiene un abogado corporativo. No necesitas un televendedor para nada, pero en la medida que puedas fabricar una excusa para decir que los necesitas, es razón para que los otros tipos tengan uno. Bien, así que es bastante fácil.

Los “cinta-adhesiva” son gente que está ahí para resolver problemas que ya en primer lugar no deberían existir. En mi antigua universidad, parece que teníamos solo un carpintero, y era realmente difícil conseguir uno. Hubo un momento en que la estantería se desplomó en mi despacho en la Universidad, donde yo trabajaba en Inglaterra. El carpintero se supone que vendría porque había un gran agujero en la pared, se podía ver el daño. Y él nunca parecía que se fuera a asomar por allí, siempre tenía algo más que hacer. Finalmente entendimos que habría un tipo sentado allí todo el día, lamentándose por el hecho de que el carpintero nunca venía.

Hace muy bien su trabajo, es muy agradable aunque siempre parecía un poco triste y melancólico, y era muy difícil enojarse con él, que es, por supuesto de lo que va realmente su trabajo. Ser un frena críticas, efectivamente. Pero llegado un punto pensé, si despidieran a ese hombre y contrataran a otro carpintero, no le necesitarían. Así que es el clásico ejemplo de un “cinta-adhesiva”.

 

SW

Y luego los ¿“cumplimenta-casillas”?

DG

Los “cumplimenta-casillas” están ahí para permitir a una organización que diga que está haciendo algo que realmente no está haciendo. Es una especie de comisión de investigación. Si el gobierno se ve implicado en algún escandalo — digamos, policías disparando a un montón de ciudadanos negros — o hay alguien aceptando sobornos, hay algún tipo de escándalo. Se forma una comisión de investigación, fingen que ellos no sabían lo que estaba sucediendo, aparentan que van a hacer algo sobre ello, lo que es completamente falso.

Pero las empresas hacen esto, también. Están siempre creando comités. Hay cientos de miles de personas alrededor del mundo que trabajan en conformidad con bancos, y eso de los comités es una fantasmada total. Nadie tiene la intención de seguir alguna de estas leyes que se les imponen. Su trabajo es simplemente aprobar cada transacción, pero por supuesto no es suficiente aprobar cada transacción porque parece sospechoso. Entonces, tienes que inventar razones para decir que hay algunas cosas que investigaste. Hay rituales muy elaborados de pretender investigar un problema, que en realidad no estás investigando para nada.

 

SW

Entonces entras en los “manda-tareas”.

DG

Los “manda-tareas” son la gente que está ahí para dar a la gente trabajo que no es necesario, o para supervisar a la gente que no necesita supervisión. Todos sabemos de quienes estamos hablando. Mandos intermedios, naturalmente, son un ejemplo clásico para esta categoría. Tuve gente que no tenía pelos en la lengua, “sí, tengo un trabajo de mierda, soy un mando intermedio. Fui ascendido. De hecho solía hacer este trabajo, me pusieron arriba y me dijeron que supervisara a la gente, que les hiciera trabajar. Y sé perfectamente bien que ellos no necesitan a nadie para supervisarlos o hacerles trabajar. Pero tengo que aparecer con cualquier excusa para existir de algún modo.” Así, finalmente en una situación como esa, dices, “Muy bien, vale, vamos a presentar estadísticas de objetivos, de modo que pueda probar que estás haciendo realmente algo que yo ya sé que estás haciendo, de manera que pueda sugerir que yo fui el tipo que te hizo hacerlo.”

De hecho, tienes gente rellenando todos estos formularios, de modo que están gastando menos tiempo en su trabajo. Esto sucede cada vez más en todo el mundo, pero en EEUU alguien hizo un estudio estadístico y descubrió, creo que como un 39% es el tiempo medio que un oficinista se supone que trabajaría en lo suyo realmente. Cada vez más, se ocupan de correos electrónicos administrativos, reuniones sin sentido, todo tipo de llenado de formularios, y de documentación, básicamente.

 

Administración inflada

 

SW

En el pensamiento marxista o radical, hay esta idea de trabajo productivo e improductivo. Me pregunto cómo conecta la categoría de trabajo de mierda con el concepto de empleos o trabajos improductivos.

DG

Es diferente. Porque ese productivo o improductivo se refiere a si está produciendo plusvalía para los capitalistas. Esa es una cuestión bastante diferente. Nuestro trabajo de mierda es una valoración subjetiva del valor social del trabajo de las propias personas que lo hacen.

Por un lado, la gente acepta de algún modo la idea de que el mercado determina el valor. Esto es cierto en la mayoría de los países actualmente, de hecho. Casi nunca oirás de la gente empleada en ventas o servicios diciendo, “yo vendo palos de selfie, ¿Para qué quiere la gente palos de selfie? Eso es estúpido, la gente es tonta.” Ellos no dicen eso. No dicen, “¿Bueno, por qué necesitas gastarte cinco dólares en una taza de café?” Así, la gente que trabaja en el sector servicios no cree que tengan trabajos de mierda, en casi ningún caso. Aceptan que si hay un mercado para algo, y la gente lo quiere, ¿quién soy yo para juzgarlo? Compran la lógica del capitalismo hasta ese grado.

Sin embargo, entonces se fijan en el mercado laboral, y dicen, “espera un minuto, me pagan 40.000 dólares al año por sentarme y hacer memes de gatos todo el día y quizá contestar alguna llamada telefónica, eso no puede estar bien.” Así pues, el mercado no siempre tiene razón; claramente el mercado laboral no funciona de un modo económicamente racional. Hay una contradicción. Tienen que idear otro sistema, un sistema tácito de valores, que sea muy diferente del productivo o improductivo para el capitalismo.

 

SW

¿Cómo se relaciona el aumento de estos trabajos de mierda con lo que nosotros consideramos trabajos productivos?

DG

Bueno, eso es muy interesante. Tenemos esta narrativa del aumento de la economía de servicios. Ya sabes, desde los años 80 nos estamos alejando de la industria manufacturera. Del modo que lo presentan, en estadísticas económicas, parece que el trabajo agrícola mayormente ha desaparecido, el empleo industrial ha caído — no tanto como la gente parece creer, pero lo ha hecho — y el empleo en el sector servicios se ha disparado.

Pero eso también es porque ellos descompusieron el sector servicios para incluir empleos de oficina, gerenciales, de supervisión y administrativos. Si tú los diferencias, si miras el sector servicios en ese sentido, de gente que está cortándote el pelo o sirviéndote una comida, bien, la verdad, ese sector servicios ha permanecido muy constante en el 25% de la fuerza de trabajo durante los últimos 150 años. No ha cambiado para nada. Lo que realmente ha cambiado es esta gigantesca explosión de “traslada-papeles”, y ese es el sector de empleos de mierda.

 

SW

Tú llamas eso a la burocracia, al sector administrativo, al sector de mandos intermedios.

DG

Exactamente. Es un sector donde ambos, lo público y lo privado, más o menos se funden. De hecho, un área para la proliferación masiva de estos empleos es precisamente donde no está del todo claro lo que es público y lo que es privado: la interfaz, donde privatizan los servicios públicos, donde el gobierno está respaldando a los bancos.

El sector bancario es una locura. Hay un tipo con el que comencé el libro, de hecho. Yo le llamo Kurt, no sé su nombre verdadero. Él trabaja para una subcontrata de una subcontrata de otra subcontrata que trabaja a su vez para el ejército alemán. Básicamente, hay un soldado alemán que quiere mover su ordenador de una oficina a otra. Tiene que presentar una solicitud a alguien para que llame a alguien para que a su vez llame a alguno, esto va a través de tres empresas diferentes. Finalmente, tiene que conducir 500 kilómetros en un coche alquilado, rellenar los formularios, embalar el ordenador, trasladarlo, alguien más lo desembalará, y él firmará otro formulario y se marchará. Este es el sistema más ineficiente que posiblemente pudieras imaginar, pero está todo creado por esta interfaz de material entre lo público y lo privado, que supuestamente hace las cosas más eficientes.

 

SW

Así que la actitud, que tú señalas, desde la época de Thatcher–Reagan, es que el Estado es siempre el problema y en el Estado es donde están todos estos empleos. Por tanto, fue un ataque al sector público. Mientras que tu muestras que un montón de ellos vienen del sector privado, esta burocratización. ¿No es acaso la necesidad de maximizar beneficios y recortar costes — que es lo que pensamos en términos de capitalismo y la presión de la competencia — los que militan en contra de la creación de estos empleos inútiles en ese sector privado?

DG

Uno piensa que así sería, pero parte de la razón por la que eso no sucede es que, cuando nosotros imaginamos el capitalismo, aún estamos imaginando un puñado de empresas medianas implicadas en fabricación y venta, y compitiendo unas con otras. Y eso no es realmente lo que parece en el panorama actual, especialmente en los sectores financiero, de seguros e inmobiliario.

Igualmente, si miras lo que la gente realmente hace, hay toda esta idea de reducir y simplificar. Si tú eres un CEO (director ejecutivo), recibes elogios por la cantidad de personal que despides, que reduces, y a la que metes prisa. La plantilla que está siendo despedida y acelerada son los trabajadores, los productivos, los tipos que realmente están haciendo las cosas, moviéndolas, manteniéndolas, haciendo el trabajo real. Si estoy en UPS (United Parcel Service), los conductores están taylorizados constantemente.

Sin embargo tú no le haces eso a los tipos en las oficinas. Sucede exactamente lo contrario. Dentro de la corporación, está todo este proceso de construcción de imperios, por el cual diferentes gerentes compiten entre sí, principalmente sobre la cantidad de personas que trabajan para ellos. No tienen incentivos, en absoluto, por librarse de personal.

Tienes a esos tipos, equipos de gente, cuyo trabajo al completo es escribir los informes que ejecutivos importantes presentaran en las grandes reuniones. Grandes reuniones que son una especie de encuentros equivalentes a las justas feudales, o como altos rituales del mundo corporativo. Entras ahí, y tienes todo este equipo, has logrado toda esta historia, tus puntos de poder y tus informes y etcétera. Así, hay equipos completos que están allí solo para decir: “yo hago las ilustraciones para el informe sobre estos tipos,” y “yo hago las gráficas,” y “yo hice y puse al día la base de datos”.

Ni siquiera nadie lee estos informes, solo están ahí para lucirse. Es el equivalente a un señor feudal. Yo tengo un tipo cuyo trabajo es simplemente arreglarme el bigote, y otro tipo que está puliendo mis estribos, etc. Sólo para demostrar que puedo hacer todo eso.

 

SW

También ves un paralelismo con el ascenso de los trabajos de mierda, que es el ascenso de los “no-trabajos de mierda.” Los llamas trabajos de cuidados. ¿Puedes describir estos empleos? ¿Por qué hay un ascenso en esos empleos, y en qué sectores están?

DG

Estoy tomando el concepto fundamentalmente de la teoría feminista. Creo que es muy importante, porque la noción tradicional de trabajo, pienso, que es muy teológica y patriarcal. Tenemos esta noción de producción. Viene con ese concepto de que el trabajo debe ser penoso, es el castigo que Dios nos ha infligido, pero también es una imitación de Dios. Sea Prometeus, o sea la Biblia, los humanos se rebelan contra Dios, y Dios dice, “Ah, querías mi poder, bien, puedes crear el mundo, pero va a ser miserable, sufrirás cuando lo hagas.”

Pero también es visto como esta quintaesencia del contrato masculino: las mujeres parirán y los hombres producirán cosas, es la ideología. Naturalmente, se invisibiliza todo el trabajo real que las mujeres hacen, de mantenimiento del mundo. Esta noción de producción, que se encuentra en el corazón de las teorías del movimiento obrero en el siglo XIX, la teoría laboral del valor es un poco engañosa.

Pregunta a cualquier marxista sobre empleo y valor del trabajo, siempre van inmediatamente a la producción. Bueno, aquí hay una taza. Alguien tiene que hacer la taza, es verdad. Pero hacemos una taza una vez, y la lavamos diez mil veces, ¿cierto? Ese trabajo precisamente desaparece completamente en la mayoría de esas cuentas, la mayor parte del trabajo no es produciendo cosas, es mantenerlas igual, es mantenerlas, cuidarlas, pero sobre todo cuidar la gente, cuidar las plantas y los animales.

Recuerdo un debate que hubo en Londres sobre trabajadores del metro. Estaban cerrando todas esas oficinas expendedoras de tickets en el metro de Londres. Un montón de marxistas estaban diciendo, “Ah, sabéis, es probablemente en cierto sentido un trabajo de mierda, porque tu no necesitarías tickets realmente bajo un comunismo total, el transporte sería gratuito, así que quizá no deberíamos defender estos empleos". Recuerdo haber pensado que había algo bastante superficial allí.

Y entonces vi este documento que fue publicado por los huelguistas, donde decían, “Buena suerte os deseamos en el Nuevo Metro de Londres sin nadie trabajando en la estación de metro. Esperemos que vuestro hijo no se pierda, solo esperemos que no pierdas tus cosas, solo esperemos que no haya ningún accidente. Solo esperemos que nadie se asuste y tenga un ataque de ansiedad o se emborrache y empiece a acosarte.”

Se repasa la lista de todas las diferentes cosas que ellos realmente hacen. Te das cuenta que incluso un montón de estos empleos clásicos de clase trabajadora son realmente trabajos de cuidados, se trata de cuidar de la gente. Pero no lo piensas como tal, no te percatas. Son mucho más como una enfermera que como un obrero de fábrica.

 

Más allá de un trabajo de mierda

 

SW

Una de las cosas que dices en tu libro es que pensaste en que el movimiento Occupy podría ser el comienzo de la rebelión de la clase de cuidadores.

DG

Ahí está ese “somos el 99%” en una página del blog Tumblr, y era para las personas que estaban de hecho demasiado ocupadas trabajando para tomar parte en las manifestaciones de manera continua. La idea era: puedes escribir un pequeño cartel donde hables de tu situación vital y por qué apoyas el movimiento. Terminaría siempre con el “yo soy el 99%”. Tuvo una tremenda respuesta; miles y miles de personas hicieron esto.

Cuando lo repasé, me di cuenta de que casi todos ellos estaban en el sector de cuidados en algún sentido. Incluso si no lo estaban, los escritos parecían ser muy similares. Básicamente estaban diciendo, “Mira, yo quería un empleo donde al menos no estuviera haciendo daño a nadie. Donde estuviera realmente haciendo algún tipo de beneficio para la humanidad, quería ayudar a la gente de algún modo, quería cuidar de los demás, quería beneficiar a la sociedad.” Pero si acabas en el sector salud o en educación, servicios sociales, haciendo algo donde cuidas de otras personas, te pagarán tan poco, y te meterán tan profundamente en deudas, que ni siquiera podrás cuidar de tu propia familia. Esto es totalmente injusto.

Fue ese sentimiento de una injusticia tan fundamental lo que creo que verdaderamente dirigió el movimiento más que ninguna otra cosa. Me di cuenta de que creaban esos trabajos fantoches, donde básicamente tu estas ahí para hacer que los ejecutivos se sientan bien con ellos mismos. Ellos tienen que recuperar trabajo para que otra gente lo haga. En educación, en salud, esto es increíblemente evidente. Siempre lo ves. Las enfermeras a menudo tienen que gastar la mitad de su tiempo de trabajo rellenando formularios. El profesorado, profesores de escuela primaria, gente como yo no es tan malo en la educación superior como lo es si estás enseñando quinto grado, pero sigue siendo malo.

 

SW

Todos soñamos con una sociedad que nos libre a todos de un trabajo que nos agote mentalmente, de modo que podamos perseguir nuestras pasiones y nuestros sueños y cuidar unos de otros. Por tanto, ¿Es solo una cuestión política? ¿Es algo que la RBU, Renta Básica Universal, pueda encarar?

DG

Bien, creo que sería una demanda transitoria, eso tiene sentido para mí. Marx de hecho en alguna parte sugirió que no hay nada malo en las reformas, mientras sean reformas que mejoraran un problema, pero crean otro problema que solo puede ser resuelto mediante reformas más radicales. Si haces esto continuamente, puedes finalmente llegar al comunismo, dijo. Era un poco optimista, quizás.

 

Ya sabes, soy anarquista, no quiero crear una solución estatista. Una solución que hace que el estado sea más pequeño, pero al mismo tiempo mejora las condiciones y hace que las personas sean más libres para desafiar al sistema, eso me resulta difícil de discutir. Y esa es la razón por la que me gusta la RBU.

No quiero una solución que vaya a crear más trabajos de mierda. Un empleo garantizado suena bien, pero, como ya sabemos por la Historia, tiende a crear puestos de gente pintando rocas de blanco, o haciendo cosas que no necesariamente necesitan ser hechas. Además también requiere de una administración gigante para gestionar eso. Frecuentemente parece que sea la gente con las actitudes de la clase dirigente profesional la que prefiere ese tipo de solución.

Mientras la renta básica universal trata de dar a todo el mundo suficiente para que pueda subsistir; a partir de ahí ya es cosa tuya (me refiero a las versiones radicales, obviamente; no estoy por la versión de Elon Musk). La idea es separar empleo de remuneración, en cierto sentido. Si tú existes, mereces una garantía de existencia. Podrías llamarlo libertad en la esfera económica. Puedo decidir cómo quiero contribuir a la sociedad.

Una de las cosas que es muy importante del estudio que hice sobre los trabajos de mierda es lo deprimida que está la gente. Salió de manera contundente en las explicaciones que me dieron. En teoría, estás consiguiendo algo por nada, estás sentado ahí y te están pagando por hacer casi nada, en muchos casos. Pero esto solo desmoraliza a la gente. Hay depresión, ansiedad, todas esas enfermedades psicosomáticas, espacios de trabajo terribles y comportamiento tóxico, que incluso empeoran por el hecho de que la gente no puede comprender qué motivos tienen para estar tan disgustados.

Porque, sabes, ¿de qué me quejo? Si me lamento con alguien me dirán simplemente, “Oye, estás consiguiendo algo por nada y ¿estás lloriqueando?” Pero ahí se muestra nuestra idea básica de la naturaleza humana, que se inculca a todos por los economistas, por ejemplo — que todos estamos intentado conseguir la mayor recompensa con el mínimo esfuerzo — que no es cierta. La gente quiere contribuir al mundo de algún modo. Así, que se demuestra que si le das a la gente una renta básica, no van simplemente a sentarse a ver la televisión, que es una de las objeciones.

La otra objeción, naturalmente, es que, quizás quieran contribuir a la sociedad pero van a hacer algo estúpido, así que la sociedad va a estar llena de malos poetas y molestos músicos callejeros, mimos callejeros por todas partes, gente creando sus propios dispositivos de movimiento continuo y todo tipo de chismes. Estoy seguro que habrá algo de eso, pero mira: si el 40% de la gente ya cree que sus trabajos son completamente inútiles, ¿cómo va a ser peor que lo que ya hay? Al menos van a ser mucho más felices haciendo esas cosas que estando rellenando formularios todo el día.

 

David Graeber
es antropólogo y activista. Da clases en la London School of Economics, tras ser expulsado de Yale y ser rechazado de todas las universidades de su país, Estados Unidos, por declararse anarquista. Fue uno de los líderes del movimiento Occupy Wall Street.
Fuente:
​ https://jacobinmag.com/2018/06/bullshit-jobs-david-graeber-work-service
Traducción:
Txema Sánchez

Publicado enSociedad
Viernes, 14 Diciembre 2018 05:52

Un Plan Marshall para centroamericanos

Un Plan Marshall para centroamericanos

AMLO le explicó a Trump que el plan de inversión mexicano, en acuerdo con Guatemala, El Salvador y Honduras, propone la creación de un fondo para implementar programas y proyectos que generen empleo y combatan la pobreza en Centroamérica.

 

El flamante presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), y su homólogo estadounidense, Donald Trump, acordaron afrontar en conjunto las causas de fondo que promueven la migración de países centroamericanos hacia Estados Unidos con un pacto de inversión conjunta, según informaron ambos gobiernos. El mandatario mexicano dijo, además, que su par lo invitó a Washington para tratar el acuerdo, que AMLO consideró como más importante que el acuerdo comercial con Estados Unidos.

“Fue muy buena la conversación, amistosa y respetuosa. Y hablamos del tema migratorio y de la posibilidad de lograr un acuerdo de inversión par apoyar proyectos productivos y de lograr un acuerdo de inversión”, señaló ayer, AMLO en su rueda de prensa diaria. El mandatario especificó que había explicado a Trump que el plan mexicano para tratar el fenómeno migratorio contempla 5.000 millones de dólares, ya dispuestos en el presupuesto de 2019. El líder de Movimiento Regeneración Nacional (Morena), indicó, además, que en esta conversación se acordó mantener las conversaciones entre mandatarios y también entre equipos cuyo objetivo final sería suscribir un acuerdo de inversión conjunta.


Dicho plan de inversión mexicano, en acuerdo con Guatemala, El Salvador y Honduras, propone la creación de un fondo para implementar programas y proyectos que generen empleo y combatan la pobreza en Centroamérica, que junto con la violencia criminal son los principales móviles del éxodo. El proyecto, que ha sido equiparado por México con el Plan Marshall, busca sumar el apoyo de los gobiernos y empresas de Estados Unidos y Canadá.


“Considero que es de mayor importancia o de la misma importancia que el tratado de libre comercio, entonces sí es para nosotros algo muy importante, es atender las causas del fenómeno migratorio”, declaró AMLO. Para ilustrar el peso de las palabras del mandatario, para México, el comercio con Estados Unidos es vital ya que ese país es destino del 80% de sus exportaciones.


López Obrador insistió, asimismo, en que la eventual firma del pacto sería motivo para que decidiera viajar a Washington a reunirse con Trump. “El me invitó, yo también estoy en posibilidades de ir a Washington, pero creo que tanto para él como para nosotros tiene que haber un motivo y yo creo que lo más importante sería el suscribir este acuerdo y reunirnos con este propósito”, afirmó.


El mandatario, no obstante, dijo que el tema del muro en la frontera entre ambos países no se había tratado en la conversación. “No hemos tocado el tema, en ninguna conversación. No se ha tratado ese tema”, dijo López Obrador en conferencia de prensa, después de hablar con Trump por teléfono el miércoles por primera vez desde que asumió la Presidencia mexicana el 1 de diciembre.


Tras la conversación telefónica del miércoles, López Obrador escribió en Twitter que había hablado del tema migratorio con Trump y de las posibilidades de impulsar el desarrollo para evitar que la gente tenga que emigrar. “Hoy conversamos por teléfono con el presidente Donald Trump. En términos respetuosos y de amistad, tratamos el tema migratorio y la posibilidad de aplicar un programa conjunto para el desarrollo y la creación de empleos en Centroamérica y en nuestro país”, dijo.


La llamada telefónica del miércoles dio lugar a la primera conversación sobre migración entre ambos presidentes, en momentos en que la ya de por sí caliente frontera atraviesa una crisis por las multitudinarias caravanas de ciudadanos centroamericanos que llegaron a México buscando refugio en Estados Unidos. La caravana de migrantes, que llegó a sumar unos 7.000 centroamericanos, la mayoría hondureños, salió de Honduras el 13 de octubre para llegar hasta Tijuana la frontera noroeste de México y distante a más de 4.300 kilómetros. El presidente estadounidense busca endurecer los requisitos para concesión de refugio y ya ha reforzado la frontera. El pasado 25 de noviembre, durante una manifestación, unos 500 centroamericanos se arrojaron sobre la muralla fronteriza, pero fueron repelidos por gases lanzados desde Estados Unidos. No obstante, la caravana se ha ido dispersando luego de que los migrantes fueron colocados en un albergue distante de la zona fronteriza.

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Viernes, 14 Diciembre 2018 05:41

Protestan la “ley de esclavitud”

Protestan la “ley de esclavitud”

Miles de personas se manifestaron ayer en el centro de Budapest, a un día de haberse aprobado la reforma laboral que la oposición nombró como “la ley de la esclavitud”. La norma fue aprobada con el apoyo de dos tercios del partido conservador Unión Cívica Húngara (Fidesz), dirigido por el primer ministro Viktor Orbán, pese a los intentos de la oposición de bloquear la votación. “Hoy en el Parlamento prácticamente pusieron el último clavo en el ataúd de la democracia, lo que hicieron fue el último paso en la construcción de un estado de partido único”, denunció Miklós Hajnal, portavoz del movimiento Momentum, mientras afuera comenzaban las protestas. 

Entre otras cuestiones, la reforma supone un aumento de las horas extra, como así también una quita del poder de negociación a los sindicatos. La norma prevé el aumento de 250 a 400 horas extras anuales. Esto podría significar en algunos casos que los empleados trabajen seis días por semana. Además permite a los empleadores abonar las horas hasta 36 meses después de trabajadas.


Mientras se debatía la reforma, los diputados opositores hicieron sonar pitos y sirenas en una señal de rechazo a la norma. Mientras tanto afuera, se organizó una manifestación espontánea con miles de personas que marcharon por la ciudad hasta la sede del Fidesz. Allí un grupo de mujeres ondearon la bandera húngara junto a la de la Unión Europea. La multitud también bloqueó el Puente de las Cadenas, uno de los símbolos de Budapest. Al final del día la policía agredió con gases lacrimógenos y detuvo a 34 personas. Ayer la segunda movilización redobló la apuesta. Más de 3000 personas convocadas por sindicatos y estudiantes tomaron las calles del centro de la capital húngara. “Agradezcamos a Viktor Orbán todo este año y todo lo que ha hecho por el pueblo húngaro”, rezaba la irónica convocatoria de los estudiantes. Por su parte, Tamás Szûcs, presidente del Sindicato Demócrata de Maestros, fue determinante: “Ni un paso atrás. Los trabajadores no pueden permitírselo. Esta es la Ley Laboral más reaccionaria de Europa. Ya es hora de que los sindicatos demuestren que pueden superar sus intereses particulares”.


Desde que asumió al cargo en 2010, Orbán fue criticado por sus políticas contrarias al lineamiento de la Unión Europea y gran parte de los húngaros denuncia que la democracia atraviesa una situación crítica.

 

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Miércoles, 12 Diciembre 2018 07:14

Los que no pactan y expresan xenofobia

Los que no pactan y expresan xenofobia

El Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular fue aprobado por más de 150 países en Marruecos. Los que se opusieron adujeron que el acuerdo afecta la soberanía, pero son los que más aplican medidas anti-inmigración.


El Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular de la ONU fue aprobado en Marrakech (Marruecos) con el rechazo de 11 países. Estados Unidos, Brasil, Chile y Polonia, entre otros, fueron algunos de los que se negaron a firmarlo argumentando que atenta contra sus soberanías. Mientras que Bulgaria, Estonia, Eslovenia y Suiza pidieron más tiempo antes de tomar una decisión. El pacto fue aprobado la noche del lunes por más de 150 países.


“El pacto es incompatible con la soberanía de nuestro país y con la política migratoria que esta llevado adelante el presidente Donald Trump”, afirmó Nikki Haley, embajadora de Estados Unidos en la ONU. Washington, que negó a sumarse a la iniciativa en diciembre de 2017, fue el principal ausente en los dos días de debate. “Las decisiones sobre la seguridad de las fronteras, sobre a quién se le permite residir legalmente u obtener la ciudadanía, son algunas de las decisiones soberanas más importantes que puede tomar un país”, afirma el comunicado estadounidense leído ante la ONU. El futuro canciller brasileño, Ernesto Araújo, compartió su postura con Estados Unidos y afirmó que Brasil se retirará del pacto luego de la asunción del presidente electo, Jair Bolsonaro, el 1 de enero. “El gobierno de Bolsonaro se desasociará del Pacto Mundial de Migraciones que está siendo lanzado en Marrakech, porque es un instrumento inadecuado para lidiar con el problema”, planteó Araújo. “La inmigración no debe ser tratada como una cuestión global, sino de acuerdo con la realidad y la soberanía de cada país”, agregó el futuro jefe del Palacio Itamaraty. La posición del futuro canciller no coincide con la del actual Ministerio de Relaciones Exteriores que participó ayer en la cumbre. La salida de Brasil del pacto sería una nueva señal de acercamiento a la diplomacia de Trump. Tanto Bolsonaro como Araújo ya habían expresado su admiración por el mandatario estadounidense y su deseo de alinearse con él en materia de política exterior. Además, Bolsonaro anunció su intención de trasladar la embajada brasileña en Israel de Tel Aviv a Jerusalén, tal como lo hizo Estados Unidos, aunque luego esa medida que molestó a sectores exportadores a los países árabes quedó sin confirmar. Una de sus últimas muestras de simpatía con EE.UU. fue su intención de desinvolucrarse del acuerdo de París contra el cambio climático. Araújo concluyó sus mensajes afirmado que acogerán a los venezolanos que “escapan del régimen de Maduro”. De inmediato Bolsonaro recibió felicitaciones del viceprimer ministro italiano, Matteo Salvini, otro desertor del acuerdo. “Felicitaciones al nuevo gobierno y al nuevo presidente brasileño. Bien la decisión del gobierno (de Jair) Bolsonaro y el anuncio del futuro ministro de Exteriores Ernesto Araujo de disociarse del Pacto Mundial sobre migración de la ONU. Comparto el espíritu y las motivaciones”, celebró el funcionario italiano que en los últimos meses endureció sus medidas contra la inmigración. En su participación en Marrakech, Salvini afirmó que no suscribirá al acuerdo justificando que la decisión no puede ser tomada sólo por el gobierno sino que debe discutirse en el Parlamento.


En América latina, países como Chile y República Dominicana también se apartaron del pacto. El gobierno de Chile, por su parte, defendió su decisión argumentando que cada país es soberano para fijar sus propias reglas sobre el asunto. “Los migrantes tienen derechos, pero cada país es soberano para fijar sus propias reglas de migración”, precisó el ministro de Relaciones Exteriores, Roberto Ampuero.

Además agregó que la migración no es un derecho humano. Una declaración que provocó una ola de críticas. La ex presidenta chilena y Alta Comisionada de Derechos Humanos de Naciones Unidas, Michelle Bachelet, lamentó la decisión del gobierno y afirmó que suscribirse al pacto puede ser muy positivo. “Yo lo lamento, pero es una decisión del gobierno actual, y yo no puedo menos que señalar que espero que algún día Chile se sume al pacto global, que creo que puede ser muy positivo”, dijo Bachelet en una conferencia en Madrid. Además recordó que ella misma es bisnieta de una familia francesa que fue acogida por Chile. “La antigua migración fue europea, luego de los países cercanos, Bolivia y Perú, y en los últimos años haitianos, venezolanos, dominicanos y refugiados colombianos”, explicó la ex presidenta que consideró que la migración no es un problema sino un hecho histórico.


El Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular es un documento acordado en julio pasado por los Estados miembros de la ONU en pos de favorecer la cooperación entre los países firmantes. Sin embargo, deberá ser sometido todavía a una última votación de ratificación el 19 de diciembre en la asamblea general de la ONU. Las sesión estuvo dirigida por Antonio Guterres, secretario general de la ONU, quien frente al rechazo de varios países envió un mensaje conciliador. “El texto garantiza el derecho soberano de los Estados a determinar sus política de migración y su prerrogativa para gobernar la migración dentro de su jurisdicción, en conformidad con el derecho internacional. El texto no es jurídicamente vinculante”, expresó. Destacando los esfuerzos hechos para llegar a este pacto Guterres, exhortó a no sucumbir al miedo a la migración.


Por su parte, la presidenta de la Asamblea General de la ONU, María Fernanda Espinosa, reiteró que el documento es un instrumento flexible que se adapta a las necesidades nacionales de los Estados. “Es un momento histórico porque damos un rostro humano a la emigración”, precisó Espinosa, antes de añadir que los Estados por más poderosos que sean, no pueden afrontar el reto migratorio solos. La mayoría de los oradores que tomaron la palabra a favor del pacto, insistieron en que la soberanía de los estados no se verá afectada.

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Lunes, 10 Diciembre 2018 07:38

El salario, más que mínimo, vital

Fernando Molina

En Colombia, ¿permite el salario mínimo vivir en dignidad a quien lo devenga? La pregunta, pertinente en tanto cada año por estos días se da cita la Mesa de concertación laboral, tiene respuesta conocida: un quejido lastimero, desprendido de una vida, muchas vidas, de cientos de miles, de quienes no tienen para malvivir más que la venta de su fuerza de trabajo, cerca de 1.800.000 que en nuestro país devengan 781.242 pesos más los 88.211 de subsidio de transporte, menguado recurso del cual también se valen su núcleo familiar para pasar el día a día. Un millón de pensionados también viven al límite bajo tal ingreso, lo que obliga a muchos de ellos a proseguir por otras vías su esfuerzo laboral.


El mundo del trabajo en nuestro país es de una inmensa precariedad: integrada la población económicamente activa por 25 millones de personas, 12 millones de la misma labora en la informalidad, 6,5 millones cuentan con empleo precario y el 9,5 por ciento está desempleada (2.370.000 personas). El 85 por ciento del total de quienes trabajan gana menos de dos salarios mínimos. El 50 por ciento de este conjunto de hombres y mujeres, que cada día tienen que salir a vender su fuerza de trabajo, recibe por la misma un ingreso inferior al salario mínimo. Un 15 por ciento (3.740.000 personas), parte constitutiva de la llamada clase media, devenga más de dos salarios mínimos y debe cubrir una canasta básica familiar (CBF) que asciende a $ 3.200.000 pesos. No es casual, por tanto, que el país cuente con 13 millones de pobres por ingresos insuficientes, y que al mismo tiempo registre como el segundo más desigual de la región y el séptimo en todo el mundo (1).


Para quienes obtienen el salario mínimo, el trabajo y la remuneración correspondiente no están en equilibrio y ésta no se corresponde con el nivel de las necesidades que implican el costo de la CBF, estimada en 1.300.000 pesos, mucho menos para hacer realidad un mínimo vital, como lo estipula la propia Carta Constitucional en su artículo 53, así como el artículo 112 del Estatuto del Trabajo (2). El mínimo vital se entiende como el ingreso requerido por una persona para cubrir todas aquellas necesidades básicas que le demanda la existencia misma, y así poder vivir en dignidad, sin carencias y limitantes en techo, vestido, alimento, salud, educación, recreación, cultura, y tantos otros aspectos que todos tenemos que atender sin restricciones para no sentirnos negados o excluidos, como lo estipula la Declaración Universal de Derechos Humanos, de 1948 (Ver informe especial).


Es claro que en el país el salario mínimo recibido por los trabajadores rasos no corresponde a este mínimo vital y escasamente alcanza para lo más básico que requiere el trabajador, a fin de reproducir su fuerza de trabajo, así como para que su cónyuge y su prole estén bajo un techo seguro y tengan un plato en la mesa que satisfaga las demandas de energía esencial que requiere su cuerpo, de modo que funcionen al límite, pero no para mucho más. En estas condiciones, la posibilidad de recreación y descanso, de asistir a una sala de cine o a una obra de teatro, a un parque a recrearse, de ir a otras partes de su país y del mundo, quedan como lujos, añoranzas, sitios y sucesos que escasamente la televisión creará como falsa ilusión de gozar y conocer.


No es extraño, por tanto, que en cada familia dos o más de sus integrantes tengan que vender su fuerza de trabajo para responder por las demandas de cada día, como tampoco que uno o varios de ellos deban laborar no 8 horas del día sino 12, 14 o más, en uno o en varios trabajos, tal vez uno de ellos estable y tras cumplir con su jornada formal salir a desplegar oficios varios por cuenta propia.


De esta manera, de ser el trabajo un derecho por ejercer libremente, entendido como espacio de realización personal y colectiva, y oportunidad para poner en práctica saberes y compartir con otros en pos de un mundo mejor, un espacio, por tanto, de satisfacción diaria ante las circunstancias en que es llevado a cabo, termina siendo todo lo contrario: un espacio que niega sueños y capacidades; una rutina diaria a la cual se asiste por obligación pero no por mucho más.


Esta realidad nos enfrenta a una de las derrotas inocultables vividas por la clase obrera, pero también por el conjunto social en la última parte del siglo XX: tener que trabajar más de 8 horas diarias. Tres ochos, y entre ellos 8 horas de trabajo, fue la divisa por la cual se batieron miles de miles en el siglo XIX, reglamentada como triunfo en 1919, luego de la Primera Guerra Mundial, en el Tratado de Versalles, presionados los poderes tradicionales de entonces para ello por las acciones de la Revolución Soviética, que la instituyó como beneficio para su población, obligando al capitalismo a copiar y así neutralizar la ofensiva obrera de la época.


Otra derrota vendría en el curso de este mismo siglo, también para el conjunto social: la idealizada liberación de la humanidad que propiciaría la tecnología, creando todas las condiciones para la reducción de la jornada de trabajo y facilitando, así, la “pereza” como derecho y espacio para la creación libre y colectiva, abriendo todas las condiciones para dejar atrás la alienación que acompaña la venta de la fuerza de trabajo.


Como lo constatan en su día a día los millones que no tienen otra opción que salir al mercado laboral a vender lo único que tienen, ahora no sólo se trabajan más de 8 horas diarias sino que, además, el nivel de productividad de quien ejecuta algún oficio es mucho mayor que lo aportado por sus pares de hace 50 o más años, generando, por consiguiente, mayor plusvalía a su patrón. No son casuales, entonces, los niveles de rentabilidad que hoy conoce la humanidad y los de concentración de la riqueza, todo ello potenciado por la especulación en los mercados y la financiarización que cruza al sistema social como un todo.


Pero esa situación de precariedad no parece aún suficiente para el capital. El ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, repitiendo un ‘mantra’ que lo acompaña desde las épocas en que estuvo al servicio del gobierno de Álvaro Uribe, insiste en que “el salario mínimo en Colombia es un chiste, ridículamente alto, y debe ser reducido”, para lo cual utiliza un recurso retórico con disfraz de argumento técnico, esgrimido por la Ocde: la distancia entre el salario mínimo y el promedio de los salarios del país es muy estrecha. Dado que el salario promedio está alrededor de 1.250.000 pesos, los 869.453 pesos del salario mínimo actual (salario directo más subsidio de transporte) son un valor muy cercano al 70 por ciento, mientras que en México ese porcentaje es del 29,4 por ciento, en Chile asciende hasta el 47,4 por ciento y en un país europeo como España es aproximadamente del 37 por ciento.


Bueno, sí, ¿pero eso qué significado tiene si es que puede asignársele alguno? Al esgrimir las cifras, lo que, por ejemplo, no nos cuentan es que en España menos del uno por ciento de los asalariados percibe dicho salario mínimo, pues la remuneración de la mayoría es considerablemente superior, mientras que en Colombia al menos una tercera parte de los asalariados devenga el mencionado salario mínimo.


Ahora, si en un ejercicio de lógica suponemos que todos los asalariados devengan el salario mínimo, el valor de éste sería igual al promedio; es decir, representaría el ciento por ciento de tal promedio. ¿Sería ese un dato que permita afirmar que es un salario alto? No, evidentemente, pues, si hablamos en términos de salarios relativos, tan solo podemos decir que son mayores o menores a determinado dato tomado como parámetro. Altos o bajos son adjetivos que, en el caso de las remuneraciones, únicamente empiezan a tener sentido si los medimos en términos de satisfacción de necesidades y de reproducción del conjunto material de la sociedad.


En otras palabras, afirmar que la distancia entre el salario promedio y el mínimo debe ser elevada porque sí, sin más elementos argumentales, no es más que una “trampa cazabobos” que, o bien es resultado de la perversión del entendimiento o de la intencionalidad, y en cualquiera de los casos no es más que el proceder de las lógicas convencionales del “pensamiento único”, que ha tenido como resultado el indiscutido aumento de las asimetrías sociales que hoy nadie sensato niega. En cifras, lo que propone el Ministro enriquecido con los bonos de agua, es decir, con significativas dentelladas al presupuesto de los pequeños municipios del país, es que el salario de la tercera parte de colombianos pobres sea reducido a un valor de 256.000 pesos si nos guiáramos por el porcentaje mostrado para México, o de 321.000 si lo hiciéramos por el de España.


Otros derechos al desagüe


Desde la década de los 80 del siglo pasado, la participación de los salarios en la renta nacional está en descenso en todo el mundo. En Estados Unidos, donde la participación salarial registró tradicionalmente un índice elevado, los salarios han decaído del 66 al 60 por ciento en los últimos 35 años, en una tendencia que da muestras de acelerarse. La desregulación y la flexibilización laboral han tenido un papel importante y desastroso en ese hecho. Problemas como el abaratamiento del despido, la práctica desaparición de la negociación colectiva –sustituida por la negociación individual del trabajador con la empresa– y contratos como los de “cero horas”, en los que, aunque el trabajador debe estar disponible en todo momento para trabajar, su tiempo de labor y de remuneración queda limitado a los intervalos en los cuales la empresa quiera utilizarlo, han aumentado a tal grado la volatilidad de los ingresos de las personas, hasta el punto en que hoy son muy pocos los trabajadores que tienen seguridad sobre el monto por percibir en un período.


El fin del modelo fordista, en el cual el empleo industrial y las organizaciones de trabajadores de ese sector jalonaban al conjunto de los asalariados por mejores condiciones laborales, no ha podido ser asimilado, quizá porque no ha sido lo suficientemente entendido, debilitando la correlación de fuerzas sociales en contra de los grupos subordinados. El retroceso de la sindicalización es uno de sus efectos y ha dado lugar a que, en las negociaciones, la debilidad sea una de las constantes que conducen a perder todavía más conquistas, cosechadas décadas atrás.


En este panorama, presentar el salario como hecho nefasto para el crecimiento, y el aumento de las ganancias como la cara buena y aceptable del asunto, fue un triunfo ideológico de la economía convencional que hoy es esgrimido y aceptado como si habláramos de un axioma. El principio de la respuesta está en remarcar que la fuerza de trabajo es una “mercancía ficticia” y que el salario, presentado como su “precio”, no es otra cosa que un malabarismo social para dejar a los trabajadores a merced del capital, y a la sociedad en grave riesgo de una distopía, tal como lo exponía Karl Polanyi a comienzos de la segunda mitad del siglo XX: “La supuesta mercancía llamada ‘fuerza de trabajo’ no puede ser manipulada, usada indiscriminadamente, o incluso dejarse ociosa, sin afectar también al individuo humano que sea el poseedor de esa mercancía peculiar. Al disponer de la fuerza de trabajo de un hombre, el sistema dispondría incidentalmente de la entidad física, psicológica y moral que es el ‘hombre’ al que se aplica ese título. Privados de la cobertura protectora de las instituciones culturales, los seres humanos perecerían por los efectos del desamparo social; morirían víctimas de una aguda dislocación social a través del vicio, la perversión, el crimen y la inanición” (3).


Por tanto, el salario, así se quiera velar su naturaleza, es una categoría de la distribución del ingreso social y, por más que la economía convencional insista en presentar su valor ‘ideal’ como dato técnico, lo cierto es que, como hecho social que mide la participación de los trabajadores en el producto nacional, su definición resulta ser de carácter político y refleja el poder real de los asalariados. La imposición por decreto del salario mínimo como una constante, en la que el valor fijado por el gobierno colombiano no ha hecho más que ratificar las posiciones de los empresarios, es simple reflejo del inexistente peso de los trabajadores en la estructura del Estado.


En estas condiciones, la Mesa de concertación laboral, para que no reproduzca –como hasta ahora lo hace– el ritual anual de tire y afloje de un salario mínimo que no garantiza ni el propio sentido de lo estipulado en la Carta Constitucional, y que no compromete sino a una minoría de la población económicamente activa, debiera pasar por alto la discusión concerniente al salario mínimo, y adentrarse en la realidad y la complejidad del país y del mundo del trabajo hoy realmente existente.


Es necesario, entonces, discutir otros modelos de jornada laboral por iniciativa de quienes representan a la clase trabajadora, de suerte que las 8 horas de trabajo pasen a ser cosa del pasado, dándoles paso a jornadas de 6 o menos horas, como resultado concreto de la mayor productividad que hoy se tiene en el trabajo, pero también como opción para quebrar el desempleo estructural que registra el país. Como resultado concreto, menos horas de labor sin reducción de la remuneración salarial total.


De igual modo, se impone la discusión sobre cómo avanzar hacia un modelo de país en el cual la justicia y la felicidad sean dos de sus premisas fundamentales, como crear industria urbana y rural de distinto tipo; con especificaciones por región, grupos humanos, cultura y saberes; ambientalmente amable, y con capacidad para satisfacer el mercado interno y cubrir una parte del externo.

Serían una industria y un modelo laboral por potenciar que acojan la participación directa, con voz y voto de quienes asisten a un puesto de trabajo, en forma tal que su labor no sea sólo operar una máquina o dinamizar un proceso cualquiera sino, además, participar controlando y dirigiendo la razón misma de ser de la empresa a la cual está integrado. Y, por esta vía, participar del diseño del tipo de país que requerimos.


Sería ésta una discusión con patrones y gobierno para construir modelos propios que permitan dejar atrás el desempleo estructural que afecta a Colombia, a la par de romper la informalidad laboral, el subempleo, el desempleo disfrazado, y, con todo ello, los salarios precarios e insuficientes, creando condiciones reales para que el mínimo percibido cada mes pase a ser vital.


Tal polémica tripartita, con iniciativa obrera, permitiría comprometerse en encontrar fórmulas para superar la desigualdad social que postra a millones de connacionales, excluidos, negados en un continuum de desarrollos sociales que hoy pudieran servir para que todos vivamos mejor, no sólo unos cuantos, y así realizar, por fin, el potencial de la ciencia y la tecnología como productoras y multiplicadoras de saberes para liberar a la humanidad de la esclavitud del trabajo. Como prolongación de ello, oportunidad para elevar la capacidad creadora de mujeres y hombres y –¡cómo no!– vía para la redistribución de los bienes que deben ser de todos, sentando así las bases para la justicia, la libertad y la solidaridad efectivas.


La discusión sobre el salario mínimo, como la han llevado hasta ahora, es un debate anual ritualizado, por superar. Validos de la iniciativa alternativa hay que desnudar ante el país los privilegios de que gozan los más ricos a todo nivel, como efecto directo del control que ejercen del poder, y de un mundo del trabajo reglamenetado de acuerdo a sus requerimientos. Hay que impedir, así, que prosiga la discusión esteril sobre el alza en uno o dos puntos más de la tasa de inflación, cerrando así el paso a propuestas como las de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (Anif) el pasado 26 de octubre, al aprovechar la instalación de la Mesa de concertación de política salariales y laborales, y sentar de una en el 4 por ciento su apuesta de reajuste del salario mínimo para 2019 (4), dejando claro que, a pesar de ser el sector que más gana en el país, nada quieren saber de salario vital y de posibilidad de vida digna para las mayorías, mucho menos de redistribuir riqueza ni de construir un país de todos y para todos.


Es una iniciativa y un debate pertinente que exigiría adelantarse en el curso, por lo menos durante todo un año, con mesas y submesas desplegadas por todo el país, en que sindicalizados y no sindicalizados, trabajadores por contrato a término indefinido y reglados por otro tipo de éste, subempleados y desempleados, deliberen y dibujen el país que realmente requerimos, presentando ante su contraparte el debate sobre la justicia social como imperativo para el futuro y para el ahora.


Sería una saludable confrontación de modelos de país por llevarse a cabo, además, en barrios y veredas, allí donde millones tienen hoy sus pequeños talleres y negocios de mercadeo, quebrando por esa vía la estructura sindical tradicional, dinamizando y dándole sentido de actualidad a esa histórica forma organizativa que en Colombia, por diferentes motivos, nunca ha logrado representar a las mayorías.


Temas, todos ellos, y otros más, sobre los que no habrá concertación ni cercanía de ningún tipo, pero vitales de encarar para diseñar entre los de abajo el país que deseamos. Debate y acción necesarios para retomar la iniciativa obrera y tejer una bandera de múltiples colores bajo la cual arropar a los 25 millones que conforman la población económicamente activa del país (con beneficio extendido para el total de quienes habitan este territorio, parte del sistema mundial), fuerza suficiente para hacer realidad el sueño de que el trabajo no sea factor de opresión sino de libertad.

 

1. La República, 16 de noviembre de 2017, https://www.larepublica.co/economia/segun-el-banco-mundial-colombia-es-el-segundo-pais-mas-desigual-de-america-latina-2570469.
2. Art. 112. Salario mínimo vital y móvil. Salario mínimo vital es aquel que percibe el trabajador como contraprestación y será el adecuado para atender las necesidades del trabajador y las de su familia en el orden material, moral y cultural; y móvil para proteger su poder adquisitivo frente a las fluctuaciones de la economía. Con todo, la remuneración mínima, vital y móvil aumentará en consideración a la cantidad y calidad del trabajo.
3. Polanyi Karl, La gran transformación: los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo, F.CE., México, D.F, 2003. p. 123.
4. “Presidente Duque busca una concertación laboral”, en Mintrabajo es noticia, http://www.mintrabajo.gov.co/prensa/mintrabajo-es-noticia/2018/-/asset_publisher/nMorWd1x7tv1/content/presidente-duque-busca-una-concertacion-laboral.

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