Domingo, 01 Noviembre 2009 10:38

Honduras: una improbable solución

¿Se resolvió la crisis política en Honduras? Si bien se abrió una ventana de oportunidades todo parece indicar que no hay demasiado lugar para el optimismo. Conviene recordar lo que dijéramos en estas mismas columnas al producirse el golpe: que Micheletti sólo permanecería en el poder en la medida en que contara con el apoyo, activo o pasivo, de Washington. Cuatro meses demoró la Casa Blanca en comprender el alto costo que tenía sostener a un régimen golpista en la región. Acuciado por los diversos problemas que enfrenta en su política exterior -sobre todo por el rápido deterioro de la situación en Afganistán y Pakistán y el empantanamiento de sus tropas en Irak- Obama dio un golpe de timón que descolocó a su Secretaria de Estado Hillary Clinton, principal artífice del apoyo a los golpistas, y envió a Thomas Shannon a Tegucigalpa con el encargo de restaurar el orden en el convulsionado patio trasero. Poco después Micheletti archivaba sus bravuconadas y aceptaba mansamente lo que hasta entonces era inaceptable. Claro, poco antes Shannon había transmitido el terminante mandato imperial. Para dulcificar el mal rato hizo pública su admiración por los dos líderes de la democracia hondureña: el golpista y el destituido.

Zelaya propone un programa de tres puntos: restitución, amnistía y gobierno de reconciliación nacional. La primera deberá ser resuelta por el Congreso, el mismo organismo que convalidó con entusiasmo el golpe de estado y no ahorró insultos y calumnias en su contra. Habrá que ver, pero no será sencillo. Amnistía, ¿para quienes? ¿Para los funcionarios civiles y militares de un gobierno que violó los derechos humanos y conculcó todas las libertades? ¿O aceptaría Zelaya ser amnistiado por delitos que no cometió, como por ejemplo tener la osadía de pretender preguntarle a su pueblo si es que estaba de acuerdo con convocar a una asamblea constituyente? Y ni hablar de la tercera cláusula, íntimamente vinculada a la anterior. Porque, en las actuales condiciones, ¿un gobierno de reconciliación nacional no es acaso un pasaporte al olvido, a la desmemoria, a la impunidad?

Un somero balance de la crisis y su aparente resolución revela que los golpistas pueden sentirse satisfechos porque preservaron sus dos principales objetivos: destituir a Zelaya, aunque reasuma por unos pocos meses más hasta que finalice su mandato; y haber logrado el reconocimiento internacional de las viciadas elecciones del 29 de Noviembre, cosa que el propio Shannon se encargó de asegurar. A su vez la oligarquía hondureña se saca de encima el peligro de una escalada más agresiva de Estados Unidos contra sus propiedades y privilegios, cosa que podría haber ocurrido si no se producía un acuerdo. Un eventual control más pegajoso de Washington sobre sus activos y fondos en Estados Unidos le quitaba el sueño, y la intransigencia de Micheletti se convertía en una amenaza innecesaria a sus intereses.

Para Zelaya el balance resulta mucho más complejo, y es precisamente eso lo que ensombrece el panorama hondureño. Su restitución no remueve para nada las causas profundas que provocaron el golpe de estado. Además, en tal caso, ¿convalidaría sin más los resultados de unas elecciones plagadas de gravísimas irregularidades y cuya campaña se desenvolvió bajo el clima de violencia y terror impuesto por los golpistas? Micheletti ya está haciendo sonar los tambores de guerra. Apenas cerrado el acuerdo declaró a la CNN en Español que una vez restituido en el poder “Zelaya y la gente que le acompaña estamos seguros de que van a emprender una campaña de persecución. Sólo el que no conoce la actitud de Zelaya se cree que no habrá consecuencias.” ¿Cuál será la respuesta en caso de ser reinstalado en el gobierno: ¿Amnistiar a los golpistas, reconciliarse con ellos, abrazarse con Micheletti? Pero Zelaya está lejos de ser el único actor de este drama: ¿Como reaccionarían los heroicos militantes que arriesgaron sus vidas y su integridad física para defender al gobierno legítimo? Hay muchos muertos, y heridos; mucha cárcel y humillación de por medio: ¿aceptarán estas mujeres y hombres que ganaron las calles de Honduras el olvido de tantos crímenes y el perdón a sus victimarios? Además, si una lección extrajeron los movimientos sociales y las fuerzas populares durante estos cuatro meses de resistencia es que si se organizan y movilizan su gravitación en la coyuntura puede llegar a ser decisiva, mucho más de lo que antes se imaginaban. La crisis les enseñó, brutalmente, que pueden dejar de ser objetos de la historia para convertirse en sujetos y protagonistas de la misma. Y tal vez por eso, más allá de lo que ocurra con este acuerdo, decidan seguir avanzando en sus luchas por la construcción de una Honduras diferente, esa que no se consigue con injustas amnistías o espurias reconciliaciones.

Por Atilio A. Borón
www.atilioboron.com
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Tegucigalpa, 29 de agosto. Alrededor de 30 hombres, mujeres y niños de la etnia lenca de Honduras son los guardianes de la embajada de Venezuela en Tegucigalpa, donde sólo un diplomático se mantiene desafiando la orden de expulsión que hace más de un mes emitió el gobierno de facto.

Leales al presidente constitucional Manuel Zelaya, los indígenas permanecen en la parte exterior de la residencia diplomática, sentados directamente sobre la acera o en rústicas esteras que amortiguan la dureza del piso.

Se les ve bajo un toldo y con una mesa con utensilios de cocina, evidencia de que allí mismo se preparan y consumen los alimentos, para no tener que abandonar la vigilia en ningún momento.

“Estamos aquí por solidaridad con el pueblo venezolano, porque este gobierno golpista (de Roberto Micheletti) quiere expulsar a los compañeros (diplomáticos)”, explicó Juan Vásquez, que actúa de improvisado vocero del grupo.

En realidad en el interior de la embajada sólo se encuentra el encargado de negocios Ariel Vargas, luego que el 21 de julio el régimen de facto ordenó la salida de Honduras de todo el personal diplomático venezolano, en represalia por las críticas del presidente Hugo Chávez al golpe de Estado.

Caracas mantiene a Vargas al frente de la misión diplomática para hacer patente que no reconoce al gobierno de Micheletti.

“Y nos solidarizamos con ellos porque nunca nadie se había solidarizado con nosotros los lencas como Venezuela, a través de la Alba (Alternativa Bolivariana de las Américas)”, explica Vásquez.

Por primera vez ha llegado a las comunidades lencas que habitan la zona occidental de Honduras –Lempira, La Paz, Santa Bárbara y Comayagua– asistencia médica gratuita y de calidad.

“Los médicos venezolanos y cubanos, que forman parte del programa Operación Milagro, han curado a muchas personas, y a otros que lo han necesitado los enviaron a operarse a Cuba o a Venezuela”, afirma Vásquez.

“Otro logro –agrega– es el programa Yo sí puedo, que ha ayudado a alfabetizarse a muchos lencas que no sabían escribir ni leer. Cuando el huracán Mitch” que devastó a Honduras en 1998, “fueron ellos los primeros que llegaron a la zona para ayudarnos”.

Estos son algunos de los programas que el gobierno de Venezuela financió en Honduras, tras el ingreso de este país centroamericano a la Alba hace un año, bajo el gobierno de Manuel Zelaya.

Los lencas quieren el regreso de su presidente, el que dicen que más se ha preocupado por ellos, y están convencidos que más tarde o más temprano regresará.

Asimismo, miembros de las tres confederaciones campesinas de Honduras mantienen ocupado el Instituto Nacional Agrario, una protesta que comenzó días después del golpe militar.

De su lado, el ex embajador hondureño ante la Organización de Estados Americanos (OEA) Carlos Sosa prepara una resolución para que los 33 países miembros rechacen la celebración de elecciones en ese país mientras continúe la crisis política.

La resolución debe ser asumida por al menos una delegación presente en el Consejo Permanente de la OEA, puesto que Honduras fue suspendida tras el golpe de Estado del 28 de junio. El texto sería presentado el martes, el mismo día en que Zelaya, intervendrá ante los embajadores en sesión especial.

“Estamos redactando un proyecto de resolución que aparte de aumentar la presión sobre la gente del golpe, incluye el desconocimiento de todo proceso electoral que se lleve a cabo bajo la tutela del régimen”, declaró Sosa.
Los países miembros de la OEA condenaron unánimemente el golpe de Estado contra Zelaya, por lo que la resolución tiene todas las probabilidades de ser discutida en el Consejo Permanente.

Su aprobación, sin embargo, debería ser por unanimidad, como acostumbra a proceder la OEA. La resolución expresará su apoyo a las gestión de José Miguel Insulza y la preocupación por la situación de los derechos humanos en Honduras, añadió el ex embajador.

Honduras debe celebrar en principio elecciones presidenciales el 29 de noviembre, aunque la OEA y la comunidad internacional exigen que Zelaya retorne antes para terminar su periodo.

“Bajo un estado de sitio, donde el estado de derecho no existe, estimamos que ninguna elección puede tener validez”, advirtió Sosa.

Una delegación del régimen de facto presente en Washington propuso que Zelaya y el líder del gobierno de facto, Roberto Micheletti, dimitan para que una tercera persona asuma el cargo, confirmó Sosa. Fuentes de la OEA dijeron por su parte que esa delegación se reunió con Insulza el jueves.

Responsables del Departamento de Estado estadunidense también acudieron a la cita, declaró el portavoz Ian Kelly. “Hemos visto la propuesta. Estamos trabajando estrechamente con la OEA. Estamos dejando que la OEA tome el timón sobre esto”, explicó.

Zelaya podría volver al país, pero como simple ciudadano. Sosa precisó, sin embargo, que él no estuvo presente en esa negociación, pero que al ser consultado, como representante de Zelaya en Washington, la rechazó de plano.

“Nosotros no asistimos más a reuniones con delegación alguna de Micheletti”, dijo. Una propuesta para que Micheletti y Zelaya renuncien al poder, que ya fue formulada antes, “nos parece una broma de mal gusto”, explicó.

La presión sobre el régimen de Micheletti crece en la región tras el fracaso esta semana de la misión de cancilleres de la OEA. Estados Unidos anunció que suspendía el servicio de visas para no inmigrantes en Honduras, y adelantó que prepara nuevas sanciones.

El viernes, el gobierno de facto entregó al presidente de Costa Rica, Oscar Arias, una “contrapropuesta” a la Propuesta de San José, el plan propuesto por Arias para lograr la reconciliación en Honduras, anunció la vicecanciller de Micheletti, Martha Alvarado.

En declaraciones a la prensa declaró que no podía divulgar su contenido hasta que sean conocidas en la mesa de negociación.

Sobre la posibilidad de que Zelaya y Micheletti renuncien y se designe a una tercera persona presidente provisional en la línea de sucesión constitucional, lo que en Honduras se ha denominado “una tercería”, Alvarado dijo que “es una de las posibilidades que han estado en el ambiente acá”.

No obstante rechazó de plano que otra de las opciones de la contrapropuesta sea la constitución de una junta de gobierno designada por consenso, que se mantenga en el poder un año hasta la elección de un nuevo gobierno, como dijo Porfirio Lobo, candidato presidencial del Partido Nacional.

Micheletti dijo estar dispuesto a renunciar al gobierno por la paz, y mantuvo invariable su posición de que Zelaya no debe volver a la presidencia, y que al menos por un año no podrá retornar al país.

Sin embargo, fuentes de la OEA han dicho que el regreso de Zelaya a la presidencia es una condición no negociable en cualquier escenario de solución para la crisis de gobierno en Honduras.
 

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Está sudando. Acaba de pronunciar su primer discurso en la calle como flamante presidente de El Salvador y saluda a sus votantes, apiñados en la plaza, felices, incrédulos todavía de la noche mágica que les ha tocado vivir. Hace calor para todos, pero más para Mauricio Funes, de 49 años, que lleva puesto un discreto chaleco antibalas por debajo de la guayabera. Dos periodistas le piden una valoración urgente del momento y él acepta sobre la marcha, sin protocolo. Aprieta la mano fuerte y mientras responde se limpia las gafas empapadas de sudor. Tiene que levantar la voz sobre un coro de miles de voces que cantan como tantas otras noches en tantas otras plazas: "¡El pueblo, unido, jamás será vencido!".
 
Pregunta. ¿Qué significa este cambio para El Salvador?
 
Respuesta. Significa que se ha cerrado un ciclo histórico de Gobiernos excluyentes, autoritarios, que no han sabido resolver los grandes problemas del país. Cuando el partido Arena llegó al poder hace 20 años, dijo que iba a convertir El Salvador en una de las economías más dinámicas y competitivas del continente, que iba a acabar con la pobreza, reducir la desigualdad social, combatir la criminalidad?
 
A la vuelta de 20 años, tenemos uno de los países más atrasados de América Latina, una de las economías con mayor debilidad estructural para enfrentar la crisis, una de las sociedades más pobres y, sobre todo, con los mayores niveles de exclusión y marginalidad social, agobiada por la delincuencia, secuestrada por la delincuencia. Somos el país con la tasa de homicidios más alta del continente. Ése es el gran desafío que tengo por delante.
 
El cambio que hoy estamos iniciando cierra un ciclo histórico y abre la oportunidad para iniciar un Gobierno auténticamente democrático, que construya una sociedad justa y democrática, que es a lo que aspiramos los salvadoreños.
 
P. ¿Necesitaba el país este cambio para dejar definitivamente en la historia el eco de la guerra?
 
R. Si no se daba este giro, el país se hundía. Si no se daba este cambio, esta alternancia, el país iba rumbo al descalabro y a profundizar la polarización. Nosotros tenemos la posibilidad de despolarizar el país en la medida en que se va a despolarizar social y económicamente. La polarización política no es un asunto de voluntad de los actores políticos, es el reflejo de la polarización social y económica que vive El Salvador.
 
P. ¿Cuál va a ser la primera medida de gobierno?
 
R. Hacer un Gobierno diferente con un ejercicio público diferente. Y resolver el problema del grave deterioro de la situación fiscal del país. Tenemos que convocar un pacto fiscal para hacerle llegar más recursos al Estado, y a través de ese pacto fiscal, financiar nuestra política social, nuestra política de apoyo a los sectores productivos nacionales?
 
P. ¿Con su victoria se disipa la campaña del miedo, el fantasma de Hugo Chávez?
 
R. Con esta victoria lo que se demuestra es que se acabó el miedo al cambio, al cambio seguro, al cambio con estabilidad y con gobernabilidad democrática que es al que le hemos estado apostando nosotros.

Por, P. ORDAZ 
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Lunes, 16 Marzo 2009 06:21

Ganó la izquierda en El Salvador



En El Salvador, se terminó la hegemonía de la derecha. Por primera vez en la historia de este país, la izquierda conquistó el poder. Con el 90 por ciento de las mesas escrutadas, al cierre de esta edición el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) contaba con el 51,20 por ciento de los votos frente a un 48,70 por ciento cosechado por Arena, la coalición de derecha que gobernó al país los últimos 20 años. “El pueblo demostró hoy que está preparado para la alternancia”, dijo un eufórico Mauricio Funes, el candidato del FMLN, declarándose presidente electo. De este modo, la ex guerrilla de izquierda llegó ayer al poder a través de las urnas. Funes, el periodista, venció a Rodrigo Avila, ex director de la Policía Nacional.
 
Y es que si bien las encuestas indicaban que ambos candidatos tenían las mismas chances de ganar, el empate no se permite en estos casos. La balanza se inclinó. La izquierda ganó. La jornada electoral comenzó a las siete de la mañana. El folklore se desplegó y rápidamente los centros de votación se vieron abarrotados de puestos de venta de comida. El aroma que copó las calles fue el de las tradicionales pupusas –tortillas de maíz rellenas de frijoles, carne de cerdo o queso–, así como todo tipo de bebidas frutales, excepto, claro, las alcohólicas, prohibidas por la veda.
 
Rosibel Hernández, una viuda que ofrecía a 25 centavos de dólar dos tortillas acompañadas con pescados fritos, votó por el Frente y pidió que se le de una chance de gobernar.“Es necesario para este país darle una oportunidad al Frente, porque ya son 20 años de Arena”, explicó. Y precisó sus deseos. “Si gana Funes le pediré una casa mejor, que no haya delincuencia y trabajo para mis hijos.”
 
Por el contrario, Georgina Hernández, una enfermera vestida con una camisa con el rostro de Rodrigo Avila, apostó por la continuidad. “Así estamos bien. No quisiera que vengan otros a gobernar. El Salvador tiene que seguir como hasta ahora”, remarcó.
 
A su vez, los salvadoreños con residencia en el exterior pudieron votar por primera vez en su país de origen. Jorge Alberto Tejada, de 39 años, llegó para votar al FMLN desde Arlington, Virginia. “Vine a votar por el FMLN porque debemos ayudar a mejorar el país, así nuestros hermanos salvadoreños no tienen que buscarse un futuro lejos de su patria, que eso es bien duro”, precisó.
 
Pasado el mediodía, los cómputos indicaban que el 36,7 por ciento de los 4,3 millones de salvadoreños ya habían pasado por las urnas. Al menos así lo habían hecho los principales protagonistas.
 
Elías Antonio Saca, presidente saliente de la coalición gobernante de derecha, pidió a sus compatriotas que acudan a votar masivamente en un ambiente de fiesta, declarándose confiado en el triunfo de su partido. “El país está caminando en democracia y nadie va a detener este proceso. Este es un día para celebrar”, afirmó.
 
Sin embargo, el candidato oficialista fue más prudente, al señalar que cualquier escenario era posible. “Uno tiene que prepararse para cualquier resultado, de manera madura y responsable”, advirtió Avila, el dos veces ex director de la Policía Civil.
 
El opositor Mauricio Funes se mostró más optimista al momento de emitir su voto. “Esperen los resultados con mucha tranquilidad, vamos a ganar esta elección, no cabe ninguna duda”, aseguró a sus seguidores cerca del mediodía. No obstante, Funes denunció que el oficialismo no habría respetado los tiempos de la campaña electoral, y que ciudadanos de otros países vecinos habrían sido movilizados para votar por el partido gobernante. “Arena continuó haciendo propaganda después de terminada la campaña. Además, ha movilizado a ciudadanos guatemaltecos, nicaragüenses y hondureños,a los que habilitó para votar ilegalmente a favor de su candidato”, disparó.
 
No obstante, Oscar Luna, procurador para la Defensa de los Derechos Humanos de El Salvador, destacó la normalidad de la votación. “Estos comicios se están llevando a cabo en un clima de perfecta transparencia y sintonía democrática. Hubo algunos incidentes, sí, pero aislados”, señaló. Entonces cayó la tarde. Se hicieron las cinco y las mesas cerraron en tiempo y forma. Los votos comenzaron a contarse. La tensión se desató. Pero cuando apenas dos horas después comenzaron a filtrarse pronósticos favorables a Funes y, a pesar de que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) todavía no había ofrecido datos oficiales, las calles se empezaron a desbordar. La militancia del FMLN comenzó a lanzar fuegos artificiales, sonaron las bocinas de los autos y muchos balcones de la capital empezaron a vestirse con las banderas de la ex guerrilla de izquierda. Luego todo fue una fiesta y El Salvador se tiñó de rojo.
 
El viernes de la semana pasada, Tom Shannon, responsable para América latina del Departamento de Estado norteamericano, había asegurado que Estados Unidos respetaría el resultado de las elecciones y trabajaría con el ganador, independientemente de su credo político. Todo indica que ahora, Washington deberá negociar y lidiar con los ex guerrilleros a quienes tanto combatió durante la década del ’80. “El pueblo salvadoreño ha exigido un cambio. Estamos empezando una nueva etapa de nuestra historia. Un partido de izquierda gobernará El Salvador. La democracia se ha fortalecido. Se terminó la intolerancia. Viva la democracia”, clamó Mauricio Funes, presidente electo.
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En su primer año como jefe de Estado y de Gobierno, Raúl Castro empezó a reorganizar la cadena de mando, impulsó pequeñas reformas económicas, emprendió una ofensiva diplomática y remitió la definición de cambios de fondo al sexto Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), previsto para finales de 2009.
 
Raúl, de 77 años, asumió el cargo el 24 de febrero de 2008, pero trazó sus planes desde el interinato que inició dos años antes, por la enfermedad de su hermano Fidel. Reconoció que nadie vive de su salario y hay que romper ataduras para que la gente sienta la necesidad de trabajar. Ofreció reformas estructurales y de conceptos, lanzó una discusión nacional con agenda abierta y así levantó fuertes expectativas populares, que sin embargo matizó pidiendo realismo para ajustar todos los sueños a las verdaderas posibilidades.

Reparto de tareas

Raúl formó un equipo de siete dirigentes, el mismo para el PCC (máxima autoridad política) y el Consejo de Estado (Legislativo y Ejecutivo). Las señales muestran la jerarquía del partido único y claridad en la cadena de mando y el reparto de tareas, a diferencia de la gestión de Fidel, en la que funcionaba un minigabinete presidencial y a menudo surgían comisiones, programas o designaciones fuera de las estructuras.
 
El cambio ha llevado a la exposición pública al número dos, José Ramón Machado Ventura, quien pasó décadas en la oscuridad del aparato partidario. Carlos Lage y Felipe Pérez Roque conservan sus tareas oficiales, pero son menos visibles, porque ya no cumplen misiones especiales como lo hacían al mando de Fidel.
 
Raúl nombró vicepresidentes del gobierno a Ricardo Cabrisas, Ramiro Valdés, Ulises Rosales del Toro y Jorge Luis Sierra, todos con carteras en el área económica. A José Ramón Fernández, que ya tenía el cargo, le amplió facultades en el sistema educativo. Se perfila un grupo compacto de allegados al presidente, virtuales jefes de sector (o generales de un Estado Mayor) a los que se subordinan los ministerios.
 
Fundador de los servicios de seguridad y unido a los hermanos Castro desde hace más de medio siglo, Valdés suma la subjefatura de Gobierno a su rango de comandante de la revolución, a sus asientos en el Buró Político del PCC y el Consejo de Estado y a su estratégico Ministerio de Informática y Telecomunicaciones. En cambio, pierde funciones Lage, quien durante casi dos décadas ha sido al lado de Fidel un virtual jefe de Gabinete y operador económico, como secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros.
 
En las fuerzas armadas, Raúl descongestionó el escalón de mando territorial, en el que generales de Cuerpo de Ejército (tres estrellas) tenían décadas dirigiendo las tres regiones y los reemplazó por generales de División (dos estrellas). Los tres ex jefes fueron ascendidos a viceministros. Uno de ellos, Leopoldo Cintra, entró al Consejo de Estado y ahora es viceministro primero, sucesor del titular, Julio Casas.
 
Con Raúl, Machado, Lage y Casas, en el septeto dirigente están el comandante de la revolución Juan Almeida; Esteban Lazo, a cargo de cultura, ideología y propaganda en el PCC y el ministro del Interior, Abelardo Colomé. Entre otros, hay un mensaje: la generación histórica agotará sus opciones en el poder.
 
El estilo ha cambiado. Se insiste en estudiar y fundamentar las decisiones. Los actos cívicos son cortos, con discursos leídos y asistencia simbólica. Ya no cientos de miles marchando durante horas, paralizando ciudades. Altos funcionarios van a un programa de la televisión, ya no el jefe de Estado en horario abierto. El mensaje oficial se ha vuelto parco, algunos dicen que demasiado. En febrero se rompieron tradiciones: Raúl y Machado (uno y dos) salieron del país a la vez y un día Granma trajo en portada tres noticias y dos fotos, todo de Raúl.

Enmiendas y candados

Raúl está ensayando reformas económicas cuyo futuro aún es borroso. No puede afirmarse que son el germen de un cambio mayor ni que, por el contrario, apenas son parches temporales que luego retrocederán, como la tímida apertura de los ’90.
 
Por lo pronto, está pactada una empresa mixta, que dirigirán los socios rusos, en un esquema inexistente en la sensible rama eléctrica; hay nuevas licencias para taxis privados, tras un congelamiento de más de diez años. Se ha reconocido que el ingreso personal puede expresarse en consumos como los de electrodomésticos, computadoras, celulares, hoteles de primera clase y alquiler de autos. Aunque retrasado en su aplicación, existe un nuevo sistema salarial, que pagaría más al que más rinda, sin límite.
 
En el centro de la mira, Raúl puso el atraso estructural de la agricultura y la producción de alimentos como asunto de seguridad nacional. Decidió entregar tierra ociosa en usufructo (quizá la mitad del espacio cultivable), aumentó precios al productor, autorizó la oferta de implementos y la venta de leche sin mediación oficial y descentralizó facultades a los municipios.
 
Pero hay candados: la asignación de parcelas es lenta; el usufructo tiene tope de hasta diez años en cualquier cultivo; se limita la construcción de viviendas e instalaciones; no hay un mercado de implementos, sino un sistema de cuotas. No está claro cuánto venderá el campesino al Estado y cuánto podrá colocar libremente, ni cuáles son los alcances definitivos de las delegaciones municipales. Raúl deploró hábitos atávicos de burocracia en el proceso, a pesar de lo cual ya hay más de 45 mil usufructuarios.
 
Tras los huracanes de 2008 el gobierno fijó precios en los mercados agropecuarios (de libre oferta y demanda desde 1994) para frenar las alzas. El control continúa, además de que se han cerrado los pequeños puntos de venta en los barrios, lo que abre la pregunta de si está desapareciendo el circuito abierto, para volver a la venta exclusivamente estatal.

Ofensiva en relaciones del exterior

En el último año, Cuba mejoró sustancialmente las relaciones con países latinoamericanos (Argentina, Chile, Guatemala, Honduras, México, Paraguay), las reactivó con Brasil e ingresó al Grupo de Río, expandiendo su presencia en la zona. Empezó a rehacer el diálogo con gobiernos comunitarios, después de que la Unión Europea eliminara las sanciones de 2003. Construye nuevos esquemas económicos con países petroleros, con los que tiene una relación política fluida (Angola, Argelia, Irán, Vietnam). Abrió opciones del mismo tipo a gran escala con Rusia y amplió las que ya existían con China. Subraya su interés en minar el bloqueo estadounidense y en armar puentes para sortear una de sus peores crisis de financiamiento.
 
Por Gerardo Arreola *
Desde La Habana
 
* De La Jornada de México. Especial para Página/12.
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Nueva York, 11 de enero. La elección de Barack Obama, cambios demográficos y generacionales en Miami, y el traslado del poder pacífico y exitoso en La Habana han generado expectativas de un cambio en la política estadunidense hacia Cuba por primera vez en 50 años.

El presidente electo y algunos de sus asesores, además de una amplia gama de expertos y ex políticos, indican que habrá una nueva disposición, y hasta tal vez motivación, para modificar la política bilateral hacia la isla este mismo año.

En el sitio de Internet de la campaña presidencial de Obama se prometía que “en el caso de Cuba, se otorgargá poder a nuestros mejores embajadores de libertad al permitir viajes y remesas a la isla ilimitados de familias cubanoestadunidenses. El empleo de diplomacia intensiva y de principios también (un presidente Obama) enviará un mensaje importante: si un gobierno pos Fidel da pasos significativos hacia la democracia, empezando con la liberación de todos los prisioneros políticos, Estados Unidos está preparado para dar pasos que lleven a normalizar las relaciones y aflojar el embargo que ha gobernado las relaciones entre nuestros dos países durante las últimas cinco décadas”.

Además, Obama no se retractó, a pesar de severas críticas durante la campaña, de abrir un diálogo sin condiciones con líderes de regímenes “enemigos”, donde incluyó a Raúl Castro.

Para los principales expertos en la relación, la política estadunidense hacia Cuba, formulada en gran medida por Miami, comprobó su fracaso cuando Fidel Castro trasladó el liderazgo del gobierno a Raúl Castro y un equipo de dirigentes, dejando a Washington y al exilio en Miami reducidos a meros espectadores. El consenso entre los principales centros de análisis y los grandes medios es que Washington, por su propia política, se marginó en esta transición.

“El fracaso más grande en la historia”

En un informe recientemente emitido por el influyente centro de análisis de políticas Brookings Institution se afirma: “si uno compara resultados a objetivos declarados, la política estadunidense hacia Cuba podría ser el fracaso más grande en la historia de la política exterior estadunidense. Después de un embargo de casi cinco décadas y varios intentos para aislar y minar el régimen de Castro, Fidel ha entregado el poder a su hermano Raúl. Hoy, Estados Unidos tiene pocas palancas para promover el cambio en Cuba. De hecho, Cuba goza de relaciones normales con virtualmente cada país del mundo más allá de Estados Unidos”.

Julia Sweig, experta en la relación bilateral y directora del programa de América Latina del Consejo de Relaciones Exteriores, subrayó que en esa coyuntura que Fidel Castro logró “manejar su propia sucesión”, y “lo está haciendo pacíficamente”, negociando la expectativas y sentando las bases para la próxima etapa de la vida política de la isla. Eso comprobó, dijo, que desde hace tiempo se debería de haber levantado el embargo y otras restricciones, las cuales sólo han limitado la política exterior estadunidense justo en esta coyuntura.

El ex coronel Lawrence Wilkerson —mano derecha del general Colin Powell y ahora copresidente de la Iniciativa de política EU-Cuba de la Fundación Nueva América– consideró que esa coyuntura ofreció una apertura para cambiar la política estadunidense, pero fue desperdiciada comprobando que “nuestra política hacia Cuba es un fracaso”.

Wilkerson, junto con Patrick Doherty de la Fundación Nueva América, indicaron recientemente que un cambio en la política hacia Cuba sería la manera más inmediata, y relativamente fácil (dada la complejidad de otros asuntos exteriores) para que el nuevo presidente envíe una señal al hemisferio de un cambio en la política exterior de Washington. “Nuestra política hacia Cuba es un obstáculo para lograr una nueva relación con las naciones de América Latina” afirman, y señalan que sólo con el fin del embargo se podrá generar una relación más cercana con la región para abordar toda la gama de problemas conjuntos del hemisferio.

Así, con el fin del régimen de Bush, analistas e intelectuales de la cúpula política recomiendan una nueva política bilateral expresada en varios “grupos de trabajo” en diversos think tanks. Por ejemplo, un grupo destacado de ex dirigentes políticos y diplomáticos de la Brookings Institution propone que el próximo gobierno en Washington anule partes centrales de esta política, incluyendo eliminar todas las restricciones de viajes a Cuba y envío de remesas, suspender todos los elementos del bloqueo de comunicaciones, sacar a Cuba de la lista oficial del Departamento de Estado de países patrocinadores de terrorismo y ampliar relaciones a todos los niveles, incluyendo el oficial entre ambos gobiernos.

El presidente electo Barack Obama –quien en 2003 como candidato al Senado abogó por levantar el embargo– se atrevió a declarar durante su campaña en un foro en Miami patrocinado por la Fundación Nacional Cubano Americana (CANF, por sus siglas en inglés), que favorecía aflojar las restricciones a viajes y envío de fondos a la isla; adelantó que si hay muestras de un cambio hacia la democratización en la isla, “Estados Unidos debe de estar preparado a dar pasos para normalizar las relaciones y aflojar el embargo”.

Pero aunque la mayoría de los políticos de ambos partidos saben que esta política ha fracasado, todos saben que la política hacia La Habana es, en gran medida, más una política hacia Miami, donde el ala conservadora ha logrado monopolizar durante décadas el debate y la determinación de la política bilateral con la isla.

Sin embargo, hay cambios enormes en Miami que reducen cada vez más el poder de ese sector tanto en Florida como en Washington. Algunos de los propios líderes de esa comunidad lo reconocen.

Fue el hijo de Mas Canosa, Jorge Mas Santos, junto con el actual director de la CANF Francisco Pepe Hernández y su antecesor Joe García quienes invitaron y aplaudieron a Obama en Miami cuando éste reafirmó que deseaba establecer comunicación directa con Raúl Castro y su gobierno, algo que hace poco sería considerado como una traición. Sin embargo, fue un mensaje a las nuevas generaciones cubanas que se oponen a las restricciones impuestas a viajes y envío de remesas de Bush y líderes del ala conservadora de la comunidad cubana en Miami.

Obama y sus asesores seguramente registran los cambios políticos y demográficos en Miami, como también un cambio generacional que está alterando ese universo con enormes implicaciones políticas. Una encuesta de la Universidad Internacional de Florida realizada el mes pasado registró que por primera vez la mayoría de los cubanoestadunidenses (55 por ciento) se opone a la continuación del embargo. En sus sondeos del año pasado, 65 por ciento de los cubanoestadunidenses expresó su apoyo a un diálogo con el régimen cubano.

Diversos observadores subrayan que desde hace tiempo se anunció el “principio del fin” del sector conservador cubano que había controlado la política de Washington hacia La Habana, e incluso algunos de esa misma vieja guardia reconocen que los tiempos están cambiando. “Antes pensábamos que podíamos ir a Cuba, invadir y establecer la democracia por la fuerza, y que Estados Unidos nos ayudaría. Esos tiempos ya se acabaron. Un hombre como yo, que ha luchado y soñado, tiene que llegar a la conclusión que el futuro no pertenece a mi generación. El cambio en Cuba tiene que venir desde adentro”, dijo recientemente Francisco Hernández, director de la Fundación, a la columnista Ana Menéndez del Miami Herald.

Joe García, ex director de la CANF y quien este año estuvo cerca de derrotar al representante republicano Mario Díaz Balart en las elecciones federales, comentó a La Jornada hace unos meses que el apoyo al bloqueo se está deteriorando por sí mismo. “El embargo tiene un aspecto cuasi-religioso. Uno cree en el embargo. No puede probar que funciona… Es más religión que política porque la política es algo que uno cambia para tener efecto.”

Y García criticó la otra vertiente principal de la política hacia Cuba, al señalar que las iniciativas estadunidenses para apoyar a la sociedad civil cubana –entre cuyos promotores iniciales se cuenta él mismo– sólo acabaron beneficiado al exilio en Miami: “esos millones de dólares se han convertido en prebendas políticas en el exilio… la política hacia Cuba es política local simplemente, con poco efecto en Cuba”.

Sin embargo, los tres legisladores republicanos anticastristas de línea dura: Lincoln Díaz Balart, Mario Díaz Balart e Ileana Ros-Lehtinen lograron su relección este año, lo que demuestra que aún cuentan con suficiente poder local para sobrevivir lo que fue el mayor reto que han experimentado en sus carreras. Pero regresan a un Washington donde son parte de la minoría debilitada en el Congreso y con un nuevo presidente que a diferencia de las últimas décadas, no comparte los mismos intereses.

Tanto los cambios en Cuba como en Miami, dicen algunos observadores, abren un espacio de maniobra sobre la relación bilateral muy diferente a la del último medio siglo para el nuevo presidente. Algunos indican que tal vez se optará por modificar la relación bilateral, sobre todo en el rubro de viajes y envío de remesas.

Ahora se verá si el cambio de régimen en Estados Unidos está dispuesto, por primera vez en 50 años, a reconocer el principio básico de la autodeterminación y no intervención en las relaciones internacionales en el caso de Cuba y con ello de que un cambio o no de régimen en la isla es asunto exclusivo de los cubanos en la isla.

David Brooks (Corresponsal/II y última)
 

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