Una vida que se basta a sí misma: la revancha de los "valores del sur"

La política es una disputa entre diferentes formas de vida, sensibilidades, ideas de felicidad. La toma del poder no sirve de nada si no se proponen mundos alternativos.

 

En los años 70, el cineasta italiano Pier Paolo Pasolini propuso pensar el conflicto político como una disputa fundamentalmente antropológica: entre diferentes modos de ser, sensibilidades, ideas de felicidad. Una fuerza política no es nada (no tiene ninguna fuerza) si no arraiga en un "mundo" que rivalice con el dominante en términos de formas de vida deseables.


Mientras los "hombres políticos" de su tiempo (dirigentes de partido, militantes de vanguardia, teóricos críticos) miraban hacia el poder estatal como el lugar privilegiado para la transformación social (se toma el poder y desde arriba se cambia la sociedad), Pasolini advertía –con sensibilidad poética, esto es,sismográfica– que el capitalismo estaba avanzando mediante un proceso de "homologación cultural" que arruinaba los "mundos otros" (campesinos, proletarios, subproletarios) contagiando los valores y modelos del consumo "horizontalmente": a través de la moda, la publicidad, la información, la televisión, la cultura de masas, etc. El nuevo poder no emana, irradia o desciende desde un lugar central, sino que se propaga "indirectamente, en la vivencia, lo existencial, lo concreto", decía Pasolini.


En el vestir y en los andares, en la seriedad y las sonrisas, en la gesticulación y los comportamientos, el poeta descifraba los signos de una "mutación antropológica" en marcha: la revolución del consumo. Frenarla desde el poder político sería como tratar de contener una inundación con una manguera. No es posible imponer otros contenidos o finalidades a un mismo marco de acumulación y crecimiento. Es más bien al revés: el modo de producción-consumo será el que determine los márgenes del poder político. Una civilización sólo se para con otra. Son necesarios otros vestires y otros andares, otra seriedad y otras sonrisas, otra gesticulación y otros comportamientos.


La disputa política (la que no es simple juego de tronos) expresa un "desacuerdo ético" entre diferentes ideas de la vida o, mejor, de la buena vida. No ideas que flotan por ahí o se enuncian retóricamente, sino ideas prácticas encarnadas, materializadas, inscritas en los gestos y los dispositivos más cotidianos (Facebook, Uber o Airbnb son figuras del deseo, de ahí su fuerza). ¿Qué podría decirnos una mirada antropológica sobre la política? ¿Qué mundos colisionan hoy? ¿En qué desacuerdos éticos sobre la vida buena podrían aflorar acciones políticas transformadoras?


El viejo espíritu del capitalismo


Demos primero un paso atrás. ¿Dónde nació la idea de organizar la vida entera en torno al trabajo, la eficacia y la productividad? Según Max Weber, la cultura burguesa encontró su origen, motor y combustible en la ética protestante (sobre todo del protestantismo ascético). A través de la reconceptualización del trabajo como "profesión" y de la teoría de la predestinación (sólo en el éxito terrenal podemos encontrar signos de nuestra salvación), se genera una subjetividad que pone en el centro de la vida el dinero y el enriquecimiento, que aspira a la "racionalización" de la existencia entera (la relación con el tiempo, el cuerpo, el honor, la educación de los hijos), que condena la pobreza como el peor de los males ("elegir la pobreza es como elegir la enfermedad"), etc.


Esta subjetividad no es un "reflejo automático" de la objetividad económica, sino un elemento decisivo de la "cultura capitalista" sin la cual sencillamente no hay capitalismo. Sólo un nuevo tipo de imaginario y subjetividad (una nueva organización del deseo) podía tener la fuerza suficiente para quebrar la "mentalidad tradicionalista" (imperante entonces) según la cual no se vive para trabajar (eso sería absurdo), sino que se trabaja para vivir y si se dispone de riqueza (por trabajo propio, ajeno o buena ventura) se dedica uno a la contemplación o a la guerra, al juego o a la caza, a dormir tranquilo o al goce sensual de la vida, pero no se le pasa por la cabeza reinvertirla para seguir acumulando.


La cultura burguesa nace por tanto de la potencia de un imaginario religioso que abandona luego, laicizando sus valores: el sentido de la responsabilidad individual, el self made man, la meritocracia, el crédito, el progreso, la sensibilidad puritana y severa, etc. La modernidad ha sido predominantemente una "cultura del Norte": anglosajona, masculina, blanca y protestante. Pero el dominio de este imaginario (vivir para trabajar, invertir los beneficios en obtener más beneficios, someter todos los aspectos de la vida a un control reglamentado y sistemático, etc.) nunca ha sido completo.


La socialidad del sur


Según el sociólogo (de la vida cotidiana) Michel Maffesoli, siempre ha existido, insistido y resistido una “socialidad del sur”. Una socialidad difusa, sumergida y oculta, difícil de ver pero presente, capaz de rebelarse y activarse si resulta amenazada. Una dinámica informal (formas de vínculo, de pertenencia subjetiva, de hacer práctico) determinante en la vida diaria, como substrato o “manto freático” de la existencia colectiva.


¿En qué consiste esta socialidad del sur? En primer lugar, es un impulso vital, a-racional. Una voluntad de vivir, un querer vivir. Pero no vivir de cualquier modo, sino afirmando un tipo de vínculo, un tipo de existencia, una cierta idea de felicidad: un estar-juntos antropológico. Es también un conjunto de saberes y estrategias para reproducir esos vínculos, esas formas de vida.


Ese "sur" se refiere original e históricamente a los países mediterráneos y latinoamericanos, pero se convierte enseguida en la obra del autor en una noción más movediza que apunta a "valores" y "climas afectivos" más que a una localización geográfica. En ese sentido, hay "sur en el norte", como también hay "norte en el sur". Colonia (vividora, alegre, habladora, proletaria) sería el "sur" en Alemania y la financiera Frankfurt, el "Norte".


Podemos entresacar ahora cinco "valores" (lo que vale) para esta socialidad del sur:


—en primer lugar, el presente: la vida no se proyecta "hacia adelante" (un futuro de salvación, de perfección), sino que se afirma "ahora". Esa cierta despreocupación hacia el mañana no excluye (¿paradójicamente?) una obstinación por reproducirse y durar. La temporalidad de la socialidad del sur es intensa y no extensa, pero ella se empeña en "perseverar en su ser".


—en segundo lugar, el vínculo: La vida se da en continuidad con otros, entramada con otros, enredada con otros. No solamente por necesidad, sino también por el placer de compartir. El vínculo más apreciado es el vínculo cercano, próximo, al alcance de la mano (lo táctil como valor). Este "aquí" no nos separa de lo que está "allí" (lo lejano), sino al revés: a partir de lo que vivimos "aquí" nos puede resonar algo "allí".


—en tercer lugar, lo trágico: la asunción de la anarquía de lo que hay, de lo que es. No se trata de "solucionar" o "superar" lo dado (incierto, oscuro, múltiple), sino más bien de saber "componérselas" con ello. Otra relación pues con el mal, el riesgo o la muerte, que no son algo a erradicar (según las lógicas imperantes del control, la securización y la previsibilidad total), sino un costado de la vida (y también pueden ser fuerza, palanca, si nos sabemos componer).


—en cuarto lugar, lo dionisíaco: no la vida encerrada en uno mismo (trabajo, éxito, progreso), sino la vida "extática" que busca salir de sí a través del goce del cuerpo, el gusto por la máscara y el disfraz (las apariencias), la fusión con el otro en las celebraciones colectivas (musicales, deportivas, religiosas), etc. Exceso, derroche, vértigo, entrega, destrucción: lo "dionisíaco" son tanteos con la alteridad.


—por último, el doble juego: no la pasión por lo recto, lo frontal y lo explícito, sino por el desvío, la astucia, el apaño, el rebusque, la brega, la duplicidad, el disimulo, el juego con la ley y la norma, las estrategias informales de conservación y supervivencia (mía y de los míos). No la pasión por corregir y enderezar, sino por sortear, regatear, driblar y burlar.


La crisis como ocasión


Los economistas neoliberales hacen su propia lectura "antropológica" del mundo y concluyen que la crisis económica de 2008 tiene que ver con la "insuficiente movilidad geográfica", el "limitado espíritu emprendedor", el "colchón familiar", el "trabajo informal" o la "indiferencia (o incluso la repugnancia) hacia el enriquecimiento" aún demasiado presentes en los países del sur (los llamados PIGS: Portugal, Italia, Grecia, España, ninguno de ellos un país protestante, por cierto). Al trasluz de estos análisis, vemos a la socialidad del sur en acción.


¿Podemos leer la gestión neoliberal de la crisis como la tentativa de suprimir por fin todas esas "inadecuaciones culturales" y acelerar así "el devenir mundo del capital" (Laval y Dardot)? La crisis de la deuda sería de ese modo la ocasión perfecta para desatar la "destrucción creativa" de todo aquello que, dentro y fuera de nosotros mismos, nos indispone para pensarnos y actuar como simples átomos sociales, partículas egocéntricas desvinculadas, máquinas del cálculo egoísta. Costumbres y vínculos, apegos y solidaridades.


Eliminando las protecciones sociales, fragilizando los derechos asociados al trabajo, favoreciendo el endeudamiento general de los estudiantes y las familias, precarizando, reduciendo los salarios y el gasto social, se trata de fomentar el "sálvese quien pueda" y destruir todo aquello que permita a la gente cualquier margen de libertad con respecto al mercado. Todo lo que hay "entre" los seres y hace de ellos algo más que "partículas elementales" en competencia: lazos de mil clases, derechos conquistados, lugares vivos, recursos públicos y comunes, redes de solidaridad y apoyo, circuitos no mercantiles de bienes y servicios, etc. La base material de cualquier autonomía. Gobernar hoy consiste precisamente en erosionar ese "entre", esa trama densa de lazos, afectos, apoyo mutuo...


Pero justo cuando se quería "extirpar", la socialidad del sur se tensa y activa. En la España de la crisis han proliferado por ejemplo los micro-grupos informales de solidaridad y apoyo mutuo (familiares, vecinales, amistosos) que han atemperado los efectos devastadores de la gestión neoliberal de la crisis: miedo, soledad y desamparo. Una proliferación que impugna en sí misma el paradigma liberal-individualista: "cada uno tiene su vida".


Justo cuando se nos dijo que "habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades" y tocaba expiar y pagar, los valores del sur se toman su revancha, afirmando y difundiendo otras ideas de riqueza y felicidad: más basadas en el presente que en el futuro, en los vínculos que en la soledad, en el tiempo disponible y no en la vida para el trabajo, en la empatía y no en la competencia, en el disfrute de la gracia más que en la culpa por la deuda.
El nuevo espíritu del capitalismo


Más difícil todavía. Según algunos autores, estaríamos atravesando hoy el pasaje hacia la superación (¿intensificación, radicalización?) del antiguo "espíritu" del capitalismo cuyos orígenes estudió Weber.


Por ejemplo, según Franco Berardi (Bifo), la burguesía aún "vivía en los vínculos" (con una comunidad, unos lugares, unos bienes físicos, una clase trabajadora que no podía suprimir, la relación entre valor y tiempo de trabajo). Sin embargo, el capitalismo financiero es mucho más abstracto: no se identifica con ningún lugar, con ninguna población concreta, con ninguna clase del trabajo, con ninguna regla, aunque sus decisiones tengan consecuencias (devastadoras) sobre lugares, poblaciones, trabajadores, etc.
Por otro lado, según Christian Laval y Pierre Dardot, esta lógica de acumulación infinita del capital se ha vuelto hoy una "modalidad subjetiva". ¿Qué quiere decir esto? Pues que al "homo economicus" (definido por la prudencia, la ponderación, el equilibrio en los intercambios, la felicidad sin excesos, la balanza de los esfuerzos y los placeres) le sustituye el "empresario de sí mismo" (definido por la competencia y la autosuperación constante: vivir en el riesgo, ir más allá de uno mismo, asumir un desequilibrio permanente, no descansar o pararse jamás, poner todo el goce en la autosuperación). Una expresión resume según los autores franceses el tipo subjetivo del capitalismo actual: "siempre más". El gozo de la ilimitación.


En esta transformación habría que reevaluar seguramente la resistencia que presenta la "socialidad del sur", cuando por ejemplo la cultura capitalista hoy ya no exige la represión de lo afectivo/pasional, sino más bien su completa instrumentalización al servicio de la lógica del beneficio: la instrumentalización de lo íntimo. Pero sin duda la afirmación de una "vida que se basta a sí misma" sigue siendo absolutamente subversiva (¿más que nunca?). Una vida que no persigue extraer y acumular "siempre más", sino que se vive en el gozo de cuidar y compartir, lo más cercanamente posible, aquello que nos ha sido dado, aquí y ahora.


La insurrección de la socialidad del sur consistiría en afirmar políticamente esta otra idea de felicidad, esta potencia subterránea, este mar de fondo.

 

Amador Fernández-Savater
eldiario.es


Referencias:
-Cartas luteranas (Trotta) y Escritos corsarios (Ediciones del Oriente y el Meditarráneo), de Pier Paolo Pasolini.
-A nuestros amigos y Ahora (ambos en Pepitas de Calabaza), del Comité Invisible.
-La ética protestante y el "espíritu" del capitalismo (Alianza), de Max Weber.
-La sublevación (ediciones castellanas en Hekht y Artefakt), de Franco Berardi,Bifo.
-La pesadilla que nunca acaba (Gedisa), de Christian Laval y Pierre Dardot.
- El tiempo de las tribus (Icaria), La tajada del diablo (Siglo XXI) y La transfiguración de lo político (Herder), de Michel Maffesoli.

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El miedo (y los medios) alimentan a la ballena

El desafío de la Ballena Azul es el paradigma máximo de la efectividad de una mentira repetida cien, mil veces, que acaba convirtiéndose en una realidad a medias.

 

Todo se originó en el año 2016. La primera información volcada al tema fue trasmitida por el canal estatal ruso de noticias Russia Today (RT), en el cual se hablaba por primera vez de una red cibernética de fomento del suicidio. El medio señalaba la existencia de una docena de grupos en la red social Vkontakte, –similar a Facebook pero de gran popularidad en Rusia– que seducían a los adolescentes con videos crípticos, llenos de símbolos y códigos. Estos grupos se habían creado a partir de un caso sonado y que causaba conmoción desde 2015: el suicidio de Rina Palenkova, una muchacha que apoyó su cuello en las vías de un tren y fue decapitada por éste, poco después de haber posteado una inquietanteselfie.


Unos días después de la trasmisión de RT, el reportaje publicado por la periodista Galina Murzalieva en Novaya Gazeta refería más específicamente a estos grupos privados. Tenían nombres como “Las ballenas nadan hacia arriba”, “Ballenas en el océano” y “F-57”, entre otros; eran páginas juveniles en las que Palenkova era representada prácticamente como una mártir, y se le rendía culto alternando un estilo melancólico, imágenes morbosas y mensajes misteriosos y codificados, típicos ingredientes de consumo adolescente. El extenso artículo publicado en Novaya Gazeta –que resalta varias de sus afirmaciones con negritas y está escrito en tono de alarma– describe por vez primera el juego Ballena Azul, en el cual un moderador anónimo les daba a los participantes una serie de desafíos a completar durante 50 días. En el artículo se arrojaba la cifra de 130 suicidios adolescentes ocurridos entre 2015 y 2016 vinculados directamente con estos grupos de la muerte, y al menos 80 de ellos con el juego de la Ballena Azul. La periodista señalaba que la forma de ingresar al juego era ser parte de estas comunidades y participar activamente, hasta que uno de los administradores se contactara con la persona y lo derivara a comunidades más exclusivas, en las que se compartían imágenes violentas y orientadas al suicidio. En noviembre de 2016 las autoridades rusas detuvieron a Filipp Budeykin, un joven de 21 años acusado de promover 15 suicidios en Internet a través del grupo F-57, pero no se lo señalaba como autor del desafío. No hacía falta: la creencia en el juego y en el fomento del suicidio por parte de estos grupos ya estaba lo suficientemente extendida, y el arresto se convirtió para muchos en prueba de su existencia.


La primera y fundamental de las inconsistencias del artículo de Novaya Gaceta es la cifra de los 80 y 130 suicidas. No hay declaraciones policiales ni informes oficiales que permitan corroborar esos números, ni que demuestren la influencia de los grupos en esas muertes. De hecho, varios medios rusos hicieron sus propias investigaciones al respecto, desmontando varias de las afirmaciones de Novaya Gaceta. Se demostró que los suicidios sí existieron, pero que no podían vincularse de forma concluyente con estas comunidades online, y a través de las pericias policiales se descubrió que muchos de esos muchachos tenían antecedentes de depresión, problemas en la escuela, conflictos en sus casas desde mucho tiempo antes de entrar voluntariamente a esos grupos. El vínculo específico que Murzalieva señalaba entre los 80 suicidas y el desafío de la Ballena Azul era sumamente vago: los muchachos le habían dado el “me gusta”. De ahí la periodista concluyó que habrían sido luego persuadidos, influenciados, incitados por esos grupos, cuando lo más probable es que hubiera sido al revés: que hubieran manifestado interés por ellos debido a su disposición suicida y su carácter depresivo. Rusia ocupa hoy el tercer lugar en tasa de suicidios a nivel mundial y, a la hora de echar culpas, siempre viene bien esa clase de agentes externos incomprensibles. Algo similar a lo que sucedió luego de la masacre de Columbine, cuando muchos optaban por culpar al cantante Marilyn Manson, ya que los perpetradores escuchaban su música. La acusación era entonces mucho más práctica que prestarle atención a problemas estructurales, como la competitividad en los colegios, el bullying o el acceso generalizado a las armas en Estados Unidos.


Según señala la publicación Verne, dos periodistas de Novaya Gazetafueron sancionados a los pocos días por prácticas inaceptables relacionadas con la Ballena Azul, y según afirma Bbc Mundo, la oposición rusa asegura que el juego no es más que una leyenda urbana, y que el gobierno ruso hoy utiliza esa información y el arresto de Budeykin como movida oportunista para limitar el acceso a Internet.


La falsa noticia fue recogida a finales de febrero y principios de marzo por medios británicos como The Daily Mail, The Daily Express y The Sun, repitiendo informes rusos y también la cifra de las 130 muertes. Medios de todo el mundo decidieron dar por sentada, con indisimulado afán sensacionalista, la existencia del desafío de la Ballena Azul (juego) y, de paso, de su capacidad homicida y de los 130.


El asunto propició una paranoia colectiva de proporciones. Las autoridades policiales de varios países (primero europeos, luego de todo el mundo) difundieron advertencias para que los padres vigilaran la actividad de sus hijos y su posible contacto con la Ballena Azul, sólo por si acaso. Que la policía, o la misma Interpol, esté a la busca de algo así le dio legitimidad.


Podría decirse entonces que el caso del desafío de la Ballena Azul es el paradigma máximo de la efectividad de una mentira repetida cien, mil veces, que acaba convirtiéndose en una realidad a medias. No se necesitan conocimientos especiales para generar grupos de Facebook, de Whatsapp o de lo que fuese y titularlos “Ballena Azul” o similar; es algo que pueden hacer sin dificultad alguna niños y adolescentes con ganas de transgredir o llamar la atención. Las supuestas reglas fueron publicadas por muchos medios, por lo que sólo les hace falta copiar y pegar. ¿Hay víctimas? Por ahora no ha podido vincularse de forma concluyente ni una sola muerte a este “juego”, aunque en varios países, incluido Uruguay, se señalan intentos de suicidio y autoflagelaciones como resultado directo, y en Colombia y Brasil las autoridades investigan la relación de algunos chicos que se suicidaron con el desafío.


Pero a la hora de leer las noticias corresponde separar la paja del trigo entre lo que es real y lo que es inventado, y lo cierto es que la Ballena Azul vende, y sólo lo hace si es una asesina despiadada de niños inocentes, si se trata de una conspiración mundial perpetrada para inocular la idea del suicidio en la mente de nuestros hijos. Los medios aman las noticias de este tipo: un pequeño caso, quizá inexistente, sobre un delirio publicado en un grupo privado en Rusia se convirtió así en una alarma global.


Ahora bien, por extraño que suene todo, lo cierto es que hay damnificados; es hasta probable que la Ballena Azul se vuelva todo un símbolo entre los adolescentes con tendencias suicidas, pero hasta ahora no existen pruebas de ningún grupo activo, más que los generados a partir de la propia viralización, como consecuencia del amarillismo de los medios y de que las autoridades de cada país se ocuparan de reproducir las cifras previamente publicadas sin chequear la veracidad de la información. Que hay gente inconsciente capaz de generar nuevos grupos y retos es algo cierto, y que hay adolescentes autodestructivos también, pero es hacia allí donde corresponde apuntar las baterías. Ante todo, no imponerles una moda mediante el miedo generalizado, y no facilitarles ideas que nunca se les hubieran ocurrido.


Por más que pese, no es una novedad: en nuestras sociedades hay adolescentes que se autoflagelan e intentan matarse, desde siempre. Pero hoy atestiguamos un hecho impensable y sin precedentes; la atribución de culpas a un cetáceo virtual proveniente de Rusia.

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Jueves, 20 Octubre 2016 06:49

La destitución masculina

La destitución masculina

Hace unos años, la publicidad de una conocida marca de cigarrillos mostraba a un hombre que, al encontrar a una joven cuyo automóvil estaba detenido junto a un puente, hacía gala de su saber técnico, reparaba el motor y, luego, la invitaba al placer de fumar juntos contra la balaustrada. El acto estaba consumado. Mientras que una propaganda reciente, esta vez de una célebre marca de chicles, muestra a un joven que se jacta de conducir helicópteros, pero que, cuando surge la situación de tener que demostrarlo, devela la farsa y se confiesa ante la muchacha: no sabe conducir helicópteros, pero así y todo su deseo lo autoriza a ese encuentro.


Han pasado unos treinta años entre una imagen y la otra. La conclusión es difícil de evitar: el hombre de nuestro tiempo ya no se regodea en la potencia fálica como estrategia de aproximación al Otro sexo. Incluso podría decirse ¡todo lo contrario!, el varón contemporáneo se destituye del falicismo y hasta juega con su ridiculización. Dicho de otra manera, pocos hombres hoy tendrían éxito (al menos, eso parece) desde una posición como la de H. Bogart. El héroe (o, mejor dicho, el antihéroe) de nuestros días está más cerca del lúcido y desgarbado Woody Allen.


¿Qué consecuencias tuvo este cambio de posición? En resumidas cuentas, el hombre de hoy tiene poco para ofrecer, se escabulle del reproche: “Nada te prometí”; por lo cual tampoco se siente en deuda con el Otro sexo. La dimensión del pacto (enunciada en el sintagma “Tú eres mis mujer”) cedió su lugar a la destitución del riesgo. El hombre contemporáneo elige tener poco para perder; y deja la dimensión de la expectativa (que siempre defrauda) a las mujeres, para quienes la pérdida no se inscribe necesariamente en el complejo de castración. “No esperes nada de mí/ nada de mí”, dice una canción de Babasónicos.


La destreza fálica hoy es campo fértil para las mujeres, mientras que los varones han comenzado a padecer síntomas típicos que, en otro tiempo, eran considerados femeninos: celos, temor a la pérdida de amor, preocupación por la imagen física, etc. El hombre enamorado de nuestro tiempo (suelen quejarse algunas mujeres), recurre a estrategias impropias: dar a ver su deseo de manera esquiva, seducir a partir de la sustracción, diferir el encuentro, etc. De aquí el lamento generalizado, en la actualidad, de que los hombres “son histéricos”. A propósito, en cierta ocasión un analizante contaba la siguiente anécdota: ante la situación de estar con un amigo piropeando mujeres en la vía pública, una de ellas respondió con una sonrisa y se acercó, a lo cual este muchacho dijo a su compañero: “Rajemos, que dan bola”. Hemos pasado del hombre que tenía que asumir la división subjetiva de la vergüenza en el encuentro cuerpo a cuerpo con una mujer, al varón que goza de la escena que se construye y sostiene a la distancia.


Desde el punto de vista del psicoanálisis lacaniano, podría decirse que el varón actual ya no se sitúa desde los semblantes de amo o de saber para encarar al Otro sexo. Estas formas discursivas han dado paso a otras: la posición histérica que, en estos casos, interroga la feminidad en busca de saberes supuestos (como ocurre con la aparición de “Escuelas de seducción”); o bien, eventualmente, la posición de objeto que busca la división del sujeto cuya verdad sea una marca: “No quiero que lleves de mí nada que no te marque”, dice una canción de Jorge Drexler.


Por Luciano Lutereau, psicoanalista, doctor en Filosofía y doctor en Psicología por la UBA, donde trabaja como investigador y docente. Co-coordinador de la Licenciatura en Filosofía de UCES. Este artículo resume las ideas de su último libro Ya no hay hombres. Ensayos sobre la destitución masculina, recientemente publicado por editorial Galerna.

 

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Martes, 16 Agosto 2016 19:12

Contra la predestinación.

Contra la predestinación.

Se anuncia desde antes de nacer cómo será nuestra existencia. Padres, instituciones de todas las clases y formas, valores, cultura, política, economía y hasta el territorio donde nacerá un persona son los limitantes de ese “cómo será”. La predestinación de los individuos es un fenómeno a todos los niveles que es fundamental en la consolidación de una sociedad.

Los valores que subyacen a una comunidad son los que por costumbres y tradiciones se insertan en la persona. Estos valores son adoptados por el individuo antes de que pueda cuestionarlos. La moral del individuo es en este sentido una reproducción de su contexto.


Quizá tanto ustedes como yo, recuerden el famoso “Mundo feliz” de Huxley. De ser así me gustaría que imagináramos la escena dónde los recién nacidos divididos por colores, secciones y futuros roles sociales, están todo el tiempo escuchando las grabaciones por las cuales se programa en ellos su visión de mundo. No pretendo aquí hacer un paralelismo entre nuestras sociedades y las que se nos muestran en las distopías. Lo que me interesa es resaltar la relevancia de la predestinación que la sociedad ejerce sobre las personas en favor del mantenimiento y prolongación de la misma. Sobre todo en sociedades donde sus individuos no hacen parte de ella por simpatía, necesidad mutua o elección, sociedades dónde sus individuos pertenecen por resignación, parquedad o miedo.

Los dispositivos para que un individuo se adhiera con todo su ser a su comunidad son infinitos. Los más sofisticados fueron hijos del siglo anterior, de los cuales la psiquiatría destaca con torturas propias. Parece que la predestinación no es entonces el principio de nuestra existencia, parece que es la existencia misma. Sujetos designados como “anormales” son aquellos que no tienen una conciencia común de su realidad delimitada por fijaciones espacio-temporales. De aquí que las preguntas de rigor en los psiquiátricos para sus huéspedes sean dos: “¿Qué fecha es hoy?” “¿Por qué está en éste lugar?” Pues la noción compartida de fechas y lugares dan testimonio de que estamos bien adaptados, bien sometidos, bien subordinados y que en éste caso, la predestinación ha vuelto a ser completada. Esquizofrenia, paranoia, dismorfias, etc, todas tratadas como patologías de individuos mentalmente inestables ¿vitalmente enfermos? Claro que no, son individuos a los cuales se les determinan patrones de comportamiento aislados y fuera de lo que la comunidad espera de ellos. Tampoco vamos a satanizar ni a divinizar la locura o la cordura. Vivimos en una realidad impuesta, predeterminada y es ello lo que no corresponde a la individualidad. Si nuestras visiones de mundo son diferentes a la programada por las voces que los recién nacidos escucharon en las cunas de la obra de Huxley, o a las dictaminadas por las Instituciones, por los padres, por la sociedad, pasamos por ser diagnosticados como enfermos, atacando así las consecuencias y no el origen de la dificultad, a saber, que por más determinada que sea la realidad, es imposible decir que solo hay una correspondiente a una única visión de mundo, pues claramente las visiones que tenemos del mundo y de la realidad misma son múltiples, incluso ante los mismos ojos. De hecho hablar de determinaciones fijas es apelar a una visión mecanicista del mundo. Esta visión imperó durante muchos siglos siendo aceptada gratamente por los intelectuales del siglo XVII y por Hobbes, padre del Estado moderno.

Para sobreponernos a las determinaciones morales, emocionales, naturales, sociales o políticas (por nombrar solo algunas) hace falta sabernos también animales. No es “el imperio de la razón” quién asegurará que el uso de nuestra voluntad nos permitirá salir del “imperio de los sentidos”, es decir, no es nuestra razón quien nos ayudará o ayuda a sobreponernos a nuestras limitaciones naturales. La razón ha tratado al hombre como objeto, ha cosificado en su afán dominador y cientificista a toda la naturaleza incluso, a la parte natural que constituye al hombre como ser vivo.
Algunos pensadores contemporáneos hablan del “fracaso del hombre como animal”. Es a ese fracaso al que hemos llegado al usar en exceso la “razón dominadora”.

No se trata de sacralizar a la naturaleza y exponer una perspectiva minimalista del hombre, todo lo contrario. Ante la predestinación y contra la predestinación hay que armarnos con todas nuestras facultades. Escuchar al entendimiento, sentir nuestro instinto, hablar con la claridad del pensamiento, tocar sin supuestos, abrir los ojos a la comprensión y olfatear el misterio del sabernos animales, seres vivos.

Contra la predestinación hay que adueñarse de sí mismo, combatir los determinismos a sabiendas de que no se ganará la guerra, pero si se aprenderá en las batallas sobre nosotros mismos.

En este sentido de autoconocimiento reflexivo contra la predestinación, tanto los valores sociales como las subordinaciones culturales que practicamos por costumbres y que cargamos como el rastrero de lo que no somos y que nos han impuesto desde el nacimiento, son develadas en la práctica del descubrimiento de sí, del devenir caos, del devenir anárquico, del devenir todo lo que somos y que ahora no somos sino solo aparentamos, porque en una vida predestinada no aparece lo que somos sino que “parecemos” e incluso perecemos en esa apariencia.
Luchar contra la predestinación es luchar por nosotros mismos.

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Martes, 14 Julio 2015 06:26

China: guerra a las acciones

China: guerra a las acciones

El primer fin de semana de julio no fue tranquilo para los niveles más altos del gobierno chino. Luego de una serie de reuniones entre el Consejo de Estado, el Banco del Pueblo de China (BPCh) y la Comisión Reguladora de Valores de China (CRVC), se reveló una combinación extraordinaria de medidas para prevenir el colapso del mercado de valores. Son adicionales a las políticas anunciadas la semana anterior, entre ellas un recorte a las tasas de interés de referencia y reglas menos rígidas para las operaciones con margen (financiadas por el agente de bolsa). Los índices de referencia en los mercados de valores de Shanghai y Shenzhen se han desplomado alrededor de 30 por ciento después de alcanzar el punto más alto el 12 de junio, lo que puso fin a un año de crecimiento continuo y arrasó con 3 billones de dólares del valor de las acciones.


Las medidas de emergencia implican una compra de valores de base amplia dirigida por el Estado. Luego de una reunión con la CRVC, 21 grandes agencias de bolsa se comprometieron a lanzar un fondo de equilibrio por 120 mil millones de renminbis (19 mil 300 millones de dólares) para apuntalar el mercado. También se comprometieron a no vender acciones de sus propias cuentas negociadoras mientras el índice compuesto del mercado de valores de Shanghai (SSECI, por sus siglas en inglés) se mantenga debajo de 4 mil 500 puntos (cerró a 3 mil 687 el 3 de julio). Las casas de fondos mutualistas representadas por la Asociación de Administración de Activos de China también señalaron que contribuirían a estabilizar el mercado inyectando el capital de sus propias firmas en sus fondos.


Estos esfuerzos recibirán apoyo directo de las autoridades centrales. Según un comunicado emitido por la CRVC, la principal agencia financiera de márgenes de propiedad estatal, China Securities Finance (CSF), recibirá apoyo de liquidez del BPCh. Tales fondos, a su vez, se usarán para prestar al fondo de equilibrio, el cual podría expandirse. También se anunció por separado en los medios estatales que 28 compañías suspenderían voluntariamente ofertas públicas iniciales (OPI) que ya se habían aprobado, en un esfuerzo por prevenir una estrechez de liquidez que podría poner más presión a la baja sobre los precios de los valores.


¿Por qué el alboroto?


La avalancha de anuncios reveló que el gobierno está en modo de crisis. La naturaleza abierta del compromiso del Banco del Pueblo de China con la CSF es un movimiento particularmente dramático, que implica la posibilidad de inyecciones de liquidez en gran escala hasta que los precios de los valores se recuperen. La decisión de estimular los mercados se ha tomado sin duda al más alto nivel, y las autoridades parecen comprometidas a respaldarla con todo lo que está a su alcance.


Desde una perspectiva económica, estas acciones son desconcertantes. Históricamente ha habido escasa correlación entre el mercado de valores y la economía real. La última vez que el mercado se derrumbó, en 2008, el resultado para la economía fue limitado. La escalada reciente no tuvo un impacto positivo discernible en el consumo y la inversión, lo cual sugirió que los efectos negativos de una caída en las valuaciones para la riqueza y el financiamiento también serían limitados. Todos los nuevos pequeños inversionistas que se han amontonado en el mercado, unos 90 millones, aún representan un número relativamente pequeño, y quienes se han retirado temprano con su dinero habrán obtenido un atractivo rendimiento. Los índices de referencia en los mercados de Shanghai y Shenzhen están todavía alrededor del doble que a estas alturas del año pasado.


Existen dinámicas en el ambiente actual que lo hacen diferente del de 2008. De modo notable, el relajamiento de controles sobre el financiamiento de margen, que permite a los pequeños inversionistas pedir prestado dinero para invertirlo en acciones, significa que algunos están sobreapalancados. Las empresas también han estado usando las acciones como garantía colateral para obtener préstamos. Un colapso en los precios de los valores, por tanto, dejaría cierto número de deudas incobrables y alimentaría nuevos movimientos a la baja en los precios de las acciones. Sin embargo, como las cifras oficiales ponen el financiamiento de margen apenas arriba de 2 billones de renminbis (327 mil millones de dólares), es difícil ver cómo un arrasamiento de estas posiciones podría tener implicaciones sistémicas para el sector financiero. Tal vez las autoridades se preocupen de que los préstamos de margen se canalicen mediante el sector informal, pero las estimaciones de la escala de esta actividad son muy variables.


Por tanto, el enfoque del gobierno parece excesivo para la tarea que tiene por ahora, y revela mucho sobre sus propias ansiedades. La intervención en esta escala rebasa con mucho el ámbito normal de la política macroeconómica, lo cual sugiere que el gobierno decidió actuar para elevar su propia credibilidad. Es cierto que tiene responsabilidad por los sucesos recientes: los medios estatales impulsaron el crecimiento del mercado en 2014, sin advertir sobre sus riesgos, como estrategia para ayudar a compañías endeudadas a acceder al financiamiento. Es probable que el paquete de medidas de emergencia se refiera más a rescatar su popularidad que a estabilizar la economía.


¿Funcionará?


Los anuncios realizados el fin de semana ilustran el poder de fuego que el gobierno tiene a su disposición. Sin embargo, las intervenciones de este tipo rara vez tienen éxito. El tamaño del fondo de equilibrio y las intervenciones de las agencias de bolsa son pequeños en relación con la escala de transacciones diarias. De hecho, el 6 de julio, primer día de operaciones después de que se revelaron las medidas, sólo el mercado de Shanghai (cuyas grandes entidades enlistadas, de propiedad estatal, han sido el objetivo de la mayor parte del esfuerzo oficial por impulsar los precios) cerró con alza. La confianza de los inversionistas ha sido minada por la reciente volatilidad de precios, así como por los movimientos de pánico hechos en respuesta a ella. Muchos aún ven cualquier repunte orquestado por el gobierno como una oportunidad final de salir del mercado.


Por lo tanto, el gobierno se ha colocado en una posición difícil. Está comprometido a restaurar la estabilidad de los mercados de valores e incluso ha identificado un nivel meta de unos 4 mil 500 para el SSECI. Sin embargo, podría enfrentarse a la situación de tratar de combatir niveles mayores de ventas con niveles aún mayores de compras. Tal apoyo podría ser viable a corto plazo, pero llegará un punto en que se vuelva financieramente insostenible y los riesgos para el sistema crecerían en forma peligrosa. En este punto crecerá la oposición de entidades que nominalmente respaldan el paquete de rescate. Ahora que el gobierno ha apostado su credibilidad al rescate del mercado, ¿un fracaso podría tener consecuencias para las reformas del presidente Xi Jinping o el premier Li Keqiang?


Sea cual fuere el éxito de las medidas, la decisión de seguir este curso ya representa un golpe significativo a los esfuerzos reformistas, y no sólo en términos de los mercados domésticos de capitales. A finales de 2013 el PCCh se comprometió a dar al mercado un papel decisivo en la asignación de recursos. La intervención del fin de semana significa que este objetivo se ha echado por la borda hasta cierto punto.


Desde luego, acaba con las esperanzas de que los mercados de valores de China sean impulsados por los fundamentos del mercado, más que por políticas, o de que el riesgo moral sea atenuado. La suspensión de las OPI también cancela esfuerzos por desarrollar los mercados como un canal efectivo para que las empresas recaben financiamiento. Habrá consecuencias más extensas para la reforma del sector financiero, campo en el que se había logrado un avance constante. La determinación del gobierno de impulsar reformas potencialmente desestabilizadoras, como la apertura total de la cuenta de capital y la liberación del tipo de cambio, está menos clara hoy que antes.


The Economist Intelligence Unit revisará sus pronósticos a raíz de estos sucesos. Nuestras previsiones de crecimiento económico a corto plazo permanecerán sin cambio. Vemos que los riesgos de la volatilidad de los mercados de valores para la economía real son limitados por ahora. Sin embargo, el episodio ha dañado la credibilidad del mensaje reformista del gobierno, y estaremos reduciendo nuestras expectativas en este aspecto, lo cual a su vez rebajará más nuestros pronósticos de crecimiento a mediano plazo.


Economist Intelligence Unit
Traducción: Jorge Anaya

Publicado enEconomía
Sábado, 31 Enero 2015 11:41

La guerra, y después

La guerra, y después

"Francotirador"*, la película dirigida por Clint Eastwood está basada en el libro de memorias de un verdadero soldado asesinado en 2013. La polémica: la no inclusión de ninguna consideración política cuestionadora sobre la invasión a Irak y el tratamiento de héroe a su protagonista.

 

Bradley Cooper, con 20 quilos sumados a su humanidad, interpreta a Chris Kyle, el Navy Seal –la sigla alude, en inglés, a la condición de soldado de mar, tierra y aire– condecorado con cinco medallas por su desempeño como francotirador en la invasión a Irak, donde se le acreditaron 160 muertes más algunas decenas no confirmadas oficialmente. La película1 dirigida por Clint Eastwood está basada en el libro de memorias del verdadero Kyle, asesinado en 2013 por un veterano de guerra perturbado al que intentaba ayudar.

 

Kyle es un robusto muchacho tejano, arriesgado jinete de rodeos, a quien los atentados cometidos por terroristas musulmanes contra instituciones estadounidenses reavivan la chispa patriótica. El durísimo entrenamiento mostrado en la película sirve para advertir qué clase de fibra se espera de estos jóvenes patriotas para que sean útiles a los efectos guerreros. Su enamoramiento y casamiento previos a su viaje a Irak, pese a su origen documental, no dejan de parecer un manido truco de libreto, ya que inscribe a la película en la lista poblada por otros cientos en las que una mujer reclama a su hombre por su entrega al "deber", la clásica división entre la demanda hogareña y ese mundo heroico que sólo pueden comprender los camaradas. Y ese "mundo heroico" y de viriles camaraderías es donde el viejo Clint se mueve como pez en el agua. Una guerra urbana en calles, casas y azoteas de ciudades que parecen vacías, con el enemigo cercano en la mira de la ametralladora pero escurridizo como la arena en la atmósfera polvorienta. El "Carnicero" es como el equivalente y opuesto de Kyle –al que sus camaradas llaman "Leyenda"–, ambos prácticamente infalibles, aunque el filme se encarga de subrayar la crueldad del musulmán en una terrible escena en que los soldados yanquis miran desde una azotea cómo éste liquida a los hombres de una familia, empezando por un niño.

 

Tanquetas que avanzan temibles en tomas frontales, diálogos mínimos, calmas que preceden a estallidos de sofocante nervio, el soldadito que acaba de sostener un diálogo afectuoso con el protagonista –y por lo tanto es identificado por el espectador, en medio de tanto casco y caras ennegrecidas por el polvo que los igualan a todos– y que inmediatamente después recibe la descarga que lo liquida. Un relato tenso y austero –y en el que la escena de acción de mayor impacto culmina en una pantalla totalmente ennegrecida, que se atreve a permanecer en ese estado de no imagen durante unos segundos– de una guerra que no se discute ni se explica más allá de los sentimientos de Kyle, una suerte de guerrero primitivo que se siente sin fisuras un defensor de su país y su familia. Sus regresos al hogar, entre las cinco incursiones que hizo, al parecer mucho más que lo que se suele exigir, van marcando la no pertenencia de Kyle a la cotidianidad hogareña, su dependencia espiritual con el frente que dejó. Sólo el poder acercarse a otros veteranos que salieron de la guerra con secuelas más visibles e irremediables parece poder instalarlo en una especie de espacio particular, en el que puede ser parte a la vez de la vida normal y de lo que quedó de esa guerra en su vida y en la de sus camaradas (se trata de mostrar, según el mismo Eastwood, lo que le sucede a aquellos que la guerra dejó atrás).


Pero en el mismo Estados Unidos la película ha desatado una polémica sustanciosa –y un éxito de taquilla excepcional, más seis nominaciones al Oscar–. La no inclusión de ninguna consideración política cuestionadora sobre la invasión a Irak, el tratamiento de héroe a su protagonista, el que le dan el ejército y sus compañeros, que puede ser un dato histórico, pero también la película, que alcanza un clímax emocional en ese final de recogida enjundia patriótica, con el féretro de Kyle recorriendo calles pobladas por multitudes embanderadas al son de una música de tonos a la vez fúnebres y bélicos, han merecido, entre otras cosas, la ácida crítica de Michael Moore y la leyenda "Asesino" sobre un afiche promocional del filme. Para completar, el apoyo de la ex candidata republicana Sarah Palin. En resumen, una oportunidad de recordar más a Clint Eastwood como el tipo que habló mal de Obama que como el autor de Río Místico, Gran Torino o Las cartas de Iwo Jima.


A los 84 años, el último clásico del cine de Estados Unidos –así lo consideran muchos, nuestro Rony entre ellos– sigue arreglándoselas para remover el avispero de un país con muchas cuentas propias que arreglar, y que el cine refleja según las posibilidades y talento de cada cineasta. Es que el viejo Clint será el último clásico –o no– pero sigue siendo, nunca dejó de serlo, "americano".


* American Sniper. Estados Unidos, 2014.

Publicado enCultura
Martes, 18 Febrero 2014 06:19

Educación y conciencia crítica

Educación y conciencia crítica

El bloque socialista se desintegró antes de cumplir un siglo. La Unión Soviética se desmoronó y los países que la integraban adoptaron el capitalismo como sistema económico y sinónimo de democracia.


Todo lo que el socialismo pretendía y que, en cierta medida, había alcanzado –reducción de la desigualdad social, garantía de pleno empleo, salud y educación gratuitas y de calidad, control de la inflación, etc.- desapareció para dar lugar a todas las características deshumanizadoras del neoliberalismo capitalista: la persona mirada no como ciudadana sino como consumista; el ideal de la vida reducido al hedonismo; la explotación de la fuerza de trabajo y la apropiación privada de más-valía, la especulación financiera; la degradación de la condición humana a través de la prostitución, de la industria pornográfica, de la criminalidad y del consumo de alcohol y drogas.


Es deber de todos cuantos se consideran de izquierda preguntarse cuáles son las causas de la desaparición del socialismo en Europa. Hay un amplio abanico de causas, que van desde la coyuntura económica de un mundo bipolar hegemonizado por el capitalismo hasta las presiones bélicas tan frecuentes durante la Guerra Fría.

Entre tales causas destaco una de carácter subjetivo, ideológico: el papel del educador en la formación de sus alumnos.
Debo decir que antes de la caída del muro de Berlín tuve la oportunidad de visitar China, Checoslovaquia dos veces, Polonia, Alemania Oriental, y tres veces la Unión Soviética.


El socialismo europeo cometió el error de suponer que serían naturalmente socialistas todas las personas nacidas en una sociedad socialista. Olvidarse de la afirmación de Marx de que la conciencia refleja las condiciones materiales de existencia, pero también influye y modifica esas condiciones. Hay una interacción dialéctica entre sujeto y realidad en la que él se inserta.


En primera instancia, y no en última, todos nacemos autocentrados. "El amor es un producto cultural", habría dicho Lenin. Resulta del desdoblamiento de nuestro ego, lo que se obtiene a través de prácticas que infunden valores altruistas, gestos solidarios, ideales colectivos por los que la vida gana sentido y la muere deja de ser vista como fracaso o derrota.


Según Lyotard, lo que caracteriza a la posmodernidad es no saber responder a la pregunta por el sentido de la vida. Ése es el papel del educador: no transmitir solamente conocimientos, facilitar pedagógicamente el acceso al patrimonio cultural de la nación y de la humanidad, sino también suscitar en el educando el espíritu crítico, la actitud ética, la búsqueda del hombre y de la mujer nuevos en un mundo verdaderamente humanizado.


Pero todo eso sólo será posible si no se propicia en el magisterio un proceso de formación permanente. Es una equivocación creer que todos los profesores están imbuidos de valores nobles. Ninguno de nosotros está totalmente blindado ante las seducciones capitalistas, ante los atractivos del individualismo, ante la tentación del acomodamiento o la indiferencia ante el sufrimiento ajeno y las carencias colectivas.
Todos estamos permanentemente sujetos a las influencias nocivas que satisfacen nuestro ego y tienden a inmovilizarnos cuando se trata de correr riesgos y poner en jaque el prestigio, el dinero y el poder. La corrupción es una hierba dañina inherente al capitalismo y al socialismo. Nunca habrá un sistema social en el que la ética destaque como virtud inherente a todos cuantos viven y trabajan en él.


Si no es posible alcanzar la utopía ética en la política, es necesario conquistar la ética de la política. De ahí la importancia de una profunda reforma política. Crear una institucionalidad política que nos impida "caer en la tentación" en cuanto a la falta de ética.


Eso sólo será posible en un sistema en el cual no exista la impunidad, y el deseo de ser corruptor o corrompido no pueda ser logrado. Tal objetivo no se alcanza por medio de represión y castigos, aunque a veces sean necesarios. Lo más importante es el trabajo pedagógico, la emulación moral, tarea en la cual los profesores desempeñan un papel preponderante por estar lidiando con la formación de la conciencia de las nuevas generaciones.


El profesor debe tener actitudes marcadas por la construcción de una identidad humana en la cual haya adecuación entre esencia y existencia. Saber impartir su materia escolar contextualizándola en la coyuntura histórica en que está inserta.


El papel número uno del educador no es formar mano de obra especializada o cualificada para el mercado de trabajo. Es formar seres humanos felices, dignos, dotados de conciencia crítica, participantes activos en el desafío permanente de mejorar la sociedad y el mundo en que vivimos.

Publicado enInternacional
Sábado, 08 Septiembre 2012 07:04

Batman y la dictadura del proletariado

Batman y la dictadura del proletariado
Atención: el siguiente artículo contiene detalles de la trilogía de Batman que puede arruinar la sorpresa a aquellos que no la hayan visto ya.


The Dark Knight Rises confirma una vez más la forma en que los éxitos de taquilla de Hollywood son indicadores precisos de las problemáticas ideológicas de nuestras sociedades. He aquí (de modo resumido) su argumento. Ocho años después de los acontecimientos de The Dark Knight, la entrega anterior de la saga de Batman, la ley y el orden prevalecen en ciudad Gótica: en virtud de las facultades extraordinarias conferidas por la Ley Dent, el Comisario Gordon casi ha erradicado la violencia y el crimen organizado. Sin embargo, él se siente culpable porque los crímenes de Harvey Dent se han encubierto (Dent cayó muerto, cuando trató de matar al hijo de Gordon, antes de que Batman lo salvara, y Batman aceptó la culpa de la caída para dar forma al mito de Dent, por lo que consiguió que él mismo fuera demonizado como el villano de Ciudad Gótica), y planea admitir la conspiración en un acto público de celebración a Dent, pero decide que la ciudad no está preparada para escuchar la verdad. Bruce Wayne, quien ya no está más activo como Batman, vive aislado en su propiedad, mientras que su compañía se está desmoronando después de que invirtió en un proyecto de energía limpia diseñado para aprovechar la energía de fusión, pero que fue apagado después de que se descubriera que el núcleo podía ser modificado para convertirse en un arma nuclear. La bella Tate Miranda, miembro de la junta directiva de Wayne Enterprises, intenta animar a Wayne para volver a la sociedad y continuar con su trabajo filantrópico.


Aquí entra el (primer) villano de la película: Bane, líder terrorista que fue miembro de la Liga de las Sombras, y consigue una copia del discurso de Gordon. Después de que las maquinaciones financieras de Bane lleven a la empresa de Wayne cerca de la bancarrota, este último confía en Miranda para controlar su empresa y se envuelve en una breve relación amorosa con ella. (Cuestión en lo que ella compite con Selina Kyle, una gata ladrona que roba a los ricos con el fin de redistribuir la riqueza, pero que finalmente se reúne con Wayne y las fuerzas de la ley y el orden.) Al saber de la motivación de Bane, Wayne vuelve a ser Batman y lo enfrenta, mientras Bane asegura haberse hecho cargo de la Liga de las Sombras después de la muerte de Ra’s Al Ghul. Después de lesionar a Batman en un combate cuerpo a cuerpo, Bane lo detiene en una prisión de la que es prácticamente imposible escapar. Sus compañeros de prisión le cuentan a Wayne la historia de la única persona que alguna vez logró fugarse con éxito: un pequeño movido por la necesidad y la fuerza de voluntad. Al mismo tiempo en que un encarcelado Wayne se recupera de sus heridas y vuelve a entrenarse a sí mismo para ser Batman, Bane tiene éxito en la transformación de ciudad Gótica en una aislada ciudad-estado. Primero atrae a la mayoría de la policía de Gótica a las alcantarillas y los deja atrapados allí, luego pone en marcha explosiones que destruyen la mayoría de los puentes que conectan la ciudad con el continente, anunciando que cualquier intento de salir de la ciudad se traducirá en la detonación del núcleo de fusión de Wayne, del que se apoderado, convirtiéndolo en una bomba.


En este punto, llegamos al momento crucial de la película: el asalto de Bane es acompañado de una gran ofensiva político-ideológica. Bane revela públicamente el engaño de la muerte de Dent y libera a los prisioneros encerrados bajo la Ley Dent. Condenando a los ricos y poderosos, él se compromete a restaurar el poder del pueblo, y emplaza a la gente común a que “se ocupe de su ciudad nuevamente” – Bane se revela como “el último ocupa de Wall Street, llamando al 99% junto con él y derrocar a las élites de la sociedad”. Lo que sigue es la idea de la película del poder popular: ejemplos de los juicios sumarios y las ejecuciones de los ricos, calles llenas de crimen y maldad… un par de meses más tarde, mientras que ciudad Gótica sigue sufriendo el terror popular, Wayne escapa exitosamente de la cárcel, regresa a la ciudad como Batman, enlista a sus amigos para ayudar a liberarla y detener la bomba de fusión antes de que ella explote. Batman se enfrenta y somete a Bane, pero interviene Miranda y lo apuñala – la benefactora social se revela como Talia al Ghul, la hija de Ra’s: fue ella quien se escapó de la prisión cuando pequeña, y Bane fue la única persona que la ayudó en su escape. Después de anunciar su plan para completar el trabajo de su padre destruyendo Gótica, Talia se escapa. En el caos que viene a continuación, Gordon acaba con la capacidad de la bomba para ser detonada a distancia, mientras que Selina mata a Bane, lo que deja a Batman libre para perseguir a Talia. Él trata de obligarla a llevar la bomba a la cámara de fusión donde puede ser estabilizada, pero ella inunda la cámara. Talia muere cuando su camión se estrella fuera del camino, confiando en que la bomba no puede ser detenida. Con un helicóptero especial, Batman arrastra la bomba más allá de los límites de la ciudad, donde se detona sobre el océano y, supuestamente, lo mata.


Batman es ahora celebrado como un héroe cuyo sacrificio salvó a ciudad Gótica, mientras que Wayne se cree muerto en los disturbios. Después de que sus bienes fueran divididos, Alfred ve a Bruce y Selina, juntos y con vida en un café en Florencia, mientras que Blake, un joven policía honesto que sabía acerca de la identidad de Batman, hereda la Baticueva. En resumen, “Batman salva el día, sale indemne y se mueve hacia una vida normal, con alguien más reemplazándolo en su papel de defender el sistema”. La primera pista acerca de los fundamentos ideológicos de este final es proporcionada por Gordon, quien en el (supuesto) funeral de Wayne, lee las últimas líneas de la Historia de dos Ciudades de Dickens: “Esto que hago ahora, es mejor, mucho mejor que cuanto hice; y el descanso que voy a lograr es mucho más agradable que cuanto conocí anteriormente”. Algunos críticos de la película toman esta cita como una indicación de que el filme “se eleva a nivel de lo más noble del arte occidental. La película apela al corazón de la tradición estadounidense: el ideal del noble sacrificio de la gente común. Batman debe humillarse a sí mismo para ser exaltado, y dar su vida para encontrar una nueva. [ ... ] Como una última figura cristiana-, Batman se sacrifica a sí mismo para salvar a los otros”.


Y, en efecto, desde esta perspectiva, sólo hay un paso atrás de Dickens a Cristo en el Calvario: “Porque el que quiera salvar su vida, la perderá, y cualquiera que perdiere su vida por mi causa, la hallará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma?” (Mateo 16:25 26). ¿El sacrificio de Batman como la repetición de la muerte de Cristo? ¿No está esa idea comprometida por la última escena de la película (Wayne con Selena en un café de Florencia)? ¿No es el equivalente religioso de este final más bien la idea blasfema bien conocida de que Cristo en realidad sobrevivió a su crucifixión y vivió una larga y pacífica vida (en la India, o incluso en el Tíbet, según algunas fuentes)? La única manera de redimir a esta escena final habría sido leerla como un sueño (alucinación), de Alfred que se sienta solo en una cafetería de Florencia. La característica más dickensiana de la película es una denuncia despolitizada de la brecha entre los ricos y los pobres –al principio del film, Selina susurra a Wayne mientras están bailando en una exclusiva gala de la clase alta: “Se aproxima una tormenta, Sr. Wayne. Y es mejor que usted y sus amigos cierren las escotillas. Porque cuando llegue, ustedes van a preguntarse cómo es que pensaron que podían vivir tan a la grande, y dejar tan poco para el resto de nosotros”. Nolan, como todo buen liberal, está “preocupado” por esta disparidad y él admite que esta preocupación penetra en la película:


“Lo que veo en la película que se relaciona con el mundo real es la idea de falta de honradez. La película entera trata de la llegada de un punto crítico [...]. La noción de la equidad económica se apodera de la película, y la razón es doble. Una de ellas, Bruce Wayne es un multimillonario. Y eso tiene que ser abordado. [...] Sin embargo, la segunda, es que hay un montón de cosas en la vida y la economía es una de ellas, en la que tenemos que tener un montón de confianza en lo que nos dicen, porque la mayoría de nosotros sentimos que no tenemos la herramientas analíticas para saber lo que está pasando [... ]. Yo no siento que exista una visión de izquierda o derecha en la película. Lo que hay es simplemente una evaluación honesta o una exploración honesta del mundo en que vivimos –las cosas que nos preocupan”.


Aunque los espectadores saben que Wayne es mega-rico, tienden a olvidar que su riqueza proviene de la fabricación de armas y la especulación en el mercado de valores, que es la razón por la que los juegos bursátiles de Bane pueden destruir su imperio –traficante de armas y especulador, ese es el verdadero secreto bajo la máscara de Batman. ¿Cómo se ocupa la película de ello? Resucita el tema arquetípico de Dickens de un buen capitalista que se dedica a la financiación de orfanatos (Wayne) versus un mal capitalista codicioso (Stryver, como en Dickens). En tal sobre-moralización dickesiana, la disparidad económica se traduce en “falta de honradez”, que debe ser “honestamente” analizada, a pesar de que no tengamos algún tipo de mapa congnocitivo confiable, y ese enfoque ”honesto”, da lugar a un nuevo paralelismo con Dickens – como el hermano de Christopher Nolan, Jonathan (quien co-escribió el guión) dijo sin rodeos: “Para mi Historia de Dos Ciudades fue el más terrible retrato de una civilización conocida y descriptible que se cae completamente en pedazos. Los terrores en París, en Francia en ese período, no es difícil imaginar que las cosas podrían ir tan mal y de forma equivocada”[v]. Las escenas de la revuelta vengativa populista en la película (una turba sedienta de la sangre de los ricos que los han ignorado y explotado) evocan la descripción de Dickens del reinado del Terror, por lo que, aunque la película no tiene nada que ver con la política, sigue la novela de Dickens en retratar “honestamente” revolucionarios como poseídos fanáticos y así proporciona “la caricatura de lo que en la vida real sería un revolucionario comprometido ideológicamente al combate de la injusticia estructural. Hollywood le dice lo que el stablishment quiere que sepa –los revolucionarios son criaturas brutales, con absoluto desprecio por la vida humana. A pesar de la retórica emancipadora de la liberación, tienen planes siniestros ocultos. Entonces, cualesquiera que sean sus razones, tienen que ser eliminados”.


Tom Charity estaba en lo correcto al señalar la “defensa de la película del stablishment bajo la forma de multimillonarios filantropos y una policía incorruptible” – en su desconfianza de la gente tomando cosas entre sus propias manos, la película “demuestra, al mismo tiempo, un deseo de justicia social como un temor de que eso pueda realmente verse en las manos de una turba”. Karthick aquí plantea una perspicaz pregunta con respecto a la inmensa popularidad de la figura del Joker de la película anterior: ¿por qué una disposición tan dura hacia Bane cuando el Joker fue tratado con clemencia en la película precedente? La respuesta es simple y convincente:


“El Joker, llamando a la anarquía en su forma más pura, críticamente subraya las hipocresías de la civilización burguesa, tal como existe, pero sus opiniones son incapaces de traducirse a la acción de las masas. Por otro lado, Bane, plantea una amenaza existencial para el sistema opresivo. Su fuerza no es sólo su físico sino también su capacidad para comandar a la gente y movilizarlos para alcanzar un objetivo político. Él representa a la vanguardia, el representante organizado de los oprimidos que promueve la lucha política en nombre de ellos para generar cambios sociales. Es la fuerza, con el mayor potencial subversivo, que el sistema no puede acomodar. Tiene que ser eliminado”.


Sin embargo, incluso si Bane carece de la fascinación del Joker de Heath Ledger, hay una característica que lo distingue de este último: amor incondicional, la misma fuente de su dureza. En una breve pero emotiva escena, vemos cómo, en un acto de amor en medio de terribles sufrimientos, Bane cuida a la pequeña Talia, sin importarle las consecuencias y pagando un precio terrible por ello (fue golpeado en cada pulgada de su cuerpo mientras la defendía). Karthick está totalmente justificado al localizar este evento en la larga tradición, desde Cristo hasta el Che Guevara, que exalta la violencia como una “obra de amor”, como en las famosas líneas del diario del Che Guevara: “déjenme decir, con el riesgo de parecer ridículo, que el verdadero revolucionario es guiado por un fuerte sentimiento de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad”. Lo que encontramos aquí no es tanto la “Cristinización del Che” sino más bien un “Cheitización” del propio Cristo –el Cristo de las “escandalosas” palabras de Lucas (“Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre y a su madre, su esposa e hijos, sus hermanos y hermanas – e, incluso su propia vida – no puede ser mi discípulo” (14:26), punto que va en exactamente la misma dirección que la famosa frase del Che: “Tú tienes que endurecerte, pero sin perder la ternura”[xi]. La declaración de que “el verdadero revolucionario es guiado por un gran sentimiento de amor” debería ser interpretada conjuntamente con la mucho más problemática afirmación del Che Guevara sobre los revolucionarios como “máquinas de matar”:


“El odio es un elemento de lucha, el odio implacable del enemigo que nos impulsa a ir más allá de los límites naturales de los hombres y transformarnos en máquinas efectivas, violentas, selectivas y asesinos fríos. Nuestros soldados deben ser así, una persona sin odio no puede derrotar a un enemigo brutal”.


O, parafraseando a Kant y Robespierre una vez más: un amor sin crueldad es impotente; una crueldad sin amor es ciega, una pasión efímera que pierde su ventaja persistentemente. Guevara está aquí parafraseando las declaraciones de Cristo en la unidad del amor y la espada: en ambos casos, la paradoja subyacente es que lo que hace el amor Angélico, lo que lo eleva sobre mero sentimentalismo inestable y patético, es su crueldad, su vínculo con la violencia –es este vínculo que asciende al amor sobre y más allá de las limitaciones naturales del hombre y lo transforma en una unidad incondicional. Esto es por qué, detrás de The Dark Knight Rises, el único amor autentico en la película es el de Bane, el “terrorista”, en clara contraposición a Batman.


En el mismo sentido, la figura de Ra’s, el padre de Talia, merece una mirada más cercana. Ra’s es una mezcla de rasgos árabes y orientales, un agente del terror virtuoso luchando para equilibrar la dañada civilización occidental. Es interpretado por Liam Neeson, actor cuyo personaje en pantalla generalmente irradia bondad, dignidad y sabiduría (es Zeus en el Clash of Titans), y que también interpreta a Qui-Gon Jinn en la amenaza fantasma, el primer episodio de la serie Star Wars. Qui-Gon es un Caballero Jedi, el mentor de Obi-Wan Kenobi como también el primero en descubrir a Anakin Skywalker, creyendo que Anakin es el elegido que restablecerá el equilibrio del universo, haciendo caso omiso de las advertencias de Yoda acerca de la naturaleza inestable de Anakin; al final de la amenaza fantasma, Qui-Gon es asesinado por Darth Maul.


Ra’s en la trilogía de Batman, también es el maestro del joven Wayne: en Batman Begins, encuentra al joven Wayne en una prisión China; presentándose a sí mismo como “Henri Ducard”, le ofrece al niño un “camino”. Después Wayne es liberado, y le sigue a la fortaleza de la Liga de las sombras, donde Ra’s está esperando, a pesar de que se presente como el siervo de otro hombre llamado Ra’s al Ghul. Al final de un entrenamiento largo y doloroso, Ra’s explica que Bruce debe hacer lo necesario para luchar contra el mal, al revelar que lo han entrenado con la intención de que él lidere a la Liga para destruir ciudad Gótica, la que creen que se ha vuelto irremediablemente corrupta. Ra’s así, no es una simple personificación del mal: él representa la combinación de la virtud y el terror, disciplina igualitaria que combate contra un imperio corrupto y por tanto pertenece a la línea que se extiende (en la ficción reciente) de Paul Atreides en Dune a Leonidas en 300. Y lo que es crucial es que Wayne es su discípulo: Wayne fue formado como Batman por él.


Dos críticas de sentido común se presentan aquí. En primer lugar, hubo monstruosas matanzas y violencia en revoluciones reales, del estalinismo hasta Khmer Rojo, por lo que la película claramente no sólo está participando de la imaginación reaccionaria. La segunda crítica, opuesta a esta: el actual movimiento de OWS (Occupy Wall Street) no fue violento, su meta no era definitivamente un nuevo reinado del terror; y en la medida en que, como se supone, la revuelta de Bane extrapola la tendencia inmanente del movimiento OWS, la película ridículamente tergiversa sus objetivos y estrategias. Las protestas anti-globalización son todo lo contrario del terror brutal de Bane: Bane se alza como la imagen especular del terror de Estado, de una secta fundamentalista asesina usurpando y gobernando por el terror, no para su superación a través de la auto-organización popular… Lo que comparten ambas críticas es el rechazo de la figura de Bane. La respuesta a estas dos críticas es múltiple.


En primer lugar, se debe dejar en claro el alcance real de la violencia – la mejor respuesta a la afirmación de que la reacción de una turba violenta a la opresión es peor que la opresión original, fue proporcionado hace mucho tiempo por Mark Twain en su Un Yanquee de Connecticut en la Corte del Rey Arturo: “hubo dos reinos de Terror si podemos recordarlo y examinarlo; el primero forjado en caliente pasión, el otro en sangre fría sin corazón… nuestros estremecimientos son para los horrores del menor Terror, el Terror momentáneo, por así decirlo, mientras que, ¿cuál es el horror de la muerte rápida por el hacha comparado con la muerte de toda la vida por el hambre, el frío, el insulto, la crueldad y angustia? Un cementerio de la ciudad podría contener los ataúdes llenados por ese breve Terror al cual a todos tan diligentemente nos han enseñado a temblar y afligirnos pero ni toda la Francia podría contener los ataúdes llenos por ese Terror más antiguo y real, ese indecible, amargo y terrible terror, que a ninguno de nosotros han enseñado a ver en la inmensidad o pena que merece”.


Entonces, uno debe desmitificar el problema de la violencia, rechazar reclamaciones simplistas de que el comunismo del siglo XX ha usado demasiado excesiva violencia asesina y que debemos tener cuidado para no caer en esta trampa nuevamente. Como un hecho, esto es, por supuesto, aterradoramente cierto –pero ese enfoque directo sobre la violencia oscurece la cuestión de fondo: ¿qué estaba mal en el proyecto comunista del siglo XX como tal, que la debilidad inmanente de este proyecto empujó a recurrir a los comunistas (y no sólo a aquellos) en el poder a la violencia desenfrenada? En otras palabras, no es suficiente decir que los comunistas “descuidaron el problema de la violencia”: fue un fracaso social y político más profundo lo que empujó a la violencia. (Lo mismo ocurre con la noción de que los comunistas “descuidaron la democracia”: su proyecto global de transformación social forzaba sobre ellos este “descuido”). Por lo tanto, no es sólo que el cine de Nolan no fuera capaz de imaginar el poder popular auténtico –los “reales” movimientos radicales-emancipatorios tampoco fueron capaces de hacerlo y permanecieron atrapados en las coordenadas de la vieja sociedad, por eso el real “poder popular” muchas veces fue un horror tan violento.


Y por último, pero no menos importante, es demasiado simple afirmar que no existe ningún potencial violento en OWS y movimientos similares – HAY una violencia en juego en cada proceso emancipador auténtico: el problema de la película es que traduce erróneamente esta violencia en terror asesino. ¿Cuál es, entonces, la violencia sublime respecto a la que el más brutal asesinato es un acto de debilidad? Hagamos un desvío a través Ensayo sobre la lucidez, de José Saramago, que narra la historia de los extraños sucesos en la capital sin nombre de un país democrático no identificado. Cuando la mañana del día de las elecciones es enturbiada por lluvias torrenciales, es preocupantemente baja la participación electoral, pero el tiempo mejora por la tarde y la población se dirige en masa a sus puestos de votación. Sin embargo, el alivio del gobierno dura poco tiempo, cuando el conteo de votos revela que más del 70% de los votos emitidos en la capital han quedado en blanco. Desconcertado por este aparente lapsus cívico, el Gobierno da a la ciudadanía la oportunidad de enmendarse tan sólo una semana más tarde con otro día de elecciones. Los resultados son peores: ahora el 83% de los votos está en blanco. Los dos principales partidos políticos: el gobernante partido de la derecha (P.D.D.) y su principal adversario, el partido del centro (P.D.M.) – están entran en pánico, mientras que el desgraciadamente marginado partido de izquierda (P.D.I.) hace un análisis afirmando que los votos en blanco son esencialmente un voto para su agenda progresista. Sin estar seguros de cómo responder a una protesta benigna, pero con la certeza de que existe una conspiración antidemocrática, el Gobierno rápidamente etiqueta al movimiento de “terrorismo, puro y duro” y declara estado de emergencia, lo que permite suspender las garantías constitucionales y adoptar una serie de medidas cada vez más drásticas: los ciudadanos son capturados al azar y desaparecen en sitios secretos de interrogación, la policía y la sede del Gobierno se retiran de la capital, sellando la ciudad contra cualquier entrada o salida, y finalmente produce su propio cabecilla terrorista. La ciudad sigue funcionando casi normalmente por mucho tiempo, la gente esquiva las ofensivas del Gobierno con una armonía inexplicable y con un nivel verdaderamente gandhiano de resistencia no violenta… esta, abstención de los votantes, es un caso verdaderamente radical de “violencia divina” que despierta reacciones de pánico brutales de aquellos que están en el poder.


Volvamos a Nolan, la trilogía de películas de Batman, sigue, por tanto, una lógica inmanente. En Batman Begins, el héroe permanece dentro de las limitaciones de un orden liberal: el sistema puede ser defendido con métodos moralmente aceptables. The Dark Knight es efectivamente una nueva versión de los dos western clásicos de John Ford (Fuerte apache y El hombre que mató a Liberty Valance) que retratan cómo, con el fin de civilizar el salvaje oeste, es necesario “imprimir la leyenda” e ignorar la verdad – en definitiva, cómo nuestra civilización tiene que basarse en una mentira: es preciso romper las reglas con el fin de defender el sistema. O, para decirlo de otra manera, en Batman Begins, el héroe es simplemente una figura clásica de los vigilantes urbanos que castiga a los criminales donde la policía no puede hacerlo; el problema es que la policía, la agencia oficial del cumplimiento de la ley, admite ambiguamente la ayuda de Batman: mientras admite su eficiencia, también lo percibe como una amenaza a su monopolio del poder y un testimonio de su propia ineficiencia. Sin embargo, la transgresión de Batman aquí es puramente formal, reside en actuar en nombre de la ley sin estar legitimado para hacerlo: en sus actos, no viola la ley. The Dark Knight cambia estas coordenadas: el verdadero rival de Batman no es el Joker, su oponente, sino Harvey Dent, el “Caballero blanco”, el agresivo nuevo fiscal de distrito, una especie de vigilante oficial cuyo fanática batalla contra la delincuencia le lleva a matar a gente inocente y a su propia destrucción. Es como si Dent fuera la respuesta del ordenamiento jurídico a la amenaza de Batman: contra la lucha del Batman vigilante, el sistema genera su propio exceso ilegal, su propio vigilante, mucho más violento que Batman, directamente violando la ley. Por tanto, existe una justicia poética en el hecho de que, cuando Bruce planea revelar públicamente su identidad como Batman, Dent salta y en su lugar se indica a sí mismo como Batman –él es ”más Batman que el propio Batman”, llevando a cabo la tentación a la que Batman todavía era capaz de resistir. Entonces cuando, al final de la película, Batman asume los crímenes cometidos por Dent para salvar la reputación de héroe popular que encarna la esperanza para la gente común, su modesto acto contiene una cuota de verdad: Batman de algún modo devuelve el favor a Dent. Su acto es un gesto de intercambio simbólico: Dent primero toma para sí la identidad de Batman y, a continuación, Wayne – el Batman real– toma sobre sí mismo los crímenes de Dent.


Por último, The Dark Knight Rises empuja aún más las cosas: ¿no es acaso que Bane llevó a Dent hasta el extremo, hasta su auto-negación? ¿Un Dent que llega a la conclusión de que el sistema en sí mismo es injusto, por lo que con el fin de luchar eficazmente contra la injusticia, uno tiene que atacar directamente al sistema y destruirlo? ¿Y, como parte del mismo movimiento, un Dent que pierde las ultimas inhibiciones y está listo para usar toda su brutalidad asesina para lograr este objetivo? El surgimiento de tal figura cambia la constelación por completo: para todos los participantes, inclusive Batman, se relativiza la moralidad, se convierte en un asunto de conveniencia, algo determinado por circunstancias: es lucha de clases abierta, todo está permitido para defender al sistema cuando nos encontramos lidiando no sólo con gangsters maniáticos, sino que con un levantamiento popular.


Entonces, ¿esto es todo? ¿Debe la película ser rechazada de plano sólo por aquellos que están comprometidos en las luchas emancipadoras radicales? Las cosas son más ambiguas, y uno tiene que leer la película en el mismo modo en que tiene que interpretar un poema político chino: las ausencias y las presencias sorprendentes cuentan. Recuerden la vieja historia francesa sobre una esposa que se queja de que el mejor amigo de su marido hace insinuaciones sexuales ilícitas hacia ella: tarda un tiempo hasta que el amigo sorprendido entiende el asunto –de esta manera retorcida, ella está invitándolo a seducirla… Es como el inconsciente freudiano que no conoce de la negación: lo que importa no es un juicio negativo sobre algo, sino el mero hecho de que ese algo sea mencionado – en The Dark Knight Rises, el poder popular ESTÁ AQUÍ, se escenifica como un Acontecimiento (Event), en un paso clave dado desde los oponentes habituales de Batman (mega-capitalistas criminales, mafiosos y terroristas).


Nosotros tenemos aquí la primera pista –la perspectiva de que el movimiento OWS tome el poder y establezca una democracia popular en Manhattan es tan evidentemente absurda, tan absolutamente irreal, que uno no puede sino plantear la interrogante: ¿POR QUÉ, ENTONCES, EL PRINCIPAL BLOCKBUSTER DE HOLLYWOOD SUEÑA CON ESO? ¿POR QUÉ EVOCA ESTE ESPECTRO? ¿Por qué incluso soñar con el OWS explotando en una violenta toma del poder? La respuesta obvia (manchar al OWS con acusaciones de que alberga un potencial terrorista totalitario) no es suficiente para dar cuenta de la extraña atracción ejercida por la perspectiva de “poder popular”. No es de extrañar que el correcto funcionamiento de este poder permanezca en blanco, ausente: no se dan detalles acerca de cómo este poder del pueblo funciona, qué está haciendo la gente movilizada (Recuerden que Bane dice que las personas pueden hacer lo que quieren –él no está imponiendo sobre ellos su propio orden).


Es por eso que la crítica superficial de la película (“su representación del reino OWS es una caricatura ridícula”) no es suficiente, la crítica tiene que ser inmanente, tiene que buscar dentro de la propia película una multitud de signos que apuntan hacia el auténtico Acontecimiento. (Recordar, por ejemplo, que Bane no es sólo un terrorista brutal, sino una persona de profundo amor y sacrificio.) En resumen, la pura ideología no es posible, la autenticidad de Bane HA dejado un rastro en la textura de la película. Este es el porqué la película merece una lectura minuciosa: el Acontecimiento (Event) – la “republica popular de Ciudad Gótica”, la dictadura del proletariado en Manhattan – es inmanente a ella, ese es su centro ausente.



Slavoj Zizek
El Puercoespín


Traducción desde el portugués Sebastián Flores para El Puercoespín.
Publicado enInternacional
Miércoles, 22 Agosto 2012 09:19

Los mitos del olimpismo

Los mitos del olimpismo

Este texto pretende fracturar miradas de corte romántico y esencialista que claman constantemente por una recuperación de supuestos valores deportivos, perdidos con su comercialización y su instrumentalización políticas, y en este sentido develar el origen de la fuerte asociación entre deporte y valores muy difundidos como convivencia, paz, desarrollo, juego limpio y otros más.


Para un acercamiento al deporte y su manipulación mediática como constructor de valores, es obligatorio transgredir, en primera instancia, dos mitos fuertemente arraigados en las conciencias deportivas: 1) los Juegos Olímpicos modernos son la continuación de los juegos helénicos realizados en el Templo de Olimpia durante el período clásico; 2) el deporte es una práctica neutra que, en el caso de las Olimpíadas, ha sido instrumentalizada políticamente, perdiendo su esencia original, clásica, en la cual lo decisivo es la participación en las justas.

Desnudemos el primer mito. Nada hay más fuera de la realidad que tal aseveración. Los deportes modernos son expresión de profundos cambios culturales de largo plazo, que fueron moldeando los pasatiempos rurales y populares de la Edad Media mediante la construcción de normas específicas que se homogeneizaron en forma paulatina. Estos pasatiempos rurales fueron apropiados por las élites europeas, en especial las de Inglaterra, Francia y Alemania, y luego exportados a las demás latitudes bajo la forma de deporte. Por supuesto, este fue un largo y profundo proceso de selección histórica, en el cual unos pasatiempos perduraron bajo la forma deportiva, en tanto que otros se extinguieron o se mantuvieron ocultos bajo ropajes locales: el calcio italiano, el soga-tira escocés.

De los juegos del período clásico sólo quedan algunas prácticas como la lucha y el lanzamiento de jabalina o de disco, así como ciertas carreras, que, más allá de una larga continuidad y permanencia histórica, responden a la marcada admiración del Barón Pierre de Coubertin por la cultura clásica griega y su interés de relacionar los nuevos juegos con los valores asociados a ella, recuperados y reconstruidos por estudiosos alemanes como Heinrich Krause a finales del siglo XIX, que plasmaron los fundamentos del romanticismo y el nacionalismo alemanes, tan claros en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, en los que se repitieron rituales griegos como el traslado de la antorcha olímpica. Respecto a esta falsa continuidad, el gran sociólogo Norbert Elías, en su ya clásico y relamido libro Ocio y deporte en el proceso de civilización, caracteriza al deporte como práctica específicamente moderna, inglesa, surgida en el seno de las transformaciones relacionadas con profundos cambios en las estructuras políticas y de personalidad de la población.

¿Y la neutralidad?

Respecto a la supuesta neutralidad del deporte, que constituye nuestro segundo mito, el movimiento olímpico se ha constituido en uno de sus principales representantes y difusores con hechos como la sanción a Tommie Smith y John Carlos, atletas estadounidenses que ganaron las medallas de oro y bronce en la prueba de 200 metros planos durante la Olimpíada de 1968, y quienes al recibir sus preseas levantaron sus puños enguantados en negro, como símbolo de la lucha contra la segregación racial en su país, en momentos cruciales de la lucha del Black Power (Poder Negro), lo que les valió la expulsión de la villa olímpica, el retiro de sus medallas y el veto de por vida.

El movimiento olímpico ignora o no quiere reconocer que el deporte, por su origen, tiene un carácter inherentemente político, al igual que los Juegos Olímpicos. Este carácter no está dado por la ya mencionada instrumentalización de los deportes con fines políticos, de los cuales el más representativo es la propaganda política, sino por el complejo proceso que sirve de crisol para la constitución de las prácticas deportivas. Como ya se dijo, los deportes modernos surgen en el seno de la sociedad inglesa, donde las élites se apropian de una serie de pasatiempos rurales y populares, no como una intención deliberada de despojo sino como resultado de un largo proceso de transformaciones socioculturales, lo cual no excluye el carácter de clase que se le imprime a tal proceso. Un claro y clásico ejemplo de esto lo conforma el hurling inglés, juego de pelota rural que fue ‘monopolizado’ por las escuelas de élite y transformado en los modernos football y rugby.

De este modo, la expansión de los deportes se realiza como un proceso que generaliza (y luego universaliza) una práctica particular, al mismo tiempo que lo hace con todas las ideas e imaginarios asociados al sujeto que realiza esa práctica. En un imbricado tejido de tensiones entre los deportes anglosajones, la gimnasia alemana (con aparatos) y los juegos rurales de otros territorios, terminan imponiéndose unas prácticas sobre otras, al mismo tiempo que transmiten los valores de las culturas originarias. Los deportes universalizan los valores de la cultura europea, de la élite inglesa, alemana y francesa, universalización que produce un orden jerárquico de las culturas, en que la europea, por supuesto, se encuentra en la cúspide. Este es el carácter eminentemente político de los deportes.

El deporte colombiano como mito

La forma como se universalizan los deportes y los valores asociados se desarrollan con mayor fuerza en América Latina, donde la idea y el contenido de la civilización europea se arraigan en América Latina mediante la colonización. En Colombia, los deportes se forjan en los clubes sociales de Bogotá y Medellín, principalmente, gracias a la importación de tales prácticas por unas élites, incluida la política, que consideraban la forma de vida europea (francesa e inglesa) como el derrotero que debía seguir la población en el proceso de constituirse en nación moderna. Es obvio que, en este imaginario, la emulación de todo tipo de prácticas del viejo continente se constituía en factor fundamental para construir “lo moderno” en el país.

La relación entre deporte y modernidad condujo a otro tipo de asociaciones más directas y efectivas. Inicialmente, los deportes se vincularon a temas como higiene, salud y educación, todo esto con la idea de que la práctica deportiva podía mejorar las condiciones de salubridad de la población, así como su carácter moral. Pero esta interpretación no es fortuita sino que hace parte de la transferencia colonial de ideas y valores. En Europa, De Coubertin, en medio de su exaltación de la cultura clásica griega, se empeñaba en vincular ideológicamente los deportes anglosajones y la civilización inglesa, así como la gimnasia alemana y sus férreos valores sociales. En síntesis, el Barón asociaba los modelos pedagógicos de Alemania (gimnasia) y los deportes de la Gran Bretaña con su desarrollo nacional, que recordaba la grandeza de los griegos. Fácilmente, la concordancia entre deporte y valores de la civilización europea se traslada incólume a Colombia.

Esta relación y la ampliación de la práctica deportiva en el país fueron catapultando el interés elitista por crear asociaciones y participar en los Juegos Olímpicos. Las primeras justificaciones para ir a estos Juegos se desarrollaban desde la necesidad de posicionar al país entre las naciones más civilizadas del mundo, de modo que asistir implicaba hacer parte del conjunto de países modernos, así las estructuras políticas, económicas y culturales estuvieran atravesadas por profundas prácticas excluyentes y coloniales.

Con el paso del tiempo, el deporte y dentro de él la participación en la cita de cada cuatro años, fueron relacionados con valores que, aunque diferentes, hacían parte de la asociación original entre deporte y civilización. El conjunto completo de estos valores está compuesto, entonces, por las ya señaladas ideas de higiene, salud, modernización, desarrollo, paz y convivencia, y más recientemente el ideal de belleza corporal. Esto explica en parte el interés durante los años 60 de muchos países, incluido Colombia, y desde orillas ideológicas diferentes, por desarrollar el deporte de alto rendimiento con fuertes inversiones de recursos en investigación para el entrenamiento deportivo, pues los triunfos y las medallas representaban el éxito de un modelo de desarrollo específico.

Finalmente, el conjunto de valores asociados al deporte permite igualmente comprender algunos hechos a primera vista contradictorios, como, por ejemplo, que el fútbol en Colombia haya sido históricamente patrocinado por empresas que producen alcohol y tabaco, sustancias que la medicina cataloga como nocivas para la salud, y es precisamente este último elemento lo que muestra en forma más clara la relación, pues si las sustancias son nocivas para la salud, la mejor forma de ‘blanquear’ su culpa es relacionándose con una práctica que está en la cúspide de la moral ciudadana: “El deporte es salud”. Pero si sustituimos “salud” por “paz”, es decir, “el deporte es paz”, también comprenderemos claramente la razón de que Pacific Rubiales se haya interesado en patrocinar a la Selección Colombia, todo dentro de su pretendida y quizá falsamente filantrópica política de responsabilidad social empresarial.

JORGE HUMBERTO RUIZ P, Sociólogo de la Universidad Nacional de Colombia, Magíster en Estudios Políticos de la Universidad Javeriana. Miembro de la Asociación Colombiana de Investigación y Estudios Sociales del Deporte (ASCIENDE). Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 
Publicado enEdición 183
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