Así fue el espionaje a Assange de una empresa española

Un informe entregado al juez relata las supuestas maniobras de Undercover Global S.L, una empresa española, para obtener información del fundador de Wikileaks

 

La defensa de Julian Assange ha entregado a la Audiencia Nacional un extenso informe en el que detalla el espionaje al que habría sido sometido por
Undercover Global S.L., una empresa española, mientras estuvo asilado en la Embajada de Ecuador en Londres. Lrácticas que van desde la colocación de micrófonos y cámaras, copiar teléfonos móviles y documentos de identidad de las visitas que recibía, hasta perfiles de políticos, médicos y abogados con los que el fundador de Wikileaks mantuvo contacto.

El informe, de 69 páginas y al que ha tenido acceso Europa Press, ha sido elaborado por la defensa de Assange, que coordina el exjuez Baltasar Garzón, a partir de documentos que estaban en posesión de la empresa UC Global, dirigida por el español David Morales y con sede en Jerez de la Frontera (Cádiz), y que han sido entregados por uno de los extrabajadores de la misma.

Tanto Morales -quien se encuentra en libertad provisional con medidas cautelares- como UC Global están siendo investigados por delitos contra la intimidad y el secreto de las comunicaciones abogado-cliente, cohecho y blanqueo de capitales.

Según expone el documento, "en los ordenadores y servidores de UC Global se hallaba, inexplicablemente, un ingente volumen de material consistente en vídeos, audios, perfiles de personas, documentos personales de visitas, capturas de dispositivos electrónicos, cartas personales, y demás información del señor Assange, sus abogados, médicos y demás visitas".

Toda esta información, acompañada de minuciosos detalles como los días en que se habían obtenido los datos o las fechas y horas de las visitas, se volcaba en los servidores de la empresa bajo la denominación Hotel, tal y como habría llamado Morales a la operación de espionaje.

"Es inexplicable que la empresa de seguridad de la misión diplomática ecuatoriana en Londres, cuyo objetivo era simplemente proveer una elemental seguridad perimetral, haya obtenido tamaño volumen de información", remarca el informe, que la defensa de Assange ha pedido incorporar a la causa que investiga el presunto espionaje, en manos de titular del Juzgado Central de Instrucción número 5, José de la Mata.

Igualmente, dice el texto, el extrabajador de UC Global ha aportado "capturas de pantalla de conversaciones por chats telefónicos que confirman la metodología utilizada para la obtención de ese volumen de información privada y traslado a los ordenadores y servidores de la empresa".

La defensa de Assange sostiene que Morales habría estado facilitando toda la información que obtenía a la inteligencia de Estados Unidos, principalmente a través de la cooperación de la empresa Las Vegas Sands -en cuyos hoteles se habría alojado cuando viajaba a ese país- y su personal de seguridad.

Tarjetas SIM, pasaportes y visados

Según el informe consultado por Europa Press, los empleados de UC Global fotografiaban los dispositivos móviles de los visitantes a la Embajada de Ecuador y en ocasiones hasta abrían o desmontaban los aparatos para copiar sus números de tarjeta SIM o los IMEI -códigos que identifican cada teléfono-, datos que luego se volcaban en las bases de datos de la empresa.

Para la defensa, Morales habría ordenado esta práctica estableciendo como "protocolo" la obligación de que las visitas dejaran sus móviles en la entrada para poder disponer de ellos y hacer las copias.

En la base de datos de la empresa jerezana también se encontraron "multitud de repositorios de documentos de identidad de particulares escaneados", junto a listas detalladas de personas o incluso sellos de viajes o visados, "todo lo cual se encuentra ubicado en una carpeta titulada 8 PASAPORTES LONDRES", explica el documento entregado al juez instructor.

Además de esta lista de pasaportes, la defensa también aporta otras en las que se destacan personas que la empresa de Morales consideraba importantes en el marco del control al que habrían sometido a Assange, al que apodaba el huésped. Tenía datos de los médicos que le visitaban, los abogados que le asesoraban o los políticos que le visitaban, añadiendo sus nacionalidades y otros datos de interés.

En una de sus numerosas visitas a Estados Unidos mientras se mantuvo el espionaje -en los que habría llevado personalmente el material obtenido, según la defensa de Assange-, Morales remitió un correo electrónico a UC Global con listas de objetivos de "máxima prioridad" a los que había que "tener controlados en todo momento" o sobre los que había que "actualizar los perfiles". Otorgaba especial importancia a los "ciudadanos rusos" que pudieran tener contacto.

Uno de los correos el propietario de la empresa ponía especial énfasis en una de sus asesoras legales, de la que sospechaba que había tenido un hijo con Assange. Morales, dice el informe, llegó a pedir que se robara un pañal del bebé para realizar una prueba de ADN.

Sobre los abogados del fundador de Wikileaks, UC Global también había recopilado información y hasta realizó "seguimientos personales" y fotografías a Baltasar Garzón, una de ellas cuando fue a recibir al aeropuerto de Barajas al expresidente ecuatoriano Rafael Correa.

En cuanto a los políticos, la defensa de Assange considera "llamativa" la cantidad de material relativo a Iván Orosa, asesor principal del Ministerio de Relaciones Exteriores de Ecuador, además de numeroso personal diplomático del país sudamericano, y también se ha encontrado información sobre el congresista estadounidense Dana Rohrabacher, a cuyo teléfono también accedió UC Global cuando visitó la Embajada de Ecuador.

Micrófonos en extintores 

El informe habla también de la colocación en la legación diplomática de micrófonos de muy diferentes tipos y colocados en lugares tan dispares como la base de PVC del extintor de la sala de reuniones, y de cámaras que en un principio no captaban sonido pero que fueron sustituidas por unas más sofisticadas que también grababan en audio en forma encubierta. Buena parte de ese material se adquirió a Espiamos.com, tal y como acreditan las comunicaciones de trabajadores con esta compañía.

El informe califica de "fundamental" un correo de fecha 10 de diciembre de 2017 en el que Morales solicitaba a sus trabajadores que restringieran el usuario de cámaras de Ecuador para que no pudiera comprobar los accesos del otro usuario que se creaba, "quien se correspondería con la inteligencia de Estados Unidos". Unos días después, en otro correo el investigado remitió un nuevo correo a sus trabajadores en el que insiste en abrir el streaming para la inteligencia norteamericana, usando para ello el nombre en clave de X.

Se aportan igualmente pruebas de que aproximadamente cada 15 días Morales indicaba a un empleado que debía acudir a la embajada a retirar los discos (DRV) originales del sistema de grabación para colocar otros nuevos. Estos discos originales eran llevados a Jerez de la Frontera. Los DRV se compraban vía Amazon, tal y como acreditará el historial en compras de la compañía UC Global que la defensa solicitará como diligencia de investigación, según adelanta el informe.

También se detallan en el informe evidencias sobre la intervención sistemática de la correspondencia del fundador de Wikileaks, así como el acceso a anotaciones manuscritas que habrían sido intervenidas y fotografiadas sin su consentimiento. Fueron empleadas para la realización de un informe grafológico.

MADRID

29/01/2020 09:26

Por EUROPA PRESS

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Google nos vigila: el caso de los servicios médicos

Para nadie es un secreto que internet es una de las rutas de información más grandes en el marco del mundo globalizado. Se ha logrado conocer, por ejemplo, que Facebook vendió una serie de datos a una empresa británica –Cambridge Analitica- que finalmente influyó en las elecciones de algunos países en América Latina. La red es hoy por hoy uno de los medios de intercambio de información más importantes, pero al mismo tiempo más peligrosos. Lo anterior se sustenta en un reciente artículo de Wall Street Journal en el cual se sostiene que el gigante tecnológico Google, tiene acceso a la información médica de millones de pacientes en al menos 21 estados de Estados Unidos. En colaboración con Ascension, uno de los mayores sistemas de salud del país, la empresa de tecnología dispone de 2.600 instalaciones, entre hospitales y consultorios a lo largo y ancho del país. Aunque las dos empresas han salido al paso a decir que su actuación es absolutamente legal, algunas preguntas saltan a la vista, verbigracia, si su actuación está apegada a la ley y al profesionalismo, ¿por qué se buscó ocultar la información? Este y otros cuestionamientos serán el centro de la presente investigación.  

Antes de adentrarnos en los motivos reales de Google es fundamental conocer un poco más del proyecto. En este sentido, el objetivo del gigante tecnológico es desarrollar un programa de inteligencia artificial capaz de alojar millones de datos de diferentes pacientes en una misma interfaz. De acuerdo con Google y Ascension, el proyecto conocido como Nightingale cumple con las leyes federales en salud que permiten la transferencia de información de sus socios sin nececidad de consultarlos. Particularmente, se menciona el Health Insurance Portability and Accountability Act’  de 1996 que permite justamente conocer los datos de pacientes (sin necesidad de ser autorizados), siempre que el fin sean funciones médicas y que se disponga de un programa de protección de datos personales. Bajo este paraguas, las dos compañías han buscado evadir las responsabilidades y restar importancia a los riesgos que tendría el hecho de que sólo 150 personas, trabajadores de Google, tengan acceso al historial clínico de millones de personas en Estados Unidos. Algo que puede expandirse por el globo si los resultados son los esperados.

El proyecto Nightingale se presenta como un medio para gestionar soluciones en temas médicos que permitan mejorar la situación de millones y, al tiempo, optimizar los servicios prestados. En efecto, Google anunció en julio pasado que “las soluciones de inteligencia artificial y machine learning de Google Cloud están ayudando a organizaciones de atención médica como Ascension a mejorar sus servicios y resultados” .  De esta manera, el gigante informático es un intermediario en la gestión y protección de datos bajo estrictos estándares de privacidad y seguridad, o ese es el deber ser de la compañía. Sin embargo, no es del todo claro los protocolos de protección ni tampoco para qué se quiere almacenar esa información tan sensible.

Desde otra perspectiva, lo peligroso de este caso es que Google y en concreto el software que se encuentran desarrollando, podría determinar no sólo los procesos para “mejorar la atención médica”, sino que eventualmente también estaría en la capacidad de clasificar a los pacientes. Esto, dicho de otra manera, implicaría que los hospitales estarían en la discreción de no prestar un servicio de salud a determinados segmentos de la población al considerarlos costosos o innecesarios. La situación no es irreal toda vez que en los Estados Unidos se debate continuamente el acceso universal a la salud como un derecho fundamental que, los grupos conservadores amparados en las grandes empresas rechazan de inmediato, al considerarlos demasiado “costosos”. Si llevamos más allá el argumento, se podría afirmar que la concentración de datos en una compañía como Google implica un control sobre la vida de los ciudadanos y por qué no de las decisiones médicas que se tomen en adelante. Un software puede determinar, por ejemplo, que un tratamiento contra el cáncer es costoso en términos monetarios y de tiempo, por lo que en el futuro los hospitales y consultorios podrían dejar de prestar el servicio o cobrar en exceso la atención.

Lo anterior confirma una verdad de Perogrullo: Google no es una empresa altruista, es decir, que detrás de la recopilación de datos médicos hay una clara intención política y económica. En efecto, la empresa informática no realiza una actividad que no implique monetización, de ahí que todo el entramado de las historias médicas tenga un fin concreto. Como lo confirmó el abogado y miembro del comité nacional republicano, Harmeet Dhillon, la situación respecto a la alianza Google-Ascension es "francamente alarmante" y lanza una pregunta a la ciudadanía: “¿confía en Google con los resultados de sus análisis de sangre, diagnósticos e información confidencial de salud?”. Es claro que constituye un riesgo mayor otorgar información personal a un grupo que sólo le importa la recolección de datos, que desconoce el valor humano y que se interesa por obtener enormes ganancias. Por si esto fuera poco, las personas que hoy se encuentran en las bases de datos de estos dos consorcios, no tienen la menor idea, lo cual deja entrever la seriedad del asunto.

Al respecto es imperativo recordar el caso de Google Health 2008, una aplicación de la empresa que, a pesar de proyectarse como una alternativa para la gestión de temas de salud, cerró cuatro años más tarde, al no poder persuadir a suficientes usuarios para que subieran su historial médico. Los pacientes se sentían incómodos de que una emprresa de informática albergara datos tan sensibles. Existieron múltiples razones para el fracaso de este servicio que, en Estados Unidos mueve el 17% del PIB. Para algunos analistas la causa fue justamente el fallo en torno a confiar información como metas de salud, peso o colesterol. Muchas personas no estaban dispuestas a exponerse de una manera tan evidente. Por otra parte, el motivo pudo ser que el servicio no generó la suficiente “atracción” a los usuarios y a los médicos que en poco promovieron la aplicación.

No obstante, la principal razón del fracaso de Google Health fue la ausencia de monetización, es decir, que no pudo corresponderse con el modelo de salud estadounidense. Como es bien conocido en el ámbito global, la prestación del servicio en el país del norte se basa en la medicina privada, esto es, en privilegiar la realización del mayor número de intervenciones (muchas veces más de las necesarias), ya que las instituciones médicas sólo devengan en la medida en que se realicen mayores operaciones. Si ponemos todo lo anterior en plata blanca, diremos que buena parte de la medicina norteamericana se basa en la creación y cura de enfermedades en una suerte de círculo vicioso; si alguno de esos factores se altera, así lo hará la oferta y la demanda hecho que repercute directamente sobre la economía del país. Por ese motivo, no es tan fácil generar procesos de automatización y gestión en un Estado que necesita continuamente del ejercicio de la medicina como oportunidad de negocio.

La salud en Estados Unidos funciona, entonces, como cualquier rubro de la economía, es decir, basada en los principios de ganancia, olvidando que es un derecho fundamental. Con la eliminación del criterio de consentimiento individual de las operaciones con datos de atención médica, el gigante tecnológico se libra de cualquier responsabilidad penal y de paso asegura un campo lucrativo que se corresponde con la proyección de una empresa de sus dimensiones. Nunca debe perderse de vista que compañías como Google persiguen fines económicos y que el tema de la salud pública siempre será un espacio importante para las inversiones. Ahora bien, el hecho según el cual, una empresa que conoce sobre las preferencias y gustos de las personas, tenga acceso libre a datos tan sensibles puede generar un conflicto ético y de intereses, pues podríamos estar asistiendo a la reducción de la humanidad misma a un dato de computadora. Este acontecimiento debería estar alarmando a las sociedades tanto o más que el cambio climático.

También deben considerarse las inquietantes alianzas de Google pues además del gestor de salud Ascension, el gigante Google ha entablado nexos con la clínica Mayo en septiembre de 2019, acontecimiento que le permitiría el acceso al menos un millón de datos de pacientes. Y aunque el pacto ha sido visto desde la supuesta filantropía por parte de la compañía ofimática, la realidad es que hay fuertes motivos de fondo. Esto se comprueba con la adquisición de los dispositivos Fitbit, una aplicación relacionada con el seguimiento del estado físico. El dispositivo le permite acceder a información de poco más de 28 millones de personas; desde los pasos que dan hasta el ritmo cardiaco. En ese sentido, es evidente que el futuro de las compañías está dado en términos del acceso y gestión de datos. Google Health no fue un fracaso, tan sólo era un experimento de los hombres de negocios de Silincon Valley que estaban probando diversas alternativas para lograr juntar los datos de un número considerable de pacientes y de esa forma establecer un algoritmo capaz de automatizar el acceso a la salud.

Lo más grave de todo es que habrá un futuro cercano en el que el acceso a los tratamientos médicos hará parte de un reducido grupo de personas de acuerdo con la lógica de oferta y demanda, condenando a millones de personas a morir mientras esperan una atención que nunca llegará.

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Lunes, 25 Noviembre 2019 06:20

"Los periodistas trabajan para Google"

"Los periodistas trabajan para Google"

La experta española en vigilancia digital Marta Peirano alerta sobre la falta de privacidad y seguridad en internet

La autora de "El enemigo conoce el sistema" analiza cómo funcionan las nuevas tendencias digitales en las campañas políticas y cómo el uso de la tecnología está cambiando al oficio de informar.

 

La española Marta Peirano es escritora y periodista, aAutora de los libros El enemigo conoce el sistema y Pequeño libro rojo del activista en la red, con prólogo de Edward Snowden). Es fundadora de CryptoParty Berlin, una iniciativa alrededor de cuestiones sobre privacidad y seguridad en internet, y actual especialista en tecnología del diario El País. Aterrizó en la capital mexicana recientemente para disertar acerca de cómo funcionan las nuevas tendencias digitales en las campañas políticas y cómo el uso de esas tecnologías están cambiando al oficio de informar. Después de su presentación en la Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación, habló de esos temas con Página/12.

- En su presentación mencionaba que la campaña presidencial estadounidense de 2016 fue la madre de todas las campañas en términos de fake news.

- Hubo tres campañas de desinformación durante las elecciones de Estados Unidos en 2016. La primera fue la que hizo la propia campaña de Donald Trump, a la que se integró Cambridge Analytica. La segunda fue la del Gobierno ruso a través de su Internet Reaserch Agency (IRA) y de sus aledaños como RT y Sputnik. Y la tercera y más inesperada, fue la campaña de un grupo de chicos en una ciudad que se llama Veles, en Macedonia, en la que estuvieron creando noticias falsas para ganar dinero con AdSense. Empezaron escribiendo posts sobre temas como hongos que curan el cáncer y jugos que te hacen adelgazar, que son noticias que típicamente tienen más viralidad, pero descubrieron rápidamente que si hacían noticias a favor de Trump y en contra de Hillary Clinton y de su gente, ganaban más dinero.

- ¿Y estas campañas son la base de lo que se hace en el mundo hoy?

- Claro, pasan dos cosas con la campaña de Estados Unidos en 2016. Hay una conjugación de elementos que no sabemos si estaban alineados, al día de hoy, después de todas las investigaciones no podemos saber si la campaña rusa y la campaña de Trump se solapaban, si había ramificaciones entre ellas. Pero tanto el Gobierno estadounidense a través de su Congreso como el Gobierno británico a través de su Parlamento, pidieron investigaciones especiales, uno porque quería saber lo que Cambridge Analytica había hecho durante el referéndum del Brexit, y otro porque quería saber lo que Rusia hizo durante las elecciones de 2016. Y entonces existen informes muy extensos sobre las estrategias de estos grupos, que claramente las empresas de marketing online y marketing político estudiaron profundamente, y que han ido repitiendo, mezclando y combinando de las maneras que más les convenían.

- Contó el caso de Nancy Pelosi, muy parecido al de Patricia Bullrich en la Argentina, ¿podría desarrollarlo? como fue lo de Pelosi?

- Hace unos meses salió un video de Nancy Pelosi (la Presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos) en una conferencia como arrastrando palabras, tartamudeando; de inmediato salió otro video en el que estaba dando una entrevista y parecía que estaba borracha. Arrastraba las palabras, se le trababa la lengua, giraba los ojos para arriba, estaba rara. Lo tuiteó todo el mundo, desde Trump a Rudy Giuliani, acusándola de estar borracha. Rápidamente se descubrió que era un video real, no era exactamente una fake news porque el video existía, pero había sido ralentizado a un 70 por ciento de su velocidad, generando ese efecto de parecer que había tomado alcohol. Luego un periodista de The Daily Beast hizo una investigación en la que estuvo mirando las páginas donde habían salido los dos videos por primera vez; descubrió una pestaña de donación con un nombre detrás y logró encontrar a la persona que los había subido. El periodista le preguntó a esta persona si había subido él los videos y le dijo que no. Entonces Facebook hizo algo que no había hecho antes: ayudó al periodista a averiguar la verdad. Un portavoz oficial de Facebook le dijo al periodista que no era verdad lo que decía el sospechoso. Y que no sólo había subido los videos, sino que había sido el administrador de las dos páginas donde habían salido. Se trataba de un seguidor de Trump que en realidad hacía estas páginas para ganar dinero.

- ¿Qué es una campaña de desmotivación del voto?

- Es una campaña que te anima a que renuncies a tu derecho al voto, que es un derecho que, como sabemos, ha costado muchos siglos y mucha sangre conseguir. En España, una semana antes de las elecciones, apareció en un pueblo de Córdoba un cartel en el que salían dos candidatos a las elecciones, Pedro Sánchez por un lado y Pablo Iglesias por el otro, con los hashtags #yonolesvoto y #nocuentenconmigo. Normalmente la campaña de desmotivación del voto se hace no contra tu propio candidato sino contra otros: no para que voten a quien tu quieres, sino para que dejen de votar a la oposición. Entonces descubrimos que en Madrid había otros carteles, también en barrios históricamente de izquierdas. Buscando las pocas referencias que había en el cartel, que eran los hashtags, encontramos una persona que había creado un grupo y una página en Facebook, que estaba haciendo otra cosa que hacen en este tipo de campañas: desviar el voto de un candidato con posibilidades a otro que tiene menos. En Estados Unidos se desvió el voto de Hillary Clinton a una candidata que era Jill Stein, y aquí se estaba desviando el voto tanto de Pablo como de Pedro Sánchez a Iñigo Errejón, un candidato sin chances. Descubrimos que el administrador del grupo era un chico de las juventudes del Partido Popular, que además estaba trabajando para los consejeros de la campaña del PP en las elecciones andaluzas.

- O sea, el candidato de la derecha había armado esta campaña de desalentar el voto, pero parecía todo lo contrario...

- Exacto. Este joven había pagado 17.000 euros para distribuir la campaña entre gente seleccionada, de izquierda, que estaba desencantada con los candidatos principales. Esto es algo que pasa mucho cuando hay una brecha. Las campañas de desinformación, de intoxicación y de desmotivación del voto, lo que hacen es encontrar la brecha y abrirla, aprovecharse.

- Dice que no hay que solamente desmentir las noticias falsas, sino que hay explicar la estructura de la noticia falsa.

- Sí, creo que la manera más productiva de combatir este tipo de campañas no es tanto señalarlas como campañas todo el tiempo, sino darles el contexto apropiado. Es decir, dejar en claro las señales de identificación, para que al final no sea solo una cuestión de tu palabra contra la de otros, para que no parezca una opinión. Porque en realidad se parecen mucho entre ellas, no son particularmente originales, hay como cinco o seis estrategias y se vienen repitiendo desde hace siete años.

- Ahora ya todas las elecciones tienen fake news. ¿Es un fenónemo mundial?

- Se trata de una manera de hacer campaña que es muy efectiva, porque te permite hacerlo de una forma selectiva, es económica e inmediata. Por otra parte es la clase de campaña que le permite a un partido recién llegado, que no tiene su propia base de datos de votantes, hacer una campaña nacional que pueda tener éxito. Entonces es muy difícil resistirse y diría que no hay ningún lugar en el mundo que no se esté utilizando.

- ¿Por qué dice que los periodistas trabajamos para Google y no para nuestros lectores?

- Hace años que los periodistas estamos produciendo más contenido del que nuestros lectores son capaces de leer. Y esto empezó un poco con el tema del SEO, cuando empezamos a utilizar nuestros contenidos para buscadores.

- ¿Qué es el SEO?

- El SEO es un conjunto de estrategias para que tu noticia, titular o contenido, suba en el ranking de Google. Lo que hace es utilizar una estructura específica para el titular, meter unas palabras clave, codificar ese contenido con tags, clasificarlo para que el buscador pueda encontrarlo, que sea corto, descriptivo, conciso. Es decir, hemos dejado que alguien que no era nuestro director venga y nos diga cómo escribir las noticias, con la promesa de una audiencia infinita, mucho mayor de la que podemos aspirar a llegar nosotros solos. Y en esa carrera hemos estado produciendo cada vez más noticias, destinando cada vez menos tiempo a la investigación, porque no puedes producir 150 noticias al día en lugar de 90 sin perder recursos, y preocupándonos por cuánta gente nos lee en Twitter o en Facebook. Hacemos cosas como publicar titulares sin contenido, porque Google te premia por eso. Un sistema que te premia por publicar un titular sin contenido, ¿qué clase de sistema es? Google se ha convertido en nuestro jefe.

- ¿Los medios están produciendo más cantidad de noticias que hace unos años?

- Sí, antes producíamos entre 70 y 90 noticias al día. Ahora estamos publicando entre 150 y 200. A veces hasta 300, cuando es fin de semana. Es un disparate. Nadie es capaz de leerse 300 noticias al día, ni el director del medio. Alguien que se dedique a leer noticias durante todo un día no puede leer 300. Estamos pensando en esa audiencia infinita que tenemos en las redes. Y como estamos alimentando el scroll infinito y la veloz máquina de las redes sociales que nos traen visitas, estamos generando contenidos cada vez más cortos, cosas como alargar noticias de manera completamente artificial, hacer de un acontecimiento siete noticias. Y en ese proceso nos quemamos porque no estamos haciendo nuestro trabajo. Estamos trabajando para Google, porque el lector no puede leer tanta cantidad de noticias al día, y peor aún, hemos perdido el coraje de decidir cuáles son las noticias, cuáles son apropiadas para nuestro lector. Estamos llenando nuestros periódicos de no-noticias.

- Ha conocido y entrevistado a Julian Assange y Edward Snowden. ¿Qué opinión tiene de ellos?

- Julian Assange es para mí una de las personas que más impacto ha tenido en la profesión periodística, al menos en lo que llevamos de este siglo. Primero porque introdujo la posibilidad de abrir un buzón seguro para personas que no tenían que ser contactos importantes. No gargantas profundas que te encuentras a las cuatro de la mañana en un callejón en Washington, sino una secretaria, un repartidor, cualquier persona con acceso a un administrador de sistemas, a información relevante, y con la capacidad de mandarte algo sin que sea sobre ellos, es decir, de manera anónima. Eso me parece crucial. Lo otro muy importante de Assange es consolidar la idea de las coaliciones mediáticas. Cuando él publica los contenidos que le facilitó el entonces soldado Manning, lo que hace es crear un consorcio de medios, no se los da al país, se va a los cinco periódicos que le parece que van a tener más peso y los hace trabajar juntos. Esto es algo que aún no ha sido lo suficientemente imitado y me parece una clave fundamental para la supervivencia de nuestra profesión, los consorcios, la colaboración entre los medios de comunicación, si nuestra voluntad es el servicio público.

- ¿Y Snowden?

- Llevo años estudiando temas de vigilancia, y Snowden fue la persona que hizo que mis amigos dejaran de pensar que yo estaba loca. Entonces tiene una importancia mayúscula para mí. Pero sobre todo Snowden es la persona que nos ha explicado, primero, que esa red de vigilancia existe y es persistente, deliberada, y que lo ocupa todo. Y segundo, que tiene consecuencias fundamentales sobre nuestras vidas. Es decir, la idea de que no tengo nada que ocultar y por lo tanto puedo dejar que me espíe el gobierno, es absurda porque un gobierno que te espía sin tu permiso no es un gobierno del que te puedas fiar. Pero además lo que nos ha mostrado es que tiene un impacto enorme sobre la libertad de expresión, la libertad de reunión, y que es muy difícil ser libres en una sociedad en la que estás constantemente vigilado.

- ¿Qué reflexión le merece la actualidad de Assange y Snowden, uno preso, el otro exiliado?

- Que no los merecemos, que nos llenamos la boca de libertad de expresión, de periodismo y de democracia, y sin embargo no ha habido ningún país aparte de Rusia, que no es un país democrático, capaz de acoger a Edward Snowden, cuyo único crimen ha sido facilitar información valiosa y necesaria a los ciudadanos de todo el mundo. Y en el caso de Julian, ni siquiera ha sido el artífice de esa documentación, él no era un contratista de la NSA que robó los documentos y se los entregó a la prensa. Él ha sido la prensa. Es muy interesante saber que lo están procesando por algo que también ha hecho ese consorcio de periódicos con los que trabajó. Cinco medios que se beneficiaron muchísimo de sus filtraciones, de su documentación, esos periódicos deberían estar defendiéndolo, deberían ser una coalición para su defensa. Si permitimos que un país, independientemente del que sea, pueda llevarse a un periodista o a un editor por haber publicado cosas que son verdad y que son legítimas, que han sido legitimadas por otros medios, llevárselo y encarcelarlo por eso, luego ¿qué impide a Corea del Norte, China, Irán, o los Emiratos Árabes que se lleven en helicóptero a un periodista en Argentina o en España o en Suecia por haber denunciado crímenes de guerra y abusos de autoridad, o lo que sea? Es decir, se lo llevan porque ha publicado cosas que son verdad y que eran crímenes. Estamos hablando de países que son capaces de descuartizar a un periodista del Washington Post en un consulado por estar investigando algo que no les apetece. Si dejamos que este precedente tenga lugar, hemos abierto la mesa a todo tipo de barbaridades.

- Contó que Rusia tiene una agencia dedicada a las fake news. ¿Es el único país que la tiene eso, o también existe en otros?

- China y Rusia son los dos países que sabemos que tienen una estructura más establecida de producción para la desinformación y para el trolleo, para la generación de consenso y la manipulación de grandes cantidades de gente. China, por ejemplo, tiene el famoso programa de crédito social chino, por el cual todos los chinos están vigilados las 24 horas del día por los propios dispositivos que ellos mismos han comprado, para que el gobierno les vaya quitando y subiendo puntos de buena ciudadanía, algo que tiene un impacto muy alto en sus vidas. Y es un programa que ya excede a la vigilancia: es de reeducación. Una de las cosas que hace ese sistema de vigilancia chino es encontrar a los chinos musulmanes y meterlos en campos de reeducación, que se consideran campos de concentración contemporáneos, y tenerlos ahí hasta que se mueren o se reeducan.

- ¿Y Estados Unidos?

- Estados Unidos, desde mi punto de vista, no es tan diferente. En el sentido de que ahora mismo están avanzando con tecnologías de super vigilancia desde plataformas como Palantir, que le pertenece al primer gran inversor de Facebook y uno de los dos grandes inversores de la campaña de Donald Trump en 2016, Peter Thiel. La están utilizando para cazar personas y meterlos dentro de esos centros de inmigrantes, separando a sus hijos, ponerlos en jaulas, etc. Es una de las primeras plataformas que denuncia Snowden.

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Snowden: Estado y democracia en tiempos de big data

Ante seguidores y detractores Snowden se presenta con un héroe de la clase trabajadora que se inscribe en una larga tradición de “whistleblowers” o arrepentidos estadounidenses que datan de la guerra de Independencia. 

 

Acaba de salir “Vigilancia Permanente” la autobiografía de Edward Snowden, el espía más famoso del mundo. Y aunque no deja de ser muy interesante lo que dice, tanto o más es lo que elige callar. Porque hay que ponerse en su situación. Está asilado en Rusia y ha sido funcional a Rusia al haber revelado secretos valiosos de su rival geoestratégico, Estados Unidos, el país donde nació y para el cual ejerció de espía.  Por ambas razones es percibido como un colaborador ruso, y por lo tanto un traidor, por una amplia franja de la opinión pública estadounidense.

Pero ante a sus fieles seguidores, sobre todo los activistas en defensa de las libertades civiles, la privacidad, los derechos humanos y la libertad en la web, y especialmente ante sus detractores, empezando por los servicios de inteligencia estadounidenses y los congresistas que integran los comités de inteligencia en el Capitolio, Snowden se presenta con un héroe de la clase trabajadora que se inscribe en una larga tradición de “whistleblowers” o arrepentidos estadounidenses que datan de la guerra de Independencia. Un ciudadano común, miembro de la “comunidad de inteligencia” como la llama él, igual que su papá y su mamá. Típica familia que vive en un suburbio de Washington cerca de alguna base militar, y que puede tener como vecino a un Marine, un contratista de Blackwater o un agente del FBI.  Alguien que un día decidió revelar cómo funcionan los programas secretos de vigilancia masiva al tener una especie de epifanía después de releer la constitución. Ahí se da cuenta que dichos programas violan la Cuarta Enmienda, la que prohíbe realizar registros e incautaciones sin causa previa. “(La NSA) insistía en que el ‘registro’ y la `incautación’ sólo se producían cuando sus analistas, no sus algoritmos, hacían consultas activas en lo que ya se había recopilado de forma automática,” escribe Snowden, para quien “se trata de una interpretación extremista ( y por lo tanto errónea) de la cuarta Enmienda.”  Entonces siente que es su "deber" convertirse en denunciante porque al entrar a los servcios había jurado defender la constitución.

El libro arranca con un par de capítulos sobre su juventud,  donde deja en claro su fascinación por las computadoras y por la sensación de libertad y excitación que sintió al ver a su padre experimentar con la Commodore 64 en los albores de internet. Después cuenta cómo, a pesar de ser un pésimo alumno en la secundaria sus conocimientos de computación la abrieron de par en par las puertas de los organismos de inteligencia más importantes del país. Después, a medida que diseñaba programas para facilitar el intercambio de archivos y evitar duplicaciones, fue ganando acceso a los más preciados secretos del mundo del espionaje internacional. En medio del cuento Snowden entrelaza varias reflexiones sobre los peligros de la vigilancia masiva, las consecuencias negativas que puede acarrear el de dejarse espiar con dicha tecnología, los dilemas éticos, las razones (o más bien los temores) que habrían llevado a sus colegas a no realizar denuncias como la suya.

A continuación llega un capítulo en el que cuenta cómo sacó la información del búnker de la Agencia de Seguridad Nacional en Hawaii engañando a los guardias con chamuyo y microchips. Es la parte más divertida de libro y se lee como una novela de espionaje. Lo mismo que el viaje a Rusia y su encuentro con los espías de ese país. Un mano a mano inolvidable en el que Snowden mira a su rival en la cara y le espeta que se olvide de intentarlo, que él nunca va a colaborar con Rusia.

Verdad y consecuencia

Y después, de repente, casi como que se termina el libro. Nada sobre el criterio para elegir la información que divulgó. Específicamente, por qué, además de los documentos sobre vigilancia masiva, también divulgó documentos sobre espionaje a países aliados como Brasil y Alemania. No lo explica. No dice cuántos ni cuáles documentos filtró. Ni hablar de los documentos sobre cómo Estados Unidos espía celulares chinos que le entregara al South China Morning Post poco antes de salir Hong Kong. De todo eso ni una palabra. Ni vamos a encontrar en el libro las críticas a Trump y Putin que Snowden periódicamente tuitea o menciona en reportajes.

Tampoco hay ni una línea sobre las consecuencias geopolíticas de sus actos. Y no es que no lo pensó. En un momento escribe que eligió Hong Kong para divulgar sus documentos, entre otras razones, porque “en términos geopolíticos era lo más parecido que podía estar de una tierra de nadie.” En realidad, si pensó que desde el punto de vista de cómo sería percibida su delación, el estadounidense medio haría una clara distinción entre Hong Kong y China, entonces sobreestimó a su audiencia. Para el estadounidense medio, Snowden es un tipo que contó secretos estadounidenses en China y después corrió a refugiarse en Rusia. El propio Snowden parece no entenderlo cuando escribe que Estados Unidos, al cancelarle el pasaporte en pleno viaje a Ecuador para obligarlo a asilarse en Rusia, le entregó en bandeja “una victoria propagandística” a ese país. Al revés, la victoria propagandística fue para Estados Unidos, ya que le permitió pintar a Snowden con el mote de villano prorruso que lo persigue hasta hoy, limitando su efectividad como profeta de la privacidad acechada. 

Es interesante que por este clima desfavorable hacia él, que cerca de Snowden atribuyen con demasiado énfasis a la retórica de Trump, el propio Snowden eligió casi no publicitar su autobiografía en ese país, eligiendo casi exclusivamente a periodistas de medios europeos, sobre todo alemanes, para los reportajes promocionales. “Ya no quiero hablar con los medios de comunicación de Estados Unidos porque allí el ambiente está envenenado” le dijo a dos periodistas de Die Welt que lo visitaron en Moscú. Y sin embargo hoy el libro encabeza la lista de lo más vendidos gracias al empujón que le diera el propio gobierno de Trump al anunciar que le embargaría sus regalías porque Snowden habría violado acuerdos de confidencialidad con agencias de inteligencia. 

Snowden escribe que los programas de vigilancia masiva son secretos porque, si se conocieran, los estadounidenses no los tolerarían. Pero eso está por verse. En Estados Unidos, y en todo el mundo, el debate entre seguridad, privacidad y sus límites está lejos de estar saldado, aunque del 9-11 a esta parte la balanza parece inclinarse para e lado de la seguridad.

Se entiende la postura de Snowden de no profundizar ciertos temas espinosos. Está en Rusia. Su permiso de residencia expira en el 2020 y no tiene ofertas para radicarse en ningún otro país. Si quiere ser creíble en Estados Unidos, necesita criticar un poquito a Putin, pero si lo critica demasiado corre el riesgo de que lo entreguen a Estados Unidos, donde casi seguro sería condenado por espionaje. Tampoco puede criticar mucho a Trump desde Rusia porque los patriotas no critican a sus presidentes desde territorio enemigo. Con periodistas europeos puede hablar del poder de Jeff Bezos, de la legislación europea de internet y de cómo la propiedad intelectual se ha convertido en un instrumento de control social. Puede hablar de su situación en el exilio, describiéndose como un ciudadano global virtual que vive online y que no importa en qué país mira su pantalla. Puede describirse como un benefactor que trabaja por el bien de la humanidad en sistemas de seguridad que facilitan la tarea de los periodistas de investigación. En otras palabras, puede hablar como un técnico apolítico, un cruzado romántico contra la vigilancia masiva. En su libro, Snowden dice que uno de los mejores consejos que le dio su mujer Lindsay, es que no comparta sus ideas político-partidarias, porque podrían alienar a un segmento de su audiencia, ya que la vigilancia masiva y la consecuente pérdida de privacidad es un problema tanto para demócratas como republicanos.

En un punto tiene razón, pero la política no se puede evitar y ése es su problema. Para ganar la batalla cultural necesita hablar de política, sobre todo porque sus ideas políticas son las que lo llevaron a hacer lo que hizo. Al revelar secretos sensibles de Estados Unidos causó un terremoto. Sobre todo en esta era de guerras de información, en la que las bases de datos han reemplazado a los recursos naturales como los grandes objetivos en las pujas de poder entre potencias, un tiempo en el que el poder blando y la digitalización de drones y virus han convertido a los ejércitos tradicionales en reliquias inútiles y caras. En este escenario Snowden debilitó la capacidad de espionaje de Estados Unidos en favor de sus rivales Rusia y China. ¿Acaso Rusia y China no hacen uso y abuso de la vigilancia masiva de sus ciudadanos? 

Sin embargo, Snowden dice en su libro que denunció a los servicios estadounidenses porque era su “deber” constitucional.  Agrega que hay “secretos legítimos que no iba a darles a los periodistas” para no perjudicar a su país. De hecho Snowden nunca reveló secretos de Rusia, Ucrania, Afganistán, Irak, Cuba o Pakistán, por sólo nombrar alguno de los países donde actúan los enemigos reales o percibidos de Estados Unidos . Hay una ética en juego, un voto de lealtad hacia un país y un sistema de gobierno que incluye “secretos legítimos” que Snowden asegura no haber violado.  Por el contrario, él siente que su acto de delación se inscribe dentro de las más añejas y respetadas tradiciones estadounidenses: la del justiciero que hace cumplir la ley. Y dice además que le entregó sus secretos a medios tradicionales como The Guardian y The Washington Post (en vez de publicaciones más cuestionadas como WikiLeaks) porque conforman “la cuarta rama de facto del gobierno estadounidense, protegida por la Carta de Derechos”. Toda una definición política. En "Vigilancia Permanente" Snowden defiende no sólo el orden constitucional, sino también a las instituciones y los enunciados de la democracia republicana liberal como la división de poderes, la legitimidad de los servicios de inteligencia y el imperio de la ley. Habla de reformar el sistema, de imponerle controles y medidas de transparencia. Pero no lo cuestiona ni quiere abolirlo.

En contraste, Julian Assange en su libro “Los archivos de WikiLeaks” (2016) describe a Estados Unidos como un “imperio” y a sus servicios de inteligencia como un “culto”. Es por eso que para Snowden, Assange mostraba “una oposición visceral al poder central” y WikiLeaks, “un escepticismo radical ante el poder central.” Snowden no es Assange, eso está claro. Snowden cree en Estados Unidos y sueña con volver a Estados Unidos como hombre libre y respetado, sueña con reintegrarse a la vida cívica de su país. En su libro, Snowden se compara con los veteranos de guerra por el costo que pagó para cumplir con su deber. En cambio Assange cree que el sistema está podrido, que los grandes medios son parte de ese sistema y que solo queda resistir y luchar contra el orden tecnocapitalista resultante de la alianza parida entre el complejo militar industrial y Silicon Valley. Todo está relacionado y todo es político, desafía Assange.

Aislado en Rusia, atrapado entre su reformismo y la revolución que desató, entre su patriotismo y su deber ser, entre su silencio forzado y su necesidad de decir algo, su libro se lee como un intento de darle un sentido al acto que definió su vida y lo marcó, héroe o villano, como el espía más famoso del mundo. Gracias a esa acción y a este libro es que podemos hacernos tantas preguntas que él, por ahora, no puede o no quiere contestar.

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Martes, 16 Julio 2019 07:29

La dictadura digital

La dictadura digital

La digitalización de nuestras vidas avanza a ritmo acelerado y “ataca” desde tantos ángulos que es difícil verla en toda su complejidad y más aún analizar críticamente la mega-infra-superestructura que conforma.

En 2018, la cantidad de suscripciones a teléfonos móviles superó la cantidad de habitantes en el planeta. Hay mucho más aparatos telefónicos que personas en el planeta. A nivel global, un 53% de la población mundial usa internet. Pero mientras que en Estados Unidos y Europa más del 95% de la población tiene acceso a internet y lo usa diariamente (en países escandinavos y Emiratos Árabes Unidos más del 99%), en los países de África Central es menos del 10 % de la población y entre los 47 países llamados menos desarrollados, sólo el 19 % de la población tiene acceso a internet.

Pero la era digital no se trata sólo de computadoras, teléfonos móviles e internet que están omnipresentes en casi todo el planeta, aunque el acceso a ellos mantiene desigualdades históricas. Se trata además de la acumulación masiva de datos sobre las personas y sus interacciones económicas, sociales, políticas por parte de unas cuantas empresas trasnacionales. Se trata del mapeo y digitalización de la información sobre toda la naturaleza y recursos materiales explotables o no. Se trata de los graves impactos ambientales y en la salud que conlleva tanto la producción de aparatos y la basura que generan, como la inmensa infraestructura para conexión y la capilaridad de sus radiaciones electromagnéticas. Se trata de cambios profundos en las formas de producir en todos los rubros industriales –sean urbanos o rurales–, se trata de rupturas en las formas de vender y comprar, tanto a nivel micro como en el comercio nacional e internacional. No cambia las relaciones de explotación y dominación que sostienen el capitalismo, pero sí muchas de sus manifestaciones.

Según Benjamin H. Bratton, estamos ante la mayor infraestructura accidental jamás creada, ya que nunca se planeó crear una mega estructura como la que actualmente existe para sostener la era digital. Que además, lejos de ser etérea, es altamente material: son enormes las demandas de materiales para dispositivos y almacenamiento, y abrumadora la cantidad de energía que requiere.

Internet funciona como la línea roja que une estas trasformaciones y está centralizada y controlada desde Estados Unidos, a través de ICANN, (Corporación de internet para la asignación de nombres y números), que asigna los dominios de internet en todo el mundo. Esta centralización del control de la administración de internet se debate y cuestiona tanto desde otras potencias mundiales como Europa y China, como desde los movimientos de activistas digitales críticos, que han llamado a esta realidad un nuevo “Colonialismo 2.0

Sobre ella se montan y crecen inmensas plataformas digitales, que no pagan impuestos ni son controladas por ninguna regulación ni supervisión, como Google, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft, Airbnb, Uber, Alibaba, Baidu, Twitter, Whatsapp, Telegram y otras, cuya influencia en la vida, relaciones y opciones de la mayoría de la población mundial, tampoco tiene precedentes. Una gran parte de esa población les entrega sus datos de manera voluntaria, como ubicación, rutinas, gustos, opiniones, preferencias, relaciones. La digitalización de las funciones y servicios públicos y privados que usamos, sea por registros laborales o de estudio, asistencia a centros de salud, uso de tarjetas bancarias, tarjetas de fidelidad a comercios y servicios, hace que los datos de cada uno de nosotros sean conocidos, manejados, vendidos, sin que en nosotros realmente tengamos opción a opinar sobre ello. Aunque paulatinamente se han empezado a hacer tímidas e insuficientes regulaciones sobre el manejo de los datos personales, el alud de servicios digitales que los requieren hacen casi imposible tener control sobre ellos.

Facebook es uno de los ejemplos más evidentes. La semana pasada (julio 2019), la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos, sentenció a Facebook a pagar una multa de 5,000 millones de dólares por mal manejo de los datos que tiene sobre sus usuarios. El detonante fue haber cedido los datos de más de 80 millones de usuarios a la empresa Cambridge Analytica, que manipuló al electorado selectivamente en el caso de Brexit en Reino Unido, la elección de Trump, la de Macri en Argentina y otras. En mayo 2018, luego del escándalo al conocer sus métodos, Cambridge Analytica cerró, pero renació poco después como Emerdata Ltd. Steve Bannon, fundador de Cambridge Analytica y asesor de Trump, colaboró también directamente con Jair Bolsonaro para ganar la elección en Brasil.

Paradójicamente, junto al anuncio de la multa, las acciones de Facebook subieron, por lo que su fundador, Mark Zuckerberg, que es uno de los 8 hombres más ricos del mundo, se volvió un poco más rico. Se supone que este efecto fue debido a que los inversores consideraron que la sentencia fue manejable,ya que Facebook podrá recuperar la suma con sus ganancias de apenas 50 días.

Otro aspecto altamente preocupante es la proliferación de cámaras de vigilancia “inteligentes”. China es el líder mundial en este tipo de vigilancia, y ha desarrollado sistemas que integran reconocimiento facial en multitudes, además de cámaras portables de este tipo que llevan agentes policiales. Aunque el nivel de errores de estos sistemas es muy alto, se están extendiendo por todo el mundo. Empresas chinas están ajustando la tecnología para que sea sensible a las diferencias de rasgos raciales, con la intención de introducirlas en África y otros países del Sur. En América Latina, Ecuador fue quien primero contrató este tipo de tecnología, y actualmente lo están adoptando en varios otros países, entre ellos Argentina y Uruguay. En México, el estado de Cohauila, se vanagloria de ser el primero en instalarlo este año, que en un acuerdo con la empresa china Dahua, instalará 2000 cámaras con reconocimienton facial en 11 ciudades de la entidad. Le sigue los pasos la Ciudad de México, que las instalará en el Metro.

Esto son sólo algunos de los aspectos críticos de la era digital y en todos los casos, se basan en el aumento de la capacidad y extensión de la conexión de redes electrónica, cuyo puntal será la aplicación global de las redes 5G lo cual – a costa de convertir el planeta en un gigantesco horno de microondas– les permitiría dar acceso en lugares que actualmente parecen inaccesibles, como la Amazonía o África Central, además de regiones remotas otros países. Para ello, las empresas pretenden que los estados financien con dinero público estos empredimientos, lo cual es presentado en todas partes como “un derecho al acceso a internet” , en favor de la democracia.

Si bien hay aspectos positivos de la conectividad de la era digital, necesitamos un debate crítico del rol que está jugando para favorecer el aumento y/o la entrada del capitalismo en todos los rincones del planeta, basado en una red de vigilancia que deja al Gran Hermano de Orwell como una mera fantasía literaria.

El Gobierno de EE.UU. ha gastado casi 3.800 millones de dólares en subvenciones y contratos en la gestión de «niños extranjeros no acompañados» (UAC), desde que el presidente Trump asumiera dicha política. Foto: AP

La empresa norteamericana Caliburn además de ofrecer servicios en Irak, Afganistán y otras regiones, mediante su filial CHS recibe multimillonarios pagos por operar refugios de niños latinoamericanos migrantes no acompañados. Caliburn cuenta en su junta directiva con el exjefe del Comando Sur y exsecretario de Seguridad Nacional, John F. Kelly. 

En abril de 2018, el entonces fiscal general de EEUU Jeff Sessions anunció la política de ‘tolerancia cero’ a la migración ilegal.

«El Congreso no ha aprobado una legislación efectiva que sirva al interés nacional, que cubra peligrosos huecos y financie completamente un muro a lo largo de nuestra frontera sur. Como resultado, ha estallado una crisis en nuestra frontera suroeste que requiere un esfuerzo mayor para procesar a quienes eligen cruzar ilegalmente nuestra frontera», dijo el fiscal general.

Asimismo advirtió que «entrar ilegalmente en este país no será recompensado», sino que se enfrentará a todos los poderes del Departamento de Justicia.

Dicha decisión hizo que miles de niños migrantes centroamericanos fueran separados de sus padres y alojados en instalaciones administradas por organizaciones no gubernamentales y empresas contratistas.

Como lo dispuso el Gobierno norteamericano, ésta política reemplaza cualquier política existente y si la adopción de la misma requiere recursos adicionales, cada oficina deberá identificar y solicitar dichos recursos. ​

Puertas giratorias

La política de «tolerancia cero a la migración ilegal» destina un multimillonario presupuesto a unas pocas organizaciones no gubernamentales, religiosas y empresas privadas, encargadas de administrar los refugios o albergues para niños, entre otras actividades.

Una de las beneficiarias es la compañía Caliburn International, mediante su filial Comprehensive Health Services, CHS, que administra las instalaciones más grandes para niños migrantes en Estados Unidos.

Antes de unirse a la Administración Trump, según la misma fuente, el exsecretario de Seguridad de EEUU, John F. Kelly ya era parte de la junta de asesores de DC Capital Partners, una firma de capital privado propietaria de Caliburn.

Recordemos que Kelly al fungir como jefe del Comando Sur de EEUU de 2012 a 2016 tuvo la responsabilidad de «velar por el mantenimiento de las fronteras y el combate contra la inmigración ilegal y el tráfico de drogas».

En 2017, el presidente Trump lo designó en el cargo de secretario de Seguridad Nacional. De 2017 hasta enero de 2019 se desempeñó como jefe de Gabinete de la Casa Blanca.

Queda claro que la información que posee Kelly y su entorno es colosal, en especial sobre los planes para frenar y disuadir la migración y sobre los métodos y negocios que giran alrededor de la problemática.

¿La Gran Muralla de Migrantes? El nuevo nicho de millones de dólares de empresas contratistas

Caliburn International ofrece consultoría e ingeniería en defensa nacional, salud, diplomacia internacional y seguridad nacional y sus clientes son tanto comerciales como gubernamentales.

Dicha compañía reconoció ante la Comisión Nacional del mercado de valores, SEC por su sigla en inglés, que identificó la política de inmigración como una oportunidad de crecimiento.

Reportó a la SEC que a través de su negocio de servicios médicos y humanitarios, están involucrados en la prestación de servicios médicos y de la vida diaria para los niños que son detenidos en la frontera de EEUU y que esperaban que «estas operaciones sean parte de nuestro negocio en el futuro y que nuestros niveles de operaciones en estas áreas puedan aumentar».

La compañía expresó en dicha ocasión su preocupación por la posible pérdida o reducción de sus contratos en Irak y Afganistán.

Advirtió que «si el Gobierno de EE.UU. cambiara su política con respecto al apoyo a estas regiones, ya sea por el aumento de las actividades insurgentes o la desestabilización, incluidos los disturbios civiles o la guerra civil en Irak o Afganistán, o el deterioro de las relaciones entre EEUU y estos países, nosotros podríamos estar imposibilitados de proporcionar servicios o nuestros contratos para proveer servicios podrían ser rescindidos».

«Cualquiera de los aspectos anteriores podría afectar negativamente nuestro rendimiento operativo y podría resultar en costos adicionales y pérdida de ingresos» se quejaron.

Ahora Caliburn y sus filiales han ampliado con mucho éxito su ámbito de negocio, y al parecer encontraron una fuente de recursos que no parará de fluir al menos en un corto plazo.

Según la agencia informativa CBSnews los registros de contratos federales muestran que la filial de Caliburn, CHS recibió al menos 222 millones de dólares para operar entre el 7 de julio de 2018 y el 20 de abril de 2019, y podría recibir mucho más.

Es decir que, en el transcurso de 270 días, recibió financiación de aproximadamente 800.000 dólares diariamente.

Entonces, no es para menos la alegría de James Van Dusen representante de Caliburn al decir que «con cuatro décadas de liderazgo militar y humanitario, una comprensión profunda de los asuntos internacionales y el conocimiento de los propulsores económicos actuales en todo el mundo, el general Kelly es una adición estratégica sólida para nuestro equipo».

Además de Kelly, Caliburn incluye a otros exmilitares de alto rango.

Contratos multimillonarios y sueldos exorbitantes

Una revisión de los datos de contratos referidos a atención de migrantes ilegales realizada por Sludge, encontró que el Gobierno de EE.UU. ha gastado casi 3.800 millones de dólares en subvenciones y contratos en la gestión de «niños extranjeros no acompañados» (UAC), desde que el presidente Trump asumiera dicha política.

Según la misma fuente los principales receptores de fondos son Southwest Key Programs (1.500 millones de dólares) y BCSF Health and Human Services (659 millones de dólares).

También reciben fondos las compañías privadas, como la firma de seguridad MVM (213 millones de dólares) y CHS Comprehensive Health Services (292 millones de dólares), la subsidiaria de la compañía donde John Kelly es miembro de la junta directiva.

La empresa CHS, según la misma fuente, cobra 750 dólares por persona por día, mucho más de lo que costaría un caro hotel, incluida la alimentación. La compañía opera otros tres refugios, todos en Texas, y tiene 292 millones de dólares en contratos gubernamentales en curso.

La investigación de Sludge indica que 10 de las entidades que reciben la mayor cantidad de dinero para las operaciones de UAC, pagaron a sus principales ejecutivos más de 300.000 dólares en compensación anual, hecho que habrían corroborado en documentos fiscales disponibles públicamente.

Se sabe de denuncias de maltratos y abusos en varias de estas instalaciones de ‘refugio’, lo cual hace más indignante conocer los montos de los ‘honorarios’ de sus administradores, peor aun cuando se sabe que los consiguen a costa de niños, de la nacionalidad que fuera.

Queda claro que al negocio no le importa otra cosa que no sea lucrarse con la tragedia diaria.

Para enrarecer más el panorama, un informe del inspector general del Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU. emitido el 2 de julio pasado advierte sobre el «hacinamiento peligroso» y la «detención prolongada» en varias instalaciones de procesamiento de migrantes de Aduanas y Protección de Fronteras (CBP).

A menudo se escucha en los medios de comunicación a las autoridades gubernamentales de distintos países y de organismos internacionales referirse a la migración como un «fenómeno», casi natural, y lo grave es que nos estamos acostumbrando a ello.

En este caso no se trata de un proceso regular de movilidad humana. La región centroamericana sufre una guerra solapada que expulsa miles sino millones, y que los convierte en parias, ante la mirada impávida de algunos políticos de turno y la ausencia o pasividad de organismos multilaterales.

En tanto, otros disfrutan de sus prósperos negocios, fruto de esa tragedia.

12 julio 2019

(Tomado de Rebelión)

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¿Más libres o más vigilados?, en esta nueva fase del capitalismo el producto eres tú

¿Ha pasado cerca de un centro comercial y recibe en su smartphone publicidad de alguna tienda ubicada en ese establecimiento? ¿Ha descargado música de alguna banda y su red social favorita le “sugiere” que la siga?

 

Uno de los atributos del capitalismo, en esta fase de decadencia, es la capacidad que tiene para hacer sentir libre a la gente más vigilada de la historia. La inteligencia que apellida a cuanto aparato se inventa hoy trae, en letras pequeñas y numerosas, la condición de observar a su usuario. De tal manera que televisores, relojes, monitores para corredores, teléfonos observan a quien hace uso “personalizado” de estos aparatos.

 

¿Delirios de Pedro Carreño?

 

Ah, de aquellos tiempos en los que era un chiste decir que al entonces diputado chavista Pedro Carreño se le ocurrió insinuar que los aparatos de televisión satelital nos espiaban, pocos años después el público se enteró de que televisores inteligentes espiaban las casas de su “dueños”.

La organización WikiLeaks, grupo de ciberactivistas fundado por el australiano Julian Assange, inició en 2017 la publicación de 8 mil 761 documentos procedentes de la unidad de ciberespionaje de la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA, por sus siglas en inglés), en la que trabajan unas 5 mil personas.

Refiere la filtración el caso del programa “Ángel que llora” (Weeping Angel), diseñado por las “televisiones inteligentes” de la empresa surcoreana Samsung. “Después de infectar [el aparato], Weeping Angel pone a la televisión en un modo ‘off’ falso”, según la nota de prensa colgada por WikiLeaks en su web. Cuando está en modo “off” falso, la televisión parece apagada, pero no lo está. En vez de eso, “graba las conversaciones en la habitación y las envía a través de Internet a un servidor secreto de la CIA”.

Cuando en 2015 Samsung lanzó en Estados Unidos sus “televisores inteligentes”, con el eslogan “La tele nunca ha sido tan lista”, el gigante coreano ya advertía en el manual de instrucciones que “el dispositivo puede capturar órdenes orales” que Samsung podría “recolectar” y “transmitir (junto con información acerca del dispositivo, incluyendo la identificación de éste) a terceros”, incluso en el caso de que esos datos incluyeran “información personal o sensible”.

En la última generación de iPhones, Siri, el famoso asistente online de Apple, escucha siempre lo que se dice a su alrededor y lo envía a la sede de la empresa. Lo mismo que Alexa, el rival de Siri de Amazon.

 

Más capitalismo, pero ahora “de vigilancia”

 

Lo que algunos autores han bautizado como “capitalismo de vigilancia” es una fase del capitalismo en la que los medios de producción son las vidas personales y reposan sobre la infraestructura digital, ya no sobre un dueño concreto; la mano de obra es el usuario de aplicaciones, las propias vidas humanas (cuyo sentido es poder comprar, mayoritariamente) son los medios de producción que generan la verdadera materia prima: los datos personales.

Impuesto como un manto, ya el capitalismo no se basa solamente en la fuerza de trabajo de la clase trabajadora sino en la información que aporte cada individuo respecto a su sistema de toma de decisiones para votar, comprar, etc.

Bajo esta faceta del capital no solo se trata de concentrar capital, tierra y fuerza de trabajo sino datos personales como llave para amplificar dicha concentración sin dar la cara, al ejercer el monopolio del negocio digital de marcas como Google, Facebook, Apple y Amazon, que suman a todo tipo de compañías del entorno tradicional a su forma de hacer negocios.

 

Fórmula Google: Saber lo que te gusta (o no)

 

La fórmula Google tiene en su génesis a Sheryl Sandberg, encargada de la publicidad online, quien llegó a la conclusión de que combinando la información derivada de su algoritmo y los datos computacionales recogidos de sus usuarios, podían ofrecer un análisis muy interesante para que, con una predicción de quién necesitaba o deseaba qué, el anunciante supiera a quién dirigirse y qué venderle.

De esto habló,en una entrevista con la BBC Shoshana Zuboff, profesora emérita de la Harvard Business School quien acuñó el término “capitalismo de vigilancia”.

Se diseminó entonces el modelo mediante el cual los datos se convirtieron en fuente de riqueza debido a que facilitaban las predicciones sobre comportamientos, lo que se traduce en ventas para anunciantes, aseguradoras, almacenes y hasta partidos políticos. Fue así como entre 2001 y 2004, los ingresos de Google crecieron casi un 3.600% y, a partir de marzo de 2008 cuando Sandberg fue fichada por Mark Zuckerberg para Facebook, se implanta el mismo modus operandi exitoso para las minorías megamillonarias.

En el negocio de las predicciones, cuya herramienta es el Big Data, la mano de obra es gratis; se trata de una minería en la que se extraen comportamientos, hábitos, deseos, miedos, sueños, proyectos, dudas… para ser vendidas a partir de un mito: el consentimiento del público poseedor.

Quien desea descargar algún contenido o programa gratuito acepta unos términos sin haberlos leído en profundidad o extraviado en una inaccesible jerga legislativa, técnica y conceptual, sus datos son usados para otras finalidades y cedidos a terceras empresas que buscan conocerle mejor y obtener un perfil de cómo es el usuario.

“Sin saberlo, el usuario puede estar dando consentimiento a ser escaneado en redes sociales y, de ahí, se saca el perfil de la persona. Solo con las fotos de Instagram ya se pueden deducir cosas del comportamiento”, explica Paloma Llaneza, abogada, experta en ciberseguridad y autora de Datanomics.

 

Entre la adicción y el juego: La eterna adolescencia

 

Hay más. Llaneza agrega que “las aplicaciones están basadas en un inteligentísimo sistema de adicción y gamificación. Diseñan esto para hacernos adictos, todo es como un juego y tienes que participar para formar parte de la sociedad”.

Lograda la adicción, parece prácticamente imposible negarse a ceder la vida personal a cambio de la app del momento. Considera la experta que las personas no son inconscientes sino adictas, y que viven en un estado de infantilización ante la tecnología.

El modelaje de la adolescencia eterna, esa en la que se asocia juventud y consumo, y consumo con eternidad, desemboca en una fiebre que consiste en querer formar parte de lo último, recibir atención y no perderse de nada, de ahí que aplicaciones de moda como aquella que convertía rostros en obras de arte terminan creando modelos para el reconocimiento facial y sirviendo a la inteligencia artificial para que, en el futuro, le sean violados a las personas los derechos a la privacidad o a ser admitidos en algún sitio.

El engaño es doble: cuando el usuario entrega sus datos a cambio de servicios aparentemente inocentes, y cuando esos datos son después utilizados para elaborar un perfil cuya utilidad no solo pareciera ser comercial.

El ciclo de la adicción se intensifica mediante otra clave: la gratuidad de los servicios. Las apps gratuitas logran captar usuarios cual anzuelo y, a través de ellas, comienza la extracción de datos y, con ellos, la acumulación de comportamientos se convertirán en predicciones listas para ser transformadas en dinero.

 

¿Más libres o más vigilados?

 

Sistemas combinados de uso entre gadgets (equipos personalizados) recopilan datos que quedan guardados y se mezclan con los datos extraídos del smartphone para reportar un conocimiento de cada usuario desde diversos ángulos, que incluyen el entorno familiar. La conexión total se ha convertido en vigilancia total pero se vende (y experimenta) como libertad.

Analizando el impacto de la hipercomunicación y la hiperconexión en la sociedad en su libro La expulsión de lo distinto, el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, profesor en la Universidad de las Artes de Berlín, dice:

“En la cárcel, hay una torre de vigilancia. Los presos no pueden ver nada pero todos son vistos. En la actualidad se establece una vigilancia donde los individuos son vistos pero no tienen sensación de vigilancia, sino de libertad”.

Agrega que la sensación de libertad que brota en los individuos es engañosa: “Las personas se sienten libres y se desnudan voluntariamente. La libertad no es restringida, sino explotada”.

Por lo tanto, no es el mismo sistema represivo de la sociedad disciplinaria: en la actualidad somos teledirigidos en función de nuestra misma aspiración social expresada en posts, tweets, etc. Alimentar ese ya no tan nuevo modo de producción tiene su costo para muchos y ganancia para pocos.

 

(Tomado de Misión Verdad)

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San Francisco se convierte en la primera ciudad de EEUU en prohibir a la Policía usar técnicas de reconocimiento facial

Gobiernos y agencias de seguridad de EEUU hace años que utilizan las técnicas de reconocimiento facial (capaces de identificar a individuos mediante inteligencia artificial) para tareas como identificar a criminales, ayudar en las tareas de búsqueda de menores desaparecidos y prevenir el fraude documental.

La Alcaldía de San Francisco (EEUU) prohibió a las agencias locales, entre ellas la Policía, el uso de técnicas de reconocimiento facial, cada vez más empleadas por las autoridades para identificar a criminales pero criticadas por las organizaciones pro derechos civiles.


La ciudad californiana se convirtió así en la primera de Estados Unidos en tomar una medida de estas características y ahora podrían seguirla en un futuro cercano la vecina Oakland, que está considerando una prohibición similar, y el estado de Massachusetts, donde el Senado estatal también estudia la cuestión.


"Esta no es una política antitecnológica. Se trata de poder exigir responsabilidades en torno a la tecnología de vigilancia, de garantizar que se hace un uso seguro de ella", explicó durante el pleno el concejal promotor de la medida, Aaron Peskin, quien aseguró que "se puede tener seguridad sin convertirse en un estado policial".


La medida fue aprobada en el pleno del consistorio con la oposición pública del cuerpo de Policía local, que durante los últimos días ha presionado para que no saliese adelante una prohibición que a su juicio dificultará el día a día de sus operaciones.
Sesgos policiales contra minorías


Gobiernos y agencias de seguridad de EEUU hace años que utilizan las técnicas de reconocimiento facial (capaces de identificar a individuos mediante inteligencia artificial) para tareas como identificar a criminales, ayudar en las tareas de búsqueda de menores desaparecidos y prevenir el fraude documental.


Sin embargo, los grupos en defensa de los derechos civiles aseguran que esta tecnología invade la privacidad de los ciudadanos de forma excesiva, a la vez que puede perpetuar sesgos policiales contra minorías étnicas ya que se ha probado que tiende más al error con personas de piel oscura.


En este sentido, Peskin citó el estudio llevado a cabo en julio pasado por la Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU, en inglés) que halló que el reconocimiento facial había identificado incorrectamente a 28 congresistas de EEUU (en su mayoría pertenecientes a minorías étnicas) como criminales al comparar sus fotografías con imágenes policiales.

San Francisco (EEUU)
15/05/2019 12:48 Actualizado: 15/05/2019 12:55
Efe

Llegan las huellas dactilares maestras: inteligencia artificial para desbloquear cualquier teléfono

Un equipo de investigadores estadounidenses ha creado un sistema capaz de generar huellas dactilares por sí mismo destinado a desbloquear teléfonos


Hablamos con una experta en seguridad y vigilancia sobre las implicaciones de la biometría en cada vez más ámbitos de nuestra vida

La única diferencia entre una contraseña y una contraseña biométrica es que la primera la puedes cambiar, perder, olvidar, rehacer o pedir una nueva, mientras que la segunda está contigo para siempre, tengas la edad que tengas y estés donde estés. Porque la contraseña es tu cuerpo. Si te roban tu número de tarjeta de crédito podrás cancelar la tarjeta y pedir una nueva, pero si alguien se hace con tu huella dactilar estarás metido en un problema.


La biometría es la técnica que permite generar contraseñas a partir de tus datos biológicos, ya sea tu voz, tu huella o tu iris. La tecnología se ha popularizado tanto estos últimos años que no es raro ver cómo cada vez más teléfonos y dispositivos electrónicos incorporan sensores de reconocimiento facial o de huella dactilar para proteger el acceso al mismo.
¿Proteger o desproteger? La biometría no es segura ni nunca lo fue a la hora de proteger el acceso a un dispositivo, según alertan cada vez más expertos. Una nueva prueba de ello es el último estudio que varios investigadores de las universidades de Michigan y Nueva York han publicado en el repositorio de artículos científicos arxiv y que esta semana cuenta Motherboard. Se titula Deep master prints (Copias maestras profundas) y ahí explican cómo han construido un sistema a base de machine learning (aprendizaje automático) que es capaz de generar huellas dactilares para desbloquear teléfonos móviles.


Cómo funciona una llave maestra que aprende sola


Imagina que tienes una llave que abre todas las puertas de tu bloque de edificios y que a medida que abres más y más puertas, la llave aprende nuevas configuraciones de cerradura, lo que a la larga le servirá para abrir un mayor número de cancelas. Este es un buen ejemplo para entender cómo funcionaría una llave maestra alimentada con Inteligencia Artificial (IA), que al fin y al cabo es lo que han prototipado los investigadores estadounidenses.


Uno de los grandes avances de la IA es sido el descubrimiento y puesta en práctica de las redes neuronales artificiales, un tipo de arquitectura de programación que permite a un sistema "aprender" en función de la información que se le proporcione. En este caso, los investigadores le dieron 6.000 huellas dactilares humanas, que una vez analizadas le permitieron comenzar a crear las suyas propias.


Cada nueva huella generada era después enviada a otra red neuronal artificial que se encargaba de discriminar si lo que veía era real o no. Las huellas que esa red identificaba como falsas eran devueltas al sistema, que las perfeccionaba y las volvía a enviar al discriminador, a ver si en ese nuevo intento pasaban la prueba. Este proceso, repetido miles de veces en un laboratorio, da como resultado huellas dactilares maestras.


Cuando el sensor de huella del teléfono escanea nuestro dedo y lo desbloquea no está escaneando todo el dedo, sino unos pocos puntos. Lo explica a eldiario.es Gemma Galdón, ideóloga y experta en seguridad y creadora de la Fundación Éticas: "Para ir más rápido, lo que se hace es minimizar los puntos de comparación y te aseguras más o menos de que esa persona es la que dice ser, aunque seguramente esos mismos puntos pueden coincidir con una parte importante de la población".
Acierta tres de cada cuatro intentos


Galdón pone el ejemplo de los aeropuertos como lugar en el que se utiliza la biometría a discreción pero con escasas garantías: "Allí lo importante es que la gente pase rápido. Si quieres eso, tienes que bajar el nivel de seguridad o los puntos que se cotejan cada vez que alguien pasa", continúa. Los sistemas de reconocimiento facial tampoco se salvan: el año pasado, apenas dos meses después de lanzar Apple su iPhone X, la tecnología fue burlada con una máscara hecha a base remiendos.


La experta en seguridad y vigilancia recuerda, sobre la biometría, que "hay un montón de vulnerabilidades técnicas brutales" y advierte sobre algunos sitios en donde "no se encripta bien la huella, con lo cual se recoge la huella plana que es super fácil de reproducir". Tampoco entiende cómo esta tecnología se sigue incorporando en los dispositivos nuevos que salen cada año: "Ni yo ni creo que ninguna de las personas que trabajamos en esto desde hace tiempo entendemos muy bien cómo ha colado tanto eso de que la biometría es la metodología más segura para verificar la identidad".


Los investigadores estadounidenses usaron dos tipos de huellas para alimentar el sistema: impresas en un papel y las generadas por los sensores de huellas de cientos de dispositivos. Después vieron que la criatura entendía mejor las segundas, y no es casualidad: estas son el resultado de poner el dedo en el sensor cientos de veces, en tu móvil, en el iPad, en el trabajo, en un aeropuerto. Ese fue el paquete de datos que la máquina entendió correctamente, el que provenía de los usos mayoritarios de la biometría en el mundo.


Las huellas maestras llegaron a tener éxito hasta en un 76% de las veces que fueron puestas a prueba. Son tres de cada cuatro intentos. "La biometría está contigo para siempre", recuerda Galdón, que se despide lanzando una mensaje: "Una biometría que no es segura es como un coche sin motor".

David Sarabia
19/11/2018 - 21:18h

Lunes, 26 Marzo 2018 06:20

2018

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La carrera es vertiginosa y desigual. Al tiempo que crece la acción de los gobiernos para proteger la identidad y los datos de las personas, éstos se fugan sin cesar. Nosotros mismos facilitamos gran cantidad de información que se hace pública, en unas ocasiones porque lo exigen múltiples trámites; en otras, porque pensamos que es inocuo hacerlo y de forma tácita damos nuestro consentimiento.

También hay robos. Este es el caso del serio conflicto en el que se ha metido Facebook en relación con los 50 millones de datos sobre usuarios de esa plataforma y que extrajo la empresa Cambridge Analytica para influir en la propaganda política y tratar de orientar el voto en las pasadas elecciones, en este caso, de Estados Unidos.

El poder se ha acumulado en quienes generan, acumulan, controlan y manipulan información. En una aproximación muy simple, Big Data, según la define IBM, es una tecnología para ordenar y describir enormes cantidades de datos, estructurados o no, y que permite un enfoque nuevo en el entendimiento de procesos y para tomar decisiones.

Lo que ha hecho Cambridge Analytica, con Steve Bannon incluido, pues fue vicepresidente de esa consultora, es precisamente reconocer el poder que tienen los datos masivos y la posibilidad que hay de usarlos mediante la minería, el análisis y la comunicación para fines específicos y muy diversos. En particular sirven para enfocarse con bastante precisión en los individuos, no en la masa.

Esto es muy similar a lo que hacen Netflix cuando sugiere a los suscriptores los programas que exhibe; Google cuando dirige la publicidad según las consultas que se hacen en su buscador o Amazon cuando enfoca la atención a ciertos productos según las preferencias de compra de los usuarios.

El robo de Cambridge Analytica fue posible debido al mismo negocio de Facebook que ha usado extensamente a los llamados desarrolladores para ampliar el uso de sus bases de datos. Según explica la misma empresa esos desarrolladores constituyen un programa guiado por las comunidades locales y cuyo objetivo es compartir el conocimiento que resulta de la acumulación de datos de quienes participan de la red.

Facebook, como no podía ser de otra manera, se concentra en el desarrollo de sus negocios y de sus crecientes posibilidades tecnológicas. Como Mark Zuckerberg ha dicho, las nuevas normas sociales con respecto a la privacidad están cambiando y sobre esa base cuando los ingresos de su empresa empezaron a crecer, se centró en el verdadero caudal que representan los datos; business is business.

Bannon ha sido más brutal como acostumbra y sin empacho ha dicho que ese negocio implica tomar gratis los datos de los usuarios y venderlos, luego se formulan los algoritmos para dirigir sus vidas. Debió añadir que también los ha sustraído, ante la pasividad de Facebook. Ante el escándalo, Zuckerberg afirmó que si su plataforma no puede proteger la información entonces no merecemos servirlos. En efecto, así es. ¡En buenas manos estamos!

Aquí destacan varias cuestiones acerca de la salvaguarda de la identidad y los datos personales que no acaban de ser protegidos en las áreas de los negocios y de las campañas políticas. Pero tampoco lo son en el campo más preciso del ejercicio del poder del Estado y de los gobiernos que ejercen una vigilancia de los ciudadanos mediante el espionaje, la intervención de las comunicaciones y hasta la promulgación de leyes que atentan frontalmente en contra del derecho a la privacidad.

Todo esto puede parecerle a muchos algo inocuo, ingenuo o trivial, pero no lo es. El uso de algoritmos cada vez más precisos puede provocarnos una sensación positiva como consumidores o como miembros de una colectividad en las redes sociales. Después de todo, la definición de cada uno se resume en un me gusta o sus derivaciones: me encanta, me entristece, me enfurece y me asombra. Un buen perfil sicológico es el que así se aporta sin contrapartida alguna y para el lucro de otros.

Pero, como nos damos cuenta cada vez más, esto es una invasión de la privacidad; la Real Academia Española la define como el ámbito de la vida privada que se tiene derecho a proteger de cualquier intromisión.

Admitamos pues que cambia la percepción sobre la privacidad en la sociedad. En efecto, eso parece desprenderse del crecimiento acelerado de las redes sociales y su influencia. Mucha gente se siente más identificada como parte de esa red aun a expensas de su individualidad.

Este es un asunto muy relevante y, sin embargo, la privacidad es un derecho que debería salvaguardarse a toda costa y no por otra razón sino porque en esencia cada uno de nosotros es un individuo.

Bienvenido al futuro, brother Orwell. Qué lejos y qué cerca está 1984 de 2018.

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