Avianca, la segunda aerolínea más grande de América Latina, se declara en quiebra voluntaria por el covid-19

"Acogerse a este proceso fue necesario debido al impacto imprevisible de la pandemia covid-19, que ha provocado una disminución del 90% del tráfico mundial de pasajeros", han explicado desde el consorcio.

 

El consorcio aerocomercial latinoamericano Avianca Holdings —que surgió en el 2010 como resultado de la fusión de la aerolínea colombiana Avianca y la salvadoreña TACA Airlines— ha anunciado este 10 de mayo que inicia el procedimiento de reorganización voluntaria para preservar operaciones debido a la pandemia de coronavirus.

En este contexto, el consorcio ya presentó ante el Tribunal de Bancarrota del Distrito Sur de Nueva York una solicitud para acogerse voluntariamente al Capítulo 11 del Código de Bancarrota de EE.UU.

"Acogerse a este proceso fue necesario debido al impacto imprevisible de la pandemia covid-19, que ha provocado una disminución del 90% del tráfico mundial de pasajeros y se espera que reduzca los ingresos de la industria en todo el mundo en 314.000 millones de dólares, según la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA)", ha explicado la empresa en un comunicado, acompañado por la etiqueta Avianca #SeguiráVolando.

Desde la aerolínea, la mayor de Colombia y El Salvador, y la segunda más grande de América Latina, han detallado que, a lo largo del proceso de quiebra, supervisado por el tribunal, Avianca continuará operando.

Además, "Avianca continúa participando en conversaciones con el Gobierno de Colombia, así como con los de sus otros mercados clave, con respecto a las estructuras de financiamiento que proporcionarían liquidez adicional a través del proceso del Capítulo 11 y que desempeñarían un papel vital para garantizar que la compañía salga de su reorganización como una aerolínea altamente competitiva y exitosa en las Américas", han asegurado.

Publicado: 10 may 2020 23:43 GMT

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La ética del cuidado, el pacto ecosocial y el pacto ecoeconómico como futuro posibles post covid-19

En esta etapa de la Pandemia del covid-19, la constante observación de noticias ha despertado mi interés no solo en el seguimiento y evolución de cómo los Gobiernos del mundo abordan y enfrentan el desafío de contener la propagación del virus, los diferentes mecanismos de prevención, las estrategias para evitar el colapso de los sistemas de salud, y de otro lado, los escenarios futuros y posibles postpandemia.

Partamos del postulado que en este periodo de crisis es necesario abandonar sí o si, el discurso bélico, el cual una vez aplanada la curva de contagios, al menos en los Estados Unidos, se generará como un sofisma distractor. Donald Trump empezará a materializar y fundamentar sus acusaciones contra el gobierno de China y China a su vez tratará de demostrar que el virus fue producido en una base militar americana, distrayendo a la sociedad de lo realmente relevante postpandemia.

Los Gobiernos una vez superada en una primera fase la crisis, deberían de inmediato asumir las causas ambientales de la pandemia, junto con las sanitarias, y colocarlas también en la agenda política, esto nos ayudaría a prepararnos positivamente para responder al gran desafío de la humanidad, la crisis climática, y a pensar en un gran pacto ecosocial y ecoeconómico.

El 2020 ha patentizado la encrucijada civilizatoria en curso. Frente a nuevos dilemas políticos y éticos, nos permite repensar la crisis económica y climática desde una nueva óptica, tanto en términos multiescalares (global/nacional/local) como en ámbitos geopolíticos (relación norte/sur bajo un nuevo multilateralismo). Creo que todo se reduce a formular dos posibles escenarios: O bien vamos hacia una globalización neoliberal más autoritaria, o bien, sin caer en una visión ingenua, la crisis puede abrir paso a la posibilidad de la construcción de una globalización más democrática, ligada al paradigma de la ética del cuidado, por la vía de la implementación y el reconocimiento de la solidaridad y la interdependencia como lazos sociales e internacionales; de políticas públicas orientadas a un «nuevo pacto ecosocial y ecoeconómico», que aborde conjuntamente la justicia social y ambiental.

Las crisis y las revoluciones, no hay que olvidarlo, también generan procesos de «liberación cognitiva», toda revolución y toda crisis siempre han generado ganancias incalculables para la sociedad. En la mayoría de los casos las ganancias esperadas son distantes de los objetivos y sentidos que motivaron dichos movimientos. Esto hace en gran medida posible la transformación de la conciencia de los potenciales afectados; esto hace posible, también, superar el fatalismo o la inacción y tornar viable y posible aquello que hasta hace poco era inimaginable.

Esto supone entender que la suerte no está echada, que existen oportunidades para una acción transformadora en medio del desastre. Lo peor que podría ocurrir es que nos quedemos en casa convencidos de que las cartas están marcadas y que ello nos lleve a la inacción o a la paralización, como el trinomio (cuarentena-miedo-parálisis), pensando que de nada sirve tratar de influir en los procesos sociales y políticos que se abren, así como en las agendas públicas que se están instalando. Lo peor que podría suceder es que, como salida a la crisis sistémica producida por esta emergencia sanitaria, se profundice «el desastre dentro del desastre». Debemos partir de la representación de que estamos en una situación extraordinaria, de trance sistémico, y que el horizonte civilizatorio no está cerrado y todavía está en disputa.

En esa línea, varios expertos en el mundo consideran que ciertas puertas deben no abrirse (por ejemplo, no podemos aceptar una solución como la de 2008, que beneficie a los sectores más pudientes, corruptos y contaminantes), y otras que deben abrirse más y potenciarse (un Estado que valorice el paradigma de la ética cuidado y la vida), tanto para pensar la salida de la crisis como para imaginar otros mundos posibles. Se trata de proponer salidas a la actual globalización, que cuestionen la actual destrucción de la naturaleza y los ecosistemas, que cuestionen una idea de sociedad y vínculos sociales marcados por el interés individual, que cuestionen la mercantilización y la falsa idea de «autonomía». En mi opinión, las bases de ese nuevo lenguaje deben ser tanto la instalación del paradigma del cuidado como marco sociocognitivo como la implementación de un gran pacto ecosocial y económico, de ámbito nacional y global.

En primer lugar, más que nunca, se trata de valorizar el paradigma del cuidado, un paradigma relacional que implica el reconocimiento y el respeto del otro, la conciencia de que la supervivencia es un problema que nos incumbe como humanidad y nos involucra como seres sociales. Como manifiesta Maite Pérez Echarri “Solo aquel que comprende que es incompleto, indigente y vulnerable es capaz de cuidar”. La ética del cuidado puede ayudarnos a repensar los vínculos entre lo humano y lo no humano, a cuestionar la noción de «autonomía» que ha generado nuestra concepción moderna del mundo y de la ciencia; a colocar en el centro nociones como la de interdependencia, reciprocidad y complementariedad.

Esto significa reivindicar que aquellas tareas cotidianas ligadas al sostenimiento de la vida y su reproducción, que han sido históricamente despreciadas en el marco del capitalismo patriarcal, son tareas centrales y, más aún, configuran la cuestión ecológica por excelencia. Lejos de la idea de falsa autonomía a la que conduce el individualismo liberal, hay que entender que somos seres interdependientes y abandonar las visiones antropocéntricas e instrumentales para retomar la idea de que formamos parte de un todo, con los otros, con la naturaleza. En clave de crisis civilizatoria, la interdependencia es hoy cada vez más leída en términos de ecodependencia, pues extiende la idea de cuidado y de reciprocidad hacia otros seres vivos, hacia la naturaleza.

En este contexto de tragedia humanitaria a escala global, el cuidado no solo doméstico sino también sanitario como base de la sostenibilidad de la vida cobra una significación mayor. Por un lado, esto conlleva una revalorización del trabajo del personal sanitario, mujeres y hombres, médicos generales, internistas, infectólogos, epidemiólogos, enfermeros, conductores de ambulancia, camilleros, en fin, el conjunto del cuerpo humano de trabajadores de la salud, que afrontan el día a día de la pandemia, con las restricciones y déficits de cada país, al tiempo que exige un abandono de la lógica mercantilista y un redireccionamiento de las inversiones del Estado en las tareas de cuidado y asistencia. Por otro lado, las voces y la experiencia del personal de la salud serán cada vez más necesarias para colocar en la agenda pública la relación que existe entre salud y ambiente, con vistas al colapso climático. Nos aguardan no solo otras pandemias, sino la multiplicación de enfermedades ligadas a la contaminación y al agravamiento de la crisis climática. Hay que pensar que la medicina, pese a la profunda mercantilización de la salud a la que hemos asistido en las últimas décadas, no ha perdido su dimensión social y sanitarista, tal como podemos ver en la actualidad, y que de aquí en más se verá involucrada directamente en los grandes debates societales y, por ende, en los grandes cambios que nos aguardan y en las acciones para controlar el cambio climático, junto con sectores ecologistas, feministas, jóvenes y pueblos originarios.

En el contexto de esta pandemia, ha habido algunas señales. Por ejemplo, Chris Stark, jefe ejecutivo del Comité sobre Cambio Climático del Reino Unido (CCC), sostuvo que la inyección de recursos que los gobiernos deben insuflar en la economía para superar la crisis del covid-19 debe tener en cuenta los compromisos sobre el cambio climático, esto es, el diseño de políticas y estrategias que no sean solo económicas sino también un «estímulo verde». En Estados Unidos un grupo de economistas, académicos y financistas agrupados bajo la consigna del estímulo verde (greenstimulus) enviaron una carta en la que instaron al Congreso a que presione aún más para garantizar que los trabajadores estén protegidos y que las empresas puedan operar de manera sostenible para evitar las catástrofes del cambio climático, especialmente en una economía marcada por el coronavirus.

Varios académicos proponen pensar en términos de un gran pacto ecosocial y económico. Sabemos que, en nuestras latitudes, el debate sobre el Green New Deal es poco conocido, por varias razones que incluyen desde las urgencias económicas hasta la falta de una relación histórica con el concepto, ya que en América Latina nunca hemos tenido un New Deal, ni tampoco un Plan Marshall. Así que, no hay en América Latina un imaginario de la reconstrucción ligado al recuerdo del Plan Marshall (Europa) o el New Deal (Estados Unidos). Lo que existe es un imaginario de la concertación social, en el cual la demanda de reparación (justicia social) que tanto auge y renombre tuvo en el proceso de paz colombiano, continúa asociada a una idea hegemónica del crecimiento económico, que hoy puede apelar a un ideal industrializador, pero siempre de la mano del modelo extractivo exportador, el agronegocio y a la minería a cielo abierto. La presencia de este imaginario extractivista/desarrollista poco contribuye a pensar las vías de una «transición justa» o a emprender un debate nacional en clave global del gran pacto ecosocial y económico. Antes bien, lo distorsiona y lo vuelve decididamente peligroso, en el contexto de crisis climática.

De lo que se trata es de construir una verdadera agenda nacional y global, con una batería de políticas públicas, orientadas hacia la transición justa. Esto exige sin duda no solo una profundización y debate sobre estos temas, sino también la construcción de un diálogo norte-sur, con quienes están pensando en un Green New Deal, a partir de una nueva redefinición del multilateralismo en clave de solidaridad e igualdad.

Nadie dice que será fácil, pero tampoco es imposible. Necesitamos reconciliarnos con la naturaleza, reconstruir con ella y con nosotros mismos un vínculo de vida y no de destrucción. El debate y la instalación de una agenda de transición justa pueden convertirse en una bandera para combatir no solo el pensamiento liberal dominante, sino también la narrativa colapsista y distópica que prevalece en ciertas izquierdas y la persistente ceguera epistémica de tantos progresismos desarrollistas. La pandemia del coronavirus y la inminencia del colapso abren a un proceso de liberación cognitiva, a través del cual puede activarse no solo la imaginación política tras la necesidad de la supervivencia y el cuidado de la vida, sino también la interseccionalidad entre nuevas y viejas luchas (sociales, étnicas, feministas y ecologistas), todo lo cual puede conducirnos a las puertas de un pensamiento holístico, integral, transformador, hasta hoy negado.

Referencias.

  1. Henri Acselrad: «Movimiento de justicia ambiental. Estrategia argumentativa y fuerza simbólica» en Jorge Riechmann (coord.): Ética ecológica. Propuestas para la reorientación, Nordman, Montevideo, 2004.
  2. David Schlosberg: «Justicia ambiental y climática: de la equidad al funcionamiento comunitario» en Ecología Política, 18/6/2011.
  3. Ramón Fernández Durán: «Fin del Cambio Climático como vía para ‘Salvar todos juntos el Planeta’» en Ciudades para un Futuro más Sostenible, 2010.
  4. Carosio, A., «La ética feminista: más allá de la justicia», Revista Venezolana de Estudios de la Mujer, Vol. 12, nº 28, junio 2007.
  5. Koggel, C., y Orme, J. «Care Ethics: New Theories and applications», Ethics and Social Welfare,Vol. 4, nº 2, 2010, pp. 109-114, p. 109.81.

 Por: Daniel Nicolás Cabral Bonilla[1]

[1]Magister en Dirección de Personas y Recursos Humanos. Universidad de Barcelona – España, Magister en Direccionamiento Estratégico de la Organizaciones. Universidad de Barcelona y EAE (Escuela de Administración de España). Barcelona España. Colombiano, residente en la ciudad de New York.

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Walden Bello es autor de numerosos libros sobre la globalización y en 2003 recibió el Premio Nobel Alternativo.

Walden Bello, autor de “Desglobalización”

El director ejecutivo de Focus on the Global South asegura que la pandemia de covid-19 surgió en un sistema económico global ya desestabilizado en el Norte y el Sur por la ira contra las elites. En ese marco, considera que solo la izquierda y la extrema derecha están en condiciones de aprovecharla. ¿Quién será capaz de dirigir toda esa ira desatada?

 

 Del Sur hacia el Sur y de allí al mundo hay pocos pensadores tan entrañablemente lúcidos y precisos como el filipino Walden Bello. Sociólogo, director ejecutivo de Focus on the Global South, profesor de Sociología yAdministración Pública de la Universidad de Filipinas e investigador asociado del Transnational Institute, Walden Bello plantó en las espaldas de Occidente la espina de un concepto que lo haría famoso en todo el planeta y que, hoy, ha recobrado toda su enérgica legitimidad: en 2002 escribió el libro “Desglobalización: ideas para una nueva economía mundial” (Icaria editorial). El libro se convirtió en uno de los manuales del movimiento antiglobalización. El oportunismo de las extremas derechas del Norte y de algunos socialdemócratas adeptos a la soberanía hizo que las ideas de esta obra fueran literalmente saqueadas con fines electorales. El ensayo contiene muchas claves que exceden el ya indigesto catálogo de libros-diagnósticos sobre el liberalismo. Bello demostraba la enfermedad genética de una globalización que pretendía curar al mundo, la forma en que esta globalización sacrificaba el desarrollo de los países del Sur y proponía una escala de medidas reactualizadas por la pandemia que paralizó a las sociedades durante 2020. Sus ideas vuelven a resonar en todas partes, muy especialmente aquella que promueve la reorientación de las economías mediante una transferencia de la producción destinada a la exportación hacia la producción concentrada en los mercados locales. Sólo para dar un ejemplo: la falta dramática de máscaras protectoras en todo el mundo (estaban producidas en China) demuestra el acierto de su enunciado.

Walden Bello es autor de numerosos libros sobre la globalización y en 2003 fue galardonado con el Premio Nobel Alternativo. Bello es igualmente profesor Adjunto de Sociología en la Universidad Estatal de Nueva York en Binghamton y fue miembro de la Cámara de Representantes de Filipinas (parlamento,2009-2015). Sus últimos libros publicado en ingles (2019) son: The Global Rise of the Far Right (El ascenso global de la extrema derecha), y Paper Dragons: China and the Next Crash (Dragones de papel: China y el próximo Crash).

En esta entrevista con Página/12, el sociólogo filipino explora ese “nuevo mundo” que casi tocamos con los dedos sin que sea aún real. Robusto en sus planteos, Bello admite las posibilidades que se ofrecen sin por ello esconder los límites de una transformación que, asegura, depende de la acción de las fuerzas progresistas y de la reconfiguración del Sur como actor renovado.

--Usted dijo muchas veces que era preciso moverse hacia un sistema post capitalista. La gente siente que ha llegado el momento. Otros dudan. ¿Usted presiente que la crisis provocada por la pandemia reúne las condiciones para reconfigurarlo todo ?

---Si, pero me explico. Creo que las posibilidades que ofrece el momento, la coyuntura, son el resultado de dos cosas: la crisis objetiva del sistema y la fuerza subjetiva que puede actuar sobre esta crisis. Mi sensación es que la crisis financiera mundial de 2008 fue una profunda crisis del capitalismo, pero el elemento subjetivo aún no había alcanzado una masa crítica. Debido al crecimiento impulsado por los gastos del consumidor y financiado con deuda, la crisis sorprendió a la gente, pero no creo que se hayan alejado tanto del sistema. Hoy es diferente. El nivel de descontento y alienación con el neoliberalismo es muy alto en el Norte global debido a la incapacidad de las élites arraigadas para enfrentar el declive, mejorar los niveles de vida y tratar la desigualdad vertiginosa en los años que siguieron a la crisis financiera. En el Sur global la crisis de legitimidad ya había afectado al neoliberalismo y la globalización y sus instituciones clave, como la Unión Europea, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio, incluso antes de la crisis de 2008. La pandemia del covid-19 surgió a través de un sistema económico global ya desestabilizado que sufría una profunda crisis de legitimidad. La gente tenía la sensación de que las cosas estaban realmente de fuera de control. La ira, la frustración y la sensación de que las elites y los poderes gobernantes perdieron el control, y que el sistema se fue al diablo está muy extendida hoy, en contraste con las secuelas inmediatas de la crisis de 2008. Es este torbellino, es precisamente este elemento subjetivo el que debe ser aprovechado por las fuerzas políticas. El sistema global, por supuesto, intentará recuperar la "vieja normalidad", como lo demuestra la infame teleconferencia de Goldman Sachs, cuyos participantes acordaron que no hubo una crisis sistémica inducida por covid-19 y que lo importante es garantizar una vuelta prolija al orden anterior al covid-19. Pero no hay que obligar al genio a que vuelva a la botella. Simplemente hay demasiada ira, demasiado resentimiento, demasiada inseguridad que se han desatado, y solo la izquierda y la extrema derecha están en condiciones de aprovechar esta tormenta subjetiva. Entonces, sí, el impulso es hacia un sistema post-capitalista o, en cualquier caso, post-neoliberal, y la pregunta clave es ¿ quién será capaz de aprovechar toda esa ira desatada y dirigirla ?

--Allí se teje el horizonte futuro. El fracaso de la democracia liberal para mejorar la vida de las personas y la igualdad ha llevado a la aparición de movimientos populistas en todo el mundo. En cierto sentido, la extrema derecha secuestró la desglobalización. Esta crisis ha expuesto como nunca antes la gran fractura del mundo. ¿ El escenario posterior al virus puede ser una oportunidad mucho mejor para que la extrema derecha llegue al poder?

--Desafortunadamente, es la extrema derecha la que está mejor posicionada para aprovechar el descontento global porque, incluso antes de Covid-19, los partidos de extrema derecha ya eran elementos claves de las posiciones y programas anti neoliberales promovidas por la izquierda independiente. Por ejemplo, la crítica de la globalización, la expansión del "estado de bienestar" y una mayor intervención estatal en la economía. Lo que hizo la extrema derecha fue plantearlos como un paradigma propio. En Europa, los partidos de derecha radical abandonaron parte de los viejos programas neoliberales que abogaban por una mayor liberalización y menos impuestos que habían apoyado y se pusieron a decir que estaban a favor del Estado de bienestar y de una mayor protección de la economía nacional ante los compromisos internacionales. Pero claro, sólo en beneficio de las personas con el "color de piel correcto", la "cultura correcta", la población étnica "correcta", la "religión correcta". Esencialmente, es la vieja fórmula "nacional socialista" inclusiva de clase, pero racial y culturalmente excluyente. La extrema derecha oportunista está, desafortunadamente, por delante de la izquierda en este momento. El amplio movimiento progresivo tendrá que moverse más rápido y asegurarse de que los socialdemócratas desacreditados en Europa y los demócratas de Obama y Biden en los Estados Unidos no vuelvan a canalizar la política hacia un nuevo compromiso con un neoliberalismo moribundo. Si esto sucede, entonces esa escena escalofriante que aparece en la película Cabaret, donde la gente común que apoya a los nazis canta "El futuro nos pertenece", casi con seguridad se hará realidad.

--La izquierda tiene muchas ideas, pero no está unida. Además, si la crisis demostró la importancia de las ideas de la izquierda, no hay líderes legítimos para llevarlas a cabo. En resumen: ¿ cómo crear la base que la convertirá en una fuerza material ?

---Este es el desafío. Nosotros, en la izquierda, tenemos una gran cantidad de ideas, pero una pobreza de estrategias políticas y líderes unificadores eficaces. Y allí donde hay personalidades carismáticas estas parecen estar principalmente a la derecha. Sin embargo, estoy seguro de que estas estrategias y personas surgirán en el seno de la izquierda. La dinámica del cambio histórico inevitablemente producirá esto, y algunas veces en las circunstancias más improbables. Las únicas preguntas son quién, cómo, dónde y cuándo, y si esto surgirá en esta generación. Los progresistas tienen una serie de buenas ideas y estrategias desarrolladas en las últimas décadas sobre cómo avanzar hacia un sistema pos capitalista. La izquierda plantea paradigmas como descrecimiento, desglobalización, ecofeminismo, soberanía alimentaria y "Buen Vivir". El problema es que estas estrategias aún no han encontrado una base masiva, y una gran parte del problema radica en el hecho de que las personas asocian la izquierda con la izquierda centralizada, es decir, los socialdemócratas en Europa y, en los Estados Unidos, el Partido Demócrata. Ambos estaban implicados con el viejo sistema neoliberal al que presentaban con un "rostro humano". En el Sur global, los gobiernos democráticos liberales que suplantaron las dictaduras en la década de 1980, muchos de ellos dirigidos por coaliciones que incorporan progresistas, también han sido desacreditados debido a su adopción de medidas neoliberales, mientras que la "Marea Rosa" en América Latina se topa con sus propias contradicciones, y los estados comunistas en el este de Asia se han convertido en sistemas capitalistas de estado. Pero creo que no podemos descontar a la izquierda. La historia tiene un movimiento dialéctico complejo y a veces hay desarrollos inesperados que conducen a resultados progresivos o regresivos. Permítanme decir esto, aunque la situación no parece tan buena para los progresistas en este momento, estoy seguro de que nuestro equipo ganará al final. La Segunda Guerra Mundial no terminó en Dunkerque, aunque, en ese momento, parecía que todo apuntaba a una victoria alemana.

--Tampoco puede excluirse una nueva alianza entre las clases medias y formas más autoritarias de liberalismo, tal y como sucedió en Chile en la década de los 70, con el único propósito de no perder privilegios.

---Sí, por supuesto, esta es una posibilidad. Al mismo tiempo, el modelo chileno de una alianza de clase media-elite basada en un programa neoliberal clásico ya no podría ser una opción. Una nueva alianza autoritaria probablemente tendría que incluir a grandes sectores de las clases bajas para tener un grado significativo de legitimidad, y esta incorporación de las clases bajas podría lograrse haciendo algunas concesiones económicas paternalistas y dirigiendo las energías de la alianza contra las minorías y los migrantes. Desde India, donde el BJP (partido en el poder) está creando un estado anti musulmán hasta Filipinas, donde los consumidores de drogas son chivos expiatorios de los males de la sociedad, hasta Europa y los Estados Unidos, donde los migrantes son el foco del odio de la mayoría blanca "inclusiva solo para su clase", esto es lo que está pasando.

--Usted acuñó la palabra desglobalización en su libro, "Desglobalización: Ideas para una nueva economía mundial". ¿ Siente en este momento que las condiciones son mejores para hacer realidad esa desglobalización teorizada en el libro ?.

---Sí, por ejemplo, la locura de las cadenas de suministro mundiales demostró que era completamente inoperante durante la crisis del coronavirus. Debido a los cálculos neoliberales basados ​​en la reducción del costo unitario de producción, las élites corporativas, con el consentimiento de sus gobiernos, transfirieron gran parte de sus instalaciones industriales a China, de modo que cuando la producción china se detuvo durante la crisis de covid-19, muchos países carecían de componentes industriales claves y descubrieron que incluso producir máscaras y otros equipos de protección del personal era algo de lo que ya no eran capaces. Al mismo tiempo, la interrupción inducida por covid-19 de la cadena de suministro agrícola mundial amenaza con una hambruna generalizada. En varios países del Norte global y del Sur global se ha permitido que sus sectores agrícolas locales se marchiten. Entre el 30 y el 50 por ciento de los alimentos que se consumen en China, el sudeste asiático y América Latina ahora no se producen localmente, sino que son suministrados por cadenas de suministro agroalimentarias mundiales y regionales. Creo que habrá un movimiento hacia una mayor autosuficiencia en la producción industrial y agrícola. La pregunta es si tales estrategias serán desarrolladas por regímenes de derecha o gobiernos progresistas.

--De los quince pilares incluidos en su concepto de desglobalización, ¿ cuáles cree que son más urgentes de ahora en adelante ?.

---Creo que lo más urgente es la reorientación de la producción hacia el mercado interno y desvincular la producción local de las cadenas de suministro mundiales a través de una política comercial progresiva, una política industrial agresiva y una política agrícola que promueva la autosuficiencia alimentaria y la soberanía alimentaria. Nuevamente, es importante que tales políticas sean emprendidas por progresistas y no por nacionalistas de derecha que las utilizarán principalmente para servir a los intereses del grupo étnico y cultural dominante contra las minorías y los migrantes.

--¿ Qué podría reemplazar a la globalización como el nuevo prototipo después de la pandemia de Covid-19 ? En una entrevista reciente de Página/12 con el sociólogo francés Michel Wieviorka, el intelectual dijo: "lo peor será peor y lo mejor será mejor".

-–Se trata ahora de una carrera entre una desglobalización progresista y una regresiva, nacionalista. En el caso de la primera, "lo mejor será mejor". Si gana el segundo, estoy de acuerdo con Wieviorka en que "lo peor será peor".

 --En su idea de desglobalización, usted no propuso que los países se aparten de la comunidad internacional, sino la construcción de un modelo alternativo. ¿ Esta crisis cambia su propia perspectiva de ese modelo ?

--Incluso después de la pandemia y en un proceso de desglobalización, será importante una interacción creativa con la comunidad internacional. Como siempre he dicho, la desglobalización no se trataba de desvincularse de la economía internacional, sino de lograr una relación equilibrada entre la economía local y la economía internacional en la que la integración de la economía nacional no se sacrificara en el altar de la integración liderada por las empresas de diferentes partes del mundo. No se puede sacrificar la economía nacional por una economía globalizada. Un alto grado de autosuficiencia en la producción agrícola e industrial es una característica clave de la economía nacional. Pero este es solo un aspecto del paradigma de la desglobalización. También sería importante la promoción radical de la igualdad, que es crítica tanto por razones de justicia social como por la expansión de la demanda interna. Urge la democratización de la toma de decisiones económicas desde la cumbre del Estado hasta la fábrica y la elaboración de una relación benigna entre la economía y el medio ambiente, que a veces se llama el "nuevo acuerdo verde".

--La Argentina fue el último país del mundo en sufrir el brutal asalto del híper liberalismo y la globalización entre los años 2015 y 2020. Luego, el gobierno cambió. Para países como Argentina y, en general, para los países del Sur, ¿ representa esta crisis una nueva oportunidad para recuperar su soberanía, su posición en el mundo y su identidad?

--Sí, por supuesto, pero como dije anteriormente, estas oportunidades surgirán de la dialéctica y la sinergia entre la crisis objetiva y la respuesta a la crisis proveniente de grupos e individuos progresistas. El problema es que, incluso con las mejores intenciones, no se puede forzar la aparición de lo nuevo dentro de lo viejo. Las cosas pasan. A veces uno solo tiene que ser paciente. Pero cuando las estrellas comienzan a alinearse, entonces el tiempo lo es todo. ¿ Es el covid-19 el equivalente de la Primera Guerra Mundial, o sea, ese momento histórico donde todo se desmoronó y los gobernantes ya no podían gobernar de la misma manera antigua, para usar la frase de un famoso revolucionario ?. Tal vez. Y debemos recordar que de esa crisis anterior surgieron tanto el socialismo como la barbarie, por citar a Rosa Luxemburgo.

--Hace décadas que se sueña con un New Deal interno al Sur. Ha quedado en eso, en un sueño.

---Quizás ocurra, quizás no. Una cosa que no debemos olvidar es que la crisis del neoliberalismo y la globalización, junto con el deterioro del conflicto entre China y los Estados Unidos, podría crear ese espacio de maniobra para los países del Sur que ya existía antes de 1989 debido al conflicto entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Ese conflicto fue una de las condiciones para las victorias de los movimientos de liberación en Vietnam, Cuba, Mozambique, Angola, Guinea Bissau. De allî también nació el Movimiento de Países No Alineados después de la conferencia Bandung y surgió la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) bajo la inspiración del gran economista argentino Raúl Prebisch. La solidaridad del Sur global, que siempre se ha sentido en todos los países y diferentes regímenes, nació durante ese período.

--Después de la crisis financiera de 2008-2009, la pandemia de covid-19 es la segunda gran crisis de la globalización en este Siglo. Pero ya antes de esta crisis, en Argentina, Ecuador, Chile, Francia con chalecos amarillos, Argelia, Líbano, Irán o Hong Kong, habíamos visto el renacimiento de un sujeto social globalizado. Esos movimientos de protesta global podrían ser una de las fuerzas de transformación en el mundo ?

 --Sí definitivamente. Estas son algunas de las fuerzas que me dan esperanza sobre el eventual triunfo de la izquierda. La sed de la gente por la justicia y la igualdad siempre saldrá a la superficie. Lo importante es asegurarse de que sea la izquierda la que lidere estas luchas y que la derecha no secuestre y pervierta estas energías que brotan desde abajo para su agenda autoritaria oportunista como lo ha hecho en Europa, India, Estados Unidos y Filipinas.

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Domingo, 10 Mayo 2020 07:42

El Estado al rescate

 El presidente Emmanuel Macron en una visita a la escuela Pierre de Ronsard, de París / Foto: Afp, Ian Langsdon

Keynesianismo de ocasión en tiempos de emergencia.

Banqueros que auguran el fin del capitalismo salvaje y la llegada de un Estado más “maternal”; ministros liberales que no hacen ascos a las nacionalizaciones; gobiernos ajustadores que anuncian planes de gastos millonarios… Sin embargo, detrás de apariencias e ilusiones, la nueva normalidad aún no se aleja mucho de la vieja.

 

Sucede a menudo en ocasiones de grandes crisis: el Estado toma sus armas de caballero y a capa y espada sale a escena a dar la cara. Cuanto más grande era antes de la crisis, más dinero podrá poner el valiente para salvar también a quienes antes querían achicarlo, adelgazarlo, vaciarlo, y volverán a querer hacerlo cuando todo pase y la “nueva normalidad” se instale, tan parecida ella a la vieja.

Un escenario así se está viendo ahora. En casa (véase contratapa de Brecha, 9-IV-20) y en “el mundo”. A veces incluso las sorpresas son grandes. Se hizo famoso un editorial del Financial Times, vocero consuetudinario de ese protagonista tan invisible como el coronavirus al que llaman “los mercados”, que al comienzo de esta crisis global, el 3 de abril, llamó a que tras la pandemia se pongan sobre la mesa de discusión de los grandes del planeta “reformas radicales que reviertan la dirección principal de las políticas de las últimas cuatro décadas” y apunten a dar al Estado un papel mucho más protagónico en la economía. Los gobiernos, afirmó el señero diario británico, “deberán ver a los servicios públicos como inversiones, no como cargas, y buscar fórmulas para que los mercados laborales sean menos inseguros. La redistribución será debatida otra vez; los privilegios de las personas mayores y de los más ricos serán cuestionados. Políticas consideradas excéntricas hasta ahora, como la renta básica y los impuestos a las rentas más altas, tendrán que formar parte de las propuestas”. No sólo el Financial Times se internó por ese camino de la conversión. Banqueros, políticos, economistas habitualmente ubicados en su misma cuerda fueron más o menos en igual sentido. En Francia, por ejemplo, Patrick Artus, economista del banco de inversión Natixis, dijo que si alguna conclusión se puede sacar del desastre causado por la pandemia, es que el“capitalismo neoliberal, que optó por la globalización, la reducción del papel del Estado y de la presión fiscal, las privatizaciones y una protección social débil, llegó a su fin”(Libération, 1-IV-20). Y previó también que la era del Después del Coronavirus será menos salvaje. Más “maternal”, dijo otro banquero, italiano él, de vieja raigambre liberal él, pensando en un Estado que arrope y deje a la “menor cantidad posible” de gente por el camino. “Quizá cuando las imágenes tan fuertes que estamos viendo ahora de hospitales desbordados, de cuerpos amontonados en morgues, de ciudades como Bérgamo casi diezmadas, pasen, como pasó la de Aylan, el niñito sirio que se ahogó en las costas italianas, podamos creer otra vez en lo mismo. La peste por ahora no nos deja, pero quién sabe.”

Quién sabe.

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La megacrisis ha llevado a que señores que hasta hace muy, muy poco no hablaban más que de privatizaciones hoy piensen en la posibilidad de incrementar la participación del Estado en algunas grandes empresas al borde de la quiebra o incluso en nacionalizarlas. Bruno Le Maire, ministro de Finanzas del gobierno francés, se dijo, mes y medio atrás, dispuesto a estudiar “todas las posibilidades” para salvar compañías que la pandemia “ha puesto de rodillas”, como Air France o Renault. “Se podrá proceder a recapitalizaciones, a tomas de participación, puedo incluso emplear el término ‘nacionalizaciones’”, afirmó el muy liberal ministro que condujo unos pocos años atrás la privatización en condiciones bastante escandalosas de La Française des Jeux, una empresa pública que desde 1976 tenía el monopolio de las loterías y las apuestas deportivas, y la no menos escandalosa de Aeropuertos de París, aún no terminada. En 2006, cuando operaba para otro gobierno liberal, tuvo un papel central en las privatizaciones de la empresa estatal de gas y de las autopistas, que generaron gigantescas ganancias a los concesionarios, y respaldó la venta de una de las empresas que hoy “no descarta” nacionalizar, la compañía aérea Air France. A fines de marzo, Le Maire recibió de inmediato el apoyo entusiasta de Geoffroy Roux de Bézieux, presidente del Medef, la confederación patronal. “No hay que aferrarse a tabúes en estos temas. El Estado deberá efectivamente estar allí para asistir cuando sea el caso de aquellas empresas que pasen por una situación financiera muy compleja”, dijo este hombre, presente en los consejos de administración de empresas de variados sectores y autor, en 2011, del libro Pour sortir de la crise, le capitalisme (“Para salir de la crisis, el capitalismo”).

“Difícil creer que el ministro de Finanzas haya cambiado en unas pocas semanas de convicciones”, afirma el portal francés Mediapart en un informe consagrado al “concurso de hipocresías que rodea a la idea de nacionalizaciones” (28-III-20). Lo que Le Maire, Roux de Bézieux y otros grandes empresarios pretenden preservar, dice el autor de la nota, Laurent Mauduit, “es al capitalismo financiero, promoviendo ahora soluciones de emergencia”, de salvataje, que están en línea con los intereses de los accionistas privados de la empresa. Lo mismo que hicieron los gobiernos occidentales en la crisis de 2008 y otras anteriores, cuando destinaron miles de millones de euros de las arcas públicas al salvataje de bancos en quiebra. “Es el viejo principio del liberalismo: el Estado debe estar presente para socializar las pérdidas y ya será tiempo, cuando la crisis se supere, de reprivatizar las ganancias”, recuerda Mauduit. El Estado actuó, entonces, como “soporte del desarrollo del neoliberalismo”, señaló en declaraciones para otra nota de Mediapart Lenny Benbara, encargada de publicaciones del Instituto Rousseau, un laboratorio de ideas recientemente creado en Franciaal margen de los partidos de izquierda.

Con ese espíritu es que se ha movido en general el gobierno de Emmanuel Macron, como la mayoría de sus pares occidentales, en esta crisis en la que tanto se insiste acerca de los cambios copernicanos que tendrán lugar, casi como por encanto, cuando la pandemia sea historia y una suerte de neokeynesianismo se apodere de las mentes de los Connie Hughes del universo. Contribuyó a la confusión que en tantos y tantos países el freno de mano impuesto a “la economía” haya obligado a destinar paladas de dinero a planes sociales de todo tipo y a colocar en consecuencia algunos dogmas en el congelador; o que muchos liberales reconocieran que habían ido demasiado lejos con la idea de manejar los servicios públicos como si fueran empresas, en especial los de la salud; o que por estos lares algunos ilustres defensores del “todo al mercado” murmuraran que, bueno, y por qué no una vuelta a la sustitución de importaciones; o que en Europa surjan en filas del centroderecha discursos contra una mundialización que llevó, por ejemplo, a deslocalizar la producción de artículos de primera necesidad.

Pero basta mirar con un poco de detenimiento la composición de las políticas implementadas en la mayor parte de los países occidentales para darse cuenta de que nada ha cambiado demasiado y que esa famosa “nueva normalidad” tal vez no se aleje demasiado de la vieja. “Desde hace 30 años, cada gran crisis alimenta la esperanza desrazonable de un retorno a la razón, de una toma de conciencia, de un basta ya”, escribe Serge Halimi, director editorial de Le Monde Diplomatique en la edición de abril de este mensuario. “Hace un poco más de una década, para salvar su sistema en peligro, los liberales ya habían aceptado un aumento espectacular del endeudamiento, nacionalizaciones, estímulos fiscales, el restablecimiento parcial del control de capitales. Luego, las políticas de austeridad les permitieron retomar aquello de lo que habían debido desprenderse en el marco de ese sálvese quien pueda general.” No sólo recuperaron el terreno perdido, sino que adelantaron un poco más sus peones: “Los asalariados trabajaron más, y más tiempo, y en condiciones de mayor precariedad, mientras los ‘inversores’ y los rentistas pagaron menos impuestos”. El cambio civilizatorio del que tanto se habló por entonces lejos estuvo de producirse.

Aunque la pandemia coloque las cosas en otro lugar –no necesariamente en el de una “crisis del sistema”–, Halimi piensa que un escenario del mismo tipo de aquel de hace 10-11 años, o de los períodos posteriores a otras grandes debacles globales, está entre los más esperables.

Lo que el historiador económico Luis Bértola prevé para Uruguay en una reciente entrevista de Brecha (24-IV-20) –“un conjunto de reestructuraciones muy proempresariales y debilitadoras del rol del Estado”–, las notas de Mediapart lo extienden a Francia y a la mayor parte de los países europeos. A pesar de todas las apariencias.

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En un artículo publicado el martes 5, Romaric Godin, periodista económico del izquierdizante portal francés, reconstruye grosso modo el escenario que se ha visto un poco por todos lados desde que se declaró la pandemia y más de la mitad de la población mundial fue puesta bajo confinamiento: las actividades económicas no esenciales quedaron en el limbo, mientras el Estado tomó la posta para “asegurar una apariencia de funcionamiento normal” a través de mecanismos de seguros de paro, que garantizan parte de los ingresos de algunos asalariados durante cierto tiempo, ayudas a algunas categorías de trabajadores independientes y préstamos a las empresas para compensar sus pérdidas. Este sistema, “bastante inédito en regímenes capitalistas”, se sustenta en una “congelación de la economía”: “No se modifica nada de lo anteriormente existente, o apenas marginalmente, sino que se lo preserva en la perspectiva de un retorno a cierta normalidad” apostando a que la reactivación limite las pérdidas por vía del consumo. Pero superada la crisis sanitaria, “el doble choque de una menor oferta y una menor demanda” hará que las crisis económica y social tengan efectos tal vez más letales que el covid-19, sugiere Godin. Máxime cuando a pesar de todos los discursos, las salidas que se avizoran en la mayor parte de los países no difieren demasiado de las políticas de mercado implementadas hasta ahora. En Francia, apunta la nota, el gobierno de Macron está dando signos de que las medidas actuales de seguros de paro parciales bonificados se irán eliminando y que se dejará progresivamente el mercado del empleo librado a lo que puedan hacer o no las empresas. El presidente francés no ha renunciado a sus planes de reforma de la seguridad social, frenados primero por las movilizaciones sociales de chalecos amarillos y sindicatos, y luego por la pandemia. Apenas los postergó hasta el otoño europeo. Varios de sus ministros anunciaron por estos días que de ninguna manera se olvidaron de ellos. Pocos siguen hablando hoy en el gobierno francés y aledaños de medidas como la instauración de una renta básica (aunque más no sea por unos meses), aumento de impuestos a los más ricos, prohibición de desalojos por no pago de alquileres, o congelamiento de tarifas públicas, medidas todas de perfil “social” que habían sido evocadas apenas algunas semanas atrás. Hablan, sí, por el contrario, de aumentar la jornada de trabajo, de “aliviar las cargas de las empresas para que puedan invertir y crear empleos”, de suavizar algunas restricciones ambientales, con idéntico objetivo, etcétera, etcétera.

“Como el neoliberalismo contiene elementos keynesianos, esta opción no es necesariamente incompatible con medidas de estímulo, buscando un equilibrio socialmente menos doloroso”, escribe Godin. Pero “si se piensa que es la acumulación de capital la que debe crear empleo y que ‘la economía’ se limita a esa necesidad infinita de acumulación, la función del Estado se limitará a acompañar esta búsqueda de ganancias”, sustituyéndola en tiempos de crisis y retirándose nuevamente a cuarteles de invierno en períodos de calma. La misma visión neoliberal de 2008, que ahora vuelve por sus fueros, concluye el periodista de Mediapart.

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La discusión en torno al viejo-nuevo papel del Estado en la economía ha generado en la alicaída progresía francesa nuevas esperanzas de que tal vez haya llegado la hora de que sus propuestas puedan volver a tener apoyo en la sociedad. De Francia Insumisa a sectores socialistas, pasando por el Partido Comunista y la ecología política, se vuelve a debatir de nacionalizaciones, de aumento de la protección social y ambiental, de reindustrialización, de impuestos a los más ricos, de renta básica, universal permanente, de planificación, hasta de “anulación de la deuda”. Las discusiones arrecian entre las distintas sensibilidades de la izquierda y tienen muchas aristas: ¿de qué se habla cuando se habla de “un papel más protagónico del Estado”? ¿Qué tipo de Estado, con qué funciones? ¿Más Estado o mejor Estado? ¿No habría acaso que promover desde la izquierda iniciativas de poder popular por fuera de las estructuras estatales, desarrollar estructuras como las cooperativas, por ejemplo, u otras, apostar más a impulsar instancias descentralizadas? ¿Qué estatuto acordar a los servicios públicos: de propiedad estatal, lo que equivale a dar al Estado la potestad de enajenarlos, o declararlos bienes comunes invendibles? “Todas estas discusiones son básicas para los tiempos que se vienen. Partamos de la base de que el Estado no es neutro ni monolítico. Y que no es suficiente para luchar contra fenómenos como el cambio climático, que debe ser pensado evidentemente por fuera de las fronteras nacionales”, dijo al diario Libération la diputada comunista Clémentine Autain.

En su informe sobre las hipocresías que rodean al eventual reimpulso de las nacionalizaciones, Mediapart englobaba entre los “hipócritas” a muchos socialistas que compartieron las políticas de privatizaciones y las impulsaron desde el gobierno con igual fervor que los partidos de derecha o centroderecha. Desconfiemos cuando conceptos como ese salen de la boca de gente que no se diferenció demasiado de los Le Maire, advierte el portal. También para ellos las nacionalizaciones fueron una forma de socializar las pérdidas y sacarles las castañas del fuego a capitalistas en dificultades, señala. En Francia y en España los partidos socialistas hablan ahora de nacionalizaciones temporarias, igual que cuando se plantean instaurar un sistema de renta básica, piensan en un ingreso mínimo de emergencia, mientras que en Unidas Podemos o en Francia Insumisa apuntan a una renta básica universal y permanente, y se habla de nacionalizar empresas estratégicas.

Mediapart se sorprendió, por otra parte, de la debilidad propositiva de algunos de los planteos que están más en boga en ambientes que buscan nuevas confluencias en la izquierda francesa. Cita entre otros un documento publicado el 25 de marzo en Libération por un colectivo de militantes de distintas corrientes de la izquierda, en el que se habla de “nacionalizar el sistema de salud”. El texto parte de “supuestos muy loables”, hace una descripción detallada y precisa  cómo el sistema ha sido desmantelado en función de los intereses de los privados, pero a la hora de proponer alternativas se limita a plantear la participación del Estado como accionista minoritario en algunos laboratorios, evalúa Mediapart.“Bien se sabe que cuando el Estado tiene una participación minoritaria en una empresa –se lo vio en Air France o en Renault–, no cambia en nada las lógicas del capitalismo de accionistas, que destroza al mundo del trabajo y cubre de oro a los privados.” Hay como una resignación de fondo en cierta izquierda, lamenta el autor de la nota.

“Esta demanda de retorno a un Estado protector, regulador, anticipador, es un balón de oxígeno en el contexto actual”, constata Clémentine Autain. Pero habría que hacer un esfuerzo para que “surgiera un nuevo imaginario” de izquierda, dice.

Después de todo, nunca las crisis por sí mismas parieron ninguna revolución. Si no hay fuerzas que los impulsen, los cambios no se producen. Tampoco cuando el miedo prima sobre el deseo de cambio o la rebelión. Y si algo ha hecho el coronavirus o los humanos que lo manejan, es meter mucho miedo y congelar la rebelión.

Por Daniel Gatti

8 mayo, 2020

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50 senadores de Colombia proponen al Estado como garante de vida digna

13 senadores (ras) del Partido de la U, 11 del Partido Liberal, 9 del Partido Alianza Verde, 5 del Polo Democrático, 5 del Partido Farc, 2 de Coalición Decentes, 1 de Cambio Radical, 1 Colombia Humana y 1 Partido Mais firmaron en la sesión plenaria no presencial del miércoles 6 de mayo de 2020 la Propuesta Económica: “El Estado como garante de la vida digna de la población y del sostenimiento de la economía”, con la expectativa de alcanzar un acuerdo nacional que permita a las dos ramas del poder trabajar de la mano para superar las amenazas y el daño que trae a la nación la pandemia covid-19.

“La propuesta en su totalidad permite beneficiar a cerca de 34,5 millones de personas, es decir al 71 por ciento de la población colombiana, por un periodo de tres meses. Tendría un costo total de 40.5 billones de pesos, lo que corresponde al 4% del PIB […} el ingreso que se propone para estas poblaciones unificaría, reemplazaría e incrementaría la cuantía y la cobertura de las transferencias monetarias existentes: Familias en Acción, Jóvenes en Acción, Colombia Mayor y el recién creado Ingreso Solidario”, anotaron los firmantes en el documento presentado en la sesión plenaria ya relacionada.

Además, los congresistas firmantes de la proposición señalaron que: “Esta propuesta garantiza a la población la supervivencia digna y sostener la estructura productiva durante la emergencia, amenazadas por el desempleo, la pérdida de ingresos y la destrucción de empresas. Busca darles la mano a los hogares pobres y vulnerables del país, a los empleados formales y trabajadores independientes vinculados a actividades laborales vulnerables, aunque no pertenezcan a hogares pobres y vulnerables, así como a las empresas que debieron cerrar su producción y sus ventas”.

La iniciativa está construida sobre dos grandes apoyos:

“1. Un subsidio por valor de un salario mínimo mensual con todas las prestaciones sociales legales ($1.409.000) que se entregaría a 3.5 millones de personas empleadas en actividades formales e independientes vulnerables a la crisis, y

2. Una transferencia de un salario mínimo ($877.000) a los 9.5 millones de hogares pobres y vulnerables que tiene Colombia. Esta medida cubrirá a 31 millones de personas.

La propuesta, en otros términos, concreta una renta básica temporal por implementar en Colombia a lo largo de un trimestre.

Como es conocido, por decretos y comunicaciones oficiales, la destinación de ayudas financieras por el gobierno nacional tiene como preocupación central extender la mano a los grandes empresarios, inyectarles liquides, facilitarles créditos de diverso tipo, además de autorizarles acudir al recurso de vacaciones individuales o colectivas anticipadas de los trabajadores. ¿De dónde se sacarán los recursos necesarios a mediano plazo para financiar la propuesta liderada por esta coalición de congresistas?


El documento señala: “para financiar el programa deberán provenir de una reforma tributaria estructural, por lo mismo progresiva, equitativa y eficiente como lo ordena la Constitución, que elimine beneficios tributarios injustos e innecesarios, aumente el impuesto al patrimonio, los dividendos y la renta de personas naturales de mayor riqueza. Así mismo, contemple la creación de una sobretasa a los sectores beneficiados durante la emergencia, servicios domiciliarios, supermercados, etc. De otro lado, es necesario avanzar en el trámite de créditos con la banca multilateral y la refinanciación de la deuda pública.”

¿Cuáles serían las fuentes de financiación inmediatas de la propuesta?

“1, Ampliar el impuesto al patrimonio;

2.Reasignar gastos del presupuesto nacional: llevar a este plan de urgencia los recursos de transferencias monetarias existentes;

3. Reducir los gastos de funcionamiento que no sean indispensables;

4. Los recursos de proyectos aplazables y los cancelados como consecuencia de la emergencia;

5. Los recursos disponibles en el FOME (en particular, los recursos de los títulos de solidaridad);

6. El recaudo del impuesto solidario COVID-19 creado mediante el Decreto 568 del 2020;

7. Suspender con efecto inmediato los beneficios tributarios aprobados en la Ley 2010 de 2020, Ley de Crecimiento Económico; y

8. Solicitar un crédito directo al Banco de la República, garantizado en reservas internacionales, en desarrollo del artículo 373 de la Constitución Política”.

Con la expectativa de alcanzar un acuerdo nacional “[…] que permita a las dos ramas del poder trabajar de la mano para superar las amenazas y el daño que trae a la nación la pandemia COVID-19”, quienes lideran esta propuesta llaman a integrar “[…] una comisión compuesta por miembros de los partidos a los cuales pertenecen los senadores firmantes de la presente proposición para que se reúna a la mayor brevedad con el Gobierno nacional a presentarle la ‘Propuesta Económica: el Estado como garante de la vida digna de la población y el sostenimiento de la economía’ “. Y enfatizan: si el acuerdo nacional resulta imposible, “[…] los senadores y senadoras que suscribimos la presente proposición seguiremos adelante con nuestra función legislativa y, en virtud de lo dispuesto en el artículo 215 de la Constitución Política, la presentaremos como iniciativa legislativa en el propósito de modificar y adicionar disposiciones contenidas en los decretos legislativos expedidos por el gobierno al amparo de la Emergencia Económica declarada el pasado 16 de marzo, así como de nuevos decretos que pueda expedir el gobierno al amparo de otras declaraciones de emergencia en el marco de la actual crisis originada en la pandemia COVID-19, los cuales se encuentran sometidos a la revisión del Congreso”.

La iniciativa liderada por esto 48 congresistas es posible y viable, como lo hemos anotado en desdeabajo a través de distintas propuestas presentadas a la opinión pública desde el momento mismo en que la pandemia covid-19 también fue declarada en nuestro país. Para desdeabajo la crisis desatada debe ser asumida como una oportunidad para ahondar relacionamientos sociales, profundizar solidaridades y fraternidades, así como para levantar una alternativa ante lo estatal.

La crisis abre una oportunidad para los de abajo. Otra democracia, directa, radical, plebiscitaria, es posible. Actuemos en consecuencia.

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Un hombre camina frente a un graffitti en una de las calles de Santiago de Chile. EFE

Chile celebraba este pasado domingo un referéndum que iba a dejar atrás la constitución vigente desde Pinochet y Bolivia pretendía celebrar elecciones tras el golpe de Estado que derrocó a Evo Morales

 

La crisis del coronavirus ha derivado en el aplazamiento de dos citas clave que iban a tener lugar esta semana en América Latina: las elecciones presidenciales tras el golpe de Estado que sacó del poder a Evo Morales en Bolivia y el referéndum constitucional convocado en Chile después de varios meses de protestas en el país.

Este pasado domingo, cerca de 15 millones de chilenos estaban llamados a votar en un referéndum para elegir si querían una nueva Constitución o continuar con la carta magna promulgada en 1980 bajo el régimen dictatorial de Pinochet. Pero el plebiscito ha sido aplazado para otoño. 

A finales de marzo las diferentes fuerzas políticas acordaron postergar el plebiscito para el próximo 25 de octubre, y que a su vez ha obligado también a cambiar la fecha de las elecciones municipales y regionales –y unas posibles elecciones constituyentes dependiendo del resultado del referéndum– previstas para ese día hasta 2021.

Esta cita era una de las principales apuestas del presidente, Sebastián Piñera, para aliviar las protestas que comenzaron en octubre contra la subida del billete de metro y que se han convertido en una lucha contra la desigualdad, por la falta de acceso a derechos básicos como la salud o la educación, o el actual sistema de pensiones, aunque ahora paralizadas por la epidemia. Pero que hasta enero habían dejado más de 2.000 heridos y una treintena de muertos por la brutalidad del ejército en su intento de reprimir el estallido social.

Los sondeos publicados antes la pandemia apuntaban a una holgada victoria de la opción 'apruebo' por la que se abriría el proceso constituyente para reformar la Constitución. Aunque según la Agencia EFE, la población estaría más dividida respecto a qué órgano debería redactar el eventual nuevo texto, la otra pregunta que planteará el plebiscito y en la que los ciudadanos elegirán entre una asamblea de ciudadanos electos o integrada también por parlamentarios.

 

El coronavirus ancla en el poder a Jeanine Áñez

 

Bolivia celebraba este domingo elecciones presidenciales para reconfigurar el poder en el país. Los comicios tenían previsto renovar los cargos de la presidencia y vicepresidencia, así como los senadores y parlamentarios en las cámaras legislativas pero la COVID-19 ha paralizado los comicios 'sine die'.

El pasado 21 de marzo el Tribunal Supremo Electoral (TSE) anunció que se suspendían las elecciones después de que el gobierno interino de Jeanine Áñez decretara cuarentena nacional por la pandemia, ahora ampliada hasta el 10 de mayo. En una rueda de prensa y posteriormente en un mensaje enviado al Parlamento, el presidente del TSE pidió "consenso" a las formaciones políticas para convocar una nueva cita electoral basándose en "criterios técnicos y científicos sólidos".

En el escrito proponen también que los comicios tendrán que celebrarse entre el domingo 7 de junio y el domingo 6 de septiembre. De esta forma, era la Asamblea Legislativa la que tenía que aprobar un proyecto de ley que fije la nueva fecha, pero en la sesión que tuvo lugar este pasado miércoles, la Cámara de Diputados, con mayoría del Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales, en un primer trámite del proyecto ha aprobado que sea el órgano electoral el que diga la fecha exacta, en un plazo de noventa días desde que se dé el visto bueno a la ley.

Ahora la ley ha pasado al Senado, que por la fiesta del 1 de mayo no está claro que pueda celebrar el pleno por lo que trastocaría todavía más la propuesta del MAS en la Cámara de Diputados para que las elecciones tengan lugar el 2 de agosto.

El MAS iba primero en las encuestas antes de que se aplazaran los comicios y antes de tratar el proyecto afloraron supuestas diferencias internas sobre la conveniencia o no de demorar más o menos la cita electoral, negadas luego por voces del partido como el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Choque. Además de que el propio Morales ha acusado de presiones a algún parlamentario afín al Gobierno interino para aplazar lo más posible los comicios.

Desde que la epidemia llegó al país andino, varias organizaciones humanitarias han criticado la deriva autoritaria y de restricción de libertades que Áñez sigue imponiendo en el país. Human Rights Watch denunció a principios de abril que el gobierno interino "aprovecha la pandemia para arrogarse el poder de sancionar penalmente a quienes publiquen información que las autoridades consideren 'incorrecta'". Además, según esta misma organización, altos funcionarios bolivianos han mencionado expresamente a opositores políticos como posibles blancos de procesamiento por "desinformar", y se enfrentarían a penas de hasta 10 años de prisión por una interpretación "ambigua" del decreto sobre las medidas contra la COVID-19.

Bolivia se encuentra desde el pasado mes de octubre bajo un gobierno interino presidido por la senadora Jeanine Áñez, después de que entrara en sede parlamentaria con una Biblia y se autoproclamara presidenta de Bolivia a través de un golpe de Estado. Evo Morales se vio obligado abandonar el poder entre denuncias de fraude a su favor, informes de organismos internacionales sobre presuntas irregularidades en los comicios y presionado por las fuerzas armadas.

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La Universidad de Oxford aspira a tener lista su vacuna en septiembre tras los ensayos en humanos 

El instituto Jenner de Reino Unido ha sido el primer centro europeo en comenzar a probar en personas su candidata a vacuna y planean que sea testada en más de 6.000 personas para finales de mayo. 

 

La carrera científica por detener la covid-19 sigue acelerándose. El instituto Jenner de la Universidad de Oxford, en Reino Unido, ha sido el primer centro europeo en comenzar a probar en humanos su candidata a vacuna. 

Ahora, los científicos dicen que con una aprobación de emergencia de los reguladores, los primeros millones de dosis de su vacuna podrían estar disponibles para septiembre, si resulta ser efectiva. 

El plan, según reporta el diario estadounidense The New York Times, aspira a probar la vacuna en más de 6.000 personas para finales de mayo, pero para que los datos sobre del ensayo sean efectivos, los participantes deberán mostrar que no contrajeron el coronavirus de su entorno. 

No son los únicos en vislumbrar los avances de esta cura, expertos del Laboratorio Rocky Mountain de los Institutos Nacionales de la Salud en Montana inocularon el mes pasado a seis monos con dosis únicas de la vacuna Oxford.

Los animales fueron expuestos a grandes cantidades del coronavirus con las que enfermaron y 28 días después, los seis estaban sanos, según narran los investigadores. 

Aunque los resultados en estos macacos, usados como conejillos de indias, no garanticen que la vacuna proporcione el mismo grado de protección para los humanos, son los avances más exitosos en las investigaciones hacia una vacuna. 

Primeros pacientes en probar la vacuna

El experimento ya ha comenzado a probarse en humanos. Elisa Granato, de 32 años, ha sido una de las dos primeras personas, de las 800 que en las que testará, en someterse a esta vacuna experimental. 

Granato, una de las dos primeras personas de las 800 que en las que testará la vacuna, declaró a la BBC  el pasado 23 de abril que, como científica, que "quería tratar de apoyar el proceso científico siempre que pueda" y que tenía un alto grado de confianza en la vacuna. 

Este proyecto, dirigido por la doctora y profesora de vacunología en el Instituto Jenner, Sarah Gilbert, se ha desarrollado en menos de tres meses. Aunque en anteriores ocasiones Gilbert afirmó que la vacuna funcionaría  "en un 80%", ahora prefiere no poner números a la esperanza.

29/04/2020 11:31

 

Eliane Piaggio, científica del Instituto Marie Curie.Abajo: Equipo de científicos del Instituto Marie Curie  ________________________________________ Imagen: Instituto Marie Curie

Cuenta cómo se encuentra hoy la investigación sobre el virus, cuál es el rasgo que lo hace tan impenetrable y la trascendencia que ha tenido el confinamiento.

Duro como una roca, volátil y mutante, el coronavirus mantiene a la comunidad científica internacional sumida en una carrera contra varios relojes. Más allá del oprobio de la batalla de egos que protagonizan algunos científicos europeos, de la irresponsabilidad criminal de unos cuantos dirigentes del mundo, de las controversias desmedidas que rodean la pertinencia de las medidas adoptadas por los Estados más responsables, de las intervenciones públicas de intelectuales papanatas y políticos sin vergüenza ni cultura, la ciencia trabaja en silencio, concentrada en su misión racional de dar con la molécula que neutralizará el virus. Miles y miles de investigadores a través del mundo consagran cada minuto de sus neuronas a salvar una humanidad angustiada, enferma y al bordeo del colapso. La doctora argentina Eliane Piaggio es uno de los frentes más destacadas de esa línea de combate que tiene a la ciencia como único interlocutor verosímil. Responsable del equipo TransImm de Inmunoterapia Translacional en el Instituto Marie Curie de París, la doctora Piaggio se especializó en la lucha contra el cáncer mediante protocolos novedosos y menos violentos que la quimioterapia, es decir, la inmunoterapia. Doctora de la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacias de la Universidad Nacional de Rosario, Eliane Piaggio es una de las científicas argentinas más importantes del mundo y, hoy, una pieza esencial del inmenso mecanismo que se ha puesto en marcha para neutralizar el coronavirus.

En esta entrevista con Página/12 realizada en París, Eliane Piaggio puntualiza, paso a paso y con la narrativa racional y didáctica de un científico, en qué estado se encuentra la investigación sobre el virus, cuál es el rasgo de su identidad que lo hace tan impenetrable, al tiempo que detalla la trascendencia que ha tenido el confinamiento como una de las estrategias contra el coronavirus.

--El público cree que la ciencia y los grandes laboratorios ocultan los descubrimientos cuando, en realidad, se está ante lo que podría tal vez denominarse un enigma. Hay un río de fakes y teorías del complot que fluyen por todas partes. Para que todo sea más claro: ¿cuál es la identidad de esta pandemia, ¿qué la hace tan difícil de erradicar?

--La respuesta es muy fácil: no se sabe. Por eso hay tanto lío. Llega un momento en que tenemos que ser humildes y aceptar que desconocemos cómo va a evolucionar esta enfermedad. Todavía no la terminamos de entender. También hay que pensar que cuando empecemos a comprender el virus puede mutar, para bien o para mal. Queda mucho por saber acerca de la interacción entre el virus y el ser humano. Esto es lo que complica no poder erradicarlo. Cada vez tenemos más respuestas, pero también tenemos más preguntas. Los medicamentos funcionan, pero ninguno es súper eficaz, no sabemos si cuando los enfermos están curados siguen contagiando, si una vez curados los anticuerpos los protegen, ni tampoco sabemos por cuánto tiempo. Una vacuna, por ejemplo, ¿acaso va a generar los buenos anticuerpos? No sabemos. Lo que hace muy difícil entender la identidad de esta pandemia y la dificultad para erradicarla es que, a diferencia de otros coronavirus, el SARS-CoV-2 se transmite durante la fase de incubación, cuando las personas no tienen síntomas y no saben que están infectadas. Los otros virus se transmiten cuando los pacientes ya tienen síntomas. Por ello faltan las herramientas para poder erradicarlo.

--Viviremos entonces con su amenaza durante un buen tiempo.

--Por ahora sí estamos expuestos de forma permanente. Pero también hay que pensar que debemos ser proactivos, es decir, tener políticas que nos ayuden a encontrar la salida. Esto quiere decir contar con un tratamiento eficaz y la inmunidad de grupo. Para lo primero hay que descubrir una droga que disminuya la carga viral para que los pacientes sufran menos, contaminen menos y se los pueda curar. La inmunidad de grupo se va a lograr cuando estemos todos infectados, los que sobrevivamos, o cuando se logre desarrollar una vacuna que nos haga inmunes. Esto se apoya en todo el espectro de la ciencia: la ciencia social, epidemiológica, básica, aplicada, académica, médica, industrial, investigación clínica. La respuesta vendrá de ahí.

--En qué dirección se está llevando a cabo la búsqueda de una vacuna o un tratamiento sabiendo que aún se está en una fase de multi exploración.

--Hasta que se encuentre un tratamiento específico para la Covid-19 lo que se hace es el reposicionamiento de medicamentos que ya existen, y ello con dos objetivos. Uno es estudiar el virus, o sea, antivirales, y el otro es controlar la respuesta inflamatoria exacerbada. En más o menos el 10 o 15% de todos los pacientes infectados se constató un desarrollo de una inflamación exacerbada que es contraproducente. Esos son los tratamientos en curso: o se inhibe el virus con un antiviral o se trata la respuesta inflamatoria exacerbada. Por consiguiente, lo que se está haciendo en Francia es lo que se hace en Europa. Es de destacar el estudio clínico europeo “Discovery” que evalúa 4 tratamientos experimentales contra el Covid-19. Dentro de este programa a los pacientes se les proponen distintos tratamientos que van desde el antiviral que se suministra para el Ebola, otro que se suministra contra el VIH o la famosa hidroxicroloquina. Hay otras cositas nuevas que se manejan pero, de todas formas, no hay muchas opciones. No se le puede dar cualquier cosa a los pacientes. Estas son las drogas disponibles y las posibilidades de tratamiento.

--En qué medida su propia disciplina, la inmunología, alimenta las investigaciones en torno a los tratamientos.

--El virus interacciona con el sistema inmune, que es el que nos ayuda a sacarnos de encima el virus. La inmunología está muy ligada con la respuesta antiviral. En el campo de la inmunología debemos entender la relación entre el virus y el sistema inmune. Se hacen investigaciones fundamentales que luego se aplican. Hay gente, como el Instituto Pasteur, que trabaja con los virus de antes. El resto de los inmunólogos no empezamos de cero. Tratamos de aplicar el conocimiento y la experiencia que cada equipo desarrolla en otros temas a una pregunta asociada al coronavirus. Hay estudios observacionales, que se basan en los pacientes sin intervenir, estudios mecanísticos en los cuales desarrollamos modelos que nos permitan modular algunas variables para entender cuál es el mecanismo de acción por el cual el sistema inmune puede eliminar el virus. Luego hay otros tipos de estudios que están directamente orientados a desarrollar nuevas terapias. Por consiguiente, para encontrar nuevas terapias primero se trata de identificar cuál sería el blanco: si es una proteína del virus o si es el receptor que está en las células humanas y por donde ingresa el virus. Para ello, se trata de desarrollar anticuerpos que neutralicen esa interacción y, también, encontrar una vacuna para estimular al sistema inmune del huésped y proporcionar una protección activa contra la infección. Eso es lo que estamos haciendo en el Instituto Curie: estudiar la respuesta inmune de los pacientes y ver si podemos encontrar nuevos tratamientos, incluyendo el desarrollo de una vacuna.

--Hay tres temporalidades que se cruzan en este momento: la científica, la política y la crisis sanitaria. A ellas se le pegan las confrontaciones ideológicas, la pugna entre intereses y, como se ha visto en Francia, el ego de algunos científicos.

--Cada una tiene sus tiempos, pero todos estamos apurados. El problema radica en que, en la ciencia, las respuestas no se obtienen de un día para otro. Es como le pasó a Pasteur: uno está toda una vida trabajando para encontrar una cosita. Hay que formar, formarse, encontrar cuál es la buena hipótesis de trabajo y después es todo un proceso largo y engorroso donde hay que obtener los subsidios, generar los útiles de trabajo, tener acceso a la tecnología con la cual queremos responder a las preguntas, analizar, interpretar, reproducir y publicar los experimentos. Después tratamos de aplicarlos adaptándolos para que puedan ser utilizados en el ser humano. Y todo esto siempre y cuando los científicos sobrevivamos a una innumerable cantidad de trabas administrativas, regulatorias. Pero todo lo que se pueda hacer aporta, no importa la grandeza del estudio. A veces, los estudios chiquititos aportan la parte inventiva y la solución. Los científicos de todo el mundo, mis colegas argentinos, tenemos la posibilidad de hacer cosas.

--El confinamiento ha desatado igualmente una controversia mundial, que incluso implicó a científicos y, hace poco, hasta circuló una carta firmada por las derechas liberales y promovida por Mario Vargas Llosa en defensa de un casi no confinamiento. Entonces, ¿cortar el flujo humano de la circulación frena realmente la expansión del virus?

--El confinamiento desacelera la expansión del virus. El problema es que acá no hay mucho que discutir. La realidad es arrolladora: los países que no se confinan tienen una cantidad de infecciones que aumenta de forma exponencial y es imposible de dominar. Repito: no hay otras opciones. A falta de test diagnósticos que nos permitan aislar a los portadores y controlar así la diseminación, a falta de material de protección, no hay máscaras ni soluciones hidroalcohólicas, ni protecciones descartables para los médicos, en suma, sin eso no queda otra más que el confinamiento. Lo que hay que hacer es evitar que se saturen los hospitales para que todos los enfermos tengan acceso a los respiradores y a los cuidados intensivos. Si no hubiese habido este confinamiento habríamos pasado aún más situaciones, como las que ya pasamos, donde los médicos tenían que elegir a quién le daban el oxígeno y a quién ponían en terapia intensiva. El confinamiento no se discute, no es bueno ni malo, no hay otra opción. El confinamiento es la única arma para actuar. El confinamiento nos da un poco de tiempo para equipar los hospitales, poner a punto los test diagnósticos para aislar a las personas, sobre todo las asintomáticas que siguen diseminando la enfermedad, esperar los resultados de los estudios clínicos que nos van a decir qué tratamiento es el adecuado, encontrar un antiviral que baje la carga viral. Ahora vamos a comenzar a desconfinar y espero que con todo esto que hemos aprendido el rebote que va a venir con el desconfinamiento nos encuentre mejor parados frente a la infección. Pero para ello hay una condición: cuando nos desconfinemos hay que respetar la distancia social y los gestos barrera. De lo contrario será de nuevo el caos.

--Usted cree, como lo sugieren muchos sectores, que el tratamiento o la vacuna, si se descubre, debería ser como una suerte de patrimonio de la humanidad, es decir, quedar fuera de las especulaciones de los laboratorios.

--¡Espero que sea así! Claro, después la realidad es otra y no sé cómo vamos a hacer. Eso sería lo ideal pero no sé cómo se cambia todo un sistema neoliberal en el cual los intereses económicos están por encima de las personas. Los Estados aquí tienen que asumir un papel importante.

--El sistema multilateral sanitario ha sido un fracaso total. La Organización Mundial de la Salud (OMS) no cumplió con su propósito.

--La OMS debió cumplir ese rol de regulador y coordinador y no lo hizo. Hay que volver a pensar la gestión global de estas crisis sanitarias, no hay dudas sobre ello. Estamos frente a un gran fracaso, ante la evidencia de que la gestión de la OMS ante la Covid fue errónea. Estamos en una situación desastrosa que se sigue deteriorando. La OMS es como un dinosaurio y hay que renovarlo. Debe existir un ente regulador, pero no como este. Los Estados deben también desempeñar un papel mayor que integre la gestión sanitaria, la gestión científica, económica y social.

--En la Argentina el presidente Alberto Fernández tomó rápidamente medidas para confinar el país. Al mismo tiempo, la comunidad científica trabaja intensamente con los medios de que dispone.

--Para la ciencia argentina no es el mejor momento. Pasamos de la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, donde hubo un repunte en la ciencia argentina, a lo que ocurrió después cuando se vino abajo. La ciencia está atada de pies y manos, pero los científicos argentinos son extraordinarios. Tienen un nivel único de inventividad y una capacidad extraordinaria para salir adelante. Yo colaboro mucho con los científicos argentinos. Para mí es una forma de devolver al país lo que el país me dio a mi para estar en donde estoy. Hacer ciencia ya es complicado en los países desarrollados, imagínese lo que es hacerlo en la Argentina donde la ciencia tiene que sobrevivir a un viacrucis. Pero esto no descalifica nada de lo que pueda salir de la Argentina. Todo lo que se pueda hacer tendrá un impacto enorme. 

Martes, 21 Abril 2020 06:16

Releyendo La peste de Albert Camus

Releyendo La peste de Albert Camus

Algunos fragmentos a propósito de la pandemia actual

 ´´Todo lo que el hombre puede ganar al juego de la peste y de la vida es el conocimiento y el recuerdo´´. La frase del libro La Peste de Albert Camus, publicada en 1947, nos revela que la novela, en un gran porcentaje, es una radiografía de lo que estamos viviendo con la pandemia global actual, claro, guardando las proporciones, ya que la peste descrita por Camus transcurre solo en la ciudad de Orán, pero los sucesos que día a día y mes tras mes van ocurriendo, se asemejan en buena parte a ciertas situaciones que hoy por hoy estamos viviendo, tales como el encierro, el miedo, el pánico, el alejamiento de familias, de amigos, conocidos; la soledad citadina, el terror al contagio, el desbordamiento de los hospitales, la suspensión de los rituales funerarios, la injusticia, el desabastecimiento, la desidia administrativa, la soledad, el individualismo, y junto a todo esto, la solidaridad y el compromiso ético.

La gran novela de Camus, publicada a dos años de finalizada la Segunda Guerra Mundial, es una reflexión sobre el absurdo de la existencia, el encierro y el exilio, la soledad, lo individual y lo colectivo, la muerte, la cotidianidad, la solidaridad, la amistad, el amor, cuando todos estos aspectos están bajo la amenaza de ser liquidados, destruidos.

Veamos algunos parajes de la novela que dan cuenta de ello:**

-- ´´Esta separación brutal, sin límites, sin futuro previsible, nos dejaba desconcertados´´.

-- ´´Así, pues, lo primero que la peste trajo a nuestros conciudadanos fue el exilio. Y el cronista está persuadido de que puede escribir aquí en nombre de todo lo que él mismo experimentó entonces, puesto que lo experimentó al mismo tiempo que otros muchos de nuestros conciudadanos. Pues era ciertamente un sentimiento de exilio aquel vacío que llevábamos dentro de nosotros, aquella emoción precisa; el deseo irrazonado de volver hacia atrás o, al contrario, de apresurar la marcha del tiempo, eran dos flechas abrasadoras en la memoria´´.

-- ´´Esta separación brutal, sin límites, sin futuro previsible, nos dejaba desconcertados, incapaces de reaccionar contra el recuerdo de esta presencia todavía tan próxima y ya tan lejana que ocupaba ahora nuestros días. De hecho sufríamos doblemente, primero por nuestro sufrimiento y además por el que imaginábamos en los ausentes, hijo, esposa o amante´´.

-- ´´En tales momentos de soledad, nadie podía esperar la ayuda de su vecino; cada uno seguía solo con su preocupación. Si alguien por casualidad intentaba hacer confidencias o decir algo de sus sufrimientos, la respuesta que recibía le hería casi siempre. Entonces se daba cuenta de que él y su interlocutor hablaban cada uno cosas distintas´´.

-- ´´Pues bien, lo que caracterizaba al principio nuestras ceremonias ¡era la rapidez! Todas las formalidades se habían simplificado y en general las pompas fúnebres se habían suprimido. Los enfermos morían separados de sus familias y estaban prohibidos los rituales velatorios; los que morían por la tarde pasaban la noche solos y los que morían por la mañana eran enterrados sin pérdida de momento. Se avisaba a la familia, por supuesto, pero, en la mayoría de los casos, ésta no podía desplazarse porque estaba en cuarentena si había tenido con ella al enfermo´´.

-- ´´Un cura recibía el cuerpo, pues los servicios fúnebres habían sido suprimidos en la iglesia. Se sacaba el féretro entre rezos, se le ponían las cuerdas, se le arrastraba y se le hacía deslizar: daba contra el fondo, el cura agitaba el hisopo y la primera tierra retumbaba en la tapa. La ambulancia había ya partido para someterse a la desinfección y, mientras las paletadas de tierra iban sonando cada vez más sordamente, la familia se amontonaba en el taxi. Un cuarto de hora después estaban en su casa.

Así, todo pasaba con el máximo de rapidez y el mínimo de peligro. Y, sin duda, por lo menos al principio, es evidente que el sentimiento natural de las familias quedaba lastimado. Pero, en tiempo de peste, esas son consideraciones que no es posible tener en cuenta: se había sacrificado todo a la eficacia´´.

- ´´El Doctor Rieux… sabía también que si las estadísticas seguían subiendo, ninguna organización, por excelente que fuese, podría resistir; sabía que los hombres acabarían por morir amontonados y por pudrirse en las calles, a pesar de la prefectura; y que la ciudad vería en las plazas públicas a los agonizantes agarrándose a los vivos con una mezcla de odio legítimo y de estúpida esperanza. Este era el género de evidencia y de aprensiones que mantenía en nuestros conciudadanos´´.

 

Al ir desapareciendo la peste, las percepciones en Orán son ambiguas. Por un lado, la idea de que la plaga había liquidado toda noción de esperanza y de porvenir, dejando una sensación de derrota, cierta atmósfera apocalíptica y de escepticismo. Veamos algunas de ellas:

-- ´´Sin memoria y sin esperanza, vivían instalados en el presente. A decir verdad, todo se volvía presente. La peste había quitado a todos la posibilidad de amor e incluso de amistad. Pues el amor exige un poco de porvenir y para nosotros no había ya más que instantes´´.

-- ´´Podemos decir, para terminar, que los separados ya no tenían aquel curioso privilegio que al principio los preservaba. Habían perdido el egoísmo del amor y el beneficio que conforta. Ahora, al menos, la situación estaba clara: la plaga alcanzaba a todo el mundo´´.

-- ´´Después de todo... -repitió el doctor y titubeó nuevamente mirando a Tarrou con atención-, esta es una cosa que un hombre como usted puede comprender. ¿No es cierto, puesto que el orden del mundo está regido por la muerte, que acaso es mejor para Dios que no crea uno en él y que luche con todas sus fuerzas contra la muerte, sin levantar los ojos al cielo donde Él está callado?

-Sí -asintió Tarrou-, puedo comprenderlo. Pero las victorias de usted serán siempre provisionales, eso es todo.

Rieux pareció ponerse sombrío.

-Siempre, ya lo sé. Pero eso no es una razón para dejar de luchar.

-No, no es una razón. Pero me imagino, entonces, lo que debe de ser esta peste para usted.

-Sí -dijo Rieux-, una interminable derrota´´.

-- ´´En verdad, era difícil saber si se trataba de una victoria, únicamente estaba uno obligado a comprobar que la enfermedad parecía irse por donde había venido. La estrategia que se le había opuesto no había cambiado: ayer ineficaz, hoy aparentemente afortunada. Se tenía la impresión de que la enfermedad se había agotado por sí misma o de que acaso había alcanzado todos sus objetivos. Fuese lo que fuese, su papel había terminado´´.

-- ´´En unos, la peste había hecho arraigar un escepticismo profundo del que ya no podían deshacerse. La esperanza no podía prender en ellos. Y aunque el tiempo de la peste había pasado, ellos continuaban viviendo según sus normas. Estaban atrasados con respecto a los acontecimientos. En otros, y éstos se contaban principalmente entre los que habían vivido separados de los seres que querían, después de tanto tiempo de reclusión y abatimiento, el viento de la esperanza que se levantaba había encendido una fiebre y una impaciencia que les privaban del dominio de sí mismos. Les entraba una especie de pánico al pensar que podían morir, ya tan cerca del final, sin ver al ser que querían y sin que su largo sufrimiento fuese recompensado´´.

-- ´´ Ya en aquella época había pensado en ese silencio que se cierne sobre los lechos donde mueren los hombres. En todas partes la misma pausa, el mismo intervalo solemne, siempre el mismo aplacamiento que sigue a los combates: era el silencio de la derrota´´.

 

Por otro lado, la idea de haberle ganado la batalla a la peste hace que sus habitantes salgan a festejarlo a las calles, retornando lentamente a las condiciones de una cotidianidad no avasallada, libre al fin del miedo y de la muerte:

-- ´´ Las puertas de la ciudad se abrieron por fin al amanecer de una hermosa mañana de febrero, saludadas por el pueblo, los periódicos, la radio y los comunicados de la prefectura. Le queda aún al cronista por relatar las horas de alegría que siguieron a la apertura de las puertas, aunque él fuese de los que no podían mezclarse enteramente a ella.

Se habían organizado grandes festejos para el día y para la noche. Al mismo tiempo, los trenes empezaron a humear en la estación, los barcos ponían ya la proa a nuestro puerto, demostrando así que ese día era, para los que gemían por la separación, el día del gran encuentro.

Se imaginará fácilmente lo que pudo llegar a ser el sentimiento de la separación que había dominado a tantos de nuestros conciudadanos´´.

-- ´´Al mediodía, el sol, triunfando de las ráfagas frías que pugnaban en el aire desde la mañana, vertía sobre la ciudad las ondas ininterrumpidas de una luz inmóvil. El día estaba en suspenso. Los cañones de los fuertes, en lo alto de las colinas, tronaban sin interrupción contra el cielo fijo. Toda la ciudad se echó a la calle para festejar ese minuto en el que el tiempo del sufrimiento tenía fin y el del olvido no había empezado.

Se bailaba en todas las plazas. De la noche a la mañana el tránsito había aumentado considerablemente y los automóviles, multiplicados de pronto, circulaban por las calles invadidas. Todas las campanas de la ciudad, echadas a vuelo, sonaron durante la tarde, llenando con sus vibraciones un cielo azul y dorado. En las iglesias había oficios en acción de gracias. Y al mismo tiempo, todos los lugares de placer estaban llenos hasta reventar, y los cafés, sin preocuparse del porvenir, distribuían el último alcohol. Ante sus mostradores se estrujaba una multitud de gentes, todas igualmente excitadas, y entre ellas numerosas parejas enlazadas que no temían ofrecerse en espectáculo. Todos gritaban o reían. Las provisiones de vida que habían hecho durante esos meses en que cada uno había tenido su alma en vela, las gastaban en este día que era como el día de su supervivencia. Al día siguiente empezaría la vida tal como es, con sus preocupaciones. Por el momento, las gentes de orígenes más diversos se codeaban y fraternizaban.

La igualdad que la presencia de la muerte no había realizado de hecho, la alegría de la liberación la establecía, al menos por unas horas´´.

Todo esto da a los habitantes de Orán conciencia de que la peste había pasado dejando a su paso luto, encierros, punzantes recuerdos, muerte, dolor, soledades, y con ello también la idea de renacer de las cenizas, como un ave Fénix de los escombros:

-- ´´Entre la luz suave y límpida que descendía sobre la ciudad se elevaban los antiguos olores a carne asada y a anís. A su alrededor, caras radiantes se volvían hacia el cielo. Hombres y mujeres se estrechaban unos a otros, con el rostro encendido, con todo el arrebato y el grito del deseo. Sí, la peste y el terror habían terminado y aquellos brazos que se anudaban estaban demostrando que la peste había sido exilio y separación en el más profundo sentido de la palabra´´.

-- ´´Sí, todos habían sufrido juntos, tanto en la carne como en el alma, de una ociosidad difícil, de un exilio sin remedio y de una sed jamás satisfecha. Entre los amontonamientos de cadáveres, los timbres de las ambulancias, las advertencias de eso que se ha dado en llamar destino, el pataleo inútil y obstinado del miedo y la rebeldía del corazón, un profundo rumor había recorrido a esos seres consternados, manteniéndolos alerta, persuadiéndolos de que tenían que encontrar su verdadera patria. Para todos ellos la verdadera patria se encontraba más allá de los muros de esta ciudad ahogada. Estaba en las malezas olorosas de las colinas, en el mar, en los países libres y en el peso vital del amor. Y hacia aquella patria, hacia la felicidad era hacia donde querían volver, apartándose con asco de todo lo demás´´.

El doctor Rieux, cronista y narrador, da cuenta de lo que la peste ha generado en Orán. Sabe que muchas emociones contradictorias han surgido de esta tragedia, como fatales individualismos y egoísmos, pero también una desinteresada solidaridad y entrega:

-- ´´Del puerto oscuro subieron los primeros cohetes de los festejos oficiales. La ciudad los saludó con una sorda y larga exclamación. Cottard, Tarrou, aquellos y aquella que Rieux había amado y perdido, todos, muertos o culpables, estaban olvidados. El viejo tenía razón, los hombres eran siempre los mismos. Pero esa era su fuerza y su inocencia y era en eso en lo que, por encima de todo su dolor, Rieux sentía que se unía a ellos´´.

-- ´´En medio de los gritos que redoblaban su fuerza y su duración, que repercutían hasta el pie de la terraza, a medida que los ramilletes multicolores se elevaban en el cielo, el doctor Rieux decidió redactar la narración que aquí termina, por no ser de los que se callan, para testimoniar en favor de los apestados, para dejar por lo menos un recuerdo de la injusticia y de la violencia que les había sido hecha y para decir simplemente algo que se aprende en medio de las plagas: que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio.

Pero sabía que, sin embargo, esta crónica no puede ser el relato de la victoria definitiva´´.

Y sin embargo, con la lucidez que poseen los escépticos, aquellos que siempre sospechan y dudan, el doctor Rieux entendía que esa alegría, que se manifestaba en la ciudad por el fin de la peste, estaba siempre amenazada, por lo que el último párrafo de la novela nos lanza a la incertidumbre, rasga el velo de una ficticia alegría y de una vana esperanza, nos da conciencia del absurdo, de la fatalidad que tras nuestros gozos se oculta, y que nunca desaparece. Entonces leemos:

-- ´´Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que estamuchedumbre esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa´´.

 

Por Carlos Fajardo Fajardo, poeta y ensayista colombiano.

** Todos los fragmentos han sido tomados de la traducción de Franky Richard.

Publicado enCultura
La Universidad de Oxford podría tener lista la vacuna contra el coronavirus en agosto

John Bell, asesor del Gobierno británico, explicó que la universidad comenzó las pruebas en humanos el jueves pasado y que posiblemente se sabrá el próximo mes si la posible vacuna obtiene una respuesta contundente frente al nuevo virus.

Las investigaciones llevadas a cabo por la Universidad de Oxford para fabricar una vacuna contra el coronavirus pueden estar completadas en agosto, informó este sábado John Bell, asesor del Gobierno británico. El científico señaló que la universidad comenzó las pruebas en humanos el jueves pasado y que posiblemente se sabrá el próximo mes si esta posible vacuna obtiene una respuesta contundente frente al nuevo virus.

 “¿Protegerá a la gente? Eso no se probó y sólo se probará una vez que se haya vacunado a un número significativo de personas, se las haya expuesto al virus y se haya contado cuántas personas contrajeron el coronavirus en esa población”, explicó Bell a la BBC. El profesional forma parte de un comité de expertos del ámbito académico y empresarial que se puso como objetivo desarrollar “tan pronto como sea posible” una vacuna contra la covid-19 que pueda ser producida a nivel masivo.

“Por lo tanto, ni siquiera tendremos una señal para eso hasta mayo. Pero si las cosas siguen su curso y tiene eficacia, entonces creo que es razonable pensar que podrían completar su prueba a mediados de agosto”, precisó el experto. A su vez, agregó que el siguiente problema a resolver sería la fabricación de “miles de millones de dosis”.

En tanto, Sarah Gilbert, profesora de vacunología de la Universidad de Oxford, advirtió el 11 de abril pasado sobre los problemas que viene enfrentando su especialidad en la actualidad. “Las vacunas no reciben suficiente inversión. Son la intervención sanitaria más rentable, pero se pasan por alto. Muchos de nosotros hemos estado diciendo durante años que necesitamos más vacunas contra estos patógenos de brotes y que tenemos que ser capaces de movernos más rápido cuando hay una nueva pandemia”, sostuvo Gilbert en declaraciones a The Times.

Según cifras oficiales, 888 personas fallecieron en las últimas 24 horas en hospitales británicos por coronavirus, por lo que la cifra total de fallecimientos en el Reino Unido ascendió a 15.464, mientras que la cantidad de contagios escaló a 108.692.