ACTUALIDAD

El futuro incierto de la alimentación después...
El experto argentino Carlos Cherniak prevé un aumento del hambre como efecto de la pandemia Cerca de 10 millones de niños en Latinoamérica dejaron de recibir su ración diaria de comida, en consecuencia, habrá un incremento de la inseguridad alimentaria en la región.   Desde Roma Cuando... Leer Más
La privatización (sic) del espacio por Trump y...
Arden 30 ciudades en EU por el homicidio de George Floyd, mientras que la Bolsa de Wall Street, a unas cuadras de los disturbios en Nueva York, sigue su alza desacoplada de la economía, y Trump descuelga un éxito mayúsculo con el ensamble de SpaceX, propiedad del excéntrico inventor multinacional... Leer Más
¿Ha empezado el fin de la globalización?
Una de las expresiones de la crisis económica de 2020 es una cierta disfunción de los mercados globales. Sin embargo, todavía no se puede afirmar que estemos en un ciclo claro de desglobalización, aunque esto sucederá inevitablemente más pronto que tarde.   La globalización de la actividad... Leer Más
El Estado como contra-revolución
El tema del Estado ha dividido diferentes movimientos revolucionarios como el anarquismo o el comunismo. La organización de la sociedad podría tomar formas diferentes pero debe estar ligada a la sociedad, a la historia, a la naturaleza y a la revolución de las mujeres. Esto requiere no sólo un... Leer Más
Doble discurso de Trump: alienta protestas en...
Las sonrisas cambiaron de bando. Ahora son los jerarcas chinos los que apuntan con el dedo al Gobierno de Donald Trump, que días atrás defendía a los manifestantes en Hong Kong como héroes, y ahora defiende en su país el toque de queda, el estado de sitio y la represión contra las protestas... Leer Más
Después del covid: ¿la era posthumanista?
Estos tiempos de pandemia nos invitan a superar el Humanismo construido sobre la deshumanización de la mayoría y la explotación de la naturaleza. Exploramos cómo debería ser una era posthumanista.   Abrumados por la peor pandemia de la historia contemporánea, urge priorizar las reflexiones... Leer Más
El poder y los presos: ¡Que se contagien! ¡Que...
Las cifras de infectados en las cárceles crecen día a día. Los poderes públicos y la sociedad en general no se inmutan, no hay porque, las vidas en juego no interesan. Todo comenzó a coger cuerpo los primeros días de abril. Era de suponer, el virus no se amedrenta con los muros, garitas ni... Leer Más
La pandemia acelera la lucha por el poder mundial
Mientras una generalidad de países se esfuerza en combatir como puede la pandemia del covid-19, otros, además de combatir la pandemia, no cesan de prepararse para combatir en otros escenarios que nada tienen que ver con el indeseado virus. Para decirlo de otra manera, los centros del poder mundial... Leer Más
prev
next
Lunes, 25 Enero 2010 20:46

A 200 años de la primera independencia

Escrito por Equipo desde abajo
Valora este artículo
(0 votos)
Historia viva. El llegar del bicentenario es una bella oportunidad para que todos aquellos que cargan con la responsabilidad de llevar luces a las nuevas generaciones propicien una reflexión permanente entre ellas, motivándolas para que asuman el reto de concretar una gesta por la Independencia, que, a pesar de haber recorrido buena parte del continente dos siglos atrás, aún está por llevarse a buen término. Es a los docentes, con sus estudiantes, a quienes corresponde en primerísimo lugar asumir y liderar este proceso.
 
Pasado y presente. Ayer que extiende sus raíces hasta nuestros días. Así es la vida: nada se destruye, sólo se transforma. El bicentenario nos abre el balcón para otear con ojos vivos una libertad que supuestamente fue, y el ideal y sueño de la Gran Colombia frustrado por una parte de la oligarquía o mantuanos, liderados entonces en Colombia, Venezuela y Ecuador, respectivamente por Santander, Páez y Flórez.
 
¿Cómo surgió Colombia? Es una respuesta que durante este año gana noticia y lugar. El bicentenario de la Independencia es tema de actualidad. Han transcurrido 200 años desde cuando las ascendentes élites criollas o mantuanas reclamaron a la Corona española mayor espacio político y económico para sus intereses. Pero es en unos cuantos años menos el momento en el cual una parte del pueblo se sumó a la gesta que en sus inicios no fue más que una pugna entre poderes: el tradicional –monárquico– y el ascendente –criollo–, lucha que en sus primeros soplos no pretendió cambios sociales.

 
 
Bicentenario, tiempo de memoria. Y no es un propósito menor. Más aún en un país como el nuestro, determinado por una cruenta guerra que trata de borrar su origen y sus causas reales, y de este modo la memoria de la trágica confrontación en curso, de sus actores económicos, políticos, militares, sociales e internacionales que impulsan, sostienen y determinan esta larga beligerancia que expulsa millones de humildes del agro a la ciudad, llena el campo –y ahora, a no pocos barrios– de fosas comunes, concentra la tierra en cada vez menos manos; dispone el Estado, al servicio de una capa cada vez menor de la sociedad; militariza y extrema el control social por doquier y hace que la sociedad renuncie a un proyecto de desarrollo nacional. Llega al extremo de enajenar la soberanía misma, precisamente bandera heredada de varios de los levantamientos nacionales (así se les puede catalogar pasados estos dos siglos) que antecedieron y estimularon los “gritos de independencia” que llamamos hoy.
 
Bicentenario, tiempo para reencontrarnos con nuestro propio ser. Tiempo para la relectura de nuestra historia nacional y para precisar la conformación de nuestro ser igualmente nacional. ¿Qué y quiénes somos? ¿Cómo se constituyeron la Nación y el Estado entre nosotros? ¿A qué se deben las particularidades que nos hacen diferentes de los estadounidenses o los europeos? ¿Por qué, después de 200 años, aún no podemos crear el necesario clima económico, social, político e internacional para consolidarnos como nación viable?
 

Bicentenario, tiempo de oportunidad para el movimiento social. Ese protagonista histórico es negado y excluido siempre como factor fundamental de la nación. ¿Cuál es la historia real que acontece y aconteció en nuestras tierras durante estas dos centurias? ¿Por qué en la historia oficial no aparecen con la fuerza merecida los hombres y mujeres, miles, millones, que forjaron la nación? ¿Dónde están los pueblos indios y su agricultura intensiva que, como hijos de la tierra y sus culturas y civilizaciones urbanas en México y el altiplano andino, con su cosmovisión, su dignidad y sus flecheros resistieron a todo tipo de negación y violencia, hasta llegar al presente con reclamo de todas sus reivindicaciones negadas insistentemente por los poderes de turno, pero también con aporte a la humanidad de su visión sobre la vida en toda su implicación? ¿Dónde los negros esclavos, arrancados de su África, humillados y considerados “sin alma” –ya mambíes o con sus palenques, cumbes, patucos y rochelas–, tratados como mercancía por un poder fundado y sostenido en una sola visión del mundo: los valores oligárquicos del blanco, y el poder religioso en Roma y sus diezmos? ¿Dónde están los campesinos y arrieros, que con su tesón abrieron y contribuyeron a sembrar el país cordilleras abajo y de cumbre en cumbre? En fin, donde están esas manos, esos vientres, esos ojos, esos cuerpos, que por miles, por millones, han hecho posible –a pesar de todos los designios predeterminados allá, en la aristocracia y el poder– que haya Patria, así sea adolorida, riqueza en la Nación, y que la vida en este país sea un tanto más llevadera.
 

Ayer, dos centurias atrás, éramos colonia de la metrópoli española –que con invasión, despiadada conquista y comercio de esclavos imponía el saqueo del oro, los minerales y las riquezas, la mita y las encomiendas, y se daba ínfulas de cristianización; con su Armada y su ejército que llegó a nombrarse ‘pacificador’–, estancada entre reinos de poderes vitalicios. Una potencia arrollada por los ritmos de la economía y el tiempo con las características que le impregnaban otros vecinos o imperios en declive o en gestación: Inglaterra, Portugal, Francia, Austria, sus competidores, sus enemigos y patronos de piratas, corsarios y filibusteros que a sangre y fuego asaltaron puertos y ciudades. Reino que ante los desafíos comerciales, de deudas con banqueros alemanes y del control de sus nuevas rutas, para sostener la supremacía marítima, sin acomodarse a las demandas y retos de su tiempo, cayó arrollado por las nuevas prácticas sociales e históricas que supuso la doble Revolución (la Industrial y la Francesa) con triunfo y ascenso de la burguesía con sus banderas de Libertad, Igualdad y Fraternidad sobre la nobleza terrateniente, y la independencia y la Constitución de Estados Unidos y sus primeros 13 estados frente al reino de la Gran Bretaña, la disputa y ampliación de los mercados, los contrabandos, el anquilosamiento feudal barrido por las nuevas comprensiones de una ciencia cambiante, por la economía emergente y por las novísimas clases que emergían por doquier.
 
Tiempos y ritmos emergentes. Para entones, 40 años antes del Grito de Independencia, y obligado por los afanes de su menguado fisco, el Imperio afligió aún más a los habitantes de estas sus colonias. La respuesta no se dejó esperar y, en contra de su cálculo, en aprendizaje y continuidad de las sublevaciones indígenas de motilones y guajiros, y negras que en nuestro país recuerdan a Biohó y al negro Miguel y “su república de mulatos y zambos de Nirgua” en Venezuela, en la tercera década de 1600, la muchedumbre comunera se alzó en las tierras de Santander y del Táchira y Mérida. Tiró abajo los nuevos impuestos y reclamó buen gobierno. Sin embargo, la traición impidió que sus objetivos se concretaran, y Zipaquirá y otros pueblos del oriente colombiano vieron cómo el poder destrozó y puso en picota la cabeza y las extremidades de los voceros de una causa de justicia, sin impedir por esto su repercusión con levantamientos en Pasto, Neiva, Guarne, Tumaco, Casanare y Mérida, en San Antonio del Táchira y La Grita, Lobatera y Bailadores andinos en el occidente de Venezuela, sin alcanzar un avance hasta Trujillo; embrionaria manifestación de los novísimos movimientos sociales que tomarían cuerpo con el capitalismo. Poder. Violencia. Venganza. Ésta, que en sus más viles métodos tomó posición en nuestro país y aún mancha con su marca a centenares de comunidades, infinidad de pueblos, dejando tirados y destrozados por caminos y comarcas los restos de infinidad de líderes que, como José Antonio Galán y sus compañeros de lucha, no han pretendido más que justicia y buen gobierno.
 
Esa causa, igual que la liderada por Túpac Amaru en Perú, Tiradentes en Brasil y Eugenio Espejo Chusig en Ecuador, por los comuneros del oriente o del sur en Colombia, marca el comienzo de una lucha que sólo se vería parcialmente realizada pasadas cuatro décadas. Sin este antecedente, como los ya enunciados y sin la inmensa gesta de negros libertos que en 1804 le hicieron morder el barro al ejército francés en Haití, la libertad no habría esparcido su fresco halo de fuerza y decisión entre nosotros, ni logrado posicionarse –así haya sido sin todos sus atributos– entre cordilleras y valles orinocos, andinos, caribes, pacíficos, amazónicos, y en las pampas y el río de la Plata.
 
Bajando por uno de los valles que bañan las aguas del río Magdalena, para luego vadear otras aguas y surcar otros cerros –con sorpresa para el enemigo–, caserío tras caserío, hasta Caracas llegaron Simón Bolívar y su improvisado primer ejército. Llegaba cargado de las nuevas técnicas apropiadas de los ejércitos napoleónicos, hijos de una nueva era. La rigidez de las formaciones, a imagen de los sistemas sociales donde habían surgido, daban paso a la flexibilidad, la rapidez, el envolvimiento, la sorpresa, la iniciativa individual, a semejanza del nuevo sistema político que ya arrollaba con sus vapores y sus nuevas tecnologías todo lo que encontraba a su paso. La I, y luego la II República venezolana, y sus respectivas derrotas tras las atrocidades de los militares españoles Juan Domingo Monteverde, nombrado Capitán General, y Boves, el asesinato de casi toda la inteligencia neogranadina, la ocupación de Cartagena tras su heroica defensa, fueron el precio que se debió pagar para poder comprender que vencer al Imperio español requería una revolución social.

 
 

Alejandro Petión en Haití dio la clave. Su desprendimiento y su ayuda económica, con embarcaciones, armas y una imprenta, así como conocer por parte de Bolívar aquella revolución, y entender y rectificar frente a la necesidad de la libertad de los negros, así como presenciar los logros de un pueblo de esclavos que no condicionaba la libertad y los derechos al poder económico de cada uno de sus integrantes, fue condición sine qua non para cumplir su juramento del Monte Aventino y trastocar el curso de los sucesos en la Venezuela que lo vio nacer y en todas las demás patrias que lo adoptaron.
 
Era un tiempo de contradicción en el cual el blanco criollo y el mantuano luchaban por más poder y más fortuna, el indio y los mestizos por la igualdad y su identidad, y el esclavo por su libertad. Sólo el genio de Bolívar pudo comprender esa condición fundamental para vencer en la guerra. Renunciar a la esclavitud, avanzar hacia la hermandad de todos y todas, brindaron a la guerra de independencia la masa, la fuerza y el carácter y la marca social, necesarias para sobreponerse a los Boves y Morillos que, a nombre del rey, el orden y la tradición asolaban el virreinato de la Nueva Granada, su Capitanía en Caracas y la Real Audiencia de Quito en el territorio que es hoy de Colombia y Panamá, Venezuela, Ecuador, Perú, y Alto Perú o Bolivia.
 
Entonces, ya se hacía evidente que no sólo la fuerza es necesaria para derrotar al contrario. Ya en aquellos años se hacía axioma que la legitimidad procede de la justeza de la causa defendida, pero también de la manera como ésta se irradia entre todos aquellos a quienes pretende reivindicar. El sujeto se hace llama y con su energía transforma el entorno que lo rodea. Fue así como un pueblo se levantó, no sólo para dejar atrás al Rey –representación de Dios en la Tierra– sino asimismo para abrazar la igualdad, la libertad y la fraternidad, propósito sobre el cual sembraron las bases de la nación que aún pretendemos ser.
 
Son ellos, campesinos, indios y negros, zambos, mulatos y mestizos, y una porción de criollos con vergüenza ante el poder injusto, hombres y mujeres, quienes hacen posible el sueño bolivariano. Son sus brazos los que acopian abastos y cabildos, portan las lanzas o disparan los arcabuces y cañones que rompen la tradición y la sumisión. Es su energía, insuflada por el proyecto bolivariano, y el brío que derrotó unos ejércitos mejor dotados y formados.
 
Debemos preguntarnos hoy, transcurrido este doble centenar de años: ¿Qué impidió que finalmente se concretara ese anhelo de igualdad, de fraternidad, de justicia? ¿Por qué, a pesar de la derrota de las tropas monárquicas, la libertad no cubre a los negros, la mita no se elimina, y la tierra no se entrega a manos llenas a quienes con su dedicación propician que la misma brinde sus frutos?
 
Todos conocemos las respuestas. Y precisamente son esos intereses económicos y políticos dominantes, conservados, enconchados, enquistados desde entonces, lo que no permite que, 200 años después, el proyecto bolivariano se haga realidad, pero además, y muy por el contrario, la “República señorial” que emanó de esa lucha libertaria se extienda con graves consecuencias para las mayorías sociales, hasta nuestros días.
 
Son esos intereses lo que ha propiciado y permitido que se prolongue hasta nuestros días y se ahonde la concentración de la tierra, la desigualdad social, el clientelismo, la violencia como factor de control social; que sobreviva la desintegración de la región andina, y se abandone y renuncie, incluso, el ‘santo’ y obligado derecho de la soberanía nacional.
 
Razones, causas, sucesos, intereses, realidad, que deben ser examinadas, conocidas, reinterpretadas, para poder comprender a cabalidad el porqué de nuestro ser social, el porqué de la incapacidad para poner en marcha un proyecto de desarrollo propio pero también el porqué de nuestro signo trágico en la región que integramos.
 
La descolonización del continente americano, y con él de nuestro país, encontró soporte en la muerte de un sistema político a manos de la revolución industrial. La novísima revolución de la electrónica y las comunicaciones –con todas las transformaciones en la producción y las relaciones sociales que propicia– crea hoy los factores para la muerte del sistema político que ha impedido, a pesar de la abundancia creada, la realización plena del ser humano.
 
Bolívar no alcanzó, quiso llevar su bandera contra el español a Cuba y Puerto Rico que aún espera su derecho de nación. En la mayor de las Antillas tras la caída de José Martí, su independencia condicionada, intervenida, por una Enmienda Platt del senado de los Estados Unidos junto con la intromisión militar, tardó hasta 1902, o mejor hasta 1932, cuando la enmienda con excepción de la Base de Guantánamo se derogó. Hoy todavía, la deuda colonial y de sometimientos del reino español tiene ancestrales y actuales saldos: en el Sahara Oriental –donde con una resolución de la Onu, bregan el Frente Polisario y la República Árabe Saharahui–, en Canarias; y en el País Vasco, Galicia y Cataluña con sus lenguas que no mueren y su lucha por la Independencia uno y la Autonomía verdadera, nacional, las otras.
 
El Bicentenario es oportunidad para reencauzar la práctica de la juventud y los actores sociales, que, abrumados por la institucionalización de muchas de las expresiones comunitarias y los efectos de las transformaciones sociales, propiciadas por la revolución técnico-científica en marcha, pierden el faro de su potencial.
 
A todos ellos, hombres y mujeres, les extendemos la invitación para que a través de una amena y participativa labor en el centro de estudio, en su sitio de vivienda, en los lugares de trabajo o en los espacios para el parche y la diversión, comparta con sus iguales estas reflexiones acercándose con dedicación a lo que es su país, su continente y el mundo, imaginando lo que cada uno de estos territorios deberían ser. 

Descargar Colección Bicentenario 1
Visto 11662 vecesModificado por última vez en Jueves, 04 Febrero 2010 18:33

Deja un comentario

Asegúrate de llenar la información requerida marcada con (*). No está permitido el Código HTML. Tu dirección de correo NO será publicada.