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Miércoles, 24 Septiembre 2014 17:05

El avanzado ideario político, económico y social de Rafael Uribe Uribe

Escrito por Equipo desdeabajo
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El avanzado ideario político, económico y social de Rafael Uribe Uribe

A cien años del asesinato del general Rafael Uribe Uribe, ocurrido en Bogotá al aproximarse al capitolio nacional el mediodía del 15 de octubre de 1914, es importante recordar y recalcar el pensamiento revolucionario que tuvo para su época y entorno. Si bien el líder liberal era parte de la casta política del país y defendía la propiedad privada y el capital tenía, por otra parte, la claridad de las ideas socialistas en cuanto a organización del Estado, intervención en la economía, protección a la industria, defensa de los trabajadores, equidad en las políticas impositivas y garantías democráticas para la oposición y las minorías.

Hoy es posible trazar muchas de las principales reivindicaciones sociales que las fuerzas políticas de izquierda han exigido en los últimos cien años del país –aquel periodo que va desde el ingreso del país a la llamada modernidad hasta la época actual –de la búsqueda del fin del conflicto armado y la búsqueda de un paz duradera con un país más incluyente, más equitativo– hasta sus orígenes en los discursos, tesis y escritos del líder liberal sacrificado.

En su ejercicio por un país que hoy podríamos decir incluyente y soberano, debió enfrentarse en su vida pública, no sólo a la hegemonía Iglesia-Partido Conservador, que dominó el país desde la Regeneración hasta 1930 (dieciséis años después de su muerte) sino también a otras facciones del Partido Liberal. Las divisiones liberales, en especial la sostenida en contra de Benjamín Herrera, fueron entre otras causas, las razones para que el conservatismo se mantuviera en el poder a pesar del agotamiento de ideas, la falta de obras, las políticas equivocadas, el desconocimiento de las urgentes necesidades sociales y económicas de la época y el desgaste natural de un partido que llevaba tres decenios en el poder y que aún así duraría controlando el país hasta 1930.

En síntesis, es posible afirmar que Uribe Uribe fue un político de avanzada al tiempo que un pésimo estratega militar. En las guerras civiles que participó casi siempre salió derrotado al frente de las tropas liberales. Sin embargo, fue un excelente orador político: sus intervenciones en el Congreso, donde era el único representante liberal en medio de una oleada de senadores y representantes conservadores, eran tan memorables como temibles pues solía dejar sin argumentos a sus opositores pero en el momento de las votaciones era apabullado por las mayorías de derecha. También era un político poco pragmático, en especial en sus primeros años de acción pública. Sus diferencias con la Iglesia, con el Partido Conservador y con sus propios copartidarios liberales lo mantuvieron alejado del poder y cuando entró en razón e intuyó que debía hacer pactos, morigerar sus ideas radicales y moverse con sagacidad dentro del ambiente político del momento, y forjó las alianzas necesarias, entonces fue asesinado. Con seguridad los móviles del crimen fueron mucho más complejos, y sus autores intelectuales más encumbrados que los transcendidos en la historia oficial, que afirman que fue una revancha de dos carpinteros, Galarza y Carvajal que no conseguían trabajo en los contratos ofrecidos por el Ministerio de Obras Públicas, en ese entonces bajo la influencia del líder liberal o que fue una venganza de la misma base liberal, porque este se habría "volteado" y estaba ahora participando en el recientemente elegido gobierno conservador de José Vicente Concha. Los verdaderos móviles y autores intelectuales han permanecido hace un siglo en un misterio y a pesar que desde entonces se apuntó, por diversos medios, en especial el periodista liberal Marco Tulio Anzola Samper y el semanario Gil Blas, que denunciaron a las más altas jerarquías de la Iglesia y del Gobierno, estas tesis hoy día permanecen desestimadas por historiadores y cronistas de la época.

Uribe Uribe se estaba acercando peligrosamente a ser elegido presidente, y, en definitiva era un ideólogo de avanzada nervadura y calibre y pensamiento socialista. La Iglesia tenía un gran temor (y como cualquier institución asediada por el miedo podía hacer actos desesperados) producto de la experiencia con los gobiernos liberales anteriores a la Regeneración (desde Mosquera en 1863 hasta Aquileo Parra y Murillo Toro en vísperas de la llegada de Rafael Núñez al poder), y era que ésta y sus ministros fueran expulsados, perseguidos y sus bienes, fincas, conventos y seminarios expropiados por un eventual gobierno de Uribe Uribe si llegaba a la presidencia, como en efecto había sucedido en el pasado reciente. El terreno ganado desde Núñez cuando ya había restaurado la prevalencia de la Iglesia y habían regresado las diferentes comunidades religiosas, en especial los jesuitas, era un camino que no se podía perder. Y por su lado, suficientes señas había dado el líder liberal de su antipatía con la intromisión de la Iglesia en los asuntos de Estado y era pública la enemistad que había entre el jefe de la Iglesia, el arzobispo primado y el líder liberal. Por parte de los conservadores, Uribe Uribe se constituía en el único liberal que podía poner en peligro en el corto plazo su ya larga tenencia de más de treinta años del poder. Había que quitarlo del medio y lo lograron bajo el disfraz de un atentado de dos obreros que supuestamente obraron de manera espontánea y sin ningún nexo con nadie más, como se esforzaron hasta la saciedad en demostrar los fiscales del caso, cuando en realidad los asesinos materiales no fueron más que dos sicarios a sueldo de las fuerzas oscuras del complot contra el general liberal.

El ideario político, económico y social suyo, un pensamiento en estricto sentido liberal, socialista, decididamente de izquierda, fue su legado a otros líderes sociales que le siguieron en los siguientes cien años, como Jorge Eliécer Gaitán, Luis Carlos Galán, Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro León-Gómez, todos igualmente abatidos dentro de una tradición centenaria de intolerancia a la diferencia, a las ideas progresistas, y a la apertura del país hacia una sociedad más justa y equitativa. Vale la pena anotar que en la historia de los magnicidios del país, sólo dos han sido de hombres de pensamiento conservador: Julio Arboleda y Álvaro Gómez Hurtado, los demás, los más, de pensamiento de izquierda.

En las primeras décadas del siglo veinte, sólo hubo cuatro grandes figuras políticas en el país: Rafael Reyes, Carlos E. Restrepo, Benjamín Herrera y Rafael Uribe Uribe. Los dos primeros llegaron a la presidencia, mientras que los dos últimos, liberales, jamás la alcanzaron. Lo que no hay duda es que de los cuatro, el pensamiento del último fue el superior, el de mayor vuelo intelectual y el de mayor sintonía con los momentos que requería el país, y el más abierto a las influencias sociales que venía de Europa.

El pensamiento de Uribe Uribe está compendiado, principalmente en las siguientes obras: Socialismo de estado, conferencia dictada en el Teatro Municipal de Bogotá, en octubre de 1904, Los problemas nacionales, conferencia leída en el salón de grados en diciembre de 1910, Exposición sobre el presente y porvenir del partido liberal en Colombia, Por el bienestar de los trabajadores, discurso dictado en 1912 en Bogotá, El plan de marzo, artículos de plataforma para 1912 y 1913, De por qué el liberalismo no es pecado, 1910, y en la recopilación de sus discursos parlamentarios entre 1904 y su muerte.

Es posible dividir el corpus del pensamiento de Uribe Uribe en seis grandes categorías: socialismo de estado, separación entre iglesia y Estado, reformas sociales, garantías a la oposición y a las minorías, políticas laborales y protección a los trabajadores y políticas económicas y tributarias.

 

 

Socialismo de estado

 

Uribe Uribe consideraba que el socialismo de estado era el único camino posible para sacar a la nación del atraso, pobreza y malestar que llevaba padeciendo durante el primer siglo desde su independencia. Su pensamiento seguía el modelo socialista de las naciones europeas y estaba convencido que era la aproximación necesaria y necesidad inmediata. Sin embargo, no era un pensamiento de extrema; al contrario, era moderado: "el socialismo dentro de límites prudentes y ejercido con tino y probidad".

Propugnaba por una consistencia y permanencia de las políticas, en lugar de los zigzagueos y evoluciones erráticas de un programa de gobierno a otro; defendía, de igual modo, la necesidad de un Estado fuerte, "competente en la ejecución de obras costosas" de utilidad común y de largo aliento". Uribe quería un Estado que defendiera y ejerciera "la protección de todos los intereses que no pueden defenderse por sí mismos, y el amparo de los débiles frente a los fuertes".

De igual modo veía al estado socialista como aquel que "está obligado a mantener el equilibrio entre las aspiraciones encontradas de las clases, para impedir que las unas sacrifiquen y exploten a las otras".

 

Relaciones entre Iglesia y Estado

 

Uribe Uribe era masón, católico pero anticlerical, en el sentido que rechazaba la intromisión de la Iglesia en los asuntos del Estado. De igual forma era un crítico inclemente de las prácticas de la Iglesia y de sus ministros que se habían alejado de los preceptos de Jesucristo y de los padres de la Iglesia. En 1903 se opuso a la consagración que hizo el arzobispo de Bogotá, y cardenal primado Bernardo Herrera del país al sagrado corazón de Jesús. Fue el único congresista que no asistió a la entronización del símbolo católico como patrono y protector de la nación. A ojos del gobierno conservador y de la jerarquía eclesiástica, Uribe era un demonio, anticatólico, ateo y perseguidor de curas. Su conducta independiente, su pensamiento autónomo y su indeclinable vocación de que el Estado debía manejar sus asuntos sin injerencia de la Iglesia católica le causaron la enemistad visceral por parte de todos los sectores del conservatismo y de la Iglesia. En 1912 escribió un opúsculo titulado De cómo el liberalismo político no es pecado, como respuesta a la prohibición que hizo el arzobispo en su momento a los liberales de practicar el catolicismo. La única opción era ser conservador pues de optarse por el liberalismo entonces se debía renunciar a la Iglesia. Para los sectores más reaccionarios del catolicismo "ser liberal era pecado". A tal punto llegaba la intransigencia de la Iglesia en el país, amparado por el famoso Syllabus, cuyo título completo era Syllabus o catálogo de los principales errores de nuestra época, publicado en Roma, de orden del sumo pontífice, como anexo a la encíclica Quanta Cura de 8 de Diciembre de 1864 del papa Pío IX. Este documento fue usado por los conservadores y la Iglesia durante más de cincuenta años para invalidar cualquier ideal liberal, socialista o que tuviera el menor viso de anticlericalismo. Para el líder liberal ser católico y liberal no era incompatible, al contrario, era perfectamente admisible y congruente.

 

Reformas sociales

 

Uribe Uribe estaba convencido que debía prestarse atención inmediata y urgente a los problemas sociales del país, comenzado con el tema agrario, con una rápida y decidida actuación del Estado para regular las relaciones entre capital, trabajo obreros y campesinos. Propugnaba por un "intervencionismo que busca ante todo una justicia social, mayor equidad en la distribución de la riqueza y con ella mayor bienestar para las clases oprimidas". Fue precursor del derecho laboral en Colombia, de la protección del derecho de asociación, de fortalecer los sindicatos y darles protagonismo en la vida nacional. Igualmente anhelaba que hubiera un partido exclusivamente de obreros, del proletariado, que pudiera hacer valer los derechos de los menos favorecidos y rompiera el bipartidismo que tanto daño le había hecho al país en sus primeros cien años de existencia. Todas las reformas que proponía en sus debates parlamentarios y en las conferencias que dictaba ante distintos auditorios tenía en común denominador: el de una mayor inclusión social. Hoy día, muchas de estas demandas se dan por descontando pero para aquella época, principalmente el periodo entre 1904 y la fecha de su muerte, eran temas ajenos a los intereses del Estado, del Gobierno y de la mayoría parlamentaria representada por el conservatismo. En ese sentido el pensamiento de Uribe Uribe se adelantó a las proclamas y reivindicaciones del Partido Socialista, fundado en 1919, a las promulgas del Partido Socialista Revolucionario en 1926, al Partido Comunista Colombiano, en 1930, a la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria, UNIR, de 1935 y al Partido Comunista de Colombia Marxista-Leninista de 1967, así como a las proclamas de la Unión Patriótica y del Movimiento 19 de abril, como a las ideas de los liberales más inclinados a la izquierda.


Garantías a la oposición

 

La primera y principal solicitud que el general Uribe Uribe planteaba a sus adversarios políticos era la tolerancia a la diferencia ideológica de los liberales frente al régimen del gobierno. Los conservadores habían recuperado el poder con la Regeneración, después de una larga república liberal iniciada con la constitución de Rionegro. Erigieron entonces la "hegemonía conservadora" que implicaba retirar todo tipo de garantías y derechos para que los liberales pudieran ejercer la oposición y acceder a las corporaciones públicas, al punto que los liberales de manera sistemática rehusaban presentarse a las elecciones pues no había posibilidad alguna de que salieran elegidos. Uribe Uribe, reclamó, en 1895 y luego en 1898, cómo último pedido desesperado para evitar la guerra –que se convertiría luego en la llamada Guerra de los Mil Días–, que a los liberales se les respetara el derecho a presentarse a las contiendas electorales. Advirtió al Congreso de 1898: "Por eso venimos a deciros, por última vez, que nos deis la libertad para exponer y defender nuestros derechos con el voto, con la pluma y con los labios". Igualmente pedía tolerancia, tranquilidad, convivencia en el parlamento entre socialistas y no socialistas, aceptación del otro y reconocimiento a la diferencia del pensamiento hegemónico conservador.

 

Políticas laborales y protección a los trabajadores

 

Uribe Uribe se adelantó a muchas de las reivindicaciones de los sindicatos de los años veinte y treinta con una propuesta de programa que tenía en cuenta los más importantes aspectos de seguridad social y derechos de los trabajadores. En 1912, en una conferencia dictada a los gremios y a los trabajadores, titulada Por el bienestar de los trabajadores, exigía que el gobierno ejerciera el poder "no en provecho de una élite o flor social, sino en el de la inmensa multitud de los que se ganan penosamente el pan con el sudor de sus frentes". Tenía claro que debía predominar "la utilidad general" y no el interés de unos pocos privilegiados. Afirmaba de igual modo: "Si queremos que la república sea otra cosa que un engaño, hay que esforzarnos por asegurar a cada colombiano condiciones de vida material que garanticen su libertad y su independencia y le suministren el tiempo y la seguridad indispensables para el ejercicio de las funciones cívicas". La necesidad de redistribuir el ingreso era imperativo para el gobierno, y el partido liberal debía abanderar el esfuerzo para que "se preocupe desde ahora de que ese desarrollo progresivo de la riqueza no caiga en poder de unos pocos, sino de las manos del pueblo, para que sea equitativamente distribuido en toda la comunidad." En la misma conferencia, establece la necesidad de que la nación cuente con un Código de Trabajo (petición que tardó más de tres lustros para cristalizarse) que regule y proteja las cooperativas, los sindicatos y todas las formas de agremiación, la necesidad de dar asistencia social a los ancianos, de regular la jornada laboral con jornadas de no más de ocho horas y el descanso semanal, participación de los obreros en las ganancias de las empresas (algo aún no alcanzado en Colombia un siglo después), la regulación sobre los accidentes de trabajo, la protección a la niñez, a la mujer, al trabajo campesino, las responsabilidades de los patronos con la higiene, el bienestar y la instrucción de su personal, la asistencia médica gratuita para los desamparados y las funciones del personero municipal para ayudarles a defender sus derechos, la reglamentación de una ley agraria a favor de los arrendatarios, y en fin todo lo relacionado con la previsión y la ayuda social. Y concluía: "en suma, juzgamos que hay que procurar sustituir paulatinamente el actual sistema de relaciones económicas por otro distinto, o por lo menos introducirle modificaciones sustanciales, particularmente en la manera de organizar el trabajo y la producción".

 

Reformas económicas

 

Uribe Uribe ya pensaba en ese entonces en una reforma fiscal encaminada a ampliar las fuentes de ingreso del país, lo que hoy sería una reforma tributaria. Tardó veintidós años para que el gobierno de López Pumarejo en 1936 cristalizara la primera reforma tributaria de importancia en el país. Uribe Uribe aspiraba en 1911 a una reforma que exonerara a los más pobres de cualquier tributo y gravara en forma directa y proporcional a los dueños de industrias, haciendas, bancos y almacenes. Decía: "[...] de suerte que si es una gran cosa proponer que no se despoje más a la colectividad, o sea al conjunto de ciudadanos, en provecho de unos pocos". Quería un Estado fuerte e interventor que lograra a través de su política económica una mayor equidad social., y por ello veía la necesidad de plantear reformas en la capacidad de intervención y regulación del mercado y a la afectación del esquema del la propiedad privada sobre la tierra en el campo.

Ambicionaba, de igual modo, disminuir las distancias entre los grandes industriales, comerciantes y terratenientes con los pequeños comerciantes, artesanos o pequeños empresarios de nivel familiar. Estaba en contra de los grandes acaparadores, de la concentración de la riqueza en pocas familias, de la acumulación monopolista dado que la regulación y legislación en este sentido era escasa cuando no inexistente; por ello mismo estaba a favor de la intervención del Estado en la regulación de precios y en el control del comercio.

Por último, denunciaba el alza artificial de precios y pedía "que el gobierno tome medidas preventivas y aun coercitivas contra el alza artificial de los víveres y demás artículos de primera necesidad no permitiendo la compra de los revendedores, sino después de haberse surtido los demás" así como también una urgente reforma de la legislación agraria.

 

Conclusiones

 

Es inobjetable ver de qué manera Uribe Uribe se adelantó a su época en las reclamaciones y reivindicaciones sociales, económicas y políticas. Igual, no es difícil ver, en perspectiva centenaria, las razones por las cuales se constituyó en un personaje incómodo para las élites gobernantes y las razones por las cuales debía ser separado de manera definitiva de cualquier posibilidad que pudiera poner en riesgo el status quo. l

 

Fuentes:

Álvarez, Llanos, Jaime A., Quimeras democráticas del siglo XX, el ideario democrático de Rafael Uribe Uribe, Antonio García y Belisario Betancur, CUC, Barranquilla, 2009.
Uribe, Uribe, Rafael, "Socialismo de estado", conferencia dictada en el Teatro Municipal de Bogotá, octubre de 1904, en El pensamiento político de Rafael Uribe Uribe, Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá, 1974
"Los problemas nacionales", conferencia leída en el salón de grados en diciembre de 1910, en El pensamiento político de Rafael Uribe Uribe, Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá, 1974
"Exposición sobre el presente y porvenir del Partido Liberal en Colombia. Por el bienestar de los trabajadores", discurso dictado en 1912 en Bogotá, en: El pensamiento político de Rafael Uribe Uribe, Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá, 1974
"El plan de marzo," artículos de plataforma para 1912 y 1913, "De por qué el liberalismo no es pecado", en: El pensamiento político de Rafael Uribe Uribe, Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá, 1974
De cómo el liberalismo político colombiano no es pecado, Casa editorial de El Liberal, Bogotá, 1912, rescatado el 16 de agosto de 2014 de http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/ciencia-politica/de-como-el-liberalismo-politico-colombiano-no-es-pecado

Información adicional

  • Autor:Equipo desdeabajo
  • Edición:206
  • Fecha:Septiembre 20 - octubre 20 de 2014
Visto 6870 vecesModificado por última vez en Jueves, 25 Septiembre 2014 09:11

1 comentario

  • Enlace al ComentarioCarlos Arturo velasquez santamariaMartes, 13 Marzo 2018 06:54publicado por Carlos Arturo velasquez santamaria

    Al leer la biograria de tan insigne personaje no se puede impedir que el alma y el espiritu se conturben se emocienen por el pensamiento e ideario de este martir digo profeta politico cuyo mensaje de justicia hacia su pueblo sigjen hoy vigentes el llamado a no exclusion social y mejor distribicion de la riqueza campesinos y trabadores su espiritu sigue vivo.sus banderas flamean en manos de pocos hoy siglo xxi Uribe Uribe esta presente sangre liberal pensamiento socialista..

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