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Lunes, 26 Septiembre 2016 15:05

El nuevo espíritu del capitalismo y la economía colombiana, 1991-2016

Escrito por Libardo Sarmiento Anzola
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El nuevo espíritu del capitalismo y la economía colombiana, 1991-2016
De la industria familiar a la financiarización global. En el curso de unas pocas décadas la economía colombiana dio un giro de 180 grados. ¿Cómo sucedió esto? Una vuelta al cuaderno nos permite detallar las principales acciones que así lo permitieron.

 

Su mirada es tranquila y transmite la carga de la añoranza. Formado en el primer espíritu del capitalismo (ver recuadro, “Del burgués emprendedor a...”), un patriarca de la industria colombiana caracteriza los tiempos actuales como una época donde los empresarios ya no se conocen entre sí, no saben quiénes son sus trabajadores, el capital no tiene identidad familiar, no se producen bienes materiales para satisfacer necesidades y, menos aún, arraigo en el territorio o responsabilidad social1.

 

Le hubiera gustado, puede deducirse sin que lo exprese a viva voz, que la dinámica económica y empresarial conservara tales facetas pero, más allá de sus añoranzas, la realidad del capital es otra: muta, y lo hace de manera rápida, ahora las empresas, además de abstractas y virtuales, cambian de un día para el otro de dueño sin que estos lleguen siquiera a conocer las plantas físicas, insertándose en una dinámica global: pasando del capitalismo industrial, monopólico, mundializado, con un Estado de Bienestar como el conocido por los europeos y en parte por la sociedad gringa, para ingresar en la etapa de su financiarización donde la especulación es la moneda de pago fundamental y donde los obreros de una u otra empresa ya no importan para sus propietarios –en muchas ocasiones en cabeza de sectores tan impersonales como los fondos de pensiones.

 

En Colombia el proceso de financiarización tiene orígenes en la década de 1970, promovido por el gobierno de Misael Pastrana (1970-1974) y en el contexto del reacomodamiento de las hegemonías nacionales propiciado por el mayor poder de los grupos financieros, a tono con el nuevo patrón de acumulación capitalista en el orden mundial y regional. Los principios que orientaron el nuevo modelo fueron los de libertad económica y el fortalecimiento del mercado nacional de capitales. Tras pocos años el capital financiero se convirtió en el sector líder que debería, en teoría, promover el crecimiento económico. Una vez en marcha la reforma financiera durante la administración de López Michelsen (1974-1978), otras tres estrategias complementarias fueron implementadas: i) la liberalización del sector comercio exterior, ii) la reforma fiscal (eliminación de subsidios y la supresión de las políticas de fomento) y iii) la flexibilización del mercado laboral (deslaboralización de la relación capital-trabajo y agresiva ofensiva contra las organizaciones de trabajadores). El proceso de financiarización entró de lleno al país de la mano con la implantación arbitraria del neoliberalismo.

 

¿Habrá percibido este cambio nuestro empresario cargado de nostalgias? Todo permite pensar que no. El ajuste en la economía criolla al finalizar la década de 1980 se constituyó en una etapa de transición encaminada a crear las condiciones para avanzar en el proceso de financiarización y arraigo de la ideología neoliberal. En este marco fueron diseñadas e introducidas las políticas de liberalización y desregulación financiera, las privatizaciones, el aumento del capital extranjero en la banca, el desmonte del crédito de fomento, el cambio en las funciones de la Banca Central y el manejo de la política cambiaria, monetaria y crediticia, dotando al capital financiero de todas las garantías para especular y estrangular la economía. En conjunto, se desmontó la función de fomento de la banca central, la banca pública fue privatizada (para el año 2006, el único banco estatal que quedaba en el país era el Banco Agrario) y el sistema financiero fue liberalizado.

 

En particular, a partir de la administración de César Gaviria (1990-1994) la burocracia estatal y la oligarquía nacional promovieron un agresivo proceso de desmonte de los aranceles, firmas de tratado de libre comercio2, liberación del mercado de capitales y de la tasa de cambio de la moneda, generándose todo tipo de favorecimientos para la inversión extranjera y hasta de importación de alimentos. Cambios y nuevas políticas económicas liberalizadoras y globalizantes, soportados sobre el supuesto de una modernización del aparato económico, la diversificación industrial, el crecimiento sostenido de las exportaciones y la generación de empleo de alta calidad.

 

 

 

Realidad tozuda. El paso de los años arrojó resultados contrarios: la industria perdió participación en el PIB, sus exportaciones no crecieron ni se diversificaron, las compañías se privatizaron y desnacionalizaron (cerca de mil transnacionales controlan en la actualidad alrededor del 80 por ciento de las actividades económicas en el país), el desempleo afecta al 10 por ciento de la fuerza laboral y la informalidad al 65 por ciento en el total del empleo nacional, y un crónico déficit en cuenta corriente3 tomó forma.


El capital avanza con lógica global y los políticos locales hacen su parte, pagando así la financiación de sus campañas y el silencio del poder real. Con la Constitución Política de 1991, el Banco de la República perdió el control de las variables macroeconómicas básicas porque los movimientos financieros del capital, y con ello la moneda, finalizaron determinados por la lógica privada de los mercados. La dinámica del capital financiero condujo hacia la inestabilidad del sistema en su conjunto, generando burbujas especulativas, a través de tres lógicas: i) cambiaria (con la apertura de la cuenta de capitales), ii) financiera (estimulo mediante el crédito del gasto público y privado) y iii) de la balanza de pagos (déficit en la cuenta corriente: déficit comercial más servicios financieros externos).

 

El impacto de esta política financiera desencadenó, al finalizar el siglo XX, la peor crisis económica y social de la historia contemporánea del país, catástrofe financiera que amenazó la solvencia de la mayoría de los establecimientos de crédito: entró en peligro la viabilidad de los negocios de las corporaciones de ahorro y vivienda, las cooperativas financieras, las compañías de financiamiento comercial, las corporaciones financieras y los bancos oficiales, lo mismo que la seguridad de los ahorros de millones de personas, la propiedad de la vivienda de los hogares colombianos y la estabilidad de las finanzas del gobierno. En 1999 la economía de Colombia colapsó y declinó en 4,3 por ciento.

 

La peor parte de la crisis recayó sobre los deudores del sistema Upac, que entró en crisis después de 27 años de existencia. Tres millones de hogares perdieron o vieron amenazada la tenencia de su vivienda. El costo total de la crisis la estimó el Gobierno en 12,3 billones de pesos. Para superar la crisis, el Estado creó de manera “transitoria” el Impuesto a las Transacciones Financieras (ITF), conocido inicialmente como el 2x1.000; después elevado al 3x1.000 (Ley 863 de 2003), hasta adquirir carácter permanente en el 4x1.000 a partir de la Ley 1111 de 2006. Los recursos obtenidos de esta fuente se destinaron inicialmente a salvar la banca privada. El gobierno, los ahorradores y la ciudadanía asumieron el riesgo crediticio y el costo de la crisis provocada por el agiotaje de los banqueros.

 

Una década después, en 2008, nuevamente la crisis financiera generada por el rompimiento de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos en el año 2006 provocó un colapso inicial en el sistema financiero estadounidense y después contagió a todo el sistema internacional. La economía colombiana se encontraba desguarnecida para enfrentar el “tsunami” financiero.

 

Financiarización a la colombiana

 

A partir de la década de 1970 y hasta el presente, el proceso de financiarización de la economía nacional no ha dado tregua, y crece. Hasta mediados de la década de 1960 la participación del sector financiero en el producto interno bruto nacional (PIB) fue inferior al cinco por ciento. Durante tres décadas, de 1965 a 1996, la participación relativa de este sector osciló entre 11 y 15 por ciento. En pleno proceso de materialización de las políticas que impulsaron la financiarización en Colombia el mismo escaló a más del veinte por ciento su participación en el PIB y en el año 2016 ya alcanza 22,5 por ciento. La nuestra es una sociedad que tiende cada vez más a estar en función y al servicio del capital financiero (ver gráfico 1).

 

llibardografico1

 

Lo paradójico de la financiarización consiste en que si bien el capital financiero se apropia de una cuarta parte de la riqueza anual producida por la sociedad colombiana, emplea sólo a 1,4 por ciento del total de trabajadores del país (316.000 empleados; de estos únicamente el 40% tiene contrato a término indefinido), paga salarios anuales por sólo 2,4 billones de pesos, en términos relativos 16,3 por ciento respecto a las utilidades del capital financiero. El promedio ponderado de los ingresos salariales de los trabajadores del sector financiero es de tres SML. Además, el margen de intermediación bancaria en Colombia es el más alto de América Latina, en promedio entre 3 y 4 puntos por encima.

De acuerdo con la Superintendencia Finan-ciera, los activos del sector financiero alcanzaron un valor de $1.229.1 billones al cierre de diciembre de 2015, correspondiente a un crecimiento real anual de 4.7 por ciento (el conjunto de la economía creció 3,1%). Para diciembre de 2015 las utilidades anuales del sistema4 se acercan a los $15 billones de pesos. Las ganancias acumuladas por las instituciones de crédito se ubicaron en $10.7 billones anuales, de las cuales $9.2 billones correspondieron a los bancos, seguidos por las corporaciones financieras con $566.8 miles de millones, las compañías de financiamiento con $419.7 miles de millones y las cooperativas financieras con $43.2 miles de millones (ver cuadro 1).

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Además, el sector financiero es altamente concentrado. El nivel de participación de los cinco intermediarios más grandes, según el Banco de la República, se ubica en 63,7 por ciento. En el país operan 25 bancos, de estos 10 son extranjeros y controlan 27,4 por ciento del mercado; en consecuencia, el capital financiero de origen nacional tiene una posición relevante: 60 por ciento de las instituciones bancarias y controla 72,6 por ciento del negocio. Bancolombia, Bogotá y Davivienda, por ejemplo, son bancos que no sólo tienen amplio dominio en el mercado criollo, sino que además expandieron su presencia a Centro América donde controlan una alta porción de las actividades crediticias, pretendiendo, además, “colonizar” los mercados regionales hasta constituirse en multilatinas.

 

 

 

Con una economía cada vez más insertada en la dinámica global, la suerte de la economía criolla depende en gran medida del comportamiento de la economía mundial. A partir del proceso de financiarización, la fragilidad e inestabilidad del sistema productivo nacional se amplifican (gráfico 1).

 

En general, la economía colombiana ha evolucionado durante el último siglo hacia un modelo extractivo-financiero, cicatero en la generación de empleo y la distribución del ingreso (gráfico 2), registrando una grave crisis los sectores reales (agropecuario e industria), en medio de un crecimiento acelerado de la población (de un total de 4 millones de habitantes a principios del siglo XX hasta cerca de 49 millones en 2016) lo que provoca un desempleo estructural en la sociedad. Además, a partir de la década de 1980 se observan los impactos de este modelo rentístico y reprimarizado en la concentración del ingreso en el 10 por ciento más rico de la población, proceso más acentuado acá respecto al conjunto de América Latina y el Caribe: en Colombia los ricos concentran el 42 por ciento del ingreso y en Latinoamérica el 38 por ciento (gráfico 3).

 

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Las principales empresas no financieras de Colombia, 1984-2015

 

La evolución histórica de la industrialización colombiana transcurre en medio de un denso tejido entre propiedad estatal, fortunas familiares, transnacionales y llegada de migrantes de origen europeo, norteamericano y sirio-libanés (a partir de las dos últimas décadas del siglo XIX).

 

Sobre el despojo violento y veloz de las riquezas aborígenes, la economía del país fue dominada por una oligarquía cerrada y “autista” con base en la explotación minero-energética, el comercio, la agricultura latifundista y la ganadería semisalvaje.

 

A principios del siglo XX, la economía colombiana era primario-exportadora. Así como el siglo XIX estuvo marcado por la disgregación nacional y el enfeudamiento, el siglo XX se caracteriza por la lenta unificación política, el desarrollo capitalista, la formación de un mercado interno, un Estado centralista y autoritario, con diferencias regionales pero de manera sostenida y englobante.

 

Las primeras fábricas locales levantaron instalaciones a finales del siglo XIX. La Cervecería Bavaria fue fundada en 1891, organizada por un inmigrante alemán, Leo Kopp5. A diferencia del caso clásico, la industria en Colombia encontró en las ferias y mercados internacionales la tecnología más avanzada y pudo en consecuencia dar el salto de estadios y fases, sin tener que pasar por todos ellos; práctica que se mantiene hasta la actualidad y que frena el desarrollo científico y tecnológico criollo. A la vez, desde el alba de la industrialización, el capital norteamericano controlaba el petróleo, el enclave bananero y la intermediación del café.

 

 

 

Al calor de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) esta dinámica industrial se aceleró. Los principales centros industriales estaban ubicados en Bogotá, Medellín, Barranquilla y Cali, especializadas principalmente en actividades tradicionales de producción de alimentos y bebidas, textiles y confecciones, calzado, tabaco, fósforos, locería, vidrios, cementos, ferreterías y fundición. En la década de 1920 el país fortaleció sus vínculos con el capital financiero internacional (las relaciones financieras entre el país y el resto del mundo toma forma a través de la deuda externa, la inversión extranjera y los flujos especulativos de capital).

 

A principios del siglo XX, en comparación con la Primera Revolución Industrial6 la industria colombiana registraba un atraso de 150 años7. Las actividades más complejas tecnológicamente (intensivas en maquinaria, capital humano, ciencia, tecnología e innovación) aún no lograban desarrollarse con la suficiente dinámica. Para la oligarquía nacional era más cómodo y rentable realizar negocios y satisfacer la demanda interna por mediación del capital comercial, prematuramente diversificado e internacionalizado. La mayor parte del mercado que creaba las exportaciones (café, banano y petróleo, principalmente) se realizaba en el extranjero, recurriendo a las importaciones, especialmente de bienes de consumo que absorbían el 80 por ciento de éstas. En la época de la acumulación primaria de capital el comercio desempeña un papel decisivo: es el punto de partida del desarrollo del capitalismo, y en la primera fase, gracias al sistema crediticio, hace que la producción dependa de sí misma. En una economía capitalista desarrollada esta dependencia deja de existir, y la producción y el comercio se separan. Posteriormente, el capital se concentra y centraliza a causa del proceso de financiarización del conjunto social.

 

Las firmas privadas nacionales, negocios familiares muchas de ellas, lideraron este proceso en las primeras etapas del crecimiento industrial. El dinamismo de la industrialización criolla estuvo fundamentado en una extremada explotación de los trabajadores, combinada con estabilidad de salarios bajos y aumentos en la productividad, más un nivel de precios industriales protegidos que abusan del consumidor, y un mercado integrado y en expansión. Condición que apuntaló una de las características principales de la sociedad colombiana: las grandes desigualdades entre sus clases.

 

Dinámica lenta y desigual. El desarrollo económico moderno que había comenzado a insinuarse en las últimas décadas del siglo XIX, se aceleró a partir de los años 1930. Y, en términos cualitativos, en 1945 se cerró la fase de industrialización basada en la expansión de los textiles, bebidas, tabaco y alimentos, financiada por capital nacional, protección y subsidios estatales.

 

El mes de septiembre de 1944 se creó, acogiendo la propuesta del presidente Alfonso López Pumarejo de tener un vocero único de los industriales, la Asociación Nacional de Industriales (Andi), el gremio económico más representativo de la plataforma productiva colombiana, con el propósito de participar con criterio unificado en la política económica nacional8.

 

Durante las décadas de 1940-1960, las multinacionales y las empresas públicas lideraron el desarrollo industrial, en menor grado, sin embargo, que en otros países latinoamericanos, proceso que desde sus inicios estuvo acompañado de elevados índices de concentración de la producción en unas pocas empresas. A partir de la década de 1970, esta foto de la concentración de los negocios evolucionó hacia la conformación de verdaderos conglomerados económicos en cabeza de pocos grupos financieros (unión del capital industrial con el bancario). El capital financiero es el capital bancario, o capital en la forma de dinero, que en realidad se transforma en capital industrial. A la vez, la concentración de capital lleva a la concentración de los bancos. Estos, también están interesados en una elevada tasa de beneficios, por tanto, los bancos tienden a fortalecer la creación de monopolios industriales.

 

Buena parte de la inversión privada era financiada por bancos extranjeros. Los inversionistas extranjeros y las trasnacionales monopolizaron los sectores modernos de la producción industrial librando la batalla en algunas actividades contra los capitalistas nacionales que terminaron, finalmente, en connubio con los capitales foráneos y echando por tierra todo interés o proyecto sociocultural-político-ambiental nacionalista.

 

En efecto, entre 1968 y 1984 se incrementó de manera significativa el grado de concentración de la industria colombiana; para este último año el 60 por ciento de la producción industrial tenía lugar en industrias mediana y altamente concentradas. Durante la segunda mitad del siglo XX, la plusvalía apropiada por las grandes firmas oligopólicas es dirigida hacia la compra de empresas ya existentes en la economía, y no para desarrollar nuevas líneas de producción a tono con las revoluciones industriales de segunda a cuarta generación. Se conformaron así oligopolios altamente concentrados, con elevadas barreras a la entrada de nuevos productores, y beneficios estatales de todo orden, lo cual no las inmunizó ante los ciclos negativos globales.

 

cuadro amarillo

 

Afectada por la crisis económica de inicios de los años 80, seis de las veinte principales empresas del país arrojaban saldos en rojo: Avianca (empresa colombo-alemana fundada en Barranquilla, en 1919), Cadenalco (creada en 1922 en Barranquilla, como la tienda de misceláneas LEY), Coltejer (fundada en 1907 por la familia Echavarría en Medellín), Colmotores (emerge en 1956 de la visión del empresario colombiano Germán Montoya Vélez, con el apoyo del gobierno nacional) y Acerías Paz del Río (fundada en 1948, por iniciativa del gobierno colombiano, para explotar las minas de hierro y carbón de Boyacá).

 

En 1984, las veinte principales empresas (no financieras) del país estaban vinculadas al sector minero-energético, el comercio, el transporte y la producción de bienes básicos de consumo (cuadro 2)9. Sobresalen como las dos primeras compañías: Ecopetrol (la reversión al Estado colombiano de la Concesión De Mares, el 25 de agosto de 1951, dio origen a la Empresa Colombiana de Petróleos) y el Fondo Nacional del Café (en 1940 por decreto ley 2078 fue creado un impuesto sobre los giros provenientes de las exportaciones del grano del cual nació el Fondo Nacional del Café, como una cuenta parafiscal, cuya actividad consiste en la compra interna de la cosecha y la exportación del grano).

 

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De otra parte, 1984 es el año que da inicio al “boom” petrolero con los hallazgos de los campos de Caño Limón (Arauca) con lo cual el país volvió a ser autosuficiente y exportador neto de petróleo (entre 1975 y 1985 fueron importados 240 millones de barriles, por valor cercano a los 5.000 millones de dólares). Desde los inicios de la actividad petrolera en Colombia (1905, bajo la presidencia del general Rafael Reyes) están comprometidas intensamente compañías multinacionales; durante este último resurgimiento de la actividad minero-energética, Occidental y Shell lideraron el negocio. Con el aumento de la producción de hidrocarburos, el país retornó a la danza de los millones generada luego de los grandes descubrimientos petroleros y mineros, al igual que las generadas en el pasado reciente por las bonanzas cafeteras y el auge de la economía subterránea (narcotráfico y contrabando).

 

La rentabilidad más alta (tasa de ganancia: utilidades/ventas) se registra en otra empresa estatal del sector de energía, electricidad y gas: ISA, Interconexión Eléctrica S.A. (constituida en 1967 con el fin de integrar los sistemas eléctricos regionales). Con el tiempo, las empresas de servicios públicos terminaron por ser las de mayor crecimiento dado que imponen precios monopólicos que los consumidores no pueden rechazar, empresas que a su vez son el botín preferido (en recursos económicos, poder de influencia y generación de empleo) de los grupos y partidos políticos de carácter regional y nacional. En general, estas empresas de servicios públicos, unidas a las licoreras departamentales y a los fondos parafiscales (por medio de los cuales los productores de algunos bienes, la gran mayoría agrícolas, están obligados a pagar impuestos sobre sus ingresos, denominados contribuciones, cuyos recaudos se trasladan a los gremios del sector) sostienen, en gran medida, la corrupción, los sobornos, el clientelismo y la politiquería.

 

Del primer ranking publicado por la Revista Semana (edición 168 de julio de 1985), se desprende que los tres conglomerados predominantes por entonces eran el Grupo Cafetero, la familia Santo Domingo y la Organización Ardila Lülle. Otra característica importante en el mapa empresarial de esos años, borrada con el tiempo, fue el poderío de la industria textil. Las más tradicionales y emblemáticas textileras nacionales (Coltejer, Fabricato, Tejicóndor y Enka) tuvieron –por mucho tiempo– asegurado un lugar en el cuadro de honor de las grandes empresas del país, afirma la mencionada revista.

 

Todo esto dio un giro. A partir de 1990, los gobiernos de Virgilio Barco y César Gaviria adoptaron un ambicioso conjunto de medidas de comercio exterior y acuerdos de libre comercio que desvanecieron una larga tradición de alta protección a la producción nacional. La década de 1990 abrió con nuevo gobierno, nuevas leyes, nuevas experiencias democráticas y nuevas reglas de juego económicas, comenzando por la Constitución Política de 1991 que reemplazó la Carta de 1886. El título XII “Del régimen económico y de la hacienda pública”, define los principios políticos que orientan el sistema económico: de una parte, afirma que “La dirección de la economía estará a cargo del Estado” (artículo 334); de otra, establece que la libre competencia es un derecho: “La actividad económica y la iniciativa privada son libres” (artículo 333); ambigüedad y contradicción que atraviesa la Constitución, esto es, el antagonismo entre el ideal regulador del Estado social y democrático de derecho y la más radical doctrina neoliberal.

 

tresfases

 

Pasan los años, para 1990 en los tres primeros lugares aún figuran las mismas empresas de 1984: Ecopetrol, Fondo Nacional del Café y Esso Colombiana (nació en 1931, propiedad de Rockefeller; perteneciente a la empresa Tropical Oil Company). De las 20 principales compañías, tres registraron pérdidas: Avianca, una vez más, Carbocol (sector minero) y la Flota Mercante Gran Colombiana (sector naviero, creada en 1946 y liquidada en 1997).

 

En las restantes 17 empresas clasificadas en 1990 las tasas de ganancia son positivas. Resaltan las del sector minero-energético que alcanzaron una rentabilidad hasta del 40,4 por ciento anual, ganancias extraordinarias por encima del promedio nacional.

 

Las veinte principales empresas en el año 1990 (de acuerdo con los volúmenes de ventas o ingresos operacionales), según ranking de la mencionada revista, son representativas de los sectores minero-energético, combustibles y lubricantes, alimentos y bebidas, papelero, transportes, comercio, automotriz, textiles, fertilizantes agrícolas, estructuras metálicas, automotriz y Cajas de compensación familiar. El grupo Bavaria, de la familia Santo Domingo, de Barranquilla, para principios de la década de 1990 constituía el quinto grupo cervecero más grande del mundo, con inversiones en Latinoamérica y Europa. De otra parte, las Cajas de compensación familiar comenzaban a concentrar los recursos públicos de las políticas sociales, por delegación del Estado, y a incursionar con fuerza y racionalidad privada en el comercio de bienes de consumo y fármacos.

 

En 1999, el PIB de Colombia cayó más de un 4 por ciento y los efectos se extendieron hasta el último trimestre de 2001; para vivir, entre 2003 y 2007, la expansión económica más importante en el último medio siglo: el PIB creció en promedio por encima del 5 por ciento. Durante el período 1980-2016 la economía criolla se expandió a un ritmo promedio anual de 3,5 por ciento, mientras que la economía mundial lo hacía al 2,9 por ciento; no obstante, la actividad productiva nacional es más volátil, la varianza de la evolución de los negocios (consiste en una medida estadística vinculada a la dispersión de una variable aleatoria) en Colombia es de 13,1 en contraste con el promedio mundial de las variaciones en el crecimiento económico que es de apenas 1,9 durante los últimos 37 años.
Según la edición aniversario de los 30 años del ranking publicado por la Revista Semana, los últimos 25 años, de la mano de la apertura económica propiciada por la nueva Constitución, fueron intensos en el mundo de los negocios y puede decirse que pasó de todo: hubo fusiones, compras, ventas y alianzas; muchas empresas colombianas fueron al mercado externo para expandir sus negocios, algunas por la vía de las exportaciones y otras instalándose directamente en esos mercados; la inversión extranjera directa llegó por montones al país y le cambió la cara a su economía. Colombia se convirtió en un destino atractivo para los inversionistas.

 

En paralelo, según el registro oficial de la Unidad para las Víctimas de la Presidencia de la República, el conflicto interno bélico dejó un saldo de ocho millones de víctimas durante el período 1985-2015. Los datos institucionales referencian 260.000 asesinatos, 45.000 desaparecidos, 6,8 millones de desplazados por la violencia y el despojo de 4,2 millones de hectáreas de tierra productiva a los pobladores del campo.

 

Importantes compañías han sido beneficiarias de este proceso; los capitalistas orientaron parte de sus portafolios de inversión hacia la compra masiva de tierras. Así, por ejemplo, Argos S.A. y su empresa filial Reforestadora del Caribe S.A.S compraron y englobaron 12.500 hectáreas de las tierras de campesinos desplazados por la violencia de los Montes de María; Luis Carlos Sarmiento Angulo, dueño de la empresa Corficolombiana posee más de 12.000 hectáreas de palma y 4.000 de caucho en el Meta; la empresa Manuelita10, propiedad de la familia Eder del Valle del Cauca, tiene 37.000 hectáreas entre Meta y Casanare; Riopaila Castilla S.A. (empresa agroindustrial con 98 años de experiencia, creada por la fusión de 2 ingenios vallecaucanos, propiedad de la familia González Caicedo) posee 40.000 hectáreas en Vichada.

 

A estos ejemplos se une la entrada de multinacionales especializadas en la producción de agro-combustibles (Cargill, Pacific Energy y Poligrow, entre otras) que son propietarias de miles de hectáreas, dando origen a lo que se conoce a nivel mundial como “land grabbing” o acaparamiento de tierras por empresas transnacionales. El Estado colombiano ha impulsado esta dinámica, incluso de manera abiertamente ilegal, de lo cual da cuenta lo realizado por el hoy condenado exministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias (2005-2009)11 a través de la política conocida como Agro Ingreso Seguro, esto es, la entrega de millonarios subsidios agrícolas a grandes hacendados. En este mismo sentido va la ley que creó las Zonas de Interés de Desarrollo Rural y Social (Zidres), sancionada por el presidente Santos en enero de 2016, tildándola como “una verdadera revolución para el campo”.

 

Concentración de riqueza que prosigue. En el conjunto de las 20 principales empresas (no financieras) 19 registran para el año 2015 tasas de ganancias positivas (ver cuadro 4). La rentabilidad más alta corresponde a ISA con una tasa de ganancia de 45,6 por ciento anual; le sigue Bavaria (empresa que en 2005 se fusionó a la multinacional SABMiller, en una operación por 7.800 millones de dólares) con una tasa de ganancia de 43,8 por ciento anual; y Claro Móvil, del sector de las telecomunicaciones (propiedad del grupo mexicano América Móvil del multimillonario Carlos Slim) con rentabilidad del 22,2 por ciento. La única pérdida la registró Metapetroleum (empresa subsidiaria de Pacific Rubiales Energy, creada en 2002), debido al desplome de los precios del petróleo. En 2015 Avianca (vendida en 2004 por 65 millones de dólares por el grupo Santo Domingo al empresario de origen judío-polaco y naturalizado brasilero-colombiano Germán Efromovich) registró una rentabilidad de 5 por ciento anual; sin embargo, durante el primer semestre del 2016, por problemas financieros, los resultados no fueron positivos para Avianca Holdings, sumando en esos primeros seis meses pérdidas cercanas a los 20 millones de dólares.

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En resumen, en los últimos 30 años se registraron profundos cambios en la matriz económica colombiana, no solamente por los nuevos sectores, sino también por los cambios en la naturaleza de las firmas, en su tamaño y en su alcance regional. Empresas insignias como la Flota Mercante Gran Colombiana, Papelcol, Cadenalco y Alcalis, desaparecieron o decayeron; en reemplazo surgieron nuevos nombres: Pacific en petróleo, Claro en telecomunicaciones, Celcia en Energía, Nutresa en alimentos, Censud en comercio, Grupo EPM en servicios Públicos, Grupo Argos en cementos y Nueva EPS en salud, por ejemplo. Además, el modelo de Estado empresario colapsó a mediados de los años noventa, y la mayoría de las empresas públicas se privatizaron y desnacionalizaron.

 

Además, un cuarto de siglo después de la puesta en vigencia de la nueva Constitución Política la sociedad sufrió una profunda transformación cultural y económica. En el pasado quedó su encerramiento para ahora ser un país con una economía insertada en la dinámica global, dominada por parte de las transnacionales, y una arraigada cultura consumista, individualista y mafiosa sustentada en la contraética del “todo vale”. Colombia se integró, sin reservas, a la lógica omnicomprensiva del capitalismo, al mercado único mundial.

 

Al mismo tiempo, los grupos corporativos giraron hacia la especialización, con liderazgo en su respectivo sector. En cuanto al financiero, 30 años atrás la banca colombiana se encontraba mayoritariamente nacionalizada, con los principales bancos de propiedad estatal, sin inversión foránea; actualmente, los conglomerados financieros criollos sobresalen por su dinamismo, solidez, con abundantes capitales y elevadas tasas de rentabilidad.

 

Fruto del nuevo espíritu del capitalismo, en el país se consolidaron conglomerados gigantes, así, por ejemplo: Empresas Públicas de Medellín –EPM, es la matriz de un grupo empresarial conformado por 48 compañías, con presencia en la prestación de servicios públicos en Colombia, Chile, El Salvador, Guatemala, México y Panamá; Cementos Argos posee 61 compañías filiales con presencia en Colombia, Surinam, Estados Unidos, Haití, Islas Vírgenes Británicas, Antillas, Curazao, Panamá, Repúbli-ca Dominicana, Honduras, Guayana Francesa y Venezuela; el Grupo Nutresa es la cuarta productora de alimentos en América Latina, tiene plantas en 14 países y exporta a 72 naciones; el Grupo Éxito se convirtió en uno de los “retail” (venta al por menor) más grande en Suramérica con 2.606 tiendas en cuatro países; y, el Banco de Bogotá tiene 10.375 canales de atención de los cuales 2.487 están en Centroamérica.

 

La empresa familiar quedó atrás; el paternalismo conocido por el patriarca que añoraba la empresa por él dirigida, con relación directa con “sus” obreros, ya no regresará; hoy la propiedad empresarial resume una conjunción de capitales en algunas ocasiones públicos, en otros financieros, sumando en otros la alianza de varios capitalistas, y en cualquiera de estas variables la relación patrono-trabajador quedó en manos de terceros. Si los trabajadores quieren hacer valer sus derechos ya no pueden esperar el paternalismo del propietario, solo les queda hacer conciencia de la nueva situación, estrechar lazos, estructurar nuevas formas organizativas y luchar también globalmente. El estribillo: “Arriba los pobres del mundo, de pie los esclavos sin pan y gritemos todos unidos: viva la internacional”, toma vigencia más que nunca.

 

Años recientes

 

El 2015 y 2016 han sido difíciles para los negocios en Colombia, la economía se encuentra en recesión (3,1 por ciento creció el PIB en 2015 y en 2016 no supera el 2 por ciento); las finanzas públicas se deterioraron por causa del desplome petrolero, la moneda se devaluó haciendo más costosa la deuda externa privada y pública, la inflación se disparó y las tasas de interés van al ritmo del incremento en los precios relativos (la inflación bordea el 9% anual). El empleo pasó a crecer por debajo de la población y en julio de 2016 se perdieron 100.000 puestos de trabajo con respecto al año anterior. El balance macroeconómico se quebró, el país padece un desbalance entre el ahorro y la inversión que tiende a reforzarse; el déficit en cuenta corriente supera la suma del déficit fiscal y la ampliación del crédito al sector privado. El desajuste precipita una caída libre del producto nacional que no es corregido por el mercado.

 

Por el desplome de los ingresos que van a la hacienda pública, producto de la crisis de la renta petrolera, la administración Santos (2010-2018) raspa la olla dejada por los anteriores gobiernos: en enero de 2016 el gobierno nacional vendió el 84 por ciento de Isagén (generadora de energía) al único oferente: el fondo de inversión canadiense Brookfield (acusado de corrupción y sobornos en varios países de Latinoamérica) por la pírrica cifra de 9,4 billones de pesos.

 

La agitación, excitación, trajín, movimiento y vértigo de compras, ventas, adquisiciones, fusiones, quiebras, entradas y salidas de capital, no afloja su ritmo registrado durante el último cuarto de siglo en Colombia. En lo corrido de 2016, Acuña Droguerías fue comprada por la chilena Cruz Verde; Laverlam Veterinaria por la española Indukern; los activos de la Clínica San Rafael por el fondo Rizk Ventures; Archie’s Pizza por la mexicana Alsea; la central de riesgo Cifín por la holandesa TransUnion; el 10 por ciento de la Bolsa de Valores de Colombia (BVC) por la brasileña Bovespa; Té Hatsu, Cerveza Apóstol y Cerveza 3 Cordilleras por el Grupo Postobón; los periódicos La Tarde y Q’hubo por el Diario del Otún; Empaques Flexa por Amcor Holdings (Australia); y Carvajal Ediciones por el Grupo Santillana (España). Más recientemente, en agosto de 2016, Cementos Argos y Argos USA firmaron un acuerdo con Heidelberg Cement, a través de sus subsidiarias norteamericanas Lehigh Hanson Inc. y Essroc Corp., para la adquisición de una planta de producción de cemento en Martinsburg, West Virginia (Estados Unidos) y ocho terminales de cemento que atienden la operación en los estados cercanos por un valor total de 660 millones de dólares. El nuevo espíritu del capitalismo recorre a sus anchas la economía colombiana.

 

 

 

Esta enloquecida circulación y acumulación autopropulsada del capital, encuentra su apogeo, en su camino solipsista de autofecundación, en la actual financiarización especulativa del sistema mundo capitalista. Como lo señalo Marx, en su análisis de EL Capital, es demasiado simplista afirmar que ese monstruo autogendrado, que persigue metas sin escrúpulo humano o ambiental, es una abstracción ideológica. No debe olvidarse que detrás de esta abstracción del capital virtual hay gente de carne y hueso como también objetos proveídos por la naturaleza sobre cuyas capacidades y recursos productivos se basa la circulación y acumulación de capital y de los que se alimenta como un parásito gigantesco.

 

Nuevo espíritu, por último, que supera las fronteras criollas: cuatro empresarios colombianos tienen asegurado su puesto entre los multimillonarios del mundo. Según el ranking 2016 de la revista Forbes, Luis Carlos Sarmiento Angulo, Alejandro Santo Domingo, Jaime Gilinski Bacal y Carlos Ardila Lulle, hacen parte del club de los que cuentan con fortunas superiores a 1.000 millones de dólares. λ

 

 

1 Cámara de Comercio de Medellín: 100 Empresarios, 100 Historias de vida; consultado 22/08/2016: http://www.camaramedellin.com.co/site/100empresarios/Home/Historias-Empresariales/Historias-Empresariales.aspx
2 Hay tratados con Estados Unidos, la Unión Europea, la mayoría de países de América Latina y el Caribe, con Corea del Sur y negociaciones en curso o planeadas con Turquía, Israel, China y Japón.
3 La Cuenta Corriente es un indicador económico dentro de la Balanza de Pagos que recoge los flujos comerciales de bienes, servicios, ingresos y pagos que se hacen desde un país al exterior y viceversa. Cuando un país realiza un gasto mayor en sus transacciones internacionales que lo que ingresa por ellas, se produce un déficit en la balanza de pagos. Cuando el gasto en las importaciones de bienes y servicios es superior a los ingresos por las exportaciones, se produce un déficit en la cuenta corriente.
4 La actual composición del sistema financiero colombiano es compleja. Este se divide en varios subsectores, los cuales agrupan a varios intermediarios financieros: i) establecimientos de crédito, ii) sociedades de servicios financieros, iii) sociedades de capitalización, iv) entidades aseguradoras e intermediarios de seguros y reaseguros.
5 Puso en marcha la primera cervecería con escala apreciable, y con equipo y técnicas modernas; ocupaba 80 obreros y producía 6.000 litros diarios. Kopp también fundo la empresa Fenicia, productora de envases de vidrio, que entró en actividad en 1897 con el fin de evitar los altos costos y pérdidas de las botellas importadas.
6 Proceso de transformación económica, social y tecnológica iniciado en la segunda mitad del siglo XVIII en el Reino Unido, extendiéndose unas décadas después a gran parte de Europa occidental y Norteamérica.
7 Realidad asociada a restricciones impuestas por la geografía nacional (fragmentación del mercado interno), bajos niveles de ingreso debido a la pobreza generalizada de la población (a principios del siglo XX, el 90 por ciento de las familias vivía bajo condiciones miserables), serias carencias de infraestructura y transportes (a fines de la década de 1920 el transporte moderno consistía en fragmentos caóticos de ferrocarriles, carreteras y navegación por vapor), ausencia de fuerza de trabajo calificada y nulo estimulo estatal a las actividades de ciencia, tecnología e innovación.
8 Actualmente se denomina Asociación Nacional de Empresarios de Colombia, integrada por un porcentaje significativo de empresas pertenecientes a sectores como el industrial, financiero, agroindustrial, de alimentos, comercial y de servicios, entre otros; cuenta con sedes en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Cartagena, Cúcuta, Bucaramanga, Manizales, Pereira, Ibagué, Santander de Quilichao y Villavicencio. Las riendas del gremio fueron asumidas por primera vez por Cipriano Restrepo (por entonces gerente de Colombiana de Tabaco) hasta 1946, año en que asumió el cargo durante diez años el legendario empresario José Gutiérrez Gómez, uno de los fundadores del Banco Interamericano de Desarrollo, cuyo liderazgo permitió la creación del Servicio Nacional de Aprendizaje Sena (1957) y la introducción al país de las Cajas de Compensación Familiar (1954).
9 El análisis de las principales empresas de Colombia tiene como fuente principal las ediciones especiales de la Revista Semana: “Las 100 empresas más grandes en Colombia y las 900 siguientes”; en particular, la edición de aniversario de 30 años, Semana, Edición N° 1724, mayo de 2015, Bogotá.
10 Fundada en 1864 por James Martin Eder, originario de Letonia.
11 Condenado por la Sala de Casación de la Corte Suprema de Justicia a 17 años y 4 meses de prisión.

Información adicional

  • Autor:Libardo Sarmiento Anzola
  • Edición:228
  • Fecha:Septiembre 20 - Octubre 20
  • Bajante:De la industria familiar a la financiarización global. En el curso de unas pocas décadas la economía colombiana dio un giro de 180 grados. ¿Cómo sucedió esto? Una vuelta al cuaderno nos permite detallar las principales acciones que así lo permitieron.
Visto 3044 vecesModificado por última vez en Lunes, 26 Septiembre 2016 16:43

1 comentario

  • Enlace al ComentarioIsabel RamírezSábado, 29 Octubre 2016 17:01publicado por Isabel Ramírez

    Buenas tardes, señor Sarmiento. Espero que esté muy bien. Primero que todo expreso que este es un excelente artículo.
    Quisiera saber, si es posible que me informe, en qué cuenta nacional se encuentra la participación sectorial en el PIB y el crecimiento sectorial.
    Muchas gracias.

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